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V
LA ACUMULACI�N EN LA SOCIEDAD CAPITALISTA
 

La primera conclusi�n err�nea de esta err�nea teor�a se refiere a la acumulaci�n. Sismondi no comprendi� la acumulaci�n capitalista, y en la acalorada pol�mica que acerca de esta cuesti�n entabl� con Ricardo, result� que en esencia la verdad estaba de parte de este �Himo. Ricardo afirmaba que la producci�n crea su propio mercado, mientras que Sismondi lo negaba, y sobre esta negaci�n fund� su teor�a de las crisis. Es cierto aue tampoco Ricardo simo corregir el ya mencionado error fundamental de Smith, raz�n �or la cual no supo resolver el problema de la relaci�n entre canital social v renta, ni el de la realizaci�n del producto (ni sinuiera se plante� estos problemas); pero, por instinto, caracteriz� la esencia misma del modo buqu�s de producci�n al se�alar el hecho, completamente innegable, de eme la acumulaci�n es el excedente de la producci�n sobre la renta. Desde el punto de vista del an�lisis moderno, estaba en lo iusto. La producci�n crea, en efecto, su propio mercado: para producir son necesarios los medios de producci�n, y �stos constituyen una rama especial de la producci�n social, que ocupa a una determinada parte de los obreros, que suministra un producto particular realizado en parte dentro de esa misma rama, y en parte mediante el cambio con la otra, la que produce art�culos de consumo. La acumulaci�n es. efectivamente, un excedente de la producci�n sobre la renta (los art�culos de consumo). Para ampliar la producci�n “(acumular”, en el sentido absoluto del t�rmino), se impone, primero, producir medios de producci�n  [147•* , y para ello es necesario ampliar la secci�n de la producci�n social que provee dichos medios de producci�n; es preciso atraer hacia esa secci�n a obreros que va son atJ.iu�rentes d° los art�culos de consumo. Por lo tanto, el “consumo” se desarrolla inmediatamente desnu�s de la “acumulaci�n” o inmediatamente despula de li " producci�n”, y por muy extra�o que parezca, no puede suceder de otra

148 manera en la sociedad capitalista. En consecuencia, no s�lo no es obligatorio que el desarrollo de estas dos ramas de la producci�n capitalista sea uniforme, sino que, por el contrario, su desigualdad es inevitable. Se sabe que la ley de desarrollo del capital consiste en que el capital constante crece con m�s rapidez que el variable, o sea, que una parte siempre creciente de los capitales nuevamente formados se destina a la rama de la econom�a social que provee los medios de producci�n. En consecuencia, esta �ltima rama crece necesariamente con mayor rapidez que la que produce los art�culos de consumo; vale decir, que sucede lo que Sismondi declaraba “imposible”, “peligroso”, etc. Por lo tanto, los productos de consumo personal, van ocupando, dentro del conjunto de la producci�n capitalista, un lugar cada vez menor. Y ello corresponde por completo a la “misi�n” hist�rica del capitalismo y a su estructura social espec�fica: la primera consiste en desarrollar las fuerzas productivas de la sociedad (producci�n para la producci�n); la segunda excluye su utilizaci�n por la masa de la poblaci�n.

