p La etapa actual del desarrollo mundial está signada por la intensificación de hondos procesos históricos que modifican profundamente la situación internacional, la distribución de las fuerzas principales que actúan en el orbe. La esencia de los cambios que se operan consiste en el incremento indeclinable del poderío de la comunidad socialista, en el fortalecimiento de todas las fuerzas antimperialistas y progresistas y en el debilitamiento relativo de las posiciones del imperialismo en el mundo. Como lo señalara Leonid Brézhnev en su informe al XXV Congreso del PCUS: "Siguen robusteciéndose y ampliándose las posiciones del socialismo. Las victorias del movimiento de liberación nacional abren nuevos horizontes ante los países que han conquistado la independencia. Se acentúa la lucha de clase de los trabajadores contra la opresión de los monopolios, contra los regímenes explotadores. El movimiento democrático revolucionario, antimperialista, es más amplio cada día" [5•1 .
p Bajo el influjo de estas transformaciones se van conformando hoy los principales fenómenos políticos, económicos sociales en todas las regiones, manifestándose vigorosamente también en América Latina. Las nuevas tendencias que empezaron a perfilarse en el continente latinoamericano a mediados de la década del 70: el ahondamiento de las contradicciones del desarrollo capitalista dependiente, el ascenso de un impetuoso movimiento antimperialista, enfilado en primer lugar contra el imperialismo norteamericano, la cada vez más nítida toma de conciencia por las masas populares y amplios 6 círculos democráticos y progresistas de que sólo a través de ardua y consecuente lucha se puede afianzar la independencia política y alcanzar la independencia económica, contribuyen a elevar el papel de América Latina en el proceso revolucionario mundial y hacer que algunos Estados latinoamericanos ocupen posiciones de avanzada en la lucha antimperialista de los pueblos liberados.
p Especial importancia adquieren en la situación creada los cambios que se producen en las relaciones de la principal potencia imperialista, EE.UU., con los países de América Latina. La Revolución Cubana, que abrió el camino para la construcción del primer Estado socialista en América Latina, asestó demoledor golpe a las bases mismas del dominio yanqui en la región. A mediados de los años 70, todo el sistema de las relaciones de EE.UU. con el continente latinoamericano apareció sumido en profunda crisis. Esta abarca las principales formas de las relaciones de EE.UU. con los países de América Latina: económicas, políticas, militares, ideológicas, culturales, y se manifiesta en la agudización de múltiples conflictos bilaterales, en la desintegración del sistema interamericano creado por EE.UU., en la profundización de las diferencias de enfoque de los problemas internacionales básicos. Todos estos fenómenos obedecen a factores objetivos. El más importante lo constituye el afán de la mayoría de los países latinoamericanos de reducir su dependencia del imperialismo, asegurar el afianzamiento de su actividad económica independiente, el ascenso de la economía, y solucionar siquiera en parte sus acuciantes problemas socioeconómicos. Tales esfuerzos chocan con la línea del capital monopolista de EE.UU. que procura con todas sus fuerzas seguir sosteniendo en sus manos las palancas del control militar y político, no permitir el debilitamiento de sus posiciones económicas en el continente y mantener a la región en su situación de parte dependiente y explotada del capitalismo mundial.
p La esfera decisiva en la que los intereses de los monopolios de EE.UU. chocan en forma especialmente aguda con los de los países de América Latina es la economía. Pese a las medidas tomadas por muchos Estados latinoamericanos para defender sus intereses nacionales, el capital monopolista norteamericano en la posguerra emprendió una amplia expansión en el continente. A ritmos acelerados crecieron sus inversiones directas, se fortalecieron sus posiciones 7 en algunas ramas importantes (sobre todo en la industria manufacturera), se diversificaron aun más las formas de su penetración económica. A mediados de la década del 70 la inversión anual de capital extranjero (en su mayoría de origen estadounidense) alcanzó unos 2.000 millones de dólares, superando en casi 5 veces el nivel medio apuntado a comienzos de la década del 60.
