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2. PARTICULARIDADES DE LA ESTRUCTURA
DE LAS INVERSIONES DIRECTAS DE ESTADOS UNIDOS EN AMERICA LATINA
 

p Las principales inversiones de EE.UU., históricamente, se concentraron en las esferas He la producción material: 24 agricultura, industrias minera y petrolera, empresas de transporte y, parcialmente, en manufacturas. Empero, todas estas ramas estaban orientadas de una u otra manera, prácticamente, al mercado externo. Aunque revestían un carácter en lo esencial exportador, estaban vinculadas con el mercado externo también por la línea de las importaciones: adquisición de maquinarias, instalaciones, combustible, etc.

En la posguerra, se produjeron cambios estructurales en la economía capitalista mundial que se manifestaron, en particular, en una intensificación de la producción industrial. En este período, especialmente entre 1960 y 1975, tuvo lugar un cambio considerable en la distribución de las inversiones directas privadas de EE.UU. en América Latina por ramas de la economía y se expresó, ante todo, en el hecho de que la industria manufacturera pasó a ocupar el primer lugar como esfera de aplicación del capital norteamericano.

Estructura de las inversiones directas de EE.UU. en América Latina, por sectores (%)  [24•11  Sectores 1929 1950 1960 1970 1973 Minería Petróleo Industria manufacturera Agricultura Transporte y servicios públicos Comercio Finanzas y otros 21,0 14,1 12,5 10,4 10,2 17,0 27,7 25,1 25,6 25,6 6,7 17,6 22,1 36,2 37,5 23,0 11,7 25,6 20,9 12,2 3,4 5,4 6,5 1 3 2.6

p Por otra parte, la anterior división de las actividades de los más grandes monopolios preferentemente por zonas geográficas es suplantada por el criterio que se atiene a la producción comercializada o a la exportación de materia prima. Precisamente en América Latina las corporaciones yanquis empezaron a aplicar esta práctica.

p Si se aquilata el papel de las inversiones extranjeras en el financiamiento total de la economía latinoamericana en la década del 60, se puede apreciar que el mismo es relativamente bajo: 10%. Sin embargo, el significado real de la influencia económica de EE.UU. es mucho más elevado. Y ello se debe, en primer lugar, al hecho de que las inversiones 25 estadounidenses se encuentran colocadas en las ramas fundamentales de la economía de América Latina.

p Los monopolios de EE.UU. en la agricultura de América Latina. Aunque la agricultura representa una de las esferas más antiguas de aplicación del capital norteamericano, en este sector, comparado con otros, las inversiones de EE.UU. no son de gran cuantía. Representan de 6 a 8% del total de las inversiones estadounidenses y, por lo general, en los informes estadísticos no figuran aparte, sino que se incluyen en el rubro “otras inversiones”. El reducido papel de este sector se debe a que, históricamente, la agricultura de la región, gracias a las favorables condiciones climáticas y los salarios sumamente bajos de los peones que aseguraban ínfimos costos de producción y elevadas ganancias, se fue desarrollando como una rama extensiva de la economía. La situación cambió muy poco incluso con el avance de la revolución científico-técnica.

p Gran parte de las inversiones norteamericanas en el agro se encuentran colocadas en las plantaciones. Desde hace mucho se concentraron en el cultivo de bananos en América Central y en la producción de azúcar en los países del Caribe. Es sintomática la distribución de los capitales estadounidenses en la agricultura de los países de América Latina: están invertidos en las ramas que no compiten con la producción norteamericana. En lo esencial, están radicados en la producción de cultivos tropicales. Por lo tanto, la esfera de aplicación del capital norteamericano en el sector agrario de América Latina constituye una especie de complemento a la agricultura de EE.UU.

p El significado de las inversiones estadounidenses en la agricultura está determinado por el hecho de que el sector agrario constituye la base de la economía de muchos países latinoamericanos. Los ingresos de divisas, producidos por las exportaciones agrícolas, fijan las posibilidades del ahorro y sirven como fuente principal de pago en las adquisiciones de maquinarias e instalaciones en el mercado externo, es decir, condicionan los ritmos de la industrialización y, en grado considerable, la situación de las cuentas corrientes con el exterior. Hay que señalar, además, que, a diferencia de la industria, en la agricultura casi no existen grandes empresas estatales (hay solamente tierras que no se cultivan, pertenecientes al Estado). Ello significa que el capital extranjero no encuentra aquí adversarios económicos y políticos o 26 competidores serios. Especialmente grande es el significado de las inversiones de EE.UU. en los países de América Central y del Caribe, para los que la agricultura sigue siendo la base de sus economías. Por otra parte, en América Latina están concentradas las inversiones más grandes realizadas por EE.UU. en la agricultura del exterior. Los activos de las compañías agrícolas, controladas por EE.UU. en América Latina, figuran entre los de mayor cuantía en el mundo.

p La existencia de plantaciones pertenecientes a los monopolios norteamericanos constituye un obstáculo al desarrollo de las fuerzas productivas del agro latinoamericano. El empleo por el capital extranjero de maquinarias modernas y nuevos métodos de cultivo en sus plantaciones hace que los insumos de trabajo por unidad de producción sean aquí mucho más bajos que en las propiedades de los campesinos pequeños y medios. Mientras tanto, los precios del mercado capitalista mundial, con el desarrollo de las plantaciones, fueron orientándose a los insumos de las empresas capitalistas. En consecuencia, los propietarios pequeños e, incluso, medios, al vender sus productos, no consiguen compensar los gastos reales de su trabajo. Con el avance de la revolución científico-técnica la brecha entre el rendimiento en las plantaciones de los productores pequeños y medios va creciendo y, junto a ello, aumenta la incapacidad de éstos de resistir la competencia.