p Estamos ahora en condiciones de apreciar cabalmente el punto de vista de Sismondi sobre la acumulaci�n. Sus afirmaciones en el sentido de que la acumulaci�n acelerada acarrea calamidades, son totalmente err�neas y provienen s�lo de su incomprensi�n de la acumulaci�n, lo mismo que sus m�ltiples declaraciones y reclamos de que la producci�n no debe exceder al consumo por cuanto �ste es el que determina aqu�lla. En la realidad sucede todo lo contrario; y Sismondi no hace otra cosa que dar la espalda a la realidad en su forma particular, hist�ricamente determinada, sustituyendo el an�lisis por la moral peque�oburguesa. Sobre todo, son muy divertidas sus tentativas de cubrir esa moral con una f�rmula “cient�fica”. "Los se�ores Say y Ricardo—dice en el pr�logo a la 2^ edici�n de Nouveaux principes—han llegado a considerar que el consumo [...] no tiene otros l�mites que los de la producci�n, cuando en realidad se halla limitada por la renta [...]. Habr�an debido prevenir a los productores que deben hacer sus c�lculos s�lo sobre la base de los consumidores que poseen renta" (I, XIII)  [148•* . Hoy semejante ingenuidad s�lo provoca 149 sonrisas. ¿Pero acaso los escritos de nuestros rom�nticos actuales, por el estilo de los se�ores V. V. y N.-on, no se hallan plagados de aseveraciones an�logas? “Que los empresarios de los establecimientos bancarios piensen bien"... ¿tendr�n mercado para las mercartc�as? (II, 101-102). “Cuando el crecimiento de la riqueza es tomado como objetivo de la sociedad, se llega siempre a sacrificar el fin en aras de los medios" (II, 140). “Si en lugar de esperar el impulso de la demanda de trabajo [es decir, el impulso eme debe dar a la producci�n la demanda de productos por parte de obrerosl, pensamos que ese impulso puede darlo la producci�n precedente, haremos—poco m�s o menos—lo mismo que har�amos con un reloj si en vez de girar hacia atr�s la rueda de la cadenita [la roue qui porte la chainette] lo hici�ramos con la otra rueda: romper�amos entonces toda la m�quina y la deten’ dr�amos" (II, 454). Esto lo dice Sismondi. Escuchemos ahora al se�or Nikolai-on. "Hemos perdido de vista los factores a causa de los cuales se produce este desarrollo Fes decir, el del capitalismo!; hemos olvidado tambi�n la finalidad de una producci�n, cualquiera que ella sea ... un extrav�o funesto ...” (N.-on, Rese�a de nuestra econom�a social posterior a la reforma, 298). Ambos autores hablan del capitalismo, de los pa�ses capitalistas; ambos evidencian una completa incomprensi�n de la naturaleza de la acumulaci�n capitalista. ¿Pero se podr�a pensar que el �ltimo escribe setenta a�os despu�s del primero?

p Un ejemplo dado por Sismondi en el cap�tulo VIII: "Los resultados de la lucha por el abaratamiento de la producci�n" (libro IV: Sobre la riqueza comercial}, muestra claramente c�mo la incomprensi�n de la acumulaci�n capitalista est� vinculada al error de reducir toda la producci�n a la de art�culos de consumo.

Supongamos—dice Sismondi—que el propietario de una manufactura dispone de un capital circulante de 100.000 francos, que le reporta 15.000, de los cuales 6.000 constituyen los intereses sobre el capital y son entregados al capitalista, y los 9.000 restantes el beneficio del fabricante propietario de la empresa. Supongamos que �ste utiliza el trabajo de 100 obreros, cuyos salarios importan 30.000 francos. Supongamos que luego se produce un

150 aumento del capital, una ampliaci�n de la producci�n “( acumulaci�n”) . En lugar de un capital de 100.000 francos, tendremos capital fijo, 200.000 francos, -y capital circulante, 200.000, o sea 400.000 francos en total; la gamncia y los intereses 32.000 4-16.000 francos, porque la tasa del inter�s baj� del 6 al 4 por ciento. El n�mero de obreros aument� al doble, mientras el salario disminuy� de 300 a 200 francos, en consecuencia, el total es de 40.000 francos. De esta manera resulta que la producci�n se ha cuadruplicado  [150•* . Y Sismondi hace el c�lculo de los resultados: la “renta” o el “consumo” eran al comienzo de 45.000 francos (30.000 de salarios 4_ 6.000 de inter�s, m�s 9.000 de ganancia), en tanto oue ahora ya son 8S.OOO (40.000 de s^hrins -|- 16.000 de inter�s 4- 32.000 de ganancia). “La producci�n se ha cuqdrnp^^1^^ic’ido—dice—, �ero el consumo ni sinuiera lleg� al dob’e. En el calculo no debe incluirse �l consumo de lo<t obreros nue fabricaron las m�quinas. Ya est� cubierto �or los 200.000 francos invertidos en ello; ya forma parte de los c�lculos de otra manufactura donde se presenten los mismos hechos" (I, 405-406).