p Pero la cuestión no reside simplemente en variaciones cuantitativas. No se pueden dejar de señalar los importantes cambios cualitativos observados en la expansión, después de la segunda guerra mundial, del capital de EE.UU. en América Latina. Los mismos se caracterizan, ante todo, por la elevación del papel de las corporaciones trasnacionales norteamericanas en el continente, dotadas de enorme potencial productivo y financiero, de un sistema sumamente diversificado de relaciones internacionales, con amplias posibilidades para influir no sólo en el proceso económico, sino prácticamente en todos los aspectos de la vida de los países de la región. Con la radicación de los monopolios internacionales, los Estados latinoamericanos tienen que afrontar a un adversario mucho más peligroso que antes.
p Un aspecto cualitativamente nuevo lo representa la utilización por parte de los monopolios norteamericanos de formas diversificadas de penetración (creación de sociedades mixtas, establecimiento de variados vínculos organizativos, tecnológicos y de otro tipo) que han permitido asegurar control considerable o, a veces, ejercer influencia dominante con inversiones mínimas. El sometimiento de los sistemas bancarios y crediticios nacionales a la férula estadounidense y la ampliación de los lazos con los organismos nacionales estatales fueron implantando las premisas que posibilitan el control por parte de los monopolios estadounidenses sobre grandes masas del capital nacional latinoamericano.
p La actividad de los monopolios de EE.UU. puso^ en peligro importantes intereses de los países de América Latina. Ante todo, aceleró notablemente el proceso de desnacionalización de la economía latinoamericana. Cabe notar que de 1.325 empresas fundadas por las corporaciones de EE.UU. en América Latina en las décadas de 1950-60, sólo 638, o sea 48,2%, eran realmente nuevas; las restantes surgieron como consecuencia de la transferencia de compañías nacionales a manos extranjeras o de su fusión con las firmas norteamericanas. La erradicación de capitales nacionales se operó de 8 manera especialmente intensa en las ramas más dinámicas y de mayor perspectiva (en particular, en la esfera bancaria, en la industria manufacturera y otras).
p Los monopolios internacionales de EE.UU. aprovecharon ampliamente en beneficio propio los importantes procesos económicos que avanzaron en el continente, con lo que se redujo en mucho la eficiencia de los mismos en el fomento del desarrollo nacional de los Estados latinoamericanos. En particular llegaron a deformar en grado considerable el proceso de integración económica de la región, valiéndose de él para afianzar sus posiciones. Este hecho es reconocido hoy en toda América Latina. Con relación a ello Osvaldo Sunkel, destacado economista latinoamericano, escribe: "La integración, de hecho, bien puede ser el instrumento básico para la realización nacional en América Latina o bien el instrumento de la dependencia acelerada de la región. Las condiciones presentes y las políticas de integración existentes parecen favorecer la segunda tendencia, por cuanto las subsidiarias de las compañías multinacionales no latinoamericanas, radicadas en diversos países de la región, se hallan en mejores posiciones para planear sus actividades con vistas a una explotación óptima de la zona de libre comercio y, al mismo tiempo, para desplazar a las industrias nacionales incluso de sus mercados internos" [8•2 .
p Una de las consecuencias más adversas de la actividad de los monopolios norteamericanos se manifestó en la radical intensificación de la explotación económica del continente. En el curso de todo el período de posguerra ( especialmente en las décadas de los 60 y 70) los países latinoamericanos soportaron enormes pérdidas debidas a la extracción por los monopolios de ganancias cada vez más grandes. Si en la primera mitad de los años 60 las remesas al exterior de ganancias extraídas en América Latina representaron en término medio 1.270 millones de dólares por año, ya en el segundo lustro de esa década llegaron a 1.949 millones, y en 1974 ascendieron a 6.734 millones de dólares. Sólo en diez años (1965-1974) el monto total de las sumas remitidas al exterior en concepto de utilidades del capital invertido en América Latina fue de 26.000 millones de dólares, o sea casi igual al total de las inversiones extranjeras en el continente.
