390
SEGUNDO ART�CULO
(IV. La agricultura de los “kuslares”—V. Establecimientos
grandes y peque�os—Ingresos de los Gustares
)
 
IV
LA AGRICULTURA DE LOS “KUSTARES”
 

El censo por familia de los kustares patronos y peque�os patronos contiene interesantes datos acerca de la agricultura de los mismos. He aqu� esos datos, reunidos en el Estudio por subgrupos:

Corresponden a cada familia Porcentaje de familias Desiatinas Sin ca- Sin Subgrupos sembradas Caballos Vacas ballos vacas 1. Productores de mercanc�as 7,1 2,1  [390•*  2,2* 7,4 5 2. Artesanos ............. 6,2 1,9 2 I 9,0 6 3. Trabajan para mayoristas 4,5 1,4 1,3 16,0 13 6,3 1,8 2,0 9,5

p As�, pues, cuanto m�s acomodados son los kustares como industriales, m�s ricos son como agricultores. Cuanto m�s d�bil es el papel que desempe�an en la producci�n, m�s se reduce su importancia como agricultores. Por lo tanto, los datos del censo de kustares confirman plenamente la opini�n expresada ya en la literatura, de que la diferenciaci�n de los kustares en la industria es paralela a su diferenciaci�n como agricultores. (A. Volguin, Fundamentaci�n del populismo, etc., p�gs. 211 y siguientes.) Como 391 los obreros asalariados de los kustares se encuentran a un nivel m�s bajo (o no m�s alto) que los kustares que trabajan para los mayoristas, tenemos derecho a deducir que entre ellos es mavor aun el n�mero de agricultores arruinados. Como hemos indicado va, el censo por familias no se ocupa de los obreros asalariados. En todo raso, inclusive los datos aportados muestran con elocuencia cuan divertida es la afirmaci�n del Estudio, de que “la propiedad comunal de la tierra garantiza por igual la independencia del trabajo industrial tanto al patrono de la empresa kustar como a su obrero asalariado".

p La falta de datos detallados acerca de la agricultura de quienes trabajan solos, as� como de los peaue�os y grandes patronos, se deia sentir con fuerza especial en los datos eme examinamos. Para llenar esa laguna, aunaue s�lo sea en parte, debemos recurrir a los datos relativos a distintas industrias; a veces encontramos datos cobre el n�mero de obreros agr�colas que emplean los propietarios   [391•* . pero en el Ef.tudio no hay un resumen general sobre el particular.

p Los curtidores agricultores, por ejemplo, tienen 131 haciendas. Emplean 124 obreros agr�colas asalariados, tienen 16.9 desintinas de sembrados por familia, 4,6 caballos v 4.1 vacas fn�g. 71). Los obreros asalariados (73 aue trabajan todo el a�o y 51 temporarios) reciben un salario de 2.492 rublos, es decir, 20,1 rublos por persona en tanto aue el salario medio de un obrero de la industria del cuero es de 52 rublos. Por lo tanto aau�, vemos tambi�n un fen�meno rom�n a todos los pa�ses capitalistas: una situaci�n peor de los obreros en la agricultura que en la industria. Los “ kustares" curtidores son, evidentemente, el tipo m�s puro de burgues�a campesina, y la famosa “uni�n de la industria con la agricultura”, tan alabada por los populistas, consiste en que los acomodados propietarios de los establecimientos comerciales e industriales trasladan el capital del comercio y la industria a la agricultura, pagando a sus braceros salarios incre�blemente bajos   [391•** .

392

p Veamos el caso de los kustares fabricantes de aceite. Hay entre ellos 173 agricultores. Por cada hacienda corresponden 10,1 desiatinas de sembrados, 3,5 caballos y 3,3 vacas. No hay haciendas sin vacas y sin caballos. Tienen noventa y ocho obreros agr�colas (que trabajan todo el a�o y temporarios), con un salario total de 3.438 rublos, es decir, 35,1 rublos por persona. “Las tortas de orujo obtenidas como residuos de la producci�n de aceite son el mejor forraje para el ganado, gracias a lo cual es posible abonar con esti�rcol los campos en mayor escala. En esta forma, la hacienda recibe un triple beneficio de la industria: los ingresos que proporciona la propia industria, los que reporta el ganado y mejores cosechas en los campos" (p�g. 164). “Su agricultura [la de los fabricantes de aceite] adquiere grandes proporciones, y muchos de ellos no se limitan a los nadiel asignados por persona, sino que, adem�s, arriendan tierras de las haciendas menos acomodadas" (p�g. 168). Los datos relativos a la difusi�n por distritos de las siembras de lino v c��amo muestran “cierta ligaz�n entre la extensi�n de los sembrados de lino y c��amo, y la difusi�n de la industria del aceite en los distritos de la provincia" (p�g. 170).

