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IX
LAS MAQUINAS EN LA SOCIEDAD CAPITALISTA
 

p El problema de la superpoblaci�n se halla vinculado al de la importancia de las m�quinas en general.

p Efrussi pone mucho empe�o en referirse a “las brillantes observaciones" de Sismondi sobre las m�quinas; declara que “es injusto considerarlo un adversario de los perfeccionamientos t�cnicos" (n�m. 7, p�g. 155); que “Sismondi no era enemigo de las m�quinas y de los inventos" (p�g. 156). “En m�s de una oportunidad, subray� el pensamiento de que las m�quinas y los inventos, no son perjudiciales de por s�, para la clase obrera; s�lo se vuelven perjudiciales debido a las condiciones de la econom�a actual, en la que el crecimiento de la productividad del trabajo no conduce al aumento del consumo de la clase obrera, ni a la reducci�n de la jornada de trabajo" (p�g. 155).

p Todas estas indicaciones son completamente justas. Y este 177 juicio sobre Sismondi pone bien de relieve, una vez m�s, que el populista no supo comprender al rom�ntico, que no alcanz� a comprender el punto de vista propio del romanticismo respecto del capitalismo, ni la diferencia radical con el punto de vista de la teor�a cient�fica. El populista no estaba, desde luego, en condiciones de comprenderlo, porque el populismo tampoco fue m�s all� del romanticismo. Pero si las indicaciones de Sismondi sobre el car�cter contradictorio del uso de las m�quinas por el capitalismo era un gran progreso hacia 1820, en la actualidad resulta completamente imperdonable limitarse a una cr�tica tan primitiva y no comprender su limitaci�n peque�oburguesa.

p En este sentido (o sea, en el aspecto de la diferencia entre la teor�a de Sismondi y la teor�a moderna)   [177•* , Efrussi se mantiene con firmeza fiel a s� mismo. Ni siquiera sabe c�mo plantear el problema. Luego de se�alar que Sismondi ve�a la contradicci�n, se da por satisfecho con ello como si la historia no hubiese mostrado las maneras y m�todos m�s diversos de criticar las contradicciones del capitalismo. Al decir que Sismondi no considera nocivas las m�quinas en s� mismas, sino por su acci�n en el r�gimen social actual, Efrussi ni siquiera se da cuenta de cuan primitivo y superficialmente sentimental es el punto de vista que se expresa en este solo razonamiento. En efecto, Sismondi se preguntaba: las m�quinas, ¿son perjudiciales o no?, y “resolv�a” el problema mediante esta sentencia: son �tiles s�lo cuando la producci�n est� en concordancia con el consumo (conf. con las citas en la revista R�sskoie Bogatstvo, n�m. 7, p�g. 156). Despu�s de todo lo expuesto, ya no necesitamos demostrar aqu� que semejante “soluci�n” no es otra cosa que la sustituci�n del an�lisis cient�fico del capitalismo por la utop�a peque�oburguesa. No se puede acusar a Sismondi por no haber realizado semejante an�lisis. Los m�ritos hist�ricos de las personalidades hist�ricas no se juzgan por lo que no hayan dado en relaci�n con las exigencias de la actualidad, sino por lo que dieron de nuevo en relaci�n con sus antecesores. En este caso, ya no juzgamos a Sismondi y su primitivo y sentimental punto de vista, sino al economista de R�sskoie Bogatstvo, quien hasta ahora no entiende 178 en qu� difiere del moderno ese punto de vista. No comprende  [178•*  que para caracterizar esa diferencia no corresponde preguntar si Sismondi era o no enemigo de las m�quinas, sino si comprend�a la importancia de las mismas en el r�gimen capitalista, si comprend�a su papel en este r�gimen como factor de progreso. Y entonces el economista de R�sskoie Bogatstvo habr�a podido advertir que desde su punto de vista peque�oburgu�s y ut�pico, Sismondi no pudo formularse semejante pregunta, y que la diferencia con la nueva teor�a consiste precisamente en haberla formulado y contestado. Entonces Efrussi habr�a podido comprender que, al sustituir la cuesti�n del papel hist�rico de las m�quinas en la sociedad capitalista actual por la de la " conveniencia" y “utilidad” de las m�quinas en general, Sismondi llegaba naturalmente a la teor�a de los “peligros” del capitalismo y del uso capitalista de las m�quinas, a clamar por la necesidad de “detener”, “moderar”, “reglamentar”, el crecimiento del capitalismo, y en virtud de ello se tornaba reaccionario. La incomprensi�n del papel hist�rico de las m�quinas como factor de progreso es precisamente una de las causas por la cual la teor�a moderna considera reaccionaria la doctrina de Sismondi.

