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INSTITUTO DE AMERICA LATINA DE LA ACADEMIA
DE CIENCIAS DE LA URSS
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EE.UU
y AMERICA
LATINA
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__TRANSMARKUP__ "Y. Sverdlov"
MOSCÚ
EDITORIAL PROGRESO
[3]Traducido del ruso por P. Boyko~
GRUPO DE AUTORES:
N. MOSTOVETS (redactor responsable); L. KLOCHKOVSKI
(Introducción); Z. ROMANOVA (Capítulo I); E. SHEININ
(Capítulo II); Y. GRIGORIAN (Capítulo III); Y. PANAEV
(§ 1, Capítulo IV); K. TARASOV (§ 2, Capítulo IV; Capítulo VI);
N. JOLODKOV (§ 3, Capítulo IV); A. MATLINA (Capítulo V);
A, GLINKIN (§ 1, Capitulo VII; Conclusión); V. LUNIN
(§ 2, Capítulo VII); B. MARTINOV (§ 3, Capítulo VII);
V. SELIVANOV (íj 1, Capítulo VIII); V. BELIAIEV (§ 2, Capítulo VIII);
N. KONOVALOVA (§ 3, Capítulo VIII); A. BEKAREVICH (Capítulo IX);
Y. VIZGUNOVA. B. MERIN (Capítulo X); V. NIKITIN (Capítulo XI);
V. TSAREGORODTSEV (Capítulo XII).
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lua ucnaiicKOM .'i
__COPYRIGHT__ © Naúka 1978~247--80
0804000000014(01)-80
[4] __ALPHA_LVL1__ INTRODUCCIÓNLa etapa actual del desarrollo mundial está signada por la intensificación de hondos procesos históricos que modifican profundamente la situación internacional, la distribución de las fuerzas principales que actúan en el orbe. La esencia de los cambios que se operan consiste en el incremento indeclinable del poderío de la comunidad socialista, en el fortalecimiento de todas las fuerzas antimperialistas y progresistas y en el debilitamiento relativo de las posiciones del imperialismo en el mundo. Como lo señalara Leonid Brézhnev en su informe al XXV Congreso del PCUS: "Siguen robusteciéndose y ampliándose las posiciones del socialismo. Las victorias del movimiento de liberación nacional abren nuevos horizontes ante los países que han conquistado la independencia. Se acentúa la lucha de clase de los trabajadores contra la opresión de los monopolios, contra los regímenes explotadores. El movimiento democrático revolucionario, antimperialista, es más amplio cada día"^^1^^.
Bajo el influjo de estas transformaciones se van conformando hoy los principales fenómenos políticos, económicos sociales en todas las regiones, manifestándose vigorosamente también en América Latina. Las nuevas tendencias que empezaron a perfilarse en el continente latinoamericano a mediados de la década del 70: el ahondamiento de las contradicciones del desarrollo capitalista dependiente, el ascenso de un impetuoso movimiento antimperialista, enfilado en primer lugar contra el imperialismo norteamericano, la cada vez más nítida toma de conciencia por las masas populares y amplios _-_-_
~^^1^^ L. I. Brézhnev. Informe del Comité Central del PCUS y las tareas inmediatas del partido en la política interior v exterior. Moscú, Editorial de ia Agencia de Prensa Nóvosti, 1976, p. 36.
5 círculos democráticos y progresistas de que sólo a través de ardua y consecuente lucha se puede afianzar la independencia política y alcanzar la independencia económica, contribuyen a elevar el papel de América Latina en el proceso revolucionario mundial y hacer que algunos Estados latinoamericanos ocupen posiciones de avanzada en la lucha antimperialista de los pueblos liberados.Especial importancia adquieren en la situación creada los cambios que se producen en las relaciones de la principal potencia imperialista, EE.UU., con los países de América Latina. La Revolución Cubana, que abrió el camino para la construcción del primer Estado socialista en América Latina, asestó demoledor golpe a las bases mismas del dominio yanqui en la región. A mediados de los años 70, todo el sistema de las relaciones de EE.UU. con el continente latinoamericano apareció sumido en profunda crisis. Esta abarca las principales formas de las relaciones de EE.UU. con los países de América Latina: económicas, políticas, militares, ideológicas, culturales, y se manifiesta en la agudización de múltiples conflictos bilaterales, en la desintegración del sistema interamericano creado por EE.UU., en la profundización de las diferencias de enfoque de los problemas internacionales básicos. Todos estos fenómenos obedecen a factores objetivos. El más importante lo constituye el afán de la mayoría de los países latinoamericanos de reducir su dependencia del imperialismo, asegurar el afianzamiento de su actividad económica independiente, el ascenso de la economía, y solucionar siquiera en parte sus acuciantes problemas socioeconómicos. Tales esfuerzos chocan con la línea del capital monopolista de EE.UU. que procura con todas sus fuerzas seguir sosteniendo en sus manos las palancas del control militar y político, no permitir el debilitamiento de sus posiciones económicas en el continente y mantener a la región en su situación de parte dependiente y explotada del capitalismo mundial.
La esfera decisiva en la que los intereses de los monopolios de EE.UU. chocan en forma especialmente aguda con los de los países de América Latina es la economía. Pese a las medidas tomadas por muchos Estados latinoamericanos para defender sus intereses nacionales, el capital monopolista norteamericano en la posguerra emprendió una amplia expansión en el continente. A ritmos acelerados crecieron sus inversiones directas, se fortalecieron sus posiciones 6 en algunas ramas importantes (sobre todo en la industria manufacturera), se diversificaron aun más las formas de su penetración económica. A mediados de la década del 70 la inversión anual de capital extranjero (en su mayoría de origen estadounidense) alcanzó unos 2.000 millones de dólares, superando en casi 5 veces el nivel medio apuntado a comienzos de la década del 60.
Pero la cuestión no reside simplemente en variaciones cuantitativas. No se pueden dejar de señalar los importantes cambios cualitativos observados en la expansión, después de la segunda guerra mundial, del capital de EE.UU. en América Latina. Los mismos se caracterizan, ante todo, por la elevación del papel de las corporaciones trasnacionales norteamericanas en el continente, dotadas de enorme potencial productivo y financiero, de un sistema sumamente diversificado de relaciones internacionales, con amplias posibilidades para influir no sólo en el proceso económico, sino prácticamente en todos los aspectos de la vida de los países de la región. Con la radicación de los monopolios internacionales, los Estados latinoamericanos tienen que afrontar a un adversario mucho más peligroso que antes.
Un aspecto cualitativamente nuevo lo representa la utilización por parte de los monopolios norteamericanos de formas diversificadas de penetración (creación de sociedades mixtas, establecimiento de variados vínculos organizativos, tecnológicos y de otro tipo) que han permitido asegurar control considerable o, a veces, ejercer influencia dominante con inversiones mínimas. El sometimiento de los sistemas bancarios y crediticios nacionales a la férula estadounidense y la ampliación de los lazos con los organismos nacionales estatales fueron implantando las premisas que posibilitan el control por parte de los monopolios estadounidenses sobre grandes masas del capital nacional latinoamericano.
La actividad de los monopolios de EE.UU. puso^ en peligro importantes intereses de los países de América Latina. Ante todo, aceleró notablemente el proceso de desnacionalización de la economía latinoamericana. Cabe notar que de 1.325 empresas fundadas por las corporaciones de EE.UU. en América Latina en las décadas de 1950--60, sólo 638, o sea 48,2%, eran realmente nuevas; las restantes surgieron como consecuencia de la transferencia de compañías nacionales a manos extranjeras o de su fusión con las firmas norteamericanas. La erradicación de capitales nacionales se operó de 7 manera especialmente intensa en las ramas más dinámicas y de mayor perspectiva (en particular, en la esfera bancaria, en la industria manufacturera y otras).
Los monopolios internacionales de EE.UU. aprovecharon ampliamente en beneficio propio los importantes procesos económicos que avanzaron en el continente, con lo que se redujo en mucho la eficiencia de los mismos en el fomento del desarrollo nacional de los Estados latinoamericanos. En particular llegaron a deformar en grado considerable el proceso de integración económica de la región, valiéndose de él para afianzar sus posiciones. Este hecho es reconocido hoy en toda América Latina. Con relación a ello Osvaldo Sunkel, destacado economista latinoamericano, escribe: "La integración, de hecho, bien puede ser el instrumento básico para la realización nacional en América Latina o bien el instrumento de la dependencia acelerada de la región. Las condiciones presentes y las políticas de integración existentes parecen favorecer la segunda tendencia, por cuanto las subsidiarias de las compañías multinacionales no latinoamericanas, radicadas en diversos países de la región, se hallan en mejores posiciones para planear sus actividades con vistas a una explotación óptima de la zona de libre comercio y, al mismo tiempo, para desplazar a las industrias nacionales incluso de sus mercados internos"^^2^^.
Una de las consecuencias más adversas de la actividad de los monopolios norteamericanos se manifestó en la radical intensificación de la explotación económica del continente. En el curso de todo el período de posguerra ( especialmente en las décadas de los 60 y 70) los países latinoamericanos soportaron enormes pérdidas debidas a la extracción por los monopolios de ganancias cada vez más grandes. Si en la primera mitad de los años 60 las remesas al exterior de ganancias extraídas en América Latina representaron en término medio 1.270 millones de dólares por año, ya en el segundo lustro de esa década llegaron a 1.949 millones, y en 1974 ascendieron a 6.734 millones de dólares. Sólo en diez años (1965--1974) el monto total de las sumas remitidas al exterior en concepto de utilidades del capital invertido en América Latina fue de 26.000 millones de dólares, o sea casi igual al total de las inversiones extranjeras en el continente.
Un eficiente medio de explotación llegaron a ser los _-_-_
~^^2^^ Studies on Developing Countries, Budapest, 1973, N 57, p. 29.
8 créditos y préstamos externos. Las potencias imperialistas, sobre todo EE.UU., aplicaron una política crediticia sumamente rígida respecto a los países latinoamericanos reduciendo al mínimo los créditos gubernamentales, implantando condiciones de crédito desventajosas y bloqueando los intentos de los Estados de América Latina de encontrar un alivio a la carga que representa la deuda externa. En consecuencia, los países de la región se vieron obligados a cubrir sus demandas de financiamiento externo acudiendo a créditos privados concedidos, por lo común, a altas tasas de interés y corto plazo. Casi la mitad de todos los créditos, obtenidos por la región en la década del 60 y la primera mitad de los años 70, fueron de origen privado. El problema de la deuda externa adquirió así para la mayoría de los Estados latinoamericanos suma gravedad. La demanda de financiamiento externo crece indeclinablemente. Si en los años 60 los países de América Latina obtenían en término niedio créditos por un total de 1.500 millones de dólares al año, en 1973 el financiamiento externo se elevó a casi 8.000 millones, y en 1975 llegó a unos 12.000 millones de dólares^^3^^. A ritmos paralelamente elevados crece el volumen de la deuda exterior y los pagos en concepto de servicio de la misma. Dichos pagos se incrementaron de 2.500 millones de dólares en la primera mitad de los años 60 a 7.500 millones de dólares a mediados de la década del 70.Por lo tanto, durande el período de posguerra en América Latina hubo tendiencias manifiestas al incremento de la dependencia respecto al capital monopolista de EE.UU. y de su explotación económica por parte de éste. El predominio de tales tendencias no sólo ha sido denunciado por las fuerzas progresistas de los países latinoamericanos, sino aquilatado también por los círculos realistas de EE.UU. Los profesores R.H. Chuleóte y J.C. Edelstein, destacados investigadores norteamericanos, por ejemplo, escriben: "Aunque Estados Unidos han reemplazado a Gran Bretaña como metrópoli y aunque América Latina importa ahora incluso medios de producción para fabricar artículos de consumo, la situación de dependencia no ha cambiado. De hecho se ha acentuado aún más como consecuencia de la penetración extranjera, por vía de las corporaciones, el gobierno y las _-_-_
^^3^^ Financiamiento externo de América Latina, perspectivas v políticas futuras. OES/Ser. H/XIV. 21.XI. 1974, p. 43.
9 fundaciones, en los bancos, las manufacturas, el comercio, las comunicaciones, la publicidad y la educación. Los resultados de esta penetración no han cambiado en su naturaleza. Un mayor nivel de la tecnología y un potencial económico más grande se gratifican con precios más elevados para las importaciones extranjeras que los precios de las exportaciones de América Latina, acompañadas del deterioro a largo plazo de los términos del intercambio. Se produce un drenaje de capitales a través de la repatriación de utilidades, los pagos por intereses y préstamos, licencias, seguros y fletes... América Latina sigue subdesarrollada, porque ha sostenido el desarrollo de Europa Occidental y de Estados Unidos"^^4^^.El capital monopolista procuró afianzar las tendencias indicadas utilizando resortes políticos, militares, ideológicos, etc. Entre las medidas político-militares más importantes tomadas por EE.UU., en el período posbélico, cabe señalar la concertación del Tratado de Asistencia Recíproca de Rio de Janeiro en 1947 mediante el cual se creaba el bloque político-militar de los Estados americanos bajo la hegemonía de EE.UU.; la fundación en 1948 de la Organización de Estados Americanos (OEA), el establecimiento en el continente y en la cuenca del Caribe de una red de bases militares norteamericanas, la firma con la mayoría de los gobiernos latinoamericanos de convenios político-militares bilaterales, la orquestación de golpes militares y el empleo de fuerzas militares de EE.UU. para la intervención directa a fin de aplastar el movimiento de liberación nacional de los pueblos de América Latina. El sistema interamericano, surgido de esos esfuerzos, aseguró a EE.UU. en el curso de la mayor parte del período de posguerra una posición política y militar dominante en el continente y creó importantes premisas para conservar y fortalecer las posiciones del capital monopolista estadounidense en muchos países de la región.
Hay que subrayar, sin embargo, que el papel de las medidas político-militares en la estrategia latinoamericana de EE.UU. se redujo paulatinamente; la posibilidad de emplear la presión e intervención político-militar abierta fue disminuyendo de manera progresiva. EE.UU. tuvieron que pasar a formas más sutiles y encubiertas en sus relaciones político-- militares, abstenerse de dictar abiertamente su voluntad, acceder _-_-_
~^^4^^ Latín America: The Struggle with Dependency and Beyond. Ed. by R. H. Chilcote and J. C. Edelsiein. N. Y. 1974, p. 27.
10 a concesiones y compromisos parciales y buscar las vías para imprimir carácter ``interamericano'' a sus acciones políticas y militares.Un importante elemento en la evolución de la estrategia de EE.UU. lo constituyó la elevación del papel de métodos nuevos en la política económica y en la penetración ideológica. Desde comienzos de la década del 60 los círculos políticos norteamericanos, dentro de los marcos de la "Alianza para el Progreso'', iniciaron un programa destinado a formar un sistema de nuevas ataduras económicas y sociales de la región a EE.UU.
Se prestó especial importancia a la penetración ideológica en América Latina, enfilándola en varias direcciones. Grandes esfuerzos fueron concentrados en la propaganda de las ideas del panamericanismo, que parten de la inevitabilidad de la dependencia respecto a EE.UU. Los teóricos norteamericanos y algunos investigadores latinoamericanos por ellos influenciados, procuraron sentar una especie de base científica a las ideas del panamericanismo, sosteniendo que la dependencia respecto a EE.UU. reviste carácter objetivo y emana de factores tales como la función del mecanismo de las relaciones comerciales y financieras internacionales, el fortalecimiento de las posiciones de las trasnacionales en América Latina y la ubicación de los .centros de decisión económica fuera de la región. Algunos economistas latinoamericanos que criticaron esta teoría señalaron que América Latina bien poco puede hacer para eliminar la dependencia mientras los países industrialmente desarrollados no modifiquen su actitud.
A medida que fue cambiando la situación en América Latina, la propaganda del panamericanismo también fue evolucionando considerablemente. Empezó a adquirir carácter más sutil, encubriéndose con el ropaje de nuevas doctrinas: `` interdependencia'', "fronteras ideológicas'', "igual trato'', etc. Sin embargo, a pesar de todas las diferencias en el carácter y la argumentación, estas doctrinas perseguían un solo fin: conservar la máxima dependencia de América Latina respecto a EE.UU.
Otra importante línea en la expansión ideológica estadounidense se orientó a la difusión en América Latina de teorías de desarrollo socioeconómico, acordes con los intereses estratégicos del capital monopolista de EE.UU. En este sentido se dieron pasos particularmente grandes a comienzos de la década del 60 cuando Estados Unidos promovieron la 11 teoría de la "regulación de la revolución pacífica" que propugnaba la realización por los círculos gobernantes de los países latinoamericanos, con la participación y bajo la dirección de EE.UU. de programas de reformas socieconómicas y políticas. Importante peculiaridad de la doctrina de la "revolución regulada" residía en que recopilaba en gran parte las ideas expuestas por representantes influyentes del reformismo burgués latinoamericano y, por lo tanto, podía en determinado grado aspirar al apoyo de los mismos. Las transformaciones propuestas, transformaciones a medias, de carácter burgués, perseguían el objetivo de frenar el empuje de la ola revolucionaria que había recibido potente impulso con el triunfo de la Revolución Cubana. Esas transformaciones encuadraban en forma cabal en la definición que V.I. Lenin dio a las reformas burguesas. "Toda reforma --- señaló Lenin--- sólo es una reforma en la medida (y no una medida reaccionaria, conservadora) en que significa cierto paso, cierta ``etapa'' hacia algo mejor. Pero toda reforma en la sociedad capitalista reviste doble carácter. La reforma es una concesión que hacen las clases gobernantes para contener, debilitar o apagar la lucha revolucionaria, para fraccionar la fuerza y las energías de las clases revolucionarias, enturbiar su conciencia, etc.''^^5^^.
Desde fines de la década del 60, en la expansión ideológica de EE.UU. se confiere importancia relevante a la propaganda del "modelo brasileño" de desarrollo, llamado a crear la ilusión de que es posible resolver los cardinales problemas económicos y sociales de América Latina por la vía del desarrollo capitalista dependiente, y a neutralizar la creciente aspiración de amplias capas de la sociedad latinoamericana a hallar una vía alternativa de desarrollo socieconómico que conduzca a la verdadera liberación económica y al progreso social. Con ese fin, la propaganda norteamericana se esfuerza en alabar los éxitos económicos de Brasil (en particular sus altos ritmos de crecimiento económico de fines de los años 60 y primera mitad de la década del 70), ocultando al mismo tiempo la brusca agravación de las dificultades y contradicciones económicas y sociopolíticas, tales como, por ejemplo, la acumulación de una enorme deuda externa, el incremento de la dependencia de la _-_-_
~^^5^^ V. I. Lenin. Cómo no hay que escribir las resoluciones. Obras Completas, 5a ed. en ruso, t. 15, p. 107. (En lo sucesivo: O. C., t,..., p....)
12 economía brasileña respecto al capital extranjero, la intensificación de la explotación a la que son sometidos los trabajadores, el ahondamiento de la desigualdad social en el país, etc.Lugar aún más grande ocupa en la acción ideológica del capital monopolista de EE.UU. la propaganda del anticomunismo. Esta va acompañada de una intensificación de la actividad anticomunista del aparato propagandístico oficial, de un creciente apoyo financiero a las medidas anticomunistas por parte de los monopolios estadounidenses y de la aplicación tanto de métodos y procedimientos encubiertos, como de campañas de mentiras y calumnias de lo más desenfrenadas y desembozadas. En las condiciones de la distensión internacional, con la ampliación de la colaboración de los países socialistas y los Estados latinoamericanos y la elevación del prestigio de los partidos comunistas, las posibilidades de avance de la propaganda anticomunista en América Latina, objetivamente, van reduciéndose. Sin embargo, el capital monopolista de EE.UU. no cesa en sus intentos anticomunistas, utilizando todos los canales posibles para la subversión ideológica.
Tales son algunas tendencias generales del desarrollo de las relaciones de EE.UU. con los países de América Latina en el período de posguerra.
El resultado lógico del avance de estas tendencias y, sobre todo, de la orientación de EE.UU. a afianzar la dependencia de la región e intensificar su explotación, fue el ahondamiento de múltiples contradicciones que a mediados de los años 70 abarcaron todo el sistema de las relaciones de Estados Unidos con América Latina.
El período de los años 60 y 70 se caracterizó por un potente ascenso de la lucha antimperialista en los Estados latinoamericanos. La agudización de las contradicciones entre los países de América Latina y EE.UU., el incremento de la lucha por poner coto al dominio del capital norteamericano, por debilitar su control político y militar, por reducir la cruel explotación de que hace víctimas a los pueblos latinoamericanos y por la realización de transformaciones socioeconómicas profundas fueron los rasgos más salientes en el desarrollo del movimiento liberador de la región. Esta lucha se extendió a las esferas principales de la vida social del continente. Los mayores esfuerzos se orientaron al logro de la independencia económica de los países de América Latina.
13La etapa actual de lucha de las naciones latinoamericanas por la independencia económica se distingue por una serie de particularidades. Una de ellas consiste en que la pugna en la esfera económica va adquiriendo carácter cada vez más antimperialista y se orienta principalmente a poner coto y liquidar el dominio de los monopolios de EE.UU. en una serie de ramas de la economía latinoamericana.
La etapa actual se distingue por el surgimiento de tareas nuevas y mucho más vastas, por haberse colocado en el orden del día la cuestión de desplazar el capital monopolista de varias e importantes posiciones económicas. En este sentido se dieron pasos de singular importancia con la implantación de la soberanía nacional sobre los recursos naturales, con la erradicación de monopolios extranjeros de las dos ramas fundamentales de la economía det continente: la industria minera y las plantaciones, y el establecimiento del control estatal sobre las mismas. Se trata, además, no sólo de tomar en manos propias la extracción de materias primas y la producción de productos agrícolas tropicales, sino también de la posibilidad de salir al mercado mundial, crear organismos nacionales que aseguren la comercialización de exportables y, sobre esta base, eliminar el control ejercido por los monopolios imperialistas. Algunos Estados latinoamericanos comenzaron a realizar de lleno esas tareas. Importantes medidas fueron llevadas a cabo por el Gobierno peruano, que nacionalizó las propiedades de las compañías petroleras y mineras estadounidenses más grandes. En Venezuela se redujo grandemente el papel del capital norteamericano en la industria extractiva, en particular, en la del petróleo y el mineral de hierro. Panamá, Guyana y otros Estados de América Latina aplican también una política activa tendiente a reforzar las posiciones del sector nacional de la economía.
Notable particularidad de la actual etapa de la lucha por la independencia económica la constituye la cohesión cada vez mayor de los Estados latinoamericanos, la búsqueda de nuevas formas de cooperación entre ellos para asegurar una mayor defensa de sus intereses económicos y políticos. En el curso de la brega común por coordinar acciones antimperialistas crecen el peso y la influencia en el continente de los Estados de orientación progresista. En la avanzada de las acciones colectivas de los países latinoamericanos aparecen Perú, Venezuela, Panamá, Ecuador, México. Al mismo tiempo cabe señalar que las contradicciones económicas con 14 los Estados capitalistas industrialmente desarrollados, en particular con EE.UU., han llegado a tal extremo que incluso fuerzas conservadoras, aliadas declaradas de Estados Unidos, se ven obligadas a apoyar las ideas de solidaridad entre los países latinoamericanos y sus acciones conjuntas.
Claro está que el modo de encarar el problema de la unidad de acción y la lucha contra el imperialismo dista mucho de ser uniforme en los diversos países latinoamericanos. Mientras el gobierno peruano se esfuerza por eliminar las bases de la dependencia y de la explotación imperialistas, Brasil, Uruguay, Guatemala y algunos otros países se limitan en lo esencial a obtener de EE.UU. y otras potencias imperialistas determinadas ventajas y concesiones económicas. No obstante, con todo ello, la tendencia a la unificación de los esfuerzos de los países latinoamericanos va adquiriendo carácter antimperialista cada vez más notorio y ejerce creciente influencia sobre el curso de la lucha por la independencia económica.
Los procesos señalados condujeron ya en la década del 60 a que se formaran en el continente organismos políticos y económicos latinoamericanos ---Comisión Especial de Coordinación Latinoamericana (CECLA), Grupo Andino, ARPEL y otros---, destinados a defender importantes intereses económicos y políticos de los países de la región.
A mediados de los años 70, en el desarrollo de la colaboración internacional en el continente surgieron nuevas tendencias que, por lo visto, dan motivo para hablar de una nueva fase en la evolución de la integración latinoamericana. Se trata de la aparición de organizaciones que hacen frente al dictado imperialista, en primer lugar de EE.UU. También fue notable hecho la rotura del bloqueo económico impuesto a Cuba y la incorporación activa del primer Estado socialista en América Latina al proceso de consolidación de la cooperación económica y política de los países del área. Ello se manifestó de manera especialmente clara en la creación del Sistema Económico Latinoamericano (SELA), fundado oficialmente a fines de 1975. Entraron a formar parte de esta organización todos los Estados independientes de América Latina, incluida Cuba socialista. A la vez, en el SELA no participan los EE.UU. Así se constituyó por primera vez en América Latina una organización regional libre de influencia directa estadounidense.
Peculiaridad característica de la etapa actual de la lucha 15 antimperialista de los pueblos latinoamericanos, especialmente de sus crecientes esfuerzos por afianzar su independencia económica es la consolidación de la unidad de acción por lograr una reorganización radical de las relaciones económicas internacionales.
Los esfuerzos de los países latinoamericanos en ese sentido obtuvieron hoy reconocimiento mundial. En el Programa de Ayuda Mutua y Solidaridad, aprobado en la Conferencia de ministros de Relaciones Exteriores de los países no alineados celebrada en Lima en agosto de 1975, por ejemplo, se señalaba que América Latina realiza considerable aporte a la lucha por un nuevo orden económico internacional y a las acciones de los países en desarrollo, que ya dieron sus frutos con la aprobación por la VI sesión especial de la Asamblea General de la ONU de un Programa de Acción y de la Carta de Derechos y Deberes Económicos de los Estados, propuesta por el ex presidente de México Luis Echeverría.
Por último, un rasgo característico de la etapa actual de la lucha antimperialista en el continente se expresa en mayores vínculos de América Latina con países socialistas. El incremento del comercio y el establecimiento de otras formas de relaciones económicas de los países latinoamericanos con los socialistas marcan un proceso señero. Implica poner fin al aislamiento económico del continente latinoamericano respecto de la comunidad socialista. Significa también que se va superando la orientación unilateral de las relaciones económicas de los Estados latinoamericanos hacia los países capitalistas industrialmente desarrollados (principalmente EE.UU.), lo cual crea condiciones favorables para avanzar exitosamente en la lucha contra el dominio por los monopolios imperialistas.
Los países miembros del CAME, por su parte, manifiestan disposición a desarrollar relaciones mutuamente ventajosas con América Latina. Los pasos que han dado en ese sentido (participación en la realización de proyectos de envergadura, disposición para conceder créditos de mucha monta, concertación de acuerdos comerciales que contemplan la posibilidad de exportar a los países socialistas no sólo productos tradicionales latinoamericanos, sino también artículos industriales) abren promisorias perspectivas para ampliar las relaciones económicas y comerciales con Perú, Argentina, México, Venezuela, Colombia y muchos otros países de la zona.
16 __*_*_*__La agudización de los conflictos y contradicciones entre EE.UU. y los países de América Latina y la tendencia a un cierto debilitamiento de las posiciones yanquis en el continente no significan en modo alguno una retirada del capital monopolista estadounidense en la región ni mucho menos una renuncia a la política del neocolonialismo. Los objetivos fundamentales de la política actual de EE.UU. en América Latina consisten en asegurar, haciendo algunos cambios en la base de sus relaciones con la región y la aplicación de formas y métodos neocolonialistas nuevos, que el continente siga como parte dependiente y explotada del capitalismo mundial.
Los tradicionales métodos de presión y chantaje político y económico, amenazas y empleo abierto de la fuerza siguen, como antes, formando parte del arsenal estadounidense. Estos métodos fueron aplicados sobradamente contra el Gobierno de la Unidad Popular en Chile. Al mismo tiempo, tomando en cuenta los grandes cambios producidos tanto en la situación internacional en general y en la situación concreta en el continente, los EE.UU. utilizan cada vez más la acción encubierta, la búsqueda de compromisos, de nuevas formas de explotación económica y de sistemas eficientes que aten la economía de los países latinoamericanos al mercado capitalista mundial.
Entre los elementos más importantes de la estrategia del capital monopolista, basada en la organización de una "nueva división internacional del trabajo'', figura el monopolio científico-técnico y el incremento de la dependencia tecnológica de América Latina respecto a los Estados capitalistas industrialmente desarrollados. La esencia de estos procesos se reduce a concentrar la producción, a distribuir y aplicar los conocimientos científico-técnicos en un reducido grupo de potencias imperialistas, a marginar los países en desarrollo de los procesos cardinales que hacen el progreso científico-técnico, a crear un nuevo sistema de división internacional capitalista del trabajo, en el que la desigualdad económica se manifiesta, ante todo, por el desnivel del potencial científico-técnico entre los dos grupos de países. En América Latina esta orientación del neocolonialismo económico se expresa en una forma mucho más amplia que en cualquier otra región del mundo.
__PRINTERS_P_17_COMMENT__ 2---659 17Las maniobras neocolonialistas del capital monopolista de EE.UU. encierran grave peligro para el movimiento liberador úe los pueblos latinoamericanos. Los países del continente pueden alcanzar la independencia económica y afianzar su independencia política sólo a través de tenaz lucha contra todas las artimañas de los neocolonialistas norteamericanos
[18] __ALPHA_LVL1__ PARTE I. EL CAPITAL MONOPOLISTA DE EE.UU.V.I. Lenin, en sus investigaciones teóricas, consagró lugar apreciable al análisis del carácter y las particularidades del imperialismo norteamericano, de su política económica en América Latina y de sus posiciones en esta región. Lenin prestó especial atención a la guerra de 1898 en el hemisferio occidental entre EE.UU. y España, calificándola de guerra imperialista^^1^^. Este conflicto bandidesco, que terminó con el avasallamiento de Cuba y Puerto Rico, marcó el comienzo de una nueva época en el desarrollo del capitalismo, la época imperialista.
Posteriormente, al estudiar las peculiaridades del imperialismo norteamericano, V.I. Lenin señalaba que Norteamérica "despoja a todos, y lo hace de modo muy original. No tiene colonias"^^2^^. En efecto, los EE.UU. formalmente no estaban vinculados con colonias y optaron desde hace mucho, acudiendo a resortes económicos, por crear un "imperio invisible'', cuyo núcleo pasó a ser América Latina.
Por razones específicas de su desarrollo histórico, sobre todo como consecuencia de su aparición tardía en el _-_-_
~^^1^^ Véase V. I. Lenin. El imperialismo, fase superior del capitalismo. O. C., t. 27, p. 409.
^^2^^ V. I. Lenin. lujarme acerca de las concesiones. Reunión del activo de la organización del PC(b)R de Moscú, 6 de diciembre de 1920. O. C., t. 42, p. 67.
19 escenario mundial, los EE.UU. no estuvieron en condiciones de formar un imperio colonial semejante a los que alcanzaron conquistar las potencias euroccidentales. Al mismo tiempo, ya a comienzos de la década del 90 del siglo pasado, los Estados Unidos consiguieron obtener la primacía en el mapa industrial del mundo, lo cual les proporcionaba medios económicos más poderosos de avasallamiento que los de otros países. No estará fuera de lugar añadir que los EE.UU. no sólo no sufrieron devastaciones durante dos conflictos bélicos mundiales, sino que salieron de ellos enriquecidos.``Los multimillonarios norteamericanos ---subrayaba V. I. Lenin en su Carta a los obreros norteamericanos al definir la situación de los monopolios estadounidenses durante la primera guerra mundial--- eran, probablemente, los más ricos de todos y los que se encontraban en la situación geográfica más segura. Se han enriquecido más que nadie; han convertido en tributarios suyos a todos los países, incluso a los más ricos; han reunido como fruto del pillaje centenares de miles de millones de dólares"^^3^^. Este enriquecimiento contribuyó al crecimiento posterior de su poderío y, al mismo tiempo, posibilitó su expansión económica al exterior. En la penetración de los monopolios norteamericanos en América Latina jugó un papel de primer orden la exportación de capitales. Esta es, según la definición de Lenin, "una de las bases económicas más esenciales del imperialismo"^^4^^. Precisamente gracias a la exportación de capitales los monopolios de EE.UU. lograron asegurarse el control sobre muchas ramas fundamentales de la economía de los países del continente.
Más de 60 años atrás V.I. Lenin ya había advertido en sus trabajos que el imperialismo se caracteriza no sólo por la existencia de dos grupos principales de países: los que poseen colonias y las colonias, sino también de una serie de formas intermedias de dependencia estatal. "El capital financiero ---escribía Lenin--- es una fuerza tan considerable, puede decirse tan decisiva, en todas las relaciones económicas e internacionales que es capaz de subordinar, y en efecto subordina, incluso a los Estados que gozan de la independencia política más completa...''^^5^^
_-_-_~^^3^^ V. I. Lenin. Carta a los obreros norteamericano!:. O. C., t. 37, p. 50.
~^^4^^ V. I. Lenin. El imperialismo, fase superior del capitalismo. O. C., t. 27, p. 397.
~^^5^^ Ibídem, p. 379.
20Los países latinoamericanos que conquistaron la independencia política ya a principios del siglo pasado, al convertirse en objeto de una amplia expansión política y económica por parte de la principal potencia imperialista, empezaron a perder paulatinamente su independencia en el campo económico. Principal arma de sometimiento, utilizada por los monopolios norteamericanos, fueron las inversiones de capital privado y, ante todo, las inversiones directas.
A fines del siglo pasado las inversiones de EE.UU. en América Latina se estimaban en 310 millones de dólares y estaban compuestas, en lo esencial, por inversiones directas en Cuba, México y Costa Rica. Los otros países de la región, sobre todo los de América del Sur, se hallaban en la esfera de influencia de los capitales de Inglaterra, así como de Francia y Alemania. Las inversiones de EE.UU. eran siete veces menores que las de Gran Bretaña y casi la. mitad de las de cada una de las otras dos potencias imperialistas.
El inicio de la época del imperialismo está relacionado con una acelerada intensificación de la expansión económica de EE.UU. en América Latina. A comienzos del siglo empezaron a penetrar en el continente monopolios norteamericanos como Swift, Armour y Wilson (industrias frigoríficas en Argentina, Uruguay y Brasil), Boston Fruit y United Fruit Co. (sector agrario en América Central), y otros. En 1914 el total de la inversión privada extranjera en América Latina se estimaba en 7.600 millones de dólares, correspondiendo a EE.UU. 1.400 millones (Inglaterra 3.600 millones, __PARAGRAPH_PAUSE__ Incremento de las inversiones de EE.UU. en América Latina (millones de dólares)^^6^^ Año inversiones directas De cartera Total 1879 308 _ 308 1914 1.281 367 1.648 1918 1.987 419 2.406 1929 3.519 1.725 5.244 1940 2.771 1.040 3.811 1945 2.999 1.259 4.258 1948 4.148 1.557 5.705 1960 8.365 4.100 12.465 1970 14.683 8.200 22.883 1976 23.536 _-_-_
^^6^^ K. F. Mikesell. Inversiones extranjeras en América Latina. Washington, 1956; Statistical ahstracl of Ihe United States, Washington, 1960--76; Survey of Curren! Business, 1977, Washington, p. 42.
21 __PARAGRAPH_CONT__ Francia 700 millones y Alemania 300 millones de dólares, etc.). Al desencadenarse la crisis económica capitalista mundial de 1929--1933, los EE.UU. habían ocupado ya el primer lugar en América Latina por el monto total de sus inversiones directas que ascendieron a 3.500 millones de dólares. Si bien al iniciarse la segunda guerra mundial las inversiones directas norteamericanas, cuyo monto se redujo un poco durante la década del 30 (totalizaban aproximadamente la misma suma que las de Gran Bretaña), las posiciones de EE.U U. eran rríás firmes.Por lo tanto, el capital yanqui, ya a comienzos de la segunda guerra mundial, afianzó sensiblemente sus posiciones y, al término de la misma, empezó a elaborar teorías para ``fundamentar'' la necesidad de seguir ensanchando su expansión.
Durante la segunda conflagración bélica se produjeron importantes cambios en la estructura económica de los países de América Latina, lo cual, a su vez, creó condiciones favorables para las exportaciones de capital extranjero, V.I. Lenin, al referirse a la exportación de capitales por los países en los que el capitalismo "pasó de maduro'', indicaba al mismo tiempo que "la posibilidad de la exportación de capitales la determina el hecho de que una serie de países atrasados han sido ya incorporados a la circulación del capitalismo mundial, han sido construidas las principales líneas ferroviarias o se ha iniciado su construcción, se han asegurado las condiciones elementales de desarrollo de la industria, etc.''^^7^^
A principios de 1978, las inversiones directas privadas de EE.UU. en América Latina se estimaban en 25.000 millones de dólares, lo que representaba las dos terceras partes de todas las inversiones directas privadas extranjeras en el continente. En América Latina se encuentra concentrada la quinta parte de todas las inversiones directas privadas estadounidenses y 60% de las colocadas por EE.UU. en los países en desarrollo^^8^^.
A modo de comparación, se puede señalar que la parte de todas las inversiones extranjeras, correspondientes a EE.UU., asciende a 57%, en Oriente Medio, 36% en Asia y 25'';', en África^^9^^. América Latina representa la zona del mundo _-_-_
~^^7^^ V. I. Lenin. El imperialismo, /ase superior del capitalismo O C t. 27, p. 360.
^^8^^ Véase Sitrvey of Current Business, 1977, August, p. 42.
^^9^^ Véase N. U. Las corporaciones multinacionales en el desarrollo mundial New York, 1973, p. 3.
22 en desarrollo con mayor ``densidad'' de inversiones norteamericanas.En las exportaciones de capitales estadounidenses a América Latina crece en la actualidad el porcentaje de las inversiones directas, es decir, las que van dirigidas directamente a las empresas que se encuentran en el exterior. Los monopolios estadounidenses prefieren instalar en los países del continente sus filiales y empresas subsidiarias, adquirir los paquetes de control de las compañías latinoamericanas y asegurarse el dominio parcial o completo en importantes esferas de la actividad económica.
Gus Hall, secretario general del Partido Comunista de EE.UU., al definir la estructura económica del imperialismo norteamericano contemporáneo, subrayó que los monopolios empezaron a elaborar gran parte de su producción industrial en las múltiples empresas que poseen fuera del país. La General Electric tiene, por ejemplo, empresas radicadas en más de 100 países. "En un número cada vez mayor de corporaciones --señaló Gus Hall-- la producción doméstica ocupa menos lugar que la de las empresas ubicadas en el extranjero"^^10^^.
No se puede dejar de anotar, apreciando las perspectivas históricas de la exportación de capitales, que la producción capitalista implantada desde afuera tiende a favorecer, en primer término, al país exportador. La producción local responde primordialmente a las necesidades del mercado interno, conformando una economía nacional capaz de promover el desarrollo económico. A diferencia de ello, la producción que en uno u otro país se desarrolla sobre una base foránea se oriente en lo esencial a proporcionar los mayores beneficios al capital proveniente del exterior. Por eso, el capital monopolista extranjeio afluía tradicionalmente, ante todo, a las ramas que proporcionaban materias primas de la minería, combustible, productos alimenticios y estaban orientadas al mercado externo, y sólo en parte ínfima a las industrias destinadas a satisfacer la demanda nacional.
__ALPHA_LVL3__ 2. PARTICULARIDADES DE LA ESTRUCTURALas principales inversiones de EE.UU., históricamente, se concentraron en las esferas He la producción material: _-_-_
~^^10^^ Gus Hall. Imperiaüsm Today. New York, 1972, pp. 66--67.
23 agricultura, industrias minera y petrolera, empresas de transporte y, parcialmente, en manufacturas. Empero, todas estas ramas estaban orientadas de una u otra manera, prácticamente, al mercado externo. Aunque revestían un carácter en lo esencial exportador, estaban vinculadas con el mercado externo también por la línea de las importaciones: adquisición de maquinarias, instalaciones, combustible, etc.En la posguerra, se produjeron cambios estructurales en la economía capitalista mundial que se manifestaron, en particular, en una intensificación de la producción industrial. En este período, especialmente entre 1960 y 1975, tuvo lugar un cambio considerable en la distribución de las inversiones directas privadas de EE.UU. en América Latina por ramas de la economía y se expresó, ante todo, en el hecho de que la industria manufacturera pasó a ocupar el primer lugar como esfera de aplicación del capital norteamericano.
Estructura de las inversiones directas de EE.UU. en América Latina, por sectores (%)^^11^^ Sectores 1929 1950 1960 1970 1973 Minería Petróleo Industria manufacturera Agricultura Transporte y servicios públicos Comercio Finanzas y otros 21,0 14,1 12,5 10,4 10,2 17,0 27,7 25,1 25,6 25,6 6,7 17,6 22,1 36,2 37,5 23,0 11,7 25,6 20,9 12,2 3,4 5,4 6,5 1 3 2.6Por otra parte, la anterior división de las actividades de los más grandes monopolios preferentemente por zonas geográficas es suplantada por el criterio que se atiene a la producción comercializada o a la exportación de materia prima. Precisamente en América Latina las corporaciones yanquis empezaron a aplicar esta práctica.
Si se aquilata el papel de las inversiones extranjeras en el financiamiento total de la economía latinoamericana en la década del 60, se puede apreciar que el mismo es relativamente bajo: 10%. Sin embargo, el significado real de la influencia económica de EE.UU. es mucho más elevado. Y ello se debe, en primer lugar, al hecho de que las inversiones _-_-_
~^^11^^ Cálculos basados en dalos extraídos de: Statistical Abstrae! of t/ie United States, 1950--1973; Survey of Curren! Business. Washington, 1950--1975.
24 estadounidenses se encuentran colocadas en las ramas fundamentales de la economía de América Latina.Los monopolios de EE.UU. en la agricultura de América Latina. Aunque la agricultura representa una de las esferas más antiguas de aplicación del capital norteamericano, en este sector, comparado con otros, las inversiones de EE.UU. no son de gran cuantía. Representan de 6 a 8% del total de las inversiones estadounidenses y, por lo general, en los informes estadísticos no figuran aparte, sino que se incluyen en el rubro ``otras inversiones''. El reducido papel de este sector se debe a que, históricamente, la agricultura de la región, gracias a las favorables condiciones climáticas y los salarios sumamente bajos de los peones que aseguraban ínfimos costos de producción y elevadas ganancias, se fue desarrollando como una rama extensiva de la economía. La situación cambió muy poco incluso con el avance de la revolución científico-técnica.
Gran parte de las inversiones norteamericanas en el agro se encuentran colocadas en las plantaciones. Desde hace mucho se concentraron en el cultivo de bananos en América Central y en la producción de azúcar en los países del Caribe. Es sintomática la distribución de los capitales estadounidenses en la agricultura de los países de América Latina: están invertidos en las ramas que no compiten con la producción norteamericana. En lo esencial, están radicados en la producción de cultivos tropicales. Por lo tanto, la esfera de aplicación del capital norteamericano en el sector agrario de América Latina constituye una especie de complemento a la agricultura de EE.UU.
El significado de las inversiones estadounidenses en la agricultura está determinado por el hecho de que el sector agrario constituye la base de la economía de muchos países latinoamericanos. Los ingresos de divisas, producidos por las exportaciones agrícolas, fijan las posibilidades del ahorro y sirven como fuente principal de pago en las adquisiciones de maquinarias e instalaciones en el mercado externo, es decir, condicionan los ritmos de la industrialización y, en grado considerable, la situación de las cuentas corrientes con el exterior. Hay que señalar, además, que, a diferencia de la industria, en la agricultura casi no existen grandes empresas estatales (hay solamente tierras que no se cultivan, pertenecientes al Estado). Ello significa que el capital extranjero no encuentra aquí adversarios económicos y políticos o 25 competidores serios. Especialmente grande es el significado de las inversiones de EE.UU. en los países de América Central y del Caribe, para los que la agricultura sigue siendo la base de sus economías. Por otra parte, en América Latina están concentradas las inversiones más grandes realizadas por EE.UU. en la agricultura del exterior. Los activos de las compañías agrícolas, controladas por EE.UU. en América Latina, figuran entre los de mayor cuantía en el mundo.
La existencia de plantaciones pertenecientes a los monopolios norteamericanos constituye un obstáculo al desarrollo de las fuerzas productivas del agro latinoamericano. El empleo por el capital extranjero de maquinarias modernas y nuevos métodos de cultivo en sus plantaciones hace que los insumos de trabajo por unidad de producción sean aquí mucho más bajos que en las propiedades de los campesinos pequeños y medios. Mientras tanto, los precios del mercado capitalista mundial, con el desarrollo de las plantaciones, fueron orientándose a los insumos de las empresas capitalistas. En consecuencia, los propietarios pequeños e, incluso, medios, al vender sus productos, no consiguen compensar los gastos reales de su trabajo. Con el avance de la revolución científico-técnica la brecha entre el rendimiento en las plantaciones de los productores pequeños y medios va creciendo y, junto a ello, aumenta la incapacidad de éstos de resistir la competencia.
La penetración del capital yanqui en el sector agrario operó en diversas formas y, ante todo, a través de la compra directa de tierras. Monopolios estadounidenses como la United Fruit Co., Standard Fruit and Steamship, Astral y otros se apoderaron de centenares de miles de hectáreas, por lo general, de las tierras más fértiles. Estas compañías establecieron en América Latina las más grandes plantaciones del mundo, en las que emplean la fuerza de trabajo barata de decenas de miles de peones latinoamericanos.
Pese a que la United Fruit se vio obligada en el período posbélico a vender parte de sus tierras, sigue siendo hasta el presente la compañía norteamericana agrícola más grande de la región. Las dimensiones exactas de sus propiedades son imposibles de precisar, por cuanto muchas de ellas están inscritas a nombre de dueños ficticios. Este monopolio con sede en Boston fue constituido ya en 1899 y, desde entonces, se dedica a la producción de banana (65°„ del total de las ventas), caña de azúcar, cacao, abacá y otros cultivos 26 tropicales, así como a la cría de ganado mayor. A fin de encubrir sus actividades, que eran muy resistidas, en 1970 la United Fruit se fusionó con la ACMÉ Corporation, fundada en 1928. Así surgió un nuevo monopolio, la United Brands, con sede en Nueva York, pasando la United Fruit a ser una de sus filiales. Las cuentas de la United Fruit fueron englobadas a las del nuevo monopolio, lo cual dificulta las posibilidades de determinar la envergadura de sus operaciones en América Latina.
La segunda compañía agrícola más grande es la Standard Fruit and Steamship, fundada en 1926. Junto con sus filiales posee en Honduras, Guatemala, Costa Rica y Nicaragua enormes extensiones de tierras, vías férreas y caminos, ganados, etc. El paquete de control de las acciones de esta compañía pasó en 1968 al monopolio norteamericano Castle and Cooke Inc., fundado en 1894, con sede en Honolulú (Islas Hawai). Desde entonces todas las cuentas se incluyen en forma global en el balance del nuevo monopolio, lo que permite a la Standard Fruit encubrir el verdadero alcance de sus actividades en América Latina.
Los monopolios de EE.UU. aparecen entre los principales poseedores de tierras no sólo en los países más chicos del continente, sino también en los más grandes. En México, a pesar de la reforma agraria realizada ya en 1910--1917, las compañías norteamericanas son propietarias directas o indirectas de tierras en muchas zonas del país, incluso poseen o arriendan tierras ejidales. Tienen extensas propiedades ganaderas o agrícolas en Argentina, especialmente en las provincias de Mendoza, Buenos Aires y Santa Fe, ejerciendo su dominio a través de testaferros o sociedades anónimas con rótulos argentinos. Las compañías yanquis son dueñas de grandes posesiones también en Brasil.
Mientras esas compañías acaparan enormes predios, decenas de miles de familias campesinas carecen de tierra. Por ejemplo, 75% de la población rural de Honduras no tiene parcelas propias y se ve obligada a trabajar en las plantaciones pertenecientes a dueños locales o extranjeros.
El poderío de los monopolios estadounidenses reside no sólo en la posesión de grandes extensiones de tierras, sino también en la concentración en sus manos de la industrialización de la materia prima agrícola, así como la comercialización en el mercado interno, el transporte y la exportación del producto. La United Brands actúa en América 27 Latina a través de una amplia red de filiales que suman más de 160 empresas (agrícolas, industriales, energéticas, de transporte, comercio y otras).
No sólo las compañías agrícolas estadounidenses figuran entre los más grandes propietarios de tierras en América Latina, sino también las industriales. Grandes plantaciones caucheras, especialmente en América Central, se encuentran, por ejemplo, en manos de cuatro monopolios de EE.UU. que dominan en la industria del caucho: Goodyear Tire and Rubber Co., Firestone Tire and Rubber Co., United States Rubber y Goodrich Co. Superficies extensas se encuentran en poder de empresas elaboradoras de papel, ante todo, de la International Paper. Muchos parajes boscosos, debido a la explotación rapaz de los recursos forestales, se convirtieron en sabanas.
Es grande la influencia ejercida por las compañías industriales de EE.UU. que colocan su producción en el sector agrario. Por ejemplo, los monopolios International Harvester, Ford, General Motors y otros, a los que los campesinos compran máquinas y aperos de labranza, regulan a través de sus operaciones comerciales y política de precios la producción agrícola. La influencia de los monopolios norteamericanos deriva también del hecho de que éstos se adueñaron de la comercialización de lo que producen las explotaciones agrícolas locales, especialmente las pequeñas. Estas, al no tener posibilidades de salida al mercado externo, dependen totalmente de las empresas exportadoras que establecen la calidad del banano y, por lo tanto, el precio del mismo. Con frecuencia el fruto del trabajo de miles de campesinos es adquirido a precios irrisorios.
Las compañías estadounidenses obstaculizan por todos los medios la creación de empresas nacionales de comercialización y transporte. A tal objeto utilizan sus tradicionales vínculos comerciales y la presión directa. Los grupos locales de productores de banano, que unificaban sus esfuerzos para fletar barcos refrigeradores sin acudir a las empresas norteamericanas, por lo general fracasaban en sus intentos. Cuando tales intentos llegaban a conocimiento de los agentes de los monopolios, éstos acudían a la ayuda de las autoridades portuarias de las ciudades de destino que retenían el buque en la rada durante varios días hasta que el fruto se deterioraba, causando grandes pérdidas a los productores.
La penetración del capital yanqui en el sector agrario 28 de América Latina no sólo deformó la producción en el mismo, sino que repercutió negativamente también en el proceso de industrialización. Los monopolios de EE.UU. frenaron el cultivo de las plantas industriales y el desarrollo de los tipos de materia prima agrícola indispensables para la industria local. Por otra parte, al adueñarse de grandes extensiones de tierras en las que pueden haber yacimientos de minerales útiles, las compañías norteamericanas obstaculizan los trabajos de prospección y el desarrollo de la industria extractiva nacional.
Los monopolios de EE.UU. en la industria extractiva. Los Estados Unidos, aunque poseen enormes recursos minerales y una industria minera desarrollada, manifiestan al mismo tiempo sumo interés por las reservas de combustibles y materias primas de otros países. Ocupando el primer lugar en el mundo capitalista por el volumen de su producción industrial y de consumo de los más diversos recursos naturales, EE.UU. satisfacen totalmente su demanda por cuenta de su propia industria extractiva, sin embargo, sólo en unos cuantos rubros (carbón, magnesio, molibdeno, fosfatos). Parte considerable, a veces la más grande de la demanda interna de muchas variedades de materias primas, es cubierta por las importaciones.
América Latina desde antaño atraía al capital estadounidense como fuente importante de materia prima variada y barata para la industria^^12^^.
Estos valiosos recursos iban principalmente al mercado de EE.UU., proporcionando a sus compañías doble ventaja: en primer lugar, al abastecer a la industria y a la energética estadounidenses con las materias primas necesarias y, en segundo lugar, al permitirles comercializar una producción de bajo costo. Esto último resultaba posible, en gran parte, gracias a la proximidad geográfica entre América Latina y EE.UU., lo que permitía economizar en el transporte de cargas pesadas.
Aunque las primeras grandes inversiones de EE.UU. en _-_-_
^^12^^ En 1975 correspondían a América Latina el 98'',, de los recursos mundiales (en los marcos del sistema capitalista) de salitre, el 69% de niobio, el 47'',, de berilio, el 39'',, de plata, el 38'',, de antimonio, el 37'',, de cobre, el 25'',, de estaño, el 24'',, de azufre y molibdeno. el 23'',, de bauxita, el 22% de mineral de hierro, el 21'',, de grafito, el 18'',, de fluorita, el 15'',, de manganeso y alrededor del 10'',, de cinc, plomo, níquel, wolframio, barita, mercurio, platino y tantalio.
29 América Latina se hallaban vinculadas a la producción de alimentos y materia prima para la industria ligera, más exactamente a la de azúcar, café, bananas y algodón, ya a comienzos de siglo, las inversiones realizadas en la industria extractiva comenzaron a superar el capital invertido en las plantaciones agrarias. Entre 1929 y 1955 la participación de las inversiones colocadas en el sector agrario se redujo de 23% del total de las inversiones de EE.UU. en América Latina a 9%, mientras que la parte de las realizadas en la industria de extracción aumentó de 27 a 43%. En grado mayor incrementaron las inversiones en la industria del petróleo. Durante las décadas del 50 y el 60 la extracción de minerales y petróleo constituyó la esfera principal de aplicación del capital norteamericano.Después de que en enero de 1976 la industria petrolera de Venezuela pasara a manos del Estado (anteriormente fue nacionalizada la extracción de mineral de hierro y de gas), y a raíz de la relativa reducción de la esfera de actividades del capital estadounidense en la industria minera de algunas nuevas naciones independizadas del Caribe, las posiciones de las compañias norteamericanas en estas ramas fueron debilitándose.
Sin embargo, más adelante la situación cambió notoriamente. El rápido incremento de la producción manufacturera hizo crecer la demanda de minerales y combustible. Aumenta el coeficiente de importación de EE.UU. en los rubros de petróleo, mineral de hierro, bauxita y cinc.
Con la crisis mundial de productos primarios y energética se eleva la importancia para Estados Unidos de los recursos naturales de América Latina, especialmente de los hidrocarburos líquidos. Una serie de compañías petroleras y mineras norteamericanas han intensificado los trabajos de prospección en los países del continente. A su vez, los círculos gobernantes de las repúblicas latinoamericanas atenúan las restricciones impuestas por las leyes sobre control nacional de los recursos naturales y procuran atraer al capital extranjero a las actividades de prospección y explotación de las riquezas de materias primas y combustibles.
El interés del capital estadounidense por los países latinoamericanos se debe también al hecho de que los monopolios petroleros de EE.UU., en momentos en que crece la influencia de la OPEP, empezaron a prestar especial atención a las zonas petrolíferas no controladas por esta organización.
Es importante señalar que el interés de los monopolios 30 de Estados Unidos por los recursos minerales de los países del continente se debe también en gran parte a que EE.UU. quieren reservar sus propios recursos, especialmente ante la posibilidad de una ulterior agudización de las crisis energética y de materias primas.
La alta rentabilidad de la industria extractiva de los países de América Latina explica los motivos que la hacen tan codiciable. Una de las causas de su bajo costo de producción reside en que la renta establecida en la mayoría de las repúblicas del área es escasa. Por ejemplo, la renta minera en Brasil, país que posee riquísimas reservas de materia prima, asciende sólo a un tercio de la establecida, en término medio, en el mundo capitalista y sólo a 4'',, de la renta minera de Estados Unidos^^13^^. Más grande aún es la diferencia si se considera algunos países de América Central y del Caribe.
Los costos relativamente bajos de la producción se deben también a que en las ramas de extracción de producios primarios y de combustible se emplea, como regla, la fuerza de trabajo menos calificada y remunerada, a excepción de algunos sectores de la clase obrera ocupados en la rama del petróleo y en la extracción de minerales raros.
La nacionalización del petróleo debilitó, pero no socavó las posiciones de los monopolios de EE.UU. en esta rama de la industria de la región. Pese a las medidas tomadas por el Gobierno ecuatoriano, tendientes a limitar la actividad de las empresas petrolíferas extranjeras (después de haber sido descubiertos grandes yacimientos de petróleo, su producción alcanzó, en 1974, a 10 millones de toneladas), éstas siguen ocupando lugar preponderante en la rama, controlan las tres cuartas partes de la producción de petróleo, mientras que la Compañía Estatal Petrolera de Ecuador (CEPE) produce sólo un 25'';', del total^^14^^. En Perú, después de la nacionalización en 1968 de la International Petroleum, el grupo de Rockefeller, no obstante, sigue ejerciendo gran influencia.
Los monopolios manifiestan sumo interés por las riquezas petrolíferas de Bolivia. Después del golpe de Estado de Banzer en agosto de 1971, retornó al país la tristemente célebre GuirOil para actuar bajo el rótulo de Union Oil Company of Bolivia. En marzo de 1973 fue suscrito un ``contrato de _-_-_
^^13^^ Véase Minería, metalurgia, 1973, N 337, p. 28.
^^14^^ Véase Mining Animal Revien; 1975. London, p. 345.
31 operaciones" que empezó a ser puesto en ejecución.El capital de EE.UU. se interesa también por los recursos petrolíferos de los países de América Central. La Texaco, a través de su subsidiaria Panamá Exploration, consiguió un contrato para prospección y extracción de petróleo sobre una superficie de 4.500.000 de hectáreas en la costa caribeña de Panamá^^15^^.
El la economía moderna adquiere gran importancia la extracción de metales no ferrosos y raros.
La Anaconda Co., el monopolio más poderoso de producción de cobre en el mundo capitalista, controla el 40% de las reservas descubiertas y el 12% de la producción de cobre de los países capitalistas. Explota no sólo una serie de importantes minas de este metal, sino que domina también en la extracción de minerales polimetálicos en México y de bauxita en Jamaica. En Argentina y Brasil posee grandes empresas subsidiarias de comercialización.
La Aluminum Company of America (ALCOA), segunda en importancia empresa monopolista productora de aluminio, elabora el 20% del total fabricado en los países capitalistas y el 35% del de Estados Unidos. Mantiene estrechos vínculos con el trust más grande, ALCAN Aluminum, que participa con un 21% en la producción mundial capitalista de ese metal y con un 90% en la de Canadá. ALCOA tiene explotaciones en los principales países de América Latina productores de bauxita: Jamaica, Guyana, República Dominicana, Brasil, y posee en algunos de ellos (Jamaica y Brasil) grandes plantas de fundición. Cabe señalar que la mayor parte de la bauxita va a parar a las plantas de aluminio que se encuentran en Estados Unidos.
La dominación del capital extranjero en una serie de importantes ramas de la industria extractiva de América Latina afecta enormemente el desarrollo industrial de los países de la región, privándolos de valiosos productos primarios. Conforme a una ``tradición'' establecida desde hace mucho y la que los trusts petroleros norteamericanos quisieran perpetuar, la producción del sector extractivo no se encuadra en los planes de desarrollo industrial del país dado. Los monopolios, partiendo exclusivamente de sus propios intereses comerciales, extraen tanto cuanto consideran necesario, realizan o no trabajos de prospección según su albedrío y, con _-_-_
~^^15^^ Véase Petroleum Economist, London, 1975, N 4, p. 155.
32 frecuencia, tratan de no construir plantas de transformación locales. Explotando los recursos minerales, se apoderan de los territorios más valiosos y de mayores perspectivas. La exportación no regulada de la producción minera perjudica no sólo al país en cuestión, sino también a la integración regional.Las compañías extranjeras obstruyen la realización de trabajos de prospección intensiva, prefiriendo explotar únicamente las reservas que se encuentran a poca profundidad y no requieren inversiones costosas. Principalmente les interesa la producción primaria, destinada a la exportación, que puede ser utilizada en las empresas industriales estadounidenses.
Como resultado de la dominación del capital extranjero en la industria extractiva, los países de la región no lograron hasta ahora resolver el problema del abastecimiento de sus industrias y de su energética con materia prima mineral y combustible propios. Hasta el presente siguen siendo importantes compradores de estos productos, lo cual repercute seriamente en sus economías, especialmente en condiciones de la crisis energética y de materias primas.
La expansión norteamericana en la industria extractiva de los países de América Latina convirtió esta rama en escenario de una cruenta pugna entre los monopolios extranjeros y el capital nacional. La lucha por el control sobre los recursos naturales propios se ha transformado en una de las principales consignas del movimiento liberador contemporáneo en el continente.
Los monopolios de EE.UU. en industria manufacturera. Una serie de premisas objetivas contribuyeron a acentuar el interés de los monopolios estadounidenses por la industria manufacturera de la región. Entre ellas se pueden mencionar cierta ampliación, después de la segunda guerra mundial, del mercado interno con el correspondiente incremento de la demanda real, una determinada intensificación del proceso de acumulación en base a las reservas de divisas ahorradas en el período de la guerra, todo lo cual abría mayores posibilidades para la actividad empresarial, así como determinada elevación del nivel de capacitación de la fuerza de trabajo.
Una de las características peculiares de las inversiones norteamericanas en la industria manufacturera de la región es su concentración principalmente en las nuevas ramas, las más dinámicas, que se distinguen por rendir altas tasas de __PRINTERS_P_33_COMMENT__ 3---659 33 ganancías. En lo esencial, estas nuevas industrias dinámicas requieren considerables inversiones. Por eso aquí se observa una peculiar correlación de fuerzas: las empresas más grandes se concentran en manos de los monopolios extranjeros o bien del sector estatal latinoamericano. En calidad de ejemplos se puede citar la metalurgia ferrosa y no ferrosa, la petroquímica y la rama de construcciones navales.
En la industria manufacturera ocupan considerable lugar las empresas que continúan el ciclo productivo de las compañías de la rama extractiva. Muchas plantas estadounidenses de la metalurgia no ferrosa funden la materia prima obtenida de las explotaciones mineras que les pertenecen.
En las manufacturas, el capital extranjero centró su atención en el desarrollo de las ramas mas rentables y que permiten recobrar más pronto los capitales invertidos. Incluso en la construcción de maquinaria se dio preferencia a la producción de artículos de consumo, más exactamente, a los de uso duradero.
Al mismo tiempo, el capital yanqui penetra activamente en los últimos años también en las ramas que elaboran medios de producción con el objeto de afianzar sus posiciones en la industria manufacturera de los principales países del continente. Los monopolios extranjeros, fundamentalmente los de EE.UU., se esfuerzan cada vez más por apoderarse de los puestos de mando en las ramas modernas y técnicamente más avanzadas. Los expertos de la CEPAL estiman que el capital extranjero controla en los tres países más grandes de la región ---Argentina, Brasil y México--- del 50 al 75% de la producción en las llamadas industrias dinámicas^^16^^.
La industria latinoamericana se encuentra en proceso de formación y, al mismo tiempo, tiene que enfrentarse a un problema tan grave como el de la subutilización de la capacidad instalada. Inclusive en los países más grandes del área no trabajan a plena capacidad empresas modernas en industrias como la de construcciones mecánicas, naviera, construcción de máquinas herramienta y electrotécnica. De 20 complejos metalúrgicos que funcionaban en América Latina a comienzos de los setenta, 9 utilizaban la capacidad instalada en menos del 50%. Una de las causas de semejante situación deriva de la aguda competencia en el mercado interno por _-_-_
~^^16^^ Véase Comercio exterior, 1974, N 5, p. 443.
34 parte de las subsidiarias de los monopolios estadounidenses. Como señalaban los expertos de la CEPAL, la inversión directa, ya sea independiente o asociada con las empresas nacionales, aunque representa un aporte de capital y tecnología, crea una competencia excesivamente grave para los inversionistas locales, que son paulatinamente desplazados de la actividad industrial más promisoria en el plano financiero. Por lo tanto, el aporte primario de capital suele limitar bruscamente las posibilidades futuras para la acumulación de capitales por el empresariado nacional^^17^^.Como resultado de la penetración del capital extranjero en la industria manufacturera de los países latinoamericanos, las filiales y subsidiarias de los monopolios en esta rama se transfoi man en grandes, a veces en los más importantes, compradores de maquinaria e instalaciones en el mercado exterior. El grueso de sus adquisiciones, en este caso, lo adquieren en sus casas matrices, quedando así al margen del intercambio global latinoamericano. El incremento de semejante ``comercio interno" entre las subsidiarias de los monopolios y sus casas matrices debilita el control nacional sobre las importaciones de maquinaria e instalaciones, que representan uno de los rubros más importantes del comercio exterior de cualquier Estado.
La irrupción de los monopolios de EE.UU. en la rama manufacturera de América Latina condujo a una brusca agudización de las contradicciones de carácter interno y externo, engendró un modelo deformado de industrialización. La expansión del capital estadounidense en esta esfera tuvo como consecuencia la marginación de las empresas nacionales y el empeoramiento de su situación económica. En especial fueron afectadas las empresas pequeñas y medianas, parte de las cuales quedaron condenadas a la ruina. El hecho de que los monopolios de EE.UU. se transformaron en elemento consustancial de la estructura industrial de los países de América Latina muestra que las contradicciones internas y externas se han entrelazado estrechamente. El antagonismo entre la burguesía nacional y el capital norteamericano en esta rama adquiere cada vez más carácter de contradicción interna.
Los monopolios de EE.UU. en las ramas de la
_-_-_
~^^17^^ Véase Economic Buüetin for Latín America, New York, vol. XVI,
1969, N 2.
Las empresas norteamericanas en un comienzo invertían grandes recursos en obras de infraestructura por cuanto esta esfera en América Latina se había desarrollado muy poco. Más adelante, a medida que las economías de los países latinoamericanos iban creciendo, el peso principal en el financiamiento de las obras que requerían inversiones mayores y reportaban escasas utilidades recayó sobre los presupuestos nacionales de la región.
Actualmente resulta en gran parte desventajoso crear una infraestructura en base a la propiedad capitalista privada y, por eso, los monopolios cargan sobre el Estado el mantenimiento de las esferas menos rentables de la economía y en las que el capital invertido se recobra con lentitud. No es casual que en los programas de largo plazo de muchos países latinoamericanos las inversiones en obras de infraestructura ocupen un lugar preponderante.
El hecho de que la mayoría de los elementos básicos de la infraestructura requiere grandes gastos y no proporciona inmediatas y suculentas ganancias explica la actitud relativamente ``serena'' del capital monopolista de Estados Unidos frente a la nacionalización de unas u otras empresas en este sector. Más aún, el capital extranjero, incluso, se esfuerza a veces en ceder este tipo de propiedad, a cambio de la consiguiente compensación, a los gobiernos latinoamericanos. Una serie de empresas de energía pasó en el período posbélico de manos de los monopolios norteamericanos bajo control nacional. En los años 60 fue nacionalizada la 36 enereética en México. Una ley dictada el 13 de setiembre de 1972 implantó el control estatal sobre esta rama también en Perú.
En algunos casos, los mismos monopolios estadounidenses, tomando en cuenta la nueva distribución de fuerzas en la región, venden las propiedades que poseen en las ramas de la infraestructura. Un ejemplo lo da la American and Foreign Power Co. que entra en la esfera de influencia del grupo financiero Morgan. En la primera década de posguerra este monopolio tenía grandes plantas eléctricas casi en todos los países de América Latina, pero en 1960--1970 vendió casi todos sus activos en México, Brasil, Costa Rica y algunos otros países, lo cual debilitó notablemente el control que ejercía sobre la rama electroenergética. La nacionalización de la propiedad norteamericana cambió considerablemente no sólo la correlación entre el capital estadounidense y el nacional, sino también entre la propiedad privada y la estatal.
Las compañías estadounidenses desempeñan un papel sumamente grande en la navegación (el transporte de más del 90% de las cargas del comercio exterior de América Latina se efectúa por vía marítima). Los monopolios de Estados Unidos poseen grandes empresas navieras que actúan en muchas líneas internacionales, incluso en las que enlazan entre sí a los propios países latinoamericanos. Por otra parte, muchos de los buques que navegan bajo bandera de las repúblicas de América Latina en realidad pertenecen a Estados Unidos. Las compañías yanquis petroleras, bananeras, de la industria frigorífica y otras disponen de buques especializados. La United Brands posee flota propia que incluye buques frigoríficos, tiene su propio servicio de transporte terrestre y aéreo.
Los monopolios estadounidenses ocupan fuertes posiciones en el comercio interno de los países latinoamericanos, especialmente en el mayorista. Muchas empresas comerciales, desde gasolineras hasta modernos supermercados, pertenecen al capital de EE.UU. A pesar de que en la mayoría de los países productores de petróleo de la región existen empresas estatales petroleras, la red de suministro del combustible sigue en manos del capital extranjero, norteamericano en lo esencial. Baste recordar que los monopolios del petróleo representan en sí complejos de producción y venía totalmente integrados. Inclusive la nacionalización de la propiedad de uno u otro concesionario pone bajo control nacional sólo los primeros eslabones de toda la red vinculada con la 37 industria petrolera, quedando las refinerías y la venta al consumidor en manos de los monopolios
Las posiciones económicas de' fas monopolios de EE.UU. en el comercio exterior de los países de América Latina. El comercio exterior, en esencia, fue la primera esfera que atrajo los intereses norteamericanos. Precisamente el deseo de asegurarse la producción de materia prima y alimentaria barata de América Latina encendió el interés de los monopolios de Estados Unidos por el comercio de exportación e importación con los países de la región.
El afán de los consorcios estadounidenses por exportar más a los países del continente, estableciendo a la vez tarifas aduaneras y cuotas proteccionistas de su mercado interno, condujo a un balance desfavorable para muchos Estados de la región en su comercio con EE.UU.
Al analizar las posiciones del capital norteamericano en el comercio exterior de los países de América Latina es necesario tener en cuenta esta importante circunstancia: la profundización de la división internacional capitalista del trabajo encuentra su expresión en el carácter complejo de muchas operaciones económicas internacionales, condicionado por la ampliación del intercambio directo entre empresas concretas; en el incremento del intercambio interno entre las filiales y sus casas matrices. Mientras que 10 ó 20 años atrás el comercio exterior entre EE.UU. y América Latina se expresaba esencialmente en un acto limitado de compra-venta de uno u otro producto, hoy día la concertación de un contrato representa con frecuencia sólo el inicio de un conjunto de amplios vínculos económicos entre las casas matrices y las compañías subsidiarias, entre proveedores y clientes, comenzando por el proyecto y la elaboración tecnológica y terminando con la instalación, el ajuste, la prueba y puesta en funcionamiento del equipo y de su mantenimiento técnico. En consecuencia, los índices cuantitativos del intercambio exterior resultan de hecho mucho más bajos que los del intercambio real.
Las posiciones de los monopolios de EE.UU. en el comercio exterior de América Latina son determinadas no sólo y no tanto por la participación de Estados Unidos en las exportaciones y en las importaciones de los países de la región, cuanto por el papel que su capital juega en las organizaciones de comercio exterior de estos países.
Analizando la estructura del comercio exportador de 38 las repúblicas latinoamericanas, se puede advertir que las subsidiarias de los monopolios estadounidenses ocuparon posiciones importantes o incluso decisivas en las exportaciones de productos tan esenciales como café, metales no ferrosos, algodón, cueros, etc. En las exportaciones de petróleo, que cobran primordial relieve con el avance de la crisis energética, monopolios como la Exxon, que actúa en muchos países productores de petróleo de la región, Mobil Oil, Texas y otros tienen enorme peso merced a sus empresas exportadoras subsidiarias.
El café ocupa el segundo lugar, después del petróleo, en la estructura de las exportaciones de América Latina. Entre las compañías exportadoras de café más grandes que operan en la región, incluidos países como Brasil y Colombia (principales exportadores del producto), figuran las subsidiarias de monopolios estadounidenses como Anderson, Clayton and Co.; American Coffe; Folckart Brothers, y León Israel and Brothers. El control que ejercen, reforzado por la posesión de plantaciones propias de café, se extiende también a la bolsa comercial de Santos (Brasil), permitiéndoles, en esencia, determinar las condiciones del comercio exportador de café.
Las subsidiarias de los monopolios estadounidenses que operan en la industria manufacturera de los países latinoamericanos también empezaron a participar activamente en los negocios de exportación. General Motors, Ford, Chrysler, General Electric, IBM y otras exportan automóviles, aparatos eléctricos, instalaciones para oficinas, etc., en nombre de los países latinoamericanos.
Algunas fuentes estimaban las exportaciones de las subsidiarias norteamericanas que operan en América Latina en 4.500 millones de dólares a mediados de la década del 60, lo cual representaba 35% de todas las exportaciones latinoamericanas.
Muchas compañías exportadoras de los países de la región pertenecen a monopolios yanquis o son controladas por éstos. Constituyen un sector aparte del comercio exterior y desarrollan sus actividades según directivas del capital monopolista de EE.UU. Estas compañías sostienen una lucha continua por las cuotas comerciales, licencias, asignaciones de divisas y, en definitiva, determinan la orientación geográfica del comercio exportador de América Latina. Los principales bancos comerciales de Estados Unidos, ante todo los 39 neoyorquinos, participan activamente en el financiamiento de las operaciones de estas firmas.
Las compañías estadounidenses que actúan en las ramas extractiva y manufacturera de los países de la región necesitan instalaciones, materia prima, combustible, repuestos y bloques importados y se cuentan entre los importadores principales en los países latinoamericanos.
Además, en América Latina operan numerosas sucursales comerciales de los monopolios norteamericanos radicados en Estados Unidos, pero que exportan sus productos a los países de la región. Los monopolios que dominan en la construcción de maquinaria, en la industria electrotécnica, en la construcción de tractores, en la química y otras tienen en América Latina compañías comerciales especializadas.
Mientras que las firmas nacionales de la industria y el comercio y, en primer lugar, las compañías estatales tienden a orientarse hacia otros mercados, las subsidiarias de los monopolios de Estados Unidos actúan en el sentido de perpetuar la dependencia de América Latina respecto al mercado ``tradicional'' de EE.UU. Las operaciones entre las subsidiarias estadounidenses y sus casas matrices empezaron a ocupar lugar cada vez mayor en todo el comercio exterior. Lo expuesto explica en gran parte el hecho de que, a pesar de los grandes esfuerzos que los países latinoamericanos realizan para cambiar la geografía de su intercambio comercial, no se hayan alcanzado resultados reales de consideración.
El papel del capital de EE.UU. en el sistema bancario y financiero de los países de América Latina. Una de las premisas más importantes para la expansión económica de los monopolios de Estados Unidos radica en el incremento extraordinario de la actividad de los bancos que crea favorables condiciones para el funcionamiento de sus empresas en el exterior. V. I. Lenin indicaba que ``nuestro concepto de la fuerza efectiva y de la significación de los monopolios actuales sería en extremo insuficiente, incompleto, reducido, si no tomáramos en consideración el papel de los bancos"^^18^^. Algunos bancos de EE.UU. operan en América Latina desde el período anterior a la guerra. Sin embargo, comenzaron a infiltrarse con especial intensidad en el sistema crediticio y financiero _-_-_
~^^18^^ V. I. Lenin. El imperialismo, fase superior del capitalismo. O. C., t. 27, p. 325.
40 de los países de la región en la década del cincuenta y, en especial, en la del sesenta^^19^^, desplazando rápidamente a sus viejos competidores, los bancos ingleses.La importancia que el capital monopolista de Estados Unidos concede a sus bancos en el ensanchamiento de sus posiciones económicas en América Latina se expresa por el hecho de que en la región se encuentran concentradas más de la mitad de las filiales de los bancos estadounidenses que operan en el exterior. Después de los bancos centrales de emisión, los de EE.UU. son los más grandes en los países de América Latina.
El capital estadounidense se encuentra representado en la esfera bancaria de América Latina en tres formas: a) a través de sus filiales (sin capital propio considerable, pero con apoyo exterior); b) por las empresas subsidiarias; c) mediante la participación de los bancos norteamericanos en el capital accionario de los bancos locales. Utilizando estas formas, el capital bancario de EE.UU. compite con los bancos nacionales en el mercado monetario interno. Muchos gobiernos latinoamericanos se han convertido en grandes deudores de los bancos norteamericanos que operan en los respectivos países.
En los años 60, las posiciones del capital de EE.UU. en el sistema bancario de una serie de países de América Latina tendieron a reforzarse. La forma principal de su penetración pasó a ser la compra del paquete de control de las acciones de los bancos nacionales. En el empleo de tales tácticas se distinguen el Chase Manhattan Bank, Bank of America, Crédit Lyonnais y otros^^20^^.
El First National City Bank, controlado por las familias Rockefeller y Stellman, ocupa el primer lugar en EE.UU. por el monto de sus operaciones en el exterior. En 1974, en América Latina (en más de 20 países) actuaban 62 de las 85 filiales que tiene el banco en el extranjero, incluidas varias filiales en Argentina, Brasil, Venezuela, Colombia, México, Panamá y Uruguay.
El Chase Manhattan Bank, uno de los más grandes del mundo y centro financiero del imprerio petrolero de los Rockefeller, posee filiales en Argentina, Brasil, República Dominicana, Venezuela, México, Panamá, Trinidad y Tobago, así _-_-_
^^19^^ Véase Nueva Era, Buenos Aires, 1973, N 6, p. 40.
^^20^^ Véase The Economist para América Latina, Londres, 10.XII.1969.
41 como en las Islas Vírgenes y en las Bahamas. En las décadas de 1960--1970 desplegó intensa actividad en América Latina adquiriendo acciones de bancos locales. El First National Bank of Boston, el Bank of America y otros también poseen múltiples filiales en los países del área. Ño es casual que en la XIV sesión de la CEP AL, en 1971, se haya sometido a discusión especial el problema del capital extranjero en el sistema de las finanzas de América Latina.Los bancos de EE.UU., poseedores de colosales recursos financieros, ejercen enorme influencia en la política crediticia de los Estados del continente. En condiciones de aguda escasez de capitales con frecuencia orientan la política inversionista dando preferencia a las subsidiarias de los monopolios de EE.UU. o a las compañías mixtas^^21^^.
Los bancos, para facilitar un empréstido o crédito a largo plazo, imponen generalmente como condición el derecho de designar sus representantes en la administración de la compañía que recibe el préstamo. Por eso, la aparición de nuevos miembros en la dirección de una compañía que no son ni accionistas, ni funcionarios de la misma sirve comúnmente de indicio que en ella se ha acentuado el control por parte de unas u otras organizaciones financieras foráneas. Los bancos, con frecuencia, intervienen abiertamente en los asuntos de las firmas latinoamericanas que se enfrentan con dificultades financieras.
El sistema bancario y financiero representa una de las más ventajosas esferas de aplicación del capital extranjero en la economía latinoamericana, especialmente en los últimos años. Según manifestó a comienzos de 1976 A. W. Clausen, presidente del Bank of America, ``las operaciones en el exterior han sido la esfera que creció más aceleradamente en nuestros negocios de los últimos seis o siete años''. Si en 1970 proporcionaban el 19% de todas las ganancias del banco, en 1975 rendían ya el 45%^^22^^. Cabe señalar que uno de los motivos que posibilitan obtener ganancias a los bancos estadounidenses es la debilidad del sistema crediticio y financiero de los países de América Latina, la escasez de capitales y, como consecuencia, el alto costo de los créditos. Incluso en un país como Argentina, donde el sistema bancario ha _-_-_
~^^21^^ Véase Edmundo Sánchez Aguilar. México: deuda externa Y operación de la banca americana privada. Boston, 1973.
~^^22^^ Véase International Herald Tribune, Paris. 1.III.1976.
42 cobrado relativo desarrollo, las tasas de interés en el mercado monetario privado alcanzan del 25 al 27%.Aprovechando los privilegios de que disponen en el mercado monetario y recaudando recursos a bajo interés, los bancos de Estados Unidos tienen la posibilidad de monopolizar la colocación más ventajosa de los medios que acumulan. Sólo en grado mínimo contribuyen a incrementar la producción material, concentrando sus operaciones fundamentales en el financiamiento del comercio exterior y en el movimiento de divisas. El comercio exterior en la mayoría de los países latinoamericanos es financiado casi totalmente por los bancos extranjeros, entre los cuales preponderante papel juega la banca norteamericana.
__ALPHA_LVL3__ 3. LOS MONOPOLIOS TRANSNACIONALES DE ESTADOS UNIDOS EN EL CONTINENTEUna de las peculiaridades de la expansión económica de EE.UU. en América Latina consiste en que la llevan a cabo, en lo esencial, un reducido grupo de poderosos monopolios. Estos desempeñan el papel de principal fuerza de choque del capital monopolista estadounidense en el continente latinoamericano.
Los monopolios que actúan en América Latina se cuentan entre los más grandes no sólo de EE.UU., sino de todo el mundo capitalista. De las 10 compañías internacionales más poderosas del sistema capitalista, 8 son estadounidenses: Exxon, General Motors, Ford, General Electric, IBM, Mobil Oil, Chrysler y Texaco. (Las dos restantes son la anglo-holandesa Royal Dutch Shel y la holandesa Unilevers.) El total de las ventas de Exxon y General Motors, los monopolios más grandes del mundo capitalista, que asciende a más de 30.000 mil millones de dólares en cada una, supera el producto interno de muchos países latinoamericanos. Como han señalado los expertos de la ONU. el poderío de los monopolios transnacionales es tan grande que puede atentar contra la soberanía nacional, socavando la capacidad de los Estados para cumplir sus tareas en política interior y exterior^^23^^.
Las actividades de las corporaciones transnacionales estadounidenses en América Latina son, como regla, de índole multisectorial. Ello emana directamente de las _-_-_
^^23^^ Véase Multinational Corporations in World Development. New York, 1973, p. 2.
43 particularidades básicas de su estructura actual que se caracteriza por una gran diversidad. El análisis comparativo de los monopolios estadounidenses y eurooccidentales más importantes (a finales de los años 60 y comienzos de la década del 70) indica que en los EE.UU. el porcentaje de compañías vinculadas a un sólo rubro o con preponderancia de un sólo producto es mucho menor que en Europa Occidental. La actividad multisectorial permite a las corporaciones yanquis ejercer más amplio y efectivo control sobre un conjunto de ramas de la economía latinoamericana. Tal circunstancia se debe en determinado grado a que, gracias al desarrollo de los medios de comunicación y al progreso científico-técnico, las casas matrices pueden ejercer un control más estricto sobre sus empresas ``periféricas''. La gran diversificación de actividades en el plano geográfico y en la producción permite a las transnacionales ejercer su influjo no sólo sobre el desarrollo económico de los países de la región, sino también sobre los procesos sociopolíticos.El grado de diversificación funcional de las corporaciones estadounidenses que actúan en América Latina puede ser estimado por el hecho de que algunas de ellas en la actualidad, además de desempeñarse en la esfera productiva, cumplen también funciones netamente bancarias. La Gulf Oil, uno de los monopolios petroleros más grandes, invierte en operaciones de fmanciamiento de otras empresas hasta el 40% de sus activos. Monopolios como Esso, General Motors, General Electric, ALCOA y otros proceden de manera semejante. Muchas veces las operaciones de crédito de las compañías industriales superan el monto de las operaciones análogas de los bancos.
Los monopolios norteamericanos que invierten sus capitales en América Latina ostentan, por lo general, la supremacía no sólo en el terreno tecnológico, sino también en lo referente a organización y manejo de la producción. Sus actividades se distinguen por un alto grado de centralización.
Las formas de centralización más rígidas se dan en el manejo de las compañías de construcción de maquinarias, de automóviles y electrotécnicas, cuyas empresas están enlazadas por una red combinada de suministros. Las subsidiarias o filiales representan en sí, con frecuencia, una parte del mecanismo productivo de la compañía matriz. Las fábricas con una especialización cerrada no pueden funcionar sin estar enlazadas con la empresa principal; es por eso que 44 aquí sus actividades se encuentren estrictamente reglamentadas. No menos severo es el control que las casas matrices ejercen en los consorcios petroleros y de la industria química, puesto que la extracción y elaboración de materia prima mineral y de combustible se han constituido en un proceso único e integrado en escala internacional.
Uno de los métodos más conocidos que emplean las corporaciones norteamericanas en su expansión en los países de América Latina es la organización de empresas de ensamblaje, lo que hace posible conservar los lazos de dependencia respecto al mercado de EE.UU., aunque en nuevas formas. El sistema de ensamblaje, además de que permite ahorrar en gastos de transporte y de aduana, brinda la posibilidad de modernizar la producción, adaptándola a las condiciones concretas del mercado local, y asegurar a los consumidores las necesarias piezas de repuesto, es decir, atarlos al mercado de EE.UU.
Los monopolios de EE.UU., transnacionales por el carácter de su actividad, establecieron en territorio de América Latina complejos industriales multinacionales, basados en la división del trabajo no sólo entre las compañías matrices y las subsidiarias, sino también entre las propias empresas subsidiarias ubicadas en diferentes países.
El hecho de que las corporaciones estadounidenses cuentan con empresas subsidiarias en varios países del área a la vez, teniendo en un país dado varias empresas, con frecuencia de diferente especialidad, les asegura gran capacidad de maniobra, condicionada por el carácter global de sus actividades. Surge así, por ejemplo, la posibilidad de suministrar alguna mercancía o grupo de mercancías de varios países al mismo tiempo o de establecer diferentes precios para un mismo artículo, o bien al revés, la de fijar un mismo precio para diferentes artículos, así como de saldar las cuentas en diferentes monedas, etc.
La actividad internacional de las corporaciones se apoya en el poderío económico y político-militar del imperialismo de EE.UU., de su aparato estatal. Los monopolios estadounidenses, ampliamente respaldados por el mecanismo estatalmonopolista de EE.UU. ejercen fuerte presión no sólo sobre la economía de los países latinoamericanos, sino también sobre sus círculos gobernantes. Las decisiones de las corporaciones que formalmente versan sobre cuestiones de la producción, afectan en realidad directamente muchos e importantes aspectos 45 del rumbo económico y, a veces, político de los países en cuyo territorio se encuentran tales o cuales empresas subsidiarias. Por ejemplo, algunas cuestiones que, nominalmente, revisten carácter técnico (dónde y qué se ha de construir, de dónde y qué se ha de importar, a dónde y qué se va a exportar) de hecho predeterminan muchos aspectos cardinales de la política económica de los países latinoamericanos. Con frecuencia, los gobiernos de estos últimos se ven obligados, si no a someterse totalmente a los intereses de los monopolios yanquis, por lo menos a tenerlos en cuenta, tomar en consideración sus objetivos. A veces, los respectivos círculos oficiales se ven obligados a ser meros registradores pasivos de lo que se proponen alcanzar las compañías norteamericanas. El hecho de que muchas decisiones importantes son tomadas directamente en la casa matriz ejerce influencia funesta en la aplicación de la política económica general de los Estados latinoamericanos y, en particular, en el desarrollo de la planificación a largo plazo.
Los monopolios yanquis en América Latina aventajan también en el plano financiero a las compañías nacionales. La rentabilidad de sus empresas, como regla, es mucho mayor que la de las empresas latinoamericanas. No sólo se debe a que las compañías extranjeras operan en las ramas que reportan mayores utilidades, sino también a que tienen producción mejor organizada y acceso al crédito extranjero más barato.
La estructura orgánica representada por el esquema `` casa matriz --- filial --- empresa subsidiaria" brinda a los monopolios internacionales de EE.UU. una serie de ventajas financieras. Por ejemplo, los precios de transferencia fijados por los monopolios estadounidenses son muchas veces bien diferentes de los precios mundiales y de las firmas latinoamericanas (en Colombia, en particular, los precios de los productos farmacéuticos y de los artículos de goma son más elevados en 50%)^^24^^. Los sobreprecios o los subprecios, fijados ilegalmente y prácticamente inaccesibles al control oficial, permiten a las compañías matrices de EE.UU. encubrir la importación de utilidades obtenidas en los países de la región, así como la subvención financiera a sus empresas subsidiarias.
_-_-_~^^24^^ Véase Stopford J., Wells L. Managing the Multinational Enterprise. Organizarían of the Firm and Ownership of the Subsidiarles. New York, 1972, p. 161.
46La política de financiamiento de la penetración económica se ha convertido en importante factor de la expansión internacional de los monopolios estadounidenses. Cabe señalar que los métodos de autofinanciamiento, ante todo, a través de las reinversiones fueron trazados por los consorcios estadounidenses hace mucho y aplicados en América Latina antes que en otras regiones del mundo capitalista.
Con el objeto de fortalecer su base financiera, las corporaciones internacionales de EE.UU. no sólo utilizan el ahorro interno de sus subsidiarias, sino que acuden también al de los países en los que éstas actúan. El amplio empleo de los recursos nacionales locales tiende a cambiar la correlación de fuerzas entre el capital nacional y el extranjero en favor de éste.
La creciente explotación del mercado monetario interno en condiciones de escasez de recursos financieros domésticos y elevado flujo de capitales hacia el exterior (en concepto de remesas de utilidades y ganancias de las compañías norteamericanas, pagos por servicios internacionales, fuga del capital latinoamericano, etc.) frena el proceso de acumulación del capital y obstaculiza la formación, sobre base nacional, de las ramas de la industria, ante todo la de construcción de maquinarias; reduce las posibilidades de aprovechar la ciencia y la técnica en el fomento de la producción y retiene el crecimiento de la productividad social del trabajo. El hecho de que la nueva etapa en la industrialización de América Latina se basa precisamente en la constitución de ramas que requieren grandes inversiones de capital, mientras que la irrupción de los monopolios yanquis en el proceso de acumulación interna socava las fuentes de financiamiento, significa la desaceleración del crecimiento de la industria en los países de la región.
La exportación de capital a otros países no sólo es una exportación de valores monetarios directos. Con frecuencia reviste la forma de exportación de maquinaria e instalaciones, pero.no para un país dado o para determinada rama de la industria, sino precisamente para las subsidiarias de los monopolios de Estados Unidos. De hecho se beneficia no tanto el país importador de capitales, cuanto las compañías norteamericanas.
Tales inversiones, especialmente las destinadas a la industria nacional, están representadas, con frecuencia, por instalaciones obsoletas que en las compañías matrices de 47 EE.UU. fueron cambiadas por otras más modernas. Semejantes equipos no tendrían cabida en el mercado mundial, mientras que en América Latina pueden reportar aún no pocas utilidades. A los monopolios norteamericanos, en este caso, no les preocupa que las empresas en América Latina que utilicen equipos usados u obsoletos tengan elevados gastos de producción: este factor tiende a ser neutralizado por compensarse con el bajo nivel salarial de los obreros locales. Por ejemplo, cuando en la década del 60 las compañías estadounidenses establecieron fábricas de automóviles en México, pudo verse que las mismas fueron dotadas deliberadamente con maquinaria de viejo diseño y bajo rendimiento. En la fábrica de motores de General Motors en Toluca todo el equipo era nuevo, es decir, fue elaborado especialmente para esta empresa, pero diseñado adrede con baja capacidad de rendimiento. La productividad del trabajo en las prensas de la fábrica de automotores de General Motors, instalada en Buenos Aires, resultó ser varias veces inferior en comparación a la que se registra en las establecidas en EE.UU.^^25^^.
En las condiciones de la revolución científico-técnica, los monopolios transnacionales de Estados Unidos procuran implantar una ``nueva división del trabajo''. Su política consiste en trasladar a otros países, en particular, a los de América Latina, los tipos de producción más pesados, los que más contaminan el medio ambiente y consumen mayores cantidades de agua potable.
El capital monopolista de EE.UU., aprovechándose del atraso general y de la dependencia de la economía latinoamericana respecto al mercado estadounidense, procura orientar el proceso de industrialización por un cauce que le resulte favorable. Esto se manifiesta particularmente en el hecho de que se contribuye al fomento preferente de las ramas de la producción que resultan poco ventajosas para los monopolios yanquis o juegan papel auxiliar en relación con las empresas que están bajo su control. Al estimular la industria extractiva y ciertas ramas de la manufacturera, los consorcios yanquis frenan al mismo tiempo el desarrollo en América Latina de las ramas más modernas, se adjudican el derecho a la actividad monopólica en los sectores económicos vinculados con la aplicación de los avances de la ciencia, que _-_-_
^^25^^ Véase The Nation, New York, 1969, N 22, p. 695.
48 determinan las perspectivas del progreso científico-técnico y tienen importancia decisiva en el sistema moderno de producción. __ALPHA_LVL3__ 4. LOS MONOPOLIOS DE EE.UU. Y EL CAPITAL PRIVADO LATINOAMERICANOYa en los comienzos de su expansión, las compañías estadounidenses consideraron con razón que sin el apoyo interno necesario en los países de América Latina, sin consolidar este apoyo, les resultaría difícil ensanchar la esfera de sus actividades en condiciones que respondan en lo máximo a sus intereses. Estos nuevos ``colonizadores'', al abrirse camino en el área latinoamericana, necesitaban contar con una base social. Pasaron a constituirla la oligarquía terrateniente y la burguesía comercial, locales que se orientaban hacia el mercado externo. Estos dos principales aliados del capital norteamericano se pronunciaban contra el sistema proteccionista que de alguna manera afectaba sus intereses comerciales desbrozando así el camino para la penetración extranjera. Desplegaron una activa lucha contra la burguesía industrial de tendencia nacionalista y se convirtieron de esta manera en los principales testaferros de la política de los empresarios yanquis que se esforzaban por conservar en la región las atrasadas relaciones de producción existentes.
