ANTIIMPERIALISTA EN AMERICA LATINA
ANTIIMPERIALISTA
p El triunfo de la Revolución Cubana, que constituyó el resultado más importante del proceso mundial revolucionario liberador en la tercera etapa de la crisis general del capitalismo, ejerció una profunda influencia en todo el sistema de las relaciones internacionales del hemisferio occidental. Puede ser considerado como el tercer jalón más decisivo en la historia de las naciones latinoamericanas después del propio descubrimiento de América y las guerras de la independencia en el primer cuarto del siglo XIX. Por primera vez en la región resolvió la tarea de alcanzar la total independencia nacional, hizo realidad los principios de democracia y justicia social, eliminó las relaciones de explotación capitalistas y abrió el camino a la transformación socialista de la sociedad.
p Las profundas transformaciones revolucionarias en toda la estructura socieconómica y política, el logro de la independencia política y económica completa, la construcción de la nueva sociedad socialista determinaron el rol de avanzada que Cuba desempeña en la lucha antimperialista de los pueblos de América Latina. Cuba apareció como el abanderado de las nuevas relaciones internacionales en el hemisferio, basadas en los principios del antimperialismo, la igualdad y la ventaja mutua.
p Por primera vez en la historia de las relaciones interamericanas los conceptos de independencia política y económica, de soberanía, de la no injerencia en los asuntos internos de otros Estados y de cooperación se constituyeron en práctica de una política oficial. La aplicación de estos principios por Cuba revolucionaria contradecía las concepciones de la política exterior y de la práctica de las 242 relaciones interamericanas, impuestas y aplicadas por el imperialismo de EE.UU. a lo largo de muchos decenios.
p Por eso las esferas gobernantes de Estados Unidos y sus aliados en América Latina desde los primeros días de la victoria cubana iniciaron una política de aislamiento pretendiendo estrangular a Cuba revolucionaria. Fueron perpetrados múltiples actos de agresión económica, chantaje político y subversión ideológica. Cada iniciativa cubana en política exterior, encaminada a ensanchar la cooperación con los países del área sobre una base antimperialista, invariablemente chocaba con la acción contraria de Washington y de los círculos más reaccionarios de América Latina.
p Y ello no es casual. Ya en los primeros años que siguieron al triunfo de la Revolución Cubana, especialmente después de la nacionalización de la propiedad de los monopolios yanquis, el gobierno de Estados Unidos emprendió contra Cuba una serie de groseras acciones políticas y sanciones económicas: desde el embargo y el bloqueo continental hasta el bandidaje y actos de agresión piratas. Proponiéndose sofocar a la Revolución Cubana, los monopolistas de EE.UU. hacían caso omiso de las más elementales normas del Derecho Internacional.
p La experiencia de Cuba mostró patentemente que la lucha contra el dominio de los monopolios extranjeros reviste importancia vital para impedir el saqueo de las riquezas nacionales y la sangría de las economías de los países dependientes, y que en el proceso de las transformaciones socioeconómicas revolucionarias son los monopolios la fuerza contrarrevolucionaria principal, el primer resorte de la agresión económica y de las provocaciones bélicas por las potencias imperialistas. Según la justa expresión de Fidel Castro “el imperialismo dirigió omnímodamente a la contrarrevolución interna" [242•1 . El llamado problema cubano se convirtió en una cuestión clave de las relaciones interamericanas, y la lucha en su torno adquirió carácter exclusivamente agudo.
p Ya en la etapa inicial de la revolución, Cuba hizo un intento por transformar el sistema interamericano en una herramienta capaz de acelerar el desarrollo democrático, económico y social de los países de la región. A fin de contribuir al afianzamiento de la cooperación entre los países 243 latinoamericanos, Cuba participó activamente en la Conferencia Económica de la OEA, celebrada en Buenos Aires en mayo de 1959. Planteando la tesis de que la inestabilidad política en los países latinoamericanos es el resultado de su subdesarrollo económico, el jefe de la delegación cubana, Fidel Castro, señaló que “la política interamericana del gobierno cubano se ha orientado a demandar el reconocimiento de esa verdad de caracteres axiomáticos y a reclamar medidas colectivas, encaminadas^ a levantar el nivel de vida de los pueblos latinoamericanos" [243•2 .
