p La tercera conclusi�n err�nea de Sismondi extra�da de la teor�a inexacta de Adam Smith, que hace suya, es su teor�a de las crisis. La concepci�n de Sismondi, para quien la acumulaci�n 159 (el desarrollo de la producci�n en general) es determinada por el consumo; y su explicaci�n equivocada de la realizaci�n del producto global de la sociedad (reducido a la participaci�n de los obreros y de los capitalistas en la renta), llevan de manera natural e inevitable a la teor�a de que las crisis se explican por la desproporci�n entre producci�n y consumo. Y a esta teor�a se atiene Sismondi por entero. Tambi�n Bodbertus la hizo suya d�ndole una formulaci�n ligeramente modificada; explicaba las crisis por el hecho de que la participaci�n de los obreros en el producto disminuye con el crecimiento de la producci�n; y de la misma manera err�nea nue lo hac�a Adim Smith. divid�a el producto Global de la sociedad en salario y “renta” (de acuerdo con su terminolog�a, “renta” es sobrevalor. es decir, el beneficio y la renta del suelo en conjunto ^. El an�lisis cient�fico de la acumulaci�n en la sociedad capitalista [159•* y de la realizaci�n del producto min� todos los fundamentos de esta teor�a, v mostr� al mismo tiempo que, precisamente durante los per�odos que preceden a las crisis, el consumo de los obreros se eleva, que el subconsumo (con el cual se pretende explicar las crisis) existi� en los reg�menes econ�micos m�s diversos, mientras que las crisis constituyen el rasgo distintivo de un solo r�gimen: el capitalista. Esta teor�a explica las crisis mediante otra contradicci�n, a saber: la que existe entre el car�cter social de la producci�n (socializada por el capitalismo) v el car�cter privado, individual, de la apropiaci�n. Aunque podr�a parecer m�e la profunda diferencia entre estas teor�as es clara de por s�, debemos detenernos un poco m�s en detalle sobre ella, pues precisamente los partidarios rusos de Sismondi tratan de borrarla y confundir las cosas. Explican las dos teor�as de las crisis a que nos referimos de manera en todo sentido distinta. La primera las explica por la contradicci�n entre la producci�n y el consumo de la clase obrera; la segunda, por la contradicci�n entre el car�cter social de la producci�n y el car�cter privado de la apropiaci�n. En consecuencia, la primera ve la ra�z del fen�meno fuera de la producci�n (de ah� los ataques 160 generales de Sismondi, por ejemplo, contra los cl�sicos, a quienes acusa de hacer caso omiso del consumo y ocuparse s�lo de la producci�n); la segunda la ve precisamente en las condiciones de la producci�n. Dicho en forma m�s breve: la primera explica las crisis por el subconsumo (Unterkonsumption); la segunda, por la anarqu�a en la producci�n. As�, aunque las dos tratan de explicar las crisis por una contradicci�n en el propio r�gimen econ�mico, divergen por completo al se�alar el car�cter de la misma. Pero cabe preguntarse: ¿la segunda teor�a niega la existencia de una contradicci�n entre la producci�n y el consumo, niega el subconsumo? Es evidente que no. Reconoce plenamente este hecho, pero la pone en su lugar consider�ndola como un hecho secundario que concierne a un sector de la producci�n capitalista. Ense�a que ese hecho no puede explicar las crisis, puesto que �stas son provocadas por una contradicci�n m�s profunda y fundamental del actual sistema econ�mico: la que existe entre el car�cter social de la producci�n y el car�cter privado de la apropiaci�n. ¿Qu� decir, entonces, de aquellos que profesando en el fondo la primera teor�a, sostienen para defenderse que los representantes de la segunda comprueban la existencia de una contradicci�n entre la producci�n y el consumo? Resulta evidente que dichas personas no han reflexionado acerca de lo que diferencia en esencia a esas dos teor�as, y no comprendieron debidamente la segunda. A esa categor�a de personas pertenece, por ejemplo, el se�or N.-on (sin hablar ya del se�or V. V.). En nuestra literatura, el se�or Tug�n-Baranovski ya ha reconocido en ellos a disc�pulos de Sismondi (Las crisis industriales, p�g. 477, e hizo esta extra�a salvedad al referirse al se�or N.-on: “al parecer”). Sin embargo, el se�or N.