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PROLOGO
 

pVerdad: magna palabra. . .
Hegel

p La verdad ha simbolizado siempre algo elevado, noble y signüicalivo. De la cadena de oro de los sacerdotes egipcios pendía una piedra preciosa, símbolo de la verdad. En la antigua Helado la verdad no sólo era hija del tiempo: de Saturno, sino también madre de la justicia y la virtud. En las aspiraciones y sueños de los alquimistas medievales la verdad extrae el oro del barro; el diamante, del yacimiento, y la luz, de las tinieblas. Los luchadores contra la inquisición en la época del Renacimiento declaraban con orgullo y osadía que la verdad brilla con luz propia y no conviene ilustrar las mentes con la llama de las hogueras. El gran Leonardo situaba por encima de lodo la belleza de la verdad. En el frontispicio de la Enciclopedia francesa Didcrot imprime el símbolo de la verdad y la filosofía con su proyección hacia el futuro do la razón humana. En la famosa estatua de Cavelier, que representa a la verdad en la imagen de dama de severa belleza, rayos dorados se esparcen por todo el mundo 4 portando la luz inextinguible y la fuerza de la verdad. No es fortuito que el gran escritor proletario Gorki creara la imagen del corazón rutilante de Danko, cuyo resplandor de fuego iluminaba el verdadero camino de la lucha por la libertad del pueblo, que ios heroicos revolucionarios rusos recorrieron para transformar el mundo.

p Todo esto significa que la proceridad y nobleza de la verdad pertenecen a las fuerzas del progreso, el humanismo y la razón, y no a las clases y partidos políticos históricamente obsoletos. La verdad y el comunismo se encuentran profundamente unidos. Toda la práctica histórico-social de nuestra época muestra al mundo la fuerza arrolladura y la voracidad do las ideas del comunismo. Los comunistas miran con franqueza y valentía la verdad de cara, su conocimiento es indispensable para el triunfo del comunismo. Hace ya muchos años, el joven Engels expresó este pensamiento con brillantes palabras: lo mismo que el águila, el verdadero entusiasmo del conocimiento no teme los oscuros nubarrones de la especulación ni el aire enrarecido de las altas capas de la abstracción, cuando de lo que se trata es volar al encuentro del Sol de la verdad.

p Per áspera ad astra!

p El dinamismo de nuestro tiempo carece de precedente en la historia. El torrente revolucionario de la actualidad, cuyas esclusas gigantescas abrió Octubre de 1917, demuestra la extraordinaria profundidad y la pluriformidad do las transformaciones ocurridas en todas las esferas de la vida humana. Se producen cambios radicales incesantes en el mapa político del mundo, los acontecimientos políticos se despliegan con una rapidez inusitada, los enfrentamientos y conflictos entre las fuerzas sociales adquieren un carácter cada vez más agudo y consecuente, la lucha de clases presenta ais más diversas, y hasta inesperadas, formas.

p Las relaciones ideológicas contemporáneas son excepcionalmente complejas. Chocan aquí las doctrinas y opiniones más diversas y contradictorias. En su lucha contra 5 la doctrina comunista los ideólogos burgueses se afanan por emplear toda suerte de teorías, ideas y concepciones, hasta las más anacrónicas, conservadoras y medievales. Pero al mismo tiempo pretenden con insistencia crear e inventar nuevas concepciones y doctrinas con la aspiración de expresar "el espíritu de la época”, de replantear los problemas de la vida contemporánea. Se impone hacer una apreciación correcta y exacta de todas estas doctrinas, dar una veraz respuesta a todos estos complejos problemas de la actual lucha ideológica. La verdad es amarga —señalaba V. 1. Lenin— y, con frecuencia, no la distingues enseguida entre los oropeles de los rótulos polí ticos de moda y las instituciones políticas sensacionalistas.

