DE LA VERDAD
p
La verdad es una; la mentira, una
legión.
p La verdad como concepto general es la unidad de la multiformidad, es un proceso único, amplio, universal de creación del cuadro científico del mundo, que se manifiesta en toda la variedad de sus diversas formas, facetas y aspectos, etapas y escalones históricos, resultados y momentos históricos concretos del conocimiento. Cada una de estas formas, cada uno de los elementos es una imagen concreta de la Verdad vínica, única en su esencia y principios, y multifacética en sus manifestaciones y sus formas, en constante desarrollo.
p Esta unidad de la verdad corno concepto general y universal, como proceso único por su esencia y naturaleza, se determina por los tres siguientes principios básicos, cada uno de los cuales tiene significado universal.
p 1. El principio de la objetividad de la verdad y de todas las formas verdaderas que determina la unidad de la verdad como proceso de reflejo activo, en todas sus formas y manifestaciones, de toda la variedad del mundo real, su unidad como sistema científico de los 170 correspondientos conceptos y categorías. El sistema de la verdad no puede considerarse científico si el principio de objetividad se infringe en alguno de sus eslabones, aunque sea en grado mínimo.
p 2. El principio del dinamismo que determina la unidad de la verdad precisamenle como proceso, tanto en su conjunto, en la comprensión de su naturaleza dialé ctica en general, como en relación a todos sus componentes. La verdad como sistema de diferentes conceptos es un sistema abierto y en desarrollo; se desarrolla y cambia el contenido de todas sus formas, facetas, aspectos y vínculos entre ellos; aquí su unidad aparece dinámica, unidad del movimiento de su estructura en toda la integridad y multiíormidad de todos sus elementos y sus relaciones.
p 3. El principio de contradicción de la verdad que expresa directamente la contradicción de todo el proceso cognoscitivo, igualmente inherente a todo el sistema de la verdad, tanto en su conjunto como a cada uno de sus elementos. Este principio debe considerarse determinante de la unidad interna de la verdad, su esencia en toda la contradicción del complejo y multifacético proceso de creación y desarrollo del cuadro científico del mundo, la esencia de todos los conceptos determinantes de la verdad que, en su vinculación, forman su estructura. El análisis de la contradicción do todas las formas y manifestaciones de la verdad incluye lógicamente como punto culminante, en el sentido determinado y relativo, el examen de la contradicción (en su unidad) de la unidad y multiformidad de la verdad.
p Ciertamente que el procoso de conocimiento científico actúa como la forma determinante de manifestación de la dialéctica de la unidad y la pluriformidad de la verdad, lo cual no excluye la presencia de formas determinadas de veracidad también en otros modos y medios de comprender la realidad, por ejemplo, en el arte y la moral, lo que se tratará brevemente al final del capítulo.
p La unidad y la pluralidad facética de la verdad en la esfera científica, es decir, en su esfera propia y adecuada, se revelan, a nuestro juicio, en las siguientes direcciones principales.
171p Primero, en el plano histórico. Se ha observado hace ya mucho que la verdad es una. pero que las formas históricas de su revelación son infinitas y siempre inevitablemente imperfectas. Sin embargo, esta imperfección no es una negatividad pura: en todas las formas históricas de revelación de la verdad hay un determinado contenido positivo, por cuanto se trata realmente de formas históricas verdaderas. Si la verdad como proceso constituye una unidad profunda y copiosa, si es única como proceso integral de su desarrollo, entonces, por consiguiente, cada etapa histórica do esto proceso verdadero único, como procoso de formación y desarrollo ininterrumpido del cuadro científico del mundo, es la forma histórica concreta de revelación de la verdad única, realizada en la amplia variedad de dichas formas que corresponden a las etapas dadas. En una manifestación de la verdad única, más generalizada, aunque en principio ceñida al mismo plano de la pluriformidad histórica concreta, cada cuadro científico del mundo, creado en la correspondiente etapa del proceso del conocimiento y que exprese el nivel logrado de cultura espiritual de la é poca dada, es una forma histórica determinada de revelación de la verdad, su faceta esencial en su movimiento histórico. Además, básicamente, cada elemento de cada cuadro científico del mundo —por ejemplo, las leyes do la mecánica de Galileo-Newton en calidad de componente del cuadro científico del mundo ofrecido por la física clásica — , puede contemplarse como elemento do la propia verdad, como eslabón determinado en su multiformidad, de su rico y variado contenido.
