p El capital monopolista de EE.UU. procura poner los medios de comunicación masiva —prensa, radio y televisión— al servicio del avasallamiento ideológico de las amplias masas populares de América Latina. Los órganos de información proyanquis propician la difusión de las ideas del anticomunismo, intentan extirpar la conciencia nacional de los latinoamericanos, propagan insistentemente el “modo de vida norteamericano”.
p Preponderante lugar en la “maceración” ideológica de las masas ocupa la prensa, particularmente, la llamada “gran prensa”, o sea, unas doscientas publicaciones diarias que agrupan el 75% de los lectores.
p La misma se encuentra esencialmente en manos de los grandes monopolios vinculados con las compañías de radio y televisión, con el capital estadounidense y sirve fielmente a los objetivos políticos del imperialismo yanqui.
p En Argentina, Brasil, México. Chile, Perú (antes de ser emitidas las leyes sobre la prensa de 1969, 1974) y en algunos otros países los monopolios con cuantiosos capitales en la industria editorial subordinaron totalmente esas grandes publicaciones periódicas a sus objetivos. Forman agrupaciones como Diarios Asociados, perteneciente a la familia Chateaubriand; El Sol (asociación de 20 periódicos mexicanos) de la Cadena García Valseca, el consorcio editorial El Mercurio — Lord Cochrane, propiedad del clan monopolista de los Edwards en Chile y otros. El principal rasgo que distingue a estos grupos de prensa es su estrecha vinculación con las compañías estadounidenses que operan en los países latinoamericanos.
p Los monopolios yanquis, que a través de sus agencias abastecen con publicidad pagada a la “gran prensa" latinoamericana, colocaron a ésta en una situación de directa dependencia financiera. En América Latina actúan las más grandes agencias norteamericanas de publicidad, que concentraron en sus manos la distribución de la propaganda comercial. La McCann Ericksson, vinculada con el Banco Rockefeller y la Standard Oil Corporation, tiene filiales en Argentina, Brasil, 234 Venezuela, Colombia, Perú, México, Chile y Uruguay; la John Walter Thompson, en Argentina, Brasil, México, Venezuela, Perú y otros; la Grant Advertising, en Argentina, Brasil, Venezuela y Perú; la Young and Rabicán, en Argentina, Venezuela y otros países. En Chile, en 1968, solamente la McCann Ericksson concentraba los avisos de propaganda de 51 firmas comerciales (18 de capital extranjero) con costo ascendente a 2,6 millones de dólares. En Brasil el importe de los anuncios comerciales publicados ese mismo año a través de la McCann Ericksson rebasó los 6,8 millones de dólares. En Perú, antes de la ley del 30.XII.1969, más de 80% de la publicidad comercial provenía únicamente de las agencias estadounidenses.
p Los principales colocadores de avisos en la prensa de América Latina son los grandes monopolios yanquis. En Venezuela, por ejemplo, la principal propaganda comercial pertenece a Creóle Petroleum Corporation, Sears Roebuck de Venezuela, General Motors, Ford y otras; en Argentina, a General Motors, Coca Cola, Frigoríficos Wilson de Argentina, Alpargatas, Nestle, Banco Holandés, Shell, Philips, etc.; en Brasil, a Ford, General Electric, General Motors, Coca Cola, Frigorífico Wilson do Brasil.
p La dependencia económica respecto de los avisadores configura el carácter reaccionario de la “gran prensa”. La información que no es deseable para el capital no puede tener lugar en las páginas de esa prensa.
p La propaganda comercial, a la vez, tiene significado ideológico. Accionando sistemáticamente sobre la psicología de amplias capas de la población, crea en ellas el culto al consumo, tiende no sólo a hacer que se compre más, sino también a distraer a las masas populares de la lucha de clases, suplantarla con la brega por los intereses del momento. El científico mexicano Enrique González Pedrero definió acertadamente la actual propaganda comercial como “una forma sustancial de penetración no económica" que “se basa en la psicología" [234•20 .
p La prensa latinoamericana está ligada al capital imperialista no sólo por intermedio de la publicidad. También depende de las agencias informativas de EE.UU. y de los países euroccidentales, ya que en lo esencial no tiene corresponsales propios en el exterior. Toda la información sobre 235 lo que acontece en el mundo el lector latinoamericano la recibe a través de la interpretación de las agencias extranjeras y, en primer lugar, de las agencias más grandes de EE.UU.: United Press International (UPI) y Associated Press (AP). Estas suministran de 75 a 90% [235•21 de toda la información sobre los sucesos en el continente y mundiales.
