DEL SISTEMA DE CONTINGENTACION CON
EL IMPUESTO EN ESPECIE, PRESENTADO
EL 15 DE MARZO
p Camaradas: La sustitución del sistema de contingentación con el impuesto en especie es ante todo y sobre todo una cuestión política, pues su esencia reside en la actitud de la clase obrera ante los campesinos. El planteamiento de esta cuestión significa que debemos someter a un nuevo examen, o yo diría más bien a un examen complementario más cauteloso y acertado y a una cierta revisión, las relaciones de estas dos clases principales, cuya lucha intestina o cuyo acuerdo recíproco determinan la suerte de nuestra revolución. No tengo necesidad de detenerme a analizar con todo detalle las causas de esta revisión. Desde luego, todos vosotros conocéis perfectamente la serie de hechos, debidos en particular a la extrema exacerbación de la miseria, provocada por la guerra, la ruina, la desmovilización y la pésima cosecha, la serie de circunstancias que han agravado de manera extraordinaria la situación de los campesinos y han acentuado inevitablemente sus vacilaciones, que los alejan del proletariado y los aproximan a la burguesía.
p Dos palabras sobre el significado teórico o el enfoque teórico de esta cuestión. No cabe duda de que en un país donde la inmensa mayoría de la población es de pequeños productores agrícolas, la revolución socialista puede hacerse únicamente mediante toda una serie de medidas especiales de transición que serían completamente innecesarias en países de capitalismo desarrollado, donde los obreros asalariados de la industria y La agricultura constituyen una mayoría aplastante. En los países de 582 capitalismo desarrollado existe una clase de obreros asalariados agrícolas formada a lo largo de decenios. Sólo esta clase puede ser, en los sentidos social, económico y político, el puntal para la transición directa al socialismo. Sólo en países donde se ha desarrollado lo suficiente esta clase, el paso directo del capitalismo al socialismo es posible y no requiere medidas especiales de carácter transitorio a escala nacional. En toda una serie de obras, en todos nuestros discursos y en todas nuestras publicaciones hemos subrayado que en Rusia la situación es distinta, que en Rusia poseemos una minoría de obreros industriales y una inmensa mayoría de pequeños agricultores. En un país así la revolución socialista sólo puede alcanzar el éxito definitivo con dos condiciones. La primera es que sea apoyada a su debido tiempo por la revolución socialista en uno o en varios países adelantados. Como sabéis, al objeto de que se dé esta condición, hemos hecho muchos más esfuerzos que antes, pero no son suficientes, ni mucho menos, para que esto llegue a convertirse en una realidad.
p La otra condición es el acuerdo entre el proletariado, que ejerce su dictadura o tiene en sus manos el poder del Estado, y la mayoría de la población campesina. El acuerdo representa un concepto muy amplio, que incluye toda una serie de medidas y transiciones. Hay que decir al respecto que debemos plantear el asunto en toda nuestra propaganda y agitación con entera sinceridad. Las gentes que conciben la política como mezquinos artificios, rayanos a veces en el engaño, deben encontrar en nosotros la condena más resuelta. Es necesario corregir sus errores. No se puede engañar a las clases. Durante tres años hemos hecho mucho para elevar la conciencia política de las masas. Donde más han aprendido éstas ha sido en la ardua lucha. Conforme a nuestra concepción filosófica del mundo, a nuestra experiencia revolucionaria de decenios enteros y a las enseñanzas de nuestra revolución, necesitamos plantear los problemas de plano: los intereses de estas dos clases son distintos, el pequeño agricultor no quiere lo que desea el obrero.
p Sabemos que sólo el acuerdo con el campesinado puede salvar la revolución socialista en Rusia, en tanto que no estalle la revolución en otros países. Así es cómo tenemos que hablar, sin rodeos, en todas las asambleas, en toda la prensa. Sabemos que este acuerdo entre la clase obrera y los campesinos, expresándonos con suavidad, pero sin recoger la palabra “suavidad” en las actas, es precario, y, diciendo las cosas como son, es mucho peor. En todo caso no debemos tratar de ocultar nada, sino decir francamente que el campesinado está descontento de la forma de relaciones establecidas entre él y nosotros, que no quiere esa 583 forma de relaciones y que no está dispuesto a seguir así. Esto es indiscutible. Esta voluntad se ha manifestado de un modo resuelto. Es la voluntad de masas enormes de la población trabajadora. Debemos tenerla en cuenta, y somos políticos lo suficiente sensatos para decir abiertamente: ¡Vamos a revisar nuestra política con respecto al campesinado! No es posible dejar las cosas tal como estaban hasta ahora.