p Se sobrentiende que no expondremos aqu� la teor�a moderna (es decir, la teor�a de Marx) sobre la producci�n mecanizada. Remitimos al lector, entre otras, a la ya mencionada investigaci�n de N. Z�ber, cap. X: Las m�quinas y la gran industria, y en especial al cap. XI: An�lisis de la teor�a de la producci�n mecanizada  [178•** . Limit�monos a se�alar brevemente sus rasgos esenciales. Se reduce a dos puntos: 1) un an�lisis hist�rico que establece el lugar que ocupa la producci�n mecanizada en las sucesivas etapas de desarrollo del capitalismo y su relaci�n con las que la precedieron (cooperaci�n capitalista simple y manufactura capitalista); 2) un an�lisis del papel de las m�quinas en la econom�a capitalista y, especialmente, de la trasformaci�n de todas las condiciones de vida de la poblaci�n, que produce la 179 industria mecanizada. En lo que concierne al primer punto, esta teor�a ha establecido que la industria mecanizada es s�lo una etapa (precisamente la superior) de la producci�n capitalista, y muestra que ha salido de la manufactura. En lo que concierne al segundo punto, establece que la industria mecanizada es un gigantesco progreso en la sociedad capitalista, no s�lo porque eleva en grado m�ximo las fuerzas productivas y socializa el trabajo en toda la sociedad  [179•* , sino tambi�n porque destruye la divisi�n del trabajo propia de la manufactura, obliga a los obreros a pasar de un trabajo a otro, aniquila definitivamente las relaciones patriarcales atrasadas, en especial en el campo  [179•** , y da un gigantesco impulso al movimiento progresista de la sociedad, tanto por las causas se�aladas como por la concentraci�n de la poblaci�n industrial. Este progreso, al igual que todos los del capitalismo, es acompa�ado tambi�n por el “progreso” de las contradicciones, es decir, por su agudizaci�n y extensi�n.

p Quiz�s el lector pregunte: ¿qu� inter�s hav entonces en el an�lisis de las ideas de Sismondi sobre una cuesti�n tan umversalmente rono^ida, y este enunciado sumario de la nueva teor�a, “ conocida" por todos y con la cual todos est�n "de acuerdo"?

p Y bien, para ver en ou� consiste este “acuerdo” tomaremos ni m�s destacado economista-populista de la actualidad, al se�or N.-on, quien pretende aplicar en forma rigurosa la teor�a moderna. Como se s°be, en sus Rese�as el se�or N.-on hab�a planteado, como una de sus tareas especi�les, el estudio del desarrollo del capitalismo en la industrio tpxtil rusa, que se caracteriza precisamente por el m�ximo empleo de m�quinas.

p Se preguntar�: ¿cu�l es el punto de vista del se�or N.-on sobre este punto? ¿El de Sismondi (con el cual—como hemos vistocomparte la opini�n sohre muchos aspectos del capitalismo) o el de la teor�a moderna? En este problema tan importante, ¿ser� un rom�ntico o... un realista?   [179•*** .

