E INSEPARABLE DEL PROCESO REVOLUCIONARIO MUNDIAL
p La lucha de los comunistas latinoamericanos por la unidad de la clase obrera, por la creación del frente antimperialista y la realización de la revolución agraria, antimperialista y democrática se encuentra estrechamente ligada con la lucha contra los intentos de la burguesía y sus agentes, el nacionalismo burgués y el oportunismo de derecha y de “ izquierda”, de desvincular, separar las posiciones antimperialistas de los trabajadores de unos u otros países del movimiento liberador en el continente y, a este último, del proceso revolucionario mundial. Defendiendo firmemente los fundamentos básicos del socialismo científico, los partidos comunistas impulsan a nuevos niveles el contenido internacionalista de la brega del proletariado de sus países.
p Los comunistas de América Latina enfocan el movimiento liberador en su vinculación estrecha con el proceso revolucionario mundial, en el que la lucha de clases abre el camino a la conquista de la independencia nacional, lo cual, a su vez, crea la base objetiva para la unidad antimperialista de las fuerzas de liberación, el socialismo mundial y el movimiento obrero internacional. “El combate del pueblo chileno y de los pueblos latinoamericanos —se dice en el programa del Partido Comunista de Chile— forma parte de la contienda contemporánea fundamental: entre el socialismo y el capitalismo" [332•18 .
p En sus empeños por socavar la cohesión de las fuerzas revolucionarias, el imperialismo y la reacción apuestan, ante todo, al nacionalismo. La propaganda imperialista, tomando en consideración el atractivo que las ideas del socialismo ejercen en las masas, llega incluso a hablar de revolución y de socialismo con tal de que se trate de vías “específicas” de revolución y de “modelos nacionales de socialismo”. Con otras palabras, existe un evidente intento de presentar a 333 la teoría marxista-leninista de la revolución socialista, especialmente su internacionalismo proletario, como una “ ideología foránea" o como “utopia” y reemplazarla por una variante “iberoamericana” como una supuesta expresión de antimperialismo, tras del cual se encuentra el afán de rebajar el papel dirigernte de la clase obrera en el proceso de la revolución democrática y antimperialista con vistas a la revolución socialista [333•19 . Estos intentos se expresaron en las concepciones de “marxismo nacional" y “socialismo nacional”, cuyo objetivo principal reside en negar las leyes fundamentales que rigen la transición del capitalismo al socialismo.
p Una de las principales manifestaciones del internacionalismo proletario en la actividad de los partidos comunistas latinoamericanos es su actitud respecto a la Unión Soviética, al partido leninista, a la experiencia del PCUS y de los partidos hermanos de los países socialistas. “Para el Partido Comunista de Colombia —dice Gilberto Vieira— la solidaridad con la Unión Soviética no es un acto accidental o incidental, sino una cuestión de principios. La experiencia nos ha mostrado, que toda posición antisoviética, así se disfrace de ultrarrevolucionaria, termina siempre en el pantano contrarrevolucionario" [333•20 .
p Por eso los partidos comunistas de América Latina desenmascaran resueltamente las teorías nacionalistas y pequeñoburguesas y las concepciones de los “dos imperialismos”, de la división del mundo en países “pobres” y países “ricos”.
p La práctica ha demostrado que esta subversión ideológica reviste neto corte anticomunista. En Paraguay, por ejemplo, los elementos ultraizquierdistas “levirales”, que se separaron del partido pequeñoburgués de los liberales radicales, proclamaron al “comunismo internacional" en su documento programático como “enemigo común del pueblo" y declararon la guerra, no a la dictadura de Stroessner, sino al “ impepialismo marxista”. El objetivo de los “levirales”, como señaló Pedro Vásquez, miembro de la Comisión Política del CC del Partido Comunista Paraguayo, es el de penetrar en la oposición para dividirla [333•21 .