p Entretanto, la época moderna es la de una grandiosa revolución científico-técnica, en cuyo proceso tiene lugar un incesante relevo de doctrinas científicas, se ponen de manifiesto los vínculos multiformes y complejos de las distintas teorías, se entrelazan ideas y conceptos cientí ficos viejos y nuevos, surgen y se sustituyen hipótesis diversas, a veces paradójicas, cuya veracidad es, con frecuencia, muy difícil de establecer, por cuanto la verdad, como se decía ya en la antigüedad, está oculta "en lo profundo del pozo".

p La actual época de renovación revolucionaria general del mundo ha planteado de la manera más radical y cruda los problemas del significado y el papel histórico de todas las doctrinas sociales y teorías políticas, de todas las formas y tipos de ideología, los problemas de la veracidad y la eficiencia de todos los valores humanos, de los conceptos y las ideas, su lugar e importancia en la compleja y contradictoria vida de los hombres de nuestro tiempo, en la grandiosa lucha de las fuerzas sociales de la contemporaneidad.

p El problema de veracidad de las doctrinas y teorías más importantes de nuestra época ha cobrado particular significado no sólo en el plano gnoseológico, sino también en el social.

p La emulación histórica entre los dos sistemas socioeconómicos mundiales ha demostrado ya, en el presente, la superioridad del socialismo sobre el capitalismo. Esto significa que la propia historia demuestra la veracidad 6 del socialismo, de sus principios e ideales, su conformidad con los auténticos intereses de millones de seres y los objetivos del verdadero progreso do la sociedad humana.

p Y al mismo tiempo, iodo esto significa que, a pesar de las afirmaciones declarativas y arbitrarias de toda clase de críticos del socialismo, la práctica histórica y social de la época contemporánea confirma íntegramente la veracidad del marxfismo-leninismo, que ha conquistado ya lamentes de la humanidad progresista. La práctica histó rica de los movimientos revolucionarios actuales demuestra brillantemente la verdad del marzismo-leninismo como fuente imperecedera de pensamiento revolucionario y de acción revolucionaria. Es por ello lógico que sea precisamente esta doctrina la que abra e ilumine a la hurnnnidad el único camino cierlo hacia la felicidad y el pro greso.

p Esta veracidad asegura a la doctrina de Marx y Lenin una enorme fuerza que actúa sobre toda la vida moderna. No es la fuerza la que determina la verdad, como preconiza la filosofía de la agresión y la reacción, sino la verdad la que determina la fuerza, como enseña el marxismo-loninismo.

p Todo esto prescribo el lugar especial y el significado del problema de la verdad en la cosmovisión del marxis mo-leninismo. La verdad so transforma en un componente orgánico de la concepción filosófica de la clase obrera. Todas las partes integrantes de esta cosmovisión revolucionaria, tanto la teoría del socialismo científico, como la doctrina económica y la filosofía del materialismo dialé ctico e histórico, están impregnadas de veracidad objetiva, de profunda cientificidad. Precisamente la esencia del marxismo-leninismo como concepción filosófica de la cía se obrera consiste en la unidad orgánica de su carácter revolucionario y la veracidad de todos sus principios y tesis, expresión de la verdadera naturaleza del mundo circundante y las leyes objetivas de su desarrollo. La fi losofía marxista-lcninista revolucionaria encarna la verdad del desarrollo histórico mundial, la verdad de la vida y la lucha de la clase obera y de todos los trabajadores, la verdad del futuro de toda la humanidad. El marxisrnoleninismo es el portador de la razón y la verdad, y, 7 desde ahora, la antorcha de la verdad pertenece a la doctrina revolucionaria del proletariado, y no a la cosmovisión de las clases burguesas.

p Esto es lo que determina la necesidad y la lógica de la creación de una teoría auténticamente científica de la verdad precisamente en la filosofía del marxismo-leninismo, que revele la lógica objetiva de la evolución de la existencia social, la dialéctica de las contradicciones internas del desarrollo social, que sea la base teórica del verdadero humanismo, socialista, revolucionario y que sintetice las regularidades del proceso cognoscitivo.

