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VI
EL MERCADO EXTERIOR COMO “SALIDA A LA DIFICULTAD” DE
REALIZAR LA PLUSVAL�A
 

p El siguiente error de Sismondi, que deriva de la equivocada teor�a sobre la renta social y el producto en la sociedad capitalista, es la teor�a de la imposibilidad de realizar el producto en general, y el sobrevalor en particular, y, en consecuencia, la necesidad de un mercado exterior. En lo que concierne a la realizaci�n del producto en general, el an�lisis hecho m�s arriba demuestra que esa “imposibilidad” proviene del error de eliminar el capital constante y los medios de producci�n. Suprimido este error, desaparece tambi�n tal “imposibilidad”. Y lo mismo, 154 entonees, debe decirse en particular del sobrevalor: dicho an�lisis explica tambi�n su realizaci�n. No existe en absoluto motivo racional alguno para desglosar, desde el punto de vista de su realizaci�n, el sobrevalor del producto global. La afirmaci�n en contrario de Sismondi (y de nuestros populistas) es el resultado de su incomprensi�n de las leyes fundamentales de la realizaci�n en general, su incapacidad de distinguir tres (y no dos) partes del producto, con respecto al valor, y las dos clases de productos con respecto a su forma material (medios de producci�n y art�culos de consumo) . La tesis de que los capitalistas no pueden consumir el sobrevalor es s�lo una repetici�n vulgarizada de la duda de Adam Smith acerca de la realizaci�n en general. S�lo una parte del sobrevalor se compone de art�culos de consumo; la otra est� compuesta de medios de producci�n (por ejemplo, el sobrevalor del industrial metal�rgico). "El consumo" de este �ltimo sobrevalor se efect�a al ser invertido en la producci�n; y en cuanto a los capitalistas que fabrican productos en forma de medios de producci�n, no consumen el sobrevalor, sino el capital constante que han obtenido de otros capitalistas mediante el cambio. Por eso cuando los populistas divagan sobre la imposibilidad de realizar el sobrevalor, deben, por l�gica, negar tambi�n la posibilidad de realizar el capital constante, con lo cual retornan con toda felicidad a Adam... Se comprende que tal retorno al "padre de la econom�a pol�tica" representar�a un gigantesco progreso para escritores como �stos, que nos sirven viejos errores bajo el aspecto de verdades a las cuales "han llegado por su propia inteligencia”...  [154•* 

