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2. LA CLASE OBRERA Y LOS REGÍMENES PROGRESISTAS ANTIMPERIALISTAS
 

p La clase obrera desempeña un papel exclusivo en los países con regímenes progresistas donde se operan profundas transformaciones estructurales de corte antimperialista y antioligárquico. Ese papel se acrecienta en la medida en que los cambios se hacen más hondos, con el avance del proceso revolucionario. Ello contribuye al acercamiento de las fuerzas revolucionarias democráticas con el proletariado.

p Las transformaciones que adelantan los regímenes progresistas toman una orientación anticapitalista cada vez más patente, mientras que el fortalecimiento de la alianza de la clase obrera con otros sectores sociales está llamado a servir de garantía en la realización exitosa de aquéllas.

p No es casual que el general Ornar Torrijos en un encuentro celebrado en 1974 con los dirigentes de los trabajadores de las plantaciones bananeras haya expresado que “la clase obrera es la base más fuerte con que cuenta el gobierno de este país"  [267•5 .

p Por su parte, los obreros apoyan activamente todas las medidas antimperialistas y antioligárquicas del gobierno de Torrijos. A fines de 1975 el sindicato de los trabajadores del banano, el más grande del país, en mensaje al primer ministro de Panamá enfatizó: “Puede estar seguro de contar con el respaldo masivo de la clase obrera en cualquier circunstancia que usted, General Torrijos, o el proceso revolucionario, lo requieran o soliciten"   [267•6 .

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p Esta postura la clase laboriosa la confirmó más de una vez. El tercer Congreso de la Central Sindical Nacional, celebrado en octubre de 1975, expresó su total apoyo al gobierno de Torrijos en las negociaciones con EE.UU. sobre el Canal de Panamá.

p Por eso las fuerzas imperialistas y la oligarquía local concentran todos sus esfuerzos para introducir una cuña entre el gobierno de Ornar Torrijos y la clase obrera panameña. Los grandes comerciantes, ganaderos y latifundistas — se subraya en una declaración de la Federación de Estudiantes de Panamá— han desatado ima abierta escalada contrarrevolucionaria de agresiones y p. ovocaciones contra los sectores progresistas del gobierno. La lógica de la lucha de clases iba mostrando cada vez más la relación mutua entre las tareas antimperialistas y las de índole democrática, social. La clase obrera en su actividad cotidiana comprobaba más y más que la solución de los problemas internos se encuentra indisolublemente ligada con la lucha antimperialista y que ésta, en la etapa dada, se concentra en torno al Canal de Panamá. Las esferas dirigentes de EE.UU. habían privado al país de su principal fuente de ingresos y colonizado parte considerable del territorio panameño. Según datos oficiales norteamericanos, desde 1904 hasta 1970 los Estados Unidos obtuvieron 1.221 millones de dólares de la explotación del Canal, mientras que Panamá recibió solamente 55 millones. Los EE.UU. ocuparon una considerable parte del territorio de esta nación (1.432 kilómetros cuadrados),  [268•7  utilizada esencialmente como base militar (68% del territorio). Al mismo tiempo, el Canal y sus instalaciones abarcan solamente el 3,6% de la superficie.

p Los obreros de la Zona del Canal han sido objeto de una discriminación abierta. Todos ellos, como regla, fueron destinados a los trabajos pesados y de baja categoría, ascendiendo sólo al 23% los especialistas panameños. Por trabajo igual los obreros nativos obtenían un salario mucho menor que los norteamericanos. En 1974 los obreros y empleados estadounidenses, 3.512 en total, recibieron 66,7 millones de dólares por concepto de salarios, o sea, casi lo mismo que los 10.525 trabajadores panameños (71,7 millones de dólares). La discriminación se extendió también a la educación, la salud públicas, etc.

p Los trabajadores panameños vincularon la lucha por la 269 recuperación del Canal con la liquidación de las prácticas discriminatorias, con la conquista de la soberanía nacional. Al mismo tiempo, maduró la conciencia de que la brega por la verdadera independencia económica y política no puede reducirse a la Zona del Canal y debe empalmar con la lucha por una transformación radical de la caduca estructura socioeconómica.