p Si partimos de la definición que V. T. Lenin formula de la dialéctica corno teoría de inmenso contenido, podremos decir que la verdad como proceso en su pleno y copioso contenido es el conocimiento vivo y multifacético, con incesante aumento de sus facetas, con un infinito depósito de matices y aspectos y una variedad prá cticamente interminable de lados y componentes. Pero todo esto es siempre la manifestación de la unicidad de la verdad como verdad de la razón y de la ciencia, lo que fuera proclamado con tanta fuerza por el magno y apasionado luchador por la verdad, el inmortal Giordano Bruno.
172p En el proceso histórico do conocimiento de la verdad, sus formas llegan en determinadas etapas a la necesaria cristalización lógica en conceptos y categorías que caracterizan, no el conocimiento en general, sino el verdadero conocimiento, la propia verdad, unos u otros de sus aspectos como concepto general. Esto se manifiesta en las concepciones de la verdad, que históricamente se desarrollan, en las que se forman las correspondientes definiciones (por ejemplo, la verdad como correspondencia entre las ideas y las cosas, la universalidad de la verdad, la no contradicción lógica de los juicios verdaderos, etc.), que expresan en su conjunto, en su surgimiento histórico y adición incesante de nuevas definiciones, la pluriformidad de la verdad como proceso.
p Segundo, esta multiformidad se evidencia en el plano lógico, es decir, como principio, en cierto sentido, independientemente del tiempo; en otras palabras, en la sección xincrónica. Podemos realizar mentalmente semejante corte en cada momento dado del movimiento de la verdad como categoría universal, y entonces se abrirá ante nosotros el cuadro de las variadas formas y definiciones lógicas que caracterizan los respectivos aspectos y facetas de la verdad. Se entiende que todas estas definiciones son resultado del desarrollo histórico del conocimiento; sin embargo, por haber sido creadas en este proceso, operan lógicamente en calidad de sistema relativamente autónomo de categorías, que no sólo caracterizan directamente, sino que representan también la verdad en el plano sincrónico y que expresan en su conjunto su multiformidad.
p Aquí debemos delimitar claramente los dos siguientes aspectos necesarios en la comprensión de la unidad y la pluriformidad de la verdad: 1) la unidad de la verdad en su conjunto como concepto general se halla en ligazón orgánica con la múltiple variedad de formas de su manifestación; por tanto, también de las formas del conocimiento verdadero aunque, por supuesto, limitado, unilateral y relativo, etc.; 2) se trata de la posibilidad de variedad de las diferentes soluciones de uno u otro problema, la posibilidad de la creación de diferentes 173 conceptos y teorías completas en relación con unos u otros objetos y procesos de la realidad.
p Desde el punto de vista gnoseológico la diferencia aquí es muy esencial. Si en el primer caso, en todas las formas tiene lugar la veracidad de su contenido, una u otra variedad en la revelación de la verdad, una u otra imagen de la verdad universal; en el segundo caso, se trata de la unicidad de la solución verdadera y la eliminación de todas las demás como no verdaderas, es decir, falsas en su esencia, aunque en ellas (si nos referimos a teorías e hipótesis amplias y ramificadas) se contengan algunos momentos verdaderos. De aquí el famoso aforismo francés: la verdad es una; la mentira, una legión. A veces, esto se transmite de la siguiente manera: hay mil formas de equivocarse, pero la verdad es una y simple.
p En el proceso cognoscitivo real esta ley aparece bastante compleja y nada simple. Si de lo que se trata es, por ejemplo, de la definición de los conceptos cientí ficos fundamentales, esta ley se manifestará en una forma más o menos determinada. Tenemos ante nosotros, por ejemplo, diferentes definiciones del concepto " Estado”. Están los de "aparato de administración”, " organización del orden”, "vivencia psíquica" o sencillamente "poder supremo”. Aunque incluso en estas definiciones podamos detectar algunos elementos verdaderos, ninguno de ellos resulta científico ni objetivamente verdadero, por cuanto en todos los casos se soslaya lo esencial: la esencia clasista del Estado como aparato de poder político, lo que determina la veracidad objetiva de la comprensión del Estado definida en la teoría del marxismoleninismo. En principio, esto tiene sentido universal para todos los conceptos, cuyas definiciones pueden ser muy diversas, pero sólo una puede ser científica y verdadera, mientras las otras, si no son deliberadamente falsas, pueden contener algún elemento de veracidad.