p Estas agencias se han afianzado sólidamente no sólo en la “gran prensa”, sino también en las publicaciones periódicas provinciales. Por ejemplo, 22 periódicos provinciales argentinos, de los 33 existentes, están directamente vinculados con la UPI y la AP.
p Las actividades de las dos agencias mencionadas combinan y son complementadas por las de la USÍA, cuya misión es difundir en el exterior la política de EE.UU. tanto a través de los medios locales de información como de publicaciones propias. Las dos terceras partes de los periódicos provinciales de América Latina dependen de la información proporcionada por la USÍA.
p Otro canal de información para la prensa latinoamericana son los periódicos más grandes de EE.UU.: New York Times, Washington Post y otros. Claro está que los acontecimientos más importantes que ocurren en el mundo son presentados al público latinoamericano exclusivamente desde un punto de vista favorable al capital yanqui, utilizando la principal arma ideológica de la propaganda burguesa, el anticomunismo.
p La llegada al poder de gobiernos militares progresistas en Perú y Panamá en 1968 y en Ecuador en 1972, del gobierno de la Unidad Popular en Chile en 1970 provocó una notable intensificación de la propaganda ideológica de las fuerzas proimperialistas, tendiente a denigrar la política de los gobiernos antimperialistas. La posición adoptada por la “gran prensa" ante las transformaciones antimperialistas de los gobiernos progresistas evidenció bien claro qué intereses defiende esa prensa. En Chile, durante el período de la Unidad Popular, la prensa opositora principal pertenecía a los magnates industriales y financieros Edwards, estrechamente vinculados con el Banco Rockefeller, propietarios de diarios de Santiago tan grandes como El Mercurio (160.000 a 180.000 ejemplares), La Segunda (25.000), Las Ultimas Noticias (70.000) y de periódicos provinciales como El Mercurio de Antofagasta (12.000), El Mercurio de Valparaíso (35.000), El Mercurio de 236 Calama (5.000), La Estrella de Iquique (7.000), y otros, así como de múltiples revistas de tónica social, cultural y recreativa con tirada total de 500 mil ejemplares. Estas publicaciones contaban con amplio apoyo financiero del capital monopolista norteamericano para desarrollar propaganda antigubernamental.
p La CÍA asignó a los periódicos centrales de la oposición 400 mil dólares durante la campaña electoral de 1970. Gran parte de esa suma la recibió El Mercurio. Este diario fue calificado por la CÍA como la fuerza política de oposición más seria entre los medios de comunicación de masas de Chile.
p Mediante el accionar propagandístico sobre diferentes fuerzas sociales y políticas, la prensa proimperialista preparó el clima sociopsicológico y político para el golpe de Estado.
p Una situación muy parecida surgió en el Perú después de llegar al poder en octubre de 1968 el gobierno militar progresista. La prensa de derecha inició una amplia propaganda tendiente a sembrar la desconfianza respecto a los actos del gobierno.
p Para poner fin a la campaña desplegada, el presidente proclamó el 30 de diciembre de 1969 el Estatuto de Libertad de Prensa. Según éste, sólo los peruanos que viven en el país permanentemente pueden ser propietarios de publicaciones periódicas y editarlas exclusivamente con recursos propios (Artículos 10, II) [236•22 . Estas cláusulas tendían a socavar directamente las posiciones del capital extranjero, especialmente norteamericano, en la prensa del Perú.
p La publicación del Estatuto provocó una nueva ola de ataques al gobierno, al que esta vez se le incriminó haber violado la “libertad de prensa”. Expresso, Extra, La Prensa, El Comercio atacaron la “peruanización” de los periódicos, por cuanto el Estatuto cercenaba de raíz la base económica de las publicaciones mencionadas, sus vínculos con el capital extranjero y, realmente, estuvo enfilado contra aquella “ libertad de prensa" que V.I. Lenin definiera como “la libertad de traficar con la prensa y la influencia sobre las masas populares" [236•23
237p Conforme a la ley dictada, el gobierno expropió en marzo de 1970 los periódicos más reaccionarios, Expresso y Extra pertenecientes al monopolista M. Ulloa, vinculado con el Banco Rockefeller y una serie de compañías yanquis. Los diarios fueron convertidos en propiedad cooperativa de los periodistas y empleados de la imprenta.