p La penetración del capital yanqui en el sector agrario operó en diversas formas y, ante todo, a través de la compra directa de tierras. Monopolios estadounidenses como la United Fruit Co., Standard Fruit and Steamship, Astral y otros se apoderaron de centenares de miles de hectáreas, por lo general, de las tierras más fértiles. Estas compañías establecieron en América Latina las más grandes plantaciones del mundo, en las que emplean la fuerza de trabajo barata de decenas de miles de peones latinoamericanos.

p Pese a que la United Fruit se vio obligada en el período posbélico a vender parte de sus tierras, sigue siendo hasta el presente la compañía norteamericana agrícola más grande de la región. Las dimensiones exactas de sus propiedades son imposibles de precisar, por cuanto muchas de ellas están inscritas a nombre de dueños ficticios. Este monopolio con sede en Boston fue constituido ya en 1899 y, desde entonces, se dedica a la producción de banana (65°„ del total de las ventas), caña de azúcar, cacao, abacá y otros cultivos 27 tropicales, así como a la cría de ganado mayor. A fin de encubrir sus actividades, que eran muy resistidas, en 1970 la United Fruit se fusionó con la ACMÉ Corporation, fundada en 1928. Así surgió un nuevo monopolio, la United Brands, con sede en Nueva York, pasando la United Fruit a ser una de sus filiales. Las cuentas de la United Fruit fueron englobadas a las del nuevo monopolio, lo cual dificulta las posibilidades de determinar la envergadura de sus operaciones en América Latina.

p La segunda compañía agrícola más grande es la Standard Fruit and Steamship, fundada en 1926. Junto con sus filiales posee en Honduras, Guatemala, Costa Rica y Nicaragua enormes extensiones de tierras, vías férreas y caminos, ganados, etc. El paquete de control de las acciones de esta compañía pasó en 1968 al monopolio norteamericano Castle and Cooke Inc., fundado en 1894, con sede en Honolulú (Islas Hawai). Desde entonces todas las cuentas se incluyen en forma global en el balance del nuevo monopolio, lo que permite a la Standard Fruit encubrir el verdadero alcance de sus actividades en América Latina.

p Los monopolios de EE.UU. aparecen entre los principales poseedores de tierras no sólo en los países más chicos del continente, sino también en los más grandes. En México, a pesar de la reforma agraria realizada ya en 1910-1917, las compañías norteamericanas son propietarias directas o indirectas de tierras en muchas zonas del país, incluso poseen o arriendan tierras ejidales. Tienen extensas propiedades ganaderas o agrícolas en Argentina, especialmente en las provincias de Mendoza, Buenos Aires y Santa Fe, ejerciendo su dominio a través de testaferros o sociedades anónimas con rótulos argentinos. Las compañías yanquis son dueñas de grandes posesiones también en Brasil.

p Mientras esas compañías acaparan enormes predios, decenas de miles de familias campesinas carecen de tierra. Por ejemplo, 75% de la población rural de Honduras no tiene parcelas propias y se ve obligada a trabajar en las plantaciones pertenecientes a dueños locales o extranjeros.

p El poderío de los monopolios estadounidenses reside no sólo en la posesión de grandes extensiones de tierras, sino también en la concentración en sus manos de la industrialización de la materia prima agrícola, así como la comercialización en el mercado interno, el transporte y la exportación del producto. La United Brands actúa en América 28 Latina a través de una amplia red de filiales que suman más de 160 empresas (agrícolas, industriales, energéticas, de transporte, comercio y otras).

p No sólo las compañías agrícolas estadounidenses figuran entre los más grandes propietarios de tierras en América Latina, sino también las industriales. Grandes plantaciones caucheras, especialmente en América Central, se encuentran, por ejemplo, en manos de cuatro monopolios de EE.UU. que dominan en la industria del caucho: Goodyear Tire and Rubber Co., Firestone Tire and Rubber Co., United States Rubber y Goodrich Co. Superficies extensas se encuentran en poder de empresas elaboradoras de papel, ante todo, de la International Paper. Muchos parajes boscosos, debido a la explotación rapaz de los recursos forestales, se convirtieron en sabanas.

p Es grande la influencia ejercida por las compañías industriales de EE.UU. que colocan su producción en el sector agrario. Por ejemplo, los monopolios International Harvester, Ford, General Motors y otros, a los que los campesinos compran máquinas y aperos de labranza, regulan a través de sus operaciones comerciales y política de precios la producción agrícola. La influencia de los monopolios norteamericanos deriva también del hecho de que éstos se adueñaron de la comercialización de lo que producen las explotaciones agrícolas locales, especialmente las pequeñas. Estas, al no tener posibilidades de salida al mercado externo, dependen totalmente de las empresas exportadoras que establecen la calidad del banano y, por lo tanto, el precio del mismo. Con frecuencia el fruto del trabajo de miles de campesinos es adquirido a precios irrisorios.

