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4. LAS CONTRADICCIONES INTERIMPERIALISTAS EN TORNO
A LA EXPORTACIÓN DE ARMAMENTO Y AMERICA LATINA
 

p Parte de la producción de guerra de los países capitalistas industrialmente desarrollados y, ante todo, de EE.UU. es comercializada en el mercado exterior pasando a disposición de sus aliados y amigos. La producción terminada se materializa en medios para llevar o asegurar la lucha armada y en elementos para restablecer la energía vital del personal de las fuerzas armadas. Ella incluye técnica militar y armamento, equipos para la tropa y otros objetos de uso militar. Sin embargo, las exportaciones de guerra de EE.UU. a América Latina no pueden ser reducidas sólo a la producción esencialmente bélica. En primer lugar, se exportan no sólo artículos de uso militar (en su forma natural), sino también conocimientos militares o que pueden tener significado militar (exportación de servicios de guerra). En segundo lugar, adquieren cada vez más importancia formas de cooperación técnicomilitar como la informática de guerra, el intercambio de datos para los programas conjuntos de investigación de carácter bélico y de producción de guerra.

p Las exportaciones bélicas de EE.UU. a los países de América Latina se realizan en cuatro formas principales: suministros de armamentos y material de guerra; suministros de instalación militar y materiales auxiliares; exportaciones de servicios técnico-militares y otros de índole similar; participación en labores conjuntas de investigación y estudio de carácter militar y en la producción de guerra en común.

p La exportación de armas a América Latina comenzó ya en el siglo XIX, pero tenía carácter sumamente esporádico. Hasta el comienzo de la segunda guerra mundial, en el mercado latinoamericano de armamentos cundía una intensa lucha interimperialista con alguna superioridad de los abastecedores euroccidentales de armas.

p Durante la segunda guerra mundial y en los primeros años posbélicos América Latina se transformó, en esencia, en un mercado de armas cerrado de los Estados Unidos.

p Esforzándose por implantar su control sobre el mercado latinoamericano de armamento, el Pentágono utilizó 185 ampliamente el sistema interamericano para imponer a sus miembros la estandardización del material bélico. El Consejo ínteramericano de Defensa ya en 1946 adoptó las resoluciones pertinentes  [185•6 . Desde entonces la estandardización aparece automáticamente prevista en todos los planes elaborados por el CID.

p También desempeñó enorme papel el hecho de que durante la segunda guerra mundial los Estados Unidos fueron la única fuente de exportación bélica para América Latina. Como consecuencia pudieron establecer su control sobre la preparación y el equipamiento de los ejércitos, la marina y la aviación latinoamericanos.

p Las misiones estadounidenses también prestan un gran servicio a los traficantes de armas yanquis en la región. Además de cumplir funciones de adiestramiento y preparación, ellas facilitan las ventas de técnica de guerra norteamericana y la capacitación para su manejo.

p El resultado general de las actividades del Pentágono en materia de estandardización de los armamentos en América Latina es el predominio de su técnica y eguipos de guerra en las fuerzas armadas del continente, que se hizo patente a comienzos de los años 60.

p La lucha interimperialista en el mercado latinoamericano de armas cobró nueva intensidad en los años 60 por una serie de circunstancias. Para ese entonces las compañías euroccidentales productoras de armas habían incrementado fuertemente su poderío llegando a competir también en el mercado cerrado de la región.

p A medida que los procesos de integración económico-militar en Europa Occidental iban intensificándose, la presión de las compañías euroccidenlales sobre el mercado latinoamericano tendía a aumentar, pasando a ser las exportaciones de producción bélica el principal medio de su expansión económica. Esta expansión fue facilitada también por determinadas contradicciones que se daban entre EE.UU. y América Latina en cuanto al armamento. Como ya se ha señalado, la política militar de EE.UU. en América Latina se basa en la idea de capacitar a las fuerzas armadas de los países de la región para salvaguardar la “seguridad interna" y en la estandardización de los armamentos y unificación del adiestramiento 186 militar según los moldes de Estados Unidos.

p El incremento de la conciencia patriótica y nacional en las repúblicas latinoamericanas en la década del 60 fue el factor decisivo que convenció a los círculos militares y gubernamentales de los Estados del continente de que, cumpliendo únicamente funciones de “seguridad interna”, sus fuerzas armadas se ven indefensas ante cualquier adversario dotado de armas modernas en las condiciones de una guerra corriente.

p La intervención de EE.UU. en la República Dominicana en 1965 fue un ejemplo bien convincente.

p En vista de que los Estados Unidos se negaban a vender técnica militar moderna, los gobiernos de los países latinoamericanos empezaron a comprarla en otros países capitalistas, sobre todo Francia, Gran Bretaña, Italia, Australia, Suecia e Israel.

p En la linde de la década del 60 y 70, como consecuencia de la apelación de los países latinoamericanos a los productores de armamento no estadounidenses, los EE.UU. perdieron su situación monopólica en el mercado bélico de las naciones de la región. En 1968-1976, Gran Bretaña ocupó el primer puesto en la venta de material de guerra a América Latina, Francia el segundo, y los EE.UU. fueron relegados al tercer lugar.

p Ello causa inquietud en los círculos militares yanquis. Sin embargo, al señalar la agudización de las contradicciones interimperialistas en el mercado de armas de los países latinoamericanos, cabe apreciar con mucha reserva las perspectivas ulteriores del incremento de la expansión de las compañías euroccidentales productoras de material bélico, sin hablar ya de Australia o Israel.

p A pesar de su intensa actividad en el presente, cabe suponer que el Pentágono recuperará el mercado latinoamericano ya en los próximos años, aprovechando su posibilidad de suministrar técnica moderna con repuestos a precios de 30 a 40% más baratos que los que puede ofrecer cualquier país euroccidental u otra potencia capitalista industrializada, teniendo además en cuenta la vigencia de acuerdos militares y compromisos para la estandardización del armamento de los países miembros de la OEA dentro del marco del sistema interamericano.

El gobierno de EE.UU., a partir de 1972, empezó a prestar mucha más atención al incremento de las exportaciones bélicas 187 a las naciones latinoamericanas que en cualquier otro período. Esto se debe no sólo a la notable intensificación en América Latina de la competencia indicada, sino, ante todo, a factores políticos (en particular, al deseo de establecer una colaboración más estrecha con Brasil), así como al aumento de las actividades que despliegan los monopolios yanquis de armas en el mercado mundial capitalista como resultado de los cambios habidos en la doctrina militar de EE.UU.

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p La penetración militar de EE.UU. en los países de América Latina durante los últimos años choca con problemas cada vez más complejos.

p En las naciones del área tomó considerable auge el movimiento por el cese de la carrera armamentista. Perú adelantó la iniciativa de establecer una moratoria a las compras de armas ofensivas.

Importante significado reviste la lucha del pueblo panameño por recuperar la zona del Canal y liquidar las bases yanquis. Los pueblos de otros Estados de la región también se pronuncian por la eliminación de las bases de EE.UU. emplazadas en sus territorios. Los esfuerzos de una serie de países latinoamericanos tendientes a ampliar los vínculos técnico-militares con los países de la comunidad socialista re presentan también una de las formas de rechazo de la penetración militar yanqui.

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Notes

[185•6]   Véase Foreign Relalion of United S/ale.s. 1947, Vol. VIH. The American Republics. Washington, 1972, pp. 60-62.