p De esta manera, la verdad, en su más elevado sentido y significarlo, halla ubicación adecuada en la filosofía del marxismo-leninismo. en toda la ideología científica y revolucionaria del comunismo. La verdad es imprescindible para la cosmovisión científica de la clase obrera y de todas las masas trabajadoras, penetra todas sus ideas y principios, Lodos sus conceptos y concepciones. Define internamente el valor de su filosofía y conclusiones prá cticas, fundamentadas multilateral y profundamente por sus verdaderos principios e ideas. Ninguna de las doctrinas sociales del pasado, incluyendo las más progresistas —las concepciones de los ideólogos de la Gran Revolución Francesa y la filosofía de los demócratas revolucionarios rusos— contenía en sí la Verdad con mayúscula, por cuanto en su comprensión de los fenómenos histó ricos emergía, ante todo, su limitación de principios teó ricos. Esto engendraba la incapacidad de tales doctrinas para descubrir las vías y las perspectivas del desarrollo verdaderamente progresista del hombre y la humanidad. Lo mismo pudiera decirse de las concepciones de los grandes socialistas utopistas, que, aunque contenían ciertas ideas y pronósticos reales, no brindaban, sin embargo, una interpretación verdadera de la esencia de los procesos sociales. Precisamente eso determinó todas las frustraciones de sus utopías socialistas en la práctica.

p El hecho de que Robespierre sea la verdad de Rousseau o, corno dijera Hegcl, la idea de Rousseau en acción, todavía no significa que las propias ideas de Rousseau, con toda su importancia para la suerte de Europa, sean la auténtica verdad, la Verdad con mayúscula.

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p La inmensa fuerza del marxismo-leninismo reside en su rapacidad para prever científicamente los futuros fenómenos en e] desarrollo del mundo, los futuros acontecimienlos históricos en el desarrollo de la sociedad humana. Aquí la verdad revela su significación desde un nuevo aspecto, en la "dimensión fnturológica”. Todos los principios de la previsión científica desarrollados en la filosofía del materialismo dialéctico están impregnados de la idea de la verdad objetiva; la previsión científica sólo es posible cuando se conocen objetivamente la esencia y las leyes del propio mundo material. V. I. Lenín señaló reiteradamente que los futuros acontecimientos sólo pueden preverse mediante el profundo estudio del verdadero estado de cosas. Desde el punto de vista gnoseológico, esto significa la necesidad de llegar a la verdad objetiva como base teórica de la previsión científica.

p Por el contrario: todas las formas de previsión y los pronósticos que carezcan de base científica, que no so asienten sobre los principios de la veracidad objetiva del conocimiento, no tienen ninguna significación real y, tarde o temprano, acaban derrumbándose ante la realidad. Por eso, entre otras razones, V. I. Lenin decía que la profecía milagrosa no es más que una fábula. En cambio, la profecía científica, es un hecho   [8•1 .

p El análisis económico y político de las condiciones históricas concretas y las leyes de la lucha de clases, el análisis de la distribución de las fuerzas de clase en el momento histórico dado, el análisis de los fundamentos clasistas de la lucha de las diferentes fuerzas políticas en el país y en las condiciones dadas es un principio importantísimo de la previsión científica de los procesos del desarrollo social. Se trata del análisis científico de clase que significa, al mismo tiempo, una visión verídica de las regularidades del desarrollo de la sociedad que determinan el futuro de las relaciones sociales, el destino y las perspectivas en las diferentes clases y sus nuevas interrelacio nes. En cambio, el cuadro falso, no verdadero, de las relaciones sociales existentes, privado del análisis de clase, 9 no puede servir de base a la correcta predicción del futuro desarrollo.

