DE LA REVOLUCIÓN EN AMERICA LATINA
p Los comunistas fueron los primeros que, fundándose en la enseñanza leninista acerca del imperialismo, revelaron profunda y ampliamente el carácter de la penetración imperealista en América Latina, su papel en la vida económica, política y social de las naciones latinoamericanas, la esencia de los vínculos de los círculos imperialistas con la oligarquía latifundista y el gran capital local, cuyos intereses se entrelazan estrechamente con los intereses de los círculos imperialistas de EE.UU.
p En la nueva situación, en las condiciones de la tercera etapa de la crisis general del capitalismo, los partidos comunistas y obreros de América Latina definieron científicamente y dilucidaron la envergadura y profundidad de la crisis estructural que afecta a sus países. Rodney Arismendi, primer secretario del Partido Comunista del Uruguay, calificó a esta crisis como “una situación en que, objetivamente, maduran o ya maduraron las premisas revolucionarias, en que se producen conmociones políticas y sociales reiteradas, en que se estrecha la base social e ideológica de dominación de las clases dominantes y el imperialismo, en que las panaceas reformistas se marchitan rápidamente, en que nuevas capas sociales ensanchan el campo de la revolución, en que la inestabilidad política cuyas bases materiales están en la 316 profundización de la crisis económico-social— se vuelve un clima habitual; integran este clima las tendencias antidemocráticas en las clases dominantes —y su fruta podrida, el gorilaje frecuente— y el ascenso de las luchas obreras y populares" [316•1 .
p Revelando las causas que condicionan la intensificación de la lucha liberadora en la región, los comunistas latinoamericanos señalan que ella es consecuencia de la situación creada en el continente y un reflejo de la correlación de fuerzas políticas existente. En los países de la zona avanza un proceso, aunque paulatino y no recto, pero sí constante, de cambio en la correlación de fuerzas a favor del movimiento revolucionario y liberador.
p La opresión de los monopolios extranjeros en todas las esferas de la vida social de los países latinoamericanos hizo crecer los ánimos antimperialistas en amplias capas de la población. América Latina tiende a transformarse en ancho escenario de la lucha antimperialista en la que las masas populares se pronuncian contra la dominación por los monopolios y exigen la satisfacción de sus demandas vitales. En esta lucha participan no sólo la clase obrera y el campesinado trabajador, sino también nutridas masas estudiantiles y de las capas medias, incluso sectores militares y de la iglesia, entre los que va tomando cuerpo la conciencia de que es necesario liberarse definitivamente del imperialismo. El giro de las masas hacia la izquierda provocó también una crisis en el nacional-reformismo tradicional, la escisión en muchos partidos tradicionales burgueses y pequeñoburgueses en los que surgieron y van desarrollándose corrientes renovadoras que reflejan la nueva situación creada en América Latina.
p El ensanchamiento de la base social del movimiento antimperialista y la incorporación de masas cada vez más grandes a la lucha provocaron zozobra en el imperialismo. Este intenta frenar el proceso tanto mediante el aplastamiento del movimiento antimperialista (golpes militares en Brasil, Bolivia, Uruguay y Chile) como socavándolo desde dentro.
p La táctica de fomentar la escisión en las filas de la izquierda latinoamericana ocupa lugar destacado en la estrategia global del imperialismo. Con tal objeto se estimula la promoción y difusión de diferentes teorías burguesas y 317 pequeñoburguesas adversas al socialismo científico y a la concepción revolucionaria de la lucha antimperialista. Estos empeños del imperialismo son facilitados también por una serie de factores subjetivos. En particular, el ensanchamiento de la base social del movimiento antimperialista crea determinadas premisas tanto para la proliferación del oportunismo de derecha, que se expresa principalmente en el desconcierto ante la ofensiva del imperialismo y la reacción en algunos países y en la pérdida de la perspectiva revolucionaria, como en la difusión del ultraizquierdismo, mezcla de impaciencia y subjetivismo en la apreciación de la situación verdadera. Este sector de las fuerzas revolucionarias, en respuesta a la ofensiva de la reacción en algunos países, exhorta a la lucha general armada de los pueblos del continente sin tomar en consideración la situación concreta de cada país.
p El imperialismo y la oligarquía latinoamericana aprovechan este factor para unificar a todas las corrientes oportunistas de “izquierda” y de derecha sobre una plataforma anticomunista, a fin de no permitir que siga creciendo la influencia de las ideas del socialismo científico y se vaya fortaleciendo el movimiento antimperialista.
p En estas condiciones el imperialismo encuentra un aliado natural en la burguesía gobernante de las naciones latinoamericanas.