-on, al tratar de la "reducci�n del mercado interior" y la "disminuci�n de la capacidad de consumo del pueblo" (puntos centrales de su concepci�n), se remite a los representantes de la segunda teor�a, que comprueban la existencia de la contradicci�n entre la producci�n y el consumo, o sea, la existencia del subconsumo. Se comprende que estar referencias s�lo sirven para mostrar la capacidad caracter�stica de este autor, de traer a colaci�n citas fuera de lugar, y nada m�s. Por ejemplo, todos los lectores que conocen sus Rese�as recordar�n seguramente esta “cita”: "Los obreros, como compradores de mercanc�as, revisten importancia para el mercado, pero considerados como vendedores de su propia mercanc�a—la fuerza 161 de trabajo—, la sociedad capitalista tiene la tendencia a reducir su precio al m�nimo" (Rese�as, p�g. 178); recordar�n tambi�n que el se�or N.-on quiere asimismo deducir de ello la “reducci�n del mercado interno" (id., p�gs. 203 y sigs.), y las crisis (p�gs. 298 y s�gs.). Pero al citar dicho pasaje (que nada prueba, como ya lo explicamos), nuestro autor, adem�s, omite el final de la nota de la cual extrajo la cita. Esa nota se refiere a una observaci�n introducida en el manuscrito de la secci�n II del tomo II de El capital. Se la hab�a introducido “con el fin de desarrollarla en el futuro”, y el editor del manuscrito la coloc� en las notas. En esa nota, despu�s de las palabras citadas, se dice: “Sin embargo, el estudio de esto corresponde a la secci�n siguiente" [161•* , o sea, a la tercera. ¿Y qu� secci�n es �sa? Pues precisamente la que contiene la cr�tica de la teor�a de A. Smith acerca de las dos partes del producto global de la sociedad (junto con la opini�n arriba citada sobre Sismondi), y el an�lisis “de la reproducci�n y circulaci�n del capital global de la sociedad”, es decir, de la realizaci�n del producto. As�, en apoyo de sus concepciones, que no son m�s que una repetici�n de las de Sismondi, nuestro autor cita la nota que se refiere “s�lo a la secci�n" en la que se refuta a Sismondi: “s�lo a la secci�n" en que se muestra que los capitalistas pueden realizar el sobrevalor, y que incluir el comercio exterior en el an�lisis de la realizaci�n, es un absurdo...
p Otra tentativa de borrar la diferencia entre las dos teor�as y defender los viejos trastos rom�nticos mediante referencias a las doctrinas modernas, es la contenida en el art�culo de Efrussi. Al referirse a la teor�a de las crisis de Sismondi, aqu�l se�ala su falsedad (Rt�sskoie Bogatstvo, n�m. 7, p�g. 162). Sus indicaciones son en extremo vagas y contradictorias. Por un lado repite los argumentos de la teor�a contraria, y dice que la demanda nacional no se reduce a los art�culos de consumo inmediato. Por el otro afirma que la explicaci�n de las crisis dada por Sismondi “s�lo pone de manifiesto una de las muchas circunstancias que dificultan la distribuci�n de la producci�n nacional en consonancia con la demanda de la poblaci�n y su poder adquisitivo”. ¡En consecuencia, se invita al lector a creer que es “en la distribuci�n" donde hay que buscar la explicaci�n de las crisis y que 162 el error de Sismondi consiste s�lo en no haber se�alado todas las causas que dificultan dicha distribuci�n! Pero esto no es lo principal... “Sismordi—dice Efrussi—no se detuvo en la explicaci�n citada. Ya en la primera edici�n de Nouveaux Principes encontramos un cap�tulo sumamente instructivo, bajo el t�tulo de De la conna’<ssance du march� [162•* . En este cap�tulo nos descubre las causas fundamentales de la ruptura del equilibrio entre la producci�n y el consumo [¡obs�rvese esto!], con una claridad que encontramos en muy pocos economistas" (ib.). Y despu�s de citar algunos pasajes para mostrar que el fabricante no puede conocer el mercado, Efrussi dice: “Casi lo mismo sostiene Engels" (p�g. 163), tras lo cual viene una cita en la que se dice que el fabricante no puede conocer la demanda. Cita luego algunos pasajes m�s, en los que se habla de “otras trabas para el establecimiento del equilibrio entre la producci�n y el consumo" (p�g. 164). ¡Efrussi nos asegura que “en ellas hallamos la explicaci�n de las crisis, explicaci�n que se impone cada vez m�s"! M�s aun: considera que, “en cuanto a las causas de las crisis en la econom�a nacional, se puede considerar a Sismondi, con todo derecho, como el padre de las concepciones que posteriormente fueron desarrolladas con m�s consecuencia y mayor claridad" fp�g. 168) .
