p El censo de kustares de 1894-1895 abarc� en todos los distritos de la, provincia, a 8.991 familias (sin contar las de los obreros asalariados), es decir, acerca del 72 por ciento del total de kustares de Perm, como lo suponen los investigadores que han censado adem�s por otro lado a 3.484 familias m�s. El Estudio establece una distinci�n fundamental entre dos grupos de kustares (en los cuadros estad�sticos se los se�alai con los n�meros romanos I y II): los que poseen una hacienda agr�cola (I) y los que no la tienen (II); hay, adem�s, tres subgrupos en cada grupo (se�alados con los n�meros ar�bigos 1, 2 y 3), a saber: 1) kustares que trabajan; para el mercado; 2) kustares que trabajan por encargo para el consumidor; y 3) kustares que trabajan por encargo para el mayorista. En los dos �ltimos subgrupos, la materia prima pertenece al cliente en la mayor�a de los casos. Examinemos brevemente este agrupamiento. La divisi�n de los kustares en agricultores y no agricultores es, como se comprender�, absolutamente l�gica y necesaria. La abundancia de kustares sin tierra en la provincia de Perm, concentrados con frecuencia en los poblados fabriles, oblig� a los autores a efectuar ese agrupamiento de modo sistem�tico y a atenerse a �l en los cuadros estad�sticos. En esta forma sabemos que un tercio del total de kustares (19.970 obreros con sus familias y obreros asalariados en 8.991 establecimientos), exactamente 6.638 personas, no tienen hacienda agr�cola [361•* . Por consiguiente, este hecho muestra por s� solo la inexactitud de las suposiciones y afirmaciones corrientes acerca de los v�nculos de la industria kustar con la agricultura como fen�meno general, v�nculos que a veces se presentan inclusive como un rasgo peculiar de 362 Rusia. Si excluimos del total de “kustares” a los artesanos rurales (y urbanos) err�neamente incluidos entre ellos, resultar� que de las 5.566 familias restantes, 2.268 no tienen tierra, es decir, m�s de las dos quintas partes del total de los dedicados a la industria que trabajan para el mercado. Por desgracia, en el Estudio no se observ� tampoco de modo consecuente este agruparniento fundamental. En primer lugar, s�lo se tuvo en cuenta a los kustares patronos, pero no existen datos semejantes en cuanto a los obreros asalariados. Esta laguna se debe a que el censo de kustares hace caso omiso, en general, de los obreros asalariados y de sus familias y ¡ha tenido en cuenta s�lo los establecimientos, s�lo a los agricultores. En lugar de estas palabras, en el Estudio se emplea con mucha inexactitud la expresi�n “familias dedicadas a las industrias kustares”, pues es bien evidente que las familias que proporcionan obreros asalariados a los kustares “se dedican a las industrias kustares" no menos, por supuesto, que las que contratan esos obreros. La falta de datos por familias acerca de los obreros asalariados (que constituyen la cuarta parte del total de obreros) es una importante omisi�n del censo. Omisi�n muy peculiar de los populistas, quienes se complacen de golpe en adoptar el punto de vista del peque�o productor y dejan en la sombra el trabajo asalariado. M�s adelante repetidas veces encontraremos omisiones en los datos relativos a los obreros asalariados. Por ahora nos limitaremos a se�alar que, a pesar de que la falta de datos acerca de las familias de los obreros asalariados es un fen�meno corriente en las obras dedicadas a las industrias de kustares, hay tambi�n excepciones. En los trabajos estad�sticos del zemstvo de Mosc� se encuentran a veces datos, agrupados de modo sistem�tico, sobre las familias de los asalariados; esos datos los encontramos aun en mayor cantidad en el conocido estudio de los se�ores Jarizom�nov y Prugavin titulado Las industrias de la provincia de Vlad�mir, en el que figuran tambi�n censos por familias, que incluyen tanto a las familias de los obreros asalariados como las de los agricultores. En segundo lugar, al incluir entre los kustares al conjunto de trabajadores de la industria sin tierra, los investigadores, como es l�gico, minaron en su base el procedimiento habitual, completamente err�neo: excluir de los “kustares” a los trabajadores de la industria en las ciudades, Y vemos, en efecto, que en el censo de kustares de 1894-1895 figura una ciudad, la de Kungur (p�g. 33 de cuadros estad�sticos), pero s�lo una. En el Estudio no se da explicaci�n 363 alguna y nos quedamos sin saber por qu� figura en el censo una sola ciudad y por qu� precisamente esa, si es un hecho casual o si tiene alguna explicaci�n. Resulta as� una confusi�n nada peque�a, que echa a perder considerablemente los datos generales. En su conjunto, el censo de kustares repite, por consiguiente, el error habitual en los populistas, de separar el campo (el “kustar”) y la ciudad, a pesar de que una zona industrial determinada incluye con extraordinaria frecuencia la ciudad y las aldeas de los alrededores. Es hora ya de acabar con esta separaci�n, basada en un prejuicio y en la exageraci�n de las caducas barreras estamentales.