p La burguesía latinoamericana, experta y consciente de la inevitabilidad del ascenso de las tendencias liberadoras en sus países e interesada, en cierto grado, ella misma en esto, procura encauzar el movimiento antimperialista en determinados márgenes, limitarlo al contenido y las formas que le resultan convenientes. Con ese objeto sus ideólogos se esfuerzan en inculcar a las masas la idea de que la contradicción principal no hay que buscarla dentro del país, sino en la contradicción entre las naciones latinoamericanas y el imperialismo.
p Los partidos comunistas de América Latina rebaten enérgicamente las afirmaciones de los teóricos burgueses en el sentido de que el filo de la lucha debe ser dirigido sólo contra los monopolios extranjeros en aras de la “conciliación de clases" y la “unidad nacional" y argumentaron científicamente la justeza de las conclusiones leninistas de que los objetivos de la lucha liberadora se entrelazan estrechamente con las tareas de transformación social en cada país. La vinculación y el entrelazamiento de las tareas de la lucha 318 antimperialista con la lucha de clases se explica, como señalan los comunistas de América Latina, por la incorporación del capital extranjero a la estructura de los países del continente, lo cual hace más agudas aún las contradicciones de la sociedad latinoamericana.
p Al defender el contenido democrático-revolucionario de la lucha antimperialista en sus países en la etapa actual, los partidos comunistas de la región intervienen decididamente contra los intentos de la burguesía de reducirlo todo a la lucha por la liberación económica. La necesidad se superar el atraso económico no constituye una particularidad específica latinoamericana. Desde el punto de vista del proceso revolucionario mundial y continental ella se entrelaza con la lucha de clases.
p “Los obreros, campesinos y demás trabajadores de América Latina —se dice en la Declaración de la Conferencia de los Partidos Comunistas y Obreros de América Latina y del Caribe (1975)— no encontrarán solución a los problemas del desempleo, la miseria, los bajos salarios, la incultura, la carencia de tierras y la desigualdad social sólo con eliminar la explotación .extranjera de sus países. Esos problemas empezarán a resolverse definitivamente con la eliminación de la explotación por los latifundistas y burgueses, que se hace aún más aguda cuando tales países tienen que competir en condiciones desventajosas con los productos de las casi omnipotentes corporaciones imperialistas que dominan el mercado mundial capitalista" [318•2 .
p En su actividad teórica y actuación cotidiana los marxistas-leninistas latinoamericanos explican que la dominación imperialista no sólo afecta los sentimientos nacionales de los pueblos del continente, sino que constituye uno de los elementen fundamentales de la crisis estructural que atraviesan estos pueblos, la causa de la deformación de su economía, de su carácter unilateral. Una expresión manifiesta de esa crisis son el enorme y cada vez más grande nivel de desempleo, los bajos ingresos, la creciente miseria de las masas trabajadoras. Como señala Rodney Arismendi, el imperialismo para las naciones latinoamericanas no sólo es un problema externo, sino también un problema de relaciones de producción.
319p Con otras palabras, la opresión del imperialismo en el plano social se manifiesta principalmente en la contradicción entre los trabajadores del campo y de la ciudad, por una parte, y los monopolios extranjeros y el gran capital local, por la otra. Por eso la lucha de los pueblos latinoamericanos por su liberación y contra el imperialismo “está inseparablemente unida al desarrollo de la lucha de clases del proletariado por sus intereses y los de todos los trabajadores y a su capacidad para unir en esta lucha, alrededor de un programa democrático y antimperialista, a los sectores que sufren la discriminación del imperialismo y de sus socios nacionales, los latifundistas y grandes capitalistas" [319•3 .
p Los comunistas latinoamericanos se ven obligados a luchar también contra las concepciones “ultraizquierdistas” acerca del contenido del movimiento antimperialista en América Latina en la etapa actual.
p Estrechando filas con la derecha en la ideología del anticomunismo y el antisovietismo, los ultraizquierdistas también en la política y en la práctica ayudan al imperialismo y a la reacción latinoamericana en su lucha contra el movimiento antimperialista al facilitar su desorientación y escisión. Como indicara el XI Congreso del Partido Comunista de Colombia, los adeptos de la ultraizquierda y prosélitos del maoísmo en América Latina se despeñaron a las mismas posiciones de la “conciliación de clases" y “unidad nacional" en la lucha antimperialista que sustentan los ideólogos de la burguesía [319•4 .
p La tarea, como la entienden los comunistas latinoamericanos, reside, sin embargo, no sólo en criticar las concepciones y teorías burguesas y pequeñoburguesas, sino en elaborar positivamente también los problemas cardinales de la realidad nacional y trazar las vías revolucionarias para salir de la crisis estructural en que estos países se debaten.
