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§ 2. DIALÉCTICA DEL CRITERIO DE LA PRACTICA:
SU DEFINICIÓN E “INDEFINICIÓN”
 

p V. I. Lenin demostró de manera brillante la dialé ctica de la práctica como criterio de la verdad en su libro Materialismo y empiriocriticismo. Citaremos í ntegramente la tesis leninista más importante a este respecto: ".. .No hay que olvidar que el criterio de la prá ctica nunca puede, en esencia, confirmar o refutar por completo una representación humana. Este criterio es también lo bastante “impreciso” para impedir que los conocimientos del hombre se conviertan en algo " absoluto”; al mismo tiempo, es lo bastante preciso para sostener una lucha implacable contra todas las variedades del idealismo y agnosticismo"  [195•10 . Esta definición 196 leninista fundamenta la comprensión del carácter dialéctico del criterio de la práctica cu general, lo que está ligado íntiiiiaiiicnlc con Ja naturaleza dialéctica de la propia verdad como concepto general, como sistema de los correspondientes conceptos y definiciones concretos.

p Veamos primeramente lo que a nuestro juicio constituye el significado esencial de la práctica: su carácter definido y “absoluto” como criterio de la verdad.

p Dos aspectos fundamentales caracterizan este significado de la práctica: 1) su confirmación de la voracidad objetiva de las teorías y conceptos verdaderamente científicos rechazando con ello todos los tipos de agnosticismo y escepticismo, y 2) demostración de la inconsistencia de las teorías y puntos de vista falsos y establecimiento de ciertos aspectos y tesis falsos que se entrelazan con los componentes verdaderos e indefinidos de los complejos sistemas y concepciones teóricos.

p Señalemos previamente los siguientes hechos memorables en la historia de la ciencia.

p En 1872 el secretario de la Academia de Ciencias de Berlín, Dn Bois-Rcymoud, en su discurso " Fronteras de las Ciencias Naturales" proclamó una serie de "incógnitas mundiales" —importantes problemas científicos— que, a su juicio, jamás serían despejadas. Pero su pesimista Ignoramus el Ignorabimus fue sucesivamente refutado por la ciencia y la práctica de los posteriores decenios. Todos los problemas enunciados por él han sido básicamente resueltos; en su estudio se han logrado resultados positivos de extraordinario valor, verificados y confirmados por la práctica. Aunque en nuestros días no ha culminado, por supuesto, la solución de problemas tales como la esencia de la materia, la esencia del movimiento y la esencia de la vida (es decir, de los problemas fundamentales enunciados por Du BoisReymond), la ciencia moderna ha establecido, no obstante, la esencia contradictoria interna, más o menos profunda, de la materia, del movimiento y de la vida; y Ja práctica, confirmando sus resultados, ha cumplido así su papel de criterio de la verdad.

p En 1900, uno de los matemáticos más insignes del siglo XX, D. Hilberl, sitó (en el Congreso 197 Matematico Internacional) 23 problemas matemáticos que debía resolver el siglo que comenzaba. A mediados de éste ya podíamos decir que el "programa Hilbert" había sido cumplido por la ciencia: los problemas mencionados se habían resuelto básicamente. Fueron fundamentados y demostrados como problemas matemáticos donde el criterio de la práctica se manifiesta corno regularidad general no directamente, sino de vía indirecta compleja. Esta demostración matemática de la resolubilidad de los problemas del "programa Hilbert" lograda por la ciencia significa un serio golpe contra el agnosticismo, que el propio Hilbert señaló, diciendo: "en matemáticas no hay ningún “Ignorabimus” . . . por el contrario, nosotros siempre podemos responder a las cuestiones que tienen sentido"   [197•11 .

p El cerebro humano ha sido considerado siempre como uno de los "secretos eternos" de la naturaleza; el secreto de su funcionamiento fue durante siglos inasequible a la ciencia. Esto sirvió para especular no sólo al agnosticismo, sino también a la teología. Sin embargo, también aquí sus posiciones sufrieron un inevitable fracaso. Ahora la ciencia lia conseguido ya notables resultados en la investigación de la compleja estructura de la corte/a cerebral, compuesta aproximadamente por 17 mil millones de neurones unidos por finísimos lazos e interrelaciones en un sistema funcional extraordinariamente eficiente que tanto admirara el eminente l’ávlov. Los numerosos experimentos y observaciones especiales permitieron establecer y fundamentar las regularidades más importantes del funcionamiento del cerebro y confirmar las hipótesis y las ideas científicas que lian resultado tan fructíferas y, en su base, objetivamente verdaderas. Más aún. en el momento presente la ciencia del cerebro ha logrado ya tanta altura que, prácticamente, se plantea el problema de crear un cerebro electrónico que imite una serie de operaciones y funciones del cerebro humano. Esto evidencia, al mismo tiempo, el inmenso progreso de 198 la ciencia y el nuevo significado y contenido del experimento científico, agente de cristalización material de las ideas científicas que, en esta forma histórica nueva, realiza las funciones de criterio de la veracidad.

p El experimento tiene un significado muy determinado como criterio de la verdad en diferentes ciencias naluralcs; su fuerza y efectividad responden íntegramente al nivel de desarrollo de la técnica y de la propia ciencia en el período histórico dado. Es natural que el experimento de los tiempos de Arquímedes no pueda compararse, por ejemplo, con las instalaciones experimentales modernas de aceleración de las partículas elementales o con la creación de cuerpos celestes artificiales mediante un complicadísimo experimento de complejo.