p Algo más complejo es el desarrollo de las diferentes teorías de unos u otros procesos cuya esencia aún no está identificada en el momento dado. En este caso, como regla general, tiene lugar el entrelazamiento de concepciones y teorías con aproximación de verdad y 174 falsas, Hinchas de las cuales aparecen en calidad do construcciones hipotéticas, que, no obstante, contienen componentes verdaderos, listos pueden hallarse incluso en Jas teorías plenamente falsas, en forma de elementos parciales, por supuesto.
p De esta manera, la física realiza actualmente bú squedas de las vías para la construcción de la teoría de las partículas elementales que, en caso de éxilo, adquiera el valor de teoría única de la materia. Como se sabe, Einslein entregó muchos años de su vida —de hecho, los últimos dos o tres decenios —, a esta obra, aspirando a crear la teoría única del campo. Junto con él, paralelamente, marcharon numerosos científicos, físicos y matemáticos. Su idea consistía en relacionar con las propiedades del espacio y el tiempo, no sólo el campo de gravitación, sino también el electromagnético y el mesónico. Era necesario abarcar estos campos con un esquema geométrico único, para lo cual se proponía el empleo de diversas construcciones geométricas: geometría con métrica asimétrica; con espacio, no sólo corvado, sirio también “retorcido”; geometrías pentadimensioiíales, y otras. Sin embargo, según los propios autores de estas teorías, sus "audaces esperanzas no se realizaron”, "la belleza de las concepciones geométricas" resultó "inasociable con las representaciones físicas fundamentales”, carente de "sentido real" [174•1 . Cuando Einstein logró la ecuación del campo como generalización de las ecuaciones gravitacionales del espacio vacío, resurgió la esperanza de hallar una solución positiva al problema. Pero pronto se conoció, como señalara con razón el académico V. Fok, que esta generalización no tenía sentido físico, por cuanto se había basado en la fe de Einstein en la " posibilidad de hallar por vías especulativas el principio universal que representara la clave a todas las leyes de la física" [174•2 . De hedió, eso tuvo que admitirlo el propio Einslein señalando especialmente que "las ecuaciones 175 generalizadas del campo que había propuesto están lejos de su perfección. . . l’or ello, entre la posibilidad do confrontar Jos resultados de la teoría y los experimentos hay una barrera todavía infranqueable" [175•3 .
p En esta teoría, una serie de tesis verdaderas relacionadas con la teoría relativista de Ja gravitación se entrelazan con los empeños aprioríslicos de subordinar todo el contenido concreto, especialmente las propiedades cuánticas de Jas partículas elementales de la materia, a los esquemas geométricos de Ja teoría no cuántica. Esta última circunstancia impide aceptar toda la concepción en calidad de teoría verdadera.
p Otra línea de búsquedas de la teoría única avanza por la vía general de la física moderna: el desarrollo de Jas investigaciones de la estructura de la materia, de las leyes cuánticas y relativistas del movimiento de las micropartículas de la materia. La teoría cuántica descubre la especificidad del micromundo con alto grado de penetración en la esencia de los fenómenos; estableció Ja síntesis de las propiedades corpusculares y ondulatorias do los microobjetos, demostró la inconsistencia de las ideas inecanicistas sobre la velocidad, la coordenada, la trayectoria; reveló un carácter cualitativamente nuevo en las relaciones causales de los microproccsos, estableció la necesidad de la interpretación estadística de la función ondulatoria ip, que describe la conducta del electrón y otras partículas elementales. Se han desplegado ampliamente las investigaciones del mundo de las partículas elementales do la materia, cuyo número aumenta sin cesar, conociéndose hoy ya más de 200 con las propiedades más diversas, paradójicas y "fantá sticas”. Se lia establecido la ley de la transformabilidad mutua universal de las partículas que denuncia la existencia de una base profunda e interna que las intcrrelaciona y que dclerrnina cu última instancia la unidad material del micromundo, del macromnndo y el "Gran cosmos”. Pero la física moderna no ha creado aún una teoría de las partículas elementales única, admitida y 176 fundamentada, que pueda asegurar la construcción de un cuadro físico del mundo, nuevo y único. Todos los intentos y esquemas concretos de tales construcciones, aún contando con una serie de tesis racionales y verdaderas, todavía no han llegado a triunfar (por lo visto, la más interesante sigue siendo la do W. Heiscnberg, quien, entre otras cosas, ha construido una ecuación, denominada por él mismo, aunque no de forma categórica, "verdadera ecuación de la materia”) [176•4 .
