[1] Emacs-File-stamp: "/home/ysverdlov/leninist.biz/es/1979/LOE3EP/20061027/099.tx" Emacs-Time-stamp: "2010-01-16 22:13:17" __EMAIL__ webmaster@leninist.biz __OCR__ ABBYY 6 Professional (2006.10.27) __WHERE_PAGE_NUMBERS__ top __FOOTNOTE_MARKER_STYLE__ [*]+ __ENDNOTE_MARKER_STYLE__ [0-9]+ [BEGIN]
¡Proletarios de todos los países, unios!
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[3]INSTITUTO I)K MARXISMO-I.FNINISMO DEL CC OKI. PCIS
VI.LENIN
OBRAS ESCOGIDAS
EN TRES TOMOS
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[4]DE LA EDITORIAL
Todos los trabajos y discursos incluidos en este volumen han sido traducidos de la 5a odie ion en ruso de las Obras Completas de V. I. Lenin, preparada por el Instituto de Marxismo-Lcninismo adjunto al CC del PCUS. Al final del volumen se insertan notas aclaratorias y un índice de nombres.
B.H.AEHHH H3BPAHHME nPOM3BE/lEHHfl B TPEX TOMAX TOM 3 Ha ucnanciíOM Hiwne & Traducción al español. Editorial Progreso. 1979 Iinprt'so en Id L!RSS 10102--309 \-------------249--79 OH(()l)-79 010102000(1 5 __ALPHA_LVL1__ PREFACIOEl tercer volumen de las Obras Escogidas de Lenin incluye trabajos escritos desde julio de 1918 hasta marzo de 1923. Lenin trata en ellos postulados importantísimos de la teoría marxista, explica cuestiones de la defensa de la patria socialista, traza vías de la construcción del socialismo y el comunismo y formula las bases de la política nacional del Partido Comunista, los principios de la política exterior del Estado soviético y las tareas del partido en la labor cultural e ideológica. Incluye asimismo escritos acerca del movimiento comunista internacional.
Constituyen una parte considerable del presente volumen escritos y discursos de Lenin dedicados a la defensa del país durante la intervención militar extranjera y la guerra civil. Desde los primeros días de la Gran Revolución Socialista de Octubre, los imperialistas se plantearon la misión de derrocar el Poder soviético a mano armada. Agruparon las fuerzas de la contrarrevolución, ayudaron a que se formaran los ejércitos de guardias blancos y se inmiscuyeron por todos los conductos en los asuntos internos del País Soviético. Una vez fracasados los cálculos del imperialismo internacional de estrangular la revolución rusa con las manos de la Alemania del Kaiser, los países de la Entente empezaron abiertamente la intervención militar. Para el verano de 1918 la República de los Soviets se vio rodeada de un ígneo cerco de frentes.
En el Discurso pronunciado en la reunión conjunta del Comité Ejecutivo Central de toda Rusia, del Soviet de Moscú, de los comités fabriles y de los sindicatos de Moscú el 29 de julio de 1918, en la Carta a los obreros norteamericanos y en otras obras incluidas en este volumen, Lenin denunció los fines rapaces de los imperialistas de Inglaterra, Francia, los EE.UU. y Japón con respecto a la República Soviética. Actuando unidos con las clases explotadoras de los terratenientes y los capitalistas derrocados y apoyándose en los mencheviques y los eseristas, trataron de restaurar en Rusia el viejo régimen y esclavizar a los pueblos de ésta. Lenin recalcaba que el culpable del desencadenamiento y prolongación de la guerra civil en Rusia había 6 sido precisamente el imperialismo internacional encabezado por los Estados Unidos de América.
El Partido Comunista alzó a la clase obrera y a todos los trabajadores del País Soviético a la guerra revolucionaria, a la guerra patria, contra los intervencionistas y la contrarrevolución burguésterrateniente. "Todo el problema de la existencia de la República Socialista Federativa Soviética de Rusia---decía Leiiin---, todo el problema de la revolución socialista en Rusia ha quedado reducido al de la guerra" (pág. 34 del presente volumen).
Los escritos de Lenin Resolución aprobada en la reunión conjunta del Comité Ejecutivo Central de toda Rusia, del Soviet de Moscú, de los comités fabriles y de los sindicatos el 22 de octubre de 1918. Tesis del CC del PC(b) de Rusia en relación con la situación en el Frente Oriental, ¡Todos a la lucha contra Denikinl (Carta del Comité Central del PC(b) de Rusia a las organizaciones del partido), Carta a los obreros y campesinos con motivo de la victoria sobre Kolchak, Ejemplo de los obreros petrogradenses y otros incluidos en este volumen reflejan la actividad gigantesca del Partido Comunista y su Comité Central, encabezado por Lenin, actividad orientada a organizar la derrota de las fuerzas militares de los enemigos del exterior y el interior.
Lenin, jefe del partido y del Gobierno, fue el inspirador y organizador de la defensa del País Soviético. Bajo su dirección inmediata se elaboró la política interior y exterior del partido en las condiciones de la guerra, se resolvieron las cuestiones más importantes de la creación de las fuerzas armadas soviéticas, del fortalecimiento de la retaguardia y se trazaron y pusieron en práctica planes militares estratégicos. En sus trabajos y discursos, Lenin indicó los caminos y medios para asegurar la victoria sobre las fuerzas unificadas del imperialismo internacional y la contrarrevolución interior y dio a conocer las fuentes de la fuerza e invencibilidad del Estado soviético.
Lenin caracterizó así el gran papel decisivo que el Partido Comunista desempeñó aquellos años: "Y únicamente gracias a que el partido permanecía alerta, a que el partido mantenía la más rigurosa disciplina, gracias a que la autoridad del partido unía a todas las instituciones y organismos y a que decenas, centenares, millares y, en suma, millones seguían como un solo hombre la consigna lanzada por el CC, únicamente debido a que se han hecho sacrificios inauditos ha podido suceder el milagro que se ha producido. Únicamente por eso hemos podido vencer las reiteradas campañas de los imperialistas de la Entente y de los imperialistas del mundo entero" (págs. 330--331).
Lenin veía las condiciones más importantes de la victoria sobre los enemigos en el régimen soviético, en la conciencia y heroísmo de la 7 clase obrera y de todos los trabajadores cohesionados en torno al partido.
La alianza político-militar de la clase obrera y de los campesinos tuvo un alcance primordial para la derrota de los intervencionistas y la contrarrevolución interior. En el artículo Las preciosas confesiones de Pitirim Sorokin, en el Informe sobre el trabajo en el campo, presentado al VIII Congreso del PC(b) de Rusia, y en otros trabajos Lenin fundamentó la política del partido de alianza con los campesinos medios y explicó que de esa alianza dependía el resultado de la guerra y el éxito de la edificación socialista.
Hasta en los duros años de la guerra civil, en los que hubo que defender a mano armada la libertad y la independencia del País Soviético, Lenin hizo constantemente hincapié en que las tareas principales del partido y el pueblo eran las de crear un nuevo régimen, el régimen socialista. A propuesta de Lenin, el VIII Congreso del PC(b) de Rusia, celebrado en marzo de 1919, estudió y aprobó otro programa del partido, programa que definía las tareas del partido para el período de transición del capitalismo al socialismo. En el informe y discurso de resumen de la discusión en torno al informe sobre el programa del partido, pronunciados en el congreso, Lenin explicó los postulados más trascendentales del programa, rechazó las tentativas de introducir en él con artimañas ideas antibolcheviques y explicó la importancia que tenía el nuevo programa.
En las dificilísimas condiciones de la intervención militar extranjera y la guerra civil, Lenin siguió desarrollando la teoría marxista, doctrina de la edificación del socialismo y el comunismo.
En octubre-noviembre de 1918 Lenin escribió el voluminoso trabajo La revolución proletaria y el renegado Kautsky. En esta producción clásica desenmascaró las opiniones revisionistas de Kautsky y otros oportunistas que negaban la necesidad de la revolución socialista y la dictadura del proletariado, explicó importantísimos problemas del Estado proletario y presentó un profundo análisis de la experiencia histórica de la Gran Revolución Socialista de Octubre. Mostró que el paso al socialismo es imposible sin la revolución socialista y la conquista del poder por la clase obrera.
Lenin explicó que la dictadura de la clase obrera es el tipo superior de democracia: la democracia proletaria, la democracia socialista. La democracia burguesa es la democracia para los ricos, para los explotadores. Por muchas loas que le canten los abogados del capitalismo para embaucar a las masas, es y no puede menos de ser estrecha, restringida, falaz. La democracia proletaria, socialista, forma de la cual es el Poder soviético, es la democracia genuina, puesto que garantiza de hecho el ejercicio de los derechos sociales y 8 políticos de los trabajadores. "La democracia proletaria---escribió Lenin---es un millón de veces más democrática que cualquier democracia burguesa. El Poder soviético es un millón de veces más democrático que la más democrática de las repúblicas burguesas" (pág. 79).
En la carta Un saludo a los obreros húngaros, en los artículos Economía y política en la época de la dictadura del proletariado, Una gran iniciativa (El heroísmo de los obreros en la retaguardia. Los "sábados comunistas''). De la destrucción de un régimen .secular a la creación de otro nuevo y en el Discurso pronunciado en el I Congreso de las comunas rurales y arteles agrícolas (4 de diciembre de 1919), Lenin desarrolló la doctrina de la dictadura del proletariado como instrumento para construir el comunismo, examinó las cuestiones de la transformación socialista del país y planteó tareas de creación de una nueva disciplina del trabajo, de nuevas formas socialistas de economía.
En el período de transición del capitalismo al socialismo, explicó Lenin, la lucha de clases no desaparece, sólo cambia de forma. Tras conquistar el poder político, la clase obrera prosigue su lucha de clase, adoptando diversos procedimientos con relación a las clases explotadoras derrocadas y a la pequeña burguesía vacilante.
La dictadura del proletariado presupone el empleo de la violencia para reducir la resistencia de los capitalistas, los terratenientes y sus secuaces. "Quien no lo haya comprendido, no es un revolucionario y hay que apartarlo de la dirección o del puesto de consejero del proletariado" (pág. 214). El grado de esa violencia se determina por el de la resistencia de las clases explotadoras.
Lenin recalcaba que el contenido de la dictadura del proletariado, sin embargo, no se limita a la violencia. "Su esencia fundamental reside en la organización y disciplina del destacamento avanzado de los trabajadores, de su vanguardia, de su único dirigente: el proletariado. Su objetivo es construir el socialismo, suprimir la división de la sociedad en clases, convertir a todos los miembros de la sociedad en trabajadores, quitar el terreno a toda la explotación del hombre por el hombre" (pág. 214). La dictadura del proletariado significa la dirección de la clase obrera con relación a los campesinos y otras capas no proletarias de los trabajadores.
En el artículo Una gran iniciativa, escrito con motivo de los sábados comunistas, Lenin indicó que el capitalismo puede ser vencido definitivamente, y lo será, por el socialismo porque éste crea una productividad del trabajo nueva, mucho más elevada. Los sábados comunistas fueron el primer paso hacia el trabajo comunista, hacia el trabajo no retribuido a favor de toda la sociedad. Lenin estaba completamente seguro de que, con la ayuda del poder estatal proletario, los brotes del comunismo crecerían y se desarrollarían en 9 pleno comunismo. La previsión de Lenin acerca de que el trabajo voluntario y consciente de los obreros tenía un gran futuro se está plasmando con éxito en la realidad hoy día. Los débiles brotes del comunismo que Lenin cuidara con tanto celo se han convertido hoy en un vasto movimiento de masas por una actitud comunista ante el trabajo.
Constituyen una gran parte del volumen obras de Lenin del período de construcción pacífica que siguió a la terminación de la guerra civil, cuando se sacaron a primer plano las tareas de restablecimiento de la economía nacional y las cuestiones de la revolución cultural.
Ya a principios de 1920 Lenin señaló la necesidad de organizar la economía del país en amplia escala y colocarla sobre una base técnica superior, electrificándola toda ella. La Comisión Estatal para la Electrificación de Rusia (GOELRO), dirigida por Lenin, compuso el primer plan de fomento de la economía nacional para largo plazo, el plan de la electrificación de la Rusia Soviética, aprobado por el VIII Congreso de los Soviets de toda Rusia en diciembre de 1920. En el informe presentado al congreso sobre la actividad del Consejo de Comisarios del Pueblo, en el Proyecto de resolución sobre el informe de la electrificación y en el artículo Sobre el plan económico único Lenin dio a conocer la gran importancia de la electrificación para construir el socialismo y el comunismo. Expuso su genial tesis: "El comunismo es el Poder soviético más la electrificación de todo el país". En esta maravillosa definición, que recoge, indisolublemente ligadas, las cuestiones de la base material y de producción de la sociedad comunista y de la forma política del poder estatal, llamado a hacer realidad el paso del capitalismo al comunismo, está expresada la esencia del enfoque marxista-leninista de la edificación del comunismo.
Lenin enseñó que la importancia decisiva en la edificación del socialismo y el comunismo correspondía al desenvolvimiento de la industria pesada, a la producción de medios de producción. Consideraba que la gran industria basada en la maquinaria era la clave para la transformación socialista de la agricultura. Sólo el ascenso rápido e incesante de las fuerzas productivas sobre la base del desarrollo preferente de la industria pesada puede garantizar el bienestar del pueblo y resolver la tarea de alcanzar y adelantar a los países capitalistas desarrollados en el aspecto económico. Lenin estaba profundamente convencido de que esta tarea histórica se cumpliría.
Esas sabias ideas de Lenin determinaron la dirección de toda la actividad del Partido Comunista para organizar la economía socialista y constituyeron la base de todos los planes del fomento de la economía del País Soviético para largo plazo. El pueblo soviético 10 realizó la industrialización socialista del país en breve plazo histórico y está creando hoy la base material y técnica del comunismo. La Unión Soviética hace ya mucho que ha dejado atrás a Inglaterra, Francia y Alemania Occidental en cuanto al volumen absoluto de producción industrial. Se está cumpliendo con éxito la tarea de alcanzar y adelantar a los países capitalistas más desarrollados, incluidos los EE.UU., con respecto a la producción por habitante.
Lenin tenía al Partido Comunista por la fuerza dirigente y encauzadora en el sistema de la dictadura del proletariado, en la edificación socialista. Se preocupó constantemente de elevar el papel del partido, fortalecer la unidad y conservar la pureza de sus filas. Dirigido por Lenin, el Partido Comunista derrotó a los trotskistas y otros grupos antipartido que, tras imponer al partido a fines de 1920 y comienzos de 1921 una discusión sobre el papel de los sindicatos, se manifestaron contra la línea política del mismo. En este volumen se incluye el folleto Una vez más acerca de los sindicatos, el momento actual y los errores de los camaradas Trotski y Bujarin, en el cual Lenin desenmascaró el carácter fraccionario y escisionista de los actos de los trotskistas y bujarinistas y mostró el papel y las tareas de los sindicatos en la edificación del socialismo.
Lenin dijo reiteradas veces que era únicamente posible superar el desbarajuste económico y cumplir el plan de electrificación y reorganización del país sobre bases socialistas con la condición de incorporar a la edificación económica a las masas más amplias de la clase obrera y de todos los trabajadores. Remarcó que el método de persuasión debía ser la base para abordar a las masas, enseñó que los sindicatos ligaban al partido con las masas y estaban llamados a ser escuela de dirección, escuela de administración y escuela de comunismo.
Lenin puso también al desnudo la inconsistencia y el peligro que representaba la plataforma de la llamada "oposición obrera'', que negaba el papel dirigente del partido en el sistema de la dictadura del proletariado, reducía a la nada el valor del Estado proletario en la edificación de la economía socialista y exigía que se entregara a los sindicatos, al "congreso de productores de toda Rusia'', la dirección de la economía. En el presente volumen está incluido el proyecto de Lenin de resolución Sobre la desviación sindicalista y anarquista, que fue aprobado por el X Congreso del PCX'') de Rusia. En esa resolución se ponía de manifiesto la esencia de la "oposición obrera" como desviación anarco-sindic alista y se reconocía la propaganda de sus opiniones incompatible con la filiación al Partido Comunista.
El X Congreso del partido aprobó la resolución Sobre la unidad del partido, escrita y propuesta por Lenin. En esta resolución se 11 reconocía el daño que causaba y lo intolerable que era toda labor fraccionaria, que conducía por fuerza al debilitamiento del partido, y se exigía la disolución de todos los grupos fraccionarios y, en caso de que resurgieran, que se adoptase con relación a sus participantes toda clase de medidas coactivas, hasta la expulsión. La resolución de Lenin Sobre la unidad del partido se hizo directriz para el Comité Central y todas las organizaciones del partido a fin de que velasen por la unidad de sus filas y desempeñó inmenso papel en la lucha contra los grupos antipartido.
Un gran mérito de Lenin fue la elaboración de la nueva política económica, aprobada por el X Congreso del partido, única política económica acertada del proletariado en el período de transición del capitalismo al socialismo. A esta cuestión se dedican varias obras y discursos de Lenin, incluidos en el presente volumen: el Informe sobre la sustitución del sistema de contingentarían con el impuesto en especie, presentado al X Congreso del PC(b) de Rusia, el folleto Sobre el impuesto en especie(Significación de la nueva política y sus condiciones), las Tesis del informe sobre la táctica del Partido Comunista de Rusia ante el III Congreso de la Internacional Comunista, los artículos Con motivo del cuarto aniversario de la Revolución de Octubre, Acerca de la significación del oro ahora y después de la victoria completa del socialismo, las tesis Acerca del papel y de las tareas de los sindicatos en las condiciones de la nueva política económica, el Informe político del Comité (Central del PC(b) de Rusia, presentado al XI Congreso del partido, el informe Cinco años de la revolución rusa y perspectivas de la revolución mundial, pronunciado ante el IV Congreso de la Internacional Comunista.
Lenin decía que la política del "comunismo de guerra" durante la contienda civil---consistente en la prohibición completa del comercio privado, la aplicación de la contingentación y la distribución igualitaria, en general, de los productos---fue una medida forzada que se proponía el fin de movilizar todas las energías y recursos económicos para la defensa del país. Esta política desempeñó su papel positivo, sin ella no se podía vencer a los intervencionistas y guardias blancos. Mas el "comunismo de guerra" no responde a las tareas económicas de la dictadura del proletariado en el período de transición. Por eso, una vez terminada la guerra civil, el partido pasó a la nueva política económica.
Lenin enseñaba que la nueva política económica, política que presuponía la conservación v aprovechamiento de la producción mercantil, el comercio y el dinero por el Estado proletario, creaba las bases económicas de la alianza de la clase obrera y los campesinos y garantizaba la construcción de los cimientos económicos de la sociedad socialista. A este respecto Lenin recalce') con todas sus fuerzas que la alianza de la clase obrera y los campesinos, teniendo la 12 clase obrera la dirección en esta alianza, es el principio supremo de la dictadura del proletariado.
La aplicación de la nueva política económica presuponía tolerar durante cierto tiempo el comercio privado y la libertad de empresa privada, lo que llevaba a cierta reanimación del capitalismo. Pero esta reanimación del capitalismo se admitía dentro de unos límites determinados, sin soltar el Estado proletario de sus manos las posiciones clave y con la condición de que el Estado regulase el comercio privado y el capitalismo privado. Para llevar a cabo esa regulación Lenin propuso utilizar diversas formas de "capitalismode Estado" : sociedades mixtas, arrendamiento de empresas estatales a particulares, concesiones, etc. En el País Soviético, las empresas capitalistas de Estado no adquirieron desarrollo de alguna amplitud ni desempeñaron un papel importante en la economía del período de transición porque la burguesía no quiso trabajar bajo el control del Poder soviético. Sin embargo, la experiencia de los países de la comunidad socialista ha confirmado en la práctica la posibilidad de utilizar el "capitalismo de Estado" en beneficio de la edificación del socialismo.
Lenin enseñaba que, admitiendo la emulación económica entre el socialismo en construcción y el capitalismo tendente a renacer, la nueva política económica presupone el desplazamiento paulatino de los elementos capitalistas y la victoria completa del tipo de economía socialista. La tarea consistía en no dejar fuera de control a los elementos capitalistas, aprender a administrar y vencer a los capitalistas en el terreno económico. Lenin estaba firmemente convencido de que "de la Rusia de la Nep saldría la Rusia socialista'', y esa previsión se confirmó.
El paso a la nueva política económica quería decir, a juicio de Lenin, el cambio de todos los métodos, típicos del período del "comunismo de guerra'', de llevar la economía; quería decir el paso al comercio, a la aplicación de la autogestión financiera en las empresas estatales, el paso a garantizar la rentabilidad, el funcionamiento sin pérdidas de las empresas.
Lenin remarcaba particularmente la necesidad de poner consecuentemente en práctica el principio del interés económico como una de las condiciones más importantes para edificar con éxito el socialismo y el comunismo. "Esforzaos por construir al comienzo sólidos puentes que, en un país de pequeños campesinos, lleven al socialismo a través del capitalismo de Estado, no basándoos directamente en el entusiasmo, sino en el interés personal, en la ventaja personal, en la autogestión financiera, valiéndoos del entusiasmo despertado por la gran revolución---escribió---. De otro modo no os acercaréis al comunismo, no llevaréis a él a decenas y decenas de millones de personas" (pág. 666).
13Lenin señaló reiteradamente la importancia internacional de la nueva política económica, decía que en cualquier parte del mundo, en la que se produjera la revolución socialista, la nueva sociedad se basaría en la alianza de los obreros y los campesinos. Por eso, para realizar la construcción del socialismo, es inevitable llevar a cabo de una u otra manera las medidas propias de la Nep. La historia ha confirmado plenamente esta tesis de Lenin. Los partidos comunistas y obreros de los países de la comunidad socialista aprovechan ampliamente la experiencia de la Nep en la Rusia Soviética, aplicándola con éxito a las particularidades concretas de sus países.
Lenin enseñó que una condición indispensable para construir el comunismo, a la par con la creación de la base material y técnica, es el ascenso cultural y un alto nivel de conciencia de las masas. Varias obras y discursos incluidos en el presente volumen contienen enunciados leninistas muy importantes acerca de la esencia y vías de la revolución cultural y de las tareas fundamentales del partido en el terreno ideológico.
En el discurso pronunciado en el III Congreso de la Unión de Juventudes Comunistas de Rusia, que se celebró en octubre de 1920, Lenin esbozó el programa de educación comunista e instrucción de la joven generación. Planteó a la juventud la tarea de estudiar el comunismo y dominar toda la riqueza de conocimientos acumulados por la humanidad, uniendo el estudio con el trabajo, con la lucha práctica por el comunismo. En el proyecto de resolución La cultura proletaria y en el Discurso pronunciado en la Conferencia de toda Rusia de los organismos de educación política de las secciones provinciales y distritales de instrucción pública el 3 de noviembre de 1920 Lenin hizo hincapié en las funciones educativas de la dictadura del proletariado y en el papel dirigente del Partido Comunista en el fomento de la cultura. Señaló que toda la propaganda y la agitación, toda la labor ideológica del partido debía estar indisolublemente ligada con la práctica de la edificación del comunismo.
En el artículo El significado del materialismo militante Lenin definió las tareas del partido en el frente teórico, sobre todo en el campo de la filosofía. Escribió que era necesario desenmascarar resueltamente a los científicos lacayos de la burguesía, luchar implacablemente contra las tendencias idealistas de todo género y estudiar infatigablemente el materialismo dialéctico a base de generalizar los novísimos adelantos de las Ciencias Naturales y la experiencia de la lucha de clase del proletariado. Este artículo de Lenin, modelo de espíritu de partido en la filosofía, fue y sigue siendo un programa combativo de lucha del Partido Comunista contra la ideología burguesa.
Lenin luchó desde los primeros días del Poder soviético por la cohesión de los pueblos de Rusia y por su estrecha alianza política y 14 económica a base de la igualdad completa de derechos de las naciones. "Nosotros queremos una unión voluntaria de las naciones ---escribió en 1919 en la Carta a los obreros y campesinos de Ucrania a propósito de las victorias sobre Denikin---: una unión que no tolere violencia alguna de una nación sobre otra, una unión que se base en la más plena confianza, en la clara conciencia de la unidad fraternal, en un acuerdo plenamente voluntario" (pág. 321).
En el Informe sobre el programa del partido pronunciado ante su VIII Congreso, en el Esbozo inicial de las tesis sobre los problemas nacional y colonial (Para el II Congreso de la Internacional Comunista), en las cartas Acerca de la formación de la URSS y Contribución al problema de las naciones o sobre la "autonomización'', incluidos en el presente volumen, Lenin formuló las bases de la política nacional del Partido Comunista. Planteó la tarea de suprimir la desigualdad realmente existente entre las naciones antes oprimidas, ayudar a las masas trabajadoras de los pueblos no rusos a desarrollar y afianzar en sus territorios la organización estatal soviética, asegurar el ascenso de la economía y el florecimiento de la cultura socialista.
En las obras de Lenin están elaborados los principios de la edificación del multinacional Estado socialista como unión voluntaria de naciones soberanas, con derechos iguales, a base del internacionalismo proletario. Sin tal unión, escribió, es imposible defender airosamente la existencia independiente de las repúblicas soviéticas contra los atentados de los imperialistas, es imposible llevar a cabo el ascenso rápido de las fuerzas productivas del país, crear una economía socialista única, que se desarrolle según un plan. Lenin fue el inspirador y creador de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Señaló que con la formación de la URSS no se quitaba la independencia a las repúblicas nacionales soviéticas, sino que se creaba una unión nueva, una federación nueva de "repúblicas con derechos iguales".
Lenin exigió que se aplicasen estrictamente en la práctica los principios del internacionalismo proletario, que se combatiesen hasta las mínimas manifestaciones de chovinismo de nación dominante y de nacionalismo local, exhortando a reforzar la amistad de los pueblos. El Partido Comunista de la Unión Soviética aplica rigurosamente estas indicaciones de Lenin, asegura, a base de la colaboración y ayuda mutua fraternales, el desarrollo múltiple de la economía y la cultura de todas las naciones socialistas, creando las condiciones necesarias para aproximarlas aún más.
Las obras que integran el presente volumen caracterizan brillantemente a Lenin como gran adalid de la paz. Lenin desarrolla v concreta en ellas los principios de la política exterior del Estado 15 socialista proclamados en el Decreto de la paz y elaborados por él durante los primeros meses de Poder soviético.
``La República Socialista Federativa Soviética de Rusia---escribió Lenin---desea vivir en paz con todos los pueblos y dedicar todas sus fuerzas a la edificación interior para normalizar la producción, el transporte y la administración pública sobre la base del régimen soviético...'' (pág. 308). Lenin señaló que el Estado soviético estaba dispuesto a garantizar la no ingerencia en los asuntos internos de otros Estados; que reconocía el derecho de todos los pueblos del mundo a la autodeterminación, defendía en las relaciones internacionales la igualdad de derechos de las naciones pequeñas y grandes y aspiraba a establecer relaciones amistosas y comerciales con otros países y ampliarlas.
Lenin defendió estrictamente la posibilidad y la necesidad de la coexistencia pacífica de los Estados con distinto régimen social como el único principio acertado y razonable de las relaciones internacionales en las condiciones de la división del mundo en dos sistemas. La coexistencia pacífica de los Estados no significa, como afirman los revisionistas, renunciar a la lucha de la clase obrera, de los partidos comunistas, por el triunfo de las ideas socialistas. La propia coexistencia de Estados con distinto régimen social es una de las formas de lucha de clase entre el socialismo y el capitalismo. Empero los litigios ideológicos y políticos entre los Estados no deben resolverse mediante guerras. Lenin estimaba que la contradicción existente entre los dos sistemas, el socialista y el capitalista, puede y debe resolverse no mediante la guerra, sino mediante la emulación económica pacífica entre ellos, en el transcurso de la cual el socialismo mostrará inevitablemente su completa superioridad sobre el capitalismo. Por eso, la edificación económica en el País Soviético es de gran alcance internacional. Al señalar que los trabajadores de todo el mundo tenían la mirada puesta en el País de los Soviets, Lenin dijo: "Como más influimos ahora en la revolución mundial es con nuestra política económica... En este terreno la lucha se lleva ya en escala mundial. Si cumplimos esta tarea ganaremos en escala internacional de seguro y definitivamente" (pág. 639).
El principio leninista de la coexistencia pacífica y de la emulación económica de los dos sistemas sociales opuestos constituye la base inquebrantable de la política exterior de los países socialistas. Rigiéndose por las ideas de Lenin, el Partido Comunista de la Unión Soviética y el Gobierno soviético luchan infatigablemente por la paz y la seguridad de los pueblos, por el desarme general v completo. Todos los partidos comunistas consideran la lucha por la paz una tarea suya de primer orden. En esta lucha arrancan de que, aunque «a naturaleza agresiva del imperialismo no ha cambiado, en las 16 condiciones actuales, cuando existe el sistema socialista mundial, la guerra no es fatalmente inevitable.
La nueva guerra mundial puede ser conjurada con los esfuerzos aunados del campo socialista mundial, de la clase obrera internacional, del movimiento de liberación nacional de todos los países que se pronuncian contra la guerra y de todas las fuerzas pacíficas. Cuando la superioridad de las fuerzas del socialismo y la paz sea absoluta, surgirá la posibilidad real, antes aún de la victoria completa del socialismo en la Tierra, de excluir la guerra mundial de la vida de la sociedad. La victoria del socialismo en todo el mundo eliminará definitivamente las causas sociales y nacionales del surgimiento de toda guerra.
Ocupan importante lugar en el volumen obras y discursos de Lenin consagrados a cuestiones del movimiento comunista internacional. Lenin desenmascaró infatigablemente el oportunismo de derecha, el socialreformismo y el revisionismo como el enemigo principal en el movimiento obrero. "Se ha demostrado en la práctica ---dijo---que los políticos del movimiento obrero pertenecientes a la tendencia oportunista son mejores defensores de la burguesía que los propios burgueses. La burguesía no podría mantenerse si ellos no dirigieran a los obreros" (pág. 468). Al propio tiempo, Lenin se pronunció enérgicamente contra el oportunismo "de izquierda'', contra el dogmatismo y el sectarismo en los partidos comunistas, que los llevaba a aislarse de las masas obreras. Señaló reiteradamente que el dogmatismo en teoría y política hace el juego al revisionismo y remarcó la necesidad de desarrollar de manera creadora la teoría marxista conforme a la nueva situación histórica, partir de la esencia del marxismo y, sobre esta base, hacer un análisis concreto de la situación concreta.
En el presente volumen se incluye la genial obra de Lenin La enfermedad infantil del ``izquierdismo'' en el comunismo, en la que sometió a crítica demoledora el "doctrinarismo izquierdista" y tras sintetizar la experiencia del movimiento revolucionario en Rusia y otros países, explicó las importantísimas cuestiones de la estrategia y la táctica de los partidos comunistas. Lenin mostró que la experiencia rusa tiene alcance internacional y llamó a los partidos comunistas a que aprovechasen en su lucha "lo que la historia y la táctica actual del bolchevismo contienen de aplicable, importante y obligatorio en todas partes" (pág. 373). Al remarcar el papel del Partido Comunista como fuerza dirigente en la lucha de la clase obrera, Lenin enseñó a los partidos comunistas a fortalecer sus vínculos con las masas, a trabajar en todas las organizaciones, aun en las más reaccionarias, que tuviesen masas proletarias o semiproletarias, a participar en los parlamentos burgueses, a conquistar para el comunismo a la mayoría 17 de la clase obrera y de todos los trabajadores. Escribió que es preciso dominar todas las formas y métodos de lucha, ser flexibles al máximo en la táctica, saber aprovechar los compromisos con otros partidos, aplicar acertadamente los principios fundamentales del comunismo a las condiciones concretas de sus países.
El libro de Lenin La enfermedad infantil del ``izquierdismo'' en el comunismo es una relevante obra de marxismo revolucionario. Ha servido y sirve hasta la fecha a los comunistas de todos los países de magnífica guía de estrategia y táctica, de poderoso instrumento ideológico en su lucha por la paz, la democracia y el socialismo.
En las Tesis e informe sobre la democracia burguesa y la dictadura del proletariado, presentados al I Congreso de la Internacional Comunista, en el Esbozo inicial de las tesis sobre la cuestión agraria y en el Esbozo inicial de las tesis sobre los problemas nacional y colonial para el II Congreso de la Internacional Comunista, en el Informe sobre la situación internacional y las tareas fundamentales de la Internacional Comunista y en el Informe de la Comisión para los problemas nacional y colonial,presentado al II Congreso de la Internacional Comunista, asi' como en el Discurso en defensa de la táctica de la Internacional Comunista, pronunciado ante el III Congreso de la Internacional Comunista, Lenin elaboró y fundamentó los principios programáticos, de organización y táctica del movimiento comunista internacional. Dio indicaciones básicas sobre la importancia y vías de aplicación de la táctica del frente único, por las que se rigen los partidos comunistas en su lucha por la unidad de la clase obrera y la cohesión de todas las fuerzas democráticas contra la reacción.
A juicio de Lenin, la estrategia y la táctica del movimiento comunista internacional deben partir de que, después de la Revolución de Octubre, el contenido de la nueva época iniciada de la historia universal es la transición del capitalismo al socialismo, la formación y afianzamiento del sistema del socialismo. Con la particularidad de que Lenin previo genialmente que llegaría un día en que la dictadura del proletariado se convertiría "cíe nacional (es decir, existente en un solo país e incapaz de determinar la política mundial) en internacional (es decir, en dictadura del proletariado existente, cuando menos, en varios países avanzados y capaz de tener una influencia decisiva sobre toda la política mundial)" (pág. 440). La previsión de Lenin se ha confirmado. El socialismo ha rebasado el marco de un solo país y se ha hecho un sistema mundial, que se está transformando en el factor decisivo del desarrollo de la sociedad humana.
En las obras de Lenin han obtenido ulterior desarrollo los principios marxistas del internacionalismo proletario. Lenin condeno resueltamente el reconocimiento, de palabra, del 18 inlernacionalismo y la sustitución, de hecho, del mismo con el nacionalismo pequeñoburgués. El internacionalismo proletario, explicó Lenin, requiere que los intereses del movimiento obrero en un país dado se sometan a los intereses del movimiento mundial de emancipación de los trabajadores en su totalidad, requiere unidad, cohesión y ayuda mutua fraternal del proletariado y los partidos comunistas de todos los países.
Lenin remarcaba la enorme importancia que tienen los movimientos de liberación nacional, señaló la inevitabilidad de la disgregación del sistema colonial del imperialismo y previo genialmente que la lucha de las masas trabajadoras de las colonias y los países dependientes, encauzada primero hacia la emancipación nacional, se volvería, en su desenvolvimiento, contra el capitalismo. A este respecto expuso el enunciado de que, tras liberarse del yugo imperialista y establecer el poder de los trabajadores, las ex colonias, en las que predominan relaciones patriarcales, feudales y semifeudales, pueden llevar a efecto, con la ayuda del proletariado triunfante de los países adelantados, el paso al socialismo, saltando la fase capitalista del desarrollo.
En el II Congreso de toda Rusia cíe las organizaciones comunistas de los pueblos de Oriente, celebrado en noviembre de 1919, Lenin dijo: "Tras el período del despertar de Oriente, en la revolución actual empieza un período en el que todos los pueblos orientales participarán en la decisión de los destinos del mundo entero, y lo harán no para ser únicamente una fuente de enriquecimiento" (pág. 305). La marcha de la historia ha confirmado la previsión de Lenin acerca de la inevitabilidad del hundimiento del sistema colonial del imperialismo. Después de la segunda guerra mundial se han liberado del yugo colonial y semicolonial y han emprendido la senda del desarrollo independiente países con una población total de más de mil cuatrocientos millones de habitantes. Los-pueblos liberados de Asia, África y América Latina participan activamente en la política internacional. El crac completo del colonialismo es ineludible. Cumpliendo los legados de Lenin,el Estado soviético, todos los países socialistas y todos los partidos comunistas se pronuncian por la extinción completa y definitiva, cuanto antes, del régimen colonial en todas sus formas y manifestaciones. Consideran su deber internacional prestar el máximo apoyo moral y material a los pueblos que luchan por liberarse de la opresión imperialista, ayudar a los pueblos de los jóvenes Estados nacionales en su lucha por el fortalecimiento de la independencia y asistir a estos países en su avance por la senda del progreso.
Concluye el presente volumen con las últimas cartas y artículos de Lenin: Carta al Congreso, Sobre la concesión de funciones legislativas al 19 Gosplán, Contribución al problema de las naciones o sobre la " autonomizacióri'', Páginas del diario. Sobre las cooperativas, Nuestra revolución (A propósito de las notas de N. Sujánoi:), Cómo tenemos que reorganizar la Inspección Obrera y Campesina (Propuesta al XII Congreso del partido). Más vale poco y bueno. Estos artículos fueron la etapa concluyeme de la elaboración del plan de Lenin de edificación del socialismo en la URSS, la fundamentación de la línea del partido a la luz de la perspectiva del movimiento mundial de emancipación de los trabajadores.
Al desarrollar el programa de la transformación socialista de Rusia, Lenin volvió a remarcar que la importancia decisiva en ello correspondía a la industrialización del país, al fomento de la gran industria basada en la maquinaria y a la electrificación de la economía nacional.
Trascendental parte integrante del plan de Lenin de la edificación del socialismo fue el programa de la transformación socialista de la agricultura. Lenin propuso su genial plan cooperativista de incorporar a los campesinos a la causa de la edificación socialista. Enseñó que sólo la agrupación de las pequeñas haciendas campesinas y la creación de una producción social en gran escala, empleando máquinas y procedimientos científicos de agrotecnia, podían dar la elevación necesaria del rendimiento del trabajo agrícola y asegurar el bienestar de los campesinos. La creación de cooperativas es el único camino, el más sencillo, asequible y comprensible para el campesino, de pasar de la pequeña hacienda a la producción y trabajo colectivos. Para cumplir bien esta tarea hay que tener una base material, observar rigurosamente el principio de la voluntariedad de agrupación de los campesinos, asegurar el papel dirigente del Estado proletario en el proceso de colectivización de la agricultura.
El plan cooperativista de Lenin fue el programa concreto de la lucha sucesiva del Partido Comunista por la transformación socialista de la agricultura. Al llevar a la práctica este plan, el partido aseguró el cumplimiento de la tarea más compleja de la revolución socialista después de la conquista del poder por el proletariado, la tarea de encauzar a los millones de campesinos por la vía del socialismo.
En el artículo Páginas del diario, Lenin tra/.ó los caminos del fomento cultural, señalando que una de las condiciones más importantes del éxito de la transformación socialista consistía en incorporar a las amplias masas trabajadoras a la cultura.
En los últimos artículos de Lenin se dedica gran espacio al mejoramiento y perfeccionamiento del aparato del Estado, a su reducción y abaratamiento, a su aproximación a las masas trabajadoras y a la lucha contra el burocratismo y el papeleo.
Lenin remarcó con toda energía la necesidad de robustecer el 20 partido como fuerza dirigente y orientadora en la edificación del socialismo, la necesidad de asegurar la unidad ideológica y orgánica del partido.
En sus artículos, Lenin rebatió a los teóricos de la II Internacional, a los reformistas y revisionistas, que afirmaban que en Rusia no había premisas económicas objetivas para el socialismo. En el País Soviético, señaló, hay todo cuanto hace falta, y en cantidad suficiente, para la edificación de la sociedad socialista completa. El pueblo soviético puede construir y construirá el socialismo aun estando dentro del cerco capitalista. Bajo la dirección del Partido Comunista, avanzando firme y estrictamente por la senda del leninismo, el pueblo soviético ha sido el primero en la historia en llevar a cabo la transformación socialista de Rusia y construir la sociedad socialista.
Lenin expresó su profundo convencimiento de que la victoria del socialismo en escala internacional es inevitable. "El desenlace de la lucha---escribió---depende, en última instancia, del hecho de que Rusia, la India, China, etc., constituyen la mayoría gigantesca de la población. Y precisamente esta mayoría de la población es la que se incorpora en los últimos años con inusitada rapidez a la lucha por su liberación, de modo que, en este sentido, no puede haber ni sombra de duda respecto al desenlace final de la lucha a escala mundial. En este sentido, la victoria definitiva del socialismo está plena y absolutamente asegurada" (pág. 813).
La vida ha confirmado totalmente las previsiones científicas de Lenin acerca de las vías del desarrollo y perspectivas del movimiento mundial de emancipación de los trabajadores.
El País de los Soviets se ha convertido en un gran Estado socialista, en el Estado más poderoso del mundo. La revolución socialista ha triunfado en varios países de Europa Oriental y Central. La victoria de la revolución en China ha puesto en la senda del socialismo a su pueblo. Los pueblos de Vietnam, Cuba y Corea del Norte han emprendido el camino de la edificación de la nueva vida. Al mismo tiempo, la liberación de India y otros países de Asia y África del yugo colonial ha socavado de manera esencial la retaguardia del imperialismo.
Hoy no existen en el mundo fuerzas capaces de restaurar el capitalismo en el País Soviético ni derrotar al campo socialista. Actualmente se han eliminado las posibilidades económico-sociales de restaurar el capitalismo no sólo en la URSS, sino en otros países socialistas también. Las fuerzas aunadas de la comunidad socialista garantizan sólidamente a cada país socialista contra los atentados de la reacción imperialista. De esta suerte, la unidad en robustecimiento y el poderío en aumento incesante de esta comunidad aseguran la 21 victoria completa del socialismo en el marco de todo el sistema en su conjunto.
La Unión Soviética está realizando con éxito la edificación del comunismo en todos los frentes, siendo la primera en la historia que tiende el camino al comunismo para toda la humanidad. Desplegando y aplicando de manera creadora la doctrina leninista en las nuevas condiciones, el Partido Comunista ha trazado un plan grandioso de edificación del comunismo y definido las tareas del pueblo para cumplirlo. El fundamento de la estrategia económica del partido es la creación de la base material y técnica del comunismo en el período del desenvolvimiento de la revolución científica y técnica. El partido sigue consecuentemente el rumbo a elevar el nivel material y cultural de vida del pueblo, basándose en el desarrollo dinámico y proporcional de la producción social, en el aumento de su eficiencia, en la aceleración del progreso científico y técnico, en el crecimiento de la productividad y en la mejora máxima de la calidad del trabajo en torios los sectores de la economía nacional.
En la arena mundial se va manifestando más cada día la superioridad de las fuerzas del socialismo sobre las del imperialismo. Las grandes fuerzas de nuestros días: los pueblos que construyen el socialismo y el comunismo, el movimiento revolucionario de la clase obrera en los países capitalistas, la lucha de liberación nacional de los pueblos oprimidos y los movimientos democráticos, se funden en un torrente común de lucha contra el imperialismo. Se robustece la unidad y la cohesión de los partidos comunistas y obreros, condición indispensable para la victoria en la lucha por la paz, la democracia, la independencia nacional, el socialismo y el comunismo. Bajo la bandera del marxismo-leninismo el movimiento comunista y obrero internacional avanza seguro hacia nuevas victorias, hacia el futuro luminoso de toda la humanidad.
Instituto de Marxismo-Leninismo adjunto al CC del PCUS Editorial del Estado de Literatura Política
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DISCURSO PRONUNCIADO
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Quisiera recordar primero que hace ya tiempo se logró dejar sentado que el imperialismo anglo-francés participa de modo directo e inmediato en la sublevación de los checoslovacos; mencionaré el artículo que se publicó el 28 de junio en el órgano central del Partido Comunista de Checoslovaquia Prúkopník Svobody y fue reproducido en nuestra = prensa^^3^^.
``El 7 de marzo, la Filial del Consejo Nacional recibió la primera aportación del cónsul francés: tres millones de rublos.
``Ese dinero lúe entregado a cierto Sr. Sip, empleado de la Filial del Consejo Nacional.
``El 9 de marzo, a ese mismo Sr. Sip se hizo entrega de otros dos millones; el 25 del mismo mes, el Sr. Sip recibió un millón, y el 26 de marzo, el vicepresidente del Consejo Nacional, Sr. Bobumil Cermak, obtuvo un millón más; otro millón se entregó al Sr. Sip el 3 de abril.
``En total, el cónsul francés desembolsó a la Filial del Consejo Nacional, entre el 7 de marzo y el 4 de abril, ocho millones de rublos.
``Sin registrar fecha, se entregó; al Sr. Sip, un millón; al Sr. Bohumil Cermak, un millón, y de nuevo al Sr. Sip, otro millón.
``Además se entregaron a una persona no especificada 188.000 rublos. Total: 3.188.000 rublos que, añadidos a los ocho millones antes mencionados, suman la cantidad de 11.188.000 rublos abonados por el gobierno francés a la Filial del Consejo Nacional.
``La Filial recibió del cónsul inglés 80.000 libras esterlinas. Así pues, desde el 7 de marzo hasta el día del levantamiento, los jefes del Consejo Nacional checo recibieron de los gobiernos francés e inglés unos quince millones, precio por el que se vendió el ejército checoslovaco a los imperialistas franceses e ingleses."
Claro que la mayoría de vosotros leeríais entonces esta noticia en los periódicos; claro que no dudamos nunca de que los imperialistas y los financieros ingleses y franceses harían cuanto pudieran y aun lo imposible para derrocar el Poder soviético, para crearle dificultades de todo género. Pero entonces todavía no se había desenvuelto todo el curso de los acontecimientos, que muestran que nos hallamos ante una cruzada contrarrevolucionaria militar y financiera, hostil a la República Soviética, cruzada regular, incesante, concebida por lo visto hace mucho y gestada durante meses y meses por todos los representantes del imperialismo anglo-francés. Ahora, cuando tomamos los acontecimientos en conjunto, contraponemos el movimiento contrarrevolucionario checoslovaco al desembarco hecho en Murmansk; sabemos que los ingleses han desembarcado allí más de 10.000 soldados y que, so pretexto de defender a Murmansk, lo que han hecho es avanzar, han ocupado Kem y Soroki, han rebasado este último punto hacia el Este y han empezado a fusilar a nuestros activistas de los Soviets; leemos en los periódicos que muchos miles de ferroviarios y otros obreros del Extremo Norte huyen de esos salvadores v liberadores, es decir, hablando en plata, de esos nuevos 25 verdugos imperialistas que desgarran a Rusia por el extremo opuesto; sí, cuando comparamos todos estos hechos vemos clara la conexión general de los acontecimientos. Por otra parte, en los últimos tiempos se han llegado a conocer nuevos hechos que confirman el carácter de la ofensiva anglo-francesa contra Rusia.
Se comprende que la propia geografía determine que las formas de esta ofensiva del imperialismo contra Rusia no puedan ser las mismas que en Alemania. No tienen con Rusia frontera común, como Alemania; tampoco tienen tantas tropas. El carácter eminentemente colonial y naval de la fuerza militar de Inglaterra hace ya mucho---decenios y decenios---que obliga a los ingleses a proceder en sus campañas de rapiña de modo distinto, tratando, principalmente, de cortar al país al que atacan de sus fuentes de abastecimiento; los obliga a preferir el método de estrangulación, so pretexto de ayuda, al método de la violencia armada directa, inmediata, brutal. Noticias llegadas en los últimos tiempos descubren que Alexéiev, viejo conocido de los soldados y obreros rusos, que ha ocupado hace poco el poblado cosaco de Tijorétskaya, contaba, sin duda alguna, con la ayuda del imperialismo anglo-francés. Allí la sublevación ha tomado formas más determinadas, y ello se debe también, evidentemente, a que media la mano del imperialismo anglo-francés.
Por último, ayer se recibieron noticias de que el imperialismo anglo-francés ha logrado hacer una jugada muy espectacular en Bakú. Ha conseguido la mayoría---unos 30 votos---en el Soviet de esta ciudad contra nuestro partido, contra los bolcheviques y los eseristas de izquierda---desgraciadamente muy pocos---, que no han seguido el ejemplo de la vil aventura y de la baja traición de los eseristas de izquierda de = Moscú^^4^^ y se han mantenido al lado del Poder soviético, contra el imperialismo y la guerra. Sí, contra ese núcleo, fiel al Poder soviético, que era hasta la fecha mayoría en el Soviet de Bakú, el imperialismo anglo-francés ha obtenido esta vez una ventaja de 30 votos debido a que se ha pasado a su bando, contra nosotros, una gran parte del = Dashnaktsutiún^^5^^, el partido de los armenios semisocialistas. (Da lectura al telegrama siguiente.)
``Por orden del Comisario del Pueblo Korgánov, el destacamento de Adzhikabul se replegó el 26 de julio de Adzhikabul a posiciones próximas a Aliat. Después del repliegue del destacamento de Shemajá de este punto y de Maraza, el enemigo desplegó una ofensiva por el valle del Pirsagat. En las cercanías de la aldea de Kubalá tuvo el primer c'hoque con la vanguardia.
``Al mismo tiempo, por la parte del Kurá, desde el Sur, un numeroso destacamento de caballería avanzó en dirección a la estación de Pirsagat. En tal S'tuación, para mantener la estación de Adzhikabul, se habría tenido que desplegar 26 todas las fuerzas disponibles en (res elircee iones: al oeste de Adzhikabul \ al 1101 te y .[1 sur fiel valle de Navagui-Pirsagat. tu frente tan extenso nos hubiera privado de reservas \, dada la falta de c aballería, nos hubiera privado de la posibilidad de asestar un golpe al enemigo e incluso hubiera puesto en difídl situación a la agrupación de Adzhikabul en (aso de rotura del frente por el Norte o por el Sur. Debido a esa situación, v también con el fin de conservar las fuer/as de las tropas, se dio la orden de que el destacamento de Adz.hikabul se replegase a posiciones próximas a Aliat. El repliegue se ha efectuado en pleno orden. Se han volado los objetivos importantes del ferrocarril v = di^^1^^ la estación de Adzhikabul, así «uno las (isteruas de queroseno v petróleo. Debido a la ofensiva general, el enemigo se muestra activo en el Daguestán. El 24 de julio atacó eu grandes masas en cuatro direcciones. Después de veinticuatro horas de combate, ocupamos las trincheras del enemigo, que se dispersó por el bosque. l,a noche hi/c> imposible la persecuc ion. F.l 24 de julio nos comunicaron de Shnrá que había habido combates favorables para nosotros. El teatro = de^^1^^ operac iones militares son los suburbios. El enemigo se bate con tesón, organizado v al mando de ex oficiales daguestanos. Los campesinos de Daguestán participan activamente en los combates de las inmediaciones de Shurá.
``En Bakú, los partidos derechistas se han levantado y han desplegado una enérgica agitación en pro de que se llame a los ingleses. Apoyan con energía la agitación los mandos del ejército y la propagan a las unidades del frente. La propaganda anglofila ha desorganizado el ejército. En los últimos tiempos, la orientación pro inglesa ha tenido gran éxito entre las masas, desesperadas v abatidas por los sufrimientos.
``Bajo la influencia de la falsa y provocadora actividad de los partidos derechistas, la Elotilla del Caspio ha adoptado varias resoluc iones contradictorias sobre los ingleses. Engañada por los mercenarios de los ingleses y los agentes voluntarios, c i cía ciegamente basta el último tiempo en la sinceridad del apoyo inglés.
``Las últimas noticias dan a conocer el avance de los ingleses en Persia y la toma de Resht ((lailán). En Resht, los ingleses se batieron cuatro días contra Kuchuk-Khan v contra las bandas germano-turcas unidas a él, encabezadas por los musavatistas evadidos de Bakú. Después de los combates de Resht, los ingleses nos pidieron ayuda, pero nuestros representantes en Persia se la negaron. Los ingleses han vencido en Resht. Pero en Persia apenas si tienen tuer/as. Se ha puesto en claro que en Enzelí disponen en total = cíe^^1^^ 50 hombres. Necesitan gasolina y nos ofrecen automóviles a cambio de ella. Sin gasolina no pueden avan/ar.
``El 25 de julio se celebre') una segunda reunión del Soviet de diputados para tratar cié la situación política y militar, y los partidos de la derecha plantearon el problema de los ingleses. El camarada Shaumián, Comisario extraordinario del Cáucaso, declare'), basándose en la resolución del V Congreso de los Soviets y en el telegrama de Stalin en nombre del Consejo Central de Comisarios del Pueblo, que es inadmisible invitar a los ingleses y exigió que se retirase la propuesta de discutir si llamarlos o no. Por una mavoría insignificante fue rechazada la exigencia del camarada Shaumián, quien, como representante del poder central, presente') acto seguido una protesta categórica. Se escuchó el informe de los delegados que habían visitado el frente. Por una mavoría de 259 votos de los eseristas de derecha, los dashnakes de derecha y los mencheviques contra 236 de los bolcheviques, los eseristas de izquierda v los dashnakes de i/quierda se aprobé') la resolución de invitar a los ingleses y formar un gobierne) de todos los partidos soviéticos que reconocían el poder efel Consejo de Comisarios del Pueblo. La resolución fue condenada duramente por el sector de iz.ejuierda. Shaumián declaró que consideraba que la resolucie')u adoptada era una traicie'm = infame^^1^^ v una negra ingratitud a los óbrelos y campesinos de Rusia y e|iie, como representante elel poder central, recusaba toda responsabilidad por la resolución adoptada. En nombre ele las minorías de los bolcheviques, los eseristas de izquierda y los dashnakes ele izquierda = se^^1^^ eleclam no lot mar = parte^^1^^ del gobierno de coalición v presentar la dimisie'm del Consejo 27 de Comisarios del Pueblo. El eamanda Shaumián declare') en nombre de las tres minorías de i/.quierda que un poder qi e invitaba a los imperialistas ingleses rompía elehecho con el Poder soviético = de^^1^^ Rusí; y no contaría con ningún apeno de la Rusia Soviética. Al invitar a los ingleses, el S >viet de diputados local había perdido, con su nolítica de traieie')ii, el ajjoyo de Rusu v de los partidos adictos al Poder soviético.
``La dec isión del Consejo de Comisarios del Pueblo de presentar l.t dimisión ha sumido a los partidos deree Instas en el mayor desconcierto. Al llegar las noticias de la situación creada, la moral ha cambiado mucho en los distritos y en el fíente. Los marinos han eomjjrendido ejue han sido de hecho engañados por traidores e|uc quieren romper con Rusia y destruir el Poder soviético. Cambia la actitud de las masas con los ingleses. Ayer, debido a la dimisión del Consejo de Comisarios del Pueblo, se celebró una reunión extraordinaria del Comité Ejecutivo. Se acorde') ejue los comisarios del jjueblo siguieran en sus puestos y desplegaran la labor que venían realizando hasta que se resolviera la cuestión del poder en la reunión elel Soviet del 31 de julio. El = ``(omite^^1^^ Ejee utivo ha acordado tomar medidas urgentes para combatir la contrarrevolucion, que sazona. Los enemigos despliegan su labor escudados en los partidos anglo-franceses. Oficina de Prensa del Consejo de Comisarios del Pueblo de Bakú".
Como podéis ver continuamente en nuestras minorías, que, aun llamándose socialistas, jamás han roto sus lazos con la burguesía, también allí se han pronunciado por invitar a las tropas inglesas para defender a Bakú'. Sabemos de sobra lo que significa invitar a las tropas imperialistas para defender la República Soviética. Sabemos lo que ha sido esa invitación hecha por la burguesía, parte de los eseristas y de los mencheviques. Sabemos lo que ha sido esa invitación hecha por los jefes de los mencheviques de Tiflís, en Georgia.
Ahora podemos decir que el único partido que no ha invitado a los imperialistas ni ha concertado con ellos una alianza rapaz, que únicamente se ha replegado ante ellos cuando los verdugos avanzaban, ha sido el partido de los bolcheviques comunistas. (Aplausos.) Sabemos que en el Cáucaso la situación de nuestros camaradas comunistas ha sido particularmente difícil porque los han traicionado a cada paso los mencheviques, concertando alianzas directas con los imperialistas germanos so pretexto, claro está, de defender la independencia de Georgia.
Todos sabéis muy bien que esa independencia de Georgia se ha convertido en puro engaño: en realidad, es la ocupación y la absoluta dominación de Georgia por los imperialistas germanos, la alianza de las bayonetas alemanas y del gobierno menchevique contra los obreros y campesinos bolcheviques, y por ello tienen mil veces razón nuestros camaradas de Bakú, que, sin menospreciar el peligro de la situación, se han dicho: jamás estaríamos contra la paz con una potencia imperialista, cediéndole parte de nuestro territorio, si ello "O nos asestara un golpe, si no aliara a nuestras tropas con las bayonetas de los verdugos y no nos privara de la posibilidad de continuar nuestra obra de transformación socialista.
28Ahora bien, si la cuestión está planteada de modo que, al invitar a los ingleses para que ``defiendan'' a Bakú, se invita a una potencia que se ha tragado ahora a toda Persia y hace tiempo que prepara sus fuerzas armadas para ocupar el sur del Cáucaso, es decir, si se trata de entregarse al imperialismo anglo-francés, en ese caso no podemos dudar un instante de que, por difícil que sea su situación, nuestros camaradas de Bakú, al negarse a concertar esa paz, han dado el único paso digno de socialistas de verdad, y no de palabra. La negativa resuelta a todo acuerdo con los imperialistas anglo-franceses es el único paso atinado que podían dar los camaradas de Bakú, ya que no se puede invitar a aquéllos sin convertir el poder socialista independiente, aunque sea en un territorio separado del resto del país, en esclavo de la guerra imperialista.
Por ello no tenemos ninguna duda de lo que significa en el curso general de los acontecimientos lo ocurrido en Bakú. Ayer se recibió la noticia de que en parte de las ciudades de Asia Central ha estallado una sublevación contrarrevolucionaria con participación manifiesta de los ingleses, que se han hecho fuertes en la India y, después de haber sometido por completo al Afganistán, hace mucho que han creado un punto de apoyo tanto para ampliar sus dominios coloniales, para estrangular las naciones, como para atacar a la Rusia Soviética. Y ahora, cuando vemos claro todos esos eslabones, se ha definido plenamente la actual situación militar y estratégica general de nuestra república. Murmansk en el Norte, el frente checoslovaco en el Este, Turquestán, Bakú y Astracán en el Sudeste. Como vemos, están engarzados casi todos los eslabones de la cadena forjada por el imperialismo anglo-francés.
Ahora vemos perfectamente que los terratenientes, los capitalistas y los kulaks, que, claro está, odian todos, por causas para ellos bastante lógicas, el Poder soviético, también han obrado hoy aquí en formas muy poco distintas de las que tuvo la actuación de los terratenientes, los capitalistas y los kulaks en Ucrania y otros lugares cortados de Rusia. Como lacayos del imperialismo anglo-francés, se mostraron dispuestos a hacer, costara lo que costase, todo lo posible contra el Poder soviético. No podían hacerlo con fuerzas de la propia Rusia y resolvieron actuar con los procedimientos de lucha más enérgicos, con operaciones militares, y no con palabras, no con llamamientos al estilo de los lanzados por los Mártov. Es sobre esta circunstancia sobre la que hay que llamar principalmente vuestra atención, en la que debemos centrar toda nuestra agitación, toda la propaganda y, de acuerdo con ello, desplazar el centro de gravedad de toda la labor de nuestros Soviets.
El hecho fundamental es ése, que ahora están en juego fuerzas imperialistas de otra coalición, no de la germana, sino de la 29 anglo-francesa, coalición que ha ocupado parte del territorio y se basa en él. Si hasta el momento la situación geográfica le impedía agredir directamente a Rusia, ahora, dando un rodeo, el imperialismo anglo-francés, que lleva ya cuatro años anegando en sangre el mundo por asegurarse la dominación en él, ha llegado a las puertas de Rusia para estrangular a la República Soviética y llevar el país a la guerra imperialista. Sabéis perfectamente, camaradas, que desde el comienzo de la Revolución de Octubre nos planteamos como principal objetivo poner fin a la guerra imperialista; pero jamás nos hemos hecho la ilusión de que con las fuerzas del proletariado y de las masas revolucionarias de un solo país---por más heroicas que sean, por más grandes que sean su organización y disciplina---, de que con las fuerzas del proletariado de un solo país, se pueda derrocar el imperialismo internacional: eso únicamente puede hacerse con el esfuerzo conjunto de los proletarios de todos los países.
Pero hemos logrado que se rompan en un país todos los lazos con los capitalistas del mundo entero. No hay ningún hilo que vincule al gobierno de nuestro país con ningún imperialista, y jamás lo habrá, sea cual fuere el camino que siga nuestra revolución. Hemos logrado que el movimiento revolucionario contra el imperialismo diese en los ocho meses de existencia de nuestro poder un enorme paso adelante y que en Alemania, uno de los principales centros del imperialismo, las cosas llegaran en enero de f918 a choques armados y a la represión sangrienta de ese movimiento. Hemos impulsado nuestra obra revolucionaria como en ningún otro país lo hubiera podido hacer ningún gobierno revolucionario a escala internacional, a escala mundial, pero sin forjarnos la ilusión de que eso pueda lograrse con las fuerzas de un solo país. Sabíamos que nuestros esfuerzos llevan inevitablemente a la revolución mundial y que con los esfuerzos de los gobiernos imperialistas no se puede poner fin a la guerra empezada por ellos. Con la guerra únicamente pueden acabar los esfuerzos de todo el proletariado, y nuestra tarea, al subir al poder como Partido Comunista proletario, cuando en los otros países ha quedado en pie la dominación burguesa, capitalista, nuestra tarea inmediata era, lo repito, mantener ese poder, esa antorcha del socialismo para que continuara echando todas las chispas posibles al creciente incendio de la revolución socialista.
Esta tarea era en todas las partes de extraordinaria dificultad, y nosotros la cumplimos gracias a que (-1 proletariado defendía precisamente las conquistas de la república socialista. Esa tarea condujo a una situación dura y critica en particular, ya que la revolución socialista, en el sentido directo de la palabra, aún no ha empezado en ningún país, aunque los países como Italia y Austria se 30 hallan incomparablemente más cerca de ella. Pero, como aún no ha empezado, asistimos a un nuevo éxito del imperialismo anglo-francés y, por ende, mundial. Si en Occidente el imperialismo alemán continúa alzándose como una fuerza imperialista militar de rapiña, al noreste \ al sur de Rusia el imperialismo anglo-írancés ha obtenido la posibilidad de hacerse fuerte y nos hace ver con toda evidencia que esa fuerza está dispuesta a arrastrar de nuevo a Rusia a la guerra imperialista, dispuesta a aplastar a Rusia, Estado socialista independiente, que continúa su labor y su propaganda socialistas en proporciones hasta ahora nunca vistas en el mundo. El imperialismo anglo-francés ha logrado un gran éxito contra esto y, tras de cercarnos, ha orientado todos sus esfuerzos a aplastar a la Rusia Soviética. Sabemos perfectamente que ese éxito del imperialismo anglo-francés se halla indisolublemente vinculado a la lucha de las clases.
Siempre hemos dicho, y las revoluciones lo confirman, que cuando corren peligro los cimientos del poder económico, del poder de los explotadores, su propiedad, que pone a su disposición el trabajo de decenas de millones de obreros y campesinos y da a los terratenientes y capitalistas la posibilidad de lucrarse, cuando corre peligro, repito, la propiedad privada de los capitalistas y los terratenientes, éstos olvidan todas sus frases de amor a la patria y a la independencia. Sabemos perfectamente que los = democonstitucionalistas^^8^^, los eseristas de derecha y los mencheviques han batido la marca en cuanto a alianzas con las potencias imperialistas, la lirma de tratados onerosos y la venta de la patria al imperialismo anglofrancés. Ucrania v Tiflís son un ejemplo. La alianza de los mencheviques y los eseristas de derecha con el cuerpo de ejército checoslovaco es bastante elocuente a este respecto. Y la sublevación de los eseristas de izquierda, que han querido arrastrar a la República de Rusia a la guerra en provecho de los guardias blancos de = Yaroslavl^^9^^, muestra con bastante claridad que, cuando se trata de los beneficios de su clase, la burguesía vende la patria y trapichea con cualesquiera extranjeros en contra de su pueblo. La historia de la revolución rusa nos ha evidenciado una y otra vez esa verdad después de habernos enseñado la historia de la revolución en el transcurso de más de un siglo que ésa es la ley de los intereses de clase, de la política de clase de la burguesía en todos los tiempos y en todos los países. Por ello no tiene nada de extraño que las agravaciones, hoy observadas, de la situación internacional de la República Soviética estén relacionadas con la agudización de la lucha de las clases en el interior del país.
Hemos repetido muchas veces, en lo que se refiere a la agravación di- la crisis de subsistencias en el período precedente a la nueva 31 cosecha es el más duro en este sentido. Sobre Rusia se ha abatido el azote del hambre, agí avada de modo inaudito, ya que el plan de las fieras imperialistas consiste precisamente en aislar a Rusia de todas las zonas trigueras. En este aspecto, sus intenciones son bien lógicas y consisten en hallar una base social de clase precisamente en las regiones trigueras periféricas, en hallar zonas con predominio de kulaks, de campesinos ricos que han hecho su agosto con la guerra y viven del trabajo ajeno, del trabajo de los pobres. Sabéis que esos elementos han acumulado decenas y centenares de miles de rublos y que poseen enormes reservas de cereales. Sabéis que esa gente que se ha lucrado con las escaseces del pueblo, esa gente que hallaba mayor base para robar y lucrarse cuanto más horrenda era el hambre del pueblo en la capital, que esos kulaks constituyen el puntal principal y más serio del movimiento contrarrevolucionario de Rusia. En este terreno la lucha entre las clases ha llegado hasta el extremo. No ha quedado ni una sola aldea donde no se haya desplegado la lucha de clase de los pobres del campo y parte de los campesinos medios sin excedentes de grano---se lo han comido hace tiempo---y que no han participado en la especulación, de esta inmensa mayoría de los trabajadores contra un puñado insignificante de kulaks; esa lucha entre las clases ha penetrado en cada aldea.
Cuando determinamos nuestros planes políticos y publicamos nuestros decretos---que, como es natural, conocéis la inmensa mayoría de los aquí presentes---; cuando, repito, escribimos y aplicamos los decretos relativos a la organización de los pobres del campo''', vimos claramente que nos acercábamos al problema decisivo y cardinal de toda la revolución, al problema del poder, al problema de si sostendrá el proletariado el poder en sus manos, de si atraerá a todos los pobres del campo, con los que no tiene divergencia alguna, de si sabrá atraerse a los campesinos, de los que no le separa ninguna discrepancia, y agrupar a toda esta masa, dispersa, desunida, diseminada por las aldeas---en este aspecto está por debajo del obrero urbano---, de si los unirá contra el otro campo, el campo de los terratenientes, los imperialistas y los kulaks.
Y he ahí a los pobres del campo que han empezado a agruparse con extraordinaria rapidez ante nuestros ojos. Se dice que la revolución enseña. La lucha de las clases enseña de hecho, en la práctica, que toda falsedad en las posiciones de un partido lleva a éste inmediatamente al lugar que se merece. Hemos visto palmariamente la política del partido de los eseristas de izquierda, que, en virtud de su falta de médula y de cabeza, vacilaron en el momento en que la crisis de subsistencias se planteó con tanta agudeza, y el partido eserista de izquierda desapareció como tal, convirtiéndose en un peón en manos de los guardias blancos de Yaroslavl. (Aplausos.)
32Camaradas, este enconamiento de la lucha de las clases relacionado con la crisis de subsistencias, precisamente cuando se ha podido averiguar que la nueva cosecha es abundante, pero que no se podrá recoger, y cuando los kulaks y los elementos de la burguesía, que dicen, haciendo los esfuerzos más desesperados: ahora o nunca, y empujan a los habitantes hambrientos de Petrogrado y Moscú, es lo que permite comprender la oleada de sublevaciones que se extiende por Rusia. Se ha producido el levantamiento de Yaroslavl. Y vemos la influencia de los anglo-franceses; vemos los planes de los terratenientes y la burguesía contrarrevolucionarios. Allí donde se plantease el problema de los cereales, ellos impedían la aplicación del monopolio del trigo, y sin él no puede haber socialismo. Precisamente en esto debía agruparse la burguesía, en esto la burguesía tiene un puntal más hondo que el mujik del campo. El combate decisivo entre las fuerzas del socialismo y la sociedad burguesa se reñirá en todo caso, de tal o cual modo, hoy o mañana, por esta o la otra razón. Vacilaciones de todo tipo pueden tener sólo los socialistas entre comillas, como nuestros eseristas de izquierda, por ejemplo. Cuando en esta cuestión, en este problema cardinal, hay vacilaciones entre los socialistas, quiere decir que son socialistas entre comillas y que no valen un comino. La revolución hace que tales socialistas se conviertan de hecho en simples peones con los que juegan los generales franceses, peones cuyo papel lo ha evidenciado el ex Comité Central del ex partido eserista de izquierda.
Camaradas, de este esfuerzo mancomunado del imperialismo anglo-francés y la burguesía rusa contrarrevolucionaria ha resultado que ahora nos encontramos con la guerra civil que se nos echa encima por donde no todos la esperaban ni la concebían claramente, y esa guerra civil se ha fundido con la guerra exterior en un todo indisoluble. La sublevación de los kulaks, el motín del cuerpo de ejército checoslovaco y el movimiento de Murmansk son episodios de una misma guerra que avanza sobre Rusia. Hemos salido de la guerra por nuestra parte, sufriendo enormes daños; al concertar una paz increíblemente dura '', sabíamos que era onerosa, pero decíamos que podríamos continuar nuestra propaganda y nuestra construcción y que con ello minaríamos el mundo imperialista. Eso supimos hacerlo. Alemania negocia hoy cuántos miles de millones sacar a Rusia por el Tratado de Paz de Brest, pero ha reconocido todas las nacionalizaciones que nosotros realizamos en virtud del decreto del 28 de = junio^^12^^. No ha planteado la cuestión de la propiedad privada de la tierra en la república. Esto hay que subrayarlo en contraposición a las inauditas falsedades que difundían Spiridónova y otros líderes eseristas de izquierda como ella, falsedades que han beneficiado a los terratenientes y son repetidas ahora por los 33 elementos de las centurias negras más ignorantes y atrasados. Esas falsedades deben ser refutadas y desenmascaradas.
En efecto, nosotros, pese a lo dura que nos es la paz, hemos conquistado la libre construcción socialista en el interior y hemos dado en este terreno pasos que ahora empieza a conocer Europa Occidental y que son elementos de propaganda inconmensurablemente más poderosos que antes.
Ahora bien, las cosas se han puesto de manera que, al salir de la guerra por nuestra parte contra una coalición, ahora sufrimos el embate del imperialismo por su parte. El imperialismo es un fenómeno universal, es la lucha por el reparto de todo el mundo, de toda la tierra, y por el sometimiento a uno u otro puñado de fieras. Ahora se lanza sobre nosotros otro grupo de fieras, el grupo anglo-francés, y nos dice: os arrastraremos de nuevo a la guerra. Su guerra y la guerra civil se funden en un tocio único, y ésa es la verdadera causa de las dificultades del momento presente, en el que de nuevo entra en escena la cuestión de la guerra, de los acontecimientos bélicos, como cuestión principal, cardinal, de la revolución. Y en ello reside toda la dificultad, pues el pueblo está cansado de la guerra, atormentado como nunca por la guerra. Este estado de extremo agobio y sufrimiento del pueblo ruso a causa de la guerra puede compararse con el del hombre al que han apaleado hasta dejarlo más muerto que vivo y del que no se puede exigir que dé pruebas de energía ni de capacidad de trabajo. Del mismo modo, es natural que la guerra de casi cuatro años que se abatió sobre el país, al que saquearon, torturaron y mancillaron el zarismo, la autocracia, la burguesía y Kerenski, despertara por muchas razones la repulsión en el pueblo ruso y sea la causa principal de las enormes dificultades que pasamos.
Por otra parte, el giro que han tomado los acontecimientos lo ha reducido todo a una determinada guerra. De nuevo hemos ido a parar a la guerra, nos encontramos en guerra, y esta guerra no sólo es civil, contra los kulaks, terratenientes y capitalistas, que ahora se han unido contra nosotros; en el presente tenemos ya enfrente al imperialismo anglo-francés; éste todavía no está en condiciones de lanzar sus hordas sobre Rusia, se lo impiden las condiciones geográficas; pero todo lo que puede, todos sus millones, relaciones diplomáticas y energías los dedica a ayudar a nuestros enemigos. Nos hallamos en estado de guerra, y de esta guerra podemos salir vencedores; pero tenemos que luchar contra uno de los enemigos más difíciles de vencer: hay que combatir el cansancio producido por la guerra, el odio y la aversión a la guerra; debemos superar ese estado de ánimo, pues, de lo contrario, no podremos resolver un problema que no depende de nuestra voluntad: el problema de la 34 guerra. Nuestro país de nuevo está en guerra, y el desenlace de la revolución depende ahora por entero de quién venza en esta guerra, cuyo principal vehículo es el cuerpo de ejército checoslovaco, pero de hecho sus dirigentes, promotores e impulsores son los imperialistas anglo-franceses. Todo el problema de la existencia de la República Socialista Federativa Soviética de Rusia, todo el problema de la revolución socialista en Rusia ha quedado reducido al de la guerra. En ello reside el origen de la enorme dificultad, dado el estado de ánimo con que el pueblo ha salido de la guerra imperialista. Para nosotros está bien clara nuestra tarea. Toda mentira sería un perjuicio enorme; consideramos un crimen ocultar a los obreros y campesinos esta dura verdad. Todo lo contrario: que cada uno la conozca con la mayor claridad y detalle.
Sí, conocemos ejemplos en los que nuestras tropas mostraron una debilidad criminal, por ejemplo, cuando el cuerpo de ejército checoslovaco tomó Siinbirsk y los nuestros retrocedieron; sabemos que las tropas están cansadas de la guerra, que sienten aversión por ella, pero también es natural e inevitable que mientras el imperialismo no haya sido derrotado a escala mundial, intente arrastrar a Rusia a la guerra imperialista, se esfuerce por hacer de ella un matadero. Querámoslo o no, el problema está planteado así: nos hallamos en guerra, y la suerte de la revolución la decidirá el desenlace de esa guerra. Esta debe ser la primera y la última palabra de nuestra agitación, de toda nuestra actividad política, revolucionaria y transformadora. Hemos hecho mucho en muy poco tiempo, pero tenemos que llevarlo todo hasta sus últimas consecuencias. Toda nuestra actividad debe subordinarse por completo al problema del que ahora dependen la suerte de la revolución y su desenlace, la suerte de la revolución rusa e internacional. Naturalmente, el imperialismo de todo el mundo no saldrá de la presente guerra sin una serie de revoluciones; esta guerra no terminará sino con la victoria final del socialismo. Pero nuestra tarea es hoy día apoyar, defender y conservar esta fuerza del socialismo, esta antorcha socialista, este manantial de socialismo cuya poderosa acción abarca el mundo entero; dado el actual giro de los acontecimientos, esa tarea es una tarea militar.
Hemos pasado varias veces por tal situación, y muchos decían que por cara que nos hubiese costado la paz, por muchos sacrificios que se nos exigiera, por mucho que se esforzara el enemigo por arrancarnos nuevos y nuevos pedazos de territorio, Rusia, pese a todo, continuaba gozando de la paz y podía consolidar sus conquistas socialistas. Por este camino hemos ido incluso más lejos de lo que muchos de nosotros nos imaginábamos. Nuestro control obrero, por ejemplo, ha ido mucho más allá de las formas que tomara al 35 principio, y hoy nos hallamos ante los umbrales de la transformación socialista de la administración del Estado. Hemos progresado mucho en nuestro trabajo práctico. En el país, los obreros administran ya toda la producción, pero las circunstancias nos han impedido proseguir en paz este trabajo; de nuevo se nos ha llevado al estado de guerra, y debemos poner en tensión todas nuestras fuerzas y llamar a todos a las armas. Sería una vergüenza si entre los comunistas viésemos vacilaciones a este respecto.
Eas vacilaciones entre los campesinos no nos extrañan. La masa campesina no ha pasado por una escuela de vida como la del proletariado, que está acostumbrado durante decenios a ver en el capitalista a su enemigo de clase y que ha sabido agí upar sus fuerzas para la lucha contra él. Sabemos que los campesinos no han pasado por tal universidad. Durante un tiempo marcharon con el proletariado, y ahora se asiste a un período de vacilaciones entre ellos, en el que la masa campesina se escinde. Conocemos infinidad de casos en los que los kulaks venden a los campesinos grano a precios inferiores a los de tasa para aparentar que defienden sus intereses. Nada de eso nos extraña; pero el obrero comunista no vacilará, la masa obrera es firme como una roca, y si la masa campesina comparte el estado de ánimo del kulak, eso se explica fácilmente. Allí donde no hay bolcheviques y mandan las autoridades del cuerpo de ejército checoslovaco, hemos observado el siguiente fenómeno: al principio se recibe a los checoslovacos casi como a liberadores suyos; pero al cabo de unas semanas de dominio de esta burguesía se advierte un viraje inmenso contra los checoslovacos y a favor del Poder soviético, pues los campesinos empiezan a comprender que todas las frases acerca de la libertad de comercio y la Asamblea Constituyente significan una sola cosa: el poder de los terratenientes y los capitalistas.
Nuestra tarea consiste en cerrar todavía más las filas proletarias y organizar las cosas de manera que en las próximas semanas todo se dedique ya a resolver el problema de la guerra. Ahora combatimos contra el imperialismo anglo-francés y contra todo lo que hay de burgués, de capitalista en Rusia, contra lo que se esfuerza por frustrar la causa de la revolución socialista y arrastrarnos a la guerra. La cuestión se plantea de manera que se ponen en juego todas las conquistas de los obreros y los campesinos. Debemos estar seguros de que encontraremos en el proletariado amplia simpatía y apoyo, de que el peligro será plenamente rechazado y de que nuevas filas del proletariado se alzarán en defensa de su clase para salvar la revolución socialista. I,a cuestión se plantea hoy de manera que la lucha se desarrolla por dos puntos principales, y todas las diferencias esenciales entre los partidos se han atenuado en el fuego de la 36 revolución. El eserista de izquierda que recalca con insistencia que es de izquierda y se encubre con frases revolucionarias, sublevándose de hecho contra el Poder soviético, es también un mercenario de los guardias blancos de Yaroslavl. ¡Eso es ante la historia y la lucha revolucionaria! Hoy se enfrentan en la palestra tan sólo dos clases: se despliega la lucha de clase del proletariado, defensor de los intereses de los trabajadores, contra quienes defienden los intereses de los terratenientes y los capitalistas. Todas las frases en torno a la Asamblea Constituyente, el Estado independiente, etc., con que se trata de engañar a las masas inconscientes, han sido desenmascaradas por la experiencia del movimiento del cuerpo de ejército checoslovaco y por la del movimiento de los mencheviques caucasianos. Tras todas esas frases se hallan las mismas fuerzas: los terratenientes y los capitalistas; y la sublevación del cuerpo de ejército checoslovaco va seguida, lo mismo que la ocupación alemana, del poder de aquéllos. ¡Por eso se hace la guerra!
Camaradas: Los proletarios deben cerrar todavía más sus filas y ofrecer en esta lucha un ejemplo de organización y disciplina. Rusia continúa siendo el único país que ha roto todo lazo con los imperialistas. Verdad es que nos desangramos por nuestras graves heridas. Nos hemos replegado ante la fiera imperialista para ganar tiempo, asestándole, ya aquí ya allá, golpes parciales, pero hemos seguido siendo independientes como República Soviética Socialista. Al realizar nuestra labor socialista, hemos ido contra el imperialismo del mundo entero, y esta lucha es cada día más comprensible para los obreros del globo, y su indignación, en aumento, acerca cada vez más la futura revolución. Precisamente por eso se lucha, porque nuestra república es el único país del mundo que no ha marchado codo con codo al lado del imperialismo, que no ha dejado que se matase a millones de hombres en aras de la dominación francesa o alemana en el mundo. Nuestra república es el único país que ha salido por vía violenta y revolucionaria de la guerra imperialista mundial, que ha enarbolado la bandera de la revolución socialista, pero la arrastran de nuevo a la guerra imperialista, quieren llevarla de nuevo al frente. Que los checoslovacos combatan contra los alemanes, que la burguesía rusa elija, que Miliukov decida, quizás hasta de acuerdo con Spiridónova y Kamkov, con qué imperialistas quieren ir. Pero nosotros declaramos que, para impedir que decidan esta cuestión, debemos estar prestos a entregar la vida, ya que se trata de salvar toda la revolución socialista. (Aplausos.) Sé que entre los campesinos de las provincias de Sarátov, Samara y Simbirsk, donde se venía observando el mayor cansancio y la mayor incapacidad de participar en acciones bélicas, se perfila un cambio. Después de haber conocido la invasión de los cosacos y los checoslovacos, después 37 de haber conocido prácticamente lo que es la Asamblea Constituyente o lo que significan los gritos de "¡Abajo la paz de Brest!'', han comprendido eme todo eso conduce al retorno del terrateniente, a la entronización del capitalista, y ahora se van convirtiendo en fervorosos defensores del Poder de los Soviets. No me cabe la menor duda de que las masas proletarias de Petrogrado y de Moscú, que marchan a la vanguardia de la revolución, comprenderán las circunstancias, comprenderán cuan críticos son los instantes que vivimos, darán pruebas de una mayor decisión, y el proletariado, en beneficio de la revolución socialista, arrollará la ofensiva anglofrancesa y la checoslovaca. (Aplausos.)
Publicado en 1918 en el folleto "Reunión conjunta del Comité Ejecutivo Central de toda Rusia, del Soviet de Moscú, de los representantes de los comités fabriles, de los sindicatos de Moscú y del Congreso Nacional de los presidentes de los Soviets, celebrada el 29 de julio de 1918".
T. 37, págs. 1-19.
[38] __ALPHA_LVL1__ CARTA A LOS OBREROSCamaradas: Un bolchevique ruso, (|ue tomó parte en la revolución de 1905 y que después ha pasado muchos años en vuestro país, se ha ofrecido para haceros llegar mi carta. He aceptado su ofrecimiento con tanto mayor placer, por cuanto los proletarios revolucionarios norteamericanos están llamados a desempeñar precisamente ahora un papel de singular importancia como enemigos inconciliables del imperialismo norteamericano, el más lozano, el más fuerte, el último que se ha incorporado a la matanza mundial de pueblos organizada por el reparto de los beneficios entre los capitalistas. Precisamente ahora, los multimillonarios norteamericanos, esos esclavistas contemporáneos, han abierto una página particularmente trágica en la sangrienta historia del sangriento imperialismo al dar su aprobación---directa o indirecta, abierta o velada por la hipocresía, es igual---a la intervención armada emprendida por las fieras anglo-japonesas para estrangular a la primera república socialista.
La historia de la Norteamérica moderna, de la Norteamérica civilizada, comienza con una de las grandes guerras verdaderamente liberadoras y revolucionarias, tan escasas frente a la multitud de guerras de rapiña provocadas, a semejanza de la actual guerra imperialista, por las peleas entre los reyes, los terratenientes y los capitalistas en torno al reparto cíe las tierras usurpadas o de las ganancias obtenidas como fruto del pillaje. Fue una guerra del pueblo norteamericano contra los bandidos ingleses, que oprimían a Norteamérica y la tenían sometida a un régimen de esclavitud colonial, lo mismo que esos vampiros ``civilizados'' siguen oprimiendo hoy y manuniendo en esclavitud colonial a centenares de millones de personas en la India, en Egipto y en todos los confines del mundo.
Han transcurrido desde entonces unos 150 años. La civilización burguesa ha dado todos sus espléndidos frutos. Norteamérica se ha puesto a la cabeza de los países libres y cultos en cuanto al nivel de desarrollo de las fuer/as productivas del trabajo humano asociado, al empleo de la maquinaria y de todas las maravillas de la técnica 39 moderna. Norteamérica se ha convertido, a la vez, en uno de los países donde es más profundo el abismo entre un puñado de multimillonarios insolentes, sumidos en el fango y en el lujo, y los millones de trabajadores que viven siempre al borde de la miseria. El pueblo norteamericano, que dio al mundo un modelo de guerra revolucionaria contra la esclavitud feudal, ha caído en la moderna esclavitud capitalista, en la esclavitud asalariada impuesta por un puñado de multimillonarios, y se ha visto obligado a desempeñar el papel de verdugo mercenario, que estranguló, en beneficio de la opulenta canalla, a las Filipinas en 1898 so pretexto de ``liberarlas'', y que en 1918 estrangula a la República Socialista de Rusia so pretexto de ``defenderla'' de los alemanes.
Pero los cuatro años de matanza imperialista de pueblos no han pasado en vano. El engaño del pueblo por los miserables que forman los dos grupos de bandidos, tanto el grupo inglés como el alemán, ha sido desenmascarado plenamente por hechos incontrovertibles y evidentes. Los resultados de los cuatro años de guerra han mostrado la ley general del capitalismo aplicada a la guerra entre los bandidos por el reparto del botín: los más ricos, los más fuertes se han enriquecido y han expoliado más que nadie; los más débiles han sido despojados, torturados, oprimidos y estrangulados sin contemplaciones.
Los bandidos del imperialismo inglés eran los más fuertes por el número de "esclavos coloniales''. Los capitalistas ingleses no han perdido ni una pulgada de ``sus'' tierras (es decir, de las tierras reunidas por ellos durante siglos como fruto del pillaje) y se han apoderado de todas las colonias alemanas de África, se han adueñado de Mesopotamia y de Palestina, han estrangulado a Grecia y han comenzado el saqueo de Rusia.
Los bandidos del imperialismo alemán eran los más fuertes por la organización y la disciplina de ``sus'' tropas, pero más débiles en colonias. Han perdido todas las colonias, pero han saqueado a media Europa, han estrangulado el mayor número de países pequeños y de pueblos débiles. ¡Qué gran guerra ``liberadora'' por ambas partes! ¡Qué bien "defendían la patria" los bandidos de ambos grupos, los capitalistas anglo-franceses y alemanes con sus lacayos, los socialchovinistas, es decir, los socialistas que se pasaron al lado de ``su'' burguesía!
Los multimillonarios norteamericanos eran, probablemente, los más ricos de todos y los que se encontraban en la situación geográfica más segura. Se han enriquecido más que nadie; han convertido en tributarios suyos a todos los países, incluso a los más ricos; han reunido como fruto del pillaje centenares de miles de millones de dólares. Y en cada dólar se ven huellas de lodo, las huellas de los 40 sucios acuerdos secretos entre Inglaterra y sus ``aliados'', entre Alemania y sus vasallos; de los acuerdos sobre el reparto del botín expoliado; de los acuerdos de ``ayuda'' mutua para oprimir a los obreros y perseguir a los socialistas internacionalistas. En cada dólar hay huellas del lodo de los ``ventajosos'' suministros militares que enriquecían aún más en cada país a los ricos y arruinaban más aún a los pobres. En cada dólar hay manchas de sangre, de la sangre que vertieron a mares los diez millones de muertos y los veinte millones de mutilados durante esa magna y noble lucha, durante esa lucha liberadora y sagrada en que se ventilaba cuál de los dos bandidos, el inglés o el alemán, habría de obtener mayor botín, cuál de los dos verdugos, el inglés o el alemán, sería el que más pueblos débiles estrangulase en todo el mundo.
Si los bandidos alemanes han batido la marca por la ferocidad de sus represiones militares, los bandidos ingleses lo han batido no sólo por la cantidad de colonias expoliadas, sino también por el refinamiento de su repugnante hipocresía. Precisamente ahora, la prensa capitalista anglo-francesa y norteamericana difunde mentiras y calumnias sobre Rusia en millones y millones de ejemplares, tratando de justificar con falacia su cruzada ladronesca contra ella, alegando la supuesta intención de ``defenderla'' de los alemanes.
Para desmentir esta infame y vil mentira no hacen falta muchas palabras: basta mencionar un hecho de todos conocido. Cuando los obreros de Rusia derrocaron el gobierno imperialista de su país en octubre de 1917, el Poder soviético, el poder de los obreros y campesinos revolucionarios,propuso abiertamente a (od os los países beligerantes una paz justa, una paz sin anexiones ni contribuciones, una paz basada en la plena igualdad de derechos de todas las naciones.
¡Fueron precisamente la burguesía anglo-francesa y la burguesía norteamericana las que rechazaron nuestra propuesta; precisamente esas burguesías rehusaron incluso tratar con nosotros sobre la paz general! ¡Esas burguesías precisamente traicionaron los intereses de todos los pueblos; ellas precisamente han hecho que se prolongue la matanza imperialista!
Fueron ellas precisamente las que, especulando con la posibilidad de arrastrar de nuevo a Rusia a la guerra imperialista, rehusaron participar en las negociaciones de paz, dejando así las manos libres a otros bandidos capitalistas del mismo jaez, a los de Alemania, ¡eme impusieron a Rusia por la fuerza la paz anexionista de Brest!
Es difícil imaginarse una hipocresía más repugnante: la burguesía anglo-francesa y la burguesía norteamericana nos echan la ``culpa'' de la paz de Brest ¡y son precisamente los capitalistas de esos países, de quienes dependía convertir las negociaciones de Brest en 41 negociaciones generales de una paz universal, los que hacen de ``acusadores'' nuestros! Los buitres del imperialismo anglo-francés, enriquecidos con el saqueo de las colonias y con la matanza de pueblos, prosiguen la guerra casi un año después de Brest; y son ellos quienes nos ``acusan'' a nosotros, a los bolcheviques, que hemos propuesto a todos los países una paz justa, a nosotros, que hemos roto, que hemos publicado y estigmatizado ante todo el mundo los criminales tratados entre el ex zar y los capitalistas anglo-franceses.
Los obreros de todo el mundo, cualquiera que sea el país en que vivan, se congratulan y simpatizan con nosotros, nos aplauden por haber roto las férreas argollas de los vínculos imperialistas, de los sucios tratados imperialistas, de las cadenas imperialistas; por haber logrado la libertad aun a costa de los mayores sacrificios; porque, como república socialista que somos, aunque martirizada y saqueada por los imperialistas, hemos quedado fuera de la guerra imperialista y hemos enarbolado ante el mundo entero la bandera de la paz, la bandera del socialismo.
No es extraño que la pandilla de imperialistas internacionales nos odie por ello, nos ``acuse'', que todos los lacayos de los imperialistas, sin exceptuar a nuestros eseristas de derecha ni a nuestros mencheviques, nos ``acusen'' también. El odio que estos perros de presa del imperialismo, lo mismo que la simpatía que los obreros conscientes de todos los países nos tienen a los bolcheviques, nos infunde mayor seguridad aún en la justedad de nuestra causa.
No es socialista quien no comprenda que en aras de la victoria sobre la burguesía, en aras del paso del poder a manos de los obreros, en aras del comienzo de la revolución proletaria internacional no se puede n i se debe retroceder ante ningún sacrificio, ni siquiera ante el sacrificio de una parte del territorio, ante el sacrificio de sufrir penosas derrotas de manos del imperialismo. No es socialista quien no haya demostrado con hechos que está dispuesto a que ``su'' patria haga los mayores sacrificios para impulsar de verdad la causa de la revolución socialista.
En aras de ``su'' causa, es decir, en aras de la conquista del dominio mundial, los imperialistas de Inglaterra y de Alemania no han vacilado en arruinar por completo y en estrangular a toda una serie de países, comenzando por Bélgica y Servia y siguiendo por Palestina y Mesopotamia. Y los socialistas, en aras de ``su'' causa, en aras de la liberación de los trabajadores de todo el mundo del yugo del capital, en aras de la conquista de una paz universal duradera, '.deberán esperar que se encuentre un camino que no exija sacrificios, deberán precaverse de comenzar el combate antes de que este ``garantizado'' un triunfo fácil, deberán poner la seguridad y la 42 integridad de "su patria"---creada por la burguesía---por encima de los intereses de la revolución socialista mundial? Los bellacos del socialismo internacional y los lacayos de la moral burguesa que piensen así merecen el más profundo desprecio.
Las fieras voraces del imperialismo anglo-francés y norteamericano nos ``acusan'' de que tenemos un ``convenio'' con el imperialismo alemán. ¡Qué hipócritas! ¡Qué miserables! ¡Calumnian al gobierno obrero, temblando de miedo ante la simpatía que por nosotros sienten los obreros de ``sus'' propios países! Pero su hipocresía será desenmascarada. Fingen no comprender la diferencia existente entre un convenio de los ``socialistas'' con la burguesía (la propia y la extranjera) contra los obreros, contra los trabajadores, y un convenio para la defensa de los obreros triunfantes sobre su burguesía, un convenio con la burguesía de un color contra la burguesía de otro color nacional a fin de que el proletariado aproveche las contradicciones entre los diferentes grupos de la burguesía.
En realidad, cualquier europeo conoce a la perfección esa diferencia, y el pueblo norteamericano, como lo demostraré ahora, la ha ``vivido'' en su propia historia de modo bien palpable. Hay convenios y convenios, hay fagots et fagots^^*^^, como dicen los franceses.
En febrero de 1918, cuando las fieras voraces del imperialismo alemán lanzaron sus tropas contra la Rusia inerme, que había desmovilizado su ejército, confiada en la solidaridad proletaria internacional, antes de que madurara plenamente la revolución mundial, no vacilé lo más mínimo en concertar cierto ``convenio'' con los monárquicos franceses. El capitán francés Sadoul, que de palabra simpatizaba con los bolcheviques, mientras de hecho servía en cuerpo y alma al imperialismo francés, me presentó al oficial francés de Lubersac. "Yo soy monárquico---me confesó de Lubersac---. Mi único objetivo es la derrota de Alemania''. Se sobrentiende, le contesté (cela va sans diré). Ello no me impidió en absoluto ``convenir'' con de Lubersac en cuanto a los servicios que los oficiales franceses especializados en voladuras estaban dispuestos a prestarnos para volar las vías férreas y obstaculizar así la invasión de los alemanes. Fue un modelo de ``convenio'' que aprobará todo obrero consciente, un convenio en provecho del socialismo. Un monárquico francés y yo nos estrechamos la mano sabiendo que cada cual colgaría gustoso a su ``consocio''. Pero nuestros intereses coincidían temporalmente. Nosotros aprovechamos intereses opuestos, igualmente de fieras, de otros imperialistas, en beneficio de la revolución socialista rusa y de la revolución socialista mundial, contra las fieras alemanas que nos atacaban. Así servíamos a los intereses de la clase _-_-_
^^*^^ Hay rasos y casos. (N. de la Edil.)
43 obrera de Rusia y de otros países; reforzábamos al proletariado y debilitábamos a la burguesía del mundo entero; empleábamos medios archilegítimos e imprescindibles en toda guerra; la maniobra, la estratagema, el repliegue en espera del momento en que sazone h\ revolución proletaria que va madurando rápidamente en varios países avanzados.Y por mucho que vociferen de rabia los tiburones del imperialismo anglo-francés y norteamericano, por mucho que nos calumnien, por muchos millones que gasten en sobornar a los periódicos eseristas de derecha, mencheviques y demás socialpatrioteros, yo no dudaré un solo instante en concertar un ``convenio'' idéntico con las fieras voraces del imperialismo alemán, en el caso cíe que el ataque de las tropas anglo-francesas a Rusia lo haga necesario. Y yo sé muy bien que el proletariado consciente de Rusia, de Alemania, de Francia, de Inglaterra, de los Estados Unidos, en una palabra, de todo el mundo civilizado aprobará mi táctica. Semejante táctica facilitará la revolución socialista, acelerará su advenimiento, debilitará a la burguesía internacional, reforzará las posiciones de la clase obrera en su victoriosa lucha contra aquélla.
El pueblo norteamericano hace ya tiempo que empleó con éxito para la revolución esa táctica. Cuando hizo su gran guerra de liberación contra los opresores ingleses, tuvo también que enfrentarse con los opresores franceses y españoles, en cuyas manos se hallaba una parte del actual territorio de los Estados Unidos de Norteamérica. También el pueblo norteamericano, en su difícil guerra de liberación, concertó con unos opresores ``convenios'' dirigidos contra otros opresores para debilita) a los opresores y reforzar a los que desplegaban una lucha revolucionaria contra la opresión, en beneficio de las masas oprimidas. El pueblo norteamericano aprovechó las discordias entre franceses, españoles e ingleses; se batió en ocasiones incluso al lado de las tropas de los opresores franceses y españoles contra los opresores ingleses; venció primero a los ingleses y después se redimió (en parte, mediante rescates) de los franceses y españoles.
La obra de la historia no es una acera de la Avenida Nevski, decía el gran revolucionario ruso = Chernyshevski^^14^^. Quien ``admite'' la revolución proletaria sólo "a condición" de que transcurra lisa y llanamente, de que actúen de consuno los proletarios de distintos países, de que exista una garantía contra las derrotas, de que el camino de la revolución sea ancho, recto y esté despejado, de que para vencer no haya necesidad de pasar a veces por los más penosos sacrificios, de "permanecer en una fortaleza sitiada" o abrirse camino por las más tortuosas, angostas, impracticables y peligrosas veredas montañosas, ése ni es revolucionario ni se ha despojado de la 44 pedantería intelectual burguesa y, de hecho, se deslizará siempre al campo de la burguesía contrarrevolucionaria, como les ocurre a nuestros eseristas de derecha, a nuestros mencheviques e incluso (aunque con menos frecuencia) a nuestros eseristas de izquierda.
A esos señores les agrada culparnos, repitiendo palabras de la burguesía, de ser los causantes del ``caos'' de la revolución, de la "destrucción" de la industria, del paro y del hambre. ¡Qué hipócritas son estas acusaciones en boca de quienes aplaudieron y apoyaron la guerra imperialista o ``convinieron'' con Kerenski para que la guerra continuase! Precisamente la guerra imperialista es la culpable de todos estos desastres. Una revolución originada por la guerra no puede menos de pasar por dificultades y tormentos increíbles, recibidos en herencia de esa reaccionaria matanza devastadora de pueblos que dura ya varios años. Acusarnos de "destrucción" de la industria o de ``terror'' es dar prueba de hipocresía o mostrar una pedantería obtusa, mostrar incapacidad de comprender las condiciones fundamentales de esa rabiosa y exacerbada hasta el extremo lucha de las clases que se llama revolución.
En el fondo, si los ``acusadores'' de este jaez llegan a ``reconocer'' la lucha de las clases, se limitan a reconocerla de palabra; pero de hecho caen siempre en la utopía pequeñoburguesa de la " conciliación" y de la "colaboración" de las clases. La lucha de las clases, en períodos de revolución, ha tomado siempre y en todos los países, indefectible e inevitablemente, la forma de guerra civil. Y la guerra civil es inconcebible sin las más crueles destrucciones, sin terror ni restricción de la democracia formal en provecho de la guerra. Sólo unos curas almibarados, tanto da que lleven sotana o que sean ``legos'', como los socialistas de salón y de tribuna parlamentaria, pueden no ver, ni comprender, ni palpar esta necesidad. Sólo unos "hombres enfundados" ''' sin vida pueden ser capaces de apartarse de la revolución por este motivo, en lugar de lanzarse al combate con toda vehemencia y resolución en el momento en que la historia exige que la lucha y la guerra decidan los más grandes problemas de la humanidad.
El pueblo norteamericano tiene una tradición revolucionaria, recogida por los mejores representantes del proletariado estadounidense, quienes nos han expresado en reiteradas ocasiones su completa adhesión a nosotros, los bolcheviques. Esa tradición ha sido creada por la guerra de liberación contra los ingleses en el siglo XVIII y, más tarde, por la guerra civil en el siglo XIX. F,n cierto sentido, si se tiene en cuenta sólo la "destrucción" de algunas industrias y de la economía nacional, Norteamérica había retrocedido en 1870 con relación a 1860. ¡Pero qué pedante e imbécil sería el individuo que, basándose en eso, negara la inmensa significación 45 histórica universal, progresista y revolucionaria de la guerra civil de 1863--1865 en Norteamérica!
Los representantes de la burguesía comprenden que la supresión de la esclavitud de los negros y el derrocamiento del poder de los esclavistas valieron bien que todo el país pasase por los largos años de guerra civil, devastaciones colosales, destrucciones y terror que acompañan a toda guerra. Pero ahora, cuando se trata de una tarea inconmensurablemente más grande, cuando se trata de suprimir la esclavitud asalariada, la esclavitud capitalista, de derrocar el poder de la burguesía, los representantes y defensores de ésta, así como los socialreformistas que, amedrentados por la burguesía, se apartan temerosos de la revolución, no pueden ni quieren comprender que la guerra civil es necesaria y legítima.
Los obreros norteamericanos no seguirán a la burguesía. Estarán a nuestro lado, al lado de la guerra civil contra la burguesía. Me convence de ello toda la historia del movimiento obrero norteamericano y mundial. Recuerdo también las palabras que Eugenio Debs, uno de los jefes más queridos del proletariado norteamericano, escribió en el Llamamiento a la Razón ``(Appeal to = Reason'')'^^6^^, creo que a finales de 1915, en su artículo What shall I fight for ``(Por qué voy a luchar'') (citado por mí a comienzos de 1916 en una reunión obrera pública celebrada en Berna, Suiza)^^*^^. Debs decía que se dejaría fusilar antes que votar los créditos para la actual guerra, guerra reaccionaria y criminal; que conocía una sola guerra sagrada y legítima desde el punto de vista de los proletarios: la guerra contra los capitalistas, la guerra para liberar a la humanidad de la esclavitud asalariada.
No me extraña que Wilson, cabeza de los multimillonarios norteamericanos y servidor de los tiburones capitalistas, haya encarcelado a Debs. ¡La burguesía puede ensañarse con los auténticos internacionalistas, con los auténticos representantes del proletariado revolucionario! Cuanto mayores sean su ferocidad y su ensañamiento, tanto más cerca estará el día del triunfo de la revolución proletaria.
Nos acusan de las destrucciones causadas por nuestra revolución... Pero, ¿quiénes nos acusan? Los lacayos de la burguesía, de esa misma burguesía que en cuatro años de guerra imperialista ha destruido casi por completo la cultura europea, sumiendo a Europa en la barbarie, en el embrutecimiento y en el hambre. Y esa burguesía nos exige hoy eme no hagamos la revolución sobre el terreno de esas destrucciones, en medio de los cascotes de la cultura, _-_-_
^^*^^ Véase V. I. Lenin. Obras Completas, 5" ed. en ruso, t. 27, págs. 233--234. (N. de la Edil.)
46 de los escombros y de las ruinas originados por la guerra, con los hombres embrutecidos por la guerra. ¡Oh, eme burguesía tan humana y tan justa!Sus criados nos acusan de terror... Los burgueses británicos han olvidado su 1649, y los franceses su 1793. El terror era justo y legítimo cuando la burguesía lo empleaba a su favor contra los señores feudales. ¡El terror se ha hecho monstruoso y criminal en cuanto los obreros y los campesinos pobres se han atrevido a emplearlo contra la burguesía! El terror era justo y legítimo cuando lo empleaban para remplazar a una minoría explotadora por otra minoría explotadora. ¡El terror se ha hecho monstruoso y criminal cuando se aplica para derrocar a toda minoría explotadora en beneficio de la mayoría verdaderamente aplastante, en beneficio de los proletarios y semiproletarios, de la clase obrera y de los campesinos pobres!
La burguesía imperialista mundial ha exterminado a diez millones de hombres y ha mutilado a veinte millones en ``su'' guerra, en una guerra hecha para decidir quién habrá de dominar en el mundo: las fieras voraces inglesas o las alemanas.
Si nuestra guerra, la guerra de los oprimidos y explotados contra los opresores y explotadores, costara medio millón o vin millón de víctimas, entre todos los países, la burguesía diría que las víctimas antes mencionadas son legítimas, mientras que estas últimas son criminales.
El proletariado dirá una cosa muy distinta.
Ahora, en medio de los horrores de la guerra imperialista, el proletariado asimila prácticamente en toda su plenitud la gran verdad que enseñan todas las revoluciones, la verdad que legaron a los obreros sus mejores maestros, los fundadores del socialismo moderno. Esta verdad dice que no puede triunfar la revolución si no se aplasta la resistencia de los explotadores. Cuando los obreros y los campesinos trabajadores conquistamos el poder del Estado, nuestro deber consistió en aplastar la resistencia de los explotadores. Estamos orgullosos de haberlo hecho y de hacerlo. Y lamentamos que no se haga con suficiente firmeza y decisión.
Sabemos que la resistencia exasperada de la burguesía contra la revolución socialista es inevitable en todos los países y que dicha resistencia aumentará en la medida en que se desarrolle esa revolución. El proletariado vencerá esa resistencia, y durante la propia lucha contra la resistencia de la burguesía adquirirá la madure/, necesaria para triunlar y ejercer el poder.
La venal piensa burguesa puede grilar a los cuatro vientos siempre que nuestra revolución incurra en una taita. No tenemos miedo a nuestras (altas. Los hombres no se han vuelto santos por el 47 hecho de que haya comenzado la revolución. Las clases trabajadoras, oprimidas y engañadas durante siglos, condenadas a vivir por fuerza en la miseria, en la ignorancia y el embrutecimiento, no pueden hacer la revolución sin incurrir en faltas. Y, como ya he dicho en otra ocasión, no se puede meter en un ataúd y enterrar el cadáver de la sociedad burguesa^^*^^. El capitalismo muerto se pudre, se descompone entre nosotros, infestando el aire con sus miasmas, emponzoñando nuestra vida y envolviendo lo nuevo, lo fresco, lo joven, lo vivo con miles de hilos y nexos de lo viejo, de lo podrido, de lo muerto.
Por cada cien faltas nuestras, proclamadas a los cuatro vientos por la burguesía y sus lacayos (incluidos nuestros mencheviques y eseristas de derecha), hay fO.OOO hechos grandes y heroicos, tanto más grandes y tanto más heroicos porque son hechos sencillos, imperceptibles, ocultos en la vida diaria del barrio fabril o de la aldea perdida, y son realizados por hombres que no tienen la costumbre (ni la posibilidad) de proclamar al mundo entero cada uno de sus éxitos. Pero incluso si fuera al revés---aunque sé que es erróneo suponerlo---, incluso si por cada cien aciertos nuestros hubiera diez mil yerros, aun así nuestra revolución sería, y lo será ante la historia universal, grande e invencible; pues por primera vez no es una minoría, no son sólo los ricos, no son únicamente los instruidos, sino la verdadera masa, la inmensa mayoría de los trabajadores quienes crean por sí mismos una vida nueva, quienes resuelven con su propia experiencia los dificilísimos problemas de la organización socialista. Cualquier falta cometida en semejante trabajo, en ese trabajo tan concienzudo y sincero que decenas de millones de sencillos obreros y campesinos llevan a cabo para reorganizar toda su vida; cada una de esas faltas vale por miles y millones de éxitos ``infalibles'' de la minoría explotadora, de éxitos obtenidos en la obra de engañar y estafar a los trabajadores. Pues sólo a través de esas faltas aprenderán los obreros y campesinos a crear una vida nueva, aprenderán a prescindir de los capitalistas; sólo así se abrirán camino, a través de miles de obstáculos, hacia el socialismo victorioso.
Cometen faltas en su trabajo revolucionario nuestros campesinos, que de un solo golpe, en una sola noche, la del 25 al 26 de octubre (según el viejo calendario) de 1917, suprimieron por completo la propiedad privada de la tierra y ahora, un mes tras otro, venciendo inmensas dificultades, corrigiéndose a sí mismos, cumplen en la práctica la dificilísima tarea de organizar nuevas condiciones de economía, de luchar contra los kulaks, de asegurar que la tierra sea para los trabajadores (y no para los ricachones), de pasar a la gran agricultura comunista.
_-_-_^^*^^ Véase V. I. I.eniíi. Obras Comblrtas, 5a ed. en ruso, t. 36, pág. 408. (N. de la Edit.)
48Cometen faltas en su trabajo revolucionario nuestros obreros, que han nacionalizado ahora, en el curso de unos meses, casi todas las fábricas y empresas más importantes y que, en el duro trabajo de cada día, aprenden por vez primera a administrar ramas enteras de la industria, hacen funcionar las empresas nacionalizadas, venciendo la resistencia enconada de la rutina, del espíritu pequeñoburgués, del egoísmo; ponen, piedra sobre piedra, los cimientos de nuevas relaciones sociales, de una nueva disciplina laboral, y de una nueva autoridad de los sindicatos obreros respecto a sus afiliados.
Cometen faltas en su trabajo revolucionario nuestros Soviets, creados ya en 1905 por un potente auge de las masas. Los Soviets de obreros y campesinos representan un nuevo tipo de Estado, un tipo nuevo y superior de democracia; son la forma de la dictadura del proletariado.el medio de gobernar el Estado .sin burguesía y contra la burguesía. Por primera vez la democracia sirve aquí a las masas, a los trabajadores, dejando de ser una democracia para los ricos, como sigue siendo la democracia en todas las repúblicas burguesas, incluso en las más democráticas. Por primera vez las masas populares resuelven a escala de un centenar de millones de personas el problema de dar cuerpo a la dictadura de los proletarios y los semiproletarios, un problema que, de no resolverse, no da pie ni para hablar siquiera de socialismo.
Los pedantes o las personas henchidas sin remedio de prejuicios democráticos burgueses o parlamentarios pueden extrañarse de nuestros Soviets de diputados, alegando, por ejemplo, la falta de elecciones directas. Esa gente no ha olvidado ni ha aprendido nada durante las grandes conmociones de 1914--1918. La unión de la dictadura del proletariado y de la nueva democracia para los trabajadores, de la guerra civil y la más amplia incorporación de las masas a la política, no se obtiene de golpe y porrazo ni encaja en las formas trilladas de la rutinaria democracia parlamentaria. Lo que se yergue en esbozo a nuestra vista, como República de los Soviets, es un mundo nuevo, el mundo del socialismo. Y no debe extrañar que ese mundo no nazca ya hecho, no surja de improviso como Minerva de la cabeza de Júpiter.
En tanto que las viejas constituciones democráticas burguesas exaltaban, por ejemplo, la igualdad formal y el derecho de reunión, nuestra Constitución soviética, proletaria y campesina, lechaza la hipocresía de la igualdad formal. Cuando los republicanos burgueses derribaban tronos, no se preocupaban de la igualdad formal de los monárquicos con los republicanos. Cuando se trata de derrocar a la burguesía, sólo los traidores o los idiotas pueden reclamar la igualdad formal de derechos para la burguesía. Bien poco vale la "libertad de reunión" para los obreros y campesinos cuando los 49 mejores edificios están en poder de la burguesía. Nuestros Soviets han arrebatado a los ricos todos los buenos edificios de la ciudad y del campo, entregándoselos totalmente a los obreros y campesinos para uso de su a asociaciones y asambleas. ¡Esa es nuestra libertad de reunión para los trabajadores! ¡Ese es el sentido y el contenido de nuestra Constitución soviética, de nuestra Constitución socialista!
Y por eso todos estamos tan seguros de que nuestra República de los Soviets, cualesquiera que sean los reveses por los que aún haya de pasar, es invencible.
Es invencible porque cada golpe del furioso imperialismo, cada derrota que nos inflige la burguesía internacional alza a la lucha a nuevos y nuevos sectores de obreros y campesinos, los instruye al precio de los mayores sacrificios, los templa y despierta en ellos un nuevo heroísmo de masas.
Sabemos, camaradas obreros norteamericanos, que vuestra ayuda aún tárele tal vez en llegar, pues el desarrollo de la revolución en los diversos países se produce en formas distintas, a ritmo diferente (y no puede producirse de otro modo). Sabemos que la revolución proletaria europea puede no estallar en las próximas semanas, por rápida que sea en este último tiempo su maduración. Contamos con que la revolución mundial es ineludible, pero eso no quiere decir, ni mucho menos, que cifremos nuestras esperanzas como unos simples en la indefectibilidad de la revolución a plazo breve y determinado. Hemos visto en nuestro país dos grandes revoluciones, la de 1905 y la de 1917, y sabemos que las revoluciones no se hacen por encargo ni por convenios. Sabemos que las circunstancias han puesto en vanguardia a nuestro destacamento, al destacamento de Rusia del proletariado socialista, y no a causa de nuestros méritos, sino a causa del atraso particular de Rusia, y que hasta que estalle la revolución mundial son posibles derrotas de algunas revoluciones.
A pesar de ello, sabemos a ciencia cierta que somos invencibles, ya que la humanidad no se doblegará ante la matanza imperialista, sino que acabará con ella. Y el primer país que ha roto los grilletes de la guerra imperialista ha sido el nuestro. Hemos hecho los mayores sacrificios en la lucha por destruir esos grilletes, pero los liemos rolo. Estamos libresule ataduras imperialistas y hemos enarbolado ante el mundo entero la bandera de la lucha por el derrocamiento completo del imperialismo.
Nos encontramos como si estuviéramos en una fortaleza sitiada en tanto no nos llegue' la ayuda de otros destacamentos de la revolución socialista mundial. Pero esos destacamentos existen, son ñas numerosos que los nuestros, maduran, crecen y se fortalecen a medida que se prolongan las ferocidades del imperialismo. Los obreros rompen con sus social-traidores: los C.ompers, los Hender-- 50 __NOTE__ Missing a whole lot (6 lines). Los obreros re volució?dprolétaria mundial.
20 de agosto de 1918.
;s la N. Lenin
Publicó el 22 á"*"? núm. 178 de "Prm'da .
r. 37. pt'w- 48-M.
[51] __ALPHA_LVL1__ RESOLUCIÓN APROBADA EN LA REUNIÓNEl movimiento revolucionario de las masas proletarias y de los campesinos contra la guerra imperialista ha logrado en los últimos tiempos enormes éxitos en todos los países, particularmente en los Balcanes, en Austria \ en Alemania. Pero precisamente esos éxitos han provocado en la burguesía internacional, a cuya cabe/a se han puesto ahora la burguesía anglo-norteamericana y la francesa, una furia enorme y el afán de organi/arse apresuradamente como fuer/a contrarrevolucionaria para sofocar la revolución y, en primer término, su principal foco en el momento presente: el Poder soviético en Rusia.
La burguesía alemana y el gobierno alemán, derrotados en la guerra y amenazados por un poderoso movimiento revolucionario interior, se agitan buscando la salvación. Parte de los círculos gobernantes de Alemania piensa dar largas al asunto hasta el invierno y preparar la defensa militar del país en una nueva línea de fortificaciones. Otra parte busca febrilmente un acuerdo con la burguesía anglo-francesa contra el proletariado revolucionario y los bolcheviques. Por cuanto la tendencia de esta última parte tropieza con suma intransigencia de los vencedores, de los imperialistas anglo-franceses, trata de intimidarlos con el espantajo del peligro bolchevique y de ganarse su buena disposición prestándoles servicios contra los bolcheviques, contra la revolución proletaria.
La burguesía de los países sometidos a Alemania u ocupados por ella busca con mayor afán todavía llegar a un acuerdo con la Entente, sobre todo en los casos en que, como por ejemplo en Finlandia, Ucrania, etc., tiene conciencia de la imposibilidad absoluta de mantener su poder sobre las masas trabajadoras explotadas si no cuenta con el apoyo de las bayonetas extranjeras.
En consecuencia se crea una situación muy peculiar para el Poder soviético: de una parte, nunca hemos estado tan cerca como hoy de la revolución proletaria internacional: de otra, nunca nos hemos visto er> una situación tan peligrosa como la presente. Ya no hay dos grupos de fieras imperialistas que se devoren v debiliten 52 mutuamente y que posean aproximadamente la misma fuerza. Queda tan sólo el grupo de los vencedores, de los imperialistas anglo-franceses, que se dispone a repartir todo el mundo entre los capitalistas; se plantea el objetivo de derrocar a toda costa el Poder soviético en Rusia y de sustituirlo por el de la burguesía; se dispone ahora a atacar a Rusia por el Sur, verbigracia, por los Dardanelos o el Mar Negro, o a través de Bulgaria y de Rumania; una parte, por lo menos, de los imperialistas anglo-franceses confía, sin duda, en que el gobierno alemán, por acuerdo directo o tácito con ellos, retire sus tropas de Ucrania tan sólo a medida que la vayan ocupando las tropas anglo-irancesas, con el fin de no permitir la victoria, de otro modo inevitable, de los obreros y los campesinos ucranianos y la formación de un gobierno obrero y campesino en Ucrania.
La conciencia de que tras las espaldas de los contrarrevolucionarios de Krasnov y de los guardias blancos prepara un ataque contra nosotros una fuerza incomparablemente más peligrosa, la burguesía contrarrevolucionaria internacional, en primer lugar la anglonorteamericana y la francesa, no ha calado en todas partes, ni hasta lo más profundo, en las amplias masas obreras y campesinas. Nosotros debemos llevar constantemente esa conciencia a las masas. Hay que prestar la más viva atención al reforzamiento del Frente Sur y a la formación y armamento de un Ejército Rojo incomparablemente más poderoso que el de hoy día. Cada organización obrera, cada asociación de campesinos pobres, cada institución soviética debe en todo momento poner en primer plano el problema del fortalecimiento del ejército, debe examinar una y otra vez si lo que hemos hecho es bastante y qué nuevas medidas podemos y debemos tomar.
En el estado de ánimo de nuestras masas obreras y campesinas se ha producido un cambio evidente. Las masas se han sobrepuesto al inmenso cansancio de la guerra. El ejército se crea, se ha creado ya. Se ha forjado una nueva disciplina, la disciplina comunista, la disciplina consciente, la disciplina de los trabajadores. Y este hecho nos da pleno fundamento para abrigar la firme seguridad de que podemos salvaguardar y salvaguardaremos la patria socialista y aseguraremos la victoria de la revolución proletaria internacional.
Publicada el 23 ¡le octubre de 1918 en el iním.
T. 37, págs. 126--128.
231 de "hvestia del CEO de toda Rusia".
[53] __ALPHA_LVL1__ LAS PRECIOSAS CONFESIONESPravda ha reproducido hoy una interesantísima carta de Pitirim Sorokin, a la que todos los comunistas deben prestar singular atención. En esta carta, que ha sido publicada en Izvestia SéveroDvínskogo Ispolnítelnofro = Komiteta^^18^^, Pitinm Sorokin informa que se ha dado de baja del partido de los eseristas de derecha y que renuncia al acta de diputado a la Asamblea Constituyente. Los motivos aludidos por el autor de la carta consisten en que le es difícil dar no sólo a otros, sino incluso a sí mismo, recetas políticas salvadoras, en vista de lo cual "se retira de toda política''. "El año de revolución transcurrido---escribe Pitirim Sorokin---me ha enseñado una verdad: los políticos pueden equivocarse, la política puede ser útil para la sociedad, pero puede ser también perjudicial; en cambio, la labor en la ciencia y en la instrucción pública siempre es útil, siempre es necesaria para el pueblo...'' Al pie de la carta figura esta firma: "Pitirim Sorokin, auxiliar de cátedra de la Universidad de San Petersburgo y del Instituto Siconeurológico, ex diputado a la Asamblea Constituyente y ex miembro del partido de los eseristas".
Esta carta es digna de atención, primero, como "documento humano" de extraordinario interés. No es muy frecuente ver la sinceridad y la franqueza con que P. Sorokin reconoce que su política es errónea. Casi en la mayoría de los casos, los políticos que se convencen de que la pauta seguida por ellos es equivocada, intentan enmascarar su viraje, velarlo, ``inventar'' algún motivo más o menos accesorio, etc. El reconocimiento franco y honrado de su error político es por sí mismo un importante acto político. Pitirim Sorokin no tiene ra/ón cuando dice que la labor en la ciencia "siempre es útil'', pues también en este terreno se cometen errores. En la literatura rusa encontramos asimismo ejemplos de personas Bidentemente no reaccionarias que preconizaron con tenacidad opiniones reaccionarias, por ejemplo, filosóficas. Por otro lado, la declaración pública de un hombre destacado, es decir, de un hombre lúe ha ocupado un puesto político de responsabilidad y conocido de todo el pueblo, anunciando que se retira de la política, es también política. El reconocimiento honrado de un error político es de gran 54 provecho político para muchas personas, si si- trata de un error en el que han incurrido partidos enteros, en otros tiempos con influencia entre las masas.
La carta de Pitirim Sorokin tiene extraordinaria importancia política precisamente en los momentos actuales. Nos da a todos una "lección" que es necesario meditar bien y asimilar.
Todo marxista conoce desde hace mucho la verdad de que las fuer/as decisivas de cualquier sociedad capitalista sólo pueden ser el proletariado y la burguesía, en tanto que todos los elementos sociales que median entre estas dos clases, a los que se da la denominación económica de pequeña burguesía, vacilan inevitablemente entre estas fuerzas decisivas. Pero hay un trecho inmenso entre el reconocimiento libresco de esta verdad y el acierto para hacer las deducciones que se derivan de ella en una situación compleja de la actividad práctica. Pitirim Sorokin representa una corriente social y política deextraordinaria influencia: la menchevique-eserista. Los acontecimientos de la revolución rusa a partir de febrero de 1917 han mostrado con particular fuerza de convicción y singular evidencia que se trata de una sola corriente, que la diferencia entre mencheviques y eseristas desde el punto de vista de su actitud ante la lucha entre la burguesía y el proletariado no es esencial. Los mencheviques y los eseristas son variedades de la democracia pequeñoburguesa: tal es la esencia económica y la característica política fundamental de esa corriente. La historia de los países avanzados nos enseña que esta corriente se tiñe a menudo de ``socialista'' en su juventud.
Y cabe preguntar: ¿qué fue, sobre todo, lo que apartó a los representantes de esta tendencia, hace varios meses, de los bolcheviques, de la revolución proletaria, y qué les impulsa ahora a dar el viraje de la hostilidad a la neutralidad? Es evidente por completo que las causas del viraje han sido, primero, la bancarrota del imperialismo alemán unida a la revolución en Alemania y en otros países y al desenmascaramiento del imperialismo anglofrancés, y, segundo, el desenmascaramiento de las ilusiones democráticas burguesas.
Examinemos la primera causa. El patriotismo es uno de los sentimientos más profundos, afianzados por siglos y milenios depatrias aisladas. Entre las dificultades grandes en particular, podría decirse que excepcionales, de nuestra revolución proletaria figuraba la circunstancia de que tuvo que atravesar el período de más violenta divergencia con el patriotismo, el período de la paz de Brest. La amargura, la ira y la furiosa indignación suscitadas por esta pa/ son comprensibles. Y no hace falta decir que nosotros, los marxistas, sólo de la vanguardia consciente del proletariado podíamos esperar que 55 comprendiera esta verdad: hacemos y debemos hacer los mayores sacrificios nacionales en aras del interés supremo de la revolución proletaria mundial. Los ideólogos no pertenecientes al marxismo y las amplias masas trabajadoras que no forman parte del proletariado, forjado durante largos años en la escuela huelguística y revolucionaria, no tenían de dónde sacar ni el firme convencimiento de que maduraba esta revolución ni la fidelidad incondicional a la misma. En el mejor de los casos, nuestra táctica les parecía fantasía, fanatismo, aventura, sacrificar los intereses evidentes y reales de centenares de millones de seres en aras de la esperanza abstracta, utópica o dudosa de lo que pudiera ocurrir en otros países. Y la pequeña burguesía, por su situación económica, es más patriótica que la burguesía y que el proletariado.
Pero ha resultado como nosotros decíamos.
El imperialismo alemán, que parecía el único enemigo, se ha desplomado. La revolución alemana, que parecía un "sueño-farsa" (utilizando la conocida expresión de Plejánov), se ha convertido en una realidad. El imperialismo anglo-francés, que la fantasía de los demócratas pequeñoburgueses hacía aparecer como amigo de la democracia y defensor de los oprimidos, ha resultado en la práctica una fiera que ha impuesto a la república alemana y a los pueblos de Austria condiciones peores que las de Brest, una fiera que utiliza las tropas de los republicanos ``libres'', de los franceses y de los norteamericanos, como gendarmes y verdugos para estrangular la independencia y la libertad de las naciones pequeñas y débiles. La historia mundial ha arrancado con decisión y sinceridad implacables la careta a este imperialismo. Los hechos de la historia universal han probado a los patriotas rusos---los cuales no querían saber nada que no fueran las ventajas inmediatas (comprendidas también a la antigua) de su patria---que la transformación de nuestra revolución, rusa, en socialista no era una aventura, sino una necesidad, pues no había otra elección: el imperialismo anglo-francés y norteamericano estrangulará indefectiblemente la independencia y la libertad de Rusia si no triunfa la revolución socialista mundial, el bolchevismo mundial.
Los hechos son tozudos, dice un proverbio inglés. Y en los últimos meses hemos vivido hechos que implican un grandioso viraje en toda la historia universal.Estos hechos obligan a los demócratas pequeño-- 'burgueses de Rusia, pese a su odio al bolchevismo---alimentado por la historia de nuestra lucha interna de partido---, a dar un viraje y pasar de la hostilidad al bolchevismo a la neutralidad, primero, y al apoyo a éste, después. Han dejado de existir las condiciones objetivas que apartaban de nosotros con particular violencia a esos patriotasdemócratas. Han aparecido condiciones objetivas mundiales que les 56 obligan a orientarse hacia nosotros. El viraje de Pitirim Sorokin no es, ni mucho menos, una casualidad, sino la manifestación del viraje inevitable de toda una clase, de toda la democracia pequeñoburguesa. Quien no sepa tener esto en cuenta y aprovecharlo, no será marxista, será un mal socialista.
Prosigamos. En todos los países se han mantenido durante siglos y decenios, con particular persistencia entre la pequeña burguesía, la fe en la acción universal y salvadora de la ``democracia'' en generaly la incomprensión de que esa democracia es burguesa, de que su eficacia y su necesidad tienen una limitación histórica. El gran burgués se las sabe todas, sabe que la república democrática, como cualquier otra forma de Estado bajo el capitalismo, no es otra cosa que una máquina para oprimir al proletariado. El gran burgués sabe esto gracias a su más íntimo conocimiento de los verdaderos dirigentes y de los resortes más profundos (y, con frecuencia, los más ocultos, a causa de ello) de toda máquina estatal burguesa. Por su situación económica y todas las condiciones de su vida, el pequeño burgués es menos capaz de comprender esta verdad y abriga incluso la ilusión de que la república democrática significa la "democracia pura'', el "Estado popular libre'', el poder soberano del pueblo al margen o por encima de las clases, la pura expresión de la voluntad popular, etc., etc. El demócrata pequeñoburgués se halla más alejado de la aguda lucha de clases, de la bolsa, de la ``verdadera'' política, lo que engendra inevitablemente la pervivencia de sus prejuicios. Y sería en absoluto no marxista esperar que sea posible desarraigar esos prejuicios sólo con propaganda y a breve plazo.
Pero la historia universal avanza ahora con una velocidad tan vertiginosa y destruye todo lo habitual, todo lo viejo, con un mazo de potencia tan inmensa, con crisis de fuerza tan inusitada que los prejuicios más arraigados no pueden resistir. En el "demócrata en general" surgió de modo natural e inevitable la ingenua confianza en la Constituyente, la ingenua contraposición de la "democracia pura" a la "dictadura del proletariado''. Pero lo sobrevivido por los partidarios de la Constituyente en Arjánguelsk y en Samara, en Siberia y en el Sur no podía menos de destruir los prejuicios más persistentes. La idealizada república democrática de Wilson ha resultado en la práctica una forma de imperialismo de lo más rabioso, de la más desvergonzada opresión y estrangulamiento de los pueblos débiles y pequeños. El "demócrata" de la base en general, el menchevique y el eserista, pensaba: "¡Para qué soñar con un tipo de Estado supuestamente superior, con un Poder soviético! ¡Bastará con que Dios nos dé una república democrática corriente!" Y, como es natural, en tiempos ``corrientes'', en tiempos relativamente pacíficos, semejante, ``esperanza'' hubiera durado largos decenios.
57Pero ahora, el curso de los acontecimientos mundiales y las duras lecciones de la alianza concluida por todos los monárquicos de Rusia con el imperialismo anglo-francés y norteamericano muestran en la práctica que la república democrática es una república democrática burguesa, envejecida ya desde el punto de vista de las cuestiones planteadas por el imperialismo en el orden del día de la historia; que no hay otra elección posible: o el Poder soviético vence en todos los países avanzados del mundo o se impone el imperialismo angloamericano, el más reaccionario y más furioso, que ha aprendido a las mil maravillas a aprovechar la forma de la república democrática, que asfixia a todos los pueblos pequeños y débiles y que restaura la reacción en todo el mundo.
O una cosa u otra.
No hay términos medios. Hasta hace poco se consideraba que ese punto de vista era fanatismo ciego de los bolcheviques. Pero ha ocurrido precisamente así.
No es una casualidad que Pitirim Sorokin haya renunciado al acta de diputado a la Asamblea Constituyente: eso es un síntoma del viraje de toda una clase, de toda la democracia pequeñoburguesa. La escisión de sus filas es inevitable: una parte vendrá a nuestro lado, otra parte permanecerá neutral y otra se incorporará conscientemente a los democonstitucionalistas y los monárquicos, que venden Rusia al capital anglo-americano y tratan de aplastar la revolución con bayonetas extranjeras. Una de las tareas esenciales del momento consiste en saber tener en cuenta y utilizar este viraje que se produce entre la democracia menchevique y eserista: el paso de la hostilidad al bolchevismo a la neutralidad, primero, y aj apoyo a éste, después.
Toda consigna lanzada por el partido a las masas tiene la propiedad de anquilosarse, quedar muerta y conservar su vigencia para muchas personas incluso después de haberse modificado las condiciones que la hicieron necesaria. Este mal es inevitable, y sin aprender a luchar contra él y a vencerlo es imposible asegurar la justa política del partido. El período en que nuestra revolución proletaria se aparte') con brusquedad particular de la democracia menchevique y eserista fue una necesidad histórica; era imposible prescindir de esa dura lucha contra semejantes demócratas en un momento en que se inclinaban al campo de nuestros enemigos y se dedicaban a restablecer la república democrática burguesa e imperialista. Ahora, las consignas de esa lucha se han quedado yertas y rígidas en una serie de casos, impidiendo tener en cuenta con acierto y aprovechar convenientemente la nueva situación, en la que se ha iniciado un nuevo viraje entre esa democracia, un viraje hacia nosotros, un viraje que no es casual, sino que tiene sus raíces 58 en las condiciones más profundas de toda la situación internacional.
No basta con apoyar este viraje y acoger amistosamente a quienes vienen hacia nosotros. Un político que comprenda sus tareas debe aprender a suscitar ese viraje en las distintas capas y grupos de la amplia masa democrática pequeñoburguesa si está convencido de que existen causas históricas serias y profundas para semejante viraje. El proletariado revolucionario debe saber a quién es necesario aplastar, con quién, cuándo y cómo hay que saber concluir un acuerdo. Sería ridículo y estúpido renunciar al terror y al aplastamiento con relación a los terratenientes, a los capitalistas y a sus lacayos, que venden Rusia a los imperialistas extranjeros ``aliados''. Sería una farsa intentar ``convencerlos'' y, en general, "influir sicológicamente" en ellos. Pero, en la misma medida, si no más, sería ridículo y estúpido insistir exclusivamente en la táctica del aplastamiento y del terror con relación a la democracia pequeñoburguesa cuando la marcha de los acontecimientos la obliga a venir hacia nosotros.
Y el proletariado encuentra a esa democracia por doquier. En el campo, nuestra tarea consiste en acabar con los terratenientes y en romper la resistencia de los explotadores y de los kulaks especuladores; para esto sólo podemos apoyarnos firmemente en los semiproletarios, en los ``pobres''. Pero el campesino medio no es enemigo nuestro. Ha vacilado, vacila y seguirá vacilando: la tarea de influir sobre los vacilantes no es la misma que la de derrocar a los explotadores y la de vencer a los enemigos activos. Saber llegar a un acuerdo con los campesinos medios, sin renunciar ni un instante a la lucha contra los kulaks y apoyándose ürmemente sólo en los campesinos pobres: tal es la tarea del momento, pues ahora, precisamente, el viraje de los campesinos medios hacia nosotros es inevitable en virtud de las causas expuestas más arriba.
Lo mismo hay que decir de los artesanos de la ciudad y del campo, del obrero que trabaja en las condiciones más pequeñoburguesas o que conserva en mayor grado las opiniones pequeñoburguesas, de muchos empleados, de los oficiales y, particularmente, de los intelectuales en general. Es indudable que en nuestro partido se observa con frecuencia incapacidad para aprovechar el viraje entre ellos y que esa incapacidad puede y debe ser superada y transformada en capacidad.
Contamos ya con un firme apoyo en la inmensa mayoría de los proletarios organizados en sindicatos. Hay que saber ganar, incorporar a la organización general y someter a la disciplina proletaria general a las capas trabajadoras menos proletarias, más pequeñoburguesas, que se orientan hacia nosotros. En este terreno, la consigna 59 del momento no es luchar contra ellas, sino ganárnoslas, influir sobre ellas, convencer a los vacilantes, aprovechar a los neutrales, educar ---con el ambiente de la gran influencia proletaria---a quienes se han rezagado o hace muy poco que han comenzado a abandonar las ilusiones en la Constituyente o en la "democracia patria".
Contamos ya con un apoyo suficientemente firme entre las masas trabajadoras, como lo ha demostrado con particular evidencia el VI Congreso de los Soviets '''. No tememos a los intelectuales burgueses, y no debilitaremos ni un instante la lucha contra los saboteadores premeditados y guardias blancos que surjan de su seno. Mas la consigna del momento es saber aprovechar el viraje hacia nosotros que se observa entre ellos. En nuestro país quedan aún no pocos de los peores intelectuales burgueses que "se pegan" al Poder soviético: arrojarlos por la borda y sustituirlos por intelectuales que ayer aún se mantenían conscientemente hostiles a nosotros y que hoy son sólo neutrales constituye una importantísima tarea del momento, una tarea de todos los dirigentes soviéticos que tienen contacto con la ``intelectualidad'', una tarea de todos los agitadores, propagandistas y organizadores.
Es claro que el acuerdo con el campesino medio, con el obrero menchevique de ayer, con el empleado o el intelectual saboteador de ayer requiere capacidad, lo mismo que cualquier otra acción política en una situación compleja que cambia vertiginosamente. La cuestión reside en no darnos por satisfechos con la capacidad de que nos ha dotado nuestra experiencia anterior, sino en ir sin falta más allá, en conseguir obligatoriamente más, en pasar a toda costa de las tareas más fáciles a las más difíciles. Sin esto es imposible ningún progreso en general y, en particular, el progreso en la edificación socialista.
Hace unos días me visitaron unos representantes del congreso de delegados de las cooperativas de crédito. Me mostraron una resolución de su congreso contra la fusión del Banco de Crédito Cooperativo con el Manco Popular de la República"'! Les dije que soy partidario del acuerdo con el campesino medio y que aprecio profundamente incluso el comienzo del viraje de los cooperativistas de la hostilidad a la neutralidad con relación a los bolcheviques; pero el terreno para el acuerdo lo proporciona únicamente su conformidad con la fusión completa del banco especial con el banco único de la república. Los representantes del congreso sustituyeron entonces SU resolución por otra, hicieron que el congreso aprobara otra resolución, en la que eliminaron todo lo que se decía contra la fusión, pero... pero proponían constituir una "unión de crédito" especialde los cooperativistas, ¡que en la práctica no se diferencia en lada de un banco especial! Esto era ridículo. Cambiando de rótulo se Puede, naturalmente, satisfacer o engañar sólo a un tonto. Pero el 60 ``fracaso'' de uno de estos... ``intentos'' no hará vacilar lo más mínimo nuestra política; con relación a los cooperativistas, a los campesinos medios, heñios aplicado y seguiremos aplicando la política del acuerdo, cortando de manera tajante todo intento de modificar ío pauta del Poder soviético y de la edificación socialista soviética.
Las vacilaciones de los demócratas pequeñoburgueses son inevitables. Bastaron unas cuantas victorias del cuerpo de ejército checoslovaco para que estos demócratas fueran presas del pánico, sembraran el pánico, desertaran al campo de los ``vencedores'' y se dispusieran a recibirlos servilmente. Como es natural, no se puede olvidar ni un instante que ahora bastarán también éxitos parciales, por ejemplo, de los guardias blancos anglo-americanos-krasnovianos para que las vacilaciones comiencen en otro lado, cunda el pánico, se multipliquen los casos de siembra del pánico, de traición y de deserción al campo imperialista, etc., etc.
Todo eso lo sabemos. Y no lo olvidaremos. La base puramente proletaria del Poder soviético, conquistada por nosotros y apoyada por los semiproletarios, seguirá siendo firme. Nuestra legión no temblará, nuestro ejército no vacilará: lo sabemos ya por experiencia. Pero cuando profundísimos cambios de importancia histórica universal provocan un viraje inevitable hacia nosotros entre las masas de la democracia sin filiación política, menchevique y eserista, debemos aprender, y aprenderemos, a aprovechar ese viraje, y apoyarlo, provocarlo en los correspondientes grupos y capas, a hacer todo lo posible en aras del acuerdo con estos elementos, a aliviar con ello la labor de edificación socialista, y disminuir la carga de la dolorosa ruina, de la incultura y de la incapacidad, que frenan la victoria del socialismo.
Escrito el 20 de noviembre de 1918.
T. 37, págs. ¡88--197.
Publicado el 21 de noviembre de ¡918 en el niím. 252 de "l'ravda''. ¡irmado: \. 1. e.ni n.
[61] __ALPHA_LVL1__ LA REVOLUCIÓN PROLETARIAEscrito entre octubre y la primera década de noviembre de 1918: el Anexo II fue escrito después del 10 de noviembre de 1918.
Publicado en volumen aparte por la Editorial Kommum.sí'', de Moscú, en 1918.
I. 37, páp. 2
[62] Foceifiza
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[63]
El folleto de Kautsky La dictadura del proletariado, aparecido hace poco en Viena (Wien, 1918, Ignaz Brand, 63 págs.), constituye un ejemplo evidentísimo de la más completa y vergonzosa bancarrota de la II Internacional, de esa bancarrota que hace tiempo está en los labios de todos los socialistas honrados de todas las naciones. El problema de la revolución proletaria pasa ahora prácticamente a la orden del día en bastantes países. De ahí que sea imprescindible analizar los sofismas de Kautsky, propios de un renegado, y ver cómo éste abjura por completo del marxismo.
Pero, ante todo, hay que subrayar que quien escribe estas líneas ha tenido que indicar muchas veces, desde el mismo principio de la guerra, que Kautsky había roto con el marxismo. A ello estuvo consagrada una serie de artículos, publicados de 1914 a 1916 en Sotsial-Demokrat~] y Kommunist'', que aparecían en el extranjero. Estos artículos han sido reunidos y publicados por el Soviet de Petrogrado así: G. Zinóviev y N. Lenin, Contra la corriente, Petrogrado, 1918 (550 págs.). En un folleto publicado en Ginebra en 1915, y traducido también entonces al alemán y al = francés^^2^^', decía yo del ``kautskismo'':
``Kautsky, la más destacada autoridad de la II Internacional, es el ejemplo más típico y vivo de cómo el reconocimiento verbal del marxismo ha llevado en la práctica a su transformación en ``struvismo'' o ``brentanismo'' (es decir, en una doctrina burguesa liberal que reconoce la lucha "de clase" no revolucionaria del proletariado, expresada claramente por el autor ruso Struve y el economista alemán Brentano). Plejánov nos da otro ejemplo de ello. Se despoja al marxismo, mediante sofismas evidentes, de su espíritu vivo y revolucionario, se admite del marxismo todo menos\os medios revolucionarios de lucha y la prédica y preparación de los mismos, la educación de las masas en este sentido. Kautsky ``concilla'', faltando a todo principio, la idea fundamental del socialchovinismo, el reconocimiento de la defensa de la patria en la guerra actual, con 64 una concesión diplomática y aparente a los izquierdistas, absteniéndose en la votación de los créditos de guerra, mostrando verbalmente su oposición, etc. Kautsky, que en 1909 escribió todo un libro acerca de la proximidad de una época de revoluciones y sobre la ligazón entre la guerra y la revolución; Kautsky, que en 1912 firmó el Manifiesto de = Basilea^^24^^, pidiendo que se aprovechase la futura guerra en interés de la revolución, ahora no cesa de justificar y ensalzar en todas formas el socialchovinismo y, del mismo modo que Plejánov, se une a la burguesía ]>.ira burlarse de todo pensamiento acerca de la revolución, de todo paso hacia una lucha revolucionaria directa.
``La clase obrera no puede desempeñar su papel revolucionario en el mundo si no lleva una guerra implacable contra esa apostasía, contra esa falta de principios, contra esa actitud servil ante el oportunismo, contra ese envilecimiento teórico sin igual del marxismo. El kautskismo no es fortuito, sino un producto social de las contradicciones de la II Internacional, de la combinación de la fidelidad verbal al marxismo con la subordinación, de hecho, al oportunismo''. (G.Zinóviev y N.Lenin. El socialismo y la guerra. Ginebra, 1915, págs. 13--14.)
Prosigamos. En el libro El imperialismo, etapa contemporánea del capitalismo, escrito en 1916 (apareció en Petrogrado en 1917)^^*^^, yo analicé detenidamente la falsedad teórica de todos los razonamientos de Kautsky sobre el imperialismo. Aduje allí la definición que da Kautsky del imperialismo: "El imperialismo es un producto del capitalismo industrial altamente desarrollado. Consiste en la tendencia de toda nación capitalista industrial a someter o anexionarse regiones agrarias (la cursiva es de Kautsky) más extensas cada vez, cualquiera que sea el origen étnico de sus habitantes"~^^**^^. Hice ver que esta definición es falsa por completo, que está ``adaptada'' para encubrir las más hondas contradicciones del imperialismo y, luego, para conseguir la conciliación con el oportunismo. Presenté mi definición del imperialismo: "El imperialismo es el capitalismo en la fase de desarrollo en que ha tomado cuerpo la dominación de los monopolios y del capital financiero, ha adquirido señalada importancia la exportación de capitales, ha empezado el reparto del mundo por los trusts internacionales y ha terminado el reparto de toda la Tierra entre los países capitalistas más importantes"~^^***^^. Demostré _-_-_
^^*^^ Véase la presente edición, t. 1. págs. 677--787. (A', de lo Edil.)
^^**^^ Ibídem, pac;. 755. (N. de In Edil.)
^^***^^ Ibídein, pág. 754. (¡V. de In Edil.)
65 también que la crítica que Kautsky hace del imperialismo es incluso inferior a la crítica burguesa y pequeñoburguesa.Finalmente, en agosto y septiembre de 1917, es decir, antes de la revolución proletaria de Rusia (25 de octubre, o sea, 7 de noviembre de 1917), escribí El Estado y la revolución. La doctrina marxista del Estado Y las tareas del proletariado en la revolución^^*^^, folleto aparecido en Petrogrado a principios de 1918. En el capítulo VI de esa obra, que lleva por título El envilecimiento del marxismo por los oportunistas, presto una atención especial a Kautsky, demostrando que ha deformado por completo la doctrina de Marx, tratando de adaptarla al oportunismo, que eso "es ya renunciar de hecho a la revolución, reconociéndola de palabra".
En el fondo, el error teórico fundamental de Kautsky en su folleto sobre la dictadura del proletariado consiste precisamente en esas deformaciones oportunistas de la doctrina de Marx sobre el Estado que he expuesto con detenimiento en mi folleto El Estado y la revolución.
Estas observaciones preliminares son necesarias porque prueban que acusé en público a Kautsky de ser un renegado mucho antes de que los bolcheviques tomaran el poder y de que eso les valiera el ser censurados por Kautsky.
__ALPHA_LVL2__ COMO HA HECHO KAUTSKYEl problema fundamental que Kautsky trata en su folleto es el del contenido esencial de la revolución proletaria, es decir, el de la dictadura del proletariado. Se trata de un problema de la mayor importancia para todos los países, sobre todo para los avanzados, sobre todo para los beligerantes, sobre todo en el momento actual. Puede afirmarse sin temor a exagerar que es el problema principal de toda la lucha de clase del proletariado. Por ello es imprescindible estudiarlo con atención.
Kautsky plantea el problema del modo siguiente: "La oposición de las dos corrientes socialistas" (es decir, los bolcheviques y los no bolcheviques) es "la oposición de dos métodos radicalmente distintos: el democrático y el dictatorial" (pág. 3).
Observemos de paso que, al llamar socialistas a los no bolcheviques de Rusia, es decir, a los mencheviques y eseristas, Kautsky se guía por su denominación, es decir, por la palabra, y no por el lugar _-_-_
^^*^^ Véase la presente edi< ion, 1. 1>. págs. 291 -389. (iV. de la Edil.)
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66 que efectivamente ocupan en la lucha del proletariado contra la burguesía. ¡Magnífico modo de concebir y aplicar el marxismo! Pero ya nos explayaremos en esto más adelante.Fijémonos ahora en lo principal: en el gran descubrimiento que Kautsky ha hecho de la "radical oposición" de los "métodos democrático y dictatorial''. Ese es el quid del problema. Esa es la esencia del folleto de Kautsky. Se trata de una confusión teórica tan monstruosa, de una apostasía tan completa del marxismo, que es preciso reconocer que Kautsky ha dejado muy atrás a Bernstein.
El problema de la dictadura del proletariado es el de la actitud del Estado proletario frente al Estado burgués, de la democracia proletaria frente a la democracia burguesa. Parece que está claro como la luz del día. ¡Pero Kautsky, como un profesor de liceo, momificado por la repetición de textos de historia, se vuelve tozudamente de espaldas al siglo XX, de cara al XVIII, y por centésima vez, en una larga sucesión de párrafos aburridos hasta lo infinito, sigue rumiando los viejos conceptos sobre la actitud de la democracia burguesa ante el absolutismo y el medievo!
¡En verdad, parece como si masticara sin muelas!
Porque eso significa no comprender en absoluto la relación que guardan las cosas. Porque sólo una sonrisa provoca ese afán de Kautsky de presentar las cosas como si hubiera gentes que predicasen "el desprecio a la democracia" (pág. 11), etc. Kautsky se ve obligado a oscurecer y embrollar el problema con tonterías como éstas, porque lo plantea al modo de los liberales, hablando de la democracia en general y no de la democracia burguesa; incluso evita este concepto exacto de clase y procura hablar de la democracia ``presocialista''. Nuestro charlatán ha llenado casi una tercera parte del folleto, 20 páginas de 63, de una palabrería que le resulta muy agradable a la burguesía, porque equivale a acicalar la democracia burguesa y dejar a oscuras el problema de la revolución proletaria.
Ahora bien, el folleto de Kautsky se titula La dictadura del proletariado. Todo el mundo sabe que ésta es precisamente la esencia de la doctrina de Marx. Y Kautsky, después de charlar sin entrar en el tema, tiene que citar las palabras de Marx sobre la dictadura del proletariado.
¡Lo que es una verdadera comedia es cómo lo ha hecho el ``marxista'' Kautsky! Escuchen:
``Ese punto de vista se apoya en una sola palabra de Marx" (Kautsky lo califica de desprecio a la democracia): así lo dice textualmente en la pág 20. Y en la pág. 60 lo repite, llegando a decir que los bolcheviques "han recordado a tiempo una palabreja" (¡¡Así como suena!! des Wórtchens) "sobre la dictadura del proletariado, que Marx empleó una vez en una carta de 1875".
67Veamos la ``palabreja'' de Marx:
``Entre la sociedad capitalista y la sociedad comunista media el período de la transformación revolucionaria de la primera en la segunda. A este período corresponde también un período político de transición, cuyo Estado no puede ser otro que la dictadura revolucionaria del proletariado" 2S.
En primer lugar, decir que es "una sola palabra'', y hasta una ``palabreja'', este famoso razonamiento de Marx, que resume toda su doctrina revolucionaria, es burlarse del marxismo, es renegar plenamente de él. No se debe olvidar que Kautsky se sabe a Marx casi de memoria y que, a juzgar por todos sus escritos, tiene en su mesa de trabajo o en su cabeza una serie de cajones de fichero donde todo lo que Marx escribió está distribuido con el máximo orden y comodidad para citarlo cuando le viene a mano. Kautsky no puede ignorar que, tanto Marx como Engels, tanto en sus cartas como en las obras destinadas a la imprenta, hablaron muchas veces de la dictadura del proletariado, antes de la Comuna y, sobre todo, después de ella. Kautsky no puede ignorar que la fórmula "dictadura del proletariado" no es sino un enunciado, más concreto en el plano histórico y más exacto en el terreno científico, de la misión del proletariado consistente en ``destruir'' la máquina estatal burguesa, misión de la que tanto Marx como Engels, teniendo en cuenta la experiencia de las revoluciones de 1848, y más aún la de 1871, hablan durante cuarenta años, desde 1852 hasta 1891.
¿Cómo explicar esta monstruosa deformación que del marxismo hace Kautsky, exégeta del marxismo? Si se busca la base filosófica de semejante fenómeno, todo se reduce a una sustitución de la dialéctica por el eclecticismo y la sofistería. Kautsky es gran maestro en esta clase de sustituciones. Si se pasa al terreno político práctico, todo se reduce a servilismo ante los oportunistas, es decir, al fin y al cabo, ante la burguesía. Haciendo progresos cada vez mas rápidos desde que comenzó la guerra, Kautsky ha llegado al virtuosismo en este arte de ser marxista de palabra y lacayo de la burguesía de hecho.
Se convence uno más aún de ello, al ver la admirable "interpretación" que Kautsky da a la ``palabreja'' de Marx sobre la dictadura del proletariado. Escuchen:
``Desgraciadamente, Marx no dejó explayado cómo concebía esta dictadura...'' (Mentira completa de renegado, porque Marx y Engels se explayaron muchísimo en bastantes ocasiones, y Kautsky, exégela del marxismo, da de lado esos pasajes.) "...Literalmente, la palabra dictadura significa supresión de la democracia. Pero, como es natural, tomada al pie de la letra, esta palabra significa también el poder personal de un solo individuo, no coartado por ley alguna. Poder personal que se diferencia del 68 despotismo en que no se entiende cuino institución estatal permanente, sino como medida extrema de carácter transitorio.
``La expresión "dictadura del proletariado'', es decir, no la dictadura de una persona, sino de una clase, excluye ya que Marx,al utilizarla,entendiera literalmente la palabra dictadura.
``No se refería en este caso a una forma de gobierno, sino a un estado de cosas que necesariamente habrá de darse en todas partes donde el proletariado conquiste el poder político. El hecho de que Marx mantuviera el punto de vista de que en Inglaterra y en Norteamérica la transición pueda transcurrir por vía pacífica, es decir, democrática, demuestra ya que entonces no se refería a las formas de gobierno" (pág. 20).
Hemos citado intencionadamente todo este razonamiento para que el lector pueda ver claros los procedimientos con que opera el "teórico" Kautsky.
Kautsky ha tenido a bien abordar el problema de manera que le permitiese empezar por la definición de la ``palabra'' dictadura.
Muy bien. Cada cual tiene perfecto derecho a abordar los problemas como quiera. Pero hay que distinguir entre el modo serio y honrado y el deshonesto de hacerlo. Quien quisiera tratar el problema con seriedad, abordándolo de ese modo, tendría que dar su definición de la ``palabra''. Entonces el problema quedaría clara y francamente planteado. Kautsky no lo hace. "Literalmente--- escribe---, la palabra dictadura significa supresión de la democracia".
En primer lugar, esto no es una definición. Si a Kautsky le place eludir la definición del concepto de dictadura, ¿para qué eligió esa forma de abordar el problema?
En segundo lugar, esto es erróneo a todas luces. Es lógico que un liberal hable de ``democracia'' en términos generales. Un marxista no se olvidará nunca de preguntar: "¿Para qué clase?" Todo el mundo sabe, por ejemplo---y el ``historiador'' Kautsky lo sabe también---, que las insurrecciones e incluso las grandes conmociones de los esclavos en la antigüedad hacían ver inmediatamente la esencia del Estado de aquella edad como dictadura de los esclavistas. ¿Suprimía esta dictadura la democracia entre los esclavistas, para ellos? Todo el mundo sabe que no.
El ``marxista'' Kautsky ha dicho un absurdo monstruoso y una falsedad, porque "se ha olvidado" de la lucha de las clases...
Para transformar la afirmación liberal y falsa de Kautsky en afirmación marxista y verdadera, hay que decir: dictadura no significa por fuerza supresión de la democracia para la clase que la ejerce sobre las otras clases, pero sí significa necesariamente supresión (o una restricción esencialísima, que es también una forma de supresión) de la democracia para la clase sobre la cual o contra la cual se ejerce la dictadura.
Pero, por cierta que sea esta afirmación, no define la dictadura.
69Examinemos la frase siguiente de Kautsky:
``...Pero, como es natural, tomada al pie de la letra, esta palabra significa también el poder personal de un solo individuo no coartado por ley alguna..."
Como un cachorro ciego que mete la nariz al azar en todos los sitios, Kautsky ha tropezado aquí por casualidad con imaidea atinada (que la dictadura es un poder no coartado por ley alguna), pero, sin embargo, no ha dado una definición de la dictadura y ha dicho, además, una falsedad histórica evidente: que la dictadura significa el poder de una sola persona. Esto es incluso inexacto desde el punto de vista gramatical, porque la dictadura puede ejercerla un grupo de personas, una oligarquía, una clase, etc.
Luego, Kautsky indica la diferencia que hay entre dictadura y despotismo, pero, aunque su afirmación es falsa a todas luces, no nos detendremos en ella, porque no tiene nada que ver con el problema que nos interesa. Conocida es la afición de Kautsky a volverse de espaldas al siglo XX, de cara al siglo XVIII, y del XVIII a la canosa antigüedad, y esperamos que, cuando el proletariado alemán implante la dictadura, tendrá en cuenta esta afición y lo nombrará, por ejemplo, profesor de historia de la edad antigua de un liceo. Rehuir una definición de la dictadura del proletariado, limitándose a lucubraciones sobre el despotismo, es o extrema necedad o muy torpe bellaquería.
¡En resumen, Kautsky, que se proponía hablar de dictadura, ha faltado a la verdad muchas veces y a sabiendas, pero no ha dado ninguna definición! Sin confiar en sus facultades intelectuales, hubiera podido recurrir a su memoria y sacar de los "cajones del fichero" todos los casos en que Marx ha hablado de la dictadura. Habría obtenido, de seguro, la definición siguiente, u otra que, en el fondo, coincidiría con ella:
La dictadura es un poder que se apoya directamente en la violencia y no está coartado por ley alguna.
La dictadura revolucionaria del proletariado es un poder conquistado y mantenido mediante la violencia ejercida por el proletariado sobre la burguesía, un poder no coartado por ley alguna.
Y esta sencilla verdad, verdad clara como la luz del día para todo obrero consciente (que pertenezca a la masa, y no al sector alto de la canalla pequeñoburguesa sobornada por los capitalistas, como son los socialimperialistas de todos los países), esta verdad evidente para todo explotado que lucha por su liberación, esta verdad indiscutible para todo marxista; ¡hay que "arrancársela en guerra" al sapientísimo señor Kautsky! ¿Cómo explicarlo? Por el espíritu de servilismo de que se han impregnado los jefes de la II Internacional, convertidos en despreciables sicofantes al servicio de la burguesía.
70Kautsky ha empezado a amañar los términos, afirmando, cosa absurda a todas luces, que la palabra dictadura significa literalmente dictadura de una sola persona, y luego---¡apoyándose en ese amaño!---declara que, "por consiguiente'', las palabras de Marx sobre la dictadura no tienen sentido literal (sino un sentido, según el cual dictadura no significa violencia revolucionaria, sino conquista "pacífica" de la mayoría bajo la ``democracia'', fíjense bien, burguesa).
Hay que distinguir, figúrense, entre "estado de cosas" y "forma de gobierno''. ¡Distinción de maravillosa profundidad, lo mismo que si hiciéramos diferencias entre el ``estado'' de necedad de una persona que razona con poca inteligencia y la ``forma'' de sus necedades!
Kautsky necesita interpretar la dictadura como "situación de dominio" (es la expresión que emplea literalmente en la página siguiente, la 21), porque entonces desaparece la violencia revolucionaria, desaparece la revolución violenta. ¡El "estado de dominio" es el estado en que se halla cualquier mayoría bajo... la ``democracia''! ¡Con este truco truhanesco, la revolución desaparece felizmente!
Pero el truco es demasiado burdo y no salvará a Kautsky. Que la dictadura presupone e implica un ``estado'' de violencia revolucionaria de una clase sobre otra, cosa desagradable para los renegados, es algo que cae de su peso. Distinguir entre ``estado'' y "forma de gobierno" es un absurdo que salta a la vista. Hablar en este caso de forma de gobierno es triplemente necio, porque cualquier niño sabe que monarquía y república son formas distintas de gobierno. Es necesario demostrar al señor Kautsky que estas dos formas de gobierno, como todas las "formas de gobierno" de transición bajo el capitalismo, no son sino variedades del Estado burgués, es decir, de la dictadura de la burguesía.
En fin, hablar de formas de gobierno es falsificar a Marx de manera no sólo necia, sino torpe, porque Marx, bien claramente, se refiere a la forma o tipo de Estado, y no a la forma de gobierno.
La revolución proletaria es imposible sin destruir violentamente la máquina del Estado burgués y sin sustituirla por otra nueva, que, según las palabras de Engels, "no es ya un Estado en el sentido propio de la = palabra"^^26^^.
Kautsky tiene que encubrir y tergiversar todo esto; lo exige su posición de renegado.
Vean a qué miserables subterfugios recurre.
Primer subterfugio: "...El hecho de que Marx mantuviera el punto de vista de que en Inglaterra y en Norteamérica la transición puede efectuarse por vía pacífica, es decir, democrática, demuestra ya que entonces no se refería a las formas de gobierno..."
71La forma de gobierno no tiene que ver con esto nada en absoluto, porque hay monarquías que no son típicas del Estado burgués, que se distinguen, por ejemplo, por la ausencia de militarismo, y hay repúblicas absolutamente típicas en este aspecto, por ejemplo, con militarismo y con burocracia. Esto es un hecho político e histórico notorio, y Kautsky no conseguirá falsearlo.
Si Kautsky hubiera querido razonar seria y honradamente, se habría preguntado: ¿Hay leyes históricas que se refieran a la revolución y no tengan excepciones? La contestación habría sido: no, no existen tales leyes. Esas leyes se refieren tan sólo a lo típico, a lo que Marx llamó una vez ``ideal'', en el sentido de capitalismo medio, normal, típico.
Prosigamos. ¿Había entre 1870 y 1880 algo que hiciera de Inglaterra o de Norteamérica una excepción en el sentido que examinamos? Toda persona un poco familiarizada con lo que la ciencia pide en el terreno de los problemas históricos ve claro que es necesario hacer esta pregunta. No hacerla significa falsear la ciencia, significa jugar a los sofismas. Y una vez hecha la pregunta, la contestación no ofrece dudas: la dictadura revolucionaria del proletariado es violencia contra la burguesía; esta violencia se hace particularmente necesaria, según lo han explicado con todo detalle y múltiples veces Marx y Engels (principalmente en La guerra civil en Francia y en la introducción a esta obra), por la existencia del militarismo y de la burocracia. ¡Estas instituciones precisamente, en Inglaterra y en Norteamérica precisamente, y precisamente en el octavo decenio del siglo XIX, cuando Marx hizo su observación, no existíanl (Aunque ahora existen tanto en el uno como en el otro país.)
¡Kautsky tiene que hacer literalmente trampas a cada paso para encubrir su apostasía!
Y fíjense cómo ha enseñado esta vez sin querer sus orejas asnales: ha escrito: ¡¡"por vía pacífica, es decir, democrática"'!!
Al definir la dictadura, Kautsky ha hecho todos los esfuerzos posibles para ocultar al lector el rasgo fundamental de este concepto: la violencia revolucionaria. Y ahora sale a relucir la verdad: se trata de la oposición entre revolución pacífica y revolución violenta.
Ahí está el quid. Kautsky necesita todos los subterfugios, los sofismas y las falsificaciones truhanescas de que se vale para ponerse a cubierto de la revolución violenta, para ocultar que reniega de ella, que se pasa al lado de la política obrera liberal, es decir, al lado de la burguesía. Ahí está el quid.
El ``historiador'' Kautsky falsea la historia con tal cinismo que ``olvida'' lo fundamental: el capitalismo premonopolista---cuyo apogeo corresponde precisamente al octavo decenio del siglo XIX---, 72 en virtud de sus rasgos económicos esenciales, que en Inglaterra y en Norteamérica se manifestaban de un modo típico en particular, se distinguía por un apego relativamente mayor a la paz y a la libertad. En cambio, el imperialismo, es decir, el capitalismo monopolista, que no alcanzó plena madurez hasta el siglo XX, atendidos sus rasgos económicos esenciales, se distingue por un apego mínimo a la paz y a la libertad, por un desarrollo máximo del militarismo en todas partes. "No ver" esto, hablando de lo típico o de lo probable que es una revolución pacífica o violenta, es caer tan bajo como el más adocenado lacayo de la burguesía.
Segundo subterfugio: La Comuna de París fue una dictadura del proletariado, pero elegida por sufragio universal, sin privar a la burguesía de su derecho al voto, es decir, "por vía democrática". Y concluye Kautsky, con aire de triunfo: "...La dictadura del proletariado era para Marx" (o según Marx) "un estado que resulta necesariamente de la democracia pura si el proletariado constituye la mayoría" (bei überwiegendem Proletariat, pág. 21).
Este argumento de Kautsky es tan divertido que se ve uno en un verdadero embarras des richesses (perdido en medio de la abundancia... de objeciones). En primer lugar, es cosa sabida que la flor, el Estado Mayor, las capas altas de la burguesía huyeron de París a Versalles. En Versalles estaba el ``socialista'' Luis Blanc, lo cual demuestra, por cierto, que es falsa la afirmación de Kautsky de que en la Comuna participaron "todas las tendencias" del socialismo. ¿No es ridículo presentar como "democracia pura" con "sufragio universal" la división de los habitantes de París en dos campos beligerantes, en uno de los cuales estaba concentrada toda la burguesía combativa y activa en la política?
En segundo lugar, la Comuna luchó contra Versalles, como gobierno obrero de Francia contra el gobierno burgués. ¿A qué viene aquí eso de "democracia pura" y de "sufragio universal" cuando París decidía la suerte de Francia? Cuando Marx consideraba que la Comuna había cometido un error por no haberse incautado del banco, que pertenecía a toda = Francia^^27^^, ¿¿partía acaso de los principios y del ejercicio práctico de la "democracia pura"??
Bien se ve que Kautsky escribe en un país donde la policía prohibe a la gente reírse "a coro'', porque, de otro modo, la risa hubiera acabado con él.
En tercer lugar, me permitiré recordar con respeto al señor Kautsky, que se sabe de memoria a Marx y a Engels, el siguiente juicio de Engels sobre la Comuna, en cuanto a ... la "democracia pura":
``¿No han visto nunca una revolución estos señores" (los antiautoritarios)? "Una revolución es, indudablemente, la cosa más 73 autoritaria posible; es el acto mediante el cual una parte de la población impone su voluntad a la otra parte con fusiles, bayonetas y cañones, medios autoritarios si los hay; y el partido victorioso, si no quiere haber luchado en vano, tiene que mantener este dominio por el terror que sus armas inspiran a los reaccionarios. ¿Habría durado, acaso, un solo día la Comuna de París, de no haber empleado esta autoridad del pueblo armado frente a los burgueses? ¿No podemos, por el contrario, reprocharle el no haberla utilizado lo suficiente?" "s ¡Ahí tienen la "democracia pura"! ¡Cómo se hubiera mofado Engels del vulgar pequeñoburgués, del "socialdemócrata" (en el sentido que se daba en Francia a esta palabra por los años 40, y en el que se le da en toda Europa en 1914--1918) que hubiera tenido la ocurrencia de hablar en general de "democracia pura" en una sociedad dividida en clases!
Pero basta. Es imposible enumerar todos los absurdos a que llega Kautsky, porque cada una de sus frases es un abismo insondable de apostasía.
Marx y Engels analizaron con el mayor detenimiento la Comuna de París, demostrando que su mérito consistió en la tentativa de destruir, de romper "la máquina del Estado = existente"^^29^^. Tanta importancia concedían Marx y Engels a esta conclusión que, en 1872, introdujeron so lo esa enmienda en el programa ``envejecido'' (en algunos de sus puntos) del Manifiesto Comunista™. Marx y Engels demostraron que la Comuna suprimía el ejército y la burocracia, suprimía el parlamentarismo, destruía "la excrecencia parasitaria que es el Estado'', etc.; pero el sapientísimo Kautsky se encasqueta el gorro de dormir y repite los cuentos de la "democracia pura'', relatados mil veces por los catedráticos liberales.
No sin razón dijo Rosa Luxemburgo el 4 de agosto de 1914 que la socialdemocracia alemana es ahora un cadáver = hediondo^^31^^.
Tercer subterfugio: "Si hablamos de la dictadura como forma de gobierno, no podemos hablar de dictadura de una clase. Porque una clase, como ya hemos anotado, sólo puede dominar, pero no gobernar"... Gobiernan ``organizaciones'' o ``partidos''.
¡Embrolla usted, embrolla usted de un modo atroz, señor "consejero del embrollo"! La dictadura no es una "forma de gobierno'', eso es un absurdo ridículo. Marx no habla de "forma de gobierno'', sino de forma o tipo de Estado, y eso es absolutamente distinto; lo que se dice, absolutamente distinto. Totalmente inexacto es también eso de que no puede gobernar una clase: semejante absurdo sólo puede pronunciarlo un "cretino parlamentario" que no ve nada más allá del parlamento burgués, que no advierte nada más que los "partidos gobernantes''. Cualquier país europeo puede ofrecer a Kautsky ejemplos de gobierno ejercido por la clase 74 dominante, por ejemplo, los terratenientes en la Edad Media, a pesar de su insuficiente organización.
Resumen. Kautsky ha desvirtuado del modo más inaudito el concepto de dictadura del proletariado, haciendo de Marx un liberal adocenado, es decir, se ha deslizado él mismo al nivel de un liberal que dice trivialidades acerca de la "democracia pura'', embelleciendo y velando el contenido de clase de la democracia burguesa y rehuyendo más que nada la violencia revolucionaria por parte de la clase oprimida. Cuando Kautsky ``interpreta'' el concepto de "dictadura revolucionaria del proletariado" de tal modo que desaparece la violencia revolucionaria por parte de la clase oprimida contra los opresores, bate el récord mundial de desvirtuación liberal de Marx. El renegado Bernstein no es más que un pobrecillo al lado del renegado Kautsky.
__ALPHA_LVL2__ DEMOCRACIA BURGUESA Y DEMOCRACIAEl problema que Kautsky embrolla de manera tan atroz se plantea en realidad así.
Si no es para mofarse del sentido común y de la historia, claro está que no se puede hablar de "democracia pura" mientras existan diferentes clases, y sólo puede hablarse de democracia de clase. (Digamos entre paréntesis que "democracia pura" es no sólo una frase de ignorante que no comprende ni la lucha de las clases ni la esencia del Estado, sino una frase completamente vacía, pues en la sociedad comunista, la democracia, modificándose y convirtiéndose en costumbre, se extinguirá, pero nunca será democracia ``pura'').
La "democracia pura" es un embuste de liberal que embauca a los obreros. La historia conoce la democracia burguesa, que sucede al feudalismo, y la democracia proletaria, que sustituye a la burguesa.
Cuando Kautsky consagra casi decenas de páginas a ``demostrar'' la verdad de que la democracia burguesa es más progresiva que el medievo, de que el proletariado debe utilizarla sin falta en su lucha contra la burguesía, eso no es sino charlatanería liberal que embauca a los obreros. En la culta Alemania, lo mismo que en la inculta Rusia, se trata de una perogrullada. Lo que hace Kautsky es desorientar á los obreros, hablándoles con ``docto'' aire de Weitling, de los jesuítas del Paraguay y de otras muchas cosas para pasar por alto la esencia burguesa de la democracia contemporánea, es decir, de la democracia capitalista.
Kautsky toma del marxismo lo que pueden aceptar los liberales, lo que puede aceptar la burguesía (la crítica del medievo, el papel 75 progresivo que desempeñan en la historia el capitalismo en general y la democracia capitalista en particular) y arroja por la borda, calla y oculta del marxismo lo inadmisible para la burguesía (la violencia revolucionaria del proletariado contra la burguesía para aniquilar a ésta). Por ello, dada su posición objetiva, sea cual fuere su convicción subjetiva, Kautsky resulta ser inevitablemente un lacayo de la burguesía.
La democracia burguesa, que constituye un gran progreso histórico en comparación con el medievo, sigue siendo siempre---y no puede menos de serlo bajo el capitalismo---estrecha, amputada, falsa, hipócrita, paraíso para los ricos y trampa y engaño para los explotados, para los pobres. Esta verdad, que figura entre lo más esencial de la doctrina marxista, no la ha comprendido el ``marxista'' Kautsky. En este problema---fundamental---Kautsky ofrece "cosas agradables" a la burguesía, en lugar de una crítica científica de las condiciones que hacen de toda democracia burguesa una democracia para los ricos.
Comencemos por recordar al doctísimo señor Kautsky las declaraciones teóricas de Marx y Engels que nuestro exégeta, para vergüenza suya, "ha olvidado" (con objeto de complacer a la burguesía), y luego explicaremos las cosas del modo más popular.
No sólo el Estado antiguo y feudal, sino también "el moderno Estado representativo es un instrumento de que se sirve el capital para explotar el trabajo asalariado" (Engels, en su obra sobre el Estado) . "Siendo el Estado una institución meramente transitoria, que se utiliza en la lucha, en la revolución, para someter por la violencia a los adversarios, es un puro absurdo hablar de un Estado popular libre: mientras el proletariado necesite del Estado, no será en beneficio de la libertad, sino para someter a sus adversarios, y tan pronto como pueda hablarse de libertad, el Estado, como tal, dejará de existir" (Engels, en su carta a Bebel del 28 de marzo de 1875 3S). "El Estado no es más que una máquina para la opresión de una clase por otra, lo mismo en la república democrática que bajo la monarquía" (Engels, en la introducción a La guerra civil de = Marx)^^34^^. El sufragio universal es "el índice de la madurez de la clase obrera. No puede llegar ni llegará nunca a más en el Estado actual" (Engels, en su obra sobre el = Estado^^35^^. El señor Kautsky rumia en forma extraordinariamente aburrida la primera parte de esta tesis, admisible para la burguesía. ¡En cambio, el renegado Kautsky pasa por alto la segunda, que hemos subrayado y que no es admisible para la burguesía!) "La Comuna no había de ser un organismo parlamentario, sino una corporación de trabajo, ejecutiva y legislativa al mismo tiempo... En vez de decidir una vez cada tres o seis años qué miembros de la clase dominante han de representar y aplastar 76 (ver-una zertreteri) al pueblo en el parlamento, el sufragio universal habría de servir al pueblo organizado en comunas, como el sufragio individual sirve a los patronos con el fin de encontrar a obreros, capataces y contables para sus negocios" (Marx, en su obra sobre la Comuna de París La guerra civil en Francia) w.
Cada una de estas tesis, perfectamente conocidas por el doctísimo señor Kautsky, lo abofetea y descubre toda su traición. En todo el folleto de Kautsky no hay ni gota de comprensión de estas verdades. ¡Es de pe a pa una burla del marxismo!
Tomemos las leyes fundamentales de los Estados contemporáneos, fíjense en cómo se gobiernan, en la libertad de reunión o de imprenta, en la "igualdad de los ciudadanos ante la ley'', y se verá a cada paso la hipocresía de la democracia burguesa, que tan bien conoce todo obrero honrado y consciente. No hay ningún Estado, ni siquiera el más democrático, cuya Constitución no presente algún resquicio o salvedad que permita a la burguesía lanzar las tropas contra los obreros, declarar el estado de guerra, etc., "en caso de alteración del orden" y, en realidad, en caso de que la clase explotada ``altere'' su situación de esclava e intente hacer algo que no sea propio de esclavos. Kautsky acicala desvergonzadamente la democracia burguesa, callándose, por ejemplo, lo que los burgueses más democráticos y republicanos hacen en Norteamérica o en Suiza contra los obreros en huelga.
¡Oh, el sabio y docto Kautsky se lo calla! Este erudito político no comprende que silenciarlo es una villanía. Prefiere contar a los obreros cuentos de niños, como lo de que democracia significa "defensa de la minoría''. ¡Resulta increíble, pero así es! En 1918 de la era cristiana, al quinto año de carnicería imperialista mundial y de estrangulamiento en todas las ``democracias'' del mundo de las minorías internacionalistas (es decir, de las que no han traicionado vilmente al socialismo, como han hecho los Renaudel y los Longuet, los Scheidemann y los Kautsky, los Henderson y los Webb, etc.), el sabio señor Kautsky entona sus melifluas loas a la "defensa de la minoría''. Quien lo desee puede leerlo en la página 15 del folleto de Kautsky. Y en la página 16, tan docto... ejemplar les hablará ¡de los whigs y de los = lories^^37^^ ingleses del siglo XVIII!
¡Oh, erudición! ¡Oh, refinado servilismo ante la burguesía! ¡Oh, civilizada manera de reptar ante los capitalistas y lamerles las botas! Si yo fuera Krupp, Scheidemann, Clemenceau o Renaudel, le pagaría al señor Kautsky millones, le recompensaría con besos de Judas, lo elogiaría ante los obreros, recomendaría "la unidad del socialismo" con gentes tan ``respetables'' como él. ¿No es prestar lacayunos servicios a la burguesía eso de escribir folletos contra la dictadura del proletariado, traer a colación a los whigs y los lories 77 ingleses del siglo XVIII, afirmar que democracia significa "defensa de la minoría" y guardar silencio sobre los pogromos desencadenados contra los internacionalistas en la "democrálica" república de los Eslados Unidos?
