EN LAS TEORÍAS Y CONCEPCIONES NACIONALISTAS
p En la lucha ideológica actual que se desarrolla en América Latina, las teorías y concepciones nacionalistas desempeñan un activo papel.
294p Las consignas nacionalistas son enarboladas por diferentes tuerzas sociales y clasistas, lo cual predetermina la amplitud del espectro de teorías nacionalistas existentes que, con frecuencia, revisten carácter contradictorio.
p Las clases dominantes, por ejemplo, al apelar al nacionalismo, lo hacen tanto con la intención de conservar el régimen social vigente como de aminorar algo las posiciones del imperialismo en el continente. Especulando con el sentimiento nacional del pueblo, la burguesía levanta teorías que llaman a establecer la armonía de clases, a renunciar a la lucha clasista.
p Al mismo tiempo, las contradicciones con el imperialismo hacen que en algunos casos los ideólogos de las clases dominantes promuevan consignas antimprerialistas. Sin embargo, estas consignas, como regla, revisten carácter limitado, nacionalista, por cuanto lo básico en las concepciones de la burguesía es el afán de utilizarlas para justificar su política de imponer algunas restricciones al dominio por el capital extranjero, sin afectar los fundamentos del régimen de explotación.
p Ello particularmente se refiere a aquellos sectores de la burguesía latinoamericana que se orientan abiertamente a la estructuración en América Latina de una “sociedad industrial" inspirada en el modelo occidental capitalista. Pueden servir de ejemplo, en este sentido, las conclusiones a que arribó el sociólogo argentino Gino Germani. Tomando la “ sociedad industrial" de Occidente como prototipo, este autor da recetas detalladas sobre el modo de convertir a los países latinoamericanos en sociedades capitalistas industrialmente desarrolladas. Para ello, según su opinión, es necesario impulsar el desarrollo económico, la modernización social y política [294•22 . El desarrollo económico es interpretado como una secuela de cambios que permitan estructurar una economía “ideal”. En la modernización política Germani destaca la “organización racional del Estado”. Propone, para la modernización social, la realización de transformaciones demográficas, culturales y de otra índole [294•23 .
p Otro sociólogo argentino, Torcuato Di Telia, da una interpretación análoga de la modernización de los países de América Latina, examinando todos los cambios en el continente 295 a través del prisma del desarrollo del capitalismo. No es casual, por eso, que Torcuato Di Telia haya dedicado una obra especial para demostrar la “imposibilidad” del socialismo en su país [295•24 . Aunque este autor defienda la idea de una vía de desarrollo propiamente argentina, “peculiar”, de hecho toma como modelo la “sociedad industrial" de Occidente que es la que, según su opinión, debe ser lograda en su patria [295•25 .
p Las ideas nacionalistas burguesas que mayor difusión cobraron en los años 60 y comienzos de la década del 70 fueron las de un sector de economistas y sociólogos agrupados en torno a la CEPAL (Comisión Económica de la ONU para América Latina).
p Los ideólogos de la CEPAL intentaron formular una teoría puramente latinoamericana que permitiese explicar las causas del atraso económico del continente y señalar las vías para salir de la crisis. Uno de los principales representantes de esta corriente, Raúl Prebish, escribió que “la América Latina tiene que encontrar su propio camino, sus propias fórmulas. Los fenómenos del desarrollo latinoamericano son en gran parte diferentes de los que tuvieron los países avanzados de su tiempo" [295•26 .
p Según esta concepción, entre los países en desarrollo y los desarrollados se ha establecido un tipo de relaciones que permite al centro (países capitalistas industrialmente desarrollados) explotar a la periferia (países en desarrollo). En la etapa actual los países latinoamericanos son, preferentemente, exportadores de productos primarios y alimentos, la demanda de los cuales crece a ritmos inferiores a la demanda de artículos industriales. Esto da lugar a una distorsión en las relaciones económicas de los países en desarrollo con los desarrollados. Como resultado, las exportaciones de las naciones latinoamericanas no alcanzan a proporcionar la acumulación de recursos necesarios para su abastecimiento con técnicas modernas. Todo ello tiende a hacer aún más grande la brecha que separa al centro de las periferias.