p Cuba proponía medidas concretas que podrían contribuir al aceleramiento del desarrollo económico de los países del continente. A la conferencia fue presentado el proyecto de la delegación cubana donde se decía que América Latina necesita para su desarrollo económico una inversión de 30.000 millones de dólares en un plazo de 10 años [243•3 .
p La creciente influencia de Cuba revolucionaria y su activa utilización de la tribuna de la OEA para dirigirse directamente a los pueblos latinoamericanos provocaron inquietud en los círculos gobernantes de EE.UU. y de algunos países latinoamericanos. A la vez, frente a las transformaciones radicales encaminadas al logro de la independencia económica, los monopolios yanquis y sus testaferros en América Latina empezaron a exhortar abiertamente a la cruzada contra la Isla de la Libertad.
p Los regímenes dictatoriales de América Central inundaron a la OEA con quejas sobre supuestas “acciones agresivas" de Cuba, mientras que el Presidente de EE.UU., Dwight Eisenhower, declaraba el 1 de julio de 1959, en conferencia de prensa, su inquietud ante la “política desarrollada por el gobierno de Cuba" y exigía de la OEA tomar iniciativas encaminadas a “eliminar la tensión" creada en el Mar Caribe. Las intenciones de semejante política eran claras: provocar un enfrentamiento entre Cuba y las dictaduras de los países del Caribe y luego, ya con ayuda de la OEA y bajo su bandera, invadir la Isla de la Libertad para aplastar las conquistas del pueblo cubano.
p El 2 de agosto de 1959 en Santiago de Chile se inició la V Reunión de Consulta de ministros de Relaciones 244 Exteriores de los países miembros de la OEA para discutir medidas enderezadas a evitar la guerra en la zona del Mar Caribe. El ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Raúl Roa, en su intervención mostró convincentemente que la tensión política en el Caribe se debía a los regímenes reaccionarios y al imperialismo. Roa subrayó que las situaciones críticas en el Mar Caribe no son más que un reflejo de la crisis general en el continente, y que sus motivos residen en la dependencia económica y política de los países latinoamericanos frente a los monopolios extranjeros [244•4 .
p La tentativa de utilizar la reunión para desencadenar una agresión contra Cuba no tuvo éxito. Los delegados de México, Brasil, Venezuela y Solivia se expresaron decididamente contra las proposiciones de EE.UU. y los regímenes dictatoriales. Los gobiernos de esos países subrayaron que la reunión debía ocuparse seriamente de los problemas del desarrollo económico del continente y no crear “precedentes peligrosos" para entrometerse en los asuntos internos de otros países. La delegación de EE.UU. no logró lo que deseaba: crear una “policía política especial" para actuar en la zona del Mar Caribe. Todo se limitó a la creación de la llamada “Comisión Interamericana de Paz”.
p La V Reunión de Consulta significó una determinada pauta en la actitud de Cuba revolucionaria respecto a la OEA. Quedó totalmente en evidencia que esta organización no sólo es inepta resolver los problemas de los países de América Latina, sino que tendía a ser utilizada cada vez más para amalgamar un bloque agresivo anticubano, a servir los intereses del imperialismo de EE.UU. Cuba desenmascaraba activamente desde la tribuna de la OEA la política expansionista y bandidesca de los monopolios imperialistas en América Latina y los regímenes dictatoriales antipopulares. También utilizó diferentes organismos de la OEA para desenmascarar a la entidad misma como “ministerio de colonias" de Estados Unidos.
p Después de establecer Cuba relaciones diplomáticas con la Unión Soviética y otros países socialistas, los círculos reaccionarios de las repúblicas del continente adoptaron una posición abiertamente hostil hacia la Revolución Cubana. Sobre la Isla de la Libertad se cernió el peligro de una 245 intervención armada. Ante tal situación, la Unión Soviética, fiel a los principios del internacionalismo proletario, emitió el 9 de julio de 1960 una declaración en la que previno que en caso de que Cuba fuese agredida, la URSS otorgaría al pueblo cubano toda la ayuda posible, incluida la militar.