p Las compañías estadounidenses obstaculizan por todos los medios la creación de empresas nacionales de comercialización y transporte. A tal objeto utilizan sus tradicionales vínculos comerciales y la presión directa. Los grupos locales de productores de banano, que unificaban sus esfuerzos para fletar barcos refrigeradores sin acudir a las empresas norteamericanas, por lo general fracasaban en sus intentos. Cuando tales intentos llegaban a conocimiento de los agentes de los monopolios, éstos acudían a la ayuda de las autoridades portuarias de las ciudades de destino que retenían el buque en la rada durante varios días hasta que el fruto se deterioraba, causando grandes pérdidas a los productores.

p La penetración del capital yanqui en el sector agrario 29 de América Latina no sólo deformó la producción en el mismo, sino que repercutió negativamente también en el proceso de industrialización. Los monopolios de EE.UU. frenaron el cultivo de las plantas industriales y el desarrollo de los tipos de materia prima agrícola indispensables para la industria local. Por otra parte, al adueñarse de grandes extensiones de tierras en las que pueden haber yacimientos de minerales útiles, las compañías norteamericanas obstaculizan los trabajos de prospección y el desarrollo de la industria extractiva nacional.

p Los monopolios de EE.UU. en la industria extractiva. Los Estados Unidos, aunque poseen enormes recursos minerales y una industria minera desarrollada, manifiestan al mismo tiempo sumo interés por las reservas de combustibles y materias primas de otros países. Ocupando el primer lugar en el mundo capitalista por el volumen de su producción industrial y de consumo de los más diversos recursos naturales, EE.UU. satisfacen totalmente su demanda por cuenta de su propia industria extractiva, sin embargo, sólo en unos cuantos rubros (carbón, magnesio, molibdeno, fosfatos). Parte considerable, a veces la más grande de la demanda interna de muchas variedades de materias primas, es cubierta por las importaciones.

p América Latina desde antaño atraía al capital estadounidense como fuente importante de materia prima variada y barata para la industria  [29•12 .

p Estos valiosos recursos iban principalmente al mercado de EE.UU., proporcionando a sus compañías doble ventaja: en primer lugar, al abastecer a la industria y a la energética estadounidenses con las materias primas necesarias y, en segundo lugar, al permitirles comercializar una producción de bajo costo. Esto último resultaba posible, en gran parte, gracias a la proximidad geográfica entre América Latina y EE.UU., lo que permitía economizar en el transporte de cargas pesadas.

p Aunque las primeras grandes inversiones de EE.UU. en 30 América Latina se hallaban vinculadas a la producción de alimentos y materia prima para la industria ligera, más exactamente a la de azúcar, café, bananas y algodón, ya a comienzos de siglo, las inversiones realizadas en la industria extractiva comenzaron a superar el capital invertido en las plantaciones agrarias. Entre 1929 y 1955 la participación de las inversiones colocadas en el sector agrario se redujo de 23% del total de las inversiones de EE.UU. en América Latina a 9%, mientras que la parte de las realizadas en la industria de extracción aumentó de 27 a 43%. En grado mayor incrementaron las inversiones en la industria del petróleo. Durante las décadas del 50 y el 60 la extracción de minerales y petróleo constituyó la esfera principal de aplicación del capital norteamericano.

p Después de que en enero de 1976 la industria petrolera de Venezuela pasara a manos del Estado (anteriormente fue nacionalizada la extracción de mineral de hierro y de gas), y a raíz de la relativa reducción de la esfera de actividades del capital estadounidense en la industria minera de algunas nuevas naciones independizadas del Caribe, las posiciones de las compañias norteamericanas en estas ramas fueron debilitándose.

p Sin embargo, más adelante la situación cambió notoriamente. El rápido incremento de la producción manufacturera hizo crecer la demanda de minerales y combustible. Aumenta el coeficiente de importación de EE.UU. en los rubros de petróleo, mineral de hierro, bauxita y cinc.

p Con la crisis mundial de productos primarios y energética se eleva la importancia para Estados Unidos de los recursos naturales de América Latina, especialmente de los hidrocarburos líquidos. Una serie de compañías petroleras y mineras norteamericanas han intensificado los trabajos de prospección en los países del continente. A su vez, los círculos gobernantes de las repúblicas latinoamericanas atenúan las restricciones impuestas por las leyes sobre control nacional de los recursos naturales y procuran atraer al capital extranjero a las actividades de prospección y explotación de las riquezas de materias primas y combustibles.

p El interés del capital estadounidense por los países latinoamericanos se debe también al hecho de que los monopolios petroleros de EE.UU., en momentos en que crece la influencia de la OPEP, empezaron a prestar especial atención a las zonas petrolíferas no controladas por esta organización.

p Es importante señalar que el interés de los monopolios 31 de Estados Unidos por los recursos minerales de los países del continente se debe también en gran parte a que EE.UU. quieren reservar sus propios recursos, especialmente ante la posibilidad de una ulterior agudización de las crisis energética y de materias primas.

p La alta rentabilidad de la industria extractiva de los países de América Latina explica los motivos que la hacen tan codiciable. Una de las causas de su bajo costo de producción reside en que la renta establecida en la mayoría de las repúblicas del área es escasa. Por ejemplo, la renta minera en Brasil, país que posee riquísimas reservas de materia prima, asciende sólo a un tercio de la establecida, en término medio, en el mundo capitalista y sólo a 4”,, de la renta minera de Estados Unidos  [31•13 . Más grande aún es la diferencia si se considera algunos países de América Central y del Caribe.