p En este sentido recordamos que en la historia de la ciencia tuvo un significado fundamentalísimo el experimentum crucis (según la terminología de la lógica tradicional) o experimento crucial que permite establecer unívocamente la cualidad de verdad o falsedad de concepciones y representaciones plenamente determinadas. La historia de la ciencia incluye lógicamente toda una serie de tales experimentos que posibilitan desechar hipótesis y puntos de vista falsos y establecer tesis sólidas y objetivamente verdaderas y, además, ir creando paso a paso y perfeccionando el edificio de la ciencia, perfeccionar y ahondar el cuadro científico del mundo. Pudiera decirse que toda la física clásica de los siglos XVIIXIX se creó gracias a los infinitos experimentos que sirvieron de base a su desarrollo y de criterio de la veracidad de sus conceptos, concepciones y teorías. A veces se llama con bastante acierto a todo este tiempo de la historia de la ciencia período de las ciencias naturales experimentales. Posteriormente, en el momento del paso histórico de la física clásica a la no clásica, el experimento de Michelson-Morley, que desempeñó el papel fundamental en la teoría de la relatividad, adquirió una importancia excepcional. El experimento, como se sabe, duró medio siglo —de 1881 a 1929— y, en último té rmino, su primer resultado negativo sobre la localización del "viento etéreo" quedó definitivamente establecido y, con ello, se confirmó una do las tesis determinantes en 199 la teoría especial de la relatividad: la independencia de la velocidad de la luz respecto al movimiento, del sistema con el que dicha velocidad se mide.

p En relación con el desarrollo de la moderna física no clásica, puede también hablarse de una serie de experimentos con relevancia decisiva como criterio de unas u otras tesis, especialmente de las nuevas ideas, tan abundan!es en la ciencia física moderna. Destacaremos sólo dos aspectos importantísimos que tienen particular significado.

p La confirmación (criterio) experimental de la teoría de la relatividad: para la teoría especial —como señ alara el propio Einstein—, es la conformidad con el experimento de la explicación teórica de la influencia del movimiento de la Tierra, respecto a las estrellas inmóviles, sobre la luz que emiten dichas estrellas; para la teoría general de la relatividad hay tres efectos primordiales de significación que han sido ya reiteradamente confirmados: 1) la deformación de las órbitas elípticas de los planetas del sistema solar (en el ejemplo del perihelio de Mercurio); 2) la desviación del rayo de luz por el campo gravitacional “(efecto Einstein”) y 3) el desplazamiento de las líneas espectrales hacia el extremo rojo del espectro   [199•12 . Como se sabe, estos efectos no encajan en las explicaciones de la mecánica de Newton (su teoría de la gravitación), y la coincidencia de los datos calculados de la teoría de la relatividad con la verificación experimental evidencia la veracidad de sus ideas determinantes.

p El experimento no clásico, es decir el experimento que revela propiedades de la materia, desconocidas para la física clásica y que, además, confirma nuevas ideas y tesis de la física no clásica, desempeña en la ciencia 200 Emacs-File-stamp: "/home/ysverdlov/leninist.biz/es/1977/V343/20060310/299.tx" moderna un papel colosal, lo que no contradice lo más mínimo su elevado nivel teórico-malemático. Una de las ideas fundamentales de la física del siglo XX fue la de la mutabilidad y Iransformabilidad de las partículas elementales de la materia, idea que obtuvo brillante confirmación experimental, comenzando por el famoso experimento de Rutherford con la desintegración del núcleo de nitrógeno, ya en 1919, hasta los más recientes experimentos en los modernos aceleradores de partí culas, que las imparten enormes velocidades y energías, cuyo resultado son sus numerosas transformaciones. Podemos afirmar con todo derecho que el experimento físico moderno basado en alia técnica y rigurosa metodología científica demuestra la veracidad de la ley de la mutabilidad universal y transformabilidad de las partículas elementales de la materia, la ley que revela la profunda dialéctica interna del micromundo.

p Al mismo tiempo, debemos señalar que hasta los experimentos más efectivos e indiscutibles sólo pueden confirmar determinados aspectos de las teorías cientí ficas: ciertas tesis, conclusiones, leyes y concepciones [( articulares que integran las teorías generales. La fundamenlación plena y universal de las teorías se obtiene con una serie de experimentos, con la incorporación de sus resultados prácticos en la técnica, la producción y otros aspectos de la actividad humana. Pero esto no excluye el significado básico de la confirmación de la veracidad de unos u otros componentes esenciales de la teoría: son elementos orgánicos de la teoría científica como sistema y su veracidad no debe, en principio, contradecir la veracidad de la teoría en su conjunto.

p La cuestión del criterio de la veracidad en la esfera de las matemáticas adquiere especial importancia. Aquí debemos señalar que las categorías y estructuras matemáticas superiores no pueden definirse (desde el punto de su cualidad de verdaderas o falsas) llevándolas directamente a la realidad, a la experiencia. l<]u este sentido nos parece justificada la conocida tesis paradójica de Einstein: si los teoremas de matemáticas se aplican al reflejo del mundo real, entóneos no son exactos; lo son únicamente en lanío no se remiten a la realidad. 201 De aquí se han hecho reiteradas conclusiones acerca de (fue las matemáticas carecen por completo de criterio (le la veracidad de sus tesis, admitiéndose tan sólo la justedad lógico-formal de sus deducciones y conceptos. Actualmente, esta posición predomina en la concepción de N. Hurbaki, según la cual, las “verdades” matemáticas son un "aspecto particular de las concepciones generales" determinadas por los principios y exigencias del método axiomático en la construcción de las estructuras matemáticas   [201•13 . En este mismo plano deben contemplarse también las ideas de algunos estrucluralislas contemporáneos, eulre los cuales, el filósofo y lógico francés N. Mouloude es quien se ocupa más seriamente de la naturaleza de las estructuras matemáticas y ló gicas. En su obra Estracturfilixmo moderno, por ejemplo, dice que "la esfera de lo abstracto es aquella donde los criterios objetivos no se dan, sino que se establecen metodológieamenle”; más adelante afirma que la veracidad de los objetos matemáticos "se basa en la deducción formal, y no en las propiedades de los objetos, evidentes hasta la definición o la deducción"   [201•14 . Tales ideas están muy extendidas, lanío en el pasado como en el presente.