p En particular, ello se refiere a los cambios en el sector agrario y a la creación de cooperativas, o sea, de asentamientos. En 1970 los asentamientos proporcionaban sólo el 1% de la producción nacional de granos; tres años más tarde rendían ya el 30% de la cosecha. Fueron creadas, además, juntas agrarias de producción (asociaciones de pequeños productores) que en 1974 eran ya 58  [269•8 . Estas transformaciones reforzaron y ampliaron la base social de la revolución panameña, consolidaron la alianza obrera y campesina, promovieron al proletariado a la posición de vanguardia del movimiento antimperialista.

p Apoyándose en la creciente actividad política de la clase obrera y de las capas no proletarias de la población, el gobierno de Panamá ocupó en el problema del Canal una posición firme y decidida y logró concertar un nuevo tratado, mediante el cual el Canal pasará de manos de EE.UU. a Panamá para el año 2000. En 1974-1976 fueron nacionalizadas varias compañías norteamericanas y se restringió el sector privado. En 1976, por ejemplo, el gobierno asignó 473 millones de dólares para desarrollar el sector estatal, mientras que las inversiones del sector privado ascendieron solamente a 235 millones de dólares.

p En Perú, en el VI Congreso del Partido Comunista Peruano, celebrado en 1973, se recalcó que el programa de transformaciones atimperialistas y antioligárquicas desarrollado por el gobierno es el programa por el que lucharon y siguen luchando la clase obrera, el campesinado y la intelectualidad revolucionaria  [269•9 . Muestra de ello fueron la nacionalización de las explotaciones petrolíferas de la Standard Oil Co. of New Jersey, la creación de la compañía nacional de petróleo, de compañías estatales en las industrias minera, 270 metalúrgica, energética y pesquera, la implantación del control sobre el comercio exterior, los bancos, las finanzas, etc.

p Suma importancia tuvieron las medidas encaminadas a impulsar la propiedad social y a restringir el sector privado.

p En 1970 fue promulgada la Ley General de Industrias, estableciendo la Comunidad Laboral. Según ella, hasta 50% de las utilidades netas de las empresas debían ser entregadas anualmente a cada Comunidad como participación de capital. En enero de 1976 había 3.699 comunidades laborales que agrupaban un total de 205.635 trabajadores  [270•10 .

p “La Comunidad Laboral — recalcaron las resoluciones del VI Congreso del Partido Comunista Peruano— es una importante conquista del proletariado peruano. Contribuye a desarrollar en los trabajadores plena conciencia de su papel como verdaderos creadores de la riqueza, de la necesidad y posibilidad de socializar los medios de producción, al mismo tiempo que los capacita prácticamente para el desempeño de sus funciones rectoras en la producción planificada y en la actividad económica de la futura sociedad socialista"  [270•11 .

p El reforzamiento de las tendencias anticapitalistas en el desarrollo de Perú se vio confirmado por la creación de cooperativas de producción en el sector agrario y del sector de propiedad social. Estas medidas contribuyeron al ascenso de la conciencia de clase del proletariado y de su papel en los cambios revolucionarios del país.

p El imperialismo y la reacción nativa hacen todo lo posible para sembrar cizaña entre el ejército y la clase obrera, las principales fuerzas motrices del proceso peruano. Como indicara Jorge del Prado, secretario general del PCP. en una intervención ante el pleno del CC del partido, la intensificación de las actividades de la contrarrevolución se debe al ahondamiento del proceso; por eso los militares revolucionarios y las fuerzas cívicas deben actuar con mayor energía, más activamente y con mejor concordancia.

p La reacción interna y externa depositaron grandes esperanzas en incitar a los trabajadores a las huelgas que, según esperaban, debían socavar la economía del país, desestabilizar el régimen existente y provocar su caída. Esos cálculos no eran vanos. Las huelsas fueron creciendo.

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p El Partido Comunista Peruano hizo un minucioso análisis de los motivos que originaban esas huelgas. “Una buena parte de los conflictos obreros —indicaba el PCP— se ha producido en 1975 por el despido de dirigentes sindicales, por la violación sistemática de convenios colectivos de trabajo y por poner fin a las maniobras empresariales... La política de los patronos ha estado signada también por una violenta ofensiva política... A través de periódicos y revistas abiertamente sediciosas y contrarrevolucionarias la derecha ha pretendido desdibujar la imagen unitaria y combativa de la clase obrera, contraponer a los trabajadores con la Fuerza Armada, introducir una cuña entre el Gobierno y el pueblo... La reacción tramó complots contrarrevolucionarios. El Ministerio del Trabajo, en gran medida, se ha prestado al juego sedicioso de la reacción... Ha resucitado una legislación obsoleta y anacrónica, como el Decreto de 1913 que reglamenta las huelgas"   [271•12 .