p Los costos relativamente bajos de la producción se deben también a que en las ramas de extracción de producios primarios y de combustible se emplea, como regla, la fuerza de trabajo menos calificada y remunerada, a excepción de algunos sectores de la clase obrera ocupados en la rama del petróleo y en la extracción de minerales raros.

p La nacionalización del petróleo debilitó, pero no socavó las posiciones de los monopolios de EE.UU. en esta rama de la industria de la región. Pese a las medidas tomadas por el Gobierno ecuatoriano, tendientes a limitar la actividad de las empresas petrolíferas extranjeras (después de haber sido descubiertos grandes yacimientos de petróleo, su producción alcanzó, en 1974, a 10 millones de toneladas), éstas siguen ocupando lugar preponderante en la rama, controlan las tres cuartas partes de la producción de petróleo, mientras que la Compañía Estatal Petrolera de Ecuador (CEPE) produce sólo un 25”;’, del total  [31•14 . En Perú, después de la nacionalización en 1968 de la International Petroleum, el grupo de Rockefeller, no obstante, sigue ejerciendo gran influencia.

p Los monopolios manifiestan sumo interés por las riquezas petrolíferas de Bolivia. Después del golpe de Estado de Banzer en agosto de 1971, retornó al país la tristemente célebre GuirOil para actuar bajo el rótulo de Union Oil Company of Bolivia. En marzo de 1973 fue suscrito un “contrato de 32 operaciones" que empezó a ser puesto en ejecución.

p El capital de EE.UU. se interesa también por los recursos petrolíferos de los países de América Central. La Texaco, a través de su subsidiaria Panamá Exploration, consiguió un contrato para prospección y extracción de petróleo sobre una superficie de 4.500.000 de hectáreas en la costa caribeña de Panamá  [32•15 .

p El la economía moderna adquiere gran importancia la extracción de metales no ferrosos y raros.

p La Anaconda Co., el monopolio más poderoso de producción de cobre en el mundo capitalista, controla el 40% de las reservas descubiertas y el 12% de la producción de cobre de los países capitalistas. Explota no sólo una serie de importantes minas de este metal, sino que domina también en la extracción de minerales polimetálicos en México y de bauxita en Jamaica. En Argentina y Brasil posee grandes empresas subsidiarias de comercialización.

p La Aluminum Company of America (ALCOA), segunda en importancia empresa monopolista productora de aluminio, elabora el 20% del total fabricado en los países capitalistas y el 35% del de Estados Unidos. Mantiene estrechos vínculos con el trust más grande, ALCAN Aluminum, que participa con un 21% en la producción mundial capitalista de ese metal y con un 90% en la de Canadá. ALCOA tiene explotaciones en los principales países de América Latina productores de bauxita: Jamaica, Guyana, República Dominicana, Brasil, y posee en algunos de ellos (Jamaica y Brasil) grandes plantas de fundición. Cabe señalar que la mayor parte de la bauxita va a parar a las plantas de aluminio que se encuentran en Estados Unidos.

p La dominación del capital extranjero en una serie de importantes ramas de la industria extractiva de América Latina afecta enormemente el desarrollo industrial de los países de la región, privándolos de valiosos productos primarios. Conforme a una “tradición” establecida desde hace mucho y la que los trusts petroleros norteamericanos quisieran perpetuar, la producción del sector extractivo no se encuadra en los planes de desarrollo industrial del país dado. Los monopolios, partiendo exclusivamente de sus propios intereses comerciales, extraen tanto cuanto consideran necesario, realizan o no trabajos de prospección según su albedrío y, con 33 frecuencia, tratan de no construir plantas de transformación locales. Explotando los recursos minerales, se apoderan de los territorios más valiosos y de mayores perspectivas. La exportación no regulada de la producción minera perjudica no sólo al país en cuestión, sino también a la integración regional.

p Las compañías extranjeras obstruyen la realización de trabajos de prospección intensiva, prefiriendo explotar únicamente las reservas que se encuentran a poca profundidad y no requieren inversiones costosas. Principalmente les interesa la producción primaria, destinada a la exportación, que puede ser utilizada en las empresas industriales estadounidenses.

p Como resultado de la dominación del capital extranjero en la industria extractiva, los países de la región no lograron hasta ahora resolver el problema del abastecimiento de sus industrias y de su energética con materia prima mineral y combustible propios. Hasta el presente siguen siendo importantes compradores de estos productos, lo cual repercute seriamente en sus economías, especialmente en condiciones de la crisis energética y de materias primas.

p La expansión norteamericana en la industria extractiva de los países de América Latina convirtió esta rama en escenario de una cruenta pugna entre los monopolios extranjeros y el capital nacional. La lucha por el control sobre los recursos naturales propios se ha transformado en una de las principales consignas del movimiento liberador contemporáneo en el continente.

p Los monopolios de EE.UU. en industria manufacturera. Una serie de premisas objetivas contribuyeron a acentuar el interés de los monopolios estadounidenses por la industria manufacturera de la región. Entre ellas se pueden mencionar cierta ampliación, después de la segunda guerra mundial, del mercado interno con el correspondiente incremento de la demanda real, una determinada intensificación del proceso de acumulación en base a las reservas de divisas ahorradas en el período de la guerra, todo lo cual abría mayores posibilidades para la actividad empresarial, así como determinada elevación del nivel de capacitación de la fuerza de trabajo.