p En relación con esta peculiaridad de las matemá ticas se ha planteado reileradamente el problema de ¿donde osla, entonces, el verdadero criterio de su autenticidad? Einstein lo formuló de manera magistral, precisamente desde el punto de vista gnoseológico general. En su famoso informe "La geometría y la experiencia”, pronunciado en la Academia de Ciencias de Berlín (1921) dijo: "¿Por qué es posible esta magnífica correspondencia entre las matemáticas y los objetos reales, si ella no es más que la obra del pensamiento humano, no ligada a ninguna experiencia? ¿Puede el raciocinio humano comprender las propiedades de las cosas reales sin acudir a la experiencia, sólo medíanle las 202 rellexiones?"   [202•15 . En última instancia, la respuesta consiste en lo siguiente.

p Todo el edificio de las matemáticas como sistema se erige en su conjunto por una vía rigurosamente lógica: las matemáticas, en su principal contenido como disciplina teórica, como sistema —según Burbaki— de formas abstractas, de estructuras matemáticas, se desarrolla conforme a las leyes y reglas lógicas, sin comunicación directa con los objetos materiales. En ese elevado grado de abstracción de las estructuras y los conceptos matemáticos estriba su enorme fuerza y eficiencia para la revelación de las formas más complicadas de las relaciones cuantitativas y las sutiles propiedades espaciales de los objetos del mundo circundante, con toda la variedad y universalidad de estas propiedades y relaciones.

p Pero con todo, debemos cnfatizar que en sus "últimos" fundamentos, todo este complejo y polifacético edificio de estructuras matemáticas abstractas descansa sobre un sistema do conceptos primarios con origen real. Los conceptos matemáticos tuvieron en su surgimiento "un contenido intuitivo plenamente determinado"   [202•16 . Los conceptos de punto, recta, segmento, los axiomas básicos de la geometría tienen un origen empírico; los axiomas de las matemáticas, como los de la ciencia en general, son, en última instancia, el resultado de miles de millones de repeticiones en la práctica de las relaciones reales de las cosas. Si toda la posterior estructura de las matemáticas se monta de acuerdo con las leyes de la lógica, entonces no debe olvidarse que todas las leyes de la lógica y sus formas son el reflejo de lo objetivo en la conciencia subjetiva del hombre. En el plano gnoseológico podemos decir que el origen real de los conceptos y axiomas matemáticos, la expresión, en ellos, de las propiedades y relaciones cuantitativas y espaciales nos permite plantear de forma plenamente racional el problema del criterio de su veracidad, partiendo de las posiciones básicas, comunes para todo el conocimiento, para todas 203 las disciplinas científicas, pese a todas sus peculiaridades y diferencias mutuas.

p Pero como ley general, en la esfera de los conceptos y formas matemáticos superiores no existe la posibilidad de un criterio práctico directo de la veracidad. Si para los conceptos geométricos iniciales dicho criterio está presente, para las complejas construcciones de la geometría no euclidiana resulta irreal, pese a las numerosas tentativas realizadas en esta dirección, empezando por Gauss (su medición de los ángulos de un triángulo formado por los vértices de tres montes cerca de Gottingen y por los rayos de luz) y Lobachevski (cálculo de la suma de los ángulos internos de un triángulo cuyos dos vértices se determinan por las posiciones extremas de la Tierra y, el tercero, por la posición de la estrella Sirio). El desarrollo real del conocimiento y la práctica ha transcurrido aquí por caminos más complejos.

p A. Einstein fundamentó profundamente la posibilidad real de introducir el criterio de la experiencia práctica en las esferas superiores de las matemáticas, en los sistemas de las geometrías no euclidianas. Para ello, dice, es necesaria una precisa delimitación de conceptos: la geometría como construcción lógico-formal o "geometría puramente axiomática" con sus conceptos desprovistos do contenido y la geometría como ciencia natural cuya confirmación "descansa de manera sustancial en las deducciones de la experiencia, y no sólo en las conclusiones lógicas"   [203•17 . Por consiguiente, sólo la vinculación de la geometría y la física ofrece la posibilidad de aplicar el criterio práctico real de la verdad a los conceptos y formas geométricos: simbólicamente hablando —dice Einstein—, sólo la suma de (G) + (F) es objeto de verificación en el experimento.

p Para la propia teoría do la relatividad, estas ideas, provenientes de las investigaciones de Lobachevski, Gauss y Riemann tuvieron importancia fundamental. A este respecto, Einstein hizo la siguiente significativa declaración: "Yo concedo importancia particular a esta 204 comprensión do la geometría por cnanto sin olla yo no hubiera podido establecer la teoría de la relatividad"   [204•18 . En el plano ginecológico, esto permitió plantear con rigurosidad la cuestión de Ja geometría real del mundo. Más adelanto, Einstein dice que la cuestión de si el coi) tinuum espaoio-tiempo tiene "estructura euclidiana o riemaniana, o cualquiera otra os una cuestión física que debe responder la experiencia, y no una cuestión de opción o acuerdo basada en la simple racionalidad"   [204•19 .