p ¿Cuál es la salida que proponen los desarrollistas? La situación creada, dicen, puede modificarse sólo mediante la 296 industrialización de América Latina y, ante todo, mediante un cambio radical en la estructura de las exportaciones latinoamericanas.
p Los teóricos de la CEPAL consideran que la solución del problema de la acumulación de recursos para la industrialización está relacionada principalmente con el desarrollo de relaciones capitalistas en los Estados de la región. R. Prebish, por ejemplo, subraya ésto sosteniendo que la clave del desarrollo nacional reside en suplantar en cada país latinoamericano las formas regresivas del capitalismo por sus formas modernas [296•27 . Un importante papel se atribuye en ello tanto al capital privado como al estatal. Considerable importancia se concede al capital extranjero. El economista argentino Rogelio Frigerio, por ejemplo, considera que la incorporación del capital extranjero constituye una de las condiciones primordiales para el desarrollo de la economía, ya que “al penetrar en los países atrasados, desintegra las formas precapitalistas y, en general, promueve las relaciones modernas de producción" [296•28 . Más adelante Frigerio afirma explícitamente que “el Estado puede establecer las condiciones favorables a la radicación de capitales extranjeros" [296•29 .
p En otras palabras, los adictos de la CEPAL proponen la realización de transformaciones que de ninguna manera se contradicen con las relaciones capitalistas de producción. Consideran al capitalismo como un sistema progresista llamado a modernizar, a través de su penetración, las zonas atrasadas de América Latina y encauzar a los países de la región por la vía del desarrollo industrial. Por eso no es casual que la orientación de clase de la concepción desarrollista radique en el intento de conjurar los cambios revolucionarios y de aminorar le tensión social. En particular, según la opinión de R. Frigerio, el desarrollo de la economía constituye la base de la soberanía política y de la justicia social [296•30 . Con ese objeto exhorta a los trabajadores a renunciar a la lucha por sus reivindicaciones y llama a la conciliación de clases [296•31 .
297p Al mismo tiempo, los teóricos de la CEPAL se diferencian de aquellos ideólogos burgueses proimperialistas que pretenden seguir manteniendo a América Latina en su papel de despensa de materias primas de los países capitalistas desarrollados, manifestándose contra la industrialización y promoviendo la consigna de “puertas abiertas" para el capital extranjero.
p La concepción de los desarrollistas, realmente, reviste carácter contradictorio. Por una parte, como se ha visto, intervienen contra el dominio irrestricto de los monopolios foráneos; por la otra, apelan a su colaboración, siendo propagandistas del capitalismo de Estado.
p Los comunistas latinoamericanos, al definir su posición frente a los adeptos de la CEPAL, toman en consideración el proceso, operado en sus filas, de deslinde entre partidarios abiertos de la “sociedad industrial" de Occidente y los que paulatinamente van adoptando una postura más radical en la lucha antimperialista. En la Declaración de la Conferencia de los Partidos Comunistas de América Latina y del Caribe de 1975 se habla, precisamente, de la necesidad de incorporar a este sector de las capas burguesas al frente amplio de la lucha antimperialista y antioligárquica.
p El proceso de deslinde afectó aún más notoriamente los movimientos nacionalistas de masas. En grado considerable ello se debe a las particularidades de su ideología, composición clasista y de las causas que motivaron la aparición de las corrientes populistas.
p Los movimientos nacionalistas de masas surgieron en condiciones signadas por la dependencia de las naciones latinoamericanas respecto al imperialismo y la perduración de formas semifeudales de tenencia de la tierra, cuando en una etapa determinada quedaron planteadas tareas en cuya solución estaban interesadas diferentes fuerzas sociales opuestas a la oligarquía y al imperialismo. Las más importantes entre estas tareas eran la lucha por la liberación, contra el imperialismo, y por la liquidación del latifundismo. Precisamente sobre esta plataforma avanzó la unión de capas de la burguesía pequeña y media, obreros y campesinos, que constituyeron la base de masas del populismo.