p Una de las características peculiares de las inversiones norteamericanas en la industria manufacturera de la región es su concentración principalmente en las nuevas ramas, las más dinámicas, que se distinguen por rendir altas tasas de 34 ganancías. En lo esencial, estas nuevas industrias dinámicas requieren considerables inversiones. Por eso aquí se observa una peculiar correlación de fuerzas: las empresas más grandes se concentran en manos de los monopolios extranjeros o bien del sector estatal latinoamericano. En calidad de ejemplos se puede citar la metalurgia ferrosa y no ferrosa, la petroquímica y la rama de construcciones navales.

p En la industria manufacturera ocupan considerable lugar las empresas que continúan el ciclo productivo de las compañías de la rama extractiva. Muchas plantas estadounidenses de la metalurgia no ferrosa funden la materia prima obtenida de las explotaciones mineras que les pertenecen.

p En las manufacturas, el capital extranjero centró su atención en el desarrollo de las ramas mas rentables y que permiten recobrar más pronto los capitales invertidos. Incluso en la construcción de maquinaria se dio preferencia a la producción de artículos de consumo, más exactamente, a los de uso duradero.

p Al mismo tiempo, el capital yanqui penetra activamente en los últimos años también en las ramas que elaboran medios de producción con el objeto de afianzar sus posiciones en la industria manufacturera de los principales países del continente. Los monopolios extranjeros, fundamentalmente los de EE.UU., se esfuerzan cada vez más por apoderarse de los puestos de mando en las ramas modernas y técnicamente más avanzadas. Los expertos de la CEPAL estiman que el capital extranjero controla en los tres países más grandes de la región —Argentina, Brasil y México— del 50 al 75% de la producción en las llamadas industrias dinámicas  [34•16 .

p La industria latinoamericana se encuentra en proceso de formación y, al mismo tiempo, tiene que enfrentarse a un problema tan grave como el de la subutilización de la capacidad instalada. Inclusive en los países más grandes del área no trabajan a plena capacidad empresas modernas en industrias como la de construcciones mecánicas, naviera, construcción de máquinas herramienta y electrotécnica. De 20 complejos metalúrgicos que funcionaban en América Latina a comienzos de los setenta, 9 utilizaban la capacidad instalada en menos del 50%. Una de las causas de semejante situación deriva de la aguda competencia en el mercado interno por 35 parte de las subsidiarias de los monopolios estadounidenses. Como señalaban los expertos de la CEPAL, la inversión directa, ya sea independiente o asociada con las empresas nacionales, aunque representa un aporte de capital y tecnología, crea una competencia excesivamente grave para los inversionistas locales, que son paulatinamente desplazados de la actividad industrial más promisoria en el plano financiero. Por lo tanto, el aporte primario de capital suele limitar bruscamente las posibilidades futuras para la acumulación de capitales por el empresariado nacional  [35•17 .

p Como resultado de la penetración del capital extranjero en la industria manufacturera de los países latinoamericanos, las filiales y subsidiarias de los monopolios en esta rama se transfoi man en grandes, a veces en los más importantes, compradores de maquinaria e instalaciones en el mercado exterior. El grueso de sus adquisiciones, en este caso, lo adquieren en sus casas matrices, quedando así al margen del intercambio global latinoamericano. El incremento de semejante “comercio interno" entre las subsidiarias de los monopolios y sus casas matrices debilita el control nacional sobre las importaciones de maquinaria e instalaciones, que representan uno de los rubros más importantes del comercio exterior de cualquier Estado.

p La irrupción de los monopolios de EE.UU. en la rama manufacturera de América Latina condujo a una brusca agudización de las contradicciones de carácter interno y externo, engendró un modelo deformado de industrialización. La expansión del capital estadounidense en esta esfera tuvo como consecuencia la marginación de las empresas nacionales y el empeoramiento de su situación económica. En especial fueron afectadas las empresas pequeñas y medianas, parte de las cuales quedaron condenadas a la ruina. El hecho de que los monopolios de EE.UU. se transformaron en elemento consustancial de la estructura industrial de los países de América Latina muestra que las contradicciones internas y externas se han entrelazado estrechamente. El antagonismo entre la burguesía nacional y el capital norteamericano en esta rama adquiere cada vez más carácter de contradicción interna.

p Los monopolios de EE.UU. en las ramas de la 36 infraestructura. El concepto de infraestructura económica actualmente incluye no sólo las esferas de la producción material que aseguran las necesidades de las demás ramas (energía, transporte y comunicaciones), sino también las llamadas inversiones sociales que inciden en la reproducción de la fuerza de trabajo y su capacitación (instrucción, salud pública, edificación de viviendas). El desarrollo de la infraestructura crea las condiciones necesarias para el ulterior crecimiento económico. Es por eso que el nivel de financiamiento de la misma es considerado como factor importante, para incrementar la capacidad competitiva de unos u otros sectores o del país en su conjunto dentro de los marcos de la economía capitalista mundial. Los monopolios de EE.UU., a fin de crear condiciones favorables para sus inversiones, reforzaron sus posiciones en la energía, el transporte, las comunicaciones, etc.

p Las empresas norteamericanas en un comienzo invertían grandes recursos en obras de infraestructura por cuanto esta esfera en América Latina se había desarrollado muy poco. Más adelante, a medida que las economías de los países latinoamericanos iban creciendo, el peso principal en el financiamiento de las obras que requerían inversiones mayores y reportaban escasas utilidades recayó sobre los presupuestos nacionales de la región.

