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2. LAS RELACIONES ECONÓMICO-MILITARES DE EE.UU.
CON LOS PAÍSES DE AMERICA LATINA
 

p Las relaciones económico-militares de EE.UU. con los países de América Latina se diferencian radicalmente de las que existen con los países capitalistas desarrollados. Si en el marco de estas últimas los EE.UU. se plantean como principal objetivo elevar la eficiencia del poderío económicomilitar estadounidense mediante el aprovechamiento máximo de las ventajas de la especialización y la cooperación de las economías de guerra respectivas, intensificar el potencial conjunto del mundo capitalista y asegurarse el apoyo económico-militar de sus aliados en los bloques y los acuerdos militares bilaterales, la situación es diferente en las relaciones económico-militares con los países de América Latina.

p La estrategia de los círculos gobernantes de Estados 171 Unidos no sólo define las vías y los rumbos de su política económico-militar en América Latina, sino que conforma un tipo determinado de relaciones económicas y el interés en unos u otros aspectos de esos vínculos. El papel y el lugar de las naciones del continente en las relaciones económico-militares de EE.UU. emanan de dos circunstancias fundamentales: en primer lugar, del peso militar, económico y económico-militar real de estos países tanto en índices absolutos, como desde el punto vista del incremento o disminución de su peso específico en el potencial conjunto del mundo capitalista; en segundo lugar, de las demandas e intereses económico-militares de los círculos monopolistas de EE.UU. que, a su vez, derivan de la línea estratégica general del imperialismo norteamericano en los períodos históricos concretos y de la correlación en ella de sus aspectos global y regional.

p El interés de EE.UU. por un determinado tipo de relaciones económico-militares con los países de América Latina proviene de las demandas reales que experimenta la economía de guerra norteamericana en determinados componentes y de los puntos estrechos y vulnerables que en ella existen. Entre éstos se halla su honda dependencia de las importaciones de materia prima estratégica y de algunos tipos de producción industrial, la excesiva concentración de su potencial industrial y energético, la escasa dispersión territorial de su industria de guerra, la vulnerabilidad de sus suministros por vía marítima y otros.

p Por esa razón, una de las principales orientaciones de los vínculos económico-militares de EE.UU. con los países de América Latina sigue siendo el aprovisionamiento por éstos de materia prima estratégica deficitaria en la economía de guerra yanqui. Según nuestros cálculos, América Latina suministraba a Estados Unidos en 1975 la cuarta parte de la producción agrícola, las dos quintas partes de los alimentos, la tercera parte del combustible mineral y de los minerales de metales diversos  [171•3 . Ninguna otra región del mundo capitalista (incluso Canadá) reviste para Estados Unidos un significado tan importante en el abastecimiento de productos primarios. Al apreciar el papel del continente como proveedor de materia prima para los EE.UU. en los años 70, cabe resaltar los siguientes aspectos. Primero: conservando el primer 172 lugar en las importaciones estadounidenses de todos los tipos de productos primarios y alimentos, América Latina cedió al Canadá el primer puesto como abastecedor de materia prima de la minería. Segundo: América Latina sigue conservando su lugar preponderante en las importaciones estadounidenses de mineral de cobre, hierro, manganeso, de antimonio, bismuto, berilio, tantalio, barita, bauxita, espato flúor, azufre, grafito, estroncio y algunos otros minerales. Tercero: incrementó el papel de los países latinoamericanos en las importaciones por EE.UU. de productos semielaborados y terminados. La parte de América Latina en las importaciones estadounidenses de derivados del petróleo, por ejemplo, asciende a más de 90%. Aumentó considerablemente también su papel en las adquisiciones estadounidenses de metales raros y dispersos (berilio, litio, columbita, tantalio, estroncio, bismuto, indio, selenio, telurio, etc.). El significado de este grupo de metales en la economía de guerra de EE.UU. crece a ritmo especialmente grande. Por último: existen grandes posibilidades para que se eleve el significado de las repúblicas del continente en las importaciones norteamericanas de una serie de otros tipos de materias primas. Esto se refiere, en especial, al níquel, tomando en cuenta que en los años 60 fueron descubiertas grandes reservas del mismo en Colombia, Guatemala, República Dominicana y Brasil, al igual que al cobalto (en los dos países últimos).

