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3. FORMAS Y MÉTODOS DE LA POLÍTICA ECONÓMICA ESTADOUNIDENSE
 

p La política neocolonialista del capital monopolista de EE.UU. en América Latina se expresa a través de un proceso complejo y contradictorio. A pesar de que el rumbo de EE.UU. respecto a la región sigue conservando su esencia imperialista, también se observan algunos cambios serios. El más importante es la utilización de la política económica como uno de los instrumentos más activos. Es una política de corte estatal-monopolista por sus métodos. Ello se manifiesta en el empleo de formas múltiples de exportación de capitales, de tipos diversos de asistencia financiera y técnica, en la adopción de medidas político-comerciales, en el aprovechamiento de las agrupaciones económicas, regionales y subregionales de los países latinoamericanos, así como de diferentes organizaciones monetarias y financieras internacionales del capitalismo moderno.

p En esa política económica desempeñan papel importante las exportaciones de capital por las compañías privadas. Las inversiones privadas directas se diferencian de otros tipos de inversión por proporcionar la posibilidad de establecer un control directo sobre las obras a las que se asignan. De esta manera los monopolios yanquis obtienen utilidades 66 máximas y cumplen otros objetivos vinculados con la expansión económica de EE.UU.

p El capital privado extranjero juega doble papel en el desarrollo económico de los países de América Latina. Su ingreso, por una parte, compensa en cierto grado la insuficiencia de recursos internos, contribuye a la introducción de instalaciones básicas, de técnica y tecnologías modernas y de experiencia administrativa. Por otra parte, sus actividades responden a un principio esencial: la obtención de superbeneficios monopolices y la conquista de mercados de venta y fuente de materias primas.

p Los círculos monopolistas de Estados Unidos propagan insistentemente la tesis de que los países latinoamericanos deben esforzarse en lo posible por atraer el capital privado extranjero que, supuestamente, contribuye a solucionar los problemas financieros y de divisas, aporta tecnología avanzada, ayuda a preparar personal calificado, etc. Pero los monopolios de Estados Unidos, al vender nuevas técnicas y tecnologías, pretenden dictar sus condiciones que, como lo demuestra la práctica, ejercen influencia negativa sobre la economía de estos países. En particular, muchos de los requisitos que se imponen para la transferencia de técnica y tecnologías contienen la obligación por parte de las naciones latinoamericanas de adquirir productos semielaborados sólo a determinados abastecedores estadounidenses.

p Durante los últimos años el capital norteamericano aprovecha en sus intereses el proceso de industrialización o, más bien, de crecimiento industrial registrado en algunos países de la región. Los monopolios de Estados Unidos tienden a intensificar su intromisión en las nuevas ramas industriales, apoyándose para ello en capas de la gran burguesía latinoamericana surgida en los últimos tiempos.

p Los monopolios estadounidenses revelan determinada flexibilidad en la selección de formas y métodos de penetración en la economía de América Latina. Diez años atrás, la principal forma de expansión del capital privado de Estados Unidos en América Latina era la fundación de filiales y empresas subsidiarias pertenecientes directamente a sus monopolios. Hoy se extiende la creación de compañías mixtas con participación tanto de capital estadounidense, como de nacional, privado y estatal.

p El número de esas empresas mixtas va en aumento. Encubriendo el papel que juegan y actuando con rótulos 67 nacionales, las compañías de Estados Unidos obtienen la posibilidad de aprovecharse de la política proteccionista gubernamental, ampliar su influencia sobre el desarrollo económico de los países latinoamericanos, atraer y utilizar el capital nacional en interés propio, garantizar a sus capitales contra la nacionalización y mantener bajo su férula a la burguesía local. En uno de los informes de la OEA, dedicado al análisis de la situación económica de los países latinoamericanos, se indicaba que los desembolsos de las compañías extranjeras que operan en esta región eran financiados en más del 80% con los recursos de las propias naciones del continente. Esas compañías, por lo tanto, absorbían los recursos de por sí escasos de América Latina.