p Un eficiente medio de explotación llegaron a ser los 9 créditos y préstamos externos. Las potencias imperialistas, sobre todo EE.UU., aplicaron una política crediticia sumamente rígida respecto a los países latinoamericanos reduciendo al mínimo los créditos gubernamentales, implantando condiciones de crédito desventajosas y bloqueando los intentos de los Estados de América Latina de encontrar un alivio a la carga que representa la deuda externa. En consecuencia, los países de la región se vieron obligados a cubrir sus demandas de financiamiento externo acudiendo a créditos privados concedidos, por lo común, a altas tasas de interés y corto plazo. Casi la mitad de todos los créditos, obtenidos por la región en la década del 60 y la primera mitad de los años 70, fueron de origen privado. El problema de la deuda externa adquirió así para la mayoría de los Estados latinoamericanos suma gravedad. La demanda de financiamiento externo crece indeclinablemente. Si en los años 60 los países de América Latina obtenían en término niedio créditos por un total de 1.500 millones de dólares al año, en 1973 el financiamiento externo se elevó a casi 8.000 millones, y en 1975 llegó a unos 12.000 millones de dólares [9•3 . A ritmos paralelamente elevados crece el volumen de la deuda exterior y los pagos en concepto de servicio de la misma. Dichos pagos se incrementaron de 2.500 millones de dólares en la primera mitad de los años 60 a 7.500 millones de dólares a mediados de la década del 70.
p Por lo tanto, durande el período de posguerra en América Latina hubo tendiencias manifiestas al incremento de la dependencia respecto al capital monopolista de EE.UU. y de su explotación económica por parte de éste. El predominio de tales tendencias no sólo ha sido denunciado por las fuerzas progresistas de los países latinoamericanos, sino aquilatado también por los círculos realistas de EE.UU. Los profesores R.H. Chuleóte y J.C. Edelstein, destacados investigadores norteamericanos, por ejemplo, escriben: "Aunque Estados Unidos han reemplazado a Gran Bretaña como metrópoli y aunque América Latina importa ahora incluso medios de producción para fabricar artículos de consumo, la situación de dependencia no ha cambiado. De hecho se ha acentuado aún más como consecuencia de la penetración extranjera, por vía de las corporaciones, el gobierno y las 10 fundaciones, en los bancos, las manufacturas, el comercio, las comunicaciones, la publicidad y la educación. Los resultados de esta penetración no han cambiado en su naturaleza. Un mayor nivel de la tecnología y un potencial económico más grande se gratifican con precios más elevados para las importaciones extranjeras que los precios de las exportaciones de América Latina, acompañadas del deterioro a largo plazo de los términos del intercambio. Se produce un drenaje de capitales a través de la repatriación de utilidades, los pagos por intereses y préstamos, licencias, seguros y fletes... América Latina sigue subdesarrollada, porque ha sostenido el desarrollo de Europa Occidental y de Estados Unidos" [10•4 .
p El capital monopolista procuró afianzar las tendencias indicadas utilizando resortes políticos, militares, ideológicos, etc. Entre las medidas político-militares más importantes tomadas por EE.UU., en el período posbélico, cabe señalar la concertación del Tratado de Asistencia Recíproca de Rio de Janeiro en 1947 mediante el cual se creaba el bloque político-militar de los Estados americanos bajo la hegemonía de EE.UU.; la fundación en 1948 de la Organización de Estados Americanos (OEA), el establecimiento en el continente y en la cuenca del Caribe de una red de bases militares norteamericanas, la firma con la mayoría de los gobiernos latinoamericanos de convenios político-militares bilaterales, la orquestación de golpes militares y el empleo de fuerzas militares de EE.UU. para la intervención directa a fin de aplastar el movimiento de liberación nacional de los pueblos de América Latina. El sistema interamericano, surgido de esos esfuerzos, aseguró a EE.UU. en el curso de la mayor parte del período de posguerra una posición política y militar dominante en el continente y creó importantes premisas para conservar y fortalecer las posiciones del capital monopolista estadounidense en muchos países de la región.
p Hay que subrayar, sin embargo, que el papel de las medidas político-militares en la estrategia latinoamericana de EE.UU. se redujo paulatinamente; la posibilidad de emplear la presión e intervención político-militar abierta fue disminuyendo de manera progresiva. EE.UU. tuvieron que pasar a formas más sutiles y encubiertas en sus relaciones político- militares, abstenerse de dictar abiertamente su voluntad, acceder 11 a concesiones y compromisos parciales y buscar las vías para imprimir carácter “interamericano” a sus acciones políticas y militares.
