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VIII
LA RENTA CAPITALISTA Y LA SUPERPOBLACI�N CAPITALISTA
 

p Continuaremos pasando revista a las concepciones te�ricas de Sismondi. Ya hemos analizado las principales, las que lo caracterizan entre los dem�s economistas. Las siguientes, o bien no desempe�an un papel tan importante en el conjunto de su teor�a, o bien son consecuencia de las anteriores.

p Se�alemos que, al igual que Rodbertus, Sismondi no compart�a la teor�a de Ricardo sobre la renta. Con consideraciones 167 sumamente d�biles procuraba socavar la teor�a de Ricardo, sin formular la propia. Se presenta aqu� como ide�logo puro del peque�o campesino: no rebate tanto a Ricardo, como rechaza, en general, el traslado a la agricultura de las categor�as de la econom�a mercantil y del capitalismo. En ambos sentidos, su punto de vista es bien caracter�stico del rom�ntico. El cap�tulo XIII del libro 3°rdot;  [167•*  est� dedicado “a la teor�a del se�or Ricardo sobre la renta del suelo”. Despu�s de declarar, desde el comienzo, que su propia teor�a est� en contradicci�n total con la de Ricardo, Sismondi presenta las siguientes objeciones: la tasa general de la ganancia (que es la base de la teor�a de Ricardo) no queda establecida jam�s: en la agricultura no existe el libre desplazamiento de capitales. En ese terreno hay que tomar en consideraci�n el valor intr�nseco del producto (la valeur intrins�que), que es independiente de las oscilaciones del mercado y que ofrece al propietario “un producto neto" (produit net), “el trabajo de la naturaleza" (I, 306). “El trabajo de la naturaleza es, pues, la fuente del producto neto de la tierra, considerado en su valor intr�nseco" (intrins�quement) (I, 310). “Hemos considerado la renta \le fermage], o m�s bien el producto neto, como el que emana directamente de la tierra en beneficio del propietario; �ste no le quita nada al granjero, ni al consumidor" (I, 312). Y esta repetici�n de los anticuados prejuicios fisiocr�ticos concluye todav�a con una moraleja: "En general, en econom�a pol�tica hay que desconfiar [se d�fier] de los 168 supuestos absolutos, lo mismo que de las abstracciones* (I, 312). No hay nada que analizar en semejante “teor�a”, pues una peque�a observaci�n de Ricardo a prop�sito del “trabajo de la naturaleza" es m�s que suficiente  [168•* . Esto es sencillamente renunciar al an�lisis, dar un gigantesco paso atr�s en relaci�n con Ricardo. Con toda evidencia se manifiesta, tambi�n aqu�, el romanticismo de Sismondi que se apresura a condenar el proceso en cuesti�n por temor a tener que analizarlo. N�tese que no niega que la agricultura est� desarroll�ndose en Inglaterra a la manera capitalista, que los campesinos son sustituidos por granjeros y jornaleros, que en el continente las cosas se van desarrollando en la misma direcci�n. Sencillamente vuelve la espalda a esos hechos (que tendr�a la obligaci�n de analizar puesto que trata de la econom�a capitalista) y prefiere dedicarse a disertaciones sentimentales sobre la ventaja del sistema patriarcal de explotaci�n de la tierra. De la misma manera proceden tambi�n nuestros populistas: ninguno de ellos ha intentado siquiera negar que la econom�a mercantil penetra en la agricultura, que este hecho no puede dejar de producir cambios radicales en el car�cter social de la agricultura; pero al mismo tiempo, al discurrir sobre la econom�a capitalista ninguno de ellos, plantea el crecimiento de la producci�n agr�cola destinada al comercio; prefieren desembarazarse de la cuesti�n mediante frases sobre ’la producci�n popular”. Como nos limitamos por el momento a analizar la teor�a econ�mica de Sismondi, dejamos para m�s adelante el estudio m�s detallado de esta “explotaci�n patriarcal".

p La teor�a de la poblaci�n constituye otro punto sobre el cual gira la exposici�n de Sismondi. Se�alaremos su actitud respecto de la teor�a de Malthus y la superpoblaci�n provocada por el capitalismo.