p Hemos hablado ya m�s de una vez de los artesanos, rurales y urbanos, en unos casos separ�ndolos de los kustares y en otros inoluv�ndolos entre los mismos. El quid de la cuesti�n reside en eme estas vacilaciones son propias de todas las obras dedicadas a las industrias “kustares”, demostrando que para las investigaciones cient�ficas no sirve un t�rmino como el de “kustar”. Es corriente la. opini�n de que debe considerarse kustares s�lo a los que trabajin para el mercado, s�lo a los productores de mercanc�as; pero en la pr�ctica no es f�cil encontrar un estudio de las industrias Vmtares en el que entre �stos^^1^^ no figuren artesanos, es decir, hombres que trabaian por encargo para el consumidor (subgrupo 2*?, del Estudio). Tanto en los Trabajos de la Comisi�n investigadora de Ja iniu’tr�a ktistar como en la obra Las industrias de la provincia de Mosc� encontrar�n ustedes artesanos entre los “ kustares”. Consideramos in�til discutir acerca del sentido de la palabra “kustar”, pues, como veremos m�s adelante, no existe una forma de industria (excluida quiz� la industria mecanizada) que no sea abarcada por este t�rmino tradicional, absolutamente inservible para las investigaciones cient�ficas. Es indudable que debe diferenciarse de modo riguroso a los productores de mercanc�as que trabajan para el mercado (subgrupo 1’) de los artesanos que trabajan por encargo para el consumidor (subgrupo 2?), pues estas formas de industria representan tipos completamente distintos por su¡ importancia social v econ�mica. Son muy poco afortunados los intentos del Estudio de borrar esta diferencia (conf. p�gs. 13 y 177); mucho m�s justa era la, observaci�n ’hecha en otro trabajo e^tid�stiro del zemstvo sobre los kustares de Perm, seg�n la cual "los artesanos tienen muy pocos puntos de contacto con la esfera de la industria kustar, menos que esta �ltima con la 364 fabril" [364•* . Tanto la industria fabril como el subgrupo 1*? de " kustares" corresponden a la producci�n mercantil, no incluida en el subgrupo 2^^1^^?. Con la misma rigurosidad hay que diferenciar el subgrupo 3?, los kustares que trabajan por encargo para los mayoristas (y los fabricantes), que se diferencian esencialmente de los “kustares” de los primeros subgrupos. Es de desear que todos aquellos que estudian la llamada industria “kustar” observen en forma estricta esta divisi�n y empleen t�rminos pol�ticos y econ�micos exactos, en vez; de utilizar t�rminos corrientes de un sentido arbitrario.
p He aqu� los datos sobre la divisi�n de los “kustares” en grupos y subgrupos: [V�ase el cuadro en la p�g. 365. ’Ed.]