p Fundándose en la ciencia marxista-leninista y en el estudio profundo y multifacético de la realidad nacional, los partidos comunistas de América Latina definieron tanto las perspectivas del desarrollo socioeconómico y político de sus países, como las vías para salir de la crisis estructural, 320 consecuencia de la dominación del imperialismo y de la oligarquía local.
p Los partidos comunistas latinoamericanos en sus documentos programáticos han establecido que la revolución proletaria, la construcción del socialismo y del comunismo constituyen su objetivo final. En el programa del Partido Comunista de la Argentina se indica: “La historia avanza así, inexorablemente, hacia la realización del ideal de la sociedad comunista sin clases y sin coerción estatal. Pero el logro de ese objetivo obliga a atravesar por la etapa socialista de transición, caracterizada por el poder del proletariado, capaz de aplastar la resistencia de las clases explotadoras derrotadas y establecer por lo mismo, mediante su dictadura, una democracia socialista infinitamente superior a la democracia burguesa más desarrollada" [320•5 .
p El hecho de que los comunistas latinoamericanos proclaman la construcción del socialismo como meta final no significa en modo alguno que exhorten a la revolución socialista inmediata. Consideran y explican sin cesar que en las condiciones del actual desarrollo de los países latinoamericanos la primera etapa es la de la revolución democrática y antimperialista y la realización de sus tareas prepara el terreno para la etapa socialista.
p El programa de la revolución democrática, agraria y antimperialista, trazado por los comunistas latinoamericanos, se ha hecho patrimonio de deversas fuerzas políticas del continente, encontró amplio apoyo en la clase obrera y los trabajadores en general y elevó a un nuevo nivel el papel de avanzada que desempeñan los partidos comunistas en el movimiento liberador.
p El contenido antimperialista y democrático de la revolución latinoamericana no altera la correlación entre las fuerzas motrices y dirigentes en el proceso de esta revolución. La clase obrera sigue siendo la principal fuerza motriz y dirigente de la revolución democrática y antimperialista en los países de América Latina.
p Por eso el objetivo político principal de todos los partidos y corrientes burgueses y pequeñoburgueses estriba en aislar a la clase obrera y a su partido del movimiento antimperialista y, por medio del copamiento de su dirección, 321 orientarlo por un camino conveniente a la burguesía. Los ideólogos burgueses declaran abiertamente que la burguesía radical, y no la clase obrera, es la que debe encabezar los procesos antimperialistas en sus países. Como señalaba el Secretario General del Partido Comunista de la Argentina, Gerónimo Arnedo Alvarez, uno de los objetivos de las fuerzas de derecha y del imperialismo es el de “reducir al mínimo el papel independiente de la clase obrera y tratar de utilizarla a su favor. Persiguen el objetivo de evitar la movilización y participación activa de las masas en el proceso político y trabajan desesperadamente por impedir la constitución o desarrollo de una verdadera conjunción de fuerzas democráticas antimperialistas" [321•6 .
p Presentando la etapa actual de desarrollo de América Latina como un largo proceso de democratización cuyo rasgo característico sería “un antimperialismo casi químicamente puro" [321•7 , el nacionalismo de derecha persigue un fin definido: confirmar, levantando la bandera de la “unidad nacional”, el papel rector de la burguesía en el movimiento liberador, diluir a la clase obrera en organizaciones supraclasistas bajo su dirección, enajenar su independencia de clase y obligarla a marchar a la zaga de su politica. Los “izquierdistas” y adictos del maoísmo, a su vez, con sus razonamientos acerca del “aburguesamiento” de la clase obrera, sus intentos de contraponer la ciudad al campo y la clase obrera al campesinado y a otras capas laboriosas presentan a la pequeña burguesía en calidad de fuerza motriz y dirigente principal del movimiento revolucionario y liberador en el continente.
p Desenmascarando la intención política de las formulaciones teóricas de los ideólogos de derecha y de “izquierda”, los comunistas latinoamericanos reafirman enérgicamente la conclusión marxista-leninista del papel dirigente de la clase obrera en los procesos liberadores de la contemporaneidad.
p La lucha antimperialista y la conquista de la independencia definitiva hacen posible y necesaria la participación activa en la revolución agraria, democrática y antimperialista de las más amplias capas sociales interesadas en poner fin a la opresión de los monopolios extranjeros y de la oligarquía local burgués-terrateniente estrechamente vinculada con 322 los intereses imperialistas. En la pugna contra estos enemigos principales, que constituyen insignificante minoría, debe y puede unirse la mayoría absoluta de los pueblos latinoamericanos, comprendidos la clase obrera, el campesinado, las capas medias y algunos sectores de la llamada burguesía nacional interesada en conquistar la independencia y en el progreso de sus pueblos. La supremacía numérica, la importancia social y política del proletariado, de las capas más avanzadas del estudiantado y de la intelectualidad, de las capas menos pudientes del campesinado que participan en la revolución agraria, democrática y antimperialista confiere a ésta amplio carácter popular.