p El pueblo de Cuba acogió con gratitud la declaración del gobierno soviético. Entre los enemigos de Cuba esta declaración, en cambio, provocó un brusco acceso de ira. Ante la presión de esos sectores el Consejo de la OEA tomó el 29 de julio de 1960 la decisión de convocar otra Reunión de Consulta de los ministros de Relaciones Exteriores para estudiar “acciones colectivas para evitar la intervención extracontinental”, teniendo en cuenta a la Unión Soviética y otros países socialistas. El representante de Cuba, al intervenir en la reunión, expuso una vez más los principios de la política de su país respecto al “sistema interamericano":
p Cuba se manifiesta decididamente contra la intervención de cualquier Estado o grupo de Estados en los asuntos de otros países;
p El gobierno revolucionario considera que de ninguna manera se puede calificar como intervención una situación en la que un Estado, en este caso la Unión Soviética, establece relaciones diplomáticas, comerciales y culturales con cualquier Estado de América;
p Cuba considera que la declaración de la Unión Soviética de estar dispuesta a salir en su defensa en caso de ataque por parte de una potencia imperialista no constituye un acto de agresión, sino representa un firme apoyo al principio de la no intervención [245•5 .
p Las fuerzas agresivas en ese período no pudieron conseguir que los delegados de las naciones latinoamericanas apoyaran totalmente las exigencias de “enjuiciar” a Cuba. Pero, si bien la Declaración de San José, aprobada por la reunión, proclamaba solamente los principios generales de la “solidaridad interamericana”, este documento, sin duda, tenía filo anticubano. En ella se condenaba hipócritamente la “injerencia” inexistente de los países socialistas en los asuntos del hemisferio.
p En respuesta a la provocativa resolución de San José, 246 el 2 de setiembre de 1960 tuvo lugar en La Habana la Asamblea General Nacional del pueblo de Cuba que aprobó la Declaración de La Habana, documento de trascendental significado histórico. En ella, en nombre del pueblo de Cuba, se condenaba enérgicamente la Declaración de San José como una intromisión del imperialismo en los asuntos de los pueblos de América Latina, se refutaba la imperialista doctrina Monroe y se patentizaba la gratitud a la Unión Soviética por su apoyo al pueblo de Cuba.
p La Asamblea General Nacional del pueblo de Cuba tomó la decisión de anular el acuerdo militar concertado en 1950 entre Cuba y Estados Unidos de América [246•6 .
p A medida que los EE.UU. agravaban la situación en la Cuenca del Caribe, el gobierno de Cuba tomaba las medidas necesarias para desenmascarar los planes agresivos del imperialismo en esta región. En setiembre de 1960 el jefe del Gobierno Revolucionario de Cuba Fidel Castro denunció desde la tribuna de la Asamblea General de la ONU la política contrarrevolucionaria e imperialista de las esferas gobernantes de EE.UU. con relación a Cuba, dio pruebas irrefutables de los actos agresivos perpetrados por el imperialismo contra la Isla de la Libertad. La Unión Soviética y otros países socialistas prestaron en esta sesión gran apoyo moral y político a Cuba. En las intervenciones de los jefes de gobierno de los países de la comunidad socialista resonó el sentimiento de fraternal solidaridad y la disposición de proporcionar a Cuba la ayuda necesaria en caso de agresión.
p El 23 de febrero de 1961 el gobierno cubano dirigió a los gobiernos de todos los países latinoamericanos una nota en la que llamaba una vez más la atención para advertir que se estaba preparando una agresión armada contra Cuba revolucionaria. La apelación directa a los gobiernos mostraba que Cuba había perdido toda confianza en la OEA. El singular significado de la nota consistía en que ella confirmaba una vez más las bases de las relaciones mutuas de Cuba con los países latinoamericanos: la igualdad soberana entre los pueblos y su derecho a la autodeterminación, el respeto a la jurisdicción de cada país, la prohibición del empleo de la fuerza como medio para resolver los litigios internacionales, la libertad de comerciar y colaborar con todos los países [246•7 .
