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2. EXPANSIÓN DEL IMPERIALISMO DE EE.UU. EN LA ESFERA DE LA EDUCACIÓN
 

p Las aspiraciones expansionistas de EE.UU. en los países de America Latina desde un comienzo se acompañaron por la penetración en la cultura latinoamericana. La conquista ideológica de un medio social tan activo como son los círculos universitarios y la intelectualidad revestía suma importancia para el imperialismo y la reacción, empeñados en imperdir la unificación en un solo cauce revolucionario del movimiento obrero y las luchas de la juventud, el estudiantado y los profesores.

p Uno de los jalones más importantes en la penetración ideológica del imperialismo en la educación fue la Alianza para el Progreso. En los marcos de este programa se adoptó un plan de 10 años para el desarrollo de la educación en América Latina (Resolución A-1). El plan preveía la eliminación del analfabetismo, la implantación hacia 1970 de la enseñanza primaria general, el ensanchamiento de los contingentes de alumnos de las escuelas medias y superiores y la reorientación de los programas de investigación científica en un sentido coherente con el potencial científico-técnico moderno. En la Resolución A-1 se señalaba le interdependencia entre las condiciones socioeconómicas y el desarrollo de la educación.

p Esta interdependencia, que no puede ser ignorada, era comprendida, sin embargo, de manera que condicionaba el desarrollo económico y social al nivel y el grado de avance del sistema educativo. En la Resolución A-1 se formula la demanda de una reestructuración en el terreno de la educación que corresponda “a las necesidades culturales de los países latinoamericanos y a las exigencias de su desarrollo social y económico"  [222•7 .

p Las autores del Plan Decenal de desarrollo de la educación latinoamericana sobrestiman conscientemente las funciones sociales de la instrucción para no hacer hincapié en las transformaciones económicas, cuyo carácter radical se excluía de antemano. La educación se transformaba en cobertura para los verdaderos designios del imperialismo y del reformismo burgués. La acentuación del papel de la enseñanza permitía, a la vez, atraer a la intelectualidad y a la juventud y alcanzar, de esa manera, determinadas metas ideológicas.

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p En la época actual el capital monopolista de EE.UU. necesita, como nunca, acrecentar su influencia entre la juventud y los círculos de la intelectualidad. Esta necesidad tiene su fundamento objetivo en la creciente proletarización que se opera en esas esferas. Los cambios en la situación social de los técnicos, profesionales liberales y de las múltiples capas medias urbanas, cuyo trabajo se vuelve cada vez más “intelectualizado”, los acerca políticamente a la clase obrera y los radicaliza. Así es que una importante función de la ideología imperialista y burgués-reformista consiste en apartar a los intelectuales de la lucha de clases, aislarlos y ponerlos al servicio de sus intereses. A esta tarea se le concede una importancia sustancial también por el hecho de que en las condiciones de la revolución científico-técnica la orientación ideológica de los cuadros con instrucción superior puede, en forma creciente, ejercer una u otra influencia en los procesos políticos internos.

p Por lo tanto, al señalar a la esfera educativa como importante canal para intensificar la penetración ideológica imperialista, la Alianza para el Progreso se trazaba un objetivo de gran alcance.

p No se puede dejar de reconocer que la realización práctica del Plan Decenal de desarrollo de la educación obtuvo amplio respaldo organizativo. Para elaborar y realizar el plan se acudió a la participación de organismos especializados de la ONU, a otras entidades e instituciones internacionales y fundaciones privadas. Cabe subrayar, en especial, el papel del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) que pasó a patrocinar a las universidades latinoamericanas. Felipe Herrera, director del mismo, en la VI conferencia de gerentes del BID, en 1965, manifestó que la institución anhelaba transformarse en el “banco de las universidades latinoamericanas"   [223•8 , que hay que crear una especie de mercado común universitario, especializar a las universidades en el marco de la integración latinoamericana. La participación del capital privado extranjero (se trata del estadounidense) en el financiamiento de las universidades latinoamericanas era presentada como un gesto altruista hacia los países del área, culpables sólo ellos de su atraso económico. “Es preciso reconocer —declaró F. Herrera — que muchos de nuestros problemas y 224 dificultades no pueden cargarse a la cuenta del injusto intercambio con el exterior o a determinadas limitaciones y deficiencias estructurales de naturaleza económica y social... Me atrevería a preguntar: ¿a quién, si no a nosotros mismos, los latinoamericanos, compete la responsabilidad de orientar en cada uno de nuestros países recursos públicos suficientes para que las universidades puedan responder a su alta misión?”  [224•9 .

