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CAPITULO IV. LA LUCHA DE LOS PAÍSES DE AMERICA

LATINA CONTRA LA AGRESIÓN ECONÓMICA DEL CAPITAL
ESTADOUNIDENSE
 
1. AGUDIZACION DE LAS CONTRADICCIONES COMERCIALES
 

p El período de posguerra estuvo signado por un incremento de las contradicciones entre los países de América Latina y el imperialismo de EE.UU. En el fondo de esas contradicciones yacía, ante todo, el afán de equéllos de alcanzar la independencia económica, terminar con la expoliación imperialista y asegurar el desarrollo de sus economías nacionales. Los monopolios estadounidenses, interesados en ensanchar la explotación de todo el continente, se oponían tenazmente a ello. Agudas desavenencias surgieron prácticamente en todas las ramas de las relaciones económicas con EE.UU. Y el área comercial pasó a ser uno de los epicentros más importantes de esas contradicciones.

p Tal cosa es comprensible. Dentro de esa área EE.UU. es el socio de mayor peso. Su participación en el intercambio de los países de la región asciende a las dos quintas partes. Especialmente considerable es el tráfico de Estados Unidos con México, Perú, Panamá, Costa Rica, Guatemala y la República Dominicana.

p Debido a que a EE.UU. corresponde la parte fundamental del trueque latinoamericano, éste depende de la política comercial y monetaria yanqui. Tal política reviste carácter discriminatorio. El coloso del Norte utiliza el comercio como medio de presión y chantaje, para atar aún más a América Latina a la economía yanqui.

La mayoría de las naciones del continente tienen gran déficit en su balanza comercial con Estados Unidos. En 1975 el saldo negativo alcanzó una cifra récord: 3.820 millones de dólares.

102 Intercambio comercial de América Latina con EE.UU. (millones de dólares) Año Exportaciones Importaciones Total Saldo 1960 3.528 3.577 7.105 -49 1965 3.675 3.788 7.465 - 113 1970 4.779 5.695 10.474 -916 1975 11.835 15.655 27.490 -3.820 1976 13.227 15.495 28.722- -2.268 Fuente: Statistical Abstrae! of Ihe United States. Washington. 1974. pp. 792. 793: Averseas Business Reports. Washington. 1977. N. 31, p. 3.

p El déficit crónico de la balanza comercial es consecuencia del lento incremento del valor de las exportaciones frente a las importaciones. Las tasas de crecimiento anual medio de las compras de los países de la región a Estados Unidos superan en mucho durante los últimos años las de las ventas latinoamericanas y ascienden, respectivamente, a 11 y 4%  [102•1 .

p Los factores que contribuyen a ampliar las exportaciones estadounidenses a América Latina son, entre otros, la expansión del capital privado y la concesión de créditos y préstamos gubernamentales. Ya V.I. Lenin señalaba el hecho de que “... el factor fundamental —y el más importante para el crecimiento del comercio con América del Sur— son las inversiones de capitales de Estados Unidos en empréstitos, en construcciones y empresas similares"  [102•2 . Un gran papel en la orientación del comercio exterior de América Latina con EE.UU. lo desempeña también la circunstancia de que en los países de la región siguen dominando los monopolios yanquis.

p La estructura del comercio de las naciones latinoamericanas con EE.UU. indica que los países del área cumplen la función, por una parte, de abastecedores de productos primarios y tropicales y, por la otra, de consumidores de artículos de la industria norteamericana. Los suministros de los países de la región a Estados Unidos se componen en un 73% de alimentos, materia prima y combustible. Las maquinarias y equipos, medios de transporte y productos químicos, en cambio, representan menos del 10% de las ventas latinoamericanas  [102•3 .

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p Muchos países de América Latina no exportan a Estados Unidos artículos terminados en general. Este tipo de mercancías figura, esencialmente, en los envíos de México, Brasil y Argentina. Las repúblicas indicadas colocan en los mercados de EE.UU. alrededor del 80% de todos los artículos industriales que exporta América Latina.

p La dinámica de las exportaciones tradicionales del continente también manifiesta tendencias negativas. En los últimos años se observa una relativa reducción en muchos importantes rubros. En 1960-1976 el peso de América Latina en las importaciones de metales no ferrosos por Estados Unidos disminuyó de 45 a 10%. La participación del café durante ese período descendió de 87 a 68%, del azúcar, de 73 a 52%, carnes, de 28 a 22%, petróleo y derivados, de 53 a 13%  [103•4 .