El sabio señor Kaulsky "ha olvidado"---probablemente por casualidad---...una ``pequenez'': que el partido dominante de una democracia burguesa sólo cede la defensa de la minoría a otro partido burgués, mienlras que al prolelariado, en lodo problema serio, profundo y fundamental, en lugar de "defensa de la minoría" le tocan en suerte eslados de guerra o pogromos. Cuanto más desarrollada está la democracia, tanto más se acerca al pogromo o a la guerra civil en toda divergencia política peligrosa para la burguesía. El sabio señor Kautsky podía haber advertido esla ``ley'' de la democracia burguesa en el caso Dreyfus™ en la Francia republicana, en el linchamiento de negros e inlernacionalislas en la democrálica república de los Eslados Unidos, en el ejemplo de Irlanda y de Ulsler en la = = democrálica Inglaterra^^3^^'^^1^^, en la persecución de los bolcheviques y en la organización de pogromos conlra ellos en abril de 1917 en la democrálica república de Rusia. Pongo inlencionadamenle ejemplos que no corresponden sólo al período de guerra, sino lambién al anlerior, al tiempo de paz. El melifluo señor Kaulsky eslima oportuno cerrar los ojos anle eslos hechos del siglo XX y conlar, en cambio, a los obreros cosas de admirable novedad, de exlraordinario inierés, de inusilado aleccionamienlo e increíble enjundia sobre los whigs y los lories del siglo XVIII.
Tomemos el parlamento burgués. ¿Puede admitirse que el sabio Kautsky no haya oído decir nunca que los parlamentos burgueses se hallan tanto más sometidos a la Bolsa y a los banqueros cuanto más desarrollada está la democracia? Esto no quiere decir que no deba ulilizarse el parlamentarismo burgués (y los bolcheviques lo han ulilizado quizá con mayor éxito que ningún olro partido del mundo, porque en 1912--1914 habíamos conquislado toda la curia obrera de la cuarta Duma). Pero sí quiere decir que sólo un liberal puede olvidar, como lo hace Kautsky, el carácter limitado y convencional en el plano histórico que tiene el parlamentarismo burgués. En el más democrálico Estado burgués, las masas oprimidas tropiezan a cada paso con una contradicción flagranle enire la igualdad formal, proclamada por la ``democracia'' de los capilalislas, y las mil limiíaciones y ireías reales que convierten a los prolelarios en esclavos asalariados. Esta contradicción es la que abre a las masas los ojos ante la podredumbre, la falsedad y la hipocresía del capitalismo. ¡Esla coniradicción es la que los agiladores y los propagandistas del socialismo denuncian siempre ante las masas a fin de prepararlas para la revolución! Y cuando ha comenzado una era de revoluciones, 78 Kautsky le vuelve la espalda y se dedica a ensalzar los encantos de la democracia burguesa agonizante.
La democracia proletaria, una de cuyas formas es el Poder soviético, ha imprimido un desarrollo y una extensión jamás vistas a la democracia para la inmensa mayoría de la población, para los explotados y los trabajadores. Escribir todo un folleto sobre la democracia, como lo hace Kautsky, que dedica dos páginas a la dictadura y decenas de páginas a la "democracia pura'', y no advertir esto significa deformar por completo las cosas al modo liberal.
Tomemos la política exterior. En ningún Estado burgués, ni aun en el más democrático, se hace abiertamente. En todas partes se engaña a las masas; y en países democráticos como Francia, Suiza, Norteamérica e Inglaterra se engaña cien veces más y de un modo cien veces más refinado que en otros países. El Poder soviético ha arrancado a lo revolucionario el velo de misterio que cubría la política exterior. Kautsky no lo ha notado. Nada dice de ello, aunque en una época de guerras de rapiña y de tratados secretos para "repartirse las esferas de influencia" (es decir, de tratados en los que los bandoleros capitalistas proyectan el reparto del mundo) tiene una importancia cardinal, porque de eso depende la paz, la vida y la muerte de decenas de millones de seres humanos.
Tomemos la estructura del Estado. Kautsky se aferra a " minucias'', incluso a que las elecciones son ``indirectas'' (en la Constitución soviética), pero no ve el fondo del problema. No nota que la máquina estatal, el aparato del Estado tiene una esencia de dase. En la democracia burguesa, valiéndose de mil ardides---tanto más ingeniosos y eficaces cuanto más desarrollada está la democracia ``pura''---, los capitalistas apartan a las masas de la participación en el gobierno, de la libertad de reunión e imprenta, etc. El Poder soviético es el primero del mundo (mejor dicho, el segundo, porque la Comuna de París empezó a hacer lo mismo) que incorpora al gobierno a las masas, precisamente a las masas explotadas. Mil barreras cierran a las masas trabajadoras el paso al parlamento burgués (que nunca resuelve las cuestiones de mayor importancia dentro de la democracia burguesa: las resuelven la Bolsa y los bancos), y los obreros saben y sienten, ven y perciben perfectamente que el parlamento burgués es una institución ajena, un instrumento de opresión de los proletarios por la burguesía, la institución de una clase hostil, de la minoría de explotadores.
Los Soviets son la organización directa de los trabajadores y de las masas explotadas, a los que da toda clase de facilidades para organizar por sí mismos el Estado y gobernarlo de todos los modos posibles. Gracias a las grandes empresas, precisamente el proletariado de las 79 ciudades, vanguardia de los trabajadores y de los explotados, tiene en este aspecto la ventaja de ser el más unido; a él le es más fácil que a otros elegir y controlar a los diputados. La organización soviética facilita automáticamente el agrupamiento de todos los trabajadores y explotados alrededor de su vanguardia, el proletariado. El viejo aparato burgués, la burocracia, los privilegios de la fortuna, de la instrucción burguesa, de las relaciones, etc. (privilegios de hecho, tanto más variados cuanto más desarrollada está la democracia burguesa), quedan descartados totalmente con la organización soviética. La libertad de imprenta deja de ser una farsa, porque se desposee a la burguesía de los talleres gráficos y del papel. Lo mismo sucede con los mejores edificios, con los palacios, villas, mansiones señoriales de campo, etc. El Poder soviético desposeyó inmediatamente a los explotadores de miles y miles de los mejores edificios, haciendo así un millón de veces más "democrático" el derecho de reunión para las masas, ese derecho de reunión, sin el cual la democracia es un engaño. Las elecciones indirectas a los Soviets que no son locales hacen más fáciles los congresos de los Soviets, hacen que toda la administración sea menos costosa, más ágil, esté más al alcance de los obreros y de los campesinos en un período en que la vida se encuentra en efervescencia y es necesario que los electores puedan proceder con especial rapidez para revocar a su diputado local o enviarlo al Congreso general de los Soviets.
La democracia proletaria es un millón de veces más democrática que cualquier democracia burguesa. El Poder soviético es un millón de veces más democrático que la más democrática de las repúblicas burguesas.
Esto sólo podía no verlo un servidor consciente de la burguesía o un cadáver político, al que los polvorientos libros burgueses impiden ver la vida tal como es y que está impregnado hasta la médula de prejuicios democráticos burgueses, por lo que se ha convertido objetivamente en lacayo de la burguesía.
Esto sólo podía no verlo un hombre incapaz de plantear la cuestión desde el punto de vista de las clases oprimidas:
¿Hay un solo país en el mundo, entre los países burgueses más democráticos, donde el obrero medio, de la masa, el bracero medio, de la masa, o el semiproletario del campo en general (es decir, el hombre de la masa oprimida, de la inmensa mayoría de la población) goce, aunque sea aproximadamente, de la libertad de celebrar sus reuniones en los mejores edificios; de la libertad de disponer de las mayores imprentas y de las mejores reservas de papel para expresar sus ideas y defender sus intereses; de la libertad de enviar a hombres de su clase al gobierno y ``organizar'' el Estado, como sucede en la Rusia Soviética?
80Es ridículo pensar que el señor Kautsky pueda hallar en ningún país ni siquiera a un obrero o un bracero entre mil, que, puesto al corriente, dude al contestar a esta pregunta. Instintivamente, sin oír más que las confesiones fragmentarias de la verdad que se les escapa a los periódicos burgueses, los obreros de todo el mundo simpatizan con la República de los Soviets porque ven en ella la democracia proletaria, la democracia para los pobres, y no una democracia para los ricos, como en realidad es toda democracia burguesa, incluso la mejor.
Nos gobiernan (y ``organizan'' nuestro Estado) funcionarios burgueses, parlamentarios burgueses y jueces burgueses. Esta es una verdad pura, evidente, indiscutible, que conocen por experiencia propia, que sienten y perciben todos los días decenas y centenares de millones de seres de las clases oprimidas de todos los países burgueses, incluso de los más democráticos.
En cambio, en Rusia se ha deshecho por completo el mecanismo burocrático, no dejando de él piedra sobre piedra, se ha dejado cesantes a todos los antiguos magistrados, se ha disuelto el parlamento burgués y se ha dado a los obreros y a los campesinos una representación mucho más accesible, sus Soviets han venido a ocupar el puesto de los funcionarios o sus Soviets han sido colocados por encima de los funcionarios, sus Soviets son los que eligen a los jueces. Este mero hecho basta para que todas las clases oprimidas proclamen que el Poder de los Soviets, o sea, esta forma de dictadura del proletariado, es un millón de veces más democrático que la más democrática de las repúblicas burguesas.
Kautsky no comprende esta verdad, inteligible y evidente para todo obrero, porque "ha olvidado'', "ha perdido la costumbre" de preguntar: ¿democracia para qué clase ?Razona desde el punto de vista de la democracia ``pura'' (es decir, ¿sin clases? o ¿al margen de las clases?). Argumenta como Shylock: "una libra de carne'', y sanseacabó. Igualdad de todos los ciudadanos; si no, no hay democracia.
Hemos de preguntar al sabio Kautsky, al ``marxista'' y ``socialista'' Kautsky:
¿Puede haber igualdad entre el explotado y el explotador?
Es monstruoso, es increíble que tengamos que hacer esta pregunta al tratar de un libro del dirigente ideológico de la II Internacional. Pero, "a lo hecho, pecho''. Puestos a escribir sobre Kautsky, hemos de explicar, pues, a este erudito por qué no puede haber igualdad entre el explotador y el explotado.
81 __ALPHA_LVL2__ ¿PUEDE HABER IGUALDAD ENTREKautsky argumenta así:
(1) "Los explotadores han constituido siempre población" (pág. 14 del opúsculo de Kautsky).
__NOTE__ Where does this 5-word fragment belong? una pequeña minoría de laEsto es una verdad indiscutible. ¿Cómo deberemos razonar, partiendo de ella? Podemos razonar como marxistas, como socialistas; entonces habremos de basarnos en la relación entre explotados y explotadores. Podemos razonar como liberales, como demócratas burgueses; entonces habremos de basarnos en la relación entre mayoría y minoría.
Si razonamos como marxistas, tendremos que decir: los explotadores transforman inevitablemente el Estado (porque se trata de la democracia, es decir, de una de las formas del Estado) en instrumento de dominio de su clase, de la clase de los explotadores, sobre los explotados. Por eso, aun el Estado democrático, mientras haya explotadores que dominen sobre una mayoría de explotados, será inevitablemente una democracia para los explotadores. El Estado de los explotados debe distinguirse por completo de él, debe ser la democracia para los explotados y el sometimiento de los explotadores; y el sometimiento de una clase significa la desigualdad en detrimento suyo, su exclusión de la ``democracia''.
Si argumentamos como liberales, tendremos que decir: la mayoría decide y la minoría se somete. Los desobedientes son castigados. Y nada más. No hay por qué hablar del carácter de clase del Estado en general ni de la "democracia pura" en particular; no tiene riada que ver con la cuestión, porque la mayoría es la mayoría, y la minoría es la minoría. Una libra de carne es una libra de carne, y sanseacabó.
Kautsky razona exactamente así:
(2) "¿Qué motivos hay para que la dominación del proletariado tome o haya de tomar una forma que sea incompatible con la democracia?" (pág. 21). Después explica, con frases largas y redundantes, hasta con una cita de Marx y con estadísticas electorales de la Comuna de París, que el proletariado posee la mayoría. Conclusión: "Un régimen con tan hondas raíces en las masas no tiene motivo alguno para atentar contra la democracia. No siempre podrá abstenerse de la violencia cuando se haga uso de ella contra la democracia. Sólo con la violencia puede contestarse a la violencia. Pero un régimen que sabe que cuenta con las masas usará de ella únicamente para defender la democracia, y no para suprimirla. Cometería un verdadero suicidio si quisiera suprimir su base más 82 segura, el sufragio universal, profunda fuente de poderosa autoridad moral" (pág. 22).
Como se ve, la relación entre explotados y explotadores ha desaparecido de la argumentación de Kautsky. No queda más que la mayoría en general, la minoría en general, la democracia en general, la "democracia pura'', que ya conocemos.
¡Nótese que esto se dice a propósito de la Comuna de París! Para mayor evidencia, veamos lo que decían Marx y Engels de la dictadura a propósito de la Comuna:
Marx: "...Si los obreros sustituyen la dictadura de la clase burguesa con su dictadura revolucionaria... para vencer la resistencia de la burguesía..., dan al Estado una forma revolucionaria = y transitoria..."^^40^^
Engels: "...El partido victorioso" (en la revolución) "si no quiere haber luchado en vano, tiene que mantener este dominio por el terror que sus armas inspiran a los reaccionarios. ¿Habría durado, acaso, un solo día la Comuna de París, de no haber empleado esta autoridad del pueblo armado frente a los burgueses? ¿No podemos, por el contrario, reprocharle el no haberla utilizado lo sufi- ciente?..."^^41^^
Engels: "Siendo el Estado una institución meramente transitoria, que se utiliza en la lucha, en la revolución, para someter por la violencia a los adversarios, es un puro absurdo hablar de un Estado popular libre: mientras el proletariado necesite del Estado, no será en beneficio de la libertad, sino para someter a sus adversarios, y tan pronto como pueda hablarse de libertad, el Estado, como tal, dejará de = existir..."^^4^^
Entre Kautsky, por un lado, y Marx y Engels, por otro, existe el mismo abismo que entre el cielo y la tierra, que entre un liberal y un revolucionario proletario. La democracia pura y sencillamente la ``democracia'' de que habla Kautsky no es más que una paráfrasis de ese mismo "Estado popular libre'', es decir, un puro absurdo. Con la erudición de un doctísimo imbécil de gabinete, o con el candor de una niña de diez años, pregunta Kautsky: ¿Para qué ejercer la dictadura, si se tiene la mayoría? Marx y Engels lo explican:
---Para aplastar la resistencia de la burguesía,
---para inspirar temor a los reaccionarios,
---para mantener la autoridad del pueblo armado contra la burguesía,
---para que el proletariado pueda someter por la violencia a sus adversarios.
Kautsky no comprende estas explicaciones. Enamorado de la ``pureza'' de la democracia, no viendo su carácter burgués, sostiene ``consecuentemente'' que la mayoría, puesto que lo es, no tiene 83 necesidad de "aplastar la resistencia" de la minoría, de "aplastarla por la fuerza''; sostiene que es suficiente reprimir los casos de violación de la democracia. ¡Enamorado de la ``pureza'' de la democracia, Kautsky incurre por descuido en ese pequeño error en que siempre incurren todos los demócratas burgueses: toma por igualdad real la igualdad formal (que no es más que mentira e hipocresía en el régimen capitalista)! ¡Nada menos!
El explotador no puede ser igual al explotado.
Esta verdad, por desagradable que le resulte a Kautsky, es lo más esencial del socialismo.
Otra verdad: No puede haber igualdad real, efectiva, mientras no se haya hecho totalmente imposible la explotación de una clase por otra.
Se puede derrotar de golpe a los explotadores con una insurrección victoriosa en la capital o una rebelión de las tropas. Pero, descontando casos muy raros y excepcionales, no se puede hacer desaparecer de golpe a los explotadores. No se puede expropiar de golpe a todos los terratenientes y capitalistas de un país de cierta extensión. Además, la expropiación por sí sola, como acto jurídico o político, no resuelve, ni mucho menos, el problema, porque es necesario desalojar de hecho a los terratenientes y capitalistas, remplazarías de hecho en fábricas y fincas por la nueva administración obrera. No puede haber igualdad entre los explotadores, que durante largas generaciones se han distinguido por la instrucción, la riqueza y los hábitos adquiridos, y los explotados, que, incluso en las repúblicas burguesas más avanzadas y democráticas, constituyen, en su mayoría, una masa embrutecida, inculta, ignorante, atemorizada y dispersa. Durante mucho tiempo después de la revolución, los explotadores siguen conservando de hecho, inevitablemente, tremendas ventajas: conservan el dinero (no es posible suprimir el dinero de golpe), algunos que otros bienes muebles, con frecuencia valiosos; conservan las relaciones, los hábitos de organización y administración, el conocimiento de todos los ``secretos'' (costumbres, procedimientos, medios, posibilidades) de la administración; conservan una instrucción más elevada, sus estrechos lazos con el alto personal técnico (que vive a lo burgués y piensa en burgués); conservan (y esto es muy importante) una experiencia infinitamente superior en lo que respecta al arte militar, etc., etc.
Si los explotadores son derrotados solamente en un país---y éste es, naturalmente, el caso típico, pues la revolución simultánea en varios países constituye una rara excepción---, seguirán siendo, no obstante, más fuertes que los explotados, porque sus relaciones internacionales son poderosas. Además, una parte de los explotados, pertenecientes a las masas más atrasadas de campesinos medios, 84 artesanos, etc., sigue y puede seguir a los explotadores, como lo han probado hasta ahora todas las revoluciones, incluso la Comuna (porque entre las tropas de Versalles había también proletarios, cosa que "ha olvidado" el doctísimo Kautsky).
Por tanto, suponer que en una revolución más o menos seria y profunda la solución del problema depende sencillamente de la actitud de la mayoría ante la minoría, es una estupidez inmensa, el más necio prejuicio de un liberal adocenado, es engañar a las masas, ocultarles a sabiendas la verdad histórica. Esta verdad histórica es la siguiente: en toda revolución profunda, la regla es que los explotadores, que durante bastantes años conservan de hecho sobre los explotados grandes ventajas, opongan una resistencia larga, porfiada y desesperada. Nunca---a no ser en la fantasía dulzona del melifluo tontaina de Kautsky---se someten los explotadores a la voluntad de la mayoría de los explotados sin haber puesto antes a prueba su superioridad en una desesperada batalla final, en una serie de batallas.
El paso del capitalismo al comunismo llena toda una época histórica. Mientras esta época histórica no finalice, los explotadores siguen inevitablemente abrigando esperanzas de restauración, esperanzas que se convierten en tentativas de restauración. Después de la primera derrota seria, los explotadores derrocados, que no esperaban su derrocamiento ni creían en él, que no aceptaban ni siquiera la idea de que pudiera producirse, se lanzan con energía decuplicada, con pasión furiosa y odio centuplicado a la lucha por la restitución del "paraíso" que les ha sido arrebatado, en defensa de sus familias, que antes disfrutaban de una vida tan dulce y a quienes la "chusma vil" condena a la ruina y a la miseria (o al trabajo ``simple''...). Y detrás de los capitalistas explotadores sigue una gran masa de pequeña burguesía, de la que decenios de experiencia histórica en todos los países nos dicen que titubea y vacila, que hoy sigue al proletariado y mañana se asusta de las dificultades de ¡a revolución, se deja llevar del pánico ante la primera derrota o semiderrota de los obreros, se pone nerviosa, se agita, lloriquea, se pasa de un campo a otro... lo mismo que nuestros mencheviques y eseristas.
¡¡Y en esas condiciones, en una época de lucha desesperada, aguda, cuando la historia pone a la orden del día problemas relacionados con la existencia misma de privilegios seculares y milenarios, se habla de mayoría y minoría, de democracia pura, de que no hace falta la dictadura, de igualdad entre explotadores y explotados!! ¡Qué abismo de estupidez y íilisteísmo se necesita para ello!
Pero los decenios de un capitalismo relativamente "pacífico'', que van de 1871 a 1914, han convertido a los partidos socialistas que se 85 adaptan al oportunismo en establos de Augias de filisteísrno, de estrechez mental y apostasía...
__*_*_*__El lector habrá advertido probablemente que Kautsky, en el precitado pasaje de su libro, habla de atentado contra el sufragio universal (al que califica, dicho sea entre paréntesis, de profunda fuente de poderosa autoridad moral, mientras que Engels, a propósito de la misma Comuna de París y del mismo problema de la dictadura, habla de la autoridad del pueblo armado contra la burguesía; resulta característico comparar las ideas que sobre la ``autoridad'' tienen un filisteo y un revolucionario...).
Es de advertir que el privar a los explotadores del derecho de voto es un problema puramente ruso, y no un problema de la dictadura del proletariado en general. Si Kautsky hubiera titulado, sin hipocresía, su folleto Contra los bolcheviques, el título correspondería al contenido, y Kautsky tendría entonces derecho a hablar directamente del derecho de sufragio. Pero Kautsky ha querido ser, ante todo, un "teórico''. Ha titulado su folleto La dictadura del proletariado en general. De los Soviets y de Rusia habla especialmente sólo en la segunda parte del opúsculo, a partir del sexto apartado. En cambio, la primera parte (que es de donde yo he tomado la cita) trata de la democracia y de la dictadura en general. Puesto a hablar del derecho electoral, Kautsky se ha desenmascarado como polemista contra los bolcheviques sin un ápice de respeto por la teoría. Porque la teoría, es decir, el estudio de los fundamentos generales de clase (y no específicos nacionales) de la democracia y de la dictadura, no debe tratar de un punto concreto, como es el derecho electoral, sino de todo el problema: ¿Puede mantenerse la democracia tanto para los ricos como para los explotadores, en un período histórico en que se derriba a los explotadores, y su Estado es sustituido por el Estado de los explotados?
Así y sólo así es como puede plantear el problema un teórico.
Conocemos el ejemplo de la Comuna, conocemos todos los razonamientos de los fundadores del marxismo sobre ella y a propósito de ella. Apoyándome en esos datos, he analizado, por ejemplo, el problema de la democracia y de la dictadura en el folleto El Estado y la revolución, escrito antes de la Revolución de Octubre. Acerca de la restricción del derecho al sufragio no he dicho ni una palabra. Y ahora hay que afirmar que este problema es un asunto específico nacional, y no un problema general de la dictadura. Es un problema eme se debe enfocar estudiando las condiciones peculiares de la revolución rusa, estudiando su camino especial de desarrollo. Esto es 86 lo que me propongo hacer en las páginas siguientes. Pero sería un error asegurar por anticipado que las futuras revoluciones proletarias de Europa, todas o la mayor parte de ellas, originarán necesariamente una restricción del derecho de voto para la burguesía. Puede suceder así. Después de la guerra y de la experiencia de la revolución rusa, es probable que así suceda, pero no es indispensable para el ejercicio de la dictadura, no constituye un rasgo imprescindible del concepto lógico de dictadura, no es condición indispensable del concepto de dictadura en el terreno histórico y de clase.
Lo que es un rasgo indispensable, una condición imprescindible de la dictadura, es el requisito de reprimir por la fuerza a los explotadores como clase, y, por consiguiente, la violación de la "democracia pura'', es decir, de la igualdad y de la libertad con relación a esa clase.
Así y sólo así es como puede plantearse el problema en el terreno teórico. Y Kautsky, al no hacerlo así, demuestra que no procede contra los bolcheviques como teórico, sino como un sicofante al servicio de los oportunistas y de la burguesía.
Determinar en qué países, en qué condiciones específicas nacionales de un capitalismo u otro se va a aplicar (de un modo exclusivo o preponderante) una restricción determinada, una violación de la democracia para los explotadores, es algo que depende de las particularidades nacionales de cada capitalismo, de cada revolución. El problema es distinto en el plano teórico y se formula así: ¿Es posible la dictadura del proletariado sin violación de la democracia respecto a la clase de los explotadores?
Kautsky ha eludido esta cuestión, la única esencial e importante en teoría. Cita toda clase de pasajes de Marx y de Engels salvo los que se refieren al problema que nos ocupa, que yo he citado más arriba.
Habla de todo lo que les conviene a los liberales y demócratas burgueses, de todo lo que admiten, de lo que no rebasa su ideario, pero no habla de lo principal: de que el proletariado no puede triunfar sin vencer la resistencia de la burguesía, sin reprimir por la violencia a sus adversarios; y donde hay "represión violenta'', donde no hay ``libertad'', no hay, desde luego, democracia.
Esto no lo ha comprendido Kautsky.
__*_*_*__Pasemos a la experiencia de la revolución rusa y a la divergencia entre los Soviets de diputados y la Asamblea Constituyente que condujo a la disolución de ésta, privándose a la burguesía del derecho de sufragio.
87 __ALPHA_LVL2__ QUE NO INTENTEN LOS SOVIETS CONVERTIRSELos Soviets son la forma rusa de la dictadura del proletariado. Si el teórico marxista que escribe un trabajo sobre la dictadura del proletariado hubiera estudiado de veras este fenómeno (en lugar de repetir las lamentaciones pequeñoburguesas contra la dictadura, como hace Kautsky, entonando las coplas mencheviques), habría comenzado por dar una definición general de la dictadura, y después habría examinado su forma particular, nacional, los Soviets, analizándolos como una de las formas de la dictadura del proletariado.
Claro que nada serio puede esperarse de Kautsky después de su ``reajuste'' liberal de la doctrina de Marx sobre la dictadura. Pero es curioso en sumo grado ver cómo aborda el problema de los Soviets y cómo lo resuelve.
Los Soviets, escribe al recordar su aparición en 1905, crearon "una forma de organización proletaria que era la más universal (umfassendste) de todas, porque comprendía a todos los obreros asalariados" (pág. 31). En 1905, los Soviets no eran más que corporaciones locales; en 1917 se han convertido en una organización a escala de toda Rusia.
``La organización soviética---prosigue Kautsky---tiene ahora ya una historia grande y gloriosa. La que le está reservada es aún más grande, y no sólo en Rusia. En todas partes se observa que contra las gigantescas fuer/as de que dispone el capital financiero en los sentidos económico y político, son insuficientes" (versagen: esta palabra alemana dice algo más que ``insuficientes'' y algo menos que ``impotentes'') "los antiguos métodos del proletariado en su lucha política y económica. No puede prescindirse de ellos; siguen siendo indispensables para tiempos normales, pero se les plantean de cuando en cuando problemas para cuya solución son impotentes, problemas en que el éxito se cifra tan sólo en la unión de todos los instrumentos políticos y económicos de la fuerza de la clase obrera" (32).
Sigue una disquisición en torno a la huelga de masas, después de lo cual afirma que "la burocracia de los sindicatos'', tan necesaria como los sindicatos mismos, "no es apta para dirigir las gigantescas batallas de las masas, que configuran a nuestra época más cada día..."
``...Así pues---concluye Kautsky---, la organización soviética es uno de los fenómenos más importantes de nuestra época. Promete adquirir una importancia decisiva en los grandes combates decisivos que se avecinan entre el capital y el trabajo.
``Pero, ¿podemos exigir más a los Soviets? Los bolcheviques, que después de la Revolución de Noviembre (según el nuevo calendario; es decir, de Octubre, según el viejo calendario) de 1917 conquistaron con los socialistas-revolucionarios de izquierda la mayoría en los Soviets rusos de diputados obreros, después de la disolución de la Asamblea Constituyente han convertido el Soviet, que hasta entonces era organización de combate de una ríns«,en una organización estatal. Han suprimido la democracia,que el pueblo ruso conquistó en la revolución de marzo (según el nuevo calendario; de 88 febrero, según el viejo (alendarlo). Consecuentemente, los bolcheviques han dejado de llamarse socialí/í'womi/rt.(. Se llaman comunistas" (pág. 33, la cursiva es de Kautsky).
Quien conozca las publicaciones de los mencheviques rusos observará en el acto que Kautsky copia servilmente a Mártov, Axelrod, Shtein y compañía. ``Servilmente'' es la palabra, porque deforma los hechos hasta un punto grotesco en provecho de los prejuicios mencheviques. Por ejemplo, no se ha tomado la molestia de preguntar a sus informadores, al Shtein de Berlín o al Axelrod de Estocolmo, acerca del momento en que se planteó el cambio de nombre de los bolcheviques en comunistas y lo relativo al papel de los Soviets como organizaciones estatales. De haber solicitado estos datos, no habría escrito Kautsky unas líneas que mueven a risa, porque ambos asuntos los plantearon los bolcheviques en abril de 1917, por ejemplo, en mis ``tesis'' del 4 de abril de 1917^^*^^, es decir, mucho antes de la Revolución de Octubre de 1917 (por no hablar ya de la disolución de la Constituyente el 5 de enero de 1918).
Pero el razonamiento de Kautsky, que he reproducido por entero, es el quid de todo el problema de los Soviets. El quid está precisamente en saber si los Soviets deben tender a convertirse en organizaciones de Estado (los bolcheviques lanzaron en abril de 1917 la consigna de "¡Todo el poder a los Soviets!''; y en la conferencia del partido bolchevique del mismo mes de abril de 1917 declararon que no les satisfacía una república parlamentaria burguesa, sino que reivindicaban una república de obreros y campesinos del tipo de la Comuna o del tipo de los Soviets); o bien los Soviets no han de seguir esa tendencia, no han de tomar el poder, no han de convertirse en organizaciones de Estado, sino que deben seguir siendo "organizaciones de combate" de una ``clase'' (según dijo Mártov, adecentando con estos inocentes cíeseos el hecho de que, bajo la dirección menchevique, los Soviets no eran más que un instrumento de subordinación de los obreros a la burguesía).
Kautsky repite servilmente las palabras de Mártov, tomando fragmentos de la controversia teórica de los bolcheviques con los mencheviques y proyectando estos fragmentos, sin crítica ni razón, sobre el terreno teórico general, sobre el terreno europeo general. El resultado es un embrollo capaz de provocar una risa homérica en todo obrero ruso consciente que llegase a conocer el citado razonamiento de Kautsky.
Con la misma risa acogerán a Kautsky todos los obreros _-_-_
^^*^^ Véase la presente edición, I. 2, pág.s. -11--73.0V. d? la Kdit.}
89 europeos (a excepción de un puñado de empedernidos socialimperialistas) cuando les expliquemos de qué va.Llevando con extraordinaria evidencia al absurdo el error de Mártov, Kautsky le ha prestado un flaco servicio. En efecto, veamos lo que le resulta a Kautsky.
Los Soviets abarcan a todos los obreros asalariados. Contra el capital financiero son insuficientes los antiguos métodos del proletariado en su lucha política y económica. Los Soviets están llamados a cumplir un papel importantísimo, y no sólo en Rusia. Cumplirán un papel decisivo en las grandes batallas decisivas entre el capital y el trabajo en Europa. Esto es lo que dice Kautsky.
Muy bien. ¿No deciden "las batallas decisivas entre el capital y el trabajo" cuál de estas dos clases se adueñará del poder político?
= ^^1^^ *---1- ~-~ <- liiy-V-»i v^í-iKfri^'i \; oí"f^r-iAmi/~a T oc ^r~i\;ifife faetón
Nada de eso. Dios nos guarde.
En las batallas ``decisivas'', los Soviets, que abarcan a todos los obreros asalariados, ¡no deben convertirse en una organización de Estado!
Pero ¿qué es el Estado?
El Estado no es más que una máquina para la opresión de una clase por otra.
Por tanto, la clase oprimida, la vanguardia de todos los trabajadores y de todos los explotados en la sociedad actual debe lanzarse a "las batallas decisivas entre el capital y el trabajo'', ¡pero no debe tocar la máquina de la que se sirve el capital para oprimir al trabajo!------¡No debe romper esa máquina!-------¡No debe emplear su organización universal para reprimir a los explotadores!
¡Magnífico, admirable, señor Kautsky! ``Nosotros'' reconocemos la lucha de las clases como la reconocen todos los liberales, o sea, sin derribar a la burguesía...
Aquí es donde se hace patente la total ruptura de Kautsky tanto con el marxismo como con el socialismo. Esto es, de hecho, pasarse al lado de la burguesía, que se halla dispuesta a admitir todo lo que se quiera menos la transformación de las organizaciones de la clase que ella oprime en organizaciones de Estado. No hay ya medio de que Kautsky salve su posición, que todo lo concilia y que no tiene más que frases para sortear todas las profundas contradicciones.
Kautsky renuncia en absoluto a que el poder político pase a manos de la clase obrera o admite que la clase obrera se adueñe de la vieja máquina estatal, de la máquina burguesa, pero en modo alguno consiente que la rompa y la destruya para sustituirla con una nueva, con la máquina proletaria. Se ``interprete'' o se 'explique" de uno u otro modo el razonamiento de Kautsky, resulta evidente su ruptura con el marxismo y su paso al lado de la burguesía.
90Al hablar, en el Manifiesto Comunista, del Estado que necesita la clase obrera triunfante, Marx escribía ya: "El Estado, es decir, el proletariado organizado como clase = dominante"^^43^^. Y ahora, un hombre que pretende seguir siendo marxista declara que el proletariado totalmente organizado y en "lucha decisiva" contra el capital, no debe hacer de su organización de clase una organización de Estado. La "fe supersticiosa en el Estado'', que, según escribía Engels en 1891 hablando de Alemania, "se ha trasplantado del campo filosófico a la conciencia general de la burguesía e incluso a la de muchos = obreros"^^44^^, es lo que en este caso ha puesto de manifiesto Kautsky. Luchad, obreros, ``autoriza'' nuestro filisteo (también lo ``autoriza'' el burgués, porque, de todos modos, los obreros luchan, y lo único que hace falta es buscar la manera de embotar el filo de su espada). ¡Luchad, pero no os atreváis a vencer! ¡No destruyáis la máquina del Estado burgués, no sustituyáis la "organización estatal" burguesa con la "organización estatal" proletaria!
Una persona que compartiera en serio la idea de Marx de que el Estado no es más que una máquina para la opresión de una clase por otra, que se hubiera parado a meditar algo sobre esta verdad, no habría podido llegar nunca al absurdo de decir que las organizaciones proletarias, capaces de vencer al capital financiero, no deben transformarse en organizaciones estatales. Eso es lo que revela al pequeño burgués, para el cual el Estado es, "a pesar de todo'', una entidad situada a fin de cuentas al margen de las clases o por encima de las clases. En efecto, ¿por qué puede el proletariado, "una sola clase'', hacer una guerra decisiva al capital, que no sólo domina sobre el proletariado, sino sobre el pueblo entero, sobre toda la pequeña burguesía, sobre todos los campesinos, y no puede, siendo "una sola clase'', transformar su organización en organización estatal? Porque el pequeño burgués teme la lucha de las clases y no la lleva a término, a lo más importante.
Kautsky se ha hecho un lío completo y descubre la hilaza. Fíjense: él mismo ha reconocido que Europa se acerca a batallas decisivas entre el capital y el trabajo y que los antiguos métodos del proletariado en la lucha política y económica son insuficientes. Pero estos métodos consistían, precisamente, en utilizar la democracia burguesa. ¿Por tanto?...
Kautsky ha tenido miedo de llevar el razonamiento a sus últimas consecuencias y ver lo que de ello se deduce.
...Por tanto, sólo un reaccionario, enemigo de la clase obrera y lacayo de la burguesía, puede dedicarse ahora a pintar los encantos de la democracia burguesa y a cotorrear acerca de la 91 democracia pura, de cara a un pasado ya caduco. La democracia burguesa fue progresista en comparación con la Edad Media, y había que utilizarla. Pero ahora es insuficiente para la clase obrera. Ahora hay que mirar hacia adelante, y no hacia atrás, hay que ir a la sustitución de la democracia burguesa por la proletaria. Ha sido posible (y necesario) realizar en el marco del Estado democrático burgués el trabajo preparatorio de la revolución proletaria, la instrucción y formación del ejército proletario, pero encerrar al proletariado dentro de ese marco, cuando se ha llegado a las "batallas decisivas'', es hacer traición a la causa proletaria, ser un renegado.
Kautsky ha metido la pata con mucha gracia, pues repite el argumento de Mártov ¡sin ver que Mártov apoya este argumento en otro que Kautsky no emplea! Mártov dice (y Kautsky lo repite) que Rusia no está todavía madura para el socialismo, de lo cual se deduce naturalmente que es aún pronto para convertir los Soviets, de instrumentos de combate, en organizaciones de Estado (léase: lo oportuno es transformar los Soviets, con ayuda de los jefes mencheviques, en órganos de subordinación de los obreros a la burguesía imperialista). Ahora bien, Kautsky no puede decir abiertamente que Europa no está madura para el socialismo. En 1909, cuando aún no era un renegado, escribió que no se debía tener miedo de una revolución prematura, que seria traidor quien renunciara a la revolución por miedo a la derrota. Kautsky no se atreve a retractarse francamente. Y resulta un absurdo que descubre por entero toda la necedad y la cobardía del pequeño burgués; por una parte, Europa está madura para el socialismo y va a las batallas decisivas entre el trabajo y el capital; pero, por otra parte, la organización de combate (es decir, la organización que se está formando, desarrollando y afianzando en la lucha), la organización del proletariado, vanguardia, organizador y jefe de los oprimidos, ¡no se debe convertir en organización estatal!
__*_*_*__Desde el punto de vista práctico de la política, la idea de que los Soviets son necesarios como organización de combate, pero que no deben convertirse en organizaciones de Estado, es todavía infinitamente más absurda que desde el punto de vista teórico. Incluso en tiempos de paz, sin situación revolucionaria, la lucha entre las masas obreras y los capitalistas, por ejemplo, la huelga de masas, origina en ambas partes formidable encono, extremo ardor en el combate, constantes manifestaciones de la burguesía en el sentido de que ella es y quiere seguir siendo "el ama de su casa'', 92 etc. Y en tiempos de revolución, cuando la vida política está en efervescencia, una organización como los Soviets, que abarca a todos los obreros de todas las industrias, y también a todos los soldados y a todos los trabajadores y pobres del campo, es una organización que, por sí misma, por el curso del combate, por la simple "lógica" de la ofensiva y de la defensiva, llega necesariamente a plantear el problema de manera tajante. Querer tomar una posición neutra, ``conciliar'' al proletariado con la burguesía es una necedad condenada a un fracaso lastimoso: esto fue lo que sucedió en Rusia con las prédicas de Mártov y otros mencheviques; esto es lo que inevitablemente sucederá en Alemania y en otros países si los Soviets se desarrollan con suficiente amplitud, si llegan a unirse y afianzarse. Decir a los Soviets que luchen, pero que no tomen todo el poder en sus manos, que no se transformen en organizaciones estatales, equivale a predicar la colaboración de las clases y la "paz social" entre el proletariado y la burguesía. Es ridículo pensar siquiera que, en una lucha encarnizada, semejante posición pueda conducir a algo que no sea una vergonzosa derrota. El eterno destino de Kautsky es nadar entre dos aguas. Hace como si en teoría no estuviera de acuerdo en nada con los oportunistas; pero, de hecho, en la práctica, está de acuerdo con ellos en todas las cuestiones esenciales (o sea, en todo lo que concierne a la revolución).
__ALPHA_LVL2__ LA ASAMBLEA CONSTITUYENTEEl problema de la Asamblea Constituyente y de su disolución por los bolcheviques es lo principal de todo el folleto de Kautsky. Y a él vuelve constantemente. Toda la obra del jefe ideológico de la II Internacional rebosa de alusiones a que los bolcheviques "han suprimido la democracia" (véase más arriba una de las citas de Kautsky). El problema, en efecto, tiene interés e importancia, porque la correlación entre democracia burguesa y democracia proletaria se plantea aquí prácticamente ante la revolución. Veamos cómo lo analiza nuestro "teórico marxista".
Kautsky cita mis Tesis sobre la Asamblea Constituyente, publicadas
en Frauda del 26 de diciembre de 1917^^*^^. Parece que no podía
esperarse mejor prueba de seriedad por su parte, ya que aborda la
cuestión con documentos en las manos. Pero veamos
^^*^^ Véase la presente edición, t. 2, págs. .>24--528. (N. de la Edil.)
93 Kautsky. No dice que las tesis eran 19, ni que en ellas se hablaba tanto de la relación entre una república burguesa ordinaria con Asamblea Constituyente y la República de los Soviets como de la historia de la divergencia entre la Asamblea Constituyente y la dictadura del proletariado en nuestra revolución. Kautsky prescinde de todo esto y dice simplemente al lector que, entre estas tesis, 'fdos tienen particular importancia": una, que los eseristas se dividieron después de las elecciones a la Asamblea Constituyente, pero antes de reunirse ésta (no dice que esa tesis es la quinta); otra, que la República de los Soviets es, en general, una forma democrática superior a la Asamblea Constituyente (no dice que esa tesis es la tercera).Y sólo de esa tercera tesis cita Kautsky por entero un fragmento, la afirmación siguiente:
``La República de los Soviets no es sólo una forma de tipo más elevado de instituciones democráticas (en comparación con la república burguesa ordinaria coronada por una Asamblea Constituyente), sino la única forma capaz de asegurar el tránsito menos doloroso^^*^^ al socialismo" (Kautsky omite la palabra ``ordinaria'', y las palabras de introducción de la tesis: "Para la transición del régimen burgués al socialista, para la dictadura del proletariado'').
Después de esta cita, Kautsky exclama con magnífica ironía:
``Es de lamentar únicamente que llegasen a esa conclusión sólo al encontrarse en minoría en la Asamblea Constituyente. Nadie había pedido antes la Asamblea Constituyente con mayor empeño que Lenin".
¡Así lo dice textualmente en la página 31 de su libro!
¡Una verdadera joya! ¡¡Sólo un sicofante al servicio de la burguesía puede falsear tanto los hechos, para dar al lector la impresión de que los discursos de los bolcheviques sobre un tipo superior de Estado son una invención a la que sólo han recurrido después de haberse visto en minoría en la Asamblea Constituyente!! Una mentira tan vil sólo pudo decirla un canalla vendido a la burguesía, o lo que es absolutamente igual, que se ha fiado de P. Axelrod y encubre a sus informadores.
_-_-_^^*^^ Por cierto, Kautsky cita repetidas veces la expresión del tránsito "menos doloroso'', por lo visto, con pretensiones de ironía. Pero como recurre a malas artes, algunas páginas más adelante hace una trampa y falsea la cita: ¡un paso "sin dolor"! Claro que con semejante sistema es fácil atribuir al adversario una insensatez. Esta falsificación permite, además, desentenderse del fondo del argumento: el tránsito nienos doloroso al socialismo sólo es posible con la orgam/ación total de los pobres (ios Soviets) y con la ayuda del poder central del Estado (el proletariado) a tal organización.
94Porque todo e\ mundo sabe que el mismo día de mi llegada a Rusia, el 4 de abril de 1917, leí públicamente las tesis en que proclamaba la superioridad de un Estado del tipo de la Comuna sobre la república parlamentaria burguesa. Después lo he vuelto a manifestar repetidamente en la prensa, por ejemplo, en un folleto sobre los partidos políticos, que se tradujo al inglés y fue publicado en Norteamérica en enero de 1918, en el Evening = ftwt^^45^^ de Nueva York. Es más, la conferencia del partido bolchevique, celebrada a fines de abril de 1917, adoptó una resolución, diciendo que la república de proletarios y campesinos es superior a la república parlamentaria burguesa, que esta última no podía satisfacer a nuestro partido y que el programa de éste debía modificarse en ese sentido .
¿Cómo calificar, después de esto, la ocurrencia de Kautsky, quien afirma a los lectores alemanes que yo exigía con el mayor empeño la convocatoria de la Asamblea Constituyente y que sólo al quedar los bolcheviques en minoría dentro de ella empecé a ``menoscabar'' el honor y la dignidad de esa Asamblea? ¿Cómo puede justificarse esta ocurrencia?~^^*^^ ¿No estaba Kautsky al corriente de los hechos? ¿Para qué, pues, se ha sentado a escribir sobre ellos? ¿Por qué no ha declarado lealmente: Yo, Kautsky, escribo, apoyándome en datos de los mencheviques Shtein, P. Axelrod y Cía.? Con su pretensión de objetividad, quiere disimular su papel de criado de los mencheviques, ofendidos por su derrota.
Pero esto no es nada. Lo gordo viene después.
Admitamos que Kautsky no ha querido o no ha podido (??) recibir de sus informantes una traducción de las resoluciones de los bolcheviques y de sus declaraciones acerca de si les satisface la república democrática parlamentaria burguesa. Admitámoslo, aunque sea inverosímil. Pero Kautsky menciona abiertamente mis tesis del 26 de diciembre de 1917 en la pág. 30 de su libro.
¿Conoce Kautsky el texto completo de estas tesis o únicamente lo que le han traducido los Shtein, Axelrod y Cía.? Kautsky cita la tercera tesis sobre la cuestión fundamental de si antes de las elecciones a la Asamblea Constituyente los bolcheviques comprendían y decían al pueblo que la República de los Soviets es superior a la república burguesa. Pero Kautsky silencia la segunda tesis.
Esta segunda tesis dice:
``La socialdemocracia revolucionaria, que reclamaba la convocatoria de la Asamblea Constituyente, subrayó en repetidas ocasiones, desde los primeros días de la revolución de 1917, que la República de _-_-_
^^*^^ A propósito: ¡hay muchos de estos embustes mencheviques en el folleto de Kautsky! Es un libelo de un menchevique enfurecido.
95 los Soviets es una forma de democracia superior a la república burguesa ordinaria con Asamblea Constituyente". (La cursiva es mía.)Para presentar a los bolcheviques como gente sin principios, como "oportunistas revolucionarios" (esta expresión se encuentra, no recuerdo con qué motivo, en un pasaje del libro de Kautsky), ¡el señor Kautsky ha ocultado a los lectores alemanes que las tesis hacen mención de ``repetidas'' declaraciones!
Tales son los pobres, míseros y despreciables procedimientos a que recurre el señor Kautsky. De este modo se desentiende de la cuestión teórica.
¿Es o no verdad que la república parlamentaria democrática burguesa es inferior a una república del tipo de la Comuna o de los Soviets? Este es el quid de la cuestión; pero Kautsky lo elude. Kautsky "ha olvidado" todo lo que Marx dice en su análisis de la Comuna de París. También "ha olvidado" la carta de Engels a Bebel del 28 de marzo de 1875, que expresa en forma bien evidente y comprensible la misma idea de Marx: "La Comuna no era ya un Estado en el sentido propio de la palabra".
Y ahí tenéis al teórico más eminente de la II Internacional, que, en un folleto que se refiere especialmente a La dictadura del proletariado, al tratar en particular de Rusia, donde se ha planteado muchas veces y sin ambages el problema de una forma de Estado superior a la república democrática burguesa, no habla de ello para nada. ¿En qué se diferencia esto, de hecho, del paso al lado de la burguesía?
(Digamos entre paréntesis que también en esto va Kautsky a la cola de los mencheviques rusos. Entre ellos sobran gentes que se saben "todas las citas" de Marx y Engels; pero ni un solo menchevique, de abril a octubre de 1917 y de octubre de 1917 a octubre de 1918, ha tratado una sola vez de analizar el problema de un Estado del tipo de la Comuna. Plejánov lo ha eludido también. Por lo visto, no tuvieron más remedio que callar.)
Claro que hablar de disolución de la Asamblea Constituyente con gentes que se llaman socialistas y marxistas, pero que en el problema principal, en el de un Estado del tipo de la Comuna, se pasan en realidad a la burguesía, sería echar margaritas a puercos. Bastará imprimir como anexo de este folleto mis tesis completas sobre la Asamblea Constituyente. Por ellas verá el lector que la cuestión se planteó el 26 de diciembre de 1917 desde el punto de vista teórico, histórico, político y práctico.
Aunque Kautsky, como teórico, ha renegado por completo del marxismo, hubiera podido analizar como historiador la lucha de los Soviets contra la Asamblea Constituyente. Muchos de sus trabajos nos dicen que Kautsky sabía ser historiador marxista, y esos trabajos 96 quedarán como patrimonio perdurable del proletariado, a pesar de haberles seguido la apostasía de su autor. Pero en este punto Kautsky, también como historiador, se vuelve de espaldas a la verdad, cierra los ojos ante hechos notorios, se conduce como un sicofante. Quiere presentar a los bolcheviques como gentes sin principios y relata cómo intentaron atenuar su conflicto con la Asamblea Constituyente antes de disolverla. No hay absolutamente nada de malo en ello, de nada tenemos que desdecirnos. Publico íntegras las tesis, y en ellas digo con claridad meridiana: Señores pequeños burgueses vacilantes que os habéis atrincherado en la Asamblea Constituyente, aceptad la dictadura del proletariado o triunfaremos sobre vosotros "por vía revolucionaria" (tesis 18 y 19).
Así es cómo ha procedido y procederá siempre el proletariado verdaderamente revolucionario con respecto a la pequeña burguesía vacilante.
Kautsky adopta en la cuestión de la Asamblea Constituyente una actitud formalista. En mis tesis he dicho clara y reiteradamente que los intereses de la revolución están por encima de los derechos formales de la Asamblea Constituyente (véanse las tesis 16 y 17). El punto de vista democrático formal es precisamente el del demócrata burgués, que no admite la supremacía de los intereses del proletariado y de la lucha proletaria de clase. Como historiador, Kautsky no hubiera podido menos de reconocer que los parlamentos burgueses son órganos de una u otra clase. Pero ahora (para su inmunda abjuración de la revolución), Kautsky ha tenido que olvidar el » marxismo, y no se pregunta de qué clase era órgano la Asamblea Constituyente en Rusia. No analiza las circunstancias concretas, no quiere ver los hechos, nada dice a los lectores alemanes de que mis tesis contienen, no sólo un estudio teórico del carácter limitado de la democracia burguesa (tesis 1-3), no sólo las condiciones concretas, en virtud de las cuales las listas de los partidos, compuestas a mediados de octubre de 1917, no respondían a la realidad en diciembre de 1917 (tesis 4-6), sino también la historia de la lucha de las clases y de la guerra civil de octubre a diciembre de 1917 (tesis 7-15). De esta historia concreta dedujimos (tesis 14) que la consigna de "Todo el poder a la Asamblea Constituyente" se había convertido de hecho en la consigna de los democonstitucionalistas, las huestes de Kaledin y sus secuaces.
El historiador Kautsky no lo ve. El historiador Kautsky jamás ha oído decir que el sufragio universal da lugar a veces a parlamentos pequeñoburgueses y a veces a parlamentos reaccionarios y contrarrevolucionarios. Kautsky, historiador marxista, no ha oído decir que una cosa es la forma de las elecciones, la forma de la democracia, y otra, el contenido de clase de una institución determinada. Este 97 problema del contenido de clase de la Asamblea Constituyente está claramente planteado y resuelto en mis tesis. Puede ser que mi solución no sea atinada. Nada nos agradaría tanto como una crítica marxista de nuestro análisis. En lugar de escribir frases absolutamente necias (hay muchas en Kautsky) acerca de que hay quien impide criticar el bolchevismo, Kautsky hubiera debido realizar esta crílica. Pero el asunto es que la crítica brilla en él por su ausencia. Ni siquiera plantea el problema de un análisis de los Soviets, por una parte, y de la Constituyente, por otra, desde el punto de vista de clase. Y por ello es imposible discutir con Kautsky, y sólo cabe demostrara los lectores por qué no puede dársele otro nombre que el de renegado.
La divergencia entre los Soviets y la Asamblea Constituyente tiene su historia, que no podría dar de lado un historiador, aun (liando no se colocara en el punto de vista de la lucha de las clases. Tampoco ha querido Kautsky focar esta historia de los hechos. Ha ocultado a los lectores alemanes el hecho notorio (que ahora sólo ocultan los mencheviques empedernidos) de que los Soviets, también bajo la dominación menchevique, es decir, desde fines de febrero hasta octubre de 1917, divergían de las instituciones del Estado" (es decir, burguesas). En el fondo, Kautsky adopta una actitud de conciliación, de conformismo, de colaboración entre el proletariado y la burguesía; por mucho que Kautsky lo niegue, este punto de vista es un hecho que confirma todo su folleto. La afirmación de que no se debía disolver la Asamblea Constituyente quiere decir que no se debía llevar a su término la lucha contra la burguesía,que no se la debía derribar y que el proletariado hubiera debido conciliarse con la burguesía.
¿Por qué no dice Kautsky que los mencheviques se dedicaron a esta labor poco honrosa de febrero a octubre de 1917 sin conseguir nada? Si era posible conciliar a la burguesía con el proletariado, ¿por qué no se consiguió la conciliación bajo el dominio menchevique, por qué se mantenía la burguesía apartada de los Soviets y se decía (lo decían los mencheviques) que los Soviets eran la " democracia revolucionaria'', y la burguesía, los "elementos restringidos"?
Kautsky oculta a los lectores alemanes que precisamente los mencheviques, en la "época" de su dominio (de febrero a octubre de 1917), calificaban a los Soviets de democracia revolucionaria, reconociendo «,« su superioridad sobre todas las demás instituciones. Solo a esta ocultación se debe que, tal como lo presenta el historiador Kautsky, la divergencia entre los Soviets y la burguesía sea algo sin historia, que se ha producido de la noche a la mañana, inopinadamente, sin motivos, a causa de la mala conducta de los bolcheviques. En realidad, más de medio año (lapso inmenso para una revolución) de 98 experiencia de conformismo menchevique, de tentativas de conciliar al proletariado con la burguesía, es lo que convenció al pueblo de la inutilidad de estas tentativas, lo que apartó de los mencheviques al proletariado.
Kautsky reconoce que los Soviets son una magnífica organización de combate del proletariado, con un gran porvenir. Pero si es así, toda la posición de Kautsky se desmorona como un castillo de naipes o como una ilusión pequeñoburguesa de que se puede evitar la encarnizada lucha entre el proletariado y la burguesía. Porque la revolución toda no es más que una lucha continua, y además desesperada, y el proletariado es la clase de vanguardia de todos los oprimidos, el foco y el centro de todas las aspiraciones de todos los oprimidos a su emancipación. Los Soviets---órgano de lucha de las masas oprimidas---reflejaban y expresaban, como es natural, de manera incomparablemente más rápida, completa y fiel, que hubiera podido hacerlo cualquiera otra institución, el sentir y los cambios de opinión de esas masas (ésta es, por cierto, una de las razones de que la democracia soviética sea un tipo superior de democracia).
Del 28 de febrero (viejo calendario) al 25 de octubre de 1917, los Soviets consiguieron convocar dos congresos de toda Rusia con representantes de la inmensa mayoría de la población del país, de todos los obreros y soldados y de siete u ocho décimas partes de los campesinos, sin contar un sinnúmero de congresos locales, distritales, urbanos, provinciales y regionales. Durante este período, la burguesía no pudo convocar ni una sola institución que representara una mayoría (excepción hecha de la Conferencia = Democrática^^47^^ manifiestamente falsificada, que era una mofa y que suscitó la cólera del proletariado). La Asamblea Constituyente reflejó el mismo sentir de las masas, el mismo agrupamiento político que el Primer Congreso de los Soviets de toda Rusia4>i, celebrado en junio. En el momento de reunirse la Asamblea Constituyente (enero de 1918), se habían celebrado los Congresos Segundo (octubre de = 1917)^^49^^ y Tercero (enero de = 1918)^^50^^ de los Soviets; los dos demostraron con mucha claridad que las masas se habían radicalizado, que eran más revolucionarias, que habían vuelto la espalda a mencheviques y eseristas, que se habían pasado al lado de los bolcheviques, es decir, que repudiaron la dirección pequeñoburguesa, la ilusión de un acuerdo con la burguesía, y optaron por la lucha revolucionaria del proletariado para derribar a la burguesía.
Por consiguiente, la sola historia externa de los Soviets demuestra ya lo inevitable de la disolución de la Asamblea Constituyente y el carácter reaccionario de ésta. Pero Kautsky se aferra a su ``consigna'': ¡perezca la revolución, triunfe la burguesía sobre el proletariado 99 con tal de que prospere la "democracia pura"! ¡Fiat justitia, pereat mundus!^^*^^
He aquí un breve resumen de los congresos de los Soviets de toda Rusia en la historia de la revolución rusa:
<:<)„>. r, il. In-, ><l:i Ku Primero (3.VI, 1917) ................Basta lanzar una ojeada a estas cifras para comprender que los argumentos a favor de la Asamblea Constituyente o los discursos de quienes (como Kautsky) dicen que los bolcheviques no representan a la mayoría de la población mueven en nuestro país sólo a risa.
__ALPHA_LVL2__ LA CONSTITUCIÓN SOVIÉTICAComo ya he señalado, la privación del derecho de sufragio a la burguesía no constituye un rasgo obligatorio e indispensable de la dictadura del proletariado. Los bolcheviques de Rusia, que habían proclamado la consigna de tal dictadura mucho antes de Octubre, tampoco hablaban de privar de derechos electorales a los explotadores. Este rasgo de la dictadura no procede "del plan" de ningún partido, sino que ha surgido por sí mismo en el curso de la lucha. El historiador Kautsky, claro, no lo ha notado. No comprende que la burguesía, cuando en los Soviets dominaban aún los mencheviques (partidarios de la conciliación con la burguesía), se había apartado por propia iniciativa de los Soviets, los boicoteaba, se oponía a ellos e intrigaba contra ellos. Los Soviets surgieron sin Constitución alguna y subsistieron man de un año (desde la primavera de 1917 hasta el verano de 1918) sin Constitución alguna. El enfurecimiento de la burguesía contra la organización de los oprimidos, organización independiente y omnipotente (pues abarca a todos), la lucha más desvergonzada, más egoísta y más vil de la burguesía contra los Soviets y,en fin, la complicidad manifiesta de la burguesía ( desde los demócratas constitucionalistas hasta los eseristas de _-_-_
^^*^^ ^asc' ¡uslida, aunque pere/ia el mundo! (N. de la Edil.)
100 Emacs-File-stamp: "/home/ysverdlov/leninist.biz/es/1979/LOE3EP/20061027/199.tx" __EMAIL__ webmaster@leninist.biz __OCR__ ABBYY 6 Professional (2006.10.27) __WHERE_PAGE_NUMBERS__ top __FOOTNOTE_MARKER_STYLE__ [*]+ __ENDNOTE_MARKER_STYLE__ [0-9]+ derecha, desde Miliukov hasta Kerenski) en la kot niloviada fue lo (jiie ¡treparó la exclusión formal de la burguesía del seno de los Soviets.Kautsky ha oído hablar del complot de Kornílov, pero tiene un desprecio olímpico por los hechos históricos y el curso y las formas de la lucha, que determinan las formas de la dictadura: ¿qué tienen que ver, en efecto, los hechos si se trata de la democracia ``pura''? Debido a esto, la ``crítica'' de Kautsky, dirigida contra la privación de derechos electorales a la burguesía, se distingue por una... melosa ingenuidad que sería enternecedora en un niño, pero que produce náuseas, tratándose de un hombre a quien todavía no se ha declarado oficialmente cretino.
``...Si, con el sufragio universal, los capitalistas hubieran quedado reducidos a una minoría insignificante, les habría costado menos resignarse con su suerte" (pág. 33)... ¿Verdad que es encantador? F.l inteligente Kautsky ha visto muchas veces en la historia, y por experiencia de la vida cotidiana los conoce muy bien, a terratenientes y capitalistas que conceden beligerancia a la voluntad de la mayoría de los oprimidos. El inteligente Kautsky se mantiene firme en el punto de vista de la ``oposición'', es decir, en el punto de vista de la lucha parlamentaria. Así lo dice textualmente, ``oposición'' (pág. 34 y otras muchas).
¡Oh, sabio historiador y político! Sepa usted que ``oposición'' es un concepto de lucha pacífica y exclusivamente parlamentaria, es decir, una noción que responde a una situación no revolucionaria, a Id ausencia de revolución. En la revolución nos encontramos con un enemigo que es implacable en la guerra civil; ninguna jeremiada reaccionaria de pequeño burgués, temeroso de esa guerra, como lo es también Kautsky, hará cambiar en nada este hecho. Es ridículo enfocar desde el punto de vista de la ``oposición'' los problemas de una guerra civil implacable cuando la burguesía está dispuesta a cometer todos los crímenes---el ejemplo de los versalleses y sus tratos con Bismarck dicen bastante a todo el que no vea la historia como el Fetrushka de = GógoP^^1^^---, cuando la burguesía llama en su auxilio a Estados extranjeros e intriga con ellos contra la revolución. Lo mismo que Kautsky, "consejero del embrollo'', el proletariado revolucionario debe encasquetarse el gorro de dormir y conceptuar de simple ``oposición'' legal a esta burguesía que organiza revueltas contrarrevolucionarias como las de Dútov, Krasnov y los checoslovacos y prodiga millones a los saboteadores. ¡Qué profundidad de pensamiento!
Lo único que a Kautsky le interesa es el aspecto formal y jurídico del asunto, de modo que al leer sus razonamientos sobre la Constitución soviética 110 podemos menos de recordar las palabras 101 de Bebel de que los jurisconsultos son gente reaccionaria hasta la médula. "En realidad---escribe Kautsky---no se puede privar de derechos únicamente a los capitalistas. ¿Qué es el capitalista en sentido jurídico? ¿Un hombre que posee bienes? Incluso en un país tan adelantado en el terreno económico, como Alemania, cuyo proletariado es tan numeroso, la instauración de una república soviética privaría de derechos políticos a grandes masas. En 1907, el número de personas (comprendidas sus familias) ocupadas en los tres grandes grupos---agricultura, industria y comercio---ascendía en el Imperio alemán a unos 35 millones de empleados y obreros asalariados y 17 millones de productores independientes. Por tanto, el partido puede muy bien ser mayoría entre los obreros asalariados, pero minoría en la población" (pág. 33).
Típico modo de razonar de Kautsky. ¿No es esto una lamentación contrarrevolucionaria de burgués? ¿Por qué ha incluido usted, señor Kautsky, a todos los "productores independientes" en la categoría de personas desprovistas de derechos, cuando sabe muy bien que la inmensa mayoría de los campesinos rusos no emplean obreros asalariados y, por tanto, no se les priva de derechos? ;No es ésta una falsificación?
¿Por qué usted, sabio economista, no ha reproducido datos que conoce perfectamente y que figuran en la misma estadística alemana de 1907 sobre el trabajo asalariado en los diversos grupos de explotaciones agrícolas? ¿Por qué no ha citado usted esos datos a los obreros alemanes, lectores de su folleto, y así verían cuántos explotadores hay, y lo pocos que son en el total de los "propietarios rurales" de la estadística alemana?
Porque su apostasía lo ha convertido en un simple sicofante al servicio de la burguesía.
El capitalista, vean ustedes, es un concepto jurídico impreciso, y Kautsky dedica unas cuantas páginas a fulminar la ``arbitrariedad'' de la Constitución soviética. El "concienzudo erudito" concede a la burguesía inglesa el derecho de componer y perfeccionar durante siglos una Constitución burguesa nueva (nueva para la Edad Media); pero a nosotros, los obreros y campesinos de Rusia, este representante de una ciencia servil no nos otorga plazo alguno. A nosotros nos exige una Constitución ultimada hasta el más pequeño detalle en unos cuantos meses...
...¡``Arbitrariedad''! Juzguen qué abismo del más vil servilismo ante la burguesía y de la más estúpida pedantería descubre semejante reproche. Los jurisconsultos de los países capitalistas, burgueses hasta la médula y reaccionarios en su mayoría, han dedicado siglos o decenios a redactar las más minuciosas reglas, a escribir decenas y centenares de volúmenes de leyes y comentarios para oprimir al 102 obrero, para atar de pies y manos al pobre, para oponer mil argucias y trabas al simple trabajador del pueblo, ¡ah, pero los liberales burgueses y el señor Kautsky no ven en ello ninguna " arbitrariedad"! ¡No ven más que ``orden'' y ``legislación''! Allí todo está meditado y prescrito para ``exprimir'' lo más posible al pobre. Allí hay millares de abogados y funcionarios burgueses (de los que Kautsky no habla en absoluto, seguramente porque Marx concedía muchísima importancia precisamente a la destrucción de la máquina burocrática...); millares de abogados y funcionarios que saben interpretar las leyes de manera que el obrero y el campesino medio no consigan atravesar nunca las alambradas que sus preceptos levantan. Eso no es ``arbitrariedad'' de la burguesía, eso no es una dictadura de viles y ávidos explotadores que han chupado hasta la saciedad sangre del pueblo, nada de eso. Es la "democracia pura'', que cada día va haciéndose más y más pura.
Pero cuando las clases trabajadoras y explotadas, aisladas por la guerra imperialista de sus hermanos extranjeros, crean por primera vez en la historia sus Soviets, incorporan a la vida política a las masas que la burguesía oprimía, embrutecía y embotaba; cuando comienzan a construir ellas mismasun Estado nuevo, proletario; cuando, en el ardor de una lucha encarnizada, en el fuego de la guerra civil, comienzan a esbozar los principios fundamentales de un Estado sin explotadores, ¡todos los canallas de la burguesía, toda la banda de vampiros con su acólito Kautsky, claman contra la ``arbitrariedad''! En efecto, ¿cómo pueden esos ignorantes, esos obreros y campesinos, esa ``chusma'', interpretar sus leyes? ¿Dónde van a adquirir el sentido de la justicia esos simples trabajadores, sin los consejos de abogados cultos, de escritores burgueses, de los Kautsky y de los sabios funcionarios de antaño?
El señor Kautsky cita las siguientes palabras de mi discurso del 28 de abril de 1918: "...Las masas determinan ellas mismas la forma y la fecha de las elecciones...'' Y el "demócrata puro" Kautsky concluye:
``...De moflo que, por lo visto, cada asamblea de electores puede determinar como guste el procedimiento de las elecciones. La arbitrariedad y la posibilidad de deshacerse de los elementos de oposición molestos, en el seno del mismo proletariado, se multiplicarían de esa manera en sumo grado" (pág. 37).
¿En qué se distingue eso de los discursos de un coolí de la pluma vendido a los capitalistas, que clama porque en una huelga la masa sojuzga a los obreros aplicados que "desean trabajar"? ¿Por qué no es una arbitrariedad que los funcionarios burgueses determinen el procedimiento de las elecciones en la democracia burguesa ``pura''? ¿Por qué el sentido de justicia de las masas que se han levantado para 103 luchar contra sus explotadores seculares, de las masas a las que instruye y templa esta lucha desesperada, ha de ser inferior al de un puñado de funcionarios, intelectuales y abogados nutridos de prejuicios burgueses?
Kautsky es un verdadero socialista, no se ponga en duda la sinceridad de este venerable padre de familia, de este honradísimo ciudadano. Es partidario ardiente y convencido de la victoria de los obreros, de la revolución proletaria. Su único deseo sería que primero, antes del movimiento de las masas, antes de su furiosa lucha contra los explotadores y obligatoriamente sin guerra civil, los melifluos intelectuales pequeñoburgueses y filisteos, encasquetado el gorro de dormir, compusieran unos moderados y precisos estatutos del desarrollo de la revolución...
Con profunda indignación moral refiere nuestro doctísimo = Judas Golovliov^^52^^ a los obreros alemanes que el 14 de junio de 1918, el Comité Ejecutivo Central de los Soviets de toda Rusia acordó expulsar de los Soviets a los representantes del partido eserista de derecha y de los = mencheviques^^3^^'. "Esta medida---escribe el Judas Kautsky, enardecido por noble indignación---no va dirigida contra personas determinadas que hayan cometido determinados actos punibles... La Constitución de la República Soviética no dice ni una palabra de la inmunidad de los diputados a los Soviets. No son determinadas personas, sino determinados partidos a los que, en este caso, se expulsa de los Soviets" (pág. 37).
Sí, eso es, en efecto, horrible, es apartarse de un modo intolerable de la democracia pura, conforme a cuyas normas hará la revolución nuestro revolucionario Judas Kautsky. Nosotros, los bolcheviques rusos, debimos haber empezado por prometer la inmunidad a los Sávinkov y compañía, a los Liberdán :v4, Potrésov (los ``activistas'' *'') y compañía y después redactar un código penal por el que se declarará ``punible'' la participación en la campaña contrarrevolucionaria de los checoslovacos, o la alianza con los imperialistas alemanes en Ucrania o en Georgia contra los obreros de su país; sólo después, en virtud de este código penal, hubiéramos estado facultados, según la "democracia pura'', para expulsar de los Soviets a "determinadas personas''. Se sobrentiende que los checoslovacos, que recibían dinero de los capitalistas anglo-franceses por mediación de ¡os Sávinkov, Potrésov y Liberdán (o gracias a su propaganda), lo mismo que los Krasnov, que han recibido proyectiles de los alemanes por mediación de los mencheviques de Ucrania y de Tiflís, se habrían estado quietos hasta que nosotros hubiésemos redactado nuestro código penal en la forma debida y, como los más puros demócratas, se habrían limitado a un papel de " oposición"...
104La misma indignación moral siente Kautsky anle el hecho de que la Constitución soviética priva de los derechos electorales a los que "emplean obreros asalariados con fines de lucro''. "Un obrero de la industria doméstica o un pequeño patrono con un oficial---escribe Kautsky---puede vivir y sentir como verdadero proletario y no tiene derecho a votar" (pág. 36).
¡Qué desviación de la "democracia pura"! ¡Qué injusticia! Bien es verdad que, hasta ahora, todos los marxistas suponían, y lo confirmaban con miles de hechos, que los pequeños patronos son los más crueles y mezquinos explotadores de los obreros asalariados; pero el Judas Kautsky no habla, naturalmente, de la clase de los pequeños patronos (¿quién habrá ideado la funesta teoría de la lucha de las clases?), sino de individuos, cíe explotadores que "viven y sienten como verdaderos proletarios''. La famosa "Inés la ahorrativa'', a la que se creía muerta hace tiempo, ha resucitado de la pluma de Kautsky. Inventó a esta Inés la ahorrativa y la puso en boga en las publicaciones alemanas hace algunos decenios un demócrata " puro'', el burgués Eugenio Richter, quien predijo infinitos males como consecuencia de la dictadura del proletariado, de la confiscación del capital de los explotadores, y preguntó con aire inocente qué significaba un capitalista en el sentido jurídico. Ponía el ejemplo de una costurera pobre y ahorrativa ``(Inés la ahorrativa''), a la que los malos "dictadores del proletariado" arrebataban los últimos céntimos. Hubo un tiempo en que toda la socialdemocracia alemana se reía de esta "Inés la ahorrativa" del demócrata puro Eugenio Richter. Pero de eso hace ya mucho, tanto que data de los tiempos en que aún vivía Bebel y decía francamente esta verdad: en nuestro partido hay muchos nacional-liberales '''. De eso hace ya tanto tiempo que fue cuando Kautsky aún no era renegado.
Y ahora, "Inés la ahorrativa" ha resucitado en la persona del "pequeño patrono con un solo oficial, que vive y siente como un verdadero proletario''. Los malvados bolcheviques se portan mal con él, le privan del derecho a votar. Verdad es eme "cada asamblea de electores'', según dice el mismo Kautsky, puede en la República Soviética admitir a un pobre artesano relacionado, por ejemplo, con una fábrica, si por excepción no es un explotador, si en realidad "vive y siente como un verdadero proletario''. Pero ¿puede uno fiarse del conocimiento de la vida, del sentido de justicia de una asamblea de simples obreros de una fábrica mal organizada y que procede (¡horror!) sin estatutos? ¿No está claro, acaso, que vale más conceder derechos electorales a todos los explotadores, a todos los que emplean obreros asalariados, que correr el riesgo de que los trabajadores traten mal a "Inés la ahorrativa" y al "pequeño artesano que vive y siente como un proletario"?
105 __*_*_*__Dejemos a los despreciables canallas de la apostasía, alentados por los aplausos de los burgueses y de los socialchovinistas^^*^^, que vilipendien nuestra Constitución soviética porque priva a los explotadores del derecho de sufragio. Tanto mejor, porque así se hará más rápida y profunda la escisión entre los obreros revolucionarios de Europa, de un lado, y los Scheidemann y Kautsky, Renaudel y Longuet, Henderson y Ramsay MacDonald, los viejos jefes y viejos traidores del socialismo, de otro.
Las masas de las clases oprimidas, los jefes conscientes y honrados del proletariado revolucionario estarán con nosotros. Bastará dar a conocer a estos proletarios y a estas masas nuestra Constitución soviética para que digan en seguida: Esos son de verdad gente nuestra, ése es un verdadero partido obrero, un verdadero gobierno obrero. Porque no engaña a los obreros con palabrería acerca de reformas, como nos han engañado todos los jefes mencionados, sino que lucha en serio contra los explotadores, lleva a cabo en serio la revolución, combate en realidad por la plena emancipación de los obreros.
Si los Soviets, después de un año de "práctica'', privan a los explotadores del derecho al sufragio, esto quiere decir que los Soviets son de veras organizaciones de las masas oprimidas, y no de los socialimperialistas ni de los socialpacifistas vendidos a la burguesía. Si estos Soviets han privado a los explotadores del derecho de sufragio, eso quiere decir que los Soviets no son. órganos de conciliación pequeñoburguesa con los capitalistas, no son órganos de charlatanería parlamentaria (de los Kautsky, Longuet v MacDonald), sino órganos del proletariado verdaderamente revolucionario que sostiene una lucha a muerte contra los explotadores.
``Aquí casi no se conoce el opúsculo de Kautsky.'' me ha escrito desde Berlín uno de estos días (hoy estamos a 30 cíe octubre) un camarada bien informado. Yo aconsejaría a nuestros embajadores en Alemania y Suiza que no escatimaran recursos para comprar ese libro y distribuirlo gratis entre los obreros conscientes, para enterrar en el fango a la socialdemocracia ``europea''---léase imperialista y reformista---, esa socialdemocracia qi.\ . ~sde hace tiempo es un "cadáver hediondo".
_-_-_^^*^^ Acabo de leer en el editorial de la (¡ncelu de -Venir/orí" del ^í de octubre cíe 1918 (núm. 293) un resumen entusiasta del folleto de Kautsk\. Kl periódieo de los bolsistas está encantado. ;(.orno no! Y un c amatada cíe Berlín me escribe que )<s V cmiwf.s' . el periódic o cíe los Se heidemami, ha dec larado en un artículo espec ia! que suscribe casi todas las líneas de Kautsky. ¡l.o felicitamos, lo lelic ¡tamos!
106 __*_*_*__Al final de su libro, en las páginas 61 y 63, el señor Kautsky deplora amargamente que "la nueva teoría" (que es como llama al bolchevismo, temiendo abordar el análisis que Marx y Engels hicieron de la Comuna de París) "encuentre partidarios incluso en viejas democracias como Suiza''. "Es incomprensible'', para Kautsky, "que acepten esta teoría los socialdemócratas alemanes".
Al revés, es muy comprensible, porque después de las serias lecciones de la guerra, tanto los Scheidemann como los Kautsky repugnan a las masas revolucionarias.
¡``Nosotros'', que hemos propugnado siempre la democracia ---escribe Kautsky---, vamos de pronto a renunciar a ella!
``Nosotros'', los oportunistas de la socialdemocracia, hemos estado siempre contra la dictadura del proletariado, y los Kolb y Cía. lo dijeron francamente hace mucho. Kautsky lo sabe, y en vano cree que conseguirá ocultar a los lectores un hecho tan evidente como su "vuelta al seno" de los Bernstein y los Kolb.
``Nosotros'', los marxistas revolucionarios, no hemos hecho nunca un fetiche de la democracia ``pura'' (burguesa). Se sabe que Plejánov era en 1903 un marxista revolucionario (antes de su lamentable viraje, que hizo de él un Scheidemann ruso). Y Plejánov dijo entonces, en el congreso del partido en que se adoptó el programa, que, si era necesario, el proletariado privaría de derechos electorales a los capitalistas en la revolución, disolvería cualquier Parlamento si éste resultaba ser contrarrevolucionario. Tal es el único punto de vista que corresponde al marxismo; así puede verlo cualquiera, siquiera sea por las manifestaciones de Marx y Engels que he citado antes. Es un corolario evidente de todos los fundamentos del marxismo.
``Nosotros'', los marxistas revolucionarios, no hemos dirigido al pueblo los discursos que gustaban de pronunciar los kautskianos de todas las naciones en sus funciones de lacayos de la burguesía, adaptándose al parlamentarismo burgués, disimulando el carácter burgués de la democracia contemporánea y reclamando tan sólo su ampliación, su aplicación completa.
``Nosotros'' hemos dicho a la burguesía: Vosotros, explotadores e hipócritas, habláis de democracia y, al mismo tiempo, levantáis a cada paso millares de obstáculos para impedir que las masas oprimidas participen en la vida política. Os tomamos por la palabra y exigimos, en beneficio de estas masas, que ampliéis vuestra democracia burguesa, a fin de preparar a las masas para la revolución que os derribará a vosotros, los explotadores. Y si vosotros, los explotadores, intentáis hacer frente a nuestra revolución proletaria, os 107 aplastaremos implacablemente, os privaremos de derechos, es más: no os daremos pan, porque en nuestra república proletaria los explotadores carecerán de derechos, se verán privados del fuego y del agua, porque somos socialistas de verdad, y no como los Scheidemann y los Kautsky.
Así es como hemos hablado y hablaremos ``nosotros'', los marxistas revolucionarios, y por ello las masas oprimidas estarán a favor nuestro y con nosotros, mientras que los Scheidemann y los Kautsky irán a parar al basurero de los renegados.
__ALPHA_LVL2__ ¿QUE ES EL INTERNACIONALISMO?Kautsky se cree y proclama internacionalista con la mayor convicción. Califica de "socialistas gubernamentales" a los Scheidemann. En la defensa que hace de los mencheviques (él no dice francamente que se solidariza con ellos, pero aplica todas sus ideas), Kautsky ha demostrado con extraordinaria evidencia la calidad de su ``internacionalismo''. Y como Kautsky no está solo, sino que representa una corriente nacida inexorablemente en el ambiente de la II Internacional (Longuet en Francia, Turad en Italia, Nobs, Grimm, Graber y Naine en Suiza, Ramsay MacDonald en Inglaterra, etc.), es instructivo detenerse en el ``internacionalismo'' de Kautsky.
Después de subrayar que los mencheviques estuvieron también en = Zimmerwald^^59^^ (diploma, sin duda, pero... un poco deteriorado), Kautsky traza el siguiente cuadro de las ideas de los mencheviques, con los cuales se muestra de acuerdo:
``...Los mencheviques deseaban la paz universal. Querían que todos los beligerantes aceptasen la consigna "sin anexiones ni contribuciones''. Mientras esto no se consiguiera, el ejército ruso, según ellos, debía mantenerse en disposición de combate. En cambio, los bolcheviques exigían la paz inmediata a toda costa, estaban dispuestos a concertar una paz por separado en caso de necesidad; procuraban imponerla por la fuerza, aumentando la desorganización del ejército, que ya de por sí era grande" (pág. 27). Según Kautsky, los bolcheviques no debieron tomar el poder, sino contentarse con la Constituyente.
Así pues, el internacionalismo de Kautsky y de los mencheviques consiste en lo siguiente: exigir reformas del gobierno burgués imperialista, pero continuar sosteniéndolo, continuar sosteniendo la guerra dirigida por este gobierno hasta que todos los beligerantes hayan aceptado la consigna de "sin anexiones ni contribuciones''. Esta idea la han expresado muchas veces Turati, los kautskianos 108 (Haase y otros) y Longuet y Cía., los cuales manifestaron que estaban ¡>m la "defensa de la patria".
Desde el punto de vista teórico, eso supone total incapacidad de separarse de los socialchovinistas y un completo embrollo en el problema de la defensa de la patria. Desde el punto de vista político, sustituir el internacionalismo por un nacionalismo pequeñoburgués y pasarse al lado del reformismo, renegar de la revolución.
Reconocer la "defensa de la patria" es, desde el punto de vista del proletariado, justificar esta guerra, legitimarla. Y como la guerra sigue siendo imperialista (tanto bajo la monarquía como bajo la república), lo mismo si los ejércitos adversarios están en un momento dado en territorio propio como si se encuentran en territorio extranjero, reconocer la defensa de la patria es, de hecho, apoyar a la burguesía imperialista y depredadora, hacer traición completa al socialismo. En Rusia, con Kerenski, con una república democrática burguesa, la guerra seguía siendo imperialista porque la hacía la burguesía como clase dominante (y la guerra es "continuación de la política''); con particular evidencia han demostrado el carácter imperialista de la guerra los tratados secretos que sobre el reparto del mundo y el pillaje de otros países había concertado el ex zar con los capitalistas de Inglaterra y Francia.
Los mencheviques engañaban miserablemente al pueblo, diciendo que se trataba de una guerra defensiva o revolucionaria; y Kautsky, al aprobar la política de los mencheviques, aprueba que se engañe al pueblo, aprueba el papel de los pequeños burgueses, quienes, para complacer al capital, embaucan a los obreros y los atan al carro del imperialismo. Kautsky mantiene una política pequeñoburguesa, filistea típica, imaginándose (e inculcando a las masas esa idea absurda) que el lanzar una consigna cambia las cosas. Toda la historia de la democracia burguesa pone al desnudo esta ilusión: para engañar al pueblo, los demócratas burgueses han lanzado y lanzan siempre todas las ``consignas'' que se quiera. El problema consiste en comprobar su sinceridad, en confrontar las palabras con los hechos, en no contentarse con frases idealistas o vanilocuentes, sino en ver la realidad de clase. La guerra imperialista no deja de serlo cuando los charlatanes o los pequeños burgueses filisteos lanzan una ``consigna'' dulzona, sino únicamente cuando la clase que dirige la guerra imperialista y está ligada a ella con millones de hilos (incluso de maromas) de carácter económico, es en realidad derribada y sustituida en el poder por la clase verdaderamente revolucionaria, el proletariado. De otro modo es imposible librarse de una guerra imperialista, así como de una paz imperialista, depredadora.
Al aprobar la política exterior de los mencheviques, al calificarla de internacionalista y zimmerwaldiana, Kautsky pone al descubierto, 109 primero, toda la podredumbre de la mayoría oportunista de Zimmerwald (¡por algo nos separamos inmediatamente nosotros, la izquierda de Zimmerwald, de dicha mayoría!), y, segundo---y esto es lo principal---, pasa del punto de vista proletario al pequeñoburgués, de la posición revolucionaria a la reformista.
El proletariado lucha para derribar a la burguesía imperialista mediante la revolución; la pequeña burguesía propugna el " perfeccionamiento" reformista del imperialismo, la adaptación a él, sometiéndose a él. Cuando Kautsky era todavía marxista, por ejemplo, en 1909, al escribir El camino al poder, defendía precisamente la idea de que la revolución era inevitable en caso de guerra, hablaba de la proximidad de una era de revoluciones. El Manifiesto de Basilea de 1912 habla clara y terminantemente de la revolución proletaria derivada de la guerra imperialista entre los grupos alemán e inglés, que fue precisamente la que estalló en 1914. Y en 1918, cuando han comenzado las revoluciones derivadas de la guerra, en vez de explicar su carácter inevitable, en vez de meditar y concebir hasta el fin la táctica revolucionaria, los medios y los procedimientos de prepararse para la revolución, Kautsky se dedica a llamar internacionalismo a la táctica reformista de los mencheviques. ¿No es esto una apostasía?
Kautsky elogia a los mencheviques porque insistieron en que se mantuviera el ejército en disposición de combate. Censura a los bolcheviques el haber acentuado la "desorganización del ejército'', que ya de por sí era grande. Esto significa elogiar el reformismo y la subordinación a la burguesía imperialista, censurar la revolución y renegar de ella, porque mantener bajo Kerenski la disposición de combate significaba y era conservar el ejército con mandos burgueses (aun cuando fuesen republicanos). Todo el mundo sabe---y el curso de los acontecimientos lo ha demostrado con evidencia---que el ejército republicano conservaba el espíritu kornilovista, pues los mandos eran kornilovistas. La oficialidad burguesa no podía menos de ser kornilovista, de tender al imperialismo, al sojuzgamiento violento del proletariado. La táctica de los mencheviques se reducía en la práctica a dejar intactas todas las bases de la guerra imperialista, todas las bases de la dictadura burguesa, arreglando detalles de poca monta y componiendo pequeños defectos (``reformas'').
Y a la inversa. Sin ``desorganización'' del ejército no se ha producido ni puede producirse ninguna gran revolución. Porque el ejército es el instrumento más anquilosado en que se apoya el viejo régimen, el baluarte más anquilosado de la disciplina burguesa y de la dominación del capital, del mantenimiento y la formación de la mansedumbre servil de los trabajadores ante el capital y la sumisión de ellos a éste. La contrarrevolución no ha tolerado ni pudo tolerar 110 jamás que junto al ejército existieran obreros armados. En Francia ---escribió Engels---, los obreros siguieron armados después de cada revolución; "por eso, el desarme de los obreros era el primer mandamiento de los burgueses que se hallaban al frente = del Estado"^^60^^. Los obreros armados eran el embrión de un ejército nuevo, la célula orgánica de un nuevo régimen social. Aplastar esta célula, impedir su crecimiento era el primer mandamiento de la burguesía. El primer mandamiento de toda revolución triunfante ---Marx y Engels lo han subrayado muchas veces---ha sido deshacer el viejo ejército, disolverlo y remplazarlo con un ejército = nuevo^^61^^. La clase social nueva que se alza a la conquista del poder, jamás ha podido ni puede ahora conseguir ese poder ni afianzarse en él sin descomponer por completo el antiguo ejército ``(desorganización'', claman con este motivo los pequeños burgueses reaccionarios o sencillamente cobardes); sin pasar por un período sembrado de dificultades y pruebas, falto de todo ejército (la Gran Revolución Francesa pasó también por ese período terrible); sin formar poco a poco, en dura guerra civil, el nuevo ejército, la nueva disciplina, la nueva organización militar de una nueva clase. El historiador Kautsky lo comprendía antes. El renegado Kautsky lo ha olvidado.
¿Con qué derecho llama Kautsky "socialistas gubernamentales" a los Scheidemann, cuando él mismo aprueba la táctica de los mencheviques en la revolución rusa? Los mencheviques, que apoyaban a Kerenski y entraron a formar parte de su ministerio, eran igualmente socialistas gubernamentales. Kautsky en modo alguno podrá rehuir esta conclusión, si es que intenta referirse a la clase dominante que hace la guerra imperialista. f*ero rehuye hablar de la clase dominante, problema obligatorio para un marxista, porque sólo el plantearlo bastaría para desenmascarar a un renegado.
Los kautskianos de Alemania, los longuetistas de Francia y Turati y Cía. de Italia, razonan del modo siguiente: el socialismo presume la igualdad y la libertad de las naciones, su libre determinación; por tanto, cuando nuestro país es atacado o invadido por tropas enemigas, los socialistas tienen el derecho y el deber de defender la patria. Pero este razonamiento es, desde el punto de vista teórico, una burla completa del socialismo o un vil subterfugio, y en el terreno práctico de la política coincide con el de un patán de supina ignorancia que no sabe pensar siquiera ni en el carácter social de la guerra, en su carácter de clase, ni en las tareas de un partido revolucionario durante una guerra reaccionaria.
El socialismo se opone a la violencia ejercida contra las naciones. Esto es indiscutible. Pero el socialismo se opone en general a la violencia ejercida contra el hombre; sin embargo, excepto los 111 anarquistas cristianos y los seguidores de Tolstói, nadie ha deducido todavía de ello que el socialismo se oponga a la violencia revolucionaria. Por tanto, hablar de ``violencia'' en general, sin distinguir las condiciones que diferencian la violencia reaccionaria de la revolucionaria, es equipararse a un filisteo que reniega de la revolución o bien, sencillamente, engañarse uno mismo y engañar a los demás con sofismas.
Otro tanto puede afirmarse de la violencia ejercida contra las naciones. Toda guerra es violencia contra naciones, pero ello no obsta para que los socialistas estén a favor de la guerra revolucionaria. El carácter de clase de una guerra es lo fundamental que se plantea un socialista (si no es un renegado). La guerra imperialista de 1914--1918 es una guerra entre dos grupos de la burguesía imperialista que se disputan el reparto del mundo, el reparto del botín, que quieren expoliar y ahogar a las naciones pequeñas y débiles. Así es cómo calificó la guerra el Manifiesto de Basilea de 1912, y los hechos han confirmado esa calificación. Quien se aparte de este punto de vista sobre la guerra no es socialista.
Si un alemán del tiempo de Guillermo II o un francés del tiempo de Clemenceau dice: "Como socialista, tengo el derecho y el deber de defender mi patria si el enemigo la invade'', no razona como socialista, como internacionalista, como proletario revolucionario, sino como pequeño burgués nacionalista. Porque en este razonamiento desaparece la lucha revolucionaria de clase del obrero contra el capital, desaparece la apreciación de toda la guerra en conjunto, desde el punto de vista de la burguesía mundial y del proletariado mundial, es decir, desaparece el internacionalismo y no queda sino un nacionalismo deplorable y rutinario. Se agravia a mi país, lo demás no me importa: a esto se reduce tal razonamiento, y en ello reside su estrechez nacionalista y pequeñoburguesa. Es como si alguien razonara así en relación con la violencia individual contra una persona: "el socialismo se opone a la violencia; por eso, yo prefiero hacer traición antes que ir a la cárcel".
El francés, alemán o italiano que dice: "el socialismo condena la violencia ejercida contra las naciones, y por eso yo me defiendo contra el enemigo que invade mi país'', traiciona al socialismo y al internacionalismo. Ese hombre no ve más que su "país'', coloca por encima de todo a ``su''... burguesía, sin pensar en los vínculos internacionales que hacen imperialista la guerra, que hacen de su burguesía un eslabón de la cadena del bandidaje imperialista.
Todos los pequeños burgueses y todos los patanes sandios e ignorantes razonan exactamente igual que los renegados---- 112 kautskianos, longuetistas, Turati y Cía.---, o sea: el enemigo está en mi país, lo demás no me importa^^*^^.
El socialista, el proletario revolucionario, el internacionalista razona de otra manera: el carácter de la guerra (corno es, reaccionaria o revolucionaria) no depende de quién haya atacado ni del territorio en que esté el ``enemigo'', sino de la clase que sostiene la guerra y de la política continuada por esa guerra concreta. Si se trata de una guerra imperialista reaccionaria, es decir, de una guerra entre dos grupos mundiales de la burguesía imperialista, despótica, expoliadora y reaccionaria, toda burguesía (incluso la de un pequeño país) se hace cómplice de la rapiña, y yo, representante del proletariado revolucionario, tengo el deber de preparar la revolución proletaria mundial como única salvación de los horrores de la matanza mundial. No debo razonar desde el punto de vista de ``mi'' país (porque ésta es la manera de razonar del pequeño burgués nacionalista, desgraciado cretino que no comprende que es un juguete en manos de la burguesía imperialista), sino desde el punto de vista de mi participación en la preparación, propaganda y acercamiento de la revolución proletaria mundial.
Eso es internacionalismo, ése es el deber del internacionalista, del obrero revolucionario, del verdadero socialista. Ese. es el abecé que ``olvida'' el renegado Kautsky. Pero su apostasía se hace más evidente aún cuando, después de dar el visto bueno a la táctica de los nacionalistas pequeñoburgueses (mencheviques en Rusia, longuetistas en Francia, Turati en Italia, Haase y Cía. en Alemania), pasa a criticar la táctica bolchevique.
Veamos esta crítica:
``La revolución bolchevique se basaba en la hipótesis cíe <|ue sería el punto de partida para la revolución general europea, de que la osada inicialiva de Rusia incitaría a todos los proletarios de Europa a levantarse.
``Partiendo de este supuesto, poco importaban, naturalmente, las formas que pudiera tomar la paz separada rusa, los sacrificios y las pérdidas territoriales (literalmente, mutilaciones, Verstümmetungen) que trajera al pueblo ruso, la interpretación que diera a la libre determinación de las naciones. Entonces carecía también de importancia si Rusia era o no capa? de defenderse. Desde este punto de vista, la revolución europea era la mejor defensa de la revolución rusa y debía dar a todos los _-_-_
^^*^^ Los socialchovinistas (los Scheiclemann, los Renaudel, los Henderson, los Gompers v Cía.) no quieren oír hablar de la ``Internacional'' durante la guerra. Consideran a los enemigos de ``su'' burguesía ``traidores''... al socialismo. Preconizan la política de conquistas de su burguesía. Los socialpac ¡listas (es decir, socialistas de palabra y pacifistas pequeñoburgueses de hecho) expresan todo género de sentimientos ``internacionalistas'', protestan contra las anexiones, etc.; pero, de hecho, continúan npmando a s u burguesía imperialista. No es grande la diferencia existente entre los tíos tipos, algo así como entre un capitalista que pronuncia discursos atrabiliarios v otro que los pronuncia melifluos.
113 pueblos del antiguo territorio ruso una verdadera \ completa autodeterminación.``La revolución en Europa, que debía instaurar y afianzar allí el socialismo, tenía que servir también para apartar los obstáculos que el atraso económico del país ponía ,1 la realización de una producción socialista en Rusia.
``Todo esto era muy lógico y bien fundado, siempre que se admitiera una hipótesis fundamental: la revolución rusa tiene que desencadenar indefectiblemente la europea. Pero, ¿y en el caso de que no suceda así?
``Hasta hoy no se ha coniírmado esta hipótesis. V ahora se acusa a los proletarios de Europa de haber abandonado y traicionado a la revolución rusa. Es una acusación contra desconocidos, porque -;a quién puede hacerse responsable de la conducta del proletariado europeo?" (pág. 28).
Y Kautsky machaca sobre esto, añadiendo que Marx, Engels y Bebel se equivocaron más de una vez en lo que respecta al estallido de la revolución que esperaban, pero que nunca basaron su táctica en la espera de la revolución "a fecha fija" (pág. 29), mientras que, según él, los bolcheviques "lo han jugado todo a la carta de la revolución general europea".
Hemos reproducido expresamente una cita tan larga para que el lector pueda ver con qué ``habilidad'' falsifica Kautsky el marxismo, sustituyéndolo con una trivial y reaccionaria concepción filistea.
Primero, atribuir al adversario una evidente necedad y luego refutarla es procedimiento de personas no muy inteligentes. Hubiera sido una tontería indiscutible por parte de los bolcheviques fundar su táctica en la espera de la revolución afechafijaen otros países. Pero el partido bolchevique no la hizo: en mi (arta a los obreros norteamericanos (20 de agosto de 1918)^^*^^ yo la descarto abiertamente, diciendo que contamos con la revolución en Norteamérica, pero no para una fecha determinada. En mi polémica con los eseristas de izquierda y los "comunistas de izquierda" (de enero a marzo de 1918) he expuesto repetidas veces la misma idea. Kautsky recurre a una pequeña... a una pequeñísima treta, fundando en ella su crítica del bolchevismo. Kautsky mete en un mismo saco la táctica que cuenta con la revolución europea para una fecha más o menos próxima, pero no fija, con la táctica que espera la revolución europea a fecha fija. ¡Una pequeña, una pequeñísima adulteración!
La segunda táctica es una estupidez. La primera es obligatoriapara el marxista, para todo proletario revolucionario y para todo internacionalista; obligatoria, porque es la única que tiene en cuenta acertadamente, como lo exige el marxismo, la situación objetiva resultante de la guerra en tocios los países de Europa, la única que responde a las tareas internacionales del proletariado.
¡Tras de sustituir el gran problema de los principios de la táctica revolucionaria en general por la mezquina cuestión del error que _-_-_
^^*^^ Véase el presente volumen, págs. :i,H-~>(). (¡Y. ile lo Eilil.)
114 hubieran podido cometer los revolucionarios bolcheviques, pero que no han cometido, Kautsky ha renegado sin el menor tropiezo de la táctica revolucionaria en general!Renegado en política, en teoría no sabe ni plantear el problema de las premisas objetivas de la táctica revolucionaria.
Y aquí hemos llegado al segundo punto.
Segundo, todo marxista debe contar con la revolución europea si es que existe una situación revolucionaria. Es el abecé del marxismo que la táctica del proletariado socialista no puede ser la misma cuando se encuentra ante una situación revolucionaria y cuando ésta no existe.
Si Kautsky se hubiera planteado esta cuestión, obligatoria para todo marxista, habría visto que la respuesta iba indudablemente contra él. Mucho antes de la guerra, todos los marxistas, todos los socialistas estaban de acuerdo en que la conflagración europea daría lugar a una situación revolucionaria. Kautsky lo admitía clara y terminantemente cuando aún no era renegado, tanto en 1902 (La revolución social) como en H)09 (El camino al poder). El Manifiesto de Basilea lo reconoció en nombre de toda la II Internacional: ¡Por algo los socialchovinistas y los kautskianos (los ``centristas'', gentes que vacilan entre los revolucionarios y los oportunistas) de todos los países temen como al fuego las correspondientes declaraciones del Manifiesto de Basilea!
Por tanto, el esperar una situación revolucionaria en Europa no era un arrebato de los bolcheviques, sino la opinión general de todos los marxistas. Cuando Kautsky se desentiende de esta verdad indiscutible, diciendo que los bolcheviques "han creído siempre en el poder omnímodo de la violencia y de la voluntad'', eso no es más que una frase vacía que encúbrela huida, la vergonzosa huida de Kautsky ante el planteamiento del problema de la situación revolucionaria.
Prosigamos. ¿Estamos o no en presencia de una situación revolucionaria? Tampoco esto ha sabido plantearlo Kautsky. Responden a esta pregunta hechos de orden económico: el hambre y la ruina, a que en todas partes ha dado lugar la guerra, implican una situación revolucionaria. Responden también a esa pregunta hechos de carácter político: desde 1915 se observa ya en todos los países un claro proceso de escisión en los viejos y podridos partidos socialistas, un proceso en virtud del cual las masas del proletariado se separan de los jefes socialchovinistas para orientarse hacia la izquierda, hacia las ideas y tendencias revolucionarias, hacia los dirigentes revolucionarios.
El 5 de agosto de 1918, cuando Kautsky escribía su folleto, sólo a un hombre que temiera la revolución y la traicionara se le podían escapar esos hechos. Ahora, a fines de octubre de 1918, la revolución 115 avanza ante los ojos de todos, y con gran rapidez, en una serie de países de Europa. ¡¡KI ``revolucionario'' Kautsky, que quiere continuar pasando por marxista, resulta un filisteo miope que, como los filisteos de 1847, de los que se burlaba Marx, no ha visto la revolución que se aproxima!!
Hemos llegado al tercer punto.
Tercero, ¿cuáles son las particularidades de la táctica revolucionaria, aceptando que existe en Europa una situación revolucionaria? Kautsky, convertido en renegado, tiene miedo de plantearse esta cuestión, que es obligatoria para todo marxista. Razona como un típico pequeño burgués filisteo o como un campesino ignorante: ¿ha estallado o no "la revolución general europea"? ¡Si ha estallado, también él está dispuesto a hacerse revolucionario! ¡Pero en ese caso ---hacemos notar nosotros---cualquier canalla (como los granujas que se cuelan a veces entre los bolcheviques victoriosos) se declarará revolucionario!
¡En caso contrario, Kautsky vuelve la espalda a la revolución! Ni por asomo comprende una verdad: lo que distingue al marxista revolucionario del pequeño burgués y del filisteo es el saber predicar a las masas ignorantes la necesidad de la revolución que madura, demostrar que es inevitable, explicar que es útil para el pueblo, preparar para ella al proletariado y a todas las masas trabajadoras y explotadas.
Kautsky ha atribuido a los bolcheviques la insensatez de que lo habían jugado todo a una carta, esperando que la revolución europea se produciría a fecha fija. Esta insensatez se ha vuelto contra Kautsky, porque resulta, según él mismo, que ¡la táctica de los bolcheviques habría sido justa si la revolución hubiera estallado en Europa el 5 de agosto de 1918! Esta es la fecha que pone Kautsky a su folleto. ¡Y cuando algunas semanas después de ese 5 de agosto se ha visto con claridad meridiana que la revolución se avecina en una serie de países europeos, toda la apostasía de Kautsky, toda su falsificación del marxismo, toda su incapacidad para razonar como revolucionario e incluso plantear las cuestiones a lo revolucionario aparecieron en todo su esplendor!
Acusar de traición a los proletarios de Europa---escribe Kautsky---es acusar a desconocidos.
¡Se equivoca usted, señor Kautsky! Mírese al espejo y verá a los ``desconocidos'' contra quienes va dirigida la acusación. Kautsky se hace el ingenuo, finge no comprender quién lanza la acusación ni qué sentido tiene. En realidad, sabe perfectamente que esta acusación la han lanzado y la lanzan los socialistas de ``izquierda'' alemanes, = los espartaquistas^^62^^, Liebknecht y sus amigos. Esta acusación expresa la clara conciencia de que el proletariado alemán incurrió en una 116 traición con respecto a la revolución rusa (e internacional) al aplastar a Finlandia, Ucrania, Letonia y Estlandia. Esta acusación va dirigida, ante todo y sobre todo, no contra la mana, siempre oprimida, sino contra los jefes que, como Scheidemann y Kautsky, no han cumplido con su deber de agitación revolucionaria, de propaganda revolucionaria, de trabajo revolucionario entre las masas para superar la inercia de éstas; contra los jefes cuya actuación contradecía de hecho los instintos y las aspiraciones revolucionarias siempre latentes en la entraña de la masa de una clase oprimida. Los Scheidemann han traicionado franca, grosera y cínicamente al proletariado, la mayor parte de las veces por motivos egoístas, y se han pasado al campo de la burguesía. Los kautskianos y longuetistas han hecho lo mismo titubeando, vacilando, mirando cobardemente a los que eran en aquel momento fuertes. Durante la guerra, Kautsky, con todos sus escritos, no ha hecho más que apagar el espíritu revolucionario en vez de mantenerlo y fomentarlo.
¡Como un monumento del beotismo pequeñoburgués del jefe ``medio'' de la socialdemocracia oficial alemana quedará en la historia el que Kautsky no comprenda siquiera el gigantesco valor teórico y la importancia aún más grande que para la agitación y la propaganda tiene esta ``acusación'' de que los proletarios de Europa han traicionado a la revolución rusa! ¡Kautsky no comprende que esta "acusación'', bajo el régimen de censura del ``imperio'' alemán, es casi la única forma en que los socialistas alemanes que no han traicionado al socialismo, Liebknecht y sus amigos, expresan su llamamiento a los obreros alemanes para que derriben a los Scheidemann y a los Kautsky, aparten a tales ``jefes'' y se desembaracen de sus prédicas, que les embotan y envilecen; para que se levanten « pesar de ellos, sin ellos y por encima de ellos, hacia la revolución, a la revoluciónl
Kautsky no lo comprende. ¿Cómo puede comprender, pues, la táctica de los bolcheviques? ¿Cómo puede esperarse que un hombre que reniega de la revolución en general, sopese v aprecie las condiciones del desarrollo de la revolución en uno de los casos más ``difíciles''?
La táctica de los bolcheviques era acertada, era la única táctica internacionalista, porque no se basaba en un temor cobarde a la revolución mundial, en una "falta de fe" filistea en ella, en su deseo estrechamente nacionalista de defender a ``su'' patria (la patria de su burguesía), desentendiéndose del resto; estaba basada en una apreciación acertada (antes de la guerra y de la apostasía de los socialchovinistas y socialpacifistas, todo el mundo la admitía) de la situación revolucionaria europea. Esta táctica era la única internacionalista, porque llevaba a cabo el máximo de lo realizable en un solo 117 país para desarrollar, apoyar y despertar la revolución en todos los países. Esa táctica ha quedado probada por un éxito enorme, porque el bolchevismo (y no debido a los méritos de los bolcheviques rusos, sino en virtud de la profundísima simpatía que por doquier sienten las masas por una táctica = verdaderamente^^1^^ revolucionaria) se ha hecho mundial, ha dado una idea, una teoría, un programa y una táctica que se diferencian concreta y prácticamente del socialchovinismo y del socialpacifismo. El bolchevismo ha rematado a la vieja Internacional podrida de los Scheidemann y los Kautsky, de los Renaudel y los Longuet, de los Henderson y los MacDonald que ahora se atrepellarán unos a otros, soñando con la ``unidad'' y resucitando un cadáver. El bolchevismo ha creado la base ideológica y táctica de la III Internacional, verdaderamente proletaria y comunista, que tiene en cuenta tanto las conquistas del tiempo de paz como la experiencia de la era de revoluciones que ha comenzado.
El bolchevismo ha popularizado en el mundo entero la idea de la "dictadura del proletariado'', ha traducido estas palabras primero del latín al ruso y después a todas las lenguas del mundo, mostrando con el ejemplo del Poder soviético que los obreros y los campesinos pobres, incluso en un país atrasado, incluso los de menor experiencia, los menos instruidos y menos habituados a la organización, han podido, durante un año entero, rodeados de gigantescas dificultades, luchando contra los explotadores (a los que apoyaba la burguesía de todo el mundo), mantener el poder de los trabajadores, crear una democracia infinitamente más elevada y amplia que todas las democracias anteriores en el mundo, iniciar el trabajo fecundo de decenas de millones de obreros y campesinos para la realización práctica del socialismo.
El bolchevismo ha favorecido en la práctica el desarrollo de la revolución proletaria en Europa y América como ningún otro partido en ningún otro país lo había hecho hasta ahora. Al mismo tiempo que los obreros de todo el mundo comprenden con mayor claridad cada día que la táctica de los Scheidemann y de los Kautsky no libraba de la guerra imperialista ni de la esclavitud asalariada bajo el poder de la burguesía imperialista, que esta táctica no sirve de modelo para todos los países, las masas proletarias del mundo entero comprenden cada día con mayor claridad que el bolchevismo ha señalado el camino certero para salvarse de los horrores de la guerra y del imperialismo, que el bolchevismo sirve de modelo de táctica para todos.
La revolución proletaria madura ante los ojos de todos, no sólo en Europa entera, sino en el mundo, y la victoria del proletariado en Rusia la ha favorecido, acelerado y sostenido. ¿Que todo esto no basta para el triunfo completo del socialismo? Desde luego, no basta. 118 Un solo país no puede hacer más. Pero, gracias al Poder soviético, este país ha hecho tanto, sin embargo, él solo que incluso si mañana el Poder soviético ruso fuera aplastado por el imperialismo mundial, por una coalición, supongamos, entre el imperialismo alemán y el anglo-francés, incluso en este caso, el peor de los peores, la táctica bolchevique habría prestado un servicio extraordinario al socialismo y habría apoyado el desarrollo de la invencible revolución mundial.
__ALPHA_LVL2__ SERVILISMO ANTE LA BURGUESÍA DISFRAZADO DE ``ANÁLISIS ECONÓMICO'';Como ya hemos dicho, si el título del libro de Kautsky correspondiera al contenido, no debería llamarse La dictadura del proletariado, sino Paráfrasis de las invectivas burguesas a los bolcheviques.
Nuestro teórico vuelve a dar pábulo a las viejas ``teorías'' de los mencheviques sobre el carácter burgués de la revolución rusa, es decir, la antigua deformación que del marxismo hacían los mencheviques (¡y que Kautsky rechazó en 1905!). Por fastidiosa que sea esta cuestión para los marxistas rusos, tendremos que detenernos en ella.
La revolución rusa es una revolución burguesa, decían todos los marxistas de Rusia antes de 1905. Los mencheviques, sustituyendo el marxismo por el liberalismo, deducían de ahí: por tanto, el proletariado no debe ir más allá de lo aceptable para la burguesía, debe seguir una política de conciliación con ella. Los bolcheviques decían que esto era una teoría liberal burguesa. La burguesía tiende a transformar el Estado al modo burgués, reformista, no revolucionario, conservando en lo posible la monarquía, la propiedad de los terratenientes, etc. El proletariado debe llevar a término la revolución democrática burguesa, sin permitir que lo ``ate'' el reformismo de la burguesía. Los bolcheviques formulaban dei modo siguiente la correlación de fuerzas de las diversas clases en la revolución burguesa: el proletariado se gana a los campesinos, neutraliza a la burguesía liberal y suprime totalmente la monarquía, las instituciones medievales y la gran propiedad terrateniente.
El carácter burgués de la revolución lo revela la alianza del proletariado con los campesinos en general, porque los campesinos, en su conjunto, son pequeños productores que tienen por base la producción mercantil. Además, añadían ya entonces los bolcheviques, al ganarse a todo el semiproletariado (a todos los trabajadores y explotados), el proletariado neutraliza a los campesinos medios y derroca a la burguesía: en esto consiste la revolución socialista, a diferencia de la revolución democrática burguesa (véase mi folleto de 119 1905 Dos tácticas^^*^^, reimpreso en la recopilación En doce nño.s.San Petersburgo, 1907).
Kautsky tomó indirectamente parte en esta discusión en 1905, cuando, consultado por Plejánov, entonces menchevique, se pronunció en el fondo contra él, lo que originó entonces singulares burlas de la prensa bolchevique. Ahora no dice Kautsky ni una palabra de los antiguos debates (¡teme que lo desenmascaren sus propias declaraciones!). Y así deja al lector alemán absolutamente imposibilitado para comprender el fondo del problema. El señor Kautsky no podía decir a los obreros alemanes en 1918 que en 1905 él era partidario de la alianza de los obreros con los campesinos, y no con la burguesía liberal, no podía decirles en qué condiciones propugnaba esta alianza, ni el programa que él proyectaba para esta alianza.
Kautsky da marcha atrás, y, aparentando hacer un "análisis económico'', propugna ahora, con frases altaneras sobre el " materialismo histórico'', la subordinación de los obreros a la burguesía, repitiendo machaconamente, respaldándose en citas del menchevique Máslov, las viejas concepciones liberales de los mencheviques; ¡estas citas le sirven para demostrar una idea nueva sobre el atraso de Rusia, de cuya idea nueva se saca una conclusión vieja, diciendo, poco más o menos, que en una revolución burguesa no se puede ir más allá que la burguesía! ¡Y esto, a pesar de todo lo que tienen dicho Marx y Engels al comparar la revolución burguesa de 1789--1793 en Francia con la revolución burguesa de Alemania en = 1848!^^63^^
Antes de pasar al ``argumento'' de más peso y a lo principal del "análisis económico" de Kautsky, observemos la curiosa confusión de ideas o la ligereza del autor que denotan ya las primeras frases:
``La base económica de Rusia---perora nuestro ``teórico''---es hasta ahora la agricultura, y, concretamente, la pequeña producción campesina. De ella viven cerca de las cuatro quintas partes, quizá hasta las cinco sextas partes de la población" (pág. 45). Primero, ¿ha pensado usted, respetable teórico, cuántos explotadores puede haber entre esta masa de pequeños productores? Naturalmente, una décima parte a lo sumo; y en las ciudades, menos aún, porque allí está más desarrollada la gran producción. Ponga usted incluso una cifra elevada hasta lo inverosímil, suponga usted que una quinta parte de los pequeños productores son explotadores que pierden el derecho electoral. Y aun así verá usted que ese 66% de bolcheviques del V Congreso de los Soviets representaba a la mayoría de la población. A ello debe añadirse, además, que un número muy importante de eseristas de izquierda fueron siempre partidarios del Poder soviético, es decir, en principio, todos los eseristas de izquierda _-_-_
^^*^^ Víase la presente edición, t. 1, págs. 465--571. (N. de la F.dit.)
120 estaban por el Poder soviético, y cuando una parte de ellos se lanzó a la aventurera revuelta de julio de 1918, de su antiguo partido se desgajaron dos partidos nuevos, el de los "comunistas populistas" y el de los "comunistas = revolucionarios"*^^64^^ (constituidos por destacados eseí istas de izquierda, a los que ya el antiguo partido había elevado a los puestos más importantes del Estado, perteneciendo al primero, por ejemplo, Zax, y al segundo Kolegáev). Por consiguiente, el mismo Kautsky ha rehilado---¡sin querer!---la ridicula leyenda de (¡ue con los bolcheviques está la minoría de la población.Segundo: ¿Ha pensado usted, amable teórico, que el pequeño productor campesino vacila inevitablemente entre el proletariado y la burguesía? Esta verdad marxista, confirmada por toda la historia contemporánea de Europa, la "ha olvidado" Kautsky muy a tiempo, porque ¡hace trizas toda la ``teoría'' menchevique eme él reproduce! Sin ``olvidarla'', no habría podido negar la necesidad de la dictadura del proletariado en un país donde predominan los pequeños productores campesinos.
Examinemos lo principal de! "análisis económico" de nuestro teórico.
Que el Poder soviético es una dictadura no hay quien lo discuta, dice Kautsky. "Pero ;es la dictadura del proletariado?" (pág. 34).
``Según la Constitución soviética, los campesinos son la mavoría (le la población y tienen derecho a partú ipar en las ai tividades legislativas v administrativas. Lo que se nos presenta ionio dictadura del \m¡letnriudo, si se rcali/asc de un modo (oiiscí nenie. y si, hablando en general, una clase pudiera ejercer due( lamente la dictadura, (osa (juc sólo puede hacer un partido, resultaría ser una dictadura de li>.\ cnnipi-sinos" (pág. 35).
Y encantado de tan profundo e ingenioso razonamiento, el bueno de Kautsky intenta ironizar: "Resulta tomo si la realización menos dolorosa del socialismo estuviese asegurada cuando se confía a los campesinos" (pág. 35).
Con gran lujo de pormenores y citas eruditas en grado extraordinario del semiliberal Máslov, prueba nuestro teórico una idea nueva: los campesinos están interesados en que el precio de los cereales sea elevado, y el salario de los obreros de las ciudades bajo, etc., etc. Estas ideas nuevas, dicho sea de paso, están expuestas de manera tanto más fastidiosa cuanto menos atención se concede a los fenómenos verdaderamente nuevos de la posguerra, por ejemplo, al hecho de que los campesinos piden, a cambio de los cereales, mercancías y no dinero, que los campesinos están faltos de aperos y no pueden conseguirlos en la cantidad debida a precio alguno. De esto volveremos a tratar en especial más adelante.
Así pues, Kautsky acusa a los bolcheviques, al partido del proletariado, de haber puesto la dictadura, la tarea de realizar el 121 socialismo, en manos de los campesinos pequeñoburgueses. ¡Muy bien, señor Kautsky! /Cuál debería ser, a su ilustrado juicio, la actitud del partido proletario ante los campesinos pequeñoburgueses?
Nuestro teórico prefiere callar sobre esto, probablemente recordando el refrán: "La palabra es plata, pero el silencio es oro''. Mas lo delata el razonamiento siguiente:
``En los primeros tiempos de la República Soviética, los Soviets campesinos eran orgamz; Soviets iones de los n general. Ahora, esla República proclama que los olelarios v de campesinos pobres. Los campesinos >n organi/aciones e ] dos pierden el derce] o pobre es considerad* icialista de la campesi agraria i de participar en la elección de los Soviets. El aquí un producto constante y masivo de la reforma i ``dictadu del proletariado" (pág. 48).
¡Qué fulminante ironía! En Rusia puede oírse en boca de cualquier burgués: todos ellos se refocilan y ríen de que la República Soviética reconozca francamente la existencia de campesinos pobres. Se burlan del socialismo. Están en su derecho. Pero el ``socialista'' que se ríe de que, después de una guerra de cuatro años, extraordinariamente ruinosa, haya todavía en nuestro país---y los habrá para largo---campesinos pobres, ha podido nacer sólo en un ambiente de apostasía en masa.
Pero hay más:
``...La República Soviética interviene en las relaciones entre campesinos ticos y pobres, mas no mediante una nueva distribución de las tierras. Para evitar que los habitantes de las ciudades carezcan de pan, se envían al campo destacamentos de obreros armados que hacen a los campesinos ricos entregar sus sobrantes de cereales. Una parte de estos cereales se da a los habitantes de las ciudades, y otra a los campesinos más pobres" (pág. 48).
Naturalmente, el socialista y marxista Kautsky se indigna profundamente ante la idea de que tal medida pueda rebasar los alrededores de las grandes ciudades (y en Rusia se extiende a todo el país). El socialista y marxista Kautsky observa sentenciosamente, con inimitable, con incomparable, con admirable flema (o cerrazón) de filisteo: "...Estas (expropiaciones de los campesinos acomodados) introducen un nuevo elemento de perturbación y de guerra civil en el proceso de la producción...'' (¡la guerra civil trasplantada al "proceso de la producción" es ya una cosa sobrenatural!) "...que requiere imperiosamente, para su saneamiento, tranquilidad y seguridad" (pág. 49).
Sí, sí, la tranquilidad v seguridad de los explotadores y de los que especulan con los cereales, esconden sus excedentes, sabotean la ley sobre el monopolio cerealista y condenan al hambre a la población de las ciudades, debe, naturalmente, arrancar suspiros y lágrimas al 122 marxista y socialista Kautsky. Todos nosotros somos socialistas y marxistas e internacionalistas, gritan a coro los señores Kautsky, Enrique Weber (Viena), Longuet (París), MacDonald (Londres), etc.; todos estamos por la revolución de la clase obrera, pero... ¡pero a condición de no perturbar la tranquilidad ni la seguridad de los especuladores de cereales! Y encubrimos este inmundo servilismo ante los capitalistas con alusiones ``marxistas'' al "proceso de la producción"... Si esto es marxismo, ¿qué será servilismo ante la burguesía?
Veamos lo que le resulta a nuestro teórico. Acusa a los bolcheviques de hacer pasar una dictadura de los campesinos por la dictadura del proletariado. Al mismo tiempo, nos acusa de llevar la guerra civil al campo (nosotros lo tenemos por un mérito nuestro), de enviar al campo destacamentos de obreros armados que proclaman públicamente que ejercen "la dictadura del proletariado y de los campesinos pobres'', ayudan a éstos y expropian a los especuladores, a los campesinos ricos, los sobrantes de cereales que ellos esconden a despecho de lo dispuesto por la ley sobre el monopolio del trigo.
Por una parte, nuestro teórico marxista se muestra partidario de la democracia pura, partidario de que la clase revolucionaria, dirigente de los trabajadores y explotados, se someta a la mayoría de la población (incluyendo, por consiguiente, a los explotadores). Por otra parte, explica contra nosotros que la revolución tiene necesariamente un carácter burgués, porque los campesinos, en su conjunto, se mantienen en un terreno de relaciones sociales burguesas; ¡y al mismo tiempo tiene la pretensión de que propugna el punto de vista proletario, de clase, marxista!
En vez de "análisis económico'', esto es un lío y un enredo de primer orden. En lugar de marxismo, fragmentos de doctrinas liberales y prédica del servilismo ante la burguesía y los kulaks.
En 1905, los bolcheviques pusieron ya totalmente en claro el problema que Kautsky embrollaba. Sí, nuestra revolución es burguesa mientras marchamos con todos los campesinos. Teníamos una idea clarísima de esto y lo hemos dicho cientos y miles de veces desde 1905; nunca hemos intentado saltarnos ni abolir con decretos esta etapa necesaria del proceso histórico. Los esfuerzos de Kautsky de emplear este punto como ``prueba'' contra nosotros no prueban sino el lío que él se ha hecho y su temor a recordar lo que él mismo escribió en 1905, cuando aún no era un renegado.
Pero desde abril de 1917, mucho antes de la Revolución de Octubre, de que tomásemos el poder, dijimos abiertamente y explicamos al pueblo que ahora la revolución no podía detenerse en esta etapa, pues el país había seguido adelante, el capitalismo había seguido avanzando, la ruina había alcanzado proporciones nunca 123 vistas, lo cual habría de «c¿gir(quisiérase o no) que marchásemos hacia el socialismo, pues no cabía avanzar de otro modo, salvar de otro modo al país, agotado por la guerra, y aliviar de otro modo los sufrimientos de los trabajadores y explotados.
Ocurrió, en efecto, tal y como nosotros dijimos. La marcha de la revolución ha confirmado la certidumbre de nuestro razonamiento. Al principio, del brazo de ``todos'' los campesinos contra la monarquía, contra los terratenientes, contra lo medieval (y en este sentido, la revolución sigue siendo burguesa, democrática burguesa). Después, del brazo de los campesinos pobres, del brazo del semiproletariado, del brazo de todos los explotados, contra el capitalismo, incluidos los ricachos del campo, los kulaks y los especuladores, y, en este sentido, la revolución se convierte en socialista. Querer levantar una muralla china artificial entre ambas revoluciones, separar la una de la otra por algo que noseael grado de preparación del proletariado y el grado de su unión con los campesinos pobres es la mayor tergiversación del marxismo, es vulgarizarlo, remplazado por el liberalismo. Sería hacer pasar de contrabando, mediante citas seudocientíficas sobre el carácter progresivo de la burguesía en comparación con lo medieval, una defensa reaccionaria de la burguesía frente al proletariado socialista.
Los Soviets son, por cierto, un tipo y una forma muy superior de democracia porque, al aunar e incorporar a la política a la masa de obreros y campesinos, son el barómetro más próximo al ``pueblo'' (en el sentido en que Marx hablaba en 1871 de verdadera = revolución popular)''^^5^^, el barómetro más sensible del desarrollo y aumento de la madurez política y de clase de las masas. La Constitución soviética no se ha escrito según un ``plan'', no ha sido compuesta en despachos ni impuesta a los trabajadores por los jurisconsultos burgueses. No, esa Constitución ha surgido del proceso de desarrollo de la lucha de clases, a medida que maduraban las contradicciones de clase. Así lo demuestran hechos que Kautsky se ve obligado a reconocer.
Al principio, los Soviets agrupaban a los campesinos en su totalidad. La falta de desarrollo, el atraso y la ignorancia de los campesinos pobres ponían la dirección en manos de los kulaks, de los ricos, de los capitalistas y de los intelectuales pequeñoburgueses. Fue la época de hegemonía de la pequeña burguesía, de los mencheviques y los socialistas-revolucionarios (sólo memos o renegados como Kautsky pueden creer que unos u otros sean socialistas). La pequeña burguesía vacilaba por fuerza, sin poderlo evitar, entre la dictadura de la burguesía (Kerenski, Kornílov, Sávinkov) y la dictadura del proletariado, porque es incapaz de toda acción independiente, atendidos los caracteres esenciales de su situación económica. Dicho sea de paso, Kautsky reniega totalmente del marxismo cuando, en su 124 análisis de la revolución rusa, sale del paso con la noción jurídica y formal de ``democracia'', que sirve a la burguesía para encubrir su dominación y engañar a las masas, olvidando que ``democracia'' quiere decir, de hecho, unas veces dictadura de la burguesía, y otras reformismo impotente de la pequeña burguesía que se somete a esa dictadura, etc. Según Kautsky, resulta que en un país capitalista había partidos burgueses, había un partido proletario que llevaba tras de sí a la mayoría del proletariado, a su masa (los bolcheviques), pero no había partidos pequeñoburgueses. ¡Los mencheviques y eseristas no tenían raíces de clase, raíces pequeñoburguesas!
Las vacilaciones de la pequeña burguesía, de los mencheviques y eseristas han instruido a las masas y han apartado de tales ``dirigentes'' a su inmensa mayoría, a todas las "capas bajas'', a todos los proletarios y semiproletarios. Los bolcheviques lograron prevalecer en los Soviets (hacia octubre de 1917 en Petrogrado y Moscú), y entre los eseristas y mencheviques aumentó la escisión.
El triunfo de la revolución bolchevique significaba el final de las vacilaciones, la destrucción completa de la monarquía y de la propiedad latifundista (antes de la Revolución de Octubre no había sido destruida). Nosotros llevamos a término la revolución burguesa. Los campesinos estaban a nuestro lado en su totalidad. Su antagonismo respecto al proletariado socialista no podía manifestarse inmediatamente. Los Soviets agrupaban a los campesinos en general. La división de la masa campesina en clases no estaba todavía madura, no se había exteriorizado aún.
Este proceso fue desplegándose en el verano y el otoño de 1918. La insurrección contrarrevolucionaria del cuerpo de ejército checoslovaco despertó a los kulaks, que desencadenaron en Rusia una ola de revueltas. No han sido los libros ni los periódicos, sino la vida la que ha hecho ver a los campesinos pobres la incompatibilidad de sus intereses con los de los kulaks, de los ricachos, de la burguesía rural. Los "eseristas de izquierda'', como todo partido pequeñoburgués, reflejaban las oscilaciones de las masas, y en el verano de 1918 se escindieron: una parte de ellos hizo causa común con los checoslovacos (insurrección de Moscú, cuando Proshián, habiéndose apoderado---¡durante una hora!---del telégrafo, anunció a Rusia la caída de los bolcheviques; luego vino la traición de Muraviov, jefe del ejército destinado a combatir contra el cuerpo de ejército checoslovaco, etc.). Otra parte, señalada más arriba, siguió con los bolcheviques.
La agravación de la crisis del abastecimiento de las ciudades imponía de manera más tajante cada día el monopolio cerealista (¡``olvidado'' por el teórico Kautsky en su análisis económico, que 125 repite con machaconería cosas archisabidas y leídas hace diez años en Máslov!).
El viejo Estado, el Estado de los terratenientes y burgueses, incluso el Estado democrático republicano, enviaba al campo destacamentos armados que se encontraban de hecho a disposición de la burguesía. ¡El señor Kautsky no lo sabe! ¡(No ve en ello, Dios nos libre, "dictadura de la burguesía"! ¡Es "democracia pura'', sobre todo si lo aprueba el parlamento burgués! ¡De que Avxéntiev y S. Máslov, con los Kerenski, Tsereteli y demás elementos eseristas y mencheviques encarcelaban durante el verano y el otoño de 1917 a los miembros de los comités agrarios, de eso "no ha oído hablar" Kautsky, eso lo silencia Kautsky!
Todo se reduce a que el Estado burgués, que ejerce la dictadura de la burguesía mediante la república democrática, no puede confesar al pueblo que sirve a la burguesía, no puede decir la verdad y tiene que recurrir a la doblez.
En cambio, el Estado del tipo de la Comuna, el Estado soviético dice francamente y en público al pueblo la verdad, declarando que es la dictadura del proletariado y de los campesinos pobres, atrayéndose con esta verdad a decenas y decenas de millones de nuevos ciudadanos que viven en la ignorancia en cualquier república democrática y son incorporados por los Soviets a la política, a la democracia, a la administración del Estado. La República Soviética envía al campo destacamentos de obreros armados, en primer lugar a los más avanzados, a los de las capitales. Estos obreros llevan el socialismo al campo, ponen de su lado a los campesinos pobres, los organizan e instruyen y les ayudan a aplastar la resistencia de la burguesía.
Cuantos están al corriente de la situación y han visitado el campo dicen que solamente en el verano y el otoño de 1918 ha llegado a éste la Revolución "de Octubre" (es decir, la revolución proletaria). Se produce un viraje. A la ola de revueltas de kulaks sigue un movimiento ascensional de los campesinos pobres, un crecimiento de los "comités de campesinos pobres''. En el ejército aumenta el número de comisarios procedentes de los obreros, el número de oficiales y de jefes de división y de cuerpo de ejército procedentes de los obreros. Mientras que el tontaina de Kautsky, asustado por la crisis de julio (de = = 1918)^^1^^'^^1^^' y los alaridos de la burguesía, corre tras ella servilmente y escribe todo un folleto del que emana la convicción de que los campesinos están a punto de derribar a los bolcheviques, mientras que este tontaina ve en la defección de los eseristas de izquierda una ``reducción'' (pág. 37) del círculo de los que sostienen a los bolcheviques, en ese momento .SÉ- extiende inmensamente el círculo verdadero de los partidarios del bolchevismo, porque decenas y 126 decenas de millones de campesinos pobres despiertan a una vida política independiente, emancipándose de la tutela e influencia de los kulaks y de la burguesía rural.
Hemos perdido a unos centenares de eseristas de izquierda, de intelectuales sin carácter y de campesinos ricos, pero hemos conquistado a millones de campesinos pobres^^*^^.
Un año después de la revolución proletaria en las capitales, bajo su influencia y con su ayuda, ha llegado la revolución proletaria a los rincones más remotos del campo, afianzando definitivamente el Poder soviético y el bolchevismo, demostrando definitivamente que no hay dentro del país fuerzas que se le opongan.
Después de haber culminado la revolución democrática burguesa con todos los campesinos, el proletariado de Rusia pasó definitivamente a la revolución socialista cuando hubo logrado escindir el campo, cuando se hubo ganado a los proletarios y semiproletarios del campo, cuando supo unirlos contra los kulaks y la burguesía, incluida la burguesía campesina.
Si el proletariado bolchevique de las capitales y de los grandes centros industriales no hubiera sabido agrupar en derredor suyo a los campesinos pobres contra los campesinos ricos, se habría demostrado que Rusia "no había sazonado" para la revolución socialista; el campesinado habría seguido siendo "un todo'', es decir, habría seguido sujeto a la dirección económica, política y espiritual de los kulaks, los ricachos y la burguesía, y la revolución no habría rebasado el marco democrático burgués. (Pero ni aun esto, dicho sea entre paréntesis, habría demostrado que el proletariado no debía tomar el poder, porque sólo él ha llevado efectivamente a término la revolución democrática burguesa, sólo él ha hecho algo serio para acercar la revolución proletaria mundial, sólo él ha creado el Estado soviético, que es, después de la Comuna, el segundo paso hacia el Estado socialista.)
Por otra parte, si el proletariado bolchevique hubiera intentado ``decretar'' la guerra civil o la "instauración del socialismo" en el campo inmediatamente, en octubre o noviembre de 1917, sin haber sabido aguardar la disociación de los campesinos en clases, sin haber sabido preparar ni realizar esta disociación, si hubiese querido prescindir del bloque (alianza) temporal con todos los campesinos, sin hacer ciertas concesiones al campesino medio, etc., esto habría sido una desvirtuación = blanquista^^67^^ del marxismo; una minoría habría intentado imponer su voluntad a la mayoría, se habría llegado a un _-_-_
^^*^^ En el VI Congreso de los Soviets (del 6 al 9 de noviembre de 1918) hubo 967 delegados con voz y voto, 950 de los cuales eran bolcheviques, y 351 con voz, pero sin voto, 335 de los cuales eran bolcheviques. Por tanto, hubo un 97% de bolcheviques.
127 absurdo teórico, a no comprender que la revolución de todos los campesinos es todavía una revolución burguesa y que sin una serie de transiciones, de etapas transitorias, no se puede hacer de ella una revolución socialista en un país atrasado.Kautsky lo ha confundido todo en un problema político y teórico de la mayor trascendencia y, en la práctica, ha demostrado ser un simple lacayo de la burguesía que clama contra la dictadura del proletariado.
__*_*_*__Idéntica o mayor es la confusión que Kautsky ha llevado a otro problema de capital interés e importancia: el de si ha sido bien planteada en principio y luego convenientemente puesta en práctica la labor legislativa de la República Soviética en cuanto a la transformación agraria, transformación socialista dificilísima y de máxima importancia al mismo tiempo. Quedaríamos infinitamente agradecidos a todo marxista del Occidente de Europa que, después de leer aunque sólo fueran los documentos más importantes, hiciera la crítica de nuestra política, porque de este modo nos ayudaría extraordinariamente y ayudaría a la revolución que está madurando en todo el mundo. Pero, en lugar de crítica, Kautsky nos ofrece una confusión teórica increíble que convierte el marxismo en liberalismo, y, de hecho, no es sino un cúmulo de diatribas filisteas, vacías y rabiosas, contra los bolcheviques. Juzgue el lector:
``No se podía mantener la gran propiedad agraria a causa de la revolución. Esto se vio claro desde el primer instante. No había más remedio que entregarla a la población campesina...'' (No es exacto, señor Kautsky: usted pone lo que está ``claro'' para usted en lugar de la actitud de las diversas clases frente al problema. La historia de la revolución ha demostrado que el gobierno de coalición de burgueses con pequeños burgueses, mencheviques y eseristas seguía una política de mantener la gran propiedad agraria. La mejor prueba está en la ley de S. Máslov y en las detenciones de los miembros de los comités = agrarios^^68^^. Sin la dictadura del proletariado, la "población campesina" no habría vencido nunca al terrateniente unido al capitalista.)
``...Pero en cuanto a las formas en que esto se había de hacer, no existía unidad de criterio. Eran concebibles diferentes soluciones...'' (Kautsky se preocupa, ante todo, de la ``unidad'' de los ``socialistas'', sean quienes sean los que se llamen así. Pero olvida que las clases fundamentales de la sociedad capitalista deben llegar a soluciones diferentes.) "...Desde el punto de vista del socialismo, la solución más racional hubiera sido transformar las grandes empresas en 128 propiedades del Estado y confiar a los campesinos, que hasta entonces habían estado trabajando en ellas como obreros asalariados, el cultivo de las grandes propiedades agrícolas en forma cooperativa. Pero esta solución supone la existencia de unos obreros agrícolas como los que no existen en Rusia. Otra solución hubiera sido transferir al Estado la gran propiedad agraria, dividiéndola en pequeños lotes, que se concederían en arriendo a los campesinos que tengan poca tierra. De esta manera se habría realizado siquiera algo de socialismo..."
Kautsky, como siempre, sale del paso con el consabido estribillo: por una parte, no se puede menos de confesar, por otra, hay que reconocer. Yuxtapcme soluciones diferentes sin pararse en la única idea real, en la única idea marxista: ¿cuáles deben ser las transiciones del capitalismo al comunismo en determinadas condiciones particulares-' En Rusia hay obreros agrícolas asalariados, pero pocos; y Kautsky no alude siquiera a la cuestión, que el Poder soviético ha planteado, de cómo pasar al cultivo en comunas y en cooperativas. Pero lo más curioso es que Kautsky quiere ver "algo de socialismo" en el arrendamiento de pequeños terrenos. Esto no es, en el fondo, más que una consigna pequeñoburguesa y no tiene nada "de socialismo''. Si el ``Estado'' que da en arriendo las tierras no es un Estado del tipo de la Comuna, sino una república burguesa parlamentaria (y esto es lo que supone siempre Kautsky), el arrendamiento de la tierra por pequeñas parcelas será una típica reforma liberal.
Nada dice Kautsky de que el Poder soviético ha abolido toda propiedad de la tierra. Peor aún: baraja los datos de manera increíble y cita decretos del Poder soviético, omitiendo en ellos lo esencial.
Después de declarar que "la pequeña producción aspira a la propiedad privada absoluta de los medios de producción'', que la Constituyente hubiera sido "la única autoridad" capaz de impedir el reparto (afirmación que provocará una carcajada en Rusia, porque todo el mundo sabe que los obreros y campesinos sólo reconocen la autoridad de los Soviets, mientras la Constituyente se ha hecho consigna de los checoslovacos y de los terratenientes), Kautsky continúa:
``Uno de los primeros decretos del ( leí Tatémente quechi inmediatamente obierno soviético dice: 1. 1.a gran propiedad bohda sin indemmxación alguna. 2. Los familia imperial, de los ¡os de los leí ralenicnles I od. nos v de la Iglesia, con todo lencias \ todo i llanto hay en ell subdistntales de los Soviets de diputados (lonstituvente de( ida el problema de la i ganado de l;ib< li: >r v apelos de labran/a, ')n de los (omites agrarios rito hasta que la Asamblea __NOTE__ Seem to be missing last line of page 128, but it could be up there someplace. 129
Kautsky no cita más que estos dos puntos y concluye:
``La alusión a la Constituyente ha quedado en letra muerta. De hecho, los campesinos de los distintos suhdisti ¡tos han podido hacer con la tierra lo que han querido" (pág. 47).
¡Ahí tenéis unas muestras de la ``crítica'' de Kautsky! ¡Ahí tenéis un trabajo ``científico'' que parece más que nacía una falsificación! ¡Se induce al lector alemán a creer que los bolcheviques han capitulado ante los campesinos en cuanto a la propiedad privada de la tierra y les han dejado hacer ``(en los distintos subdistritos'') lo que quieren!
En realidad, el decreto que cita Kautsky, el primer decreto, promulgado el 26 de octubre de 1917 (viejo calendario), consta de cinco artículos, y no de dos; más los ocho artículos del ``mandato'', del que se dice, encima, que "debe servir de norma de conducta".
El tercer artículo del decreto señala que las haciendas pasan "al pueblo" y que es obligatorio hacer "el inventario exacto de todos los bienes confiscados" e "instalar una protección revolucionaria de lo más rigurosa''. Y el mandato señala que "el derecho de propiedad privada de la tierra queda abolido para siempre'', que "las fincas de alto nivel de cultivo" "no deben ser repartidas'', que "todo el ganado de labor, aperos de labranza y dependencias de las tierras confiscadas pasan al usufructo exclusivo del Estado o de las comunidades, según sean la superficie y la importancia de estas tierras, sin indemnización'', que "toda la tierra se incluye en el fondo agrario nacional".
Más tarde, al mismo tiempo que se disolvió la Asamblea Constituyente (5 de enero de 1918), el III Congreso de los Soviets aprobó "Declaración de los derechos del pueblo trabajador y explotado'', cjue ahora es parte de la Ley Fundamental de la República Soviética. Su artículo II, párrafo 1, dice que "queda abolida la propiedad privada de la tierra" y que "las fincas y empresas agrícolas modelo se declaran patrimonio nacional".
Por tanto, la alusión a la Asamblea Constituyente no quedó en letra muerta, porque otra institución nacional representativa, muchísimo más autorizada para los campesinos, se ha encargado de resolver el problema agrario.
Luego, el 6 (19) de febrero de 1918 se promulgó la ley de socialización de la tierra, que confirma una vez más la abolición de toda propiedad de la tierra, poniéndola, con ío<ioel ganado de labor y los aperos de labranza de las explotaciones privadas, a disposición de las autoridades soviéticas, bajo el control del Poder soviético federal; plantea como objetivo de esta gestión
``el fomento de la hacienda colectiva en la agricultura, por ser la más ventajosa desde el punto de vista del ahorro de trabajo y productos, a expensas de las haciendas individuales, a fin de pasar a la hacienda agrícola socialista'' (art. I 1, punto e).
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130Al instituir el usufructo igualitario de la tierra, la ley dice acerca del problema fundamental de "quién tiene derecho a cultivar la tierra":
(Art. 20). "En la República Federativa Soviética de Rusia pueden cultivar terrenos para cubrir demandas públicas y personales: A) Con fines culturales y docentes: 1) El Estado, representado por los órganos del Poder soviético (federal, regional, provincial, distrital, subdistrital y rural). 2) Las organizaciones sociales (bajo el control y con permiso del Poder soviético local). B) Para el laboreo: 3) Las comunas agrícolas. 4) Las cooperativas agrícolas. 5) Las asociaciones rurales. 6) Familias e individuos por separado..."
El lector puede ver que Kautsky ha desvirtuado totalmente la cuestión, presentando al lector alemán de una manera falsa por completo la política y la legislación agraria del Estado proletario de Rusia.
¡Kautsky ni siquiera ha sabido plantear los problemas importantes, fundamentales desde el punto de vista teórico!
Estos problemas son los siguientes:
(1) El usufructo igualitario de la tierra y
(2) la nacionalización de la tierra: relación de una medida y otra ante el socialismo en general y ante el paso del capitalismo al comunismo en particular.
(3) Cultivo socializado de la tierra como transición del pequeño cultivo fragmentado al gran cultivo socializado; ¿corresponde la forma en que ha sido planteado este problema en la legislación soviética a los postulados del socialismo?
Sobre el primer problema es preciso dejar sentados, ante todo, los dos hechos siguientes, que son fundamentales: (a) Teniendo ya en cuenta la experiencia de 1905 (mencionaré, por ejemplo, mi obra acerca del problema agrario en la primera revolución rusa^^*^^), los bolcheviques señalaban la importancia que, desde el punto de vista democrático progresista y democrático revolucionario, tenía la consigna de igualitarismo, y en 1917, antes de la Revolución de Octubre, también hablaron de ello con absoluta claridad, (b) Al hacer aprobar la ley de socialización de la tierra---``alma'' de la cual es la consigna del usufructo igualitario del suelo---, los bolcheviques declararon del modo más preciso y concreto: esta idea no es nuestra, nosotros no estamos conformes con esta consigna, pero creemos nuestro deber hacerla aprobar, porque así lo pide la inmensa mayoría de los campesinos. Y la idea y las reivindicaciones de una mayoría de trabajadores deben ser superadas por ellos mismos; no es posible ``abolir'' semejantes reivindicaciones ni ``saltar'' por encima _-_-_
^^*^^ Véase V. I. Lenin. Obras Completas, 5a ed. en ruso. t. 16, págs. 193--413. (N. de la Edil.)
131 de ellas. Nosotros, los bolcheviques, ayudaremos a los campesinos a superar las consignas pequeñoburguesas, a pasar con las mayores rapidez y facilidad posibles de esas consignas a consignas socialistas.Un teórico marxista que quisiera servir a la revolución obrera, haciendo un análisis científico de ella, debería decir, primero, si es verdad que la idea del usufructo igualitario de la tierra tiene trascendencia democrática revolucionaria, la de llevar a término la revolución democrática burguesa. Segundo, debería decir si han procedido bien los bolcheviques, al lograr que se apruebe con sus votos (y acatar con la mayor lealtad) la ley pequeñoburguesa del usufructo igualitario.
¡Kautsky no ha podido notar siquiera dónde está, en teoría,el quid de la cuestión!
Kautsky jamás hubiera conseguido refutar que la idea del usufructo igualitario tiene un alcance progresista y revolucionario en una revolución democrática burguesa. Esta revolución no puede ir más allá. Al llegar a su término, descubre con tanta más claridad, rapidez y facilidad a las masas la insuficiencia de las soluciones democráticas burguesas, la necesidad de rebasarlas y de pasar al socialismo.
Los campesinos que han derrocado el zarismo y a los terratenientes sueñan con el usufructo igualitario, y no hay fuerza que pueda impedírselo, una vez libres de los terratenientes y del Estado republicano, parlamentario, burgués. Los proletarios dicen a los campesinos: nosotros os ayudaremos a llegar al capitalismo ``ideal'', porque el usufructo igualitario de la tierra es la idealización del capitalismo desde el punto de vista del pequeño productor. Pero, al mismo tiempo, os señalaremos la deficiencia de este sistema, la necesidad de pasar al cultivo social de la tierra.
¡Sería interesante ver qué intentaría Kautsky para refutar que esa manera de dirigir el proletariado la lucha de los campesinos es acertada!
Kautsky ha preferido eludir el problema...
Además, ha engañado sin más ni más a los lectores alemanes, ocultándoles que en la ley de la tierra el Poder soviético da preferencia explícita a las comunas y a las cooperativas, colocándolas en primer plano.
¡Con todos los campesinos hasta el fin de la revolución democrática burguesa! Con los campesinos pobres, proletarios y semiproletarios, ¡adelante, hacia la revolución socialista! Esta era la política de los bolcheviques, y era la única política marxista.
¡Pero Kautsky se embrolla, no acertando a plantear ni un solo problema! Por una parte, no se atreve a decir que los proletarios debieron haber discrepado de los campesinos en el problema del 5* 132 usufructo igualitario, porque comprende lo absurdo de semejante discrepancia (por lo demás, en 1905, antes de ser renegado, propugnaba clara y explícitamente la alianza de los obreros y los campesinos, de la que hacía depender el triunfo de la revolución). Por otra parte, cita con simpatía las vulgaridades liberales del menchevique Máslov, que ``demuestra'' lo utópico y reaccionario de la igualdad pequeñoburguesa desde el punto de vista del socialismo y pasa en silencio lo progresista y revolucionario de la lucha pequeñoburguesa por la igualdad, por el usufructo igualitario, desde el punto de vista de la revolución democrática burguesa.
Kautsky se ha armado un lío sin fin: nótese que el Kautsky de 1918 insiste en el carácter burgués de la revolución rusa. El Kautsky de 1918 exige: ¡No os salgáis de ese marco! ¡¡Y este mismo Kautsky ve "algo de socialismo" (para la revolución burguesa) en la reforma pequeñoburguesa que entrega a los campesinos pobres en arriendo pequeños trozos de tierra (es decir, en la aproximación al usufructo igualitario)!!
¡Que lo entienda quien pueda!
Por si fuera poco, Kautsky muestra una incapacidad filistea para tener en cuenta la política real de un partido determinado. Cita frases del menchevique Máslov, sin querer ver la política real del partido menchevique en 1917, que, en ``coalición'' con los terratenientes y los democonstitucionalistas, propugnaba de hecho una reforma agraria liberal y el acuerdo con los terratenientes (lo prueban las detenciones de miembros de los comités agrarios y el proyecto de ley de S. Máslov).
Kautsky no ha visto que las frases de P. Máslov acerca del carácter reaccionario y utópico de la igualdad pequeñoburguesa encubren de hecho la política menchevique de conciliación de campesinos y terratenientes (es decir, el engaño de aquéllos por éstos), en lugar del derrocamiento revolucionario de los terratenientes por los campísinos.
¡Buen ``marxista'' está hecho Kautsky!
Los bolcheviques precisamente son los que han tenido muy en cuenta la diferencia que hay entre revolución democrática burguesa y revolución socialista: al llevar la primera a término, abrían las puertas para el paso a la segunda. Esta es la única política revolucionaria y la única política marxista.
En vano repite Kautsky las sosas chanzas de los liberales: "Nunca ni en parte alguna han pasado los pequeños campesinos a la producción colectiva movidos por la persuasión teórica" (pág. 50).
¡Qué ingenioso!
Nunca ni en parte alguna han estado los pequeños campesinos de un gran país bajo la influencia de un Estado proletario.
Nunca ni en parte alguna han llegado los pequeños campesinos a 133 una lucha de clase abierta contra los campesinos ricos, hasta la guerra civil entre unos y otros, con la circunstancia de estar sostenidos los pobres por la propaganda, la política y la ayuda económica v militar del poder político proletario.
Nunca ni en parte alguna se han enriquecido tanto los especuladores y ricachos a consecuencia de una guerra, ni se ha arruinado de tal modo la masa campesina.
Kautsky repite antiguallas, repite machaconamente cosas viejas, temiendo pensar siquiera en las nuevas tareas de la dictadura del proletariado.
Y si los campesinos, querido Kautsky, no tienen bastantes aperos para la pequeña producción, y el Estado proletario les ayuda a conseguir máquinas para cultivar el suelo en régimen colectivo, ¿será eso "persuasión teórica"?
Pasemos al problema de la nacionalización de la tierra. Nuestros populistas, y entre ellos todos los eseristas de izquierda, niegan que la medida que nosotros hemos llevado a la práctica sea la nacionalización de la tierra. Se equivocan desde el punto de vista teórico. Puesto que no hemos rebasado el marco de la producción mercantil y del capitalismo, la abolición de la propiedad privada de la tierra es su nacionalización. La palabra ``socialización'' no expresa más que una tendencia, un deseo, una preparación del tránsito al socialismo.
¿Cuál debe ser, pues, la actitud de los marxistas respecto a la nacionalización de la tierra?
Tampoco esta vez sabe Kautsky plantear siquiera el problema teórico, o---lo que es peor---lo elude intencionadamente, aunque por las publicaciones rusas se sabe que conoce las viejas discusiones de los marxistas rusos sobre la nacionalización de la tierra, sobre su municipalización (entrega de las grandes fincas a los organismos de administración autónoma local) y sobre su reparto.
Kautsky se mofa abiertamente del marxismo cuando dice que el paso de las grandes propiedades a manos del Estado y su arrendamiento en pequeños lotes a los campesinos que tengan poca tierra realizaría "algo de socialismo''. Ya hemos dicho que no hay en ello nada de socialismo. Más aún: no hay ni siquiera revolución democrática burguesa llevada a término. Kautsky ha tenido la gran desgracia de fiarse de los mencheviques. De ello resulta un hecho curioso: Kautsky, que defiende el carácter burgués de nuestra revolución, que reprocha a los bolcheviques su ocurrencia de emprender el camino que lleva al socialismo, ¡presenta él mismo una reforma liberal como socialismo, sin llevar esta reforma hasta la supresión completa de todos los elementos medievales en las relaciones de propiedad agraria! Resulta que Kautsky, lo mismo que sus consejeros mencheviques, defiende a la burguesía liberal, 134 temerosa de la revolución, en lugar de defender una revolución democrática burguesa consecuente.
En efecto, ¿por qué hacer propiedad del Estado únicamente las grandes fincas y no todas las tierras? La burguesía liberal llega así al máximo en el mantenimiento de lo viejo (es decir, una revolución de mínima consecuencia) y deja en pie las máximas facilidades para volver a ello. La burguesía radical, es decir, la que quiere llevar a término la revolución burguesa, lanza la consigna de nacionalización de la tierra.
Kautsky, que en tiempos muy remotos, hace casi veinte años, escribió una magnífica obra marxista sobre el problema agrario, no puede ignorar lo que indicara Marx: La nacionalización de la tierra es precisamente una consigna consecuente de la = burguesía^^69^^. Kautsky no puede ignorar la polémica entre Marx y Rodbertus y las notables explicaciones de Marx en Teorías de la plusvalía, donde muestra con particular evidencia el valor revolucionario que la nacionalización de la tierra tiene desde el punto de vista democrático burgués.
El menchevique P. Máslov, a quien con tan mala fortuna ha elegido Kautsky para consejero, negaba que los campesinos rusos pudieran aceptar la nacionalización de toda la tierra (incluida la de ellos). Este punto de vista estaba relacionado en cierto grado con su ``original'' teoría (repetición de lo dicho por los críticos burgueses de Marx), que negaba la renta absoluta y aceptaba la ``ley'' (o el ``hecho'', según decía Máslov) "de la fertilidad decreciente del suelo".
En realidad, la revolución de 1905 puso ya de manifiesto que la inmensa mayoría de los campesinos de Rusia, tanto miembros de las comunidades como propietarios de sus parcelas, deseaban la nacionalización de toda la tierra. La revolución de 1917 ha venido a confirmarlo y, después de pasar el poder a manos del proletariado, lo ha convertido en realidad. Los bolcheviques han guardado fidelidad al marxismo, no intentando (a pesar de que Kautsky nos acusa de ello sin asomo de pruebas) ``saltar'' por encima de la revolución democrática burguesa. Los bolcheviques han empezado por ayudar a los ideólogos democráticos burgueses de los campesinos que eran más radicales, más revolucionarios, que estaban más cerca del proletariado, es decir, a los eseristas de izquierda, a realizar lo que era de hecho la nacionalización de la tierra. La propiedad privada de la tierra fue abolida en Rusia el 26 de octubre de 1917, es decir, desde el primer día de la revolución proletaria, socialista.
De ese modo se ha creado una base, la más perfecta desde el punto de vista del desarrollo del capitalismo (Kautsky no podrá negarlo sin romper con Marx), y, al mismo tiempo, el régimen agrario más flexible para el paso al socialismo. Desde el punto de vista 135 democrático burgués, los campesinos revolucionarios de Rusia no pueden ir más lejos: no puede haber nada "más ideal'', desde este punto de vista, que la nacionalización de la tierra y la igualdad de su usufructo, ni nada "más radical" (desde el mismo punto de vista). Justamente los bolcheviques, únicamente los bolcheviques, y sólo en virtud del triunfo de la revolución proletario, son los que han ayudado a los campesinos a llevar de veras a término la revolución democrática burguesa. Y sólo de este modo han hecho lo máximo para facilitar y apresurar el paso a la revolución socialista.
Por ello puede juzgarse de la increíble confusión que ofrece a sus lectores Kautsky cuando acusa a los bolcheviques de no comprender el carácter burgués de la revolución y se aparta él mismo del marxismo hasta el punto de callarlo de la nacionalización de la tierra y presentar la reforma agraria liberal, la menos revolucionaria (desde el punto de vista burgués), como ¡"algo de socialismo"!
Con ello nos acercamos al tercero de los problemas planteados antes: ¿Hasta qué punto ha tenido en cuenta la dictadura del proletariado en Rusia la necesidad de pasar al cultivo colectivo de la tierra? Kautsky vuelve a incurrir a este respecto en algo que se parece mucho a una falsificación: ¡se limita a citar las ``tesis'' de un bolchevique, en las que se trata de la tarea del paso al cultivo colectivo de la tierra! Después de haber citado una de estas tesis, nuestro ``teórico'' exclama en tono triunfal:
``Con declarar que una cosa determinada es una tarea, ésta, por desgracia, no se cumple. La agricultura colectiva en Rusia está por ahora condenada a quedarse en el papel. Nunca ni en parte alguna han pasado los pequeños campesinos a la producción colectiva movidos por la persuasión teórica" (pág. 50).
Nunca ni en parte alguna ha caído un autor tan bajo de hacer un escamoteo literario como Kautsky. Cita las ``Tesis'', pero no dice ni una palabra de la ley del Poder soviético. ¡Habla de "persuasión teórica" y no dice ni una palabra del poder estatal proletario que tiene en sus manos las fábricas y las mercancías! Todo lo que en 1899 escribía el marxista Kautsky en el Problema agrario sobre los medios de que dispone el Estado proletario para hacer pasar paulatinamente a los pequeños campesinos al socialismo, lo olvida el renegado Kautsky en 1918.
Claro que unos centenares de comunas agrícolas y explotaciones soviéticas apoyadas por el Estado (es decir, de grandes haciendas cultivadas por cooperativas obreras, a expensas del Estado), representan muy poco. Pero ¿puede llamarse ``crítica'' la actitud de Kautsky, que elude este hecho?
La nacionalización de la tierra, obra en Rusia de la dictadura del proletariado, constituyó la mejor garantía de que la revolución 136 democrática burguesa fuese llevada a su término, incluso en el caso de que una victoria de la contrarrevolución hiciera retroceder de la nacionalización al reparto (caso que analizo especialmente en mi libro sobre el programa agrario de los marxistas en la revolución de 1905). Además, la nacionalización de la tierra ha ofrecido al Estado proletario las máximas posibilidades para pasar al socialismo en la agricultura.
En resumen: Kautsky nos ofrece, en teoría, una confusión increíble, abjurando por completo del marxismo; en la práctica vemos su servilismo ante la burguesía y el reformismo burgués. ¡Buena crítica, en verdad!
__*_*_*__Kautsky inicia su "análisis económico" de la industria con el magnífico razonamiento que sigue:
Rusia tiene una gran industria capitalista. ¿Sería factible montar con ella la producción socialista? "Podría pensarse así si el socialismo consistiera en que los obreros de las distintas minas y fábricas las toman en propiedad" (literalmente: se las apropian) "llevando a cabo la producción en cada una de ellas por separado" (pág. 52). "Precisamente hoy, el 5 de agosto, fecha en que escribo estas líneas ---añade Kautsky---, llegan de Moscú noticias sobre un discurso pronunciado por Lenin el 2 de agosto y en el cual, según comunican, ha dicho: "Los obreros tienen firmemente las fábricas en sus manos; los campesinos no devolverán la tierra a los terratenientes.'' El lema de "la fábrica para los obreros, la tierra para los campesinos, no ha sido hasta ahora un lema socialdemócrata, sino anarcosindicalista" (págs. 52--53).
Hemos citado por entero este razonamiento para que los obreros rusos, que estimaban antes a Kautsky, y con razón, vean por sí mismos cómo procede este tránsfuga que se ha pasado a la burguesía.
¡Quién se lo iba a imaginar! El 5 de agosto, cuando existía ya un sinnúmero de decretos sobre la nacionalización de las fábricas en Rusia, no "apropiándose'', además, los obreros, de ninguna de ellas, puesto que todas pasaron a ser propiedad de la república, el 5 de agosto, Kautsky, interpretando con manifiesta superchería una frase de un discurso mío, trata de imbuir a los lectores alemanes la idea de que ¡en Rusia se entregan las fábricas a los obreros de cada empresa! ¡Y después, en decenas y decenas de renglones, repite machacón eso de que las fábricas no deben entregarse por separado a los obreros!
Esto no es crítica, sino un procedimiento de lacayo de la burguesía, al que los capitalistas pagan para que calumnie a la revolución obrera.
137Las fábricas tienen que pasar a manos del Estado, de las comunidades o de las cooperativas de consumo, repite una y otra vez Kautsky, y por fin añade:
``Este es el camino que se ha intentado emprender ahora en Rusia" ...¡¡Ahora!! ¿Qué quiere decir esto? ;En agosto? Pero ¿no pudo encargar Kautsky a sus Shtein, Axelrod o demás amigos de la burguesía rusa que le tradujeran siquiera algún decreto sobre las fábricas?
``...No se ve .lún hasta dónde se ha llegado en este sentido. Kn todo (aso, este aspecto de la República Soviétic a presenta pata nosotros el máximo intei es, pero sigue enteramente en las tiniehlas. No faltan decretos...'' (¡Por eso no quiere ver Kautskv su contenido o lo oculta a sus lectores!) "pero fakan noticias fidedignas sohre el efecto de i una estadística completa, iética no ha podido crearla, no contradictorio, y re tales decreto; detallada, seg . I.a producción socialista es impos lira y rápida. Hasta ahora, la República = So^^1^^ nos de sus medidas económicas es en extre imposible comprobarlo. I'.sto es también uno de los resi enta ni de palabra...'' (pág. aplastamiento de la democracia. No hay libertad de imp 53).
¡Así se escribe la historia! En la ``libre'' prensa de los capitalistas y los partidarios de Dútov hubiera encontrado Kautsky datos sobre las fábricas que han pasado a manos de los obreros... ¡Es en verdad magnífico este "serio erudito" que se coloca por encima cíe las clases! Kautsky no quiere ni rozar siquiera ninguno de los innumerables hechos demostrativos de que las fábricas se entregan únicamente a la República, de que de ellas dispone un órgano del Poder soviético, el Consejo Superior de Economía National, compuesto principalmente por delegados de los sindicatos obreros. Con el necio empecinamiento del hombre enfundado repite a porfía: que rne den una democracia pacífica, sin güeña civil, sin dictadura, con buenas estadísticas (la República Soviética ha creado un departamento deestadística, llevando a él a los elementos más competentes de Rusia, pero claro que una estadística ideal no puede conseguirse en seguida). En pocas palabras: lo que pretende Kautsky es revolución sin revolución, sin lucha enconada, sin violencias. Es como pedir huelgas sin apasionada lucha entre obreros y patronos. ¡A ver quién distingue entre semejante ``socialista'' y un adocenado burócrata liberal!
Y basándose en semejantes ``datos'', es decir, rehuyendo intencionadamente, con pleno desprecio, los numerosísimos hechos, Kautsky ``concluye'':
138``I'.s dudoso que. en lo c|uc se relíele a verdaderas conquistas practicas, v no a decretos, basa conseguido e! proletariado ruso con la República Soviética más de lo que. hubiese obtenido de la Asamblea ('.onstituvcnte. en la cual, lo mismo que en los Sov icts, pt c clonun.tlian los social islas, aunque de un mal i/ distinto" (pág. .><S).
¿Verdad que es una joya? Aconsejamos a los partidarios de Kautsky que difundan ampliamente entre los obreros rusos estas palabras, porque Kautsky no podía haber dado mejor prueba acreditativa de su caída política. ¡Kerenski era también ``socialista'', camaradas obreros, sólo que "de un matiz distinto"! ¡El historiador Kautsky se contenta con un nombre, con un calificativo del que se ``apropiaron'' los eseristas de derecha y los mencheviques! Pero el historiador Kautsky no quiere ni oír hablar de los hechos demostrativos de que, bajo Kerenski, mencheviques y eseristas de derecha apoyaban la política imperialista y el pillaje de la burguesía, y silencia discreto que la Asamblea Constituyente daba la mayoría a esos campeones de la guerra imperialista y de la dictadura burguesa. ¡Y esto se llama "análisis económico"!...
Para terminar, otra muestra de "análisis económico":
``...A los nueve meses de existencia, en lugar de haber extendido el bienestar general, la República Soviética se ve obligada a explicar a qué se debe la miseria general" (pág. 41).
Los democonstitucionalistas nos tienen acostumbrados a semejantes razonamientos. Todos los lacayos de la burguesía razonan en Rusia así: Dadnos a los nueve meses el bienestar general; después de cuatro años de guerra destructora, con una ayuda múltiple del capital extranjero a la burguesía de Rusia, para que ésta siga el sabotaje y las insurrecciones. En la práctica no queda lo que se dice ninguna diferencia, ni asomo de diferencia entre Kautsky y el burgués contrarrevolucionario. Melifluos discursos disfrazados de ``socialismo'' que repiten lo que brutalmente, sin ambages ni adornos, dicen en Rusia los secuaces de Kornílov, de Dútov y Krasnov.
__*_*_*__Las líneas que preceden fueron escritas el 9 de noviembre de 1918. Esta madrugada han llegado de Alemania noticias que anuncian el comienzo victorioso de la revolución, primero en Kiel y otras ciudades del Norte y del litoral, donde el poder ha pasado a los Soviets de diputados obreros y soldados, y luego en Berlín, donde también ha pasado el poder a manos de un Soviet.
Huelga la conclusión que me quedaba por escribir para el folleto sobre Kautsky y la revolución proletaria.
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10 de noviembre de 1918.
139 __ALPHA_LVL2__ Anexo I[[ ^^*^^FOOTNOTE SAYS: please see footnote... t. 2, p\'ags. 524--528. ... ]]
__ALPHA_LVL2__ Anexo IISólo después de haber leído el libro de Kautsky ha llegado a mis manos el de Vandervelde: El socialismo contra el Estado (París, 1918). Aun sin quererlo, se impone la comparación de ambos libros. Kautsky es el guía ideológico de la II Internacional (1889--1914). Vandervelde, su representante oficial, como presidente que es del Buró Socialista = Internacional^^70^^. Los dos simbolizan la plena bancarrota de la II Internacional, los dos encubren ``hábilmente'' con palabrejas marxistas, con toda la destreza de duchos periodistas, esa bancarrota, su propio fracaso y su paso al lado de la burguesía. Uno nos muestra con particular evidencia lo típico del oportunismo alemán que, pesado y teorizante, falsifica burdamente el marxismo, amputándole todo lo que la burguesía no puede aceptar. El segundo es una figura típica de la variedad latina---hasta cierto punto podría decirse euroccidental (es decir, de la Europa situada al oeste de Alemania)---del oportunismo dominante, variedad más flexible, menos pesada, que falsifica el marxismo de un modo más sutil, sirviéndose del mismo procedimiento esencial.
Los dos tergiversan de raíz tanto la doctrina de Marx sobre el Estado como la de la dictadura del proletariado, dedicándose Vandervelde más bien al primer problema, y Kautsky al segundo. Los dos velan el nexo estrechísimo e indisoluble que liga ambos problemas. Los dos son revolucionarios y marxistas de palabra, y renegados que hacen todo lo posible por desentenderse de la revolución _-_-_
^^*^^ Véasela presen te edición, t. ¿, págs. 524--528.(JV. delaEdit.)
140 en la práctica. Ni uno ni otro tienen ni sombra de lo que impregna todas las obras de Marx y Engels, de lo que distingue al socialismo verdadero de su caricatura burguesa: el aclarar las tareas de la revolución, diferenciándolas de las tareas de la reforma, diferenciando la táctica revolucionaria de la táctica reformista, diferenciando el papel del proletariado en la destrucción del sistema, orden de cosas o régimen de la esclavitud asalariada, del papel del proletariado de las ``grandes'' potencias que comparte con la burguesía una pequeña porción de sus superganancias y superbotín imperialistas.Veamos unos cuantos argumentos de los más esenciales de Vandervelde para respaldar e¡ aserto.
Vandervelde cita a Marx y Engels con extraordinario celo, como Kautsky. Y como Kautsky, cita de Marx y Engels todo lo que se quiera menos lo que la burguesía en modo alguno puede aceptar, lo que distingue al revolucionario del reformista. Todo lo que se quiera de la conquista del poder político por el proletariado, porque eso lo ha circunscrito ya la práctica a un marco exclusivamente parlamentario. Pero ni una palabra de que Marx y Engels, después de la experiencia de la Comuna, creyeron necesario completar el Manifiesto Comunista, parcialmente anticuado, explicando una verdad: ¡la clase obrera no puede adueñarse simplemente de la máquina estatal existente, tiene que destruirlal Vandervelde, lo mismo que Kautsky, como si se hubieran puesto de acuerdo, guarda completo silencio acerca de lo más esencial de la experiencia de la revolución proletaria, lo que distingue a la revolución del proletariado de las reformas de la burguesía.
Lo mismo que Kautsky, Vandervelde habla de la dictadura del proletariado para desentenderse de ella. Kautsky lo hace, valiéndose de burdas falsificaciones. Vandervelde hace lo mismo con más sutilidad. En el apartado respectivo, el 4, La conquista del poder político por el proletariado, dedica el punto ``b'' al problema de la "dictadura colectiva del proletariado'', ``cita'' a Marx y Engels (repito que omitiendo lo más importante, lo que se refiere a la destrucción de la vieja máquina estatal democrática burguesa) y concluye:
141``...Tal es, en efecto, la idea que suele tenerse de la revolución social en los medios socialistas: una nueva Comuna, esta vez triunfante no en un punto, sino en los principales centros del mundo capitalista.
``Hipótesis, pero hipótesis que lio tiene nada de improbable en estos tiempos :!! que se ve ya que la posguerra conocerá en muchos países antagonismos de las lases y convulsiones sociales jamás vistos.
``Sólo que, si el fracaso de la Comuna de París, por no hablar de las lilicultades de la revolución rusa, demuestra algo, es que no se puede acabar con el égimen capitalista mientras el proletariado no se prepara lo suficiente para ejercer I poder que las c nx unstaiu ias hayan podido poner en sus manos" (pág. 73).
¡Y ni una palabra más sobre el fondo del asunto! ¡Así son los jefes y representantes de la II Internacional! En 1912 suscriben el Manifiesto de Basilea, en el que hablan francamente de la relación que guardan la guerra que estalló en 1914 y la revolución proletaria y amenazan abiertamente con ésta. Pero cuando la guerra llegó, y se dio una situación revolucionaria, esos Kautsky y Vandervelde empezaron a desentenderse de la revolución. Fíjense bien: ¡la revolución del tipo de la Comuna no es más que una hipótesis que no tiene nada de improbable! Esto guarda una analogía completa con el razonamiento de Kautsky sobre el posible papel de los Soviets en Europa.
Pero así razona cualquier liberal culto, que, indudablemente, admitirá ahora que una nueva Comuna "no tiene nada de improbable'', que los Soviets tienen reservado un gran papel, etc. El revolucionario proletario se distingue del liberal en que, como teórico, analiza el nuevo valor estatal de la Comuna y de los Soviets. Vandervelde calla todo lo que sobre este tema exponen detenidamente Marx y Engels al analizar la experiencia de la Comuna.
Como práctico, como político, un marxista debería aclarar que sólo traidores al socialismo podrían actualmente eludir el explicar que es imprescindible la revolución proletaria (del tipo de la Comuna, del tipo de los Soviets o, supongamos, de un tercer tipo), que es imprescindible prepararse para ella, hacer entre las masas propaganda para la revolución, rebatir los prejuicios pequeñoburgueses contra ella, etc.
Nada parecido hacen ni Kautsky ni Vandervelde, puesto que son traidores al socialismo que quieren conservar entre los obreros su reputación de socialistas y marxistas.
Veamos cómo se plantea teóricamente el problema.
Incluso en la república democrática, el Estado no es más que una máquina para la opresión de una clase por otra. Kautsky sabe esta verdad, la admite, la comparte, pero... elude el problema más esencial: a qué clase, por qué y con qué medios tiene que someter el proletariado cuando conquiste el Estado proletario.
Vandervelde sabe, admite, comparte y cita esta tesis fundamental del marxismo (pág. 72 de su libro), pero... ¡¡pero no dice ni una palabra de un tema tan ``desagradable'' (para los señores capitalistas) como es el aplastamiento de la resistencia de los explotadores!!
Vandervelde, lo mismo que Kautsky, elude totalmente este tema ``desagradable''. Por ello son renegados.
Lo mismo que Kautsky, Vandervelde es gran maestro en el arte de sustituir la dialéctica con el eclecticismo. Por una parte, no se puede menos de confesar, por otra, hay que reconocer. De una parte, puede entenderse por Estado el "conjunto de una nación"
142 (véase el diccionario de Littré, obra sabia, ni que decir tiene, pág. 87 en Vandervelde); de otra parte, puede entenderse por Estado el ``gobierno'' (ibídem). Vandervelde copia este docto tópico, aprobándolo, junto a citas de Marx.El sentido marxista de la palabra ``Estado'' se diferencia del corriente---escribe Vandervelde---; por ello son posibles los " malentendidos''. "El Estado, en Marx y Engels, no es Estado en sentido amplio, no es el Estado como órgano de gobierno, representante de los intereses generales de la sociedad (intéréts généraux de la société). Es el Estado poder, el Estado órgano de autoridad, el Estado instrumento de la dominación de una clase sobre otra" (págs. 75--76 en Vandervelde).
De la destrucción del Estado hablan Marx y Engels tan sólo en el segundo sentido. "...Afirmaciones demasiado absolutas correrían el riesgo de ser inexactas. Entre el Estado capitalista, fundado en la dominación exclusiva de una clase, y el Estado proletario, que persigue la supresión de las clases, hay muchos grados intermedios" (pág. 156).
Ahí tenéis la ``manera'' de Vandervelde, que apenas si se distingue de la de Kautsky y que en realidad es idéntica a ella. La dialéctica niega las verdades absolutas, explicando cómo de un contrario se pasa a otro y el significado de las crisis en la historia. El ecléctico no quiere afirmaciones "demasiado absolutas" para pasar de contrabando su deseo pequeñoburgués y filisteo de sustituir la revolución por los "grados intermedios".
Los Kautsky y los Vandervelde silencian que el grado intermedio entre el Estado órgano de dominación de la clase capitalista y el Estado órgano de dominación del proletariado es precisamente la revolución, la cual consiste en derribara la burguesía y romper, destruir su máquina estatal.
Los Kautsky y los Vandervelde ocultan que a la dictadura de la burguesía tiene que suceder la dictadura de una clase, del proletariado, que a los "grados intermedios" de la revolución sucederán "los grados intermedios" de la extinción paulatina del Estado proletario.
Por ello son renegados políticos.
En esto estriba, en los aspectos teórico y filosófico, la sustitución de la dialéctica por el eclecticismo y la sofistería. La dialéctica es concreta y revolucionaria, distingue el ``tránsito'' de la dictadura de una clase a la de otra clase del ``tránsito'' del Estado proletario democrático al no Estado ``(extinción del Estado''). ¡El eclecticismo y la sofistería de los Kautsky y Vandervelde borran, para complacer a la burguesía, todo lo concreto y exacto de la lucha de las clases, sustituyéndolo por el concepto general de "tránsito'', en el que 143 puede esconderse (y en el que las nueve décimas partes de los socialdemócratas oficiales de nuestra época esconden) la apostasía de la revolución!
Vandervelde, como ecléctico y sofista, tiene más arte y más sutileza que Kautsky, porque con la frase "transición del Estado en sentido estricto al Estado en sentido amplio" pueden eludirse absolutamente todos los problemas de la revolución, toda diferencia entre revolución y reforma, incluso la diferencia entre un marxista y un liberal. En efecto, ¿a qué burgués culto de Europa se le ocurrirá negar "en general" los "grados intermedios" en este sentido ``general''?
``Coincidimos con Guesde---escribe' Vandervelde---en que es imposible socializarlos medios de producción y cambio sin que se hayan cumplido previamente las dos condiciones siguientes:
``1. La transformación del Estado actual, órgano de dominación de una clase sobre otra, en lo que Menger llama Estado popular del trabajo, mediante la conquista del poder político por el proletariado.
``2. I.a separación def Estado, órgano de autoridad, del Estado, órgano de gobierno, o, empleando la expresión de Saint-Simon, la separación del gobierno de los hombres de la administración de las cosas" (pág. 89).
Eso lo escribe Vandervelde con cursiva, subrayando especialmente la importancia de tales planteamientos. ¡Pero eso no es sino el más puro embrollo ecléctico, una ruptura completa con el marxismo! Porque el "Estado popular del trabajo" no es más que una paráfrasis del viejo "Estado popular libre" de que hacían gala los socialdemócratas alemanes en los años 70 y que Engels condenaba como = un absurdo^^71^^. La expresión "Estado popular del trabajo" es una frase digna de un demócrata pequeñoburgués (por el estilo de nuestros eseristas de izquierda), una frase que sustituye los conceptos de clase con conceptos al margen de las clases. Vandervelde equipara la conquista del poder político por el proletariado (por una clase) y el Estado ``popular'', sin ver la confusión que de ello resulta. A Kautsky, con su "democracia pura'', le resulta la misma confusión, el mismo desconocimiento antirrevolucionario y pequeñoburgués de las tareas de la revolución de clase, de la dictadura de clase, proletaria, del Estado de clase (proletario).
Prosigamos. El gobierno de los hombres desaparecerá y dará paso a la administración de las cosas tan sólo cuando se haya extinguido todo Estado. Con este porvenir relativamente lejano, Vandervelde vela, deja a oscuras, la tarea inmediata: el derrocamiento de la burguesía.
Este proceder es también servilismo ante la burguesía liberal. El liberal no tiene inconveniente en hablar de lo que sucederá cuando 144 no haya que gobernar a los hombres. ¿Por qué no dedicarse a tan inofensivos sueños? Pero no digamos nada de que el proletariado tiene que aplastar la resistencia de la burguesía, que se opone a su expropiación. Así lo exige el interés de clase de la burguesía.
El socialismo contra el Estado. Esto es una reverencia de Vandervelde al proletariado. No es difícil inclinarse para saludar, todo político ``demócrata'' sabe inclinarse ante sus electores. Pero tras la ``reverencia'' viene el contenido antirrevolucionario y antiproletario.
