p La actual revolución científico-técnica ejerce considerable influencia sobre los mercados de materias primas del mundo capitalista. Este influjo tiene doble carácter. Por una parte, se ensancha en autoabastecimiento de los principales países capitalistas con algunos tipos de productos primarios (al suplantarse algunos productos naturales por variedades sintéticas); por la otra, se van reduciendo los insumes por unidad acabada gracias a los avances en la técnica y la tecnología de 91 la producción. Estos factores dieron origen a una tendencia hacia la disminución relativa de la demanda de materia prima mineral y vegetal, de la que disponen los países en desarrollo. Al mismo tiempo, no todos los tipos de productos primarios naturales pueden ser suplantados por elementos sintéticos; es más, en la práctica se vieron también ciertos defectos en la calidad misma de unos u otros tipos de material primario sintético y se retornó al empleo de sus variedades naturales; se ensanchó la esfera de aplicación de algunas variedades de minerales útiles (por ejemplo, petróleo, gas, aluminio, cobre); se incorporaron a la producción metales raros que antes no se utilizaban; el progreso de la técnica amplió considerablemente y abarató la extracción de minerales anteriormente inaccesibles, etc.
p Todo ello testimonia que los países en desarrollo no perdieron su significación como “depósito subterráneo" de los principales centros del capitalismo y que la lucha interimperialista por la posesión de las fuentes de materias primas naturales no se debilitó, ni mucho menos. Por el contrario, debido al agotamiento de las reservas mundiales de productos primarios naturales [91•23 y a la crisis energética, esta lucha adquiere carácter cada vez más agudo.
p La intensificación de la pugna de los monopolios por las fuentes de materias primas de América Latina se encuentra en gran parte condicionada por el hecho de que esas fuentes desde hace mucho se encuentran en poder del capital de EE.UU. Mientras tanto, las demandas del desarrollo industrial de posguerra de países como RFA, Japón e Italia, con su débil base de recursos primarios y elevados ritmos de crecimiento económico, acentuaron el interés de estas naciones por los recursos de materias primas de América Latina.
A su vez, los países de la región, procurando zafarse de la opresión yanqui y encontrar condiciones más favorables para la colocación de sus productos, amplían relaciones con los rivales de EE.UU. Esto lo demuestran, en particular, los datos referentes a las exportaciones de los países latinoamericanos, por cuanto parte considerable de las mismas está compuesta por materias primas.
92 Cambios en la orientación geográfica de las exportaciones de América Latina, en % de todas las exportaciones de la región [92•24 1958 1968 1973 EE.UU. 45 35 32 MCE 15 19 25 Japón 2 5 5p Los países del Mercado Común Europeo aparecen como grandes consumidores de materia prima mineral y agropecuaria, así como de alimentos de origen latinoamericano.
p En la lucha por la producción primaria de América Latina, la RFA es, entre todos los Estados miembros del MCE, quien más éxitos ha alcanzado, situándose entre los principales importadores de mercancías de la región.
p En 1970, como consecuencia de la aguda escasez de materia prima, en la RFA fue elaborado un programa especial para la aplicación de una “nueva política gubernamental sobre materia prima”, en la que se proyecta organizar la prospección de recursos primarios en el exterior y aumentar las inversiones en las ramas de la industria extractiva de los países en desarrollo, especialmente en la obtención de minerales de metales no ferrosos y de petróleo.
p En 1971, 25% de todas las importaciones de RFA de mineral de hierro y concentrados del mismo, 25”,, de las importaciones de cobre y 20% de los demás metales (excluyendo los preciosos, torio y uranio), así como 73% del café y 17”,, de algodón eran de procedencia latinoamericana. Los monopolios de RFA se esfuerzan en especial por abrirse paso a los recursos minerales del Brasil, ante todo a sus riquezas de mineral de hierro, así como a los yacimientos de cobre de Chile. Por ejemplo, la Mannesmann minera9ao do Brasil, controlada por el consorcio metalúrgico Mannesmann, ya desde comienzos de la década del 50 opera en la extracción de mineral de hierro en la región de Belo Horizonte.
p Los monopolios japoneses, que afianzaron notablemente 93 sus posiciones en la industria extractiva del Brasil (sobre todo de mineral de hierro), también se incorporaron activamente en la lucha imperialista por las fuentes de materia prima latinoamericana. En México, Perú, Chile y Bolivia los consorcios japoneses se han convertido en importantes compradores de minerales de metales no ferrosos [93•25 .