p La creación del frente democrático popular como ejército político de la revolución agraria, democrática y antimperialista y la realización de las tareas y los objetivos de esta revolución resultan imposibles sin la participación y el papel dirigente de la clase obrera a la cabeza de todas las fuerzas políticas y sociales, que en una u otra forma actúan contra el imperialismo y la oligarquía. Este papel del proletariado emana, ante todo, del hecho de que es la única clase consecuentemente revolucionaria, portadora de la ideología de vanguardia. La historia del desarrollo socioeconómico y político de América Latina ha demostrado que los intentos de la burguesía, de sus partidos y los partidos pequeñoburgueses de resolver la contradicción principal mediante el reformismo clásico no tuvieron éxito. Proclive a las concepciones y alianzas con el imperialismo y la reacción interna, la burguesía no puede encabezar la lucha antimperialista y antioligárquica. Esto promueve aún más a la clase obrera y a su partido a la avanzada de la lucha.
p “La experiencia chilena —se recalca en el documento final de la Conferencia de los Partidos Comunistas de América Latina y del Caribe—, ante todo confirma la validez de la concepción marxista-leninista acerca de que las viejas clases no abandonan voluntariamente el poder. Al revés, lo defienden con uñas y dientes. Del mismo modo, ella confirma el papel dirigente de la clase obrera y la necesidad de evitar su aislamiento en el empeño de transformación social" [322•8 .
p Precisamente la clase obrera, gracias a su posición en la sociedad latinoamericana (predominancia en la esfera 323 productiva en unos países, nivel organizativo y grado de concentración en otros), asi como al hecho de que es el impulsor más activo de la unidad del pueblo, organizador e inspirador de las masas en la lucha contra el imperialismo, representa la fuerza motriz y dirigente principal del movimiento antimperialista. Bregando por sus intereses de clase, se manifiesta también como el defensor más consecuente de los intereses de todas las naciones que sufren la opresión del imperialismo y las oligarquías nativas.
p El papel dirigente de la clase obrera en el movimiento antimperialista de América Latina emana también de su cuantía, su peso en la producción social, su vinculación con las masas, su organización. Por otra parte, tiene acumulada una rica experiencia de lucha clasista y política, refuerza constantemente sus organizaciones y vínculos con las masas trabajadoras.
p En América Latina de hoy día el papel dirigente del proletariado en la lucha liberadora es una resultante también del estrecho entrelazamiento de las tareas de liberación nacional y social, del carácter ininterrumpible del proceso de transición de la revolución antimperialista a la revolución socialista. Las garantías, particularidades y rjtmos de la transición al socialismo dependen, en lo esencial, del papel que jugará la clase obrera, de su capacidad de organizar y conducir todas las demás fuerzas que participen en el procesó revolucionario.
p La necesidad de que la clase obrera guíe la lucha liberadora en América Latina se debe también a que, debido a la dialéctica del movimiento antimperialista mismo, a él se incorporan, junto con las amplias masas populares, sectores de la burguesía nacional, la cual, a medida que la lucha de clases interna va recrudeciéndose y en razón de su carácter dual, tiende a pactar con el imperialismo y las fuerzas de la reacción interna. La experiencia de la Revolución Cubana, los sucesos de Chile, Uruguay y otros países han confirmado que la burguesía nacional no puede ejercer la hegemonía en la revolución liberadora.
p Al mismo tiempo, el proletariado es revolucionario en la medida en que es consciente de su misión histórica, de fuerza hegemónica de la revolución y la desempeña en la práctica. Esta conciencia no surge espontáneamente, sino que es resultado de un proceso prolongado y complejo y de la incansable lucha ideológica de los partidos comunistas por liberar 324 a las masas de la influencia de las ideas nacionalistas burguesas que niegan directamente el papel de la clase obrera como fuerza capaz de liberarse a sí misma y liberar a toda la sociedad.
p La lucha decidida e irreconciliable contra el nacionalismo burgués, contra el oportunismo de derecha y de “izquierda” en el movimiento antimperialista de América Latina adquiere ahora especial importancia en vista de la necesidad de que el proletariado conquiste la hegemonía en los procesos de liberación en esos países. La condición fundamental e imprescindible para ello es que la clase obrera se libre de la influencia de la burguesía, que se ponga fin a la escisión en el movimiento obrero para unificarlo sobre una base clasista. La eliminación de la influencia burguesa en las masas trabajadoras guarda estrecha relación con la lucha por la unidad del movimiento obrero, puesto que la escisión, la creación de sindicatos paralelos es el método empleado con más frecuencia por la burguesía en los países latinoamericanos para debilitar ese movimiento y afianzar sus propias posiciones.