p Con ayuda del BID, el capital monopolista de EE.UU. pudo establecer sus focos de influencia en varios países del continente. En esos focos de influencia imperialista se convertían, como regla, las universidades e institutos privados. Únicamente en el período comprendido entre 1960 y 1976, en las repúblicas de la región se crearon más de cien universidades e institutos que preparan especialistas, ante todo, para el sector privado vinculado con la influencia y el control extranjeros.

p La aplicación del programa de la Alianza para el Progreso y la intensificación de las actividades de los organismos interamericanos en la educación condujeron a un fortalecimiento de la influencia de los ideólogos del imperialismo en la política escolar y universitaria de los gobiernos latinoamericanos. Se trata de que en todas las entidades internacionales e interamericanas que participaron en la realización del programa ejercían influencia dominante los círculos imperialistas. Esto predeterminó, en grado considerable, los amplios alcances de la expansión ideológica de EE.UU. en la educación latinoamericana.

p Tal vez la concesión de becas en los centros de estudio de los países capitalistas desarrollados constituye el ejemplo más patente de cómo se utiliza la ayuda a la educación latinoamericana para influir ideológicamente en la juventud y la intelectualidad del continente.

p El primer lugar, en este caso, lo ocupan Estados Unidos. En 1960, los EE.UU. concedieron becas para estudiar en sus centros docentes a 9.000 latinoamericanos; en 1970, a 24.000, y en 1975 a casi 35.000.

p Los EE.UU. asignan para los países latinoamericanos más de la tercera parte de las plazas de sus centros de enseñanza destinadas a extranjeros.

p Además de la concesión de becas de curso completo, existen múltiples programas de diferente duración.

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p La penetración ideológica del capital de EE.UU. en la educación latinoamericana puede apreciarse también dentro de los mismos establecimientos de enseñanza de los países del área. En la actualidad crece la participación de los organismos estadounidenses en la restructuración de las escuelas y universidades, en la corrección de los programas de estudio. La reorganización de los centros docentes se efectúa, en lo esencial, de acuerdo a los moldes USA.

p La política imperialista respecto a los establecimientos de enseñanza latinoamericanos fue fundamentada teóricamente en los años 60 por Rudolf Etkon, experto yanqui en problemas de educación que tomó parte en la reorganización de algunos establecimientos de enseñanza de Brasil, Argentina, Chile, Colombia y los países de América Central. Para Etkon, la raíz del mal residía en el carácter relativamente autónomo de las universidades y otras instituciones docentes, en el “exceso de libertad" del estudiantado, arrastrado por la lucha política. Este experto propuso eliminar la idea misma de vincular al estudiantado y los establecimientos de enseñanza con la búsqueda de las vías de desarrollo del país, con la lucha por el progreso social, prohibir a los estudiantes tomar parte en la vida política, terminar con la autonomía universitaria existente y con la autonomía parcial en la dirección de las escuelas.

p No es casual que el “Plan Etkon" para las universidades latinoamericanas proponía unificar el sistema educativo en América Latina y EE.UU. Sin embargo, dentro del marco de esta unificación, a la enseñanza en las repúblicas de la región se le asignaba, con toda evidencia, un segundo lugar; debía tener sólo carácter aplicado.