p Al mismo tiempo, como admiten todos los físicos notables de hoy, y no sólo ellos, el problema de la construcción de la nueva teoría es muy actual. Con este fin son posibles los enfoques, concepciones y teorías más diversos, pero, si cuentan con una serie de componentes racionales y verdaderos, gnoseológicamente será científica, objetivamente verdadera, una teoría determinada que, por supuesto, puede constituir cierta síntesis, pero no tanto de las concepciones anteriores en su conjunto, como esencialmente de las ideas y tesis racionales desarrolladas en aquellas. El físico teórico norteamericano Dyson supone que dicha nueva teoría se creará sólo en el siglo XXI. La mayoría de los científicos soviéticos, que también tienen conciencia de las dificultades que comporta la solución de problema tau grande, son más optimistas basándose en el potente progreso científico de nuestros tiempos y su constante aceleración. Este avance de la física moderna conduce tenazmente, como señalara con perspicacia V. I. Lenin ya a comienzos de siglo, hacia la unidad de la materia, en otras palabras, a la construcción de una teoría única del mundo físico que, por su esencia, debe satisfacer también lógicamente todos los criterios gnoseológicos de las teorías objetivamente verdaderas.
p En el plano de la dialéctica de la unidad y la pluriformidad de la verdad, la cuestión de pluralismo de las concepciones y doctrinas sociopolíticas, en particular y especialmente la cuestión del pluralismo del marxismo promovida por el revisionismo, son excepcionalmente 177 importantes, tanlo desde el punto de vista teórico como político práctico. Analizaremos esta cuestión de manera especial pero, por supuesto, no en abstracto sino en el plano concreto conceptual.
p Como se sabe, ya a comienzos de siglo el revisionismo internacional promovió la cuestión de los "variantes múltiples" del marxismo, intentando privarle de su esencia revolucionaria. Los teóricos do la Segunda Internacional hace ya mucho que declararon el leninismo "fenómeno específicamente ruso" inaplicable para el " marxismo occidental”, para los países europeos desarrollados. Poco después de la segunda guerra mundial, uno de los más destacados teóricos del social-rcformismo, K. Renner, en su libro El nuevo mundo y el socialismo proclamó un "marxismo especial" para cada país y cada é poca; do ahí que hay tantos “socialismos” como Estados y países. Esta idea encarnó en todos los partidarios y prcconizadorcs del “polimarxismo” o “pluralismo” en la comprensión y la interpretación del marxismo en la presente época.
p ¿Cuál es, teóricamente, la esencia de esta concepción y su falta de consistencia e inaceptabilidad desde el punto do vista científico, desde las posiciones de la teoría leninista de la verdad? Podemos caracterizarla de la siguiente manera.
p "Pluralismo del marxismo" significa: una interpretación básicamente distinta de las tesis y principios más importantes del marxismo cu dependencia de las condiciones peculiares de cada país o grupo de países; el cambio de principios, la desvirtuación fundamental de la esencia de las ideas del marxismo-leninismo en su aplicación a las diferentes condiciones nacionales e histórico-sociales; la “libertad” para que todos pueden tomar del marxismo ciertas tesis aisladas, aplicar en sus condiciones propias lo “bueno” del marxismo y rechazar lo “malo”, la negación de lo científico y objetivamente verdadero y, de aquí, del valor general de las ideas y principios del marxismo, la interpretación del marxismo sólo como "ideología" y, de aquí, la posibilidad de sus más variadas adaptaciones a los intereses de diferentes grupos sociales; la negación del criterio objetivo de la " 178 veracidad" de una u otra variedad del marxismo y la proclamación de la “equivalencia” de todas sus especies y variedades.
