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§ 1. DEFINICIÓN DE LA PRACTICA COMO CRITERIO
DE LA VERDAD
 

p En la definición del concepto "práctica" como criterio de la verdad tienen especial importancia las siguientes tesis leninistas: 1) considerar la práctica e u extenso plano social; como proceso de actividad histórica de los hombres, de acciones y lucha de masas de millones, como curso de acontecimientos mundiales, de "desarrollo de todos los países capitalistas”, etc.; 2) incluir en la práctica diferentes aspectos de la actividad material del hombre: la técnica, la "práctica de las observaciones astronómicas" y los descubrimientos en ciencias naturales; 3) analizar los hechos que actúan como componentes de la práctica en su conexión, en su coiijunto, como condición de su significado demostrativo, interpretando que los hechos "no sólo son “tozudos” sino 191 absolutamente demostrativos"  [191•8 . En numerosos trabajos de V. I. Lenin —y no sólo en los dedicados a la filosofía y la sociología— aparecen otros muchos enunciados contemplando la práctica como criterio de la veracidad de las distintas teorías, puntos de vista, ideas y doctrinas políticas, pero en genera! se los puede correlacionar con una u otra de las tesis ya mencionadas.

p También es necesario señalar que V. I. Lenin criticaba las diversas nociones idealistas y metafísicas de la práctica (por ejemplo, de Jos hegelianos, pragmá ticos, positivistas y kantianos), fundándose í ntegramente en su comprensión general como actividad social de los hombres, que aparece en toda la multiformidad de sus aspectos y manifestaciones.

p Partiendo de las importantísimas ideas leninistas podemos dar la siguiente definición de la práctica en la teoría del conocimiento del materialismo dialéctico:

p Práctica es la actividad histórico-social de los hombres: la actividad en la esfera de la producción material, de la lucha de clases y las relaciones sociales, de las observaciones científicas y el experimento cientí fico, condicionadas por el correspondiente nivel de la té cnica material.

p Como puede ver el lector esla definición es bastante extensa por su contenido y, al mismo tiempo, suficientemente estricta y determinada en el plano gnoseoló gico: abarca los aspectos más importantes, determinantes de la actividad social del hombre, pero precisamente como actividad práctico-material. Con este contenido, la práctica puede servir de crilerio objetivo de la veracidad de las formas ideales como categorías del conocimiento que constituyen la esfera teórica   [191•9 .

p Con una tal comprensión de la práctica devienen inaceptables los intentos de ciertos autores de incluir en la 192 práctica toda la actividad del hombre en general, abarcadas todas Jas íorrnas de actividad espiritual y, por tanto, el propio conocimiento teórico. En este caso resulta que el conocimionio teórico opera como criterio de sí mismo, lo que de hecho elimina la posibilidad de criterio o, en el mejor de los casos, constituye una variante del criterio lógico. Pero éste también es infundado aquí, por cuanto -como se mostrará a continuación- lo ideal, lo teórico se entrelaza con diferentes elementos de lo material, y resulta imposible destacar estrictamente ninguna premisa y efecto, como exige necesariamente el criterio lógico de la veracidad.

p Por supuesto que la actividad del hombre en el plano general abarca todas las formas do su existencia y funcionamiento sociales, incluidas la literatura, el arte, la religión, etc. En la teoría del conocimiento, sin embargo, se trata del significado gnoseológico y el contenido de la práctica, que tiene un sentido real precisamente en relación con las formas cognoscitivas, de las cuales debe ser criterio (la práctica) y realmente lo es como actividad material del hombre en las esferas concretas que hemos definido. Por ello, cuando se le atribuyen también las formas espirituales queda imposibilitada para cumplir la importantísima función guoseológica de criterio de la verdad en el conocimiento.

p Aunque Hegel expresó el pensamiento de que para lograr la verdad absoluta era necesario unir la idea teórica con la idea práctica, no pudo, sin embargo, resolver adecuadamente el problema del criterio de la verdad. En última instancia, todas las formas de la actividad humana se diluyen en su principio ideal, en el espíritu que constituye la esencia de todo lo existente, cada uno de cuyos aspectos’, no es más la manifestación de ese principio. Por ello Hcgcl, de hecho, reconoce sólo un tipo de trabajo: el abstracto espiritual. Pero éste, como so sabe, no puede ser criterio real: el “trabajo” espiritual no está facultado para verificar la “actividad” espiritual, es decir, a sí mismo, y menos aún, estar por encima del conocimiento teórico, es decir, por encima de sí mismo.

