p Una de las peculiaridades de la expansión económica de EE.UU. en América Latina consiste en que la llevan a cabo, en lo esencial, un reducido grupo de poderosos monopolios. Estos desempeñan el papel de principal fuerza de choque del capital monopolista estadounidense en el continente latinoamericano.
p Los monopolios que actúan en América Latina se cuentan entre los más grandes no sólo de EE.UU., sino de todo el mundo capitalista. De las 10 compañías internacionales más poderosas del sistema capitalista, 8 son estadounidenses: Exxon, General Motors, Ford, General Electric, IBM, Mobil Oil, Chrysler y Texaco. (Las dos restantes son la anglo-holandesa Royal Dutch Shel y la holandesa Unilevers.) El total de las ventas de Exxon y General Motors, los monopolios más grandes del mundo capitalista, que asciende a más de 30.000 mil millones de dólares en cada una, supera el producto interno de muchos países latinoamericanos. Como han señalado los expertos de la ONU. el poderío de los monopolios transnacionales es tan grande que puede atentar contra la soberanía nacional, socavando la capacidad de los Estados para cumplir sus tareas en política interior y exterior [43•23 .
p Las actividades de las corporaciones transnacionales estadounidenses en América Latina son, como regla, de índole multisectorial. Ello emana directamente de las 44 particularidades básicas de su estructura actual que se caracteriza por una gran diversidad. El análisis comparativo de los monopolios estadounidenses y eurooccidentales más importantes (a finales de los años 60 y comienzos de la década del 70) indica que en los EE.UU. el porcentaje de compañías vinculadas a un sólo rubro o con preponderancia de un sólo producto es mucho menor que en Europa Occidental. La actividad multisectorial permite a las corporaciones yanquis ejercer más amplio y efectivo control sobre un conjunto de ramas de la economía latinoamericana. Tal circunstancia se debe en determinado grado a que, gracias al desarrollo de los medios de comunicación y al progreso científico-técnico, las casas matrices pueden ejercer un control más estricto sobre sus empresas “periféricas”. La gran diversificación de actividades en el plano geográfico y en la producción permite a las transnacionales ejercer su influjo no sólo sobre el desarrollo económico de los países de la región, sino también sobre los procesos sociopolíticos.
p El grado de diversificación funcional de las corporaciones estadounidenses que actúan en América Latina puede ser estimado por el hecho de que algunas de ellas en la actualidad, además de desempeñarse en la esfera productiva, cumplen también funciones netamente bancarias. La Gulf Oil, uno de los monopolios petroleros más grandes, invierte en operaciones de fmanciamiento de otras empresas hasta el 40% de sus activos. Monopolios como Esso, General Motors, General Electric, ALCOA y otros proceden de manera semejante. Muchas veces las operaciones de crédito de las compañías industriales superan el monto de las operaciones análogas de los bancos.
p Los monopolios norteamericanos que invierten sus capitales en América Latina ostentan, por lo general, la supremacía no sólo en el terreno tecnológico, sino también en lo referente a organización y manejo de la producción. Sus actividades se distinguen por un alto grado de centralización.
p Las formas de centralización más rígidas se dan en el manejo de las compañías de construcción de maquinarias, de automóviles y electrotécnicas, cuyas empresas están enlazadas por una red combinada de suministros. Las subsidiarias o filiales representan en sí, con frecuencia, una parte del mecanismo productivo de la compañía matriz. Las fábricas con una especialización cerrada no pueden funcionar sin estar enlazadas con la empresa principal; es por eso que 45 aquí sus actividades se encuentren estrictamente reglamentadas. No menos severo es el control que las casas matrices ejercen en los consorcios petroleros y de la industria química, puesto que la extracción y elaboración de materia prima mineral y de combustible se han constituido en un proceso único e integrado en escala internacional.
p Uno de los métodos más conocidos que emplean las corporaciones norteamericanas en su expansión en los países de América Latina es la organización de empresas de ensamblaje, lo que hace posible conservar los lazos de dependencia respecto al mercado de EE.UU., aunque en nuevas formas. El sistema de ensamblaje, además de que permite ahorrar en gastos de transporte y de aduana, brinda la posibilidad de modernizar la producción, adaptándola a las condiciones concretas del mercado local, y asegurar a los consumidores las necesarias piezas de repuesto, es decir, atarlos al mercado de EE.UU.