p Antes de extraer conclusiones de estos datos recordaremos que la ciudad de Kungur fue incluida en el igrupo II, que contiene, por lo tanto, datos mezclados sobre los trabajadores industriales rurales y urbanos. El cuadro nos muestra que los agricultores (grupo I), que son con mucho m�s; numerosos entre los trabajadores industriales y artesanos rurales, representan formas de la industria menos desarrolladas que los no agricultores (grupo II). Entre los agricultores los oficios primitivos est�n mucho m�s desarrollados que la producci�n para el mercado. El mayor desarrollo del capitalismo entre los no agricultores se expresa en un mayor porcentaje de obreros asalariados, de establecimientos con obreros asalariados y kustares que trabajan para los revendedores. Se puede deducir, por consiguiente, que la existencia de v�nculos con la agricultura mantiene formas de industria m�s atrasadas, y, a la inversa, que el desarrollo del capitalismo en la industria conduce al abandono de la agricultura. Por desgracia no disponemos de datos exactos sobre el particular y debemos conformarnos con las indicaciones indirectas se�aladas. Por ejemplo, el Estudio no nos dice c�mo est� distribuida en general la poblaci�n rural de la provincia de Perm entre agricultores y los que no tienen tierra, por lo que no podemos comparar en cu�l de estos grupos es m�s intenso el desarrollo de las industrias. Se ha descuidado tambi�n 365 366 problemas de extraordinario inter�s: aquellos de las zonas industriales (los investigadores dispon�an en este terreno de los datos m�s exactos acerca de cada aldea por separado), de la concentraci�n de los trabajadores industriales en las aldeas no agr�colas, fabriles: y, en general, comerciales e industriales, de los centros de cada rama de la industria, de la extensi�n de las industrias de estos centros a las aldeas de los alrededores. Si agregamos a esto que los datos por familias acerca de la fecha de fundaci�n de los establecimientos (de ello nos ocuparemos m�s adelante, en el § III) permit�an determinar el car�cter del desarrollo de las industrias, es decir, si tienden a extenderse desde los centros hacia las poblaciones de los alrededores o, a la inversa, si se extienden con mayor intensidad entre los agricultores o entre los no agricultores, etc., habr� que lamentar por fuerza la insuficiente elaboraci�n de dichos datos. Todo lo que podemos conseguir sobre esta cuesti�n son datos relativos a la ubicaci�n de las industrias por distritos. Para d�rselos a conocer al lector conservaremos la divisi�n de los distritos en grupos utilizada en el Estudio (v�ase p�g. 31): 1) “ distritos que presentan el mayor porcentaje de kustares que trabajan para el mercado y donde la industria kustar tiene un nivel de desarrollo relativamente elevado”, 5 distritos; 2) “distritos con un grado de desarrollo relativamente bajo de las industrias kustares, donde la mayor�a de los kustares trabaja para el mercado”, 5 distritos, y 3) “distritos donde el nivel de desarrollo de la industria kustar es igualmente bajo, pero en los que predominan con frecuencia los kustares que trabajan por encargo para el consumidor”, 2 distritos. Si reunimos los datos m�s importantes relativos a estos grupos de distritos obtendremos el siguiente cuadro: [V�ase el cuadro en la p�g. 367. Ed.]
p Este cuadro nos conduce a las interesantes conclusiones que siguen: cuanto m�s desarrollada est� la industria rural en el grupo de distritos, 1) menor es el porcentaje de artesanos rurales, es decir, mayor el desplazamiento de la artesan�a por la producci�n mercantil; 2) mayor es el porcentaje de kustares pertenecientes a la poblaci�n no agr�cola; 3) m�s intensamente se desarrollan las relaciones capitalistas y mayor es el porcentaje de kustares dependientes. En el tercer grupo de distritos predominan los artesanos rurales (77,7 por ciento del total de kustares); al mismo tiempo, predominan all� los agricultores (s�lo un 5,7 por ciento de no agricultores) y el grado de desarrollo del capitalismo es insignificante: 367 368 en total, el 7,2 por ciento de o�breros asalariados y el 2,7 por ciento de kustares con familia que trabajan para los mayoristas, es decir, en total, el 9,9 por ciento de los kustares dependientes. En el segundo grupo de distritos predomina, por el contrario, la producci�n mercantil, que desplaza ya a la artesan�a: s�lo el 32,5 por