p Los comunistas de América Latina subrayan que los intentos del nacionalismo burgués y de los elementos de 334 ultraizquierda por tergiversar el contenido esencial de la época contemporánea y su contradicción principal, por suplantar su naturaleza clasista mediante controvertidas reflexiones sobre países “pobres” y países “ricos” tienen por objeto sentar una base teórica a la consigna de la “unidad nacional" y un fundamento político para dividir las fuerzas revolucionarias y antimperialistas, fortalecer las posiciones de la burguesía y del imperialismo. Explicando el sentido de esta política de la burguesía, Fidel Castro, Primer Secretario del CC del Partido Comunista de Cuba, dijo: “La política imperialista se comporta de la misma forma en todo el mundo frente a los pueblos que luchan por su liberación. Es por ello que no entendemos la extraña tesis que hace referencia a dos supuestos imperialismos, esgrimida por algunos dirigentes que se consideran parte del Tercer Mundo, pretendiendo semejar a la URSS con Estados Unidos, porque con ello sirven al único y verdadero imperialismo y aislan a sus pueblos. Esta tesis reaccionaria en sí misma y fruto exclusivo de la ideología e intriga de los teóricos burgueses y del imperialismo tiene por objetivo alentar la división y la desconfianza entre las fuerzas revolucionarias a nivel internacional y alejar a los movimientos de liberación de los países socialistas" [334•22 .
p Por eso los comunistas latinoamericanos actúan resueltamente contra toda manifestación de anticomunismo y antisovietismo como uno de los más serios obstáculos en el camino hacia la liberación nacional y el progreso social. Consideran que su solidaridad con el socialismo real es su deber internacionalista y constituye un factor decisivo en el fortalecimiento ideológico y político de las posiciones de la clase obrera y de todas las fuerzas democráticas y antimperialistas en sus países y en la región en conjunto [334•23 . De ahí que los partidos comunistas hayan condenado con firmeza el “eurocomunismo” como un intento de separar a la Unión Soviética y demás países socialistas de otros pueblos de Europa, del movimiento antimperialista y liberador contemporáneo y, de esa manera, debilitarlo, escindir y desorientar las filas del movimiento comunista internacional.
p En el pleno del Comité Central del Partido Comunista de Colombia, celebrado en enero de 1977, Gilberto Vieira subrayó: 335 “Y no hacemos concesiones al enemigo, que nos invita hipócritamente a demostrar nuestra ‘independencia”, según el modelo de lo que llama la prensa burguesa el ‘eurocomunismo”, haciendo eco a las campañas antisoviéticas que se desarrollan continuamente, con cualquier pretexto" [335•24 .
p La práctica de la lucha antimperialista en América Latina confirmó el hecho indiscutible de que ningún movimiento revolucionario tuvo ni podrá tener perspectivas de triunfo en el enfrentamiento al imperialismo aislándose del movimiento obrero mundial y sustentando ideas hostiles al socialismo. Los comunistas de América Latina enarbolan bien alto la bandera del internacionalismo proletario, se manifiestan decididamente por la unidad del movimiento comunista internacional, educan a las masas y a los afiliados en el espíritu de solidaridad fraternal y de respeto hacia el primer Estado socialista del mundo, los otros países del socialismo y los pueblos que bregan por su libertad e independencia. Esta lucha de los partidos comunistas latinoamericanos por la unidad del movimiento comunista internacional y el afianzamiento de los vínculos del movimiento liberador en los países latinoamericanos con el proceso revolucionario mundial, se ha constituido en un factor importante de la lucha general de los pueblos contra los intentos del imperialismo por dividir y debilitar el movimiento revolucionario en la región. Al mismo tiempo, ven en esta unidad una necesidad interna y una ley objetiva del desarrollo del movimiento comunista y obrero. Tal unidad es especialmente imprescindible en nuestrqs días, cuando los comunistas han levantado la consigna de formar un frente común en la contienda contra el imperialismo. Todo éxito en el afianzamiento de la unidad de acción de los comunistas conduce indeclinablemente a fortalecer este frente; por el contrario, incluso las concesiones parciales al nacionalismo y a los actos divisionistas frenan dicho proceso cuyo avance facilita considerablemente el desarrollo de una estrategia ofensiva de las fuerzas revolucionarias contra el imperialismo.
p El internacionalismo proletario de los partidos comunistas latinoamericanos se manifiesta también en su lucha por fortalecer la unidad y la cohesión del movimiento comunista a nivel regional que consideran sumamente importante en la brega antimperialista.
p La unidad del movimiento revolucionario a escala regional 336 es un elemento que emana de condiciones objetivas tales como la estrategia global del imperialismo norteamericano y la comunidad de las tareas revolucionarias que exigen elaborar en América Latina una estrategia conjunta, un enfoque unitario respecto a muchos problemas de la revolución. Por otra parte, uno de los métodos constantes del arsenal ideológico y político utilizado por el imperialismo tiende a acentuar las diferencias de posiciones de las fuerzas revolucionarias, a ampliar esas diferencias especialmente en el ámbito del movimiento comunista. Por eso los partidos comunistas oponen a la ofensiva unificada del imperialismo, el nacionalismo y el oportunismo de derecha y de “izquierda” un frente ideológico único, su internacionalismo y la solidaridad fraterna.