p Debemos decir a los campesinos: "¿Queréis retroceder, queréis restaurar por completo la propiedad privada y la libertad de comercio? Eso significa deslizarse de manera ineludible e irrevocable hacia el poder de los terratenientes y capitalistas. Lo testifica toda una serie de hechos históricos y ejemplos de las revoluciones. Un sucinto razonamiento del abecé del comunismo, del abecé de la economía política, confirma que esto es inevitable. Vamos a ver. ¿Les conviene a los campesinos apartarse del proletariado para dar marcha atrás—y consentir que dé marcha atrás el país—hasta caer bajo el poder de los capitalistas y terratenientes, o no les conviene? Pensadlo vosotros y pensémoslo juntos."
p Y estimamos que, de sopesar las cosas con buen sentido, aun dada la profunda disparidad que nosotros reconocemos entre los intereses económicos del proletariado y los del pequeño agricultor, el cálculo confirmará que la razón está de nuestra parte.
p Por difícil que sea nuestra situación en cuanto a los recursos, debe cumplirse la tarea de dar satisfacción al campesino medio. Hay muchos más campesinos medios que antes, las contradicciones se han atenuado, la tierra está distribuida en usufructo mucho más igualitario, se ha metido al kulak en cintura y se le ha expropiado en buena parte, en Rusia más y en Siberia menos que en Ucrania. Pero, en suma, los datos estadísticos muestran el hecho absolutamente incontestable de que el agro se ha nivelado, de que hay en él más igualdad, es decir, se ha paliado el proceso de acusada segregación de kulaks, por su lado, y campesinos que no siembran, por el suyo. Existe por doquier más igualdad, los campesinos se encuentran hoy, en general, en la situación de campesinos medios.
p ¿Podemos dar satisfacción a estos campesinos medios como tales, con sus peculiaridades económicas, con sus raíces económicas? Si algún comunista ha soñado con que en tres años se pueden transformar la base económica, las raíces económicas de la pequeña hacienda agrícola, es, naturalmente, un visionario. No hay por qué ocultar que entre nosotros existían no pocos soñadores de ésos. Y nada hay de extraordinariamente malo en ello. ¿Cómo se podía haber empezado sin visionarios la revolución socialista en un país como el nuestro? Como es lógico, la práctica ha demostrado el formidable papel que pueden desempeñar los experimentos y las 584 iniciativas de toda índole en orden al cultivo colectivo de la tierra. Pero la práctica ha demostrado también que estos experimentos, como tales, han desempeñado asimismo un papel negativo en los casos en que personas llevadas de las mejores intenciones y deseos han ido al campo a organizar comunas, colectividades, sin saber administrar, porque carecían de experiencia de cultivo colectivo. La experiencia de estas haciendas colectivas no muestra sino un ejemplo de cómo no se debe administrar una hacienda: los campesinos de los contornos se ríen o se enfurecen.
p Sabéis muy bien que ha habido muchos ejemplos semejantes. Repito que esto no puede extrañar, pues la labor de rehace) al pequeño agricultor, la labor de trastrocar toda su sicología y todos sus hábitos es obra de varias generaciones. Resolver este problema en relación con el pequeño agricultor, sanear, por decirlo así, toda su sicología, únicamente puede hacerlo la base material, la maquinaria, el empleo a gran escala de tractores y otras máquinas en la agricultura, la electrificación a escala masiva. He aquí lo que podría transformar de raíz y con enorme celeridad al pequeño agricultor. Esto es obra de generaciones enteras, pero yo no digo que hagan falta siglos. Comprenderéis bien que, en todo caso, se requiere, cuando menos, varios decenios para conseguir tractores y máquinas y electrificar un país inmenso. Tal es la situación objetiva.
p Debemos esforzarnos por atender las demandas de los campesinos, que no están satisfechos, que están descontentos, y con razón, y no pueden estar contentos. Debemos decirles: "Esta situación no puede prolongarse por más tiempo”. ¿Cómo satisfacer al campesino y qué significa darle satisfacción? ¿Dónde está la respuesta a la cuestión de cómo darle satisfacción? Naturalmente, en las propias reivindicaciones del campesinado. Conocemos estas reivindicaciones, pero debemos comprobarlas, examinar desde el punto de vista de la ciencia económica todo lo que sabemos de las reclamaciones de tipo económico de los agricultores. Ahondando en esta cuestión, nos diremos al punto: en realidad, se puede satisfacer al pequeño agricultor con dos cosas. Primero, se precisa cierta libertad de intercambio de mercancías, libertad para el pequeño propietario privado, y segundo, es necesario facilitar mercancías y productos. ¿Qué sentido puede tener la libertad de intercambio, si no hay mercancías que cambiar, y la libertad de comercio, si no hay con qué comerciar? Esto quedaría en el papel; pero a las clases no se las satisface con papeles, sino con cosas materiales. Es preciso comprender muy bien estas dos condiciones. De la segunda condición—cómo facilitar mercancías, y si sabremos facilitarlas—hablaremos después. Ahora voy a detenerme en la primera, en la libertad de intercambio de mercancías.