p Por consiguiente, las empresas comerciales e industriales se dedican en este caso a los llamados cultivos industriales, cuyo desarrollo caracteriza siempre el progreso de la agricultura comercial y capitalista.

p Veamos el caso de los molineros propietarios. La mayor�a de ellos son agricultores: 385 sobre 421. Por cada hacienda corresponden 11 desiatinas de sembrados, 3 caballos v 3,5 vacas. Tienen 307 obreros agr�colas con un salario total de 6.211 rublos. A semejanza de la fabricaci�n de aceite, “la molienda es, para los due�os de los molinos un instrumento que les permite vender en el mercado de los productos de su propia hacienda en la forma m�s ventajosa para ellos" (p�g. 178).

p Creo que estos ejemplos son suficientes para demostrar que es absurdo querer designar con la denominaci�n de "kustar agricultor" una realidad homog�nea, id�ntica a s� misma. Todos los agricultores mencionados pertenecen a la peque�a burgues�a 393 rural, y agruparlos con el resto del campesinado, incluidas las haciendas arruinadas, significa ocultar los rasgos m�s caracter�sticos de la realidad.

p Al final de su descripci�n de la industria aceitera, los autores del Estudio intentan refutar la “doctrina capitalista”, que ve en la diferenciaci�n de los campesinos una consecuencia de la evoluci�n del capitalismo. Esta tesis se basar�a en “la afirmaci�n completamente arbitraria, seg�n la cual dicha diferenciaci�n es un �ndice evidente de los tiempos m�s recientes y constituye un claro s�ntoma del r�pido desarrollo del r�gimen capitalista de jacto en los medios campesinos, a pesar de existir de jure el sistema de posesi�n comunal de la tierra" (p�g. 176). Los autores objetan que la comunidad jam�s ha excluido ni excluye las diferencias de fortuna, pero “no las afianza, no crea clases”; “en el trascurso del tiempo, estas diferenciaciones transitorias no se agravaron, sino que, por el contrario, fueron atenu�ndose gradualmente" (p�g. 177). Como es l�gico, semejante afirmaci�n, para corroborar la cual se citan los arteles (de ellos hablaremos m�s adelante, en el § VII), las particiones familiares (sicl) y los nuevos repartos de tierra (!), s�lo pueden provocar una sonrisa. Calificar de “arbitraria” la tesis seg�n la cual la diferenciaci�n se desarrolla y se acent�a en el seno del campesinado, es querer ignorar el hecho archiconocido de que gran n�mero de campesinos se quedan sin caballos y abandonan la tierra, al mismo tiempo que se registra “un progreso t�cnico en la agricultura" (v�ase Las tendencias progresistas en la explotaci�n agr�cola, del se�or V. V.), que la entrega de los nadiel y el hipotecamiento de los mismos se hace m�s frecuente a medida que se elevan los arriendos, que la cantidad de empresas comerciales e industriales aumenta paralelamente con el de los asalariados migratorios que son los trabajadores temporarios, etc., etc.

p El censo de kustares por familia deb�a haber proporcionado abundantes datos aceroa de un aspecto en extremo interesante: la relaci�n existente entre los ingresos y salarios de los kustares agricultores y los ingresos de los kustares no agricultores. Los cuadros estad�sticos contienen todos los datos de este tipo, pero en el Estudio, no se hace un resumen de ellos, y nosotros mismos hemos tenido que hacerlo tomando las informaciones contenidas en el libro. Ese resumen se basa, en primer lugar, en los datos del Estudio acerca de algunas industrias. S�lo hemos tenido que agru- 394 par los correspondientes a las distintas industrias. Mas en el cuadro estad�stico, el resumen no incluye todas las industrias. A veces comprobamos errores o erratas, resultado natural de la falta de totales comprobados. El resumen se bas�, en segundo lugar, en la selecci�n de las cifras contenidas en la descripci�n de algunas industrias. En tercer lugar, por falta de una y otra fuente, nos vimos obligados a recurrir directamente a los cuadros estad�sticos (por ejemplo, en lo que se refiere a la �ltima industria “ extracci�n de minerales”). No es dif�cil comprender que esta disparidad de materiales! de nuestro resumen no pod�a dar otro resultado que errores e inexactitudes. Consideramos que, aunque los totales generales de nuestro resumen) no pod�an coincidir con los del cuadro, sin embargo, las deducciones que se sacan pueden servir plenamente al objetivo propuesto, pues las magnitudes y proporciones medias (las �nicas que utilizamos para nuestras conclusiones) sufrir�an modificaciones en extremo insignificantes al efectuarse cualquier rectificaci�n. Por ejemplo, seg�n el balance de los cuadros que figuran en el Estudio, el ingreso global por obrero asciende a 134,80 rublos, en tanto que en nuestro resumen es de 133,30 rublos. El ingreso neto por obrero familiar es de 69 y 68 rublos, respectivamente, y el de cada obrero asalariado, de 48,7 y 48,6 rublos.