p Sus c�lculos demuestran que la renta disminuye a medida que crece la producci�n. Este es un hecho indiscutible. Pero Sismondi no advierte que con su ejemnlo refuta toda su teor�a de la realizaci�n del producto en la sociedad capitalista. Es curiosa su observaci�n de oue el consumo de los obreros que fabricaron las m�quinas "no debe incluirse en el c�lculo”. ¿Y por qu�? Porque en primer lugar, ya est� cubierto por los 200.000 francos, vale decir, que el capital est� trasferido al sector que produce ios medios de producci�n: Sismondi no se percata de esto. Quiere decir que "el mercado interno”, de cuya “reducci�n” hab�a hablado no se limita a los art�culos de consumo, sino que comprende 151 tambien ios medios de producci�n. Ahora bien, �stos constituyen un producto especial, que no es “realizado” por el consumo personal; y en consecuencia, cuanto m�s r�pida es la acumulaci�n, tanto m�s intenso es el desarrollo de la rama de la producci�n capitalista que provee de productos, no para el consumo personal, sino para el consumo productivo. En segundo lugar—responde Sismondi—, porque se trata de los obreros de otra manufactura, donde los hechos resultar�n los mismos (ou les m�mes faits pourront se repr�senter). Como se puede ver, se trata del mismo procedimiento de Smith, de remitir al lector de “Poncio a Pilatos”. ¡Pero es el caso que esa “otra manufactura" emplea tambi�n un capital constante y que su producci�n tambi�n proporciona un mercado para el sector de la producci�n capitalista que produce medios de producci�n! Por m�s que traslademos las cosas de un capitalista a otro, y de �ste a un tercero, el sector mencionado no desaparecer�, y el “mercado interior" no se ver� limitado s�lo a los art�culos de consumo. Y por ello, cuando Sismondi dice que “ese c�lculo refuta [...] uno de los axiomas sobre el cual se ha insistido m�s en la econom�a pol�tica, a saber: que una mayor libertad de competencia determina una marcha m�s ventajosa de la industria" (I, 407), no advierte que “este c�lculo" lo contradice tambi�n a �l mismo. Es indiscutible que la introducci�n de las m�quinas, al desalojar a los obreros, empeora su situaci�n; y tambi�n es indiscutible el m�rito de Sismondi, de haber sido uno de los primeros en se�alarlo. Pero ello no impide en absoluto que su teor�a de la acumulaci�n y del mercado interno sea un craso error. Su propio c�lculo prueba precisamente el fen�meno que Sismondi, adem�s de negarlo, lo trasformaba en argumento contra el capitalismo, cuando afirmaba que la acumulaci�n y la producci�n deben corresponder al consumo, pues de lo contrario habr� crisis. Su c�lculo muestra que la acumulaci�n y la producci�n se adelantan al consumo, y que no puede ser de otra manera, puesto que la acumulaci�n se efect�a en lo fundamental sobre los medios de producci�n, los cuales no entran en el “consumo”. Lo que ante Sismondi aparec�a como un simple error, como una contradicci�n en la doctrina de Ricardo—que la acumulaci�n es un excedente de la producci�n sobre la renta—, es un hecho que corresponde por entero a la realidad y expresa una contradicci�n propia del capitalismo. Ese excedente es necesario en toda acumulaci�n que abre un nuevo mercado para los 152 medios de producci�n, sin el correspondiente aumento del mercado para los art�culos de consumo, y aun en el caso de una reducci�n de �ste  [152•* . Es m�s, al dejar de lado la teor�a acerca de las ventajas de la libre competencia, Sismondi no advierte que, junto con su huero optimismo, echa tambi�n por la borda una verdad indudable, como es la de que la libre competencia desarrolla las fuerzas productivas de la sociedad, tal como se desprende una vez m�s, con claridad, de sus propios c�lculos. (Esto, en verdad, no es m�s que otra expresi�n del hecho de que en la industria se crea un sector especial, que produce medios de producci�n y que el desarrollo de �ste es particularmente r�pido.) Este desarrollo de las fuerzas productivas de la sociedad, sin el correspondiente desarrollo del consumo, es, desde luego, una contradicci�n, pero una contradicci�n que tiene lugar en la realidad, que emana de la esencia misma del capitalismo, y de la cual no es posible desentenderse mediante frases sensibleras.

