Y LA CRISIS DEL SISTEMA INTERAMERICANO
p La distensión internacional abrió en América Latina posibilidades favorables para profundizar el movimiento liberador y acelerar los procesos de reestructuración de las relaciones interamericanas.
p En la primera mitad de los años 70 el sistema de opresión imperialista del continente entró en aguda crisis. Por otra parte, cobraron notable ímpetu los esfuerzos de los países latinoamericanos, encaminados a implantar en las relaciones interamericanas los principios de la igualdad soberana, independencia, no intervención y coexistencia pacífica entre los Estados. En la declaración conjunta argentino-panameña suscrita durante la visita del jefe de gobierno panameño Ornar Torrijos a esa república sudamericana se consignó, por ejemplo, “la conveniencia de que se cumpla totalmente en América Latina la distensión que se viene operando a nivel internacional” [188•1 .
p La principal conquista de las fuerzas progresistas en la primera mitad de los años 70 fue que se anularon las sanciones anticubanas impuestas por Washington a los países de América Latina a comienzos de la década del 60. Según la expresión del sociólogo brasileño Octavio lanni, eso significó un reconocimiento tácito del hecho indiscutible de que el socialismo se ha transformado en factor real en las relaciones interamericanas.
p Otra importante línea en los cambios positivos operados fue la creación, fuera del marco del sistema interamericano e independientemente de EE.UU., de un conjunto de entidades y organizaciones permanentes de cooperación entre los Estados 189 latinoamericanos. En el curso de muchos decenios el sistema interamericano, bajo la égida de EE.UU., no sólo mantenía aislados en grado considerable a los países de la región respecto al mundo exterior, especialmente respecto a los Estados socialistas, sino originaba también trabas artificiales para el fomento de vínculos estrechos entre los mismos países del área aunque existen muchos factores favorables para ello: común destino histórico, afinidad lingüística y cultural, etc. En 1975, el Presidente mexicano Luis Echeverría había señalado con toda razón: “Hemos sido los “Estados desunidos del sur”, nos ha dividido el expansionismo norteamericano" [189•2 .
p A fines de los años 60 y en la primera mitad de la década del 70 fueron creados más agrupaciones integracionistas, compañías conjuntas, diferentes organismos y entidades de cooperación entre los países latinoamericanos que durante el siglo y medio transcurrido desde la conquista de la independencia. Las actividades de esas instituciones abarcaron las más diversas esferas: diplomacia, relaciones comerciales y económicas, finanzas, desarrollo industrial, recursos de materias primas, transporte y comunicaciones, ciencia, etc. La fundación en 1975 del Sistema Económico Latinoamericano (SELA) con la participación de Cuba socialista representó una etapa cualitativamente nueva en las relaciones interestatales de la región.
p Gracias a los organismos de colaboración y consulta, los países latinoamericanos obtuvieron la posibilidad de concordar sus posiciones e intervenir en conjunto sobre problemas tan importantes de la vida internacional como las relaciones con EE.UU. y otras potencias imperialistas, la actividad de la ONU y sus organismos especializados, el desarme, la liquidación del colonialismo y el neocolonialismo, la recuperación de las riquezas naturales usurpadas por los monopolios extranjeros, la conservación del medio ambiente, el Derecho marítimo y otras. Esto eleva el papel y el peso de las naciones del área en la palestra internacional, abre nuevas posibilidades para su participación en el fortalecimiento de la distensión y, a la vez, les permite resolver cada vez más soberanamente sus problemas nacionales y regionales.
p La URSS y otros Estados socialistas apoyan activamente los esfuerzos de los pueblos de América Latina por sanear el clima político en su zona, condenan resueltamente el curso 190 imperialista de intromisión en sus asuntos internos. Leonid Brézhnev, Secretario General del CC del PCUS, en su informe al XXV Congreso del partido señaló: “Apoyamos el afán de estos países por fortalecer su soberanía política y su independencia económica y aplaudimos la elevación del papel que desempeñan en la vida internacional" [190•3 .
p El cariz antimperialista del movimiento por la unidad latinoamericana se sustenta en las crecientes fuerzas de clase que consolidan sus filas en los marcos nacionales y afianzan su colaboración a escala continental. Cuenta con el apoyo del proletariado y de su vanguardia, los partidos comunistas, las masas campesinas y sus organizaciones, las nuevas capas sociales que se van incorporando a la lucha de liberación (los militares patriotas, los representantes progresistas de la iglesia católica, la intelectualidad y el estudiantado progresistas), de los movimientos que expresan la solidaridad mutua de los trabajadores en la lucha contra el enemigo común.