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p Hab�amos visto que el primer rasgo distintivo de la teor�a moderna es el an�lisis hist�rico del surgimiento de la industria mecanizada a partir de la manufactura capitalista. ¿Plantea, acaso, el se�or N.-on el problema del surgimiento de la industria mecanizada rusa? No. Es cierto que se�al� que la misma fue precedida por el trabajo a domicilio realizado para el capitalista y por la “ f�brica" manual  [180•* , �ero no s�lo no explic� la relaci�n entre la industria mecanizada y las etapas precedentes, sino que ni siquiera “percibi�” que, de acuerdo con la terminolog�a cient�fica, esa etapa precedente (la producci�n manual y a domicilio o en el taller del capitalista) no puede ser denominada fabrica sino que, indudablemente, debe ser caracterizada como manufactura capitalista  [180•** .

p Que no piense el lector que esta “laguna” carece de importancia. Al contrario, tiene una importancia enorme. En primer lugar, el se�or N.-on identifica as� el capitalismo con la industria mecanizada. Es un grosero error. El m�rito de la teor�a cient�fica consiste precisamente en que esclareci� el lugar que le corresponde a la industria mecanizada, como una de las etapas del capitalismo. Si el se�or N.-on participase del punto de vista de esta teor�a, ¿habr�a podido presentar el crecimiento y triunfo de la industria mecanizada como la “lucha de dos formas econ�micas": de no se sabe qu� "forma basada en la posesi�n de los instrumentos de producci�n" por el campesinado  [180•*** , ror un lado, y "el capitalismo”, por el otro (p�gs. 2, 3, 66, 198 y otras), cuando en realidad asistimos a una lucha entre la industria, mecanizada y la manufactura capitalista? 181 Sobre esta lucha el se�or N.-on no ha dicho ni una sola palabra, aun cuando en la industria textil, que eligi� en especial para los fines de su estudio (p�g. 79), seg�n la referencia que �l mismo hace, se estaba desarrollando esta sustituci�n de dos -formas de capitalismo, falsamente presentada por �l como el remplazo de la “ producci�n popular" por el “capitalismo”. ¿No es evidente que en el fondo no le interesaba en lo m�s m�nimo la cuesti�n del desarrollo real de la industria mecanizada, y que baio el t�rmino de “producci�n popular" se oculta una utop�a, muy del gusto de Sismondi? En segundo lugar, si el se�or N.-on hubiera planteado el asunto del desarropo hist�rico de la industria mecanizada rusa, ¿habr�a podido hablar de la “implantaci�n del capitalismo" (p�gs. 331, 283, 323 y otras) bas�ndose en el aooyo y la ayuda gubernamentales, hechos que tambi�n tuvieron lugar en Europa? Se pregunta entonces: ¿imita a Sismondi, auien tambi�n hablaba de “implantaci�n”, o al representante de la teor�a moderna que estudi� la sustituci�n de la manufactura por la industria mecanizada? En tercer lugar, si el se�or N.-on se hubiera planteado el problema del desarrollo hist�rico de las formas del capitalismo en Rusia (en la industria textil), ¿habr�a podido ignorar la existencia de la manufactura capitalista en las “peque�as industrias artesanales" rusas?   [181•*  Y si f�n realidad se hubiera atenido a la teor�a e intentado aplicar el an�lisis cient�fico aunque fuera a un rinconcito de esa “producci�n”, tambi�n “ popular”, ¿qu� habr�a sido del cuadro rudimentario de la econom�a social rusa por �l pintarrajeado, que representaba no se sabe qu� “ prodivci�n popular" y un “capitalismo” separado de �sta, que abarca s�lo a "un pu�ado" de obreros (p�gs. 326 y otras)?

p Para resumir: seg�n el punto n�m. 1, que se refiere a la diferencia que existe entre la teor�a moderna y la teor�a rom�ntica de la industria mecanizada, el se�or N.-on no puede ser considerado, de manera alguna, como partid/irio de la primera, dado que no comprende siquiera la necesidad de plantear la cuesti�n del surgimiento de la industria mecanizada, considerada como una etapa 182 particular del capitalismo, y calla la existencia de la manufactura capitalista, etana del capitalismo que precede al maqumismo. En lugar de un an�lisis hist�rico, trata de introducir subrepticiamente la utop�a de “la producci�n popular".

