p En el transcurso de los dos siglos que pasaron después de la formación de EE.UU. los círculos dirigentes de este país se esfuerzan por todos los medios en crear un “sistema cerrado" de relaciones internacionales en el hemisferio occidental. La doctrina Monroe y el panamericanismo, la diplomacia del dólar y la política del gran garrote, la del buen vecino y de la Alianza para el Progreso fueron alternándose a lo largo de un gran período histórico y perseguían un objetivo fundamental: levantar una “muralla china" entre América Latina y el resto del mundo, afianzar a EE.UU. en el papel hegemónico y asegurar al capital monopolista yanqui condiciones favorables para explotar a los pueblos del continente. El sistema de la dominación imperialista fue reforzado considerablemente durante el período de la segunda guerra mundial y de los primeros años posbélicos cuando los Estados Unidos pudieron desplazar sensiblemente a sus rivales imperialistas en el hemisferio occidental e incorporar a los Estados latinoamericanos en la “guerra fría" contra la URSS, subordinando la política de estos países a los intereses de la estrategia global norteamericana.
p Los pueblos de América Latina, no queriendo vivir avasallados, desarrollaron una tenaz lucha por la verdadera independencia, pero sufrieron repetidas derrotas. La situación empezó a cambiar después del triunfo de la Gran Revolución Socialista de Octubre, que ejerció un enorme influjo en los destinos históricos de los pueblos dependientes y coloniales. La formación e indeclinable fortalecimiento del sistema mundial del socialismo en el período posbélico, el derrumbe de los imperios coloniales en Asia y África condujeron a cambios radicales en la correlación de fuerzas entre el socialismo y el capitalismo en la palestra mundial, inspirando a los 341 pueblos de América Latina a una decidida lucha contra el yugo imperialista. “Ninguna persona objetiva negará —señaló Leonid Brézhnev desde la tribuna del XXV Congreso del PCUS— que la influencia de los países socialistas sobre el curso de los acontecimientos mundiales es cada día más fuerte y más profunda. Eso, camaradas, es un gran bien para toda la humanidad, para todos los que guieren la libertad, la igualdad, la independencia, la paz y el progreso" [341•1 .
p En las nuevas condiciones, el movimiento liberador de América Latina conquistó importantes éxitos en una serie de países. La revolución boliviana de 1952, la valerosa lucha del pueblo guatemalteco contra los monopolios yanquis, el derrumbe en la segunda mitad de la década del 50 de los regímenes dictatoriales establecidos en Perú, Colombia y Venezuela asestaron fuerte golpe al sistema de dominación imperialista en América Latina. El triunfo de la Revolución Cubana que condujo a la formación del primer Estado socialista en el hemisferio occidental marcó un cambio radical en los destinos históricos del continente. “La Revolución Cubana —se indicó en la Declaración de la Conferencia de los Partidos Comunistas de América Latina y el Caribe— marca un momento de profundo viraje de la lucha contra la dominación imperialista a escala mucho más amplia y profunda en el continente. Y tiene una notable influencia internacional" [341•2 .
p El análisis de las relaciones entre EE.UU. y los países de la región después de la victoria de la Revolución Cubana atestigua que el sistema de la dominación imperialista en América Latina vive una crisis crónica cada vez más profunda. Esta emana de factores objetivos como la agudización de las contradicciones entre los países de la región que se desarrollan por la vía del capitalismo dependiente y los monopolios imperialistas de EE.UU. que aparecen como sus principales explotadores. Factor importantísimo de la profundización de esta crisis son los avances en la construcción de la sociedad socialista en Cuba, que muestran ostensiblemente a los pueblos del continente el verdadero camino hacia el progreso socioeconómico, político y cultural.