p “Consideramos —subraya Gerónimo Arnedo Alvarez, Secretario General del Partido Comunista de Argentina— que la introducción sucesiva y firme de los principios del internacionalismo en el movimiento revolucionario mundial, el robustecimiento de la unidad de la clase obrera internacional y el reforzamiento de la cohesión de todas las fuerzas antimperialistas son una condición imprescindible de nuestro avance exitoso por el camino que abrió el Gran Octubre" [336•25 .
p Una práctica que contribuye notablemente a reforzar la solidaridad fraternal de los partidos comunistas de América Latina y que ya se ha hecho tradicional es la convocatoria de conferencias continentales y regionales. Suceso relevante en la vida de los jóvenes partidos comunistas y obreros de América Latina fue la Primera Conferencia realizada en 1929 que orientó sus actividades para muchos decenios, sentó las bases que más adelante fueron desarrolladas y enriquecidas para la consolidación ideológica y orgánica de los partidos, para la elaboración de sus programas.
p Esta tradición prosigue con la conferencia de los partidos comunistas latinoamericanos que se celebró en La Habana en 1964 y que examinó los cambios en el continente después del triunfo de la Revolución Cubana, adoptando una serie de importantes resoluciones sobre la solidaridad con Cuba revolucionaria y la lucha conjunta contra la agresión imperialista, sobre el afianzamiento de la unidad del movimiento comunista internacional.
p El encuentro celebrado en 1975 en La Habana fue una brillante manifestación de la unidad de los partidos comunistas 337 del continente y de su espíritu solidario. El significado principal de la Conferencia de los Partidos Comunistas y Obreros de América Latina y del Caribe de 1975 consiste en que logró “avances muy importantes en formulaciones comunes y definiciones teórico-políticas sobre temas estratégicos y tácticos de gran proyección hacia el futuro, además de un ajuste para la acción inmediata contra el enemigo común y fundamental : el imperialismo norteamericano, en base a la promoción de una amplia conjunción antimperialista en todo el continente" [337•26 .
p También se celebran con regularidad conferencias regionales de los partidos comunistas y obreros de los países de América Central, México y Panamá. La VII Conferencia de estos partidos, que se realizó en mayo de 1972, subrayó: “El deber inmediato de nuestros partidos en sus relaciones entre sí, como partes indivisibles de la gran fuerza social que en nuestra época lucha por el socialismo, consiste en encontrar las formas más eficaces para conservar las medidas de solidaridad y ayuda mutua en las luchas que hoy están planteadas" [337•27 . También se destacó la necesidad de la acción solidaria en la lucha contra el enemigo común y de su coordinación en la conferencia regional de los partidos comunistas de Argentina, Brasil, Bolivia, Chile, Paraguay, Perú y Uruguay que tuvo lugar en setiembre de 1971.
p Se realizan también sistemáticamente encuentros bilaterales tendientes a reforzar la colaboración continental y la unidad del movimiento comunista mundial.
p Todo ello es un reflejo del proceso objetivo de crecimiento y desarrollo del movimiento comunista en América Latina. A los esfuerzos mancomunados de los nacionalistas burgueses, del revolucionarismo pequeñoburgués y del maoísmo, los comunistas latinoamericanos oponen su fidelidad al marxismo-leninismo y al internacionalismo proletario, un incansable esfuerzo por salvaguardar su pureza ideológica y llevarlos a las masas trabajadoras, cuya conciencia unitaria y organización definirán el futuro de América Latina.
p La situación en el continente es compleja y cambia con mucha celeridad. Sus elementos son determinados por el incremento de las fuerzas antimperialistas y las maniobras del imperialismo y la reacción encaminadas a frenar el proceso 338 de giro a la izquierda de las masas.
