ECONÓMICO-MILITARES DE EE.UU. CON LOS PAÍSES DE
AMERICA LATINA
EE.UU. EN LOS PAÍSES DE AMÉRICA LATINA
p A finales de los años 60 y comienzos de la década del 70 en la política militar de EE.UU. en América Latina acaecieron considerables cambios vinculados, sobre todo, con la elaboración y puesta en práctica de la doctrina militar de “contención realista”. Esta doctrina no alteró la esencia de la estrategia global de Estados Unidos y su aspiración al dominio mundial. El objetivo principal se enfoca del mismo modo: la lucha contra las fuerzas del socialismo mundial y su bastión, la URSS.
p Pero si la doctrina de la “contención realista" no cambió la esencia de la política militar norteamericana, sin embargo, introdujo considerables modificaciones en sus formas y métodos. Esas modificaciones también guardan relación con el hecho de que la actividad político-militar y económicomilitar del imperialismo yanqui en América Latina se manifiesta continuamente de manera doble: como un medio para alcanzar los objetivos globales (estrategia) y como un recurso para lograr objetivos locales (en el marco de América Latina). Este “dualismo” ha de ser tenido permanentemente en cuenta cuando se analiza la política del Pentágono en el continente.
p Entre los más importantes cambios debe mencionarse el traspaso de parte considerable de la carga, en las relaciones político-militares y económico-militares de EE.UU. con los países latinoamericanos, a cuenta de éstos en lo concerniente a las tareas locales (regionales). Los procesos que 166 se operan en la política militar estadounidense en los paí ses de América Latina actualmente, tales como la reducción de la “presencia directa" del Pentágono en ellos, también tienen su razón inmediata, en cuanto a la práctica de esas relaciones, en la idea de la “responsabilidad repartida" que propugna la doctrina antes señalada, así como en los intentos de EE.UU. por enmascarar sus designios con las “tareas comunes" de todos los participantes del sistema interamericano, La idea en cuestión se manifiesta en dos planos fundamentales: en el evidente e insistente afán de Estados Unidos por intensificar la función militar del sistema aludido y de reestructurarlo, en interés de su estrategia global, en un bloque militar, y en los intentos de repartir la “responsabilidad” entre determinados países (países clave) de modo que éstos se transformen en correas de transmisión del Pentágono en la región y tomen a su cargo las funciones de éste en el aplastamiento del movimiento liberador local.
p También ha sido perfeccionado sensiblemente el sistema militar destinado a cumplir el papel de “equipo de socorro" de la Casa Blanca. Hasta 1939, los EE.UU. no tenían una organización que respondiese por la cooperación militar con las naciones latinoamericanas. Ese año fue creado el Comando de Defensa del Caribe y, en 1940, la Región Naval caribeña. En 1947 se dio otro paso: el Comando de Defensa del Caribe fue transformado en Comando del Caribe y su cuartel general trasladado, en 1949, a Quarry Heights, Zona del Canal de Panamá. En 1958 se llevó a cabo la última reorganización, estableciéndose el Comando Sur de EE.UU. (U.S. Southern Command) [166•1 . Desde 1963, en Fort Gullick, Zona del Canal de Panamá, se encuentra dislocado el Octavo Grupo de Tropas Especiales.
p En 1973, los efectivos a la orden del Comando Sur ascendían a 21.000 hombres. En los países latinoamericanos las funciones directas atinentes a la cooperación militar son desempeñadas por los grupos de asesores militares (MAAG), encargados de los programas de asistencia militar y dependientes del Comando Sur. Además de MAAG, en el continente actúan grupos móviles de adiestramiento (MTT) y 167 equipos diversos de personal técnico. El Octavo Grupo de Tropas Especiales, la CÍA y el FBI (encargados de realizar el programa de “seguridad social”), el Cuerpo de Ingenieros de EE.UU., la Comisión de Energía Atómica (CAE), la NASA, el Servicio Geodésico Interamericano (con sede en Fort Clayton, zona del Canal de Panamá) y otros también tienen sus equipos de especialistas. Además, gran número de miembros de las Fuerzas Armadas componen el personal adjunto a los agregados militares de las embajadas de EE.UU. acreditadas en las repúblicas de la región.