_p Veamos los resultados de ese resumen, que determinan el monto de los ingresos globales, de los ingresos netos y de los salarios de los obreros asalariados, divididos en grupos y subgrupos.

p He aqu� los resultados principales de este cuadro: [V�ase en la p�g. 395. Ed.]

_p 1) La poblaci�n industrial no agr�cola tiene una participaci�n incomparablemente mayor en las industrias (en proporci�n a su n�mero) que la poblaci�n agr�cola. Por el n�mero de obreros, los no agricultores son menos de la mitad que los agricultores. Por la producci�n global constituyen casi la mitad y proporcionan 1.276.772 rublos sobre un total de 2.655.007, es decir, el 48,1 por ciento. En cuanto a los ingresos de la producci�n, o sea, a los ingresos netos de los propietarios m�s los salarios de los obreros asalariados, los no agricultores predominan inclusive sobre los agricultores, arrojando 647.666 rublos sobre 1.260.335, es decir, el 51,4 por ciento. Resulta, por consiguiente, que a pesar de encontrarse en minor�a por su n�mero, los kustares industriales no agricultores no ceden a los agricultores en cuanto al volumen de la 395 396 producci�n. Este hecho tiene extraordinaria importancia para juzgar la doctrina populista tradicional que ve en la agricultura el “ principal pilar" de la llamada industria kustar.

p De este hecho se desprenden, por supuesto, otras conclusiones:

p 2) La producci�n global de los no agricultores (ingresos globales) por obrero es considerablemente mayor que entre los agricultores: 192,20 rublos contra 103,8, es decir, poco menos del doble. Como veremos m�s adelante, el per�odo de trabajo de los no agricultores es m�s largo que el de los agricultores, pero esta diferencia no es tan grande, ni mucho menos, de modo que es imposible poner en duda la mayor productividad del trabajo de los no agricultores. Esta diferencia es menos sensible en el tercer subgrupo, entre los kustares que trabajan para los mayoristas, cosa completamente natural.

p 3) El ingreso neto de los grandes y peque�os patronos no agricultores es m�s de dos veces superior al de los agricultores: 113 rublos contra 47,1 (casi 21/2 veces). Esta diferencia se observa en todos los subgrupos, pero es mayor en el primero, entre los kustares que trabajan para la venta libre. De por s� se entiende que esta diferencia puede ser^expl�cada menos todav�a por la duraci�n distinta de los per�odos de trabajo. No puede caber la menor duda de que se debe a que los v�nculos con la tierra hacen descender el ingreso de los kustares industriales: el mercado influye sobre el ingreso que los kustares perciben de la agricultura, y los agricultores se ven obligados a conformarse con salarios m�s bajos. A esto hay que agregar, probablemente, que entre los agricultores son mayores las p�rdidas en la venta, mayores los g-istos que origina la compra de materiales y mayor su dependencia respecto de los comerciantes. En todo caso, es un hecho que los v�nculos con la tierra hacen descender los ingresos del kustar. No tenemos por qu� extendernos en mostrar la enorme importancia de este hecho, que explica la verdadera significaci�n del “poder de la tierra" en la sociedad actual. Basta recordar que los bajos salarios contribuyen fuertemente a perpetuar los m�todos de producci�n primitivos y la servidumbre, retardando el empleo de las m�quinas y Rebajando el nivel de vida de los obreros   [396•* .

397

p 4) Entre los no agricultores el sonrio de los obreros es en todas nortes roas elevado oue entre los agricnltorps: PTO esta difpronria est’� leios de ser tan marcada romo en los ingresos de los patronos. En general, en los tres snbpnirtos. el obrero asalariado pana 43 n’blos ron el patrono agrimltor v 57.8 fon el no agricultor, es de^ir, un t°roio ir�s. Esfa difWpT-�^ mtt>flf> H<-b°rcp. pn erran mpdirla (r>?ro. adem�s, no por comnlato^ a la diferencia de tr-1 ibaios <MQcnt°dos en rada per�odo. No podemos inzpar si d^^0^^P°nde o no de los v�nculos ron la tierra, nnes no tenemos datos sobre los o^r^ros asolanados de los arrricpltorps y de los n" -rrnVnltores. A’l«rn�s de la influencia del per�odo de tr�balo, el riv^l d’ffT?nte r’e las necesidades desempe�a tnmbi�n, por cierto, un papel.