p La heterogénea composición clasista de los movimientos populistas predeterminó su complejo carácter. El populismo experimenta la presión de dos fuerzas contradictorias: por un lado, las tendencias progresistas: por el otro, las 298 reaccionarias. De ahí la aparición en él de diversas corrientes, cada una de las cuales, reflejando los conceptos de unas u otras fuerzas sociales, da su propia interpretación a muchos problemas económicos y políticos importantes y, ante todo, a los referentes a la lucha antimperialista.
p En este sentido son sumamente ilustrativos los procesos operados durante los años 60 y 70 en el peronismo.
p Durante este período se produjo una notoria aceleración del giro a la izquierda de las masas populares, condicionado por la agudización de la crisis socioeconómica argentina y la intensificación de la lucha de clases. Con el incremento de la conciencia clasista, un número cada vez mayor de obreros y de otras categorías de trabajadores se percataron del carácter burgués y reformista de las ideas del peronismo.
p Ello se manifestó en la polarización de fuerzas dentro de ese movimiento, en el agravamiento de las contradicciones entre el sector derechista, nacionalista burgués, y el sector nacionalista de izquierda. La lucha tomo carácter particularmente agudo después de arribar los peronistas por segunda vez al poder en 1973 [298•32 .
p La corriente más representativa del sector nacionalista burgués es el neoperonismo. En su concepción del antimperialismo los neoperonistas parten de la tesis del “tercer mundo" y el movimiento de liberación nacional como los elementos fundamentales de la época contemporánea. De ahí que los partidarios de esta corriente, en particular, J.O’Farrel, Gunnar Olsson, P. Franco y Alcira Argumedo, profesores de la Universidad de Buenos Aires, formularon la conclusión de que la principal contradicción de nuestra época no es entre el socialismo y el capitalismo, sino la confrontación entre la dependencia y la liberación. O’Farrel sostiene que “todo ello toma cuerpo en el antagonismo histórico entre el orden de la dominación o de la fuerza y el proyecto de liberación de los pueblos" [298•33 . El pueblo, por otra parte, es considerado como una simple masa sin ninguna diferenciación social de clases. El proletariado queda diluido entre las capas no proletarias y, de hecho, deja de existir como fuerza revolucionaria independiente. Más aún. según esta concepción, la 299 clase obrera de los países capitalistas no constituye un proletariado en su interpretación clásica, por cuanto no sólo no es explotada, sino que ella misma aparece explotando a otros [299•34 . Por eso no es ninguna casualidad que los neoperonistas, solidarizándose con los revisionistas Garaudy, Fisher y otros, rechazan la concepción marxista del proletariado y contraponen a ella la categoría del “nuevo proletariado histórico" o “bloque histórico" cuyo contenido se reduce a negar el papel revolucionario del proletariado.
p Así es que los neoperonistas, en contraposición a la teoría marxista-leninista de la lucha contra el imperialismo, promueven una concepción policlasista que sobrestima el aspecto nacional y rechaza el momento clasista en el movimiento antimperialista. Por eso los comunistas argentinos afirman con toda razón que la teoría policlasista conduce a los neoperonistas a la colaboración de clases, al sometimiento de los intereses de las masas trabajadoras en favor de los intereses de la burguesía [299•35 .
p Lo confifma también la interpretación que los peronistas hacen de la consigna del “socialismo nacional”. Se basan para ello en las ideas formuladas por Perón. El fundador del peronismo sostuvo la tesis de que existen dos clases de socialismo, distinguiendo el “socialismo nacional" o “autóctono” y el socialismo internacional o dogmático. Perón aceptaba el primero y rechazaba el segundo (tenía en cuenta el socialismo científico).
