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3. LAS CONCEPCIONES ULTRAIZQUIERDISTAS
DE LA LUCHA CONTRA EL IMPERIALISMO
 

p En los años 60 y 70 se intensificaron en América Latina las actividades de corrientes y grupos izquierdistas de diversa índole (trotskistas, maoístas, ultraizquierdistas).

p La aparición y difusión del “ultraizquierdismo” en América Latina tiene como raíz social la presencia de sectores considerables de capas no proletarias en la estructura de clase de los países del continente. En el proceso de la lucha contra el imperialismo se incorporaron al movimiento revolucionario y liberador muchos representantes de la pequeña burguesía y de las capas medias y marginales o de sectores estudiantiles con conceptos ideológicos muy alejados del marxismo.

p El carácter dual y contradictorio de la nuturaleza de 307 clase de las capas pequeñoburguesas se manifestó en la aparición de diversas concepciones ultraizquierdistas que falsifican los objetivos y las tareas del movimiento antimperialista. La esencia de todas ellas se reduce a la consigna de la guerra frontal contra el imperialismo y a la realización inmediata de la revolución socialista.

p Tal enfoque de la lucha antimperialista fue criticado decididamente por V. I. Lenin, quien ya en el período de la primera guerra mundial mostró la inconsistencia del antimperialismo vulgar de los “economistas imperialistas" que intentaban, según la expresión de Lenin, suplantar la fuerza de los argumentos “con el efectismo de las frases sugestivas y altisonantes, como clavar una estaca en el cuerpo tembloroso de la burguesía"  [307•59 .

p A diferencia de la teoría marxista-leninista, las concepciones de la ultraizquierda acerca de la lucha antimperialista se caracterizan por un enfoque metafísico, por la falta de comprensión dialéctica de lo particular y lo general, de lo nacional y lo internacional, por la absolutización de unos u otros aspectos del proceso revolucionario. Ello se manifiesta en la exageración de las particularidades específicas de América Latina, en la negación de los principios fundamentales del marxismo-leninismo.

p El desconocimiento del enfoque histórico concreto de la realidad condujo a los representantes de la ultraizquierda en América Latina a promover falsas consignas estratégicas y tácticas. Una de ellas es, en particular, la tesis sobre el revolucionarismo “especial” de los países en desarrollo.

p Sus adeptos sostienen que, por cuanto en los países económicamente subdesarrollados de Asia, África y América Latina las contradicciones hoy día se han agudizado mientras que en los Estados desarrollados de Europa y de América del Norte, por el contrario, se van atenuando, el centro de la lucha revolucionaria se ha desplazado a los países en desarrollo.

p Los sostenedores del revolucionarismo “especial” de los países en desarrollo, a la vez, ubican a las naciones latinoamericanas en la categoría de semicolonias y colonias. Semejante enfoque desconoce tanto las particularidades específicas de los países de América Latina como las profundas 308 diferencias que existen entre ellos y los de Asia y África, conceptuándose la revolución latinoamericana, con frecuencia, en términos análogos a la revolución china o india. No se toma en cuenta ni el nivel más elevado de desarrollo de la mayoría de los Estados del continente ni el hecho de que ya más de siglo y medio las repúblicas latinoamericanas existen como Estados independientes. Los teóricos del ultraizquierdismo consideran esta independencia puramente formal en razón de la total dependencia económica con respecto al imperialismo de EE.UU.

p En calidad de ejemplo puede citarse a J. Abelardo Ramos, trotskista nacionalista argentino, que se expresa como un activo partidario de la tesis del revolucionarismo “ especial” del “tercer mundo”.

p Según J. A. Ramos, la historia confirma el que “los eslabones débiles de la cadena capitalista no eran capitalistas o no lo eran del todo, y que no se encontraban en Europa sino en el mundo semicolonial"  [308•60 . De allí saca la conclusión de que “la revolución mundial se ha desplazado hacia los continentes marginales"  [308•61 .