p ¡Con todo esto, Efrussi pone de manifiesto su completa incomprensi�n del problema! ¿Qu� son las crisis? Superproducci�n, producci�n de mercanc�as que no pueden ser realizadas, que no encuentran demanda. Si las mercanc�as no tienen demanda significa que el fabricante, al producirlas, no conoc�a la demanda. Cabe preguntarse ahora: ¿acaso se�alar esta condici�n de su posibilidad significa dar una explicaci�n de las crisis? ¿Es que Efrussi no comprende la diferencia que media entre se�alar la posibilidad de un fen�meno y explicar su necesidad? Sismondi dice: las crisis son posibles debido a que el fabricante desconoce la demanda; son necesarias, pues en la producci�n capitalista no puede haber equilibrio entre producci�n y consumo (es decir, que el producto no puede ser realizado). Engels dice: las crisis son posibles dado que el fabricante desconoce la demanda; y son necesarias, pero no porque en general el producto no pueda ser realizado. Esto no es exacto: el producto puede ser realizado. Son necesarias porque el car�cter colectivo de la producci�n entra en contradicci�n con el 163 car�cter individual de la apropiaci�n. ¡Y he aqu� que aparece un economista afirmando que Engels "sostiene casi lo mismo”, que Sismondi "da la misma explicaci�n de las crisis"! "Me extra�a por ello—escribe Efrussi—que el se�or Tug�n-Baranovski [...] haya perdido de vista lo m�s importante y valioso de la teor�a de Sismondi" (p�g. 168). Pero el hecho es que el se�or Tug�nBaranovski nada perdi� de vista [163•* . Por el contrario, se�al� con toda precisi�n la contradicci�n fundamental a que conduce la nueva teor�a (p�gs. 455 y otras) y puso en claro la significaci�n de Sismondi, quien con anterioridad hab�a se�alado esa contradicci�n, cuya manifestaci�n son las crisis, pero de la que no supo dar la explicaci�n acertada (p�g. 457: con anterioridad a Engels, Sismondi se�al� que las crisis provienen de la actual organizaci�n de la econom�a: p�g. 491: Sismondi expuso las condiciones que hacen posibles las crisis, pero "no todas las posibilidades se realizan necesariamente”). Pero Efrussi no ha comprendido absolutamente nada, y luego de meter en un mismo saco, ¡"se extra�a" de encontrarse en una confusi�n! "Es cierto—dice el economista de R�sskoie Bogatstvo—que no encontramos en Sismondi las expresiones que actualmente han adquirido en todas partes derecho de ciudadan�a, tales como la "anarqu�a de la producci�n”, " ausencia de plan [Planlosigkeit] en la producci�n”, pero lo esencial que se oculta bajo estas expresiones es se�alado por �l con toda claridad" (p�g. 168). ¡Con qu� facilidad restaura el rom�ntico moderno al rom�ntico de los tiempos pasados! ¡Todo se reduce a una diferencia de t�rminos! En realidad, es indudable que Efrussi no comprende el sentido de las palabras que repite. " Anarqu�a de la producci�n”, "ausencia de plar�^en la producci�n": ¿de qu� nos hablan estas expresiones? Pues de la contradicci�n entre el car�cter social de la producci�n y el car�cter individual de la apropiaci�n. Y preguntamos a cualquiera que conozca la literatura econ�mica que estamos analizando: Sismondi o Rodbertus, ¿ reconoc�an esa contradicci�n? ¿Deduc�an de ella las crisis? No, no las deduc�an ni pod�an deducirlas, porque ninguno de ellos comprend�a en absoluto dicha contradicci�n. Les era totalmente ajena la 164 idea de que la cr�tica del capitalismo no puede basarse en frases sobre el bienestar general, [164•* o la anomal�a de la "circulaci�n abandonada a su propia suerte" [164•** sino en el car�cter de la evoluci�n de las relaciones de producci�n.