p Elemento sustancial para asegurar el suministro ininterrumpido de cargas desde los países de América Latina a EE.UU. es el de la organización del transporte de cargamentos de guerra, incluyendo la construcción de puertos. Actualmente muchos países del área, con asistencia estadounidense, toman medidas para construir puertos de aguas profundas, modernizar y ampliar las instalaciones portuarias. Ello tiene particular significado debido a que a términos de los años 70 y comienzos de la década del 80 en la flota mundial de carga pasarán a ocupar posición dominante los supertanques y buques pesados adaptados para el transporte de minerales, cargamentos de sólidos y petróleo. La construcción de puertos de aguas profundas en los países del continente reviste también gran importancia militar. Hoy día alrededor de 30 puertos de esta región pueden recibir a buques de 8 metros de calado, y cerca de una docena de ellos pueden dar cabida incluso a portaviones. En los años 70 se tomaron medidas para modernizar el Canal de Panamá. Se 173 elaboran proyectos para construir un nuevo canal interoceánico.

p Están por concluirse los trabajos de la carretera panamericana. Las rutas que se construyen en Brasil, México, Colombia, Paraguay y otros países no sólo facilitan el transporte a los puertos de embarque de la producción que interesa a EE.UU., sino también, en gran medida, las posibilidades de maniobra estratégica de las fuerzas armadas.

p Los intereses económico-militares de EE.UU. en las repúblicas de la región son promovidos, ante todo, por la política económico-militar y bélica del Pentágono. Al mismo tiempo revisten importancia económico-militar también las formas tradicionales de expansión económica, ideológica y política. Tiene gran significado para los intereses económicomilitares de EE.UU. el establecimiento del control sobre la economía y el comercio exterior de los países de América Latina.

p El capital monopolista yanqui asegura, por una parte, el dominio de EE.UU. en la economía y el comercio exterior de las naciones latinoamericanas, sirviendo de base para sustentar el “imperio invisible" estadounidense en esta zona y para una eficiente aplicación de las medidas económicomilitares, y, por la otra, garantiza al imperialismo yanqui el control sobre aquellas ramas de la economía de las repúblicas del área que tienen mayor interés para la economía de guerra de EE.UU.

p La militarización de la economía de Estados Unidos y la intensificación del papel de su complejo industrial-militar en la definición y la aplicación de la estrategia política exterior del imperialismo yanqui influyen notablemente sobre el carácter de las exportaciones del capital de préstamo por el gobierno y en los programas de ayuda. Tales exportaciones sostienen en gran parte el funcionamiento eficiente de los monopolios de EE.UU. en la región y, por lo tanto, el cumplimiento de su papel económico-militar, el cual se manifiesta también en el financiamiento dirigido del desarrollo del sistema infraestructural de las ramas que interesan a EE.UU. (en primer lugar, de la industria extractiva y del petróleo), de la explotación de nuevos y grandes yacimientos de materia prima mineral, la prospección geológica, la intensificación de las actividades de las compañías yanquis, las compras por las repúblicas latinoamericanas a EE.UU. de mercancías y servicios de índole económico-militar, etc. El sistema infraestructura! que se 174 vertebra en los países de la región, la penetración de los monopolios yanquis en sus industrias y la amplia ayuda que se presta al ensanchamiento de sus posibilidades político-militares indican que los planes de utilizar el territorio de América Latina para concentrar parte del potencial industrial de EE.UU. y de aprovecharlo en interés de su economía de guerra son bastante serios.