p La aplicación de la teoría del desarrollo al análisis de la realidad tiene una importancia exclusiva para garantizar una verdadera previsión científica. El futuro es el resultado del desarrollo del presente, por eso, su previsión es posible: a) mediante un análisis exacto, objetivamente fiel del presente, y b) con el análisis de las leyes del desarrollo del presente, de las tendencias y perspectivas del movimiento de la propia realidad material. La dialé ctica materialista es la verdadera teoría del desarrollo; por tanto, el análisis dialéctico es la condición indispensable y, al mismo tiempo, el principio básico de la previsión científica que permite establecer el carácter y la dirección del desplazamiento del presente hacia el futuro y revelar las leyes que rigen dicho movimiento.

p La previsión científica, cuyos principios básicos se han elaborado en la filosofía del materialismo dialéctico, no pretende predecir los futuros acontecimientos con exactitud calendarial, con precisión y detalle, como acostumbran los profetas y oráculos religiosos. En la previsión científica se trata do revelar las tendencias dominantes, las líneas principales del desarrollo histórico y sus resultados trascendentales y decisivos. V. I. Lenin dijo más de una vez que Marx y Engels pudieron equivocarse en lo parcial, los detalles, pero que pronosticaron con asombrosa precisión y fidelidad los principales acontecimientos históricos de la época: la inevitabilidad de la revolución socialista, el establecimiento de la dictadura del proletariado, el carácter mundial de la futura guerra, el traslado del centro del movimiento revolucionario a Rusia, y otros.

p La brillante confirmación de las tesis más importantes del marxismo-leninismo por la práctica del desarrollo social es, al mismo tiempo, la demostración de la veracidad de los principios por los que se guía en el análisis y la predicción de los acontecimientos históricos en desarrollo. La verdad de los principios de] marxismo-leninismo determina la verdad de su pronóstico respecto al pro ceso histórico mundial conducente de forma inevitable ai triunfo del socialismo y el comunismo.

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p V. I. Lenin fue un genio de la previsión científica. E! gran escritor proletario Máximo Gorki decía que Lenin supo prever, como nadie hasta él, lo que habría de ocurrir, por cuanto su lógica férrea, pero flexible, mostraba e! futuro lejano en formas perfectamente concretas y reales. A la pregunta de cómo Lenin veía el nuevo mundo, Gorki respondió: "Y se despliega ante mí un grandioso cuadrn del mundo como gigantesca esmeralda bellamente labrada con el trabajo de la humanidad Ubre. Todos los hombre^ son juiciosos y cada uno está dotado del sentido de responsabilidad personal por todo lo que crea y lo que le rodea. En todas partes, ciudades jardines con majestuosos edificios. Las fuer/as de la naturaleza, sometidas y organizadas por el intelecto del hombre, trabajan por do quier para él que ¡al fin! se ha convertido en amo y señor de los elementos"   [10•2 .

p La fuerza y la efectividad de las previsiones leninista-* se deben precisamente a la profunda veracidad de las ideas y principios del marxismo-leninismo, a diferencia .y por oposición a la sociología burguesa, basada en la comprensión falsa, idealista de los fenómenos históricos y en el método metafísico de pensamiento que, por su natura leza, no puede revelar las verdaderas leyes del desarrollo de la sociedad. La previsión verdadera en la sociología burguesa, basada en principios no verdaderos, es orgá nicamente imposible. "No se puede calcular correctameiit” cuando se lleva camino de perecer"   [10•3 : esta apreciación de Lenin expresa la esencia de todas las concepciones burguesas contemporáneas, la flaqueza interna de las ideas y principios de los futurólogos burgueses, por cuanto la verdad no puede pertenecer a la cosmovisión do las cía ses sociales históricamente desahuciadas.

p La práctica histórica de la época moderna, en tanto confirma la verdad del marxismo-leninismo, revela la viciosidad e inconsistencia de la ideología burguesa, su 11 incapacidad para dar respuesta adecuada a las más importantes cuestiones de la existencia y el conocimiento, promovidas por la vida y la lucha de la humanidad en nuestra época.