p ¿Y el mercado exterior? ¿Negamos acaso la necesidad del mercado exterior para el capitalismo? Por cierto que no. S�lo que el problema del mercado exterior no tiene absolutamente nada que ver con el problema de la realizaci�n, y la tentativa de unirlos en un todo �ntegro s�lo caracteriza los anhelos rom�nticos de “retardar” el capitalismo y la falta de l�gica de que adolecen los rom�nticos. La teor�a que aclar� el problema de la realizaci�n lo prob� con toda precisi�n. El rom�ntico dice: los capitalistas no pueden consumir el sobrevalor; en consecuencia, tienen que darle salida en el extranjero. Y aqu� cabe la pregunta: 155 ¿acaso los capitalistas entregan gratuitamente sus productos al extranjero; o los arrojan al mar? Los venden, es decir, obtienen un equivalente; exportan sus productos, e importan otros a cambio de los mismos. Cuando hablamos de la realizaci�n del producto social eliminamos ya, por ese solo hecho la circulaci�n monetaria, y presuponemos s�lo el intercambio de unos productos por otros, porque el problema de !a realizaci�n reside precisamente en analizar la reposici�n de todas las partes del producto social, tanto en lo que concierne al valor como a la forma material. Por lo tanto, comenzar hablando de la realizaci�n para terminar diciendo que el “producto ser� vendido por dinero”, es tan rid�culo como si a la pregunta sobre la realizaci�n del capital constante en art�culos de consumo se diera como respuesta: “ya se vender�n”. Se trata simplemente de una grosera falta de l�gica: en vez de considerar el problema de la realizaci�n de todo el producto social, se ubican en el punto de vista de un empresario aislado a quien no le interesa otra cosa que “la venta al extranjero”. Confundir el comercio exterior, la exportaci�n, con el problema de la realizaci�n, significa eludir el problema llev�ndolo a un terreno m�s amplio, pero sin aclararlo en lo m�s m�nimo  [155•* . El problema de la realizaci�n no avanzar� un �pice, si en vez del mercado de un solo pa�s tomamos el de un conjunto de pa�ses. Cuando los populistas aseguran que el mercado exterior es "una salida a la dificultad"  [155•**  que el capitalismo se procura para realizar el producto, s�lo tratan de cubrir con esta frase la triste circunstancia de que, para ellos, “el mercado exterior" es la “salida a la dificultad" en que han ca�do por su incomprensi�n de la teor�a... Pero aun no es todo. La teor�a que liga el mercado exterior al problema de la realizaci�n del producto global de la sociedad, no s�lo evidencia que no se comprende qu� es esta reali- 156 zaci�n, sino que, adem�s, contiene una concepci�n extremadamente superficial de las contradicciones inherentes a esa realizaci�n. “Los obreros consumir�n el salario, pero los capitalistas no pueden consumir el sobrevalor.” Reflexi�nese un poco sobre esta “teor�a” desde el punto de vista del mercado exterior. ¿De d�nde sabemos que “los obreros consumir�n el salario"? ¿Qu� es lo que nos puede hacer creer que los productos destinados de antemano, por toda la clase capitalista de determinado pa�s al consumo de todos los obreros de ese pa�s, ser�n realmente iguales en valor a su salario y lo compensar�n; y que por lo tanto para dichos productos no haba necesidad de un mercado exterior? No existe, decididamente, fundamento alguno para pensar as�, y en efecto, no es as� en la realidad. No s�lo los productos (o partes de los mismos) que reponen el sobrevalor, sino tambi�n los que reponen el capital variable; no s�lo los productos que reponen el capital variable, sino tambi�n los que reponen el capital constante (del que se olvidan nuestros “economistas” sin acordarse de su afinidad... con Adam); no s�lo los productos que existen en forma de art�culos de consumo, sino tambi�n los que existen en forma de medios de producci�n; todos, por igual, se realizan siempre en medio de “dificultades”, en medio de fluctuaciones constantes, que se hacen cada vez m�s intensas, a medida que se desarrolla el capitalismo en medio de una competencia furiosa que obliga a cada empresario a tender a una ilimitada ampliaci�n de su producci�n, a salir de los marcos del propio Estado, a marchar en busca de nuevos mercados en pa�ses que a�n no han sido atra�dos a la �rbita de la circulaci�n capitalista de mercanc�as. Y as� llegamos al problema de por qu� es necesario el mercado exterior para un pa�s capitalista. De ninguna manera debido a que el producto no pueda ser realizado, en general, dentro del r�gimen capitalista. Esto es un absurdo. El mercado exterior es necesario porque la producci�n capitalista implica la tendencia a una ampliaci�n ilimitada, contrariamente a todos los antiguos modos de producci�n, encerrados dentro de los l�mites de la comunidad, la propiedad patriarcal, la tribu, el distrito territorial o el Estado. Mientras que en todos los antiguos reg�menes econ�micos la producci�n se renovaba cada vez en la misma forma y en las mismas proporciones en que se desarrollaba anteriormente, esta renovaci�n es imposible en el r�gimen capitalista y la 157 ampliaci�n es ilimitada, el eterno avance se convierte en la ley de la producci�n  [157•* .

p As�, una manera diferente de comprender la realizaci�n (o con m�s exactitud, su comprensi�n por una parte y su incomprensi�n completa por la otra, por los rom�nticos) conduce a dos concepciones diametralmente opuestas sobre la significaci�n del mercado exterior. Para unos (los rom�nticos), el mercado exterior es el �ndice de la “dificultad” que pone el capitalismo al desarrollo social. Para otros, en cambio, el mercado exterior demuestra c�mo el capitalismo elimina las dificultades que la historia ha creado al desarrollo social en la forma de obst�culos: comunales, tribales, territoriales, nacionales  [157•** .

p Como se ve, la diferencia s�lo consiste en el “punto de vista"... S�, ¡“s�lo”! La diferencia entre los jueces rom�nticos del capitalismo y los otros consiste en suma, “s�lo” en el "punto de vista”; “s�lo” en que unos tienen los ojos puestos en el pasado y otros en el futuro; unos opinan desde el punto de vista del r�gimen que el capitalismo destruye, y otros desde el punto de vista del r�gimen que el capitalismo est� creando  [157•*** .

