p Examinemos algunas causas concretas vistas por la Inquisición portuguesa, para saber a quiénes y por qué enjuició. Uno de los procesos más típicos fue el seguido a George Buchanan, profesor de la Universidad de Coímbra. Ese humanista eximio, natural de Escocia, que había enseñado filosofía en diversas universidades de Francia, 312 fue invitado a Coímbra por Joáo III. La Inquisición reparó inmediatamente en él, por denuncia del dominico Pinheiro, lo vigiló y en 1550 lo detuvo junto con los profesores portugueses Teive y Costa, acusándolos de “ luteranismo” a los tres. Los inquisidores interrogaron a Buchanan durante un año entero, imputándole, además, el judaismo. El acusado se declaró culpable sólo en parte. Sí, no había creído en que la hostia era "cuerpo de Cristo”, había dudado de la existencia del purgatorio y de la necesidad de guardar ayuno, pero se trataba de dudas “ temporales”, pues estando en Francia había abjurado de ellas ante un franciscano cuyo nombre no recordaba. Además, invocó una bula pontificia que, según dijo, le concedía perdón; los inquisidores buscaron esa bula, pero no la encontraron. Para demostrar su ortodoxia, Buchanan se manifestó dispuesto a confesar una vez más y a reconciliarse con la Iglesia. Por falta de pruebas, los inquisidores se contentaron con obligarle a reprobar de nuevo sus “delitos”, luego lo mantuvieron durante cierto tiempo en un monasterio para comprobar si era un creyente ortodoxo [312•33 . También salieron bienparados los portugueses Teive y Costa, castigados únicamente a unos cuantos años de prisión. Poco después de recobrar la libertad, Buchanan se fue de Portugal para regresar a Inglaterra, donde figuró posteriormente entre los prominentes líderes de la Iglesia Anglicana y escribió memorias sobre los sufrimientos que había experimentado en las mazmorras de la Inquisición lisbonesa [312•34 .
p También fue acusado de luteranismo el distinguido humanista portugués Damián de Goes (1502-1574), nacido en una familia aristocrática de "cristianos viejos" y educado en la corte del rey Manuel. Durante algún tiempo desempeñó el cargo de secretario de una factoría portuguesa en Flandes, después viajó por Alemania, donde trabó conocimiento con Lutero. En Basilea se entrevistó con Erasmo; se hicieron amigos y mantuvieron relaciones estrechas por espacio de muchos años. Goes pasó cinco meses en casa de Erasmo.
p En 1548 fue nombrado primer conservador del archivo 313 nacional en Torre do Tombo, y diez años después se hizo cronista real. Escribió entonces varias monografías históricas, que lo glorificaron dentro y fuera de su patria. Uno de sus primeros libros sobre las creencias y costumbres de los etíopes (Pides religio, moresque Aetiopiuri), publicado en Lovaina en 1540, y después en París y Bruselas, fue prohibido por la Inquisición portuguesa, porque, según ésta, propagaba la tolerancia religiosa. En 1545, el jesuíta portrugués Simón de Rodríguez, discípulo de Ignacio de Loyola, denunció que Goes simpatizaba con los protestantes. Desde entonces, los jesuítas vigilaron constantemente a Goes recogiendo datos que pudieran comprometerlo. Del carácter de esos datos puede juzgarse por las acusaciones que el “santo” tribunal presentó al célebre cronista de 69 años de edad, después de detenerlo en 1571. La Inquisición le imputaba comer carne de cerdo en los días de ayuno, mantener relaciones con Erasmo, entrevistarse con Lutero, leer libros prohibidos, hablar irrespetuosamente de los sumos pontífices y de los ritos católicos, recibir en casa a muchos extranjeros y cantar con ellos canciones “incomprensibles”.