p Como se sabe, las confirmaciones experimentales de la teoría general de la relatividad han demostrado que el espacio real tiene estructura geométrica ricmaniana (con cierta aproximación por supuesto) y que de la mé trica euclidiana del espacio puede hablarse tan sólo en dominios infinitamente pequeños, donde las geometrías euclidianas y no euclidianas coinciden. La experiencia ha demostrado igualmente que las relaciones métricas en el micromundo son no euclidianas.

p Semejante vía concreta do revelar el criterio de la veracidad de las categorías matemáticas superiores no tiene lugar siempre, por supuesto, en la forma dada e incluso en otras análogas. Poro las posiciones básicas generales se conservan, a nuestro juicio, en todos los casos: nos referimos al proceso complejo, mediatizado, frecuentemente niultiescalonado, de establecimiento de la veracidad de los conceptos y formas de partida, sobre los cuales, más tarde, se construyen, conforme a los principios lógicos, unas u otras concepciones y estructuras, cada vez más abstractas y generalizadas. El empleo indirecto y mediato del criterio práctico de la veracidad es en matemáticas la forma fundamental de su manifestación y acción.

p Pasemos ahora a ponderar el criterio de la práctica en la esfera de las ciencias sociales. Es claro que aquí no se trata del experimento en calidad de criterio, aunque algunos sociólogos burgueses hablan de " experimentos sociales”, entre los cuales quisieron incluir la Gran 205 Revolución Socialista de Octubre (!?). En la teoría leninista de la verdad se generaliza toda la práctica histórica de la época moderna, lodo su contenido profundo y contradictorio, toda la grandiosa experiencia do la lucha de masas por la transformación revolucionaria del mundo, por la creación de la nueva sociedad. Por ello es natural que precisamente este contenido decisorio do la práctica, todo el curso del desarrollo histórico, aparezca, dicho con palabras de Lenin, como criterio adecuado y concluyentc de la verdad de las ideas sociales, de todas las ramas de las ciencias sociales, de las doctrinas socio-políticas y de la misma política de los diferentes partidos y clases sociales.

p La dialéctica de la práctica social, en este sentido, se manifiesta, de un lado, en que la actividad de los hombres aparece como actividad conjunta de los individuos, de los sujetos con sus conciencias, voluntades y objetivos individuales, y, de otro, precisamente, en que, en su conjunto, en su totalidad, como actividad y lucha de determinadas clases sociales, pueblos y Estados, la actividad de los hombres en el sistema de la producción material y las relaciones sociales toma el carácter de Leyes objetivas del desarrollo social, básicamente independientes de la voluntad y la conciencia de los individuos. En esta unidad contradictoria del aspecto subjetivo y el objetivo de la práctica social el papel decisivo pertenece al segundo, y esto asegura al criterio de la práctica la posibilidad real de establecer la veracidad o la falsedad de las teorías y doctrinas sociales. Al mismo tiempo, esta unidad de los aspectos subjetivo y objetivo constituye una importantísima peculiaridad del criterio de la práctica en Ja esfera de las ciencias sociales.

p Examinemos este papel decisivo de la práctica social en la definición de la veracidad de las ideas del marxismo-leninismo como concepción filosófica científica y revolucionaria de la época contemporánea.

p Los enemigos descubiertos y solapados del marxismo-leninismo gustan de formular (muchas veces de forma provocativa) la pregunta: ¿"cuál" marxismo os el verdadero? Pues, dicen, se puede hablar de pluralidad 206 de “marxismos”, y por ello, esta pregunta liene formalmente "razón de ser”. Antes hemos señalado que la concepción de "pluralidad de marxismos" es totalmente inconsistente desde el punto de vista teórico general. Ahora se trata de definir la veracidad del marxismo desde el punto de vista del criterio decisivo de la práctica social.

p En una serie de trabajos, V. I. Lenin hizo una apreciación multilateral de la fuerza y la veracidad del marxismo sobre la base de su verificación objetiva por la época histórica moderna. En su artículo Vicisitudes históricas de la doctrina de Carlos Marx V. I. Lenin plantea de forma especial en el plano histórico general y gnoseológico la cuestión de la veracidad del marxismo como cosmovisión revolucionaria: "¿Ha confirmado el curso de los acontecimientos producidos en el mundo entero esta doctrina, después de haber sido expuesta por Marx?"  [206•20 . Respondiendo a esta pregunta, V. I. Lenin presenta el análisis de los tres períodos principales en el desarrollo de la historia universal desde el momento en que el marxismo se creó, caracteriza el desarrollo de los acontecimientos revolucionarios y políticos de cada perí odo y señala especialmente la forma y la medida en que la historia confirmaba la veracidad del marxismo en las diferentes etapas.

p La práctica revolucionaria de lucha de la clase obrera en el período comprendido entre la revolución de 1848 y la Comuna de París confirmó la plena endeblez de todas las doctrinas acerca de "un socialismo que no es de clase y una política que no es de clase”; a la luz do esta práctica "se acreditan como un simple absurdo"   [206•21 .

p El segundo período (1872-1904) se caracteriza por una nueva práctica de la lucha del proletariado, la reunión de sus fuerzas, la preparación para las batallas futuras y la formación de partidos socialistas de base proletaria. En este período "la doctrina de Marx obtiene un 207 triunfo completo y .ve va extendiendo. ... El liberalismo, interiormente podrido, intenta revivir bajo la forma de oportunismo socialista"   [207•22 .