La concepci�n err�nea de los rom�nticos acerca del mercado exterior suele ir asociada a referencias sobre las “ particularidades" de la situaci�n internacional del capitalismo de un pa�s determinado, sobre la imposibilidad de hallar mercados, etc.; la finalidad de estas argumentaciones es “convencer” a los capitalistas de que “desistan” de la b�squeda de mercados exteriores. Desde luego, “referencias” no es la expresi�n exacta, porque los rom�nticos no nos ofrecen ning�n an�lisis real del comercio exterior de un pa�s, de sus progresos en materia de nuevos mercados, de su colonizaci�n, etc. No les interesa en absoluto el estudio y esclarecimiento del proceso real; lo �nico que les interesa es la moral que condene ese proceso. Para que el lector pueda convencerse de la completa identidad que existe entre dicha moral de los actuales rom�nticos rusos y la del rom�ntico franc�s, citaremos 158 algunos ejemplos de los razonamientos de este �ltimo. Ya vimos c�mo Sismondi perturbaba a los capitalistas con la amenaza de que no hallar�an mercado. Pero no se limitaba a eso. Afirmaba, adem�s, que “el mercado mundial ya estaba suficientemente abastecido" (II, 328), con lo cual quer�a demostrar la imposibilidad de seguir por el camino del capitalismo y la necesidad de escoger otro.., Aseguraba a los empresarios ingleses que el capitalismo no estaba en condiciones de dar ocupaci�n a todos los obreros que quedaban desocupados en el campo debido al sistema de econom�a basado en granjas (I, 255-256). “Aqu�llos en aras de quienes son sacrificados los agricultores, ¿podr�n con ello salir beneficiados en algo? Pues es sabido que los agricultores son los m�s inmediatos y seguros consumidores de las manufacturas inglesas. Al cesar su consumo, la industria sufrir�a un golpe m�s funesto que el cierre de uno de los m�s grandes mercados exteriores" (I, 256). Y aseguraba a los granjeros ingleses que no les ser�a posible hacer frente a la competencia del campesino pobre de Polonia, a quien el trigo no le cuesta casi nada (II, 257), que los amenazaba una competencia, m�s terrible aun, por parte del cereal ruso proveniente de los puertos del mar Negro. “Los norteamericanos—exclamaba Sismondi—han seguido este nuevo principio: producir sin calcular el mercado [produire sans calculer le march�], y producir cada vez m�s”, de tal modo que "el rasgo caracter�stico del comercio de Estados Unidos, de un extremo al otro del pa�s, es la superabundancia de mercanc�as de todo g�nero en relaci�n con las necesidades del consumo [...], y esta superabundancia de capitales comerciales, que no pueden cambiarse por renta, trae como consecuencia las quiebras incesantes" (I, 455-456). |Ah, qu� dir�a el bueno de Sismondi, si viese a la Norteam�rica actual, esa Norteam�rica que se ha desarrollado de modo tan colosal gracias a aquel mismo “mercado interno" que, seg�n la teor�a de los rom�nticos, deb�a haberse “reducido”!

* * *
 

Notes

[154•*]   Frase del juez Liapkin-Tiapkin, personaje caricaturesco de la comedia El inspector, de N. G�gol. (Ed.)

[155•*]   Esto es tan evidente, que hasta Sismondi reconoc�a la necesidad de hacer abstracci�n del comercio exterior en el an�lisis de la realizaci�n. "Para seguir con m�s precisi�n dichos c�lculos—dice a prop�sito de la correspondencia entre producci�n y consumo—y simplificar el problema, hicimos hasta ahora completa abstracci�n del comercio exterior y partimos del supuesto de una naci�n aislada; la sociedad humana, por s� misma, constituye una naci�n aislada, y lo que ata�e a una naci�n sin comercio exterior ata�e por igual a todo el g�nero humano.” (I, 115).

[155•**]   N.-on, p�g. 205.

[157•*]   Confrontar Z�ber: David Ricardo, etc., San Petersbugro, 1885, p�g. 466, nota.

[157•**]   Confrontar m�s abajo: Rede �ber die Frage des Frethandeh (C. Marx, “Discurso sobre el librecambio”. Ed.).

[157•***]   Aqu� s�lo me refiero a la apreciaci�n del capitalismo, no al modo de comprenderlo. En este �ltimo sentido, los rom�nticos, tal como hemos visto, no se elevaron por encima de los cl�sicos.