Más adelante, con el desarrollo de las fuerzas productivas, la base social que favorecía a los monopolios norteamericanos se fue ensanchando, abarcando a sectores de la burguesía financiera e industrial proimperialista. Es importante señalar, sin embargo, que esta alianza antes de la segunda guerra mundial revestía carácter más bien político.
Después de la contienda, con el incremento de las fuerzas productivas en América Latina y el fortalecimiento de la burguesía nacional, se delinearon nuevas tendencias en la evolución de la base social del capital yanqui. Estas tendencias se debían a que, merced al auge del movimiento liberador y del ``nacionalismo económico'', los monopolios norteamericanos tuvieron que acudir a métodos de expansión más flexibles. A fin de conquistar el mercado interno desde adentro, empezaron a practicar la alianza económica con la burguesía latinoamericana. Los sectores más dinámicos del capital local, representados por la gran burguesía y, en parte, por la media, comenzaron a tener participación en, las empresas estadounidenses. Este proceso, en particular, fue favorecido __PRINTERS_P_49_COMMENT__ 4---659 49 por la circunstancia de que, durante los años bélicos, la burguesía latinoamericana había acumulado considerables recursos financieros posibles de ser utilizados para el posterior fortalecimiento de la actividad empresarial local.
Las empresas mixtas pasaron a ser la forma más característica y difundida de la ``colaboración'' entre el capital extranjero y el capital local. La práctica de establecer empresas mixtas, utilizada en gran escala, tuvo importantes consecuencias socioeconómicas para los países de la región. Se produce una diferenciación en las filas del empresariado latinoamericano, la formación de la llamada ``burguesía de las filiales" que se desnacionaliza cada vez más. Los monopolios estadounidenses, haciendo partícipe de sus ganancias a la burguesía local, la transforman en su socio menor. Esta participación, a la vez, engendra en los empresarios latinoamericanos el interés por la actuación exitosa del capital estadounidense, por el ensanchamiento de su influencia económica. La aparición de las empresas mixtas, en consecuencia, consolidó la posición de los inversionistas extranjeros en la economía latinoamericana por una parte y, por la otra, frenó considerablemente el crecimiento independiente, imponiendo su sello a los procesos más importantes que se operaban en la economía de los países de la región, sobre todo, en la industrialización. El proceso de industrialización capitalista en América Latina adquirió no sólo un carácter económicamente deformado, sino también un sentido proimperialista etamente visible.
Un importante papel en la subordinación del empresariado local al capital yanqui desempeña el sistema, ampliamente difundido, de subcontratos y subproveedores.
La economía de los países latinoamericanos tiene entre sus rasgos lo que se ha dado en llamar dualismo económico, es decir, se caracteriza por la coexistencia de la gran producción moderna con la pequeña producción, incluso semiartesanal. Semejante estructura económica permite a los monopolios de EE.UU. combinar las ventajas de la producción en gran escala con el bajo costo de la fuerza de trabajo en las empresas pequeñas e, incluso, medias (a veces los salarios en las pequeñas empresas ascienden a la mitad de los vigentes en las grandes) que les suministran piezas y conjuntos. Por otra parte, las empresas pequeñas, como regla, conocen bien el mercado local y a los consumidores.
La explotación intensiva de toda una red, inclusive, 50 de talleres artesanales que trabajan por contrato permite rebajar los costos de producción de los artículos acabados que lanzan las fábricas equipadas con técnica avanzada. En Brasil, por ejemplo, a mediados de la década del 50, cuando empezó a surgir la industria de automotores, había alrededor de 850 empresas que fabricaban piezas de automóviles para 18 compañías de la rama, controladas en su mayoría por el capital estadounidense. Más adelante el número de subcontratos fue creciendo. La Willys, subsidiaria de la Chrysler, tiene 250 subproveedores locales que fabrican para ella cojinetes, ejes, cajas de cambio, etc. En Argentina la International Harvester tiene 1.200 agentes y subproveedores. En México, la industria automotriz, en la que una serie de empresas pertenece al capital de EE.UU.. trabaja en base al sistema de subcontratos.
Las compañías norteamericanas, por lo tanto, aparecen en el papel de principales proveedores de trabajo, en cuyos éxitos y prosperidad están interesados los productores locales. Los monopolios estadounidenses asumen un papel rector en la determinación del carácter y los montos de la producción, en la orientación de los mercados de venta y la formación de los precios. En base al sistema de subcontratos las empresas nacionales, pequeñas y medias, dependientes de los encargos de las grandes compañías foráneas, son sometidas , a su control. Sus actividades quedan subordinadas a la orientación de los monopolios y a sus pedidos. El sometimiento de la pequeña empresa por el gran capital no representa un perfeccionamiento de la división interempresarial del trabajo, sino un proceso tendiente a robustecer el poderío económico de los monopolios yanquis. El sistema de subcontratos de hecho significa, con frecuencia, una ``fusión imperceptible" con la que esa pequeña empresa, desde el punto de vista jurídico, sigue siendo independiente, pero en el plano económico depende totalmente de los consorcios o, inclusive, se convierte en parte de uno de ellos.
El sistema de subcontratos, ampliamente utilizados por los monopolios, origina también importantes consecuencias sociales. Tal sistema permite a los consorcios librarse de la necesidad de efectuar despidos en masa en los períodos de depresión, por cuanto facilita la posibilidad de incorporar a la producción toda una pirámide de subproveedores sin incluirlos en el personal de la compañía. En condiciones de favorable coyuntura en el mercado, los vínculos con la empresa __PRINTERS_P_51_COMMENT__ 4* 51 pequeña y media proporcionan a los monopolios estadounidenses ganancias complementarias. Durante los períodos de crisis, en cambio, las empresas pequeñas y medias son precisamente las que amortiguan el golpe, cargando sobre sí el peso principal y permitiendo a los monopolios estadounidenses mantenerse estables. No menos importante es el hecho de que el número reducido de personal, ocupado en una u otra compañía norteamericana, crea la apariencia de que ésta ejerce poco influjo sobre el curso de los procesos económicos en el país, limita las posibilidades del movimiento organizado y masivo de los trabajadores y permite al consorcio resistir con más éxito la presión de los sindicatos.
Hasta hace poco la principal base social de apoyo de los monopolios yanquis en América Latina estaba representada por la oligarquía terrateniente y la burguesía comercial, industrial y financiera proimperialista o conformista que se turnaban en el poder y eran los principales ejecutores de la política de los monopolios estadounidenses. Sin embargo, con el avance de la revolución científico-técnica, el apoyo que podían brindar estas clases tradicionales, representativas de relaciones de producción caducas, se hizo evidentemente insuficiente. En la década del 60, por iniciativa de los administradores de la Alianza para el Progreso, se hizo un esfuerzo por ``racionalizar'' el desarrollo de la economía capitalista en la región, reforzar la base social y propender a la creación de empresas conjuntas. Se hacía especial hincapié en atraer a la llamada clase media, es decir, a las capas sociales medias. Las compañías estadounidenses empezaron a vincular a sus negocios no sólo a capitalistas locales, sino también a empleados y a intelectuales, científicos y técnicos latinoamericanos para establecer una aparente colaboración con los cuadros nacionales.
El capital yanqui ocupa importantes posiciones tanto en las compañías comerciales e industriales, como en las asociaciones y uniones empresariales. Estas asociaciones empresariales juegan gran papel en la vida política interna de los países de América Latina, ejerciendo enorme influencia en la formación de la política económica interior y exterior. El hecho de que en esas asociaciones actúen, a la par con las compañías domésticas, las empresas norteamericanas, generalmente las más grandes de ellas, es un testimonio de la influencia que el capital de EE.UU. ejerce en la política nacional. En algunas uniones empresariales representantes de 52 las compañías yanquis ocupan puestos en los órganos directivos. Puede servir de ejemplo la Confederación Nacional de Cámaras de Industria de México que es una de las asociaciones empresariales más grandes del país. En Argentina el capital norteamericano penetró en la Unión Industrial, la más antigua de las asociaciones industriales del país; en la Asociación Nacional de Bancos, en la Asociación de Bancos de Buenos Aires y otras entidades.
La alianza de los monopolios de Estados Unidos con la gran burguesía latinoamericana tuvo consecuencias negativas para el desarrollo y funcionamiento de las empresas nacionales medias y pequeñas. La intensa penetración del capital estadounidense en las nuevas ramas de la economía obligó a considerables grupos del empresariado nacional a desplazarse al ámbito de las operaciones especulativas, los sometió al control foráneo o bien los colocó en una situación en la que resultaba imposible utilizar los avances técnicos u organizar con amplitud sus negocios. En cuanto a la gran burguesía, como lo señaló la Declaración de la Conferencia de los Partidos Comunistas de América Latina y el Caribe, de La Habana, ``el proceso económico de los países de América Latina ha ido determinando que la parte más alta de sus burguesías locales resultara de tal modo vinculada al imperialismo y dependiente de éste para su propio crecimiento y vigorización que, de hecho, se ha convertido en integrante del mecanismo de dominio imperialista en sus propios países''^^26^^.
_-_-_^^26^^ Boletin de Información, Praga, 1975, N 12, p. 43.
[53] __ALPHA_LVL2__ CAPITULO II. LA POLÍTICA ECONÓMICA DE ESTADOSEn la política económica de EE.UU. en América Latina, después de la guerra, se pueden distinguir claramente tres etapas. La primera abarca un período que comprende los años de posguerra y se prolonga hasta fines de la década del 50; la segunda etapa corresponde a la década del 60 y, la tercera, se inicia a comienzos de los años 70.
Cada una de las etapas se caracteriza por la combinación de diversos factores; los cambios en la correlación de fuerzas actuantes en la palestra mundial, por la situación concreta que en los diferentes períodos se daba en el continente latinoamericano, por los fines y tareas que se planteaba el capital monopolista de Estados Unidos.
En la primera etapa el afianzamiento de las posiciones internacionales del capital monopolista norteamericano constituyó el factor decisivo de la política latinoamericana de EE.UU.
La segunda guerra mundial condujo al fortalecimiento del poder económico de los monopolios estadounidenses y consolidó el predominio absoluto de EE.UU. en el mundo capitalista.
El desarrollo de la industria tuvo como consecuencia la expansión de las exportaciones de mercancías y servicios. Al mismo tiempo, los excedentes de capital acumulados indujeron a los monopolios a buscar en el exterior las esferas en las que podían invertir ventajosamente. Ante todo, se prestó atención a la adquisición de fuentes de materia prima barata para la industria.
Durante la segunda guerra mundial y, más aún, en los años 50 en una serie de países de América Latina se 54 desenvolvió la industria manufacturera. Esta circunstancia tendió a convertir a las repúblicas latinoamericanas en mercados relativamente amplios para los suministros de instalaciones, medios de transporte y otros artículos industriales.
La guerra reforzó en sumo grado las posiciones de EE.UU. en América Latina y debilitó a sus competidores. Las inversiones de las compañías yanquis a fines de 1950 aumentaron en 70% con relación al período anterior a la contienda. Las inversiones de Inglaterra y de otros países europeos, en cambio, disminuyeron considerablemente. Creció la dependencia de los Estados latinoamericanos respecto al mercado de EE.UU. Alrededor del 40% de las exportaciones latinoamericanas en 1948 y cerca del 45% en 1956 tenían como destino los EE.UU. La potencia del norte seguía manteniendo posiciones claves también en las importaciones de América Latina: en 1948 más de la mitad de las mismas procedía de Estados Unidos. La gran dependencia respecto al mercado yanqui aseguraba a EE.UU. el control sobre el comercio exterior de los países del continente.
En suma, los EE.UU. pasaron a ocupar después de la segunda guerra mundial una posición dominante en la economía de América Latina.
En su política económica Estados Unidos se atenían al considerado de que su capital privado se encontraba allí en condiciones de afrontar por sí solo todos los problemas y, por eso, no necesitaba de mayores auxilios por parte del Estado. Una prueba de ello es, por ejemplo, la correlación entre la inversión privada y la gubernamental en América Latina que en 1946 era del 93 y 7%, respectivamente. En otras áreas del orbe esta correlación era del 67 y 33%,.
Las conferencias interamericanas sobre problemas económicos que se celebraron a finales de las décadas del 40 y del 50 se limitaron, en general, a tomar resoluciones que obligaban a las repúblicas latinoamericanas a favorecer las condiciones para la inversión y reinversión del capital extranjero y eliminar las trabas para la repatriación de utilidades. Al mismo tiempo los EE.UU. no aceptaban compromiso alguno de ayudar al desarrollo socioeconómico de los países de América Latina.
Los Estados Unidos preferían mantener con las repúblicas latinoamericanas relaciones económicas bilaterales y evitaban la concertación, en cualquiera de esas conferencias, de compromisos multilaterales, temiendo que resoluciones de esa 55 índolé podrían posibilitar la formulación, por el sistema interamericano en su conjunto, de planes concretos de desarrollo de los países de la región tendientes a superar el atraso económico.
En la segunda etapa Estados Unidos se enfrentaron con un notable ascenso de la lucha antimperialista en América Latina y el debilitamiento del sistema interamericano. En los fundamentos de esa ampliación de la lucha estaba la protesta contra la política imperialista de los monopolios, política de saqueo abierto, y contra la injerencia de Estados Unidos en los asuntos internos de los países de América Latina.
El trastorno más grande que sufrió en tiempo alguno la política de EE.UU. en el hemisferio occidental fue la Revolución Cubana. Por primera vez en uno de los países americanos (en un país, además, pequeño) el capitalismo fue eliminado y sustituido por el nuevo régimen social, el socialismo.
La Revolución Cubana, originada por causas objetivas inmanentes en uno u otro grado al proceso del desarrollo social de la mayoría de los países latinoamericanos, dio ``un poderoso estímulo para la lucha de los pueblos de América Latina por la plena liberación nacional''^^1^^. Animados por el ejemplo de Cuba, los pueblos del continente se pronunciaron resueltamente por la realización de transformaciones sociales profundas, emprendieron la vía de la lucha antimperialista y de liberación nacional.
En el período considerado se intensificó la pugna interimperialista por los mercados de América Latina. Creció la competencia por parte de los países de Europa Occidental y de Japón, provocando inquietud entre los monopolios de EE.UU. Bajo la presión del capital europeo y japonés se advirtió una tendencia al debilitamiento de las posiciones económicas de monopolios estadounidenses; el período de su supremacía total en el continente latinoamericano había terminado.
En los años 60 la burguesía nacional de América Latina, especialmente la que no se hallaba vinculada al capital extranjero, empezó a manifestarse activamente contra la incesante penetración del capital estadounidense, contra la concesión de ventajas y preferencias ilimitadas a las compañías yanquis.
_-_-_~^^1^^ Documentos programáticos de ¡a lucha por la paz, la democracia y el socialismo. Moscú, 1961, p. 63 (ed. en ruso).
56El ascenso del movimiento liberador en América Latina a finales de los años 50 y comienzos de la década del 60 obligó a EE.UU. a buscar nuevos métodos de lucha contra éste. Hubo intentos de enarbolar, en contraposición a las ideas revolucionarias, un programa de reformas parciales por cuya realización se pronunciaba también parte de la burguesía nacional latinoamericana.
La política de Estados Unidos respecto a América Latina en esta etapa tendía, en lo esencial, a fortalecer el papel del Estado en la expansión económica, a intensificar la acción gubernamental encaminada a vigorizar los esfuerzos del capital privado estadounidense, a utilizar con mayor amplitud los métodos económicos en combinación con las medidas políticas y militares tradicionales.
Ello tuvo su expresión, en particular, en el programa reformista burgués de la Alianza para el Progreso que contó con el apoyo de los representantes de los círculos monopolistas de EE.UU. que habían invertido capitales en los países de América Latina.
Mediante una serie de concesiones a los círculos dirigentes de los países latinoamericanos y la realización de algunas obras sociales mínimas, las esferas monopolistas de EE.UU. pudieron sembrar entre ciertas capas de la burguesía nacional, al igual que entre las capas medias de América Latina, especialmente entre los sectores de la población no propensa, por sus prejuicios y falta de madurez social, a los cambios revolucionarios, la ilusión de que se avecinaba una nueva era de cooperación interamericana.
A comienzos de los años 60 los inversionistas norteamericanos chocaron con una serie de graves dificultades producidas por la política restrictiva de los países de la región. Por eso la Alianza para el Progreso tuvo por objeto eliminar las causas que estorbaban el libre movimiento de los capitales estadounidenses hacia América Latina.
Apenas transcurrido un año de la proclamación de la Alianza para el Progreso, la comisión de asuntos exteriores del Senado de EE.UU., en mayo de 1962, introdujo una serie de enmiendas al proyecto de ley sobre ayuda exterior presentado por Kennedy. Según esas enmiendas, los países que nacionalicen o expropien bienes de EE.UU. o adopten sanciones contra sus propietarios serían privados de la ayuda norteamericana. Ello se manifestó en la práctica por la presión de que fue objeto Argentina después de anular los contratos sobre 57 exportación de petróleo, concertados con los monopolios yanquis, lo mismo que Perú cuando se propuso nacionalizar sus riquezas petrolíferas.
El programa de la Alianza para el Progreso, como era previsible, no resolvió los acuciantes problemas socioeconómicos de los países de América Latina. Los hechos reales demostraron que la ``ayuda'' del imperialismo a otras naciones aparece más bien como un instrumento de la política de EE.UU. que como un deseo de contribuir verdaderamente a la solución de las dificultades que afrontan las repúblicas del continente.
Ya a fines de la década del 60 se hizo evidente no sólo el fracaso de las reformas burguesas proclamadas por la Alianza, sino más aún la necesidad imperiosa de transformaciones profundas y la imposibilidad de llevarlas a cabo sin una consecuente lucha contra la opresión imperialista.
La crisis de las relaciones interamericanas, que había ido madurando durante muchos años, adquirió caracteres particularmente agudos a fines de los años 60 cuando el sentimiento antiyanqui cundió casi por todas las capas de la sociedad latinoamericana, abarcando inclusive sectores nacionalistas del empresariado, del clero y los militares. Se acentuó el afán de la burguesía nacional por debilitar la dependencia respecto al capital extranjero y afianzar su posición económica y política.
La especialización de los países de la región en la producción de materia prima y alimentos, fomentada por los monopolios de EE.UU. durante los primeros años de posguerra, constituye un obstáculo para el desarrollo económico y social de las naciones latinoamericanas. Bajo la presión de las fuerzas progresistas, círculos gobernantes en América Latina se vieron obligados a tomar algunas medidas en defensa de los intereses nacionales y manifestarse por la revisión de las relaciones económicas, comerciales y políticas con EE.UU.
En muchas reuniones y asambleas interamericanas celebradas a finales de la década del 60, especialmente en las que se trataron temas referentes a la situación económica de América Latina y a las relaciones económicas y comerciales con EE.UU., se manifestó una clara tendencia hacia la constitución de un bloque único de naciones latinoamericanas para enfrentar al vecino del norte. En 1969, por ejemplo, en la sesión ordinaria de la Comisión especial de coordinación latinoamericana quedó redactada la ``Carta Latinoamericana de 58 Consenso" en la que fueron expuestas las demandas de los países de la región al gobierno de Estados Unidos. Estas demandas planteaban elevar los montos de la ayuda que debía concederse, ante todo, sobre base multilateral con reconocimiento del derecho de cada país receptor de determinar por sí mismo las prioridades y fines de su utilización, reducir las tasas de interés con que se gravan los préstamos, subordinar a las leyes e intereses nacionales la actividad de las empresas privadas extranjeras, establecer precios remunerativos para los artículos que exporta América Latina.
La tercera etapa se caracteriza por un ingente proceso de cambios políticos y socioeconómicos en América Latina. Las profundas transformaciones democráticas producidas en una serie de países del continente (sobre todo en Chile durante el gobierno de la Unidad Popular) eran reveladoras de un determinado avance en la consolidación de las fuerzas antimperialistas opuestas a EE.UU., señalaron un ascenso del movimiento revolucionario. En este período se ensancharon las relaciones de América Latina con los países socialistas, ante todo con la URSS, concediéndose importancia especial a los acuerdos concertados sobre base de igualdad para suministro de instalaciones, construcción de establecimientos industriales y asistencia técnica.
Entre los países latinoamericanos se va acentuando la tendencia a desarrollar la integración económica como importante herramienta para poder enfrentar apremiantes tareas socioeconómicas y afianzar la independencia económica. Precisamente con ese objetivo se crean el Sistema Económico Latinoamericano, la Compañía naviera multinacional del Caribe y otras organizaciones. Peculiar característica de todas estas entidades es la participación de Cuba socialista, mientras que Estados Unidos no tienen acceso a ellas.
Los EE.UU., visto el ascenso de la lucha antimperialista en América Latina, el giro en las relaciones internacionales hacia la distensión, su derrota en Vietnam y el robustecimiento del campo socialista, tuvieron que ocuparse seriamente otra vez de los asuntos latinoamericanos.
La tercera etapa se diferencia de las dos primeras en que los métodos preferentemente políticos, diplomáticos y militares, puestos en práctica en uno u otro grado en el curso de los dos primeros decenios posteriores a la guerra, fueron suplantados por métodos esencialmente económicos, tales como la implantación paulatina del control sobre las ramas 59 locales de la industria, el fortalecimiento de las posiciones de los monopolios yanquis y el chantaje económico encubierto.
Una circunstancia importante que incidió en el ascenso del papel de la política económica de EE.UU. fue la nacionalización de los bienes de sus compañías en Perú, Chile, Bolivia, Venezuela y otros países. En respuesta a las justas medidas, adoptadas por los países latinoamericanos, Estados Unidos acudieron a la más burda presión económica. En 1971 una comisión especial designada por el presidente Richard Nixon para estudiar los problemas del comercio internacional y de la exportación de capitales preparó un informe en el que se hacía un llamado a combatir las nacionalizaciones de la propiedad estadounidense y en calidad de contramedidas se proponía anular las preferencias comerciales y la ayuda a los países que nacionalizaban bienes yanquis. Ese mismo año en EE.UU. fue sancionada una ley que facultaba al gobierno a rebajar los precios para el azúcar importado de países en los que se hayan nacionalizado propiedades estadounidenses, así como reducir o anular totalmente la cuota azucarera fijada para ellos.
El capital monopolista norteamericano en los años 70 acudió también a otros métodos de presión económica y aprovechó ampliamente las dificultades económicas de las repúblicas de la región.
Los países latinoamericanos se toparon con un problema tan grave como la acumulación de la deuda externa y con la necesidad de efectuar desembolsos cada vez más grandes en concepto de pagos por servicio de la misma. Entre 1960 y 1976 la deuda exterior de los países de América Latina creció en más de 11 veces (de 7.000 millones a 82.000 millones de dólares). Gran parte de esta deuda les corresponde saldarla con EE.UU.
Desde finales de los años 60 y comienzos de la década del 70, en las relaciones económicas de Estados Unidos con las naciones latinoamericanas se asigna lugar especialmente importante a Brasil con sus ricos recursos naturales, su industria relativamente desarrollada y con las ventajas de su proximidad geográfica. Las relaciones ``especiales'' de EE.UU. con este país se expresaron en el incremento de la inversión privada directa del capital norteamericano y en la concesión de voluminosos créditos. El crecimiento económico experimentado por Brasil en ese período fue presentado por la propaganda de EE.UU. como una muestra de las ventajas de la 60 política de ``puertas abiertas" que, según la versión, contribuyó a un rápido progreso del país sin revolución, sin hondas transformaciones socioeconómicas y sin la vía socialista de desarrollo, que es lo que más atemorizaba al imperialismo. Los objetivos inmediatos de esa propaganda tendían a frenar el proceso de nacionalización de la propiedad yanqui que estaba avanzando en una serie de países de la región.
La etapa actual de la política neocolonial de EE.UU. en América Latina se caracteriza por un ascenso del papel del Estado en la expansión económica. Un extenso arsenal de recursos y métodos pasa a servir a los fines de la estrategia expansionista, aplicada por el imperialismo: el apoyo gubernamental directo a las actividades de los monopolios en América Latina, la concesión de regímenes preferenciales al capital de EE.UU. que opera en países latinoamericanos, la implantación de un sistema especial de garantías oficiales para sostener y estimular las exportaciones de capital privado, sistema que se vertebra mediante la concertación de los consiguientes acuerdos bilaterales.
El incremento del apoyo oficial a la actividad de los monopolios en el exterior se expresó en concreto por la creación en 1970 de la Corporación de inversiones privadas en el extranjero, a la que se encomendó la misión de garantizar la seguridad de las inversiones privadas fuera de EE.UU.
La búsqueda de nuevas formas de relaciones entre Estados Unidos y las naciones latinoamericanas se manifestó en la sesión de la Asamblea General de la OEA, celebrada en abril de 1974 en Atlanta, y en las reuniones de cancilleres de los países de América Latina con el ex secretario de Estado, Henry Kissinger, que tuvieron lugar en ciudad de México y en Washington.
En la conferencia de México, respondiendo al llamado de los delegados latinoamericanos de luchar por el establecimiento de relaciones comerciales equitativas con Estados Unidos, Kissinger expresó que los EE.UU. estaban dispuestos a iniciar una ``nueva política" respecto a América Latina. Por primera vez en el curso de muchos decenios el gobierno de Estados Unidos se vio obligado a prometer a las naciones latinoamericanas un mayor acceso al mercado yanqui, proseguir la ayuda en los montos establecidos y consultarse con ellas sobre problemas económicos y políticos de interés mutuo. Los llamados a la acción conjunta encubrían el intento de las esferas gubernamentales y empresariales de Estados Unidos de mantener con 61 América Latina las mismas relaciones de antes, lo cual, según palabras de Kissinger, se puede hacer ajusfándolas a las nuevas condiciones.
El problema de mejorar las relaciones entre Estados Unidos y América Latina se planteó en toda su dimensión ante la administración Cárter. En su intervención de abril de 1977 en Washington acerca de la política de Estados Unidos en América Latina, Cárter puso en primer término, igual que en el pasado, los intereses de los monopolios. Los círculos gubernamentales de Estados Unidos subrayan la necesidad de crear un ``clima favorable" para las inversiones, de asegurar el abastecimiento ininterrumpido de EE.UU. con materia prima y otros productos necesarios. La política del país del norte en la etapa actual se caracteriza por una tendencia a elevar el papel de los vínculos multilaterales por cuenta de las relaciones bilaterales.
Los círculos gobernantes de EE.UU., ajustándose a los cambios que se producen en el continente, al elaborar los nuevos principios de sus relaciones económicas con los países de América Latina, se esfuerzan por conservar la región en su zona de influencia.
__ALPHA_LVL3__ 2. LOS OBJECTIVOS BÁSICOS DE LA POLITICA ECONOMICA DE EE.UU.La estrategia del imperialismo respecto a América Latina persigue tanto fines económico-comerciales y políticos ( conquista de mercados de venta, fuentes de materia prima esferas de aplicación ventajosa del capital, fortalecimiento de su influencia política, militar e ideológica), como objetivos de largo alcance relacionados con los intereses globales de EE.UU., con el afán de mantener a los países latinoamericanos en la órbita capitalista, debilitar a las fuerzas progresistas, consolidar a los regímenes antidemocráticos y abiertamente reaccionarios y aislar a los países latinoamericanos de los Estados socialistas.
Los monopolios de Estados Unidos procuran frenar el movimiento de las naciones latinoamericanas por el logro de una verdadera independencia y el progreso social.
En el plano político, los EE.UU. orientan sus esfuerzos en América Latina a impedir por todos los medios las `` inclinaciones'' entre las repúblicas de la región ``hacia el comunismo o el neutralismo" para no perder votos en la ONU y apoyo en la OEA.
62Las tareas políticas que los EE.UU. se plantean en América Latina guardan íntima relación con las económicas, por cuanto ``el desarollo de una situación antiyanqui en cualquier país latinoamericano pone bajo peligro los programas de ayuda militar y económica de EE.UU., así como el comercio y las inversiones privadas"^^2^^.
Una de las líneas estratégicas de esa política económica en América Latina consiste en crear nuevas formas de dependencia económica, en estructurar un sistema de mecanismos que permitan a Estados Unidos intervenir directa o indirectamente en los asuntos internos del continente.
Bajo la influencia de los cambios que acontecen en el mundo, en la política económica exterior de Estados Unidos se perfiló una propensión a revisar el papel de los países latinoamericanos en la división internacional del trabajo. Los círculos imperialistas de EE.UU. perciben claramente que la perduración del atraso de esta región puede afectar desfavorablemente los intereses de los monopolios. Por eso en una serie de casos los EE.UU. se ven obligados a contribuir a la eliminación de los excesivos desniveles existentes en el desarrollo económico. Aumentaron su participación en las ramas más dinámicas de la industria manufacturera, pero orientan y regulan este proceso de acuerdo a sus propios intereses. Por otra parte, no se puede dejar de señalar que ese desnivel, por lo menos en lo que se refiere a la mayoría de los países, no sólo no se ha reducido, sino que va en aumento. Tal es la consecuencia inevitable del desarrollo capitalista dependiente.
Los EE.UU., para fortalecer sus posiciones, utilizan también los adelantos de la revolución científico-técnica. Con el avance de la misma, la disparidad entre la estructura productiva existente en América Latina desde hace muchos decenios y las necesidades de la división internacional del trabajo creció notablemente. Ello significa que la incorporación de los países de América Latina a una participación activa en el reparto mundial capitalista del trabajo debe conducir inevitablemente a la necesidad de cambiar la estructura de sus economías, a la aparición de nuevas ramas productivas.
Al construir empresas para fabricar algunos tipos de instalaciones, bloques y piezas, los monopolios de EE.UU. _-_-_
~^^2^^ O. Janni. M. Kaplan. América Latina y Estados Unidos. Relaciones políticas internacionales y dependencia. Lima, 1973, p. 34.
63 contribuyen objetivamente a un relativo ascenso de la productividad del trabajo social, al crecimiento de las exportaciones en los rubros de artículos manufacturados y al aumento del empleo. Pero al mismo tiempo se refuerzan los lazos de dependencia respecto a los monopolios extranjeros, por cuanto las nuevas empresas, por lo general, están intimamente ligadas con las compañías matrices residentes en EE.UU. A ello hay que agregar que la actividad de los monopolios yanquis crea una aguda desproporción en la distribución de las fuerzas productivas de las naciones latinoamericanas; una alta concentración de la industria en un reducido número de centros fabriles, mientras que regiones extensas y ricas en recursos naturales quedan sin desarrollar.Junto con las desproporciones en la distribución de las fuerzas productivas están las desproporciones estructurales condicionadas por la existencia, a la par de las grandes empresas que utilizan los adelantos de la revolución científico-técnica, de múltiples establecimientos pequeños y medianos basados en tecnologías primitivas y en el trabajo manual. La actividad del capital estadounidense tiende a conservar esta desproporción y, con lo mismo, el atraso del aparato productivo de los países de la región, la baja rentabilidad y la escasa competitividad de la industria latinoamericana.
Los fines socioeconómicos de los programas estadounidenses de ``ayuda al desarrollo" están orientados a intensificar por todos los medios la explotación de los recursos de los países latinoamericanos por el capital monopolista de EE.UU., a consolidar el modo capitalista de producción. El objetivo estratégico decisivo de la política económica de Estados Unidos en el continente es el de impedir el incremento de las tendencias centrífugas, antimperialistas en los países de América Latina, la realización de transformaciones socioeconómicas radicales y, de esa manera, como ya se ha señalado, mantenerlos en la órbita de la economía capitalista en calidad de fuentes de materia prima barata, ventajosos mercados de venta y esferas de aplicación del capital.
Al mismo tiempo el capital monopolista de EE.UU. se ve obligado a tomar en consideración en su estrategia política y económica las realidades que se van conformando en América Latina.
Para seguir manteniendo sus tambaleantes posiciones en el continente, los Estados Unidos propusieron en la conferencia de cancilleres celebrada en México en febrero de 1974 64 iniciar un ``nuevo diálogo" que en diferentes círculos sociales locales fue calificado de ``vieja política imperialista con ciertos retoques de forma''. El ``nuevo diálogo" es un viejo truco que se repite.
La intensificación de la lucha de los pueblos latinoamericanos por el afianzamiento de la soberanía política y la conquista de la independencia económica crea una nueva situación en el continente. Los círculos dirigentes de EE.UU. están impelidos a considerar ese factor objetivo. Por otra parte, crece la significación de América Latina como área importante de inversión del capital yanqui y fuente de materia prima para el abastecimiento de EE.UU.
Claro está, no se trata de cambios en los lincamientos fundamentales de la política estadounidense en la región. La política económica de EE.UU. está orientada invariablemente a preservar las condiciones favorables para la actividad de su gran capital en el hemisferio occidental y a mantener a América Latina, por medio de nuevos métodos, en su zona de influencia.
__ALPHA_LVL3__ 3. FORMAS Y MÉTODOS DE LA POLÍTICA ECONÓMICA ESTADOUNIDENSELa política neocolonialista del capital monopolista de EE.UU. en América Latina se expresa a través de un proceso complejo y contradictorio. A pesar de que el rumbo de EE.UU. respecto a la región sigue conservando su esencia imperialista, también se observan algunos cambios serios. El más importante es la utilización de la política económica como uno de los instrumentos más activos. Es una política de corte estatal-monopolista por sus métodos. Ello se manifiesta en el empleo de formas múltiples de exportación de capitales, de tipos diversos de asistencia financiera y técnica, en la adopción de medidas político-comerciales, en el aprovechamiento de las agrupaciones económicas, regionales y subregionales de los países latinoamericanos, así como de diferentes organizaciones monetarias y financieras internacionales del capitalismo moderno.
En esa política económica desempeñan papel importante las exportaciones de capital por las compañías privadas. Las inversiones privadas directas se diferencian de otros tipos de inversión por proporcionar la posibilidad de establecer un control directo sobre las obras a las que se asignan. De esta manera los monopolios yanquis obtienen utilidades __PRINTERS_P_65_COMMENT__ 5---659 65 máximas y cumplen otros objetivos vinculados con la expansión económica de EE.UU.
El capital privado extranjero juega doble papel en el desarrollo económico de los países de América Latina. Su ingreso, por una parte, compensa en cierto grado la insuficiencia de recursos internos, contribuye a la introducción de instalaciones básicas, de técnica y tecnologías modernas y de experiencia administrativa. Por otra parte, sus actividades responden a un principio esencial: la obtención de superbeneficios monopolices y la conquista de mercados de venta y fuente de materias primas.
Los círculos monopolistas de Estados Unidos propagan insistentemente la tesis de que los países latinoamericanos deben esforzarse en lo posible por atraer el capital privado extranjero que, supuestamente, contribuye a solucionar los problemas financieros y de divisas, aporta tecnología avanzada, ayuda a preparar personal calificado, etc. Pero los monopolios de Estados Unidos, al vender nuevas técnicas y tecnologías, pretenden dictar sus condiciones que, como lo demuestra la práctica, ejercen influencia negativa sobre la economía de estos países. En particular, muchos de los requisitos que se imponen para la transferencia de técnica y tecnologías contienen la obligación por parte de las naciones latinoamericanas de adquirir productos semielaborados sólo a determinados abastecedores estadounidenses.
Durante los últimos años el capital norteamericano aprovecha en sus intereses el proceso de industrialización o, más bien, de crecimiento industrial registrado en algunos países de la región. Los monopolios de Estados Unidos tienden a intensificar su intromisión en las nuevas ramas industriales, apoyándose para ello en capas de la gran burguesía latinoamericana surgida en los últimos tiempos.
Los monopolios estadounidenses revelan determinada flexibilidad en la selección de formas y métodos de penetración en la economía de América Latina. Diez años atrás, la principal forma de expansión del capital privado de Estados Unidos en América Latina era la fundación de filiales y empresas subsidiarias pertenecientes directamente a sus monopolios. Hoy se extiende la creación de compañías mixtas con participación tanto de capital estadounidense, como de nacional, privado y estatal.
El número de esas empresas mixtas va en aumento. Encubriendo el papel que juegan y actuando con rótulos 66 nacionales, las compañías de Estados Unidos obtienen la posibilidad de aprovecharse de la política proteccionista gubernamental, ampliar su influencia sobre el desarrollo económico de los países latinoamericanos, atraer y utilizar el capital nacional en interés propio, garantizar a sus capitales contra la nacionalización y mantener bajo su férula a la burguesía local. En uno de los informes de la OEA, dedicado al análisis de la situación económica de los países latinoamericanos, se indicaba que los desembolsos de las compañías extranjeras que operan en esta región eran financiados en más del 80% con los recursos de las propias naciones del continente. Esas compañías, por lo tanto, absorbían los recursos de por sí escasos de América Latina.
Uno de los métodos estatal-monopolistas más efectivos de la política económica de Estados Unidos en el continente son las concesiones de créditos, préstamos y subsidios, que ocupan un lugar destacado en la estrategia del capital estadounidense. Al trazar su política de ayuda a las naciones del área, los Estados Unidos procuran, ante todo, reforzar la dependencia económica de los Estados de la región, a crear un clima favorable para su capital privado, poner trabas al desarrollo de las relaciones de esos países con el sistema socialista mundial y aplastar la competencia por parte de otras potencias imperialistas.
La concesión de empréstitos y subsidios gubernamentales a las repúblicas latinoamericanas en base a un programa especial parte de la ley sobre seguridad mutua aprobada en 1953. Hacia mediados de 1961 Estados Unidos habían suscrito acuerdos sobre prestación de ayuda con 24 países y territorios del hemisferio occidental. Esa ley reforzó el papel de los créditos y subsidios como instrumento de la política económica de EE.UU. Los rubros comprendidos en el concepto de asistencia a países del exterior ascendieron en las exportaciones de capital norteamericano a América Latina de 7% en 1950 hasta casi 20% a comienzos de la década del 70.
El ex presidente Richard Nixon propuso en 1970 un programa de reformas, tendiente a establecer un ``nuevo rumbo" en la prestación de ayuda al extranjero a fin de hacerla más acorde con la nueva política exterior de Estados Unidos^^3^^.
EE.UU. aprovechan el interés de las naciones latinoamericanas por obtener créditos y subsidios del exterior.
_-_-_~^^3^^ Véase Mensaje from Presidenl Nixon to the Congress. Foreign Assistence for the Seventies, 1970, 15 sept.
__PRINTERS_P_67_COMMENT__ 5* 67Con los préstamos y créditos oficiales se financian las exportaciones de EE.UU. a los países de América Latina y, en determinado grado, el capital privado estadounidense que opera en esta región.
Al prestar, por ejemplo, asistencia técnica a las repúblicas latinoamericanas, los monopolios yanquis se valen de ella para atar sus economías a los patrones científico-técnicos y productivos vigentes en EE.UU., para ensanchar sus posiciones en los mercados de venta de elementos técnicos y tecnologías. Esto, a su vez, contribuye a que los países del continente sigan orientándose en su desarrollo económico a Estados Unidos y dependientes de la economía norteamericana.
EE.UU., teniendo en presente el creciente espíritu antiyanqui de amplios círculos latinoamericanos, así como el fracaso de los diferentes programas de ayuda, procuran encubrir el carácter expansionista de esos últimos. Al comienzo de los años 70 se anotó una tendencia a reducir el monto global de los créditos y subsidios otorgados a los países de América Latina en forma bilateral. Paulatinamente se va haciendo mayor hincapié en prestar la ayuda a los países latinoamericanos sobre unía base multilateral a través del Banco ínteramericano de Desarrollo (BID), el Consejo interamericano económico-social (CÍES), la Administración de la cooperación técnica, el Consejo Interamericano para la Educación, la Ciencia y la Cultura y el Comité interamericano de la Alianza para el Progreso.
Según palabras del ex secretario de Estado, Henry Kissinger, el fortalecimiento del fondo de operaciones especiales del BID reviste para EE.UU. especial importancia, por cuanto esta entidad constituye la fuente primordial de concesión de recursos oficiales para las necesidades de desarrollo de los países occidentales.
La política crediticia del BID está sometida a la decisiva influencia de Estados Unidos por el peso que representa su participación con 40% aproximadamente en el capital fijo del banco, más de 35% en el capital pagado y alrededor del 70% en los recursos del Fondo de operaciones especiales. Los empréstitos otorgados por el banco entre 1961 y 1976 suman 10.200 millones de dólares.
Además de los organismos regionales, los Estados Unidos utilizan ampliamente en su política económica las entidades monetario-financieras internacionales: el Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento y su filial: la Agencia 68 Internacional de Desarrollo (AID), el Fondo Monetario Internacional (FMI) y otras.
La participación de estas organizaciones en la concesión de préstamos y créditos a los países de América Latina experimentó en los últimos años considerable ascenso. Los Estados Unidos, ocupando una posición dominante en los organismos económicos y financieros internacionales, influyen indirectamente sobre los países latinoamericanos y votan por la concesión de recursos financieros a aquellos que desarrollan una política satisfactoria para los círculos monopolistas de EE.UU.
Las condiciones financieras en que se otorgan los créditos y préstamos tienen vinculación directa con los objetivos y fines de la política neocolonialista de ayuda. Los EE.UU. establecen estas condiciones para influir, ajustándola a sus intereses, en la política exterior de los gobiernos latinoamericanos. En una serie de casos los Estados Unidos otorgan préstamos y créditos en términos más favorables que otros Estados capitalistas. Ello no se hace, claro está, por generosidad, sino con miras a garantizar a largo plazo su expansión en los mercados de los países del continente y la obtención de ventajas políticas y económicas más amplias.
Con el afianzamiento relativo del sector estatal en muchos países de América Latina va cambiando también la política de EE.UU. respecto al mismo. Los monopolios yanquis se abstienen de atacar directamente al sector estatal y procuran establecer con él diversas formas de ``colaboración práctica" que incluyen la concesión de préstamos y créditos, asistencia técnica y aportes de capital a la creación y funcionamiento de empresas estatales. De esa manera el capital y los círculos monopolistas de EE.UU. pretenden impedir que éstas sean utilizadas contra sus intereses.
En los planes neocolonialistas del imperialismo yanqui se concede lugar sustancial a la utilización de la integración económica de los países de la región. La actitud respecto a este proceso reviste carácter contradictorio, estribando una de las contradicciones en que los monopolios de EE.UU. están, en cierto grado, interesados en tal proceso. El capital yanqui procura influir en las agrupaciones económicas que surgen en el continente, en la política que aplican respecto a la inversión extranjera, en el comercio regional, etc. Los monopolios, utilizando el mecanismo integracionista, tienden a promover en una serie de países latinoamericanos cambios 69 estructurales que refuercen sus ataduras a la economía de EE.UU. La integración económica y el proceso de crecimiento industrial ligado a ella creó nuevos estímulos para los inversionistas norteamericanos.
El interés de Estados Unidos por la integración latinoamericana se explica también con el hecho de que la reducción de las restricciones comerciales y aduaneras internas, al facilitar la ampliación del mercado local, crea condiciones favorables para la actividad de las compañías de EE.UU. Estas, especialmente las que operan en unión con los capitales nacionales integrando empresas mixtas, obtienen la posibilidad de ensanchar considerablemente las exportaciones de sus mercancías, incluyendo aquellas que se fabrican en sus empresas subsidiarias radicadas en América Latina.
Los expertos de la CEPAL, al analizar la táctica del capital extranjero con relación a los procesos integracionistas que se operan en América Latina, han señalado:
``La política de las empresas multinacionales está estrechamente vinculada con la marcha del proceso de integración. Las casas matrices de esas empresas, tradicionalmente proveedoras de muchos de los bienes negociados en los mecanismos de liberalización del intercambio, decidieron incorporarse a dicho proceso con el objeto de conservar su participación en el mercado y de ampliarla, a fin de aprovechar las economías de escala y las utilidades derivadas de la protección contra importaciones provenientes de terceros países"^^4^^.
Las compañías norteamericanas, al convertirse de hecho en un elemento propio de la estructura económica de los países en vías de integración, adquieren participación directa en muchos acuerdos sobre cooperación en la esfera productiva. Entre los que suscribieron los primeros documentos sobre complementación mutua de la industria latinoamericana figuran, en particular, las corporaciones estadounidenses General Electric e International Business Machines (IBM).
Pero el capital yanqui apoya la integración latinoamericana sólo en los límites que permiten ampliar a sus empresas industriales, los mercados de venta y las esferas de su influencia. Es precisamente dentro de estos límites que contempla a la integración como un medio para mejorar sus posiciones en América Latina. Muchas de las compañías _-_-_
~^^4^^ Notas sobre la economía v el desarrollo de América Latina, Santiago de Chile, p. 3.
70 estadounidenses que operaban en la rama comercial han ido reestructurándose paulatinamente para adaptar sus actividades dentro de los países latinoamericanos a la esfera industrial, a fin de obtener las ventajas económicas adicionales que esperan recibir de la integración. Con miras a ello tratan de conquistar posiciones clave en las asociaciones regionales sectoriales creadas a comienzos de la década del 60 en las ramas de la metalurgia no ferrosa, construcción de maquinaria, química, alimentaria y otras, lograr papel rector en la regulación de la producción y de los mercados de venta. Con esos mismos fines las firmas estadounidenses incrementan sus inversiones en la construcción de empresas productoras de artículos de exportación a otros países de América Latina.La actitud de esas corporaciones cambia acentuadamente cuando advierten en la integración el deseo de los Estados del continente de defender la economía nacional. Es por eso que la decisión del Grupo Andino de poner orden y limitar la actividad del capital extranjero en las naciones que lo integran, por ejemplo, provocó una reacción sumamente recia de los monopolios yanquis.
Los Estados Unidos mantienen múltiples cuotas y tarifas que dificultan la comercialización de los productos de exportación latinoamericanos en el mercado yanqui. Han implantado una serie de barreras que obstaculizan el desarrollo de un intercambio mutuamente ventajoso con América Latina: prohibiciones al comercio por razones políticas, prohibición o limitación a las exportaciones de diferentes artículos, medidas discriminatorias en materia de créditos y pagos, cargas arancelarias, etc. En 1965 existían limitaciones en los volúmenes de importación a Estados Unidos de siete productos industriales. En 1971 estas restricciones se extendieron a otros 67 artículos industriales y a 13 rubros de la producción agropecuaria.
En agosto de 1971, a fin de conservar sus reservas de oro, reducir el pasivo de su balanza de pagos y las tasas de inflación, el gobierno de EE.UU. anunció su programa de salvación del dólar que, en particular, incluía un recargo de 10'',, de impuesto adicional a los artículos importados.
La implantación de este impuesto golpeó los intereses vitales de los países dependientes del mercado norteamericano y, en primer lugar, de los de América Latina. Esta medida provocó gran indignación entre los socios comerciales 71 de EE.UU. Frente a las posibilidades de desencadenamiento de una despiadada guerra comercial, el gobierno yanqui se vio obligado a anular el recargo que ya había causado serios perjuicios a las exportaciones latinoamericanas.
Un importante elemento de las medidas político-- comerciales de EE.UU. lo constituye la creación de mercados preferenciales para una serie de artículos primarios que se importan de los países en desarrollo. En junio de 1974 la comisión de asuntos bancarios de la Cámara de Representantes de EE.UU. facultó al gobierno a aplicar sanciones contra los países que ``limiten injustificadamente" el acceso de los Estados Unidos a sus reservas de materias primas. Esto afecta en medida considerable a los países de América Latina, de donde los EE.UU. importan café, manganeso y otros metales no ferrosos.
El intercambio desigual que rige en la práctica comercial entre los países de América Latina y Estados Unidos, las oscilaciones en los precios de los productos primarios y artículos comerciales, las crisis monetarias y financieras que sacuden a los principales países del mundo capitalista y la inflación frenan el avance de las naciones latinoamericanas hacia el progreso económico y obstaculizan la solución de sus acuciantes problemas socioeconómicos.
[72] __ALPHA_LVL2__ CAPITULO III. AGUDIZACIÓN DE LAS CONTRADICCIONES¿Por qué el continente latinoamericano se hizo objeto desde hace tiempo de las pretensiones imperialistas? ¿Qué es lo que atrae a los imperialistas a esta región del mundo? Ante todo, la existencia de enormes recursos de valiosos minerales y materias primas de diversa clase. Además, las perspectivas de su mercado para la venta de artículos elaborados, por cuanto los países latinoamericanos no se encuentran aún en condiciones de producir todos los tipos de instalaciones industriales y máquinas necesarias. Por último, sus amplias posibilidnHes para la inversión de capital.
En una palabra, desde el punto de vista del capital monopolista, aquí existen condiciones sumamente favorables para la obtención de enormes ganancias.
Pero, junto a estos factores económicos que pueden denominarse tradicionales, después de la segunda guerra mundial adquirió notoria importancia un factor político no menos relevante como es la fuerte reducción de la ``periferia colonial" del imperialismo a consecuencia del ascenso de la lucha liberadora y la aparición de decenas de nuevos Estados soberanos, hecho que acentuó el interés de muchas potencias capitalistas hacia América Latina, aparentemente ``sosegada'', provocando así una agudización de la competencia interimperialista. V.I. Lenin definió esta ley del desarrollo histórico universal de la siguiente manera: ``Cuanto menos son los países a los que se puede exportar capital de una manera tan ventajosa como a las colonias y a los países dependientes... tanto más enconada es la lucha por el dominio y el reparto...''^^1^^
_-_-_^^1^^ V. I. Lenin. La bancarrota de la U Internacional. O. C., l. 26, p. 235.
73La agudización de la lucha interimperialista en América Latina está condicionada también por la ley, revelada por V.I. Lenin, sobre el desarrollo económico y político desigual de los países capitalistas en la fase imperialista, por el cambio en la correlación de fuerzas entre los mismos. Después de la segunda guerra mundial la vigencia de esta ley se manifestó con renovada fuerza.
Países como Alemania Occidental y Japón, Francia e Italia fueron avanzando rápidamente al proscenio de la economía capitalista y la política mundial, poniendo en el orden del día la cuestión de un nuevo reparto de las esferas de influencia en el sistema capitalista que comprende también a América Latina.
El número de contrincantes imperialistas en este continente creció considerablemente por cuenta de los llamados pequeños países de Europa Occidental y de una serie de Estados de otras regiones (República Sudafricana, Canadá, Israel, Australia). Se puede comprender, entonces, toda la agudeza de la lucha interimperialista en América Latina en la etapa actual.
Los competidores de Estados Unidos procuran aprovecharse de las contradicciones entre este país y las naciones latinoamericanas, así como de los esfuerzos de estas últimas para zafarse del dominio norteamericano y diversificar sus relaciones económicas internacionales. Al mismo tiempo, los monopolios de los países que compiten con los Estados Unidos en la lucha por las esferas de influencia en el continente, procuran sacar provecho de las condiciones específicas de desarrollo de sus propias naciones y de la situación internacional en su conjunto. Todo esto imprimió su sello al carácter de la expansión de diferentes potencias de Europa Occidental, así como de Japón. Por ejemplo, una de las peculiaridades de la política inglesa en América Latina después de la segunda guerra mundial fue su relativa tardanza en mostrarse activa (desde mediados de la década del 60). Al mismo tiempo, los monopolios de países como RFA e Italia, también socios tradicionales de la región, casi inmediatamente después de terminada la guerra manifestaron un mayor dinamismo en desplegar la lucha por recuperar las posiciones perdidas. Un empuje análogo caracteriza la actuación de las compañías japonesas, aunque éstas (a semejanza de los consorcios ingleses) se incorporaron a la brega imperialista algo más tarde.
Los monopolios de una serie de las llamadas naciones pequeñas de Europa Occidental, que aún no tienen una 74 experiencia de contactos con las repúblicas latinoamericanas como la que poseen las firmas de las grandes potencias euroccidentales, se ven obligados, con frecuencia, a proponer condiciones más aceptables para los países de la región, procurando afianzarse de esta manera en el área.
Cabe subrayar que en la lucha interimperialista se enfrentan uno con otro no sólo países imperialistas por separado, sino también bloques económicos formados por varias naciones, ``competidores asociados'', en particular, la Comunidad Europea. Esta agrupación económica, teniendo como base social la camarilla cosmopolita de la oligarquía financiera euroccidental y combinando la fuerza de los monopolios con el poderío mancomunado del Estado, aparece como un factor importante en la lucha interimperialista en América Latina.
Para hacer frente a los viejos y nuevos competidores en América Latina, los círculos monopolistas de EE.UU. se ven obligados a cambiar de táctica, buscar nuevos medios y procedimientos para mantener sus posiciones y, en una serie de casos, hacer determinadas concesiones a los países de la región a fin de conservarlos en la órbita de su influencia y, a la vez, contraponerse a su acercamiento con otros Estados capitalistas desarrollados.
Aunque los monopolios de Estados Unidos siguen conservando, en suma, una posición dominante en la economía de la región, su participación en el total de la inversión extranjera y del intercambio comercial de América Latina ha experimentado en los últimos 10--15 años una tendencia descendente. Al mismo tiempo, creció la parte correspondiente a los países euroccidentales y a Japón en el total de las inversiones privadas en la zona.
__ALPHA_LVL3__ 1. PECULIARIDADES DE LA LUCHA INTERIMPERIALISTA PORAmérica Latina hoy día es una importante esfera de aplicación del capital monopolista. El continente ocupa el primer lugar entre las demás zonas del mundo por el monto total del capital extranjero invertido. Parte considerable de las inversiones ingresó de los países de Europa Occidental y de Japón. Esta tendencia, que apareció a mediados de la década del 50, en los años 60 y 70 se fue haciendo cada vez más notoria.
Entre los más activos se encuentran los países miembros 75 del Mercado Común Europeo (MCE). En su lucha contra los monopolios de EE.UU., estos países aprovechan hábilmente los ánimos antiyanquis.
El descontento de los países de América Latina por la política de Estados Unidos y el deseo de encontrar algún contrapeso a su influencia, de reducir la excesiva dependencia frente al capital yanqui y de diversificar las relaciones económicas^^2^^, así como los intentos de mantener un rumbo independiente 'en política exteror son factores y tendencias que tomaron en consideración los países euroccidentales para ampliar su expansión en América Latina con miras a conquistar una posición dominante.
Como lo señalara la prensa germanoccidental, en los círculos del MCE existe un creciente deseo de liquidar la fuerte dependencia anterior de América Latina frente a EE.UU. en favor de Europa.
Una de las vías relativamente nuevas de penetración del capital euroccidental en el continente es el aprovechamiento, por los monopolios, de los procesos integracionistas, de diferentes agrupaciones económicas subregionales y, en particular, de los países andinos. Durante su estadía en América Latina, Ralf Dahrendorf, miembro de una comisión del MCE que asistió a la sesión plenaria del Grupo Andino realizada en octubre de 1971 en Perú, se expresó por la formación de un foro mixto de expertos de la industria europea para colaborar en las ramas de la tecnología y la planificación^^3^^.
A su vez, los propios países latinoamericanos, buscando zafarse del estrangulamiento de que son objeto por los EE.UU. o, siquiera, reducir sus lazos de dependencia frente a sus corporaciones, manifiestan creciente interés por la cooperación con los Estados euroccidentales. Posiblemente por esa razón el New York Times se lamentaba de lo frecuente que son las declaraciones en América Latina acerca de las ventajas potenciales del establecimiento de relaciones más estrechas con el MCE y Japón.
El afán de debilitar el dictado económico de EE.UU. y de atraer los recursos de los países euroccidentales _-_-_
~^^2^^ El ministro de Relaciones Exteriores del Brasil, Antonio F. Azeredo de Silveira, en noviembre de 1975 manifestó: ``profesamos hacia EE.UU., lo mismo que a Europa Occidental, un sentimiento especial de solidaridad. Esto no significa, sin embargo, que estamos automáticamente atados a EE.UU.''. Die Welt, 10.XI.1975.
~^^3^^ Véase Excelsior, México, 14.X.1971.
76 constituye un rasgo característico de la estrategia de muchos Estados del continente en materia de política económica exterior.Las naciones del MCE, a la vez, no sólo apelan al espíritu antmorteamericano. Tienen a su favor importantes factores como la relativamente alta capacidad competitiva de sus artículos, los plazos a veces más cortos (en comparación con los de EE.UU.) de suministro de unos u otros tipos de equipo industrial y máquinas que, además, tienen a veces significado vital para la industrialización de los países del área, condiciones más favorables para la concesión de créditos, etc.
Entre los países del Mercado Común con mayores inversiones en América Latina se destaca Inglaterra o, mejor dicho, los monopolios ingleses.
A pesar de la considerable reducción del monto de las inversiones británicas y de su comercio durante los años de guerra y en el primer período posbélico, los consorcios ingleses lograron conservar importantes posiciones en la industria del petróleo, así como en la esfera comercial y en los servicios. No obstante, la mayoría de los grandes monopolios británicos no manifestó hasta la década del 60 particular interés por América Latina; las tasas de incremento de la inversión inglesa no eran estables, los inversionistas prestaban atención, más que nada, a los países de la Comunidad Británica. Sólo desde comienzos de los años 60, debido __PARAGRAPH_PAUSE__ Inversiones privadas directas de Gran Bretaña en América Latina* (millones de libras esterlinas)^^4^^ 1960 1968 1970 1973 América Latina, total 236,2 358.8 451,3 Argentina 34,0 64,6 67,6 Brasil 30,0 45,1 61,2 Chile 3,8 4,2 15,4 México 24,2 41.0 48,6 Venezuela 9,2 11,8 12,4 521,8 72,5 82,7 15,9 49,9 3,3 563,0 80,8 149,1 14,8 57,3 13,7 * Sin incluir las inversiones en la industria del petróleo, los bancos y las compañías de seguros. _-_-_
^^4^^ Cuadro confeccionado con datos tomados de: Britains International ¡nvestimenl Position. London, 1971, p. 64; Deutsche Aussenpolitik, 1973, N 3, S. 670; Overseas Transartion. London, 1975, pp. 14--15.
77 __PARAGRAPH_CONT__ a la pérdida de una serie de dominios coloniales, Inglaterra se muestra más activa en los países latinoamericanos.Los monopolios británicos se esfuerzan especialmente por ensanchar sus posiciones en los países grandes como Argentina, Brasil y México. Hacia allí va el grueso de las nuevas inversiones británicas. En octubre de 1975, durante la visita del ministro de Relaciones Exteriores de Brasil, Antonio F. Azeredo de Silveira, a Inglaterra tuvieron lugar conversaciones sobre la participación de Gran Bretaña en la construcción de una serie de importantes obras. En ocasión de la estadía allí mismo del Presidente brasileño, Ernesto Geisel, (mayo de 1976) los grupos bancarios y empresariales británicos suscribieron con Brasil un acuerdo de ventas y créditos para el desarrollo de la red ferroviaria, la metalurgia y la prospección de petróleo por un total de 1.640 millones de dólares^^5^^.
Los empresarios ingleses cuentan con amplio apoyo financiero por parte de los grupos bancarios británicos. Actualmente en casi todos los países latinoamericanos actúan filiales y representaciones del Bank of London and South America, el Midland Bank y de algunos otros bancos ingleses.
En la penetración económica de los Estados euroccidentales en América Latina juegan importante papel otros ``viejos'' Estados miembros del MCE, ante todo RFA. Este continente se ha convertido en la zona de mayor actividad de los monopolios germanoccidentales. A mediados de la década del 70 se hallaban concentradas alrededor del 44% del total de las inversiones germanoccidentales colocadas en los países en desarrollo y el 13% de toda la inversión privada de la RFA en el exterior.
Durante el período 1970--1974 la suma total de las inversiones privadas directas germanoccidentales en América Latina creció en más de cinco veces: de 853 millones a 4.739 millones de marcos.
Cabe decir, sin embargo, que los datos oficiales citados aminoran las cifras reales, por cuanto no incluyen las reinversiones de las utilidades y las inversiones de las compañías holdings de los consorcios germanoccidentales. Los monopolios de la RFA, a pesar de que ceden considerablemente en cuanto a capital y fuerza a los consorcios de EE.UU., penetraron, sin embargo, en una serie de importantes __PARAGRAPH_PAUSE__ _-_-_
^^5^^ Véase Trade and Industry, London, 1976, vol. 23, N 7, p. 438.
78 Inversiones privadas directas de la RFA en América Latina* (millones de marcos) Años Inversiones 1961 1.099 1962 1.357 1963 1.477 1964 1.514 1965 1.579 1966 1.736 1967 1.926 1968 2.376 1969 3.280 1970 3.665 1974 4.739 * Al término de año, datos oficiales. __PARAGRAPH_CONT__ y promisorias ramas de la industria manufacturera y en la rama atómica de la región, compitiendo exitosamente con corporaciones de EE.UU. Particularmente aguda es la lucha entre los trusts de la RFA, EE.UU. y otros países desplegada en Brasil.El país más grande de América Latina atrae la mayor atención del capital monopolista germanoccidental. Durante la década del 60 la inversión privada directa de la RFA en Brasil creció casi 5 veces: de 640 millones en 1961 hasta 2.400 millones de marcos a fines de 1974.
A comienzos de 1975 aquí se encontraba el 52% del total de las inversiones privadas directas germanoccidentales en América Latina. Las inversiones privadas de la RFA en Brasil superan considerablemente toda la inversión germanoccidental en Asia y África tomadas en conjunto. Si a comienzos de la década del 60 actuaban en Brasil alrededor de 200 firmas germanoccidentales, 10 años después operaba aquí una cantidad doble^^6^^.
La participación del capital privado de la RFA (sin incluir las compañías holdings) en el total de las inversiones extranjeras en Brasil en 1974 llegaba al 12%^^7^^.
Algunas de las compañías controladas por el capital _-_-_
^^6^^ Véase Bañas. Semanario industrial r flnanceiro. Sao Paulo, 1971, N 884, p. 13: Handelshlatt, 21.VI. 1972.
~^^7^^ Véase Anuario estatístico do Brasil, 1975. Rio de Janeiro, 1975, p. 583.
79 germanoccidental han podido ya situarse entre los ``grandes'' del mundo de los negocios brasileños. La Volkswi jen do Brasil, por ejemplo, a comienzos de los años 70 ocupaba el décimo lugar en la lista de las 500 sociedades anónimas más grandes del país; la Mercedes Benz do Brasil ocupaba el trigésimo lugar^^8^^. En ese período la Volkswagen do Brasil, considerada como la mayor empresa germanoccidental en el exterior, producía más de la mitad de los automóviles del país, ocupando el primer lugar entre las demás firmas de la industria automotriz, incluidas las estadounidenses^^9^^.Existe seria rivalidad entre RFA y EE.UU. en torno a la industria atómica del Brasil.
Los monopolios industriales y las firmas de comercio de la RFA obtienen un fuerte respaldo por parte de los grupos bancarios germanoccidentales que compiten con los financistas de Wall Street. Especialmente intensa es la actividad en América Latina del Dresdner Bank y del Deutsche Bank que tienen decenas de representaciones y filiales en el área. Pero hay que tener en cuenta que los monopolistas de Estados Unidos tienen que enfrentarse no sólo con competidores de RFA, sino también de los demás países euroccidentales, asi como de Japón, Canadá y algunos otros Estados capitalistas.
Por ejemplo, durante el último decenio se agravaron notoriamente en América Latina las contradicciones entre EE.UU. y Francia, la cual también intenta aprovecharse de la ``crisis de confianza'', existente en las relaciones entre América Latina y EE.UU., para ampliar sus posiciones en la región.
El interés de Francia por el continente latinoamericano creció especialmente en la década del 70. Tuvo particular significado para los círculos empresariales el viaje del ministro de Comercio Exterior de Francia y los cuarenta industriales y comerciantes que le acompañaron en noviembre de 1975 a Brasil. Entonces se celebraron negociaciones sobre la participación de firmas y bancos franceses en la realización de una serie de proyectos de la industria brasileña. Ese mismo año se creó la comisión franco-brasileña para la cooperación económica.
A su vez, los países más grandes de América Latina _-_-_
^^8^^ Véase Conjuntura económica, Rio de Janeiro, 1971, vol. 25, N 7, pp. 149--150.
^^9^^ Véase Bañas, 1971, N 904. p. 33; Intereconomics, Hamburg, 1973, N 6, p. 188.
80 manifiestan sumo interés por ensanchar sus relaciones económicas con Francia. Por ejemplo, en la primera mitad de los años 70 representantes de México de diferente nivel visitaron París repetidas veces.Los monopolios franceses obtuvieron amplias posibilidades de expansión a raíz del viaje realizado a Francia en abril de 1976 por el Presidente brasileño Ernesto Geisel. En esa ocasión fue suscrito un protocolo sobre la concesión por la banca francesa de un crédito de 240 millones de dólares para la construcción de un combinado petroquímico, así como un acuerdo sobre la participación de firmas francesas en la realización de proyectos sobre el aprovechamiento de la energía solar y de otras fuentes. Además quedó concertado un convenio con los bancos franceses sobre la concesión de un crédito a Brasil por 53 millones de dólares para la adquisición en Francia de equipos de perforación de petróleo^^10^^.
El gran interés que manifiestan en el último decenio los monopolios franceses hacia América Latina se expresa, ante todo, en el monto de las inversiones. A comienzos de los años 70 alrededor del 20 al 25% de la inversión privada anual de Francia en los países en desarrollo iba dirigida a América Latina (de 100 a 140 millones de dólares, como término medio).
La mayor parte de las inversiones privadas francesas se realizan en Argentina, Brasil y México.
Italia, otro de los ``grandes'' miembros de MCE, también se esfuerza al máximo para ampliar sus posiciones en el continente. Parte considerable de las inversiones italianas se concentran en construcción de maquinaria, química y petroquímica, industria farmacéutica, automotriz y de tractores, es decir, en las ramas donde la rivalidad interimperialista adopta caracteres especialmente agudos.
Las compañías italianas se muestran particularmente activas en Brasil y Argentina. En el primero operan más de 100 firmas italianas^^11^^.
La lucha por las esferas de inversión de capital en América Latina se complica en razón de la creciente actividad de los pequeños países miembros de MCE, quienes también procuran aprovechar las contradicciones existentes entre Estados _-_-_
^^10^^ Véase BIK.I, 13 de mayo de 1976.
~^^11^^ Véase S. Mishin. El proceso de la concentración de capital en Brasil. Moscú, 1972, pp. 112, 127.
81 Unidos y las naciones del continente, máxime cuando éstas, al tener que hacer frente a la ``tutela'' de EE.UU. y al empuje de otras grandes potencias imperialistas, a veces tienden a considerar un ``mal menor" a los capitales procedentes de los países capitalistas pequeños, esperando utilizarlos en condiciones más aceptables. Claro está, las posibilidades financieras de estos socios menores no les permiten, en suma, competir con los líderes del MCE y por eso procuran con frecuencia desarrollar acciones conjuntas. Al mismo tiempo, también en estos países pequeños existen grandes monopolios con amplia fama en el mundo capitalista (por ejemplo, Philips y Unilevers de Holanda o la anglo-holandesa Royal Dutch-Shell). Son ellos, precisamente, los que desempeñan papel decisivo en las exportaciones de capital de los países pequeños al continente latinoamericano. Un factor de no poco significado en la agudización de la rivalidad interimperialista en torno a las exportaciones de capital privado a América Latina lo representa la creciente penetración en esta región de los llamados pequeños países de Europa Occidental que no forman parte del Mercado Común, tales como Suiza, España y algunos de los escandinavos.A comienzos de 1975 Suiza ocupaba el cuarto lugar^^12^^ (después de EE.UU., RFA y Japón) por el monto de sus inversiones privadas directas en Brasil. Algunas firmas suizas (Nestle, Ciba y otras) desempeñan importante papel en la industria alimentaria y químico-farmacéutica de Argentina.
Durante el último decenio España también manifiesta sumo interés por el mercado de capitales en América Latina, lo cual es resultado de la aplicación del programa de `` ayuda'' de 10 años a este continente, adoptado por el gobierno español en 1967.
En los años 60 surgió un nuevo nudo de contradicciones interimperialistas en América Latina, relacionadas con la vasta ofensiva de los monopolios nipones. La creciente expansión del Japón en esta región se asienta en factores generales tales como el rápido incremento de la economía de este país, por una parte, y la escasez que experimenta de muchos e importantes tipos de productos primarios naturales, sus dificultades en la comercialización de la producción industrial, el alza del precio de la tierra y la rígida legislación tendiente a limitar las inversiones internas como consecuencia _-_-_
~^^12^^ Véase Anuario extatíslico tío Brasil. 1975. p. 583.
82 de la contaminación ambiental, por la otra. En la ``batalla por América Latina" el capital monopolista japonés utiliza medios y métodos bastante diversos: la concesión de grandes y, lo que es más importante, duraderos créditos para la construcción de obras esenciales para la industria latinoamericana, la compra en gran escala de productos tradicionales de los países del área, el suministro a precios a veces más baratos (en comparación, por ejemplo, con los de EE.UU.) de artículos industriales de calidad relativamente alta, los plazos más cortos para efectuar los encargos, la incorporación de Japón a los procesos integracionistas en América Latina^^13^^, una participación bastante amplia en las compañías mixtas en unión, frecuentemente, con empresas del sector estatal, etc.Utilizando estos flexibles métodos de expansión, Japón, a semejanza de los países de Europa Occidental, también procura sacar provecho del agravamiento de las relaciones del ``coloso del norte" con sus vecinos del sur, de la creciente resistencia de éstos al dictado imperialista de EE.UU.
Representantes de los círculos oficiales y empresariales de Japón son huéspedes frecuentes de los países de América Latina.
A su vez, las naciones latinoamericanas (sobre todo, Brasil) tratan por todos los medios de atraer al capital nipón. Esto pudo verse, en particular, durante la visita que Ernesto Geisel realizó en setiembre de 1976 al Japón, en cuya ocasión fueron concertados 16 importantes convenios sobre colaboración económica y científico-técnica.
En el comunicado que se publicó después del viaje se indicaba que en el curso de los tres años siguientes Japón concedería recursos financieros a Brasil por un total de 2.900 millones de dólares: 630 millones de dólares para la construcción de una planta de aluminio en Belém, 600 millones para la planta de fundición de acero en Tubarám, 120 millones para las obras del puerto en Praia Mole, etc. Todo ello contribuye al rápido incremento de las inversiones niponas en América Latina^^14^^.
_-_-_^^13^^ Por ejemplo, de conformidad con el convenio concertado en octubre de 1971 con el Grupo Andino, se creó una comisión mixta para la ampliación de las inversiones, el comercio y la ``ayuda'' económica y científico-técnica por parte del Japón a los países del Grupo.
~^^14^^ Véase Comercio exterior, México, 1972, N 2, p. 136; N 3, p. 123; Der Spiegel, 26.VI.1972.
83 Años Millones de dólares 1951--1959 1964 1965 1966 1967 1968 1969 1972 1974 1975 (marzo) 62,0 218,3 277,3 332,0 372,6 413,8 499,8 699,0 2.413,0 2.510,0Brasil constituye la principal esfera de aplicación del capital japonés. Allí se encuentra cerca de la mitad de toda la inversión nipona en América Latina (1.182 millones de dólares a comienzos de 1975); más de 100 firmas japonesas (entre ellas, las más grandes: Mitsubishi, Mitsui, Sumitomo, Marubeni) operan en decenas de grandes empresas de la metalurgia, las industrias naval, textil, petroquímica, minera y otras ramas de la producción brasileña.
El dinamismo de la expansión japonesa provoca creciente inquietud entre los monopolios yanquis radicados en Brasil, y también en otros países de América Latina, entre los cuales el capital nipón presta atención preferente a México, Perú, Venezuela y Colombia.
El análisis de las tendencias que se manifiestan en las exportaciones de capital hace presumible una ulterior agudización de la lucha entre los monopolios japoneses, estadounidenses y euroccidentales.
__ALPHA_LVL3__ 2. INTENSIFICACIÓN DE LA PUGNA IMPERIALISTA POR LOS MERCADOSLa agudización de la lucha en América Latina por las esferas de aplicación de capital influyó en la rivalidad interimperialista en torno a los mercados de venta latinoamericanos, por cuanto la exportación de capitales se encuentra estrechamente vinculada a la exportación de mercancías. La dura competencia por dominar los mercados de venta en América Latina constituye uno de los más importantes rasgos que caracterizan las relaciones económicas del capitalismo en la etapa actual.
Los EE.UU. siguen conservando la primacía en los mercados de América Latina en calidad de exportadores de 84 mercancías a esta zona. Sin embargo, durante los últimos 10--15 años en este terreno, al igual que en el de la exportación de capitales, acontecieron sensibles cambios en la correlación de fuerzas.
La demanda de instalación básica y de nueva tecnología en los países de América Latina en relación con los procesos de industrialización que aquí se operan, los intentos de estas naciones de sacar determinado provecho de la diversificación de sus vínculos económicos con el mundo del capitalismo, el afán de utilizar la rivalidad interimperialista han contribuido a que los Estados de la región abrieran de par en par las puertas a los comerciantes euroccidentales y nipones. Estos. en su lucha por arrebatar las posiciones que ostentan EE.UU., con frecuencia se ven forzados a vender a los países latinoamericanos las mercancías que más necesitan y, a veces, de mejor calidad y a precios más baratos en comparación con los que imponen las corporaciones de Estados Unidos, a conceder créditos de exportación en condiciones más favorables, a comprar algunos tipos de artículos industriales, etc., procurando así afianzarse en los mercados del área.
El mercado latinoamericano, a su vez, resulta aún más ventajoso y de mayor perspectiva para los países euroccidentales y Japón, por cuanto éstos, a cambio de sus mercancías, tienen la posibilidad de adquirir productos primarios, alimentos y otros artículos de vital importancia, amén de las enormes ganancias que obtienen como resultado del intercambio no equivalente, de la venta de patentes y licencias y la __PARAGRAPH_PAUSE__ Exportaciones de los principales países capitalistas a América Latina (en '';, respecto al total de las exportaciones capitalistas a los países de la región)^^15^^ Años 1957 1967 1970 1973 EE.UU. 49 48 46 44 15 24 31 30 Japón 3 6 8 12 Demás paises 33 22 15 14 _-_-_
^^15^^ Véase U. N. Monthly Bulleti/i of Sfatixtics. Vol. XXVII, N 4, April 1973. New York, 1973', pp. XXII, 110; Vol. XXX, N 2, February 1976. New York, 1976, pp. XXVIII--XX1X. U. N. Yearbook of International Tniíle Stutixticx 1962, Ncw York. 1964. p. 12.
85 exportación a América Latina de productos de difícil comercialización en otra parte.En efecto, durante los últimos 10--15 años esta tendencia va abriéndose paso indeclinablemente, lo que testimonian los datos que se exponen en la pág. 85.
Como puede verse, los países euroccidentales y Japón van ganando paulatinamente posiciones a los exportadores norteamericanos.
En 1974, el total de las exportaciones a América Latina desde los países del MCE (10.220 millones de dólares) y del Japón (4.940 millones de dólares) casi alcanzó el monto de las exportaciones estadounidenses (15.660 millones de dólares)^^16^^, mientras que en 1967 sólo llegaba a la mitad de estas últimas.
El éxito de los monopolios del MCE en su lucha contra los competidores yanquis se debió en gran parte a la misma estructura de las exportaciones de capitales invertidos esencialmente en las ramas relativamente nuevas y de mayores perspectivas de los países del área, lo cual significó un consiguiente incremento de las exportaciones de maquinaria y equipos necesarios para estas ramas. Con otras palabras, los países euroccidentales, al igual que Japón, mediante la inversión de capitales en las ramas básicas de la industria manufacturera, procuran no sólo establecer un control directo sobre las mismas, sino también ensanchar por todos los medios la exportación de mercancías.
Importante instrumento en la expansión comercial de los países del MCE han pasado a ser, en particular, los créditos de exportación (a largo y medio plazo) que los países latinoamericanos utilizan en lo esencial para adquirir maquinaria y equipos. Esta forma de crédito a las ventas obtuvo amplia difusión en los países euroccidentales.
El principal campo de batalla en la lucha de los monopolios por los mercados lo constituye el sector de los artículos de la industria mecánica, lo cual de por sí es expresión parcial de una regla universalmente extendida y que postula que el mercado de maquinaria y de equipos es en la actualidad el sector más dinámico del comercio internacional. Parte de las exportaciones de algunos tipos de _-_-_
~^^16^^ Véase U. N. Monthlv Bulletin of Slaüsíics. Vol. XXVII, N 4, April 1973, pp. XXII, 110; Vol. XXX, N 2, February 1976, pp. XXVIII--XXIX.
86 máquiñas e instalaciones va a los países en desarrollo, en particular, a los de América Latina.En el mercado latinoamericano de maquinaria y equipos alcanzaron considerables éxitos Japón y los países del MCE.
Sin embargo, como lo muestra el cuadro presentado más abajo, los EE.UU. siguen ocupando una posición predominante en calidad de exportadores de medios de producción a los países del continente.
Los monopolios del MCE y Japón afianzaron considerablemente sus posiciones en el mercado de productos químicos, que son ahora el segundo rubro entre los más importantes en las exportaciones a esta región.
Exportaciones a América Latina de los principales productos industriales por los países capitalistas más grandes^^17^^ (en millones de dólares) Rubros MCE Países exportadores y años EE.UU. Japón Total de exportaciones a América Latina de los países capitalistas industrializados 1967 1974 1967 1974 1967 1974 1974 Maquinaria y medios de transporte 990 4.130 2.080 6.010 270 2.400 4.170 13.990 Automóviles y partes 91 255 115 235 23 160 300 700 Productos químicos 445 2.260 600 2.370 28 310 1.280 5.520 Acero y hierro colado 155 1.233 105 800 80 1.470 440 3.640Entre 1967 y 1974 la participación de EE.UU. en el total de las exportaciones de los países capitalistas en el rubro de productos químicos se redujo en América Latina de 47 a 44%, mientras que Japón incrementó su parte de 2 a 6%, y los países del Mercado Común, de 35 a 41%. Quedaron debilitadas las posiciones de los exportadores estadounidenses en los mercados de metales no ferrosos; la participación de _-_-_
^^17^^ U. .V. Monihly Bullelm of Stutixticx. Vol. XXVII. N 4. April 1973. pn. XXX--XXXIX; Vol. XXX. N 2, February 1976, pp. XXXV--XXXVIII.
87 EE.UU. en el total de las exportaciones capitalistas descendió en este rubro de 24'',, en 1967 a 22% en 1974, mientras que durante ese mismo período Japón aumentó su parte de 18 a 40%. En cifras absolutas, el valor de las exportaciones niponas de metales no ferrosos creció casi 5 veces.En el frente de la rivalidad interimperialista en América Latina ha pasado a tener importante significación la competencia en el terreno científico-técnico. Ello se manifiesta de manera especialmente notoria en una rama tan importante como la de energía atómica.
A comienzos de los años 60 se observa una agudización de la competencia en la construcción de centrales atómicas y en el suministro de equipos para éstas, cuya demanda aumenta cada año.
Particularmente aguda es la competencia que se desató entre los monopolios de EE.UU., Inglaterra, RFA y Francia. En junio de 1975 entre RFA y Brasil fue suscrito uno de los más grandes contratos en materia de energía atómica. En conformidad con el mismo, el grupo Kraftwerkunion, creado por los consorcios Siemens y AEG-Telefunken, se comprometió a suministrar al Brasil equipos para ocho centrales atómicas e instalaciones para el enriquecimiento de uranio, por un monto total de 12.000 millones de marcos. A cambio de ello Brasil asumió la obligación de vender uranio a Alemania Occidental, lo cual permitirá a ésta reducir su dependencia respecto de EE.UU. Tal cuantioso negocio, concertado por los monopolistas de la RFA, que supieron adelantarse a los consorcios Westinghouse y General Electric, provocó una intensa reacción en los círculos empresariales y oficiales de los Estados Unidos.
En la lucha contra las corporaciones de EE.UU., los monopolios de la RFA lograron determinados éxitos también en la Argentina, donde el consorcio Siemens, en tenaz competencia, obtuvo los pedidos y llevó a cabo la construcción de una central atómica en la zona de Atucha de 320 megavatios de potencia. Además, a finales de la década del 60, las firmas germanoccidentales obtuvieron de la Comisión Nacional de Energía Atómica de Argentina pedidos para la construcción de una central atómica de 200 mega vatios en Córdoba.
Intensifican sus actividades las firmas inglesas, lo mismo que las del Japón, en México.
A mediados de los años 70, la lucha en el terreno de la 88 energía atómica se agudizó por la injerencia de los monopolios franceses. El grupo L'usine Péchinay Kuhlmann, por ejemplo, concertó en 1976 un acuerdo con la compañía estatal brasileña Nuclearbras para participar en la construcción de una planta de elaboración mineral de uranio en el Estado de Minas Gerais^^18^^
Los datos examinados, que muestran cómo se agudiza la lucha por los mercados latinoamericanos en relación con diversos rubros de la producción, pueden ser complementados con los que proporcionan algunos indicadores sumarios referentes a la ofensiva emprendida en el área de las exportaciones por algunos países que compiten con HL.UU., ante todo RFA y Japón. Durante los últimos dos decenios la exportación germanoccidental de maquinarias y equipos a los países de la región aumentó aproximadamente en 5: de 539 millones de marcos, en 1955, a 2.758 millones, en 1974.
Las cualidades técnicas y tecnológicas de los materiales suministrados, además de otros factores, contribuyeron al éxito de los monopolios germanoccidentales en el mercadr latinoamericano de este tipo de producción. Por ejemplo, la RFA, para aventajar a sus rr ales, exporta diversos tipos de máquinas herramienta universales, tomando en consideración su demanda en los países del continente, especialmente por parte de empresas pequeñas y iredianas.
Desde comienzos de los años 60, en la lucha por los mercados latinoamericanos participan activamente los monopolios japoneses. Los circuios oficiales y empresariales del Japón, procurando trascender los marcos del Asia Sudoriental y diversificar su comercio, empezaron a centrar cada vez más su atención en la parte sur del hemisferio occidental. Las perspectivas de esa potencia en los mercados de América Latina fueron predeterminadas, en grado considerable, por el brusco ascenso de sus inversiones en los países de la región, que trajeron como consecuencia la exportación de equipos industriales diversos. El ``milagro económico" japonés, sin duda, acrecentó el interés de las naciones latinoamericanas hacia la técnica y la tecnología niponas y hacia los productos de su industria.
El volumen de las exportaciones de Japón a América _-_-_
^^18^^ Véase The t'iiKincidl Tinicx. I.ondon, 17.VIII.1976.
89 Latina aumentó de 275 millones de dólares en 1960^^19^^ a 4.940 millones en 1974^^20^^.La potencia oriental, dotada de industria altamente desarrollada, emprendió enérgica lucha en el mercado más importante: el de maquinaria y equipos. A comienzos de la década del 70 la participación de los artículos de la industria pesada en las exportaciones niponas a América Latina ascendió a 80'';,.
En algunos países las compañías japonesas pudieron ocupar ya posiciones dominantes en uno u otro mercado, como, por ejemplo, en Brasil y Argentina (de aparatos de cine y fotografía), y en Perú (de radiorreceptores y motocicletas). Todo esto significa que en América Latina apareció un nuevo y serio contrincante asiático de los monopolistas norteamericanos con amplias posibilidades potenciales.
Gran Bretaña, tradicional competidor europeo de EE.UU., también intensifica su actividad comercial. El volumen de las exportaciones inglesas a América Latina aumentó de 480 millones de dólares en 1960^^21^^ a 1.200 millones en 1972^^22^^.
Por lo tanto, en las décadas del 60 y del 70 se manifestó claramente una tendencia al avance comercial de los monopolios euroccidentales y del Japón en América Latina.
Es obvio que la ofensiva de los monopolios euroccidentales y japoneses en los mercados latinoamericanos mina los intereses de los consorcios estadounidenses que, sin embargo, siguen conservando aún una posición dominante en el área.
__ALPHA_LVL3__ 3. LA LUCHA INTERIMPERIALISTA POR LAS FUENTES DE MATERIAS PRIMASLa actual revolución científico-técnica ejerce considerable influencia sobre los mercados de materias primas del mundo capitalista. Este influjo tiene doble carácter. Por una parte, se ensancha en autoabastecimiento de los principales países capitalistas con algunos tipos de productos primarios (al suplantarse algunos productos naturales por variedades sintéticas); por la otra, se van reduciendo los insumes por unidad acabada gracias a los avances en la técnica y la tecnología de _-_-_
^^19^^ Véase U. N. Yearbook of International Trade Statistics 1969, pp. 24--28.
^^20^^ Véase U. N. Monthlv Biilletin of Statistics. February 1976, vol. XXX. N 2, p. XXVIII.
~^^21^^ Véase Jearbook of International Trade Síatistics 1969. pp. 22--28.
~^^22^^ Véase Monthlv Bulletin of Statistics. Vol XXVIII, N« 4, April 1974, p. XVI.
90 la producción. Estos factores dieron origen a una tendencia hacia la disminución relativa de la demanda de materia prima mineral y vegetal, de la que disponen los países en desarrollo. Al mismo tiempo, no todos los tipos de productos primarios naturales pueden ser suplantados por elementos sintéticos; es más, en la práctica se vieron también ciertos defectos en la calidad misma de unos u otros tipos de material primario sintético y se retornó al empleo de sus variedades naturales; se ensanchó la esfera de aplicación de algunas variedades de minerales útiles (por ejemplo, petróleo, gas, aluminio, cobre); se incorporaron a la producción metales raros que antes no se utilizaban; el progreso de la técnica amplió considerablemente y abarató la extracción de minerales anteriormente inaccesibles, etc.Todo ello testimonia que los países en desarrollo no perdieron su significación como ``depósito subterráneo" de los principales centros del capitalismo y que la lucha interimperialista por la posesión de las fuentes de materias primas naturales no se debilitó, ni mucho menos. Por el contrario, debido al agotamiento de las reservas mundiales de productos primarios naturales^^23^^ y a la crisis energética, esta lucha adquiere carácter cada vez más agudo.
La intensificación de la pugna de los monopolios por las fuentes de materias primas de América Latina se encuentra en gran parte condicionada por el hecho de que esas fuentes desde hace mucho se encuentran en poder del capital de EE.UU. Mientras tanto, las demandas del desarrollo industrial de posguerra de países como RFA, Japón e Italia, con su débil base de recursos primarios y elevados ritmos de crecimiento económico, acentuaron el interés de estas naciones por los recursos de materias primas de América Latina.
A su vez, los países de la región, procurando zafarse de la opresión yanqui y encontrar condiciones más favorables para la colocación de sus productos, amplían relaciones con los rivales de EE.UU. Esto lo demuestran, en particular, los datos referentes a las exportaciones de los países latinoamericanos, por cuanto parte considerable de las mismas está compuesta por materias primas.
_-_-_~^^23^^ De acuerdo con los resultados de algunas investigaciones, para el año 2000 quedarán casi totalmente agotadas las reservas mundiales conocidas hasta el presente de: aluminio, cobre, estaño, mercurio, oro, plata, plomo, molibdeno, petróleo, gas, wolframio y cinc. (Ver: OsthandelOstpo/itik in iler Pm.v/.v, Bonn, 1972).
91 Cambios en la orientación geográfica de las exportaciones de América Latina, en % de todas las exportaciones de la región^^24^^ 1958 1968 1973 EE.UU. 45 35 32 MCE 15 19 25 Japón 2 5 5Los países del Mercado Común Europeo aparecen como grandes consumidores de materia prima mineral y agropecuaria, así como de alimentos de origen latinoamericano.
En la lucha por la producción primaria de América Latina, la RFA es, entre todos los Estados miembros del MCE, quien más éxitos ha alcanzado, situándose entre los principales importadores de mercancías de la región.
En 1970, como consecuencia de la aguda escasez de materia prima, en la RFA fue elaborado un programa especial para la aplicación de una ``nueva política gubernamental sobre materia prima'', en la que se proyecta organizar la prospección de recursos primarios en el exterior y aumentar las inversiones en las ramas de la industria extractiva de los países en desarrollo, especialmente en la obtención de minerales de metales no ferrosos y de petróleo.
En 1971, 25% de todas las importaciones de RFA de mineral de hierro y concentrados del mismo, 25'',, de las importaciones de cobre y 20% de los demás metales (excluyendo los preciosos, torio y uranio), así como 73% del café y 17'',, de algodón eran de procedencia latinoamericana. Los monopolios de RFA se esfuerzan en especial por abrirse paso a los recursos minerales del Brasil, ante todo a sus riquezas de mineral de hierro, así como a los yacimientos de cobre de Chile. Por ejemplo, la Mannesmann minera9ao do Brasil, controlada por el consorcio metalúrgico Mannesmann, ya desde comienzos de la década del 50 opera en la extracción de mineral de hierro en la región de Belo Horizonte.
Los monopolios japoneses, que afianzaron notablemente _-_-_
~^^24^^ En base a datos extraídos de: CEPAL. Estudio económico de América Latina. 1970. Nueva Jork, 1971, p. 102; CEPAL. El desarrollo latinoamericano y la coyuntura económica internacional. Tercera parte. Puerto España. 1975. p. 121.
92 sus posiciones en la industria extractiva del Brasil (sobre todo de mineral de hierro), también se incorporaron activamente en la lucha imperialista por las fuentes de materia prima latinoamericana. En México, Perú, Chile y Bolivia los consorcios japoneses se han convertido en importantes compradores de minerales de metales no ferrosos^^25^^.En la pugna por los productos primarios, las compañías niponas utilizan métodos y recursos sumamente ñexibles. Vendían a Venezuela, por ejemplo, buques petroleros para ser pagados después con partidas de petróleo. Tomando en consideración la aguda competencia existente y el dominio de las corporaciones norteamericanas, fue aplicado un método bien efectivo para obtener la materia prima, como es el de la construcción de empresas en la industria extractiva con derecho a la adquisición ulterior de parte de uno u otro tipo de producción primaria.
A semejanza de algunos monopolios euroccidentales, las firmas japonesas utilizan también el método consistente en la conclusión de acuerdos con las compañías estatales de las naciones del continente. En particular, las empresas niponas concertaron un acuerdo con la respectiva corporación estatal brasileña sobre explotación de los yacimientos de bauxita en la cuenca del Amazonas y la construcción de una planta de aluminio^^26^^.
Otra vía importante de acceso de los monopolios japoneses a las ramas de producción de materias primas es la creación de empresas mixtas en la industria de los países de la región. Por ejemplo, la firma japonesa Toho Zinc Co., a la que pertenecen 70% de las acciones de la compañía mixta con participación del capital peruano, opera en la extracción de cinc en la zona de Arequipa.
La revolución científico-técnica ejerció notable influencia sobre el mercado internacional de mineral de hierro. El perfeccionamiento de la tecnología de producción del acero, que se manifestó en una amplia difusión de los convertidores con inyección de oxígeno, condujo a un incremento del consumo del mineral de hierro y de sus importaciones por países como Japón, RFA, Inglaterra, Francia, Italia y EE.UU. Parte considerable de estas importaciones provenía de América Latina (especialmente de Brasil y Venezuela), donde se encuentran _-_-_
^^25^^ Véase Comercio exterior, 1972, N. 2, pp. 176, 182--183.
^^26^^ Véase Pravda, 10.VIH. 1973; Mainichi Duilv Ne»:i, 30.X.1975.
93 las reservas de mineral de hierro más grandes del mundo capitalista.La principal tendencia en la pugna de las potencias imperialistas por el mercado del mineral de hierro en América Latina se caracteriza por la reducción de la parte de EE.UU. en las importaciones del mismo y, a la vez, por un aumento de la correspondiente a los países del MCE (sobre todo RFA) y al Japón^^27^^.
En 1974, Japón importaba de América Latina 34 millones de toneladas de mineral de hierro (24% de todas las importaciones japonesas del mismo)^^28^^.
Japón dio un nuevo e importante paso para su abastecimiento con la firma (en 1976) de un acuerdo, concertado entre seis compañías niponas y la empresa estatal brasileña Vale do Rio Doze, para el suministro de 280 millones de toneladas de mineral de hierro durante 15 años, comenzando de 1979.
Afianzando sus posiciones en el mercado de este tipo de materia prima, los monopolios euroccidentales y japoneses intervienen cada vez más activamente en la batalla por los recursos petroleros del continente.
El interés de los países capitalistas industrializados por el petróleo latinoamericano va en aumento. En el curso de los años 60 y comienzos de la década del 70 las importaciones de petróleo latinoamericano a los países de la Organización Europea de Colaboración y Desarrollo (OECD) crecían a ritmo acelerado: a un promedio de 5,3'',, en los años 1960-- 1970, a 7,2'',, en 1968--1971, llegando a 8,4'',, en 1972^^29^^.
Los monopolios de Europa Occidental y del Japón, al aumentar las importaciones de petróleo latinoamericano y procurando a la vez reducir su dependencia frente a los trusts petroleros estadounidenses e ingleses, procuran penetrar directamente en la extracción del ``oro negro''. Pero es en esta esfera, precisamente, donde los consorcios euroccidentales y japoneses tuvieron que afrontar, hasta mediados de la década del 70, dificultades especialmente grandes, por cuanto la misma se encontraba desde hace mucho tiempo en manos de los _-_-_
^^27^^ En 1973, la participación del Brasil en las importaciones germanoccidentales de mineral de hierro ascendió a 23'',, (en comparación a 13'',,, en 1970).
^^28^^ Véase Mezhdunaródnayu z/iizn, 1976, N 10, p. 152.
^^29^^ Véase United Nutionx Conference <>n Trade and Development. TD/B/429/Add.2. Geneva, March 21, 1974. p. 14.