p 5”) La diferpncia. entre el ingreso de los patronos v la remuneraH�n de los obreros asalariados es incomr)ir^blsm°nte mavor entre los no agricultores ane entre los agricultores: en los tres subgr�pos. los ingresos del patrono, entre los no agrimltores, pon casi <^l rloble de los salarios del obrero asalariado (113 rublos contra 57.80), mientras que entre los agricultores, los ingresos del narro"o son superiores en una suma insignificante: \4,1 nMon M7.1 v 43,0 respectivamente)! Si estas cifras resultan sorprendentes, m�s asombrosas aun son las relativas a los artesanos agricultores (I, 2), ¡entre los cuales los ingresos de los propietarios son inferiores a los de los obreros asalariados! Sin embargo, este fen�meno ser� comprendido plenamente cuando citemos m�s adelante los datos que muestran las enormes diferencias existentes entre los ingresos de los grandes establecimientos y de los peque�os. Al elevar la productividad del trabajo, los grandes establecimientos permiten abonar un salario superior a los ingresos de los kustares nobres que trabajan solos, cuya “independencia” resulta complet mente ficticia, ya que est�n sometidos al mercado. Esta enorme diferencia entre los ingresos de los establecimientos grandes v 398 peque�os se manifiesta en ambos grupos, pero es mucho m�s acentuada entre los agricultores (’debido a la mavor degradaci�n de los peque�os kustares). La diferencia insignificante entre los ingresos del peque�o patrono y los del obrero asalariado muestra de manera palpable que los ingresos de un peque�o kustar agricultor que no emplea trabajo asalariado no son superiores, y con frecu?ncia, son inclusive inferiores a los del obrero asalariado. En efecto, la magnitud de los ingresos netos del patrono (47,1 rublos por obrero familiar) es el promedio de todos los establecimientos grandes y peoue�os, de los fabricantes v de los botares que trabajan solos. Es comprensible que, entre los grandes patronos, la diferencia entre los ingresos netos del patrono v el salario del obrero no sea de 4 rublos, sino de 10 a 100 veces mayor: ello significa aue los ingresos del peaue�o kustar que trabaja solo son considerablemente inferiores a 47 rublos, es decir, aue no son mayores u, con -frecuencia, inclusive fon inferiores al salario del obrero. Los datos del censo de kustares referentes a la divisi�n de los establecimientos por sus ingresos netos (v�ase m�s adelante, § V) confirman por completo esta deducci�n, en apariencia contradictoria. Pero se refieren a todos los establecimientos en general, v no establecen diferencias entre los agricultores y no agricultores, y por eso tiene especial importancia para nosotros el resultado del cuadro precedente: sabemos as� que el ingreso m�s bajo corresponde precisamente a los agricultores, que “los v�nculos con la tierra" reducen el ingreso en enorme proporci�n.

p Al hablar de la diferencia que existe entre el ingreso de los agricultores y de los no agricultores dijimos va que no puede ser explicada por la diferencia de los per�odos de trabajo. Examinemos, pues, los datos del censo de kustares al respecto. Ses�n nos explica la “introducci�n”, en la planificaci�n del cenro figuraba investigar “la intensidad de la producci�n en el curso del a�o. tomando como base la cantidad de kustares con familia v de obreros asalariados mensuales dedicados a la producci�n" (pac. 14). Como el censo se hizo por familias, es decir, cada establecimiento fue investigado por separado (desgraciadamente no se adjunta al Estudio el formulario), hay que suponer que se recogieron d;>tos mes por mes sobre la cantidad de obreros o sobre los meses trabajados en el a�o en cada establecimiento. Tales datos est�n reunidos en el Estudio en un cuadro (v�ase p�gs. 57 y 58), en el cual se se�ala para cada subgrupo de ambos grupos la cantidad 399 de obreros (familiares y asalariados juntos) ocupados mensualmente durante el a�o.