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p Efrussi afirma que Sismondi est� de acuerdo con Malthus s�lo en cuanto a que la poblaci�n puede multiplicarse con extraordinaria rapidez y constituir el origen de infinitos sufrimientos. “Posteriormente est�n en las ant�podas. Sismondi, ubica el problema de la poblaci�n sobre un terreno hist�rico social" (R�sskoie Bogatstvo, n�m. 7, p�g. 148). Tambi�n en esta formulaci�n Efrussi trata de esfumar el punto de vista caracter�stico de Sismondi ( precisamente peque�oburgu�s) y su romanticismo.

p ¿Qu� significa “ubicar el problema de la poblaci�n sobre un terreno hist�rico social"? Significa investigar por separado la ley de la poblaci�n de cada sistema hist�rico de econom�a y estudiar su v�nculo y relaci�n con el sistema de que se trata. ¿Cu�l es el sistema estudiado por Sismondi? El capitalista. Por lo tanto, el colaborador de la revista R�sskoie Bogatstvo supone que Sismondi estudi� la ley capitalista de la poblaci�n. Esta afirmaci�n encierra una parte de verdad, pero s�lo una parte. Y como Efrussi no pens� siquiera analizar qu� faltaba en los razonamientos de Sismondi sobre la poblaci�n, y como afirma que "Sismondi aparece aqu� como precursor de los m�s destacados economistas modernos"  [169•*  (p�g. 148), resulta que embellece al rom�ntico peque�o burgu�s como lo hizo en el problema de la crisis y de la renta nacional. ¿En qu� consist�a la similitud entre la teor�a de Sismondi y la nueva teor�a acerca de estos problemas? En que Sismondi se�al� las contradicciones inherentes a la acumulaci�n capitalista. Efrussi advirti� esa similitud. ¿En qu� se diferenciaba la doctrina de Sismondi de la nueva teor�a? En que, en primer lugar, aqu�l no hizo adelantar ni un �pice el an�lisis cient�fico de estas contradicciones y que inclusive, en algunos aspectos dio un paso atr�s en relaci�n con los cl�sicos; y en segundo lugar, en que disimulaba su incapacidad para el an�lisis (y en parte su falta de deseo de hacerlo) con reflexiones de moralista peque�oburgu�s sobre la necesidad de ajustar la renta nacional a los gastos, la producci�n al consumo, etc. En ninguno de los puntos citados se�al� Efrussi esta diferencia, y con ello present� en forma incorrecta en todo 170 sentido la verdadera significaci�n de Sismondi y su posici�n respecto de la teor�a moderna. Exactamente lo mismo observamos en la cuesti�n que nos preocupa. Tambi�n aqu� la similitud de Sismondi con la teor�a moderna se limita a se�alar una contradicci�n. Y tambi�n aqu� la diferencia consiste en la ausencia de un an�lisis cient�fico, que es sustituido por consideraciones morales peque�oburguesas. Aclaremos esto.

p El desarrollo de la industria capitalista mecanizada a partir de fines del siglo pasado, determin� la formaci�n de una superpoblaci�n, y para la econom�a pol�tica se plante� el problema de explicar este fen�meno. Como se sabe, Malthus trat� de relacionarlo con causas extra�das de la historia natural, neg� rotundamente que fuera producto de un r�gimen de econom�a social hist�ricamente determinado y cerr� los ojos a las contradicciones que este hecho revela. Sismondi se�al� dichas contradicciones y la sustituci�n de la poblaci�n por las m�quinas. Es su innegable m�rito, puesto que en la �poca en que �l sosten�a esto era una novedad. Pero veamos c�mo lo interpret�.