p La verdadera esencia del “socialismo nacional" de Perón fue dilucidada por los marxistas argentinos, quienes con toda razón consideran que, a pesar de los esfuerzos de este último por impulsar algunas reformas progresistas, su “ socialismo nacional" no sale del marco del sistema capitalista. En la interpretación neoperonista, el “socialismo nacional" también aparece como una variante “mejorada”, y adaptada a las condiciones nacionales, del capitalismo con todos sus atributos: propiedad privada sobre los medios de producción, conservación de la explotación del hombre por el hombre, etc. En este sentido resulta demostrativa la expresión de C. Eggers Lan, representante del neoperonismo, que calificó el deseo de socializar la propiedad como falta de realismo y de 300 comprensión del desenvolvimiento histórico [300•36 y propuso, en vez de liquidar la propiedad privada sobre los medios de producción, establecer el control de la producción. No es casual que este autor vea también la diferencia entre socialismo y capitalismo no en que el primero se caracteriza por la propiedad colectiva sobre los medios de producción y el segundo por la vigencia de la propiedad privada, sino en que el “socialismo nacional" se basa en el control de la producción [300•37 . Eggers Lan, lo mismo que Perón, contrapone el socialismo “auténtico” o “socialismo nacional" al internacional, o sea, al socialismo científico que, según expresa este teórico neoperonista, se funda en la lucha de clases y obstaculiza el desarrollo nacional [300•38 .
p El carácter burgués de la doctrina neoperonista fue esclarecido convincentemente por los marxistas argentinos. Fernando Nadra, en particular, mostró que el “socialismo nacional" de los neoperonistas es una mistificación del socialismo. Sus adeptos, escribe Nadra, hacen todos los esfuerzos posibles para sustentar a la propiedad privada capitalista, incluida la de los monopolios. Por eso la consigna socialista es utilizada por los neoperonistas no para una verdadera transformación social, sino con fines propagandísticos [300•39 .
p Diferente es la posición de los peronistas de izquierda, cuyas concepciones responden a una orientación antimperialista y anticapitalista radicalizada. La lucha exitosa contra el imperialismo, según su opinión, debe conducir a la conquista de tres objetivos: soberanía política, independencia económica y justicia social. Los peronistas de izquierda, sin embargo, no se limitan a las tareas antimperialistas. Se distinguen por adelantar consignas anticapitalistas. Marta Curone, por ejemplo, escribía en un artículo que el peronismo es incompatible con el capitalismo. Hay que liquidar la propiedad privada sobre los medios de producción, socializar la gran industria, llevar a cabo la reforma agraria, impulsar el cooperativismo en la agricultura, nacionalizar los bancos, el comercio exterior, las comunicaciones y eliminar también el analfabetismo [300•40 .
301p Las ideas de los peronistas de izquierda encontraron amplio reflejo en la obra Peronismo y socialismo (1973) del publicista J. J. Hernández Arregui. Este autor considera que el objetivo del movimiento peronista es la implantación del socialismo, lo cual puede ser alcanzado mediante la revolución nacional [301•41 . Este teórico del peronismo de izquierda adjudica el papel rector en la lucha antimperialista y revolucionaria a la clase obrera. Hernández Arregui subraya que “la unión del movimiento obrero es... la base de la Revolución Nacional" [301•42 . Ideas análogas sustentan también otros representantes de esta corriente.
p A la vez, la ideología de los peronistas de izquierda presenta grandes contradicciones. Ante todo, se caracteriza por sobrestimar el potencial revolucionario de los países en vías de desarrollo y, por otra parte subestimar e, incluso, ignorar el significado revolucionario del sistema socialista mundial y del movimiento revolucionario de los países capitalistas. Es sintomática en este sentido la afirmación de Hernández Arregui en el sentido de que las contradicciones más profundas están concentradas en el mundo colonial. Por eso, escribe, “el cementerio del imperialismo está en las colonias" [301•43 . De ahí su conclusión de que “el proletariado más revolucionario es el de los países débiles, no el de los poderosos" [301•44 .
p Los teóricos del peronismo de izquierda niegan, desde posiciones del nacionalismo pequeñoburgués, el carácter internacional del proceso antimperialista y revolucionario y, a la vez, exageran las particularidades nacionales. El proceso antimperialista y revolucionario en Argentina lo presentan como un fenómeno exclusivamente nacional y aislado. “Nuestra revolución es nacional —escribe M. Curone—; por ello debemos adoptar una política absolutamente independiente en el marco mundial" [301•45 . Esa misma idea es sostenida por Hernández Arregui que promueve la tesis de apoyarse en las propias fuerzas [301•46 .