p El dinámico giro a la izquierda y la creciente tendencia a la unidad de acción que se manifiestan en el ámbito de las fuerzas revolucionarias y antimperialistas crean condiciones favorables para fortalecer la unidad obrera. En el curso de las luchas democráticas, de liberación nacional y socialistas —se indica en las tesis políticas del PC de la Argentina, preparadas para su XIV Congreso— se ha confirmado que la clase obrera es la fuerza dinámica fundamental de la época contemporánea... La lucha de clases, lejos de haber cedido su lugar a la “conciliación de clases" que preconizan los nacionalistas burgueses y pequeñoburgueses, ha cobrado mayor envergadura [324•9 . Más aún en las condiciones que presentan los países de América Latina de agudización de las contradicciones de clase y de los conflictos sociales, de incorporación activa a la vida política de amplias capas de la población, el incremento del papel del proletariado es un proceso lógico y natural.
p La cohesión y el desarrollo del movimiento antimperialista en el continente no pueden ser posibles sin afianzar el papel de vanguardia de la clase obrera y de sus partidos 325 como los más consecuentes luchadores contra la dominación por los monopolios extranjeros y la oligarquía local proimperialista.
p De allí, no es casualidad alguna que los ideólogos y políticos de la burguesía, guiados por su afán de apoderarse de la dirección del proceso antimperialista y de restringir este último al marco que más conviene a la burguesía latinoamericana, orientan todos sus esfuerzos, sobre todo, contra la teoría revolucionaria del proletariado y del movimiento comunista. Como subrayara el Secretario General del CC del Partido Comunista Brasileño, Luis Carlos Prestes, nada puede haber más peligroso que subestimar el papel del partido marxista-leninista de la clase obrera en el movimiento de liberación nacional de los pueblos de América Latina y los intentos de dividir este movimiento bajo el pretexto de acelerar el movimiento revolucionario.
p El fortalecimiento de las posiciones de la clase trabajadora en el continente no significa en modo alguno negar las posibilidades potenciales y el papel de la democracia revolucionaria y del ánimo antimperialista de la pequeña burguesía en la lucha liberadora de los pueblos latinoamericanos.
p Los partidos comunistas de América Latina tienen plena conciencia de que no sólo es necesario oponerse con tesis teóricas incuestionablemente justas a las ideas burguesas y pequeñoburguesas que tienden a escindir el movimiento revolucionario y antimperialista, sino también desarrollar en la práctica la línea política apropiada y hacer que las masas comprendan la justeza y necesidad de tal política.
p Frente a la estrategia unida del imperialismo de EE.UU. y de la oligarquía local, orientada a dividir el movimiento antimperialista, los partidos comunistas aplican su estrategia unitaria para coordinar la acción de todos los sectores que en una u otra medida están interesados en la derrota del imperialismo, en poner coto al poder de los monopolios, sobre todo norteamericanos, y en mancomunar todas las fuerzas antimperialistas en base a un programa conjuntamente elaborado y a la creación y al afianzamiento de un sólido frente nacional capaz de combatir por la verdadera liberación. En contra de lo que sostienen los ultraizquierdistas, la unidad popular, como mostraron los comunistas, nada tiene de común con la conciliación de clases. Por el contrario, la unidad popular sitúa al proletariado en la vanguardia de la lucha liberadora, facilita la unificación de las acciones 326 de todas las fuerzas antimperialistas en la tarea de derrotar al enemigo principal y realizar la revolución democrática y antimperialista con vistas al socialismo.
p En los programas y documentos políticos de los partidos comunistas están formulados en sus rasgos generales dos objetivos y las tareas de la lucha antimperialista conjunta. Los comunistas se manifiestan por un frente único con todas las fuerzas progresistas, patrióticas y democráticas (tanto a escala nacional, como continental), interesadas en la lucha común contra el imperialismo, en la defensa de la soberanía, la integridad territorial y el derecho de cada pueblo a la autodeterminación.
p La solución de las múltiples tareas de la revolución agraria, democrática y antimperialista, trazadas por los comunistas latinoamericanos y que hoy se transforman en causa de todos los pueblos y masas trabajadoras del continente, dependerá del grado de cohesión de todas las fuerzas que intervienen por la verdadera independencia y la realización de transformaciones socioeconómicas profundas.