342p La particularidad característica del desarrollo de las relaciones entre EE.UU. y las naciones de América Latina en la etapa actual consiste en que, gracias a los esfuerzos de los países socialistas y de otras fuerzas progresistas del mundo, se ha pasado de la “guerra fría" a la distensión internacional, y ello crea condiciones favorables para que se intensifiquen los esfuerzos de las naciones latinoamericanas encaminados a poner fin a la tutela de EE.UU. y a reestructurar las relaciones internacionales en la región. La reafirmación por el XXV Congreso del PCUS de la posición principista de la URSS de respaldo al afán de los países latinoamericanos por fortalecer su independencia política y económica, por elevar su papel en la vida internacional tiene enorme significado para el avance de sus batallas contra los monopolios estadounidenses.
p La lucha de los pueblos del continente contra la dominación foránea adquirió en el presente un empuje de ofensiva y rebasó los confínes nacionales de unos u otros Estados para transformarse en una importante base de acción mancomunada. Gracias a ello, la pugna de las naciones latinoamericanas contra los monopolios imperialistas asumió nuevos rasgos. La divergencia de intereses va adoptando caracteres de confrontación ya que se cuestionan, no sólo algunos aspectos separados de las relaciones mutuas, sino todo el sistema injusto de los nexos con EE.UU. Sin embargo, esta tendencia se abre paso en las condiciones complejas y contradictorias de la realidad sociopolítica y económica actual de América Latina, enfrentando la furiosa resistencia del imperialismo y la reacción local que acuden a todos los medios posibles para contener el desarrollo del proceso revolucionario, golpear las posiciones de las fuerzas progresistas, separar unos de otros los Estados de la región y aislar a los países que mantienen una política exterior antimperialista o soberana.
p El incremento de las contradicciones entre América Latina y el imperialismo y el agravamiento de la crisis del sistema panamericano obligan al gobierno estadounidense, sin rununciar por ello a los métodos tradicionales de salvaguarda de los intereses monopolistas en el continente, a maniobrar afanosamente, modificar su táctica y las consignas de su política, buscar la manera de adaptarse a la nueva situación en concordancia con la cambiante correlación de fuerzas en los países del área. Ello se refiere a todos los aspectos de la política latinoamericana de EE.UU.: a las formas de 343 expansión y explotación económicas, a la búsqueda de aliados y agentes políticos, a la actuación de los organismos militares y de inteligencia, al funcionamiento de los mecanismos de acción ideológica, a los canales y objetivos del intercambio científico y cultural, etc. El gobierno demócrata encabezado por J. Cárter proclamó la concepción de unas “nuevas relaciones" entre EE.UU. y sus vecinos del sur como la base de su política latinoamericana. La nueva administración promovió la tesis que concede prioridad a los objetivos estratégicos a largo plazo para afianzar la influencia estadounidense en la región frente a las ventajas inmediatas y que formula la necesidad de terminar con la actitud despectiva respecto a “sus amigos" en el hemisferio occidental, para lograr una “reestructuración constructiva" de la situación creada en el continente. Se da especial relieve a las relaciones bilaterales ya que, según los dirigentes de Estados Unidos, esto permite aplicar una línea “flexible” que toma en consideración las crecientes diferencias entre los países latinoamericanos, aprovechar las contradicciones existentes entre las naciones de la región y conservar “libertad de maniobra" respecto a los gobiernos “indeseables”.
p En las medidas concretas de la “estrategia de adaptación" ejerce determinada influencia la pugna política interna en EE.UU. en torno a los problemas de la política latinoamericana, pugna que se libra en el seno de la opinión pública y entre una parte de aquellas fuerzas que tienen relación indirecta y, a veces, directa con la formación de la política gubernamental. La agudeza de esta lucha reflejó en los últimos años, en grado considerable, el proceso de revaluación de valores motivado por la derrota de EE.UU. en Vietnam y de los títeres imperialistas en Angola, por las consecuencias políticas del caso Watergate, por las denuncias escandalosas de las actividades de la CÍA, que viola burdamente las normas generales de la vida internacional, y por la crisis de confianza de los norteamericanos, sin precedentes en la historia, respecto a los institutos del poder. Los choques y la pugna entre diferentes puntos de vista y enfoques acerca de las relaciones interamericanas en las entidades legislativas y del gobierno de EE.UU. determinan en sumo grado los zigzags de la política latinoamerican? de Washington.