Vandervclde refiere con pormenores a = Ostrogorski^^72^^, acerca del sinfín de engaños, violencias, sobornos, mentiras, hipocresías y opresión de los pobres que enmascara el rostro civilizado, pulcro y peripuesto de l.i democracia burguesa contemporánea. Pero de ello no saca consri uencia alguna, no advierte que la democracia burguesa aplasta a las masas trabajadoras y explotadas, mientras que la democracia proletaria tendrá que aplastar a la burguesía. Kautsky y Vandervelde están ciegos ante ello. El interés de clase de la burguesía, a la que siguen estos pequeñoburgueses traidores al marxismo, exige que se eluda este problema, que se calle o se niegue francamente la necesidad de tal sometimiento.
Eclecticismo pequeñoburgués contra marxismo, sofistería contra dialéctica, reformismo filisteo contra revolución proletaria. Así debería titularse el libro de Vandervelde.
[145] __ALPHA_LVL1__ I CONGRESO1. El desarrollo del movimiento revolucionario del proletariado en todos los países ha originado forcejeos convulsivos entre la burguesía y sus agentes en las organizaciones obreras para hallar argumentos ideológicos y políticos en defensa de la dominación de los explotadores. Entre esos argumentos se esgrime sobre todo la condena de la dictadura y la defensa de la democracia. La falsedad y la hipocresía de este argumento, repetido de mil maneras en la prensa capitalista y en la Conferencia de la Internacional amarilla = de Berna^^74^^, celebrada en febrero de 1919, son evidentes para todos los que no quieren hacer traición a los principios fundamentales del socialismo.
2. Ese argumento opera ante todo con los conceptos de "democracia en general" y "dictadura en general'', sin mencionar siquiera la clase de que se trata. Ese planteamiento del problema al margen de las clases o por encima de las clases, hecho presuntamente desde el punto de vista de todo el pueblo, es un escarnio directo de la teoría principal del socialismo, a saber, de la teoría de la lucha entre las clases, teoría que reconocen de palabra y olvidan en la práctica los socialistas que se han pasado al lado de la burguesía. Pues en ningún país capitalista civilizado existe "democracia en general'', sino únicamente democracia burguesa, y de lo que se trata no es de la "dictadura en general'', sino de la dictadura de la clase oprimida, es decir, del proletariado, sobre los opresores y los explotadores, es decir, sobre la burguesía, con el fin de vencer la resistencia que los explotadores oponen en la lucha por su dominación.
3. La historia enseña que ninguna clase oprimida llegó ni pudo llegar a dominar sin un período de dictadura, es decir, sin conquistar 146 el poder político y aplastar por la fuerza la resistencia más desesperada y más rabiosa que, sin detenerse ante ningún crimen, siempre han opuesto los explotadores. La burguesía, cuya dominación defienden hoy los socialistas, al impugnar la "dictadura en general" y desgañitarse abogando en pro de la "democracia en general'', conquistó el poder en los países adelantados mediante una serie de insurrecciones y guerras civiles, aplastando por la violencia a los reyes, a los señores feudales, a los esclavistas y sus tentativas de restauración. En sus libros y folletos, en las resoluciones de sus congresos y en sus discursos de agitación, los socialistas de todos los países han explicado miles y millones de veces al pueblo el carácter de clase de esas revoluciones burguesas, de esa dictadura burguesa. Por eso, la defensa encubierta que hoy hacen de la democracia burguesa con sus discursos sobre la "democracia en general" y los alaridos y voces que hoy lanzan contra la dictadura del proletariado, haciendo creer que van dirigidos contra la "dictadura en general'', son una franca traición al socialismo, el paso virtual al lado de la burguesía, la negación del derecho del proletariado a su revolución, a la revolución proletaria, la defensa del reformismo burgués en un período histórico en el que dicho reformismo ha fracasado en todo el mundo y en que la guerra ha creado una situación revolucionaria.
4. Al explicar el carácter de clase de la civilización burguesa, de la democracia burguesa, del parlamentarismo burgués, todos los socialistas han expresado la idea formulada con la máxima precisión científica por Marx y Engels cuando dijeron que la república burguesa, aun la más democrática, no es más que una máquina para la opresión de la clase obrera por la burguesía, de la masa de los trabajadores por un puñado de = capitalistas^^75^^. No hay ni un solo revolucionario, ni un solo marxista de los que hoy vociferan contra la dictadura y claman a favor de la democracia que no haya jurado y perjurado ante los obreros que reconoce esa máxima fundamental del socialismo; pero ahora, cuando el proletariado revolucionario empieza a agitarse y a ponerse en movimiento para destruir esa máquina de opresión y para conquistar la dictadura proletaria, esos traidores al socialismo presentan las cosas como si la burguesía hubiera ofrendado a los trabajadores la "democracia pura'', como si la burguesía hubiera renunciado a la resistencia y estuviese dispuesta a someterse a la mayoría de los trabajadores, como si en la república democrática no hubiera habido y no hubiese máquina estatal alguna para la opresión del trabajo por el capital.
5. La Comuna de París, honrada de palabra por cuantos se las dan de socialistas, porque saben que las masas obreras simpatizan con ella ardiente y sinceramente, mostró con particular evidencia el convencionalismo histórico y el valor limitado del parlamentarismo 147 burgués y de la democracia burguesa, instituciones progresistas en alto grado en comparación con el medievo, pero que exigen de manera indefectible un cambio radical en la época de la revolución proletaria. Precisamente Marx, que aquilató mejor que nadie la trascendencia histórica de la Comuna, mostró, al analizarla, el carácter explotador de la democracia burguesa y del parlamentarismo burgués, bajo los cuales las clases oprimidas obtienen el derecho a decidir una vez en varios años qué miembros de las clases poseedoras han de "representar y aplastar" (ver- una zertreterí) al pueblo en el = Parlamento^^76^^. Justamente ahora, cuando el movimiento soviético, que se extiende a todo el mundo, lleva adelante a la vista de todos la causa de la Comuna, los traidores al socialismo olvidan la experiencia concreta y las enseñanzas concretas de la Comuna de París, repitiendo la vieja cantilena burguesa de la "democracia en general''. La Comuna fue una institución no parlamentaria.
6. La importancia de la Comuna consiste, además, en que intentó destruir, demoler hasta los cimientos la máquina del Estado burgués, los cuerpos burocrático, judicial, militar y policíaco, sustituyéndolos con una autogestión de las masas obreras desconocedora de la división entre el poder legislativo y el ejecutivo. Todas las repúblicas democráticas burguesas contemporáneas, incluida la alemana, denominada por los traidores al socialismo, haciendo burla de la verdad, república proletaria, conservan esa máquina estatal. Por tanto, se confirma una y otra vez con toda evidencia que los gritos en defensa de la "democracia en general" son de hecho defensa de la burguesía y de sus privilegios de explotadora.
7. La "libertad de reunión" puede ser tomada como modelo de las reivindicaciones de la "democracia pura''. Todo obrero consciente que no haya roto con su clase comprenderá en seguida que sería absurdo prometer la libertad de reunión a los explotadores en un período y en una situación en que ellos se resisten a su derrocamiento y defienden sus privilegios. Ni en la Inglaterra de 1649 ni en la Francia de 1793 dio la burguesía, cuando era revolucionaria, "libertad de reunión" a los monárquicos y a los nobles, que llamaban en su ayuda a tropas extranjeras y "se reunían" para organizar intentonas de restauración. Si la burguesía de hoy, reaccionaria ya desde hace mucho tiempt), exige del proletariado que garantice de antemano la "libertad de reunión" para los explotadores, a despecho de la resistencia que los capitalistas opongan a su expropiación, los obreros no podrán sino reírse del fariseísmo de la burguesía.
Por otra parte, los obreros saben perfectamente que la "libertad de reunión" es, incluso en la república burguesa más democrática, una frase vacía, ya que los ricos tienen a su disposición todos los mejores locales públicos y privados, así como suficiente tiempo libre 148 para sus reuniones y la protección de éstas por las autoridades burguesas. Los proletarios de la ciudad y el campo, así como los pequeños campesinos, es decir, la mayoría gigantesca de la población, no cuentan ni con lo primero, ni con lo segundo, ni con lo tercero. Mientras las cosas marchen así, la ``igualdad'', es decir, la "democracia pura" es un engaño. Para conquistar la verdadera igualdad, para que haya democracia de verdad para los trabajadores es preciso quitar primero a los explotadores todos los locales públicos y sus lujosas mansiones, hay que dar primero asueto a los trabajadores, hace falta que la libertad de sus reuniones esté protegida por obreros armados, y no por señoritos de la nobleza ni hijos de capitalistas con graduación militar al mando de soldados embrutecidos.
Sólo después de tal cambio se podrá hablar de libertad de reunión e igualdad sin mofarse de los obreros, de los trabajadores, de los pobres. Pero ese cambio sólo puede realizarlo la vanguardia de los trabajadores, el proletariado, que derroca a los explotadores, a la burguesía.
8. La "libertad de imprenta" es asimismo una de las principales consignas de la "democracia pura''. Y de nuevo son los obreros quienes saben, y los socialistas de todos los países lo han reconocido millones de veces, que esa libertad será un engaño mientras las mejores imprentas y las mayores reservas de papel se hallen en manos de los capitalistas y mientras exista el poder del capital sobre la prensa, poder que se manifiesta en todo el mundo con tanta mayor claridad, nitidez y cinismo cuanto más desarrollados estén la democracia y el régimen republicano, como ocurre, por ejemplo, en Norteamérica. A fin de conquistar la igualdad efectiva y la verdadera democracia para los trabajadores, para los obreros y los campesinos, hay que quitar primero al capital la posibilidad de contratar a escritores, comprar editoriales y sobornar periódicos, y para ello es necesario derrocar el yugo del capital, derrocar a los explotadores y aplastar su resistencia. Los capitalistas siempre han llamado " libertad" a la libertad de lucro para los ricos, a la libertad de morirse de hambre para los obreros. Los capitalistas llaman libertad de imprenta a la libertad de soborno de la prensa por los ricos, a la libertad de utilizar la riqueza para fabricar y falsear la llamada opinión pública. Los defensores de la "democracia pura" vuelven a manifestarse prácticamente en este caso como defensores del más inmundo y venal sistema de dominio de los ricos sobre los medios de ilustración de las masas, resultan ser burladores del pueblo que lo distraen con frases plausibles, bellas y falsas de cabo a rabo de la histórica tarea concreta de librar a la prensa del yugo del capital. Libertad e igualdad verdaderas serán el orden de cosas que están instaurando 149 los comunistas, y en él será imposible enriquecerse a costa de otros, no habrá posibilidad objetiva de someter directa o indirectamente la prensa al poder del dinero, no habrá obstáculo para que cada trabajador (o grupo de trabajadores, sea cual fuere su número) posea y ejerza el derecho igual de utilizar las imprentas y el papel, que pertenecerán a la sociedad.
9. La historia de los siglos XIX y XX nos mostró ya antes de la guerra qué es de hecho la cacareada "democracia pura" bajo el capitalismo. Los marxistas han dicho siempre que cuanto más desarrollada y más ``pura'' es la democracia, tanto más descubierta, enconada e implacable se hace la lucha de las clases, con tanta mayor ``pureza'' oprimen el yugo del capital y la dictadura de la burguesía. El caso Dreyfus en la Francia republicana, las sangrientas represalias de los destacamentos mercenarios, armados por los capitalistas, contra los huelguistas en la libre y democrática república de Norteamérica son hechos que, como miles de otros análogos, exhiben la verdad que la burguesía trata en vano de ocultar, o sea, que en las repúblicas más democráticas imperan en la práctica el terror y la dictadura de la burguesía, que se manifiestan abiertamente toda vez que a los explotadores empieza a parecerles ver tambalearse el poder del capital.
10. La guerra imperialista de 1914--1918 ha revelado definitivamente hasta a los obreros atrasados el verdadero carácter de la democracia burguesa, que es, hasta en las repúblicas más libres, una dictadura de la burguesía. En aras del enriquecimiento del grupo alemán o inglés de millonarios y multimillonarios perecieron decenas de millones de hombres, y en las repúblicas más libres se instauró la dictadura militar de la burguesía. Esta dictadura militar sigue en pie en los países de la Entente incluso después de la derrota de Alemania. Precisamente la guerra es lo que más ha abierto los ojos a los trabajadores, ha arrancado las falsas flores a la democracia burguesa y ha mostrado al pueblo cuan hondo ha sido el abismo de la especulación y el lucro durante la guerra y con motivo de la guerra. La burguesía hizo esa guerra en nombre de "la libertad y la igualdad'', y en el mismo nombre de "la libertad y la igualdad" han amasado riquezas inauditas los mercaderes de la guerra. Ningún esfuerzo de la Internacional amarilla de Berna podrá ocultar a las masas el carácter explotador, hoy definitivamente desenmascarado, de la libertad burguesa, de la igualdad burguesa, de la democracia burguesa.
11. En Alemania, el país capitalista más desarrollado del continente europeo, los primeros meses de plena libertad republicana, traída por la derrota de la Alemania imperialista, han mostrado a los obreros alemanes y a todo el mundo cuál es la verdadera esencia 150 de clase de la república democrática burguesa. El asesinato de Carlos Liebknecht y Rosa Luxemburgo es un acontecimiento de importancia histórica mundial no sólo porque han perecido trágicamente los dos jefes mejores y brillantísimas personalidades de la Internacional Comunista, Internacional verdaderamente proletaria, sino también porque se ha descubierto hasta el fin la esencia de clase de un Estado adelantado de Europa, de un Estado---puede afirmarse sin temor a exagerar---adelantado a escala mundial. El hecho de que unos detenidos, es decir, gente que el poder del Estado toma bajo su custodia, hayan podido ser asesinados impunemente por militares y capitalistas, siendo el gobierno de los socialpatriotas, tiene por consecuencia que la república democrática en que ha sido posible tal cosa es una dictadura de la burguesía. La gente que expresa su indignación por el asesinato de Carlos Liebknecht y Rosa Luxemburgo, pero no comprende esa verdad, descubre con ello su torpeza o su hipocresía. La ``libertad'' en una de las repúblicas más libres y adelantadas del mundo, en la república alemana, es la libertad de asesinar impunemente a los jefes del proletariado detenidos. Y no puede ser de otro modo mientras subsista el capitalismo, pues el desarrollo de la democracia no embota, sino que agudiza la lucha de las clases, la cual ha alcanzado, en virtud de todos los resultados e influjos de la guerra y sus consecuencias, el punto de ebullición.
Hoy se deporta, persigue y encarcela a los bolcheviques en todo el mundo, como ha ocurrido en Suiza, una de las repúblicas burguesas más libres, en Norteamérica, donde se organizan pogromos contra ellos, etc. Desde el punto de vista de la "democracia en general" o de la "democracia pura'', es verdaderamente ridículo que países adelantados, civilizados, democráticos, armados hasta los dientes, teman la presencia en ellos de un puñado de personas de la atrasada, hambrienta y arruinada Rusia, tildada de salvaje, criminal, etc. en las decenas de millones de ejemplares de los periódicos burgueses. Está claro que la situación social que ha podido dar lugar a tan flagrante contradicción es, de hecho, la dictadura de la burguesía.
12. Con tal estado de cosas, la dictadura del proletariado es no sólo legítima por completo como medio para derrocar a los explotadores y aplastar su resistencia, sino también absolutamente necesaria para toda la masa trabajadora como única defensa contra la dictadura de la burguesía, que ha llevado a la guerra y está gestando nuevas contiendas.
Lo principal que no comprenden los socialistas y constituye su miopía teórica, su cautiverio de los prejuicios burgueses y su traición política al proletariado es que, en la sociedad capitalista, cuando la lucha de clases implícita en ella se encona de manera algo seria, no puede haber por medio nada que no sea la dictadura de la burguesía 151 o la dictadura del proletariado. Todo sueño en una tercera solución es un reaccionario gimoteo de pequeño burgués. Así lo evidencian tanto la experiencia de más de cien años de desarrollo de la democracia burguesa y del movimiento obrero en todos los países adelantados como, particularmente, la experiencia del último lustro. Así lo testifica también toda la ciencia de la economía política, todo el contenido del marxismo, que pone en claro la indefectibilidad económica de la dictadura de la burguesía en toda economía mercantil, dictadura que nadie puede sustituir excepto la clase que está siendo desarrollada, multiplicada, agrupada y fortalecida por el propio desarrollo del capitalismo, es decir, la clase de los proletarios.
13. Otro error teórico y político de los socialistas consiste en que no comprenden que las formas de la democracia han ido cambiando inevitablemente en el transcurso de los milenios, empezando por sus gérmenes en la antigüedad, a medida que una clase dominante iba siendo sustituida por otra. En las antiguas repúblicas de Grecia, en las ciudades del medievo, en los países capitalistas adelantados la democracia presenta distintas formas y se aplica en grado distinto. Sería una solemne necedad creer que la revolución más profunda de la historia de la humanidad, el paso del poder de manos de la minoría explotadora a manos de la mayoría explotada---paso que se registra por primera vez en el mundo---puede producirse en el viejo marco de la vieja democracia burguesa, parlamentaria, sin los cambios más radicales, sin crear nuevas formas de democracia, nuevas instituciones que materialicen las nuevas condiciones de su aplicación, etc.
14. Lo que tiene de común la dictadura del proletariado con la dictadura de las otras clases es que está motivada, como cualquier otra dictadura, por la necesidad de aplastar a viva fuerza la resistencia de la clase que pierde la dominación política. La diferencia radical entre la dictadura del proletariado y la dictadura de las otras clases---la dictadura de los terratenientes en la Edad Media, la dictadura de la burguesía en todos los países capitalistas civilizados---consiste en que la dictadura de los terratenientes y la burguesía ha sido el aplastamiento por la violencia de la resistencia de la inmensa mayoría de la población, concretamente de los trabajadores. La dictadura del proletariado, por el contrario, es el aplastamiento por la violencia de la resistencia que ofrecen los explotadores, es decir, la minoría ínfima de la población, los terratenientes y los capitalistas.
De ahí dimana, a su vez, que la dictadura del proletariado no sólo debía acarrear inevitablemente un cambio de las formas y las instituciones de la democracia, hablando en general, sino precisamente un cambio que diese una extensión aún no vista en el mundo 152 al goce efectivo de la democracia por los hombres que el capitalismo oprimiera, por las clases trabajadoras.
En efecto, esa forma de la dictadura del proletariado que ha sido forjada ya en la práctica---el Poder soviético en Rusia, el Rnte-System en Alemania, los Shop Stewards = Committees^^77^^ y otras instituciones análogas a los Soviets en otros países---significa y es precisamente para las clases trabajadoras, o sea, para la inmensa mayoría de la población, una posibilidad efectiva, real, de gozar de las libertades y los derechos democráticos, posibilidad que nunca existió, ni siquiera aproximadamente, en las repúblicas burguesas mejores y más democráticas.
La esencia del Poder soviético consiste en que la base permanente y única de toda la potestad, de toda la máquina del Estado es la organización masiva precisamente de las clases oprimidas antes por el capitalismo, es decir, de los obreros y los semiproletarios (los campesinos que no explotan trabajo ajeno y que recurren constantemente a la venta, aunque sólo sea en parte, de su fuerza de trabajo). Precisamente las masas que, aun siendo iguales en derechos ante la ley, hasta en las repúblicas burguesas más democráticas, se han visto apartadas, en realidad, por medio de mil procedimientos y artimañas, de la participación en la vida política y del goce de los derechos y libertades democráticos, son hoy las que tienen necesariamente una participación constante y, además, decisiva en la dirección democrática del Estado.
15. La igualdad de los ciudadanos, independientemente de su sexo, religión, raza y nacionalidad, que la democracia burguesa ha" prometido siempre y en todas partes, pero que no ha dado en ningún sitio ni ha podido dar, debido a la dominación del capitalismo, la otorga en el acto y por completo el Poder soviético, o sea, la dictadura del proletariado, pues eso puede hacerlo únicamente el poder de los obreros, que no están interesados en la propiedad privada de los medios de producción ni en la lucha por repartirlos una y otra vez.
16. La vieja democracia, es decir, la democracia burguesa, y el parlamentarismo estaban organizados de manera que fueran precisamente las masas trabajadoras las que se vieran más apartadas que nadie del gobierno. El Poder soviético, es decir, la dictadura del proletariado, está, por el contrario, organizada de manera que aproxima las masas trabajadoras al gobierno. El mismo fin persigue la unión del poder legislativo y el poder ejecutivo en la organización soviética del Estado y la sustitución de las circunscripciones electorales territoriales por las entidades de producción, como son las fábricas.
17. El ejército ha sido un cuerpo de opresión no sólo en las 153 monarquías. Sigue siendo lo mismo en todas las repúblicas burguesas, incluso en las más democráticas. Sólo el Poder soviético, organización estatal permanente de las mismas clases oprimidas antes por el capitalismo, está en condiciones de acabar con la subordinación del ejército al mando burgués y de fundir en realidad al proletariado con el ejército, de llevar efectivamente a cabo el armamento del proletariado y el desarme de la burguesía, sin lo que es imposible la victoria del socialismo.
18. La organización soviética del Estado está adaptada al papel dirigente del proletariado, la clase más concentrada e ilustrada por el capitalismo. La experiencia de todas las revoluciones y de todos los movimientos de las clases oprimidas, así como la experiencia del movimiento socialista mundial, nos enseñan que sólo el proletariado es capaz de reunir y llevar en pos de sí a los sectores dispersos y atrasados de la población.trabajadora y explotada.
19. Sólo la organización soviética del Estado puede en realidad demoler de golpe y destruir definitivamente la vieja máquina, es decir, la máquina burocrática y judicial burguesa que se ha mantenido y debía inevitablemente mantenerse bajo el capitalismo, incluso en las repúblicas más democráticas, siendo, en efecto, la mayor traba que se podía poner a la democracia para los obreros y los trabajadores. La Comuna de París dio el primer paso de importancia histórica mundial por ese camino; y el Poder soviético, el segundo.
20. La destrucción del poder del Estado es un fin que se plantearon todos los socialistas, entre ellos, y a la cabeza de ellos, Marx. La verdadera democracia, es decir, la igualdad y la libertad, es irrealizable si no se alcanza ese fin. Pero a él sólo lleva prácticamente la democracia soviética, o proletaria, pues, al hacer que las organizaciones de masas de los trabajadores participen con carácter permanente e ineludible en la gestión pública, empieza a preparar en seguida la extinción completa de todo Estado.
21. La bancarrota absoluta de los socialistas que se han reunido en Berna, su absoluta incomprensión de la nueva democracia, es decir, de la democracia proletaria, se ve sobre todo en lo que sigue. El 10 de febrero de 1919, Branting clausuró en Berna la Conferencia de la Internacional amarilla. El 11 de febrero del mismo año, = Die Freiheit^^78^^, periódico que editan en Berlín los adeptos de dicha Internacional, publicó un llamamiento del partido de los " independientes" 7fl al proletariado. En este llamamiento se reconoce el carácter burgués del gobierno Scheidemann, se reprocha a éste el deseo de anular los Soviets, a los que se llama Trager una Schützer der Revolution---portadores y defensores de la revolución---y se propone legalizar los Soviets, concederles derechos estatales y el de 154 suspender las decisiones de la Asamblea nacional, sometiendo los asuntos públicos a votación de todo el pueblo.
Esa propuesta es la plena bancarrota ideológica de los teóricos que defendían la democracia y no comprendían su carácter burgués. La ridicula tentativa de unir el sistema de los Soviets, es decir, la dictadura del proletariado, con la Asamblea Nacional, o sea, la dictadura de la burguesía, desenmascara por completo la indigencia mental de los socialistas y los socialdemócratas amarillos, su carácter político reaccionario, propio de pequeños burgueses, y sus cobardes concesiones a la fuerza, en crecimiento incontenible, de la nueva democracia, de la democracia proletaria.
22. Al condenar el bolchevismo, la mayoría de la Internacional amarilla de Berna, que no se ha atrevido a votar formalmente la correspondiente resolución por miedo a las masas obreras, ha procedido con acierto desde el punto de vista de clase. Precisamente esta mayoría se solidariza por entero con los mencheviques y los socialistas-revolucionarios rusos y con los Scheidemann en Alemania. Cuando los mencheviques y los socialistas-revolucionarios rusos se quejan de que los bolcheviques los persiguen, intentan ocultar que eso ocurre porque participan en la guerra civil al lado de la burguesía, contra el proletariado. De la misma manera, los Scheidemann y su partido han demostrado ya en Alemania que participan lo mismo en la guerra civil al lado de la burguesía, contra los obreros.
Es completamente natural, por ello, que la mayoría de los hombres de la Internacional amarilla de Berna se haya pronunciado en pro de condenar a los bolcheviques. Eso no ha sido una defensa de la "democracia pura'', sino la autodefensa de gentes que saben y perciben que en la guerra civil están al lado de la burguesía, en contra del proletariado.
Por eso, desde el punto de vista de clase, no puede menos de tenerse por acertada la decisión de la mayoría de la Internacional amarilla. El proletariado debe mirar sin temor cara a cara a la verdad y sacar de ello todas las conclusiones políticas pertinentes.
Camaradas, quisiera añadir algo más a los dos últimos puntos. Creo que los camaradas que deben informarnos de la Conferencia de Berna nos hablarán de ello con mayor detalle.
En toda la Conferencia de Berna no se ha dicho ni una sola palabra sobre la importancia del Poder soviético. En Rusia llevamos ya dos años discutiendo esta cuestión. En la conferencia del partido, celebrada en abril de 1917, planteamos ya en teoría y en política la cuestión "¿Qué es el Poder soviético, cuál es su contenido, en qué consiste su importancia histórica?" Llevamos casi dos años 155 discutiendo esta cuestión, y en el congreso de nuestro partido hemos adoptado una resolución sobre = ello^^80^^.
El Freiheit berlinés publicó el 11 de febrero un llamamiento al proletariado alemán, firmado no sólo por los líderes de los socialdemócratas independientes de Alemania, sino también por todos los miembros de su minoría parlamentaria. En agosto de 1918, el mayor teórico de dichos independientes, Kautsky, declaró en su folleto La dictadura del proletariado que era partidario de la democracia y de los organismos soviéticos, pero que los Soviets debían tener únicamente un carácter de gestión económica y en modo alguno debían reconocerse como organizaciones estatales. Kautsky repite lo mismo en los números de Freiheit del 11 de noviembre y del 12 de enero. El 9 de febrero apareció un artículo de Rodolfo Hilferding, también considerado gran autoridad teórica de la II Internacional. Hilferding propone unir el sistema de los Soviets con la Asamblea Nacional por vía jurídica, mediante la legislación del Estado. Eso ocurrió el 9 de febrero. El 11 del mismo mes, dicha propuesta fue aceptada por todo el partido de los independientes y publicada en forma de llamamiento.
A pesar de que la Asamblea Nacional existe ya, incluso después de que la "democracia pura" es ya un hecho y de que los mayores teóricos de los socialdemócratas independientes han declarado que las organizaciones soviéticas no deben ser organizaciones estatales, a pesar de todo eso ¡vuelven a vacilar! Ello demuestra que, en realidad, esos señores no han comprendido nada del nuevo movimiento ni de las condiciones de su lucha. Demuestra otra cosa, además: que debe haber condiciones, causas que motiven esa vacilación. Después de todos esos acontecimientos, después de casi dos años de revolución triunfante en Rusia, cuando se nos ofrecen resoluciones como las adoptadas en la Conferencia de Berna, en las que no se dice nada de los Soviets ni de su importancia; cuando vemos que en esa conferencia ningún delegado ha dicho siquiera una palabra sobre el particular en sus discursos, podemos afirmar con sobrada razón que, como socialistas y como teóricos, todos esos señores han muerto para nosotros.
Pero, en la práctica, desde el punto de vista de la política, eso es, camaradas, una demostración de que entre las masas se está produciendo un gran cambio, pues, de otro modo, esos independientes, que estaban en teoría y por principio contra estas organizaciones estatales, no hubieran propuesto de buenas a primeras una necedad como eso de unir ``pacíficamente'' la Asamblea Nacional con el sistema de los Soviets, es decir, unir la dictadura de la burguesía con la dictadura del proletariado. Somos testigos de que todos ellos están en bancarrota como socialistas y 156 como teóricos y del enorme cambio que se está produciendo en las masas. ¡Las masas atrasadas del proletariado alemán se acercan a nosotros, se han venido con nosotros! Por tanto, la importancia del Partido Socialdemócrata Independiente de Alemania, lo mejor de la Conferencia de Berna, es, desde el punto de vista de la teoría y del socialismo, igual a cero; sin embargo, continúa teniendo cierta importancia, y consiste ésta en que esos elementos vacilantes nos sirven de indicador del estado de ánimo de los sectores atrasados del proletariado. En ello reside, a mi entender, la grandísima importancia histórica de esa conferencia. Nosotros hemos visto algo parecido en nuestra revolución. Nuestros mencheviques recorrieron casi exactamente el mismo camino de desarrollo que los teóricos de los independientes en Alemania. Al principio, cuando tenían la mayoría en los Soviets, se pronunciaban por éstos. Entonces sólo se oían gritos de "¡Vivan los Soviets!'', "¡Por los Soviets!'', "¡Los Soviets son la democracia revolucionaria!" Cuando los bolcheviques conquistamos la mayoría en los Soviets, ellos entonaron otras coplas, diciendo que los Soviets no debían existir paralelamente a la Asamblea Constituyente; y distintos teóricos mencheviques hacían propuestas casi idénticas, como la de unir el sistema de los Soviets con la Asamblea Constituyente e incluirlos en la organización estatal. Esto evidencia una vez más que el curso general de la revolución proletaria es igual en todo el mundo. Primero, la formación espontánea de los Soviets; luego, su propagación y desarrollo; más tarde se plantea prácticamente la cuestión: Soviets, o Asamblea Nacional, o Asamblea Constituyente o parlamentarismo burgués; completo desconcierto entre los jefes y, por último, la revolución proletaria. Pero yo creo que después de casi dos años de revolución no debemos plantear la cuestión así, sino que debemos tomar acuerdos concretos, ya que la propagación del sistema de los Soviets es para nosotros, y sobre todo para la mayoría de los países de Europa Occidental, la más importante de las tareas.
Quisiera citar aquí una sola resolución, la de los mencheviques. Pedí al camarada Obolenski que la tradujera al alemán. Me prometió que lo haría, pero, desgraciadamente, no está aquí. Trataré de reproducirla de memoria, pues no tengo el texto íntegro.
A un extranjero que no haya oído nada de bolchevismo le será muy difícil hacerse una idea de nuestras cuestiones litigiosas. Todo lo que afirman los bolcheviques lo discuten los mencheviques, y viceversa. Naturalmente, en tiempos de lucha no puede ser de otro modo, por ello es de suma importancia que la última conferencia del partido de los mencheviques, celebrada en diciembre de 1918, aprobara una extensa y detallada resolución, que fue publicada íntegra en el periódico menchevique Gazeta Pechátnikov . En esa 157 resolución, los propios mencheviques exponen" concisamente la historia de la lucha entre las clases y de la guerra civil. La resolución dice que ellos condenan a los grupos de su partido que están aliados a las clases poseedoras en los Urales y en el Sur, en Crimea y Ceorgia, y se enumeran todas estas zonas. Ahora la resolución condena a los grupos del partido menchevique que, aliados a las clases poseedoras, han luchado contra el Poder soviético; el último punto condena también a los que se han pasado a los comunistas. De ahí se desprende que los mencheviques se ven obligados a confesar que en su partido no hay unidad y que están unos al lado de la burguesía y otros al lado del proletariado. La mayor parte de los mencheviques se pasó al lado de la burguesía, y durante la guerra civil combatió contra nosotros. Naturalmente, nosotros perseguimos a los mencheviques, e incluso los fusilamos, cuando participan en la guerra que se nos hace, combaten contra nuestro Ejército Rojo y fusilan a nuestros jefes militares rojos. A la guerra de la burguesía respondimos con la guerra del proletariado: no puede haber otra salida. Así pues, desde el punto de vista político, todo eso no es más que hipocresía menchevique. Desde el punto de vista de la historia no se comprende cómo en la Conferencia de Berna, hombres que oficialmente no han sido declarados dementes, pudieron, por encargo de los mencheviques y los socialistas-revolucionarios, hablar de la lucha de los bolcheviques contra ellos, pero silenciar que ellos luchan al lado de la burguesía contra el proletariado.
Todos ellos nos atacan encarnizadamente, pues nosotros los perseguimos. Eso es cierto. ¡Pero no dicen ni una sola palabra de la participación que tuvieron en la guerra civil! Creo que debo proporcionar para el acta el texto íntegro de la resolución, y ruego a los camaradas extranjeros que le presten atención, pues es un documento histórico que plantea con acierto el problema y ofrece los mejores elementos de juicio para apreciar la disensión entre las tendencias ``socialistas'' existentes en Rusia. Entre el proletariado y la burguesía hay gente que tan pronto se inclina a un lado como al otro; así ha sido siempre en todas las revoluciones, y es absolutamente imposible que entre el proletariado y la burguesía, que forman en la sociedad capitalista dos campos hostiles, no existan capas intermedias. La existencia de esos elementos vacilantes es inevitable desde el punto de vista histórico y, por desgracia, esos elementos, que no saben ellos mismos al lado de quién van a luchar mañana, seguirán existiendo mucho tiempo todavía.
Quiero hacer una propuesta práctica, consistente en que aprobemos una resolución en la que deben señalarse especialmente tres puntos.
Primero: Una de las tareas más importantes para los camaradas de 158 los países de Europa Occidental consiste en aclarar a las masas la significación, la importancia y la necesidad del sistema de los Soviets. Se ve que este problema no se comprende lo suficiente. Si bien es verdad que Kautsky e Hilferding han fracasado como teóricos, los últimos artículos publicados en Freiheit demuestran, sin embargo, que reflejan fielmente el estado de ánimo de los sectores atrasados del proletariado alemán. En Rusia pasó lo mismo: en los primeros ocho meses de la revolución rusa, el problema de la organización soviética se discutió muchísimo, y para los obreros no estaba claro en qué consistía el nuevo sistema ni si se podría formar el Estado con los Soviets. Nosotros no avanzamos en nuestra revolución por el camino de la teoría, sino por el de la práctica. El problema de la Asamblea Constituyente, por ejemplo, no lo planteábamos antes en teoría ni decíamos que no reconocíamos esta institución. No decidimos disolverla hasta más tarde, cuando los Soviets se hubieron extendido por todo el país y hubieron conquistado el poder político. Ahora vemos que en Hungría y Suiza se plantea el mismo problema de manera mucho más acuciante. Por una parte, eso está muy bien, pues nos da firme seguridad en que la revolución avanza con más rapidez en los países de Europa Occidental y nos traerá grandes victorias. Por otra parte, ello entraña cierto peligro, y es el de que la lucha se despliegue con tanta impetuosidad que la conciencia de las masas obreras se rezague de ese desarrollo. La importancia del sistema de los Soviets sigue incluso hoy sin estar clara para grandes masas de obreros alemanes avezados en la política, pues han sido educados en el espíritu del parlamentarismo y en los prejuicios burgueses.
Segundo: Sobre la propagación del sistema de los Soviets. Las noticias de la rapidez con que se propaga la idea de los Soviets en Alemania e incluso en Inglaterra son para nosotros una importantísima prueba de que la revolución proletaria vencerá. Su marcha puede ser detenida únicamente por breve tiempo. Otra cosa es cuando los camaradas Albert y Platten nos comunican que entre los obreros agrícolas y los pequeños campesinos de las aldeas de su país apenas si hay Soviets. He leído en Rote Fahne un artículo contra los Soviets campesinos, pero, con mucho acierto, a favor de los Soviets de obreros agrícolas y campesinos = pobres^^82^^. La burguesía y sus lacayos, como Scheidemann y Cía., han lanzado ya la consigna de los Soviets campesinos. Pero nosotros necesitamos sólo Soviets de obreros agrícolas y campesinos pobres. Por desgracia, de los informes de los camaradas Albert, Platten y otros colegimos que, a excepción de Hungría, se hace muy poco para propagar el sistema soviético en el campo. Tal vez resida en ello el peligro, aún real y bastante grande, de que el proletariado alemán no pueda conquistar una victoria 159 segura. La victoria podrá considerarse garantizada únicamente cuando no sólo estén organizados los obreros de la ciudad, sino también los proletarios del campo, y además, organizados no como antes, en sindicatos y cooperativas, sino en Soviets. A nosotros nos fue más fácil conseguir la victoria porque en octubre de 1917 marchábamos con el campesinado, con todo el campesinado. En este sentido, nuestra revolución era entonces burguesa. El primer paso de nuestro gobierno proletario fue reconocer en una ley que promulgó al día siguiente de la revolución, el 26 de octubre de 1917 (según el viejo calendario), las viejas reivindicaciones de todo el campesinado, expresadas ya bajo Kerenski por los Soviets campesinos y las asambleas rurales. En eso consistía nuestra fuerza, por eso nos fue tan fácil conquistar una mayoría aplastante. Para el campo, nuestra revolución continuaba siendo una revolución burguesa. Y sólo más tarde, al cabo de seis meses, nos vimos obligados, en el marco de la organización del Estado, a comenzar en las aldeas la lucha de clase, a instituir en cada aldea comités de campesinos pobres, de semiproletarios, y a luchar sistemáticamente contra la burguesía rural. En Rusia eso fue inevitable, dado su atraso. En Europa Occidental, las cosas se producirán de modo diferente, y por eso debemos hacer hincapié en que es absolutamente necesario propagar el sistema de los Soviets en formas adecuadas, quizás nuevas, también entre la población rural.
Tercero: Debemos decir que la conquista de una mayoría comunista en los Soviets constituye la tarea fundamental en todos los países donde el Poder soviético aún no ha vencido. Nuestra comisión redactora de las resoluciones discutió ayer este problema. Quizás otros camaradas hablen todavía de ello, pero yo quisiera proponer que estos tres puntos se adopten como resolución especial. Naturalmente, no estamos en condiciones de prescribir el camino que ha de seguir el desarrollo. Es muy probable que la revolución empiece muy pronto en muchos países euroccidentales, pero nosotros, la parte organizada de la clase obrera, el partido, tendemos y debemos tender a lograr la mayoría en los Soviets. Entonces estará garantizada nuestra victoria y no habrá fuerza capaz de emprender nada contra la revolución comunista. De otro modo, la victoria no se conseguirá con tanta facilidad ni será duradera. Así pues, yo quisiera proponer que se aprueben estos tres puntos como resolución especial.
Publicado el 6 de marzo de 1919 en el núm. 51 ile! periódico ``Pravda'' y en el núm. 57 del periódico "hvestia del CF.C de toda Rusia".
T. :í7. págs. 491--509.
[160] ~ [161] __ALPHA_LVL1__ VIII CONGRESO DEL PC(b) DE RUSIA^^83^^Publicado en marza-ahril de 1919 en los periódicos "I'rm'dn" e "Izvestiti del C.F.C. de toda Knsin".
T. .<?«, págs. 151--184. 187--205. 207--210.
[162] ~ [163] (
Empezaré por hablar brevemente de los puntos que ha tratado al final de su informe el camarada Bujarin, puntos en que discrepamos en el seno de la comisión. El primero estriba en el carácter que debe tener la estructura de la parte general de nuestro programa. A mi entender, el camarada Bujarin no ha expuesto con toda exactitud las razones que han movido a la mayoría de la comisión a rechazar las tentativas de redactar el programa, tachando de él todo lo que se decía del viejo capitalismo. El camarada Bujarin se expresaba de manera que a veces se podía creer que la mayoría de la comisión temía el qué dirán, temía ser acusada de insuficiente respeto a lo viejo. No cabe duda de que, tal como se presenta, la posición de la mayoría de la comisión queda bastante ridiculizada. Pero eso está muy lejos de la verdad. La mayoría de la comisión ha rechazado esas tentativas porque entrañarían una posición errónea. No corresponderían a la verdadera situación. El imperialismo puro, sin la base fundamental del capitalismo, no ha existido nunca, no existe en parte alguna ni existirá jamás. Esto es una síntesis falsa de cuanto se ha dicho acerca de los consorcios, de los cárteles, los trusts y el capitalismo financiero, cuando este último era presentado como si estuviese privado de todas las bases que constituyen el viejo capitalismo.
6* 164Esto no es así. Sobre todo, referido a la época de la guerra imperialista y a la que sigue a la guerra imperialista. En uno de sus razonamientos sobre la guerra futura, Engels escribía ya que ésta causaría una devastación más atroz que la debida a la Guerra de los Treinta Años, que la humanidad retrocedería en grado considerable al salvajismo, que nuestro artificioso mecanismo del comercio y la industria se desmoronaría8:l. Al principio de la guerra, los socialtraidores y los oportunistas se jactaban de la vitalidad del capitalismo y ridiculizaban a los "fanáticos o semianarquistas'', como ellos nos llamaban. "Mirad---decían---, estos vaticinios no se han confirmado. ¡Los acontecimientos han demostrado que esto era cierto sólo con respecto a un insignificante número de países y por un período muy corto de tiempo!" Pero hoy, no sólo en Rusia y en Alemania, sino en los países vencedores también da comienzo precisamente un desmoronamiento tan gigantesco del capitalismo moderno que suprime a cada paso este mecanismo artificioso y restablece el viejo capitalismo.
Cuando el camarada Bujarin afirmaba que se podría intentar presentar un cuadro acabado del desmoronamiento del capitalismo y del imperialismo, nosotros lo rebatimos en la comisión, y yo tengo que rebatirlo también aquí: probad a hacerlo y veréis cómo no lo conseguís. El camarada Bujarin lo intentó en el seno de la comisión y tuvo que desistir él mismo. Estoy plenamente convencido de que si alguien pudiera hacerlo, sería, sobre todo, el camarada Bujarin, el cual se ha ocupado de esta cuestión larga y meticulosamente. Yo afirmo que tal intento no puede tener éxito porque el problema es erróneo. Ahora estamos viviendo en Rusia las consecuencias de la guerra imperialista y asistimos al comienzo de la dictadura del proletariado. Y al mismo tiempo, en toda una serie de regiones de Rusia, que han estado aisladas las unas de las otras más de lo que estuvieron antes, vemos a cada paso el renacimiento del capitalismo y el desarrollo de su primera fase. No es posible pasar esto por alto. Si redactáramos el programa tal como quería el camarada Bujarin, sería un programa erróneo. En el mejor de los casos, repetiría lo más afortunado que se ha dicho del capitalismo financiero y el imperialismo, pero no'reflejaría la realidad, porque ésta no da ese cuadro acabado. Un programa compuesto de partes heterogéneas no es elegante (lo cual, claro está, no tiene importancia); pero un programa distinto sería simplemente un programa erróneo. De esta heterogeneidad, de la obra hecha con distintos materiales, por desagradable que ello sea, por desaliñado que parezca, no saldremos durante un período muy largo. Cuando logremos salir de ello redactaremos un nuevo programa. Pero entonces viviremos ya en la sociedad socialista. 165 Sería ridículo pretender que las condiciones de entonces fueran las mismas de ahora.
Vivimos en una época en que ha resucitado toda una serie de los fenómenos básicos más elementales del capitalismo. Basta tomar, por ejemplo, el desbarajuste del transporte cuyos efectos sentimos tan bien, mejor dicho, tan mal, en nosotros mismos. Eso mismo ocurre también en otros países, incluso en los países vencedores. Pero iqué significa el desbarajuste del transporte en el sistema imperialista? El retorno a las formas más primitivas de producción mercantil. Sabemos muy bien qué significa eso de los del saco. Por lo visto, los extranjeros no comprendían hasta ahora este término. ¿Y hoy? Conversad con los camaradas que han venido al Congreso de la Tercera Internacional. Resulta que en Alemania y Suiza comienzan a aparecer términos idénticos. Ahora bien, no podréis referir esta categoría a ninguna dictadura del proletariado, sino que tendréis que volver la vista a los albores de la sociedad capitalista y de la producción mercantil.
Salir de esta triste realidad mediante la creación de un programa llano y acabado es dar un salto en el vacío, andar por las nubes, trazar un programa erróneo. Y en modo alguno es el respeto a lo viejo, como cortésmente insinuaba el camarada Bujarin, lo que nos ha obligado a introducir en el nuevo programa pasajes del viejo. Según el camarada Bujarin, la cosa era así: el programa fue redactado en 1903 con la participación de Lenin; el programa, sin ningún género de dudas, es malo; pero como lo que más les gusta a los viejos es recordar el pasado, ocurre que, por respeto a lo viejo, se ha redactado en una época nueva un nuevo programa en el que se repite lo que está dicho en el viejo. Si así fuera, habría que reírse de gentes tan extravagantes. Pero yo afirmo que no es así. El capitalismo que se describió en 1903 continúa siendo el mismo en 1919 en la República proletaria de los Soviets, precisamente en virtud de la descomposición del imperialismo, en virtud de su bancarrota. Es el capitalismo que podemos ver, por ejemplo, en las provincias de Samara y Viatka, no muy lejos de Moscú. En tiempos en que la guerra civil desgarra al país no saldremos tan pronto de esa situación, de ese fenómeno de los del saco. Por esta razón sería erróneo redactar el programa de cualquier otra manera. Hay que decir las cosas como son: el programa debe contener lo que es absolutamente indiscutible, lo que ha sido comprobado en realidad: sólo entonces será un programa marxista.
El camarada Bujarin lo comprende bien en teoría y dice que el programa debe ser concreto. Pero una cosa es comprenderlo y otra aplicarlo en la práctica. Lo concreto en el camarada Bujarin 166 es una exposición libresca del capitalismo financiero. En realidad vemos fenómenos heterogéneos. En cada provincia agrícola, al lado de la industria monopolizada existe la libre competencia. En ninguna parte del mundo ha existido ni existirá el capitalismo monopolista sin la libre competencia en una serie de ramas. Escribir de semejante sistema significaría trazar un sistema irreal y falso. Si Marx decía de la manufactura que era una superestructura de la pequeña producción en = masa^^86^^, el imperialismo y el capitalismo financiero son superestructuras del viejo capitalismo. Desmoronad la cúspide y aparecerá el viejo capitalismo. Mantener el punto de vista de que existe un imperialismo puro, sin el viejo capitalismo, es pintar como querer.
En ese error natural se incurre con mucha facilidad. Si tuviéramos delante un imperialismo puro, que hubiese transformado radicalmente al capitalismo, nuestra tarea sería cien mil veces más fácil. Tendríamos un sistema en el que todo estaría subordinado únicamente al capital financiero. Entonces no nos quedaría más que quitar la cúspide y dejar el resto en manos del proletariado. Esto sería agradabilísimo, pero la realidad es otra. En realidad, el desarrollo es de tal naturaleza que nos obliga a proceder de un modo completamente distinto. El imperialismo es una superestructura del capitalismo. Cuando éste se desmorona, nos vemos frente a la cúspide derrumbada y a los cimientos desnudos. Por eso nuestro programa, si quiere ser exacto, debe presentar las cosas tales y como son. Tenemos el viejo capitalismo, que en una serie de ramas se ha desarrollado hasta transformarse en imperialismo. Sus tendencias son exclusivamente imperialistas. Los problemas esenciales no pueden ser examinados más que desde el punto de vista del imperialismo. No existe ninguna cuestión importante de política interior o exterior que pueda resolverse de otro modo que desde el punto de vista de esta tendencia. Por de pronto, el programa no trata de eso. En realidad, existe un inmenso subsuelo del viejo capitalismo. Existe una superestructura imperialista que ha conducido a la guerra, y de esta guerra ha surgido el comienzo de la dictadura del proletariado. De esta fase no podréis desentenderos. Este hecho caracteriza el ritmo mismo del desenvolvimiento de la revolución proletaria en todo el mundo y persistirá durante muchos años.
Es posible que las revoluciones del Occidente de Europa se realicen de manera más llana; pero, no obstante, la reorganización de todo el mundo, la reorganización de la mayoría de los países exigirá un período largo, de muchos años. Y esto quiere decir que, en el período de transición que estamos atravesando, no podemos eludir esta realidad variada. No hay manera de deshacerse de ella, 167 compuesta como está de partes heterogéneas; por inelegante que sea, no se puede quitar nada de ahí. Un programa redactado de manera diferente de como está el nuestro sería erróneo.
Decimos que hemos llegado a la dictadura. Pero hay que saber cómo hemos llegado. El pasado nos detiene, nos sujeta con mil manos e impide dar un solo paso adelante o nos obliga a darlo tan mal como lo estamos dando. Y nosotros decimos: para comprender la situación en que nos encontramos hay que contar cómo hemos marchado, qué es lo que nos ha traído a la misma revolución socialista. Nos ha traído el imperialismo, nos ha traído el capitalismo en sus formas primarias de economía mercantil. Todo esto es necesario comprenderlo, porque únicamente teniendo en cuenta la realidad podremos resolver problemas como, por ejemplo, el de la actitud a adoptar con los campesinos medios. En efecto, ¿de dónde ha podido surgir el campesino medio en la época del capitalismo puramente imperialista? Ni siquiera en los países simplemente capitalistas existía. Si tratamos de decidir qué actitud adoptar ante este fenómeno casi medieval (ante el campesino medio), manteniéndonos exclusivamente en el punto de vista del imperialismo y de la dictadura del proletariado, no ataremos cabos, no haremos otra cosa que dar tropezones. Ahora bien, si tenemos que cambiar de actitud ante el campesino medio, tened la bondad de decir también en la parte teórica de dónde ha salido este campesino y qué representa. Es un pequeño productor de mercancías. Este es el abecé del capitalismo que hay que enunciar, porque aún no hemos salido de este abecé. Esquivarlo y decir: "¿Para qué ocuparnos del abecé cuando hemos estudiado el capitalismo financiero?'', es una falta de seriedad en grado superlativo.
Lo mismo debo decir del problema nacional. El camarada Bujarin también pinta en este punto como quiere. Dice que no se puede reconocer el derecho de las naciones a la autodeterminación. La nación es la burguesía con el proletariado. ¡Reconocer nosotros, los proletarios, el derecho a la autodeterminación de esa burguesía despreciable! ¡Eso es una incongruencia cabal! Perdón, pero yo afirmo que eso concuerda con la realidad. Si no se admite, lo que se hará será fantasear. Se apela al proceso de disociación que se está operando en el seno de la nación, al proceso de separación del proletariado y la burguesía. Pero aún estamos por ver cómo se producirá esta disociación.
Tomemos, por ejemplo, a Alemania, modelo de país capitalista adelantado que, en el sentido de organización del capitalismo, del capitalismo financiero, se encontraba a un nivel superior al de Norteamérica. Alemania se hallaba a un nivel inferior en muchos sentidos, en el de la técnica y la producción, en el sentido político; 168 pero, en lo que respecta a organización del capitalismo financiero, en lo que respecta a transformación del capitalismo monopolista en capitalismo monopolista de Estado, Alemania estaba por encima de Norteamérica. Un modelo, al parecer. Y ¿qué vemos allí? ¿Se ha disociado el proletariado alemán de la burguesía? ¡No! Ha habido noticia de que sólo en unas cuantas ciudades importantes la mayoría de los obreros se pronuncia contra los adeptos de Scheidemann. Pero ¿cómo ha sucedido eso? ¡Mediante la alianza de los espartaquistas con los tres veces malditos mencheviques-independientes alemanes, que todo lo embrollan y pretenden el maridaje del sistema de los Soviets con la Asamblea Constituyente! ¡Eso es lo que sucede en esa misma Alemania! Y se trata de un país adelantado.
El camarada Bujarin dice: "¿Para qué necesitarnos el derecho de las naciones a la autodeterminación?" Repetiré la objeción que le hice cuando él, en el verano de 1917, propuso desechar el programa mínimo y dejar únicamente el programa máximo. Yo le repliqué entonces: "No te ufanes al partir para la guerra; déjalo para la vuelta''. Lo haremos cuando hayamos conquistado el poder y haya pasado algún tiempo^^*^^. Hoy, conquistado ya el poder y transcurrido cierto tiempo, estoy de acuerdo en hacerlo. Hemos pasado cíe lleno a la construcción socialista, hemos repelido la primera embestida que nos amenazaba; ahora es tiempo de hacerlo. Lo mismo cabe decir en cuanto al derecho de las naciones a la autodeterminación. "Yo quiero reconocer únicamente el derecho de las clases trabajadoras a la autodeterminación'', dice el camarada Bujarin. Eso significa que usted quiere reconocer lo que en realidad no se ha alcanzado en ningún país, salvo en Rusia. Es ridículo.
Véase Finlandia: país democrático, más desarrollado, más culto que el nuestro. Allí se está produciendo el proceso de separación, de disociación del proletariado, y se produce de una manera peculiar, mucho más dolorosa que en el nuestro. Los finlandeses han padecido la dictadura de Alemania, ahora padecen la de la Entente. Pero gracias a que nosotros hemos reconocido el derecho de las naciones a la autodeterminación, el proceso de disociación se ha facilitado allí. Recuerdo muy bien la escena del Smolny, cuando hube de entregar el acta a = Svinhufvud^^87^^---traducido al ruso significa "cabeza de cerdo"---representante de la burguesía finlandesa, el cual jugó el papel de verdugo. Me estrechó la mano amablemente y cambiamos unos cumplidos. ¡Qué desagradable fue aquello! Pero había que hacerlo, porque entonces la burguesía finlandesa engañaba al pueblo, engañaba a las masas trabajadoras, diciendo que los de _-_-_
^^*^^ Véase V. I. I.fnin. Obras ('ampielas, 5a ed. cu rusel, I. 34, págs. .'i72-.*!7f). (N. lie la Edil.)
169 Moscovia, los patrioteros, los chovinistas rusos querían estrangular a los finlandeses. Era forzoso hacerlo.¿Acaso ayer no tuvimos que hacer lo mismo con la República = de Bashkiria^^88^^? Cuando el camarada Bujarin decía: "Se puede reconocer este derecho a algunos'', pude incluso tomar nota de que en su lista figuraban los hotentotes, los bosquimanes y los hindúes. Al oír esta enumeración, pensé: ¿cómo ha podido el camarada Bujarin olvidarse de una pequenez, de los bashkires? En Rusia no existen bosquimanes, tampoco he oído que los hotentotes hayan pretendido tener su república autónoma, pero tenemos bashkires, kirguizes y otros muchos pueblos a los que no podemos negar este derecho. No lo podemos negar a ninguno de los pueblos que viven dentro de las fronteras de lo que fue Imperio ruso. Admitamos incluso que los bashkires derrocasen a los explotadores y que nosotros les ayudásemos a hacerlo. Pero esto es posible únicamente si la revolución ha alcanzado plena madurez. Y hay que hacerlo con cautela para no frenar con nuestra intervención ese mismo proceso de disociación del proletariado que debemos acelerar. Ahora bien, ¿qué es lo que podemos hacer respecto a pueblos como los kirguizes, uzbekos, tadzhikos y turkmenos, que hasta hoy se encuentran bajo la influencia de sus mulhas? En Rusia, después de una larga experiencia con los popes, la población nos ayudó a derribarlos. Pero vosotros sabéis lo mal que hasta ahora se cumple en la práctica el decreto sobre el matrimonio civil. ¿Podemos nosotros dirigirnos a estos pueblos y decirles: "Nosotros vamos a derrocar a vuestros explotadores"? No lo podemos hacer, porque se encuentran dominados totalmente por sus mulhas. Es necesario esperar que se desarrolle la nación de que se trate y que el proletariado se disocie de los elementos burgueses, lo cual es inevitable.
El camarada Bujarin no quiere esperar. Se deja dominar por la impaciencia: "¿A santo de qué?---dice---. Si nosotros hemos derrocado a la burguesía y hemos instaurado el Poder soviético y la dictadura del proletariado, ¿a santo de qué vamos a proceder así?" Esto obra como un llamamiento que entusiasma, es una indicación del camino que debemos seguir; pero si en nuestro programa nos limitamos únicamente a proclamarlo, más que un programa resultará una proclama. Nosotros podemos proclamar el Poder soviético, la dictadura del proletariado y el mayor desprecio a la burguesía, que lo tiene merecido mil veces, pero nuestro programa debe recoger con precisión absoluta la realidad. Entonces será indiscutible.
Nos mantenemos en un punto de vista estrictamente de clase. Lo que consignamos en el programa es el reconocimiento de lo que se ha producido en la realidad después de la época en que escribimos 170 sobre la autodeterminación de las naciones de una manera general. Entonces no existían aún repúblicas proletarias. Cuando han surgido, y sólo en la medida que han surgido, hemos podido escribir lo que hemos formulado en el programa: "Unión federativa de Estados, organizados según el tipo soviético". El tipo soviético no son todavía los Soviets, tal como existen en Rusia, pero se está haciendo internacional. Esto es lo único que podemos decir. Ir más allá, un paso más allá, un milímetro más allá sería ya erróneo y, por ello, no nos serviría de nada para el programa.
Nosotros decimos: es necesario tener presente el escalón en que se encuentra una nación determinada en el camino que va del régimen medieval a la democracia burguesa y de ésta a la democracia proletaria. Esto es de una certidumbre absoluta. Todas las naciones tienen derecho a la autodeterminación, y en lo concerniente a los hotentotes y los bosquimanes no cabe hacer una referencia especial. La inmensa mayoría de la población de la Tierra, probablemente las nueve décimas partes, tal vez el noventa y cinco por ciento, se ajusta a esta caracterización, pues todos los países se encuentran en el camino que va del régimen medieval a la democracia burguesa o de ésta a la democracia proletaria. Es un camino inevitable por completo. No es posible decir más, porque no sería exacto, porque no correspondería a la realidad. Desechar la autodeterminación de las naciones y sustituirla por la autodeterminación de los trabajadores es totalmente erróneo, porque semejante manera de plantear las cosas no tiene en cuenta las dificultades, la vía tortuosa que sigue la disociación en el seno de las naciones. En Alemania se realiza de una manera distinta que entre nosotros: en algunos aspectos es más rápida; en otros, el camino es más lento y más cruento. En nuestro país, ningún partido ha aceptado una idea tan monstruosa como la de combinar los Soviets y la Asamblea Constituyente. Y nosotros hemos de vivir al lado de estas naciones. Los adeptos de Scheidemann dicen ya ahora de nosotros que queremos conquistar a Alemania. Esto es, desde luego, absurdo y ridículo. Pero la burguesía tiene sus intereses y su prensa que lo pregona a los cuatro vientos en centenares de millones de ejemplares, y Wilson, partiendo de sus intereses, lo apoya. Los bolcheviques, al decir de esas gentes, poseen un numeroso ejército y quieren implantar el bolchevismo en Alemania mediante la conquista. Los mejores hombres de Alemania, los espartaquistas, nos han dicho que a los obreros alemanes se les azuza contra los comunistas, diciéndoles: "¡Mirad qué mal marchan las cosas entre los bolcheviques!" Y en efecto, no podemos decir que las cosas nos vayan muy bien. El argumento que allí esgrimen nuestros enemigos para influir en las masas es el de que la revolución proletaria en Alemania entrañaría el mismo desorden que en Rusia. Nuestro desorden es 171 una enfermedad nuestra de larga duración. Luchamos contra tremendas dificultades, al implantar en nuestro país la dictadura del proletariado. Mientras la burguesía o la pequeña burguesía, o incluso una parte de los obreros alemanes, se encuentre bajo los efectos de este espantajo: "Los bolcheviques quieren implantar por la fuerza su régimen'', la fórmula "autodeterminación de los trabajadores" no mejorará la situación. Debemos plantear las cosas de modo que los socialtraidores alemanes no puedan decir que los bolcheviques imponen su sistema universal, que, según ellos, puede ser llevado a Berlín en la punta de las bayonetas de los soldados rojos. Y si negamos el principio de autodeterminación de las naciones, podrían decirlo.
Nuestro programa no debe hablar de autodeterminación de los trabajadores, porque eso es erróneo. Debe decir las cosas tal como son. Puesto que las naciones se encuentran en diferentes etapas del camino que va del régimen medieval a la democracia burguesa, y de la democracia burguesa a la proletaria, esta tesis de nuestro programa es absolutamente exacta. En este camino hemos tenido numerosos zigzags. Cada nación debe obtener el derecho a la autodeterminación, y esto contribuye a la autodeterminación de los trabajadores. En Finlandia, el proceso de separación entre el proletariado y la burguesía se está desarrollando de manera muy acusada, fuerte, profunda. Allí todo marchará, en cualquier caso, no como entre nosotros. Si nosotros dijéramos que no reconocemos a la nación finlandesa, sino únicamente a las masas trabajadoras, esto sería el mayor de los absurdos. No se puede menos de reconocer lo que existe: la realidad se impondrá por sí misma. En los diferentes países, el deslindamiento de los campos entre el proletariado y la burguesía sigue vías peculiares. En este camino tenemos que obrar con suma prudencia. Debemos observar una prudencia especial con respecto a las diferentes naciones, porque no hay peor cosa que la desconfianza de una nación. Entre los polacos se está operando el proceso de autodeterminación del proletariado. He aquí los últimos datos sobre la composición del Soviet de diputados obreros = de Varsovia^^89^^: socialtraidores polacos, 333; comunistas, 297. Esto demuestra que allí, según nuestro calendario revolucionario, ya no está lejos Octubre. Allí se está en agosto o en septiembre de 1917. Pero, primero, no existe todavía un decreto que obligue a todos los países a vivir conforme al calendario revolucionario bolchevique, y si existiese, no se cumpliría. Segundo, la mayoría de los obreros polacos, más adelantados y cultos que los nuestros, mantiene el punto de vista del socialdefensismo, del socialpatriotismo. Hay que esperar. Aquí no se puede hablar de autodeterminación de las masas trabajadoras. Debemos hacer propaganda en pro de esta disociación. 172 Eso lo hacemos, pero no cabe la menor duda de que no se puede menos de reconocer ahora ya la autodeterminación de la nación polaca. Eso es evidente. El movimiento proletario polaco sigue el mismo rumbo que el nuestro, marcha hacia la dictadura del proletariado, pero de una manera diferente a la de Rusia. Y se intimida a los obreros, diciéncloles que los moscovitas, los rusos, que han oprimido siempre a los polacos, quieren imponer a Polonia su chovinismo ruso, enmascarado con el nombre de comunismo. No es por la violencia como se hace arraigar el comunismo. Uno de los mejores camaradas entre los comunistas polacos, cuando yo le dije: "Vosotros procederéis de otra manera'', me respondió: "No, nosotros haremos lo mismo que vosotros, pero lo haremos mejor que vosotros''. Contra tal argumento no he tenido absolutamente nada que objetar. Hay que concederles la posibilidad de cumplir este modesto deseo: instaurar el Poder soviético mejor que en nuestro país. No es posible dejar de tener en cuenta que allí el camino que debe seguirse tiene algunas peculiaridades, y no se puede exclamar: "¡Abajo el derecho de las naciones a la autodeterminación! Concedemos el derecho a la autodeterminación únicamente a las masas trabajadoras''. Esta autodeterminación sigue una vía muy complicada y difícil. No existe en ninguna parte, excepción hecha de Rusia, y, previendo todas las fases de su desarrollo en otros países, no se debe decretar nada desde Moscú. He ahí por qué esta propuesta es inaceptable desde el punto de vista de los principios.
Paso a los otros puntos, que, conforme al plan trazado, debo tratar. He planteado en primer plano la cuestión de los pequeños propietarios y los campesinos medios. A este respecto, el apartado 47 dice:
``Con relación a los campesinos medios, la política del PC de Rusia consiste en incorporarlos de una manera paulatina y metódica a la construcción socialista. El partido se plantea la tarea de apartarlos de los kulaks, de atraerlos al lado de la clase obrera mediante una solícita preocupación por sus necesidades, luchando contra su atraso con medidas de influencia ideológica y nunca con medidas represivas, tratando, en todos los casos en que sean afectados sus intereses vitales, de concertar acuerdos prácticos con ellos, haciéndoles concesiones cuando se trate de determinar los métodos para llevar a cabo las transformaciones socialistas."
A mi parecer, aquí formulamos lo que los fundadores del socialismo afirmaron en reiteradas ocasiones con respecto a los campesinos medios. El único defecto de que adolece este punto es el de ser poco concreto. Es difícil que pudiéramos decir más en un programa. Pero en el congreso no cabe plantear únicamente cuestiones programáticas, debemos conceder al problema de los 173 campesinos medios una atención redoblada, decuplicada. Obran en nuestro poder datos, según los cuales aparece claro que los levantamientos que se han producido en algunas zonas obedecen a un plan de conjunto, ligado evidentemente con el plan militar de los guardias blancos, que han fijado para marzo la ofensiva general y la organización de una serie de insurrecciones. La presidencia del congreso tiene un proyecto de manifiesto en nombre del mismo que será sometido a vuestro = examen^^90^^. Estos levantamientos muestran con claridad meridiana que los eseristas de izquierda y una parte de los mencheviques---en Briansk fueron los mencheviques quienes trabajaron en la organización del levantamiento---desempeñan el papel de agentes directos de los guardias blancos. Ofensiva general de los guardias blancos, levantamientos en el campo, interrupción del tráfico ferroviario: ¿no se conseguirá, aunque sea de este modo, derribar a los bolcheviques? Aquí es donde aparece con particular relieve, y como cuestión apremiante y vital en sumo grado, el papel de los campesinos medios. En el congreso no sólo debemos subrayar de un modo especial nuestra disposición a hacer concesiones a los campesinos medios, sino, además, acordar una serie de medidas, lo más concretas posible, que otorguen, cuando menos, algunas ventajas directas a los campesinos medios. Lo exigen imperiosamente tanto los intereses de nuestra propia conservación como los intereses de la lucha contra todos nuestros enemigos, que saben que el campesino medio vacila entre nosotros y ellos y que tratan de apartarlo de nosotros. Hoy, nuestra situación es tal que contamos con reservas inmensas. Sabemos que tanto la revolución polaca como la húngara maduran con gran rapidez. Estas revoluciones nos darán reservas proletarias, aliviarán nuestra situación y fortalecerán de manera inconmensurable nuestra base proletaria, que en nuestro país es débil. Esto puede ocurrir en los próximos meses, pero no sabemos exactamente cuándo ocurrirá. No ignoráis que ha llegado un momento peliagudo, razón por la cual el problema de los campesinos medios adquiere una importancia práctica inmensa.
Quisiera detenerme ahora en el tema de las cooperativas, apartado 48 de nuestro programa. Hasta cierto punto, este apartado ha envejecido. Cuando lo redactamos en la comisión, existían en el país las cooperativas, mas no había comunas de consumidores; pero unos días después fue decretada la fusión de todos los tipos de cooperativas en una comuna de consumo = única^^91^^. No sé si este decreto fue dado a la publicidad ni si la mayoría de los presentes lo conoce. Si no es así, mañana o pasado mañana será publicado. En este sentido, el apartado en cuestión ha envejecido ya, pero, sin embargo, opino que es necesario, puesto que todos saben de sobra que entre los decretos y su aplicación hay un gran trecho. El asunto 174 de las cooperativas nos preocupa ya desde el mes de abril de 1918; y, si bien hemos obtenido éxitos notables, no son todavía decisivos. El agrupamiento de la población en cooperativas ha alcanzado tales proporciones que llega a abarcar en muchos distritos al 98% de los vecinos de los pueblos. Pero estas cooperativas, que existían en la sociedad capitalista, están impregnadas por completo del espíritu de la sociedad burguesa, y su dirección se halla en manos de mencheviques y eseristas, de especialistas burgueses. Aún no hemos sido capaces de someterlas a nuestra influencia, y en este aspecto el problema está sin resolver. Nuestro decreto marca un paso adelante en el sentido de la creación de las comunas de consumo; prescribe para toda Rusia la fusión de los diferentes tipos de cooperativas. Pero incluso este decreto, aun cuando logremos aplicarlo en su integridad, mantendría en el seno de la futura comuna de consumo la sección autónoma de las cooperativas obreras, porque los representantes de las cooperativas obreras que conocen prácticamente este asunto nos han asegurado y demostrado que estas cooperativas, como organización más desarrollada, deben seguir subsistiendo, ya que su obra es imprescindible. En el partido hemos tenido no pocas divergencias y discusiones a propósito de las cooperativas; ha habido roces entre los bolcheviques que trabajan en las cooperativas y los que trabajan en los Soviets. Desde el punto de vista de los principios, yo creo que esta cuestión debe ser resuelta, sin duda alguna, en el sentido de que este mecanismo, el único que el capitalismo había preparado en las masas, el único que mantiene su actividad entre las masas campesinas, las que permanecen aún en la fase del capitalismo primitivo, debe ser conservado a toda costa, debe ser desarrollado y, en todo caso, no debe ser desechado. La tarea es difícil, porque en la mayoría de los casos las cooperativas están dirigidas por especialistas burgueses que resultan ser muy a menudo verdaderos guardias blancos. Esto explica el odio que se les tiene, odio legítimo, y explica la lucha entablada contra ellos. Pero esta lucha hay que llevarla, naturalmente, con habilidad: hay que poner coto a las tentativas contrarrevolucionarias de los cooperadores, pero la lucha no debe ir dirigida contra el mecanismo cooperativista. Debemos someter este mecanismo a nuestra influencia, eliminando a esos cooperadores contrarrevolucionarios. Aquí el problema es idéntico al de los especialistas burgueses, que es otra cuestión a la que deseo referirme.
El problema de los especialistas burgueses origina no pocos roces y discrepancias. Entre las preguntas que me hicieron por escrito durante el discurso que pronuncié hace poco en el Soviet de Petrogrado, varias se referían a los sueldos. Se me preguntaba: ¿Es posible, acaso, en una República socialista pagar sueldos hasta de 3.000 rublos? En realidad, hemos incluido esta cuestión en el 175 programa porque el descontento que ha originado ha ido bastante lejos. El problema de los especialistas burgueses está planteado en el ejército, en la industria, en las cooperativas, en todas partes. Es un problema muy importante en el período de transición del capitalismo al comunismo. Podremos construir el comunismo únicamente cuando, mediante los recursos que nos brindan la ciencia y la técnica burguesas, lo hagamos más accesible a las masas. No existe otra manera de construir la sociedad comunista. Y para construirla de esta manera hay que adoptar el mecanismo creado por la burguesía, incorporar al trabajo a todos estos especialistas. En el programa hemos desarrollado expresamente esta cuestión en forma detallada, con el fin de que se resuelva de un modo radical. Conocemos perfectamente lo que significa el atraso cultural de Rusia y qué es lo que esta incultura hace con el Poder soviético, que, en principio, ha creado una democracia proletaria incomparablemente más elevada, que ha dado un modelo de esta democracia para todo el mundo; sabemos cómo esta incultura menoscaba el Poder soviético y reproduce la burocracia. De palabra, la administración soviética es accesible a todos los trabajadores; pero en la práctica, como todos sabemos, dista mucho de serlo. Y no porque lo impidan las leyes, como ocurría bajo el régimen burgués; por el contrario, nuestras leyes lo favorecen, pero las leyes solas no bastan. Es precisa una ingente labor educativa, cultural y de organización, que no puede hacerse por medio de la ley, con rapidez, sino que exige un esfuerzo inmenso y prolongado. Este congreso debe resolver con entera precisión el problema de los especialistas burgueses. Y esta solución permitirá a los camaradas, que, indudablemente, están pendientes de los trabajos del congreso, apoyarse en su autoridad y ver qué dificultades encontramos en el camino. Ayudará a los camaradas, que tropiezan a cada paso con este problema, a tomar parte, cuando menos, en el trabajo de propaganda.
Los camaradas que representaban a los espartaquistas en el congreso, aquí en Moscú, nos han contado que en la Alemania occidental, donde está más desarrollada la industria, donde es mayor la influencia de los espartaquistas entre los obreros, aunque los espartaquistas no han triunfado aún allí, los ingenieros y directores de muchísimas de las empresas más importantes se acercaban a éstos y les decían: "Estaremos con vosotros''. En nuestro país no ha habido tal cosa. Es evidente que el nivel cultural más elevado de los obreros, una mayor proletarización del personal técnico y posiblemente toda una serie de otras causas que no conocemos hayan creado allí relaciones algo diferentes de las nuestras.
En todo caso, éste es uno de los mayores obstáculos que se oponen a nuestro avance. Necesitamos ahora mismo, sin esperar la ayuda de 176 los demás países, sin demoras, urgentemente, elevar las fuer/as productivas. Y no lo podemos hacer sin recurrir a los especialistas burgueses. Hay que decirlo de una vez para siempre. Es claro que la mayoría de estos especialistas está impregnada hasta la médula de concepciones burguesas. Es preciso rodearlos de una atmósfera de colaboración amistosa, de comisarios obreros, de células comunistas; es preciso colocarlos en una situación en la que no puedan eludir el control, pero hay que darles la posibilidad de trabajar en mejores condiciones que bajo el capitalismo, puesto que este sector social, educado por la burguesía, no trabajará en otras condiciones. No es posible hacer trabajar a la fuerza a todo un sector social; lo hemos experimentado bien en la práctica. Es posible impedirles que participen activamente en la contrarrevolución, intimidarlos de manera que no se atrevan a prestar oídos a los llamamientos de los guardias blancos. En este sentido los bolcheviques obramos con energía. Podemos hacerlo y lo hacemos en el grado debido. Todos hemos aprendido a hacerlo. Pero no es posible obligar por este procedimiento a trabajar a todo un sector de la población. Estas gentes están habituadas a un trabajo de difusión de la cultura; la han impulsado en el marco del régimen burgués, es decir, han enriquecido a la burguesía con inmensas adquisiciones materiales, mientras que al proletariado la han llevado en proporciones insignificantes; no obstante, han impulsado la cultura, ya que ésta es su profesión. Y a medida que observan que la clase obrera destaca de su seno sectores organizados y avanzados que no sólo aprecian la cultura, sino que también contribuyen a hacerla extensiva a las masas, cambian de actitud con nosotros. Cuando un médico ve que en la lucha contra las epidemias el proletariado despierta la iniciativa de los trabajadores, adopta con nosotros una actitud totalmente diferente. En nuestro país existen numerosos médicos, ingenieros, agrónomos y cooperadores de formación burguesa, y cuando vean en la práctica que el proletariado incorpora a esta obra a masas rada vez mayores, serán vencidos moralmente, y no sólo separados de la burguesía en el terreno político. Nuestra tarea será entonces más fácil. Entonces ellos mismos se incorporarán a nuestro mecanismo y se convertirán en una parte del mismo. Para eso es preciso hacer algunos sacrificios. Gastar en eso aunque sean dos mil millones de rublos es una bagatela. Sería pueril temer este sacrificio, pues significaría no comprender las tareas que tenemos planteadas.
La desorganización del transporte, la desorganización de la industria y de la agricultura minan la existencia misma de la República Soviética. En este terreno debemos adoptar las medidas más enérgicas, que pongan en la máxima tensión todas las fuerzas del país. No debemos seguir respecto a los especialistas una política 177 de fastidiarlos por pequeñas faltas. Estos especialistas no son lacayos de los explotadores, son hombres cultos que, en la sociedad burguesa, servían a la burguesía y de ellos decían los socialistas de todo el mundo que en la sociedad proletaria nos servirían a nosotros. En este período de transición debemos facilitarles, dentro de lo posible, las mejores condiciones de existencia. Esta será la política más acertada, la manera más económica de administrar. De lo contrario, por haber economizado algunos centenares de millones de rublos, podemos perder tanto que no recuperare.nos lo perdido ni con centenares de miles de millones.
Durante una conversación sobre los sueldos, el comisario del pueblo del Trabajo, camarada Shmidt, nos señalaba los hechos siguientes. En la nivelación de los sueldos, decía, hemos hecho lo que en ninguna parte ha hecho ni ha podido hacer durante decenas de años ningún país burgués. Veamos los sueldos de antes de la guerra: el peón cobraba un rublo por día, o sea, 25 rublos al mes, mientras que el especialista cobraba 500 rublos al mes, sin hablar ya de quienes recibían centenares de miles de rublos. El especialista percibía veinte veces más que el obrero. En nuestra escala actual, los sueldos oscilan entre 600 y 3.000 rublos, de forma que la diferencia es sólo del quíntuplo. Hemos hecho mucho en el terreno de la nivelación. Es cierto que a los especialistas les pagamos hoy algo de más, pero pagarles de más por sus provechosas enseñanzas no sólo merece la pena, sino que es una obligación y una necesidad desde el punto de vista teórico. A mi entender, el programa expone en una forma bastante detallada esta cuestión. Es necesario hacer gran hincapié en ella. Hay que resolverla aquí, y no sólo como cuestión de principio, sino hacer las cosas de manera que todos los congresistas, una vez estén en sus localidades, logren con sus informes ante las organizaciones, así como con toda su actividad, que esto se lleve a la práctica.
Hemos conseguido ya que entre la intelectualidad vacilante se produzca un viraje muy considerable. Si ayer hablábamos de legalizar los partidos pequeñoburgueses, y hoy encarcelamos a los mencheviques y eseristas, eso quiere decir que procedemos en estas oscilaciones conforme a un sistema perfectamente determinado. A través de estas oscilaciones, la línea es siempre una y de lo más inflexible: liquidar la contrarrevolución y utilizar el aparato cultural burgués. Los mencheviques son los peores enemigos del socialismo, porque se visten con ropaje proletario, siendo un sector no proletario. En este sector sólo existe una delgada capa en la superficie que pertenece al proletariado, mientras que el sector mismo está compuesto de pequeños intelectuales. Este sector se está pasando a nuestro lado. Lo incorporaremos en su totalidad, como sector social. Cada vez que vienen a nosotros, les decimos: 178
``Bienvenidos''. En cada una de estas oscilaciones, parte de ellos se adhiere a nosotros. Eso les pasó a los mencheviques, a los partidarios de Nóvaya = Zhizn^^92^^ y a los eseristas, y esto mismo les pasará a todos estos elementos vacilantes, que aún obstaculizarán largo tiempo nuestros pasos, lloriquearán y se pasarán de un campo a otro; con ellos no se puede hacer nada. Pero nosotros, a través de todas estas vacilaciones, conseguiremos que los sectores de intelectuales cultos engrosen las filas de los colaboradores soviéticos y prescindiremos de los elementos que continúen apoyando a los guardias blancos.
Otro de los problemas que, según el reparto de temas convenido, me incumbe tratar, es el de la burocracia y el de la incorporación de las grandes masas a la labor de los Soviets. Hace tiempo que se oyen quejas, indudablemente fundadas, contra la burocracia. Y hemos hecho en la lucha contra ella lo que ningún otro Estado. Hemos extirpado de raíz el cuerpo administrativo, esencialmente burocrático y de opresión burguesa, cuerpo que sigue siendo así incluso en las repúblicas burguesas más libres. Tomemos, por ejemplo, los órganos de la justicia. Aquí, por cierto, la tarea era más fácil: no había que crear un nuevo cuerpo, ya que todos pueden ejercer esta función, apoyándose en el concepto de justicia revolucionaria de las clases trabajadoras. Nos falta mucho todavía para coronar la obra, pero en toda una serie de aspectos hemos transformado la justicia en lo que debe ser. Hemos creado órganos judiciales cuyas funciones pueden ser ejercidas no sólo por todos los hombres sin excepción, sino incluso por todas las mujeres, las cuales constituyen el elemento de la población que se encuentra en estado de máximo atraso y estancamiento.
Los funcionarios de otras ramas de la administración tienen más apego a la rutina burocrática. Aquí la tarea es más ardua. No podemos prescindir de este personal, puesto que todas las ramas de la administración tienen necesidad de él. Aquí sufrimos las consecuencias de que Rusia fuese un país de insuficiente desarrollo capitalista. Es probable que en Alemania esto sea más fácil, porque su burocracia ha cursado una mejor escuela, en la que se exprime todo el jugo, pero donde se obliga a trabajar y no a calentar los asientos, como sucede en nuestras oficinas. Hemos disuelto a este personal burocrático anticuado, lo hemos removido y luego hemos comenzado a colocar en otros puestos a quienes lo integraban. Los burócratas zaristas han comenzado a pasar a las oficinas de los órganos soviéticos, en los que introducen sus hábitos burocráticos, se encubren con el disfraz de comunistas y, para asegurar un mayor éxito en su carrera, se procuran carnets del PC de Rusia. ¡De modo que después de ser echados por la puerta, se meten por la ventana! Aquí es donde se deja sentir más la escasez de elementos cultos. A 179 estos burócratas podríamos dejarlos cesantes, pero no es posible reeducarlos de golpe y porrazo. Lo que aquí se nos plantea, ante todo, son problemas de organización, problemas de tipo cultural y educativo.
Sólo cuando toda la población participe en la administración del país se podrá luchar hasta el fin contra la burocracia y vencerla totalmente. En las repúblicas burguesas no sólo es imposible hacerlo: la ley misma lo impide. Las mejores repúblicas burguesas, por más democráticas que sean, impiden mediante innumerables trabas legislativas la participación de los trabajadores en la administración. Hemos hecho todo lo necesario por suprimir estas trabas, pero hasta hoy no hemos podido lograr que las masas trabajadoras puedan participar en la administración: además de las leyes, existe el problema del nivel cultural, que no puede ser sometido a ninguna ley. Este bajo nivel cultural hace que los Soviets, siendo por su programa órganos de administración ejercida por los trabajadores, sean en la práctica órganos de administración para los trabajadores ejercida por el sector avanzado del proletariado, y no por las masas trabajadoras.
En este aspecto tenemos planteada una tarea que no puede ser llevada a cabo más que con un largo trabajo de educación. En el presente, esta tarea ofrece para nosotros dificultades inmensas, porque, como ya he tenido ocasión de señalar más de una vez, el sector de obreros que gobiernan es excesivamente, increíblemente escaso. Debemos obtener refuerzos. Según todos los indicios, estas reservas aumentan en el interior del país. La inmensa sed de conocimientos y el magno éxito en el terreno de la instrucción, conseguido las más de las veces por vía extraescolar, es un adelanto gigantesco e indudable en la instrucción de las masas trabajadoras. Estos éxitos no encajan en ningún marco escolar, pero son prodigiosos. Todos los síntomas nos hacen creer que en un futuro próximo podremos disponer de una reserva inmensa que vendrá a remplazar a los representantes de este pequeño sector del proletariado, exhausto de tanto trabajar. Pero, como quiera que sea, en los momentos actuales nuestra situación es a este respecto muy difícil. La burocracia ha sido vencida. Los explotadores han sido eliminados. Pero el nivel cultural no se ha elevado, razón por la cual los burócratas ocupan sus antiguos puestos. Se les puede hacer perder terreno únicamente mediante la organización del proletariado y de los campesinos a una escala considerablemente mayor que hasta ahora, a la par con la aplicación efectiva de medidas tendentes a incorporar a los obreros a la administración pública. Conocéis estas medidas en lo que se refiere a cada Comisariado del Pueblo, y no me detendré en ello.
180El último punto que me resta por examinar es el que respecta al papel dirigente del proletariado y a la privación del derecho electoral. Nuestra Constitución reconoce la preeminencia del proletariado sobre los campesinos y priva del derecho electoral a los explotado- res^^93^^, preciso punto contra el que más han dirigido sus ataques los demócratas puros de Europa Occidental. Nosotros les hemos respondido y les respondemos que se han olvidado de las tesis más fundamentales del marxismo, de que lo que ellos tienen es la democracia burguesa, mientras que nosotros hemos pasado a la democracia proletaria. No hay en el mundo un solo país que haya hecho tan siquiera la décima parte de lo que ha hecho la República Soviética en los pasados meses para incorporar a los obreros y campesinos pobres a la gestión pública. Esto es una verdad absoluta. Nadie podrá negar que para la verdadera democracia, y no para la ficticia, para incorporar a los obreros y campesinos a la vida pública hemos hecho lo que no han hecho ni pudieron hacer en centenares de años las mejores repúblicas democráticas. Esto ha determinado la importancia de los Soviets; gracias a ello, los Soviets se han convertido en una consigna del proletariado de todos los países.
Pero eso no nos libra en lo más mínimo del obstáculo que supone la escasa cultura de las masas. En modo alguno interpretamos la privación de los derechos electorales a la burguesía desde un punto de vista absoluto, porque es perfectamente admisible en el terreno teórico que la dictadura del proletariado irá aplastando a la burguesía a cada paso, sin privarla, no obstante, de los derechos electorales. Desde el punto de vista teórico, esto se concibe plenamente, y de ahí que tampoco propongamos nuestra Constitución como un modelo para otros países. Decimos únicamente que quien concibe la transición al socialismo sin el aplastamiento de la burguesía no es socialista. Pero si es indispensable aplastar a la burguesía como clase, no es imprescindible privarla de los derechos electorales ni de la igualdad. No queremos la libertad para la burguesía, no reconocemos la igualdad entre explotadores y explotados, pero interpretamos en el programa esta cuestión de manera que la Constitución no prescribe en absoluto medidas como la desigualdad entre obreros y campesinos. La Constitución las ha consignado después de haber sido aplicadas en la práctica. Ni siquiera han sido los bolcheviques quienes han redactado la Constitución soviética; la redactaron los mencheviques y eseristas contra sí mismos antes de la revolución bolchevique. Y la redactaron tal y como lo dictaba la vida misma. La organización del proletariado se ha llevado a cabo a ritmo mucho más rápido que la organización cíe los campesinos, lo que ha hecho de los obreros el puntal de la revolución y les ha dado en la práctica una ventaja. La tarea siguiente consiste en 181 ir pasando poco a poco a la nivelación de estas ventajas. Nadie, ni antes de la Revolución de Octubre, ni después de ella, ha expulsado a la burguesía de los Soviets. Los ha abandonado ella misma.
Así están las cosas en cuanto a los derechos electorales de la burguesía. Nuestra tarea consiste en plantear este problema con toda claridad. En modo alguno nos disculpamos por nuestra conducta; lo que hacemos es presentar los hechos tales y como son. Como hemos señalado, nuestra Constitución se vio obligada a consignar esta desigualdad, porque el nivel cultural es bajo, porque nuestra organización es débil. Pero no hacemos de esto un ideal, sino que, por el contrario, el partido se compromete en su programa a desplegar una labor metódica para suprimir esta desigualdad entre el proletariado más organizado y los campesinos, desigualdad que suprimiremos tan pronto como logremos elevar el nivel cultural. Entonces podremos prescindir de estas restricciones. Al cabo de diecisiete meses nada más de revolución, estas restricciones tienen en la práctica muy escasa importancia.
Estos son, camaradas, los puntos esenciales a los que he considerado necesario referirme en la discusión general del programa, para dejar que se sigan debatiendo en las deliberaciones del congreso. (Aplausos.)
182 __NUMERIC_LVL2__ 2 __ALPHA_LVL2__ DISCURSO DE RESUMEN DE LA DISCUSIÓN (
Muchos oradores han manifestado el punto de vista---sobre todo, y con particular energía, el camarada Podbelski---de que, tal como se os ha presentado, el proyecto es erróneo. Las pruebas que el camarada Podbelski ha expuesto son extrañas en sumo grado. Algo así como, por ejemplo, que en el primer apartado, la revolución ha sido denominada revolución de tal fecha. No sé por qué causa, eso ha producido al camarada Podbelski la impresión de que la revolución tiene hasta su número. Puedo decir que en el Consejo de Comisarios del Pueblo manejamos muchos papeles numerados y nos cansamos de eso a menudo, mas ¿para qué traer aquí también esa impresión? En efecto, ¿qué tiene que ver aquí el número? Nosotros fijamos la 183 fecha de la fiesta y la conmemoramos. ¿Cómo se puede negar que el poder se tomó precisamente el 25 de octubre? Si tratáis de modificar eso de algún modo, resultará artificioso. Si denomináis de OctubreNoviembre a la revolución, se dará con ello la posibilidad de decir que la obra no se hizo en un día. Es claro que transcurrió durante un período más prolongado, no a lo largo del mes de octubre, ni del de noviembre, ni de un año siquiera. El camarada Podbelski ha impugnado que en un apartado se habla de la revolución social venidera. Y tomando eso como base, ha pintado el programa casi como un atentado contra la "honra de su majestad" la revolución social. ¡Estamos en plena revolución social y nos hablan de ella en futuro! Semejante argumento carece de consistencia a todas luces, pues en nuestro programa se trata de la revolución social a escala de todo el mundo.
Se nos dice que abordamos la revolución desde el punto de vista económico. ¿Hace o no hace falta eso? Numerosos camaradas, aquí presentes, que se dejan llevar por la pasión, han llegado a hablar del consejo de economía mundial y del supeditamiento de todos los partidos comunistas nacionales al Comité Central del PC de Rusia. Al camarada Piatakov le ha faltado poco para decirlo. (Piatakov, desde su sitio: "¿Acaso cree usted que estaría mal?'') Si él hace ahora la observación de que no estaría mal, debo responderle que si en el programa hubiera algo por el estilo, no haría falta criticarlo: los autores de semejante propuesta se pondrían ellos mismos fuera de combate. Estos camaradas que se dejan llevar por la pasión no han tenido en cuenta que en el programa debemos partir de lo que existe. Un camarada de esos que criticó muy enérgico el programa, diciendo que era pobre, etc., uno de esos camaradas que se dejan llevar por la pasión, me parece que fue Sunitsa, declaró que no puede estar conforme con que debe haber lo que existe, y propone que debe haber lo que no existe. (Risa s.) Creo que, por la evidencia del error, este planteamiento de la cuestión hace reír con pleno fundamento. Yo no he dicho que deba haber sólo lo que existe. He dicho que debemos partir de lo absolutamente comprobado. Debemos decir y demostrar a los proletarios y campesinos trabajadores que la revolución comunista es inevitable. ¿Ha dicho aquí alguien que no hace falta exponer eso? Si alguien probara a hacer semejante propuesta, le demostrarían que eso no es así. Nadie ha dicho ni dirá nada parecido, pues no suscita duda el hecho de que nuestro partido ha alcanzado el poder con el apoyo no sólo del proletariado comunista, sino de todos los campesinos. ¿Es que nos vamos a limitar a decir a todas estas masas que vienen ahora con nosotros: "La misión del partido es sólo llevar a cabo la edificación socialista. La revolución comunista está hecha, realizad el comunismo"? 184 Semejante punto de vista es inconsistente de raíz, es erróneo en teoría. Nuestro partido se ha engrosado directamente, y aún más, indirectamente, con millones de personas que están aprendiendo ahora qué es lucha de clase y qué es transición del capitalismo al comunismo.
Ahora puede afirmarse---y, naturalmente, no habrá ninguna exageración en ello---que en ningún sitio, en ningún otro país se interesó tanto la población trabajadora por la transformación del capitalismo en socialismo como hoy en el nuestro. En nuestro país se piensa en eso mucho más que en cualquier otro. ;Es que el partido no debe dar respuesta a esta cuestión? Debemos mostrar científicamente cómo transcurrirá esa revolución comunista. A este respecto las demás propuestas quedan en medias tintas. Nadie ha querido tachar eso por completo. Se ha hablado con ambigüedad: tal vez se pueda reducir, no citar el viejo programa, porque es erróneo. Pero, si fuera erróneo, ¿cómo habríamos podido partir de él durante tantos años en nuestro trabajo? Tal vez tengamos un programa común cuando se constituya la República Soviética mundial, pero hasta entonces aún escribiremos seguramente varios programas. Y escribirlos ahora, cuando existe sólo una República Soviética en el lugar del viejo Imperio ruso, sería prematuro. Ni siquiera Finlandia, que va sin duda hacia la República Soviética, la ha llevado aún a cabo, ni siquiera Finlandia, que se distingue de todos los demás pueblos que habitaban el viejo Imperio ruso por tener mayor cultura. De manera que pretender ahora dar en el programa la expresión de un proceso acabado sería un error grandísimo. Eso parecería lo mismo que si incluyéramos en nuestro programa el consejo de economía mundial. Dicho sea de paso, nosotros mismos aún no nos hemos acostumbrado a este monstruoso vocablo de conecón (consejo de economía), y los extranjeros, según se dice, buscan a veces en las guías para ver si hay tal estación. (Risas.) No podemos decretar a todo el mundo palabras como ésa.
Para que nuestro programa sea internacional, debe tener en cuenta los aspectos clasistas típicos, desde el punto de vista económico, de todos los países. Es típico de todos los países que el capitalismo aún se desarrolla en muchísimos lugares. Eso es cierto para toda Asia, para todos los países que pasan a la democracia burguesa, es cierto también para toda una serie de sitios de Rusia. El camarada Rykov, que conoce muy bien los hechos en la esfera de la economía, nos ha hablado de la nueva burguesía existente en nuestro país. Eso es verdad. No sólo nace de nuestros empleados soviéticos ---puede nacer asimismo de ellos en número insignificante---, sino de los campesinos y los artesanos libres del yugo de los bancos capitalistas y desconectados ahora del transporte ferroviario. Eso es 185 un hecho. ¿De qtié modo queréis darlo de lado? Con eso no hacéis sino alimentar vuestras ilusiones o llevar a la realidad, que es mucho más complicada, un librito poco meditado. Esa realidad nos demuestra que incluso en Rusia vive, actúa y se desarrolla la economía mercantil capitalista, que engendra burguesía lo mismo que en cualquier sociedad capitalista.
El camarada Rykov ha dicho: "Luchamos contra la burguesía que nace en nuestro país porque la economía campesina aún no ha desaparecido, y esta economía engendra burguesía y capitalismo''. Carecemos de datos exactos de esto, pero no hay duda de que sucede. La República Soviética es la única que existe por ahora en el mundo en los límites del viejo Imperio ruso. Crece y se desarrolla en una serie de países, pero aún no existe en ningún otro. Por eso, pretender en nuestro programa a lo que aún no hemos visto es una fantasía, es querer escapar de una realidad desagradable que nos muestra que los dolores del parto de la república socialista en otros países serán indudablemente mucho mayores que los que hemos sufrido nosotros. A nosotros nos ha sido fácil porque legalizamos el 26 de octubre de 1917 lo que exigían los campesinos en las resoluciones de los eseristas. Eso no sucede en ningún otro país. El camarada suizo y el camarada alemán han dicho que los campesinos se armaron contra los huelguistas en Suiza como nunca, y que en el campo alemán no se nota vientecillo libre alguno en el sentido del surgimiento de Soviets de obreros agrícolas y pequeños campesinos. En Rusia, tras los primeros meses de revolución, los Soviets de diputados campesinos se extendieron a casi todo el país. Nosotros, un país atrasado, los hemos creado. Aquí se plantea un problema gigantesco que los pueblos capitalistas aún no han resuelto. ¿Y qué nación capitalista ejemplar hemos sido nosotros? Hasta 1917 aún teníamos supervivencias del régimen de la servidumbre. Pero ninguna nación de estructura capitalista ha mostrado aún cómo se resuelve esta cuestión en la práctica. Nosotros conquistamos el poder en condiciones excepcionales, cuando la opresión del zarismo obligó a realizar con gran ímpetu una transformación radical y rápida, y, en esas condiciones excepcionales, supimos apoyarnos durante varios meses en el conjunto de todos los campesinos. Este es un hecho histórico. Nos mantuvimos como poder no menos que hasta el verano de 1918, hasta la formación de los comités de campesinos pobres, porque nos apoyamos en el conjunto de todos los campesinos. En ningún país capitalista es posible eso. Este hecho económico fundamental es el que olvidáis cuando habláis de rehacer radicalmente todo el programa. Sin eso, vuestro programa no descansará sobre cimientos científicos.
Estamos obligados a partir de la tesis marxista, por todos 186 admitida, de que el programa debe erigirse sobre cimientos científicos. Debe explicar a las masas cómo surgió la revolución comunista, por qué es inevitable, cuál es su importancia, su esencia y su fuerza, qué problemas debe resolver. Nuestro programa debe ser un prontuario para la agitación, un prontuario como fueron todos los programas, como fue, por ejemplo, el Programa de = Erfurt^^94^^. Cada apartado de este programa contenía centenares de miles de discursos y artículos de agitadores. Cada apartado de nuestro programa es lo que debe saber, aprender y entender todo trabajador. Si no entiende qué es el capitalismo, que los pequeños campesinos y las industrias de oficio engendran inevitable y obligatoriamente ese capitalismo sin cesar; si no comprende eso, aunque se declare cien veces comunista y figure como comunista de lo más radical, ese comunismo no valdrá nada. Nosotros apreciamos el comunismo sólo cuando tiene argumentación económica.
La revolución socialista modificará muchísimas cosas incluso en algunos países adelantados. El modo de producción capitalista sigue existiendo en todo el mundo, conservando a menudo sus formas menos desarrolladas, a pesar de que el imperialismo ha reunido y concentrado el capital financiero. En ningún país, ni siquiera en el más desarrollado, se puede encontrar el capitalismo exclusivamente en su forma más perfecta. No hay nada parecido ni siquiera en Alemania. Cuando nosotros reuníamos datos relativos a nuestras tareas concretas, el camarada gerente del Buró Central de Estadística me participó que, en Alemania, el campesino alemán había ocultado a los órganos de abastos el 40% de sus excedentes de patata. En un Estado capitalista, en el que el capitalismo se encuentra en pleno desarrollo, siguen existiendo pequeñas haciendas campesinas con pequeña venta libre, con pequeña especulación. Tales hechos no se pueden olvidar. ¿Habrá muchos entre los trescientos mil miembros del partido aquí representados que entiendan bien esta cuestión? Sería ridicula presunción creer que, como nosotros, que hemos tenido la dicha de escribir el proyecto, sabemos todo eso, la masa de comunistas también lo ha comprendido. Sí, las masas necesitan estas primeras letras, las necesitan cien veces más que nosotros, pues no podrán construir el comunismo quienes no hayan aprendido, quienes no hayan llegado a comprender qué es el comunismo y qué la economía mercantil. Tropezamos cada día con estos hechos de pequeña economía mercantil en toda cuestión de política práctica, agraria, de abastecimiento o relativa al Consejo Supremo de Economía Nacional. ¡Y se nos dice que de eso no se debe hablar en el programa! Si obráramos así demostraríamos únicamente que no sabemos resolver esta cuestión, que el éxito de la revolución en nuestro país se explica por unas condiciones excepcionales.
187A nuestro país vienen camaradas de Alemania para aprender las formas del régimen socialista. Y debemos proceder de manera que demostremos a los camaradas extranjeros nuestro vigor, a fin de que vean que en nuestra revolución no nos apartamos un ápice de la realidad, a fin de ofrecerles datos que serán irrefutables para ellos. Sería ridículo presentar nuestra revolución como un ideal para todos los países, imaginarse que ha hecho toda una serie de geniales descubrimientos e introducido un montón de innovaciones socialistas. No se lo he oído decir a nadie y afirmo que no se lo oiremos decir a nadie. Tenemos experiencia práctica de dar los primeros pasos para destruir el capitalismo en un país en el que existe una relación especial entre el proletariado y los campesinos. Nada más. Si vamos a inflarnos y presumir como la rana, haremos reír a todo el mundo, seremos unos simples jactanciosos.
Hemos educado al partido del proletariado con un programa marxista, y de la misma manera debemos educar a las decenas de millones de trabajadores que tenemos. Nos hemos reunido como dirigentes ideológicos, y debemos decir a las masas: "Hemos educado al proletariado y hemos partido siempre y ante todo del análisis económico exacto''. No es ésa la misión del manifiesto. El Manifiesto de la III Internacional es un llamamiento, una proclama, un toque de atención a lo que se nos plantea, una apelación a los sentimientos de las masas. Procurad demostrar científicamente que tenéis una base económica y que no hacéis castillos en el aire. Si no podéis demostrarlo, no os pongáis a redactar un programa. Y para demostrarlo, no podemos obrar de otra manera que revisando lo que hemos vivido durante quince años. Si hace quince años dijimos que íbamos a la futura revolución social, y ahora hemos llegado a ella, ¿acaso nos debilita eso? Eso nos fortalece y da vigor. Todo se reduce a que el capitalismo pasa al imperialismo, y el imperialismo lleva al comienzo de la revolución socialista. Esto es aburrido y largo, y ningún país capitalista ha terminado aún ese proceso. Pero señalarlo en el programa es necesario.
Por eso, las objeciones teóricas que se han hecho están por debajo de toda crítica. No dudo que si ponemos a trabajar durante tres o cuatro horas diarias, en el curso de un mes, de diez a veinte literatos duchos en la exposición de sus ideas, redactarían un programa mejor, más completo. Pero exigir que eso se haga en uno o dos días, como ha dicho el camarada Podbelski, mueve a risa. No hemos trabajado uno o dos días, y ni siquiera dos semanas. Repito; si se pudiera elegir para un mes una comisión de treinta personas y ponerlas a trabajar varias horas al día, sin que, además, les molestaran las llamadas telefónicas, no cabe duda que sacarían un programa cinco veces mejor. Pero aquí nadie ha impugnado la 188 esencia de la cuestión. Un programa que no hable de las bases de la economía mercantil ni del capitalismo no será un programa marxista internacional. Para que sea internacional, no basta aún con que proclame la República Soviética mundial o la supresión de las naciones, como ha declarado el camarada Piatakov: no hacen falta naciones algunas, lo que se necesita es la agrupación de todos los proletarios. Claro está que eso es algo maravilloso, y se llegará a ello, pero en otra fase, muy distinta, del desarrollo comunista. El camarada Piatakov dice con ostensible superioridad: "En 1917 erais atrasados, y ahora habéis avanzado''. Hemos avanzado cuando hemos puesto en el programa lo que ha empezado a corresponder a la realidad. Cuando hemos dicho que las naciones avanzan de la democracia burguesa al poder proletario, hemos expresado lo que existe; y en 1917 eso era lo que se deseaba.
Cuando entre los espartaquistas y nosotros exista la plena confianza de camaradas que se precisa para el comunismo único, la confianza de camaradas que nace cada día y tal vez se alcance dentro de varios meses, entonces se estampará en el programa. Pero mientras eso no exista, proclamarlo significa tirar de los espartaquistas para llevarlos a lo que ellos aún no ven por propia experiencia. Hemos dicho que el tipo soviético ha adquirido importancia internacional. El camarada Bujarin ha mencionado los comités de delegados de fábrica ingleses. No son lo mismo que los Soviets. Crecen, pero aún están en desarrollo intrauterino. Cuando salgan a la luz, ya veremos. Pero decir que nosotros regalamos los Soviets rusos a los obreros ingleses está por debajo de toda crítica.
Debo detenerme a continuación en la autodeterminación de las naciones. Nuestra crítica ha concedido a este problema una importancia exagerada. La debilidad de nuestra crítica se ha dejado notar en este caso en que ha concedido especial importancia a este problema, que, en el fondo, desempeña un papel menos que secundario en la estructura del programa, en la suma general de reivindicaciones programáticas.
Cuando el camarada Piatakov habló, yo me quedé pasmado, sin saber si exponía razonamientos acerca del programa o se trataba de una disputa de dos burós para problemas de organización. Cuando el camarada Piatakov dijo que los comunistas ucranios actuaban según las directrices del CC del PC(b) de Rusia, no comprendí con qué tono lo decía. ¿Con tono de lástima? No sospecho eso del camarada Piatakov, pero el sentido de su discurso fue así: ¡Qué falta hacen todas esas autodeterminaciones cuando hay un magnífico Comité Central en Moscú! Este es un punto de vista infantil. Ucrania estaba separada de Rusia por condiciones excepcionales, y el movimiento nacional no echó allí hondas raíces. Los alemanes 189 terminaron con él en lo que se manifestó. Este es un hecho excepcional. Hasta con el lenguaje está planteada la cuestión de manera que no se sabe si el ucranio es una lengua de masas o no. Las masas trabajadoras de otras naciones desconfiaban por completo de los rusos, como nación dominante y opresora. Esto es un hecho. El representante finlandés me contó que entre la burguesía de su país, que odiaba a los rusos, se oyen voces que dicen: "Los alemanes han resultado una fiera mayor, la Entente también ha resultado una fiera mayor, preferimos a los bolcheviques''. He aquí la inmensa victoria que hemos obtenido sobre la burguesía finesa en el problema nacional. Esto en absoluto nos impedirá combatirla como enemigo de clase, escogiendo para ello los medios convenientes. La República Soviética, constituida en un país cuyo zarismo oprimía a Finlandia, debe decir que respeta el derecho de las naciones a la independencia. Concertamos un tratado con el Gobierno finlandés rojo de breve existencia y le hicimos ciertas concesiones territoriales, por las que he oído muchas objeciones netamente patrioteras: "Allí hay buenas pesquerías, y las habéis entregado''. Son estas objeciones del tipo de las que dije: escarba a algún que otro comunista y hallarás a un patriotero ruso.
Creo que este ejemplo relativo a Finlandia, lo mismo que el referente a los bashkires, prueba que en el problema nacional no se puede razonar afirmando que hace falta a toda costa la unidad económica. ¡Pues claro que hace falta! Pero debemos lograrla mediante la propaganda, la agitación, la unión voluntaria. Los bashkires desconfían de los rusos porque éstos tienen más cultura y aprovecharon esa cultura suya para expoliarlos. Por eso, en los apartados lugares de los bashkires, el vocablo ``ruso'' significa para ellos ``opresor'', "truhán''. Esto hay que tenerlo en cuenta y combatirlo. Es un fenómeno muy duradero. No se anula con ningún decreto. Hemos de ser muy prudentes con eso. Se necesita singular prudencia por parte de una nación como la rusa, que ha despertado en todas las otras naciones un odio rabioso contra ella, y sólo ahora hemos aprendido a corregirlo, y aun así mal. Tenemos, por ejemplo, en el Comisariado de Instrucción Pública o cerca de él a comunistas que dicen: la escuela es única, ¡por tanto, no os atreváis a enseñar en otra lengua que no sea la rusa! Soy de la opinión de que semejante comunista es un patriotero ruso. Lo llevamos en la sangre muchos de nosotros y debemos combatirlo.
Por eso debemos decir a otras naciones que somos internacionalistas hasta el fin y aspiramos a la unión voluntaria de los obreros y campesinos de todas las naciones. Eso en modo alguno excluye las guerras. La guerra es otra cuestión que dimana de la esencia del imperialismo. Si peleamos contra Wilson, y Wilson convierte a una 190 nación pequeña en instrumento suyo, diremos que combatimos contra ese instrumento. Jamás hemos impugnado eso. Jamás hemos dicho que la república socialista pueda existir sin fuerza militar. En determinadas condiciones, la guerra puede ser una necesidad. Y ahora, en el problema de la autodeterminación de las naciones, el meollo está en que diversas naciones marchan por el mismo derrotero histórico, pero haciendo muchísimos zigzags y pisando otros senderos, y en que las naciones más cultas van a ciencia cierta de otra manera que las menos cultas. Finlandia ha ido de otra manera. Alemania va de otra manera. El camarada Piatakov tiene mil veces razón cuando afirma que necesitamos la unidad. Pero hay que luchar por ella con la propaganda, con la influencia del partido, creando sindicatos únicos. Sin embargo, tampoco en esto se puede proceder siguiendo un mismo patrón. Si suprimiéramos este punto o lo redactáramos de otra manera, tacharíamos el problema nacional del programa. Se podría hacer eso si hubiera gente sin peculiaridades nacionales. Pero esa gente no existe, y en modo alguno podemos construir de otra manera la sociedad socialista.
Camaradas, creo que el programa propuesto aquí se debe tomar como base, pasarlo a la comisión, completar ésta con representantes de la oposición, mejor dicho, con los camaradas que han presentado aquí propuestas prácticas, y retirar de ella: 1) las enmiendas enumeradas del proyecto y 2) las objeciones teóricas que no pueden dar pie a acuerdos. Creo que éste será el planteamiento más práctico de la cuestión que nos dará una solución acertada y de lo más rápida. (Aplausos.)
191 __NUMERIC_LVL2__ 3 __ALPHA_LVL2__ INFORME SOBRE EL TRABAJO (
Camaradas, es completamente natural que, en el proceso de desarrollo de la revolución proletaria, tengamos que destacar en primer plano ora uno, ora otro de los problemas más complejos e importantes de la vida de la sociedad. Es completamente natural que en una revolución que toca, y no puede menos de tocar, las bases más profundas de la vida, y que atañe a las más vastas masas de la población, ningún partido, ningún gobierno, por muy estrechos que sean sus nexos con las masas, esté en absoluto en condiciones de abarcar de una vez todos los aspectos de la vida. Y si hoy nos vemos obligados a detenernos en el trabajo en el campo y a destacar principalmente de este problema la situación de los campesinos medios, en ello no puede haber nada de extraño ni de anormal desde el punto de vista del desarrollo de la revolución proletaria en general. Es claro que la revolución proletaria ha tenido que comenzar por la relación fundamental entre dos clases hostiles: el proletariado y la burguesía. La tarea fundamental era 192 hacer pasar el poder a manos de la clase obrera, asegurar su dictadura, derribar a la burguesía y privarla de las fuentes económicas de su poder, que, incuestionablemente, representan un obstáculo para toda construcción socialista en general. Ninguno de nosotros, por cuanto conocemos el marxismo, ha puesto en duda jamás la verdad de que, en la sociedad capitalista, por su misma estructura económica, la importancia decisiva puede tenerla o el proletariado o la burguesía. Actualmente oímos afirmar a muchos ex marxistas---por ejemplo, del campo menchevique---que en el período de la lucha decisiva entre el proletariado y la burguesía puede predominar la democracia en generé Eso dicen los mencheviques, coincidentes por completo con los esenstas. ¡Como si no fuera la misma burguesía la que implanta ° suprime la democracia, según lo que más le conviene! Y siendo asi no puede ni hablarse de democracia en general durante el periodo de la lucha exacerbada entre la burguesía y el proletariado. No puede uno sino sorprenderse de la rapidez con que estos marxistas o seudomarxistas---por ejemplo, nuestros mencheviques---se desenmascaran ellos mismos, de la rapidez con que se hace patente su verdadera naturaleza, su naturaleza de demócratas pequenoburgueses.
Contra lo que más luchó Marx toda la vida fue contra las ilusiones de la democracia pequeñoburguesa y de la democracia burguesa. Lo que más ridiculizaba Mar* era la fraseología huera acerca de la libertad y la igualdad, fraseología que encubre la libertad de los obreros de morirse de hambre o la igualdad entre el que vende su fuerza de trabajo Y el burgués, quien, aparentemente, compra con libertad y en condiciones de igualdad en el mercado libre el trabajo de aquél, etc. Marx explicó esto en todas sus obras de economía. Puede afirmarse que todo El Capital de Marx está consagrado a esclarecer la verdad de que las fuerzas básicas de la sociedad capitalista son y sólo pueden ser la burguesía y el proletariado: la burguesía, como edificadora de la sociedad capitalista, como dirigente y motor suyo; e\ proletariado, como su sepulturero, como la única fuerza capaz de remplazaría. Es difícil encontrar un solo capítulo de cualquier obra de Marx que no esté dedicado a esta cuestión. Puede afirmarse que, en el seno de la II Internacional, los socialistas del mundo entero juraron y perjuraron infinidad de veces ante los obreros que comprendían esta verdad. Pero cuando las cosas llegaron a la lucha verdadera y, además, decisiva, por el poder entre la burguesía y el proletariado, vimos que nuestros mencheviques y eseristas, y con ellos los jefes de los viejos partidos socialistas de todos los países, echaban en olvido esta verdad y se dedicaban a repetir de un modo 193 puramente mecánico las frases filisteas sobre la democracia en general.
Entre nosotros se intenta, a veces, hacer que suenen estas palabras, al parecer, con mayor ``fuerza'', diciendo: "Dictadura de la democracia''. Esto es ya un verdadero absurdo. La historia nos enseña perfectamente que la dictadura de la burguesía democrática no ha significado otra cosa que el aplastamiento de los obreros insurrectos. Así ha venido ocurriendo desde 1848, por lo menos, aunque podemos encontrar también algunos ejemplos en épocas anteriores. La historia nos muestra que precisamente en la democracia burguesa se despliega a gran escala y con libertad la lucha más enconada entre el proletariado y la burguesía. Hemos tenido ocasión de convencernos prácticamente de esta verdad. Y si los pasos dados por el Gobierno soviético a partir de octubre de 1917 se han distinguido por su firmeza en todas las cuestiones cardinales, ello se debe, precisamente, a que nosotros jamás nos hemos apartado de esta verdad, jamás la hemos olvidado. Sólo la dictadura de una clase---la del proletariado---puede decidir la cuestión en la lucha contra la burguesía por el poder. Sólo la dictadura del proletariado puede derrotar a la burguesía. Sólo el proletariado puede derribar a la burguesía. Sólo el proletariado puede llevar tras de sí a las masas contra la burguesía.
Sin embargo, de ahí en modo alguno se deriva---creerlo así constituiría el más grave error---que en la obra posterior de la edificación del comunismo, una vez derribada la burguesía y cuando el poder político se encuentra ya en manos del proletariado, podamos prescindir asimismo en lo sucesivo de los elementos medios e intermedios.
Es natural que al comienzo de la revolución---de la revolución proletaria---, toda la atención de sus dirigentes se concentre en lo principal, en lo esencial: en implantar el dominio del proletariado y asegurar este dominio mediante la victoria sobre la burguesía, en asegurar que la burguesía no pueda retornar al poder. Sabemos muy bien que la burguesía sigue conservando hasta hoy algunas ventajas debido a las riquezas que posee en otros países o consistentes, a veces incluso en nuestro país, en riquezas pecuniarias. Sabemos muy bien que existen elementos sociales, más expertos que los proletarios, que ayudan a la burguesía. Sabemos muy bien que la burguesía no ha abandonado la idea de recuperar el poder ni ha cejado en los intentos de restaurar su dominación.
Pero esto no es todo, ni mucho menos. La burguesía, que se atiene particularmente al principio de "Donde se está bien, allí está la patria''; la burguesía, que desde el punto de vista del dinero ha sido siempre internacional; la burguesía, a escala mundial,
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194 es hoy más fuerte todavía que nosotros. Su dominación va siendo socavada con rapidez; la burguesía ve ejemplos como la revolución húngara---de la que hemos tenido ayer la felicidad de daros cuenta y de la que nos llegan hoy noticias confirmatorias---y empieza a comprender que su dominación se tambalea. Ya no posee libertad de acción. Pero hoy, si se tienen presentes los recursos materiales a escala mundial, por fuerza se habrá de reconocer que, en este aspecto, la burguesía es más vigorosa aún que nosotros.He ahí por qué las nueve décimas partes de nuestra atención, de nuestra labor práctica, estuvieron y hubieron de estar dedicadas a esta cuestión fundamental de derrocar a la burguesía, consolidar el poder del proletariado, suprimir toda posibilidad de retorno de la burguesía al poder. Esto es completamente lógico, legítimo e inevitable, y en este aspecto se han hecho muchas cosas con buen éxito.
Ahora, en cambio, debemos poner a la orden del día el problema de los otros sectores. Debemos---ésta fue nuestra conclusión común en la sección agraria, y estamos seguros de que en eso coincidirán todos los funcionarios del partido, por cuanto no hemos hecho más que resumir la experiencia de sus observaciones prácticas---poner a la orden del día en toda su magnitud el problema de los campesinos medios.
Habrá, sin duda, quien, en lugar de meditar sobre el curso de nuestra revolución, en lugar de reflexionar sobre las tareas que se nos plantean hoy, aprovechará cada paso del Poder soviético para hacer burlas y críticas como las que observamos entre los señores mencheviques y eseristas de derecha. Son gentes que siguen sin comprender hasta hoy que deben elegir entre nosotros y la dictadura burguesa. Hemos tenido con ellos mucha paciencia e incluso benevolencia; les daremos una vez más la posibilidad de poner a prueba esa benevolencia nuestra; pero, en un futuro próximo se nos agotarán la paciencia y la generosidad, y si ellos no hacen su elección, les propondremos con toda seriedad que se vayan con Kolchak. (Aplausos.) No esperamos que esa gente tenga dotes intelectuales muy brillantes. (Risas.) Pero podría esperarse que, después de sentir en sus costillas las atrocidades de Kolchak, comprendieran que tenemos derecho a exigirles que elijan entre nosotros y Kolchak. Si en los primeros meses que siguieron a Octubre, muchos ingenuos incurrieron en la tontería de pensar que la dictadura del proletariado era algo pasajero y casual, hoy hasta los mencheviques y los eseristas deberían comprender que se trata de un fenómeno lógico en la lucha desplegada bajo la presión de toda la burguesía internacional.
195De hecho han cristalizado únicamente dos fuerzas: la dictadura de la burguesía y la dictadura del proletariado. Quien no haya aprendido eso, leyendo las obras de Marx, quien no lo haya aprendido leyendo las obras de todos los grandes socialistas, jamás ha sido socialista ni entiende una palabra de socialismo, y de socialista sólo tiene el nombre. Concedemos a esas gentes un plazo corto para que reflexionen y les exigimos que elijan. Las he mencionado, porque ahora dicen o dirán: "Los bolcheviques han planteado la cuestión de los campesinos medios, quieren coquetear con ellos''. Sé perfectamente que ese género de argumentos y otros mucho peores aparecen con profusión en la prensa menchevique. Nosotros los desdeñamos, jamás concedemos importancia a la charlatanería de nuestros enemigos. Los hombres capaces de continuar desertando hasta hoy de la burguesía al proletariado y viceversa pueden decir lo que quieran. Nosotros seguimos nuestro camino.
Nuestra ruta está determinada, ante todo, por la correlación de las fuerzas de las clases. En la sociedad capitalista está empeñada la lucha entre la burguesía y el proletariado. Mientras esta lucha no haya terminado, seguiremos centrando redoblada atención en llevarla hasta su término. Aún no ha sido llevada hasta el fin. Hemos logrado hacer ya mucho en esa lucha. Hoy, la burguesía internacional no puede ya obrar suelta de manos. La mejor prueba de ello es el estallido de la revolución proletaria en Hungría. De ahí se desprende con claridad que nuestra labor en el campo no se limita ya a satisfacer la necesidad fundamental de lucha por el poder.
Esta labor ha pasado por dos fases principales. En octubre de 1917 tomamos el poder junto con todos los campesinos. Era una revolución burguesa, por cuanto en el campo no se había desplegado todavía la lucha entre las clases. Como ya he dicho, sólo en el verano de 1918 comenzó la verdadera revolución proletaria en el campo. Si no hubiéramos sabido realizar esa revolución, nuestra labor habría sido incompleta. La primera etapa consistió en tomar el poder en las ciudades, en instaurar la forma de gobierno soviética. La segunda etapa ha consistido en lo que es fundamental para los socialistas y sin lo cual éstos dejan de serlo: la separación de los elementos proletarios y semiproletarios en el campo y su unión estrecha con el proletariado urbano para luchar contra la burguesía agraria. Esta etapa también ha terminado en lo fundamental. Las organizaciones que creamos para ello al principio, los comités de campesinos pobres, se han consolidado tanto que hemos considerado posible sustituirlos por Soviets elegidos normalmente, es decir, reorganizar los Soviets rurales de forma 196 que puedan convertirse en órganos de dominación de clase, en órganos del poder proletario en el campo. Medidas como la ley sobre la organización socialista del usufructo de la tierra y sobre las medidas de transición a la agricultura socialista---aprobada no hace mucho por el Comité Ejecutivo Central y que todos vosotros, naturalmente, conocéis---resumen la obra realizada desde el punto de vista de nuestra revolución proletaria.
Hemos cumplido lo principal, lo que constituye la tarea primordial y fundamental de la revolución proletaria. Y precisamente por eso se ha planteado un problema más complejo: nuestra actitud ante el campesino medio. No comprenden en absoluto las tareas del proletariado, las tareas de la revolución comunista, quienes creen que el planteamiento de este problema es algo así como una atenuación del carácter de nuestro poder, un debilitamiento de la dictadura del proletariado, un cambio, por leve y parcial que sea, de nuestra política fundamental. Estoy seguro de que en nuestro partido no habrá gente de ese tipo. He querido sólo prevenir a los camaradas contra gentes que no pertenecen al partido obrero y que hablan así, no porque ello se desprenda de alguna concepción filosófica, sino, simplemente, para desbaratar nuestra obra y ayudar a los guardias blancos, es decir, para azuzar contra nosotros a los campesinos medios, que han vacilado siempre, que no pueden menos de vacilar y que seguirán vacilando durante bastante tiempo. Para azuzarlos contra nosotros, les dirán: "¡Tened cuidado, están coqueteando con vosotros! Eso significa que han tomado en consideración vuestras insurrecciones, que han comenzado a vacilar'', etc., etc. Todos nuestros camaradas deben estar pertrechados contra semejante agitación. Y tengo la seguridad de que lo estarán si logramos ahora plantear esta cuestión desde el punto de vista de la lucha de clase.
Es evidente a todas luces que este problema fundamental constituye una tarea más compleja, pero no menos urgente: ¿cómo determinar con precisión la actitud del proletariado ante el campesino medio':' Camaradas, desde el punto de vista teórico, asimilado por la inmensa mayoría de los obreros, esta cuestión no presenta dificultades para los marxistas. Recordaré, por ejemplo, que en el libro de Kautsky sobre el problema agrario---escrito cuando exponía con acierto la doctrina de Marx y era considerado una autoridad indiscutible en esta materia---se dice, al hablar de la transición del capitalismo al socialismo, que la tarea del partido socialista consiste en neutralizar al campesinado, es decir, en lograr que los campesinos permanezcan neutrales en la lucha entre el proletariado y la burguesía, que los campesinos no puedan prestar a esta última una ayuda activa contra nosotros.
197Durante el larguísimo período de dominación de la burguesía, el campesinado apoyó el poder de ésta, estuvo al lado de ella. Y eso se comprende si se tiene en cuenta la fuerza económica de la burguesía y los medios políticos de su dominación. No podemos esperar que el campesino medio se coloque inmediatamente a nnestro lado. Pero si seguimos una política acertada, al cabo de algún tiempo terminarán esas vacilaciones, y el campesino podrá situarse a nuestro lado.
Engels, que colocó con Marx los cimientos del marxismo científico, es decir, de la doctrina que sirve de guía constante a nuestro partido, sobre todo durante la revolución, subdividía ya a los campesinos en pequeños, medios y ricos, división que también hoy corresponde a la realidad en la inmensa mayoría de los países europeos. Engels decía: "Puede darse el caso de que no en todas partes tenga que aplastarse por la violencia ni siquiera a los campesinos ricos''. Y ningún socialista sensato ha pensado jamás que tuviéramos que emplear alguna vez la violencia contra los campesinos medios (los pequeños campesinos son amigos nuestros). Así hablaba Engels en 1894, un año antes de morir, cuando el problema agrario se planteaba a la orden del = día^^96^^. Este punto de vista nos prueba una verdad a veces olvidada, pero con la que todos estamos de acuerdo en teoría. Por lo que se refiere a los terratenientes y capitalistas, nuestra tarea consiste en su completa expropiación. Pero no admitimos ninguna violencia contra los campesinos medios. Ni siquiera con relación a los campesinos ricos empleamos un lenguaje tan tajante como con la burguesía: expropiación absoluta de los campesinos ricos y de los kulaks. En nuestro programa se hace esa diferencia. Decimos: aplastamiento de la resistencia de los campesinos ricos, aplastamiento de sus conatos contrarrevolucionarios. Y esto no es lo mismo que expropiación completa.
La diferencia principal que determina nuestra actitud ante la burguesía y ante el campesino medio---expropiación completa de la burguesía y alianza con el campesino medio que no explota a otros--- es la pauta fundamental reconocida por todos en teoría. Mas, en la práctica, no es observada con la debida consecuencia, y en el plano local no se ha aprendido todavía a aplicarla. Cuando el proletariado, después de derrocar a la burguesía y de afianzar su propio poder, ha emprendido la obra de crear la nueva sociedad en sus diversos aspectos, la cuestión del campesino medio ha pasado a primer plano. Ningún socialista del mundo ha negado que la edificación del comunismo seguirá diferentes derroteros en los países de grandes nncas agrícolas y en los de pequeñas haciendas agrícolas. Es una verdad elementalísima, primaria. De ella se desprende que, conforme nos aproximamos a las tareas de la edificación del comunismo, 198 debemos concentrar nuestra máxima atención, en cierto sentido, precisamente en el campesino medio.
Mucho depende de cómo definamos nuestra actitud ante el campesino medio. Este problema está resuelto en teoría, pero conocemos perfectamente, por propia experiencia, la diferencia existente entre la solución teórica de un problema y la aplicación práctica de esa solución. Hemos tocado de lleno esa diferencia, tan peculiar de la Gran Revolución Francesa, cuando la Convención adoptaba medidas de gran transcendencia, pero carecía de la base necesaria para aplicarlas y no sabía siquiera en qué clase debía apoyarse para llevar a cabo tal o cual medida.
Las condiciones en que nos encontramos nosotros son incomparablemente más favorables. Todo un siglo de desarrollo nos permite saber en qué clase nos apoyamos. Pero sabemos también que la experiencia práctica de esta clase es harto insuficiente. Para la clase obrera, para el partido obrero, estaba claro lo fundamental: derrocar a la burguesía y entregar el poder a los obreros. Pero ¿cómo hacerlo? Todos recuerdan con cuántas dificultades y errores pasamos del control obrero a la dirección de la industria por los obreros. Y eso que se trataba de una labor en el seno de nuestra propia clase, en el seno de la masa proletaria, con la que siempre hemos tratado. Ahora, en cambio, debemos definir nuestra posición ante una nueva clase, ante una clase desconocida para el obrero urbano. Es necesario fijar la actitud ante una clase que no mantiene una posición firme, definida. El proletariado en masa es partidario del socialismo; la burguesía en masa está contra el socialismo; definir las relaciones entre estas dos clases es fácil. Pero cuando se trata de un sector como los campesinos medios, vemos que ésta es una clase que vacila. El campesino medio es en parte propietario y en parte trabajador. No explota a otros trabajadores. Se ha visto obligado a defender con esfuerzo inmenso su situación, ha experimentado en su propia carne la explotación a que lo sometían los terratenientes y los capitalistas, lo ha padecido todo, pero, al mismo tiempo, es propietario. Por eso, nuestra actitud ante esta clase vacilante ofrece dificultades inmensas. Basándonos en nuestra experiencia de más de un año, en más de seis meses de labor proletaria nuestra en el campo y en el hecho de que en él se haya producido ya la disociación en clases, debemos guardarnos, sobre todo, de cualquier precipitación, de toda teorización inhábil, de toda pretensión a considerar ya consumado lo que estamos haciendo, pero que aún no hemos acabado de hacer. En la resolución que somete a vuestro examen la comisión elegida por la sección agraria y que os leerá uno de los camaradas que me sucederá en el uso de la palabra encontraréis una advertencia suficiente al respecto.
199Desde el punto de vista económico, es evidente que debemos acudir en ayuda del campesino medio. En este sentido no existe ninguna duda teórica. Pero dadas nuestras costumbres y nuestro nivel cultural, dadas la escasez de medios culturales y técnicos que podríamos ofrecer al campo y la debilidad que mostramos con frecuencia en nuestras relaciones con él, los camaradas apelan con harta frecuencia a la coerción y lo estropean todo. Ayer, sin ir más lejos, un camarada me entregó un folleto titulado Instrucciones y reglas sobre la organización del trabajo del partido en la provincia de Nizhni Nóvgorod, editado por el Comité local del PC(b) de Rusia. En la página 41, por ejemplo, de este folleto se dice: "El decreto sobre el impuesto extraordinario debe recaer con todo su peso sobre las espaldas de los kulaks rurales, sobre los especuladores y, en general, sobre el elemento medio del campesinado"^. ¡Esto se llama haber ``comprendido''! O es una errata---¡y dejar pasar semejantes erratas es intolerable!---, o es un trabajo hecho con precipitación, a la ligera, que demuestra cuan peligroso es todo apresuramiento en este asunto. Tal vez se trate---y ésta es la peor hipótesis, que yo no quisiera hacer respecto a los camaradas de Nizhni Nóvgorod---de una mera incomprensión. Es muy probable que sea un simple descuido.
En la práctica se dan casos como el que nos ha contado en la comisión un camarada. Un día lo rodearon los campesinos y lo asaetearon a preguntas: "Determina si soy campesino medio o no. Tengo dos caballos y una vaca. Tengo dos vacas y un caballo'', etc. Y este propagandista, que recorre los distritos, debería disponer de un termómetro infalible para ponérselo al campesino y averiguar si es o no campesino medio. Mas para eso es preciso conocer toda la historia de la hacienda de ese campesino y su actitud ante los grupos inferiores y superiores, cosa que no podemos saber con exactitud.
Para eso se necesita mucha mano práctica, hay que conocer las condiciones locales. Y eso nos falta aún. No debemos avergonzarnos de confesarlo; debemos reconocerlo francamente. Jamás hemos sido unos utopistas ni nos hemos imaginado que íbamos a edificar la sociedad comunista con las manos limpitas de comunistas impolutos, que deben nacer y educarse en una sociedad puramente comunista. Eso son cuentos para niños. Debemos edificar el comunismo con los escombros del capitalismo, y eso sólo puede hacerlo la clase templada en la lucha contra el capitalismo. Como sabéis perfectamente, el proletariado no está exento de los defectos y debilidades de la sociedad capitalista. Lucha por el socialismo y, al mismo tiempo, combate sus propios defectos. La parte mejor del proletariado, su vanguardia, que ha luchado durante decenios a la desesperada en las ciudades, ha tenido la posibilidad de asimilar a lo largo de esa lucha ~ 200 Emacs-File-stamp: "/home/ysverdlov/leninist.biz/es/1979/LOE3EP/20061027/299.tx" __EMAIL__ webmaster@leninist.biz __OCR__ ABBYY 6 Professional (2006.10.27) __WHERE_PAGE_NUMBERS__ top __FOOTNOTE_MARKER_STYLE__ [*]+ __ENDNOTE_MARKER_STYLE__ [0-9]+ toda la cultura de la vida urbana, de la vida de la capital, y, hasta cierto punto, la ha asimilado. Vosotros sabéis que el campo, incluso en los países adelantados, estaba condenado a la ignorancia. Es claro que nosotros elevaremos el nivel cultural del campo, pero para ello se requieren años y años. Esto es lo que entre nosotros olvidan los camaradas en todas partes y lo que refleja ante nosotros con particular evidencia cada palabra de la gente de provincias, no de los intelectuales de aquí, de los que ocupan puestos oficiales---a éstos los hemos escuchado mucho---, sino de los que han observado prácticamente el trabajo en el campo. Estas palabras han tenido para nosotros un valor especial en la sección agraria y ahora---estoy convencido de ello---tendrán un valor extraordinario para todo el congreso del partido, pues no están sacadas de libros ni decretos, sino de la vida misma.
Todo eso nos incita a trabajar de manera que nuestra actitud ante los campesinos medios quede lo más clara posible. Y es muy difícil, porque esa claridad no existe en la vida. Si se quiere zanjar la cuestión de golpe y porrazo, lejos de quedar resuelta, es insoluble. Hay quienes dicen: "No se debieron promulgar tantos decretos'', y reprochan al Gobierno soviético el haber publicado decretos sin saber cómo llevarlos a la práctica. Esas gentes no advierten, en realidad, cómo van deslizándose al campo de los guardias blancos. Si confiáramos en que la redacción de un centenar de decretos iba a cambiar la vida del campo, seríamos unos tontos de remate. Mas si renunciáramos a señalar en los decretos el camino a seguir, seríamos unos traidores al socialismo. Estos decretos, que en la práctica no han podido ser aplicados en el acto y en toda su integridad, han desempeñado un importante papel desde el punto de vista de la propaganda. Y si antes montábamos nuestra propaganda con verdades generales, hoy lo hacemos con nuestro trabajo. Esto también es propaganda, pero es una propaganda con la acción, y no en el sentido de acciones aisladas de unos advenedizos cualesquiera, que tanto nos hacían reír en la época de los anarquistas y del viejo socialismo. Nuestros decretos son llamamientos, mas no al viejo estilo: "¡Arriba, obreros, derrocad a la burguesía!" Son exhortaciones a las masas, son llamamientos a acciones prácticas. Los decretos son instrucciones que invitan a una acción práctica de las masas. Eso es lo que importa, y no que contengan muchas cosas inútiles, muchas cosas que no podrán ser aplicadas en la práctica. Pero en ellos hay material para obras eficaces, y su misión consiste en enseñar a dar pasos prácticos a los centenares, millares y millones de hombres que escuchan con atención la voz del Poder soviético. Son un ensayo de actividad concreta en el terreno de la edificación del socialismo en el campo. Si les damos esa interpretación, obtendremos extraordinaria utilidad de la suma de nuestras 201 leyes, decretos y disposiciones. No debemos interpretarlos como disposiciones absolutas que es necesario aplicar en seguida, inmediatamente, cueste lo que cueste.
Hay que evitar cuanto pueda estimular en la práctica los abusos. En algunos sitios se han pegado a nosotros arribistas y aventureros que se dicen comunistas y nos engañan, que se han metido en nuestras filas porque los comunistas están hoy en el poder y porque los empleados más honestos no han querido trabajar con nosotros a causa de sus ideas atrasadas, en tanto que los arribistas carecen de ideas, de honestidad. Esta gente, cuya única aspiración es hacer méritos, emplea en los pueblos la coerción y cree que obra bien. Pero, en la práctica, eso da lugar a veces a que los campesinos digan: "¡Viva el Poder soviético, pero abajo la comuna}" (es decir, el comunismo). Casos así no son fantasías, sino hechos reales tomados de la vida, de los informes de los camaradas de los pueblos. No debemos olvidar el daño gigantesco que ocasiona toda falta de moderación, toda impaciencia, toda precipitación.
Tuvimos que darnos prisa a toda costa para salir, mediante un salto temerario, de la guerra imperialista, que nos había conducido a la ruina; tuvimos que hacer esfuerzos desesperados para aplastar a la burguesía y a las fuerzas que amenazaban con aplastarnos a nosotros. Todo eso era imprescindible, sin ello no hubiésemos podido triunfar. Pero si se procede del mismo modo respecto al campesino medio, eso será tan idiota, tan estúpido y tan funesto para nuestra causa que sólo provocadores pueden obrar así conscientemente. La tarea debe ser planteada, en este caso, de un modo completamente distinto. No se trata aquí de cumplir la tarea que nos habíamos planteado antes: aplastar la resistencia de explotadores evidentes, vencerlos y derrocarlos. No; conforme íbamos cumpliendo esta tarea principal, se nos planteaban con carácter inmediato otras más complejas. En este terreno no se podrá crear nada por medio de la violencia. La violencia con el campesino medio es perjudicial en grado sumo. Se trata de un sector social numerosísimo, de muchos millones de personas. Ni siquiera en Europa, donde este sector no ha alcanzado tanta fuerza en ningún sitio, donde la técnica y la cultura, la vida urbana y los ferrocarriles están desarrollados en proporciones gigantescas y donde hubiera sido mucho más fácil pensar en eso, nadie, ni uno solo de los socialistas más revolucionarios ha propuesto la aplicación de medidas de violencia contra los campesinos medios.
Cuando tomamos el poder, nos apoyamos en el conjunto de todo el campesinado. En aquel momento todos los campesinos tenían una sola tarea: luchar contra los terratenientes. Pero hasta hoy día siguen recelosos de la gran hacienda. El campesino piensa: "Si la hacienda es grande, volveré a verme de bracero''. Eso es falso, naturalmente. 202 Sin embargo, la idea de la gran hacienda está ligada en la mentalidad del campesino al odio, a los recuerdos de la terrible opresión del pueblo por los terratenientes. Esta sensación perdura, no ha desaparecido todavía.
Debemos basarnos sobre todo en la verdad de que en este problema no es posible, por la misma naturaleza del asunto, conseguir nada con los métodos de la violencia. La tarea económica se plantea en este caso de un modo completamente distinto. No existe esa cúspide que es posible derribar dejando en pie todos los cimientos, todo el edificio. Esa cúspide formada por los capitalistas de la ciudad no existe en este caso. Actuar por la violencia en este caso significa echarlo todo a perder. Se precisa un largo trabajo de educación. Al campesino, práctico y realista no sólo en nuestro país, sino en todo el mundo, debemos darle ejemplos concretos para demostrarle que la comuna es lo mejor. Naturalmente, no conseguiremos nada positivo si en el campo aparecen gentes atolondradas, que llegan revoloteando de la ciudad, charlan un poco, promueven unas cuantas discordias de intelectuales, y no de intelectuales, y se marchan después de enemistarse con todo el mundo. Eso suele ocurrir. Y es lógico que, en vez de respeto, tales gentes no despierten sino burlas.
Debemos decir, en relación con eso, que estimulamos las comunas, pero que éstas deben organizarse de manera que se ganen la confianza de los campesinos. Hasta que eso no ocurra, seguiremos siendo alumnos de los campesinos y no maestros suyos. No hay nada más estúpido que considerarse maestros de los campesinos en todo, como hacen esos hombres que, sin conocer la agricultura ni sus peculiaridades, se han lanzado al campo únicamente porque han oído hablar de la utilidad de la hacienda colectiva, porque están cansados de la vida urbana y desean trabajar en la aldea. No hay nada más necio que la idea misma de la violencia en lo que se refiere a las relaciones económicas del campesino medio.
En este caso la tarea no consiste en expropiar al campesino medio, sino en tener en cuenta las condiciones especiales de la vida del campesino, en aprender de él los métodos para pasar a un régimen mejor y en ¡no permitirse mandarl Esta es la norma que nos hemos impuesto. (Aplausos de todo el congreso.) Esta es la norma que hemos tratado de exponer en nuestro proyecto de resolución, pues la verdad es, camaradas, que hemos pecado bastante en este sentido. No nos avergonzamos lo más mínimo de reconocerlo. Carecíamos de experiencia. La propia lucha contra los explotadores la hemos aprendido en la práctica. Si a veces se nos reprocha esa lucha, podemos decir: "La culpa es de ustedes, señores capitalistas. Si ustedes no hubieran opuesto una resistencia tan brutal, insensata, 203 insolente y desesperada, si no se hubieran aliado con la burguesía del mundo entero, la revolución habría adquirido formas más pacíficas''. Hoy, después de haber rechazado los rabiosos ataques que nos han hecho desde todos los lados, podemos pasar a otros métodos porque no actuamos como un círculo, sino como un partido que conduce a millones de seres. Esos millones no pueden comprender en el acto el cambio de rumbo, debido a lo cual vemos a cada paso que los golpes dirigidos contra los kulaks dan en el campesino medio. No tiene nada de extraño. Lo que hace falta es comprender que el origen de semejante hecho está en unas condiciones históricas ya superadas, y que las nuevas condiciones y las nuevas tareas con relación a esta clase exigen una nueva mentalidad.
Nuestros decretos acerca de las explotaciones campesinas son justos en el fondo. No tenemos motivos para retractarnos de ninguno de ellos ni para lamentarlos. Mas si los decretos son justos, lo injusto es imponérselos por la fuerza a los campesinos. En ningún decreto se habla de eso. Son justos como rutas trazadas, como un llamamiento a adoptar medidas prácticas. Cuando decimos: " Estimulad la asociación'', damos directrices que deben ser ensayadas muchas veces para encontrar la forma definitiva de su aplicación. Puesto que se ha dicho que es necesario lograr la conformidad voluntaria, hay que convencer a los campesinos, y convencerlos en la práctica. No se dejarán convencer sólo con palabras, y harán bien. Lo malo sería que se dejaran convencer por la simple lectura de los decretos y las hojas de propaganda. Si fuera posible transformar así la vida económica, esa transformación no valdría un comino. Primero hay que demostrar que esa asociación es mejor, hay que asociar a la gente de manera que se agrupen de verdad y no que riñan; demostrar que la asociación es beneficiosa. Así plantean el problema los campesinos y así lo plantean también nuestros decretos. Y si no hemos logrado asociarlos hasta ahora, no hay en ello nada de vergonzoso y debemos reconocerlo públicamente.
Por el momento no hemos cumplido más que la tarea básica de toda revolución socialista: vencer a la burguesía. Y la hemos cumplido en lo fundamental, aunque ahora empieza un semestre dificilísimo, en el que los imperialistas de todo el mundo están haciendo los últimos esfuerzos para aplastarnos. Hoy podemos decir, sin exagerar lo más mínimo, que ellos mismos han comprendido que, después de este semestre, su causa estará perdida por completo. O aprovechan ahora nuestro agotamiento y vencen al país, que está solo, o nosotros saldremos vencedores, y no sólo en lo que se refiere a nuestro país. En este semestre, en el que la crisis del abastecimiento se entrelaza con la del transporte, y las potencias imperialistas tratan de emprender la ofensiva en varios frentes, nuestra situación es 204 difícil en extremo. Pero éste será el último semestre difícil. Es preciso seguir poniendo en tensión todas las fuerzas para luchar contra el enemigo exterior, que nos ataca.
Mas, a pesar de las dificultades, a pesar de que toda nuestra experiencia está dirigida al aplastamiento inmediato de los explotadores, cuando hablamos de las tareas que implica el trabajo en el campo debemos tener presente, y no olvidarlo, que allí el problema de los campesinos medios está planteado en otros términos.
Todos los obreros conscientes---de Petrogrado, de IvánovoVoznesensk, de Moscú---que han estado en el campo han citado ejemplos demostrativos de que una serie de equivocaciones, al parecer las más irreparables, y una serie de conflictos, que parecían los más graves, se allanaban o atenuaban cuando tomaban la palabra obreros sensatos. Y se allanaban o atenuaban porque estos obreros no hablaban en un lenguaje libresco, sino en un lenguaje comprensible para el campesino, porque no hablaban como jefes que se permiten dar órdenes, aunque desconozcan la vida del campo, sino como camaradas que explican a los campesinos la situación y que apelan a sus sentimientos de trabajadores contra los explotadores. Y en el terreno de esta explicación fraternal se conseguía lo que no pudieron lograr otros cientos, que se comportaban como jefes y superiores.
Ese es el espíritu que impregna toda la resolución que sometemos a vuestro estudio.
En mi breve informe he intentado detenerme en el aspecto de principio, en la importancia política general de esta resolución. He procurado demostrar---y quiero creer que lo he logrado---que desde el punto de vista de los intereses de la revolución en su conjunto no existe ningún viraje, no existe ningún cambio de línea. Los guardias blancos y sus auxiliares gritan o van a gritar que sí. Que griten cuanto quieran. Nos tiene sin cuidado. Llevaremos adelante nuestras tareas del modo más consecuente. Nuestra atención, dedicada hasta ahora a la tarea de aplastar a la burguesía, debe concentrarse en la de organizar la vida del campesino medio. Debemos vivir en paz con él. En la sociedad comunista, los campesinos medios sólo vendrán a nuestro lado cuando aliviemos y mejoremos las condiciones económicas de su vida. Si mañana pudiéramos proporcionar 100.000 tractores de primera clase, dotarlos de gasolina y de conductores (de sobra sabéis que, por ahora, esto es una fantasía), los campesinos medios dirían: "Voto por la comuna" (es decir, por el comunismo). Mas, para hacer esto, tenemos que vencer antes a la burguesía internacional, obligarla a suministrarnos esos tractores, o elevar nuestra productividad hasta el 205 punto de que podamos suministrarlos nosotros mismos. Sólo así quedará planteado con acierto este problema.
El campesino necesita de la industria de la ciudad, no puede vivir sin ella, y la industria está en nuestras manos. Si abordamos la tarea como es debido, el campesino nos estará agradecido, ya que le llevaremos de la ciudad estos productos, estos aperos, esta cultura. Y no serán los explotadores, los terratenientes, quienes se los llevarán, sino camaradas trabajadores como él, a quienes tiene hondo aprecio, pero con un espíritu práctico, sólo por su ayuda real, rechazando---y con justa razón---los métodos de ordeno y mando, la "prescripción" desde arriba.
Ayudadle primero y tratad luego de ganaros su confianza. Si se encauza bien esta labor, si se organiza con acierto cada paso de nuestros grupos en los distritos, en los subdistritos, en los destacamentos de abastecimiento y en las distintas organizaciones, si se comprueba con atención desde este punto de vista toda medida nuestra, nos ganaremos la confianza del campesino, y sólo entonces podremos marchar adelante. Hoy debemos prestarle ayuda, aconsejarle. No se tratará de la orden de un jefe, sino del consejo de un camarada. En ese caso, el campesino estará por completo a nuestro lado.
Eso es, camaradas, lo que contiene nuestra resolución, eso es lo que, a mi entender, debe acordar el congreso. Si aprobamos eso, si lo convertimos en guía para toda la labor de las organizaciones de nuestro partido, podremos cumplir también la segunda y gran tarea que tenemos planteada.
Hemos aprendido a derribar a la burguesía y a aplastarla y nos enorgullecemos de ello. Pero no hemos aprendido todavía, y debemos declararlo abiertamente, a normalizar nuestras relaciones con los millones de campesinos medios, a ganarnos su confianza. Sin embargo, hemos comprendido la tarea, la hemos planteado y nos decimos llenos de esperanza, con pleno conocimiento de causa y toda decisión: cumpliremos con éxito esta tarea, y, entonces, el socialismo será absolutamente invencible. (Prolongados aplausos.)
206 __NUMERIC_LVL2__ 4 __ALPHA_LVL2__ RESOLUCIÓN SOBRE LA ACTITUD ANTERespecto al trabajo en el campo, el VIII Congreso, firme en el terreno del programa del partido que se aprobó el 22 de marzo de 1919 y en el apoyo sin reservas a la ley ya promulgada por el Poder soviético sobre la organización socialista del usufructo de la tierra y sobre las medidas de transición a la agricultura socialista, reconoce que, en los momentos actuales, es de particular importancia aplicar del modo más certero la política del partido con relación a los campesinos medios en el sentido de otorgar más atención a sus necesidades, acabar con los actos de arbitrariedad de las autoridades locales y procurar llegar a un acuerdo con ellos.
1) Mezclar a los campesinos medios con los kulaks y hacer extensivas en mayor o menor grado a los primeros las medidas contra los segundos significa infringir del modo más burdo, no sólo todos los decretos y toda la política del Poder soviético, sino todos los principios fundamentales del comunismo, conforme a los cuales el pacto entre el proletariado y el campesinado medio en el período de la lucha decisiva del proletariado por el derrocamiento de la burguesía es una de las condiciones del tránsito indoloro a la supresión de toda explotación.
2) Los campesinos medios, que tienen raíces económicas relativamente fuertes en virtud del atraso que las máquinas agrícolas llevan de las industriales hasta en los países capitalistas más adelantados, sin hablar ya de Rusia, aún subsistirán bastante tiempo después del comienzo de la revolución proletaria. Por lo tanto, la táctica de los funcionarios soviéticos en el campo, lo mismo que la de los militantes del partido, deberá contemplar un largo período de colaboración con los campesinos medios.
3) El partido debe conseguir a toda costa que los funcionarios 207 soviéticos del campo comprendan con claridad y solidez la verdad, totalmente comprobada por el socialismo científico, de que los campesinos medios no son explotadores, ya que no sacan ganancias del trabajo de otros. Esta clase de pequeños productores no puede perder con el socialismo, antes al contrario, ganará en medida muy grande del derrocamiento del yugo del capital, que la explota de mil maneras en todos los países, hasta en las repúblicas más democráticas.
La aplicación adecuada por completo de la política del Poder soviético en el campo asegura, por consiguiente, la alianza y el concierto del proletariado victorioso con los campesinos medios.
4) Al estimular las cooperativas de todo tipo y las comunas agrícolas de los campesinos medios, los representantes del Poder soviético no deberán incurrir en la menor coerción para que se formen. Sólo tienen valor las agrupaciones hechas por el libre albedrío de los propios campesinos que ofrecen ventajas comprobadas por ellos en la práctica. La precipitación excesiva en estos asuntos es perjudicial, ya que sólo servirá para reforzar los prejuicios de los campesinos medios contra las innovaciones.
Se deberán pedir severas responsabilidades y destituir del trabajo en el campo a los representantes del Poder soviético que se permitan apelar no sólo a la coerción directa, sino también a la indirecta para incorporar a los campesinos a las comunas.
5) Se castigarán sin piedad todas las requisas arbitrarias, es decir, en discrepancia con las prescripciones exactas de las leyes del poder central. El congreso insiste en la necesidad de reforzar en este terreno el control del Comisariado del Pueblo de Agricultura, del Comisariado del Pueblo del Interior y del CEC de toda Rusia.
6) En los momentos actuales, el desbarajuste extremo originado en todos los países del mundo por los cuatro años de guerra imperialista en aras de los intereses ladronescos de los capitalistas, desbarajuste de gravedad especial en Rusia, coloca a los campesinos medios en una difícil situación.
Tomando eso en consideración, la ley del Poder soviético sobre el impuesto extraordinario, a diferencia de todas las leyes de todos los gobiernos burgueses del mundo, insiste en que el peso del impuesto recaiga enteramente sobre los kulaks, minoría insignificante de campesinos explotadores que amasaron grandes riquezas durante la guerra. Este impuesto deberá ser muy moderado para el campesino medio y constituir una suma que él pueda aprontar sin que le resulte onerosa.
El partido exige que, con relación al campesino medio, el cobro del impuesto extraordinario sea atenuado en todos los casos llegando incluso a disminuir la cuantía del mismo.
2087) El Estado socialista deberá prestar la máxima ayuda a los campesinos, ayuda que consistirá principalmente en suministrar a los campesinos medios artículos de las industrias urbanas y, sobre todo, mejores aperos agrícolas, las simientes y diversos materiales para elevar el nivel de la agricultura y mejorar el trabajo y la vida de los campesinos.
Si el actual desbarajuste impide poner en práctica estas medidas sin demora y en todo su alcance, las autoridades soviéticas locales tienen la obligación de encontrar las posibles formas de prestar a los campesinos pobres y medios toda clase de ayuda real para hacer frente a la difícil situación actual. El partido estima necesaria la asignación de importantes fondos públicos para ello.
8) Es necesario conseguir sobre todo que se aplique realmente con pleno vigor la ley del Poder soviético que exige de las haciendas soviéticas, de las comunas agrícolas y de todas las demás agrupaciones similares una ayuda inmediata y múltiple a todos los campesinos medios de los contornos. Sólo con esa ayuda efectiva se podrá pactar con los campesinos medios. Sólo así podremos y debemos ganarnos su confianza.
El congreso llama la atención de todos los funcionarios del partido a la necesidad de poner realmente en práctica sin demora los puntos expuestos en la parte agraria del programa del partido, a saber:
a) reglamentación del usufructo de la tierra por los campesinos (supresión de los enclavados, de las "hazas largas'', etc.); b) suministro de simientes seleccionadas y de abonos químicos a los campesinos; c) mejora de las razas de ganado; d) difusión de los conocimientos agronómicos; e) ayuda agronómica a los campesinos; f) reparación de los aperos agrícolas de los campesinos en talleres de los Soviets; g) organización de establecimientos de alquiler de aperos, de estaciones experimentales, campos modelo, etc.; h) mejora de las tierras de los campesinos.
9) La formación de cooperativas de campesinos con objeto de aumentar la producción agrícola y, en particular, de transformar los productos del agro, mejorar las tierras de los campesinos, fomentar las industrias de oficio, etc., deberán recibir del Estado cuantiosa ayuda tanto en forma de subsidios como de organización.
10) El congreso recuerda que ni las resoluciones del partido ni los decretos del Poder soviético se han desviado nunca de la tendencia al acuerdo con los campesinos medios. Así, por ejemplo, en el importantísimo problema de la organización del Poder soviético en el campo, al constituirse los comités de campesinos pobres, se publicó una = circular^^98^^ suscrita por el presidente del Consejo de Comisarios del Pueblo y el comisario del pueblo de Abastecimiento, en la que se 209 señalaba la necesidad de incluir en esos comités a representantes de los campesinos medios también. Cuando estos comités de campesinos pobres fueron disueltos, el congreso de los Soviets de toda Rusia volvió a señalar la necesidad de incluir en los Soviets subdistritales a representantes del campesinado medio''. La política del gobierno obrero y campesino y del Partido Comunista deberá seguir aplicándose en lo sucesivo en ese espíritu de convenio entre el proletariado y los campesinos pobres, por un lado, y los campesinos medios, por otro.
210 __ALPHA_LVL1__ TESIS DEL CC DEL PC(b) DE RUSIALas victorias de Kolchak en el Frente Oriental crean para la República Soviética un peligro extraordinariamente amenazador. Es indispensable una extrema tensión de fuerzas para derrotar a Kolchak.
Por eso, el Comité Central propone a todas las organizaciones del partido que concentren en primer termino todos sus esfuerzos en la aplicación de las siguientes medidas, que deberán llevar a la práctica tanto las organizaciones del partido como, especialmente, las organizaciones sindicales, con el fin de incorporar a los sectores más vastos de la clase obrera a una participación activa en la defensa del país.
1. Apoyar por todos los medios la movilización anunciada el 11 de abril de 1919.
Todas las fuerzas del partido y de las organizaciones sindicales deberán ser puestas en pie sin pérdida de tiempo para que precisamente en los próximos días, sin la menor demora, presten el apoyo más enérgico a la movilización decretada por el Consejo de Comisarios del Pueblo el 10 de abril de 1919.
Hay que lograr inmediatamente que los movilizados vean la participación activa de las organizaciones sindicales y sientan el apoyo de la clase obrera.
Particularmente, hay que conseguir que cada uno de los movilizados comprenda que su salida inmediata para el frente le asegurará una mejora en cuanto al abastecimiento, en primer término, porque se abastece mejor a los soldados en la zona próxima al frente, rica en cereales; en segundo término, porque el pan traído a las provincias donde hay hambre se distribuye entre menor cantidad de bocas; en tercer término, porque se organizan numerosos envíos de víveres desde los lugares cercanos al frente a los hogares de los combatientes del Ejército Rojo.
El Comité Central exige de cada organización del partido y de los sindicatos un informe semanal, aunque sea muy sucinto, de lo que haya hecho para contribuir a la movilización y ayudar a los movilizados.
2112. En los lugares próximos al frente, sobre todo en la región del Volga, hay que armar a todos los miembros de las organizaciones sindicales, y en caso de faltar armas, movilizarlos a tocios para toda clase de ayuda al Ejército Rojo, para cubrir las bajas, etc.
Ciudades corno Pokrovsk, donde las mismas organizaciones sindicales han acordado la movilización inmediata del 50 por ciento de todos sus miembros, nos deben servir de ejemplo. Las capitales y los grandes centros industriales no deben quedar a la zaga de Pokrovsk.
Las organizaciones sindicales deben proceder en todas partes, valiéndose de sus fuerzas y sus medios, a hacer un registro de control de sus miembros, para enviar a todos los que no sean absolutamente imprescindibles en su localidad a luchar por el Volga y por la región de los Urales.
3. Con la más seria atención, se debe reforzar la agitación, particularmente entre los que van a ser movilizados, entre los movilizados y los combatientes del Ejército Rojo. No hay que limitarse a los métodos corrientes de agitación: conferencias, mítines, etc. Hay que desarrollar la agitación por grupos de obreros y por obreros sueltos entre los combatientes del Ejército Rojo, distribuyendo los cuarteles, las unidades del Ejército Rojo y las fábricas entre estos grupos, formados por obreros de filas, miembros de las organizaciones sindicales. Las organizaciones sindicales deben hacer, organizando para ello el debido control, que cada uno de sus miembros participe en el recorrido de las casas con fines de propaganda, en la distribución de octavillas y en charlas personales.
4. Sustituir con mujeres a todos los empleados hombres, procediendo para ello a un nuevo registro de los efectivos del partido y los sindicatos.
Implantar un sistema de fichas especiales para todos los miembros de las organizaciones sindicales y todos los empleados, con la indicación de los servicios personales prestados en ayuda del Ejército Rojo.
5. Crear inmediatamente, por mediación de los sindicatos, comités de fábricas, organizaciones del partido, cooperativas, etc., bnrós o comités de ayuda, tanto locales como centrales. Deben publicarse sus direcciones y se deberá informar a la población con la mayor amplitud acerca de ellos. Cada movilizado, cada combatiente del Ejército Rojo, cada uno de los que deseen dirigirse al Sur, al Don, a Ucrania para tomar parte en el trabajo de abastecimiento, deberá saber que en estos burós o comités de ayuda, próximos y accesibles al obrero y al campesino, encontrará consejo, recibirá instrucciones, se le facilitará la relación con los organismos militares, etc.
De un modo especial deberán estos comités ayudar al 212 abastecímiento del Ejército Rojo. Podemos aumentar considerablemente nuestro ejército, si mejoramos su abastecimiento en armas, ropa, etc. La población posee aún bastantes armas, ocultas o no utilizadas por el ejército. No son pocas las reservas fabriles de diversos materiales que necesita el ejército; es preciso encontrarlos rápidamente y enviarlos al ejército. La población misma debe prestar una ayuda inmediata, amplia y activa a los organismos militares encargados del abastecimiento del ejército. Hay que ponerse a ello con todas las fuerzas.
6. A través de los sindicatos se debe organizar, en gran escala, la incorporación de los campesinos, especialmente de la juventud campesina de las provincias no agrícolas, a las filas del Ejército Rojo y a los destacamentos de abastecimiento y unidades de abasto que se están formando en el Don y en Ucrania.
Esta actividad puede y debe ampliarse mucho más; constituye asimismo una ayuda a la población hambrienta de las capitales y de las provincias no agrícolas y al mismo tiempo refuerza el Ejército Rojo.
7. Respecto a los mencheviques y eseristas, la línea del partido, en la situación actual, es la siguiente: a la cárcel todo el que consciente o inconscientemente ayude a Kolchak. No toleraremos en nuestra República de trabajadores a personas que no nos ayuden prácticamente en la lucha contra Kolchak. Pero entre los mencheviques y eseristas hay quienes desean ayudarnos. A éstos hay que estimularlos, asignándoles trabajos prácticos, preferentemente en la ayuda técnica al Ejército Rojo en la retaguardia, con un control riguroso de su trabajo.
El Comité Central se dirige a todas las organizaciones del partido y los sindicatos, rogándoles que emprendan el trabajo de un modo revolucionario, sin limitarse a los viejos moldes.
Podemos vencer a Kolchak. Podemos vencerlo rápida y definitivamente, ya que nuestras victorias en el Sur y la situación internacional, que de día en día mejora y se inclina a nuestro favor, nos garantizan el triunfo definitivo.
Hay que empeñar todas las fuerzas, desplegar una energía revolucionaria, y Kolchak será pronto derrotado. La región del Volga, la de los Urales y Siberia pueden y deben ser defendidas y reconquistadas.
El CC del PC(b) de Rusia
Escrito el 11 de abril de 1919.
Publicado el 12 de abril de 1919
en el núm. 79 de "Pravda " y en el
núm. 79 de "Izvestia del C.F.C, de tuda Rusia".
T. 38, págs. 271--274.
[213] __ALPHA_LVL1__ UN SALUDO A LOS OBREROSCamaradas: Las noticias que recibimos de los dirigentes de los Soviets húngaros nos llenan de entusiasmo y alegría. Hará sólo dos meses y pico que existe el Poder soviético en Hungría, y el proletariado húngaro, por lo visto, ya nos ha dejado atrás en lo que a organización se refiere. Y se comprende, porque en Hungría es más elevado el nivel de cultura general de la población, porque la proporción de obreros industriales es muchísimo mayor en el total de habitantes (Budapest cuenta con tres millones, siendo la población de Hungría de ocho millones) y, por último, porque la transición al régimen soviético, a la dictadura del proletariado, ha sido en Hungría infinitamente más fácil y pacífica.
Esta última circunstancia tiene una importancia singular. La mayoría de los jefes socialistas de Europa---tanto los de la tendencia socialchovinista como los de la kautskiana---se han encenagado tanto en los prejuicios pequeñoburgueses puros, formados por decenas de años de capitalismo relativamente "pacífico" y de parlamentarismo burgués, que son incapaces de comprender el Poder soviético y la dictadura del proletariado. El proletariado no se hallará en condiciones de cumplir su misión emancipadora, de alcance histórico universal, si no aparta de su camino a esos jefes, si no se deshace de ellos. Esos líderes prestaron crédito, total o a medias, a las mentiras difundidas por la burguesía contra el Poder soviético en Rusia, y no supieron distinguir entre la esencia de la democracia nueva, proletaria, la democracia para los trabajadores, la democracia socialista, personificada por el Poder soviético, y la democracia burguesa, ante la que se prosternan servilmente, llamándola "democracia pura" o ``democracia'' en general.
Esta gente, cegada y ofuscada por los prejuicios burgueses, no ha comprendido el viraje, de trascendencia histórica universal, de la democracia burguesa a la democracia proletaria, de la dictadura burguesa a la dictadura proletaria. Han confundido esta o aquella particularidad del Poder soviético en Rusia, de la historia rusa de su desarrollo, con el Poder soviético en su significado internacional.
La revolución proletaria húngara abre los ojos hasta a los ciegos. 214 En Hungría, la forma de la transición a la dictadura del proletariado es totalmente distinta de la de Rusia: dimisión voluntaria del gobierno burgués, restablecimiento inmediato de la unidad de la clase obrera, de la unidad del socialismo con un programa comunista. La esencia del Poder soviético se perfila ahora con mucha más claridad: ningún otro poder, que cuente con el apoyo de los trabajadores, con el proletariado a su frente, es posible hoy en ninguna parte del mundo, fuera del Poder soviético, fuera de la dictadura del proletariado.
Esta dictadura presupone el empleo de la violencia, de implacable rigor, rápida y decidida, para aplastar la resistencia de los explotadores, de los capitalistas, de los terratenientes y sus secuaces. Quien no lo haya comprendido, no es un revolucionario y hay que apartarlo de la dirección o del puesto de consejero del proletariado.
Pero la esencia de la dictadura del proletariado no reside sólo en la violencia, ni principalmente en la violencia. Su esencia fundamental reside en la organización y disciplina del destacamento avanzado de los trabajadores, de su vanguardia, de su único dirigente: el proletariado. Su objetivo es construir el socialismo, suprimir la división de la sociedad en clases, convertir a todos los miembros de la sociedad en trabajadores, quitar el terreno a toda la explotación del hombre por el hombre. Este objetivo no puede alcanzarse de golpe; ello exige un período de transición bastante largo del capitalismo al socialismo, tanto porque reorganizar la producción es empresa difícil como porque se necesita tiempo para introducir cambios radicales en todos los dominios de la vida y porque la inmensa fuerza de la costumbre de dirigir de modo pequeñoburgués y burgués la economía sólo puede superarse en una lucha larga y tenaz. Precisamente por eso habla Marx de todo un período de dictadura del proletariado como período de transición del capitalismo al socialismo~^^102^^.
Durante todo ese período de transición opondrán una resistencia consciente a la revolución los capitalistas y sus numerosos secuaces en el seno de la intelectualidad burguesa, y vastas masas de trabajadores, entre ellos los campesinos, que, demasiado ofuscadas por las costumbres y tradiciones pequeñoburguesas, ofrecen las más de las veces una resistencia inconsciente. Las vacilaciones, en estos sectores, son inevitables. El campesino, como trabajador, tiende al socialismo, prefiriendo la dictadura de los obreros a la dictadura de la burguesía. Pero, como vendedor de su trigo, el campesino propende a la burguesía, al comercio libre, es decir, vuelve la vista hacia atrás, hacia el capitalismo ``habitual'', hacia el viejo capitalismo ``tradicional''.
Hace falta la dictadura del proletariado, el poder de una sola clase, su fuerza de organización y disciplina, su potencia centralizada, 215 que se apova en todas las conquistas de la cultura, de la ciencia y de la técnica del capitalismo, su afinidad proletaria a la sicología de todo trabajador, su autoridad ante los trabajadores del campo o los pequeños productores, dispersos, menos desarrollados y menos firmes en política, a fin de que el proletariado pueda Llevar tras de si-a los campesinos y a todos los sectores de la pequeña burguesía en general. Y de nada valen aquí las frases sobre ``democracia'' en general, sobre ``unidad'' o sobre "la unidad de la democracia del trabajo'', sobre la ``igualdad'' de todos los "hombres del trabajo" y otras por el estilo, tan del agrado de los socialchovinistas y kautskianos aburguesados. La fraseología no hace más que nublar la vista, ofuscar la conciencia, dar un nuevo aliento al secular atraso, a la inercia y a la rutina del capitalismo, del parlamentarismo, de la democracia burguesa.
La abolición de las clases es obra de una larga, difícil y tenaz lucha de las clases que no desaparece (como se lo imaginan los vulgares personajes del viejo socialismo y de la vieja socialdemocracia) después del derrocamiento del poder del capital, despuésde la destrucción del Estado burgués, después de la implantación de la dictadura del proletariado, sino que se limita a cambiar de forma, haciéndose en muchos aspectos más encarnizada todavía.
Mediante la lucha de clase contra la resistencia de la burguesía, contra la inercia, la rutina, la indecisión y las vacilaciones de la pequeña burguesía debe el proletariado defender su poder, fortalecer su influencia organizadora, lograr la "neutralización" de los sectores que temen separarse de la burguesía y lo siguen a él con muy poca firmeza; debe consolidar la nueva disciplina, la disciplina fraternal de los trabajadores, los lazos estrechos de éstos con el proletariado, su agrupación en torno al proletariado; debe consolidar esta nueva disciplina, nueva base de las relaciones sociales, en lugar de la disciplina feudal de la Eclad Media, en lugar de la disciplina del hambre, de la disciplina de la ``libre'' esclavitud asalariada en el capitalismo.
Para suprimir las clases hace falta un período de dictadura de una sola clase, precisamente de la clase oprimida que no sólo sea capaz de derribar a los explotadores y aplastar sin piedad su resistencia, sino también de romper ideológicamente con todas las concepciones democráticas burguesas, con toda la charlatanería pequeñoburguesa de la libertad e igualdad en general (en el fondo, según demostró Marx hace ya tiempo, esas frases significan "libertad e igualdad" de los poseedores de mercancías, "libertad e igualdad" del capitalista y del obrero).
Pero eso no es todo. De las clases oprimidas, sólo es capaz de suprimir las clases, por medio de su dictadura, la que está 216 aleccionada, unida, educada, fogueada por decenas de años de luchas políticas y de huelgas contra el capital; la que ha asimilado la cultura de las ciudades, de la industria, del gran capitalismo y tiene decisión y capacidad para defenderla, para conservar y desarrollar todas sus conquistas, para ponerlas al alcance de todo el pueblo, de todos los trabajadores; la clase que sabe soportar todas las cargas, todas las pruebas, todas las adversidades, todos los grandes sacrificios que la historia impone de manera inevitable a quien rompe con el pasado y se abre audazmente paso hacia un porvenir nuevo; sólo la clase cuyos mejores hijos rezuman odio y desprecio por todo lo mediocre y filisteo, cualidades que tanto prosperan entre la pequeña burguesía, los pequeños empleados y la ``intelectualidad''; sólo la clase que se ha "templado en la escuela del trabajo" y sabe infundir respeto por su capacidad de trabajo a todo trabajador, a todo hombre honrado.
¡Camaradas obreros húngaros! El ejemplo que habéis ofrecido al mundo es todavía mejor que el de la Rusia Soviética, porque habéis sabido unir en seguida a todos los socialistas sobre la plataforma de una verdadera dictadura del proletariado. Ahora tenéis la más grata y dificilísima tarea de sostener vuestras posiciones en la dura guerra contra la Entente. ¡Manteneos firmes! Si entre los socialistas que acaban de unirse a vosotros, a la dictadura del proletariado, o entre la pequeña burguesía surgiesen vacilaciones, aplastadlas sin piedad. El paredón es lo que merecen los cobardes en la guerra.
Vosotros hacéis la única guerra legítima, justa, verdaderamente revolucionaria, la guerra de los oprimidos contra los opresores, la guerra de los trabajadores contra los explotadores, la guerra por la victoria del socialismo. Todos los elementos honrados de la clase obrera mundial están a vuestro lado. Cada mes está más próxima la revolución proletaria mundial.
¡Manteneos firmes! ¡La victoria será vuestra!
Lenin
27 de mayo de 1919.
Publicado el 29 de mano de 1919 en el núm. 115 de ``Pravda''.
T. 38, págs. 384--388.
Publicado en julio de 1919 en un folleto impreso en Moscú por la Editorial del Estado, l-'irmado: N. Lenin
[217] __ALPHA_LVL1__ UNA GRAN INICIATIVA
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Primera página del manuscrito de V. I. Lenin í/no gran miciatiu 28 de junio de 1919.
Tamaño reducido
[219]La prensa informa de multitud de ejemplos de heroísmo dados por los combatientes del Ejército Rojo. En la lucha contra las tropas de Kolchak, Denikin y demás fuerzas de los terratenientes y capitalistas, los obreros y los campesinos obran con frecuencia prodigios de valor y resistencia defendiendo las conquistas de la revolución socialista. Lenta y difícilmente vamos desembarazándonos de la indisciplina, vamos venciendo la fatiga y la relajación; pero, a pesar de todo, hacemos progresos. El heroísmo de las masas trabajadoras, que se sacrifican de modo consciente en aras del triunfo del socialismo, es precisamente la base de la disciplina nueva, disciplina de camaradas, del Ejército Rojo, lo que le permite renacer, fortalecerse y engrosar sus filas.
No menos digno de atención es el heroísmo de los obreros en la retaguardia. Los sábados comunistas, organizados a iniciativa de los obreros, tienen en este sentido una importancia verdaderamente gigantesca. Evidentemente, se trata sólo del comienzo, pero de un comienzo que tiene extraordinaria trascendencia. Es el comienzo de una revolución más difícil, más esencial, más radical y más decisiva que el derrocamiento de la burguesía, pues es una victoria obtenida sobre la propia rutina y la indisciplina, sobre el egoísmo pequeñoburgués, sobre todos esos hábitos que el maldito capitalismo ha dejado en herencia al obrero y al campesino. Cuando esta victoria esté consolidada, entonces y sólo entonces se creará la nueva disciplina social, la disciplina socialista; entonces y sólo entonces será imposible la vuelta atrás, al capitalismo, y el comunismo se hará verdaderamente invencible.
Pravda ha publicado el 17 de mayo un artículo del camarada A. 7h., titulado Trabajo a lo revolucionario (Un sábado comunista). Es tan importante que lo reproducimos íntegro:
221 Número u de horas C Sitio Clase t-- Trabajo de trabajo de trabajo -y 0 o. efectuado t o E £ T3 --Z ~a z£ C .j ``J-o H Moscú. Carga de materiales Carga: Talleres para la línea, de he-- 48 5 240 7.500 puds. principales rramientas para la Descarga: de locomo-- reparación de loco-- 21 3 63 1.800 puds. toras. motoras y piezas de vagones a: Perovo, 5 4 20 Múrom, Alatyr y Syzran. Moscú. Reparación corriente 26 5 130 En total, un trabajo Depósito de compleja de locomo-- equivalente a la re-- trenes de toras. paración de locomo-- viajeros. tora y media. Moscú. Reparación corriente 24 6 144 Dos locomotoras han Estación de de locomotoras. sido reparadas por maniobra. completo; se han desmontado las pie-- zas que han de repa-- rarse en otras cuatro. Moscú. Reparación corriente 12 6 72 Dos coches de terce-- Sección de de coches de via-- ra clase. vagones. jeros. ``Perovo''. Reparación de vago-- Doce vagones de Talleres nes y otras pequeñas mercancías cubiertos principales reparaciones realiza-- y dos plataformas. de vagones. das el sábado y el 46 5 230 domingo. 23 5 115 222 Núm ro '? <!< hi i as 2. Trabajo Sitio i< rfet lu¡1(|0 de trabajo 5. JÉ 'S 0 3 Total: 205 --- 1.014 Reparados en total: cuatro locomotoras y dieciséis vagones. Se han cargado y des-- cargado 9.300 puds.``La carta del CC del PCR acerca del trabajo a lo revolucionario ha dado un gran impulso a las organizaciones comunistas y a los comunistas. Un entusiasmo general ha
220 llevado al frente a gran número de ferroviarios comunistas; pero la mayoría de ellos no ha podido abandonar los puestos de responsabilidad y elaborar nuevos métodos de trabajo a lo revolucionario. Las noticias procedentes de diversos puntos acerca de la lentitud en el trabajo de movilización y la existencia de trabas burocráticas llevaron al Comité de sub/ona de la línea férrea Moscú---Kazan a fijar la atención en el mecanismo de explotación de la red ferroviaria. Resultó que, a causa de la insuficiencia de mano de obra y de la poca intensidad del trabajo, no se cumplían en el plazo debido los encargos urgentes y las reparaciones rápidas de locomotoras. El 7 de mayo, en una asamblea general de comunistas y simpatizantes de la subzona de la línea férrea Moscú---Kazan, se planteó que era necesario pasar de las palabras a los hechos, es decir, contribuir de modo efectivo a la victoria sobre Kolchak. La proposición presentada decía:``En vista de la grave situación interior y exterior, y a fin de conseguir la superioridad sobre el enemigo de clase, los comunistas y simpatizantes deben espolearse de nuevo y quitarle una hora más a su descanso para entregarla al trabajo, es decir, aumentar en una hora su jornada ordinaria, hacer la suma semanal de estas horas suplementarias y cada sábado entregar de una vez seis horas al trabajo físico a fin de producir un valor inmediato y efectivo. Considerando que los comunistas no deben escatimar su salud ni su vida para asegurar las conquistas de la revolución, se acuerda efectuar este trabajo gratuitamente. Los sábados comunistas tendrán lugar en toda la sub/ona hasta la victoria completa sobre Kolchak."
``Después de algunas vacilaciones, esta proposición fue aprobada por unanimidad.