p Después de un año y medio de reclusión y de interrogatorios incesantes, el Santo Oficio declaró a Goes " hereje, luterano y apartado de la fe”. El cronista accedió a confesar y a reconciliarse con la Iglesia, evitando de este modo la hoguera. Para hacerle más dócil, los inquisidores le prometieron sustituir la afrenta pública en el auto de fe por una reconciliación secreta. El fallo del tribunal lo explicaba por "los inconvenientes que se seguirían de la calidad de la persona del reo, por ser éste muy conocido en los reinos extraños pervertidos de herejes, que de esto [es decir, de la reconciliación pública] se pueden gloriar..." [313•35 . Goes renunció a la gloria de mártir, reconoció todo lo que sus verdugos exigían que reconociera y fue condenado a reclusión perpetua en un monasterio de Lisboa. Al cabo de cierto tiempo, los inquisidores permitieron al anciano enfermo regresar a su casa. Murió poco después, como resultado de una crisis cardíaca, según algunos datos. Según otros, fue apuñalado 314 por un criado. Si es justa la última versión, surge esta pregunta: ¿no sería su asesino un “familiar” actuando por orden de la Inquisición?
p El 23 de agosto de 1606, el Santo Oficio detuvo en Lisboa al mercader inglés Hugo Gurgeny porque era luterano. En el curso de prolongados interrogatorios, Gurgeny defendió firmemente su derecho a profesar el protestantismo e insistió en que la Inquisición no estaba facultada para enjuiciarlo por su religión. La instrucción de causa duró dos años y nueve meses. El “santo” tribunal lo declaró culpable de herejía y lo condenó a ser excomulgado y entregado a las autoridades seculares. Abandonado a su suerte por el Gobierno ingles, Gurgeny, para evitar la hoguera, accedió a limpiarse de la "inmundicia herética”. Se declaró culpable, confesó y abrazó el catolicismo [314•36 .
p La Inquisición indultó a Gurgeny después de su abjuración, y al cabo de medio año lo puso en libertad. Quedó en Portugal, probablemente porque tenía miedo de regresar a Inglaterra, donde podría ser reprimido de nuevo, esta vez por haber abjurado. Las autoridades españolas y (en aquel tiempo) portuguesas pagaban a los protestantes convertidos al catolicismo una pequeña pensión; es posible que el mercader inglés la percibiera también, hasta el fin de sus días.
p Después de que el país se liberara del dominio español (en 1640) y concluyera una alianza defensiva con Inglaterra, la Inquisición portuguesa tuvo que moderar su fervor “antiluterano”. En todo caso, dejó de perseguir, por sus creencias religiosas, a los ingleses residentes en Portugal.
El 19 de octubre de 1739, por fallo de la Inquisición de Lisboa fue agarrotado a la edad de 34 años, y quemado después. Antonio José da Silva, célebre autor de comedias populares, denominado "Plauto portugués”. Estudiaba en la Facultad de Derecho Canónico cuando la Inquisición lo detuvo, junto con su madre, por acusación de herejía. Ambos fueron torturados, se reconciliaron con la Iglesia en un auto de fe y recobraron la libertad [314•37 . Pasado cierto tiempo fueron detenidos otra vez, por 315 denuncia de una criada, y con ellos se llevó a la cárcel de la Inquisición a la esposa embarazada del escritor, una española que había sido perseguida anteriormente por la Suprema en Vallodolid. Silva permaneció recluido dos años y se consumió en la hoguera. Su mujer dio a luz en la cárcel. Ella y la madre del ejecutado fueron condenadas a largos plazos de prisión [315•38 .
Notes
[312•33] Véase R. Macaulay. Ingleses em Portugal. Porto, 1950, p. 75.
[312•34] Véase D. Irving. Met,.¿irs of Life and Writings of George Buchanan. London, 1817.
[313•35] Citado según M. Menéndez y Pelayo. Historia de los Heterodoxos Españoles, t. II. p. 535.
[314•36] Véase M. Brearley. Hugo Gurgenv Prisoner of the Lisbon Inquisition. New Haven, 1948, p. 161.
[314•37] V. Parnaj. Los poetas españoles v portugueses víctimas de la Inquisición. L. - M., 1934, p. 98.
[315•38] Ibíd., pp. 99-101.
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