p La tentativa del censo de kustares de 1894-1895, de determinar con tanta exactitud los meses de trabajo entre los kustares, es muy instructiva e interesante. En efecto, sin esos pormenores, los datos relativos a los ingresos y salarios ser�an incompletos y los c�lculos estad�sticos resultar�an apenas aproximados. Por desgracia, los datos relativos al per�odo de trabajo est�n muy insuficientemente elaborados: aparte de ese cuadro general, s�lo hay informaciones de algunas industrias acerca de la cantidad de obreros mensuales, divididos en grupos unas veces y otras sin esa divisi�n; en cuanto a la subdivisi�n en subgrupos, no existe en ninguna industria. Habr�a tenido particular importancia, en este caso, se�alar por separado los grandes establecimientos, pues tenemos pleno derecho a suponer —a prioti y de acuerdo con los datos de otros investigadores de la industria kustar—que los per�odos de trabajo de los grandes y peque�os kustares no son iguales. Adem�s, el propio cuadro de la p�gina 57 contiene, al parecer, errores o erratas (por ejemplo, en los meses de febrero, agosto y noviembre; las columnas segunda y. tercera del Grupo II han sido, evidentemente, trastrocadas, pues el n�mero de obreros en el tercer subgrupo es mayor que en el segundo). Aun despu�s de rectificar esas inexactitudes (rectificaci�n a veces aproximada), dicho cuadro suscita no pocas dudas, que hacen riesgosa su utilizaci�n. En efecto, al examinar los datos; por subgrupos, vemos que en el subgrupo 3⊙ (Grupo I) el m�ximo de obreros ocupados corresponde a diciembre, y asciende a 2.911. Sin embargo, el Estudio cuenta en total 2.551 obreros en el subgrupo 39. Lo mismo ocurre en el subgrupo 3⊙ del Grupo II: m�ximo 3.221 obreros, aunque su cantidad efectiva es de 3.077. A la inversa, las m�ximas por subgrupos de obreros ocupados en uno de los meses son menores que la cantidad efectiva de obreros. ¿C�mo explicar este fen�meno? ¿Quiz� porque no se reuni� datos de todos los establecimientos sobre esta cuesti�n? Es muy probable que as� sea, pero en el Estudio no se dice ni una palabra sobre el particular. En el subgrupo 2*? del Grupo II, no s�lo el m�ximo de obreros (febrero) es mayor que la cantidad efectiva de los mismos (1.882 contra 1.163), ¡¡sino que el promedio de obreros ocupados en un mes (es decir, el cociente obtenido al dividir por 12 el total de obreros ocupados en los 12 meses) es mayor que la cantidad efectiva 400 de obreros (1.265 frente a 1.163)!! Se puede preguntar: ¿qu� cantidad de obreros consideraban v�lido los estad�sticos: el promedio anual o de cierto per�odo (por ejemplo, el invierno) o la cantidad efectiva durante un mes determinado del a�o? El an�lisis de los datos referentes a la cantidad de obreros mensuales en las distintas industrias no ayuda a aclarar todas estas confusiones. En la mayor�a de las 23 industrias a que corresponden estos datos, el m�ximo de obreros ocupados en uno de los meses del a�o es inferior a la cantidad efectiva de obreros. En dos industrias, este m�ximo es superior a la cantidad efectiva de obreros: art�culos de cobre (239 contra 233) y de hierro forjado (Grupo II: 1.811 contra 1.269). En otras dos industrias, el m�ximum es igual a la cantidad efectiva de obreros (cordeler�a y fabricaci�n de aceite, pertenecientes al Grupo II).

p En estas condiciones, es imposible utilizar los datos relativos a la distribuci�n de los obreros mensuales para compararlos con las sumas de los ingresos, el total efectivo de obreros, etc. Lo �nico que puede hacerse es tomar estos datos sin relacionarlos con los dem�s, y comparar la m�xima y la m�nima de obreros ocupados en los distintos meses. As� se hace en el Estudio, pero se comparan meses diferentes. Nosotros consideramos m�s acertado comparar el invierno y el verano, pues en ese caso podremos ver en qu� grado la agricultura aparta de la industria a los obreros. Hemos tomado como norma el promedio de �stos que se encuentran ocupados en invierno (de octubre a marzo), y aplicando esta norma al n�mero de los ocupados en verano obtuvimos el total de meses estivales de trabajo. La suma de los meses de invierno y de verano nos dio el n�mero de meses de trabajo por a�o. Expliqu�moslo con un ejemplo. En el subgrupo 19 del Grupo I, durante los seis meses de invierno estuvieron ocupados 18.060 obreros; es decir, en un mes de invierno trabajaron, t�rmino medio (18.060: 6 = ), 3.010. Durante el verano estuvieron ocupados 12.345, o sea, el per�odo de trabajo estival es de (12.345 : 3.010) 4,1 meses. Por consiguiente, el per�odo de trabajo del subgrupo 1° del Grupo I equivale a 10,1 meses por a�o.

p Este m�todo de elaboraci�n de los datos nos pareci� m�s acertado y conveniente. M�s acertado, porque se basa en la comparaci�n de los meses de invierno y de verano, y permite determinar con exactitud hasta qu� punto la agricultura aparta a los obreros de la industria. Los meses de invierno fueron 401 determinados exactamente; lo prueba el hecho de que precisamente desde octubre hasta marzo, para los dos grupos el n�mero de obreros es superior al promedio anual. El n�mero de obreros aumenta m�s de setiembre a octubre, y disminuye en mayor proporci�n exactamente entre marzo y abril. Digamos de paso que la elecci�n de otros meses modificar�a muy poco las conclusiones.