p Un importante elemento en la evolución de la estrategia de EE.UU. lo constituyó la elevación del papel de métodos nuevos en la política económica y en la penetración ideológica. Desde comienzos de la década del 60 los círculos políticos norteamericanos, dentro de los marcos de la "Alianza para el Progreso”, iniciaron un programa destinado a formar un sistema de nuevas ataduras económicas y sociales de la región a EE.UU.
p Se prestó especial importancia a la penetración ideológica en América Latina, enfilándola en varias direcciones. Grandes esfuerzos fueron concentrados en la propaganda de las ideas del panamericanismo, que parten de la inevitabilidad de la dependencia respecto a EE.UU. Los teóricos norteamericanos y algunos investigadores latinoamericanos por ellos influenciados, procuraron sentar una especie de base científica a las ideas del panamericanismo, sosteniendo que la dependencia respecto a EE.UU. reviste carácter objetivo y emana de factores tales como la función del mecanismo de las relaciones comerciales y financieras internacionales, el fortalecimiento de las posiciones de las trasnacionales en América Latina y la ubicación de los .centros de decisión económica fuera de la región. Algunos economistas latinoamericanos que criticaron esta teoría señalaron que América Latina bien poco puede hacer para eliminar la dependencia mientras los países industrialmente desarrollados no modifiquen su actitud.
p A medida que fue cambiando la situación en América Latina, la propaganda del panamericanismo también fue evolucionando considerablemente. Empezó a adquirir carácter más sutil, encubriéndose con el ropaje de nuevas doctrinas: “ interdependencia”, "fronteras ideológicas”, "igual trato”, etc. Sin embargo, a pesar de todas las diferencias en el carácter y la argumentación, estas doctrinas perseguían un solo fin: conservar la máxima dependencia de América Latina respecto a EE.UU.
p Otra importante línea en la expansión ideológica estadounidense se orientó a la difusión en América Latina de teorías de desarrollo socioeconómico, acordes con los intereses estratégicos del capital monopolista de EE.UU. En este sentido se dieron pasos particularmente grandes a comienzos de la década del 60 cuando Estados Unidos promovieron la 12 teoría de la "regulación de la revolución pacífica" que propugnaba la realización por los círculos gobernantes de los países latinoamericanos, con la participación y bajo la dirección de EE.UU. de programas de reformas socieconómicas y políticas. Importante peculiaridad de la doctrina de la "revolución regulada" residía en que recopilaba en gran parte las ideas expuestas por representantes influyentes del reformismo burgués latinoamericano y, por lo tanto, podía en determinado grado aspirar al apoyo de los mismos. Las transformaciones propuestas, transformaciones a medias, de carácter burgués, perseguían el objetivo de frenar el empuje de la ola revolucionaria que había recibido potente impulso con el triunfo de la Revolución Cubana. Esas transformaciones encuadraban en forma cabal en la definición que V.I. Lenin dio a las reformas burguesas. "Toda reforma — señaló Lenin— sólo es una reforma en la medida (y no una medida reaccionaria, conservadora) en que significa cierto paso, cierta “etapa” hacia algo mejor. Pero toda reforma en la sociedad capitalista reviste doble carácter. La reforma es una concesión que hacen las clases gobernantes para contener, debilitar o apagar la lucha revolucionaria, para fraccionar la fuerza y las energías de las clases revolucionarias, enturbiar su conciencia, etc.” [12•5 .
p Desde fines de la década del 60, en la expansión ideológica de EE.UU. se confiere importancia relevante a la propaganda del "modelo brasileño" de desarrollo, llamado a crear la ilusión de que es posible resolver los cardinales problemas económicos y sociales de América Latina por la vía del desarrollo capitalista dependiente, y a neutralizar la creciente aspiración de amplias capas de la sociedad latinoamericana a hallar una vía alternativa de desarrollo socieconómico que conduzca a la verdadera liberación económica y al progreso social. Con ese fin, la propaganda norteamericana se esfuerza en alabar los éxitos económicos de Brasil (en particular sus altos ritmos de crecimiento económico de fines de los años 60 y primera mitad de la década del 70), ocultando al mismo tiempo la brusca agravación de las dificultades y contradicciones económicas y sociopolíticas, tales como, por ejemplo, la acumulación de una enorme deuda externa, el incremento de la dependencia de la 13 economía brasileña respecto al capital extranjero, la intensificación de la explotación a la que son sometidos los trabajadores, el ahondamiento de la desigualdad social en el país, etc.