``El sábado, 10 de mayo, a las seis de la tarde, los comunistas y simpatizantes, como soldados, se presentaron a trabajar, formaron filas y los maestros de taller los distribuyeron, sin el menor barullo, por los lugares de trabajo.
``Los resultados de este trabajo a la revolucionario están a la vista. El cuadro adjunto muestra la empresa y el carácter del trabajo realizado.
``El valor total del trabajo asciende, según la tarifa normal, a 5 millones de rublos, y según la tarifa de horas extraordinarias, al 50% más.
``La intensidad del trabajo de carga ha sido superior en un 270% a la de los obreros corrientes. En los demás trabajos, la intensidad ha sido aproximadamente igual.
``Se ha suprimido el retraso de siete días a tres meses que existía en el cumplimiento de los encargos (urgentes) como resultado de la insuficiencia de mano de obra y el papeleo.
``El trabajo se ha efectuado con herramientas que tenían defectos (fáciles de reparar), lo que retrasó de 30 a 40 minutos a diversos equipos.
``El personal administrativo encargado de la dirección de los trabajos apenas daba abasto a preparar nuevas tareas, v qui/ás no sea muy exagerada la reflexión, hecha por un viejo maestro, de que en el sábado comunista se ha efectuado un trabajo en el qué obreros sin la debida conciencia y disciplina habrían invertido toda una semana.
``Como en los trabajos han tomado parte asimismo personas que son simplemente adeptos sinceros del Poder soviético, como se espera la afluencia de gran número de ellos en los sábados siguientes y como también otras «mas desean imitar el ejemplo de los ferroviarios comunistas de la línea Moscú---Kazan, hablaré con más detalle del aspecto organizativo, utilizando los datos procedentes de los distintos puntos.
``Un 10% de los participantes en estas labores son ferroviarios comunistas que trabajan permanentemente en dichos puntos. Los restantes ocupan puestos electivos y de responsabilidad, desde el comisario de la línea hasta el de cada servicio, así como en la organización sindical, o son personas que trabajan en la Dirección y en el Comisariado de Vías de Comunicación.
``Jamás se vio tanto entusiasmo y unanimidad en el trabajo. Cuando los obreros, oficinistas y funcionarios de los organismos de dirección, después de haber agarrado el aro de 40 puds de una rueda de locomotora para un tren de viajeros, lo hacían rodar hacia su sitio, sin que mediaran palabras gruesas ni discusiones, como hormigas laboriosas, se sentía nacer en el fondo del corazón ese fervoroso sentimiento de alegría que causa el trabajo colectivo y se afianzaba la fe en el triunfo seguro de la clase obrera. Los bandoleros imperialistas del mundo no podrán asfixiar a los obreros victoriosos; el sabotaje interior no verá la victoria de Kolchak.
``Al terminar la labor, los presentes fueron testigos de una escena jamás vista: un centenar de comunistas, fatigados, pero con los ojos brillantes de alegría, saludaron el éxito del trabajo con el canto solemne de La Internacional. Y parecía que las notas triunfales del himno de la victoria rebasaban los muros para extenderse por el Moscú obrero y, como los círculos que forma una piedra arrojada al agua, propagarse por la Rusia obrera e impulsar a los cansados y negligentes.
A. Zh."
Comentando este magnífico "ejemplo digno de ser imitado'', Pravda decía el 20 de mayo, en un artículo del camarada N. R. que llevaba por título esas mismas palabras:
``No son raros los casos en que los comunistas trabajan de esta manera. Conozco hechos semejantes en la central eléctrica y en diversos ferrocarriles. En la línea de Nicolás, los comunistas contribuyeron con varias noches de trabajo suplementario a levantar' una locomotora que había caído en una placa giratoria; en la línea del Norte, todos los comunistas y simpatizantes han trabajado varios domingos, en invierno, para limpiar de nieve las vías; las células comunistas de numerosas estaciones de mercancías hacen rondas de noche para evitar los robos. Pero era un trabajo ocasional, no sistemático. Los camaradas de la línea Moscú---Kazan han introducido un elemento nuevo que da a este trabajo un carácter sistemático y permanente. Han dicho: "Hasta la victoria completa sobre Kolchak'', y en eso reside toda la significación de su trabajo. Han acordado aumentar en una hora la jornada de trabajo de los comunistas y simpatizantes mientras el país continúe en guei la y, al mismo tiempo, dan ejemplo de traba|o productivo.
223``Este ejemplo ha sido ya imitado y debe continuar siéndolo. La asamblea general de comunistas y simpatizantes del ferrocarril de Alejandro, después de examinar la situación militar v el acuerdo de los camaradas de la línea Moscú---Kazan, ha decidido: 1) Organizar "sábados" para los comunistas y simpatizantes de la línea de Alejandro. F.l primer sábado será el 17 de mayo. 2) Organizar equipos modelo de comunistas y simpatizantes, que deberán mostrar a los obreros cómo hay que trabajar y qué se puede conseguir en realidad con los materiales, herramientas y alimentación de que disponemos en la actualidad.
``Los camaradas de la línea Moscú---Ka/án dicen que su ejemplo ha causad» gran impresión y esperan que e! sábado próximo participará en el trabajo un número considerable de obreros sin partido. Cuando escribimos estas líneas, en los talleres de la línea de Alejandro no ha comenzado aún el trabajo extraordinario de los comunistas; sólo se ha corrido el rumor sobre los trabajos en proyecto, pero la masa sin partido se ha puesto en movimiento y. lo comenta. "De haberlo sabido ayer, nos hubiéramos preparado y habríamos trabajarlo también''; "el sábado próximo vendré sin falta'', se oye repetir por doquier. La impresión que ha producido este género de trabajo es muy grande.
``El ejemplo de los camaradas de la línea Moscú---Kazan debe ser seguido por todas las células comunistas de la retaguardia. No sólo las células comunistas de los ferroviarios de Moscú, sino todas las organizaciones del partido en Rusia deben imitar este ejemplo. Y en el campo, las células comunistas deben cultivar en primer término la tierra de los combatientes del Ejército Rojo, ayudando así a sus familias.
``Los camaradas de la línea Moscú---Kazan han acabado su primer sábado comunista cantando l.a Internacional. Si las organizaciones comunistas de toda Rusia siguen este ejemplo y lo aplican firmemente, las dificultades que nos aguardan en el curso de los penosos meses venideros serán vencidas por la República Soviética de Rusia a los potentes acordes de l.a Internacional, cantada por los trabajadores de toda la república...
``¡Manos a la obra, camaradas comunistas!"
Pravda informaba el 23 de mayo de 1919:
"El 17 de mayo ha tenido lugar el primer "sábado" comunista en la línea de Alejandro. Cumpliendo el acuerdo de la asamblea general, 98 comunistas y simpatizantes trabajaron gratis cinco horas extraordinarias, recibiendo únicamente el derecho a una segunda comida, que pagaron, y con ella, como a todos los obreros manuales, les fue entregada media libra de pan, que también pagaron."
A pesar de que el trabajo estaba poco preparado y poco organizado, su productividad fue dos o tres veces superior al término medio ordinario.
He aquí algunos ejemplos:
Cinco torneros hicieron en cuatro horas 80 rodillos: el 213% de la productividad ordinaria.
Veinte peones recogieron en cuatro horas 600 puds de material viejo y 70 muelles de vagón de tres puds y medio de peso cada uno, que suman en total 850 puds. La productividad del trabajo fue del 300% en comparación con la habitual.
``Los compañeros explican este resultado diciendo que en tiempo corriente el trabajo es fastidioso y aburre, mientras que ese día se trabajó con gusto, con 224 entusiasmo. Pero en adelante dará vergüenza hacer menos en tiempo corriente que durante los sábados comunistas."
``Muchos obreros sin partido expresan ahora el deseo de participar en los sábados, l.os equipos de sección de locomotoras se ofrecen para sacar el sábado del ``cementerio'' una locomotora, repararla y ponerla nuevamente en circulaci\'on.
``Se han recibido noiicias de que en la línea de Viazma se están organizando sábados análogos."
El camarada A. Diachenko relata en Pravda del 7 de junio cómo transcurre el trabajo durante los sábados comunistas. Reproducimos lo más esencial de su artículo, titulado Notas de un sábado comunista:
``Fui con gran alegría, acompañado de un camarada, a hacer mi ``faena'' del sábado---conforme a la decisión del Comité del partido de la subzona ferroviaria---, dispuesto a proporcionar un descanso a la cabeza durante algunas horas, haciendo trabajar los músculos... Teníamos que trabajar en la carpintería mecánica de la línea. Cuando llegamos al taller, encontramos a nuestros camaradas, nos saludamos, bromeamos e hicimos un recuento de nuestras fuerzas: éramos 30... Y ante nosotros teníamos un ``monstruo'', una caldera de peso bastante considerable, unos 600 ó 700 puds, que debíamos ``desplazar'', es decir, hacer rodar un cuarto o un tercio de versta hacia una plataforma. Nos asaltaron las dudas... Pero pusimos manos a la obra: sin más preámbulos, los camaradas colocaron bajo la caldera unos rodillos de madera, ataron dos sogas y comenzó el trabajo... La caldera no quería moverse; mas, al fin, cedió. Estábamos contentos: ¡éramos tan pocos!... Porque durante casi dos semanas, obreros no comunistas en número tres veces mayor que el nuestro habían estado tirando de aquella misma caldera, que se había empeñado en no moverse hasta que llegáramos nosotros... Trabajamos una hora intensamente, de consuno, al son acompasado de la voz de nuestro camarada capataz: "una, dos, tres'', y la caldera rodaba y rodaba. Pero, de pronto, ¿qué había ocurrido? Toda una fila de camaradas cayó por tierra cómicamente: una de las sogas nos había traicionado... Pero la interrupción no duró más que unos minutos, mientras la remplazamos con un cable... Empezaba a hacerse de noche, mas debíamos vencer aún un pequeño montículo para que el trabajo estuviese casi acabado. Nos dolían las manos, nos ardían las palmas, apretábamos con todas nuestras fuerzas, y la cosa marchaba. Los de la " administración'', confusos ante nuestro éxito, no tuvieron más remedio que echar una mano al cable. "¡Arrimad el hombro! ¡Ya va siendo hora!" Un soldado rojo, con un acordeón en las manos, observaba cómo trabajábamos. Quizá pensase: ¿qué gente es ésta, por qué trabajan de esta manera un sábado, cuando todo el mundo está ya descansando? Para poner fin a sus conjeturas, le dije: "¡Compañero, tócanos algo alegre! No somos unos trabajadores cualesquiera, sino verdaderos comunistas. ¿Ves cómo nos cunde el trabajo? No somos unos haraganes, mira cómo empujamos.'' El soldado rojo dejó cuidadosamente su acordeón y se apresuró a echar una mano al cable...
``---"¡Qué listo es el inglés!...''---entonó con bella voz de tenor el camarada U. Le coreamos y resonó sordamente la letra de la canción obrera Dubínushka.
``Por falta de costumbre, se fatigaron los músculos, nos dolían los hombros y la espalda. Pero... teníamos por delante un día libre, el domingo: ¡tiempo habría de descansar y dormir bien! El objetivo estaba cerca: unos cuantos vaivenes, y nuestro ``monstruo'' se encontraba ya casi en la plataforma. Había que poner debajo de la caldera unos tablones y subirla a la plataforma para que pudiera dar el rendimiento que hace tiempo se esperaba de ella. Marchamos en tropel a la habitación que servía de ``club'' a la célula del lugar; el local, cubierto de carteles y lleno de fusiles, estaba muy iluminado. Después de una Internación/u, bien cantada, saboreamos una la/a de le con 225 ``ron'' y hasta con pan. Este obsequio, que nos habían preparado los camaradas del lugar, venía muy a propósito después de nuestro duro trabajo. Nos despedimos fraternalmente de los camaradas y emprendimos la marcha en correcta formación. Los cantos revolucionarios resonaban en el silencio de la noche en la calle dormida, acompañados por el ruido rítmico de nuestros pasos. "¡Marchemos con valor, (amaradas!" "¡Arriba, parias de la tierra!'', decía el himno de la Internacional y del Irabajo.
``Pasó una semana. Nuestras manos y nuestros hombros habían descansado, y el sábado fuimos a Perovo, esta vez a nueve verstas, para reparar vagones. Los compañeros treparon al techo de un ``americano'', y con voz sonora y agradable cantaron La Internacional. Los viajeros escuchaban, al parecer, asombrados. Las ruedas traqueteaban cadenciosamente; nosotros no pudimos llegar hasta el techo, y nos agarramos como pudimos a los estribos del ``americano'', parecíamos pasajeros ``atrevidos''. El tren se detuvo; habíamos llegado. Atravesamos un largo patio y encontramos al comisario, camarada G., que nos recibió con gran alegría.
``---¡Claro que hay trabajo, pero viene poca gente! Treinta hombres, nada más; y es preciso reparar en seis horas trece vagones. Ahí están los juegos de ruedas ya marcados; no hay solamente vagones vacíos, hay también un vagón-cisterna lleno. ¡Pero no importa, nos ``adaptaremos'', camaradas!
``El trabajo marcha rápido. Cinco camaradas y yo trabajamos con alzaprimas, es decir, con palancas. Presionando con los hombros sobre dos palancas bajo la dirección del camarada ``capataz'', hacemos saltar rápidamente de una a otra vía estos juegos de ruedas, que pesan de 60 a 70 puds. Apenas se ha quitado un par de ruedas cuando otro ocupa su lugar. Cuando están ya todas, hacemos rodar rápidamente por los carriles este hierro viejo hasta un almacén. Una, dos, tres... Una alzaprima de hierro giratoria levanta las ruedas en el aire, y los raíles quedan despejados. Más allá, en la oscuridad, se oye el repiqueteo de los martillos: son camaradas que trabajan, diligentes como abejas, en sus vagones ``enfermos''. Clavan, pintan, arreglan los techos... El trabajo cunde, a satisfacción nuestra y del camarada comisario. Luego, los herreros requirieron nuestra ayuda. En la fragua portátil estaba, al rojo, una barra de enganche de vagón con su garfio, doblado por un choque. Blanca, chispeante, pasó a la plancha de hierro, v bajo nuestros golpes certeros, dirigidos por un camarada experto, fue recobrando su forma normal. Estaba aún al rojo vivo cuando la llevamos sobre los hombros, con toda rapidez, a su sitio. Echaba chispas; la introdujimos en su orificio de hierro: unos cuantos golpes y quedó encajada. Nos metimos bajo el vagón. No es tan fácil como parece a primera vista colocar allí el enganche y la barra, porque hay todo un sistema de remaches y un resorte en espiral...
``El trabajo marcha, la noche se hace cada vez más oscura y es más viva la luz de las antorchas. Pronto terminaremos. Varios camaradas, arrimados a un montón de llantas, beben té caliente a pequeños sorbos. Es una fresca noche de mayo, la luna creciente se recorta bella en el cielo. Bromas, risas, sana alegría...
``---¡Camarada O., deja el trabajo, ya tienes bastante con 13 vagones!
``Pero al camarada G. le parece poco.
``Después del té entonamos nuestras canciones de triunfo y nos dirigimos hacia la salida..."
El movimiento en pro de la organización de los "sábados comunistas" no se limita a Moscú. Pravda decía en su número del 6 de junio:
``El 31 de mayo ha tenido lugar en Tver el primer sábado comunista. Ciento veintiocho comunistas han trabajado en la línea férrea. En tres horas y media han cargado y descargado 14 vagones, han reparado tres locomotoras, aserrado 10 brazas 226 de leña y ejecutado otros trabajos. La intensidad del trabajo de los obreros comunistas calificados ha sobrepasado en 13 veces la productividad ordinaria.'
En Pravda del 8 de junio leemos:
__*_*_*__LOS SÁBADOS COMUNISTAS
``Sarátov, 5 de junio. I,os ferroviarios comunistas, respondiendo al llamamiento de sus camaradas de Moscú, han acordado en una asamblea general de militantes del partido: trabajar gratuitamente los sábados cinco horas extraordinarias a fin de avudar a la economía nacional."
He reproducido con el mayor detalle y plenitud las informaciones relativas a los "sábados comunistas" porque nos encontramos, sin duda alguna, ante una de las manifestaciones más importantes de la edificación comunista, a la que nuestros periódicos no dedican la atención necesaria y que ninguno de nosotros ha apreciado suficientemente todavía.
Menos estrépito político y mayor atención a los hechos más simples, pero vivos, de la edificación comunista, tomados de la vida y contrastados en la vida: tal es la consigna que debemos repetir sin descanso todos nosotros, nuestros escritores, agitadores, propagandistas, organizadores, etc.
Es natural e inevitable que durante los primeros tiempos, después de la revolución proletaria, nos preocupe más que nada la tarea principal y fundamental: aplastar la resistencia de la burguesía, vencer a los explotadores, reprimir sus complots (como el "complot de los esclavistas" para entregar Petrogrado, en el cual participaron todos, desde las centurias negras lfl3 y los demócratas constitucionalistas hasta los mencheviques y los = eseristas~^^104^^). Pero, al lado de ella, surge también inevitablemente---y cada vez con mayor fuerza---otra tarea más esencial: la edificación comunista positiva, la creación de las nuevas relaciones económicas, de la nueva sociedad.
La dictadura del proletariado---como ya he dicho más de una vez y, por cierto, también en mi discurso del 12 de marzo en la reunión del Soviet de diputados de Petrogrado---no es sólo el ejercicio de la violencia sobre los explotadores, ni siquiera es principalmente violencia. La base económica de esta violencia revolucionaria, la garantía de su vitalidad y éxito, está en que el proletariado representa y pone en práctica un tipo más elevado de organización social del trabajo que el capitalismo. Esto es lo esencial. En ello radica la fuerza y la garantía del triunfo inevitable y completo del comunismo.
227La organización feudal del trabajo social se fundaba en la disciplina del látigo, en la ignorancia y el embrutecimiento extremos de los trabajadores, expoliados y escarnecidos por un puñado de terratenientes. La organización capitalista del trabajo social se basaba en la disciplina del hambre, y la inmensa masa de trabajadores, a pesar de todos los progresos de la cultura y la democracia burguesas, ha seguido siendo, incluso en las repúblicas más avanzadas, más civilizadas y más democráticas, la masa oscura y oprimida de esclavos asalariados o de campesinos aplastados, expoliados y vejados por un puñado de capitalistas. La organización comunista del trabajo social, el primer paso hacia la cual es el socialismo, se basa y se basará cada día más en la disciplina libre y consciente de los trabajadores mismos, que se han sacudido el yugo de los terratenientes y los capitalistas.
Esta disciplina nueva no cae del cielo ni se consigue con buenas intenciones, sino que nace exclusivamente de las condiciones materiales de la gran producción capitalista, sin las cuales es imposible. Y el portador o vehículo de estas condiciones materiales es una determinada clase histórica, creada, organizada, agrupada, instruida, educada y forjada por el gran capitalismo. Esta clase es el proletariado.
La dictadura del proletariado, si traducimos esta expresión latina, científica, histórico-filosófica, a un lenguaje'más sencillo, significa lo siguiente:
Sólo una clase determinada---los obreros urbanos y, en general, los obreros fabriles, los obreros industriales---está en condiciones de dirigir a toda la masa de trabajadores y explotados en la lucha por derrocar el yugo del capital, en el proceso mismo de su derrocamiento, en la lucha por mantener y consolidar el triunfo, en la creación del nuevo régimen social, del régimen socialista, en toda la lucha por la supresión completa de las clases. (Hagamos notar, entre paréntesis, que la diferencia científica entre el socialismo y el comunismo consiste únicamente en que el primer término designa la primera fase de la sociedad nueva que brota del capitalismo, mientras que el segundo término designa una fase superior y más avanzada de dicha sociedad.)
El error de la Internacional amarilla "de Berna" consiste en que sus líderes reconocen sólo de palabra la lucha de clases y el papel dirigente del proletariado, temiendo llevar sus ideas hasta el fin, temiendo precisamente la inevitable deducción que tan singular horror causa a la burguesía y que ésta no puede admitir de ninguna manera. Tienen miedo de reconocer que la dictadura del proletariado es también un período de lucha de clases, la cual es inevitable mientras las clases no hayan sido suprimidas y reviste diversas formas, siendo particularmente violenta y específica durante el 228 primer período después de derrocado el capital. Una vez conquistado el poder político, el proletariado no ceja en su lucha de clase, sino que la continúa hasta que las clases hayan sido suprimidas, pero, naturalmente, en otras condiciones, bajo otra forma y con otros medios.
;Qué quiere decir "supresión de las clases"? Todos los que se llaman socialistas reconocen este objetivo final del socialismo, pero no todos, ni mucho menos, reflexionan sobre el alcance de dichas palabras. Las clases son grandes grupos de hombres que se diferencian entre sí por el lugar que ocupan en un sistema de producción social históricamente determinado, por las relaciones en que se encuentran con respecto a los medios de producción (relaciones que en su mayor parte las leyes refrendan y formalizan), por el papel que desempeñan en la organización social del trabajo, y, consiguientemente, por el modo de percibir y la proporción en que perciben la parte de riqueza social de que disponen. Las clases son grupos humanos, uno de los cuales puede apropiarse el trabajo de otro por ocupar puestos diferentes en un régimen determinado de economía social.
Es evidente que, para suprimir por completo las clases, no basta con derrocar a los explotadores, a los terratenientes y capitalistas, no basta con suprimir su propiedad, sino que es imprescindible también suprimir toda propiedad privada sobre los medios de producción; es necesario suprimir la diferencia existente entre la ciudad y el campo, así como entre los trabajadores manuales e intelectuales. Esta obra exige mucho tiempo. Para realizarla, hay que dar un gigantesco paso adelante en el desarrollo de las fuerzas productivas, hay que vencer la resistencia (muchas veces pasiva y mucho más tenaz y difícil de vencer) de los numerosos vestigios de la pequeña producción, hay que vencer la enorme fuerza de la costumbre y la rutina que estos vestigios llevan consigo.
Suponer que todos los ``trabajadores'' están igualmente capacitados para realizar esta obra, sería decir la frase más vacía o hacerse ilusiones de socialista antediluviano, premarxista. Porque esta capacidad no se da por sí misma, sino que se forma históricamente y sólo en las condiciones materiales de la gran producción capitalista. En los comienzos del tránsito del capitalismo al socialismo, únicamente el proletariado posee esta capacidad. Y puede cumplir la gigantesca misión que le incumbe, primero, porque es la clase más fuerte y más avanzada de las sociedades civilizadas; segundo, porque en los países más desarrollados constituye la mayoría de la población; tercero, porque en los países capitalistas atrasados, como Rusia, la mayoría de la población se compone de semiproletarios, es decir, de hombres que durante una parte del año viven como proletarios, que 229 sistemáticamente se ganan el sustento, en cierta medida, recurriendo al trabajo asalariado en empresas capitalistas.
Quienes intentan resolver los problemas del tránsito del capitalismo al socialismo con tópicos sobre la libertad, la igualdad, la democracia en general, la igualdad de la democracia laboral, etc. (como hacen Kautsky, Mártov y demás personajes de la Internacional amarilla de Berna), lo único que consiguen es poner al desnudo su naturaleza de pequeños burgueses, de filisteos, de espíritus mezquinos, que se arrastran serviles tras la burguesía en el aspecto ideológico. Este problema sólo puede resolverlo de un modo acertado un estudio concreto de las relaciones especiales existentes entre la clase específica que ha conquistado el poder político, o sea, el proletariado, y toda la masa no proletaria y semiproletaria de los trabajadores; y estas relaciones no se establecen, por cierto, en una situación fantásticamente armónica, ``ideal'', sino en una situación real de encarnizada y múltiple resistencia de la burguesía.
En cualquier país capitalista, incluida Rusia, la inmensa mayoría de la población---y tanto más la inmensa mayoría de la población trabajadora---ha sentido mil veces sobre ella y sus familiares el yugo del capital, su pillaje y toda clase de vejaciones. La guerra imperialista---es decir, el asesinato de diez millones de hombres para decidir si debía pertenecer al capital inglés o al capital alemán la primacía en el saqueo del mundo entero---ha avivado, ampliado y profundizado extraordinariamente todos estos sufrimientos, forzando a las masas a adquirir conciencia de ellos. De aquí arranca la inevitable simpatía de la inmensa mayoría de la población, sobre todo de la masa de trabajadores, hacia el proletariado, pues éste, con heroica audacia, con rigor revolucionario, abate el yugo del capital, derriba a los explotadores, vence su resistencia y, derramando su propia sangre, abre el camino que conduce a la creación de una sociedad nueva, en la cual no habrá ya sitio para los explotadores.
Por grandes e inevitables que sean las vacilaciones pequeñoburguesas de las masas no proletarias y semiproletarias de la población trabajadora, sus oscilaciones hacia el ``orden'' burgués, bajo el ``ala'' de la burguesía, estas masas no pueden dejar de reconocer la autoridad moral y política del proletariado, el cual no se limita a derrocar a los explotadores y vencer su resistencia, sino que establece unas relaciones sociales nuevas y más elevadas, una nueva disciplina social: la disciplina de los trabajadores conscientes y unidos, que no conocen ningún yugo, que no conocen ningún poder, fuera del de su propia unión, del de su propia vanguardia, más consciente, más audaz, más compacta, más revolucionaria, más firme.
Para triunfar, para crear y consolidar el socialismo, el proletariado debe resolver una tarea doble, o, más bien, una tarea única con 230 dos aspectos: primero, con su heroísmo a toda prueba en la lucha revolucionaria contra el capital, atraer a toda la masa de trabajadores y explotados, organizaría, dirigir sus esfuerzos para derrocar a la burguesía y aplastar plenamente cualquier resistencia por parte de ésta; segundo, conducir a toda la masa de trabajadores y explotados, así como a todos los sectores de la pequeña burguesía, al camino de la nueva construcción económica, al camino de la creación de las nuevas relaciones sociales, de una nueva disciplina laboral y de una nueva organización del trabajo que conjugue el aprovechamiento de la última palabra de la ciencia y la técnica capitalista con la agrupación en masa de los trabajadores conscientes, entregados a la gran producción socialista.
Esta segunda tarea es más difícil que la primera, porque no puede ser cumplida en modo alguno con un esfuerzo heroico, momentáneo, sino que exige el heroísmo más prolongado, más tenaz y difícil: el del trabajo cotidiano y masivo. Pero esta tarea es también más esencial que la primera, porque, en fin de cuentas, la fuente más profunda de la fuerza necesaria para vencer a la burguesía y la única garantía de solidez y seguridad de estas victorias residen únicamente en un modo nuevo y superior de producción social, en la sustitución de la producción capitalista y pequeñoburguesa por la gran producción socialista.
__*_*_*__Los "sábados comunistas" tienen una magna importancia histórica precisamente porque nos muestran la iniciativa consciente y voluntaria de los obreros en el desarrollo de la productividad del trabajo, en el paso a una nueva disciplina laboral y en la creación de condiciones socialistas en la economía y en la vida.
J. Jacoby, uno de los pocos, o dicho más exactamente, uno de los rarísimos demócratas burgueses alemanes que, después de las lecciones de 1870--1871, no se pasaron al chovinismo ni al liberalismo nacionalista, sino al socialismo, decía que la fundación de una sola asociación obrera tenía más importancia histórica que la batalla = de Sadowa~^^105^^. Y tenía razón. La batalla de Sadowa decidió cuál de las dos monarquías burguesas, la austríaca o la prusiana, tendría la hegemonía en la creación de un Estado capitalista nacional alemán. La fundación de una asociación obrera representaba un pequeño paso hacia la victoria mundial del proletariado sobre la burguesía. Del mismo modo, podemos decir nosotros que el primer sábado comunista, organizado el 10 de mayo de 1919 en Moscú por los obreros del ferrocarril Moscú---Kazan, tiene más importancia histórica que cualquier victoria de Hindenburg o de Foch y los ingleses en la guerra imperialista de 1914--1918. Las victorias de los 231 imperialistas son una matanza de millones de obreros para aumentar las ganancias de los multimillonarios anglo-americanos y franceses. Son la bestialidad del capitalismo agonizante, ahito de tanto tragar y que se pudre en vida. El sábado comunista de los obreros ferroviarios de la línea Moscú---Kazan es uno de los embriones de la sociedad nueva, de la sociedad socialista, que trae a todos los pueblos de la Tierra la manumisión del yugo del capital y los libra de las guerras.
Los señores burgueses y sus lacayos, incluyendo a los mencheviques y eseristas, habituados a considerarse representantes de la "opinión pública'', se burlan, naturalmente, de las esperanzas de los comunistas; dicen que esas esperanzas son un "baobab en una maceta de reseda" y se ríen del ínfimo número de sábados, en comparación con los casos innumerables de robo, haraganería, descenso de la productividad, deterioro de las materias primas, deterioro de los productos, etc. Nosotros contestamos a esos señores: si los intelectuales burgueses hubieran ayudado a los trabajadores con sus conocimientos, en lugar de ponerse al servicio de los capitalistas rusos y extranjeros para restaurar su poder, la revolución sería más rápida y pacífica. Pero eso es una utopía, pues la cuestión la decide la lucha de clases, y en esta lucha, la mayor parte de los intelectuales se inclina hacia la burguesía. El proletariado triunfará no con la ayuda de los intelectuales, sino a pesar de su oposición (al menos en la mayor parte de los casos), apartando a los intelectuales burgueses incorregibles, transformando, reeducando y sometiendo a los vacilantes y atrayendo paulatinamente a su lado a un número de ellos cada vez mayor. Regocijarse maliciosamente ante las dificultades y reveses de la revolución, sembrar el pánico y predicar la vuelta atrás son armas y procedimientos de lucha de clase que emplean los intelectuales burgueses. Pero el proletariado no se dejará engañar con eso.
Mas si abordamos la cuestión a fondo, ¿es que puede encontrarse en la historia un solo ejemplo de un modo de producción nuevo que haya prendido de golpe, sin una larga serie de reveses, equivocaciones y recaídas? Medio siglo después de haber sido abolida la servidumbre, en la aldea rusa persistían aún no pocas supervivencias de aquel régimen. Medio siglo después de haber sido suprimida la esclavitud de los negros en Norteamérica, la condición de estos últimos seguía siendo, en muchas ocasiones, de semiesclavitud. Los intelectuales burgueses, comprendidos los mencheviques y eseristas, permanecen fieles a sí mismos al servir al capital y repetir sus argumentos totalmente falsos: antes de la revolución del proletariado nos tildaban de utopistas, y después de la revolución nos exigen ¡que borremos de la noche a la mañana todas las huellas del pasado!
Pero no somos utopistas y conocemos el valor real de los 232 ``argumentos'' burgueses; sabemos también que las huellas del pasado en las costumbres predominarán inevitablemente durante cierto tiempo, después de la revolución, sobre los brotes de lo nuevo. Cuando lo nuevo acaba de nacer, tanto en la naturaleza como en la vida social, lo viejo siempre sigue siendo más fuerte durante cierto tiempo. Las burlas a propósito de la debilidad de los tallos nuevos, el escepticismo barato de los intelectuales, etc., son, en el fondo, procedimientos de la lucha de clase de la burguesía contra el proletariado, maneras de defender el capitalismo frente al socialismo. Debemos estudiar minuciosamente los brotes de lo nuevo, prestarles la mayor atención, favorecer y ``cuidar'' por todos los medios el crecimiento de estos débiles brotes. Es inevitable que algunos de ellos perezcan. No puede asegurarse que precisamente los "sábados comunistas" vayan a desempeñar un papel de particular importancia. No se trata de eso. Se trata de que es preciso apoyar todos los brotes de lo nuevo, entre los cuales la vida se encargará de seleccionar los más vivaces. Si un científico japonés, para ayudar a los hombres a triunfar sobre la sífilis, ha tenido la paciencia de ensayar 605 preparados antes de llegar al 606, que satisface determinadas exigencias, quienes quieran resolver un problema más difícil, el de vencer al capitalismo, deberán tener la suficiente perseverancia para ensayar centenares y miles de nuevos procedimientos, métodos y medios de lucha hasta conseguir los más convenientes.
Los "sábados comunistas" tienen tanta importancia porque no los han iniciado obreros que se encuentran en condiciones excepcionalmente favorables, sino obreros de diversos oficios, incluidos también obreros no especializados, peones, que se encuentran en condiciones habituales, es decir, en las condiciones más difíciles. Todos conocemos muy bien la razón fundamental del descenso de la productividad del trabajo que se observa no solamente en Rusia, sino en el mundo entero: la ruina y la miseria, la exasperación y el cansancio provocados por la guerra imperialista, las enfermedades y la inanición. Por su importancia, esta última ocupa el primer lugar. El hambre: ésa es la causa. Y para suprimir el hambre hay que elevar la productividad del trabajo tanto en la agricultura como en el transporte y en la industria. Nos encontramos, por consiguiente, ante una especie de círculo vicioso: para elevar la productividad del trabajo hay que salvarse del hambre, y para salvarse del hambre hay que elevar la productividad del trabajo.
Es sabido que, en la práctica, semejantes contradicciones se resuelven por la ruptura del círculo vicioso, por un cambio profundo en el espíritu de las masas, por la iniciativa heroica de algunos grupos, que desempeña con frecuencia un papel decisivo cuando se opera el cambio. Los peones y los ferroviarios de Moscú (claro que 233 teniendo en cuenta su mayoría, y no un puñado de especuladores, burócratas y demás guardias blancos) son trabajadores que viven en condiciones desesperadamente difíciles. Están subalimentados constantemente y ahora, antes de la nueva cosecha, cuando el abasteci-. miento ha empeorado en todas partes, sufren verdadera hambre. Y estos obreros hambrientos, cercados por la canallesca agitación contrarrevolucionaria de la burguesía, de los mencheviques y de los eseristas, organizan "sábados comunistas'', trabajan horas extraordinarias sin ninguna retribución y consiguen un aumento inmenso de la productividad del trabajo, a pesar de hallarse cansados, atormentados y extenuados por la subalimentación. ¿No es esto un heroísmo grandioso? ¿No es el comienzo de una transformación de importancia histórica universal?
La productividad del trabajo es, en última instancia, lo más importante, lo decisivo para el triunfo del nuevo régimen social. El capitalismo consiguió una productividad del trabajo desconocida bajo el feudalismo. El capitalismo podrá ser y será definitivamente derrotado porque el socialismo logra una nueva productividad del trabajo mucho más alta. Es una labor muy difícil y muy larga, pero lo esencial es que ha comenzado. Si en el Moscú hambriento del verano de 1919, obreros hambrientos, tras cuatro penosos años de guerra imperialista y después de año y medio de una guerra civil todavía más penosa, han podido iniciar esta gran obra, ¿qué proporciones no adquirirá cuando triunfemos en la guerra civil y conquistemos la paz?
El comunismo representa una productividad del trabajo más alta que la del capitalismo, una productividad obtenida voluntariamente por obreros conscientes y unidos que tienen a su servicio una técnica moderna. Los sábados comunistas poseen un valor excepcional como comienzo efectivo del comunismo, y esto es algo extraordinario, pues nos encontramos en una etapa en la que "se dan sólo los primeros pasos en la transición del capitalismo al comunismo" (como dice, con toda razón, el programa de nuestro partido).
El comunismo comienza cuando los obreros sencillos sienten una preocupación---abnegada y más fuerte que el duro trabajo---por aumentar la productividad del trabajo, por salvaguardar cada pud de grano, de carbón, de hierro y demás productos que no están destinados directamente a los que trabajan ni a sus ``allegados'', sino a personas ``ajenas'', es decir, a toda la sociedad en conjunto, a decenas y centenares de millones de hombres, agrupados primero en un Estado socialista y, más tarde, en una Unión de Repúblicas Soviéticas.
Carlos Marx se burla en El Capital de la pomposidad y altisonancia de la carta magna democrático-burguesa de libertades y derechos del hombre, de toda esa fraseología sobre la libertad, la 234 igualdad y la fraternidad en general, que deslumhra a los pequeños burgueses y filisteos de todos los países, sin exceptuar a los viles personajes actuales de la vil Internacional de Berna. Marx opone a esas pomposas declaraciones de derechos la manera sencilla, modesta, práctica y corriente con que el proletariado plantea la cuestión: reducción de la jornada de trabajo por el Estado, he ahí un ejemplo típico de ese = planteamiento^^106^^. Toda la precisión y profundidad de la observación de Marx aparece ante nosotros con mayor claridad y evidencia cuanto más se desarrolla el contenido de la revolución proletaria. Las "fórmulas" del verdadero comunismo se distinguen de la fraseología pomposa, refinada y solemne de los Kautsky, de los mencheviques y eseristas, con sus queridos " cofrades" de Berna, precisamente en que dichas "fórmulas" lo reducen todo a las condiciones de trabajo. Menos charlatanería en torno a "la democracia laboral'', "la libertad, la igualdad y la fraternidad'', "la soberanía del pueblo" y otras cosas por el estilo: el obrero y el campesino conscientes de nuestros días ven en estas frases hueras la marrullería del intelectual burgués tan fácilmente como cualquier persona con experiencia de la vida dice en el acto y sin equivocarse al ver el rostro impecablemente cuidado y el aspecto de una "persona distinguida": "Seguro que es un truhán".
¡Menos frases pomposas y más trabajo sencillo, cotidiano, más preocupación por cada pud de grano y cada pud de carbón! Más preocupación por que este pud de grano y este pud de carbón, indispensables al obrero hambriento y al campesino desarrapado, desnudo, no les lleguen por transacciones mercantilistas, al modo capitalista, sino por el trabajo consciente, voluntario, abnegado y heroico de simples trabajadores, como los peones y los ferroviarios de la línea Moscú---Kazan.
Todos debemos reconocer que a cada paso, en todas partes, y también en nuestras filas, pueden verse huellas del modo charlatanesco, propio de intelectuales burgueses, de abordar los problemas de la revolución. Nuestra prensa, por ejemplo, combate poco estos restos putrefactos del podrido pasado democrático-burgués y presta débil apoyo a los brotes sencillos, modestos, cotidianos, pero vivos, de verdadero comunismo.
Observad la situación de la mujer. Ningún partido democrático del mundo, en ninguna de las repúblicas burguesas más avanzadas, ha hecho, en este aspecto, en decenas de años ni la centésima parte de lo que hemos hecho nosotros en el primer año de nuestro poder. No hemos dejado piedra sobre piedra, en el sentido literal de la palabra, de las vergonzosas leyes que establecían la inferioridad jurídica de la mujer, que ponían obstáculos al divorcio y exigían para él requisitos odiosos, que proclamaban la ilegitimidad de los hijos 235 naturales y la investigación de la paternidad, etc. En todos los países civilizados subsisten numerosos vestigios de estas leyes, para vergüenza de la burguesía y del capitalismo. Tenemos mil veces razón para sentirnos orgullosos de lo que hemos realizado en este sentido. Sin embargo, cuanto más nos deshacemos del fárrago de viejas leyes e instituciones burguesas, tanto más claro vemos que sólo se ha descombrado el terreno para la construcción, pero ésta no ha comenzado todavía.
La mujer continúa siendo esclava del hogar, pese a todas las leyes liberadoras, porque está agobiada, oprimida, embrutecida, humillada por los pequeños quehaceres domésticos, que la convierten en cocinera y niñera, que malgastan su actividad en un trabajo absurdamente improductivo, mezquino, enervante, embrutecedor y fastidioso. La verdadera emancipación de la mujer y el verdadero comunismo no comenzarán sino donde y cuando empiece la lucha en masa (dirigida por el proletariado, dueño del poder del Estado) contra esta pequeña economía doméstica, o más exactamente, su transformación masivaen una gran economía socialista.
¿Concedemos en la práctica la debida atención a este problema que, teóricamente, es indiscutible para todo comunista? Desde luego, no. ¿Nos preocupamos suficientemente de los brotes de comunismo, que existen ya a este respecto? No, y mil veces no. Los comedores públicos, las casas-cuna y los jardines de la infancia son otras tantas muestras de estos brotes, son medios sencillos, corrientes, sin pompa, elocuencia ni solemnidad, efectivamente capaces de emancipar a la mujer, efectivamente capaces de aminorar y suprimir su desigualdad respecto al hombre por su papel en la producción y en la vida social. Estos medios no son nuevos. Fueron creados (como, en general, todas las premisas materiales del socialismo) por el gran capitalismo; pero bajo el régimen capitalista han sido, en primer lugar, casos aislados y, en segundo lugar---lo que tiene particular importancia---, o eran empresas mercantiles, con los peores aspectos de la especulación, del lucro, de la trapacería y del engaño, o bien "ejercicios acrobáticos de beneficencia burguesa'', odiada y despreciada, con toda razón, por los mejores obreros.
Es indudable que esos establecimientos son ya mucho más numerosos en nuestro país y que empiezan a cambiar de carácter. Es indudable que entre las obreras y campesinas hay muchas más personas dotadas de capacidad de organización que las conocidas por nosotros; personas que saben organizar las cosas prácticas, con la participación de un gran número de trabajadores y de un número mucho mayor de consumidores, sin la facundia, el alboroto, las disputas y la charlatanería sobre planes, sistemas, etc., que " padecen" los ``intelectuales'', demasiado presuntuosos siempre, o los 236 ``comunistas'' precoces. Pero no cuidamos como es debido estos brotes de lo nuevo.
Fijaos en la burguesía. ¡Qué admirablemente sabe dar publicidad a lo que le conviene a ellal ¡Cómo exalta las empresas ``modelo'' (a juicio de los capitalistas) en los millones de ejemplares de sus periódicos! ¡Cómo sabe hacer de instituciones burguesas ``modelo'' un motivo de orgullo nacional! Nuestra prensa no se cuida, o casi no se cuida, de describir los mejores comedores públicos o las mejores casas-cuna; de conseguir, insistiendo día tras día, la transformación de algunos de ellos en establecimientos modelo, de hacerles propaganda, de describir detalladamente la economía de esfuerzo humano, las ventajas para los consumidores, el ahorro de productos, la liberación de la mujer de la esclavitud doméstica y las mejoras de índole sanitaria que se consiguen con un ejemplar trabajo comunista y que se pueden realizar y extender a toda la sociedad, a todos los trabajadores.
Una producción ejemplar, sábados comunistas ejemplares, un cuidado y una honradez ejemplares en la obtención y distribución de cada pud de grano, comedores públicos ejemplares, la limpieza ejemplar de una vivienda obrera, de un barrio determinado, todo esto tiene que ser, diez veces más que ahora, objeto de atención y cuidado tanto por parte de nuestra prensa como por parte de cada organización obrera y campesina. Todo esto son brotes de comunismo, y el cuidarlos es una obligación primordial de todos nosotros. Por difícil que sea la situación del abastecimiento y de la producción, el avance en todo el frente en año y medio de poder bolchevique es indudable: los acopios de grano han pasado de 30 millones de puds (del 1 de agosto de 1917 al 1 de agosto de 1918) a 100 millones (del 1 de agosto de 1918 al 1 de mayo de 1919); se ha ampliado la horticultura; ha disminuido la extensión de los campos que quedan sin sembrar; ha comenzado a mejorar el transporte ferroviario, a pesar de las gigantescas dificultades con que se tropieza para obtener combustible, etc. Sobre este fondo general, y con el apoyo del poder estatal proletario, los brotes de comunismo no se agostarán, sino que crecerán y se convertirán en comunismo pleno.
__*_*_*__Es necesario reflexionar detenidamente sobre la significación de los "sábados comunistas" para sacar de esta gran iniciativa todas las enseñanzas prácticas, de magna importancia, que se desprenden de ella.
La primera y principal enseñanza consiste en que es necesario apoyar por todos los medios esta iniciativa. Se ha empezado a 237 emplear entre nosotros la palabra ``comuna'' con excesiva ligereza. Toda empresa fundada por comunistas o con su participación recibe a cada paso, de buenas a primeras, el nombre de ``comuna''; pero se olvida con frecuencia que una denominación tan honrosa debe ser conquistada mediante una labor prolongada y tenaz, mediante éxitos prácticos concretos en la edificación verdaderamente comunista.
Por eso considero absolutamente acertada la decisión que ha madurado en el espíritu de la mayoría de los miembros del Comité Ejecutivo Central: anular el decreto del Consejo de Comisarios del Pueblo en lo que concierne a la denominación "comunas = de consumo"~^^107^^. No importa que la denominación sea más sencilla; dicho sea de paso, las imperfecciones y los defectos de las primeras etapas del nuevo trabajo de organización no se atribuirán a las ``comunas'', sino (y es justo que así sea) a los malos comunistas. Sería muy útil desterrar del uso corriente la palabra ``comuna'', impedir que cualquiera pueda aprovecharse de ella, o dar esta denominación únic amenté a las verdaderas comunas, a las que hayan demostrado de verdad en la práctica (confirmándolo la opinión unánime de la población circundante) que pueden y saben organizar las cosas al modo comunista. ¡Sólo después de haber demostrado que se es capaz de trabajar gratis en provecho de la sociedad, en provecho de todos los trabajadores, que se es capaz de "trabajar a lo revolucionario'', de elevar la productividad del trabajo, de organizar las cosas de modo ejemplar, sólo entonces podrá solicitarse el honroso título de ``comuna''!
En este sentido, los "sábados comunistas" constituyen una excepción del más alto valor. Porque los peones y los ferroviarios de la línea Moscú---Kazan han empezado por demostrarnos con hechos que son capaces de trabajar como comunistas, y sólo después han dado a su iniciativa la denominación cié "sábados comunistas''. Hay que procurar y conseguir que se proceda así también en adelante, que cuantos den a su obra, institución o empresa el nombre de comuna, sin demostrarlo con el trabajo arduo y los éxitos prácticos de una labor prolongada, con una manera ejemplar y realmente comunista de organizar las cosas, sean ridiculizados sin piedad y puestos en la picota como charlatanes o fanfarrones.
La gran iniciativa de los "sábados comunistas" debe aprovecharse también en otro sentido: para depurar el partido. En los primeros tiempos que siguieron a la revolución, cuando la masa de gentes ``honestas'' y de espíritu pequeñoburgués estaba particularmente amedrentada; cuando los intelectuales burgueses, incluyendo, claro está, a los mencheviques y eseristas, se dedicaban sin excepción al sabotaje, como lacayos fieles de la burguesía, era absolutamente inevitable que se pegasen al partido gobernante aventureros y otros 238 elementos nocivos en extremo. Ninguna revolución ha escapado ni podrá escapar a este peligro. Lo importante es que el partido gobernante, apoyándose en la clase de vanguardia, sana y fuerte, sepa depurar sus filas.
Hemos empezado hace ya tiempo a trabajar en ese sentido. Y debemos proseguir esa labor sin debilidad y sin descanso. La movilización de los comunistas para la guerra ha venido a ayudarnos: los cobardes y los miserables han huido del partido. ¡Mejor que mejor! Esta disminución de los efectivos del partido significa un inmenso crecimiento de su fuerza e influencia. Hay que continuar la depuración, utilizando la iniciativa de los "sábados comunistas": que no se pueda ingresar en el partido sin haber pasado seis meses, por ejemplo, de ``prueba'' o "práctica'', consistentes en "trabajar a lo revolucionario''. La misma prueba debe exigirse a iodos los miembros del partido que hayan ingresado después del 25 de octubre de 1917 y que no hayan demostrado con trabajos o méritos especiales su absoluta firmeza y lealtad, su capacidad de ser comunistas.
La depuración del partido, que ha de ir unida a la exigencia inflexible, cada vez más acentuada, de un trabajo auténticamente comunista, mejorará el aparato del poder estatal y acercará en grado gigantesco el paso definitivo de los campesinos al lado del proletariado revolucionario.
Por cierto que los "sábados comunistas" han puesto de manifiesto con claridad extraordinaria el carácter de clase del aparato del poder estatal bajo la dictadura del proletariado. El Comité Central del partido dirige un llamamiento acerca del "trabajo a lo revolucionario"^^*^^. Lanza la idea el Comité Central de un partido que cuenta de 100.000 a 200.000 miembros (supongo que son los que quedarán después de una depuración seria, pues en la actualidad hay más).
La idea es recogida por los obreros sindicados, cuyo número llega en Rusia y Ucrania a cuatro millones. La inmensa mayoría de ellos está a favor del poder estatal proletario, de la dictadura del proletariado. Doscientos mil y cuatro millones: tal es la relación de ``engranaje'', si se nos permite expresarnos así. Vienen luego decenas de millones de campesinos, que se dividen en tres grupos principales: los semiproletarios o campesinos pobres, que forman el grupo más numeroso y más afín al proletariado; los campesinos medios, y, por último, un grupo muy reducido, el de los kulaks o burguesía rural.
Mientras sea posible comerciar con el grano y especular con el hambre, el campesino seguirá siendo (cosa inevitable durante cierto período de la dictadura del proletariado) semitrabajador y semiespeculador. Como especulador nos es hostil, hostil al Estado proletario, _-_-_
^^*^^ Véase el presente volumen, pá^s. 210-2 \'¿. (N. de la Edil.)
239 y tiende al acuerdo con la burguesía y sus fieles lacayos, comprendidos el menchevique Sher o el eserista B. Chernénkov, partidarios de la libertad de comercio de cereales. Pero como trabajador, el campesino es amigo del Estado proletario, es el aliado más fiel del obrero en la lucha contra el terrateniente y contra el capitalista. Como trabajadores, la inmensa masa de millones de campesinos apoya la "máquina" del Estado que dirigen cien o doscientos mil hombres de la vanguardia proletaria comunista y que abarca a millones de proletarios organizados.Jamás ha habido en el mundo un Estado más democrático, en el verdadero sentido de esta palabra, ni más íntimamente ligado a las masas trabajadoras y explotadas.
Precisamente este trabajo proletario---que los "sábados comunistas" representan y llevan a la práctica---es el que consolidará de modo definitivo el respeto y el amor del campesino al Estado proletario. Este trabajo, y sólo este trabajo, convence definitivamente al campesino de que tenemos razón, de que el comunismo tiene razón, y hace de él un entusiasta partidario nuestro. Por eso este trabajo nos permitirá vencer por completo las dificultades del abastecimiento, conducirá a la victoria total del comunismo sobre el capitalismo en la producción y distribución de cereales, conducirá al afianzamiento absoluto del comunismo.
28 de junio de 1919.
[240] __ALPHA_LVL1__ ¡TODOS A LA LUCHA CONTRA DENIKIN!Camaradas: Ha llegado uno de los momentos más críticos, incluso, probablemente, el más crítico, para la revolución socialista. Los que defienden a los explotadores, a los terratenientes y capitalistas, sus defensores rusos y extranjeros---en primer término ingleses y franceses---hacen desesperados intentos para restablecer en Rusia el poder de terratenientes y explotadores, los saqueadores del trabajo del pueblo, para consolidar su poder, que se viene abajo en el mundo entero. Los capitalistas ingleses y franceses han fracasado en su plan de conquistar a Ucrania por medio de sus propias tropas; han fracasado en su apoyo a Kolchak en Siberia; el Ejército Rojo, avanzando heroicamente en los Urales con la ayuda de los obreros de aquella región que se alzan en armas como un solo hombre, se acerca a Siberia para libertarla del yugo inaudito y de la ferocidad de los capitalistas, dueños y señores de aquella comarca. Por último, los imperialistas ingleses y franceses han fracasado también con su plan de apoderarse de Petrogrado por medio de una conspiración contrarrevolucionaria en la que participaron monárquicos rusos, demócratas constitucionalistas, mencheviques y eseristas, sin excluir tampoco a los eseristas de izquierda.
Ahora los capitalistas extranjeros hacen intentos desesperados para restaurar el yugo del capital mediante la expedición encabezada por Denikin, al que prestan ayuda, lo mismo que en otro tiempo a Kolchak, proporcionándole oficiales, abasteciéndole de material, municiones, tanques, etc., etc.
Todas las fuerzas de los obreros y campesinos, todas las fuerzas de la República Soviética deben ponerse en tensión para rechazar y derrotar a Denikin, sin suspender la ofensiva victoriosa del Ejército Rojo sobre los Urales y Siberia. Esta es
Todos los comunistas ante todo y sobre todo, todos los simpatizantes, todos los obreros y campesinos honrados, todos los trabajadores de los organismos soviéticos deben ponerse en pie de 241 guerra para consagrar el máximo de su trabajo, de sus esfuerzos y preocupaciones a las tareas inmediatas de la guerra, a la empresa de rechazar rápidamente la expedición de Denikin, reduciendo y reorganizando, subordinando a esta tarea, todas las demás actividades.
La República Soviética está sitiada por los enemigos y debe convertirse, no de palabra, sino de hecho, en un campamento militar único.
¡Toda la actividad de todas las instituciones debe ser adaptada a las necesidades de la guerra y reorganizada a la manera militar!
La dirección colectiva en la gestión de los asuntos del Estado obrero y campesino es indispensable. Pero toda exageración de esa dirección colectiva, toda desnaturalización de ésta, conducente a demoras inútiles, a la irresponsabilidad, toda transformación de las instituciones colectivas en mentideros es el peor de los males con el que debe acabarse a toda costa, cuanto antes y sin reparar en nada.
La dirección colectiva no debe ir más allá de lo absolutamente indispensable, en cuanto al número de miembros de los consejos directivos y en lo referente a la gestión concreta de los asuntos, para suprimir los ``discursos'', agilizar el intercambio de opiniones, reduciéndolo a la mutua información y a proposiciones prácticas precisas.
Cada vez que para ello se presente la más mínima posibilidad, la dirección colectiva debe reducirse a una deliberación brevísima de las cuestiones, tratando sólo las más importantes, y en un consejo lo menos amplio posible, mientras que la dirección práctica de la institución, de la empresa, de la obra, de la tarea, debe encargarse a un solo camarada, conocido por su firmeza y energía, por su valor y capacidad de dirigir asuntos concretos y que goce de la mayor confianza. En todos los casos y en todas las circunstancias, sin excepción, la dirección colectiva debe ir acompañada de la más estricta responsabilidad, personal, que asumirá cada uno por el cumplimiento de una tarea exactamente definida. La falta de responsabilidad, encubierta con el pretexto de la dirección colectiva, es el mal más peligroso que amenaza a todos los que no tienen una gran experiencia en el trabajo práctico colectivo, y que en el terreno militar conduce continua e inevitablemente a la catástrofe, al caos, al pánico, a la pluralidad de poderes, a la derrota.
Un mal no menos peligroso es la inconstancia, el arbitrismo en materia de organización. La reorganización del trabajo, indispensable para la guerra, no debe llevar, en ningún caso, a la reorganización de instituciones y mucho menos a la creación precipitada de otras nuevas. Esto es absolutamente inadmisible, esto sólo lleva al caos. La reorganización del trabajo debe consistir en la clausura 242 temporal de las instituciones que no son absolutamente indispensables, o en la reducción hasta cierto punto de su personal. Pero todo el trabajo de ayuda a la guerra debe realizarse íntegra y exclusivamente a través de las instituciones militares ya existentes, mediante su reforma y fortalecimiento, ampliación y sostén. La formación de especiales "comités de defensa" o de "comités revolucionarios" o ``revolucionario-militares'' es admisible únicamente y en primer lugar como excepción; en segundo lugar, sólo con la aprobación de las autoridades militares correspondientes o de las autoridades supremas de los Soviets; en tercer lugar, con el cumplimiento obligatorio de dicha condición.
Kolchak y Denikin son los enemigos principales y los únicos enemigos serios de la República Soviética. Sin la ayuda que les presta la Entente (Inglaterra, Francia, EE.UU.), ya hace mucho que se hubiesen hundido. Solamente la ayuda de la Entente los convierte en una fuerza. Sin embargo, se ven obligados a engañar al pueblo, fingiendo de vez en cuando ser partidarios de la ``democracia'', de la "Asamblea Constituyente'', del "gobierno del pueblo'', etc. Los mencheviques y eseristas se dejan engañar de muy buen grado.
Ahora, la verdad sobre Kolchak (y Denikin es su hermano gemelo) está completamente al desnudo: fusilamiento de decenas de miles de obreros, incluso de mencheviques y eseristas; apaleamiento de campesinos en distritos enteros; fustigación pública de las mujeres; absoluta arbitrariedad de los oficiales, de los señoritos terratenientes; saqueo sin fin: tal es la verdad sobre Kolchak y Denikin. Incluso entre los mencheviques y los eseristas, que traicionaron a los obreros pasándose al campo de Kolchak y Denikin, es cada vez mayor el número de los que se ven obligados a reconocer esta verdad.
Es preciso plantear como tarea principal de toda la agitación y propaganda la de informar al pueblo acerca de estos hechos. Es preciso explicar que o quedan Kolchak y Denikin o queda el Poder soviético, el poder (la dictadura) de los obreros. No hay término medio ni puede haberlo. Es preciso utilizar sobre todo los testimonios que no procedan de los bolcheviques, sino de mencheviques, eseristas y sin partido que hayan estado en el territorio ocupado por Kolchak o Denikin. Que cada obrero y campesino sepa por qué se lucha y qué le espera en caso de vencer Kolchak o Denikin.
243Una de las preocupaciones principales debe ser ahora la labor a realizar entre los llamados a filas, para ayudar a la movilización, y el trabajo entre los ya movilizados. Los comunistas y simpatizantes de todos los lugares donde están concentrados los movilizados o donde hay guarniciones, especialmente batallones de reserva, etc., todos deben ser puestos en pie. Todos ellos, sin excepción, deben unirse y trabajar---unos diariamente, otros, por ejemplo, cuatro u ocho horas por semana---en ayuda de la movilización y entre los movilizados y los soldados de la guarnición local, entendiéndose que lo harán de una manera rigurosamente organizada, cada uno de ellos destinado a un trabajo adecuado por la organización local del partido y las autoridades militares.
Los sin partido o los que pertenecen a algún partido que no sea el Partido Comunista, claro está que no se hallarán en condiciones de realizar algún trabajo ideológico contra Denikin o Kolchak. Pero no por eso hay que eximirlos de todo trabajo. Es necesario buscar todas las formas posibles para que la totalidad de la población (y en primer término los más pudientes de la ciudad y del campo) sea obligada a aportar su óbolo, de uno u otro modo, al trabajo de ayuda a la movilización o a los movilizados.
Entre las medidas de ayuda debe ocupar una categoría especial la de contribuir a la más rápida y mejor instrucción de los movilizados. El Poder soviético llama a filas a todos los ex oficiales, suboficiales, etc. El Partido Comunista y con él todos los simpatizantes y todos los obreros deben acudir en ayuda del Estado obrero y campesino, en primer lugar, contribuyendo por todos los medios a descubrir a los ex oficiales, suboficiales, etc., que eluden presentarse, y, en segundo lugar, formando, bajo el control de la organización del partido, y anejos a la misma, grupos integrados por quienes, teórica o prácticamente (por ejemplo, por haber participado en la guerra imperialista), cursaron la instrucción militar y están en condiciones de aportar su parte de utilidad.
Últimamente se observa un evidente viraje en la lucha contra los desertores. En numerosas provincias, los desertores han empezado a reincorporarse en masa al ejército, puede decirse sin exageración que los desertores afluyen en multitudes a las filas del Ejército Rojo. La causa de ello reside, en primer término, en que los camaradas militantes de nuestro partido realizan una labor más hábil y sistemática; y, en segundo término, en que los campesinos se 244 convencen cada vez más de que Kolchak y Denikin significan la instauración de un régimen peor aún que el régimen zarista, la restauración de la esclavitud para los obreros y campesinos, del sistema de apaleamientos, saqueo y atropellos por parte de los oficiales y los señoritos de la nobleza.
Por eso mismo es preciso reforzar en todas partes y por todos los medios el trabajo entre los desertores y lograr la reincorporación de éstos al ejército. Esta es una de las tareas primordiales y más inmediatas.
A propósito: la posibilidad de influir sobre los desertores por medio de la persuasión y el éxito de esta labor demuestran que el Estado obrero, a diferencia del Estado de los terratenientes y los capitalistas, mantiene una actitud muy particular hacia los campesinos. El yugo del garrote o el del hambre es la única fuente de disciplina para estos dos últimos tipos de Estado. En cambio, para el Estado obrero, o sea, para la dictadura del proletariado, existe otra fuente de disciplina: la persuasión de los campesinos por parte de los obreros y la alianza fraternal entre ellos. Cuando se oye a testigos oculares referir que en tal o cual provincia (por ejemplo, en la de Riazán) se reincorporan voluntariamente millares y millares de desertores, que en los mítines los llamamientos a los "camaradas desertores" tienen a veces un éxito indescriptible, uno comienza a formarse la idea de cuan grandes son las fuerzas aún no utilizadas por nosotros que encierra esta alianza fraternal de los obreros y campesinos. El campesino padece un prejuicio que lo conduce tras el capitalista, tras el eserista, en pos del "comercio libre''; pero el campesino posee también un sano juicio que lo lleva cada vez más a la alianza con los obreros.
Lo que más necesita nuestro ejército es abastecimiento: ropa, calzado, armas, municiones. En un país arruinado nos vemos obligados a hacer enormes esfuerzos para cubrir estas necesidades del ejército, mientras que sólo la ayuda que los saqueadorescapitalistas de Inglaterra, Francia y EE.UU. prestan abundantemente a Kolchak y Denikin salva a éstos del descalabro inevitable al que les llevaría un abastecimiento insuficiente.
Sin embargo, por más arruinada que esté Rusia, posee todavía muchísimos recursos que no hemos utilizado aún, que a menudo no hemos sabido utilizar. Existen todavía muchos depósitos de material bélico no descubiertos o no revisados, muchas posibilidades de producción, frecuentemente no aprovechadas, en parte a causa del 245 sabotaje consciente de los funcionarios, en parte debido a los procedimientos dilatorios, a la rutina oficinesca, al desorden y a la torpeza, a todos estos "pecados del pasado'', que de un modo tan inevitable y cruel pesan sobre toda revolución que realiza un ``salto'' hacia un nuevo régimen social.
La ayuda directa al ejército en este terreno es especialmente importante. Las instituciones encargadas de la misma tienen especial necesidad de ser ``refrescadas'', de obtener la colaboración exterior y de contar con la iniciativa voluntaria, enérgica y heroica de los obreros y campesinos en las localidades donde radiquen.
Es preciso exhortar con la mayor amplitud a todos los obreros y campesinos conscientes, a todos los colaboradores activos de los Soviets a poner de manifiesto esta iniciativa; es preciso ensayar en los diversos lugares y en los diferentes terrenos las formas más variadas de ayuda al ejército en este sentido. Aquí "se trabaja al estilo revolucionario" en mucho menor escala que en los demás terrenos, mientras que la necesidad de un "trabajo al estilo revolucionario" es aquí mucho mayor.
Una de las partes integrantes de esta labor es recoger las armas a la población civil. En un país que ha sobrevivido cuatro años de guerra imperialista, y luego dos revoluciones populares, es natural y surgió como cosa inevitable el que los campesinos y la burguesía ocultasen muchísimas armas. Pero ahora, frente a la cruzada amenazadora de Denikin, es preciso combatir por todos los medios este fenómeno. Quien oculta o ayuda a ocultar armas, comete el crimen más grande contra los obreros y campesinos y merece ser fusilado, puesto que es culpable de la muerte de millares y millares de los mejores combatientes rojos, que muchas veces sucumben sólo por no tener bastantes armas en los frentes.
Los camaradas de Petrogrado han sabido encontrar millares y millares de fusiles efectuando---de un modo estrictamente organizado---registros en vasta escala. Es preciso que el resto de Rusia no quede a la zaga de Petrogrado, sino que lo alcance y lo sobrepase, cueste lo que cueste.
Por otra parte, no cabe duda de que la mayoría de las veces los fusiles los tienen escondidos los campesinos, y muy a menudo sin ninguna mala intención, sino simplemente movidos por la desconfianza inveterada hacia toda "organización estatal'', etc. Si hemos sabido hacer mucho, muchísimo (en las mejores provincias) por medio de la persuasión, de una agitación hábil, abordando las cosas como es debido, para lograr que los desertores regresen voluntariamente al Ejército Rojo, no hay motivo para dudar de que también se puede y se debe hacer otro tanto, si no más, para que sean devueltas voluntariamente las armas.
246¡Obreros y campesinos! ¡Buscad los fusiles escondidos y entregadlos al ejército! ¡Con ello os salvaréis de ser atropellados, apaleados en masa, saqueados y fusilados por Kolchak y Denikin!
Para cumplir, aunque sea parcialmente, el trabajo esbozado más arriba, se necesitan nuevos y nuevos cuadros que sean, además, los más seguros, fieles y enérgicos entre los comunistas. ¿Y de dónde sacarlos, teniendo en cuenta las quejas generales sobre la escasez de tales cuadros o sobre su cansancio excesivo?
No cabe duda de que estas quejas son en gran parte justas. Si alguien hiciese el cálculo exacto de lo reducido que era el sector de obreros de vanguardia y de comunistas que, con el apoyo y la simpatía de la masa obrera y campesina, ha gobernado a Rusia durante los últimos 20 meses, el resultado podría parecer completamente inverosímil. Y, sin embargo, hemos dirigido el país con inmenso éxito, creando el socialismo, superando dificultades inauditas, venciendo a los enemigos que surgían por todas partes y estaban directa o indirectamente vinculados a la burguesía. Y ya hemos vencido a todos los enemigos, a excepción de uno: la Entente, la burguesía imperialista de Inglaterra, Francia y EE.UU., burguesía de poderío mundial, aunque a este enemigo también le hemos roto ya un brazo: Kolchak; ahora sólo nos amenaza su otro brazo: Denikin.
Las nuevas fuerzas obreras llamadas a dirigir el Estado, a cumplir las tareas de la dictadura del proletariado, crecen rápidamente: es la juventud obrera y campesina que se entrega al estudio cada vez con mayor pasión, entusiasmo y abnegación, digiriendo las nuevas impresiones del nuevo régimen, librándose de la costra de los viejos prejuicios, de los prejuicios capitalistas y democráticoburgueses, y forja en su seno a comunistas todavía más firmes que los de la vieja generación.
Mas, por rápido que sea el crecimiento de este nuevo sector, por rápidamente que aprenda y madure bajo el fuego de la guerra civil y de la furiosa resistencia de la burguesía, no podrá proporcionarnos aún en los meses próximos cuadros preparados para la dirección del Estado. Y precisamente se trata de los meses próximos, del verano y otoño de 1919, puesto que es indispensable decidirla lucha contra Denikin y decidirla inmediatamente.
A fin de obtener un gran número de cuadros formados, necesarios para fortalecer el trabajo militar, es preciso reducir toda una serie de ramas e instituciones del aparato soviético, que no son militares o, mejor dicho, que no son directamente militares, y reorganizar en este sentido (es decir, en el sentido de la reducción) 247 todas las instituciones y empresas que no son absolutamente indispensables.
Tomemos, por ejemplo, la sección científico-técnica del Consejo Supremo de Economía Nacional. Se trata de una institución sumamente útil, indispensable para lograr la completa construcción del socialismo, para llevar a cabo una estadística y una distribución acertada de todas las fuerzas científicas y técnicas. Pero jes absolutamente necesaria una institución como ésta? Claro está que no. Dedicar a ella a hombres que pueden y deben ser utilizados inmediatamente en una labor comunista apremiante y absolutamente indispensable en el ejército y directamente para el ejército, sería en estos momentos un verdadero crimen.
En el centro y en la periferia de nuestro país tenemos un número considerable de instituciones y delegaciones de este género. Aspirando a realizar por completo el socialismo, no podíamos dejar de acometer la organización inmediata de semejantes instituciones. Pero seríamos necios o criminales si ante la amenazadora expedición de Denikin no supiésemos reorganizar nuestras filas de tal modo que todo lo que no tenga un carácter absolutamente indispensable sea paralizado y reducido.
Sin caer en el pánico ni en el caos en el terreno de organización, no debemos reestructurar o suprimir del todo empresa alguna, ni tampoco comenzar a crear nuevas instituciones, lo que es particularmente nocivo cuando se trabaja de prisa y corriendo. Debemos suspender por unos 3, 4 ó 5 meses el trabajo de toáoslas instituciones y sus secciones, en el centro y en la periferia, que no sean absolutamente indispensables; y si esto no fuese posible, reducirlas, aproximadamente por el mismo plazo, reducir lo máximo posible su trabajo, es decir, dejar sólo el mínimo de trabajo absolutamente imprescindible.
Ya que nuestro objetivo principal es el de disponer inmediatamente de un gran número de comunistas o simpatizantes del socialismo preparados para el trabajo militar, que sean expertos, fieles y probados, podemos arriesgarnos a dejar temporalmente sin ningún comunista muchas de las instituciones (o sus secciones) cuyo trabajo reducimos considerablemente, dejándolas en manos de los colaboradores procedentes exclusivamente de la burguesía. El riesgo no es grande, puesto que sólo se trata de instituciones que no son absolutamente necesarias y el perjuicio que ocasione la reducción de sus actividades (semiparalizadas), aunque exista, será insignificante y de ningún modo funesto, mientras que la falta de fuerzas para la intensificación del trabajo militar, intensificación inmediata y considerable, puede causar nuestra ruina. Es preciso comprenderlo claramente y sacar todas las conclusiones debidas.
248Si cada uno de los dirigentes de los departamentos o de sus delegaciones provinciales o de distrito, etc.; si cada célula comunista, sin perder un instante, se plantea la pregunta: ;Es absolutamente indispensable tal o cual institución, tal o cual sección? ;Nos hundiremos, acaso, si paralizamos su trabajo o si lo reducimos en sus nueve décimas partes, dejándola sin ningún comunista? Si después de plantear así la cuestión se reduce rápida y enérgicamente el trabajo, se retira a los comunistas (junto con sus colaboradores, leales a carta cabal, del seno de los simpatizantes o de los sin partido), podremos obtener en el plazo más breve a centenares y centenares de trabajadores para las secciones políticas del ejército, para los puestos de comisarios, etc. Y entonces contaremos con grandes probabilidades de vencer a Denikin, como vencimos a Kolchak, que era más fuerte.
Durante las últimas semanas, las zonas inmediatas al frente, dentro de los límites de la República Socialista Federativa Soviética de Rusia, se han extendido muchísimo y han sufrido cambios excepcionalmente rápidos. Esto presagia o acompaña el momento decisivo de la guerra, la proximidad de su desenlace.
Por una parte, la enorme zona próxima al frente cerca de los Urales y en los Urales se ha convertido en zona adyacente nuestra gracias a las victorias del Ejército Rojo, al desmoronamiento de Kolchak y al incremento de la revolución en los territorios que Kolchak ocupa. Por otra parte, una zona adyacente al frente y más extensa todavía se ha formado en las proximidades de Petrogrado y en el Sur, a causa de nuestras pérdidas de territorio, a causa de la gran aproximación del enemigo hacia Petrogrado y la invasión desde el Sur en Ucrania y el centro de Rusia.
El trabajo en estas zonas adquiere especial importancia.
En la región cercana a los Urales, donde el Ejército Rojo avanza con rapidez, entre los cuadros políticos del ejército, comisarios, miembros de las secciones políticas, etc., y asimismo entre los obreros y campesinos de aquellos lugares, surge el anhelo natural de establecerse en los poblados recuperados y realizar allí una labor soviética constructiva. Este es un deseo tanto más natural cuanto mayor es el cansancio de la guerra y más horrendo el cuadro de las devastaciones ocasionadas por Kolchak. Pero no hay nada más peligroso que la satisfacción de semejante deseo. Esto amenazaría con debilitar la ofensiva, con detenerla, y aumentaría las 249 probabilidades de que Kolchak se reponga. Por nuestra parte, sería un verdadero crimen frente a la revolución.
¡En ningún caso debe ser retirado del ejército del Oriente ni uno solo de sus trabajadores, por encima de lo necesario, para las tareas locales!~^^*^^ ¡No se debe debilitar en modo alguno la ofensiva! El único camino para alcanzar una victoria completa consiste en la participación en la lucha de toda la población de la región vecina a los Urales y de los Urales mismos, población que ha conocido los horrores de la ``democracia'' de Kolchak, y en la continuación de la ofensiva sobre Siberia hasta la victoria completa de la revolución allí.
Que la construcción en la zona cercana a los Urales y en los Urales se retrase y sea menos sólida por realizarla más débiles, jóvenes e inexpertas fuerzas puramente locales: no pereceremos por ello. Pero debilitar la ofensiva sobre los Urales y sobre Siberia equivale a perecer; debemos reforzar esta ofensiva con las fuerzas de los obreros sublevados en los Urales y de los campesinos de las regiones inmediatas a los Urales, que han conocido en su propio pellejo lo que significan las promesas ``constituyentistas'' del menchevique Maiski y del escrita Chernov y saben cuál es su verdadero contenido, esto es: Kolchak.
Debilitar la ofensiva sobre los Urales y sobre Siberia significaría traicionar la revolución, traicionar la causa de la liberación de los obreros y campesinos del yugo de Kolchak.
Trabajando en las zonas próximas al frente, zonas hace poco liberadas, es preciso recordar que la tarea principal allí consiste en granjearse la confianza en el Poder soviético, no sólo de los obreros, sino también de los campesinos; en explicarles con hechos la esencia del Poder soviético como poder de los obreros y campesinos; en tomar desde un principio el rumbo acertado, aprendido por el partido a base de la experiencia de veinte meses de trabajo. No debemos repetir en los Urales los errores cometidos a veces en la Rusia Central, errores que aprendemos rápidamente a no repetir.
En la zona próxima al frente, junto a Petrogrado, y en la vasta zona que se ha extendido tan rápidamente y de un modo tan amenazante en Ucrania y en el Sur, es preciso ponerlo todo en pie de guerra, subordinando íntegramente todo el trabajo, todos los esfuerzos, todos los pensamientos a la guerra y solamente a la guerra. De otro modo no se puede rechazar la invasión de Denikin. Esto es evidente y esto hay que comprenderlo con claridad y llevarlo totalmente a la práctica.
_-_-_^^*^^ ¡Sin extrema necesidad,en general, no deben ser sacados estos cuadros, sino que se debe enviar allí a los de las regiones centrales!
250Indiquemos de paso que una peculiaridad del ejército de Denikin consiste en la abundancia de oficiales y cosacos. Se trata de elementos que, sin contar con una fuerza de masas, son muy capaces de dar rápidos golpes de mano, de lanzarse a aventuras y empresas desesperadas, con el fin de sembrar el pánico y destruirlo todo por el placer de destruir.
En la lucha contra semejante enemigo es preciso elevar al máximo la disciplina y la vigilancia militares. La falta de vigilancia o el desconcierto lo echarían todo a perder. Cada militante responsable del partido o de los Soviets debe tenerlo presente.
¡Disciplina militar en los asuntos militares y en todos los demás!
¡Vigilancia militar y severidad, firmeza en la aplicación de todas las medidas de precaución!
El monstruoso complot estallado en Krásnaya Gorka, que tenía por objeto entregar Petrogrado, plantea de nuevo con especial insistencia el problema de los militares profesionales y de combatir a la contrarrevolución en la retaguardia. No cabe duda de que la agravación de la situación militar y del abastecimiento provoca inevitablemente, y seguirá provocando en el futuro próximo, la intensificación de las intentonas contrarrevolucionarias (en el complot de Petrogrado participaron la organización Unión del resurgimiento de Rusia, los demócratas constitucionalistas, los mencheviques y los eseristas de derecha; los eseristas de izquierda también participaron, aunque sólo algunos). Es igualmente indudable que los militares profesionales darán en el tiempo próximo un elevado porcentaje de traidores, lo mismo que los kulaks, los intelectuales burgueses, los mencheviques y eseristas.
Pero sería un error irreparable y una imperdonable falta de carácter plantear por tal causa la cuestión de modificar las bases de nuestra política militar. Nos traicionan y seguirán traicionando centenares y centenares de militares profesionales, a los que descubriremos y fusilaremos; pero con nosotros trabajan sistemáticamente y desde hace ya tiempo miles, decenas de miles de militares profesionales, sin los cuales no podría formarse el Ejército Rojo, que ha superado ya el período de la indisciplina de maldita memoria y ha sabido obtener brillantes triunfos en el Este. Hombres expertos que dirigen nuestro Departamento de Guerra indican con razón que allí donde se procede con mayor rigor en la aplicación de la política del partido con respecto a los militares profesionales y a la extirpación del espíritu de indisciplina; allí donde la disciplina es más firme, 251 donde la labor política entre las tropas y la actividad de los comisarios se realizan con el mayor cuidado, allí son menos, en suma, los militares profesionales deseosos de traicionar, allí son menores las posibilidades, para los que quieren traicionar, de llevar a cabo sus propósitos; allí no hay desidia en el ejército; sus formaciones y su moral son mejores y allí obtenemos más victorias. El espíritu de indisciplina, sus huellas, sus restos y supervivencias causaron a nuestro ejército y al de Ucrania muchas más calamidades, mayor disgregación, más derrotas, catástrofes, bajas y pérdidas de material de guerra que todas las traiciones de los militares profesionales.
El Programa de nuestro partido, tanto en lo referente al problema de los especialistas burgueses en general como en particular en lo referente a una de sus variedades, los militares profesionales, ha determinado con entera exactitud la política del Partido Comunista. Nuestro partido lucha y seguirá "luchando implacablemente contra la presunción seudorradical, que, en realidad, no es sino ignorancia, de que los trabajadores podrán vencer al capitalismo y al régimen burgués sin aprender de los especialistas burgueses, sin utilizarlos y sin pasar una larga escuela de trabajo al lado de los mismos".
De suyo se comprende que, paralelamente, el partido no hará "ni la más mínima concesión política a esta capa burguesa''; el partido reprime e irá "reprimiendo implacablemente todos sus intentos contrarrevolucionarios''. Es natural que cuando semejantes " intentos" se descubren o se perfilan con mayor o menor grado de probabilidad, su "represión implacable" exige otras cualidades que el espíritu pausado y la prudencia del alumno, típicos de una "larga escuela" y que ésta educa en las personas. La contradicción entre la actitud de los hombres ocupados en la "larga escuela de trabajo al lado" de los militares profesionales y la de los entusiasmados con la tarea inmediata de "reprimir implacablemente los intentos contrarrevolucionarios" de los militares profesionales puede llevar fácilmente, y lleva, a rozamientos y conflictos. Lo mismo se refiere también a los imprescindibles traslados de personal, que a veces afectan a un gran número de militares profesionales, medida ocasionada por tal o cual caso de ``intentos'' contrarrevolucionarios y, con mayor razón, de conspiraciones importantes.
Estos roces y conflictos los resolvemos y seguiremos resolviendo por vía de partido, exigiendo lo mismo de todas las organizaciones del partido e insistiendo en que no se toleren el menor detrimento en el trabajo práctico, la menor demora en la aplicación de las medidas necesarias, ni sombra de vacilación en la aplicación de los principios establecidos de nuestra política militar.
252Si algunos órganos del partido se permiten tratar en tono falso a los militares profesionales (como lo ocurrido hace poco en Petrogrado) o si en algunos casos la "crítica" de los militares profesionales degenera en una evidente traba para el trabajo sistemático y tenaz relacionado con su utilización, el partido corrige en el acto e irá corrigiendo estos errores.
El medio principal y fundamental para enmendarlos consiste en intensificar el trabajo político en el ejército y entre los sujetos a movilización, reforzar el trabajo de los comisarios en el ejército, mejorar la composición y la capacitación de los mismos; en que los comisarios realicen de hecho lo que el Programa del partido exige y que con demasiada frecuencia se cumple muy deficientemente, a saber: "concentración de un amplio control sobre los cuadros de mando (del ejército) en manos de la clase obrera''. La crítica de los militares profesionales desde fuera, los intentos de corregir las cosas por medio de ``raids'' es una obra demasiado fácil y, por eso, condenada al fracaso y nociva. Todos los que sienten su responsabilidad política, todos los que ven con dolor los defectos de nuestro ejército, que vayan a sus filas en calidad de soldados rojos o mandos, como delegados políticos y comisarios, que cada uno trabaje dentro de la organización militar---cualquier miembro del partido encontrará en ella función de acuerdo con sus aptitudes---para mejorarla.
El Poder soviético hace mucho ya que dedica la mayor atención a que los obreros, y después los campesinos, y sobre todo los comunistas, tengan la posibilidad de estudiar seriamente el arte militar. Esto se hace en una serie de establecimientos, instituciones, cursos, etc., pero está todavía bastante lejos de ser suficiente. La iniciativa personal, la energía personal deben aún hacer mucho en este sentido. Los comunistas deben aprender con especial aplicación el manejo de la ametralladora, de la artillería, de los carros blindados, etc., ya que en este terreno nuestro atraso es más sensible y aquí la superioridad del enemigo, que cuenta con un gran número de oficiales, es más considerable; en este terreno un militar profesional desleal puede ocasionarnos gran daño; aquí el papel del comunista es sumamente importante.
Lo mismo que en julio del año pasado, la contrarrevolución levanta la cabeza en nuestra retaguardia, entre nosotros.
La contrarrevolución---derrotada, pero lejos aún de ser aniquilada---se aprovecha, claro está, de las victorias de Denikin y de la 253 agravación de la crisis de abastecimiento. Y tras la contrarrevolución directa y franca, tras las centurias negras y los demócratas constitucionalistas, que son fuertes por sus capitales, por sus vínculos inmediatos con el imperialismo de la Entente, por comprender la inevitabilidad de la dictadura y por la capacidad de aplicarla (al estilo de Kolchak), en pos de ellos se arrastran, como siempre, los vacilantes, los faltos de carácter, los mencheviques y eseristas de derecha e izquierda, que encubren con bellas frases sus actos.
¡No cabe hacerse ningunas ilusiones a este respecto! Conocemos el "ambiente propicio" que engendra las intentonas contrarrevolucionarias, los motines, las conjuraciones, etc. Lo conocemos demasiado bien. Es el ambiente de la burguesía, de los intelectuales burgueses, de los kulaks en el campo, y de los elementos "sin partido" en todas partes, y además el de los eseristas y mencheviques. Es preciso extremar y multiplicar la vigilancia en torno a este ambiente. Es preciso multiplicar la vigilancia, porque los intentos contrarrevolucionarios por este lado son absolutamente inevitables, precisamente en el momento actual y en el futuro inmediato. En este ambiente es muy natural que se lleven a cabo reiterados intentos de hacer volar los puentes, de organizar huelgas, maquinaciones de espionaje de toda índole, etc. Todas las medidas de precaución, las más enérgicas, sistemáticas, repetidas, amplias e inesperadas, son absolutamente indispensables en todos los centros donde exista la más mínima posibilidad para este "caldo de cultivo" de contrarrevolucionarios.
Con respecto a los mencheviques y los eseristas de derecha e izquierda es preciso tener en cuenta la última experiencia. En su ``periferia'', entre el público que simpatiza con ellos, existe sin duda la tendencia a apartarse de Kolchak y Denikin para acercarse al Poder soviético. Hemos tenido en cuenta este hecho, y toda vez que se manifestaba en algo real, por nuestra parte hemos dado un cierto paso a su encuentro. No modificaremos de ningún modo esta política; v el número de "tránsfugas" del campo de los mencheviques y eseristas que tienden hacia Kolchak y Denikin, al campo de los mencheviques y eseristas que tienden hacia el Poder soviético, sin duda, hablando en términos generales, irá creciendo.
Pero en el momento actual la democracia pequeñoburguesa encabezada por los eseristas y mencheviques---como siempre, falta de carácter e indecisa---, se arrima al sol que más calienta y se inclina hacia el vencedor, hacia Denikin. Esto es cierto sobre todo en lo que respecta a los "líderes políticos" de los eseristas de izquierda, de los mencheviques (como Mártov y Cía.), de los eseristas de derecha (como Chernov y Cía.) y en general de sus "grupos literarios'', cuyos miembros se sienten, además, profundamente agraviados por su 254 completa bancarrota política y, por lo tanto, apenas existe posibilidad de quitarles la "afición" a las aventuras contra el Poder soviético.
No hay que dejarse engañar por las palabras y la ideología de sus líderes, por su honradez personal o su hipocresía. Esto tiene importancia para la biografía de cada uno de ellos, pero ninguna desde el punto de vista político, es decir, para las relaciones entre las clases, para las relaciones entre millones de personas. Mártov y Cía. "en nombre del Comité Central" condenan solemnemente a sus ``activistas'' y amenazan (¡siempre amenazan!) con expulsarlos del partido. Pero no por ello desaparece de ningún modo el hecho de que los ``activistas'' sean los más fuertes entre los mencheviques, que se escondan tras ellos y realicen su trabajo a favor de Kolchak y Denikin. Volski y Cía. condenan a Avxéntiev, Chernov y Cía., pero ello no impide en absoluto a estos últimos ser más fuertes que Volski, ni le impide a Chernov declarar: "Si no es por nosotros, y precisamente ahora, ¿por quiénes y cuándo serán derrocados los bolcheviques?" Los eseristas de izquierda pueden ``actuar'' de un modo ``independiente'', sin acuerdo alguno con la reacción, con Chernov, pero de hecho son aliados de Denikin y peones en su juego, lo mismo que el difunto eserista de izquierda Muraviov, ex comandante en jefe, que por motivos "ideológicos" abrió el frente a los checoslovacos y a Kolchak.
Mártov, Volski y Cía. se imaginan hallarse "por encima" de ambos bandos en lucha y creen ser capaces de formar un "tercer bando".
Este deseo, incluso en el caso de que sea sincero, sigue siendo la ilusión de un demócrata pequeñoburgués, quien incluso ahora, 70 años después de 1848, no ha aprendido aún esta verdad elemental, a saber: en el ambiente del capitalismo sólo es posible la dictadura de la burguesía o la dictadura del proletariado y no hay lugar para la existencia de cualquier tercera solución. Los Mártov y Cía., por lo visto, morirán con esta ilusión. ¡Allá ellos! Nuestro deber es recordar que de hecho son inevitables las vacilaciones de tales elementos, que hoy están con Denikin y mañana con los bolcheviques. Y hoy es necesario hacer lo que exige el día de hoy.
Nuestro deber es plantear directamente la cuestión: ¿qué es mejor? ¿Detener y encarcelar, y a veces incluso fusilar, a centenares de traidores del seno de los demócratas constitucionalistas, sin partido, mencheviques, eseristas, que ``intervienen'' (unos con las armas, otros conspirando y haciendo agitación contra la movilización, como los tipógrafos o ferroviarios mencheviques, etc.) contra el Poder soviético, es decir, a favor de Denikin'? O ¿permitir que las cosas lleguen al extremo de que Kolchak y Denikin puedan exterminar, 255 fusilar, apalear hasta dejar exánimes a decenas de miles de obreros y campesinos? La elección no es difícil.
La cuestión se plantea así y solamente así.
Quien no lo haya comprendido hasta ahora, quien sea capaz de lamentarse de la ``injusticia'' de semejante decisión, es un hombre perdido que sólo merece ser puesto públicamente en ridículo o en la picota.
La República Soviética es una fortaleza sitiada por el capital mundial. Podemos otorgar el derecho de utilizar esta fortaleza, en calidad de asilo contra Kolchak, y, en general, podemos otorgar el derecho de habitar en ella sólo a los que participan activamente en la guerra y nos ayudan por todos los medios. De aquí emana nuestro derecho y nuestro deber de movilizar a toda la población para la guerra: unos para el trabajo militar en el sentido directo y otros para cualquier actividad auxiliar relacionada con ella.
Para efectuar plenamente esta movilización es preciso tener una organización ideal. Ya que nuestra organización estatal dista mucho de ser perfecta (cosa nada extraña, teniendo en cuenta su carácter reciente, nuevo, y las dificultades extraordinarias de su desarrollo), ponerse a realizar en este terreno, en amplia escala e inmediatamente algo completo o aunque sólo sea algo muy vasto, no sería más que un arbitrismo sumamente pernicioso en materia de organización.
Pero es posible hacer muchísimo en el aspecto parcial para aproximarnos a lo ideal en este terreno, y la ``iniciativa'' de los funcionarios de nuestro partido, de los trabajadores de nuestros organismos soviéticos en este sentido está aún lejos, muy lejos de ser suficiente.
Basta plantear aquí esta cuestión y requerir a los camaradas que le presten atención. Huelga hacer indicaciones o conjeturas concretas a este respecto.
Sólo subrayamos que los demócratas pequeñoburgueses que más cerca están del Poder soviético y que, como de costumbre, se llaman socialistas, por ejemplo, algunos de los mencheviques "de izquierda'', etc., gustan de indignarse sobre todo por el método "bárbaro'', según ellos, de tomar rehenes.
Que sigan indignándose. Pero la guerra no se puede hacer de otro modo, y, al agravarse los peligros, es indispensable ampliar y hacer más frecuente en todos los sentidos el empleo de este método. No es raro, por ejemplo, que los tipógrafos mencheviques o amarillos, que los ferroviarios de entre los empleados " administrativos" y especuladores clandestinos, que los kulaks y los pudientes de 256 las ciudades (y del campo) y otros elementos por el estilo, adopten ante la tarea de la defensa contra Kolchak y Denikin una actitud de indiferencia criminal e insolente sin límites, que llega incluso a convertirse en sabotaje. Es preciso hacer listas de semejantes grupos (u obligarlos a formar grupos entre sí con la responsabilidad mutua) y no sólo enviarlos a cavar trincheras, tal como se practica a veces, sino encargarles también de prestar una múltiple v variada ayuda material al Ejército Rojo.
Y cuando empleemos en forma más amplia, mejor y más variada dicho método, las tierras de los soldados rojos estarán mejor labradas, el abastecimiento de productos alimenticios, de tabaco y otros artículos de primera necesidad para los combatientes del Ejército Rojo estará mejor organizado y el peligro de muerte de millares y millares de obreros y campesinos, a causa de las diversas conspiraciones, etc., disminuirá considerablemente.
Resumiendo lo expuesto más arriba, llegamos a una conclusión sencilla: se exige de todos los comunistas, de todos los obreros y campesinos conscientes, de todo el que no esté dispuesto a permitir la victoria de Kolchak y Denikin, que inmediatamente y en el curso de los próximos meses despliegue una energía extraordinaria, se exige "trabajar al estilo revolucionario".
Si los ferroviarios de Moscú, los obreros calificados y los peones, hambrientos, cansados y exhaustos han podido en aras de la victoria sobre Kolchak y hasta el triunfo completo sobre él, implantar la práctica de los "sábados comunistas'', es decir, trabajar gratuitamente varias horas por semana y alcanzar durante ellas una productividad de trabajo jamás vista, muy superior a la ordinaria, esto demuestra que todavía se puede hacer mucho, que se puede hacer muchísimo.
Y debemos hacerlo.
Entonces triunfaremos.
El Comité Central del Partido Comunista (bolchevique) de Rusia
Publicado el 9 de julio de 1919 en el núm. 4 de "Izvestia del CC del PC(b) de Rusia".
T. 39, págs. 44--63.
[257] __ALPHA_LVL1__ ACERCA DEL ESTADOCamaradas: El tema de nuestra charla de hoy, según vuestro programa, que habéis aprobado y me habéis dado a conocer, es el problema del Estado. No sé hasta qué punto conocéis ya este problema. Si no me equivoco, vuestros cursos acaban de ser inaugurados, y es la primera vez que abordáis esta cuestión de un modo sistemático. Siendo esto así, es muy posible que no consiga en mi primera conferencia hacer fie este problema tan difícil una exposición suficientemente clara y comprensible para muchos de mis oyentes. Y si así fuese, os ruego que no os desaniméis por ello, ya que el problema del Estado es uno de los problemas más complicados, más difíciles y, quizás, el más embrollado por los hombres de ciencia, los escritores y los filósofos burgueses. Por eso, nunca debe esperarse que en una breve charla y de una sola vez se consiga aclararlo por completo. Lo que ha de hacerse es anotar, después de la primera charla, los lugares que no han sido comprendidos o que no han quedado claros, para volver a ellos por segunda, tercera y cuarta vez, a fin de completar v aclarar más tarde, tanto por medio de lecturas como de conferencias y charlas, lo que no hubiese sido comprendido. Abrigo la esperanza de que logremos reunimos otra vez y podamos entonces intercambiar opiniones sobre todos los interrogantes que surjan, comprobando lo que haya quedado menos comprendido. Espero también que, como complemento a las conferencias y a las charlas, dediquéis algún tiempo a la lectura, aunque no sea más que de algunas de las obras fundamentales de Marx y Engels. Sin duda, en el catálogo de literatura y en los manuales, puestos a disposición de los estudiantes de la escuela soviética y del partido en vuestra biblioteca, encontraréis estas obras fundamentales, y aunque, lo repito, al principio alguien pueda desconcertarse por la dificultad de la exposición, he de preveniros, una vez más, que eso no debe desanimaros, que lo incomprendido durante la primera lectura será comprendido en la segunda, o al abordar luego el problema desde un aspecto algo diferente; puesto que, lo repito de nuevo, este problema es tan complicado y ha sido tan embrollado por los hombres de ciencia y los escritores burgueses, que todo aquel que 258 quiera meditar en él seriamente y estudiarlo por su cuenta debe abordarlo varias veces, volviendo una y otra vez a él, y enfocarlo desde distintos ángulos, a fin de conseguir su comprensión clara y firme. Y os será muy fácil volver a este problema, pues se trata de una cuestión tan básica, tan fundamental de toda la política, que no sólo en tiempos tan borrascosos, en tiempos de revolución como los que ahora atravesamos, sino también en los tiempos más pacíficos, en todo periódico que trate de cualquier cuestión económica o política tropezaréis a diario con estas preguntas: ¿qué es el Estado?, ¿en qué consiste su esencia?, ¿cuál es su significado y qué posición adopta ante él nuestro partido, el partido que lucha por el derrocamiento del capitalismo, el Partido Comunista? Esta es una cuestión a la que, por uno u otro motivo, tendréis que volver todos los días. Y lo esencial es que, como resultado de vuestras lecturas y de vuestra asistencia a charlas y conferencias sobre el Estado, aprendáis a abordar por cuenta propia este problema, puesto que tropezaréis con él por los más diversos motivos, en cada pequeña cuestión, en las combinaciones más inesperadas, en las conversaciones y disputas con los adversarios. Sólo cuando aprendáis a orientaros por cuenta propia en este problema, podréis consideraros lo suficientemente firmes en vuestras convicciones, sólo entonces podréis defenderlas con éxito ante quien sea y en cualquier momento.
Después de estas breves observaciones, pasaré a la cuestión que nos ocupa: qué es el Estado, cómo ha surgido y cuál debe ser, en lo esencial, la posición que ante el Estado ha de mantener el partido de la clase obrera, el partido que lucha por el derrocamiento completo del capitalismo, el Partido Comunista.
Ya os decía que difícilmente se encontrará otro problema que haya sido tan embrollado, premeditada e impremeditadamente, por los representantes de la ciencia, la Filosofía, el Derecho, la Economía Política y el periodismo burgueses, como el problema del Estado. Hasta hoy día, se confunde con mucha frecuencia este problema con las cuestiones religiosas; y muy a menudo no sólo los representantes de las .doctrinas religiosas (de ellos es completamente natural esperarlo), sino también personas que se consideran libres de prejuicios religiosos, confunden el problema específico del Estado con los problemas de la religión y tratan de elaborar una teoría ---complicada con mucha frecuencia, concebida y fundamentada en términos filosóficos---acerca de que el Estado es algo divino, algo sobrenatural, una fuerza gracias a la cual ha vivido la humanidad y que da a las gentes---o puede darles---algo que lleva en sí y que no proviene del ser humano, sino que le es dado del exterior, que es una fuer/a de origen divino. Y es necesario decir que esta teoría está tan intimamente entrelazada con los intereses de las clases explotadoras 259 ---los terratenientes y capitalistas---, sirve en tal grado a sus intereses y ha penetrado tan profundamente en todas las costumbres, en todos los conceptos y en toda la ciencia de los señores representantes de la burguesía, que a cada paso podréis encontrar vestigios de esta misma teoría, incluso en los conceptos que del Estado tienen los mencheviques y los eseristas, que rechazan indignados la idea de hallarse supeditados a prejuicios religiosos y están convencidos de que pueden analizar con ecuanimidad la cuestión del Estado. Este problema ha sido tan embrollado y complicado, porque afecta a los intereses de las clases dominantes (y en este sentido sólo le aventajan los fundamentos de la ciencia económica) en mayor grado que cualquier otro problema. La teoría del Estado sirve para justificar los privilegios sociales, la existencia de la explotación, la existencia del capitalismo. Por eso, sería un grandísimo error esperar imparcialidad en esta cuestión, esperar que los que pretenden ser científicos puedan proporcionaros en este problema el punto de vista de la ciencia pura. En el problema del Estado, en la doctrina del Estado, en la teoría del Estado, podréis ver siempre, cuando os familiaricéis con la cuestión y penetréis suficientemente en ella, la lucha de las distintas clases entre sí, lucha que se refleja o encuentra su expresión en la lucha de conceptos sobre el Estado, en la apreciación del papel y de la significación del Estado.
Para poder abordar de la manera más científica este problema, es necesario echar aunque sea una breve mirada a la historia del surgimiento y desarrollo del Estado. Lo más seguro en las ciencias sociales, y lo más necesario para adquirir realmente el hábito de abordar de un modo acertado este problema sin perderse en un cúmulo de nimiedades o entre la enorme profusión de conceptos en pugna, lo más importante para poder abordar esta cuestión desde un punto de vista científico, es no olvidarse de la concatenación histórica fundamental, considerar cada cuestión desde el punto de vista de cómo ha surgido el fenómeno histórico dado, cuáles son las etapas principales por las que ha pasado en su desarrollo, y, partiendo de este punto de vista de su desarrollo, ver en qué se ha convertido en la actualidad.
Espero que, en lo que se refiere al problema del Estado, estudiéis la obra de Engels El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado. Es ésta una de las obras fundamentales del socialismo moderno, en la que cada frase merece toda la confianza, pues ni una sola ha sido escrita al buen tuntún, sino sobre la base de un copioso material histórico y político. Es indudable que no todos los pasajes de esta obra están expuestos de modo igualmente accesible y comprensible; algunos presuponen en el lector ciertos conocimientos de Historia y Economía. Pero, lo repetiré una vez más, no debe uno desanimarse 260 por el hecho de no comprender de una sola lectura dicha obra. Esto le sucede a casi todo el mundo. Pero al volver más tarde a su lectura, cuando tengáis despierto el interés por ella, lograréis comprenderla en su mayor parte, si no en su totalidad. Os recomiendo esta obra porque enseña a abordar como es debido dicho problema en el sentido indicado. Comienza el libro por un esbozo histórico del origen del Estado.
Para abordar acertadamente esta cuestión, como también cualquier otra cuestión, por ejemplo, la del surgimiento del capitalismo, la del origen de la explotación del hombre por el hombre, la del socialismo, la de cómo apareció el socialismo y cuáles son las circunstancias que lo han engendrado; cualquiera de estas cuestiones sólo puede ser enfocada con seriedad y seguridad si se echa una mirada a la historia de todo su desarrollo en conjunto. En esta cuestión debe fijarse uno, ante todo, en que no siempre ha existido el Estado. Hubo un tiempo en que el Estado no existía. Este aparece en el lugar y en la época en que surge la división de la sociedad en clases, cuando aparecen los explotadores y los explotados.
Hasta que surgió la primera forma de explotación del hombre por el hombre, la primera forma de división en clases---en esclavistas y esclavos---, hasta aquel momento existió aún la familia patriarcal, o, como a veces se la suele llamar, el clan (clan: tribu, gens cuando los hombres vivían en tribus, por gens), y los vestigios de aquella época primitiva continúan todavía bastante definidos en las costumbres de muchos pueblos primitivos. Si examináis cualquier obra que trate de la cultura primitiva, siempre encontraréis descripciones, indicios y recuerdos, más o menos concretos, de que ha habido unaépoca, más o menos parecida a la del comunismo primitivo, en la que no existía la división de la sociedad en esclavistas y esclavos. Entonces no existía el Estado, no existía un aparato especial para aplicar sistemáticamente la violencia y someter a los hombres a dicha violencia. Este aparato es lo que se llama Estado.
En la sociedad primitiva, cuando los hombres vivían en pequeñas gens y se encontraban todavía en los grados más bajos de su desarrollo, en un estado próximo al salvajismo; en aquella época, de la que la humanidad civilizada moderna está separada por varios milenios, no se percibían todavía los síntomas de la existencia del Estado. Lo que vemos en ella es el dominio de las costumbres, el prestigio, el respeto y el poder de que gozaban los jefes de las gens, y vemos que este poder era reconocido, a veces, a las mujeres---la situación de la mujer, entonces, no se parecía a la situación de opresión y falta de derechos en que se encuentra actualmente---; pero no vemos, en ninguna parte, una categoría especial de hombres que se destaquen para gobernar a los otros y que, en interés y con 261 fines de gobierno, posean sistemática y permanentemente cierto aparato de coerción, de violencia, como son en la actualidad, todos lo sabéis, los destacamentos armados de tropas, las cárceles y demás medios de someter la voluntad ajena a la violencia, es decir, lo que constituye la esencia del Estado.
Si hacemos abstracción de las llamadas doctrinas religiosas, de los artificios, de las especulaciones filosóficas, de las diversas concepciones erigidas por los sabios burgueses, e investigamos el fondo verdadero de la cuestión, veremos que el Estado se reduce precisamente a este aparato de gobierno destacado de la sociedad humana. Cuando aparece ese grupo especial de hombres, eme no se ocupa de otra cosa que de gobernar y que para hacerlo necesita un aparato especial de coerción, de sometimiento de la voluntad ajena a la violencia---cárceles, destacamentos especiales, ejército, etc.---, es cuando aparece el Estado.
Pero hubo una época en la que no existía el Estado, en la que los vínculos generales, la sociedad misma, la disciplina y la organización del trabajo se mantenían por la fuerza de la costumbre, de las tradiciones, por el prestigio o el respeto cíe que gozaban los jefes de las gens o las mujeres, que entonces, con frecuencia, no sólo disfrutaban de los mismos derechos que los hombres, sino que, muchas veces, ocupaban una posición más alta; una época en la que no existía una categoría especial de personas, de especialistas en gobernar. La historia demuestra que el Estado, como aparato especial de coerción de los hombres, surgió únicamente en el lugar y en la época en que apareció la división de la sociedad en clases, es decir, la división en grupos de hombres de los que unos podían apropiarse siempre del trabajo de otros, donde unos explotaban a otros.
Y esta división de la sociedad en clases, que se establece en la historia, siempre debe aparecer claramente ante nosotros como el factor principal. El desarrollo de todas las sociedades humanas en el curso de milenios, en todos los países sin excepción, nos demuestra que este desarrollo obedece a leyes generales, es regular y consecuente, de modo que, al principio, hubo una sociedad sin clases, la sociedad patriarcal primitiva, en la que no había aristócratas; luego la sociedad basada en la esclavitud, la sociedad esclavista. A través de estas etapas pasó toda la Europa civilizada moderna; la esclavitud era el régimen que dominaba plenamente hace dos mil años. A través de estas etapas pasó también la enorme mayoría de los pueblos de los demás continentes. Entre los pueblos más atrasados, los vestigios de esclavitud han quedado hasta nuestros días, y en África, por ejemplo, podéis encontrar, también en la actualidad, instituciones esclavistas. Los esclavistas y los esclavos 262 constituyen la primera gran división en clases. Los primeros no sólo poseían todos los medios de producción---la tierra, los instrumentos, por muy poco eficaces y primitivos que entonces fuesen---, sino que también eran dueños de seres humanos. Los que constituían este grupo se llamaban esclavistas, y los que trabajaban y entregaban su trabajo a los otros se llamaban esclavos.
A este régimen siguió en la historia otro, el feudalismo. En la inmensa mayoría de los países, la esclavitud, en el curso de su desarrollo, se convirtió en servidumbre. La división fundamental de la sociedad era en señores terratenientes y campesinos siervos de la gleba. Cambió la forma de las relaciones entre los hombres. Los esclavistas consideraban a los esclavos propiedad suya: la ley consolidaba este concepto y consideraba a los esclavos como objetos de la absoluta propiedad del esclavista. Por lo que atañe al campesino siervo, siguió la opresión de clase, la dependencia, pero el señor terrateniente no era considerado ya dueño del campesino, como de un objeto, sino que sólo tenía derecho a apropiarse de su trabajo y a obligarle a ciertas prestaciones. De hecho, como todos sabéis, el régimen de la servidumbre no se diferenciaba en nada de la esclavitud, sobre todo en Rusia, donde se mantuvo por más tiempo y adquirió las formas más brutales.
En la sociedad feudal, a medida que se desarrollaba el comercio y surgía el mercado mundial, a medida que se desarrollaba la circulación monetaria, surgía una clase nueva, la clase de los capitalistas. De la mercancía, del intercambio de mercancías, del surgimiento del poder del dinero, nacía el poder del capital. En el curso del siglo XVIII, más exactamente, desde fines del siglo XVIII y en el curso del siglo XIX tuvieron lugar revoluciones en todo el mundo. El régimen de la servidumbre fue eliminado en todos los países de Europa Occidental. Esto sucedió en Rusia más tarde que en ninguna otra parte. En 1861, en Rusia se operó también una profunda transformación, que tuvo como consecuencia la sustitución de una forma de la sociedad por otra, la sustitución del régimen de la servidumbre por el capitalismo, en el que continuó la división en clases y persistieron diversos vestigios y supervivencias de la servidumbre, pero, en su esencia, la división en clases adquirió una nueva forma.
Los dueños del capital, los dueños de la tierra, los dueños de las fábricas constituían y constituyen en todos los países capitalistas una minoría insignificante de la población, que dispone íntegramente de todo el trabajo realizado por el pueblo y, por consiguiente, tiene a sus órdenes, oprimiéndola y explotándola, a toda la masa de los trabajadores, cuya mayoría la componen los proletarios, los obreros asalariados, quienes, en el proceso de la producción, obtienen sus medios de subsistencia únicamente de la venta de la fuerza de sus 263 brazos, de su fuer/a cíe trabajo. Los campesinos, dispersos y aplastados ya en la época del feudalismo, con el paso al capitalismo se transforman en parte (en su mayoría) en proletarios, y en parte (en su minoría) en campesinos acomodados que, a su vez, emplean obreros asalariados y componen la burguesía del campo.
Este hecho fundamental---el paso de la sociedad de las formas primitivas cíe esclavitud al feudalismo y, finalmente, al capitalismo--- lo debéis tener siempre en cuenta, ya que sólo recordando este hecho fundamental, sólo encuadrando en este marco principal todas las doctrinas políticas, podréis apreciarlas en su justo valor y comprender su significado, puesto que cada uno de estos grandes períodos de la historia de la humanidad---el de la esclavitud, el del feudalismo y el del capitalismo---abarca siglos y milenios y representa una variedad tan enorme de formas y doctrinas políticas, de ideas y revoluciones, que orientarse en toda esta enorme y sumamente abigarrada variedad---relacionada sobre todo con las doctrinas políticas, filosóficas, etc., de los sabios y políticos burgueses---sólo es posible si uno se atiene firmemente, como a un hilo orientador fundamental, a la división de la sociedad en clases, al cambio de las formas de la dominación de clase y analiza desde este punto de vista todas las cuestiones sociales, tanto económicas como políticas, espirituales, religiosas, etc.
Si examináis el Estado desde el punto de vista de esta división fundamental, veréis que, como ya he dicho, antes de la división de la sociedad en clases no existía el Estado. Pero a medida que surge y va afianzándose la división de la sociedad en clases, a medida que surge la sociedad de clases, surge y se afianza también el Estado. En la historia de la humanidad tenemos decenas, centenares de países que han pasado, y siguen pasando también ahora, por la esclavitud, el feudalismo y el capitalismo. En cada uno de estos países---a pesar de los enormes cambios históricos sucedidos, a pesar de todas las peripecias políticas y de todas las revoluciones relacionadas con este desarrollo de la humanidad, con el paso de la esclavitud, a través del feudalismo, al capitalismo v a la actual lucha mundial contra el capitalismo---, veréis siempre el surgimiento del Estado. Este ha sido siempre un aparato destacado de la sociedad y formado por un grupo de personas que se ocupan únicamente, o casi únicamente, o principalmente, de gobernar. Los hombres se dividen en gobernados y especialistas en gobernar, que se elevan sobre la sociedad y a los que se da el nombre de gobernantes, de representantes del Estado. Este aparato, este grupo de hombres que gobiernan a los demás, se apodera siempre de cierta máquina de coerción, de una fuerza física; lo mismo da que esta violencia sobre los hombres se exprese en el garrote primitivo o en un tipo de arma más perfecto en la época de la 264 esclavitud, o en el arma de luego aparecida en la Edad Media, o, finalmente, en las armas modernas que en el siglo XX han llegado a ser maravillas técnicas basadas por entero en las últimas conquistas de la técnica moderna. Los métodos de violencia van cambiando, pero, siempre que existe el Estado, existe en cada sociedad un grupo de personas que gobiernan, que mandan, que dominan y que, para conservar el poder, tienen en sus manos una máquina de coerción física, un aparato de violencia, las armas que corresponden al nivel técnico de cada época. Y sólo observando atentamente estos fenómenos generales, sólo planteándonos la cuestión de por qué no existía el Estado cuando no había clases, cuando no había explotadores ni explotados, v por qué surgió el Estado al surgir las clases, sólo así encontraremos una respuesta concreta a la cuestión de qué es, en esencia, el Estado y cuál es su significación.
El Estado es una máquina para mantener el dominio de una clase sobre otra. Cuando en la sociedad no había clases, cuando los hombres, antes de la época de la esclavitud, trabajaban en condiciones primitivas de mayor igualdad, en condiciones de la más baja productividad del trabajo, cuando el hombre primitivo podía conseguir con dificultad los medios indispensables para la existencia más tosca y primitiva, entonces no surgió, ni podía surgir, un grupo especial de personas destacadas ex profeso para gobernar y eme dominasen al resto de la sociedad. Sólo al surgir la primera forma de división de la sociedad en clases, cuando apareció la esclavitud, cuando cierta clase de hombres, concentrando sus esfuerzos en las formas más rudimentarias de laboreo de la tierra pudieron producir cierto sobrante que no era absolutamente indispensable para la misérrima existencia del esclavo y que iba a parar a manos del esclavista; cuando, de este modo, se consolidó la existencia de dicha clase de esclavistas, y para que ésta se consolidase, surgió la necesidad de que apareciese el Estado.
Y entonces apareció el Estado esclavista, el aparato que dio a los esclavistas poder, permitiéndoles gobernar a todos los esclavos. La sociedad y el Estado eran por aquel entonces mucho más pequeños que en la actualidad, disponían de un aparato de enlace incomparablemente más débil, puesto que en aquella época no existían los modernos medios de comunicación. Las montañas, los ríos y los mares constituían obstáculos incomparablemente mayores que en nuestros días, y el Estado se iba formando dentro de límites geográficos muchísimo más estrechos. Un aparato estatal técnicamente rlébil atendía las necesidades del Estado, extendido en áreas relativamente limitadas y con un estrecho campo de acción. Sin embargo, existía este aparato que obligaba a los esclavos a permanecer en la esclavitud, que mantenía a una parte de la sociedad 265 subyugada, oprimida por la otra. No es posible obligar a la mayor parte de la sociedad a que = trabaje^^1^^ sistemáticamente en beneficio de la otra parte, sin un aparato permanente de coerción. Mientras no existían las clases, tampoco existía este aparato. Pero cuando surgieron las clases, siempre y en todas partes, paralelamente al desarrollo y consolidación de esa división, apareció también una institución especial: el Estado. Las formas de Estado han sido sumamente vanadas. En la época de la esclavitud, en los países más adelantados, más cultos y civilizados de aquel entonces, por ejemplo, en la Antigua (/recia y Roma, basados íntegramente en la esclavitud, tenemos ya diversas formas de Estado. Ya entonces surge la diferencia entre monarquía y república, entre aristocracia y democracia. La monarquía, como poder de una sola persona, y la república, como ausencia total de un poder que no sea electivo; la aristocracia, como poder de una minoría relativamente reducida, y la democracia, como poder del pueblo (la palabra democracia en griego significa literalmente poder del pueblo). Todas estas diferencias surgieron en la época de la esclavitud. Pero, a pesar de estas diferencias, el Estado de la época de la esclavitud era un Estado esclavista, cualquiera que fuese su forma: monarquía, república aristocrática o república democrática.
En (ocio curso de Historia de la Antigüedad, al escuchar cualquier conferencia sobre esta materia, oiréis hablar efe la lucha que se desarrolle') entre el Estado monárquico y el Estado republicano, pero el hecho esencial consistía en que los esclavos no eran considerados seres humanos; no sólo no eran considerados ciudadanos, sino ni siquiera seres humanos. La legislación romana los consideraba como objetos. La ley de homicidio, sin hablar ya de otras leyes referentes a la salvaguardia de la personalidad humana, no era extensiva a los esclavos. La ley defendía sólo a los esclavistas, como únicos ciudadanos a los que se reconocían plenos derechos. Y si se establecía la monarquía, era una monarquía esclavista; si la república, era una república esclavista. Gozaban en ellas de todos los derechos los esclavistas, mientras que los esclavos eran ante la ley unos objetos, y contra ellos no sólo era permitido ejercer cualquier violencia, sino que incluso el asesinato de un esclavo no se consideraba como un crimen. Las repúblicas esclavistas se diferenciaban por su organización interna: había repúblicas aristocráticas y repúblicas democráticas. En la república aristocrática participaba en las elecciones un número reducido de privilegiados; en la democrática participaban todos---pero siempre todos los esclavistas---, todos, menos los esclavos. Es necesario tener en cuenta esta circunstancia fundamental, porque ella, mejor que cualquier otra, proyecta luz sobre el problema del Estado e indica claramente la esencia del mismo.
266El Estado es una máquina destinada a la opresión de una dase por otra, una máquina llamada a mantener sometidas a una sola clase todas las demás clases subordinadas. Las formas de esta máquina suelen ser diversas. En el Estado esclavista tenemos la monarquía, la república aristocrática e incluso la república democrática. En la práctica, las formas de gobierno eran sumamente variadas, pero la esencia seguía siendo siempre la misma: los esclavos carecían de todos los derechos y seguían siendo una clase oprimida, sin que se les reconociera como seres humanos. I.o mismo vemos también en el Estado feudal.
El cambio de la forma de explotación transformó el Estado esclavista en Estado feudal. Esto tuvo una importancia enorme. En la sociedad esclavista reinaba la falta absoluta de derechos del esclavo, al que no se reconocía su calidad de ser humano; en la sociedad feudal reinaba la sujeción del campesino a la tierra. El rasgo principal del régimen de la servidumbre era que los campesinos (a la sazón, los campesinos constituían la mayoría, puesto que la población de las ciudades estaba muy poco desarrollada) estaban adscritos a la tierra, a la gleba, de ahí el concepto mismo de servidumbre de la gleba. El campesino podía trabajar un determinado número de días para sí mismo, en la parcela que le entregaba el terrateniente, y el resto del tiempo el campesino siervo debía trabajar para el señor. Quedaba la esencia de la sociedad de clases: la sociedad se basaba en la explotación de clase. Los terratenientes eran los únicos que gozaban de plenos derechos; los campesinos estaban privados de ellos. De hecho, su situación se diferenciaba muy poco de la de los esclavos en el Estado esclavista. Sin embargo, para la liberación de los campesinos se abría un camino más amplio, puesto que el siervo de la gleba no era considerado como propiedad directa del terrateniente. El campesino podía emplear cierta parte del tiempo en su parcela, podía, por así decirlo, pertenecerse en cierto grado a sí mismo; y, al ampliarse las posibilidades del desarrollo del intercambio, de las relaciones comerciales, el régimen de la servidumbre se iba descomponiendo cada vez más y paralelamente iba ensanchándose el círculo de la liberación del campesinado. La sociedad feudal siempre fue más compleja que la esclavista. En aquélla existía un importante elemento de desarrollo del comercio y de la industria, lo que ya entonces conducía al capitalismo. En la Edad Media, el régimen de la servidumbre era el régimen predominante. También aquí las formas de Estado eran muy variadas; también aquí tenemos la monarquía y la república, aunque esta última era mucho menos desarrollada; pero sólo los terratenientes feudales eran siempre reconocidos como 267 dominadores. Los campesinos siervos estaban absolutamente privados de todo derecho político.
Tanto bajo la esclavitud como bajo el régimen de la servidumbre, el dominio de una insignificante minoría de hombres sobre la enorme mayoría no podía prescindir de la coerción. Toda la historia está llena de ininterrumpidos intentos de las clases oprimidas encaminados a derrocar la opresión. La historia de la esclavitud registra guerras que duraron muchos decenios y cuyo objetivo era liberarse de la esclavitud. De paso sea dicho, el nombre de ``espartaquistas'', adoptado ahora por los comunistas de Alemania---único partido alemán que lucha de verdad contra el yugo del capitalismo---, lo ha sido precisamente porque Espartaco fue uno de los héroes más destacados de una de las más importantes sublevaciones de esclavos, ocurrida hace unos dos milenios. Durante varios años, el Imperio Romano, al parecer omnipotente, basado por entero en e! régimen de la esclavitud, fue sacudido por los golpes de la inmensa sublevación de los esclavos, quienes se armaron y agruparon bajo la dirección de Espartaco, formando un enorme ejército. Finalmente, los esclavos fueron diezmados, hechos prisioneros y torturados por los esclavistas. Estas guerras civiles las vemos a través de toda la historia de la existencia de la sociedad de clases. Acabo de citaros el ejemplo de la más importante de las guerras civiles ocurridas en la época de la esclavitud. Toda la época del régimen de la servidumbre está igualmente llena de constantes sublevaciones campesinas. En Alemania, por ejemplo, la lucha entre las dos clases, entre los terratenientes y los siervos de la gleba, adquirió en la Edad Media una gran amplitud y se transformó en una guerra civil de los campesinos contra los terratenientes. Todos vosotros conocéis también los ejemplos de numerosas sublevaciones semejantes de los campesinos contra los terratenientes feudales en Rusia.
Para mantener su dominio y conservar su poder, el terrateniente necesitaba de un aparato que uniese y le supeditase un enorme número de personas, subordinándolas a cieñas leyes y normas, todas las cuales se reducían, en lo fundamental, a un solo objetivo: mantener el poder del terrateniente sobre el campesino siervo. Esto constituía precisamente el Estado feudal, que en Rusia, por ejemplo, o en los muy atrasados países asiáticos donde hasta hoy día predomina el feudalismo---se distinguía por la forma---era republicano o monárquico. Cuando el Estado era monárquico, el poder pertenecía a una sola persona; cuando era republicano, se admitía más o menos la participación de representantes elegidos por la sociedad señorial. Ello ocurría en la sociedad feudal. Esta 268 sociedad representaba una división de clases en la que la enorme mayoría, los campesinos siervos, se- hallaba en completa dependencia de una minoría insignificante, de los terratenientes, poseedores de tierra.
El desarrollo del comercio, del intercambio de mercancías, condujo a la formación de una nueva clase: los capitalistas. El capital surgió a fines de la Edad Media, cuando el comercio mundial, después del descubrimiento de América, llegó a desarrollarse = enormemente^^1^^, cuando aumentó la cantidad de metales preciosos, cuando la plata y el oro se hicieron medio de cambio, cuando la circulación monetaria permitió acumular grandes riquezas en manos de una sola persona. La plata y el oro fueron reconocidos como rique/.a en todo el mundo. Iban decayendo las fuer/as económicas de la clase de los terratenientes e iba desarrollándose la fuer/a de la nueva clase, la de los representantes del capital. La transformación de la sociedad se verificaba de modo que todos los ciudadanos fueran, como si dijéramos, iguales, que desapareciese la división anterior en esclavistas y esclavos, que todos, independientemente del capital que tuvieran---lo mismo si poseían tierra en propiedad privada que si no tenían más patrimonio que la fuer/a de sus bra/os---, que todos fuesen iguales ante la ley. Esta protege a todos por igual, protege la propiedad de los que la tienen trente a los atentados contra la propiedad por parte de aquella masa que, careciendo de ella y no teniendo más que sus bra/os, se paupen/.a poco a poco, va arruinándose- y convirtiéndose en masa proletaria. Tal es la sociedad capitalista.
No puedo detenerme a examinar con detalle esta cuestión. Todavía volveréis a ella cuando estudiéis el Programa del partido, en el que encontraréis la característica de la sociedad capitalista. Esta sociedad se al/ó contra el feudalismo, contra el viejo régimen de la servidumbre, enaibolando la bandera de la libertad. Pero era la libertad para los propietarios. Y cuando el régimen de la servidumbre fue derrocado---cosa que ocurrió a fines del siglo XVIII y comienzos del XIX, habiendo acontecido esto en Rusia más tai'de que en los demás países, en 18(il---, entonces, en sustitución del Estado feudal, llega el Estado capitalista, que declara como consigna suya la libertad de todo el pueblo y clueque expresa la voluntad de todo el pueblo, negando ser un Estado de clase; y aquí, entre los socialistas, que luchan por la libertad de todo el pueblo, y el Estado capitalista se desarrolla una lucha que en la actualidad ha conducido a la formación de la República Socialista Soviética y que abarca el mundo entero.
Para comprender la lucha emprendida contra el capital mundial, para comprender la esencia del Estado capitalista es 269 necesario recordar que éste, al enfrentarse con el Estado feudal, se lanzó a la batalla enarbolando la bandera de la libertad. La abolición del régimen de la servidumbre significaba la libertad para los representantes del Estado capitalista y les favorecía, ya que el régimen de la servidumbre se venía abajo y los campesinos obtenían la posibilidad de convertirse en dueños cabales de la tierra que hubiesen adquirido pagando un rescate o parcialmente a cuenta del tributo; el Estado no se preocupaba de esto: él salvaguardaba la propiedad, cualquiera que fuese su origen, ya que el Estado se basaba en la propiedad privada. En todos los Estados civilizados modernos, los campesinos se fueron transformando en propietarios privados. El Estado protegía la propiedad privada, indemnizando al terrateniente por medio del rescate, pagándole en metálico cuando él entregaba al campesino parte de la tierra. El Estado parecía declarar: conservaremos toda la propiedad privada; y le prestaba toda clase de apoyo y protección. El Estado reconocía esta propiedad a cualquier comerciante, industrial y fabricante. Y esta sociedad, basada en la propiedad privada, en el poder del capital, en la completa subordinación de todos los obreros desposeídos y de las masas trabajadoras campesinas, esta sociedad se declaraba dominante sobre la base de la libertad. Al luchar contra el régimen de la servidumbre, declaraba libre la propiedad y se enorgullecía de un modo particular diciendo que el Estado había dejado de ser un Estado de clase.
Sin embargo, el Estado seguía siendo la máquina que ayudaba a los capitalistas a mantener sometidos a los campesinos pobres y a la clase obrera, aunque aparentemente fuese libre. El Estado proclama el sufragio universal, y por medio de sus partidarios, predicadores, sabios y filósofos declara que no es un Estado de clase. Incluso ahora, cuando contra este Estado ha comenzado la lucha de las repúblicas socialistas soviéticas, nos acusan de ser unos violadores de la libertad, de crear un Estado basado en la coerción, en el aplastamiento de unos por otros, mientras que ellos representan un Estado de todo el pueblo, un Estado democrático. Y este problema, el problema del Estado, es en la actualidad---en la época del comienzo de la revolución socialista en el mundo entero, precisamente en la época de la victoria de la revolución en varios países, cuando se ha agudizado especialmente la lucha contra el capital mundial---un problema que ha adquirido la máxima importancia v, podríamos decir, se ha transformado en el problema más agudo, en el loco donde convergen tocios los problemas políticos y todas las disputas políticas de la actualidad.
270En todos los partidos de Rusia o de cualquier otro país más civilizado, casi todas las disputas, divergencias y opiniones políticas giran ahora en torno al concepto del Estado. En un país capitalista, en una república democrática---especialmente en una república como Suiza o los Estados Unidos---, en las repúblicas democráticas más libres ;es el Estado la expresión de la voluntad popular, el resultado de la decisión de todo el pueblo, la expresicSn de la voluntad nacional, etc., o es una máquina destinada a que los capitalistas de los respectivos países tengan la posibilidad de mantener su poder sobre la clase obrera y el campesinado? Este es el problema fundamental, en torno al cual giran actualmente las discusiones políticas en el mundo entero. ¿Qué dicen del bolchevismo? La prensa burguesa injuria a los bolcheviques. No encontraréis ni un solo periódico que no repita la acusación en boga contra los bolcheviques de que son unos violadores del poder del pueblo. Si nuestros mencheviques y eseristas creen en su simpleza (y quizá no sea por simpleza, o puede ser también que sea esa simpleza de la que dicen que es peor que la vileza) que son los descubridores e inventores de la acusación que imputa a los bolcheviques el haber violado la libertad y el poder del pueblo, se equivocan del modo más ridículo. En nuestros días ni uno solo de los periódicos más ricos de los países más ricos, que gastan decenas de millones para su difusión y que en decenas de millones de ejemplares siembran la mentira burguesa y la política imperialista, no hay ni uno solo de estos periódicos que no repita estos argumentos y estas acusaciones principales contra el bolchevismo, afirmando que los Estados Unidos, Inglaterra y Suiza son países de vanguardia, basados en el poder del pueblo, mientras que la república bolchevique es un Estado de bandidos que no conoce la libertad, y que los bolcheviques son unos violadores de la idea del poder del pueblo e incluso han llegado al extremo de disolver la Constituyente. Estas terribles acusaciones contra los bolcheviques se repiten en todos los países del mundo. Estas acusaciones nos hacen abordar de lleno la cuestión de qué es el Estado. Para comprender estas acusaciones, para orientarse en ellas y tomar frente a ellas una posición completamente consciente, para orientarse no sólo por los rumores, sino poseyendo una firme opinión, hay que comprender claramente qué es el Estado. Aquí vemos toda suerte de Estados capitalistas y las más variadas doctrinas que en su defensa fueron creadas antes de la guerra. A fin de abordar con acierto la solución de este problema, hay que analizar de un modo crítico todas estas doctrinas y concepciones.
Ya he dicho que la obra de Engels El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado os podría servir de ayuda. En ella, 271 precisamente, se afirma que todo Estado, en el que exista la propiedad privada sobre la tierra y sobre los medios de producción y en el que domine el capital, es, por muy democrático que sea, un Estado capitalista, una máquina en manos ciclos capitalistas para mantener sometidos a la clase obrera y a los campesinos pobres. Y el sufragio universal, la Asamblea Constituyente, el Parlamento, no son más que la forma, una especie de pagare-, que no altera para nada el fondo de la cuestión.
La forma de dominio del Estado puede ser distinta: el capital manifiesta su fuerza de una manera, donde existe una forma, y de otra, donde existe otra forma, pero, en esencia, el poder continúa siempre en manos del capital, lo mismo da que exista el sufragio restringido u otro sufragio; que exista una república democrática, e incluso cuanto más democrática sea, tanto más grosero y cínico es este dominio del capitalismo. Una de las repúblicas más democráticas del mundo es la de los Estados Unidos de América del Norte, y en ningún otro país (el que haya estado allí después de 1905, seguramente, se habrá dado cuenta de ello), en ninguna parte, el poder del capital, el poder de un puñado de multimillonarios sobre toda la sociedad se manifiesta en forma tan grosera, con tan descarada venalidad como allí. El capital, una vez que existe, domina toda la sociedad, y ninguna república democrática, ningún derecho electoral cambia la esencia del asunto.
La república democrática y el sufragio universal, en comparación con el régimen feudal, constituyeron un enorme progreso, pues permitieron al proletariado alcanzar la unificación, la cohesión con que cuenta ahora y formar las filas armónicas y disciplinadas que luchan sistemáticamente contra el capital. Nada de eso, ni siquiera nada parecido, tenía el campesino siervo, sin hablar ya de los esclavos. Estos, como ya sabemos, se sublevaban, se amotinaban, emprendían guerras civiles, pero jamás pudieron formar una mayoría consciente, partidos que dirigiesen la lucha, ni pudieron comprender con claridad hacia qué objetivo marchaban; e incluso en los momentos más revolucionarios de la historia, resultaban ser siempre unos peones en manos de las clases dominantes. La república burguesa, el Parlamento, el sufragio universal, todo esto, desde el punto de vista del desarrollo universal de la sociedad, constituye un enorme progreso. La humanidad marchaba hacia el capitalismo, y sólo el capitalismo, gracias a la cultura urbana, permitió a la clase proletaria oprimida adquirir conciencia de sí misma y crear el movimiento obrero universal, los millones de obreros organizados en partidos en el mundo entero, los partidos socialistas, que dirigen conscientemente la lucha de las masas. Sin 272 parlamentarismo, sin elecciones, este desarrollo de la clase obrera habría sido imposible. Kste es el motivo por el cual, ante las vastas masas, todo esto adquirió una importancia tan grande. Por ello, ese radical viraje parece ser tan difícil. No sólo hipócritas conscientes, sabios y curas apoyan y defienden esta mentira burguesa de que el Estado es libre- y está llamado a defender los intereses de todos, sino también multitud de personas, que repiten sinceramente los viejos prejuicios y no pueden comprender el paso cié la vieja sociedad capitalista al socialismo. No sólo la gente que se halla dilectamente supeditada a la burguesía, no sólo los que se hallan bajo el vugo del capital o los que han sido sobornados por éste (una masa de toda suerte de sabios, artistas, clérigos, etc., está al servicio del capital), sino también personas que se encuentran simplemente bajo la influencia de los prejuicios de la libertad burguesa, todos ellos se han movili/ado en el mundo entero contra el bolchevismo, porque, al fundarse, la República Soviética rechazó esta mentira burguesa y decían') abiertamente: vosotros llamáis libre a vuestro Estado, cuando, en realidad, mientras exista la propiedad privada, vuestro Estado, aunque sea una república democrática, no es otra cosa que una máquina en manos de los capitalistas destinada a aplastar a los obreros, y cuanto más libre sea el Estado, con tanta mayor claridad se manifiesta este hecho. Ejemplos: Suiza, en Europa, y los Estados Unidos, en América. En ninguna parte el capital domina tan cínica e implacablemente v en ninguna parte se manihesta eso con tanta claridad como precisamente en estos países, a pesar de que son repúblicas democráticas, por muy elegantemente ataviadas que estén, y a pesar de todas las palabras sobre la democracia del trabajo v la igualdad de todos los ciudadanos. De hecho, en Sui/a \ en los Estados Unidos domina el capital, y a todos los intentos de los obreros para conseguir una mejoría de cierta importancia en su situación se- opone inmediatamente la guerra civil. En estos países hay menos soldados, el ejército regular es menor; en Sui/a existe una milicia, v cada sui/o tiene un fusil en su casa; en los Estados Unidos hasta hace poco no había ejército regular y, por lo mismo, cuando estalla una huelga, la burguesía se arma, emplea soldados mercenarios y aplasta la huelga, y en ninguna parte este aplastamiento del movimiento obrero es tan implacable v tero/ como en Sui/a y en los Estados Unidos, en ninguna parte se halla el Parlamento bajo una mayor influencia del capital que precisamente en dichos países. Ea lueiv.a del capital lo es todo; la Bolsa lo es todo, mientras cute el Parlamento v las elecciones son marionetas, peleles... Pero cuanto más tiempo pasa, tanto más claramente van viendo los obreros y lauta mayor difusión adquiere la idea del Poder soviético, sobre- lodo después de- la sangrienta matan/a por la que acabamos de- pasar. I,a 273 clase obrera ve, cada ve/ más claro, la necesidad de una lucha implacable contra los capitalistas.
Cualesquiera que sean las formas con que se encubra la república, aunque se trate de la república más democrática, si es burguesa, si en ella continúa existiendo la propiedad privada sobre la tierra y las fábricas y si el capital privado mantiene en esclavitud asalariada a toda la sociedad, es decir, si en ella no se realiza lo proclamado por el Programa de nuestro partido y por la Constitución soviética, tal Estado es una máquina destinada a la opresión de unos por otros. Y esta máquina la pondremos en manos de aquella clase que debe derrocar el poder del capital. Rechazaremos todos los viejos prejuicios de que el Estado es la igualdad para todos, pues esto es un engaño: mientras exista la explotación, no puede haber igualdad. El terrateniente no puede ser igual al obrero, el hambriento no puede ser igual al harto. Esa máquina, llamada Estado, ante la cual la gente se detiene con respeto supersticioso, dando fe a los viejos cuentos de que es el poder de todo el pueblo, el proletariado la rechaza, diciendo que es una mentira burguesa. Nosotros arrebatamos esta máquina a los capitalistas y nos apropiamos de ella. Con esta máquina o garrote destruiremos toda explotación; y cuando en el mundo no haya quedado la posibilidad de explotar, no hayan quedado más propietarios de tierra y de fábricas, no ocurra que unos se hartan mientras otros padecen hambre, solamente cuando esto ya no sea posible arrojaremos esta máquina al montón de la chatarra. Entonces no habrá Estado y no habrá explotación. Este es el punto de vista de nuestro Partido Comunista. Abrigo la esperanza de que, en las conferencias siguientes, volvamos todavía, y más de una vez, a este lema.
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7. '19, págs. 64--84.
[274] __ALPHA_LVL1__ CARTA A LOS OBREROSCamaradas: Las tropas rojas han liberado del dominio de Kolchak toda la región de los Urales y han emprendido la liberación de Siberia. Los obreros y campesinos de los Urales y Siberia acogen con entusiasmo el Poder soviético, porque barre con escoba de hierro a toda la canalla de terratenientes y capitalistas que ha atormentado al pueblo con impuestos, ultrajes y castigos corporales al restaurar el yugo zarista.
El entusiasmo general, nuestra alegría por la liberación de los Urales y por la entrada de las tropas rojas en Siberia no deben permitir que nos tranquilicemos. El enemigo dista mucho de estar aniquilado; ni siquiera está quebrantado definitivamente.
Es preciso empeñar todas las fuerzas a fin de expulsar de Siberia a Kolchak y los japoneses junto con los demás bandidos extranjeros, y es preciso un esfuerzo mayor aún para aniquilar al enemigo e impedir que reincida una y otra vez en sus actividades de bandolerismo.
¿Cómo lograrlo?
La dura experiencia sufrida por los Urales y Siberia y asimismo la de todos los países extenuados por cuatro años de guerra imperialista no deben pasar en vano para nosotros.
He aquí las cinco enseñanzas principales que todos los obreros y campesinos, todos los trabajadores, deben extraer de esta experiencia, para preservarse de la repetición de las calamidades causadas por la kolchakiada.
Primera enseñanza. Para proteger el poder de los obreros y campesinos contra los bandidos, o sea, contra los terratenientes y capitalistas, precisamos un potente Ejército Rojo. Hemos demostrado con hechos, y no con palabras, que podemos formarlo, que hemos aprendido a dirigirlo y a vencer a los capitalistas, a pesar de que éstos reciben de los países más ricos del mundo copiosa ayuda en armas y municiones. Los bolcheviques han demostrado esto con hechos. lOdos los obreros y campesinos---si son conscientes---deben creerles, y no de palabra (creer de palabra es una tontería), sino basándose en la experiencia de millones y millones de personas de los Urales y Siberia. La tarea más difícil es conjugar el armamento de los obreros y campesinos con el mando de los ex oficiales, que en su 275 mayoría simpatizan con los terratenientes y capitalistas. Esta tarea sólo puede resolverse a condición de poseer una magnífica capacidad organizativa, implan Lar una disciplina severa y consciente, y lograr que la capa dirigente de los comisarios obreros goce de la confianza de las amplias masas. Los bolcheviques han resuelto esta tarea tan difícil: tenemos muchos casos de traición por parte de los ex oficiales y, sin embargo, no sólo poseemos el Ejército Rojo, sino que éste ya ha aprendido a vencer a los generales zaristas y a los de Inglaterra, Francia y Norteamérica.
Por eso, todo el que de verdad quiera libertarse de la kolchakiada debe consagrar todas sus energías, todos los medios de que disponga y toda su capacidad a la tarea de formar y fortalecer el Ejército Rojo. Cumplir a conciencia todas las leyes referentes al Ejército Rojo y todas las órdenes, mantener en él la disciplina por todos los medios, prestar ayuda al Ejército Rojo con todo lo que cada uno pueda dar, es el deber primordial, fundamental y esencial de cada obrero y campesino consciente que no desee la kolchakiada.
Se debe temer como al fuego al espíritu de indisciplina, al libertinaje de los distintos destacamentos, a la desobediencia al poder central, ya que esto, como se ha demostrado en los Urales, Siberia y Ucrania, conduce al fracaso.
Quien no ayuda en todo y abnegadamente al Ejército Rojo, quien no mantiene con todas sus fuerzas el orden y la disciplina es un traidor y un renegado, es un partidario de la kolchakiada y debe ser exterminado sin piedad.
Con un Ejército Rojo fuerte seremos invencibles. Sin un ejército fuerte seremos fatalmente víctimas de Kolchak, Denikin y Yudénich.
Segunda enseñanza. El Ejército Rojo no puede ser fuerte si el Estado carece de grandes reservas de cereales, ya que sin ello no es posible desplazar con facilidad el ejército ni prepararlo como es debido. Sin estas reservas no se puede mantener a los obreros que trabajan para el ejercito.
Todo obrero y campesino consciente debe saber y recordar que la causa principal de que los éxitos de nuestro Ejército Rojo no sean lo bastante rápidos y sólidos consiste ahora, precisamente, en que el Estado no posee reservas suficientes de cereales. El que no entrega al Estado el grano sobrante ayuda a Kolchak, es un felón y traidor a los obreros y campesinos, es culpable de la muerte y de los tormentos de otras decenas de miles de obreros y campesinos que forman en el Ejército Rojo.
Los pillos, los especuladores y los campesinos totalmente ignorantes razonan así: será mejor que venda el grano a precio libre y ganaré mucho más que si lo vendo al precio de tasa fijado por el Estado.
276Pero el caso es que la venta libre aumenta la especulación, enriquece a unos pocos, sacia solamente a los ricos y deja a la masa obrera hambrienta. Lo hemos visto en la práctica en los lugares demayor producción cerealista de Siberia y Ucrania.
Con la venta libre del trigo, el capital está en la gloria, mientras que los trabajadores pasan hambre y calamidades.
Con la venta libre del trigo se eleva su precio hasta miles cíe ¡libios el pud, se desvaloriza la moneda y sale ganando un puñado de especuladores, mientras que el pueblo se empobrece.
Con la venta libre del trigo, los depósitos de las reservas del Estado quedan vacíos, el ejército se ve reducido a la impotencia, la industria se paraliza y la victoria de Kolchak o Denikin se hace inevitable.
Sólo los ricos, sólo los enemigos mortales del poder obrero y campesino están conscientemente a favor de la venta libre del trigo. El que por ignorancia es partidario de la venta libre del trigo, debe darse cuenta y comprender, en el ejemplo de Siberia y Ucrania, por qué la venta libre del trigo significa la victoria de Kolchak y Denikin.
Hay todavía campesinos ignorantes que razonan así: que el Estado me dé primero buenas mercancías y a los mismos precios de antes de la guerra a cambio del trigo, entonces le daré el que me sobre: en caso contrario, no se lo entregaré. Y basándose en estas reflexiones, los pillos y partidarios de los terratenientes ``pescan'' frecuentemente a los campesinos ignorantes en su anzuelo.
No es difícil comprender que el Estado obrero, arruinado totalmente por los capitalistas durante los cuatro años de guerra de rapiña, para apoderarse de Constantinopla, y que después siguen arruinando por venganza los Kolchak y los Denikin, ayudados por los capitalistas de todo el mundo; no es difícil comprender que el Estado obrero no puede surtir ahora de mercancías a los campesinos, porque la industria está paralizada. No tenemos ni cereales, ni combustible, ni industria.
Todo campesino juicioso estará de acuerdo en que es necesario dar a crédito el sobrante de trigo al obrero hambriento, a condición de recibir productos industriales.
Tal es la situación de hoy. Todos los campesinos conscientes y sensatos, todos, a excepción de los pillos y especuladores, convendrán en que es necesario dar a crédito al Estado obrero absolutamente todos los fxrrtlentes di' tiigo, ya que de ese modo el Estado restablecerá la industria y proporcionará a los campesinos productos industriales.
¿Confiarán los campesinos en el Estado obrero para entregarle el sobrante de trigo a crédito?, nos pueden preguntar.
277Nosotros responderemos: Primero, el Estado extiende un certificado de crédito en papel moneda. Segundo, tocios los campesinos saben por experiencia que el Estado obrero, es decir, el Poder soviético, ayuda a los trabajadores, lucha contra los terratenientes y los capitalistas. Por eso, el Poder soviético se llama poder obrero y campesino. Tercero, los campesinos no tienen más opción que creer al obrero o al capitalista, otorgar su confianza y crédito al Estado obrero o al Estado de los capitalistas. No hay otra alternativa, ni en Rusia ni en ningún país del mundo. Cuanto más conscientes son los campesinos tanto más firmemente están a favor de los obreros, tanto más fuerte es su decisión de ayudar por lodos los medios al Estado obrero, a fin de hacer imposible la restauración del poder de los terratenientes y capitalistas.
Terrera enseñanza. A. fin de aniquilar definitivamente a Kolchak y a Denikin, es preciso mantener el orden revolucionario más severo, es preciso observar estrictamente las leves y disposiciones del Poder soviético y vigilar para que todos las cumplan.
En el ejemplo de las victorias de Kolchak en Siberia y en los Urales todos hemos visto claramente que el más pequeño desorden, la más leve infracción de las leyes del Poder soviético, el menor descuido o la negligencia contribuyen inmediatamente a fortalecer a los terratenientes y capitalistas, a hacer posibles sus victorias. Porque los terratenientes y capitalistas no han sido aniquilados y no se dan por vencidos: cada obrero y cada campesino sensato ve, sabe y comprende que sólo están derrotados, que se han ocultado, se han agazapado y se han enmascarado, muy a menudo con el color "soviético" "mimético''. Muchos terratenientes se han infiltrado en las haciendas soviéticas, y los capitalistas, en diferentes "direcciones generales'', "organismos centrales" v entre los empleados soviéticos; están al acecho para aprovechar a cada paso los errores del Poder soviético y sus debilidades, con miras a derrocarlo y ayudar hoy a los checoslovacos y mañana a Denikin.
Es preciso empeñar todas las fuerzas para descubrir y atrapar a estos bandidos, a los terratenientes y capitalistas escondidos en todas sus madrigueras, desenmascararlos y castigarlos sin piedad, porque los trabajadores tienen en ellos a sus enemigos más feroces, hábiles, instruidos, expertos, que aguardan pacientemente el momento oportuno para consumar el complot; son saboteadores que no se detienen ante ningún crimen con tal de hacer daño al Poder soviético. Con estos enemigos de los trabajadores, con los terratenientes, capitalistas y saboteadores, con los blancos, hay que ser implacables.
Y para saber atraparlos es preciso ser hábiles, prudentes, conscientes, hay que estar muy alerta al menor desorden, a la menor 278 desviación en la ejecución concienzuda de las leyes del Poder soviético. Los terratenientes y los capitalistas son fuertes no sólo por sus conocimientos y su experiencia, no sólo porque les ayudan los países más ricos del mundo, sino también por la fuerza de la costumbre y la ignorancia de las amplias masas, que quieren seguir viviendo "a lo antiguo" y no comprenden la necesidad de cumplir estricta y concienzudamente las leyes del Poder soviético.
La mínima arbitrariedad, la más pequeña violación del orden soviético es ya una brecha que aprovecharán inmediatamente los enemigos de los trabajadores, es un asidero que facilita los éxitos de Kolchak y Denikin. Es criminal olvidar que la kolchakiada empezó por un pequeño descuido en relación con los checoslovacos, por una pequeña insubordinación de algunos regimientos.
Cuarta enseñanza. Es criminal olvidar no sólo que la kolchakiada comenzó por pequeneces, sino también que los mencheviques ``(socialdemócratas'') y los eseristas (``socialistas-revolucionarios'') la ayudaron a salir a la luz y la sostuvieron directamente. Ya es hora de aprender a valorar a los partidos políticos por sus hechos, y no por sus palabras.
Aunque se llamen a sí mismos socialistas, los mencheviques y los eseristas son de hecho auxiliares de los blancos, auxiliares de los terratenientes y capitalistas. Lo han demostrado en la práctica no sólo algunos acontecimientos, sino dos grandes épocas en la historia de la revolución rusa: 1) la kerenskiada y 2) la kolchakiada. En ambas ocasiones, los mencheviques y los eseristas ``socialistas'' y " demócratas" de palabra, de hecho han desempeñado el papel de auxiliares de los guardias blancos. ¿Cometeremos acaso la tontería de creerles ahora cuando nos proponen una vez más permitirles hacer un ``ensayo'', llamando a este permiso "un frente socialista (o democrático) único"? ¿Es posible que después de la kolchakiada queden aún campesinos, aparte de algunos individuos aislados, que no comprendan que el "frente único" con los mencheviques y eseristas es la unidad con los auxiliares de Kolchak?
Nos pueden replicar: los mencheviques y los eseristas han advertido su error y renunciado a toda alianza con la burguesía. Pero eso no es verdad. Primero: los mencheviques y los eseristas dederecha ni siquiera han renunciado a esta alianza, ni hay un límite fijo con estos ``derechistas'', y no lo hay por culpa de los mencheviques y los eseristas de ``izquierda''; ``condenando'' de palabra a sus ``derechistas'', incluso los mejores mencheviques y eseristas continúan de hecho impotentes junto a ellos a despecho de todas sus manifestaciones. Segundo: incluso los mejores mencheviques y eseristas propugnan precisamente las ideas kolchaki.stas, ideas que ayudan a la burguesía, a Kolchak, a Denikin y encubren su causa 279 capitalista inmunda y sangrienta. Estas ideas son: gobierno del pueblo, sufragio universal, igual y directo, Asamblea Constituyente, libertad de prensa, etc. En todo el mundo vemos a las repúblicas capitalistas justificando precisamente con esta mentira " democrática" la dominación de los capitalistas y las guerras por la esclavización de las colonias. En nuestro país vemos que tanto Kolchak como Denikin, Yudénich y cualquier otro general prodigan gustosamente tales promesas "democráticas''. ¿Se puede creer a quien, a cambio de promesas verbales, ayuda a un bandido declarado? Los mencheviques y los eseristas, todos sin excepción, ayudan a los bandidos declarados, a los imperialistas internacionales, engalanando con consignas seudodemocráticas su poder, su cruzada contra Rusia, su dominación, su política. Todos los mencheviques y eseristas nos proponen la "unión'', a condición de que hagamos concesiones a los capitalistas y a sus cabecillas, Kolchak y Denikin. Por ejemplo, que "renunciemos al terror" (cuando contra nosotros actúa el terror de los multimillonarios de toda la Entente, de toda la unión de los países más ricos, que organizan complots en Rusia) o que abramos un sendero para el comercio libre del trigo, etc. Estas ``condiciones'' de los mencheviques y eseristas significan lo siguiente: nosotros, los mencheviques y eseristas, oscilamos hacia los capitalistas y queremos un "frente único" con los bolcheviques, ¡contra quienes luchan los capitalistas aprovechándose de cada concesión! No, señores mencheviques y eseristas, no es en Rusia donde hoy día podéis encontrar gente capaz de creeros. Los obreros y campesinos conscientes de Rusia han comprendido que los mencheviques y los eseristas son auxiliares de los guardias blancos, algunos conscientes y malintencionados, otros, por incomprensión y empecinamiento en sus viejos errores, pero todos ellos son auxiliares de los guardias blancos.
Quinta enseñanza. Para aplastar a Kolchak y a la kolchakiada, para no permitirles levantar otra vez cabeza, todos los campesinos deben decidirse, sin vacilar, a favor del Estado obrero. Tratan de intimidar a los campesinos (particularmente los mencheviques y los eseristas, todos ellos, hasta los de ``izquierda'') con el espantajo de la "dictadura de un solo partido'', del partido de los bolcheviques comunistas.
Con el ejemplo de Kolchak, los campesinos han aprendido a no temer este espantajo.
O la dictadura (es decir, el poder férreo) de los terratenientes y de los capitalistas, o la dictadura de la clase obrera.
No hay término medio. Con el término medio sueñan en vano los señoritos, los intelectualillos, los sujetos que han estudiado mal en malos libros. En ninguna parte del mundo hay término medio ni puede haberlo. C) la dictadura de la burguesía (disfrazada con 280 pomposas frases de los eseristas y mencheviques sobre el gobierno del pueblo, la Asamblea Constituyente, las libertades, etc.), <> la dictadura del proletariado. El que no lo haya aprendido en la historia de todo el siglo XIX es un idiota incurable. Pero en Rusia todos hemos visto cómo los mencheviques y los eseristas soñaban con el término medio durante el período de Kerenski y bajo el régimen ele Kolchak.
;A quién favorecieron estos sueños? ;A quién ayudaron? A Kolchak y a Denikin. Quienes sueñan con el término medio son auxiliares de Kolchak.
En los Urales y Siberia, los obreros y los campesinos han confrontado en la práctica la dictadura de la burguesía y la de la clase obrera. La dictadura de la clase obrera es ejercida por el mismo partido bolchevique que ya en 1!)05, y antes todavía, se fusione') con todo el proletariado revolucionario.
La dictadura ele la clase obrera significa: el Estado obrero aplastará sin vacilar a los terratenientes y capitalistas, aplastará a los felones y traidores que ayudan a estos explotadores, los vencerá.
El Estado obrero es enemigo implacable del terrateniente y del capitalista, del especulador y del estafador, enemigo de la propiedad privada sobre el suelo y el capital, enemigo del poder del dinero.
El Estado obrero es el único fiel amigo y apoyo de los trabajadores y los campesinos. Ninguna vacilación hacia el lado del capital; la unión de los trabajadores en la lucha contra éste-, el poder obrero y campesino, el Poder soviético: he aquí lo que de hecho significa la "dictadura de la clase obrera".
Los mencheviques y los eseristas quieren atemorizar a los campesinos con estas palabras. No lo conseguirán. Después de Kolchak, los obreros y los campesinos, hasta en los lugares remotos, han comprendido que estas palabras significan precisamente aquello sin lo cual no se pueden salvar de Kolchak.
¡Abajo los vacilantes, los pusilánimes, los que se desvían hacia la ayuda al capital, cautivados por las consignas y las promesas del capital! Lucha sin piedad contra el capital y alianza de los trabajadores, alianza de los campesinos con la clase obrera: ésta es la última y más importante enseñanza de la kolchakiada.
24 de agosto de 1919.
Publicada el 28 de agosto de
'I. 39, /wí^.v. 151--159.
1!)19 e» el iiiíin. 190 de " Pravdn" v en el rtúm. 190 de "lzve.\ tiii del e.7'.'``(.' de todo Rusia".
Firmada: !\'. Leu i ti
[281] __ALPHA_LVL1__ EJEMPLO DE LOS OBREROSLos periódicos han comunicado va que los obreros de l'etrogiado han empe/ado a movilizar intensamente v enviar al Érente Sur a los mejores entre ellos.
La toma de Kursk por Denikin y el avance hacia Oriol explican plenamente estas acciones enérgicas del proletariado petrogradense. Su ejemplo deberán seguirlo también los obreros de otros centros industriales.
Los sicarios de Denikin cuentan con sembrar el pánico en nuestras lilas v obligarnos a pensar sólo en la defensa, sólo en esta dirección. Los radiogramas extranjeros muestran con qué empeño ayudan los imperialistas de Erancia e Inglaterra a Denikin en ello, cómo le- ayudan con armas y centenares de millones de rublos. Las radios extranjeras gritan a todo el mundo que el camino a Moscú está abierto. Así quieren intimidarnos los capitalistas.
Mas no lo conseguirán. Nuestras tropas están distribuidas según un plan meditado v lirmemenie puesto en práctica. Nuestra ofensiva sobre la fuente principal de las luer/as del enemigo continúa firmemente. Las victorias obtenidas hace unos días---la captura de- 20 cañones en el distrito de Boguchar y la toma de la stanitsa de Véshenskava---muestran que nuestras tropas avanzan con éxito hacia el centro de la zona habitada por los cosacos, v sólo ellos daban v clan a Denikin la posibilidad de crear una fuerza seria. Denikin será derrotado como lo fue Kolchak. No nos intimidarán, y llevaremos nuestra causa hasta el fin victorioso.
La toma de Kursk y el avance del enemigo hacia Oriol nos plantean la tarea de dar fuer/as complementarias para rechazar al enemigo en esa dirección. Y los obreros petiogradenses han de-mostrado con su ejemplo que han comprendido bien su tarea. Decimos, sin ocultarnos el peligro ni empequeñecerlo en lo más mínimo: el ejemplo de- Petrogrado ha demostrado que tenemos fuer/as complementarias. Para ree bazar la ofensiva sobre Oriol y pasar a la ofensiva hacia Kursk v Jarkov hace falta, además de- lo .que- tenemos a nuestra disposición, movilizar a los mejores trabajadores del proletariado. El peligro creado con la caída de 282 Kursk es grave. |ainás ha estado el enemigo tan cerca de Moscú. Mas para rechazar este peligro, reforzamos las tropas con nuevos destacamentos de obreros avanzados, capaces de cambiar la moral ríe las unidades que retroceden.
Entre las tropas del Sur ocupaban un importante lugar en nuestro bando los desertores reincorporados a filas. Y, la mayor parte de las veces, se habían reincorporado a filas voluntariamente, bajo la influencia de la propaganda, que les explicaba cuál era su deber y les ponía en claro toda la seriedad del peligro del restablecimiento del poder de los terratenientes y capitalistas. Mas el desertor no ha resistido, le ha faltado aguante, ha empezado a retroceder a cada paso, sin aceptar combate.
Por eso adquiere importancia primordial el apoyo al ejército con una nueva afluencia de fuerzas proletarias. Los elementos inseguros serán reforzados, se elevará el estado de ánimo, se producirá un viraje. El proletariado, como ha ocurrido continuamente en nuestra revolución, apoyará y guiará a las capas vacilantes de la población trabajadora.
Hace ya mucho que en Petrogrado los obreros han de arrostrar mayores penalidades que los obreros de otros centros industriales. El proletariado petrogradense ha sufrido más el hambre, el peligro de la guerra y la saca de los mejores obreros para cargos administrativos en los Soviets por toda Rusia que el proletariado de otros lugares.
Mas así y todo vemos que entre los obreros petrogradenses no hay el menor desaliento, la menor relajación. Por el contrario, se han forjado. Han encontrado nuevas fuerzas. Promueven a nuevos combatientes. Cumplen excelentemente la tarea de destacamento de vanguardia, enviando ayuda y apoyo donde más falta hace.
Cuando semejantes fuerzas frescas robustecen las unidades de nuestro ejército que han vacilado, entonces las masas trabajadoras, los soldados de origen campesino, reciben a nuevos jefes de entre los suyos, de entre los trabajadores más desarrollados, más conscientes, más firmes de espíritu. Por eso tal ayuda en nuestro ejército campesino nos brinda una superioridad decisiva sobre el enemigo, pues en el campo enemigo, para ``apoyar'' a su ejército campesino, se ponen en juego únicamente los hijos de los terratenientes, y sabemos que ese ``apoyo'' ha matado a Kolchak y matará a Denikin.
¡Cantaradas obreros! ¡Manos a la nueva obra tocios, siguiendo el ejemplo de los camaradas petrogradenses! Más fuerzas al ejército, más iniciativa y audacia, más emulación, para llegar al nivel de los petrogradenses, y la victoria será de los trabajadores, la contrarrevolución terrateniente y capitalista será derrotada definitivamente.
283P. S. Me acabo de enterar de que también han partido de Moscú para el frente varias decenas de camaradas de los más leales. Moscú se ha puesto en movimiento tras Petrogrado. Tras Moscú deberán ponerse en marcha los demás centros.
N. L.
de octubre de 1919.
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[284] __ALPHA_LVL1__ LOS RESULTADOS DE LA SEMANAEn Moscú, durante la Semana del Partido, se han afiliado a él 13.600 personas.
F.s un éxito inmenso, completamente imprevisto. Toda la burguesía, sobre todo la pequeña burguesía de la ciudad, incluidos los especialistas, funcionarios y empleados, que lamentan la pérdida de su situación privilegiada, de su situación "de señores'', toda esta gente se venía desviviendo precisamente el último tiempo, precisamente a lo largo de la Semana del Partido en Moscú, para sembrar el pánico, para augurar al Poder soviético una muerte próxima y a Denikin una victoria próxima.
¡Con qué arte tan magnífico sabe esta gente ``intelectual'' utilizar el arma de sembrar el pánico! Pues eso se ha convertido en una verdadera arma en la lucha de clase de la burguesía contra el proletariado. En momentos como el que estamos viviendo, la pequeña burguesía se funde en "una masa reaccionaria" con la burguesía y se aterra "con frenesí" a esa arma.
Precisamente en Moscú, donde tenía singular fuerza el elemento mercantil, donde más explotadores, terratenientes, capitalistas y rentistas había concentrados, donde el desarrollo capitalista había reunido a una masa de intelectuales burgueses, donde la administración pública central había acumulado cuantioso número de funcionarios, precisamente en Moscú estaba el terreno excepcionalmente abonado para los chismes burgueses, para las habladurías burguesas, para que la burguesía sembrase el pánico. El ``momento'' de la venturosa ofensiva de Denikin y Yudénich favorecía en grado sumo los "éxitos" de esta arma burguesa.
Sin embargo, de la masa proletaria, que había visto los "éxitos" de Denikin y conocía todas las dificultades, penurias y peligros que entrañan ahora precisamente la condición y el puesto de comunista, se han alzado millares para reforzar el partido de los comunistas, para asumir la increíblemente pesada carga de la gestión estatal.
285¡El éxito del Poder soviético, el éxito de nuestro partido, ha sido verdaderamente estupendo!
Este éxito ha probado y mostrado palmariamente a la población de la capital, v, tras ella, a toda la República y a todo el mundo, que precisamente en medio del proletariado, precisamente entre los verdaderos representantes de las masas trabajadoras, está la fuente más segura de la fuerza y solidez del Poder soviético. La dictadura del proletariado se ha mostrado de hecho en este éxito de afiliación voluntaria al partido, en el momento de mayores dificultades y peligros, por el ludo que se empecinan en no ver los enemigos y que en más alto aprecio tienen los verdaderos amigos de la emancipación del trabajo del yugo del capital, precisamente por el lado de la singular influencia moral (en el mejor sentido de la palabra) del proletariado (que tiene el poder estatal) en las masas, por el lado de los modos de esta influencia.
Eas capas avanzadas del proletariado, que empuñan el pódetele! Estado, han mostrado con su ejemplo a la masa de trabajadores, y lo han mostrado a lo largo de dos años enteros (plazo enorme para nuestro ritmo de desarrollo político excepcionalmente rápido), un modelo de tal fidelidad a los intereses de los trabajadores, de tal energía en la lucha contra los enemigos de los trabajadores (los explotadores, en general, y los ``propietarios'' v especuladores, en particular), de tal firmeza en los momentos graves, de tal abnegación en rechazar a los bandidos del imperialismo internacional, que, por sí sola, la fuerza de la simpatía de los obreros y campesinos a su vanguardia ha estado en condiciones de hacer milagros.
Pues eso ha sido un milagro: los obreros, que han sufrido las torturas inauditas del frío, el hambre, el caos y la ruina, no sólo conservan el ánimo y toda su fidelidad al Poder soviético, toda la energía del espíritu de sacrificio y el heroísmo, ¡sino que asumen, pese a no estar preparados ni tener experiencia, la carga de dirigir la nave del Estado! Y eso en un momento en que la tempestad ha alcanzado una fuerza descomunal...
La historia de nuestra revolución proletaria está llena de milagros como éste. Tales milagros llevarán, de seguro e ineludiblemente---por duras que sean algunas pruebas---, a la victoria completa de la República Soviética mundial.
Ahora tenemos que preocuparnos de utilizar adecuadamente a los nuevos miembros del partido. Es preciso dedicar a esta tarea particular atención, pues no es fácil, es nueva, y siguiendo los viejos patrones no se podrá cumplir.
El capitalismo asfixiaba, aplastaba y destrozaba a una infinidad de- talentos entre los obreros y los campesinos trabajadores. Estos 286 talentos sucumbían bajo la presión (le la penuria, la miseria y los ultrajes a la personalidad humana. Ahora nuestro deber es saber encontrar estos talentos v ponerlos a trabajar. Los nuevos miembros del partido, que han ingresado durante' la Semana del Partido, son indudablemente en su mayoría inexpertos e inhábiles para la gestión estatal. Pero también es indudable que se trata de gentes de lo más leales, sinceras y capaces de las capas sociales que el capitalismo mantenía artificialmente relegados, hacía de ellos capas ``inferiores'', no les dejaba emerger. Y tenían más fuer/as, lozanía, naturalidad, firmeza y sinceridad que otros.
De ahí se desprende que todas las organizaciones del partido deben meditar bien cómo utilizar a estos nuevos miembros suyos. Hay que ser más audaces dándoles trabajo estatal lo más variado posible, hay que probarlos en la práctica lo antes posible.
Es claro que la audacia no se debe entender de manera que se entreguen en seguida a los novatos cargos de responsabilidad que requieren conocimientos que éstos no poseen. La audacia hace falta en el sentido de lucha contra el burocratismo: por algo nuestro Programa del partido ha planteado de manera tajante la cuestión de las causas de cierto renacimiento del burocratismo y de las medidas para combatirlo. La audacia hace falta en el sentido de establecer, primero, el control sobre los empleados, funcionarios y especialistas por parte de los nuevos miembros del partido, que conocen bien la situación de las masas populares, sus menesteres y reivindicaciones. Hace falta en el sentido cíe brindar inmediatamente a estos novatos la oportunidad de que se desenvuelvan y manifiesten en el trabajo amplio. Hace falta en el sentido de romper los patrones ordinarios (también se advierte entre nosotros ---¡ay!, a menudo---una excesiva timidez de atentar a los patrones soviéticos que se han establecido, aunque los ``establecen'' a veces viejos funcionarios y empleados, y no comunistas conscientes); hace falta en el sentido de estar dispuestos a cambiar con rapidez revolucionaria el tipo de trabajo para los nuevos miembros del partido a fin de probarlos cuanto antes y encontrarles lo antes posible un lugar apropiado.
En muchos casos los nuevos miembros del partido pueden ser elevados a cargos en los que, controlando si los viejos funcionarios cumplen a conciencia su cometido, aprendan el asunto rápidamente- y lo puedan desempeñar ellos. En otros casos pueden ser colocados de- manera que renueven, refresquen la conexión entre la masa obrera y campesina, por un lado, y el aparato del Estado, por otro. En nuestras "direcciones generales y centrales" industriales, en nuestras "haciendas soviéticas" rurales, aún han quedado muchos saboteadores, demasiados, que son terratenientes 287 y capitalistas escondidos, que causan daño por todos los medios al Poder soviético. El arte de los trabajadores expertos del partido en la capital y en provincias se debe revelar en intensificar el empleo de las nuevas fuerzas lozanas del partido pata combatir enérgicamente este mal.
La República Soviética se debe convertir en un campamento militar único en el eme las fuerzas estén tensadas al máximo y se economicen al máximo, en el que se reduzca al mínimo todo papeleo, todo formalismo innecesario, se simplifique al máximo el aparato y se aproxime al máximo no sólo a las necesidades de las masas, sino a entenderlas, a que ellas participen por iniciativa propia en este aparato.
La movilización de viejos miembros del partido para trabajar en el ejército se produce intensamente. Esta labor en modo alguno se debe debilitar, sino intensificar e intensificar. Pero, al mismo tiempo, y con el fin de alcanzar el éxito en la guerra, es preciso mejorar, simplificar y renovar nuestro aparato administrativo civil.
En la guerra vence quien tiene más reservas, más fuentes de energía, más aguante en el seno del pueblo.
Nosotros tenemos más de todo eso que los blancos, más que el "umversalmente poderoso" imperialismo anglo-francés, este coloso de pies de barro. Tenemos más de eso porque podemos extraerlo y lo extraeremos aún durante mucho tiempo de mayor y mayor profundidad entre los obreros y los campesinos trabajadores, éntrelas clases que estuvieron oprimidas por el capitalismo y constituyen por doquier la inmensa mayoría de la población. Podemos extraer de esta vastísima cantera, pues nos da a los jefes más sinceros, más forjados por las penalidades de la vida, más próximos a los obreros y los campesinos, a los jefes de éstos en la edificación del socialismo.
Nuestros enemigos, ni la burguesía rusa ni la universal, no tienen nada, siquiera remotamente parecido a esta cantera, cada día se les va más el terreno que pisan, cada día pierden más adeptos de los que tenían entre los obreros y los campesinos.
Por eso, en última instancia, está asegurada y es inevitable la victoria del Poder soviético universal.
21 de octubre de 1919.
Publicado el 22 de octubre de l'Uíl en e!
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[288] __ALPHA_LVL1__ ECONOMÍA Y POLÍTICA EN LA ÉPOCA DETenía proyectado escribir para el segundo aniversario del Poder soviético un pequeño folleto sobre el tema indicado en el título. Pero con el ajetreo del trabajo diario no he logrado hasta ahora ir más allá de la preparación preliminar de algunas partes. Por eso, he decidido hacer la experiencia de una exposición breve y sumaria de las ideas más esenciales, a mi modo de ver, en esta cuestión. Naturalmente, el carácter resumido de la exposición encierra muchas dificultades e inconvenientes. Pero qui/á para un pequeño artículo periodístico pueda ser realizable este objetivo modesto: plantear la cuestión y trazar las líneas generales para su discusión por los comunistas de los diferentes países.
Teóricamente, no cabe duda de que entre el capitalismo y el comunismo existe cierto período de transición. Este período no puede dejar de reunir los rasgos o las propiedades de ambas formaciones de la economía social, no puede menos de ser un período de lucha entre el capitalismo agonizante y el comunismo naciente; o en otras palabras: entre el capitalismo vencido, pero no aniquilado, y el comunismo ya nacido, pero muy débil aún.
La necesidad de toda una época histórica, que se distinga por estos rasgos del período de transición, debe ser clara por sí misma, no sólo para un marxista, sino para toda persona culta que conozca de una u otra manera la teoría de la evolución. Sin embargo, todos los razonamientos que sobre el paso al socialismo escuchamos de labios de los actuales representantes de la democracia pequeñoburguesa (tales son, a pesar de su pretendida etiqueta socialista, todos los representantes de la II International, incluyendo a gentes del corte de MacDonald y Juan Longuet, de Kautsky y Federico Adler) se distinguen por el completo olvido de esta verdad evidente. Son propios de los demócratas pequeñoburgueses la aversión a la lucha de clases, soñar en la posibilidad de prescindir de ella, aspirar a atenuar, a conciliar y limar sus agudas aristas. Por eso, los demócratas de esta especie o se desentienden de cualquier reconocimiento de todo un período histórico de transición del capitalismo al comunismo o consideran que su tarea es inventar planes para conciliar ambas fuerzas en pugna, en lugar de dirigir la lucha de una de estas fuerzas.
289En Rusia, la dictadura del proletariado tiene que distinguirse inevitablemente por ciertas particularidades en comparación con los países avanzados, como consecuencia del inmenso atraso y del carácter pequeñoburgués de nuestro país. Pero las fuerzas fundamentales---y las formas fundamentales de la economía social---son, en Rusia, las mismas que en cualquier país capitalista, por lo que estas particularidades pueden referirse tan sólo a lo que no es esencial.
Estas formas básicas de la economía social son: el capitalismo, la pequeña producción mercantil y el comunismo. Y las fuerzas básicas son: la burguesía, la pequeña burguesía (particularmente el campesinado) y el proletariado.
La economía de Rusia en la época de la dictadura del proletariado representa la lucha que en sus primeros pasos sostiene el trabajo mancomunado al modo comunista---en escala única de un enorme Estado---contra la pequeña producción mercantil, contra el capitalismo que sigue subsistiendo y contra el eme revive sobre la base de esta producción.
El trabajo está mancomunado en Rusia a la manera comunista por cuanto, primero, fue abolida la propiedad privada sobre los medios de producción y, segundo, porque el poder proletario del Estado organiza a escala nacional la gran producción en las tierras y empresas estatales, distribuve la mano de obra entre las diferentes ramas de la economía y entre las empresas y distribuye entre los trabajadores inmensas cantidades de artículos de consumo pertenecientes al Estado.
Hablamos de los "primeros pasos" del comunismo en Rusia (como lo dice también el programa de nuestro partido aprobado en marzo de 1919), ya que estas condiciones las hemos realizado sólo en parte, o dicho con otras palabras: la realización de estas condiciones se encuentra sólo en su fase inicial. De una vez, con un solo golpe revolucionario, se ha hecho todo cuanto puede, en general, hacerse de un golpe: por ejemplo, ya el primer día de la dictadura del proletariado, el 26 de octubre de 1917 (8 de noviembre de 1917), fue abolida la propiedad privada de la tierra y fueron expropiados sin indemnización los grandes propietarios de la tierra. En unos meses fueron expropiados, también sin indemnización, casi todos los grandes capitalistas, los dueños de fábricas, empresas, sociedades anónimas, bancos, ferrocarriles, etc. La organización de la gran producción industrial por el Estado, el paso del "control obrero" a la "administración obrera" de las fábricas y ferrocarriles, está ya realizado en sus rasgos más
10--73
290 importantes y fundamentales; pero con respecto a la agricultura esto no ha hecho más que empe/ar (las "haciendas so\ léticas'', grandes explotaciones organizadas por el Estado obrero sobre las tierras del Estado). Igualmente, apenas ha comenzado la organi/ ación de las diferentes formas de cooperación de los pequeños labradores, como paso de la pequeña producción agrícola mercantil a la agricultura comunista^^*^^. Lo mismo cabe decir de la organización estatal de la distribución de los productos en sustitución del comercio privado, es decir, en lo que atañe al acopio y al envío por el Estado de cereales a las ciudades y de artículos industriales al campo. Más abajo daremos los dalos estadísticos que poseemos sobre esta cuestión.La economía campesina continúa siendo una pequeña producción mercantil. Hay aquí para el capitalismo una base extraordinariamente amplia con raíces muy profundas y muy sólidas. Sobre esta base, el capitalismo se mantiene y revive de nuevo, luchando de la manera más encarnizada contra el comunismo. Las formas de esta lucha son: el comercio clandestino y la especulación contra los acopios estatales cié grano (al igual que de otros productos) y en general contra la distribución estatal de los productos.
Para ilustrar estas tesis teóricas abstractas, aportaremos datos concretos.
El acopio estatal de cereales en Rusia, según datos del Comisariado del Pueblo de Abastecimiento, ha dado, desde el 1 de agosto de 1917 al 1 de agosto de 1918, cerca de 30 millones de puds. Al otro año, cerca de 110 millones de puds. En los primeros tres meses de la campaña siguiente (1919--1920), los acopios alcanzarán, por lo visto, cerca de los 45 millones de puds, contra 37 millones en los mismos meses (agosto-octubre) del año 1918.
Estas cifras revelan claramente un mejoramiento lento, pero constante, en el sentido de la victoria del comunismo sobre el capitalismo. Se obtiene este mejoramiento a pesar de las inauditas dificultades motivadas por la guerra civil, que los capitalistas rusos y extranjeros organizan poniendo en tensión todas las fuerzas ciclas potencias más poderosas del mundo.
Por eso, por más que mientan y calumnien los burgueses de _-_-_
^^*^^ Kl número de "haciendas soviéticas" y de "comunas aerícolas en la Rusia Soviética es de unas 3.536 y 1.9(51, respectivamente; el número de alíeles agrícolas es de 3.69o. Nuestra Dilección Central de Kstadístua efectúa en la actualidad un censo exacto de todas las haciendas soviéticas v comunas. Los primeros resultados serán eonoeidos en noviembre de 1919.
291 todos los países y sus cómplices declarados o encubiertos (los ``socialistas'' de la II Internacional), es indudable que, desde el punto de vista del problema económico fundamental de la dictadura del proletariado, en nuestro país está asegurada la victoria del comunismo sobre el capitalismo. Si la burguesía de todo el mundo está enrabiada y furiosa con el bolchevismo, si organiza invasiones armadas, complots, etc., contra los bolcheviques, es precisamente porque comprende muy bien lo inevitable de nuestra victoria en la reestructuración de la economía social, a menos que nos aplaste por la fuerza militar. Pero no consigue aplastarnos por ese procedimiento.El cuadro que sigue a continuación permite ver en qué medida, precisamente, hemos vencido ya al capitalismo, en el poco tiempo que nos fue concedido y entre las dificultades sin precedentes en que nos hemos visto obligados a actuar. La Dirección Central de Estadística acaba de preparar para la prensa datos sobre la producción y el consumo de cereales no de toda la Rusia Soviética, sino de 26 provincias solamente.
He aquí las cifras:
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Provincias produc--
Ciudades 4,4
toras
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20,6
41,5
9,5
Aldeas 28,6
625,4
---
---
481,8
16,9
Provincias con--
Ciudades 5,9
sumidoras
---
20,0
20,0
40,0
6,8
Aldeas 13,8
114.0
12,1
27,8
151,4
11,0
Total
(26 provine ias)
52,7
739,4
53,0
68,4
714,7
13,6
Así pues, aproximadamente la mitad del grano para las ciudades lo da el Comisariado de Abastecimiento; la otra mitad, los especuladores. La investigación exacta de la alimentación de los obreros de las ciudades en 1918 ha dado precisamente esta
10'
292 proporción. Advirtamos que los obreros pagan por el cereal proporcionado por el Estado nueve veces menos que por el de los especuladores. El precio de especulación es diez veces más alto que el precio del Estado. Así lo dice el estudio concienzudo del presupuesto de los obreros.Los datos citados, si se piensa bien en ellos, proporcionan un material exacto acerca de todos los rasgos fundamentales de la economía actual de Rusia.