p En la pugna por los productos primarios, las compañías niponas utilizan métodos y recursos sumamente ñexibles. Vendían a Venezuela, por ejemplo, buques petroleros para ser pagados después con partidas de petróleo. Tomando en consideración la aguda competencia existente y el dominio de las corporaciones norteamericanas, fue aplicado un método bien efectivo para obtener la materia prima, como es el de la construcción de empresas en la industria extractiva con derecho a la adquisición ulterior de parte de uno u otro tipo de producción primaria.
p A semejanza de algunos monopolios euroccidentales, las firmas japonesas utilizan también el método consistente en la conclusión de acuerdos con las compañías estatales de las naciones del continente. En particular, las empresas niponas concertaron un acuerdo con la respectiva corporación estatal brasileña sobre explotación de los yacimientos de bauxita en la cuenca del Amazonas y la construcción de una planta de aluminio [93•26 .
p Otra vía importante de acceso de los monopolios japoneses a las ramas de producción de materias primas es la creación de empresas mixtas en la industria de los países de la región. Por ejemplo, la firma japonesa Toho Zinc Co., a la que pertenecen 70% de las acciones de la compañía mixta con participación del capital peruano, opera en la extracción de cinc en la zona de Arequipa.
p La revolución científico-técnica ejerció notable influencia sobre el mercado internacional de mineral de hierro. El perfeccionamiento de la tecnología de producción del acero, que se manifestó en una amplia difusión de los convertidores con inyección de oxígeno, condujo a un incremento del consumo del mineral de hierro y de sus importaciones por países como Japón, RFA, Inglaterra, Francia, Italia y EE.UU. Parte considerable de estas importaciones provenía de América Latina (especialmente de Brasil y Venezuela), donde se encuentran 94 las reservas de mineral de hierro más grandes del mundo capitalista.
p La principal tendencia en la pugna de las potencias imperialistas por el mercado del mineral de hierro en América Latina se caracteriza por la reducción de la parte de EE.UU. en las importaciones del mismo y, a la vez, por un aumento de la correspondiente a los países del MCE (sobre todo RFA) y al Japón [94•27 .
p En 1974, Japón importaba de América Latina 34 millones de toneladas de mineral de hierro (24% de todas las importaciones japonesas del mismo) [94•28 .
p Japón dio un nuevo e importante paso para su abastecimiento con la firma (en 1976) de un acuerdo, concertado entre seis compañías niponas y la empresa estatal brasileña Vale do Rio Doze, para el suministro de 280 millones de toneladas de mineral de hierro durante 15 años, comenzando de 1979.
p Afianzando sus posiciones en el mercado de este tipo de materia prima, los monopolios euroccidentales y japoneses intervienen cada vez más activamente en la batalla por los recursos petroleros del continente.
p El interés de los países capitalistas industrializados por el petróleo latinoamericano va en aumento. En el curso de los años 60 y comienzos de la década del 70 las importaciones de petróleo latinoamericano a los países de la Organización Europea de Colaboración y Desarrollo (OECD) crecían a ritmo acelerado: a un promedio de 5,3”,, en los años 1960-1970, a 7,2”,, en 1968-1971, llegando a 8,4”,, en 1972 [94•29 .
p Los monopolios de Europa Occidental y del Japón, al aumentar las importaciones de petróleo latinoamericano y procurando a la vez reducir su dependencia frente a los trusts petroleros estadounidenses e ingleses, procuran penetrar directamente en la extracción del “oro negro”. Pero es en esta esfera, precisamente, donde los consorcios euroccidentales y japoneses tuvieron que afrontar, hasta mediados de la década del 70, dificultades especialmente grandes, por cuanto la misma se encontraba desde hace mucho tiempo en manos de los 95 poderosos gigantes del petróleo, en lo esencial, de Estados Unidos. No obstante, los rivales de EE.UU., a fines de los años 60 y comienzos de la década del 70, lograron (aprovechando la nacionalización de los bienes de los trusts yanquis en Perú y Bolivia o la restricción de sus actividades después de ser revisadas las condiciones concesionarias en Colombia y Ecuador) concertar una serie de acuerdos sobre prospección y explotación de petróleo en los países de la región. En conformidad con el acuerdo suscrito en 1974, la compañía estatal japonesa del petróleo concedió a Petroperú un empréstito por 330 millones de dólares a cambio de los consiguientes suministros de petróleo y derivados al Japón en un lapso de 10 años. Al mismo tiempo, las firmas japonesas participan en la prospección y extracción de petróleo, así como en la construcción de un oleoducto [95•30 de 850 kilómetros de longitud que enlazará la zona de los yacimientos en la selva peruana norteña con la costa del Pacífico.