p Los comunistas consideran que en la formación de ese frente gran papel cabe a la democracia revolucionaria. Más aún, los marxistas-leninistas latinoamericanos recalcan que lo más importante en la alianza entre el proletariado y las masas no proletarias, la cual constituye la mejor garantía para la creación de un sólido y combativo frente único, es “el entendimiento entre los revolucionarios provenientes de proletariado y los revolucionarios provenientes de la pequeña burguesía" [326•10 .
p Ejemplo histórico de bloque conjunto entre el proletariado y los nacionalistas pequeñoburgueses fue la Liga Antimperialista de las Américas (1925). Hoy la importancia de una actitud diferenciadora de los comunistas respecto a los nacionalistas pequeñoburgueses aumenta por la razón de que una parte de las fuerzas revolucionarias utiliza consignas nacionalistas como sinónimo de antimperialismo, confiriéndole a este concepto un contenido revolucionario.
p En modo alguno se puede decir que todas las corrientes nacionalistas en América Latina son anticomunistas. El entrelazamiento de las contradicciones sociales y de contenido nacional, el peso de las tareas nacionales generales en la lucha antimperialista hacen que en las corrientes nacionalistas 327 de los países del continente surjan tendencias democráticas y antimperialistas. “Y tenemos bien presente —señalan los comunistas argentinos— que existen sectores civiles y militares que han sido alimentados por corrientes nacionalistas de distinto signo y que hoy, bajo la influencia de los hechos y del ejemplo que brindan pueblos hermanos, avanzan hacia el patriotismo auténtico. Por eso corresponde tenderles la mano, acercarlos y buscar una plataforma de combate antimperialista para actuar juntos contra enemigo del pueblo y de la Nación, contra el imperialismo yanqui y la oligarquía latifundista-ganadera" [327•11 .
p Por otra parte, defendiendo resueltamente el papel rector del proletariado en la lucha liberadora de sus pueblos, los partidos comunistas y obreros de América Latina hacen una apreciación realista de la situación de algunos destacamentos de la clase trabajadora. En los programas y documentos políticos de los partidos comunistas se señala que el grado de organización, de unidad y nivel de conciencia política de la clase obrera en algunos países del continente todavía no le permite a ésta ocupar el papel dirigente en el movimiento liberador. Avanza un proceso de acumulación de reservas, de luchas por convertir al proletariado en la fuerza hegemónica del movimiento revolucionario y liberador.
p Tomando en cuenta el nivel del movimiento obrero en el continente y la presente correlación de fuerzas de clase y políticas en el mundo, los partidos comunistas de América Latina admiten la posibilidad de que en algunos países, donde el proletariado por su escaso número, nivel de organización y de conciencia clasista no maduró para desempeñar el papel dirigente, la democracia revolucionaria, en alianza con la clase obrera, dirija el proceso liberador.
p “No se pueden despreciar —escribe Luis Corvalán— las posibilidades que ofrecen amplios sectores de la pequeña burguesía rural y urbana. Por lo visto, la burguesía latinoamericana ya no es capaz de encabezar los procesos revolucionarios, aunque sí, algunos sectores de esta clase social pueden participar en ellos. La pequeña burguesía, en cambio, tiene un amplio campo para actuar como fuerza revolucionaria y ocupar incluso un papel dirigente en los países en que el 328 proletariado es relativamente débil en el orden numérico o en el aspecto político" [328•12 .
p Como mostró la experiencia de la Revolución Cubana, la profundidad y consecuencia de las medidas liberadoras dependen, en este caso, de la rapidez y grado del acercamiento que se produzca entre la democracia revolucionaria y el movimiento obrero, en que aquélla avance a las posiciones del socialismo científico.
p La necesidad de la alianza de todas las fuerzas antimperialistas y patrióticas está condicionada por la naturaleza y el contenido de la primera etapa de la revolución agraria, democrática y antimperialista que puede ser recorrida a través de la creación irrenunciable de un frente antimperialista y democrático único. “Sólo un frente de esa naturaleza y composición social, al que nosotros llamamos frente democrático nacional, o centro coordinador en su primera etapa —subraya Fernando Nadra, miembro del Comité Ejecutivo del CC del PC de la Argentina—, puede dirigir la lucha y garantizar la victoria sobre el imperialismo, los terratenientes y la reacción nacional. Esto es lo que no comprenden los seudomarxistas que, en definitiva, con su extremismo y su afán de quemar etapas llevan agua al molino de nuestros enemigos de clase" [328•13 .
p Defendiendo la necesidad objetiva de la alianza de todas las fuerzas antimperialistas y democráticas en la lucha contra el imperialismo y la base objetiva de tal unidad, los comunistas latinoamericanos, a la vez, no cierran los ojos ante las dificultades del proceso de unificación del movimiento antimperialista. “La corriente revolucionaria que emerge de la pequeña burguesía —subrayó Luis Corvalán— suele subestimar al proletariado y a los partidos comunistas, es más permeable al nacionalismo, al aventurerismo, al terrorismo y a veces incurre en actitudes anticomunistas y antisoviéticas" [328•14 .