Los trabajadores han sido liberados de sus opresores y explotadores seculares, los terratenientes y capitalistas. Este progreso de la verdadera libertad y de la verdadera igualdad, progreso que por su grandeza, magnitud y rapidez no tiene parangón en el mundo, no ha sido tomado en consideración por los partidarios de la burguesía (incluidos los demócratas pequeñoburgueses), los cuales hablan de la libertad y de la igualdad en el sentido de la democracia burguesa parlamentaria, proclamándola falsamente ``democracia'' en general o "democracia pura" (Kautsky).
Pero los trabajadores toman en consideración precisamente la verdadera igualdad, la verdadera libertad (la que implica verse libres de terratenientes y capitalistas), y por eso apoyan con tanta firmeza al Poder soviético.
En este país campesino, han sido los campesinos en general los primeros en salir favorecidos, los que más han ganado y los que en seguida han gozado los beneficios de la dictadura del proletariado. Bajo el régimen de los terratenientes y capitalistas, en Rusia los campesinos padecían hambre. En el transcurso de largos siglos de nuestra historia, los campesinos jamás tuvieron la posibilidad de trabajar para sí: pasaban hambre, entregando cientos de millones de puds de trigo a los capitalistas, a las ciudades y al extranjero. Bajo la dictadura del proletariado, el campesino ha empezado por primera vez a trabajar para sí y alimentarse mejor que el habitante de la ciudad. El campesino ha visto por primera vez la libertad de hecho: la libertad de comer su propio pan, la libertad de no pasar hambre. Se ha establecido, como es sabido, la igualdad máxima en el reparto de las tierras: en la gran mayoría de los casos, los campesinos reparten la tierra "por el número de bocas''. El socialismo es la supresión de las clases.
Para suprimir las clases, es preciso, primero, derribar a los terratenientes y a los capitalistas. Esta parte de la tarea la hemos cumplido, pero es sólo una parte y, además, no es la más difícil. Para abolir las clases, es preciso, en segundo lugar, suprimir la diferencia 293 entre los obreros y los campesinos, convertir a todos en trabajadores. Eso no es posible hacerlo de golpe. Es una tarea incomparablemente más difícil y, por la fuerza de la necesidad, de larga duración. No es un asunto que pueda resolverse con el derrocamiento de una clase cualquiera. Sólo puede resolverse mediante la reorganización de toda la economía social, pasando de la pequeña producción mercantil, individual y aislada, a la gran producción colectiva. Este tránsito es, por necesidad, extraordinariamente largo, y las medidas administrativas y legislativas precipitadas e imprudentes sólo conducirían a hacerlo más lento y difícil. Solamente cabe acelerarlo prestando a los campesinos una ayuda que les permita mejorar en enorme medida toda la técnica agrícola, transformándola de raíz.
Para resolver esta segunda parte de la tarea, la más difícil, el proletariado, después de haber vencido a la burguesía, debe aplicar inalterablemente la siguiente línea fundamental en su política con respecto a los campesinos: el proletariado debe distinguir, diferenciar, a los campesinos trabajadores de los campesinos propietarios, al campesino trabajador del campesino mercader, al campesino laborioso del campesino especulador.
En esta delimitación reside toda la esencia del socialismo.
Y no es extraño que los socialistas de palabra y demócratas pequeñoburgueses de hecho (los Mártov y los Chernov, los Kautsky y Cía.) no comprendan esta esencia del socialismo.
La delimitación aquí indicada es muy difícil, pues en la vida práctica todos los rasgos propios del ``campesino'', por variados y contradictorios que sean, forman un todo único. No obstante, la delimitación es posible, y no sólo posible, sino que emana inevitablemente de las condiciones de la economía y de la vida del campesino. El campesino trabajador ha estado oprimido durante siglos por los terratenientes, los capitalistas, los mercaderes, los especuladores y sil Estado, incluyendo a las repúblicas burguesas más democráticas. El campesino trabajador ha ido formando durante siglos su odio y su animosidad contra estos opresores y explotadores, y esta " formación'', producto de la vida misma, fuerza a los campesinos a buscar la alianza con los obreros contra el capitalista, contra el especulador, contra el mercader. Pero, al mismo tiempo, las circunstancias económicas, las circunstancias de la economía mercantil, convierten de modo inevitable al campesino (no siempre, pero sí en una gran mayoría de casos) en mercader y especulador.
Los datos estadísticos arriba citados muestran con claridad la diferencia que existe entre el campesino trabajador y el campesino especulador. Los campesinos que en 1918--1919 dieron a los obreros hambrientos de las ciudades 40 millones de puds de grano, a los precios de tasa fijados por el Estado y a través de los organismos 294 estatales, a pesar de todos los defectos de estos organismos, defectos perfectamente conocidos por el gobierno obrero, pero irremediables en el primer período de transición al socialismo, estos campesinos son unos campesinos trabajadores, verdaderos camaradas de los obreros socialistas, sus aliados más seguros, sus hermanos carnales en la lucha contra el yugo del capital. Pero esos otros campesinos que vendieron a escondidas 40 millones de puds de grano a un precio diez veces más alto que el fijado por el Estado, aprovechándose de la penuria y del hambre del obrero de la ciudad, defraudando al Estado, aumentando y engendrando por todas partes el engaño, el pillaje y la trapacería, esos campesinos son unos especuladores, aliados del capitalista, enemigos de clase del obrero, vinos explotadores. Pues tener sobrantes de trigo recolectado en las tierras que pertenecen al Estado, con la ayuda de aperos en cuya creación fue invertido, de uno u otro modo, no sólo el esfuerzo del campesino, sino también el del obrero, etc., tener sobrantes de trigo y especular con ellos significa ser un explotador del obrero hambriento.
Vosotros violáis la libertad, la igualdad, la democracia, nos gritan desde todos lados, señalándonos la desigualdad que nuestra Constitución establece entre el obrero y el campesino, la disolución de la Asamblea Constituyente, las requisas de los excedentes de trigo, etc. Nosotros replicamos: no ha habido en el mundo Estado que haya hecho tanto para eliminar la desigualdad y la falta de libertad que de hecho ha padecido durante siglos el campesino laborioso. Pero jamás reconoceremos la igualdad con el campesino especulador, como no reconoceremos la ``igualdad'' del explotador con el explotado, del harto con el hambriento, la ``libertad'' del primero de robar al segundo. Y a aquellos hombres cultos que no quieran comprender estas diferencias, nosotros los trataremos como a los guardias blancos, aunque se llamen demócratas, socialistas, internacionalistas, Kautsky, Chernov, Mártov.
El socialismo es la supresión de las clases. La dictadura del proletariado ha hecho en este sentido todo lo que estaba a su alcance. Pero no se pueden suprimir de golpe las clases.
Y las clases kan quedado y quedarán durante la época de la dictadura del proletariado. La dictadura dejará de ser necesaria cuando desaparezcan las clases. Y sin la dictadura del proletariado las clases no desaparecerán.
Las clases han quedado, pero cada una de ellas se ha modificado en la época de la dictadura del proletariado; han variado igualmente las relaciones entre ellas. La lucha de clases no desaparece bajo la dictadura del proletariado, lo que hace es adoptar otras formas.
295El proletariado, bajo el capitalismo, era una clase oprimida, desprovista de toda propiedad sobre los medios de producción, la única clase opuesta directa e íntegramente a la burguesía, y por eso la única capaz de ser revolucionaria hasta el fin. El proletariado, al derrocar a la burguesía y conquistar el poder político, se ha convertido en la clase dominante: tiene en sus manos el poder del Estado, dispone de los medios de produce ion ya socializados, dirige a los elementos v las clases vacilantes, intermedios, aplasta la resistencia de los explotadores, que se manifiesta con energía creciente. Todas éstas son las tareas especiales;de la lucha de clases, tareas que antes el proletariado no se había planteado ni podía planteárselas.
La clase de los explotadores, de los terratenientes y capitalistas, no ha desaparecido ni puede desaparecer de golpe bajo la dictadura del proletariado. Los explotadores están derrotados, pero no aniquilados. Les queda una base internacional, el capital internacional, del que son una rama. Les quedan algunos medios de producción, dinero, amplísimos vínculos sociales. Su fuerza de resistencia ha aumentado, precisamente a causa de su derrota, en cientos y miles de veces. Su ``arte'' en el gobierno del Estado, en el mando del ejército, en la dirección de la economía, les proporciona una superioridad muy grande, y por tanto una importancia incomparablemente mayor a la que les corresponde por su número entre el conjunto de la población. La lucha de clase de los explotadores derrocados contra la victoriosa vanguardia de los explotados, es decir, contra el proletariado, se ha hecho incomparablemente más encarnizada. Y esto no puede ser de otra forma si se habla de la revolución, si no se sustituye este concepto (como hacen todos los personajes de la II Internacional) por ilusiones reformistas.
Por último, los campesinos, como toda la pequeña burguesía en general, ocupan también bajo la dictadura del proletariado una situación intermedia: por un lado, representan una masa de trabajadores, bastante considerable (y en la Rusia atrasada, una masa inmensa), unida por el interés, común a los trabajadores, de emanciparse del terrateniente y del capitalista; y por otro lado, son pequeños hacendados aislados, pequeños propietarios y comerciantes. Tal situación económica provoca inevitablemente su oscilación entre el proletariado y la burguesía. Y en las condiciones de la lucha enconada entre estos últimos, de la subversión extraordinariamente brusca de todas las relaciones sociales, ante la costumbre de lo viejo, lo rutinario, lo invariable, tan arraigada precisamente entre los campesitios y los pequeños burgueses en general, es lógico que observemos inevitablemente entre ellos evasiones de un campo a otro, vacilaciones, virajes, inseguridad, etc.
En relación a esta clase---o a estos elementos sociales---, al 296 proletariado le incumbe la tarea de dirigir, de luchar por la influencia sobre ella. El proletariado debe conducir tras de sí a los vacilantes e inestables.
Si confrontamos todas las fuerzas o clases fundamentales y sus relaciones mutuas modificadas por la dictadura del proletariado, veremos qué inmensa absurdidad teórica, qué estupidez constituye la opinión pequeñoburguesa en boga entre todos los representantes de la II Internacional de que se puede pasar al socialismo "a través de la democracia" en general. La base de este error reside en el prejuicio, heredado de la burguesía, de que la ``democracia'' tiene un contenido absoluto, extraclasista. Pero, de hecho, la democracia pasa a una fase absolutamente nueva bajo la dictadura del proletariado y, al mismo tiempo, la lucha de clases se eleva a un grado superior, sometiendo a su dominio todas y cada una de las formas políticas.
Los lugares comunes sobre la libertad, la igualdad y la democracia equivalen en el fondo a una repetición ciega de conceptos que constituyen una copia fiel de las relaciones de la producción mercantil. Querer resolver por medio de estos lugares comunes las tareas concretas de la dictadura del proletariado, significa pasarse en toda la línea a las posiciones teóricas y de principio de la burguesía. Desde el punto de vista del proletariado, la cuestión se plantea sólo así: ¿liberación de la opresión ejercida por qué clase?, ¿igualdad entre qué clases?, ¿democracia sobre la base de la propiedad privada o sobre la base de la lucha por la supresión de la propiedad privada?, etc.
En su Anti-Dühring, Engels aclaró hace tiempo que la noción de igualdad, con ser una copia fiel de las relaciones de la producción mercantil, se transforma en prejuicio si no se comprende la igualdad en el sentido de la supresión de las clasestm. Esta verdad elemental relativa a la diferencia de la concepción democrático-burguesa y la socialista sobre la igualdad es olvidada constantemente. Cuando no se la olvida resulta evidente que el proletariado, al derrocar a la burguesía, da con ello el paso más decisivo hacia la supresión de las clases, y eme para coronar esto el proletariado debe continuar su lucha de clase utilizando el aparato del poder del Estadn y aplicando diferentes métodos de lucha, de influencia, de acción con respecto a la burguesía derrocada y a la pequeña burguesía vacilante.
(Continuará.) "°
30.X.1919.
r. 39, págs. 271-2X2.
Publicado el 7 de noviembre de 1919 en el núm. 25(1 de ``Primita'' y en el núm. 250 de "Izveslia del CF.C de inda Rusia''. Firmado: N. I,emn.
[297] __ALPHA_LVL1__ INFORME PRESENTADO AL II CONGRESOCamaradas: Me produce honda satisfacción el poder saludar al congreso de camaradas comunistas representantes de las organizaciones musulmanas de Oriente y decir unas palabras acerca de la situación actual en Rusia y en el mundo entero. El tema de mi informe es el momento actual, y me parece que lo más esencial en esta cuestión es hoy la actitud de los pueblos de Oriente hacia el imperialismo y el movimiento revolucionario entre esos pueblos. De por sí se comprende que, en la actualidad, este movimiento revolucionario de los pueblos de Oriente no puede desarrollarse con éxito, no puede encontrar su solución, si no es en ligazón directa con la lucha revolucionaria de nuestra República Soviética contra el imperialismo internacional. Debido a una serie de circunstancias ---entre ellas el atraso de Rusia, su inmensa extensión y el hecho de que sea la divisoria entre Europa y Asia, entre Occidente y Oriente---, hemos tenido que cargar todo el peso---lo consideramos un gran honor---que supone el ser los iniciadores de la lucha mundial contra el imperialismo. Por ello, todo el curso de los acontecimientos en el futuro próximo augura una lucha todavía más amplia y empeñada contra el imperialismo internacional y estará inevitablemente vinculado a la lucha de la República Soviética contra las fucr/.as unidas del imperialismo, contra Alemania, Erancia, Inglaterra y Norteamérica.
En cuanto al aspecto militar, ya conocéis el cariz tan favorable para nosotros que han tomado ahora las cosas en todos los frentes. No voy a hablar con detalle de esta cuestión: me limitaré a decir que la guerra civil, que el imperialismo internacional nos impusiera por la fuerza, ha causado en el transcurso de dos años a la República Socialista Eederativa Soviética de Rusia incontables privaciones, ha echado sobre las espaldas de los campesinos y los obreros un peso tan insoportable, que, frecuentemente, parecía que no podrían aguantarlo. Pero, al mismo tiempo, esa guerra, con su brutal violencia, con la embestida despiadadamente bestial de esas fieras que se llamaban nuestros ``aliados'' y que nos saqueaban ya antes del comienzo de la revolución socialista, esa guerra, digo, hizo un milagro, convirtiendo 298 a la gente, cansada de la matan/a y, al parecer, incapa/ de soportar otra contienda, en luchadores que no sólo han resistido otra guerra en el transcurso de dos años, sino que, además, le están dando fin victoriosamente. Las victorias que estamos obteniendo ahora sobre Kolchak, Yudénich y Denikin suponen la llegada de una nueva fase en la historia de la lucha del imperialismo mundial contra los países y naciones que se han lanzado al combate por su liberación. En este sentido, los dos años de nuestra guerra civil no sólo han confirmado plenamente lo que la historia observara hace ya mucho: que el carácter de la guerra y su éxito dependen, sobre todo, del régimen interior del país que entra en ella; que la guerra es el reflejo de la política interior que ese país lleva antes de ella. Todo eso repercute, inevitablemente, en cómo se hace la guerra.
La cuestión de qué clase ha hecho la guerra y la continúa tiene extraordinaria importancia. Sólo gracias a que nuestra guerra civil la hacen obreros y campesinos que se han liberado y es la continuación de la lucha política por emancipar a los trabajadores de los capitalistas del país y de todo el mundo; sólo gracias a eso, ha habido en un país tan atrasado como Rusia, agotado por los cuatro años de guerra imperialista, hombres de voluntad suficiente para seguir combatiendo durante dos años en medio de increíbles e inauditas dificultades.
La historia de la guerra civil lo ha demostrado con particular evidencia en el caso de Kolchak. Kolchak era un enemigo que contaba con la ayuda de todas las mayores potencias del mundo y disponía de una línea férrea protegida por cien mil soldados de las potencias extranjeras, incluidas las mejores tropas de los imperialistas internacionales, como las japonesas, que se habían preparado para la guerra imperialista, pero que apenas participaron en ella y por eso casi no habían sufrido merma alguna; Kolchak se apoyaba en los campesinos de Siberia, los más acomodados, que no habían conocido la servidumbre y eran por eso, naturalmente, los que estaban más lejos que nadie del comunismo; Kolchak parecía una fuerza invencible, porque sus tropas eran el destacamento de vanguardia del imperialismo internacional. Hasta el presente continúan actuando en Siberia tropas japonesas, checoslovacas y otras tropas de naciones imperialistas. Sin embargo, la experiencia de más de un año de dominación de Kolchak sobre Siberia, con sus inmensas riquezas naturales; la experiencia de esa dominación, que era apoyada al principio por los partidos socialistas de la II Internacional, los mencheviques y los eseristas---quienes crearon el frente del Comité de la Asamblea Constituyente---y que, en tales condiciones, parecía sólida e invencible desde el punto de vista del pancista y del curso habitual de la historia, ha mostrado, en la 299 práctica, lo siguiente: cuanto más se adentraba Kolchak en el territorio de Rusia, más se iba debilitando y, en fin de cuentas, asistimos a la victoria completa de la Rusia Soviética sobre él. Indudablemente, esto nos ofrece una demostración práctica de que las fuerzas unidas de los obreros y los campesinos liberados del yugo de los capitalistas obran verdaderos milagros. Esto nos ofrece una demostración práctica de que la guerra revolucionaria, cuando atrae efectivamente a su órbita a las masas trabajadoras oprimidas y hace que estén interesadas en ella, cuando les hace comprender que luchan contra los explotadores, despierta su energía y la capacidad de obrar milagros.
Creo que lo que ha hecho el Ejército Rojo, su lucha y la historia de su triunfo tendrán para todos los pueblos de Oriente una importancia gigantesca, mundial. Mostrarán a los pueblos de Oriente que, por muy débiles que ellos sean y por muy invencible que parezca el poderío de los opresores europeos, que emplean en la lucha todas las maravillas de la técnica y del arte militar, la guerra revolucionaria de los pueblos oprimidos, si logra despertar efectivamente a millones de trabajadores y explotados, encierra en sí tales posibilidades, entraña tales prodigios, que la liberación de los pueblos de Oriente es ahora, en la práctica, plenamente realizable no sólo desde el punto de vista de las perspectivas de la revolución internacional, sino también desde el punto de vista de la experiencia puramente militar, experiencia que hemos podido ver en Asia, en Siberia, experiencia que nos ofrece la República Soviética, invadida por tropas de todos los países poderosos del imperialismo.
Además, esta experiencia de la guerra civil en Rusia nos ha mostrado a nosotros y a los comunistas de todos los países que en el fuego de la guerra civil, al mismo tiempo que cobra fuerza el entusiasmo revolucionario, se crea una poderosa fortaleza interna. La guerra pone a prueba todas las fuerzas económicas y organizativas de cada nación. En fin de cuentas, después de dos años de experiencia, pese a lo inmensamente dura que la guerra es para los obreros y los campesinos, que sufren hambre y frío; después de dos años de experiencia, repito, puede decirse que estamos venciendo y que seguiremos venciendo, porque tenemos una retaguardia, y esa retaguardia es fuerte; porque los campesinos y los obreros, a pesar del hambre y del frío, están unidos, se han fortalecido, y a cada duro golpe responden aumentando la cohesión de sus fuerzas y su poderío económico, y sólo por eso han sido posibles las victorias sobre Kolchak, Yudénich y sus aliados, las potencias más fuertes del mundo. Los dos años últimos nos han mostrado, de una parte, la posibilidad de desplegar una guerra revolucionaria, y, de otra parte, el fortalecimiento del Poder soviético pese a los duros golpes de la ~ 300 Emacs-File-stamp: "/home/ysverdlov/leninist.biz/es/1979/LOE3EP/20061027/399.tx" __EMAIL__ webmaster@leninist.biz __OCR__ ABBYY 6 Professional (2006.10.29) __WHERE_PAGE_NUMBERS__ top __FOOTNOTE_MARKER_STYLE__ [*]+ __ENDNOTE_MARKER_STYLE__ [0-9]+ invasión extranjera, cuyo fin es extinguir rápidamente el foco de la revolución, aplastar a la república de los obreros y los campesinos, que se han atrevido a declarar la guerra al imperialismo internacional. Pero en vez de aplastar a los obreros y los campesinos de Rusia, lo único que han hecho ha sido endurecerlos.
Tales son los resultados principales, el contenido principal del momento que estamos viviendo. Nos aproximamos a victorias decisivas sobre Denikin, el último enemigo que queda en nuestro territorio. Nos sentimos fuertes y podemos repetir mil veces que no nos equivocamos cuando decimos que la construcción interior de la república se ha fortalecido y que de la guerra contra Denikin saldremos muchas veces más fuertes y más preparados para la construcción del edificio socialista, construcción a la que durante la guerra civil hemos podido dedicar muy poco tiempo y muy pocas fuerzas y a la que sólo ahora, al tener vía libre, lograremos, sin duda alguna, entregarnos por completo.
En Europa Occidental observamos la descomposición del imperialismo. Sabéis que hace un año, incluso a los socialistas alemanes ---lo mismo que a la inmensa mayoría de los socialistas, que no comprendían la situación---les parecía que se libraba una lucha entre dos grupos del imperialismo mundial, y creían que esa lucha era el contenido todo de la historia y que no había fuerzas capaces de aportar algo nuevo; les parecía que hasta los socialistas no tenían más salida que adherirse a uno de los grupos de poderosos buitres mundiales. Así parecía a finales de octubre de 1918. Pero vemos que desde entonces, en el transcurso de un año, se han producido en la historia universal fenómenos sin precedente, fenómenos amplios y profundos, que han abierto los ojos a muchos socialistas que durante la guerra imperialista eran patrioteros y justificaban su conducta diciendo que tenían enfrente al enemigo, que justificaban la alianza con los imperialistas ingleses y franceses, de quienes, se decía, iban a liberar a los pueblos del yugo del imperialismo germano. ¡Fijaos cuántas ilusiones destruyó aquella guerra! Vemos la descomposición del imperialismo alemán, descomposición que no sólo ha llevado a la revolución republicana, sino también a la revolución socialista. Sabéis que, en el presente, la lucha de clases se ha hecho más aguda en Alemania y que allí se avecina la guerra civil, la lucha del proletariado alemán contra los imperialistas alemanes, los cuales se han disfrazado con los colores republicanos, pero siguen siendo representantes del imperialismo.
Todo el mundo sabe que la revolución social madura en Europa Occidental no por días, sino por horas, y que lo mismo está pasando en Norteamérica y en Inglaterra, entre estas pretendidas representantes de la cultura y la civilización y vencedoras de los hunos, los 301 imperialistas alemanes. Cuando las cosas llegaron a la paz de Versalles "a, todo el mundo vio que era cien veces más expoliadora que la paz de Brest-Litovsk, que nos fue impuesta a nosotros por los saqueadores alemanes; que la paz de Versalles es el mayor golpe que han podido asestarse a sí mismos los capitalistas y los imperialistas de esos malhadados países vencedores. La paz de Versalles ha abierto los ojos precisamente a las naciones vencedoras y ha demostrado que no nos encontramos ante representantes de la cultura y la civilización, que Inglaterra y Francia son Estados, aunque democráticos, regidos por tiburones imperialistas. La lucha interna entre esos tiburones se desarrolla con tanta rapidez que podemos sentirnos jubilosos, pues sabemos que la paz de Versalles es sólo una victoria aparente de los exultantes imperialistas y que supone, en realidad, la bancarrota de todo el mundo imperialista y hace que las masas trabajadoras se aparten decididamente de los socialistas que durante la guerra estuvieron aliados a los representantes del podrido imperialismo y defendieron a uno u otro de los grupos de tiburones en pugna. Los trabajadores han abierto los ojos porque la paz de Versalles es expoliadora y ha demostrado que, en la realidad, Francia e Inglaterra luchaban contra Alemania para afianzar su propio dominio sobre las colonias y acrecentar su poderío imperialista. A medida que el tiempo pasa, esa lucha interna cobra mayores proporciones. Hoy he podido ver un radiograma de Londres, fechado el 21 de noviembre, en el que unos periodistas norteamericanos---de quienes no se puede sospechar que simpaticen con los revolucionarios---dicen que en Francia se observa un odio sin precedente hacia los norteamericanos porque éstos se niegan a ratificar el Tratado de Paz de Versalles.
Inglaterra y Francia han vencido, pero están empeñadas hasta la camisa con Norteamérica, la cual ha decidido que, por muy vencedores que se consideren los franceses y los ingleses, ella ha de llevarse la nata y percibir, con creces, los intereses de su ayuda durante la guerra; y eso debe garantizarlo la marina norteamericana, que se está construyendo ahora y que por su magnitud adelanta a la inglesa. Y que el imperialismo rapaz de los norteamericanos se manifiesta con tal brutalidad, lo evidencia el que los agentes de Norteamérica compran mercancía viva, mujeres y muchachas, y las llevan a Norteamérica, fomentando la prostitución. ¡La libre y culta Norteamérica abastece a los prostíbulos de mercancía viva! En Polonia y en Bélgica surgen conflictos con los agentes norteamericanos. Eso es una pequeña ilustración de lo que ocurre, en inmensas proporciones, en cada pequeño país que ha recibido ayuda de la Entente. Tomemos, por ejemplo, a Polonia. Veis que agentes y especuladores norteamericanos llegan allí para comprar todas las 302 riquezas del país, que se jacta ahora de ser independiente. Polonia la están comprando los agentes de Norteamérica. No hay allí ni una sola fábrica, ni una sola rama de la industria que los norteamericanos no tengan ya en el bolsillo. Norteamérica ha perdido hasta tal punto el recato que empieza a avasallar a la "gran y libre vencedora'', a Francia, que antes era un país de usureros y que ahora está más que endeudada con Norteamérica, pues no tiene ya fuerzas económicas propias, no le bastan ni su trigo ni su carbón, no puede desarrollar en grandes proporciones sus fuerzas materiales, y Norteamérica exige que todo el tributo sea escrupulosamente pagado. Así pues, conforme pasa el tiempo, se ve con mayor claridad la bancarrota económica de Francia, Inglaterra y otros poderosos países. Las elecciones en Francia han dado la victoria a los clericales. El pueblo francés, al que engañaron diciéndole que debía entregar todas sus energías a la lucha contra Alemania, por la libertad y la democracia, ha sido recompensado con deudas eternas, con los escarnios de que le hacen objeto los rapaces imperialistas norteamericanos y, además, con una mayoría clerical de representantes de la más furibunda reacción.
La situación se ha hecho en todo el mundo inconmensurablemente más embrollada. Nuestra victoria sobre Kolchak y Yudénich, sobre estos lacayos del capitalismo internacional, es grande; pero es mucho mayor, aunque no se vea tan claramente, la victoria que estamos conquistando en escala internacional. Esta victoria consiste en la descomposición interna del imperialismo, que no puede lanzar sus tropas contra nosotros. La Entente ha probado a hacerlo y no ha conseguido nada, porque sus tropas se descomponen cuando entran en contacto con las nuestras y conocen nuestra Constitución soviética de Rusia, traducida a sus idiomas. Pese a la influencia de los jefes del socialismo podrido, nuestra Constitución siempre atrae las simpatías de las masas trabajadoras. La palabra ``Soviet'' la comprenden ahora todos, y la Constitución soviética ha sido traducida a todos los idiomas y la conoce cada obrero. Cada obrero sabe que la nuestra es una Constitución de trabajadores; que el nuestro es un régimen político de trabajadores que llaman a la victoria sobre el capitalismo internacional; sabe que todo eso es una conquista que hemos arrancado a los imperialistas internacionales. Esta victoria nuestra ha repercutido en cada país imperialista, ya que le hemos quitado sus tropas, nos las hemos ganado, le hemos privado de la posibilidad de lanzarlas contra la Rusia Soviética.
Han probado a guerrear con tropas ajenas, con tropas de Finlandia, Polonia y Letonia, pero no han conseguido nada. Hace unas semanas, el ministro británico Churchill se jactó en un discurso pronunciado en la Cámara---se enviaron telegramas a todo el 303 mundo dándolo a conocer---de que se había organizado una cruzada de catorce países contra la Rusia Soviética y que esta cruzada reportaría la victoria sobre ella para el día de Año Nuevo. Es cierto que han participado en eso muchos países: Finlandia, Ucrania, Polonia, Georgia los checoslovacos, los japoneses, los franceses, los ingleses, los alemanes. ¡Pero conocemos lo que ha resultado de eso! Sabemos que los estonios han abandonado a las tropas de Yudénich, y ahora se ha entablado en los periódicos una furiosa polémica porque los estonios no quieren ayudarle, y Finlandia, por más que lo deseara su burguesía, tampoco le ha prestado ayuda. Así pues, ha fracasado también el segundo intento de embestir contra nosotros. La primera etapa fue el envío de las fuerzas propias de la Entente, pertrechadas de tal modo con el mejor material de guerra, que parecía que iban a vencer a la República Soviética. Esas tropas han abandonado ya el Cáucaso, Arjánguelsk y Crimea y sólo continúan en Murmansk, como los checoslovacos en Siberia, pero no son más que grupos dispersos. El primer intento, el de vencernos con sus propias tropas, terminó en nuestra victoria. El segundo intento ha consistido en lanzar contra nosotros a las naciones vecinas nuestras, que dependen económicamente por completo de la Entente, y en obligarlas a ahogarnos como nido del socialismo. Pero esta tentativa también ha fracasado; ha resultado que ninguno de esos pequeños Estados se hallaba en condiciones de sostener tal guerra. Es más, en cada pequeño Estado se ha acentuado el odio a la Entente. Si Finlandia no se lanzó sobre Petrogrado cuando Yudénich había tomado ya Krásnoe Seló, fue porque vaciló y se dio cuenta de que al lado de la Rusia Soviética podría vivir independiente, pero que con la Entente no lograría vivir en paz. Eso les ha pasado a todos los pueblos pequeños. Les pasa a Finlandia, Lituania, Estonia y Polonia, donde se respira una densa atmósfera de chovinismo, pero donde alienta el odio a la Entente, que despliega allí su explotación. Y ahora, sin exagerar lo más mínimo, tomando en consideración con toda rigurosidad la marcha de los acontecimientos, podemos decir que no sólo ha fracasado la primera etapa de la guerra internacional contra la República Soviética; ha fracasado también la segunda etapa. Ahora sólo nos queda vencer a las tropas de Denikin, que ya se encuentran medio derrotadas.
Tal es hoy la situación en Rusia y en el campo internacional, que he caracterizado brevemente en mi informe. Permitidme que, como conclusión, hable de la situación que se crea para las nacionalidades de Oriente. Vosotros representáis a las organizaciones comunistas y a los partidos comunistas de distintos pueblos de Oriente. Debo decir que si los bolcheviques rusos han conseguido abrir una brecha en el viejo imperialismo, imponiéndose la tarea extraordinariamente 304 difícil, pero extraordinariamente grata, de abrir nuevos caminos a la revolución, a vosotros, los representantes de las masas trabajadoras de Oriente, os espera una tarea más grande y más nueva todavía. Se hace bien evidente que la revolución socialista, que se aproxima para todo el mundo, no consistirá en absoluto sólo en la victoria del proletariado de cada país sobre su burguesía. Eso sería posible si las revoluciones se desarrollaran fácil y rápidamente. Sabemos que los imperialistas no lo consentirán, que todos los países están armados contra su bolchevismo interior y sólo piensan en cómo vencer al bolchevismo en su propia casa. Por eso madura en cada país la guerra civil, para la cual la burguesía moviliza a los viejos socialistas conciliadores. Así pues, la revolución socialista no será única y principalmente una lucha de los proletarios revolucionarios de cada país contra su burguesía; no, será una lucha de todas las colonias y de todos los países oprimidos por el imperialismo, de todos los países dependientes, contra el imperialismo internacional. En el Programa de nuestro partido, adoptado en marzo del año en curso, decimos, al caracterizar el acercamiento de la revolución social en el mundo entero, que la guerra civil de los trabajadores contra los imperialistas y los explotadores en todos los países adelantados empieza a fundirse con la guerra nacional contra el imperialismo internacional. Eso lo confirma la marcha de la revolución, y cada vez se verá más confirmado. Lo mismo pasará en Oriente.
Sabemos que las masas populares se levantarán en Oriente como participantes independientes v creadoras de una nueva vida, porque millones y millones de personas pertenecen allí a las naciones dependientes, de derechos mermados, que hasta ahora han sido objeto de la política internacional del imperialismo y que para la cultura y la civilización capitalistas existían sólo como abono. Y cuando se habla de la distribución de mandatos sobre las colonias, sabemos perfectamente que se trata de una distribución de mandatos para el robo, para el saqueo, de la concesión a una parte insignificante de la población de la Tierra del derecho a explotar a la mayoría de la población del globo terrestre. Esta mayoría, que se encontraba hasta ahora completamente al margen del progreso histórico porque no podía constituir una fuerza revolucionaria, independiente, a principios del siglo XX dejó de desempeñar, como sabemos, ese papel pasivo. Sabemos que después de 1905 hubo revoluciones en Turquía, en Persia y en China, que en la India se desarrolló el movimiento revolucionario. La guerra imperialista contribuyó asimismo al desarrollo del movimiento revolucionario porque hubo que hacer participar en la lucha de los imperialistas de Europa a regimientos enteros formados por los pueblos de las colonias. La guerra imperialista despertó también al Oriente, 305 arrastró a sus pueblos a la órbita de la política internacional. Inglaterra y Francia armaron a los pueblos de las colonias y les ayudaron a conocer el material de guerra y las máquinas modernas. Estos pueblos aprovecharán contra los señores imperialistas los conocimientos adquiridos. Tras el período del despertar de Oriente, en la revolución actual empieza un período en el que todos los pueblos orientales participarán en la decisión de los destinos del mundo entero, y lo harán para no ser únicamente una fuente de enriquecimiento. Los pueblos de Oriente se despiertan para actuar prácticamente y para que cada pueblo decida la suerte de toda la humanidad.
Por eso creo que en la historia del desarrollo de la revolución mundial, que, a juzgar por el comienzo, durará muchos años y exigirá muchos esfuerzos, estáis llamados a desempeñar un gran papel en la lucha revolucionaria, en el movimiento revolucionario, y a fundiros en esa lucha con la que libramos nosotros contra el imperialismo internacional. Vuestra participación en la revolución internacional os planteará una compleja y difícil tarea, cuya solución servirá de base para el éxito común, porque en Oriente la mayoría de la población se levanta por vez primera a un movimiento independiente y será un factor activo en la lucha por derrocar al imperialismo internacional.
La mayoría cíe los pueblos de Oriente se encuentra en peor situación que Rusia, el país más atrasado de Europa; pero nosotros hemos logrado unir en la lucha contra las supervivencias del feudalismo y contra el capitalismo a los campesinos y los obreros rusos, y nuestra lucha se ha desarrollado con tanta facilidad precisamente porque los campesinos y los obreros se unieron contra el capitalismo y el feudalismo. La ligazón con los pueblos de Oriente tiene particular importancia, ya que la mayoría de esos pueblos son representantes típicos de la masa trabajadora; no son obreros que han pasado por la escuela de las fábricas capitalistas, sino típicos representantes de la masa campesina trabajadora y explotada, que sufre una opresión medieval. La revolución rusa ha mostrado que los proletarios, vencedores del capitalismo, se levantaron victoriosamente contra la opresión medieval, unidos a la masa dispersa constituida por los millones de campesinos trabajadores. Ahora, nuestra República Soviética tiene que agrupar en torno suyo a todos los pueblos de Oriente, que despiertan, para luchar junto a ellos contra el imperialismo internacional.
Vosotros tenéis planteada una tarea que no se había planteado antes a los comunistas de todo el mundo: apoyándoos en la teoría y la práctica comunes a todos los comunistas, debéis saber aplicar esa teoría y esa práctica, adaptándoos a condiciones específicas que no se 306 dan en los países europeos; a condiciones en las que la masa fundamental la constituye el campesinado, y la tarca a resolver no es la lucha contra el capitalismo, sino contra las supervivencias del medioevo. Es ésta una tarea difícil y específica, pero extraordinariamente grata, pues se atrae a la lucha a una masa eme no ha participado todavía en ella; por otra parte, gracias a la organi/.ación de células comunistas en Oriente, podréis establecer la ligazón más estrecha con la III Internacional. Debéis hallar las formas específicas de esa unión de los proletarios avanzados de todo el inundo con las masas trabajadoras y explotadas de Oriente, que en muchos casos viven en condiciones medievales. En pequeña escala, hemos realizado en nuestro país lo que vosotros realizaréis en gran escala, en grandes países. Confío en eme esta segunda tarea la cumpliréis con éxito. Gracias a las organizaciones comunistas de Oriente, representadas aquí por vosotros, estáis ligados al proletariado revolucionario de vanguardia, leñéis planteada la tarea de seguir preocupándoos de que en el interior de cada país se haga propaganda comunista en un lenguaje comprensible para el pueblo. De por sí se comprende que sólo puede vencer definitivamente el proletariado de todos los países avanzados del mundo, y nosotros, los rusos, comenzamos la obra que consolidará el proletariado inglés, francés o alemán; pero vemos que ellos no vencerán sin la ayuda de las masas trabajadoras de tocios los pueblos coloniales oprimidos y, en primer lugar, de los pueblos de Oriente. Debemos comprender que la vanguardia sola no puede llevar a cabo el paso al comunismo. La tarea consiste en despertar la actividad revolucionaria para que las masas trabajadoras pongan de manifiesto su iniciativa y se organicen independientemente de su nivel; en traducir la verdadera doctrina comunista, destinada a los comunistas de países más avanzados, a la lengua de cada pueblo; en realizar las tareas prácticas, que se deben realizar sin demora alguna, y en fundirse en la lucha común con los proletarios de los demás países.
Esas son tareas cuya solución no encontraréis en ningún libro comunista, pero sí en la lucha común que ha empezado Rusia. Tendréis que plantear esa tarea y resolverla vosotros mismos, con vuestra propia experiencia. En ello os ayudará, de una parte, la estrecha unión con la vanguardia de todos los trabajadores de los demás países, y, de otra, el saber acercaros a los pueblos de Oriente, a los que representáis aquí. Tendréis que apoyaros en el nacionalismo burgués que despierta en estos pueblos, nacionalismo que no puédemenos de despertar y que tiene su justificación histórica. Al mismo tiempo, debéis abriros camino hacia las masas trabajadoras y explotadas de cada país y decirles, en un lenguaje comprensible para ellas, que la única esperanza de liberación es la victoria de la 307 revolución internacional y que el proletariado internacional es el único aliado de todos los trabajadores y explotados de los pueblos de Oriente, integrados por centenares de millones de hombres.
Esa es la tarea de extraordinarias proporciones que tenéis planteada y que, gracias a la época de la revolución y al desarrollo del movimiento revolucionario---de ello no cabe dudar---, será resuelta con éxito y llevada hasta la victoria completa sobre el imperialismo internacional por los esfuerzos aunados de las organizaciones comunistas de Oriente.
I'uhlitatlü el 20 de diciembre de I!>l>> en el núm. <> de "Izresliu del CC del l'C(b) de Rusia ".
[308] __ALPHA_LVL1__ VIII CONFERENCIA DE TODA RUSIA DEL PC(b)R"^^3^^La República Socialista Federativa Soviética de Rusia desea vivir en paz con todos los pueblos y dedicar todas sus fuerzas a la edificación interior para normalizar la producción, el transporte y la administración pública sobre la base del régimen soviético, cosa que hasta ahora han impedido la injerencia de la Entente y el hambre originada por el bloqueo.
El Gobierno obrero y campesino ha propuesto la paz a las potencias de la Entente en repetidas ocasiones, a saber: el 5 de agosto de 1918, en el mensaje del Comisariado del Pueblo de Negocios Extranjeros al representante norteamericano Mr. Poole; el 24 de octubre de 1918, al Presidente Wilson; el 3 de noviembre de 1918, a todos los gobiernos de la Entente, por mediación de los representantes de los países neutrales; el 7 de noviembre de 1918, en nombre del VI Congreso de los Soviets de toda Rusia; el 23 de diciembre de 1918, en la nota entregada por Litvínov en Estocolmo a todos los representantes de la Entente; después, en los mensajes del 12 y 17 de enero y en la nota a los gobiernos de la Entente del 4 de febrero de 1919; en el proyecto de tratado redactado con Bullitt el 12 de marzo de 1919, y en la declaración del 7 de mayo de 1919, por mediación de Nansen.
Al aprobar plenamente estas reiteradas gestiones del Consejo de Comisarios del Pueblo y del Comisariado del Pueblo de Negocios Extranjeros, el VII Congreso de los Soviets reitera de nuevo su invariable anhelo de paz, propone una vez más a todas las potencias de la Entente---Inglaterra, Francia, Estados Unidos de América, Italia y el Japón---, a todas juntas y por separado, la iniciación inmediata de negociaciones de paz y encomienda al Comité Ejecutivo Central de toda Rusia, al Consejo de Comisarios del Pueblo y al Comisariado del Pueblo de Negocios Extranjeros que prosigan de 309 modo sistemático esta política de paz (o: que prosigan de modo sistemático esta política de paz, adoptando todas las medidas indispensables para el éxito de la misma).
Se publicó por primera vez en 1932 en las segunda y tercera ediciones de las ``Obras'' de V.I.Lenin. i. XXIV.
T. 39. págs. 366--369.
[310] __ALPHA_LVL1__ DISCURSO PRONUNCIADO EN EL I CONGRESOCamaradas: Me congratulo de saludar en nombre del Gobierno a vuestro primer congreso de comunas rurales y arteles agrícolas. Todos vosotros sabéis, naturalmente, cuánto ha hecho el Poder soviético, qué importancia tan enorme concedemos nosotros a las comunas, a los arteles y, en general, a toda clase de organizaciones destinadas a convertir la pequeña hacienda campesina individual en una hacienda colectiva bajo la forma de cooperativa o de artel, a contribuir gradualmente a esta conversión. Sabéis que el Poder soviético ha establecido desde hace ya mucho tiempo un fondo de mil millones de rublos para propulsar las iniciativas de este género = "^^5^^. En el Reglamento de la organización socialista del usufructo de la = tierra^^1^^"' se subraya especialmente la importancia de las comunas, de los arteles y de todas las empresas de cultivo de la tierra en común, y el Poder soviético dirige todos sus esfuerzos a lograr que esta ley no quede sólo en el papel y aporte efectivamente la utilidad debida.
La importancia de todas las empresas de este carácter es enorme, porque si siguiera como antes la antigua hacienda campesina, indigente y miserable, ni hablar se podría de una construcción sólida de la sociedad socialista. Sólo si se consigue hacer ver prácticamente a los campesinos las ventajas del cultivo en común, colectivo, en cooperativas y arteles; sólo si se logra ayudar al campesino por medio de la hacienda cooperativa, colectiva, sólo entonces la clase obrera, dueña del poder del Estado, demostrará realmente al campesino que ella tiene razón y atraerá realmente a su lado, de un modo sólido y auténtico, a la masa de millones y millones de campesinos. Por eso es inapreciable la importancia de las medidas de cualquier clase que tiendan a favorecer la agricultura colectiva, cooperativa. Tenemos millones de haciendas aisladas, dispersas, diseminadas por lugares remotos del campo. Sería completamente absurdo pensar que se pueden transformar esas haciendas por algún procedimiento rápido, por medio de un decreto, merced a una acción exterior, desde fuera. Nos damos perfecta cuenta de que sólo de un modo gradual y prudente, sólo con el ejemplo práctico y acertado se puede influir sobre los millones de pequeñas haciendas campesinas, puesto que los 311 campesinos son hombres demasiado prácticos, están demasiad ligados al viejo sistema agrario para arriesgarse a aceptar cualuuie cambio importante únicamente a base de consejos o indicaciones librescas. Eso no puede ser, e incluso sería un absurdo. Sólo cuando se demuestre prácticamente, sobre la base de la experiencia, de un modo que lo comprendan los campesinos, que el paso a la agricultura cooperativa, a la agricultura colectiva, es necesario y posible, sólo entonces tendremos razón para decir que hemos dado un paso importante por la senda de la agricultura socialista en un país campesino tan inmenso como es Rusia. De ahí que la enorme importancia de las comunas, arteles y cooperativas, que impone a todos vosotros graneles deberes con respecto al Estado y al socialismo, obligue, naturalmente, al Poder soviético y a sus representantes a abordar este problema con especial atención v cuidado.
Nuestra ley sobre la organización socialista del usufructo de la tierra dice que consideramos un deber ineludible de todas las empresas «agrícolas colectivas, cooperativas, no aislarse, no distanciarse de la población campesina circundante, sino prestarle sin falta ayuda. Esto está grabado en la ley, se repite en los estatutos ordinarios de todas las comunas, arteles y cooperativas y se propaga constantemente en las instrucciones y decretos de nuestro Comisariado de Agricultura y de todos los organismos del Poder soviético. Pero el quid reside en encontrar un método verdaderamente práctico para aplicar esto. No estoy seguro aún de que hayamos superado esta principal dificultad. Y yo quisiera que vuestro congreso, en el que tenéis la oportunidad de hacer un intercambio de la experiencia adquirida por los gestores directos de las haciendas colectivas en todos los ámbitos de Rusia, pusiera fin a todas las dudas y demostrara que estamos en vías de dominar, que comenzamos a dominar prácticamente la tarea de la consolidación de los arteles, cooperativas, comunas y, en general, de toda clase de empresas agrícolas colectivas, sociales. Mas para demostrarlo hacen falta resultados verdaderamente prácticos.
Cuando leemos los estatutos de las comunas agrícolas o libros dedicados a esta cuestión, nos parece que en ellos concedemos demasiado espacio a la propaganda, a la argumentación teórica de la necesidad de organizar las comunas. Esto, naturalmente, es necesario: sin una profunda propaganda, sin explicar las ventajas de la agricultura colectiva, sin repetir esta idea miles y miles de veces no podemos esperar que en las vastas masas campesinas cunda el interés ni que comiencen las pruebas prácticas de las formas de su realización. Desde luego, la propaganda es necesaria y no hay que temer las repeticiones, pues lo que a nosotros nos parece una 312 repetición no lo será para muchos centenares y millares de campesinos, para quienes tal vez constituya algo así como una revelación. Y si se nos ocurre pensar que concedemos demasiada atención a la propaganda, habrá que decir que es necesario centuplicar los esfuerzos en este sentido. Pero al decirlo, lo hago en el sentido de que si nos dirigimos a los campesinos con explicaciones de carácter general sobre la utilidad de la organi/ación de las comunas agrícolas y, al mismo tiempo, no sabemos demostrarles con hechos los beneficios prácticos que les asegura la hacienda agrícola colectiva, cooperativa, los campesinos dejarán de creer en nuestra propaganda.
La ley dice que las comunas, los arteles y las cooperativas deben ayudar a la población campesina circundante. Pero el Estado, el poder obrero ha creado un fondo de mil millones de rublos para prestar ayuda a las comunas y arteles agrícolas. Claro está que si una u otra comuna decide ayudar a los campesinos con el dinero de este fondo, me temo que esto no originará más que risas de parte de los campesinos. Y con justa razón. Todo campesino dirá: "Claro, si os dan mil millones no os es difícil echarnos algunas migajas a nosotros.'' Temo que esto no despierte más que risas entre los campesinos, que miran con mucha atención y desconfianza esta cuestión. En el transcurso de muchos siglos, el campesino se ha habituado a no encontrar en el poder estatal más que opresión y por eso está acostumbrado a mirar con desconfianza todo lo que proviene del fisco. Y si las comunas agrícolas se circunscriben a ayudar a los campesinos únicamente para cumplir la letra de la ley, esa ayuda, además de resultar infructuosa, no puede producir sino daño, puesto que la denominación de comuna agrícola dice mucho y está relacionada con la idea del comunismo. Está bien si las comunas demuestran en la práctica que realizan una labor verdaderamente importante de mejora de la hacienda campesina: en este caso crecerá, sin duda alguna, el prestigio de los comunistas y del Partido Comunista. Pero con frecuencia ha sucedido que las comunas no despertaban en los campesinos más que una actitud negativa, y a veces la palabra ``comuna'' se convertía incluso en una consigna de lucha contra el comunismo. Así sucedía no sólo cuando se hacían tentativas absurdas de obligar por la fuerza a los campesinos a ingresar en las comunas. Lo disparatado de estas tentativas saltaba tanto a la vista de todos, que hace ya tiempo que el Poder soviético hubo de pronunciarse contra ellas. Y espero que si hoy se producen algunos casos aislados de coacción, éstos serán pocos y vosotros aprovecharéis este congreso para borrar por completo de la faz de la República Soviética los últimos vestigios de este bochorno, para que la población campesina circundante no pueda invocar un solo 313 ejemplo en apoyo del viejo criterio de que el ingreso en las comunas se debe a algún acto de coacción.
Pero incluso cuando hayamos conseguido desprendernos de este viejo defecto y superar totalmente ese bochorno, habremos hecho, no obstante,una mínima parte de lo que nos corresponde hacer. Pues la necesidad de que el Estado ayude a las comunas sigue en pie, y no seríamos comunistas ni partidarios de la implantación de la economía socialista si no prestáramos ayuda estatal de todo género a las empresas agrícolas colectivas. Estamos obligados a hacerlo, además, porque se halla en consonancia con todas nuestras tareas y porque sabemos perfectamente que estos arteles, cooperativas y organizaciones colectivas constituyen una innovación y que no prenderán si la clase obrera dueña del poder no les apoya. Ahora bien, para que prendan, y precisamente porque el Estado les ayuda con dinero y de todas las maneras, tenemos que conseguir que los campesinos no lo acojan con sorna. Debemos cuidarnos siempre de que el campesino no diga de los miembros de la comuna, de los arteles y de las cooperativas que viven a costa del Estado y que se diferencian de los campesinos solamente en que se les dan facilidades. Si se le conceden para su instalación tierras y subsidios del fondo de los mil millones, cualquier tonto podrá vivir algo mejor que un simple campesino. Y el campesino preguntará: ¿Qué hay aquí cíe comunista, qué mejora hay? ¿Por qué debemos respetarlos? Desde luego, si se eligen unas decenas o centenares de hombres y se les entrega miles de millones, trabajarán.
Precisamente una actitud semejante de los campesinos suscita las mayores aprensiones, y yo quisiera llamar la atención de los camaradas reunidos en este congreso sobre la cuestión citada. Es preciso resolverla prácticamente, de tal modo que podamos decir que no sólo evitamos este peligro, sino que incluso hallamos los medios de luchar para que el campesino no pueda pensar así y para que, por el contrario, vea en cada comuna, en cada artel, una obra sostenida por el poder estatal y encuentre en ella nuevos métodos de cultivo de la tierra que le demuestre sus ventajas sobre los viejos, y no en libros ni en discursos (esto es algo muy poco valioso), sino en la vida práctica. En esto reside la dificultad de resolver el problema, y ésta es también la razón por la que nosotros, teniendo ante la vista sólo cifras escuetas, difícilmente podemos juzgar si hemos demostrado o no en la práctica que cada comuna, cada artel es, en verdad, superior a todas las empresas del viejo orden de cosas y que el poder obrero ayuda en este aspecto a los campesinos.
Creo que, para resolver esta cuestión en la práctica, sería muy deseable que vosotros, que conocéis prácticamente toda una serie de comunas, arteles y cooperativas cercanas, elaboraseis los métodos de 314 un control verdaderamente electivo para cerciorarse de cómo se aplica la ley que exige que las comunas agrícolas ayuden a los campesinos de los alrededores; control de cómo se lleva a la práctica el paso a la agricultura socialista y en qué se expresa esto concretamente en cada comuna, en cada artel, en cada cooperativa; de cómo precisamente se realiza esto, cuántas cooperativas, cuántas comunas lo hacen en realidad y cuántas sólo se lo proponen; cuántas veces se ha podido comprobar la ayuda de las comunas y qué carácter tiene esta ayuda: si es filantrópica o socialista.
Si las comunas y los arteles entregan a los campesinos una parte de los fondos que el Estado les concede a título de ayuda, conseguirán únicamente que cada campesino crea que se trata de buena gente que viene en su ayuda, pero con ello no demostrarán en absoluto el paso al régimen socialista. Y los campesinos están acostumbrados desde tiempos inmemoriales a desconfiar de esta "buena gente''. Es preciso saber comprobar en qué se ha reflejado realmente este nuevo orden social, por qué medios se demuestra a los campesinos que las cooperativas, los arteles cultivan la tierra mejor que el campesino individual, y que si la cultivan mejor, no es debido a la ayuda oficial; es preciso que lleguemos a poder demostrar a los campesinos que aun sin la ayuda del Estado es prácticamente realizable este nuevo orden de cosas.
Lamento no poder asistir a vuestro congreso hasta el final, por lo que no podré participar en la elaboración de estos métodos de control. Pero estoy seguro de que vosotros, junto con los camaradas que dirigen nuestro Comisariado de Agricultura, encontraréis estos métodos. He leído con satisfacción el artículo del camarada Seredá, comisario del pueblo de Agricultura, en el que se hace resaltar que las comunas y las cooperativas no deben aislarse de la población campesina circundante, sino que deben tratar de mejorar = su hacienda^^117^^. Es preciso organizar las comunas de manera que se transformen en un modelo y que los campesinos mismos de la vecindad se sientan atraídos por ellas; es preciso saber ofrecerles en la práctica un ejemplo de cómo hay que ayudar a los hombres que llevan su hacienda en las duras condiciones impuestas por la falta de mercancías y el desbarajuste económico general. A fin de determinar los métodos prácticos para realizar esto, es preciso elaborar una instrucción muy minuciosa que enumere todos los aspectos de la ayuda a la población campesina circundante; que requiera de cada comuna respuesta a lo que ha hecho para prestar ayuda a los campesinos; que señale los métodos para conseguir que las dos mil comunas y cerca de cuatro mil arteles existentes se conviertan cada uno en una célula capaz de afirmar en la práctica entre los campesinos la convicción de que la agricultura colectiva, como paso 315 hacia el socialismo, es una cosa útil, y no un capricho ni un simple delirio.
Ya he dicho que la ley exige que las comunas presten ayuda a la población campesina circundante. En la ley no hemos podido usar otros términos ni dar directrices concretas. Hemos tenido que fijar principios generales y contar con eme los camaradas conscientes de la base han de ejecutar a conciencia esta ley y han de saber encontrar mil procedimientos para aplicarla prácticamente en las condiciones económicas concretas de cada lugar. Desde luego, se entiende que es posible burlar toda ley, aun aparentando cumplirla. También la leyreferente a la ayuda a los campesinos, en caso de aplicarla de mala fe, puede convertirse en un simple juguete y dar resultados diametralmente opuestos.
Las comunas deben desarrollarse en el sentido de que, al ponerse en contacto con ellas, las condiciones de la hacienda campesina comiencen a modificarse por encontrar ayuda económica; de que cada comuna, artel o cooperativa pueda dar principio al mejoramiento de estas condiciones y realizarlo prácticamente, demostrando de hecho a los campesinos que esta modificación no puede reportarles más que provecho.
Naturalmente, podéis creer que se nos dirá: Para mejorar la economía, hay que tener condiciones distintas a las del actual desbarajuste económico, originado por los cuatro años de guerra imperialista y los dos de guerra civil, que nos han impuesto los imperialistas. En condiciones como las que atravesamos, ¿cómo pensar en la amplia difusión de las mejoras de las explotaciones agrícolas? Démonos por satisfechos si podemos mantenernos y no morir de hambre.
Es muy natural que puedan ser formuladas dudas de este género. Pero si tuviera que contestar a tales objeciones, yo diría: Admitamos que, efectivamente, debido a la economía desorganizada, al desbarajuste económico, a la falta de mercancías, a las deficiencias de los transportes, al exterminio del ganado y a la destrucción de los aperos, es imposible mejorar la economía en amplia escala. Mas no cabe duda de que en toda una serie de casos concretos se puede mejorar en parte la economía. Ahora bien, admitamos que realmente ni siquiera eso es posible. ¿Quiere esto decir que las comunas no pueden introducir cambios en la vida de los campesinos o que no pueden demostrar a éstos que las empresas agrícolas colectivas no son una planta de invernadero, cultivada artificialmente, sino que constituyen una nueva ayuda del poder obrero a los campesinos trabajadores, un auxilio a éstos en su lucha contra los kulaks? Estoy seguro de que aun planteando así la cuestión, aun admitiendo que es imposible llevar a cabo mejoras, dadas las 316 condiciones actuales de desbarajuste económico, se pueden alcanzar muchísimas cosas teniendo en las comunas y en los arteles a comunistas que trabajan concienzudamente.
Para demostrar que no hago aseveraciones gratuitas, me remitiré a lo que se ha dado en denominar en nuestras ciudades sábados comunistas. Así se llama el trabajo no retribuido que los obreros de la ciudad, fuera de sus obligaciones, consagran durante varias horas a alguna necesidad social. Estos sábados fueron introducidos por ve/. primera en Moscú por los ferroviarios de la línea Moscú---Kazan. Los obreros de Moscú organizaron los sábados comunistas en respuesta a uno de los llamamientos del Poder soviético, en el que se señala que los soldados rojos hacen en los frentes sacrificios inauditos, eme, a pesar de todas sus penurias, obtienen triunfos sin precedentes sóbrelos enemigos y que podremos llevar estos triunfos hasta el fin únicamente si este heroísmo y este sacrificio voluntario no se despliegan sólo en el frente, sino también en la retaguardia. Es indudable que los obreros de Moscú pasan muchas más penurias y necesidades que los campesinos, y si os enteráis de sus condiciones de vida y meditáis que, a pesar de su dureza inaudita, han podido iniciar la realización de los sábados comunistas, estaréis de acuerdo en que no se pueden alegar las condiciones, por agobiadoras que sean, para negarse a realizar lo que se puede hacer en cualquier circunstancia, aplicando el método que han seguido los obreros de Moscú. Nada ha contribuido tanto a elevar el prestigio del Partido Comunista en la ciudad, a aumentar el respeto de los obreros sin partido hacia los comunistas como los citados sábados, cuando éstos dejaron de ser un fenómeno aislado y cuando los obreros sin partido vieron en la práctica que los miembros del Partido Comunista gobernante asumen obligaciones y que los comunistas aceptan nuevos militantes en sus filas, no para que gocen de facilidades relacionadas con la situación del partido gobernante, sino para que den un ejemplo de trabajo realmente comunista, es decir, un trabajo que se hace a título gratuito. El comunismo es la fase superior de desarrollo del socialismo, cuando los hombres trabajan convencidos de que es necesario trabajar para el bien común. Sabemos que ahora no podemos implantar el régimen socialista: ¡ojalá se implante en el país en vida de nuestros hijos y nuestros nietos! Pero nosotros decimos que los miembros del Partido Comunista gobernante cargan con la mayor parte de las dificultades en la lucha contra el capitalismo, movilizando a los mejores comunistas para el frente y exigiendo de quienes no pueden ser utilizados con este fin que trabajen en los sábados comunistas.
Aplicando estos sábados comunistas, que se han propagado en todas las ciudades industriales importantes, exigiendo el partido que 317 cada uno de sus miembros tome parte en ellos y sancionando hasta con la expulsión del partido el incumplimiento de esta directriz; empleando este medio en las comunas, arteles y cooperativas, podréis y deberéis conseguir, aun en las peores condiciones, que el campesino vea en cada comuna, en cada artel, en cada cooperativa, una asociación que se distingue de las demás no porque se le concede una subvención del Estado, sino porque en ella están asociados los mejores representantes de la clase obrera, los cuales no sólo preconizan el socialismo para los demás, sino que también saben realizarlo ellos mismos y demostrar que, incluso en las peores condiciones, saben llevar la economía a la manera comunista y ayudar con cuanto pueden a la población campesina circundante. En lo que a este punto se refiere, no se puede alegar ninguna clase de excusas, no se puede invocar la falta de mercancías, la falta de semillas o la mortandad entre el ganado para no hacerlo. Aquí se nos ofrece una prueba que, en todo caso, nos permitirá decir en forma terminante hasta qué punto hemos dominado prácticamente la difícil tarea que nos planteamos.
Estoy seguro de que la asamblea general de los representantes de las comunas, de las cooperativas y de los arteles discutirá esto y comprenderá que la aplicación de este método será el formidable medio de afianzar de hecho las comunas y las cooperativas y aportará el resultado práctico de que en ninguna parte de Rusia pueda darse un solo caso de actitud hostil de los campesinos frente a las comunas, arteles y cooperativas. Pero esto es poco: es preciso que los campesinos sientan simpatía por ellas. Nosotros, representantes del Poder soviético, haremos por nuestra parte todo cuanto sea posible para contribuir a esta empresa y para que la ayuda de nuestro Estado, proveniente del fondo de los mil millones o de otras fuentes, sólo sea concedida cuando realmente se lleve a cabo un acercamiento práctico entre las comunas y arteles de trabajo y la vida de los campesinos vecinos. Fuera de estas condiciones, consideramos toda ayuda a los arteles o cooperativas no sólo inútil, sino absolutamente nociva. No se debe considerar que la ayuda de las comunas a los campesinos de los alrededores se preste simplemente porque les sobren recursos, sino que ha de ser una ayuda socialista, esto es, que permita a los campesinos pasar de la hacienda aislada, individual, a la hacienda cooperativa. Y esto no se puede conseguir sino recurriendo al método de los sábados comunistas a que acabo de referirme.
Si tenéis en cuenta este experimento de los obreros de la ciudad, que han iniciado el movimiento en favor de los sábados comunistas, a pesar de vivir en condiciones infinitamente peores que las de los campesinos, estoy seguro de que, contando con vuestro apoyo unánime, general, conseguiremos que cada uno de los varios millares 318 de comunas y arteles existentes pase a ser un vivero efectivo de las ideas y conceptos comunistas entre los campesinos, un ejemplo vivo que ha de demostrarles que cada una de estas organizaciones, si bien es de momento un brote pequeño y débil aún, no obstante, no es un brote de invernadero, artificial, sino un brote verdadero del nuevo régimen socialista. Sólo entonces lograremos una victoria sólida sobre la vieja ignorancia, la ruina y la miseria, sólo entonces no nos infundirán temor las dificultades de todo orden que se interpongan en nuestro camino.
La información periodística se publicó el 5 de diciembre de 1919 en el núm. 273 de "Izvestia del CEC de tuda Rusia".
El texto íntegro se publicó en ``Pravda'', núms. 273 \ 274; 5 y 6 de diciembre de 1919.
T. 39, p¿gs. 372--382
[319] __ALPHA_LVL1__ CARTA A LOS OBREROSCamaradas: Hace cuatro meses, a fines de agosto de 1919, tuve ocasión de dirigir una carta a los obreros y campesinos con motivo de la victoria sobre Kolchak^^*^^.
Ahora publico de nuevo esta carta íntegra para los obreros y campesinos de Ucrania, con motivo de las victorias sobre Denikin.
Las tropas rojas han ocupado Kíev, Poltava y Jarkov y avanzan victoriosamente hacia Rostov. En Ucrania hierve la insurrección contra Denikin. Es preciso reunir todas las fuerzas para derrotar definitivamente a las tropas de Denikin, que intentaron restablecer el poder de los terratenientes y de los capitalistas. Es preciso aniquilar a Denikin para estar a cubierto de la más mínima posibilidad de una nueva invasión.
Los obreros y campesinos de Ucrania deben conocer las enseñanzas que ha proporcionado a todos los obreros y campesinos rusos la experiencia de la conquista de Siberia por Kolchak y su liberación por las tropas rojas, después de largos meses de opresión de los terratenientes y capitalistas.
La dominación de Denikin en Ucrania ha sido una prueba tan dura como la de Kolchak en Siberia. Indudablemente las lecciones que se desprenden de esta dura prueba harán que los obreros y campesinos de Ucrania---como en el caso de los obreros y campesinos de los Urales y de Siberia---comprendan mejor las tareas del Poder soviético y lo defiendan con mayor firmeza.
En Rusia, la propiedad de los terratenientes ha sido abolida. Es necesario hacer lo mismo en Ucrania, y el Poder soviético de los obreros y campesinos ucranianos debe consolidar la supresión total de la propiedad señorial sobre la tierra, la completa liberación de los obreros y campesinos ucranianos de toda opresión por parte de los terratenientes y de los terratenientes mismos.
Pero, además de ésta y otras muchas tareas que han estado y están planteadas a la vez ante las masas trabajadoras de Rusia y Ucrania, existen tareas especiales para el Poder soviético en Ucrania. Una de estas tareas especiales merece en la actualidad una extraordinaria _-_-_
^^*^^ Véase el présenle volumen, págs. 274--280. (¿Y. de Iti Edil.)
320 atención. Es el problema nacional, es decir, el problema de si Ucrania debe ser la República Socialista Soviética de Ucrania, independiente y unida a la República Socialista Federativa Soviética de Rusia por medio de una alianza (federación), o debe fundirse con Rusia en una República Soviética única. Todos los bolcheviques, todos los obreros y campesinos conscientes deben meditar atentamente sobre esta cuestión.La independencia de Ucrania ha sido reconocida por el Comité Ejecutivo Central de la RSFSR (República Socialista Federativa Soviética de Rusia) y por el Partido Comunista (bolchevique) cíe Rusia. Por eso, es evidente---y ha sido reconocido por todos---que sólo los obreros y campesinos de Ucrania, en su congreso de los Soviets de Ucrania, pueden decidir y decidirán la cuestión de fusionar Ucrania con Rusia o dejar a Ucrania como una república independiente, y en este último caso, qué clase de ligazón federativa debe establecerse entre esta república y Rusia.
¿Cómo, pues, hay que resolver esta cuestión desde el punto de vista de los intereses de los trabajadores, desde el punto de vista del éxito de su lucha por liberar al trabajo de todo yugo del capital?
En primer lugar, los intereses del trabajo exigen la más completa confianza y la unión más estrecha entre los trabajadores de los diferentes países, de las diferentes naciones. Los partidarios de los terratenientes y capitalistas, los partidarios de la burguesía tratan de dividir a los obreros, de exacerbar las querellas y los odios nacionales con objeto de debilitar a los obreros y fortalecer el poder del capital.
El capital es una fuerza internacional. Para triunfar sobre ella haré falta la unión internacional de los obreros, su fraternidad internacional.
Nosotros somos enemigos de los odios nacionales, de las querellas nacionales y del aislamiento nacional. Somos internacionalistas. Aspiramos a una unión estrecha y a la completa fusión de los obreros y campesinos de todas las naciones del mundo en una República Soviética mundial única.
En segundo lugar, los trabajadores no deben olvidar que el capitalismo ha dividido las naciones, por un lado, en un pequeño número de naciones opresoras, imperialistas, soberanas y privilegiadas y, por otro, en una inmensa mayoría de naciones oprimidas, dependientes y semidependientes, que no gozan de igualdad de derechos. La más criminal y reaccionaria de las guerras, la de 1914--1918, acentuó esta división, exacerbando con ello los rencores y los odios. A través de los siglos ha ido acumulándose la indignación y la desconfianza de las naciones sin plenos derechos y dependientes hacia las naciones imperialistas y opresoras, de naciones como la ucraniana hacia naciones como la rusa.
321Nosotros queremos una unión voluntaria de las naciones: una unión que no tolere violencia alguna de una nación sobre otra, una unión que se base en la más plena confianza, en la clara conciencia de la unidad fraternal, en un acuerdo plenamente voluntario. Tal unión no se puede realizar de golpe; es preciso llegar a ella a fuerza de grandísimo cuidado y paciencia para no malograr la obra, para no provocar la desconfianza, para dar tiempo a que desaparezca la desconfianza engendrada por siglos de opresión por parte de los terratenientes y capitalistas, por el régimen de la propiedad privada y los odios producidos por los sucesivos repartos de esta propiedad.
Por eso, aspirando constantemente a la unidad de las naciones, yendo inflexiblemente contra todo lo que las divida, debemos ser muy prudentes, pacientes y tolerantes hacia las supervivencias de la desconfianza nacional. Debemos ser intransigentes e intolerantes con todo lo que afecte a los intereses fundamentales del trabajo en su lucha por sacudirse el yugo del capital. En cuanto a cómo determinar ahora, temporalmente, las fronteras estatales---ya que nosotros aspiramos a su completa destrucción---no es una cuestión fundamental e importante, sino secundaria. Esta cuestión puede y debe esperar, porque la desconfianza nacional suele estar muy arraigada en las amplias masas de campesinos y pequeños propietarios, y toda precipitación puede acentuarla, es decir, puede perjudicar la causa de la unidad total y definitiva.
La experiencia de la revolución obrera y campesina de Rusia, de la revolución de octubre-noviembre de 1917, la experiencia de sus dos años de lucha victoriosa contra la invasión de los capitalistas internacionales y rusos, ha demostrado con claridad meridiana que los capitalistas han sabido explotar momentáneamente la desconfianza nacional de los campesinos y pequeños propietarios polacos, letones, estonios y finlandeses hacia los rusos; han logrado sembrar durante cierto tiempo la discordia entre aquéllos y nosotros con motivo de esta desconfianza. La experiencia ha demostrado que esta desconfianza va siendo superada y está desapareciendo, pero con extrema lentitud, y que cuanto más cuidado y paciencia pongan de su parte los rusos, que han sido largo tiempo una nación opresora, con tanta mayor seguridad se borrará esta desconfianza. Precisamente por haber reconocido la independencia de los Estados polaco, letón, lituano, estonio y finlandés nos ganamos lenta, pero infaliblemente, la confianza de las más atrasadas masas trabajadoras de los pequeños Estados vecinos, las más engañadas y sojuzgadas por los capitalistas. Este es, precisamente, el camino más seguro para arrancarlas a la influencia de ``sus'' capitalistas nacionales, el más acertado para conquistar su completa confianza y para conducirlas hacia la futura República Soviética internacional única.
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322Mientras Ucrania no esté completamente liberada de Denikin y hasta que se reúna el congreso de los Soviets de toda Ucrania, su gobierno es el Comité Revolucionario de toda Ucrania. En este Comité Revolucionario, al lado de comunistas bolcheviques ucranianos, trabajan como miembros del gobierno comunistas borotbistas = "^^8^^ ucranianos. Lo que distingue a los borotbistas de los bolcheviques es, entre otras cosas, que aquéllos defienden la independencia absoluta de Ucrania. Los bolcheviques no hacen de esto objeto de divergencias, de desunión, no ven en esto ningún obstáculo para un trabajo solidario de los proletarios. Lo principal es que haya unidad en la lucha contra el yugo del capital, por la dictadura del proletariado, pues los comunistas no deben tener divergencias por cuestiones de fronteras nacionales o de las relaciones federativas o de cualquier naturaleza entre los Estados. Entre los bolcheviques hay partidarios de la independencia completa de Ucrania, como también los hay de la unión federativa más o menos estrecha o de la fusión plena de Ucrania con Rusia.
Las divergencias por estas cuestiones son inadmisibles. Estas cuestiones serán resueltas por el congreso de los Soviets de toda Ucrania.
Si un comunista ruso insiste en la fusión de Ucrania con Rusia, los ucranianos sospecharán fácilmente que no defiende tal política por consideraciones de unidad de los proletarios en la lucha contra el capital, sino por los prejuicios del antiguo nacionalismo, del imperialismo ruso. Tal desconfianza es natural y, hasta cierto punto, inevitable y justificada, ya que a lo largo de los siglos y bajo la opresión de los terratenientes y capitalistas, los rusos han asimilado los infames y abyectos prejuicios del chovinismo ruso.
Si un comunista ucraniano insiste en la independencia estatal absoluta de Ucrania, se puede sospechar de él que no defiende tal política desde el punto de vista de los intereses momentáneos de los obreros y campesinos ucranianos en su lucha contra el yugo del capital, sino bajo el peso de los prejuicios nacionales pequeñoburgueses, de pequeño propietario. Porque la experiencia nos ha demostrado centenares de veces que los ``socialistas'' pequeñoburgueses de diversos países---todos esos seudosocialistas, mencheviques y eseristas polacos, letones, lituanos, georgianos, etc.---se han disfrazado de partidarios del proletariado con el único fin de hacer pasar fraudulentamente la política de conciliación con ``su'' burguesía nacional en contra de los obreros revolucionarios. Esto lo vimos en el ejemplo de la política de Kerenski, en febrerooctubre de 1917 en Rusia; lo hemos visto y lo vemos en todos los países.
Por lo tanto, es muy fácil que surja la desconfianza mutua entre 323 los comunistas rusos y ucranianos. ¿Cómo combatirla? ¿Cómo vencerla y conquistar la confianza recíproca?
El mejor medio es el trabajo conjunto para defender la dictadura del proletariado y el Poder soviético en la lucha contra los terratenientes y capitalistas de todos los países, contra sus intentos de restablecer su omnipotencia. Tal lucha conjunta mostrará claramente en la práctica que cualquiera que sea la solución del problema de la independencia estatal o de las fronteras del Estado, a los obreros rusos y ucranianos les es absolutamente necesaria una estrecha alianza militar y económica, ya que, de lo contrario, los capitalistas de la ``Entente'', es decir, la coalición de los países capitalistas más ricos: Inglaterra, Francia, Norteamérica, Japón e Italia, nos aplastarán y estrangularán por separado. El ejemplo de nuestra lucha contra Kolchak y Denikin, subvencionados y armados ambos por estos capitalistas, nos ha demostrado claramente la existencia de tal peligro.
Quien rompe la unidad y la alianza más estrecha entre los obreros y campesinos rusos y ucranianos, ayuda a los Kolchak y a los Denikin, ayuda a los tiburones capitalistas de todos los países.
Por eso, nosotros, los comunistas rusos, debemos reprimir con extremo rigor la menor manifestación de nacionalismo ruso que surja en nuestras filas, pues estas manifestaciones, que son una traición al comunismo, nos perjudican enormemente, separándonos de los camaradas ucranianos, y con eso hacen el juego a Denikin y a su política.
Por eso, nosotros, los comunistas rusos, debemos transigir en nuestras divergencias con los comunistas bolcheviques y borotbistas ucranianos cuando estas divergencias se refieren a la independencia estatal de Ucrania, a las formas de su alianza con Rusia y, en general, a la cuestión nacional. Nosotros todos, los comunistas rusos, ucranianos y de cualquier otra nación, debemos ser intolerantes e intransigentes en las cuestiones de la lucha del proletariado que son fundamentales, cardinales e idénticas para todas las naciones, en las cuestiones de la dictadura del proletariado, en la inadmisibilidad de la conciliación con la burguesía, en la inadmisibilidad de la división de las fuerzas que nos defienden contra Denikin.
Vencer a Denikin, aniquilarlo, hacer imposible la repetición deuna invasión semejante: tal es el interés fundamental de los obreros y campesinos rusos y ucranianos. La lucha es larga y difícil, pues los capitalistas de todo el mundo ayudan a Denikin y ayudarán a los Denikin de todo género.
En esta larga y difícil lucha, nosotros, los obreros rusos y ucranianos, debemos marchar estrechamente unidos, pues es mdudable que separadamente no podremos salir victoriosos. Sean 324 cuales fueren las fronteras de Ucrania y Rusia, sean cuales fueren las formas de sus relaciones como Estados, no son cosas tan importantes; en esto se pueden y se deben hacer concesiones, se puede ensayar esto, aquello y lo otro; la causa de los obreros y campesinos, la causa de la victoria sobre el capitalismo no sucumbirá por ello.
Pero si no sabemos conservar la unión más estrecha entre nosotros, la unión contra Denikin, la unión contra los capitalistas y los kulaks de nuestros países y de todos los demás, es seguro que la causa de los trabajadores sucumbirá en ese caso por largos años, en el sentido de que los capitalistas podrán aplastar y estrangular tanto a la Ucrania Soviética como a la Rusia Soviética.
La burguesía de todos los países, todos los partidos pequeñoburgueses, todos los partidos ``conciliadores'', que admiten la alianza con la burguesía en contra de los obreros, se han esforzado más que nada en dividir a los obreros de las diferentes nacionalidades, en despertar entre ellos la desconfianza y romper la estrecha unión internacional y la fraternidad internacional de los obreros. Si la burguesía lo consigue, la causa de los obreros está perdida. Que los comunistas de Rusia y Ucrania, con un trabajo conjunto, paciente, perseverante y tenaz, desbaraten las intrigas nacionalistas de toda burguesía, los prejuicios nacionalistas de todo género, y den a los trabajadores del mundo entero un ejemplo de alianza verdaderamente sólida de los obreros y campesinos de diferentes naciones en la lucha por el Poder soviético, por la destrucción del yugo de los terratenientes y capitalistas, por la República Federativa Soviética universal.
N. Lenin
28 de diciembre de 1919.
Publicada el 4 de enero de 1920 en el núm. 3 de ``Pravda'' y en el núm. 3 de "Investía del CEC de toda Rusia".
T. 40, págs. 41--47.
[325] __ALPHA_LVL1__ RESPUESTAS A LAS PREGUNTAS1. "¿Nos proponemos atacar a Polonia y Rumania?"
No. Hemos proclamado nuestras intenciones pacíficas del modo más solemne y por vía oficial en nombre del Consejo de Comisarios del Pueblo y en nombre del CEC de toda Rusia. Lamentablemente, el Gobierno capitalista francés incita a Polonia (probablemente, a Rumania también) a atacarnos. Esto lo dicen incluso diversas emisiones de radio norteamericanas desde Lyon.
2. "¿Nuestros planes en Asia?"
Los mismos que en Europa: convivencia pacífica con los pueblos, con los obreros y campesinos de todas las naciones, que despiertan a una nueva vida, a una vida sin explotación, sin terratenientes, sin capitalistas, sin comerciantes. La guerra imperialista de 1914--1918, guerra de los capitalistas del grupo anglo-francés (y ruso) contra los capitalistas del grupo germano-austríaco por el reparto del mundo, ha despertado a Asia y ha acentuado allí, igual que en todas partes, el anhelo de libertad y de trabajo pacífico, la decisión de no consentir las guerras en lo sucesivo.
3. "¿Bases de la paz con Norteamérica?"
Que los capitalistas norteamericanos no nos toquen. Nosotros no les tocaremos. Estamos dispuestos inclusive a pagarles con oro las máquinas, herramientas, etc., útiles para el transporte y para la producción. Y no sólo con oro, sino también con materias primas.
4. "¿Obstáculos que se oponen a esta paz?"
Por nuestra parte, ninguno. El obstáculo es el imperialismo por parte de los capitalistas norteamericanos (como de todos los demás capitalistas).
5. "¿Nuestro criterio sobre la deportación de revolucionarios rusos de Norteamérica?"
Les hemos dado entrada en nuestro país. Nosotros no tememos a los revolucionarios. En general, no tememos a nadie, y si Norteamérica teme aún la presencia de unos cientos o millares de ciudadanos 326 suyos, estamos dispuestos a entablar conversaciones para permitir la entrada en nuestro país a todos los ciudadanos temibles para Norteamérica (exceptuados, claro está, los delincuentes comunes).
6. "¿Posibilidad de una alianza económica entre Rusia y Alemania?"
Lamentablemente, las posibilidades no son muchas, pues los Scheidemann son malos aliados. Somos partidarios del acuerdo con todos los países, sin exceptuar a ninguno.
7. "¿Nuestro criterio sobre la demanda de los aliados de entregar a los culpables de la guerra?"
Si hablamos con seriedad acerca de esto, los culpables de la guerra son los capitalistas de todos los países. Entréguennos a todos los terratenientes (que posean más de 100 hectáreas de tierra) y capitalistas (que posean un capital de más de 100.000 francos), los educaremos para que puedan realizar un trabajo útil, les haremos olvidar su oprobioso, vil y sangriento papel de explotadores y de culpables de las guerras por el reparto de las colonias. Entonces las guerras serían muy pronto absolutamente imposibles.
8. "¿Influencia de la paz con nosotros sobre la situación económica de Europa?"
¿Puede ser desfavorable para Europa el envío de máquinas a cambio de trigo, de lino y de otras materias primas? Es evidente que no puede por menos de ser beneficioso.
9. "¿Nuestro criterio sobre el futuro desarrollo de los Soviets como fuerza mundial?"
El futuro pertenece al régimen soviético en todo el mundo. Esto lo han demostrado los hechos: basta tener en cuenta, por trimestres, supongamos, el aumento del número de folletos, libros, octavillas y periódicos editados en cualquier país en favor de los Soviets y expresando sus simpatías por los Soviets. No puede ser de otro modo: una vez que los obreros de la ciudad, los obreros, braceros y jornaleros del campo y después los pequeños campesinos, es decir, los que no recurren a la explotación de obreros asalariados, una vez que esta enorme mayoría de trabajadores ha comprendido que los Soviets ponen en sus manos todo el poder liberándoles del yugo de los terratenientes y capitalistas, ¿cómo es posible impedir la victoria del régimen soviético en el mundo entero? Yo, por lo menos, no conozco el medio para evitarlo.
10. "¿Debe temer todavía Rusia la injerencia contrarrevolucionaria del exterior?"
327Lamentablemente, debe temerla, pues los capitalistas son torpes y codiciosos. Han hecho intentos de injerencia tan torpes y codiciosos, que es de temer que los repitan mientras los obreros y campesinos decada país no reeduquen a sus capitalistas.
11. "¿Está dispuesta Rusia a entablar relaciones comerciales con Norteamérica?"
Naturalmente, está dispuesta a entablar tales relaciones con Norteamérica, como con todos los países. La paz con Estonia, en favor de la cual hemos cedido en muchas cosas, ha demostrado que, en aras de ese objetivo, estamos dispuestos incluso a otorgar empresas en régimen de concesión y en determinadas condiciones.
V. Uliánov (N. Lenin) 18.11.1920.
Publicado en inglés el 21 de febrero de 1920 en el núm. 12.671 de "New York Evening Journal".
Publicado en ruso por vez primera el 22 de abril de 1950 en el núm. 112 de ``Pravda''.
T. 40, págs. 145--147.
[328] __ALPHA_LVL1__ IX CONGRESO DEL PC(b) DE RUSIA^^12^^Camaradas: Antes de empezar mi informe debo advertir que, lo mismo que en el congreso anterior, está dividido en dos partes: una dedicada a las cuestiones políticas y otra a las de organización. Esta división hace pensar ante todo en cómo se ha desplegado el trabajo del CC desde el punto de vista exterior, de organización. Nuestro partido acaba de vivir el primer año sin Y. M. Sverdlov, y esta pérdida no podía por menos de repercutir en toda la organización del CC. Nadie como el camarada Sverdlov sabía coordinar el trabajo político con el de organización, y nosotros hemos tenido que hacer el intento de remplazar su trabajo personal por el de un organismo colegiado.
La labor del CC durante el año de que rendimos cuenta ha sido realizada en lo referente a la acción diaria, corriente, por dos organismos elegidos en el Pleno del CC: el Buró de Organización del CC y el Buró Político del CC. Debo advertir que para la coordinación y continuidad de los acuerdos de ambos organismos, el secretario formaba parte de los dos burós. La tarea principal del Buró de Organización consistía esencialmente en distribuir las fuerzas del partido; y la del Buró Político, en examinar los asuntos políticos. De por sí se comprende que esta división es, hasta cierto punto, artificial, que no es posible llevar a cabo ninguna política sin expresarla en nombramientos y traslados. Por consiguiente, toda cuestión de organización adquiere una significación política, y en la práctica se ha establecido entre nosotros la norma de que basta la demanda de un miembro del CC para que cualquier cuestión sea examinada, por unas u otras consideraciones, como una cuestión política. No parecía conveniente intentar delimitar las actividades del CC de algún otro modo; además era dudoso que se consiguiese en la práctica el objetivo.
329El método señalado de gestión ha dado resultados extraordinariamente favorables: no se registra ningún caso en que haya habido algún rozamiento entre uno y otro buró. En general, el trabajo de ambos organismos ha transcurrido en buena armonía y la aplicación práctica de sus acuerdos ha sido facilitada por la presencia del secretario del partido, que ejecutaba entera y exclusivamente la voluntad del CC. Es preciso subrayar desde el comienzo, para descartar toda interpretación equívoca, que el secretario del CC del partido llevaba a la práctica exclusivamente los acuerdos colectivos del CC, adoptados por el Buró de Organización, por el Buró Político, o bien por el Pleno del CC. De otra forma, el trabajo del CC no puede desenvolverse acertadamente.
Después de estas breves advertencias sobre la división interior del trabajo del CC, paso a mi tarea, al informe del CC. Rendir cuenta del trabajo político del CC es una empresa muy difícil, si se la entiende en el sentido literal de la palabra. Una gran parte del trabajo del Buró Político durante el año se redujo a la solución corriente de todas las cuestiones relacionadas con la política, de todas las cuestiones que abarcan las actividades de todos los organismos de los Soviets y del partido, de todas las organizaciones de la clase obrera, de todas las cuestiones que coordinan y tratan cíe orientar toda la labor de la República Soviética. El Buró Político se ocupaba de resolver todos los problemas concernientes a la política exterior e interior. Naturalmente es imposible pretender enumerar aproximadamente estas cuestiones. En el material impreso por el CC para el congreso encontraréis los datos precisos para un resumen. Intentar repetir este resumen en el informe está por encima de mis fuerzas y me parece que carecería de interés para los delegados. Trabajando en esta o en la otra organización de los Soviets o del partido, cada uno de nosotros sigue diariamente la sucesión sorprendente de las cuestiones políticas exteriores e interiores. La solución misma de estos problemas, tal como quedó expresada en los decretos del Poder soviético, en las actividades de las organizaciones del partido, en cada viraje, ha reflejado la postura del CC. Es preciso señalar que eran tan numerosas las cuestiones que, muy a menudo, hubieron de ser resueltas con extraordinaria premura, y únicamente debido a que los miembros de la colectividad se conocían bien entre sí, a que conocían los matices de las opiniones, a que había confianza mutua, pudo realizarse la labor. De lo contrario, hubiera excedido las fuerzas incluso de una colectividad tres veces más numerosa. Con frecuencia se tuvo que resolver cuestiones complicadas sustituyendo las reuniones con conferencias telefónicas. Lo hacíamos con la seguridad de que no serían eludidas ciertas cuestiones manifiestamente complicadas y discutibles. Ahora, cuando tengo que presentar el 330 informe general, me permitiré, en vez de pasar revista cronológica a las materias, clasificándolas por asuntos, examinar los hechos principales, los más esenciales, los que ligan la experiencia de ayer, o, más exactamente, la experiencia del año transcurrido con las tareas a realizar.
No ha llegado todavía el momento de escribir la historia del Poder de los Soviets. Y aun en el caso de que hubiese llegado, nosotros---lo digo por mí y, creo, también por el CC---no nos proponemos ser los historiadores; lo que nos interesa es el presente y el futuro. Tomamos el año de que damos cuenta como material, como enseñanza, como escalón para dar el paso siguiente. Desde este punto de vista, la labor del CC se divide en dos grandes ramas: la relacionada con tareas militares que determinan la situación internacional de la república, y la de orden interior, de la construcción económica pacífica, que ha empezado a pasar a primer plano quizás sólo desde fines del año pasado o principios del año corriente, al quedar completamente claro que hemos obtenido un triunfo decisivo en los frentes decisivos de la guerra civil. En la primavera del año pasado nuestra situación militar era extremadamente difícil, hubimos de sufrir, como recordaréis, no pocas derrotas, nuevas ofensivas formidables de los representantes de la contrarrevolución y de la Entente, ofensivas que antes no esperábamos y que no podíamos prever. Es, pues, completamente natural que la mayor parte de ese período haya transcurrido estando nosotros consagrados a las tareas de orden militar, de la guerra civil, tareas que parecían irrealizables a los pusilánimes, y no hablemos ya del partido de los mencheviques, de los eseristas y de otros representantes de la democracia pequeñoburguesa, de la masa de elementos intermedios, tareas que hacían a estos elementos afirmar sinceramente que eran insuperables, que Rusia era un país atrasado y debilitado y que no podría vencer al régimen capitalista de todo el mundo, dado que la revolución tardaba en producirse en el Occidente. Razón por la cual, permaneciendo en nuestras posiciones, expresándonos con toda firmeza y manteniendo la absoluta seguridad en ello, tuvimos que decir que venceríamos, tuvimos que aplicar las consignas: "¡Todo para la victoria!" y "¡Todo para la guerra!"
En nombre de estas consignas tuvimos que sacrificar, de un modo completamente consciente y franco, la satisfacción de toda una serie de necesidades vitales, dejando muy a menudo sin ayuda a muchísima gente, pues estábamos seguros de que debíamos concentrar todas las fuerzas en la guerra y vencer en esta guerra que nos había sido impuesta por la Entente. Y únicamente gracias a que el partido permanecía alerta, a que el partido mantenía la más rigurosa disciplina, gracias a que la autoridad del parlido unía a todas las 331 instituciones y organismos y a que decenas, centenares, millares y, en suma, millones seguían como un solo hombre la consigna lanzada por el CC, únicamente debido a que se han hecho sacrificios inauditos, ha podido suceder el milagro que se ha producido. Únicamente por eso hemos podido vencer las reiteradas campañas de los imperialistas de la Entente y de los imperialistas del mundo entero. Y, huelga decirlo, no sólo hacemos resaltar este aspecto de la cuestión, sino que debemos tener presente que este aspecto es una lección que nos enseña que sin disciplina y sin centralización nunca habríamos podido cumplir esta tarea. Los infinitos sacrificios que hemos hecho para salvar de la contrarrevolución al país, para que la revolución rusa triunfase sobre Denikin, Yudénich y Kolchak, es una garantía de la revolución social mundial. Para eso eran precisas la disciplina en el partido, la centralización más rigurosa, la seguridad absoluta de que los durísimos sacrificios de decenas y centenares de miles de hombres contribuirían a la realización de todas esas tareas, de que eso, efectivamente, podía hacerse y sería hecho con toda seguridad. Mas para ello era necesario que nuestro partido y la clase que ejerce la dictadura, la clase obrera, fuesen elementos que aglutinasen a millones y millones de trabajadores, tanto en Rusia como en todo el mundo.
Si meditamos en la causa más profunda que, en fin de cuentas, hizo posible que se produjese este milagro histórico---el triunfo de un país débil, extenuado, atrasado, sobre los países más poderosos del mundo---, veremos que esa causa reside en la centralización, en la disciplina y en la abnegación sin precedentes. ¿Sobre qué base? Millones de trabajadores han podido llegar, en el país menos instruido, a la organización, a la realización cíe esta disciplina y de esta centralización sólo merced al hecho de que los obreros, que cursaron la escuela del capitalismo, habían sido unidos por el capitalismo, de que el proletariado de todos los países avanzados se unía en tanta mayor proporción cuanto más avanzado era el país; y, por otra parte, debido a que la propiedad, la propiedad capitalista, la pequeña propiedad en la producción mercantil, divide. La propiedad divide, y nosotros vamos uniendo v uniendo a un número cada vez mayor de millones de trabajadores en todo el mundo. Puede decirse que ahora lo ven hasta los ciegos, cuando menos aquellos que no lo querían ver. Cuanto más tiempo pasaba, tanto más se dividían nuestros enemigos. Los dividía la propiedad capitalista, la propiedad privada bajo el régimen de la producción mercantil, ya fueran pequeños agricultores que especulan con la venta de los sobrantes del trigo y se lucran a expensas de los obreros hambrientos, ya lucran capitalistas de diversos países, aunque tuvieran potencia militar, aunque crearan la "Sociedad de = Naciones"~^^121^^, la "gran liga 332 única" de todas las naciones avanzadas del mundo. Semejante unidad es pura ficción, un engaño total, una mentira continua. Y nosotros hemos visto---¡grandioso ejemplo!---que esta famosa "Sociedad de Naciones" que intentaba distribuir los mandatos para administrar los Estados y repartir el mundo, que esta famosa liga resultó ser una pompa de jabón que se deshizo en seguida, debido a que la basaban sobre la propiedad capitalista. Lo hemos visto en la mayor escala histórica; esto confirma la verdad esencial, en cuyo reconocimiento basamos nuestra razón, nuestra absoluta seguridad en el triunfo de la Revolución de Octubre, nuestra seguridad de que estamos acometiendo una tarea a la cual, a pesar de su dificultad, a pesar de todos los obstáculos, se irán incorporando millones y millones de trabajadores de todos los países. Sabíamos que tenemos aliados y que es preciso dar ejemplo de abnegación en un país al que la historia ha encomendado una honrosa misión, una misión dificilísima, para que los inauditos sacrificios sean recompensados mil veces, porque cada nuevo mes que vivamos en nuestro país nos dará millones y millones de aliados en todos los países.
Si, en resumidas cuentas, pensamos en la causa de nuestro triunfo, en la causa de que pudiéramos y debiéramos triunfar, veremos que ello se debe únicamente a que todos nuestros enemigos, formalmente ligados por vínculos de toda clase con los gobiernos y con los representantes del capital más poderosos del mundo---por más fuerte que fuese esta ligazón formal---, resultaron estar divididos; su trabazón interna, en el fondo, los dividía, los arrojaba a los unos contra los otros, y la propiedad capitalista los disgregaba, haciendo que de aliados se convirtieran en fieras salvajes, haciendo posible que no vieran cómo la Rusia Soviética aumentaba el número de sus partidarios entre los soldados ingleses desembarcados en Arjánguelsk, entre los marinos franceses desembarcados en Sebastopol, entre los obreros de todos los países donde los socialconciliadores tomaron el partido del capital, en todos los países avanzados sin excepción. Y esta causa fundamental, la más profunda, es la que, en última instancia, nos ha dado el triunfo más seguro; fue y continúa siendo la fuente principal, invencible, inagotable, que nos brinda fuerzas y nos permite decir que cuando realicemos en nuestro país plenamente la dictadura del proletariado, la unión más amplia de las fuerzas del mismo, a través de su vanguardia, a través de su partido avanzado, podremos esperar la revolución mundial. Y, en efecto, esto es la expresión de la voluntad, la expresión de la decisión proletaria de ir a la lucha, la expresión de la decisión proletaria de unir a millones y millones de obreros en todos los países.
Los señores burgueses y los seudosocialistas de la II Internacional dicen que esto es fraseología con fines de agitación. No, eslo es 333 una realidad histórica confirmada por la sangrienta y dura experiencia de la guerra civil en Rusia, porque esta guerra civil ha sido una guerra contra el capital mundial, y este capital se disgregaba por sí mismo en la contienda, devorándose a sí mismo, mientras que nosotros salimos más curtidos, más fuertes en un país en que el proletariado moría de hambre y de tifus exantemático. En este país hemos ganado nuevos y nuevos contingentes de trabajadores. Lo que anteriormente les parecía a los conciliadores fraseología de agitación, lo que la burguesía acostumbraba a poner en ridículo, ha sido transformado definitivamente por este año de nuestra revolución, del que rendimos cuenta, en un hecho histórico innegable, el cual permite decir con la seguridad más positiva: lo que hemos hecho confirma que nosotros tenemos una base mundial infinitamente más amplia que cualquiera de las revoluciones precedentes. Tenemos una alianza internacional no registrada en parte alguna, ni refrendada oficialmente, que desde el punto de vista del "derecho público" no representa nada, pero en realidad, en el mundo capitalista en disgregación, lo representa todo. Cada mes, durante el cual conquistábamos posiciones o simplemente nos manteníamos frente a un enemigo muy poderoso, iba demostrando al mundo entero que nos asiste la razón y nos iba proporcionando nuevos contingentes de millones de hombres.
Este proceso parecía difícil y venía acompañado de gigantescas derrotas. Al inaudito terror blanco en Finlandia siguió, precisamente durante el año de que rendimos cuenta, la derrota de la revolución húngara, que los representantes de la Entente han estrangulado engañando a sus parlamentos, de acuerdo con un tratado secreto con Rumania.
Ha sido ésta la traición más vil, una conjuración de la Entente internacional para estrangular por medio del terror blanco la revolución húngara, sin hablar ya de que se entendieron en todas las formas posibles con los conciliadores alemanes para ahogar la revolución alemana, y cíe que esta gente, que había declarado a Liebknecht un alemán honrado, se arrojara como perros rabiosos, junto con los imperialistas alemanes, sobre aquel alemán honrado. Han sobrepasado todo lo imaginable, y todos sus excesos en las represiones no han hecho más que fortalecernos, reforzarnos, socavando el terreno bajo sus propios pies.
Creo que lo que más debemos tener en cuenta es esta experiencia fundamental nuestra. Ante todo debemos pensar en basar nuestra propaganda y agitación en el análisis, en la explicación del porqué de nuestra victoria, de por qué nuestros sacrificios en la guerra civil han sido recompensados al céntuplo; 334 pensar en cómo se debe proceder para triunfar, sobre la base de esta experiencia, en la otra guerra, en la guerra en el frente sin sangre, en la guerra que sólo ha cambiado de forma, pero que nos hacen con mayor ahínco, furia y empeño los mismos viejos representantes, criados y dirigentes del viejo mundo capitalista. Nuestra revolución ha confirmado, más que ninguna otra, la ley de que la fuerza de la revolución, el vigor de su empuje, su energía, su decisión y su triunfo redoblan a la vez la fuerza de resistencia de la burguesía. Cuanto más victorias obtenemos, tanto más aprenden los explotadores capitalistas a unirse y tanto más enérgicos se hacen sus ataques. Pues todos vosotros recordaréis muy bien---son acontecimientos recientes, desde el punto de vista del correr del tiempo, aunque lejanos desde el punto de vista de los sucesos corrientes---, recordaréis, digo, que el bolchevismo era considerado, al iniciarse la Revolución de Octubre, como una curiosidad; y si en Rusia se hubo de renunciar muy pronto a este criterio, expresión de la falta de desarrollo, de la debilidad de la revolución proletaria, igualmente en Europa han renunciado a ese punto de vista. El bolchevismo ha venido a ser un fenómeno mundial, la revolución obrera ha levantado la cabeza. El sistema soviético, que creamos en octubre siguiendo los legados del año 1905, elaborando nuestra propia experiencia, ha resultado ser un hecho histórico y universal.
Podemos decir sin incurrir en la menor exageración que actualmente se enfrentan, en escala universal, dos campos con pleno conocimiento de causa. Es preciso señalar que sólo durante el año transcurrido se han puesto frente a frente en la lucha decisiva y definitiva y que, precisamente en estos días en que se celebra el congreso, vivimos quizás uno de los momentos más importantes, cruciales, aún sin coronar, de transición del estado de guerra al de paz.
Todos sabéis cómo han tenido que proceder los jefes de las potencias imperialistas de la Entente, los cuales gritaban a todos los vientos: "¡Nunca cesaremos la guerra contra los usurpadores, los bandidos, los detentadores del poder, los enemigos de la democracia, los bolcheviques!" Sabéis cómo, en un principio, levantaron el bloqueo, cómo les fracasó el intento de unir a las pequeñas potencias, debido a que nosotros supimos ganarnos no sólo a los obreros de todos los países, sino que logramos también atraer a la burguesía de los pequeños países, porque los imperialistas son opresores no sólo de los obreros de sus países, sino también de la burguesía de los pequeños Estados. Sabéis cómo supimos atraer a nuestro lado a la burguesía vacilante de los países avanzados, y ahora llega el momento en que la Entente infringe 335 sus promesas anteriores, sus postulados, viola sus tratados, que, digámoslo de paso, ha firmado decenas de veces con distintos guardias blancos rusos, y, actualmente, se ha quedado con un palmo de narices, ya que ha malgastado centenares de millones en esos tratados sin poder llevarlos a buen término.
Ahora, una vez levantado el bloqueo, de hecho la Entente ha iniciado negociaciones de paz con la República Soviética, sin llevarlas tampoco hasta el final, por cuya razón las pequeñas potencias han perdido la fe en ella, han perdido la fe en su fuerza. Vemos que la situación de la Entente, su situación exterior, no puede ser definida en absoluto desde el punto de vista de las nociones habituales de la jurisprudencia. Los Estados de la Entente no se encuentran en guerra ni mantienen la paz con los bolcheviques; nos reconocen y no nos reconocen. Y este desmoronamiento completo de nuestros enemigos, los cuales estaban seguros de representar algo, demuestra que no representan nada salvo un puñado de fieras capitalistas que riñen entre sí y son completamente impotentes para emprender algo contra nosotros.
La situación es ahora tal que Letonia nos ha hecho proposiciones oficiales de paz y Finlandia nos ha telegrafiado hablando oficialmente de una línea de demarcación; pero, en el fondo, esto significa el paso a una política de paz. Por último, Polonia, esa Polonia cuyos representantes blandían y continúan blandiendo con particular empecinamiento las armas, esa Polonia que ha recibido y sigue recibiendo más que nadie trenes con artillería y promesas de toda clase de ayuda con tal de que continúe la lucha contra Rusia, incluso esa Polonia, cuyo gobierno atraviesa una situación inestable, lo que la obliga a lanzarse a cualquier aventura bélica, incluso esa Polonia nos invita a entablar negociaciones de paz. Hay que ser sumamente cautos. Nuestra política exige ante todo una actitud atenta. Lo más difícil es encontrar una línea acertada, porque nadie sabe aún sobre qué vía está el tren y ni siquiera el enemigo sabe qué emprenderá en lo sucesivo. Los señores representantes de la política francesa, los que más azuzan a Polonia, así como los dirigentes de la Polonia de los burgueses y terratenientes, ignoran lo que seguirá más adelante, ignoran qué es lo que quieren. Hoy dicen: "Señores, dadnos algunos trenes con cañones, algunos centenares de millones y estamos dispuestos a hacer la guerra a los bolcheviques.'' Silencian las noticias sobre las huelgas que se extienden en Polonia, presionan a la censura para ocultar la verdad. Entretanto, el movimiento revolucionario toma allí cada vez mayor incremento. El avance de la revolución en Alemania, en su nueva fase, en su nueva etapa, cuando los obreros, después de la korniloviada 336 alemana, forman ejércitos rojos, atestigua claramente (según los últimos telegramas recibidos de allí) que los obreros van cobrando mayor empuje. En la conciencia de los representantes mismos de la Polonia de la burguesía y de los terratenientes empieza a abrirse paso la idea siguiente: "¿Y no será tarde, no surgirá la República Soviética en Polonia antes de la redacción del acta gubernamental de paz o de guerra?" No saben qué hacer. No saben lo que les deparará el día de mañana.
Nosotros sabemos que cada mes acrecienta en gigantescas proporciones nuestras fuerzas y que seguirá aumentándolas en mayor proporción aún. Por eso estamos ahora en el sentido internacional mucho más firmes que nunca. Sin embargo, debemos prestar una atención extraordinaria a la crisis internacional y hallarnos dispuestos a hacer frente a cualquier sorpresa. Polonia nos ha hecho una proposición formal de paz. Estos señores se encuentran en una situación desesperada, hasta tal punto desesperada que sus amigos, los monárquicos alemanes, gente mejor educada, con más experiencia política y conocimientos, se han arriesgado a una aventura, a una korniloviada. La burguesía polaca lanza una proposición de paz, sabiendo bien que una aventura puede resultarle una korniloviada polaca. Conocedores de que nuestro enemigo se encuentra en una situación desesperadamente difícil---un enemigo que ignora lo que quiere hacer, lo que hará el día de mañana---, nosotros debemos decirnos con toda firmeza que es posible la guerra, a pesar de la proposición de paz hecha. No se puede prever el comportamiento futuro de nuestros enemigos. Hemos visto a estas gentes, conocemos a estos Kerenski, a estos mencheviques, a estos socialrevolucionarios. Durante estos dos años hemos visto sus bandazos, hoy hacia Kolchak, mañana casi hacia los bolcheviques, luego hacia Denikin; y todo esto se encubría con frases sobre la libertad y la democracia. Conocemos a estos señores, y por eso nos agarramos con ambas manos a la proposición de paz, admitiendo las mayores concesiones, seguros de que de la paz con las pequeñas potencias ha de resultar un avance infinitamente más beneficioso que de la guerra, porque los imperialistas se servían de la guerra para engañar a las masas trabajadoras, para ocultar la verdad sobre la Rusia de los Soviets. Por eso, toda paz multiplicará y ampliará cien veces nuestra influencia. En estos últimos años nuestra influencia es ya, de por sí, grande. La III Internacional, la Internacional Comunista, ha conseguido triunfos sin precedentes. Pero al mismo tiempo sabemos que nos pueden imponer la guerra el día menos pensado. Nuestros enemigos mismos aún ignoran de qué son capaces en este sentido.
337No cabe la menor duda de que se están haciendo preparativos bélicos. Muchos países vecinos de Rusia, y quizá muchos de los Estados no vecinos, se están armando. Por esto se impone recurrir ante todo a la maniobra en nuestra política internacional, atenerse con mayor firmeza al curso tomado y estar preparados para todo. Hemos hecho la guerra por la paz con extraordinaria energía. Esta guerra brinda magníficos resultados. Nos hemos mostrado en este terreno de la lucha en el mejor aspecto, en todo caso no peor que en el dominio de la actuación del Ejército Rojo, en el campo de batalla. Pero aunque los pequeños Estados quisieran sellar la paz, no depende de su voluntad el firmarla con nosotros. Están empeñados hasta los ojos con los países de la Entente, los cuales riñen y rivalizan desesperadamente entre sí. Necesitamos, por tanto, recordar que, desde el punto de vista de la escala histórico-universal, resultante de la guerra civil y la guerra contra la Entente, la paz, naturalmente, es posible.
Mas debemos acompañar nuestros pasos hacia la paz intensificando todos nuestros preparativos militares y sin desarmar en manera alguna a nuestro ejército. Este constituye la garantía real de que las potencias imperialistas no harán ni el menor intento, ni el menor atentado contra nuestro país, porque aun en el caso de que al principio pudieran contar con algunos éxitos efímeros, ninguna podría evitar ser derrotada por la Rusia Soviética. Debemos saberlo, esto debe ser la base de nuestra agitación y propaganda, y para ello debemos saber prepararnos y cumplir la tarea que, dada la creciente fatiga, obliga a unir lo uno con lo otro.
Paso a las consideraciones esenciales de principio que nos han obligado a orientar resueltamente a las masas trabajadoras a utilizar el ejército para solucionar los problemas fundamentales del momento. La vieja fuente de disciplina, el capital, está debilitada, la vieja fuente de cohesión ha desaparecido. Debemos crear una disciplina distinta, otra fuente de disciplina y de cohesión. Lo que tiene carácter coactivo, provoca indignación, gritos, alboroto, lamentos de la democracia burguesa que esgrime las palabras ``libertad'' e ``igualdad'', sin comprender que la libertad concedida al capital es un crimen contra los obreros, que la igualdad del ahito y el hambriento es un crimen contra los trabajadores. En nombre de la lucha contra esta mentira nosotros adoptamos el punto de vista de realizar el trabajo general obligatorio y la unificación de los trabajadores, sin temer en absoluto recurrir a la coacción, porque en ninguna parte se ha producido la revolución sin utilizar la violencia, y el proletariado tiene el derecho a ejercer actos coactivos para mantener a todo precio lo que es suyo. Cuando los señores burgueses, los señores conciliadores, los 338 señores ``independientes'' de Alemania y Austria y los longuetistas franceses~^^122^^ discutían sobre el factor histórico, siempre dejaban en olvido un factor como la decisión, la firmeza y la inflexibilidad revolucionarias del proletariado. Y eso es precisamente la inflexibilidad y la firmeza del proletariado de nuestro país, que se dijo a sí mismo y dijo a otros y demostró en la práctica que antes pereceremos todos, hasta el último hombre, antes que entregar nuestro territorio, antes que deponer nuestro principio, el principio de la disciplina y la política firme, para la cual debemos sacrificarlo todo. En el momento del desmoronamiento de los países capitalistas, de la disgregación de la clase capitalista, en el momento de su desesperación y de su crisis, lo único que decide es este factor político. Las frases sobre la minoría y la mayoría, sobre la democracia y la libertad no resuelven nada por mucho que las invoquen los personajes del período histórico pasado. En este caso lo que resuelve es la conciencia y la firmeza de la clase obrera. Si está dispuesta a hacer sacrificios, si ha demostrado que sabe poner en tensión todas sus fuerzas, el problema está resuelto. Todo para resolver este problema. La decisión de la clase obrera, su espíritu inquebrantable dispuesto a realizar la consigna: "¡Más vale perecer que rendirse!" no sólo es un factor histórico, sino incluso un factor decisivo, un factor que da la victoria.
De esta victoria, de esta seguridad pasamos, y hemos llegado, a las tareas de la construcción económica pacífica, el cumplimiento de las cuales constituye la función principal de nuestro congreso. En este sentido no cabe hablar, creo, de informe del Buró Político del Comité Central, o, más exactamente, de informe político del CC, sino que hay que decir abiertamente y sin rodeos: Sí, camaradas, es una cuestión que vosotros resolveréis, eme debéis sopesar con la autoridad de la instancia superior del partido. Hemos esbozado con claridad esta cuestión ante vosotros. Hemos ocupado una posición determinada. Os incumbe el deber de aprobar definitivamente, corregir o modificar nuestra decisión. Pero el CC debe decir en su informe que en esta cuestión fundamental, candente, ha ocupado una posición completamente definida. Sí, ahora se trata de que se aplique a las tareas pacíficas de la construcción económica, a las tareas de restaurar la producción destruida, todo aquello que el proletariado puede concentrar, su unidad absoluta. Lo que aquí se requiere es una disciplina de hierro, un régimen férreo, sin el cual no nos hubiéramos sostenido no ya más de dos años, sino ni siquiera dos meses. Hay que saber aprovechar nuestro triunfo. Por otra parte, es preciso comprender que este paso reclama muchos sacrificios, además de los que el país ya ha hecho.
339El CC veía claramente el aspecto de principio de la cuestión. Todos nuestros actos estaban supeditados a esta política, estaban orientados en este sentido. Así, por ejemplo, una cuestión que puede parecer de detalle, cuestión que, en sí misma, desligada del conjunto, no podría, naturalmente, pretender asumir una importancia capital de principio---la cuestión de la dirección colectiva y de la dirección unipersonal, eme tendréis que resolver---, debe ser planteada a toda costa desde el ángulo de visión de las adquisiciones fundamentales de nuestro conocimiento, de nuestra experiencia, de nuestra práctica revolucionaria. Se nos dice, por ejemplo: "La dirección colectiva es una de las formas de participación de las amplias masas en la administración.'' Pero nosotros hemos hablado en el CC acerca de esta cuestión, hemos tomado acuerdos y tenemos que rendiros cuenta: camaradas, no se puede transigir con una confusión teórica de este género. Si admitiéramos en la cuestión fundamental de nuestra actividad militar, de nuestra guerra civil, una décima parte de semejante confusión teórica, estaríamos derrotados, y con justa razón.
Permitidme, camaradas, recurrir un poco a la teoría, con motivo del informe del CC y para abordar el asunto de la participación de la nueva clase en las tareas administrativas sobre la base de la dirección colectiva o unipersonal, y señalar cómo dirige una clase y en qué se expresa la dominación de una clase. Pues nosotros no somos principiantes en este terreno y nuestra revolución se diferencia de las precedentes porque la nuestra está desprovista de utopismo. Si una nueva clase viene a remplazar a la vieja, sólo podrá sostenerse a costa de una lucha furiosa contra las demás clases y sólo triunfará definitivamente si sabe llegar hasta la supresión de las clases en general. El proceso de la lucha de clases, proceso gigantesco y complejo, plantea las cosas así; de lo contrario, os atascaréis en el pantano de la confusión. ¿En qué se expresó la dominación de clase? ¿En qué se expresó la dominación de la burguesía sobre los señores feudales? Las constituciones hablaban de libertad, de igualdad. Mentira. Mientras haya trabajadores, los propietarios son capaces e incluso se ven obligados, como propietarios, a especular. Decimos que no existe la igualdad, el ahito no es igual al hambriento, el especulador no es igual al trabajador.
¿En qué se expresa ahora la dominación de clase? La dominación del proletariado se expresa en que se ha expropiado a los terratenientes y a los capitalistas. El espíritu, el contenido básico de todas las Constituciones anteriores, incluyendo las más republicanas y democráticas, estribaba únicamente en la propiedad. Nuestra Constitución tiene y ha conquistado su razón de ser 340 en el plano histórico precisamente porque no sólo ha abolido la propiedad sobre el papel. El proletariado victorioso ha abolido y destruido la propiedad hasta el final; en esto reside su dominación de clase. Ante todo, en la cuestión de la propiedad. Cuando resolvimos prácticamente la cuestión de la propiedad, aseguramos con ello la dominación de clase. Cuando después la Constitución ha registrado sobre el papel lo que la vicia había resuelto---la abolición de la propiedad capitalista, la de los terratenientes---y ha añadido: la clase obrera, de acuerdo con la Constitución, goza de mayores derechos que los campesinos, y los explotadores quedan completamente privados de derechos, ha quedado consignado que hemos realizado la dominación de nuestra clase, con lo cual ligamos a nosotros a los trabajadores de todos los sectores y de todos los pequeños grupos.
Los propietarios pequeñoburgueses están diseminados; los que poseen más son enemigos de los que poseen menos, y los proletarios, al abolir la propiedad, les declaran una guerra abierta. Hay aún mucha gente inconsciente, ignorante, que sostiene enteramente la libertad de comercio sin límite, pero que, al ver la disciplina, la abnegación para lograr la victoria sobre los explotadores, no puede hacer la guerra, no está con nosotros, pero es impotente para intervenir contra nosotros. Solamente la dominación de clase es lo que define la relación de la propiedad, así como la cuestión cíe qué clase está encumbrada. El que liga la cuestión de en qué se expresa la dominación de una clase con la cuestión del centralismo democrático, como lo advertimos con frecuencia, introduce una confusión tal que ningún trabajo eficaz es posible sobre esta base. La condición fundamental es claridad en la propaganda y agitación. Si nuestros enemigos han dicho y reconocido que hemos hecho milagros en el desarrollo de la agitación y propaganda, hay que comprenderlo no en su aspecto exterior, es decir, que hemos tenido numerosos agitadores y que gastamos mucho papel, sino que hay que comprenderlo en el sentido interior, o sea, que aquella verdad contenida en esta agitación ha penetrado en la cabeza de todo el mundo. Y no se puede esquivar esta verdad.
Al sucederse mutuamente, las clases cambiaron su actitud frente a la propiedad. La burguesía, al remplazar al feudalismo, modificó su actitud trente a la propiedad. La Constitución burguesa dice: "El eme posee propiedad es igual al indigente.'' Era ésta la libertad de la burguesía. Esta ``igualdad'' aseguraba en el Estado la dominación de la clase capitalista. Pues bien, ¿creéis que cuando la burguesía sucedió al feudalismo confundió el Estado con la administración? No, los burgueses no eran tan tontos; ellos 341 decían: para administrar se necesitan hombres que sepan hacerlo; tomemos, pues, a los feudales y reeduquémoslos. Y así lo hicieron. ¿Era un error? No, camaradas, el arte de gobernar no cae del cielo ni lo otorga el Espíritu Santo, y porque una clase determinada sea una clase avanzada no por ello adquiere de golpe y porrazo el arte de gobernar. Lo vemos en el ejemplo citado: mientras la burguesía triunfaba, contrataba para la administración a gente de la otra clase, de la feudal. Y no podía encontrarla en ningún otro sitio. Hay que mirar las cosas con serenidad: la burguesía reclutaba elementos de la clase precedente; y nuestra tarea actual es la misma: saber tomar, someter, aprovechar los conocimientos, la preparación de la clase que nos precedió y utilizarlos para el triunfo de nuestra clase. Por eso decimos que la clase victoriosa debe estar madura y la madurez no se prueba por medio de un documento o una cédula, sino por la experiencia, por la práctica.
Los burgueses vencieron sin saber gobernar y aseguraron su victoria con la declaración de una nueva carta constitucional, con el reclutamiento y selección de administradores del seno de su clase y empezaron a aprender, aprovechando a los administradores de la clase que les había precedido y enseñando a los suyos, a los nuevos, el arte de administrar. Con este objeto la burguesía puso en marcha todo el aparato estatal, secuestró las instituciones feudales, abrió escuelas para los ricos, preparando así, durantelargos años, durante decenios, a los administradores reclinados entre su propia clase. Hoy, en un Estado organizado a imagen y semejanza de la clase dominante, es preciso proceder como procedieron todos los Estados. Si no queremos colocarnos en las posiciones del utopismo puro y de la fraseología huera, debemos decir que hay que tener en cuenta la experiencia de los años anteriores, que tenemos que asegurar la Ley Fundamental conquistada por la revolución, pero que para las tareas administrativas, para el aparato del Estado, debemos tener hombres que posean la técnica de la administración, que tengan experiencia de la administración estatal y económica, y estos hombres no podemos sacarlos más que del seno de la clase que nos ha precedido.
Los razonamientos sobre la dirección colectiva están con harta frecuencia totalmente impregnados del espíritu de la más crasa ignorancia, del espíritu cíe odio a los especialistas. Y con este espíritu no se puede triunfar. Para obtener la victoria es preciso comprender en toda su profundidad la historia del viejo inundo burgués, y para construir el comunismo es necesario tomar la técnica y la ciencia y ponerlas al servicio de medios más amplios; pero la ciencia y la técnica sólo podemos tomarlas de la burguesía. Hay que hacer resaltar esta cuestión básica entre las tareas 342 fundamentales de la construcción económica. Nosotros debemos administrar con ayuda de hombres salidos de la clase que hemos derrocado, hombres impregnados de los prejuicios de su clase y que nosotros debemos reeducar. Al mismo tiempo tenemos que reclutar a nuestros administradores en el seno de nuestra clase. Debemos emplear todo el aparato del Estado para que los establecimientos de enseñanza, la instrucción extraescolar, la preparación práctica, todo esto vaya, bajo la dirección de comunistas, en beneficio de los proletarios, de los obreros, de los campesinos trabajadores.
Sólo así podremos hacer que las cosas marchen. Después de nuestros dos años de experiencia no podemos razonar como si fuera la primera vez que nos ponemos a construir el socialismo. Hemos cometido bastantes tonterías durante el período = del Smolny~^^123^^ y el que le siguió inmediatamente. No hay en ello nada reprobable. ¿Cómo podíamos tener experiencia, si era la primera vez que acometíamos esta nueva empresa? Ensayamos esto y lo otro. Seguimos la corriente, pues era imposible discernir entre lo acertado y lo erróneo. Para ello hacía falta tiempo. Eso ha quedado ahora en el pasado inmediato, del que hemos salido. Este pasado, en el cual reinaban el caos y el entusiasmo, ya no volverá. El documento de este pasado es la paz de Brest. Este es un documento histórico, más aún: es un período histórico. La paz de Brest nos fue impuesta porque éramos impotentes en todos los dominios. ¿Qué representaba ese período? Un período de impotencia del que salimos triunfantes. Un período de dirección colectiva absoluta. No es posible excluir este hecho histórico cuando se dice que la dirección colectiva es una escuela de administración. ¡No se puede estar siempre en la clase preparatoria de la escuela! (Aplausos.) Esto no puede ser. Ahora somos adultos, y nos zurrarán en todos los terrenos si procedemos como escolares. Hay que avanzar. Es preciso progresar y progresar con energía, con unidad de voluntad. Los sindicatos tendrán que superar enormes dificultades. Es necesario conseguir que asimilen esa tarea en el espíritu de lucha contra los residuos del cacareado democratismo. Todas estas vociferaciones sobre las designaciones, toda esta antigualla nociva, que se recoge en diferentes resoluciones y conversaciones, debe ser barrida. De lo contrario no podremos obtener la victoria. Si no hemos asimilado esta lección en los dos años transcurridos, quiere decir que estamos atrasados, y los atrasados serán batidos.
La tarea es sumamente difícil. Nuestros sindicatos han prestado una gigantesca ayuda en la obra de estructurar el Estado proletario. Han constituido el eslabón que ligaba al partido con los 343 millones de hombres de las masas ignorantes. No vayamos a jugar al escondite: los sindicatos han cargado sobre sus hombros toda la lucha contra nuestros males cuando hubo que ayudar al Estado en la cuestión de los víveres. ¿No fue ésa una tarea inmensa? Hace poco ha aparecido el Boletín de ia Dirección Central de Estndística{M. Trae el resumen de datos hecho por estadísticos que en absoluto pueden ser sospechosos de bolchevismo. Hay entre esos datos dos cifras interesantes: en 1918 y 1919, los obreros de las provincias consumidoras recibían 7 puds anuales de trigo, mientras los campesinos de las provincias productoras consumían 17 puds por año. Antes de la guerra estos últimos consumían 16 puds anualmente. He aquí dos cifras que demuestran la correlación de las clases en la lucha por el abastecimiento. El proletariado ha seguido haciendo sacrificios. ¡Se le recrimina la violencia! Pero con sus inmensos sacrificios el proletariado ha justificado y legitimado la violencia, ha demostrado lo acertado de recurrir a ella. La mayoría de la población, los campesinos de las provincias productoras de nuestra Rusia hambrienta y arruinada, han comido por vez primera mejor que durante siglos bajo la Rusia zarista, capitalista. Y nosotros diremos que las masas sufrirán hambre mientras el Ejército Rojo no triunfe. Era preciso que la vanguardia de la clase obrera hiciese este sacrificio. Ya se ha forjado en la escuela de esta lucha; una vez cursada, debemos seguir adelante. Ahora es preciso dar este paso cueste lo que cueste. Los viejos sindicatos, lo mismo que todos los sindicatos, tienen su historia y su pasado. En ese pasado han sido órganos de resistencia contra aquel que oprimía el trabajo, contra el capitalismo. Pero cuando la clase obrera se ha transformado en gobernante y cuando ahora tiene que hacer grandes sacrificios, morir y sufrir hambre, la situación ha cambiado.
No todos comprenden este cambio ni penetran en su significación. Pero aquí vienen en nuestra ayuda algunos mencheviques y eseristas, los cuales exigen que se sustituya la dirección unipersonal por la colectiva. ¡Perdonad, camaradas, pero no caerá esa breva! Ya hemos perdido la costumbre. Tenemos ahora que resolver un problema muy complicado: después de haber triunfado en el frente cruento hace falta vencer en el frente incruento. Esta es una guerra más difícil. Este es el frente más duro. Lo decimos con toda franqueza a los obreros conscientes. A la guerra que hemos sostenido en el frente debe seguir una guerra incruenta. Surge una situación en la que cuanto mayores han sido nuestros triunfos, tanto mayor ha sido el número de regiones como las de Siberia, Ucrania y Kubán. En esas regiones no hay proletarios, sino campesinos ricos: y aun cuando hay un proletariado, está 344 corrompido por las costumbres pequeñoburguesas. Y nosotros sabemos que todo aquel que posee allí un trozo de tierra dice: "Me importa un comino el gobierno. Sacaré lo que se me antoje al que tenga hambre, y el gobierno me importa un bledo.'' La Entente va a ayudar ahora al campesino especulador que, entregado a Denikin, había vacilado hacia nuestro lado. La guerra ha cambiado de frente y ha mudado de formas. Ahora la Entente lucha contra nosotros por medio del comercio, de la pequeña especulación, que ha hecho internacional. Las tesis del (amarada Kámenev, publicadas en Izvestia del = CC^^125^^, expresan plenamente los principios generales en esta cuestión. Ellos pretenden internacionalizar la pequeña especulación. Pretenden convertir la construcción económica pacífica en una descomposición pacífica del Poder de los Soviets. ¡Perdonen, señores imperialistas, nosotros estamos alerta! Decimos: hemos hecho la guerra y hemos vencido y, por tanto, continuamos manteniendo la consigna principal que nos ayudó a obtener la victoria; la mantenemos enteramente y la trasladamos al terreno del trabajo, a saber: la consigna de firmeza y unidad de voluntad del proletariado. Es preciso terminar con los viejos prejuicios, con las viejas costumbres que restan.
Para concluir puedo detenerme en el folleto del camarada Gúsev, el cual, a mi entender, merece atención por dos motivos: es un folleto bueno no sólo desde el punto de vista formal, no sólo por haber sido escrito para nuestro congreso. Hasta ahora estábamos acostumbrados todos, no sé por qué, a escribir resoluciones. Se dice que todos los géneros de literatura son buenos, menos los fastidiosos. Creo que las resoluciones deben estar comprendidas entre la literatura fastidiosa. Sería mucho mejor si, tomando el ejemplo del camarada Gúsev, escribiéramos menos resoluciones y más folletos, aunque contuvieran mil errores como los que abundan en su folleto. Mas, a pesar de esos errores, vale más este folleto porque concentra su atención en el plan económico fundamental de restauración de la industria y de la producción de todo el país, porque lo subordina todo al plan económico fundamental. El CC ha introducido en las tesis que han sido distribuidas hoy todo un apartado de las tesis del camarada Gúsev. Con el concurso de especialistas, podemos elaborar con mayores detalles aún este plan económico fundamental. Debemos recordar que este plan ha sido calculado para muchos años. No prometemos liberar en el acto al país del hambre. Nosotros decimos que la lucha será más difícil que en el campo de batalla, pero que esa lucha nos interesa más, que aborda más de cerca nuestras tareas verdaderas, fundamentales. Esa lucha reclama la máxima tensión de fuerzas, exige esa unidad de voluntad de que 345 dimos pruebas antes y que debemos demostrar en el presente. Si logramos resolver este problema, nuestra victoria no será menor en el frente incruento que en el frente de la guerra civil.
(Aplausos.)
Publicado el 30 y el 31 de marzo de 1920 en los núms. 69 \ 70 de ``Pravdn''.
I. 40, págs. 237--257.
L
[346] __ALPHA_LVL1__ DE LA DESTRUCCIÓNNuestro = periódico^^126^^ está consagrado al problema del trabajo comunista.
Es ésta una cuestión de suma importancia en la construcción del socialismo. Y es preciso ante todo tener bien claro que esta cuestión ha podido ser planteada prácticamente sólo después de la conquista del poder político por el proletariado, sólo después de la expropiación de los terratenientes y de los capitalistas, sólo después de las victorias decisivas que el proletariado, tras haber conquistado el poder del Estado, ha alcanzado sobre los explotadores, que han organizado una desesperada resistencia, levantamientos contrarrevolucionarios y la guerra civil.
Al comienzo del año 1918 pareció llegado este momento, y, efectivamente, llegó tras la campaña militar de febrero (1918) que el imperialismo alemán había emprendido contra Rusia. Pero la ocasión fue entonces demasiado fugaz, ya que una nueva y más fuerte oleada de invasiones y alzamientos contrarrevolucionarios se desencadenó tan rápidamente que el Poder soviético no tuvo la posibilidad de ocuparse con la atención y persistencia debidas de los problemas de la construcción pacífica.
Acabamos de vivir dos años de inauditas e inverosímiles dificultades, dos años de hambre, de privaciones y de calamidades, y al mismo tiempo de victorias sin precedentes del Ejército Rojo sobre las hordas de la reacción capitalista internacional.
Ahora hay fundadas posibilidades de esperar (si los capitalistas franceses no consiguen lanzar a Polonia a la guerra) que obtendremos una paz más sólida, más duradera.
Al cabo de dos años contamos ya con cierta experiencia de la construcción sobre la base del socialismo. Por eso, la cuestión del trabajo comunista puede y debe ser planteada de lleno. Ahora bien, será más exacto hablar no del trabajo comunista, sino del trabajo socialista, ya que no se trata de la fase superior, sino de la inferior, de la primera fase de desarrollo del nuevo régimen social, que ha brotado del capitalismo.
347El trabajo comunista, en el más riguroso y estricto sentido de la palabra, es un trabajo gratuito en bien de la sociedad, un trabajo que es ejecutado no para cumplir una obligación determinada, no para recibir derecho a determinados productos, no por normas establecidas y reglamentadas de antemano, sino un trabajo voluntario, sin normas, hecho sin tener en cuenta recompensa alguna, sin poner condiciones sobre la remuneración, un trabajo realizado por hábito de trabajar en bien general y por la actitud consciente (transformada en hábito) frente a la necesidad de trabajar para el bien común; en una palabra, un trabajo como exigencia del organismo sano.
Es claro para todos que nosotros, es decir, nuestra sociedad, nuestro régimen social, estamos aún lejos, muy lejos de la aplicación en vasta escala, de la efectiva aplicación en masa de este tipo de trabajo.
Pero el hecho de que esta cuestión esté planteada, el hecho de que esté planteada tanto por toda la vanguardia del proletariado (el Partido Comunista y los sindicatos) como por el poder del Estado, es ya un paso adelante por este camino.
Para llegar a algo grande hay que comenzar desde lo pequeño.
Y, por otro lado, después de lo ``grande'', después de la revolución que ha derribado la propiedad de los capitalistas y ha puesto el poder en manos del proletariado, la construcción de la vida económica sobre la nueva base puede comenzar sólo por lo pequeño.
Los sábados comunistas, los ejércitos de trabajo, el servicio de trabajo obligatorio: he aquí, en diferentes formas, la realización práctica del trabajo socialista y comunista.
En esta empresa, los defectos son todavía numerosos. Sólo las gentes totalmente incapaces de pensar, sin hablar ya de los defensores del capitalismo, pueden salir del paso con risas (o con ira) a propósito de estos defectos.
Las deficiencias, las equivocaciones y los desaciertos son inevitables en una obra tan nueva, tan ardua y de tamaña envergadura. Quien teme las dificultades de la construcción del socialismo, quien se deja intimidar por ellas, quien cae en la desesperación o en la confusión pusilánime, no es socialista.
Crear una nueva disciplina de trabajo, crear nuevas formas de relaciones sociales entre los hombres, crear formas y procedimientos nuevos de atracción de los hombres al trabajo, es tarea que exige muchos años, decenas de años.
Esta es la tarea más grata y más noble.
Nuestra suerte está en que, por haber derrocado a la burguesía y aplastado su resistencia, hemos podido sentar unas bases sobre las que esta tarea se ha hecho posible.
Y nosotros pondremos manos a la obra con toda energía. La 348 firmeza, la perseverancia, la disposición, la decisión y la capacidad de ensayar centenares de veces, de corregir centenares de veces, para conseguir a toda costa los objetivos propuestos, estas cualidades las ha adquirido el proletariado en los 10, en los 15, en los 20 años que precedieron a la Revolución de Octubre y en los dos años transcurridos después de esta revolución, sufriendo privaciones, hambre, ruina y calamidades nunca vistas. Estas cualidades del proletariado son la garantía de que el proletariado triunfará.
8 de abril de 1920.
``Kommunislícheski subbótnik " del 11 de abril de 1920.
T. 40, págs. 314--316.
Firmado: N. Lenin.
[349] __ALPHA_LVL1__ LA ENFERMEDAD INFANTIL DELEscrito en abril-mayo de 1920.
Publicado en junio de 1920 en un folleto, en Petrogrado, por la Editorial del Estado.
T. 41, págs. 1-104.
[350]
Comienzo de ,a prime» página de! manu,cnto de V. ,. ,.enlll La enferrneda(¡
mjantü del nquierdismn" en el comunismo.
Abril-mayo de 1920.
Tamaño reducido
[351]En los primeros meses que siguieron a la conquista del poder político por el proletariado en Rusia (25/X-7/XI de 1917) podía pensarse que, debido a las inmensas diferencias existentes entre la Rusia atrasada y los países avanzados de Europa Occidental, la revolución proletaria en estos últimos se parecería muy poco a la nuestra. Hoy tenemos ya una experiencia internacional bastante grande, la cual demuestra con absoluta claridad que algunos de los rasgos fundamentales de nuestra revolución tienen una importancia no local, particularmente nacional, sólo rusa, sino internacional. Y cuando hablo de importancia internacional no lo hago en el sentido lato de la palabra: no son sólo algunos, sino todos los rasgos fundamentales, y muchos secundarios, de nuestra revolución los que tienen importancia internacional desde el punto de vista de la influencia de aquélla en todos los países. No; hablo en el sentido más estrecho de la palabra, es decir, entendiendo por importancia internacional su trascendencia mundial o la inevitabilidad histórica de que se repita a escala universal lo ocurrido en nuestro país. Y debe reconocerse que algunos rasgos fundamentales de nuestra revolución tienen esa importancia.
Está claro que sería un tremendo error exagerar esta verdad, no limitarse a aplicarla a algunos rasgos fundamentales de nuestra revolución. Sería erróneo, asimismo, perder de vista que después de triunfar la revolución proletaria, aunque no sea más que en uno de los países avanzados, se producirá, probablemente, un cambio radical, es decir: Rusia se convertirá poco después de esto no en un país modelo, sino de nuevo en un país atrasado (en el sentido "soviético" y socialista).
352Pero en el presente momento histórico se trata precisamente de que el ejemplo ruso muestra a todos los países algo, y algo muy sustancial, de su futuro próximo e ineluctable. Los obreros avanzados de todos los países hace ya mucho que lo han comprendido y, con mayor frecuencia, más que comprenderlo, lo han captado, lo han sentido con su instinto de clase revolucionaria. De aquí "la importancia" internacional (en el sentido estrecho de la palabra) del Poder soviético y de los fundamentos de la teoría y la táctica bolcheviques. Esto no lo han comprendido los jefes " revolucionarios" de la II Internacional, como Kautsky en Alemania y Otto Bauer y Federico Adler en Austria, que se han convertido por ello en reaccionarios, en defensores del peor de los oportunismos y de la socialtraición. Digamos de paso que el folleto anónimo La revolución mundial = (Weltrevolution)^^1^^™, aparecido en 1919 en Viena (Sozialistische Bücherei, Heft 11; Ignaz Brand^^*^^), muestra con claridad singular todo el proceso discursivo y todo el conjunto de reflexiones, más exactamente, todo ese abismo de irreflexión, pedantería, vileza y traición a los intereses de la clase obrera, sazonado, además, con "la defensa" de la idea de "la revolución mundial".
Pero tendremos que dejar para otra ocasión ocuparnos con mayor detenimiento de este folleto. Consignemos aquí sólo una cosa más: en los tiempos, ya bien lejanos, en que Kautsky era todavía marxista, y no un apóstata, al abordar la cuestión como historiador preveía la posibilidad de una situación en la que el espíritu revolucionario del proletariado ruso serviría de modelo a Europa Occidental. Eso fue en 1902, cuando Kautsky publicó en la Iskra revolucionaria el artículo Los eslavos y la revolución. En él decía:
``En la actualidad" (al contrario que en 1848) "se puede creer que los eslavos no sólo se han incorporado a las filas de los pueblos revolucionarios, sino que el centro de gravedad del pensamiento revolucionario y de la obra revolucionaria se desplaza cada día más hacia los eslavos. El centro revolucionario se traslada de Occidente a Oriente. En la primera mitad de! siglo XIX se hallaba en Francia y, en algunos momentos, en Inglaterra. En 1848, también Alemania se incorporó a las filas de las naciones revolucionarias... El nuevo siglo empieza con acontecimientos que sugieren la idea de que marchamos hacia un nuevo desplazamiento del centro revolucionario, concretamente: de su traslado a Rusia... Es posible que Rusia, que tanta iniciativa revolucionaria ha asimilado de Occidente, esté hoy preparada ella misma para servirle de fuente de energía revolucionaria. El creciente movimiento revolucionario ruso resultará, quizá, el medio más poderoso para desarraigar ese espíritu de filisteísmo flaccido y de politiquería circunspecta que empieza a difundirse en nuestras filas y hará surgir de nuevo la llama viva del anhelo de lucha y la fidelidad apasionada a nuestros grandes ideales. Hace ya mucho que Rusia ha dejado de ser para Europa Occidental un simple baluarte de la reacción y del absolutismo. En la actualidad ocurre, quizá, todo lo contrario. Europa Occidental se convierte en el baluarte de la reacción y del absolutismo en Rusia... Es posible que los revolucionarios rusos _-_-_
^^*^^ Biblioteca Socialista, opúsculo 11, Ignaz Brand. (N. de la Edit.)
353 hubieran acabado hace ya mucho con el zar si no tuviesen que luchar al mismo tiempo contra el aliado de éste: el capital europeo. Esperemos que esta vez conseguirán vencer a ambos enemigos y que la nueva "Santa Alianza" se derrumbará con mayor rapidez que sus predecesoras. Pero sea cual fuere el resultado de la lucha actual en Rusia, la sangre y los sufrimientos de los mártires que esta lucha engendrará---por desgracia, más de lo necesario---no serán vanos, sino que abonarán los gérmenes de la revolución social en todo el mundo civilizado y los harán crecer de un modo más esplendoroso y rápido. En 1848, los eslavos eran una helada horrible que abrasaba las flores de la primavera popular. Es posible que ahora estén llamados a ser la tormenta que rompa el hielo de la reacción y traiga consigo irresistiblemente una nueva y feliz primavera para los pueblos.'' (Carlos Kautsky. Los eslavos y la revolución, artículo publicado en Iskra, periódico revolucionario de la socialdemocracia rusa, núm. 18, 10 de marzo de 1902.)
¡No escribía mal Carlos Kautsky hace 18 años!
__NUMERIC_LVL2__ II __ALPHA_LVL2__ UNA CONDICIÓN FUNDAMENTALEs probable que casi todo el mundo vea ya hoy que los bolcheviques no se habrían mantenido en el poder, no digo dos años y medio, sino ni siquiera dos meses y medio, sin la disciplina rigurosísima, verdaderamente férrea, de nuestro partido, sin el apoyo total e incondicional que le presta toda la masa de la clase obrera, es decir, todo lo que hay en ella de consciente, honrado, abnegado, influyente y capaz de conducir tras de sí o de atraer a los sectores atrasados.
La dictadura del proletariado es la guerra más abnegada e implacable de la nueva clase contra un enemigo más poderoso, contra la burguesía, cuya resistencia se ve decuplicada por su derrocamiento (aunque no sea más que en un país) y cuyo poderío consiste no sólo en la fuerza del capital internacional, en la fuerza y la solidez de los vínculos internacionales de la burguesía, sino, además, en la fuerza de la costumbre, en la fuerza de la pequeña producción. Porque, por desgracia, queda todavía en el mundo mucha, muchísima pequeña producción, y ésta engendra capitalismo y burguesía constantemente, cada día, cada hora, de modo espontáneo y en masa. Por todos esos motivos, la dictadura del proletariado es imprescindible, y la victoria sobre la burguesía es imposible sin una guerra prolongada, tenaz, desesperada, a muerte; una guerra que requiere serenidad, disciplina, firmeza, inflexibilidad y voluntad única.
Lo repito: la experiencia de la dictadura proletaria triunfante en Rusia ha mostrado palmariamente a quien no sabe pensar, o no ha tenido necesidad de reflexionar sobre este problema, que la
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354 centralización incondicional y la disciplina más severa del proletariado constituyen una condición fundamental de la victoria sobre la burguesía.De esto se habla a menudo. Pero no se piensa suficientemente, ni mucho menos, en qué significa esto y en qué condiciones es posible. ¿No convendría que las exclamaciones de saludo al Poder de los Soviets y a los bolcheviques se vieran acompañadas con mayor frecuencia del más serio análisis de las causas que han permitido a los bolcheviques forjar la disciplina que necesita el proletariado revolucionario?
El bolchevismo existe como corriente del pensamiento político y como partido político desde 1903. Sólo la historia de todo el período de existencia del bolchevismo puede explicar de un modo satisfactorio por qué éste pudo forjar y mantener, en las condiciones más difíciles, la disciplina férrea necesaria para la victoria del proletariado.
Y surgen, ante todo, las preguntas siguientes: ¿cómo se mantiene la disciplina del partido revolucionario del proletariado?, ¿cómo se comprueba?, ¿cómo se refuerza? Primero, por la conciencia de la vanguardia proletaria y por su fidelidad a la revolución, por su firmeza, por su espíritu de sacrificio, por su heroísmo. Segundo, por su capacidad de ligarse, de acercarse y, hasta cierto punto, si queréis, de fundirse con las más amplias masas trabajadoras, en primer término con las masas proletarias, pero también con las masas trabajadoras no proletarias. Tercero, por el acierto de la dirección política que ejerce esta vanguardia, por el acierto de su estrategia y de su táctica políticas, a condición de que las masas más extensas se convenzan de ello por experiencia propia. Sin estas condiciones es imposible la disciplina en un partido revolucionario verdaderamente capaz de ser el partido de la clase avanzada, llamada a derrocar a la burguesía y transformar toda la sociedad. Sin estas condiciones, los intentos de implantar una disciplina se convierten, de manera ineluctable, en una ficción, en una frase, en gestos grotescos. Pero, por otra parte, estas condiciones no pueden brotar de golpe. Se forman únicamente a través de una labor prolongada, de una dura experiencia; su formación se ve facilitada por una acertada teoría revolucionaria, la cual, a su vez, no es un dogma, sino que sólo se forma de manera definitiva en estrecha conexión con la experiencia práctica de un movimiento verdaderamente de masas y verdaderamente revolucionario.
Si el bolchevismo pudo concebir y llevar a la práctica con éxito en los años 1917--1920, en condiciones de una gravedad inaudita, la centralización más severa y la disciplina férrea, ello se debe sencillamente a una serie de peculiaridades históricas de Rusia.
355De una parte, el bolchevismo surgió en 1903 sobre la más sólida base de la teoría del marxismo. Y la justedad de esta teoría revolucionaria---y sólo de ésta---ha sido demostrada tanto por la experiencia universal de todo el siglo XIX como, en particular, por la experiencia de los titubeos, los vaivenes, los errores y los desengaños del pensamiento revolucionario en Rusia. En el transcurso de casi medio siglo, aproximadamente de 1840 a 1890, el pensamiento avanzado en Rusia, bajo el yugo del despotismo del zarismo inauditamente salvaje y reaccionario, buscó ávidamente una teoría revolucionaria justa, siguiendo con celo y atención admirables cada "última palabra" de Europa y América en este terreno. Rusia hizo suya a través de largos sufrimientos la única teoría revolucionaria justa, el marxismo, en medio siglo de torturas y de sacrificios sin precedente, de heroísmo revolucionario nunca visto, de energía increíble y de búsquedas abnegadas, de estudio, de pruebas en la práctica, de desengaños, de comprobación y de comparación con la experiencia de Europa. Gracias a la emigración provocada por el zarismo, la Rusia revolucionaria de la segunda mitad del siglo XIX contaba, como ningún otro país, con abundantes relaciones internacionales y un excelente conocimiento de todas las formas y teorías universales del movimiento revolucionario.
De otra parte, el bolchevismo, surgido sobre esta base teórica de granito, tuvo una historia práctica de quince años (1903--1917), sin parangón en el mundo por su riqueza de experiencias. Porque ningún país conoció, ni siquiera aproximadamente, en el transcurso de esos quince años una experiencia revolucionaria tan rica, una rapidez y una variedad tales de sucesión de las distintas formas del movimiento, legal e ilegal, pacífico y tempestuoso, clandestino y abierto, en los círculos y entre las masas, parlamentario y terrorista. En ningún país estuvo concentrada en tan poco tiempo semejante variedad de formas, matices y métodos de lucha de todas las clases de la sociedad contemporánea; de una lucha, además, que, a consecuencia del atraso del país y del peso del yugo zarista, maduraba con singular rapidez y asimilaba con particular ansiedad y eficacia "la última palabra" de la experiencia política americana y europea.
__NUMERIC_LVL2__ III __ALPHA_LVL2__ ETAPAS PRINCIPALES DE LA HISTORIAAños de preparación de la revolución (1903--1905). Presagios de gran tormenta por doquier. Efervescencia y preparativos en todas las clases. En el extranjero, la prensa de la emigración plantea 356 teóricamente todos los problemas esenciales de la revolución. Los representantes de las tres clases fundamentales, de las tres corrientes políticas principales---la liberal burguesa, la democrática pequeñoburguesa (encubierta con los rótulos de las tendencias " socialdemócrata" y ``socialista-revolucionaria'') y la proletaria revolucionaria---anticipan y preparan, con una encarnizada lucha de concepciones programáticas y tácticas, la futura lucha de clases abierta. Todos los problemas que motivaron la lucha armada de las masas en 1905--1907 y en 1917--1920 pueden (y deben) observarse, en forma embrionaria, en la prensa de aquella época. Está claro que entre estas tres tendencias principales hay todas las formaciones intermedias, de transición, híbridas que se quiera. Más exactamente: en la lucha entre los órganos de prensa, los partidos, las fracciones y los grupos van cristalizando las tendencias ideológicas y políticas clasistas de verdad; las clases se forjan una arma ideológica y política adecuada para las batallas futuras.
Años de revolución (1905--1907). Todas las clases actúan abiertamente. Todas las concepciones programáticas y tácticas son contrastadas por la acción de las masas. Lucha huelguística sin precedente en el mundo por su amplitud y dureza. Transformación de la huelga económica en política y de la huelga política en insurrección. Comprobación en la práctica de las relaciones posibles entre el proletariado dirigente y los campesinos dirigidos, vacilantes e inestables. Nacimiento, en el desarrollo espontáneo de la lucha, de la forma soviética de organización. Las disputas sostenidas entonces acerca del papel de los Soviets son un anticipo de la gran lucha de 1917--1920. La sucesión de las formas de lucha parlamentarias y no parlamentarias, de la táctica de boicot del Parlamento y de participación en él y de las formas legales e ilegales de lucha, así como la correlación y los vínculos existentes entre ellas, se distinguen por una asombrosa riqueza de contenido. Desde el punto de vista del aprendizaje de los fundamentos de la ciencia política---por las masas y los jefes, por las clases y los partidos---, cada mes de este período equivale a un año de desenvolvimiento "pacífico" y ``constitucional''. Sin "el ensayo general" de 1905 habría sido imposible la victoria de la Revolución de Octubre de 1917.
Años de reacción (1907--1910). El zarismo ha triunfado. Han sido aplastados todos los partidos revolucionarios y de oposición. Abatimiento, desmoralización, escisiones, dispersión, apostasías y pornografía en vez de política. Reforzamiento de la inclinación hacia el idealismo filosófico; misticismo como disfraz de las tendencias contrarrevolucionarias. Pero, al mismo tiempo, justamente la gran derrota da a los partidos revolucionarios y a la clase revolucionaria una verdadera lección en extremo provechosa, una 357 lección de dialéctica histórica, de la comprensión, la destreza y el arte necesarios para sostener la lucha política. Los amigos se conocen en la desgracia. Los ejércitos derrotados pasan por una buena escuela.
El zarismo victorioso se ve obligado a destruir apresuradamente los restos del modo de vida preburgués, patriarcal, en Rusia. El desarrollo burgués del país progresa con extraordinaria rapidez. Las ilusiones al margen y por encima de las clases, las ilusiones sobre la posibilidad de evitar el capitalismo, se desvanecen. La lucha de clases se manifiesta de un modo nuevo por completo y con mayor relieve.
Los partidos revolucionarios deben completar su instrucción. Han aprendido a desplegar la ofensiva. Ahora deben comprender que esta ciencia hay que completarla con la de saber replegarse acertadamente. Hay que comprender---y la clase revolucionaria aprende a comprenderlo por su propia y amarga experiencia---que no se puede triunfar sin saber atacar y replegarse con acierto. De todos los partidos revolucionarios y de oposición derrotados, fueron los bolcheviques los que se replegaron con mayor orden, con menos quebranto de su "ejército" y conservando mejor su núcleo central; con las escisiones menos profundas e irreparables, con menos desmoralización y con mayor capacidad para reanudar la acción de un modo más amplio, acertado y enérgico. Y si los bolcheviques -- obtuvieron este resultado, fue exclusivamente porque desenmascararon y expulsaron sin piedad a los revolucionarios de palabra, obstinados en 110 querer comprender que es necesario replegarse, que es preciso saber replegarse, que es obligatorio aprender a actuar legalmente en los parlamentos más reaccionarios y en las organizaciones sindicales, cooperativas, de seguros y otras semejantes, por muy reaccionarias que sean.
Años de movimiento ascensional (1910--1914). Al principio, el ascenso fue de una lentitud inverosímil; luego, después de los sucesos del Lena de 1912, algo más rápido. Venciendo dificultades inauditas, los bolcheviques hicieron replegarse a los mencheviques, cuyo papel como agentes burgueses en el movimiento obrero fue admirablemente comprendido después de 1905 por toda la burguesía y a los cuales, por eso mismo, sostenía de mil maneras contra los bolcheviques. Pero éstos jamás habrían logrado desplazarles si no hubiesen aplicado una táctica acertada, combinando la labor ilegal con el aprovechamiento obligatorio de "las posibilidades legales''. En la más reaccionaria de las Dumas, los bolcheviques conquistaron toda la curia obrera.
Primera guerra imperialista mundial (1914--1917). El parlamentarismo legal, con un ``Parlamento'' ultrarreaccionario, presta los mayores servicios al partido del proletariado revolucionario, a los 358 bolcheviques. Los diputados bolcheviques son deportados a Siberia. En la prensa de la emigración rusa se manifiestan plenamente todos los matices de las concepciones del socialimperialismo, del socialchovinismo, del socialpatriotismo, del internacionalismo inconsecuente y consecuente, del pacifismo y de la negación revolucionaria de las ilusiones pacifistas. Las eminencias estúpidas y las viejas comadres de la II Internacional, que fruncían el ceño con desdén y soberbia ante la abundancia de ``fracciones'' en el socialismo ruso y ante la encarnizada lucha de éstas entre sí, fueron incapaces, cuando la guerra suprimió en todos los países adelantados la cacareada ``legalidad'', de organizar, aunque no fuera más que aproximadamente, un intercambio libre (ilegal) de ideas y una elaboración libre (ilegal) de concepciones justas, semejantes a los que organizaron los revolucionarios rusos en Suiza y otros países. A ello se debe, precisamente, que los socialpatriotas declarados y los ``kautskianos'' de todos los países hayan resultado ser los peores traidores al proletariado. Y si el bolchevismo pudo triunfar en 1917--1920, una de las causas fundamentales de esta victoria reside en que ya desde finales de 1914 denunció sin piedad la villanía, la infamia y la abyección del socialchovinismo y del ``kautskismo'' (al cual corresponden el longuetismo en Francia, las ideas de los jefes del Partido Laborista = Independiente~^^129^^ y de los = fabianos~^^13^^° en Inglaterra, de Turad en Italia, etc.) y en que las masas se fueron convenciendo después cada vez más, por experiencia propia, de que las concepciones de los bolcheviques eran justas.
Segunda revolución rusa (febrero-octubre de 1917). El grado inverosímil de decrepitud y caducidad del zarismo suscitó contra él (con el concurso de los reveses y sufrimientos de una guerra infinitamente penosa) una inusitada fuerza destructora. En pocos días, Rusia se convirtió en una república democrática burguesa más libre (en las condiciones de la guerra) que cualquier otro país. Los jefes de los partidos de oposición y revolucionarios comenzaron a formar gobierno---como en las repúblicas del "más puro parlamentarismo"---, y el título de jefe de un partido de oposición en el Parlamento, hasta en el más reaccionario, facilitó el papel futuro de semejante jefe en la revolución.
En pocas semanas, los mencheviques y los " socialistasrevolucionarios" dominaron a la perfección todos los procedimientos y modales, argumentos y sofismas de los "héroes" europeos de la II Internacional, de los ministerialistas y de toda la chusma oportunista. Todo lo que leemos hoy acerca de los Scheidemann y los Noske, Kautsky e Hilferding, Renner y Austerlitz, Otto Bauer y Federico Adler, Turati y Longuet; acerca de los fabianos y los jefes del Partido Laborista Independiente de Inglaterra nos parece 359 (y lo es en realidad) una aburrida repetición de un motivo antiguo y conocido. Todo ello lo habíamos visto ya en los mencheviques. La historia les ha jugado una mala pasada, obligando a los oportunistas de un país atrasado a adelantarse a los oportunistas de una serie de países avanzados.
Si todos los "héroes" de la II Internacional han fracasado y se han cubierto de oprobio en la cuestión del papel e importancia de los Soviets y del Poder soviético; si se han cubierto de ignominia con ``brillantez'' singular y se han embrollado en esta cuestión los jefes de los tres grandes partidos que se han separado ahora de la II Internacional (el Partido Socialdemócrata Independiente de Alemania, el partido longuetista de Francia y el Partido Laborista Independiente de Inglaterra); si todos ellos han resultado esclavos de los prejuicios de la democracia pequeñoburguesa (exactamente al modo de los pequeños burgueses de 1848, que se llamaban "socialdemócratas''), también es cierto que todo eso lo hemos visto ya en el ejemplo de los mencheviques. La historia ha hecho esta jugarreta:" los Soviets nacieron en Rusia en 1905, fueron falsificados de febrero a octubre de 1917 por los mencheviques, que fracasaron por no haber sabido comprender el papel y la importancia de los mismos, y hoy ha surgido en el mundo entero la idea del Poder soviético, una idea que se extiende con rapidez inusitada entre el proletariado de todos los países. Mientras tanto, los viejos "héroes" de la II Internacional fracasan también en todas partes por no haber sabido comprender, igual que nuestros mencheviques, el papel y la importancia de los Soviets. La experiencia ha demostrado que, en algunas cuestiones muy esenciales de la revolución proletaria, todos los países pasarán inevitablemente por lo mismo que ha pasado Rusia.
Los bolcheviques empezaron su lucha victoriosa contra la república parlamentaria (de hecho) burguesa y contra los mencheviques con suma prudencia y no la prepararon, ni mucho menos, con la sencillez que se imaginan hoy a menudo en Europa y América. Al comienzo del período mencionado no incitamos a derribar el gobierno, sino que explicamos la imposibilidad de hacerlo sin modificar previamente la composición y el estado de ánimo de los Soviets. No declaramos el boicot al Parlamento burgués, a la Constituyente, sino que dijimos---a partir de la Conferencia de Abril (1917) de nuestro partido lo dijimos oficialmente en nombre de éste---que una república burguesa con una Constituyente era preferible a la misma república sin Constituyente; pero que la república "obrera y campesina" soviética es mejor que cualquier república democrática burguesa, parlamentaria. Sin esta preparación prudente, minuciosa, 360 circunspecta y prolongada no hubiésemos podido alcanzar ni mantener la victoria de Octubre de 1917.
__NUMERIC_LVL2__ IV __ALPHA_LVL2__ ¿EN LLJCHA CONTRA QUE ENEMIGOS EN EL SENOEn primer lugar, y sobre todo, en lucha contra el oportunismo, que en 1914 se transformó definitivamente en socialchovinismo y se pasó para siempre al campo de la burguesía contra el proletariado. Este era, naturalmente, el enemigo principal del bolchevismo en el seno del movimiento obrero y sigue siéndolo a escala mundial. El bolchevismo ha prestado y presta la mayor atención a ese enemigo. Tal aspecto de la actividad de los bolcheviques es ya bastante conocido también en el extranjero.
Distinta es la situación en lo que respecta a otro enemigo del bolchevismo en el seno del movimiento obrero. En el extranjero se sabe todavía en un grado demasiado insuficiente que el bolchevismo ha crecido, se ha formado y se ha templado en largos años de lucha contra el revolucionarismo pequeñoburgués, parecido al anarquismo o que toma algo de él y se aparta en todo lo esencial de las condiciones y exigencias de una consecuente lucha de clase del proletariado. El pequeño propietario, el pequeño patrono (tipo social que en numerosos países europeos ha alcanzado gran difusión y tiene un carácter masivo), sufre en el capitalismo una presión continua y, con gran frecuencia, un empeoramiento increíblemente brusco y rápido de sus condiciones de vida y la ruina. Para los marxistas está plenamente demostrado desde el punto de vista teórico---y la experiencia de todas las revoluciones y movimientos revolucionarios de Europa lo confirma por entero---que ese pequeño propietario, ese pequeño patrono, cae con facilidad en el revolucionarismo extremista, pero es incapaz de manifestar dominio de sí mismo, espíritu de organización, disciplina y firmeza. El pequeño burgués ``enfurecido'' por los horrores del capitalismo es, como el anarquismo, un fenómeno social propio de todos los países capitalistas. Son notorias la inconstancia de este revolucionarismo, su esterilidad y la facilidad con que se transforma rápidamente en sumisión, en apatía, en fantasía, incluso en un entusiasmo ``furioso'' por tal o cual corriente burguesa "de moda''. Pero el reconocimiento teórico, abstracto, de semejantes verdades no basta en modo alguno para poner a un partido revolucionario al abrigo de viejos errores, que 361 aparecen siempre por motivos inesperados, con una ligera variación de forma, con una apariencia o un contorno antes no vistos, en una situación original (más o menos original).
El anarquismo ha sido a menudo una especie de expiación de los pecados oportunistas del movimiento obrero. Estas dos anomalías se completaban mutuamente. Y si el anarquismo ejerció en Rusia una influencia relativamente insignificante en las dos revoluciones (1905 y 1917) y durante su preparación, pese a que la población pequeñoburguesa era aquí más numerosa que en los países europeos, ello se debe en parte, sin duda alguna, al bolchevismo, que luchó siempre del modo más despiadado e irreconciliable contra el oportunismo. Digo ~"en parte'', pues lo que más contribuyó a debilitar el anarquismo en Rusia fue la posibilidad que tuvo en el pasado (en los años 70 del siglo XIX) de adquirir un desarrollo extraordinariamente esplendoroso y revelar por completo su carácter falso y su incapacidad para servir como teoría dirigente de la clase revolucionaria.
Al surgir en 1903, el bolchevismo heredó la tradición de lucha implacable contra el revolucionarismo pequeñoburgués, semianarquista (o capaz de coquetear con el anarquismo), tradición que había existido siempre en la socialdemocracia revolucionaria y que se consolidó, sobre todo, en nuestro país de 1900 a 1903, cuando se sentaron las bases del partido de masas del proletariado revolucionario de Rusia. El bolchevismo hizo suya y continuó la lucha contra el partido que expresaba con mayor fidelidad las tendencias del revolucionarismo pequeñoburgués (es decir, el partido de los ``socialistas-revolucionarios'') en tres puntos principales. Primero, este partido, que impugnaba el marxismo, se negaba obstinadamente a comprender (tal vez fuera más justo decir que no podía comprender) la necesidad de tener en cuenta con estricta objetividad las fuerzas de clase y sus relaciones mutuas antes de emprender cualquier acción política. Segundo, este partido veía un signo particular de su ``revolucionarismo'' o de su ``izquierdismo'' en el reconocimiento del terrorismo individual, de los atentados, que nosotros, los marxistas, rechazábamos categóricamente. Claro es que nosotros rechazábamos el terrorismo individual sólo por motivos de conveniencia; pero la gente capaz de condenar "por principio" el terror de la gran revolución francesa o, en general, el terror de un partido revolucionario victorioso, asediado por la burguesía del mundo entero, esa gente fue ya ridiculizada y vilipendiada por Plejánov en 1900--1903, cuando éste era marxista y revolucionario. Tercero, ser " izquierdista" consistía para los ``socialistas-revolucionarios'' en reírse de los pecados oportunistas, relativamente leves, cíe la 362 socialdemocracia alemana, al mismo tiempo que imitaban a los ultraoportunistas de ese mismo partido, por ejemplo, en el problema agrario o en el de la dictadura del proletariado.
La historia, dicho sea de paso, ha confirmado hoy a gran escala, a escala histórica universal, la opinión que hemos defendido siempre, a saber: que la socialdemocracia revolucionaria alemana (y téngase en cuenta que Plejánov reclamaba ya en 1900--1903 la expulsión de Bernstein del partido, y que los bolcheviques, siguiendo siempre esta tradición, denunciaron en 1913 toda la villanía, la bajeza y la traición de Legien) estaba más cerca que nadie de ser el partido que necesitaba el proletariado revolucionario para triunfar. Ahora, en 1920, después de todas las ignominiosas bancarrotas y crisis de la época de guerra y de los primeros años posbélicos, se ve con claridad que, de todos los partidos occidentales, la socialdemocracia revolucionaria alemana es precisamente la que ha dado los mejores jefes y la que se ha repuesto, curado y fortalecido con mayor rapidez. Esto se advierte tanto en el partido de los espartaquistas como en el ala izquierda, proletaria, del "Partido Socialdemócrata Independiente de Alemania'', que sostiene una lucha tenaz contra el oportunismo y la pusilanimidad de los Kautsky, los Hilferding, los Ledebour y los Crispien. Si damos ahora un vistazo general a un período histórico terminado por completo---desde la Comuna de París hasta la primera República Socialista Soviética---, veremos dibujarse con contornos absolutamente definidos e indiscutibles la posición del marxismo ante el anarquismo. En resumidas cuentas, el marxismo ha demostrado estar en lo justo. Y si los anarquistas señalaban con razón el carácter oportunista de las concepciones sobre el Estado que imperaban en la mayoría de los partidos socialistas, debe advertirse, en primer lugar, que ese carácter oportunista era fruto de una deformación, e incluso de una ocultación consciente, de las ideas de Marx sobre el Estado (en mi libro El Estado y la revolución he hecho notar que Bebel mantuvo en el fondo de un cajón durante 36 años, desde 1875 hasta 1911, la carta en que Engels denunciaba con singular relieve, vigor, franqueza y claridad el oportunismo de las concepciones socialdemócratas en boga acerca del Estado). En segundo lugar, que la corrección de estas ideas oportunistas y el reconocimiento del Poder soviético y de su superioridad sobre la democracia parlamentaria burguesa han partido con mayor amplitud y rapidez precisamente de las tendencias más marxistas existentes en el seno de los partidos socialistas de Europa y América.
Ha habido dos casos en que la lucha del bolchevismo contra las desviaciones ``izquierdistas'' de su propio partido ha adquirido una 363 magnitud singularmente grande: en 1908, en torno a la participación en un Parlamento ultrarreaccionario y en las sociedades obreras legales regidas por las leyes más reaccionarias, y en 1918 (paz de Brest), en torno a la admisibilidad de tal o cual ``compromiso''.
En 1908, los bolcheviques "de izquierda" l31 fueron expulsados de nuestro partido por su empeño en no querer comprender la necesidad de participar en un ``Parlamento'' ultrarreaccionario. Los ``izquierdistas'', entre los que había muchos revolucionarios excelentes, que fueron después (y continúan siendo) honrosamente miembros del Partido Comunista, se apoyaban, sobre todo, en la feliz experiencia del boicot de 1905. Cuando el zar anunció en agosto de 1905 la convocación de un ``Parlamento'' consultivo, los bolcheviques, en contra de todos los partidos de oposición y de los mencheviques, declararon el boicot a ese Parlamento, que fue barrido, en efecto, por la revolución de octubre de 1905. Entonces el boicot fue justo, no porque esté bien abstenerse en general de participar en los parlamentos reaccionarios, sino porque se tuvo en cuenta con acierto la situación objetiva, que conducía a la rápida transformación de las huelgas de masas en huelga política; después, en huelga revolucionaria y, luego, en insurrección. Además, la lucha giraba a la sazón en torno a si había que dejar en manos del zar la convocación del primer organismo representativo o si debía intentarse arrancar esa convocación de manos de las viejas autoridades. Por cuanto no había ni podía haber la seguridad de que la situación objetiva fuese análoga y de que su desarrollo se realizase en el mismo sentido y con igual rapidez, el boicot dejaba de ser justo.
El boicot de los bolcheviques al ``Parlamento'' en 1905 enriqueció al proletariado revolucionario con una experiencia política extraordinariamente preciosa, mostrando que en la combinación de las formas legales e ilegales, parlamentarias y extraparlamentarias de lucha es a veces conveniente, y hasta obligatorio, saber renunciar a las formas parlamentarias. Pero trasladar ciegamente, por simple imitación, sin espíritu crítico, esta experiencia a otras condiciones, a otra situación, es el mayor de los errores. Lo que constituyó ya un error, aunque no grande y fácilmente corregible^^*^^, fue el boicot de los bolcheviques a la Duma en 1906. Fueron errores mucho más serios y difícilmente _-_-_
^^*^^ De la política y de los partidos se puede decir---con las variantes correspondientes---lo mismo que de los individuos. Inteligente no es quien no comete errores. No hay, ni puede haber, hombres que no cometan errores. Inteligente es quien comete errores que no son muy graves y sabe corregirlos bien y pronto.
364 reparables los boicots de 1907, 1908 y años posteriores, pues, de una parte, no se podía esperar que volviera a levantarse con mucha rapidez la ola revolucionaria y se transformase en insurrección y, de otra, la situación histórica creada por la renovación de la monarquía burguesa dictaba la necesidad de conjugar el trabajo legal e ilegal. Hoy, cuando se echa una mirada retrospectiva a este período histórico, terminado por completo ---cuyo enlace con los períodos posteriores se ha manifestado ya plenamente---, se comprende con singular claridad que los bolcheviques no habrían podido conservar (y no digo va afianzar, desarrollar y fortalecer) el firme núcleo del partido revolucionario del proletariado durante el período de 1908 a 1914 si no hubiesen defendido en la más dura contienda la combinación obligatoria de las formas legales de lucha con las formas ilegales, la participación obligatoria en un Parlamento ultrarreaccionario y en diversas instituciones regidas por leyes reaccionarias (mutualidades, etc.).En 1918 las cosas no llegaron a la escisión. Los comunistas "de izquierda" constituyeron entonces sólo un grupo especial o "fracción" dentro de nuestro partido, y no por mucho tiempo. En el mismo año, los representantes más señalados del "comunismo de izquierda'', los camaradas Rádek y Bujarin, por ejemplo, reconocieron públicamente su error. Les parecía que la paz de Brest era un compromiso con los imperialistas, inaceptable por principio y funesto para el partido del proletariado revolucionario. Se trataba, en efecto, de un compromiso con los imperialistas; pero precisamente de un compromiso de tal género que era obligatorio en aquellas circunstancias.
Cuando oigo hoy, por ejemplo, a los "socialistas-- revolucionarios" atacar la táctica que seguimos al firmar la paz de Brest, o una observación como la que me hizo el camarada Lansbury durante una conversación: "Los líderes de nuestras tradeuniones inglesas dicen que también pueden permitirse un compromiso, puesto que los bolcheviques se lo han permitido'', respondo habitualmente, ante todo, con una comparación sencilla y ``popular''.
Figuraos que el automóvil en que viajáis es detenido por unos bandidos armados. Les dais el dinero, el pasaporte, el revólver y el automóvil. Mas, a cambio de ello, os veis libres de la agradable vecindad de los bandidos. Se trata, sin duda, de un compromiso. Do ut des ``(te doy" mi dinero, mis armas y mi automóvil "para que me des" la posibilidad de marcharme en paz). Pero difícilmente se encontraría un hombre cuerdo que declarase semejante compromiso "inadmisible desde el punto de vista de los principios" o 365 calificase a quien lo ha concertado de cómplice de los bandidos (aunque éstos, una vez dueños del automóvil y de las armas, puedan utilizarlos para nuevos pillajes). Nuestro compromiso con los bandidos del imperialismo alemán fue análogo a éste.
Pero cuando los mencheviques y los eseristas en Rusia, los secuaces de Scheidemann (y, en parte considerable, los kautskianos) en Alemania, Otto Bauer y Federico Adler (sin hablar de los señores Renner y comparsa) en Austria, los Renaudel, Longuet y Cía. en Francia, los fabianos, los ``independientes'' y los "laboris- tas"^^152^^ en Inglaterra concertaron en 1914--19f8 y en 1918--1920 con los bandidos de su propia burguesía, y a veces de la burguesía ``aliada'', compromisos dirigidos contra el proletariado revolucionario de su país, esos señores obraron como cómplices de los bandidos.
La conclusión es clara: rechazar los compromisos "por principio'', negar la legitimidad de todo compromiso en general, cualquiera que sea, constituye una puerilidad que hasta resulta difícil tomar en serio. El político que desee ser útil al proletariado revolucionario debe saber distinguir los casos concretos de compromisos que son precisamente inadmisibles, que son una manifestación de oportunismo y de traición, y dirigir contra esos compromisos concretos toda la fuerza de la crítica, todo el filo de un desenmascaramiento implacable y de una guerra sin cuartel, no permitiendo a los expertísimos socialistas ``utilitarios'' ni a los jesuítas parlamentarios que escurran el bulto y eludan la responsabilidad por medio de disquisiciones acerca de "los compromisos en general''. Los señores "líderes" de las tradeuniones inglesas, lo mismo que los de la Sociedad Fabiana y los del Partido Laborista ``independiente'', pretenden eludir precisamente así la responsabilidad por la traición que kan cometido, por haber concertado un compromiso semejante, que no es en realidad sino oportunismo, defección y traición de la peor especie.
Hay compromisos y compromisos. F,s preciso saber analizar la situación y las condiciones concretas de cada compromiso o de cada variedad de compromiso. Debe aprenderse a distinguir al hombre que ha entregado a los bandidos su bolsa y sus armas, para disminuir el mal causado por ellos y facilitar su captura y ejecución, del que da a los bandidos su bolsa y sus armas con objeto de participar en el reparto del botín. En política, esto dista mucho de ser siempre tan fácil como en el ejemplillo de simplicidad infantil. Pero sería sencillamente un charlatán quien pretendiera inventar para los obreros una receta que 366 proporcionase por adelantado soluciones adecuadas en todas las circunstancias de la vida o prometiera que en la política del proletariado revolucionario jamás surgirán dificultades ni situaciones embrolladas.
Para no dejar lugar a interpretaciones falsas, intentaré esbozar, aunque sea muy brevemente, algunas tesis fundamentales al analizar los casos concretos de compromiso.
El partido que concertó con los imperialistas alemanes el compromiso consistente en firmar la paz de Brest había venido forjando su internacionalismo de verdad desde finales de 1914. Este partido no temió proclamar la derrota de la monarquía zarista y estigmatizar "la defensa de la patria" en la guerra entre dos aves de rapiña imperialistas. Los diputados de este partido al Parlamento fueron deportados a Siberia, en vez de seguir el camino que conduce a las carteras ministeriales en un gobierno burgués. La revolución, al derribar el zarismo y proclamar la república democrática, sometió a este partido a una prueba nueva y grandiosa: no concertó ningún acuerdo con ``sus'' imperialistas, sino que preparó su derrocamiento y los derrocó. Este mismo partido, una vez dueño del poder político, no ha dejado piedra sobre piedra ni de la propiedad latifundista ni de la propiedad capitalista. Después de publicar y hacer añicos los tratados secretos de los imperialistas, este partido propuso la paz a todos los pueblos y sólo cedió ante la violencia de los bandidos de Brest cuando los imperialistas anglo-franceses frustraron la pa/ y los bolcheviques habían hecho todo lo humanamente posible para acelerar la revolución en Alemania y en otros países. Es cada día más claro y evidente para todos el acierto completo de semejante compromiso, contraído por ese partido en tales circunstancias.
Los mencheviques y eseristas de Rusia (como todos los jefes de la II Internacional en el mundo entero en 1914--1920) empezaron por la traición, justificando directa o indirectamente "la defensa de la patria'', es decir, la defensa de su burguesía expoliadora. Y persistieron en la traición, coligándose con la burguesía de su país y luchando al lado suyo contra el proletariado revolucionario de su propio país. Su bloque en Rusia con Kerenski y los democonstitucionalistas, primero---y con Kolchak y Denikin después---, así como el bloque de sus correligionarios extranjeros con la burguesía de sus países respectivos, fue una deserción al campo de la burguesía contra el proletariado. SM compromiso con los bandidos del imperialismo consistió, desde el principio hasta el fin, en que se convirtieron en cómplices del bandolerismo imperialista.
367 __NUMERIC_LVL2__ V __ALPHA_LVL2__ EL COMUNISMO ``DE IZQUIERDA'' EN ALEMANIA.Los comunistas alemanes, de quienes debemos hablar ahora, no se llaman ``izquierdistas'', sino "oposición de principio'', si no me equivoco. Pero por lo que sigue se verá que presentan todos los síntomas de "la enfermedad infantil del izquierdismo".
El folleto Una escisión en el Partido Comunista de Alemania (Liga Espartaco), que sustenta el criterio de esta oposición y ha sido editado por el "grupo local de Francfort del Meno'', expone con sumo relieve, exactitud, claridad y concisión la esencia de los puntos de vista de la oposición. Algunas citas bastarán para dar a conocer al lector dicha esencia:
``El Partido Comunista es el partido de la lucha de clases más decidida...''
"...Desde el punto de vista político, este período de transición" (entre el capitalismo y el socialismo) "es el período de la dictadura del proletariado..."
``...Surge una pregunta: ¿quién debe ejercer la dictadura: el Partido Comunista o la clase proletaria'?.. Por principio, ¿debe tenderse a la dictadura del Partido Comunista o a la dictadura de la clase proletaria?.."
(Las palabras subrayadas lo están también en el original.)
Más adelante, el autor del folleto acusa al Comité Central del Partido Comunista de Alemania de buscar una coalición con el Partido Socialdemócrata Independiente de Alemania; de que "la cuestión del reconocimiento, en principio, de todos los medios políticos" de lucha, entre ellos del parlamentarismo, ha sido planteada por este Comité Central con el fin exclusivo de ocultar sus verdaderas y principales intenciones de coligarse con los independientes. Y el folleto continúa:
``La oposición ha elegido otro camino. Sostiene el criterio de que el problema de la hegemonía del Partido Comunista y de su dictadura es sólo una cuestión de táctica. En todo caso, la hegemonía del Partido Comunista es la forma última de toda dominación del partido. Por principio, ha de tenderse a la dictadura de la clase proletaria. Y todas las medidas del partido, su organización, sus formas de lucha, su estrategia y su táctica deben estar orientadas a este fin. De acuerdo con ello, hay que rechazar del modo más categórico todo compromiso con los demás partidos, todo retorno a los métodos de lucha parlamentarios (los cuales han caducado ya histórica y políticamente), toda política de maniobra y conciliación.'' "Deben ser subrayados con energía los métodos específicamente proletarios de lucha revolucionaria. Y para abarcar a los más amplios medios y sectores proletarios, que deben incorporarse a la lucha revolucionaria bajo la dirección del Partido Comunista, hay que concebir nuevas formas de organización sobre la base más amplia y con los límites más amplios. Este lugar de agrupamiento de todos los elementos revolucionarios es la unión obrera, basada en las organizaciones de fábrica. En ella deben unirse lodos los obreros fieles a este lema: ¡Fuera de los sindicatos! Es ahí donde se forma el proletariado militante en las más vastas filas combativas. Para ser 368 admitido basta ton reconocer la lucha cíe clames, el sistema de los Soviets y la dictadura. Tocia la educación política ulterior de las masas militantes y su orientación política en la lucha es misión del Partido Comunista, que se halla fuera de la unión obrera..."