p En el cap�tulo VII del libro 7°rdot; (Sobre la poblaci�n), se trata en especial “de la poblaci�n que se hab�a tornado superflua debido a la invenci�n de las m�quinas”. Comprueba el hecho de que “las m�quinas remplazan a los hombres" (p�g. 315, II, VII), e inmediatamente se pregunta: ¿la invenci�n de las m�quinas constituye un beneficio o una calamidad para la naci�n? Se comprende que “la soluci�n" de este problema para todos los pa�ses y para todas las �pocas en general, y no para un pa�s capitalista, se reduce a la trivialidad m�s vac�a: es un beneficio cuando ’la demanda del consumo supera los medios de producci�n en manos de la poblaci�n" (les moyens de produire de la population) (II, 317); y es una calamidad, "cuando la producci�n satisface completamente el consumo”. En otras palabras: ¡comprobar la contradicci�n s�lo le sirve a Sismondi como pretexto para razonar sobre no se sabe qu� sociedad abstracta, exenta de contradicciones y a la que es aplicable la moral de un campesino ahorrativo! Ni siquiera intenta analizar esta contradicci�n, establecer c�mo se origina, adonde conduce, etc., en la sociedad capitalista actual. No, s�lo la aprovecha como material para expresar su indignaci�n moral contra ella. El resto del cap�tulo no agrega absolutamente nada al aspecto te�rico que se trata, pues s�lo se encuentran lamentaciones, quejas y expresi�n de inocentes deseos. Los obreros desalojados 171 eran consumidores [...]. El mercado interior se reduce [...]. En cuanto al mercado exterior, el mundo est� ya suficientemente abastecido [...]. El sobrio bienestar de los campesinos habr�a garantizado mejor la venta f...l. No hay ejemplo m�s sorprendente y horroroso oue el de Inglaterra, que es el oue est�n siguiendo los pa�ses del continente, i Tales son las consideraciones que hace Sismondi en lugar de analizar el fen�meno! Su actitud con respecto al tema es exactamente la misma que la de nuestros populistas. Tambi�n �stos se limitan a comprobar que existe exceso de poblaci�n, y utilizan este hecho s�lo para sus lamentaciones y queias contra el canitalismo (comp�rese con N.-on, V. V., etc.). As� como Sismondi ni siouiera intenta analizar la relaci�n que existe entre este excedente de poblaci�n y las exigencias de la producci�n cam’talista, los populistas tampoco se plantean nunca semeiante problema.

p El an�lisis cient�fico de esta contradicci�n mostr� nue el procedimiento es err�neo. Estableci� eme la superpoblaci�n, manifestaci�n indudable de una contradicci�n (junto con el excedente de producci�n v de consumo), v resultado necesario de la acumulaci�n capitalista, constituye al mismo tiempo una parte integrante imprescindible del mecanismo capitalista  [171•* . Cuanto m�s se 172 desarrolla la gran industria, tanto mayores son las fluctuaciones que soporta la demanda de obreros, en funci�n de las crisis o de los per�odos de florecimiento en toda la producci�n nacional, o en cada una de sus ramas por separado. Estas fluctuaciones constituyen la ley de la producci�n capitalista, la que no hubiera podido existir de no haber un excedente de poblaci�n (o sea, poblaci�n que supera la demanda media de obreros por el capitalismo), listo en todo momento, para suministrar mano de obra a cualquier rama de la industria o empresa. El an�lisis ha mostrado que la superpoblaci�n existe en todas las ramas de la industria, existe all� donde penetra el capitalismo—tanto en la agricultura como en la industria—, y que dicha poblaci�n excedente existe en diferentes formas. Las principales son tres  [172•* : 1) La superpoblaci�n flotante. Pertenecen a la misma los obreros desocupados en la industria. Con el desarropo de �sta crece necesariamente su n�mero. 2) La superpoblaci�n latente. Est� formada por la poVaci�n rural oue pierde sus explotaciones a medida que se desarrolla el capitalismo y que no encuentra ocupaci�n fuera de la agricultura. Esta parte de la poblaci�n siempre se halla lista para proporcionar mano de obra a cualquier empresa. 3) La superpoblaci�n estancada. Est� ocupada “a intervalos sumamente irregulares”, en condiciones que se hallan por debaio de lo normal  [172•** ; principalmente forman parte de la misma tanto los pobladores rurales como los urbanos que trabajan a domicilio para fabricantes y tiendas. El conjunto de estas tres capas de la poblaci�n forma la superpoblaci�n relativa, o sea, �l ej�rcito de reserva. Este �ltimo t�rmino muestra con claridad de qu� clase de poblaci�n se trata. Son obreros que necesita el capitalismo para la posible ampliaci�n de las empresas, pero que jam�s pueden estar ocupados en forma permanente.

p De manera que tambi�n en este problema la teor�a ha llegado a una conclusi�n diametralmente opuesta a la de los rom�nticos. Para �stos, el exceso de poblaci�n significa que el capitalismo es una imposibilidad o un “error”. En realidad es todo lo contrario: la superpoblaci�n, complemento necesario de la superproducci�n, constituye un elemento forzoso de la econom�a capitalista, sin el cual �sta no hubiera podido existir ni desarrollarse. Aqu� tambi�n 173 Efrussi present� las cosas de manera completamente falsa, silenciando esta tesis de la teor�a moderna.

