p A medida que crece el movimiento liberador en América Latina y se ahonda su contenido social con el reforzamiento del papel rector de la clase obrera y de su vanguardia política, los partidos comunistas, se van desarrollando y perfeccionando las formas de cooperación y de afianzamiento de la unidad de acción de las fuerzas antimperialistas.
p En la segunda mitad de los años 50, durante el ascenso del movimiento de liberación, las acciones y los levantamientos antimperialistas dieron al traste con una serie de regímenes dictatoriales proimperialistas y en muchos países empezaron a constituirse alianzas y coaliciones de fuerzas progresistas. Este proceso se intensificó a comienzos de la década del 60, después del triunfo de la Revolución Cubana: el Frente de Acción Popular en Chile, el Frente de Liberación Nacional en Brasil, el Movimiento de Liberación Nacional en México, el Frente Revolucionario Patriótico en Guatemala.
p Se tomaron medidas para unificar a las fuerzas patrióticas en escala continental. En marzo de 1961 se celebró en México una Conferencia latinoamericana por la soberanía nacional, la liberación económica y la paz, que fue un representativo foro de todas las corrientes antimperialistas de la región. Al hacer un balance de los avances del movimiento antimperialista, la conferencia, asimismo, determinó las principales tareas de su posterior despliegue y se dirigió a todas las fuerzas progresistas y antimperialistas con un llamado a la defensa conjunta de la Revolución Cubana.
p La solidaridad con la Revolución Cubana, junto con las demandas de nacionalizar las propiedades de las compañías extranjeras, de limitar las remesas de utilidades extraídas de América Latina por los monopolios foráneos, devolver a los pueblos sus riquezas nacionales, desarrollar una política exterior independiente, pasó a ser el contenido fundamental de los programas de las organizaciones y coaliciones democráticas nacionales. Estas alianzas, que agruparon a capas muy diversas de la población, jugaron un importante papel en la radicalización de las masas populares.
p Cabe señalar, sin embargo, que los programas de las organizaciones antimperialistas, positivos en su esencia, revestían muchas veces un carácter declarativo y no reflejaban de manera suficiente las reivindicaciones socioeconómicas y democráticas concretas que, en las condiciones de 276 intensificación de la opresión clasista e imperialista, cobraban cada vez mayor actualidad. Esto, en algunos países, limitaba la base, las tareas y los objetivos del movimiento antimperialista como movimiento de masas. Pero, en general, la tendencia hacia la unidad de acción se manifestaba cada vez más nítidamente.
p A fines de los años 60, cuando el movimiento revolucionario liberador entró en una nueva fase cualitativa, surgieron condiciones objetivas más favorables para la unificación de los sectores patrióticos. La crisis estructural, que se acentuó en la mayoría de los países latinoamericanos, contribuyó a la ampliación del movimiento antimperialista, impulsó la búsqueda de las necesarias vías de desarrollo de la sociedad.
p La incorporación de amplias capas de la población a la lucha creó premisas favorables para que se incrementara la influencia de la clase obrera lo cual, a su vez, repercutió positivamente en la formación de los frentes y coaliciones antimperialistas y en sus programas. Claro está, en razón de lo específico de cada país, de las diferencias en la distribución de las fuerzas clasistas, sociales, así como de las particularidades de los procesos liberadores que se operan, los frentes y coaliciones que van vertebrándose presentan no pocas peculiaridades. Sin embargo, los programas que adelantaron tienen como característica el planteamiento de hondas transformaciones sociales antimperialistas y, ante todo. de la necesidad de desplazar del poder a la gran burguesía gobernante, estrechamente vinculada con los monopolios, y de estructurar las formas transitorias del poder estatal. A la vez, el futuro de los países latinoamericanos se enlaza cada vez más con la vía de desarrollo no capitalista.
p Como testimonia la experiencia de algunas naciones del continente (Perú, Panamá, en parte Ecuador), el acceso al poder de regímenes militares de orientación patriótica y progresista crea condiciones para formar un amplio frente antimperialista único en esos países, capaz de garantizar la realización de transformaciones profundas y consecuentes. Los gobiernos militares progresistas, para resolver los acuciantes problemas socioeconómicos, tomaron el rumbo de restringir el poder de los monopolios extranjeros y de la oligarquía burgués-terrateniente nativa. Algunas medidas, como la nacionalización de la propiedad de las compañías foráneas, la reforma agraria democrática, la implantación del control obrero y de los trabajadores sobre la producción, tienen 277 filo anticapitalista. El ejemplo de Perú, en ese sentido, es característico. El gobierno militar peruano, que arribó al poder en 1968, comenzó a realizar importantes transformaciones socioeconómicas debilitando las posiciones de los monopolios y restringiendo el papel de las clases explotadoras en su conjunto. Como subrayaba en sus mensajes el ex presidente, general Velazco Alvarado, el gobierno se propuso el objetivo de constituir en Perú un sistema socioeconómico de corte no capitalista [277•18 , una sociedad justa de democracia social con plena participación popular [277•19 .