_p Nos damos cuenta cabal por qu� nuestros rom�nticos rusos hacen tantos esfuerzos para borrar las diferencias entre estas dos teor�as sobre las crisis. Es que con ellas se hallan vinculadas, de la manera m�s �ntima y directa, posiciones diferentes, desde el punto de vista de los principios, respecto del capitalismo. En efecto: si explicamos las crisis por la imposibilidad de realizar los productos, por la contradicci�n entre la producci�n y el consumo, llegamos a la negaci�n de la realidad, de la conveniencia del camino seguido por el capitalismo, declaramos que �ste es “falso” y emprendemos la b�squeda de “otros caminos”. Si derivamos las crisis de aquella contradicci�n, tenemos que pensar que, cuanto m�s se desarrolla, tanto m�s dif�cil ser� encontrarle una salida. Y ya vimos con cu�nta ingenuidad expres� Sismondi precisamente esa opini�n, al decir que si el capital se acumula con lentitud, el capitalismo es soportable; pero resulta insoportable si lo hace con rapidez. Por el contrario, si explicamos las crisis por la contradicci�n entre el car�cter social de la producci�n y el car�cter individual de la apropiaci�n reconocemos con ello la realidad y el car�cter progresista del camino capitalista, y rechazamos, por considerarlo romanticismo absurdo, la b�squeda de "otros caminos”. Con eso reconocemos que cuanto m�s se desarrolla dicha contradicci�n, m�s f�cil es encontrarle una salida, y que tal salida consiste precisamente en el desarrollo del r�gimen establecido.
p Como el lector ve, tambi�n aqu� nos encontramos con diferentes “puntos de vista"...
p Es muy natural que nuestros rom�nticos busquen confirmaciones te�ricas para sus concepciones. Es muy natural que las busquen entre los trastos viejos que en Europa occidental fueron 165 abandonados ya hace mucho tiempo, y es muy natural que, al darse cuenta de esto, traten de restaurar dichos trastos, ora embelleciendo a los rom�nticos de Europa occidental, ora introduciendo el romanticismo so capa de citas tergiversadas y fuera de lugar. Pero se equivocan de medio a medio si creen que semejante contrabando puede pasar inadvertido.
p Para terminar con la exposici�n de la doctrina te�rica fundamental de Sismondi, y con las principales conclusiones te�ricas que extrae de ella, tenemos que hacer un peque�o agregado que se refiere nuevamente a Efrussi. En otro art�culo suyo sobre Sismondi (continuaci�n del primero), dice: “M�s interesantes aun [en comparaci�n con la doctrina sobre la renta del capital] son los puntos de vista de Sismondi sobre las diferentes clases de rentas" (R�sskoie Bogatstvo, n�m. 8, p�g. 42). Seg�n �l, Sismondi lo mismo que Rodbertus, divide la renta nacional en dos partes: “una va a parar a los propietarios de la tierra y de los medios de producci�n, la otra a los representantes del trabajo" (Ib.). Siguen citas en las que Sismondi habla de la divisi�n, no s�lo de la renta nacional, sino tambi�n de todo el producto: “La producci�n anual, o el resultado de todos los trabajos efectuados por el pueblo durante un a�o, tambi�n est� compuesta de dos partes”, etc. (Nouveaux Principes, 1, 105, citado en la revista R�sskoie Bogatstvo, n�m. 8, p�gina 43). “Los pasajes citados—concluye nuestro economista—prueban con claridad que Sismondi ha asimilado plenamente [!] la clasificaci�n de la renta nacional que desempe�a un papel tan importante entre los economistas modernos, a saber: la divisi�n de la renta nacional en renta basada en el trabajo y en renta que no proviene del trabajo [arbeitsloses Einkommen]. Aun cuando, en general, los puntos de vista de Sismondi sobre la renta no son siempre claros y precisos, se trasluce en ellos la conciencia de la diferencia que existe entre la renta de la econom�a privada, y la de la econom�a nacional" (p�g. 43).