``...Por consiguiente, hav ahora dos partidos comunistas frente a frente:
``Uno, es el punido de los jefes, que intenta organizar y dirigir la lucha revolucionaria desde arriba, aceptando los compromisos y el parlamentarismo para crear situaciones que permitan a esos jetes entrar en un gobierno de coalición, en cuyas manos se halle la dictadura.
``Otro, es el partido de las masas, que espera el impulso ascensional de la lucha revolucionaria desde abajo v conoce y aplica para esta lucha un solo método que conduce claramente al fin, rechazando todos los procedimientos parlamentarios y oportunistas; ese método único es el derrocamiento incondicional de la burguesía para implantar después la dictadura de clase del proletariado con objeto de hacer realidad el socialismo..."
``...¡De un lado, la dictadura de los jefes; de otro, la dictadura de las masas! Esa es nuestra consigna."
Tales son las tesis más esenciales que caracterizan las concepciones de la oposición en el Partido Comunista de Alemania.
Todo bolchevique que haya participado conscientemente en el desarrollo del bolchevismo desde 1903 o lo haya observado de cerca, no podrá por menos de exclamar nada más leer estos razonamientos: "¡Cuánto tiempo hace que conocemos esa vieja morralla! ¡Qué infantilismo ``izquierdista''!
Pero examinemos más de cerca estos razonamientos.
El solo hecho de plantear la cuestión de "¿dictadura del partido o dictadura de la clase?, ¿dictadura (partido) de los jefes o dictadura (partido) de las masas?" atestigua la más increíble e irremediable confusión de ideas. Hay gente que se esfuerza por inventar algo enteramente original y que, en su afán de sofisticar, no consigue sino caer en el ridículo. Todo el mundo sabe que las masas se dividen en clases; que contraponer las masas y las clases sólo es admisible en un sentido: si se opone una inmensa mayoría en su totalidad, sin dividirla según la posición ocupada en el régimen social de la producción, a categorías que ocupan una posición especial en ese régimen; que las clases so'n dirigidas de ordinario y en la mayoría de los casos (al menos en los países civilizados modernos) por partidos políticos; que los partidos políticos están dirigidos, como regla general, por grupos más o menos estables, compuestos de las personas más prestigiosas, influyentes y expertas, elegidas para los cargos de mayor responsabilidad y llamadas jefes. Todo eso es el abecé, todo eso es sencillo y claro. ¿Qué necesidad había de sustituir todo eso con un galimatías, con un nuevo volapuk? De una parte, esta gente se ha hecho un lío, por lo visto, cayendo en una situación difícil, cuando la rápida sucesión de la vida legal e ilegal del partido altera las 369 relaciones habituales, normales y simples entre los jefes, los partidos y las clases. En Alemania, como en los demás países europeos, se han acostumbrado demasiado a la legalidad, a la elección libre y regular de "los jefes" por los congresos ordinarios de los partidos, a la comprobación cómoda de la composición de clase de estos últimos mediante las elecciones parlamentarias, los mítines, la prensa, el estado de ánimo de los sindicatos y otras asociaciones, etc. Cuando la marcha impetuosa de la revolución y del desarrollo de la guerra civil ha hecho necesario pasar rápidamente de esta rutina a la sucesión de la legalidad y la ilegalidad y a su combinación, a procedimientos "incómodos'', "no democráticos" para designar, formar o conservar los "grupos de dirigentes'', la gente ha perdido la cabeza y ha empezado a inventar un monstruoso absurdo. Por lo visto, algunos miembros del Partido Comunista Holandés, que han tenido la desgracia de nacer en un país pequeño, con una tradición y unas condiciones de situación legal singularmente privilegiada y singularmente estable, y que jamás han visto la sucesión de las situaciones legales e ilegales, se han embrollado y han perdido la cabeza, favoreciendo absurdos infundios.
Por otra parte, salta a la vista el uso irreflexivo e incoherente de algunas palabrejas "de moda" en nuestra época sobre "la masa" y "los jefes''. La gente ha oído muchos ataques contra "los jefes" y se los ha aprendido de memoria, ha oído que se les contraponía a "la masa'', pero no ha sabido reflexionar acerca del sentido de todo eso y ver las cosas claras.
El divorcio entre "los jefes" y "la masa" se ha manifestado en todos los países, con singular claridad y relieve, al final de la guerra imperialista y después de ella. La causa fundamental de este fenómeno la explicaron muchas veces Marx y Engels de 1852 a 1892 con el ejemplo de Inglaterra. La situación monopolista de dicho país destacó de "la masa" a una "aristocracia obrera" semipequeñoburguesa y oportunista. Los jefes de esta aristocracia obrera desellaban constantemente al campo de la burguesía, que los mantenía de manera directa o indirecta. Marx se granjeó el odio, que le honra, de estos canallas por haberles tildado públicamente de traidores. El imperialismo moderno (del siglo XX) ha creado una situación privilegiada, monopolista, para unos cuantos países adelantados, y sobre este terreno ha surgido en todas partes dentro de la II Internacional ese tipo de jefestraidores, oportunistas, socialchovinistas, que defienden los intereses de su gremio, de su grupito de aristocracia obrera. Estos partidos oportunistas se han aislado de "las masas'', es decir, de los sectores más vastos de trabajadores, de su mayoría, de los 370 obreros peor retribuidos. La victoria del proletariado revolucionario es imposible sin combatir este mal, sin arrancar la careta, poner en la picota y expulsar a los jefes oportunistas, socialtraidores. Tal es precisamente la política que ha aplicado la III Internacional.
Llegar con este motivo a contraponer, en términos generales, la dictadura de las masas a la dictadura de los jefes es un absurdo ridículo y una necedad. Lo más divertido es que, de hecho, en lugar de los antiguos jefes que se atienen a ideas humanas comunes sobre las cosas simples, se destaca ( encubriéndolo con la consigna de "¡Abajo los jefes!'') a jefes nuevos que dicen soberanas tonterías y disparates. Tales son, en Alemania, Laufenberg, Wolffheim, Horner, Carlos Schróder, Federico Wendel y Carlos Erler^^*^^. Las tentativas de este último de ``profundizar'' en la cuestión y proclamar en general la inutilidad y "el carácter burgués" de los partidos políticos representan tales Columnas de Hércules de absurdidez que le dejan a uno estupefacto. ¡Cuan cierto es que de un pequeño error puede hacerse siempre uno monstruosamente grande, si se insiste en él, si se profundiza para encontrarle justificación y se intenta "llevarlo hasta el fin"!
Negar la necesidad del partido y de la disciplina de partido: tal es el resultado a que ha llegado la oposición. Y eso equivale a desarmar por completo al proletariado en provecho de la burguesía. Equivale precisamente a la dispersión, la volubilidad y la incapacidad para dominarse, unirse y actuar de manera organizada, defectos típicamente pequeñoburgueses, que, de ser indulgente con ellos, llevan de manera inevitable a la ruina todo movimiento revolucionario del proletariado. Negar la necesidad del partido desde el punto de vista del comunismo significa saltar de la víspera de la bancarrota del capitalismo (en Alemania), no a la fase inferior o media del comunismo, sino a su fase superior. En Rusia (después de más de dos años de haber derribado a la burguesía) estamos dando aún los primeros pasos en la transición del _-_-_
^^*^^ En el Diario Obrero ('owunistd ' (núrn. 32, Hamburgo, 7 de lebrero de 1920), Carlos Erler <íicf en un artículo titulado I.a disolución del partido: "La clase obrera no puede destruir el Estado burgués sin aniquilar la democracia burguesa, y no puede aniquilar la democracia burguesa sin desiruir los partidos."
Las cabezas más confusas de los sindicalistas y anarquistas latinos pueden sentirse ``satisfechas'': algunos respetables alemanes que, por lo visto, se consideran marxistas (con sus artí ulos en el citado periódico, Erler y Horner demuestran con aplomo singular que se consideran marxistas serios, aunque dicen de un modo singularmente rías inverosímiles, revelando así no comprender el abecé del marxismo) lar cosas ab.surdas por completo. El reconocimiento del marxismo no preserva por sí solo de los errores. Los rusos saben eso nmv bien, pues el marxismo lia llegan a afi. harta frecuencia en nuestro país.
371 capitalismo al socialismo o fase inferior del comunismo. Las clases siguen existiendo y existirán durante años en todas partes después de que el proletariado conquiste el poder. Es posible que en Inglaterra, donde no hay campesinos (¡pero existen, sin embargo, pequeños patronos!), ese plazo sea más corto. Suprimir las clases no significa sólo expulsar a los latifundistas y a los capitalistas ---esto lo hemos hecho nosotros con relativa facilidad---; significa también suprimir los pequeños productores de mercancías. Pero a éstos no se les puede expulsar, no se les puede reprimir; hay que convivir con ellos, y sólo se puede (y se debe) transformarlos, reeducarlos, mediante una labor de organización muy larga, lenta y prudente. Estos pequeños productores cercan de elemento pequeñoburgués al proletariado, lo impregnan de ese elemento, lo corrompen con él, provocan sin cesar en el seno del proletariado recaídas de pusilanimidad pequeñoburguesa, de atomización, de individualismo, de vaivenes entre la exaltación y el abatimiento. Para hacer frente a eso, para conseguir que el proletariado desempeñe acertada, eficaz y victoriosamente su función organizadora (que es su función principal), son necesarias una centralización y una disciplina severísimas en el partido político del proletariado. La dictadura del proletariado es una lucha tenaz, cruenta e incruenta, violenta y pacífica, militar y económica, pedagógica y administrativa contra las fuerzas y las tradiciones de la vieja sociedad. La fuerza de la costumbre de millones y decenas de millones de personas es la fuerza más terrible. Sin un partido férreo y templado en la lucha, sin un partido que goce de la confianza de todo lo que haya de honrado en la clase dada, sin un partido que sepa pulsar el estado de ánimo de las masas e influir en él es imposible sostener con éxito esta lucha. Es mil veces más fácil vencer a la gran burguesía centralizada que ``vencer'' a millones y millones de pequeños patronos, los cuales llevan con su cotidiana y prosaica labor corruptora, invisible e inaprehensible a los mismos resultados que necesita la burguesía y que restauran a ésta. Quien debilita, por poco que sea, la disciplina férrea del partido del proletariado (sobre todo en la época de su dictadura), ayuda de hecho a la burguesía contra el proletariado.A la par con el problema de los jefes, el partido, la clase y la masa hay que plantear el de los sindicatos ``reaccionarios''. Pero antes me permitiré hacer, a modo de conclusión, algunas observaciones basadas en la experiencia de nuestro partido. En éste ha habido siempre ataques a "la dictadura de los jefes''. La primera vez, que yo recuerde, fue en 1895, cuando el partido no existía aún formalmente, pero empezaba ya a formarse en San Petersburgo el grupo central que debía tomar en sus manos la 372 dirección de los grupos distritales. En el IX Congreso de nuestro partido (abril de 1920) hubo una pequeña oposición, eme habló también contra "la dictadura de los jefes'', "la oligarquía'', etc.líl. No hay, pues, nada de sorprendente, nada nuevo, nada alarmante en "la enfermedad infantil" del "comunismo de izquierda" entre los alemanes. Esta enfermedad transcurre sin peligro y, una vez pasada, el organismo incluso se fortalece. De otro lado, la rápida sucesión del trabajo legal e ilegal, que implica la necesidad de ``ocultar'', de sumir en una clandestinidad singular precisamente al Estado Mayor Central, a los jefes, motivó a veces en nuestro país fenómenos profundamente peligrosos. El peor de ellos fue la entrada en 1912 en el Comité Central bolchevique de un agente provocador, Malinovski. Este delató a decenas y decenas de los más excelentes y abnegados camaradas, haciendo que fueran condenados a trabajos forzados y acelerando la muerte de muchos de ellos. Si no causó mayor daño fue porque habíamos establecido una correlación adecuada entre la actividad legal y la clandestina. Para ganarse nuestra confianza, Malinovski, como miembro del Comité Central del partido y diputado a la Duma, tuvo que ayudarnos a organizar la publicación de periódicos diarios legales, que, incluso bajo el zarismo, supieron luchar contra el oportunismo de los mencheviques y propagar los principios fundamentales del bolchevismo con el necesario disimulo. Con una mano, Malinovski mandaba a presidio y a la muerte a decenas y decenas de los mejores combatientes del bolchevismo; pero con la otra se veía obligado a contribuir a la educación de decenas y decenas de miles de nuevos bolcheviques por medio de la prensa legal. Este es un hecho sobre el que deberían reflexionar como se merece los camaradas alemanes (y también los ingleses, los norteamericanos, los franceses y los italianos), que tienen planteada la tarea de aprender a efectuar una labor revolucionaria en los sindicatos reaccionarios~^^*^^.
En muchos países, incluso en los más adelantados, la burguesía envía y seguirá enviando, sin duda alguna, provocadores a los partidos comunistas. Uno de los medios de luchar contra este peligro consiste en saber combinar acertadamente el trabajo ilegal con el legal.
_-_-_ ^^*^^ Mahnovski estuvo prisionero en Alemania, (alando regresó a Rusia, ya
existente el poder bolchevique, fue inmediatamente entregado a los tribunales v
fusilado por nuestros obreros. Los menebe\ iques nos han atacadocon espet lal acritud
por el error de babel tenido un provocador en el ``(.omite Central de nuestro partido.
Pero cuando en tiempos de Kerenski exigimos que fuera detenido y juzgado el
presidente de la Duma, Rodzianko, que desde antes de la guerra sabía que Malinovski
era un provocador v tío lo habíd comuni< (ido a los diputados ti udo\ iques v obreros en la
__NOTE__ Footnote cont. on page 373.
373
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VI
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¿DEBEN ACTUAR LOS REVOLUCIONARIOS
EN LOS SINDICATOS REACCIONARIOS?
Los ``izquierdistas'' alemanes consideran que pueden responder con una negativa absoluta a esta pregunta. A su juicio, las soflamas y los gritos de cólera contra los sindicatos ``reaccionarios'' y ``contrarrevolucionarios'' (K. Horner se distingue por "el aplomo" y la necedad con que hace esto) bastan para ``demostrar'' la inutilidad e incluso la inadmisibilidad de que los revolucionarios, los comunistas, actúen en los sindicatos contrarrevolucionarios, en los sindicatos amarillos, socialchovinistas y conciliadores dirigidos por los Legien.
Pero por muy convencidos que estén los ``izquierdistas'' alemanes del carácter revolucionario de semejante táctica, ésta es, en realidad, profundamente errónea y no contiene más que frases hueras.
Para aclararlo partiré de nuestra propia experiencia, conforme al plan general del presente folleto, que tiene por objeto aplicar a Europa Occidental lo que la historia y la táctica actual del bolchevismo contienen de aplicable, importante y obligatorio en todas partes.
La correlación entre jefes, partido, clase y masa y, a la vez, la actitud de la dictadura del proletariado y cíe su partido ante los sindicatos aparece actualmente entre nosotros en la siguiente forma concreta: la dictadura la ejerce el proletariado organizado en los Soviets y dirigido por el Partido Comunista bolchevique, que, según los datos del último Congreso (abril de 1920), cuenta con 611.000 miembros. El número de militantes ha oscilado mucho tanto antes como después de la Revolución de Octubre y ha sido considerablemente menor incluso en 1918 y 1919lír>. Temernos ampliar con exceso el partido porque los arribistas y truhanes, que sólo merecen ser fusilados, tratan infaliblemente de infiltrarse en el partido gobernante. La última vez que abrimos de par en par las puertas del partido---sólo para los obreros y los campesinos---fue en los días (invierno de 1919) en que Yudénich se encontraba a algunas verstas de Petrogrado y Denikin estaba en Oriol (a unas trescientas cincuenta verstas de Moscú), es decir, cuando la República Soviética se veía ante un peligro terrible, mortal, y los aventureros, los arribistas, los truhanes y, en general, __-_-_-__ __NOTE__ Footnote cont. from page 372. Duma, ni los mencheviques ni los escristas (que formaban parte del gobierno con Kerenski) apoyaron nuestra demanda, v Rod/ianko quedó en libertad y pudo unirse a Denikin sin el menor obstáculo.
374 los elementos inestables no podían contar en modo alguno con hacer una carrera ventajosa (sino más bien con la horca y las torturas) si se adherían a los comunistas. El partido, que celebra congresos anuales (en el último, la representación fue de un delegado por cada mil militantes), lo dirige un Comité Central de 19 miembros, elegido por el congreso; la gestión de los asuntos corrientes la ejercen en Moscú dos organismos aún más restringidos, denominados "Buró de Organización" y "Buró Político'', que se eligen en sesiones plenarias del Comité Central y cada uno de los cuales está compuesto de cinco miembros de éste. Nos hallamos, pues, ante una verdadera "oligarquía''. En nuestra república, ninguna institución del Estado resuelve problemas políticos o de organización importantes, cualesquiera que sean, sin las directrices del Comité Central del partido.En su labor, el partido se apoya directamente en los sindicatos, que tienen ahora, según datos del último Congreso (abril de 1920), más de cuatro millones de afiliados y que en el aspecto formal son sin partido. De hecho, todos los organismos dirigentes de la inmensa mayoría de los sindicatos, y en primer término, como es natural, la institución central o buró sindical de toda Rusia (Consejo Central de los Sindicatos de toda Rusia), se componen de comunistas y aplican todas las directrices del partido. Se obtiene, en conjunto, un mecanismo proletario, no comunista en el aspecto formal, flexible y relativamente amplio, potentísimo, por medio del cual el partido está ligado de manera estrecha a la clase y a las masas y a través del cual se ejerce, bajo la dirección del partido, la dictadura de la clase. Por supuesto, nos hubiera sido imposible gobernar el país y ejercer la dictadura, no ya dos años y medio, sino ni siquiera dos meses y medio, sin la más estrecha ligazón con los sindicatos, sin su fervoroso apoyo, sin su abnegadísima labor tanto en la organización económica como en la militar. Está claro que esta estrechísima ligazón significa, en la práctica, una labor de propaganda y agitación muy compleja y variada, reuniones oportunas y frecuentes no sólo con los dirigentes, sino, en general, con los militantes sindicales influyentes y una lucha sin cuartel contra los mencheviques, que tienen todavía cierto número de partidarios---muy pequeño, en verdad---, a los que inician en todas las malas artes de la contrarrevolución, desde la defensa ideológica de la democracia (burguesa) y la prédica de "la independencia" de los sindicatos (independencia... ¡respecto del poder estatal proletario!) hasta el sabotaje de la disciplina proletaria, etc., etc.
Reconocemos que el contacto con "las masas" por conducto de los sindicatos es insuficiente. En el curso de la revolución se ha 375 creado en nuestro país, en la práctica, un organismo que procuramos por todos los medios mantener, desarrollar y ampliar: las conferencias de obreros y campesinos sin partido. Este organismo nos permite observar el estado de ánimo de las masas, acercarnos a ellas, responder a sus demandas, promover a cargos del Estado a sus mejores elementos, etc. Un decreto reciente sobre la transformación del Comisariado del Pueblo de Control del Estado en "Inspección Obrera y Campesina" confiere a estas conferencias sin partido el derecho de elegir miembros del Control del Estado para las funciones más diversas de revisión, etc.
Además, como es natural, toda la labor del partido se efectúa a través de los Soviets, que agrupan a las masas trabajadoras sin distinción de oficio. Los congresos distritales de los Soviets son una institución democrática jamás vista en las mejores repúblicas democráticas del mundo burgués. Por medio de estos congresos (cuya labor procura seguir el partido con la mayor atención posible), así como por la comisión constante de los obreros más conscientes para desempeñar cargos diversos en las poblaciones rurales, el proletariado ejerce su función dirigente con respecto al campesinado, se realiza la dictadura del proletariado urbano, la lucha sistemática contra los campesinos ricos, burgueses, explotadores y especuladores, etc.
Tal es el mecanismo general de poder del Estado proletario examinado "desde arriba'', desde el punto de vista de la realización práctica de la dictadura. Es de esperar que el lector comprenderá por qué el bolchevique ruso, que conoce este mecanismo y lo ha visto nacer de los pequeños círculos ilegales y clandestinos en el transcurso de veinticinco años, no puede por menos de hallar ridículo, pueril y absurdo todo ese palabreo sobre la dictadura "desde arriba" o "desde abajo'', la dictadura de los jefes o la dictadura de las masas, etc., como lo sería una disputa acerca de qué le es más útil al hombre: la pierna izquierda o el brazo derecho.
Tampoco pueden dejar de parecemos un absurdo ridículo y pueril las disquisiciones pomposas, muy sabias y terriblemente revolucionarias de los izquierdistas alemanes, quienes afirman que los comunistas no pueden ni deben actuar en los sindicatos reaccionarios, que es permisible renunciar a semejante actividad, que es preciso abandonar los sindicatos y organizar sin falta una "unión obrera'', completamente nueva y pura, inventada por comunistas muy simpáticos (y en la mayoría de los casos, probablemente, muy jóvenes), etc., etc.
El capitalismo lega inevitablemente al socialismo, de una parte, las viejas diferencias de profesión y de oficio entre los obreros, 376 formadas en el transcurso de los siglos, y, de otra, los sindicatos, que sólo con gran lentitud, a lo largo de años y años, pueden transformarse y se transformarán en sindicatos de industria más amplios, menos corporativos (que engloben a industrias enteras y no sólo a corporaciones, oficios y profesiones). Después, a través de estos sindicatos de industria, se pasará a suprimir la división del trabajo entre los individuos; a educar, instruir y formar hombres umversalmente desarrollados y umversalmente preparados, hombres que sabrán hacerlo todo. Hacia eso marcha, debe marchar y llegará el comunismo, pero sólo dentro de muchos años. Intentar hoy anticiparse en la práctica a ese resultado futuro de un comunismo llegado a la plenitud de su desarrollo, solidez y formación, de su íntegra realización y de su madurez, es lo mismo que querer enseñar matemáticas superiores a un niño de cuatro años.
Podemos (y debemos) emprender la edificación del socialismo no con un material humano fantástico ni especialmente creado por nosotros, sino con el que nos ha dejado como herencia el capitalismo. Esto es, sin duda, muy "difícil''; pero cualquier otro modo de enfocar el problema es tan poco serio que no merece la pena hablar de ello.
Los sindicatos representaron un progreso gigantesco de la clase obrera al iniciarse el desarrollo del capitalismo, pues significaban el paso de la dispersión y la impotencia de los obreros a los rudimentos de su unión como clase. Cuando comenzó a extenderse la forma superior de unión clasista de los proletarios, el partido revolucionario del proletariado (que será indigno de este nombre mientras no sepa agrupar a los líderes con la clase y las masas en un todo único e indisoluble), en los sindicatos empezaron a manifestarse fatalmente ciertos rasgos reaccionarios, cierta estrechez gremial, cierta tendencia al apoliticismo, cierto espíritu rutinario, etc. Pero el proletariado no se ha desarrollado, ni podía desarrollarse, en ningún país por otro medio que no fueran los sindicatos y su cooperación con el partido de la clase obrera. La conquista del poder político por el proletariado representa un gigantesco paso adelante de este último como clase. Y el partido debe consagrarse más, de un modo nuevo y no sólo por los procedimientos antiguos, a educar y dirigir a los sindicatos; sin olvidar, a la vez, que éstos son y serán durante mucho tiempo una necesaria "escuela de comunismo'', una escuela preparatoria de los proletarios para ejercer su dictadura, una asociación indispensable de los obreros para que la dirección de toda la economía del país pase gradualmente a manos de la clase obrera (y no de unas u otras profesiones), primero, y de todos los trabajadores, después.
377Con la dictadura del proletariado es inevitable cierto " reaccionarismo" de los sindicatos en el sentido indicado. No comprender esto significa no comprender en absoluto las condiciones fundamentales de la transición del capitalismo al socialismo. Temer este ``reaccionarismo'', intentar prescindir de él, saltar por encima de él, es una inmensa tontería, pues equivale a temer el papel de la vanguardia proletaria, que consiste en instruir, ilustrar y educar a los sectores y las masas más atrasados de la clase obrera y del campesinado e incorporarlos a la vida nueva. Por otro lado, aplazar la dictadura del proletariado hasta que no quede ni un solo obrero de estrecho espíritu profesional, ni un solo obrero con prejuicios tradeunionistas y gremiales, sería un error aún más profundo. El arte del político (y la comprensión acertada de sus tareas por el comunista) consiste precisamente en saber valorar con exactitud las condiciones y el momento en que la vanguardia del proletariado puede tomar victoriosamente el poder; en que puede, durante la toma del poder y después de ella, conseguir un apoyo suficiente de sectores bastante amplios de la clase obrera y de las masas laboriosas no proletarias; en que puede, una vez obtenido dicho apoyo, mantener, afianzar y extender su dominación, educando, instruyendo y atrayéndose a masas cada vez más amplias de trabajadores.
Prosigamos. En países más adelantados que Rusia se ha hecho sentir, y debía hacerse sentir con mucha mayor fuerza, sin duda, que en el nuestro, cierto espíritu reaccionario de los sindicatos. En Rusia, los mencheviques tenían apoyo entre los sindicatos (y, en parte, siguen teniéndolo en un número pequeñísimo de éstos) gracias precisamente a la estrechez corporativa, al egoísmo profesional y al oportunismo. En Occidente, sus mencheviques se han ``atrincherado'' mucho más sólidamente en los sindicatos; allí se ha destacado un sector mucho más fuerte que en nuestro país de "aristocracia obrera" profesional, mezquina, egoísta, insensible, codiciosa, pequeñoburguesa, de espíritu imperialista, comprada y corrompida por el imperialismo. Esto es indiscutible. La lucha contra los Gompers, contra los señores Jouhaux, Henderson, Merrheim, Legien y Cía. en Europa Occidental es mucho más difícil que la lucha contra nuestros mencheviques, que representan un tipo social y político completamente homogéneo. Hay que sostener esta lucha de manera implacable y llevarla sin falta, como hemos hecho nosotros, hasta poner en la picota y expulsar de los sindicatos a todos los jefes incorregibles del oportunismo y del socialchovinismo. Es imposible conquistar el poder político (y no debe intentarse tomarlo) mientras esta lucha no haya alcanzado cierto grado; este "cierto grado" no es idéntico en todos los países ni en todas las 378 condiciones, y sólo dirigentes políticos del proletariado reflexivos, experimentados y competentes pueden determinarlo con acierto en cada país. (En Rusia nos dieron la medida del éxito en esta lucha, entre otras cosas, las elecciones de noviembre de 1917 a la Asamblea Constituyente, pocos días después de la revolución proletaria del 25 de octubre de 1917. En dichas elecciones, los mencheviques sufrieron una espantosa derrota, obteniendo 700.000 votos---1.400.000 si agregamos los de Transcaucasia--- frente a 9.000.000 logrados por los bolcheviques. Véase mi artículo Las elecciones a la Asamblea Constituyente y la dictadura del proletariado, en el número 7-8 de La Internacional = Comunista^^1^^™.)
Pero la lucha contra "la aristocracia obrera" la sostenemos en nombre de las masas obreras y para ponerlas de nuestra parte; la lucha contra los jefes oportunistas y socialchovinistas la sostenemos para ganarnos a la clase obrera. Sería estúpido olvidar esta verdad elementalísima y más que evidente. Pero tal es, precisamente, la estupidez en que incurren los comunistas alemanes "de izquierda'', los cuales deducen del carácter reaccionario y contrarrevolucionario de los cabecillas sindicales la conclusión de que es preciso... ¡¡salir de los sindicatos!!, ¡¡renunciar a actuar en ellos!!, ¡¡crear formas de organización obrera nuevas, inventadasll Una estupidez tan imperdonable que equivale al mejor servicio que los comunistas pueden prestar a la burguesía. Porque nuestros mencheviques, como todos los líderes sindicales oportunistas, socialchovinistas y kautskianos, no son otra cosa que "agentes de la burguesía en el movimiento obrero" (como hemos dicho siempre refiriéndonos a los mencheviques) o, en otros términos, " lugartenientes obreros de la clase capitalista" (labor lieutenants of the capitalist class), según la magnífica expresión, profundamente exacta, de los discípulos de Daniel de León en los Estados Unidos. No actuar en los sindicatos reaccionarios significa abandonar a las masas obreras insuficientemente desarrolladas o atrasadas a la influencia de los líderes reaccionarios, de los agentes de la burguesía, de los obreros aristócratas u "obreros aburguesados" (véase la carta de Engels a Marx, en 1858, acerca de los obreros ingleses~^^137^^).
Precisamente la absurda "teoría" de la no participación de los comunistas en los sindicatos reaccionarios prueba del modo más patente con qué irreflexión abordan estos comunistas "de izquierda" el problema de la influencia entre "las masas" y cómo abusan de su griterío acerca de éstas. Para saber ayudar a "las masas" y conquistar su simpatía, su adhesión y su apoyo no hay que temer las dificultades, las cicaterías, las zancadillas, los insultos y las persecuciones por "los jefes" (que, siendo oportunistas y 379 socialchovinistas, están en la mayor parte de los casos relacionados directa o indirectamente con la burguesía y la policía) y se debe actuar sin falta allá donde estén las masas. Hay que saber hacer toda clase de sacrificios y vencer los mayores obstáculos para efectuar una propaganda y una agitación sistemáticas, tenaces, perseverantes y pacientes precisamente en las instituciones, sociedades y asociaciones, por reaccionarias que sean, donde haya masas proletarias o semiproletarias. Y los sindicatos y las cooperativas obreras (estas últimas, por lo menos, en algunos casos) son cabalmente las organizaciones donde están las masas. En Inglaterra, según datos hechos públicos por el periódico sueco Folkets Dagblad Politiken[i* el 10 de marzo de 1920, el total de afiliados a las tradeuniones, que a finales de 1917 era de 5.500.000, se elevó a últimos de 1918 a 6.600.000, es decir, aumentó en el 19%. Y se calcula que a fines de 1919 ascendían a 7.500.000. No tengo a mano las cifras correspondientes a Francia y Alemania; pero algunos hechos, indiscutibles por completo y conocidos de todos, muestran un gran incremento del número de miembros de los sindicatos también en esos países.
Estos hechos prueban con entera claridad lo que confirman otros mil síntomas: el crecimiento del grado de conciencia y de los anhelos de organización precisamente entre las masas proletarias, en sus "sectores inferiores'', atrasados. En Inglaterra, Francia y Alemania, millones de obreros pasan por vez primera de la completa desorganización a la forma de organización más elemental e inferior, más simple y accesible (para los que se hallan todavía impregnados hasta la médula de prejuicios democráticos burgueses): los sindicatos. Y los comunistas de izquierda, revolucionarios, pero insensatos, se quedan a un lado, gritan: "¡Masa!'', "¡Masa!'', y ¡¡se niegan a actuar en los sindicatos!!, ¡¡so pretexto de su ``reaccionarismo''!!, inventan una "unión obrera" nuevecita, pura, exenta de todo prejuicio democrático burgués, de todo pecado gremial y de toda estrechez profesional, que será (¡será!) amplia, según dicen, y para ingresar en la cual se exige solamente (¡solamente!) ¡¡"reconocer el sistema de los Soviets y la dictadura" (véase la cita transcrita más arriba)!!
¡Es inconcebible mayor insensatez, mayor daño causado a la revolución por los revolucionarios "de izquierda"! Si hoy, en Rusia, después de dos años y medio de triunfos sin precedente sobre la burguesía de Rusia y la de la Entente, estableciéramos como condición para ingresar en los sindicatos "reconocer la dictadura'', haríamos una tontería, malograríamos nuestra influencia entre las masas y ayudaríamos a los mencheviques. Porque la tarea de los comunistas consiste en saber convencer a los elementos atrasados, en 380 saber actuar entre ellos y no en aislarse de ellos con consignas puerilmente ``izquierdistas'' sacadas de la cabeza.
Es indudable que los señores Gompers, Henderson, Jouhaux y Legien estarán muy reconocidos a esos revolucionarios "de izquierda'', que, como los de la oposición "de principio" alemana (¡Dios nos libre de semejantes ``principios''!) o algunos revolucionarios de la organización norteamericana Obreros Industriales del = Mundo^^139^^, predican la salida de los sindicatos reaccionarios y la renuncia a actuar en ellos. No dudamos de que los señores ``jefes'' del oportunismo recurrirán a todas las artimañas de la diplomacia burguesa, a la ayuda de los gobiernos burgueses, de los curas, de la policía y de los tribunales para impedir la entrada de los comunistas en los sindicatos, para expulsarlos de ellos por todos los medios y hacer lo más desagradable posible su labor en los mismos, para ofenderles, acosarles y perseguirles. Hay que saber afrontar todo eso, estar dispuestos a todos los sacrificios, recurrir incluso---en caso de necesidad---a todas las estratagemas, astucias y procedimientos ilegales, silenciar y ocultar la verdad con tal de penetrar en los sindicatos, permanecer en ellos y efectuar allí, cueste lo que cueste, una labor comunista. Bajo el régimen zarista, hasta 1905, no tuvimos ninguna "posibilidad legal''; pero cuando el policía Zubátov organizó sus asambleas y asociaciones obreras ultrarreaccionarias con objeto de cazar a los revolucionarios y luchar contra ellos, enviamos allí a miembros de nuestro partido (recuerdo entre ellos al camarada Bábushkin, destacado obrero petersburgués, fusilado en 1906 por los generales zaristas), que establecieron contacto con las masas, se las ingeniaron para hacer su agitación y arrancar a los obreros de la influencia de los zubatovistas^^*^^. Está claro que actuar así resulta más difícil en los países de Europa Occidental, particularmente impregnados de prejuicios legalistas, constitucionales y democráticos burgueses de singular arraigo. Pero se puede y se debe actuar, y de modo sistemático.
El Comité Ejecutivo de la III Internacional debe, a mi juicio, condenar públicamente y proponer al próximo Congreso de la Internacional Comunista que condene en general la política de no participación en los sindicatos reaccionarios (motivando de manera detallada la insensatez que representa esta no participación y el gravísimo daño que causa a la revolución proletaria) y, en particular, la línea de conducta de algunos miembros del Partido Comunista _-_-_
^^*^^ Los Gompers, los Henderson, los Jouhaux y los Legien no son sino los Zubátov de allí, que se distinguen del nuestro por su traje europeo, su porte elegante y los refinados procedimientos, aparentemente democráticos y civili/.ados, que emplean para aplicar su canallesca política.
381 Holandés, que (de modo directo o indirecto, abierto o encubierto, total o parcial, lo mismo da) han apoyado esta política errónea. La III Internacional debe romper con la táctica de la II y no eludir ni ocultar los problemas espinosos, sino plantearlos a rajatabla. Hemos dicho cara a cara toda la verdad a los ``independientes'' (Partido Socialdemócrata Independiente de Alemania); hay que decírsela del mismo modo a los comunistas "de izquierda". __NUMERIC_LVL2__ VII __ALPHA_LVL2__ ¿DEBE PARTICIPARSELos comunistas "de izquierda" alemanes responden a esta pregunta, con el mayor desprecio---y la mayor irreflexión---, negativamente. ¿Sus argumentos? En la cita reproducida más arriba leemos:
``...rechazar del modo más categórico todo retorno a los métodos de lucha parlamentarios (los cuales han caducado ya histórica y políticamente)..."
Está dicho en un tono ridiculamente presuntuoso y es una falsedad evidente. ¡``Retorno'' al parlamentarismo! ¿Acaso existe ya en Alemania una república soviética? ¡Parece que no! ¿Cómo puede hablarse, entonces, de ``retorno''? ¿No es eso una frase vacía?
El parlamentarismo "ha caducado históricamente''. Esto es cierto desde el punto de vista de la propaganda. Pero nadie ignora que de ahí a su superación práctica hay una distancia inmensa. Hace ya muchos decenios que podía decirse con entera razón que el capitalismo había "caducado históricamente''; mas esto no suprime en modo alguno la necesidad de sostener una lucha muy prolongada y muy tenaz sobre el terreno del capitalismo. El parlamentarismo "ha caducado históricamente" desde el punto de vista histórico universal, es decir, la época del parlamentarismo burgués ha terminado, la época de la dictadura del proletariado ha empezado. Esto es indiscutible. Pero en la historia universal se cuenta por décadas. Desde su punto de vista, diez o veinte años más o menos no tienen importancia, son una pequenez imposible de apreciar incluso aproximadamente. De ahí que recurrir a la escala de la historia universal en un problema de política práctica constituya el error teórico más escandaloso.
¿Que el parlamentarismo "ha caducado políticamente"? Eso es ya otra cuestión. Si fuera cierto, la posición de los ``izquierdistas'' sería firme. Pero eso hay que demostrarlo con un análisis muy serio, y los ``izquierdistas'' ni siquiera saben abordarlo. También es malísimo, 382 como veremos, el análisis que se hace en las Tesis acerca del parlamentarismo, publicadas en el número 1 del Boletín de la Oficina Provisional de Amsterdam de la Internacional Comunista (Bulletin of the Provisional Burean in Amsterdam of the Communist International, February 1920), las cuales expresan claramente las tendencias izquierdistas de los holandeses o las tendencias holandesas de los izquierdistas.
En primer lugar, los ``izquierdistas'' alemanes, como se sabe, consideraban ya en enero de 1919 que el parlamentarismo había "caducado políticamente'', a despecho de la opinión de dirigentes políticos tan destacados como Rosa Luxemburgo y Carlos Liebknecht. Es sabido que los ``izquierdistas'' se equivocaron. Este hecho basta para aniquilar de golpe y de raíz la tesis de que el parlamentarismo "ha caducado políticamente''. Los ``izquierdistas'' están en el deber de demostrar por qué su indiscutible error de entonces ha dejado de serlo hoy. Pero no aportan, ni pueden aportar, la menor sombra de prueba. La actitud de un partido político ante sus errores es uno de los criterios más importantes y más seguros para juzgar de la seriedad de ese partido y del cumplimiento efectivo de sus deberes para con su clase y para con las masas trabajadoras. Reconocer abiertamente un error, poner al desnudo sus causas, analizar la situación que lo ha engendrado y discutir atentamente los medios de corregirlo: eso es lo que caracteriza a un partido serio; en eso consiste el cumplimiento de sus deberes; eso es educar e instruir a la clase y, después, a las masas. Al no cumplir ese deber ni estudiar con extraordinaria atención, minuciosidad y prudencia su error manifiesto, los ``izquierdistas'' de Alemania (y de Holanda) muestran precisamente que no son el partido de la clase, sino un círculo, que no son el partido de las masas, sino un grupo de intelectuales y de un reducido número de obreros que imitan los peores rasgos de los intelectualoides.
En segundo lugar, en el mismo folleto del grupo "de izquierda" de Francfort, del que hemos reproducido antes citas detalladas, leemos:
``...los millones de obreros que siguen todavía la política del centro" (del partido católico del "(entro'') "son contrarrevolucionarios. I.os proletarios del campo forman las legiones de los ejércitos contrarrevolucionarios" (pág. 3 del folleto).
Todo indica que eso está dicho con una ampulosidad y una exageración excesivas. Pero el hecho fundamental aquí expuesto es indiscutible y su reconocimiento por los ``izquierdistas'' patentiza su error con fuerza singular. En efecto, ¡cómo se puede decir que "el parlamentarismo ha caducado políticamente'', si ``millones'' y ``legiones'' de proletarios son todavía no sólo partidarios del 383 parlamentarismo en general, sino incluso francamente " contrarrevolucionarios"? Es evidente que el parlamentarismo en Alemania no ha caducado aún políticamente. Es evidente que los ``izquierdistas'' de Alemania han tomado su deseo, su actitud política e ideológica, por una realidad objetiva. Este error es el más peligroso para los revolucionarios. En Rusia, donde el yugo del zarismo, salvaje y feroz en extremo, engendró durante un período muy largo y en formas variadísimas revolucionarios de todos los matices, revolucionarios de abnegación, entusiasmo, heroísmo y fuerza de voluntad asombrosos, hemos podido observar muy de cerca, estudiar con singular atención y conocer al detalle este error de los revolucionarios. Y por eso lo vemos con especial claridad en los demás. Por supuesto, el parlamentarismo "ha caducado políticamente" para los comunistas de Alemania; pero se trata precisamente de no creer que lo caduco para nosotros haya caducado para la clase, para la masa. Una vez más vemos aquí que los ``izquierdistas'' no saben razonar, no saben comportarse como el partido de la clase, como el partido de las masas. Tenéis el deber de no descender al nivel de las masas, al nivel de los sectores atrasados de la clase. Esto es indiscutible. Tenéis la obligación de decirles la amarga verdad; de decirles que sus prejuicios democráticos burgueses y parlamentarios son eso: prejuicios. Pero, al mismo tiempo, tenéis la obligación de observar con serenidad el estado verdadero de conciencia y de preparación precisamente de toda la clase (y no sólo de su vanguardia comunista), de toda la masa trabajadora (y no sólo de sus elementos avanzados).
Aunque no fueran ``millones'' y ``legiones'', sino una simple minoría bastante considerable de obreros industriales la que siguiese a los curas católicos, y de obreros agrícolas la que siguiese a los terratenientes y campesinos ricos (Grossbauern), podría asegurarse ya sin vacilar que el parlamentarismo en Alemania no ha caducado todavía políticamente; que la participación del partido del proletariado revolucionario en las elecciones parlamentarias y en la lucha desde la tribuna del Parlamento es obligatoria precisamente para educar a los sectores atrasados de su clase, precisamente para despertar e instruir a la masa aldeana inculta, oprimida e ignorante. Mientras no tengáis fuerza para disolver el Parlamento burgués y las instituciones reaccionarias de otro tipo, cualesquiera que sean, tenéis la obligación de actuar en ellas precisamente porque allí hay todavía obreros idiotizados por el clero y por la vida en los más perdidos rincones rurales. De lo contrario corréis el riesgo de convertiros en simples charlatanes.
En tercer lugar, los comunistas "de izquierda" nos colman de elogios a los bolcheviques. A veces dan ganas de decirles: ¡alabadnos menos, pero compenetraos más con la táctica de los bolcheviques, 384 familiarizaos más con ella! Participamos en las elecciones al Parlamento burgués de Rusia, a la Asamblea Constituyente, de septiembre a noviembre de 1917. ¿Fue acertada nuestra táctica o no? Si no lo fue, hay que decirlo con claridad y demostrarlo: es indispensable para que el comunismo internacional trace una táctica justa. Si lo fue, deben sacarse de ello las conclusiones pertinentes. Está claro que no puede ni hablarse de equiparar las condiciones de Rusia a las de Europa Occidental. Pero cuando se trata de manera especial del significado que tiene la idea "el parlamentarismo ha caducado políticamente'', es obligatorio tomar en consideración con exactitud nuestra experiencia, pues sin tener en cuenta la experiencia concreta, esas ideas se convierten con excesiva facilidad en frases hueras. ¿Es que nosotros, los bolcheviques rusos, no teníamos de septiembre a noviembre de 1917 más derecho que todos los comunistas de Occidente a considerar que el parlamentarismo había caducado políticamente en Rusia? Lo teníamos, claro está, pues la cuestión no estriba en si los parlamentos burgueses existen desde hace mucho tiempo o poco, sino en qué medida las grandes masas trabajadoras están preparadas (ideológica, política y prácticamente) para aceptar el régimen soviético y disolver el Parlamento democrático burgués (o permitir su disolución). Es un hecho histórico plenamente establecido y absolutamente indiscutible que en septiembre, octubre y noviembre de 1917, en virtud de una serie de condiciones particulares, la clase obrera de las ciudades, los soldados y los campesinos de Rusia estaban preparados de un modo excepcional para aceptar el régimen soviético y disolver el Parlamento burgués más democrático. Y pese a ello, los bolcheviques no boicotearon la Asamblea Constituyente, sino que participaron en las elecciones, tanto antes como después de la conquista del poder político por el proletariado. Que dichas elecciones dieron resultados políticos de extraordinario valor (y de suma utilidad para el proletariado) es un hecho que creo haber demostrado en el artículo antes mencionado, en el que analizo con todo detalle los resultados de las elecciones a la Asamblea Constituyente de Rusia.
La conclusión que de ello se deduce es absolutamente indiscutible: está demostrado que, incluso unas semanas antes de la victoria de la República Soviética, e incluso después de esta victoria, la participación en un Parlamento democrático burgués, lejos de perjudicar al proletariado revolucionario, le permite demostrar con mayor facilidad a las masas atrasadas por qué semejantes parlamentos merecen ser disueltos, facilita el éxito de su disolución, facilita "la caducidad política" del parlamentarismo burgués. No tener en cuenta esta experiencia y pretender, al mismo tiempo, pertenecer a la Internacional Comunista, que debe elaborar internacionalmente su 385 táctica (no una táctica de carácter nacional estrecho o unilateral, sino justamente una táctica internacional), significa incurrir en el más profundo de los errores y precisamente apartarse de hecho del internacionalismo, aunque se le reconozca de palabra.
Examinemos ahora los argumentos "izquierdistas holandeses" a favor de la no participación en los parlamentos. He aquí la tesis = 4^^1^^'', la más importante de las tesis ``holandesas'' antes mencionadas, traducida del inglés:
``Cuando el sistema capitalista de producción es destrozado y la sociedad atraviesa un período revolucionario, la acción parlamentaria pierde gradualmente su valor en comparación con la acción de las propias masas. Cuando, en estas condiciones, el Parlamento se convierte en el centro y el órgano de la contrarrevolución, y, por otra parte, la clase obrera crea los instrumentos de su poder en forma de Soviets, puede resultar incluso necesario renunciar a toda participación en la acción parlamentaria".
La primera frase es errónea a todas luces, pues la acción de las masas---por ejemplo, una gran huelga---es siempre más importante que la acción parlamentaria, y no sólo durante la revolución o en una situación revolucionaria. Este argumento, a todas luces infundado y falso histórica y políticamente, no hace sino mostrar con claridad singular que los autores desprecian por completo la experiencia de toda Europa (de Francia en vísperas de las revoluciones de 1848 y 1870, de Alemania entre 1878 y 1890, etc.) y de Rusia (véase más arriba) respecto a la importancia que tiene combinarla lucha legal con la ilegal. Esta cuestión reviste la mayor trascendencia, tanto en general como en particular, porque en todos los países civilizados y avanzados se acerca a grandes pasos la época en que dicha combinación será cada día más obligatoria---y lo es ya en parte--- para el partido del proletariado revolucionario. Será obligatoria en virtud de la maduración y la proximidad de la guerra civil del proletariado contra la burguesía, en virtud de las feroces persecuciones de los comunistas por los gobiernos republicanos y, en general, burgueses, los cuales violan por todos los medios la legalidad (bastará con citar el ejemplo de Norteamérica), etc. Los holandeses y los izquierdistas en general no comprenden en absoluto esta cuestión esencialísima.
La segunda frase es, en primer lugar, errónea desde el punto de vista histórico. Los bolcheviques hemos actuado en los parlamentos más contrarrevolucionarios y la experiencia ha demostrado que semejante participación ha sido no sólo útil, sino necesaria para el partido del proletariado revolucionario precisamente después de la primera revolución burguesa en Rusia (1905), a fin de preparar la segunda revolución burguesa (febrero de 1917) y, luego, la revolución socialista (octubre de 1917). En segundo lugar, dicha frase es de un ilogismo sorprendente. De que el Parlamento se
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386 convierta en el órgano y "el centro" de la contrarrevolución (dicho sea de pasada, jamás ha sido ni ha podido ser en realidad "el centro'') y de que los obreros creen los instrumentos de su poder en forma de Soviets, se deduce que los trabajadores deben prepararse ideológica, política y técnicamente para la lucha de los Soviets contra el Parlamento, para la disolución del Parlamento por los Soviets. Pero de ahí no se desprende en modo alguno que semejante disolución sea obstaculizada, o no sea facilitada, por la presencia de una oposición soviética dentro del Parlamento contrarrevolucionario. Jamás hemos notado durante nuestra lucha victoriosa contra Denikin y Kolchak que la existencia de una oposición proletaria, soviética, en la zona ocupada por ellos fuera indiferente para nuestros triunfos. Sabemos muy bien que la disolución de la Constituyente, efectuada por nosotros el 5 de enero de 1918, lejos de ser dificultada, se vio facilitada por la presencia en la Constituyente contrarrevolucionaria que disolvíamos tanto de una oposición soviética consecuente, la bolchevique, como de una oposición soviética inconsecuente, la de los eseristas de izquierda.Los autores de la tesis se han hecho un lío completo y han olvidado la experiencia de una serie de revoluciones, si no de todas, que acredita la singular utilidad de combinar, en tiempos de revolución, la acción de masas fuera del Parlamento reaccionario con una oposición simpatizante de la revolución (o mejor aún, que la apoya francamente) dentro de ese Parlamento. Los holandeses y los ``izquierdistas'' en general razonan en este caso como doctrinarios de la revolución que jamás han participado en una verdadera revolución y reflexionado sobre la historia de las revoluciones, o que toman ingenuamente "la negación" subjetiva de cierta institución reaccionaria por su destrucción efectiva con las fuerzas mancomunadas de toda una serie de factores objetivos. El medio más seguro de desacreditar una nueva idea política (y no sólo política) y de perjudicarla es llevarla hasta el absurdo con el pretexto de defenderla. Porque toda verdad, si se la hace ``exorbitante'' (como decía Dietzgen padre), si se la exagera y extiende más allá de los límites en los que es realmente aplicable, puede ser llevada al absurdo y, en las condiciones señaladas, se convierte de manera infalible en un absurdo. Tal es el flaco servicio que prestan los izquierdistas de Holanda y Alemania a la nueva verdad de la superioridad del Poder soviético sobre los parlamentos democráticos burgueses. Por supuesto, estaría en un error quien siguiera sosteniendo de un modo general la vieja afirmación de que abstenerse de participar en los parlamentos burgueses es inadmisible en todas las circunstancias. Me es imposible tratar de formular aquí las condiciones en que es útil el boicot, pues este folleto persigue 387 objetivos mucho más modestos: analizar la experiencia rusa en relación con algunos problemas actuales de la táctica comunista internacional. La experiencia rusa nos brinda una aplicación feliz y acertada (1905) y otra equivocada (1906) del boicot por los bolcheviques. Al analizar el primer caso vemos: los bolcheviques consiguieron impedir la convocación del Parlamento reaccionario por el poder reaccionario en un momento en que la acción revolucionaria extraparlamentaria de las masas (en particular las huelgas) crecía con rapidez excepcional, en que ni un solo sector del proletariado y del campesinado podía apoyar en modo alguno el poder reaccionario, en que el proletariado revolucionario se aseguraba su influencia entre las grandes masas atrasadas por medio de la lucha huelguística y del movimiento agrario. Es evidente a todas luces que esta experiencia no puede aplicarse a las condiciones europeas actuales. Y es también evidente a todas luces---en virtud de los argumentos expuestos más arriba---que la defensa, incluso convencional, de la renuncia a participar en los parlamentos, hecha por los holandeses y los ``izquierdistas'', es profundamente errónea y nociva para la causa del proletariado revolucionario.
En Europa Occidental y en los Estados Unidos, el Parlamento se ha hecho odioso en extremo a la vanguardia revolucionaria de la clase obrera. Esto es indiscutible. Y se comprende perfectamente, pues resulta difícil imaginarse mayor vileza, abyección y felonía que la conducta de la mayoría abrumadora de los diputados socialistas y socialdemócratas en el Parlamento durante la guerra y después de ella. Pero sería no sólo insensato, sino francamente criminal dejarse llevar por estos sentimientos al decidir cómo se debe combatir el mal reconocido por todos. Puede decirse que, en muchos países de Europa Occidental, el espíritu revolucionario es hoy una ``novedad'' o una ``rareza'', esperada demasiado tiempo, en vano y con impaciencia, debido a lo cual, quizá, se cede ante ella con tanta facilidad. Como es natural, sin un estado de ánimo revolucionario de las masas y sin condiciones que favorezcan su desarrollo, la táctica revolucionaria no se transformará en acción; pero en Rusia, una experiencia demasiado larga, dura y sangrienta nos ha convencido de que es imposible basar la táctica revolucionaria exclusivamente en el estado de ánimo revolucionario. La táctica debe ser trazada tomando en consideración con serenidad y estricta objetividad todas las fuerzas de clase del Estado de que se trate (y de los Estados que le rodean y de todos los Estados a escala mundial), así como la experiencia de los movimientos revolucionarios. Es facilísimo dar pruebas de ``revolucionarismo'' sólo con insultos al oportunismo parlamentario, sólo condenando la participación en los parlamentos; pero, precisamente por ser demasiado fácil, no es la solución de un 388 problema difícil, dificilísimo. En los parlamentos europeos es mucho más difícil que en Rusia formar una minoría parlamentaria verdaderamente revolucionaria. Desde luego. Mas eso no es sino una expresión parcial de la verdad general de que, en la situación concreta de 1917, original en extremo desde el punto de vista histórico, a Rusia le fue fácil empezar la revolución socialista, pero continuarla y llevarla a feliz término le será más difícil que a los países europeos. A comienzos de 1918 hube ya de indicar esta circunstancia, y la experiencia de los dos años transcurridos desde entonces ha venido a confirmar por entero la justedad de semejante consideración. En Europa Occidental no existen hoy condiciones específicas como fueron: 1) la posibilidad de conjugar la revolución soviética con la terminación, gracias a ella, de la guerra imperialista, que había extenuado hasta lo indecible a los obreros y los campesinos; 2) la posibilidad de sacar provecho, durante cierto tiempo, de la lucha a muerte en que estaban enzarzados los dos grupos más poderosos del mundo de tiburones imperialistas, que no podían coligarse contra el enemigo soviético; 3) la posibilidad de soportar una guerra civil relativamente larga, en parte por la extensión gigantesca del país y por sus malas comunicaciones; 4) la existencia entre los campesinos de un movimiento revolucionario democrático burgués tan profundo que el partido del proletariado hizo suyas las reivindicaciones revolucionarias del partido de los campesinos (los socialistasrevolucionarios, un partido profundamente hostil, en su mayoría, al bolchevismo) y las realizó en el acto gracias a la conquista del poder político por el proletariado. Esas condiciones específicas no se dan hoy en Europa Occidental, y su repetición, o la de otras análogas, no es nada fácil. Por ello, entre otras razones, a Europa Occidental le es más difícil que a nosotros comenzarla revolución socialista. Tratar de ``eludir'' esta dificultad "saltándose" el arduo problema de utilizar con fines revolucionarios los parlamentos reaccionarios es puro infantilismo. ¡Queréis crear una sociedad nueva y teméis la dificultad de formar una buena minoría parlamentaria de comunistas convencidos, abnegados y heroicos en un Parlamento reaccionario? ¿No es eso, acaso, infantilismo? Si Carlos Liebknecht en Alemania y Carlos Hóglung en Suecia han sabido, incluso sin el apoyo de las masas desde abajo, dar un ejemplo de utilización realmente revolucionaria de los parlamentos reaccionarios, ¡cómo es posible que un partido revolucionario de masas que crece con rapidez no pueda, en medio de las desilusiones y la exasperación de posguerra de las masas, forjar una minoría comunista en los peores parlamentos? Precisamente porque las masas atrasadas de obreros y---con mayor motivo---de pequeños campesinos están mucho más imbuidas en Europa Occidental que en Rusia de prejuicios democráticos burgueses y 389 parlamentarios, precisamente por eso, sólo en el seno de instituciones como los parlamentos burgueses pueden (y deben) los comunistas sostener una lucha prolongada y tenaz, sin retroceder ante ninguna dificultad, para denunciar, desvanecer y superar dichos prejuicios. Los ``izquierdistas'' alemanes se quejan de los malos ``jefes'' de su partido y caen en la desesperación, llegando a la ridiculez de ``negar'' a "los jefes''. Pero en circunstancias que obligan con frecuencia a mantener a estos últimos en la clandestinidad, la formación de ``jefes'' buenos, seguros, probados y prestigiosos resulta particularmente difícil, y es imposible vencer con éxito semejantes dificultades sin combinar la labor legal con la ilegal, sin hacer pasar a "los jefes'', entre otras pruebas, también por la del Parlamento. La crítica---la más violenta, implacable e intransigente---no debe dirigirse contra el parlamentarismo o la acción parlamentaria, sino contra los jefes que no saben (y, tanto más, contra los que no quieren) utilizar las elecciones parlamentarias y la tribuna del Parlamento a la manera revolucionaria, a la manera comunista. Sólo esta crítica---unida, como es natural, a la expulsión de los jefes incapaces y a su sustitución por otros capaces---constituirá una labor revolucionaria provechosa y fecunda, que educará simultáneamente a "los jefes'', para que sean dignos de la clase obrera y de las masas trabajadoras, y a las masas, para que aprendan a orientarse como es debido en la situación política y a comprender las tareas, a menudo complejas y embrolladas en extremo, que se deducen de semejante situación^^*^^.
_-_-_^^*^^ Han sido demasiado escasas las posibilidades que he tenido de conocer el comunismo "de izquierda" en Italia. Es indudable que el camarada Bordiga y su tracción de "comunistas boitoteadores" (Comunica astensionista) se equivocan al defender la no participación en el Parlamento. Pero hay un punto en el que, a mi juicio, tiene razón, por lo que puedo juzgar ateniéndome a dos números de su periódico IlSoviet™" (núms. 3 y 4 del 18/1 y del l/II de 1920), a cuatro números de la excelente revista del camarada Serrati Comunismo (núms. 1-4, 1/X-30/XI de 1919) y a números sueltos de periódicos burgueses italianos que he podido ver. El camarada Bordiga y su fracción tienen razón, precisamente, cuando atacan a Turati y sus partidarios, los cuales pertenecen a un partido que reconoce el Poder de los Soviets y la dictadura del proletariado, continúan siendo miembros del Parlamento y prosiguen su vieja y nociva política oportunista. Corno es natural, al tolerar esto, el camarada Serrati y todo el Partido Socialista Italiano incurren en un error preñado de tan grandes perjuicios y peligros como en Hungría, donde los señores Turati húngaros sabotearon desde dentro el partido y el Poder de los Soviets. F.sa actitud errónea, inconsecuente o timorata con respecto a los parlamentarios oportunistas, de una parte, engendra el comunismo "de izquierda" y, de otra, justifica hasta cierto punto su existencia. F.s evidente que el camarada Serrati no tiene razón al acusar de ``inconsecuencia'' al diputado Turati (Comunismo, núm. 3), pues el inconsecuente es precisamente el Partido Socialista Italiano, que tolera en su seno a parlamentarios oportunistas tomo Turan y compañía.
390 __NUMERIC_LVL2__ VIII __ALPHA_LVL2__ ¿NINGÚN COMPROMISO?En la cita del folleto de Francfort hemos visto la energía con que los ``izquierdistas'' plantean esta consigna. Es triste ver cómo hombres que, indudablemente, se consideran marxistas y quieren serlo han olvidado las verdades fundamentales del marxismo. Engels ---que, como Marx, pertenece a esa rarísima categoría de escritores cada una de cuyas frases de sus obras importantes tiene una asombrosa profundidad de contenido---escribía en 1874 lo siguiente contra el Manifiesto de los treinta y tres blanquistas miembros de la Comuna:
``"...Somos comunistas" (decían en su manifiesto los comuneros blanquistas) "porque queremos llegar a nuestra meta sin detenernos en paradas intermedias, sin aceptar compromisos, que no hacen más que alejar el día de la victoria y prolongar la esclavitud."
``Los comunistas alemanes son comunistas porque, a través de todas las paradas intermedias y los compromisos creados por la marcha del desarrollo histórico, y no por ellos, ven con claridad y persiguen sin cesar la meta final: la supresión de las clases y la creación de una sociedad en la que no habrá lugar para la propiedad privada de la tierra y de todos los medios de producción. Los treinta y tres blanquistas se figuran que son comunistas porque, desde el momento en que su deseo es saltarse las paradas intermedias y los compromisos, la cosa está hecha, y que sí ``comienza'' uno de estos días---de lo cual están firmemente seguros---y el poder cae en sus manos, pasado mañana "será instaurado el comunismo''. Por consiguiente, si no se puede hacer eso en el acto, no son comunistas. "¡Qué ingenuidad pueril presentar la propia impaciencia como argumento teórico!" (F. Engels. El programa de los emigrados blanquistas de la Comuna, del periódico socialdemócrata alemán = Der Volksstaat^^142^^, 1874, núm. 73, incluido en la recopilación Artículos de 1871--1875, traducción rusa, Retrogrado, 1919, págs. 52--53.)
Engels expresa en ese mismo artículo su profundo respeto por Vaillant y habla del "mérito incontestable" de éste (que fue, como Guesde, uno de los jefes más destacados del socialismo internacional antes de su traición al socialismo en agosto de 1914). Pero Engels no deja de analizar con todo detalle el error manifiesto. Está claro que a los revolucionarios muy jóvenes e inexpertos, lo mismo que a los revolucionarios pequeñoburgueses, incluso de edad muy respetable y con gran experiencia, les parece extraordinariamente ``peligroso'', incomprensible y erróneo "autorizar los compromisos''. Y muchos sofistas (como politicastros ``superexpertos'' o excesivamente " 391 experimentados'') razonan del mismo modo que los jefes del oportunismo inglés mencionados por el camarada Lansbury: "Si los bolcheviques se permiten tal o cual compromiso, ¿por qué no hemos de permitirnos nosotros cualquier compromiso?" Pero los proletarios educados por repetidas huelgas (para no considerar más que esta manifestación de la lucha de clases) asimilan de ordinario magníficamente la profundísima verdad (filosófica, histórica, política y sicológica) enunciada por Engels. Todo proletario conoce huelgas, conoce ``compromisos'' con los odiados opresores y explotadores, después de los cuales los obreros han tenido que reintegrarse al trabajo sin haber logrado nada o accediendo a una satisfacción parcial de sus reivindicaciones. El ambiente de lucha de masas y de brusco enconamiento de los antagonismos de clase en que vive permiten a cada proletario observar la diferencia existente entre compromisos de dos tipos. De una parte, un compromiso impuesto por condiciones objetivas (pobreza de la caja de los huelguistas que carecen de apoyo, padecen hambre y están extenuados hasta lo indecible), compromiso que en nada disminuye la abnegación revolucionaria de los obreros que lo han contraído ni su disposición a continuar la lucha. De otra parte, un compromiso de traidores que achacan a causas objetivas su vil egoísmo (¡también los esquiroles conciertan ``compromisos''!), su cobardía, su deseo de ganarse la buena disposición de los capitalistas, su falta de firmeza ante las amenazas y, a veces, ante las exhortaciones, las limosnas o los halagos de los capitalistas (estos compromisos de traidores abundan especialmente en la historia del movimiento obrero inglés por parte de los jefes de las tradeuniones, aunque, en una forma o en otra, casi todos los obreros de los demás países han podido observar fenómenos análogos).
Por supuesto, se dan casos aislados difíciles y complejos en extremo en los que sólo realizando los mayores esfuerzos se logra determinar con exactitud el verdadero carácter de tal o cual ``compromiso'', de la misma manera que hay casos de homicidio en los que no es nada fácil decidir si éste era absolutamente justo e incluso obligatorio (por ejemplo, en caso de legítima defensa), o bien resultado de una imprudencia imperdonable o incluso de un plan perverso ejecutado con habilidad. Es indudable que en política, donde se trata a veces de relaciones muy complejas---nacionales e internacionales---entre las clases y los partidos, se registrarán numerosos casos mucho más difíciles que la cuestión de saber si un ``compromiso'' contraído con motivo de una huelga es legítimo o se trata de una alevosía de un esquirol, de un jefe traidor, etc. Es absurdo preparar una receta o una regla general (¡"ningún compromiso"!) para todos los casos. Hay que tener la cabeza sobre 392 los hombros para saber orientarse en cada caso concreto. La importancia de poseer una organización de partido y jefes del mismo dignos de este nombre consiste precisamente, entre otras rosas, en llegar---mediante un trabajo largo, tenaz, múltiple y variado de todos los representantes de una clase determinada capaces de pensar^^*^^---a adquirir los conocimientos y la experiencia necesarios y, además de los conocimientos y la experiencia, la perspicacia política indispensable para resolver pronto y bien los problemas políticos complejos.
Las personas ingenuas y totalmente inexpertas se figuran que basta con admitir los compromisos en general para que desaparezca toda línea divisoria entre el oportunismo---contra el que sostenemos y debemos sostener una lucha sin cuartel---y el marxismo revolucionario o comunismo. Pero a esas personas, si ignoran aún que todas las líneas divisorias en la naturaleza y en la sociedad son mutables y hasta cierto punto convencionales, se les puede ayudar sólo por medio de la instrucción, la formación, la ilustración y la experiencia política y práctica prolongadas. En los problemas prácticos de la política de cada momento particular o específico de la historia es importante saber distinguir aquellos en que se manifiestan los compromisos de la especie más inadmisible, los compromisos de traición---que encarnan un oportunismo funesto para la clase revolucionaria---y consagrar todos los esfuerzos a explicar su sentido y a combatirlos. Durante la guerra imperialista de 1914--1918 entre dos grupos de países igualmente bandidescos y rapaces, el oportunismo principal y fundamental fue el que adoptó la forma de socialchovinismo, es decir, el apoyo de "la defensa de la patria'', lo cual equivalía de hecho, en aquella guerra, a defender los intereses de rapiña de la burguesía ``propia''. Después de la guerra fue la defensa de la expoliadora "Sociedad de Naciones'', la defensa de las alianzas directas o indirectas con la burguesía del propio país contra el proletariado revolucionario y el movimiento "soviético" y la defensa de la democracia y del parlamentarismo burgueses frente al "Poder de los Soviets''. Tales fueron las manifestaciones principales de estos compromisos inadmisibles y alevosos, que, en suma, han terminado en un oportunismo funesto para el proletariado revolucionario y para su causa.
_-_-_^^*^^ Hasta en el país más culto, (oda dase, aun la más avanzada y con mayor florecimiento excepcional de todas sus fuerzas espirituales en virtud de las circunstancias del momento, cuenta---y contará sin falta mientras las clases subsistan y la sociedad sin clases no esté afianzada, consolidada y desarrollada por completo sobre su propia base---con representantes que no piensan y que son incapaces de pensar. Si no ocurriera así, el capitalismo dejaría de ser el capitalismo opresor de las masas.
393``...Rechazar del modo más categórico lodo compromiso con los demás partidos... toda política de maniobra y conciliación'',
~dicen los izquierdistas de Alemania en el folleto de Francfort.
¡Es sorprendente que, con semejantes ideas, esos izquierdistas no condenen categóricamente el bolchevismo! ¡Los izquierdistas alemanes no pueden ignorar que toda la historia del bolchevismo, antes y después de la Revolución de Octubre, está llena de casos de maniobras, de acuerdos y compromisos con otros partidos, incluidos los partidos burgueses!
Hacer la guerra para derrocar a la burguesía internacional---una guerra cien veces más difícil, larga y compleja que la más encarnizada de las guerras corrientes entre Estados---y renunciar de antemano a toda maniobra, a explotar los antagonismos de intereses (aunque sólo sean pasajeros) que dividen a nuestros enemigos, renunciar a acuerdos y compromisos con posibles aliados (aunque sean temporales, inestables, vacilantes, convencionales), ¿no es, acaso, algo infinitamente ridículo? ;No viene a ser eso como si en la difícil ascensión a una montaña inexplorada, en la que nadie hubiera puesto la planta, se renunciase de antemano a hacer a veces zigzags, a desandar a veces lo andado, a abandonar la dirección elegida al principio para probar otras direcciones? ¡¡Y gente tan inconsciente e inexperta (y menos mal si la causa de ello es la juventud, autorizada por la providencia para decir semejantes tonterías durante cierto tiempo) ha podido ser sostenida directa o indirectamente, franca o encubiertamente, íntegra o parcialmente, poco importa cómo, por algunos miembros del Partido Comunista Holandés!!
Después de triunfar la primera revolución socialista del proletariado, después de ser derrocada la burguesía en un país, su proletariado sigue siendo durante mucho tiempo más débil que la burguesía. Débese ello, simplemente, a las inmensas relaciones internacionales de ésta y, además, a la restauración, al renacimiento espontáneo y continuo del capitalismo y de la burguesía por los pequeños productores de mercancías del país donde esta última ha sido derrocada. Sólo se puede vencer a un enemigo más poderoso poniendo en tensión todas las fuerzas y aprovechando obligatoriamente---con el mayor celo, minuciosidad, prudencia y habilidad---la menor ``grieta'' entre los enemigos, toda contradicción de intereses entre la burguesía de los distintos países y entre los diferentes grupos o categorías de la burguesía en cada país. Hay que aprovechar, asimismo, las menores posibilidades de lograr un aliado de masas, aunque sea temporal, vacilante, inestable, poco seguro y convencional. Quien no haya comprendido esto, no ha comprendido ni una palabra de marxismo ni de socialismo científico, 394 contemporáneo, en general. Quien no haya demostrado en la práctica, durante un período bastante considerable y en situaciones políticas bastante variadas, su habilidad para aplicar esta verdad, no ha aprendido aún a ayudar a la clase revolucionaria en su lucha por liberar de explotadores a toda la humanidad trabajadora. Y lo dicho es aplicable por igual tanto al período anterior a la conquista del poder político por el proletariado como al posterior.
Nuestra teoría no es un dogma, sino una guía para la acción, decían Marx y Engels H:í. Y el gran error, el inmenso crimen de marxistas ``patentados'' como Carlos Kautsky, Otto Bauer y otros consiste en no haber entendido esto, en no haber sabido aplicarlo en los momentos más importantes de la revolución proletaria. "La acción política no es una acera de la Avenida Nevski" (la acera limpia, ancha y lisa de la calle principal de San Petersburgo, absolutamente recta), decía ya N. G. Chernyshevski, el gran socialista ruso del período premarxista. Desde los tiempos de Chernyshevski, los revolucionarios rusos han pagado con innumerables víctimas el desconocimiento u olvido de esta verdad. Hay que conseguir a toda costa que los comunistas de izquierda y los revolucionarios de Europa Occidental y de América fieles a la clase obrera paguen menos cara que los atrasados rusos la asimilación de esta verdad.
Los socialdemócratas revolucionarios de Rusia aprovecharon en repetidas ocasiones antes de la caída del zarismo los servicios de los liberales burgueses, es decir, concluyeron con ellos innumerables compromisos prácticos. Y en 1901 y 1902, antes incluso de que naciera el bolchevismo, la antigua Redacción de Iskra (de la que formábamos parte Plejánov, Axelrod, Zasúlich, Mártov, Potrésov y yo) concertó (es cierto que no por mucho tiempo) una alianza política formal con Struve, jefe político del liberalismo burgués, sin dejar de sostener a la vez la lucha ideológica y política más implacable contra el liberalismo burgués y contra las más mínimas manifestaciones de su influencia en el seno del movimiento obrero. Los bolcheviques aplicaron siempre esa misma política. Desde 1905 defendieron sistemáticamente la alianza de la clase obrera con el campesinado contra la burguesía liberal y el zarismo, sin negarse nunca, al mismo tiempo, a apoyar a la burguesía contra el zarismo (por ejemplo, en la segunda etapa de las elecciones o en las segundas vueltas electorales) y sin interrumpir la lucha ideológica y política más intransigente contra el partido campesino revolucionario burgués, los ``socialistas-revolucionarios'', desenmascarándolos como demócratas pequeñoburgueses que se incluían falsamente entre los socialistas. En 1907, los bolcheviques constituyeron, por poco tiempo, un bloque político formal con los ``socialistas-revolucionarios'' para las elecciones a la Duma. Con los mencheviques hemos estado 395 formalmente durante varios años, desde 1903 hasta 1912, en un partido socialdemót rata único: sin interrumpir jamás la lucha ideológica y política contra ellos como vehículos de la influencia burguesa en el seno del proletariado y como oportunistas. Durante la guerra concertamos una especie de compromiso con los " kautskianos'', los mencheviques de izquierda (Mártov) y una parte de los ``socialistas-revolucionarios'' (Chernov, Natansón). Asistimos con ellos a las conferencias de Zimmerwald y Kienthal H4 y publicamos manifiestos conjuntos, pero jamás interrumpimos ni atenuamos la lucha política e ideológica contra los ``kautskianos'', contra Mártov y Chernov (Natansón murió en 1919 siendo un "comunista revolucionario" populista, muy afín a nosotros y casi solidario nuestro). En el momento mismo de la Revolución de Octubre concertamos un bloque político, no formal, pero muy importante (y muy eficaz) con el campesinado pequeñoburgués, aceptando íntegro, sin el menor cambio, el programa agrario eserista, es decir, contrajimos un compromiso indudable para demostrar a los campesinos que no queríamos aprovecharnos de su mayoría de votos, sino llegar a un acuerdo con ellos. Al mismo tiempo, propusimos a los "eseristas de izquierda" (y poco después lo realizamos) un bloque político formal, con participación en el gobierno, bloque que ellos rompieron después de la paz de Brest, llegando en julio de 1918 a la insurrección armada y, más tarde, a la lucha armada contra nosotros.
Es comprensible, por ello, que los ataques de los izquierdistas alemanes al Comité Central del Partido Comunista de Alemania por admitir la idea de un bloque con los ``independientes'' (con el "Partido Socialdemócrata Independiente de Alemania'', los kautskianos) nos parezcan carentes de seriedad y veamos en ellos una demostración evidente de la posición errónea de los ``izquierdistas''. En Rusia había también mencheviques de derecha (que colaboraron en el Gobierno Kerenski), equivalentes a los Scheidemann de Alemania, y mencheviques de izquierda (Mártov), que se hallaban en oposición a los mencheviques de derecha y equivalían a los kautskianos alemanes. En 1917 observamos con claridad que las masas obreras se separaban paulatinamente de los mencheviques para sumarse a los bolcheviques. En el I Congreso de los Soviets de toda Rusia, celebrado en junio de dicho año, tuvimos sólo un 13% de los votos. La mayoría perteneció a los eseristas y a los mencheviques. En el II Congreso de los Soviets (25 de octubre de 1917, según el viejo calendario) tuvimos el 51% de los sufragios. ¿Por qué en Alemania una tendencia igual, completamente análoga, de los obreros a pasar de la derecha a la izquierda ha conducido al fortalecimiento inmediato no de los comunistas, sino, al principio, del partido intermedio de los ``independientes'', aunque este partido 396 jamás haya tenido ninguna idea política independiente y ninguna política independiente y se haya limitado a vacilar entre los Scheidemann y los comunistas?
Una de las causas ha sido, sin duda, la táctica errónea de los comunistas alemanes, los cuales deben reconocer ese error honradamente y sin temor y aprender a corregirlo. El error ha consistido en negarse a participar en el Parlamento reaccionario, burgués, y en los sindicatos reaccionarios; el error ha consistido en múltiples manifestaciones de esa enfermedad infantil del ``izquierdismo'' que se ha exteriorizado ahora y que, gracias a ello, será curada mejor, más pronto y con mayor provecho para el organismo.
Es evidente que el "Partido Socialdemócrata Independiente" alemán carece de homogeneidad: al lado de los antiguos jefes oportunistas (Kautsky, Hilferding y, por lo que se ve, en gran parte Crispien, Ledebour y otros), que han demostrado su incapacidad para comprender la significación del Poder soviético y de la dictadura del proletariado y para dirigir la lucha revolucionaria de este último, en dicho partido se ha formado y crece con rapidez singular una ala izquierda, proletaria. Cientos de miles de miembros de este partido---que tiene, al parecer, unos 750.000 afiliados---son proletarios que se alejan de Scheidemann y caminan con rapidez hacia el comunismo. Esta ala proletaria propuso ya en el congreso délos independientes, celebrado en Leipzig en 1919, la adhesión inmediata e incondicional a la III Internacional. Temer un ``compromiso'' con dicha ala es sencillamente ridículo. Al contrario, para los comunistas es obligatorio buscar 31 encontrar una forma adecuada de compromiso con ella, que permita, por una parte, facilitar y acelerar la fusión completa y necesaria con la misma y, por otra, que no cohiba en nada a los comunistas en su lucha ideológica y política contra el ala derecha, oportunista, de los ``independientes''. Es probable que no resulte fácil concebir una forma adecuada de compromiso, pero sólo un charlatán podría prometer a los obreros y a los comunistas alemanes un camino "fácil" para alcanzar la victoria.
El capitalismo dejaría de ser capitalismo si el proletariado ``puro'' no estuviese rodeado de una masa abigarradísima de elementos que personifican la transición del proletario al semiproletario (el que obtiene la mitad de sus medios de existencia vendiendo su fuerza de trabajo), del semiproletario al pequeño campesino (y al pequeño artesano, al obrero a domicilio y al pequeño patrono en general), del pequeño campesino al campesino medio, etc., y si en el seno mismo del proletariado no hubiera sectores de un desarrollo mayor o menor, divisiones de carácter territorial, profesional, a veces religioso, etc. De todo eso se deduce la necesidad---una necesidad imperiosa para la vanguardia del proletariado, para su parte 397 consciente, para el Partido Comunista---de recurrir a la maniobra, a los acuerdos, a los compromisos con los diversos grupos proletarios y con los diversos partidos de obreros y de pequeños patronos. El quid de la cuestión está en saber aplicar esta táctica para elevar, y no para rebajar, el nivel general de conciencia del proletariado, su espíritu revolucionario y su capacidad de lucha y de victoria. Es preciso advertir, entre otras cosas, que la victoria de los bolcheviques sobre los mencheviques requirió, no sólo antes de la Revolución de Octubre de 1917, sino también después de ella, aplicar una táctica de maniobras, acuerdos y compromisos, aunque de tal naturaleza, claro está, que facilitaban y aceleraban la victoria de los bolcheviques y consolidaban y fortalecían a éstos a costa de los mencheviques. Los demócratas pequeñoburgueses (incluidos los mencheviques) vacilan de manera inevitable entre la burguesía y el proletariado, entre la democracia burguesa y el régimen soviético, entre el reformismo y el revolucionarismo, entre el amor a los obreros y el miedo a la dictadura del proletariado, etc. La táctica acertada de los comunistas debe consistir en aprovechar esas vacilaciones y no, en modo alguno, en desdeñarlas. Y para aprovecharlas hay que hacer concesiones a los elementos que se inclinan al proletariado---en los casos y en la medida exacta en que lo hagan---y, al mismo tiempo, luchar contra los que se inclinan a la burguesía. Debido a que aplicamos una táctica acertada, el menchevismo se ha ido descomponiendo y se descompone más y más en nuestro país. Dicha táctica ha ido aislando a los jefes obstinados en el oportunismo y atrayendo a nuestro campo a los mejores obreros y a los mejores elementos de la democracia pequeñoburguesa. Es un proceso largo, y las ``soluciones'' irreflexivas, como "ningún compromiso, ninguna maniobra'', sólo pueden dificultar el crecimiento de la influencia del proletariado revolucionario y el aumento de sus fuerzas.
Por último, es un error indudable de los ``izquierdistas'' de Alemania su insistencia rectilínea en no reconocer el Tratado de Paz de Versalles. Cuanto mayores son "el aplomo" y "la importancia'', el tono "categórico" y sin apelación con que formula este punto de vista, por ejemplo, K. Horner, tanto menos inteligente resulta. No basta con renegar de las flagrantes estupideces del "bolchevismo nacional" (Laufenberg y otros), que, en las condiciones actuales de la revolución proletaria internacional, ha llegado a hablar de la formación de un bloque con la burguesía alemana para hacer la guerra a la Entente. Debe comprenderse que es errónea por completo la táctica que niega la obligación de la Alemania Soviética (si surgiese pronto una república soviética alemana) de reconocer por cierto tiempo el tratado de Versalles y someterse a él. De esto no se deduce que los ``independientes'' tuvieran razón al reclamar la 398 firma del tratado de Versalles en las condiciones existentes entonces, cuando se hallaban en el gobierno los Scheidemann, cuando no había sido derribado todavía el Poder soviético en Hungría y no estaba excluida aún la posibilidad de una ayuda de la revolución soviética en Viena para apoyar a la Hungría Soviética. Entonces, los " independientes" maniobraron muy mal, pues asumieron una responsabilidad mayor o menor por los traidores tipo Scheidemann y se apartaron más o menos del punto de vista de la lucha de clases implacable (y reflexiva en grado sumo) contra los Scheidemann para situarse "al margen" y "por encima" de las clases.
Pero la situación es hoy tal que los comunistas alemanes no deben atarse las manos y prometer la renuncia obligatoria e indefectible al tratado de Versalles en caso de triunfar el comunismo. Eso sería una tontería. Hay que decir: los Scheidemann y los kautskianos han cometido una serie de traiciones que han dificultado (y, en parte, hecho fracasar) la alianza con la Rusia Soviética y con la Hungría Soviética. Nosotros, los comunistas, procuraremos por todos los medios facilitar y preparar esa alianza; en cuanto a la paz de Versalles, no estamos obligados en modo alguno a rechazarla a toda costa y, además, sin demora. La posibilidad de rechazarla con eficacia depende de los éxitos del movimiento soviético no sólo en Alemania, sino también a escala internacional. Este movimiento ha sido obstaculizado por los Scheidemann y los kautskianos; nosotros lo favorecemos. Ahí está el fondo de la cuestión, la diferencia cardinal. Y si nuestros enemigos de clase, los explotadores, y sus lacayos, los Scheidemann y los kautskianos, han dejado escapar una serie de posibilidades de fortalecer el movimieiúo soviético alemán e internacional y la revolución soviética alemana e internacional, la culpa es de ellos. La revolución soviética en Alemania vigorizará el movimiento soviético internacional, que es el baluarte más fuerte (y el único seguro, invencible y de potencia universal) contra el tratado de Versalles y contra el imperialismo mundial en general. Colocar sin falta en primer plano, a toda costa y en seguida, la liberación del tratado de Versalles, antes que el problema de liberar del yugo imperialista a los demás países oprimidos por el imperialismo, es una manifestación de nacionalismo pequeñoburgués (digno de los Kautsky, los Hilferding, los Otto Bauer y Cía.), pero no de internacionalismo revolucionario. El derrocamiento de la burguesía en cualquiera de los grandes países europeos, incluida Alemania, es un hecho tan favorable para la revolución internacional que, en aras de él, se puede y se debe aceptar, si es necesario, una existencia más prolongada del tratado de Versalles. Si Rusia ha podido resistir sola durante varios meses con provecho para la revolución la paz de Brest, no es ningún imposible que la Alemania Soviética, aliada con 399 la Rusia Soviética, pueda soportar por más tiempo con provecho para la revolución el tratado de Versalles.
Los imperialistas de Francia, Inglaterra, etc., provocan a los comunistas alemanes, tendiéndoles esta trampa: "Decid que no firmaréis el tratado de Versalles''. Y los comunistas "de izquierda" caen como niños en la trampa que les han tendido, en vez de maniobrar con destreza contra un enemigo pérfido y, en el momento actual, más fuerte, en vez de decirle: "Ahora firmaremos el tratado de Versalles''. Atarnos las manos con antelación, declarar públicamente al enemigo, hoy mejor armado que nosotros, si vamos a luchar contra él y en qué momento, es una tontería y no tiene nada de revolucionario. Aceptar el combate cuando es ventajoso a todas luces para el enemigo, y no para nosotros, constituye un crimen. Y los políticos de la clase revolucionaria que no saben ``maniobrar'', que no saben concertar "acuerdos y compromisos" a fin de rehuir un combate desfavorable a ciencia cierta, no sirven para nada.
__NUMERIC_LVL2__ IX __ALPHA_LVL2__ EL COMUNISMO "DE IZQUIERDA"En Inglaterra no existe todavía el Partido Comunista, pero entre los obreros se advierte un movimiento comunista joven, extenso y potente, que crece con rapidez y permite albergar las más radiantes esperanzas. Hay algunos partidos y organizaciones políticas (Partido Socialista = Británico~^^145^^, Partido Socialista Obrero, Sociedad Socialista del Sur de Gales, Federación Socialista Obrera l46) que desean fundar el Partido Comunista y sostienen ya con este fin negociaciones entre sí. El periódico Workers Dreadnought (t. VI, núm. 48, del 21--11--1920), órgano semanal de la última de las organizaciones mencionadas, dirigido por la camarada Sylvia Pankhurst, ha insertado un artículo de ésta, titulado Hacia el Partido Comunista. En él se expone la marcha de las negociaciones entre las cuatro organizaciones citadas para constituir un Partido Comunista único sobre la base de la adhesión a la III Internacional y del reconocimiento del sistema soviético---en vez del parlamentarismo---y de la dictadura del proletariado. Resulta que uno de los principales obstáculos para fundar sin demora un Partido Comunista único es la falta de unanimidad en lo que respecta a la participación en el Parlamento y al ingreso del nuevo Partido Comunista en el viejo Partido Laborista, oportunista, socialchovinista y profesionalista, integrado de modo primordial por tradeuniones. La Federación Socialista Obrera y el ~ 400 Emacs-File-stamp: "/home/ysverdlov/leninist.biz/es/1979/LOE3EP/20061027/499.tx" __EMAIL__ webmaster@leninist.biz __OCR__ ABBYY 6 Professional (2006.10.30) __WHERE_PAGE_NUMBERS__ top __FOOTNOTE_MARKER_STYLE__ [*]+ __ENDNOTE_MARKER_STYLE__ [0-9]+ Partido Socialista Obrero~^^*^^ se pronuncian contra la participación en las elecciones parlamentarias y en el Parlamento y contra la adhesión al Partido Laborista, discrepando en esto de todos o de la mayoría de los miembros del Partido Socialista Británico, al que consideran "ala derecha de los partidos comunistas" en Inglaterra (pág. 5, artículo mencionado de Sylvia Pankhurst).
La división fundamental es, pues, la misma que en Alemania, pese a las inmensas diferencias de forma en que se manifiestan las divergencias (en Alemania esta forma se parece mucho más "a la rusa" que en Inglaterra) y de otras muchas circunstancias. Examinemos los argumentos de los ``izquierdistas''.
Al hablar de la participación en el Parlamento, la camarada Sylvia Pankhurst alude a una carta del camarada G. Gallacher a la Redacción, publicada en el mismo número, en la cual dice en nombre del Consejo Obrero de Escocia, de Glasgow:
``Este Consejo es definidamente antiparlamentario y está respaldado por el ala i/quierda de varias organizaciones políticas. Representamos en Kscocia el movimiento revolucionario, que aspira a crear una organización revolucionaria en las industrias (en las diversas ramas de la producción) y un Partido Comunista, basado en comités sociales, en todo el país. Durante bastante tiempo hemos estado enemistados con los parlamentarios oficiales. No hemos considerado necesario declararles públicamente la guerra, y ellos temen iniciar el ataque contra nosotros.
``Pero semejante estado de cosas no puede prolongarse mucho. Nosotros triunfamos en toda la línea.
``A los miembros de filas del Partido Laborista Independiente de Escocia nos disgusta cada día más la idea del Parlamento, y casi todos los grupos locales son partidarios de los Soviets (en la transcripción inglesa se emplea el término ruso) o Soviets obreros. Por supueslo, esto tiene gran importam ia para los señores que consideran la política un medio de vida (una profesión) y recurren a todos los procedimientos para persuadir a sus miembros cíe que vuelvan atrás, al seno del parlamentarismo. Los camaradas revolucionarios no deben (la cursiva es en todas partes del autor) sostener a esta banda. Nuestra lucha será en este terreno muy difícil. Uno de sus peores rasgos consistirá en la traición de quienes ven en la ambición personal un motivo de más fuerza que su interés por la revolución. Todo apoyo al parlamentarismo significa simplemente contribuir a que el poder caiga en manos de nuestros Scheidemann y Noske británicos. Henderson, Clynes y compañía son unos reaccionarios incorregibles. El Partido Laborista Independiente oficial cae, cada día más, bajo el control de los liberales burgueses, que han hallado un refugio espiritual en el campo de los señores MacDonald, Snowden y compañía. El Partido Laborista Independiente oficial es enemigo encarnizado de la III Internacional, pero la masa la defiende. Sostener, sea como sea, a los parlamentarios oportunistas no significa otra cosa que hacer el juego a esos señores. El Partido Socialista Británico no tiene ninguna importancia... Lo que se necesita es una buena organización revolucionaria industrial v un Partido Comunista que actúe sobre bases claras, bien definidas, científicas. Si nuestros camaradas pueden ayudarnos a crear lo uno y lo otro, aceptaremos gustosos su concurso: si no pueden, ¡por Dios!, que no se mezclen en ello, si no quieren traicionar a la Revolución apoyando a los reaccionarios, que con tanto celo tratan de _-_-_
^^*^^ Al parecer, este partido se opone al ingreso en el Partido Laborista, pero no todos sus miembros son enemigos de participar en el Parlamento.
401 adquirir el ``honroso'' (?) (la interrogación es del autor) título de parlamentario y arden en cíeseos de demostrar que son capaces de gobernar {un bien como los mismos ``amos'', los polítHos de clase."
Esta tarta a la Redacción expresa de manera admirable, a mi parecer, el estado de ánimo y el punto de vista de los comunistas jóvenes o de los obreros de la masa que sólo comienzan a llegar al comunismo. Este estado de ánimo es grato y valioso en grado superlativo; hay que saber apreciarlo y sostenerlo, pues sin él carecería de sentido pensar en la victoria de la revolución proletaria en Inglaterra (y en cualquier otro país). Hay que cuidar y ayudar con toda solicitud a quienes saben expresar ese estado de ánimo de las masas y suscitarlo (pues muy a menudo yace oculto, inconsciente, sin despertar). Pero, al mismo tiempo, es menester decirles clara y sinceramente que ese estado de ánimo, por sisólo, es insuficiente para dirigir a las masas en la gran lucha revolucionaria, y que tales o cuales errores en que pueden incurrir o incurren los hombres más fieles a la causa revolucionaria pueden perjudicarla. La carta del camarada Gallacher a la Redacción muestra sin ningún género de dudas el germen de todos los errores que cometen los comunistas "de izquierda" alemanes y en que incurrieron los bolcheviques "de izquierda" rusos en 1908 y 1918.
El autor de la carta rebosa del más noble odio proletario a "los políticos de clase" de la burguesía (odio comprensible y cercano, por otra parte, no sólo para los proletarios, sino también para todos los trabajadores, para toda "la gente menuda'', como dice una expresión alemana). Este odio de un representante de las masas oprimidas y explotadas es, a decir verdad, "el principio de toda sabiduría'', la base de todo movimiento socialista y comunista y de sus éxitos. Pero el autor pierde de vista, al parecer, que la política es una ciencia y un arte que no caen del cielo ni se obtienen gratis, y que el proletariado, si quiere vencer a la burguesía, debe formar sus "políticos de clase'', proletarios, y de talla tal que no sean inferiores a los políticos burgueses.
El autor ha comprendido de manera admirable que el instrumento que necesita el proletariado para alcanzar sus objetivos no es el Parlamento, sino sólo los Soviets obreros. Y, como es natural, quienes no hayan comprendido esto todavía son los peores reaccionarios, aunque sean el hombre más sabio, el político más experto, el socialista más sincero, el marxista más erudito, el ciudadano y padre de familia más honrado. Pero hay una cuestión que el autor no plantea ni piensa siquiera que sea necesario plantear: la de si puede conducirse a los Soviets a la victoria sobre el Parlamento sin hacer que los políticos "soviéticos" entren en este último, sin descomponer el parlamentarismo desde dentro, sin preparar desde el Parlamento 402 mismo el éxito de los Soviets en el cumplimiento de su tarea de acabar con el Parlamento. Sin embargo, el autor expresa una idea absolutamente justa al decir que el Partido Comunista de Inglaterra debe actuar sobre bases científicas. La ciencia exige, en primer lugar, tomar en consideración la experiencia de los demás países, sobre todo si esos países, también capitalistas, pasan o han pasado hace poco por una experiencia muy parecida; en segundo lugar, tener en cuenta todas las fuerzas, todos los grupos, partidos, clases y masas que actúan en el país de que se trate, y no determinar en modo alguno la política basándose sólo en los deseos, opiniones, grado de conciencia y preparación para la lucha de un solo grupo o partido.
Es cierto que los Henderson, los Clynes, los MacDonald y los Snowden son reaccionarios incurables. Es cierto también que quieren tomar el poder (aunque prefieren la coalición con la burguesía), que quieren ``gobernar'' de acuerdo con las rancias normas burguesas y que, una vez en el poder, se comportarán inevitablemente como los Scheidemann y los Noske. Todo eso es así. Pero de ahí no se deduce, ni mucho menos, que apoyarles signifique traicionar la revolución: lo que se deduce es que, en interés de ésta, los revolucionarios de la clase obrera deben prestar a dichos señores cierto apoyo parlamentario. Para aclarar esta idea tomaré dos documentos políticos ingleses de actualidad: 1) el discurso pronunciado por el primer ministro, Lloyd George, el 18 de marzo de 1920 (según el texto de The Manchester = Guardian^^141^^ del 19 del mismo mes) y 2) los razonamientos de una comunista "de izquierda'', la camarada Sylvia Pankhurst, en el artículo citado antes.
Lloyd George polemiza en su discurso con Asquith (que había sido invitado especialmente a la reunión, pero que se negó a asistir) y con los liberales que quieren un acercamiento al Partido Laborista y no una coalición con los conservadores. (Kn la carta a la Redacción firmada por el camarada Gallacher hemos visto también una alusión al paso de algunos liberales al Partido Laborista Independiente.) Lloyd George se esfuerza por demostrar que es necesaria una coalición de los liberales con los conservadores, e incluso una coalición estrecha, pues de otro modo puede triunfar el Partido Laborista, que Lloyd George "prefiere llamar" socialista y que aspira a "la propiedad colectiva" de los medios de producción. "En Francia esto se llamaba comunismo"---explica en un lenguaje popular el jefe de la burguesía inglesa a sus oyentes, miembros del Partido Liberal parlamentario, que, seguramente, lo ignoraban hasta entonces---; "en Alemania se llamaba socialismo; en Rusia se llama bolchevismo''. Para los liberales esto es inadmisible por principio, aclara Lloyd George, pues los liberales son por principio defensores de la 403 propiedad privada. "La civilización está en peligro'', declara el orador, por lo cual deben unirse los liberales y los conservadores...
``...Reeono/eo que si van ustedes a las eolias agrícolas---dice Lloyd George--- verán conservadas las antiguas divisiones de partido. Allí está lejos el peligro, allí no existe. Pero cuando el peligro llegue allí, será tan grande corno lo es hoy en algunos distritos industriales. Cuatro quintas partes fie nuestro país se dedican a la industria v al comercio; sólo escasamente una quinta parte vive de la agricultura. Esta es una de las circunstancias que tengo siempre presente cuando reflexiono sobre los peligros con que nos amena/a el porvenir. En Francia, la población es agrícola y constituye, por ello, una base sólida de determinadas opiniones, base que no cambia con mucha lapide/ y que no es fácil de excitar con el movimiento revolucionario. En nuestro país la cosa es distinta. Nuestro país es tríenos estable que ningún otro en el mundo, y si empie/a a vacilar, la catástrofe será aquí, en virtud de las razones indicadas, más fuerte que cu los demás países."
El lector puede apreciar por estas citas que el señor Lloyd George no sólo es un hombre muy inteligente, sino que, además, ha aprendido mucho de los marxistas. Tampoco nosotros haríamos mal en aprender de Lloyd George.
Es interesante asimismo señalar el siguiente episodio de la discusión sostenida después del discurso de Lloyd George:
``M r. Wall a c e: Quisiera preguntar cómo considera el primer ministro el efecto de su política en los distritos industriales en lo que respecta a los obreros fabriles, muchísimos de los cuales son boy liberales v nos prestan un apoyo tan grande. ;No puede preverse un resultado que provoque un aumento gigantesco de la fuer/a del Partido Laborista por esos mismos obreros que nos apoyan hoy sinceramente?
``El p r i m e r ministro: Tengo una opinión completamente distinta. El hecho de que los liberales luchen entre sí empuja, sin duda, a un número muy considerable de ellos, llevados por la desesperación, hacia las lilas del Partido Laborista, donde hay va bastantes liberales muv capaces que se dedican ahora a desacreditar al gobierno. Kl resultado es, sin duda, un movimiento importante de la opinión pública a favor del Partido Laborista. La opinión pública se inclina no hacia los liberales que están fuera del Partido Laborista, sino hacia éste, como lo muestran las elecciones parciales."
Digamos de pasada que tales juicios prueban de modo singular hasta qué punto se han embrollado y no pueden dejar de cometer irreparables desatinos los hombres más inteligentes de la burguesía. Y eso la hará perecer. Pero nuestros camaradas pueden incluso hacer tonterías (a condición, es cierto, de que no sean muy considerables y se las repare a tiempo) y, sin embargo, acabarán por triunfar.
El segundo documento político son las siguientes consideraciones de la camarada Sylvia Pankhurst, comunista "de izquierda":
``...El camarada Inkpin (secretario general del Partido Socialista Británico) denomina al Partido Laborista "la organización principal del movimiento de la clase obrera''. Otro camarada del Partido Socialista Británico ha expresado con mayor relieve aún la posición de este partido en la conferencia de la III Internacional. "Yernos cu el Partido Laborista---ha che lio---a la = clase^^1^^ obrera organi/ada."
404``No compartimos tal opinión acerca del Partido Laborista. Este es muy importante desde el punto de vista numérico, aunque sus miembros son, en parte muy considerable, inertes y apáticos; se trata de obreros y obreras que han ingresado en las tradeuniones porque sus compañeros de taller son tradeuniomstas y porque desean compartir sus ventajas.
``Pero reconocemos que la importancia numérica del Partido Laborista obedece también al hecho cié que dicho partido es obra de una escuela de pensamiento cuyos límites no ha rebasado aún la mayoría de la clase obrera británica, aunque se preparan grandes cambios en la mentalidad del pueblo, el cual modificará pronto semejante situación..."
``...El Partido Laborista Británico, como las organizaciones de socialpatriotas de los demás países, llegará inevitablemente al poder por el curso natural del desarrollo social. El deber de los comunistas consiste en organizar las fuerzas que derribarán a los socialpatriotas, y en nuestro país no debemos retardar esta acción ni vacilar.
``No debemos dispersar nuestras energías aumentando las fuerzas del Partido Laborista; su advenimiento al poder es inevitable. Debemos concentrar nuestras fuerzas en la creación de un movimiento comunista que venza a ese partido. Dentro de poco, el Partido Laborista formará gobierno; la oposición revolucionaria debe estar preparada para atacarlo..."
Así pues, la burguesía liberal renuncia al sistema de "los dos partidos" (de explotadores), consagrado a lo largo de la historia por una experiencia secular y provechoso en extremo para los explotadores, considerando necesario unir sus fuerzas para combatir al Partido Laborista. Una parte de los liberales, como ratas de un navio que se hunde, corren al Partido Laborista. Los comunistas de izquierda consideran inevitable el paso del poder a manos del Partido Laborista y reconocen que la mayoría de los obreros apoya hoy a dicho partido. De todo esto sacan la extraña conclusión que la camarada Sylvia Pankhurst formula del siguiente modo:
``El Partido Comunista no debe contraer compromisos... Debe conservar pura su doctrina e inmaculada su independencia frente al reformismo; su misión es mostrar el camino, sin detenerse ni desviarse de él, avanzar en línea recta hacia la revolución comunista."
Al contrario: del hecho de que la mayoría de los obreros de Inglaterra siga todavía a los Kerenski o a los Scheidemann ingleses, de que no haya conocido aún la experiencia de un gobierno formado por esos hombres---experiencia que ha sido necesaria tanto en Rusia como en Alemania para que los obreros pasaran en masa al comunismo---, se deduce de modo indudable que los comunistas ingleses deben participar en el parlamentarismo; deben ayudar a las masas obreras, desde dentro del Parlamento, a ver en la práctica los resultados del gobierno de los Henderson y los Snowden; deben ayudar a los Henderson y los Snowden a vencer a la coalición de Lloyd George y Churchill. Proceder de otro modo significa dificultar la obra de la revolución, pues si no se produce un cambio en el modo 405 de pensar de la mayoría de la clase obrera, la revolución será imposible. Y ese cambio se consigue con la experiencia política de las masas, nunca con la propaganda sola. La consigna de "¡Adelante, sin compromisos, sin desviarse del camino!" es errónea a todas luces, si quien habla así es una minoría de obreros, impotente a ciencia cierta, que sabe (o, por lo menos, debe saber) que dentro de poco tiempo, si Henderson y Snowden triunfan sobre Lloyd George y Churchill, la mayoría perderá la fe en sus jefes y apoyará al comunismo (o, en todo caso, adoptará una actitud de neutralidad y, en su mayor parte, de neutralidad benévola respecto a los comunistas). Es lo mismo que si diez mil soldados se lanzaran al combate contra cincuenta mil enemigos en el momento en que es necesario ``detenerse'', "desviarse del camino" y hasta concertar un ``compromiso'', con tal de esperar la llegada de un refuerzo prometido de cien mil hombres, que no pueden entrar en acción inmediatamente. Es una puerilidad propia de intelectuales y no una táctica seria de la clase revolucionaria.
La ley fundamental de la revolución, confirmada por todas las revoluciones, y en particular por las tres revoluciones rusas del siglo XX, consiste en lo siguiente: para la revolución no basta con que las masas explotadas y oprimidas tengan conciencia de la imposibilidad de seguir viviendo como viven y exijan cambios; para la revolución es necesario que los explotadores no puedan seguir viviendo y gobernando como viven y gobiernan. Sólo cuando "los de abajo" no quieren y "los de arriba" no pueden seguir viviendo a la antigua, sólo entonces puede triunfar la revolución. Dicho de otro modo, esta verdad se expresa con las siguientes palabras: la revolución es imposible sin una crisis nacional general (que afecte a explotados y explotadores). Por consiguiente, para que estalle la revolución es necesario, en primer término, conseguir que la mayoría de los obreros (o, en todo caso, la mayoría de los obreros conscientes, reflexivos y políticamente activos) comprenda a fondo la necesidad de la revolución y esté dispuesta a sacrificar la vida por ella; en segundo lugar, es preciso que las clases dirigentes sufran una crisis gubernamental que arrastre a la política hasta a las masas más atrasadas (el síntoma de toda revolución verdadera es la decuplicación o incluso la centuplicación del número de personas aptas para la lucha política pertenecientes a la masa trabajadora y oprimida, antes apática), que reduzca a la impotencia al gobierno y haga posible su rápido derrocamiento por los revolucionarios.
En Inglaterra, y justamente el discurso de Lloyd George lo demuestra, entre otras cosas, se desarrollan a ojos vistas las dos condiciones de una revolución proletaria victoriosa. Y los errores de los comunistas de izquierda representan un peligro singular en la 406 actualidad precisamente porque en algunos revolucionarios se observa una actitud poco perspicaz, poco atenta, poco consciente y poco reflexiva ante cada uno de estos factores. Si somos el partido de la clase revolucionaria, y no un grupo revolucionario; si queremos arrastrar a las masas (sin lo cual corremos el riesgo de no pasar de simples charlatanes), debemos: primero, ayudar a Henderson o a Snowden a vencer a Lloyd George y a Churchill (más exactamente: debemos obligar a los primeros a vencer a los segundos, ¡pues los primeros temen su propia victoria!); segundo, ayudar a la mayoría de la clase obrera a convencerse por propia experiencia de la razón que nos asiste, es decir, de la inutilidad completa de los Henderson y los Snowden, de su naturaleza pequeñoburguesa, de su perfidia y de la ineluctabilidad de su bancarrota; tercero, acercar el momento en que, sobre la base de la desilusión producida por los Henderson en la mayoría de los obreros, se pueda derribar de un golpe, con serias probabilidades de éxito, el gobierno de los Henderson; un gobierno que se desconcertará más aún, puesto que incluso Lloyd George, político inteligentísimo y serio, no pequeñoburgués, sino gran burgués, se desconcierta también por completo y se debilita cada día más (con toda la burguesía), ayer a causa de sus ``roces'' con Churchill, y hoy a causa de sus ``roces'' con Asquith.
Hablaré de un modo más concreto. Los comunistas ingleses deben, a mi juicio, unificar sus cuatro partidos y grupos (todos muy débiles y algunos extraordinariamente débiles) en un Partido Comunista único, sobre la base de los principios de la III Internacional y de la participación obligatoria en el Parlamento. El Partido Comunista propone a los Henderson y a los Snowden un ``compromiso'', un acuerdo electoral: marchemos juntos contra la coalición de Lloyd George y los conservadores, repartámonos los escaños en el Parlamento según el número de votos dados por los obreros al Partido Laborista o a los comunistas (no en las elecciones, sino en una votación especial), conservemos la libertad más completa de agitación, de propaganda y de acción política. Sin esta última condición es imposible, naturalmente, aceptar el bloque, pues eso sería una traición. Los comunistas ingleses deben defender y salvaguardar su más completa libertad de desenmascarar a los Henderson y los Snowden, de la misma manera que la defendieron y salvaguardaron (durante quince años, de 1903 a 1917) los bolcheviques rusos con respecto a los Henderson y los Snowden de Rusia, esto es, los mencheviques.
Si los Henderson y los Snowden aceptan el bloque en estas condiciones, saldremos ganando, pues lo que nos importa no es, en modo alguno, el número de puestos en el Parlamento. No es eso lo que perseguimos. En este punto seremos transigentes (mientras que 407 los Henderson y, sobre todo, sus nuevos amigos---o sus nuevos dueños---, los liberales que han ingresado en el Partido Laborista Independiente, corren más que nada tras las actas de diputados). Habremos ganado porque llevaremos nuestra agitación a las masasen un momento en que las habrá ``irritado'' el propio Lloyd George, y ayudaremos no sólo al Partido Laborista a formar más de prisa su gobierno, sino también a las masas a comprender con mayor rapidez toda nuestra propaganda comunista, que realizaremos contra los Henderson sin ninguna limitación y sin silenciar nada.
Si los Henderson y los Snowden rechazan el bloque con nosotros en estas condiciones, ganaremos todavía más, pues habremos mostrado en el acto a las masas (téngase en cuenta que incluso en el seno del Partido Laborista Independiente, puramente menchevique, plenamente oportunista, las masas son partidarias de los Soviets) que los Henderson prefieren su intimidad con los capitalistas a la unión de todos los obreros. Ganaremos en el acto ante las masas, las cuales, sobre todo después de las explicaciones brillantísimas, acertadas y útiles en extremo (para el comunismo) dadas por Lloyd George, simpatizarán con la idea de unir a todos los obreros contra la coalición de Lloyd George con los conservadores. Ganaremos desde el primer momento, pues demostraremos a las masas que los Henderson y los Snowden temen vencer a Lloyd George, temen tomar el poder solos y aspiran a lograr en secreto el apoyo de Lloyd George, el cual tiende abiertamente la mano a los conservadores contra el Partido Laborista. Debe advertirse que en Rusia, después de la revolución del 27 de febrero de 1917 (viejo calendario), el éxito de la propaganda de los bolcheviques contra los mencheviques y los eseristas (es decir, los Henderson y los Snowden rusos) se debió precisamente a las mismas circunstancias. Dijimos a los mencheviques y a los eseristas: tomad todo el poder sin la burguesía, puesto que estáis en mayoría en los Soviets (en el I Congreso de los Soviets de toda Rusia, celebrado en junio de 1917, los bolcheviques no tuvieron más que un 13% de los votos). Pero los Henderson y los Snowden rusos tenían miedo de tomar el poder sin la burguesía, y cuando ésta aplazaba las elecciones a la Asamblea Constituyente porque sabía muy bien que los eseristas y los mencheviques lograrían la mayoría~^^*^^ (unos y otros formaban un bloque político muy estrecho, representaban en la práctica a una sola democracia _-_-_
^^*^^ Las elecciones de noviembre de 1017 a la Asamblea Constituyente en Rusia, según datos que comprenden a más de 36 millones de electores, dieron un 259Í de los votos a los bolcheviques, un 139Í a los distintos partidos de los terratenientes y de la burguesía v el 62'/r a la democracia pequeñoburguesa, es decir, a los esenstas y los inenc heviques junto con los pequeños grupos aliñes a ellos.
408 pequeñoburguesa), los eseristas y los mencheviques fueron impotentes para luchar con energía y hasta el fin contra tales aplazamientos.En caso de que los Henderson y los Snowden se negasen a formar un bloque con los comunistas, éstos saldrían ganando en el acto, pues conquistarían la simpatía de las masas, mientras que los Henderson y los Snowden se desacreditarían. Poco nos importaría entonces perder, a causa de ello, algunos puestos en el Parlamento. Presentaríamos candidatos sólo en un ínfimo número de circunscripciones absolutamente seguras, es decir, donde esto no diera la victoria a un liberal contra un laborista. Haríamos nuestra campaña electoral distribuyendo hojas a favor del comunismo e invitando a votar por el laborista contra el burgués en todas las circunscripciones en que no presentáramos candidato propio. Se equivocan los camaradas Sylvia Pankhurst y Gallacher si ven en esto una traición al comunismo o una renuncia a la lucha contra los socialtraidores. Por el contrario, es indudable que con ello saldría ganando la causa de la revolución comunista.
A los comunistas ingleses les es hoy difícil muy a menudo incluso acercarse a las masas, incluso hacerse escuchar. Pero si yo me presento como comunista y, al mismo tiempo, invito a votar por Henderson contra Lloyd George, seguramente se me escuchará. Y podré explicar en un lenguaje sencillo no sólo por qué los Soviets son mejores que el Parlamento, y la dictadura del proletariado mejor que la dictadura de Churchill (cubierta con el rótulo de ``democracia'' burguesa), sino también que yo querría sostener a Henderson con mi voto del mismo modo que la soga sostiene al ahorcado; que el acercamiento de los Henderson a un gobierno formado por ellos probará asimismo mi razón, atraerá a las masas a mi lado y acelerará la muerte política de los Henderson y los Snowden, igual que ha sucedido con sus correligionarios en Rusia y en Alemania.
Y si se me objeta que esta táctica es demasiado ``astuta'' o complicada, que las masas no la comprenderán, que dispersará y disgregará nuestras fuerzas impidiendo concentrarlas en la revolución soviética, etc., responderé a mis contradictores "de izquierda": ¡no atribuyáis a las masas vuestro propio doctrinarismo! Es seguro que las masas no son en Rusia más cultas, sino, por el contrario, menos cultas que en Inglaterra. Y, sin embargo, comprendieron a los bolcheviques; y a éstos, lejos de perjudicarles, les favoreció el hecho de que en vísperas de la revolución soviética, en septiembre de 1917, confeccionaran listas de candidatos suyos al Parlamento burgués (a la Asamblea Constituyente) y de que al día siguiente de la revolución soviética, en noviembre de 1917, tomaran parte en las elecciones a esa misma Constituyente, que habrían de disolver el 5 de enero de 1918.
409No puedo examinar con detenimiento la segunda divergencia entre los comunistas ingleses, consistente en si deben o no ingresar en el Partido Laborista. Son demasiado pocos los datos de que dispongo acerca de esta cuestión, sumamente compleja dada la extraordinaria originalidad del Partido Laborista británico, muy diferente, por su estructura, de los partidos políticos habituales del continente europeo. Pero es indudable, primero, que comete también inevitablemente un error quien deduce la táctica del proletariado revolucionario de principios como éste: "El Partido Comunista debe conservar pura su doctrina e inmaculada su independencia frente al reformismo; su misión es mostrar el camino, sin detenerse ni desviarse de él, avanzar en línea recta hacia la revolución comunista.'' Porque semejantes principios no hacen más que repetir el error de los blanquiscas franceses de la Comuna, que en 1874 proclamaban "la negación" de todo compromiso y de toda etapa intermedia. Segundo, es indudable que, en este terreno, la tarea consiste, corno siempre, en saber aplicar los principios generales y fundamentales del comunismo a las peculiaridades de las relaciones entre las clases y los partidos, a las peculiaridades propias de cada país en el desarrollo objetivo hacia el comunismo y que es preciso saber estudiar, descubrir y adivinar.
Pero hay que hablar de esto en relación no sólo con el comunismo inglés, sino también con las conclusiones generales, que se refieren al desenvolvimiento del comunismo en todos los países capitalistas. Tal es el tema que vamos a abordar ahora.
__NUMERIC_LVL2__ X __ALPHA_LVL2__ ALGUNAS CONCLUSIONESLa revolución burguesa de 1905 en Rusia reveló un viraje extraordinariamente original de la historia universal: el movimiento huelguístico alcanzó, por primera vez en el mundo, una fuerza y amplitud inusitadas en uno de los países capitalistas más atrasados. Sólo en el mes de enero de 1905, el número de huelguistas rebasó en diez veces el promedio anual de la década precedente (1895--1904); y de enero a octubre de 1905, las huelgas aumentaron sin cesar y en proporciones colosales. En virtud de diversas condiciones históricas originales por completo, la Rusia atrasada dio al mundo el primer ejemplo no sólo de un brusco salto, en época de revolución, de la actividad espontánea de las masas oprimidas (cosa que ocurrió en todas las grandes revoluciones), sino también de una importancia del proletariado infinitamente superior a su porcentaje entre la población; mostró por vez primera la combinación de la huelga económica y la huelga política, con la transformación de esta última 410 en insurrección armada, así como el nacimiento de una nueva forma de lucha de masas y de organización masiva de las clases oprimidas por el capitalismo: los Soviets.
Las revoluciones de febrero y octubre de 1917 condujeron al desarrollo multilateral de los Soviets en todo el país y, luego, a su victoria en la revolución proletaria, socialista. Y menos de dos años después se manifestaron el carácter internacional de los Soviets, la extensión de esta forma de lucha y de organización al movimiento obrero mundial, el destino histórico de los Soviets de ser los sepultureros, herederos y sucesores del parlamentarismo burgués, de la democracia burguesa en general.
Es más: la historia del movimiento obrero muestra hoy que éste está llamado a pasar en todos los países (y ha comenzado ya a pasar) por un período de lucha del comunismo' naciente, cada día más fuerte y que avanza hacia la victoria, ante todo y sobre todo contra el ``menchevismo'' propio (en cada país), es decir, contra el oportunismo y el socialchovinismo y, de otra parte, como complemento, por decirlo así, contra el comunismo "de izquierda''. La primera de estas luchas se ha entablado en todos los países, al parecer sin excepción alguna, como una lucha entre la II Internacional (hoy prácticamente muerta) y la III. La segunda lucha se observa en Alemania, en Inglaterra, en Italia, en los Estados Unidos (donde una parte, al menos, de los Obreros Industriales del Mundo y de las tendencias anarcosindicalistas sostiene los errores del comunismo de izquierda, al mismo tiempo que casi todos reconocen, poco menos que de manera incondicional, el sistema soviético) y en Francia (actitud de una parte de los ex sindicalistas ante el partido político y el parlamentarismo, paralelamente también al reconocimiento del sistema de los Soviets); es decir, se observa, sin duda, a escala no sólo internacional, sino universal.
Pero aunque la escuela preparatoria que conduce al movimiento obrero a la victoria sobre la burguesía sea, en el fondo, análoga en todas partes, el desarrollo de este movimiento transcurre en cada país de un modo original. Los grandes países capitalistas adelantados avanzan por ese camino mucho más rápidamente que el bolchevismo, al cual concedió la historia un plazo de quince años para prepararse, como tendencia política organizada, con vistas a conquistar la victoria. En un plazo tan breve como es un año, la III Internacional ha alcanzado ya un triunfo decisivo al derrotar a la II Internacional, la Internacional amarilla, socialchovinista, que hace unos meses era incomparablemente más fuerte que la III, parecía sólida y poderosa y gozaba del apoyo de la burguesía mundial en todas las formas, directas e indirectas, materiales (lucrativos puestos ministeriales, pasaportes, prensa) e ideológicas.
411El quid de la cuestión está ahora en que los comunistas de cada país tengan en cuenta con plena conciencia tanto las tareas fundamentales, de principio, de la lucha contra el oportunismo y el doctrinarismo ``izquierdista'' como las peculiaridades concretas que esta lucha adquiere y debe adquirir sin falta en cada país, de conformidad con los rasgos originales de su economía, de su política, de su cultura, de su composición nacional (Irlanda, etc.), de sus colonias, de la diversidad de religiones, etc., etc. En todas partes se percibe, se amplía y crece el descontento con la II Internacional por su oportunismo y su torpeza o incapacidad para crear un organismo realmente centralizado y dirigente, que sepa orientar la táctica internacional del proletariado revolucionario en su lucha por la república soviética universal. Debe comprenderse con claridad que dicho centro dirigente no puede formarse en modo alguno ateniéndose a normas tácticas de lucha estereotipadas, igualadas mecánicamente o identificadas. Mientras existan diferencias nacionales y estatales entre los pueblos y los países---y estas diferencias subsistirán incluso mucho después de instaurarse la dictadura del proletariado a escala universal---, la unidad de la táctica internacional del movimiento obrero comunista de todos los países no exigirá la supresión de la variedad ni de las peculiaridades nacionales (lo cual es, en la actualidad, un sueño absurdo), sino una aplicación tal de los principios fundamentales del comunismo (Poder soviético y dictadura del proletariado) que modifique correctamente estos principios en sus detalles, que los adapte y los aplique con acierto a las diferencias nacionales y nacional-estatales. Investigar, estudiar, descubrir, adivinar, captar lo que hay de particular y de específico, desde el punto de vista nacional, en la manera en que cada país enfoca concretamente la solución de un problema internacional común---el triunfo sobre el oportunismo y el doctrinarismo de izquierda en el seno del movimiento obrero, el derrocamiento de la burguesía, la proclamación de la República Soviética y la instauración de la dictadura proletaria---es la tarea principal del período histórico que están viviendo todos los países adelantados (y no sólo los adelantados). Se ha hecho ya lo principal---está claro que no todo, ni mucho menos, pero sí lo principal---para ganarse a la vanguardia de la clase obrera, para ponerla al lado del Poder soviético contra el parlamentarismo, al lado de la dictadura del proletariado contra la democracia burguesa. Ahora hay que concentrar todas las fuerzas y toda la atención en el paso siguiente, que parece ser---y, desde cierto punto de vista, lo es, en efecto---menos fundamental, pero que, en cambio, está prácticamente más cerca de la solución efectiva del problema, a saber: buscar las formas de pasar a la revolución proletaria o de abordarla.
412La vanguardia proletaria ha sido conquistada ideológicamente. Esto es lo principal. Sin ello es imposible dar ni siquiera el primer paso hacia la victoria. Pero eso está aún bastante lejos de la victoria. Con la vanguardia sola es imposible triunfar. Lanzar sola a la vanguardia a la batalla decisiva cuando toda la clase, cuando las grandes masas no han adoptado todavía una posición de apoyo directo a esta vanguardia (o, al menos, de neutralidad benévola con respecto a ella) y no son incapaces por completo de apoyar al adversario, sería no sólo una estupidez, sino, además, un crimen. Y para que realmente toda la clase, para que realmente las grandes masas de trabajadores y oprimidos por el capital lleguen a adoptar esa posición, la propaganda y la agitación son insuficientes por sí solas. Para ello es imprescindible la propia experiencia política de las masas. Tal es la ley fundamental de todas las grandes revoluciones, confirmada hoy con fuerza y realce sorprendentes tanto por Rusia como por Alemania. Para que las masas incultas, en muchos casos analfabetas, de Rusia, y las masas de Alemania, muy cultas, sin un solo analfabeto, se orientaran resueltamente hacia el comunismo, necesitaron sentir en su propia carne toda la impotencia, toda la pusilanimidad, toda la flaqueza, todo el servilismo ante la burguesía, toda la infamia del gobierno de los caballeros de la II Internacional y toda la ineluctabilidad de la dictadura de los ultrarreaccionarios (Kornílov en Rusia, Kapp y Cía. en Alemania) como única alternativa frente a la dictadura del proletariado.
La tarea inmediata de la vanguardia consciente del movimiento obrero internacional, es decir, de los partidos, grupos y tendencias comunistas, consiste en saber llevara las grandes masas (hoy todavía, en la mayoría de los casos, adormecidas, apáticas, rutinarias, inertes, sin despertar) a esta nueva posición suya, o, mejor dicho, en saber dirigir no sólo su propio partido, sino también a estas masas en el transcurso de su acercamiento y de su paso a esa nueva posición. Si la primera tarea histórica (ganar para el Poder soviético y para la dictadura de la clase obrera a la vanguardia consciente del proletariado) no podía ser cumplida sin la victoria ideológica y política completa sobre el oportunismo y el socialchovinismo, la segunda tarea (que pasa ahora a ser inmediata y que consiste en saber llevar a las masas a esa nueva posición, capaz de asegurar el triunfo de la vanguardia en la revolución) no puede ser cumplida sin acabar con el doctrinarismo de izquierda, sin corregir por completo sus errores y desembarazarse de ellos.
Mientras se trate (y en la medida en que se trata aún ahora) de ganar para la causa del comunismo a la vanguardia del proletariado, la propaganda debe ocupar el primer lugar; incluso los círculos, con todos sus defectos, son útiles en este caso y dan resultados fecundos. 413 Pero cuando se trata de la acción práctica de las masas, de dislocar ---si se nos permite expresarnos así---a ejércitos de millones de hombres, de disponer todas las fuerzas de clase de una sociedad determinada para la lucha final y decisiva, no se logrará nada sólo con los hábitos de propagandista, con la simple repetición de las verdades del comunismo ``puro''. Porque en este caso no se debe contar por miles, como hace en esencia el propagandista, miembro de un grupo reducido y que no ha dirigido todavía masas, sino por millones y decenas de millones. En este caso hay que preguntarse no sólo si hemos convencido a la vanguardia de la clase revolucionaria, sino también si están dislocadas las fuerzas activas, desde el punto de vista histórico, de todas las clases de la sociedad dada, obligatoriamente de todas sin excepción, de tal manera que la batalla decisiva se halle por completo en sazón, de tal manera que 1) todas las fuerzas de clase que nos son adversas estén suficientemente desconcertadas, suficientemente enfrentadas entre sí, suficientemente debilitadas por una lucha superior a sus fuerzas; que 2) todos los elementos vacilantes, versátiles, inconsistentes, intermedios, es decir, la pequeña burguesía, la democracia pequeñoburguesa, que se diferencia de la burguesía, se hayan desenmascarado suficientemente ante el pueblo, se hayan cubierto suficientemente de oprobio por su bancarrota en la actividad práctica; que 3) en las masas proletarias empiece a aparecer y a extenderse con poderoso impulso el afán de apoyar las acciones revolucionarias más enérgicas, más audaces y abnegadas contra la burguesía. Entonces estará madura la revolución, entonces estará asegurada nuestra victoria, si hemos sabido tener en cuenta todas las condiciones brevemente esbozadas más arriba y hemos elegido con acierto el momento.
Las divergencias, de una parte, entre los Churchill y los Lloyd George---tipos políticos que existen en todos los países, con ínfimas diferencias nacionales---y, de otra, entre los Henderson y los Lloyd George no tienen la menor importancia y son insignificantes desde el punto de vista del comunismo puro, esto es, abstracto, incapaz aún de acciones políticas prácticas, de masas. Pero desde el punto de vista de esta acción práctica de masas, dichas diferencias son de una importancia extraordinaria. Saber tenerlas en cuenta, saber determinar el momento en que han madurado por completo los conflictos inevitables entre esos ``amigos''---conflictos que debilitan y extenúan a todos los ``amigos'', tomados en conjunto---es obra, es misión del comunista que desee ser no sólo un propagandista consciente, convencido y preparado en el aspecto ideológico, sino también un dirigente práctico de las masas en la revolución. Es necesario unir la fidelidad más absoluta a las ideas comunistas con el arte de admitir todos los imprescindibles 414 compromisos prácticos, maniobras, acuerdos, zigzags, repliegues, etc., para acelerar la existencia y la caducidad del poder político de los Henderson (de los "héroes" de la II Internacional, por no citar nombres de estos representantes de la democracia pequeñoburguesa que se llaman socialistas); para acelerar su bancarrota inevitable en la práctica, que instruirá a las masas precisamente en nuestro espíritu y las orientará precisamente hacia el comunismo; para acelerar los roces, las disputas, los conflictos y el divorcio total, inevitables entre los Henderson, los Lloyd George y los Churchill (entre los mencheviques y los eseristas, los democonstitucionalistas y los monárquicos; entre los Scheidemann, la burguesía y los adeptos de Kapp Hs, etc.), y para elegir con acierto el momento de máxima disensión entre todos esos "pilares de la sacrosanta propiedad privada'', a fin de derrotarlos hasta el último y conquistar el poder político mediante una ofensiva resuelta del proletariado.
La historia en general, y la de las revoluciones en particular, es siempre más rica de contenido, más variada de formas y aspectos, más viva y más ``astuta'' de lo que se imaginan los mejores partidos, las vanguardias más conscientes de las clases más avanzadas. Y esto es comprensible, pues las mejores vanguardias expresan la conciencia, la voluntad, la pasión y la fantasía de decenas de miles de hombres, mientras que la revolución la hacen, en momentos de entusiasmo y de tensión especiales de todas las facultades humanas, la conciencia, la voluntad, la pasión y la fantasía de decenas de millones de hombres aguijoneados por la más enconada lucha de clases. De ahí se deducen dos conclusiones prácticas muy importantes: primera, que la clase revolucionaria, para cumplir su misión, debe saber utilizar todas las formas o aspectos, sin la más mínima excepción, de la actividad social (terminando después de conquistar el poder político, a veces con gran riesgo e inmenso peligro, lo que no ha terminado antes de esa conquista); segunda, que la clase revolucionaria debe estar preparada para sustituir una forma con otra del modo más rápido e inesperado.
Todos convendrán en que sería insensata y hasta criminal la conducta de un ejército que no se dispusiera a dominar todos los tipos de armas, todos los medios y procedimientos de lucha que posea o pueda poseer el enemigo. Pero esta verdad es más aplicable todavía a la política que al arte militar. En política es menos fácil aún saber de antemano qué método de lucha será aplicable y ventajoso para nosotros en tales o cuales circunstancias futuras. Sin dominar todos los medios de lucha, podremos sufrir una derrota tremenda---a veces decisiva---si cambios, 415 independientes de nuestra voluntad, en la situación de las otras clases ponen a la orden del día una forma de acción en la que somos particularmente débiles. Si dominamos todos los medios de lucha, nuestra victoria será segura, puesto que representamos los intereses de la clase verdaderamente avanzada, verdaderamente revolucionaria, aun en el caso de que las circunstancias nos impidan hacer uso del arma más peligrosa para el enemigo, del arma capaz de asestarle golpes mortales con la mayor rapidez. Los revolucionarios sin experiencia se imaginan a menudo que los medios legales de lucha son oportunistas, pues la burguesía engañaba y embaucaba a los obreros con frecuencia singular en este terreno (sobre todo en los períodos "pacíficos'', no revolucionarios), y que los medios ilegales son revolucionarios. Mas eso no es justo. Es cierto que son oportunistas y traidores a la clase obrera los partidos y jefes que no saben o no quieren (no digáis "no puedo'', sino "no quiero'') emplear medios ilegales de lucha en una situación, por ejemplo, como la guerra imperialista de 1914--1918, cuando la burguesía de los países democráticos más libres engañaba a los obreros con un cinismo y una ferocidad jamás vistos, prohibiendo que se dijese la verdad acerca del carácter expoliador de la conflagración. Pero los revolucionarios que no saben combinar las formas ilegales de lucha con todas las formas legales son malísimos revolucionarios. No es difícil ser revolucionario cuando la revolución ha estallado ya y se encuentra en su apogeo, cuando todos se adhieren a la revolución por simple entusiasmo, por estar de moda y, a veces, incluso por interés personal de hacer carrera. Al proletariado le cuesta mucho, le causa duras penalidades, le origina verdaderos tormentos " deshacerse'', después de su triunfo, de esos malhadados " revolucionarios''. Es muchísimo más difícil---y muchísimo más meritorio--- saber ser revolucionario cuando todavía no se dan las condiciones necesarias para la lucha directa, franca, auténticamente de masas, auténticamente revolucionaria; saber defender los intereses de la revolución (por medio de la propaganda, la agitación y la organización) en instituciones no revolucionarias y a menudo sencillamente reaccionarias, en una situación no revolucionaria, entre unas masas incapaces de comprender en el acto la necesidad de un método revolucionario de acción. Saber percibir, encontrar y determinar con exactitud el rumbo concreto o el viraje especial de los acontecimientos susceptibles de conducir a las masas a la gran lucha revolucionaria, verdadera, final y decisiva, es la tarea principal del comunismo contemporáneo en Europa Occidental y en América.
416Un ejemplo: Inglaterra. No podernos saber---y nadie puede determinarlo de antemano---cuándo estallará allí la verdadera revolución proletaria y cuál será el motivo principal que despertará, enardecerá y lanzará a la lucha a las grandes masas, hoy aún adormecidas. Por eso, estamos en el deber de efectuar toda nuestra labor preparatoria de tal modo que tengamos herradas las cuatro patas (según la expresión favorita del difunto Plejánov cuando era marxista y revolucionario). Quizá sea una crisis parlamentaria la que "abra el paso'', la que "rompa el hielo''; quizá una crisis derivada de las contradicciones coloniales e imperialistas irremediablemente complicadas, cada vez más graves y exasperadas, o quizá otras causas. No hablamos del tipo de lucha que decidirá la suerte de la revolución proletaria en Inglaterra (esta cuestión no suscita dudas en ningún comunista, pues para todos nosotros está firmemente decidida); hablamos del motivo que pondrá en movimiento a las masas proletarias hoy todavía adormecidas y las conducirá de lleno a la revolución. No olvidemos, por ejemplo, que en la república burguesa de Francia (en una situación que era cien veces menos revolucionaria que la actual desde el punto de vista tanto internacional como interior) ¡bastó un motivo tan ``inesperado'' y "fútil" como el asunto Dreyfus---una de las mil hazañas deshonestas de los militaristas reaccionarios---para llevar al pueblo al borde de la guerra civil!
Los comunistas de Inglaterra deben utilizar constantemente, sin descanso ni vacilación, las elecciones parlamentarias, todas las peripecias de la política irlandesa, colonial e imperialista universal del gobierno británico y todos los demás campos, esferas y aspectos de la vida social, actuando en ellos con un espíritu nuevo, con un espíritu comunista, con el espíritu de la III Internacional, y no de la II. No dispongo de tiempo ni de espacio para describir aquí los procedimientos ``rusos'', ``bolcheviques'', de participación en las elecciones y en la lucha parlamentarias; pero puedo asegurar a los comunistas de los demás países que no se parecían en nada a las campañas parlamentarias habituales en Europa Occidental. De aquí se saca a menudo la siguiente conclusión: "Eso es así en vuestro país, en Rusia; pero en el nuestro, el parlamentarismo es diferente.'' La conclusión es falsa. Los comunistas, los partidarios de la III Internacional existen en todos los países precisamente para transformar por completo, en todos los ámbitos de la vida, la vieja labor socialista, tradeunionista, sindicalista y parlamentaria en una labor nueva, comunista. En nuestras elecciones hemos visto también de sobra rasgos puramente burgueses, rasgos de oportunismo, de practicismo vulgar y de fraude capitalista. Los comunistas de Europa Occidental y de 417 América deben aprender a crear un parlamentarismo nuevo, desacostumbrado, no oportunista, sin arribismo. Es preciso que el Partido Comunista lance sus consignas; que los verdaderos proletarios, con ayuda de los pobres no organizados y oprimidos por completo, repartan y distribuyan octavillas, recorran las viviendas de los obreros, las chozas de los proletarios del campo y de los campesinos que viven en las aldeas perdidas (por ventura, en Europa hay muchas menos que en Rusia, y en Inglaterra apenas si existen); que penetren en las tabernas frecuentadas por los hombres más sencillos, se infiltren en las asociaciones, sociedades y reuniones fortuitas de la gente humilde; que hablen al pueblo con un lenguaje sencillo (y no muy parlamentario), no corran por riada del mundo tras "un puestecillo" en el Parlamento, sino que despierten en todas partes el pensamiento, lleven tras de sí a las masas, cojan la palabra a la burguesía y utilicen el mecanismo creado por ella, las elecciones convocadas por ella y sus llamamientos a todo el pueblo; que den a conocer a este último el bolchevismo como nunca habían tenido ocasión de hacerlo (bajo el dominio burgués) fuera del período electoral (sin contar, como es lógico, los momentos de grandes huelgas, cuando ese mismo mecanismo de agitación popular funcionaba en nuestro país con mayor intensidad aún). Hacer esto en Europa Occidental y en América es muy difícil, dificilísimo; pero puede y debe hacerse, pues es imposible de todo punto cumplir las tareas del comunismo sin trabajar. Y hay que esforzarse para resolver los problemas prácticos, cada vez más variados, cada vez más ligados a todos los dominios de la vida social y que van arrebatando cada día más a la burguesía, uno tras otro, distintos sectores y esferas de actividad.
En esa misma Inglaterra es necesario también organizar de un modo nuevo (no socialista, sino comunista; no reformista, sino revolucionario) la labor de propaganda, de agitación y de organización en el ejército y entre las naciones oprimidas y carentes de plenos derechos que forman parte de ``su'' Estado (Irlanda, las colonias). Porque todos estos sectores de la vida social, en la época del imperialismo en general y ahora, después de la guerra, que ha atormentado a los pueblos y les ha abierto rápidamente los ojos, haciéndoles ver la verdad (la verdad de que decenas de millones de hombres han muerto o han quedado mutilados sólo para decidir quiénes habrían de saquear más países: los bandidos ingleses o los bandidos alemanes); todos estos sectores de la vida social se impregnan singularmente de materias inflamables y dan origen a muchísimas causas de conflictos, de crisis y de exacerbación de la lucha de clases. No sabemos, ni podemos saber, cuál de las incontables chispas que surgen ahora
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418 por doquier en todos los países, bajo la influencia de la crisis económica y política mundial, podrá provocar el incendio, es decir, despertar de una manera especial a las masas. Por eso tenemos el deber de emprender con nuestros principios nuevos, comunistas, "la utilización" de todos los campos, cualesquiera que sean, hasta de los más viejos, vetustos y, en apariencia, más estériles, pues, en caso contrario, no estaremos a la altura de nuestra misión, nos faltará algo, no dominaremos todos los tipos de armas, no nos prepararemos ni para vencer a la burguesía (la cual organizó todos los aspectos de la vida social---y los ha desorganizado ahora---a la manera burguesa) ni para reorganizar al estilo comunista toda la vida una vez obtenida la victoria.Después de la revolución proletaria en Rusia y de sus victorias a escala internacional, inesperadas para la burguesía y los filisteos, el mundo entero se ha transformado y la burguesía es también otra en todas partes. La burguesía se siente asustada por el ``bolchevismo'' y está irritada con él casi hasta la locura; y precisamente por eso acelera, de una parte, el desarrollo de los acontecimientos y, de otra, centra la atención en reprimir por la violencia el bolchevismo, debilitando con ello su propia posición en otros muchos terrenos. Los comunistas de todos los países avanzados deben tener en cuenta estas dos circunstancias al trazar su táctica.
Los democonstitucionalistas rusos y Kerenski se pasaron de la raya cuando desencadenaron una furiosa persecución contra los bolcheviques, sobre todo a partir de abril de 1917 y, más aún, en junio y julio del mismo año. Los millones de ejemplares de los periódicos burgueses, que gritaban en todos los tonos contra los bolcheviques, ayudaron a que las masas valorasen el bolchevismo; y toda la vida social, además de la prensa, se impregnó de discusiones sobre el bolchevismo gracias al ``celo'' de la burguesía. Los millonarios de todos los países se comportan hoy de tal modo a escala internacional que debemos estarles agradecidos de todo corazón. Persiguen al bolchevismo con el mismo celo que lo perseguían antes Kerenski y compañía y, como éstos, se pasan también de la raya y nos ayudan igual que Kerenski. Cuando la burguesía francesa hace del bolchevismo el punto central de la campaña electoral, acusando de bolchevismo y denostando por ello a socialistas relativamente moderados o vacilantes; cuando la burguesía norteamericana, perdiendo por completo la cabeza, detiene a miles y miles de personas sospechosas de bolchevismo y crea un ambiente de pánico propagando por doquier noticias de conjuraciones bolcheviques; cuando la burguesía inglesa, la más ``seria'' del mundo, con todo su talento y experiencia, comete inverosímiles tonterías, funda riquísimas "sociedades de lucha 419 contra el bolchevismo'', crea una literatura especial sobre éste y contrata, para combatirlo, a un personal suplementario de sabios, agitadores y curas; cuando se hace todo eso, debemos inclinarnos y dar las gracias a los señores capitalistas. Trabajan para nosotros. Nos ayudan a interesar a las masas por la naturaleza y la significación del bolchevismo. Y no pueden obrar de otro modo, pues han fracasado ya en sus intentos de ``silenciar'' el bolchevismo y de estrangularlo.
Pero, al mismo tiempo, la burguesía ve en el bolchevismo casi exclusivamente uno de sus aspectos: la insurrección, la violencia, el terror; por eso procura prepararse de un modo especial para oponer resistencia y replicar en este terreno. Es posible que lo consiga en casos aislados, en algunos países, en tales o cuales períodos breves; hay que contar con esa posibilidad, que no tiene para nosotros nada de terrible. El comunismo ``brota'' de todos los aspectos de la vida social sin excepción alguna, sus gérmenes existen absolutamente en todas partes, "el contagio" (dicho sea con la comparación preferida de la burguesía y de la policía burguesa y la más ``agradable'' para ella) ha penetrado muy hondo en el organismo y lo ha impregnado por completo. Si se ``cierra'' con celo especial una de las salidas, "el contagio" encontrará otra, a veces, la más inesperada. La vida acaba por imponerse. Que la burguesía se sobresalte, se irrite hasta la locura; que se pase de la raya, haga tonterías, se vengue de antemano de los bolcheviques y se esfuerce por aniquilar (en la India, en Hungría, en Alemania, etc.) a centenares, a miles, a centenares de miles de bolcheviques de ayer o de mañana: al obrar así, procede como lo han hecho todas las clases condenadas por la historia a desaparecer. Los comunistas deben saber que, en todo caso, el porvenir les pertenece. Y por eso podemos (y debemos) unir la máxima pasión en la gran lucha revolucionaria con la apreciación más fría y serena de las furiosas sacudidas de la burguesía. La revolución rusa fue reprimida ferozmente en 1905; los bolcheviques rusos sufrieron una derrota en julio de 1917; más de 15.000 comunistas alemanes fueron aniquilados por medio de la artera provocación y las hábiles maniobras de Scheidemann y Noske, aliados a la burguesía y a los generales monárquicos; en Finlandia y en Hungría hace estragos el terror blanco. Pero, en todos los casos y en todos los países, el comunismo se templa y crece; sus raíces son tan profundas que las persecuciones no lo debilitan, no lo extenúan, sino que lo refuerzan. Falta sólo una cosa para que marchemos hacia la victoria con más firmeza y seguridad: que los comunistas de todos los países comprendamos por doquier y hasta el fin que en nuestra táctica debemos ser flexibles al máximo. Lo 420 que le falta hoy al comunismo, que se desarrolla magníficamente, sobre todo en los países adelantados, es esa conciencia y la capacidad necesaria para aplicarla en la práctica.
Podría (y debería) ser una lección útil lo ocurrido con jefes de la II Internacional tan eruditos marxistas y tan fieles al socialismo como Kautsky, Otto Bauer y otros. Comprendían muy bien la necesidad de una táctica flexible, habían aprendido y enseñaban a los demás la dialéctica de Marx (y mucho de lo que hicieron en este terreno pervivirá por los siglos de los siglos como una valiosa adquisición de la literatura socialista); pero al aplicar esta dialéctica han incurrido en un error tan colosal o se han mostrado en la práctica tan apartados de la dialéctica, tan incapaces de tomar en consideración los vertiginosos cambios de forma y la rapidez con que las viejas formas se llenan de un nuevo contenido, que su suerte no es mucho más envidiable que la de Hyndman, Guesde y Plejánov. La causa fundamental de su bancarrota consiste en que "han fijado la mirada" en una forma determinada de crecimiento del movimiento obrero y del socialismo, olvidando el carácter unilateral de esa forma; en que les ha dado miedo ver la brusca ruptura, inevitable por las condiciones objetivas, y han seguido repitiendo las verdades simples, aprendidas de memoria y a primera vista indiscutibles: tres son más que dos. Pero la política se parece más al álgebra que a la aritmética, y todavía más a las matemáticas superiores que a las matemáticas elementales. En realidad, todas las formas antiguas del movimiento socialista se han llenado de un nuevo contenido, por lo cual ha aparecido delante de las cifras un signo nuevo, el signo ``menos''. Pero nuestros sabios seguían (y siguen) tratando con tozudez de convencerse a sí mismos y convencer a los demás de que "menos tres" es más que "menos dos".
Debemos procurar que los comunistas no repitan el mismo error en sentido contrario, o, mejor dicho, que ese mismo' error, cometido, aunque en su sentido contrario, por los comunistas "de izquierda'', sea corregido y subsanado con la mayor rapidez y con el menor dolor posible para el organismo. No sólo el doctrinarismo de derecha constituye un error: lo es también el doctrinarismo de izquierda. Por supuesto, el error del doctrinarismo de izquierda en el comunismo es en la actualidad mil veces menos peligroso y grave que el de derecha (es decir, el error del socialchovinismo y del kautskismo); pero esto se debe únicamente a que el comunismo de izquierda es una tendencia novísima que apenas acaba de nacer. Sólo por eso, la enfermedad puede ser fácilmente vencida, en ciertas condiciones, y es necesario emprender su tratamiento con la máxima energía.
421Las viejas formas han reventado, pues ha resultado que su nuevo contenido---antiproletario, reaccionario---ha adquirido un desarrollo exorbitante. Desde el punto de vista del desenvolvimiento del comunismo internacional, tenemos hoy un contenido tan sólido, tan fuerte y tan potente de nuestra actividad (en pro del Poder de los Soviets, en pro de la dictadura del proletariado) que puede y debe manifestarse en cualquier forma,tanto vieja como nuev a; que puede y debe regenerar, vencer y someter a todas las formas, nuevas y antiguas, no para conciliarse con estas últimas, sino para saber convertirlas todas, las nuevas y las viejas, en una arma de la victoria completa y definitiva, decisiva e irreversible del comunismo~
Los comunistas deben consagrar todos sus esfuerzos a orientar el movimiento obrero y el desarrollo social en general por el camino más recto y rápido hacia la victoria mundial del Poder soviético y hacia la dictadura del proletariado. Es una verdad indiscutible. Pero basta con dar un pequeño paso más allá ---aunque parezca dado en la misma dirección---para que esta verdad se transforme en un error. Basta con decir, como hacen los comunistas de izquierda alemanes e ingleses, que no aceptamos más que un camino, el camino recto, que no admitimos las maniobras, los acuerdos y los compromisos, para que eso sea un error que puede causar, y ha causado ya en parte y sigue causando, los más graves perjuicios al comunismo. El doctrinarismo de derecha se ha obstinado en no admitir más que las formas viejas y ha fracasado en toda la línea por no haber observado el nuevo contenido. El doctrinarismo de izquierda se obstina en rechazar en absoluto determinadas formas viejas, sin ver que el nuevo contenido se abre paso a través de todas y cada una de las formas y que nuestro deber de comunistas consiste en dominarlas todas, en aprender a completar unas con otras y a sustituir unas por otras con la máxima rapidez, en adaptar nuestra táctica a todo cambio de este género, suscitado por una clase que no sea la nuestra o por unos esfuerzos que no sean los nuestros.
La revolución universal, que ha recibido un impulso tan poderoso y ha sido acelerada con tanta intensidad por los horrores, las villanías y las abominaciones de la guerra imperialista mundial, así como por la situación sin salida que ésta ha creado; esa revolución se desarrolla en amplitud y profundidad con una rapidez tan extraordinaria, con una riqueza tan magnífica de formas sucesivas, con una refutación práctica tan edificante de todo doctrinarismo, que existen suficientes motivos para esperar que el movimiento comunista internacional se curará rápidamente y por completo de la enfermedad infantil del comunismo "de izquierda".
27.IV.1920.
[422] ~ [423] __ALPHA_LVL2__ ANEXO __ALPHA_LVL3__ [introduction.] 424En tanto que las editoriales de nuestro país -que los unperialistas del mundo entero saquearon para vengarse de la revolución proletaria y que continúan saqueando y bloqueando a pesar de todas las promesas hechas a sus obreros- organizaban la publicación de mi folleto, se han recibido del extranjero datos complementarios. Sin aspirar, ni mucho menos a que mifolleto sea algo más que unas notas rápidas de un publicista, abordare brevemente algunos puntos.
425 __NUMERIC_LVL3__ I __ALPHA_LVL3__ LA ESCISIÓN DE LOS COMUNISTAS ALEMANESLa escisión de los comunistas en Alemania es un hecho. Los ``izquierdistas'' u "oposición de principio" han constituido su "Partido Comunista Obrero'', a diferencia del "Partido Comunista''. En Italia, por lo visto, las cosas marchan también hacia la escisión. Digo "por lo visto'', pues dispongo sólo de dos nuevos números, el 7 y el 8, del periódico izquierdista // Soviet, en los cuales se discute abiertamente la posibilidad y la necesidad de la escisión y se habla asimismo de un congreso de la fracción de los ``abstencionistas'' (o boicoteadores, es decir, los enemigos de la participación en el Parlamento), que hasta ahora pertenece al Partido Socialista Italiano.
Existe el peligro de que el rompimiento con los ``izquierdistas'', antiparlamentarios (y, en parte también, antipolíticos, adversarios del partido político y de la actuación en los sindicatos), se convierta en un fenómeno internacional, a semejanza del rompimiento con los ``centristas'' (o kautskianos, longuetistas, ``independientes'', etc.). Sea así. En fin de cuentas, la escisión es preferible a la confusión, que impide el crecimiento ideológico, teórico y revolucionario del partido y su madurez, así como su labor práctica unánime, verdaderamente organizada, que prepare de verdad la dictadura del proletariado.
Que los ``izquierdistas'' se pongan a prueba de una manera práctica a escala nacional e internacional, que intenten preparar (y, después, realizar) la dictadura del proletariado sin un partido rigurosamente centralizado, dotado de una disciplina férrea, sin saber dominar todas las esferas, ramas y variedades de la labor política y cultural. La experiencia práctica les enseñará con rapidez.
Pero se deben hacer todos los esfuerzos necesarios para que la escisión con los ``izquierdistas'' no dificulte---o dificulte lo menos posible---la fusión en un solo partido, inevitable en un futuro próximo y necesaria, de todos los participantes en el movimiento obrero que defienden sincera y honradamente el Poder soviético y la dictadura del proletariado. Los bolcheviques de Rusia tuvieron una suerte singular al disponer de quince años para combatir de modo sistemático y hasta el fin tanto a los mencheviques (es decir, 426 los oportunistas y los ``centristas'') como a los ``izquierdistas'' mucho antes de que empezara la lucha directa de masas por la dictadura del proletariado. Ahora es forzoso hacer esta misma labor en Europa y América "a marchas forzadas''. Algunos individuos, sobre todo fracasados pretendientes a jefes, pueden obstinarse durante largo tiempo en sus errores (si carecen de disciplina proletaria y de "honradez consigo mismos''); pero las masas obreras, cuando llegue el momento, se unirán con facilidad y rapidez y unirán a todos los comunistas sinceros en un solo partido, capaz de instaurar el régimen soviético y la dictadura del proletariado^^*^^.
__NUMERIC_LVL3__ II __ALPHA_LVL3__ LOS COMUNISTAS Y LOS INDEPENDIENTES EN ALEMANIAEn el folleto he expresado la opinión de que el compromiso entre los comunistas y el ala izquierda de los independientes es necesario y provechoso para el comunismo, pero que no será fácil conseguirlo. Los números de los periódicos que he recibido con posterioridad confirman ambas cosas. En el núm. 32 del periódico Bandera Roja, órgano del CC del Partido Comunista de Alemania (Die Rote Fahne, Zentralorgan der Kommunistischen Partei Deutsch- _-_-_
^^*^^ En cuanto a la fusión ulterior de los comunistas "de izquierda'', de los antiparlamentarios, con los comunistas en general señalaré, además, lo siguiente. Por lo que he podido conocer en los periódicos de los comunistas "de izquierda" y de los comunistas en general de Alemania, los primeros tienen la ventaja sobre los segundos de que saben efectuar mejor la agitación entre las masas. Algo análogo he observado repetidas veces---si bien en menores proporciones y en organizaciones locales aisladas, y no en todo el país---en la historia del partido bolchevique. En 1907 y 1908, por ejemplo, los bolcheviques "de izquierda" desplegaban a veces y en algunos sitios con más éxito que nosotros su labor de agitación entre las masas. Esto se explica, en parte, porque es más fácil abordar a las masas con la táctica de la ``simple'' negación en una situación revolucionaria o cuando están frescos aún los recuerdos de la revolución. Sin embargo, eso está lejos de ser un argumento que justifique semejante táctica. En todo caso, no ofrece la menor duda que un Paríú/o Comunista que quiera ser de verdad la vanguardia, el destacamento avanzado de la clase revolucionaria, del proletariado, y que desee, además, aprender a dirigir a las grandes masas no sólo proletarias, sino también nú proletarias, a las masas trabajadoras y explotadas, está obligado a saber organizar y hacer propaganda y agitación del modo más accesible, comprensible, claro y vivo tanto para "la calle" urbana, fabril, como para la aldea.
427 lands, Spartakusbund^^*^^, del 26 de marzo de 1920), se publica una "declaración" de dicho CC sobre el ``putsch'' militar (complot, aventura) de Kapp-Lüttwitz y acerca del "gobierno socialista''. Esta declaración es absolutamente justa desde el punto de vista de la premisa fundamental y desde el de la conclusión práctica. La premisa fundamental consiste en que, en el momento actual, no existe "base objetiva" para la dictadura del proletariado por cuanto "la mayoría de los obreros urbanos" apoya a los independientes. Conclusión: promesa de "oposición leal" al gobierno ``socialista'' (es decir, negativa a preparar su " derrocamiento violento'') "si se excluye a los partidos burguesescapitalistas".La táctica es justa, sin duda, en lo fundamental. Pero si bien no es necesario detenerse en pequeñas inexactitudes de fórmula, es imposible, empero, silenciar que no se puede llamar ``socialista'' (en una declaración oficial del Partido Comunista) a un gobierno de socialtraidores; que no se puede hablar de exclusión de "los partidos burgueses-capitalistas'', cuando los partidos de los Scheidemann y de los señores Kautsky y Crispien son democráticos pequeñoburgueses; que no se puede escribir cosas como el párrafo cuarto de la declaración, que proclama:
``...Para que el comunismo siga ganando a las masas proletarias, tiene magna importancia, desde el punto de vista del desarrollo de la dictadura del proletariado, una situación en la que la libertad política pueda ser utilizada de modo ilimitado y la democracia burguesa no pueda actuar como dictadura del capital..."
Semejante situación es imposible. Los jefes pequeñoburgueses, los Henderson (Scheidemann) y los Snowden (Crispien) alemanes, no rebasan ni pueden rebasar los límites de la democracia burguesa, que, a su vez, no puede dejar de ser la dictadura del capital. Desde el punto de vista de los resultados prácticos que se había propuesto con todo acierto el CC del Partido Comunista, no debían haber sido escritas en modo alguno esas cosas, erróneas por principio y perjudiciales políticamente. Para ello habría bastado con decir (si se quiere dar muestras de cortesía parlamentaria): mientras la mayoría de los obreros urbanos siga a los independientes, nosotros, los comunistas, no podemos impedir a esos obreros que se desembaracen de sus últimas ilusiones democráticas pequeñoburguesas (es decir, también " burguesascapitalistas'') con la experiencia de ``su'' gobierno. Eso es suficiente para argumentar el compromiso, que es verdaderamente necesario _-_-_
^^*^^ Liga Espártalo. (N. de la Edil)
428 y debe consistir en renunciar durante cierto tiempo a las tentativas de derrocar por la violencia un gobierno que cuenta con la confianza de la mayoría de los obreros urbanos. Y en la agitación cotidiana, masiva, no vinculada al marco de la cortesía oficial, parlamentaria, podría, claro está, agregarse: dejemos que miserables como los Scheidemann y filisteos como los Kautsky y los Crispien muestren con sus actos hasta qué extremo están engañados y engañan a los obreros; su gobierno ``puro'' hará "con más pureza que nadie" la labor de ``limpiar'' los establos de Augías del socialismo, del socialdemocratismo y demás variedades de la socialtraición.La naturaleza auténtica de los jefes actuales del Partido Socialdemócrata Independiente de Alemania (de esos jefes de los cuales se dice, faltando a la verdad, que han perdido ya toda influencia, pero que, de hecho, son todavía más peligrosos para el proletariado que los socialdemócratas húngaros, que se denominaban comunistas y prometían ``apoyar'' la dictadura del proletariado) se ha puesto de manifiesto una y otra vez durante la korniloviada alemana, es decir, durante el ``putsch'' de los señores Kapp y Lüttwitz^^*^^. Una ilustración pequeña, pero elocuente, de ello nos la ofrecen el articulejo de Carlos Kautsky Los minutos decisivos (Entsiheidende Stunden), publicado en Freiheit (La Libertad, órgano de los independientes) el 30 de marzo de 1920, y el de Arturo Crispien Acerca de la situación política (aparecido el 14 de abril de 1920 en el periódico citado). Estos señores no saben en absoluto pensar y razonar como revolucionarios. Son llorones demócratas pequeñoburgueses, mil veces más peligrosos para el proletariado si se declaran partidarios del Poder soviético y cíe la dictadura proletaria, pues, en la práctica, cometerán de manera ineluctable una traición en cada momento difícil y peligroso... ¡" sinceramente" convencidos de que ayudan al proletariado! También los socialdemócratas húngaros, rebautizados de comunistas, querían ``ayudar'' al proletariado cuando, por cobardía y pusilanimidad, consideraron desesperada la situación del Poder soviético en Hungría y gimotearon ante los agentes de los capitalistas de la Entente y ante sus verdugos.
_-_-_^^*^^ Dicho sea de ¡jasada, esto lo ha explicado con extraordinaria claridad, com isión v exactitud, al estilo marxista. el magnífico periódico del Partido C'.omunista Austríaco liiinili'iii Roja en sus números del 2X v 30 de mar/o de 1920 (I)ie Rule í-'altni'. = Wien, I920.N2.N1^^1^^ '¿fifi uncí 2(i7; L. L.: Km neuer Ab.vhnilt der tleul.vlien Ri'volution). (L. I..: "Una nueva etapa de la revolución alemana".---N. de la Ktlil.)
429 __NUMERIC_LVL3__ III __ALPHA_LVL3__ TURATI Y COMPAÑÍA EN ITALIALos números del periódico italiano 77 Soviet a que he aludido confirman cuanto he dicho en el folleto acerca del error del Partido Socialista Italiano, el cual tolera en sus filas a tales miembros e incluso a semejante grupo de parlamentarios. Lo confirma más aún un testigo ajeno, el corresponsal en Roma del periódico liberal burgués The Manchester Guardian (Inglaterra), que en el número del 12 de marzo de 1920 publicó una interviú hecha por él a Turad.
``...El señor Turati---escribe este corresponsal---supone que el peligro revolucionario no es tan grande como para suscitar temores en Italia. Los maximalistas juegan con el fuego de las teorías soviéticas únicamente para mantener a las masas en estado de agitación y excitación. Sin embargo, estas teorías son nociones puramente legendarias, programas no maduros, inútiles para el uso práctico. Sirven sólo para mantener a las clases trabajadoras en estado de expectación. La misma gente que las emplea como cebo para deslumhrar los ojos proletarios se ve obligada a sostener una lucha cotidiana para conquistar algunas mejoras económicas, con frecuencia insignificantes, a fin de retrasar el momento en que las clases trabajadoras pierdan las ilusiones y la fe en sus mitos predilectos. De ahí ese largo período de huelgas de toda magnitud y por cualquier pretexto, incluidas las últimas huelgas de correos y de ferrocarriles, que hacen todavía más grave la situación del país, ya difícil cíe por sí. El país está irritado por las dificultades dimanantes de su problema aclriático, se siente abrumado por su deuda exterior y por su desmesurada emisión de papel moneda y, sin embargo, está muy lejos aún de comprender la necesidad de asimilar la disciplina de trabajo, única capaz de restablecer el orden y la prosperidad..."
Está claro como la luz del día que el corresponsal inglés se ha ido de la lengua y ha dicho una verdad que, probablemente, ocultan y adornan el propio Turati y sus defensores, cómplices e inspiradores burgueses en Italia. Esta verdad consiste en que las ideas y la labor política de los señores Turati, Treves, Modigliani, Dugoni y Cía. son tal y como los dibuja el corresponsal inglés. Eso es auténtica socialtraición. ¡Cuan elocuente es la sola defensa del orden y de la disciplina para los obreros que padecen la esclavitud asalariada, que trabajan para que se lucren los capitalistas! ¡Y qué conocidos nos son a los rusos todos esos discursos mencheviques! ¡Cuan valiosa es la confesión de que las masas están a favor del Poder soviético! ¡Qué estúpida y trivialmente burguesa resulta la incomprensión del papel revolucionario de las huelgas, que crecen de manera espontánea! Sí, sí, el corresponsal inglés del periódico liberal burgués ha prestado un flaco servicio a los señores Turati y Cía. y ha confirmado de modo excelente cuan justas son las demandas del camarada Bordiga y de sus amigos del periódico 430 // Soviet, los cuales exigen que el Partido Socialista Italiano, si quiere de verdad estar a favor de la III Internacional, expulse con oprobio de sus filas a los señores Turati y Cía. y se transforme en un Partido Comunista tanto por el nombre como por sus actos.
__NUMERIC_LVL3__ IV __ALPHA_LVL3__ CONCLUSIONES ERRÓNEAS DE PREMISAS JUSTASPero de su justa crítica a los señores Turati y Cía., el camarada Bordiga y sus amigos ``izquierdistas'' sacan la errónea conclusión de que es perjudicial en general participar en el Parlamento. Los ``izquierdistas'' italianos no pueden aportar ni sombra de argumentos serios en defensa de esta opinión. Simplemente desconocen (o tratan de olvidar) los modelos internacionales de verdadera utilización revolucionaria y comunista de los parlamentos burgueses, provechosa de modo indiscutible para preparar la revolución proletaria. En realidad, no se imaginan la ``nueva'' utilización del parlamentarismo y claman, repitiéndose hasta la saciedad, contra la utilización ``vieja'', no bolchevique.
En esto reside, precisamente, su error básico. No sólo en el terreno del Parlamento, sino en todos los campos de actividad, el comunismo debe aportar (y no podrá hacerlo sin un trabajo prolongado, persistente y tenaz) algo nuevo por principio, que rompa de manera radical con las tradiciones de la II Internacional (conservando y desarrollando, al mismo tiempo, todo lo que ha proporcionado de bueno).
Tomemos, aunque sólo sea, el trabajo periodístico. Los periódicos, folletos y hojas cumplen una labor necesaria de propaganda, agitación y organización. Ningún movimiento de masas puede pasarse en un país, por poco civilizado que sea, sin un mecanismo periodístico. Y ni los gritos contra "los jefes" ni los juramentos de proteger la pureza de las masas frente a la influencia de los jefes pueden librarnos de la necesidad de utilizar para ese trabajo a hombres procedentes de los medios intelectuales burgueses, pueden librarnos de la atmósfera y el ambiente democráticos burgueses, "de propiedad privada'', en que se efectúa esa labor en el capitalismo. Incluso dos años y medio después de ser derrocada la burguesía y de conquistar el poder político el proletariado, vemos en torno nuestro esa atmósfera, ese ambiente de relaciones de propiedad privada, democráticas burguesas, que tienen carácter de masas (campesinos, artesanos).
431El parlamentarismo es una forma de trabajo; el periodismo, otra. El contenido puede ser comunista en ambas, y debe serlo, si quienes actúan en una u otra esfera son verdaderos comunistas, verdaderos militantes del partido proletario, de masas. Pero en una y en otra---y en cualquier esfera de trabajo en el capitalismo y en la transición del capitalismo al socialismo---es imposible rehuir las dificultades y las originales tareas que debe vencer y cumplir el proletariado para utilizar en su propio provecho a gente que procede de medios burgueses, para conquistar la victoria sobre los prejuicios y la influencia de los intelectuales burgueses, para debilitar la resistencia del ambiente pequeñoburgués (y, posteriormente, para transformarlo por completo).
¿Acaso no hemos visto en todos los países, hasta la guerra de 1914--1918, extraordinaria abundancia de ejemplos de anarquistas, sindicalistas y otros elementos muy ``izquierdistas'' que fulminaban el parlamentarismo, se mofaban de los parlamentarios socialistas contaminados de trivialidad burguesa, fustigaban su arribismo, etc., etc., y hacían la misma carrera burguesa a través del periodismo, a través de la labor en los sindicatos? ¿Es que los ejemplos de los señores Jouhaux y Merrheim, si nos limitamos a Francia, no son típicos?
La puerilidad de ``negar'' la participación en el Parlamento consiste, precisamente, en que con ese método tan ``sencillo'', "fácil" y seudorrevolucionario quieren ``cumplir'' la difícil tarea de luchar contra las influencias democráticas burguesas en el seno del movimiento obrero y, en realidad, lo único que hacen es huir de su propia sombra, cerrar los ojos ante las dificultades y desembarazarse de ellas sólo con palabras. Es indudable que el arribismo más desvergonzado, la utilización burguesa de los escaños parlamentarios, la clamante adulteración reformista de la labor en el Parlamento y la vulgar rutina pequeñoburguesa son rasgos peculiares habituales y predominantes, engendrados por el capitalismo en todas partes tanto fuera como dentro del movimiento obrero. Pero el capitalismo y el ambiente burgués creado por él (y que, incluso después de derrocada la burguesía, desaparece muy despacio, pues el campesinado hace renacer sin cesar a la burguesía) engendran absolutamente en todos los ámbitos del trabajo y de la vida, en esencia, el mismo arribismo burgués, el chovinismo nacional, la trivialidad pequeñoburguesa, etc., con insignificantes variedades de forma.
Os parece, queridos boicoteadores y antiparlamentaristas, que sois "terriblemente revolucionarios''; pero, en realidad, os habéis asustado de las dificultades relativamente pequeñas que presenta la lucha contra las influencias burguesas en el seno del movimiento 432 obrero, en tanto que vuestra victoria, es decir, el derrocamiento de la burguesía y la conquista del poder político por el proletariado, hará surgir esas mismas dificultades en proporciones mayores, muchísimo mayores. Os habéis asustado como niños de la pequeña dificultad que se al/a hoy ante vosotros, sin comprender que mañana y pasado mañana tendréis, pese a todo, que aprender---y aprender por completo---a vencer las mismas dificultades, pero en proporciones incomparablemente mayores.
Con el Poder soviético, en vuestro---y en nuestro---partido proletario tratarán de infiltrarse aún más elementos procedentes de la intelectualidad burguesa. Penetrarán también en los Soviets, en los tribunales y en el mecanismo administrativo, pues es imposible construir el comunismo con otra cosa que no sea el material humano creado por el capitalismo. Es imposible expulsar y exterminar a los intelectuales burgueses. Lo que se debe hacer es vencerlos, transformarlos, refundirlos, reeducarlos, de la misma manera que es necesario reeducar en lucha prolongada, sobre la base de la dictadura del proletariado, a los proletarios mismos, que no se desembarazan de sus prejuicios pequeñoburgueses de golpe, por milagro, por obra y gracia del Espíritu Santo o por el efecto mágico de una consigna, de una resolución o de un decreto, sino únicamente en una lucha masiva larga y difícil contra la influencia de las ideas pequeñoburguesas entre las masas. En el Poder soviético, esas mismas tareas que el antiparlamentario aparta ahora de un manotazo con tanto orgullo, altanería, ligereza y puerilidad, esas mismas tareas resurgirán dentro de los Soviets, en la administración soviética, entre "los defensores del Derecho" soviéticosH" (hemos destruido en Rusia, e hicimos bien en destruirla, la abogacía burguesa, pero renace entre nosotros al socaire de "los defensores del Derecho" "soviéticos''). Entre los ingenieros soviéticos, entre los maestros soviéticos y entre los obreros privilegiados (es decir, los de más alta calificación y los mejor colocados) de las fábricas soviéticas vemos renacer de manera constante absolutamente todos los rasgos negativos propios del parlamentarismo burgués, y sólo con una lucha reiterada, infatigable, prolongada y tenaz del espíritu de organización y la disciplina proletarios estamos venciendo---paulatinamente---este mal.
Está claro que bajo el dominio de la burguesía es muy "difícil" triunfar sobre las costumbres burguesas en el propio partido, es decir, en el partido obrero: es "difícil" expulsar del partido a los jefes-parlamentarios habituales, corrompidos sin esperanza de curación por los prejuicios burgueses; es "difícil" someter a la disciplina proletaria al número absolutamente necesario (en cierta cantidad, aunque sea muy limitada) de gente que procede de la 433 burguesía; es "difícil" crear en el Parlamento burgués una minoría comunista digna por completo de la clase obrera; es "difícil" conseguir que los parlamentarios comunistas no se dediquen a nimiedades parlamentarias burguesas, sino que se entreguen a la labor esencialísima de propaganda, agitación y organización de las masas. Todo eso es, sin duda, "difícil''; fue difícil en Rusia y es incomparablemente más difícil en Europa Occidental y en Norteamérica, donde son mucho más fuertes la burguesía, las tradiciones democráticas burguesas, etc.
Pero todas estas ``dificultades'' son, en verdad, pueriles si se las compara con las tareas, absolutamente del mismo carácter, que deberá cumplir de manera ineluctable el proletariado para conquistar la victoria, en el transcurso de la revolución proletaria y después de tomar el poder. En comparación con estas tareas verdaderamente gigantescas, cuando, existiendo la dictadura del proletariado, habrá que reeducar a millones de campesinos y pequeños propietarios, a centenares de miles de empleados, funcionarios públicos e intelectuales burgueses, subordinándolos a todos al Estado proletario y a la dirección proletaria, y vencer en ellos las tradiciones y los hábitos burgueses; en comparación con estas tareas gigantescas, resulta de una facilidad pueril crear en el Parlamento burgués, bajo el dominio de la burguesía, una minoría auténticamente comunista del verdadero partido proletario.
Si los camaradas ``izquierdistas'' y antiparlamentarios no aprenden a vencer ahora una dificultad incluso tan pequeña, podrá decirse con seguridad que o no estarán en condiciones de realizar la dictadura del proletariado, no podrán subordinar y transformar en vasta escala a los intelectuales burgueses y las instituciones burguesas, o deberán terminar de aprender a toda prisa y, con esa premura, originarán un daño inmenso a la causa proletaria, cometerán más errores que de ordinario, darán muestras de una debilidad y una incapacidad más que regulares, etc., etc.
En tanto que la burguesía no sea derrocada---y, después de su derrocamiento, hasta que no desaparezcan por completo la pequeña hacienda y la pequeña producción mercantil---, el ambiente burgués, los hábitos de propiedad privada y las tradiciones pequeñoburguesas echarán a perder la labor proletaria desde dentro y desde fuera del movimiento obrero, no sólo en una esfera de actividad, la parlamentaria, sino, de manera inevitable, en todas y cada una de las esferas de la actividad social, en todos los campos del quehacer cultural y político, sin excepción alguna. Y constituye un profundísimo error, que deberá pagarse después de modo inexcusable, el intento de desentenderse, de apartarse de 434 una de las tareas ``desagradables'' o de las dificultades en una esfera de trabajo. Hay que aprender, y aprender hasta el fin, a dominar todos los tipos de trabajo y de actividad, sin ninguna excepción, a vencer por doquier todas las dificultades y todas las costumbres, tradiciones y hábitos burgueses. Cualquier otro planteamiento de la cuestión carece simplemente de seriedad, es pueril.
12.V.1920.
__ALPHA_LVL3__ VEn la edición rusa de este libro he expuesto con cierta inexactitud la conducta del Partido Comunista Holandés en su conjunto en el ámbito de la política revolucionaria mundial. Por eso aprovecho la ocasión para publicar la carta, que se reproduce más abajo, de nuestros camaradas holandeses acerca de este problema y, además, para corregir la expresión "tribunistas holandeses'', empleada por mí en el texto ruso, sustituyéndola con las palabras "algunos miembros del Partido Comunista Holandés".
N. Lenin
Moscú, 30 de junio de 1920
Querido camarada Lenin:
Gracias a su amabilidad, los miembros de la delegación holandesa al II Congreso de la Internacional Comunista hemos tenido la posibilidad de leer su libro La enfermedad infantil del ``izquierdismo'' en el comunismo antes de que apareciera traducido a los idiomas de Europa Occidental. En este libro subraya Vd. varias veces su desaprobación del papel que han desempeñado algunos miembros del Partido Comunista Holandés en la política internacional.
Debemos protestar, sin embargo, contra el hecho de que atribuya Vd. al Partido Comunista la responsabilidad por los actos de esos miembros. Esto es inexacto en extremo. Más aún, es injusto, pues esos miembros del Partido Comunista Holandés participan muy poco, o no participan en absoluto, en la labor cotidiana del partido; intentan también, directa o indirectamente, aplicar en el Partido Comunista las consignas oposicionistas, contra las que el Partido Comunista Holandés y todos sus organismos han sostenido y sostienen hasta hoy la lucha más enérgica.
Con un saludo fraternal
(en nombre de la delegación holandesa)
D. I. Wijnkoop
Camaradas: Sabéis que los terratenientes y los capitalistas polacos, azuzados por la Entente, nos han impuesto una nueva guerra. Recordad, camaradas, que no tenemos ningún pleito con los campesinos y los obreros polacos. Reconocíamos antes, y reconoceríamos ahora, la independencia polaca y la República Popular Polaca. Propusimos la paz a Polonia, accediendo a dejar intactas sus fronteras, a pesar de que se extendían mucho más lejos que la población netamente polaca. Hicimos concesiones en todo. Que cada uno de vosotros lo recuerde en el frente. Que vuestro comportamiento con los polacos demuestre que sois soldados de la República Obrera y Campesina, que vais allá no como opresores, sino como liberadores. Ahora, cuando los señores feudales polacos, en contra de nuestras aspiraciones, han concertado una alianza con Petliura, han pasado a la ofensiva y se acercan a Kíev; cuando en la prensa extranjera corren rumores de que han tomado ya Kíev---esto es pura mentira, pues ayer mismo hablé por hilo directo con F. Kon, que se encuentra en Kíev---; ahora decimos: camaradas, hemos sabido rechazar a un enemigo más temible, hemos sabido vencer a los terratenientes y capitalistas propios. ¡Venceremos también a los terratenientes y capitalistas polacos! Todos debemos jurar aquí, prometer solemnemente que nos mantendremos en pie como un solo hombre para impedir la victoria de los señores feudales y capitalistas polacos. ¡Vivan los campesinos y los obreros de la República Polaca libre e independiente! ¡Abajo los latifundistas, terratenientes y capitalistas polacos! ¡Viva nuestro Ejército Rojo Obrero y Campesino! (Sonoros acordes de La Internacional y exclamaciones de ``Hurra'' apagan las últimas palabras del camarada Lenin.)
Publicado el 6 de mayo de 1920 en el núm. 96 de ``Pravda'' y en el núm. 96 de "Izvestia del Í',E(* de toda Rusia".
T. 41, págs. 110--111.
[436] __ALPHA_LVL1__ ESBOZO INICIAL DE LAS TESISAl someter al examen de los camaradas el siguiente proyecto de tesis sobre los problemas nacional y colonial para el II Congreso de la Internacional Comunista, ruego a todos, y en particular a los que tienen un conocimiento concreto de uno u otro de estos complejísimos problemas, que den su opinión o presenten sus enmiendas, adiciones o aclaraciones concretas en la forma más concisa (dos o tres páginas a lo sumo), sobre todo en lo que respecta a las cuestiones siguientes:
Experiencia de Austria.
Experiencia polaco-hebrea y ucraniana.
Alsacia-Lorena y Bélgica.
Irlanda.
Relaciones germano-danesas, Ítalo-francesas e Ítalo-eslavas.
Experiencia balcánica.
Pueblos de Oriente.
Lucha contra el =
panislamismo~^^152^^.
Relaciones en el Cáucaso.
Repúblicas de Bashkiria y Tartaria.
Kirguizistán.
Turquestán, su experiencia.
Negros en América.
Colonias.
China-Corea-Japón.