p A fin de cuentas, la esencia de todas las manifestaciones modernas de la concepción del "pluralismo del marxismo" se reducen a estas características, ya juntas, ya por separado. Esto se refiere íntegramente tanto a las viejas como a las nuevas afirmaciones de que el leninismo es un marxismo nacional ruso (los ideólogos de la II Internacional, el revisionista italiano Giolitti, el filósofo neotomista Bocheñski, el revisionista checoslovaco Gisár y el francés Garaudy, muy próximo a estas posiciones). Son igualmente infundadas las definiciones de marxismo “oriental” y “occidental” o de cualquier “marxismo” nacional, que las de "nuestro leninismo" hechas desde las mismas posiciones nacionalistas, como ocurre con quienes se encastillan en sus peculiaridades nacionales, a las que deben aplicarse de forma concreta los principios generales del marxismo-leninismo.
p La característica intervención hecha por el filósofo de Zagreb P. Vranicki en el XIV Congreso Internacional de Filosofía (Viena, 1968) mantuvo en esencia estos postulados al proclamar la necesidad de diversas variantes de filosofía del marxismo: "Hay que rechazar radicalmente el punto de vista —dijo— de que existe una sola filosofía marxista o una estructura de esta filosofía, y admitir la existencia de diferentes variantes" [178•5 . Es evidente que aquí se presenta la misma idea del pluralismo “aplicada” especialmente a la filosofía marxista.
p La flojedad teórica de todas las concepciones del pluralismo marxista en general o de la filosofía del marxismo en particular se revela, ante todo, en que la esencia única de la doctrina marxista se desintegra en numerosas variantes según los rasgos nacionales o regionales, y, además, este significado único, general y sustancial del marxismo como doctrina revolucionaria, no sólo pasa a segundo plano, sino que se soslaya de hecho en las concepciones del pluralismo. Desde el punto de vista 179 metodológico, significa la contraposición metafísica, unilateral y empírico-simplificada de lo específico nacional a lo único universal, punto que ya hemos examinado con relación a la dialéctica de lo universal y lo concreto de la verdad, y con lo cual esto tiene realmente una relación lógica.
p En el plano de la unidad y la pluriformidad de la verdad subrayaremos especialmente que la unidad de las ideas y principios del marxismo-leninismo, no sólo no excluye, sino que presupone necesariamente la diversidad del desarrollo concreto, el enriquecimiento y la aplicación adecuada de estas ideas y principios en las diferentes condiciones de la lucha revolucionaria de los distintos países y continentes. Pero la diferencia cardinal entre este planteamiento del problema y las concepciones pluralistas consiste en que aquí se trata precisamente de los principios generales, determinantes y únicos del marxismo que expresan su esencia revolucionaria, que son precisamente negados y diluidos en lo particular y específico. Esto último, privado de una esencia general y única como base de las concepciones del pluralismo, se convierte en un principio indefendible y falso. Por ello, en el marxismo-leninismo tenemos una conexión directa entre la unidad y la pluriformidad de la verdad y, en las concepciones del pluralismo, la contraposición metafísica de una a otra. Como conclusión general debemos decir que la verdad es una, que el marxismo-leniuismo es una doctrina única, verdadera, revolucionaria e intemacionalista y que sus especies y variedades “nacionales” son concepciones falsas que, hablando en abstracto, pueden ser una legión entera, pero la vérité est unie, et le mensonge est legión!
