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LA NUEVA LEY DE FABRICAS^^30^^
 
I
¿A QU� SE DEBE LA PROMULGACI�N DE LA NUEVA LEY
DE F�BRICAS?
 

_p Escrito en el destierro durante el verano de 1897.

_p El ap�ndice fue escrito en oto�o de ese a�o.

Publicado por primera vez como folleto en Ginebra, en 1899.

Se publica de acuerdo con el

texto del folleto.

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Tapa del folleto de V. I. Lenin La nueva ley de f�bricas. 1899.

262 263

p El 2 de junio de 1897 fue promulgada la nueva ley de f�bricas, que reduce la jornada de trabajo en las f�bricas y empresas industriales y establece el descanso en d�as feriados. Los obreros de Petersburgo esperaban desde hac�a mucho esta ley, que el gobierno prometi� ya en 1896, asustado por la gran huelga obrera de la primavera de dicho a�o. A esta gran huelga en las f�bricas de hilados y tejidos de algod�n siguieron otras, y en todas partes los obreros exigieron la reducci�n de la jornada. El gobierno respondi� a las huelgas con salvajes represalias, detuvo y deport� sin juicio a gran n�mero de obreros; asustado, trat� de influir sobre ellos con frases est�pidas acerca del amor cristiano de los fabricantes a los obreros (circular de 1895-1896 del ministro Witte a los inspectores del trabajo   [263•* ). Pero los obreros se limitaron a re�rse de esas frases, y ninguna represi�n fue capaz de detener el movimiento, que abarc� a decenas y centenares de miles de obreros. El gobierno comprendi� entonces que era necesario ceder y satisfacer, por lo menos, una parte de las reivindicaciones. Adem�s de salvajes persecuciones contra los huelguistas y de frases falaces e hip�critas, los obreros de Petersburgo recibieron como respuesta la promesa del gobierno de promulgar una ley por la cual se reducir�a la jornada de trabajo. Esta promesa fue hecha, con una solemnidad sin precedente, en avisos especiales   [263•**  fijados en las f�bricas en 264 nombre del ministro de Finanzas. Los obreros aguardaban impacientes el cumplimiento de esta promesa, esperaban la ley para el 19 de abril de 1897, dispuestos a pensar de antemano que esta promesa del gobierno, lo mismo que otras muchas hechas por �l, era un burdo embuste. Mas esta vez el gobierno cumpli� su promesa: la ley ha sido promulgada; sin embargo, m�s adelante veremos qu� car�cter tiene. Ahora examinaremos las circunstancias que obligaron al gobierno a cumplirla.