p Las divergencias en las esferas dirigentes de Estados Unidos atañen a cuestiones tácticas y métodos de la 344 política latinoamericana, pero no afectan la línea estratégica determinada por los intereses imperialistas del capital monopolista. En la nueva correlación de fuerzas en el mundo y en el continente, el objetivo principal de la política latinoamericana de EE.UU., con todas las modificaciones e innovaciones tácticas posibles motivadas por el deseo de adaptarse a la situación actual, es el de conservar la cantidad máxima de países dentro del sistema capitalista mundial y de su esfera de influencia. Siguiendo su enfoque pragmático y la táctica de apoyarse en los “aliados privilegiados”, los Estados Unidos pueden llegar a hacer determinadas concesiones a la burguesía de los países más grandes del área, contribuir al fortalecimiento de tendencias estatal-monopolistas en ellos y a superar los márgenes del “subdesarrollo” conservando el “modelo del capitalismo dependiente”. Tal estrategia de los monopolios imperialistas de EE.UU. en América Latina se debe mucho al avance de la competencia y la lucha con el socialismo mundial en escalas globales. La posibilidad de realizar estos fines estratégicos en la práctica está restringida por el enfrentamiento objetivo de los intereses de los monopolios imperialistas, por un lado, y de los pueblos y naciones latinoamericanos que se manifiestan por la independiencia nacional y el progreso social y económico, por el otro.
p El nudo principal de las’ contradicciones entre Estados Unidos y los países de América Latina se encuentra en las relaciones económicas. Estas contradicciones revisten carácter profundamente antagónico, ya que la explotación de los países de la zona por los monopolios estranjeros constituye una de las causas principales del empeoramiento de la situación económica de los Estados de la región. Estas contradicciones abarcan todos los aspectos del sistema de relaciones económicas desiguales entre EE.UU. y América Latina. Desde fines de los años 60 los países del continente presentan una plataforma común detalladamente elaborada sobre este grupo de problemas y en esta esfera es donde existe mayor unidad de acción entre los Estados latinoamericanos, a pesar de las grandes diferencias en el carácter de las fuerzas de clase que se encuentran en el poder en los diversos países. Las posibilidades de EE.UU. y sus perspectivas de limar las contradicciones económicas son sumamente limitadas. Los monopolios imperialistas de Estados Unidos se esfuerzan en conservar al máximo las facilidades para su expansión económica en el continente y, por eso, procuran 345 mitigar las contradicciones económicas mediante diversas maniobras políticas, lo cual hace sus posiciones más vulnerables aún.
p Los acontecimientos de la década del 70 mostraron que la lucha de los pueblos de América Latina por recuperar las riquezas naturales usurpadas por el capital extranjero y por implantar el control sobre las corporaciones transnacionales adquirió carácter ofensivo y constituye una de las bases fundamentales para la acción conjunta con filo antimperialista. También cambió el carácter de la nacionalización de la propiedad extranjera, que en algunos países es parte integrante de amplias transformaciones socioeconómicas. Esto conduce a conflictos agudos entre un grupo considerable de países y EE.UU. Los mayores avances se han hecho en Perú y Venezuela, donde los pueblos lograron recuperar en la primera mitad de los años 70, en lo esencial, sus riquezas naturales.
p Sin embargo, este acuciante problema está lejos de haber sido resuelto. A pesar de las medidas adoptadas por muchas repúblicas latinoamericanas en defensa de sus intereses nacionales, la expansión económica de los monopolios yanquis sigue ampliándose. Diferenciando sus métodos en dependencia de la situación político-social en distintos países de la región y utilizando los métodos de expansión más modernos (creación de compañías mixtas, transferencia de tecnologías, la nueva división internacional del trabajo entre los “centros” y la “periferia”, etc.), los monopolios logran afianzar sus posiciones en sectores clave de la economía de América Latina, en primer lugar en la industria manufacturera de los países más grandes y desarrollados (Brasil, México, Argentina, Colombia). Esto crea complejos problemas económicos y graves situaciones políticas en los Estados de la región. Se va conformando un nuevo grupo de contradicciones, se ahondan los conflictos con EE.UU. Cuando Washington interviene abiertamente en respaldo de “sus” monopolios, se revela la no coincidencia entre las declaraciones de la política oficial y la política “propia” de las corporaciones más grandes respecto a esta zona, se acentúan las tendencias en los países latinoamericanos a la acción conjunta para elaborar normas jurídicas internacionales de “conducta” de las compañías extranjeras, etc.