p Lugar aún más grande ocupa en la acción ideológica del capital monopolista de EE.UU. la propaganda del anticomunismo. Esta va acompañada de una intensificación de la actividad anticomunista del aparato propagandístico oficial, de un creciente apoyo financiero a las medidas anticomunistas por parte de los monopolios estadounidenses y de la aplicación tanto de métodos y procedimientos encubiertos, como de campañas de mentiras y calumnias de lo más desenfrenadas y desembozadas. En las condiciones de la distensión internacional, con la ampliación de la colaboración de los países socialistas y los Estados latinoamericanos y la elevación del prestigio de los partidos comunistas, las posibilidades de avance de la propaganda anticomunista en América Latina, objetivamente, van reduciéndose. Sin embargo, el capital monopolista de EE.UU. no cesa en sus intentos anticomunistas, utilizando todos los canales posibles para la subversión ideológica.
p Tales son algunas tendencias generales del desarrollo de las relaciones de EE.UU. con los países de América Latina en el período de posguerra.
p El resultado lógico del avance de estas tendencias y, sobre todo, de la orientación de EE.UU. a afianzar la dependencia de la región e intensificar su explotación, fue el ahondamiento de múltiples contradicciones que a mediados de los años 70 abarcaron todo el sistema de las relaciones de Estados Unidos con América Latina.
p El período de los años 60 y 70 se caracterizó por un potente ascenso de la lucha antimperialista en los Estados latinoamericanos. La agudización de las contradicciones entre los países de América Latina y EE.UU., el incremento de la lucha por poner coto al dominio del capital norteamericano, por debilitar su control político y militar, por reducir la cruel explotación de que hace víctimas a los pueblos latinoamericanos y por la realización de transformaciones socioeconómicas profundas fueron los rasgos más salientes en el desarrollo del movimiento liberador de la región. Esta lucha se extendió a las esferas principales de la vida social del continente. Los mayores esfuerzos se orientaron al logro de la independencia económica de los países de América Latina.
14p La etapa actual de lucha de las naciones latinoamericanas por la independencia económica se distingue por una serie de particularidades. Una de ellas consiste en que la pugna en la esfera económica va adquiriendo carácter cada vez más antimperialista y se orienta principalmente a poner coto y liquidar el dominio de los monopolios de EE.UU. en una serie de ramas de la economía latinoamericana.
p La etapa actual se distingue por el surgimiento de tareas nuevas y mucho más vastas, por haberse colocado en el orden del día la cuestión de desplazar el capital monopolista de varias e importantes posiciones económicas. En este sentido se dieron pasos de singular importancia con la implantación de la soberanía nacional sobre los recursos naturales, con la erradicación de monopolios extranjeros de las dos ramas fundamentales de la economía det continente: la industria minera y las plantaciones, y el establecimiento del control estatal sobre las mismas. Se trata, además, no sólo de tomar en manos propias la extracción de materias primas y la producción de productos agrícolas tropicales, sino también de la posibilidad de salir al mercado mundial, crear organismos nacionales que aseguren la comercialización de exportables y, sobre esta base, eliminar el control ejercido por los monopolios imperialistas. Algunos Estados latinoamericanos comenzaron a realizar de lleno esas tareas. Importantes medidas fueron llevadas a cabo por el Gobierno peruano, que nacionalizó las propiedades de las compañías petroleras y mineras estadounidenses más grandes. En Venezuela se redujo grandemente el papel del capital norteamericano en la industria extractiva, en particular, en la del petróleo y el mineral de hierro. Panamá, Guyana y otros Estados de América Latina aplican también una política activa tendiente a reforzar las posiciones del sector nacional de la economía.