94 poderosos gigantes del petróleo, en lo esencial, de Estados Unidos. No obstante, los rivales de EE.UU., a fines de los años 60 y comienzos de la década del 70, lograron (aprovechando la nacionalización de los bienes de los trusts yanquis en Perú y Bolivia o la restricción de sus actividades después de ser revisadas las condiciones concesionarias en Colombia y Ecuador) concertar una serie de acuerdos sobre prospección y explotación de petróleo en los países de la región. En conformidad con el acuerdo suscrito en 1974, la compañía estatal japonesa del petróleo concedió a Petroperú un empréstito por 330 millones de dólares a cambio de los consiguientes suministros de petróleo y derivados al Japón en un lapso de 10 años. Al mismo tiempo, las firmas japonesas participan en la prospección y extracción de petróleo, así como en la construcción de un oleoducto^^30^^ de 850 kilómetros de longitud que enlazará la zona de los yacimientos en la selva peruana norteña con la costa del Pacífico.Después de 1974 incrementaron los suministros de materia prima para la energética japonesa.
El afianzamiento de las posiciones del Japón en la extracción de petróleo afecta los intereses de grandes consorcios petroleros, ante todo, de EE.UU. Cabe notar, sin embargo, que los monopolistas nipones actuaban a veces en conjunto con firmas yanquis.
Los monopolios de la RFA participan en la pugna por el petróleo latinoamericano de manera también sumamente intensa. Debido a la escasez y reducidas reservas de petróleo, la RFA en los años 60 empezó a desarrollar a ritmos acelerados la producción de electricidad en base a las centrales atómicas. No obstante, en la década del 80 el petróleo seguirá siendo, seguramente, la principal fuente energética.
El periódico Handelsblatt, haciéndose eco del afán de los monopolios germanoccidentales por ampliar sus operaciones en la industria petrolera de Venezuela (la compañía Deminex, en particular), escribía que la República Federal de Alemania procura encontrar nuevas fuentes de petróleo que no sean EE.UU. y Oriente Medio.
Los consorcios de Alemania Occidental, que al principio se limitaban a importar petróleo de los países de América Latina, ya a comienzos de la década del 60 procuran penetrar _-_-_
^^30^^ Los tubos de gran diámetro deben ser suministrados por firmas de la RFA.
95 directamente en la esfera de su extracción. Particularmenle incrementaron su actividad en este sentido en los años 70.Últimamente intensifican su penetración en la industria petrolera de la región, asimismo, los monopolios franceses que intentan utilizar muchas veces los reveses que sufren allí los trusts estadounidenses por la nacionalización de sus bienes. En marzo de 1973, la corporación estatal petrolera de Colombia Ecopetrol (Empresa Colombiana de Petróleo) suscribió un contrato con la compañía francesa Societé N aliónale de Petrole d'Aquitain, entregándole en concesión 156 mil hectáreas de tierras en la zona de Arauca.
Los monopolios ingleses también intensificaron sus actividades en la lid por el petróleo. En 1975, durante la estadía en Gran Bretaña del ministro de relaciones exteriores brasileño, se celebraron conversaciones para la prospección de yacimientos petrolíferos en el litoral del Brasil^^31^^. El respectivo tratado fue suscrito en mayo de 1976 durante el viaje que realizó Ernesto Geisel a Inglaterra^^32^^. Ese mismo año la British Petroleum concertó pn acuerdo con Petrobrás para realizar trabajos de prospección en el Estado de Sao Paulo^^33^^.
Una de las peculiaridades de la lucha interimperialista por el petróleo en los países de la región es el hecho de que la misma se agrava como consecuencia de la nacionalización de la propiedad de las compañías petroleras estadounidenses, y la brecha que se forma, tratan de llenarla rápidamente los monopolios de Europa Occidental, Japón y algunos otros países. Por ejemplo, después de la nacionalización de la Internacional Petroleum Co. (filial de Standard Oil Company of New Jersey) en Perú, los monopolios de Japón, Inglaterra, Francia, así como algunas otras corporaciones estadounidenses^^34^^ (Getty, Amoco-Shell, etc.) no tardaron en ofrecer sus ``servicios'' para organizar la extracción del combustible. En condiciones de escasez de este producto (a mediados de 1973 en Perú se extraían 65 mil barriles diarios, mientras que el consumo ascendía a 100 mil), Petroperú firmó en junio de 1973 contratos para la prospección y explotación de los yacimientos petrolíferos con compañías de RFA, Francia, España, Suecia y Japón. Hacia mediados de 1973 se suscribieron 17 contratos semejantes, entre ellos, con un consorcio formado por la compañía Española _-_-_
^^31^^ Véase The Financial Times. 9.VI.1975.
~^^32^^ Véase Trade and Industry, London, 1976. vol. 23, N 7. p. 438.
^^33^^ Véase The Financial Times, 2.X. 1976.
^^34^^ Véase The New York Times, 18.IV.1973.
96 de Petróleos, la francesa Total, la germanoccidental Deminex, la sueca Saga petroleum y la japonesa Sumiso, así como con algunas firmas de EE.UU. (Signal Oil Co. Amoco, The Superior Oil y otras).También se agrava la rivalidad interimperialista por la posesión de otros tipos de materia prima mineral latinoamericana: cobre, estaño, cinc, materia prima atómica, etc. Aquí también los monopolios euroccidentales utilizan en la lucha contra sus competidores norteamericanos un arma ya probada: el creciente ánimo antiyanqui en los países de la región, así como la nacionalización de las empresas controladas por los consorcios estadounidenses. Por ejemplo, después de haber quitado el gobierno peruano a la compañía norteamericana Anaconda^^35^^ una gran explotación de cobre en Cerro Verde y entregado a la compañía estatal Mineroperú, esta última decidió ponerla a punto con ayuda de las firmas euroccidentales y, en particular, de firmas inglesas.
Esta lucha por el cobre tiende a intensificarse debido al empuje de los monopolios japoneses que tienen suscrito contrato con Perú para la explotación conjunta de yacimientos de cobre, así como de cinc y de plomo, con suministro de parte de la producción al Japón.
Los monopolios japoneses refuerzan sus posiciones también en México. En particular, las firmas Mitsui Mining y Marubeni concertaron en 1972 un acuerdo con el Gobierno mexicano sobre la creación en ese país de una compañía conjunta para la comercialización de metales no ferrosos (el 51'',, de las acciones pertenece a la Dirección de Fomento de la Industria Minera de México, y el 24,5%,, posee cada una de las firmas japonesas indicadas).
Esta compañía comercial se ocupa esencialmente de la exportación de cinc, estaño y semielaborados de los mismos a diversos países, incluido Japón.
Se intensifica la penetración en la industria minera latinoamericana por parte de los monopolios franceses. Durante la estadía en Francia del Presidente Ernesto Geisel (abril de 1976), la parte francesa manifestó gran interés en la explotación de los yacimientos brasileños de mineral de hierro, de metales no ferrosos y de bauxita.
_-_-_~^^35^^ El Día. México, 18.VI.1971. Este yacimiento fue mantenido en estado de conservación durante muchos años por la compañía norteamericana y, a pesar de lo que exigía el gobierno peruano. Anaconda no presentó planes algunos para su explotación futura. El Día, 6.XI. 1971.
97Durante el último decenio los consorcios de EE.UU., RFA, Francia, Japón y algunos otros paises capitalistas prestan especial atención a las ricas reservas de materia prima nuclear, sobre todo de uranio y torio, existentes en América Latina.
Por lo tanto, con el avance de la revolución científicotécnica se produjo una agudización de la rivalidad interimperialista en la lucha por las fuentes de materia prima en América Latina, especialmente por la posesión de sus variedades más valiosas y de mayores perspectivas. Los cambios en la correlación de fuerzas que aqui se observan, no favorecen a los monopolios estadounidenses.
__ALPHA_LVL3__ 4. DOS TENDENCIAS EN LA LUCHA INTERIMPERIALISTASería erróneo examinar las relaciones interimperialistas sólo como una cadena de incesantes conflictos, fricciones y contradicciones. Es necesario tener en cuenta también la otra tendencia: el afán de los imperialistas por aliarse, por unificar sus fuerzas.
La historia del imperialismo conoce no pocos intentos de unificación internacional de las fuerzas reaccionarias para aplastar el movimiento obrero y de liberación nacional y para consumar el pillaje colonial pese a la rivalidad y competencia mutuas entre las potencias participantes en esta clase de uniones.
V.I. Lenin indicaba que al imperialismo le son inherentes ``dos tendencias: una que hace inevitable la alianza de todos los imperialistas y otra que enfrenta unos imperialistas a otros...''^^36^^ Ambas tendencias, singularmente entrelazadas, caracterizan las relaciones interimperialistas también en América Latina posbélica.
En los años 1960--1970 el capital monopolista con especial ahínco procura crear un frente único para defender sus intereses clasistas y asegurar las condiciones para seguir explotando los recursos naturales y humanos de los países en desarrollo, para salvar al capitalismo. Es así que surgen diferentes agrupaciones y bloques imperialistas, organismos de un colonialismo colectivo, al igual que múltiples _-_-_
~^^36^^ V. I. Lenin. Informe sobre política extenor en la sesión conjunta del Comité Ejecutivo Central de toda Rusia v del Soviet de Moscú. 14 de mavo de ¡918. O. C., t. 36, p. 332.
98 acuerdos entre unas u otras potencias rectoras del mundo capitalista.El capital monopolista, además de organismos financieros internacionales controlados por estados imperialistas: el Banco Internacional de Reconstrucción y Desarrollo (BIRD), la Asociación Internacional de Fomento (AIF), la Sociedad Financiera Internacional (SFI) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), creó entidades especiales para coordinar sus relaciones con America Latina, tales como ADELA, el Comité europeo de cooperación con América Latina (dentro del MCE) y otras agrupaciones a nivel trasnacional, privadas o con participación del Estado, para la ``colaboración'' con América Latina, el Comité franco-germanoccidental para los problemas de los paises en desarrollo, etc. Además, como se indicara antes, los monopolios de diferentes países actúan frecuentemente en conjunto en la construcción de unas u otras obras en América Latina, en las concesiones de créditos y de ``ayuda'' técnica, etc.
Múltiples hechos indican que las oligarquías financieras de diferentes potencias imperialistas procuran confabularse para seguir explotando en común a los países latinoamericanos y aplastar el movimiento nacional liberador en la región.
Sin embargo, todos estos intentos, estos afanes ``unionistas'' del imperialismo no pueden eliminar las discrepancias que lo corroen. La alianza entre las potencias imperialistas, escribía V.I. Lenin, ``es una alianza de pájaros de presa cada uno de los cuales trata de arrebañar algo a los demás"^^37^^.
Pese a todos los acuerdos sobre ``colaboración'' y `` coordinación'' cada potencia imperialista, cada monopolio se preocupa ante todo por materializar sus propios planes expansionistas en América Latina y, por eso, las contradicciones, las fricciones en el campo imperialista se sobreponen a los intentos de actuar formando un ``frente común''.
Los esfuerzos de los capitalistas, por más grandes que sean, no pueden eliminar las contradicciones imperialistas. ``El acrecentado poderío de los monopolios internacionales se dice en el informe del Comité Central del PCUS al XXV Congreso del partido ha hecho más implacable aún la competencia. Los gobiernos de los países capitalistas intentan repetidas veces _-_-_
~^^37^^ V. I Lenin. Discurso en lu reunión de presiden I ex de los comités ejecutivos distritales, subdislritules v rurales de la provincia de Moscú. O. C., I. 41, p. 350.
__PRINTERS_P_99_COMMENT__ 7* 99 __EMAIL__ webmaster@leninist.biz __OCR__ ABBYY 6 Professional (2007.07.05) __WHERE_PAGE_NUMBERS__ bottom __FOOTNOTE_MARKER_STYLE__ [0-9]+ __FOOTNOTE_MARKER_SEQUENCE__ continuous __ENDNOTE_MARKER_STYLE__ [0-9]+ __MANUAL_EDITS__ Changed '-' to '---' using regexp search: [^\r_]- limar las contradicciones... Pero la naturaleza del imperialismo hace que cada cual quiera obtener ventajas a expensas de los otros e imponerles su voluntad. Las discrepancias se manifiestan en formas nuevas, y las contradicciones brotan con más virulencia"^^38^^.Las formas y métodos concretos de la pugna interimperialista pueden cambiar y varían constantemente en dependencia de nuevos fenómenos y factores múltiples; pero, por las leyes inherentes al imperialismo, ella es ineluctable. Y el ascenso incontenible de la lucha revolucionaria y antimperialista en el continente irá agravando y profundizando las contradicciones interimperialistas.
_-_-_^^38^^ L. I. Brézhnev. Informe del Comité Central del PC US r las ¡ureas inmediatas del pan ido en la política interior y eMcnor, p. 37.
[100] __ALPHA_LVL2__ CAPITULO IV. LA LUCHA DE LOS PAÍSES DE AMERICAEl período de posguerra estuvo signado por un incremento de las contradicciones entre los países de América Latina y el imperialismo de EE.UU. En el fondo de esas contradicciones yacía, ante todo, el afán de equéllos de alcanzar la independencia económica, terminar con la expoliación imperialista y asegurar el desarrollo de sus economías nacionales. Los monopolios estadounidenses, interesados en ensanchar la explotación de todo el continente, se oponían tenazmente a ello. Agudas desavenencias surgieron prácticamente en todas las ramas de las relaciones económicas con EE.UU. Y el área comercial pasó a ser uno de los epicentros más importantes de esas contradicciones.
Tal cosa es comprensible. Dentro de esa área EE.UU. es el socio de mayor peso. Su participación en el intercambio de los países de la región asciende a las dos quintas partes. Especialmente considerable es el tráfico de Estados Unidos con México, Perú, Panamá, Costa Rica, Guatemala y la República Dominicana.
Debido a que a EE.UU. corresponde la parte fundamental del trueque latinoamericano, éste depende de la política comercial y monetaria yanqui. Tal política reviste carácter discriminatorio. El coloso del Norte utiliza el comercio como medio de presión y chantaje, para atar aún más a América Latina a la economía yanqui.
La mayoría de las naciones del continente tienen gran déficit en su balanza comercial con Estados Unidos. En 1975 el saldo negativo alcanzó una cifra récord: 3.820 millones de dólares.
101 Intercambio comercial de América Latina con EE.UU. (millones de dólares) Año Exportaciones Importaciones Total Saldo 1960 3.528 3.577 7.105 -49 1965 3.675 3.788 7.465 - 113 1970 4.779 5.695 10.474 -916 1975 11.835 15.655 27.490 -3.820 1976 13.227 15.495 28.722-- -2.268 Fuente: Statistical Abstrae! of Ihe United States. Washington. 1974. pp. 792. 793: Averseas Business Reports. Washington. 1977. N. 31, p. 3.El déficit crónico de la balanza comercial es consecuencia del lento incremento del valor de las exportaciones frente a las importaciones. Las tasas de crecimiento anual medio de las compras de los países de la región a Estados Unidos superan en mucho durante los últimos años las de las ventas latinoamericanas y ascienden, respectivamente, a 11 y 4%^^1^^.
Los factores que contribuyen a ampliar las exportaciones estadounidenses a América Latina son, entre otros, la expansión del capital privado y la concesión de créditos y préstamos gubernamentales. Ya V.I. Lenin señalaba el hecho de que ``... el factor fundamental ---y el más importante para el crecimiento del comercio con América del Sur--- son las inversiones de capitales de Estados Unidos en empréstitos, en construcciones y empresas similares"^^2^^. Un gran papel en la orientación del comercio exterior de América Latina con EE.UU. lo desempeña también la circunstancia de que en los países de la región siguen dominando los monopolios yanquis.
La estructura del comercio de las naciones latinoamericanas con EE.UU. indica que los países del área cumplen la función, por una parte, de abastecedores de productos primarios y tropicales y, por la otra, de consumidores de artículos de la industria norteamericana. Los suministros de los países de la región a Estados Unidos se componen en un 73% de alimentos, materia prima y combustible. Las maquinarias y equipos, medios de transporte y productos químicos, en cambio, representan menos del 10% de las ventas latinoamericanas^^3^^.
_-_-_~^^1^^ Véase Latín America in the International Economv. Edinburg, 1973, p. 242.
^^2^^ V. I. Lenin. Cuadernos sobre el imperialismo. O. C., t. 28, p. 23.
~^^3^^ Calculado en base a: Highlights of U.S. Export and Import Trade, Washington, 1974, N 12, pp. 102--105.
102Muchos países de América Latina no exportan a Estados Unidos artículos terminados en general. Este tipo de mercancías figura, esencialmente, en los envíos de México, Brasil y Argentina. Las repúblicas indicadas colocan en los mercados de EE.UU. alrededor del 80% de todos los artículos industriales que exporta América Latina.
La dinámica de las exportaciones tradicionales del continente también manifiesta tendencias negativas. En los últimos años se observa una relativa reducción en muchos importantes rubros. En 1960--1976 el peso de América Latina en las importaciones de metales no ferrosos por Estados Unidos disminuyó de 45 a 10%. La participación del café durante ese período descendió de 87 a 68%, del azúcar, de 73 a 52%, carnes, de 28 a 22%, petróleo y derivados, de 53 a 13%^^4^^.
En consecuencia, la contribución ti e EE.UU. al comercio exportador latinoamericano se redujo de 41% en 1960 a 35% a mediados de la década del 70. Mientras tanto, la parte estadounidense en las importaciones de la región disminuyó mucho menos: de 43% en 1960 a 39% en 1973. Los últimos tres años, sin embargo, el descenso fue bastante significativo: hasta 31%^^5^^, lo cual se debe a la intensificación de los vínculos comerciales del continente con otras naciones y zonas del mundo capitalista, en particular, con el MCE y Japón.
Los EE.UU. poseen grandes posibilidades potenciales para aumentar la adquisición de mercancías en América Latina. No obstante, este país, aplica una rígida política discriminatoria respecto a la mayoría de los rubros de importación. V. I. Lenin señaló que ``un proteccionismo, llevado hasta el extremo'', constituye el rasgo característico de la política comercial de Estados Unidos^^6^^. Esta peculiaridad de la política estadounidense en su intercambio con los países de América Latina sigue en vigor hoy día.
Las principales herramientas del proteccionismo están _-_-_
~^^4^^ Cálculos basados en: Statistical Abstrae! of the United States. Washington, 1961, pp. 890, 891; Overseas Business Reports, Washington, N 31, pp. 36--39, 44, 45, 56, 57.
~^^5^^ Cálculos basados en: International Financial Statistics, Washington, 1976, N 10, pp. 36--37; Overseas Business Reports, Washington, 1976, N 24, pp. 22, 26.
~^^6^^ Véase V. I. Lenin. El crac de la II Internacional. O. C., t. 26, p. 230.
103 contenidas en la legislación arancelaria de EE.UU., según la cual son sometidos a gravamen todos los artículos que se importan de América Latina. Se excluyen solamente las mercancías con permiso especial para la entrada sin recargo y que se subdividen en cuatro grupos principales: 1) artículos de consumo que no compiten con la producción local; 2) materia prima industrial y materiales, cuya producción doméstica no cubre la demanda; 3) elementos imprescindibles para las labores agrícolas; 4) artículos incorporados a la lista de importaciones sin tributo de aduana en base a resoluciones especiales del Congreso de EE.UU.En el sistema estadounidense de protección ocupan importante lugar las medidas del gobierno que establecen todo tipo de recargos adicionales para los artículos provenientes de los países de América Latina (impuestos y aranceles sobre el consumo), las disposiciones administrativas que restringen la introducción de diferentes mercancías (la ley de ``compre Made in USA'', prohibiciones para importar unos u otros artículos basadas en cláusulas especiales, normas sanitarias, etc.). Daño particularmente grande causan a los países de la región las medidas de protección a la producción agropecuaria de EE.UU.
Tales medidas están encaminadas a restringir las importaciones procedentes de América Latina. Esto se logra en tres formas. En primer lugar, se reduce rigurosamente y, en algunos rubros, se excluye del todo la posibilidad de los países latinoamericanos de comercializar su producción en el mercado estadounidense, pese a que la misma se obtiene con menorcostoque en EE.UU.Ensegundo lugar, se incrementa artificialmente la producción local que compite con la de América Latina en los mercados de terceros países. Por último, manteniendo en los Estados Unidos un nivel de precios se consigue obtener una baja relativa del consumo interno y, por lo tanto, de la demanda de los productos procedentes de los países de la región.
El principal obstáculo para el ingreso de productos latinoamericanos al mercado estadounidense, dentro del sistema del proteccionismo agrario, lo constituye la fijación de cuotas de importación. Existen cuotas para los suministros de trigo y harina de trigo, leche y productos lácteos, carnes, azúcar y artículos de confitería.
Un rasgo específico de las formas organizativas del proteccionismo agrario reside en que no hay en los EE.UU. 104 una legislación única que regule la política comercial en esta esfera. La implantación de restricciones a la importación de unos u otros artículos se hace por disposición presidencial sobre la base de resoluciones tomadas por el Congreso o se formaliza mediante la promulgación de leyes.
En conformidad con la ley sobre reducción de las importaciones de carnes, adoptada en 1964, en EE.UU. fueron establecidas cuotas para la importación de carnes frescas, congeladas y semicongeladas de vaca, ternera, carne de cordero y de cabra, cuotas que varían en dependencia del volumen de la producción interna. Por otra parte, las normas de sanidad de EE.UU. ya desde 1927 prevén la prohibición de importar carne de Argentina, donde hubo entre el ganado epidemias de fiebre aftosa. En 1964 una comisión mixta argentinonorteamericana para la investigación de la fiebre aftosa llegó a la conclusión de que ``la carne de los animales que han sido curados, preparada en conformidad con los procesos tecnológicos aplicados en la Argentina, no contiene virus de aftosa''^^7^^. A pesar de ello, la norma de sanidad implantada en 1927 sigue siendo utilizada hasta hoy día para prohibir la importación de carne argentina, causando grandes daños a esta nación latinoamericana.
En base a la ley de 1948 sobre la importación de azúcar y las múltiples enmiendas posteriormente introducidas es regulado el ingreso de este producto. Las cuotas azucareras son fijadas tanto para los productores locales como para los países abastecedores. El monto total de la cuota en 1973, por ejemplo, ascendió a 12 millones de toneladas, de las que correspondían a: México, 637 mil toneladas; República Dominicana, 741 mil; Brasil, 657 mil; Perú, 407 mil; Costa Rica, 100 mil^^8^^.
Las restricciones establecidas por la ley a las importaciones de azúcar sirven a los objetivos neocoloniales de EE.UU. respecto a las naciones del continente. El sistema impuesto hace que el gobierno estadounidense pueda maniobrar con las cuotas y redistribuirlas entre los proveedores de manera que algunos de ellos, en el período dado, no estén en condiciones de cumplir sus compromisos y; de esa manera, presionar a los países exportadores.
_-_-_~^^7^^ Julio Notta. CV/.v/.v y solución del comercio exterior argentino. Ediciones Problemas Naeionales, Buenos Aires, 1962, p. 111.
^^8^^ Véase Silgar tict umendments oj 1974, Washington, 1974, pp. 1, 12.
105En octubre de 1971 el Presidente de EE.UU. firmó una nueva ley de compras de azúcar, en la que una de las enmiendas establece la aplicación de sanciones económicas, que prevén una rebaja de 20 dólares por tonelada al precio del azúcar importado, contra el país proveedor que nacionalice propiedades de compañías yanquis^^9^^. Los recursos financieros obtenidos de esa manera aparecen en calidad de `` compensación'' por los bienes nacionalizados. De acuerdo con la nueva ley, los EE.UU. tienen derecho a reducir o suprimir totalmente la cuota establecida para cualquier república latinoamericana que nacionalice propiedades yanquis sin la compensación correspondiente. Estados Unidos hicieron uso de este derecho reduciendo en 17% la cuota azucarera fijada para el Perú.
En 1976--1977, además, los EE.UU. acudieron dos veces al aumento de los aranceles aduaneros para el azúcar importado (de 0,625 a 1, 875 y, más tarde, hasta 3,3 centavos por libra)^^10^^.
Las naciones latinoamericanas procuran aliviar su dependencia de las ventas de productos primarios tratando de estimular las exportaciones de artículos terminados y semielaborados. Sus rubros industriales, sin embargo, encuentran dificultades extremas para superar la barrera proteccionista de EE.UU.
Estados Unidos quieren negar el hecho de que las tarifas aduaneras a los artículos manufacturados y semielaborados constituyen un serio obstáculo para el ensanchamiento de las exportaciones latinoamericanas. Sostienen que el nivel de los aranceles no es de por sí considerable, por cuanto durante las conversaciones sostenidas dentro del GATT las tarifas estadounidenses sufrieron sustancial disminución. Los hechos, sin embargo, testimonian otra cosa.
Si la reducción de los aranceles dentro del ``round Kennedy" se cifró en término medio a 36%, la de las tarifas a los artículos que interesan a los países latinoamericanos fue sólo de 25%, mientras que para las demás mercancías llegó a 41%^^11^^. Las tarifas para los productos industriales, que representaron la base del ``round Kennedy'', fueron reducidas en 38% para los países desarrollados y sólo en 31% para los de América Latina. Por lo tanto, es evidente el perjuicio _-_-_
^^9^^ Véase Excelsior, México, 15.XI.1971.
^^10^^ Véase El Día, México, 4.XI.1977.
~^^11^^ UNCTAD. The Kennedy Round Estimated Effects on Tariff Barriers, 1968, p. 14.
106 causado a los intereses de las naciones latinoamericanas, que más adelante fueron aún más discriminadas por EE.UU.Los aranceles aduaneros de Estados Unidos crecen en la proporción que aumenta el grado de elaboración del material primario. De esa manera crean dificultades artificiales para las exportaciones de artículos terminados procurando mantener a los países latinoamericanos en su condición de exportadores de materia prima, en lo esencial.
Para trabar la importación de artículos manufacturados de América Latina, se utiliza también el sistema, vigente hoy en EE.UU., de avalúo de aduana de algunos artículos en correlación con el método de ``precio norteamericano de venta''. Las cargas arancelarias calculadas sobre la base de ese método son mucho más elevadas que las calculadas conforme a los precios de exportación convenidos, por cuanto los precios del mercado interno de EE.UU. son, en muchos rubros, superiores a los del mercado mundial. El sistema indicado se aplica para imponer gravámenes aduaneros a artículos como: conservas, calzado de goma y guantes de punto de bajo costo, algunos productos químicos, en cuya exportación están interesados los países latinoamericanos. Según un informe de la comisión de tarifas de EE.UU., los aranceles aduaneros fijados para los artículos arriba mencionados eran 172% más elevados, en 1966, que sus valores de exportación^^12^^.
Para trabar la importación de artículos manufacturados de América Latina se aplica también la legislación sobre aranceles ``antidumpings''. Cualquier firma o cualquier organismo estadounidenses puede dirigirse a la secretaría de Finanzas prestando una queja de que en el mercado de EE.UU. se venden productos latinoamericanos a precios inferiores al ``precio justo'', es decir, al existente en el mercado interno del país exportador, para que la legislación mencionada sea puesta en vigor. La ley compromete a la secretaría de Finanzas a cancelar inmediatamente la franquicia aduanera para el artículo en cuestión e iniciar diligencias que terminan en la implantación de una elevada tasa de compensación y, en la mayoría de los casos, a la anulación del contrato.
En conformidad con la legislación ``antidumping'', en _-_-_
^^12^^ U. S. Tariff Commission. Products Subjects to Duty on ihe American Selling Price Basis of Valuation. Conversión of Rales of Duty on Sitch Products lo Rales Based on Valúes Delermined by Convenlümal Valuation Metliods. Pub. 181. Washington, 1966.
107 los últimos años fue vedado el acceso al mercado de EE.UU. a las carteras y calzado brasileños, al espárrago elaborado de México, y a los artículos de cuero argentinos.La nueva ley de comercio, adoptada a fines de 1974 por Estados Unidos, no sólo no mejoró, sino que, por el contrario, agravó en cierto grado las condiciones para la comercialización de los artículos latinoamericanos en el mercado de EE.UU. Según estimaciones de la comisión de expertos, creada en EE.UU. para estudiar las relaciones con América Latina, el sistema de preferencias que Estados Unidos resolvieron conceder al fin a los países en desarrollo no tiene mayor significación para las naciones latinoamericanas, por cuanto la llamada ``extensión efectiva" de este sistema no abarca un 80% de las importaciones gravadas con aranceles aduaneros y el 90% de todas las importaciones de los países de la región^^13^^.
La nómina de las preferencias excluye las franquicias aduaneras para aquellos rubros cuya adopción puede perjudicar los intereses de los productores de EE.UU. Entre los artículos excluidos de la nómina se encuentran: tejidos, calzado, relojes, vidrios, algunos tipos de productos siderúrgicos y electrónicos.
En conformidad con el criterio de la llamada `` necesidad de competencia'', el régimen preferencial que exime el pago de aranceles no es aplicable a la mercancía importada de cualquier país latinoamericano, si éste coloca en el mercado de EE.UU. más del 50% del total de las importaciones estadounidenses de ese artículo. Las preferencias tampoco rigen para los rubros que se exportan de América Latina a los Estados Unidos por un monto total superior a 25 millones de dólares anuales^^14^^. Como consecuencia de todas estas restricciones, se forma una lista negativa aparte para cada uno de los países que gozan de preferencias. México, por ejemplo, tiene una nómina de 61 artículos suministrados al mercado yanqui a los que les fueron negadas las preferencias. En las exportaciones mexicanas estas mercancías representaban 592 millones de dólares (en 1974), o sea, más de la tercera parte de las ventas de este país a EE.UU.
_-_-_~^^13^^ Véase Las Américas en un mundo en cambio. Informe de la Comisión sobre las relaciones de Estados Unidos con América Latina. Washington. 1974, oct., p. 31.
~^^14^^ Véase Comercio exterior, 1973, N 8, p. 786.
108Además, la ley de comercio prevé implantar restricciones a la importación procedente de los países que desarrollan una política económica independiente. En particular, de la nómina de países con derecho a obtener las preferencias indicadas fueron excluidos los miembros de la OPEP, entre ellos sus participantes latinoamericanos, Venezuela y Ecuador.
Es por eso que la ley fue recibida en los países de América Latina como un abierto atentado contra el derecho soberano de defender sus riquezas naturales. El carácter imperialista de esa ley es totalmente claro. EE.UU. aplican sanción ;s económicas contra cualquier Estado que, por sí solo o en conjunto con otras naciones, interviene en defensa de precios justos para la materia prima que exporta o que nacionaliza bienes pertenecientes al capital norteamericano.
Siendo Presidente de Venezuela, Carlos Andrés Pérez, declaró que la discriminación yanqui ``pone en peligro directo la política desarrollada ahora por los países latinoamericanos en defensa de sus materias primas y productos tradicionales a través de la creación de sistemas comunes de comercialización para regular sus exportaciones a fin de asegurar precios remunerativos a sus mercancías"^^15^^.
Para una serie de otros países latinoamericanos, cuya economía depende en sumo grado de la venta de un tipo determinado de producción, por ejemplo, del café (Colombia, Salvador), bananas (países de América Central) o bauxita (República Dominicana, Haití, Jamaica), la nueva ley de comercio significa una especie de severa advertencia: no se piense en la creación de asociaciones del tipo de la OPEP. En una palabra, la ley afecta a los intereses de casi todos los Estados latinoamericanos.
Esto fue subrayado una vez más por los representantes de la mayoría de las repúblicas de la región en la VII Conferencia de la Comisión Especial de la OEA para consultas y negociaciones, celebrada en mayo de 1977 en Buenos Aires. En la misma fue duramente criticado el sistema general de preferencias de EE.UU.. que es utilizada para cerrar las puertas a los países de la región. Se formularon demandas para que se creen condiciones en el comercio con Estados Unidos que permitan a los países latinoamericanos aprovechar más ampliamente su potencial económico, sus recursos de _-_-_
^^15^^ The New York Times. 2.11.1975.
109 materias primas y de mano de obra en interés del progreso económico acelerado.Por lo tanto, en las condiciones actuales, la lucha de los países del continente por reestructurar las relaciones económicas y comerciales con EE.UU. trascendió los marcos nacionales y reviste un carácter ascendente.
La posición de la mayoría de las naciones latinoamericanas fue formulada por primera vez en su forma más precisa en la declaración, aprobada en 1969 por la V Sesión Extraordinaria de la CECLA, celebrada en la ciudad chilena de Viña del Mar. Luego fue confirmada en el informe acerca de los aspectos básicos de la estrategia del desarrollo de América Latina, aprobado en 1970 en la V Sesión Extraordinaria de la CEPAL. En su declai ación los países de la región expresaron sus demandas principales a EE.UU.: eliminación de las restricciones a la importación de productos latinoamericanos, fijación de plazos para la supresión de estas restricciones, concesión de régimen preferencial en el mercado de Estados Unidos, establecimiento de precios remunerativos para los artículos de exportación, renuncia a la obligación de utilizar los empréstitos para la adquisición forzosa de mercancías y servicios únicamente en EE.UU., reducción de las tasas de interés y aumento de los plazos de pago de préstamos y créditos. En el documento se hace un llamado a una revisión cardinal de la política económica y comercial de los Estados Unidos con relación a América Latina.
Una importante peculiaridad de la etapa actual de la lucha de los países del área contra el dominio yanqui reside en la conquista de la posibilidad de disponer libremente de los recursos nacionales. Testimonio de ello son las acciones colectivas de las naciones del continente contra la política del dictado yanqui, en particular, el rechazo a la misma expresado en la reunión de consulta celebrada por los ministros de energía y de la industria del petróleo en 1973 en la capital ecuatoriana.
En la Declaración de Quito los países latinoamericanos manifestaron su decisión de defender en conjunto las riquezas naturales frente a los atentados de los monopolios imperialistas. En el centro de esta lucha se ubican los esfuerzos destinados a desplazar a los monopolios yanquis de las posiciones que ocupan en la industria extractiva y en la agricultura de la región. Tales esfuerzos están orientados no sólo a poner bajo control estatal la producción de 110 materia prima natural y de productos tropicales, sino también a crear organismos regionales para la exportación de diferentes tipos de producción primaria y que aseguren el mantenimiento de precios remunerativos en el mercado mundial. La primera experiencia en la creación de semejantes organizaciones en el área del comercio exterior fueron las entidades que agrupan a los países exportadores de bananas, azúcar y plata, fundadas en 1974.
Una de las más importantes conquistas en la lucha contra el imperialismo yanqui fue la creación en 1975 del Sistema Económico Latinoamericano (SELA) sin la inclusión de Estados Unidos. De esa manera surgió una agrupación netamente latinoamericana con participación plena y activa de Cuba socialista, destinada a defender los intereses económicos de los países miembros contra la expansión de los monopolios de EE.UU.
La lucha de los países latinoamericanos por un comercio basado en la igualdad de derechos, por librarse del papel subordinado que desempeñan en el sistema de la división internacional capitalista del trabajo empalma con la lucha antimperialista de todos los países en desarrollo. Los países de América Latina y los Estados emergentes de otras regiones, a pesar de las diferencias existentes en sus regímenes sociopolíticos, demuestran singular unidad en la brega por el establecimiento de relaciones equitativas en el intercambio con los países capitalistas industrializados. En esta pugna obtienen activo apoyo de los países socialistas. En las Naciones Unidas y en sus organismos especializados, con el efectivo respaldo de los países del socialismo, fueron adoptadas resoluciones positivas en ese sentido y formuladas múltiples demandas a las potencias capitalistas industrializadas. Precisamente, gracias al respaldo político, moral y material de los Estados socialistas, los países en desarrollo pudieron pasar a una amplia ofensiva contra el imperialismo y alcanzar notables éxitos.
Importante suceso en la brega de las naciones en desarrollo por la democratización del sistema de las relaciones económicas internacionales fue la VI Sesión Especial de la Asamblea General de la ONU celebrada en abril de 1974. Por primera vez en la historia del organismo mundial, su Asamblea General fue especialmente convocada para examinar los problemas relativos a los recursos de materias primas y el desenvolvimiento económico de los países en desarrollo. En 111 la declaración aprobada se expresa la demanda de establecer un nuevo orden económico basado en la equidad, igualdad soberana, comunidad de intereses y cooperación entre todos los Estados. El nuevo orden está destinado a terminar con la desigualdad en las relaciones económicas internacionales, existente en el sistema capitalista mundial.
Las potencias imperialistas y, en primer lugar, los Estados Unidos, sin embargo, no están dispuestos en modo alguno a ceder por las buenas sus posiciones en el comercio mundial y en organizaciones como el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional, donde la distribución de fuerzas es más favorable para los países imperialistas que en la ONU.
En la lucha por restructurar las relaciones económicas internacionales reviste singular importancia la actividad que se desarrolla dentro de los marcos de la Conferencia de las Naciones Unidas para el Comercio y el Desarrollo.
En las sesiones de la UNCTAD los países latinoamericanos hicieron enérgicos esfuerzos por resolver problemas tan acuciantes como los de asegurar el acceso de sus exportaciones tradicionales a los mercados de las naciones capitalistas industrializadas, obtener la concesión de preferencias para comercializar artículos manufacturados y semielaborados e implantar un sistema de estabilización de precios para los productos primarios. En este sentido tuvo singular importancia la VI Sesión de la UNCTAD celebrada en Nairobi en mayo de 1976. Las repúblicas latinoamericanas, conjuntamente con los países en desarrollo de otros continentes, exigieron decididamente la adopción de medidas concretas tendientes a restructurar el sistema de las relaciones económicas en el mundo capitalista en base a los principios anteriormente formulados en los documentos respectivos de la ONU. Los países en desarrollo expusieron la idea, radicalmente nueva, de vertebrar un programa integral para las materias primas, destinado a estabilizar sus mercados sobre una base multilateral, reducir las fluctuaciones en los precios para los productos primarios y su desnivel respecto a los precios de los artículos industriales.
Todo esto indica que la lucha de los países latinoamericanos por la liberación económica y la igualdad comercial va en constante ascenso. Ella contribuye a ensanchar la colaboración entre los Estados de la región, a afianzar sus posiciones en los mercados exteriores, a desplazar los monopolios de sus posiciones en el comercio exterior. Las 112 acciones conjuntas de los países de América Latina, sin duda alguna, debilitan las posiciones del capital yanqui en el continente, creando condiciones para alcanzar verdadera equidad en las relaciones económicas y comerciales con EE.UU.
__ALPHA_LVL3__ 2. LAS CONTRADICCIONES ENTRE EE.UU.La actitud de los países latinoamericanos respecto a la inversión privada extranjera no es simple y depende de la real correlación de fuerzas de clase y políticos que se va conformando en uno u otro Estado de la región.
En los documentos programáticos de los partidos comunistas y obreros de los países de América Latina se indica que las inversiones extranjeras y, ante todo, las inversiones privadas son las que condicionan el carácter dependiente de la economía, lo cual, a su vez, imprime un sello negativo al proceso de desarrollo capitalista latinoamericano y permite la supervivencia de estructuras caducas. En la Declaración de los Partidos Comunistas y Obreros de América Latina y del Caribe de 1975 se subraya lo siguiente: ``Los ideólogos del imperialismo y sus servidores nativos postulan que la mejor fuente de recursos externos que necesita América Latina para el desarrollo, es la inversión privada extranjera. Pero su historia pasada y reciente confirma que las inversiones extranjeras, en particular las norteamericanas, han servido sólo para esquilmar a nuestros países"^^16^^.
Los monopolios transnacionales ocuparon posiciones clave en la industria, en el comercio interior y exterior, en los medios de comunicación masiva. La Declaración señala que en los países de América Latina no se alcanzarán cambios socioeconómicos profundos, sin hablar ya de pasar a la _-_-_
~^^16^^ La América Latina en la lucha contra el imperialismo, por la independencia nacional, la democracia, el bienestar popular, la pa: y el socialismo. Declaración de los partidos comunistas y obreros. La Habana, junio de 1975, p. 12.
Según nuestros cálculos, durante el período de posguerra sólo los monopolios de Estados Unidos obtuvieron de la explotación de los países latinoamericanos ganancias cuyo monto total supera la cifra de 70 mil millones de dólares.
__PRINTERS_P_113_COMMENT__ 8---659 113 realización del socialismo, ``sin derrotar la opresión del imperialismo norteamericano sobre cada una de nuestras tierras, sin eliminar de ellas el dominio de las corporaciones transnacionales"^^17^^.Es diametralmente opuesto el punto de vista que sustentan sobre el papel del capital privado extranjero muchos representantes de la burguesía latinoamericana. Su actitud se basa en la llamada doctrina desarrollista y la doctrina de la CEPAL. En esencia, empalman con las teorías neocolonialistas de una serie de economistas norteamericanos y euroccidentales que consideran al capital privado extranjero como una importante fuente de inversiones, de crecimiento económico y de tecnología moderna.
La lucha antimperialista de las fuerzas del progreso influyó en la apreciación del papel de las inversiones privadas. Como resultado, en los años 60 y 70 surgió un punto de vista más o menos uniforme respecto a la inversión privada extranjera. Aparecieron ciertos rasgos comunes entre los países latinoamericanos en el modo de encarar el problema de su utilización en provecho de la economía nacional. En declaraciones y documentos, adoptados por los Estados de la región en las décadas 60 y 70, se señalaba que el capital privado extranjero puede contribuir considerablemente al desarrollo económico de América Latina sólo en caso de que estimule el ahorro interno del país al que se incorpore, posibilite una amplia participación del capital nacional en este desarrollo y no origine obstáculos a la integración regional.
En la legislación de algunos países del área se incluyen cada vez más frecuentemente cláusulas disponiendo que los inversionistas extranjeros deben no sólo observar estrictamente las leyes nacionales vigentes, sino que no pueden ocupar una posición exclusiva en relación con los inversionistas nacionales; deben asociarse al capital nacional únicamente en una proporción que permita a este último ostentar la dirección en las compañías mixtas; se les permite el acceso sólo a las ramas en las que el capital nacional opera en forma limitada y con la condición de que no desplacen de estos sectores a las compañías nacionales ya existentes en los mismos. Amplia difusión adquiere también el principio de restringir la penetración del capital _-_-_
^^17^^ Ibídem, p. 43.
114 extranjero a los sectores básicos y de no permitir la entrada al país de capitales foráneos que pretenden monopolizar una u otra rama, asi como de capitales que persigan fines especulativos. La tendencia a limitar la esfera de actividades del capital extranjero se manifestó en forma particularmente visible en los años 60 y 70 dentro del Grupo Andino. Aquí se adoptó una serie de decisiones para restringir la actividad de los monopolios extranjeros en las ramas básicas de la economía.Un nuevo nudo de contradicciones surgió en torno al problema del medio ambiente. Al analizar el estado actual de las interrelaciones entre los monopolios yanquis y los países del área, surge la conclusión de que existen serias contradicciones que emanan no sólo del efecto deformador de las inversiones extranjeras, sino también de la actitud rapaz de los monopolios respecto al medio natural, del despilfarro de los recursos que explotan en América Latina y de las alteraciones que provocan en el equilibrio ecológico a escala regional. Aspectos muy complicados presenta también el problema de la explotación de los recursos de los territorios sin colonizar (por ejemplo, de la Cuenca Amazónica) con ayuda del capital extranjero.
También despierta serias inquietudes entre los países latinoamericanos el que los EE.UU. traten de resolver los problemas relacionados con la contaminación ambiental y la conservación del medio circundante por cuenta de las repúblicas del continente. Las naciones del área protestan contra los propósitos de EE.UU. de incluir en forma unilateral un ``gravamen ecológico" en los precios de los artículos industriales que exportan a América Latina, lo cual equivale a traspasar parte de los gastos en mejoramiento ambiental. También provocan agudas objeciones los intentos del imperialismo de imponer a los países latinoamericanos una solución del problema ``sociedad --- técnica --- ambiente" que dificulte su desarrollo económico y, en primer lugar, su industrialización.
Entre EE.UU. y los países de América Latina existen agudas contradicciones vinculadas con el problema de la nacionalización de bienes pertenecientes a los monopolios norteamericanos. Al hablar de nacionalización, cabe tener bien en cuenta que en los países latinoamericanos la misma tiene diferente contenido socioeconómico y político en dependencia de cómo, en interés de qué clase social y en qué condiciones internas se lleva a cabo.
__PRINTERS_P_115_COMMENT__ 8* 115El derecho de cualquier Estado latinoamericano a nacionalizar la propiedad privada, incluida la que pertenece al capital yanqui, emana del principio universalmente reconocido por el Derecho internacional a la soberanía estatal. La nacionalización es una de las formas de manifestación de la soberanía de un Estado y asunto interno del mismo. La doctrina yanqui del Derecho privado, en principio, reconoce que la nacionalización de bienes es prerrogativa del Estado soberano. En los hechos, sin embargo, en la actitud de esta doctrina respecto al problema de la nacionalización de la propiedad estadounidense en los países de América Latina inciden tanto ciertos postulados del Derecho internacional público, como los precedentes artificialmente creados por la práctica judicial. El objetivo general aparece bien claro: reducir a la nada el derecho de los países latinoamericanos a la nacionalización de bienes pertenecientes a los monopolios estadounidenses. En el plano teórico esto se expresa en el afán de los juristas de EE.UU. de demostrar que la doctrina de la cortesía internacional exige, supuestamente, que las naciones latinoamericanas, en las que se encuentran las propiedades de los monopolios estadounidenses, observen un régimen especial en relación a las mismas. Los tribunales de EE.UU., al mismo tiempo, han tergiversado y siguen tergiversando continuamente el contenido de las leyes latinoamericanas sobre nacionalización para presentarlas no como un acto que reviste carácter general, sino como una medida punitiva dirigida contra unas u otras (o determinadas) personas y, por lo tanto, enmarcada en el Derecho penal. En este caso, los tribunales cíe EE.UU. aluden a la inaplicabilidad de una u otra ley de nacionalización, apelando a sus postulados sobre el ``orden público''.
Una seria lucha entre EE.UU. y los países latinoamericanos se despliega en torno a problema de las garantías jurídicas para la inversión privada estadounidense en esos países. En este terreno se esbozan tres direcciones en las que se enfila la actividad de Estados Unidos. En primer lugar, trataron de obtener garantías jurídicas internacionales en la forma de un código unificado interamericano de inversiones. En segundo lugar, el imperialismo norteamericano procuró obtener para su inversión privada garantías de los países latinoamericanos sobre una base bilateral. Por último, el gobierno de EE.UU. procedió a crear un seguro para esas inversiones privadas en forma unilateral.
116Las naciones latinoamericanas ven con toda razón en esos intentos un atentado contra el derecho soberano de cada Estado a determinar por sí mismo el status de las inversiones extranjeras en conformidad con sus intereses nacionales^^18^^.
Últimamente Estados Unidos centran atención principal en la concertación de acuerdos bilaterales con las repúblicas del continente que pueden ser o ya lo son receptoras de capital norteamericano. El primer tipo de tratados de esta clase (tratados de amistad, comercio y navegación) apareció ya en el siglo XIX, y los Estados Unidos tienen suscritos hasta el presente documentos de esa índole con Guatemala, Ecuador, Costa Rica, Colombia, Chile, Brasil. Argentina, Paraguay y Venezuela. Esos tratados contienen cláusulas de reserva a la aplicación del régimen nacional a las inversiones de Estados Unidos en el país respectivo. No obstante, por cuanto el texto de semejantes tratados tipo fue redactado ya en el siglo XIX, en ellos no había cláusulas que hablasen de la ilegalidad, del carácter ``ilícito de la nacionalización de la propiedad extranjera'', inherentes a análogos acuerdos del siglo XX. Esto es lo que puede explicar el hecho de que en los años 60 los Estados Unidos procedieron a concertar una serie de tratados con los países latinoamericanos, dirigidos contra la nacionalización y tendientes a asegurar a los monopolios contra la confiscación, las revoluciones, las guerras, etc. Acuerdos de este tipo los Estados Unidos suscribieron prácticamente con todos los países de América Latina. Con Nicaragua, incluso, concertaron un acuerdo que prohibe en general la nacionalización sin compensaciones en conformidad con las ``normas internacionales''.
El gobierno de EE.UU. realiza considerables esfuerzos para eximir a sus monopolios del riesgo de doble tributo a la inversión realizada. Con ese objeto fueron firmados acuerdos especiales sobre doble tributo impositivo con Brasil, Colombia y Honduras, que permiten a las compañías yanquis que operan en los países indicados escapar al pago de impuestos simultáneamente al país de residencia y al país de incorporación de la casa matriz.
Las naciones de América Latina, a su vez, intensificaron notablemente a comienzos de la década del 70 sus demandas a Estados Unidos para suscribir un acuerdo internacional _-_-_
^^18^^ Véase Economía ik> los países de América Latina, Moscú. 1978, capitulo 2.
117 que reglamente la actividad de los monopolios transnacionales en sus territorios (Código de conducta). Los círculos gobernantes de EE.UU., que tanto se esfuerzan por codificar la legislación de los países de la OEA atinente a las inversiones privadas, sin embargo, eluden concertar semejante acuerdo. Tal actitud, extraña a primera vista, tiene su explicación en el temor que esos círculos experimentan ante la posibilidad de que en el ``Código de conducta" sean incluidas cláusulas que restrinjan la expansión de los monopolios transnacionales. __ALPHA_LVL3__ 3. LA LUCHA DE LOS PAÍSES LATINOAMERICANOS PORLa política de los países latinoamericanos, encaminada a resolver una serie de problemas socioeconómicos esenciales a través del estímulo a la inversión extranjera, no dio los resultados esperados. Por otra parte, la afluencia de capital de préstamo foráneo, inclusive en forma de créditos y empréstitos gubernamentales, contribuyó a un incremento sin precedentes de la deuda externa de las naciones latinoamericanas y a un fuerte aumento de su dependencia financiera respecto a los Estados capitalistas industrializados.
En condiciones que se caracterizan por un acentuado agravamiento de las dificultades monetario-financieras que experimentan la mayoría de las repúblicas latinoamericanas, aumenta la presión de las potencias imperialistas sobre la política interna y exterior de los países del área.
Las relaciones crediticias intergubernamentales entre los países capitalistas desarrollados y las naciones en desarrollo revisten un carácter nada simple y sumamente contradictorio.
La utilización de créditos públicos extranjeros permite a los Estados latinoamericanos acrecentar las importaciones de maquinaria y equipo que constituyen uno de los elementos básicos del proceso de producción. (No es casual que en algunos casos la fuerte reducción del crédito, aplicada como sanción, provoca protestas de los países receptores.)
Sin embargo, la política crediticia de las potencias imperialistas dificulta en general y en grado considerable el desarrollo nacional independiente como consecuencia de su esencia neocolonialista. Los países imperialistas procuran utilizar los créditos públicos para crear resortes 118 efectivos que les permitan atar la economía de la región a las necesidades de la economía capitalista mundial. Los Estados capitalistas industrializados se esfuerzan por intensificar en los países latinoamericanos los sectores económicos cuyo desenvolvimiento responde a los intereses de largo plazo de las potencias imperialistas, tendientes a estructurar una ``nueva'' división del trabajo dentro del marco del sistema capitalista.
Los aspectos económicos de la ``nueva'' división del trabajo consisten en aprovechar a este grupo de países no sólo en calidad de fuentes de materias primas, sino también de productos industriales de los tipos de industria que en los Estados capitalistas desarrollados, bajo el influjo de la revolución científico-técnica y la agudización de los problemas ecológicos, se han hecho menos rentables. Esto les facilita a los países capitalistas industrializados concentrar sus esfuerzos fundamentales en las direcciones más promisorias del progreso económico, tomando en consideración los últimos alcances del pensamiento científico-técnico. Al mismo tiempo, les permite seguir desempeñando el papel de suministradores monopolices de maquinarias, equipos, tecnología nueva y métodos modernos de manejo de la producción.
Su apoyo a la ``industrialización limitada" les da la posibilidad de neutralizar en cierto grado los ánimos antimperialistas entre la burguesía latinoamericana y conservar las bases para seguir explotando la región. Incluso en los casos en que los créditos públicos de EE.UU. se conceden en condiciones de privilegio, ello no constituye el reflejo de una política altruista. Tales créditos son considerados como un gasto inevitable para afianzar las bases de la propiedad privada en la periferia del mundo capitalista.
Xa disminución de los ingresos de divisas provenientes de las exportaciones, en las condiciones de un embargo del crédito, acarrea como consecuencia la reducción de las importaciones de artículos destinados a la industria, provocando considerables alteraciones en el funcionamiento del mecanismo económico. Surgen también dificultades en el abastecimiento de la población con alimentos y artículos de primera necesidad cuya producción interna no alcanza a cubrir la demanda y cuya adquisición en el extranjero decrece notablemente por falta de divisas.
Las contrariedades económicas crean condiciones favorables para dinamizar la actividad de los grupos reaccionarios 119 estrechamente vinculados al capital extranjero, provocan el descontento entre algunas capas de la población, todo lo cual, sumado a premisas determinadas, puede retardar la realización de transformaciones progresistas.
Desde el punto de vista de los países deudores, el sentido principal del aprovechamiento de los créditos externos, en el plano económico, reside en la creación de condiciones adecuadas para la reproducción ampliada por cuenta, esencialmente, de los recursos materiales y financieros internos. Sin embargo, el rápido crecimiento de la deuda exterior conduce al incremento de la dependencia financiera de la región.
Por lo tanto, el problema de hacer que los créditos externos respondan más plenamente a las necesidades del progreso económico y social de los países receptores dista mucho de haber sido resuelto. El interés de los Estados capitalistas industrializados, ante todo Estados Unidos, de utilizar el mecanismo de crédito para alcanzar sus objetivos políticos y comerciales conduce a una mayor subordinación de los países deudores al sistema de la economía capitalista mundial y aleja la perspectiva de alcanzar la independencia económica.
Uno de los más graves problemas, cuya agudización está directamente vinculada con la práctica crediticia de las potencias imperialistas, es el problema de la deuda externa. Su monto en América Latina aumenta a ritmo acelerado.
A la vez, son cada día más grandes los pagos por el servicio de la deuda (amortización más intereses). Si en los años 60 tales desembolsos representaban en término medio un 22'',, del valor de las exportaciones de mercancías y servicios, en 1975 ese índice se elevó al 28'',, y, en 1976, al 30%^^19^^.
El deseo de recibir más créditos a fin de superar la influencia negativa de los reembolsos y acrecentar así los recursos orientados al desarrollo económico redunda en una elevación progresiva de la deuda externa cuyas posibilidades de liquidación se van alejando hacia un futuro imprevisible. La complejidad de este problema consiste en que su solución depende no sólo de la aplicación de una política interna coherente, sino, en grado aún mayor, está condicionada por factores externos que escapan al control de los países _-_-_
^^19^^ Véase Comercio exterior, México, N 11, 1977. p. 1.316: Notut sohrc ¡u c'cononiíti v el desarrollo de América Latina, Santiaeo de Chile. 1977, N 239. p. 4.'
120 latinoamericanos. Entre estos factores cabe mencionar la correlación de los precios de exportación y de importación, la política comercial y crediticia de los Estados capitalistas industrializados, el nivel de la demanda de artículos primarios, etc. Por ejemplo, la caída de los precios mundiales para las materias primas, como regla, tiende a empeorar seriamente la situación de la mayoría de esos países, hace que su desarollo económico dependa aún más de las fuentes externas de financiamiento y predetermine el ulterior incremento de la deuda exterior.Naturalmente, las dificultades vinculadas con el pago de la deuda son de diferente grado en unos u otros países. Sólo un grupo reducido de naciones que constituyen grandes exportadores de petróleo no experimenta ahora contratiempos para saldar sus obligaciones corrientes gracias al notable alza de los ingresos obtenidos de las exportaciones de combustible. En cambio, la mayoría de los demás países latinoamericanos se enfrentan permanentemente a la necesidad de buscar recursos complementarios para efectuar sus pagos en divisas, por cuanto éstos no los pueden cubrir con los ingresos obtenidos de las exportaciones de mercancías y servicios. Por otra parte, al ampliarse últimamente la utilización de créditos comerciales concedidos en condiciones más rígidas, puede complicarse seriamente en un futuro cercano el problema del cumplimiento de las obligaciones emanadas de la deuda externa.
Las posibilidades de aliviar las dificultades monetariofinancieras dependerán en mucho de la orientación que tome el desarrollo socioeconómico, del carácter de la actividad productiva interna y de la política económica exterior que apliquen los países latinoamericanos. Sólo un enfoque integral de los problemas económicos y sociales que contemple en primer lugar los intereses del desarrollo nacional puede conducir a formar una estructura de producción más equilibrada en los países de América Latina y a incrementar su potencial económico.
La política de puertas abiertas al capital extranjero, sostenida por una serie de países de la región, significa, en definitiva, una ulterior desnacionalización de sus economías. Tomando el capital foráneo como base para remediar las dificultades crónicas originadas por la escasez de divisas, se llega a un mayor reforzamiento de la dependencia económica, a un incremento sucesivo de la explotación por 121 parte de la oligarquía financiera de potencias imperialistas.
La solución de los problemas emanados de la utilización de créditos y empréstitos que conceden los Estados capitalistas desarrollados dependerá en sumo grado del avance y el nivel de la lucha de las naciones latinoamericanas por mejorar las condiciones del financiamiento externo. La necesidad de intensificar esta lucha está determinada por el hecho de que los países del continente siguen experimentando grandes dificultades monetarias, que en grado considerable tienen su origen en la esencia neocolonialista de la política crediticia de las potencias imperialistas.
Cabe señalar que los Estados de América Latina hicieron determinados avances en el incremento de la afluencia de recursos externos. Sin embargo, durante los últimos años hubo un pronunciado empeoramiento en las condiciones para obtenerlos. Los plazos medios de pago de los créditos obtenidos por los países de América Latina, por ejemplo, se redujeron de 19,2 años en 1961--65 a 17,4 en 1975, y la tasa de interés aumentó de un 3,6°,, a un 6,7'',,, respectivamente^^20^^.
Hay que des'tacar también lo siguiente. Los recursos financieros que ingresan a los países del continente, como consecuencia de la intensificación de las tendencias inflacionarias en los Estados imperialistas y de la persistente crisis del sistema monetario del capitalismo, sufren una considerable desvalorización. Por lo tanto, para mantener a nivel determinado la suma real de los créditos a percibir, las naciones latinoamericanas se ven obligadas a procurar un aumento en la suma nominal de los recursos que ingresan y condiciones más favorables en la concesión de los mismos. Actualmente plantean las siguientes tareas fundamentales en materia de relaciones financieras externas: primero, aumentar el volumen de créditos y subsidios; segundo, mejorar las condiciones en que se otorgan, y tercero, tomar medidas urgentes y efectivas para aliviar el peso de la carga que representa el endeudamiento externo.
En todas las asambleas internacionales las naciones latinoamericanas y otros países en desarrollo sostienen una activa lucha por la solución urgente de estas tareas. En particular, con el apoyo de los Estados socialistas, en el marco de la UNCTAD se aprobaron una serie de resoluciones _-_-_
^^20^^ Véase Progreso económico v social en América Latina. Informe anual, 1976, Washington. 1976, p. 98.
122 y recomendaciones que reflejan en determinado grado los intereses de los países en desarrollo. Reviste singular importancia, por ejemplo, la recomendación adoptada en 1964 en la primera conferencia de la UNCTAD referente a los fines y métodos de la política crediticia. En ella se proclamó que la colaboración financiera debe contribuir a que los países en desarrollo alcancen la independencia económica y que ``no debe estar supeditada a ninguna clase de condiciones políticas, económicas, militares o de otro carácter que sean inadmisibles para ellos"^^21^^.También fueron aprobadas recomendaciones sobre el aumento del monto de los recursos financieros que se otorgan a los países en desarrollo y el mejoramiento de las condiciones de préstamo.
Al mismo tiempo hay que consignar que las resoluciones y las recomendaciones adoptadas en el marco de la UNCTAD con frecuencia revisten carácter impreciso y ambiguo. Algunos representantes de los países en desarrollo intervienen en ciertas cuestiones con pretensiones políticamente equívocas, sitúan en una misma línea a las potencias imperialistas, que son las culpables principales de sus dificultades económicas, con los Estados socialistas que siempre están del lado de los países en desarrollo en su lucha por superar el atraso económico.
Todo ello resta, en cierto grado, eficiencia a la brega de las naciones latinoamericanas y otros países por una aplicación sin demoras de los principios de la justicia y de la igualdad en las relaciones económicas internacionales. En la Carta de Argel, por ejemplo, aprobada por el Grupo de los 77 en 1967, en vísperas de la II Conferencia de la UNCTAD, se indicaba que ``salvo algunas excepciones, las condiciones y términos del financiamiento al desarrollo se hacen cada vez más pesados; la parte de los subsidios desciende, las tasas de interés crecen; los plazos de pago se reducen, y los préstamos para el desarrollo se sujetan cada vez más a determinadas condiciones"^^22^^.
El aumento de las dificultades monetario-financieras _-_-_
^^21^^ Documentos de la Conferencia de las Naciones Unidas para el Comercio v el Desarrollo. Ginebra, 1964, t. 1, Nueva York, p. 57.
^^22^^ Documentos de lo Conferencia de las Naciones Unidas para el Comercio r Desarrollo. II Sesión. Nueva Delhi. 1968, t 1, Nueva York, 1968, p. 568.
123 de los países latinoamericanos predeterminó la adopción de una postura más constructiva por parte de éstos que quedó formulada en la Declaración y Programa de acción, aprobados en Manila en vísperas de la IV Sesión de la UNCTAD.Además de plantearse la anterior reivindicación sobre la asignación por los Estados capitalistas industrializados de 1% del valor de su Producto Interno Bruto para la prestación de ayuda, quedó estipulado también que el monto de los créditos públicos ascendente a 0,7% del PIB debe ser calculado después de descontarse los intereses pagados por los países en desarrollo en concepto de servicio de la deuda exterior. A la vez, la distribución de los recursos financieros ``debe ser más racional y equilibrada entre todos los países en desarrollo"^^23^^. La anterior demanda de mejorar las condiciones para la prestación de créditos fue complementada con una serie de proposiciones concretas a fin de hacer que la afluencia de recursos financieros ``sea pronosticable, continua y más segura"^^24^^. Con el objeto de aliviar la carga de la deuda exterior, los países participantes promovieron la iniciativa de anular las deudas públicas de las naciones menos desarrolladas y de conceder prórrogas al pago de la deuda por aquellos que experimentan dificultades en saldar la balanza de pagos. Se adoptaron resoluciones sobre la necesidad de concertar acuerdos dirigidos a consolidar la deuda originada por la utilización de créditos comerciales y sobre la creación de un fondo o banco especial con ese objeto, sobre la ampliación y liberalización del sistema de concesión de créditos en el marco del Fondo Monetario Internacional.
Las recomendaciones aprobadas por el Grupo de los 77 en Manila sobre cuestiones monetario-financieras se diferenciaron por una serie de peculiaridades respecto de las resoluciones que antes se tomaron en este aspecto. Se distinguieron, ante todo, por abarcar un espectro más amplio de las relaciones económicas internacionales. Además de la formulación de los principios generales sobre los montos y condiciones de la ayuda, fueron enunciadas una serie de cláusulas concretas sobre: anulación de la deuda pública de los países menos desarrollados, consolidación de la deuda a corto plazo originada por los créditos comerciales, sobre un _-_-_
^^23^^ Manila. Dcclarcition uncí Pro^ramme of Action. TD 195, 12.11.1976 p. 24.
^^24^^ Ibid., p. 23.
124 mayor acceso a los recursos crediticios del FMI y otras. Los problemas de la ayuda y de la deuda externa quedaron estrechamente vinculados a otras cuestiones, por ejemplo, a la reforma del sistema monetario capitalista internacional, a la elaboración de un programa integral para los artículos primarios, a la ampliación de la cooperación económica entre los países en desarrollo y los Estados socialistas.El enfoque más amplio y constructivo de las cuestiones examinadas por el Grupo de los 77 en Manila, fue consecuencia de la profundización de la crisis del desarrollo dependiente de este grupo de países dentro del sistema de la economía capitalista mundial que llevó a una postura más realista frente a los problemas que ante ellos se plantean. Por otra parte, fue también resultado de la ampliación de las premisas que actúan en pro de la implantación de los principios de igualdad y ventaja recíproca en el sistema de las relaciones económicas internacionales, para cuya materialización hacen un aporte fundamental los Estados socialistas.
La actitud negativa de los representantes de las grandes potencias imperialistas respecto a la solución de las tareas concretas formuladas en la Declaración y el Programa de acción de Manila se expresó en la táctica dilatoria y, a veces, de obstrucción abierta que utilizaron al ser examinadas dichas tareas en la IV Sesión de la UNCTAD, celebrada en Nairobi en mayo de 1976. Esos representantes, forzados a adoptar, en ocasiones, resoluciones de compromiso, sin embargo aprovechaban cualquier posibilidad para imponer sus recetas frente a los graves problemas monetario-financieros que afectan a los países en desarrollo. Ponían el acento, en lo esencial, en la necesidad de intensificar la política enfilada a estimular la inversión privada extranjera.
Los resultados de esas cuatro sesiones de la UNCTAD permiten destacar lo siguiente. Pese a la acción contraria de las potencias imperialistas, las recomendaciones y resoluciones adoptadas en el marco de esta organización internacional reflejan, en cierta medida, los intereses de las naciones latinoamericanas. Ello significa que en las condiciones actuales el imperialismo ya no puede seguir ignorando las demandas de esos países y está obligado a hacer determinadas concesiones. Cabe subrayar, sin embargo, que en muchos casos, cuando se trata de pasar a la aplicación práctica de las recomendaciones acordadas, los países imperialistas se atienen a sus propios intereses y, por lo general, dilatan 125 la materialización de los postulados básicos contenidos en los documentos aprobados.
Las potencias capitalistas, en circunstancias en que se acentúa la crisis energética y de materias primas que sacude su mundo, tratan de eludir una confrontación abierta con los países en desarrollo. Manifestándose de palabra por la aplicación de los principios fundamentales tendientes a implantar un nuevo orden económico internacional, adoptados en el marco de la ONU, esas potencias orientan su principal esfuerzo a perpetuar el control que ejercen sobre los recursos de materias primas y los procesos socioeconómicos que se operan en los países en desarrollo. Por eso, aceptando algunas demandas, los Estados imperialistas bloquean, a la vez, la adopción de resoluciones concretas sobre los problemas fundamentales de las relaciones económicas entre las naciones. Un testimonio de ello son también los resultados de la Conferencia para la colaboración económica internacional celebrada en París en junio de 1977, en la que paticiparon 8 naciones capitalistas industrializadas y 19 en desarrollo.
En la conferencia se discutieron cuestiones que abarcan un amplio espectro de problemas: la concesión de ayuda a los países en desarrollo que tienen elevada deuda exterior, la creación de un fondo común para el financiamiento de las reservas de estabilización de productos primarios, la transferencia de recursos financieros a los países en desarrollo y otros. Es decir, fueron examinados problemas de cuya solución dependen en sumo grado las perspectivas del avance de estos países. Sin embargo, la actitud asumida por los Estados occidentales mostró claramente la incompatibilidad de intereses entre los dos grupos de naciones participantes en la conferencia.
Los países capitalistas industrializados pretendían, ante todo, obtener de los países en desarrollo concesiones en la esfera de los recursos energéticos, a fin de poder controlar los precios del petróleo y derivados. En cuanto a lo que planteaban estos últimos, las naciones occidentales trataban de no tomar decisión alguna con carácter constructivo.
En esas circunstancias los resultados de la conferencia fueron mínimos. Los países en desarrollo, en suma, no avanzaron en la solución de problemas como la adopción de medidas inmediatas para aligerar la carga de la deuda exterior e instituir un fondo común para el financiamiento de las reservas de estabilización de materias primas, etc.
126Durante los últimos años los países de América Latina se pronuncian activamente por la mejora de las condiciones de financiamiento exterior no sólo en el marco de los organismos internacionales, sino también a nivel directamente gubernamental. Dirigen sus demandas, ante todo, a Estados Unidos, sobre los que recae la parte principal de los créditos otorgados a la región por las naciones occidentales.
Las demandas a Estados Unidos fueron formuladas en su expresión más completa en el documento Consenso de Viña del Mar, adoptado por los países latinoamericanos en la sesión de la Comisión Especial de Coordinación Latinoamericana (CECLA) de 1969. En materia de relaciones monetario-- financieras se estipuló: 1) ajustar más el monto y las condiciones de los créditos, otorgados por EE.UU., a las necesidades de los países de la región; 2) suprimir los préstamos ``atados''; 3) incrementar las sumas de los créditos concedidos por los organismos financieros internacionales; 4) crear un mecanismo eficiente que ayude a liberalizar los créditos recibidos; establecer un fondo de ajuste de las tasas de interés; 5) facilitar a los países latinoamericanos, a sus organizaciones regionales y subregionales el acceso al mercado de capitales de EE.UU.; 6) coordinar la función de los derechos especiales de giro con el financiamiento para el desarrollo.
El Consenso de Viña del Mar fue un importante paso en la formación de un frente único de las naciones latinoamericanas que se pronuncian contra la política explotadora de Washington.
La 15 Sesión de la CEPAL, celebrada en Quito en 1973, terminó en un enfrentamiento abierto entre los Estados latinoamericanos y EE.UU. Esta sesión mostró una vez más que, pese a las divergencias existentes entre los países de América Latina, existe la posibilidad de alcanzar la unidad en torno a problemas fundamentales que los afectan. En la Declaración de Quito, aprobada en esa sesión, se expresan postulados de corte antimperialista.
En ese documento se acusa directamente a EE.UU. y a otras potencias imperialistas de utilizar el mecanismo de los créditos sólo atendiendo a sus intereses propios. Se demanda a Estados Unidos revisar su política en la región y reestructurar las relaciones de manera que respondan a las necesidades del progreso económico de las naciones latinoamericanas.
127Los Estados Unidos, ante la incesante crítica de los países de América Latina y los de otros continentes, se ven obligados a cambiar y modificar sus procedimientos tácticos y sus consignas con el fin de seguir manteniendo las posiciones económicas y políticas que ocupan en el área. Las transformaciones progresistas en algunos Estados de la región, orientadas a afianzar la soberanía nacional y a eliminar la posición dominante del capital privado norteamericano en la economía hicieron que Washington introdujese algunos cambios en su mecanismo crediticio.
Las modificaciones en la política crediticia de EE.UU. en los años 70 derivan de una serie de premisas objetivas. Primero: el ensanchamiento de la cooperación económica entre el sistema socialista mundial y los Estados latinoamericanos sobre una base de igualdad y conveniencia mutua crea condiciones para intensificar la lucha de estos últimos por un cambio radical en la posición que ocupan dentro de la economía capitalista mundial. Segundo: el acelerado incremento del déficit de la balanza de pagos, el agravamiento de la situación económica interna y la inestabilidad del dólar en los mercados de divisas obligan a Estados Unidos a prestar suma atención a sus propios problemas. Al mismo tiempo, el acrecido potencial económico de las naciones de Europa Occidental y del Japón y su expansión hacen imprescindible la introducción de modificaciones en los procedimientos y medios empleados por el capital monopolista estadounidense para conservar sus posiciones en la región. Tercero: la aspiración de los países latinoamericanos a unirse para enfrentar con mayor eficiencia la política neocolonialista tiende a robustecer las posiciones de esos países. El problema de los recursos primarios, que se agrava en el mundo capitalista en los últimos años, condujo a un afianzamiento del papel que desempeñan los países latinoamericanos y otras naciones en desarrollo. Todo ello obliga a Estados Unidos a tomar medidas adecuadas para tratar de evitar una escalada de las contradicciones.
La modificación de la política crediticia respecto a los países latinoamericanos enfila en varias direcciones. Los EE.UU. reorientan sus programas de crédito para concederlos no en forma bilateral, sino sobre una base multilateral con el fin de enmascarar sus afanes expansionistas. Si a mediados de los años 60 sólo una tercera parte de los créditos y empréstitos de EE.UU. a América Latina iba por línea de 128 los organismos de créditos internacionales, a comienzos de la década del 70 esos organismos canalizaban ya las dos terceras partes de los mismos. Los Estados Unidos consideran, por otra parte, que eso les dará la posibilidad de reducir sus gastos de financiamiento de los países del área a expensas de una mayor participación de otros Estados capitalistas.
Sin embargo, la causa principal de la reorientación de la política crediticia de EE.UU. en el sentido indicado reside en otros motivos. No pueden dejar de considerar el significado de las acciones conjuntas de los países latinoamericanos por la utilización de los recursos externos en interés de su desarrollo independiente y las contradicciones que en base a ello se han agravado. Por influjo de estos factores, la política crediticia de EE.UU. se orienta más y más hacia la consecución de objetivos de largo plazo. La realización de los objetivos estratégicos del imperialismo en esta región exige en el período actual mancomunar los esfuerzos con otras potencias capitalistas para desarrollar una política única. Las instituciones internacionales de crédito, según considera Washington, son, precisamente, el instrumento más idóneo para estos casos.
Al mismo tiempo, los Estados Unidos conservan el mecanismo de financiamiento bilateral, considerándolo como `` herramienta flexible de la política nacional'', mediante la cual se puede lograr la necesaria ``concentración de recursos en determinados países y resolver aquellos problemas que presentan interés inmediato para EE.UU.''^^25^^
Simultáneamente se tiende a elevar el papel del capital privado extranjero en el financiamiento de los programas de desarrollo económico de América Latina. El afán de aumentar al máximo la participación del capital privado en el total de los recursos financieros que se conceden a los países de la región constituye uno de los rasgos peculiares de la política económica de EE.UU. de los últimos años.
El incremento del papel del capital privado extranjero se combina con la aplicación de la doctrina sobre la ``nueva'' división internacional del trabajo en el marco de la economía capitalista, lo que debe permitir, según las intenciones _-_-_
^^25^^ U. S. Department of State Bulletin. = Washington. 17.XII. 1970, p. 737.
__PRINTERS_P_129_COMMENT__ 9---659 129 de EE.UU., reforzar la interdependencia de la economía del área con la de los Estados capitalistas desarrollados.A la vez, ello crea la apariencia de que se atiende a la demanda de los países en desarrollo de crear condiciones que contribuyan a promover sus exportaciones de productos elaborados y, sobre todo, asegura a Estados Unidos la posibilidad de seguir conservando sus sólidas posiciones en los sectores más promisorios de la economía latinoamericana.
Un importante elemento del rumbo actual se expresa en la renuncia a adoptar compromisos globales para el financiamiento de América Latina a través de programas del tipo de la Alianza para el Progreso. Los créditos y préstamos se utilizan cada vez mas para superar situaciones críticas que se presentan en unas u otras esteras de la vida socioeconómica de los países de la región. Se reconoce la necesidad de emplear los recursos otorgados a los fines de una redistribución parcial de los ingresos en favor de las capas de la población menos pudiente, de una cierta transformación de la estructura de la propiedad agraria, del desarrollo de los sistemas de educación y de salud pública. Estas cuestiones figuraban también en el temario de la Alianza para el Progreso. Mas su solución social y política, supeditada en las condiciones de la sociedad capitalista a los intereses de las clases dominantes, no posibilita reducir su carácter agudo y obliga a los círculos gobernantes a introducir constantes modificaciones en la política de maniobra social. Es por eso que el perfeccionamiento de los mecanismos del reformismo burgués en América Latina siga ocupando, igual que antes, un lugar destacado en los programas de financiamiento.
El acrecentamiento del papel de los Estados latinoamericanos en las relaciones económicas internacionales y la intensificación de su política exterior obligan a Estados Unidos a desarrollar una política más realista y equilibrada respecto a sus vecinos sureños. El Gobierno de James Cárter formuló una serie de principios para la aplicación de su política económica en América Latina que los ideólogos norteamericanos estuvieron elaborando con ahínco desde el final de la década del 60. Conforme al rumbo trazado, la estrategia económica exterior de EE.UU. supone un enfoque global, regional, y bilateral de los problemas de América Latina.
El enfoque global se fundamenta en el postulado de que la solución de muchos problemas que afectan a los países 130 latinoamericanos puede ser alcanzada sólo en el marco de una amplia cooperación internacional. En definitiva, ello significa un reconocimiento indirecto de la necesidad de restructurar el mecanismo vigente de las relaciones económicas internacionales entre los países capitalistas industrializados y las naciones en desarrollo. Sin embargo, los Estados Unidos están muy lejos de cooperar a una reestructuración cardinal en concordancia con los principios estipulados en la Declaración y el Programa de Acción para el establecimiento de un nuevo orden económico internacional, en la Carta de Derechos y Deberes Económicos de los Estados y en otros documentos internacionales.
En las nuevas condiciones los EE.UU. procuran utilizar su probado método de insignificantes concesiones para seguir aprovechando en interés propio un mecanismo algo modificado de las relaciones económicas.
El principio del enfoque bilateral para conceder créditos y préstamos también está destinado a resolver las tareas tácticas y estratégicas que se plantea el imperialismo tanto en la región en conjunto, como en los países tomados por separado. Con ayuda de los acuerdos bilaterales sobre concesiones de crédito, los EE.UU. intentan, en primer lugar, estabilizar y profundizar el desarrollo de las relaciones capitalistas de producción en una serie de países latinoamericanos; en segundo lugar, reforzar su influencia en la elaboración de la política económica interna y exterior de unos u otros Estados latinoamericanos que juegan un papel importante en sus planes estratégicos; en tercer lugar, utilizar también en el futuro los mecanismos de crédito como instrumento de presión para alcanzar sus objetivos económicos y políticos en cada país de la región; por último, obstaculizar el afianzamiento de la unidad latinoamericana basada en la lucha antimperialista.
La evolución de la brega de los países latinoamericanos por mejorar las condiciones de financiamiento externo permite hacer varias conclusiones.
Primero: en el proceso de esta lucha los países toman cada vez mayor conciencia del hecho de que la concesión de créditos y subsidios por Estados Unidos y otros países capitalistas industrialmente desarrollados representa sólo una retribución mínima por los largos años de explotación sin control a que se hallaban sometidos. Reconociendo el carácter limitado de la política crediticia de las potencias __PRINTERS_P_131_COMMENT__ 9* 131 imperialistas, las naciones latinoamericanas intervienen activamente para que sea revisado todo el sistema de las relaciones económicas, por la implantación de un nuevo orden económico internacional.
Segundo: en el período actual ha ascendido el nivel de esa lucha. Junto con las demandas a los Estados capitalistas desarrollados de incrementar el monto de los créditos que se otorgan y de mejorar las condiciones para su concesión, las repúblicas latinoamericanas rechazan cada vez más deci didamente los intentos de Estados Unidos de intervenir en sus asuntos internos, se empeñan por recuperar sus recursos naturales, aplican una política exterior más independiente. Todo el período de posguerra testimonia que el éxito de esta política depende en mucho del nivel alcanzado en la cooperación con la Unión Soviética y otros Estados socialistas. Por eso, un número cada vez mayor de países del área, a pesar de la acción contraria de las potencias imperialistas, toman la vía del ensanchamiento de las relaciones económicas con el sistema mundial del socialismo.
Tercero: en la actualidad se afianza la unidad latinoamericana por aplicar una línea común respecto a las naciones capitalistas industrializadas. Se advierte una tendencia a pasar de la formulación de unas u otras demandas respecto a la concesión de recursos financieros sobre base preferencia! a la elaboración de una política común en las relaciones económicas exteriores. El afán de coordinar sus acciones se manifestó en la firma, en octubre de 1975, de un acuerdo para la constitución del sistema Económico Latinoamericano (SELA) con la participación de 25 países de América Latina y del Caribe, incluida Cuba socialista.
Al mismo tiempo, existe una serie de factores que debilitan las posiciones de los países latinoamericanos y reducen la eficiencia de su lucha. En sus demandas de incrementar la afluencia de créditos y subsidios gubernamentales, por ejemplo, toda una serie de Estados apoyan la doctrina que divide al mundo en el ``norte rico" y el ``sur pobre'', que de hecho tiende a quitar de los países imperialistas la responsabilidad por la situación de atraso de los países en desarrollo. Partiendo de esta doctrina, las demandas en cuanto a la concesión de recursos financieros también son dirigidas a los países socialistas, que de ninguna manera tienen responsabilidad por la situación creada. En las observaciones formuladas por la delegación soviética a las resoluciones y 132 recomendaciones adoptadas, en particular, por la II Sesión de la UNCTAD, en Nueva Delhi, en 1968, se indicaba: ``La URSS no ha explotado ni explota en forma alguna a los países en desarrollo, por lo cual no lleva ni puede llevar responsabilidad moral o material alguna por la grave situación económica de los países en desarrollo. La delegación de la URSS no está de acuerdo, en este sentido, con la concepción de dividir a todos los países en ``ricos'' y ``pobres'' o en ``el norte rico" y ``el sur pobre"^^26^^.
También cabe señalar la circunstancia de que la unidad de los países latinoamericanos se ve minada por la supervivencia en algunos de ellos de regímenes abiertamente proimperialistas, testaferros de la política del capital monopolista de EE.UU.
Si cabe hablar en general sobre la utilización de créditos extranjeros y de su papel en el desarrollo de los países de América Latina, aquéllos dependerán en sumo grado de las transformaciones progresistas en la vida económica social, de la ampliación, sobre esta base, de la colaboración con el sistema socialista mundial y de la intensificación de la lucha contra la política explotadora del imperialismo.
_-_-_^^26^^ Documentos de la Conferencia de las Naciones Unidas para el Comercio y el Desarrollo. II Sesión. Nueva Delhi, t. 1, p. 56.
[133] __ALPHA_LVL1__ PARTE II. LAS RELACIONES POLÍTICAS DE EE.UU.A comienzos de los años 70 el debilitamiento relativo de las posiciones financieras y económicas de EE.UU. en el sistema capitalista mundial estuvo acompañado por un reforzamiento de otros centros del capitalismo desarrollado, ante todo, de la RFA y el Japón. El prestigio político de Estados Unidos se redujo notablemente en la arena mundial debido al fracaso de la aventura imperialista en Vietnam, así como a la agudización de los problemas internos y a la depresión de los llamados ``valores occidentales''.
Las naciones de América Latina siguieron ocupando un importante lugar en la estrategia internacional del país del Norte. Su incremento demográfico y la aceleración de su desarrollo económico las iban convirtiendo en mercado cada vez más vasto para las exportaciones estadounidenses y en ventajoso campo de aplicación del capital privado. Altos funcionarios de las dependencias de política exterior de Washington afirmaban con toda razón: ``Los cambios en las condiciones económicas mundiales que se observan en los últimos años refuerzan el interés económico de Estados Unidos por la región''^^1^^.
El papel político de las repúblicas latinoamericanas también iba creciendo a medida que aumentaba su peso en los organismos internacionales y su actividad política exterior se hacía más activa.
_-_-_~^^1^^ The Department of State Bulletin. = Washington, 22.VII.1974, p. 151.
134Los cambios que se registraban en el continente influenciaron en la formación de la política latinoamericana de EE.UU. Washington no tuvo otra opción que tomar en cuenta el ascenso de la lucha de liberación, el paso, a fines de los años 60 y comienzos de los 70, de una serie de países a orientaciones progresistas, así como las crecientes contradicciones en el continente con el imperialismo.
La administración Nixon actuaba en condiciones internas sumamente complejas. Las dimensiones de la pugna política en el país, la agudización de las relaciones entre los poderes ejecutivo y legislativo, todo el conjunto de circunstancias que condujeron a fin de cuentas a la sin precedente dimisión en 1974 del mandatario, la necesidad de conducirse entre grupos de diferentes orientaciones inevitablemente imprimieron su sello a la política latinoamericana de EE.UU. de este período, dándole un carácter contradictorio.
Por último, ese curso fue parte de la estrategia global de EE.UU. por lo cual debía estar en coherencia con las líneas principales de la política de la administración republicana en los países en desarrollo.
La doctrina Nixon (o doctrina de Guam), proclamada en 1969, anunciaba el fin de la era de la ``responsabilidad mundial estadounidense''. La nueva política se basaba en la concesión de autonomía en la actuación a los aliados asiáticos, latinoamericanos y otros del imperialismo. En la prensa y en las declaraciones oficiales yanquis quedó formulado el rumbo a la política de ``poco perfil" en América Latina.
Esta política muy pronto mostró que sus objetivos declarados no correspondían totalmente a sus objetivos reales. En algunos trabajos se señalaba: ``Es una ilusión pensar que con una inversión de las compañías norteamericanas que asciende casi a 14.000 millones de dólares el gobierno de Estados Unidos pueda mantenerse con ``poco perfil" = __NOTE__ Above double-quote (poco perfil) should be single quotes. en América Latina"^^2^^. (Hacia 1975 el total de las inversiones de EE.UU. en los países de la zona alcanzó a más de 19.600 millones de dólares.) Un ``perfil'' muy perfilado, como caracterizaban los observadores la esencia de esa política de EE.UU.
El curso latinoamericano se formó en condiciones de _-_-_
^^2^^ Latín America. New Interpretations of ils Politice and Society. N. Y. 1972, p. 189.
135 continuas divergencias entre diferentes fracciones de la clase gobernante.Distintos aspectos de la política de EE.UU. en los países de la región fueron repetidas veces objeto de agudas discusiones. Las concepciones que propugnaban el desarrollo económico, las reformas y la democratización de las sociedades latinoamericanas eran refutadas por la esterilidad de los intentos de imponer a los países en desarrollo el ``patrón occidental''. Parte de los legisladores manifestaba su total desilusión respecto a los programas de ayuda. Los partidarios de las normas constitucionales, de la legalidad parlamentaria y demás atributos del sistema representativo se manifestaban contra el sector pragmático de los círculos gobernantes.
Las opiniones divergían también en la cuestión sobre los militares latinoamericanos. En los impresos y declaraciones públicas se dijo mucho sobre la capacidad potencial de los regímenes militares de aplicar en sus países una política reformista. Al mismo tiempo, los defensores más celosos de la democracia representativa rechazaban la posibilidad de una alianza con la camarilla militar. Los acalorados debates en las esferas gobernantes de EE.UU. eran avivados continuamente por los problemas relacionados con la actividad de los inversionistas estadounidenses en el exterior.
Finalmente, se expresaba toda clase de dudas sobre el carácter general del rumbo latinoamericano. Los críticos reprochaban a Washington no tener interés en los problemas del continente, menoscabar sus intereses y apartar a América Latina hacia la ``periferia'' de la política global. Los conflictos entre los departamentos gubernamentales, el poder ejecutivo y el Congreso reflejaban la lucha de intereses entre diferentes grupos dirigentes.
En el período durante el cual el partido republicano estuvo en el poder, su política latinoamericana cambió varias veces de rótulo. Renunciando a la ``retórica de tiempos pasados'', el gobierno Nixon proclamó en 1969 como rumbo principal de la política de EE.UU. en América Latina la ``acción para el progreso''. De la ``acción para el progreso" los Estados Unidos pasaron a declarar la de ``socios maduros'', y Henry Kissinger, designado para el cargo de Secretario de Estado, anunció en 1973 el inicio de un ``nuevo diálogo" entre las dos Américas. Mas en enero de 1974 el ``nuevo diálogo" fue 136 interrumpido como resultado de la sanción por el Congreso de EE.UU. de la discriminatoria ley comercial.
A mediados de los años 70, Washington aplicaba en la región una política cada vez más rígida que tenía como objetivo alcanzar la ``estabilización'' de los países del área. Esa política a mediados de la década se basaba en el ``firme apoyo" a los regímenes derechistas.
__ALPHA_LVL3__ 2. B\'USQUEDA DE ALIADOS Y DIVERGENCIAS EN LOS CÍRCULOSUno de los principales problemas de la política latinoamericana de EE.UU. en la década del 70 siguió siendo la búsqueda de aliados sociales y políticos en las repúblicas del continente. Las esferas gobernantes del país del norte se empeñaban en hallar socios lo suficientemente experimentados y flexibles para asegurar la estabilidad firme en los países del sur y, sobre todo, aplicar una política interior y exterior aceptable para Washington.
Ya a finales de la década del 50 la crisis estructural, que agravó en extremo las contradicciones socioeconómicas y políticas en los países de América Latina, fue la causa principal que obligó a los políticos estadounidenses a esforzarse por ampliar la base social de apoyo al imperialismo entre la llamada clase media a la que pertenecen, según las publicaciones científicas y políticas burguesas, los empleados, la parte acomodada de la clase obrera, los granjeros, los grandes capitalistas y terratenientes.
La burguesía latinoamericana era considerada como una clase portadora de un determinado modelo, de relaciones sociales.
En las esferas científicas y políticas de EE.UU. había cobrado amplia difusión la idea de que los países latinoamericanos estaban predeterminados a repetir la vía del capitalismo clásico y se abrigaba la esperanza del desarrollo ``orgánico'' en América Latina de una sociedad capitalista estable, modernizada y dinámica. La experiencia de los años 60 mostró la inconsistencia de estos anhelos.
A comienzos de la década del 70, entre los científicos y políticos estadounidenses empezó a extenderse cada vez más una apreciación negativa de la potencia sociopolítica de la burguesía local: ``el businessman latinoamericano no es y no será una fuerza consciente de los cambios 137 socio-económicos en América Latina''; por el contrario, los representantes de los círculos empresariales ``se resisten conscientemente y seguirán resistiéndose y obstaculizando tales cambios" ---decían ellos^^3^^. Las llamadas clases medias tampoco resultaron capaces de encabezar un proceso análogo a las transformaciones democrático-burguesas. Los años transcurridos trajeron la desilusión también en las potencias de los políticos nacional-reformistas, así como en las de los partidarios latinoamericanos de las teorías del desarrollismo.
La clase empresarial no pudo desempeñar la función de elemento ``revolucionario'' que se le había impuesto. Según la expresión de un autor, la burguesía latinoamericana manifestó cualidades contrarias a los modelos clásicos de épocas precedentes y de otras regiones. Su debilidad, su dependencia de los monopolios imperialistas y falta de iniciativa la obligaron, en contra, aparentemente, de sus propios intereses, a ceder tanto en la esfera económica, como en la política sus prerrogativas al Estado, cuyo papel en las naciones latinoamericanas seguía creciendo.
El incremento y el significado del sector estatal de la economía promovieron en muchos países del continente a las fuerzas y grupos políticos vinculados con ese sector y con el aparato del Estado. La búsqueda de un socio para las filiales de las transnacionales y los departamentos de política exterior de EE.UU. se hacía cada vez más promisoria entre la camarilla tecnocrática y burocrática tanto de los regímenes civiles como de los militares. Cada vez más atraía la atención de los políticos y representantes de los círculos científicos de EE.UU. la ``nueva generación de líderes políticos y tecnócratas gubernamentales'', ``educados con frecuencia en las principales universidades del mundo industrial" y ``que emplean nuevas técnicas en la solución de los problemas de América Latina...''^^4^^
Los políticos pragmáticos subrayaban que ``la burocracia adquiere cada vez mayor significado político a medida que van operándose los cambios económicos"^^5^^. En los trabajos de investigación se hacían conclusiones de que, al _-_-_
^^3^^ Adié R., Poltras G. Latín America, The Politics of Inmohilitv. Englewood Cliffs. 1974. p. 85.
~^^4^^ Véase Bevond Cuba: Latín America takex Charge of its Ftitiire, p. 224.
~^^5^^ Adié R., Poitras G. Latín America. The Politics of Iiimobüilv. Englewood Cliffs, 1974, p. 228.
138 trazarse el curso latinoamericano, hay que tomar en consideración los factores políticos e institucionales, entre ellos, el ``enfoque estatista" en la solución de los problemas económicos^^6^^.El deseo de los círculos gobernantes de EE.UU. de afianzar las relaciones con las capas de la burocracia y tecnocracia latinoamericanas vinculadas con el sector estatal y el aparato del Estado se reflejó también en las actitudes de Washington respecto a la oficialidad militar latinoamericana.
A finales de los años 60 y comienzos de la década del 70 se intensificaron los esfuerzos tendientes a elaborar los fundamentos políticos e ideológicos de la alianza con los ejércitos de las repúblicas latinoamericanas. Sin embargo, es precisamente en este terreno en el que surgieron serias dificultades que se explican por la aguda divergencia en la actitud de distintas fracciones de la clase gobernante de EE.UU.
En los informes e intervenciones oficiales se planteaba la necesidad de la alianza con los militares. Se pretendía utilizar el ejército en calidad de instrumento contra el movimiento de liberación en los países del continente, anticipar, debilitar y neutralizar la aparición y actividad de gobiernos militares del tipo peruano y, a través de la ayuda militar, influir no sólo sobre la política de los regímenes militares conservadores, sino también de los oficiales progresistas. Atendiendo a estas consideraciones, muchos funcionarios de distintas dependencias civiles y militares se manifestaron por la ampliación de la ayuda militar, por la conservación en América Latina de las misiones militares de EE.UU. y por el suministro de tipos modernos de armamento a los ejércitos latinoamericanos.
No sólo los políticos, sino también los representantes de los consorcios yanquis fabricantes de armas se pronunciaban contra toda reducción de la venta de armamento y de la ayuda militar a los ejércitos latinoamericanos, temiendo perder sus mercados y utilidades, así como un posible incremento de las compras de equipos de guerra por los gobiernos a competidores europeos de EE.UU.
Sin embargo, muchos políticos influyentes, diplomáticos destacados y profesores de universidades expresaban su desacuerdo con la línea de los partidarios del `` neomilitarismo'', concepción que sustentaba la idea de que la camarilla _-_-_
^^6^^ Véase Beyonii Cuba: Latín America takes Charge of its Future, p. 210.