247p La invasión de los mercenarios en Playa Girón en abril de 1961 fue un intento de EE.UU. de aplastar con las armas la Revolución Cubana, utilizando para ello unidades de contrarrevolucionarios cubanos. La derrota de los mercenarios fue un gran revés para el imperialismo, una victoria del pueblo cubano, unido en torno al Gobierno Revolucionario. La victoria de Playa Girón estimuló a los pueblos de América Latina en su lucha contra el imperialismo.
p Alarmado por el incremento de la influencia de Cuba y temiendo una explosión revolucionaria en otros países del continente, el imperialismo se esforzaba por hallar los medios para hacer frente a la situación. En agosto de 1961, en Punta del Este (Uruguay) se celebró la conferencia del Consejo Económico y Social de la OEA que aprobó el programa Alianza para el Progreso. Cuba ocupó una posición consecuente y netamente antimperialista. Su delegación presentó proyectos de resolución sobre reforma agraria, construcción de viviendas, nacionalización de escuelas privadas, etc. Al mismo tiempo, Ernesto Che Guevara, jefe de la delegación cubana, desenmascaró el verdadero objetivo de la conferencia, demostrando que ésta consistía en organizar una “santa alianza" enfilada contra el ejemplo que Cuba significa en todo el continente americano.
p Cuba se negó a firmar el documento por el que se fundaba la Alianza para el Progreso en la que los círculos dirigentes de EE.UU. veían, precisamente, el contrapeso al ejemplo de la Revolución Cubana. Al explicar la posición de su país, Ernesto Che Guevara señalo: “Estamos de acuerdo en una sola cosa con el informe del punto V de los señores técnicos, en una sola frase, que define la situación actual: "una nueva etapa comienza en las relaciones de los pueblos de América”, dice, y es cierto. Nada más que esa nueva etapa comienza bajo el signo de Cuba, Territorio Libre de América...” [247•8 .
p A pesar de la actividad agresiva de EE.UU. y los reaccionarios de América Latina, el pueblo cubano siguió marchando valerosamente por la vía de las transformaciones y profundizando su revolución. El 16 de abril de 1961 el socialismo fue proclamado como meta del desarrollo de Cuba, y el 1 de diciembre del mismo año Fidel Castro declaró que la doctrina 248 marxista-leninista constituye la bandera de la Revolución Cubana.
p Washington y sus aliados en la OEA no quisieron tolerar esto. El 4 de diciembre el Consejo de la OEA examinó la propuesta de Colombia de celebrar otra reunión y excluir a Cuba de la OEA, resolviendo convocar en Punta del Este, en enero de 1962, la VIII Reunión de Consulta. Los EE.UU. tuvieron que realizar no pocas maniobras, utilizar todos los métodos de presión y chantaje posibles para hacer que la reunión tomase la decisión de excluir a Cuba del sistema inter americano.
p La Organización de Estados Americanos no ocultaba más su hostilidad hacia Cuba. En octubre de 1962, durante los azarosos días de la crisis del Caribe, el Consejo de la OEA resolvió apoyar el bloqueo de Cuba.
p El 4 de febrero de 1962 un millón y medio de cubanos reunidos en la Plaza de la Revolución, en La Habana, adoptaron, en respuesta a la decisión de Punta del Este, la Segunda Declaración de La Habana. En ella se señaló el funesto papel de la OEA al servicio de los planes del imperialismo de sofocar la Revolución Cubana. Al desenmascarar ante todo el mundo la esencia reaccionaria del “sistema interamericano" y romper con éste, Cuba revolucionaria no quedó sola, puesto que ya era parte de la comunidad mundial de los países socialistas y gozaba del apoyo de todos los pueblos amantes de la libertad.
p El punto culminante en la política anticubana de la OEA fue la IX Reunión de Consulta de ministros de Relaciones Exteriores que tuvo lugar en julio de 1964 en Washington. Allí se debatió la “cuestión” de los “actos de intervención y agresión" de... Cuba. La conferencia aprobó una resolución sin precedentes de tomar sanciones contra Cuba, recomendadas a todos los miembros de la OEA: cese del comercio, interrupción de transportes aéreos y marítimos, ruptura de relaciones diplomáticas y consulares. Incluso se adoptó una resolución exhortando a los países no miembros de la OEA a interrumpir sus operaciones comerciales con Cuba y a abstenerse de prestarle cualquier tipo de ayuda [248•9 . En la declaración del gobierno soviético sobre esa reunión se destacaba que las resoluciones anticubanas adoptadas por la OEA 249 violaban los principios básicos de la Carta de las Naciones Unidas e implicaban una amenaza a la paz y la seguridad [249•10 .