p Los monopolios de EE.UU., transnacionales por el carácter de su actividad, establecieron en territorio de América Latina complejos industriales multinacionales, basados en la división del trabajo no sólo entre las compañías matrices y las subsidiarias, sino también entre las propias empresas subsidiarias ubicadas en diferentes países.
p El hecho de que las corporaciones estadounidenses cuentan con empresas subsidiarias en varios países del área a la vez, teniendo en un país dado varias empresas, con frecuencia de diferente especialidad, les asegura gran capacidad de maniobra, condicionada por el carácter global de sus actividades. Surge así, por ejemplo, la posibilidad de suministrar alguna mercancía o grupo de mercancías de varios países al mismo tiempo o de establecer diferentes precios para un mismo artículo, o bien al revés, la de fijar un mismo precio para diferentes artículos, así como de saldar las cuentas en diferentes monedas, etc.
p La actividad internacional de las corporaciones se apoya en el poderío económico y político-militar del imperialismo de EE.UU., de su aparato estatal. Los monopolios estadounidenses, ampliamente respaldados por el mecanismo estatalmonopolista de EE.UU. ejercen fuerte presión no sólo sobre la economía de los países latinoamericanos, sino también sobre sus círculos gobernantes. Las decisiones de las corporaciones que formalmente versan sobre cuestiones de la producción, afectan en realidad directamente muchos e importantes aspectos 46 del rumbo económico y, a veces, político de los países en cuyo territorio se encuentran tales o cuales empresas subsidiarias. Por ejemplo, algunas cuestiones que, nominalmente, revisten carácter técnico (dónde y qué se ha de construir, de dónde y qué se ha de importar, a dónde y qué se va a exportar) de hecho predeterminan muchos aspectos cardinales de la política económica de los países latinoamericanos. Con frecuencia, los gobiernos de estos últimos se ven obligados, si no a someterse totalmente a los intereses de los monopolios yanquis, por lo menos a tenerlos en cuenta, tomar en consideración sus objetivos. A veces, los respectivos círculos oficiales se ven obligados a ser meros registradores pasivos de lo que se proponen alcanzar las compañías norteamericanas. El hecho de que muchas decisiones importantes son tomadas directamente en la casa matriz ejerce influencia funesta en la aplicación de la política económica general de los Estados latinoamericanos y, en particular, en el desarrollo de la planificación a largo plazo.
p Los monopolios yanquis en América Latina aventajan también en el plano financiero a las compañías nacionales. La rentabilidad de sus empresas, como regla, es mucho mayor que la de las empresas latinoamericanas. No sólo se debe a que las compañías extranjeras operan en las ramas que reportan mayores utilidades, sino también a que tienen producción mejor organizada y acceso al crédito extranjero más barato.
p La estructura orgánica representada por el esquema “casa matriz — filial — empresa subsidiaria" brinda a los monopolios internacionales de EE.UU. una serie de ventajas financieras. Por ejemplo, los precios de transferencia fijados por los monopolios estadounidenses son muchas veces bien diferentes de los precios mundiales y de las firmas latinoamericanas (en Colombia, en particular, los precios de los productos farmacéuticos y de los artículos de goma son más elevados en 50%) [46•24 . Los sobreprecios o los subprecios, fijados ilegalmente y prácticamente inaccesibles al control oficial, permiten a las compañías matrices de EE.UU. encubrir la importación de utilidades obtenidas en los países de la región, así como la subvención financiera a sus empresas subsidiarias.