p Los partidos comunistas del continente consideran, por ello, que su tarea reside en impulsar el acercamiento con la democracia revolucionaria, en elaborar una línea colectiva sobre la base de la comunidad de intereses en la lucha antimperialista. Cabe notar que los comunistas no limitan la cooperación entre el proletariado y la democracia 329 revolucionaria únicamente al plazo del primer período de la revolución democrática y antimperialista, sino que expresan el propósito de contar con su colaboración indefinida [329•15 .
p Los comunistas orientan sus esfuerzos en la lucha por la formación de coaliciones amplias, ante todo, a la tarea de arrancar a las masas, apoyándose en el proceso de radicalización de éstas y su recio giro a la izquierda, de la influencia ideológica y política del nacionalismo burgués y consolidar la vanguardia de las fuerzas antimperialistas [329•16 .
p Los partidos comunistas y obreros de América Latina no sólo combaten resueltamente las concepciones teóricas burguesas y pequeñoburguesas y desenmascaran su inconsistencia y filo político, sino desarrollan también una intensa actividad práctica de formación de los frentes nacionales, democráticos y antimperialistas, de esclarecimiento de las masas trabajadoras y de lucha por librarlas de la influencia de la burguesía y su ideología.
p Los comunistas consideran que únicamente a través de la participación en todos los tipos de trabajo de masas pueden darle la orientación correcta que necesita, ayudar a vencer las tendencias nacionalistas burguesas, ultraizquierdistas y anarquistas. Explicando esta tarea, el Secretario General del CC del Partido Comunista de Colombia, Gilberto Vieira, en el XII Congreso del partido (1975) dijo:
p “Sólo trabajando sistemáticamente en el movimiento de masas podrán los comunistas enfrentarse adecuada y eficazmente a las tendencias oportunistas de derecha, que se expresan en el mantenimiento de limitadas posiciones economistas y en ilusiones en el gobierno de López Michelsen, así como también a las tendencias oportunistas de “izquierda”, en sus diversas variantes anárquicas y aventureras, que frecuentemente facilitan las provocaciones que monta el enemigo de la clase para golpear y desorganizar el movimiento obrero y popular" [329•17 .
p La aparición de condiciones objetivas y subjetivas más favorables, así como la táctica flexible y consecuente de los comunistas orientada a la unidad y la formación de amplias alianzas de clases hicieron posible la estructuración, en 330 varios países latinoamericanos, de agrupaciones y coaliciones antimperialistas y democráticas que pasaron a constituir una base real para la creación de amplios frentes únicos (en Chile, Uruguay, Argentina, Colombia, Venezuela, El Salvador). Considerando la división aún existente entre las fuerzas democráticas y revolucionarias, el hecho mismo del surgimiento de estos frentes fue importante paso para ensanchar y profundizar el movimiento antimperialista.
p Las actividades del Frente Amplio en Uruguay, del Encuentro Nacional de los argentinos en Argentina, de la Unión Nacional de Oposición en Colombia, de la Unidad Popular en Ecuador y de Fuerza Nueva en Venezuela constituyen una importante etapa en la lucha de los comunistas latinoamericanos por constituir frentes nacionales democráticos amplios. Agrupando a diversos sectores patrióticos en los respectivos países, contribuyen a que la democracia revolucionaria vaya adoptando posiciones consecuentemente antimperialistas.
p Los marxistas-leninistas latinoamericanos, a fin de reforzar las tendencias antimperialistas en las capas no proletarias de la población y el movimiento antimperialista en su conjunto, educan a las masas a través de su propia experiencia de lucha antimperialista, promueven consignas concretas (como por ejemplo, sobre la defensa del patrimonio nacional, la restricción de las actividades de los monopolios extranjeros, etc.) y, en base a ellas, impulsan la cohesión de todas las fuerzas sanas nacionales en la pugna contra el imperialismo.
p Son notables también los éxitos en el ensanchamiento de los vínculos de los comunistas con la clase obrera, en la organización del movimiento obrero y en el fortalecimiento de su unidad.