p La creciente penetración ideológica del capital monopolista en la educación latinoamericana provoca potentes tendencias contrarias. Los círculos sociales locales, ante todo, el estudiantado y los sectores universitarios, se oponen ahora cada vez más a la irrupción del imperialismo en la vida interna de los establecimientos de enseñanza. Por ejemplo, la reforma educativa adoptada en Panamá en 1971 plantea entre sus tareas la de “liberar el sistema educativo de la influencia ideológica del imperialismo norteamericano"   [225•10 . La reforma de la educación, adoptada en 1972, por el gobierno de Perú, también está vinculada con la tarea de conquistar la 226 independencia nacional completa. En la introducción a la ley respectiva se indica que la reforma ha sido requerida por la realidad social misma de Perú, por su “condición estructural de país subdesarrollado y dependiente”. La tendencia a proteger el sistema educativo contra la penetración ideológica de influencias externas se observa en los planes de reforma de la enseñanza de prácticamente todos los países de América Latina.

p Los representantes de los círculos sociales avanzados latinoamericanos no sólo advierten las consecuencias funestas de la “cooperación” imperialista, sino que ven la salida en el rechazo de los “servicios” de los monopolios internacionales. Por ejemplo, el profesor venezolano Orlando Albornoz propone “latinoamericanizar” los centros docentes superiores del continente a fin de que “produzcan recursos para las necesidades de América Latina, científicas y culturales, y no para los patrones de desarrollo científico y tecnológico que imponen a veces a través de la ayuda externa los países industrializados que tienen interés en preservar el actual sistema que existe en América Latina"  [226•11 .

p La aspiración de América Latina a un desarrollo cultural independiente tuvo en los años 70 su materialización práctica. En 1970, los ministros de educación de Bolivia, Colombia, Perú, Chile y Ecuador suscribieron el acuerdo “Andrés Bello"  [226•12 . Poco después se adhirió al mismo el gobierno de Venezuela. Los gobiernos de estos países, que antes habían concertado entre sí el Pacto Andino de integración económica, esta vez se pusieron de acuerdo para unificar sus esfuerzos en el desarrollo de la ciencia, la cultura y la enseñanza. Los participantes del acuerdo resolvieron “acelerar el desarrollo integral de los países mediante esfuerzos mancomunados en la educación, la ciencia y la cultura, con el propósito de que los beneficios derivados de esta integración cultural aseguren el desenvolvimiento armónico de la región y la participación consciente del pueblo como actor y beneficiario de dicho proceso"  [226•13 .

p El acuerdo “Andrés Bello" no deja ninguna duda de que su objetivo es el de salvaguardar la cultura de los pueblos de los países andinos contra las influencias extrañas. En él 227 se plantea la tarea de “preservar la identidad cultural de nuestros pueblos en el marco del patrimonio común latinoamericano"   [227•14 . En el texto no hay ninguna alusión a la “comunidad panamericana”, a la “fidelidad a los principios de la civilización occidental”, etc., y se subraya claramente la unidad latinoamericana en el terreno cultural como contraponiéndola a la ideología cosmopolita del imperialismo.

En reuniones posteriores los representantes de los países del Pacto Andino se pusieron de acuerdo sobre la transmisión de programas de enseñanza comunes por la televisión a través de satélites artificiales (con ayuda de la UNESCO), y sobre otras medidas para crear un sistema subregional de enseñanza unificado. Según opinión de los gobiernos andinos, la nueva orientación en los problemas de la enseñanza permitirá eliminar la dependencia respecto a la influencia foránea.

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p El surgimiento y desarrollo de los procesos de integración en la cultura latinoamericana (y, en particular, en la educación), el fortalecimiento de las tendencias nacionalistas no significan que el capital monopolista de EE.UU. haya dejado ya de ejercer una ilimitada influencia ideológica sobre diferentes aspectos de la vida de los pueblos latinoamericanos. La base objetiva para la intromisión ideológica del imperialismo en la enseñanza de América Latina sigue siendo el atraso en cuanto a la cantidad y la estructura de las reservas laborales que se preparan frente a las necesidades de la economía y a los imperativos del progreso científico-técnico moderno. La ayuda exterior que demanda América Latina continúa representando un importante canal para la penetración del imperialismo en la esfera de la educación del continente. Esta ayuda coloca a los centros científicos y docentes de las naciones de América Latina en situación de dependencia respecto a las instituciones financieras privadas del exterior, a las grandes universidades foráneas, especialmente estadounidenses, a los organismos internacionales en los que predomina la influencia de los círculos imperialistas.