p En consecuencia, la contribución ti e EE.UU. al comercio exportador latinoamericano se redujo de 41% en 1960 a 35% a mediados de la década del 70. Mientras tanto, la parte estadounidense en las importaciones de la región disminuyó mucho menos: de 43% en 1960 a 39% en 1973. Los últimos tres años, sin embargo, el descenso fue bastante significativo: hasta 31%  [103•5 , lo cual se debe a la intensificación de los vínculos comerciales del continente con otras naciones y zonas del mundo capitalista, en particular, con el MCE y Japón.

p Los EE.UU. poseen grandes posibilidades potenciales para aumentar la adquisición de mercancías en América Latina. No obstante, este país, aplica una rígida política discriminatoria respecto a la mayoría de los rubros de importación. V. I. Lenin señaló que “un proteccionismo, llevado hasta el extremo”, constituye el rasgo característico de la política comercial de Estados Unidos  [103•6 . Esta peculiaridad de la política estadounidense en su intercambio con los países de América Latina sigue en vigor hoy día.

p Las principales herramientas del proteccionismo están 104 contenidas en la legislación arancelaria de EE.UU., según la cual son sometidos a gravamen todos los artículos que se importan de América Latina. Se excluyen solamente las mercancías con permiso especial para la entrada sin recargo y que se subdividen en cuatro grupos principales: 1) artículos de consumo que no compiten con la producción local; 2) materia prima industrial y materiales, cuya producción doméstica no cubre la demanda; 3) elementos imprescindibles para las labores agrícolas; 4) artículos incorporados a la lista de importaciones sin tributo de aduana en base a resoluciones especiales del Congreso de EE.UU.

p En el sistema estadounidense de protección ocupan importante lugar las medidas del gobierno que establecen todo tipo de recargos adicionales para los artículos provenientes de los países de América Latina (impuestos y aranceles sobre el consumo), las disposiciones administrativas que restringen la introducción de diferentes mercancías (la ley de “compre Made in USA”, prohibiciones para importar unos u otros artículos basadas en cláusulas especiales, normas sanitarias, etc.). Daño particularmente grande causan a los países de la región las medidas de protección a la producción agropecuaria de EE.UU.

p Tales medidas están encaminadas a restringir las importaciones procedentes de América Latina. Esto se logra en tres formas. En primer lugar, se reduce rigurosamente y, en algunos rubros, se excluye del todo la posibilidad de los países latinoamericanos de comercializar su producción en el mercado estadounidense, pese a que la misma se obtiene con menorcostoque en EE.UU.Ensegundo lugar, se incrementa artificialmente la producción local que compite con la de América Latina en los mercados de terceros países. Por último, manteniendo en los Estados Unidos un nivel de precios se consigue obtener una baja relativa del consumo interno y, por lo tanto, de la demanda de los productos procedentes de los países de la región.

p El principal obstáculo para el ingreso de productos latinoamericanos al mercado estadounidense, dentro del sistema del proteccionismo agrario, lo constituye la fijación de cuotas de importación. Existen cuotas para los suministros de trigo y harina de trigo, leche y productos lácteos, carnes, azúcar y artículos de confitería.

p Un rasgo específico de las formas organizativas del proteccionismo agrario reside en que no hay en los EE.UU. 105 una legislación única que regule la política comercial en esta esfera. La implantación de restricciones a la importación de unos u otros artículos se hace por disposición presidencial sobre la base de resoluciones tomadas por el Congreso o se formaliza mediante la promulgación de leyes.

p En conformidad con la ley sobre reducción de las importaciones de carnes, adoptada en 1964, en EE.UU. fueron establecidas cuotas para la importación de carnes frescas, congeladas y semicongeladas de vaca, ternera, carne de cordero y de cabra, cuotas que varían en dependencia del volumen de la producción interna. Por otra parte, las normas de sanidad de EE.UU. ya desde 1927 prevén la prohibición de importar carne de Argentina, donde hubo entre el ganado epidemias de fiebre aftosa. En 1964 una comisión mixta argentinonorteamericana para la investigación de la fiebre aftosa llegó a la conclusión de que “la carne de los animales que han sido curados, preparada en conformidad con los procesos tecnológicos aplicados en la Argentina, no contiene virus de aftosa”  [105•7 . A pesar de ello, la norma de sanidad implantada en 1927 sigue siendo utilizada hasta hoy día para prohibir la importación de carne argentina, causando grandes daños a esta nación latinoamericana.