p Una simple confrontaci�n de estos dos puntos de vista bastar� para ver cu�l de ellos adhieren nuestras propuestas. El cap�tulo de Sismondi que acabamos de resumir habr�a podido figurar, con todos los derechos, en Rese�as de nuestra econom�a social posterior a la reforma, del se�or N.-on.

p Al comprobar la formaci�n de una superpoblaci�n en la Rusia posterior a la reforma, los “populistas” nunca se plantearon que el capitalismo necesita un ej�rcito de reserva de obreros. ¿Habr�a podido, acaso, tender las l�neas ferroviarias, si no hubiera existido una superpoblaci�n constante? Se sabe que la demanda de mano de obra para este g�nero de trabajo oscila fuertemente de a�o en a�o. ¿Hubiera podido desarrollarse la industria sin esa condici�n? (Durante los per�odos de ascenso la industria requiere grandes masas de obreros para la construcci�n de nuevas f�bricas, edificios, dep�sitos, etc., y para toda clase de trabajos auxiliares a jornal que ocupan a la mayor parte de los campesinos en los denominados trabiios temporarios no agr�colas). Sin esta condici�n, jhabr�a podido crearse en nuestras regiones perif�ricas la agricultura capitalista que requiere centenares de miles y millones de jornaleros, y donde, como es sabido, son extraordinariamente grandes las oscilaciones en la demanda de mano de obra? Sin la formaci�n de un excedente de poblaci�n, ¿hubieran podido los empresarios-forestales proceder a la tala de los bosques para satisfacer las necesidades de las f�bricas con una rapidez tan fenomenal? (Los trabajos forestales pertenecen tambi�n al n�mero de los peor pagados y de los que se efect�an en peores condiciones, al igual que las dem�s formas de trabajo que los habitantes del campo realizan para los empresarios.) ¿Hubiera podido, sin esa condici�n, desarrollarse el sistema de trabajo a domicilio para los comerciantes, fabricantes y tiendas, en las ciudades y en el campo, fen�meno tan difundido en los oficios llamados de artesan�a? En todas estas ramas del trabajo (que se han desarrollado principalmente despu�s de la Reforma), las oscilaciones en la demanda de trabajo asalariado son muy grandes, y la amplitud de dichas oscilaciones determina la magnitud de la superpoblaci�n exigida por el capitalismo. En parte alguna los economistas “populistas” evidenciaron conocer dicha ley. No tenemos, desde luego, 174 intenci�n de entrar en el an�lisis de estos problemas en su esencia  [174•* , pues ello no entra en nuestra tarea. El objeto de nuestro art�culo es el romanticismo de Europa occidental y sus relaciones con los “populistas” rusos. Y en este asunto esas relaciones son las mismas que en todos los casos anteriores: en el problema de la superpoblaci�n, los “populistas” adoptan �ntegramente el punto de vista del romanticismo, diametralmente opuesto al de la teor�a moderna. El capitalismo no ocupa a los trabajadores libres, dicen, lo que significa que es una imposibilidad, "un error”, etc. En modo alguno “significa” tal cosa. La contradicci�n no significa una imposibilidad (Widerspruch no es lo mismo que Widersinn). La acumulaci�n capitalista, esa verdadera producci�n por la producci�n, es tambi�n una contradicci�n. Pero esto no le impide existir y ser la ley de determinado sistema econ�mico. Lo mismo hay que decir tambi�n de todas las dem�s contradicciones del capitalismo. El citado razonamiento de los populistas “significa” s�lo que los intelectuales rusos padecen del defecto profundamente arraigado de desembarazarse con frases de todas esas contradicciones.

p Sismondi no ha dado, pues, absolutamente nada para el an�lisis te�rico de la superpoblaci�n. ¿Pero c�mo lo encar�? Sus ideas son una combinaci�n original de simpat�as peque�oburguesas y de malthusianismo. “El gran vicio de la actual organizaci�n social—dice—es que el pobre jam�s puede saber con qu� demanda de trabajo podr� contar" (II, 261), y Sismondi suspira por los tiempos en que “el zapatero rural" v el peque�o campesino conoc�an con exactitud sus ingresos. “Cuanto m�s privado de su propiedad se halla un pobre, tanto m�s sujeto se encuentra al peligro de equivocarse acerca de sus rentas y de contribuir a aumentar una poblaci�n [contribuer � accro�tre une population...] que, como no est� en correspondencia con la demanda de trabajo, no hallar� medios de subsistencia (II, 263-264). Como vemos, a este ide�logo de la peque�a burgues�a le parece poco el querer detener todo el desarrollo social a fin de conservar las relaciones patriarcales de una poblaci�n semib�rbara. Est� dispuesto a recetar cualquier mutilaci�n de la naturaleza humana, 175 con tal de que ello sirva para la conservaci�n de la peque�a burgues�a. Vayan unas cuantas citas m�s, para que no queden dudas sobre este �ltimo punto.