p Los actos del gobierno peruano alarmaron a la “gran prensa" de otros países latinoamericanos. La Prensa y La Nación de Argentina, El Mercurio de Chile, El Tiempo de Colombia, El Nacional de Venezuela y otros diarios emprendieron un furioso ataque contra el Estatuto de Libertad de Prensa.
p A medida que las transformaciones se ampliaban, la oligarquía burgués-terrateniente, cuyas posiciones en los medios de información seguían siendo fuertes, intensificaba cada vez más sus ataques al gobierno. En la resolución del VI Congreso del Partido Comunista Peruano (noviembre de 1973) se prestó especial atención a la actividad contrarrevolucionaria de periódicos capitalinos como La Prensa, El Comercio, Ultima Hora y una serie de publicaciones provinciales [237•24 .
p A fin de cercenar esta continua acción ideológica sobre las amplias capas de la población, que representaba un fuerte obstáculo en el camino de las transformaciones socioeconómicas y antimperialistas, el gobierno peruano proclamó en junio de 1974 una nueva ley, el Estatuto de Prensa, que disponía el paso de todos los impresos a control de las organizaciones sociales. Ocho grandes periódicos, entre ellos El Comercio, La Prensa, La Crónica, que sistemáticamente calumniaban al gobierno, fueron expropiados.
p Los estrechos vínculos de la “gran prensa" latinoamericana con los grupos oligárquicos proimperialistas y su dependencia directa del capital extranjero la convirtieron en una de las principales armas en la lucha ideológica de la reacción contra las fuerzas progresistas antimperialistas.
p Actualmente la radio y la televisión empiezan a desempeñar en América Latina un papel cada vez más grande en la propaganda ideológica.
p Estos medios de información se encuentran igualmente en dependencia económica total de los grandes monopolios imperialistas que, a través de la publicidad, imponen sus condiciones para la elaboración de los programas. En Argentina, por ejemplo, en 1968 el 8,8% de las inversiones en la 238 propaganda comercial correspondía a la radio y el 26,5% a la televisión. En Venezuela la televisión absorbe más de 40% de las inversiones en la publicidad, llenando esta última casi la tercera parte de las transmisiones radiales y más de una cuarta parte de las de televisión.
p La propaganda comercial en la TV acrecienta y cultiva en grado mucho mayor que en la prensa la psicología del consumismo por disponer de un auditorio más numeroso; viene con acompañamiento musical, utiliza filmes hábilmente preparados con anuncios de los artículos de uso.
p G. Flores McGregor, investigador progresista argentino, señala que las estaciones de radio controladas por Estados Unidos se convirtieron en Argentina prácticamente en departamentos de propaganda comercial de Radio Corporation of America (RCA), Ideon, CBS (Columbian Broadcasting System) y Philips.
p El capital yanqui hace especial hincapié en la televisión viendo en ella un importantísimo medio de influencia sobre amplias masas populares, una potente arma de lucha contra las corrientes progresistas de avanzada de nuestra época.
p La TV no sólo hace propaganda comercial, exhibe filmes publicitarios realizados por encargo de los grandes monopolios estadounidenses Coca Cola, Ford Motor Co., General Motors, etc., sino también películas norteamericanas, revistas musicales, historietas de aventuras, etc. Las más grandes compañías yanquis de televisión: American Broadcasting Company, Columbian Broadcasting System, National Broadcasting Company controlan la mayoría de los canales de TV de los países latinoamericanos. Estas compañías tienen en su poder, respectivamente, los canales 11, 13 y 9 de la TV de Argentina y los canales 4, 8 y 2 de Venezuela [238•25 . En América Central la ABC, a través de la Red Centroamericana de Televisión, controla 31 compañías locales de TV [238•26 .
p Las grandes empresas de TV vinculadas con las esferas monopolistas de EE.UU., orientando su propaganda a la joven generación, procuran imponerla desde la infancia determinados estereotipos con los cuales los muchachos han de entrar en la vida. Por ejemplo, una encuesta sociológica realizada en 30 jardines de la infancia de Caracas reveló el predominio 239 de las siguientes imágenes preconcebidas inculcadas en la conciencia infantil por la TV: 86% de los héroes de los programas para niños estaban representados por norteamericanos y sólo un 8% por personajes venezolanos; el “hombre bueno" se asociaba a la imagen del hombre blanco once veces más que a la del negro, etc. [239•27
p La implantación de gustos estéticos de bajo nivel, de razonamientos estandardizados prefabricados, la abusiva propaganda de los artículos de consumo desarman espiritualmente desde temprana edad a amplias capas de la población, manteniéndolas en un nivel cultural limitado, lo que se refleja también en su conciencia política, y empujándolas a la vía del conformismo.