p En base a la ley de 1948 sobre la importación de azúcar y las múltiples enmiendas posteriormente introducidas es regulado el ingreso de este producto. Las cuotas azucareras son fijadas tanto para los productores locales como para los países abastecedores. El monto total de la cuota en 1973, por ejemplo, ascendió a 12 millones de toneladas, de las que correspondían a: México, 637 mil toneladas; República Dominicana, 741 mil; Brasil, 657 mil; Perú, 407 mil; Costa Rica, 100 mil  [105•8 .

p Las restricciones establecidas por la ley a las importaciones de azúcar sirven a los objetivos neocoloniales de EE.UU. respecto a las naciones del continente. El sistema impuesto hace que el gobierno estadounidense pueda maniobrar con las cuotas y redistribuirlas entre los proveedores de manera que algunos de ellos, en el período dado, no estén en condiciones de cumplir sus compromisos y; de esa manera, presionar a los países exportadores.

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p En octubre de 1971 el Presidente de EE.UU. firmó una nueva ley de compras de azúcar, en la que una de las enmiendas establece la aplicación de sanciones económicas, que prevén una rebaja de 20 dólares por tonelada al precio del azúcar importado, contra el país proveedor que nacionalice propiedades de compañías yanquis  [106•9 . Los recursos financieros obtenidos de esa manera aparecen en calidad de “compensación” por los bienes nacionalizados. De acuerdo con la nueva ley, los EE.UU. tienen derecho a reducir o suprimir totalmente la cuota establecida para cualquier república latinoamericana que nacionalice propiedades yanquis sin la compensación correspondiente. Estados Unidos hicieron uso de este derecho reduciendo en 17% la cuota azucarera fijada para el Perú.

p En 1976-1977, además, los EE.UU. acudieron dos veces al aumento de los aranceles aduaneros para el azúcar importado (de 0,625 a 1, 875 y, más tarde, hasta 3,3 centavos por libra)  [106•10 .

p Las naciones latinoamericanas procuran aliviar su dependencia de las ventas de productos primarios tratando de estimular las exportaciones de artículos terminados y semielaborados. Sus rubros industriales, sin embargo, encuentran dificultades extremas para superar la barrera proteccionista de EE.UU.

p Estados Unidos quieren negar el hecho de que las tarifas aduaneras a los artículos manufacturados y semielaborados constituyen un serio obstáculo para el ensanchamiento de las exportaciones latinoamericanas. Sostienen que el nivel de los aranceles no es de por sí considerable, por cuanto durante las conversaciones sostenidas dentro del GATT las tarifas estadounidenses sufrieron sustancial disminución. Los hechos, sin embargo, testimonian otra cosa.

p Si la reducción de los aranceles dentro del “round Kennedy" se cifró en término medio a 36%, la de las tarifas a los artículos que interesan a los países latinoamericanos fue sólo de 25%, mientras que para las demás mercancías llegó a 41%  [106•11 . Las tarifas para los productos industriales, que representaron la base del “round Kennedy”, fueron reducidas en 38% para los países desarrollados y sólo en 31% para los de América Latina. Por lo tanto, es evidente el perjuicio 107 causado a los intereses de las naciones latinoamericanas, que más adelante fueron aún más discriminadas por EE.UU.

p Los aranceles aduaneros de Estados Unidos crecen en la proporción que aumenta el grado de elaboración del material primario. De esa manera crean dificultades artificiales para las exportaciones de artículos terminados procurando mantener a los países latinoamericanos en su condición de exportadores de materia prima, en lo esencial.

p Para trabar la importación de artículos manufacturados de América Latina, se utiliza también el sistema, vigente hoy en EE.UU., de avalúo de aduana de algunos artículos en correlación con el método de “precio norteamericano de venta”. Las cargas arancelarias calculadas sobre la base de ese método son mucho más elevadas que las calculadas conforme a los precios de exportación convenidos, por cuanto los precios del mercado interno de EE.UU. son, en muchos rubros, superiores a los del mercado mundial. El sistema indicado se aplica para imponer gravámenes aduaneros a artículos como: conservas, calzado de goma y guantes de punto de bajo costo, algunos productos químicos, en cuya exportación están interesados los países latinoamericanos. Según un informe de la comisión de tarifas de EE.UU., los aranceles aduaneros fijados para los artículos arriba mencionados eran 172% más elevados, en 1966, que sus valores de exportación  [107•12 .