_p Consideramos m�s conveniente este m�todo porque muestra el per�odo de trabajo con una cifra exacta, y permite comparar en este aspecto los grupos y subgrupos.

He aqu� los datos obtenidos por este procedimiento:

GRUPO I GRUPO II Er. ambos grupos Per�odo de trabajo en meses Subgrupos j Total Subgrupos Total 123 23 10.1 9,0 10,5 10 10,4 10,9 10,5 10,2

p Estos datos permiten llegar a la conclusi�n de que la diferencia entre el per�odo de trabajo de los agricultores y el de los no agricultores es peque��sima: para �stos es superior s�lo en un 5 por ciento. La insignificancia de esta diferencia hace poner en duda la exactitud de las cifras. Para verificarlas hemos efectuado algunos c�lculos y res�menes de los datos diseminados en el libro y llegamos a las siguientes conclusiones:

p Sobre un total de 43 industrias, el Estudio contiene datos de 23 que se refieren a la distribuci�n de los obreros seg�n los meses. En 12 (13)   [401•*  industrias, se dan estos datos por grupos, cosa que no se hace en las otras 10. Resulta que en tres (brea y pez, te�ido y fabricaci�n de ladrillos), la cantidad de obreros es mayor en verano que en invierno: en los seis meses de invierno, trabajan en estas 3 ramas, 1.953 personas; en los seis meses de verano, 4.918. En estas industrias, la cantidad de agricultores predomina en enorme proporci�n sobre los no agricultores, y representa el 85,9 por ciento del total de obreros. Como se comprender�, unir en un total general por grupos estas industrias estivales, por as� decirlo, con las dem�s, es completamente err�neo, pues significa unir cosas heterog�neas y aumentar de modo artificial el n�mero de verano en 402 todas las industrias. Hay dos medios para subsanar el error a que esto da lugar. El primero, restar los datos correspondientes a estas tres industrias de los totales del Estudio relativos a los grupos I y II   [402•* . Obtendremos as� un per�odo de trabajo de 9,6 meses para el Grupo I y de 10,4 meses para el II. En este caso, la diferencia entre ambos grupos es mayor, pero de todos modos, muy peque�a: 8,3 por ciento. El segundo medio para subsanar el error consiste en hacer un resumen de las cifras relativas a las 12 industrias que figuran en el Estudio con datos sobre la distribuci�n de los obreros por meses en los grupos I y II por separado. Semejante resumen abarcar� al 70 por ciento del total de kustares, y la comparaci�n entre los grupos I y II ser� m�s correcta. Y he aqu� los resultados: en estas 12 industrias, el per�odo de trabajo en el Grupo I es solamente de 8,9 meses; en el II, de 10,7 meses, y en ambos juntos, de 9,7 meses. En este caso, el .per�odo de trabajo de los no agricultores es un 20,3 por ciento m�s largo que el de los agricultores. Estos �ltimos interrumpen el trabajo en verano durante 3,1 meses, en tanto que los no agricultores lo hacen s�lo durante 1,3 meses. Si tomamos como norma la proporci�n m�xima entre los per�odos de trabajo de los grupos II y I, veremos que no s�lo la diferencia en la producci�n global de los obreros de los grupos I y II, o el ingreso neto de sus establecimientos, sino ni siquiera la diferencia en los salarios de los obreros empleados por los agricultores y los no agricultores, puede ser explicada por la diferencia de los per�odos de trabajo. Por consiguiente, mantiene su vigor la conclusi�n extra�da antes, de que el v�nculo con la tierra hace descender los ingresos de los kustares.

p Por eso, hay que considerar err�nea la opini�n de los autores del Estudio, que buscan explicar la diferencia en los ingresos de los agricultores y los no agricultores por la diferencia entre los per�odos de trabajo. Este error se debe a que no intentaron expresar con cifras exactas esta diferencia por lo cual se desorientaron. Por ejemplo, en la p�g. 106 del Estudio se dice que la diferencia entre los ingresos de los curtidores agricultores y no agricultores "es determinada principalmente por el n�mero de d�as de trabajo consagrados a la industria”. Pero los ingresos de los no agricultores superan en esta industria en 2-4 veces los de los agricultores 403 (65 y 280 rublos, respectivamente, por obrero familiar en el primer subgrupo, y 27 v 62 en el segundo), a pesar de que el per�odo de trabajo de los primeros es m�s largo s�lo en un 28,7 por ciento (8,5 meses contra 6,6).