p La tesis acerca del revolucionarismo “especial” de los países en desarrollo fue sustentada con no menos energía también por el grupo de D. Bravo en Venezuela. La postura de este grupo ultraizquierdista se reducía a la consigna de la guerra de guerrilla inmediata contra el imperialismo en escala continental. Según D. Bravo, el movimiento liberador en América Latina presenta las condiciones necesarias para aplicar semejante estrategia. “Esto lo podemos explicar —decía D. Bravo— por lo siguiente: hace rato que el pueblo de América Latina tiene los mismos problemas, las mismas enfermedades, el hambre es la misma, el analfabetismo es el mismo, y además tienen un enemigo común que es el imperialismo norteamericano y las oligarquías criollas"  [308•62 .

p La ultraizquierda enfoca erróneamente también la contradicción principal de la época contemporánea. En lugar de la contradicción entre el capitalismo y el socialismo, plantean una supuesta contradicción extraclasista entre los países “ 309 ricos" y los “pobres”. A. Guillen, teórico de ultraizquierda, plantea, por ejemplo, que en las condiciones actuales la contradicción entre el capitalismo y el socialismo tiende a debilitarse, mientras que entre los países industrializados y los en desarrollo se va acentuando. Por eso, afirma, “la contradicción entre Norte y Sur (países ricos y pobres) va sustituyendo a la contradicción Este-Oeste (comunistas-capitalistas)"  [309•63 .

p Por esa razón algunas organizaciones de ultraizquierda sacan la conclusión de que la contradicción principal de la época contemporánea es la existente entre las naciones oprimidas y las opresoras. Semejante planteamiento ignora el aspecto clasista del problema. Entre las naciones opresoras se engloba a los países socialistas que, junto con las potencias imperialistas, son contrapuestos a las oprimidas. El concepto de nación, además, aparece como un todo único y supraclasista. En base a ello se hizo posible incluir en el campo antimperialista también a las fuerzas proimperialistas y reaccionarias.

p A la vez, ciertos grupos de la ultraizquierda caen en otro extremismo. Para ellos, la principal contradicción en América Latina es la existente entre el imperialismo y el proletariado. Tal enfoque es particularmente característico de las corrientes trotskistas. Semejante postura niega las posibilidades antimperialistas de diferentes fuerzas sociales y conduce a aislar a la clase obrera.

p Todo ello determina en definitiva los errores de la ultraizquierda en la interpretación de las fuerzas clasistas y de su papel en la lucha antimperialista.

p No es casual, por esa razón, que los teóricos ultraizquierdistas desarrollaran la idea del exclusivismo revolucionario de los campesinos y capas marginales que, según su opinión, están llamados a cumplir un papel decisivo en la lucha revolucionaria antimperialista. Apoyándose en el concepto de que el campo tiende a “proletarizar”, mientras que la ciudad “aburguesa”, los dirigentes de la organización colombiana de ultraizquierda Ejército de Liberación Nacional (FLN) expresaban puntos de vista análogos sobre el potencial revolucionario del campesinado  [309•64 .

p La ultraizquierda no sólo niega el papel dirigente de 310 la clase obrera en la lucha revolucionaria antimperialista, sino también la acusa con frecuencia de economismo y aburguesamiento. De ahí su actitud negativa hacia la labor en las organizaciones obreras de masas.

p Los ultraizquierdistas tergiversan asimismo las posibilidades antimperialistas de la burguesía local englobándola en el campo del imperialismo.

p El enfoque falso de esta corriente se manifiesta patentemente también en cuanto al significado de la lucha por la democracia. Los ideólogos de la ultraizquierda no creen posible vincular la brega por la democracia con la pugna contra el imperialismo, por las transformaciones revolucionarias. Según su opinión, la democracia en el capitalismo es irrealizable y por eso la lucha por las reformas y los derechos democráticos la presentan como una capitulación ante la burguesía y el imperialismo y como contraria a los objetivos socialistas.

p Renunciando al combate por la democracia en las condiciones del imperialismo y exhortando a la materialización directa de la revolución socialista, los ultraizquierdistas se manifiestan también contra la política de la coexistencia pacífica, sostenida por la URSS y otros países socialistas.