p En el desarrollo de esta lucha y en su resultado influye grandemente la circunstancia de que los gobiernos de 346 distintos países se atienen a posturas diferentes. Mientras, ante todo Perú, Venezuela, Ecuador y otros, procuran restringir y desplazar paulatinamente a los monopolios imperialistas, la política de otros países se basa en la idea de una “regulación racional" de la inversión foránea. Brasil, Chile, Bolivia, Paraguay y las repúblicas centroamericanas se orientan a estimular por todos los medios el ingreso de capitales extranjeros. Esto proporciona a los monopolios estadounidenses la posibilidad de maniobrar aprovechando las contradicciones entre los países de la región.
p Entre EE.UU. y las naciones latinoamericanas existen graves divergencias en torno a muchas cuestiones políticas. La política de las fuerzas reaccionarias de Estados Unidos y de algunos regímenes dictatoriales de América Latina respecto a Cuba socialista crea un foco de tensión y de potenciales y peligrosos conflictos en la zona del Caribe. La línea anticubana contradice la voluntad de la mayoría de las repúblicas latinoamericanas de afirmar los principios de igualdad soberana, coexistencia pacífica y no injerencia en las relaciones interamericanas. Vastas capas de la población de América Latina y un conjunto de gobiernos condenan el apoyo que los monopolios de EE.UU. brindan a la junta militar de Pinochet y a otros gobiernos dictatoriales que desataron el terror fascista contra los luchadores por los intereses nacionales. Casi todos los países latinoamericanos apoyan activamente la justa brega de Panamá por el restablecimiento de sus derechos soberanos sobre la Zona del Canal.
p En las relaciones políticas entre EE.UU. y las naciones del continente ocupa un lugar importantísimo la cuestión del papel y del futuro del sistema interamericano y de su eslabón central, la OEA. En los últimos tres lustros quebraron muchos postulados ideológicos del panamericanismo: la teoría del “determinismo geográfico”, la concepción de la “comunidad de intereses" y de la “solidaridad del hemisferio occidental”. Un grupo nutrido de Estados de la región demanda una reorganización radical del sistema interamericano, coherente con las necesidades de su desarrollo socioeconómico y las tareas de reconstruir las relaciones interamericanas sobre una base de principios democráticos y progresistas. El rechazo por el gobierno de EE.UU. del proyecto de reformas del sistema interamericano, que se había elaborado en el transcurso de tres años con la participación de todos los países miembros 347 de la OEA, reveló el abismo que hay entre Estados Unidos y las naciones de la región.
p La OEA perdió prácticamente la capacidad de influir decisivamente en la política de los Estados de la zona, y las posibilidades objetivas de EE.UU. de utilizar esta organización se van restringiendo. La “supervivencia” de la OEA, sumida en prolongada crisis, se debe al hecho de que un conjunto de países aún siguen considerando necesario conservar este organismo en calidad de ámbito para “dialogar” con EE.UU. A su vez, los círculos imperialistas estadounidenses, apoyándose en el respaldo que le brindan los regímenes reaccionarios, de dictadura militar, se esfuerzan en restablecer las funciones de la OEA como arma de la “diplomacia de bloques”.
p Pese a la resistencia de Perú, México, Venezuela, Panamá y otras repúblicas, los EE.UU. siguen utilizando el mecanismo político-militar de la OEA para fortalecer sus posiciones en el continente. Los resultados de las últimas reuniones militares interamericanas han mostrado que en ellas volvieron a tratarse medidas para reforzar la cooperación de las fuerzas militares de los países miembros de la OEA, encaminadas a acabar con la “actividad subversiva" y extirpar el “marxismo” y el “comunismo internacional": se adoptaron recomendaciones para elevar la eficiencia de los organismos militares interamericanos. La intensificación de los esfuerzos tendientes a crear un bloque político-militar anticomunista de regímenes dictatoriales en el cono sur y los planes de agrupar a estos países y al régimen racista de la RSA en África dentro del marco de uno u otro tipo de organización militar están vinculados con los intentos de las fuerzas más reaccionarias del imperialismo y de los grupos locales de la oligarquía de oponerse a la distensión internacional y evitar que ésta se extienda a América Latina.