139 militar en las condiciones actuales puede jugar papel dirigente en el proceso de modernización. Los continuadores de las doctrinas liberales veían en los militares una fuerza que obstaculizaba el desarrollo socioeconómico ``normal'' y que minaba los gérmenes de procederes e instituciones políticas de ``prototipo occidental" que existían en los países latinoamericanos.Los que sustentaban las ideas liberales se manifestaban contra la venta irrestricta de armamentos a los militares latinoamericanos. Desde su punto de vista el suministro de aviones a reacción, tanques y buques de guerra a los gobiernos de la región podría sólo contribuir al surgimiento de conflictos interamericanos, al reforzamiento de las dictaduras represivas militares y, en consecuencia, al incremento del antimperialismo. (Los liberales, no obstante, manifestaban su total disposición a ensanchar los suministros militares de jeeps, helicópteros, equipos de comunicaciones, camiones y otro material necesario para la lucha contra el movimiento guerrillero.)
Sin embargo, el principal argumento que esgrimían los adversarios de los programas de ayuda militar era la actitud antimperialista de los gobiernos de Perú, Panamá y Bolivia (1970--1971). El hecho de que los gobiernos militares de Perú y Bolivia (durante el período de 1970--1971), a pesar de los suministros de tanques, aviones y armamento yanqui, mantenían la actitud más hostil hacia EE.UU., provocó indignación particularmente grande.
``Los militares progresistas de los que habla el gobernador Rockefeller ---escribía el politólogo norteamericano Martin Needler---, entraron, parece, en conflicto con Estados Unidos precisamente en la medida en que realmente han sido progresistas"^^7^^.
``Es un hecho que las formas más virulentas de antiamericanismo son expresadas por los líderes de los golpes militares más recientes"^^8^^. Esta conclusión llevó a los liberales de EE.UU. a recordar de nuevo los ``ideales'' del tiempo de Kennedy. En discursos, artículos e intervenciones se manifestó otra vez, lo mismo que a comienzos de la década del 60, la visible inclinación de turno de algunos _-_-_
~^^7^^ Needler, Martin C. The United States and the Latín American Revolution. Boston, 1972, p. 98.
^^8^^ Congressional Record. 20.IV.1970, S. 5951.
140 políticos hacia las consignas del estímulo a los ``regímenes representativos''.La apelación a los ``valores americanos tradicionales" y a la ``herencia revolucionaria" (además de perseguir fines políticos inmediatos) se debió también a la agudización de la pugna política interna, a la difusión de la ideología de la ``nueva izquierda'', al ascenso del movimiento juvenil y a los desórdenes raciales en los propios Estados Unidos. En esas condiciones se percibía como nunca la necesidad de los círculos dirigentes de reiterar un impulso ideológico capaz de atraer a amplios círculos sociales del país y de las naciones en desarrollo.
El conflicto entre los partidarios de una política `` ideologizada'' en América Latina y sus adversarios `` pragmáticos'' se agudizó. La polémica en los círculos gubernamentales excedía, en su esencia, el marco de una discusión de los programas de ayuda militar en su expresión cuantitativa (aunque el monto de la misma también fue tratado muchas veces). Las divergencias se debían a los diferentes enfoques en cuanto a la elección del aliado en América Latina, a la apreciación de su potencialidad y perspectivas en el contexto de toda la evolución social ulterior.
Los enfoques pragmáticos obtenían cada vez más apoyo.
En los años 60, los fenómenos de la realidad latinoamericana tales como los golpes militares eran apreciados a través del prisma del desarrollo burgués ``normal'' y considerados como patológicos, como los costos de la evolución capitalista, etc. A comienzos de los años 70 surgió un nuevo punto de vista que afirmaba que la estabilidad en modo alguno es `` parte inseparable" de la sociedad democrática y que las transformaciones más eficientes son llevadas a cabo, precisamente, por gobiernos no estables.
Los funcionarios oficiales empezaron a subrayar que ``la lección de la historia" recibida por Estados Unidos en América Latina consiste en la imposibilidad de ``amoldar el continente conforme a una imagen preferente para nosotros"^^9^^. Los nuevos enfoques se reflejaron también en las consignas de Washington sobre la estructuración política de las naciones latinoamericanas. Los representantes del Departamento de Estado argumentaban que el principio de la democracia representativa se consideraba inconmovible ``antes, en tiempos _-_-_
^^9^^ The Department of State Bulletin, 13.V.1972, p. 363.
141 menos complicados''; hoy llegó el tiempo del ``pluralismo de ideologías"^^10^^.Bajo este criterio, la diferencia entre los regímenes militares y civiles se hacia cada vez menor. En primer plano aparecía la división entre las repúblicas que habían optado por diferentes vías de desarrollo socioeconómico. Precisamente este criterio sirvió de guia a Washington en la elaboración de su política respecto a los diversos países del continente. La selección del aliado se materializó en su forma más acabada a nivel de países.
__ALPHA_LVL3__ 3. EL RUMBO AL DESARROLLO DE RELACIONES BILATERALESA comienzos de los años 70 las particularidades del desarrollo socioeconómico y político de los países latinoamericanos, así como la tendencia a la cooperación entre los Estados de la región plantearon nuevos problemas a EE.UU.
Hasta hace poco, altos funcionarios de las dependencias de política exterior y destacados representantes de los círculos académicos al servicio de los monopolios y que ejercían visible influencia en la formación de la estrategia en América Latina argumentaban que era imposible aplicar en el continente ``20 políticas separadas" (en correspondencia con el número de países miembros de la OEA a mediados de los años 60). Se tendía a subrayar no tanto las diferencias cuanto los rasgos comunes de las repúblicas latinoamericanas, y Washington no concedía lugar especial a la elaboración de un enfoque diferencial respecto a estos países. Eran tomadas en cuenta aquellas particularidades que permitían considerar al continente como un todo único, abordar la solución de los problemas latinoamericanos desde posiciones comunes a todas las naciones y no hacer distinciones cualitativas especiales entre Brasil, gigante industrial en rápido crecimiento con más de 100 millones de habitantes, y la pequeña Haití con cultos primitivos y sin industria alguna. La multiplicidad de condiciones en el continente y lo específico de unos u otros países y subregiones no se tomaban en cuenta (por lo menos, no se proclamaban abiertamente).
Claro está, semejante enfoque no impedía en lo más mínimo aplicar la política tradicional de ``divide y vencerás''. _-_-_
^^10^^ The Department of State Biilletin, 5.1.1976, p. 18.
142 La tendencia hacia la orientación bilateral ``siempre fue un elemento importante en la diplomacia norteamericana y nunca fue dada de menos"^^11^^.A finales de los años 60 y comienzos de la década del 70 en América Latina apareció un grupo de Estados de orientación progresista, cuya política interna y exterior se orientó a transformar la estructura socioeconómica que en uno u otro grado significaba un rumbo hacia la ruptura con la dependencia respecto a EE.UU. Medidas de esa índole fueron elaboradas y aplicadas en Chile (1970--1973), en Perú (desde 1968), en Panamá (desde 1969), en Bolivia (1971--1972).
El cambio de la situación en América Latina obligó a Washington a introducir algunas correcciones en su postura. Los círculos dirigentes de EE.UU. intensificaron la búsqueda de nuevos enfoques para estructurar su política latinoamericana.
En el Congreso, en las dependencias estatales y universidades se discutía animadamente la cuestión de la diversidad de los países latinoamericanos. Los políticos y científicos expresaban la opinión de que ``la diversidad entre las naciones del Sur es significativa y va creciendo. Estas diferencias harán frustrar cualquier esfuerzo tendiente a implementar una política general para el área entera"^^12^^.
La inconsistencia de la estrategia anterior, basada en el enfoque único, pareció evidente. El gobierno de EE.UU., que no sabía o no quería tomar en cuenta en la práctica la política de diversidad de los países del continente, recibió no pocas observaciones críticas. En los trabajos impresos se afirmaba que, ``desde la doctrina Monroe hasta la doctrina Johnson" Washington desarrollaba una política única, continental que ``estaba muy alejada" de los ``intereses nacionales de EE.UU.''
Los debates en las publicaciones, sin embargo, reflejaban solamente los pasos prácticos que ya habían dado las dependencias gubernamentales y organismos estatales. Tomando en consideración la nueva realidad, los EE.UU. debieron formular una ``escala diferencial" para sus relaciones con distintos _-_-_
~^^11^^ Janni O., Kaplan M. América Latina y Estados Unidos. Relaciones políticas \ dependencia. Lima. 1973. p. 116.
^^12^^ Bronheim D. Latín America Dh'erxily and U. S. Foreign Poliey. In: Clninyint Latín America. /Ven Interpretalíons of ils Politics and Socie/y. N. Y., 1972. p. 167.
143 países del continente. ``24 ---y más tarde--- 26 políticas latinoamericanas" fueron la expresión de la reapreciación de valores de turno.A mediados de los años 70 la invariable apelación a la diversidad de los países del continente y a la necesidad de relaciones especiales con cada uno se transformó en lugar común de los discursos oficiales. ``Cada país latinoamericano no se parece a otro''; ``practicaremos una política acorde con los diversos intereses nacionales de nuestros amigos en el hemisferio occidental"^^13^^; ``no existe fórmula única" para establecer relaciones fructíferas entre las dos Américas^^14^^; ``no existe solución única a los problemas de las Américas ni slogan que encuadre toda la variedad de nuestras relaciones y objetivos"^^15^^; ``continuaremos realizando un esfuerzo especial para fortalecer nuestros vínculos bilaterales con cada Estado americano"^^16^^: así se declaraba la ``política de muchas Américas''.
Rasgo inalienable de este rumbo fue la tendencia a minar la unidad de las naciones latinoamericanas, contraponer un grupo de países a otro, sembrar la discordia entre los ``socios'' de EE.UU. Los últimos años, en las etapas más diversas del desarrollo de las relaciones interamericanas, se acumularon muchos ejemplos de esta política escisionista.
En la primera mitad de la década del 70 los EE.UU. aplicaron nítidamente en América Latina la política del ``aliado preferido''. Según señalaba un autor estadounidense, esta política consistía en estimular las ambiciones de los Estados ``predilectos'', en azuzar a los grandes países contra las naciones medias y pequeñas, a las naciones `` ideológicamente aceptables" contra las ``no aceptables'', etc.^^17^^.
Naturalmente, el pasaje a un rumbo diferenciador no significó que en el continente se aplicaran literalmente ``26 políticas latinoamericanas''. Sin embargo, con todo fundamento se puede hablar de una tendencia a resaltar las relaciones bilaterales como el curso principal de la política de EE.UU. en la región. En la situación de favorito principal _-_-_
^^13^^ The Denartment of State Bulletin. 15.111.1976, p. 317.
^^14^^ Ibid., p. 318.
^^15^^ Ibíd., p. 345.
^^16^^ Ibid., p. 345.
~^^17^^ Véase Changing Latín America. New Interpretations of its Politicx and Sodety. N. Y., 1972, p. 165.
144 de Estados Unidos apareció Brasil. El clima creado por su gobierno condujo a un boom de la inversión extranjera, especialmente yanqui. Como regla, Brasil apoyaba a EE.UU. en la palestra internacional y manifestaba completo acuerdo con Washington sobre diferentes cuestiones mundiales. Este subrayaba repetidas veces los ``leales contactos" existentes entre EE.UU. y Brasil. En diciembre de 1971 el Presidente Nixon, al declarar durante la visita del Presidente Garrastazú Médici a EE.UU. que donde vaya Brasil irán todos los países de América Latina, proclamó con ello, oficialmente, que Washington concede a este país un papel hegemónico en el continente. El grueso de la ayuda económica de EE.UU. también fue recibido por el Brasil.Los investigadores soviéticos consideran que la ampliación de la cooperación económica y militar con Brasil reviste para Estados Unidos una importancia exclusiva en el logro de sus objetivos de política exterior. El ritmo relativamente alto de crecimiento económico de los últimos años, sus recursos humanos y naturales atraen a este país a los monopolios internacionales. La alianza política y militar con los círculos gobernantes de Brasil era considerada en Washington como el punto de apoyo de su estrategia latinoamericana.
La política de ``favoritismo selectivo" se expresó a plenitud en febrero de 1976 durante el viaje del Secretario de Estado H. Kissinger por los países de América Latina. Subrayando ``el importante papel político y económico" que este país desempeña en América Latina^^18^^, Kissinger declaró que ``el destino de Brasil es entrar al club de los ricos"^^19^^. La política del ``favoritismo selectivo" suponía una elevación del nivel de Brasil en la jerarquía de los aliados de EE.UU.
La posición de EE.UU. respecto a México se elaboró tomando en cuenta factores ``especiales'': la proximidad geográfica y la estrecha alianza socioeconómica de los círculos dirigentes de ambos países, basada en la asociación de la burguesía mexicana con los monopolios estadounidenses. Apoyándose en las fuerzas de la reacción interna, Washington se esforzó por frenar las tendencias ``indeseables'' en la política exterior de México que se manifestaron en acciones _-_-_
^^18^^ Véase The Department of States Bulletin, 15.III.1976, p. 324.
^^19^^ Ibíd., p. 341.
__PRINTERS_P_145_COMMENT__ 10---659 145 como la ruptura con la junta fascista de Chile y en la política de ``puertas abiertas" para los refugiados de los países en los que se afirmaron regímenes reaccionarios, en el ensanchamiento de las relaciones económicas con los países socialistas, en las intervenciones contra el sionismo en los organismos internacionales y en la actividad en los países en desarrollo.Las repúblicas con sistemas políticos representativos eran consideradas por Washington como un modelo particular. Por ejemplo, se subrayaban las tradiciones democráticas en Costa Rica y la existencia de ``valores comunes" que crean el fundamento para la cooperación política de este país con EE.UU. a pesar de la ``diferencia en el tamaño"^^20^^. A la vez, el respeto a las normas constitucionales en Venezuela en modo alguno sirvió de obstáculo para que EE.UU. se esforzara por crear un clima de aislamiento para dicho país en el continente donde predominaban los regímenes militares. Los elementos de la política dura se manifestaron visiblemente en relación con las restricciones impuestas a la actividad de las corporaciones transnacionales, a la recuperación de las riquezas naturales y a la intensificación de la política de Venezuela en los países en desarrollo. La misma ``diferenciación'' se practicaba también en la zona del Caribe. El Departamento de Estado se refería a Barbados como ``al mejor amigo de EE.UU. en la cuenca del Caribe"^^21^^ a la vez que tomada medidas para `` desestabilizar'' al gobierno de Guyana.
Washington manifestó creciente inquietud ante el rumbo progresista proclamado por el gobierno de Jamaica. La actitud negativa de EE.UU. hacia este país se expresó, en particular, en el rechazo a concederle apoyo financiero.
La orientación del rumbo diferenciador se hizo patente en la posición que Washington adoptó respecto a los reg ímenes progresistas.
A comienzos de los años 70 llegaron a punto crítico las relaciones entre EE.UU. y Chile.
El gobierno de la Unidad Popular, encabezado por el Presidente Salvador Allende, emprendió la realización de transformaciones profundas encaminadas a sentar las bases para una perspectiva socialista de desarrollo del país. Fueron _-_-_
^^20^^ The Department of State Biilletin, 15.111.1976, p. 346.
^^21^^ Latín America, 10.IX.1976, p. 279.
146 tomadas medidas para restringir la actividad de los monopolios extranjeros.Los círculos gobernantes de EE.UU. se inquietaron en sumo grado por el rumbo del gobierno de Allende. El `` business'' yanqui que operaba en Chile empezó a retirar sus capitales, a vender sus activos bancarios, a interrumpir el ciclo productivo y a transferir los contratos gubernamentales a compañías foráneas. En 1970 la Internacional Telephone and Telegraph Co. preparó una confabulación a fin de impedir el acceso al poder del candidato del bloque de la Unidad Popular y en 1971 tomó medidas para derrocar al Presidente Allende, electo según las normas constitucionales. La compañía transnacional Kennecott se dirigió en octubre de 1972 a tribunales europeos (de Francia, Suecia y Holanda) exigiendo embargar las cargas de cobre chileno que habían sido llevadas a los puertos de los países respectivos, para confiscar el metal a modo de compensación por sus bienes nacionalizados en Chile.
Washington participó directamente en la política de bloqueo financiero y económico contra Chile. Los bancos estatales yanquis de desarrollo se negaban a conceder empréstitos. Resultó para Chile prácticamente imposible obtener préstamos a corto plazo en los bancos privados de EE.UU. También eran presionados los creditores europeos.
La declaración formulada por Nixon en enero de 1972 amenazando con interrumpir toda clase de ayuda a los países que nacionalicen bienes de las compañías estadounidenses sin ``una compensación rápida, adecuada y eficiente" y con intervenir en los organismos financieros internacionales para interrumpir la ayuda a través de los canales multilaterales, estaba dirigida principalmente contra Chile^^22^^.
El Pentágono se esforzaba insistentemente por abrir las vías para un acercamiento con la oficialidad chilena. La ayuda militar, cuyo monto fue incrementado, ocupó lugar especial en la política yanqui. El Pentágono financió créditos para la adquisición de aviones, tanques y carros blindados^^23^^.
Durante tres años la prensa estadounidense llevó una incesante campaña contra el gobierno de la Unidad Popular. El imperialismo yanqui procuró crear un vacío en torno de Chile sin acudir a métodos militares (como en Guatemala y _-_-_
^^22^^ Véase The Department of State Bulletin, 7.II.1972, pp. 152--154.
^^23^^ Véase International Herald Tribune, 11.XII.1972.
__PRINTERS_P_147_COMMENT__ 10* 147 en República Dominicana) o jurídicos (medidas contra Cuba). Los políticos estadounidenses buscaban la posibilidad de establecer un ``bloqueo encubierto" contra Chile creando condiciones que posibilitaron el debilitamiento del gobierno de la Unidad Popular y la organización de un complot de derecha.La táctica de ``desestabilizar'' el gobierno chileno era aplicada por la CÍA. El Consejo nacional de seguridad de EE.UU. asignó 11 millones de dólares para la intervención en los asuntos internos de Chile. La decisión sobre las asignaciones fue adoptada por el Comité de los 40, presidido por Kissinger^^24^^.
Después de la asonada de 1973, el carácter de las relaciones oficiales estadounidense-chilenas cambió abruptamente. La prensa latinoamericana destacaba que ``nuevamente existe confianza e interés por invertir en Chile"^^25^^. Los reembolsos de la deuda exterior fueron aplazados; las fuentes de créditos, restablecidas, y los bancos internacionales capitalistas concedieron nuevos préstamos a largo plazo.
Sin embargo, el golpe en Chile, en cuya preparación participaron las corporaciones yanquis y organismos gubernamentales de EE.UU., provocó un nuevo agravamiento de las divergencias en los círculos dirigentes.
Algunos congresistas manifestaron su desaprobación por los actos ilegales de la junta chilena. Se aludía también a la ``intervención malintencionada de las corporaciones transnacionales"^^26^^.
En el Congreso se aprobaron resoluciones en favor del ``respeto'' a los derechos humanos en Chile y manifestando la ``preocupación'' ante la violación en este país de la declaración de la ONU sobre los Derechos del Hombre.
Las relaciones de EE.UU. con Perú también se basaban en el criterio ``diferenciado''. La actitud de Washington respecto a Perú estuvo condicionada por la reducción del arsenal de sus métodos estratégicos en América Latina, por el deseo de aislar al gobierno de la Unidad Popular, por la intención de influir en la marcha del proceso peruano aprovechando las peculiaridades de la ``revolución militar'', así _-_-_
~^^24^^ Véase Curren! Hisiory. Philadelphia, January 1975, vol. 68. N 401, p. 12
~^^25^^ El Tiempo, México, 18.111.1974.
~^^26^^ Congressional Record, 12.X.1973, p. E6456.
148 como por la nueva división del trabajo entre los centros del capitalismo industrialmente desarrollado y la periferia del sistema capitalista mundial.Después de 1968 Washington utilizó diferentes métodos, desde el amedrentamiento hasta el soborno, para ``impulsar'' el desarrollo de los acontecimientos en Perú en una dirección que respondiese a los intereses del imperialismo.
Sin embargo, con las medidas represivas y la acción subversiva no quedaba agotada, en manera alguna, la política de ``poco perfil" de EE.UU. en Perú.
Una peculiaridad de la actitud de EE.UU. hacia Perú y una expresión del enfoque ``diferenciado'' respecto a las naciones latinoamericanas fue el constante afán de Washington por crear la impresión de que las divergencias existentes entre las partes revisten carácter secundario. Por eso los representantes oficiales de EE.UU. insistían en que entre Perú y EE.UU. ``hay sólo contradicciones insignificantes" que se reducen a las pretensiones que formula el empresariado.
Esos representantes afirmaban que Perú ``se encuentra en la disyuntiva'', ante la opción por que ``América puede ayudar a Perú y éste es el momento más apropiado para hacerlo"^^27^^. El gobierno de Nixon intentó aprovechar las dificultades socioeconómicas y políticas surgidas después de ocupar los militares el poder, para procurar contactos, crear condiciones para la preponderancia de los elementos proyanquis y, en definitiva, para asegurar el desarrollo de los sucesos en Perú en una dirección acorde con los intereses de EE.UU.
El rumbo a las relaciones bilaterales y la política del ``aliado preferido" tenía otro aspecto sumamente importante. Los EE.UU. deseaban establecer su control sobre el proceso de unificación de los esfuerzos de las naciones latinoamericanas que intervenían, particularmente en las reuniones interamericanas, con una plataforma común en muchas cuestiones internacionales.
Washington declaraba su apoyo a la integración económica a diferente nivel y su reconocimiento del ``voto único" de las repúblicas latinoamericanas en la palestra internacional. Los políticos yanquis subrayaban con insistencia creciente que ``desarrollando relaciones bilaterales con cada país por separado, no hemos de ignorar los sentimientos _-_-_
~^^27^^ Congressjonal Record, 20.IX. 1971, p. H8588
149 de solidaridad en América Latina'', expresaban el deseo ``de colaborar con las instituciones regionales latino-americanas"^^28^^. Las manifestaciones de apoyo a la colaboración entre los países del continente iban acompañadas de amenazas a la ``política de bloques" y a la ``táctica de confrontación''.Se aludía, sin embargo, a agrupaciones que podían afectar los intereses de EE.UU. Los esfuerzos propios de Washington se concentraban en la creación, bajo la égida de los países latinoamericanos más grandes, de una especie de ``subsistema'' en las relaciones internacionales. Consolidando en el marco de la política de ``favoritismo selectivo" sus vínculos económicos, políticos e ideológicos con los Estados de mayor peso, los Estados Unidos calculaban influir a través de aquéllos en la orientación general del continente y asegurar la dependencia de toda América Latina respecto al imperialismo.
Por eso el enfoque diferenciado, ``por países'', de los problemas de América Latina combinaba con la política de bloques como complemento. A mediados de la década del 70, Washington trazaba su política latinoamericana orientándola a la alianza con las dictaduras fascistas y fascistizantes.
__ALPHA_LVL3__ 4. EE.UU. Y LOS PROBLEMAS DE LA NACIONALIZACIONA finales de la década del 60 y comienzos de los años 70 uno de los problemas centrales en las relaciones entre EE.UU. y los países de América Latina pasó a ser el de la nacionalización de las propiedades de las compañías extranjeras. En las naciones grandes, medianas e incluso pequeñas del continente pasaban a manos del Estado los equipos de las explotaciones petroleras, de las minas de cobre y de las plantaciones bananeras. Los gobiernos de las repúblicas latinoamericanas se negaban a pagar a las compañías la compensación que éstas exigían (como regla, mayor que el valor real de los bienes). El conflicto que así surgía se transformaba en tema de negociaciones intergubernamentales que con frecuencia derivaban en una seria agravación de las relaciones entre las partes interesadas.
_-_-_^^28^^ The Department of State Bulletin, 22.111.1976, p. 358.
150La nacionalización en sí es un hecho con consecuencias múltiples. El Estado que nacionaliza, en caso de no acceder a la compensación, obtiene gran ventaja financiera. El crecimiento del sector estatal y su ampliación pueden constituir un importante factor de progreso. La nacionalización moviliza a las fuerzas progresistas, contribuye al ascenso de la lucha antimperialista y afianza las tendencias democráticas.
Muchas repúblicas latinoamericanas se esforzaron por reducir el dominio de las corporaciones internacionales en sus economías. Sin embargo, después de la nacionalización, el desarrollo ulterior quedaba determinado por múltiples factores, entre los cuales lugar singular ocupan las posiciones del imperialismo, el grado de presión por parte de los monopolios transnacionales y las acciones que emprende el gobierno del país en donde reside la casa matriz.
El problema de la nacionalización tuvo significado de primer orden para la definición de toda la política latinoamericana de EE.UU. De la solución de esa cuestión dependía el carácter de las relaciones mutuas entre Washington y las repúblicas del continente, el grado de ``moderación'' o de ``rigidez'' de las mismas, la orientación estratégica y la elección de los recursos tácticos.
En las esferas gobernantes de EE.UU., la nacionalización, más aún la expropiación, era considerada como una acción ilegal, violadora de las normas del Derecho Internacional y, por eso, merecedora de la aplicación de sanciones económicas, políticas e incluso militares contra el país culpable de la alteración del ``orden''. La constante contraposición del papel del capital privado a la potencialidad del Estado en el mundo en desarrollo representa uno de los lugares más comunes en las intervenciones de los políticos y en las obras de los publicistas y científicos norteamericanos. Esta tendencia determinó la estrategia general de la administración republicana, consistente en prestar ayuda al sector privado en los países en desarrollo, así como en estimular por todos los medios y defender a los inversionistas estadounidenses en el exterior.
Las declaraciones de Washington en los casos de expropiación de bienes de las compañías yanquis se distinguían por su tradicional dureza. En enero de 1972 el Presidente Nixon formuló ocho cláusulas represivas, advirtiendo a los países que nacionalizan bienes de las corporaciones de EE.UU. y no aseguran una ``compensación rápida, adecuada y 151 eficiente" que les será cortada la ayuda norteamericana, concedida en el marco de los programas económicos bilaterales, así como a través de los bancos mundiales y otros organismos financieros^^29^^.
Como ya se ha indicado, la actitud agresiva de Washington respecto a Chile durante el período del gobierno de la Unidad Popular se debió en mucho a la decisión del gobierno de Allende de nacionalizar las propiedades de una serie de compañías yanquis. La tensión en las relaciones de EE.UU. con el gobierno militar del Perú durante seis años estuvo estrechamente ligada con la cuestión del pago de las compensaciones por los bienes de la International Petroleum Company, nacionalizados en 1968. La restricción de la actividad de las corporaciones norteamericanas en Argentina provocó un notable enfriamiento de las relaciones entre ambos países. El gobierno de EE.UU. reaccionó ante la nacionalización de la industria petrolera en Venezuela con una serie de severas declaraciones^^30^^. En el Congreso se debatió la posibilidad de enviar tropas a Venezuela a fin de ocupar las explotaciones de petróleo^^31^^.
La política ``desde posiciones de fuerza" combinaba con otra tendencia que tomaba en cuenta las nuevas condiciones del avance de la lucha antimperialista en los países de la región, la distensión internacional, así como los cambios en la división internacional del trabajo entre los ``centros'' desarrollados y las ``periferias'' atrasadas del mundo capitalista.
La industrialización y la revolución científico-- técnica crearon las premisas para una ``modernización neocolonial" de los países de América Latina. Conservando una posición dominante en sus economías, las corporaciones internacionales trasladan aquí algunas ramas de la producción industrial con gran consumo de mano de obra, materiales, energía y las que contaminan el medio ambiente. A la vez, el imperialismo conserva el monopolio sobre los alcances técnicos y su superioridad en tecnología moderna.
Se produce una especie de ``renovación'' de los fundamentos según los cuales las naciones latinoamericanas se hallan incorporadas a la economía capitalista mundial, arrojando _-_-_
^^29^^ The Department oj State Bulletin, 7.II.1972, p. 154.
^^30^^ Véase Latín America, 26.IX.1975, p. 300.
~^^31^^ Véase Latín America Report, San Francisco, September 1975, p. 8.
152 como consecuencia el surgimiento de un esquema modernizado de división neocolonial del trabajo. Por su parte, los círculos dirigentes y la burguesía local procuran mejoras en las condiciones de su desigual asociación con el imperialismo.En este contexto el problema de la nacionalización de los bienes de las compañías foráneas ocupó lugar especial. La práctica ha mostrado que una reacción de tipo tradicional, es decir, de índole represiva no siempre permite, en casos semejantes, a EE.UU. alcanzar sus objetivos en la región.
En el marco de la ``dependencia modernizada" se hicieron intensos esfuerzos por encontrar las bases de un nuevo compromiso entre las esferas gobernantes de ambas Américas. Algunos grupos de la clase dominante de EE.UU. reaccionaron a su manera frente a esta necesidad, buscando cada uno de ellos la forma adecuada (desde el punto de vista de sus intereses y orientación propios) para la cooperación con los socios latinoamericanos.
El capital monopolista norteamericano se reorientó a la ``estrategia de adaptación''. La diversidad de condiciones de inversión en diferentes países exigían de los inversionistas una mayor flexibilidad. Los representantes de los consorcios desarrollaban una línea activa para robustecer las relaciones con los círculos de negocios locales. Se fundaban empresas conjuntas. Las grandes firmas estadounidenses residentes, en particular, en Brasil vendían decenas de miles de acciones a compradores locales. Las compañías mixtas que se establecían, estaban destinadas a enmascarar el control de EE.UU. sobre muchas empresas nacionales de los países del continente y, al mismo tiempo, ensanchar la esfera de influencia norteamericana en sus economías.
El mejoramiento de la ``imagen'' del capital foráneo en América Latina se hacía siguiendo varias direcciones: desde la participación en compañías mixtas, en las que el paquete de control pertenecía al capital nacional o al Estado, hasta el desempeño de las llamadas funciones sociales. Este enfoque coincidía con las exigencias de los círculos gobernantes latinoamericanos orientados a un ulterior desarrollo del capitalismo en sus países. Los inversionistas extranjeros debían observar las siguientes condiciones: alianza con los empresarios locales, restricción de las remesas de utilidades, mejoramiento de la estructura tecnológica y del manejo de la producción, cooperación al desarrollo industrial del país en que operaban. Al empresario foráneo se le exigía un 153 ``nuevo modelo de conducta corporativa'', ``adaptación a las condiciones locales"^^32^^.
Pese a las incesantes quejas sobre la falta en la mayoría de los países latinoamericanos de un clima favorable para la inversión, pese a la ola de nacionalizaciones y a la poca disposición de los gobiernos de algunos países de pagar los bienes expropiados a través de una ``compensación equitativa y oportuna'', a finales de 1964 el monto de las inversiones estadounidenses en América Latina había llegado a 19.600 millones de dólares. El capital yanqui (a veces, incluso, la misma compañía cuyos bienes pasaron a propiedad del Estado), al ser desplazado de un sector, penetraba en otros sectores (en algunos casos, en otros campos del mismo sector) o en otras zonas.
A ritmo especialmente intenso crecía la actividad de las corporaciones transnacionales; ello significaba una intensificación de la penetración del capital yanqui en América Latina, por cuanto las firmas residentes en EE.UU. dominan en el negocio transnacional del mundo capitalista. Con la expansión del capital extranjero en la economía latinoamericana crecía la dependencia de las naciones del continente respecto a los centros foráneos, en primer lugar, respecto a Estados Unidos.
La actividad de las corporaciones internacionales en la región se veía obstaculizada por la tendencia sumamente difundida a intensificar la regulación por el Estado y a ampliar el sector estatal de la economía. En particular, el proceso de recuperación de las riquezas naturales se extendió a muchos países del continente y significó para las corporaciones internacionales la pérdida de importantes posiciones. Sin embargo, el proceso de nacionalización afectaba tan sólo la rama extractiva, la energética y la infraestructura. Los monopolios ``modernizados'', vinculados a las ramas más dinámicas, más avanzadas de la producción, nada perdían con la nacionalización de los yacimientos de mineral de hierro o de los pozos de petróleo. Por eso, a pesar del golpe que sufrieron algunas compañías norteamericanas, el monto de la inversión yanqui en América Latina siguió creciendo.
Los monopolios internacionales tomaban en consideración los importantes cambios socioeconómicos que se producían en los países del continente. Operando en condiciones en que _-_-_
^^32^^ Congressionul Record, 13.X.1973, p. E6462.
154 la legislación local exigía que participaran en empresas mixtas, las corporaciones estaban interesadas en tener un socio local modernizado, estable y promisorio. Estas consideraciones tendieron a desarrollar los contactos entre el gran negocio internacional y el sector estatal de los países latinoamericanos, a establecer una ``nueva participación''. Diferentes formas de ésta surgieron en las industrias petrolera, minera y en las ramas más importantes de la manufactura de Brasil, México, Perú y Colombia, entre otros países. El imperialismo también calculaba encontrar en las capas que manejan la propiedad estatal el necesario elemento del nuevo sistema de dependencia de estas naciones. De esta manera, el capital monopolista norteamericano elaboraba en la práctica una estrategia propia, concorde con los cambios en la economía y política mundiales.Búsquedas análogas de nuevos enfoques tenían lugar también en el plano ideológico y en las relaciones internacionales y las efectuaban otros grupos de la clase dirigente.
Si 10 ó 15 años atrás la propaganda del business norteamericano en tanto que símbolo del progreso material y social era lugar común en los impresos científicos y publicísticos de EE. U U., ya hoy las apreciaciones empezaron a ser más cuidadosas y menos exaltadas.
La desilusión respecto al papel tradicionalmente asignado al capital privado estadounidense que opera en América Latina, se extendió a algunos círculos universitarios, a representantes de los medios de información en masa y hasta a miembros del Congreso. Los aspectos políticos y sicológicos de la actividad de las corporaciones en el exterior se hicieron objeto de acalorados debates y, más tarde, de agudas críticas. Fueron puestas en duda la potencia creadora de la empresa privada y el papel que durante decenios se le asignaba a las corporaciones en la `` transformación'' y ``modernización'' de los países en desarrollo. La reiterada revisión de valores conducía a algunos representantes de los círculos gobernantes de EE.UU. a la siguiente conclusión: ``Y sin embargo, dígase lo que se diga acerca de los méritos de algunas empresas norteamericanas en América Latina y sobre su contribución al ``desarrollo'', en una perspectiva a largo plazo la inversión privada extranjera no responde a las necesidades de esas naciones"^^33^^.
_-_-_~^^33^^ Douglas W. Holofíiusl or Hemispheric Co-op: Cross Currents in Latín Amtricu. N. Y.. 1971. p. 127.
155Algunos autores estadounidenses señalaron que la `` saturación'' de los países latinoamericanos con nuevos modelos Ford y Volkswagen, ensamblados en las líneas de las filiales brasileñas, pertenecientes a las poderosas compañías de automóviles; la implantación en América Latina de los estandards de la ``sociedad de consumo'', no responden en modo alguno a los intereses de esta región, sino que sólo a los de los monopolios.
Pese a la concepción predominante en EE.UU. durante la década del 60, en las publicaciones iba tomando relieve el punto de vista de que la incorporación del capital extranjero a las entrañas estructurales de los países en desarrollo de América Latina no contribuye al desenvolvimiento ``normal'' del capitalismo, sino que, precisamente, lo deforma, lo distorsiona, y obstaculiza la formación de los componentes indispensables de la sociedad burguesa. A comienzos de los años 70 aparecieron apreciaciones que parecían imposibles en el decenio anterior: ``En vez de ser una fuerza propulsora del desarrollo, la penetración extranjera ha creado el subdesarrollo"^^34^^.
Las esperanzas de los liberales de que la actividad de los monopolios conduzca a una radical transformación de las estructuras socioeconómicas tradicionales y a la democratización de la vida política no se confirmaron. La experiencia mostró ostensiblemente que el gran negocio requiere, ante todo, un clima de estabilidad social y política, se opone a cualquier cambio y orienta sus actividades, más que nada hacia las regiones en las que dominan regímenes ``duros''. Los catedráticos liberales pudieron cerciorarse, a través de la experiencia misma, que en las nuevas condiciones ``las inversiones privadas norteamericanas crean más problemas políticos, que los que resuelven"^^35^^.
Por eso se le recomendaba al gobierno ``encontrar una solución general que satisfaga a todas las partes'', no aceptar las demandas de la compañía afectada como si fueran propias y no defenderlas ``hasta la última gota de sangre"^^36^^.
Representantes de diversas tendencias exigían ``una _-_-_
~^^34^^ Latín America: The Struggle ir///; Dependencv and Bevond, N. Y., 1974, p. 26.
~^^35^^ Bevond Cuba:. Latín America takes C/uirge of its Future, p. 221.
~^^36^^ Needler M. The United States and the Latín American Revolution. Boston, 1972, p. 109.
156 correcta interpretación" de las relaciones entre EE.UU. y América Latina y no dejar este asunto en manos de los inversionistas, por cuanto sus intereses no pueden ofrecer una ``base para el entendimiento''; ``Estados Unidos durante muchos años permitieron que sus intereses estuvieran a la rastra de los del ``business'', y los resultados no llenaron una página gloriosa en la historia de EE.UU.''^^37^^: tales eran las manifestaciones que reflejaban una actitud crítica que no podía dejarse de lado en las ulteriores contiendas preelectorales y demás pugnas políticas internas.La postura que adoptaron múltiples representantes de los medios universitarios, órganos de información masiva y organismos legislativos se explicaba, en definitiva, por el mismo afán de mejorar la ``imagen'' de la empresa privada yanqui ante la opinión pública, tanto de los países latinoamericanos como de los mismos Estados Unidos, y de encontrar la fórmula para un compromiso aceptable entre las esferas gobernantes de ambas Américas. Sin embargo, las diferencias en la ubicación económica, en la orientación política y la ideología de algunas fracciones de la clase dirigente de EE.UU. predeterminaron el enfoque diversificado de los problemas de la región y las constantes divergencias respecto al rumbo de la política en América Latina. Los enfrentamientos entre los organismos del poder legislativo y del ejecutivo adquirían muchas veces formas muy agudas y provocaban conflictos abiertos entre el gobierno y el Congreso, así como dentro del Senado y de la Cámara de Representantes.
El activo apoyo que la administración republicana prestaba a las corporaciones que operaban en el extranjero provocó la acción contraria del Congreso, donde continuamente resonaron objeciones contra las garantías gubernamentales a los ``businessmen'' que invertían capitales en el exterior, por cuanto ``no hay nada parecido" para estimular el desarrollo económico dentro de EE.UU.
Los partidarios de la política oficial, por el contrario, subrayaban la necesidad de incrementar las exportaciones de capital privado al exterior a fin de mejorar la balanza de pagos. Especialmente múltiples fueron las objeciones que provocaron los intentos de aplicar la enmienda Hickenlooper en ``defensa de los intereses norteamericanos privados'', es decir, de interrumpir la ayuda al desarrollo de los _-_-_
~^^37^^ Changing Latín America. New Inlcr/iretations of its Politics and Society, p. 122.
157 países que ``cometan faltas''. Desde el punto de vista de los adversarios de esta cláusula de la legislación estadounidense, la aplicación de la enmienda Hickenlooper podía tener consecuencias políticas demasiado graves y acarrear perjuicios irreparables al prestigio de Washington no sólo en América Latina, sino también en todo el mundo. Semejante actitud, claro está, no significaba una renuncia a la aplicación de otras medidas de presión económica: restricciones del crédito exterior e interno, interrupción del flujo de capitales o reducción de las posibilidades de obtener empréstitos del exterior, incluyendo EE.UU.^^38^^. Todo este programa, prácticamente, fue aplicado contra el gobierno de la Unidad Popular. En situaciones críticas, la clase dirigente de EE.UU. intervenía adoptando una posición única en los aspectos cardinales del rumbo en América Latina. No obstante, las divergencias en las esferas gobernantes de EE.UU. continuaban y no se limitaban a los enfrentamientos entre el Congreso y el Ejecutivo.Por último, otro aspecto bastante importante influía en la posición de Washington: el financiero. Se trata de que, al no ser compensados los bienes nacionalizados por el gobierno de un país, la carga del pago (en todo caso, su mayor parte) recaía sobre el presupuesto federal. En conformidad con los acuerdos de garantía vigentes, el gobierno de EE.UU. se vio obligado (como sucedió, por ejemplo, en el caso de la International Telephone and Telegraph Co. en Chile) a tomar la responsabilidad de satisfacer las demandas de los inversionistas ``afectados'' por la nacionalización.
Mientras en el Senado y en la Cámara de Representantes no cesaba la crítica a los programas de garantía a los inversionistas privados por considerarse un despilfarro injustificable de recursos del Estado y un abuso de la confianza de los contribuyentes, las corporaciones consideraban que el monto de los seguros era muy escaso. Entre el gobierno de EE.UU. y las filiales yanquis que operaban en América Latina surgían desavenencias en orden a los pagos que debían hacerse a través de la Corporación estatal de inversiones extranjeras, como sucedió con la International Telephone and Telegraph Co., cuyos bienes fueron nacionalizados en 1971 en Chile por el gobierno de la Unidad Popular. La corporación podía otorgar a la ITT una suma relativamente pequeña, _-_-_
^^38^^ Véase Bonsal Ph. Cuba, Castro and the United States. Pittsburgh, 1971, p. 224.
158 mucho menor que la reclamada por la dirección de la compañía.A pesar de que el gobierno intervenía, en lo esencial, en calidad de abogado de las corporaciones internacionales y supeditaba sus relaciones con los países latinoamericanos a la actitud que éstos adoptaban respecto a los inversionistas estadounidenses, los intereses de los monopolios entraban muchas veces en contradicción con las medidas políticas y jurídicas de la administración yanqui.
Cuando a comienzos de los años 70 empezó a cobrar cada vez mayor apoyo en el continente el movimiento por restablecer las relaciones económicas y diplomáticas con Cuba y por anular las respectivas decisiones de la OEA aprobadas en 1974, el afán de lucro de las corporaciones transnacionales resultó más fuerte que la intención política.
Precisamente sobre esa base surgió un conflicto vinculado a la venta de automóviles a Cuba por parte de Argentina. A finales de 1973 entre los dos países se realizaron negociaciones sobre la concesión de un crédito a Cuba para la compra de automotores en Argentina. Sin embargo, las subsidiarias de las compañías estadounidenses que operaban en Argentina (Ford, General Motors y Chrvsler), atadas por la ley de embargo al comercio con Cuba, no podían concertar los contratos correspondientes. Durante la Conferencia de ministros de relaciones exteriores de Tlatelolco, en febrero de 1974, por intermedio de la cancillería argentina, fue planteada la cuestión sobre las exportaciones a Cuba de 60 mil automóviles. En esa ocasión el Departamento de Estado no dio respuesta concisa, pero varios meses después el gobierno de EE.UU. se vio obligado a permitir la venta de automotores de Argentina a Cuba.
Por lo tanto, las corporaciones transnacionales, a través de sus subsidiarias, mantenían una política más `` flexible'', lo que concedía mayores posibilidades de maniobra a los gobiernos latinoamericanos. En determinadas condiciones, la situación concreta ejercía positiva influencia sobre el clima político y económico general del hemisferio.
Las divergencias en las esferas gobernantes de EE.UU. incidían sobremanera en la actitud de Washington respecto a los casos de nacionalización de bienes extranjeros, lo mismo que la consideración de factores condicionados por la situación internacional, por el estado de las relaciones con uno u otro país latinoamericano, su orientación 159 socioeconómica y política, la posición y el peso de las corporaciones cuyos bienes fueron nacionalizados.
Los intereses contradictorios agravaban la lucha política interna en EE.UU. y acrecentaban la tensión internacional en el hemisferio. En esta situación, la administración republicana y, más tarde, la demócrata, aplicando la `` estrategia de adaptación" a nivel de las relaciones intergubernamentales, prometía a América Latina una ``política nueva, constructiva, de buena vecindad" y de no injerencia en los asuntos internos, un ``nuevo espíritu" en las relaciones interamericanas. Las medidas que proponía EE.UU. para reconciliar a las partes, sin embargo, no podían eliminar las bases del conflicto, por cuanto el mecanismo de la explotación imperialista misma condiciona el carácter irreconciliable de los intereses de los monopolios y los de los países de la región.
Graves divergencias surgieron en torno al ``Código de conducta" de los monopolios internacionales, cuyos fundamentos básicos fueron aprobados'por los representantes de las naciones latinoamericanas en enero de 1975. Aunque los EE.UU. manifestaran su disposición a mantener negociaciones sobre este aspecto, en el enfoque de las partes se hicieron patentes contradicciones, que hacían sumamente difícil elaborar una plataforma común. Mientras los Estados latinoamericanos subrayaban el carácter global de los problemas vinculados a las corporaciones internacionales, los EE.UU. procuraban restringir las conversaciones tratando solamente los asuntos del hemisferio occidental. Las repúblicas del continente insistían en que las divergencias revisten no sólo carácter económico, sino también político; Washington, en cambio, procuraba limitar la discusión al marco de la economía. Por último, los países de América Latina proponían conseguir un arreglo en las relaciones en base a la subordinación de las corporaciones .a la soberanía del país en que operan y a las ``normas de conducta'', cuyo cumplimiento debía ser garantizado por el país de procedencia; Estados Unidos, por su parte, resaltaban la ``limitación'' de las posibilidades del gobierno para influir sobre las corporaciones internacionales.
En los debates en torno al ``Código de conducta" se reveló el antagonismo entre los intereses de los países latinoamericanos, que procuran la restructuración de las relaciones económicas internacionales y la restricción del poder económico y político de los monopolios, y los intereses de 160 EE.UU., que abogan por ``mejorar el clima inversionista" en los países en desarrollo^^39^^.
Washington sigue sustentando la tesis de que las corporaciones transnacionales son ``importante instrumento del desarrollo" y declara su ``abierto apoyo a las inversiones internacionales"^^40^^.
El problema de la nacionalización de la propiedad extranjera se halla indisolublemente ligado a la evolución socioeconómica de los países latinoamericanos. En las condiciones actuales ante las naciones del área, especialmente gracias a la distensión, surgen posibilidades reales para impulsar una lucha más decidida por la defensa de sus riquezas naturales, por diversificar las relaciones políticas y económicas exteriores e intensificar su actividad en la arena internacional.
__ALPHA_LVL3__ 5. LA POLÍTICA DE CÁRTER EN AMERICA LATINAEn 1976, después de un intervalo de ocho años, el candidato del partido demócrata venció en las elecciones. Presidente de EE.UU. pasó a ser James Cárter. Las primeras declaraciones de la nueva administración evidenciaron una atención especial hacia las cuestiones de la política latinoamericana. El primer jefe de gobierno de otro país recibido en la Casa Blanca fue el presidente de México, López Portillo. Se hicieron más frecuentes los intercambios de visitas, viajes y encuentros entre funcionarios oficiales superiores de EE.UU. y de las naciones del continente. Durante 1977 el Presidente Cárter suscribió la Convención sobre los Derechos Humanos, aprobada por la OEA en 1969, así como el Protocolo JVe 1 del Tratado de Tlatelolco sobre la conversión de América Latina en zona desnuclearizada.
En setiembre de 1977 entre Panamá y EE.UU. fue concertado un nuevo tratado que prevé el cese de la presencia estadounidense y la transferencia del Canal Interoceánico a control panameño después del año 2000. Aunque la lucha por la descolonización no quedó terminada, ya que Washington obtuvo el derecho de actuar unilateralmente a fin de asegurar la neutralidad del canal después del año 2000, el pueblo panameño y las fuerzas progresistas alcanzaron una victoria de volumen.
En la política latinoamericana del gobierno yanqui, los elementos de continuismo combinaban tradicionalmente con _-_-_
~^^39^^ The Department of State Bulletin, 23.11.1976, p. 239.
~^^40^^ Ibídem. p. 240.
161 algunas innovaciones. Recibió nuevo impulso la tendencia hacia la profundización de las relaciones bilaterales entre EE.UU. y las repúblicas de la región. El Presidente Cárter subrayó que ``una política única de EE.UU. respecto a América Latina y el Caribe no tiene sentido" y que los EE.UU. `` tendrán en cuenta la variedad y el potencial de cada nación"^^41^^. En las intervenciones de otros representantes del gobierno también se hacía hincapié constantemente en la diversidad del hemisferio occidental y en las diferencias que existen entre los Estados americanos^^42^^.Aplicando el ``enfoque diferenciador" elaborado por la administración republicana, el gobierno demócrata buscaba asegurar los intereses económicos y políticos de Estados Unidos a través del estímulo selectivo a sus socios. En la escala de prioridades políticas pasaron a ocupar un importante puesto los países del Caribe.
Elemento sustancial de la política latinoamericana después de la llegada de Cárter a la Casa Blanca pasó a ser la campaña en pro de los ``derechos humanos'', cuyo aspecto propagandístico se encontraba en evidente contradicción con la política del partido republicano.
La campaña en pro de los ``derechos humanos" en América Latina fue elevada por la administración Cárter al rango de política oficial. Durante su campaña preelectoral, el candidato a presidente por el Partido Demócrata prometió a los electores ``restaurar los criterios morales" de la política interior y exterior norteamericana. El daño causado al ``establishment'' por el escándalo de Watergatte, la derrota en Vietnam, la desilusión de amplias capas sociales en cuanto a los ``valores tradicionales" provocaron una ``crisis de autoridad" que los círculos gobernantes de EE.UU. no podían menospreciar. Washington se esforzaba también por restablecer su prestigio en los países en desarrollo mediante la campaña en pro de los ``derechos humanos" y justificar su pretensión de ``líder'' de la democracia universal.
La administración Cárter emprendió pasos que significaban el intento de hallar una nueva alternativa a las dictaduras militares y civiles instauradas en varios países, la mayoría de las veces con ayuda directa de Washington. En el Congreso se debatió la cuestión sobre el cese de la ayuda _-_-_
~^^41^^ The Department of State Bulletin, 1977, May 9, p. 454.
^^42^^ Véase The Department of State Bulletin, 1977, July 18, p. 69.
162 económica a las dictaduras represivas, hn la prensa se censuraban los actos de los organismos de política exterior de EE.UU. que implantaban y apoyaban en América Latina a regímenes fascistas y fascistizantes.El curso latinoamericano de la administración demócrata reveló su carácter contradictorio sin alcanzar a dar resultados prácticos. En las relaciones de EE.UU. con una serie de países se produjo un enfriamiento. Algunos regímenes de derecha acusaron a Washington de entrometerse en sus asuntos internos.
No sólo los aliados latinoamericanos expresaban su disconformidad. En los medios gobernantes de EE.UU. no había una postura única sobre las cuestiones de la política latinoamericana. Las corporaciones internacionales temían un auge del movimiento democrático en los países del continente al no haber garantías para los intereses de los inversionistas extranjeros. Los bancos mundiales más importantes también se manifestaban en favor de los gobiernos militares. Las transnacionales y los centros financieros utilizaron poderosos resortes políticos, en particular, los lohbies en el Congreso de EE.UU.. a fin de oponerse a los liberales que apoyaban a la nueva administración.
En las dependencias gubernamentales, en el Pentágono y en el Departamento de Estado también había no pocos adversarios de las maniobras de Cárter en pro de los ``derechos''. Altos funcionarios expresaban sus dudas acerca de la conveniencia de reducir la ayuda militar. Provocaba temores también la posibilidad real de que algunos países latinoamericanos acudieran a otros mercados de armamento en Europa. En el Departamento de Estado se discutía acaloradamente sobre los rumbos de la política en América Latina.
Consideraciones diversas y la presión de diferentes grupos imprimían a la política del gobierno demócrata sus rasgos pragmáticos tradicionales. En la práctica, la orientación a la alianza con las dictaduras militares y civiles siguió predominando. Continuó la cooperación con los regímenes reaccionarios que siguieron recibiendo ayuda económica.
En las declaraciones oficiales se empezó a remarcar insistentemente que el problema de los derechos humanos en el hemisferio occidental es una cuestión ``sumamente compleja" a la que ``hay que encarar con el mayor cuidado"^^43^^. Por _-_-_
~^^43^^ liic Di`iiíirtnií'iit of Sicili' Bulli'tin, Mav 2. 1977. p. 446.
163 eso el cese o incluso la reducción considerable de los programas de ayuda estadounidenses para fines ``de seguridad en América Latina" no es deseable y que ``se debe seguir prestante una ayuda moderada"^^44^^. Las declaraciones en pro de los ``derechos humanos" no impidieron a la Cámara de Representantes restablecer las asignaciones de ayuda militar a Nicaragua, cuyo gobernante desde hace muchos años y uno de los más feroces dictadores de América Central. Somoza, mantenía ``excelentes contactos con el Congreso de EE.UU. y vínculos bien estructurados con los militares estadounidenses y las fuerzas de seguridad"^^45^^.En las esferas gobernantes de Estados Unidos provocaba especial inquietud la posición ``intransigente'' de Brasil. El tamaño del país, su numerosa población, el potencial económico y militar del aliado más grande de EE.UU. en América Latina obligó a la administración Cárter, en abierta contradicción con sus propias declaraciones, a tomar medidas para mejorar las relaciones con el gobierno brasileño. Fueron aprobados los suministros a Brasil de combustible nuclear para el reactor construido en EE.UU. a pesar de que desde 1975 Washington se manifestaba contra la venta de equipo germanoccidental para las centrales atómicas brasileñas, dado el peligro de una ulterior proliferación del arma nuclear.
Muchos observadores consideraron que el hincapié que hacía el gobierno demócrata en los problemas políticos de la región fue motivado por el deseo de eludir la solución de acuciantes problemas económicos existentes desde hace mucho en las relaciones entre EE.UU. y los países de América Latina. Al igual que sus predecesores, Cárter prometió resolver las dificultades que enfrentaban desde hace mucho las repúblicas latinoamericanas: facilitar el acceso de productos terminados a los mercados de Estados Unidos, mejorar los términos del intercambio, imprimir mayor ``flexibilidad'' a la actividad de las compañías extranjeras y contribuir a la `` cooperación al desarrollo''. Sin embargo, estas promesas no pueden eliminar las contradicciones originadas por el sistema de la explotación imperialista. La realidad de la política imperialista sigue siendo el avasallamiento económico, la explotación de los recursos naturales y humanos y la lucha contra las fuerzas progresistas.
_-_-_^^44^^ Ibídem.
^^45^^ Latín America, 19.VIII.1977. p. 225.
164 __ALPHA_LVL2__ CAPITULO VI. LAS RELACIONES POLÍTICO-MILITARES YA finales de los años 60 y comienzos de la década del 70 en la política militar de EE.UU. en América Latina acaecieron considerables cambios vinculados, sobre todo, con la elaboración y puesta en práctica de la doctrina militar de ``contención realista''. Esta doctrina no alteró la esencia de la estrategia global de Estados Unidos y su aspiración al dominio mundial. El objetivo principal se enfoca del mismo modo: la lucha contra las fuerzas del socialismo mundial y su bastión, la URSS.
Pero si la doctrina de la ``contención realista" no cambió la esencia de la política militar norteamericana, sin embargo, introdujo considerables modificaciones en sus formas y métodos. Esas modificaciones también guardan relación con el hecho de que la actividad político-militar y económicomilitar del imperialismo yanqui en América Latina se manifiesta continuamente de manera doble: como un medio para alcanzar los objetivos globales (estrategia) y como un recurso para lograr objetivos locales (en el marco de América Latina). Este ``dualismo'' ha de ser tenido permanentemente en cuenta cuando se analiza la política del Pentágono en el continente.
Entre los más importantes cambios debe mencionarse el traspaso de parte considerable de la carga, en las relaciones político-militares y económico-militares de EE.UU. con los países latinoamericanos, a cuenta de éstos en lo concerniente a las tareas locales (regionales). Los procesos que 165 se operan en la política militar estadounidense en los paí ses de América Latina actualmente, tales como la reducción de la ``presencia directa" del Pentágono en ellos, también tienen su razón inmediata, en cuanto a la práctica de esas relaciones, en la idea de la ``responsabilidad repartida" que propugna la doctrina antes señalada, así como en los intentos de EE.UU. por enmascarar sus designios con las ``tareas comunes" de todos los participantes del sistema interamericano, La idea en cuestión se manifiesta en dos planos fundamentales: en el evidente e insistente afán de Estados Unidos por intensificar la función militar del sistema aludido y de reestructurarlo, en interés de su estrategia global, en un bloque militar, y en los intentos de repartir la ``responsabilidad'' entre determinados países ( países clave) de modo que éstos se transformen en correas de transmisión del Pentágono en la región y tomen a su cargo las funciones de éste en el aplastamiento del movimiento liberador local.
También ha sido perfeccionado sensiblemente el sistema militar destinado a cumplir el papel de ``equipo de socorro" de la Casa Blanca. Hasta 1939, los EE.UU. no tenían una organización que respondiese por la cooperación militar con las naciones latinoamericanas. Ese año fue creado el Comando de Defensa del Caribe y, en 1940, la Región Naval caribeña. En 1947 se dio otro paso: el Comando de Defensa del Caribe fue transformado en Comando del Caribe y su cuartel general trasladado, en 1949, a Quarry Heights, Zona del Canal de Panamá. En 1958 se llevó a cabo la última reorganización, estableciéndose el Comando Sur de EE.UU. (U.S. Southern Command)^^1^^. Desde 1963, en Fort Gullick, Zona del Canal de Panamá, se encuentra dislocado el Octavo Grupo de Tropas Especiales.
En 1973, los efectivos a la orden del Comando Sur ascendían a 21.000 hombres. En los países latinoamericanos las funciones directas atinentes a la cooperación militar son desempeñadas por los grupos de asesores militares (MAAG), encargados de los programas de asistencia militar y dependientes del Comando Sur. Además de MAAG, en el continente actúan grupos móviles de adiestramiento (MTT) y _-_-_
~^^1^^ Le están supeditadas las tres armas con Cuartel General en: Quarry Heights (Comandancia General). Fort Amador (ejéicito), Albrook Field (aviación) y Balboa (marina).
166 equipos diversos de personal técnico. El Octavo Grupo de Tropas Especiales, la CÍA y el FBI (encargados de realizar el programa de ``seguridad social''), el Cuerpo de Ingenieros de EE.UU., la Comisión de Energía Atómica (CAE), la NASA, el Servicio Geodésico Interamericano (con sede en Fort Clayton, zona del Canal de Panamá) y otros también tienen sus equipos de especialistas. Además, gran número de miembros de las Fuerzas Armadas componen el personal adjunto a los agregados militares de las embajadas de EE.UU. acreditadas en las repúblicas de la región.La maniobrabilidad de las tropas yanquis es asegurada por las bases que los EE.UU. mantienen en la región (más de 50). Hay que señalar que en los últimos años son frecuentes los casos en que dependencias militares estadounidenses emplazan en países latinoamericanos instalaciones estacionarias bajo la apariencia de estaciones meteorológicas, sísmicas y otros establecimientos ``civiles''. Cantidad considerable de ``establecimientos'' análogos en países de América Latina pertenecen a la CÍA. Esta organización utiliza aeródromos auxiliares de las fuerzas aéreas estadounidenses en las islas Bahamas, Vírgenes, Caimanes y Turks, así como en las islas Antigua, Santa Lucía, Jamaica, Swan (Honduras) y en otros lugares de América Latina.
La constante intromisión del Pentágono en los asuntos internos de las naciones del continente asume formas muy variadas. Apoyándose en sus vínculos con los grupos reaccionarios en las fuerzas armadas latinoamericanas, el imperialismo yanqui llevó a cabo en los últimos 15 años más de veinte golpes de Estado en los países de la región. Aunque la intervención sigue siendo el arma principal, se intensificó la utilización de formas más encubiertas y, primer lugar, la realización de operaciones por el Octavo Grupo de Tropas Especiales, la CÍA y los círculos militares reaccionarios locales. La intervención militar abierta es reemplazada cada vez más por diversas variantes de ``guerra secreta'', lo cual quedó nítidamente en evidencia durante los acontecimientos de Chile (1973).
Las modificaciones en la doctrina militar de EE.UU. introdujeron considerables cambios también en el enfoque de los círculos dirigentes estadounidenses respecto a los programas de ayuda militar y a los suministros de armamento a América Latina. La concepción de la ``defensa del hemisferio occidental" fue declarada concepción anticuada e irreal 167 por el Pentágono. En vez de ella surgió la de ``garantizar la seguridad interna" de las naciones de América Latina contra la ``actividad subversiva" y la ``conspiración comunista''. La atención principal comenzó a centrarse en los problemas de la lucha antiguerrillera y en la organización adecuada de las Fuerzas Armadas latinoamericanas, así como en los empeños para fortalecer el papel del ejército en la vida política de las naciones del área. Fueron proclamados como requisitos oficiales de los programas de ayuda militar de EE.UU. el que en todos los países de la región los programas de defensa concuerden con los intereses de la seguridad de EE.UU., que se reduzcan los suministros gratuitos de armamento norteamericano y que se pase a adquirirlos sobre base comercial. Se intensificó la actividad tendiente a implantar el control estadounidense en la preparación de los ejércitos nacionales. De ello habla, en particular, el creciente número de latinoamericanos egresados de las instituciones militares yanquis. En los últimos años, los EE.UU. conceden singular atención a preparar expertos en operaciones especiales (particularmente antiguerrilleras) que son adiestrados en centros de ese país, así como en la zona del Canal de Panamá (Fort Gullick, Fort Sherman, Howard Field), en Puerto Rico y en algunos otros Estados (Bolivia, Brasil, Colombia). La ``Escuela de las Américas" de la zona del Canal de Panamá (Fort Gullick), la de radiocomunicaciones de Fort Clayton y las de aviación de Albrook Field y Howard Field (también en la zona del Canal), así como el centro de instrucción de la infantería de marina en las islas Viesques y Culebra (Puerto Rico) también preparan a muchos miembros de las Fuerzas Armadas de los países del continente. Durante el período 1960--1976 recibieron instrucción militar en EE.UU. alrededor de 120.000 latinoamericanos, habiendo terminado también la mayoría de ellos cursos de entrenamiento antiguerrillero.
Desde 1967 la Asociación Internacional para Desarrollo de EE.UU. sustenta en las repúblicas de América Latina ``programas de seguridad social" o sea, de preparación y equipamiento de los efectivos de seguridad interna por el FBI y la CÍA. Los gastos del programa también han sido incluidos en la ayuda económica^^2^^.
_-_-_~^^2^^ Por último, cabe mencionar también los diversos programas que persiguen objetivos evidentemente militares. Desde 1962 el Pentágono __NOTE__ Footnote cont. on page 169. 168
En los años 70 se intensificó notablemente en América Latina la actividad de los servicios de inteligencia yanquis. Actualmente operan más de 20 servicios secretos de EE.UU., siendo los más importantes la Agencia Central de Inteligencia (CÍA), la Defense Intelligence Agency (servicio secreto de Defensa), la Agencia Nacional de Inteligencia, la Agencia Nacional de Seguridad, la Oficina de Inteligencia Militar, la Oficina de Inteligencia de la Fuerza Aérea, la Oficina de Inteligencia Naval, la Agencia de Inteligencia del Departamento de Estado, el FBI, la Oficina de Inteligencia de la Comisión de Energía Atómica y otros.
Los servicios secretos de EE.UU. actúan en los países de América Latina a través de un enorme y diversificado sistema. Su ``techo'' predilecto son las embajadas norteamericanas. Las dos.terceras partes del personal de éstas, como mínimo, son agentes de esos servicios.
En países como Panamá, Jamaica, Costa Rica, Ecuador, Perú y otros, donde la CÍA tiene ahora ``intereses y proyectos especiales'', bajo la cobertura de los cargos diplomáticos trabajan casi tantos agentes de la CÍA, como funcionarios reales del Departamento de Estado. Los servicios de inteligencia de EE.UU. aprovechan también en gran escala el amparo de la Asociación Internacional para el Desarrollo, encargada de los programas de ayuda, de los Cuerpos de Paz y de otras entidades oficiales y semioficiales estadounidenses. Una cobertura extraordinaria y grandes posibilidades para la actividad de los agentes de la CÍA ofrecen los monopolios yanquis y muchas organizaciones sociales, sindicales, estudiantiles y científicas locales.
En el sistema de la CÍA en América Latina ocupan lugar especial las entidades controladas (apócrifas). Tales entidades dentro de la CÍA llevan el apodo de ``corporaciones de Delaware'', según el nombre del Estado de EE.UU. donde, gracias a las facilidades vigentes, el registro de compañías ficticias no presenta mayores dificultades. Esto es aprovechado ampliamente por los servicios secretos de EE.UU. Han sido registradas muchas fundaciones de ``beneficencia'' que permiten realizar operaciones financieras legales en el _-_-_ __NOTE__ Footnote cont. from page 168. desurrolla en América Latina un programa de acciones civiles directamente a cargo del Octavo Grupo de Tropas Especiales, del Servicio Geodésico Interamericano, de los cuerpos de Ingeniería y de Medicina de EE.UU. Un importante rumbo en las actividades del Pentágono durante jos años 60 y 70 pasaron a ser las llamadas ``investigaciones sociológicas''.
169 continente: Edsell, Becon, Panamericana, Dentfield y otras. Algunas tienen sede en Nueva York (fundaciones Kaplan, Anderson, Gotham y otros). En todo el territorio de EE.UU. hay decenas de diferentes compañías privadas, empresas e instituciones con filiales y subsidiarias en los países de América Latina, fundadas con el único fin de servir de cobertura para los agentes de espionaje de EE.UU. No son pocas, entre ellas, las comunidades y entidades religiosas.La actividad de los servicios secretos de Estados Unidos en América Latina está enfilada, ante todo, contra el movimiento liberador de los pueblos del continente.
En la segunda mitad de los años 60 el imperialismo emprendió aquí una amplia ofensiva contra las fuerzas liberadoras antimperialistas utilizando a la CÍA y a otros servicios secretos. Su actividad reviste carácter variado: de los intentos de impedir la victoria de las fuerzas populares en las elecciones de Chile y la toma del poder por el Presidente Allende pasaron luego a la operaciones conocidas como ``desestabilización'' del gobierno de la Unidad Popular y a la preparación del golpe por los generales traidores chilenos. Los golpes militares en Chile, Brasil, Bolivia, Uruguay y otros países, el terror y las represalias contra las fuerzas progresistas, el asesinato de dirigentes políticos y un sinnúmero de confabulaciones son los hechos que caracterizan las actividades del imperialismo.
__ALPHA_LVL3__ 2. LAS RELACIONES ECONÓMICO-MILITARES DE EE.UU.Las relaciones económico-militares de EE.UU. con los países de América Latina se diferencian radicalmente de las que existen con los países capitalistas desarrollados. Si en el marco de estas últimas los EE.UU. se plantean como principal objetivo elevar la eficiencia del poderío económicomilitar estadounidense mediante el aprovechamiento máximo de las ventajas de la especialización y la cooperación de las economías de guerra respectivas, intensificar el potencial conjunto del mundo capitalista y asegurarse el apoyo económico-militar de sus aliados en los bloques y los acuerdos militares bilaterales, la situación es diferente en las relaciones económico-militares con los países de América Latina.
La estrategia de los círculos gobernantes de Estados 170 Unidos no sólo define las vías y los rumbos de su política económico-militar en América Latina, sino que conforma un tipo determinado de relaciones económicas y el interés en unos u otros aspectos de esos vínculos. El papel y el lugar de las naciones del continente en las relaciones económico-militares de EE.UU. emanan de dos circunstancias fundamentales: en primer lugar, del peso militar, económico y económico-militar real de estos países tanto en índices absolutos, como desde el punto vista del incremento o disminución de su peso específico en el potencial conjunto del mundo capitalista; en segundo lugar, de las demandas e intereses económico-militares de los círculos monopolistas de EE.UU. que, a su vez, derivan de la línea estratégica general del imperialismo norteamericano en los períodos históricos concretos y de la correlación en ella de sus aspectos global y regional.
El interés de EE.UU. por un determinado tipo de relaciones económico-militares con los países de América Latina proviene de las demandas reales que experimenta la economía de guerra norteamericana en determinados componentes y de los puntos estrechos y vulnerables que en ella existen. Entre éstos se halla su honda dependencia de las importaciones de materia prima estratégica y de algunos tipos de producción industrial, la excesiva concentración de su potencial industrial y energético, la escasa dispersión territorial de su industria de guerra, la vulnerabilidad de sus suministros por vía marítima y otros.
Por esa razón, una de las principales orientaciones de los vínculos económico-militares de EE.UU. con los países de América Latina sigue siendo el aprovisionamiento por éstos de materia prima estratégica deficitaria en la economía de guerra yanqui. Según nuestros cálculos, América Latina suministraba a Estados Unidos en 1975 la cuarta parte de la producción agrícola, las dos quintas partes de los alimentos, la tercera parte del combustible mineral y de los minerales de metales diversos^^3^^. Ninguna otra región del mundo capitalista (incluso Canadá) reviste para Estados Unidos un significado tan importante en el abastecimiento de productos primarios. Al apreciar el papel del continente como proveedor de materia prima para los EE.UU. en los años 70, cabe resaltar los siguientes aspectos. Primero: conservando el primer _-_-_
^^3^^ Véase América Latina. 1976, N 2, p. 103.
171 lugar en las importaciones estadounidenses de todos los tipos de productos primarios y alimentos, América Latina cedió al Canadá el primer puesto como abastecedor de materia prima de la minería. Segundo: América Latina sigue conservando su lugar preponderante en las importaciones estadounidenses de mineral de cobre, hierro, manganeso, de antimonio, bismuto, berilio, tantalio, barita, bauxita, espato flúor, azufre, grafito, estroncio y algunos otros minerales. Tercero: incrementó el papel de los países latinoamericanos en las importaciones por EE.UU. de productos semielaborados y terminados. La parte de América Latina en las importaciones estadounidenses de derivados del petróleo, por ejemplo, asciende a más de 90%. Aumentó considerablemente también su papel en las adquisiciones estadounidenses de metales raros y dispersos (berilio, litio, columbita, tantalio, estroncio, bismuto, indio, selenio, telurio, etc.). El significado de este grupo de metales en la economía de guerra de EE.UU. crece a ritmo especialmente grande. Por último: existen grandes posibilidades para que se eleve el significado de las repúblicas del continente en las importaciones norteamericanas de una serie de otros tipos de materias primas. Esto se refiere, en especial, al níquel, tomando en cuenta que en los años 60 fueron descubiertas grandes reservas del mismo en Colombia, Guatemala, República Dominicana y Brasil, al igual que al cobalto (en los dos países últimos).Elemento sustancial para asegurar el suministro ininterrumpido de cargas desde los países de América Latina a EE.UU. es el de la organización del transporte de cargamentos de guerra, incluyendo la construcción de puertos. Actualmente muchos países del área, con asistencia estadounidense, toman medidas para construir puertos de aguas profundas, modernizar y ampliar las instalaciones portuarias. Ello tiene particular significado debido a que a términos de los años 70 y comienzos de la década del 80 en la flota mundial de carga pasarán a ocupar posición dominante los supertanques y buques pesados adaptados para el transporte de minerales, cargamentos de sólidos y petróleo. La construcción de puertos de aguas profundas en los países del continente reviste también gran importancia militar. Hoy día alrededor de 30 puertos de esta región pueden recibir a buques de 8 metros de calado, y cerca de una docena de ellos pueden dar cabida incluso a portaviones. En los años 70 se tomaron medidas para modernizar el Canal de Panamá. Se 172 elaboran proyectos para construir un nuevo canal interoceánico.
Están por concluirse los trabajos de la carretera panamericana. Las rutas que se construyen en Brasil, México, Colombia, Paraguay y otros países no sólo facilitan el transporte a los puertos de embarque de la producción que interesa a EE.UU., sino también, en gran medida, las posibilidades de maniobra estratégica de las fuerzas armadas.
Los intereses económico-militares de EE.UU. en las repúblicas de la región son promovidos, ante todo, por la política económico-militar y bélica del Pentágono. Al mismo tiempo revisten importancia económico-militar también las formas tradicionales de expansión económica, ideológica y política. Tiene gran significado para los intereses económicomilitares de EE.UU. el establecimiento del control sobre la economía y el comercio exterior de los países de América Latina.
El capital monopolista yanqui asegura, por una parte, el dominio de EE.UU. en la economía y el comercio exterior de las naciones latinoamericanas, sirviendo de base para sustentar el ``imperio invisible" estadounidense en esta zona y para una eficiente aplicación de las medidas económicomilitares, y, por la otra, garantiza al imperialismo yanqui el control sobre aquellas ramas de la economía de las repúblicas del área que tienen mayor interés para la economía de guerra de EE.UU.
La militarización de la economía de Estados Unidos y la intensificación del papel de su complejo industrial-militar en la definición y la aplicación de la estrategia política exterior del imperialismo yanqui influyen notablemente sobre el carácter de las exportaciones del capital de préstamo por el gobierno y en los programas de ayuda. Tales exportaciones sostienen en gran parte el funcionamiento eficiente de los monopolios de EE.UU. en la región y, por lo tanto, el cumplimiento de su papel económico-militar, el cual se manifiesta también en el financiamiento dirigido del desarrollo del sistema infraestructural de las ramas que interesan a EE.UU. (en primer lugar, de la industria extractiva y del petróleo), de la explotación de nuevos y grandes yacimientos de materia prima mineral, la prospección geológica, la intensificación de las actividades de las compañías yanquis, las compras por las repúblicas latinoamericanas a EE.UU. de mercancías y servicios de índole económico-militar, etc. El sistema infraestructura! que se 173 vertebra en los países de la región, la penetración de los monopolios yanquis en sus industrias y la amplia ayuda que se presta al ensanchamiento de sus posibilidades político-militares indican que los planes de utilizar el territorio de América Latina para concentrar parte del potencial industrial de EE.UU. y de aprovecharlo en interés de su economía de guerra son bastante serios.
Tal proceso aparece bien patente en las relaciones de Estados Unidos con sus vecinos de la Cuenca del Caribe y, en primer lugar, con México. Aquí, en la zona fronteriza funcionan centenares de subsidiarias de las corporaciones norteamericanas que suministran a EE.UU. piezas y partes. En consecuencia, se van creando, en perspectiva, determinadas condiciones para ensanchar las relaciones económico-militares de esta potencia con las naciones del continente.
En los años 60 y 70, algunos grandes países latinoamericanos iniciaron la estructuración de una economía de guerra y de un complejo industrial-militar local. Aunque, a diferencia de los principales Estados capitalistas, los Estados de esta área no disponen de industrias de guerra significativas, en los últimos 10--15 años se esbozó un proceso de surgimiento gradual de lo que en perspectiva puede transformarse en complejo industrial-militar.
El precario desarrollo de la industria bélica incluso en los principales países de la región resulta de tres causas fundamentales. Ante todo, es un reflejo del desarrollo relativamente bajo de la industria en general y de su núcleo, la industria pesada, que constituye la base de toda economía de guerra. En segundo lugar, es consecuencia del escaso nivel de la demanda militar. En los países de América Latina esta demanda, tomada como una relación entre los gastos militares y el producto interno bruto, también constituye una característica del débil desarrollo de tal economía. La suma de los gastos bélicos directos de todos los países del continente ascendió en 1977 a 7.000 millones de dólares, correspondiendo una tercera parte a Brasil. Los demás Estados de la zona están muy por debajo de éste en cuanto al monto absoluto de sus desembolsos con fines militares.
Ese monto relativamente pequeño no permite a las naciones latinoamericanas renovar partes considerables de su equipo de guerra en períodos más o menos cortos, mientras que la extrema inestabilidad política reinante hace depender a este proceso de muchos factores circunstanciales en general. Por ejemplo, 174 el cambio de poder político en uno u otro país implica con frecuencia la anulación de los planes de rearme adoptados por el gobierno anterior. Por último, uno de los factores que más inciden en el bajo nivel de desarrollo de la economía militar latinoamericana es la profunda dependencia respecto al imperalismo. Esta no sólo explica el débil avance de la industria bélica local, sino también la sujeción de las naciones del área al aprovisionamiento de armas desde el exterior. Todos los países capitalistas de América Latina siguen dependiendo del abastecimiento externo para el grueso de sus equipos de guerra, ante todo de EE.UU.
Tal circunstancia convirtió los suministros de armamentos en otro resorte del neocolonialismo y de presión política sobre las naciones del área. Los Estados Unidos siempre estuvieron interesados en que ellas no dispongan de base propia para la producción de armas modernas y sigan en la condición de mercado de venta para los productores de armas norteamericanos. Dichas armas, por otra parte, nunca han sido las más modernas.
Otra de las causas de la debilidad de la economía de guerra en América Latina se halla vinculada a las particularidades históricas de la evolución del militarismo latinoamericano. Uno de sus rasgos característicos ha residido en el papel excesivamente elevado de la casta militar en la vida política de la mayoría de los países del continente frente a una base económico-militar y técnica débil.
El subdesarrollo económico de la mayoría de las naciones latinoamericanas condiciona su subdesarrollo militar; ello, no obstante, no aminora los esfuerzos de las esferas castrenses de una serie de países de la región por crear su propio complejo industrial-militar al estilo de EE.UU. Esto se refiere, en primer lugar, a Brasil y Argentina, los países más grandes del continente sudamericano, que disponen de una economía relativamente desarrollada y una industria con cierto grado de diversificación. En estos países (y no sólo en ellos) los militares han penetrado ampliamente en la industria, en la que ocupan muchos cargos importantes. Las llamadas cámaras de movilización industrial fundadas en ellos disponen de una vasta red en el aparato gubernamental y empresarial y persiguen el fin de preparar a sus países para enfrentar conflictos bélicos, desarrollar una industria militar propia, estudiar las posibilidades de conversión de la economía civil para asegurar las necesidades del ejército y la solución de una serie de tareas 175 igualmente específicas. La formación paulatina de los contornos de una futura economía de guerra se ve facilitada objetivamente por el notorio desarrollo de ramas tan importantes como la construcción de maquinaria, las industrias naval, automotriz, electrónica, petroquímica, metalúrgica, de energía atómica y los cambios que se operan en las labores y estudios científicos y trabajos de proyección.
No es de extrañar tampoco el hecho de que el desarrollo de muchas ramas de la industria latinoamericana y, particularmente, de los trabajos de investigación y proyección científica se halla directamente vinculado con la intensa actividad que desempeñan en este terreno los ministerios de guerra de los países latinoamericanos y sus esferas castrenses. Es notorio que los aprovisionamientos militares son conceptuados como factor que moviliza el avance científico, técnico e industrial en estos países. En la mayoría de las naciones latinoamericanas que alcanzaron determinado grado de desarrollo existen corporaciones estatales encargadas directamente de la producción bélica y de ofrecer trabajo, mediante encargos, al sector privado de la economía. Puede servir de ejemplo clásico el desarrollo de la industria aeronáutica, que debe su aparición y avance a la perseverancia de los militares. Casi todas las fábricas de aviación (existen 20 en Argentina, Brasil, Chile, Perú, Venezuela, Colombia y Bolivia) trabajan exclusivamente cumpliendo los encargos de los ministerios de guerra de sus respectivos países o realizan, también por encargos de los mismos, las investigaciones y los proyectos. En Argentina y Brasil se ha organizado la producción de aviones de guerra ligeros y se implementa la de helicópteros y cohetes propios. En los años 60 la industria aeronáutica de estos países pasó a ensamblar aviones de guerra estadounidenses y euroccidentales, creciendo cada vez más la proporción de piezas y partes de producción local. Hablando de las industrias de guerra de Argentina y Brasil puede decirse, a modo de conclusión, que se abastecen ya de muchos tipos de producción bélica propia (transportes militares, pertrechos, combustible y materiales de engrase, equipos de construcción y de ingeniería, de enlace y de mando, equipaje y víveres).
En los últimos años los países más grandes de América Latina toman medidas para adelantar la energética atómica e incrementar los trabajos de investigación en materia de utilización de la energía nuclear con fines militares. Círculos 176 castrenses de Argentina y Brasil se manifestaron repetidas veces por la obtención del arma nuclear propia, y, según la Comisión de Energía Atómica de EE.UU., es posible que estos dos países lleguen a obtenerla a finales de la década del 70. Motivos políticos y el temor a una reacción indeseable por parte de las naciones vecinas obra, por ahora, como factor de contención^^4^^~.
El complejo industrial-militar que se va conformando en una serie de países reviste carácter dependiente y puede convertirse en una nueva herramienta del neocolonialismo de EE.UU. Entre los principales monopolios yanquis que penetran activamente en la industria manufacturera de los países de América Latina, en primer lugar de Brasil, Argentina y México, figuran las más grandes compañías de fabricación militar de EE.UU., que cumplen encargos de la Secretaría de Defensa. Los monopolios estadounidenses ocuparon posiciones dominantes en ramas industriales de esos países como la química, radioelectrónica, instrumental y de construcción de máquinas herramienta, de automóviles y tractores, naval, de construcción de aviones y cohetes, metalúrgica y en la de energía atómica. Esto refuerza considerablemente el control por Estados Unidos también de la incipiente economía de guerra de la región. En estas ramas tiene lugar una amplia introducción de los patrones y las tecnologías norteamericanos, cada vez más se utilizan computadoras electrónicas, máquinas herramienta con dispositivos de programación, etc. Por lo tanto, los monopolios yanquis desarrollan precisamente aquellas ramas que en los países industrializados representan la base de su producción bélica. Por otra parte, se produce una estandardización acorde con los modelos de EE.UU., lo cual constituye una importante premisa para el aprovechamiento de la producción también en interés económico-militar de Estados Unidos. No es casual que de 20 a 30% de la producción de las empresas yanquis que operan en la radioelectrónica de América Latina esté destinada a EE.UU. A comienzos de la década del 70 se iniciaron los suministros al país del norte de la producción de las subsidiarias estadounidenses en la industria automotriz _-_-_
~^^4^^ En América Latina se comentó mucho el acuerdo concertado entre Brasil y la RFA (junio de 1975) para la construcción de ocho centrales atómicas, fábricas de enriquecimiento de uranio, obtención de plutonio, etc. Fue significativa la declaración de Brasil en el sentido de que el acuerdo con la RFA no prevé la adhesión del país al tratado sobre la no proliferación del arma nuclear.
__PRINTERS_P_177_COMMENT__ 12---659 177 y naval de América Latina. La mayoría de las empresas que se construyen en el continente con intereses yanquis están destinadas a exportar no menos de una tercera parte de su producción, en lo esencial a EE.UU. El material bélico exportado desde Brasil y Argentina es otro hecho que habla de esas nuevas posibilidades.En los años 70 el volumen de la colaboración técnico-- militar de EE.UU. con los países de América Latina se hizo mucho mayor. Las investigaciones en materia de utilización de la energía atómica en las repúblicas del continente se llevan a cabo con ayuda de la Comisión de Energía Atómica de Estados Unidos y bajo la supervisión de la Comisión Interamericana de Energía Atómica. Los Estados Unidos concertaron con las naciones latinoamericanas acuerdos que prevén no sólo la búsqueda de minerales radiactivos, sino también la preparación de cuadros, la realización de investigaciones conjuntas, y atan a los centros de estudios latinoamericanos a través de los suministros de equipos, tecnologías e incluso, combustible. Las repúblicas del continente son forzadas a recurrir a los servicios de la Comisión de Energía Atómica de EE.UU. y las firmas yanquis tanto en la construcción de reactores como en su aprovechamiento. La comisión indicada suministra el instrumental y la información científica necesarios prácticamente a todas las comisiones e institutos nacionales de energía atómica de los países de América Latina. La cooperación técnico-militar se extiende también a la construcción de cohetes y a las industrias aeronáutica, naval y radioelectrónica.
Cabe señalar que los EE.UU. utilizan centros científicos y universidades latinoamericanas para realizar labores, por encargo, de carácter económico-militar. En calidad de ejemplo se puede citar los trabajos del Laboratorio Gorgas (Panamá) sobre diferentes problemas aplicados de medicina tropical por encomienda y a costa del ejército de EE.UU. En la zona de Chacoltaya (Bolivia) se estableció un centro de investigaciones (laboratorio de física cósmica) que cumple labores de estudio para las fuerzas aéreas estadounidenses. Trabajos análogos realiza uno de los centros astronómicos más grandes del mundo en la montaña Tololo de Chile. La Comisión Nacional de Energía Atómica de la República Argentina cumple una serie de trabajos por contrato con la Oficina de Investigaciones del Ejército de EE.UU., la Oficina de Investigaciones del Mar de las Fuerzas Navales, de la Comisión de Energía Atómica y de 178 otros servicios militares y paramilitares norteamericanos.
Los especialistas yanquis utilizan ampliamente diferentes polígonos, rampas lanzacohetes, aeródromos y otras instalaciones de carácter análogo donde, bajo la apariencia de investigaciones conjuntas, se ensaya técnica de guerra en condiciones tropicales. A 50 km al sur de la ciudad de Natal (Brasil) fue establecida en 1965, con ayuda de la NASA y de la Secretaría de Defensa de EE.UU., la rampa lanzacohetes de Barreira do Inferno. Ubicada muy cerca del ecuador magnético y en las condiciones más apropiadas para el lanzamiento de misiles, esta instalación desempeña una importante función en las investigaciones cósmicas de la NASA y en el ensayo de ingenios norteamericanos.
__ALPHA_LVL3__ 3. PROBLEMAS DE LA INTEGRACIÓN POLITICO-MILITARUn aspecto nuevo y característico de las relaciones político-- militares y económico-militares entre EE.UU. y los países capitalistas de América Latina en los años 70 es la tendencia a la integración, que reviste la índole de otra forma de dependencia de las naciones de la región respecto al imperialismo, aunque vinculada también con las leyes generales de la internacionalización de las relaciones económicas, incluidas las interamericanas, y con la prolongada política de los círculos gobernantes de EE.UU. dirigida premeditadamente a ``asimilar'' a las repúblicas del continente en un sistema integracionista hemisférico. Puede considerarse que los gérmenes de la integración político-económico-militar con los países de América Latina aparecieron ya en el siglo XIX cuando en la Conferencia de 1889--1890 (en la que se creara la Unión Internacional de las Repúblicas Americanas) Washington procuró insistentemente lograr la suscripción de un acuerdo militar. Nuevos intentos de fundar una organización bélica que agrupara a los Estados latinoamericanos y a EE.UU. fueron hechos en 1913 por el Presidente Woodrow Wilson. En 1936 Franklin D. Roosevelt también se esforzó en concertar un tratado sobre ``acciones conjuntas" y de ``interdependencia de las naciones americanas" en lo militar^^5^^.
Sin embargo, la estructuración real de la integración _-_-_
~^^5^^ Véase K. Tarásov. América Latina. Moscú, 1972, p. 85.
179 militar de estos países comenzó en los años de la segunda guerra mundial, cuando los EE.UU. utilizaron ampliamente los recursos materiales y humanos de las naciones del continente con fines bélicos y, a tal objeto, crearon un determinado sistema organizativo y su consiguiente base jurídica. El posterior perfeccionamiento de ese sistema fue avanzando durante la posguerra, siendo un importante jalón la firma en 1947, en Petrópolis, del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca y la inclusión de sus cláusulas fundamentales en la Carta de la Organización de Estados Americanos (OEA). Al firmar este tratado, Estados Unidos de América por primera vez desde 1778 se incorporaron en tiempos de paz a una alianza militar con otros Estados. La inclusión de las cláusulas principales del tratado en la Carta de la OEA y el hecho de que EE.UU., además de las obligaciones político-militares que emanan de ese pacto tienen otras provenientes de su afiliación a la OTAN y demás bloques agresivos, imprimen también al sistema político-militar interamericano un carácter agresor y ofensivo. Prácticamente no existe diferencia sustancial entre este último y la OTAN, sólo que la OTAN está enfilada directamente contra los países socialistas, enfrentándolos en Europa, mientras que el sistema interamericano está destinado a solucionar la tarea de preparar un área auxiliar y asegurar la retaguardia del sistema global militar estadounidense.El Tratado de Reciprocidad y la Carta de la OEA constituyen el fundamento del sistema político-militar interamericano. Sin embargo, además de sus vínculos multilaterales dentro del marco de la OEA, los EE.UU. están relacionados con los países latinoamericanos a través de más de 100 tratados bilaterales político-militares y acuerdos político-económicos. Analizando el contenido de esos documentos se puede ver que la existencia de múltiples acuerdos que persiguen directamente fines políticos militares y económico-militares (el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca, los acuerdos bilaterales de asistencia militar, suministro y empleo de equipos bélicos, sobre construcciones militares, establecimiento de bases y estaciones de rastreo de satélites y vehículos espaciales, arriendo de buques de guerra, trabajos de cartografía, colaboración científica militar, etc.) o que contienen cláusulas de carácter económico-militar (acuerdos sobre suministros de materia prima y su prospección, construcción de caminos, aeródromos y puertos, establecimiento de sistemas de comunicación, etc.) permite a Estados Unidos aprovechar con eficiencia el 180 territorio y los recursos de los países latinoamericanos en una perspectiva amplia y en dirección y envergadura determinadas y condicionadas con anterioridad. Junto con las relaciones interamericanas emanadas de los acuerdos de carácter más general y las medidas de los organismos gubernamentales de EE.UU. en la esfera bélica, estas relaciones jurídico-castrenses constituyen una especie de armazón en el funcionamiento de las relaciones militares entre EE.UU. y los países de América Latina.
Lugar destacado en los planes militares de EE.UU. ocupan las actividades del Consejo Interamericano de Defensa (CID), creado en 1942 y formado por representantes de los Estados Mayores y de todas las armas de las Fuerzas Armadas de los países americanos (excepto Cuba), con sede en Washington. En la competencia del CID entra la aprobación de los planes de cooperación militar entre los Estados, la estandardización de los armamentos a escala del hemisferio, la unificación del sistema de instrucción, preparación y organización de las Fuerzas Armadas latinoamericanas según el modelo estadounidense, la solución de las cuestiones vinculadas con la prestación de ayuda bélica, la elaboración de una doctrina militar unificada y de planes de utilización de las instalaciones de guerra, etc. Las decisiones del CID tienen carácter obligatorio para los países miembros y no necesitan ser ratificadas por los organismos legislativos respectivos. Esta circunstancia transforma al CID, que formalmente constituye un organismo ``consultivo'', en una especie de organización supranacional bajo control yanqui. Cabe decir que los EE.UU. cubren más de las 7/10 partes de los gastos de ese organismo.
La idea de crear las fuerzas interamericanas fue expresada por primera vez en 1938 por la Secretaría de Defensa de EE.UU. En 1946, el Presidente Harry Truman propuso un proyecto para crear un ``ejército continental''. En 1959 el senador Smathers presentó al Congreso una propuesta para crear las ``fuerzas interamericanas de policía''. A partir de 1960, cuando se reunió la primera conferencia de los jefes de ejército de los países americanos en Panamá, unos u otros aspectos del problema siempre figuran en el orden del día. En 1965, durante la intervención contra República Dominicana, los EE.UU. pudieron formar las ``fuerzas provisionales interamericanas de paz'', en las que también participaron Brasil, Paraguay. El Salvador, Nicaragua, Honduras y Costa Rica. En 1967, durante la conferencia que examinó la cuestión sobre las 181 modificaciones en la Carta de la OEA, se intentó incluir en la misma una cláusula acerca de la creación de una fuerza interamericana permanente, habiendo votado por esta resolución casi todos los participantes de las ``fuerzas provisionales" (Brasil, Paraguay, Honduras, Nicaragua, El Salvador y Argentina). La resolución, sin embargo, no fue aceptada.
Los círculos democráticos de los países de América Latina desenmascaran esas fuerzas interamericanas, muestran el verdadero carácter del plan elaborado por el Pentágono y el peligro que representa para la soberanía de las naciones del continente. Ello no hace ceder a EE.UU. en sus intentos de llevar a cabo este proyecto en una u otra forma. Habiendo recibido seria resistencia la idea de organizar una fuerza armada permanente bajo la égida de la OEA, en los años 60 y 70 los EE.UU. se empeñan en llevarla a cabo en forma encubierta. Una de las variantes es la integración militar en el marco del Consejo Interamericano de Defensa que posee fuerzas navales conjuntas y un sistema único de seguridad. Otra variante es la designación de unidades especiales dentro de los ejércitos latinoamericanos, equipadas y entrenadas en EE.UU. que, ``en caso necesario'', podrían ser unificadas ``bajo la bandera de la OEA''.
Debido a las dificultades que surgieron en la transformación de la OEA en una OTAN latinoamericana, las esferas gobernantes de EE.UU. ya en los años 50 promovieron un proyecto para establecer organizaciones militares regionales en cuatro zonas más importantes de América Latina: la de la costa pacífica (Perú, Ecuador, Chile y Colombia), la centroamericana (países de América Central), la sudatlántica ( Argentina, Brasil, Bolivia, Paraguay y Uruguay) y la norteamericana (EE.UU. y México). Con la creación de organismos militares subregionales en América Latina, los Estados Unidos procuran dos objetivos fundamentales: primero, golpear al movimiento liberador que se ha intensificado considerablemente; segundo, preparar el terreno para la unificación ulterior de las organizaciones militares subregionales en una entidad militar única de los Estados americanos, es decir, con su participación formal. En principio, el único proyecto realizado fue el de formar el Consejo Centroamericano de Defensa. A fines de los años 60 las esferas gobernantes de EE.UU. pasaron a otra táctica: se tomó la decisión de concertar un ``Pacto sudamericano" agrupando a los países bajo el liderazgo de Brasil. El Pentágono cedió su papel a Brasil, proclamado en 182 1963 por el Presidente de EE.UU. como ``líder natural de América Latina''. Si bien el Pacto sudamericano todavía no fue creado, por lo menos cuatro de los cinco países que, según cálculos del Pentágono, deben integrarlo, expresaron en principio su conformidad.
