54
CAPITULO II. LA POLÍTICA ECONÓMICA DE ESTADOS
UNIDOS EN AMERICA LATINA
 
1. PRINCIPALES ETAPAS EN LA FORMACIÓN DE LA POLÍTICA
ECONÓMICA DE EE.UU. EN AMERICA LATINA
 

p En la política económica de EE.UU. en América Latina, después de la guerra, se pueden distinguir claramente tres etapas. La primera abarca un período que comprende los años de posguerra y se prolonga hasta fines de la década del 50; la segunda etapa corresponde a la década del 60 y, la tercera, se inicia a comienzos de los años 70.

p Cada una de las etapas se caracteriza por la combinación de diversos factores; los cambios en la correlación de fuerzas actuantes en la palestra mundial, por la situación concreta que en los diferentes períodos se daba en el continente latinoamericano, por los fines y tareas que se planteaba el capital monopolista de Estados Unidos.

p En la primera etapa el afianzamiento de las posiciones internacionales del capital monopolista norteamericano constituyó el factor decisivo de la política latinoamericana de EE.UU.

p La segunda guerra mundial condujo al fortalecimiento del poder económico de los monopolios estadounidenses y consolidó el predominio absoluto de EE.UU. en el mundo capitalista.

p El desarrollo de la industria tuvo como consecuencia la expansión de las exportaciones de mercancías y servicios. Al mismo tiempo, los excedentes de capital acumulados indujeron a los monopolios a buscar en el exterior las esferas en las que podían invertir ventajosamente. Ante todo, se prestó atención a la adquisición de fuentes de materia prima barata para la industria.

p Durante la segunda guerra mundial y, más aún, en los años 50 en una serie de países de América Latina se 55 desenvolvió la industria manufacturera. Esta circunstancia tendió a convertir a las repúblicas latinoamericanas en mercados relativamente amplios para los suministros de instalaciones, medios de transporte y otros artículos industriales.

p La guerra reforzó en sumo grado las posiciones de EE.UU. en América Latina y debilitó a sus competidores. Las inversiones de las compañías yanquis a fines de 1950 aumentaron en 70% con relación al período anterior a la contienda. Las inversiones de Inglaterra y de otros países europeos, en cambio, disminuyeron considerablemente. Creció la dependencia de los Estados latinoamericanos respecto al mercado de EE.UU. Alrededor del 40% de las exportaciones latinoamericanas en 1948 y cerca del 45% en 1956 tenían como destino los EE.UU. La potencia del norte seguía manteniendo posiciones claves también en las importaciones de América Latina: en 1948 más de la mitad de las mismas procedía de Estados Unidos. La gran dependencia respecto al mercado yanqui aseguraba a EE.UU. el control sobre el comercio exterior de los países del continente.

p En suma, los EE.UU. pasaron a ocupar después de la segunda guerra mundial una posición dominante en la economía de América Latina.

p En su política económica Estados Unidos se atenían al considerado de que su capital privado se encontraba allí en condiciones de afrontar por sí solo todos los problemas y, por eso, no necesitaba de mayores auxilios por parte del Estado. Una prueba de ello es, por ejemplo, la correlación entre la inversión privada y la gubernamental en América Latina que en 1946 era del 93 y 7%, respectivamente. En otras áreas del orbe esta correlación era del 67 y 33%,.

p Las conferencias interamericanas sobre problemas económicos que se celebraron a finales de las décadas del 40 y del 50 se limitaron, en general, a tomar resoluciones que obligaban a las repúblicas latinoamericanas a favorecer las condiciones para la inversión y reinversión del capital extranjero y eliminar las trabas para la repatriación de utilidades. Al mismo tiempo los EE.UU. no aceptaban compromiso alguno de ayudar al desarrollo socioeconómico de los países de América Latina.

p Los Estados Unidos preferían mantener con las repúblicas latinoamericanas relaciones económicas bilaterales y evitaban la concertación, en cualquiera de esas conferencias, de compromisos multilaterales, temiendo que resoluciones de esa 56 índolé podrían posibilitar la formulación, por el sistema interamericano en su conjunto, de planes concretos de desarrollo de los países de la región tendientes a superar el atraso económico.

p En la segunda etapa Estados Unidos se enfrentaron con un notable ascenso de la lucha antimperialista en América Latina y el debilitamiento del sistema interamericano. En los fundamentos de esa ampliación de la lucha estaba la protesta contra la política imperialista de los monopolios, política de saqueo abierto, y contra la injerencia de Estados Unidos en los asuntos internos de los países de América Latina.