p Las importantes medidas progresistas llevadas a cabo por el gobierno peruano en diferentes ramas de la economía, así como el ensanchamiento de la participación de los trabajadores en el manejo de las empresas, en la distribución de las utilidades y de la renta nacional, limitaron considerablemente las posibilidades de explotación capitalista. Se amplió sustancialmente el sector estatal de la economía, lo cual, naturalmente, elevó el papel socioeconómico del Estado.
p El desarrollo y la profundización del proceso revolucionario en Perú dependen del apoyo que las masas trabajadoras brinden a las medidas revolucionarias progresistas del gobierno y del acrecentamiento de la influencia de estas masas en la política del mismo.
p La experiencia de Chile demostró el enorme significado de la unidad de las fuerzas progresistas antimperialistas tanto en la lucha por la conquista del poder como después del triunfo electoral.
p La alianza de las fuerzas progresistas, patrióticas y antimperialistas supo llevar a cabo con éxiío la preparación del acceso de la Unidad Popular al gobierno en setiembre de 1970 luchando contra el imperialismo y la oligarquía local, así como contra el revolucionarismo pequeñoburgués y la ultraizquierda. La formación del gobierno de la Unidad Popular como consecuencia de la victoria en las elecciones presidenciales del 4 de setiembre de 1970 abrió la perspectiva para estructurar un Estado dirigido por el pueblo en el que papel decisivo desempeñaría la clase obrera.
p El nuevo gobierno, encabezado por Salvador Allende, 278 procedió de inmediato a realizar el programa de la Unidad Popular: transformaciones socioeconómicas y políticas profundas, encaminadas a poner fin al dominio del imperialismo, los monopolios, la oligarquía agraria y, en perspectiva, a abrir la vía para la construcción de la sociedad socialista. Estas transformaciones, sin embargo, se hacían en condiciones de una intensa lucha de clases interna y de ofensiva de la reacción mundial. Cabe recalcar de manera especial, por otra parte, que los representantes de la oligarquía y los elementos proimperialistas que siguieron conservando fuertes posiciones en los organismos del Estado y manteniendo en sus manos los principales medios de comunicación masiva hicieron todo lo posible para derrocar a Allende.
p El desarrollo del proceso revolucionario dependía en mucho de la unidad de acción del gobierno, de los partidos que constituían la Unidad Popular y de las organizaciones populares que los sustentaban, así como de la capacidad de movilizar a las masas trabajadoras en defensa de las conquistas revolucionarias y de su alianza con las capas medias.
p Muchas veces, como mostraron los hechos, no existía la suficiente unidad, lo cual se reflejó negativamente en la actividad de la administración al encarar algunos problemas, económicos en particular, en los que se cometieron serios errores. Esta última circunstancia, precisamente, apartó del gobierno a sectores considerables de las capas medias.
p Los actos provocadores de la ultraizquierda, la táctica defensiva del gobierno, su actitud liberal hacia los saboteadores, terroristas y otros enemigos de la revolución desorientaron a las masas trabajadoras. Esto permitió a los círculos reaccionarios de la oficialidad, con la ayuda activa del imperialismo yanqui, dar el golpe de Estado e implantar la dictadura fascista. Como muestran los sucesos trágicos de Chile, en la actual etapa—de la lucha revolucionaria antimperialista en América Latina, la principal tarea reside en cohesionar a todas las fuerzas democráticas progresistas para cerrar el paso al fascismo.
p El Uruguay, en una situación de acentuada polarización de las fuerzas políticas y de radicalización de las masas populares, en febrero de 1971 fue constituido el Frente Amplio, por partidos progresistas y diferentes organizaciones sociales. Lo formaron, en particular, el Partido Comunista, el Frente Izquierdo de Liberación (FIDEL), el Partido 279 Demócrata Cristiano, el Partido Socialista, el Movimiento Socialista y el Movimiento Revolucionario Oriental. El candidato del Frente Amplio, General Seregni, reunió en las elecciones presidenciales de 1971 más de 300.000 votos (20% del total) y una tercera parte de los votos en Montevideo. El programa del Frente Amplio planteaba la realización de profundas transformaciones democráticas antimperialistas y, en perspectiva, la ruptura con el régimen capitalista.
p El Frente Amplio encabezó la lid de los trabajadores contra la dictadura militar, por las libertades democráticas y en defensa de la soberanía nacional. En la vanguardia estaba la clase obrera que en su batalla por el programa trazado utilizó formas recias y efectivas de lucha clasista: la huelga política general, la ocupación de empresas, a la vez en combinación con la actividad parlamentaria.
p En 1973-1977 también la clase obrera fue la avanzada en la pugna de las fuerzas antimperialistas y antifascistas contra el régimen autoritario, enarbolando un programa de restablecimiento en el Uruguay de las libertades democráticas, de legalización de los sindicatos y de amnistía amplia para los presos políticos y otros perseguidos.