p Actualmente resulta en gran parte desventajoso crear una infraestructura en base a la propiedad capitalista privada y, por eso, los monopolios cargan sobre el Estado el mantenimiento de las esferas menos rentables de la economía y en las que el capital invertido se recobra con lentitud. No es casual que en los programas de largo plazo de muchos países latinoamericanos las inversiones en obras de infraestructura ocupen un lugar preponderante.

p El hecho de que la mayoría de los elementos básicos de la infraestructura requiere grandes gastos y no proporciona inmediatas y suculentas ganancias explica la actitud relativamente “serena” del capital monopolista de Estados Unidos frente a la nacionalización de unas u otras empresas en este sector. Más aún, el capital extranjero, incluso, se esfuerza a veces en ceder este tipo de propiedad, a cambio de la consiguiente compensación, a los gobiernos latinoamericanos. Una serie de empresas de energía pasó en el período posbélico de manos de los monopolios norteamericanos bajo control nacional. En los años 60 fue nacionalizada la 37 enereética en México. Una ley dictada el 13 de setiembre de 1972 implantó el control estatal sobre esta rama también en Perú.

p En algunos casos, los mismos monopolios estadounidenses, tomando en cuenta la nueva distribución de fuerzas en la región, venden las propiedades que poseen en las ramas de la infraestructura. Un ejemplo lo da la American and Foreign Power Co. que entra en la esfera de influencia del grupo financiero Morgan. En la primera década de posguerra este monopolio tenía grandes plantas eléctricas casi en todos los países de América Latina, pero en 1960-1970 vendió casi todos sus activos en México, Brasil, Costa Rica y algunos otros países, lo cual debilitó notablemente el control que ejercía sobre la rama electroenergética. La nacionalización de la propiedad norteamericana cambió considerablemente no sólo la correlación entre el capital estadounidense y el nacional, sino también entre la propiedad privada y la estatal.

p Las compañías estadounidenses desempeñan un papel sumamente grande en la navegación (el transporte de más del 90% de las cargas del comercio exterior de América Latina se efectúa por vía marítima). Los monopolios de Estados Unidos poseen grandes empresas navieras que actúan en muchas líneas internacionales, incluso en las que enlazan entre sí a los propios países latinoamericanos. Por otra parte, muchos de los buques que navegan bajo bandera de las repúblicas de América Latina en realidad pertenecen a Estados Unidos. Las compañías yanquis petroleras, bananeras, de la industria frigorífica y otras disponen de buques especializados. La United Brands posee flota propia que incluye buques frigoríficos, tiene su propio servicio de transporte terrestre y aéreo.

p Los monopolios estadounidenses ocupan fuertes posiciones en el comercio interno de los países latinoamericanos, especialmente en el mayorista. Muchas empresas comerciales, desde gasolineras hasta modernos supermercados, pertenecen al capital de EE.UU. A pesar de que en la mayoría de los países productores de petróleo de la región existen empresas estatales petroleras, la red de suministro del combustible sigue en manos del capital extranjero, norteamericano en lo esencial. Baste recordar que los monopolios del petróleo representan en sí complejos de producción y venía totalmente integrados. Inclusive la nacionalización de la propiedad de uno u otro concesionario pone bajo control nacional sólo los primeros eslabones de toda la red vinculada con la 38 industria petrolera, quedando las refinerías y la venta al consumidor en manos de los monopolios

p Las posiciones económicas de’ fas monopolios de EE.UU. en el comercio exterior de los países de América Latina. El comercio exterior, en esencia, fue la primera esfera que atrajo los intereses norteamericanos. Precisamente el deseo de asegurarse la producción de materia prima y alimentaria barata de América Latina encendió el interés de los monopolios de Estados Unidos por el comercio de exportación e importación con los países de la región.

p El afán de los consorcios estadounidenses por exportar más a los países del continente, estableciendo a la vez tarifas aduaneras y cuotas proteccionistas de su mercado interno, condujo a un balance desfavorable para muchos Estados de la región en su comercio con EE.UU.

p Al analizar las posiciones del capital norteamericano en el comercio exterior de los países de América Latina es necesario tener en cuenta esta importante circunstancia: la profundización de la división internacional capitalista del trabajo encuentra su expresión en el carácter complejo de muchas operaciones económicas internacionales, condicionado por la ampliación del intercambio directo entre empresas concretas; en el incremento del intercambio interno entre las filiales y sus casas matrices. Mientras que 10 ó 20 años atrás el comercio exterior entre EE.UU. y América Latina se expresaba esencialmente en un acto limitado de compra-venta de uno u otro producto, hoy día la concertación de un contrato representa con frecuencia sólo el inicio de un conjunto de amplios vínculos económicos entre las casas matrices y las compañías subsidiarias, entre proveedores y clientes, comenzando por el proyecto y la elaboración tecnológica y terminando con la instalación, el ajuste, la prueba y puesta en funcionamiento del equipo y de su mantenimiento técnico. En consecuencia, los índices cuantitativos del intercambio exterior resultan de hecho mucho más bajos que los del intercambio real.

p Las posiciones de los monopolios de EE.UU. en el comercio exterior de América Latina son determinadas no sólo y no tanto por la participación de Estados Unidos en las exportaciones y en las importaciones de los países de la región, cuanto por el papel que su capital juega en las organizaciones de comercio exterior de estos países.