p En las publicaciones burguesas prolifera una 228 interpretación falsa de los motivos de la ayuda a la enseñanza latinoamericana. Esta asistencia se presenta como un gesto desinteresado y de buena voluntad de las potencias imperialistas. Por otra parte, son frecuentes también los enfoques simplistas entre los autores que ocupan posturas antimperialistas y que niegan valor real absoluto a esta ayuda o ven en ella sólo un hábil cálculo político. Mientras tanto, la asistencia educativa está condicionada no sólo por el atraso socioeconómico de los países latinoamericanos, sino que es una manifestación de la interdependencia estructural de la economía de América Latina y los monopolios extranjeros. La dependencia de América Latina se manifiesta no solamente en la necesidad de obtener ayuda científico-técnica extranjera; se hace sentir cada vez más como consecuencia de los vínculos orgánicos mutuos existentes entre la economía nacional y la mundial capitalista, en particular, con los monopolios de EE.UU.

p Son precisamente los vínculos económicos que de un modo espontáneo, a veces caótico, inherente al capitalismo, se reflejan de manera natural en los vínculos entre EE.UU. y América Latina en el área de la preparación de especialistas y en el mercado de mano de obra. Estos vínculos netamente capitalistas se afianzaron particularmente durante los dos últimos decenios, cuando, por influjo de la revolución científico-técnica, varió notablemente la condición social del científico y del especialista, cambiaron las perspectivas sociales de la juventud estudiosa y se va conformando un proceso de proletarización de quienes laboran en la esfera intelectual. La división internacional capitalista del trabajo define, en última instancia, el carácter dependiente del sistema latinoamericano de preparación de cuadros respecto a EE.UU. y otras potencias imperialistas.

p Un testimonio de esta dependencia lo representa la importación de tecnología extranjera por los países latinoamericanos. Como se indicó en la Conferencia Interamericana sobre aplicación de la ciencia y la técnica en el desarrollo de América Latina, realizada en Brasilia en 1972, los países del continente importan tecnologías por 700 millones .de dólares al año. La apelación forzosa a la tecnología extranjera adquiere dimensiones graves incluso en los países relativamente más desarrollados en el aspecto científico-técnico.

p Aunque parezca paradójico, los países latinoamericanos que aparecen en una situación de dependencia tecnológica 229 mayor son los que alcanzaron más alto desarrollo económico. Esto se refiere totalmente también a los países más grandes del continente en los que el vasallaje tecnológico constituye el precio de su avance en la economía.

p Las demandas de especialistas en ramas modernas de la producción en los países de América Latina son aprovechadas en la actualidad por los monopolios extranjeros para penetrar en los mecanismos de regulación estatal de los proyectos e investigaciones científico-técnicas. Todos los autores que investigan el problema del desarrollo independiente de la educación, la ciencia y la técnica destacan con razón las posibilidades favorables que presenta la regulación estatal, la cual en muchos países del continente alcanzó dimensiones considerables (el sector estatal en las labores de investigación y proyectos ocupa una posición dominante). La regulación estatal en las condiciones de América Latina constituye realmente un importante resorte para poner fin a la dependencia económica. Por eso los intentos de los monopolios extranjeros de aprovechar la regulación estatal en interés propio constituyen un peligro especialmente grande.

p El análisis de los nuevos métodos de penetración de EE.UU. en la ciencia y la educación latinoamericanas indica que las naciones del continente se ven obligadas a subordinar la programación del desarrollo científico-técnico a los intereses del gran capital estadounidense. Utilizando el predominio del sector estatal en las universidades, en las que se concentra la mayoría de las indagaciones científicas, los bancos extranjeros comúnmente subsidian aquellos proyectos que interesan a los monopolios y conceden becas en las especialidades que de antemano se orientan a la emigración de esos técnicos. El capital extranjero da preferencia a los proyectos de estudio y a la preparación de especialistas en las ramas que no tienen relación con la economía nacional de los países latinoamericanos y se orientan al mercado exterior del conocimiento científico, es decir, a la fuga de cerebros. Los monopolios desarticulan la planificación estatal en los países de América Latina, la subordinan a los centros extranjeros de producción de conocimientos, apartan a las universidades de la investigación fundamental y de la preparación de especialistas de amplia capacitación.