El pago semanal de los salarios en las f�bricas ha acostumbrado a los obreros casi paup�rrimos a no ver el futuro m�s all� del pr�ximo s�bado: “de esta manera han embotado en ellos las cualidades morales y el sentimiento de simpat�a" (II, 266) que consisten, como lo veremos en seguida, ¡en “la moderaci�n conyugal"!... “Su familia ser� tanto m�s numerosa cuanto mayor sea la carga para la sociedad; y la naci�n sufrir� [gemir�] bajo el peso de una poblaci�n que no est� en correspondencia [ disproportionn�e] con los medios para su manutenci�n" (II, 267). ¡La conservaci�n de la peque�a propiedad, a toda costa, aunque sea al precio de la reducci�n del nivel de vida y de la deformaci�n de la naturaleza humana: he ah� la consigna de Sismondi! Y despu�s de haber hablado con la gravedad de un hombre de Estado acerca de cu�ndo es “deseable” el crecimiento de la poblaci�n, dedica un cap�tulo especial a ataques contra la religi�n, por no haber condenado los matrimonios “imprudentes”. En cuanto su ideal est� en juego, el peque�o burgu�s Sismondi se vuelve m�s malthusiano que el propio Malthus. “Los ni�os que nacen s�lo para la miseria—alecciona �l a la religi�n—tambi�n nacen solamente para el vicio [...]. La ignorancia de los problemas concernientes al r�gimen social, que los ha llevado [a los representantes de la religi�n] a excluir la castidad del n�mero de virtudes propias del matrimonio, es una de las causas que act�an permanentemente para destruir la proporci�n naturalmente establecida entre la poblaci�n y sus medios de existencia" (II, 294). “La moral religiosa debe, pues, ense�ar a los hombres que, al renovar la familia, no est�n menos obligados a vivir castamente con sus esposas, que los solteros con las mujeres que no les pertenecen" (II, 298). Y Sismondi, que en general pretende no s�lo el t�tulo de te�rico en econom�a, sino tambi�n el de sabio administrador, calcula all� mismo que "para la renovaci�n de la familia" se requiere, "en total y por t�rmino medio, tres nacimientos”; y aconseja al gobierno "no enga�ar a la gente con la esperanza de una posici�n independiente que permita formar una familia, cuando esta instituci�n ilusoria [cet �tablissement illusoire] los deja expuestos a padecimientos, a la miseria y a la mortalidad" (II, 299). "Cuando la organizaci�n social no separaba la clase 176 de los trabajadores de la que pose�a alguna propiedad, era suficiente la opini�n p�blica para evitar el flagelo [le fl�au] de la mendicidad. Para el agricultor la venta de la heredad de sus padres, para el artesano el despilfarro de su peque�o capital, siempre encierran algo vergonzoso [...]. Empero en el actual r�gimen de Europa [...]• Los hombres condenados a no poseer nada jam�s no pueden sentir ninguna verg�enza frente a la mendicidad" (II, 306-307). ¡Es dif�cil expresar con mayor relieve la torpeza y la insensibilidad de un peque�o propietario! Sismondi se trasforma aqu�, de te�rico en consejero pr�ctico, que predica la moral que, como se sabe, es aplicada con tanto �xito por el campesino franc�s. No es s�lo un Malthus, sino, por a�adidura, un Malthus cortado ex profeso a la medida del peque�o burgu�s. Al leer estos cap�tulos de Sismondi se recuerda, sin querer, los ataques apasionados e indignados de Proudhon, quien ve�a en el malthusianismo un consejo a los esposos de entregarse a... cierto vicio antinatural   [176•* .