585p ¿Qué es libertad de intercambio? Libertad de intercambio es libertad de comercio, y esta libertad significa un retroceso hacia el capitalismo. La libertad de intercambio y la libertad de comercio significan el intercambio de mercancías entre los pequeños propietarios por separado. Todos los que hemos estudiado aunque sólo sea el abecé del marxismo sabemos que de este intercambio y de esta libertad de comercio se desprende necesariamente la división del productor de mercancías en dueño del capital y dueño de la mano de obra, la división en capitalistas y obreros asalariados, es decir, la reconstitución de la esclavitud capitalista asalariada, que no cae del cielo, sino que surge en todo el mundo precisamente de la economía agrícola mercantil. Esto lo sabemos perfectamente en teoría, y todo el que examine la vida y las condiciones de la economía del pequeño agricultor no puede menos de verlo en Rusia.
p Cabe preguntar: ¿acaso puede el Partido Comunista admitir la libertad de comercio y pasar a ella? ¿No hay en esto contradicciones inconciliables? Debe responderse que, desde luego, es un problema extraordinariamente difícil en el sentido de su solución práctica. Preveo de antemano, y lo sé por las conversaciones con los camaradas, que el proyecto previo de sustitución del sistema de contingentación con el impuesto en especie, proyecto que se os ha distribuido, es el que suscita más preguntas, legítimas e inevitables, respecto a que el intercambio se admite sin rebasar los límites de las transacciones económicas locales. Esto se dice al final del apartado 8. ¿Qué significa? ¿Qué límites tiene? ¿Cómo realizarlo? Se equivoca quien piense recibir respuesta a estas preguntas en el presente congreso. La recibiremos en nuestra legislación: nuestra tarea consiste en trazar tan sólo la pauta de principio, en proclamar la consigna. Nuestro partido es un partido de gobierno, y la resolución que adopte el congreso del partido será obligatoria para toda la república; aquí debemos resolver esta cuestión en principio. Debemos resolver esta cuestión en principio y dar cuenta de ello a los campesinos, porque la siembra está al llegar. Y después debemos movilizar a todo nuestro personal, a todos nuestros valores teóricos y toda nuestra experiencia práctica para ver cómo hacer las cosas. ¿Se puede hacer esto, se puede, hablando teóricamente, restaurar hasta cierto punto la libertad de comercio, la libertad del capitalismo para los pequeños agricultores, sin socavar con ello las raíces del poder político del proletariado? ¿Es posible esto? Es posible, porque el quid está en hacer las cosas con medida. Si pudiésemos obtener aunque sólo fuera una pequeña cantidad de mercancías y retenerlas en manos del Estado, en manos del proletariado, dueño del poder político, y 586 ponerlas en circulación, nosotros, como Estado, añadiríamos a nuestro poder político el poder económico. La puesta en circulación de estas mercancías reanimaría la pequeña economía agrícola, que ahora se encuentra en un estado de terrible estancamiento por el efecto nocivo de las duras condiciones de la guerra, la ruina y la imposibilidad de propulsar la pequeña producción en el campo. El pequeño agricultor, mientras siga siéndolo, debe tener un estímulo, un aliciente, un acicate adecuado a su base económica, esto es, a la pequeña economía individual. En este caso no cabe prescindir de la libertad de efectuar transacciones económicas a escala local. Si estas transacciones proporcionan al Estado, a cambio de los productos de la industria, un mínimo de trigo, suficiente para cubrir las necesidades de la ciudad, de las fábricas, de la industria, el intercambio económico se restablecerá de manera que el poder estatal siga en manos del proletariado y se fortalezca. El campesinado exige que se le muestre en la práctica que el obrero, el cual tiene en sus manos los talleres, las fábricas, la industria, puede organizar el intercambio con él. Y, por otra parte, un inmenso país agrícola con pésimas vías de comunicación, con un territorio inabarcable, con diversidad de climas, con distintas condiciones agrícolas, etc., presupone indefectiblemente una cierta libertad de circulación mercantil de la agricultura local y de la industria local a escala local. En este sentido hemos cometido muchas faltas, yendo demasiado lejos: hemos ido demasiado lejos por el camino de la nacionalización del comercio y de la industria, por el camino de cerrar la circulación local de mercancías. ¿Ha sido un error? Sin duda alguna.