p En el XIV Congreso Internacional de Filosofía, un delegado del Estado africano de Biafra preguntó: Nosotros estamos dispuestos a adoptar el marxismo y aplicarlo, pero, ¿cuál tomar, existiendo tantos? A esto puede responderse con pleno derecho: el marxismo es uno, pero concepciones falsas, aunque se llamen "marxismos nacionales”, hay todas las que se quiera. Por consiguiente deben “tomarse” las ideas y los principios de la única doctrina marxista-leninista, desarrollándolos y 180 aplicándolos creadoramente de acuerdo coa las condiciones histó rico-concrelus de los düerenLes países y regiones. Pero en cualquier circunstancia, se tratará de los principios proi’undamente científicos y consecuentemente revolucionarios del marxisnio-leninisnio, cuya veracidad objetiva, precisamente como principios universales y únicos, está í undamentada y demostrada por la práctica social.
p Tercero, a veces se considera que, en las diferentes disciplinas científicas, la verdad se manifiesta en ¡ urinas especiales y particulares, por lo cual deben introducirse los conceptos "verdades matemáticas”, "verdades físicas”, "verdades históricas , "verdades filosóficas ’, etc. En la giioseología idealista contemporánea se particularizan de forma especial las verdades matemáticas como si constituyeran una esfera del conocimiento en la que rigen leyes distintas de las do otras áreas. Aquí, la idea principal se reduce a que, por el máximo grado de su abstracción, las "verdades matemáticas , es decir, de hecho los conceptos y categorías matemáticas, se subordinan totalmente a las leyes inmanentes del desarrollo, en cuyo proceso se crean por el "puro intelecto humano" y tienen su criterio propio, estrictamente lógico, a diferencia, en particular, de las verdades del conocimiento empírico para las cuales tiene vigor el criterio de la experiencia práctica.
p En efecto, debemos reconocer que las matemáticas operan con categorías altamente abstractas que se caracterizan, al menos, por dos peculiaridades principales: 1) con frecuencia, carecen de conexión directa con el mundo físico real y 2) el criterio directo e inmediato de su veracidad también es con frecuencia imposible establecer, a causa de lo cual adquiere importancia decisiva el criterio lógico (en una u otra forma). Pero, aun teniendo estas peculiaridades tan esenciales, que deben ser examinadas en investigación especial, las características principales y generales de la verdad conservan su valor también al aplicarse a los conceptos y otras formas del conocimiento matemático. La más importante de ellas —la objetividad— determina totalmente la veracidad real de las categorías matemáticas, lo que ya se ha visto, particularmente, en el ejemplo de conceptos de tan 181 elevado grado do abstracción romo el concepto de los números rardinnles on la teoría de los conjuntos de Canlor. En manió al papel del criterio lógico do la vordad on las matemáticas, oslo papel no se diferencia dol desempeñado en general en el área de las categorías científicas do elevada abstracción y en otras esferas del conocimiento: on la física teórica, la cibernética v la teoría do la información, on la propia lógica, on el análisis teórico do los procosos económicos, etc. En el siguiente capítulo examinaremos especialmente el lugar y el papel del criterio lógico en oí conocimiento en general, incluso con relación a los conceptos y las categorías matemáticas.
p Son más sugestivas aún las llamadas "verdades históricas”. Aquí, los gnoseólogos, los sociólogos y hasta representanles do la filosofía religiosa (por ejemplo, del protestantismo moderno) intentan demostrar orne estas verdades son lolnlmonlo subjetivas y las determina el pnnlo de vista dol propio historiador o sociólogo quo, además, se apoyan on lestimonios puramente subjetivos do los analistas, otros historiadores, testigos, etc. Por ello, a diferencia, por ejemplo, de las verdades objetivas de la física o la biología, las verdades históricas —según ellos-, no contienen ninguna o casi ninguna objetividad.
p A primera vista, oslo es realmente así, pues la tesis do que "los hombres hacen la historia" tiene un amplio sentido e introduce una diferencia esencial en el proceso histórico comparado con los de la naturaleza. Pero la tarea de la investigación histórica científica consiste precisamente en revelar la acción de las leyes objetivas del desarrollo social y establecer las interrelaciones reales de los factores objetivos y subjetivos del proceso histórico. Y osla larca, on su conjunto, se resuelvo con éxito por la ciencia histórica si ésta se basa en la comprensión materialista de los fenómenos sociales y se guía por las ideas y los principios de la metodología dialé ctica.