ciento de artesanos. El porcentaje de kustares agricultores desciende del 94,3 por ciento al 66,2 por ciento; el de obreros asalariados aumenta en m�s del cu�druple: del 7,2 pasa al 32,1 por ciento; se eleva tambi�n, aunque no tan considerablemente, el porcentaje de kustares con familia que trabajan para los mayoristas, de modo que el porcentaje total de kustares dependientes representa el 38,4 por ciento, es decir, casi dos quintas partes del total. Por �ltimo, en el primer grupo de distritos, la artesan�a es desplazada aun m�s por la producci�n mercantil, y representa solamente la quinta parte del total de “kustares” (21,8 por ciento), al mismo tiempo que el n�mero de industriales no agricultores se eleva al 42,1 por ciento; el porcentaje de obreros asalariados desciende algo (del 32,1 al 26 por ciento), pero en cambio crece en proporciones colosales el de familiares de obreros que dependen de los mayoristas, pasando del 6,3 al 27,4 por ciento, de modo que el total de kustares dependientes representa m�s de la mitad: el 53,4 por ciento. El distrito donde el n�mero de “kustares” es m�s elevado (en cifras absolutas y relativas) es aquel en el cual el capitalismo est� m�s desarrollado: el crecimiento de la producci�n mercantil desplaza la artesan�a a un plano secundario, conduce al desarrollo del capitalismo y hace que las industrias artesanales pasen a los no agricultores, es decir, a la separaci�n de la industria y la agricultura (o quiz�s a la concentraci�n de las industrias en manos de la poblaci�n no agr�cola). El lector podr� preguntarse si es justo considerar que el capitalismo est� m�s desarrollado en el primer grupo de distritos, donde el n�mero de obreros asalariados es menor que en el segundo grupo, pero es mayor el de los que trabajan para los mayoristas. El trabajo a domicilio—pueden objetar—es la forma inferior del capitalismo. Sin embargo, veremos m�s adelante que muchos de estos mayoristas son fabricantes y poseen grandes establecimientos capitalistas. El trabajo a domicilio es, en este caso, un anexo de la f�brica y significa una mayor concentraci�n de la producci�n y del capital (para algunos mayoristas trabajan de 200 a 500 personas, 1.000 e inclusive m�s), una mayor divisi�n del trabajo y, por consiguiente, una forma m�s 369 elevada de capitalismo por su grado de desarrollo. Esta forma corresponde al peque�o taller del peque�o patrono con obreros asalariados, de la misma manera que la manufactura capitalista corresponde a la cooperaci�n capitalista simple.
p Los datos citados refutan suficientemente los intentos de los autores del Estudio, de contraponer por principio la “forma kustar de producci�n" a la “capitalista”, razonamiento que repite los prejuicios tradicionales de todos los populistas rusos con los se�ores V. V. y N.-on a la cabeza.
p Para los populistas de Perm la “diferencia fundamental" entre estas dos formas consiste en que, en la primera, “los instrumentos y materiales de producci�n pertenecen al trabajo, lo mismo que todos los resultados del trabajo bajo la forma de productos de la producci�n" (v�ase p�g. 3). Podemos comprobar ya con absoluta certeza que eso es falso. Hasta en el caso de que incluyamos a los artesanos entre los kustares, la mayor parte de los “kustares” no re�ne esas condiciones: no las re�nen, en primer lugar, los obreros asalariados, que constituyen el 25,3 por ciento; no las re�nen, en segundo lugar, las familias que trabajan para los mayoristas (el 20,8 por ciento), pues no les pertenecen los materiales de producci�n, ni los resultados del trabajo, y reciben �nicamente salario a destajo; no las re�nen, en tercer lugar, las familias de los subgrupos primero y segundo, que tienen a su servicio obreros asalariados, pues les pertenecen los “resultados”, no s�lo de su trabajo, sino tambi�n del de otros. Estos �ltimos suman, probablemente, cerca del 10 por ciento (1.691 establecimientos de los 6.645 de los subgrupos primero y segundo, es decir, el 25,4 por ciento tienen obreros asalariados; en los 1.691 establecimientos hay, quiz�, no menos de 2.000 kustares con familia). Como resultado tenemos: 25,3 por ciento m�s 20,8 por ciento m�s 10 por ciento igual 56,1 por ciento de los “kustares”; es decir, m�s de la mitad no re�nen las condiciones indicadas. Dicho con otras palabras: aun en una provincia tan apartada y atrasada en el aspecto econ�mico como