p Las decisiones anticubanas tomadas por la IX Reunión de Consulta fueron condenadas por amplios sectores sociales de las naciones latinoamericanas. Las fuerzas progresistas comprendían que esas resoluciones contradecían los verdaderos intereses de sus países y estaban enfiladas no sólo contra Cuba, sino contra toda América Latina. Las decisiones sobre la ruptura obligatoria por los Estados americanos de sus relaciones con Cuba, según los planes de sus promotores, debían cerrar el bloqueo en torno a la Isla en el hemisferio occidental. Sin embargo, inmediatamente después de la ruptura de las relaciones, en el continente se inició un movimiento por restablecerlas. “Las fuerzas progresistas de Chile, como las de Uruguay, Bolivia y de otros países —escribía el diario El Siglo, portavoz de los comunistas chilenos—, hicieron del restablecimiento de las relaciones con Cuba una cuestión de dignidad nacional, un punto central de su programa político hacia el rescate de la soberanía ultrajada" [249•11 .
p Cuba no sólo hizo frente y superó la ofensiva de Estados Unidos, sino que, gracias al sostén que representaba el creciente poderío del sistema socialista mundial, alcanzó la victoria en su transformación revolucionaria y puntualizó un giro radical en su política exterior. La esfera de las relaciones exteriores de Cuba se convirtió en el foco donde se manifestó con mayor fuerza, por una parte, el papel y el significado del campo socialista, ante todo de la Unión Soviética, como factor externo primordial en la profundización del proceso revolucionario y, por la otra, la esencia contrarrevolucionaria y reaccionaria del imperialismo mundial.
p El desarrollo de estrechos vínculos políticos y económicos con la Unión Soviética y otros países socialistas desempeñó destacado papel en el rechazo de la agresión económica del imperialismo de EE.UU., en la realización de las transformaciones socioeconómicas y en el afianzamiento en el país de la nueva sociedad socialista. “Sin la ayuda decidida, firme y generosa del pueblo soviético —manifestó Fidel Castro desde la tribuna del Primer Congreso del Partido Comunista de Cuba—, nuestra patria no habría podido sobrevivir a enfrentamiento con el imperialismo. Ellos nos 250 compraron el azúcar cuando nuestro mercado fue brutalmente suprimido por Estados Unidos; ellos nos suministraron las materias primas y el combustible que no habríamos podido adquirir en ningún lugar del mundo; ellos nos hicieron llegar gratuitamente las armas con que hicimos frente a los mercenarios de Girón y equipamos nuestras Fuerzas Armadas Revolucionarias, para cobrar el más alto precio a cualquier agresión directa de Estados Unidos; ellos apoyaron extraordinariamente nuestra economía en estos años críticos de bloqueo económico" [250•12 .
p La política yanqui de aislar a Cuba y estrangular su Revolución, de impedir la difusión y el fortalecimiento del socialismo en América Latina para mantenerla en la órbita del imperialismo yanqui no logró sus objetivos. Ya a comienzos de la década del 70, después de largos años de bloqueo político y económico total, muchos países de América Latina restablecieron relaciones diplomáticas y comerciales sobre una base nueva, antimperialista. Como se subrayaba en el informe del CC del Partido Comunista de Cuba al Primer Congreso, “...La América Latina es hoy una región muy diferente... Mientras las masas de obreros y campesinos de la América Latina continúan en su lucha, surgen ahora gobiernos inspirados, los unos, por concepciones políticas que conducen a aspiraciones socialistas, guiados otros por una clara idea antimperialista, constreñidos, por último, algunos en un ámbito puramente nacionalista, en defensa de las riquezas naturales y las economías de sus países. Pero en su conjunto esas concepciones políticas dan la base para una amplia unidad latinoamericana que resista y derrote la política del imperialismo, y que inevitablemente contribuirá a las transformaciones sociales más profundas de que América Latina está urgida" [250•13 .