p La maniobrabilidad de las tropas yanquis es asegurada por las bases que los EE.UU. mantienen en la región (más de 50). Hay que señalar que en los últimos años son frecuentes los casos en que dependencias militares estadounidenses emplazan en países latinoamericanos instalaciones estacionarias bajo la apariencia de estaciones meteorológicas, sísmicas y otros establecimientos “civiles”. Cantidad considerable de “establecimientos” análogos en países de América Latina pertenecen a la CÍA. Esta organización utiliza aeródromos auxiliares de las fuerzas aéreas estadounidenses en las islas Bahamas, Vírgenes, Caimanes y Turks, así como en las islas Antigua, Santa Lucía, Jamaica, Swan (Honduras) y en otros lugares de América Latina.
p La constante intromisión del Pentágono en los asuntos internos de las naciones del continente asume formas muy variadas. Apoyándose en sus vínculos con los grupos reaccionarios en las fuerzas armadas latinoamericanas, el imperialismo yanqui llevó a cabo en los últimos 15 años más de veinte golpes de Estado en los países de la región. Aunque la intervención sigue siendo el arma principal, se intensificó la utilización de formas más encubiertas y, primer lugar, la realización de operaciones por el Octavo Grupo de Tropas Especiales, la CÍA y los círculos militares reaccionarios locales. La intervención militar abierta es reemplazada cada vez más por diversas variantes de “guerra secreta”, lo cual quedó nítidamente en evidencia durante los acontecimientos de Chile (1973).
p Las modificaciones en la doctrina militar de EE.UU. introdujeron considerables cambios también en el enfoque de los círculos dirigentes estadounidenses respecto a los programas de ayuda militar y a los suministros de armamento a América Latina. La concepción de la “defensa del hemisferio occidental" fue declarada concepción anticuada e irreal 168 por el Pentágono. En vez de ella surgió la de “garantizar la seguridad interna" de las naciones de América Latina contra la “actividad subversiva" y la “conspiración comunista”. La atención principal comenzó a centrarse en los problemas de la lucha antiguerrillera y en la organización adecuada de las Fuerzas Armadas latinoamericanas, así como en los empeños para fortalecer el papel del ejército en la vida política de las naciones del área. Fueron proclamados como requisitos oficiales de los programas de ayuda militar de EE.UU. el que en todos los países de la región los programas de defensa concuerden con los intereses de la seguridad de EE.UU., que se reduzcan los suministros gratuitos de armamento norteamericano y que se pase a adquirirlos sobre base comercial. Se intensificó la actividad tendiente a implantar el control estadounidense en la preparación de los ejércitos nacionales. De ello habla, en particular, el creciente número de latinoamericanos egresados de las instituciones militares yanquis. En los últimos años, los EE.UU. conceden singular atención a preparar expertos en operaciones especiales (particularmente antiguerrilleras) que son adiestrados en centros de ese país, así como en la zona del Canal de Panamá (Fort Gullick, Fort Sherman, Howard Field), en Puerto Rico y en algunos otros Estados (Bolivia, Brasil, Colombia). La “Escuela de las Américas" de la zona del Canal de Panamá (Fort Gullick), la de radiocomunicaciones de Fort Clayton y las de aviación de Albrook Field y Howard Field (también en la zona del Canal), así como el centro de instrucción de la infantería de marina en las islas Viesques y Culebra (Puerto Rico) también preparan a muchos miembros de las Fuerzas Armadas de los países del continente. Durante el período 1960-1976 recibieron instrucción militar en EE.UU. alrededor de 120.000 latinoamericanos, habiendo terminado también la mayoría de ellos cursos de entrenamiento antiguerrillero.
p Desde 1967 la Asociación Internacional para Desarrollo de EE.UU. sustenta en las repúblicas de América Latina “programas de seguridad social" o sea, de preparación y equipamiento de los efectivos de seguridad interna por el FBI y la CÍA. Los gastos del programa también han sido incluidos en la ayuda económica [168•2 .