la de Perm, predomina ya hoy el “kustar” que se contrata como asalariado o que contrata a otros, que explota o es explotado. Pero para semejante c�lculo es mucho m�s correcto exceptuar la artesan�a y tomar �nicamente la producci�n mercantil. La artesan�a es una forma tan arcaica de industria, que hasta entre los populistas de nuestro pa�s, quienes afirmaron m�s de una vez que el atraso constituye la felicidad de Rusia (al estilo de los se�ores V. V., luzhakov y C�a.), 370 no hubo uno solo que se haya atrevido a defenderla de manera abierta y franca, y a presentarla como “confirmaci�n” de sus ideales. En comparaci�n con la Rusia central, la artesan�a est� muy desarrollada aun en la provincia de Perm: basta remitirse a una industria como la del a�il (o te�ido). Se trata del te�ido exclusivamente artesanal de los tejidos! caseros de los campesinos, que en lugares menos apartados de Rusia han cedido su puesto hace ya mucho al percal de la f�brica. M�s la artesan�a ha sido desplazada tambi�n en la provincia de Perm a un plano muy secundario: inclusive en la industria rural, s�lo el 29,5 por ciento es decir, menos de un tercio, pertenece a los artesanos. Si excluimos a los artesanos, tendremos 14.401, personas que trabajan para el mercado; de ellas, el 29,3 por ciento son obreros asalariados y el 29,5 por ciento “ kustares" con familia que trabajan para los mayoristas o sea, los “ kustares" dependientes representan el 58,8 por ciento; adem�s, el 7 u 8 por ciento son peque�os propietarios con obreros asalariados, es decir, en total, cerca del 66 por ciento, dos terceras partes de los “kustares” que tienen dos semejanzas fundamentales y no diferencias, con el capitalismo, a saber: en primer lugar, todos ellos son productores de mercanc�as, y el capitalismo no es otra cosa que la econom�a mercantil totalmente desarrollada; en segundo lugar, la mayor parte de ellos mantiene relaciones de compra-venta de fuerza de trabajo, peculiares del capitalismo. Los autores del Estudio hacen esfuerzos para convencer al lector de que el trabajo asalariado tiene particular importancia en la producci�n “kustar”, y lo explican con supuestas razones “dignas de consideraci�n”; en el momento oportuno (§ VII) analizaremos estas afirmaciones y los ejemplos que aportan. Por ahora bastar� con se�alar que all� donde predomine la producci�n mercantil y el trabajo asalariado no se emplea de manera casual, sino sistem�ticamente, existen ya todos los rasgos del capitalismo. Puede hablarse de su falta de desarrollo, de su car�cter embrionario, de sus formas especiales; pero hablar de una “diferencia fundamental" all� donde hay en realidad una semejanza fundamental significa alterar los hechos.
Se�alemos, de paso, otra alteraci�n. En la p�g. 5 del Estudio se dice que "los productos del kustar [... ] son elaborados con materiales adquiridos en lo fundamental en la misma localidad”. Sobre ese punto el Estudio contiene precisamente datos que permiten verificar esta afirmaci�n: la comparaci�n entre la distribuci�n por distritos de los kustares que elaboran productos 371 pecuar�os, con aquellos que lo hacen con los productos de la ganader�a y de la agricultura; de los kustares que elaboran productos de origen vegetal, con aquellos de las zonas forestales; de los kustares que elaboran metales, con los que distribuyen el hierro fundido y dulce producido en la provincia. De esta comparaci�n resulta que en tres distritos est�n concentrados el 68,9 por ciento de los kustares dedicados a la elaboraci�n de productos pecuarios, en tanto que el n�mero de cabezas de ganado en esos mismos distritos es s�lo del 25,1 por ciento, y el de desiatinas de tierra sembrada llega s�lo al 29,5 por ciento, es decir, resulta precisamente lo contrario, y en el Estudio se hace constar “el alto grado de desarrollo de las industrias basadas en la trasformaci�n de productos pecuarios se asegura principalmente con materias primas importadas; por ejemplo, en los distritos de Kungur y Ekaterinburgo, son las pieles en bruto, trabajadas por las curtiembres locales y por los curtidores y kustares, de donde se obtiene en realidad el material necesario para la producci�n de calzado, industria kustar fundamental de estos distritos" (p�gs. 24-25). Por consiguiente, la industria kustar se basa all�, no s�lo en las importantes transacciones de los capitalistas locales dedicados al