p El fracaso de la política de bloqueo contra el primer Estado socialista en el hemisferio occidental fue determinado por el incremento del poderío de la comunidad socialista, por los éxitos del pueblo cubano en la construcción de una nueva sociedad, por el respaldo decidido y la ayuda desinteresada de la Unión Soviética y otros países socialistas a 251 Cuba revolucionaria y por el ascenso del movimiento nacional liberador en América Latina.
p Este fracaso fue un exponente del fortalecimiento de las posiciones del socialismo en el hemisferio occidental, del afán cada vez mayor de los países de esta región a desarrollar una política exterior independiente del imperialismo de EE.UU., una muestra del ahondamiento de la crisis de la política de éste en el continente.
p La profundización de la crisis general del capitalismo agudizó las contradicciones entre las naciones latinoamericanas y EE.UU. Esto, claro está, es una causa importante que explica el afán de los países del continente de unirse sobre una base antimperialista y contribuye a su acercamiento con Cuba en la lucha contra el imperialismo y al avance del proceso de restablecimiento de relaciones con Cuba por los Estados de la región.
p Cuba es uno de los promotores de la creación de nuevos organismos económicos regionales: de la Organización Latinoamericana de Energía (OLADE) y del Grupo de Países Latinoamericanos y del Caribe Exportadores del Azúcar (GEPLACEA), cuyas actividades se orientan a la defensa de los recursos naturales de los países de la región y al logro de precios justos para los productos primarios en el mercado mundial. Cuba apoyó activamente también la idea de fundar el Sistema Económico Latinoamericano (SELA), el Comité de Cooperación y Desarrollo del Caribe y de la Compañía Naviera Multinacional del Caribe (NAMUCAR). Ello acrecentó el prestigio de la Isla de la Libertad entre los pueblos del continente latinoamericano. Cuba se hizo acreedora también de un amplio reconocimiento por el hecho de que, siendo activa participante de los organismos especializados de la ONU, en primer lugar de la FAO, CEPAL y UNESCO, apoya invariablemente en ellos los intereses de los países de la región, censura la política del neocolonialismo y las relaciones injustas que imponen a los pueblos latinoamericanos las potencias imperialistas.
p Para comprender las causas principales del papel prestigioso de Cuba entre las naciones de América Latina, cabe tener en cuenta también el hecho de que, siendo parte inseparable de la comunidad socialista, aparece como un eslabón importante en las relaciones de esta última con Estados del continente.
p La consecuente aplicación del principio de la 252 coexistencia pacífica y de la cooperación mutuamente ventajosa, así como su ampliación, entre los países socialistas y los de América Latina contribuyeron al fracaso del bloqueo contra Cuba. Tales vínculos, precisamente, van convenciendo en la práctica a los países latinoamericanos del carácter ventajoso y de la necesidad de ensanchar estas relaciones en su lucha por la independencia económica, por la aplicación de una política exterior que responda a los intereses nacionales de cada uno. A la vez, el restablecimiento de las relaciones entre Cuba socialista y una serie de Estados latinoamericanos ejerce beneficiosa influencia en el desarrollo de los vínculos entre América Latina y la comunidad socialista en su conjunto.
p “En cuanto al bloqueo —decía V. I. Lenin en su informe al IX Congreso de los Soviets de toda Rusia—, la experiencia ha demostrado que no se sabe para quién es peor, si para los bloqueadores o para los bloqueados" [252•14 .
p Ello se cumple plenamente en el caso del bloqueo impetuoso contra Cuba socialista por el imperialismo de EE.UU. Al insistir en ese bloqueo, los EE.UU. se aislan políticamente de los países de América Latina, socavan su prestigio en la palestra internacional y pierden la oportunidad de desarrollar relaciones económicas mutuamente ventajosas. De esto se habló en el XXV Congreso del PCUS. “No alcanzaron su objetivo —señaló L.I. Brézhnev— los esfuerzos del imperialismo norteamericano, que sigue aferrado aún a la política de bloqueo diplomático y económico. Al mismo tiempo, la situación internacional de Cuba y su prestigio se han fortalecido" [252•15 .