p Analizando la estructura del comercio exportador de 39 las repúblicas latinoamericanas, se puede advertir que las subsidiarias de los monopolios estadounidenses ocuparon posiciones importantes o incluso decisivas en las exportaciones de productos tan esenciales como café, metales no ferrosos, algodón, cueros, etc. En las exportaciones de petróleo, que cobran primordial relieve con el avance de la crisis energética, monopolios como la Exxon, que actúa en muchos países productores de petróleo de la región, Mobil Oil, Texas y otros tienen enorme peso merced a sus empresas exportadoras subsidiarias.

p El café ocupa el segundo lugar, después del petróleo, en la estructura de las exportaciones de América Latina. Entre las compañías exportadoras de café más grandes que operan en la región, incluidos países como Brasil y Colombia (principales exportadores del producto), figuran las subsidiarias de monopolios estadounidenses como Anderson, Clayton and Co.; American Coffe; Folckart Brothers, y León Israel and Brothers. El control que ejercen, reforzado por la posesión de plantaciones propias de café, se extiende también a la bolsa comercial de Santos (Brasil), permitiéndoles, en esencia, determinar las condiciones del comercio exportador de café.

p Las subsidiarias de los monopolios estadounidenses que operan en la industria manufacturera de los países latinoamericanos también empezaron a participar activamente en los negocios de exportación. General Motors, Ford, Chrysler, General Electric, IBM y otras exportan automóviles, aparatos eléctricos, instalaciones para oficinas, etc., en nombre de los países latinoamericanos.

p Algunas fuentes estimaban las exportaciones de las subsidiarias norteamericanas que operan en América Latina en 4.500 millones de dólares a mediados de la década del 60, lo cual representaba 35% de todas las exportaciones latinoamericanas.

p Muchas compañías exportadoras de los países de la región pertenecen a monopolios yanquis o son controladas por éstos. Constituyen un sector aparte del comercio exterior y desarrollan sus actividades según directivas del capital monopolista de EE.UU. Estas compañías sostienen una lucha continua por las cuotas comerciales, licencias, asignaciones de divisas y, en definitiva, determinan la orientación geográfica del comercio exportador de América Latina. Los principales bancos comerciales de Estados Unidos, ante todo los 40 neoyorquinos, participan activamente en el financiamiento de las operaciones de estas firmas.

p Las compañías estadounidenses que actúan en las ramas extractiva y manufacturera de los países de la región necesitan instalaciones, materia prima, combustible, repuestos y bloques importados y se cuentan entre los importadores principales en los países latinoamericanos.

p Además, en América Latina operan numerosas sucursales comerciales de los monopolios norteamericanos radicados en Estados Unidos, pero que exportan sus productos a los países de la región. Los monopolios que dominan en la construcción de maquinaria, en la industria electrotécnica, en la construcción de tractores, en la química y otras tienen en América Latina compañías comerciales especializadas.

p Mientras que las firmas nacionales de la industria y el comercio y, en primer lugar, las compañías estatales tienden a orientarse hacia otros mercados, las subsidiarias de los monopolios de Estados Unidos actúan en el sentido de perpetuar la dependencia de América Latina respecto al mercado “tradicional” de EE.UU. Las operaciones entre las subsidiarias estadounidenses y sus casas matrices empezaron a ocupar lugar cada vez mayor en todo el comercio exterior. Lo expuesto explica en gran parte el hecho de que, a pesar de los grandes esfuerzos que los países latinoamericanos realizan para cambiar la geografía de su intercambio comercial, no se hayan alcanzado resultados reales de consideración.

p El papel del capital de EE.UU. en el sistema bancario y financiero de los países de América Latina. Una de las premisas más importantes para la expansión económica de los monopolios de Estados Unidos radica en el incremento extraordinario de la actividad de los bancos que crea favorables condiciones para el funcionamiento de sus empresas en el exterior. V. I. Lenin indicaba que “nuestro concepto de la fuerza efectiva y de la significación de los monopolios actuales sería en extremo insuficiente, incompleto, reducido, si no tomáramos en consideración el papel de los bancos"  [40•18 . Algunos bancos de EE.UU. operan en América Latina desde el período anterior a la guerra. Sin embargo, comenzaron a infiltrarse con especial intensidad en el sistema crediticio y financiero 41 de los países de la región en la década del cincuenta y, en especial, en la del sesenta  [41•19 , desplazando rápidamente a sus viejos competidores, los bancos ingleses.

p La importancia que el capital monopolista de Estados Unidos concede a sus bancos en el ensanchamiento de sus posiciones económicas en América Latina se expresa por el hecho de que en la región se encuentran concentradas más de la mitad de las filiales de los bancos estadounidenses que operan en el exterior. Después de los bancos centrales de emisión, los de EE.UU. son los más grandes en los países de América Latina.

p El capital estadounidense se encuentra representado en la esfera bancaria de América Latina en tres formas: a) a través de sus filiales (sin capital propio considerable, pero con apoyo exterior); b) por las empresas subsidiarias; c) mediante la participación de los bancos norteamericanos en el capital accionario de los bancos locales. Utilizando estas formas, el capital bancario de EE.UU. compite con los bancos nacionales en el mercado monetario interno. Muchos gobiernos latinoamericanos se han convertido en grandes deudores de los bancos norteamericanos que operan en los respectivos países.