p Al mismo tiempo, debemos señalar do manera especial la presencia do determinadas peculiaridades del conocimiento on sus diferentes esferas, entre ellas y, quizá 182 en primer lugar, en el área de las matemáticas y de la historia. Pero estas peculiaridades no son más que formas de manifestación de sus leyes generales, diversas facetas de la verdad que, con ello, caracterizan lo concreto y lo multifacético de su realización real en las correspondientes esferas del proceso cognoscitivo.
p Cuarto. El propio concepto de lógica polivalente expresa de forma peculiar la idea de unidad y multiformidad de la verdad. La necesidad de crear diferentes tipos de lógica polivalente se debió a las serias dificultades con que tropezaba la lógica bivalente común en el establecimiento de la veracidad de los enunciados acerca de los estados transitorios, los acontecimicnlos, donde falta exactitud para detallar el lugar y tiempo, y en algunos otros casos, cuando los significados alternativos de la veracidad (lo verdadero, lo no verdadero) resultan insuficientes. Como se sabe, los primeros sistemas de la lógica polivalente fueron construidos hace más de medio siglo (J. Lukasiewicz, 1920, y E. Post, 1921). Nosotros partimos de la siguiente definición de la lógica polivalente, tomada de la Enciclopedia Filosófica soviética: "Es el área de la lógica moderna que abarca los cálculos lógicos (de enunciados y predicados) donde a los enunciados se les atribuyo un conjunto cualquiera finito (más de dos) o infinito de valores de la veracidad" [182•6 . Generalmente, los sistemas polivalentes de la lógica son generalizaciones de las construcciones bivalentes (el número de valores en estas últimas n = 2).
p Las lógicas polivalentes amplían el contenido y el significado de la veracidad, operan con valores adicionales de la veracidad y, ante todo, con los conceptos indefinición, irresolubilidad, absurdidad (es decir, enunciados que no tienen sentido desde el punto de vista de lo verdadero o no verdadero). En los sistemas infinito-valentes, on calidad do valores de lo verdadero de los enunciados pueden tomarse los números reales en el intervalo de O a 1 (como valores extremos: 1, verdadero; O, no verdadero).
183p El valor gnoseológico general de los sistemas lógicos polivalentes se determina no sólo en el plano ló gicoabstracto. Muchos de ellos obtuvieron empleo directo en diferentes esferas del conocimiento, en la solución de una serie de problemas de investigación científica. En particular, debe señalarse la aplicación de la lógica trivalente construida por H. Reichenbach para superar algunas dificultades filosóficas y lógicas de la mecánica cuántica. Esto condujo a la construcción de una lógica de la mecánica cuántica especial, donde hay valores adicionales de lo verdadero que desempeñan destacado papel, como son la indefinición y la probabilidad. Actualmente ya se realizan intentos de utilizar las lógicas polivalentes en cibernética: teoría de la programación, elaboración de las variantes de las máquinas ló gicoinformativas, etc. Todo esto evidencia que las lógicas polivalentes constituyen realmente un nuevo medio generalizador para la investigación de los diferentes aspectos y propiedades del pensamiento humano.
Las lógicas polivalentes ofrecen otro aspecto de la conexión dialéctica de la unidad y la multilateralidad de la verdad: la verdad general y única del conocimiento se manifiesta en todo el espectro de valores de la veracidad, establecibles por medios estrictamente lógicos. Esto último determina el carácter científico de este conectivo, lo que es adecuado al propio concepto general de verdad como proceso do formación del modelo (cuadro) cientí fico de la realidad.
p El hombre va asimilando activamente el mundo y, con ello, va conociéndolo, de manera amplia y multilateral. Y esto se produce, no sólo mediante la ciencia, sino también por otros medios, formas y procedimientos.
p Es, ante todo, la asimilación artística del mundo, realizada con los medios específicos de los diferentes géneros de arte: desde la pintura primitiva rupestre hasta sus diferentes clases y tipos modernos como, por ejemplo, la novela histórica y las películas realistas seriadas. A 184 través de variadas formas artísticas so representa la realidad, la vida y las relaciones entre los hombres y, por tanto, a través de la verdad del arte en uno u otro grado, se logra la verdad en el conocimiento artístico de los diferentes aspectos del mundo circundante.