p Todo ello es testimonio del incremento del nivel teórico, político, ideológico y organizativo de las acciones de los partidos comunistas latinoamericanos, contribuye a afianzar su prestigio y su influencia. Con otras palabras, los partidos comunistas de América Latina buscan insistentemente las vías apropiadas de acceso a la revolución, de acceso de las masas a ella y, con tal objeto y sin dejar de lado las tareas fundamentales de la lucha del proletariado, promueven consignas intermedias de lucha por la democratización de la vida política, por la aplicación de una política exterior independiente, por la defensa de las riquezas naturales y contra su explotación rapaz por los monopolios. Esto robustece aún más el movimiento antimperialista, 331 ensanchándolo geográfica y socialmente: al proceso se incorporan no sólo las organizaciones de izquierda, sino también los círculos dirigentes de algunos países latinoamericanos que se ven obligados a tomar en consideración los ánimos antimperialistas de amplias masas populares.
p Independientemente de coyunturas políticas circunstanciales y temporales, de los flujos y reflujos del movimiento revolucionario, América Latina vive un periodo de ascenso general revolucionario, lo cual, a su vez. provocó la crisis de la política del imperialismo yanqui en la región, un estrechamiento de la base social de su dominación. Para detener la ola revolucionaria, el imperialismo acude a métodos fascistas. El imperialismo de EE.UU. convirtió a las dictaduras fascistas en arma de su política neocolonialista en América Latina.
p Entre los sectores del complejo militar-industrial de EE.UU. y la parte más reaccionaria de la burguesía proimperialista latinoamericana sigue la tendencia a intensificar la represión, al aplastamiento directo del movimiento antimperialista y la implantación de regímenes militares dictatoriales. Como adversarios furiosos de la distensión en el mundo, estos sectores también dentro de los países de América Latina se manifiestan por una “guerra permanente" contra sus propios pueblos. Con ese objeto se emplea todo, incluidos el terrorismo de derecha y el de “izquierda” que sirve a los objetivos de la reacción de desestabilizar la situación interna en algunos países y crear las condiciones para los golpes fascistas.
p Ante el incremento del peligro fascista en la región, un significado primordial asume la tarea que se plantea a los partidos comunistas y todas las fuerzas progresistas de impulsar la lucha contra el fascismo y las sangrientas dictaduras como parte de la lucha contra la estrategia global del imperialismo. Rodney Arismendi, Primer Secretario del CC del Partido Comunista de Uruguay, señaló que la tarea primordial en América Latina hoy es frenar la ofensiva del imperialismo, aislar y derribar las dictaduras fascistas en el continente, devolver las riquezas nacionales a los pueblos y abrir una amplia perspectiva democrática y revolucionaria. La solución de esta tarea se encuentra estrechamente vinculada a la lucha contra el imperialismo de EE.UU., inspirador de las distaduras fascistas, principal enemigo de los pueblos de América Latina.
332El medio principal para resolver esta tarea es la organización de acciones conjuntas de todas las fuerzas democráticas y antifascistas, la creación y el afianzamiento de amplias alianzas populares y antimperialistas.
Notes
[316•1] Rodney Arismendi. Lenin, la revolución v América Latina. Montevideo, Ediciones Pueblos Unidos. 1970, pp. 394-395.
[318•2] La América Latina en la lucha contra el imperialismo, por la independencia nacional, la democracia, el bienestar popular, la paz’ y el socialismo, pp. 41-42.
[319•3] Por la unidad obrera y popular hacia el socialismo. Documentos del XI Congreso del Partido Comunista de Colombia. Praga. 1972, p. 169.
[319•4] Ibídem, p. 140.
[320•5] Programa del Partido Comunista de la Argentina. Buenos Aires, 1974, p. 5.
[321•6] Gerónimo Arnedo Alvarez. Los comunistas y la institucionalización del país. Buenos Aires, Anteo, 1972, p. 26.
[321•7] Rodney Arismendi. Lenin, la revolución v América Latina, p. 267.
[322•8] La América Latina en la lucha contra el imperialismo, por la independencia nacional, la democracia, el bienestar popular, la paz y el socialismo, p. 30.
[324•9] Véase Hacia el XIV Congreso del Partido Comunista. Buenos Aires, 1972, p. 5.
[326•10] Luis Corvalán. Camino de Victoria. Santiago de Chile, 1971, p. 200.
[327•11] Vigencia del leninismo hov y en la Argentina. Buenos Aires, 1970, p. 189.
[328•12] Luis Corvalán. Camino de Victoria, p. 204.
[328•13] Vigencia del leninismo hoy y en la Argentina, p. 52.
[328•14] Luis Corvalán. Camino de Victoria, p. 204.
[329•15] Ibídem, p. 211.
[329•16] Véase Victorio Codovilla. Lo nuevo en la situación nacional después de las elecciones. Buenos Aires, Anteo, 1965.
[329•17] Por la unidad popular, para el futuro de Colombia. Documentos del XII Congreso del Partido Comunista de Colombia. Bogotá, 1975, p. 33.