169p En los años 70 se intensificó notablemente en América Latina la actividad de los servicios de inteligencia yanquis. Actualmente operan más de 20 servicios secretos de EE.UU., siendo los más importantes la Agencia Central de Inteligencia (CÍA), la Defense Intelligence Agency (servicio secreto de Defensa), la Agencia Nacional de Inteligencia, la Agencia Nacional de Seguridad, la Oficina de Inteligencia Militar, la Oficina de Inteligencia de la Fuerza Aérea, la Oficina de Inteligencia Naval, la Agencia de Inteligencia del Departamento de Estado, el FBI, la Oficina de Inteligencia de la Comisión de Energía Atómica y otros.
p Los servicios secretos de EE.UU. actúan en los países de América Latina a través de un enorme y diversificado sistema. Su “techo” predilecto son las embajadas norteamericanas. Las dos.terceras partes del personal de éstas, como mínimo, son agentes de esos servicios.
p En países como Panamá, Jamaica, Costa Rica, Ecuador, Perú y otros, donde la CÍA tiene ahora “intereses y proyectos especiales”, bajo la cobertura de los cargos diplomáticos trabajan casi tantos agentes de la CÍA, como funcionarios reales del Departamento de Estado. Los servicios de inteligencia de EE.UU. aprovechan también en gran escala el amparo de la Asociación Internacional para el Desarrollo, encargada de los programas de ayuda, de los Cuerpos de Paz y de otras entidades oficiales y semioficiales estadounidenses. Una cobertura extraordinaria y grandes posibilidades para la actividad de los agentes de la CÍA ofrecen los monopolios yanquis y muchas organizaciones sociales, sindicales, estudiantiles y científicas locales.
p En el sistema de la CÍA en América Latina ocupan lugar especial las entidades controladas (apócrifas). Tales entidades dentro de la CÍA llevan el apodo de “corporaciones de Delaware”, según el nombre del Estado de EE.UU. donde, gracias a las facilidades vigentes, el registro de compañías ficticias no presenta mayores dificultades. Esto es aprovechado ampliamente por los servicios secretos de EE.UU. Han sido registradas muchas fundaciones de “beneficencia” que permiten realizar operaciones financieras legales en el 170 continente: Edsell, Becon, Panamericana, Dentfield y otras. Algunas tienen sede en Nueva York (fundaciones Kaplan, Anderson, Gotham y otros). En todo el territorio de EE.UU. hay decenas de diferentes compañías privadas, empresas e instituciones con filiales y subsidiarias en los países de América Latina, fundadas con el único fin de servir de cobertura para los agentes de espionaje de EE.UU. No son pocas, entre ellas, las comunidades y entidades religiosas.
p La actividad de los servicios secretos de Estados Unidos en América Latina está enfilada, ante todo, contra el movimiento liberador de los pueblos del continente.
En la segunda mitad de los años 60 el imperialismo emprendió aquí una amplia ofensiva contra las fuerzas liberadoras antimperialistas utilizando a la CÍA y a otros servicios secretos. Su actividad reviste carácter variado: de los intentos de impedir la victoria de las fuerzas populares en las elecciones de Chile y la toma del poder por el Presidente Allende pasaron luego a la operaciones conocidas como “desestabilización” del gobierno de la Unidad Popular y a la preparación del golpe por los generales traidores chilenos. Los golpes militares en Chile, Brasil, Bolivia, Uruguay y otros países, el terror y las represalias contra las fuerzas progresistas, el asesinato de dirigentes políticos y un sinnúmero de confabulaciones son los hechos que caracterizan las actividades del imperialismo.
Notes
[166•1] Le están supeditadas las tres armas con Cuartel General en: Quarry Heights (Comandancia General). Fort Amador (ejéicito), Albrook Field (aviación) y Balboa (marina).
[168•2] Por último, cabe mencionar también los diversos programas que persiguen objetivos evidentemente militares. Desde 1962 el Pentágono desurrolla en América Latina un programa de acciones civiles directamente a cargo del Octavo Grupo de Tropas Especiales, del Servicio Geodésico Interamericano, de los cuerpos de Ingeniería y de Medicina de EE.UU. Un importante rumbo en las actividades del Pentágono durante jos años 60 y 70 pasaron a ser las llamadas “investigaciones sociológicas”.