p Uno de los métodos estatal-monopolistas más efectivos de la política económica de Estados Unidos en el continente son las concesiones de créditos, préstamos y subsidios, que ocupan un lugar destacado en la estrategia del capital estadounidense. Al trazar su política de ayuda a las naciones del área, los Estados Unidos procuran, ante todo, reforzar la dependencia económica de los Estados de la región, a crear un clima favorable para su capital privado, poner trabas al desarrollo de las relaciones de esos países con el sistema socialista mundial y aplastar la competencia por parte de otras potencias imperialistas.

p La concesión de empréstitos y subsidios gubernamentales a las repúblicas latinoamericanas en base a un programa especial parte de la ley sobre seguridad mutua aprobada en 1953. Hacia mediados de 1961 Estados Unidos habían suscrito acuerdos sobre prestación de ayuda con 24 países y territorios del hemisferio occidental. Esa ley reforzó el papel de los créditos y subsidios como instrumento de la política económica de EE.UU. Los rubros comprendidos en el concepto de asistencia a países del exterior ascendieron en las exportaciones de capital norteamericano a América Latina de 7% en 1950 hasta casi 20% a comienzos de la década del 70.

p El ex presidente Richard Nixon propuso en 1970 un programa de reformas, tendiente a establecer un “nuevo rumbo" en la prestación de ayuda al extranjero a fin de hacerla más acorde con la nueva política exterior de Estados Unidos  [67•3 .

p EE.UU. aprovechan el interés de las naciones latinoamericanas por obtener créditos y subsidios del exterior.

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p Con los préstamos y créditos oficiales se financian las exportaciones de EE.UU. a los países de América Latina y, en determinado grado, el capital privado estadounidense que opera en esta región.

p Al prestar, por ejemplo, asistencia técnica a las repúblicas latinoamericanas, los monopolios yanquis se valen de ella para atar sus economías a los patrones científico-técnicos y productivos vigentes en EE.UU., para ensanchar sus posiciones en los mercados de venta de elementos técnicos y tecnologías. Esto, a su vez, contribuye a que los países del continente sigan orientándose en su desarrollo económico a Estados Unidos y dependientes de la economía norteamericana.

p EE.UU., teniendo en presente el creciente espíritu antiyanqui de amplios círculos latinoamericanos, así como el fracaso de los diferentes programas de ayuda, procuran encubrir el carácter expansionista de esos últimos. Al comienzo de los años 70 se anotó una tendencia a reducir el monto global de los créditos y subsidios otorgados a los países de América Latina en forma bilateral. Paulatinamente se va haciendo mayor hincapié en prestar la ayuda a los países latinoamericanos sobre unía base multilateral a través del Banco ínteramericano de Desarrollo (BID), el Consejo interamericano económico-social (CÍES), la Administración de la cooperación técnica, el Consejo Interamericano para la Educación, la Ciencia y la Cultura y el Comité interamericano de la Alianza para el Progreso.

p Según palabras del ex secretario de Estado, Henry Kissinger, el fortalecimiento del fondo de operaciones especiales del BID reviste para EE.UU. especial importancia, por cuanto esta entidad constituye la fuente primordial de concesión de recursos oficiales para las necesidades de desarrollo de los países occidentales.

p La política crediticia del BID está sometida a la decisiva influencia de Estados Unidos por el peso que representa su participación con 40% aproximadamente en el capital fijo del banco, más de 35% en el capital pagado y alrededor del 70% en los recursos del Fondo de operaciones especiales. Los empréstitos otorgados por el banco entre 1961 y 1976 suman 10.200 millones de dólares.

p Además de los organismos regionales, los Estados Unidos utilizan ampliamente en su política económica las entidades monetario-financieras internacionales: el Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento y su filial: la Agencia 69 Internacional de Desarrollo (AID), el Fondo Monetario Internacional (FMI) y otras.