p Las huelgas crearon un clima de intranquilidad, de confrontación entre el gobierno y los trabajadores, lo cual tuvo efectos negativos en la marcha del proceso revolucionario en perjuicio de los intereses del país y de los trabajadores.

p Las fuerzas progresistas peruanas subrayaban con toda razón que las huelgas, siendo potente y efectiva arma de lucha contra la explotación capitalista, no debían poner en peligro la estabilidad del gobierno y afectar la profundización de los cambios estructurales. Tal es el criterio esencial que diferencia el sindicalismo clásico de las posiciones aventureras y contrarrevolucionarias de la ultraizquierda. Los mayores daños eran ocasionados por las huelgas en las “comunidades laborales" y en el sector de propiedad social, ya que obstaculizaban una alternativa de desarrollo por la vía no capitalista y hacían el juego a los monopolios extranjeros. La labor del Partido Comunista y de otras fuerzas progresistas, encaminada a aclarar el sentido del proceso revolucionario y el papel de la clase obrera en él, contribuyó a reducir los paros y a incrementar la producción.

p “Las transformaciones antimperialistas y antioligárquicas que posibilitan el desarrollo de nuestras fuerzas productivas —señalaba Jorge del Prado— tienden a fortalecer numérica y políticamente a la clase obrera, la cual incrementa 272 también su importancia a través de la Comunidad Laboral y del Sector de Propiedad Social"   [272•13 .

p La reacción se vio cada vez en mayores dificultades para provocar huelgas orientadas contra el gobierno y las conquistas revolucionarias de los trabajadores. Terminó en un fracaso el paro de 48 horas, minuciosamente preparado y señalado para el 5 de febrero de 1975, coincidiendo con el aniversario de una intentona golpista. Todas las agrupaciones sindicales más grandes del país condenaron la provocadora asonada contrarrevolucionaria.

p El papel del proletariado en el proceso revolucionario depende directamente de su participación en el manejo del Estado. En este sentido cabe señalar que últimamente se ha agudizado la confrontación entre dos fuerzas: quienes se manifiestan por avanzar apoyándose en las organizaciones de masas de los trabajadores y quienes pretenden aislar a la clase obrera de las demás fuerzas revolucionarias, alejarla de la participación en la dirección de la economía y del Estado. El Partido Comunista Peruano, señalando la necesidad de afianzar la situación económica del país y de llevar a cabo una transformación revolucionaria en el aparato estatal, subraya también que una de las tareas esenciales reside en asegurar la participación efectiva de las masas populares y el desarrollo del movimiento liberador y antimperialista.

p “En el caso de la actual Revolución Peruana —se recalcó en el pleno del CC del PCP realizado en setiembre de 1975—durante los siete años anteriores se avanzó sustantivamente en el terreno de las transformaciones antimperialistas y antioligárquicas y en el inicio de formas no capitalistas de desarrollo. Ahora se plantea, junto con la necesidad de culminar aquéllas, la necesidad de abordar nuevas tareas dirigidas a la construcción de una nueva sociedad... El éxito de toda revolución depende no sólo de la capacidad y consecuencia orientadora de sus conductores, sino también, e indispensablemente, de la participación de las masas"   [272•14 . Más adelante se indicaba en el Pleno que una de las debilidades de la revolución peruana “consiste precisamente en que viene desarrollándose sin contar con todo el respaldo popular que le hace falta. Deficiencia muy grande en la primera fase, debido a que el gobierno anterior no promovió la 273 participación de los trabajadores en consecuencia con la profundización del proceso"   [273•15 

p En enero de 1976 a tono, precisamente, con esta observación fue creado el Comité organizador de defensa y profundización de la revolución. En el manifiesto, difundido por sus iniciadores, se expresaba que la fundación del comité representa un paso firme y consciente de la acción organizada del pueblo peruano, cuya misión histórica consiste en defender las conquistas logradas en el avance del proceso revolucionario, en impulsar su necesaria profundización hasta la victoria del socialismo, siendo la única vía que permitirá acabar con la injusticia, la opresión y la explotación.