p Tal proceso aparece bien patente en las relaciones de Estados Unidos con sus vecinos de la Cuenca del Caribe y, en primer lugar, con México. Aquí, en la zona fronteriza funcionan centenares de subsidiarias de las corporaciones norteamericanas que suministran a EE.UU. piezas y partes. En consecuencia, se van creando, en perspectiva, determinadas condiciones para ensanchar las relaciones económico-militares de esta potencia con las naciones del continente.

p En los años 60 y 70, algunos grandes países latinoamericanos iniciaron la estructuración de una economía de guerra y de un complejo industrial-militar local. Aunque, a diferencia de los principales Estados capitalistas, los Estados de esta área no disponen de industrias de guerra significativas, en los últimos 10-15 años se esbozó un proceso de surgimiento gradual de lo que en perspectiva puede transformarse en complejo industrial-militar.

p El precario desarrollo de la industria bélica incluso en los principales países de la región resulta de tres causas fundamentales. Ante todo, es un reflejo del desarrollo relativamente bajo de la industria en general y de su núcleo, la industria pesada, que constituye la base de toda economía de guerra. En segundo lugar, es consecuencia del escaso nivel de la demanda militar. En los países de América Latina esta demanda, tomada como una relación entre los gastos militares y el producto interno bruto, también constituye una característica del débil desarrollo de tal economía. La suma de los gastos bélicos directos de todos los países del continente ascendió en 1977 a 7.000 millones de dólares, correspondiendo una tercera parte a Brasil. Los demás Estados de la zona están muy por debajo de éste en cuanto al monto absoluto de sus desembolsos con fines militares.

p Ese monto relativamente pequeño no permite a las naciones latinoamericanas renovar partes considerables de su equipo de guerra en períodos más o menos cortos, mientras que la extrema inestabilidad política reinante hace depender a este proceso de muchos factores circunstanciales en general. Por ejemplo, 175 el cambio de poder político en uno u otro país implica con frecuencia la anulación de los planes de rearme adoptados por el gobierno anterior. Por último, uno de los factores que más inciden en el bajo nivel de desarrollo de la economía militar latinoamericana es la profunda dependencia respecto al imperalismo. Esta no sólo explica el débil avance de la industria bélica local, sino también la sujeción de las naciones del área al aprovisionamiento de armas desde el exterior. Todos los países capitalistas de América Latina siguen dependiendo del abastecimiento externo para el grueso de sus equipos de guerra, ante todo de EE.UU.

p Tal circunstancia convirtió los suministros de armamentos en otro resorte del neocolonialismo y de presión política sobre las naciones del área. Los Estados Unidos siempre estuvieron interesados en que ellas no dispongan de base propia para la producción de armas modernas y sigan en la condición de mercado de venta para los productores de armas norteamericanos. Dichas armas, por otra parte, nunca han sido las más modernas.

p Otra de las causas de la debilidad de la economía de guerra en América Latina se halla vinculada a las particularidades históricas de la evolución del militarismo latinoamericano. Uno de sus rasgos característicos ha residido en el papel excesivamente elevado de la casta militar en la vida política de la mayoría de los países del continente frente a una base económico-militar y técnica débil.

p El subdesarrollo económico de la mayoría de las naciones latinoamericanas condiciona su subdesarrollo militar; ello, no obstante, no aminora los esfuerzos de las esferas castrenses de una serie de países de la región por crear su propio complejo industrial-militar al estilo de EE.UU. Esto se refiere, en primer lugar, a Brasil y Argentina, los países más grandes del continente sudamericano, que disponen de una economía relativamente desarrollada y una industria con cierto grado de diversificación. En estos países (y no sólo en ellos) los militares han penetrado ampliamente en la industria, en la que ocupan muchos cargos importantes. Las llamadas cámaras de movilización industrial fundadas en ellos disponen de una vasta red en el aparato gubernamental y empresarial y persiguen el fin de preparar a sus países para enfrentar conflictos bélicos, desarrollar una industria militar propia, estudiar las posibilidades de conversión de la economía civil para asegurar las necesidades del ejército y la solución de una serie de tareas 176 igualmente específicas. La formación paulatina de los contornos de una futura economía de guerra se ve facilitada objetivamente por el notorio desarrollo de ramas tan importantes como la construcción de maquinaria, las industrias naval, automotriz, electrónica, petroquímica, metalúrgica, de energía atómica y los cambios que se operan en las labores y estudios científicos y trabajos de proyección.