p El tercer período, cuando se produjeron las revoluciones rusa, turca, persa y china abre una nueva fuente de las mayores tormentas mundiales. El Asia de ochocientos millones de seres es arrastrada a la lucha mundial; y ahora, después de la experiencia de Europa y Asia, hablar de una política que no es de clase y de un socialismo que no es de clase resulta absolutamente absurdo. Como previo C. Marx, "la descomposición de todos los partidos burgueses y el proceso de maduración del proletariado siguen su curso incontenible"   [207•23 .

p Esto permitió a V. I. Lenin terminar el artículo con la siguiente conclusión generalizadora: "Desde la aparición del marxismo, cada una de las tres grandes épocas de la historia universal ha venido a comprobarlo de nuevo y le ha dado nuevos triunfos. Pero aun será mayor el triunfo que habrá de aportar al marxismo, como doctrina del proletariado, la época histórica que se avecina"   [207•24 .

p Como se sabe, esta "época histórica que se avecina" —la época del leninismo— ha confirmado en todos sus aspectos la veracidad objetiva de las ideas marxistasleninistas acerca de la revolución socialista, de las vías y leyes de la construcción de la sociedad socialista en los diferentes países, de la edificación de la sociedad comunista, de las ideas desarrolladas de forma multilateral por el PCUS y por todos los partidos comunistas hermanos. La victoriosa lucha del pueblo soviético y de todos los pueblos de la comunidad socialista por la realización de dichas ideas os la confirmación de la verdad objetiva que encierran.

p A este respecto, en este plano teórico general debe señalarse lambién el planteamiento leninista de la cuestión acerca de la verificación y establecimiento de la veracidad de los principios ideológicos y teóricos de la 208 actividad y la lucha de los partidos políticos, lo (pie lie ne importancia, no sólo en maulo a la concreli/ación teórica de las lesis genérale;:, sino laminen para la comprensión de los objetivos y el significado del planteamiento del problema de la verdad en el marxismo-lcninismo el sentido politico práctico.

p En relación con dicho planteamiento de la cuestión, la obra de V. J. Lenin La enfermedad infantil del "iz quierdisnw" en el conuuiisruo tiene particular importancia. V. I. Lenin revela en ella el significado histórico mundial de la experiencia del bolchevismo desde el punto de vista de las conclusiones prácticas para la actividad de los partidos comunistas y en cuanto a la comprobación de la veracidad o falsedad de los principios y lincamientos ideoteóricos de los diferentes partidos y grujios políticos.

p Para este fin V. I. Lenin sugiere lomar y analizar’ proíundamcnle ”la historia del bolchevismo en todo el período de su existencia”. Esta experiencia licué un contenido excepcionalmenle profmuío y rico. "Kl bolchevismo ha reali/ado una historia práctica de quince años (1903-1917) señala Lenin — , que por la riqueza de su experiencia no lioue igual en el mundo"   [208•25 . Tomada en un contenido tan rico, la experiencia revolucionaria del bolchevismo se convierte en importante criterio verificador de la veracidad de las diferentes teorías y doctrinas políticas. V. I. Lenin contempla Ja experiencia del bolchevismo como partido político en estrecha vinculación con la aclividad práctica y la lucha de las masas. "Todos los puntos de vista programáticos y lácticos -dice— se verifican con la actuación de las masas"  [208•26 ; una correcta teoría revolucionaria se comprueba y forma sólo en estrecho nexo con el movimiento [¡radico verdaderamente de masas y verdaderamente revolucionario, lísto dclei’nüna el criterio de la veracidad de la teoría y la política del partido, el criterio en cnanto a lo 209 correcto de su dirección de la lucha de las amplias masas populares, que se convencen en sn propia experiencia de esla justedad.

p El análisis leninista de las principales etapas de la historia del bolchevismo muestra que la práctica revolucionaria del movimiento realmente de masas constituye el criterio decisivo de todas las teorías y programas, las orientaciones tácticas y la política de los diferentes partidos. Esta práctica ha demostrado también la inconsistencia del anarquismo y el menchevismo, de todo el revolncionarismo pequeñoburgués y de todos los géneros del oportunismo internacional. Y viceversa: el partido bolchevique se convenció siempre, en todas las etapas de la lucha, de la profunda veracidad de sus principios y tesis programáticas, de su táctica, precisamente sobre la base y en la práctica de la experiencia revolucionaria de las masas. La historia ha confirmado plenamente la veracidad del bolchevismo. Al mismo tiempo, todo esto significa que sólo una teoría correcta y verdadera y un programa auténtico de acción del partido político asegura la eficiencia de su lucha práctica.

p Este planteamiento que V. I. Lenin hace de la cuestión de la veracidad de los fundamentos teóricos y prá cticos de la actividad de los partidos poiílicos es una profunda concrelización de las tesis generales en la doctrina marxista sobre la verdad. También tiene una significación básicamente general para la lucha práctica de los partidos comunistas y obreros en la actualidad —la lucha contra las modernas doctrinas y teorías anticientíficas do los diversos partidos y tendencias burgueses, pequcñoburgueses y oportunistas—, para la educación de las masas con su propia experiencia en el espíritu de la lucha revolucionaria inspirada en las ideas y los principios revolucionarios del marxismo-leninismo.

p La introducción de la actividad revolucionaria de las masas populares como importante componente en el criterio de la práctica es una idea nueva y profundamente fundamentada de V. 1. Lenin, que adquiere valor gnoseológico con respecto a la definición de la veracidad o la falsedad de las doctrinas y puntos de vista sociopolíticos.