p El trastorno más grande que sufrió en tiempo alguno la política de EE.UU. en el hemisferio occidental fue la Revolución Cubana. Por primera vez en uno de los países americanos (en un país, además, pequeño) el capitalismo fue eliminado y sustituido por el nuevo régimen social, el socialismo.

p La Revolución Cubana, originada por causas objetivas inmanentes en uno u otro grado al proceso del desarrollo social de la mayoría de los países latinoamericanos, dio “un poderoso estímulo para la lucha de los pueblos de América Latina por la plena liberación nacional”  [56•1 . Animados por el ejemplo de Cuba, los pueblos del continente se pronunciaron resueltamente por la realización de transformaciones sociales profundas, emprendieron la vía de la lucha antimperialista y de liberación nacional.

p En el período considerado se intensificó la pugna interimperialista por los mercados de América Latina. Creció la competencia por parte de los países de Europa Occidental y de Japón, provocando inquietud entre los monopolios de EE.UU. Bajo la presión del capital europeo y japonés se advirtió una tendencia al debilitamiento de las posiciones económicas de monopolios estadounidenses; el período de su supremacía total en el continente latinoamericano había terminado.

p En los años 60 la burguesía nacional de América Latina, especialmente la que no se hallaba vinculada al capital extranjero, empezó a manifestarse activamente contra la incesante penetración del capital estadounidense, contra la concesión de ventajas y preferencias ilimitadas a las compañías yanquis.

57

p El ascenso del movimiento liberador en América Latina a finales de los años 50 y comienzos de la década del 60 obligó a EE.UU. a buscar nuevos métodos de lucha contra éste. Hubo intentos de enarbolar, en contraposición a las ideas revolucionarias, un programa de reformas parciales por cuya realización se pronunciaba también parte de la burguesía nacional latinoamericana.

p La política de Estados Unidos respecto a América Latina en esta etapa tendía, en lo esencial, a fortalecer el papel del Estado en la expansión económica, a intensificar la acción gubernamental encaminada a vigorizar los esfuerzos del capital privado estadounidense, a utilizar con mayor amplitud los métodos económicos en combinación con las medidas políticas y militares tradicionales.

p Ello tuvo su expresión, en particular, en el programa reformista burgués de la Alianza para el Progreso que contó con el apoyo de los representantes de los círculos monopolistas de EE.UU. que habían invertido capitales en los países de América Latina.

p Mediante una serie de concesiones a los círculos dirigentes de los países latinoamericanos y la realización de algunas obras sociales mínimas, las esferas monopolistas de EE.UU. pudieron sembrar entre ciertas capas de la burguesía nacional, al igual que entre las capas medias de América Latina, especialmente entre los sectores de la población no propensa, por sus prejuicios y falta de madurez social, a los cambios revolucionarios, la ilusión de que se avecinaba una nueva era de cooperación interamericana.

p A comienzos de los años 60 los inversionistas norteamericanos chocaron con una serie de graves dificultades producidas por la política restrictiva de los países de la región. Por eso la Alianza para el Progreso tuvo por objeto eliminar las causas que estorbaban el libre movimiento de los capitales estadounidenses hacia América Latina.

p Apenas transcurrido un año de la proclamación de la Alianza para el Progreso, la comisión de asuntos exteriores del Senado de EE.UU., en mayo de 1962, introdujo una serie de enmiendas al proyecto de ley sobre ayuda exterior presentado por Kennedy. Según esas enmiendas, los países que nacionalicen o expropien bienes de EE.UU. o adopten sanciones contra sus propietarios serían privados de la ayuda norteamericana. Ello se manifestó en la práctica por la presión de que fue objeto Argentina después de anular los contratos sobre 58 exportación de petróleo, concertados con los monopolios yanquis, lo mismo que Perú cuando se propuso nacionalizar sus riquezas petrolíferas.

p El programa de la Alianza para el Progreso, como era previsible, no resolvió los acuciantes problemas socioeconómicos de los países de América Latina. Los hechos reales demostraron que la “ayuda” del imperialismo a otras naciones aparece más bien como un instrumento de la política de EE.UU. que como un deseo de contribuir verdaderamente a la solución de las dificultades que afrontan las repúblicas del continente.

p Ya a fines de la década del 60 se hizo evidente no sólo el fracaso de las reformas burguesas proclamadas por la Alianza, sino más aún la necesidad imperiosa de transformaciones profundas y la imposibilidad de llevarlas a cabo sin una consecuente lucha contra la opresión imperialista.