p El segundo punto se refiere a las trasformaciones de las relaciones sociales provocadas por la industria mecanizada, seg�n la teor�a moderna. El se�or N.-on no intent� siquiera analizar este aspecto. Se queja mucho del capitalismo, deplora la aparici�n de la f�brica (lo mismo que Sismondi), pero no hace siquiera el intento de estudiar la trasformaci�n de las condiciones sociales provocada por la f�brica   [182•* . Para ello hubiera sido necesario, precisamente, comparar la industria mecanizada con las etapas precedentes, sobre lo cual nada dice el se�or N.-on. De la misma manera, el punto de vista d<= la teor�a morlprna «obre las m�quinas como factor de progreso de la sociedad capitalista actual, le es completamente ajeno. Y de nuevo, ni siquiera se plantea esta cuesti�n  [182•** , i/ no hubiera podido hacerlo, porque ella surge del estudio hist�rico de la sustituci�n de una forma de capitalismo por otra, mientras que para el se�or N.-on “el capitalismo" tout court  [182•***  remplaza... a "la producci�n popular".

p Si pregunt�semos sobre la base de "la investigaci�n" del se�or N.-on sobre la introducci�n del capitalismo en la industria textil en Rusia: ¿qu� piensa el se�or N.-on de las m�quinas?, no podr�amos obtener otra respuesta que la que ya conocemos de Sismondi. El se�or N.-on, al igual Que Sismondi, reconoce que las m�quinas elevan la productividad del trabajo (¡c�mo para no reconocerlo!). El se�or N.-on, al igual aue Sismondi. dice que no son las m�quinas las da�inas, sino su uso capitalista. El se�or N.-on, siempre como Sismondi, supone que “nosotros” hemos perdido de vista, al introducir las m�quinas, que la producci�n debe ser proporcionada "a la capacidad de consumo del pueblo".

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p Y eso es todo. El se�or N.-on no supone nada m�s. No quiere ni saber de los problemas que ha planteado y resuelto la teor�a moderna, pues ni siquiera hace la menor tentativa de considerar la sucesi�n hist�rica de las diferentes formas de la producci�n capitalista en Rusia (as� fuese sobre el ejemplo, por �l tomado, de la industria textil), ni el papel de las m�quinas como factor de progreso en el r�gimen capitalista existente.

p De manera que tambi�n, en la cuesti�n de las m�quinas—este important�simo problema de la econom�a pol�tica te�rica—, el se�or N.-on comparte el punto de vista de Sismondi. Y razona completamente como un rom�ntico, lo cual, al parecer, no le impide citar y citar.

p Esto no se refiere s�lo al ejemplo de la industria textil, sino a todos los razonamientos del se�or N.-on. Recu�rdese solamente el ejemplo ya citado de la producci�n de harinas. Lo que dice de la introducci�n de las m�quinas, sirve al se�or N.-on s�lo como pretexto para lamentaciones sentimentales por el hecho de que la elevaci�n de la productividad del trabajo no se halla en proporci�n a "la capacidad de consumo del pueblo”. Ni ha pensado en analizar las trasformaciones que en el r�gimen social produce la industria mecanizada (y que realmente produjo en la vida social de Rusia). No comprende en absoluto que se pueda plantear el problema de si esas m�quinas fueron un progreso en la sociedad capitalista actual  [183•* .

Y lo dicho respecto del se�or N.-on, ata�e a fortiori  [183•**  a los dem�s economistas-populistas: el populismo, en la cuesti�n de las m�quinas, comparte hasta hoy el punto de vista peque�oburgu�s del romanticismo, y sustituye el an�lisis econ�mico por deseos sentimentales.

* * *
 

Notes

[177•*]   Y ya vimos en m�s de una oportunidad, que Efrussi procura introducir en todas partes este paralelo de las concepciones de Sismondi con la teor�a moderna.