p El XXV Congreso del PCUS hizo un amplio análisis crítico de las tergiversaciones izquierdistas en torno a la política de la coexistencia pacífica. En particular, fue desvirtuada la tesis de que la lucha de clases es incompatible con la lucha por la paz. “La distensión —se dice en el informe del CC del PCUS al XXV Congreso del partido— en modo alguno anula ni puede anular o modificar las leyes de la lucha de clases. Nadie puede esperar que en las condiciones de distensión, los comunistas se resignen con la explotación capitalista o que los monopolistas se hagan partidarios de la revolución"  [310•65 .

p También resultan totalmente infundadas las aseveraciones de los maoístas y trotskistas de que la política de coexistencia pacífica entre los países con diferentes regímenes sociales favorece al imperialismo. El movimiento comunista mundial rechazó rotundamente tal punto de vista. En el Documento de la Conferencia Internacional de los Partidos Comunistas y Obreros celebrada en Moscú en 1969 se recalca que 311 “la política de la coexistencia pacífica... contribuye al impulso de la lucha de clases contra el imperialismo a escala nacional y mundial"  [311•66 .

p Al no comprender la relación entre socialismo y democracia, los ultraizquierdistas cayeron en la negación de la etapa democrática y antimperialista de la revolución, llegando a sostener que el punto de vista de los partidos comunistas, según el cual en la mayoría de los países del continente la revolución representa en sí un proceso único de dos fases, la democrática y antimperialista y la socialista, es un punto de vista reformista y que no puede llevar a la victoria sobre el imperialismo. Los más explícitos en ese sentido son los trotskistas. G. Lara, líder de la orginización trotskista boliviana Partido Obrero Revolucionario, por ejemplo, declara abiertamente que ellos no aceptan dividir la revolución en etapas. La revolución, según Lara, será directamente socialista  [311•67 .

p Las ideas sustentadas por los representantes de la ultraizquierda acerca de la lucha antimperialista los condujeron a serios errores estratégicos y tácticos a consecuencia de los cuales se despeñaron de hecho al campo del imperialismo y de la reacción. Esto se reveló con particular evidencia en Chile durante el gobierno de la Unidad Popular, donde la ultraizquierda aplicó los máximos esfuerzos para socavar la cohesión de las fuerzas antimperialistas. Ateniéndose a su fórmula de “todo o nada”, desde los primeros días del triunfo de la Unidad Popular sus representantes empezaron a exigir la inmediata realización de transformaciones socialistas y la implantación de un gobierno obrero y campesino. En oposición al gobierno de la Unidad Popular, los dirigentes ultraizquierdistas se empeñaron en formar y consolidar un poder paralelo, independiente del Estado, que, según ellos, podía enfrentar con éxito a la reacción burguesa.

p La actuación escisionista de la ultraizquierda contribuyó a que algunos sectores y capas de la población se apartaran del gobierno de la Unidad Popular. En primer lugar esto se refiere a las capas medias, consideradas por la ultraizquierda como una fuerza reaccionaria. También la táctica sectaria de los ultristas que rechazaba cualquier acción 312 conjunta con los militares patriotas, los elementos progresistas del Partido Demócrata Cristiano (con base de masas) y de otras fuerzas políticas causó serios daños al gobierno. Todo eso obliga a reconocer que la actuación de la ultraizquierda, como lo señalara Volodia Teitelboim, miembro de la Comisión Política del CC del PC de Chile, fue una de las causas de la derrota de la revolución  [312•68 . Esta actuación confirmó también que “el imperialismo y la reacción sacan inmenso provecho del ultraizquierdismo y que lo promueven y lo alientan sistemáticamente y de diversos modos para derrotar a los pueblos"  [312•69 .

p Cabe señalar, sin embargo, que la ultraizquierda chilena trata últimamente de extraer experiencias del revés sufrido por las fuerzas democráticas y antimperialistas. En particular, se advierte una tendencia a la unidad con los comunistas y demás fuerzas democráticas y antimperialistas.