p Para trabar la importación de artículos manufacturados de América Latina se aplica también la legislación sobre aranceles “antidumpings”. Cualquier firma o cualquier organismo estadounidenses puede dirigirse a la secretaría de Finanzas prestando una queja de que en el mercado de EE.UU. se venden productos latinoamericanos a precios inferiores al “precio justo”, es decir, al existente en el mercado interno del país exportador, para que la legislación mencionada sea puesta en vigor. La ley compromete a la secretaría de Finanzas a cancelar inmediatamente la franquicia aduanera para el artículo en cuestión e iniciar diligencias que terminan en la implantación de una elevada tasa de compensación y, en la mayoría de los casos, a la anulación del contrato.

p En conformidad con la legislación “antidumping”, en 108 los últimos años fue vedado el acceso al mercado de EE.UU. a las carteras y calzado brasileños, al espárrago elaborado de México, y a los artículos de cuero argentinos.

p La nueva ley de comercio, adoptada a fines de 1974 por Estados Unidos, no sólo no mejoró, sino que, por el contrario, agravó en cierto grado las condiciones para la comercialización de los artículos latinoamericanos en el mercado de EE.UU. Según estimaciones de la comisión de expertos, creada en EE.UU. para estudiar las relaciones con América Latina, el sistema de preferencias que Estados Unidos resolvieron conceder al fin a los países en desarrollo no tiene mayor significación para las naciones latinoamericanas, por cuanto la llamada “extensión efectiva" de este sistema no abarca un 80% de las importaciones gravadas con aranceles aduaneros y el 90% de todas las importaciones de los países de la región  [108•13 .

p La nómina de las preferencias excluye las franquicias aduaneras para aquellos rubros cuya adopción puede perjudicar los intereses de los productores de EE.UU. Entre los artículos excluidos de la nómina se encuentran: tejidos, calzado, relojes, vidrios, algunos tipos de productos siderúrgicos y electrónicos.

p En conformidad con el criterio de la llamada “necesidad de competencia”, el régimen preferencial que exime el pago de aranceles no es aplicable a la mercancía importada de cualquier país latinoamericano, si éste coloca en el mercado de EE.UU. más del 50% del total de las importaciones estadounidenses de ese artículo. Las preferencias tampoco rigen para los rubros que se exportan de América Latina a los Estados Unidos por un monto total superior a 25 millones de dólares anuales  [108•14 . Como consecuencia de todas estas restricciones, se forma una lista negativa aparte para cada uno de los países que gozan de preferencias. México, por ejemplo, tiene una nómina de 61 artículos suministrados al mercado yanqui a los que les fueron negadas las preferencias. En las exportaciones mexicanas estas mercancías representaban 592 millones de dólares (en 1974), o sea, más de la tercera parte de las ventas de este país a EE.UU.

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p Además, la ley de comercio prevé implantar restricciones a la importación procedente de los países que desarrollan una política económica independiente. En particular, de la nómina de países con derecho a obtener las preferencias indicadas fueron excluidos los miembros de la OPEP, entre ellos sus participantes latinoamericanos, Venezuela y Ecuador.

p Es por eso que la ley fue recibida en los países de América Latina como un abierto atentado contra el derecho soberano de defender sus riquezas naturales. El carácter imperialista de esa ley es totalmente claro. EE.UU. aplican sanción ;s económicas contra cualquier Estado que, por sí solo o en conjunto con otras naciones, interviene en defensa de precios justos para la materia prima que exporta o que nacionaliza bienes pertenecientes al capital norteamericano.

p Siendo Presidente de Venezuela, Carlos Andrés Pérez, declaró que la discriminación yanqui “pone en peligro directo la política desarrollada ahora por los países latinoamericanos en defensa de sus materias primas y productos tradicionales a través de la creación de sistemas comunes de comercialización para regular sus exportaciones a fin de asegurar precios remunerativos a sus mercancías"  [109•15 .

p Para una serie de otros países latinoamericanos, cuya economía depende en sumo grado de la venta de un tipo determinado de producción, por ejemplo, del café (Colombia, Salvador), bananas (países de América Central) o bauxita (República Dominicana, Haití, Jamaica), la nueva ley de comercio significa una especie de severa advertencia: no se piense en la creación de asociaciones del tipo de la OPEP. En una palabra, la ley afecta a los intereses de casi todos los Estados latinoamericanos.

p Esto fue subrayado una vez más por los representantes de la mayoría de las repúblicas de la región en la VII Conferencia de la Comisión Especial de la OEA para consultas y negociaciones, celebrada en mayo de 1977 en Buenos Aires. En la misma fue duramente criticado el sistema general de preferencias de EE.UU.. que es utilizada para cerrar las puertas a los países de la región. Se formularon demandas para que se creen condiciones en el comercio con Estados Unidos que permitan a los países latinoamericanos aprovechar más ampliamente su potencial económico, sus recursos de 110 materias primas y de mano de obra en interés del progreso económico acelerado.