p En Argentina, la lucha por la unidad del pueblo tuvo jalón importante en el Encuentro Nacional de los Argentinos (ENA), celebrado el 21 de noviembre de 1970 en la ciudad de Rosario, que luego se constituyó en una coalición democrática y antimperialista. Cabe destacar que ese movimiento nació desde abajo, fundado en juntas básicas diseminadas por todas partes. La clase obrera y su vanguardia, el Partido Comunista, desempeñaron un papel decisivo en la formación del ENA. Este pudo agrupar, en torno a un programa democrático, antimperialista y antioligárquico, a representantes de los más diversos sectores, partidos políticos, corrientes y organizaciones. Entraron comunistas, peronistas, radicales del pueblo, socialistas, demócratas progresistas, demócratas cristianos, personalidades sin partido, dirigentes y activistas sindicales.
p El ENA proclamó como condición básica para resolver los acuciantes problemas socioeconómicos y políticos del país el cese de la dictadura militar y la formación de un gobierno provisional con representantes de las fuerzas opositoras cívicas y militares. Según la apreciación del Partido Comunista de la Argentina, el Encuentro Nacional de los Argentinos, sin ser todavía el frente patriótico de liberación nacional 280 “es la más seria contribución que hasta ahora se haya realizado en nuestro país en esa dirección" [280•20 .
p En algunos países, como por ejemplo Costa Rica, la alianza democrática comienza a estructurarse al calor de los combates por las reivindicaciones económicas inmediatas.
p En países como Colombia, Venezuela y El Salvador se alcanzaron éxitos notables en la creación de amplias coaliciones democráticas de las fuerzas progresistas. A su cabeza se encuentran los partidos pequeñoburgueses: socialistas de izquierda o demócratas cristianos. Pero el aporte más grande en su formación y actividades proviene de la clase obrera y de su vanguardia política, los partidos comunistas. En Colombia, por ejemplo, en 1972 se formó la Unión Nacional de Oposición (UNO), en la que entraron el Partido Comunista, el Partido Demócrata Cristiano, el Movimiento Amplio Colombiano. Muchos obreros y empleados organizados, entidades campesinas, estudiantiles y de la intelectualidad apoyan a la UNO. El programa de la Unión contiene la demanda de profundas transformaciones socioeconómicas y antimperialistas en interés de las más amplias capas del pueblo.
p Fuerza Nueva que surgió en Venezuela en 1971 agrupa a partidos de izquierda y otras organizaciones. Fuerza Nueva, proclamando como plataforma básica la lucha por la democratización de la vida política y hondos cambios socioeconómicos, al mismo tiempo se expresa por la creación, en perspectiva, de una democracia de corte socialista.
p En México se dieron pasos hacia la estructuración de un frente de fuerzas democráticas y de izquierda. El proceso de unificación de los sectores progresistas se opera desde abajo al fragor de las luchas de los trabajadores en defensa de sus intereses y adquiere diversas formas. En los años 70, como consecuencia de la profundización del movimiento democrático y de la creciente influencia que en su desarrollo tiene la vanguardia del proletariado mexicano, en muchos Estados del país fueron creados y actúan agrupaciones independientes de masas de los trabajadores: frentes y movimientos populares y de izquierda, comités de defensa, etc. Su presencia testimonia el fortalecimiento de la alianza de los obreros, campesinos, estudiantes, de todos los trabajadores y de las fuerzas progresistas en la pugna por reivindicaciones 281 socio-económicas y democráticas. Las acciones conjuntas de la clase obrera, el campesinado y otras capas de la población ayudan a las fuerzas democráticas a elaborar un amplio programa orientado a democratizar la vida política del país y contribuyen a ampliar la base social del movimiento liberador antimperialista. El Partido Comunista Mexicano indicaba en su XVIII Congreso (mayo de 1977) que su principal tarea táctica consiste en desarrollar una política de amplia alianza, en crear un frente único de las fuerzas democráticas, antimonopolistas y antimperialistas en la lucha por profundos cambios democráticos [281•21 .
p El proletariado ejerce influencia cada vez más decisiva en el desarrollo del proceso antimperialista también en otros países de América Latina.
La lucha de los pueblos de continente contra el imperialismo y la reacción interna constituye una parte sustancial del proceso revolucionario mundial. Cabe enorme mérito en ello al proletariado latinoamericano.
Notes
[277•18] Véase .1. V. Alvarado. La vyz de la rcvuhifiún Discursos del Presidente <k’ la Repúhlicii. general de División .Intuí Velazco Alvarado. Lima. 1972, 1. II, pp. 93-94.
[277•19] Véase El Peruano, Lima, 29.VII.1972.
[280•20] Hacia el XIV Congreso del Partido Comunista. Buenos Aires, 1972. p. 12.
[281•21] El Partido Comunista frente a la crisis actual. XVIII Congreso nacional. México. 1977, pp. 25. 33.