p En la política nacional de los países latinoamericanos se da cada vez mayor preferencia a las investigaciones aplicadas, incluidas las de carácter militar. La preparación de 230 especialistas en las esferas fundamentales se deja con mayor frecuencia en manos de las universidades y centros privados, a los que se puede imponer con mayor facilidad la especialización requerida por los monopolios. Ello, en particular, se logra ofreciendo trabajo a los jóvenes especialistas en las firmas de esos monopolios. El Centro Atómico de la Argentina, subsidiado esencialmente por el capital germanoccidental, prepara, por ejemplo, teóricos de la física, cuya especialización desde un comienzo no se relaciona con la economía argentina. En 1973, tan sólo la Facultad de Electrotecnia de la Universidad de Tucumán formuló un pedido de salida para 500 de sus egresados que iban a trabajar en empresas de EE.UU. De los químicos que terminaron esta universidad el 30% emigró en 1970-1973 a Estados Unidos  [230•15 . Mientras tanto, los pronósticos prevén para 1980 en Argentina un déficit de técnicos ascendente a 634 mil especialistas  [230•16 .

p El rumbo a la inclusión orgánica del sistema latinoamericano de preparación de cuadros en la estructura de las relaciones económicas capitalistas mundiales se va reforzando en la actualidad por el influjo de la revolución científicotécnica. En los países capitalistas de Occidente, como lo muestran las últimas investigaciones soviéticas, se opera un proceso de monopolización de las indagaciones científicas por un número reducido de centros. Los monopolios van incorporando cada día más a su arsenal a la ciencia. Si antes de la segunda guerra mundial, por ejemplo, a las corporaciones de EE.UU. les correspondía 1-2% de las investigaciones fundamentales, a comienzos de los años 70 esta proporción se elevó ya a más de 20%. Esta tendencia se traslada también a los países en desarrollo económicamente dependientes. Las investigaciones fundamentales son controladas en medida creciente por el capital extranjero. En cuanto a la preparación de personal ingenieril y técnico, la misma es regulada en interés del capital extranjero. Como indican los autores de un estudio sobre las alternativas en la educación de América Latina, los cambios y la estratificación sociales, editado en 1975 por la Universidad de California, para resolver los problemas del desarrollo los países latinoamericanos deben adaptar la educación al nivel ocupacional, es decir, al del mercado 231 capitalista de trabajo   [231•17 . El estudio, en particular, menciona como una de las vías para solucionar los problemas del desarrollo la migración internacional de cuadros calificados que, como se sabe, responde a las leyes de la demanda y la oferta dictadas por los monopolios imperialistas. América Latina, para resolver sus dificultades, debe permitir la libre emigración de sus especialistas y el empleo de técnicos extranjeros. Todo ello tiene su explicación en la inevitabilidad objetiva del proceso de integración de la producción capitalista. Sin embargo, ninguno de los investigadores estadounidenses menciona la desigualdad existente entre los partícipes de este proceso, el carácter neocolonialista de semejante integración.

p La inferioridad de la educación en los países de América Latina es enfocada por los ideólogos del imperialismo como un fenómeno inevitable. Esta es la conclusión que de hecho sacan, por ejemplo, los partidarios del punto de vista de que la población rural puede bastarse perfectamente con la adquisición de algunos conocimientos fuera del sistema formal de enseñanza. Así, el Centro Internacional de Educación adjunto a la Universidad de Massachusetts (EE.UU.), basándose en estudios realizados en zonas rurales de Ecuador, llegó a la conclusión de que era deseable el predominio de la enseñanza extraescolar debido a que la escuela primaria abarca un contingente muy escaso de alumnos de la correspondiente edad (20%)  [231•18 .