p La participación de estas organizaciones en la concesión de préstamos y créditos a los países de América Latina experimentó en los últimos años considerable ascenso. Los Estados Unidos, ocupando una posición dominante en los organismos económicos y financieros internacionales, influyen indirectamente sobre los países latinoamericanos y votan por la concesión de recursos financieros a aquellos que desarrollan una política satisfactoria para los círculos monopolistas de EE.UU.

p Las condiciones financieras en que se otorgan los créditos y préstamos tienen vinculación directa con los objetivos y fines de la política neocolonialista de ayuda. Los EE.UU. establecen estas condiciones para influir, ajustándola a sus intereses, en la política exterior de los gobiernos latinoamericanos. En una serie de casos los Estados Unidos otorgan préstamos y créditos en términos más favorables que otros Estados capitalistas. Ello no se hace, claro está, por generosidad, sino con miras a garantizar a largo plazo su expansión en los mercados de los países del continente y la obtención de ventajas políticas y económicas más amplias.

p Con el afianzamiento relativo del sector estatal en muchos países de América Latina va cambiando también la política de EE.UU. respecto al mismo. Los monopolios yanquis se abstienen de atacar directamente al sector estatal y procuran establecer con él diversas formas de “colaboración práctica" que incluyen la concesión de préstamos y créditos, asistencia técnica y aportes de capital a la creación y funcionamiento de empresas estatales. De esa manera el capital y los círculos monopolistas de EE.UU. pretenden impedir que éstas sean utilizadas contra sus intereses.

p En los planes neocolonialistas del imperialismo yanqui se concede lugar sustancial a la utilización de la integración económica de los países de la región. La actitud respecto a este proceso reviste carácter contradictorio, estribando una de las contradicciones en que los monopolios de EE.UU. están, en cierto grado, interesados en tal proceso. El capital yanqui procura influir en las agrupaciones económicas que surgen en el continente, en la política que aplican respecto a la inversión extranjera, en el comercio regional, etc. Los monopolios, utilizando el mecanismo integracionista, tienden a promover en una serie de países latinoamericanos cambios 70 estructurales que refuercen sus ataduras a la economía de EE.UU. La integración económica y el proceso de crecimiento industrial ligado a ella creó nuevos estímulos para los inversionistas norteamericanos.

p El interés de Estados Unidos por la integración latinoamericana se explica también con el hecho de que la reducción de las restricciones comerciales y aduaneras internas, al facilitar la ampliación del mercado local, crea condiciones favorables para la actividad de las compañías de EE.UU. Estas, especialmente las que operan en unión con los capitales nacionales integrando empresas mixtas, obtienen la posibilidad de ensanchar considerablemente las exportaciones de sus mercancías, incluyendo aquellas que se fabrican en sus empresas subsidiarias radicadas en América Latina.

p Los expertos de la CEPAL, al analizar la táctica del capital extranjero con relación a los procesos integracionistas que se operan en América Latina, han señalado:

p “La política de las empresas multinacionales está estrechamente vinculada con la marcha del proceso de integración. Las casas matrices de esas empresas, tradicionalmente proveedoras de muchos de los bienes negociados en los mecanismos de liberalización del intercambio, decidieron incorporarse a dicho proceso con el objeto de conservar su participación en el mercado y de ampliarla, a fin de aprovechar las economías de escala y las utilidades derivadas de la protección contra importaciones provenientes de terceros países"  [70•4 .

p Las compañías norteamericanas, al convertirse de hecho en un elemento propio de la estructura económica de los países en vías de integración, adquieren participación directa en muchos acuerdos sobre cooperación en la esfera productiva. Entre los que suscribieron los primeros documentos sobre complementación mutua de la industria latinoamericana figuran, en particular, las corporaciones estadounidenses General Electric e International Business Machines (IBM).