La idea señalada anteriormente acerca de la responsabilidad repartida tiene también otro sentido: para los círculos dirigentes latinoamericanos (en todo caso, para muchos de ellos), éste consiste en que los EE.UU., en definitiva, deben ser garantía para la inamovilidad de su régimen social. Por lo tanto, un factor que consolida las relaciones interamericanas está representado por cierta identificación de los intereses estratégicos que se desprende de la identidad clasista de las estructuras sociales dominantes en EE.UU. y en los países de América Latina. Los sólidos vínculos existentes entre los grupos monopolistas de la burguesía latinoamericana, la oligarquía terrateniente, los grupos derechistas de las fuerzas armadas con el capital monopolista yanqui predeterminan, en grado considerable, no sólo su posición reaccionaria en la vida interna y en política exterior, sino también sirven de base para el acercamiento con el complejo industrial-militar de EE.UU. y de apoyo a la política militar del imperialismo yanqui en los Estados de la región. En los últimos años se observa una evidente intensificación del influjo del Pentágono sobre las ideas políticas de la jefatura de las fuerzas armadas en la mayoría de los países latinoamericanos y una singular integración político-militar basada en las amplias medidas tomadas por EE.UU. para la estandardización de los armamentos y la unificación en el adiestramiento de los militares latinoamericanos según el molde de las fuerzas armadas estadounidenses. La instrucción de las fuerzas armadas en los países del continente (salvo raras exclusiones) se lleva a cabo en conformidad con los reglamentos y prescripciones del ejército de EE.UU. y los cuadros de oficiales reciben entrenamiento en Esados Unidos. Si se excluye a Paraguay, donde se encuentra una misión militar argentina, en los países de la OEA trabajan sólo misiones militares yanquis. Los EE.UU. se han transformado en el suministrador principal de material y equipos de guerra para los países del continente; implantan en los círculos militares latinoamericanos las ideas políticas que les son más convenientes, utilizando para ello los medios y canales más diversos. En este sentido la política militar aparece también como parte de la política general neocolonialista yanqui en la 183 región latinoamericana. Especial significado reviste para el Pentágono ampliar su cooperación militar con Brasil, considerándolo ``socio menor" del imperialismo.
__ALPHA_LVL3__ 4. LAS CONTRADICCIONES INTERIMPERIALISTAS EN TORNOParte de la producción de guerra de los países capitalistas industrialmente desarrollados y, ante todo, de EE.UU. es comercializada en el mercado exterior pasando a disposición de sus aliados y amigos. La producción terminada se materializa en medios para llevar o asegurar la lucha armada y en elementos para restablecer la energía vital del personal de las fuerzas armadas. Ella incluye técnica militar y armamento, equipos para la tropa y otros objetos de uso militar. Sin embargo, las exportaciones de guerra de EE.UU. a América Latina no pueden ser reducidas sólo a la producción esencialmente bélica. En primer lugar, se exportan no sólo artículos de uso militar (en su forma natural), sino también conocimientos militares o que pueden tener significado militar (exportación de servicios de guerra). En segundo lugar, adquieren cada vez más importancia formas de cooperación técnicomilitar como la informática de guerra, el intercambio de datos para los programas conjuntos de investigación de carácter bélico y de producción de guerra.
Las exportaciones bélicas de EE.UU. a los países de América Latina se realizan en cuatro formas principales: suministros de armamentos y material de guerra; suministros de instalación militar y materiales auxiliares; exportaciones de servicios técnico-militares y otros de índole similar; participación en labores conjuntas de investigación y estudio de carácter militar y en la producción de guerra en común.
La exportación de armas a América Latina comenzó ya en el siglo XIX, pero tenía carácter sumamente esporádico. Hasta el comienzo de la segunda guerra mundial, en el mercado latinoamericano de armamentos cundía una intensa lucha interimperialista con alguna superioridad de los abastecedores euroccidentales de armas.
Durante la segunda guerra mundial y en los primeros años posbélicos América Latina se transformó, en esencia, en un mercado de armas cerrado de los Estados Unidos.
Esforzándose por implantar su control sobre el mercado latinoamericano de armamento, el Pentágono utilizó 184 ampliamente el sistema interamericano para imponer a sus miembros la estandardización del material bélico. El Consejo ínteramericano de Defensa ya en 1946 adoptó las resoluciones pertinentes^^6^^. Desde entonces la estandardización aparece automáticamente prevista en todos los planes elaborados por el CID.
También desempeñó enorme papel el hecho de que durante la segunda guerra mundial los Estados Unidos fueron la única fuente de exportación bélica para América Latina. Como consecuencia pudieron establecer su control sobre la preparación y el equipamiento de los ejércitos, la marina y la aviación latinoamericanos.
Las misiones estadounidenses también prestan un gran servicio a los traficantes de armas yanquis en la región. Además de cumplir funciones de adiestramiento y preparación, ellas facilitan las ventas de técnica de guerra norteamericana y la capacitación para su manejo.
El resultado general de las actividades del Pentágono en materia de estandardización de los armamentos en América Latina es el predominio de su técnica y eguipos de guerra en las fuerzas armadas del continente, que se hizo patente a comienzos de los años 60.
La lucha interimperialista en el mercado latinoamericano de armas cobró nueva intensidad en los años 60 por una serie de circunstancias. Para ese entonces las compañías euroccidentales productoras de armas habían incrementado fuertemente su poderío llegando a competir también en el mercado cerrado de la región.
A medida que los procesos de integración económico-- militar en Europa Occidental iban intensificándose, la presión de las compañías euroccidenlales sobre el mercado latinoamericano tendía a aumentar, pasando a ser las exportaciones de producción bélica el principal medio de su expansión económica. Esta expansión fue facilitada también por determinadas contradicciones que se daban entre EE.UU. y América Latina en cuanto al armamento. Como ya se ha señalado, la política militar de EE.UU. en América Latina se basa en la idea de capacitar a las fuerzas armadas de los países de la región para salvaguardar la ``seguridad interna" y en la estandardización de los armamentos y unificación del adiestramiento _-_-_
^^6^^ Véase Foreign Relalion of United S/ale.s. 1947, Vol. VIH. The American Republics. Washington, 1972, pp. 60--62.
185 militar según los moldes de Estados Unidos.El incremento de la conciencia patriótica y nacional en las repúblicas latinoamericanas en la década del 60 fue el factor decisivo que convenció a los círculos militares y gubernamentales de los Estados del continente de que, cumpliendo únicamente funciones de ``seguridad interna'', sus fuerzas armadas se ven indefensas ante cualquier adversario dotado de armas modernas en las condiciones de una guerra corriente.
La intervención de EE.UU. en la República Dominicana en 1965 fue un ejemplo bien convincente.
En vista de que los Estados Unidos se negaban a vender técnica militar moderna, los gobiernos de los países latinoamericanos empezaron a comprarla en otros países capitalistas, sobre todo Francia, Gran Bretaña, Italia, Australia, Suecia e Israel.
En la linde de la década del 60 y 70, como consecuencia de la apelación de los países latinoamericanos a los productores de armamento no estadounidenses, los EE.UU. perdieron su situación monopólica en el mercado bélico de las naciones de la región. En 1968--1976, Gran Bretaña ocupó el primer puesto en la venta de material de guerra a América Latina, Francia el segundo, y los EE.UU. fueron relegados al tercer lugar.
Ello causa inquietud en los círculos militares yanquis. Sin embargo, al señalar la agudización de las contradicciones interimperialistas en el mercado de armas de los países latinoamericanos, cabe apreciar con mucha reserva las perspectivas ulteriores del incremento de la expansión de las compañías euroccidentales productoras de material bélico, sin hablar ya de Australia o Israel.
A pesar de su intensa actividad en el presente, cabe suponer que el Pentágono recuperará el mercado latinoamericano ya en los próximos años, aprovechando su posibilidad de suministrar técnica moderna con repuestos a precios de 30 a 40% más baratos que los que puede ofrecer cualquier país euroccidental u otra potencia capitalista industrializada, teniendo además en cuenta la vigencia de acuerdos militares y compromisos para la estandardización del armamento de los países miembros de la OEA dentro del marco del sistema interamericano.
El gobierno de EE.UU., a partir de 1972, empezó a prestar mucha más atención al incremento de las exportaciones bélicas 186 a las naciones latinoamericanas que en cualquier otro período. Esto se debe no sólo a la notable intensificación en América Latina de la competencia indicada, sino, ante todo, a factores políticos (en particular, al deseo de establecer una colaboración más estrecha con Brasil), así como al aumento de las actividades que despliegan los monopolios yanquis de armas en el mercado mundial capitalista como resultado de los cambios habidos en la doctrina militar de EE.UU.
__*_*_*__La penetración militar de EE.UU. en los países de América Latina durante los últimos años choca con problemas cada vez más complejos.
En las naciones del área tomó considerable auge el movimiento por el cese de la carrera armamentista. Perú adelantó la iniciativa de establecer una moratoria a las compras de armas ofensivas.
Importante significado reviste la lucha del pueblo panameño por recuperar la zona del Canal y liquidar las bases yanquis. Los pueblos de otros Estados de la región también se pronuncian por la eliminación de las bases de EE.UU. emplazadas en sus territorios. Los esfuerzos de una serie de países latinoamericanos tendientes a ampliar los vínculos técnico-militares con los países de la comunidad socialista re presentan también una de las formas de rechazo de la penetración militar yanqui.
[187] __ALPHA_LVL2__ CAPITULO VII. LA NUEVA SITUACIÓN INTERNACIONALLa distensión internacional abrió en América Latina posibilidades favorables para profundizar el movimiento liberador y acelerar los procesos de reestructuración de las relaciones interamericanas.
En la primera mitad de los años 70 el sistema de opresión imperialista del continente entró en aguda crisis. Por otra parte, cobraron notable ímpetu los esfuerzos de los países latinoamericanos, encaminados a implantar en las relaciones interamericanas los principios de la igualdad soberana, independencia, no intervención y coexistencia pacífica entre los Estados. En la declaración conjunta argentino-panameña suscrita durante la visita del jefe de gobierno panameño Ornar Torrijos a esa república sudamericana se consignó, por ejemplo, ``la conveniencia de que se cumpla totalmente en América Latina la distensión que se viene operando a nivel internacional''^^1^^.
La principal conquista de las fuerzas progresistas en la primera mitad de los años 70 fue que se anularon las sanciones anticubanas impuestas por Washington a los países de América Latina a comienzos de la década del 60. Según la expresión del sociólogo brasileño Octavio lanni, eso significó un reconocimiento tácito del hecho indiscutible de que el socialismo se ha transformado en factor real en las relaciones interamericanas.
Otra importante línea en los cambios positivos operados fue la creación, fuera del marco del sistema interamericano e independientemente de EE.UU., de un conjunto de entidades y organizaciones permanentes de cooperación entre los Estados _-_-_
^^1^^ Excelsior, México, 19.1.1974.
188 latinoamericanos. En el curso de muchos decenios el sistema interamericano, bajo la égida de EE.UU., no sólo mantenía aislados en grado considerable a los países de la región respecto al mundo exterior, especialmente respecto a los Estados socialistas, sino originaba también trabas artificiales para el fomento de vínculos estrechos entre los mismos países del área aunque existen muchos factores favorables para ello: común destino histórico, afinidad lingüística y cultural, etc. En 1975, el Presidente mexicano Luis Echeverría había señalado con toda razón: ``Hemos sido los ``Estados desunidos del sur'', = __FIX__ Another case of double-quotes inside double-quotes. nos ha dividido el expansionismo norteamericano"^^2^^.A fines de los años 60 y en la primera mitad de la década del 70 fueron creados más agrupaciones integracionistas, compañías conjuntas, diferentes organismos y entidades de cooperación entre los países latinoamericanos que durante el siglo y medio transcurrido desde la conquista de la independencia. Las actividades de esas instituciones abarcaron las más diversas esferas: diplomacia, relaciones comerciales y económicas, finanzas, desarrollo industrial, recursos de materias primas, transporte y comunicaciones, ciencia, etc. La fundación en 1975 del Sistema Económico Latinoamericano (SELA) con la participación de Cuba socialista representó una etapa cualitativamente nueva en las relaciones interestatales de la región.
Gracias a los organismos de colaboración y consulta, los países latinoamericanos obtuvieron la posibilidad de concordar sus posiciones e intervenir en conjunto sobre problemas tan importantes de la vida internacional como las relaciones con EE.UU. y otras potencias imperialistas, la actividad de la ONU y sus organismos especializados, el desarme, la liquidación del colonialismo y el neocolonialismo, la recuperación de las riquezas naturales usurpadas por los monopolios extranjeros, la conservación del medio ambiente, el Derecho marítimo y otras. Esto eleva el papel y el peso de las naciones del área en la palestra internacional, abre nuevas posibilidades para su participación en el fortalecimiento de la distensión y, a la vez, les permite resolver cada vez más soberanamente sus problemas nacionales y regionales.
La URSS y otros Estados socialistas apoyan activamente los esfuerzos de los pueblos de América Latina por sanear el clima político en su zona, condenan resueltamente el curso _-_-_
^^2^^ Granma, 23.VIII. 1975.
189 imperialista de intromisión en sus asuntos internos. Leonid Brézhnev, Secretario General del CC del PCUS, en su informe al XXV Congreso del partido señaló: ``Apoyamos el afán de estos países por fortalecer su soberanía política y su independencia económica y aplaudimos la elevación del papel que desempeñan en la vida internacional"^^3^^.El cariz antimperialista del movimiento por la unidad latinoamericana se sustenta en las crecientes fuerzas de clase que consolidan sus filas en los marcos nacionales y afianzan su colaboración a escala continental. Cuenta con el apoyo del proletariado y de su vanguardia, los partidos comunistas, las masas campesinas y sus organizaciones, las nuevas capas sociales que se van incorporando a la lucha de liberación (los militares patriotas, los representantes progresistas de la iglesia católica, la intelectualidad y el estudiantado progresistas), de los movimientos que expresan la solidaridad mutua de los trabajadores en la lucha contra el enemigo común.
Bajo el influjo de la crisis económica que se desató en el mundo capitalista a mediados de los años 70, las contradicciones entre los países de la región y los monopolios de EE.UU., que extraen enormes ganancias, tuvieron acentuada agudización. Creció el afán de los Estados del área de intervenir en conjunto contra todas las bases del viejo sistema de relaciones, al que V.I. Lenin definió como ``despojo abierto del débil"^^4^^.
La lucha política en torno a la reforma del sistema americano, el cual siempre fue una herramienta del neocolonialismo de EE.UU., cobró auge a mediados de los años 60 cuando se aprobó la resolución de revisar la Carta de la OEA, y no concluyó después de haber sido ratificada por la mayoría de sus miembros la nueva Carta, que entró en vigor en 1970. Las nuevas enmiendas no cambiaron la esencia reaccionaria de esta organización.
La actual crisis de la OEA se distingue por una serie de particularidades esenciales. En primer lugar, son criticados por los países latinoamericanos no sólo tales o cuales aspectos de la actividad de esta organización, sino las bases mismas de la OEA; terminaron en bancarrota muchos postulados ideológicos del panamericanismo: sobre la ``comunidad de _-_-_
~^^3^^ L. I. Brézhnev. Informe del Comité Central del PCUS y las tareas inmediatas del partido en la política interior v exterior, p. 28.
^^4^^ V. I. Lenin. ``Pena'' y ``vergüenza''. Ó. C., t. 20. p. 245.
190 intereses'', la ``solidaridad interamericana" y otros. En segundo lugar, la crisis afectó la estructura militar del sistema interamericano, cuyos elementos principales están representados por el Tratado de Río de Janeiro, el Consejo Interamericano de Defensa y la organización semiautónoma del Consejo Centralamericano de Defensa. En tercer lugar, si antes sólo las fuerzas progresistas y los sectores nacionalistas, en lo esencial, ocupaban posiciones de decidida censura contra la OEA. ahora, en cambio, la demanda de reorganización cardinal de la OEA se ha convertido en rumbo oficial de la política exterior de gran parte de los Estados. Estas demandas quedaron estipuladas en una serie de documentos elaborados en conjunto por los países latinoamericanos: el Documento de Bogotá, la Declaración de Tlatelolco y otros. En cuarto lugar, se ha hecho totalmente evidente el anacronismo de la OEA, su incompatibilidad con las necesidades verdaderas de América Latina y con los cambios positivos en las relaciones internacionales acaecidos en la arena mundial.Los monopolios imperialistas y la oligarquía local procuran impedir la democratización de las relaciones interestatales en la zona y conservar a la OEA en calidad de herramienta de la política imperialista. La conducta de las fuerzas reaccionarias de EE.UU. y de una serie de regímenes dictatoriales en América Latina respecto a Cuba socialista crea un foco de tensión en la zona de la cuenca del Caribe.
Se ejerce presión financiera y política contra otros gobiernos ``indeseables'' para Washington, se fomenta la rivalidad entre los países de la región que componen el ``trío grande" por el liderazgo en la misma, se hacen nuevas promesas para estimular a los Estados que acceden a jugar el papel de ``aliado privilegiado" de EE.UU. Las maniobras de la diplomacia yanqui están encaminadas a desbaratar la cooperación que se va estructurando entre las naciones del área, a infundir la ilusión de que los pueblos de América Latina pueden asegurar el progreso de sus países en colaboración con el imperialismo. Semejantes afirmaciones cobraron especial difusión en particular con motivo de la crisis de materias primas.
El sistema de relaciones mutuas que fue conformándose entre EE.UU. y el país más grande del continente, Brasil, fue denominada por muchos políticos norteamericanos como ``de socios maduros"^^5^^. Los intentos de EE.UU. por hacer _-_-_
~^^5^^ Latín America: In Search of a New International Role. N. Y., 1975, p. 209.
191 sobresalir a Brasil y contraponerlo a otros Estados latinoamericanos provocaron comprensible inquietud en las naciones del continente, especialmente entre los vecinos de Brasil.En la estrategia del imperialismo se concede lugar especial a los esfuerzos tendientes a socavar por dentro el fren te único de las naciones latinoamericanas con ayuda de las dictaduras militares reaccionarias. Con el apoyo del imperialismo extranjero, en países del cono sur y de América Central se procura resucitar el fascismo. Las dictaduras militares que usurparon el poder organizan cruzadas contra el ``peligro comunista'', lanzan a las cárceles a miles de patriotas, practican la represión en masa contra los trabajadores que luchan por sus derechos. La junta militar chilena se esfuerza tenazmente en amalgamar una alianza anticomunista de ``regímenes afínes" en la parte sur del continente, mientras que sus protectores tratan por todos los medios de fortalecer el régimen de Pinochet.
Al mismo tiempo, en los últimos años se hicieron objeto de ataques masivos una serie de países latinoamericanos que desarrollaban una política exterior soberana. Los monopolios imperialistas y las fuerzas políticas de algunos países, vinculadas a aquéllos, desataron una campaña de ``guerra fría" y subversión contra Perú, Guyana, Jamaica, Costa Rica y otros países que integran el grupo de Estados latinoamericanos partidarios de la distensión internacional y el afianzamiento de los principios de la coexistencia pacífica y la colaboración mutuamente ventajosa entre países con diferentes regímenes sociales y que se pronuncian por la solución de sus problemas internos en concordancia con sus intereses nacionales. En América Latina, al igual que en otras regiones, los enemigos de la distensión, que poseen todavía considerables recursos, procuran obstaculizar por todos los medios los cambios positivos. ``Aunque hoy han sido coartadas sensiblemente las posibilidades del imperialismo de emprender acciones agresivas ---recalcó L.I. Brézhnev en su informe al XXV Congreso del PCUS---, la naturaleza de éste no ha variado. Por eso las fuerzas adictas a la paz tienen que estar muy alertas. Se precisan enérgicas acciones y la unidad de todas las fuerzas de paz y buena voluntad''^^6^^.
En América Latina contemporánea, donde el desarrollo _-_-_
~^^6^^ L. I. Brézhnev. Informe del Comité Central del PCUS y las tareas inmediatas del partido en la política interior v exterior, p. 32.
192 de los acontecimientos sigue el cauce de los grandes cambios sociales que se operan en el mundo que, como subrayó el XXV Congreso del PCUS, representan el contenido del proceso revolucionario universal, las tentativas del imperialismo y de sus aliados chocan con una resistencia cada vez mayor. Las perspectivas del ulterior avance de la distensión en esta región del mundo y del desarrollo de la cooperación entre los Estados de la región emanan de la consecuente lucha de Cuba socialista por fortalecer la unidad de acción de las naciones latinoamericanas sobre una base antimperialista, de la activa política exterior de Perú y Panamá, del creciente aporte de México, Venezuela, Ecuador y los jóvenes Estados independientes del Caribe a la afirmación de los principios de la coexistencia pacífica, la igualdad y la no injerencia en las relaciones interamericanas.Enormes posibilidades para afianzar las posiciones internacionales de los países latinoamericanos y su soberanía entraña el desarrollo de una amplia colaboración con el mundo del socialismo, la fuerza más dinámica e influyente en la palestra mundial. Contribuyen a ello en grado considerable las visitas, cada vez más frecuentes, de muchos estadistas y personalidades sociales latinoamericanos a la Unión Soviética. En los años 70 visitaron la URSS: el Presidente chileno Salvador Allende (1972), el Presidente mexicano Luis Echeverría (1973), Erik Williams, primer ministro de Trinidad y Tobago (1975), el ex presidente de Costa Rica, José Figueres (1975), la delegación parlamentaria de Colombia (1976), el Presidente venezolano Carlos Andrés Pérez (1976) y muchos otros. Aumentan sistemáticamente el comercio mutuamente ventajoso y el intercambio científico, cultural y deportivo. Amplia repercusión tuvo en América Latina el programa de lucha ulterior por la paz y la cooperación internacional, la libertad y la independencia de los pueblos, aprobado por el XXV Congreso del PCUS. La profundización de la distensión internacional responde a los auténticos intereses nacionales de las repúblicas de América Latina.
__ALPHA_LVL3__ 2. AGUDIZACION DE LAS CONTRADICCIONES EN LA OEAA mediados de la década del 60 se hizo patente la crisis del sistema interamericano que mostró su inconsistencia para solucionar los problemas socioeconómicos que afectan a los países de la región y que servía como dócil instrumento de __PRINTERS_P_193_COMMENT__ 13---659 193 la política intervencionista de Washington respecto a sus vecinos del sur. En los años 50 y en la primera mitad de la década del 60, los EE.UU. utilizaron repetidas veces la OEA para aplastar el movimiento de liberación en el continente, para derrocar el régimen progresista de Jacobo Arbenz en Guatemala, para sustentar su política anticubana y encubrir la intervención armada en la República Dominicana.
La transformación de la OEA en arma de la política de EE.UU. provocó la inquietud no sólo de los pueblos latinoamericanos, sino también de una serie de gobiernos de la región que vieron en la política expansionista de Washington, desarrollada con ayuda del sistema interamericano, una amenaza para la soberanía nacional de los Estados de América Latina.
La aprobación por la OEA de la intervención de EE.UU. en la República Dominicana fue la última ``victoria'' seria de la diplomacia yanqui en esa organización. ``El shock de la experiencia dominicana en la materialización de las funciones de la OEA relacionadas con la seguridad, la insatisfacción con el papel desempeñado por ésta en la Alianza para el Progreso y el hecho de que los gobiernos miembros hayan emprendido pasos formales para cambiar aspectos sustanciales de la Carta de la OEA por vez primera después de su aprobación ---escribía John Dreier, ex representante de EE.UU. en la OEA---: todo eso expresa la situación crítica existente en el sistema regional desde hace muchos años"^^7^^.
Las divergencias entre EE.UU. y los países latinoamericanos se hicieron patentes durante la preparación de la primera reforma de la Carta de la OEA en las conferencias interamericanas de 1965--1967.
La reestructuración del sistema interamericano se inició en la II Conferencia Interamericana Extraordinaria, reunida en noviembre de 1965 en Río de Janeiro para examinar ``... diversos asuntos de fundamental importancia para el fortalecimiento del Sistema Interamericano"^^8^^.
La conferencia tuvo lugar a raíz de los dramáticos acontecimientos en la República Dominicana, y por eso Washington procuró ``ampliar la brecha'', lograda en la Décima Reunión de Consulta de ministros de relaciones exteriores _-_-_
~^^7^^ International Organization in ihe Western Hemisphere, N. Y., 1968, pp. 42--43.
~^^8^^ El Sistema Interamericano. Estudio sobre su desarrollo v fortalecimiento. Madrid. 1966, p. 383.
194 en mayo de 1965, para crear unas ``Fuerzas Interamericanas de paz" no de carácter provisional, como sucedió en Santo Domingo, sino sobre base permanente. Ello permitiría, según los planes de EE.UU., fortalecer la estructura político-- militar de la OEA e imprimirle el carácter de bloque bélico. El gobierno estadounidense pensaba contar con el apoyo del Brasil, Argentina, Paraguay y Haití, que habían declarado en vísperas de la conferencia que la creación de las ``Fuerzas Interamericanas" sería deseable^^9^^.En la conferencia de Río, el Secretario de Estado Dean Rusk valoró altamente en su intervención, de neto contenido anticomunista, la actuación de las ``Fuerzas Interamericanas" en la República Dominicana y exhortó a fortalecer el status de esas fuerzas a los fines de ``su posible empleo en el futuro por la OEA o la ONU"^^10^^.
Sin embargo, la mayoría de los países de la región que, precisamente en la experiencia de la República Dominicana se convencieron de la amenaza que representan para sus soberanías estas fuerzas, no estaban dispuestos a apoyar las aspiraciones de EE.UU. Por eso México, Colombia, Chile, Uruguay y varios otros países se manifestaron decididamente contra los planes yanquis. Gabriel Valdés, jefe de la delegación chilena, declaró que ``las Fuerzas Interamericanas darían al Sistema una connotación ideológica negativa y peligrosa, destruirían el principio fundamental de la no intervención y amenazarían dividirnos en bloques irreconciliables"^^11^^.
Por cuanto el objetivo principal de la II Conferencia Interamericana Extraordinaria consistía en determinar la orientación de las modificaciones de la Carta de la OEA, aprobada en 1948, los Estados latinoamericanos se manifestaron por una estricta observación de los principios de la no injerencia en las relaciones entre los países americanos. Al expresar esta actitud, el canciller mexicano Antonio Carrillo Flores consignó ``que si la alternativa fuese o bien una organización de limitada eficiencia o aceptar que se debilitasen los principios que profesamos, tendríamos, con pena, que optar _-_-_
^^9^^ Véase James R. José. An ínter-American Peace Forcé within the Framework ofthe Organization of American States: Advantagee, Impediments, Implications. N. Y., 1970 p. 68.
^^10^^ The Department of State Bulletin. Washington, 1965, NI 382, p. 994.
~^^11^^ México en la II Conferencia Interamericana Extraordinaria, México, 1966, p. 449.
__PRINTERS_P_195_COMMENT__ 13* 195 por el primer extremo"^^12^^. El ministro de Relaciones Exteriores uruguayo, Luis Vidal Zaglio, manifestó categóricamente que ``nada que afecte, lesione o viole el principio de la no intervención contará con el apoyo de la delegación uruguaya"^^13^^. La delegación de Colombia presentó un poyecto de resolución contemplando la reafirmación del principio de la no injerencia y exhortó a adoptar una convención especial acerca de las acciones que violen el principio de la no injerencia^^14^^.El representante de México, apoyando el proyecto colombiano, propuso que también otros principios, tales como la prohibición de emplear la fuerza respecto a otro Estado, el no reconocimiento de las anexiones territoriales, la igualdad jurídica de las naciones, todos proclamados por la Carta de la OEA, ``deben ser reafirmados" en los documentos de la conferencia^^15^^. La iniciativa de Colombia y las proposiciones de México hallaron eco en la resolución N 1 de la conferencia, el Acta de Río de Janeiro, en cuyo preámbulo fueron confirmados los ``principios y normas vigentes, expuestos en la primera parte de la Carta de la Organización de Estados Americanos"^^16^^.
En suma, en la conferencia de Río se manifestaron dos enfoques del problema de la superación de la crisis del sistema interamericano. Por una parte, el enfoque de EE.UU., que consideraban la crisis como resultado de las ``maniobras del comunismo internacional'', de la ``injerencia'' en los asuntos del hemisferio por parte de potencias extracontinentales. Por eso proponían acentuar en la nueva estructura de la OEA las cláusulas sobre la cooperación político-militar. Dicho en otros términos, se esforzaban por hacer que la OEA modificada sirviera, ante todo, a sus objetivos imperialistas. Por la otra, a diferencia de EE.UU., la mayoría de las naciones latinoamericanas procuraban ensanchar los aspectos socioeconómicos en las actividades de la organización. Como había declarado en la conferencia el ministro de Relaciones Exteriores uruguayo, L. Vidal Zaglio, en el progreso económico y social de América ``... está nuestra mejor defensa"^^17^^.
_-_-_^^12^^ Ibid., p. 396.
^^13^^ Ibid., p. 434.
~^^14^^ Ibid., p. 498.
^^15^^ Ibid., p. 228.
~^^16^^ Second Special ínter-American Conference. Rio de Janeiro, Brasil. November 17--30.1965. Final Act. Washington, 1965, p. 6.
~^^17^^ México en la II Conferencia ínter americana Extraordinaria, p. 434.
196Los principales documentos adoptados por la II Conferencia Interamericana Extraordinaria fueron el Acta de Río de Janeiro y el Acta Económico-Social de Río de Janeiro. El primero reflejó la opinión común de que la OEA estaba en crisis y que era necesario ``infundir al sistema interamericano un nuevo dinamismo y evitar duplicaciones y conflictos en las cuestiones que competen a sus organismos"^^18^^. A tal objetivo se preveía convocar la III Conferencia Interamericana Extraordinaria en Buenos Aires, en 1966, para aprobar el texto definitivo de la Carta de la OEA. Una comisión especial compuesta por representantes de todos los miembros de la organización fue encargada de preparar el Anteproyecto de Reformas a la Carta.
La aprobación del Acta Económico-Social de Río de Janeiro por la conferencia fue un éxito de los países latinoamericanos. Este documento encomendaba a la comisión especial incluir en la Carta de la OEA normas adicionales para la actividad económica y social de la organización en terrenos como la seguridad política y el desarrollo sociopolítico, la actividad nacional de los Estados en la esfera socioeconómica, la asistencia mutua y la ayuda externa, el comercio exterior y la integración económica. Las cláusulas incluidas en el punto 13 estipulaban que ``los Estados miembros toman el compromiso, dentro del marco de sus procedimientos constitucionales y en la escala que sus recursos lo permitan, de asistirse mutuamente y ayudar en orden prioritario a los países menos desarrollados del sistema con el propósito de alcanzar a nivel nacional y regional los objetivos sociales y económicos establecidos en este Acta...''^^19^^. Este punto se refería, en primer lugar, a Estados Unidos. Sin embargo, el éxito de las repúblicas latinoamericanas fue relativo ya que la resolución tenía carácter de recomendación y debía ser incluida en la nueva Carta de la OEA para tener vigencia como una auténcia obligación. Las reuniones celebradas posteriormente mostraron que los EE.UU. no deseaban tomar compromisos adicionales justamente en lo que concernía a las actividades económicas y sociales de la OEA y con especial fuerza se manifestaron contra el punto 13 de su redacción original.
De conformidad con las resoluciones de la conferencia de Río, desde el 25 de febrero hasta el 1 de abril de 1966 _-_-_
~^^18^^ Second Special ínter-American Conference, p. 6.
^^19^^ Ibid., p. 13.
197 sesionó en Panamá la Comisión Especial de representantes de los países miembros de la OEA para la preparación del Anteproyecto de Reformas a la Carta. En esa reunión se manifestaron en forma todavía más aguda las divergencias entre EE.UU. y las naciones latinoamericanas. La delegación de Estados Unidos presentó a examen el documento N 20 en el que se proponía, en lugar de los artículos 44--47 de la Carta anterior referentes al estatuto del Comité Consultativo de Defensa, organismo provisorio adjunto a la Reunión de Consulta de ministros de relaciones exteriores, introducir dos nuevos artículos, 53 y 54. La esencia de esta innovación tendía a ``institucionalizar'' en la estructura de la OEA al Consejo Interamericano de Defensa (CID), formalmente no vinculado a ella, mediante el establecimiento de contactos sobre cuestiones militares entre la Reunión de Consulta de ministros de relaciones exteriores y el CID^^20^^.El proyecto de Estados Unidos, llamado a crear la base jurídica para fundar las ``Fuerzas Interamericanas'', testimoniaba que Washington no había abandonado sus intentos de transformar a la OEA en una alianza militar. Sin embargo, las intenciones de EE.UU. encontraron firme rechazo por algunas delegaciones latinoamericanas que subrayaban que la Comisión Especial, de acuerdo con las resoluciones de la conferencia de Río, no era competente para cambiar los artículos señalados^^21^^. La delegación yanqui tuvo que retirar sus propuestas.
No habiendo logrado su objetivo principal, la delegación estadounidense se manifestó contra la inclusión de cláusulas adicionales al apartado sobre las normas sociales y económicas de la Carta, previstas en el Acta Económico Social de Rio de Janeiro. La delegación norteamericana invocaba los problemas que podían surgir al ratificar la nueva Carta de la OEA en el Senado de EE.UU.^^22^^. En cuanto a la cuestión de modificar las normas sociales y económicas, la reunión se vio obligada a exponer solamente las posiciones de las diferentes partes. Las delegaciones de México, Perú, Honduras, _-_-_
^^20^^ Véase Comisión Especial para la Preparación de un Anteproyecto de Reformas a la Carta de la Organización de loa Estados Americanos. Ciudad de Panamá, Panamá, 25 de febrero a 1 de abril de 1966. Actas y Documentos. Washington, 1966, vol. III, p. 331.
~^^21^^ Ibíd., vol. I, p. 175.
~^^22^^ Véase Comisión Especial para la Preparación de un Anteproyecto..., vol. U. p. 5.
198 Chile, Argentina, Uruguay, Venezuela, Costa Rica y El Salvador formularon una declaración especial criticando las normas sociales propuestas por la reunión, acotando que éstas ``sólo reproducen las existentes en la actual Carta" y no ``han significado ningún progreso en este campo"^^23^^.La reunión de Panamá pudo llegar a un acuerdo sólo en lo relacionado a las modificaciones estructurales de la OEA: la Conferencia Interamericana pasó a llamarse Asamblea General debiendo ser convocadas sus sesiones anualmente; se delimitaron las esferas de actividades de los tres Consejos con igualdad de derechos; fueron excluidos los segundos nombres de ``Secretaría General'', ``Unión Panamericana'', etc.^^24^^. Debido a que la reunión no pudo elaborar un texto concordado sobre las normas económicas y sociales, el Consejo de la OEA decidió convocar la IV sesión extraordinaria del Consejo Interamericano Económico y Social (CÍES). Esta se realizó del 6 al 18 de junio de 1966 en Washington. Al mismo tiempo, el Consejo de la OEA creó una Comisión General de enmiendas al Anteproyecto de Reformas a la Carta para reconciliar las divergencias entre los Estados miembros.
En la IV sesión extraordinaria del CÍES la delegación de EE.UU. pudo conseguir que las normas económicas fuesen redactadas en un sentido que no les imponían obligaciones complementarias. El artículo 5 del capítulo VII, Normas económicas, del Anteproyecto de Reformas a la Carta confeccionado en la reunión de Panamá, fue el que provocó las mayores objeciones de EE.UU. Es que el artículo contenía una cláusula, según la cual ``los Estados miembros asumen la obligación" de ayudarse uno a otro^^25^^. Washington consiguió una formulación neutral. En su nueva redacción el artículo indicado (el artículo 32 en el Protocolo de Buenos Aires) establecía que los ``Estados miembros acordaron cooperar uno con otro"^^26^^.
La IV sesión extraordinaria del CÍES adoptó también el capítulo VIII, Normas sociales, en nueva redacción que fue ampliado por insistencia de un grupo de países _-_-_
^^23^^ Ibíd., vol. I, p. 259.
^^24^^ Ibíd., pp. 230--258.
~^^25^^ Véase Comisión Especial para la Preparación de un Anteproyecto..., vol. I, p. 278.
~^^26^^ Fourth Special Meeting of the ínter-American Economic and Social Council. Washington, D. C. From June 6 to 18, 1966, Final Report. Washington, 1966, p. 5.
199 __EMAIL__ webmaster@leninist.biz __OCR__ ABBYY 6 Professional (2007.07.06) __WHERE_PAGE_NUMBERS__ bottom __FOOTNOTE_MARKER_STYLE__ [0-9]+ __FOOTNOTE_MARKER_SEQUENCE__ continuous __ENDNOTE_MARKER_STYLE__ [0-9]+ __MANUAL_EDITS__ Changed '-' to '---' using regexp search: [^\r_]- latinoamericanos^^27^^. En suma, los EE.UU. pudieron, aplicando la táctica de compromisos, apaciguar temporalmente las contradicciones en el sistema interamericano.Antes de ser presentado a la III Conferencia Interamericana Extraordinaria para su aprobación, el Anteproyecto de Reformas a la Carta fue examinado en la sesión del Consejo de la OEA del 29 de junio de 1966. Este propuso excluir al Comité Jurídico Interamericano (CJI) del conjunto de organismos principales de la OEA, establecer contactos más estrechos entre el CJI y el Consejo Permanente, limitar las facultades de los Consejos para crear organismos y comisiones adicionales^^28^^.
El Anteproyecto elaborado por la reunión de Panamá, junto con las enmiendas del CÍES, así como del Consejo de la OEA y las sugerencias de diversos Estados americanos, fue presentado para su aprobación a la III Conferencia Interamericana Extraordinaria, que tuvo lugar en febrero de 1967 en Buenos Aires, y no en julio de 1966 como estaba previsto.
A pesar de su prolongada preparación, la conferencia de Buenos Aires fue escenario de agudos choques. La `` manzana de la discordia" fueron las propuestas de Argentina sobre el fortalecimiento de la estructura militar del sistema interamericano. Argentina de hecho repitió el proyecto de EE.UU. anteriormente rechazado, proponiendo conferir status permanente al Comité Consultativo de Defensa y transferirle las funciones y bienes del CID que debía ser suprimido^^29^^.
La aprobación del proyecto argentino hubiera significado institucionalizar dentro del sistema interamericano un organismo supranacional, cuyas decisiones tendrían carácter obligatorio, a diferencia de las decisiones del CID que no estaba vinculado con la OEA. Ello no sólo afectaría a la soberanía de los Estados latinoamericanos, sino llevaría a la creación de fuerzas militares permanentes. ``El proyecto es tan grave que equivale a convertir la OEA en una alianza, militar, en una ``otanización'' de la OEA" ---manifestó el delegado colombiano Alfredo Vásquez Carrisoza.
_-_-_^^27^^ Ibíd., pp. 8--10.
^^28^^ Véase Consejo de la Orgíini:ación de Estados Americanos. OEA Ser. G/ll. Acta de la Sesión Extraordinaria celebrada el 29 de junio de 1966. Washington, 1966, pp. 19, 22, 25--26.
^^29^^ Véase La Nación, Buenos Aires. 19.11.1967.
200Puesto a votación, el proyecto de Argentina fue resueltamente rechazado. Lo apoyaron solamente seis países ( Brasil, Paraguay, Nicaragua, El Salvador, Honduras, además de Argentina), once países (Venezuela, Ecuador, México, Colombia, Chile, Perú, Uruguay, República Dominicana, Costa Rica, Haití y Guatemala) votaron en contra y tres (EE.UU., Panamá y Bolivia) se abstuvieron^^30^^. El Comité Consultativo de Defensa, lo mismo que el CID, quedó con su estatuto anterior.
La conferencia de Buenos Aires introdujo una serie de enmiendas adicionales al proyecto de la nueva Carta de la OEA. Entre los principales organismos de la entidad fue incluida la Comisión Interamericana de Derechos Humanos; quedando también el Comité Jurídico Interamericano; fue ampliado el plazo de vigencia de los poderes del presidente del Consejo permanente y del vicepresidente de dos a seis meses; se limitó la facultad de los Consejos para crear nuevos organismos, etc. La Conferencia de Buenos Aires rechazó la descentralización institucional de la OEA, estableciendo que los organismos principales debían seguir permaneciendo en Washington. A la vez, se manifestó por el aumento de la descentralización funcional^^31^^.
El resultado principal de la III Conferencia Interamericana extraordinaria fue la suscripción del Protocolo de Reformas a la Carta de la OEA o Protocolo de Buenos Aires que se convirtió así en la nueva Carta de la Organización^^32^^.
El Protocolo de Buenos Aires, que entró en vigor el 27 de febrero de 1970, fue un acuerdo conciliatorio que no respondió plenamente ni a los intereses de Estados Unidos, ni a los de los Estados latinoamericanos. En ello residía también la causa de su caducidad.
Sin embargo, el hecho de que los EE.UU. no pudieron lograr un ulterior fortalecimiento de la función político-- militar del sistema interamericano constituye un indudable éxito de las naciones latinoamericanas. Las modificaciones estructurales afianzaron, aunque más no sea formalmente, los organismos encargados de los asuntos económicos y sociales de la OEA, así como de los problemas de la educación, la ciencia _-_-_
^^30^^ Véase Ball, M. The OAS in Transilion. Durham, 1969, p. 384.
^^31^^ Ibíd., pp. 39--40.
^^32^^ Véase Tercera Conferencia Interamericana Extraordinaria. Buenos Aires, Argentina. 15 a 27 de febrero de 1967. Acta Final, Washington, 1967, pp. 5--6.
201 y la cultura, es decir, el Consejo Interamericano Económico y Social y el Consejo Interamericano para la Educación, la Ciencia y la Cultura. A tal fin fueron ampliados los capítulos respectivos VII, VIII y IX sobre las normas económicas y sociales y las normas en la esfera de la educación, la ciencia y la cultura.El Protocolo de Buenos Aires estableció nueva estructura orgánica para la OEA. Conforme al artículo 51, los principales organismos de la OEA son: a) la Asamblea General; b) la Reunión de Consulta de ministros de relaciones exteriores; c) los Consejos; d) el Comité Jurídico Interamericano; e) la Comisión Interamericana de Derechos Humanos; f) la Secretaría General; g) las conferencias especializadas; h) los organismos especializados.
La reforma de la Carta de la OEA no eliminó las contradicciones existentes en el sistema interamericano ni le imprimió ``dinamismo''. El sustento de la crisis quedó incólume: el sistema interamericano está subordinado a los intereses de la política del Estado más poderoso del hemisferio occidental.
En la primera sesión de la Asamblea General de la OEA, celebrada en San José, en abril de 1971, a sólo un año de entrado en vigor el Protocolo de Buenos Aires, resonaron las exhortaciones de los representantes latinoamericanos a proceder a una verdadera reforma de la Carta de la OEA. ``Todo indica ---dijo Juan Antonio Tak, a la sazón ministro de Relaciones Exteriores de Panamá---, que la OEA marcha con un reloj contrario al de la revolución de nuestro tiempo, pues las manecillas de ese reloj por el cual se guía la Organización, marchan hacia atrás"^^33^^.
El proceso de distensión, que avanzó en los años 70, profundizó aun más la crisis del sistema interamericano.
__ALPHA_LVL3__ 3. LA LUCHA DE LA DIPLOMACIA LATINOAMERICANA POR LA REORGANIZACIÓNEl comienzo de los años 70 registró sensibles cambios en la OEA. Los resultados de las dos primeras sesiones de la Asamblea General, celebradas después de entrado en vigor _-_-_
~^^33^^ Organización de Estados Americanos. Asamblea General. Primer periodo ordinario de sesiones. San José, Costa Rica, del 14 al 23 de abril de 1971. Actas y documentos. Washington, 1972, vol. I, p. 56.
202 en 1970 el Protocolo de Reformas, revelaron una nueva distribución de fuerzas en la organización. El contenido del sistema interamericano, bajo el influjo de los acontecimientos mundiales de los años 70, comenzó a cambiar. En el orden del día quedó planteada la cuestión de llevar a cabo una reforma que no se limite a revisar unas u otras cláusulas de la OEA, sino que abarque todo el conjunto de las relaciones comerciales, económico-militares y político-militares interamericanas, sus fundamentos ideológicos, estructura orgánica y el carácter de la actividad de esa institución.Los Estados latinoamericanos aplican una política consecuente y concordada en sus relaciones con Estados Unidos, ante todo, en lo que se refiere a las cuestiones económicas, comerciales y sociales. Lo testimonian los documentos aprobados conjuntamente, tales como el Consenso de Viña del Mar de 1969 y el Documento de Bogotá, declaración adoptada en febrero de 1973 en la octava sesión anual del Consejo ínteramericano Económico y Social (CÍES).
La tercera sesión de la Asamblea General de la OEA, que tuvo lugar en abril de 1973 en Washington, prácticamente dio comienzo a la lucha por una nueva y radical reorganización del sistema interamericano. La resolución 127, aprobada unánimemente, dispuso crear una Comisión Especial de Estudio del Sistema Interamericano (CEESI) que procediera a ``un amplio estudio crítico, al análisis y evaluación de la filosofía, instrumentos, estructura y funcionamiento del sistema interamericano y proponga su reestructuración y las reformas y medidas necesarias para adecuarla a la nueva situación política, económica, social y cultural en todos los Estados miembros y en el hemisferio y a las condiciones mundiales"^^34^^.
Aunque la opinión de que la reforma del sistema resultaba imprescindible podría ser considerada como una opinión dominante, sin embargo, en la sesión se revelaron diferencias en la posición de los países miembros respecto a esta cuestión.
La postura más radical se manifestó en las intervenciones de los delegados del gobierno de la Unidad Popular de Chile y de los representantes de Perú y Panamá, quienes exigieron una revisión cardinal de la Carta de la CEA, de los instrumentos básicos del sistema y de los principios que la rigen. Fue expuesta la necesidad de anular las sanciones _-_-_
~^^34^^ International Legal Materials, vol. XII, N 3, May 1973, p. 708.
203 anticubanas y de trasladar la sede de la OEA de Washington a una de las capitales latinoamericanas.El rasgo característico de la actitud adoptada por la mayoría de los países latinoamericanos fue el deseo de reestructurar el sistema interamericano en sentido que contribuya al desarrollo de los países del continente sobre la base de solidaridad regional, y no de dependencia de EE.UU.
. Los representantes de EE.UU., Brasil, Bolivia y Paraguay, dejando de lado la cuestión sobre el cambio de los principios y de la transformación radical de la estructura del sistema, se manifestaron únicamente por la simplificación de los procedimientos en la OEA y por un perfeccionamiento de la organización existente.
Importante paso tendiente a revisar los fundamentos ideológicos del sistema interamericano se dio con la adopción en la tercera sesión de la Asamblea General de la OEA de la Declaración sobre los principios de las relaciones interamericanas.
Esta declaración proclamó el derecho de cada Estado a elegir libremente su forma de gobierno, así como su organización económica y social.
La mayoría de los delegados que intervinieron en la sesión se expresaron en favor del reconocimiento del `` pluralismo ideológico'', entendido como una aceptación de la coexistencia, en el marco del sistema interamericano, de países con diferente régimen político en calidad de principio fundamental de todo el conjunto de las relaciones interamericanas, lo cual tenía su argumento en el debilitamiento de la ``guerra fría" y el avance de la distensión entre la URSS y EE.UU.
Durante la preparación de las reformas del documento básico del sistema interamericano referente a los problemas de la seguridad, el Tratado Interamericano de Asistencia Reciproca (TIAR), los Estados Unidos se esforzaron por impedir la revisión de aquellas de sus cláusulas que sitúan a los países latinoamericanos en dependencia político-militar respecto a Washington. ``Debemos modernizarlo ---declaró Henry Kissinger en la cuarta sesión de la Asamblea General de la OEA en Atlanta---, pero conservando sus bases"^^35^^. En esto los EE.UU. fueron apoyados por los regímenes autoritarios y la junta fascista de Chile.
_-_-_^^35^^ The Department of State Bulletin, 1974, May ,13, N. 1820, p. 514.
204Un enfoque totalmente diferente del concepto de seguridad fue propuesto por la delegación de Perú, sugiriendo que ``... el concepto de seguridad comprendiera también el de la seguridad económica y social vital para nuestro desarrollo"^^36^^. Así lo manifestó Miguel Ángel de la Flor Valle, ministro de Relaciones Exteriores del Perú en la apertura de la primera sesión de la CEESI. En las reuniones de la Comisión Especial la delegación peruana propuso añadir al acuerdo una cláusula previendo crear un mecanismo de seguridad colectiva económica. Esta propuesta fue apoyada por las delegaciones de Panamá, México, Venezuela, Ecuador y del gobierno de la Unidad Popular de Chile.
La exhortación a fundar un sistema de seguridad colectiva económica se incluyó también en el documento final de la Conferencia de Tlatelolco, aprobado en el encuentro de ministros de Relaciones Exteriores de 24 países del hemisferio occidental con el Secretario de Estado de EE.UU.
En las sesiones de la CEESI, Perú y Panamá se manifestaron enérgicamente contra la perduración en el TIAR de cláusulas que obligan a todos los Estados miembros a adoptar medidas defensivas en caso de una agresión extracontinental. ``La posibilidad de un ataque extracontinental ---según las palabras del represenante del Perú en la CEESI---, solamente existe para los EE.UU. El interés de EE.UU. en tal caso es el de tener a América Latina como zona de seguridad"^^37^^.
La actitud de Perú y Panamá fue apoyada por las delegaciones de Venezuela, México, Barbados y Jamaica. ``La enmienda peruana al punto 3 trata de evitar que los países latinoamericanos estén atados a la estrategia militar de EE.UU."^^38^^ ---afirmó el representante de Venezuela, García Bustillos.
La mayoría de los países latinoamericanos se manifestó también por la revisión del artículo 6 del TIAR que prevé la posibilidad de tomar medidas de ``autodefensa'' en caso de agresión, aunque no signifique una agresión armada, un conflicto Ínter o extracontinental, o ante cualquier otro hecho o situación que pueda ``amenazar la paz en América''.
``El concepto de agresión resulta ampliado en el Art.6 ---se decía en el documento presentado por Perú a _-_-_
^^36^^ Estrategia. Buenos Aires, 1973--1974, N 25--26, p. 98.
^^37^^ El Comercio, Lima, 29.IX.1973, p. 4.
^^38^^ Ibíd., 29.XI. 19--73, p. 4.
205 consideración de la CEESI--- a extremos que hacen caer casi cualquier diferencio dentro de él"^^39^^.Respecto a las propuestas de revisar la concepción interamericana de la seguridad, ocuparon posición negativa las delegaciones de EE.UU., Brasil, Costa Rica y, en parte, Colombia, así como los regímenes autoritarios derechistas y fascistas.
``Es de la mayor importancia ---manifestó el representante de EE.UU.--- evitar cambios que podrían perjudicar la efectividad del Tratado como instrumento de seguridad colectiva y de mantenimiento de la paz para este hemisferio"^^40^^.
En julio de 1975 los representantes plenipotenciarios de los países miembros de la OEA, reunidos en San José, suscribieron el Protocolo de Reformas del TIAR.^^41^^ En él se excluyó a Groenlandia y amplias superficies de mar abierto de la llamada ``zona de seguridad" del sistema interamericano, limitándola a una franja de 200 millas a lo largo de la costa de América del Norte. Los Estados Unidos insistieron en dejar a Canadá dentro de la ``zona de seguridad''. Quedaron incluidos también otros países no participantes del Tratado, así como los dominios coloniales de las potencias europeas en el hemisferio occidental, por cuanto la ``zona de seguridad" para la región del Atlántico Sur y de la Antártida a proposición de Brasil y Argentina no fue modificada.
Fue revisado el artículo 9 del Tratado de 1947 referente al concepto de agresión. La Comisión Especial incluyó en este artículo el concepto de agresión fundamentado en la definición dada por la Organización de las Naciones Unidas. No obstante, el organismo consultivo fue facultado para determinar otros casos, además de los enumerados en el artículo, que podían ser calificados como agresión.
El artículo 12 del Protocolo de San José confirma el principio de la no intervención y el ``derecho de cada Estado a escoger libremente su organización política, económica y
i,, A) social''^^42^^.El artículo 20, adoptado por insistencia de la mayoría de los países latinoamericanos, introdujo modificaciones en el sistema de votación en las Reuniones de Consulta de _-_-_
^^39^^ Ibíd., 7.VII. 1973, p. 4.
^^40^^ Ibíd., 22.XI.1973, p. 9.
^^41^^ Véase Américas, 1975, N. 9, pp. 42--44.
^^42^^ Ibíd., p. 43.
206 ministros de Relaciones Exteriores. Las decisiones adoptadas por una mayoría calificada de dos tercios de votos, deben ser revocadas por mayoría simple de votos.La decimosexta Reunión de Consulta, convocada inmediatamente después de la suscripción del Protocolo de Reformas, concedió a los países de la OEA libertad de acción en la normalización de sus relaciones con Cuba en conformidad con los postulados del artículo 20.
Los resultados de la Conferencia de San José facilitaron la adopción, durante la sesión del Consejo Permanente de la OEA del 3 de diciembre de 1975, de la propuesta de Perú de suprimir la Comisión Especial Consultiva sobre asuntos de seguridad, creada en 1962 para la lucha contra la `` actividad subversiva del comunismo internacional''.
Sin embargo, en lo que se refiere a la esencia misma del Tratado, el concepto de seguridad, aquí no hubo modificaciones considerables.
Los artículos 3 y 6, en lo fundamental, conservaron su contenido anterior y, en suma, el Tratado puede ser utilizado todavía por Washington en calidad de herramienta de su política exterior en el continente. Sin embargo, gracias a los esfuerzos de Perú, Panamá, México y Venezuela, que supieron introducir restricciones a las cláusulas más odiosas de los artículos mencionados, hay razones para considerar que el ``nuevo Tratado deja considerable espacio para las negociaciones"^^43^^.
El artículo del Protocolo de San José relativo a la seguridad colectiva económica, fue aprobado por 20 votos a favor y uno en contra (el de EE.UU.).
El representante de Estados Unidos formuló una reserva al Protocolo de Reformas en el sentido de que los `` Estados Unidos, al firmar este Protocolo de enmiendas al TIAR, no aceptan la obligación o el compromiso de negociar, firmar o ratificar ningún tratado o convención en materia de seguridad económica colectiva"^^44^^.
Por lo tanto, la reserva formulada por EE.UU. anula prácticamente el sentido del artículo sobre la seguridad económica colectiva; los países latinoamericanos no lograron dejar establecida garantía sustancial alguna para su desarrollo económico.
_-_-_~^^43^^ Latín America, London, August 1975, vol. IX, N 30, p. 234.
~^^44^^ Américas, 1975, N 7, p. 44.
207El examen en la CEESI de las reformas a la Carta de la OEA demostró que la mayoría abrumadora de los países del continente están por la revisión de las relaciones socioeconómicas interamericanas.
La posición de EE.UU., Brasil y de los regímenes autoritarios derechistas estuvo signada por los intentos de restablecer en las relaciones interamericanas la idea desacreditada del panamericanismo. ``La esencia del sistema como tal ---dijo el representante de Brasil en la CEESI, Jorge Alvares Maciel---debe mantenerse y la reformación debe realizarse no para destruirlo, sino para volverlo más interamericano"^^45^^. Semejante ``enfoque antihistórico e irrealista" fue evaluado por el representante de Venezuela como un intento de ``sólo limpiar la fachada" mostrar ``que no está pasando nada"^^46^^.
En la reunión de los ministros de Relaciones Exteriores del hemisferio occidental celebrada en México, Kissinger formuló la propuesta de crear la llamada ``nueva comunidad del hemisferio occidental''. En esencia, esta proposición estaba encaminada a modernizar la doctrina del panamericanismo y no permitir el acercamiento de América Latina con otros países en desarrollo. En la Declaración de Tlatelolco, no obstante, se expresó la demanda de reconocer la comunidad y similitud de los problemas de América Latina con los de otros países en desarrollo.
En las reuniones de la CEESI se prestó gran atención a las funciones y la estructura de los consejos de la OEA. La mayoría de los países latinoamericanos se expresó por el fortalecimiento de sus funciones económicas y sociales.
En enero de 1976 el Consejo Permanente de la OEA terminó el examen del nuevo protocolo de reformas de esta organización. Algunas de las cláusulas fueron consideradas por la prensa como un éxito indudable de la diplomacia latinoamericana. Quedó establecido convocar una sesión especial de la Asamblea General de la OEA para aprobar el protocolo. El Consejo Permanente aprobó el artículo 3 ``d'' que explica el contenido del principio del ``pluralismo ideológico''. La delegación de Perú en la CEESI, al desvirtuar los temores de Venezuela, defendió el punto de vista de que el principio del ``pluralismo ideológico" no puede contradecir los principios de la ``democracia representativa''. La segunda parte _-_-_
^^45^^ El Comercio, Lima. VI, 1973, N. 26, p. 4.
^^46^^ Ibíd., 28.VI., p. 4
208 del punto ``d'' expresa con ese motivo que ``la solidaridad de los Estados miembros se fundamenta en la soberanía popular sobre la base del ejercicio de la democracia representativa y de la participación plena"^^47^^.El Consejo Permanente de la OEA aprobó el punto ``I'' del artículo 3 referente a la cooperación con fines de desarrollo. Tal cooperación, se dice en el artículo, debe contribuir a la realización de los objetivos que cada Estado se plantea en el terreno económico. Esta cooperación ``debe ser integral, no unilateralmente condicionada y abarcar los aspectos inherentes a los campos económico, social, cultural, educativo, científico y tecnológico"^^48^^. La cláusula recibió 21 votos a favor; el representante de EE.UU. votó en contra.
Por 19 votos a favor y con una abstención (de EE.UU.), el Consejo Permanente de la OEA incluyó en el proyecto de enmiendas un texto en el que se estipulaba la necesidad de establecer garantías para la seguridad económica colectiva^^49^^.
Además de las modificaciones señaladas, el protocolo de enmiendas a la Carta de la OEA contiene cláusulas sobre la protección del medio ambiente, sobre participación de los trabajadores en los bienes y utilidades de las empresas, confirma la soberanía de los Estados miembros sobre sus recursos naturales, incluidos los del mar adyacente, del fondo y de la plataforma continental.
La CEESI, además de los anteproyectos de reformas del TIAR y de la Carta de la OEA, preparó también dos proyectos de convención sobre la seguridad económica colectiva y la cooperación con fines de desarrollo integral.
Las cláusulas del primero de los proyectos^^50^^ establecen el orden para definir los casos de agresión económica y adoptar sanciones contra el Estado que la cometa. El segundo documento, adoptado por iniciativa de Panamá, formula los principios que deben servir de base para la cooperación interamericana económica y social^^51^^.
Durante la preparación por la Comisión Especial del proyecto de convención sobre la seguridad colectiva, los _-_-_
^^47^^ Américas, 1976, N 5, p. 29.
~^^48^^ Final Report lo ihe Governments of the Member-States. OEA/Ser P/ CEESI/, 1975, p. 20.
^^49^^ Véase El Nacional, México, 20.1.1976.
~^^50^^ Véase Final Report lo the Governments of the Memher-States, pp. 39--47.
^^51^^ Ibíd., p. 47--60.
__PRINTERS_P_209_COMMENT__ 14---659 209 EE.UU. se manifestaron contra la creación de un mecanismo dotado de facultades para aplicar sanciones en respuesta a los actos de agresión económica. Sin embargo, en la sesión del Consejo Permanente de la OEA del 10 y 11 de noviembre de 1976 ambos proyectos de convención obtuvieron aprobación completa de los países latinoamericanos. El proyecto de convención sobre cooperación con fines de desarrollo integral fue aceptado unánimemente, aunque los EE.UU., en la votación por partes, se abstuvieron en lo referente al derecho de nacionalización y expropiación, al control sobre la inversión privada extranjera y a la regulación de las actividades de los monopolios transnacionales en conformidad con las leyes de cada país. El proyecto de convención sobre seguridad económica colectiva fue aprobado por 18 votos a favor y 1 en contra (EE.UU.). La adopción definitiva de ambos proyectos de convención, lo mismo que del Protocolo de Reformas a la Carta de la OEA, debía ser considerada en una sesión especial de la Asamblea General de esta organización. Sin embargo, las reformas del sistema interamericano, elaboradas a lo largo de más de tres años, fueron rechazadas oficialmente por Washington. Los EE.UU., ante todo, se oponen al esfuerzo de los países latinoamericanos de incorporar al sistema de relaciones interamericanas la seguridad económica colectiva.Otra seria causa que motiva la disconformidad de Estados Unidos reside en el afán de los países latinoamericanos de poner bajo control la actividad de los monopolios transnacionales y de eludir la intervención de EE.UU. a favor de éstos en los conflictos con los gobiernos de las repúblicas de la región.
Los Estados Unidos propusieron olvidar el anteproyecto de la Carta de la OEA preparado y comenzar toda la labor de nuevo.
``Los resultados de los esfuerzos son desilusionantes'' --- manifestó Henry Kissinger en la sexta Sesión de la Asamblea General de la OEA, celebrada en junio de 1976 en Santiago. Nuestro gobierno ---dijo más adelante---, = __NOTE__ Missing '' here !? no puede suscribir el anteproyecto propuesto ni recomendar al Senado su ratificación"~^^52^^.
``La flexibilidad y adaptabilidad deben guiar la orientación de las reformas'', expresó Kissinger. La Carta de la _-_-_
^^52^^ The Department of State Ballet in, 1976, N 1932, p. 11.
210 OEA no debe ser recargada con ``detalles secundarios y cuestiones de procedimiento''. El sistema de los tres consejos, implantado por la reforma de 1967 ``no justificó las esperanzas que se depositaron en él''. Los consejos dejarían de ser necesarios, según la opinión de Kissinger, si la Asamblea General, como organismo central de la OEA, celebrase sus sesiones con mayor frecuencia, ``quizás, dos veces al año, además de las sesiones complementarias para examinar problemas de común interés como, por ejemplo, la cooperación con fines de desarrollo''. Para administrar una entidad de esta naturaleza se necesitará una Secretaría menos numerosa. Kissinger propuso también ``hallar una base para reducir la participación de EE.UU. en el presupuesto de la OEA sin permitir, a la vez, que la organización se debilite"^^53^^.La propuesta de Kissinger sobre la posibilidad de suprimir los consejos de la OEA minaba los esfuerzos latinoamericanos de intensificar la actividad socioeconómica de la organización. Las exhortaciones a eliminar el ``formalismo'' en la OEA, según la opinión de los observadores latinoamericanos, ``expresaba principalmente el despecho de quien está para ser tenido en cuenta por su criatura"^^54^^.
Tomando en consideración la desfavorable correlación de fuerzas en la OEA, la administración del Presidente Cárter también se esforzó por no permitir la reestructuración del sistema interamericano en el sentido que planteaban las demandas de las naciones del continente.
Las propuestas formuladas por el Secretario de Estado Cyrus Vanee en la séptima Sesión de la Asamblea General de la OEA muestran un debilitamiento del interés de EE.UU. por esta organización. Al experimentar la fuerza de la posición conjunta latinoamericana, los Estados Unidos prefieren ahora desarrollar sus vínculos con los países de la región sobre bases bilaterales, continuando así la política de ``aliados privilegiados'', iniciada por la administración anterior. La finalidad de tal política responde al deseo de dividir a los países latinoamericanos y aprovechar las contradicciones existentes entre ellos. A la OEA, en cambio, se le asigna el modesto papel de organismo de consulta para el intercambio de opiniones entre EE.UU. y América Latina y la elaboración de una actitud concordada en la palestra internacional. Así pues, _-_-_
^^53^^ Ibíd., p. 12.
^^54^^ Opiniao, 21.111.1975, p. 12. 211
211 los EE.UU. optaron por reducir su participación en el financiamiento del presupuesto de la OEA del 66 al 49%.Las propuestas de Vanee de fusionar los Consejos socioeconómicos de la OEA con el Consejo Permanente, lo cual, sin duda, restringiría la actividad socioeconómica de la organización, así como las de realizar conferencias especiales ``no formales'', convocadas ``según sea necesario" y no como lo estipula la Carta de la OEA, muestran la creciente desconfianza de EE.UU. hacia esta entidad. Revelan también el deseo de EE.UU. de eludir en la OEA el examen de problemas socioeconómicos agudos, frente a los cuales los países latinoamericanos mantienen una posición unánime. A diferencia de la administración anterior, que prometía algunas concesiones económicas a los Estados latinoamericanos, el Presidente Cárter planteó que los problemas económicos debían ser resueltos según fuesen los resultados del diálogo entre los países capitalistas industrializados y los Estados en desarrollo a escala mundial y, con lo mismo, se preocupó por eliminar del orden del día las cuestiones que representan mayor interés para las naciones latinoamericanas.
Las repúblicas del continente manifiestan su disconformidad por la lentitud del proceso de las reformas. Santiago Roel, ministro de Relaciones Exteriores de México, al intervenir en la séptima Sesión de la Asamblea General de la OEA^^55^^, remarcó entre los rasgos positivos de la reforma la confirmación del principio del ``pluralismo ideológico" y la renuncia a la ``guerra fría''. Al mismo tiempo destacó la necesidad de incrementar los esfuerzos para sancionar las convenciones sobre cooperación con fines de desarrollo y la de seguridad económica colectiva. En pro de la aprobación de ambos documentos también intervienen activamente los representantes de Perú, Panamá y Venezuela.
Washington sigue ejerciendo presión económica sobre los países latinoamericanos. El aumento unilateral por Estados Unidos de la carga arancelaria para el azúcar a fines de 1977 amenaza con desatar una seria crisis en la industria azucarera de los países de América Latina. En la declaración de la comisión especial de consultas y negociaciones, existente en el sistema de la OEA, estas medidas de Washington fueron calificadas como una expresión manifiesta de la _-_-_
^^55^^ Véase Informe de la OEA. OEA/Ser P. AG/ Inf. 96/97, 15 de junio de 1977.
212 política de ``proteccionismo agresivo" que afecta a los intereses del desarrollo económico de la región. Los representantes de los Estados latinoamericanos en la OEA calificaron esta medida de EE.UU. como un acto de agresión económica contra trece países del área que suministran el 56% del azúcar importado por Estados Unidos.El carácter irreconciliable de los intereses de los monopolios yanquis y los del desarrollo nacional de los países de la región condujo al movimiento por la reforma del sistema interamericano a un callejón sin salida. Incluso el secretario general de la OEA, Alejandro Orilla, rindiendo tributo a los ánimos de la mayoría, se vio obligado a formular una crítica contra Washington. ``Mientras los Estados Unidos ---manifestó--- ponen énfasis en la seguridad del sistema y prefieren las relaciones bilaterales al concepto multilateral, Latinoamérica, por el contrario, le concede prioridad al desarrollo y a la integración regional entre las naciones del hemisferio"^^56^^.
Haciendo hincapié en las relaciones bilaterales y dando prioridad a sus intereses de largo alcance en la región, los Estados Unidos aspiran a preparar las condiciones para el renacimiento del panamericanismo. En la actualidad se hace cada vez más evidente que, como lo señalara la Conferencia de los Partidos Comunistas de América Latina y el Caribe, celebrada en La Habana, en vez de la OEA, la América Latina necesita su propio foro continental que le permita organizar la defensa de sus intereses comunes y lograr la liquidación del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca.
_-_-_^^56^^ El Nacional, México, 28.11.1976.
[213] __ALPHA_LVL2__ CAPITULO VIII. LA EXPANSIÓN IDEOLÓGICA DEL CAPITALAmérica Latina representa un importante blanco en la expansión ideológica del imperialismo yanqui. Los círculos dirigentes de EE.UU. desarrollan su ofensiva en diferentes sectores del frente ideológico tomando en consideración las particularidades de la vida social y política de los países del continente y de acuerdo a un plan detalladamente elaborado.
En los últimos años, cuando los pueblos de la región se alzan en activa lucha revolucionaria y buscan sus vías hacia el futuro, la penetración ideológica de EE.UU. persigue los siguientes objetivos principales:
-- conservar y afianzar las posiciones de los monopolios imperialistas de Estados Unidos y, de esa manera, asegurar la persistencia futura del régimen capitalista en los países latinoamericanos;
-- impedir la difusión de ánimos e ideas revolucionarias, progresistas y democráticas entre las vastas capas de la población de América Latina;
-- implantar las ideas y ánimos anticomunistas y reaccionarios en el medio latinoamericano, difundir con todos los recursos posibles el ``modo de vida norteamericano'';
-- obstaculizar las transformaciones progresistas en los países latinoamericanos que puedan contribuir al afianzamiento de la soberanía de estas naciones, de su independencia económica y política;
-- influir en el desarrollo de situaciones generales y concretas que pongan en peligro las posiciones de EE.UU. en una u otra zona de América Latina, así como en el 214 continente tomado en conjunto, y orientarlas en una dirección favorable para los Estados Unidos.
El imperialismo de EE.UU. enfila su aparato de expansión ideológica principalmente para accionar sobre los grupos sociales que despliegan mayor actividad en la lucha antimperialista: la clase obrera, las capas medias y los militares con ánimos patrióticos.
El principal arma ideológica del imperialismo en la lucha contra las fuerzas patrióticas y antimperialistas de América Latina es el anticomunismo. En él coinciden la ideología imperialista y la ideología de los elementos feudales y proimperialistas y de los sectores burgueses reaccionarios^^1^^. El anticomunismo marcha hombro a hombro con el imperialismo yanqui que intenta someter física y espiritualmente a los pueblos de América Latina.
La calumnia contra el régimen socialista, contra los partidos marxistas-leninistas y otras fuerzas progresistas del continente, practicada por la propaganda anticomunista, tiene por objeto sembrar el odio, el pánico y encender la histeria anticomunista.
Más de medio siglo atrás V.I. Lenin señaló que la burguesía se esfuerza por compensar su debilidad ideológica acudiendo a la propaganda entre las masas, esperando sacar provecho de su ignorancia, sus prejuicios y la simple debilidad humana^^2^^. Perfeccionando constantemente estos métodos, los dirigentes de la propaganda imperialista en EE.UU. llegaron a la doctrina de la ``guerra sicológica''. Su objetivo, como lo manifestó cínicamente Michael Choukas, uno de los teóricos estadounidenses en esta materia, consiste en formar, con ayuda de la propaganda, ``una personalidad totalmente carente de toda capacidad para analizar las cosas, pensar de manera crítica y racional; una personalidad con estado emocional tan bajo que pueda actuar sólo por el influjo de fuerzas exteriores y, por lo tanto, de estímulos e incentivos artificiales"~^^3^^. A ello contribuyen los principios metodológicos utilizados por los centros de propaganda del imperialismo de EE.UU., según los cuales son buenos, verdaderos y moralmente _-_-_
~^^1^^ Véase Programa del Partido Comunista de la Unión Soviética. Moscú. 1967, pp. 52--54 (ed. en ruso).
~^^2^^ Véase V. I. Lenin. La alianza de la mentira. O. C., t. 31, pp. 217, 219.
~^^3^^ La guerra sicológica. Moscú, 1972, pp. 16--17 (ed. en ruso).
215 justificables todos los medios y recursos propagandísticos con tal de' que conduzcan exitosamente al objetivo fijado.La expansión ideológica del imperialismo estadounidense se lleva a cabo a través de un mecanismo que agrupa centenares de organizaciones oficiales, semioficiales y privadas. El papel rector lo desempeñan la Agencia de Información de Estados Unidos (USÍA), la Agencia Central de Inteligencia (CÍA), las secciones especiales de la Secretaría de Defensa, los Cuerpos de Paz y las más grandes fundaciones de Estados Unidos.
La USÍA ocupa un papel especial en el sistema de los órganos de propaganda de EE.UU. Por el carácter de sus facultades, por su importancia y por el número de su personal cumple prácticamente las funciones de una dependencia oficial de primer orden en Estados Unidos. A mediados de los años 70 la USÍA actuaba en 23 países de América Latina; aquí se concentraba cerca de 14% de su personal empleado en el exterior. En 1974 empezó a editarse en portugués y español la revista Horizontes de EE. UU. especialmente para América Latina. Las revistas Problemas internacionales y Problemas del comunismo tienen una orientación aún más anticomunista y proyanqui.
Los centros de la USÍA publican anualmente hasta 1.400.000 ejemplares de libros y folletos destinados a América Latina, sin contar varios millones de ejemplares de literatura ``camuflada'', impresa por encargo y con los recursos de la USÍA bajo el rótulo de editoriales latinoamericanas apócrifas.
Los dirigentes de la ``guerra psicológica" de EE.UU. consideran sumamente importante la propaganda dirigida a través de las editoriales, periódicos? revistas, radio y televisión nacionales. Aprovechando la situación de que los órganos de información locales experimentan una insuficiencia crónica de resursos, la USÍA les suministra gratis la información anticomunista, especialmente seleccionada y tendenciosa sobre los acontecimientos internacionales y que en la mayoría de los casos se publica en nombre de estos periódicos y revistas. Centenares de estaciones de radio y televisión en los países latinoamericanos obtienen y retransmiten regularmente programas propagandísticos grabados de la USÍA.
Los jefes de la USÍA consideran que el medio más masivo de propaganda es la radio, tomando en cuenta la gran cantidad de receptores existentes en los países latinoamericanos, 216 donde por cada mil habitantes hay 94 aparatos. En la red transmisora de América Latina partcipan más de 70 estaciones de radio privadas y oficiales de Estados Unidos. La base de la expansión ideológica del imperialismo yanqui a través de la radio sigue siendo la ``Voz de América''. La duración total de sus transmisiones para América Latina hace varios años era de unas 70 horas semanales.
Los puntos de apoyo para las operaciones ideológicas de la USÍA en América Latina son sus centros de información (USIS). Sólo en Brasil funcionan 29, en Argentina 13, en México, Colombia y Perú 9, en Chile 7 de estos centros; en Chile operaban incluso estando en el poder la Unidad Popular.
En 1972 la USÍA fue objeto de debates en la Comisión Senatorial para Asuntos extranjeros del Congreso de EE.UU. Durante los mismos su dirigencia se vio obligada a reconocer que la agencia mantenía en sus actividades estrechos vínculos con monopolios imperialistas transnacionales como SearsRoebuck en Colombia y Proctor and Gamble en México. Además, durante 1969 y 1970 la USÍA publicaba y difundía en decenas de países latinoamericanos historietas sin pie de imprenta, orientadas especialmente a desacreditar a los participantes de los movimientos patrióticos. Las secciones de la USÍA en Ecuador, Paraguay y México editaban guías anónimas de turismo, folletos para profesores de idioma inglés o para los sindicatos locales del transporte u otros sectores de la economía que adquirían significado estratégico exclusivo en situaciones políticas internas tensas (baste recordar las huelgas de los propietarios y chóferes de camiones durante el período de la Unidad Popular en Chile).
La USÍA actúa en la más estrecha interconexión con la CÍA y sus propios servicios propagandísticos.
Ya se ha señalado que la Secretaría de Defensa también interviene activamente en la expansión ideológica del imperialismo de EE.UU. en las repúblicas latinoamericanas. En la dependencia militar yanqui existen diversos organismos cuyas funciones comprenden la organización y ejecución concreta de operaciones en el sentido de la lucha ideológica. Estas actividades se coordinan con la política del Departamento de Estado, la CÍA, la USÍA y el FBI.
En 1961, cuando el Pentágono empezó a emprender acciones muy enérgicas contra los movimientos de liberación de los pueblos de América Latina, en Fort Bragg ( 217 Carolina del Norte) fue creado un centro de formas especiales de guerra, adjunto al Estado Mayor del Ejército de EE.UU., instalándose una escuela de formas especiales de guerra y una sección de investigaciones de esas formas. La jefatura del centro tenía la misión de dirigir también la ``guerra sicológica''.
El Pentágono vincula el empleo de medios de presión psicológica con las necesidades de la preparación y posible puesta en práctica de una agresión militar destinada a sofocar el movimiento liberador de los pueblos latinoamericanos. Los representantes de los círculos reaccionarios en esa dependencia militar consideran que el éxito de eventuales guerras locales emprendidas para conservar el régimen capitalista en el continente depende de una minuciosa y eficiente actuación sobre las mentes mediante métodos modernos de presión psicológica.
Ello explica la atención que el Pentágono cada vez más dispensa a las investigaciones en el terreno de las ciencias sociales: sociología, psicología, etc. En esas labores el peso principal recae en la materia que en los documentos oficiales figura como estudio de las condiciones imperantes en el exterior que influyen en la seguridad militar. Según datos publicados por el Congreso de EE.UU., el fmanciamiento por el Pentágono de ese tipo de investigaciones ascendía a 7 millones de dólares anuales durante el período 1966--1970. Trabajando en la orientación prevista para esas investigaciones, la Universidad Americana (Washington), junto con el Pentágono, los Cuerpos de Paz y algunos otros organismos, efectuó una amplia encuesta ideológica de la sociedad chilena, utilizando, ante todo, la difusión de cuestionarios especiales. Esa pesquisa, que significó una intervención encubierta en los asuntos de Chile e influyó en el desenlace de la asonada militar de setiembre de 1973, llevaba el nombre de ``Plan Camelot''. Durante su ejecución se prescribía prestar especial atención a la estructura de los grupos sociales del país, su ideología, situación económica, a la inclinación de unos u otros grupos hacia la actividad revolucionaria, al sistema de preparación de cuadros para las fuerzas armadas nacionales, a los ánimos reinantes entre los militares y la policía, a los medios de comunicación masiva, etc. Programas de esta clase, pero con otro nombre, fueron desarrollados por el Pentágono también en Colombia, Uruguay, Perú y en algunos otros países en los que se preveía, según los pronósticos de 218 los expertos estadounidenses, un ascenso del movimiento liberador.
En la orquestación de la expansión ideológica participan directamente, asimismo, unidades especiales de ``guerra psicológica'', emplazadas tanto en territorio de EE.UU. como en las bases militares existentes en los países de América Latina: Zona del Canal de Panamá, Guantánamo, Puerto Rico, etc. Estas unidades están equipadas con potentes estaciones de radiodifusión, técnica de imprimir materiales de propaganda en diversos idiomas; tienen aviones con instalación especial.
El Pentágono, debido a la intensificación de los ánimos patrióticos en las fuerzas armadas de algunos países de América Latina, empezó a manifestar suma atención a la imagen social de los militares latinoamericanos. Los dirigentes de la dependencia militar estadounidense, para conquistar partidarios entre ellos, acuden al moldeo ideológico de los mismos en las escuelas militares ubicadas en EE.UU., Zona del Canal de Panamá, Brasil, Colombia y otros países del continente, así como a la ayuda de ``comandos móviles de instrucción" de las tropas especiales de Estados Unidos (boinas verdes). Ese moldeo tiende a convertir a los militares latinoamericanos en partidarios del ``modo de vida norteamericano'', de los ideales del ``panamericanismo'', de la `` civilización occidental cristiana" e inculcar, al mismo tiempo, odio al comunismo. Estas tareas cumplen también diferentes misiones militares estadounidenses emplazadas en los países de la región. Según manifestaciones de William Rosson, jefe de los ``boinas verdes'', este grupo está destinado a ``influir en el desarrollo favorable de los esfuerzos encaminados a la cooperación entre los militares norteamericanos y sus colegas del hemisferio occidental"^^4^^.
La finalidad principal de este conjunto de medidas del Pentágono reside en llevar a cabo un ``tratamiento'' psicológico que transforme a los militares latinoamericanos que cursan estudios en ejecutores de confianza de cualquier directiva del Pentágono. Military Review, órgano de la Academia de Oficiales de Estado Mayor del Ejército de EE.UU., al referirse a la preparación de militares de América Latina por los especialistas yanquis, subrayó el ejemplo de los militares chilenos^^5^^. Durante el período 1970--1973 cursaron estudios en _-_-_
~^^4^^ Zarubiézhnoe voiénnoie obozrenie, 1974, N 2, p. 16.
~^^5^^ Militar\ Revieu', Fort Leaverworking, 1975, June.
219 las escuelas militares de EE.UU. y de la Zona del Canal de Panamá centenares de oficiales de las fuerzas armadas de Chile que no sólo recibieron ``tratamiento'' sicológico, sino que fueron entrenados en la aplicación de métodos concretos para derrocar al gobierno progresista y reprimir a las masas populares. En la Escuela de las Américas de Fort Gullick, por ejemplo, los oficiales chilenos estudiaban la instrucción N 1/57 donde se dice: ``Todo el sentido del golpe de Estado consiste en que es un golpe imprevisto, decidido, al corazón del gobierno, puñalada que penetra de inmediato hasta la empuñadura"^^6^^.En los últimos años los miembros de las fuerzas latinoamericanas de seguridad interna y de la policía también se han transformado en importante blanco del moldeo ideológico del imperialismo estadounidense. El FBI aparece en el papel de ``maestro principal" que presta su ``ayuda'', en lo esencial, por intermedio de la Asociación para el Desarrollo Internacional de Estados Unidos. Entre los múltiples centros de adiestramiento que preparan agentes de la policía latinoamericana ocupa lugar destacado la Academia Internacional de Policía de Washington, fundada en 1963. Todo el ciclo de aprendizaje en este establecimiento está penetrado por un rabioso anticomunismo. Durante el curso de estudios a los alumnos latinoamericanos se les inculca el odio a los movimientos democráticos y el culto al ``modo de vida norteamericano''. Los policías entrenados en los centros yanquis de aprendizaje se transforman en fieles servidores de los regímenes reaccionarios proimperialistas y en verdugos de sus pueblos.
Son grandes también los recursos que invierte para la expansión ideológica en América Latina el capital monopolista estadounidense, directamente interesado más que nadie en los éxitos de aquella. El papel creciente de los medios de información masiva contribuye a la irrupción de los monopolios norteamericanos en los países del continente: ésta se opera, principalmente, a través de las compañías de radio y televisión, de las agencias de propaganda, de historietas, revistas, manuales escolares, de los trusts cinematográficos y las agencias internacionales de prensa.
El ejemplo de la televisión es muy demostrativo ya que desde su comienzo en América Latina este medio de _-_-_
~^^6^^ Neue Berliner Illustrierte, Berlín, 1974, 1 Januarheft, S. 11.
220 comunicación masiva se encuentra en manos de tres compañías yanquis: American Broadcasting Company (ABC), Columbia Broadcasting System (CBS) y National Broadcasting Company (NBC). La más grande, la ABC, posee acciones en las estaciones de televisión de Guatemala, El Salvador, Honduras, Costa Rica, Panamá, México, Colombia, Venezuela, Ecuador y Chile. La ABC supo aprovechar la fundación de la ALALC para agrupar en 1968 bajo su control a las estaciones más grandes de televisión de toda la zona en la LATINO (Latin American Televisión International Network Organization).Los monopolios estadounidenses de televisión se transforman en los principales ``rectores'' de la vida cultural de una serie de países latinoamericanos produciendo en ellos manuales escolares, videomagnetófonos de escuela y materiales para los mismos, monopolizando la confección de los programas de estudio por televisión y la producción de discos. Con el desarrollo de satélites artificiales para los sistemas de televisión va en aumento la influencia de estas corporaciones en la formación cultural y escolar, así como dentro de todo el sistema de educación superior de América Latina.
Importante papel en la organización y desarrollo de la expansión ideológica en América Latina, sobre todo en la educación, cumplen las fundaciones privadas de los monopolios yanquis. En EE.UU. funcionan en total más de 30.000 fundaciones de este tipo. 249 poseen activos que sobrepasan de 10.000.000 de dólares cada una. Los activos de todas las fundaciones de ``beneficencia'' norteamericanas suman en conjunto 20.000 millones de dólares, de los cuales se asignan anualmente alrededor de 1.500 millones para las amplias actividades que realizan.
Las fundaciones más influyentes son las que componen el llamado ``trío grande''; la Fundación Ford (3.000 millones de dólares), la Fundación Rockefeller (860 millones de dólares) y la Carnegie Corporation (más de 340 millones de dólares). El carácter multifacético de las actividades del ``trío grande'', que opera bajo el rótulo de instituciones privadas y se guía, aparentemente, sólo por intereses puramente científicos y culturales, está llamado a apagar los recelos que despiertan en los medios sociales de los países latinoamericanos, donde estas fundaciones actúan con extraordinario dinamismo. En realidad, estas instituciones constituyen una potente arma en la expansión ideológica de EE.UU. en América Latina.
221 __ALPHA_LVL3__ 2. EXPANSIÓN DEL IMPERIALISMO DE EE.UU. EN LA ESFERA DE LA EDUCACIÓNLas aspiraciones expansionistas de EE.UU. en los países de America Latina desde un comienzo se acompañaron por la penetración en la cultura latinoamericana. La conquista ideológica de un medio social tan activo como son los círculos universitarios y la intelectualidad revestía suma importancia para el imperialismo y la reacción, empeñados en imperdir la unificación en un solo cauce revolucionario del movimiento obrero y las luchas de la juventud, el estudiantado y los profesores.
Uno de los jalones más importantes en la penetración ideológica del imperialismo en la educación fue la Alianza para el Progreso. En los marcos de este programa se adoptó un plan de 10 años para el desarrollo de la educación en América Latina (Resolución A--1). El plan preveía la eliminación del analfabetismo, la implantación hacia 1970 de la enseñanza primaria general, el ensanchamiento de los contingentes de alumnos de las escuelas medias y superiores y la reorientación de los programas de investigación científica en un sentido coherente con el potencial científico-técnico moderno. En la Resolución A--1 se señalaba le interdependencia entre las condiciones socioeconómicas y el desarrollo de la educación.
Esta interdependencia, que no puede ser ignorada, era comprendida, sin embargo, de manera que condicionaba el desarrollo económico y social al nivel y el grado de avance del sistema educativo. En la Resolución A--1 se formula la demanda de una reestructuración en el terreno de la educación que corresponda ``a las necesidades culturales de los países latinoamericanos y a las exigencias de su desarrollo social y económico"^^7^^.
Las autores del Plan Decenal de desarrollo de la educación latinoamericana sobrestiman conscientemente las funciones sociales de la instrucción para no hacer hincapié en las transformaciones económicas, cuyo carácter radical se excluía de antemano. La educación se transformaba en cobertura para los verdaderos designios del imperialismo y del reformismo burgués. La acentuación del papel de la enseñanza permitía, a la vez, atraer a la intelectualidad y a la juventud y alcanzar, de esa manera, determinadas metas ideológicas.
_-_-_~^^7^^ América Latina y la educación. La Habana, 1967, p. 11.
222En la época actual el capital monopolista de EE.UU. necesita, como nunca, acrecentar su influencia entre la juventud y los círculos de la intelectualidad. Esta necesidad tiene su fundamento objetivo en la creciente proletarización que se opera en esas esferas. Los cambios en la situación social de los técnicos, profesionales liberales y de las múltiples capas medias urbanas, cuyo trabajo se vuelve cada vez más ``intelectualizado'', los acerca políticamente a la clase obrera y los radicaliza. Así es que una importante función de la ideología imperialista y burgués-reformista consiste en apartar a los intelectuales de la lucha de clases, aislarlos y ponerlos al servicio de sus intereses. A esta tarea se le concede una importancia sustancial también por el hecho de que en las condiciones de la revolución científico-técnica la orientación ideológica de los cuadros con instrucción superior puede, en forma creciente, ejercer una u otra influencia en los procesos políticos internos.
Por lo tanto, al señalar a la esfera educativa como importante canal para intensificar la penetración ideológica imperialista, la Alianza para el Progreso se trazaba un objetivo de gran alcance.
No se puede dejar de reconocer que la realización práctica del Plan Decenal de desarrollo de la educación obtuvo amplio respaldo organizativo. Para elaborar y realizar el plan se acudió a la participación de organismos especializados de la ONU, a otras entidades e instituciones internacionales y fundaciones privadas. Cabe subrayar, en especial, el papel del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) que pasó a patrocinar a las universidades latinoamericanas. Felipe Herrera, director del mismo, en la VI conferencia de gerentes del BID, en 1965, manifestó que la institución anhelaba transformarse en el ``banco de las universidades latinoamericanas"~^^8^^, que hay que crear una especie de mercado común universitario, especializar a las universidades en el marco de la integración latinoamericana. La participación del capital privado extranjero (se trata del estadounidense) en el financiamiento de las universidades latinoamericanas era presentada como un gesto altruista hacia los países del área, culpables sólo ellos de su atraso económico. ``Es preciso reconocer --- declaró F. Herrera --- que muchos de nuestros problemas y _-_-_
~^^8^^ La educación evanzada v el desarrollo de América Latina. Washington, 1965, p. 8.
223 dificultades no pueden cargarse a la cuenta del injusto intercambio con el exterior o a determinadas limitaciones y deficiencias estructurales de naturaleza económica y social... Me atrevería a preguntar: ¿a quién, si no a nosotros mismos, los latinoamericanos, compete la responsabilidad de orientar en cada uno de nuestros países recursos públicos suficientes para que las universidades puedan responder a su alta misión?''^^9^^.Con ayuda del BID, el capital monopolista de EE.UU. pudo establecer sus focos de influencia en varios países del continente. En esos focos de influencia imperialista se convertían, como regla, las universidades e institutos privados. Únicamente en el período comprendido entre 1960 y 1976, en las repúblicas de la región se crearon más de cien universidades e institutos que preparan especialistas, ante todo, para el sector privado vinculado con la influencia y el control extranjeros.
La aplicación del programa de la Alianza para el Progreso y la intensificación de las actividades de los organismos interamericanos en la educación condujeron a un fortalecimiento de la influencia de los ideólogos del imperialismo en la política escolar y universitaria de los gobiernos latinoamericanos. Se trata de que en todas las entidades internacionales e interamericanas que participaron en la realización del programa ejercían influencia dominante los círculos imperialistas. Esto predeterminó, en grado considerable, los amplios alcances de la expansión ideológica de EE.UU. en la educación latinoamericana.
Tal vez la concesión de becas en los centros de estudio de los países capitalistas desarrollados constituye el ejemplo más patente de cómo se utiliza la ayuda a la educación latinoamericana para influir ideológicamente en la juventud y la intelectualidad del continente.
El primer lugar, en este caso, lo ocupan Estados Unidos. En 1960, los EE.UU. concedieron becas para estudiar en sus centros docentes a 9.000 latinoamericanos; en 1970, a 24.000, y en 1975 a casi 35.000.
Los EE.UU. asignan para los países latinoamericanos más de la tercera parte de las plazas de sus centros de enseñanza destinadas a extranjeros.
Además de la concesión de becas de curso completo, existen múltiples programas de diferente duración.
_-_-_^^9^^ Ibíd., p. 9.
224La penetración ideológica del capital de EE.UU. en la educación latinoamericana puede apreciarse también dentro de los mismos establecimientos de enseñanza de los países del área. En la actualidad crece la participación de los organismos estadounidenses en la restructuración de las escuelas y universidades, en la corrección de los programas de estudio. La reorganización de los centros docentes se efectúa, en lo esencial, de acuerdo a los moldes USA.
La política imperialista respecto a los establecimientos de enseñanza latinoamericanos fue fundamentada teóricamente en los años 60 por Rudolf Etkon, experto yanqui en problemas de educación que tomó parte en la reorganización de algunos establecimientos de enseñanza de Brasil, Argentina, Chile, Colombia y los países de América Central. Para Etkon, la raíz del mal residía en el carácter relativamente autónomo de las universidades y otras instituciones docentes, en el ``exceso de libertad" del estudiantado, arrastrado por la lucha política. Este experto propuso eliminar la idea misma de vincular al estudiantado y los establecimientos de enseñanza con la búsqueda de las vías de desarrollo del país, con la lucha por el progreso social, prohibir a los estudiantes tomar parte en la vida política, terminar con la autonomía universitaria existente y con la autonomía parcial en la dirección de las escuelas.
No es casual que el ``Plan Etkon" para las universidades latinoamericanas proponía unificar el sistema educativo en América Latina y EE.UU. Sin embargo, dentro del marco de esta unificación, a la enseñanza en las repúblicas de la región se le asignaba, con toda evidencia, un segundo lugar; debía tener sólo carácter aplicado.
La creciente penetración ideológica del capital monopolista en la educación latinoamericana provoca potentes tendencias contrarias. Los círculos sociales locales, ante todo, el estudiantado y los sectores universitarios, se oponen ahora cada vez más a la irrupción del imperialismo en la vida interna de los establecimientos de enseñanza. Por ejemplo, la reforma educativa adoptada en Panamá en 1971 plantea entre sus tareas la de ``liberar el sistema educativo de la influencia ideológica del imperialismo norteamericano"~^^10^^. La reforma de la educación, adoptada en 1972, por el gobierno de Perú, también está vinculada con la tarea de conquistar la _-_-_
^^10^^ Libertad, San José, 13.XI.1971, p. 6.