p Por lo tanto, en las condiciones actuales, la lucha de los países del continente por reestructurar las relaciones económicas y comerciales con EE.UU. trascendió los marcos nacionales y reviste un carácter ascendente.

p La posición de la mayoría de las naciones latinoamericanas fue formulada por primera vez en su forma más precisa en la declaración, aprobada en 1969 por la V Sesión Extraordinaria de la CECLA, celebrada en la ciudad chilena de Viña del Mar. Luego fue confirmada en el informe acerca de los aspectos básicos de la estrategia del desarrollo de América Latina, aprobado en 1970 en la V Sesión Extraordinaria de la CEPAL. En su declai ación los países de la región expresaron sus demandas principales a EE.UU.: eliminación de las restricciones a la importación de productos latinoamericanos, fijación de plazos para la supresión de estas restricciones, concesión de régimen preferencial en el mercado de Estados Unidos, establecimiento de precios remunerativos para los artículos de exportación, renuncia a la obligación de utilizar los empréstitos para la adquisición forzosa de mercancías y servicios únicamente en EE.UU., reducción de las tasas de interés y aumento de los plazos de pago de préstamos y créditos. En el documento se hace un llamado a una revisión cardinal de la política económica y comercial de los Estados Unidos con relación a América Latina.

p Una importante peculiaridad de la etapa actual de la lucha de los países del área contra el dominio yanqui reside en la conquista de la posibilidad de disponer libremente de los recursos nacionales. Testimonio de ello son las acciones colectivas de las naciones del continente contra la política del dictado yanqui, en particular, el rechazo a la misma expresado en la reunión de consulta celebrada por los ministros de energía y de la industria del petróleo en 1973 en la capital ecuatoriana.

p En la Declaración de Quito los países latinoamericanos manifestaron su decisión de defender en conjunto las riquezas naturales frente a los atentados de los monopolios imperialistas. En el centro de esta lucha se ubican los esfuerzos destinados a desplazar a los monopolios yanquis de las posiciones que ocupan en la industria extractiva y en la agricultura de la región. Tales esfuerzos están orientados no sólo a poner bajo control estatal la producción de 111 materia prima natural y de productos tropicales, sino también a crear organismos regionales para la exportación de diferentes tipos de producción primaria y que aseguren el mantenimiento de precios remunerativos en el mercado mundial. La primera experiencia en la creación de semejantes organizaciones en el área del comercio exterior fueron las entidades que agrupan a los países exportadores de bananas, azúcar y plata, fundadas en 1974.

p Una de las más importantes conquistas en la lucha contra el imperialismo yanqui fue la creación en 1975 del Sistema Económico Latinoamericano (SELA) sin la inclusión de Estados Unidos. De esa manera surgió una agrupación netamente latinoamericana con participación plena y activa de Cuba socialista, destinada a defender los intereses económicos de los países miembros contra la expansión de los monopolios de EE.UU.

p La lucha de los países latinoamericanos por un comercio basado en la igualdad de derechos, por librarse del papel subordinado que desempeñan en el sistema de la división internacional capitalista del trabajo empalma con la lucha antimperialista de todos los países en desarrollo. Los países de América Latina y los Estados emergentes de otras regiones, a pesar de las diferencias existentes en sus regímenes sociopolíticos, demuestran singular unidad en la brega por el establecimiento de relaciones equitativas en el intercambio con los países capitalistas industrializados. En esta pugna obtienen activo apoyo de los países socialistas. En las Naciones Unidas y en sus organismos especializados, con el efectivo respaldo de los países del socialismo, fueron adoptadas resoluciones positivas en ese sentido y formuladas múltiples demandas a las potencias capitalistas industrializadas. Precisamente, gracias al respaldo político, moral y material de los Estados socialistas, los países en desarrollo pudieron pasar a una amplia ofensiva contra el imperialismo y alcanzar notables éxitos.