p El descenso de los ingresos, consecuencia de los v�nculos con la tierra, no pudo pasar inadvertido tampoco para los autores del Estudio, quienes, sin embargo, lo expresaron con la acostumbrada f�rmula populista exaltando las “ventajas” de la forma kustar sobre la capitalista: “al unir la agricultura con la industria, el kustar [... 1 puede vender sus art�culos m�s baratos que los fabricantes" (p�g. 4); en otras palabras, puede conformarse con menos ingresos. ¿Pero d�nde est�n esas “ventajas” de los v�nculos con la tierra, si el mercado domina ya a tal punto toda la producci�n fiel pa�s, que influye sobre esos v�nculos y hace disminuir los ingresos del kustar agricultor? ¿D�nde est�n esas “ventajas”, si el capital sabe aprovecharse de dichos “v�nculos” para ejercer una mayor presi�n sobre el kiis^r agricultor, menos capaz de defenderse, de elegir otro propietario, otro comprador, otra ocupaci�n? La reducci�n del salario (v de los ingresos industriales en general) cuando el obrero (y el peque�o industrial) tiene un pedazo de tierra es un fen�meno com�n a todos los pa�ses capitalistas, un fen�meno que conocen perfectamente todos los empresarios, quienes han valorado hace mucho las enormes “ventajas” que representan los obreros fijados a la tierra. Pero en el Occidente putrefarto se llama a las cosas por su verdadero nombre, mientras CTU.-� pn nuestro pa�s se considera “ventaja” de la “producci�n popular”, “que une a la agricultura con la industria”, la disminuci�n de los salarios, el descenso del nivel de vida de los trabajadores, el retardo en la utilizaci�n de m�quinas y el reforzamiento de toda servidumbre...

p Para terminar este an�lisis de los datos contenidos en el censo de kustares de 1894-1895 sobre el per�odo de trabajo, debemos lamentar una vez m�s la insuficiente elaboraci�n de los mismos y desear que este fracaso no desanime a otros estudiosos de tan interesante problema. Debe reconocerse que el m�todo de investigaci�n—determinar la distribuci�n de la mano de obra por meses—ha sido elegido con gran acierto. Ya hemos citado los datos sobre el per�odo de trabajo por grupos y subgrupos. Hemos podido verificar en cierto grado los datos por grupos, pero no hemos podido hacer lo mismo para los subgrupos pues la obra no tiene 404 la menor informaci�n sobre la diferencia entre el per�odo df trab io en los distintos subgrupos. Por eso, al exuoner estos datos, Vio^prnos Ja salvedad de que es imposible garantizar su tot°l exactitud, v si hacemos deducciones es �nicamente para plantear la cuectf�n v llamar la atenci�n de los investigadores.

p La conclusi�n m�s importante es que la diferencia menor entr^ los per�odos de trabajo de los grupos I y IT se observa en el subsrupo 1⊙ (en total un 1 por ciento: 10.1 v 10 meses); es decir, one quienes menos se apartan de la agricultura son los kn^tares m�« acomodados v los agricultores m�s importantes v ryidientes. T.a diferencia, mayor se observa entre los artesanos (subffrupo 2°: 95 v 10.4 meses), es decir, entre los artesanos industriales v los agricultores medios menos afectados por la econom�a mercantil. Parece entonces que si los agricultores acomodados se separan menos de la agricultura se debe a que sus familias son m�s numerosas, a que explotan m�s el trabaio asalariado en su rama de la industria, a que contratan trabaiadores agr�colas; y que si los artesanos se separan m�s de la agricultura es porque est�n menos diferenciados como agricultores, nue conservan meior las relaciones patriarcales y que trabajan directamente para los consumidores poricultores, quienes restringen sus pedidos durante el verano   [404•* .

p Los “v�nculos con la agricultura”, seff�n los d^tos del censo, e^t�n estrechamente relacionados con el nivel cultural de los kustares; por desgracia, no se ha hecho la misma invest’naci�n con respecto a los obreros asalariados. Resulta que la poblaci�n no agr�rola   [404•**  es considerablemente m�s culta que la agr�cola, propord�^i cine se observa en todos los subgrupos sin excepci�n, tanto ™itr° los hombres como entre las mujeres. He aau�, in extenso, los datos del censo sobre este punto, en porcentajes (p�g. 62): [V�ase el cuadro en la p�g. 405. Ed.]

Es interesante se�alar que, entre la poblaci�n no agr�cola, la cantidad de personas alfabetas aumenta con mucha mavor rapidez ’"ntre las mujeres que entre los hombres. El porcentaje de hombres alfabetos es, en el Grupo II, de 11/2 veces a 2 veces 405 mayor que en el I, en tanto que el de mujeres es de 2 1/2 a 5 3/4 veces mayor.