Y esto es precisamente lo que hacen los rom�nticos. Para que el lector no sospeche que acusamos en forma gratuita a los economistas actuales por los errores de un autor tan “anticuado” como Sismondi, citaremos, a t�tulo de peque�a muestra, un pasaje de un escritor “moderno”, el se�or N.-on. En la p�gina 242 de sus Rese�as, discurre acerca del desarrollo del capitalismo en la rama de la industria molinera rusa. Al referirse a la aparici�n de los grandes molinos movidos a vapor, con instrumentos de producci�n perfeccionados (a partir de 1870 se invirtieron en la restructuraci�n de los molinos cerca de 100 millones de rublos), y al aumento de la productividad del trabajo, que se elev� en m�s del doble, el autor caracteriza de la siguiente manera el fen�meno que estamos describiendo: “La actividad de los molinos no se desarroll�; s�lo se concentr� en grandes empresas”; luego hace extensiva esta caracterizaci�n a todas las ramas de la industria (p�g. 243) y saca la conclusi�n de que “en todos los casos sin excepci�n, una gran masa de trabajadores queda desocupada y sin posibilidad de hallar empleo" (p�g. 243), y que “la producci�n capitalista se ha desarrollado a expensas del consumo 153 popular" (241). Preguntamos al lector: ¿difiere este razonamiento, aunque fuera en algo, del de Sismondi, que hemos citado antes? Este escritor “moderno” comprueba dos hechos—los mismos que vimos tambi�n en el ejemplo de Sismondi—, y se desembaraza, �l tambi�n, de ambos mediante una frase sensiblera. En primer lugar, su ejemplo muestra que el desarrollo del capitalismo se opera precisamente sobre la base de los medios de producci�n. Es decir, que el capitalismo desarrolla las fuerzas productivas de la sociedad. Y en segundo lugar, su ejemplo muestra que dicho desarrollo sigue precisamente el camino espec�fico de las contradicciones que es inherente al capitalismo: la producci�n se desarrolla (inversi�n de 100 millones de rublos, o sea, mercado interno para los productos realizados por el consumo no personal), sin un desarrollo correspondiente del consumo (la alimentaci�n popular empeora), vale decir, que tiene lugar la producci�n por la producci�n misma. Y el se�or N.-on piensa, con la ingenuidad del viejo Sismondi, que dicha contradicci�n desaparecer� con s�lo presentarla como una contradicci�n de la doctrina, como “un error funesto": “¡¡hemos olvidado la finalidad de la producci�n!!" ¿Se quiere algo m�s caracter�stico que esta frase: “no se desarroll�; s�lo se concentr�"? Sin duda, el se�or N.-on conoce un capitalismo cuyo desarrollo podr�a hacerse por una v�a que no fuera la concentraci�n. ¡Qu� l�stima que no nos haya hecho conocer ese capitalismo “original”, desconocido para toda la econom�a pol�tica anterior a �l!

* * *
 

Notes

[147•*]   Recordamos al lector c�mo enfocar�a Sismondi este problema. Distingu�a n�tidamente dichos medios de producci�n para rada familia, e Intentaba hacer lo mi?mo para la sociedad. En rigor de verdad, el que lo “ enfoc�" fue Smith; Sismondi no hizo mis que parafrasearlo.

[148•*]   Como es sabido, en esta cuesti�n (de si la producci�n crea mercados para s�), la teor�a moderna adopt� enteramente la posici�n de los cl�sicos, que contestaban en forma afirmativa, en contra del romanticismo, que responde negativamente. “El verdadero l�mite de la producci�n capitalista, es el propio capital.” (Das Kapital, t. III, I, 231. (V�ase C. Marx, ob. cit., t. III, p�g. 235. Ed.)

[150•*]   “El primer efecto de la competencia—dice Sismondi—ha sido la baja de los salarios y el aumento simult�neo del n�mero de obreros" (I, 403). No nos detenemos aqu� sobre los errores en los c�lculos que hace Sismondi: considera, por ejemplo, que la ganancia ser� del 8 por ciento para el capital fijo y el 8 por ciento para el circulante; que el n�mero de obreros se elevara en proporci�n al aumento del capital circulante (que �l no sabe diferenciar como es debido del variable); que el capital fijo entra �ntegramente en el precio del producto. En el caso dado, todo esto carece de importancia, porque la deducci�n es justa: disminuci�n de la parte del capital variable dentro de la suma total del capital, como resultado necesario de la acumulaci�n.

[152•*]   Del an�lisis expuesto m�s arriba se desprende que un caso asi tambi�n es posible. Depende de la proporci�n del capital constante y del capital variable en el nuevo capital, y en qu� medida la disminuci�n de la parte del capital variable afecta las viejas producciones.