p A este respecto hemos hecho mucho simplemente equivocado, y sería un gravísimo delito no ver y no comprender que no hemos tenido sentido de la medida, que no hemos sabido tenerlo. Pero, por otra parte, también nos hemos visto ante una necesidad imperiosa: hemos vivido hasta ahora en medio de una guerra feroz, increíblemente dura, en la que no nos quedaba otra disyuntiva que actuar con arreglo a las leyes marciales hasta en el terreno económico. Ha sido un milagro que un país en ruinas haya podido soportar una guerra semejante, y este milagro no ha caído del cielo, sino que ha brotado de los intereses económicos de la clase obrera y del campesinado, que han hecho este milagro con su entusiasmo masivo; este milagro ha sido el que ha posibilitado la resistencia a los terratenientes y a los capitalistas. Mas, al propio tiempo, el hecho indudable, que no debemos ocultar en la agitación y la propaganda, es que hemos ido más lejos de lo que era necesario desde el punto de vista teórico y político. Podemos permitir en grado considerable el libre intercambio local de 587 mercancías, no destruyendo, sino reforzando el poder político del proletariado. Cómo hacerlo, es cosa de la práctica. La misión mía es demostraros que esto es concebible en el terreno teórico. El proletariado que tiene en sus manos el poder estatal, si cuenta con algunos recursos, puede perfectamente ponerlos en circulación y así lograr satisfacer en parte al campesino medio, darle satisfacción con el intercambio económico local.
p Ahora, unas palabras sobre el intercambio económico local. Antes debo hablar de las cooperativas. Como es natural, dado el intercambio económico local, necesitamos las cooperativas, que en nuestro país se encuentran en un estado de extraordinario amortiguamiento. Nuestro programa subraya que el mejor mecanismo para la distribución es el de las cooperativas que nos han quedado del capitalismo, y ese mecanismo hay que conservarlo. Así está dicho en el programa. ¿Lo hemos cumplido? Con mucha deficiencia, y en parte no lo hemos cumplido en absoluto, unas veces por error y otras por las necesidades de la guerra. Las cooperativas, al destacar a elementos que administran mejor y están más preparados en el sentido económico, han segregado en política a mencheviques y eseristas. Esta es una ley química, ¡qué le vamos a hacer! (Risas.) Los mencheviques y eseristas son gentes que consciente o inconscientemente restauran el capitalismo y ayudan a los Yudénich. Esto también es una ley. Debemos hacerles la guerra. Y en la guerra, como en la guerra: teníamos que defendernos y nos hemos defendido. Pero ¿podemos continuar sin falta en la actual situación? No. Sería un craso error atarnos con esto las manos. Por eso, en el problema de las cooperativas propongo adoptar una resolución muy breve, que voy a leer:
p “En vista de que la resolución del IX Congreso del PC de Rusia sobre la actitud ante las cooperativas estaba basada enteramente en el reconocimiento del principio del sistema de contingentación, que ahora va a ser sustituido con el impuesto en especie, el X Congreso del Partido Comunista de Rusia acuerda:
p “Anular la mencionada resolución.
p “El congreso encarga al Comité Central que redacte y ponga en práctica por conducto del partido y de los Soviets disposiciones que mejoren y desarrollen la estructura y el funcionamiento de las cooperativas conforme al programa del PCR y habida cuenta de la sustitución del sistema de contingentación con el impuesto en especie.” I8>)
p Diréis que eso es impreciso. Sí, y es menester que hasta cierto punto lo sea. ¿Por qué? Porque, para que sea preciso del todo, debemos saber hasta el fin lo que haremos durante todo el año. ¿Quién lo sabe? Nadie lo sabe ni puede saberlo.