p La crisis de las relaciones interamericanas, que había ido madurando durante muchos años, adquirió caracteres particularmente agudos a fines de los años 60 cuando el sentimiento antiyanqui cundió casi por todas las capas de la sociedad latinoamericana, abarcando inclusive sectores nacionalistas del empresariado, del clero y los militares. Se acentuó el afán de la burguesía nacional por debilitar la dependencia respecto al capital extranjero y afianzar su posición económica y política.

p La especialización de los países de la región en la producción de materia prima y alimentos, fomentada por los monopolios de EE.UU. durante los primeros años de posguerra, constituye un obstáculo para el desarrollo económico y social de las naciones latinoamericanas. Bajo la presión de las fuerzas progresistas, círculos gobernantes en América Latina se vieron obligados a tomar algunas medidas en defensa de los intereses nacionales y manifestarse por la revisión de las relaciones económicas, comerciales y políticas con EE.UU.

p En muchas reuniones y asambleas interamericanas celebradas a finales de la década del 60, especialmente en las que se trataron temas referentes a la situación económica de América Latina y a las relaciones económicas y comerciales con EE.UU., se manifestó una clara tendencia hacia la constitución de un bloque único de naciones latinoamericanas para enfrentar al vecino del norte. En 1969, por ejemplo, en la sesión ordinaria de la Comisión especial de coordinación latinoamericana quedó redactada la “Carta Latinoamericana de 59 Consenso" en la que fueron expuestas las demandas de los países de la región al gobierno de Estados Unidos. Estas demandas planteaban elevar los montos de la ayuda que debía concederse, ante todo, sobre base multilateral con reconocimiento del derecho de cada país receptor de determinar por sí mismo las prioridades y fines de su utilización, reducir las tasas de interés con que se gravan los préstamos, subordinar a las leyes e intereses nacionales la actividad de las empresas privadas extranjeras, establecer precios remunerativos para los artículos que exporta América Latina.

p La tercera etapa se caracteriza por un ingente proceso de cambios políticos y socioeconómicos en América Latina. Las profundas transformaciones democráticas producidas en una serie de países del continente (sobre todo en Chile durante el gobierno de la Unidad Popular) eran reveladoras de un determinado avance en la consolidación de las fuerzas antimperialistas opuestas a EE.UU., señalaron un ascenso del movimiento revolucionario. En este período se ensancharon las relaciones de América Latina con los países socialistas, ante todo con la URSS, concediéndose importancia especial a los acuerdos concertados sobre base de igualdad para suministro de instalaciones, construcción de establecimientos industriales y asistencia técnica.

p Entre los países latinoamericanos se va acentuando la tendencia a desarrollar la integración económica como importante herramienta para poder enfrentar apremiantes tareas socioeconómicas y afianzar la independencia económica. Precisamente con ese objetivo se crean el Sistema Económico Latinoamericano, la Compañía naviera multinacional del Caribe y otras organizaciones. Peculiar característica de todas estas entidades es la participación de Cuba socialista, mientras que Estados Unidos no tienen acceso a ellas.

p Los EE.UU., visto el ascenso de la lucha antimperialista en América Latina, el giro en las relaciones internacionales hacia la distensión, su derrota en Vietnam y el robustecimiento del campo socialista, tuvieron que ocuparse seriamente otra vez de los asuntos latinoamericanos.

p La tercera etapa se diferencia de las dos primeras en que los métodos preferentemente políticos, diplomáticos y militares, puestos en práctica en uno u otro grado en el curso de los dos primeros decenios posteriores a la guerra, fueron suplantados por métodos esencialmente económicos, tales como la implantación paulatina del control sobre las ramas 60 locales de la industria, el fortalecimiento de las posiciones de los monopolios yanquis y el chantaje económico encubierto.

p Una circunstancia importante que incidió en el ascenso del papel de la política económica de EE.UU. fue la nacionalización de los bienes de sus compañías en Perú, Chile, Bolivia, Venezuela y otros países. En respuesta a las justas medidas, adoptadas por los países latinoamericanos, Estados Unidos acudieron a la más burda presión económica. En 1971 una comisión especial designada por el presidente Richard Nixon para estudiar los problemas del comercio internacional y de la exportación de capitales preparó un informe en el que se hacía un llamado a combatir las nacionalizaciones de la propiedad estadounidense y en calidad de contramedidas se proponía anular las preferencias comerciales y la ayuda a los países que nacionalizaban bienes yanquis. Ese mismo año en EE.UU. fue sancionada una ley que facultaba al gobierno a rebajar los precios para el azúcar importado de países en los que se hayan nacionalizado propiedades estadounidenses, así como reducir o anular totalmente la cuota azucarera fijada para ellos.

p El capital monopolista norteamericano en los años 70 acudió también a otros métodos de presión económica y aprovechó ampliamente las dificultades económicas de las repúblicas de la región.