p Hubo ocasión, en las históricas jornadas de la Gran Revolución Francesa, en que la burguesía ascendente y progresista proclamó el culto a la Razón humana; el decreto de la Convención francesa, del 20 Brumario de 1793, quedará para siempre en la memoria de los descendientes como uno de los documentos más brillantes y famosos de aquellos días revolucionarios. En su período de auge, la burguesía promovió pensadores profundos y extraordinarios, afanosos buscadores de la verdad, comenzando, al menos por Francis Bacon (Barón de Verulam). Aspiraban a encontrar el camino y los medios para conocerla, desarrollaron concepciones de la verdad, donde se contenía una enorme riqueza de ideas racionales que ingresaron en el fondo de oro del pensamiento filosófico mundial.

p Pero ya a mediados del pasado siglo el cuadro cambió. La roja bandera, de la burguesía revolucionaria en otros tiempos, fue tomando color rosa, después se hizo a carilla. Actualmente, la burguesía culmina su recorrido histórico bajo la bandera parda y negra de la reacción. El culto a la Razón ha sido ya hace mucho sustituido por el culto al "Ser supremo”. La búsqueda de la verdad deja paso al enfoque pragmatista de la investigación científica, que se transforma, precisamente desde el punto de vista de la verdad, en la cosmovisión pragmática de la burguesía, lo que prácticamente significa una traición a la verdad. Hace tiempo que la verdad ya no está del lado de la burguesía. La ideología de la clase que abandona la arena de la historia mundial se sitúa en contradicción con la verdad y las leyes de la razón humana. Los intereses de clase de la burguesía contemporánea se encuentran en franco conflicto con el curso objetivo de la historia.

p No es casual, por ello, que una de las tendencias dominan Les en la filosofía del Occidente moderno es la contraposición de la ideología a la ciencia y la filosofía a la ciencia, proveniente de la sociología del conocimiento de Karl Mannheim. Esta tendencia halló una expresión sumamente clara y multiforme en el XIV Congreso 12 ínternacional de Filosofía (Viena, 1968) y el XV (Varna, 1973). Su esencia consiste en la negación de la cientificidad de la ideología en general, la negación precisamente de la veracidad objetiva de las formas ideológicas. En la ideología es donde se determinan —según ellos— las categorías valorativas, que no tienen a priori ningún significado verdadero.

p Es innegable que con esto se persigue poner en duda la fundamentación científica de la ideología marxista-leninista, la veracidad objetiva de sus principales tesis y principios. Pero, al mismo tiempo —quiéranlo o no los ideólogos occidentales— la negación de la cientificidad de la ideología marxista-leninista equivale al reconocimiento de la no veracidad de su propia ideología, lo que constituye una manifestación de la tendencia general, propia de la cosmovisíón de la burguesía contemporánea, que descansa en la falsa comprensión de la realidad, particularmente de la naturaleza de las relaciones sociales.

p Lo sumamente característico de esta tendencia es el afán de muchos filósofos y sociólogos occidentales de negar totalmente todo elemento de verdad en la política do las diferentes fuerzas sociales de la contemporaneidad. Tomemos un ejemplo de alta elocuencia. En su libro Historia y verdad el conocido filósofo francés P. Ricoeur subraya la viciosidad de todo poder político, siempre hostil a la “racionalidad”. Según su opinión, en la esfera de las relaciones estatales no existe objetividad; son el " reino de la mentira”, donde actúan “criterios” puramente "políticos" que nada tienen de común con la veracidad de no importa qué ideas o principios. En calidad de ilustración Ricoeur se refiere al fascismo con su violencia y brutalidad, al modo de vida americano, teniendo en cuenta, evidentemente, el gangsterismo y terrorismo político que le son propios, y, luego, al marxismo con su " ortodoxia monopolizada" (?!)   [12•4 . Esta combinación ecléctica carece, por supuesto, de toda lógica real, excepto de la "lógica" del anticomunismo, para la cual no existe ningún criterio objetivo más que la aspiración a denigrar por 13 todos los medios al marxismo, calumniar al socialismo y al comunismo. Mas en lo tocante a la política de los Estados capitalistas podemos coincidir con Ricoeur cuando habla de la ausencia de la verdad en la política estatal, de la presencia sólo de la "verdad subjetiva en el Estado”. En esta interpretación sus filípicas tienen carácter acusatorio, pues, por lo visto, conoce bien la naturaleza del Estado burgués.