p En los cimientos del mecanismo político-militar del sistema interamericano, considerablemente reforzado por EE. UU. durante los años de la “guerra fría”, subyacen dos factores principales: en primer lugar, cierta identidad en los intereses de clase y en los postulados estratégicos del complejo industrial-militar de EE.UU. y de los sectores militares reaccionarios de América Latina y, en segundo, los numerosos tratados y acuerdos militares multilaterales y bipartitos que, junto con los acuerdos de carácter más general, permiten a Estados Unidos ejercer un mayor control de la situación.
348p Un momento sustancial de esa realidad es la fusión intensiva de los intereses de los grupos industrial-militares locales con el complejo industrial-militar de EE.UU. Cabe señalar que el incipiente complejo industrial-militar local, a la vez que desempeña el papel de socio menor en el sistema interamericano se va transformando en una especie de subcontratista del complejo industrial-militar de EE.UU. Desde el punto de vista de los estrategas del Pentágono, América Latina constituye un importante eslabón en su sistema político-militar global, próximo a EE.UU. En los últimos años aumenta en la región el número de estaciones destinadas a respaldar los programas cósmicos de EE.UU. y sus sistemas de telecomunicaciones especiales. Los objetivos militares norteamericanos, emplazados en un conjunto de países de la región, constituyen parte integrante de la red de bases militares de EE.UU. en el exterior y desempeñan un papel esencial en el mecanismo de accionamiento político sobre la situación en la zona.
p Durante el último decenio en la política militar de Estados Unidos en América Latina ocupó el primer plano la tarea de preparar a las fuerzas armadas del continente, en el aspecto militar, ideológico y político, para la acción en el “frente interno”, es decir, para la lucha contra el movimiento liberador. Al mismo tiempo se hace cada vez mayor hincapié en los métodos de “presencia encubierta”, se amplía la participación del Pentágono y la CÍA en las “operaciones secretas" de las fuerzas armadas locales contra el movimiento de liberación. Nueva arma de los monopolios imperialistas tienden a ser las organizaciones terroristas de la extrema derecha, creadas frecuentemente con la participación directa de la CÍA y cuyas actividades están destinadas a eliminar físicamente a los militantes de los partidos comunistas, sindicatos obreros y otras organizaciones progresistas.
p No obstante, los procesos de distensión internacional y de debilitamiento relativo de las posiciones estratégicas de los monopolios yanquis que se operan en el mundo, provocan entre un grupo de naciones latinoamericanas, donde se afirman entre las fuerzas militares las posiciones de los sectores nacionalistas y patrióticos, el deseo de liberarse de la dependencia político-militar y económico-militar de EE.UU. Esto se manifiesta en las intervenciones en pro de la revisión del Tratado Interamericano de Asistencia Reciproca y del desmantelamiento de las bases y otros objetivos militares fijos 349 de EE.UU., en los proyectos de cese o reducción de la carrera armamentista en el continente, en la resistencia a que sea ampliada la “cooperación” militar dentro del marco del sistema interamericano (ante todo, por parte de los gobiernos militares de orientación progresista). Incluso en los países donde en las fuerzas armadas predominan los partidarios de una estrecha alianza militar con EE.UU., los mismos se ven obligados a tomar en consideración las tendencias nacionalistas y el incremento de los ánimos antimperialistas entre los militares. Una de las formas de hacer frente a la influencia prevaleciente de Estados Unidos en la esfera militar se manifiesta en los intentos de algunos países de la región por ensanchar las relaciones político- y técnico-militares con otros países.