p Como resultado de las graves derrotas vividas, también la ultraizquierda de otros países procura, en cierto grado, revisar sus puntos de vista en cuanto a algunos aspectos de la lucha antimperialista. Ante todo, esto atañe a la participación de las masas populares en la pugna revolucionaria antimperialista. Algunos dirigentes ultraizquierdistas también arribaron a la conclusión de que no se puede vencer al imperialismo con las fuerzas de la vanguardia revolucionaria únicamente, sin un amplio respaldo popular.

p Cambió ostensiblemente la apreciación del potencial revolucionario de la clase obrera. Si antes se acusaba a los obreros de aburguesamiento y de falta de espíritu revolucionario, ahora, en cambio, algunos líderes de la ultraizquierda ubican a la clase obrera entre las fuerzas revolucionarias. Por eso organizaciones ultraizquierdistas como Montoneros en Argentina; MIR en Venezuela; MOIR en Colombia, y otras tratan de reforzar sus actividades entre los obreros  [312•70 . También se notan intentos de adoptar una actitud más flexible en cuanto a las formas de lucha. El MIR y el MOIR en particular, procuran utilizar también los medios legales.

p Las concepciones de la ultraizquierda, sin embargo, en 313 lo fundamental siguen siendo las mismas. Vuelven a enarbolarse otra vez las consignas de la lucha armada frontal contra el imperialismo y la implantación inmediata del socialismo, rechazándose la necesidad de la etapa democrática y antimperialista y de la lucha por la democracia. Siguen viendo la lucha armada como el único y decisivo medio para la revolución.

p No varió, en esencia, la actitud nihilista hacia la idea del frente único antimperialista que los ideólogos de la ultraizquierda consideran como una capitulación de las fuerzas antimperialistas frente a la burguesía. Está en esa actitud, por ejemplo, el MOIR, cuyos líderes se manifestaron como adversarios acérrimos de la unidad de las fuerzas antimperialistas.

Es obvio, por lo tanto, el carácter inconsistente y fatuo de las pretensiones de los ultraizquierdistas de aparecer como los únicos y auténticos batalladores contra el imperialismo. En vez de la lucha real contra el imperialismo, en primer término contra el imperialismo de EE.UU., que sostienen los pueblos de América Latina, los representantes de esas corrientes se empeñan en orientar a las fuerzas antimperialistas por un camino sabidamente falso, por la senda del extremismo y el “guerrillerismo”. Por eso no es extraño que, como resultado, la actitud de los ultraizquierdistas debilite a las fuerzas antimperialistas, cree división en ellas y haga el juego al imperialismo y la reacción.

* * *
 

Notes

[307•59]   V. I. Lenin. Sobre la caricatura del marxismo y economismo imperialista”. O. C., t. 30, pp. 115-116.

[308•60]   Jorge Abelardo Ramos. Bolivarismo v marxismo, Buenos Aires, 1969, p. 65.

[308•61]   Ibídem, p. 71.

[308•62]   Venezuela en armas. Caracas, 1967, diciembre, pp. 8-9. Cabe dedique Bravo enfoca a los países latinoamericanos como una sola nación antimperialista (Punto Final, Santiago, 1973, N 178, p. 18).

[309•63]   A. Guillen. La Rebelión del Tercer Mundo, Montevideo, 1969, p. 198.

[309•64]   Véase J. Arenas. La guerrilla por dentro, Bogotá, 1971, pp. 144, 157.

[310•65]   L. I. Brézhnev. Informe del Comité Central del PCUS y las tareas inmediatas del partido en la política interior y exterior, p. 43.

[311•66]   Conferencia Internacional de los Partidos Comunistas y Obreros. M., 1969, p. 317.

[311•67]   Presencia, 6.VIII.1971.

[312•68]   Revista Internacional, Praga, 1974, N 7, p. 62.

[312•69]   P. Castillo. Enseñanzas y perspectivas de la revolución en Chile, Praga, 1974, p. 15.

[312•70]   Alternativa, Bogotá, 1976, N 75, pp. 16-17; Resumen, Caracas, 1977, N 182, p. 18.