p Los países latinoamericanos se toparon con un problema tan grave como la acumulación de la deuda externa y con la necesidad de efectuar desembolsos cada vez más grandes en concepto de pagos por servicio de la misma. Entre 1960 y 1976 la deuda exterior de los países de América Latina creció en más de 11 veces (de 7.000 millones a 82.000 millones de dólares). Gran parte de esta deuda les corresponde saldarla con EE.UU.

p Desde finales de los años 60 y comienzos de la década del 70, en las relaciones económicas de Estados Unidos con las naciones latinoamericanas se asigna lugar especialmente importante a Brasil con sus ricos recursos naturales, su industria relativamente desarrollada y con las ventajas de su proximidad geográfica. Las relaciones “especiales” de EE.UU. con este país se expresaron en el incremento de la inversión privada directa del capital norteamericano y en la concesión de voluminosos créditos. El crecimiento económico experimentado por Brasil en ese período fue presentado por la propaganda de EE.UU. como una muestra de las ventajas de la 61 política de “puertas abiertas" que, según la versión, contribuyó a un rápido progreso del país sin revolución, sin hondas transformaciones socioeconómicas y sin la vía socialista de desarrollo, que es lo que más atemorizaba al imperialismo. Los objetivos inmediatos de esa propaganda tendían a frenar el proceso de nacionalización de la propiedad yanqui que estaba avanzando en una serie de países de la región.

p La etapa actual de la política neocolonial de EE.UU. en América Latina se caracteriza por un ascenso del papel del Estado en la expansión económica. Un extenso arsenal de recursos y métodos pasa a servir a los fines de la estrategia expansionista, aplicada por el imperialismo: el apoyo gubernamental directo a las actividades de los monopolios en América Latina, la concesión de regímenes preferenciales al capital de EE.UU. que opera en países latinoamericanos, la implantación de un sistema especial de garantías oficiales para sostener y estimular las exportaciones de capital privado, sistema que se vertebra mediante la concertación de los consiguientes acuerdos bilaterales.

p El incremento del apoyo oficial a la actividad de los monopolios en el exterior se expresó en concreto por la creación en 1970 de la Corporación de inversiones privadas en el extranjero, a la que se encomendó la misión de garantizar la seguridad de las inversiones privadas fuera de EE.UU.

p La búsqueda de nuevas formas de relaciones entre Estados Unidos y las naciones latinoamericanas se manifestó en la sesión de la Asamblea General de la OEA, celebrada en abril de 1974 en Atlanta, y en las reuniones de cancilleres de los países de América Latina con el ex secretario de Estado, Henry Kissinger, que tuvieron lugar en ciudad de México y en Washington.

p En la conferencia de México, respondiendo al llamado de los delegados latinoamericanos de luchar por el establecimiento de relaciones comerciales equitativas con Estados Unidos, Kissinger expresó que los EE.UU. estaban dispuestos a iniciar una “nueva política" respecto a América Latina. Por primera vez en el curso de muchos decenios el gobierno de Estados Unidos se vio obligado a prometer a las naciones latinoamericanas un mayor acceso al mercado yanqui, proseguir la ayuda en los montos establecidos y consultarse con ellas sobre problemas económicos y políticos de interés mutuo. Los llamados a la acción conjunta encubrían el intento de las esferas gubernamentales y empresariales de Estados Unidos de mantener con 62 América Latina las mismas relaciones de antes, lo cual, según palabras de Kissinger, se puede hacer ajusfándolas a las nuevas condiciones.

p El problema de mejorar las relaciones entre Estados Unidos y América Latina se planteó en toda su dimensión ante la administración Cárter. En su intervención de abril de 1977 en Washington acerca de la política de Estados Unidos en América Latina, Cárter puso en primer término, igual que en el pasado, los intereses de los monopolios. Los círculos gubernamentales de Estados Unidos subrayan la necesidad de crear un “clima favorable" para las inversiones, de asegurar el abastecimiento ininterrumpido de EE.UU. con materia prima y otros productos necesarios. La política del país del norte en la etapa actual se caracteriza por una tendencia a elevar el papel de los vínculos multilaterales por cuenta de las relaciones bilaterales.

Los círculos gobernantes de EE.UU., ajustándose a los cambios que se producen en el continente, al elaborar los nuevos principios de sus relaciones económicas con los países de América Latina, se esfuerzan por conservar la región en su zona de influencia.

* * *
 

Notes

[56•1]   Documentos programáticos de ¡a lucha por la paz, la democracia y el socialismo. Moscú, 1961, p. 63 (ed. en ruso).