p Los hechos de los últimos tiempos demuestran que los círculos gobernantes de los EE.UU. y sus aliados en los países latinoamericanos, en la lucha que mantienen contra el movimiento antimperialista y de izquierda, además de acudir a la represión directa, utilizan cada vez más diferentes formas de subversión ideológica y política. Semejante cambio en la táctica de la reacción procede de una serie de factores objetivos. La alternativa de una ulterior fascistización e implantación de regímenes militares autoritarios en los países de la región está lejos de satisfacer no sólo a los partidos de izquierda, sino también a los sectores nacionalistas e, incluso, liberales de derecha de las burguesías latinoamericanas, que no pueden dejar de tomar en cuenta que estos regímenes son más propensos a crear situaciones explosivas por la indignación de las masas. Los sectores mencionados consideran que haciéndose eco de los afanes de los pueblos latinoamericanos (aplicación “desde arriba" de algunas reformas sociales y concesión de libertades políticas limitadas) se puede combatir más eficientemente contra la influencia ascendente de los comunistas y el avance del movimiento antimperialista.
p En Washington tienen presente las tendencias señaladas y procuran corregir adecuadamente su política en la región. Los hechos indican que la lucha ideológica vuelve a aparecer otra vez al primer plano en el arsenal de formas y métodos de enfrentar al movimiento antimperialista. El surtido de estos medios y procedimientos es sumamente amplio y está dirigido, ante todo, contra los partidos comunistas. El imperialismo y la reacción, al ver frustradas sus esperanzas de escindir los partidos comunistas latinoamericanos con ayuda del maoísmo y de los elementos ultraizquierdistas, ponen en práctica nuevas formas de acción. Aunque el antisovietismo sigue siendo el arma principal de la reacción, sus métodos se han hecho más refinados y encubiertos. Ahora la propaganda enemiga ya no habla de la “mano de Moscú”, pero se esfuerza por contraponer unos partidos comunistas a otros, sembrar la división y la desconfianza estimulando la “ independencia”, la “autonomía”, etc.
p Por otra parte, procura insistentemente difundir en las filas del movimiento revolucionario la idea de la inevitabilidad del avance del fascismo y de la reacción en América Latina. Con esto persigue dos objetivos: primero, atemorizar 339 a las fuerzas revolucionarias y democráticas incitándolas a restringir sus luchas ante el peligro de una derrota completa; segundo, separar la brega contra el fascismo de la lucha antimperialista y, de esa manera, estrechar las tareas del movimiento liberador y su base social.
p Los comunistas subrayan resueltamente y explican a las masas que el desarrollo de la situación en la región depende no sólo de cuál de las dos tendencias (represión directa o maniobra social) predominará en la política de EE.UU. y de las clases dominantes latinoamericanas. Más importancia aún adquiere la movilización de todas las fuerzas democráticas, antimperialistas y antifascistas en la pugna contra un desplazamiento de la situación hacia la derecha. La lid contra el peligro fascista en América Latina en la etapa actual debe enfocarse como parte integral e inseparable de la lucha antimperialista, contra la ofensiva de la reacción y en defensa de la democracia y la independencia nacional, por cuanto sólo este enfoque de las tareas permitirá crear sólidas premisas para unificar fuerzas heterogéneas sobre la base del programa de la revolución antimperialista.
Al mismo tiempo, según opinan los comunistas, se plantea con más fuerza aún la tarea de la lucha ideológica, del esclarecimiento ideológico y político de las masas. Todo ello debe contribuir a resolver la tarea principal de la presente etapa: la creación de amplias alianzas y frentes antimperialistas y democráticos que agrupen a todos los partidarios de transformaciones profundas, a fin de establecer la correlación de fuerzas que garantice la posibilidad de estas transformaciones.
Notes
[332•18] Programa del Partido Comunista de Chile. Santiago de Chile, 1969. p. 13.
[333•19] Cuadernos de cultura, Buenos Aires, 1973, N 37, pp. 27-28.
[333•20] Documentos políticos, Bogotá, 1970, N 88, p. 2.
[333•21] Véase Revista Internacional, Praga, 1975, N 6, p. 26.
[334•22] Grartma, 28.VII. 1973.
[334•23] Véase O. Ghioldi. Reflexiones originadas por un libro de Santiago Carrillo, Buenos Aires, 1977^ p. 14.
[335•24] Voz Proletaria, Bogotá, 1977, enero 27. Suplemento.
[336•25] Revista Internacional, Praga, 1974, N 11, p. 19.
[337•26] Revista Internacional, Praga, N 2, 1976, p. 36.
[337•27] Libertad, San José, 10.VI.1972, p. 6.