47p La política de financiamiento de la penetración económica se ha convertido en importante factor de la expansión internacional de los monopolios estadounidenses. Cabe señalar que los métodos de autofinanciamiento, ante todo, a través de las reinversiones fueron trazados por los consorcios estadounidenses hace mucho y aplicados en América Latina antes que en otras regiones del mundo capitalista.
p Con el objeto de fortalecer su base financiera, las corporaciones internacionales de EE.UU. no sólo utilizan el ahorro interno de sus subsidiarias, sino que acuden también al de los países en los que éstas actúan. El amplio empleo de los recursos nacionales locales tiende a cambiar la correlación de fuerzas entre el capital nacional y el extranjero en favor de éste.
p La creciente explotación del mercado monetario interno en condiciones de escasez de recursos financieros domésticos y elevado flujo de capitales hacia el exterior (en concepto de remesas de utilidades y ganancias de las compañías norteamericanas, pagos por servicios internacionales, fuga del capital latinoamericano, etc.) frena el proceso de acumulación del capital y obstaculiza la formación, sobre base nacional, de las ramas de la industria, ante todo la de construcción de maquinarias; reduce las posibilidades de aprovechar la ciencia y la técnica en el fomento de la producción y retiene el crecimiento de la productividad social del trabajo. El hecho de que la nueva etapa en la industrialización de América Latina se basa precisamente en la constitución de ramas que requieren grandes inversiones de capital, mientras que la irrupción de los monopolios yanquis en el proceso de acumulación interna socava las fuentes de financiamiento, significa la desaceleración del crecimiento de la industria en los países de la región.
p La exportación de capital a otros países no sólo es una exportación de valores monetarios directos. Con frecuencia reviste la forma de exportación de maquinaria e instalaciones, pero.no para un país dado o para determinada rama de la industria, sino precisamente para las subsidiarias de los monopolios de Estados Unidos. De hecho se beneficia no tanto el país importador de capitales, cuanto las compañías norteamericanas.
p Tales inversiones, especialmente las destinadas a la industria nacional, están representadas, con frecuencia, por instalaciones obsoletas que en las compañías matrices de 48 EE.UU. fueron cambiadas por otras más modernas. Semejantes equipos no tendrían cabida en el mercado mundial, mientras que en América Latina pueden reportar aún no pocas utilidades. A los monopolios norteamericanos, en este caso, no les preocupa que las empresas en América Latina que utilicen equipos usados u obsoletos tengan elevados gastos de producción: este factor tiende a ser neutralizado por compensarse con el bajo nivel salarial de los obreros locales. Por ejemplo, cuando en la década del 60 las compañías estadounidenses establecieron fábricas de automóviles en México, pudo verse que las mismas fueron dotadas deliberadamente con maquinaria de viejo diseño y bajo rendimiento. En la fábrica de motores de General Motors en Toluca todo el equipo era nuevo, es decir, fue elaborado especialmente para esta empresa, pero diseñado adrede con baja capacidad de rendimiento. La productividad del trabajo en las prensas de la fábrica de automotores de General Motors, instalada en Buenos Aires, resultó ser varias veces inferior en comparación a la que se registra en las establecidas en EE.UU. [48•25 .
p En las condiciones de la revolución científico-técnica, los monopolios transnacionales de Estados Unidos procuran implantar una “nueva división del trabajo”. Su política consiste en trasladar a otros países, en particular, a los de América Latina, los tipos de producción más pesados, los que más contaminan el medio ambiente y consumen mayores cantidades de agua potable.
El capital monopolista de EE.UU., aprovechándose del atraso general y de la dependencia de la economía latinoamericana respecto al mercado estadounidense, procura orientar el proceso de industrialización por un cauce que le resulte favorable. Esto se manifiesta particularmente en el hecho de que se contribuye al fomento preferente de las ramas de la producción que resultan poco ventajosas para los monopolios yanquis o juegan papel auxiliar en relación con las empresas que están bajo su control. Al estimular la industria extractiva y ciertas ramas de la manufacturera, los consorcios yanquis frenan al mismo tiempo el desarrollo en América Latina de las ramas más modernas, se adjudican el derecho a la actividad monopólica en los sectores económicos vinculados con la aplicación de los avances de la ciencia, que 49 determinan las perspectivas del progreso científico-técnico y tienen importancia decisiva en el sistema moderno de producción.
Notes
[43•23] Véase Multinational Corporations in World Development. New York, 1973, p. 2.
[46•24] Véase Stopford J., Wells L. Managing the Multinational Enterprise. Organizarían of the Firm and Ownership of the Subsidiarles. New York, 1972, p. 161.
[48•25] Véase The Nation, New York, 1969, N 22, p. 695.