p No es de extrañar tampoco el hecho de que el desarrollo de muchas ramas de la industria latinoamericana y, particularmente, de los trabajos de investigación y proyección científica se halla directamente vinculado con la intensa actividad que desempeñan en este terreno los ministerios de guerra de los países latinoamericanos y sus esferas castrenses. Es notorio que los aprovisionamientos militares son conceptuados como factor que moviliza el avance científico, técnico e industrial en estos países. En la mayoría de las naciones latinoamericanas que alcanzaron determinado grado de desarrollo existen corporaciones estatales encargadas directamente de la producción bélica y de ofrecer trabajo, mediante encargos, al sector privado de la economía. Puede servir de ejemplo clásico el desarrollo de la industria aeronáutica, que debe su aparición y avance a la perseverancia de los militares. Casi todas las fábricas de aviación (existen 20 en Argentina, Brasil, Chile, Perú, Venezuela, Colombia y Bolivia) trabajan exclusivamente cumpliendo los encargos de los ministerios de guerra de sus respectivos países o realizan, también por encargos de los mismos, las investigaciones y los proyectos. En Argentina y Brasil se ha organizado la producción de aviones de guerra ligeros y se implementa la de helicópteros y cohetes propios. En los años 60 la industria aeronáutica de estos países pasó a ensamblar aviones de guerra estadounidenses y euroccidentales, creciendo cada vez más la proporción de piezas y partes de producción local. Hablando de las industrias de guerra de Argentina y Brasil puede decirse, a modo de conclusión, que se abastecen ya de muchos tipos de producción bélica propia (transportes militares, pertrechos, combustible y materiales de engrase, equipos de construcción y de ingeniería, de enlace y de mando, equipaje y víveres).

p En los últimos años los países más grandes de América Latina toman medidas para adelantar la energética atómica e incrementar los trabajos de investigación en materia de utilización de la energía nuclear con fines militares. Círculos 177 castrenses de Argentina y Brasil se manifestaron repetidas veces por la obtención del arma nuclear propia, y, según la Comisión de Energía Atómica de EE.UU., es posible que estos dos países lleguen a obtenerla a finales de la década del 70. Motivos políticos y el temor a una reacción indeseable por parte de las naciones vecinas obra, por ahora, como factor de contención  [177•4  .

p El complejo industrial-militar que se va conformando en una serie de países reviste carácter dependiente y puede convertirse en una nueva herramienta del neocolonialismo de EE.UU. Entre los principales monopolios yanquis que penetran activamente en la industria manufacturera de los países de América Latina, en primer lugar de Brasil, Argentina y México, figuran las más grandes compañías de fabricación militar de EE.UU., que cumplen encargos de la Secretaría de Defensa. Los monopolios estadounidenses ocuparon posiciones dominantes en ramas industriales de esos países como la química, radioelectrónica, instrumental y de construcción de máquinas herramienta, de automóviles y tractores, naval, de construcción de aviones y cohetes, metalúrgica y en la de energía atómica. Esto refuerza considerablemente el control por Estados Unidos también de la incipiente economía de guerra de la región. En estas ramas tiene lugar una amplia introducción de los patrones y las tecnologías norteamericanos, cada vez más se utilizan computadoras electrónicas, máquinas herramienta con dispositivos de programación, etc. Por lo tanto, los monopolios yanquis desarrollan precisamente aquellas ramas que en los países industrializados representan la base de su producción bélica. Por otra parte, se produce una estandardización acorde con los modelos de EE.UU., lo cual constituye una importante premisa para el aprovechamiento de la producción también en interés económico-militar de Estados Unidos. No es casual que de 20 a 30% de la producción de las empresas yanquis que operan en la radioelectrónica de América Latina esté destinada a EE.UU. A comienzos de la década del 70 se iniciaron los suministros al país del norte de la producción de las subsidiarias estadounidenses en la industria automotriz 178 y naval de América Latina. La mayoría de las empresas que se construyen en el continente con intereses yanquis están destinadas a exportar no menos de una tercera parte de su producción, en lo esencial a EE.UU. El material bélico exportado desde Brasil y Argentina es otro hecho que habla de esas nuevas posibilidades.