p Notable particularidad de la actual etapa de la lucha por la independencia económica la constituye la cohesión cada vez mayor de los Estados latinoamericanos, la búsqueda de nuevas formas de cooperación entre ellos para asegurar una mayor defensa de sus intereses económicos y políticos. En el curso de la brega común por coordinar acciones antimperialistas crecen el peso y la influencia en el continente de los Estados de orientación progresista. En la avanzada de las acciones colectivas de los países latinoamericanos aparecen Perú, Venezuela, Panamá, Ecuador, México. Al mismo tiempo cabe señalar que las contradicciones económicas con 15 los Estados capitalistas industrialmente desarrollados, en particular con EE.UU., han llegado a tal extremo que incluso fuerzas conservadoras, aliadas declaradas de Estados Unidos, se ven obligadas a apoyar las ideas de solidaridad entre los países latinoamericanos y sus acciones conjuntas.
p Claro está que el modo de encarar el problema de la unidad de acción y la lucha contra el imperialismo dista mucho de ser uniforme en los diversos países latinoamericanos. Mientras el gobierno peruano se esfuerza por eliminar las bases de la dependencia y de la explotación imperialistas, Brasil, Uruguay, Guatemala y algunos otros países se limitan en lo esencial a obtener de EE.UU. y otras potencias imperialistas determinadas ventajas y concesiones económicas. No obstante, con todo ello, la tendencia a la unificación de los esfuerzos de los países latinoamericanos va adquiriendo carácter antimperialista cada vez más notorio y ejerce creciente influencia sobre el curso de la lucha por la independencia económica.
p Los procesos señalados condujeron ya en la década del 60 a que se formaran en el continente organismos políticos y económicos latinoamericanos —Comisión Especial de Coordinación Latinoamericana (CECLA), Grupo Andino, ARPEL y otros—, destinados a defender importantes intereses económicos y políticos de los países de la región.
p A mediados de los años 70, en el desarrollo de la colaboración internacional en el continente surgieron nuevas tendencias que, por lo visto, dan motivo para hablar de una nueva fase en la evolución de la integración latinoamericana. Se trata de la aparición de organizaciones que hacen frente al dictado imperialista, en primer lugar de EE.UU. También fue notable hecho la rotura del bloqueo económico impuesto a Cuba y la incorporación activa del primer Estado socialista en América Latina al proceso de consolidación de la cooperación económica y política de los países del área. Ello se manifestó de manera especialmente clara en la creación del Sistema Económico Latinoamericano (SELA), fundado oficialmente a fines de 1975. Entraron a formar parte de esta organización todos los Estados independientes de América Latina, incluida Cuba socialista. A la vez, en el SELA no participan los EE.UU. Así se constituyó por primera vez en América Latina una organización regional libre de influencia directa estadounidense.
p Peculiaridad característica de la etapa actual de la lucha 16 antimperialista de los pueblos latinoamericanos, especialmente de sus crecientes esfuerzos por afianzar su independencia económica es la consolidación de la unidad de acción por lograr una reorganización radical de las relaciones económicas internacionales.
p Los esfuerzos de los países latinoamericanos en ese sentido obtuvieron hoy reconocimiento mundial. En el Programa de Ayuda Mutua y Solidaridad, aprobado en la Conferencia de ministros de Relaciones Exteriores de los países no alineados celebrada en Lima en agosto de 1975, por ejemplo, se señalaba que América Latina realiza considerable aporte a la lucha por un nuevo orden económico internacional y a las acciones de los países en desarrollo, que ya dieron sus frutos con la aprobación por la VI sesión especial de la Asamblea General de la ONU de un Programa de Acción y de la Carta de Derechos y Deberes Económicos de los Estados, propuesta por el ex presidente de México Luis Echeverría.
p Por último, un rasgo característico de la etapa actual de la lucha antimperialista en el continente se expresa en mayores vínculos de América Latina con países socialistas. El incremento del comercio y el establecimiento de otras formas de relaciones económicas de los países latinoamericanos con los socialistas marcan un proceso señero. Implica poner fin al aislamiento económico del continente latinoamericano respecto de la comunidad socialista. Significa también que se va superando la orientación unilateral de las relaciones económicas de los Estados latinoamericanos hacia los países capitalistas industrialmente desarrollados (principalmente EE.UU.), lo cual crea condiciones favorables para avanzar exitosamente en la lucha contra el dominio por los monopolios imperialistas.