Grupo I (agricultores) Grupo II (agricultores) \ 3 1 Subgrupos C3 “o H Subgrupos co £ 123 123 Porcentaje de las personas ( Varones alfabetas en relaci�n con el\ total 1 Mujeres 32 33 20 31 41 45 33 39 33 9 6 4 7 17 22 14 17 9 Porcentaje de las personas (varone alfabetas en relaci�n con los I 37 17 26 4 36 10 44 57 53 21 51 23 49 40 30 19 que participan directamente] Mujeres en la producci�n Porcentaje de familias con personas alfabetas 43 34 44 55 63 50 55 47

_p Para resumir las conclusiones que ofrece el censo de kustares de 1894-1895 acerca de “la agricultura en su vinculaci�n con la industria”, podemos comprobar que:

p 1) mantienen las formas m�s atrasadas de la industria y frenan el desarrollo econ�mico; 

p 2) hacen disminuir los salarios e ingresos de los kustares, de modo que los subgrupos m�s acomodados de agricultores patronos, por no decir nada de los patronos no agricultores, ganan en conjunto y por t�rmino medio, menos que los subgrupos de obreros asalariados peor retribuidos entre los no agricultores. Inclusive en comparaci�n con los obreros asalariados del Grupo I, los agricultores de ese mismo grupo tienen ingresos muy bajos, que s�lo en peque��sima proporci�n son superiores al salario de los obreros, y a veces inferiores; 

p 3) obstaculizan el desarrollo cultural de la poblaci�n, cuyo nivel de necesidades es inferior al de los no agricultores y cuya instrucci�n est� muy rezagada con respecto a la de �stos.

p Estas conclusiones nos ser�n �tiles m�s adelante cuando analicemos el programa de los populistas en materia de pol�tica industrial.

p 4) Entre los kustares agricultores se observa una diferenciaci�n paralela a la de los kustares industriales. Con una particularidad: que las categor�as superiores (por el grado de vida 406 ac�modada) de agricultores constituyen un tipo puro de burgues�a campesina, que basa su econom�a en la contrata de braceros y jornaleros agr�colas.

5) El per�odo de trabajo entre los agricultores es m�s corto que entre los no agricultores, pero la diferencia es muy peque�a (5 por ciento-20 por ciento).

* * *
 

Notes

[390•*]   En el Estudio hay, evidentemente, una errata en estas cifras (v�ase p�g. 58), corregida por nosotros.

[391•*]   Se sabe que entre los campesinos, se obliga con frecuencia a los obreros industriales a efectuar trabajos agr�colas. V�ase La industria kus�ar, III, pe�?. 7.

[391•**]   En la agricultura el obrero temporario recibe siempre m�s de la mitad del salario anual. Supongamos que, en este caso, los obreros temporarios perciben solamente la mitad del salario de un obrero que trabaja todo el a�o. Entonces, el de este �ltimo ser� � (2.492 : (73 -)——)) = 25,5 rublos. Seg�n los datos del Departamento de Agricultura, en diez a�os (1881-1891), el salario medio de un obrero agr�cola que trabaja todo el a�o alimentado por el patrono fue en la provincia de Perm de 50 rublos.

[396•*]   En relaci�n con este �ltimo punto (el primero en importancia), se�alaremos que en el Estudio no hay, por desgracia, datos sobre el nivel de vida de Jos agricultores y de los no agricultores. Mas otros investigadores han se�alado que en la provincia de Perm se da tambi�n el fen�meno corriente de un nivel de vida incomparablemente m�s elevado entre los campesinos industriales no agricultores que entre los “toscos” agricultores. V�ase Informes y estudios relativos a la industria de los Gustares en Rusia, ed. del ministerio de Agricultura y Bienes del Estado, t. III, art�culo de Eg�nov. El autor se�ala el nivel de vida absolutamente “urbano” en algunas aldeas cuyos habitantes no tienen tierras, el af�n de.l kustar no agricultor de vestirse y vivir “como la gente" (ropa europea, incluida la camisa almidonada; samovar, gran consumo de t�, az�car, pan blanco, carne de vaca, etc.). El autor se basa en los presupuestos de las publicaciones estad�sticas de los zemstvos.

[401•*]   La industria de art�culos de asta tiene s�lo un Grupo I.

[402•*]   La divisi�n de los obreros de estas tres industrias entre los grupos I y II es aproximada, y se toma como norma 85,9 por ciento para el I.

[404•*]   Hay una excepci�n: en la industria del te�ido, que es exclusivamente artesanal, predomina el trabajo de verano sobre el de invierno.

[404•**]   Recordamos que en el Estudio figura s�lo una ciudad (y. adem�s, cabeza de distrito) con car�cter excepcional: de los 4.762 obreros familiares del grupo II, s�lo 1.412, es decir, el 29,6 por ciento viven en la ciudad.