5. VI. 1920. N.Lemn
1. A la democracia burguesa, por su naturaleza misma, le es propio un modo abstracto o formal de plantear el problema de la igualdad en general, incluyendo la igualdad nacional. La democracia burguesa proclama, a título de igualdad de la personalidad en general, la igualdad formal o jurídica entre el propietario y el proletario, entre el explotador y el explotado, con lo que induce al mayor error a las clases oprimidas. La idea de la igualdad, que es por sí misma un reflejo de las relaciones de la producción mercantil, viene a ser en manos de la burguesía una arma de lucha 437 contra la supresión de las clases, bajo el pretexto de un-, pretendida igualdad absoluta de las personas. El verdadero senddo de la reivindicación de la igualdad no consiste sino en exigir la supresión de las clases. g
2. De acuerdo con su tarea fundamental de luchar contra la democracia burguesa y desenmascarar su falsedad e hipocresía el Partido Comunista, interprete consciente de la lucha del proletariado por el derrocamiento del yugo de la burguesía, debe en7o referente al problema nacional centrar también su atención no en los principios Abstractos o formales, sino: 1) en apreciar con toda exactitud la situación histórica concreta y, ante todo, la situación económica; 2) en destacar los intereses de las clases oprimidas de
__NOTE__ fix!rLiHraH T?°reS' dC 10S exP'otados> distinguiéndolos con toda claridad del concepto general de intereses de toda la nación en su conjunto, que significa los intereses de la clase dominante- 3) en establecer también una neta diferencia entre naciones oprimidas dependientes, carentes de igualdad de derechos, y naciones opresoras, explotadoras, soberanas, por oposición a la mentira democratico-burguesa, que encubre la esclavización colonial y fmanciera -propia de la época del capital financiero y del .mpenalismo- de la enorme mayoría de la población de la Tierra por una insignificante minoría de países capitalistas adelantados y muy ricos.
ii^uu» y
3. La guerra imperialista de 1914--1918 ha puesto de relieve con particular claridad ante todas las naciones y ante las clases opnrmdas del mundo entero la mendacidad de la fraseología democratico-burguesa, demostrando en la práctica que el tratado de Versalles dictado por las decantadas "democracias occidentales" Constituye una violencia aún más feroz e infame sobre las naciones débiles que el tratado de Brest-Litovsk, impuesto por los junkers alemanes y el kaiser. La Sociedad de Naciones, así como toda la política de posguerra de la Entente, pone de manifiesto con mayor cadencia y de un modo más tajante aún esta verdad, incrementando en todas partes la lucha revolucionaria, tanto del proletariado de los países avanzados, como de todas las masas trabajadoras de las colomas y de los países dependientes, y acelerando el desmoronamiento de ]as fusiones nacionales pequeñoburguesas obre la posibilidad de la convivencia pacífica y de la igualdad de las naciones bajo el capitalismo.
4. De los principios básicos arriba expuestos se desprende que la piedra angular de toda la política de la Internacional Comunista, en lo que al problema nacional y colonial se refiere debe cons,stir en acercar a los proletarios y a las masas trabajadoras de todas las naciones y de todos los países para la 438 lucha revolucionaria común por el derrocamiento de los terratenientes y de la burguesía, ya que sólo un acercamiento de este tipo garantiza el triunfo sobre el capitalismo, sin el cual es imposible suprimir la opresión y la desigualdad nacionales.
5. La situación política mundial ha planteado ahora a la orden del día la cuestión de la dictadura del proletariado, y todos los acontecimientos de la política mundial convergen de un modo inevitable en un punto central, a saber: la lucha de la burguesía mundial contra la República Soviética de Rusia, la cual agrupa necesariamente en torno suyo, de una parte, a los movimientos de los obreros de vanguardia de todos los países en pro del régimen soviético, y, de otra parte, a todos los movimientos de liberación nacional de las colonias y de los pueblos oprimidos, que se convencen por amargura y experiencia de que no existe para ellos otra salvación que el triunfo del Poder de los Soviets sobre el imperialismo mundial.
6. Por tanto, en la actualidad no hay que limitarse a reconocer o proclamar simplemente el acercamiento entre los trabajadores de las distintas naciones, sino que es preciso aplicar una política que lleve a cabo la unión más estrecha entre todos los movimientos de liberación nacional y colonial con la Rusia Soviética, haciendo que las formas de esta unión estén en consonancia con el grado de desarrollo del movimiento comunista en el seno del proletariado de cada país o del movimiento democrático-burgués de liberación de los obreros y campesinos en los países atrasados o entre las nacionalidades atrasadas.
7. La federación es la forma de transición a la unidad completa entre los trabajadores de las diversas naciones. El principio federativo ha revelado ya en la práctica su conveniencia, tanto en las relaciones entre la República Socialista Federativa Soviética de Rusia y las otras repúblicas soviéticas (de Hungría, de Finlandia, de Letonia, en el pasado, y de Azerbaidzhán y de Ucrania, en el presente), como dentro de la misma RSFSR en lo referente a las nacionalidades que anteriormente carecían de Estado propio y de autonomía (por ejemplo, las repúblicas autónomas de Bashkiria y de Tartaria dentro de la RSFSR, fundadas en 1919 y 1920, respectivamente).
8. En este sentido, la tarea de la Internacional Comunista consiste en seguir desarrollando estas nuevas federaciones que surgen a base del régimen soviético y del movimiento soviético, estudiándolas y comprobándolas en la práctica. Al reconocer la federación como forma de transición a la unidad completa, es necesario tender a estrechar cada vez más la unión federativa, teniendo presente, en primer lugar, que sin la alianza más estrecha 439 de las repúblicas soviéticas es imposible salvaguardar la existencia de éstas dentro del cerco de las potencias imperialistas de todo el mundo, incomparablemente más poderosas en el sentido militar; en segundo lugar, que es imprescindible una estrecha alianza económica de las repúblicas soviéticas, sin lo cual no es posible restablecer las fuerzas productivas destruidas por el imperialismo ni asegurar el bienestar de los trabajadores, y, en tercer lugar, la tendencia a crear una economía mundial única, regulada según un plan general por el proletariado de todas las naciones, tendencia que ya se ha revelado con plena nitidez bajo el capitalismo y que sin duda alguna debe seguir desarrollándose hasta llegar a realizarse por completo bajo el socialismo.
9. En el terreno de las relaciones internas del Estado, la política nacional de la Internacional Comunista no puede circunscribirse a un simple reconocimiento formal, puramente declarativo y que prácticamente no obliga a nada, de la igualdad de las naciones, cosa que hacen los demócratas burgueses, ya se presenten francamente como tales o se encubran con el título de socialistas, como hacen los socialistas de la II Internacional.
No basta con que en toda la obra de agitación y propaganda de los partidos comunistas---tanto desde la tribuna parlamentaria como fuera de la misma---se denuncien implacablemente las continuas violaciones de la igualdad de las naciones y de las garantías de los derechos de las minorías nacionales en todos los Estados capitalistas, a despecho de sus constituciones " democráticas''. Es preciso, además, 1) explicar constantemente que el régimen soviético es el único capaz de proporcionar realmente la igualdad de derechos de las naciones, unificando primero al proletariado y luego a toda la masa de los trabajadores en la lucha contra la burguesía y 2) que todos los partidos comunistas presten una ayuda directa al movimiento revolucionario en las naciones dependientes o en las que no gozan de igualdad de derechos (por ejemplo, en Irlanda, entre los negros de EE.UU., etc.) y en las colonias.
Sin esta última condición, de suma importancia, la lucha contra la opresión de las naciones dependientes y de las colonias, lo mismo que el reconocimiento de su derecho a separarse y formar un Estado aparte, siguen siendo un rótulo embustero, como lo vemos en los partidos de la II Internacional.
10. El reconocimiento verbal del internacionalismo y su sustitución efectiva, en toda la propaganda, la agitación y la labor práctica, por el nacionalismo y el pacifismo pequeñoburgueses constituye el fenómeno más común no sólo entre los partidos de la II Internacional, sino también entre los que se retiraron de esta 440 organización y, a menudo, incluso entre los que ahora se llaman partidos comunistas. La lucha contra este mal, contra los prejuicios nacionales pequeñoburgueses más arraigados, adquiere tanta mayor importancia cuanto mayor es la palpitante actualidad de la tarea de transformar la dictadura del proletariado, convirtiéndola de nacional (es decir, existente en un solo país e incapaz de determinar la política mundial) en internacional (es decir, en dictadura del proletariado existente, cuando menos, en varios países avanzados y capaz de tener una influencia decisiva sobre toda la política mundial). El nacionalismo pequeñoburgués llama internacionalismo al mero reconocimiento de la igualdad de derechos de las naciones (que tiene un carácter puramente verbal), manteniendo intacto el egoísmo nacional, en tanto que el internacionalismo proletario exige: 1) la subordinación de los intereses de la lucha proletaria en un país a los intereses de esta lucha en escala mundial; 2) que la nación que ha conquistado el triunfo sobre la burguesía sea capaz y esté dispuesta a hacer los mayores sacrificios nacionales en aras del derrocamiento del capital internacional.
Así pues, en los Estados ya completamente capitalistas, en los que actúan partidos obreros que son la verdadera vanguardia del proletariado, la tarea esencial y primordial consiste en luchar contra las deformaciones oportunistas y pacifistas pequeñoburguesas de la concepción y política del internacionalismo.
11. En lo referente a los Estados y a las naciones más atrasados, donde predominan las relaciones feudales o patriarcales y patriarcal-campesinas, es preciso tener presente, sobre todo:
1) la necesidad de que todos los partidos comunistas ayuden al movimiento democrático-burgués de liberación en esos países; el deber de prestar la ayuda más activa incumbe, en primer término, a los obreros del país del cual la nación atrasada depende en el aspecto financiero o como colonia;
2) la necesidad de luchar contra el clero y los demás elementos reaccionarios y medievales que ejercen influencia en los países atrasados;
3) la necesidad de luchar contra el panislamismo y otras corrientes de esta índole que tratan de combinar el movimiento de liberación contra el imperialismo europeo y norteamericano con el fortalecimiento de las posiciones de los kanes, de los terratenientes, de los mollahs, etc.;
4) la necesidad de apoyar especialmente el movimiento campesino en los países atrasados contra los terratenientes, contra la gran propiedad agraria, contra toda clase de manifestaciones o de resabios del feudalismo, y esforzarse por dar al movimiento 441 campesino el carácter más revolucionario, estableciendo la alianza más estrecha posible entre el proletariado comunista de Europa Occidental y el movimiento revolucionario de los campesinos en Oriente, en las colonias y en los países atrasados en general; es preciso, en particular, concentrar todos los esfuerzos en la aplicación de los postulados fundamentales del régimen soviético a los países en que dominan las relaciones precapitalistas, creando "Soviets de trabajadores'', etc.;
5) la necesidad de luchar resueltamente contra la tendencia a teñir de color comunista las corrientes democrático-burguesas de liberación en los países atrasados; la Internacional Comunista debe apoyar los movimientos nacionales democrático-burgueses en las colonias y los países atrasados sólo a condición de que los elementos de los futuros partidos proletarios---comunistas no sólo de nombre---se agrupen y se eduquen en todos los países atrasados para adquirir plena conciencia de la misión especial que les incumbe: luchar contra los movimientos democrático-burgueses dentro de sus respectivas naciones; la Internacional Comunista debe sellar una alianza temporal con la democracia burguesa de las colonias y de los países atrasados, pero no fusionarse con ella, sino mantener incondicionalmente la independencia del movimiento proletario, incluso en sus formas más rudimentarias;
6) la necesidad de explicar infatigablemente y denunciar de continuo ante las grandes masas trabajadoras de todos los países, y en particular de los atrasados, el engaño a que recurren de modo sistemático las potencias imperialistas, las cuales crean, bajo el aspecto de Estados políticamente independientes, Estados completamente sojuzgados por ellos en el sentido económico, financiero y militar; en la situación internacional presente, no hay para las naciones dependientes y débiles otra salvación que la unión de repúblicas soviéticas.
12. La opresión secular de las colonias y de los pueblos débiles por las potencias imperialistas ha despertado en las masas trabajadoras de los países oprimidos no sólo rencor, sino también desconfianza hacia las naciones opresoras en general, comprendido el proletariado de estas naciones. La vil traición al socialismo por parte de la mayoría de los líderes oficiales de este proletariado durante los años de 1914 a 1919, cuando de modo socialchovinista encubrían con la "defensa de la patria" la defensa del ``derecho'' de "su propia" burguesía a oprimir a las colonias y a expoliar a los países dependientes en el sentido financiero, no ha podido dejar de acentuar esta desconfianza completamente legítima. Por otra parte, cuanto más atrasado es un país tanto más fuertes son en él la pequeña producción agrícola, el estado patriarcal y el 442 aislamiento, que proporcionan de modo inevitable un vigor y una firmeza singulares a los más profundos prejuicios pequeñoburgueses, a saber: los prejuicios del egoísmo nacional y de la estrechez nacional. La extinción de esos prejuicios es necesariamente un proceso muy lento, puesto que no pueden desaparecer sino cuando desaparezcan el imperialismo y el capitalismo en los países avanzados y cuando cambie radicalmente toda la base de la vida económica de los países atrasados. De ahí el deber del proletariado comunista consciente de todos los países de mostrar particular circunspección y atención respecto a las supervivencias de los sentimientos nacionales en los países y en las nacionalidades que han sufrido una opresión más prolongada; asimismo deberá hacer ciertas concesiones con el fin de lograr que desaparezcan lo antes posible la desconfianza y los prejuicios indicados. La causa del triunfo sobre el capitalismo no puede tener su desenlace eficaz si el proletariado, y luego todas las masas trabajadoras de todos los países y naciones del mundo entero, no demuestran una aspiración voluntaria a la alianza y a la unidad.
Escrito en junio-julio de 1920. Publicado el 14 de julio de 1920 en el núm. 11 de la revista "La Internacional Comunista".
T. 41, págs. 161--168.
[443] __ALPHA_LVL1__ ESBOZO INICIAL DE LAS TESISEl camarada Marchlewski ha expuesto admirablemente en su artículo las causas por las que la II Internacional, hoy Internacional amarilla, no sólo no ha sido capaz de determinar la táctica del proletariado revolucionario en la cuestión agraria, sino ni siquiera plantear este problema como es debido. Además, el camarada Marchlewski ha sentado las bases teóricas del programa agrario comunista de la III Internacional.
Sobre estas bases se puede (y yo creo que se debe) elaborar la resolución general del congreso de la Internacional Comunista que ha de celebrarse el 15 de julio de 1920, en orden a la cuestión agraria.
Las líneas que siguen a continuación constituyen el esbozo inicial de dicha resolución.
1. Sólo el proletariado urbano e industrial, dirigido por el Partido Comunista, puede librar a las masas trabajadoras rurales del yugo del capital y de la gran propiedad agraria de los terratenientes, de la ruina económica y de las guerras imperialistas, inevitables una y otra vez mientras se mantenga el régimen capitalista. Las masas trabajadoras del campo no tienen otra salvación que sellar una alianza con el proletariado comunista y apoyar abnegadamente su lucha revolucionaria para derribar el yugo de los terratenientes (grandes propietarios agrarios) y de la burguesía.
Por otra parte, los obreros industriales no podrán cumplir su misión histórico-universal de liberar a la humanidad de la opresión del capital y de las guerras, si estos obreros se encierran en el marco de intereses estrechamente gremiales, estrechamente profesionales y se limitan, satisfechos, a preocupaciones con miras a mejorar su situación que a veces es tolerable desde el punto de vista pequeñoburgués. Esto es precisamente lo que ocurre en muchos países avanzados donde hay una "aristocracia obrera'', la cual constituye la base de los partidos seudosocialistas de la II Internacional, y que, en realidad, representa a los peores enemigos del socialismo, a quienes lo han traicionado, a los chovinistas pequeñoburgueses, a los agentes de la burguesía en el seno del movimiento obrero. El proletariado actúa como clase 444 verdaderamente revolucionaria, auténticamente socialista, sólo cuando en sus manifestaciones y actos procede como vanguardia de todos los trabajadores y explotados, como jefe de los mismos en la lucha para derribar a los explotadores, cosa que no puede ser llevada a cabo sin introducir la lucha de clases en el campo, sin agrupar a las masas de trabajadores rurales en torno al Partido Comunista del proletariado urbano, sin que éste eduque a aquéllas.
2. Las masas trabajadoras y explotadas del campo a las que el proletariado urbano debe conducir a la lucha o, cuando menos, atraerse, están representadas en todos los países capitalistas por las clases siguientes:
En primer lugar, por el proletariado agrícola, los obreros asalariados (contratados por año, por temporada, por jornada), que ganan su sustento trabajando a jornal en empresas capitalistas agrícolas. La tarea fundamental de los partidos comunistas de todos los países consiste en organizar esta clase independientemente, aparte de los demás grupos de la población rural (en el terreno político, militar, sindical, cooperativo, cultural-educativo, etc.), desplegar entre ella una intensa propaganda y agitación, atraerla al lado del Poder soviético y de la dictadura del proletariado.
En segundo lugar, por los semiproletarios o campesinos parcelarios, es decir, los que ganan su sustento, en parte, mediante el trabajo asalariado en empresas capitalistas agrícolas e industriales y, en parte, trabajando en la parcela propia o tomada en arriendo, lo que les suministra sólo cierta parte de los productos necesarios para la subsistencia de sus familias. Este grupo de la población trabajadora del campo es muy numeroso en todos los países capitalistas; los representantes de la burguesía y los ``socialistas'' amarillos de la II Internacional disimulan su existencia y su situación especial, engañando, en parte, conscientemente a los obreros y, en parte, cayendo ciegamente bajo la influencia de la rutina de las concepciones vulgares y confundiendo a estos trabajadores con la masa común de los ``campesinos'' en general. Semejante procedimiento de embaucar a la manera burguesa a los obreros se advierte, sobre todo, en Alemania y en Francia, luego en EE.UU., así como en otros países. Cuando los partidos comunistas organicen debidamente su labor, este grupo será su partidario seguro, porque la situación de estos semiproletarios es sumamente penosa y porque bajo el Poder soviético y la dictadura del proletariado sus ventajas serán enormes e inmediatas.
En tercer lugar, por los pequeños campesinos, es decir, los pequeños labradores que poseen, ya sea como propiedad o tomada en arriendo, una parcela de tierra tan reducida, que, cubriendo las necesidades de sus familias y de su hacienda, no precisan contratar 445 jornaleros. Esta categoría, como tal, sale ganando de un modo absoluto con el triunfo del proletariado, el cual le garantiza en el acto y por completo: a) la supresión de los arriendos o la exención de la entrega de una parte de la cosecha (por ejemplo, los métayers ---aparceros---en Francia, lo mismo que en Italia, etc.) a los grandes propietarios agrarios; b) la supresión de las hipotecas;
c) la supresión de las múltiples formas de opresión y dependencia de los grandes propietarios agrarios (disfrute de los bosques, etc.);
d) la ayuda inmediata a sus haciendas por parte del poder estatal proletario (la posibilidad de emplear los aperos de labranza y parte de las dependencias en las grandes haciendas capitalistas expropiadas por el proletariado; la transformación inmediata por el poder estatal proletario de las cooperativas y asociaciones agrícolas---que ante todo servían bajo el capitalismo a los campesinos ricos y medios---en organizaciones destinadas a ayudar, en primer término, a los campesinos pobres, es decir, a los proletarios, semiproletarios y pequeños campesinos, etc.), y otras muchas ventajas.
A la par con esto, los partidos comunistas deben tener bien presente que en el período de transición del capitalismo al comunismo, o sea, durante la dictadura del proletariado, en este sector, a lo menos entre una parte de él, son inevitables las vacilaciones, en el sentido de tender a una libertad de comercio ilimitada, así como a tener libertad de ejercer los derechos de propiedad privada, pues este sector, siendo ya (si bien en pequeña parte) vendedor de artículos de consumo, está corrompido por la especulación y por los hábitos de propietario. Sin embargo, si el proletariado victorioso sigue una política firme, si ajusta resueltamente las cuentas a los grandes propietarios de la tierra y a los campesinos ricos, las vacilaciones de este sector no pueden ser considerables y no podrán cambiar el hecho de que, en su conjunto, se encontrará al lado de la revolución proletaria.
3. Los tres grupos señalados, en su conjunto, constituyen en todos los países capitalistas la mayoría de la población rural. Por eso, está completamente asegurado el éxito de la revolución proletaria no sólo en la ciudad, sino también en el campo. Está muy extendida la opinión contraria, pero ésta se mantiene únicamente, primero, porque la ciencia y la estadística burguesas emplean sistemáticamente el engaño, disimulando por todos los medios el profundo abismo que media entre las clases rurales indicadas y los explotadores, los terratenientes y capitalistas, así como entre los semiproletarios y los pequeños campesinos, por un lado, y los campesinos ricos, por otro; en segundo lugar, se mantiene debido a la incapacidad y a la falta de deseo de los "héroes" de la II Internacional amarilla y de la "aristocracia 446 obrera" de los países avanzados, corrompida por las prebendas imperialistas, de desarrollar una verdadera labor proletaria revolucionaria de propaganda, agitación y organización entre los campesinos pobres; los oportunistas dirigían y dirigen toda su atención a la tarea de inventar formas de conciliación teórica y práctica con la burguesía, incluyendo al campesino rico y medio (de éstos hablaremos más abajo), y no a la del derrocamiento revolucionario del gobierno burgués y de la burguesía por el proletariado; en tercer lugar, se mantiene debido a la incomprensión obstinada, que ya tiene el arraigo de un prejuicio (relacionado con todos los prejuicios democrático-burgueses y parlamentarios), de esta verdad, perfectamente demostrada por el marxismo en el terreno teórico y completamente confirmada por la experiencia de la revolución proletaria en Rusia, a saber: que la población rural de las tres categorías arriba señaladas, embrutecida hasta el extremo, desperdigada, oprimida, condenada en todos los países más avanzados a vegetar en condiciones de vida semibárbara, interesada desde el punto de vista económico, social y cultural en el triunfo del socialismo, es capaz de apoyar enérgicamente al proletariado revolucionario únicamente después de que éste conquiste el poder político, sólo después de que ajuste terminantemente las cuentas a los grandes terratenientes y a los capitalistas, sólo después de que estas gentes oprimidas vean en la práctica que tienen un jefe y un defensor organizado, bastante poderoso y firme para ayudar y dirigir, para señalar el camino acertado.
4. Por "campesinos medios'', en el sentido económico, debe entenderse a los pequeños agricultores que poseen, ya sea a título de propiedad o en arriendo, también pequeñas parcelas de tierra, si bien tales que, en primer lugar, proporcionan bajo el capitalismo, por regla general, no sólo el rendimiento necesario para sostener pobremente a su familia y su hacienda, sino también la posibilidad de obtener cierto excedente, que puede, por lo menos en los años mejores, convertirse en capital; tales que, en segundo lugar, permiten recurrir, en muchos casos (por ejemplo: en una hacienda de cada dos o tres), al empleo de mano de obra asalariada. Un ejemplo concreto de campesinado medio en un país capitalista avanzado lo ofrece en Alemania, según el censo de 1907, el grupo de explotaciones con 5 a 10 hectáreas, una tercera parte de las cuales emplean obreros asalariados^^*^^. En Francia, país donde están más desarrollados los cultivos especiales, por ejemplo, la viticultura, que requieren mayor empleo de mano de obra, el _-_-_
^^*^^ Damos cifras exactas: el número de explotaciones con 5 a 10 hectáreas era de 652.798 (sobre un total de 5.736.082); tenían 487.704 jornaleros de toda clase, habiendo 2.003.633 obreros de la familia (Familienangehiirige). En Austria, según el __NOTE__ Footnote cont. on page 447. 447 grupo correspondiente ha de emplear, probablemente, en mayores proporciones aún el trabajo asalariado.
El proletariado revolucionario no puede acometer---por lo menos, en un porvenir inmediato y en los primeros tiempos del período de la dictadura del proletariado---la empresa de atraerse esta capa. Tiene que limitarse a la tarea de neutralizarla, es decir, de hacer que sea neutral en la lucha entre el proletariado y la burguesía. Las vacilaciones de este sector entre las dos fuerzas son inevitables, y al comienzo de la nueva época su tendencia predominante, en los países capitalistas desarrollados, será favorable a la burguesía. Porque aquí prevalecen la mentalidad y la mundivisión de propietarios; el interés por la especulación, por la ``libertad'' de comercio y de propiedad es inmediato; el antagonismo con los obreros asalariados es directo. El proletariado triunfante mejorará inmediatamente la situación de este sector, suprimiendo los arriendos y las hipotecas. En la mayoría de los Estados capitalistas el poder proletario no debe en manera alguna suprimir inmediata y completamente la propiedad privada; en todo caso, no sólo garantiza a los campesinos pequeños y medios la conservación de sus parcelas de tierra, sino que las aumenta hasta las proporciones de la superficie que ellos arriendan comúnmente (supresión de los arrendamientos).
Las medidas de este género, juntamente con la lucha implacable contra la burguesía, garantizan por completo el éxito de la política de neutralización. El paso al cultivo colectivo debe ser llevado a cabo por el poder estatal proletario únicamente con las mayores precauciones y de un modo gradual, sirviéndose del ejemplo, sin ejercer coacción alguna sobre los campesinos medios.
5. Los campesinos ricos (Grossbauern) son los patronos capitalistas en la agricultura, que explotan su hacienda, como norma, contratando varios jornaleros; estos campesinos ricos sólo están relacionados con el ``campesinado'' por su nivel cultural poco elevado, por su modo de vivir, por su trabajo personal manual en su hacienda. Los campesinos ricos constituyen el sector más numeroso entre las capas burguesas, enemigas directas y decididas del proletariado revolucionario. En su labor en el campo, los partidos comunistas deben prestar la atención principal a la lucha contra este sector, a liberar a la mayoría de la población rural trabajadora y explotada de la influencia ideológica y política de estos explotadores, etc.
Después del triunfo del proletariado en la ciudad será _-_-_ __NOTE__ Footnote cont. from page 446. censo de 1902, había en este grupo 383.331 explotaciones, de las cuales 126.136 empleaban trabajo asalariado; 146.044 jornaleros y 1.265.969 obreros de la familia. El total de las explotaciones era en Austria de 2.856.349.
448 completamente inevitable que surjan toda clase de manifestaciones de resistencia, de sabotaje y acciones armadas directas de carácter contrarrevolucionario por parte de este sector. Por esta razón el proletariado revolucionario debe iniciar inmediatamente la preparación ideológica y orgánica de las fuerzas necesarias para desarmar totalmente a este sector y, simultáneamente con el derrocamiento de los capitalistas en la industria, descargarle, en la primera manifestación de resistencia, el golpe más decisivo, implacable, aniquilador, armando para tal objeto al proletariado rural y organizando en el campo Soviets, en los cuales no se debe permitir que figuren los explotadores y debe asegurarse el predominio de los proletarios y semiproletarios.Sin embargo, la expropiación incluso de los campesinos ricos no debe ser en manera alguna la tarea inmediata del proletariado victorioso, pues no existen aún condiciones materiales, particularmente técnicas, como tampoco sociales, para socializar estas haciendas. En ciertos casos, probablemente excepcionales, se les confiscarán los lotes que ellos dan en arriendo o que sean imprescindibles para los campesinos pobres de la vecindad; a estos también habrá que garantizarles el usufructo gratuito, bajo determinadas condiciones, de una parte de la maquinaria agrícola de los campesinos ricos, etc. Pero, como regla general, el poder estatal proletario debe dejar sus tierras a los campesinos ricos, confiscándolas solamente si oponen resistencia al poder de los trabajadores y explotados. La experiencia de la revolución proletaria de Rusia, donde la lucha contra los campesinos ricos se complicó y prolongó debido a una serie de condiciones especiales, ha demostrado, a pesar de todo, que este sector, después de recibir una buena lección al menor intento de resistencia, es capaz, de cumplir lealmente las tareas que le asigna el Estado proletario e incluso, si bien con extraordinaria lentitud, comienza a penetrarse de respeto hacia el poder que defiende a todo trabajador y que se muestra implacable frente a los ricos parasitarios.
Las condiciones especiales que han complicado y frenado la lucha del proletariado, triunfante sobre la burguesía, contra los campesinos ricos de Rusia se reducen principalmente a que la revolución rusa, después de la insurrección del 25 de octubre (7 de noviembre) de 1917, pasó por una fase de lucha "democrática general'', es decir, en su base, democrático-burguesa, de todo el campesinado en su conjunto contra los terratenientes; luego, a la debilidad cultural y numérica del proletariado urbano; por último, a las enormes extensiones del país y al pésimo estado de sus vías de comunicación. Por cuanto en los países adelantados no existe este freno, el proletariado revolucionario de Europa y de 449 Norteamérica debe preparar más enérgicamente y terminar con mayor rapidez, decisión y éxito el triunfo completo sobre la resistencia de los campesinos ricos, arrebatarles la menor posibilidad de oponer resistencia. Esto es absolutamente imprescindible, ya que antes de obtener este triunfo completo, definitivo, las masas de proletarios y semiproletarios rurales y de pequeños campesinos no estarán en condiciones de reconocer como completamente afianzado el poder estatal proletario.
6. El proletariado revolucionario debe proceder a la confiscación inmediata y absoluta de todas las tierras de los terratenientes y grandes latifundistas, es decir, de quienes en los países capitalistas explotan de un modo sistemático, ya directamente o por medio de sus arrendatarios, a los obreros asalariados y a los pequeños campesinos (a menudo incluso a los campesinos medios) de los términos vecinos, sin tomar ellos parte alguna en el trabajo manual, y pertenecen en su mayor parte a familias descendientes de los señores feudales (nobleza en Rusia, Alemania, Hungría; señores restaurados en Francia; lores en Inglaterra; antiguos esclavistas en Norteamérica), o a los magnates financieros particularmente enriquecidos, o bien a una mezcla de estas dos categorías de explotadores y parásitos.
En las filas de los partidos comunistas no se debe admitir en modo alguno la propaganda o la aplicación de una indemnización a favor de los grandes terratenientes por las tierras expropiadas, porque en las condiciones actuales de Europa y de Norteamérica esto significaría una traición al socialismo y una carga de nuevos tributos sobre las masas trabajadoras y explotadas, que son las que más han sufrido a causa de la guerra, la cual ha multiplicado el número de millonarios y aumentado sus riquezas.
En cuanto al modo de explotación de las tierras confiscadas por el proletariado triunfante a los grandes terratenientes, Rusia, debido a su atraso económico, ha llevado a cabo con preferencia el reparto de estas tierras, entregándolas en usufructo a los campesinos; sólo en casos relativamente raros, el Estado proletario ha mantenido las llamadas "haciendas soviéticas'', dirigiéndolas por su cuenta y transformando a los antiguos jornaleros en obreros que trabajan por encargo del Estado y en miembros de los Soviets que administran el Estado. En los países capitalistas avanzados, la Internacional Comunista reconoce justo el mantener preferentemente las grandes empresas agropecuarias y la explotación cíe las mismas según el tipo de las "haciendas soviéticas" de Rusia.
Sería, sin embargo, un gravísimo error exagerar o estereotipar esta norma y no admitir nunca la entrega gratuita de una parte de la tierra de los expropiadores expropiados a los pequeños
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450 campesinos y a veces hasta a los campesinos medios de los términos vecinos.En primer lugar, la objeción habitual, consistente en aducir que las grandes explotaciones agrícolas son técnicamente superiores, se reduce con frecuencia a sustituir una verdad teórica indiscutible por el oportunismo de la peor especie y por la traición a la revolución. Para asegurar el éxito de esta revolución, el proletariado no tiene derecho a detenerse ante la disminución momentánea de la producción, así como no se detuvieron los burgueses enemigos del esclavismo en EE.UU. ante la reducción temporal de la producción del algodón a consecuencia de la guerra civil de 1863--1865. Para los burgueses la producción es un fin en sí, pero a los trabajadores y explotados les importa más que nada derrocar a los explotadores y asegurar las condiciones que les permitan trabajar para sí mismos y no para el capitalista. La tarea primordial y fundamental del proletariado consiste en garantizar y afianzar su triunfo. Y no puede haber afianzamiento del poder proletario sin neutralizar a los campesinos medios y sin asegurarse el apoyo de una parte bastante considerable de los pequeños campesinos, si no de su totalidad.
En segundo lugar, no sólo el aumento, sino aun el mantenimiento de la gran producción agrícola supone la existencia de un proletariado rural completamente desarrollado, con conciencia revolucionaria, que haya cursado una escuela sólida en el sentido profesional, político y de organización. Donde falta esta condición o donde no existe la posibilidad de confiar con provecho esta misión a obreros industriales conscientes y competentes, las tentativas de un paso prematuro a la dirección de las grandes explotaciones por el Estado no pueden sino comprometer el poder proletario, y se requiere sumo cuidado y la más sólida preparación en la creación de "haciendas soviéticas".
En tercer lugar, en todos los países capitalistas, aun en los más avanzados, subsisten todavía restos de explotación medieval, semifeudal, de los pequeños campesinos de los alrededores por los grandes terratenientes, como, por ejemplo, los Instleute^^*^^ en Alemania, los métayers en Francia, los aparceros-arrendatarios en EE.UU. (no solamente los negros, los cuales son explotados en la mayoría de los casos en los Estados del Sur precisamente de este modo, sino a veces hasta los blancos). En casos como éstos, el Estado proletario tiene el deber de entregar las tierras en usufructo gratuito a los pequeños campesinos que las llevaban en arriendo, porque no existe otra base económica y técnica, ni hay posibilidad de crearla de golpe y porrazo.
_-_-_^^*^^ Arrendatarios. (JV. /le la I-'.tlit.)
451Los bienes de las grandes explotaciones deben ser sin falta confiscados y convertidos en patrimonio del Estado, con la condición expresa de que, después de asegurar con estos bienes a las grandes haciendas del Estado, los pequeños campesinos de los alrededores puedan utilizarlos gratuitamente, observando las condiciones que fije el Estado proletario.
Si en los primeros momentos, después de llevarse a cabo la revolución proletaria, es absolutamente indispensable no sólo expropiar sin dilación a los grandes terratenientes, sino hasta expulsarlos totalmente o internarlos, como dirigentes de la contrarrevolución y como opresores despiadados de toda la población rural, a medida que se afiance el poder proletario no sólo en la ciudad, sino también en el campo, es preciso tender sin falta de un modo sistemático a que las fuerzas con que cuenta esta clase, poseedoras de una gran experiencia, de conocimientos y de capacidad de organización, sean aprovechadas (bajo un control especial de obreros comunistas segurísimos) en la creación de la gran agricultura socialista.
7. Ea victoria del socialismo sobre el capitalismo y el afianzamiento del primero no podrán ser considerados como seguros sino cuando el poder estatal proletario, una vez aplastada definitivamente toda resistencia de los explotadores, garantizadas la absoluta estabilidad y la subordinación completa a su régimen, reorganice toda la industria sobre la base de la gran producción colectiva y de la técnica moderna (basada en la electrificación de toda la economía). Esto es lo único que permitirá a la ciudad prestar a la aldea atrasada y dispersa una ayuda decisiva, de orden técnico y social, con miras a crear la base material para elevar en vasta escala la productividad del trabajo agrícola y del trabajo agropecuario en general, estimulando así con el ejemplo a los pequeños labradores a pasar, en su propio beneficio, a la gran agricultura colectiva y mecanizada. Esta verdad teórica incontestable, que todos los socialistas reconocen nominalmente, en la práctica es deformada por el oportunismo, que predomina tanto en la II Internacional amarilla como entre los líderes de los " independientes" alemanes e ingleses, lo mismo que entre los longuetistas franceses, etc. La deformación consiste en fijar la atención en un futuro hermoso, de color de rosa, relativamente lejano, y en apartarla de las tareas inmediatas que son impuestas por el paso y el acercamiento concreto y difícil a ese futuro. En la práctica, esto se reduce a preconizar la conciliación con la burguesía y la "paz social'', es decir, a la traición completa al proletariado, el cual lucha actualmente en condiciones de ruina económica y depauperación sin precedentes, creadas en todas partes por la guerra, en 452 condiciones de escandaloso enriquecimiento y desvergüenza de un puñado de millonarios, que lo son precisamente gracias a la guerra.
Justamente en el campo, la posibilidad efectiva 'de una lucha victoriosa por el socialismo reclama: primero, que todos los partidos comunistas eduquen en el proletariado industrial la conciencia de que son indispensables sacrificios de su parte y de que debe estar dispuesto a aportar esos sacrificios en aras del derrocamiento de la burguesía y de la consolidación del poder proletario, pues la dictadura del proletariado significa tanto la capacidad de éste para organizar y conducir a todas las masas trabajadoras y explotadas, como la capacidad de la vanguardia de hacer los mayores sacrificios y demostrar el mayor heroísmo para conseguir este objetivo; en segundo lugar, para lograr el éxito, se requiere que la masa trabajadora y más explotada del campo obtenga del triunfo de los obreros inmediatas y sensibles mejoras en su situación a expensas de los explotadores, pues sin ello el proletariado industrial no tiene asegurado el apoyo del campo y, de modo particular, no podrá de otra manera asegurar el abastecimiento de las ciudades.
8. La enorme dificultad de organizar y educar para la lucha revolucionaria a las masas trabajadoras del campo, colocadas por el capitalismo en condiciones de particular embrutecimiento, de dispersión y, a menudo, de dependencia semimedieval, impone a los partidos comunistas el deber de prestar una atención especial a la lucha huelguística en el campo, al apoyo intenso y al desarrollo múltiple de las huelgas de masas entre los proletarios y semiproletarios agrícolas. La experiencia de las revoluciones rusas de 1905 y 1917, confirmada y ampliada ahora por la experiencia de Alemania y de otros países avanzados, demuestra que sólo el desarrollo de la lucha huelguística de las masas (a la cual, en ciertas condiciones, pueden y deben ser incorporados en el campo también los pequeños campesinos) es capaz de sacar al campo de su letargo, despertar entre las masas explotadas del agro la conciencia de clase, así como la conciencia de la necesidad de organizarse como clase, y revelar ante ellas, de un modo patente y práctico, la importancia de su alianza con los obreros de la ciudad. El Congreso de la Internacional Comunista estigmatiza como traidores y felones a los socialistas---con los que cuentan, desgraciadamente, no sólo la II Internacional amarilla, sino también los tres partidos más importantes de Europa que se han retirado de ella---que no sólo son capaces de mostrarse indiferentes ante la lucha huelguística en el campo, sino incluso de manifestarse en contra de la misma (como lo ha hecho C. Kautsky), alegando que entraña el peligro de una disminución de 453 la producción de artículos de consumo. Todo programa y toda declaración solemne carecen de valor si en la práctica, en los hechos, no se demuestra que los comunistas y los dirigentes obreros saben colocar por encima de todas las cosas el desarrollo y el triunfo de la revolución proletaria y saben hacer en su nombre los más grandes sacrificios, porque de lo contrario no hay salida ni salvación del hambre, de la ruina económica y de nuevas guerras imperialistas.
En particular, es preciso señalar que los dirigentes del viejo socialismo y los representantes de la "aristocracia obrera'', que en el presente hacen a menudo concesiones verbales al comunismo e incluso se pasan nominalmente a su lado con tal de conservar su prestigio entre las masas obreras que se radicalizan rápidamente, deben probar su lealtad a la causa del proletariado y su capacidad de ocupar cargos de responsabilidad, precisamente en ramas de trabajo en que el desarrollo de la conciencia y de la lucha revolucionarias es más acentuado; en que la resistencia de los terratenientes y de la burguesía (campesinos ricos, kulaks) es más encarnizada; en que la diferencia entre el socialista conciliador y el comunista revolucionario se manifiesta con mayor evidencia.
9. Los partidos comunistas deben empeñar todos los esfuerzos para empezar lo más pronto posible a crear en el campo Soviets de diputados, en primer término, de los obreros asalariados y de los semiproletarios. Únicamente a condición de estar vinculados a la lucha huelguística de masas y a la clase más oprimida, los Soviets serán capaces de cumplir su cometido y de afianzarse lo bastante para poder someter a su influencia (y luego incorporar a su seno) a los pequeños campesinos. Pero si la lucha huelguística no está desarrollada aún y es débil la capacidad de organización del proletariado rural, debido al peso de la opresión de los terratenientes y campesinos ricos y a la falta de apoyo por parte de los obreros industriales y de sus sindicatos, la creación de Soviets de diputados en el campo reclama una prolongada preparación: habrá que crear células comunistas, aunque sean pequeñas, desarrollar una intensa agitación exponiendo las reivindicaciones del comunismo del modo más popular posible y explicándolas con el ejemplo de las manifestaciones más hirientes de la explotación y de la opresión, organizar visitas sistemáticas de los obreros industriales al campo, etc.
Escrito en junio-julio de 1920.
Publicado el 20 de julio de 1920 en el núm. 12 de la revista I-ft IntrrnfKioniil (.omntñsla".
1 //, págs. !(>!>- 1 82.
[454] __ALPHA_LVL1__ II CONGRESO DE LA INTERNACIONAL COMUNISTA (
Camaradas: Las tesis sobre los problemas relativos a las tareas fundamentales de la Internacional Comunista han sido publicadas en todos los idiomas y no representan algo sustancialinente nuevo (en particular para los camaradas rusos), ya que en grado considerable hacen extensivos a una serie de países occidentales, a Europa Occidental, ciertos rasgos básicos de nuestra experiencia revolucionaria y las enseñanzas de nuestro movimiento revolucionario. Por eso, en mi informe me detendré con algo más de detalle, aunque brevemente, en la primera parte del tema que me ha sido asignado: la situación internacional.
Las relaciones económicas del imperialismo constituyen la base de la situación internacional hoy existente. A lo largo de todo el siglo XX se ha definido por completo esta nueva fase del capitalismo, su fase superior y última. Todos vosotros sabéis, claro está, que el rasgo más característico y esencial del imperialismo consiste en que el capital ha alcanzado proporciones inmensas. La libre competencia ha sido sustituida por un monopolio gigantesco. Un número insignificante de capitalistas ha podido, a veces, concentrar en sus manos ramas industriales enteras, las cuales han pasado a las alianzas, cárteles, consorcios y trusts, con frecuencia 455 de carácter internacional. De este modo, los monopolistas se han apoderado de ramas enteras de la industria en el aspecto financiero, en el aspecto del derecho de propiedad y, en parte, en el aspecto de la producción, no sólo en algunos países, sino en el mundo entero. Sobre esta base se ha desarrollado el dominio, antes desconocido, de un número insignificante de los mayores bancos, reyes financieros y magnates de las finanzas, que, en la práctica, han transformado incluso las repúblicas más libres en monarquías financieras. Antes de la guerra, esto era reconocido públicamente por escritores que no tienen nada de revolucionarios, como, por ejemplo, Lysis en Francia.
Este dominio de un puñado de capitalistas alcanzó su pleno desarrollo cuando todo el globo terráqueo quedó repartido no sólo en el sentido de conquista de las distintas fuentes de materias primas y de medios de producción por los capitalistas más fuertes, sino también en el sentido de haber terminado el reparto preliminar de las colonias. Hace unos cuarenta años, la población de las colonias sometidas por seis potencias capitalistas apenas pasaba de doscientos cincuenta millones de seres. En vísperas de la guerra de 1914, en las colonias había ya cerca de seiscientos millones de habitantes, y si agregamos países como Persia, Turquía y China, que entonces eran ya semicolonias, resultará, en cifras redondas, una población de mil millones, que era oprimida mediante la dependencia colonial por los países más ricos, más civilizados y más libres. Y vosotros sabéis que, además de la dependencia jurídica directa de carácter estatal, la dependencia colonial presupone toda una serie de relaciones de dependencia financiera y económica, presupone toda una serie de guerras, que no eran consideradas como tales porque consistían, a menudo, en que las tropas imperialistas europeas y norteamericanas, pertrechadas con las más perfectas armas de exterminio, reprimían a los habitantes inermes e indefensos de las colonias.
De este reparto de toda la tierra, de este dominio del monopolio capitalista, de este poder omnímodo de un insignificante puñado fie los mayores bancos---dos, tres, cuatro o, a lo sumo, cinco por Estado---nació, de modo ineluctable, la primera guerra imperialista de 1914--1918. Esa guerra se hizo para repartir de nuevo el mundo entero. Se hizo para determinar cuál de los dos grupos insignificantes de los mayores Estados---el inglés o el alemán---recibiría la posibilidad y el derecho de saquear, oprimir y explotar toda la Tierra. Como sabéis, la guerra decidió la cuestión en favor del grupo inglés. Y como resultado de esa guerra, nos encontramos ante una exacerbación incomparablemente mayor de todas las contradicciones capitalistas. La guerra lanzó 456 de golpe a unos doscientos cincuenta millones de habitantes de la Tierra a una situación equivalente a la de las colonias. Lanzó a esa situación a Rusia, en la que deben contarse cerca de ciento treinta millones, a Austria-Hungría, Alemania y Bulgaria, que suman en total no menos de ciento veinte millones. Doscientos cincuenta millones de habitantes de países que, en parte, figuran entre los más avanzados, entre los más cultos e instruidos, como Alemania, y que en el aspecto técnico se encuentran, igual que ella, al nivel del progreso contemporáneo. Por medio del tratado de Versalles, la guerra impuso a esos países condiciones tales que pueblos avanzados se vieron reducidos a la dependencia colonial, a la miseria, el hambre, la ruina y la falta de derechos, pues en virtud del tratado están maniatados para muchas generaciones y puestos en condiciones que no ha conocido ningún pueblo civilizado. He aquí el cuadro que ofrece el mundo: nada más acabada la guerra, no menos de mil doscientos cincuenta millones de seres son víctimas de la opresión colonial, víctimas de la explotación del capitalismo feroz, que se jactaba de su amor a la paz y que tenía cierto derecho a jactarse de ello hace cincuenta años, cuando la Tierra no estaba repartida todavía, cuando el monopolio no dominaba aún, cuando el capitalismo podía desarrollarse de modo relativamente pacífico, sin conflictos bélicos colosales.
En la actualidad, después de esa época "pacífica'', asistimos a una monstruosa exacerbación de la opresión, vemos el retorno a una opresión colonial y militar mucho peor que la anterior. El tratado de Versalles ha colocado a Alemania, y a toda una serie de Estados vencidos, en una situación que hace materialmente imposible su existencia económica, en una situación de plena carencia de derechos y de humillación.
¿Qué número de naciones se ha aprovechado de ello? Para responder a esta pregunta debemos recordar que la población de los Estados Unidos de América---los únicos que han ganado en la guerra de modo pleno y se han transformado por completo, de un país con gran cantidad de deudas, en un país al que todos le deben---no pasa de cien millones de almas. El Japón, que ha ganado muchísimo al permanecer al margen del conflicto europeo-norteamericano y apoderarse del inmenso continente asiático, tiene cincuenta millones cíe habitantes. Inglaterra, que después de esos países ha ganado más que nadie, cuenta con una población de cincuenta millones. Y si agregamos los Estados neutrales, cuya población es muy pequeña y que se han enriquecido durante la conflagración, obtendremos, en cifras redondas, doscientos cincuenta millones.
457Así tenéis, pues, trazado en líneas generales, el cuadro del mundo después cíe la guerra imperialista. Colonias oprimidas con una población de mil doscientos cincuenta millones de seres países que son despedazados vivos, como Persia, Turquía y China países que, derrotados, han sido reducidos a la situación de colonias. No más de doscientos cincuenta millones en países que han mantenido su vieja situación, pero que han caído, todos ellos, bajo la dependencia económica de Norteamérica y que durante toda la guerra dependieron en el aspecto militar, pues la contienda abarcó al mundo entero y no permitió ni a un solo Estado permanecer neutral de verdad. Y, por último, no más de doscientos cincuenta millones de habitantes en países en los que, por supuesto, se han aprovechado del reparto de la Tierra únicamente las altas esferas, únicamente los capitalistas. En total, cerca de mil setecientos cincuenta millones de personas que forman toda la población del globo. Quisiera recordaros este cuadro del mundo porque todas las contradicciones fundamentales del capitalismo, del imperialismo, que conducen a la revolución; todas las contradicciones fundamentales en el movimiento obrero, que condujeron a la lucha más encarnizada con la II Internacional, y de lo cual ha hablado el camarada presidente, todo eso está vinculado al reparto de la población de la Tierra.
Es claro que las cifras citadas ilustran en rasgos generales, fundamentales, el cuadro económico del mundo. Y es natural, camaradas, que sobre la base de ese reparto de la población de toda la Tierra haya aumentado en muchas veces la explotación del capital financiero, de los monopolios capitalistas.
No sólo las colonias y los países vencidos se ven reducidos a un estado de dependencia; en el interior mismo de cada país victorioso se han desarrollado las contradicciones más agudas, se han agravado todas las contradicciones capitalistas. Lo mostraré brevemente con algunos ejemplos.
Tomad la deuda pública. Sabemos que las deudas de los principales Estados europeos han aumentado, de 1914 a 1920, no menos de siete veces. Citaré una fuente económica más, que adquiere una importancia muy grande: es Keynes, diplomático inglés y autor del libro Las consecuencias económicas de la paz. Por encargo de su gobierno, Keynes participó en las negociaciones de paz de Versalles, las siguió sobre el terreno con un criterio puramente burgués, estudió el asunto paso a paso, en detalle, y, como economista, tomó parte en las conferencias. Ha llegado a conclusiones que son más tajantes, más evidentes y más edificantes que cualquiera otra de un revolucionario comunista, pues las hace un burgués auténtico, un enemigo implacable del bolchevismo, del 458 cual traza, como filisteo inglés, un cuadro monstruoso, bestial y feroz. Keynes ha llegado a la conclusión de que, con el tratado de Versalles, Europa y el mundo entero van a la bancarrota. Keynes ha dimitido, ha arrojado su libro a la cara del gobierno y ha dicho: Hacen una locura. Os citaré sus cifras que, en conjunto, se reducen a lo siguiente:
¿Qué relaciones de deudores y acreedores se han establecido entre las principales potencias? Convierto las libras esterlinas en rublos oro, al cambio de diez rublos oro por libra esterlina, y he aquí lo que resulta: los Estados Unidos tienen un activo de diecinueve mil millones; su pasivo es nulo. Hasta la guerra eran deudores de Inglaterra. En el último Congreso del Partido Comunista de Alemania, el 14 de abril de 1920, el camarada Levi señalaba con razón en su informe que sólo quedan dos potencias que actúan hoy independientes en el mundo: Inglaterra y Norteamérica. Pero sólo Norteamérica sigue siendo independiente en absoluto desde el punto de vista financiero. Antes de la guerra era deudora; hoy es sólo acreedora. Todas las demás potencias del mundo han contraído deudas. Inglaterra se ve reducida a la siguiente situación: activo, diecisiete mil millones; pasivo, ocho mil millones; es ya mitad deudora. Además, en su activo figuran cerca de seis mil millones que le debe Rusia. En esa deuda se incluyen los stocks militares que Rusia compró durante la guerra. No hace mucho, cuando Krasin, en su calidad de representante del Gobierno soviético de Rusia, tuvo ocasión de conversar con Lloyd George sobre los convenios relativos a las deudas, explicó claramente a los científicos y a los políticos dirigentes deKiobierno inglés que se equivocaban de medio a medio si pensaban cobrar estas deudas. Y el diplomático inglés Keynes les había ya revelado este error.
Por supuesto, la cuestión no depende sólo del hecho, y ni siquiera del hecho, de que el gobierno revolucionario ruso no desee pagar las deudas. Ningún gobierno se avendría a liquidarlas, por la sencilla razón de que estas deudas no representan más que los intereses usurarios de lo que ha sido ya pagado una veintena de veces, y este mismo burgués Keynes, que no siente ninguna simpatía por el movimiento revolucionario ruso, dice: "Está claro que estas deudas no pueden ser tenidas en cuenta".
Por lo que se refiere a Francia, Keynes aduce cifras como éstas: su activo es de tres mil millones y medio, su pasivo, ¡de diez mil millones y medio! Y éste es el país del cual decían los franceses mismos que era el usurero cíe todo el mundo, porque sus ``ahorros'' eran colosales y el saqueo colonial y financiero, que le había proporcionado un capital gigantesco, le permitía otorgar 459 préstamos de miles y miles de millones, en particular a Rusia. Francia obtenía de estos préstamos beneficios fabulosos. Y a pesar de ello, a pesar de la victoria, Francia se ha convertido en deudora.
Una fuente burguesa norteamericana, citada por el camarada Braun, comunista, en su libro ¿Quién debe pagar las deudas de guerra? (Leipzig, 1920), define de la manera siguiente la relación que existe entre las deudas y el patrimonio nacional: en los países victoriosos, en Inglaterra y Francia, las deudas representan más del 50% del patrimonio nacional. En lo que atañe a Italia, este porcentaje es de 60 a 70 y, en cuanto a Rusia, de 90; pero, como sabéis, estas deudas no nos inquietan, pues poco antes de que apareciese el libro de Keynes, habíamos seguido su excelente consejo: habíamos anulado todas nuestras deudas. (Clamorosos aplausos.)
Keynes no hace más que revelar, en este caso, su habitual rareza de filisteo: al aconsejar la anulación de todas las deudas, declara que, por supuesto, Francia sólo saldrá ganando; que, desde luego, Inglaterra no perderá gran cosa, pues, de todos modos, no se podría sacar nada de Rusia; Norteamérica perderá mucho, pero Keynes cuenta con ¡"la generosidad" norteamericana! En este terreno no compartimos las concepciones de Keynes ni de los demás pacifistas pequeñoburgueses. Creemos que para conseguir la anulación de las deudas tendrán que esperar otra cosa y trabajar en una dirección un tanto diferente, y no en la de contar con "la generosidad" de los señores capitalistas.
De estas cifras, muy concisas, se infiere que la guerra imperialista ha creado también para los países victoriosos una situación imposible. Así lo indica igualmente la enorme desproporción entre los salarios y la subida de los precios. El 8 de marzo de este año, el Consejo Supremo de Economía, institución encargada de defender el orden burgués del mundo entero contra la creciente revolución, adoptó una resolución que terminaba con un llamamiento al orden, a la laboriosidad y al ahorro, a condición, claro está, de que los obreros sigan siendo esclavos del capital. Este Consejo Supremo de Economía, órgano de la Entente, órgano de los capitalistas de todo el mundo, hizo el siguiente balance.
En los Estados Unidos de América, los precios de los productos alimenticios han subido en un promedio de 120%, mientras que los salarios han aumentado sólo en el 100%. En Inglaterra, los productos alimenticios han subido en el 170%; los salarios, en el 130%. En Francia, los precios de los víveres han aumentado en el 300%; los salarios, en el 200%. En el Japón, los precios han subido en el 130%; los salarios, en el 60% (confronto las cifras indicadas 460 por el camarada Braun en su folleto y las del Consejo Supremo de Economía publicadas por el Times el 10 de marzo de 1920).
Está claro que, en semejante situación, son inevitables el crecimiento de la indignación de los obreros, el desarrollo de las ideas y del estado de ánimo revolucionarios y el aumento de las huelgas espontáneas de masas. Porque la situación de los obreros se hace insoportable. Estos se convencen por propia experiencia de que los capitalistas se han enriquecido inmensamente con la guerra, cuyos gastos y deudas hacen recaer sobre las espaldas de los obreros. Recientemente, un telegrama nos comunicaba eme Norteamérica quiere repatriar a Rusia a quinientos comunistas más para desembarazarse de estos "peligrosos agitadores".
Pero aunque Norteamérica nos enviase no quinientos, sino quinientos mil ``agitadores'' rusos, norteamericanos, japoneses o franceses, las cosas no cambiarían, pues subsistiría la desproporción de los precios, contra la que no pueden hacer nada. Y no pueden hacer nada porque la propiedad privada se protege allí rigurosamente, porque para ellos es ``sagrada''. No debe olvidarse eme la propiedad privada de los explotadores ha sido abolida sólo en Rusia. Los capitalistas no pueden hacer nada contra esa desproporción de los precios, y los obreros no pueden vivir con los antiguos salarios. Contra esta calamidad no sirve ningún viejo método; ni las huelgas aisladas, ni la lucha parlamentaria, ni la votación pueden hacer nada, porque "la propiedad privada es sagrada'', y los capitalistas han acumulado tales deudas que el mundo entero está avasallado por un puñado de personas. Por otra parte, las condiciones de existencia de los obreros se hacen más y más insoportables. No hay más salida que abolir "la propiedad privada" de los explotadores.
En su folleto Inglaterra y la revolución mundial, del cual nuestro Noticiero del (lomisariado del Pueblo de Negocios Extranjeros de febrero de 1920 ha publicado valiosos extractos, el camarada Lapinski indica eme en Inglaterra los precios del carbón de exportación han sido el doble más elevados que los previstos por los medios industriales oficiales.
En Lancashire se ha llegado a una alza del valor de las acciones de un 400%. Los beneficios de los bancos constituyen del 40 al 50%, como mínimo; además se debe señalar que, cuando se trata de determinar sus beneficios, todos los banqueros saben encubrir la parte leonina no llamándola beneficios, sino disimulándola bajo la forma de primas, bonificaciones, etc. Así pues, también en este caso, los hechos económicos indiscutibles muestran eme la riqueza de un puñado ínfimo de personas ha crecido de manera increíble, que un lujo inaudito rebasa tochas los límites, mientras que la 461 miseria de la clase obrera se agrava sin cesar. Por otra parte, hay que señalar, en particular, una circunstancia que el camarada Levi ha subrayado con extraordinaria claridad en su informe: la modificación del valor del dinero. A consecuencia de las deudas, de la emisión de papel moneda, etc., el dinero se ha desvalorizado en todas partes. La misma fuente burguesa que he citado ya, es decir, la cleclaración del Consejo Supremo de Economía del 8 de marzo de 1920, estima eme, en Inglaterra, la ciepreciación de la moneela con relación al dcilar es aproximadamente de un tercio; en Francia y en Italia, cíe dos tercios, y en Alemania, llega al 96%.
Este hecho muestra que el ``mecanismo'' de la economía capitalista mundial se está descomponiendo por entero. Es imposible continuar las relaciones comerciales de las que dependen, bajo el régimen capitalista, la obtención de materias primas y la venta de los productos manufacturados; no pueden continuar precisamente porque toda una serie de países se hallan sometidos a uno solo a causa de la depreciación monetaria. Ninguno de los países ricos puede vivir ni comerciar, porque no puede vender sus productos ni recibir materias primas.
Resulta, pues, que Norteamérica misma, el país más rico, al que están sometidos tóelos los demás países, no pueele comprar ni vender. Y ese mismo Keynes, que ha conocido todos los recovecos y peripecias de las negociaciones de Versalles, se ve obligado a reconocer esta imposibilidad, pese a su firme decisión de defender el capitalismo y a despecho de todo su odie) al bolchevismo. Dicho sea de paso, no creo que ningún llamamiento comunista, o, en general, revolucionario, pueda compararse, por su vigor, con las páginas en eme Keynes pinta a Wilson y "el wilsonismo" en acción. Wilson fue el íelolo de los pequeños burgueses y cíe los pacifistas tipo Keynes y de cierteis "héroes" de la II Internacional (e incluso de la Internacional "II y = media"^^155^^) cjue han exaltado sus "14 puntos" 15fi y escrito hasta libros ``sabios'' acerca de "las raíces" de la política wilsoniana, esperando que Wilson salvaría "la paz social'', reconciliaría a los explotadores con los explotados y efectuaría reformas sociales. Keynes ha mostrado con toda evidencia que Wilson ha resultado ser un tonto y que tóelas esas ilusiones se han esfumado al primer contacto con la política práctica, mercantilista y traficante del capital, encarnada por los señores Clemenceau y Lloyd Cee>rge. Las masas obreras ven ahora con claridad creciente por la experiencia de su propia vida, y los sabie>s pedantes podrían verlo con la sola lectura ciel libro de Keynes, que "las raíces" de la política de Wilson estribaban seSlo en la necedad clerical, la fraseología pequeñoburguesa y la total incomprensión de la lucha de clases.
462De todo eso dimanan de modo completamente inevitable y natural dos condiciones, dos situaciones fundamentales. De una parte, la miseria y la ruina de las masas se han acrecentado de manera inaudita, principalmente en lo que concierne a mil doscientos cincuenta millones de seres humanos, o sea, al 70% de la población del globo. Se trata de las colonias y los países dependientes, cuya población está privada de todo derecho jurídico, de países colocados "bajo el mandato" de los bandidos de las finan/as. Y, además, la esclavitud de los países vencidos ha sido refrendada por el tratado de Versalles y los acuerdos secretos relativos a Rusia, que, a decir verdad, tienen a veces tanto valor como los papeluchos en que se ha escrito que debemos tantos y cuantos miles de millones. Presenciamos en la historia mundial el primer caso de confirmación jurídica de la expoliación, la esclavitud, la dependencia, la miseria y el hambre de mil doscientos cincuenta millones de seres humanos.
De otra parte, en cada país que se ha convertido en acreedor, la situación de los obreros se ha hecho insoportable. La guerra ha agravado al máximo todas las contradicciones capitalistas, y en ello está el origen de esa profunda efervescencia revolucionaria, que se acrecienta, porque durante la guerra los hombres se hallaban bajo el régimen de la disciplina militar, eran lanzados a la muerte o amenazados de una represión militar inmediata. Las condiciones impuestas por la guerra no dejaban ver la realidad económica. Los escritores, los poetas, los curas y toda la prensa no hacían más que glorificar la guerra. Ahora, cuando la guerra ha terminado, han comenzado los desenmascaramientos. Se ha desenmascarado el imperialismo alemán con su paz de Brest-Litovsk. Está desenmascarada la paz de Versalles, que debía ser la victoria del imperialismo y ha resultado ser su derrota. El ejemplo de Keynes muestra, entre otras cosas, que decenas y centenares de miles de pequeños burgueses, de intelectuales o simplemente de personas un tanto desarrolladas y cultas de Europa y EE. UU. se han visto obligados a emprender la misma senda que él, que ha presentado su dimisión y arrojado a la cara de su gobierno el libro que lo desenmascara. Keynes ha mostrado lo que ocurre y ocurrirá en la conciencia de miles y centenares de miles de personas cuando comprendan que todos los discursos sobre "la guerra por la libertad'', etc., han sido puro engaño y que, a consecuencia de la guerra, se ha enriquecido sólo una ínfima minoría, mientras que los demás se han arruinado y han quedado sojuzgados. Porque el burgués Keynes declara que los ingleses, para proteger su vida y para salvar la economía inglesa, deben conseguir ¡que entre Alemania y Rusia se reanuden las relaciones comerciales libres! 463 Pero ¿romo conseguirlo? ¡Anulando todas las deudas, como propone él! Esta es una idea que no pertenece sólo al científico economista Keynes. Millones de personas llegan y llegarán a esta idea. Y millones de personas oyen declarar a los economistas burgueses que la única salida consiste en anular las deudas; que, por consiguiente, "¡malditos sean los bolcheviques!" (que las han anulado) y ¡¡hagamos un llamamiento a "la generosidad" de Norteamérica!! Creo que se debería enviar en nombre del congreso de la Internacional Comunista un mensaje de gratitud a estos economistas que hacen agitación a favor del bolchevismo.
Si, de una parte, la situación económica de las masas se ha hecho insoportable; si, de otra parte, en el seno de la ínfima minoría de los omnipotentes países vencedores se ha iniciado y se acelera la descomposición que ilustra Keynes, presenciamos en realidad cómo maduran las dos condiciones de la revolución mundial.
Tenemos ahora ante nuestra vista un cuadro algo más completo del mundo. Sabemos lo que significa esta dependencia de un puñado de ricachones, a la que están sujetos mil doscientos cincuenta millones de seres colocados en condiciones de existencia inaguantables. De otro lado, cuando se ofreció a los pueblos el Pacto de la Sociedad de Naciones, en virtud del cual ésta declara que ha puesto fin a las guerras y que en adelante no permitirá a nadie quebrantar la paz; cuando este pacto---última esperanza de las masas trabajadoras del mundo entero---entró en vigor, eso fue para nosotros la victoria más grande. Cuando no había entrado aún en vigor, decían: Es imposible no imponer condiciones especiales a un país como Alemania; cuando haya un tratado, ya verán que todo marchará bien. Pero cuando este pacto se publicó, ¡los furibundos enemigos del bolchevismo tuvieron que renegar de él!'Tan pronto como el pacto empezó a entrar en vigor, resultó que el grupito de países más ricos, este "cuarteto de gente gorda" ---Clemenceau, Lloyd George, Orlando y Wilson---¡quedó encargado de arreglar las nuevas relaciones! ¡Y cuando pusieron en marcha la máquina del pacto, ésta llevó a la ruina total!
Lo hemos visto en las guerras contra Rusia. Débil, arruinada y abatida, Rusia, el país más atrasado, lucha contra todas las naciones, contra la alianza de Estados ricos y poderosos que dominan al mundo, y sale vencedora de esta lucha. No podíamos oponer fuerzas un tanto equivalentes, y, sin embargo, salimos vencedores. ¿Por qué? Porque no había ni sombra de unidad entre ellos, porque cada potencia actuaba contra otra. Francia quería que Rusia le pagase las deudas y se convirtiese en una fuerza temible contra Alemania; Inglaterra deseaba el reparto de Rusia, intentaba apoderarse del petróleo de Bakú y firmar un tratado 464 con los países limítrofes cíe Rusia. Entre los documentos oficiales ingleses figura un libro en el que se enumeran con extraordinaria escrupulosidad todos los Estados (se cuentan 14) que, hace medio año, en diciembre de 1919, prometían tomar Moscú y Petrogrado. Inglaterra basaba su política en estos Estados y les daba a préstamo millones y millones. Pero hoy han fracasado todos estos cálculos y se han perdido todos los empréstitos.
Tal es la situación que ha creado la Sociedad de Naciones. Cada día de existencia de este pacto constituye la mejor agitación en favor del bolchevismo. Porque los partidarios más poderosos del ``orden'' capitalista nos muestran que, en cada cuestión, se ponen la zancadilla unos a otros. Por el reparto de Turquía, Persia, Mesopotamia y China se entablan querellas feroces entre el Japón, la Gran Bretaña, Norteamérica y Francia. La prensa burguesa de estos países está llena de los más violentos ataques y de las invectivas más acerbas contra sus ``colegas'' porque les quitan el botín ante sus propias narices. Somos testigos del total desacuerdo que reina en las alturas entre este puñado ínfimo de países más ricos. Es imposible que mil doscientos cincuenta millones de seres, que representan el 70% de la población de la Tierra, vivan en las condiciones de avasallamiento que quiere imponerles el capitalismo ``avanzado'' y civilizado. En cuanto al puñado ínfimo de potencias riquísimas, Inglaterra, Norteamérica y el Japón (este último tuvo la posibilidad de saquear a los países de Oriente, los países de Asia, pero no puede poseer ninguna fuerza independiente, ni financiera ni militar, sin la ayuda de otro país), estos dos o tres países no están en condiciones de organizar las relaciones económicas y orientan su política a hacer fracasar la de sus asociados y ``partenaires'' de la Sociedad de Naciones. De aquí se deriva la crisis mundial. Y estas raíces económicas de la crisis son la causa principal de que la Internacional Comunista consiga brillantes éxitos.
Camaradas: Vamos a abordar ahora el problema de la crisis revolucionaria como base de nuestra acción revolucionaria. Y en este terreno necesitamos señalar, ante todo, dos errores extendidos. De un lado, los economistas burgueses presentan esta crisis como una simple ``molestia'', según la elegante expresión de los ingleses. De otro lado, los revolucionarios procuran demostrar a veces que la crisis no tiene absolutamente salida.
Esto es un error. Situaciones absolutamente sin salida no existen. La burguesía se comporta como una fiera insolentada que ha perdido la cabeza y comete una tontería tras otra, empeorando la situación y acelerando su muerte. Todo eso es así. Pero no se puede ``demostrar'' que no hay absolutamente ninguna posibilidad 465 de que adormezca a cierta minoría de explotados con determinadas concesiones, de que aplaste cierto movimiento o sublevación de una parte de oprimidos y explotados. Intentar ``demostrar'' con antelación la falta ``absoluta'' de salida sería vana pedantería o juego de conceptos y palabras. En esta cuestión, y en otras parecidas, la verdadera "demostración" puede ser únicamente la práctica. El régimen burgués está pasando en todo el mundo por una grandísima crisis revolucionaria. Ahora hay que ``demostrar'' con la práctica de los partidos revolucionarios que éstos tienen suficiente grado de conciencia, organización, ligazón con las masas explotadas, decisión y habilidad a fin de aprovechar esta crisis para el éxito, para la victoria de la revolución.
Para preparar esa "demostración" nos hemos reunido precisa y principalmente en el presente Congreso de la Internacional Comunista.
Como ejemplo del grado en que domina aún el oportunismo entre los partidos que desean adherirse a la III Internacional, del grado en que la labor de ciertos partidos está lejos todavía de preparar a la clase revolucionaria para aprovechar la crisis revolucionaria, citaré a Ramsay MacDonald, jefe del Partido Laborista Independiente inglés. En su libro El Parlamento y la Revolución, dedicado precisamente a los problemas cardinales en que también nosotros nos ocupamos ahora, MacDonald describe el estado de cosas, poco más o menos, en el espíritu de los pacifistas burgueses. Reconoce que hay crisis revolucionaria, que aumentan los sentimientos revolucionarios, que las masas obreras simpatizan con el Poder soviético y la dictadura del proletariado (advertid que se trata de Inglaterra) y que la dictadura del proletariado es mejor que la actual dictadura de la burguesía inglesa.
Pero MacDonald no deja de ser un pacifista y conciliador burgués hasta la médula, un pequeño burgués que sueña con un gobierno situado al margen de las clases. Reconoce la lucha de clases sólo como "un hecho descriptivo'', igual que todos los embusteros, sofistas y pedantes de la burguesía. Silencia la experiencia de Kerenski, los mencheviques y los eseristas en Rusia, la experiencia análoga de Hungría, Alemania, etc., sobre la formación de un gobierno "democrático" y, en apariencia, fuera de las clases. MacDonald adormece a su partido y a los obreros que tienen la desgracia de tomar a este burgués por un socialista, de tomar a este filisteo por un líder, con las siguientes palabras: "Sabemos que esto (o sea, la crisis revolucionaria, la efervescencia revolucionaria) pasará, se calmará.'' La guerra originó inevitablemente la crisis, pero después de la guerra, aunque no sea de golpe, "todo se calmará".
466Así escribe un hombre que es el jefe de un partido que desea adherirse a la III Internacional. En ello vernos una denuncia de excepcional franque/.a, y tanto más valiosa, de lo que se observa con no menos frecuencia en las altas esferas del Partido Socialista Francés y del Partido Socialdemócrata Independiente de Alemania: no sólo no saber, sino también no querer aprovechar la crisis revolucionaria en sentido revolucionario o, dicho de otro modo, no saber y no querer efectuar una verdadera preparación revolucionaria del partido y de la clase para la dictadura del proletariado.
Ese es el mal fundamental de numerosísimos partidos que hoy se apartan de la II Internacional. Y precisamente por eso, en las tesis que he propuesto al presente congreso analizo con el mayor detenimiento la definición más concreta y exacta posible de las tareas que implica la preparación para la dictadura del proletariado.
Aduciré un ejemplo más. Recientemente se ha publicado un nuevo libro contra el bolchevismo. Ahora aparecen en Europa y EE. UU. muchísimos libros de ese género, y cuantos más libros se publican contra el bolchevismo, tanto mayores son la fuerza y la rapidez con que crecen en las masas las simpatías por él. Me refiero al libro de Otto Bauer ¿Bolchevismo o socialdemocracia? En él se muestra de modo evidente a los alemanes qué es el menchevismo, cuyo ignominioso papel en la revolución rusa ha sido comprendido suficientemente por los obreros de todos los países. Otto Bauer ha escrito un panfleto menchevique hasta la médula, pese a haber ocultado sus simpatías por el menchevismo. Mas en Europa y EE. UU. es preciso difundir ahora nociones más exactas de lo que es el menchevismo, pues éste es un concepto genérico para todas las tendencias pretendidamente socialistas, socialdemócratas, etc., hostiles al bolchevismo. A nosotros, los rusos, nos aburriría escribir para Europa acerca de qué es el menchevismo. Otto Bauer lo ha mostrado de hecho en su libro, y agradecemos por anticipado a los editores burgueses y oportunistas que lo publiquen y traduzcan a diferentes idiomas. El libro de Bauer será un complemento útil, aunque original, para los manuales de comunismo. Tomad cualquier párrafo, cualquier razonamiento de Otto Bauer y demostrad dónde está en él el menchevismo, dónde las raíces de las concepciones que llevan al proceder de los traidores al socialismo, de los amigos de Kerenski, Scheidemann, etc.: tal será el problema que se podrá proponer con provecho y éxito en los "exámenes" para comprobar si el comunismo ha sido asimilado. Si uno no puede resolver este problema, no será aún comunista y valdrá más que no ingrese en el Partido Comunista. (Aplausos.)
467Otto Bauer ha expresado magníficamente toda la esencia de las opiniones del oportunismo internacional en una frase, por la que ---si pudiéramos mandar libremente en Viena---deberíamos erigirle un monumento en vida. El empleo de la violencia en la lucha de clases de las democracias contemporáneas---ha dicho O. Bauer--- sería "violencia sobre los factores sociales de la fuerza".
Quizá os parezca esto extraño e incomprensible. Es un modelo del grado a que han llevado el marxismo, del grado de banalidad y defensa de los explotadores a que se puede llevar la teoría más revolucionaria. Hace falta la variante alemana de filisteísmo para obtener la "teoría" de que "los factores sociales de la fuerza" son el número, la organización, el lugar en el proceso de la producción y distribución, la actividad y la instrucción. Si un bracero en el campo y un obrero en la ciudad ejercen violencia revolucionaria sobre el terrateniente y el capitalista, eso no es en modo alguno dictadura del proletariado, no es ni mucho menos violencia sobre los explotadores y opresores del pueblo. Nada de eso. Ks "violencia sobre los tactores sociales de la fuerza".
Quizá el ejemplo que he puesto haya resultado algo humorístico. Pero la naturaleza del oportunismo contemporáneo es tal que su lucha contra el bolchevismo se convierte en humorismo. Para Europa y Norteamérica es de lo más útil y apremiante incorporar a la clase obrera, a cuanto hay de pensante en ella, a la lucha del menchevismo internacional (de los MacDonald, los O. Bauer y Cía.) contra el bolchevismo.
Aquí debemos preguntarnos: ¿cómo se explica la solidez de semejantes tendencias en Europa y por qué ese oportunismo es más vigoroso en Europa Occidental que en nuestro país? Pues porque los países adelantados han creado y siguen creando su cultura con la posibilidad de vivir a expensas de mil millones de seres oprimidos. Porque los capitalistas de estos países reciben mucho por encima de lo que podrían recibir como ganancia por la expoliación de los obreros de su país.
Antes de la guerra se consideraba que tres países riquísimos ---Inglaterra, Francia y Alemania---tenían unos ingresos de ocho mil a diez mil millones de francos anuales, sin contar otros ingresos, sólo gracias a la exportación de capital al extranjero.
Es claro que de esta respetable suma se pueden echar quinientos millones, por lo menos, como migajas a los dirigentes obreros, a la aristocracia obrera, como sobornos de todo género. Y todo se reduce precisamente al soborno, que se hace por mil vías distintas: elevando la cultura en los mayores centros, creando establecimientos de enseñanza e instituyendo miles de cargos para dirigentes de cooperativas, líderes tradeunionistas y parlamentarios. Pero eso se 468 hace por doquier donde existen relaciones capitalistas civilizadas contemporáneas. Y esos miles de millones de superganancias son la base económica en que descansa el oportunismo en el movimiento obrero. En EE. UU., Inglaterra y Francia se observa una obstinación mucho más tenaz de los líderes oportunistas, de las altas esferas de la clase obrera, de la aristocracia de los obreros: oponen una resistencia mucho mayor al movimiento comunista. Y por eso debemos estar preparados para el hecho de que la curación de esta enfermedad de los partidos obreros europeos y americanos resulte más difícil que en nuestro país. Sabemos que desde la fundación de la III Internacional se han obtenido éxitos grandiosos en el tratamiento de esta enfermedad, pero aún no hemos llegado a extirparla definitivamente: está todavía muy lejos de haber terminado la obra de depurar en todo el mundo los partidos obreros, los partidos revolucionarios del proletariado, de la influencia burguesa y de los oportunistas en su propio medio.
No me detendré a examinar las formas concretas en que debemos realizar eso. De ello se habla en mis tesis, que han sido publicadas. Aquí me incumbe señalar las profundas raíces económicas de este fenómeno. Esta enfermedad se ha prolongado y su tratamiento se ha dilatado más de lo que pudieran esperar los optimistas. Nuestro enemigo principal es el oportunismo. El oportunismo en las altas esferas del movimiento obrero no es socialismo proletario, sino burgués. Se ha demostrado en la práctica que los políticos del movimiento obrero pertenecientes a la tendencia oportunista son mejores defensores de la burguesía que los propios burgueses. La burguesía no podría mantenerse si ellos no dirigieran a los obreros. Así lo demuestran no sólo la historia del régimen de Kerenski en Rusia, sino también la república democrática en Alemania, con su gobierno socialdemócrata al frente y la actitud de Alberto Thomas ante su gobierno burgués. Lo demuestra la experiencia análoga de Inglaterra y de los Estados Unidos. Ahí está nuestro enemigo principal, y debemos vencerlo. Tenemos que salir del congreso con la firme decisión de llevar hasta el fin esa lucha en todos los partidos. Tal es la tarea principal.
En comparación con esta tarea, la corrección de los errores de la tendencia ``izquierdista'' en el comunismo será una obra fácil. En toda una serie de países se observa el antiparlamentarismo, no tanto aportado por gente salida de la pequeña burguesía como apoyado por algunos destacamentos avanzados del proletariado a causa del odio que tienen al viejo parlamentarismo, de un odio lógico, justo y necesario a la conducta de los miembros de los parlamentos en Inglaterra, Francia, Italia y todos los países. Hay que proporcionar directrices de la Internacional Comunista, hay que dar a conocer 469 mejor, más a fondo, a los camaradas la experiencia rusa, el alcance del verdadero partido político proletario. Nuestra labor consistirá en cumplir esta tarea. Y la lucha contra estos errores del movimiento proletario, contra estos defectos, será mil veces más fácil que la lucha contra la burguesía que, encubriéndose con el manto de reformistas, penetra en los viejos partidos de la II Internacional y orienta tocia su labor no en un espíritu proletario, sino en un espíritu burgués.
Camaradas: Para concluir, me detendré a examinar otro aspecto de la cuestión. El camarada presidente ha dicho aquí que esta asamblea merece el calificativo de Congreso Mundial. Creo que tiene razón, sobre todo porque se encuentran aquí no pocos representantes del movimiento revolucionario de las colonias y de los países atrasados. Esto no es más que un modesto comienzo, pero lo importante es que se ha dado ya el primer paso. La unión de los proletarios revolucionarios de los países capitalistas, de los países avanzados, con las masas revolucionarias de los países que carecen o casi carecen de proletariado, con las masas oprimidas de las colonias, de los países de Oriente, se está produciendo en este congreso. La consolidación de esta unión depende de nosotros, y yo estoy seguro de que lo conseguiremos. El imperialismo mundial debe caer cuando el empuje revolucionario de los obreros explotados y oprimidos de cada país, venciendo la resistencia de los elementos pequeñoburgueses y la influencia de la insignificante élite constituida por la aristocracia obrera, se funda con el embate revolucionario de centenares de millones de seres que hasta ahora habían permanecido al margen de la historia y eran considerados sólo objeto de ésta.
La guerra imperialista ayudó a la revolución. La burguesía sacó soldados de las colonias, de los países atrasados, del estado de abandono en que se encontraban, para hacerlos participar en esa guerra imperialista. La burguesía inglesa inculcaba en los soldados de la India la idea de que los campesinos hindúes debían defender a la Gran Bretaña de Alemania; la burguesía francesa inculcaba en los soldados de las colonias francesas la idea de que los negros debían defender a Francia. Y les enseñaron a manejar las armas. Este aprendizaje es extraordinariamente útil, y por ello podríamos expresar a la burguesía nuestra profunda gratitud en nombre de todos los obreros y campesinos rusos y, en particular, en nombre de todo el Ejército Rojo ruso. La guerra imperialista ha hecho que los pueblos dependientes se incorporen a la historia universal. Y una de nuestras principales tareas consiste hoy en pensar en cómo colocar la primera piedra de la organización del movimiento soviético en los países no capitalistas. Los Soviets son allí posibles; no serán Soviets obreros, sino Soviets campesinos o Soviets de los trabajadores.
470Habrá que realizar un gran trabajo, los errores serán inevitables y se tropezará con muchos obstáculos en ese camino. La tarea fundamental del II Congreso consiste en elaborar o trazar los principios de carácter práctico, a fin de que la labor efectuada hasta ahora en forma no organizada entre centenares de millones de personas transcurra en forma organizada, cohesionada y sistemática.
Ha pasado poco más de un año desde que se celebró el I Congreso de la Internacional Comunista y aparecemos ya como vencedores de la II Internacional. Las ideas soviéticas se difunden ahora no sólo entre los obreros de los países civilizados y las conocen y comprenden no sólo ellos. Los obreros de todos los países se ríen de esos sabihondos---muchos de los cuales se llaman socialistas---que con aire doctoral o casi doctoral se lanzan a disquisiciones sobre "el sistema" soviético, como les gusta expresarse a los sistemáticos alemanes, o sobre "la idea" soviética, término empleado por los socialistas ``gremiales'' = ingleses^^157^^. Tales disquisiciones acerca del ``sistema'' soviético o de "la idea" soviética suelen enturbiar a menudo los ojos y la conciencia de los obreros. Pero los obreros desechan esa basura pedantesca y empuñan el arma proporcionada por los Soviets. También en los países de Oriente se va comprendiendo el papel y la importancia de los Soviets.
El movimiento soviético se ha iniciado en todo el Oriente, en toda Asia, entre los pueblos de todas las colonias.
La tesis de que los explotados deben rebelarse contra los explotadores y crear sus Soviets no es demasiado complicada. Después de nuestra experiencia, después de dos años y medio de República Soviética en Rusia, después del I Congreso de la III Internacional, la comprensión de esa tesis está al alcance de centenares de millones de seres oprimidos por los explotadores en el mundo entero. Y si ahora, en Rusia, nos vemos obligados con frecuencia a hacer concesiones y a dar tiempo al tiempo, pues somos más débiles que los imperialistas internacionales, sabemos, en cambio, que mil doscientos cincuenta millones de habitantes del globo constituyen esa masa cuyos intereses defendemos. De momento tropezamos con los obstáculos, los prejuicios y la ignorancia, que hora tras hora van siendo relegados al pasado. Pero cuanto más tiempo transcurre, más nos vamos convirtiendo en los representantes y defensores efectivos de ese 70% de la población de la Tierra, de esa masa de trabajadores y explotados. Podemos decir con orgullo que en el I Congreso éramos, en el fondo, sólo unos propagandistas, que nos limitábamos a lanzar al proletariado del mundo entero unas ideas fundamentales, un llamamiento a la lucha, y preguntábamos: ¿dónde están los hombres capaces de seguir ese camino? Ahora tenemos en todas partes un proletariado de vanguardia. En todas 471 partes hay un ejército proletario, aunque a veces esté mal organizado y exija una reorganización, y si nuestros camaraclas internacionales nos ayudan ahora a organizar un ejército único, no habrá tallas que nos impidan realizar nuestra obra. Esa obra es la revolución proletaria mundial, es la creación de la República Soviética universal. (Prolongados aplausos.)
Publicado el 24 de julio de 1920 en el núm. 162 de ``Pravda''.
i. 41, p<íg.s. 215--235.
4T¿
472Camaradas: Me limitaré a una breve introducción, después de la cual el camarada Maring, que ha sido secretario de nuestra comisión, presentará un detallado informe sobre las modificaciones que hemos introducido en las tesis. A continuación hará uso de la palabra el camarada Roy, que ha formulado algunas tesis adicionales. La comisión ha aprobado por unanimidad tanto las tesis originales, con las correspondientes modificaciones, como las tesis adicionales. Así pues, hemos conseguido una absoluta unidad de criterio en todos los problemas de importancia. Ahora haré algunas breves observaciones.
Primero. ¿Cuál es la idea más importante, la idea fundamental de nuestras tesis? Es la distinción entre naciones oprimidas y naciones opresoras. Nosotros subrayamos esta distinción, en oposición a la II Internacional y a la democracia burguesa. Para el proletariado y para la Internacional Comunista tiene particular importancia en la época del imperialismo observar los hechos económicos concretos y tomar como base, al resolver los problemas coloniales y nacionales, no tesis abstractas, sino fenómenos de la realidad concreta.
El rasgo distintivo del imperialismo consiste en que actualmente, como podemos ver, el mundo se halla dividido, por un lado, en un gran número de naciones oprimidas y, por otro, en un número insignificante de naciones opresoras, que disponen de riquezas colosales y de una poderosa fuerza militar. La inmensa mayoría de la población del globo, más de mil millones de seres--- seguramente mil doscientos cincuenta millones, si consideramos que aquélla es de mil setecientos cincuenta millones---, es decir, alrededor del 473 70% de la población de la Tierra, corresponde a las naciones oprimidas, las cuales se encuentran sometidas a una dependencia colonial directa, o son semicolonias (como, por ejemplo, Persia, Turquía y China), o, después de haber sido derrotadas por el ejército de una gran potencia imperialista, han sido obligadas por los tratados de paz a depender en gran medida de dicha potencia. Esta idea cíe la diferenciación, de la división de las naciones en opresoras y oprimidas informa todas las tesis; no sólo las primeras, las que aparecieron con mi firma y fueron publicadas originariamente, sino también las tesis del camarada Roy. Estas últimas han sido escritas teniendo en cuenta, sobre todo, la situación cíe la India y de otros grandes pueblos de Asia oprimidos por Inglaterra, y en esto reside la magna importancia que tienen para nosotros.
La segunda idea que orienta nuestras tesis es que, en la actual situación del mundo, después de la guerra imperialista, las relaciones entre los pueblos, así como todo el sistema mundial de Estados, vienen determinados por la lucha de un pequeño grupo de naciones imperialistas contra el movimiento soviético y contra los Estados soviéticos, a cuya cabeza figura la Rusia Soviética. Si no tenemos en cuenta este hecho, no podremos plantear correctamente ningún problema nacional o colonial, aunque se trate del rincón más apartado del mundo. Sólo partiendo de este punto de vista, los partidos comunistas podrán plantear y resolver acertadamente los problemas políticos tanto en los países civilizados como en los países atrasados.
Tercero. Quisiera destacar de manera especial la cuestión del movimiento democrático burgués en los países atrasados. Precisamente esta cuestión ha suscitado algunas divergencias. Nuestra discusión ha girado en torno a si es o no acertado, desde el punto de vista de los principios y de la teoría, afirmar que la Internacional Comunista y los partidos comunistas deben apoyar el movimiento democrático burgués en los países atrasados. Después de la discusión hemos llegado a la conclusión unánime de que debe hablarse de movimiento nacional-revolucionario, en vez de movimiento "democrático burgués''. No cabe la menor duda de que todo movimiento nacional sólo puede ser un movimiento democrático burgués, pues la masa fundamental cíe la población en los países atrasados la constituyen los campesinos, que representan las relaciones capitalistas burguesas. Sería utópico suponer que los partidos proletarios, si es que pueden formarse en general en esos países atrasados, sean capaces de aplicar en ellos una táctica y una política comunistas sin mantener determinadas relaciones con el movimiento campesino y sin apoyarlo en la 474 práctica. Ahora bien, en este punto se hizo la objeción cíe que si hablásemos de movimiento democrático burgués, se borraría toda diferencia entre el movimiento reformista y el movimiento revolucionario. Sin embargo, en los últimos tiempos, esta diferencia se ha manifestado con plena claridad en las colonias y en los países atrasados, ya que la burguesía imperialista trata por todos los medios de que el movimiento reformista se desarrolle también entre los pueblos oprimidos. Entre la burguesía de los países explotadores y la de las colonias se ha producido cierto acercamiento, debido a lo cual muy a menudo---y quizá incluso en la mayoría de los casos---, la burguesía de los países oprimidos, pese a prestar su apoyo a los movimientos nacionales, lucha al mismo tiempo de acuerdo con la burguesía imperialista, es decir, al lado de ella, contra todos los movimientos revolucionarios y las clases revolucionarias. En la comisión, este hecho ha sido demostrado de manera irrefutable, por lo que hemos estimado que lo único justo era tomar en consideración dicha diferencia y sustituir casi en todos los lugares la expresión "democrático burgués" por " nacional-revolucionario''. El sentido de este cambio consiste en que nosotros, como comunistas, debemos apoyar y apoyaremos los movimientos burgueses de liberación en las colonias sólo en el caso de que estos movimientos sean verdaderamente revolucionarios, sólo en el caso de que sus representantes no nos impidan educar y organizar en un espíritu revolucionario a los campesinos y a las grandes masas de explotados. Si no se dan esas condiciones, los comunistas deben luchar en dichos países contra la burguesía reformista, a la que pertenecen también los "héroes" de la II Internacional. En las colonias existen ya partidos reformistas, y sus representantes se denominan a veces socialdemócratas y socialistas. La diferencia mencionada ha quedado establecida en todas las tesis, v gracias a ello, nuestro punto de vista aparece formulado, a mi juicio, de un modo mucho más preciso.
Quisiera hacer una observación más, relativa a los Soviets campesinos. La labor práctica de los comunistas rusos en las antiguas colonias del zarismo, en países tan atrasados como Turquestán, etc., nos ha planteado el problema de corno aplicar la táctica y la política comunistas en las condiciones precapitalistas, pues el rasgo distintivo más importante de estos países es el dominio en ellos de las relaciones precapitalistas, por lo cual allí no cabe hablar siquiera de un movimiento puramente proletario. En tales países casi no hay proletariado industrial. No obstante, también en ellos hemos asumido y debemos asumir el papel de dirigentes. Nuestro trabajo nos ha mostrado que en esos países hay que vencer dificultades inmensas, pero los resultados prácticos 475 nos han enseñado asimismo que, pese a dichas dificultades, hasta en los países que casi carecen de proletariado se puede también despertar en las masas el deseo de tener ideas políticas propias y de desplegar su propia actividad política. Esta tarea presentaba para nosotros más dificultades que para los camaradas de Europa Occidental, pues el proletariado de Rusia está abrumado por el trabajo de organización del Estado. Se comprende perfectamente que los campesinos, colocados en una dependencia semifeudal, puedan asimilar muy bien la idea de la organi/ación soviética y sean capaces de ponerla en práctica. Es evidente asimismo que las masas oprimidas---explotadas no sólo por el capital mercantil, sino también por los señores feudales y por un Estado que se asienta sobre bases feudales---pueden aplicar asimismo esta arma, este tipo de organización, en las condiciones en que se encuentran. La idea de la organización soviética es sencilla y capaz de ser aplicada no sólo a las relaciones proletarias, sino también a las relaciones campesinas feudales y semifeudales. Nuestra experiencia en este aspecto no es aún muy grande; pero los debates en la comisión ---en los que han participado varios representantes de países coloniales---nos han demostrado de un modo absolutamente irrefutable que en las tesis de la Internacional Comunista debe indicarse que los Soviets campesinos, los Soviets de los explotados, son un instrumento válido no sólo para los países capitalistas, sino también para los países con relaciones precapitalistas, y que es un deber indeclinable de los partidos comunistas y de quienes están dispuestos a organizarlos propagar la idea de los Soviets campesinos, de los Soviets de trabajadores, en todas partes, tanto en los países atrasados como en las colonias. Y dondequiera que las condiciones lo permitan, deberán intentar sin pérdida de tiempo organizar Soviets del pueblo trabajador.
Ante nosotros surge aquí la posibilidad de realizar un trabajo práctico de gran interés e importancia. Nuestra experiencia general en este terreno no es aún muy grande, pero poco a poco iremos reuniendo datos. Es indiscutible que el proletariado de los países avanzados puede y debe ayudar a las masas trabajadoras atrasadas, y que el desarrollo de los países atrasados podrá salir de su etapa actual cuando el proletariado victorioso de las repúblicas soviéticas tienda la mano a esas masas y pueda prestarles apoyo.
Este problema suscitó en la comisión debates bastante vivos, y no sólo en torno a las tesis que llevan mi firma, sino más aún en torno a las del camarada Roy, que él defenderá aquí y en las cuales se han introducido por unanimidad algunas enmiendas.
La cuestión ha sido planteada en los siguientes términos: Apodemos considerar justa la afirmación de que la fase capitalista 476 de desarrollo de la economía nacional es inevitable para los pueblos atrasados que se encuentran en proceso de liberación y entre los cuales ahora, después de la guerra, se observa un movimiento en dirección al progreso? Nuestra respuesta ha sido negativa. Si el proletariado revolucionario victorioso realiza entre esos pueblos una propaganda sistemática y los gobiernos soviéticos les ayudan con todos los medios a su alcance, es erróneo suponer que la fase capitalista de desarrollo sea inevitable para los pueblos atrasados. En todas las colonias y en todos los países atrasados no debemos limitarnos a formar cuadros propios de luchadores v organizaciones propias de partido, no debemos limitarnos a realizar una propaganda inmediata en pro de la creación de Soviets campesinos, tratando de adaptarlos a las condiciones precapitalistas. Además de eso, la Internacional Comunista habrá de formular, dándole una base teórica, la tesis de que los países atrasados, con la ayuda del proletariado de las naciones adelantadas, pueden pasar al régimen soviético---y, a través de determinadas etapas de desarrollo, al camunismo---soslayando en su desenvolvimiento la fase capitalista.
Es imposible señalar de antemano los medios que serán necesarios para que esto ocurra. La experiencia práctica nos los irá sugiriendo. Pero es un hecho firmemente establecido que la idea de los Soviets es afín a todas las masas trabajadoras de los pueblos más lejanos; que estas organizaciones, los Soviets, deben ser adaptadas a las condiciones de un régimen social precapitalista, y que los partidos comunistas deben comenzar inmediatamente a trabajar en este sentido en el mundo entero.
Quisiera señalar, además, la importancia de que los partidos comunistas realicen su labor revolucionaria no sólo en su propio país, sino también en las colonias, y sobre todo entre las tropas que utili/an las naciones explotadoras para mantener sometidos a los pueblos de sus colonias.
El camarada Quelch, del Partido Socialista Británico, se refirió a este problema en nuestra comisión. Dijo que el obrero de filas inglés consideraría una traición ayudar a los pueblos sojuzgados cuando se sublevan contra el dominio inglés. Es verdad que la aristocracia obrera de Inglaterra y Norteamérica, imbuida de un espíritu jingoísta y chovinista, representa un grandísimo peligro para el socialismo y presta un vigoroso apoyo a la II Internacional. Aquí nos hallamos ante una tremenda traición de los líderes y obreros afiliados a esa Internacional burguesa. En la II Internacional también se discutió el problema colonial. El Manifiesto de Basilea se refirió a él en términos inequívocos. Los partidos de la II Internacional prometieron actuar revolucionariamente, pero no 477 vemos por su parte ninguna verdadera labor revolucionaria ni ningún apoyo a los levantamientos de los pueblos explotados y dependientes contra las naciones opresoras. Como tampoco lo vemos, a mi parecer, entre la mayoría de los partidos que han abandonado la II Internacional y desean ingresar en la III. Debemos .decirlo en voz alta, para que todos se enteren. Esto no puede ser refutado, y ya veremos si se hace algún intento de refutarlo.
Todas estas consideraciones han servido de base a nuestras resoluciones, que son, sin duda, demasiado largas; pero confío en que, pese a todo, resultarán útiles y contribuirán a desarrollar y organizar una labor verdaderamente revolucionaria en los problemas nacional y colonial, que es, en el fondo, nuestro objetivo principal.
Publicado el 7 de agosto de 1920 en el núm. 6 del "Boletín del II Congreso d< la Internacional Comunista".
T. 41, págs. 241--247.
[478] __ALPHA_LVL1__ TAREAS DE LAS ORGANIZACIONES (
Camaradas: Quisiera departir hoy con vosotros sobre las tareas fundamentales de la Unión de Juventudes Comunistas y, con este motivo, de lo que deben ser las organizaciones juveniles en la República Socialista en general.
Este problema merece tanto más nuestra atención por cuanto puede decirse, en cierto sentido, que es precisamente la juventud la que deberá cumplir la verdadera tarea de crear la sociedad comunista. Porque es evidente que la generación de militantes educada en la sociedad capitalista puede, en el mejor de los casos, cumplir la tarea de destruir los cimientos del viejo modo de vida capitalista, basado en la explotación. Lo más que podrá hacer es organizar un régimen social que ayude al proletariado y a las clases trabajadoras a sostenerse en el poder y a crear una sólida base, sobre la que podrá edificar únicamente la generación que empieza a trabajar ya en condiciones nuevas, en una situación en la que no existen relaciones de explotación entre los hombres.
Pues bien, al abordar desde este punto de vista la cuestión de las tareas de la juventud, debo decir que estas tareas de la juventud en general, y de las Uniones de Juventudes Comunistas y demás organizaciones en particular, podrían definirse con una sola palabra: aprender.
Está claro que esto no es más que "una palabra''. Y esta palabra no responde a las preguntas principales y más esenciales: ¿qué aprender y cómo aprender? Y lo esencial en este problema es que, con la transformación de la vieja sociedad capitalista, la enseñanza, la educación y la instrucción de las nuevas generaciones, llamadas a crear la sociedad comunista, no pueden seguir siendo lo que eran antes. La enseñanza, la educación y la instrucción de la juventud deben partir de los materiales que nos ha legado la vieja sociedad. Podremos edificar el comunismo únicamente con la suma de conocimientos, organizaciones e instituciones, con el acervo elemedios y fuerzas humanas que hemos heredado de la vieja sociedad~ 479 Sólo transformando de manera radical la enseñanza, la organización y la educación de la juventud conseguiremos que los esfuerzos de la joven generación den como resultado la creación de una sociedad que no se parezca a la antigua, es decir, de la sociedad comunista. Por ello, debemos examinar detenidamente qué hemos de enseñar a la juventud y cómo ha de aprender ésta si quiere merecer de verdad el nombre de juventud comunista y cómo es necesario prepararla para que sea capaz de terminar y coronar la obra iniciada por nosotros.
Debo decir que la primera respuesta---y, al parecer, la más natural---es que la Unión de Juventudes, y en general toda la juventud que quiera pasar al comunismo, tiene que aprender el comunismo.
Pero esta respuesta, "aprender el comunismo'', es demasiado general. ¿Qué necesitamos para aprender el comunismo? ¿Qué necesitamos escoger, entre la suma de conocimientos generales, para conocer el comunismo? En este terreno nos amenaza una serie de peligros, que surgen a cada paso en cuanto se plantea mal la tarea de aprender el comunismo o sé la entiende de una manera demasiado unilateral.
Por supuesto, a primera vista parece que aprender el comunismo significa asimilar el conjunto de conocimientos que se exponen en los manuales, folletos y obras comunistas. Pero eso sería definir de un modo demasiado burdo e insuficiente el estudio del comunismo. Si el estudio del comunismo consistiera sólo en asimilar lo que dicen los trabajos, libros y folletos comunistas, esto nos proporcionaría con excesiva facilidad escolásticos o fanfarrones comunistas, lo que muchas veces nos causaría daño y perjuicio, porque esta gente, después de haber leído mucho y aprendido lo que se expone en los libros y folletos comunistas, sería incapaz de coordinar todos esos conocimientos y obrar como exige realmente el comunismo.
Uno de los mayores males y calamidades que nos ha dejado en herencia la vieja sociedad capitalista es el completo divorcio entre el libro y la vida práctica, pues teníamos libros en los que todo estaba expuesto en forma perfecta, y la mayor parte de las veces esos libros no eran sino una repugnante e hipócrita mentira, que nos pintaba un cuadro falso de la sociedad capitalista.
Por eso, sería una gran equivocación limitarse a asimilar simplemente lo que dicen los libros del comunismo. Nuestros discursos y artículos de ahora no son una simple repetición de lo que se ha dicho antes respecto al comunismo, pues están ligados a nuestro trabajo cotidiano en todos los terrenos. Sin trabajo, sin lucha, el conocimiento libresco del comunismo, adquirido en folletos y obras comunistas, no tiene absolutamente ningún valor, por cuanto no haría más que continuar el antiguo divorcio entre la teoría y la 480 práctica, ese divorcio que constituía el más repugnante rasgo de la vieja sociedad burguesa.
Sería más peligroso todavía que pretendiéramos aprender sólo las consignas comunistas. Si no comprendiéramos a tiempo este peligro y no hiciéramos toda clase de esfuerzos por evitarlo, la existencia de medio millón o de un millón de jóvenes de ambos sexos, que después de semejante estudio del comunismo se llamasen comunistas, no haría sino un gran perjuicio a la causa del comunismo.
Se nos plantea, pues, la cuestión de cómo hemos de coordinar todo esto para aprender el comunismo. ¿Qué debemos tomar de la vieja escuela, de la vieja ciencia? La vieja escuela declaraba que quería crear hombres instruidos en todos los dominios y que enseñaba las ciencias en general. Sabemos que eso era pura mentira, pues toda la sociedad se basaba y sostenía en la división de los hombres en clases, en explotadores y oprimidos. Como es natural, toda la vieja escuela, saturada de espíritu de clase, sólo daba conocimientos a los hijos de la burguesía. Cada una de sus palabras estaba amañada para favorecer los intereses de la burguesía. Estas escuelas, más que educar a los jóvenes obreros y campesinos, los amaestraban en provecho de esa misma burguesía. Trataban de preparar servidores útiles, capaces de proporcionar beneficios a la burguesía, sin turbar, al mismo tiempo, su ociosidad y sosiego. Por eso, al condenar la vieja escuela, nos hemos propuesto tomar de ella únicamente lo que nos es necesario para lograr una verdadera educación comunista.
Y ahora voy a tratar de los reproches, de las censuras, que se hacen corrientemente a la vieja escuela y que conducen muchas veces a interpretaciones falsas por entero. Se dice que la vieja escuela era una escuela libresca, una escuela de adiestramiento autoritario, una escuela de enseñanza memorista. Esto es cierto, pero hay que saber distinguir lo que tenía de malo y de útil para nosotros la vieja escuela, hay que saber elegir de ella lo indispensable para el comunismo.
La vieja escuela era libresca, obligaba a almacenar una masa de conocimientos inútiles, superfluos, muertos, que atiborraban la cabeza y transformaban a la generación joven en funcionarios cortados todos por el mismo patrón. Pero cometeríais un craso error si intentaseis deducir de eso que se puede ser comunista sin haber asimilado los conocimientos acumulados por la humanidad. Sería equivocado pensar que basta con aprenderse las consignas comunistas, las conclusiones de la ciencia comunista, sin asimilar la suma de conocimientos de los que es consecuencia el propio comunismo. El marxismo es un ejemplo de cómo apareció el comunismo de la suma de los conocimientos adquiridos por la humanidad.
481Habréis leído y oído que la teoría comunista, la ciencia comunista, creada principalmente por Marx, que esta doctrina del marxismo ha dejado de ser obra de un solo socialista, bien es verdad que genial, del siglo XIX para transformarse en la doctrina de millones y decenas de millones de proletarios del mundo entero, que la aplican en su lucha contra el capitalismo. Y si preguntáis por qué ha podido la doctrina de Marx conquistar millones y decenas de millones de corazones en la clase más revolucionaria, se os dará una sola respuesta: porque Marx se apoyaba en la sólida base de los conocimientos humanos adquiridos bajo el capitalismo. Al estudiar las leyes que rigen la evolución de la sociedad humana, Marx comprendió la ineluctabilidad del desarrollo del capitalismo, que conduce al comunismo, y, cosa principal, lo demostró sólo tomando como base el estudio más exacto, más detallado y más profundo de esta sociedad capitalista, asimilando plenamente todo lo que la ciencia había dado hasta entonces. Marx analizó de un modo crítico, sin desdeñar un solo punto, todo lo que había creado la sociedad humana. Analizó todo lo que había creado el pensamiento humano, lo sometió a crítica, lo comprobó en el movimiento obrero y sacó de ello las conclusiones que los hombres encerrados en el marco burgués o atenazados por los prejuicios burgueses no podían sacar.
Esto hay que tenerlo en cuenta cuando hablamos, por ejemplo, de la cultura proletaria. Sin comprender con claridad que esta cultura proletaria sólo puede crearse conociendo con precisión la cultura que ha creado la humanidad en todo su desarrollo y transformándola, sin comprender eso, no podremos cumplir dicha tarea. La cultura proletaria no surge de la nada, no es una invención de los que se llaman especialistas en cultura proletaria. Eso es pura necedad. La cultura proletaria tiene que ser el desarrollo lógico del acervo de conocimientos conquistados por la humanidad bajo el yugo de la sociedad capitalista, de la sociedad terrateniente, de la sociedad burocrática. Todos esos caminos y senderos han conducido y conducen a la cultura proletaria, del mismo modo que la economía política, transformada por Marx, nos ha mostrado a dónde debe llegar la sociedad humana, nos ha indicado el paso a la lucha de clases, al comienzo de la revolución proletaria.
Cuando oímos con frecuencia, tanto a algunos representantes de la juventud como a ciertos defensores de los nuevos métodos de enseñanza, atacar la vieja escuela diciendo que era memorista, les respondemos que es preciso tomar de esa vieja escuela todo lo que tenía de bueno. No hay que imitarla sobrecargando la memoria de los jóvenes con una cantidad desmesurada de conocimientos, inútiles en sus nueve décimas partes y desvirtuados en la décima parte restante; pero eso no significa que podamos contentarnos con 482 conclusiones comunistas y limitarnos a aprender de memoria consignas comunistas. De ese modo no se puede edificar el comunismo. Sólo se puede llegar a ser comunista cuando se enriquece la memoria con todo el tesoro de conocimientos acumulado por la humanidad.
No queremos una enseñanza memorista, pero necesitamos desarrollar y perfeccionar la memoria de cada estudiante dándole hechos esenciales, porque el comunismo sería una vacuidad, quedaría reducido a una fachada vacía, y el comunista no sería más que un fanfarrón si no reelaborase en su conciencia todos los conocimientos adquiridos. Debéis no sólo asimilar esos conocimientos, sino asimilarlos con espíritu crítico para no atiborrar vuestro cerebro con un fárrago inútil, para enriquecerlo con el conocimiento de todos los hechos sin los cuales no es posible ser un hombre culto en la época en que vivimos. El comunista que se vanagloriase de su comunismo simplemente por haber recibido unas conclusiones ya establecidas, sin haber realizado un trabajo muy serio, muy difícil y muy grande, sin haber analizado los hechos, frente a los que está obligado a adoptar una actitud crítica, seria un comunista muy lamentable. Semejante actitud superficial sería funestísima. Si yo sé que sé poco, me esforzaré por saber más; pero si un hombre dice que es comunista y que no tiene necesidad de conocimientos sólidos, jamás saldrá de él nada que se parezca a un comunista.
La vieja escuela forjaba los dóciles criados que necesitaban los capitalistas; hacía de los hombres de ciencia personas obligadas a escribir y hablar al gusto de los capitalistas. Eso quiere decir que debemos quitarla de en medio. Pero si debemos suprimirla, destruirla, ¿se deduce de ahí que no debamos tomar de ella todo lo que ha acumulado la humanidad y es necesario para el hombre? ¿Se desprende de esto que no debamos saber distinguir lo que necesitaba el capitalismo y lo que necesita el comunismo?
En lugar del adiestramiento autoritario que se practicaba en la sociedad burguesa contra la voluntad de la mayoría, nosotros colocamos la disciplina consciente de los obreros y campesinos, que unen a su odio contra la vieja sociedad el querer, el saber y el estar dispuestos a unir y organizar las fuerzas para esta lucha, a fin de crear, con millones y centenares de millones de voluntades dispersas, fraccionadas y desperdigadas por la inmensa extensión de nuestro país, una voluntad única, por cuanto sin ella seremos inevitablemente vencidos. Sin esta cohesión, sin esta disciplina consciente de los obreros y de los campesinos, nuestra causa está condenada a fracasar. Sin ello no podremos derrotar a los capitalistas y terratenientes del mundo entero. No llegaremos siquiera a colocar los cimientos de la nueva sociedad comunista, y no digamos 483 construirla. De la misma manera, a pesar de condenar la vieja escuela, a pesar de alimentar contra ella un odio absolutamente legítimo y necesario, a pesar de apreciar el deseo de destruirla, debemos comprender que la vieja escuela libresca, la vieja enseñanza memorista y el viejo adiestramiento autoritario deben ser sustituidos con el arte de asimilar toda la suma de conocimientos humanos. Y asimilarlos de tal modo que vuestro comunismo no sea algo aprendido de memoria, sino algo pensado por vosotros mismos, como una conclusión que se impone necesariamente desde el punto de vista de la instrucción moderna.
Así es cómo hay que plantear las tareas fundamentales cuando se habla de aprender el comunismo.
Para explicaros esto y abordar, al mismo tiempo, la cuestión de cómo estudiar, tomaré un ejemplo práctico. Todos sabéis que ahora, inmediatamente después de los problemas militares, de los problemas de la defensa de la República, surge ante nosotros el problema económico. Sabemos que es imposible edificar la sociedad comunista sin restaurar la industria y la agricultura, y no como eran antes, claro está. Hay que restaurarlas sobre una base moderna, conforme a la última palabra de la ciencia. Vosotros sabéis que esa base es la electricidad; que sólo el día en que todo el país, todas las ramas de la industria y de la agricultura estén electrificados, el día en que cumpláis esta tarea, sólo entonces, podréis edificar para vosotros mismos la sociedad comunista que no podrá edificar la generación vieja. Se alza ante vosotros la tarea de hacer renacer la economía de todo el país, de reorganizar y restaurar la agricultura y la industria sobre una base técnica moderna, fundada en la ciencia y en la técnica modernas, en la electricidad. Comprenderéis perfectamente que la electrificación no puede ser obra de ignorantes y que para ello hace falta algo más que nociones rudimentarias. No basta con comprender lo que es la electricidad; hay que saber cómo aplicarla técnicamente a la industria, a la agricultura y a cada una de sus ramas. Todo eso tenemos que aprenderlo nosotros mismos y debemos enseñárselo a toda la nueva generación trabajadora. Esa es la tarea que tiene planteada cada comunista consciente, todo joven que se considere comunista y comprenda con claridad que, al ingresar en la Unión de Juventudes Comunistas, ha contraído el compromiso de ayudar al partido a edificar el comunismo y de ayudar a toda la joven generación a crear la sociedad comunista. Debe comprender que sólo sobre la base de la instrucción moderna podrá crear esta sociedad, y que si carece de esa instrucción, el comunismo no será más que un deseo.
La tarea de la generación precedente consistía en derribar a la burguesía. Las tareas esenciales eran entonces criticar a la burguesía, 484 fomentar en las masas el sentimiento de odio contra ella, desarrollar la conciencia de clase y la habilidad para agrupar sus propias fuerzas. La nueva generación tiene ante sí una tarea más compleja. No basta con que debáis unir todas vuestras fuerzas para apoyar el poder obrero y campesino contra la invasión de los capitalistas. Eso tenéis que hacerlo. Lo habéis comprendido admirablemente, lo ve con claridad todo comunista. Pero eso es insuficiente. Sois vosotros quienes debéis edificar la sociedad comunista. La primera mitad del trabajo está ya, en muchos sentidos, terminada. El antiguo régimen ha sido destruido, como debía serlo; no es más que un montón de ruinas, que es a lo que debía quedar reducido. El terreno se encuentra ya desbrozado y, sobre este terreno, la nueva generación comunista debe edificar la sociedad comunista. Vuestra tarea es edificar, y sólo podréis cumplirla poseyendo todos los conocimientos modernos, sabiendo transformar el comunismo, en lugar de fórmulas hechas, consejos, recetas, prescripciones y programas aprendidos de memoria, en algo vivo que coordine vuestra labor inmediata, sabiendo convertir el comunismo en guía de vuestra labor práctica.
Esta es vuestra misión: por ella debéis regiros al instruir, educar y elevar a toda la generación joven. Debéis ser los primeros constructores de la sociedad comunista entre los millones de constructores que deben ser cada muchacho y cada muchacha. Si no incorporáis a esta edificación del comunismo a toda la masa de la juventud obrera y campesina, no construiréis la sociedad comunista.
Esto me lleva, como es natural, a la cuestión de cómo debemos enseñar el comunismo y en qué debe consistir la peculiaridad de nuestros métodos.
Me detendré, en primer término, en el problema de la moral comunista.
Tenéis que hacer comunistas de vosotros mismos. La tarea de la Unión de Juventudes consiste en realizar su actividad práctica de modo que le permita, al aprender, al organizarse, al agruparse, al luchar, convertir en comunistas a sus miembros y a todos los que la reconocen como guía. Toda la educación, toda la instrucción y toda la enseñanza de la juventud contemporánea deben inculcarle la moral comunista.
Pero ¿existe una moral comunista? ¿Existe una moralidad comunista? Es evidente que sí. Se pretende muchas veces que nosotros no tenemos una moral propia, y la burguesía nos acusa muy a menudo de que nosotros, los comunistas, negamos toda moral. Esto no es más que una maniobra para suplantar los conceptos y engañar a los obreros y los campesinos.
¿En qué sentido negamos nosotros la moral, la moralidad?
485La negamos en el sentido en que la ha predicado la burguesía, deduciéndola de mandamientos divinos. A este respecto decimos, como es natural, que no creemos en Dios, y sabemos muy bien que el clero, los terratenientes y la burguesía hablaban en nombre de Dios para defender sus intereses de explotadores. O bien, en lugar de deducir esta moral de los dictados de la moralidad, de los mandamientos divinos, la deducían de frases idealistas o semiidealistas que, en definitiva, se parecían siempre mucho a los mandamientos de Dios.
Nosotros negamos toda moralidad de esa índole tomada de concepciones al margen de la sociedad humana, al margen de las clases. Decimos que eso es engañar, embaucar a los obreros y campesinos y embotar su conciencia en provecho de los terratenientes y capitalistas.
Decimos que nuestra moralidad está subordinada por completo a los intereses de la lucha de clase del proletariado. Nuestra moralidad dimana de los intereses de la lucha de clase del proletariado.
La vieja sociedad se basaba en la opresión de todos los obreros y campesinos por los terratenientes y los capitalistas. Necesitábamos destruirla, necesitábamos derribar a esos opresores, mas para ello había que crear la unión. Y no era Dios quien podía crearla.
Esta unión no podía venir más que de las fábricas, de un proletariado instruido, despertado de su viejo letargo. Sólo cuando se constituyó esta clase, comenzó el movimiento de masas que ha conducido a lo que vemos hoy: al triunfo de la revolución proletaria en uno de los países más débiles, que se defiende desde hace tres años frente a los embates de la burguesía del mundo entero. Y vemos cómo crece la revolución proletaria en todo el orbe. Ahora decimos, basándonos en la experiencia, que sólo el proletariado ha podido crear una fuerza tan cohesionada, que es seguida por la clase campesina dispersa y fragmentada y que ha sido capaz de resistir todas las embestidas de los explotadores. Sólo esta clase puede ayudar a las masas trabajadoras a unirse, a cohesionarse, a hacer triunfar y afianzar definitivamente la sociedad comunista, a edificarla por completo.
Por eso decimos que, para nosotros, la moralidad tomada al margen de la sociedad humana no existe, es un engaño. Para nosotros, la moral está subordinada a los intereses de la lucha de clase del proletariado.
Ahora bien, ¿en qué consiste esta lucha de clases? En derrocar al zar, en derrocar a los capitalistas, en aniquilar a la clase capitalista.
¿Y qué son las clases, en general? Es lo que permite a una parte de la sociedad apropiarse del trabajo de la otra. Si una parte de la sociedad se apropia de toda la tierra, tenemos la clase de los 486 latifundistas y la clase de los campesinos. Si una parte de la sociedad posee las fábricas, las acciones y los capitales, mientras que la otra trabaja en esas fábricas, tenemos la clase de los capitalistas y la clase de los proletarios.
I
No ha sido difícil desembarazarse del zar: han bastado para ello unos cuantos días. No ha sido muy difícil echar a los latifundistas: hemos podido hacerlo en algunos meses. Tampoco es muy difícil echar a los capitalistas. Pero suprimir las clases es incomparablemente más difícil; subsiste aún la división en obreros y campesinos. Si un campesino instalado en una parcela de tierra se apropia del trigo sobrante, es decir, del trigo que no necesitan ni él ni su ganado, mientras que los demás carecen de pan, se convierte ya en un explotador. Cuanto más trigo retiene, tanto más gana, y nada le importa que los demás pasen hambre: "Cuanta más hambre tengan, tanto más caro venderé mi trigo.'' Es preciso que todos trabajen de acuerdo con un plan común en una tierra común, en fábricas comunes y conforme a un orden común. ¿Es fácil hacerlo? Vosotros mismos veis que en este terreno no es posible lograr soluciones con la misma facilidad que cuando echamos al zar, a los terratenientes y a los capitalistas. Para ello es necesario que el proletariado transforme, reeduque a una parte de los campesinos y atraiga a su lado a los campesinos trabajadores, a fin de romper la resistencia de los campesinos ricos, que se lucran con la miseria de los demás. Por consiguiente, la tarea de la lucha del proletariado no ha terminado aún con el derrocamiento del zar y la expulsión de los latifundistas y los capitalistas; llevarla a término es, precisamente, la misión del régimen que denominamos dictadura del proletariado.
La lucha de clases continúa, sólo ha cambiado sus formas. Es la lucha de clase del proletariado para impedir el regreso de los antiguos explotadores, para agrupar en una estrecha unión a la masa campesina dispersa e ignorante. La lucha de clases continúa, y nuestra misión es subordinar todos los intereses a esta lucha. Por eso subordinamos a esa misión nuestra moralidad comunista. Decimos: es moralidad lo que sirve para destruir la antigua sociedad explotadora y para agrupar a todos los trabajadores alrededor del proletariado, creador de la nueva sociedad comunista.
Es moralidad comunista la que sirve para esta lucha, la que une a los trabajadores contra toda explotación y contra toda pequeña propiedad, pues la pequeña propiedad pone en manos de un individuo lo que ha sido creado por el trabajo de toda la sociedad.
En nuestro país, la tierra es considerada propiedad común. Pero ¿qué ocurrirá si tomo una parte de esa propiedad común, si cultivo en ella el doble de trigo del que necesito, si especulo con el sobrante de la cosecha, si calculo que cuanto más hambrientos haya, tanto más 487 caro me pagarán? ¿Obraré como comunista? No, obraré como explotador, como propietario. Contra eso tenemos que luchar. Si las cosas continúan así, volveremos al pasado, caeremos de nuevo bajo el poder de los capitalistas y de la burguesía, como ha ocurrido más de una vez en las revoluciones anteriores. Y para evitar que se restaure el poder de los capitalistas y de la burguesía, es preciso prohibir el mercantilismo, es preciso impedir que unos individuos se enriquezcan a costa de los demás, es preciso que los trabajadores se unan estrechamente al proletariado y constituyan la sociedad comunista. En esto consiste, precisamente, la peculiaridad principal de la tarea más importante de la Unión de Juventudes Comunistas y de su organización.
La vieja sociedad estaba basada en el principio siguiente: o saqueas a tu prójimo o te saquea él, o trabajas para otro u otro trabaja para ti, o eres esclavista o eres esclavo. Y es comprensible que los hombres educados en semejante sociedad asimilen con la leche materna, por así decirlo, la sicología, la costumbre, la idea de que no hay más que amo o esclavo, o pequeño propietario, pequeño empleado, pequeño funcionario, intelectual, en una palabra, hombres que se preocupan exclusivamente de tener lo suyo sin pensar en los demás.
Si yo exploto mi parcela de tierra, poco me importan los demás; si alguien tiene hambre, tanto mejor, venderé mi trigo más caro. Si tengo mi puestecito de médico, de ingeniero, de maestro o de empleado, ¿qué me importan los demás? Si me arrastro ante los poderosos y soy complaciente con ellos, quizá conserve mi puesto y, a lo mejor, pueda hacer carrera y llegar a burgués. Semejante sicología y estado de ánimo no pueden existir en un comunista. Cuando los obreros y campesinos demostraron que somos capaces de defendernos y de crear una nueva sociedad con nuestras propias fuerzas, en ese mismo momento comenzó la nueva educación comunista, la educación en la lucha contra los explotadores, la educación en la alianza con el proletariado contra los egoístas y los pequeños propietarios, contra la sicología y las costumbres que dicen: "Yo busco mi propio beneiicio y lo demás me tiene sin cuidado."
Tal es la respuesta a la pregunta de cómo debe aprender el comunismo la joven generación.
Esta generación podrá aprender el comunismo únicamente si liga cada paso de su instrucción, de su educación y de su formación a la lucha incesante de los proletarios y de los trabajadores contra la vieja sociedad basada en la explotación. Cuando se nos habla de moralidad, decimos: Para un comunista, toda la moralidad reside en esta disciplina solidaria y unánime y en esta lucha consciente de las masas contra los explotadores. No creemos en la moralidad eterna y 488 denunciamos el embuste de todas las fábulas acerca de la moralidad. La moralidad sirve para que la sociedad humana se eleve a mayor altura, para que se desembarace de la explotación del trabajo.
Para conseguir eso necesitamos de la joven generación, que ha comenzado a convertirse en hombres conscientes en medio de una lucha disciplinada y encarnizada contra la burguesía. En esta lucha, la juventud forjará verdaderos comunistas; a esta lucha debe vincular y subordinar en todo momento su instrucción, su educación y su formación. La educación de la juventud comunista no debe consistir en ofrecerle discursos placenteros de todo género y reglas de moralidad. No, la educación no consiste en eso. Cuando un hombre ha visto a su padre y a su madre vivir bajo el yugo de los terratenientes y capitalistas, cuando ha participado él mismo en los sufrimientos de quienes iniciaron la lucha contra los explotadores, cuando ha visto los sacrificios que cuesta la continuación de esta lucha para defender lo conquistado y cuan furiosos enemigos son los terratenientes y los capitalistas, ese hombre, en ese ambiente, se forja como comunista. La base de la moralidad comunista está en la lucha por afianzar y culminar el comunismo. Esa es la base de la educación, la instrucción y la enseñanza comunistas. Tal es la respuesta a la pregunta de cómo hay que aprender el comunismo.
No creeríamos en la enseñanza, la educación y la instrucción si éstas fuesen encerradas en la escuela y separadas de la agitada vida. Mientras los obreros y los campesinos estén oprimidos por los terratenientes y los capitalistas, mientras las escuelas sigan en manos de los terratenientes y de los capitalistas, la joven generación permanecerá ciega e ignorante. Pero nuestra escuela debe proporcionar a los jóvenes los rudimentos de la ciencia, el arte de forjarse por sí mismos una mentalidad comunista, debe hacer de ellos hombres cultos. Durante el tiempo que los jóvenes pasan en la escuela, ésta debe hacer de ellos participantes en la lucha por liberarse de los explotadores. La Unión de juventudes Comunistas sólo será digna de este nombre, de ser la unión de la joven generación comunista, si vincula cada paso de su instrucción, educación y formación a la participación en la lucha común de todos los trabajadores contra los explotadores. Porque sabéis perfectamente que mientras Rusia sea la única república obrera, y en el resto del mundo subsista el antiguo régimen burgués, seremos más débiles que ellos; que nos amenazan a cada momento nuevos ataques, y que sólo aprendiendo a mantener entre nosotros la cohesión y la unanimidad triunfaremos en la lucha ulterior y, una vez fortalecidos, nos haremos verdaderamente invencibles. Por tanto, ser comunista significa organizar y unir a toda la generación 489 joven, dar ejemplo de educación y disciplina en esta lucha. Entonces podréis emprender y llevar a término la edificación de la sociedad comunista.
Para que lo comprendáis con mayor claridad, pondré un ejemplo. Nosotros nos llamamos comunistas. ¿Qué es un comunista? ``Comunista'' viene cíe la palabra latina ``communis'', que significa común. La sociedad comunista significa que todo es común: la tierra, las fábricas, el trabajo. Eso es el comunismo.
¿Puede ser común el trabajo si los hombres explotan cada uno su propia parcela? El trabajo común no se crea de la noche a la mañana. Eso es imposible. No cae del cielo. Hay que lograrlo tras largos esfuerzos y sufrimientos, hay que crearlo. Y se crea en el curso de la lucha. No se trata aquí de un libro viejo, en el que nadie creería. Se trata de la propia experiencia de la vida. Cuando Kolchak y Denikin avanzaban desde Siberia y el Sur, los campesinos estaban a su lado. El bolchevismo no les gustaba, ya que los bolcheviques les quitaban el trigo a precio cíe tasa. Pero después de haber sufrido en Siberia y en Ucrania el poder de Kolchak y de Denikin, los campesinos comprobaron que sólo podían elegir entre dos caminos: unirse a los capitalistas, que les someterían a la esclavitud de los terratenientes, o seguir a los obreros, que, si bien es cierto que no prometen el oro y el moro y exigen una disciplina férrea y una firmeza indomable en la dura lucha, los libertan de la esclavitud de los capitalistas y latifundistas. Cuando hasta los campesinos más ignorantes comprendieron y sintieron esto por experiencia propia en la dura escuela de la vida que habían cursado, se hicieron partidarios conscientes del comunismo. Esta misma experiencia debe tomar como base de toda su actividad la Unión de juventudes Comunistas.
He respondido a las preguntas de qué debemos aprender y qué debemos tomar cíe la vieja escuela y de la vieja ciencia. Trataré de contestar también a la pregunta de cómo debemos aprender esto: sólo ligando indisolublemente cada paso en la actividad de .la escuela, cada paso en la educación, la instrucción y la formación a la lucha de todos los trabajadores contra los explotadores.
Con algunos ejemplos, extraídos de la experiencia de trabajo de algunas organizaciones juveniles, os mostraré gráficamente cómo debe hacerse la educación del comunismo. Todo el mundo habla de liquidar el analfabetismo. Como sabéis, en un país deanalfabetos es imposible edificar la sociedad comunista. No basta con que el Poder de los Soviets dé una orden, o con que el partido lance una consigna, o con que determinado contingente de los mejores militantes se consagre a esta tarea. Es preciso que la joven generación ponga ella misma manos a la obra. El comunismo 490 consiste en que los jóvenes, los muchachos y las muchachas pertenecientes a la Unión de Juventudes, se digan: Eso es misión nuestra, nos uniremos y marcharemos a los pueblos para liquidar el analfabetismo, para que nuestra joven generación no tenga analfabetos. Nosotros aspiramos a que la juventud en formación consagre a esta obra su iniciativa. Vosotros sabéis que es imposible transformar rápidamente la Rusia ignorante y analfabeta en una Rusia instruida; pero si la Unión de Juventudes pone en ello su empeño, si toda la juventud trabaja para el bienestar de todos, esta Unión, que agrupa a 400.000 muchachos y muchachas, tendrá derecho a llamarse Unión de Juventudes Comunistas. Otra de sus misiones es, al asimilar tales o cuales conocimientos, ayudar a los jóvenes que no pueden desembarazarse por sí mismos de las tinieblas de la ignorancia. Ser miembro de la Unión de Juventudes Comunistas significa poner su trabajo y sus energías al servicio de la causa común. En esto consiste la educación comunista. Sólo efectuando esa labor se convierte en verdadero comunista un muchacho o una muchacha. Sólo serán comunistas si logran resultados prácticos en esta labor.
Tomad, por ejemplo, el trabajo en las huertas suburbanas. ¿Acaso no es una obra útil? Es una de las tareas que incumben a la Unión de Juventudes Comunistas. El pueblo pasa hambre, en las fábricas y empresas hay hambre. Para librarnos de ella hay que desarrollar la horticultura, pero los campos siguen cultivándose a la antigua. Es preciso que los elementos más conscientes pongan manos a la obra, y entonces veréis crecer el número de huertas, aumentar su superficie y mejorar el rendimiento. En este trabajo debe participar activamente la Unión de Juventudes Comunistas. Cada una de sus organizaciones o células debe considerarlo asunto suyo.
La Unión de Juventudes Comunistas debe ser el grupo de choque que aporte su ayuda y manifieste su iniciativa en todos los ámbitos. La Unión debe ser tal que cualquier obrero vea en sus militantes a personas cuya doctrina quizá le sea incomprensible, en cuyas ideas no crea tal vez inmediatamente, pero cuyo trabajo real y cuya actuación le muestren que son ellos, precisamente, quienes le indican el camino certero.
Si la Unión de Juventudes Comunistas no sabe organizar así su labor en todos los terrenos, significará que se desvía hacia el antiguo camino burgués. Necesitamos vincular nuestra educación a la lucha de los trabajadores contra los explotadores para ayudar a los primeros a cumplir las tareas que se derivan de la doctrina comunista.
Los miembros de las Juventudes Comunistas deben consagrar 491 todas sus horas de ocio a mejorar el cultivo de las huertas, o a organizar en una fábrica o empresa la instrucción de la juventud, etc. Queremos transformar la Rusia pobre y miserable en un país rico. Y es necesario que la Unión de Juventudes Comunistas una su formación, su instrucción y su educación al trabajo de los obreros y de los campesinos, que no se encierre en sus escuelas ni se limite a leer libros y folletos comunistas. Sólo trabajando con los obreros y los campesinos se puede llegar a ser un verdadero comunista. Y es preciso que todo el mundo vea que cualquiera de los miembros de las Juventudes Comunistas es instruido y, al mismo tiempo, sabe trabajar. Cuando todo el mundo vea que hemos expulsado de la antigua escuela el viejo adiestramiento autoritario, sustituyéndolo con una disciplina consciente; que todos nuestros jóvenes participan en los sábados comunistas y que utilizan los huertos suburbanos para ayudar a la población, el pueblo empezará a considerar el trabajo de otro modo que antes.
Es tarea de la Unión de Juventudes Comunistas organizar en su aldea o en su barrio la ayuda en una obra como, por ejemplo ---tomo un pequeño ejemplo---, asegurar la limpieza o la distribución de víveres. ¿Cómo se hacían estas cosas en la vieja sociedad capitalista? Cada cual trabajaba sólo para sí, nadie se ocupaba de si había ancianos o enfermos, o de si todos los quehai eres de la casa recaían sobre una mujer, que se encontraba por ello esclavizada y oprimida. ¿Quién tiene el deber de luchar contra todo eso? Las organizaciones juveniles, que deben decir: nosotros transformaremos esto, organizaremos destacamentos de jóvenes que ayudarán en los trabajos de limpieza o en la distribución de víveres recorriendo sistemáticamente las casas, que actuarán de una forma organizada en bien de toda la sociedad, repartiendo con acierto las fuerzas y demostrando que el trabajo debe ser un trabajo organizado.
La generación que tiene ahora cerca de cincuenta años no puede pensar en ver la sociedad comunista. Habrá muerto antes. Pero la generación que tiene hoy quince años verá la sociedad comunista y será ella la que la construya. Y debe saber que la edificación de esta sociedad es la misión de su vida. En la vieja sociedad, el trabajo se hacía por familias aisladas y nadie lo unía, a excepción de los terratenientes y los capitalistas, que oprimían a las masas del pueblo. Nosotros debemos organizar todos los trabajos, por sucios o duros que sean, de suerte que cada obrero y cada campesino se diga: yo soy una parte del gran ejército del trabajo libre y sabré organizar mi vida sin latifundistas ni capitalistas, sabré establecer el régimen comunista. Es preciso eme la Unión de Juventudes Comunistas eduque a todos, desde la edad temprana, 492 en el trabajo consciente y disciplinado. Así es como podremos esperar que sean cumplidas las tareas hoy planteadas. Debemos tener en cuenta que harán falta no menos de diez años para electrificar el país, para que nuestra tierra arruinada pueda tener a su servicio las últimas conquistas de la técnica. Pues bien, la generación que tiene hoy quince años y que dentro de diez o veinte años vivirá en la sociedad comunista, debe organizar su instrucción de manera que cada día, en cada aldea o ciudad, la juventud cumpla prácticamente una tarea de trabajo colectivo, por minúscula y simple que sea. A medida que se realice esto en cada pueblo, a medida que se desenvuelva la emulación comunista, a medida que la juventud demuestre que sabe unir su trabajo, a medida que ocurra eso, quedará asegurado el éxito de la edificación comunista. Sólo enfocando cada uno de sus actos desde el punto de vista de este éxito, sólo preguntándose si hemos hecho todo lo necesario para llegar a ser trabajadores unidos y conscientes, logrará la Unión de Juventudes Comunistas agrupar al medio millón de sus miembros en el ejército único del trabajo y granjearse el respeto general. (Clamorosos aplausos.)
Publicado los días 5, 6 y ¡920 en los núms. 221, ``Pravda''.
7 de octubre, de 222 y 223 de
T. 41, págs. 298--318.
[493] __ALPHA_LVL1__ LA CULTURA PROLETARIAPor el número de Izvestia correspondiente al 8 de octubre se ve que el camarada Lunacharski ha dicho en el congreso de Proletkult justamente lo contrario de lo que habíamos convenido con él ayer I6°.
Es necesario preparar con extraordinaria rapidez un proyecto de resolución (del congreso de Proletkult), hacerlo pasar por el CC y llegar a tiempo de que sea aprobado en esta misma sesión de Proletkult. Hay que presentarlo hoy mismo, en nombre del Comité Central, al Consejo del Comisariado del Pueblo de Instrucción y al congreso de Proletkult, pues este último se clausura hoy.
1. En la República Soviética obrera y campesina, toda la organización de la instrucción, tanto en el terreno de la instrucción política en general como especialmente en el del arte, debe estar impregnada del espíritu de la lucha de clase del proletariado por el feliz cumplimiento de los fines de su dictadura, es decir, por el derrocamiento de la burguesía, la supresión de las clases y la abolición de toda explotación del hombre por el hombre.
2. Por ello, el proletariado debe tomar la parte más activa y principal en todos los asuntos relacionados con la instrucción pública, personificado tanto por su vanguardia, el Partido Comunista, como, en general, por toda la masa de organizaciones proletarias cíe distinto tipo.
3. Toda la experiencia de la historia moderna y, en particular, más de medio siglo de lucha revolucionaria del proletariado de todos los países desde la publicación del Manifiesto Comunista demuestran incontestablemente que sólo la concepción marxista del mundo expresa de modo correcto los intereses, el punto de vista y la cultura del proletariado revolucionario.
4. El marxismo ha conquistado su significación histórica universal como ideología del proletariado revolucionario porque 494 no ha rechazado en modo alguno las más valiosas conquistas de la época burguesa, sino, por el contrario, ha asimilado y reelaborado todo lo que hubo de valioso en más de dos mil años de desarrollo del pensamiento y la cultura humanos. Sólo puede ser considerado desarrollo de la cultura verdaderamente proletaria el trabajo ulterior sobre esa base y en esa misma dirección, inspirado por la experiencia práctica de la dictadura del proletariado como lucha final de éste contra tocia explotación.
5. Sustentando firmemente este punto de vista de principio, el congreso de Proletkult de toda Rusia rechaza con la mayor energía, como inexacta teóricamente y perjudicial en la práctica, toda tentativa de inventar una cultura especial propia, cíe encerrarse en sus propias organizaciones aisladas, de delimitar las esferas de acción del Comisariado del Pueblo de Instrucción y del Proletkult o de implantar la "autonomía" de Proletkult dentro de las instituciones del Comisariado del Pueblo de Instrucción, etc. Por el contrario, el congreso impone a todas las organizaciones de Proletkult la obligación inexcusable de considerarse enteramente órganos auxiliares de la red de instituciones del Comisariado del Pueblo de Instrucción y cumplir sus tareas, como parte de las tareas de la dictadura del proletariado, bajo la dirección general del Poder soviético (especialmente del Comisariado del Pueblo de Instrucción) y del Partido Comunista de Rusia.
__*_*_*__El camarada Lunacharski dice que se han tergiversado sus palabras. Con tanto mayor motivo es archinecesaria la resolución.
Escrito el H de octubre de 1920. Publicado por primera vez en 1926 en el núm. 3 de la revista "Kráuwy" \nr".
[495] __ALPHA_LVL1__ DISCURSO PRONUNCIADOCamaradas: Permitidme que os dé a conocer algunas ideas que, en parte, han sido tratadas en el Comité Central del Partido Comunista y en el Consejo de Comisarios del Pueblo con motivo de la organización del Comprinedpol^^*^^ y, en parte, me ha sugerido el proyecto presentado al Consejo de Comisarios del Pueblo. Ese proyecto se aprobó ayer, en principio, como base de discusión y luego se debatirá aún en detalle.
En cuanto a mí, me permitiré señalar únicamente que al comienzo estaba en contra por completo de cambiar la denominación de vuestra entidad. A mi juicio, la tarea del Comisariado del Pueblo de Instrucción Pública es ayudar a la gente a que estudie y enseñe a otros. En lo que llevo de experiencia soviética estoy acostumbrado a acoger distintas denominaciones como bromas de chiquillos, pues cada una de ellas es algo así como una broma. Ahora se ha aprobado ya una nueva denominación: Comprinedpol.
Puesto que es ya cuestión decidida, tomad mis palabras sólo como una observación particular. Si las cosas no se limitan al cambio de rótulo, podremos congratularnos de ello.
Si logramos incorporar nuevos trabajadores a la labor cultural y educativa, ya no se tratará sólo de una nueva denominación y entonces será posible resignarse con la debilidad "soviética" de poner etiquetas a cada obra nueva y a cada institución nueva. Si tenemos éxito, lograremos algo más de lo que hemos alcanzado hasta ahora.
Lo principal que debe obligar a nuestros camaradas a participar con nosotros en la labor mancomunada cultural y educativa es el vínculo de la instrucción con nuestra política. La denominación puede prever algo si hay necesidad de ello, pues no podemos sustentar en toda nuestra labor educativa el viejo punto de vista de la instrucción apolítica, no podemos desligar esa labor de la política.
_-_-_^^*^^ Comit\'e Principal de Kducación Política de la República. (.V. de la Kdit.)
496Esa idea dominaba y sigue dominando en la sociedad burguesa. Calificar la instrucción de "apolítica" o "impolítica" es una hipocresía de la burguesía; no es otra cosa que engañar a las masas, humilladas en el 99% por el dominio de la Iglesia, por la propiedad privada, etc. La burguesía, que domina en todos los países aún burgueses, se dedica precisamente a engañar a las masas de esa manera.
Y cuanto más importancia tiene allí el mecanismo del Estado, tanto menos libre es del capital y su política.
La conexión del mecanismo político con la instrucción es sólida en extremo en todos los Estados burgueses, aunque la sociedad burguesa no pueda reconocerlo francamente. Entretanto, esa sociedad moldea ideológicamente a las masas por medio de la Iglesia y de toda la institución de la propiedad privada.
Nuestra tarea fundamental consiste, entre otras cosas, en oponer nuestra verdad a "la verdad" burguesa y obligar a que sea reconocida.
El paso de la sociedad burguesa a la política del proletariado es muy difícil, tanto más que la burguesía nos calumnia sin cesar con toda su máquina de propaganda y agitación. Procura encubrir al máximo una misión aún más importante de la dictadura del proletariado---su tarea educativa---, de particular importancia en Rusia, donde el proletariado representa la minoría de la población. Y, sin embargo, dicha tarea debe plantearse en primer plano, en este caso, pues tenemos que preparar a las masas para edificar el socialismo. No podría ni hablarse de dictadura del proletariado si éste no hubiese adquirido un alto grado de conciencia, gran disciplina y gran fidelidad a la lucha contra la burguesía, o sea, la suma de tareas que es preciso plantear para la victoria completa del proletariado sobre su enemigo secular.
No sustentamos el punto de vista utópico de que las masas trabajadoras están preparadas para la sociedad socialista. Sabemos por los datos exactos de toda la historia del socialismo obrero que eso no es así, que la preparación para el socialismo sólo la proporcionan la gran industria, la lucha huelguística y la organización política. Mas para conquistar la victoria, para llevar a cabo la revolución socialista, el proletariado debe ser capaz de actuar solidariamente, de derrocar a los explotadores. Y ahora vemos que ha adquirido todas las dotes necesarias y las ha convertido en hechos cuando ha conquistado el poder.
Para los trabajadores de la enseñanza, y para el Partido Comunista como vanguardia en la lucha, la tarea fundamental debe consistir en ayudar a educar e instruir a las masas 497 trabajadoras, a fin de superar las viejas costumbres y hábitos que hemos heredado del antiguo régimen, los hábitos y costumbres de propietarios, que impregnan por entero el grueso de las masas. Esta tarea fundamental de toda la revolución socialista jamás debe perderse de vista al examinar las cuestiones particulares que tanta atención han requerido del CC del partido y del Consejo de Comisarios del Pueblo. Cómo estructurar el Comprinedpol, cómo unirlo con las diversas instituciones y cómo ligarlo no sólo al centro, sino también a las instituciones locales son preguntas a las que nos responderán los camaradas más competentes en esta materia, que tienen ya gran experiencia y la han estudiado especialmente. Yo sólo quisiera recalcar los elementos fundamentales del aspecto de principios de la cuestión. Tenemos que plantear el problema abiertamente, reconociendo sin tapujos, pese a toda la vieja mendacidad, que la enseñanza no puede estar desligada de la política.
Vivimos un momento histórico de la lucha contra la burguesía mundial, que es muchísimo más fuerte que nosotros. En un momento como éste, debemos defender la obra de edificación revolucionaria y luchar contra la burguesía también en el terreno militar, y más aún en el ideológico, mediante la educación, para que las costumbres, los hábitos y las convicciones que la clase obrera ha adquirido durante numerosos decenios de lucha por la libertad política; para que toda la suma de estas costumbres, hábitos e ideas sirva de instrumento de educación de todos los trabajadores. Y la tarea de decidir cómo educar concretamente recae sobre el proletariado. Es preciso inculcar la conciencia de que no se puede, de que es inadmisible permanecer al margen de la lucha del proletariado, la cual abarca hoy, cada día más, a todos los países capitalistas sin excepción; de que es inadmisible estar al margen de toda la política internacional. La unión de todos los países capitalistas poderosos del mundo contra la Rusia Soviética es la verdadera base de la actual política internacional. Y debe reconocerse que de eso depende el destino de centenares de millones de trabajadores de los países capitalistas. Porque en nuestros días no hay un rincón en la Tierra que no esté sometido a un puñado de países capitalistas. Así pues, la situación toma tal sesgo que plantea una disyuntiva: o permanecer al margen de la lucha actual y demostrar con ello una inconsciencia absoluta ---como esa gente ignorante que se ha quedado al margen de la revolución y la guerra y no ve todo el engaño de que la burguesía hace víctima a las masas, no ve cómo la burguesía deja adrede a esas masas en la ignorancia---, o incorporarse a la lucha por la dictadura del proletariado.
498Hablamos con toda franqueza de esta lucha del proletariado, y cada persona debe formar o a este lado de la barricada, a nuestro lado, o al otro lado. Todo intento de no formar en uno u otro bando acaba en un fracaso y un escándalo.
Al observar los infinitos vestigios de la kerenskiada, los vestigios de los eseristas y de la socialdemocracia, que se han manifestado personificados en los Yudénich, los Kolchak, los Petliura, los Majnó y otros, hemos visto tal diversidad de formas y matices de la contrarrevolución en distintos lugares de Rusia que podemos decir que estamos ya mucho más forjados que nadie; y cuando miramos a Europa Occidental, vemos que allí se repite lo mismo que ocurrió en nuestro país, se repite nuestra historia. Casi por doquier, al lado de la burguesía se observan elementos de kerenskiada, que en toda una serie de Estados, especialmente en Alemania, tienen la supremacía. En todas partes se observa lo mismo: la imposibilidad de mantener una posición intermedia, cualquiera que sea, y una clara toma de conciencia: o dictadura blanca (para ella se prepara la burguesía en todos los países de Europa Occidental, armándose contra nosotros) o dictadura del proletariado. Hemos experimentado eso con tal agudeza y profundidad que no necesito hablar en detalle de los comunistas rusos. De ahí se infiere una sola deducción, que debe ser la base de todos los razonamientos y proyectos relacionados con el Comprinedpol. En primer término, en la labor de este organismo debe reconocerse públicamente la primacía de la política del Partido Comunista. No conocemos otra forma, y ni un solo país ha concebido todavía ninguna otra. El partido puede corresponder más o menos a los intereses de su clase, experimentar unos u otros cambios o enmiendas; pero no conocemos aún otra forma mejor. Y toda la lucha en la Rusia Soviética, que ha resistido durante tres años el embate del imperialismo mundial, está vinculada al hecho de que el partido se plantea conscientemente la tarea de ayudar al proletariado a desempeñar su papel de educador, organizador y dirigente, un papel sin el cual es imposible la disgregación del capitalismo. Las masas trabajadoras, las masas de campesinos y obreros, deben vencer las viejas costumbres de los intelectuales y reeducarse para edificar el comunismo: sin eso es imposible emprender la labor constructiva. Toda nuestra experiencia prueba que esta labor es demasiado seria, y por eso debemos tener presente la necesidad de reconocer el papel preponderante del partido, y no podemos perderlo de vista al discutir la actividad y el trabajo de organización. Habrá que hablar aún mucho de cómo llevar a cabo eso; habrá que hablar de ello tanto en el Comité Central del partido como en el Consejo de Comisarios del Pueblo. 499 El decreto aprobado ayer sirve de base en lo que respecta al Comprinedpol, pero no ha recorrido aún todo su camino en el Consejo de Comisarios del Pueblo. Dentro de unos días se promulgará, y veréis que en su redacción definitiva no contiene una declaración concreta sobre la relación con el partido.
Pero debemos saber y recordar que toda la constitución jurídica y efectiva de la República Soviética se basa en que el partido lo corrige, designa y organiza todo de acuerdo con un solo principio, a fin de que los elementos comunistas ligados al proletariado puedan inculcar su espíritu a este proletariado, someterlo a su influencia y librarlo del engaño burgués, que desde hace tanto procuramos desterrar. El Comisariado del Pueblo de Instrucción Pública ha sostenido una prolongada lucha, pues la organización del magisterio ha combatido durante mucho tiempo la revolución socialista. En este medio del magisterio han arraigado de manera singular los prejuicios burgueses. En este medio se ha librado una larga lucha tanto en forma de sabotaje directo como de prejuicios burgueses, que se mantienen pertinazmente, y nos vemos obligados a conquistar con lentitud, paso a paso, una posición comunista. Ante el Comprinedpol, dedicado a la enseñanza extraescolar, a cumplir la tarea de enseñar y educar a las masas, se plantea con singular relieve la tarea de combinar la dirección del partido y someter a su influencia, inculcar su espíritu e inflamar con el fuego de su iniciativa ese inmenso mecanismo, ese ejército de medio millón de maestros que están ahora al servicio del obrero. Los trabajadores de la enseñanza, los maestros, se educaron en el espíritu de los prejuicios y las costumbres burgueses, en un espíritu de hostilidad al proletariado, del cual estuvieron desligados por completo. Ahora debemos forjar un nuevo ejército de maestros, de personal pedagógico, que ha de estar compenetrado con el partido, con las ideas del partido; que ha de estar impregnado del espíritu del partido; que debe ganarse a las masas obreras, impregnarlas del espíritu comunista e interesarlas por lo que hacen los comunistas.
Por cuamo es necesario romper con los viejos hábitos, costumbres e ideas, al Comprinedpol y sus funcionarios les incumbe una importantísima tarea, que debe ser tenida en cuenta en primer lugar. En efecto, ante nosotros surge el dilema de cómo vincular el magisterio, de viejo temple en su mayoría, a los miembros del partido, a los comunistas. Se trata de un problema difícil en extremo, sobre el que es preciso meditar mucho, muchísimo.
Veamos cómo debe vincularse en el aspecto de organización a personas tan distintas. Para nosotros, en principio, no puede caber ~ 500 Emacs-File-stamp: "/home/ysverdlov/leninist.biz/es/1979/LOE3EP/20061027/599.tx" __EMAIL__ webmaster@leninist.biz __OCR__ ABBYY 6 Professional (2006.11.01) __WHERE_PAGE_NUMBERS__ top __FOOTNOTE_MARKER_STYLE__ [*]+ __ENDNOTE_MARKER_STYLE__ [0-9]+ duda de que debe existir la supremacía del Partido Comunista. Así pues, el fin de la cultura política, de la educación política, consiste en forjar verdaderos comunistas capaces de superar la falsedad y los prejuicios y de ayudar a las masas trabajadoras a vencer el viejo régimen y construir el Estado sin capitalistas, sin terratenientes, sin explotadores. ¿Y cómo se puede hacer eso? Eso se puede hacer únicamente asimilando todo el cúmulo de conocimientos que los maestros han heredado de la burguesía. Sin eso serían imposibles todas las conquistas técnicas del comunismo y sería vano todo sueño con ello. Así surge la cuestión de cómo vincular a esos trabajadores, que no están acostumbrados a laborar en conexión con la política ni, en particular, con la política útil para nosotros, es decir, con la política que necesita el comunismo. Como he dicho ya, esta tarea es muy difícil. Hemos estudiado esta cuestión también en el Comité Central. Al hacerlo, hemos procurado tomar en consideración las enseñanzas que brinda la experiencia, y estimamos que, en este sentido, tendrá gran importancia una asamblea como la de hoy, en la que estoy hablando, una conferencia como la vuestra. Cada comité del partido ha de considerar ahora de otro modo a cada propagandista, en el que antes veía a un miembro de un círculo determinado, de una organización determinada. Tocios ellos pertenecen al partido gobernante, al partido que dirige todo el Estado y la lucha universal de la Rusia Soviética contra el régimen burgués. Son representantes de la clase que lucha y del partido que domina, y debe dominar, en la grandiosa máquina del Estado. Muchísimos comunistas que han cursado magníficamente la escuela del trabajo clandestino, probados y formados en la lucha, no quieren ni pueden comprender toda la importancia de ese viraje, de esa transición, en virtud de los cuales se convierten de agitadores y propagandistas en dirigentes de agitadores, en dirigentes de una gigantesca organización política. No es tan importante que se les dé al mismo tiempo la denominación correspondiente, quizá no muy afortunada, como la de director de escuelas populares; lo que importa es que sepan dirigir a la masa de maestros.
Es preciso decir que los centenares de miles de maestros del país forman el mecanismo que debe impulsar el trabajo, despertar el pensamiento y combatir los prejuicios que existen todavía entre las masas. La herencia de la cultura capitalista y sus defectos impregnan a la masa de maestros, la cual, con esos defectos, no puede ser comunista. Sin embargo, ello no es óbice para que se incorpore a esos maestros a las filas de los trabajadores de la educación política, pues poseen conocimientos sin los cuales no podremos lograr nuestro objetivo.
501Debemos poner al servicio de la educación comunista a centenares de miles de personas necesarias. Esta tarea se ha cumplido en el frente, en nuestro Ejército Rojo, en el que se admitió a decenas de miles de componentes del viejo ejército. Se fundieron con el Ejército Rojo en un largo proceso, en un proceso de reeducación, cosa que, en definitiva, han demostrado con sus victorias. Y en nuestra labor cultural y educativa debemos seguir este ejemplo. Cierto que esta labor es menos vistosa, pero tiene aún más importancia. Nos es imprescindible cada agitador y cada propagandista, que cumple su tarea cuando trabaja con un espíritu estrictamente de partido; pero no se limita al partido, sino que recuerda que su misión consiste en lo siguiente: dirigir a centenares de miles de maestros, despertar su interés, vencer los viejos prejuicios burgueses, incorporarlos a nuestra obra, hacer que tomen conciencia de la inconmensurabilidad de nuestra labor. Y sólo pasando a esta labor, podremos llevar al camino certero a esa masa, que el capitalismo abrumaba y apartaba de nosotros.
Tales son los objetivos que debe señalarse, y no perder de vista, cada agitador y propagandista que trabaje fuera del ámbito escolar. Al cumplir esas tareas se tropieza con multitud de dificultades prácticas, y vosotros debéis ayudar al comunismo y ser representantes y dirigentes no sólo de círculos del partido, sino de todo el poder del Estado, que se encuentra en manos de la clase obrera.
Nuestra tarea consiste en vencer toda la resistencia de los capitalistas, no sólo la militar y la política, sino también la ideológica, que es la más profunda y poderosa. La tarea de nuestros trabajadores de la enseñanza estriba en realizar esa transformación de las masas. Su interés y su anhelo de aprender y saber qué es el comunismo---interés y anhelo que observamos--- son la garantía de que venceremos también en este terreno, aunque quizá no tan pronto como en el frente, quizá con mayores dificultades y, a veces, con derrotas; pero, en fin de cuentas, los vencedores seremos nosotros.
Como resumen, quisiera analizar otra cuestión: es posible que la denominación de Comité Principal de Educación Política no se entienda debidamente. Por cuanto en esta denominación figura la palabra "política'', la política es en ella lo más importante.
Ahora bien, ¿cómo entender la política? De entenderla en el viejo sentido, se puede incurrir en un error grande y grave. Política es la lucha entre las clases, política son las relaciones del proletariado, que combate por su emancipación contra la burguesía mundial. Pero en nuestra lucha se destacan dos aspectos de la cuestión: por un lado, la tarea de destruir la herencia del régimen 502 burgués, de frustrar las tentativas---repetidas por toda la burguesía---de aniquilar el Poder soviético. Hasta la fecha, esta tarea es la que más ha ocupado nuestra atención, impidiéndonos pasar a otra: a la tarea de construir. Según la concepción burguesa, la política parecía desligada de la economía. La burguesía decía: trabajad, campesinos, para que podáis subsistir; trabajad, obreros, para que recibáis en el mercado cuanto necesitáis para vivir; la política económica la hacen vuestros amos. Sin embargo, eso no es así: la política debe ser obra del pueblo, obra del proletariado. Y debemos recalcar, a este respecto, que en nuestra labor dedicamos las nueve décimas partes del tiempo a luchar contra la burguesía. Las victorias sobre Wrangel---acerca de las cuales leímos ayer y leeréis hoy y, probablemente, mañana--- prueban que toca a su fin una fase de la lucha, que hemos conquistado la paz con toda una serie de países occidentales. Y cada victoria conquistada en el frente militar nos proporciona más libertad para la lucha interior, para la política de edificación del Estado. Todo paso que nos aproxima a la victoria sobre los guardias blancos, traslada paulatinamente el centro de gravedad de la lucha a la política económica. La propaganda de viejo tipo describe lo que es el comunismo y ofrece ejemplos de ello. Pero esta vieja propaganda no sirve para nada, pues hace falta demostrar en la práctica cómo hay que edificar el socialismo. Toda la propaganda debe basarse en la experiencia política de desarrollo económico. Esta es nuestra tarea principal, y si a alguien se le ocurriera comprenderlo en el viejo sentido de la palabra, sería un atrasado y no podría hacer propaganda para las masas de campesinos y obreros. Nuestra política principal debe ser ahora el desarrollo económico del Estado para recoger más puds de trigo, extraer más puds de hulla, decidir cómo emplear mejor estos puds de trigo y de hulla a fin de que no haya hambrientos. En eso consiste nuestra política. Y en eso debe basarse toda la agitación y toda la propaganda. Es preciso que haya menos palabras, pues con palabras no satisfaréis a los trabajadores. En cuanto la guerra nos permita desplazar el centro de gravedad de la lucha contra la burguesía, de la lucha contra Wrangel, contra los guardias blancos, abordaremos la política económica. Y en ello desempeñarán un papel inmenso, cada día mayor, la agitación y la propaganda.
Cada agitador debe ser un dirigente del Estado, un dirigente de todos los campesinos y de todos los obreros en la edificación económica. Debe decir que para ser comunista es preciso conocer, es preciso leer un folleto determinado, un libro determinado. Así mejoraremos la economía y la haremos más sólida, más social; así aumentaremos la producción, mejoraremos el problema del trigo, 503 distribuiremos de manera más justa los productos obtenidos, acrecentaremos la extracción de hulla y restableceremos la industria sin capitalismo y sin espíritu capitalista.
;En qué consiste el comunismo? Toda su propaganda debe hacerse de tal modo que se reduzca a dirigir prácticamente la organización del Estado. Las masas obreras han de comprender el comunismo como una obra propia. Esta obra se viene haciendo mal, con miles de errores. No lo ocultamos, pero los propios obreros y campesinos, con nuestra ayuda, con nuestra débil y pequeña contribución, deben formar y enderezar nuestro mecanismo. Para nosotros, eso ha dejado ya de ser un programa, una teoría y una tarea: es obra de la edificación real de hoy. Y si nuestros enemigos nos han infligido en nuestra guerra las derrotas más crueles, en cambio, hemos aprendido con esas derrotas y alcanzado la victoria completa. También ahora debemos extraer conocimientos de cada derrota, debemos recordar que es preciso enseñar a los obreros y campesinos con el ejemplo del trabajo realizado. Debemos señalar lo que hemos hecho mal para evitarlo en lo sucesivo.
Con el ejemplo de esa edificación, repitiéndolo muchas veces, conseguiremos transformar los malos jefes comunistas en verdaderos constructores, sobre todo de la economía del país. Lograremos cuanto necesitamos; venceremos todos los obstáculos heredados del viejo régimen y que no pueden ser superados de golpe; hay que reeducar a las masas, y sólo pueden reeducarlas la agitación y la propaganda; hay que ligar a las masas, en primer lugar, a la organización de la vida económica general. Eso debe ser lo más importante y fundamental en la labor de cada agitador y propagandista; y cuando lo aprenda, estará garantizado el éxito de su trabajo. (Clamorosos aplausos.)
Publicado en el "Boletín de la (Conferencia de toda Rusia de los organismos de educación política (1-8 de noviembre de 1920)". Moscú.
T. 41, ptigs. 398--408.
[504] __ALPHA_LVL1__ VIII CONGRESO DE LOS SOVIETS DE TODA RUSIA(Exclamaciones: "¡Viva el camarada Lenin!" Atronadores aplausos. Clamorosa ovación.) Camaradas: Debo presentar un informe sobre la política exterior e interior del gobierno. Entiendo que mi informe no tiene por objeto enumerar los proyectos de ley y las medidas, ni siquiera los más trascendentales, del poder obrero y campesino. Creo que tampoco os interesaría, ni tendría importancia sustancial, que refiriese los acontecimientos ocurridos durante este tiempo. A mi juicio, debo tratar de sintetizar las enseñanzas principales que hemos recibido este año, no menos abundante en bruscos virajes políticos que los años anteriores de la revolución, y deducir de esa síntesis las más urgentes tareas políticas y económicas que tenemos planteadas; las tareas en las que más confía ahora el Poder soviético, a las que concede la mayor importancia y de cuyo cumplimiento espera grandes éxitos en nuestra edificación económica, tanto mediante sus proyectos de ley, sometidos a vuestro examen y aprobación, como mediante todo el conjunto de medidas suyas. Por eso, permitidme que me limite a hacer unas breves observaciones respecto a la situación internacional de la república y los principales resultados del año pasarlo en el ámbito de la política exterior.
Todos sabéis, por supuesto, que los grandes terratenientes y capitalistas polacos nos impusieron la guerra, presionados e instigados por los países capitalistas de Europa Occidental, y no 505 sólo de Europa Occidental. Sabéis que en abril del año en curso propusimos la paz al gobierno polaco en condiciones incomparablemente más ventajosas para él que las de ahora, y sólo por necesidad extrema, tras el fracaso completo de nuestras negociaciones de armisticio con Polonia, nos vimos obligados a ir a una guerra que, pese a la durísima derrota sufrida por nuestras tropas en las cercanías de Varsovia a causa de su indudable extenuación por la contienda, ha terminado, no obstante, con una paz más ventajosa para nosotros que la que propusimos a Polonia en abril. La paz preliminar con Polonia ha sido suscrita, y ahora se sostienen negociaciones para la firma de una paz definitiva. No se nos oculta el peligro que representa la presión ejercida por algunos países capitalistas más obstinados y por ciertos medios contrarrevolucionarios rusos para impedir que estas negociaciones culminen en la firma de la paz. Pero debemos decir que la política de la Entente, dirigida a la intervención militar y a la derrota militar del Poder soviético, fracasa cada día más, y ganamos para nuestra política de paz a un número creciente de Estados que mantienen, sin duda, una posición hostil al Poder soviético. El número de Estados signatarios del tratado de paz aumenta, y es muy probable que dentro de poco se firme el tratado de paz definitivo con Polonia, con lo cual se asestará un nuevo y durísimo golpe a la alianza de las fuerzas capitalistas que intentan arrancarnos el poder por medio de la guerra.
Camaradas: Vosotros sabéis también, por supuesto, que nuestros reveses temporales en la guerra contra Polonia y la gravedad de nuestra situación en ciertos momentos de la contienda se debieron a que teníamos que combatir a Wrangel, el cual había sido reconocido oficialmente por una potencia imperialista16a y recibía una colosal ayuda material, militar y de otra índole. Y para terminar cuanto antes la guerra, tuvimos que concentrar con rapidez las tropas, a fin de asestar a Wrangel el golpe decisivo. Vosotros sabéis, desde luego, el heroísmo sin par que reveló el Ejército Rojo al vencer obstáculos y fortificaciones que hasta los especialistas y las autoridades en materia militar consideraban inexpugnables. Una de las páginas más brillantes de la historia del Ejército Rojo es la victoria completa, decisiva y notablemente rápida conquistada sobre Wrangel. De este modo, la guerra que nos fue impuesta por los guardias blancos y los imperialistas ha sido liquidada.
Ahora podemos emprender con mucha mayor confianza y firmeza el desarrollo económico, tan entrañable, necesario y sugestivo para nosotros desde hace tiempo, seguros de que los amos capitalistas no lograrán frustrar esta labor con tanta facilidad 506 como antes. Pero, desde luego, debemos estar alerta. No podemos decir en modo alguno que estemos ya garantizados contra una nueva guerra. Y esta falta de garantía no depende en absoluto de que no tengamos todavía tratados de paz oficiales. Sabemos perfectamente que los restos del ejército de Wrangel no han sido aniquilados, sino que están ocultos no muy lejos y se hallan bajo la tutela y protección de las potencias capitalistas, que les ayudan a reponerse; que las organizaciones de los guardias blancos rusos laboran intensamente con el propósito de formar de nuevo tales o cuales unidades militares y, junto con los efectivos de Wrangel, prepararlas para un nuevo ataque contra Rusia en un momento propicio.
De ahí que, en todo caso, debamos estar preparados en el aspecto militar. Sin confiar en los golpes que hemos asestado ya al imperialismo, debemos conservar a toda costa nuestro Ejército Rojo en plena disposición de combate y aumentar su capacidad combativa. Esto no lo impedirá, por supuesto, el licénciamiento de una parte del ejército y su pronta desmovilización. Esperamos que la inmensa experiencia adquirida durante la guerra por el Ejército Rojo y sus dirigentes nos ayudará a mejorar ahora sus cualidades. Y lograremos, aun reduciendo los efectivos del ejército, conservar un núcleo fundamental del mismo que no representará una carga excesiva para la República desde el punto de vista de su sostenimiento. Por otra parte, con esta reducción del ejército sabremos asegurar mejor que antes la posibilidad, si es necesario, de poner en pie y movilizar una fuerza militar todavía mayor.
Estamos convencidos de que todos los Estados vecinos, que han perdido ya mucho por el solo hecho de haber apoyado los complots de los guardias blancos contra nosotros, han aprovechado en grado suficiente la lección irrefutable de la experiencia y apreciado como es debido nuestro espíritu conciliador, que todos interpretaban como debilidad nuestra. Tres años de experiencia han debido convencerles de que, cuando damos pruebas del más firme espíritu pacífico, al mismo tiempo estamos preparados en el sentido militar. Y todo intento de guerra contra nosotros significará, para los Estados que se enzarcen en este conflicto, agravar las condiciones que habrían podido tener sin la guerra y antes de la guerra, en comparación con las que obtendrán como resultado de ella y después de ella. Esto ha quedado demostrado con relación a varios Estados. Y esto es una conquista nuestra, a la que no renunciaremos y que no olvidará ninguna de las potencias que nos rodean o que están en contacto político con Rusia. Gracias a ello mejoran sin cesar nuestras relaciones con los Estados vecinos. Vosotros sabéis que se ha firmado definitivamente la paz 507 con diversos Estados sitos en las fronteras occidentales de Rusia, que antes formaban parte del antiguo Imperio ruso y que han recibido del Poder soviético el reconocimiento incondicional de su independencia y su soberanía, de acuerdo con los principios fundamentales de nuestra política. La paz asentada en estas bases tiene todas las probabilidades de ser más sólida de lo que desearían los capitalistas y algunos Estados euroccidentales.
En lo que concierne al gobierno letón, debo decir que en cierto momento nos amenazaba, al parecer, un empeoramiento de las relaciones, rayano incluso con la posible ruptura de las relaciones diplomáticas. Pero justamente el último informe de nuestro representante en Letonia muestra que se ha producido ya un cambio de política y han sido eliminados muchos de los malentendidos y motivos legítimos de descontento. Abrigamos la esperanza, bastante fundada, de que en breve tendremos estrechas relaciones económicas con Letonia, la cual, cuando se establezca el intercambio de mercancías con Europa Occidental, nos será, sin duda, más útil aún que Estonia y otros Estados limítrofes con la RSFSR.
He de señalar también, camaradas, que nuestra política ha conquistado durante este año importantes éxitos en Oriente. Debemos aplaudir la formación y el afianzamiento de las repúblicas soviéticas de Bujará, Azerbaidzhán y Armenia, que, además de restablecer su independencia plena, han puesto el poder en manos de los obreros y campesinos. Estas repúblicas demuestran y confirman que las ideas y los principios del Poder soviético son comprensibles y factibles sin demora no sólo en los países desarrollados en el aspecto industrial, no sólo con el proletariado como punto de apoyo social, sino también con una base como el campesinado. La idea de los Soviets campesinos ha triunfado. El poder de los campesinos está asegurado; en sus manos se encuentran la tierra y los medios de producción. Las relaciones de amistad de las repúblicas soviéticas campesinas con la República Socialista de Rusia han sido refrendadas ya por los resultados prácticos de nuestra política.
Podemos congratularnos también de la próxima firma del tratado con Persia. Las relaciones de amistad con ella están aseguradas por la coincidencia de intereses vitales de todos los pueblos que sufren la opresión del imperialismo.
Debemos señalar asimismo que nuestras relaciones amistosas con Afganistán, y en grado mayor aún con Turquía, se perfeccionan y afianzan más y más. En lo que respecta a Turquía, los países de la Entente han hecho cuanto podían para imposibilitar las relaciones más o menos normales entre ella y los países de Europa Occidental. Esta circunstancia, unida al afianzamiento del Poder 508 soviético, asegura en grado creciente que, pese a la resistencia y las intrigas de la burguesía, pese a seguir existiendo países burgueses alrededor de Rusia, la alianza y las relaciones amistosas de Rusia con los pueblos oprimidos de Oriente se fortalecen. Porque un hecho importantísimo en toda la política es la violencia imperialista contra los pueblos que no tuvieron la suerte de figurar entre los vencedores, y esta política mundial del imperialismo suscita el acercamiento, la alianza y la amistad de todos los pueblos oprimidos. El éxito que hemos alcanzado en este terreno también en Occidente con respecto a los Estados más europeizados muestra que los fundamentos actuales de nuestra política exterior son acertados y que el mejoramiento de nuestra situación internacional tiene una base firme. Estamos seguros de que, si seguimos aplicando la política de paz y haciendo las concesiones que hacemos (y debemos hacerlas para eludir la guerra), pese a todas las intrigas y maquinaciones de los imperialistas---los cuales, como es natural, pueden siempre enemistar con nosotros a uno u otro Estado---; a pesar de todo eso, la línea principal de nuestra política y los intereses básicos dimanantes de la esencia misma de la política imperialista se imponen y obligan de modo creciente a la RSFSR a establecer relaciones más estrechas con un número cada día mayor de Estados vecinos. Y ello es garantía de que podremos dedicarnos a fondo al desarrollo económico, de que podremos trabajar con tranquilidad, firmeza y seguridad durante un período más prolongado.
Debo decir también que en la actualidad sostenemos negociaciones con Inglaterra para firmar un acuerdo comercial. Lamentablemente, estas negociaciones se demoran mucho más de lo que quisiéramos, pero no tenemos la menor culpa de ello. Ya en julio, cuando las tropas soviéticas alcanzaban el éxito máximo, el gobierno inglés nos propuso oficialmente un texto de convenio que aseguraba la posibilidad de establecer relaciones comerciales. Respondimos con nuestro pleno acuerdo; pero, desde entonces, la lucha de tendencias en el seno del gobierno inglés y del Estado inglés ha frenado este asunto. Vemos las vacilaciones del gobierno inglés, las amenazas de romper por completo las relaciones con nosotros y enviar sin demora la flota contra Petrogrado. Hemos observado eso, pero hemos visto también que, en respuesta a esa amenaza, tocia Inglaterra se cubría de Comités de Acción 'fil. Hemos visto que los adeptos más radicales de la tendencia oportunista y sus jefes, presionados por los obreros, tenían que emprender este camino, el camino de una política completamente ``inconstitucional'', que ellos mismos habían condenado la víspera. Ha resultado eme la fuerza de la presión y la conciencia de las 509 masas trabajadoras, a despecho de todos los prejuicios mencheviques que dominan incluso hoy en el movimiento sindical inglés, se ha abierto paso hasta tal punto que ha roto el filo de la política belicosa de los imperialistas. Y ahora, prosiguiendo la política de paz, nos apoyamos en el proyecto de julio propuesto por el gobierno inglés. Estamos dispuestos a firmar en el acto un convenio comercial. Y si este convenio no ha sido firmado hasta ahora, la culpa es exclusivamente de las tendencias y corrientes que se manifiestan en los medios gobernantes ingleses, los cuales intentan frustrar el acuerdo comercial y quieren---a despecho de la voluntad no sólo de la mayoría de los obreros, sino también de la mayoría de la burguesía inglesa---tener una vez más las manos libres para agredir a la Rusia Soviética. Eso es cosa suya.
Cuanto más dure esta política en ciertos medios influyentes de Inglaterra, en los medios del capital financiero y de los imperialistas, tanto más agravará la situación financiera, tanto más retrasará el semiacuerdo, hoy indispensable, entre la Inglaterra burguesa y la República Soviética y tanto más hará comprender a los imperialistas que después deberán aceptar no un semiacuerdo, sino un acuerdo completo.
Camaradas: Debo decir que este convenio comercial con Inglaterra plantea un problema principal de nuestra política económica: el de las concesiones. Entre las leyes más importantes promulgadas por el Poder soviético en el período del que rendimos cuenta figura la Ley de las Concesiones, del 23 de noviembre de este año. Todos conocéis, sin duda, el texto de esta ley. Todos sabéis que hemos publicado ahora documentos y datos complementarios, capaces de facilitar a todos los miembros del congreso de los Soviets la información más amplia respecto a este asunto. Hemos publicado un folleto que contiene el texto de este decreto y la lista de las concesiones principales, es decir: las concesiones alimenticias, forestales y mineras. Hemos adoptado medidas para que el texto del decreto promulgado llegue lo antes posible a los Estados de Europa Occidental, y esperamos que nuestra política de concesiones sea fructífera también desde el punto de vista práctico. No se nos ocultan en absoluto los peligros que encierra esta política en la República Socialista Soviética, país clébil y atrasado. Mientras nuestra República Soviética siga siendo una región periférica limítrofe con todo el mundo capitalista, sería una fantasía y una utopía completamente ridiculas soñar con nuestra total independencia económica y con la desaparición de estos o aquellos peligros. Por supuesto, mientras existan contradicciones tan radicales, subsistirán también los peligros, de los que es imposible escapar. Lo que debemos hacer es mantenernos firmes 510 para superarlos, saber discernir los peligros de mayor importancia de los de menor importancia y preferir los menos importantes a los que lo son más.
Hace poco se nos ha informado que en el congreso de los Soviets del distrito de Arzamás (provincia de Nizhni Nóvgorod), un campesino sin partido dijo acerca de las concesiones: " Camaradas: Os delegamos al congreso de toda Rusia y declaramos que nosotros, los campesinos, estamos dispuestos a soportar tres años más el hambre, el frío y las prestaciones personales, pero no vendáis nuestra madrecita Rusia a los concesionarios.'' Me congratulo con gran alegría de este estado de ánimo, que está muy difundido. A mi parecer, lo significativo para nosotros es precisamente que en la masa de los trabajadores sin partido, tanto obreros como campesinos, ha madurado en tres años una experiencia política y económica que permite y exige valorar más que nada la liberación del yugo capitalista; que impele a triplicar nuestra vigilancia y a acoger con suma desconfianza cada paso que acarree nuevos peligros posibles de restauración del capitalismo. Es indudable que prestamos oído muy atento a las declaraciones de ese tipo. Pero debemos decir que no se trata de vender Rusia a los capitalistas, sino de las concesiones. Además, cada tratado acerca de las concesiones está condicionado por un plazo fijo y por un convenio concreto; está respaldado por garantías de todo género, que han sido meditadas cuidadosamente, que serán analizadas y discutidas con vosotros más de una vez en este congreso y en todas las conferencias sucesivas. Estos acuerdos provisionales no se parecen a una venta, no tienen nada que ver con la venta de Rusia; pero representan cierta cesión económica a los capitalistas, a fin de obtener así la posibilidad de adquirir cuanto antes las máquinas y las locomotoras necesarias, sin las cuales no podemos restablecer nuestra economía. No tenemos derecho a menospreciar nada que pueda contribuir, por poco que sea, a mejorar la situación de los obreros y campesinos.