* * *
 

Notes

[167•*]   Es caracter�stico inclusive el m�todo mismo de exposici�n: el libro 3? trata de “la riqueza territorial” (r�chesse territoriale) de la tierra, es decir, de la agricultura. El libro siguiente, el 4°rdot; “de la riqueza comercial” (de la richesse commerciale), es decir, de la industria y del comercio. ¡Como si el producto de la tierra y la tierra misma no se trasformasen tambi�n en mercanc�as bajo el dominio del capitalismo! Por esa raz�n no existe concordancia entre estos dos libros. La industria es tratada s�lo desde el punto de vista de su forma capitalista, contempor�nea de Sismondi. En cuanto a la agricultura, se la describe como un mosaico heterog�neo, con toda clase de sistemas de explotaci�n de la tierra: patriarcal, esclavista, medier�a, prestaci�n personal, aparcer�a, sistemas de econom�a basados en granjas, enfiteusis (arriendo a perpetuidad). Y como resultado de ello, la confusi�n m�s completa: el autor no hace la historia de la agricultura—puesto que todos esos “sistemas” no se hallan ligados entre s�—, ni un an�lisis de la agricultura dentro de la econom�a capitalista, aun cuando esta �ltima constituye el verdadero objeto de su obra y aun cuando, en lo que respecta a la industria, s�lo la considera bajo su forma capitalista.

[168•*]   Ricardo. Obras, trad. de Ziber, p�g. 35: “¿Acaso la naturaleza no hace nada por el hombre en la industria manufacturera? ¿Acaso carecen de valor la fuerza del viento y del agua que ponen en acci�n nuestras m�quinas y facilitan la navegaci�n mar�tima? La presi�n atmosf�rica y la elasticidad del vapor, mediante las cuales ponemos en movimiento las m�s admirables m�quinas, ¿no constituyen dones de la naturaleza? Sin hablar ya de la acci�n del calor, que ablanda y funde los metales, y de la participaci�n del aire en los procesos de tintura y de fermentaci�n, no existe una sola rama de la manufactura eu que la naturaleza no preste su ayuda al hombre, haci�ndolo, adem�s, generosa y gratuitamente".

[169•*]   Hacemos, por nuestra parte, la salvedad de que no podemos saber con certeza a qui�n se refiere Efrussi cuando habla del “m�s eminente economista moderno": ¿es un representante de la escuela que, como se sabe, es absolutamente extra�a al romanticismo, o bien el autor del m�s voluminoso Handbuch?

[171•*]   Por lo que se sabe, este punto de vista sobre la superpoblaci�n fue formulado por primera vez por Engels, en Die Lage der arbettenden Klfx.se in Englnnd (1845). (V�ase F. Engels, La situaci�n de la clase obrera en Inglaterra, ed. cit. p�g. 97. Ed.} Despu�s de describir el ciclo habitual de producci�n de la industria inglesa, el autor dice:

“Resulta que en todos los tiempos, exceptuando los breves per�odos del m�s alto resurgimiento, la industria inglesa debe tener un ej�rcito de reserva de obreros desocupados para poder, en los meses de mayor actividad, producir la cantidad de mercanc�as requeridas. Esta reserva es m�s o menos numerosa, seg�n que las condiciones del mercado ocasionen una mavor o menor ocupaci�n de la misma. Y si tambi�n en la �poca de mayor resurgimiento del mercado, por lo menos de tiempo en tiempo, los distritos agr�colas, Irlanda y las ramas de la industria menos sujetas al resurgimiento, pueden suministrar un n�mero de trabajadores, �stos, por un lado, forman todav�a una minor�a, y pertenecen, por otro lado, a la reserva, con la �nica diferencia que cada resurgimiento les muestra que tambi�n pertenecen a ella”.

Es importante subrayar en la �ltima frase que una parte de la poblaci�n rural que se vuelca temporariamente a la industria, es considerada parte integrante del ej�rcito de reserva. Esto es justamente lo que la teor�a moderna llama forma latente de superpoblaci�n (v�ase El capital de Marx). (V�ase C. Mar, ob. cit., t. I, punto 4, cap. XXIII, p�gs. 516-517. Ed.)

[172•*]   Confrontar Z�ber, David Ricardo, etc., p�gs. 552-553. S. Peter�burgo, 1885.

[172•**]   V�ase C. Marx, ob. cu., t. I, p�gs. 516-517. (Ed.)

[174•*]   Por eso no nos referiremos aqu� a la circunstancia, sumamente original de que, al no estar registrados, much�simos obreros de esta categor�a sirven de base a los economistas populistas para no tomarlos en cuenta.

[176•*]   Ver el ap�ndice de la traducci�n rusa del Ensayo acerca da la poblaci�n, de Malthus (traducci�n de B�bikov, S. Petersburgo, 1868), extracto de la obra de Proudhon De la justicia.