588p Pero la resolución del IX Congreso nos ata las manos, al decir: "Subordinar las cooperativas al Comisariado de Abastecimiento”. El Comisariado de Abastecimiento es una magnífica institución, pero subordinar obligatoriamente las cooperativas a él y atarnos las manos en el momento en que estamos revisando la actitud ante los pequeños agricultores es cometer un evidente error político. Al CC que salga elegido del congreso debemos encargarle que prepare y lleve a cabo determinadas medidas y modificaciones, que compruebe los pasos que demos adelante y atrás, en qué medida debemos hacer eso, cómo velar por los intereses políticos, hasta qué punto debemos soltar la mano para que las cosas sean más llevaderas y cómo comprobar los resultados de la experiencia. Teóricamente hablando, en este sentido tenemos por delante toda una serie de fases y medidas transitorias. Tenemos clara una cosa: la resolución del IX Congreso presuponía que nuestro movimiento habría de ir en línea recta. Ha resultado, como se observa constantemente en la historia de todas las revoluciones, que el movimiento ha ido en zigzag. Atarnos las manos con una tal resolución es un error político. Al anularla, decimos que es preciso regirse por el programa, que subraya la importancia del mecanismo cooperativo.
p Al anular la resolución, decimos: adaptaos a la sustitución del sistema de contingentación con el impuesto en especie. Pero ¿cuándo lo haremos? No antes de que recojamos la cosecha, es decir, dentro de algunos meses. ¿Lo haremos igual en todos los lugares? De ninguna manera. Querer ajustar a un mismo modelo, medir por el mismo rasero a la Rusia Central, a Ucrania y a Siberia sería la mayor de las necedades. Propongo aprobar esta idea fundamental sobre la libertad de intercambio local de mercancías en forma de acuerdo del congreso. Pienso que después de esto, en los próximos días, aparecerá sin falta una carta del CC que diga, y, naturalmente, lo dirá mejor que yo ahora (encontraremos a mejores plumas, que lo escribirán mejor): No deis pasos en falso, no os apresuréis, meditad las cosas sin precipitaros, obrad de modo que deis la máxima satisfacción a los campesinos medios sin menoscabar los intereses del proletariado. Probad esto, probad lo otro, estudiad en la práctica, tened presente la experiencia, comunicadnos después vuestras impresiones, decidnos qué os ha salido bien, y nosotros formaremos una comisión especial e incluso varias comisiones que tendrán en cuenta la experiencia adquirida, y creo que incorporaremos especialmente a eso al camarada Preobrazhenski, autor del libro El papel moneda en la época de la dictadura del proletariado. Esta cuestión es muy importante, porque la circulación monetaria es de tal naturaleza que aquilata a las mil 589 maravillas la eficiencia del intercambio de mercancías en el país, y cuando este intercambio no es normal, el dinero se convierte en papeles inútiles. Para marchar luego adelante, respaldados en la experiencia, necesitamos comprobar diez veces las medidas adoptadas.
p Se nos preguntará y se deseará saber de dónde sacar las mercancías. Pues la libertad de comercio requiere mercancías, y los campesinos son muy listos y saben burlarse de lo lindo. ¿Podemos ahora obtener mercancías? Ahora podremos, porque nuestra situación económica a escala internacional ha mejorado en medida colosal. Luchamos contra el capital internacional, el cual ha dicho, refiriéndose a nuestra república: "Son unos forajidos, unos cocodrilos" (estas palabras me las ha dicho literalmente una pintora inglesa que se las ha oído decir a un político de lo más influyente ). Y como son unos cocodrilos, lo único que cabe es despreciarlos. Esta ha sido la voz del capital internacional. La voz del enemigo de clase, una voz justa desde su punto de vista. Sin embargo, la justedad de esas conclusiones necesita una comprobación práctica. Si eres una fuerza universal y poderosa, capital mundial, si dices: "Sois unos cocodrilos" y tienes en tus manos todos los artefactos, ¡prueba a acabar con nosotros! Mas cuando probó a hacerlo, resultó que salía perdiendo. Entonces el capital, que se ve obligado a tener en cuenta la vida política y económica real, dice: "Es preciso comerciar”. Esta es nuestra mayor victoria. Ahora os diré que se nos ha hecho dos ofertas de empréstito por valor de unos cien millones de rublos oro. Oro tenemos, pero el oro no se puede vender, porque es algo que no se come. Todos están arruinados, la guerra ha alterado hasta lo increíble en todo el mundo las relaciones de cambio monetario entre los Estados capitalistas. Además, para las relaciones con Europa es preciso tener marina, y nosotros no la tenemos, está en manos enemigas. Con Francia no hemos concluido ningún tratado. Francia estima que somos deudores de ella, y, por lo tanto, cualquier barco —dice—"es mío”. Ellos tienen marina de guerra, y nosotros no. Esta es la situación que, hasta ahora, sólo nos ha permitido comercializar el oro en una proporción pequeña, insignificante hasta más no poder. Ahora hay dos propuestas de banqueros capitalistas: conceder un empréstito de cien millones. Como es natural, por esta suma percibirán intereses usurarios. Pero hasta ahora, en general, no hablaban de eso, hasta ahora decían: "Te mataré a tiros y me apropiaré de todo gratis”. Ahora, como no pueden acabar con nosotros a tiros, están dispuestos a comerciar. Ahora se puede decir que el tratado comercial con EE.UU. e Inglaterra es un asunto que marcha; lo mismo que la entrega de 590 empresas en régimen de concesión. Ayer recibí otra carta de míster Vanderlip, que se encuentra en nuestro país y que, luego de toda una serie de quejas, nos comunica diversos planes referentes a las concesiones y al empréstito. Se trata de un representante del capital financiero archipráctico, ligado con los Estados occidentales de América del Norte, más hostiles al Japón. De modo que ahora contamos con una posibilidad económica de obtener mercancías. Otra cosa es cómo sabremos hacerlo, pero existe cierta posibilidad.