p En los años 60, las posiciones del capital de EE.UU. en el sistema bancario de una serie de países de América Latina tendieron a reforzarse. La forma principal de su penetración pasó a ser la compra del paquete de control de las acciones de los bancos nacionales. En el empleo de tales tácticas se distinguen el Chase Manhattan Bank, Bank of America, Crédit Lyonnais y otros  [41•20 .

p El First National City Bank, controlado por las familias Rockefeller y Stellman, ocupa el primer lugar en EE.UU. por el monto de sus operaciones en el exterior. En 1974, en América Latina (en más de 20 países) actuaban 62 de las 85 filiales que tiene el banco en el extranjero, incluidas varias filiales en Argentina, Brasil, Venezuela, Colombia, México, Panamá y Uruguay.

p El Chase Manhattan Bank, uno de los más grandes del mundo y centro financiero del imprerio petrolero de los Rockefeller, posee filiales en Argentina, Brasil, República Dominicana, Venezuela, México, Panamá, Trinidad y Tobago, así 42 como en las Islas Vírgenes y en las Bahamas. En las décadas de 1960-1970 desplegó intensa actividad en América Latina adquiriendo acciones de bancos locales. El First National Bank of Boston, el Bank of America y otros también poseen múltiples filiales en los países del área. Ño es casual que en la XIV sesión de la CEP AL, en 1971, se haya sometido a discusión especial el problema del capital extranjero en el sistema de las finanzas de América Latina.

p Los bancos de EE.UU., poseedores de colosales recursos financieros, ejercen enorme influencia en la política crediticia de los Estados del continente. En condiciones de aguda escasez de capitales con frecuencia orientan la política inversionista dando preferencia a las subsidiarias de los monopolios de EE.UU. o a las compañías mixtas  [42•21 .

p Los bancos, para facilitar un empréstido o crédito a largo plazo, imponen generalmente como condición el derecho de designar sus representantes en la administración de la compañía que recibe el préstamo. Por eso, la aparición de nuevos miembros en la dirección de una compañía que no son ni accionistas, ni funcionarios de la misma sirve comúnmente de indicio que en ella se ha acentuado el control por parte de unas u otras organizaciones financieras foráneas. Los bancos, con frecuencia, intervienen abiertamente en los asuntos de las firmas latinoamericanas que se enfrentan con dificultades financieras.

p El sistema bancario y financiero representa una de las más ventajosas esferas de aplicación del capital extranjero en la economía latinoamericana, especialmente en los últimos años. Según manifestó a comienzos de 1976 A. W. Clausen, presidente del Bank of America, “las operaciones en el exterior han sido la esfera que creció más aceleradamente en nuestros negocios de los últimos seis o siete años”. Si en 1970 proporcionaban el 19% de todas las ganancias del banco, en 1975 rendían ya el 45%  [42•22 . Cabe señalar que uno de los motivos que posibilitan obtener ganancias a los bancos estadounidenses es la debilidad del sistema crediticio y financiero de los países de América Latina, la escasez de capitales y, como consecuencia, el alto costo de los créditos. Incluso en un país como Argentina, donde el sistema bancario ha 43 cobrado relativo desarrollo, las tasas de interés en el mercado monetario privado alcanzan del 25 al 27%.

Aprovechando los privilegios de que disponen en el mercado monetario y recaudando recursos a bajo interés, los bancos de Estados Unidos tienen la posibilidad de monopolizar la colocación más ventajosa de los medios que acumulan. Sólo en grado mínimo contribuyen a incrementar la producción material, concentrando sus operaciones fundamentales en el financiamiento del comercio exterior y en el movimiento de divisas. El comercio exterior en la mayoría de los países latinoamericanos es financiado casi totalmente por los bancos extranjeros, entre los cuales preponderante papel juega la banca norteamericana.

* * *
 

Notes

[24•11]   Cálculos basados en dalos extraídos de: Statistical Abstrae! of t/ie United States, 1950-1973; Survey of Curren! Business. Washington, 1950-1975.

[29•12]   En 1975 correspondían a América Latina el 98”,, de los recursos mundiales (en los marcos del sistema capitalista) de salitre, el 69% de niobio, el 47”,, de berilio, el 39”,, de plata, el 38”,, de antimonio, el 37”,, de cobre, el 25”,, de estaño, el 24”,, de azufre y molibdeno. el 23”,, de bauxita, el 22% de mineral de hierro, el 21”,, de grafito, el 18”,, de fluorita, el 15”,, de manganeso y alrededor del 10”,, de cinc, plomo, níquel, wolframio, barita, mercurio, platino y tantalio.

[31•13]   Véase Minería, metalurgia, 1973, N 337, p. 28.

[31•14]   Véase Mining Animal Revien; 1975. London, p. 345.

[32•15]   Véase Petroleum Economist, London, 1975, N 4, p. 155.

[34•16]   Véase Comercio exterior, 1974, N 5, p. 443.

[35•17]   Véase Economic Buüetin for Latín America, New York, vol. XVI, 1969, N 2.

[40•18]   V. I. Lenin. El imperialismo, fase superior del capitalismo. O. C., t. 27, p. 325.

[41•19]   Véase Nueva Era, Buenos Aires, 1973, N 6, p. 40.

[41•20]   Véase The Economist para América Latina, Londres, 10.XII.1969.

[42•21]   Véase Edmundo Sánchez Aguilar. México: deuda externa Y operación de la banca americana privada. Boston, 1973.

[42•22]   Véase International Herald Tribune, Paris. 1.III.1976.