p Bajo el influjo de la crisis económica que se desató en el mundo capitalista a mediados de los años 70, las contradicciones entre los países de la región y los monopolios de EE.UU., que extraen enormes ganancias, tuvieron acentuada agudización. Creció el afán de los Estados del área de intervenir en conjunto contra todas las bases del viejo sistema de relaciones, al que V.I. Lenin definió como “despojo abierto del débil" [190•4 .
p La lucha política en torno a la reforma del sistema americano, el cual siempre fue una herramienta del neocolonialismo de EE.UU., cobró auge a mediados de los años 60 cuando se aprobó la resolución de revisar la Carta de la OEA, y no concluyó después de haber sido ratificada por la mayoría de sus miembros la nueva Carta, que entró en vigor en 1970. Las nuevas enmiendas no cambiaron la esencia reaccionaria de esta organización.
p La actual crisis de la OEA se distingue por una serie de particularidades esenciales. En primer lugar, son criticados por los países latinoamericanos no sólo tales o cuales aspectos de la actividad de esta organización, sino las bases mismas de la OEA; terminaron en bancarrota muchos postulados ideológicos del panamericanismo: sobre la “comunidad de 191 intereses”, la “solidaridad interamericana" y otros. En segundo lugar, la crisis afectó la estructura militar del sistema interamericano, cuyos elementos principales están representados por el Tratado de Río de Janeiro, el Consejo Interamericano de Defensa y la organización semiautónoma del Consejo Centralamericano de Defensa. En tercer lugar, si antes sólo las fuerzas progresistas y los sectores nacionalistas, en lo esencial, ocupaban posiciones de decidida censura contra la OEA. ahora, en cambio, la demanda de reorganización cardinal de la OEA se ha convertido en rumbo oficial de la política exterior de gran parte de los Estados. Estas demandas quedaron estipuladas en una serie de documentos elaborados en conjunto por los países latinoamericanos: el Documento de Bogotá, la Declaración de Tlatelolco y otros. En cuarto lugar, se ha hecho totalmente evidente el anacronismo de la OEA, su incompatibilidad con las necesidades verdaderas de América Latina y con los cambios positivos en las relaciones internacionales acaecidos en la arena mundial.
p Los monopolios imperialistas y la oligarquía local procuran impedir la democratización de las relaciones interestatales en la zona y conservar a la OEA en calidad de herramienta de la política imperialista. La conducta de las fuerzas reaccionarias de EE.UU. y de una serie de regímenes dictatoriales en América Latina respecto a Cuba socialista crea un foco de tensión en la zona de la cuenca del Caribe.
p Se ejerce presión financiera y política contra otros gobiernos “indeseables” para Washington, se fomenta la rivalidad entre los países de la región que componen el “trío grande" por el liderazgo en la misma, se hacen nuevas promesas para estimular a los Estados que acceden a jugar el papel de “aliado privilegiado" de EE.UU. Las maniobras de la diplomacia yanqui están encaminadas a desbaratar la cooperación que se va estructurando entre las naciones del área, a infundir la ilusión de que los pueblos de América Latina pueden asegurar el progreso de sus países en colaboración con el imperialismo. Semejantes afirmaciones cobraron especial difusión en particular con motivo de la crisis de materias primas.
p El sistema de relaciones mutuas que fue conformándose entre EE.UU. y el país más grande del continente, Brasil, fue denominada por muchos políticos norteamericanos como “de socios maduros" [191•5 . Los intentos de EE.UU. por hacer 192 sobresalir a Brasil y contraponerlo a otros Estados latinoamericanos provocaron comprensible inquietud en las naciones del continente, especialmente entre los vecinos de Brasil.