302p Todo eso, sin duda, revela que los peronistas de izquierda desestiman la unidad de todas las vertientes del movimiento antimperialista y revolucionario, restando empuje a las fuerzas progresistas en la Argentina.
p Otra expresión del reforzamiento de las tendencias antimperialistas es la actuación de los sectores nacionalistas de izquierda y patrióticos de las fuerzas armadas de Bolivia antes del golpe reaccionario en 1971, del Perú y de Panamá, que enarbolaron las banderas del nacionalismo revolucionario.
p A diferencia del nacionalismo burgués, el nacionalismo revolucionario se caracteriza por su nexo indisoluble con la lucha por transformaciones sociales profundas. Mientras los teóricos burgueses, como se ha visto, pretenden superar el atraso de América Latina por los cauces del capitalismo, los nacionalistas revolucionarios, en cambio, ven su objetivo, no en la modernización del sistema capitalista, sino en su transformación radical. Por eso el nacionalismo revolucionario en las condiciones de América Latina puede ser definido como la ideología del desarrollo anticapitalista y antimperialista.
p Claro está, cabe tener en cuenta que la orientación antimperialista y anticapitalista entre los representantes del nacionalismo revolucionario es de distinto grado.
p Las ideas antimperialistas de las concepciones nacionalistas revolucionarias se manifestaron con particular fuerza en la teoría y la práctica de los militares peruanos en 1968-1975, durante la primera etapa del proceso.
p La revolución peruana tuvo en esta fase un carácter antimperialista y antioligárquico. En forma concentrada esto quedó reflejado en los documentos programáticos “Plan Inca" y en la declaración “Bases ideológicas de la Revolución Peruana”.
p En el “Plan Inca”, por ejemplo, se afirmaba que la revolución se hace para superar el atraso económico del país, liberarse de la dependecia extranjera y construir “una nueva sociedad, en la que el hombre y la mujer peruanos vivan con libertad y justicia" [302•47 . El “Plan Inca" definía a la revolución como nacionalista, independiente y humanista que no obedece a esquemas ni dogmas y sólo responde a la realidad peruana [302•48 . Más adelante se indicaba que la revolución “será 303 nacionalista, por estar inspirada en los altos valores de la Patria, en los intereses del pueblo peruano y en nuestra propia realidad; independiente, por no estar ligada a ideologías existentes, partidos políticos o grupos de poder y porque luchará contra toda dependencia; y humanista, porque considera la realización plena del hombre dentro de una comunidad solidaria, cuyos valores esenciales e inseparables son la justicia y la libertad" [303•49 .
p Los revolucionarios peruanos rechazaron el modelo capitalista de desarrollo que, según su convicción, es incapaz de salvar al hombre de la explotación y alcanzar la justicia social. El carácter antimperialista y anticapitalista del proceso revolucionario fue expresado claramente en las “Bases ideológicas de la Revolución Peruana”. “La revolución peruana —se dice en este documento— es un proceso autónomo que se desarrolla para transformar el sistema político, económico y social del país y cancelar nuestra condición de sociedad subdesarrollada, capitalista, oligárquica y sometida a los intereses del imperialismo" [303•50 . Rechazando al capitalismo, los revolucionarios peruanos, al mismo tiempo, hablan de la incompatibilidad de la vía comunista con relación a las condiciones del Perú [303•51 .
p Sin embargo, la posición de los revolucionarios peruanos es totalmente opuesta al anticomunismo. Esto se manifestó en su práctica política. El gobierno revolucionario aplicó una línea de colaboración con los países socialistas. En particular, fue concertado un acuerdo con la Unión Soviética para la construcción de obras de irrigación en la zona de Olmos. Fueron establecidas estrechas relaciones con Cuba y otros Estados socialistas.
p También apelaban a los ideales socialistas cuando fundamentaron los objetivos del proceso revolucionario. En las “Bases ideológicas de la Revolución Peruana”, se decía, en particular, que las finalidades de la revolución peruana son las de “construir una democracia social en que todos los peruanos puedan realizarse a través de la plena participación en el ejercicio del poder social" [303•52 . Si bien en el “Plan Inca" y en las “Bases ideológicas de la Revolución Peruana" no se 304 menciona el socialismo directamente como objetivo del proceso revolucionario, todo el contenido de estos programas tenía un filo evidentemente socialista. Precisamente por esto el “Plan Inca" fue “identificado por los comunistas como el programa antimperialista y antioligárquico del gobierno revolucionario que se orienta al socialismo" [304•53 .