comercio en cueros, sino tambi�n en la adquisici�n de productos semimanufacturados a los fabricantes; es decir, la industria kustar ha sido un resultado, un ap�ndice de la circulaci�n mercantil desarrollada y de las curtiembres capitalistas. “En el distrito de Shadrinsk la materia prima importada es la lana, que proporciona material para la industria principal del distrito: la de botas de fieltro”. Prosigamos. Con referencia a la elaboraci�n de productos vegetales, el 61,3 por ciento de los kustares est� concentrado en cuatro distritos. Mientras que en esos cuatro distritos existe �nicamente el 20,7 por ciento del total de desiatinas de bosques con que cuenta la provincia. Y a la inversa, en dos distritos en los que est� concentrado el 51,7 por ciento de bosques, hay en total 2,6 por ciento de kustares dedicados a la elaboraci�n de productos vegetales (v�ase p�g. 25), es decir, que tambi�n en este caso resulta precisamente lo contrario, y el Estudio reconoce que la materia prima es importada (v�ase p�g. 26) [371•* . 372 Observamos, por lo tanto, un hecho muy interesante: el desarrollo de las industrias kustares es precedido (como condici�n de ese desarrollo ) por la circulaci�n mercantil, que ha echado ya profundas ra�ces. Esto tiene gran importancia, pues, en primer lugar, indica cu�nto tiempo hace que se ha formado la econom�a mercantil, de la que la industria kustar no es m�s que uno de sus elementos y cuan absurdo es, por ello, presentar nuestra industria kustar como una tabula rasa que “puede” avanzar todav�a por distintos caminos. Los investigadores informan, por ejemplo, que “la industria kustar de Perm sigue reflejando la influencia de las v�as de comunicaci�n, que determinaron la fisonom�a comercial e industrial de la provincia, no s�lo cuando no exist�an aun los ferrocarriles, sino inclusive en la �poca que precedi� a la Reforma" (v�ase p�g. 39). En efecto, la ciudad de Kungur fue un nudo de comunicaciones en la zona de los Urales: por ella pasa la carretera siberiana, que enlaza Kungur con Ekaterinburgo y, a trav�s de ramales, con Shadrinsk; tambi�n atraviesa Kungur otra v�a comercial: la de Gor� Blagodat, que une Kungur con Osa. Por �ltimo, la carretera de Birsk vincula Kungur con Krasnoufimsk. ’Vemos, pues, que la industria kustar de la provincia se ha concentrado alrededor de los centros de comunicaciones: son, en la regi�n de los Urales, los distritos de Kungur, Krasnoufimsk y Osa, y m�s all� de los Urales, los distritos de Ekaterinburgo y Shadrinsk" (v�ase p�g. 39). Recordamos al lector que precisamente esos cinco distritos constituyen el primer grupo en el cual la industria kustar es la m�s desarrollada, y donde se halla concentrado el 70 por ciento del total de kustares. En segundo lugar, esta circunstancia nos indica que la “ organizaci�n del intercambio" en la industria kustar, con respecto al cual hablan con tanta ligereza los celosos defensores kustares del peque�o mujik, etxiste ua, en la realidad, v debe su existencia precisamente a los comerciantes de Rusia. M�s adelante veremos aun no pocos ejemplos de esto. S�lo en el tercer grupo de kustares (los que trabajan metales) existe concordancia entre la distribuci�n de la producci�n de la materia prima y su elaboraci�n por los kustares: en cuatro distritos, en los que se obtiene el 70,6 por ciento del hierro fundido y dulce, est� concentrado el 70 por ciento de los kustares de este grupo. Pero all� la materia prima es ya por s� misma un producto de la ¡gran industria minera y fabril, que tiene, corno veremos, “sus opiniones" sobre el “kustar”.
Notes
[361•*] En realidad, no tiene tierra m�s de un tercio de los kustares dedicados a la industria, pues en el censo figura s�lo una ciudad. Pero de ello hablaremos m�s adelante.
[364•*] La industria kustar de la provincia de Perm en la Exposici�n cient�fico, industrial de Siberia y los Urales, en la ciudad de Ekaterinburgo, en 1887, de I. Krasnopi�rov. En 3 fasc�culos. Perm, 1888-1889. Fasc�culo I, p�g. 8. Citaremos esta �til obra, indicando brevemente La industria kustar y el fasc�culo y la p�gina correspondiente.
[371•*] Estos dos tipos de kustares, es decir, los que elaboran productos pecuarios y los que preparan productos vegetales, representan el 33 + 28 = 61 por ciento del total de kustares. En la elaboraci�n de metales est� ocupado el 25 por ciento de los kustares (v�ase p�g. 20).