__PRINTERS_P_225_COMMENT__ 15---659 225 independencia nacional completa. En la introducción a la ley respectiva se indica que la reforma ha sido requerida por la realidad social misma de Perú, por su ``condición estructural de país subdesarrollado y dependiente''. La tendencia a proteger el sistema educativo contra la penetración ideológica de influencias externas se observa en los planes de reforma de la enseñanza de prácticamente todos los países de América Latina.Los representantes de los círculos sociales avanzados latinoamericanos no sólo advierten las consecuencias funestas de la ``cooperación'' imperialista, sino que ven la salida en el rechazo de los ``servicios'' de los monopolios internacionales. Por ejemplo, el profesor venezolano Orlando Albornoz propone ``latinoamericanizar'' los centros docentes superiores del continente a fin de que ``produzcan recursos para las necesidades de América Latina, científicas y culturales, y no para los patrones de desarrollo científico y tecnológico que imponen a veces a través de la ayuda externa los países industrializados que tienen interés en preservar el actual sistema que existe en América Latina"^^11^^.
La aspiración de América Latina a un desarrollo cultural independiente tuvo en los años 70 su materialización práctica. En 1970, los ministros de educación de Bolivia, Colombia, Perú, Chile y Ecuador suscribieron el acuerdo ``Andrés Bello"^^12^^. Poco después se adhirió al mismo el gobierno de Venezuela. Los gobiernos de estos países, que antes habían concertado entre sí el Pacto Andino de integración económica, esta vez se pusieron de acuerdo para unificar sus esfuerzos en el desarrollo de la ciencia, la cultura y la enseñanza. Los participantes del acuerdo resolvieron ``acelerar el desarrollo integral de los países mediante esfuerzos mancomunados en la educación, la ciencia y la cultura, con el propósito de que los beneficios derivados de esta integración cultural aseguren el desenvolvimiento armónico de la región y la participación consciente del pueblo como actor y beneficiario de dicho proceso"^^13^^.
El acuerdo ``Andrés Bello" no deja ninguna duda de que su objetivo es el de salvaguardar la cultura de los pueblos de los países andinos contra las influencias extrañas. En él _-_-_
~^^11^^ América Latina, 1976, N 1, p. 70.
~^^12^^ Véase Documentos. Revista de información política. Caracas, 1970, N 40, pp. 53--54.
~^^13^^ Ibídem.
226 se plantea la tarea de ``preservar la identidad cultural de nuestros pueblos en el marco del patrimonio común latinoamericano"~^^14^^. En el texto no hay ninguna alusión a la `` comunidad panamericana'', a la ``fidelidad a los principios de la civilización occidental'', etc., y se subraya claramente la unidad latinoamericana en el terreno cultural como contraponiéndola a la ideología cosmopolita del imperialismo.En reuniones posteriores los representantes de los países del Pacto Andino se pusieron de acuerdo sobre la transmisión de programas de enseñanza comunes por la televisión a través de satélites artificiales (con ayuda de la UNESCO), y sobre otras medidas para crear un sistema subregional de enseñanza unificado. Según opinión de los gobiernos andinos, la nueva orientación en los problemas de la enseñanza permitirá eliminar la dependencia respecto a la influencia foránea.
__*_*_*__El surgimiento y desarrollo de los procesos de integración en la cultura latinoamericana (y, en particular, en la educación), el fortalecimiento de las tendencias nacionalistas no significan que el capital monopolista de EE.UU. haya dejado ya de ejercer una ilimitada influencia ideológica sobre diferentes aspectos de la vida de los pueblos latinoamericanos. La base objetiva para la intromisión ideológica del imperialismo en la enseñanza de América Latina sigue siendo el atraso en cuanto a la cantidad y la estructura de las reservas laborales que se preparan frente a las necesidades de la economía y a los imperativos del progreso científico-técnico moderno. La ayuda exterior que demanda América Latina continúa representando un importante canal para la penetración del imperialismo en la esfera de la educación del continente. Esta ayuda coloca a los centros científicos y docentes de las naciones de América Latina en situación de dependencia respecto a las instituciones financieras privadas del exterior, a las grandes universidades foráneas, especialmente estadounidenses, a los organismos internacionales en los que predomina la influencia de los círculos imperialistas.
En las publicaciones burguesas prolifera una _-_-_
^^14^^ Ibid , p. 54.
227 interpretación falsa de los motivos de la ayuda a la enseñanza latinoamericana. Esta asistencia se presenta como un gesto desinteresado y de buena voluntad de las potencias imperialistas. Por otra parte, son frecuentes también los enfoques simplistas entre los autores que ocupan posturas antimperialistas y que niegan valor real absoluto a esta ayuda o ven en ella sólo un hábil cálculo político. Mientras tanto, la asistencia educativa está condicionada no sólo por el atraso socioeconómico de los países latinoamericanos, sino que es una manifestación de la interdependencia estructural de la economía de América Latina y los monopolios extranjeros. La dependencia de América Latina se manifiesta no solamente en la necesidad de obtener ayuda científico-- técnica extranjera; se hace sentir cada vez más como consecuencia de los vínculos orgánicos mutuos existentes entre la economía nacional y la mundial capitalista, en particular, con los monopolios de EE.UU.Son precisamente los vínculos económicos que de un modo espontáneo, a veces caótico, inherente al capitalismo, se reflejan de manera natural en los vínculos entre EE.UU. y América Latina en el área de la preparación de especialistas y en el mercado de mano de obra. Estos vínculos netamente capitalistas se afianzaron particularmente durante los dos últimos decenios, cuando, por influjo de la revolución científico-técnica, varió notablemente la condición social del científico y del especialista, cambiaron las perspectivas sociales de la juventud estudiosa y se va conformando un proceso de proletarización de quienes laboran en la esfera intelectual. La división internacional capitalista del trabajo define, en última instancia, el carácter dependiente del sistema latinoamericano de preparación de cuadros respecto a EE.UU. y otras potencias imperialistas.
Un testimonio de esta dependencia lo representa la importación de tecnología extranjera por los países latinoamericanos. Como se indicó en la Conferencia Interamericana sobre aplicación de la ciencia y la técnica en el desarrollo de América Latina, realizada en Brasilia en 1972, los países del continente importan tecnologías por 700 millones .de dólares al año. La apelación forzosa a la tecnología extranjera adquiere dimensiones graves incluso en los países relativamente más desarrollados en el aspecto científico-técnico.
Aunque parezca paradójico, los países latinoamericanos que aparecen en una situación de dependencia tecnológica 228 mayor son los que alcanzaron más alto desarrollo económico. Esto se refiere totalmente también a los países más grandes del continente en los que el vasallaje tecnológico constituye el precio de su avance en la economía.
Las demandas de especialistas en ramas modernas de la producción en los países de América Latina son aprovechadas en la actualidad por los monopolios extranjeros para penetrar en los mecanismos de regulación estatal de los proyectos e investigaciones científico-técnicas. Todos los autores que investigan el problema del desarrollo independiente de la educación, la ciencia y la técnica destacan con razón las posibilidades favorables que presenta la regulación estatal, la cual en muchos países del continente alcanzó dimensiones considerables (el sector estatal en las labores de investigación y proyectos ocupa una posición dominante). La regulación estatal en las condiciones de América Latina constituye realmente un importante resorte para poner fin a la dependencia económica. Por eso los intentos de los monopolios extranjeros de aprovechar la regulación estatal en interés propio constituyen un peligro especialmente grande.
El análisis de los nuevos métodos de penetración de EE.UU. en la ciencia y la educación latinoamericanas indica que las naciones del continente se ven obligadas a subordinar la programación del desarrollo científico-técnico a los intereses del gran capital estadounidense. Utilizando el predominio del sector estatal en las universidades, en las que se concentra la mayoría de las indagaciones científicas, los bancos extranjeros comúnmente subsidian aquellos proyectos que interesan a los monopolios y conceden becas en las especialidades que de antemano se orientan a la emigración de esos técnicos. El capital extranjero da preferencia a los proyectos de estudio y a la preparación de especialistas en las ramas que no tienen relación con la economía nacional de los países latinoamericanos y se orientan al mercado exterior del conocimiento científico, es decir, a la fuga de cerebros. Los monopolios desarticulan la planificación estatal en los países de América Latina, la subordinan a los centros extranjeros de producción de conocimientos, apartan a las universidades de la investigación fundamental y de la preparación de especialistas de amplia capacitación.
En la política nacional de los países latinoamericanos se da cada vez mayor preferencia a las investigaciones aplicadas, incluidas las de carácter militar. La preparación de 229 especialistas en las esferas fundamentales se deja con mayor frecuencia en manos de las universidades y centros privados, a los que se puede imponer con mayor facilidad la especialización requerida por los monopolios. Ello, en particular, se logra ofreciendo trabajo a los jóvenes especialistas en las firmas de esos monopolios. El Centro Atómico de la Argentina, subsidiado esencialmente por el capital germanoccidental, prepara, por ejemplo, teóricos de la física, cuya especialización desde un comienzo no se relaciona con la economía argentina. En 1973, tan sólo la Facultad de Electrotecnia de la Universidad de Tucumán formuló un pedido de salida para 500 de sus egresados que iban a trabajar en empresas de EE.UU. De los químicos que terminaron esta universidad el 30% emigró en 1970--1973 a Estados Unidos^^15^^. Mientras tanto, los pronósticos prevén para 1980 en Argentina un déficit de técnicos ascendente a 634 mil especialistas^^16^^.
El rumbo a la inclusión orgánica del sistema latinoamericano de preparación de cuadros en la estructura de las relaciones económicas capitalistas mundiales se va reforzando en la actualidad por el influjo de la revolución científicotécnica. En los países capitalistas de Occidente, como lo muestran las últimas investigaciones soviéticas, se opera un proceso de monopolización de las indagaciones científicas por un número reducido de centros. Los monopolios van incorporando cada día más a su arsenal a la ciencia. Si antes de la segunda guerra mundial, por ejemplo, a las corporaciones de EE.UU. les correspondía 1--2% de las investigaciones fundamentales, a comienzos de los años 70 esta proporción se elevó ya a más de 20%. Esta tendencia se traslada también a los países en desarrollo económicamente dependientes. Las investigaciones fundamentales son controladas en medida creciente por el capital extranjero. En cuanto a la preparación de personal ingenieril y técnico, la misma es regulada en interés del capital extranjero. Como indican los autores de un estudio sobre las alternativas en la educación de América Latina, los cambios y la estratificación sociales, editado en 1975 por la Universidad de California, para resolver los problemas del desarrollo los países latinoamericanos deben adaptar la educación al nivel ocupacional, es decir, al del mercado _-_-_
~^^15^^ Véase Bernardo Kleiner. Revolución científico-técnica y liberación. Buenos Aires, 1973, p. 59.
^^16^^ Ibid., p. 73.
230 capitalista de trabajo~^^17^^. El estudio, en particular, menciona como una de las vías para solucionar los problemas del desarrollo la migración internacional de cuadros calificados que, como se sabe, responde a las leyes de la demanda y la oferta dictadas por los monopolios imperialistas. América Latina, para resolver sus dificultades, debe permitir la libre emigración de sus especialistas y el empleo de técnicos extranjeros. Todo ello tiene su explicación en la inevitabilidad objetiva del proceso de integración de la producción capitalista. Sin embargo, ninguno de los investigadores estadounidenses menciona la desigualdad existente entre los partícipes de este proceso, el carácter neocolonialista de semejante integración.La inferioridad de la educación en los países de América Latina es enfocada por los ideólogos del imperialismo como un fenómeno inevitable. Esta es la conclusión que de hecho sacan, por ejemplo, los partidarios del punto de vista de que la población rural puede bastarse perfectamente con la adquisición de algunos conocimientos fuera del sistema formal de enseñanza. Así, el Centro Internacional de Educación adjunto a la Universidad de Massachusetts (EE.UU.), basándose en estudios realizados en zonas rurales de Ecuador, llegó a la conclusión de que era deseable el predominio de la enseñanza extraescolar debido a que la escuela primaria abarca un contingente muy escaso de alumnos de la correspondiente edad (20%)^^18^^.
El lugar de la enseñanza latinoamericana dentro de los planes del imperialismo se relaciona con los intereses de los monopolios, que están en contradicción con las necesidades del desarrollo nacional independiente de los países de la región. Sin embargo, la expansión ideológica de EE.UU. está lejos de perseguir objetivos parciales de carácter económico. En este caso, la estrategia del imperialismo está enfilada a la obtención de los objetivos globales del capitalismo mundial. La penetración ideológica del capital monopolista de Estados Unidos está enfilada, ante todo, contra el movimiento revolucionario y tiene por objeto evitar la difusión de las ideas de liberación, torpedear los esfuerzos de los pueblos latinoamericanos por alcanzar su independencia, _-_-_
~^^17^^ Véase Educational alternatives in Latín America. Social Change and social stratification. Los Angeles, 1976, p. 10.
~^^18^^ Ibíd., p. 170.
231 neutralizar la fuerza atractiva de los países del socialismo, en particular, del ejemplo de las transformaciones revolucionarias de Cuba. ``El imperialismo ---afirma Armando Hart Dávalos, miembro del Buró Político del Comité Central del Partido Comunista de Cuba--- aprovecha la cultura para dificultar la creciente difusión de las ideas del socialismo... Los ideólogos de la burguesía utilizan las formas y los métodos más diversos para influir en la conciencia de las personas hasta el extremo de afirmar que ellos de ningún modo están en contra de los cambios sociales, incluso, dicen, reconocen la inevitabilidad histórica del socialismo. Pero todo ello sólo es para difamar la política cultural y las medidas culturales concretas de los países del socialismo"~^^19^^. Por lo tanto, la penetración del imperialismo en la cultura de los países de América Latina está vinculada con sus planes globales de lucha contra el socialismo mundial, contra el proceso revolucionario contemporáneo.Las fuerzas revolucionarias consideran que la resistencia a los planes de subversión ideológica en la enseñanza constituye parte integrante del movimiento nacional liberador. La reforma universitaria y escolar se plantea como necesaria transformación revolucionaria que no se encuentra aislada de las tareas generales de la revolución. Las fuerzas progresistas, sin absolutizar la actual estructura educacional, incluida la autonomía universitaria, se manifiestan contra el aprovechamiento de las transformaciones en la esfera cultural en beneficio del imperialismo y los monopolios extranjeros.
También los círculos representativos del reformismo burgués y los grupos progresistas nacionalistas se ven obligados a abandonar más y más a menudo su actitud de tolerancia respecto a la penetración imperialista en la educación. Sin renunciar a colaborar con el imperialismo, advierten el peligro, y por eso procuran asegurarse el control de la educación. Esto conduce inevitablemente a un incremento de las contradicciones con el imperialismo.
La estrategia nacional de lucha contra la penetración imperialista en la cultura latinoamericana incluye los esfuerzos tendientes a democratizar la enseñanza y vincularla con los objetivos del desarrollo progresista independiente. Esta lucha, diversos grupos sociales la enlazan de modo cada vez _-_-_
^^19^^ Pravda, 9.11. 1978.
232 más estrecho con posturas de enfrentamiento a la influencia imperialista, con la renovación de la estructura socioeconómica y, en última instancia, con la alternativa socialista. __ALPHA_LVL3__ 3. EE.UU. Y LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN MASIVA EN AMERICA LATINAEl capital monopolista de EE.UU. procura poner los medios de comunicación masiva ---prensa, radio y televisión--- al servicio del avasallamiento ideológico de las amplias masas populares de América Latina. Los órganos de información proyanquis propician la difusión de las ideas del anticomunismo, intentan extirpar la conciencia nacional de los latinoamericanos, propagan insistentemente el ``modo de vida norteamericano''.
Preponderante lugar en la ``maceración'' ideológica de las masas ocupa la prensa, particularmente, la llamada ``gran prensa'', o sea, unas doscientas publicaciones diarias que agrupan el 75% de los lectores.
La misma se encuentra esencialmente en manos de los grandes monopolios vinculados con las compañías de radio y televisión, con el capital estadounidense y sirve fielmente a los objetivos políticos del imperialismo yanqui.
En Argentina, Brasil, México. Chile, Perú (antes de ser emitidas las leyes sobre la prensa de 1969, 1974) y en algunos otros países los monopolios con cuantiosos capitales en la industria editorial subordinaron totalmente esas grandes publicaciones periódicas a sus objetivos. Forman agrupaciones como Diarios Asociados, perteneciente a la familia Chateaubriand; El Sol (asociación de 20 periódicos mexicanos) de la Cadena García Valseca, el consorcio editorial El Mercurio --- Lord Cochrane, propiedad del clan monopolista de los Edwards en Chile y otros. El principal rasgo que distingue a estos grupos de prensa es su estrecha vinculación con las compañías estadounidenses que operan en los países latinoamericanos.
Los monopolios yanquis, que a través de sus agencias abastecen con publicidad pagada a la ``gran prensa" latinoamericana, colocaron a ésta en una situación de directa dependencia financiera. En América Latina actúan las más grandes agencias norteamericanas de publicidad, que concentraron en sus manos la distribución de la propaganda comercial. La McCann Ericksson, vinculada con el Banco Rockefeller y la Standard Oil Corporation, tiene filiales en Argentina, Brasil, 233 Venezuela, Colombia, Perú, México, Chile y Uruguay; la John Walter Thompson, en Argentina, Brasil, México, Venezuela, Perú y otros; la Grant Advertising, en Argentina, Brasil, Venezuela y Perú; la Young and Rabicán, en Argentina, Venezuela y otros países. En Chile, en 1968, solamente la McCann Ericksson concentraba los avisos de propaganda de 51 firmas comerciales (18 de capital extranjero) con costo ascendente a 2,6 millones de dólares. En Brasil el importe de los anuncios comerciales publicados ese mismo año a través de la McCann Ericksson rebasó los 6,8 millones de dólares. En Perú, antes de la ley del 30.XII.1969, más de 80% de la publicidad comercial provenía únicamente de las agencias estadounidenses.
Los principales colocadores de avisos en la prensa de América Latina son los grandes monopolios yanquis. En Venezuela, por ejemplo, la principal propaganda comercial pertenece a Creóle Petroleum Corporation, Sears Roebuck de Venezuela, General Motors, Ford y otras; en Argentina, a General Motors, Coca Cola, Frigoríficos Wilson de Argentina, Alpargatas, Nestle, Banco Holandés, Shell, Philips, etc.; en Brasil, a Ford, General Electric, General Motors, Coca Cola, Frigorífico Wilson do Brasil.
La dependencia económica respecto de los avisadores configura el carácter reaccionario de la ``gran prensa''. La información que no es deseable para el capital no puede tener lugar en las páginas de esa prensa.
La propaganda comercial, a la vez, tiene significado ideológico. Accionando sistemáticamente sobre la psicología de amplias capas de la población, crea en ellas el culto al consumo, tiende no sólo a hacer que se compre más, sino también a distraer a las masas populares de la lucha de clases, suplantarla con la brega por los intereses del momento. El científico mexicano Enrique González Pedrero definió acertadamente la actual propaganda comercial como ``una forma sustancial de penetración no económica" que ``se basa en la psicología"~^^20^^.
La prensa latinoamericana está ligada al capital imperialista no sólo por intermedio de la publicidad. También depende de las agencias informativas de EE.UU. y de los países euroccidentales, ya que en lo esencial no tiene corresponsales propios en el exterior. Toda la información sobre _-_-_
~^^20^^ Los medios de comunicación de masas en México, 1969, p. 74.
234 lo que acontece en el mundo el lector latinoamericano la recibe a través de la interpretación de las agencias extranjeras y, en primer lugar, de las agencias más grandes de EE.UU.: United Press International (UPI) y Associated Press (AP). Estas suministran de 75 a 90%^^21^^ de toda la información sobre los sucesos en el continente y mundiales.Estas agencias se han afianzado sólidamente no sólo en la ``gran prensa'', sino también en las publicaciones periódicas provinciales. Por ejemplo, 22 periódicos provinciales argentinos, de los 33 existentes, están directamente vinculados con la UPI y la AP.
Las actividades de las dos agencias mencionadas combinan y son complementadas por las de la USÍA, cuya misión es difundir en el exterior la política de EE.UU. tanto a través de los medios locales de información como de publicaciones propias. Las dos terceras partes de los periódicos provinciales de América Latina dependen de la información proporcionada por la USÍA.
Otro canal de información para la prensa latinoamericana son los periódicos más grandes de EE.UU.: New York Times, Washington Post y otros. Claro está que los acontecimientos más importantes que ocurren en el mundo son presentados al público latinoamericano exclusivamente desde un punto de vista favorable al capital yanqui, utilizando la principal arma ideológica de la propaganda burguesa, el anticomunismo.
La llegada al poder de gobiernos militares progresistas en Perú y Panamá en 1968 y en Ecuador en 1972, del gobierno de la Unidad Popular en Chile en 1970 provocó una notable intensificación de la propaganda ideológica de las fuerzas proimperialistas, tendiente a denigrar la política de los gobiernos antimperialistas. La posición adoptada por la ``gran prensa" ante las transformaciones antimperialistas de los gobiernos progresistas evidenció bien claro qué intereses defiende esa prensa. En Chile, durante el período de la Unidad Popular, la prensa opositora principal pertenecía a los magnates industriales y financieros Edwards, estrechamente vinculados con el Banco Rockefeller, propietarios de diarios de Santiago tan grandes como El Mercurio (160.000 a 180.000 ejemplares), La Segunda (25.000), Las Ultimas Noticias (70.000) y de periódicos provinciales como El Mercurio de Antofagasta (12.000), El Mercurio de Valparaíso (35.000), El Mercurio de _-_-_
^^21^^ Siempre, México, 1971, N 938, p, 33.
235 Calama (5.000), La Estrella de Iquique (7.000), y otros, así como de múltiples revistas de tónica social, cultural y recreativa con tirada total de 500 mil ejemplares. Estas publicaciones contaban con amplio apoyo financiero del capital monopolista norteamericano para desarrollar propaganda antigubernamental.La CÍA asignó a los periódicos centrales de la oposición 400 mil dólares durante la campaña electoral de 1970. Gran parte de esa suma la recibió El Mercurio. Este diario fue calificado por la CÍA como la fuerza política de oposición más seria entre los medios de comunicación de masas de Chile.
Mediante el accionar propagandístico sobre diferentes fuerzas sociales y políticas, la prensa proimperialista preparó el clima sociopsicológico y político para el golpe de Estado.
Una situación muy parecida surgió en el Perú después de llegar al poder en octubre de 1968 el gobierno militar progresista. La prensa de derecha inició una amplia propaganda tendiente a sembrar la desconfianza respecto a los actos del gobierno.
Para poner fin a la campaña desplegada, el presidente proclamó el 30 de diciembre de 1969 el Estatuto de Libertad de Prensa. Según éste, sólo los peruanos que viven en el país permanentemente pueden ser propietarios de publicaciones periódicas y editarlas exclusivamente con recursos propios (Artículos 10, II)^^22^^. Estas cláusulas tendían a socavar directamente las posiciones del capital extranjero, especialmente norteamericano, en la prensa del Perú.
La publicación del Estatuto provocó una nueva ola de ataques al gobierno, al que esta vez se le incriminó haber violado la ``libertad de prensa''. Expresso, Extra, La Prensa, El Comercio atacaron la ``peruanización'' de los periódicos, por cuanto el Estatuto cercenaba de raíz la base económica de las publicaciones mencionadas, sus vínculos con el capital extranjero y, realmente, estuvo enfilado contra aquella `` libertad de prensa" que V.I. Lenin definiera como ``la libertad de traficar con la prensa y la influencia sobre las masas populares"~^^23^^
_-_-_^^22^^ Estatuto de Libertad de Prensa v su Reglamento 1969--1970, Lima, s. a., p. 5.
~^^23^^ V. I. Lenin. Discurso pronunciado en el I Congreso de toda Rusia de trabajadores de la enseñanza v la cultura socialista. 31 de julio de 1919. O. C, t. 39, p. 134.
236Conforme a la ley dictada, el gobierno expropió en marzo de 1970 los periódicos más reaccionarios, Expresso y Extra pertenecientes al monopolista M. Ulloa, vinculado con el Banco Rockefeller y una serie de compañías yanquis. Los diarios fueron convertidos en propiedad cooperativa de los periodistas y empleados de la imprenta.
Los actos del gobierno peruano alarmaron a la ``gran prensa" de otros países latinoamericanos. La Prensa y La Nación de Argentina, El Mercurio de Chile, El Tiempo de Colombia, El Nacional de Venezuela y otros diarios emprendieron un furioso ataque contra el Estatuto de Libertad de Prensa.
A medida que las transformaciones se ampliaban, la oligarquía burgués-terrateniente, cuyas posiciones en los medios de información seguían siendo fuertes, intensificaba cada vez más sus ataques al gobierno. En la resolución del VI Congreso del Partido Comunista Peruano (noviembre de 1973) se prestó especial atención a la actividad contrarrevolucionaria de periódicos capitalinos como La Prensa, El Comercio, Ultima Hora y una serie de publicaciones provinciales^^24^^.
A fin de cercenar esta continua acción ideológica sobre las amplias capas de la población, que representaba un fuerte obstáculo en el camino de las transformaciones socioeconómicas y antimperialistas, el gobierno peruano proclamó en junio de 1974 una nueva ley, el Estatuto de Prensa, que disponía el paso de todos los impresos a control de las organizaciones sociales. Ocho grandes periódicos, entre ellos El Comercio, La Prensa, La Crónica, que sistemáticamente calumniaban al gobierno, fueron expropiados.
Los estrechos vínculos de la ``gran prensa" latinoamericana con los grupos oligárquicos proimperialistas y su dependencia directa del capital extranjero la convirtieron en una de las principales armas en la lucha ideológica de la reacción contra las fuerzas progresistas antimperialistas.
Actualmente la radio y la televisión empiezan a desempeñar en América Latina un papel cada vez más grande en la propaganda ideológica.
Estos medios de información se encuentran igualmente en dependencia económica total de los grandes monopolios imperialistas que, a través de la publicidad, imponen sus condiciones para la elaboración de los programas. En Argentina, por ejemplo, en 1968 el 8,8% de las inversiones en la _-_-_
^^24^^ Documentos, Lima, 1974, N 2, p. 33.
237 propaganda comercial correspondía a la radio y el 26,5% a la televisión. En Venezuela la televisión absorbe más de 40% de las inversiones en la publicidad, llenando esta última casi la tercera parte de las transmisiones radiales y más de una cuarta parte de las de televisión.La propaganda comercial en la TV acrecienta y cultiva en grado mucho mayor que en la prensa la psicología del consumismo por disponer de un auditorio más numeroso; viene con acompañamiento musical, utiliza filmes hábilmente preparados con anuncios de los artículos de uso.
G. Flores McGregor, investigador progresista argentino, señala que las estaciones de radio controladas por Estados Unidos se convirtieron en Argentina prácticamente en departamentos de propaganda comercial de Radio Corporation of America (RCA), Ideon, CBS (Columbian Broadcasting System) y Philips.
El capital yanqui hace especial hincapié en la televisión viendo en ella un importantísimo medio de influencia sobre amplias masas populares, una potente arma de lucha contra las corrientes progresistas de avanzada de nuestra época.
La TV no sólo hace propaganda comercial, exhibe filmes publicitarios realizados por encargo de los grandes monopolios estadounidenses Coca Cola, Ford Motor Co., General Motors, etc., sino también películas norteamericanas, revistas musicales, historietas de aventuras, etc. Las más grandes compañías yanquis de televisión: American Broadcasting Company, Columbian Broadcasting System, National Broadcasting Company controlan la mayoría de los canales de TV de los países latinoamericanos. Estas compañías tienen en su poder, respectivamente, los canales 11, 13 y 9 de la TV de Argentina y los canales 4, 8 y 2 de Venezuela^^25^^. En América Central la ABC, a través de la Red Centroamericana de Televisión, controla 31 compañías locales de TV^^26^^.
Las grandes empresas de TV vinculadas con las esferas monopolistas de EE.UU., orientando su propaganda a la joven generación, procuran imponerla desde la infancia determinados estereotipos con los cuales los muchachos han de entrar en la vida. Por ejemplo, una encuesta sociológica realizada en 30 jardines de la infancia de Caracas reveló el predominio _-_-_
~^^25^^ G. Flores McGregor. La red y la tijera, p. 176; F. Brito Figueroa. Venezuela contemporánea ¿país colonial? Caracas, 1972, pp. 160--161.
^^26^^ Véase Meridiano--80, La Habana, 1975. N 6, p 27.
238 de las siguientes imágenes preconcebidas inculcadas en la conciencia infantil por la TV: 86% de los héroes de los programas para niños estaban representados por norteamericanos y sólo un 8% por personajes venezolanos; el ``hombre bueno" se asociaba a la imagen del hombre blanco once veces más que a la del negro, etc.^^27^^La implantación de gustos estéticos de bajo nivel, de razonamientos estandardizados prefabricados, la abusiva propaganda de los artículos de consumo desarman espiritualmente desde temprana edad a amplias capas de la población, manteniéndolas en un nivel cultural limitado, lo que se refleja también en su conciencia política, y empujándolas a la vía del conformismo.
La influencia nociva y corruptora de la televisión sobre la juventud provoca seria inquietud en los medios sociales progresistas de América Latina que exigen terminar con el predominio de la reacción y el imperialismo en este importantísimo medio de información. En Venezuela la cuestión se debatió en el Senado (noviembre de 1970), señalando la mayoría de los oradores que la ABC, CBS y NBC están empeñadas en una ofensiva contra la joven generación de Venezuela para corromperla y extirpar el sentimiento de dignidad nacional. En enero de 1974 el gobierno venezolano emitió un decreto^^28^^ prohibiendo la inversión de capital extranjero en la radio y la televisión. La ABC, CBS y NBC, así como ``Time'' y ``Life'', según el decreto, debían vender sus acciones a ciudadanos venezolanos.
En abril de 1973 el gobierno mexicano dictó un nuevo Reglamento de Ley sobre radio y televisión que limita el número de las transmisiones extranjeras, en primer lugar, las norteamericanas. La propaganda comercial fue especialmente restringida, no debiendo exceder de 18% de la duración total de las transmisiones de TV y pudiendo anunciar mercancías únicamente de producción nacional^^29^^.
En octubre de 1976 un grupo de diputados presentó un proyecto de reforma de la Ley federal de radio y televisión. Como objetivo principal planteaba la tarea de intensificar la propaganda del arte nacional. El proyecto recalcaba en particular la necesidad de cambiar el contenido de los _-_-_
~^^27^^ Véase La televisión venezolana, Caracas, 1970, p. 44.
~^^28^^ Ibídem, p. 37.
^^29^^ Véase Excelsior, México, 4.IV.1973.
239 programas musicales que ejercen un efecto corruptor entre la juventud mexicana. Parece que la radio ---se dice en el proyecto--- estuviera definitivamente ``al servicio del imperialismo, en menosprecio de nuestra cultura y en grave deterioro de nuestra mexicanidad"^^30^^.Los gobiernos de Perú y Panamá realizaron transformaciones tendientes a restringir el poder del capital extranjero y de las fuerzas reaccionarias en la radio y la televisión.
En noviembre de 1971 se dictó en Perú la Ley General de Telecomunicaciones, estableciendo el control estatal sobre todas las compañías de radio y televisión privadas, incluidas las extranjeras. Tales empresas sólo pueden pertenecer a peruanos con residencia permanente en el país. La propaganda comercial debe ser reducida, dice la Ley. No menos de 60% de los programas deben ser de producción nacional^^31^^.
En febrero de 1973 fue promulgado en Panamá un decreto sobre nacionalización de los anuncios en la radio y la televisión. Esta medida estuvo enfilada, ante todo, contra las actividades de los monopolios yanquis que junto con sus mercancias propagan su modo de vida y ofenden las tradiciones del país^^32^^.
Los medios de comunicación de masas son un arma sumamente importante en la contienda ideológica. La estrecha vinculación de los círculos oligárquicos reaccionarios con el imperialismo contribuyó en gran medida a la expansión ideológica de EE.UU. en la vida espiritual de los pueblos latinoamericanos. Las fuerzas de avanzada de América Latina, sin embargo, fieles a las mejores tradiciones del pasado, llevan una consecuente lucha por la liberación completa del imperialismo, contra las fuerzas de la reacción interna.
_-_-_^^30^^ El Nacional, México, 2.X.1976.
^^31^^ Véase El Día, México, 9.XI.1971.
^^32^^ Véase Granma, 15.11.1973.
[240] __ALPHA_LVL1__ Parte III. LOS PROBLEMAS DE LA LUCHAEl triunfo de la Revolución Cubana, que constituyó el resultado más importante del proceso mundial revolucionario liberador en la tercera etapa de la crisis general del capitalismo, ejerció una profunda influencia en todo el sistema de las relaciones internacionales del hemisferio occidental. Puede ser considerado como el tercer jalón más decisivo en la historia de las naciones latinoamericanas después del propio descubrimiento de América y las guerras de la independencia en el primer cuarto del siglo XIX. Por primera vez en la región resolvió la tarea de alcanzar la total independencia nacional, hizo realidad los principios de democracia y justicia social, eliminó las relaciones de explotación capitalistas y abrió el camino a la transformación socialista de la sociedad.
Las profundas transformaciones revolucionarias en toda la estructura socieconómica y política, el logro de la independencia política y económica completa, la construcción de la nueva sociedad socialista determinaron el rol de avanzada que Cuba desempeña en la lucha antimperialista de los pueblos de América Latina. Cuba apareció como el abanderado de las nuevas relaciones internacionales en el hemisferio, basadas en los principios del antimperialismo, la igualdad y la ventaja mutua.
Por primera vez en la historia de las relaciones interamericanas los conceptos de independencia política y económica, de soberanía, de la no injerencia en los asuntos internos de otros Estados y de cooperación se constituyeron en práctica de una política oficial. La aplicación de estos principios por Cuba revolucionaria contradecía las concepciones de la política exterior y de la práctica de las __PRINTERS_P_241_COMMENT__ 16---659 241 relaciones interamericanas, impuestas y aplicadas por el imperialismo de EE.UU. a lo largo de muchos decenios.
Por eso las esferas gobernantes de Estados Unidos y sus aliados en América Latina desde los primeros días de la victoria cubana iniciaron una política de aislamiento pretendiendo estrangular a Cuba revolucionaria. Fueron perpetrados múltiples actos de agresión económica, chantaje político y subversión ideológica. Cada iniciativa cubana en política exterior, encaminada a ensanchar la cooperación con los países del área sobre una base antimperialista, invariablemente chocaba con la acción contraria de Washington y de los círculos más reaccionarios de América Latina.
Y ello no es casual. Ya en los primeros años que siguieron al triunfo de la Revolución Cubana, especialmente después de la nacionalización de la propiedad de los monopolios yanquis, el gobierno de Estados Unidos emprendió contra Cuba una serie de groseras acciones políticas y sanciones económicas: desde el embargo y el bloqueo continental hasta el bandidaje y actos de agresión piratas. Proponiéndose sofocar a la Revolución Cubana, los monopolistas de EE.UU. hacían caso omiso de las más elementales normas del Derecho Internacional.
La experiencia de Cuba mostró patentemente que la lucha contra el dominio de los monopolios extranjeros reviste importancia vital para impedir el saqueo de las riquezas nacionales y la sangría de las economías de los países dependientes, y que en el proceso de las transformaciones socioeconómicas revolucionarias son los monopolios la fuerza contrarrevolucionaria principal, el primer resorte de la agresión económica y de las provocaciones bélicas por las potencias imperialistas. Según la justa expresión de Fidel Castro ``el imperialismo dirigió omnímodamente a la contrarrevolución interna"^^1^^. El llamado problema cubano se convirtió en una cuestión clave de las relaciones interamericanas, y la lucha en su torno adquirió carácter exclusivamente agudo.
Ya en la etapa inicial de la revolución, Cuba hizo un intento por transformar el sistema interamericano en una herramienta capaz de acelerar el desarrollo democrático, económico y social de los países de la región. A fin de contribuir al afianzamiento de la cooperación entre los países _-_-_
^^1^^ Primer Congreso del Partido Comunista de Cuba. Informe Central. p. 36.
242 latinoamericanos, Cuba participó activamente en la Conferencia Económica de la OEA, celebrada en Buenos Aires en mayo de 1959. Planteando la tesis de que la inestabilidad política en los países latinoamericanos es el resultado de su subdesarrollo económico, el jefe de la delegación cubana, Fidel Castro, señaló que ``la política interamericana del gobierno cubano se ha orientado a demandar el reconocimiento de esa verdad de caracteres axiomáticos y a reclamar medidas colectivas, encaminadas^ a levantar el nivel de vida de los pueblos latinoamericanos"^^2^^.Cuba proponía medidas concretas que podrían contribuir al aceleramiento del desarrollo económico de los países del continente. A la conferencia fue presentado el proyecto de la delegación cubana donde se decía que América Latina necesita para su desarrollo económico una inversión de 30.000 millones de dólares en un plazo de 10 años^^3^^.
La creciente influencia de Cuba revolucionaria y su activa utilización de la tribuna de la OEA para dirigirse directamente a los pueblos latinoamericanos provocaron inquietud en los círculos gobernantes de EE.UU. y de algunos países latinoamericanos. A la vez, frente a las transformaciones radicales encaminadas al logro de la independencia económica, los monopolios yanquis y sus testaferros en América Latina empezaron a exhortar abiertamente a la cruzada contra la Isla de la Libertad.
Los regímenes dictatoriales de América Central inundaron a la OEA con quejas sobre supuestas ``acciones agresivas" de Cuba, mientras que el Presidente de EE.UU., Dwight Eisenhower, declaraba el 1 de julio de 1959, en conferencia de prensa, su inquietud ante la ``política desarrollada por el gobierno de Cuba" y exigía de la OEA tomar iniciativas encaminadas a ``eliminar la tensión" creada en el Mar Caribe. Las intenciones de semejante política eran claras: provocar un enfrentamiento entre Cuba y las dictaduras de los países del Caribe y luego, ya con ayuda de la OEA y bajo su bandera, invadir la Isla de la Libertad para aplastar las conquistas del pueblo cubano.
El 2 de agosto de 1959 en Santiago de Chile se inició la V Reunión de Consulta de ministros de Relaciones _-_-_
^^2^^ Una Nueva Diplomacia. Ministerio de Estado, República de Cuba, La Habana, 1959, p. II.
^^3^^ Véase F. Castro. Humanismo revolucionario. La Habana, 1959, p. 44.
__PRINTERS_P_243_COMMENT__ 16* 243 Exteriores de los países miembros de la OEA para discutir medidas enderezadas a evitar la guerra en la zona del Mar Caribe. El ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Raúl Roa, en su intervención mostró convincentemente que la tensión política en el Caribe se debía a los regímenes reaccionarios y al imperialismo. Roa subrayó que las situaciones críticas en el Mar Caribe no son más que un reflejo de la crisis general en el continente, y que sus motivos residen en la dependencia económica y política de los países latinoamericanos frente a los monopolios extranjeros^^4^^.La tentativa de utilizar la reunión para desencadenar una agresión contra Cuba no tuvo éxito. Los delegados de México, Brasil, Venezuela y Solivia se expresaron decididamente contra las proposiciones de EE.UU. y los regímenes dictatoriales. Los gobiernos de esos países subrayaron que la reunión debía ocuparse seriamente de los problemas del desarrollo económico del continente y no crear ``precedentes peligrosos" para entrometerse en los asuntos internos de otros países. La delegación de EE.UU. no logró lo que deseaba: crear una `` policía política especial" para actuar en la zona del Mar Caribe. Todo se limitó a la creación de la llamada ``Comisión Interamericana de Paz''.
La V Reunión de Consulta significó una determinada pauta en la actitud de Cuba revolucionaria respecto a la OEA. Quedó totalmente en evidencia que esta organización no sólo es inepta resolver los problemas de los países de América Latina, sino que tendía a ser utilizada cada vez más para amalgamar un bloque agresivo anticubano, a servir los intereses del imperialismo de EE.UU. Cuba desenmascaraba activamente desde la tribuna de la OEA la política expansionista y bandidesca de los monopolios imperialistas en América Latina y los regímenes dictatoriales antipopulares. También utilizó diferentes organismos de la OEA para desenmascarar a la entidad misma como ``ministerio de colonias" de Estados Unidos.
Después de establecer Cuba relaciones diplomáticas con la Unión Soviética y otros países socialistas, los círculos reaccionarios de las repúblicas del continente adoptaron una posición abiertamente hostil hacia la Revolución Cubana. Sobre la Isla de la Libertad se cernió el peligro de una _-_-_
~^^4^^ Véase Quinta Reunión de Consulta de ministros de Relaciones Exteriores. Washington, 1961, pp. 96--98.
244 intervención armada. Ante tal situación, la Unión Soviética, fiel a los principios del internacionalismo proletario, emitió el 9 de julio de 1960 una declaración en la que previno que en caso de que Cuba fuese agredida, la URSS otorgaría al pueblo cubano toda la ayuda posible, incluida la militar.El pueblo de Cuba acogió con gratitud la declaración del gobierno soviético. Entre los enemigos de Cuba esta declaración, en cambio, provocó un brusco acceso de ira. Ante la presión de esos sectores el Consejo de la OEA tomó el 29 de julio de 1960 la decisión de convocar otra Reunión de Consulta de los ministros de Relaciones Exteriores para estudiar ``acciones colectivas para evitar la intervención extracontinental'', teniendo en cuenta a la Unión Soviética y otros países socialistas. El representante de Cuba, al intervenir en la reunión, expuso una vez más los principios de la política de su país respecto al ``sistema interamericano":
Cuba se manifiesta decididamente contra la intervención de cualquier Estado o grupo de Estados en los asuntos de otros países;
El gobierno revolucionario considera que de ninguna manera se puede calificar como intervención una situación en la que un Estado, en este caso la Unión Soviética, establece relaciones diplomáticas, comerciales y culturales con cualquier Estado de América;
Cuba considera que la declaración de la Unión Soviética de estar dispuesta a salir en su defensa en caso de ataque por parte de una potencia imperialista no constituye un acto de agresión, sino representa un firme apoyo al principio de la no intervención^^5^^.
Las fuerzas agresivas en ese período no pudieron conseguir que los delegados de las naciones latinoamericanas apoyaran totalmente las exigencias de ``enjuiciar'' a Cuba. Pero, si bien la Declaración de San José, aprobada por la reunión, proclamaba solamente los principios generales de la `` solidaridad interamericana'', este documento, sin duda, tenía filo anticubano. En ella se condenaba hipócritamente la `` injerencia'' inexistente de los países socialistas en los asuntos del hemisferio.
En respuesta a la provocativa resolución de San José, _-_-_
~^^5^^ Véase R. Roa. Retorno a la Alborada. La Habana, 1964, vol. II, pp. 295--296.
245 el 2 de setiembre de 1960 tuvo lugar en La Habana la Asamblea General Nacional del pueblo de Cuba que aprobó la Declaración de La Habana, documento de trascendental significado histórico. En ella, en nombre del pueblo de Cuba, se condenaba enérgicamente la Declaración de San José como una intromisión del imperialismo en los asuntos de los pueblos de América Latina, se refutaba la imperialista doctrina Monroe y se patentizaba la gratitud a la Unión Soviética por su apoyo al pueblo de Cuba.La Asamblea General Nacional del pueblo de Cuba tomó la decisión de anular el acuerdo militar concertado en 1950 entre Cuba y Estados Unidos de América^^6^^.
A medida que los EE.UU. agravaban la situación en la Cuenca del Caribe, el gobierno de Cuba tomaba las medidas necesarias para desenmascarar los planes agresivos del imperialismo en esta región. En setiembre de 1960 el jefe del Gobierno Revolucionario de Cuba Fidel Castro denunció desde la tribuna de la Asamblea General de la ONU la política contrarrevolucionaria e imperialista de las esferas gobernantes de EE.UU. con relación a Cuba, dio pruebas irrefutables de los actos agresivos perpetrados por el imperialismo contra la Isla de la Libertad. La Unión Soviética y otros países socialistas prestaron en esta sesión gran apoyo moral y político a Cuba. En las intervenciones de los jefes de gobierno de los países de la comunidad socialista resonó el sentimiento de fraternal solidaridad y la disposición de proporcionar a Cuba la ayuda necesaria en caso de agresión.
El 23 de febrero de 1961 el gobierno cubano dirigió a los gobiernos de todos los países latinoamericanos una nota en la que llamaba una vez más la atención para advertir que se estaba preparando una agresión armada contra Cuba revolucionaria. La apelación directa a los gobiernos mostraba que Cuba había perdido toda confianza en la OEA. El singular significado de la nota consistía en que ella confirmaba una vez más las bases de las relaciones mutuas de Cuba con los países latinoamericanos: la igualdad soberana entre los pueblos y su derecho a la autodeterminación, el respeto a la jurisdicción de cada país, la prohibición del empleo de la fuerza como medio para resolver los litigios internacionales, la libertad de comerciar y colaborar con todos los países^^7^^.
_-_-_^^6^^ Véase Noticias de Hoy, La Habana, 1960, 3 oct.
~^^7^^ Véase Bohemia, La Habana, 1961, N 10, p. 52.
246La invasión de los mercenarios en Playa Girón en abril de 1961 fue un intento de EE.UU. de aplastar con las armas la Revolución Cubana, utilizando para ello unidades de contrarrevolucionarios cubanos. La derrota de los mercenarios fue un gran revés para el imperialismo, una victoria del pueblo cubano, unido en torno al Gobierno Revolucionario. La victoria de Playa Girón estimuló a los pueblos de América Latina en su lucha contra el imperialismo.
Alarmado por el incremento de la influencia de Cuba y temiendo una explosión revolucionaria en otros países del continente, el imperialismo se esforzaba por hallar los medios para hacer frente a la situación. En agosto de 1961, en Punta del Este (Uruguay) se celebró la conferencia del Consejo Económico y Social de la OEA que aprobó el programa Alianza para el Progreso. Cuba ocupó una posición consecuente y netamente antimperialista. Su delegación presentó proyectos de resolución sobre reforma agraria, construcción de viviendas, nacionalización de escuelas privadas, etc. Al mismo tiempo, Ernesto Che Guevara, jefe de la delegación cubana, desenmascaró el verdadero objetivo de la conferencia, demostrando que ésta consistía en organizar una ``santa alianza" enfilada contra el ejemplo que Cuba significa en todo el continente americano.
Cuba se negó a firmar el documento por el que se fundaba la Alianza para el Progreso en la que los círculos dirigentes de EE.UU. veían, precisamente, el contrapeso al ejemplo de la Revolución Cubana. Al explicar la posición de su país, Ernesto Che Guevara señalo: ``Estamos de acuerdo en una sola cosa con el informe del punto V de los señores técnicos, en una sola frase, que define la situación actual: "una = __NOTE__ This should be in single-quotes. nueva etapa comienza en las relaciones de los pueblos de América'', dice, y es cierto. Nada más que esa nueva etapa comienza bajo el signo de Cuba, Territorio Libre de América...''^^8^^.
A pesar de la actividad agresiva de EE.UU. y los reaccionarios de América Latina, el pueblo cubano siguió marchando valerosamente por la vía de las transformaciones y profundizando su revolución. El 16 de abril de 1961 el socialismo fue proclamado como meta del desarrollo de Cuba, y el 1 de diciembre del mismo año Fidel Castro declaró que la doctrina _-_-_
~^^8^^ Ernesto Che Guevara. Obras 1957--1967, t. II, La Habana, p. 423.
247 marxista-leninista constituye la bandera de la Revolución Cubana.Washington y sus aliados en la OEA no quisieron tolerar esto. El 4 de diciembre el Consejo de la OEA examinó la propuesta de Colombia de celebrar otra reunión y excluir a Cuba de la OEA, resolviendo convocar en Punta del Este, en enero de 1962, la VIII Reunión de Consulta. Los EE.UU. tuvieron que realizar no pocas maniobras, utilizar todos los métodos de presión y chantaje posibles para hacer que la reunión tomase la decisión de excluir a Cuba del sistema inter americano.
La Organización de Estados Americanos no ocultaba más su hostilidad hacia Cuba. En octubre de 1962, durante los azarosos días de la crisis del Caribe, el Consejo de la OEA resolvió apoyar el bloqueo de Cuba.
El 4 de febrero de 1962 un millón y medio de cubanos reunidos en la Plaza de la Revolución, en La Habana, adoptaron, en respuesta a la decisión de Punta del Este, la Segunda Declaración de La Habana. En ella se señaló el funesto papel de la OEA al servicio de los planes del imperialismo de sofocar la Revolución Cubana. Al desenmascarar ante todo el mundo la esencia reaccionaria del ``sistema interamericano" y romper con éste, Cuba revolucionaria no quedó sola, puesto que ya era parte de la comunidad mundial de los países socialistas y gozaba del apoyo de todos los pueblos amantes de la libertad.
El punto culminante en la política anticubana de la OEA fue la IX Reunión de Consulta de ministros de Relaciones Exteriores que tuvo lugar en julio de 1964 en Washington. Allí se debatió la ``cuestión'' de los ``actos de intervención y agresión" de... Cuba. La conferencia aprobó una resolución sin precedentes de tomar sanciones contra Cuba, recomendadas a todos los miembros de la OEA: cese del comercio, interrupción de transportes aéreos y marítimos, ruptura de relaciones diplomáticas y consulares. Incluso se adoptó una resolución exhortando a los países no miembros de la OEA a interrumpir sus operaciones comerciales con Cuba y a abstenerse de prestarle cualquier tipo de ayuda^^9^^. En la declaración del gobierno soviético sobre esa reunión se destacaba que las resoluciones anticubanas adoptadas por la OEA _-_-_
^^9^^ Véase Revolución. 27.VII. 1964.
248 violaban los principios básicos de la Carta de las Naciones Unidas e implicaban una amenaza a la paz y la seguridad^^10^^.Las decisiones anticubanas tomadas por la IX Reunión de Consulta fueron condenadas por amplios sectores sociales de las naciones latinoamericanas. Las fuerzas progresistas comprendían que esas resoluciones contradecían los verdaderos intereses de sus países y estaban enfiladas no sólo contra Cuba, sino contra toda América Latina. Las decisiones sobre la ruptura obligatoria por los Estados americanos de sus relaciones con Cuba, según los planes de sus promotores, debían cerrar el bloqueo en torno a la Isla en el hemisferio occidental. Sin embargo, inmediatamente después de la ruptura de las relaciones, en el continente se inició un movimiento por restablecerlas. ``Las fuerzas progresistas de Chile, como las de Uruguay, Bolivia y de otros países ---escribía el diario El Siglo, portavoz de los comunistas chilenos---, hicieron del restablecimiento de las relaciones con Cuba una cuestión de dignidad nacional, un punto central de su programa político hacia el rescate de la soberanía ultrajada"^^11^^.
Cuba no sólo hizo frente y superó la ofensiva de Estados Unidos, sino que, gracias al sostén que representaba el creciente poderío del sistema socialista mundial, alcanzó la victoria en su transformación revolucionaria y puntualizó un giro radical en su política exterior. La esfera de las relaciones exteriores de Cuba se convirtió en el foco donde se manifestó con mayor fuerza, por una parte, el papel y el significado del campo socialista, ante todo de la Unión Soviética, como factor externo primordial en la profundización del proceso revolucionario y, por la otra, la esencia contrarrevolucionaria y reaccionaria del imperialismo mundial.
El desarrollo de estrechos vínculos políticos y económicos con la Unión Soviética y otros países socialistas desempeñó destacado papel en el rechazo de la agresión económica del imperialismo de EE.UU., en la realización de las transformaciones socioeconómicas y en el afianzamiento en el país de la nueva sociedad socialista. ``Sin la ayuda decidida, firme y generosa del pueblo soviético ---manifestó Fidel Castro desde la tribuna del Primer Congreso del Partido Comunista de Cuba---, nuestra patria no habría podido sobrevivir a enfrentamiento con el imperialismo. Ellos nos _-_-_
~^^10^^ Véase Pravda, 10.VIII. 1964
^^11^^ El Siglo, Santiago de Chile, 15.XI.1971.
249 compraron el azúcar cuando nuestro mercado fue brutalmente suprimido por Estados Unidos; ellos nos suministraron las materias primas y el combustible que no habríamos podido adquirir en ningún lugar del mundo; ellos nos hicieron llegar gratuitamente las armas con que hicimos frente a los mercenarios de Girón y equipamos nuestras Fuerzas Armadas Revolucionarias, para cobrar el más alto precio a cualquier agresión directa de Estados Unidos; ellos apoyaron extraordinariamente nuestra economía en estos años críticos de bloqueo económico"^^12^^.La política yanqui de aislar a Cuba y estrangular su Revolución, de impedir la difusión y el fortalecimiento del socialismo en América Latina para mantenerla en la órbita del imperialismo yanqui no logró sus objetivos. Ya a comienzos de la década del 70, después de largos años de bloqueo político y económico total, muchos países de América Latina restablecieron relaciones diplomáticas y comerciales sobre una base nueva, antimperialista. Como se subrayaba en el informe del CC del Partido Comunista de Cuba al Primer Congreso, ``...La América Latina es hoy una región muy diferente... Mientras las masas de obreros y campesinos de la América Latina continúan en su lucha, surgen ahora gobiernos inspirados, los unos, por concepciones políticas que conducen a aspiraciones socialistas, guiados otros por una clara idea antimperialista, constreñidos, por último, algunos en un ámbito puramente nacionalista, en defensa de las riquezas naturales y las economías de sus países. Pero en su conjunto esas concepciones políticas dan la base para una amplia unidad latinoamericana que resista y derrote la política del imperialismo, y que inevitablemente contribuirá a las transformaciones sociales más profundas de que América Latina está urgida"^^13^^.
El fracaso de la política de bloqueo contra el primer Estado socialista en el hemisferio occidental fue determinado por el incremento del poderío de la comunidad socialista, por los éxitos del pueblo cubano en la construcción de una nueva sociedad, por el respaldo decidido y la ayuda desinteresada de la Unión Soviética y otros países socialistas a _-_-_
~^^12^^ Primer Congreso del Partido Comunista de Cuba. Informe Central, p. 46.
^^13^^ Ibidem, pp. 227--228.
250 Cuba revolucionaria y por el ascenso del movimiento nacional liberador en América Latina.Este fracaso fue un exponente del fortalecimiento de las posiciones del socialismo en el hemisferio occidental, del afán cada vez mayor de los países de esta región a desarrollar una política exterior independiente del imperialismo de EE.UU., una muestra del ahondamiento de la crisis de la política de éste en el continente.
La profundización de la crisis general del capitalismo agudizó las contradicciones entre las naciones latinoamericanas y EE.UU. Esto, claro está, es una causa importante que explica el afán de los países del continente de unirse sobre una base antimperialista y contribuye a su acercamiento con Cuba en la lucha contra el imperialismo y al avance del proceso de restablecimiento de relaciones con Cuba por los Estados de la región.
Cuba es uno de los promotores de la creación de nuevos organismos económicos regionales: de la Organización Latinoamericana de Energía (OLADE) y del Grupo de Países Latinoamericanos y del Caribe Exportadores del Azúcar (GEPLACEA), cuyas actividades se orientan a la defensa de los recursos naturales de los países de la región y al logro de precios justos para los productos primarios en el mercado mundial. Cuba apoyó activamente también la idea de fundar el Sistema Económico Latinoamericano (SELA), el Comité de Cooperación y Desarrollo del Caribe y de la Compañía Naviera Multinacional del Caribe (NAMUCAR). Ello acrecentó el prestigio de la Isla de la Libertad entre los pueblos del continente latinoamericano. Cuba se hizo acreedora también de un amplio reconocimiento por el hecho de que, siendo activa participante de los organismos especializados de la ONU, en primer lugar de la FAO, CEPAL y UNESCO, apoya invariablemente en ellos los intereses de los países de la región, censura la política del neocolonialismo y las relaciones injustas que imponen a los pueblos latinoamericanos las potencias imperialistas.
Para comprender las causas principales del papel prestigioso de Cuba entre las naciones de América Latina, cabe tener en cuenta también el hecho de que, siendo parte inseparable de la comunidad socialista, aparece como un eslabón importante en las relaciones de esta última con Estados del continente.
La consecuente aplicación del principio de la 251 coexistencia pacífica y de la cooperación mutuamente ventajosa, así como su ampliación, entre los países socialistas y los de América Latina contribuyeron al fracaso del bloqueo contra Cuba. Tales vínculos, precisamente, van convenciendo en la práctica a los países latinoamericanos del carácter ventajoso y de la necesidad de ensanchar estas relaciones en su lucha por la independencia económica, por la aplicación de una política exterior que responda a los intereses nacionales de cada uno. A la vez, el restablecimiento de las relaciones entre Cuba socialista y una serie de Estados latinoamericanos ejerce beneficiosa influencia en el desarrollo de los vínculos entre América Latina y la comunidad socialista en su conjunto.
``En cuanto al bloqueo ---decía V. I. Lenin en su informe al IX Congreso de los Soviets de toda Rusia---, la experiencia ha demostrado que no se sabe para quién es peor, si para los bloqueadores o para los bloqueados"~^^14^^.
Ello se cumple plenamente en el caso del bloqueo impetuoso contra Cuba socialista por el imperialismo de EE.UU. Al insistir en ese bloqueo, los EE.UU. se aislan políticamente de los países de América Latina, socavan su prestigio en la palestra internacional y pierden la oportunidad de desarrollar relaciones económicas mutuamente ventajosas. De esto se habló en el XXV Congreso del PCUS. ``No alcanzaron su objetivo ---señaló L.I. Brézhnev--- los esfuerzos del imperialismo norteamericano, que sigue aferrado aún a la política de bloqueo diplomático y económico. Al mismo tiempo, la situación internacional de Cuba y su prestigio se han fortalecido"~^^15^^.
Eso comprenden las personas progresistas, así como los políticos burgueses más perspicaces en los propios EE.UU. Destacados hombres de negocios (Cyrus Eaton, Orville Freeman y otros) se pronunciaron por el cese de la política de bloqueo económico a Cuba considerando que el restablecimiento de las relaciones económicas y comerciales con Cuba socialista sería de enorme beneficio no sólo para el mundo de los negocios de EE.UU., sino también para todo el pueblo norteamericano. Opiniones análogas sustentan muchos congresistas. Aunque este punto de vista todavía no ha sido aprobado abiertamente por los círculos oficiales, el hecho de que muchos políticos destacados lo defienden, confirma también la _-_-_
~^^14^^ V. I. Lenin, IX Congreso de los Soviets de toda Rusia. O. C., t. 44, p. 301.
~^^15^^ L. I. Brézhnev. Informe del Comité Central del PCUS y las tareas inmediatas del partido en la política interior y exterior, p. 10.
252 inconsistencia de la política de bloqueo. El fracaso de esta política y de las maniobras de los regímenes reaccionarios en la OEA, que intentaron frenar el victorioso avance de la Revolución Socialista Cubana, constituye también un reflejo del proceso general de distensión internacional, comenzado por iniciativa de la Unión Soviética.Como se indicaba en los documentos de la Conferencia de Partidos Comunistas y Obreros de Europa, la derrota del bloqueo imperialista a Cuba, junto con el amplio reconocimiento internacional de otro país hermano, la República Democrática Alemana, constituye un aporte esencial al afianzamiento de la seguridad mundial y de las posiciones del socialismo.
Actualmente es bien notoria la tendencia al cambio de todo el sistema de relaciones internacionales en el hemisferio occidental. No es poco el mérito de Cuba, cuya política constructiva, en combinación con el proceso de distensión internacional, influye cada vez en mayor grado sobre la situación de América Latina. Como lo señalara el Primer Congreso del Partido Comunista de Cuba, llegó la hora de establecer un nuevo tipo de relaciones en el continente de manera que América Latina, unida y fuerte, hable con lenguaje propio^^16^^.
La crisis de la política de aislamiento de Cuba en el continente latinoamericano y el desarrollo por ella de una colaboración mutuamente ventajosa con otros países de América Latina son consecuencia de la activa y constructiva política exterior cubana, del incremento del poderío de los países de la comunidad socialista, de la materialización en el hemisferio occidental de los principios de la coexistencia pacífica en las condiciones de la distensión internacional como norma para las relaciones entre los Estados, del fort, lecimiento de la independencia de las naciones de la región y de los grandes cambios antimperialistas allí operados.
Cuba socialista, aplicando desde el momento del triunfo de su Revolución una política consecuentemente antimperialista e internacionalista respecto a los países de América Latina, desempeña un relevante papel en la lucha de los pueblos de esta región por la liberación nacional y social, por la libertad verdadera y el progreso social.
_-_-_~^^16^^ Véase Primer Congreso del Partido Comunista de Cuba. Informe Central, p. 569.
[253] __ALPHA_LVL2__ CAPITULO X. EL MOVIMIENTO ANTIMPERIALISTABajo el influjo del sistema mundial del socialismo se fortalecen todos los torrentes revolucionarios y se intensifica la lucha contra el imperialismo y la reacción. El proceso liberador y la lucha antimperialista se profundizan y acentúan también en América Latina.
Pese a la asonada fascista en Chile y los desesperados intentos de la reacción interna y exterior de frenar el avance de la historia, masas cada vez más amplias de la población de América Latina se incorporan a la brega antimperialista y democrática.
El movimiento liberador y antimperialista en las naciones del continente se caracteriza por el planteamiento de nuevas grandes tareas, por un despliegue cada vez más agudo de la lucha entre las fuerzas del progreso y de la reacción. En la etapa actual, cuando en la mayoría de los países de América Latina el capitalismo alcanzó relativo desarrollo, conservando a la vez resabios precapitalistas y la dependencia respecto del capital extranjero, las tareas de la lucha antimperialista revolucionaria se entrelazan más y más con las de la lucha clasista, social.
Como subraya Rubens Iscaro, marxista y dirigente sindical latinoamericano, ``la lucha contra el imperialismo, es decir, contra la dependencia, es en realidad una forma de la lucha de clases"^^1^^.
La experiencia de Cuba demostró convincentemente que ante el movimiento liberador de América Latina se abre la perspectiva socialista.
_-_-_~^^1^^ Rubens Iscaro. Los trabajadores v el nuevo gobierno. Buenos Aires. 1973, p. 12.
254 __ALPHA_LVL3__ 1. LA CLASE OBRERA EN LA VANGUARDIA DE LA LUCHA CONTRALos objetivos de clase del proletariado en las nuevas condiciones históricas de América Latina contemporánea empalman con la marcha general del movimiento revolucionario y de liberación, y la clase obrera, que ha acumulado una rica experiencia de pugna clasista, se sitúa cada vez más en la avanzada de la lucha liberadora. Pese a que el lugar del proletariado en los procesos revolucionarios de unos u otros países depende de sus peculiaridades específicas, precisamente él es la única fuerza consecuente y hasta el fin revolucionaria que, como indicaba V.I. Lenin ``está en condiciones de dirigir a toda la masa de trabajadores y explotados en la lucha por derrocar el yugo del capital"^^2^^.
El proletariado latinoamericano supera en número a otras clases y asciende a unos 50 millones. Incluye en sus filas destacamentos nacionales tan grandes como la clase obrera del Brasil (11 millones), México (6,5 millones), Argentina (más de 5 millones), Colombia (3,5 millones), Perú (1,2 millones), Chile (alrededor de un millón).
Creció la clase obrera urbana que comprende alrededor de 30 millones de hombres. Al mismo tiempo aumentó la concentración del proletariado, lo cual facilita su cohesión clasista, el incremento de su actividad política y su organización.
El proletariado agrícola y los elementos semíproletarios del campo, que en 1970 comprendían en conjunto unos 20 millones de los 40 millones de población rural económicamente activa, representan también un importante destacamento de la clase obrera latinoamericana.
La clase obrera acumuló una gran experiencia política, elevó su nivel de organización, afianzó sus vínculos con el campesinado y otras capas trabajadoras. El movimiento obrero se transformó en la fuerza progresista organizada, más influyente de América Latina. Casi en todos los países y algunos dominios coloniales actúan partidos comunistas y obreros. En América Latina existen en total 24 partidos comunistas, incluyendo el Partido Comunista de Cuba, que agrupan alrededor de 600 mil afiliados^^3^^.
_-_-_~^^2^^ V. I. Lenin. Una gran iniciativa. O. C., t. 39,. p. 14.
^^3^^ Véase Los Partidos Comunistas de América Latina en la lucha por la unidad de las fuerzas antimperialistas. Moscú, 1976, p. 63.
255La fusión de la lucha social y antimperialista del proletariado y las formas en que se manifiesta en diversos países son diferentes en dependencia del nivel de desarrollo capitalista, del lugar del proletariado en la sociedad, de la agudeza de las contradicciones de clase y de la magnitud del movimiento liberador en uno u otro país.
Por ejemplo, en Argentina, Brasil, Uruguay, México, Colombia, Venezuela, en los países más desarrollados, la lucha de clases constituye la base del movimiento antimperialista. El antimperialismo del proletariado está íntimamente ligado con la lucha por los intereses de clase. En países como Perú, Panamá y Ecuador los trabajadores participan activamente en las transformaciones antimperialistas y socioeconómicas que abren la perspectiva de un desarrollo no capitalista. En algunos países de América Central, en Paraguay, Haití y otros, el proletariado, comúnmente, no plantea sus demandas clasistas, sino que participa en el movimiento general democrático y antimperialista. A pesar de los fuertes golpes que la reacción logró asestar al movimiento liberador, por ejemplo, en Brasil en 1964, en Chile en 1973 y en Uruguay ese mismo año, en las repúblicas de la región cobra nueva agudeza la lucha de las masas populares por hallar una salida a la crisis estructural que se ahonda.
El triunfo de la revolución en Cuba, que abrió la perspectiva socialista en América Latina, influyó directamente en la lucha de los trabajadores, ante todo del proletariado, por el progreso social, contra las fuerzas de la reacción y el imperialismo. El heroico ejemplo de Cuba, junto con el fortalecimiento de las fuerzas del socialismo en la palestra mundial, por una parte, y la profundización de las contradicciones de clase internas en el continente, por otra, contribuyeron al incremento de la conciencia de clase del proletariado, de su espíritu batallador y a su promoción al primer plano de las formas activas de lucha. Particularmente creció el papel de las huelgas, se ahondó su contenido, su carácter combativo y clasista.
En los años de ascenso del movimiento huelguístico (1958--1961) los trabajadores de América Latina representaban poco menos de la mitad de los que se declaraban en huelga en todo el mundo capitalista. En la etapa actual en que ha entrado el movimiento huelguístico y obrero de los países latinoamericanos éste se caracteriza en grado mayor que los años precedentes por su orientación antimperialista y 256 antioligárquica, por la combinación de las demandas clasistas específicas con las reivindicaciones democráticas generales. La lucha huelguística de los trabajadores latinoamericanos se expresa, en lo esencial, en forma de grandes combates clasistas. La tendencia dominante del movimiento, a pesar de lo desigual de su desarrollo, es el constante crecimiento en los años 60 y 70 del número de huelguistas (entre 1965 y 1975 en América Latina éste ascendió, en total, a cerca de 200.000.000 de participantes).
La agudeza de las contiendas clasistas, el ahondamiento de la lucha liberadora y antimperialista reflejan la profundidad de la crisis estructural del capitalismo dependiente en los países latinoamericanos. Esta crisis origina cambios en la distribución de las fuerzas sociales y clasistas, su reagrupamiento. La aparición en algunos países de regímenes de orientación progresista y antimperialista que iniciaron profundas transformaciones sociales refleja las nuevas posibilidades que se abren en el movimiento revolucionario en el continente. Rasgo peculiar de la actual etapa de los procesos revolucionarios lo constituye la participación cada vez más activa de amplias capas de la población, especialmente de diversos sectores de las capas medias. También en las fuerzas armadas de algunos países de América Latina se observan procesos importantes de esa índole, surgen corrientes patrióticas antimperialistas.
Todo ello, indudablemente, eleva el potencial del movimiento liberador antimperialista, abre nuevos horizontes para profundizar sus objetivos y tareas. Estas posibilidades se manifiestan en la tendencia creciente a formar amplias coaliciones antimperialistas, frentes y alianzas encabezadas por la clase obrera. Su objetivo principal es realizar profundas transformaciones sociales. Las formas de unificación de las fuerzas democráticas y antimperialistas son diversas, también son heterogéneos los sectores sociales que componen esas coaliciones, en las que la clase obrera representa la columna vertebral, el principal elemento cohesionante de las mismas.
En 1970, se formó en Chile la Unidad Popular con participación de partidos que representaban tanto los intereses de la clase obrera y del campesinado trabajador, como de las capas medias de la población. A comienzos de 1971 en Uruguay fue creado el Frente Amplio, en el que entraron el Partido Comunista, los Partidos Demócrata Cristiano y Socialista y __PRINTERS_P_257_COMMENT__ 17---659 257 otras agrupaciones y entidades políticas. En Argentina, Venezuela, y Colombia también surgieron asociaciones y coaliciones antimperialistas. La participación activa de esos frentes en la vida política de sus países, el triunfo de la Unidad Popular en las elecciones de 1970 en Chile, la importante votación del Frente Amplio en las elecciones de 1971 en Uruguay reflejaron el crecimiento político de la clase obrera que, en esencia, determinaba la línea política de las alianzas antimperialistas de extensos sectores sociales.
Ante el ascenso de la lucha por profundas transformaciones sociopolíticas, las clases gobernantes procuran afianzar el régimen capitalista a través de su modernización, acudiendo cada vez más a la regulación estatal y al apoyo del capital extranjero y los monopolios internacionales. El golpe militar en Chile y la implantación de un régimen dictatorial fascista, en particular, es un testimonio de ello. La tragedia chilena mostró que la reacción no se detiene ante nada para salvar sus posiciones, frenar las luchas de las masas populares y el desarrollo del movimiento antimperialista. Sin embargo, la ofensiva de la reacción no puede contener por largo tiempo el movimiento antimperialista y la lucha de la clase obrera.
La incorporación de otras capas sociales al proceso liberador antimperialista crea condiciones más favorables para acrecentar la influencia de la ideología de vanguardia del proletariado sobre las masas.
Al mismo tiempo, la ampliación del espectro social de las fuerzas que componen el movimiento liberador crea factores negativos como el ensanchamiento de la influencia de las ideas del revolucionarismo pequeñoburgués y el `` izquierdismo''. Esto se manifiesta, en particular, en el resurgimiento de tendencias anarcosindicalistas.
La política de maniobra social de las clases gobernantes y sus intentos de ``integrar'' a los trabajadores al sistema del capitalismo también influyen negativamente en la lucha del proletariado. Con la creciente polarización de las fuerzas aparece en toda su dimensión el problema del papel dirigente de la clase obrera, de su capacidad para encabezar el potente movimiento revolucionario antimperialista de las masas populares de la región. Los acontecimientos de los últimos años muestran que el movimiento obrero se transformó en una influyente fuerza política organizada a nivel de toda 258 América Latina, en factor de primer orden de la radicalización y profundización de los procesos revolucionarios y antimperialistas.
En muchos países se observa un ascenso de la lucha huelguística del proletariado, una diversificación de sus formas y métodos y mayor eficiencia, la promoción a primer plano de las huelgas generales a escala nacional o regional y una activa asimilación de los métodos de lucha del proletariado por las capas medias.
La fusión de la lucha clasista y antimperialista ha alcanzado mayor grado en aquellos países donde el proletariado es la fuerza rectora del movimiento liberador. En Argentina, por ejemplo, se desarrollan intensos combates de masas contra las compañías foráneas y la oligarquía nativa.
A fines de los años 60 el proletariado argentino y todos los trabajadores desplegaron amplias y enérgicas acciones políticas contra la dictadura militar, estrechamente vinculada al capital extranjero y a la oligarquía criolla. En ese período habían sido suprimidos todos los derechos democráticos y constitucionales, prohibida la actividad de los partidos políticos; los sindicatos prácticamente quedaron bajo el control de las autoridades. Las huelgas pasaron a ser el arma fundamental en el rechazo a la política socioeconómica reaccionaria del régimen militar, orientada a satisfacer los apetitos de los monopoTfos extranjeros. La mayoría de los pronunciamientos huelguísticos revestía carácter político y, en lo esencial, surgían en las bases a despecho de la voluntad de los burócratas sindicales.
Al calor de los movimientos de base, a iniciativa de los sindicatos aguerridos clasistas y con el apoyo dinámico de los comités intersindicales se realizaron una serie de huelgas generales nacionales o a nivel regional, respaldadas por todos los trabajadores.
Las acciones del proletariado mostraron que él es, precisamente, quien encabeza la lucha de los trabajadores y todas las fuerzas progresistas contra la política antipopular del régimen.
Tanto durante el período de la dictadura como en los años subsiguientes los obreros argentinos dieron pruebas de haber dominado y saber utilizar exitosamente las más variadas formas de lucha: trabajo ``a reglamento" o ``a desgano'', huelgas de ``brazos caídos" o paros parciales, paros activos con ocupación de empresas, manifestaciones y marchas, 259 resistencia organizada a la policía, declaración del sindicato en estado de alerta, etc. En los enfrentamientos huelguísticos se formaban, con frecuencia, destacamentos de autodefensa obrera.
Los obreros ferroviarios sostuvieron tenaces combates por el mejoramiento de las condiciones de trabajo, en el marco de los convenios colectivos, y contra su intensificación organizaron paros masivos cortos muy significativos y firmes. Miles de obreros de las industrias metalúrgica y mecánica, del petróleo, la construcción, los frigoríficos y otras ramas bregaron firmemente por renovar los contratos colectivos. Lugar especial en las acciones del proletariado ocupó la lucha contra los intentos de las fuerzas de derecha de acabar con la autonomía sindical.
En 1975 el número de huelguistas en Argentina alcanzó un nivel record: 25,5 millones. El auge se debió ante todo al impulso impreso por las intervenciones de los obreros fabriles del sector estatal. Si en 1974 se registraron 171, y en 1975 tuvieron lugar 150 huelgas en el sector de servicios, en la industria el número aumentó, durante ese mismo período, de 184 huelgas a 434.
Es importante subrayar que sólo en junio y julio los paros paralizaron más de 400 grandes empresas industriales; en ellos participaron los principales destacamentos del proletariado argentino. Las consignas contra los despidos estaban en primer plano, empleándose diversos procedimientos de lucha: desde la ocupación de los establecimientos hasta las manifestaciones. Las reivindicaciones económicas se vinculaban estrechamente con las demandas políticas.
Importante aspecto del movimiento fue el activo papel de los trabajadores de las empresas pertenecientes a las compañías extranjeras que, además de exigir aumentos salariales y mejoramiento de las condiciones laborales, se expresaban en defensa del patrimonio nacional.
El país ya ha conocido ---se dice en el programa del PC de la Argentina--- tentativas de enmiendas para la crisis de la estructura social argentina emprendidas a través del clásico camino reformista de los partidos burgueses y pequeñoburgueses. La experiencia demuestra que esas clases no pueden ya encabezar la lucha antioligárquica y antimperialista. La experiencia ha demostrado también que el país requiere cambios revolucionarios que destruyan la base material del dominio político del imperialismo, la oligarquía y el gran 260 capital, y que esos cambios no pueden ser la obra de un caudillo, ni de combinaciones políticas habilidosas. En el programa se subraya que esos cambios serán ``el fruto de una gran coincidencia organizada de todas las clases y capas sociales cuyos intereses chocan con los del imperialismo, el latifundio y el gran capital. Esa vasta y poderosa coalición de fuerzas populares habrá de asumir la forma de un frente democrático nacional antioligárquico, antimperialista y pro paz, que se proponga como objetivo la conquista del poder para crear un gobierno efectivamente democrático, un gobierno democrático y popular de nuevo tipo, que tome efectivamente en sus manos la dirección económica y política del país. Pero un gobierno democrático y popular de nuevo tipo no puede concebirse sin la participación dirigente de la clase obrera, con una clara posición independiente, clasista, consciente de su papel histórico, encabezando a todas las fuerzas políticas y sociales que, de una u otra manera, se opongan al dominio del imperialismo y a la oligarquía... El programa de la revolución democrática, agraria y antimperialista abre un camino de desarrollo de la sociedad argentina que, sin ser todavía socialista, rompe decididamente los moldes clásicos de la estructura capitalista"^^4^^.
Los finales de la década del 60 y comienzos de los años 70 estuvieron signados por un amplio despliegue del movimiento liberador y antimperialista en Uruguay, que había entrado en una fase de aguda crisis socioeconómica y, después, también política.
En 1968, 1969 y 1970 se desenvolvieron grandes huelgas generales contra la política antinacional y proimperiahsta del gobierno que sumergía al país en una crisis cada vez más profunda. Los movimientos de masas cobraron especial auge el verano de 1971 cuando tuvieron lugar huelgas generales con participación de más de 500.000 trabajadores en cada una. Estos movimientos se caracterizaron por su elevada organización y el empleo de formas nuevas, más firmes y resueltas de lucha como, por ejemplo, el asedio y la ocupación de empresas. Reivindicaciones políticas eran cada vez más frecuentes: derogación de las ``medidas prontas de seguridad'', de los decretos antipopulares del gobierno, liberación de los presos políticos, restablecimiento de la libertad de prensa y de palabra.
_-_-_~^^4^^ Programa del Partido Comunista de Argentina. Buenos Aires, W74.
261Cuando en febrero de 1973 surgió en el país una aguda crisis política y las fuerzas armadas se manifestaron contra el gobierno exigiéndole solucionar una serie de problemas vitales, los trabajadores apoyaron parte de esas demandas, amenazando al mismo tiempo con declarar una huelga general por plazo indefinido si no se cumple inmediatamente el programa de los militares.
En respuesta al golpe de Estado derechista de fines de junio de 1973, los obreros, al llamado de la Convención Nacional de Trabajadores, se movilizaron en huelga general que duró 15 días. Aunque en ese momento el proletariado no pudo evitar el ascenso al poder de las fuerzas de derecha, él, gracias a su lucha, que no cesa hasta el presente, no les da la posibilidad a esas fuerzas de consolidar su régimen y ejerce influencia sobre amplias capas de la población y los militares patriotas que manifiestan descontento frente a la política de la oligarquía. El triunfo en Uruguay depende en grado considerable de los éxitos en la creación del amplio frente antimperialista y antifascista, por lo cual brega actualmente la clase obrera.
El incremento de la unidad de acción y del nivel organizativo de los trabajadores constituye un rasgo característico del movimiento liberador del proletariado colombiano que en el linde de las décadas del 60 y 70 utilizó por primera vez, en el transcurso de muchos años, el método de la huelga general. El 8 de marzo de 1971, a pesar de la anulación de las garantías constitucionales en todo el país y la implantación del estado de sitio en varios departamentos, pese a la actividad escisionista de los líderes sindicales derechistas, se realizó una imponente huelga nacional general contra la política económica, social, antidemocrática y proimperialista del gobierno. En ella tomaron parte 800.000 trabajadores de la rama textil, de la fundición de acero, de la construcción y el transporte, apoyados por los estudiantes, maestros y por otras capas de la población laboriosa. Gracias a su tenacidad y a la unidad de acción, los trabajadores pudieron lograr importantes conquistas. En marzo, por primera vez en el curso de muchos años ---subrayó Documentos políticos, órgano del Partido Comunista de Colombia---, la protesta del pueblo se manifestó en una amplia movilización de la clase obrera organizada y otras fuerzas sociales contra la política clasista del gobierno.
Esta acción fue un momento culminante en la lucha del 262 proletariado colombiano en una etapa en que la acción coordinada de sus diferentes destacamentos (por ramas y regiones), la combinación de diferentes formas de lucha (paros, mítines, manifectaciones, ocupación de empresas, etc.) se hacen cada vez más frecuentes. Todo ello es un exponente de la conciencia clasista en ascenso y del nivel organizativo de la clase obrera colombiana. Sus conquistas sociales y políticas, tales como la liquidación en 1970 del monopolio de los dos partidos de la burguesía (liberal y conservador) en los consejos municipales y departamentos, la liberación de muchos presos políticos, el aumento del salario mínimo garantizado a escala nacional en 1973 ---todas logradas en ardua pugna contra la oligarquía y el capital extranjero--- son el principal testimonio de esos avances.
La clase obrera de Colombia intensifica su brega contra la opresión del capital foráneo. Ello no es casual.
Los monopolios extranjeros, junto con el gran capital local, emprendieron en los años 70 una ofensiva contra los derechos de los trabajadores procurando descargar sobre ellos todo el peso de la crisis económica y acudiendo al cierre de empresas, a despidos masivos, etc. Tales medidas, naturalmente, chocaron con la firme resistencia, ante todo, de la clase obrera. La pugna adquirió carácter particularmente agudo en 1975--1976.
En 1975 hubo en Colombia 109 huelgas en las que participaron más de 197.000 obreros y empleados, mientras que en 1974 se habían registrado 75 huelgas que había movilizado a 83.000. La clase obrera supo cohesionar en torno suyo a amplias masas de la población trabajadora.
Como se señaló en el XII Congreso del Partido Comunista de Colombia, particular significado revisten las huelgas vecinales. De hecho son huelgas generales de una ciudad o de una zona entera para demandar a las autoridades la solución de problemas acuciantes en la construcción de acueductos, escuelas, hospitales y en el mejoramiento de las condiciones de vivienda. Tales acciones chocan frecuentemente con la política oficial del gobierno y revisten carácter antioligárquico e, incluso, antimperialista, sobre todo cuando se trata de protestas por el aumento de las tarifas de los servicios comunales vinculados por contratos con las corporaciones financieras yanquis.
Los obreros de Colombia fueron los iniciadores de un comité coordinador de las luchas de los trabajadores que 263 laboran en las empresas de la compañía estadounidense Singer. Este comité fue organizado en 1975 en Bogotá en un encuentro de los representantes sindicales de los establecimientos de esta compañía que opera en Colombia, Ecuador y Venezuela. En el encuentro participaron los delegados de las empresas de otros monopolios transnacionales que actúan en América Latina, tales como Erickson, Siemens, General Electric. En total asistieron 2.500 personas.
La reunión fue convocada para discutir problemas sociales generales, las condiciones de vida y de trabajo, la ocupación y los derechos sindicales. También fueron examinados aspectos relativos a la lucha contra la injerencia de los monopolios internacionales en la vida económica y política del país. Se acordó unificar los esfuerzos para llegar, con ayuda del comité coordinador de la lucha, a constituir una federación continental.
La magnitud y la potencia de las acciones de los obreros ocupados en las empresas pertenecientes al capital extranjero se revelan por los éxitos alcanzados. Muchas compañías foráneas estuvieron obligadas a revisar en los últimos años los convenios colectivos, así como las condiciones salariales, con los obreros de Colombia, Venezuela, Bolivia, Nicaragua, Costa Rica y otros países. En este sentido representa un rasgo característico la acción de los trabajadores de las plantaciones bananeras de Costa Rica, la Compañía Bananera de Costa Rica, perteneciente al capital de EE.UU. Esta explota despiadadamente a los obreros, habiendo violado repetidas veces la legislación laboral del país. Sólo en el lapso de cuatro meses del año 1975 la compañía se apropió más de 400.000 colones rebajando arbitrariamente el salario mínimo fijado por la ley. La lucha de los obreros de las plantaciones del banano de Costa Rica fue apoyada por 50 organizaciones obreras, campesinas, estudiantiles y entidades sociales más grandes del país. La Compañía Bananera de Costa Rica, en definitiva, se vio obligada a satisfacer los reclamos de los trabajadores, cuyo batallar tuvo su punto culminante en una huelga de trece días en 1975.
Es significativo que no sólo unos u otros destacamentos de la clase obrera, sino también centrales sindicales de distintos países vinculan las demandas antimperialistas con un amplio programa de reivindicaciones sociales y democráticas. En abril de 1975, por ejemplo, la Federación Única Sindical de los Trabajadores de El Salvador, así como la organización 264 sindical que agrupa a trabajadores de la rama textil, del vestido y alimentaria expresaron en un llamamiento dirigido al pueblo que el país podía salir de su estancamiento y crisis económica sólo en caso de adoptarse las siguientes medidas: cese de la discriminación en el comercio con todos los países del mundo, democratización del régimen, lucha consecuente contra la dominación del imperialismo, nacionalización de la industria, aumento general de salarios, construcción en masa de vivienda barata.
En los años 70 se agudiza y adquiere un filo cada vez más antioligárquico y antimperialista la lucha del proletariado mexicano. Durante el período del receso económico y la crisis en todo el país se desplegó un movimiento de masas por el aumento salarial. En el término de cinco años, de 1973 a 1977, tuvieron lugar alrededor de 3 mil huelgas. La mayoría surgían de manera espontánea, por iniciativa de las bases. Un importante rasgo del movimiento se manifestó en el impulso de los trabajadores a abandonar las centrales sindicales controladas por el gobierno, a constituir agrupaciones y entidades sindicales autónomas. Hacia 1975, ya más de 250 mil obreros se unieron en organizaciones independientes. En 1975--1977 importantes núcleos de las ramas de energía eléctrica, metalúrgica y ferroviaria, después de tenaz y aguda pugna, lograron impulsar fuertes movimientos independientes dentro de los sindicatos nacionales.
Las nuevas condiciones sociopolíticas plantearon ante el proletariado mexicano la necesidad de elaborar formas más flexibles y variadas de lucha. Además de las huelgas prolongadas, cobran cada vez mayor difusión los paros por varias horas o días, las huelgas ``escalonadas'' o ascendentes, el trabajo a desgano. La diversificación de las tácticas y el ascenso del contenido de la acción contribuyen a revelar nuevas posibilidades en la lucha clasista, pasando de los mítines y manifestaciones a la ocupación de empresas.
La capacidad de sectores cada vez más grandes del proletariado de emplear y combinar en situaciones concretas los métodos más eficientes y alcanzar así el éxito aparece desde fines de los años 60 como una importante peculiaridad de los movimientos huelguísticos de México. Los obreros de Spiser ---compañía norteamericana de la rama metálica---, por ejemplo, combinando toda clase de acciones: paros, mítines, manifestaciones, marchas, ocupación de la empresa y negociaciones con los patronos y autoridades, consiguieron 265 importantes victorias en esa contienda que se prolongó de julio a octubre de 1975.
Cabe señalar que la influencia del nacional-reformismo, entronado por tantos años en el sindicalismo mexicano, todavía reduce, con frecuencia, la efectividad de las luchas proletarias. Sin embargo, se hace sentir cada vez más, en los últimos tiempos, la participación en ellas de los obreros de las grandes empresas industriales, tanto de los que tienen una rica experiencia de brega clasista (en las ramas de la energía, la metalurgia y el petróleo) como de los que trabajan en los sectores incipientes (empresas de automotores, fábricas de equipos eléctricos y electrónicos). La incorporación activa al movimiento huelguístico de los obreros de las empresas extranjeras (de las fábricas de automóviles Datsun, Volkswagen. General Motors, Chrysler. Ford Motor o de instalaciones eléctricas General Electric, Kelvinator y otras) confiere a todo el movimiento obrero nacional un concreto sentido antimperialista.
La intensificación de las acciones del proletariado mexicano y sus notables éxitos constituyen una premisa esencial para atraer a las amplias masas obreras a la lucha contra el reformismo y el economismo, principal obstáculo en el desarrollo del movimiento democrático y antimperialista del país.
En los paros masivos, en las manifestaciones y otras formas de pronunciamiento resaltan las nuevas tendencias del movimiento obrero actual en México: su amplitud y pujanza, su carácter combativo y organizado, la decisión de batallar por la independencia de sus organizaciones de clase y por fortalecer la alianza con todas las fuerzas democráticas y antimperialistas.
Las tareas de fortalecer y ampliar su alianza con todas las fuerzas democráticas en la lucha antimperialista surgen como una importante necesidad ante el movimiento obrero de Venezuela. La práctica ha demostrado que, si a fines de los años 60 el proletariado venezolano apelaba pocas veces a la huelga (logrando concesiones de los patronos en lo esencial a través de los pleitos laborales), en la década del 70 las huelgas han pasado a ser un arma efectiva en manos de grandes núcleos del proletariado.
Uno de los filos principales de la brega clasista de los obreros venezolanos es la lucha contra el dominio de las compañías extranjeras. En los últimos años se han hecho 266 notables esfuerzos para coordinar estas luchas. En 1975 la Confederación de Trabajadores de Venezuela, la Central Única de Trabajadores de Venezuela y la Confederación de los Sindicatos Autónomos firmaron un documento conjunto en el que se señala la necesidad de elaborar una estrategia común para enfrentar las maniobras del imperialismo de EE.UU. y de las corporaciones transnacionales.
Todo ello testimonia que la clase obrera de Venezuela se va transformando en la fuerza rectora del movimiento antimperialista en el país.
__ALPHA_LVL3__ 2. LA CLASE OBRERA Y LOS REGÍMENES PROGRESISTAS ANTIMPERIALISTASLa clase obrera desempeña un papel exclusivo en los países con regímenes progresistas donde se operan profundas transformaciones estructurales de corte antimperialista y antioligárquico. Ese papel se acrecienta en la medida en que los cambios se hacen más hondos, con el avance del proceso revolucionario. Ello contribuye al acercamiento de las fuerzas revolucionarias democráticas con el proletariado.
Las transformaciones que adelantan los regímenes progresistas toman una orientación anticapitalista cada vez más patente, mientras que el fortalecimiento de la alianza de la clase obrera con otros sectores sociales está llamado a servir de garantía en la realización exitosa de aquéllas.
No es casual que el general Ornar Torrijos en un encuentro celebrado en 1974 con los dirigentes de los trabajadores de las plantaciones bananeras haya expresado que ``la clase obrera es la base más fuerte con que cuenta el gobierno de este país"^^5^^.
Por su parte, los obreros apoyan activamente todas las medidas antimperialistas y antioligárquicas del gobierno de Torrijos. A fines de 1975 el sindicato de los trabajadores del banano, el más grande del país, en mensaje al primer ministro de Panamá enfatizó: ``Puede estar seguro de contar con el respaldo masivo de la clase obrera en cualquier circunstancia que usted, General Torrijos, o el proceso revolucionario, lo requieran o soliciten"~^^6^^.
_-_-_~^^5^^ Grunma, 2.V. 1974.
^^6^^ Granma, 25.X. 1975.
267Esta postura la clase laboriosa la confirmó más de una vez. El tercer Congreso de la Central Sindical Nacional, celebrado en octubre de 1975, expresó su total apoyo al gobierno de Torrijos en las negociaciones con EE.UU. sobre el Canal de Panamá.
Por eso las fuerzas imperialistas y la oligarquía local concentran todos sus esfuerzos para introducir una cuña entre el gobierno de Ornar Torrijos y la clase obrera panameña. Los grandes comerciantes, ganaderos y latifundistas --- se subraya en una declaración de la Federación de Estudiantes de Panamá--- han desatado ima abierta escalada contrarrevolucionaria de agresiones y p. ovocaciones contra los sectores progresistas del gobierno. La lógica de la lucha de clases iba mostrando cada vez más la relación mutua entre las tareas antimperialistas y las de índole democrática, social. La clase obrera en su actividad cotidiana comprobaba más y más que la solución de los problemas internos se encuentra indisolublemente ligada con la lucha antimperialista y que ésta, en la etapa dada, se concentra en torno al Canal de Panamá. Las esferas dirigentes de EE.UU. habían privado al país de su principal fuente de ingresos y colonizado parte considerable del territorio panameño. Según datos oficiales norteamericanos, desde 1904 hasta 1970 los Estados Unidos obtuvieron 1.221 millones de dólares de la explotación del Canal, mientras que Panamá recibió solamente 55 millones. Los EE.UU. ocuparon una considerable parte del territorio de esta nación (1.432 kilómetros cuadrados),^^7^^ utilizada esencialmente como base militar (68% del territorio). Al mismo tiempo, el Canal y sus instalaciones abarcan solamente el 3,6% de la superficie.
Los obreros de la Zona del Canal han sido objeto de una discriminación abierta. Todos ellos, como regla, fueron destinados a los trabajos pesados y de baja categoría, ascendiendo sólo al 23% los especialistas panameños. Por trabajo igual los obreros nativos obtenían un salario mucho menor que los norteamericanos. En 1974 los obreros y empleados estadounidenses, 3.512 en total, recibieron 66,7 millones de dólares por concepto de salarios, o sea, casi lo mismo que los 10.525 trabajadores panameños (71,7 millones de dólares). La discriminación se extendió también a la educación, la salud públicas, etc.
Los trabajadores panameños vincularon la lucha por la _-_-_
~^^7^^ Granma. 2.VIII.1973.
268 recuperación del Canal con la liquidación de las prácticas discriminatorias, con la conquista de la soberanía nacional. Al mismo tiempo, maduró la conciencia de que la brega por la verdadera independencia económica y política no puede reducirse a la Zona del Canal y debe empalmar con la lucha por una transformación radical de la caduca estructura socioeconómica.En particular, ello se refiere a los cambios en el sector agrario y a la creación de cooperativas, o sea, de asentamientos. En 1970 los asentamientos proporcionaban sólo el 1% de la producción nacional de granos; tres años más tarde rendían ya el 30% de la cosecha. Fueron creadas, además, juntas agrarias de producción (asociaciones de pequeños productores) que en 1974 eran ya 58^^8^^. Estas transformaciones reforzaron y ampliaron la base social de la revolución panameña, consolidaron la alianza obrera y campesina, promovieron al proletariado a la posición de vanguardia del movimiento antimperialista.
Apoyándose en la creciente actividad política de la clase obrera y de las capas no proletarias de la población, el gobierno de Panamá ocupó en el problema del Canal una posición firme y decidida y logró concertar un nuevo tratado, mediante el cual el Canal pasará de manos de EE.UU. a Panamá para el año 2000. En 1974--1976 fueron nacionalizadas varias compañías norteamericanas y se restringió el sector privado. En 1976, por ejemplo, el gobierno asignó 473 millones de dólares para desarrollar el sector estatal, mientras que las inversiones del sector privado ascendieron solamente a 235 millones de dólares.