p Repito que este tipo de relaciones económicas, que, por arriba, ofrece el aspecto de pacto con el capitalismo extranjero, por abajo brindará al poder estatal proletario la posibilidad de establecer el libre intercambio de mercancías con el campesinado. Yo sé—y he tenido ya ocasión de decirlo—que esto ha sido motivo de algunas burlas. En Moscú existe todo un sector intelectual burocrático que tiene pretensiones de crear "opinión pública”. Pues bien, ese sector comenzó a mofarse, diciendo: "¡Mirad lo que ha resultado del comunismo! Es como uno que llevara muletas, con toda la cabeza cubierta de vendajes. Del comunismo no ha quedado otra cosa que una figura enigmática.” Hasta mí han llegado en número más que suficiente bromitas por el estilo, pero estas chanzas ¡o despiden tufillo burocrático o no tienen ningún fundamento! Rusia ha salido de la guerra en tal estado que se parece más bien al de una persona medio muerta a palos: siete años estuvieron apaleándola, ¡y menos mal que puede andar con muletas! ¡Esa es nuestra situación! ¡Creer que podemos salir de ella sin muletas es no comprender nada! Mientras no estalle la revolución en otros países, deberemos ir saliendo del presente estado en unos cuantos decenios, y no hemos de escatimar unas centenas de millones, si no millares de millones de rublos, de nuestras incalculables riquezas, de nuestras abundantes fuentes de materias primas, con tal de recibir la ayuda del gran capitalismo adelantado. Después lo recuperaremos todo con creces. Pero no es posible sostener el poder proletario en un país increíblemente arruinado, con un gigantesco predominio de los campesinos igualmente arruinados, sin ayuda del capital, por la que, lógicamente, cobrará intereses desorbitados. Esto hay que comprenderlo. De ahí que el dilema sea: o relaciones económicas de este tipo o nada. Quien plantee de otro modo la cuestión no entiende ni un comino de economía práctica y sale del paso con tales o cuales cuchufletas. Hay que reconocer el hecho del agotamiento y de la extenuación de las masas. ¿Cómo no iban a repercutir en nuestro país los siete años de guerra, si los cuatro años de conflagración mundial se dejan sentir aún en los países más adelantados!
591p En cuanto a nosotros, en nuestro atrasado país, tras siete años de guerra nos encontramos en un verdadero estado de agotamiento de los obreros, que han hecho sacrificios inauditos, y de las masas campesinas. Este agotamiento, este estado se parece mucho a la imposibilidad absoluta de trabajar. Se precisa una tregua económica. Pensábamos emplear en la adquisición de medios de producción el oro atesorado. Lo mejor es fabricar máquinas, pero si las compráramos, montaríamos nuestra industria. Mas para ello es preciso que haya obreros, que haya campesinos que puedan trabajar; pero en la mayoría de los casos no pueden trabajar: están agotados, están extenuados. Hay que apoyarlos, hay que gastar oro en la adquisición de artículos de consumo, pese a lo que antes decíamos en nuestro programa. Nuestro programa anterior era justo en teoría, pero insostenible en la práctica. Daré a conocer una nota del camarada Lezhava que obra en mi poder. Por ella vemos que se han comprado ya varios cientos de miles de puds de diferentes productos alimenticios y están en camino con la mayor urgencia desde Lituania, Finlandia y Letonia. Hoy hemos recibido la noticia de que en Londres se ha firmado un contrato para comprar dieciocho millones y medio de puds de carbón, que acordamos adquirir con el fin de reanimar la industria de Petrogrado y la textil. Si recibimos mercancías para el campesino, ello será, naturalmente, una infracción del programa, una irregularidad, pero hay que dar una tregua, porque el pueblo está tan extenuado que de otro modo no podrá trabajar.