[178•*]   En las ediciones de 1898 y 1908 se hab�a suprimido el texto encerrado entre los dos asteriscos. (Ed.)

[178•**]   “A decir verdad—dice Z�ber en el comienzo de este cap�tulo—, la doctrina expuesta sobre las m�quinas y la gran industria es una fuente tan inagotable de nuevas ideas e investigaciones originales que si a alguien se le ocurriera ponderar �ntegramente los m�ritos propios de esta doctrina, tendr�a que dedicar a este solo objeto casi todo un libro" (p�g. 473).

[179•*]   Commrando “la divisi�n del trabajo" en la rnmun’dsd rural y en la seriedad capitalista con su industria rriPraniVada, Z�ber observa con toda nisticia: "Entre los ’sumandos’ de la comunidad camnesina y los de una sociedad con producci�n mecanirada eviste m�s o menos la misma diferencia que, nnv ejemplo, entre la unidad ’decena’ y la unidad ’centena’" ( p�gina 495).

[179•**]   Z�ber, obra citada, p�g. 467.

[179•***]   La palabra “realista” se usa aqu� en lugar de la palabra, man�sta, exclusivamente por consideraciones relacionadas con la censura. Por la misma causa, las referencias a El capital son remplazadas por las referencias al libro de Z�ber, que hac�a una exposici�n de El capital de Marx. (Nota del autor a la edici�n de 1908. Ed.)

[180•*]   Pag. 108. La cita es del libro Recopilaci�n de artos estad�st’cos de la provincia de Mosc�, t. VII, vol. III, p�g. 32. (Los estad�sticos resumen aqu� el libro de Korsak Sobre las formas de la industria): “La organizaci�n misma de los oficios cambia totalmente a partir de 1822: de productores artesanales independientes, los campesinos se van trasformando en simples realizadores de algunas operaciones de la gran industria fabril, y se limitan a percibir un salario seg�n la tarea".

[180•**]   Z�ber se�alaba muy acertadamente que no conviene usar la terminolog�a habitual (f�brica, taller, etc.) en una investigaci�n cient�fica, e indicaba la necesidad de distinguir la industria mecanizada de la manufactura capitalista (p�g. 474).

[180•***]   N.-on, p�g. 322. ¿Acaso esto difiere en un �nice de la idealizaci�n de la econom�a campesina patriarcal que hace Sismondi?

[181•*]   Suponemos que no hay necesidad de demostrar aqu� este hecho notorio. Basta recordar Ins penue��n industrias de cerrajer�a de P�vlovo, de curtiembres de Bogorodsk, de calzado de Kimri, de gorras del detrito de Molv�tino. de acordeones y de samovares de Tula, de orfebrer�as de Kr�snoie Siel� y de R�bnaia Slobod�, de cucharas de Siemi�novsk, de art�culos de carey en “Usti�nschina”, de fieltro en el distrito de Semi�nov en la provincia de Nizhni-N�vgorod, etc. Citamos de memoria: si se recurre a cualquier trabajo de investigaci�n sobre la industria artesanal, podr� prolongarse la lista hasta el infinito.

[182•*]   Rogamos no olvidar que el significado cient�fico de este t�rmino no es igual al que tiene ordinariamente. La ciencia limita su aplicaci�n a la gr?n industria mecanizada.

[182•**]   Tal como lo hab�a planteado, por ejemplo, A. Volguin, La fundamentaci�n del populismo en las obras del se�or Vorontsov (V. V.), S. Petersburgo, 1896.

[182•***]   Tout court, simplemente. En franc�s en el original. (Ed.)

[183•*]   Aqu� se encuentra ya esbozada, sobre la base de Ta teor�a de Marx, la cr�tica de las opiniones del se�or N.-on, tarea que realic� m�s tarde en El desarrollo del capitalismo. [Nota del autor a la edici�n de 1908. Ed.]

[183•**]   Con mayor raz�n. (Ed.)