p Claro está, sería error profundo exagerar la afinidad ideológica de los nacionalistas revolucionarios peruanos con la teoría del marxismo-leninismo, no ver sus contradicciones. La influencia de las ideas nacionalistas en las concepciones de la revolución peruana es indiscutible. De ahí la tendencia de sus líderes a sobrestimar el momento nacional en la construcción de la nueva sociedad y el intento de crear un modelo nacional de socialismo. Los nacionalistas revolucionarios rechazan el socialismo real por considerarlo “dogmático”, “totalitario”, “inhumano” y contraponen su concepción del llamado socialismo humanista.
p El Partido Comunista Peruano mantuvo con los militares revolucionarios un diálogo ideológico de principio sobre una serie de cuestiones. Sin embargo, la actitud de los marxistas respecto a los demócratas revolucionarios no la determinaban las divergencias, sino lo que los acercaba, o sea, precisamente la lucha contra el imperialismo y la oligarquía.
p Cabe recalcar que los militares revolucionarios no se limitaban, simplemente, a proclamar consignas antimperialistas. A diferencia de la fraseología abstracta antimperialista que gustan lucir, como muestra la historia, diversos representantes burgueses y pequeñoburgueses, los revolucionarios peruanos se esforzaron en llevar sus consignas a la práctica.
p Los nacionalistas revolucionarios peruanos conferían importante significado a la estrecha vinculación de las verdaderas transformaciones en los países en desarrollo con la lucha contra el imperialismo. “Para nosotros —decía el ex presidente peruano, general Velazco Alvarado— toda transformación real en países como los nuestros debe necesariamente asumir un fundamental carácter antimperialista" [304•54 . Papel clave en ello se adjudicaba a la industrialización. Sin embargo, como expresaban los líderes de la revolución, no toda industrialización ayuda a lograr la verdadera independencia, 305 sino únicamente aquella que sirve a los objetivos del desarrollo.
p “Negamos —escribía Velazco Alvarado— la necesidad de un desarrollo industrial hipotecado al extranjero. Rechazamos por falso un desarrollo industrial asentado en la acción predatoria de las grandes corporaciones transnacionales, nueva modalidad de la penetración imperialista... Queremos... un desarrollo industrial de plena autonomía cuya virtud principal sea beneficiar directamente a nuestros propios países...” [305•55
p Sin embargo, en los últimos años el proceso revolucionario en Perú chocó con serias dificultades de carácter objetivo y subjetivo. El PCP hizo un análisis de esos obstáculos. En 1975 el Partido Comunista señalaba las dificultades económicas objetivas, así como algunas debilidades inherentes al proceso revolucionario mismo, en particular, la falta de unidad entre las fuerzas revolucionarias y, como uno de los peligros más grandes, la penetración de elementos reaccionarios en los organismos del Estado [305•56 .
p Bajo la influencia de la crisis económica y como resultado de sus limitaciones clasistas, políticas e ideológicas, el gobierno militar de Morales Bermúdez aplicó una serie de medidas tendientes a frenar el proceso revolucionario. Fueron desnacionalizadas algunas ramas industriales y en el país volvieron a fortalecerse las posiciones del capital extranjero. El gobierno trata de descargar las dificultades de la crisis económica sobre los hombros de los trabajadores, lo cual afecta seriamente el nivel de vida de amplias masas populares; hay casos de restricción de la democracia para las fuerzas progresistas.
p La falta de consecuencia del gobierno de Morales Bermúdez se reflejó también en el “Plan Tupac Amaru”, adoptado en 1977 [305•57 . El PCP, al criticar al gobierno militar por renunciar a algunas importantes conquistas de la primera etapa de la revolución, señalaba al mismo tiempo la necesidad de defender lo alcanzado contra las maniobras de la reacción y 306 del imperialismo, y exhortó a la unidad de todas las fuerzas antimperialistas. En un artículo de Jorge del Prado, en particular, se recalcó la necesidad de unir las fuerzas antimperialistas y de apoyar los llamados del gobierno a la unidad nacional para superar rápida y existosamente las dificultades por las que atraviesa el país [306•58 .
p Según la opinión del PCP, la base de esta unidad debe ser un programa común de acción para afrontar las dificultades económicas, programa que incluya la defensa y la profundización de las conquistas revolucionarias progresistas, la salvaguardia de los derechos democráticos y sociales de los trabajadores y la lucha por la democratización del país.