p Debo referirme aún al intercambio individual de mercancías. Hablar de libertad de circulación significa hablar de intercambio individual de mercancías, es decir, significa estimular a los kulaks. ¿Qué hacer? No hay que dejar de ver que la sustitución del sistema de contingentación con el impuesto en especie significa que los kulaks se multiplicarán en esas circunstancias más que hasta ahora. Crecerán donde antes no podían hacerlo. Pero no hay que combatirlos con medidas prohibitorias, sino con la fuerza unida del Estado y con medidas estatales dictadas desde arriba. Si se pueden proporcionar al campesinado máquinas, con ello será posible levantarlo, y cuando se le faciliten máquinas o electrificación, decenas o cientos de miles de pequeños kulaks dejarán de serlo. Mientras no se le pueda proporcionar eso, hay que darle una determinada cantidad de mercancías. Si se dispone de mercancías, se podrá sostener el poder; pero cerrar el paso,’evitar, descartar la posibilidad de contar con mercancías equivale a impedir todo intercambio, significa no dar satisfacción a los campesinos medios, y obrando así no cabrá la convivencia con ellos. En Rusia son ahora más los campesinos medios, y no hay por 592 qué temer que el intercambio sea individual. Todos podrán dar algo al Estado a cambio. Unos podrán venderle trigo sobrante; otros entregarán a cambio hortalizas, y otros, trabajo. En lo fundamental, la situación es la siguiente: debemos dar satisfacción en el sentido económico a los campesinos medios y llegar a la libertad de intercambio de mercancías; de otro modo, dado que la revolución internacional se retarda, no será posible—no lo será desde el punto de vista económico—sostener en Rusia el poder del proletariado. Esto hay que comprenderlo con claridad y en modo alguno temer hablar de ello. En el proyecto de resolución sobre la sustitución del sistema de contingentación con el impuesto en especie (el texto se os ha repartido) advertiréis una gran falta de concordancia y veréis que hay contradicciones, razón por la cual hemos escrito al final: "El congreso, aprobando en lo fundamental (expresión muy imprecisa que se presta a muchas interpretaciones) las tesis formuladas por el CC acerca de la sustitución del sistema de contingentación con el impuesto en especie, encarga al CC del partido que las concuerde con la mayor urgencia”. Sabemos que no concordaban, no hemos tenido tiempo para concordarlas, no hemos efectuado esta labor de detalle. El Comité Ejecutivo Central de toda Rusia y el Consejo de Comisarios del Pueblo estudiarán detalladamente las formas de aplicar el impuesto y promulgarán la ley correspondiente. Se ha acordado seguir el siguiente orden: si vosotros aprobáis este proyecto hoy, la disposición pertinente será adoptada en la primera sesión del Comité Ejecutivo Central de toda Rusia, que tampoco habrá de dictar una ley, sino un reglamento modificado; luego, el Consejo de Comisarios del Pueblo y el Consejo de Trabajo y Defensa lo convertirán en ley y—lo que vale más aún—darán instrucciones prácticas. Importa que en el plano local se comprenda la significación de esta medida y que sea bien acogida.
p ¿Por qué necesitábamos sustituir el sistema de contingentación con el impuesto en especie? El sistema de contingentación suponía: requisar todos los excedentes e implantar el monopolio obligatorio del Estado. No podíamos proceder de otra manera, atravesábamos un estado de penuria extremada. Teóricamente no es forzoso considerar que el monopolio del Estado sea lo mejor desde el punto de vista del socialismo. En un país campesino que posee industria—y la industria está en funcionamiento—, si existe cierta cantidad de mercancías, es posible aplicar como medida transitoria el sistema del impuesto en especie y del libre intercambio.
p Este intercambio de mercancías es para el campesino un estímulo, un aliciente, un acicate. El agricultor puede y debe afanarse por su propio interés, puesto que no le serán incautados 593 todos los excedentes, sino que sólo se exigirá de él un impuesto que, a ser posible, habrá de fijarse con antelación. Lo fundamental es que haya un estímulo, un aliciente, un acicate para el pequeño agricultor en su trabajo. Nos es preciso construir nuestra economía estatal, teniendo en cuenta la economía de los campesinos medios, que no hemos podido transformar en tres años ni podremos hacerlo en diez más.
p El Estado tenía determinadas obligaciones en materia de abastecimiento. Por eso, nuestros contingentes fueron aumentados el año pasado. El impuesto en especie debe ser menor. Las cifras no han sido precisadas con exactitud, y no es posible precisarlas. En el folleto de Popov La producción cerealista en la República Soviética y en las repúblicas confederadas se reproducen datos de nuestra Dirección General de Estadística que contienen cifras exactas y muestran por qué causas se ha reducido la producción agrícola.