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p Al mismo tiempo, todo esto evidencia la total carencia de fundamento de las afirmaciones que hacen los filósofos y sociólogos burgueses acerca de la ausencia de criterio de la verdad en la esfera socio-política en general, donde, según ellos, no hay más que categorías apreciativas, sin ningún significado objetivamente verdadero. No hablemos ya de la demagogia y vaciedad de sus declaraciones acusando a los partidos comunistas de partir, no de la verdad, sino de los "intereses de la polí tica”. En realidad, todo ocurre precisamente al revés: la ideología y todas las decisiones políticas de los partidos comunistas y obreros se verifican por la prá ctica social, por los resultados de la actividad y la lucha de las masas populares, por todo el curso del desarrollo histórico. Esto determina la veracidad objetiva y el carácter científico de la ideología y la política de los partidos marxistas-leninistas.

p En consecuencia, podemos hacer la siguiente conclusión general: el criterio de la práctica, tomada con toda la variedad de sus aspectos y manifestaciones, es completamente definido y absoluto en el sentido de que permite establecer —refutando, al mismo tiempo, todos los tipos y formas de agnosticismo y escepticismo— la veracidad objetiva de las teorías y concepciones cientí ficas y, paralelamente, lo absoluto de la verdad como su momento real en el desarrollo del conocimiento. Esto ú ltimo no significa, por supuesto, la afirmación dogmá tica de verdades eternas, inmutables, absolutas y definitivas, proclamadas en los sistemas del idealismo absoluto y en las doctrinas dogmáticas religiosas.

p Pasemos ahora a examinar la cuestión de la " indefinición" y la relatividad del criterio de la práctica. En la característica de este aspecto esencial del criterio de la práctica pueden destacarse lógicamente los siguientes momentos: 1) la práctica no puede dar una confirmación (o refutación) íntegra, exhaustiva de todas las teorías, concepciones e hipótesis, es decir, principalmente de las formas complejas del conocimiento científico en todo su volumen y en todos sus detalles; 2) tampoco puede confirmar total y absolutamente la veracidad de los conocimientos humanos como verdades "últimas" 211 y “absolutas”; como dogmas infalibles y eternos, lo que significaría el fin del desarrollo del conocimiento del mundo; 3) la propia práctica social se desarrolla sin cesar y asume nuevo contenido; tiene siempre, en cada momento de su desarrollo, un carácter histórico concreto y, aunque no sea más que por esto, su valor como criterio de la verdad no puede ser absoluto-dogmático, sino siempre concreto-relativo. Advirtamos también que la práctica tropieza en su desarrollo no sólo con dificultades, sino, a veces, con la “imposibilidad” de realizar su objetivo de criterio adecuado do la veracidad de determinadas teorías o de ciertas tesis, conceptos, etc.

p En este sentido recordemos y valoremos las siguientes circunstancias en la historia de la ciencia. Como se sabe, hasta fines del pasado siglo la indesintegrabilidad y la indivisibilidad eran considerados entre los rasgos más esenciales de los elementos químicos. Eso era lo que mostraba la práctica de aquellos tiempos, restringida a sus medios técnicos. El ulterior desarrollo de la prá ctica enseña lo impermisible de su absolutización, puesto que esto conduciría inevitablemente a la transformación de nuestros conocimientos en dogmas inalterables, resultando, como en el caso dado, afirmaciones falsas. Recordemos también las dificultades prácticas que apuntaban, en determinadas etapas, incluso conclusiones contrarias respecto al "viento etéreo”, lo que obligó a los físicos a repetir experimentos durante medio siglo hasta obtener un resultado fidedigno, objetivamente verdadero.

p Veamos brevemente la historia de la confirmación de la veracidad de las geometrías no euclidianas. Ya hemos examinado el planteamiento básico general de la cuestión acerca de la realidad y la necesidad del criterio de la práctica también para las categorías y construcciones matemáticas superiores. Destaquemos ahora el aspecto relativo del criterio de la práctica en este dominio. Ya los primeros intentos de Gauss y Lobachevski mostraron la “imposibilidad” para aquellos tiempos de verificar prácticamente la justedad de las correlaciones no euclidianas aplicadas al espacio real: la técnica de la medición de entonces no permitía dar una respuesta fidedigna a esta cuestión.

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p La geometría hiperbólica de Lobaclievski-Bolyai se consideró mucho licnipo una construcción purnmcnle lógica, abstracta, sin relación alguna con el inundo real y, menos aún, con la práctica. Después si; descubrieron las superficies de curvatura negativa, resultando que entre otras cosas, en la pseudoesfera de Beltrami se realizan las relaciones de la geometría hiperbólica (en dominios infinitamente pequeños, de la euclidiana). Sin embargo, no eran objetos físicos reales, sino propiamente geométricos.

p Algo más tarde, Ricmann da un importante paso hacia el establecimiento del nexo inlorno de la geometría y la física, y su geometría elíptica encuentra aplicación directa en la teoría de la relatividad, en la teoría relativista de la gravitación. Desde este momento, se hizo posible aplicar el criterio de la práctica para determinar la autenticidad de cada geometría con respecto a la estructura del espacio real.