En Perú, en el VI Congreso del Partido Comunista Peruano, celebrado en 1973, se recalcó que el programa de transformaciones atimperialistas y antioligárquicas desarrollado por el gobierno es el programa por el que lucharon y siguen luchando la clase obrera, el campesinado y la intelectualidad revolucionaria^^9^^. Muestra de ello fueron la nacionalización de las explotaciones petrolíferas de la Standard Oil Co. of New Jersey, la creación de la compañía nacional de petróleo, de compañías estatales en las industrias minera, _-_-_
~^^8^^ Véase III Congreso Nacional de asentamientos campesinos. Panamá. 1974, p. 12.
^^9^^ Véase Sexto Congreso del Partido Comunista Peruano. S. I., 1973, N. 2, p. 19.
269 metalúrgica, energética y pesquera, la implantación del control sobre el comercio exterior, los bancos, las finanzas, etc.Suma importancia tuvieron las medidas encaminadas a impulsar la propiedad social y a restringir el sector privado.
En 1970 fue promulgada la Ley General de Industrias, estableciendo la Comunidad Laboral. Según ella, hasta 50% de las utilidades netas de las empresas debían ser entregadas anualmente a cada Comunidad como participación de capital. En enero de 1976 había 3.699 comunidades laborales que agrupaban un total de 205.635 trabajadores^^10^^.
``La Comunidad Laboral --- recalcaron las resoluciones del VI Congreso del Partido Comunista Peruano--- es una importante conquista del proletariado peruano. Contribuye a desarrollar en los trabajadores plena conciencia de su papel como verdaderos creadores de la riqueza, de la necesidad y posibilidad de socializar los medios de producción, al mismo tiempo que los capacita prácticamente para el desempeño de sus funciones rectoras en la producción planificada y en la actividad económica de la futura sociedad socialista"^^11^^.
El reforzamiento de las tendencias anticapitalistas en el desarrollo de Perú se vio confirmado por la creación de cooperativas de producción en el sector agrario y del sector de propiedad social. Estas medidas contribuyeron al ascenso de la conciencia de clase del proletariado y de su papel en los cambios revolucionarios del país.
El imperialismo y la reacción nativa hacen todo lo posible para sembrar cizaña entre el ejército y la clase obrera, las principales fuerzas motrices del proceso peruano. Como indicara Jorge del Prado, secretario general del PCP. en una intervención ante el pleno del CC del partido, la intensificación de las actividades de la contrarrevolución se debe al ahondamiento del proceso; por eso los militares revolucionarios y las fuerzas cívicas deben actuar con mayor energía, más activamente y con mejor concordancia.
La reacción interna y externa depositaron grandes esperanzas en incitar a los trabajadores a las huelgas que, según esperaban, debían socavar la economía del país, desestabilizar el régimen existente y provocar su caída. Esos cálculos no eran vanos. Las huelsas fueron creciendo.
_-_-_^^10^^ Véase La Prensa. Lima, 28.1.1976.
~^^11^^ Sexto Congreso del Partido Comunista Peruano, p. 16.
270El Partido Comunista Peruano hizo un minucioso análisis de los motivos que originaban esas huelgas. ``Una buena parte de los conflictos obreros ---indicaba el PCP--- se ha producido en 1975 por el despido de dirigentes sindicales, por la violación sistemática de convenios colectivos de trabajo y por poner fin a las maniobras empresariales... La política de los patronos ha estado signada también por una violenta ofensiva política... A través de periódicos y revistas abiertamente sediciosas y contrarrevolucionarias la derecha ha pretendido desdibujar la imagen unitaria y combativa de la clase obrera, contraponer a los trabajadores con la Fuerza Armada, introducir una cuña entre el Gobierno y el pueblo... La reacción tramó complots contrarrevolucionarios. El Ministerio del Trabajo, en gran medida, se ha prestado al juego sedicioso de la reacción... Ha resucitado una legislación obsoleta y anacrónica, como el Decreto de 1913 que reglamenta las huelgas"~^^12^^.
Las huelgas crearon un clima de intranquilidad, de confrontación entre el gobierno y los trabajadores, lo cual tuvo efectos negativos en la marcha del proceso revolucionario en perjuicio de los intereses del país y de los trabajadores.
Las fuerzas progresistas peruanas subrayaban con toda razón que las huelgas, siendo potente y efectiva arma de lucha contra la explotación capitalista, no debían poner en peligro la estabilidad del gobierno y afectar la profundización de los cambios estructurales. Tal es el criterio esencial que diferencia el sindicalismo clásico de las posiciones aventureras y contrarrevolucionarias de la ultraizquierda. Los mayores daños eran ocasionados por las huelgas en las ``comunidades laborales" y en el sector de propiedad social, ya que obstaculizaban una alternativa de desarrollo por la vía no capitalista y hacían el juego a los monopolios extranjeros. La labor del Partido Comunista y de otras fuerzas progresistas, encaminada a aclarar el sentido del proceso revolucionario y el papel de la clase obrera en él, contribuyó a reducir los paros y a incrementar la producción.
``Las transformaciones antimperialistas y antioligárquicas que posibilitan el desarrollo de nuestras fuerzas productivas ---señalaba Jorge del Prado--- tienden a fortalecer numérica y políticamente a la clase obrera, la cual incrementa _-_-_
^^12^^ Unidad, Lima, 30.XII.1975.
271 también su importancia a través de la Comunidad Laboral y del Sector de Propiedad Social"~^^13^^.La reacción se vio cada vez en mayores dificultades para provocar huelgas orientadas contra el gobierno y las conquistas revolucionarias de los trabajadores. Terminó en un fracaso el paro de 48 horas, minuciosamente preparado y señalado para el 5 de febrero de 1975, coincidiendo con el aniversario de una intentona golpista. Todas las agrupaciones sindicales más grandes del país condenaron la provocadora asonada contrarrevolucionaria.
El papel del proletariado en el proceso revolucionario depende directamente de su participación en el manejo del Estado. En este sentido cabe señalar que últimamente se ha agudizado la confrontación entre dos fuerzas: quienes se manifiestan por avanzar apoyándose en las organizaciones de masas de los trabajadores y quienes pretenden aislar a la clase obrera de las demás fuerzas revolucionarias, alejarla de la participación en la dirección de la economía y del Estado. El Partido Comunista Peruano, señalando la necesidad de afianzar la situación económica del país y de llevar a cabo una transformación revolucionaria en el aparato estatal, subraya también que una de las tareas esenciales reside en asegurar la participación efectiva de las masas populares y el desarrollo del movimiento liberador y antimperialista.
``En el caso de la actual Revolución Peruana ---se recalcó en el pleno del CC del PCP realizado en setiembre de 1975--- durante los siete años anteriores se avanzó sustantivamente en el terreno de las transformaciones antimperialistas y antioligárquicas y en el inicio de formas no capitalistas de desarrollo. Ahora se plantea, junto con la necesidad de culminar aquéllas, la necesidad de abordar nuevas tareas dirigidas a la construcción de una nueva sociedad... El éxito de toda revolución depende no sólo de la capacidad y consecuencia orientadora de sus conductores, sino también, e indispensablemente, de la participación de las masas"~^^14^^. Más adelante se indicaba en el Pleno que una de las debilidades de la revolución peruana ``consiste precisamente en que viene desarrollándose sin contar con todo el respaldo popular que le hace falta. Deficiencia muy grande en la primera fase, debido a que el gobierno anterior no promovió la _-_-_
^^13^^ Unidad, Lima, 4.X.1975.
^^14^^ Ibídem.
272 participación de los trabajadores en consecuencia con la profundización del proceso"~^^15^^En enero de 1976 a tono, precisamente, con esta observación fue creado el Comité organizador de defensa y profundización de la revolución. En el manifiesto, difundido por sus iniciadores, se expresaba que la fundación del comité representa un paso firme y consciente de la acción organizada del pueblo peruano, cuya misión histórica consiste en defender las conquistas logradas en el avance del proceso revolucionario, en impulsar su necesaria profundización hasta la victoria del socialismo, siendo la única vía que permitirá acabar con la injusticia, la opresión y la explotación.
El Comité plantea la fusión de todas las fuerzas populares en un frente único para rechazar las maniobras de la contrarrevolución. Ese frente se define como antimperialista y antioligárquico. También propuso una amplia plataforma de reivindicaciones tendientes a ahondar el proceso revolucionario: frenar el avance de la crisis económica cuyas consecuencias agobian a los trabajadores; implantar una nueva política laboral que contemple el control de las actividades de los capitalistas y elementos de derecha infiltrados en el aparato estatal; participación de los representantes populares en el control del Estado; amplia amnistía política para todos los luchadores por los derechos sociales y los líderes sindicales; derogación de las leyes antiobreras, etc.
El incremento de la influencia de la clase obrera sobre el desarrollo del movimiento liberador y antimperialista contribuye también a afianzar su unidad orgánica. Entre 1968 y 1974 fueron registradas 1.594 nuevas organizaciones sindicales. Los trabajadores agremiados ascienden a 1,1 millones, o sea la tercera parte de todos los obreros. La escisión del movimiento sindical se va superando. La Comisión nacional sindical, creada en enero de 1976, planteó en calidad de tarea primordial del movimiento gremial peruano la defensa de los intereses de los trabajadores y la defensa del proceso revolucionario.
Significado sumamente importante en el incremento del papel del proletariado en el movimiento liberador y antimperialista jugó el desenmascaramiento de los elementos ultraizquierdistas, trotskistas y maoístas y su aislamiento de las masas. El maoísmo, como ha dicho Jorge del Prado, no es _-_-_
^^15^^ Ibídem.
__PRINTERS_P_273_COMMENT__ 8---659 273 un aliado de la revolución, sino uno de sus principales enemigos~^^16^^.En Ecuador, el Partido Comunista señaló en un comunicado la necesidad de las transformaciones revolucionarias como una tarea planteada ante todas las fuerzas que doblegaron los golpes de la reacción. El pueblo ecuatoriano lucha por llevar a cabo esos cambios.
En este país crece el papel de la clase obrera en una situación de ahondamiento del movimiento antimperialista y de consolidación de las fuerzas que se manifiestan por la total liberación económica y política. ``La actual situación ---señalael Partido Comunista del Ecuador--- impone agrupar en un solo gran frente no sólo a estas fuerzas trabajadoras, sino a todos los elementos patrióticos y democráticos que hay en los diversos sectores de la población. Está en juego el destino de la Patria ecuatoriana, destino de libertad, progreso y bienestar, que es factible ganar en un corto plazo si las fuerzas se unifican en la lucha. El Partido Comunista tiene que empeñarse en agrupar a estas fuerzas, tanto civiles como militares, hombres y mujeres, jóvenes y adultos, en el gran frente patriótico que libre la batalla decisiva contra el poder de los monopolistas y sus aliados los reaccionarios internos y abra la perspectiva de un Ecuador progresista y libre"~^^17^^.
En el proceso de la constitución del frente patriótico y antimperialista la clase obrera ecuatoriana va desempeñando un papel cada vez más relevante. El proletariado apoyó las transformaciones progresistas emprendidas por el gobierno de Guillermo Lara, y en setiembre de 1975 intervino decididamente en su defensa, contra el putch reaccionario. En 1976--1977 la clase obrera luchó activamente en salvaguardia de las riquezas nacionales.
La clase obrera, junto con los militares patriotas y todas las fuerzas progresistas del Ecuador, aparece como la garantía del desarrollo y la profundización del movimiento liberador y antimperialista.
En otros países de América Latina el proletariado también ejerce una influencia cada vez más decisiva en el avance del proceso antimperialista.
_-_-_^^16^^ Véase Unidad, Lima, 5.XI.1976.
~^^17^^ Tesis pañi c/ IX Congreso del Partido Comunista del Ecuador, 1972, p. 36.
274 __ALPHA_LVL3__ 3. LAS COALICIONES Y FRENTES POPULARES AMPLIOSA medida que crece el movimiento liberador en América Latina y se ahonda su contenido social con el reforzamiento del papel rector de la clase obrera y de su vanguardia política, los partidos comunistas, se van desarrollando y perfeccionando las formas de cooperación y de afianzamiento de la unidad de acción de las fuerzas antimperialistas.
En la segunda mitad de los años 50, durante el ascenso del movimiento de liberación, las acciones y los levantamientos antimperialistas dieron al traste con una serie de regímenes dictatoriales proimperialistas y en muchos países empezaron a constituirse alianzas y coaliciones de fuerzas progresistas. Este proceso se intensificó a comienzos de la década del 60, después del triunfo de la Revolución Cubana: el Frente de Acción Popular en Chile, el Frente de Liberación Nacional en Brasil, el Movimiento de Liberación Nacional en México, el Frente Revolucionario Patriótico en Guatemala.
Se tomaron medidas para unificar a las fuerzas patrióticas en escala continental. En marzo de 1961 se celebró en México una Conferencia latinoamericana por la soberanía nacional, la liberación económica y la paz, que fue un representativo foro de todas las corrientes antimperialistas de la región. Al hacer un balance de los avances del movimiento antimperialista, la conferencia, asimismo, determinó las principales tareas de su posterior despliegue y se dirigió a todas las fuerzas progresistas y antimperialistas con un llamado a la defensa conjunta de la Revolución Cubana.
La solidaridad con la Revolución Cubana, junto con las demandas de nacionalizar las propiedades de las compañías extranjeras, de limitar las remesas de utilidades extraídas de América Latina por los monopolios foráneos, devolver a los pueblos sus riquezas nacionales, desarrollar una política exterior independiente, pasó a ser el contenido fundamental de los programas de las organizaciones y coaliciones democráticas nacionales. Estas alianzas, que agruparon a capas muy diversas de la población, jugaron un importante papel en la radicalización de las masas populares.
Cabe señalar, sin embargo, que los programas de las organizaciones antimperialistas, positivos en su esencia, revestían muchas veces un carácter declarativo y no reflejaban de manera suficiente las reivindicaciones socioeconómicas y democráticas concretas que, en las condiciones de __PRINTERS_P_275_COMMENT__ 18* 275 intensificación de la opresión clasista e imperialista, cobraban cada vez mayor actualidad. Esto, en algunos países, limitaba la base, las tareas y los objetivos del movimiento antimperialista como movimiento de masas. Pero, en general, la tendencia hacia la unidad de acción se manifestaba cada vez más nítidamente.
A fines de los años 60, cuando el movimiento revolucionario liberador entró en una nueva fase cualitativa, surgieron condiciones objetivas más favorables para la unificación de los sectores patrióticos. La crisis estructural, que se acentuó en la mayoría de los países latinoamericanos, contribuyó a la ampliación del movimiento antimperialista, impulsó la búsqueda de las necesarias vías de desarrollo de la sociedad.
La incorporación de amplias capas de la población a la lucha creó premisas favorables para que se incrementara la influencia de la clase obrera lo cual, a su vez, repercutió positivamente en la formación de los frentes y coaliciones antimperialistas y en sus programas. Claro está, en razón de lo específico de cada país, de las diferencias en la distribución de las fuerzas clasistas, sociales, así como de las particularidades de los procesos liberadores que se operan, los frentes y coaliciones que van vertebrándose presentan no pocas peculiaridades. Sin embargo, los programas que adelantaron tienen como característica el planteamiento de hondas transformaciones sociales antimperialistas y, ante todo. de la necesidad de desplazar del poder a la gran burguesía gobernante, estrechamente vinculada con los monopolios, y de estructurar las formas transitorias del poder estatal. A la vez, el futuro de los países latinoamericanos se enlaza cada vez más con la vía de desarrollo no capitalista.
Como testimonia la experiencia de algunas naciones del continente (Perú, Panamá, en parte Ecuador), el acceso al poder de regímenes militares de orientación patriótica y progresista crea condiciones para formar un amplio frente antimperialista único en esos países, capaz de garantizar la realización de transformaciones profundas y consecuentes. Los gobiernos militares progresistas, para resolver los acuciantes problemas socioeconómicos, tomaron el rumbo de restringir el poder de los monopolios extranjeros y de la oligarquía burgués-terrateniente nativa. Algunas medidas, como la nacionalización de la propiedad de las compañías foráneas, la reforma agraria democrática, la implantación del control obrero y de los trabajadores sobre la producción, tienen 276 filo anticapitalista. El ejemplo de Perú, en ese sentido, es característico. El gobierno militar peruano, que arribó al poder en 1968, comenzó a realizar importantes transformaciones socioeconómicas debilitando las posiciones de los monopolios y restringiendo el papel de las clases explotadoras en su conjunto. Como subrayaba en sus mensajes el ex presidente, general Velazco Alvarado, el gobierno se propuso el objetivo de constituir en Perú un sistema socioeconómico de corte no capitalista^^18^^, una sociedad justa de democracia social con plena participación popular^^19^^.
Las importantes medidas progresistas llevadas a cabo por el gobierno peruano en diferentes ramas de la economía, así como el ensanchamiento de la participación de los trabajadores en el manejo de las empresas, en la distribución de las utilidades y de la renta nacional, limitaron considerablemente las posibilidades de explotación capitalista. Se amplió sustancialmente el sector estatal de la economía, lo cual, naturalmente, elevó el papel socioeconómico del Estado.
El desarrollo y la profundización del proceso revolucionario en Perú dependen del apoyo que las masas trabajadoras brinden a las medidas revolucionarias progresistas del gobierno y del acrecentamiento de la influencia de estas masas en la política del mismo.
La experiencia de Chile demostró el enorme significado de la unidad de las fuerzas progresistas antimperialistas tanto en la lucha por la conquista del poder como después del triunfo electoral.
La alianza de las fuerzas progresistas, patrióticas y antimperialistas supo llevar a cabo con éxiío la preparación del acceso de la Unidad Popular al gobierno en setiembre de 1970 luchando contra el imperialismo y la oligarquía local, así como contra el revolucionarismo pequeñoburgués y la ultraizquierda. La formación del gobierno de la Unidad Popular como consecuencia de la victoria en las elecciones presidenciales del 4 de setiembre de 1970 abrió la perspectiva para estructurar un Estado dirigido por el pueblo en el que papel decisivo desempeñaría la clase obrera.
El nuevo gobierno, encabezado por Salvador Allende, _-_-_
~^^18^^ Véase .1. V. Alvarado. La vyz de la rcvuhifiún Discursos del Presidente <k' la Repúhlicii. general de División .Intuí Velazco Alvarado. Lima. 1972, 1. II, pp. 93--94.
^^19^^ Véase El Peruano, Lima, 29.VII.1972.
277 procedió de inmediato a realizar el programa de la Unidad Popular: transformaciones socioeconómicas y políticas profundas, encaminadas a poner fin al dominio del imperialismo, los monopolios, la oligarquía agraria y, en perspectiva, a abrir la vía para la construcción de la sociedad socialista. Estas transformaciones, sin embargo, se hacían en condiciones de una intensa lucha de clases interna y de ofensiva de la reacción mundial. Cabe recalcar de manera especial, por otra parte, que los representantes de la oligarquía y los elementos proimperialistas que siguieron conservando fuertes posiciones en los organismos del Estado y manteniendo en sus manos los principales medios de comunicación masiva hicieron todo lo posible para derrocar a Allende.El desarrollo del proceso revolucionario dependía en mucho de la unidad de acción del gobierno, de los partidos que constituían la Unidad Popular y de las organizaciones populares que los sustentaban, así como de la capacidad de movilizar a las masas trabajadoras en defensa de las conquistas revolucionarias y de su alianza con las capas medias.
Muchas veces, como mostraron los hechos, no existía la suficiente unidad, lo cual se reflejó negativamente en la actividad de la administración al encarar algunos problemas, económicos en particular, en los que se cometieron serios errores. Esta última circunstancia, precisamente, apartó del gobierno a sectores considerables de las capas medias.
Los actos provocadores de la ultraizquierda, la táctica defensiva del gobierno, su actitud liberal hacia los saboteadores, terroristas y otros enemigos de la revolución desorientaron a las masas trabajadoras. Esto permitió a los círculos reaccionarios de la oficialidad, con la ayuda activa del imperialismo yanqui, dar el golpe de Estado e implantar la dictadura fascista. Como muestran los sucesos trágicos de Chile, en la actual etapa---de la lucha revolucionaria antimperialista en América Latina, la principal tarea reside en cohesionar a todas las fuerzas democráticas progresistas para cerrar el paso al fascismo.
El Uruguay, en una situación de acentuada polarización de las fuerzas políticas y de radicalización de las masas populares, en febrero de 1971 fue constituido el Frente Amplio, por partidos progresistas y diferentes organizaciones sociales. Lo formaron, en particular, el Partido Comunista, el Frente Izquierdo de Liberación (FIDEL), el Partido 278 Demócrata Cristiano, el Partido Socialista, el Movimiento Socialista y el Movimiento Revolucionario Oriental. El candidato del Frente Amplio, General Seregni, reunió en las elecciones presidenciales de 1971 más de 300.000 votos (20% del total) y una tercera parte de los votos en Montevideo. El programa del Frente Amplio planteaba la realización de profundas transformaciones democráticas antimperialistas y, en perspectiva, la ruptura con el régimen capitalista.
El Frente Amplio encabezó la lid de los trabajadores contra la dictadura militar, por las libertades democráticas y en defensa de la soberanía nacional. En la vanguardia estaba la clase obrera que en su batalla por el programa trazado utilizó formas recias y efectivas de lucha clasista: la huelga política general, la ocupación de empresas, a la vez en combinación con la actividad parlamentaria.
En 1973--1977 también la clase obrera fue la avanzada en la pugna de las fuerzas antimperialistas y antifascistas contra el régimen autoritario, enarbolando un programa de restablecimiento en el Uruguay de las libertades democráticas, de legalización de los sindicatos y de amnistía amplia para los presos políticos y otros perseguidos.
En Argentina, la lucha por la unidad del pueblo tuvo jalón importante en el Encuentro Nacional de los Argentinos (ENA), celebrado el 21 de noviembre de 1970 en la ciudad de Rosario, que luego se constituyó en una coalición democrática y antimperialista. Cabe destacar que ese movimiento nació desde abajo, fundado en juntas básicas diseminadas por todas partes. La clase obrera y su vanguardia, el Partido Comunista, desempeñaron un papel decisivo en la formación del ENA. Este pudo agrupar, en torno a un programa democrático, antimperialista y antioligárquico, a representantes de los más diversos sectores, partidos políticos, corrientes y organizaciones. Entraron comunistas, peronistas, radicales del pueblo, socialistas, demócratas progresistas, demócratas cristianos, personalidades sin partido, dirigentes y activistas sindicales.
El ENA proclamó como condición básica para resolver los acuciantes problemas socioeconómicos y políticos del país el cese de la dictadura militar y la formación de un gobierno provisional con representantes de las fuerzas opositoras cívicas y militares. Según la apreciación del Partido Comunista de la Argentina, el Encuentro Nacional de los Argentinos, sin ser todavía el frente patriótico de liberación nacional 279 ``es la más seria contribución que hasta ahora se haya realizado en nuestro país en esa dirección"^^20^^.
En algunos países, como por ejemplo Costa Rica, la alianza democrática comienza a estructurarse al calor de los combates por las reivindicaciones económicas inmediatas.
En países como Colombia, Venezuela y El Salvador se alcanzaron éxitos notables en la creación de amplias coaliciones democráticas de las fuerzas progresistas. A su cabeza se encuentran los partidos pequeñoburgueses: socialistas de izquierda o demócratas cristianos. Pero el aporte más grande en su formación y actividades proviene de la clase obrera y de su vanguardia política, los partidos comunistas. En Colombia, por ejemplo, en 1972 se formó la Unión Nacional de Oposición (UNO), en la que entraron el Partido Comunista, el Partido Demócrata Cristiano, el Movimiento Amplio Colombiano. Muchos obreros y empleados organizados, entidades campesinas, estudiantiles y de la intelectualidad apoyan a la UNO. El programa de la Unión contiene la demanda de profundas transformaciones socioeconómicas y antimperialistas en interés de las más amplias capas del pueblo.
Fuerza Nueva que surgió en Venezuela en 1971 agrupa a partidos de izquierda y otras organizaciones. Fuerza Nueva, proclamando como plataforma básica la lucha por la democratización de la vida política y hondos cambios socioeconómicos, al mismo tiempo se expresa por la creación, en perspectiva, de una democracia de corte socialista.
En México se dieron pasos hacia la estructuración de un frente de fuerzas democráticas y de izquierda. El proceso de unificación de los sectores progresistas se opera desde abajo al fragor de las luchas de los trabajadores en defensa de sus intereses y adquiere diversas formas. En los años 70, como consecuencia de la profundización del movimiento democrático y de la creciente influencia que en su desarrollo tiene la vanguardia del proletariado mexicano, en muchos Estados del país fueron creados y actúan agrupaciones independientes de masas de los trabajadores: frentes y movimientos populares y de izquierda, comités de defensa, etc. Su presencia testimonia el fortalecimiento de la alianza de los obreros, campesinos, estudiantes, de todos los trabajadores y de las fuerzas progresistas en la pugna por reivindicaciones _-_-_
^^20^^ Hacia el XIV Congreso del Partido Comunista. Buenos Aires, 1972. p. 12.
280 socio-económicas y democráticas. Las acciones conjuntas de la clase obrera, el campesinado y otras capas de la población ayudan a las fuerzas democráticas a elaborar un amplio programa orientado a democratizar la vida política del país y contribuyen a ampliar la base social del movimiento liberador antimperialista. El Partido Comunista Mexicano indicaba en su XVIII Congreso (mayo de 1977) que su principal tarea táctica consiste en desarrollar una política de amplia alianza, en crear un frente único de las fuerzas democráticas, antimonopolistas y antimperialistas en la lucha por profundos cambios democráticos^^21^^.El proletariado ejerce influencia cada vez más decisiva en el desarrollo del proceso antimperialista también en otros países de América Latina.
La lucha de los pueblos de continente contra el imperialismo y la reacción interna constituye una parte sustancial del proceso revolucionario mundial. Cabe enorme mérito en ello al proletariado latinoamericano.
_-_-_^^21^^ El Partido Comunista frente a la crisis actual. XVIII Congreso nacional. México. 1977, pp. 25. 33.
[281] __ALPHA_LVL2__ CAPITULO XI. CRITICA DE LAS TEORÍAS BURGUESASLa década del 60 y la primera mitad de los años 70 transcurrieron bajo el signo de la intensificación de la lucha antimperialista. ``En esta zona del mundo señaló la Conferencia Internacional de los Partidos Comunistas y Obreros, celebrada en Moscú en 1969 se desarrollan combativos movimientos democráticos y antimperialistas, así como procesos revolucionarios que abrirán el camino al socialismo"^^1^^. La causa de este ascenso reside, ante todo, en el ahondamiento sucesivo de la crisis de las estructuras socioeconómicas en los países de la región. Enorme influencia han ejercido y ejercen los éxitos del campo socialista, así como el triunfo de la revolución socialista en Cuba.
Bajo el influjo de estos factores ingresan al movimiento antimperialista nuevas y nuevas fuerzas. Junto con el proletariado y el campesinado, también las capas medias, núcleos de las fuerzas armadas y de la iglesia toman el rumbo de la brega contra el imperialismo. Algunos grupos de la burguesía local que desean terminar con la dependencia impuesta por el capital extranjero manifiestan creciente desconformidad con la política neocolonialista y la manifiestan en forma cada vez más activa. Todo ello fortalece las fuerzas antimperialistas y debilita considerablemente las posiciones del imperialismo.
Sin embargo, las clases y capas no proletarias enfocan la lucha antimperialista de manera distinta que el proletariado. Sus conceptos tergiversan en uno u otro grado los verdaderos fines y tareas de la lucha revolucionaria y antimperialista.
_-_-_~^^1^^ Conferencia hilernaciiinul de los Punidos Comunistas y Obreros. M., 1969, p. 314.
282 __ALPHA_LVL3__ 1. EL NACIONAL-REFORMISMO Y EL ANTIMPERIALISMOLa más difundida entre las concepciones no marxistas de la lucha antimperialista en América Latina es la que sustenta el nacional-reformismo.
Esta corriente surgió en el continente en las décadas de los 20 y los 30 del presente siglo, cuando apareció en la palestra política, en Perú, el partido aprista o Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA). Los fundamentos del aprismo, formulados por su dirigente Haya de la Torre y sus adictos, sirvieron como base para otros partidos nacionalreformistas de América Latina^^2^^.
Los teóricos del aprismo se proclamaron ``continuadores'' de la doctrina de Marx y Engels y fundadores de un llamado marxismo latinoamericano. Sin embargo, Haya de la Torre y sus adeptos, en realidad, falsificaron el marxismo-- leninismo^^3^^.
En contraposición a la teoría leninista acerca del imperialismo, los líderes del APRA vertebraron una concepción propia que, según ellos, responde a las condiciones de América Latina. Su esencia se reduce a la tesis según la cual el imperialismo en este continente no es la última, sino la primera fase del capitalismo. Haya de la Torre y sus partidarios afirman que, por cuanto el capitalimo en América Latina sólo comienza a formarse, el imperialismo en estos países juega un papel progresista y estimula su desarrollo capitalista^^4^^.
Esta conclusión del aprismo se basa en la tergiversación sofística de los procesos reales del desenvolvimiento socioeconómico de las naciones latinoamericanas. Haya de la Torre, exagerando desmedidamente las particularidades específicas _-_-_
^^2^^ La plataforma del nacional-reformismo constituye el fundamento de la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA) de Perú, del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) de Bolivia, del Partido Acción Democrática (AID) de Vene/uela, del Partido Liberal Nacional de Costa Rica, del Partido Revolucionario de Guatemala y del Partido Revolucionario .Dominicano (PRD).
^^3^^ Un profundo análisis critico de la teoría aprista ha sido formulado en las obras de los marxistas latinoamericanos. Por ejemplo: Rodney Arismendi. Problemas de una revolución continental: José Carlos Mariátcgui. Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana; Julio Antonio Mella. La lucha revolucionaria contra el imperialismo: Victorio Codovilla. Una trayectoria consecuente.
~^^4^^ Véase Haya de la Torre. 30 años de aprismo. México. 1956, p. 76: Unidad. Lima. f5.IX.1977.
283 de desarrollo del capitalismo en América Latina, intentó demostrar el carácter ``peculiar'' de ese desarrollo.Claro está, el capitalismo tiene en el continente sus rasgos peculiares. En particular, a diferencia del euroccidental, reviste un carácter dependiente. Ello, sin embargo, no da razón para hablar de particularidades de fondo en el desarrollo del capitalismo en la región, ya que el capitalismo en América Latina se desenvuelve como parte integrante del sistema capitalista mundial y se encuentra sujeto a las leyes objetivas de éste.
Es infundada también la tesis de los apristas acerca del papel progresista del imperialismo en América Latina contemporánea. A pesar de que el imperialismo puede ejercer y ejerce en algunos casos un efecto estimulante en las fuerzas productivas, en general, se manifiesta como el freno principal para el desarrollo socioeconómico de las naciones latinoamericanas. Esto lo confirma convincentemente la grave situación económica en la que han quedado sumergidos los países del continente, mientras los monopolios de las potencias imperialistas, sobre todo de EE.UU., extraen cuantiosas ganancias mediante la explotación de los pueblos de América Latina.
En base a la tesis central de Haya de la Torre acerca del imperialismo como primera fase del capitalismo en los países subdesarrollados, surgió también la concepción, promovida por los apristas. del llamado ``antimperialismo constructivo''.
``Si el imperialismo significa para nuestros pueblos la instauración del período de su industrialización ---sostiene Haya de la Torre---, y si la industrialización es indispensable para el progreso económico-social de nuestros pueblos, el antimperialismo debe confrontar esa realidad"^^5^^. Más adelante escribe: ``Su abolición (la del imperialismo, Nota del Autor) no es tarea histórica de los pueblos situados a la retaguardia de la marcha económica"^^6^^. De esa manera, la plataforma aprista, en esencia, se reduce a una apología apenas encubierta del imperialismo, y las exhortaciones a la ``lucha constructiva" contra el imperialismo pasan a enmascarar el afán de corregir solamente algunos de sus rasgos negativos. ``Nosotros proponemos ---dice Haya de la Torre ---, _-_-_
^^5^^ Ibid., p. 56.
^^6^^ Ibid.. p. 153.
284 aprovechando la experiencia histórica del mundo, obtener todos los beneficios de la industrialización procurando amenguar en cuanto se pueda todos sus dolores y todos sus aspectos de injusticia y de crueldad"^^7^^.Los teóricos del aprismo niegan la presencia del factor clasista en la lucha contra el imperialismo, restringiéndola al concepto de lucha del pueblo. No es una lucha de clases, sino de pueblos escribe Laurencio Bazual, uno de los ideólogos del aprismo^^8^^. El pueblo, por otra parte, es enfocado como una categoría supraclasista, sin contradicciones de clase.
Tales ideas fueron agudamente criticadas ya por el destacado marxista latinoamericano José Carlos Mariátegui. El fundador del Partido Comunista Peruano concedía importante significado al movimiento antimperialista en la lucha liberadora. Subrayaba, sin embargo, que la lucha antimperialista de por sí no puede conducir a la conquista del poder, considerando que sólo la revolución socialista levantará una barrera infranqueable y segura contra la penetración imperialista. Mariátegui, de esa manera, recalcaba el nexo indisoluble entre la lucha antimperialista y la lucha revolucionaria, clasista, y destacaba que el movimiento antimperialista es parte integrante de la lucha por el socialismo.
Partiendo de la errónea tesis de que los países de América Latina están sometidos a una dependencia de carácter colonial respecto del imperialismo de EE.UU.. los apristas sostienen la necesidad de una etapa específica de lucha antimperialista que debe preceder, según ellos, a la lucha de clases.
Llevar a cabo la etapa antimperialista es una función del Estado que Haya de la Torre lo denominó antimperialista. El ``Estado antimperialista'', en esencia, debe ser un capitalismo de Estado que estimule el desarrollo capitalista.
Las tesis del ``antimperialismo constructivo" y del ``Estado antimperialista" guardan estrecha relación con la teoría de la interdependencia, que constituye uno de los dogmas básicos del nacional-reformismo. Haya de la Torre expuso su contenido esencial en el libro El antimperialismo y APRA (1928). ``Los países capitalistas nos son tan necesarios ---decía él--- como nosotros lo somos para ellos.''
_-_-_~^^7^^ Ibíd.. p. 148.
^^8^^ Véase Unidad, Lima. N 393. 13.VII.1972.
285A fines de los años 30 la teoría de la interdependencia se concretó en la tesis de que ``nosotros necesitamos de los Estados Unidos tanto como ellos necesitan de nosotros"^^9^^.
Estos postulados fundamentales del aprismo sirvieron de guía para otros partidos nacional-reformistas latinoamericanos que surgieron en las décadas del 30 y del 40. Partidos gobernantes como Acción Democrática en Venezuela y, especialmente, el Movimiento Nacionalista Revolucionario en Bolivia, basándose en la teoría del ``antimperialismo constructivo'', en las décadas del 50 y del 60 aplicaron en la práctica una política de estímulo al desarrollo capitalista con ayuda del capital extranjero que condujo al reforzamiento de la dependencia de sus países respecto del imperialismo.
Haya de la Torre, para lucir un lenguaje metafórico, comparó el papel del capital extranjero en los países en desarrollo con el papel que juega la transfusión de sangre de un organismo fuerte a otro débil. De lo mismo se habla en documentos del año 1962 de Acción Democrática de Venezuela. ``Consideramos ---se dice en uno de ellos--- que en Venezuela, como en todos los países atrasados, el capital inversionista extranjero puede cumplir una función de desarrollo económico"^^10^^.
Esta misma idea fue expresada en el programa del Partido Liberal Nacional para 1974--1978, donde se indica que las inversiones extranjeras proporcionan capitales para crear empresas, desarrollar la tecnología y facilitan la salida a los mercados de otros países.
Últimamente, frente a los cambios en la situación externa e interna, así como a raíz de la profunda crisis que experimenta la política del ``antimperialismo constructivo'', algunos partidos nacional-reformistas empiezan a manifestarse decididamente contra la opresión del capital extranjero en la economía de sus países aplicando respecto al mismo una política más severa. Esto se nota especialmente en la actividad _-_-_
~^^9^^ Haya de la Torre argumentaba esta tesis con la renuncia a la política del ``gran garrote" por parte del gobierno de EE.UU. y su paso en las relaciones con Estados de América Latina a la política ``del buen vecino''. Sin embargo, como se sabe, cambió sólo la forma, pero la esencia de la nueva política del imperialismo de EE.UU., en definitiva, siguió siendo la misma.
~^^10^^ Acción Derritiere/tica. Doctrina y Programa. Caracas, 1962, p. 146.
286 de Acción Democrática de Venezuela. Desde 1974 el gobierno venezolano encabezado por Carlos Andrés Pérez, que representa a dicho partido, inició una serie de importantes medidas enfiladas contra la dominación del capital extranjero. La más importante fue la nacionalización del hierro y del petróleo, lo cual significó un importante paso hacia la creación de las bases para una economía independiente.Muy análoga es la posición del Partido Liberal Nacional de Costa Rica. Los fundamentos teóricos de su política fueron expresados en el libro La pobreza de las naciones de que es autor José Figueres^^11^^, líder de ese partido, y en la práctica se manifestaron en algunas acciones de corte antimperialista, llevadas a cabo por el gobierno costarricense durante el período 1973--1978 y orientadas al logro de la independencia económica. En particular, la Asamblea Legislativa anuló las leyes que concedían privilegios especiales a las compañías norteamericanas que operan en el país.
La adopción de una postura más rígida respecto al capital extranjero por parte de los partidos nacional-- reformistas de Venezuela y Costa Rica es testimonio también del fracaso de la teoría de la interdependencia.
A fines de los años 60 y comienzos de la década del 70 algunos partidos nacional-reformistas llegaron a la comprensión de que la tesis de la interdependencia, en suma, tiende a justificar la opresión de los monopolios yanquis en América Latina y conduce a una mayor dependencia y atraso económicos^^12^^. En particular, Acción Democrática desde 1974 empezó a manifestarse decididamente en contra de la subordinación de las organizaciones interamericanas al dictado de EE.UU., exigiendo la revisión cardinal de la estructura y políticas de las mismas. Así, por ejemplo, refiriéndose a la Organización de Estados Americanos, el presidente de Venezuela Carlos Andrés Pérez declaró: ``Los métodos y objetivos de la OEA tienen que ser revisados y hacerlos más adecuados a los nuevos tiempos''. Más adelante subrayó que la función de la OEA _-_-_
~^^11^^ José Fiaueres Fcrrcr. La /whre:n de las luiciones. San José, 1970--1973. p. 43.
^^12^^ Ésto no atañe a los líderes del APRA que siguen aferrándose tenazmente a su teoría de la independencia. Haya de la Torre, en particular, confirmó en repetidas oportunidades su fidelidad a este postulado suyo indicando que América Latina es tan necesaria para el imperialismo como lo es el imperialismo para ella. (Véase Cuadernas Americanas. México, 1970, N 6, p. 10; Unidad. Lima, 15.IX.1977.)
287 debe complementarse ``con la creación de un organismo latinoamericano que nos permita a los países de la comunidad identificar nuestros propósitos y = __FIX__ Missing ending double-quote. objetivos.~^^13^^Acción Democrática de Venezuela y el Partido Liberal Nacional de Costa Rica desde mediados de los años 70 desplegaron también una actividad muy intensa encaminada a unificar a todas las naciones latinoamericanas para incentivar la lucha por la independencia económica y contra los monopolios imperialistas.
Sin embargo, los cambios positivos en la plataforma de los partidos Acción Democrática y Liberal Nacional y su evolución hacia acciones más decididas contra el imperialismo no significan en modo alguno que hayan renunciado a la ideología del nacional-reformismo. Se trata sólo de un reajuste parcial de los postulados de esta doctrina, de la intención de los líderes más realistas de ``remendar'' la ideología nacionalreformista, el fracaso de cuyos fundamentos básicos se hace cada día más evidente.
Ello se manifiesta, ante todo, en el abierto afán de los líderes nacional-reformistas de Venezuela y Costa Rica de conducir a sus países por la vía capitalista y de estimular por todos los medios el capital privado a la par del estatal. C. A. Pérez, por ejemplo, declaró que la nacionalización del hierro y del petróleo no significa que el gobierno se proponga aplicar una política semejante respecto al capital nacional. Tampoco ---dijo--- el gobierno hace de las nacionalizaciones ``una doctrina global para aplicarla a otras actividades industriales, sino que están limitadas a las industrias básicas, quedando abierto un amplísimo campo de actividades para desarrollarse mediante empresas mixtas y privadas"~^^14^^.
El carácter restringido de la concepción nacional-- reformista del antimperialismo también se hace visible cuando se analiza el enfoque por esos partidos de la cuestión referente a las fuerzas motrices de la lucha antimperialista.
Según afirman los apastas, las fuerzas motrices de la revolución son los obreros, campesinos y las capas medias. Sin embargo, la clase obrera no juega en tal alianza el papel dirigente. Para argumentar esta aseveración, Haya de la Torre planteó la tesis de la ``inmadurez'' de la clase obrera _-_-_
~^^13^^ Véase La Prensa, Lima. 6.II1.1975.
^^14^^ La Prensa. Lima. 6.III.1975.
288 en América Latina y de su falta de capacidad para encabezar la lucha revolucionaria en el continente^^15^^.Los ideólogos nacional-reformistas bolivianos y venezolanos propusieron una interpretación algo diferente en la forma. No negaron, de palabra, el papel rector de la clase obrera. Pero lo hicieron con el objeto de encauzar el movimiento proletario no por la vía revolucionaria, sino por la del reformismo, para ``integrarlo'' a la sociedad capitalista. En particular, los líderes del Movimiento Nacionalista Revolucionario de Bolivia exhortaron directamente a los obreros a renunciar a las huelgas, paros y otras acciones semejantes alegando que ello sólo causaría daño a la revolución que, supuestamente, se hacía en interés del pueblo^^16^^. Tal argumentación era una evidente demagogia, por cuanto la revolución de 1952 en Bolivia sólo en los primeros tiempos tuvo un filo radical antimperialista, mientras que más adelante, bajo el influjo del ala derechista del MNR, se despeñó hacia las posiciones del reformismo.
Los nacional-reformistas de Costa Rica también propagan la idea de la paz social. Según ellos, precisamente gracias a la paz social se puede alcanzar el progreso en el terreno social y económico.
El papel rector del Estado en la implantación de la paz social y en la solución de las tareas antimperialistas y antioligárquicas de la revolución nacional representa el postulado fundamental de los teóricos reformistas. Los líderes del MNR, por ejemplo, predicando la armonía de clases, proclaman al Estado nacional como una institución supraclasista que refleja los intereses de todas las clases del país. Paz Estenssoro manifestó en 1971 que el Estado nacional democrático y popular es el órgano que expresa los intereses de la nación boliviana. De esa manera, soslayando las contradicciones de clase en el ``Estado antimperialista" y, exhortando a todas las clases y capas de la sociedad a desarrollar las relaciones capitalistas, los ideólogos del nacional-reformismo pretenden alcanzar una participación general en la `` colaboración justa" con el imperialismo.
Las limitaciones de la ideología nacional-reformista se _-_-_
~^^15^^ Véase Haya de la Torre. El Plan del Aprismo, 1932, p. 58; Unidad, Lima, 15.IX.1977.
~^^16^^ Véase G. Bedregal. La revolución boliviana, sus realidades y perspectivas dentro del ciclo de liberación de los pueblos latinoamericanos. La Paz, 1962, pp. 65--66.
__PRINTERS_P_289_COMMENT__ 19---659 289 manifestan bien claras al analizarse la tesis acerca de los ``países pobres y países ricos" que ellos sustentan. Esta teoría se basa no en el principio de clasificar a los países por sus características socioeconómicas, sino por el nivel de su poderío económico y político. J. Figueres, por ejemplo, divide el mundo en países industriales, incluyendo en ese grupo, a la par de EE.UU. y los países de Europa Occidental, también a la URSS, y en países atrasados que, según su expresión, forman el ``proletariado mundial"^^17^^.Como es sabido, la teoría de los ``países ricos y países pobres" es sustentada por diferentes fuerzas políticas, comenzando por los apologistas desembozados del imperialismo y terminando por los elementos de ultraizquierda. Aunque el contenido esencial de la misma no varía, cada una de las fuerzas políticas introduce determinadas peculiaridades en su interpretación.
Los nacional-reformistas latinoamericanos hacen principal hincapié en ``desacreditar'' la experiencia de los países socialistas, presentándola como ``incompatible'' con América Latina. A la vez, procuran demostrar que la única vía de desarrollo para las naciones latinoamericanas es el capitalismo.
Tareas análogas, según su opinión, está llamada a cumplir la teoría de los ``dos imperialismos'', que difunden con especial insistencia.
Los teóricos del nacional-reformismo se esfuerzan por respaldar semejantes conclusiones con toda clase de falacias extraídas del arsenal del antisovietismo. El tema central de todos los escritos de Rómulo Betancourt, por ejemplo, es el del ``imperialismo soviético'', la ``falta de democracia" en la URSS y en los países socialistas, la ``explotación de los obreros" en los Estados del socialismo, la transformación de la Unión Soviética ``en país capitalista'', etc.^^18^^.
La teoría de los ``dos imperialismos'', al igual que la de los ``países pobres y países ricos'', es utilizada por los nacional-reformistas también con la intención de cargar sobre los Estados socialistas, ante todo sobre la Unión Soviética, la responsabilidad por el subdesarrollo de los países _-_-_
~^^17^^ Véase Combate, San José, 1960, N 11, p. 10.
~^^18^^ Del mismo tenor fue la investigación de R. Betancourt en la conferencia de dirigentes políticos de Europa y América Latina, celebrada en 1976 en Caracas. El discurso contenía un amplio ``surtido'' de calumnias anticomunistas y antisoviéticas (Resumen, Caracas, N 136, 1976).
290 que se liberaron de la opresión colonial. De esa manera se procura ocultar el hecho de que sonreí colonialismo y el imperialismo la causa del subdesarrollo de esas naciones.En los años 60 y 70 los partidos nacional-reformistas de América Latina entraron en una fase de crisis. Surgieron núcleos que, descontentos con la política conformista de los dirigentes de derecha, abandonaron sus partidos formando distintos grupos de izquierda. Por ejemplo, en los años 60 aparecieron el Movimiento de Izquierda Revolucionario (MIR) en el Perú y el Movimiento Electoral del Pueblo (MEP) en Venezuela. La diferenciación dentro de los partidos nacional-- reformistas sigue avanzando. Bajo la presión de los sectores progresistas de su militancia, los dirigentes más realistas de Acción Democrática y del Partido Liberal Nacional se vieron obligados a adoptar en algunas cuestiones posturas antimperialistas, renunciando en ocasiones a sus anteriores consignas.
La crisis del nacional-reformismo se expresa también en la creciente evolución hacia la derecha de algunos de estos partidos. El ejemplo más característico es el APRA. Esto se manifestó de manera especialmente clara a la luz de las transformaciones revolucionarias que se operaron en Perú después de 1968. Los líderes apristas desde los primeros días de la revolución desplegaron una amplia campaña contra las medidas antimperialistas y antioligárquicas que impulsó el gobierno de las Fuerzas Armadas. En particular, se opusieron a la reforma agraria. En respuesta a la ley agraria, los dirigentes del APRA emitieron una declaración expresando su desacuerdo con los postulados básicos de la misma y, sobre todo, su descontento por estar enfilada aquélla contra los establecimientos agroindustriales económicamente fuertes de tipo capitalista. En vez de la nacionalización de las grandes haciendas y la distribución de la tierra entre quienes la trabajan, volvieron a enarbolar la vieja consigna de la colonización de nuevas tierras.
Con mayor ahínco aún los apristas se manifestaron contra la política de nacionalización del petróleo, del hierro y de otras ramas de la industria. Uno de los dirigentes del APRA, Armando Villanueva, calificó sin ambages la socialización de la propiedad como un ``acto antihumano y totalitario"^^19^^.
También provocó una reacción hostil la decisión del _-_-_
^^19^^ Tribuna, Lima, 7.VI.1969, p. 2.
__PRINTERS_P_291_COMMENT__ 19* 291 gobierno revolucionario de crear el sector de la propiedad social, orientado contra el capital privado. Los teóricos del APRA propusieron como alternativa, a tenor con la teoría del llamado capitalismo popular, la convocatoria de un Congreso económico nacional integrado por representantes del Estado, del trabajo y del capital, tanto local como extranjero. Según sus aseveraciones, precisamente una institución de este tipo es capaz de lograr una colaboración ``justa'' tanto entre las clases y capas de la sociedad peruana camo entre el capital nacional y el extranjero. La esencia reformista de semejantes anunciados es obvia.Los apristas, organizando desórdenes y acciones contrarrevolucionarias, la subversión y el sabotaje en el aparato estatal, intensificaron su ofensiva política e ideológica contra los círculos progresistas de los militares peruanos, la clase obrera, el campesinado y otras fuerzas de la revolución. Sostienen que la causa de las dificultades económicas que experimenta Perú reside en la inconsistencia de las medidas emprendidas por el gobierno revolucionario de los militares y, de esa manera, tratan de denigrar sus iniciativas, sembrar entre las masas la desconfianza y la hostilidad hacia el gobierno militar.
El APRA representa un serio peligro para el proceso antimperialista también por ser el baluarte de todos los enemigos de este proceso, desde la oligarquía hasta la ultraizquierda.
No es casual, por eso, que los círculos imperialistas y sus ideólogos desde el comienzo de la revolución depositaran en los apristas grandes esperanzas en la pugna contra el gobierno.
El Partido Comunista Peruano lucha indeclinable y consecuentemente contra el aprismo desenmascarando el carácter proimperialista de esta corriente. En las resoluciones del VI Congreso del PCP, en particular, se prestó suma atención a ello, subrayando que el aprismo es un instrumento en manos del imperialismo y la oligarquía^^20^^.
¿En dónde cabe buscar las raíces de la crisis del nacional-reformismo~?
Esta crisis es un resultado de la marcha misma del proceso histórico y, ante todo, del fortalecimiento del sistema socialista, del ascenso del proceso revolucionario mundial y _-_-_
~^^20^^ Véase Documentos, Lima, 1974, N. 2, p. 32.
292 del movimiento antimperialista de liberación nacional, así como de las necesidades vitales del desarrollo de la economía nacional. Todos estos factores, precisamente, condicionaron el giro hacia una postura más realista en algunos partidos y pusieron más de relieve la esencia reaccionaria de aquellos partidos nacional-reformistas cuyos líderes tratan insistentemente de seguir aferrándose a sus viejos postulados refutados por la vida.El giro hacia la izquierda que se opera en los años 70 en las actividades de algunos partidos nacional-reformistas y de los gobiernos que encabezan crea premisas objetivas para que tales partidos y gobiernos puedan participar en acciones antioligárquicas y antimperialistas en unión con otras fuerzas progresistas de América Latina.
Esto, claro está, no significa que los comunistas de América Latina cierran los ojos ante la política conformista e inconsecuente de los nacional-reformistas. Los partidos comunistas evalúan la actuación de estos últimos partiendo de criterios clasistas. Al mismo tiempo, como se indica en la Declaración de la Conferencia de los Partidos Comunistas de América Latina y del Caribe celebrada en 1975, hay que juzgar las posiciones políticas de otras fuerzas latinoamericanas, fundamentalmente, a partir de su actitud ante el enemigo principal, el imperialismo yanqui. ``Por ello ---se dice en la Declaración---, sin disminuir la lucha por los derechos democráticos y por la conquista de nuevas estructuras en el interior de nuestros países, los comunistas estamos dispuestos a respaldar e impulsar aquellas posiciones de los gobiernos latinoamericanos que signifiquen la defensa de nuestros recursos naturales o el esfuerzo por poner coto a la pretensión de las compañías transnacionales por conservar y extender cada día más el dominio sobre nuestras economías"^^21^^.
__ALPHA_LVL3__ 2. LOS PROBLEMAS DEL ANTIMPERIALISMOEn la lucha ideológica actual que se desarrolla en América Latina, las teorías y concepciones nacionalistas desempeñan un activo papel.
_-_-_^^21^^ La América Latina en la lucha contra el imperialismo, por la independencia nacional, la democracia, el bienestar popular, la paz r el socialismo, pp. 43--44.
293Las consignas nacionalistas son enarboladas por diferentes tuerzas sociales y clasistas, lo cual predetermina la amplitud del espectro de teorías nacionalistas existentes que, con frecuencia, revisten carácter contradictorio.
Las clases dominantes, por ejemplo, al apelar al nacionalismo, lo hacen tanto con la intención de conservar el régimen social vigente como de aminorar algo las posiciones del imperialismo en el continente. Especulando con el sentimiento nacional del pueblo, la burguesía levanta teorías que llaman a establecer la armonía de clases, a renunciar a la lucha clasista.
Al mismo tiempo, las contradicciones con el imperialismo hacen que en algunos casos los ideólogos de las clases dominantes promuevan consignas antimprerialistas. Sin embargo, estas consignas, como regla, revisten carácter limitado, nacionalista, por cuanto lo básico en las concepciones de la burguesía es el afán de utilizarlas para justificar su política de imponer algunas restricciones al dominio por el capital extranjero, sin afectar los fundamentos del régimen de explotación.
Ello particularmente se refiere a aquellos sectores de la burguesía latinoamericana que se orientan abiertamente a la estructuración en América Latina de una ``sociedad industrial" inspirada en el modelo occidental capitalista. Pueden servir de ejemplo, en este sentido, las conclusiones a que arribó el sociólogo argentino Gino Germani. Tomando la `` sociedad industrial" de Occidente como prototipo, este autor da recetas detalladas sobre el modo de convertir a los países latinoamericanos en sociedades capitalistas industrialmente desarrolladas. Para ello, según su opinión, es necesario impulsar el desarrollo económico, la modernización social y política^^22^^. El desarrollo económico es interpretado como una secuela de cambios que permitan estructurar una economía ``ideal''. En la modernización política Germani destaca la ``organización racional del Estado''. Propone, para la modernización social, la realización de transformaciones demográficas, culturales y de otra índole^^23^^.
Otro sociólogo argentino, Torcuato Di Telia, da una interpretación análoga de la modernización de los países de América Latina, examinando todos los cambios en el continente _-_-_
~^^22^^ Véase Desarrollo económico, Buenos Aires, 1969, N 33, p. 96.
^^23^^ Ibídem, pp. 97--100.
294 a través del prisma del desarrollo del capitalismo. No es casual, por eso, que Torcuato Di Telia haya dedicado una obra especial para demostrar la ``imposibilidad'' del socialismo en su país^^24^^. Aunque este autor defienda la idea de una vía de desarrollo propiamente argentina, ``peculiar'', de hecho toma como modelo la ``sociedad industrial" de Occidente que es la que, según su opinión, debe ser lograda en su patria^^25^^.Las ideas nacionalistas burguesas que mayor difusión cobraron en los años 60 y comienzos de la década del 70 fueron las de un sector de economistas y sociólogos agrupados en torno a la CEPAL (Comisión Económica de la ONU para América Latina).
Los ideólogos de la CEPAL intentaron formular una teoría puramente latinoamericana que permitiese explicar las causas del atraso económico del continente y señalar las vías para salir de la crisis. Uno de los principales representantes de esta corriente, Raúl Prebish, escribió que ``la América Latina tiene que encontrar su propio camino, sus propias fórmulas. Los fenómenos del desarrollo latinoamericano son en gran parte diferentes de los que tuvieron los países avanzados de su tiempo"^^26^^.
Según esta concepción, entre los países en desarrollo y los desarrollados se ha establecido un tipo de relaciones que permite al centro (países capitalistas industrialmente desarrollados) explotar a la periferia (países en desarrollo). En la etapa actual los países latinoamericanos son, preferentemente, exportadores de productos primarios y alimentos, la demanda de los cuales crece a ritmos inferiores a la demanda de artículos industriales. Esto da lugar a una distorsión en las relaciones económicas de los países en desarrollo con los desarrollados. Como resultado, las exportaciones de las naciones latinoamericanas no alcanzan a proporcionar la acumulación de recursos necesarios para su abastecimiento con técnicas modernas. Todo ello tiende a hacer aún más grande la brecha que separa al centro de las periferias.
¿Cuál es la salida que proponen los desarrollistas? La situación creada, dicen, puede modificarse sólo mediante la _-_-_
~^^24^^ Véase Torcuato Di Telia ¿Socialismo en ¡a Argentina...'! Buenos Aires, 1965.
~^^25^^ Ibídem, pp. 7--8, 41--42.
^^26^^ Raúl Prebish. Transformación v desarrollo. La gran tarea de América Latina, Santiago de Chile, 1970, pp. 223--224.
295 industrialización de América Latina y, ante todo, mediante un cambio radical en la estructura de las exportaciones latinoamericanas.Los teóricos de la CEPAL consideran que la solución del problema de la acumulación de recursos para la industrialización está relacionada principalmente con el desarrollo de relaciones capitalistas en los Estados de la región. R. Prebish, por ejemplo, subraya ésto sosteniendo que la clave del desarrollo nacional reside en suplantar en cada país latinoamericano las formas regresivas del capitalismo por sus formas modernas^^27^^. Un importante papel se atribuye en ello tanto al capital privado como al estatal. Considerable importancia se concede al capital extranjero. El economista argentino Rogelio Frigerio, por ejemplo, considera que la incorporación del capital extranjero constituye una de las condiciones primordiales para el desarrollo de la economía, ya que ``al penetrar en los países atrasados, desintegra las formas precapitalistas y, en general, promueve las relaciones modernas de producción"^^28^^. Más adelante Frigerio afirma explícitamente que ``el Estado puede establecer las condiciones favorables a la radicación de capitales extranjeros"^^29^^.
En otras palabras, los adictos de la CEPAL proponen la realización de transformaciones que de ninguna manera se contradicen con las relaciones capitalistas de producción. Consideran al capitalismo como un sistema progresista llamado a modernizar, a través de su penetración, las zonas atrasadas de América Latina y encauzar a los países de la región por la vía del desarrollo industrial. Por eso no es casual que la orientación de clase de la concepción desarrollista radique en el intento de conjurar los cambios revolucionarios y de aminorar le tensión social. En particular, según la opinión de R. Frigerio, el desarrollo de la economía constituye la base de la soberanía política y de la justicia social^^30^^. Con ese objeto exhorta a los trabajadores a renunciar a la lucha por sus reivindicaciones y llama a la conciliación de clases^^31^^.
_-_-_~^^27^^ Véase Revista de Economía Latinoamericana, Caracas, 1971, N 30, pp. 119--120.
~^^28^^ R. Frigerio. Crecimiento económico y democracia, Buenos Aires, 1963, p. 71.
^^29^^ Ibídem, p. 79.
^^30^^ Ibíd., p. 143.
^^31^^ Ibíd., p. 19.
296Al mismo tiempo, los teóricos de la CEPAL se diferencian de aquellos ideólogos burgueses proimperialistas que pretenden seguir manteniendo a América Latina en su papel de despensa de materias primas de los países capitalistas desarrollados, manifestándose contra la industrialización y promoviendo la consigna de ``puertas abiertas" para el capital extranjero.
La concepción de los desarrollistas, realmente, reviste carácter contradictorio. Por una parte, como se ha visto, intervienen contra el dominio irrestricto de los monopolios foráneos; por la otra, apelan a su colaboración, siendo propagandistas del capitalismo de Estado.
Los comunistas latinoamericanos, al definir su posición frente a los adeptos de la CEPAL, toman en consideración el proceso, operado en sus filas, de deslinde entre partidarios abiertos de la ``sociedad industrial" de Occidente y los que paulatinamente van adoptando una postura más radical en la lucha antimperialista. En la Declaración de la Conferencia de los Partidos Comunistas de América Latina y del Caribe de 1975 se habla, precisamente, de la necesidad de incorporar a este sector de las capas burguesas al frente amplio de la lucha antimperialista y antioligárquica.
El proceso de deslinde afectó aún más notoriamente los movimientos nacionalistas de masas. En grado considerable ello se debe a las particularidades de su ideología, composición clasista y de las causas que motivaron la aparición de las corrientes populistas.
Los movimientos nacionalistas de masas surgieron en condiciones signadas por la dependencia de las naciones latinoamericanas respecto al imperialismo y la perduración de formas semifeudales de tenencia de la tierra, cuando en una etapa determinada quedaron planteadas tareas en cuya solución estaban interesadas diferentes fuerzas sociales opuestas a la oligarquía y al imperialismo. Las más importantes entre estas tareas eran la lucha por la liberación, contra el imperialismo, y por la liquidación del latifundismo. Precisamente sobre esta plataforma avanzó la unión de capas de la burguesía pequeña y media, obreros y campesinos, que constituyeron la base de masas del populismo.
La heterogénea composición clasista de los movimientos populistas predeterminó su complejo carácter. El populismo experimenta la presión de dos fuerzas contradictorias: por un lado, las tendencias progresistas: por el otro, las 297 reaccionarias. De ahí la aparición en él de diversas corrientes, cada una de las cuales, reflejando los conceptos de unas u otras fuerzas sociales, da su propia interpretación a muchos problemas económicos y políticos importantes y, ante todo, a los referentes a la lucha antimperialista.
En este sentido son sumamente ilustrativos los procesos operados durante los años 60 y 70 en el peronismo.
Durante este período se produjo una notoria aceleración del giro a la izquierda de las masas populares, condicionado por la agudización de la crisis socioeconómica argentina y la intensificación de la lucha de clases. Con el incremento de la conciencia clasista, un número cada vez mayor de obreros y de otras categorías de trabajadores se percataron del carácter burgués y reformista de las ideas del peronismo.
Ello se manifestó en la polarización de fuerzas dentro de ese movimiento, en el agravamiento de las contradicciones entre el sector derechista, nacionalista burgués, y el sector nacionalista de izquierda. La lucha tomo carácter particularmente agudo después de arribar los peronistas por segunda vez al poder en 1973^^32^^.
La corriente más representativa del sector nacionalista burgués es el neoperonismo. En su concepción del antimperialismo los neoperonistas parten de la tesis del ``tercer mundo" y el movimiento de liberación nacional como los elementos fundamentales de la época contemporánea. De ahí que los partidarios de esta corriente, en particular, J.O'Farrel, Gunnar Olsson, P. Franco y Alcira Argumedo, profesores de la Universidad de Buenos Aires, formularon la conclusión de que la principal contradicción de nuestra época no es entre el socialismo y el capitalismo, sino la confrontación entre la dependencia y la liberación. O'Farrel sostiene que ``todo ello toma cuerpo en el antagonismo histórico entre el orden de la dominación o de la fuerza y el proyecto de liberación de los pueblos"^^33^^. El pueblo, por otra parte, es considerado como una simple masa sin ninguna diferenciación social de clases. El proletariado queda diluido entre las capas no proletarias y, de hecho, deja de existir como fuerza revolucionaria independiente. Más aún. según esta concepción, la _-_-_
~^^32^^ En 1976 los peronistas de derecha fueron desplazados del poder por las fuerzas armadas.
~^^33^^ Cita tomada de: Julio Laborde, Leonardo Paso y otros. El llamado ``socialismo nacional'' ¿es socialismo? Buenos Aires, 1974, p. 167.
298 clase obrera de los países capitalistas no constituye un proletariado en su interpretación clásica, por cuanto no sólo no es explotada, sino que ella misma aparece explotando a otros~^^34^^. Por eso no es ninguna casualidad que los neoperonistas, solidarizándose con los revisionistas Garaudy, Fisher y otros, rechazan la concepción marxista del proletariado y contraponen a ella la categoría del ``nuevo proletariado histórico" o ``bloque histórico" cuyo contenido se reduce a negar el papel revolucionario del proletariado.Así es que los neoperonistas, en contraposición a la teoría marxista-leninista de la lucha contra el imperialismo, promueven una concepción policlasista que sobrestima el aspecto nacional y rechaza el momento clasista en el movimiento antimperialista. Por eso los comunistas argentinos afirman con toda razón que la teoría policlasista conduce a los neoperonistas a la colaboración de clases, al sometimiento de los intereses de las masas trabajadoras en favor de los intereses de la burguesía^^35^^.
Lo confifma también la interpretación que los peronistas hacen de la consigna del ``socialismo nacional''. Se basan para ello en las ideas formuladas por Perón. El fundador del peronismo sostuvo la tesis de que existen dos clases de socialismo, distinguiendo el ``socialismo nacional" o ``autóctono'' y el socialismo internacional o dogmático. Perón aceptaba el primero y rechazaba el segundo (tenía en cuenta el socialismo científico).
La verdadera esencia del ``socialismo nacional" de Perón fue dilucidada por los marxistas argentinos, quienes con toda razón consideran que, a pesar de los esfuerzos de este último por impulsar algunas reformas progresistas, su `` socialismo nacional" no sale del marco del sistema capitalista. En la interpretación neoperonista, el ``socialismo nacional" también aparece como una variante ``mejorada'', y adaptada a las condiciones nacionales, del capitalismo con todos sus atributos: propiedad privada sobre los medios de producción, conservación de la explotación del hombre por el hombre, etc. En este sentido resulta demostrativa la expresión de C. Eggers Lan, representante del neoperonismo, que calificó el deseo de socializar la propiedad como falta de realismo y de _-_-_
^^34^^ Ibidem, pp. 146--147, 167--177.
^^35^^ Ibid., p. 170.
299 __EMAIL__ webmaster@leninist.biz __OCR__ ABBYY 6 Professional (2007.07.06) __WHERE_PAGE_NUMBERS__ bottom __FOOTNOTE_MARKER_STYLE__ [0-9]+ __FOOTNOTE_MARKER_SEQUENCE__ continuous __ENDNOTE_MARKER_STYLE__ [0-9]+ __MANUAL_EDITS__ Changed '-' to '---' using regexp search: [^\r_]- comprensión del desenvolvimiento histórico^^36^^ y propuso, en vez de liquidar la propiedad privada sobre los medios de producción, establecer el control de la producción. No es casual que este autor vea también la diferencia entre socialismo y capitalismo no en que el primero se caracteriza por la propiedad colectiva sobre los medios de producción y el segundo por la vigencia de la propiedad privada, sino en que el ``socialismo nacional" se basa en el control de la producción^^37^^. Eggers Lan, lo mismo que Perón, contrapone el socialismo ``auténtico'' o ``socialismo nacional" al internacional, o sea, al socialismo científico que, según expresa este teórico neoperonista, se funda en la lucha de clases y obstaculiza el desarrollo nacional^^38^^.El carácter burgués de la doctrina neoperonista fue esclarecido convincentemente por los marxistas argentinos. Fernando Nadra, en particular, mostró que el ``socialismo nacional" de los neoperonistas es una mistificación del socialismo. Sus adeptos, escribe Nadra, hacen todos los esfuerzos posibles para sustentar a la propiedad privada capitalista, incluida la de los monopolios. Por eso la consigna socialista es utilizada por los neoperonistas no para una verdadera transformación social, sino con fines propagandísticos^^39^^.
Diferente es la posición de los peronistas de izquierda, cuyas concepciones responden a una orientación antimperialista y anticapitalista radicalizada. La lucha exitosa contra el imperialismo, según su opinión, debe conducir a la conquista de tres objetivos: soberanía política, independencia económica y justicia social. Los peronistas de izquierda, sin embargo, no se limitan a las tareas antimperialistas. Se distinguen por adelantar consignas anticapitalistas. Marta Curone, por ejemplo, escribía en un artículo que el peronismo es incompatible con el capitalismo. Hay que liquidar la propiedad privada sobre los medios de producción, socializar la gran industria, llevar a cabo la reforma agraria, impulsar el cooperativismo en la agricultura, nacionalizar los bancos, el comercio exterior, las comunicaciones y eliminar también el analfabetismo^^40^^.
_-_-_~^^36^^ Véase E. Lan. Peronismo v liberación nacional, Buenos Aires. 1973, p. 85.
^^37^^ Véase F. Nadra. Socialismo nacional. Buenos Aires, 1974, p. 104.
^^38^^ Ibídem, p. 105.
^^39^^ Ibíd., pp. 151--152.
~^^40^^ Véase Política Internacional, Buenos Aires, 1972, pp. 8--9.
300Las ideas de los peronistas de izquierda encontraron amplio reflejo en la obra Peronismo y socialismo (1973) del publicista J. J. Hernández Arregui. Este autor considera que el objetivo del movimiento peronista es la implantación del socialismo, lo cual puede ser alcanzado mediante la revolución nacional^^41^^. Este teórico del peronismo de izquierda adjudica el papel rector en la lucha antimperialista y revolucionaria a la clase obrera. Hernández Arregui subraya que ``la unión del movimiento obrero es... la base de la Revolución Nacional"^^42^^. Ideas análogas sustentan también otros representantes de esta corriente.
A la vez, la ideología de los peronistas de izquierda presenta grandes contradicciones. Ante todo, se caracteriza por sobrestimar el potencial revolucionario de los países en vías de desarrollo y, por otra parte subestimar e, incluso, ignorar el significado revolucionario del sistema socialista mundial y del movimiento revolucionario de los países capitalistas. Es sintomática en este sentido la afirmación de Hernández Arregui en el sentido de que las contradicciones más profundas están concentradas en el mundo colonial. Por eso, escribe, ``el cementerio del imperialismo está en las colonias"^^43^^. De ahí su conclusión de que ``el proletariado más revolucionario es el de los países débiles, no el de los poderosos"^^44^^.
Los teóricos del peronismo de izquierda niegan, desde posiciones del nacionalismo pequeñoburgués, el carácter internacional del proceso antimperialista y revolucionario y, a la vez, exageran las particularidades nacionales. El proceso antimperialista y revolucionario en Argentina lo presentan como un fenómeno exclusivamente nacional y aislado. ``Nuestra revolución es nacional ---escribe M. Curone---; por ello debemos adoptar una política absolutamente independiente en el marco mundial"^^45^^. Esa misma idea es sostenida por Hernández Arregui que promueve la tesis de apoyarse en las propias fuerzas^^46^^.
_-_-_~^^41^^ Véase Juan José Hernández Arregui. Peronismo r socialismo, Buenos Aires. 1973, pp. 253--255.
^^42^^ Ibíd., p. 251.
~^^43^^ Ibíd., p. 254.
~^^44^^ Ibíd.. p. 179.
~^^45^^ Política Internacional, Buenos Aires, 1972, N 145, p. 9.
~^^46^^ Véase H. Arregui. Op. cit., p. 254.
301Todo eso, sin duda, revela que los peronistas de izquierda desestiman la unidad de todas las vertientes del movimiento antimperialista y revolucionario, restando empuje a las fuerzas progresistas en la Argentina.
Otra expresión del reforzamiento de las tendencias antimperialistas es la actuación de los sectores nacionalistas de izquierda y patrióticos de las fuerzas armadas de Bolivia antes del golpe reaccionario en 1971, del Perú y de Panamá, que enarbolaron las banderas del nacionalismo revolucionario.
A diferencia del nacionalismo burgués, el nacionalismo revolucionario se caracteriza por su nexo indisoluble con la lucha por transformaciones sociales profundas. Mientras los teóricos burgueses, como se ha visto, pretenden superar el atraso de América Latina por los cauces del capitalismo, los nacionalistas revolucionarios, en cambio, ven su objetivo, no en la modernización del sistema capitalista, sino en su transformación radical. Por eso el nacionalismo revolucionario en las condiciones de América Latina puede ser definido como la ideología del desarrollo anticapitalista y antimperialista.
Claro está, cabe tener en cuenta que la orientación antimperialista y anticapitalista entre los representantes del nacionalismo revolucionario es de distinto grado.
Las ideas antimperialistas de las concepciones nacionalistas revolucionarias se manifestaron con particular fuerza en la teoría y la práctica de los militares peruanos en 1968--1975, durante la primera etapa del proceso.
La revolución peruana tuvo en esta fase un carácter antimperialista y antioligárquico. En forma concentrada esto quedó reflejado en los documentos programáticos ``Plan Inca" y en la declaración ``Bases ideológicas de la Revolución Peruana''.
En el ``Plan Inca'', por ejemplo, se afirmaba que la revolución se hace para superar el atraso económico del país, liberarse de la dependecia extranjera y construir ``una nueva sociedad, en la que el hombre y la mujer peruanos vivan con libertad y justicia"^^47^^. El ``Plan Inca" definía a la revolución como nacionalista, independiente y humanista que no obedece a esquemas ni dogmas y sólo responde a la realidad peruana^^48^^. Más adelante se indicaba que la revolución ``será _-_-_
~^^47^^ Proceso, Lima, 1974, N 4, p. 18.
^^48^^ Ibídem.
302 nacionalista, por estar inspirada en los altos valores de la Patria, en los intereses del pueblo peruano y en nuestra propia realidad; independiente, por no estar ligada a ideologías existentes, partidos políticos o grupos de poder y porque luchará contra toda dependencia; y humanista, porque considera la realización plena del hombre dentro de una comunidad solidaria, cuyos valores esenciales e inseparables son la justicia y la libertad"^^49^^.Los revolucionarios peruanos rechazaron el modelo capitalista de desarrollo que, según su convicción, es incapaz de salvar al hombre de la explotación y alcanzar la justicia social. El carácter antimperialista y anticapitalista del proceso revolucionario fue expresado claramente en las ``Bases ideológicas de la Revolución Peruana''. ``La revolución peruana ---se dice en este documento--- es un proceso autónomo que se desarrolla para transformar el sistema político, económico y social del país y cancelar nuestra condición de sociedad subdesarrollada, capitalista, oligárquica y sometida a los intereses del imperialismo"^^50^^. Rechazando al capitalismo, los revolucionarios peruanos, al mismo tiempo, hablan de la incompatibilidad de la vía comunista con relación a las condiciones del Perú^^51^^.
Sin embargo, la posición de los revolucionarios peruanos es totalmente opuesta al anticomunismo. Esto se manifestó en su práctica política. El gobierno revolucionario aplicó una línea de colaboración con los países socialistas. En particular, fue concertado un acuerdo con la Unión Soviética para la construcción de obras de irrigación en la zona de Olmos. Fueron establecidas estrechas relaciones con Cuba y otros Estados socialistas.
También apelaban a los ideales socialistas cuando fundamentaron los objetivos del proceso revolucionario. En las ``Bases ideológicas de la Revolución Peruana'', se decía, en particular, que las finalidades de la revolución peruana son las de ``construir una democracia social en que todos los peruanos puedan realizarse a través de la plena participación en el ejercicio del poder social"^^52^^. Si bien en el ``Plan Inca" y en las ``Bases ideológicas de la Revolución Peruana" no se _-_-_
^^49^^ Ibídem.
^^50^^ La Prensa, Lima, 26.11.1975.
^^51^^ Véase Oficina Nacional de Información, Lima, 1973, N 25, p. 65.
^^52^^ La Prensa, Lima, 26.11.1975
303 menciona el socialismo directamente como objetivo del proceso revolucionario, todo el contenido de estos programas tenía un filo evidentemente socialista. Precisamente por esto el ``Plan Inca" fue ``identificado por los comunistas como el programa antimperialista y antioligárquico del gobierno revolucionario que se orienta al socialismo"^^53^^.Claro está, sería error profundo exagerar la afinidad ideológica de los nacionalistas revolucionarios peruanos con la teoría del marxismo-leninismo, no ver sus contradicciones. La influencia de las ideas nacionalistas en las concepciones de la revolución peruana es indiscutible. De ahí la tendencia de sus líderes a sobrestimar el momento nacional en la construcción de la nueva sociedad y el intento de crear un modelo nacional de socialismo. Los nacionalistas revolucionarios rechazan el socialismo real por considerarlo ``dogmático'', ``totalitario'', ``inhumano'' y contraponen su concepción del llamado socialismo humanista.
El Partido Comunista Peruano mantuvo con los militares revolucionarios un diálogo ideológico de principio sobre una serie de cuestiones. Sin embargo, la actitud de los marxistas respecto a los demócratas revolucionarios no la determinaban las divergencias, sino lo que los acercaba, o sea, precisamente la lucha contra el imperialismo y la oligarquía.
Cabe recalcar que los militares revolucionarios no se limitaban, simplemente, a proclamar consignas antimperialistas. A diferencia de la fraseología abstracta antimperialista que gustan lucir, como muestra la historia, diversos representantes burgueses y pequeñoburgueses, los revolucionarios peruanos se esforzaron en llevar sus consignas a la práctica.
Los nacionalistas revolucionarios peruanos conferían importante significado a la estrecha vinculación de las verdaderas transformaciones en los países en desarrollo con la lucha contra el imperialismo. ``Para nosotros ---decía el ex presidente peruano, general Velazco Alvarado--- toda transformación real en países como los nuestros debe necesariamente asumir un fundamental carácter antimperialista"^^54^^. Papel clave en ello se adjudicaba a la industrialización. Sin embargo, como expresaban los líderes de la revolución, no toda industrialización ayuda a lograr la verdadera independencia, _-_-_
^^53^^ Unidad, N 497, 22.VIII.1974.
^^54^^ La Prensa, Lima, 13.III. 1975.
304 sino únicamente aquella que sirve a los objetivos del desarrollo.``Negamos ---escribía Velazco Alvarado--- la necesidad de un desarrollo industrial hipotecado al extranjero. Rechazamos por falso un desarrollo industrial asentado en la acción predatoria de las grandes corporaciones transnacionales, nueva modalidad de la penetración imperialista... Queremos... un desarrollo industrial de plena autonomía cuya virtud principal sea beneficiar directamente a nuestros propios países...''^^55^^
Sin embargo, en los últimos años el proceso revolucionario en Perú chocó con serias dificultades de carácter objetivo y subjetivo. El PCP hizo un análisis de esos obstáculos. En 1975 el Partido Comunista señalaba las dificultades económicas objetivas, así como algunas debilidades inherentes al proceso revolucionario mismo, en particular, la falta de unidad entre las fuerzas revolucionarias y, como uno de los peligros más grandes, la penetración de elementos reaccionarios en los organismos del Estado^^56^^.
Bajo la influencia de la crisis económica y como resultado de sus limitaciones clasistas, políticas e ideológicas, el gobierno militar de Morales Bermúdez aplicó una serie de medidas tendientes a frenar el proceso revolucionario. Fueron desnacionalizadas algunas ramas industriales y en el país volvieron a fortalecerse las posiciones del capital extranjero. El gobierno trata de descargar las dificultades de la crisis económica sobre los hombros de los trabajadores, lo cual afecta seriamente el nivel de vida de amplias masas populares; hay casos de restricción de la democracia para las fuerzas progresistas.
La falta de consecuencia del gobierno de Morales Bermúdez se reflejó también en el ``Plan Tupac Amaru'', adoptado en 1977^^57^^. El PCP, al criticar al gobierno militar por renunciar a algunas importantes conquistas de la primera etapa de la revolución, señalaba al mismo tiempo la necesidad de defender lo alcanzado contra las maniobras de la reacción y _-_-_
^^55^^ Ibídem.
~^^56^^ Véase Unidad, Lima, 20.111.1975.
~^^57^^ El PCP definió al ``Plan Tupac Amaru" como un paso atrás en comparación con el ``Plan Inca" y ``Las bases ideológicas de la Revolución Peruana''. El Partido Comunista, ante todo, señaló la orientación capitalista de ese plan y su falta de filo antimperialista y antioligárquico. (Lo que planteó el PCP al Presidente Morales Bermúdez. Lima, 1977, pp. 40--43.)
__PRINTERS_P_305_COMMENT__ 20---659 305 del imperialismo, y exhortó a la unidad de todas las fuerzas antimperialistas. En un artículo de Jorge del Prado, en particular, se recalcó la necesidad de unir las fuerzas antimperialistas y de apoyar los llamados del gobierno a la unidad nacional para superar rápida y existosamente las dificultades por las que atraviesa el país^^58^^.Según la opinión del PCP, la base de esta unidad debe ser un programa común de acción para afrontar las dificultades económicas, programa que incluya la defensa y la profundización de las conquistas revolucionarias progresistas, la salvaguardia de los derechos democráticos y sociales de los trabajadores y la lucha por la democratización del país.
Por lo tanto, las corrientes nacionalistas en América Latina enarbolan consignas antimperialistas persiguiendo objetivos muy dispares y, a veces, totalmente contrapuestos. La esencia de estos objetivos la determina, en primer término, la postura clasista de unas u otras fuerzas. Mientras las clases dominantes apelan al antimperialismo para orientar el desarrollo social de sus países por el cauce de la modernización capitalista, los nacionalistas revolucionarios, en cambio, se plantean otras tareas tratando de liquidar la dominación del imperialismo y construir una nueva sociedad, radicalmente distinta del capitalismo y basada en los principios socialistas.
__ALPHA_LVL3__ 3. LAS CONCEPCIONES ULTRAIZQUIERDISTASEn los años 60 y 70 se intensificaron en América Latina las actividades de corrientes y grupos izquierdistas de diversa índole (trotskistas, maoístas, ultraizquierdistas).
La aparición y difusión del ``ultraizquierdismo'' en América Latina tiene como raíz social la presencia de sectores considerables de capas no proletarias en la estructura de clase de los países del continente. En el proceso de la lucha contra el imperialismo se incorporaron al movimiento revolucionario y liberador muchos representantes de la pequeña burguesía y de las capas medias y marginales o de sectores estudiantiles con conceptos ideológicos muy alejados del marxismo.
El carácter dual y contradictorio de la nuturaleza de _-_-_
^^58^^ Véase Unidad, Lima, 20.1.1977.
306 clase de las capas pequeñoburguesas se manifestó en la aparición de diversas concepciones ultraizquierdistas que falsifican los objetivos y las tareas del movimiento antimperialista. La esencia de todas ellas se reduce a la consigna de la guerra frontal contra el imperialismo y a la realización inmediata de la revolución socialista.Tal enfoque de la lucha antimperialista fue criticado decididamente por V. I. Lenin, quien ya en el período de la primera guerra mundial mostró la inconsistencia del antimperialismo vulgar de los ``economistas imperialistas" que intentaban, según la expresión de Lenin, suplantar la fuerza de los argumentos ``con el efectismo de las frases sugestivas y altisonantes, como clavar una estaca en el cuerpo tembloroso de la burguesía"^^59^^.
A diferencia de la teoría marxista-leninista, las concepciones de la ultraizquierda acerca de la lucha antimperialista se caracterizan por un enfoque metafísico, por la falta de comprensión dialéctica de lo particular y lo general, de lo nacional y lo internacional, por la absolutización de unos u otros aspectos del proceso revolucionario. Ello se manifiesta en la exageración de las particularidades específicas de América Latina, en la negación de los principios fundamentales del marxismo-leninismo.
El desconocimiento del enfoque histórico concreto de la realidad condujo a los representantes de la ultraizquierda en América Latina a promover falsas consignas estratégicas y tácticas. Una de ellas es, en particular, la tesis sobre el revolucionarismo ``especial'' de los países en desarrollo.
Sus adeptos sostienen que, por cuanto en los países económicamente subdesarrollados de Asia, África y América Latina las contradicciones hoy día se han agudizado mientras que en los Estados desarrollados de Europa y de América del Norte, por el contrario, se van atenuando, el centro de la lucha revolucionaria se ha desplazado a los países en desarrollo.
Los sostenedores del revolucionarismo ``especial'' de los países en desarrollo, a la vez, ubican a las naciones latinoamericanas en la categoría de semicolonias y colonias. Semejante enfoque desconoce tanto las particularidades específicas de los países de América Latina como las profundas _-_-_
^^59^^ V. I. Lenin. Sobre la caricatura del marxismo y economismo imperialista''. O. C., t.~30, pp. 115--116.
__PRINTERS_P_307_COMMENT__ 20* 307 diferencias que existen entre ellos y los de Asia y África, conceptuándose la revolución latinoamericana, con frecuencia, en términos análogos a la revolución china o india. No se toma en cuenta ni el nivel más elevado de desarrollo de la mayoría de los Estados del continente ni el hecho de que ya más de siglo y medio las repúblicas latinoamericanas existen como Estados independientes. Los teóricos del ultraizquierdismo consideran esta independencia puramente formal en razón de la total dependencia económica con respecto al imperialismo de EE.UU.En calidad de ejemplo puede citarse a J. Abelardo Ramos, trotskista nacionalista argentino, que se expresa como un activo partidario de la tesis del revolucionarismo `` especial'' del ``tercer mundo''.
Según J. A. Ramos, la historia confirma el que ``los eslabones débiles de la cadena capitalista no eran capitalistas o no lo eran del todo, y que no se encontraban en Europa sino en el mundo semicolonial"^^60^^. De allí saca la conclusión de que ``la revolución mundial se ha desplazado hacia los continentes marginales"^^61^^.
La tesis acerca del revolucionarismo ``especial'' de los países en desarrollo fue sustentada con no menos energía también por el grupo de D. Bravo en Venezuela. La postura de este grupo ultraizquierdista se reducía a la consigna de la guerra de guerrilla inmediata contra el imperialismo en escala continental. Según D. Bravo, el movimiento liberador en América Latina presenta las condiciones necesarias para aplicar semejante estrategia. ``Esto lo podemos explicar ---decía D. Bravo--- por lo siguiente: hace rato que el pueblo de América Latina tiene los mismos problemas, las mismas enfermedades, el hambre es la misma, el analfabetismo es el mismo, y además tienen un enemigo común que es el imperialismo norteamericano y las oligarquías criollas"^^62^^.
La ultraizquierda enfoca erróneamente también la contradicción principal de la época contemporánea. En lugar de la contradicción entre el capitalismo y el socialismo, plantean una supuesta contradicción extraclasista entre los países `` _-_-_
~^^60^^ Jorge Abelardo Ramos. Bolivarismo v marxismo, Buenos Aires, 1969, p. 65.
^^61^^ Ibídem, p. 71.
~^^62^^ Venezuela en armas. Caracas, 1967, diciembre, pp. 8--9. Cabe dedique Bravo enfoca a los países latinoamericanos como una sola nación antimperialista (Punto Final, Santiago, 1973, N 178, p. 18).
308 ricos" y los ``pobres''. A. Guillen, teórico de ultraizquierda, plantea, por ejemplo, que en las condiciones actuales la contradicción entre el capitalismo y el socialismo tiende a debilitarse, mientras que entre los países industrializados y los en desarrollo se va acentuando. Por eso, afirma, ``la contradicción entre Norte y Sur (países ricos y pobres) va sustituyendo a la contradicción Este-Oeste (comunistas-capitalistas)"^^63^^.Por esa razón algunas organizaciones de ultraizquierda sacan la conclusión de que la contradicción principal de la época contemporánea es la existente entre las naciones oprimidas y las opresoras. Semejante planteamiento ignora el aspecto clasista del problema. Entre las naciones opresoras se engloba a los países socialistas que, junto con las potencias imperialistas, son contrapuestos a las oprimidas. El concepto de nación, además, aparece como un todo único y supraclasista. En base a ello se hizo posible incluir en el campo antimperialista también a las fuerzas proimperialistas y reaccionarias.
A la vez, ciertos grupos de la ultraizquierda caen en otro extremismo. Para ellos, la principal contradicción en América Latina es la existente entre el imperialismo y el proletariado. Tal enfoque es particularmente característico de las corrientes trotskistas. Semejante postura niega las posibilidades antimperialistas de diferentes fuerzas sociales y conduce a aislar a la clase obrera.
Todo ello determina en definitiva los errores de la ultraizquierda en la interpretación de las fuerzas clasistas y de su papel en la lucha antimperialista.
No es casual, por esa razón, que los teóricos ultraizquierdistas desarrollaran la idea del exclusivismo revolucionario de los campesinos y capas marginales que, según su opinión, están llamados a cumplir un papel decisivo en la lucha revolucionaria antimperialista. Apoyándose en el concepto de que el campo tiende a ``proletarizar'', mientras que la ciudad ``aburguesa'', los dirigentes de la organización colombiana de ultraizquierda Ejército de Liberación Nacional (FLN) expresaban puntos de vista análogos sobre el potencial revolucionario del campesinado^^64^^.
La ultraizquierda no sólo niega el papel dirigente de _-_-_
~^^63^^ A. Guillen. La Rebelión del Tercer Mundo, Montevideo, 1969, p. 198.
~^^64^^ Véase J. Arenas. La guerrilla por dentro, Bogotá, 1971, pp. 144, 157.
309 la clase obrera en la lucha revolucionaria antimperialista, sino también la acusa con frecuencia de economismo y aburguesamiento. De ahí su actitud negativa hacia la labor en las organizaciones obreras de masas.Los ultraizquierdistas tergiversan asimismo las posibilidades antimperialistas de la burguesía local englobándola en el campo del imperialismo.
El enfoque falso de esta corriente se manifiesta patentemente también en cuanto al significado de la lucha por la democracia. Los ideólogos de la ultraizquierda no creen posible vincular la brega por la democracia con la pugna contra el imperialismo, por las transformaciones revolucionarias. Según su opinión, la democracia en el capitalismo es irrealizable y por eso la lucha por las reformas y los derechos democráticos la presentan como una capitulación ante la burguesía y el imperialismo y como contraria a los objetivos socialistas.
Renunciando al combate por la democracia en las condiciones del imperialismo y exhortando a la materialización directa de la revolución socialista, los ultraizquierdistas se manifiestan también contra la política de la coexistencia pacífica, sostenida por la URSS y otros países socialistas.
El XXV Congreso del PCUS hizo un amplio análisis crítico de las tergiversaciones izquierdistas en torno a la política de la coexistencia pacífica. En particular, fue desvirtuada la tesis de que la lucha de clases es incompatible con la lucha por la paz. ``La distensión ---se dice en el informe del CC del PCUS al XXV Congreso del partido--- en modo alguno anula ni puede anular o modificar las leyes de la lucha de clases. Nadie puede esperar que en las condiciones de distensión, los comunistas se resignen con la explotación capitalista o que los monopolistas se hagan partidarios de la revolución"^^65^^.
También resultan totalmente infundadas las aseveraciones de los maoístas y trotskistas de que la política de coexistencia pacífica entre los países con diferentes regímenes sociales favorece al imperialismo. El movimiento comunista mundial rechazó rotundamente tal punto de vista. En el Documento de la Conferencia Internacional de los Partidos Comunistas y Obreros celebrada en Moscú en 1969 se recalca que _-_-_
~^^65^^ L. I. Brézhnev. Informe del Comité Central del PCUS y las tareas inmediatas del partido en la política interior y exterior, p. 43.
310 ``la política de la coexistencia pacífica... contribuye al impulso de la lucha de clases contra el imperialismo a escala nacional y mundial"^^66^^.Al no comprender la relación entre socialismo y democracia, los ultraizquierdistas cayeron en la negación de la etapa democrática y antimperialista de la revolución, llegando a sostener que el punto de vista de los partidos comunistas, según el cual en la mayoría de los países del continente la revolución representa en sí un proceso único de dos fases, la democrática y antimperialista y la socialista, es un punto de vista reformista y que no puede llevar a la victoria sobre el imperialismo. Los más explícitos en ese sentido son los trotskistas. G. Lara, líder de la orginización trotskista boliviana Partido Obrero Revolucionario, por ejemplo, declara abiertamente que ellos no aceptan dividir la revolución en etapas. La revolución, según Lara, será directamente socialista^^67^^.
Las ideas sustentadas por los representantes de la ultraizquierda acerca de la lucha antimperialista los condujeron a serios errores estratégicos y tácticos a consecuencia de los cuales se despeñaron de hecho al campo del imperialismo y de la reacción. Esto se reveló con particular evidencia en Chile durante el gobierno de la Unidad Popular, donde la ultraizquierda aplicó los máximos esfuerzos para socavar la cohesión de las fuerzas antimperialistas. Ateniéndose a su fórmula de ``todo o nada'', desde los primeros días del triunfo de la Unidad Popular sus representantes empezaron a exigir la inmediata realización de transformaciones socialistas y la implantación de un gobierno obrero y campesino. En oposición al gobierno de la Unidad Popular, los dirigentes ultraizquierdistas se empeñaron en formar y consolidar un poder paralelo, independiente del Estado, que, según ellos, podía enfrentar con éxito a la reacción burguesa.
La actuación escisionista de la ultraizquierda contribuyó a que algunos sectores y capas de la población se apartaran del gobierno de la Unidad Popular. En primer lugar esto se refiere a las capas medias, consideradas por la ultraizquierda como una fuerza reaccionaria. También la táctica sectaria de los ultristas que rechazaba cualquier acción _-_-_
~^^66^^ Conferencia Internacional de los Partidos Comunistas y Obreros. M., 1969, p. 317.
^^67^^ Presencia, 6.VIII.1971.
311 conjunta con los militares patriotas, los elementos progresistas del Partido Demócrata Cristiano (con base de masas) y de otras fuerzas políticas causó serios daños al gobierno. Todo eso obliga a reconocer que la actuación de la ultraizquierda, como lo señalara Volodia Teitelboim, miembro de la Comisión Política del CC del PC de Chile, fue una de las causas de la derrota de la revolución^^68^^. Esta actuación confirmó también que ``el imperialismo y la reacción sacan inmenso provecho del ultraizquierdismo y que lo promueven y lo alientan sistemáticamente y de diversos modos para derrotar a los pueblos"^^69^^.Cabe señalar, sin embargo, que la ultraizquierda chilena trata últimamente de extraer experiencias del revés sufrido por las fuerzas democráticas y antimperialistas. En particular, se advierte una tendencia a la unidad con los comunistas y demás fuerzas democráticas y antimperialistas.