p Importante suceso en la brega de las naciones en desarrollo por la democratización del sistema de las relaciones económicas internacionales fue la VI Sesión Especial de la Asamblea General de la ONU celebrada en abril de 1974. Por primera vez en la historia del organismo mundial, su Asamblea General fue especialmente convocada para examinar los problemas relativos a los recursos de materias primas y el desenvolvimiento económico de los países en desarrollo. En 112 la declaración aprobada se expresa la demanda de establecer un nuevo orden económico basado en la equidad, igualdad soberana, comunidad de intereses y cooperación entre todos los Estados. El nuevo orden está destinado a terminar con la desigualdad en las relaciones económicas internacionales, existente en el sistema capitalista mundial.

p Las potencias imperialistas y, en primer lugar, los Estados Unidos, sin embargo, no están dispuestos en modo alguno a ceder por las buenas sus posiciones en el comercio mundial y en organizaciones como el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional, donde la distribución de fuerzas es más favorable para los países imperialistas que en la ONU.

p En la lucha por restructurar las relaciones económicas internacionales reviste singular importancia la actividad que se desarrolla dentro de los marcos de la Conferencia de las Naciones Unidas para el Comercio y el Desarrollo.

p En las sesiones de la UNCTAD los países latinoamericanos hicieron enérgicos esfuerzos por resolver problemas tan acuciantes como los de asegurar el acceso de sus exportaciones tradicionales a los mercados de las naciones capitalistas industrializadas, obtener la concesión de preferencias para comercializar artículos manufacturados y semielaborados e implantar un sistema de estabilización de precios para los productos primarios. En este sentido tuvo singular importancia la VI Sesión de la UNCTAD celebrada en Nairobi en mayo de 1976. Las repúblicas latinoamericanas, conjuntamente con los países en desarrollo de otros continentes, exigieron decididamente la adopción de medidas concretas tendientes a restructurar el sistema de las relaciones económicas en el mundo capitalista en base a los principios anteriormente formulados en los documentos respectivos de la ONU. Los países en desarrollo expusieron la idea, radicalmente nueva, de vertebrar un programa integral para las materias primas, destinado a estabilizar sus mercados sobre una base multilateral, reducir las fluctuaciones en los precios para los productos primarios y su desnivel respecto a los precios de los artículos industriales.

Todo esto indica que la lucha de los países latinoamericanos por la liberación económica y la igualdad comercial va en constante ascenso. Ella contribuye a ensanchar la colaboración entre los Estados de la región, a afianzar sus posiciones en los mercados exteriores, a desplazar los monopolios de sus posiciones en el comercio exterior. Las 113 acciones conjuntas de los países de América Latina, sin duda alguna, debilitan las posiciones del capital yanqui en el continente, creando condiciones para alcanzar verdadera equidad en las relaciones económicas y comerciales con EE.UU.

* * *
 

Notes

[102•1]   Véase Latín America in the International Economv. Edinburg, 1973, p. 242.

[102•2]   V. I. Lenin. Cuadernos sobre el imperialismo. O. C., t. 28, p. 23.

[102•3]   Calculado en base a: Highlights of U.S. Export and Import Trade, Washington, 1974, N 12, pp. 102-105.

[103•4]   Cálculos basados en: Statistical Abstrae! of the United States. Washington, 1961, pp. 890, 891; Overseas Business Reports, Washington, N 31, pp. 36-39, 44, 45, 56, 57.

[103•5]   Cálculos basados en: International Financial Statistics, Washington, 1976, N 10, pp. 36-37; Overseas Business Reports, Washington, 1976, N 24, pp. 22, 26.

[103•6]   Véase V. I. Lenin. El crac de la II Internacional. O. C., t. 26, p. 230.

[105•7]   Julio Notta. CV/.v/.v y solución del comercio exterior argentino. Ediciones Problemas Naeionales, Buenos Aires, 1962, p. 111.

[105•8]   Véase Silgar tict umendments oj 1974, Washington, 1974, pp. 1, 12.

[106•9]   Véase Excelsior, México, 15.XI.1971.

[106•10]   Véase El Día, México, 4.XI.1977.

[106•11]   UNCTAD. The Kennedy Round Estimated Effects on Tariff Barriers, 1968, p. 14.

[107•12]   U. S. Tariff Commission. Products Subjects to Duty on ihe American Selling Price Basis of Valuation. Conversión of Rales of Duty on Sitch Products lo Rales Based on Valúes Delermined by Convenlümal Valuation Metliods. Pub. 181. Washington, 1966.

[108•13]   Véase Las Américas en un mundo en cambio. Informe de la Comisión sobre las relaciones de Estados Unidos con América Latina. Washington. 1974, oct., p. 31.

[108•14]   Véase Comercio exterior, 1973, N 8, p. 786.

[109•15]   The New York Times. 2.11.1975.