p En este mismo plano debemos evaluar la declaración, más reveladora aún, del sociólogo norteamericano H. Morgentliau. Escribe: "La verdad amenaza al poder, y el poder amenaza a la verdad. Guando la verdad pone al desnudo las pretcnsiones del poder, desagrada, por lo menos, a los que tienen poder, por cuanto los coloca en las posiciones de la defensa intelectual y moral"   [13•5 . Desde el [¡ unto de vista formal, Morgenthau habla en general do la verdad y del Poder; pero, por el sentido interno, esto se refiere íntegramente al Estado burgués contemporáneo cuya práctica analiza y sintetiza con toda objetividad en este caso. Precisamente las clases dominantes pudientes de la sociedad burguesa temen la verdad; tienen miedo al deseumascaramiento de la naturaleza explotadora de su Estado, a la revelación de las verdaderas causas de los contrastes sociales del capitalismo, a la verdad del marxismo-leninismo que muestra a millones de hombres el auténtico camino para emanciparse de toda opresión y explotación.

p Sobre la base de lo dicho, podemos señalar un fenómeno social nuevo en cierta medida y característico para el estado del espíritu de la sociedad burguesa contemporánea: el fenómeno del miedo ante la verdad, que expresa uno do los aspectos esenciales de su crisis espiritual. Nietzsche ya señalaba que el término “verdad” es mortalmente peligroso para la burguesía; esto no es casual.

p En efecto, el curso de los acontecimientos históricos conduce indeclinablemente en la época actual al derrumbe de las relaciones sociales burguesas, a la desaparición inevitable de las clases explotadoras, a la victoria do las 14 nuevas fuerzas —las fuerzas socialistas— y a la sociedad nueva, la sociedad socialista y comunista. Si se quiere, en esto reside precisamente la verdad de la época contemporánea. Por supuesto que este rumbo de la historia es peligroso para la burguesía; pero no podrá evitar este peligro y, precisamente por eso, la verdad de la historia es tan terrible para ella, para todas las clases reaccionarias dominantes.

p En los tiempos de l’ancien régime feudal reaccionario en Francia, ya putrefacto y en el ocaso de la historia, su sarcástíco y brillante crítico Vollaire, que para obviar la censura hablaba de la "antigua Roma”, escribía con amargura que la ignorancia, el fanatismo y el miedo se encuentran al servicio de la política, mientras la razón y su hija, la verdad, han tenido que esconderse en un pozo profundo para no ser ahogadas por orden de tales " ministros”. Bernard Shaw señalaba, con no menos amargura, que en nuestros días y en uno de los países más civilizados de Occidente revuelcan la Verdad, no menos de tres veces por semana, en resina y pluma, la linchan, encarcelan, golpean y deportan como indeseable; que esto es una ley común para todos los regímenes sociopolíticos caducos que entran en pugna con la verdad de la historia humana, con la verdad del progreso real.