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p Para algunos sociólogos y filósofos, la práctica se reduce, por ejemplo, a experimentar y observar la naturaleza, Jo que, por supuesto, lieue su importancia. Pero una laJ Jimilación no permite a la práctica cumplir la función de criterio general de la verdad: queda fuera de su control y alcance toda Ja esfera de las ideas y las doctrinas sociales, cuya veracidad no puede establecerse con ningún experimento.

p En relación con la moderna revolución científico-té cnica y la divulgación de diferentes concepciones de " sociedad industrial”, entre Jos sociólogos y filósofos burgueses deslaca el mito de la omnipotencia de la técnica (y la ciencia), cuyo nivel de desarrollo y eficiencia reciben el significado de nuevo criterio que determina la superioridad de uno u otro sistema social. Claro que esto no es un criterio estrictamente guoseológico, pero sí contiene determinado aspecto gnoseológico si este criterio de la técnica se relaciona con diferentes doctrinas sociales. Sin embargo, incluso en este caso, dicho criterio no puede ser admitido como criterio adecuado de la veracidad: expresa el enfoque unilateral, tecnológico a los complejos procesos socioeconómicos y a los procesos cientí fico-técnicos, orgánicamente vinculados y entrelazados. TaJ enfoque, de hecho, prescinde del antagonismo de los sistemas socioeconómicos del capitalismo y el socialismo; absoluliza algunos aspectos generales de su desarrollo en el plano del progreso científico-técnico, cuyas leyes, contenido y orientación social se determinan, ante todo, por este antagonismo entre los dos sistemas. Por ello, los factores tecnológicos propiamente dichos no son los decisivos en el desarrollo social, sino los derivados, a pesar de su enorme significado en la época de la moderna revolución científico-técnica, y, por consiguiente, en ej terreno ontológico y gnoseológico no pueden servir de criterio de superioridad o de veracidad de determinadas organizaciones o doctrinas sociales.

p A esto pudiéramos agregar que Ja inconsistencia o no veracidad de diferentes tipos de concepciones de " sociedad industrial" y, con conectado a oslo, de " convergencia de sistemas sociales" se debe desde el punto de vista metodológico, a su unilaferalidad, a la 194 absolutización del aspee lo tecnológieo de los procesos sociales, elevado al rango de criterio determinante, que no puede ser por su parcialidad y su dependencia respecto a otros factores socioeconómicos más esenciales.

p En ese mismo sentido razonan, metodológicamente, los positivistas, aunque tienen sus diferencias en cuanto al contenido concreto: absolutizan el aspecto sensorialdirecto de la experiencia en que descansan las ideas de la verificación. Aquí la práctica se reduce a dos momentos: 1) a la experiencia sensorial del sujeto y, 2) a las operaciones del sujeto en el proceso mismo de la verificación. Tanto lo uno como lo otro van incluidos, como momentos parciales y plenamente determinados, en el concepto general de la práctica, pero si la práctica se reduce a esto, su contenido se restringe en extremo y queda incapacitada para cumplir el papel de verdadero criterio, más aún con respecto a las teorías sociales, donde una tal interpretación de la práctica como criterio es completamente “inoperante”.

p Entre las representaciones anticientíficas de la prá ctica como criterio de la verdad figuran los juicios de diferentes teóricos revestidos de frases marxistas, que incluyen también en la práctica las actividades correspondientes a los campos de la ciencia y el arte, la lucha ideológica, etc. Esto es una directa concesión al idealismo e impide que la práctica pueda cumplir su función de criterio de la verdad. Algunos de tales teóricos afirman incluso que todas las teorías científicas, incluido el marxismo, implican "por ley natural" tanto la verdad como la mentira, las cuales —según dicen— están siempre pasando de la una a la otra. De ahí que los mandamientos de las "sagradas escrituras" o de los evangelios y otras citas semejantes se conviertan en criterios de la veracidad.

p Por último, como colofón a la definición de la prá ctica, señalemos la pluriformidad de su función como criterio de la verdad. Aquí destacan por su significación dos aspectos.

p Primero, la práctica como actividad histórico-social de los hombres en las importantes esferas indicadas en la definición, actúa precisamente como criterio general de la 195 verdad, válido tanto para las ciencias naturales, como las sociales y las matemáticas. Es natural que eti cada esfera del conocimiento, el papel principal de criterio directo lo desempeñen los correspondientes aspectos concretos de la práctica.

p Esta comunidad del criterio práctico se manifiesta también en otras esferas de la producción espiritual — en el arte, la moral y la religión—, en la medida en que en estas últimas pueda destacarse su aspecto propiamente gnoscológico (por ejemplo, en la valoración de la veracidad de los juicios morales, los conceptos de bondad, justicia, etc.).

Segundo, la práctica así concebida realiza la función de criterio en su significado gnoseológico general y, al mismo tiempo, en su sentido concreto. La práctica fundamenta y afirma gnoseológicameiite la universalidad y la unidad, la objetividad y lo absoluto de la verdad, al misino tiempo, su relatividad, multiformidad, concreción y lo subjetivo en su conexión y dependencia de la objetividad. En esto se manifiesta lo dialéctico de la práctica como criterio, lo que resulta indispensable para que cumpla esta función respecto a la verdad en su profundo contenido dialéctico.

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Notes

[191•8]   V. I. Lenin. Estadística y sociología, O. C., t. 30, pág. 350. Véase también Materialismo y empiriocriticismo, t. 18, pág. 146 y otras.

[191•9]   De las obras marxistas que tratan de la práctica señ alaremos dos que tiene determinado interés en cuanto al análisis del propio concepto de la práctica: B. Voronóvich. Análisis filosófico de la estructura de la práctica, Moscú, 1972, y G. Koch. Gesetzmassigheit und Praxis, Berlín, 1968.