p Con toda su precisión básica, el criterio de la prá ctica dejó ver aquí también su relatividad, su " indefinición”. Ante Lodo, desde las primeras geometrías no euclidianas, la práctica no pudo durante muchos decenios decir ni una sola palabra concreta. Las ideas de Gauss datan de 1816; Lobachevski dictó su conferencia sobre la geometría no euclidiana el año 1826, en la Universidad de Kazan; Bolyai expuso esas mismas ideas en 1832; los trabajos de Ricmann se producen en la década del 50 del pasado siglo: ése es el intervalo hasta la aplicación de dichas ideas a la teoría de la relatividad que posibilitó la aplicación del criterio de la práctica por la realidad.

p Prosigamos. La moderna práctica de las observaciones y los experimentos científicos no ha permitido todavía establecer con la necesaria exactitud el carácter de la distribución de las masas materiales en el espacio có smico; esto sería de extrema importancia para solucionar la cuestión del grado de aplicabilidad de la geometría riemauiana al mundo real, el grado de aproximación de sus correlaciones a la realidad. En gran medida, esta cuestión sigue hoy planteada, precisamente a consecuencia de las posibilidades relativamente limitadas de la 213 práctica en este período concreto histórico de su desarrollo. Tampoco ha contestado todavía la práctica a la cueslión do la densidad media del Universo, lo que tiene importancia excepcional para solucionar el problema de su finitnd o infinitud. Esto último tiene tanta mayor importancia por cuanto la teoría de la relatividad admite teóricamente ambas posibilidades. En este sentido, se ha creado aquí una aguda situación gnoseológica en que la práctica ha resultado, en el momento dado del desarrollo del conocimiento, tan “indefinida” que no puede confirmar ninguna de las soluciones alternativas.

p Otro es el aspecto que ofrece la situación de la verificación práctica de la idea de la inagotabilidad de la estructura de la materia en profundidad, enunciada en forma filosófica general por V. I. Lenin en las palabras de "el electrón es tan inagotable como el átomo"  [213•27 , aceptada hoy íntegramente por la física moderna. Importa señalar que la práctica ha confirmado ya el hecho de la estructura compuesta del protón (su núcleo, está rodeado por una nube de ir-mesones), aunque en la práctica aún no se han establecido efectos más complejos y sutiles que evidencian la inagotabilidad del propio electrón. Nos referimos a las sutiles acciones gravitacionales y electromagnéticas del electrón, expresadas en conceptos do sus radios gravitacional y electromagnético en magnitudes calculadas ya por la física teórica, pero sin haber sido verificadas por los medios prácticos actuales. Sin embargo, a diferencia de la situación respecto al "gran Cosmos”, aquí no existe la alternativa análoga, sino que la cuestión se reduce al sucesivo desarrollo y perfeccionamiento de la técnica experimental.

p Cuando hablamos en este plano de la relatividad del criterio de la práctica, no sólo no hacemos concesión alguna al relativismo y al agnosticismo, sino que, por el contrario, partimos de posiciones completamente opuestas a ellos. Contemplamos la relatividad y la " indefinición" del criterio de la práctica en el sentido 214 histórico-concreto y antidogmático, como ya se ha formulado al comienzo de la exposición de la presente cuestión.

p Con respecto a los problemas de la teoría de la relatividad nos detendremos brevemente en la posición de K. Popper que critica el dogmatismo en el conocimiento en general y en la comprensión de la teoría de la relatividad en particular. Apoyándose en las enunciaciones hechas por el propio Einstein a este respecto y refutando con razón la absolutización de las tesis de dicha teoría, en particular de la teoría relativista de la gravitación, Popper deduce, sin embargo, que la misma "es no verdadera (not true), aunque da una mayor aproximación a la verdad que la teoría de Newton"   [214•28 . Aquí, lo típico del relativismo es la mezcla de los conceptos: la verdad se contempla como completa, exhaustiva, absoluta y, sobre esta base, considerando que dicha verdad es inalcanzable en ninguna teoría por separado, se llega a una conclusión en esencia agnóstica. En realidad, se trata para cada teoría de la verdad concreta, determinada y posible en la etapa histórica dada, relativa en este sentido y, por consiguiente, una verdad objetiva, lo que excluye cualquier tipo de agnosticismo. El criterio de la práctica es precisamente el que permite establecer la veracidad de las correspondientes teorías y concepciones: la veracidad en su contenido dialéctico como unidad de lo absoluto y lo relativo, lo que está orgánicamente vinculado al carácter dialéctico del propio criterio de la práctica como unidad de su condición de definida (absoluta) y de " indefinida" (relativa).

p Gnoseológicamente, también podemos aplicar esos mismos razonamientos de principio respecto al criterio de la práctica en la esfera de las ciencias sociales. Aquí, la principal peculiaridad consiste en el papel determinante de los aspectos socioeconómicos de la práctica como actividad socio-histórica de los hombres, que permite establecer con toda precisión la veracidad objetiva de las teorías sociales científicas y refutar las concepciones y puntos de vista falsos. Al mismo tiempo, en 215 este terreno, el carácter dialéctico del criterio de la prá clicn se manifiesta con tanta precisión como en la esfera de las ciencias naturales y matemáticas.

p Las ciencias sociales, en su conjunto, reflejan la esencia y las leyes de todo el desarrollo histórico-social. Este úlümo tiene un ritmo considerablemente más rá pido que el de los fenómenos de la naturaleza. Es en parlicular rápida, radica] y revolucionaria la sucesión de los acontecimientos y procesos sociales en la presente é poca de la extraordinaria aceleración del desarrollo hislórico, época de un dinamismo de la historia humana sin precedentes. Ya por esta causa, las ideas, teorías y conceptos que constituyen el contenido gnoseológico de las ciencias sociales no pueden ser una colección de dogmas eternos y muertos, desconectados en este caso de la práctica socio-histórica, en su decursar ininterrumpido y acelerado. Con ello, esto significa que la propia práctica tiene un carácter profunda y consecuentemente dinámico.