Los países miembros del CAME, por su parte, manifiestan disposición a desarrollar relaciones mutuamente ventajosas con América Latina. Los pasos que han dado en ese sentido (participación en la realización de proyectos de envergadura, disposición para conceder créditos de mucha monta, concertación de acuerdos comerciales que contemplan la posibilidad de exportar a los países socialistas no sólo productos tradicionales latinoamericanos, sino también artículos industriales) abren promisorias perspectivas para ampliar las relaciones económicas y comerciales con Perú, Argentina, México, Venezuela, Colombia y muchos otros países de la zona.
17p La agudización de los conflictos y contradicciones entre EE.UU. y los países de América Latina y la tendencia a un cierto debilitamiento de las posiciones yanquis en el continente no significan en modo alguno una retirada del capital monopolista estadounidense en la región ni mucho menos una renuncia a la política del neocolonialismo. Los objetivos fundamentales de la política actual de EE.UU. en América Latina consisten en asegurar, haciendo algunos cambios en la base de sus relaciones con la región y la aplicación de formas y métodos neocolonialistas nuevos, que el continente siga como parte dependiente y explotada del capitalismo mundial.
p Los tradicionales métodos de presión y chantaje político y económico, amenazas y empleo abierto de la fuerza siguen, como antes, formando parte del arsenal estadounidense. Estos métodos fueron aplicados sobradamente contra el Gobierno de la Unidad Popular en Chile. Al mismo tiempo, tomando en cuenta los grandes cambios producidos tanto en la situación internacional en general y en la situación concreta en el continente, los EE.UU. utilizan cada vez más la acción encubierta, la búsqueda de compromisos, de nuevas formas de explotación económica y de sistemas eficientes que aten la economía de los países latinoamericanos al mercado capitalista mundial.
p Entre los elementos más importantes de la estrategia del capital monopolista, basada en la organización de una "nueva división internacional del trabajo”, figura el monopolio científico-técnico y el incremento de la dependencia tecnológica de América Latina respecto a los Estados capitalistas industrialmente desarrollados. La esencia de estos procesos se reduce a concentrar la producción, a distribuir y aplicar los conocimientos científico-técnicos en un reducido grupo de potencias imperialistas, a marginar los países en desarrollo de los procesos cardinales que hacen el progreso científico-técnico, a crear un nuevo sistema de división internacional capitalista del trabajo, en el que la desigualdad económica se manifiesta, ante todo, por el desnivel del potencial científico-técnico entre los dos grupos de países. En América Latina esta orientación del neocolonialismo económico se expresa en una forma mucho más amplia que en cualquier otra región del mundo.
18Las maniobras neocolonialistas del capital monopolista de EE.UU. encierran grave peligro para el movimiento liberador úe los pueblos latinoamericanos. Los países del continente pueden alcanzar la independencia económica y afianzar su independencia política sólo a través de tenaz lucha contra todas las artimañas de los neocolonialistas norteamericanos
Notes
[5•1] L. I. Brézhnev. Informe del Comité Central del PCUS y las tareas inmediatas del partido en la política interior v exterior. Moscú, Editorial de ia Agencia de Prensa Nóvosti, 1976, p. 36.
[8•2] Studies on Developing Countries, Budapest, 1973, N 57, p. 29.
[9•3] Financiamiento externo de América Latina, perspectivas v políticas futuras. OES/Ser. H/XIV. 21.XI. 1974, p. 43.
[10•4] Latín America: The Struggle with Dependency and Beyond. Ed. by R. H. Chilcote and J. C. Edelsiein. N. Y. 1974, p. 27.
[12•5] V. I. Lenin. Cómo no hay que escribir las resoluciones. Obras Completas, 5a ed. en ruso, t. 15, p. 107. (En lo sucesivo: O. C., t,..., p....)
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