p Si la cosecha es mala, no se podrán reunir sobrantes, porque no los habrá. Tendríamos que quitárselos de la boca a los campesinos. Si hay cosecha, todos tendrán que privarse de un poco de lo suyo, y el Estado se salvará; o bien, si no somos capaces de tomar parte de los productos a quienes no pueden comer hasta la saciedad, el Estado perecerá. Tal es la tarea de nuestra propaganda entre los campesinos. Si la cosecha es regular, los excedentes llegarán a los quinientos millones de puds, lo suficiente para cubrir las necesidades del consumo y para acumular una cierta reserva. El quid está en dar a los campesinos un estímulo, un aliciente desde el punto de vista de la economía. Es preciso decir al pequeño agricultor: "Tú, campesino, produce, y el Estado te cobrará un impuesto mínimo."
p Mi turno se acaba, debo terminar. Lo repito: no podemos promulgar ahora una ley. El defecto de nuestra resolución consiste en que no es demasiado legislativa: en el congreso del partido no se redactan leyes. Por eso proponemos adoptar la resolución del CC como base y encargarle que concuerde sus planteamientos. Imprimiremos el texto de esta resolución, y los funcionarios locales se esforzarán por concordar los planteamientos que contiene y por corregirla. Concordar hasta el fin resulta imposible, ello constituye una tarea que no se puede cumplir, ya que la vida es harto variada. Buscar medidas transitorias es un cometido muy arduo. Si no logramos hacerlo con rapidez y sin rodeos, no por eso decaerá nuestro ánimo, ya nos saldremos con la nuestra. Un campesino que sea algo consciente no puede menos de comprender que nosotros, como gobierno, representamos a la clase obrera y a los trabajadores con quienes pueden ponerse de acuerdo los campesinos laboriosos (que son las nueve décimas partes del campesinado), 594 y que toda vuelta atrás significa el retorno al viejo gobierno zarista. Así lo demuestra la experiencia de Cronstadt. Allí no quieren a los guardias blancos ni quieren nuestro poder—pero otro no existe—, y se hallan en tal situación que constituye la mejor agitación a nuestro favor y contra todo gobierno nuevo.
p En los momentos actuales tenemos la posibilidad de sellar un acuerdo con los campesinos, y hay que llegar a él en la práctica con inteligencia, perspicacia y flexibilidad. Conocemos el mecanismo del Comisariado de Abastecimiento, sabemos que es uno de los mejores que tenemos. Comparándolo con otros, vemos que es el mejor, y debemos conservarlo, pero tiene que estar subordinado a la política. De nada nos servirá el magnífico mecanismo del Comisariado de Abastecimiento si no sabemos establecer relaciones con los campesinos. En ese caso, este excelente mecanismo no servirá a nuestra clase, sino a Denikin y a Kolchak. Puesto que la política requiere un cambio resuelto, flexibilidad y un viraje inteligente, los líderes deben comprenderlo. Un mecanismo sólido debe ser apto para toda clase de maniobras. Pero si la solidez del mecanismo se convierte en entumecimiento e impide dar los virajes, entonces la lucha resulta inevitable. Por eso es preciso poner todas las fuerzas en lograr indefectiblemente nuestros fines, en conseguir que el mecanismo se supedite por completo a la política. La política es la relación entre las clases: esto decide la suerte de la república. El mecanismo, como medio auxiliar, resultará tanto mejor y más adecuado para las maniobras cuanto más sólido’ sea. Y si no está en condiciones de cumplir este cometido, no servirá para nada.
p Os invito a tener en cuenta lo fundamental: un estudio que comprenda todos los detalles y las posibles interpretaciones es labor de varios meses. Y ahora necesitamos tener en cuenta lo fundamental, necesitamos que lo que acordemos sea dado a conocer esta misma noche por radio en todos los ámbitos del mundo: que el congreso del partido gobernante sustituye en lo fundamental el sistema de contingentación con el impuesto en especie, dando así toda una serie de estímulos al pequeño agricultor para que amplíe su hacienda, para que aumente las superficies de siembra; que el congreso, al emprender este camino, corrige el sistema de relaciones entre el proletariado y los campesinos y expresa la seguridad de que, siguiendo esta senda, se conseguirán unas relaciones estables entre el proletariado y los campesinos. (Clamorosos aplausos.)
Publicado el 16 de mano de 192¡ en el núm. 57 de “Pravda” y en el núm 57 de "Izvestia del CEC de toda Rusia".
Notes