p Por su naturaleza, el marxismo-leninismo, como se decía en la característica de lo absoluto y lo relativo de la verdad, es antidogmático. Esto viene condicionado precisamente por su unidad orgánica con la práctica, con la lucha revolucionaria de las masas, con los procesos históricos de la creación de una sociedad nueva, la sociedad socialista y comunista. Tal doctrina no puede ser dogmática, pues la práctica, al desarrollarse y enriquecerse con nuevos acontecimientos, fenómenos y procesos, exage necesariamente su correspondiente desarrollo, el cambio de su contenido concreto y el engrandecimiento con nuevas ideas y concepciones.

p Pudiéramos caracterizar la relatividad del criterio de la práctica en el siguiente contexto.

p El desarrollo ininterrumpido de la práctica social conduce lógicamente al desarrollo de la propia teoría del marxismo-leninismo, que tiene, en cada momento dado, un contenido histórico-concreto determinado. El genial análisis que se hace en El Capital de la esencia y las leyes del desarrollo del capitalismo no excluye, por supuesto, sino, al contrario, presupone la necesidad de analizar los nuevos fenómenos socioeconómicos, ausentes en los 216 estadios anteriores del desarrollo social. El criterio de la práctica, al ser plenamente definido, no puede ser aquí absoluto en el sentido de que haya que canonizar El Capital como verdad absoluta y exhaustiva para todos los tiempos, que no requiere ningún desarrollo posterior ni cambios. Precisamente el desarrollo sucesivo de la práctica social, el surgimiento de nuevos procesos propios del imperialismo como fase superior del capitalismo, exigió el análisis de tales procesos, lo cual fue realizado por V. I. Lenin en su genial obra El imperialismo, fase superior del capitalismo. Pero también esta práctica como criterio do la verdad tiene sentido relativo. Dicha obra de Lenin no tiene nada de canon absoluto; la misma práctica le impide transformarse en sistema dogmático e inmutable de categorías absolutas; su carácter histérico-concreto, su relatividad en este sentido, como criterio, presupone la necesidad de seguir examinando los nuevos fenómenos. En la época contemporánea esto ha cobrado especial claridad en relación con la revolución científico-técnica más grande de la historia, impulsadora de consecuencias socioeconómicas de largo alcance. Por ello, la teoría moderna del imperialismo basada en las ideas principistas de Lenin, debe apoyarse en la nueva práctica histórica que, a su vez, tiene un nuevo sentido concreto y determinado que jamás, en ninguna etapa del desarrollo permite transformar los conocimientos humanos en canon absoluto y dogmático para lodos los tiempos.

Todo esto significa que el carácter dialéctico real de la práctica como criterio de ]a verdad se revela en la unidad con la dialéctica de la propia verdad: este carácter determina su objetividad, sin lo cual no se puede hablar de la verdad en general, de su condición de absoluta y universal y, al mismo tiempo, su relatividad, carácter concreto, pluriformidad de su manifestación en las diferentes áreas del conocimiento.

* * *
 

Notes

 [195•10]   V. I. Lenin. Materialismo y empiriocriticismo, O. C., t. 18, págs. 145-146.

 [197•11]   D. Hilbert. Problemas de la juiídnmeníación de las matemáticos, En el libro Fundamentos de la geometría, Moscú-Lenin-grado, 1948, pág. 399.

 [199•12]   Véase: A. Einstein. Sobre la teoría especial y general de la relatividad, § 16, Anexo III. En la Compilación de obras cientí ficas, t. I; A. Einstein. El tiempo, el espacio y la gravitación. Kn la Compilación de obras científicas, t. II, y también S. Vavílov. Fundamentos experimentales de la teoría de la relatividad, Moscú, 1956, Obras, t. 4.

 [201•13]   Véase N. Burbaki. Ensayos sobre la historia de las matemáticas, Moscú, 1963, pág. 258.

 [201•14]   N. Mouloude. Estructnrallsmo moderno. Reflexiónes sobre el método y la filosofía de las ciencias exactas, Moscú, 1973, pág. 47, 71.

 [202•15]   A. Einstein. Compilación de obras científicas, II, pág. 83.

 [202•16]   N. Burbaki. Ensayos sobre la historia de las matemáticas, Moscú, 1963, pág. 259.

 [203•17]   A. Einstein. Compilación de obras científicas, II, pág. 85.

 [204•18]   Ibid. (El subrayado os del autor. — G. K.)

 [204•19]   Ibíd., pág. 87. Véase también ct artículo especial de Einstein. La geometría no euclidiana y la física. (Compilación de obras científicas, 11, págs. 178-182.)

 [206•20]   V. I. Lenin. Vicisitudes históricas de la doctrina de Carlos Marx, O. C., t. 23, pág. 1.

 [206•21]   Ibíd., pág. 2.

 [207•22]   Ibíd, pág. 3.

 [207•23]   Ibíd., pág. 4.

 [207•24]   Ibíd.

 [208•25]   V. I. Lenin. La enfermedad infantil del "izquií’rdismo" en i’L comunismo, U. (.’., 1, \\ p;ígs O 8 ’*<

 [208•26]   Ibíd., pág. 9.

 [213•27]   V. I. Lenin. Materialismo y empiriocriticismo, O. C., t. 18, pág. 277.

 [214•28]   K. Popper. Objective knowledge, p. 335.