p Eso comprenden las personas progresistas, así como los políticos burgueses más perspicaces en los propios EE.UU. Destacados hombres de negocios (Cyrus Eaton, Orville Freeman y otros) se pronunciaron por el cese de la política de bloqueo económico a Cuba considerando que el restablecimiento de las relaciones económicas y comerciales con Cuba socialista sería de enorme beneficio no sólo para el mundo de los negocios de EE.UU., sino también para todo el pueblo norteamericano. Opiniones análogas sustentan muchos congresistas. Aunque este punto de vista todavía no ha sido aprobado abiertamente por los círculos oficiales, el hecho de que muchos políticos destacados lo defienden, confirma también la 253 inconsistencia de la política de bloqueo. El fracaso de esta política y de las maniobras de los regímenes reaccionarios en la OEA, que intentaron frenar el victorioso avance de la Revolución Socialista Cubana, constituye también un reflejo del proceso general de distensión internacional, comenzado por iniciativa de la Unión Soviética.
p Como se indicaba en los documentos de la Conferencia de Partidos Comunistas y Obreros de Europa, la derrota del bloqueo imperialista a Cuba, junto con el amplio reconocimiento internacional de otro país hermano, la República Democrática Alemana, constituye un aporte esencial al afianzamiento de la seguridad mundial y de las posiciones del socialismo.
p Actualmente es bien notoria la tendencia al cambio de todo el sistema de relaciones internacionales en el hemisferio occidental. No es poco el mérito de Cuba, cuya política constructiva, en combinación con el proceso de distensión internacional, influye cada vez en mayor grado sobre la situación de América Latina. Como lo señalara el Primer Congreso del Partido Comunista de Cuba, llegó la hora de establecer un nuevo tipo de relaciones en el continente de manera que América Latina, unida y fuerte, hable con lenguaje propio [253•16 .
p La crisis de la política de aislamiento de Cuba en el continente latinoamericano y el desarrollo por ella de una colaboración mutuamente ventajosa con otros países de América Latina son consecuencia de la activa y constructiva política exterior cubana, del incremento del poderío de los países de la comunidad socialista, de la materialización en el hemisferio occidental de los principios de la coexistencia pacífica en las condiciones de la distensión internacional como norma para las relaciones entre los Estados, del fort, lecimiento de la independencia de las naciones de la región y de los grandes cambios antimperialistas allí operados.
Cuba socialista, aplicando desde el momento del triunfo de su Revolución una política consecuentemente antimperialista e internacionalista respecto a los países de América Latina, desempeña un relevante papel en la lucha de los pueblos de esta región por la liberación nacional y social, por la libertad verdadera y el progreso social.
Notes
[242•1] Primer Congreso del Partido Comunista de Cuba. Informe Central. p. 36.
[243•2] Una Nueva Diplomacia. Ministerio de Estado, República de Cuba, La Habana, 1959, p. II.
[243•3] Véase F. Castro. Humanismo revolucionario. La Habana, 1959, p. 44.
[244•4] Véase Quinta Reunión de Consulta de ministros de Relaciones Exteriores. Washington, 1961, pp. 96-98.
[245•5] Véase R. Roa. Retorno a la Alborada. La Habana, 1964, vol. II, pp. 295-296.
[246•6] Véase Noticias de Hoy, La Habana, 1960, 3 oct.
[246•7] Véase Bohemia, La Habana, 1961, N 10, p. 52.
[247•8] Ernesto Che Guevara. Obras 1957-1967, t. II, La Habana, p. 423.
[248•9] Véase Revolución. 27.VII. 1964.
[249•10] Véase Pravda, 10.VIII. 1964
[249•11] El Siglo, Santiago de Chile, 15.XI.1971.
[250•12] Primer Congreso del Partido Comunista de Cuba. Informe Central, p. 46.
[250•13] Ibidem, pp. 227-228.
[252•14] V. I. Lenin, IX Congreso de los Soviets de toda Rusia. O. C., t. 44, p. 301.
[252•15] L. I. Brézhnev. Informe del Comité Central del PCUS y las tareas inmediatas del partido en la política interior y exterior, p. 10.
[253•16] Véase Primer Congreso del Partido Comunista de Cuba. Informe Central, p. 569.
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