p En la estrategia del imperialismo se concede lugar especial a los esfuerzos tendientes a socavar por dentro el fren te único de las naciones latinoamericanas con ayuda de las dictaduras militares reaccionarias. Con el apoyo del imperialismo extranjero, en países del cono sur y de América Central se procura resucitar el fascismo. Las dictaduras militares que usurparon el poder organizan cruzadas contra el “peligro comunista”, lanzan a las cárceles a miles de patriotas, practican la represión en masa contra los trabajadores que luchan por sus derechos. La junta militar chilena se esfuerza tenazmente en amalgamar una alianza anticomunista de “regímenes afínes" en la parte sur del continente, mientras que sus protectores tratan por todos los medios de fortalecer el régimen de Pinochet.
p Al mismo tiempo, en los últimos años se hicieron objeto de ataques masivos una serie de países latinoamericanos que desarrollaban una política exterior soberana. Los monopolios imperialistas y las fuerzas políticas de algunos países, vinculadas a aquéllos, desataron una campaña de “guerra fría" y subversión contra Perú, Guyana, Jamaica, Costa Rica y otros países que integran el grupo de Estados latinoamericanos partidarios de la distensión internacional y el afianzamiento de los principios de la coexistencia pacífica y la colaboración mutuamente ventajosa entre países con diferentes regímenes sociales y que se pronuncian por la solución de sus problemas internos en concordancia con sus intereses nacionales. En América Latina, al igual que en otras regiones, los enemigos de la distensión, que poseen todavía considerables recursos, procuran obstaculizar por todos los medios los cambios positivos. “Aunque hoy han sido coartadas sensiblemente las posibilidades del imperialismo de emprender acciones agresivas —recalcó L.I. Brézhnev en su informe al XXV Congreso del PCUS—, la naturaleza de éste no ha variado. Por eso las fuerzas adictas a la paz tienen que estar muy alertas. Se precisan enérgicas acciones y la unidad de todas las fuerzas de paz y buena voluntad” [192•6 .
p En América Latina contemporánea, donde el desarrollo 193 de los acontecimientos sigue el cauce de los grandes cambios sociales que se operan en el mundo que, como subrayó el XXV Congreso del PCUS, representan el contenido del proceso revolucionario universal, las tentativas del imperialismo y de sus aliados chocan con una resistencia cada vez mayor. Las perspectivas del ulterior avance de la distensión en esta región del mundo y del desarrollo de la cooperación entre los Estados de la región emanan de la consecuente lucha de Cuba socialista por fortalecer la unidad de acción de las naciones latinoamericanas sobre una base antimperialista, de la activa política exterior de Perú y Panamá, del creciente aporte de México, Venezuela, Ecuador y los jóvenes Estados independientes del Caribe a la afirmación de los principios de la coexistencia pacífica, la igualdad y la no injerencia en las relaciones interamericanas.
Enormes posibilidades para afianzar las posiciones internacionales de los países latinoamericanos y su soberanía entraña el desarrollo de una amplia colaboración con el mundo del socialismo, la fuerza más dinámica e influyente en la palestra mundial. Contribuyen a ello en grado considerable las visitas, cada vez más frecuentes, de muchos estadistas y personalidades sociales latinoamericanos a la Unión Soviética. En los años 70 visitaron la URSS: el Presidente chileno Salvador Allende (1972), el Presidente mexicano Luis Echeverría (1973), Erik Williams, primer ministro de Trinidad y Tobago (1975), el ex presidente de Costa Rica, José Figueres (1975), la delegación parlamentaria de Colombia (1976), el Presidente venezolano Carlos Andrés Pérez (1976) y muchos otros. Aumentan sistemáticamente el comercio mutuamente ventajoso y el intercambio científico, cultural y deportivo. Amplia repercusión tuvo en América Latina el programa de lucha ulterior por la paz y la cooperación internacional, la libertad y la independencia de los pueblos, aprobado por el XXV Congreso del PCUS. La profundización de la distensión internacional responde a los auténticos intereses nacionales de las repúblicas de América Latina.
Notes
[188•1] Excelsior, México, 19.1.1974.
[189•2] Granma, 23.VIII. 1975.
[190•3] L. I. Brézhnev. Informe del Comité Central del PCUS y las tareas inmediatas del partido en la política interior v exterior, p. 28.
[190•4] V. I. Lenin. “Pena” y “vergüenza”. Ó. C., t. 20. p. 245.
[191•5] Latín America: In Search of a New International Role. N. Y., 1975, p. 209.
[192•6] L. I. Brézhnev. Informe del Comité Central del PCUS y las tareas inmediatas del partido en la política interior v exterior, p. 32.