p Pero el capital yanqui apoya la integración latinoamericana sólo en los límites que permiten ampliar a sus empresas industriales, los mercados de venta y las esferas de su influencia. Es precisamente dentro de estos límites que contempla a la integración como un medio para mejorar sus posiciones en América Latina. Muchas de las compañías 71 estadounidenses que operaban en la rama comercial han ido reestructurándose paulatinamente para adaptar sus actividades dentro de los países latinoamericanos a la esfera industrial, a fin de obtener las ventajas económicas adicionales que esperan recibir de la integración. Con miras a ello tratan de conquistar posiciones clave en las asociaciones regionales sectoriales creadas a comienzos de la década del 60 en las ramas de la metalurgia no ferrosa, construcción de maquinaria, química, alimentaria y otras, lograr papel rector en la regulación de la producción y de los mercados de venta. Con esos mismos fines las firmas estadounidenses incrementan sus inversiones en la construcción de empresas productoras de artículos de exportación a otros países de América Latina.

p La actitud de esas corporaciones cambia acentuadamente cuando advierten en la integración el deseo de los Estados del continente de defender la economía nacional. Es por eso que la decisión del Grupo Andino de poner orden y limitar la actividad del capital extranjero en las naciones que lo integran, por ejemplo, provocó una reacción sumamente recia de los monopolios yanquis.

p Los Estados Unidos mantienen múltiples cuotas y tarifas que dificultan la comercialización de los productos de exportación latinoamericanos en el mercado yanqui. Han implantado una serie de barreras que obstaculizan el desarrollo de un intercambio mutuamente ventajoso con América Latina: prohibiciones al comercio por razones políticas, prohibición o limitación a las exportaciones de diferentes artículos, medidas discriminatorias en materia de créditos y pagos, cargas arancelarias, etc. En 1965 existían limitaciones en los volúmenes de importación a Estados Unidos de siete productos industriales. En 1971 estas restricciones se extendieron a otros 67 artículos industriales y a 13 rubros de la producción agropecuaria.

p En agosto de 1971, a fin de conservar sus reservas de oro, reducir el pasivo de su balanza de pagos y las tasas de inflación, el gobierno de EE.UU. anunció su programa de salvación del dólar que, en particular, incluía un recargo de 10”,, de impuesto adicional a los artículos importados.

p La implantación de este impuesto golpeó los intereses vitales de los países dependientes del mercado norteamericano y, en primer lugar, de los de América Latina. Esta medida provocó gran indignación entre los socios comerciales 72 de EE.UU. Frente a las posibilidades de desencadenamiento de una despiadada guerra comercial, el gobierno yanqui se vio obligado a anular el recargo que ya había causado serios perjuicios a las exportaciones latinoamericanas.

p Un importante elemento de las medidas político-comerciales de EE.UU. lo constituye la creación de mercados preferenciales para una serie de artículos primarios que se importan de los países en desarrollo. En junio de 1974 la comisión de asuntos bancarios de la Cámara de Representantes de EE.UU. facultó al gobierno a aplicar sanciones contra los países que “limiten injustificadamente" el acceso de los Estados Unidos a sus reservas de materias primas. Esto afecta en medida considerable a los países de América Latina, de donde los EE.UU. importan café, manganeso y otros metales no ferrosos.

El intercambio desigual que rige en la práctica comercial entre los países de América Latina y Estados Unidos, las oscilaciones en los precios de los productos primarios y artículos comerciales, las crisis monetarias y financieras que sacuden a los principales países del mundo capitalista y la inflación frenan el avance de las naciones latinoamericanas hacia el progreso económico y obstaculizan la solución de sus acuciantes problemas socioeconómicos.

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Notes

[67•3]   Véase Mensaje from Presidenl Nixon to the Congress. Foreign Assistence for the Seventies, 1970, 15 sept.

[70•4]   Notas sobre la economía v el desarrollo de América Latina, Santiago de Chile, p. 3.