p Después de 1974 incrementaron los suministros de materia prima para la energética japonesa.
p El afianzamiento de las posiciones del Japón en la extracción de petróleo afecta los intereses de grandes consorcios petroleros, ante todo, de EE.UU. Cabe notar, sin embargo, que los monopolistas nipones actuaban a veces en conjunto con firmas yanquis.
p Los monopolios de la RFA participan en la pugna por el petróleo latinoamericano de manera también sumamente intensa. Debido a la escasez y reducidas reservas de petróleo, la RFA en los años 60 empezó a desarrollar a ritmos acelerados la producción de electricidad en base a las centrales atómicas. No obstante, en la década del 80 el petróleo seguirá siendo, seguramente, la principal fuente energética.
p El periódico Handelsblatt, haciéndose eco del afán de los monopolios germanoccidentales por ampliar sus operaciones en la industria petrolera de Venezuela (la compañía Deminex, en particular), escribía que la República Federal de Alemania procura encontrar nuevas fuentes de petróleo que no sean EE.UU. y Oriente Medio.
p Los consorcios de Alemania Occidental, que al principio se limitaban a importar petróleo de los países de América Latina, ya a comienzos de la década del 60 procuran penetrar 96 directamente en la esfera de su extracción. Particularmenle incrementaron su actividad en este sentido en los años 70.
p Últimamente intensifican su penetración en la industria petrolera de la región, asimismo, los monopolios franceses que intentan utilizar muchas veces los reveses que sufren allí los trusts estadounidenses por la nacionalización de sus bienes. En marzo de 1973, la corporación estatal petrolera de Colombia Ecopetrol (Empresa Colombiana de Petróleo) suscribió un contrato con la compañía francesa Societé N aliónale de Petrole d’Aquitain, entregándole en concesión 156 mil hectáreas de tierras en la zona de Arauca.
p Los monopolios ingleses también intensificaron sus actividades en la lid por el petróleo. En 1975, durante la estadía en Gran Bretaña del ministro de relaciones exteriores brasileño, se celebraron conversaciones para la prospección de yacimientos petrolíferos en el litoral del Brasil [96•31 . El respectivo tratado fue suscrito en mayo de 1976 durante el viaje que realizó Ernesto Geisel a Inglaterra [96•32 . Ese mismo año la British Petroleum concertó pn acuerdo con Petrobrás para realizar trabajos de prospección en el Estado de Sao Paulo [96•33 .
p Una de las peculiaridades de la lucha interimperialista por el petróleo en los países de la región es el hecho de que la misma se agrava como consecuencia de la nacionalización de la propiedad de las compañías petroleras estadounidenses, y la brecha que se forma, tratan de llenarla rápidamente los monopolios de Europa Occidental, Japón y algunos otros países. Por ejemplo, después de la nacionalización de la Internacional Petroleum Co. (filial de Standard Oil Company of New Jersey) en Perú, los monopolios de Japón, Inglaterra, Francia, así como algunas otras corporaciones estadounidenses [96•34 (Getty, Amoco-Shell, etc.) no tardaron en ofrecer sus “servicios” para organizar la extracción del combustible. En condiciones de escasez de este producto (a mediados de 1973 en Perú se extraían 65 mil barriles diarios, mientras que el consumo ascendía a 100 mil), Petroperú firmó en junio de 1973 contratos para la prospección y explotación de los yacimientos petrolíferos con compañías de RFA, Francia, España, Suecia y Japón. Hacia mediados de 1973 se suscribieron 17 contratos semejantes, entre ellos, con un consorcio formado por la compañía Española 97 de Petróleos, la francesa Total, la germanoccidental Deminex, la sueca Saga petroleum y la japonesa Sumiso, así como con algunas firmas de EE.UU. (Signal Oil Co. Amoco, The Superior Oil y otras).