p La filosofía burguesa contemporánea se caracteriza, al mismo tiempo, por otra tendencia que, a primera vista, tiene el sentido contrario. La palabra Verdad es realmente magna y no resulta tan sencillo revolcaría "en resina y pluma”. Por este motivo, los ideólogos más precavidos y perspicaces de la burguesía procuran aprovechar "la autoridad de la verdad" en interés de sus objetivos, utilizarla y adaptarla para justificar la cosmovisión y la propia política de los Estados burgueses. Como toda cosmovisión de la burguesía actual, la comprensión general de la verdad adquiere carácter pragmático, que se expresa, naturalmente, en las más diversas formas: desde la justificación directa, franca de la política reaccionaria por medio de verdades primitivamente pragmáticas, hasta la proclamación de la "filosofía abierta" con todas sus "verdades libres" y "ejercicios libres de la razón" que no reconocen ninguna clase de restricción en la construcción 15 de cualesquiera verdades arbitrarias, subjetivo-humanas. Esto último sirve con no menos eficacia en la argumentación y justificación de cualquier política: siempre puede proclamarse como verdad cualquier afirmación que justifique o dé la impresión de justificar las acciones polí ticas correspondientes y, con ello, sirve a los intereses directos de determinado grupo de personas. De hecho, la proclamación de las "verdades libres" conduce —en su aplicación político-práctica— hacia el pragmatismo típico, en el que no se trata de ningún criterio de la veracidad objetiva.

p Involuntariamente viene a la memoria una declaración sarcástica hecha por Winston Churchill que conocía excelentemente el verdadero valor de las manifestaciones altisonantes de sus colegas, los políticos del imperialismo, entre los cuales él mismo ocupaba uno de los lugares más importantes. Cierta vez reconoció que la verdad es tan valiosa que debe ir acompañada por toda una escolta de mentira. Entre las falsas declaraciones están, precisamente, todas las afirmaciones de los ideólogos burgueses acerca de las verdades “libres” y “humanas”, mediante las cuales procuran ocultar la verdad a las masas del pueblo, rodearla de una escolta de palabras y declaraciones altisonantes pero falsas.

p Lo expuesto caracteriza brevemente las tendencias principales, determinantes, y los rasgos generales de la comprensión de la verdad por los ideólogos burgueses contemporáneos. Esto podemos incluirlo, convencionalmenle, en las cues I iones de la sociología de la verdad, de la comprensión de su lugar y significado en el sistema de las relaciones ideológicas de la sociedad burguesa moderna en su conjunto. Estas tendencias generales ejercen en principio una influencia determinante sobre el carácter de las diferentes representaciones acerca de la propia verdad, sobre el sentido general de las concepciones más significativas de la verdad, desarrolladas en las doctrinas y escuelas filosóficas más importantes. Pero el reflejo de los factores sociales en las concepciones filosóficas y, particularmente, en las giioseológicas no es ni mucho menos unívoco y no puede abarcar todo lo concreto de su contenido. En cuanto a las numerosas concepciones de la 16 verdad, desplegadas en la filosofía idealista moderna, debemos hacer notar especialmente su relación concreta, aunque contradictoria por su carácter, con los diferentes aspectos del proceso cognoscitivo. Este último ha adquirido un contenido excepcionalmente profundo y rico en la época de la revolución científico-técnica del siglo XX, de gigantescas escalas.

p El progreso del conocimiento científico —que por su propia naturaleza adquiere verdadero sentido y carácter— tiene lógicamente enorme influencia sobre las doctrinas gnoseológicas en general y sobre la concepción do la verdad en particular. La cosmovisión idealista dominante no permite desarrollar .sobre esta base teorías consecuentes y adecuadas al conocimiento científico, pero no obstante, precisamente a consecuencia de la relación con el proceso cognoscitivo existen varias tesis plenamente racionales en las respectivas concepciones de la verdad, cuyo menosprecio podría llevar únicamente a la apreciación incorrecta de su lugar y significado en el sistema general de las ideas filosóficas y científicas actuales. Estos elementos racionales tienen un contenido concreto condicionado por toda una serie de factores y que constituye la diferencia específica de la concepción dada de la verdad en comparación con otras.