El pasaje citado—respondemos nosotros—prueba que Efrussi ha asimilado perfectamente la sabidur�a de los manuales alemanes; pero no obstante ello (o quiz� precisamente gracias a eso) perdi� por completo de vista la dificultad te�rica del problema de la diferencia entre renta nacional y renta individual. Se expresa de manera poco cautelosa. Hemos visto que en la primera parte de su art�culo califica de "economistas modern�simos" a los te�ricos de un escuela determinada. El lector puede suponer, con raz�n,
166 que tambi�n esta vez se refiere a ellos. Pero en realidad se refiere a algo completamente distinto. Los modern�simos economistas son ahora los "socialistas de c�tedra"^^21^^ alemanes. Para defender a Sismondi, el autor aproxima su teor�a a la doctrina de �stos. ¿En qu� consiste la doctrina de esas “modern�simas” autoridades de Efrussi? Sencillamente en que la renta nacional se divide en dosp partes.
¡Pero esa es la teor�a de Adam Smith, y de ninguna manera la de los "economistas modern�simos"! Al dividir el ingreso en salario, ganancia y renta (libro I, cap. VI, Las riquezas de las naciones; libro II, cap. II), A. Smith contrapon�a las dos �ltimas al primero como ingreso no proveniente del trabajo, y las llamaba descuento del trabajo (libro I, cap. VIII) y combat�a la opini�n seg�n la cual la ganancia es ese mismo salario abonado por un trabajo de tipo especial (libro I, cap. VI). Tanto Sismondi como Rodbertus, al igual que los “modern�simos” autores alemanes de manuales, no hacen m�s que repetir esta doctrina de A. Smith. La diferencia entre ellos reside s�lo en que A. Smith era conciente de que no hab�a logrado desglosar totalmente la renta nacional del producto nacional; ten�a conciencia de que se contradec�a al excluir del �ltimo el capital constante (seg�n la terminolog�a actual), que inclu�a sin embargo, en el producto individual. En cambio, los economistas “modern�simos”, al repetir el error de A. Smith, se limitan a envolver su teor�a en una forma m�s grandilocuente “(la clasificaci�n de la renta nacional”), pues han perdido conciencia de la contradicci�n ante la cual se detuvo A. Smith. Estos procedimientos podr�n ser muy eruditos, pero nada tienen de cient�ficos.
Notes
[159•*] La doctrina seg�n la cual en la econom�a capitalista el producto total est� compuesto de dos partes llev�, a A. Smith y a los economistas posteriores a el, a una interpretaci�n err�nea de “la acumulaci�n del capital individual”. Ellos ense�aron que la parte acumulada de la ganancia se gasta �ntegramente en el salario, cuando en realidad se gasta: 1) en capital constante y 2) en salario. Tambi�n Sismondi repite este error de los cl�sicos.
[161•*] Das Kapital, II Band, S. 304. Traducci�n rusa, p�g. 232. La cursiva es nuestra. (V�ase, C. Marx, ob. cit. t. II, sec. II, p�g. 248. Ed.)
[162•*] “Sobre el conocimiento del mercado”. (Ed.)
[163•*] En El desarrollo del capitalismo (p�gs. 16 y 19) (v�ase V. I. Lenin, ob. cit., tomo III, cap. I, § VI. Ed.) ya se�al� las inexactitudes y errores del se�or Tug�n-Baranovski, que lo llevaron despu�s a pasarse enteramente al campo de los economistas burgueses. (Nota del autor a la edici�n de 1908. Ed.)
[164•*] Confrontar: Sismondi, loc. c�t., I, 8.
[164•**] Rodbertus. Anotemos, de paso, que Bernstein, restaurando en general los prejuicios de la econom�a burguesa, introdujo confusi�n tambi�n en este problema, al afirmar que la teor�a de las crisis de Marx no difiere mucho, que digamos, de la de Rodbertus “(Die Voraussetzungen, etc.”, Stuttgart, 1889, S. 67), [E. Bemstein: "Premisas, etc.”, Stuttgart, 1889, p�g. 67. Etf.], y que Marx se contradice al reconocer en el subconsumo de las masas la causa final de las crisis. [Nota del autor a la ed. de 1908. Ed.]