p �ste empez� a ocuparse de la reducci�n de la jornada de trabajo no en 1896, sino mucho antes. El problema fue planteado hace quince a�os, en 1883, cuando los fabricantes de Petersburgo solicitaron la promulgaci�n de semejante ley. Otros fabricantes (los polacos, con m�s exactitud) formularon repetidas veces peticiones del mismo car�cter, mas todas ellas fueron archivadas, lo mismo que otros muchos proyectos tendientes a mejorar la situaci�n de los obreros. El gobierno ruso no se apura a convertir en realidad esos proyectos, que permanecen en carpeta decenas de a�os. Cuando se trata de hacer una donaci�n de varios millones de rublos a los bienintencionados se�ores terratenientes rusos que “solicitan” una limosna extra�da del dinero del pueblo, o de conceder un subsidio o un premio a los sojuzgados se�ores fabricantes, el gobierno ruso se apresura, y las ruedas de las oficinas burocr�ticas y ministeriales giran con rapidez vertiginosa, como si estuvieran “untadas” con una “grasa” especial. Pero cuando se trata de los obreros, no s�lo los proyectos de ley se pasan a�os y decenios metidos en los archivos (por ejemplo, el proyecto acerca de la responsabilidad de los patronos est� “prepar�ndose” desde hace m�s de diez a�os, si no nos equivocamos), sino que hasta las leyes ya promulgadas no son aplicadas, pues a los funcionarios del gobierno imperial les da verg�enza importunar a los se�ores fabricantes (por ejemplo, la ley de 1886, que ordena la instalaci�n de hospitales a cargo de los fabricantes, sigue sin aplicarse en la inmensa mayor�a de los casos). ¿A qu� se debe, cabe preguntarse, que esta vez se haya dado curso en el acto a un problema planteado hace mucho?; ¿a qu� se debe que haya sido resuelto en el acto y aprobado con car�cter urgente en el ministerio y en el Consejo de Estado?; ¿a qu� se debe que haya recibido en el acto la forma de proyecto de ley y se haya convertido en ley? Sin duda, a la existencia de alguna fuerza que empuj� a los funcionarios, los sapudi� y venci� su tenaz falta de deseos de “molestar” con nuevas 265 obligaciones a los fabricantes del pa�s. Esa fuerza fueron los obreros de Petersburgo, las grandiosas huelgas declaradas por ellos en 1895-1896 durante las cuales (gracias a la ayuda prestada por los socialdem�cratas a los obreros a trav�s de la “Uni�n de lucha”) fueron presentadas al gobierno reivindicaciones concretas, y por los volantes y proclamas socialistas difundidos entre los obreros. El gobierno comprendi� que no hay persecuci�n polic�aca capaz de vencer a masas obreras que han adquirido conciencia de sus intereses, que se han unido para la lucha y est�n dirigidas por el partido de los socialdem�cratas, defensor de la causa obrera. Se vio obligado a hacer concesiones. La nueva Ley de F�bricas ha sido arrancada por los obreros al gobierno, conquistada por los obreros a su mortal enemigo, lo mismo que la ley promulgada hace once a�os, el 3 de junio de 1886, acerca de los reglamentos internos de las f�bricas, las multas, las tarifas, etc. En aquel entonces la lucha de los obreros adquiri� la mayor fuerza en las provincias de Mosc� y Vlad�mir. Tambi�n se manifest� en una oleada de huelgas. Los obreros presentaron asimismo reivindicaciones directas y concretas al gobierno, y durante la famosa huelga en la Manufactura de Mor�zov, la muchedumbre de huelguistas entreg� al inspector un pliego de reivindicaciones confeccionado por los propios obreros. En �l se dec�a, por ejemplo, que los obreros exig�an la reducci�n de las multas. La ley del 3 de junio de 1886, promulgada inmediatamente despu�s, respond�a, de modo directo a dichas reivindicaciones de los obreros y conten�a el reglamento de multas   [265•* .

Lo mismo ocurri� en el casq que nos ocupa. Los obreros exigieron en 1896 la reducci�n de la jornada de trabajo y apoyaron su reivindicaci�n con grandiosas huelgas. El gobierno responde ahora promulgando la ley que reduce la jornada. Entonces, en 1886, el gobierno hizo una concesi�n presionado por los levantamientos obreros y trat� de reducir al m�nimo las concesiones, de dejar escapatorias a los fabricantes, de demorar la aplicaci�n de las nuevas disposiciones, de escamotear a los obreros cuanto fuera posible de sus reivindicaciones. Ahora, en 1897, cede de la misma manera, �nicamente bajo la presi�n de los levantamientos obreros y, de la misma manera tambi�n, se esfuerza al m�ximo por disminuir las concesiones, trata de regatear, de escamotear a los obreros una 266 o dos horitas, y aumenta inclusive la jornada de trabajo propuesta por los fabricantes; trata de ganar para �stos el mayor n�mero posible de d�as feriados, no incluy�ndolos entre los de descanso obligatorio; trata de demorar la aplicaci�n de los nuevos reglamentos y aplaza la vigencia de las disposiciones principales hasta que los ministros publiquen las correspondientes instrucciones. Las leyes del 3 de junio de 1886 y del 2 de junio de 1897, principales leyes fabriles de Rusia, son, por lo tanto, una concesi�n obligatoria, que los obreros rusos han arrancado al Estado polic�aco. Ambas leyes demuestran cu�l es la actitud del gobierno ruso ante las m�s leg�timas reivindicaciones de los obreros.

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Notes

[263•*]   V�ase el presente tomo, p�gs. 108-109. (Ed.)

[263•**]   Lenin se refiere a los avisos que aparecieron a principios de enero de 1897 en todas las hilander�as y tejedur�as de San Petersburgo, para anunciar la implantaci�n de la jornada de trabajo de 11 K horas diarias a partir del 16 (28) de abril, es decir, poco antes del 19 de abril (1 de mayo), d�a de la solidaridad internacional de los trabajadores de todos los pa�ses. (Ed.}

[265•*]   V�ase, a este respecto, el folleto Explicaci�n de la Ley de multas, (p�gs. 23-65 del presente tomo. (Ed.)