Por lo tanto, las corrientes nacionalistas en América Latina enarbolan consignas antimperialistas persiguiendo objetivos muy dispares y, a veces, totalmente contrapuestos. La esencia de estos objetivos la determina, en primer término, la postura clasista de unas u otras fuerzas. Mientras las clases dominantes apelan al antimperialismo para orientar el desarrollo social de sus países por el cauce de la modernización capitalista, los nacionalistas revolucionarios, en cambio, se plantean otras tareas tratando de liquidar la dominación del imperialismo y construir una nueva sociedad, radicalmente distinta del capitalismo y basada en los principios socialistas.
Notes
[294•22] Véase Desarrollo económico, Buenos Aires, 1969, N 33, p. 96.
[294•23] Ibídem, pp. 97-100.
[295•24] Véase Torcuato Di Telia ¿Socialismo en ¡a Argentina...’! Buenos Aires, 1965.
[295•25] Ibídem, pp. 7-8, 41-42.
[295•26] Raúl Prebish. Transformación v desarrollo. La gran tarea de América Latina, Santiago de Chile, 1970, pp. 223-224.
[296•27] Véase Revista de Economía Latinoamericana, Caracas, 1971, N 30, pp. 119-120.
[296•28] R. Frigerio. Crecimiento económico y democracia, Buenos Aires, 1963, p. 71.
[296•29] Ibídem, p. 79.
[296•30] Ibíd., p. 143.
[296•31] Ibíd., p. 19.
[298•32] En 1976 los peronistas de derecha fueron desplazados del poder por las fuerzas armadas.
[298•33] Cita tomada de: Julio Laborde, Leonardo Paso y otros. El llamado “socialismo nacional” ¿es socialismo? Buenos Aires, 1974, p. 167.
[299•34] Ibidem, pp. 146-147, 167-177.
[299•35] Ibid., p. 170.
[300•36] Véase E. Lan. Peronismo v liberación nacional, Buenos Aires. 1973, p. 85.
[300•37] Véase F. Nadra. Socialismo nacional. Buenos Aires, 1974, p. 104.
[300•38] Ibídem, p. 105.
[300•39] Ibíd., pp. 151-152.
[300•40] Véase Política Internacional, Buenos Aires, 1972, pp. 8-9.
[301•41] Véase Juan José Hernández Arregui. Peronismo r socialismo, Buenos Aires. 1973, pp. 253-255.
[301•42] Ibíd., p. 251.
[301•43] Ibíd., p. 254.
[301•44] Ibíd.. p. 179.
[301•45] Política Internacional, Buenos Aires, 1972, N 145, p. 9.
[301•46] Véase H. Arregui. Op. cit., p. 254.
[302•47] Proceso, Lima, 1974, N 4, p. 18.
[302•48] Ibídem.
[303•49] Ibídem.
[303•50] La Prensa, Lima, 26.11.1975.
[303•51] Véase Oficina Nacional de Información, Lima, 1973, N 25, p. 65.
[303•52] La Prensa, Lima, 26.11.1975
[304•53] Unidad, N 497, 22.VIII.1974.
[304•54] La Prensa, Lima, 13.III. 1975.
[305•55] Ibídem.
[305•56] Véase Unidad, Lima, 20.111.1975.
[305•57] El PCP definió al “Plan Tupac Amaru" como un paso atrás en comparación con el “Plan Inca" y “Las bases ideológicas de la Revolución Peruana”. El Partido Comunista, ante todo, señaló la orientación capitalista de ese plan y su falta de filo antimperialista y antioligárquico. (Lo que planteó el PCP al Presidente Morales Bermúdez. Lima, 1977, pp. 40-43.)
[306•58] Véase Unidad, Lima, 20.1.1977.