p El lugar de la enseñanza latinoamericana dentro de los planes del imperialismo se relaciona con los intereses de los monopolios, que están en contradicción con las necesidades del desarrollo nacional independiente de los países de la región. Sin embargo, la expansión ideológica de EE.UU. está lejos de perseguir objetivos parciales de carácter económico. En este caso, la estrategia del imperialismo está enfilada a la obtención de los objetivos globales del capitalismo mundial. La penetración ideológica del capital monopolista de Estados Unidos está enfilada, ante todo, contra el movimiento revolucionario y tiene por objeto evitar la difusión de las ideas de liberación, torpedear los esfuerzos de los pueblos latinoamericanos por alcanzar su independencia, 232 neutralizar la fuerza atractiva de los países del socialismo, en particular, del ejemplo de las transformaciones revolucionarias de Cuba. “El imperialismo —afirma Armando Hart Dávalos, miembro del Buró Político del Comité Central del Partido Comunista de Cuba— aprovecha la cultura para dificultar la creciente difusión de las ideas del socialismo... Los ideólogos de la burguesía utilizan las formas y los métodos más diversos para influir en la conciencia de las personas hasta el extremo de afirmar que ellos de ningún modo están en contra de los cambios sociales, incluso, dicen, reconocen la inevitabilidad histórica del socialismo. Pero todo ello sólo es para difamar la política cultural y las medidas culturales concretas de los países del socialismo"   [232•19 . Por lo tanto, la penetración del imperialismo en la cultura de los países de América Latina está vinculada con sus planes globales de lucha contra el socialismo mundial, contra el proceso revolucionario contemporáneo.

p Las fuerzas revolucionarias consideran que la resistencia a los planes de subversión ideológica en la enseñanza constituye parte integrante del movimiento nacional liberador. La reforma universitaria y escolar se plantea como necesaria transformación revolucionaria que no se encuentra aislada de las tareas generales de la revolución. Las fuerzas progresistas, sin absolutizar la actual estructura educacional, incluida la autonomía universitaria, se manifiestan contra el aprovechamiento de las transformaciones en la esfera cultural en beneficio del imperialismo y los monopolios extranjeros.

p También los círculos representativos del reformismo burgués y los grupos progresistas nacionalistas se ven obligados a abandonar más y más a menudo su actitud de tolerancia respecto a la penetración imperialista en la educación. Sin renunciar a colaborar con el imperialismo, advierten el peligro, y por eso procuran asegurarse el control de la educación. Esto conduce inevitablemente a un incremento de las contradicciones con el imperialismo.

La estrategia nacional de lucha contra la penetración imperialista en la cultura latinoamericana incluye los esfuerzos tendientes a democratizar la enseñanza y vincularla con los objetivos del desarrollo progresista independiente. Esta lucha, diversos grupos sociales la enlazan de modo cada vez 233 más estrecho con posturas de enfrentamiento a la influencia imperialista, con la renovación de la estructura socioeconómica y, en última instancia, con la alternativa socialista.

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Notes

[222•7]   América Latina y la educación. La Habana, 1967, p. 11.

[223•8]   La educación evanzada v el desarrollo de América Latina. Washington, 1965, p. 8.

[224•9]   Ibíd., p. 9.

[225•10]   Libertad, San José, 13.XI.1971, p. 6.

[226•11]   América Latina, 1976, N 1, p. 70.

[226•12]   Véase Documentos. Revista de información política. Caracas, 1970, N 40, pp. 53-54.

[226•13]   Ibídem.

[227•14]   Ibid , p. 54.

[230•15]   Véase Bernardo Kleiner. Revolución científico-técnica y liberación. Buenos Aires, 1973, p. 59.

[230•16]   Ibid., p. 73.

[231•17]   Véase Educational alternatives in Latín America. Social Change and social stratification. Los Angeles, 1976, p. 10.

[231•18]   Ibíd., p. 170.

[232•19]   Pravda, 9.11. 1978.