p Sin embargo, a pesar de toda la variedad concreta de las diferentes concepciones de la verdad desarrolladas en la filosofía idealista moderna, las tendencias generales antes mencionadas se manifiestan inevitablemente, cu unas u otras formas, tanto en el carácter filosófico general de estas concepciones como en sus efectos principales y en el papel social, objetivo que las mismas desempeñan en la lucha actual de las ideas y los principios filosóficos y gnoseológicos.

p En el materialismo dialéctico la teoría de la verdad se diferencia básicamente de las concepciones de la verdad de la filosofía burguesa actual. Esto viene determinado, en fin de cuentas, por la contraposición de la ideología comunista y la ideología burguesa, lo que, a su vez, define la lucha ideológica en torno a las ideas filosóficas y gnoseológicas, incluidas las propias concepciones de la verdad.

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p La teoría de la verdad expuesta por el materialismo dialéctico se encuentra en unidad orgánica con el carácter científico y revolucionario de la concepción marxista-leriiriista del mundo y expresa su veracidad objetiva profunda, su adecuación al proceso histórico mundial. Esta teoría se asienta sobre ideas y principios que determinan su verdadero carácter científico, su superioridad ante todas las teorías y concepciones, tanto del pasado como del presente, condiciona su enorme significado para el desarrollo del conocimiento científico y asegura su papel social de exclusiva importancia práctica. La teoría marxista-leninisla de la verdad, basada íntegramente en la práctica liistórico-social. actúa ella misma como arma en la lucha del hombre por cambiar revolucionariamente el mundo, por domeñar las poderosas fuerzas de la naturaleza de acuerdo con sus intereses y se convierte en el más potente arma de realización del objetivo del hombre y la humanidad encarnados en Prometeo.

p La teoría de la verdad del materialismo dialéctico sirve de fiel brújula en el complejo laberinto del proceso del conocimiento del mundo, para identificar las vías verdaderas y efectivas que conducen a la revelación de la esencia interna de las cosas, al conocimiento de sus multifacéticas propiedades y relaciones, al descubrimiento de las verdaderas leyes de su movimiento. Con ello, se transforma en poderosa arma del conocimiento científico, que indica las líneas correctas y las perspectivas del desarrollo de todas las ramas del conocimiento, de todas las disciplinas científicas que, en su desarrollo, se subordinan a las leyes gnoseológicas generales, con todas sus peculiaridades y mutuas diferencias.

La verdadera comprensión científica de los caminos desarrollistas del verdadero conocimiento, anticipados ya en las primeras horas del "amanecer del intelecto humano"   [17•6  en la filosofía hindú, constituye en nuestra época un importante factor tanto del progreso social general como del científico-técnico. Con ello, la verdad se transforma, no sólo en una magna palabra, sino también en magna obra.

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El objeto del presente trabajo es la verdad como categoría gnoseológica general. Al examinar este problema nos plañíeamos la tarea de revelar el contenido de la teoría leninista de la verdad, mostrar su importancia a la luz del conocimiento científico moderno y la práctica social, su superioridad sobre todas las concepciones de la verdad de la filosofía idealista.

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Notes

 [8•1]   Véase: V. I. Lenin. Palabras proféticas, Obras Completas, 5a ed. en ruso, t. 36, pág. 472.

 [10•2]   V. I. Lenin y A. M. Gorki. Cartas, recuerdos y documentos, Moscú, 1958, pág. 214. (El subrayado os mío. — G. K.)

 [10•3]   V. I. Lenin. La política interior y exterior de la República. Injorme sobre la gestión del CEC de toda Rusia y del Consejo de Comisarios del Pueblo al IX Congreso de los Soviets de toda Rusia, O. C., t. 44, pág. 303.

 [12•4]   Véase: P. Ricoeur. Histolre et venté, París, 1968, pp. 185186, 279.

 [13•5]   The New Republic. 26.XI.1966, p. 9.

 [17•6]   S. Radjakrishnan. Filosofía hindú, Moscú, 1956, parte I.