p En los años 70 el volumen de la colaboración técnico-militar de EE.UU. con los países de América Latina se hizo mucho mayor. Las investigaciones en materia de utilización de la energía atómica en las repúblicas del continente se llevan a cabo con ayuda de la Comisión de Energía Atómica de Estados Unidos y bajo la supervisión de la Comisión Interamericana de Energía Atómica. Los Estados Unidos concertaron con las naciones latinoamericanas acuerdos que prevén no sólo la búsqueda de minerales radiactivos, sino también la preparación de cuadros, la realización de investigaciones conjuntas, y atan a los centros de estudios latinoamericanos a través de los suministros de equipos, tecnologías e incluso, combustible. Las repúblicas del continente son forzadas a recurrir a los servicios de la Comisión de Energía Atómica de EE.UU. y las firmas yanquis tanto en la construcción de reactores como en su aprovechamiento. La comisión indicada suministra el instrumental y la información científica necesarios prácticamente a todas las comisiones e institutos nacionales de energía atómica de los países de América Latina. La cooperación técnico-militar se extiende también a la construcción de cohetes y a las industrias aeronáutica, naval y radioelectrónica.

p Cabe señalar que los EE.UU. utilizan centros científicos y universidades latinoamericanas para realizar labores, por encargo, de carácter económico-militar. En calidad de ejemplo se puede citar los trabajos del Laboratorio Gorgas (Panamá) sobre diferentes problemas aplicados de medicina tropical por encomienda y a costa del ejército de EE.UU. En la zona de Chacoltaya (Bolivia) se estableció un centro de investigaciones (laboratorio de física cósmica) que cumple labores de estudio para las fuerzas aéreas estadounidenses. Trabajos análogos realiza uno de los centros astronómicos más grandes del mundo en la montaña Tololo de Chile. La Comisión Nacional de Energía Atómica de la República Argentina cumple una serie de trabajos por contrato con la Oficina de Investigaciones del Ejército de EE.UU., la Oficina de Investigaciones del Mar de las Fuerzas Navales, de la Comisión de Energía Atómica y de 179 otros servicios militares y paramilitares norteamericanos.

Los especialistas yanquis utilizan ampliamente diferentes polígonos, rampas lanzacohetes, aeródromos y otras instalaciones de carácter análogo donde, bajo la apariencia de investigaciones conjuntas, se ensaya técnica de guerra en condiciones tropicales. A 50 km al sur de la ciudad de Natal (Brasil) fue establecida en 1965, con ayuda de la NASA y de la Secretaría de Defensa de EE.UU., la rampa lanzacohetes de Barreira do Inferno. Ubicada muy cerca del ecuador magnético y en las condiciones más apropiadas para el lanzamiento de misiles, esta instalación desempeña una importante función en las investigaciones cósmicas de la NASA y en el ensayo de ingenios norteamericanos.

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Notes

[171•3]   Véase América Latina. 1976, N 2, p. 103.

[177•4]   En América Latina se comentó mucho el acuerdo concertado entre Brasil y la RFA (junio de 1975) para la construcción de ocho centrales atómicas, fábricas de enriquecimiento de uranio, obtención de plutonio, etc. Fue significativa la declaración de Brasil en el sentido de que el acuerdo con la RFA no prevé la adhesión del país al tratado sobre la no proliferación del arma nuclear.