p El Comité plantea la fusión de todas las fuerzas populares en un frente único para rechazar las maniobras de la contrarrevolución. Ese frente se define como antimperialista y antioligárquico. También propuso una amplia plataforma de reivindicaciones tendientes a ahondar el proceso revolucionario: frenar el avance de la crisis económica cuyas consecuencias agobian a los trabajadores; implantar una nueva política laboral que contemple el control de las actividades de los capitalistas y elementos de derecha infiltrados en el aparato estatal; participación de los representantes populares en el control del Estado; amplia amnistía política para todos los luchadores por los derechos sociales y los líderes sindicales; derogación de las leyes antiobreras, etc.

p El incremento de la influencia de la clase obrera sobre el desarrollo del movimiento liberador y antimperialista contribuye también a afianzar su unidad orgánica. Entre 1968 y 1974 fueron registradas 1.594 nuevas organizaciones sindicales. Los trabajadores agremiados ascienden a 1,1 millones, o sea la tercera parte de todos los obreros. La escisión del movimiento sindical se va superando. La Comisión nacional sindical, creada en enero de 1976, planteó en calidad de tarea primordial del movimiento gremial peruano la defensa de los intereses de los trabajadores y la defensa del proceso revolucionario.

p Significado sumamente importante en el incremento del papel del proletariado en el movimiento liberador y antimperialista jugó el desenmascaramiento de los elementos ultraizquierdistas, trotskistas y maoístas y su aislamiento de las masas. El maoísmo, como ha dicho Jorge del Prado, no es 274 un aliado de la revolución, sino uno de sus principales enemigos   [274•16 .

p En Ecuador, el Partido Comunista señaló en un comunicado la necesidad de las transformaciones revolucionarias como una tarea planteada ante todas las fuerzas que doblegaron los golpes de la reacción. El pueblo ecuatoriano lucha por llevar a cabo esos cambios.

p En este país crece el papel de la clase obrera en una situación de ahondamiento del movimiento antimperialista y de consolidación de las fuerzas que se manifiestan por la total liberación económica y política. “La actual situación —señalael Partido Comunista del Ecuador— impone agrupar en un solo gran frente no sólo a estas fuerzas trabajadoras, sino a todos los elementos patrióticos y democráticos que hay en los diversos sectores de la población. Está en juego el destino de la Patria ecuatoriana, destino de libertad, progreso y bienestar, que es factible ganar en un corto plazo si las fuerzas se unifican en la lucha. El Partido Comunista tiene que empeñarse en agrupar a estas fuerzas, tanto civiles como militares, hombres y mujeres, jóvenes y adultos, en el gran frente patriótico que libre la batalla decisiva contra el poder de los monopolistas y sus aliados los reaccionarios internos y abra la perspectiva de un Ecuador progresista y libre"   [274•17 .

p En el proceso de la constitución del frente patriótico y antimperialista la clase obrera ecuatoriana va desempeñando un papel cada vez más relevante. El proletariado apoyó las transformaciones progresistas emprendidas por el gobierno de Guillermo Lara, y en setiembre de 1975 intervino decididamente en su defensa, contra el putch reaccionario. En 1976-1977 la clase obrera luchó activamente en salvaguardia de las riquezas nacionales.

p La clase obrera, junto con los militares patriotas y todas las fuerzas progresistas del Ecuador, aparece como la garantía del desarrollo y la profundización del movimiento liberador y antimperialista.

En otros países de América Latina el proletariado también ejerce una influencia cada vez más decisiva en el avance del proceso antimperialista.

* * *
 

Notes

[267•5]   Grunma, 2.V. 1974.

[267•6]   Granma, 25.X. 1975.

[268•7]   Granma. 2.VIII.1973.

[269•8]   Véase III Congreso Nacional de asentamientos campesinos. Panamá. 1974, p. 12.

[269•9]   Véase Sexto Congreso del Partido Comunista Peruano. S. I., 1973, N. 2, p. 19.

[270•10]   Véase La Prensa. Lima, 28.1.1976.

[270•11]   Sexto Congreso del Partido Comunista Peruano, p. 16.

[271•12]   Unidad, Lima, 30.XII.1975.

[272•13]   Unidad, Lima, 4.X.1975.

[272•14]   Ibídem.

[273•15]   Ibídem.

[274•16]   Véase Unidad, Lima, 5.XI.1976.

[274•17]   Tesis pañi c/ IX Congreso del Partido Comunista del Ecuador, 1972, p. 36.