p También se agrava la rivalidad interimperialista por la posesión de otros tipos de materia prima mineral latinoamericana: cobre, estaño, cinc, materia prima atómica, etc. Aquí también los monopolios euroccidentales utilizan en la lucha contra sus competidores norteamericanos un arma ya probada: el creciente ánimo antiyanqui en los países de la región, así como la nacionalización de las empresas controladas por los consorcios estadounidenses. Por ejemplo, después de haber quitado el gobierno peruano a la compañía norteamericana Anaconda [97•35 una gran explotación de cobre en Cerro Verde y entregado a la compañía estatal Mineroperú, esta última decidió ponerla a punto con ayuda de las firmas euroccidentales y, en particular, de firmas inglesas.
p Esta lucha por el cobre tiende a intensificarse debido al empuje de los monopolios japoneses que tienen suscrito contrato con Perú para la explotación conjunta de yacimientos de cobre, así como de cinc y de plomo, con suministro de parte de la producción al Japón.
p Los monopolios japoneses refuerzan sus posiciones también en México. En particular, las firmas Mitsui Mining y Marubeni concertaron en 1972 un acuerdo con el Gobierno mexicano sobre la creación en ese país de una compañía conjunta para la comercialización de metales no ferrosos (el 51”,, de las acciones pertenece a la Dirección de Fomento de la Industria Minera de México, y el 24,5%,, posee cada una de las firmas japonesas indicadas).
p Esta compañía comercial se ocupa esencialmente de la exportación de cinc, estaño y semielaborados de los mismos a diversos países, incluido Japón.
p Se intensifica la penetración en la industria minera latinoamericana por parte de los monopolios franceses. Durante la estadía en Francia del Presidente Ernesto Geisel (abril de 1976), la parte francesa manifestó gran interés en la explotación de los yacimientos brasileños de mineral de hierro, de metales no ferrosos y de bauxita.
98p Durante el último decenio los consorcios de EE.UU., RFA, Francia, Japón y algunos otros paises capitalistas prestan especial atención a las ricas reservas de materia prima nuclear, sobre todo de uranio y torio, existentes en América Latina.
Por lo tanto, con el avance de la revolución científicotécnica se produjo una agudización de la rivalidad interimperialista en la lucha por las fuentes de materia prima en América Latina, especialmente por la posesión de sus variedades más valiosas y de mayores perspectivas. Los cambios en la correlación de fuerzas que aqui se observan, no favorecen a los monopolios estadounidenses.
Notes
[91•23] De acuerdo con los resultados de algunas investigaciones, para el año 2000 quedarán casi totalmente agotadas las reservas mundiales conocidas hasta el presente de: aluminio, cobre, estaño, mercurio, oro, plata, plomo, molibdeno, petróleo, gas, wolframio y cinc. (Ver: OsthandelOstpo/itik in iler Pm.v/.v, Bonn, 1972).
[92•24] En base a datos extraídos de: CEPAL. Estudio económico de América Latina. 1970. Nueva Jork, 1971, p. 102; CEPAL. El desarrollo latinoamericano y la coyuntura económica internacional. Tercera parte. Puerto España. 1975. p. 121.
[93•25] Véase Comercio exterior, 1972, N. 2, pp. 176, 182-183.
[93•26] Véase Pravda, 10.VIH. 1973; Mainichi Duilv Ne»:i, 30.X.1975.
[94•27] En 1973, la participación del Brasil en las importaciones germanoccidentales de mineral de hierro ascendió a 23”,, (en comparación a 13”,,, en 1970).
[94•28] Véase Mezhdunaródnayu z/iizn, 1976, N 10, p. 152.
[94•29] Véase United Nutionx Conference <>n Trade and Development. TD/B/429/Add.2. Geneva, March 21, 1974. p. 14.
[95•30] Los tubos de gran diámetro deben ser suministrados por firmas de la RFA.
[96•31] Véase The Financial Times. 9.VI.1975.
[96•32] Véase Trade and Industry, London, 1976. vol. 23, N 7. p. 438.
[96•33] Véase The Financial Times, 2.X. 1976.
[96•34] Véase The New York Times, 18.IV.1973.
[97•35] El Día. México, 18.VI.1971. Este yacimiento fue mantenido en estado de conservación durante muchos años por la compañía norteamericana y, a pesar de lo que exigía el gobierno peruano. Anaconda no presentó planes algunos para su explotación futura. El Día, 6.XI. 1971.