p La influencia nociva y corruptora de la televisión sobre la juventud provoca seria inquietud en los medios sociales progresistas de América Latina que exigen terminar con el predominio de la reacción y el imperialismo en este importantísimo medio de información. En Venezuela la cuestión se debatió en el Senado (noviembre de 1970), señalando la mayoría de los oradores que la ABC, CBS y NBC están empeñadas en una ofensiva contra la joven generación de Venezuela para corromperla y extirpar el sentimiento de dignidad nacional. En enero de 1974 el gobierno venezolano emitió un decreto [239•28 prohibiendo la inversión de capital extranjero en la radio y la televisión. La ABC, CBS y NBC, así como “Time” y “Life”, según el decreto, debían vender sus acciones a ciudadanos venezolanos.
p En abril de 1973 el gobierno mexicano dictó un nuevo Reglamento de Ley sobre radio y televisión que limita el número de las transmisiones extranjeras, en primer lugar, las norteamericanas. La propaganda comercial fue especialmente restringida, no debiendo exceder de 18% de la duración total de las transmisiones de TV y pudiendo anunciar mercancías únicamente de producción nacional [239•29 .
p En octubre de 1976 un grupo de diputados presentó un proyecto de reforma de la Ley federal de radio y televisión. Como objetivo principal planteaba la tarea de intensificar la propaganda del arte nacional. El proyecto recalcaba en particular la necesidad de cambiar el contenido de los 240 programas musicales que ejercen un efecto corruptor entre la juventud mexicana. Parece que la radio —se dice en el proyecto— estuviera definitivamente “al servicio del imperialismo, en menosprecio de nuestra cultura y en grave deterioro de nuestra mexicanidad" [240•30 .
p Los gobiernos de Perú y Panamá realizaron transformaciones tendientes a restringir el poder del capital extranjero y de las fuerzas reaccionarias en la radio y la televisión.
p En noviembre de 1971 se dictó en Perú la Ley General de Telecomunicaciones, estableciendo el control estatal sobre todas las compañías de radio y televisión privadas, incluidas las extranjeras. Tales empresas sólo pueden pertenecer a peruanos con residencia permanente en el país. La propaganda comercial debe ser reducida, dice la Ley. No menos de 60% de los programas deben ser de producción nacional [240•31 .
p En febrero de 1973 fue promulgado en Panamá un decreto sobre nacionalización de los anuncios en la radio y la televisión. Esta medida estuvo enfilada, ante todo, contra las actividades de los monopolios yanquis que junto con sus mercancias propagan su modo de vida y ofenden las tradiciones del país [240•32 .
Los medios de comunicación de masas son un arma sumamente importante en la contienda ideológica. La estrecha vinculación de los círculos oligárquicos reaccionarios con el imperialismo contribuyó en gran medida a la expansión ideológica de EE.UU. en la vida espiritual de los pueblos latinoamericanos. Las fuerzas de avanzada de América Latina, sin embargo, fieles a las mejores tradiciones del pasado, llevan una consecuente lucha por la liberación completa del imperialismo, contra las fuerzas de la reacción interna.
Notes
[234•20] Los medios de comunicación de masas en México, 1969, p. 74.
[235•21] Siempre, México, 1971, N 938, p, 33.
[236•22] Estatuto de Libertad de Prensa v su Reglamento 1969-1970, Lima, s. a., p. 5.
[236•23] V. I. Lenin. Discurso pronunciado en el I Congreso de toda Rusia de trabajadores de la enseñanza v la cultura socialista. 31 de julio de 1919. O. C, t. 39, p. 134.
[237•24] Documentos, Lima, 1974, N 2, p. 33.
[238•25] G. Flores McGregor. La red y la tijera, p. 176; F. Brito Figueroa. Venezuela contemporánea ¿país colonial? Caracas, 1972, pp. 160-161.
[238•26] Véase Meridiano-80, La Habana, 1975. N 6, p 27.
[239•27] Véase La televisión venezolana, Caracas, 1970, p. 44.
[239•28] Ibídem, p. 37.
[239•29] Véase Excelsior, México, 4.IV.1973.
[240•30] El Nacional, México, 2.X.1976.
[240•31] Véase El Día, México, 9.XI.1971.
[240•32] Véase Granma, 15.11.1973.