Como resultado de las graves derrotas vividas, también la ultraizquierda de otros países procura, en cierto grado, revisar sus puntos de vista en cuanto a algunos aspectos de la lucha antimperialista. Ante todo, esto atañe a la participación de las masas populares en la pugna revolucionaria antimperialista. Algunos dirigentes ultraizquierdistas también arribaron a la conclusión de que no se puede vencer al imperialismo con las fuerzas de la vanguardia revolucionaria únicamente, sin un amplio respaldo popular.
Cambió ostensiblemente la apreciación del potencial revolucionario de la clase obrera. Si antes se acusaba a los obreros de aburguesamiento y de falta de espíritu revolucionario, ahora, en cambio, algunos líderes de la ultraizquierda ubican a la clase obrera entre las fuerzas revolucionarias. Por eso organizaciones ultraizquierdistas como Montoneros en Argentina; MIR en Venezuela; MOIR en Colombia, y otras tratan de reforzar sus actividades entre los obreros^^70^^. También se notan intentos de adoptar una actitud más flexible en cuanto a las formas de lucha. El MIR y el MOIR en particular, procuran utilizar también los medios legales.
Las concepciones de la ultraizquierda, sin embargo, en _-_-_
~^^68^^ Revista Internacional, Praga, 1974, N 7, p. 62.
~^^69^^ P. Castillo. Enseñanzas y perspectivas de la revolución en Chile, Praga, 1974, p. 15.
~^^70^^ Alternativa, Bogotá, 1976, N 75, pp. 16--17; Resumen, Caracas, 1977, N 182, p. 18.
312 lo fundamental siguen siendo las mismas. Vuelven a enarbolarse otra vez las consignas de la lucha armada frontal contra el imperialismo y la implantación inmediata del socialismo, rechazándose la necesidad de la etapa democrática y antimperialista y de la lucha por la democracia. Siguen viendo la lucha armada como el único y decisivo medio para la revolución.No varió, en esencia, la actitud nihilista hacia la idea del frente único antimperialista que los ideólogos de la ultraizquierda consideran como una capitulación de las fuerzas antimperialistas frente a la burguesía. Está en esa actitud, por ejemplo, el MOIR, cuyos líderes se manifestaron como adversarios acérrimos de la unidad de las fuerzas antimperialistas.
Es obvio, por lo tanto, el carácter inconsistente y fatuo de las pretensiones de los ultraizquierdistas de aparecer como los únicos y auténticos batalladores contra el imperialismo. En vez de la lucha real contra el imperialismo, en primer término contra el imperialismo de EE.UU., que sostienen los pueblos de América Latina, los representantes de esas corrientes se empeñan en orientar a las fuerzas antimperialistas por un camino sabidamente falso, por la senda del extremismo y el ``guerrillerismo''. Por eso no es extraño que, como resultado, la actitud de los ultraizquierdistas debilite a las fuerzas antimperialistas, cree división en ellas y haga el juego al imperialismo y la reacción.
[313] __ALPHA_LVL2__ CAPITULO XII. LA LUCHA DE LOS PARTIDOS COMUNISTAS YLos partidos comunistas de América Latina, que marchan a la vanguardia de la lucha de sus pueblos contra el imperialismo, por una salida revolucionaria de la crisis y la realización de hondas transformaciones socioeconómicas y políticas en interés de las amplias masas trabajadoras, su existencia y su actuación son una conquista histórica del movimiento liberador del continente.
El movimiento obrero y comunista adquiere cada vez mayor significado en el proceso de liberación latinoamericano, se transforma en factor cada vez más esencial del desarrollo sociopolítico, en la principal fuerza motriz y dirigente de la lucha revolucionaria y liberadora de los pueblos de esa parte del mundo y la más extendida y homogénea fuerza política del hemisferio occidental. Hoy día son pocos, incluso entre los más declarados predicadores del anticomunismo, los que se atreven a negar abiertamente la influencia y el peso de los partidos comunistas en los procesos políticos y sociales de los países de América Latina y en el movimiento liberador contemporáneo en su conjunto. Esta influencia y este prestigio fueron creciendo y aumentando en el curso de los muchos años de actividad teórica y práctica, de lucha política e ideológica por los intereses de la clase obrera y de todos los trabajadores.
El auge actual del movimiento obrero y comunista en América Latina es consecuencia tanto de la nueva correlación de fuerzas en el mundo, del incremento de la influencia y del prestigio del movimiento obrero y comunista internacional y de las fuerzas de liberación nacional, como de la madurez de una serie de premisas en el desarrollo económico y sociopolítico de las naciones latinoamericanas, caracterizado por una 314 agudización de la lucha de clases, por una creciente intensificación de las contradicciones sociales, por la incorporación de masas populares cada vez más amplias a la lucha contra el imperialismo y la oligarquía burgués-latifundista y por la liberación nacional, por la salida revolucionaria de la crisis.
El aspecto más importante emanado del ascenso del movimiento comunista en América Latina ha sido el aumento de su papel de vanguardia en la vida política y social de los respectivos países. Los partidos comunistas trazan y aplican consecuentemente una estrategia y táctica de lucha revolucionaria científicamente elaboradas, reafirman la concepción marxista-leninista del desarrollo social, organizan y consolidan amplias coaliciones antimperialistas llamadas a formar el ejército político para resolver los acuciantes problemas de los Estados de la región.
__ALPHA_LVL3__ 1. LOS PARTIDOS COMUNISTAS: VANGUARDIA POLÍTICALos comunistas fueron los primeros que, fundándose en la enseñanza leninista acerca del imperialismo, revelaron profunda y ampliamente el carácter de la penetración imperealista en América Latina, su papel en la vida económica, política y social de las naciones latinoamericanas, la esencia de los vínculos de los círculos imperialistas con la oligarquía latifundista y el gran capital local, cuyos intereses se entrelazan estrechamente con los intereses de los círculos imperialistas de EE.UU.
En la nueva situación, en las condiciones de la tercera etapa de la crisis general del capitalismo, los partidos comunistas y obreros de América Latina definieron científicamente y dilucidaron la envergadura y profundidad de la crisis estructural que afecta a sus países. Rodney Arismendi, primer secretario del Partido Comunista del Uruguay, calificó a esta crisis como ``una situación en que, objetivamente, maduran o ya maduraron las premisas revolucionarias, en que se producen conmociones políticas y sociales reiteradas, en que se estrecha la base social e ideológica de dominación de las clases dominantes y el imperialismo, en que las panaceas reformistas se marchitan rápidamente, en que nuevas capas sociales ensanchan el campo de la revolución, en que la inestabilidad política cuyas bases materiales están en la 315 profundización de la crisis económico-social--- se vuelve un clima habitual; integran este clima las tendencias antidemocráticas en las clases dominantes ---y su fruta podrida, el gorilaje frecuente--- y el ascenso de las luchas obreras y populares"^^1^^.
Revelando las causas que condicionan la intensificación de la lucha liberadora en la región, los comunistas latinoamericanos señalan que ella es consecuencia de la situación creada en el continente y un reflejo de la correlación de fuerzas políticas existente. En los países de la zona avanza un proceso, aunque paulatino y no recto, pero sí constante, de cambio en la correlación de fuerzas a favor del movimiento revolucionario y liberador.
La opresión de los monopolios extranjeros en todas las esferas de la vida social de los países latinoamericanos hizo crecer los ánimos antimperialistas en amplias capas de la población. América Latina tiende a transformarse en ancho escenario de la lucha antimperialista en la que las masas populares se pronuncian contra la dominación por los monopolios y exigen la satisfacción de sus demandas vitales. En esta lucha participan no sólo la clase obrera y el campesinado trabajador, sino también nutridas masas estudiantiles y de las capas medias, incluso sectores militares y de la iglesia, entre los que va tomando cuerpo la conciencia de que es necesario liberarse definitivamente del imperialismo. El giro de las masas hacia la izquierda provocó también una crisis en el nacional-reformismo tradicional, la escisión en muchos partidos tradicionales burgueses y pequeñoburgueses en los que surgieron y van desarrollándose corrientes renovadoras que reflejan la nueva situación creada en América Latina.
El ensanchamiento de la base social del movimiento antimperialista y la incorporación de masas cada vez más grandes a la lucha provocaron zozobra en el imperialismo. Este intenta frenar el proceso tanto mediante el aplastamiento del movimiento antimperialista (golpes militares en Brasil, Bolivia, Uruguay y Chile) como socavándolo desde dentro.
La táctica de fomentar la escisión en las filas de la izquierda latinoamericana ocupa lugar destacado en la estrategia global del imperialismo. Con tal objeto se estimula la promoción y difusión de diferentes teorías burguesas y _-_-_
~^^1^^ Rodney Arismendi. Lenin, la revolución v América Latina. Montevideo, Ediciones Pueblos Unidos. 1970, pp. 394--395.
316 pequeñoburguesas adversas al socialismo científico y a la concepción revolucionaria de la lucha antimperialista. Estos empeños del imperialismo son facilitados también por una serie de factores subjetivos. En particular, el ensanchamiento de la base social del movimiento antimperialista crea determinadas premisas tanto para la proliferación del oportunismo de derecha, que se expresa principalmente en el desconcierto ante la ofensiva del imperialismo y la reacción en algunos países y en la pérdida de la perspectiva revolucionaria, como en la difusión del ultraizquierdismo, mezcla de impaciencia y subjetivismo en la apreciación de la situación verdadera. Este sector de las fuerzas revolucionarias, en respuesta a la ofensiva de la reacción en algunos países, exhorta a la lucha general armada de los pueblos del continente sin tomar en consideración la situación concreta de cada país.El imperialismo y la oligarquía latinoamericana aprovechan este factor para unificar a todas las corrientes oportunistas de ``izquierda'' y de derecha sobre una plataforma anticomunista, a fin de no permitir que siga creciendo la influencia de las ideas del socialismo científico y se vaya fortaleciendo el movimiento antimperialista.
En estas condiciones el imperialismo encuentra un aliado natural en la burguesía gobernante de las naciones latinoamericanas.
La burguesía latinoamericana, experta y consciente de la inevitabilidad del ascenso de las tendencias liberadoras en sus países e interesada, en cierto grado, ella misma en esto, procura encauzar el movimiento antimperialista en determinados márgenes, limitarlo al contenido y las formas que le resultan convenientes. Con ese objeto sus ideólogos se esfuerzan en inculcar a las masas la idea de que la contradicción principal no hay que buscarla dentro del país, sino en la contradicción entre las naciones latinoamericanas y el imperialismo.
Los partidos comunistas de América Latina rebaten enérgicamente las afirmaciones de los teóricos burgueses en el sentido de que el filo de la lucha debe ser dirigido sólo contra los monopolios extranjeros en aras de la ``conciliación de clases" y la ``unidad nacional" y argumentaron científicamente la justeza de las conclusiones leninistas de que los objetivos de la lucha liberadora se entrelazan estrechamente con las tareas de transformación social en cada país. La vinculación y el entrelazamiento de las tareas de la lucha 317 antimperialista con la lucha de clases se explica, como señalan los comunistas de América Latina, por la incorporación del capital extranjero a la estructura de los países del continente, lo cual hace más agudas aún las contradicciones de la sociedad latinoamericana.
Al defender el contenido democrático-revolucionario de la lucha antimperialista en sus países en la etapa actual, los partidos comunistas de la región intervienen decididamente contra los intentos de la burguesía de reducirlo todo a la lucha por la liberación económica. La necesidad se superar el atraso económico no constituye una particularidad específica latinoamericana. Desde el punto de vista del proceso revolucionario mundial y continental ella se entrelaza con la lucha de clases.
``Los obreros, campesinos y demás trabajadores de América Latina ---se dice en la Declaración de la Conferencia de los Partidos Comunistas y Obreros de América Latina y del Caribe (1975)--- no encontrarán solución a los problemas del desempleo, la miseria, los bajos salarios, la incultura, la carencia de tierras y la desigualdad social sólo con eliminar la explotación .extranjera de sus países. Esos problemas empezarán a resolverse definitivamente con la eliminación de la explotación por los latifundistas y burgueses, que se hace aún más aguda cuando tales países tienen que competir en condiciones desventajosas con los productos de las casi omnipotentes corporaciones imperialistas que dominan el mercado mundial capitalista"^^2^^.
En su actividad teórica y actuación cotidiana los marxistas-leninistas latinoamericanos explican que la dominación imperialista no sólo afecta los sentimientos nacionales de los pueblos del continente, sino que constituye uno de los elementen fundamentales de la crisis estructural que atraviesan estos pueblos, la causa de la deformación de su economía, de su carácter unilateral. Una expresión manifiesta de esa crisis son el enorme y cada vez más grande nivel de desempleo, los bajos ingresos, la creciente miseria de las masas trabajadoras. Como señala Rodney Arismendi, el imperialismo para las naciones latinoamericanas no sólo es un problema externo, sino también un problema de relaciones de producción.
_-_-_~^^2^^ La América Latina en la lucha contra el imperialismo, por la independencia nacional, la democracia, el bienestar popular, la paz' y el socialismo, pp. 41--42.
318Con otras palabras, la opresión del imperialismo en el plano social se manifiesta principalmente en la contradicción entre los trabajadores del campo y de la ciudad, por una parte, y los monopolios extranjeros y el gran capital local, por la otra. Por eso la lucha de los pueblos latinoamericanos por su liberación y contra el imperialismo ``está inseparablemente unida al desarrollo de la lucha de clases del proletariado por sus intereses y los de todos los trabajadores y a su capacidad para unir en esta lucha, alrededor de un programa democrático y antimperialista, a los sectores que sufren la discriminación del imperialismo y de sus socios nacionales, los latifundistas y grandes capitalistas"^^3^^.
Los comunistas latinoamericanos se ven obligados a luchar también contra las concepciones ``ultraizquierdistas'' acerca del contenido del movimiento antimperialista en América Latina en la etapa actual.
Estrechando filas con la derecha en la ideología del anticomunismo y el antisovietismo, los ultraizquierdistas también en la política y en la práctica ayudan al imperialismo y a la reacción latinoamericana en su lucha contra el movimiento antimperialista al facilitar su desorientación y escisión. Como indicara el XI Congreso del Partido Comunista de Colombia, los adeptos de la ultraizquierda y prosélitos del maoísmo en América Latina se despeñaron a las mismas posiciones de la ``conciliación de clases" y ``unidad nacional" en la lucha antimperialista que sustentan los ideólogos de la burguesía^^4^^.
La tarea, como la entienden los comunistas latinoamericanos, reside, sin embargo, no sólo en criticar las concepciones y teorías burguesas y pequeñoburguesas, sino en elaborar positivamente también los problemas cardinales de la realidad nacional y trazar las vías revolucionarias para salir de la crisis estructural en que estos países se debaten.
Fundándose en la ciencia marxista-leninista y en el estudio profundo y multifacético de la realidad nacional, los partidos comunistas de América Latina definieron tanto las perspectivas del desarrollo socioeconómico y político de sus países, como las vías para salir de la crisis estructural, _-_-_
~^^3^^ Por la unidad obrera y popular hacia el socialismo. Documentos del XI Congreso del Partido Comunista de Colombia. Praga. 1972, p. 169.
~^^4^^ Ibídem, p. 140.
319 consecuencia de la dominación del imperialismo y de la oligarquía local.Los partidos comunistas latinoamericanos en sus documentos programáticos han establecido que la revolución proletaria, la construcción del socialismo y del comunismo constituyen su objetivo final. En el programa del Partido Comunista de la Argentina se indica: ``La historia avanza así, inexorablemente, hacia la realización del ideal de la sociedad comunista sin clases y sin coerción estatal. Pero el logro de ese objetivo obliga a atravesar por la etapa socialista de transición, caracterizada por el poder del proletariado, capaz de aplastar la resistencia de las clases explotadoras derrotadas y establecer por lo mismo, mediante su dictadura, una democracia socialista infinitamente superior a la democracia burguesa más desarrollada"^^5^^.
El hecho de que los comunistas latinoamericanos proclaman la construcción del socialismo como meta final no significa en modo alguno que exhorten a la revolución socialista inmediata. Consideran y explican sin cesar que en las condiciones del actual desarrollo de los países latinoamericanos la primera etapa es la de la revolución democrática y antimperialista y la realización de sus tareas prepara el terreno para la etapa socialista.
El programa de la revolución democrática, agraria y antimperialista, trazado por los comunistas latinoamericanos, se ha hecho patrimonio de deversas fuerzas políticas del continente, encontró amplio apoyo en la clase obrera y los trabajadores en general y elevó a un nuevo nivel el papel de avanzada que desempeñan los partidos comunistas en el movimiento liberador.
El contenido antimperialista y democrático de la revolución latinoamericana no altera la correlación entre las fuerzas motrices y dirigentes en el proceso de esta revolución. La clase obrera sigue siendo la principal fuerza motriz y dirigente de la revolución democrática y antimperialista en los países de América Latina.
Por eso el objetivo político principal de todos los partidos y corrientes burgueses y pequeñoburgueses estriba en aislar a la clase obrera y a su partido del movimiento antimperialista y, por medio del copamiento de su dirección, _-_-_
~^^5^^ Programa del Partido Comunista de la Argentina. Buenos Aires, 1974, p. 5.
320 orientarlo por un camino conveniente a la burguesía. Los ideólogos burgueses declaran abiertamente que la burguesía radical, y no la clase obrera, es la que debe encabezar los procesos antimperialistas en sus países. Como señalaba el Secretario General del Partido Comunista de la Argentina, Gerónimo Arnedo Alvarez, uno de los objetivos de las fuerzas de derecha y del imperialismo es el de ``reducir al mínimo el papel independiente de la clase obrera y tratar de utilizarla a su favor. Persiguen el objetivo de evitar la movilización y participación activa de las masas en el proceso político y trabajan desesperadamente por impedir la constitución o desarrollo de una verdadera conjunción de fuerzas democráticas antimperialistas"^^6^^.Presentando la etapa actual de desarrollo de América Latina como un largo proceso de democratización cuyo rasgo característico sería ``un antimperialismo casi químicamente puro"^^7^^, el nacionalismo de derecha persigue un fin definido: confirmar, levantando la bandera de la ``unidad nacional'', el papel rector de la burguesía en el movimiento liberador, diluir a la clase obrera en organizaciones supraclasistas bajo su dirección, enajenar su independencia de clase y obligarla a marchar a la zaga de su politica. Los ``izquierdistas'' y adictos del maoísmo, a su vez, con sus razonamientos acerca del ``aburguesamiento'' de la clase obrera, sus intentos de contraponer la ciudad al campo y la clase obrera al campesinado y a otras capas laboriosas presentan a la pequeña burguesía en calidad de fuerza motriz y dirigente principal del movimiento revolucionario y liberador en el continente.
Desenmascarando la intención política de las formulaciones teóricas de los ideólogos de derecha y de ``izquierda'', los comunistas latinoamericanos reafirman enérgicamente la conclusión marxista-leninista del papel dirigente de la clase obrera en los procesos liberadores de la contemporaneidad.
La lucha antimperialista y la conquista de la independencia definitiva hacen posible y necesaria la participación activa en la revolución agraria, democrática y antimperialista de las más amplias capas sociales interesadas en poner fin a la opresión de los monopolios extranjeros y de la oligarquía local burgués-terrateniente estrechamente vinculada con _-_-_
~^^6^^ Gerónimo Arnedo Alvarez. Los comunistas y la institucionalización del país. Buenos Aires, Anteo, 1972, p. 26.
~^^7^^ Rodney Arismendi. Lenin, la revolución v América Latina, p. 267.
__PRINTERS_P_321_COMMENT__ 21---659 321 los intereses imperialistas. En la pugna contra estos enemigos principales, que constituyen insignificante minoría, debe y puede unirse la mayoría absoluta de los pueblos latinoamericanos, comprendidos la clase obrera, el campesinado, las capas medias y algunos sectores de la llamada burguesía nacional interesada en conquistar la independencia y en el progreso de sus pueblos. La supremacía numérica, la importancia social y política del proletariado, de las capas más avanzadas del estudiantado y de la intelectualidad, de las capas menos pudientes del campesinado que participan en la revolución agraria, democrática y antimperialista confiere a ésta amplio carácter popular.La creación del frente democrático popular como ejército político de la revolución agraria, democrática y antimperialista y la realización de las tareas y los objetivos de esta revolución resultan imposibles sin la participación y el papel dirigente de la clase obrera a la cabeza de todas las fuerzas políticas y sociales, que en una u otra forma actúan contra el imperialismo y la oligarquía. Este papel del proletariado emana, ante todo, del hecho de que es la única clase consecuentemente revolucionaria, portadora de la ideología de vanguardia. La historia del desarrollo socioeconómico y político de América Latina ha demostrado que los intentos de la burguesía, de sus partidos y los partidos pequeñoburgueses de resolver la contradicción principal mediante el reformismo clásico no tuvieron éxito. Proclive a las concepciones y alianzas con el imperialismo y la reacción interna, la burguesía no puede encabezar la lucha antimperialista y antioligárquica. Esto promueve aún más a la clase obrera y a su partido a la avanzada de la lucha.
``La experiencia chilena ---se recalca en el documento final de la Conferencia de los Partidos Comunistas de América Latina y del Caribe---, ante todo confirma la validez de la concepción marxista-leninista acerca de que las viejas clases no abandonan voluntariamente el poder. Al revés, lo defienden con uñas y dientes. Del mismo modo, ella confirma el papel dirigente de la clase obrera y la necesidad de evitar su aislamiento en el empeño de transformación social"^^8^^.
Precisamente la clase obrera, gracias a su posición en la sociedad latinoamericana (predominancia en la esfera _-_-_
~^^8^^ La América Latina en la lucha contra el imperialismo, por la independencia nacional, la democracia, el bienestar popular, la paz y el socialismo, p. 30.
322 productiva en unos países, nivel organizativo y grado de concentración en otros), asi como al hecho de que es el impulsor más activo de la unidad del pueblo, organizador e inspirador de las masas en la lucha contra el imperialismo, representa la fuerza motriz y dirigente principal del movimiento antimperialista. Bregando por sus intereses de clase, se manifiesta también como el defensor más consecuente de los intereses de todas las naciones que sufren la opresión del imperialismo y las oligarquías nativas.El papel dirigente de la clase obrera en el movimiento antimperialista de América Latina emana también de su cuantía, su peso en la producción social, su vinculación con las masas, su organización. Por otra parte, tiene acumulada una rica experiencia de lucha clasista y política, refuerza constantemente sus organizaciones y vínculos con las masas trabajadoras.
En América Latina de hoy día el papel dirigente del proletariado en la lucha liberadora es una resultante también del estrecho entrelazamiento de las tareas de liberación nacional y social, del carácter ininterrumpible del proceso de transición de la revolución antimperialista a la revolución socialista. Las garantías, particularidades y rjtmos de la transición al socialismo dependen, en lo esencial, del papel que jugará la clase obrera, de su capacidad de organizar y conducir todas las demás fuerzas que participen en el procesó revolucionario.
La necesidad de que la clase obrera guíe la lucha liberadora en América Latina se debe también a que, debido a la dialéctica del movimiento antimperialista mismo, a él se incorporan, junto con las amplias masas populares, sectores de la burguesía nacional, la cual, a medida que la lucha de clases interna va recrudeciéndose y en razón de su carácter dual, tiende a pactar con el imperialismo y las fuerzas de la reacción interna. La experiencia de la Revolución Cubana, los sucesos de Chile, Uruguay y otros países han confirmado que la burguesía nacional no puede ejercer la hegemonía en la revolución liberadora.
Al mismo tiempo, el proletariado es revolucionario en la medida en que es consciente de su misión histórica, de fuerza hegemónica de la revolución y la desempeña en la práctica. Esta conciencia no surge espontáneamente, sino que es resultado de un proceso prolongado y complejo y de la incansable lucha ideológica de los partidos comunistas por liberar __PRINTERS_P_323_COMMENT__ 21* 323 a las masas de la influencia de las ideas nacionalistas burguesas que niegan directamente el papel de la clase obrera como fuerza capaz de liberarse a sí misma y liberar a toda la sociedad.
La lucha decidida e irreconciliable contra el nacionalismo burgués, contra el oportunismo de derecha y de ``izquierda'' en el movimiento antimperialista de América Latina adquiere ahora especial importancia en vista de la necesidad de que el proletariado conquiste la hegemonía en los procesos de liberación en esos países. La condición fundamental e imprescindible para ello es que la clase obrera se libre de la influencia de la burguesía, que se ponga fin a la escisión en el movimiento obrero para unificarlo sobre una base clasista. La eliminación de la influencia burguesa en las masas trabajadoras guarda estrecha relación con la lucha por la unidad del movimiento obrero, puesto que la escisión, la creación de sindicatos paralelos es el método empleado con más frecuencia por la burguesía en los países latinoamericanos para debilitar ese movimiento y afianzar sus propias posiciones.
El dinámico giro a la izquierda y la creciente tendencia a la unidad de acción que se manifiestan en el ámbito de las fuerzas revolucionarias y antimperialistas crean condiciones favorables para fortalecer la unidad obrera. En el curso de las luchas democráticas, de liberación nacional y socialistas ---se indica en las tesis políticas del PC de la Argentina, preparadas para su XIV Congreso--- se ha confirmado que la clase obrera es la fuerza dinámica fundamental de la época contemporánea... La lucha de clases, lejos de haber cedido su lugar a la ``conciliación de clases" que preconizan los nacionalistas burgueses y pequeñoburgueses, ha cobrado mayor envergadura^^9^^. Más aún en las condiciones que presentan los países de América Latina de agudización de las contradicciones de clase y de los conflictos sociales, de incorporación activa a la vida política de amplias capas de la población, el incremento del papel del proletariado es un proceso lógico y natural.
La cohesión y el desarrollo del movimiento antimperialista en el continente no pueden ser posibles sin afianzar el papel de vanguardia de la clase obrera y de sus partidos _-_-_
^^9^^ Véase Hacia el XIV Congreso del Partido Comunista. Buenos Aires, 1972, p. 5.
324 como los más consecuentes luchadores contra la dominación por los monopolios extranjeros y la oligarquía local proimperialista.De allí, no es casualidad alguna que los ideólogos y políticos de la burguesía, guiados por su afán de apoderarse de la dirección del proceso antimperialista y de restringir este último al marco que más conviene a la burguesía latinoamericana, orientan todos sus esfuerzos, sobre todo, contra la teoría revolucionaria del proletariado y del movimiento comunista. Como subrayara el Secretario General del CC del Partido Comunista Brasileño, Luis Carlos Prestes, nada puede haber más peligroso que subestimar el papel del partido marxista-leninista de la clase obrera en el movimiento de liberación nacional de los pueblos de América Latina y los intentos de dividir este movimiento bajo el pretexto de acelerar el movimiento revolucionario.
El fortalecimiento de las posiciones de la clase trabajadora en el continente no significa en modo alguno negar las posibilidades potenciales y el papel de la democracia revolucionaria y del ánimo antimperialista de la pequeña burguesía en la lucha liberadora de los pueblos latinoamericanos.
Los partidos comunistas de América Latina tienen plena conciencia de que no sólo es necesario oponerse con tesis teóricas incuestionablemente justas a las ideas burguesas y pequeñoburguesas que tienden a escindir el movimiento revolucionario y antimperialista, sino también desarrollar en la práctica la línea política apropiada y hacer que las masas comprendan la justeza y necesidad de tal política.
Frente a la estrategia unida del imperialismo de EE.UU. y de la oligarquía local, orientada a dividir el movimiento antimperialista, los partidos comunistas aplican su estrategia unitaria para coordinar la acción de todos los sectores que en una u otra medida están interesados en la derrota del imperialismo, en poner coto al poder de los monopolios, sobre todo norteamericanos, y en mancomunar todas las fuerzas antimperialistas en base a un programa conjuntamente elaborado y a la creación y al afianzamiento de un sólido frente nacional capaz de combatir por la verdadera liberación. En contra de lo que sostienen los ultraizquierdistas, la unidad popular, como mostraron los comunistas, nada tiene de común con la conciliación de clases. Por el contrario, la unidad popular sitúa al proletariado en la vanguardia de la lucha liberadora, facilita la unificación de las acciones 325 de todas las fuerzas antimperialistas en la tarea de derrotar al enemigo principal y realizar la revolución democrática y antimperialista con vistas al socialismo.
En los programas y documentos políticos de los partidos comunistas están formulados en sus rasgos generales dos objetivos y las tareas de la lucha antimperialista conjunta. Los comunistas se manifiestan por un frente único con todas las fuerzas progresistas, patrióticas y democráticas (tanto a escala nacional, como continental), interesadas en la lucha común contra el imperialismo, en la defensa de la soberanía, la integridad territorial y el derecho de cada pueblo a la autodeterminación.
La solución de las múltiples tareas de la revolución agraria, democrática y antimperialista, trazadas por los comunistas latinoamericanos y que hoy se transforman en causa de todos los pueblos y masas trabajadoras del continente, dependerá del grado de cohesión de todas las fuerzas que intervienen por la verdadera independencia y la realización de transformaciones socioeconómicas profundas.
Los comunistas consideran que en la formación de ese frente gran papel cabe a la democracia revolucionaria. Más aún, los marxistas-leninistas latinoamericanos recalcan que lo más importante en la alianza entre el proletariado y las masas no proletarias, la cual constituye la mejor garantía para la creación de un sólido y combativo frente único, es ``el entendimiento entre los revolucionarios provenientes de proletariado y los revolucionarios provenientes de la pequeña burguesía"^^10^^.
Ejemplo histórico de bloque conjunto entre el proletariado y los nacionalistas pequeñoburgueses fue la Liga Antimperialista de las Américas (1925). Hoy la importancia de una actitud diferenciadora de los comunistas respecto a los nacionalistas pequeñoburgueses aumenta por la razón de que una parte de las fuerzas revolucionarias utiliza consignas nacionalistas como sinónimo de antimperialismo, confiriéndole a este concepto un contenido revolucionario.
En modo alguno se puede decir que todas las corrientes nacionalistas en América Latina son anticomunistas. El entrelazamiento de las contradicciones sociales y de contenido nacional, el peso de las tareas nacionales generales en la lucha antimperialista hacen que en las corrientes nacionalistas _-_-_
^^10^^ Luis Corvalán. Camino de Victoria. Santiago de Chile, 1971, p. 200.
326 de los países del continente surjan tendencias democráticas y antimperialistas. ``Y tenemos bien presente ---señalan los comunistas argentinos--- que existen sectores civiles y militares que han sido alimentados por corrientes nacionalistas de distinto signo y que hoy, bajo la influencia de los hechos y del ejemplo que brindan pueblos hermanos, avanzan hacia el patriotismo auténtico. Por eso corresponde tenderles la mano, acercarlos y buscar una plataforma de combate antimperialista para actuar juntos contra enemigo del pueblo y de la Nación, contra el imperialismo yanqui y la oligarquía latifundista-ganadera"~^^11^^.Por otra parte, defendiendo resueltamente el papel rector del proletariado en la lucha liberadora de sus pueblos, los partidos comunistas y obreros de América Latina hacen una apreciación realista de la situación de algunos destacamentos de la clase trabajadora. En los programas y documentos políticos de los partidos comunistas se señala que el grado de organización, de unidad y nivel de conciencia política de la clase obrera en algunos países del continente todavía no le permite a ésta ocupar el papel dirigente en el movimiento liberador. Avanza un proceso de acumulación de reservas, de luchas por convertir al proletariado en la fuerza hegemónica del movimiento revolucionario y liberador.
Tomando en cuenta el nivel del movimiento obrero en el continente y la presente correlación de fuerzas de clase y políticas en el mundo, los partidos comunistas de América Latina admiten la posibilidad de que en algunos países, donde el proletariado por su escaso número, nivel de organización y de conciencia clasista no maduró para desempeñar el papel dirigente, la democracia revolucionaria, en alianza con la clase obrera, dirija el proceso liberador.
``No se pueden despreciar ---escribe Luis Corvalán--- las posibilidades que ofrecen amplios sectores de la pequeña burguesía rural y urbana. Por lo visto, la burguesía latinoamericana ya no es capaz de encabezar los procesos revolucionarios, aunque sí, algunos sectores de esta clase social pueden participar en ellos. La pequeña burguesía, en cambio, tiene un amplio campo para actuar como fuerza revolucionaria y ocupar incluso un papel dirigente en los países en que el _-_-_
~^^11^^ Vigencia del leninismo hov y en la Argentina. Buenos Aires, 1970, p. 189.
327 proletariado es relativamente débil en el orden numérico o en el aspecto político"^^12^^.Como mostró la experiencia de la Revolución Cubana, la profundidad y consecuencia de las medidas liberadoras dependen, en este caso, de la rapidez y grado del acercamiento que se produzca entre la democracia revolucionaria y el movimiento obrero, en que aquélla avance a las posiciones del socialismo científico.
La necesidad de la alianza de todas las fuerzas antimperialistas y patrióticas está condicionada por la naturaleza y el contenido de la primera etapa de la revolución agraria, democrática y antimperialista que puede ser recorrida a través de la creación irrenunciable de un frente antimperialista y democrático único. ``Sólo un frente de esa naturaleza y composición social, al que nosotros llamamos frente democrático nacional, o centro coordinador en su primera etapa --- subraya Fernando Nadra, miembro del Comité Ejecutivo del CC del PC de la Argentina---, puede dirigir la lucha y garantizar la victoria sobre el imperialismo, los terratenientes y la reacción nacional. Esto es lo que no comprenden los seudomarxistas que, en definitiva, con su extremismo y su afán de quemar etapas llevan agua al molino de nuestros enemigos de clase"^^13^^.
Defendiendo la necesidad objetiva de la alianza de todas las fuerzas antimperialistas y democráticas en la lucha contra el imperialismo y la base objetiva de tal unidad, los comunistas latinoamericanos, a la vez, no cierran los ojos ante las dificultades del proceso de unificación del movimiento antimperialista. ``La corriente revolucionaria que emerge de la pequeña burguesía ---subrayó Luis Corvalán--- suele subestimar al proletariado y a los partidos comunistas, es más permeable al nacionalismo, al aventurerismo, al terrorismo y a veces incurre en actitudes anticomunistas y antisoviéticas"^^14^^.
Los partidos comunistas del continente consideran, por ello, que su tarea reside en impulsar el acercamiento con la democracia revolucionaria, en elaborar una línea colectiva sobre la base de la comunidad de intereses en la lucha antimperialista. Cabe notar que los comunistas no limitan la cooperación entre el proletariado y la democracia _-_-_
~^^12^^ Luis Corvalán. Camino de Victoria, p. 204.
~^^13^^ Vigencia del leninismo hoy y en la Argentina, p. 52.
~^^14^^ Luis Corvalán. Camino de Victoria, p. 204.
328 revolucionaria únicamente al plazo del primer período de la revolución democrática y antimperialista, sino que expresan el propósito de contar con su colaboración indefinida^^15^^.Los comunistas orientan sus esfuerzos en la lucha por la formación de coaliciones amplias, ante todo, a la tarea de arrancar a las masas, apoyándose en el proceso de radicalización de éstas y su recio giro a la izquierda, de la influencia ideológica y política del nacionalismo burgués y consolidar la vanguardia de las fuerzas antimperialistas~^^16^^.
Los partidos comunistas y obreros de América Latina no sólo combaten resueltamente las concepciones teóricas burguesas y pequeñoburguesas y desenmascaran su inconsistencia y filo político, sino desarrollan también una intensa actividad práctica de formación de los frentes nacionales, democráticos y antimperialistas, de esclarecimiento de las masas trabajadoras y de lucha por librarlas de la influencia de la burguesía y su ideología.
Los comunistas consideran que únicamente a través de la participación en todos los tipos de trabajo de masas pueden darle la orientación correcta que necesita, ayudar a vencer las tendencias nacionalistas burguesas, ultraizquierdistas y anarquistas. Explicando esta tarea, el Secretario General del CC del Partido Comunista de Colombia, Gilberto Vieira, en el XII Congreso del partido (1975) dijo:
``Sólo trabajando sistemáticamente en el movimiento de masas podrán los comunistas enfrentarse adecuada y eficazmente a las tendencias oportunistas de derecha, que se expresan en el mantenimiento de limitadas posiciones economistas y en ilusiones en el gobierno de López Michelsen, así como también a las tendencias oportunistas de ``izquierda'', en sus diversas variantes anárquicas y aventureras, que frecuentemente facilitan las provocaciones que monta el enemigo de la clase para golpear y desorganizar el movimiento obrero y popular"^^17^^.
La aparición de condiciones objetivas y subjetivas más favorables, así como la táctica flexible y consecuente de los comunistas orientada a la unidad y la formación de amplias alianzas de clases hicieron posible la estructuración, en _-_-_
^^15^^ Ibídem, p. 211.
~^^16^^ Véase Victorio Codovilla. Lo nuevo en la situación nacional después de las elecciones. Buenos Aires, Anteo, 1965.
~^^17^^ Por la unidad popular, para el futuro de Colombia. Documentos del XII Congreso del Partido Comunista de Colombia. Bogotá, 1975, p. 33.
__PRINTERS_P_329_COMMENT__ 22---659 329 varios países latinoamericanos, de agrupaciones y coaliciones antimperialistas y democráticas que pasaron a constituir una base real para la creación de amplios frentes únicos (en Chile, Uruguay, Argentina, Colombia, Venezuela, El Salvador). Considerando la división aún existente entre las fuerzas democráticas y revolucionarias, el hecho mismo del surgimiento de estos frentes fue importante paso para ensanchar y profundizar el movimiento antimperialista.Las actividades del Frente Amplio en Uruguay, del Encuentro Nacional de los argentinos en Argentina, de la Unión Nacional de Oposición en Colombia, de la Unidad Popular en Ecuador y de Fuerza Nueva en Venezuela constituyen una importante etapa en la lucha de los comunistas latinoamericanos por constituir frentes nacionales democráticos amplios. Agrupando a diversos sectores patrióticos en los respectivos países, contribuyen a que la democracia revolucionaria vaya adoptando posiciones consecuentemente antimperialistas.
Los marxistas-leninistas latinoamericanos, a fin de reforzar las tendencias antimperialistas en las capas no proletarias de la población y el movimiento antimperialista en su conjunto, educan a las masas a través de su propia experiencia de lucha antimperialista, promueven consignas concretas (como por ejemplo, sobre la defensa del patrimonio nacional, la restricción de las actividades de los monopolios extranjeros, etc.) y, en base a ellas, impulsan la cohesión de todas las fuerzas sanas nacionales en la pugna contra el imperialismo.
Son notables también los éxitos en el ensanchamiento de los vínculos de los comunistas con la clase obrera, en la organización del movimiento obrero y en el fortalecimiento de su unidad.
Todo ello es testimonio del incremento del nivel teórico, político, ideológico y organizativo de las acciones de los partidos comunistas latinoamericanos, contribuye a afianzar su prestigio y su influencia. Con otras palabras, los partidos comunistas de América Latina buscan insistentemente las vías apropiadas de acceso a la revolución, de acceso de las masas a ella y, con tal objeto y sin dejar de lado las tareas fundamentales de la lucha del proletariado, promueven consignas intermedias de lucha por la democratización de la vida política, por la aplicación de una política exterior independiente, por la defensa de las riquezas naturales y contra su explotación rapaz por los monopolios. Esto robustece aún más el movimiento antimperialista, 330 ensanchándolo geográfica y socialmente: al proceso se incorporan no sólo las organizaciones de izquierda, sino también los círculos dirigentes de algunos países latinoamericanos que se ven obligados a tomar en consideración los ánimos antimperialistas de amplias masas populares.
Independientemente de coyunturas políticas circunstanciales y temporales, de los flujos y reflujos del movimiento revolucionario, América Latina vive un periodo de ascenso general revolucionario, lo cual, a su vez. provocó la crisis de la política del imperialismo yanqui en la región, un estrechamiento de la base social de su dominación. Para detener la ola revolucionaria, el imperialismo acude a métodos fascistas. El imperialismo de EE.UU. convirtió a las dictaduras fascistas en arma de su política neocolonialista en América Latina.
Entre los sectores del complejo militar-industrial de EE.UU. y la parte más reaccionaria de la burguesía proimperialista latinoamericana sigue la tendencia a intensificar la represión, al aplastamiento directo del movimiento antimperialista y la implantación de regímenes militares dictatoriales. Como adversarios furiosos de la distensión en el mundo, estos sectores también dentro de los países de América Latina se manifiestan por una ``guerra permanente" contra sus propios pueblos. Con ese objeto se emplea todo, incluidos el terrorismo de derecha y el de ``izquierda'' que sirve a los objetivos de la reacción de desestabilizar la situación interna en algunos países y crear las condiciones para los golpes fascistas.
Ante el incremento del peligro fascista en la región, un significado primordial asume la tarea que se plantea a los partidos comunistas y todas las fuerzas progresistas de impulsar la lucha contra el fascismo y las sangrientas dictaduras como parte de la lucha contra la estrategia global del imperialismo. Rodney Arismendi, Primer Secretario del CC del Partido Comunista de Uruguay, señaló que la tarea primordial en América Latina hoy es frenar la ofensiva del imperialismo, aislar y derribar las dictaduras fascistas en el continente, devolver las riquezas nacionales a los pueblos y abrir una amplia perspectiva democrática y revolucionaria. La solución de esta tarea se encuentra estrechamente vinculada a la lucha contra el imperialismo de EE.UU., inspirador de las distaduras fascistas, principal enemigo de los pueblos de América Latina.
331El medio principal para resolver esta tarea es la organización de acciones conjuntas de todas las fuerzas democráticas y antifascistas, la creación y el afianzamiento de amplias alianzas populares y antimperialistas.
__ALPHA_LVL3__ 2. EL MOVIMIENTO DE LIBERACIÓN EN AMERICA LATINA COMO PARTE INTEGRANTELa lucha de los comunistas latinoamericanos por la unidad de la clase obrera, por la creación del frente antimperialista y la realización de la revolución agraria, antimperialista y democrática se encuentra estrechamente ligada con la lucha contra los intentos de la burguesía y sus agentes, el nacionalismo burgués y el oportunismo de derecha y de `` izquierda'', de desvincular, separar las posiciones antimperialistas de los trabajadores de unos u otros países del movimiento liberador en el continente y, a este último, del proceso revolucionario mundial. Defendiendo firmemente los fundamentos básicos del socialismo científico, los partidos comunistas impulsan a nuevos niveles el contenido internacionalista de la brega del proletariado de sus países.
Los comunistas de América Latina enfocan el movimiento liberador en su vinculación estrecha con el proceso revolucionario mundial, en el que la lucha de clases abre el camino a la conquista de la independencia nacional, lo cual, a su vez, crea la base objetiva para la unidad antimperialista de las fuerzas de liberación, el socialismo mundial y el movimiento obrero internacional. ``El combate del pueblo chileno y de los pueblos latinoamericanos ---se dice en el programa del Partido Comunista de Chile--- forma parte de la contienda contemporánea fundamental: entre el socialismo y el capitalismo"~^^18^^.
En sus empeños por socavar la cohesión de las fuerzas revolucionarias, el imperialismo y la reacción apuestan, ante todo, al nacionalismo. La propaganda imperialista, tomando en consideración el atractivo que las ideas del socialismo ejercen en las masas, llega incluso a hablar de revolución y de socialismo con tal de que se trate de vías ``específicas'' de revolución y de ``modelos nacionales de socialismo''. Con otras palabras, existe un evidente intento de presentar a _-_-_
~^^18^^ Programa del Partido Comunista de Chile. Santiago de Chile, 1969. p. 13.
332 la teoría marxista-leninista de la revolución socialista, especialmente su internacionalismo proletario, como una `` ideología foránea" o como ``utopia'' y reemplazarla por una variante ``iberoamericana'' como una supuesta expresión de antimperialismo, tras del cual se encuentra el afán de rebajar el papel dirigernte de la clase obrera en el proceso de la revolución democrática y antimperialista con vistas a la revolución socialista^^19^^. Estos intentos se expresaron en las concepciones de ``marxismo nacional" y ``socialismo nacional'', cuyo objetivo principal reside en negar las leyes fundamentales que rigen la transición del capitalismo al socialismo.Una de las principales manifestaciones del internacionalismo proletario en la actividad de los partidos comunistas latinoamericanos es su actitud respecto a la Unión Soviética, al partido leninista, a la experiencia del PCUS y de los partidos hermanos de los países socialistas. ``Para el Partido Comunista de Colombia ---dice Gilberto Vieira--- la solidaridad con la Unión Soviética no es un acto accidental o incidental, sino una cuestión de principios. La experiencia nos ha mostrado, que toda posición antisoviética, así se disfrace de ultrarrevolucionaria, termina siempre en el pantano contrarrevolucionario"^^20^^.
Por eso los partidos comunistas de América Latina desenmascaran resueltamente las teorías nacionalistas y pequeñoburguesas y las concepciones de los ``dos imperialismos'', de la división del mundo en países ``pobres'' y países ``ricos''.
La práctica ha demostrado que esta subversión ideológica reviste neto corte anticomunista. En Paraguay, por ejemplo, los elementos ultraizquierdistas ``levirales'', que se separaron del partido pequeñoburgués de los liberales radicales, proclamaron al ``comunismo internacional" en su documento programático como ``enemigo común del pueblo" y declararon la guerra, no a la dictadura de Stroessner, sino al `` impepialismo marxista''. El objetivo de los ``levirales'', como señaló Pedro Vásquez, miembro de la Comisión Política del CC del Partido Comunista Paraguayo, es el de penetrar en la oposición para dividirla^^21^^.
Los comunistas de América Latina subrayan que los intentos del nacionalismo burgués y de los elementos de _-_-_
~^^19^^ Cuadernos de cultura, Buenos Aires, 1973, N 37, pp. 27--28.
^^20^^ Documentos políticos, Bogotá, 1970, N 88, p. 2.
~^^21^^ Véase Revista Internacional, Praga, 1975, N 6, p. 26.
333 ultraizquierda por tergiversar el contenido esencial de la época contemporánea y su contradicción principal, por suplantar su naturaleza clasista mediante controvertidas reflexiones sobre países ``pobres'' y países ``ricos'' tienen por objeto sentar una base teórica a la consigna de la ``unidad nacional" y un fundamento político para dividir las fuerzas revolucionarias y antimperialistas, fortalecer las posiciones de la burguesía y del imperialismo. Explicando el sentido de esta política de la burguesía, Fidel Castro, Primer Secretario del CC del Partido Comunista de Cuba, dijo: ``La política imperialista se comporta de la misma forma en todo el mundo frente a los pueblos que luchan por su liberación. Es por ello que no entendemos la extraña tesis que hace referencia a dos supuestos imperialismos, esgrimida por algunos dirigentes que se consideran parte del Tercer Mundo, pretendiendo semejar a la URSS con Estados Unidos, porque con ello sirven al único y verdadero imperialismo y aislan a sus pueblos. Esta tesis reaccionaria en sí misma y fruto exclusivo de la ideología e intriga de los teóricos burgueses y del imperialismo tiene por objetivo alentar la división y la desconfianza entre las fuerzas revolucionarias a nivel internacional y alejar a los movimientos de liberación de los países socialistas"^^22^^.Por eso los comunistas latinoamericanos actúan resueltamente contra toda manifestación de anticomunismo y antisovietismo como uno de los más serios obstáculos en el camino hacia la liberación nacional y el progreso social. Consideran que su solidaridad con el socialismo real es su deber internacionalista y constituye un factor decisivo en el fortalecimiento ideológico y político de las posiciones de la clase obrera y de todas las fuerzas democráticas y antimperialistas en sus países y en la región en conjunto^^23^^. De ahí que los partidos comunistas hayan condenado con firmeza el ``eurocomunismo'' como un intento de separar a la Unión Soviética y demás países socialistas de otros pueblos de Europa, del movimiento antimperialista y liberador contemporáneo y, de esa manera, debilitarlo, escindir y desorientar las filas del movimiento comunista internacional.
En el pleno del Comité Central del Partido Comunista de Colombia, celebrado en enero de 1977, Gilberto Vieira subrayó: _-_-_
^^22^^ Grartma, 28.VII. 1973.
^^23^^ Véase O. Ghioldi. Reflexiones originadas por un libro de Santiago Carrillo, Buenos Aires, 1977^ p. 14.
334 ``Y no hacemos concesiones al enemigo, que nos invita hipócritamente a demostrar nuestra ~`independencia'', según el modelo de lo que llama la prensa burguesa el ~`eurocomunismo'', haciendo eco a las campañas antisoviéticas que se desarrollan continuamente, con cualquier pretexto"^^24^^.La práctica de la lucha antimperialista en América Latina confirmó el hecho indiscutible de que ningún movimiento revolucionario tuvo ni podrá tener perspectivas de triunfo en el enfrentamiento al imperialismo aislándose del movimiento obrero mundial y sustentando ideas hostiles al socialismo. Los comunistas de América Latina enarbolan bien alto la bandera del internacionalismo proletario, se manifiestan decididamente por la unidad del movimiento comunista internacional, educan a las masas y a los afiliados en el espíritu de solidaridad fraternal y de respeto hacia el primer Estado socialista del mundo, los otros países del socialismo y los pueblos que bregan por su libertad e independencia. Esta lucha de los partidos comunistas latinoamericanos por la unidad del movimiento comunista internacional y el afianzamiento de los vínculos del movimiento liberador en los países latinoamericanos con el proceso revolucionario mundial, se ha constituido en un factor importante de la lucha general de los pueblos contra los intentos del imperialismo por dividir y debilitar el movimiento revolucionario en la región. Al mismo tiempo, ven en esta unidad una necesidad interna y una ley objetiva del desarrollo del movimiento comunista y obrero. Tal unidad es especialmente imprescindible en nuestrqs días, cuando los comunistas han levantado la consigna de formar un frente común en la contienda contra el imperialismo. Todo éxito en el afianzamiento de la unidad de acción de los comunistas conduce indeclinablemente a fortalecer este frente; por el contrario, incluso las concesiones parciales al nacionalismo y a los actos divisionistas frenan dicho proceso cuyo avance facilita considerablemente el desarrollo de una estrategia ofensiva de las fuerzas revolucionarias contra el imperialismo.
El internacionalismo proletario de los partidos comunistas latinoamericanos se manifiesta también en su lucha por fortalecer la unidad y la cohesión del movimiento comunista a nivel regional que consideran sumamente importante en la brega antimperialista.
La unidad del movimiento revolucionario a escala regional _-_-_
^^24^^ Voz Proletaria, Bogotá, 1977, enero 27. Suplemento.
335 es un elemento que emana de condiciones objetivas tales como la estrategia global del imperialismo norteamericano y la comunidad de las tareas revolucionarias que exigen elaborar en América Latina una estrategia conjunta, un enfoque unitario respecto a muchos problemas de la revolución. Por otra parte, uno de los métodos constantes del arsenal ideológico y político utilizado por el imperialismo tiende a acentuar las diferencias de posiciones de las fuerzas revolucionarias, a ampliar esas diferencias especialmente en el ámbito del movimiento comunista. Por eso los partidos comunistas oponen a la ofensiva unificada del imperialismo, el nacionalismo y el oportunismo de derecha y de ``izquierda'' un frente ideológico único, su internacionalismo y la solidaridad fraterna.``Consideramos ---subraya Gerónimo Arnedo Alvarez, Secretario General del Partido Comunista de Argentina--- que la introducción sucesiva y firme de los principios del internacionalismo en el movimiento revolucionario mundial, el robustecimiento de la unidad de la clase obrera internacional y el reforzamiento de la cohesión de todas las fuerzas antimperialistas son una condición imprescindible de nuestro avance exitoso por el camino que abrió el Gran Octubre"^^25^^.
Una práctica que contribuye notablemente a reforzar la solidaridad fraternal de los partidos comunistas de América Latina y que ya se ha hecho tradicional es la convocatoria de conferencias continentales y regionales. Suceso relevante en la vida de los jóvenes partidos comunistas y obreros de América Latina fue la Primera Conferencia realizada en 1929 que orientó sus actividades para muchos decenios, sentó las bases que más adelante fueron desarrolladas y enriquecidas para la consolidación ideológica y orgánica de los partidos, para la elaboración de sus programas.
Esta tradición prosigue con la conferencia de los partidos comunistas latinoamericanos que se celebró en La Habana en 1964 y que examinó los cambios en el continente después del triunfo de la Revolución Cubana, adoptando una serie de importantes resoluciones sobre la solidaridad con Cuba revolucionaria y la lucha conjunta contra la agresión imperialista, sobre el afianzamiento de la unidad del movimiento comunista internacional.
El encuentro celebrado en 1975 en La Habana fue una brillante manifestación de la unidad de los partidos comunistas _-_-_
~^^25^^ Revista Internacional, Praga, 1974, N 11, p. 19.
336 del continente y de su espíritu solidario. El significado principal de la Conferencia de los Partidos Comunistas y Obreros de América Latina y del Caribe de 1975 consiste en que logró ``avances muy importantes en formulaciones comunes y definiciones teórico-políticas sobre temas estratégicos y tácticos de gran proyección hacia el futuro, además de un ajuste para la acción inmediata contra el enemigo común y fundamental : el imperialismo norteamericano, en base a la promoción de una amplia conjunción antimperialista en todo el continente"^^26^^.También se celebran con regularidad conferencias regionales de los partidos comunistas y obreros de los países de América Central, México y Panamá. La VII Conferencia de estos partidos, que se realizó en mayo de 1972, subrayó: ``El deber inmediato de nuestros partidos en sus relaciones entre sí, como partes indivisibles de la gran fuerza social que en nuestra época lucha por el socialismo, consiste en encontrar las formas más eficaces para conservar las medidas de solidaridad y ayuda mutua en las luchas que hoy están planteadas"^^27^^. También se destacó la necesidad de la acción solidaria en la lucha contra el enemigo común y de su coordinación en la conferencia regional de los partidos comunistas de Argentina, Brasil, Bolivia, Chile, Paraguay, Perú y Uruguay que tuvo lugar en setiembre de 1971.
Se realizan también sistemáticamente encuentros bilaterales tendientes a reforzar la colaboración continental y la unidad del movimiento comunista mundial.
Todo ello es un reflejo del proceso objetivo de crecimiento y desarrollo del movimiento comunista en América Latina. A los esfuerzos mancomunados de los nacionalistas burgueses, del revolucionarismo pequeñoburgués y del maoísmo, los comunistas latinoamericanos oponen su fidelidad al marxismo-leninismo y al internacionalismo proletario, un incansable esfuerzo por salvaguardar su pureza ideológica y llevarlos a las masas trabajadoras, cuya conciencia unitaria y organización definirán el futuro de América Latina.
La situación en el continente es compleja y cambia con mucha celeridad. Sus elementos son determinados por el incremento de las fuerzas antimperialistas y las maniobras del imperialismo y la reacción encaminadas a frenar el proceso _-_-_
~^^26^^ Revista Internacional, Praga, N 2, 1976, p. 36.
~^^27^^ Libertad, San José, 10.VI.1972, p. 6.
337 de giro a la izquierda de las masas.Los hechos de los últimos tiempos demuestran que los círculos gobernantes de los EE.UU. y sus aliados en los países latinoamericanos, en la lucha que mantienen contra el movimiento antimperialista y de izquierda, además de acudir a la represión directa, utilizan cada vez más diferentes formas de subversión ideológica y política. Semejante cambio en la táctica de la reacción procede de una serie de factores objetivos. La alternativa de una ulterior fascistización e implantación de regímenes militares autoritarios en los países de la región está lejos de satisfacer no sólo a los partidos de izquierda, sino también a los sectores nacionalistas e, incluso, liberales de derecha de las burguesías latinoamericanas, que no pueden dejar de tomar en cuenta que estos regímenes son más propensos a crear situaciones explosivas por la indignación de las masas. Los sectores mencionados consideran que haciéndose eco de los afanes de los pueblos latinoamericanos (aplicación ``desde arriba" de algunas reformas sociales y concesión de libertades políticas limitadas) se puede combatir más eficientemente contra la influencia ascendente de los comunistas y el avance del movimiento antimperialista.
En Washington tienen presente las tendencias señaladas y procuran corregir adecuadamente su política en la región. Los hechos indican que la lucha ideológica vuelve a aparecer otra vez al primer plano en el arsenal de formas y métodos de enfrentar al movimiento antimperialista. El surtido de estos medios y procedimientos es sumamente amplio y está dirigido, ante todo, contra los partidos comunistas. El imperialismo y la reacción, al ver frustradas sus esperanzas de escindir los partidos comunistas latinoamericanos con ayuda del maoísmo y de los elementos ultraizquierdistas, ponen en práctica nuevas formas de acción. Aunque el antisovietismo sigue siendo el arma principal de la reacción, sus métodos se han hecho más refinados y encubiertos. Ahora la propaganda enemiga ya no habla de la ``mano de Moscú'', pero se esfuerza por contraponer unos partidos comunistas a otros, sembrar la división y la desconfianza estimulando la `` independencia'', la ``autonomía'', etc.
Por otra parte, procura insistentemente difundir en las filas del movimiento revolucionario la idea de la inevitabilidad del avance del fascismo y de la reacción en América Latina. Con esto persigue dos objetivos: primero, atemorizar 338 a las fuerzas revolucionarias y democráticas incitándolas a restringir sus luchas ante el peligro de una derrota completa; segundo, separar la brega contra el fascismo de la lucha antimperialista y, de esa manera, estrechar las tareas del movimiento liberador y su base social.
Los comunistas subrayan resueltamente y explican a las masas que el desarrollo de la situación en la región depende no sólo de cuál de las dos tendencias (represión directa o maniobra social) predominará en la política de EE.UU. y de las clases dominantes latinoamericanas. Más importancia aún adquiere la movilización de todas las fuerzas democráticas, antimperialistas y antifascistas en la pugna contra un desplazamiento de la situación hacia la derecha. La lid contra el peligro fascista en América Latina en la etapa actual debe enfocarse como parte integral e inseparable de la lucha antimperialista, contra la ofensiva de la reacción y en defensa de la democracia y la independencia nacional, por cuanto sólo este enfoque de las tareas permitirá crear sólidas premisas para unificar fuerzas heterogéneas sobre la base del programa de la revolución antimperialista.
Al mismo tiempo, según opinan los comunistas, se plantea con más fuerza aún la tarea de la lucha ideológica, del esclarecimiento ideológico y político de las masas. Todo ello debe contribuir a resolver la tarea principal de la presente etapa: la creación de amplias alianzas y frentes antimperialistas y democráticos que agrupen a todos los partidarios de transformaciones profundas, a fin de establecer la correlación de fuerzas que garantice la posibilidad de estas transformaciones.
[339] __ALPHA_LVL1__ CONCLUSIÓNEn el transcurso de los dos siglos que pasaron después de la formación de EE.UU. los círculos dirigentes de este país se esfuerzan por todos los medios en crear un ``sistema cerrado" de relaciones internacionales en el hemisferio occidental. La doctrina Monroe y el panamericanismo, la diplomacia del dólar y la política del gran garrote, la del buen vecino y de la Alianza para el Progreso fueron alternándose a lo largo de un gran período histórico y perseguían un objetivo fundamental: levantar una ``muralla china" entre América Latina y el resto del mundo, afianzar a EE.UU. en el papel hegemónico y asegurar al capital monopolista yanqui condiciones favorables para explotar a los pueblos del continente. El sistema de la dominación imperialista fue reforzado considerablemente durante el período de la segunda guerra mundial y de los primeros años posbélicos cuando los Estados Unidos pudieron desplazar sensiblemente a sus rivales imperialistas en el hemisferio occidental e incorporar a los Estados latinoamericanos en la ``guerra fría" contra la URSS, subordinando la política de estos países a los intereses de la estrategia global norteamericana.
Los pueblos de América Latina, no queriendo vivir avasallados, desarrollaron una tenaz lucha por la verdadera independencia, pero sufrieron repetidas derrotas. La situación empezó a cambiar después del triunfo de la Gran Revolución Socialista de Octubre, que ejerció un enorme influjo en los destinos históricos de los pueblos dependientes y coloniales. La formación e indeclinable fortalecimiento del sistema mundial del socialismo en el período posbélico, el derrumbe de los imperios coloniales en Asia y África condujeron a cambios radicales en la correlación de fuerzas entre el socialismo y el capitalismo en la palestra mundial, inspirando a los 340 pueblos de América Latina a una decidida lucha contra el yugo imperialista. ``Ninguna persona objetiva negará ---señaló Leonid Brézhnev desde la tribuna del XXV Congreso del PCUS--- que la influencia de los países socialistas sobre el curso de los acontecimientos mundiales es cada día más fuerte y más profunda. Eso, camaradas, es un gran bien para toda la humanidad, para todos los que guieren la libertad, la igualdad, la independencia, la paz y el progreso"^^1^^.
En las nuevas condiciones, el movimiento liberador de América Latina conquistó importantes éxitos en una serie de países. La revolución boliviana de 1952, la valerosa lucha del pueblo guatemalteco contra los monopolios yanquis, el derrumbe en la segunda mitad de la década del 50 de los regímenes dictatoriales establecidos en Perú, Colombia y Venezuela asestaron fuerte golpe al sistema de dominación imperialista en América Latina. El triunfo de la Revolución Cubana que condujo a la formación del primer Estado socialista en el hemisferio occidental marcó un cambio radical en los destinos históricos del continente. ``La Revolución Cubana ---se indicó en la Declaración de la Conferencia de los Partidos Comunistas de América Latina y el Caribe--- marca un momento de profundo viraje de la lucha contra la dominación imperialista a escala mucho más amplia y profunda en el continente. Y tiene una notable influencia internacional"^^2^^.
El análisis de las relaciones entre EE.UU. y los países de la región después de la victoria de la Revolución Cubana atestigua que el sistema de la dominación imperialista en América Latina vive una crisis crónica cada vez más profunda. Esta emana de factores objetivos como la agudización de las contradicciones entre los países de la región que se desarrollan por la vía del capitalismo dependiente y los monopolios imperialistas de EE.UU. que aparecen como sus principales explotadores. Factor importantísimo de la profundización de esta crisis son los avances en la construcción de la sociedad socialista en Cuba, que muestran ostensiblemente a los pueblos del continente el verdadero camino hacia el progreso socioeconómico, político y cultural.
_-_-_~^^1^^ L. 1. Brézhnev. Informe del Comité Central del PCUS y las tareas inmediatas del partido en la política interior y exterior, pp. 8--9.
^^2^^ La América Latina en la lucha contra el imperialismo, por la independencia nacional, la democracia, el bienestar popular, la paz, y el socialismo, p. 25.
341La particularidad característica del desarrollo de las relaciones entre EE.UU. y las naciones de América Latina en la etapa actual consiste en que, gracias a los esfuerzos de los países socialistas y de otras fuerzas progresistas del mundo, se ha pasado de la ``guerra fría" a la distensión internacional, y ello crea condiciones favorables para que se intensifiquen los esfuerzos de las naciones latinoamericanas encaminados a poner fin a la tutela de EE.UU. y a reestructurar las relaciones internacionales en la región. La reafirmación por el XXV Congreso del PCUS de la posición principista de la URSS de respaldo al afán de los países latinoamericanos por fortalecer su independencia política y económica, por elevar su papel en la vida internacional tiene enorme significado para el avance de sus batallas contra los monopolios estadounidenses.
La lucha de los pueblos del continente contra la dominación foránea adquirió en el presente un empuje de ofensiva y rebasó los confínes nacionales de unos u otros Estados para transformarse en una importante base de acción mancomunada. Gracias a ello, la pugna de las naciones latinoamericanas contra los monopolios imperialistas asumió nuevos rasgos. La divergencia de intereses va adoptando caracteres de confrontación ya que se cuestionan, no sólo algunos aspectos separados de las relaciones mutuas, sino todo el sistema injusto de los nexos con EE.UU. Sin embargo, esta tendencia se abre paso en las condiciones complejas y contradictorias de la realidad sociopolítica y económica actual de América Latina, enfrentando la furiosa resistencia del imperialismo y la reacción local que acuden a todos los medios posibles para contener el desarrollo del proceso revolucionario, golpear las posiciones de las fuerzas progresistas, separar unos de otros los Estados de la región y aislar a los países que mantienen una política exterior antimperialista o soberana.
El incremento de las contradicciones entre América Latina y el imperialismo y el agravamiento de la crisis del sistema panamericano obligan al gobierno estadounidense, sin rununciar por ello a los métodos tradicionales de salvaguarda de los intereses monopolistas en el continente, a maniobrar afanosamente, modificar su táctica y las consignas de su política, buscar la manera de adaptarse a la nueva situación en concordancia con la cambiante correlación de fuerzas en los países del área. Ello se refiere a todos los aspectos de la política latinoamericana de EE.UU.: a las formas de 342 expansión y explotación económicas, a la búsqueda de aliados y agentes políticos, a la actuación de los organismos militares y de inteligencia, al funcionamiento de los mecanismos de acción ideológica, a los canales y objetivos del intercambio científico y cultural, etc. El gobierno demócrata encabezado por J. Cárter proclamó la concepción de unas ``nuevas relaciones" entre EE.UU. y sus vecinos del sur como la base de su política latinoamericana. La nueva administración promovió la tesis que concede prioridad a los objetivos estratégicos a largo plazo para afianzar la influencia estadounidense en la región frente a las ventajas inmediatas y que formula la necesidad de terminar con la actitud despectiva respecto a ``sus amigos" en el hemisferio occidental, para lograr una ``reestructuración constructiva" de la situación creada en el continente. Se da especial relieve a las relaciones bilaterales ya que, según los dirigentes de Estados Unidos, esto permite aplicar una línea ``flexible'' que toma en consideración las crecientes diferencias entre los países latinoamericanos, aprovechar las contradicciones existentes entre las naciones de la región y conservar ``libertad de maniobra" respecto a los gobiernos ``indeseables''.
En las medidas concretas de la ``estrategia de adaptación" ejerce determinada influencia la pugna política interna en EE.UU. en torno a los problemas de la política latinoamericana, pugna que se libra en el seno de la opinión pública y entre una parte de aquellas fuerzas que tienen relación indirecta y, a veces, directa con la formación de la política gubernamental. La agudeza de esta lucha reflejó en los últimos años, en grado considerable, el proceso de revaluación de valores motivado por la derrota de EE.UU. en Vietnam y de los títeres imperialistas en Angola, por las consecuencias políticas del caso Watergate, por las denuncias escandalosas de las actividades de la CÍA, que viola burdamente las normas generales de la vida internacional, y por la crisis de confianza de los norteamericanos, sin precedentes en la historia, respecto a los institutos del poder. Los choques y la pugna entre diferentes puntos de vista y enfoques acerca de las relaciones interamericanas en las entidades legislativas y del gobierno de EE.UU. determinan en sumo grado los zigzags de la política latinoamerican? de Washington.
Las divergencias en las esferas dirigentes de Estados Unidos atañen a cuestiones tácticas y métodos de la 343 política latinoamericana, pero no afectan la línea estratégica determinada por los intereses imperialistas del capital monopolista. En la nueva correlación de fuerzas en el mundo y en el continente, el objetivo principal de la política latinoamericana de EE.UU., con todas las modificaciones e innovaciones tácticas posibles motivadas por el deseo de adaptarse a la situación actual, es el de conservar la cantidad máxima de países dentro del sistema capitalista mundial y de su esfera de influencia. Siguiendo su enfoque pragmático y la táctica de apoyarse en los ``aliados privilegiados'', los Estados Unidos pueden llegar a hacer determinadas concesiones a la burguesía de los países más grandes del área, contribuir al fortalecimiento de tendencias estatal-monopolistas en ellos y a superar los márgenes del ``subdesarrollo'' conservando el ``modelo del capitalismo dependiente''. Tal estrategia de los monopolios imperialistas de EE.UU. en América Latina se debe mucho al avance de la competencia y la lucha con el socialismo mundial en escalas globales. La posibilidad de realizar estos fines estratégicos en la práctica está restringida por el enfrentamiento objetivo de los intereses de los monopolios imperialistas, por un lado, y de los pueblos y naciones latinoamericanos que se manifiestan por la independiencia nacional y el progreso social y económico, por el otro.
El nudo principal de las' contradicciones entre Estados Unidos y los países de América Latina se encuentra en las relaciones económicas. Estas contradicciones revisten carácter profundamente antagónico, ya que la explotación de los países de la zona por los monopolios estranjeros constituye una de las causas principales del empeoramiento de la situación económica de los Estados de la región. Estas contradicciones abarcan todos los aspectos del sistema de relaciones económicas desiguales entre EE.UU. y América Latina. Desde fines de los años 60 los países del continente presentan una plataforma común detalladamente elaborada sobre este grupo de problemas y en esta esfera es donde existe mayor unidad de acción entre los Estados latinoamericanos, a pesar de las grandes diferencias en el carácter de las fuerzas de clase que se encuentran en el poder en los diversos países. Las posibilidades de EE.UU. y sus perspectivas de limar las contradicciones económicas son sumamente limitadas. Los monopolios imperialistas de Estados Unidos se esfuerzan en conservar al máximo las facilidades para su expansión económica en el continente y, por eso, procuran 344 mitigar las contradicciones económicas mediante diversas maniobras políticas, lo cual hace sus posiciones más vulnerables aún.
Los acontecimientos de la década del 70 mostraron que la lucha de los pueblos de América Latina por recuperar las riquezas naturales usurpadas por el capital extranjero y por implantar el control sobre las corporaciones transnacionales adquirió carácter ofensivo y constituye una de las bases fundamentales para la acción conjunta con filo antimperialista. También cambió el carácter de la nacionalización de la propiedad extranjera, que en algunos países es parte integrante de amplias transformaciones socioeconómicas. Esto conduce a conflictos agudos entre un grupo considerable de países y EE.UU. Los mayores avances se han hecho en Perú y Venezuela, donde los pueblos lograron recuperar en la primera mitad de los años 70, en lo esencial, sus riquezas naturales.
Sin embargo, este acuciante problema está lejos de haber sido resuelto. A pesar de las medidas adoptadas por muchas repúblicas latinoamericanas en defensa de sus intereses nacionales, la expansión económica de los monopolios yanquis sigue ampliándose. Diferenciando sus métodos en dependencia de la situación político-social en distintos países de la región y utilizando los métodos de expansión más modernos (creación de compañías mixtas, transferencia de tecnologías, la nueva división internacional del trabajo entre los `` centros'' y la ``~periferia'', etc.), los monopolios logran afianzar sus posiciones en sectores clave de la economía de América Latina, en primer lugar en la industria manufacturera de los países más grandes y desarrollados (Brasil, México, Argentina, Colombia). Esto crea complejos problemas económicos y graves situaciones políticas en los Estados de la región. Se va conformando un nuevo grupo de contradicciones, se ahondan los conflictos con EE.UU. Cuando Washington interviene abiertamente en respaldo de ``sus'' monopolios, se revela la no coincidencia entre las declaraciones de la política oficial y la política ``propia'' de las corporaciones más grandes respecto a esta zona, se acentúan las tendencias en los países latinoamericanos a la acción conjunta para elaborar normas jurídicas internacionales de ``conducta'' de las compañías extranjeras, etc.
En el desarrollo de esta lucha y en su resultado influye grandemente la circunstancia de que los gobiernos de __PRINTERS_P_345_COMMENT__ 23---659 345 distintos países se atienen a posturas diferentes. Mientras, ante todo Perú, Venezuela, Ecuador y otros, procuran restringir y desplazar paulatinamente a los monopolios imperialistas, la política de otros países se basa en la idea de una `` regulación racional" de la inversión foránea. Brasil, Chile, Bolivia, Paraguay y las repúblicas centroamericanas se orientan a estimular por todos los medios el ingreso de capitales extranjeros. Esto proporciona a los monopolios estadounidenses la posibilidad de maniobrar aprovechando las contradicciones entre los países de la región.
Entre EE.UU. y las naciones latinoamericanas existen graves divergencias en torno a muchas cuestiones políticas. La política de las fuerzas reaccionarias de Estados Unidos y de algunos regímenes dictatoriales de América Latina respecto a Cuba socialista crea un foco de tensión y de potenciales y peligrosos conflictos en la zona del Caribe. La línea anticubana contradice la voluntad de la mayoría de las repúblicas latinoamericanas de afirmar los principios de igualdad soberana, coexistencia pacífica y no injerencia en las relaciones interamericanas. Vastas capas de la población de América Latina y un conjunto de gobiernos condenan el apoyo que los monopolios de EE.UU. brindan a la junta militar de Pinochet y a otros gobiernos dictatoriales que desataron el terror fascista contra los luchadores por los intereses nacionales. Casi todos los países latinoamericanos apoyan activamente la justa brega de Panamá por el restablecimiento de sus derechos soberanos sobre la Zona del Canal.
En las relaciones políticas entre EE.UU. y las naciones del continente ocupa un lugar importantísimo la cuestión del papel y del futuro del sistema interamericano y de su eslabón central, la OEA. En los últimos tres lustros quebraron muchos postulados ideológicos del panamericanismo: la teoría del `` determinismo geográfico'', la concepción de la ``comunidad de intereses" y de la ``solidaridad del hemisferio occidental''. Un grupo nutrido de Estados de la región demanda una reorganización radical del sistema interamericano, coherente con las necesidades de su desarrollo socioeconómico y las tareas de reconstruir las relaciones interamericanas sobre una base de principios democráticos y progresistas. El rechazo por el gobierno de EE.UU. del proyecto de reformas del sistema interamericano, que se había elaborado en el transcurso de tres años con la participación de todos los países miembros 346 de la OEA, reveló el abismo que hay entre Estados Unidos y las naciones de la región.
La OEA perdió prácticamente la capacidad de influir decisivamente en la política de los Estados de la zona, y las posibilidades objetivas de EE.UU. de utilizar esta organización se van restringiendo. La ``supervivencia'' de la OEA, sumida en prolongada crisis, se debe al hecho de que un conjunto de países aún siguen considerando necesario conservar este organismo en calidad de ámbito para ``dialogar'' con EE.UU. A su vez, los círculos imperialistas estadounidenses, apoyándose en el respaldo que le brindan los regímenes reaccionarios, de dictadura militar, se esfuerzan en restablecer las funciones de la OEA como arma de la ``diplomacia de bloques''.
Pese a la resistencia de Perú, México, Venezuela, Panamá y otras repúblicas, los EE.UU. siguen utilizando el mecanismo político-militar de la OEA para fortalecer sus posiciones en el continente. Los resultados de las últimas reuniones militares interamericanas han mostrado que en ellas volvieron a tratarse medidas para reforzar la cooperación de las fuerzas militares de los países miembros de la OEA, encaminadas a acabar con la ``actividad subversiva" y extirpar el ``marxismo'' y el ``comunismo internacional": se adoptaron recomendaciones para elevar la eficiencia de los organismos militares interamericanos. La intensificación de los esfuerzos tendientes a crear un bloque político-militar anticomunista de regímenes dictatoriales en el cono sur y los planes de agrupar a estos países y al régimen racista de la RSA en África dentro del marco de uno u otro tipo de organización militar están vinculados con los intentos de las fuerzas más reaccionarias del imperialismo y de los grupos locales de la oligarquía de oponerse a la distensión internacional y evitar que ésta se extienda a América Latina.
En los cimientos del mecanismo político-militar del sistema interamericano, considerablemente reforzado por EE. UU. durante los años de la ``guerra fría'', subyacen dos factores principales: en primer lugar, cierta identidad en los intereses de clase y en los postulados estratégicos del complejo industrial-militar de EE.UU. y de los sectores militares reaccionarios de América Latina y, en segundo, los numerosos tratados y acuerdos militares multilaterales y bipartitos que, junto con los acuerdos de carácter más general, permiten a Estados Unidos ejercer un mayor control de la situación.
__PRINTERS_P_347_COMMENT__ 23* 347Un momento sustancial de esa realidad es la fusión intensiva de los intereses de los grupos industrial-militares locales con el complejo industrial-militar de EE.UU. Cabe señalar que el incipiente complejo industrial-militar local, a la vez que desempeña el papel de socio menor en el sistema interamericano se va transformando en una especie de subcontratista del complejo industrial-militar de EE.UU. Desde el punto de vista de los estrategas del Pentágono, América Latina constituye un importante eslabón en su sistema político-militar global, próximo a EE.UU. En los últimos años aumenta en la región el número de estaciones destinadas a respaldar los programas cósmicos de EE.UU. y sus sistemas de telecomunicaciones especiales. Los objetivos militares norteamericanos, emplazados en un conjunto de países de la región, constituyen parte integrante de la red de bases militares de EE.UU. en el exterior y desempeñan un papel esencial en el mecanismo de accionamiento político sobre la situación en la zona.
Durante el último decenio en la política militar de Estados Unidos en América Latina ocupó el primer plano la tarea de preparar a las fuerzas armadas del continente, en el aspecto militar, ideológico y político, para la acción en el ``frente interno'', es decir, para la lucha contra el movimiento liberador. Al mismo tiempo se hace cada vez mayor hincapié en los métodos de ``presencia encubierta'', se amplía la participación del Pentágono y la CÍA en las ``operaciones secretas" de las fuerzas armadas locales contra el movimiento de liberación. Nueva arma de los monopolios imperialistas tienden a ser las organizaciones terroristas de la extrema derecha, creadas frecuentemente con la participación directa de la CÍA y cuyas actividades están destinadas a eliminar físicamente a los militantes de los partidos comunistas, sindicatos obreros y otras organizaciones progresistas.
No obstante, los procesos de distensión internacional y de debilitamiento relativo de las posiciones estratégicas de los monopolios yanquis que se operan en el mundo, provocan entre un grupo de naciones latinoamericanas, donde se afirman entre las fuerzas militares las posiciones de los sectores nacionalistas y patrióticos, el deseo de liberarse de la dependencia político-militar y económico-militar de EE.UU. Esto se manifiesta en las intervenciones en pro de la revisión del Tratado Interamericano de Asistencia Reciproca y del desmantelamiento de las bases y otros objetivos militares fijos 348 de EE.UU., en los proyectos de cese o reducción de la carrera armamentista en el continente, en la resistencia a que sea ampliada la ``cooperación'' militar dentro del marco del sistema interamericano (ante todo, por parte de los gobiernos militares de orientación progresista). Incluso en los países donde en las fuerzas armadas predominan los partidarios de una estrecha alianza militar con EE.UU., los mismos se ven obligados a tomar en consideración las tendencias nacionalistas y el incremento de los ánimos antimperialistas entre los militares. Una de las formas de hacer frente a la influencia prevaleciente de Estados Unidos en la esfera militar se manifiesta en los intentos de algunos países de la región por ensanchar las relaciones político-- y técnico--militares con otros países.
Las acciones independientes de las naciones latinoamericanas en política exterior se ven facilitadas por el sistema de organismos de consulta y cooperación constituidos a finales de la década del 60 y comienzos de los años 70 y que les permiten intervenir de manera concordada en muchas cuestiones atinentes a sus relaciones con EE.UU. y demás potencias imperialistas. Avances de importancia en la cooperación latinoamericana en la reafirmación de los principios de la coexistencia pacífica, igualdad y no intervención en los asuntos interamericanos pudieron ser alcanzados gracias a la consecuente lucha de Cuba socialista por la unidad de acción de los países del continente sobre una base antimperialista, a la activa política exterior del gobierno de Salvador Allende en 1970--1973, al creciente aporte de Perú, Panamá, México, Venezuela, Ecuador y los Estados de reciente independencia en el Caribe.
Sin embargo, el camino hacia una solidaridad verdadera entre las repúblicas latinoamericanas presenta no pocos escollos. En la política exterior de muchos países se manifiestan con frecuencia vacilaciones y retrocesos que reflejan la inconsecuencia de la burguesía local, así como la presión de los grupos oligárquicos estrechamente fusionados con el capital extranjero. La diplomacia de algunos países intenta sacar ventajas materiales y políticas balanceando entre los países socialistas y los monopolios imperialistas. La camarilla militar fascista de Pinochet y otros regímenes antipopulares actúan como cómplices del imperialismo.
Por lo tanto, el complejo y, en mucho, contradictorio panorama actual de las relaciones entre EE.UU. y los países 349 de América Latina en lo económico, político, militar e ideológico se caracteriza por la lucha de dos tendencias opuestas. El capital monopolista se esfuerza por intensificar su explotación de los recursos naturales y humanos del continente, desplegar una contraofensiva para anular las conquistas democráticas de los trabajadores implantando dictaduras militares fascistas y utilizando también ampliamente formas encubiertas de expansión. Frente a la crisis cada vez más aguda de la política neocolonialista, las doctrinas imperialistas que justificaban la intervención abierta en los asuntos internos de los países de la región se transformaron en las concepciones de los ``socios maduros'', ``aliados privilegiados" y de la ``interdependencia''. Sin embargo, los actos de las fuerzas más reaccionarias del imperialismo y de la oligarquía local chocan con la decidida resistencia de los pueblos de América Latina que tomaron el camino de la lucha activa por la independencia económica, el reforzamiento de la soberanía nacional, el progreso social y la paz.
Los partidos comunistas y obreros de América Latina, que marchan a la vanguardia del movimiento liberador, enlazan estrechamente en sus actividades las tareas de la lucha antimperialista con la lucha de las amplias masas populares contra la amenaza del fascismo, por la realización de transformaciones socioeconómicas profundas y la transición revolucionaria a la vía socialista de desarrollo. ``El camino de las transformaciones revolucionarias de América Latina ---se dice en la Declaración de la Conferencia de La Habana---, supone una lucha conjugada, constante, en que el combate al fascismo, la defensa de la democracia, la lucha contra el imperialismo y las oligarquías y la participación efectiva del pueblo en la definición de la vida política se desarrollan como parte de un mismo proceso"^^3^^.
Venciendo enormes dificultades y extrayendo experiencias de los reveses temporarios de la revolución en algunos países de la región, los partidos marxistas-leninistas de América Latina bregan insistentemente por cohesionar todas las fuerzas democráticas, patrióticas y antifascistas dentro de amplios frentes y coaliciones antimperialistas y por reforzar sus vínculos y su cooperación con el mundo socialista, con _-_-_
~^^3^^ La América Latina en la lucha contra el imperialismo, por la independencia nacional, la democracia, el bienestar popular, la paz v el socialismo p. 55
350 el movimiento comunista y obrero internacional y la lucha de liberación de los pueblos de Asia y África. La lucha liberadora de los pueblos de América Latina, siendo parte inseparable del proceso revolucionario mundial, socava y debilita las posiciones del imperialismo en el continente, agravando aún más las crisis que corroen al capitalismo. [351] __ALPHA_LVL1__ ÍNDICE DE NOMBRES Albornoz, Orlando 226 Allende, Salvador 170 Alvarez Maciel, Jorge-208 Arbenz, Jacobo-194 Argumedo, Alcira-298 Arismendi, Rodney-283 Arnedo Alvarez, Gerónimo -321 Azeredo da Silveira, A. F.-76 Baro, P. Bazual, Laurencio-285 Betancourt, Rómilo-290 Bravo, D.-308 Brézhnev, Leonid Ilich-5, 100 Carrillo Flores, Antonio-195 Cárter, James-62 Castro, Fidel-242 Closena, A. I. Codovilla, Victorio-283 Corvalán, Luis-326 Crieger Vasena, A. Curone, Marta-300 Chilcote, R.-9 Choukas, Michael-215 Dahrendorf, R.-76 Dreier, John-194 Eaton, Cyrus-252 Echeverría, Luis-89 Edelstein, John-9 Eggers Lan C.-229 Eisenhower, Dwight 243 Engels, Federico-283 Etkon, Rudolf-225 Figueres, José- 193 Fisher. - 299 Flor Valle, Miguel Ángel de la-205 Flores McGregor, G.-238 Franco, P.-298 Freeman, Orville-252 Frigerio, Rogelio-296 Garaudy, Roger-299 García Bustillos Garrastazú Médici,. Emilio-145 Geisel, Ernesto-78 Germani, Gino-294 Giscard d'Estaing, Valery Conzález Pedrero, Enrique-234 Guevara, Ernesto Che-247 Guillen, A. -309 Hall, Gus-23 Hart Dávalos, Armando Hernández Arregui, J. J.-301 Herrera, Felipe-223 Hurtado, E. Iscaro, Rubens-254 Kennedy, John -57 Kissinger, Henry-68 Lara, G.-274 Lara, Guillermo Lenin, V. I.-40, 73, 99 López Michelsen-329 López, P.-161 Mariátegui, José Carlos-283 Marx, Carlos-283 Mella, Julio Antonio-283 Morales Bermúdez, Francisco-305 Nadra, Fernando 300 Needler, M.-140 Nixon, Richard-67 352 O'Farrel, J.-298 Olsson, Gunnar-298 Orfila, Alejandro 213 Paz Estenssoro, Vistor Pazos, J. Pérez, Carlos Andrés-193 Perón, Juan Domingo-299 Prado, Jorge del-270 Prebish, Raúl-295 Prestes, Luis Carlos-325 Ramos, J. Abelardo-308 Roa, Raúl-245 Rodgers, W. Roel, Santiago-212 Roosevelt, Franklin D.-179 Rosson, William-219 Rusk, Dean-195 Savaniarg, J. Skeisel, M. Smathers, G. A.-181 Sunquel, O.-8 Tak, Juan Antonio-202 Tanaka, K. Teitelboim, Volodia-312 Telia, Torcuato Di-29-1 Torrijos, Ornar-188 Torre, Haya de la-283 Truman, Harry-181 Ulloa, M.-237 Valdés, Gabriel-195 Vanee, Cyrus-211 Vásquez Carrisoza, Alfredo-200 Vásquez, Pedro-333 Velazco Alvarado, Juran-277 Vidal Zaglio, Luis-196 Vieira, Gilberto-329 Villanueva, Armando-291 Williams, Erik-193 Wilson, Woodrow-179 [353] __ALPHA_LVL1__ ÍNDICE GEOGRÁFICO África -166 Albrook Field-166 Alemania-21 Alemania Occidental - 74 Amazonia América Central-21 América del Norte América del Sur-21 América Latina-5 Angola-343 Antártida-206 Antigua, isla-167 Arauca-96 Arequipa Argentina-16, 176 Asia-21 Atlanta - 204 Atlántico, océano Atlántico Sur-206 Atucha-88 Australia-186 Bahamas, islas-41,167 Balboa-166 Barbados - 205 Barreira do Inferno-179 Belem, ciudad (Brasil) Belo Horizonte-92 Bogotá-191 Bolivia-168 Boston Brasilia-228 Brasil-74 Buenos Aires, ciudad-27 Buenos Aires, provincia-27 Caimanes, islas-167 Canadá 172 Caracas-238 Caribe, Cuenca del 174 Cerro Verde-97 Colombia-16, 168 Córdoba (provincia) Costa Rica-21,169 Cuba-15,181 Culebra, isla (Puerto Rico)-168 Chile-167 Ecuador-14, 169 España-19,82 Estados Unidos de Norteamérica (EE.UU.)-ó Europa Europa Occidental - 56 Fort Amador - 166 Fort Bragg (Carolina del Norte) - 217 Fort Clayton-166--168 Fort Gutlick-168 Fort Sherman-168 Francia -- Gran Bretaña-9, 186 Groenlandia - 206 Guadalupe Guantánamo-219 Guatemala-15, 172 Guyana-14, 192 Haití-195 Hawai, islas Holanda-82 Honduras-27 Honolulú-27 Howard Field-168 Inglaterra-21 Israel-21 Italia- 186 Caribe, mar-25 354 Japón 74 Jamaica- 167 La Habana-53 Lima- 16 Manila-124 Martinica Méjico México- 14, 169 Mendoza, provincia-27 Minas Gerais-89 Moscú-282 Nairobi-112 Natal, ciudad (Brasil)-179 Nicaragua-181 Nueva Delhi-123 Nueva York-170 Oriente Medio-21 Panamá, ciudad-198 Panamá, República de-14,169 Panamá, Canal de-166 Panamá zona del Canal de-166 Paraguay- 173 París Perú-14, 169 Petrópolis-180 Playa Girón-247 Punta del Este-247 Puerto Rico-19, 168 Quarry Heights-166 Quito-110 República Democrática Alemana (RDA) República Federal Alemana (RFA) -74 República Sudafricana (RSA)-74, 347 República Dominicana-172 Río de Janeiro- 191 Rosario Salvador-181 Santa Fe-27 Santo Domingo-195 Santos (Brasil) Santiago (Chile)-172 San José-202 Santa Lucía isla-167 Suecia-186 Suiza-82 Swan, isla (Honduras)-167 Tlatelolco-191 Tokio Telólo-178 Toluca Trinidad y Tobago-193 Tubarám Tucumán, provincia (Argentina)-230 Turks, islas- 167 Unión Soviética (URSS)-165 Uruguay-15, 176 Valparaíso Venezuela 14, 176 Viesques, isla-168 Vietnam-343 Viña del Mar-203 Vírgenes, islas-167 Washington-181 [355] __ALPHA_LVL1__ ÍNDICEIntroducción PARTE I.
Capítulo I.
[356]3. La lucha interimperialista por las fuentes de mate-
rias primas............ 90
4. Dos tendencias en la lucha interimperialista ... 98 Capítulo IV. La lucha de los países de América Latina contra la agresión económica del capital estadounidense 101
1. Agudización de las contradicciones comerciales 101
2. Las contradicciones entre EE.UU. y América La-
tina relacionadas con el aspecto económico y jurídico de la inversión privada...... 113
3. La lucha de los países latinoamericanos por mejores condiciones de crédito exterior...... 118
PARTE II. Las relaciones políticas de EE.UU. con los países de América Latina............ 134
Capítulo V. El rumbo de la administración republicana en el continente............... 134
1. Particularidades en la formación de la política de EE.UU. en América Latina durante la primera mitad de la década del 70....... 134
2. Búsqueda de aliados y divergencia en los círculos gobernantes de EE.UU......... 137
3. El rumbo al desarrollo de relaciones bilaterales 142
4. EE.UU. y los problemas de la nacionalización de la propiedad extranjera en los países de América Latina.............. 150
5. La política de Cárter en América Latina ... 161 Capítulo VI. Las relaciones político-militares y económico-militares de EE.UU. con los países de América Latina . . . 165
1. Nuevas tendencias en la política militar de EE.UU. en los países de América Latina..... 165
2. Las relaciones económico-militares de EE.UU. con los países de América Latina...... 170
3. Problemas de la integración político-militar de EE.UU. y los países de América Latina ... 179
4. Las contradicciones interimperialistas en torno a la exportación de armamentos y América Latina 184
Capítulo VIILa nueva situación internacional y la crisis del sistema interamericano........... 188
1. La distensión internacional y las relaciones interamericanas ............. 188
2. Agudización de las contradicciones en la OEA 193
El capital monopolista de EE.UU. y la lucha de los países de América Latina por la independencia económica ................ 19
Las posiciones de los monopolios de Estados Unidos en la economía de América Latina...... 19
1. Exportación de capitales: principal medio de sometimiento económico de los países de América Latina a los monopolios de EE.UU..... 19
2. Particularidades de la estructura de las inversiones directas de Estados Unidos en América Latina 23
3. Los monopolios trasnacionales de Estados Unidos en el continente........... 43
4. Los monopolios de EE.UU. y el capital privado latinoamericano........... 49
Capítulo II. La política económica de Estados Unidos en América Latina................. 54
1. Principales etapas en la formación de la política económica de EE.UU. en América Latina 54
2. Los objetivos básicos de la política económica de EE.UU.............. 62
3. Formas y métodos de la política económica estadounidense ............ 65
Capítulo III. Agudización de las contradicciones interimperialistas en América Latina............ 73
1 Peculiaridades de la lucha interimperialista por las esferas de inversión de capitales..... 75
2. Intensificación de la pugna imperialista por los mercados de exportación latinoamericanos . . 84
3573. La lucha de la diplomacia latinoamericana por la reorganización del sistema interamericano en los años 70..............
CapituloVIII. La expansión ideológica del capital monopolista en América Latina.............
1. Objetivos, formas y medios de la expansión ideoló-
gica de los monopolios de EE.UU. en América Latina..............
2. Expansión del imperialismo de EE.UU. en la esfera de la educación...........
3EE.UU. y los medios de comunicación masiva en América Latina...........
202 214
214222 233
241 241 254
255 267 275282 283
293 306
314 315332 340
352 354
PARTE III. Los problemas de la lucha antimperialista en América Latina............
Capítulo IX. Cuba en la avanzada de la lucha antimperialista~
Capítulo X. El movimiento antimperialista y la lucha de clases
1. La clase obrera en la vanguardia de la lucha contra los monopolios extranjeros, por el progreso social
2. La clase obrera y los regímenes progresistas antiimperialistas ............
3. Las coaliciones y frentes populares amplios . . .
Capítulo XI. Crítica de las teorías burguesas y pequeñoburguesas de la lucha antimperialista.........
1. El nacional-reformismo y el antimperialismo . . .
2. Los problemas del antimperialismo en las teorías y concepciones nacionalistas.......
3. Las concepciones ultraizquierdistas de la lucha contra el imperialismo.........
Capítulo XII. La lucha de los partidos comunistas y obreros de América Latina contra el imperialismo, por la liberación nacional y el progreso social......
1. Los partidos comunistas: vanguardia política de la revolución en América Latina......
2. El movimiento de liberación en América Latina como parte integrante e inseparable del proceso revolucionario mundial........
Conclusión
índice de nombres índice geográfico .
[358] __ALPHA_LVL0__ The End. [END]AL LECTOR
La Editorial le quedará muy reconocida si le comunica usted su opinión acerca del libro que le ofrecemos, así como de su traducción, presentación e impresión. Le agradeceremos también cualquier otra sugerencia.
Nuestra dirección: Editorial Progreso Zúbovski bulvar, 17 Moscú URSS
[359]