p También hay ciertas posibilidades de conocer el mundo mediante los mitos, incluidos los de carácter religioso, pese a lo paradójico de su confrontación con la verdad. Ciertamente, el mito presenta sin duda una idea fantástica del mundo circundante, pero precisamente del mundo, de la naturaleza y do las gentes, y, tras las formas e imágenes fantástico-religosas, emergen siempre determinadas representaciones reales del hombre acerca del mundo circundante. Ellas son las que constituyen el núcleo de algunas ideas verdaderas diluidas y absorbidas por las formas mitológicas, pero existentes en éstas.
p La esfera de la moral se considera principalmente esfera de valores y, sobre esta base, se contrapone a las categorías de la ciencia y de la verdad. Por supuesto que las categorías de verdad y mentira se distinguen de las categorías de la conciencia moral: el “bien” y el “mal”, lo “correcto” y lo “incorrecto”, etc. Pero el enfoque racional de valores incluye la comprensión científica de las propias categorías valorativas, su examen no en calidad de representaciones subjetivas, independientes de los fenómenos y procesos sociales, tan propio de la axiología burguesa, sino al contrario, en estrecha vinculación con ellos. Desde tales posiciones pueden valorarse como juicios verdaderos o falsos acerca de determinados actos éticos del hombre, como dignos de aprobación o repulsa. De esta forma, la veracidad obtiene cierta expresión también en la esfera de los valores morales, aunque, desde luego, con sus expresiones peculiares.
p El problema do la verdad tiene excepcional importancia en el sistema de la actividad jurídica del hombre. El proceso de instrucción del sumario y vista de la causa no es gnoseológicamente otra cosa que una investigación científica, búsqueda de la verdad, de una verdad fidedigna y objetiva, fuera de dudas, que, en este sentido, es una verdad absoluta. En la esfera jurídica actúa de lleno la lógica clásica bivalente: verdad o falsedad. Como 185 dice judíamente el científico sovélico M. Rtrogóvich, no se puede juzgar y castigar a un hombre por ser probablemente culpable, por haber realizado, por lo visto, un delito, porque "nadie podía ser más que él”, etc. Al mismo tiempo, lo peculiar de la manifestación de las leyes generales de la verdad en este terreno consiste en su encarnación en las acciones personales de diferentes individuos, en la interacción de circunstancias prácticas (esto es lo que explica, por lo visto, la frecuente aplicación del término "verdad material" en jurisprudencia) [185•7 . Esto condiciona el significado especial del importantísimo momento de la verdad: su subjetividad como expresión de la actividad en la búsqueda de la verdad por el sujeto cognoscenle y actuante. Pero siempre y en todos los casos se trata de lograr la verdad objetiva, correspondiente a la situación real de la existencia y la actividad de los hombres.
Todo eslo licué indudable inlerés en cnanto a la pluralidad de formas y manifestaciones de lo verdadero en las diferentes esferas de la actividad humana. Al mismo tiempo y partiendo de la comprensión y la definición de la verdad como categoría estrictamente gnoseológica, nosotros consideramos el conocimiento científico la esfera determinante y adecuada de lo verdadero; todo lo demás tiene significado secundario.
Notes
[174•1] Véase P. Bergman. Introducción a la teoría de la relatividad, Moscú, 1947, págs. 325, 336, 355 y 301.
[174•2] V. Fok. Observaciones y la autobiografía creadora de Alberto Einstein. En oí libro: Einstein y la física moderna, Moscú, 1956, págs. 84-85.
[175•3] A. Einstein. Compilación de trabajos científicos, II, pág. 790.
[176•4] Véase: Die Nalurwissenschaften. 45. Jg. N° 10, 1958, S. 227-234.
[178•5] Akten des XIV. Internationalen Kongresses für Philosophie. Wien, 2-9 Seplember, 1968, Bd. II, S. 140.
[182•6] Enciclopedia Filosófica, Moscú, t. 3, pág. 472.
[185•7] Véase las obras, muy importantes en este sentirlo, de M. Strogóvich, La verdad material y las pruebas judiciales en el proceso penal soviético, Moscú, 1955, y, del mismo autor, Curso del proceso penal, t. 1, Moscú, 1968, cap. X.