p Las acciones independientes de las naciones latinoamericanas en política exterior se ven facilitadas por el sistema de organismos de consulta y cooperación constituidos a finales de la década del 60 y comienzos de los años 70 y que les permiten intervenir de manera concordada en muchas cuestiones atinentes a sus relaciones con EE.UU. y demás potencias imperialistas. Avances de importancia en la cooperación latinoamericana en la reafirmación de los principios de la coexistencia pacífica, igualdad y no intervención en los asuntos interamericanos pudieron ser alcanzados gracias a la consecuente lucha de Cuba socialista por la unidad de acción de los países del continente sobre una base antimperialista, a la activa política exterior del gobierno de Salvador Allende en 1970-1973, al creciente aporte de Perú, Panamá, México, Venezuela, Ecuador y los Estados de reciente independencia en el Caribe.
p Sin embargo, el camino hacia una solidaridad verdadera entre las repúblicas latinoamericanas presenta no pocos escollos. En la política exterior de muchos países se manifiestan con frecuencia vacilaciones y retrocesos que reflejan la inconsecuencia de la burguesía local, así como la presión de los grupos oligárquicos estrechamente fusionados con el capital extranjero. La diplomacia de algunos países intenta sacar ventajas materiales y políticas balanceando entre los países socialistas y los monopolios imperialistas. La camarilla militar fascista de Pinochet y otros regímenes antipopulares actúan como cómplices del imperialismo.
p Por lo tanto, el complejo y, en mucho, contradictorio panorama actual de las relaciones entre EE.UU. y los países 350 de América Latina en lo económico, político, militar e ideológico se caracteriza por la lucha de dos tendencias opuestas. El capital monopolista se esfuerza por intensificar su explotación de los recursos naturales y humanos del continente, desplegar una contraofensiva para anular las conquistas democráticas de los trabajadores implantando dictaduras militares fascistas y utilizando también ampliamente formas encubiertas de expansión. Frente a la crisis cada vez más aguda de la política neocolonialista, las doctrinas imperialistas que justificaban la intervención abierta en los asuntos internos de los países de la región se transformaron en las concepciones de los “socios maduros”, “aliados privilegiados" y de la “interdependencia”. Sin embargo, los actos de las fuerzas más reaccionarias del imperialismo y de la oligarquía local chocan con la decidida resistencia de los pueblos de América Latina que tomaron el camino de la lucha activa por la independencia económica, el reforzamiento de la soberanía nacional, el progreso social y la paz.
p Los partidos comunistas y obreros de América Latina, que marchan a la vanguardia del movimiento liberador, enlazan estrechamente en sus actividades las tareas de la lucha antimperialista con la lucha de las amplias masas populares contra la amenaza del fascismo, por la realización de transformaciones socioeconómicas profundas y la transición revolucionaria a la vía socialista de desarrollo. “El camino de las transformaciones revolucionarias de América Latina —se dice en la Declaración de la Conferencia de La Habana—, supone una lucha conjugada, constante, en que el combate al fascismo, la defensa de la democracia, la lucha contra el imperialismo y las oligarquías y la participación efectiva del pueblo en la definición de la vida política se desarrollan como parte de un mismo proceso" [350•3 .
Venciendo enormes dificultades y extrayendo experiencias de los reveses temporarios de la revolución en algunos países de la región, los partidos marxistas-leninistas de América Latina bregan insistentemente por cohesionar todas las fuerzas democráticas, patrióticas y antifascistas dentro de amplios frentes y coaliciones antimperialistas y por reforzar sus vínculos y su cooperación con el mundo socialista, con 351 el movimiento comunista y obrero internacional y la lucha de liberación de los pueblos de Asia y África. La lucha liberadora de los pueblos de América Latina, siendo parte inseparable del proceso revolucionario mundial, socava y debilita las posiciones del imperialismo en el continente, agravando aún más las crisis que corroen al capitalismo.
Notes
[341•1] L. 1. Brézhnev. Informe del Comité Central del PCUS y las tareas inmediatas del partido en la política interior y exterior, pp. 8-9.
[341•2] La América Latina en la lucha contra el imperialismo, por la independencia nacional, la democracia, el bienestar popular, la paz, y el socialismo, p. 25.
[350•3] La América Latina en la lucha contra el imperialismo, por la independencia nacional, la democracia, el bienestar popular, la paz v el socialismo p. 55
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