Es preciso hacer lo más posible para restablecer con rapidez nuestras relaciones comerciales. Estas negociaciones prosiguen hoy en un marco semilegal. Hacemos pedidos de locomotoras y máquinas en cantidades que están lejos de ser suficientes, pero hemos empezado a pedirlas. Si sostenemos las negociaciones legalmente, desarrollaremos estas posibilidades en proporciones gigantescas. Con la ayuda de la industria conseguiremos muchas cosas y, por añadidura, en un plazo más corto; pero, aun en el caso de un gran éxito, este plazo se mide por años, por varios años. No debe olvidarse que si hoy hemos conquistado una victoria militar, si hemos obtenido la paz, la historia nos enseña, por otra 511 parte, que ni un solo problema importante, ni una sola revolución se resolvió de otro modo que no fuera una serie de guerras. Esta lección no la olvidaremos. Ahora hemos quitado a un nutrido grupo de grandes potencias las ganas de hacernos la guerra, pero no podemos garantizar que sea por mucho tiempo. Debemos prever que, al menor cambio de la situación, los rapaces imperialistas se lanzarán de nuevo sobre nosotros. Hay que estar preparados contra eso. De ahí que sea necesario, ante todo, restablecer la economía y darle una base firme. Pero es imposible hacer eso pronto sin utillaje, sin máquinas importadas de los países capitalistas. Y no debemos lamentar que los capitalistas obtengan a costa nuestra una ganancia suplementaria: lo esencial es conseguir ese restablecimiento. Es preciso que los obreros y los campesinos estén tan animados como, esos campesinos sin partido, que han declarado no temer ningún sacrificio ni privaciones. Conscientes del peligro de una intervención capitalista, no enfocan las concesiones con un criterio sentimental, sino que ven en ellas la continuación de la guerra, en la que la lucha implacable se desplaza a otro terreno; ven la posibilidad de nuevos intentos de la burguesía de restaurar el viejo capitalismo. Eso es magnífico, eso nos garantiza que la vigilancia y la defensa de nuestros intereses serán obra no sólo de los órganos del Poder soviético, sino también de cada obrero y de cada campesino. Y en este caso, estamos seguros de que sabremos organizar la defensa de nuestros intereses sobre una base tal que, incluso si cumplen los convenios acerca de las concesiones, no podrá ni hablarse de la vuelta del poder de los capitalistas. Y lograremos reducir al mínimo este peligro, lograremos que sea menor que el peligro de guerra, que dificulte la reanudación de la contienda y nos facilite la posibilidad de restaurar y desarrollar nuestra economía en un plazo más corto, en menor número de años (se trata de bastantes años).
Camaradas: Las tareas económicas, el frente económico vuelve a ser ahora, una y otra vez, el más importante y fundamental para nosotros. Al examinar los documentos legislativos de que debo informaros me he convencido de que la inmensa mayoría de las medidas y disposiciones tanto del Consejo de Comisarios del Pueblo como del Consejo de = Defensa"'^^4^^ son ahora medidas parciales, de detalle, a menudo minúsculas por entero, vinculadas a esta gestión económica. Vosotros, por supuesto, no esperáis que os enumere estas medidas. Sería sumamente aburrido y carecería de todo interés. Sólo quisiera recordar que no es la primera vez, ni mucho menos, que sacamos a primer plano el frente del trabajo. Recordemos la resolución que adoptó el CEC de toda Rusia el 29 de abril de = 1918~^^165^^. Era un período en el que la paz de Brest, que 512 se nos impuso, partió a Rusia en el aspecto económico y el tratado, exorbitantemente rapaz, nos colocó en condiciones duras en extremo. Entonces se entrevio la posibilidad de contar con una tregua que nos facilitara condiciones para restablecer la actividad económica pacífica. Y sin pérdida de tiempo---aunque ahora sabemos que la tregua fue muy breve---el CEC de toda Rusia, en la resolución del 29 de abril, centró toda la atención en este desarrollo económico. Esta resolución, que no ha sido anulada y sigue siendo ley para nosotros, nos ofrece perspectivas acertadas para enjuiciar cómo hemos abordado estas tareas y a qué debemos prestar ahora mayor atención en nuestro trabajo con objeto de llevarlo hasta el fin.
Al analizar esta resolución se ve con claridad que muchos de los problemas que debemos afrontar ahora fueron planteados con plena precisión y firmeza, y con suficiente energía, ya en abril de 1918. Al recordarlo decimos: la repetición es el alma de la enseñanza. Y no nos inmuta tener que repetir ahora estas verdades fundamentales del desarrollo económico. Las repetiremos aún muchas veces, pero mirad qué diferencia hay entre la proclamación de principios abstractos hecha en 1918 y la labor económica iniciada ya en la práctica. Y pese a las gigantescas dificultades y a la constante interrupción de nuestros trabajos, nos aproximamos cada día más, y de manera más concreta, al planteamiento práctico de las tareas económicas. Nos repetiremos muchas, muchísimas veces. En la edificación es imposible pasarse sin una inmensidad de repeticiones, sin cierto retorno, sin comprobaciones, sin algunas enmiendas, sin nuevos procedimientos, sin poner en tensión las fuerzas para convencer a los atrasados y a los no preparados.
El meollo del momento político consiste hoy en que vivimos precisamente un período crucial, de transición, cierto zigzag; un período en el que estamos pasando de la guerra al fomento de la economía. Esto lo hemos tenido también otras veces, pero no en proporciones tan amplias. Ello debe recordarnos una y otra vez cuáles son las tareas políticas generales del Poder soviético y en qué consiste lo peculiar de esta transición. La dictadura del proletariado ha tenido éxito porque ha sabido unir la coerción y la persuasión. La dictadura del proletariado no teme la coerción ni la manifestación brusca, enérgica e implacable de la coerción estatal. Porque la clase avanzada, la que fue más oprimida por el capitalismo, tiene derecho a ejercer esa coerción, pues la ejerce en nombre de los intereses de todos los trabajadores y explotados; porque posee medios de coerción y persuasión que no ha tenido ninguna de las clases anteriores, a pesar de eme disponían de 513 posibilidades materiales incomparablemente mayores que nosotros para la propaganda y la agitación.
Si nos preguntamos qué resultados ha tenido nuestra experiencia de tres años (pues es difícil resumir la experiencia de un año en algunos puntos cardinales); si nos preguntamos qué es, en última instancia, lo que explica nuestras victorias sobre un enemigo mucho más fuerte que nosotros, habremos de responder: El hecho de que en la organización del Ejército Rojo se plasmaron magníficamente la consecuencia y la firmeza de la dirección proletaria en la alianza de los obreros y los campesinos trabajadores contra todos los explotadores. ¿Cómo ha podido ocurrir eso? ¿Por qué lo ha aceptado de tan buen grado una masa gigantesca de campesinos? Porque, aun siendo en su gran mayoría sin partido, estaba convencida de que su única salvación consistía en apoyar el Poder soviético. Y se convenció de eso, claro es, no por los libros ni por la propaganda, sino por la experiencia. La convenció la experiencia de la guerra civil, en particular, la alianza de nuestros mencheviques y eseristas, que es más afín a ciertos rasgos fundamentales de la pequeña hacienda campesina. La experiencia de la alianza de estos partidos de pequeños propietarios con los terratenientes y los capitalistas, así como la experiencia de Kolchak y Denikin, convencieron a la masa campesina de que no son posibles términos medios, de que la rectilínea política soviética es justa, de que la férrea dirección del proletariado es el único medio que salva al campesino de la explotación y la violencia. Y sólo porque hemos podido convencer de eso al campesino, sólo por eso, nuestra política de coerción, basada en ese convencimiento sólido y absoluto, ha tenido un éxito tan gigantesco.
Ahora debemos recordar que, al pasar al frente del trabajo, tenernos planteada la misma tarea en otra situación, a escala más amplia; pero es la misma tarea que afrontamos cuando hicimos la guerra a los guardias blancos, cuando vimos un entusiasmo y una tensión de fuerzas de las masas obreras y campesinas que no ha habido, ni podía haber, en otros Estados en guerra alguna. En efecto, los campesinos sin partido, a semejanza del campesino de Arzamás cuyas palabras he citado hace poco, se convencieron por la observación y el conocimiento de la vida de que los explotadores son un enemigo despiadado y es imprescindible un poder implacable para aplastarlos. Y movimos a una masa del pueblo mayor que nunca a adoptar una actitud consciente ante la guerra y a prestarle una ayuda activa. Los obreros comunistas y sin partido y los campesinos sin partido (en su inmensa mayoría, los campesinos no tienen filiación política) jamás habían prestado, en 514 ningún régimen político, ni la décima parte de un apoyo tan general a una guerra ni demostrado tal comprensión de ella como con el Poder soviético. En eso radica la base de que, en fin fie cuentas, hayamos vencido a un enemigo fuerte. Con ello queda probado uno de los postulados más profundos del marxismo, que es, a la ve?,, uno de los más sencillos y comprensibles. Cuanto mayores son la envergadura y la amplitud de las acciones históricas, tanto más personas participan en ellas, y viceversa, cuanto más profunda es la transformación que deseamos hacer, tanto más se debe elevar el interés por ella y la actitud consciente ante ella, tanto más se debe convencer de esa necesidad a nuevos y nuevos millones y decenas de millones. En fin de cuentas, nuestra revolución ha dejado muy atrás a todas las demás porque, mediante el Poder soviético, ha incorporado activamente a la organización del Estado a decenas de millones de seres que antes no estaban interesados en esa labor.
Enfoquemos ahora desde este lado el problema de las nuevas tareas que han surgido ante nosotros, eme han llegado a vuestro conocimiento durante este tiempo en decenas y centenares de disposiciones del Poder soviético, que han constituido las nueve décimas partes de la labor del Consejo de Trabajo y Defensa (de esto hablaremos después) y, probablemente, más de la mitad de la del Consejo de Comisarios del Pueblo; enfoquemos las tareas económicas: preparar un plan económico único y reorganizar las propias bases de la economía de Rusia, las propias bases de la pequeña hacienda campesina. Estas tareas requieren que se incorpore a todos los miembros de los sindicatos a una obra completamente nueva, que les era ajena bajo el capitalismo. Preguntad ahora si radica ahí la condición de la rápida victoria absoluta, que se creó durante la guerra y que consiste en incorporar a las masas al trabajo. ¿Están convencidos los miembros de los sindicatos y la mayoría de los sin partido de que son necesarios nuestros nuevos métodos y nuestras grandes tareas de fomento de la economía? ¿Están convencidos de todo eso igual que lo estuvieron de darlo todo para la guerra, de sacrificarlo todo en aras de la victoria en el frente de la guerra? Si planteamos así la cuestión, deberéis responder: Indudablemente, no. No están convencidos de ello, ni mucho menos, en el grado necesario.
La guerra fue una cosa comprensible y habitual a lo largo de siglos y milenios. Los viejos actos de violencia y ferocidad de los latifundistas eran tan evidentes que resultaba fácil convencer, incluso a los campesinos de las regiones periféricas más cerealistas (los menos relacionados con la industria), incluso a esos campesinos, de que hacíamos la guerra en defensa de los intereses de los 515 trabajadores y, de esa manera, despertar un entusiasmo casi general. Será más difícil lograr que las masas campesinas y los afiliados a los sindicatos comprendan estas tareas ahora, comprendan que no se puede vivir como antes, que, por mucho que haya arraigado la explotación capitalista durante decenios, debe ser vencida. Es preciso conseguir que todos comprendan que Rusia nos pertenece; que nosotros, las masas obreras y campesinas, y sólo nosotros, podemos transformar las viejas condiciones económicas de existencia y convertir en realidad el gran plan económico con nuestra actividad y nuestra severa disciplina de trabajo. Sin eso no hay salvación. Nos rezagamos y nos rezagaremos de las potencias capitalistas, y seremos vencidos, si no logramos restablecer nuestra economía. Por eso no debemos limitarnos a repetir las viejas verdades que acabo de recordaros, las viejas verdades referentes a la importancia de las tareas de organización, la disciplina laboral y el papel inconmensurable de los sindicatos, completamente excepcional en este aspecto---pues no existe otra organización que agrupe a las grandes masas---; no debemos limitarnos a repetir estas viejas verdades, sino comprender muy a fondo que ha comenzado la transición de las tareas bélicas a las tareas económicas.
Hemos tenido pleno éxito en el terreno militar, y ahora debemos preparar el mismo éxito para tareas más difíciles, que requieren entusiasmo y abnegación de la inmensa mayoría de los obreros y campesinos. Es preciso convencer de las nuevas tareas a centenares de millones de seres que han vivido de generación en generación en la esclavitud y la opresión, viendo reprimida toda iniciativa; a millones de obreros que militan en los sindicatos, pero que carecen aún de conciencia política y no están acostumbrados a sentirse dueños. Es necesario organizados, y no para que opongan resistencia al poder, sino para que apoyen y desarrollen las medidas de su poder obrero, para que las apliquen hasta el fin. Esta transición, que va acompañada de dificultades, no es una tarea nueva desde el punto de vista de la simple fórmula. Pero es nueva por cuanto la tarea económica se plantea ahora, por vez primera, a escala masiva y debemos comprender y recordar que la guerra en el frente económico será más difícil y más larga. Para vencer en este frente es preciso conseguir que el mayor número de obreros y campesinos sean activos, leales y tengan iniciativa. Y eso se puede conseguir---prueba de ello es la experiencia de desarrollo económico que hemos adquirido---porque las calamidades, el frío, el hambre y las privaciones de todo género, debidas a la escasez de fuerzas productivas, calan muy hondo en la conciencia de las masas. Ahora debemos centrar la atención en 516 trasladar toda la agitación y toda la propaganda de los intereses políticos y militares a la vía del desarrollo económico. Lo hemos proclamado multitud de veces, pero aún son pocas. Y creo que, entre las tareas que ha cumplido este año el Poder soviético, destacan, sobre todo, la creación de la Oficina Central de Propaganda de la Producción, adjunta al Consejo Central de los Sindicatos de toda Rusia, su unión a la labor del Comité Principal de Educación Política de la República, la fundación de más periódicos estructurados según el plan de producción, no sólo trasladando la atención a la propaganda en el terreno de la producción, sino organizando dicha propaganda a escala de todo el Estado.
La necesidad de organizar la propaganda a escala de todo el Estado dimana de las peculiaridades del momento político. Esta necesidad---ineludible por igual para la clase obrera, para los sindicatos y para los campesinos---es la más ingente de nuestra máquina del Estado, que hemos utilizado con ese fin en grado muy insuficiente. Sabemos cómo se debe dirigir la industria y despertar el interés de las masas; tenemos mil veces más conocimientos librescos de eso que aplicación práctica de los mismos. Debemos lograr que todos los afiliados a los sindicatos estén interesados en la producción y recuerden que la Rusia Soviética estará en condiciones de vencer sólo si se aumenta la producción, si se eleva el rendimiento del trabajo. Y sólo de esa manera reducirá en diez años las espantosas condiciones en que se encuentra ahora, el hambre y el frío que padece en la actualidad. Si no comprendemos esta tarea, podremos perecer todos, pues la debilidad de nuestro mecanismo nos obligará a retroceder, ya que los capitalistas pueden reanudar la guerra en cualquier momento, tras un breve descanso, y nosotros no estaremos entonces en condiciones de proseguirla. No estaremos en condiciones de revelar el empuje de los millones de personas que forman nuestras masas y seremos derrotados en esa última guerra. El problema está planteado precisamente así: hasta ahora, el destino de todas las revoluciones, de todas las revoluciones más grandiosas, lo decidió una larga serie de guerras. Nuestra revolución es también una gran revolución de ésas. Hemos terminado un período de guerras y debemos prepararnos para el segundo; no sabemos cuándo empezará, pero es necesario proceder de tal manera que, cuando empiece, podamos estar a la altura debida. De ahí que no debamos renunciar a las medidas coercitivas, y no sólo porque conservemos la dictadura del proletariado, que han comprendido va las masas campesinas y los obreros sin partido, que saben cuanto atañe a nuestra dictadura del proletariado, y no la temen, 517 no les asusta, ven en ella un apoyo y una fortaleza, o sea, lo que pueden oponer a los terratenientes y capitalistas y sin lo cual es imposible vencer.
Esta conciencia y este convencimiento, que se han hecho ya carne de la carne y sangre de la sangre de las masas campesinas con respecto a las tareas militares y políticas, deben ser transferidos a las tareas económicas. Es posible que esta transición no se logre de golpe. Quizá no transcurra sin ciertas vacilaciones y recidivas del viejo relajamiento y de la ideología pequeñoburguesa. Es preciso emprender este trabajo con mayor energía y tenacidad, teniendo presente que convenceremos a los campesinos sin partido y a los militantes poco conscientes de los sindicatos, pues nos asiste la razón, pues es imposible negar que sin restablecer la vida económica no venceremos a nuestros enemigos en el segundo período de guerras.
Esforcémonos, pues, para que millones y millones de personas adopten una actitud más consciente ante la guerra en el frente económico. En eso consiste la tarea de la Oficina Central de Propaganda de la Producción y del Consejo Central de los Sindicatos de toda Rusia; en eso consiste la tarea de todos los funcionarios del partido y de todos y cada uno de los mecanismos del Poder soviético; en eso estriba la tarea de toda nuestra propaganda, con la que hemos alcanzado nuestros éxitos mundiales, pues nuestra propaganda siempre ha dicho y dice la verdad en el mundo entero a los obreros y los campesinos, mientras que toda otra propaganda les miente. Tenemos que orientar ahora nuestra propaganda a algo mucho más difícil: a lo que atañe al trabajo cotidiano de los obreros en el taller, por difíciles que sean las condiciones de ese trabajo y por vivos que estén los recuerdos del régimen capitalista de ayer, que inspiraba la desconfianza de los obreros y campesinos respecto al poder. Es preciso convencer a los obreros y campesinos de que, sin una nueva conjugación de fuerzas, sin nuevas formas de agrupación estatal y sin nuevas formas ligadas a esta coerción, no saldremos de la ciénaga, del abismo de ruina económica a cuyo borde nos encontramos, y del cual hemos empezado ya a salir.
Camaradas: Paso a exponer algunos datos concernientes a nuestra política económica y nuestras tareas económicas, que, a mi parecer, caracterizan el momento político actual y toda la transición que tenemos a la vista. Debo mencionar, ante todo, nuestro proyecto agrario, el proyecto de ley del Consejo de Comisarios del Pueblo acerca del reforzamiento y desarrollo de la producción agrícola y de la ayuda a la hacienda campesina, que se publicó el 14 de diciembre del año en curso y de cuyas bases 518 fueron informados antes aún todos los funcionarios locales por medio de un radiograma especial que daba a conocer la propia esencia del mismo lhfi.
Es preciso organizar en el acto las cosas de tal modo que este proyecto de ley---basándose en la experiencia local (y en ella se basa), en el plano local lo han sentido ya---sea discutido con la mayor minuciosidad en el congreso, así como entre los representantes de los comités ejecutivos locales y de sus secciones. Ahora no se encontrará, quizá, un solo camarada que dude de la necesidad de aplicar medidas especiales y singularmente enérgicas de ayuda no sólo en el sentido de estimular, sino también de coercer, a fin cíe elevar la producción agrícola.
Eramos y seguimos siendo un país de pequeños campesinos, y el paso al comunismo nos será mucho más difícil que en cualesquiera otras condiciones. Requerirá una participación de los propios campesinos diez veces mayor que en la guerra. Esta pudo y debió exigir una parte de la población masculina adulta. Pero nuestro país, campesino y extenuado también ahora, debe movilizar a toda la población masculina y femenina de obreros y campesinos. No es difícil convencernos a nosotros, los comunistas, y a los funcionarios de las secciones de agricultura de que es necesario el trabajo general obligatorio para el Estado. Espero que, a este respecto, no habrá ni asomo cíe discrepancias de principios al discutir el proyecto de ley del 14 de diciembre sometido a vuestro examen. Debemos comprender otra dificultad: la de convencer a los campesinos sin partido. Los campesinos no son socialistas. Y confeccionar nuestros planes socialistas como si lo fueran, significa hacer castillos en el aire; significa no comprender nuestras tareas, no haber aprendido en tres años a conmensurar nuestros programas y llevar a la práctica nuestras iniciativas de conformidad con la mísera, y a veces indigente, realidad en que nos hallamos. En este terreno es preciso formarse una idea clara de las tareas que tenemos planteadas. Primera: unir a los funcionarios comunistas de las secciones de agricultura, sintetizar su experiencia, captar lo que se ha hecho a escala local e incluirlo en los proyectos de ley que se formularán en el centro en nombre de las instituciones estatales, en nombre del Congreso de los Soviets de toda Rusia. Confiamos en que lo haremos entre todos. Pero éste es sólo el primer paso. El segundo consiste en convencer a los campesinos sin partido, precisamente a los sin partido, porque son masas. Y también porque sólo aumentando en estas masas---que son de por sí activas y tienen iniciativa---el convencimiento de que es preciso poner manos a la obra, podremos hacer lo que estamos en condiciones de hacer. La 519 hacienda campesina no puede seguir como antes. Si pudimos salir del primer período de guerras, del segundo no saldremos con la misma facilidad, por lo cual debemos dedicar a este aspecto una atención singular.
Es preciso que cada campesino sin partido comprenda esa verdad indudable, y estamos seguros de que la comprenderá. No ha vivido en vano estos seis años de sufrimientos y calamidades. No se parece al mujik de anteguerra. Ha sufrido mucho, ha reflexionado mucho y ha soportado tantas penalidades políticas y económicas que le han hecho olvidar mucho de lo viejo, ``(reo que comprende ya por sí mismo que es imposible vivir como antes, que se debe vivir de otra manera, y debemos encauzar con urgencia todos nuestros medios de propaganda, todas las posibilidades de nuestro Estado, toda nuestra instrucción y todos nuestros recursos y fuerzas del partido a convencer al campesino sin partido. Y sólo entonces habremos dotado de una verdadera base a nuestro proyecto de ley agraria, que confío aprobaréis por unanimidad; lo aprobaréis, claro está, con las debidas enmiendas y adiciones. Será firme, como lo es nuestra política, sólo cuando convenzamos a la mayoría de los campesinos y la incorporemos a esta obra. Porque ---como ha dicho con razón el camarada Kuráev en un artículo basado en la experiencia de la República de Tartaria---los campesinos trabajadores pobres y medios son amigos del Poder soviético, mientras que los holgazanes son enemigos suyos. Esa es la auténtica verdad, que no tiene nada de socialista, pero que es tan indiscutible y evidente que en cualquier asamblea rural, en cualquier reunión de campesinos sin partido, calará en la conciencia de la inmensa mayoría de la población campesina trabajadora y se convertirá en convicción suya.
Camaradas: Ahora que hemos pasado del período de guerras al desarrollo de la economía, quisiera recalcaros, sobre todo, lo siguiente. En un país de pequeños campesinos, nuestra tarea principal y primordial es saber pasar a la coerción estatal para elevar la hacienda campesina, empezando por las medidas más necesarias e impostergables, al alcance por completo del campesino y plenamente comprensibles para él. Y podremos conseguirlo sólo cuando sepamos convencer a más millones de personas aún no preparadas para eso. A este fin debemos poner en juego todas las fuerzas y preocuparnos de que el mecanismo coercitivo, reanimado y vigorizado, tenga base y sea desplegado para dar mayor amplitud a la persuasión y entonces terminaremos victoriosos esta campaña militar. Ahora empieza una campaña militar contra los vestigios de rutina, ignorancia y desconfianza entre las masas campesinas. En este terreno es imposible vencer con las viejas 520 medidas. Pero venceremos con las medidas de propaganda, agitación e influencia organizada que hemos aprendido. Y lograremos que no sólo se promulguen decretos, se funden instituciones y se tramiten papeles---no basta con que vuelen las órdenes---, sino también que para la primavera todo esté mejor sembrado que antes, se obtenga cierta mejoría en la hacienda del pequeño campesino, aunque sea la más elemental---cuanto más prudente, tanto mejor---, pero, cueste lo que cueste, a escala masiva. Si comprendemos bien nuestra tarea y dedicamos toda nuestra atención al campesino sin partido, si centramos en ello todo nuestro arte y toda la experiencia adquirida durante tres años, venceremos. Sin esa victoria, sin el mejoramiento efectivo de la hacienda del pequeño campesino en masa, no tendremos salvación: sin esa base será imposible todo fomento de la economía, y los planes, por grandiosos que sean, no significarán nada. Que los enmaradas no olviden esto y se lo inculquen a ¡os campesinos: que digan a los campesinos sin partido como los de Arzamás, cuyo número asciende a diez o quince millones, que no se puede pasar hambre y frío sin cesar, pues nos derrocarían en el siguiente período de guerras. Es un problema de importancia estatal, de importancia para nuestro Estado. Quien manifiesta en ello la menor debilidad, el menor relajamiento, comete el mayor de los crímenes contra el poder obrero y campesino, ayuda al terrateniente y al capitalista. Y el terrateniente y el capitalista guardan cerca su ejército, lo tienen preparado para lanzarse sobre nosotros en cuanto noten que nos debilitamos. El único medio deque disponemos para fortalecernos es acrecentar nuestro punto de apoyo principal---la agricultura y la industria urbana---, y eso puede hacerse únicamente convenciendo de ello a los campesinos sin partido y movilizando todas las fuerzas para ayudarles, para prestarles ayuda de verdad.
Reconocemos que somos deudores del campesino. Le tomamos el trigo a cambio de papel moneda, se lo tomamos prestado; debemos devolverle la deuda, v se la devolveremos una vez restablecida la industria. Mas, para restablecerla, son necesarios excedentes de producción agrícola. Por eso, nuestro proyecto de ley agraria no sólo significa que necesitamos alcanzar fines prácticos, sino, además, que alrededor suyo se agrupan, como en torno de un foco, centenares de disposiciones y proyectos de ley del Poder soviético.
Trataré ahora de cómo se está sentando en nuestro país la base del desarrollo industrial para empezar a restablecer las fuerzas económicas de Rusia. También en este punto, de entre el montón de informes que habéis recibido o recibiréis dentro de unos días 521 de todos los comisariados, debo llamar vuestra atención, ante todo, sobre un pasaje del informe de nuestro Comisariado del Pueblo de Abastecimiento. Cada comisariado os facilitará en días próximos montones de datos de balance que, en conjunto, abruman por su copiosidad; mas para conseguir un éxito, por modesto que sea, hay que destacar de entre ellos lo más esencial, lo que es fundamental para aplicar todo nuestro plan económico, para restablecer nuestra economía nacional y nuestra industria. Y una de esas bases es el estado de nuestros acopios de víveres. En este librito que os han repartido---el balance de tres años del Comisariado del Pueblo cíe Abastecimiento---hay un cuadro, del que sólo leeré las cifras totales, y aun así redondeándolas, porque leer guarismos, y sobre todo escucharlos, es muy difícil. Son los resultados de los acopios por años. Del 1 de agosto de 1916 al 1 de agosto de 1917 se acopiaron trescientos veinte millones de puds; el siguiente año, cincuenta millones de puds; luego, cien y doscientos millones de puds. Estas cifras---trescientos veinte, cincuenta, cien y doscientos---nos proporcionan la base de la historia económica del Poder soviético, de la labor del Poder soviético en el terreno económico, la preparación de los cimientos que, una vez colocados, nos permitirán empezar como es debido nuestra labor constructiva. Trescientos veinte millones de puds antes de la revolución es el mínimo aproximado sin el cual es imposible construir. Con cincuenta millones de puds en el primer año de la revolución padecimos hambre, frío y miseria en grado sumo; el segundo año tuvimos cien millones de puds; el tercer año, doscientos millones. Una duplicación anual. Según datos que me facilitó ayer Sviderski, el 15 de diciembre contábamos con ciento cincuenta y cinco millones de puds. Levantamos cabeza por vez primera con una tensión extraordinaria y dificultades inauditas, teniendo que asegurar a menudo el abastecimiento sin Siberia, el Cáucaso y el Sur. Ahora, cuando disponemos ya de más de ciento cincuenta millones de puds, podemos decir sin temor a exagerar que, a despecho de las inmensas dificultades, hemos cumplido, pese a todo, esta tarea. Dispondremos de un fondo de unos trescientos millones, quizá más, y sin un fondo como ése es imposible restablecer la industria del país, es imposible pensar en revivificar el transporte, es imposible incluso abordar las grandes tareas de la electrificación de Rusia. No se puede concebir un país socialista, como Estado del poder obrero y campesino, que sea incapaz de recoger, con los esfuerzos mancomunados de los obreros y los campesinos, un fondo de víveres que garantice el sustento de los obreros ocupados en la industria, que permita enviar a decenas y centenares de miles de obreros adonde lo necesite el Poder 522 soviético, Sin eso, todo se reducirá a palabras. La verdadera base de la economía es el fondo de víveres. Y en este terreno se ha obtenido un éxito inmenso. Partiendo de estos éxitos, teniendo ese fondo, podemos empezar a restablecer la economía nacional. Sabemos que esos éxitos se han conquistado a costa de enormes privaciones, hambre y escasez de forrajes en el campo, que pueden agravarse. Sabemos que la sequía de este año ha aumentado de manera inaudita las calamidades y privaciones de los campesinos. Por eso ponemos en primer lugar las medidas de ayuda formuladas en el proyecto de ley que he mencionado. Consideramos que este fondo de víveres es el fondo de restablecimiento de la industria, el fondo de ayuda a los campesinos. Sin este fondo, el poder estatal no será nada. Sin este fondo, la política socialista no pasará de ser un deseo.
Debemos recordar que a la propaganda de la producción, que hemos decidido desplegar firmemente, se agrega un modo de influencia de otro género: los premios en especie = 1('^^7^^. Uno de los decretos y disposiciones más importantes del Consejo de Comisarios del Pueblo y del Consejo de Defensa es la ley acerca de los premios en especie. No logramos promulgarla en seguida, ni mucho menos. Si echáis una mirada al pasado, veréis que desde abril se suceden, formando una larga cadena, las resoluciones y disposiciones, y que la ley aludida se promulgó únicamente cuando, gracias a los ingentes esfuerzos de nuestro transporte, logramos crear un fondo de medio millón de puds de víveres. Medio millón de puds es una cifra muy modesta. Los partes que, sin duda, habréis leído ayer en Izvestia muestran que de esos quinientos mil puds se han consumido ya ciento setenta mil. Como veis, es un fondo deplorable y está muy lejos de ser suficiente; pero, a pesar de todo, hemos emprendido la senda por la que seguiremos avanzando. Esto es una prueba de que pasaremos a los nuevos métodos de trabajo no sólo por medio de la persuasión. No basta con decir a los campesinos y a los obreros: reforzad la disciplina laboral. Además de eso, hay que ayudarles, hay que recompensar a los que, tras pasar calamidades inmensas, siguen revelando heroísmo en el frente de trabajo. Hemos creado un fondo, pero está muy lejos aún de utilizarse satisfactoriamente: en el Consejo de Comisarios del Pueblo tenemos multitud de indicaciones de que, en la práctica, el premio en especie significa a menudo una simple adición al salario. En este terreno queda todavía mucho por hacer. Y además de las conferencias y de los proyectos complementarios en el centro, debe realizarse la labor más importante: trabajar en el plano local y entre las grandes masas. No es difícil comprender que el Estado no sólo trata de 523 convencer, sino que recompensa a los buenos trabajadores creándoles mejores condiciones de vida. Para comprender eso no hace falta ser socialista, y, puestos en este terreno, nos granjeamos de antemano la simpatía de las masas obreras y campesinas sin partido. Lo único que necesitamos es difundir con mayor amplitud esta idea y organizar esta labor de un modo más práctico a escala local.
Si pasamos ahora a los combustibles, en las tesis del enmarada Rykov veréis cifras que muestran la mejoría alcanzada en lo que respecta no sólo a la leña, sino también al petróleo. Ahora, con el extraordinario entusiasmo que manifiestan los obreros en la República de Azerbaidzhán, con las relaciones de amistad que se han establecido entre nosotros y con los dirigentes expertos que ha proporcionado el Consejo de Economía Nacional , el problema del petróleo marcha bien, y empezamos a valemos por nosotros mismos también en lo que respecta a los combustibles. La extracción de hulla del Donets, gracias a la labor de la comisión plenipotenciaria que se envió a aquella región bajo la presidencia del camarada Trotski, y en la que se acordó mandar a trabajar allá a altos funcionarios expertos, se ha elevado de veinticinco a cincuenta millones de puds mensuales. Ahora se ha enviado allí al camarada Piatakov para dirigir.
Así pues, en lo que atañe a los combustibles, hemos adoptado algunas medidas para alcanzar éxitos. La cuenca del Donets, una de las bases más importantes, está ya a nuestra disposición. Podemos encontrar en las actas del Consejo de Comisarios del Pueblo y del Consejo de Defensa acuerdos relativos a esta región. En ellos se estipula enviar a lugares concretos prestigiosas comisiones superiores, que agrupan a representantes del poder central y funcionarios locales. Necesitamos conseguir que mejore el trabajo en el plano local, y me parece que estas comisiones lo conseguirán. Veréis los resultados de la labor de estas comisiones, que organizaremos también en lo sucesivo. Necesitamos ejercer cierta presión en la rama principal de nuestra industria: los combustibles.
Debo decir que el método hidráulico de obtención de la turba es uno de nuestros mayores éxitos en el ámbito de los combustibles. La turba es un combustible abundantísimo en nuestro país, pero no hemos podido aprovecharlo por haber tenido que trabajar hasta ahora en condiciones insoportables. Y este nuevo método nos ayudará a salir del hambre de combustible, uno de los peligros que nos amenazan en nuestro frente económico. Si seguimos dirigiendo a la antigua la economía, si no restablecemos la industria y el transporte, no podremos salir de este atolladero 524 durante muchos años. Los funcionarios de nuestro Comité de la Turba han ayudado a dos ingenieros rusos a llevar hasta el fin su invento, y éstos han logrado que el nuevo método esté a punto de coronarse. Nos encontramos, pues, en vísperas de una gran revolución que nos proporcionará un gran punto de apoyo en el sentido económico. No debe olvidarse que disponemos de inconmensurables riquezas de turba. Pero no estamos en condiciones de aprovecharlas porque no podemos enviar a la gente a ese durísimo trabajo. El régimen capitalista podía enviar hombres a trabajos forzados. Con el Estado capitalista, la gente iba a trabajar a esos sitios impulsada por el hambre; pero con el Estado socialista no podemos enviarla a esos durísimos trabajos, y voluntariamente no irá nadie. El régimen capitalista lo hacía todo para las altas esferas, pero no se preocupaba de los sectores inferiores.
Es preciso utilizar por doquier más máquinas, pasar a la mecanización con la mayor amplitud posible. La extracción de turba por el método hidráulico, que con tanto éxito ha impulsado el CSEN, brinda la posibilidad de obtener combustible en cantidad inmensa y hace innecesario emplear a obreros instruidos, pues con ese método pueden trabajar también obreros no instruidos. Hemos fabricado esas máquinas y, por mi parte, yo aconsejaría a los camaradas delegados al congreso que viesen el documental cinematográfico dedicado a los trabajos de extracción de turba, que se ha proyectado en Moscú y que puede proyectarse para ellos. Dará una idea concreta de dónde radica una de las bases de la victoria conquistada sobre el hambre de combustibles. Hemos fabricado máquinas que se usan con el nuevo método, pero las hemos fabricado mal. Los viajes al extranjero en comisión de servicio relacionados con el comercio exterior, que empieza a organizarse, con las relaciones comerciales existentes, aunque sean semilegales, nos ayudarán a recibir magníficamente fabricadas esas mismas máquinas proyectadas por nuestros inventores. Y todos nuestros triunfos económicos se medirán por el número de esas máquinas y por el éxito del Comité Principal de la Turba y del CSEN en este campo, pues sin conquistar la victoria sobre el hambre de combustibles es imposible vencer en el frente económico. Con ello están relacionados también los éxitos más vitales eri el restablecimiento del transporte.
Habéis visto ya, entre otras cosas, por las tesis de los camaradas Emshánov y Trotski, que en este dominio se trata de un verdadero plan, concebido para muchos años. La Orden N° 1042 estaba calculada para cinco años, y en un lustro podemos restablecer nuestro transporte, podemos disminuir el número de locomotoras 525 averiadas, y quisiera remarcar, quizá como lo más difícil, la indicación hecha en la tesis 9 de que ya hemos acortado ese plazo.
Y bien, cuando se publican grandes planes, calculados para muchos años, surgen a menudo escépticos que dicen: ¡Cómo podemos calcular para muchos años; quiera Dios que podamos hacer lo que se requiere ahora! Camaradas: Debemos saber conjugar lo uno y lo otro; no se puede trabajar sin un plan calculado para un período prolongado y para un éxito serio. Que eso es así de hecho, lo prueba la mejoría indudable del funcionamiento del transporte. Llamo vuestra atención sobre el pasaje de la tesis 9 en que se dice que se había fijado un plazo de cinco años para restablecer el transporte, pero que se ha reducido ya, pues trabajamos por encima de la norma. Este plazo se calcula ahora en tres años y medio. Así hay que trabajar también en las demás ramas de la economía. Y en eso consiste cada día más la tarea práctica, real, del Consejo de Trabajo y Defensa. Siguiendo los experimentos de la ciencia y de la práctica, en el plano local debe aspirarse constantemente a cumplir el plan antes del plazo estipulado. De este modo, las masas verán que la experiencia puede reducir el largo período que nos separa del restablecimiento completo de la industria. Eso depende de nosotros. Mejoremos la economía en cada taller, en cada depósito de locomotoras, en cada rama, y entonces reduciremos el plazo. Ya lo estamos reduciendo. No temáis los planes calculados para largos años: sin ellos es imposible restablecer la economía. ¡Hagamos esfuerzos para que se cumplan a escala local!
Es preciso cumplir los planes económicos de acuerde) con un programa determinado, así como destacar y estimular el rebasamiento de este programa: las masas deben no sólo saber, sino también sentir que la reducción del período de hambre, frío y miseria depende por completo de que cumplan con la mayor rapidez nuestros planes económicos. Todos los planes de las distintas ramas de la producción deben estar rigurosamente coordinados, vinculados, y formar juntos el plan económico único que tanto necesitamos.
En relación con ello tenemos planteada la necesidad de agrupar los Comisariados del Pueblo de ramas de la economía en un centro económico único. Hemos llegado a esta tarea y sometido a vuestro examen el acuerdo del Consejo de Comisarios del Pueblo y del Consejo de Trabajo y Defensa de reorganizar esta última institución.
Examinaréis este proyecto y confío en que será aprobado por unanimidad con las enmiendas necesarias. Es muy modesto por su contenido, pero tiene gran importancia porque necesitarnos un 526 organismo que conozca mejor su situación y una toda la labor económica, que pasa a primer plano.
En las publicaciones precedentes al congreso, el camaracla Gúsev llegó a esa misma tarea en un folleto que, dicho sea de paso, es menos acertado que su otro anterior. En este folleto se presentaba un plan desmesurado de creación del Consejo de Trabajo y Defensa, trasladando a él a numerosos funcionarios destacados, entre los que encontramos los nombres de Trotski y Rykov. Yo diría que debemos tener menos fantasía de ese tipo. No podemos desprendernos de un mecanismo creado a lo largo de tres años. Conocemos sus inmensos defectos, de los cuales hablaremos detenidamente en este congreso. Esta cuestión figura en el orden del día como una de las principales. Me refiero al mejoramiento del mecanismo de los Soviets. Pero debemos obrar ahora con prudencia, modificando nuestro mecanismo en la medida que sea necesario, tomando como base la experiencia práctica. El camarada Gúsev se mofa del proyecto presentado por nosotros y dice que proponemos agregar el Comisariado del Pueblo de Agricultura al Consejo de Trabajo y Defensa. Cierto, eso es lo que proponemos. En el proyecto asignamos un lugar muy modesto al Consejo de Trabajo y Defensa: el de Comisión de Trabajo y Defensa adjunta al Consejo de Comisarios del Pueblo. Hasta ahora veníamos trabajando en el Consejo de Trabajo y Defensa sin regla alguna. Los límites de las atribuciones del Consejo de Comisarios del Pueblo y del Consejo de Trabajo y Defensa estaban mal determinados. A veces los rebasábamos y procedíamos como institución legislativa, pero esto no originó ningún conflicto. Tales casos los resolvíamos pasándolos sin demora al Consejo de Comisarios del Pueblo. Cuando se patentizó la necesidad de hacer del Consejo de Trabajo y Defensa un organismo que aglutinase más la política económica, se nos planteó el problema de cómo definir estas relaciones en el orden legislativo. Tenemos ante nosotros dos planes: primero, delimitar las atribuciones del Consejo de Comisarios del Pueblo y las del Consejo de Trabajo y Defensa. Pero eso requiere tener ocupadas muchas fuerzas codificadoras y gastar montañas de papel, pese a lo cual no tendríamos la garantía de que evitaríamos los errores.
Seguiremos otro camino. El Consejo de Trabajo y Defensa era considerado algo casi igual al Consejo de Comisarios del Pueblo. Renunciemos a esa idea. Que sea una comisión adjunta al Consejo de Comisarios del Pueblo. Con ello eliminaremos multitud de roces y ganaremos la proximidad de la realización efectiva. Si algún miembro del Consejo de Comisarios del Pueblo está 527 descontento, que presente su queja a éste, pues se le puede convocar en unas cuantas horas. Con ello eliminaremos los roces entre ambas instituciones y haremos del Consejo de Trabajo y Defensa un organismo que funcione con rapidez. Esta tarea no es fácil. Está ligada a la confección efectiva de un plan económico único. La tarea para la cual hemos trabajado algo, a pesar de todo, y que se ha venido preparando durante dos años, consiste en lograr unificar los Comisariados del Pueblo de ramas de la economía. Por eso llamo vuestra atención sobre este proyecto de ley acerca del Consejo de Trabajo y Defensa; espero que lo aprobaréis con las adiciones necesarias, y entonces la unificación de los Comisariados del Pueblo de ramas de la economía marchará con mayor facilidad, rapidez, firmeza y energía.
Me detendré en el último punto, el de la electrificación, que figura en el orden del día del congreso como un punto especial y acerca del cual oiréis un informe. Creo que estamos asistiendo aquí a un viraje muy grande que, en todo caso, atestigua el comienzo de grandes éxitos del Poder soviético. A la tribuna de los congresos de toda Rusia subirán en lo sucesivo no sólo políticos y administradores públicos, sino también ingenieros y agrónomos. Es el comienzo de la época más feliz, en la que habrá menos política cada día, se hablará de política con menos frecuencia y prolijidad y hablarán más los ingenieros y los agrónomos. Para pasar de verdad al fomento de la economía debe empezarse por establecer esta costumbre en el Congreso de los Soviets de toda Rusia y seguirla, de arriba abajo, en todos los Soviets y organizaciones, en todos los periódicos, en todos los órganos de propaganda y agitación, en todas las instituciones.
En lo que respecta a la política, la hemos aprendido, sin duda; en esta materia no se nos mete en un aprieto, tenemos base. Pero en economía estamos mal. Desde hoy, la mejor política será hacer menos política. Promoved más a los ingenieros y agrónomos, aprended de ellos, comprobad su trabajo, no convirtáis los congresos y conferencias en organismos dedicados a mitinear, sino en organismos que controlen los éxitos económicos, en organismos en los que podamos aprender de verdad a desarrollar la economía.
Oiréis el informe de la Comisión Estatal para la Electrificación, fundada el 7 de febrero de 1920 por acuerdo del CEC de toda Rusia. El 21 de febrero, el Presidium del CSEN firmó la disposición definitiva respecto a la composición de esta comisión. Y, en primer lugar, muchos de los mejores especialistas y funcionarios del CSEN (más de cien) se entregaron por entero a esta obra, a la que se incorporaron las mejores fuerzas del 528 Comisariado del Pueblo de Vías de Comunicación y del Comisariado del Pueblo de Agricultura. En este tomito, que se os repartirá a todos hoy o mañana, tenemos a la vista los resultados de la labor efectuada por la Comisión Estatal para la Electrificación de Rusia lt>!). Confío en que el tomito no os asustará y en que no me será difícil convenceros de su singular importancia. A mi modo de ver, es nuestro segundo programa del partido. Tenemos nuestro programa del partido, excelentemente explicado por los carnaradas Preobrazhenski y Bujarin en un librito menos voluminoso, pero valioso en grado sumo. Es un programa político, una enumeración de nuestras tareas, una explicación de las relaciones entre las clases y las masas. Pero debemos recordar asimismo que es hora ya de emprender en realidad este camino y medir sus resultados prácticos. El programa de nuestro partido no puede seguir siendo sólo programa del partido. Debe convertirse en el programa de nuestro desarrollo económico, pues de lo contrario tampoco servirá corno programa del partido. Debe completarse con un segundo programa del partido, con un plan de trabajos orientados a reconstruir toda la economía nacional y ponerla al nivel de la técnica moderna. Sin el plan de electrificación no podremos pasar a la edificación efectiva. Al hablar del restablecimiento de la agricultura, la industria y el transporte, de su conexión armónica, hemos de referirnos por fuerza a un amplio plan económico. Debemos llegar a aprobar un plan determinado; por supuesto, será un plan aprobado sólo como primera aproximación. Este programa del partido no será tan inmutable como nuestro verdadero programa, que puede ser modificado únicamente en los congresos del partido. No; este programa se mejorará, elaborará, perfeccionará y retocará cada día en cada taller y en cada subdistrito. Lo necesitamos en calidad de primer esbozo, que se alzará ante toda Rusia como un gran plan económico, calculado para diez años por lo menos, y que mostrará la manera de asentar a Rusia sobre la verdadera base económica necesaria para el comunismo. Si peleamos y vencimos en el frente de la guerra, ¿cuál fue uno de los poderosos incentivos que decuplicaron nuestras fuerzas y nuestra energía? La conciencia del peligro. Todos preguntábamos: ¿Pueden volver a Rusia los terratenientes y los capitalistas? Y respondíamos: Sí, pueden. Por eso centuplicamos nuestras fuerzas, las pusimos en tensión y vencimos.
Tomad el frente económico y preguntad: desde el punto de vista económico, ¿puede el capitalismo volver a Rusia? Hemos combatido la "Sújarevka" I7°. Hace unos días, en vísperas de la apertura del Congreso de los Soviets de toda Rusia, el Soviet de 529 diputados obreros y soldados rojos de Moscú ha clausurado esta desagradable institución. (Aplausos.) La "Sújarevka" ha sido cerrada, mas no es ésta la de temer. Se ha clausurado la "Sújarevka" que estaba en la Plaza Sújarevskaya, eso no era difícil. Pero lo que sí es de temer es la "Sújarevka" que vive en el alma y la conducta de cada pequeño propietario. Hay que cerrar esa "Sújarevka'', que es la base del capitalismo. Mientras exista, los capitalistas podrán volver a Rusia y hacerse más fuertes que nosotros. Esto hay que comprenderlo bien. Debe ser el incentivo principal en nuestra labor y la condición, la medida de nuestros éxitos reales. Mientras vivamos en un país de pequeños campesinos, en Rusia existirá una base económica más sólida para el capitalismo que para el comunismo. No debe olvidarse esto. Cuantos observen atentamente la vida del campo, en comparación con la de la ciudad, saben que no hemos extirpado las raíces del capitalismo ni hemos socavado los cimientos, la base, al enemigo interior. Este último se aferra a la pequeña hacienda y sólo hay un medio para acabar con él: pasar la economía del país, incluida la agricultura, a una nueva base técnica, a la base técnica de la gran producción moderna. Esa base no es otra que la electricidad.
El comunismo ex el Poder soviético más la electrificación de todo el país. De otro modo, seguiremos siendo un país de pequeños campesinos, y es preciso que lo comprendamos claramente. Somos más débiles que el capitalismo tanto a escala mundial como dentro del país. Esto lo sabemos todos. Hemos tomado conciencia de ello y haremos que la economía, basada en la pequeña hacienda campesina, pase a basarse en la gran industria. Sólo cuando el país esté electrificado, cuando la industria, la agricultura y el transporte se asienten en la base técnica de la gran industria moderna, sólo entonces venceremos definitivamente.
Hemos preparado ya un plan previo de electrificación del país, en el que han trabajado doscientos de nuestros mejores científicos y técnicos. Se ha ultimado un plan que nos ofrece un cálculo material y financiero para un largo período, para no menos de diez años. Este plan indica cuántos millones de barriles de cemento y cuántos millones de ladrillos necesitamos para efectuar la electrificación. En el aspecto financiero, las tareas de la electrificación requerirán, según el cálculo, de mil millones a mil doscientos millones de rublos oro. Sabéis que con nuestras reservas de oro no podemos cubrir, ni muchísimo menos, esa cifra. Es también pequeño nuestro fondo de víveres. Por eso debemos cubrir esos gastos con las concesiones, de cuyo plan os he hablado. Veréis el cálculo de cómo se planifica, sobre esta base, el restablecimiento de nuestra industria y de nuestro transporte.
530No hace mucho he asistido a una fiesta campesina en un apartado lugar de la provincia de Moscú, en el distrito de Volokolamsk, donde los campesinos tienen alumbrado = eléctrico^^171^^. Se celebró un mitin en la calle. Un campesino salió y pronunció un discurso, en el que aprobó este nuevo atontei imienlo de la vida campesina. Dijo: Nosotros, los campesinos, vivíamos en la oscuridad y ahora nos han dado luz, "una luz innatural que alumbrará nuestra oscuridad labriega''. Yo no me extrañé de esas palabras. Por supuesto, para la masa campesina sin partido, la luz eléctrica es ``innatural''; mas para nosotros, lo innatural es que los campesinos y los obreros hayan podido vivir siglos y milenios en esa oscuridad, en la miseria, oprimidos por los terratenientes y los capitalistas. De esa oscuridad no se sale tan pronto. Pero, en el momento actual, necesitamos conseguir que cada central eléctrica construida por nosotros se transforme realmente en un puntal de la instrucción; que se dedique, digámoslo así, a la enseñanza eléctrica de las masas. Es preciso que todos sepan por qué estas pequeñas centrales, que suman ya decenas, están relacionadas con el restablecimiento de la industria. Tenemos un plan de electrificación, pero su cumplimiento está calculado para varios años. Debemos cumplirlo cueste lo que cueste y reducir el plazo necesario para ello. Con este plan debe ocurrir lo mismo que ocurrió con uno de nuestros primeros planes económicos, el de restablecimiento del transporte---la Orden N° 1042---, el cual estaba calculado para cinco años, pero ha quedado ya reducido a tres años y medio porque se cumple por encima de la norma. Para cumplir el plan de electrificación y efectuar transformaciones que extirpen las raíces del retorno al capitalismo necesitaremos, quizá, diez o veinte años. Y este plazo será un ejemplo, sin precedente en el mundo, de rapidez en el desarrollo social. Debemos cumplir a toda costa este plan y acortar el plazo de su cumplimiento.
Abordamos por vez primera la labor económica de manera que, además de los planes sueltos, que se hacían en algunas ramas, por ejemplo, en el transporte, y se extendían después a otras ramas de la industria, obtenemos también un plan generalizado que abarca varios años. Es una labor difícil, calculada para la victoria del comunismo.
Pero es preciso saber y recordar que no se puede realizar la electrificación teniendo analfabetos. No basta con que nuestra comisión se esfuerce por poner término al analfabetismo. Ha hecho mucho en comparación con lo que había, pero poco con relación a lo que necesitamos. Además de saber leer y escribir, es preciso que los trabajadores sean cultos, conscientes e instruidos; es preciso que la mayoría de los campesinos tenga una noción 531 concreta de las tareas a cumplir. Este programa del partido debe convertirse en el libro fundamental, que habrá de entrar en todas las escuelas. En él encontraréis, además del plan general de electrificación, planes especiales escritos para cada región de Rusia. Y cada camarada que vaya a su localidad poseerá un estudio concreto de cómo efectuar la electrificación en su distrito, pasando de la oscuridad a la existencia normal. Y, camaradas, se puede y se debe comparar, elaborar y comprobar en el plano local las tesis que se os han dado, esforzándose por conseguir que en cada escuela y en cada círculo de estudios se responda a la pregunta de qué es el comunismo no sólo con lo que está escrito en el programa del partido, sino también diciendo cómo salir de la oscuridad.
Los mejores funcionarios, especialistas en cuestiones económicas, han cumplido la tarea que se les había encomendado de confeccionar el plan de electrificación de Rusia y de restablecimiento de su economía. Ahora debe lograrse que los obreros y los campesinos sepan cuan magna y difícil es la tarea, cómo abordarla y cómo poner manos a la obra.
Debemos conseguir que cada fábrica y cada central eléctrica se conviertan en un foco de instrucción, y si Rusia se cubre de una densa red de centrales eléctricas y potentes instalaciones técnicas, nuestro desarrollo económico comunista será un modelo para las futuras Europa y Asia socialistas. (Clamorosos y prolongados aplausos.)
Publicado en 1921 en el libro "Octavo Congreso de los Soviets de diputados obreros, campesinos, soldados rojos y cosacos de toda Rusia. Actas taquigráficas".
1. 42. págs, 128--161.
532 __NUMERIC_LVL2__ 2 __ALPHA_LVL2__ PROYECTO DE RESOLUCIÓN SOBRE EL INFORMEEl VIII Congreso de los Soviets de toda Rusia,
~tras haber escuchado el informe del presidente de la Comisión Estatal para la Electrificación, expresa su gratitud, en primer orden, al Presidium del Consejo Supremo de la Economía Nacional, luego al Comisariado del Pueblo de Agricultura y al Comisariado del Pueblo de Vías de Comunicación y, sobre todo, a la Comisión de Electrificación de Rusia por haber preparado el plan de electrificación de Rusia.
El congreso encarga al Comité Ejecutivo Central de toda Rusia, al Consejo de Comisarios del Pueblo, al Consejo de Trabajo y Defensa y al Presidium del Consejo Supremo de la Economía Nacional, lo mismo que a otros Comisariados del Pueblo, que terminen de calcular dicho plan y lo aprueben, además, sin falta, en el plazo más breve.
El congreso encarga luego al gobierno y ruega al Consejo Central de los Sindicatos de toda Rusia y al congreso de los Sindicatos de toda Rusia que adopten todas las medidas para que se haga la más vasta propaganda de este plan y se dé a conocer a las más amplias masas de la ciudad y el campo. El estudio de este plan se debe introducir en todos los establecimientos de enseñanza, sin excepción, de la república; cada central eléctrica y cada fábrica y sovjós medianamente organizados deben ser centros de iniciación en electricidad e industria moderna y centros de propaganda del plan de electrificación y de enseñanza sistemática del mismo. Los que posean la suficiente preparación científica o práctica deberán ser movilizados todos, hasta el último, para hacer propaganda del plan de electrificación y enseñar las nociones imprescindibles para que se entienda.
533El congreso expresa su I irme seguridad de que todas las instituciones soviéticas, todos los Soviets de diputados, todos los obreros y campesinos trabajadores pondrán en tensión sus fuerzas y no se detendrán ante sacrificio alguno para llevar a cabo el plan de electrificación de Rusia a toda costa y a pesar de todos los obstáculos.
PBerilo filtre el 21 \ el 29 de didembre de ¡920.
Se publicó por primera vez en 1930 en /íí.s" .sf£Hiir/« v lercem ediciones de las "Obra.-.'' de V.I.l.enm. I. XXVI.
'i. 42. t>ríg*. 196--197
[534] __ALPHA_LVL1__ UNA VEZ MAS ACERCASe han avivado la discusión en el partido y la lucha fracciona! precursoras del congreso, es decir, en vísperas y con motivo de las próximas elecciones de delegados al X Congreso del PCR. La primera intervención fracciona!, a saber, la intervención del camarada Trotski en nombre de "toda una serie de dirigentes responsables" con "un folleto-plataforma" (El papel y las tareas de los sindicatos, prólogo fechado el 25 de diciembre de 1920), ha sido seguida de una brusca intervención (el lector verá más adelante que la brusquedad está justificada) de la organización de Retrogrado del PCR (el Mensaje al partido, publicado el 6 de enero de 1921 en Petrográdskaya Pravda y luego, el 13 de enero de 1921, en el órgano central del partido, en Pravda, de Moscú). Después se ha manifestado contra la organización de Petrogrado el Comité de Moscú (en Pravda de la misma fecha). Con posterioridad ha aparecido, editada por el Buró del grupo comunista del Consejo Central de los Sindicatos de toda Rusia, el acta taquigráfica de la discusión del 30 de diciembre de 1920 en una grande e importantísima reunión del partido, a saber, de los militantes del PCR delegados al VIII Congreso de los Soviets. Dicha acta taquigráfica se titula Acerca del papel de los sindicatos en la producción (prólogo fechado el 6 de enero de 1921). Claro que eso dista mucho de ser todo el material de la polémica. Pero casi en todos los lugares se están celebrando ya reuniones de partido para examinar los problemas en discusión. El 30 de diciembre de 1920 hube de hablar en unas condiciones que "infringían el reglamento'', como dije entonces, es decir, en unas condiciones que me impidieron participar en los debates y escuchar a los oradores que me habían precedido en el uso de la palabra y a los que me sucedieron. Procuraré ahora restablecer el orden infringido y exponer mi opinión de manera más ``ordenada''.
535.•Es el folleto del camarada Trotski El papel y las tareas de los sindicatos; una intervención fracciona!? ¿Hay en una intervención de esa índole, independientemente de su contenido, algo peligroso para el partido? Los más aficionados a silenciar esta cuestión (además del camarada Trotski, por supuesto) son los miembros del Comité de Moscú, que ven fraccionismo en los petrogradenses, y el camarada Bujarin, el cual, sin embargo, se consideró obligado a declarar en un discurso, el 30 de diciembre de 1920, en nombre de la "fracción de tope''^^174^^.
``...cuando el tren tiene cierta indinadón al descarrilamiento, los topes no son ya una cosa tan mala" (pág. 45 del acta de la discusión del 30 de diciembre de 1920).
Existe, pues, cierta inclinación al descarrilamiento. Y bien, ¿son concebibles miembros conscientes del partido que no sientan preocupación por saber dónde precisamente, en qué precisamente y cómo precisamente ha comenzado esa inclinación?
El folleto de Trotski empieza con la declaración de que "es fruto de un trabajo colectivo''; de que en su redacción ha participado "toda una serie de dirigentes responsables, sobre todo sindicales (miembros del Presidium del Consejo Central de los Sindicatos^de toda Rusia, del CC del Sindicato de Metalúrgicos, del = Cectrán~^^175^^, y otros)''; de que es "un folleto-plataforma''. Y al final de la tesis N° 4 leemos que "el próximo congreso del partido tendrá que elegir (la cursiva es de Trotski) entre dos tendencias en el movimiento sindical".
Si eso no es la formación de una fracción por un miembro del Comité Central, si eso no es "cierta inclinación al descarrilamiento'', que el camarada Bujarin o cualquiera de sus correligionarios prueben a explicar al partido: ¿¿qué otro sentido tienen las palabras "fracción" e "inclinación al descarrilamiento" del partido?? ¿¿Puede imaginarse una ceguera más monstruosa que esta ceguera de quienes desean "hacer de tope" y cierran los ojos unte semejan «e "inclinación al descarrilamiento"??
Imaginaos: después de dos sesiones plenarias del CC (9 de noviembre y 7 de diciembre), dedicadas a discutir acaloradamente, con inaudita minuciosidad y durante largo tiempo el esbozo inicial de las tesis del camarada Trotski y toda la política del partido en los sindicatos que él propugna, un miembro de los /.9del CC se queda solo, forma un grupo fuera del CC y presenta "el trabajo" ``colectivo'' de ese grupo como una ``plataforma'', ¡¡proponiendo al 536 congreso del partido que "elija entre dos tendencias"!! No hablo ya de que esta proclamación por el camarada Trotski precisamente de dos tendencias y sólo de dos tendencias el 25 de diciembre de 1920, a pesar de que Bujarin había hablado ya como ``parachoquista'' el 9 de noviembre, denuncia patentemente el verdadero papel del grupo de Bujarin como cómplice del fraccionismo peor y más nocivo. Esto de pasada. Pero yo pregunto a cualquier miembro del partido: ¿No asombra por su vertiginosidad semejante presión y embestida en lo que respecta a "la elección" entre dos tendencias en el movimiento sindical? ¿Es que no hay motivo para quedarse perplejo ante el hecho de que a los tres años de dictadura del proletariado pueda encontrarse en el partido un miembro, aunque sólo sea, capaz de ``embestir'' de esa manera, planteando la cuestión de las dos tendencias en el movimiento sindical?
Pero hay más. Ved los ataques fracciónales con que está adornado ese folleto. En h primera tesis leemos una temible ``amenaza'' a "algunos dirigentes del movimiento sindical" que han sido arrojados "atrás, a las posiciones tradeunionistas, eliminadas con firmeza por el partido hace mucho" (por lo visto, sólo un miembro de los 19 del CC representa al partido). En la tesis 8 se censura enfáticamente "el conservadurismo sindical en la capa dirigente de funcionarios sindicales" (¡advertid que se trata de un afán verdaderamente burocrático de centrar la atención en "la capa dirigente"!). En la tesis 11 se hace al principio la... ¿cómo decirlo con mayor delicadeza?... "insinuación'', sorprendentemente circunspecta, demostrativa y eficiente, de que "la mayoría de los dirigentes sindicales" "reconocen de manera formal, es decir, de palabra'', los acuerdos del IX Congreso del PC de Rusia.
¡Esos son los jueces competentes que fallan que la mayoría (!!) de los dirigentes sindicales reconocen de palabra los acuerdos del partido!
En la tesis 12 se dice:
``...numerosos dirigentes sindicales se pronuncian de manera cada día más enérgica e intransigente contra las perspectivas de enlazamiento... Entie esos dirigentes sindicales encontramos a los camaradas Tomski y Lozovski. Es más. Al rechazar las nuevas tareas y los nuevos métodos, muchos dirigentes sindicales fomentan en sus medios un espíritu de estrechez corporativa, de antipatía a los nuevos funcionarios destinados a la esfera dada de la economía y, de este modo, mantienen de hecho las supervivencias gremiales entre los obreros organizados en sindicatos."
Que el lector vuelva a leer atentamente estas consideraciones y medite bien sobre ellas. La riqueza de ``perlas'' es pasmosa. Primero, ¡valorad esta intervención desde el punto de vista de su fraccionismo! Figuraos lo que diría y cómo intervendría Trotski si Tomski 537 publicase una plataforma acusando a Trotski y a ``numerosos'' dirigentes militares de que fomentan el espíritu del burocratismo, apoyan las supervivencias del salvajismo, etc. ¿Cuál es "el papel" de Bujarin, Preobrazhenski, Serebriakov y otros, que no ven---no advierten, no advierten en absoluto---brusquedad y fraccionismo en eso, no ven cuánto más fracciona! es eso que la intervención de los petrogradenses?
Segundo. Ahondad en este enfoque de la cuestión: muchos dirigentes sindicales "fomentan en sus medios un espíritu"... F.l enfoque es totalmente burocrático. Habéis de saber que todo consiste en el "espíritu" que fomentan "en sus medios" Tomski y Lozovski, y en modo alguno en el nivel de desarrollo ni en las condiciones de vida de las masas, de millones de seres.
Tercero. El camarada Trotski ha expresado sin querer la esencia de toda la discusión, tan cuidadosamente eludida y velada tanto por él como por los ``parachoquistas'' Bujarin y Cía.
¿Es que la esencia de toda la discusión y el origen de la lucha consisten en que numerosos dirigentes sindicales rechazan las nuevas tareas y los nuevos métodos, fomentando en sus medios el espíritu de antipatía a los nuevos funcionarios?
¿O en que las masas de obreros organizados en sindicatos protestan con razón y expresan ineluctablemente su disposición a echar a los nuevos dirigentes que no quieren corregir los extremismos de burocratismo innecesarios y perniciosos?
¿Es que la esencia de la discusión consiste en que alguien no quiere comprender "las nuevas tareas y los nuevos métodos"?
¿O en que alguien encubre desafortunadamente la defensa de algunos extremismos de burocratismo, innecesarios y perniciosos, con palabras acerca de las nuevas tareas y los nuevos métodos?
Que el lector recuerde esta esencia de toda la discusión.
``La democracia obrera no conoce fetiches'', escribe el camarada Trotski en sus tesis, "fruto de un trabajo colectivo''. "Sólo conoce la conveniencia revolucionaria" (tesis 23).
Con estas tesis del c amarada Trotski ha ocurrido algo desagradable. Todo lo que tienen de acertado, además de no ser nuevo, se vuelve contra Trotski. Y lo eme tienen de nuevo es completamente desacertado.
He anotado los postulados acertados del camarada Trotski. Se vuelven contra él no sólo en la cuestión tratada en la tesis 23 (acerca de la Glavpolitput'"'), sino también en otras.
538Desde el punto de vista de la democracia formal, Trotski tenia derecho a presentar una plataforma fracdonal incluso contra todo el Comité Central. Esto es indiscutible. Es indiscutible también que el Comité Central confirmó ese derecho formal con su acuerdo del 24 de diciembre de 1920 sobre la libertad de discusión. Bujarin-tope reconoce a Trotski ese derecho formal, pero no se lo reconoce a la organización de Petrogrado, probablemente porque Bujarin llegó a hablar el 30 de diciembre de 1920 hasta de "la consigna sagrada de la democracia obrera" (pág. 45 del acta taquigráfica)...
Pero ¿y la conveniencia revolucionaria?
¿¿Habrá siquiera un hombre serio, no cegado por el fracciona! amor propio de la fracción del Cectrán o "de tope'', que en plena posesión de sus facultades mentales crea conveniente desde el punto de vista revolucionario semejante intervención acerca del movimiento sindical de un dirigente tan prestigioso como Trotski??
¿¿Se podrá negar que incluso si Trotski hubiese señalado "las nuevas tareas y los nuevos métodos" con un acierto tan grande como el desacierto con que las ha señalado de hecho (de lo cual hablaremos más adelante), que incluso sólo con semejante enfoque de la cuestión Trotski se habría causado daño a sí mismo y lo habría causado al partido, al movimiento sindical, a la educación de los millones de afiliados de los sindicatos y a la República??
Es probable que el bueno de liujarin y su grupo se llamen a sí mismos ``topes'' porque hayan decidido firmemente no pensar en los deberes que ese título impone.
Todo el mundo sabe que las grandes discrepancias surgen a veces de las divergencias más pequeñas, incluso insignificantes al principio. Todo el mundo sabe que una herida minúscula, o hasta un arañazo, que cada cual recibe por decenas a lo largo de su vida, puede transformarse en una enfermedad peligrosísima, e incluso absolutamente mortal, si la herida empieza a emponzoñarse, .vi comienza una infección de la sangre. Así ocurre en todos los conflictos, aun en los puramente personales. Así sucede también en política.
Cualquier discrepancia, incluso la más insignificante, puede llegar a ser peligrosa desde el punto de vista político si surge la posibilidad de que se agrande hasta la escisión; hasta una escisión precisamente de tal índole que pueda hacer tambalearse y destruir todo el edificio político, que pueda conducir---expresándonos con la metáfora del camarada Bujarin---al descarrilamiento del tren.
539Es claro que en un país que está viviendo la dictadura del proletariado, la escisión del proletariado o la escisión entre el partido proletario y la masa proletaria es ya no sólo peligrosa, sino peligrosísima, especialmente si el proletariado constituye en dicho país una pequeña minoría de la población. Y las escisiones en el movimiento sindical (que, como procuré remarcar con todas mis fuerzas en el discurso del 30 de diciembre de 1920, es un movimiento del proletariado organizado en sindicatos casi en su totalidad) implican escisiones precisamente en la masa del proletariado.
Por eso, cuando "empezó el barullo" en la V Conferencia Sindical de toda Rusia del 2 al 6 de noviembre de 1920'" (y empezó precisamente en ella); cuando nada más terminar esta conferencia... no, me equivoco, durante esta conferencia, el camarada Tomski vino excitadísimo al Buró Político y, con el pleno apoyo del equilibradísimo camarada Rudzutak, comenzó a contar que el camarada Trotski había hablado en ella de ``sacudir'' los sindicatos y que él, Tomski, había polemizado contra esto; cuando ocurrió eso, decidí para mí, en el acto y de manera definitiva, que la esencia de la discusión estaba cabalmente en la política (es decir, en la política del partido respecto a los sindicatos) y que el camarada Trotski, con su política de ``sacudimiento'', no llevaba ninguna razón en esta discusión con el camarada Tomski. Porque la política de ``sacudimiento'', incluso si se justificara en parte con "las nuevas tareas y los nuevos métodos" (tesis 12 de Trotski), es completamente inadmisible en el momento actual y en la situación presente, pues implica un peligro de escisión.
Al camarada Trotski le parece ahora que atribuirle la política de "sacudir desde arriba" "es la más pura caricatura" (L. Trotski. Respuesta a los cantaradas de Petrogrado, publicada en Pravda, núm. 9, del 15 de enero de 1921). Mas la palabreja ``sacudimiento'' se ha hecho verdaderamente proverbial, y no sólo en el sentido de que, al ser pronunciada por el camarada Trotski en la V Conferencia Sindical de toda Rusia, "ha volado" ya, por así decir, tanto en el partido como en los sindicatos. No. Por desgracia, sigue siendo acertada hasta ahora en un sentido mucho más profundo. A saber: esa sola palabra expresa, en la forma más breve, todo el espíritu, toda la tendencia del folleto-plataforma El papel y las tareas de los sindicatos. Todo este folleto-plataforma del camarada Trotski está impregnado, desde el principio hasta el fin, precisamente del espíritu de la política de "sacudir desde arriba''. Baste recordar la acusación hecha al camarada Tomski o a "numerosos dirigentes sindicales" de que ¡"fomentan en sus medios el espíritu de antipatía a los nuevos funcionarios"!
Pero si en la V Conferencia Sindical de toda Rusia (2-6 cíe noviembre de 1920) sólo empezaba aún a crearse una atmósfera que 540 amena/aba con escisiones, a principios de diciembre de 1920 fue va un hecho la escisión del Cectrán.
Este acontecimiento es fundamental, principal, cardinal para valorar la esencia política de nuestras discusiones; y en vano creen los camaradas Trotski y Bujarin que el silencio ayudará, por poco quesea, en este caso. En este caso, el silencio no hace de ``tope'', sino que enardece, pues el problema no sólo está planteado a la orden del día por la vida, sino que lo ha subrayado el camarada Trotski en su folleto-plataforma. Porque precisamente este folleto plantea repetidas veces la cuestión en los pasajes que he citado, sobre todo en la tesis 12, de en qué consiste la esencia: ¿en que "numerosos dirigentes sindicales fomentan en sus medios el espíritu de antipatía a los nuevos funcionarios"?, ;o en que "la antipatía" de las masas es legítima en virtud de ciertos extremismos de burocratismo, innecesarios y perniciosos, por ejemplo, en el Cectrán?
El camarada Zinóviev plantee) abiertamente esta cuestión, y con todo fundamento, en su primer discurso del 30 de diciembre de 1920 al decir que habían llevado a la escisión "los inmoderados adeptos del camarada Trotski''. ¿Quizá por eso censuró el camarada Bujarin el discurso del camarada Zinóviev, calificándolo de " charlatanería"? Pero cualquier miembro del partido que lea el acta taquigráfica de la discusión del 30 cíe diciembre de 1920 podrá convencerse ahora de lo injusto de ese reproche y verá que precisamente el camarada Zinóviev cita hechos exactos v se apoya en hechos exactos, mientras que precisamente en los discursos de Trotski y Bujarin predomina la ``verbosidad'' intelectual sin ningún hecho.
Cuando el camarada Zinóviev dijo: "El Cectrán tiene los pies de barro, se ha dividido ya en tres partes'', el camarada Sosnovski le interrumpió, diciendo:
``Y usted lo estimuló''. (Acta taquigráfica, pág. 15.)
Esta acusación es seria. Si se demostrara, está claro que los culpables de estimular la escisión, aunque sólo sea de un sindicato, no podrían estar ni en el Comité Central, ni en el PCR ni en los sindicatos de nuestra república. Por fortuna, esa seria acusación ha sido hecha en forma no seria por un camarada que, lamentablemente, ha dado ya en más de una ocasión ejemplos de sus ``aficiones'' polémicas nada serias. El camarada Sosnovski, incluso en sus excelentes artículos, por ejemplo, sobre la propaganda en el terreno de la producción, ha sabido a veces poner "un poco de hiél'', que ha pesado mucho más que todos los lados positivos de la propia propaganda de la producción. Hay naturalezas tan felices (como la de Bujarin, por ejemplo) que, incluso en lo más encarnizado de la lucha, de lo que menos son capaces es de emponzoñar sus ataques; 541 hay otras naturalezas, no muy dichosas, que empon/oñan sus ataques con excesiva frecuencia. Al camarada Sosnovski le sería útil vigilarse en este sentido e incluso pedir a sus amigos que lo vigilen.
Pero---podrá decirse---la acusación, a pesar de lodo, ha sido hecha. Aunque en forma poco seria, desacertada y evidentemente ``frHccional''. Mas es preferible decir la verdad con desacierto que silenciarla si la cuestión es grave.
La cuestión, indudablemente, es grave, pues en eso consiste, repito, más de lo que se piensa, la esencia de toda la discusión. Y disponemos, por fortuna, de datos suficientemente objetivos y suficientemente convincentes para responder a fondo a la cuestión que ha planteado el camarada Sosnovski.
Primero. En la misma página del acta taquigráfica leemos la declaración del camarada Zinóviev, que no sólo respondió al camarada Sosnovski: "¡No es cierto!'', sino que citó datos fidedignos acerca de los hechos decisivos. El camarada Zinóviev dijo que el camarada Trotski trató de hacer (añadiré por mi parte: dejándose llevar, evidentemente, por la pasión fracciona!) una acusación distinta por completo de la que hizo el camarada Sosnovski, inculpando al camarada Zinóviev de que él, Zinóviev, contribuye» a la escisión o provocó la escisión con su discurso en la Conferencia de Septiembre del PCR"*. (Señalaré, entre paréntesis, que la acusación es inconsistente ya por el hecho de que el discurso de Zinóviev en septiembre había sido aprobado, en esencia, por el Comité Central y por el partido, y nadie ha protestado nunca formalmente contra él.)
Y el camarada Zinóviev respondió que el camarada Rudzutak había demostrado en una reunión del CC, con las actas en la mano, que "este problema (el problema de algunos extremismos de burocratismo, innecesarios y nocivos, en el Cectrán) había sido examinado en Siberia, en el Volga, en el Norte y en el Sur mucho antes de que yo (o sea, Zinóviev) pronunciara discurso alguno y mucho antes de la conferencia del partido".
Es ésta una declaración completamente clara, exacta y basada en hechos. La hizo el camarada Zinóviev en su primer discurso, pronunciado ante miles de miembros del PCR con cargos de la mayor responsabilidad, .sin que el camarada Trotski, que habló dos veces después de ese discurso de Zinóviev, ni el camarada Bujarin, que también habló después de ese discurso de Zinóviev, pudieran rebatir los hechos señalados por Zinóviev.
Segundo. La resolución del Pleno del CC del PCR sobre el conflicto entre los comunistas del transporte marítimo y fluvial y el grupo corminista de la conferencia del Cectrán, aprobada el 7 de diciembre de 1920 y recogida en esa misma acta taquigráfica, es una refutación todavía más exacta y oficial de la acusación hecha por el camarada Sosnovski. 542 La parte cíe la resolución dedicada al Cectrán dice:
``Con motivo del conflicto entre el Cectrán y los trabajadores del transporte marítimo y fluvial, el CC acuerda: = 1) Crear en el Cectrán unificado la sección de trabajadores del transporte marítimo y fluvial. = 2) Convocar en febrero un congreso de ferroviarios y trabajadores del transporte mar\'itimo y fluvial, en el que se elegirá normalmente el nuevo Cectrán. = 3) Hasta entonces, dejar que siga en funciones el viejo Cectrán. = 4) Suprimir inmediatamente la Glavpolitvod^^179^^ y la = Glavpolitput^^*^^, transfiriendo todos sus efectivos y medios a la organización sindical sobre la base d democracia normal."
El lector verá por esta resolución que, lejos de condenarse al Sindicato del Transporte Marítimo y Fluvial, se reconoce, por el contrario, que tiene razón en todo lo esencial. Sin embargo, no votó a favor de esa resolución ni uno de los miembros del CC (excepto Kámenev) que firmaron la plataforma común del 14 de enero de 1921 (Acerca del papel y las tareas de los sindicatos. Proyecto de resolución del X Congreso del PCR, presentado al CC por un grupo de miembros del mismo y de miembros de la comisión sindical. Lo firman: Lozovski, como miembro de la comisión sindical, pero no del CC; los demás firmantes son: Tomski, Kalinin, Rudzutak, Zinóviev, Stalin, Lenin, Kámenev, Petrovski y Artiom Serguéiev).
Dicha resolución fue aprobada en contra de los mencionados miembros del CC, es decir, en contra de nuestro grupo. Porque nosotros hubiéramos votado en contra de que siguiera temporalmente en funciones el viejo Cectrán. Y la inevitabilidad de la victoria de nuestro grupo obligó a Trotski a votar en pro de la resolución de Bujarin, pues, de lo contrario, habría sido aprobada nuestra resolución. El camarada Rykov, que en noviembre estaba al lado de Trotski, participó en diciembre en la labor de la comisión sindical para ventilar el conflicto entre el Sindicato del Transporte Marítimo y Fluvial y el Cectrán y se convenció de que tenía razón el primero.
Resultado: la mayoría de diciembre (7 de diciembre) del CC estuvo compuesta por los camaradas Trotski, Bujarin, Preobrazhenski, Serebriakov, etc., es decir, por miembros del CC que no despertarán en nadie sospechas de parcialidad contra el Cectrán. Y esta mayoría, por la esencia de su resolución, no censuró al Sindicato del Transporte Marítimo y Fluvial, sino al Cectrán, negándose sólo a sustituirlo inmediatamente. Por tanto, queda demostrada la insolvencia de la acusación de Sosnovski.
Para no dejar nada sin aclarar habremos de tratar un punto más. ¿En qué consistían, pues, "algunos extremismos de burocratismo, innecesarios y nocivos'', a los que he aludido varias veces? ¿No habría y no habrá falta de fundamento o exageración en esta acusación?
_-_-_^^*^^ Véase la nota 176 del presente volumen. (N. de til Edil.)
543De nuevo dio la respuesta el camarada Zinóviev en su primer discurso del 30 de diciembre de 1920, y una respuesta que no deja nada que desear en cuanto a exactitud. El camarada Zinóviev leyó un extracto de la orden impresa del camarada Zof para el transporte marítimo y fluvial (del 3 de mayo de 1920), en la que se declara: "desaparece la proliferación de los comités''. El camarada Zinóviev calificó acertadamente eso de error cardinal. Eso sí que es un modelo de extremismo, innecesario y nocivo, de burocratismo y " designacionismo''. El camarada Zinóviev hizo en el acto la salvedad de que entre los designados hay "camaradas mucho menos probados y con mucha menos experiencia" que el camarada Zof. En el CC he oído decir que Zof es un valiosísimo funcionario, y mis observaciones en el Consejo de Defensa confirman plenamente esta opinión. Nadie piensa ni minar la autoridad de semejantes camaradas ni convertirlos en "chivos expiatorios" (como sospechó el camarada Trotski en su informe, pág. 25, sin tener para ello ni asomo de fundamento). La autoridad de los ``designados'' no la minan quienes corrigen los errores que ellos cometen, sino quienes quisieran defenderlos incluso cuando incurren en errores.
Vemos, pues, que el peligro de escisiones en el movimiento sindical no es imaginario, sino real. Vemos también del modo más palmario en qué consistió precisamente la esencia, no exagerada, de las discrepancias: en la lucha por que algunos extremismos de burocratismo, innecesarios y nocivos, y de ``designacionismo'' no sean defendidos ni justificados, sino corregidos. Sólo eso.
Pero si existen discrepancias cardinales y profundas de principios ---podrán decirnos---, ¿es que no justifican incluso las intervenciones más bruscas y fracciónales? Si hay que decir algo nuevo e incomprensible, ¿no justifica eso, a veces, hasta la escisión?
La justifica, naturalmente, si las discrepancias son, en efecto, profundas en extremo y si la dirección equivocada de la política del partido o de la clase obrera no se puede corregir de otra manera.
Mas el quid está, precisamente, en que tales discrepancias no existen. El camarada Trotski se esforzó por señalarlas, pero no pudo. Y si antes de aparecer su folleto (25 de diciembre) se podía---y se debía---hablar convencional y conciliadoramente ``(no se puede enfocar así la cuestión, incluso en el caso de que haya tareas nuevas incomprendiclas, de que haya discrepancias''), después de haber aparecido ha habido que decir: en lo que tiene de nuevo, el camarada Trotski no lleva razón en esencia.
544Esto puede verse con la mayor claridad al comparar las tesis del camarada Trotski con las de Rudzutak, aprobadas por la V Conferencia Sindical de toda Rusia (2-6 de noviembre). Las cité en mi discurso del 30 de diciembre y en Pravda del 21 de enero. Estas tesis son más acertadas y completas que las de Trotski. Lo que diferencia las tesis de Trotski de las de Rudzutak es erróneo en Trotski.
Analicemos, para empezar, la decantada "democracia en la producción'', que el camarada Bujarin se apresuró a incluir en la resolución del CC del 7 de diciembre. Está claro que sería ridículo tomarla con este término torpe y artificial (``fiorituras''), propio de intelectuales, si se hubiera empleado en un discurso o en un artículo. ¡Pero es que Trotski y Bujarin se han colocado ellos mismos en la ridicula posición de insistir en las tesis precisamente en este término, que diferencia sus ``plataformas'' de las tesis de Rudzutak aprobadas por los sindicatos!
Ese término es desacertado desde el punto de vista teórico. Toda democracia, como toda superestructura política en general (ineluctable mientras no se culmine la supresión de las clases, mientras no se cree la sociedad sin clases), sirve, en última instancia, a la producción y está determinada, en última instancia, por las relaciones de producción de la sociedad dada. Por eso, separar "la democracia en la producción" de cualquiera otra democracia no dice nada. Es un embrollo y una vacuidad. Eso, primero.
Segundo. Ved cómo explica el propio Bujarin ese término en la resolución, escrita por él, de la sesión plenaria del CC del 7 de diciembre. "Por eso---escribió Bujarin allí---, los métodos de la democracia obrera deben ser los métodos de la democracia en la producción. Esto significa"... (¡Fijaos en "esto significa"! Bujarin empieza su alocución a las masas con un término tan enrevesado que hace falta explicarlo especialmente; a mi juicio, desde el punto de vista de la democracia, eso no es democrático; hay que escribir para las masas sin emplear términos nuevos que requieran tina explicación especial; desde el punto de vista de "la producción'', eso es perjudicial, pues obliga a perder tiempo en vano para explicar un término innecesario); "esto significa que todas las elecciones, la presentación de candidatos, el apoyo a éstos, etc., deben efectuarse desde el punto de vista no sólo de la firmeza política, sino también de las aptitudes administrativas, de la antigüedad en la administración, de las dotes de organizador y de la preocupación, comprobada en la práctica, por los intereses materiales y espirituales de las masas trabajadoras."
545Este razonamiento es evidentemente forzado y erróneo. Democracia no significa sólo "elecciones, presentación de candidatos, apoyo a éstos, etc.'' Eso, por un lado. Y, por otro, no todas las elecciones deben efectuarse desde el punto de vista de la firmeza política y cíe las aptitudes administrativas. Es preciso también, a despecho de Trotski, tener en una organización de millones cierto porcentaje de intercesores, burócratas (durante muchos años no podremos pasarnos sin buenos burócratas). Pero no hablamos de democracia ``intercesora'' o "burocrática".
Tercero. Es erróneo mirar únicamente a los elegidos, a los organizadores, administradores, etc., pues, a pesar de todo, son una minoría de hombres destacados. Hay que mirar a los hombres sencillos, a la masa. En las tesis de Rudzutak eso está expresado no sólo con mayor sencillez y claridad, sino también más acertadamente desde el punto de vista teórico (tesis 6):
``...es preciso que cada trabajador comprenda la necesidad y la conveniencia de las tarcas que cumple en la producción; es preciso que cada productor no sólo participe en el cumplimiento de las tareas señaladas desde arriba, sino que tome parte conscientemente en la corrección de todas las deficiencias, técnicas y de organi/ación, en el ámbito de la producción."
Cuarto. "La democracia en la producción" es un término que puede dar lugar a falsas interpretaciones. Puede ser entendido como negación de la dictadura y de la dirección unipersonal. Puede ser interpretado en el sentido de aplazar la democracia corriente o de eludirla. Ambas interpretaciones son perjudiciales, y para no incurrir en ellas será inevitable hacer largos comentarios especiales.
La sencilla exposición de las mismas ideas en las tesis de Rudzutak es más acertada y esquiva todos esos inconvenientes. Y Trotski, en su artículo La democracia en la producción, publicado en Pravda el 11 de enero, lejos de refutar la existencia de esos desaciertos e inconvenientes (elude toda esta cuestión, no compara sus tesis con las de Rudzutak), por el contrario, confirma de manera indirecta la inconveniencia y el desacierto de su término precisamente al establecer un paralelo entre él y "la democracia militar''. Por fortuna, jamás hemos entablado, que yo recuerde, discusiones fracciónales a causa de este término.
Más desafortunado aún es el término de Trotski "atmósfera de producción''. Zinóviev se rió de él con razón. Trotski se enfadó mucho y objetó: "En nuestro país ha habido atmósfera militar... Ahora debe crearse en la masa obrera, en sus entrañas, y no sólo en la superficie, una atmósfera de prociucción, es decir, la misma tensión, el mismo interés práctico y la misma atención por la 546 producción que los que existieron por el frente...'' De eso precisamente se trata, de que hay que hablar "a la masa obrera, a sus entrañas" como se habla en las tesis de Rudzutak, y no empleando palabras como "atmósfera de producción'', que suscitarán perplejidad o una sonrisa. En el fondo, al emplear las palabras "atmósfera de producción'', el camarada Trotski expresa la misma idea que el concepto de propaganda en el terreno de la producción. Pero precisamente para la masa obrera, para sus entrañas, hay que hacer esta propaganda de modo que se eviten semejantes expresiones. Esta expresión es un modelo de cómo no se debe hacer la propaganda de la producción entre las masas.
Es extraño que tengamos que plantear de nuevo esta cuestión tan elemental, tan rudimentaria. Por desgracia, Trotski y Bujarin nos obligan a hacerlo. Ambos me acusan de que "la sustituyo" con otra o la enfoco "políticamente'', mientras que ellos la enfocan "económicamente''. Bujarin incluso ha introducido eso en sus tesis y ha intentado "elevarse por encima" de ambos disputantes, como diciendo: yo junto lo uno y lo otro.
La inexactitud teórica es flagrante. La política es la expresión concentrada de la economía, repetí en mi discurso, pues había oído ya antes este reproche, absurdo y absolutamente inadmisible en labios de un marxista, por mi enfoque "político''. La política no puede dejar de tener supremacía sobre la economía. Pensar de otro modo significa olvidar el abecé del marxismo.
¿Quizá sea errónea mi valoración política? Decidlo y demostradlo. Pero decir (o admitir incluso indirectamente la idea) que el enfoque político es equivalente al enfoque "económico'', que se puede tomar "lo uno y lo otro'', significa olvidar el abecé del marxismo.
Digámoslo con otras palabras. El enfoque político significa: si se adopta una actitud equivocada ante los sindicatos, eso hundirá el Poder soviético, la dictadura del proletariado. (La disidencia entre el partido y los sindicatos, en el caso de que el partido no tuviese razón, daría sin duda al traste con el Poder soviético en un país campesino como Rusia.) Se puede (y se debe) comprobar a fondo este razonamiento, es decir, analizar, calar hondo y decidir si semejante enfoque es justo o injusto. En cambio, decir: ``aprecio'' su enfoque político, ``pero'' es sólo político, y lo que necesitamos es un enfoque "también económico'', equivale a decir: ``aprecio'' su 547 razonamiento de que, al dar tal paso, se romperá usted la crisma, pero sopese asimismo la circunstancia de que es mejor estar ahito y vestido que hambriento y desnudo.
Bujarin ha caído teóricamente en el eclecticismo al predicar la unión del enfoque político y del económico.
Trotski y Bujarin presentan las cosas como si ellos se preocuparan del aumento de la producción y nosotros sólo de la democracia formal. Eso es falso, pues la cuestión se plantea (y, a lo marxista, puede plantearse) únicamente así: sin un acertado enfoque político del problema, la clase dada no mantendrá su dominación y, por consiguiente, tampoco podrá cumplir su tarea en la producción.
Más concretamente. Zinóviev dice: "Cometéis un error político al llevar a escisiones en los sindicatos. Del aumento de la producción hablé y escribí ya en enero de 1920 citando como ejemplo la edificación de una casa de baños.'' Trotski le responde: "¡Valiente cosa (pág. 29), escribir un folleto con el ejemplo de la edificación de una casa de baños!; pero no dice "una palabra'', "ni una sola palabra" (pág. 22), de qué deben hacer los sindicatos."
No es cierto. El ejemplo de la casa de baños vale, y perdonad por el juego de palabras, diez "atmósferas de producción" con varias "democracias en la producción" por añadidura. El ejemplo de la casa de baños dice con claridad y sencillez, precisamente para las masas, para "sus entrañas'', qué deben hacer los sindicatos, en tanto que "las atmósferas de producción" y "las democracias en la producción" son partículas de polvo que ciegan los ojos de las masas obreras y dificultan su comprensión de los problemas.
El camarada Trotski me reprochó también que "Lenin no ha dicho ni una palabra" (pág. 66) del "papel que desempeñan y deben desempeñar las palancas denominadas aparato de los sindicatos".
Perdón, camarada Trotski: al leer íntegramente las tesis de Rudzutak y adherirme a ellas, hablé de eso más y de manera más completa, acertada, sencilla y clara que todas las tesis de usted y que todo su informe o coinforme y su discurso de resumen. Porque, repito, los premios en especie y los tribunales disciplinarios de honor tienen cien veces más importancia para dominar la economía, para dirigir la industria y elevar el papel de los sindicatos en la producción que las palabras, totalmente abstractas (y, por ello, hueras), sobre "la democracia en la producción'', "el enlazamiento'', etc.
Con el pretexto de presentar el punto de vista "de la producción" (Trotski) o de superar la unilateralidad del enfoque político y unir este enfoque con el económico (Bujarin), se nos ha dado:
5481) el olvido del marxismo, expresado en la definición ecléctica, teóricamente falsa, de la relación de la política con la economía;
2) la defensa o el encubrimiento del error político expresado en la política de sacudir los sindicatos, error que impregna de cabo a rabo todo el folleto-plataforma de Trotski. Y este error, si no se reconoce y corrige, lleva a la caída de la dictadura del proletariado;
3) un paso atrás en la esfera de las cuestiones puramente de producción, económicas, de las cuestiones relativas a cómo aumentar la producción; precisamente un paso atrás respecto a las eficientes tesis de Rudzutak, que señalan tareas concretas, prácticas, vitales y actuales (impulsad la propaganda en el terreno de la producción, aprended a distribuir bien los premios en especie y a aplicar con mayor acierto la coerción en forma de tribunales disciplinarios de honor); un paso atrás hacia tesis generales, abstractas, "vacías'', falsas teóricamente y formuladas a lo intelectual, olvidando lo más eficaz y práctico.
Tal es, en efecto, la relación existente entre Zinóviev y yo, por un lado, y Trotski y Bujarin, por otro, en cuanto a la cuestión cíe la política y la economía.
Por eso no pude leer sin sonreír la objeción qtie me hizo el camarada Trotski el 30 de diciembre: "El camarada Lenin ha dicho en el VIII Congreso de los Soviets, en su discurso de resumen de la discusión sobre el informe acerca de nuestra situación, que necesitamos menos política y más economía, y en cuanto a los sindicatos ha planteado en primer plano el aspecto político de la cuestión" (pág. 65). Estas palabras le parecieron al camarada Trotski "extraordinariamente certeras''. En realidad, expresan el más espantoso embrollo de conceptos, "una confusión ideológica" verdaderamente infinita. En efecto, yo siempre he expresado, expreso y expresaré el deseo de que nos dediquemos menos a la política y más a la economía. Pero no es difícil comprender que para cumplir estos deseos es preciso que no haya peligros políticos ni errores políticos. Los errores políticos que ha cometido el camarada Trotski, y que ha profundizado y acrecentado el camarada Bujarin, distraen a nuestro partido de las tareas económicas, de la labor "de producción''; nos obligan, lamentablemente, a perder tiempo en corregir esos errores, en discutir con la desviación sindicalista (que conduce a la caída de la dictadura del proletariado); a discutir contra el enfoque equivocado del movimiento sindical (que lleva a la caída del Poder soviético), a discutir en torno a ``tesis'' generales, en vez de entablar una discusión eficiente, práctica, "económica" acerca de quién ha dado mejor y con mayor acierto los premios en especie, ha organizado los 549 tribunales y ha llevado a cabo el enlazamiento sobre la base da las tesis de Rudzutak aprobadas del 2 al 6 de noviembre por la V Conferencia Sindical de toda Rusia: los molineros de Sarátov, o los mineros de la cuenca del Donéis, o los metalúrgicos de Petrogrado, etc.
Tomad la utilidad de "la amplia discusión''. En este terreno veremos también que los errores políticos distraen de las tareas económicas. Yo estaba en contra de la llamada ``amplia'' discusión y consideraba y considero un error, un error político, del camarada Trotski su sabotaje de la comisión sindical, en la que se debería haber sostenido una discusión eficaz. Considero un error político del grupo de tope encabezado por Bujarin el que no haya comprendido las tareas del tope (también aquí han sustituido la dialéctica con el eclecticismo); precisamente desde el punto de vista de ``tope'' debían haberse pronunciado con energía frenética contra la discusión amplia, y en pro de llevar la discusión a la comisión sindical. Ved lo que ha resultado.
El 30 de diciembre, el camarada Bujarin llegó a decir: "Hemos proclamado la nueva consigna sagrada de la democracia obrera, que consiste en que todos los problemas no deben ser discutidos en organismos colegiados estrechos, en pequeñas reuniones, en cualquier corporación propia, sino llevados todos a reuniones amplias. Y yo afirmo que, al traer el problema del papel de los sindicatos a una reunión tan concurrida corno la de hoy, no damos un paso atrás, sino adelante" (pág. 45). ¡Y este hombre acusó a Zinóviev de charlatanería y de exageración de la democracia! ¡Eso sí que es verdadera charlatanería y "metedura de pata'', incomprensión total de que la democracia formal debe estar subordinada a la conveniencia revolucionaria!
Trotski no plantea la cuestión nada mejor. Acusa: "Lenin quiere suprimir, frustrar a toda costa la discusión sobre la esencia del problema" (pág. 65). Manifiesta: "He dicho claramente en el CC por qué me negué a formar parte de la comisión: mientras no se me permita, igual que a los demás camaradas, plantear estas cuestiones en todo su volumen en la prensa del partido, mientras no se haga eso, no espero utilidad alguna del examen furtivo de estas cuestiones y, por consiguiente, de la labor en la comisión" (pág. 69).
¿Resultado? No ha transcurrido todavía un mes desde que Trotski empezara el 25 de diciembre "la amplia discusión" y apenas se encontrará uno de cada cien funcionarios responsables del partido que no esté harto de esta discusión y no reconozca su inutilidad (si no algo peor). Porque Trotski ha quitado tiempo al partido con una discusión sobre palabras, sobre unas tesis malas, y 550 ha tildado de examen ``furtivo'' precisamente el examen práctico, económico, en la comisión, la cual se habría señalado la tarea de estudiar y comprobar la experiencia práctica para, aprendiendo de esta experiencia, avanzar en la verdadera labor de "producción'', y no retroceder de la obra viva al escolasticismo muerto de todas esas "atmósferas de producción".
Tomad el decantado ``enlazamiento''. El 30 de diciembre aconsejé que no se hablara de él, pues no hemos estudiado nuestra propia experiencia práctica, y, sin esta condición, las discusiones acerca del enlazamiento degeneran inevitablemente en charlatanería, en vana desviación de las fuerzas del partido de la labor económica. Califiqué de proyectomanía burocrática las tesis de Trotski sobre este punto, que proponían incluir en los consejos económicos de una tercera parte a la mitad y de la mitad a dos terceras partes de representantes de los sindicatos.
Bujarin se enfadó mucho conmigo por eso y, según veo en la página 49 del acta, intentó demostrarme prolija y detalladamente "que cuando los hombres se reúnen y hablan de algo, no se deben fingir sordomudos" (¡así está impreso textualmente en la página mencionada!). También se enfadó Trotski, quien exclamó:
``Ruego a cada uno de vosotros que toméis nota de que el camarada Lenin ha calificado eso de burocratismo en tal fecha; pero yo me atrevo a predecir que, dentro de unos meses, eso será tomado en consideración y como guía, que en el Consejo Central de los Sindicatos de toda Rusia, en el Consejo Superior de Economía Nacional, en el CC de los metalúrgicos y en la sección del metal, etc., habrá de una tercera parte a la mitad de miembros comunes...'' (pág. 68)
Después de leer eso, pedí al camarada Miliutin (vicepresidente del Consejo Superior de Economía Nacional) que me enviase los informes impresos acerca del enlazamiento. Pensé: empezaré a estudiar, aunque sea poco a poco, nuestra experiencia práctica, pues resulta insoportablemente aburrido dedicarse a "la parlería general del partido" (expresión de Bujarin, pág. 47, que se hará probablemente no menos proverbial que el famoso " sacudimiento'') sin más ni más, sin materiales, sin hechos, inventando discrepancias, definiciones y "democracias en la producción".
El camarada Miliutin me envió varios libros, entre ellos el Informe del Consejo Superior de Economía Nacional al VIH Congreso de los Soviets de toda Rusia (Moscú, 1920, el prólogo está fechado el 19 de diciembre de 1920). En la página 14 de este libro se inserta un cuadro demostrativo del grado de participación de los obreros en los organismos administrativos. Reproduzco este cuadro (abarca sólo una parte de los Consejos Económicos provinciales y de las empresas):
551 Organismos administrativos:Así pues, la participación de los obreros representa ya, por término medio, el 61,6%, es decir, ¡más cerca de las dos terceras partes que de la mitad! Queda ya demostrado el carácter de proyectomanía burocrática de lo que ha escrito el camarada Trotski en sus tesis acerca de esta cuestión. Hablar, discutir y escribir plataformas "de un tercio a la mitad" o "de la mitad a las dos terceras partes" es la más huera "parlería general del partido'', es distraer fuerzas, medios, atención y tiempo de la labor de producción, es pura politiquería sin contenido serio. Pero en la comisión, en la que se habrían hallado personas con experiencia, en la que no se habría accedido a escribir tesis sin estudiar los hechos, hubiera sido posible comprobar provechosamente la experiencia. Por ejemplo, haciendo una encuesta entre varias decenas (de entre miles de "miembros comunes''), confrontando sus impresiones y deducciones con los datos estadísticos objetivos y tratando de lograr indicaciones eficientes y prácticas para el futuro: si es preciso, con tales resultados de la experiencia, seguir avanzando sin demora en la misma dirección o cambiar algo, y cómo precisamente, la dirección, los métodos, el enfoque; o si, en interés de la causa, hay que detenerse, comprobar una y otra vez la experiencia, quizá rehacer algo, etc., etc.
Un verdadero ``administrador'', camaradas (¡permitidme a mí también que me dedique un poco a "la propaganda en el terreno 552 de la producción"!), sabe que los capitalistas y los organizadores de los trusts, incluso en los países más adelantados, se dedicaron durante muchos años, a veces durante diez y más años, a estudiar y comprobar su experiencia práctica (y la ajena), enmendando, rehaciendo lo empezado, volviendo atrás y corrigiendo multitud de veces para lograr un sistema de dirección plenamente adecuado a la obra emprendida, la debida selección de administradores superiores y subalternos, etc. Así ha ocurrido bajo el capitalismo, que en todo el mundo civilizado se ha apoyado para su labor administrativa en la experiencia y las costumbres de siglos. Y nosotros estamos construyendo sobre un terreno nuevo, que requiere el trabajo de reeducación más prolongado, tenaz y paciente para transformar las costumbres que nos ha dejado en herencia el capitalismo y que sólo pueden transformarse muy paulatinamente. Abordar esta cuestión como lo hace Trotski es equivocado de raíz. En el discurso del 30 de diciembre exclamó: "/Tienen, acaso, nuestros obreros y los funcionarios del partido y de los sindicatos instrucción en el terreno de la producción? ¿Sí o no? Yo respondo que no" (pág. 29). Enfocar así semejante cuestión es ridículo. Es lo mismo que preguntar: ¿Hay en esta unidad militar suficiente cantidad de botas de fieltro? ¿Sí o no?
Dentro de diez años también tendremos que decir, sin duda alguna, que no todos los funcionarios del partido y de los sindicatos poseen suficiente instrucción en el terreno de la producción. De la misma manera que dentro de diez años tampoco poseerán suficiente preparación militar todos los funcionarios del partido, de los sindicatos y del departamento militar. Pero en nuestro país se ha dado comienzo a la instrucción en el terreno de la producción con el hecho de que casi mil obreros, miembros y delegados de los sindicatos, participan en la dirección y dirigen empresas, comités principales y otros organismos administrativos superiores. El principio fundamental de "la instrucción en el terreno de la producción'', de la instrucción de nosotros mismos, antiguos luchadores clandestinos y periodistas profesionales, consiste en que nosotros mismos estudiemos y enseñemos a otros a estudiar con la mayor atención y detalle nuestra propia experiencia práctica, de acuerdo con la regla que dice: "mide siete veces antes de cortar''. La regla fundamental, cardinal e indefectible de "la instrucción en el terreno de la producción" estriba en comprobar con insistencia, lentitud, prudencia, eficiencia y sentido práctico cuanto han hecho esos mil obreros; en corregir aún con mayor prudencia y sentido práctico su labor y avanzar sólo cuando esté plenamente demostrada la utilidad del método dado, del sistema de dirección dado, de la 553 proporción dada, de la selección de personal dada, etc. Y es precisamente esa regla la que infringe el camarada Trotski con todas sus tesis, con todo su enfoque del problema. Precisamente todas las tesis, todo el folleto-plataforma del camarada Trotski son de tal naturale/a que, con sus errores, han desviado la atención y las fuerzas del partido del trabajo útil "de producción" hacia controversias vacías, sin contenido.
Entre las numerosas cualidades valiosísimas del camarada Bujarin figura su capacidad para la teoría y su interés por tratar de descubrir las raíces teóricas de todo problema. Es una cualidad muy valiosa, pues es imposible explicarse por completo ningún error, incluidos los errores políticos, sin descubrir sus raíces teóricas en quien los comete, partiendo de premisas concretas y admitidas, de una manera consciente.
De conformidad con este afán suyo de profundizar teóricamente en los problemas, el camarada Bujarin, a partir de la discusión del 30 de diciembre, si no antes, lleva la controversia precisamente a ese terreno. El 30 de diciembre dijo:
``Considero absolutamente necesario---en eso consiste la esencia teórica de lo que se denomina aquí "tracción de tope" o su ideología---. y me parece indiscutible por completo, que no se puede dar de lado ni este aspecto político ni este aspecto económico...'' (pág. 47)
La esencia teórica del error en que incurre en este caso el camarada Bujarin consiste en que sustituye la relación dialéctica entre la política y la economía (que nos enseña el marxismo) con el eclecticismo. "Lo uno y lo otro'', "de un lado, de otro lado": tal es la posición teórica de Bujarin. Y eso es eclecticismo. La dialéctica exige que las correlaciones sean tenidas en cuenta en todos los aspectos en su desarrollo concreto, y no que se arranque un trocho de un sitio y un trocho de otro. Lo he mostrado ya con el ejemplo de la política y la economía.
En el ejemplo del ``tope'' eso es también indudable. El tope es útil y necesario si el tren del partido va cuesta abajo hacia el descarrilamiento. Eso es indiscutible. Bujarin ha planteado la tarea del ``tope'' de una manera ecléctica, tomando un tro/o de /inóviev y otro trozo de Trotski. Como partidario del ``tope'', Bujarin debería haber determinado por sí solo dónde, cuándo y en qué se equivocaba el uno o el otro, los unos o los otros, si el error era 554 teórico, o de falta de tacto político, o de fraccionismo en una intervención, o de exageración, etc., y lanzarse con todas sus fuerzas contra cada error de ese género. Bujarin no ha comprendido esta tarea suya de ``tope''. El siguiente hecho es una prueba evidente de ello.
El grupo comunista del Buró de Petrogrado del Cectrán (Comité Central del Sindicato del Transporte Ferroviario, Marítimo y Fluvial)---organización que simpatiza con Trotski y declara francamente que, a su juicio, "las posiciones de los camaradas Trotski y Bujarin en la cuestión fundamental, en la del papel de los sindicatos en la producción, son variedades del mismo punto de vista"---ha editado en Petrogrado un folleto con el coinforme que el camarada Bujarin ha pronunciado allí el 3 de enero de 1921 (N. Bujarin. Acerca de las tareas de los sindicatos, Petrogrado, 1921). En este coinforme leemos:
``Al principio, el camarada Trotski formuló que era necesario cambiar la composición de la dirección de los sindicatos, seleccionar a camaradas adecuados, etc., y antes aún sostuvo incluso el punto de vista de ``sacudir'' los sindicatos, al que ha renunciado ahora por lo que es completamente absurdo presentar el ``sacudimiento'' como un argumento contra el camarada Trotski" (pág. 5).
No me detendré a analizar las numerosas inexactitudes fácticas que contiene esta exposición. (Trotski utilizó la palabreja ``sacudir'' en la V Conferencia Sindical de toda Rusia, celebrada del 2 al 6 de noviembre. Habló de "la selección de personal dirigente" en el § 5 de sus tesis, presentadas al CC el 8 de noviembre y publicadas, dicho sea de pasada, por un partidario de Trotski en forma de hoja suelta. Todo el folleto de Trotski El papel y las tareas de los sindicatos, del 25 de diciembre, está impregnado por completo de la misma mentalidad y del mismo espíritu que he señalado antes. No se sabe en absoluto dónde y en qué se ha expresado "la renuncia".) Mi tema es ahora otro. Si "el tope" es ecléctico, pasa por alto unos errores y menciona otros; silencia los errores cometidos el 30 de diciembre de 1920 en Moscú, ante miles de activistas del PCR llegados de toda Rusia, y habla de los errores cometidos en Petrogrado el 3 de enero de 1921. Si "el tope" es dialéctico, arremete con todas sus fuerzas contra cada error que observa en ambas partes o en todas las partes. Y eso es precisamente lo que no hace Bujarin. Ni siquiera intenta analizar el folleto de Trotski desde el punto de vista de la política de sacudimiento. Simplemente, no habla de ella. No es de extrañar que semejante cumplimiento de su papel de tope haga reír a todos.
Prosigamos. En el mismo discurso de Bujarin en Petrogrado leemos en la página 7:
555``El error del camarada Trotski consiste en que no defiende en grado suficiente el aspecto de escuela de comunismo."
En la discusión del 30 de diciembre, Bujarin razonó así:
``El camarada Zinóviev ha dicho que los sindicatos son escuela de comunismo, y Trotski ha afirmado que son un aparato técnico-administrativo de dirección de la producción. No veo bases lógicas de ningún género que demuestren que no es justo ni lo primero ni lo segundo: son justos ambos enunciados y la unión de estos dos enunciados" (pág. 48).
La misma idea encontramos en la 6a tesis de Bujarin y su ``grupo'' o "fracción": "... de un lado, son (los sindicatos) escuela de comunismo... de otro lado---por cierto, en grado creciente---, son parte integrante del aparato administrativo y del aparato del poder estatal en general...'' (Pravda, 16 de enero)
El error teórico fundamental del camarada Bujarin radica precisamente en que sustituye la dialéctica del marxismo con el eclecticismo (extendido de modo singular entre los autores de diversos sistemas filosóficos "de moda" y reaccionarios).
El camarada Bujarin habla de bases "lógicas''. Todo su razonamiento pueba que---quizá inconscientemente---sustenta en este terreno el punto de vista de la lógica formal o escolástica, y no el de la lógica dialéctica o marxista. Para aclararlo empezaré con el simplísimo ejemplo que puso el propio camarada Bujarin. En la discusión del 30 de diciembre,dijo:
``Camaradas: Las discusiones que sostenemos aquí producen en muchos de vosotros una impresión del siguiente carácter, aproximadamente: llegan dos individuos y se preguntan el uno al otro qué es el vaso que está encima de la tribuna. Uno dice: "Es un cilindro de cristal, y maldito sea quien afirme que eso no es así''. El segundo dice: "El vaso es un recipiente que sirve para beber, y maldito sea quien afirme que eso no es asi"" (pág. 46).
Como ve el lector, Bujarin quiso con este ejemplo explicarme de manera popular el daño que causa la unilateralidad. Acepto la aclaración y, para demostrar con hechos mi gratitud, le respondo con una explicación popular de lo que es el eclecticismo, a diferencia de la dialéctica.
El vaso es, indiscutiblemente, un cilindro de cristal y un recipiente que sirve para beber. Pero no sólo tiene estas dos propiedades, o cualidades, o aspectos, sino una cantidad infinita de otras propiedades, cualidades, aspectos y relaciones mutuas y ``mediaciones'' con todo el mundo restante. El vaso es un objeto pesado que puede emplearse como instrumento arrojadizo. Puede servir de pisapapeles o de alojamiento para una mariposa capturada; puede tener valor como objeto tallado o dibujado con 556 arte, independientemente por completo de que sirva para beber, de que esté hecho de cristal, de que su forma sea cilindrica o no lo sea del todo, y así por el estilo.
Prosigamos. Si ahora necesito un vaso como recipiente que sirve para beber, no me importa en absoluto saber si su forma es totalmente cilindrica y si está hecho, en efecto, de cristal; pero, en cambio, me importa que el fondo no esté agrietado, que no corte los labios al utilizarlo, etc. Si no lo necesito para beber, sino para lo que sirve cualquier cilindro de cristal, entonces me sirve también un vaso con el fondo agrietado o incluso sin fondo, etc.
La lógica formal a que se limitan en las escuelas (y deben limitarse---con modificaciones---en los grados inferiores de la escuela) toma las definiciones formales, guiándose por lo que es más habitual o por lo que salta a la vista más a menudo y se limita a eso. Si, al proceder así se toman dos o más definiciones distintas y se unen de manera completamente casual (cilindro de cristal y recipiente que sirve para beber), tendremos una definición ecléctica, que indica diversos aspectos del objeto y nada más.
La lógica dialéctica exige que vayamos más lejos. Para conocer de verdad el objeto hay que abarcar y estudiar todos sus aspectos, todos sus vínculos y ``mediaciones''. Jamás lo conseguiremos por completo, pero la exigencia de la multilateralidad nos prevendrá contra los errores y el anquilosamiento. Eso, en primer lugar. En segundo lugar, la lógica dialéctica requiere que el objeto sea tomado en su desarrollo, en su ``automovimiento'' (como dice Hegel a veces), en su cambio. Con relación al vaso, esto no se ve claro en el acto, pero el vaso tampoco es inmutable: cambia, en particular, su destino, su uso, su nexo con el mundo circundante. En tercer lugar, toda la práctica del género humano debe entrar en "la definición" completa del objeto como criterio de la verdad y como determinante práctico del vínculo del objeto con lo que necesita el hombre. En cuarto lugar, la lógica dialéctica enseña que "la verdad abstracta no existe, la verdad es siempre concreta'', como le gustaba decir, después de Hegel, al difunto Plejánov. (Entre paréntesis, creo oportuno señalar para los jóvenes miembros del partido que no se puede ser un comunista consciente, de verdad, sin estudiar---precisamente estudiar---todo lo que escribió Plejánov sobre filosofía, pues es lo mejor de toda la literatura internacional del marxismo^^*^^.)
_-_-_^^*^^ A propósito, no se puede por men obras cíe Plejánov <|iie está viendo la luz ah un volumen o volúmenes especiales ron <1 entre los manuales obligatorios tle comuni debe exigir a los profesores de filosofía (\\
>s de desear, primero, que la edición de las )i a incluya todos los artículos de filosofía en talladísnno índice, etc., pues deben figurar mo. Segundo, el Estado obrero, a mi juicio, e roño/can la exposición que hi/o Plejánov __NOTE__ Footnote cont. on page 557. 557
Con esto, como es natural, no he agotado el concepto de la lógica dialéctica. Mas, por ahora, basta con lo dicho. Podemos pasar del vaso a los sindicatos y la plataforma de Trotski.
``De un lado, escuela; de otro, aparato'', dice y escribe Bujarin en sus tesis. El error de Trotski consiste en que "no defiende en grado suficiente el aspecto de escuela"... Zinóviev se queda corto en cuanto al ``aspecto'' de aparato.
¿Por qué este razonamiento de Bujarin es eclecticismo inerte y vacío? Porque Bujarin no hace el menor intento de analizar por sí mismo, desde su punto de vista, ni la historia íntegra de la presente discusión (el marxismo, o sea, la lógica dialéctica, lo exige absolutamente) ni todo el enfoque de la cuestión, todo su planteamiento---o, si queréis, toda la orientación del planteamiento---en el momento actual, en las actuales circunstancias concretas. ¡Bujarin no revela la menor intención de hacerlo! Lo aborda sin el menor estudio concreto, con puras abstracciones, y toma un trocito de Zinóviev y otro de Trotski. Y eso es precisamente eclecticismo.
Pondré un ejemplo para que la explicación sea más clara. No conozco absolutamente nada de los insurgentes y los revolucionarios del Sur de China (excepto dos o tres artículos de Sun Yat-sen y algunos libros y artículos de periódicos que leí hace muchos años). Puesto que allí se producen insurrecciones, es probable que haya también discusiones entre el chino N° 1, el cual dice que la insurrección es producto de la lucha de clases más enconada que ha abarcado a toda la nación, y el chino M 2, el cual afirma que la insurrección es un arte. Sin saber nada más, puedo escribir tesis como las de Bujarin: "de un lado... de otro lado''. Uno no ha tenido en cuenta en grado suficiente "el aspecto" de arte; el otro, "el aspecto de enconamiento'', etc. Eso será eclecticismo inerte y vacío, pues no hay estudio concreto de la discusión dada, de la cuestión dada, de su enfoque dado, etc.
Los sindicatos son, de un lado, escuela; de otro, aparato; del tercer lado, una organización de los trabajadores; del cuarto lado, una organización casi exclusivamente de obreros industriales; del quinto lado, una organización por industrias^^*^^, etc., etc. En Bujarin no hay ni pizca de argumentación, ni pizca de análisis _-_-_ __NOTE__ Footnote cont. from page 556. de la filosofía marxista y sepan transmitir esos conocimientos a los estudiantes. Pero esto es ya apartarse de "la propaganda" para caer en los métodos de "ordeno y mando".
^^*^^ Dicho sea cíe pasada, Trotski incurre también en este caso en un error. Cree que sindicato cíe industria significa sindicato que debe dominar la producción. Esto es falso. Sindicato de industria significa que organi/a a los obreros por industrias, cosa inevitable dado el nivel actual (tanto en Rusia (orno en el mundo entero) de la técnica v la cultura.
558 propio, para demostrar por qué deben tomarse los dos primeros ``lados'' de la cuestión u objeto, y no el tercero, el cuarto, el quinto, etc. Por eso, las tesis del grupo de Bujarin son pura vacuidad ecléctica. Bujarin plantea mal, de una manera equivocada de raíz, eclécticamente, el problema de la correlación existente entre ``escuela'' y ``aparato''.Para plantear justamente este problema es preciso pasar de las abstracciones hueras a la discusión concreta, es decir, a la discusión actual. Tomad esta discusión como queráis, como surgió en la V Conferencia Sindical de toda Rusia o como la planteó y orientó el propio Trotski en su folleto-plataforma el 25 de diciembre, y veréis que todo el enfoque de Trotski y toda su orientación son falsos. No ha comprendido que los sindicatos deben y pueden ser enfocados como escuela cuando se enuncia el tema del " tradeunionismo soviético'', y cuando se habla en general de propaganda en el terreno de la producción, y cuando se plantea como lo hace Trotski el problema del ``enlazamiento'', de la participación de los sindicatos en la dirección de la producción. Y en este último problema, tal y como se plantea en todo el folleto-plataforma de Trotski, la falsedad reside en no comprender que los sindicatos son escuela de dirección técnico-administrativa de la producción. En esta discusión, en la forma en que Trostki ha planteado el problema, los sindicatos no son "de un lado, escuela; de otro, algo distinto''; de todos los lados, los sindicatos son escuela, escuela de unidad, escuela de solidaridad, escuela de defensa de sus intereses, escuela de administración, escuela de gobierno. En vez de comprender y corregir este error cardinal del camarada Trotski, el camarada Bujarin ha hecho una enmienda pequeña y ridicula: "de un lado, de otro lado".
Abordemos de manera más concreta la cuestión. Veamos qué son los sindicatos actuales como ``aparato'' de dirección de la producción. Hemos visto que, según datos incompletos, alrededor de 900 obreros---miembros y delegados de los sindicatos---dirigen la producción. Decuplicad este número, centuplicadlo, si queréis; admitamos incluso, para haceros una concesión y explicaros vuestro error cardinal, un ``avance'' increíblemente rápido dentro de poco tiempo; aun así, resultará que los obreros que administran directamente representan una parte insignificante de la masa general de seis millones de afiliados a los sindicatos. Y eso muestra con mayor claridad aún que fijar toda la atención en "la capa dirigente'', como hace Trotski, hablar del papel de los sindicatos en la producción y de la dirección de la producción, sin tener en cuenta que el 98 %% aprenden (6.000.000--90.000 = 5.910.000 = 98'/2% de la suma) y deberán aprender durante largo 559 tiempo, significa cometer un error cardinal. Los sindicatos no son escuela y administración, sino escuela de administración.
Al discutir con Zinóviev el 30 de diciembre y acusarle, de manera completamente infundada e injusta, de que niega "el designacionismo'', es decir, el derecho y la obligación del CC de designar, al camarada Trotski se le escapó sin querer una contraposición peculiar en extremo:
``...Zinóviev---dijo---enfoca de una manera demasiado propagandística toda cuestión práctica y eficiente, olvidándose de que no se trata sólo de material para la agitación, sino fie una cuestión que debe ser resuelta por vía administrativa" __NOTE__ missing page #
Ahora explicaré con detalle cuál podría ser el enfoque administrativo de esta cuestión. Pero el error cardinal del camarada Trotski consiste precisamente en que ha enfocado las cuestiones (mejor dicho, se ha lanzado sobre ellas), planteadas por él mismo en su folleto-plataforma, como un administrador, en tanto que podía y debía haberlas abordado sólo como propagandista.
En efecto. ¿Qué tiene de bueno Trotski? Es buena y útil, sin duda alguna, la propaganda en el terreno de la producción, no en sus tesis, sino en sus discursos (sobre todo cuando olvida su desafortunada polémica con el ala pretendidamente ``conservadora'' de los dirigentes sindicales). Con una labor ``administrativa'' práctica en la comisión sindical, con sus intervenciones orales y escritas como participante y funcionario de la Oficina de Propaganda de la Producción, el camarada Trotski reportaría indudablemente (e indudablemente reportará) no poco provecho a la causa. El error está en las ``tesis-plataforma''. En ellas resalta, como hilo de engarce, el enfoque que un administrador hace de "la crisis" en la organización sindical, de "las dos tendencias" en los sindicatos, de la interpretación del Programa del PCR, del "tradeunionismo soviético'', de "la instrucción en el terreno de la producción" y del ``enlazamiento''. Acabo de citar todos los temas principales de "la plataforma" de Trotski; y el enfoque acertado precisamente de estos temas en el momento actual, con el material de que dispone Trotski, sólo puede ser propagandístico.
El Estado es la esfera de la coerción. Sería una locura renunciar a la coerción, sobre todo en la época de la dictadura del proletariado. La "administración" y el enfoque de administrador son, en este caso, imprescindibles. El partido es la vanguardia del proletariado, vanguardia que ejerce directamente el poder; el partido es el dirigente. El medio específico de influencia, el medio de depuración y temple de la vanguardia, es la expulsión del 560 partido, y no la coerción. Los sindicatos son una fuente de poder estatal, una escuela de comunismo, una escuela de administración. En este terreno, lo específico y principal no esja administración, niño "la ligazón" "entre la administración central" (y la local también, naturalmente) "del Estado, la economía nacional y las grandes masas trabajadoras" (como se dice en el programa de nuestro partido, § 5 de la parte económica, dedicada a los sindicatos).
En todo el folleto-plataforma de Trotski sobresale el planteamiento equivocado de este problema, la incomprensión de esa correlación.
Imaginaos que Trotski concibiese el decantado ``enlazamiento'' en conexión con los demás temas de su plataforma, enfocando toda la cuestión desde otro lado. Imaginaos que su folleto estuviese dedicado íntegramente a investigar con detalle, por ejemplo, noventa de novecientos casos de ``enlazamiento'', de desempeño simultáneo de cargos de dirección de la industria en el Consejo Superior de Economía Nacional y de cargos electivos en representación de los sindicatos, casos de simultaneidad de cargos ocupados por afiliados a los sindicatos y funcionarios permanentes del movimiento sindical. Imaginaos que estos noventa casos fuesen analizados a la par con los datos de una investigación estadística selectiva, a la par con los informes y resúmenes de revisores e instructores de la Rabkrín 18<) y de los respectivos Comisariados del Pueblo; es decir, analizados según los datos de las instituciones administradoras, analizados desde el punto de vista de los resúmenes y resultados del trabajo, de los éxitos de la producción, etc. Semejante enfoque de la cuestión seria un enfoque administrativo acertado y justificaría plenamente la línea de ``sacudir'', o sea, de fijar la atención en qué personas deben ser destituidas, trasladadas o designadas y en qué exigencias deben presentarse ahora mismo a "la capa dirigente''. Si Bujarin dijo en su discurso de Petrogrado del 3 de enero, editado por los ``cectranistas'', que Trotski sustentaba antes el punto de vista de ``sacudir'' los sindicatos y ahora ha renunciado a él, incurre también en un eclecticismo risible en la práctica y absolutamente inadmisible en la teoría para un marxista. Bujarin toma la cuestión en abstracto, no sabiendo (o no queriendo) enfocarla de una manera concreta. Mientras nosotros, el CC del partido y todo el partido, administremos, es decir, gobernemos el Estado, jamás renunciaremos ni podremos renunciar a ``sacudir'', o sea, a destituir, trasladar, designar, despedir, etc. Pero en el folleto-plataforma de Trotski no se toma ni mucho menos el material debido, no se plantea en modo alguno "una cuestión práctica y útil''. La cuestión que 561 discutieron Zinóviev y Trotski, que discutimos Bujarin y yo, que discute todo el partido, no es "una cuestión práctica y útil'', sino la cuestión de las "tendencias en el movimiento sindical" (final de la tesis 4 de Trotski).
Es, en el fondo, una cuestión política. Corregir el error de Trotski con pequeñas enmiendas y adiciones eclécticas, como quiere Bujarin (henchido, por supuesto, de los más humanos sentimientos e intenciones), es, por la esencia misma del asunto ---del ``asunto'' dado, concreto---, imposible.
La solución en este caso sólo puede ser una v nada más que una.
Resolver acertadamente la cuestión política de "las tendencias en el movimiento sindical'', de la correlación de las clases, de la correlación de la política y la economía, de los papeles específicos del Estado, del partido y de los sindicatos como ``escuela'' y aparato, etc. Eso, primero.
Segundo. Sobre la base de una solución política acertada, llevar a cabo---mejor dicho, efectuar cada día---una propaganda prolongada, sistemática, tenaz, paciente, polifacética y reiterada en el terreno de la producción; efectuarla a escala de todo el Estado, en nombre y bajo la dirección de una entidad estatal.
Tercero. No confundir "las cuestiones prácticas y útiles" con las polémicas en torno a las tendencias, las cuales (las polémicas) son patrimonio lógico de "la parlería general del partido" y de las discusiones amplias, sino plantearlas con sentido práctico, en comisiones prácticas, interrogando a testigos, estudiando informes, resúmenes y estadísticas; sobre la base de todo esto---sólo sobre la base de todo esto, sólo con tales condiciones---, ``sacudir'' únicamente por decisión del correspondiente organismo del Estado o del partido, o de ambos organismos.
Pero a Trotski y Bujarin les ha resultado una mezcolanza de errores políticos en el enfoque, de ruptura de la conexión transmisora y de las correas de transmisión en medio, así como de acometida o embestida infructuosa, marchando en vano y de vacío, contra "la administración''. La raíz "teórica" del error---puesto que Bujarin ha planteado con su ``vaso'' la cuestión de la raíz teórica---es clara. El error teórico---en este caso, gnoseológico---de Bujarin consiste en que ha suplantado la dialéctica con el eclecticismo. Al plantear el problema eclécticamente, Bujarin se ha embrollado por completo y ha llegado a caer en el sindicalismo. El error de Trotski está en la unilateralidad, el apasionamiento, la exageración y la tozudez. La plataforma de Trotski consiste en que el vaso es un recipiente que sirve para beber, pero ha resultado que el vaso en cuestión no tiene fondo.
562Sólo me queda referirme brevemente a algunos puntos, cuyo silenciamiento podría dar lugar a falsas interpretaciones.
En la tesis 6 de su ``plataforma'', el camarada Trotski ha reproducido el § 5 de la parte económica del Programa del PCR, que trata de los sindicatos. Dos páginas más adelante, en la tesis 8, el camarada Trotski declara:
``...Al perder su vieja base de existencia, la lucha de clases económica, los sindicatos"...---(esto es falso, es una exageración precipitada: los sindicatos han perdido una base como la lucha de clases económica, pero están muy lejos aún de haber perdido y, por desgracia, no podrán perder todavía durante muchos años una base como "la lucha económica" no de clases, en el sentido de lucha contra las deformaciones burocráticas del mecanismo de los Soviets, en el sentido de defensa de los intereses materiales y espirituales de las masas trabajadoras por vías y con medios que no están al alcance de este aparato, etc.)...---"los sindicatos, en virtud de una serie de condiciones, no han tenido tiempo de agrupar en sus filas las fuerzas necesarias ni de elaborar los métodos indispensables para poder cumplir la nueva tarea que les ha planteado la revolución proletaria y que formula nuestro programa: organizar la producción" (la cursiva es de Trotski, pág. 9, tesis 8).
Esta es otra exageración precipitada, que encierra el germen de un gran error. El programa no contiene esa fórmula ni señala a los sindicatos la tarea de "organizar la producción''. Sigamos paso a paso cada idea, cada postulado del programa de nuestro partido en el orden en que figuran en él:
(1) "El aparato organizador" (no cualquiera) "de la industria socializada debe apoyarse en primer término" (y no exclusivamente) "en los sindicatos''. (2) "Los sindicatos deben desembarazarse cada día más de la estrechez gremial" (¿cómo desembarazarse?: bajo la dirección del partido y en el curso de la influencia educativa, y de cualquier otro género, del proletariado sobre la masa trabajadora no proletaria) "y transformarse en grandes agrupaciones de producción que abarquen a la mayoría y, paulatinamente, a todos los trabajadores de la rama correspondiente de la producción..."
Esta es la primera parte del apartado que se dedica a los sindicatos en el programa del partido. Como veis, esta parte señala en el acto unas ``condiciones'' muy ``rigurosas'' y que requieren una labor muy prolongada en lo sucesivo. Y a continuación dice lo siguiente:
563``...Siendo ya, de acuerdo con las leyes de la República Soviética y con la práctica establecida, participantes...'' (la palabra, como veis, es muy prudente: sólo participantes) "...en todos los organismos locales y centrales de administración de la industria, los sindicatos deben llegar a concentrar de hecho en sus manos toda la dirección de la economía nacional como un todo único económico...'' (advertid: deben llegar a concentrar de hecho la dirección, no de ramas de la industria ni de la industria en su totalidad, sino de la economía nacional y, además, como un todo único económico: esta condición, como condición económica, podrá considerarse cumplida de verdad no antes de que los pequeños productores, tanto en la industria como en la agricultura, representen menos de la mitad de la población y de la economía nacional) ..."Asegurando de este modo"... (precisamente "de este modo'', que hace realidad paulatinamente todas las condiciones antes mencionadas)... "la ligazón indestructible entre la administración central del Estado, la economía nacional y las grandes masas trabajadoras, los sindicatos deberán incorporar con la mayor amplitud a las últimas"... (es decir, a las masas, o sea, a la mayoría de la población)... "a la gestión económica directa. La participación de los sindicatos en la gestión económica y la incorporación por ellos de las grandes masas a esta gestión es, al mismo tiempo, el medio principal de lucha contra la burocratización del aparato económico del Poder soviético y permite establecer un control verdaderamente popular de los resultados de la producción."
Así pues, en la última frase vemos de nuevo unas palabras muy prudentes: "participación en la gestión económica''; vemos de nuevo la indicación de incorporar a las grandes masas como medio principal (pero no único) de lucha contra el burocratismo; y, finalmente, una indicación prudentísima: ``permite'' establecer "un control popular'', es decir, obrero y campesino y no sólo proletario, ni mucho menos.
Resumir todo eso como si el programa de nuestro partido ``formulase'' a los sindicatos la tarea de "organizar la producción" es, evidentemente, erróneo. Y si se insiste en este error y se le incluye en unas tesis-plataforma, lo único que puede resultar de ello es una desviación anticomunista, sindicalista.
A propósito. El camarada Trotski dice en sus tesis que "durante el último período no nos hemos acercado al objetivo señalado en el programa, sino que nos hemos alejado de él" (pág. 7, tesis 6). Semejante afirmación carece de fundamento y, a mi juicio, es errónea. No se puede demostrar, como ha pretendido Trotski en las discusiones, diciendo que los sindicatos ``mismos'' 564 reconocen el hecho. Para el partido, esto no es la última instancia. Y, en general, se puede demostrar sólo estudiando objetivamente y con la mayor seriedad gran cantidad de hechos. Esto, en primer lugar. Y, en segundo lugar, aun en el caso de que se demostrara eso, seguiría en pie la cuestión: ¿por qué nos hemos alejado? ¿Porque "muchos dirigentes sindicales" "rechazan las nuevas tareas y métodos'', como piensa Trotski, o porque ``nosotros'' "no hemos tenido tiempo de agrupar en nuestras filas las fuerzas necesarias ni de elaborar los métodos indispensables para" cortar y corregir algunos extremismos de burocratismo, innecesarios y nocivos?
Será oportuno, a este respecto, referirse al reproche que nos hizo el camarada Bujarin el 30 de diciembre (y que Trotski repitió ayer, 24 de enero, durante nuestra discusión en el grupo comunista del II Congreso de Mineros), a saber: el reproche de "haber renunciado a la línea que señaló el IX Congreso del partido" (pág. 46 del acta de la discusión del 30 de diciembre). Según él, Lenin propugnó en el IX Congreso la militarización del trabajo y se burló de las invocaciones a la democracia, y ahora "se retracta" de ello. En su discurso de resumen del 30 de diciembre, el camarada Trotski aderezó ese reproche, valga la expresión, con una pimienta especial: "Lenin tiene en cuenta el hecho de que en los sindicatos se está produciendo... un agrupamiento de camaradas con espíritu oposicionista" (pág. 65); Lenin enfoca "desde el punto de vista diplomático" (pág. 69); "zigzags dentro de los grupos del partido" (pág. 70), etc. Semejante exposición del asunto por el camarada Trotski es, naturalmente, muy halagüeña para él y peor que nada halagüeña para mí. Pero veamos los hechos.
En la misma discusión del 30 de diciembre, Trotski y Krestinski establecieron el hecho de que "el camarada Preobrazhenski planteó ya en julio (de 1920) en el CC que debíamos pasar a raíles nuevos en lo que concierne a la vida interna de nuestras organizaciones obreras" (pág. 25). En agosto, el camarada Zinóviev escribió el proyecto de carta, y el CC aprobó la carta del CC acerca de la lucha contra el burocratismo y la ampliación de la democracia. En septiembre, la cuestión fue discutida en la conferencia del partido y el CC ratificó el acuerdo de ésta. En diciembre, la lucha contra el burocratismo se planteó en el VIII Congreso de los Soviets. Por consiguiente, todo el CC, todo el partido y toda la república obrera y campesina han reconocido la necesidad de poner sobre el tapete el problema del burocratismo y de la lucha contra él. ¿Dimana de ahí una "retractación" del IX Congreso del partido? No. En eso no hay retractación alguna. Los acuerdos sobre la militarización del trabajo, etc., son indiscutibles y 565 no tengo la menor necesidad de retractarme de mis burlas acerca de las invocaciones a la democracia por parte de quienes combatían esos acuerdos. De ahí se deduce únicamente que ampliaremos la democracia en las organizaciones obreras, sin hacer de ella, ni mucho menos, un fetiche; que dedicaremos suma atención a la lucha contra el burocratismo; que corregiremos con singular meticulosidad todo extremismo innecesario y nocivo de burocratismo, quienquiera que lo señale.
Haré una observación más, la última, acerca de la pequeña cuestión del sistema de trabajo de choque y del igualitarismo. En la discusión del 30 de diciembre dije que la fórmula de la tesis 41 del camarada Trotski sobre este punto era falsa teóricamente, pues resultaba igualitarismo en el consumo y trabajo de choque en la producción. El sistema de trabajo de choque implica una preferencia, respondí yo, pero la preferencia sin consumo no es nada. El camarada Trotski me reprocha eso y me acusa de ser "extraordinariamente olvidadizo" y de ``aterrorizar'' (págs. 67 y 68), y me maravillo aún de que no me acuse de zigzags, de diplomacia, etc. El, Trotski, ha hecho ``concesiones'' a favor de mi línea igualitaria, y yo, en cambio, ataco a Trotski.
En realidad, el lector que se interesa por los asuntos del partido dispone de documentos exactos de éste: la resolución de noviembre del Pleno del CC, punto 4, y las tesis-plataforma de Trotski, tesis 41. Por muy ``olvidadizo'' que yo sea y por muy buena memoria que tenga el camarada Trotski, es un hecho que la tesis 41 contiene un error teórico que no figura en la resolución del CC del 9 de noviembre. Esta resolución dice: "Al reconocer la necesidad de conservar el principio del trabajo de choque en la aplicación del plan económico, el CC, completamente solidario con la resolución de la última conferencia de toda Rusia (o sea, la de septiembre), considera necesario pasar paulatinamente, pero con firmeza, al igualitarismo en la situación de los distintos grupos de obreros y de los sindicatos respectivos, fortaleciendo sin cesar la organización de todos los sindicatos.'' Está claro que eso va dirigido contra el Cectrán y que es imposible interpretar de otra manera el sentido exacto de dicha resolución. El sistema de trabajo de choque no se anula. Subsiste la preferencia concedida (en el cumplimiento del plan económico) a la empresa, el sindicato, el trust y el departamento de choque; pero, al mismo tiempo, "la línea igualitaria'', que no defendió "el camarada Lenin'', sino que aprobaron la conferencia del partido y el CC, ex decir, todo el partido, exige con claridad: pasar al igualitarismo de manera paulatina, pero con firmeza. Que el Cectrán no ha cumplido esta resolución de noviembre del CC se ve por el acuerdo de diciembre del CC 566 (adoptado a instancias de Trotski y Bujarin), en el que se recuerdan de nuevo "los principios de la democracia normal''. El error teórico de la tesis 41 consiste en que en ella se dice: en la esfera del consumo, igualitarismo; en la esfera de la producción, sistema de trabajo de choque. Esto es absurdo desde el punto de vista económico, pues implica un divorcio entre el consumo y la producción. Yo no dije ni pude decir nada semejante. Si una fábrica es innecesaria, debe cerrarse. Hay que cerrar todas las fábricas que no sean absolutamente necesarias. Y entre las absolutamente necesarias, hay que dar preferencia a las que sean de choque. Por ejemplo, hay que dar preferencia al transporte. Eso es indiscutible. Pero que esa preferencia no sea excesiva, y como el Cectrán la tuvo en exceso, la directriz del partido (y no de Lenin) es: pasar paulatinamente, pero con firmeza, al igualitarismo. Si después de la sesión plenaria de noviembre, que adoptó un acuerdo exacto y teóricamente acertado, Trotski publica un folleto fraccional acerca de "las dos tendencias" y en la tesis 41 propone su fórmula, que es errónea desde el punto de vista económico, que se culpe a sí mismo.
__-_-_-__Hoy, 25 de enero, se cumple justamente un mes de la intervención fraccional del camarada Trotski. Ahora se ve ya con extraordinaria claridad que el partido fue apartado con esa intervención---inconveniente por la forma y errónea por el contenido---de la labor eficiente práctica, económica, de producción; fue apartado para corregir errores políticos y teóricos. Pero no en vano dice un viejo refrán: "no hay mal que por bien no venga".
Según rumores, se han dicho cosas monstruosas de las discrepancias en el seno del CC. Alrededor de la oposición se han cobijado (y se cobijan, sin duda alguna) mencheviques y eseristas, que hinchan los rumores, proponen fórmulas inauditamente ruines e inventan patrañas con el fin de, sin reparar en medios, denigrar, dar una interpretación abyecta, exacerbar los conflictos y echar a perder la labor del partido. Es el método político de la burguesía, incluidos los demócratas pequeñoburgueses, los mencheviques y eseristas, que se consumen de rabia furiosa contra los bolcheviques y no pueden dejar de consumirse por causas harto comprensibles. Todo miembro consciente del partido conoce este método político de la burguesía y sabe lo que vale.
Las discrepancias en el seno del CC nos han obligado a recurrir al partido. La discusión ha mostrado con toda claridad la esencia y la medida de esas discrepancias. Se ha puesto fin a los rumores y a las calumnias. El partido aprende y se templa en la lucha contra la 567 nueva enfermedad (nueva en el sentido de que nos habíamos olvidado de ella después de la Revolución de Octubre), contra el fraccionismo. En el fondo, se trata de una vieja dolencia, cuyas recidivas serán, probablemente, inevitables durante varios años, pero cuya curación puede y debe ser ahora mucho más rápida y fácil.
El partido aprende a no exagerar las discrepancias. Será oportuno repetir aquí las acertadas observaciones que hizo el camarada Trotski refiriéndose al camarada Tomski: "En la polémica más enconada con el camarada Tomski he dicho siempre que, para mí, está completamente claro que en los sindicatos sólo pueden ser dirigentes nuestros personas con la experiencia y el prestigio que posee el camarada Tomski. Eso lo dije en el grupo de la V Conferencia Sindical y lo he repetido hace unos días en el Teatro de Zimín. La lucha ideológica en el partido no significa repulsión recíproca, sino influencia mutua" (pág. 34 del acta de la discusión del 30 de diciembre). Por supuesto, el partido aplicará también al camarada Trotski este acertado razonamiento.
Durante la discusión, la desviación sindicalista se ha manifestado, sobre todo, en el camarada Shliápnikov y en su grupo, la llamada "oposición obrera" = '^^81^^. Como se trata de una desviación evidente que se aleja del partido, del comunismo, habrá que tenerla en cuenta especialmente, habrá que hablar de ella especialmente, habrá que dedicar singular atención a propagar y explicar el carácter erróneo de esas concepciones y el peligro que representa ese error. El camarada Bujarin, que ha llegado al extremo de pronunciar la frase sindicalista de "candidaturas obligatorias" (de los sindicatos a los organismos administrativos), se defiende hoy en Pravda con muy poca fortuna y evidente desacierto. ¡Dice que habla del papel del partido en otros puntos! ¡No faltaría más! De lo contrario, eso sería abandonar el partido. De lo contrario, eso dejaría de ser sólo un error que requiere corrección y admite fácil corrección. Si se habla de "candidaturas obligatorias" y no se añade a renglón seguido que son obligatorias no para el partido, eso será una desviación sindicalista, eso será incompatible con el comunismo, será ¿rjcompatible con el Programa del PCR. Si se añade: "obligatorias no para el partido'', eso será engañar a las masas obreras sin partido con el fantasma de cierto aumento de sus derechos, mientras que, de hecho, no se operará el menor cambio en comparación con lo que tenemos hoy. Cuanto más defienda el camarada Bujarin su desviación del comunismo, desviación evidentemente errónea en teoría y engañosa en política, tanto más deplorables serán los frutos de su obstinación. Pero no se conseguirá defender lo indefendible. El partido no está en contra de toda ampliación de los derechos de 568 los obreros sin partido, pero basta con reflexionar un poco para comprender por qué camino se puede ir y qué camino no se puede seguir en ese caso.
Durante la discusión en el grupo comunista del II Congreso de Mineros de toda = Rusia~^^182^^, la plataforma de Shliápnikov fracasó, a pesar de haberla defendido el camarada Kiseliov, que goza de singular prestigio en este sindicato: nuestra plataforma reunió 137 votos; la de Shliápnikov, 62, y la de Trotski, 8. La desviación sindicalista debe ser curada y será curada.
En un mes, tanto Petrogrado como Moscú y una serie de ciudades de provincias han probado ya que el partido ha respondido a la discusión y ha rechazado por inmensa mayoría la línea errónea del camarada Trotski. Si en "las altas esferas" y en "la periferia'', en los comités y en las instituciones, ha habido, sin duda, vacilaciones, la masa de miembros de base del partido, la masa obrera del partido, se ha pronunciado por mayoría, por una mayoría precisamente aplastante, contra esa línea errónea.
El camarada Kámenev me ha comunicado que en la discusión sostenida el 23 de enero en el distrito de Zamoskvorechie, de la ciudad de Moscú, el camarada Trotski ha declarado que retira su plataforma y se une con el grupo de Bujarin sobre la base de una nueva plataforma. Lamento no haber oído, ni el 23 ni el 24 de enero, una sola palabra de eso al camarada Trotski, que ha hablado contra mí en el grupo comunista del Congreso de Mineros. Ignoro si han vuelto a cambiar los propósitos y las plataformas del camarada Trotski o si la cosa se explica de alguna otra manera. Pero, en todo caso, la declaración del camarada Trotski del 23 de enero prueba que el partido, sin haber, tenido tiempo siquiera de movilizar todas sus fuerzas, habiendo llegado a expresar únicamente las opiniones de Petrogrado, de Moscú y de la minoría de las capitales de provincia, a pesar de todo, ha corregido en el acto, con firmeza, energía, rapidez e inflexibilidad el error del camarada Trotski.
Los enemigos del partido han cantado victoria en vano. No han podido ni podrán aprovechar las discrepancias, a veces inevitables en el seno del partido, en perjuicio de éste y de la dictadura del proletariado en Rusia.
25 de enero de 1921.
Publicado los días 25 y 26 de enero de 1921 en un folleto editado por la Sección de Prensa del Soviet de diputados obreros, campesinos y soldados rojos de Moscú.
Firniddo: \. /. r n i n.
T. 42, págs. 264--304.
[569] __ALPHA_LVL1__ SOBRE EL PLAN ECONÓMICO ÚNICOLos artículos y conversaciones dedicados a este tema producen una impresión deprimente. Echad una ojeada a los artículos de L. Kritsman publicados en Ekonomícheskaya = Zftizn^^183^^ (I, 14 de diciembre de 1920; II, 23 de diciembre; III, 9 de febrero; IV, 16 de febrero; V, 20 de febrero). Son verbosidad de lo más vana. Infraliteratura. No querer tomar en consideración ni estudiar las cosas útiles que se han creado en este dominio. Reflexiones---¡en cinco largos artículos!---acerca de cómo emprender el estudio, en vez de estudiar los datos y los hechos.
Tomad las tesis de Miliutin (Ekonomícheskaya Zhizn, 19 de febrero) y las de Larin (Ekonomícheskaya Zhizn, 20 de febrero) y prestad oído a los discursos de camaradas "que desempeñan cargos de responsabilidad''. Los mismos defectos cardinales que vemos en Kritsman. Escolasticismo de lo más tedioso, rayano en la charlatanería acerca de la ley de la concatenación, etc.; escolasticismo ora literario, ora burocrático, pero sin obra viva.
Peor aún. Altiva y burocrática falta de atención a la obra viva ya hecha y que es necesario proseguir. Una y otra vez, la más vana "producción de tesis" o la invención de consignas y proyectos, en lugar de conocer detenida y minuciosamente nuestra propia experiencia práctica.
El único trabajo serio respecto al plan económico único es el Plan de electrificación de la RSFSR, el informe de la GOELRO (Comisión Estatal para la Electrificación de Rusia) al VIII Congreso de los Soviets, editado en diciembre de 1920 y repartido en el VIII Congreso. En este libro está expuesto un plan económico único, redactado, claro está, sólo como primera aproximación por las mejores fuerzas científicas de nuestra república cumpliendo un encargo de sus organismos superiores. Y la lucha contra la ignorante presunción de los dignatarios, contra la presunción intelectual de los literatos comunistas hemos de comenzarla por el asunto más modesto, por la simple narración de la historia de este libro, de su contenido y su importancia.
570Del 2 al 7 de febrero de 1920, o sea, hace más de un año, se celebró la sesión del Comité Ejecutivo Central de toda Rusia que aprobó la = resolución~^^184^^ concerniente a la electrificación. En ella leemos:
``...A la par con las tareas más inmediatas, apremiantes, inaplazables y de primer orden para organizar el transporte, suprimir las crisis de combustibles y alimentos, combatir las epidemias y organizar ejércitos disciplinados de trabajo, a la Rusia Soviética se le ofrece por primera vez la posibilidad de empezar a crear la economía de manera más planificada, elaborar científicamente y poner en práctica de modo consecuente un plan estatal de toda la economía nacional. Teniendo en cuenta la importancia primordial de la electrificación... valorando la importancia de la electrificación para la industria, la agricultura, el transporte... etc., etc., el CEC de toda Rusia acuerda: encargar al CSEN, junto con el Comisariado del Pueblo de Agricultura, que preparen el proyecto de construcción de la red de centrales eléctricas..."
Parece que está claro. "Elaborar científicamente un plan estatal de toda la economía nacional": ¿es posible no comprender estas palabras, esta resolución de nuestro poder supremo? Si los literatos y dignatarios, que se jactan de su comunismo ante "los especialistas'', no conocen esa resolución, no puedo sino recordarles que el desconocimiento de nuestras propias leyes no es un argumento.
Cumpliendo los acuerdos del CEC de toda Rusia, el Presidium del CSEN ratificó el 21 de febrero de 1920 la Comisión de Electrificación, que se formó adjunta a la Sección de Electricidad; y luego, el Consejo de Defensa aprobó el Reglamento de la GOELRO, cuya composición se encargó determinar y aprobar al CSEN de acuerdo con el Comisariado del Pueblo de Agricultura. La GOELRO publicó ya el 24 de abril de 1920 el núm. 1 de su Boletín, que contenía un detalladísimo programa de trabajos, una lista de las personas de responsabilidad, científicos, ingenieros, agrónomos y estadísticos que integran diversas subcomisiones, dirigen el trabajo en su zona respectiva y han asumido distintas tareas, señaladas con exactitud. La sola enumeración de estas tareas y de las personas que las han asumido ocupa diez páginas en el núm. 1 del Boletín. Todas las mejores fuerzas que estaban a la vista del CSEN y del Comisariado del Pueblo de Agricultura, así como del Comisariado del Pueblo de Vías de Comunicación, fueron incorporadas al trabajo.
Fruto de la labor efectuada por la GOELRO ha sido la obra científica antes mencionada, voluminosa y excelente. Han colaborado en ella más de 180 especialistas. La enumeración de los trabajos aportados por ellos a la GOELRO pasa de 200. En primer lugar, tenemos una lista de estos trabajos (primera parte del 571 mencionado volumen, que abarca más de 200 páginas): a) la electrificación y el plan de la economía del Estado; luego, b) abastecimiento de combustible (con un detallado "presupuesto de combustibles" de la RSFSR dentro de los límites del próximo decenio, teniendo en cuenta el número necesario de obreros); c) energía hidráulica; d) agricultura; e) transporte, y f) industria.
El plan está calculado para un decenio, aproximadamente, y en él se indica el número de obreros y la potencia (en miles de HP). Por supuesto, este plan es sólo aproximado, inicial, está trazado en líneas generales, con errores; es un plan "redactado sólo como primera aproximación'', pero es un verdadero plan científico. Tenemos cálculos exactos de especialistas relativos a todas las cuestiones fundamentales. Tenemos sus cálculos referentes a todas las ramas industriales. Tenemos---ahí va un pequeño ejemplo---el cálculo de las proporciones de la producción de cuero y de calzado a razón de dos pares por habitante (trescientos millones de pares), etc. En suma, tenemos el balance material y financiero (en rublos oro) de la electrificación (unos trescientos setenta millones de jornadas de trabajo, tantos barriles de cemento, tantos ladrillos, puds de hierro, cobre, etc., tanta potencia de los turbogeneradores, etc.). El balance prevé un aumento del 80% ``(según cálculos muy inexactos'') de la industria transformadora, y del 80 al 100% de la extractiva en el transcurso de diez años. El déficit del balance de oro (+11.000.000.000---17.000.000.000, en total, un déficit de unos seis mil millones) "podrá ser cubierto por medio de concesiones y operaciones de crédito".
Se indica el lugar de emplazamiento de veinte centrales eléctricas a vapor y de diez hidroeléctricas zonales de la primera serie, con una detallada descripción de la importancia económica de cada una de ellas.
Tras la lista general tenemos en el mismo volumen, con numeración aparte de las páginas, trabajos referentes a cada zona: Septentrional, Central-industrial (estos dos trabajos, singularmente buenos, exactos y detallados, están basados en un abundantísimo material científico) y Meridional; zonas del Volga, de los Urales, del Caucase (el Caucase está tomado en su conjunto, presuponiéndose un acuerdo económico entre las distintas repúblicas), de Siberia Occidental y de Turquestán. Tenemos el cálculo para cada zona de las centrales eléctricas no sólo de la primera serie; luego tenemos el llamado "Programa A de la GOELRO'', o sea, el plan de aprovechamiento más racional y económico de las centrales eléctricas existentes. Aduciré otro pequeño ejemplo: respecto a la Zona Septentrional (de Petrogrado) se ha calculado que la unión de las centrales petrogradenses podría proporcionar una 572 economía, determinada del siguióme modo. Cerca de la mitad del fluido qne generen dichas centrales podría ser enviado a los lugares nórdicos de flotación de madera. Murmansk, Arjánguelsk y otros (pág. 69 del informe relativo a la Zona Septentrional). El aumento de la tala de árboles y de la flotación de madera para el extranjero podría darnos, en tales condiciones, "hasta quinientos millones de rublos anuales en divisas ya en los próximos años".
``La ganancia anual obtenida de la madera del Norte puede alcanzar en los próximos años la magnitud de nuestras reservas de oro" (ídem., pág. 70), ¡si sabemos, claro está, pasar de las palabras sobre el plan al estudio y aplicación del plan confeccionado realmente por científicos!
Debemos decir, además, que, respecto a una serie de cuestiones (por supuesto, no todas, ni muchísimo menos), tenemos el principio de un programa basado en el calendario, es decir, no sólo el plan en general, sino el cálculo para cada año, de 1921 a 1930: cuántas centrales se pueden poner en funcionamiento y en qué medida ampliar las existentes (de nuevo con la susodicha condición, no tan fácil de observar en virtud de nuestras costumbres literario-intelectuales y dignatario-- burocráticas).
Para apreciar toda la inmensidad y todo el valor del trabajo realizado por la GOELRO, echemos un vistazo a Alemania. Allí efectuó una labor análoga un solo hombre: el científico Ballod. Compuso un plan científico de reorganización socialista de toda la economía de Alemania. En la Alemania capitalista, este plan quedó en el aire, no pasó de ser infraliteratura, el trabajo de un hombre aislado. Nosotros hemos señalado una tarea estatal, hemos movilizado a centenares de especialistas y obtenido en diez meses (claro que no en dos, como estipulamos al principio) un plan económico único, compuesto científicamente. Tenemos pleno derecho a enorgullecemos de esta labor; sólo queda por entender cómo debe ser aprovechada, y precisamente contra esa incomprensión tenemos que batallar ahora.
En la resolución del VIII Congreso de los Soviets se dice: "...El congreso... aprueba la labor del CSEN, etc., sobre todo de la GOELRO, para confeccionar el plan de electrificación de Rusia... estima este plan como el primer paso de la gran empresa económica, encarga al CEC de toda Rusia, etc., que terminen de confeccionar dicho plan y lo aprueben, sin falta, en el plazo más breve... Encarga que adopten tocias las medidas necesarias para que se haga la más vasta propaganda de este plan... Debe hacerse obligatorio el estudio de este plan en todos los establecimientos de enseñanza, sin excepción alguna, de la = república" lllr', etc.
573Nada peculiariza de modo tan fehaciente la existencia de dolencias burocráticas e intelectuales en nuestra administración, sobre todo en la administración superior, como la actitud que se observa en Moscú ante esta resolución, las tentativas de " interpretarla" a tontas y a locas e incluso de retractarse de ella. Los literatos no propagan el plan compuesto, sino que escriben tesis y reflexiones vanas acerca de ¡cómo enfocar la confección del plan! Los dignatarios acentúan con un espíritu puramente burocrático la necesidad de ``ratificar'' el plan, entendiendo por ello no el planteamiento de tareas concretas (construir tal o cual cosa en tal fecha, comprar tal o cual cosa en el extranjero, etc.), sino algo completamente confuso, como ¡la confección de un nuevo plan! Resulta una monstruosa incomprensión del asunto; se oyen discursos, en los que se dice: Primero restableceremos lo viejo, al menos en parte, antes de construir nada nuevo; la electrificación parece electroficción; por qué no se habla de gasificación; en la GOELRO los especialistas son burgueses, y hay pocos comunistas; la GOELRO debe promover a personal experto y no al de la Comisión General del Plan, etc.
El peligro radica precisamente en esa diferencia de opiniones, pues muestra que no se sabe trabajar y que la presunción intelectual y burocrática prevalece sobre la obra verdadera. Las burlas mezquinas a cuenta de lo fantástico del plan, las preguntas respecto a la gasificación y otras revelan la fatuidad de la ignorancia. ;No es vergonzoso, acaso, corregir a la ligera y sin conocimiento de causa el trabajo de centenares de los mejores especialistas, desentenderse del asunto con bromitas de banal gusto y presumir del derecho de "no aprobar"?
¡Hay que aprender a valorar la ciencia, rechazar la presunción ``comunista'' de diletantes y burócratas; hay que aprender a trabajar de manera sistemática, aprovechando la propia experiencia, la propia práctica!
Está claro que "los planes" son, por su esencia misma, algo de lo que se puede hablar y discutir infinitamente. Pero no se divague ni discuta en general sobre "los principios" (de la estructura del plan) cuando lo que debe hacerse es estudiar un plan concreto, el único plan científico, y corregirlo tomando como base las indicaciones de la experiencia práctica y un estudio más detallado. Por supuesto, el derecho de ``ratificar'' y "no ratificar" es siempre atribución del dignatario y los dignatarios.
Si se entiende este derecho de una manera razonable y se interpretan también razonablemente las resoluciones del VIII Congreso respecto a la ratificación del plan aprobado por él y entregado a la propaganda más amplia, deberá entenderse por 574 ``ratificación" una serie de encargos y órdenes: comprar tal cosa, en tal fecha y en tal lugar; empezar a construir tal cosa; reunir y transportar tales materiales, etc. Pero si se la entiende de una manera burocrática, "ratificación" significará capricho de los dignatarios, papeleo, juego a las comisiones comprobadoras, en una palabra, asesinato puramente burocrático de la obra viva.
Enfoquemos este asunto desde otro punto de vista más. Es preciso ligar especialmente el plan científico de electrificación a los planes prácticos corrientes y a su cumplimiento efectivo. Sin duda, esto es indiscutible por completo. Pero ¿cómo ligarlos de modo concreto? Para saberlo es necesario que los economistas, literatos y estadísticos no charlataneen del plan en general, sino que estudien detenidamente el cumplimiento de nuestros planes, nuestros errores en esta labor práctica y el medio de corregirlos. Sin un estudio así estaremos ciegos. Pero con un estudio así---a condición de que estudiemos la experiencia práctica---nos quedará, a la par con él, una cuestión muy pequeña de técnica administrativa. Tenemos a montones comisiones de planificación. Para unificarlas tomemos dos personas de la institución encomendada a Iván Ivánovich, y una de la encomendada a Pal Pálich, o viceversa. Unifiquémoslas con la subcomisión de la Comisión General del Plan. Está claro que esto es precisamente técnica administrativa y nada más. Es incluso ridículo hablar de probar así y asá para elegir lo mejor.
El quid de la cuestión está en que no sabemos plantear el problema y sustituimos el trabajo vivo con la proyectomanía intelectual y burocrática. Hemos tenido y tenemos planes corrientes de suministro de alimentos y combustibles. Hemos cometido un error evidente en los unos y en los otros. A este respecto no puede haber dos opiniones. Un economista sensato, en vez de redactar tesis sin importancia, estudiará los hechos, las cifras y los datos, analizará nuestra propia experiencia práctica y dirá: el error está en esto y se ha de corregir así o asá. Un administrador sensato, basándose en semejante estudio, propondrá o realizará él mismo un desplazamiento de personal, una modificación de la rendición de cuentas, una restructuración del mecanismo, etc. En nuestro país no se ve ni uno ni otro enfoque práctico y útil del plan económico único.
El mal está precisamente en que se plantea de una manera equivocada el problema de la actitud del comunista respecto a los especialistas, del administrador respecto a los científicos y literatos. En el problema del plan económico único, lo mismo que en cualquier otro problema, hay aspectos---y siempre pueden surgir tales aspectos nuevos---que requieren ser resueltos sólo por 575 comunistas o que exigen enfoque sólo administrativo. Esto es indiscutible. Pero es pura abstracción. Y ahora, este problema lo enfocan de una manera errónea en nuestro país precisamente los literatos comunistas y los administradores comunistas: ni unos ni otros han sabido comprender que, en estos casos, hay que aprender más de los especialistas y científicos burgueses y jugar menos a la administración burocrática. No hay, ni puede haber, ningún otro plan económico único que el confeccionado ya por la GOELRO. Hay que completarlo, desarrollarlo, corregirlo y llevarlo a la práctica sobre la base de las indicaciones de la experiencia práctica, estudiada atentamente. La opinión inversa es sólo "una presunción seudorradical, mas, en realidad, ignorante'', hablando con palabras del programa del = partido~^^186^^. No menos presunción ignorante significa la idea de que en la RSFSR es posible otra comisión general del plan que no sea la GOELRO, con lo cual, naturalmente, no se refuta la posible utilidad de introducir enmiendas parciales, prácticas, en su composición. Sólo sobre esta base, sólo continuando lo iniciado, se puede construir algo serio, en el sentido de mejorar el plan general de nuestra economía nacional; de lo contrario, eso será jugar a la administración burocrática o, dicho con mayor sencillez, despotismo. La tarea de los comunistas dentro de la GOELRO estriba en mandar menos, mejor dicho, en no mandar nada, sino en tratar a los especialistas de la ciencia y la técnica ``(en la mayoría de los casos están impregnados inevitablemente de la concepción del mundo y las costumbres burguesas'', como se dice en el Programa del PC de Rusia) con extraordinario cuidado y habilidad, en aprender de ellos y ayudarles a ampliar su horizonte, partiendo de las conquistas y los datos de la ciencia respectiva y teniendo presente que un ingeniero no vendrá al comunismo de la misma manera que han venido el propagandista o el literato que trabajaron en la clandestinidad, sino a través de los datos de su ciencia; que el agrónomo, el silvicultor, etc., vendrán al comunismo cada uno a su manera. El comunista que no haya demostrado que sabe unir y dirigir modestamente el trabajo de los especialistas, calando hondo en los asuntos y estudiándolos con todo detalle, es a menudo perjudicial. Tenemos muchos comunistas de esta índole, y yo daría varias docenas de ellos por un especialista burgués competente y que estudie a conciencia su materia.
Los comunistas que no forman parte de la GOELRO pueden contribuir a crear y aplicar el plan económico único de dos maneras. Si son economistas, estadísticos o literatos, deben estudiar primero nuestra propia experiencia práctica, y sólo después, basándose en un estudio detallado de los hechos repectivos, 576 recomendar cómo corregir los errores y mejorar el trabajo. El estudio es cosa de los que saben. Y en este terreno, por cuanto en nuestro país no se trata, desde hace ya mucho, de principios generales, sino precisamente de la experiencia práctica, "el especialista de la ciencia y la técnica" que conoce su materia, aunque sea burgués, tiene también diez veces más valor para nosotros que el comunista presuntuoso, dispuesto en cualquier momento del día y de la noche a escribir ``tesis'', lanzar ``consignas'' y presentar meras abstracciones. Más conocimiento de los hechos y menos controversias con pretensión de sostener principios comunistas.
Por otro lado, si un comunista es administrador, su primer deber consiste en no dejarse llevar por la afición a mandar, en saber primero tener en cuenta lo que la ciencia ha estudiado ya, en preguntar primero si los hechos están comprobados, en lograr primero que se estudie (en los informes, en la prensa, en las reuniones, etc.), que se estudie en qué precisamente hemos incurrido en error, y sólo sobre esta base corregir lo que se está haciendo. Menos métodos de Tit = Títich^^187^^ ``(Puedo ratificar y puedo no ratificar'') y más estudio de nuestros errores prácticos.
Se ha observado hace ya mucho que los defectos de las personas están relacionados, las más de las veces, con sus virtudes. Tales son los errores de muchos comunistas dirigentes. A lo largo de decenios realizamos una gran obra, predicamos el derrocamiento de la burguesía, enseñamos a desconfiar de los especialistas burgueses, los desenmascaramos, les quitamos el poder y vencimos su resistencia. Esta es una gran obra, de significación histórica universal. Pero basta con exagerar un poco para que se confirme la verdad de que de lo grande a lo ridículo no hay más que un paso. Nosotros hemos convencido a Rusia, la hemos conquistado de manos de los explotadores para los trabajadores y hemos sometido a los explotadores. Ahora debemos aprender a gobernarla. Para eso es necesario aprender a ser modestos y respetar el trabajo útil de "los especialistas de la ciencia y la técnica''; para eso es preciso aprender a analizar con sentido eficiente y atención nuestros numerosos errores prácticos y corregirlos paso a paso, pero de manera consecuente. Menos presunción intelectual y burocrática, más estudio de lo que la experiencia práctica nos proporciona en el centro y en el plano local y de lo que la ciencia nos ha proporcionado ya.
21 de febrero de 1921.
Publicado el 22 de febrero de ¡921 en el mím. 39 de ``Prnvda''. Firmado: N. I. en i n.
T. 42, páKs. 339--347.
[577] __ALPHA_LVL1__ X CONGRESO DEL PC(b) DE RUSIA^^188^^Publicado con pequeñas abreviaciones en 1921 en el libro "Décimo Conpreso del Partida Comunista de Rusia. Actas taquigráficas (del .V al I ti de marzo de 1921)''. Moscú.
T. 43. págs. 3-6, 57--75, 89--97.
578 (
Camaradas, es la primera vez que reunimos nuestro congreso cuando en el territorio de la República Soviética no hay tropas enemigas, apoyadas por los capitalistas e imperialistas de todo el mundo. La primera vez que, gracias a las victorias del Ejército Rojo durante este año, inauguramos el congreso del partido en 579 tales condiciones. Tres años y medio de lucha de dureza inaudita, ¡pero hemos logrado expulsar a los ejércitos enemigos de nuestro territorio! Es natural que estemos aún muy lejos de haberlo conquistado todo con eso, y en modo alguno hemos conquistado con eso lo que debemos conquistar: librarnos verdaderamente de la agresión y la ingerencia de los imperialistas. Por el contrario, sus acciones de armas contra nosotros han adquirido una forma menos militar, pero más dura y peligrosa en algunos aspectos para nosotros. La transición de la guerra a la paz, transición que aplaudimos en el pasado congreso del partido y hemos tratado de realizar ya, procurando ordenar el trabajo en este sentido, aún no se ha consumado hasta hoy. Siguen alzándose ante nuestro partido tareas de inverosímil dificultad, tareas que no sólo atañen al plan económico, en el que hemos cometido muchos errores, tareas que no sólo atañen a las bases de la edificación económica, sino a las bases de las propias relaciones entre las clases que han quedado en nuestra sociedad, en nuestra República Soviética. Las propias relaciones entre las clases han cambiado, y esta cuestión debe ser ---creo que todos estaréis conformes con ello---una de las cuestiones principales que habéis de dilucidar y resolver aquí.
Camaradas, hemos vivido un año excepcional, nos hemos permitido el lujo de abrir discusiones y controversias dentro de nuestro partido. ¡Para un partido que está rodeado de enemigos poderosísimos y fortísimos, enemigos que agrupan a todo el mundo capitalista, para un partido que carga con un peso inaudito, este lujo ha sido verdaderamente asombroso!
No sé cómo valoraréis ahora esto. ¿Os parece que este lujo ha correspondido plenamente a nuestras riquezas, tanto materiales como espirituales? De vosotros depende valorarlo. Pero, en todo caso, debo decir una cosa: que aquí, en este congreso, debemos adoptar un lema, proponernos un fin y una tarea principal que debemos llevar a cabo cueste lo que cueste: salir más fuertes de la discusión y las controversias que cuando las empezamos. ( Aplausos.) Vosotros, camaradas, no podéis ignorar que todos nuestros enemigos---y sus nombres forman legión---repiten y despliegan en todos sus innumerables órganos extranjeros el mismo rumor a cien y mil voces, que nuestros enemigos burgueses y pequeñoburgueses difunden aquí, dentro de la República Soviética, a saber: si hay discusión hay controversias; si hay controversias hay disensiones, y si hay disensiones, los comunistas se han debilitado: ¡dale, ahora o nunca, aprovéchate de su debilitamiento! Esta es hoy la consigna del mundo hostil a nosotros. No debemos olvidarlo un instante. Nuestra tarea consiste ahora en mostrar que, aunque nos permitiéramos, con acierto o sin él, este lujo en el pasado, de esta 580 situación debemos salir de manera que, tras haber examinado debidamente en nuestro congreso del partido la extraordinaria abundancia de plataformas, matices, tonos y semitonos formulados y discutidos, nos digamos: en todo caso, como quiera que la discusión se venga manifestando hasta ahora, por mucho que discutamos entre nosotros---y tenemos delante a tantos enemigos---, la tarea de la dictadura del proletariado en un país campesino es tan inabarcable y difícil que no nos basta con que el trabajo sea más cohesionado y más aunado que antes de manera sólo formal---vuestra presencia aquí, en este congreso, demuestra ya que eso es así---, sino también de manera no sólo formal, a fin de que no queden los menores residuos de fraccionalismo--- dondequiera y comoquiera que se haya manifestado hasta la fecha---, a fin de que en modo alguno queden esos residuos. Sólo con esa condición cumpliremos las inmensas tareas que tenemos planteadas. Y estoy convencido de que expresaré el propósito y la firme resolución de todos vosotros si digo: ¡Debemos salir del presente congreso, en todo caso, con una unidad del partido más sólida, más estrecha y sincera! (Aplausos.)
Publicado el 9 de marzo de 1921 en el núm. 52 de ``Pravda''.
581 __NUMERIC_LVL2__ 2 __ALPHA_LVL2__ INFORME SOBRE LA SUSTITUCIÓNCamaradas: La sustitución del sistema de contingentación con el impuesto en especie es ante todo y sobre todo una cuestión política, pues su esencia reside en la actitud de la clase obrera ante los campesinos. El planteamiento de esta cuestión significa que debemos someter a un nuevo examen, o yo diría más bien a un examen complementario más cauteloso y acertado y a una cierta revisión, las relaciones de estas dos clases principales, cuya lucha intestina o cuyo acuerdo recíproco determinan la suerte de nuestra revolución. No tengo necesidad de detenerme a analizar con todo detalle las causas de esta revisión. Desde luego, todos vosotros conocéis perfectamente la serie de hechos, debidos en particular a la extrema exacerbación de la miseria, provocada por la guerra, la ruina, la desmovilización y la pésima cosecha, la serie de circunstancias que han agravado de manera extraordinaria la situación de los campesinos y han acentuado inevitablemente sus vacilaciones, que los alejan del proletariado y los aproximan a la burguesía.
Dos palabras sobre el significado teórico o el enfoque teórico de esta cuestión. No cabe duda de que en un país donde la inmensa mayoría de la población es de pequeños productores agrícolas, la revolución socialista puede hacerse únicamente mediante toda una serie de medidas especiales de transición que serían completamente innecesarias en países de capitalismo desarrollado, donde los obreros asalariados de la industria y La agricultura constituyen una mayoría aplastante. En los países de 582 capitalismo desarrollado existe una clase de obreros asalariados agrícolas formada a lo largo de decenios. Sólo esta clase puede ser, en los sentidos social, económico y político, el puntal para la transición directa al socialismo. Sólo en países donde se ha desarrollado lo suficiente esta clase, el paso directo del capitalismo al socialismo es posible y no requiere medidas especiales de carácter transitorio a escala nacional. En toda una serie de obras, en todos nuestros discursos y en todas nuestras publicaciones hemos subrayado que en Rusia la situación es distinta, que en Rusia poseemos una minoría de obreros industriales y una inmensa mayoría de pequeños agricultores. En un país así la revolución socialista sólo puede alcanzar el éxito definitivo con dos condiciones. La primera es que sea apoyada a su debido tiempo por la revolución socialista en uno o en varios países adelantados. Como sabéis, al objeto de que se dé esta condición, hemos hecho muchos más esfuerzos que antes, pero no son suficientes, ni mucho menos, para que esto llegue a convertirse en una realidad.
La otra condición es el acuerdo entre el proletariado, que ejerce su dictadura o tiene en sus manos el poder del Estado, y la mayoría de la población campesina. El acuerdo representa un concepto muy amplio, que incluye toda una serie de medidas y transiciones. Hay que decir al respecto que debemos plantear el asunto en toda nuestra propaganda y agitación con entera sinceridad. Las gentes que conciben la política como mezquinos artificios, rayanos a veces en el engaño, deben encontrar en nosotros la condena más resuelta. Es necesario corregir sus errores. No se puede engañar a las clases. Durante tres años hemos hecho mucho para elevar la conciencia política de las masas. Donde más han aprendido éstas ha sido en la ardua lucha. Conforme a nuestra concepción filosófica del mundo, a nuestra experiencia revolucionaria de decenios enteros y a las enseñanzas de nuestra revolución, necesitamos plantear los problemas de plano: los intereses de estas dos clases son distintos, el pequeño agricultor no quiere lo que desea el obrero.
Sabemos que sólo el acuerdo con el campesinado puede salvar la revolución socialista en Rusia, en tanto que no estalle la revolución en otros países. Así es cómo tenemos que hablar, sin rodeos, en todas las asambleas, en toda la prensa. Sabemos que este acuerdo entre la clase obrera y los campesinos, expresándonos con suavidad, pero sin recoger la palabra ``suavidad'' en las actas, es precario, y, diciendo las cosas como son, es mucho peor. En todo caso no debemos tratar de ocultar nada, sino decir francamente que el campesinado está descontento de la forma de relaciones establecidas entre él y nosotros, que no quiere esa 583 forma de relaciones y que no está dispuesto a seguir así. Esto es indiscutible. Esta voluntad se ha manifestado de un modo resuelto. Es la voluntad de masas enormes de la población trabajadora. Debemos tenerla en cuenta, y somos políticos lo suficiente sensatos para decir abiertamente: ¡Vamos a revisar nuestra política con respecto al campesinado! No es posible dejar las cosas tal como estaban hasta ahora.
Debemos decir a los campesinos: "¿Queréis retroceder, queréis restaurar por completo la propiedad privada y la libertad de comercio? Eso significa deslizarse de manera ineludible e irrevocable hacia el poder de los terratenientes y capitalistas. Lo testifica toda una serie de hechos históricos y ejemplos de las revoluciones. Un sucinto razonamiento del abecé del comunismo, del abecé de la economía política, confirma que esto es inevitable. Vamos a ver. ¿Les conviene a los campesinos apartarse del proletariado para dar marcha atrás---y consentir que dé marcha atrás el país---hasta caer bajo el poder de los capitalistas y terratenientes, o no les conviene? Pensadlo vosotros y pensémoslo juntos."
Y estimamos que, de sopesar las cosas con buen sentido, aun dada la profunda disparidad que nosotros reconocemos entre los intereses económicos del proletariado y los del pequeño agricultor, el cálculo confirmará que la razón está de nuestra parte.
Por difícil que sea nuestra situación en cuanto a los recursos, debe cumplirse la tarea de dar satisfacción al campesino medio. Hay muchos más campesinos medios que antes, las contradicciones se han atenuado, la tierra está distribuida en usufructo mucho más igualitario, se ha metido al kulak en cintura y se le ha expropiado en buena parte, en Rusia más y en Siberia menos que en Ucrania. Pero, en suma, los datos estadísticos muestran el hecho absolutamente incontestable de que el agro se ha nivelado, de que hay en él más igualdad, es decir, se ha paliado el proceso de acusada segregación de kulaks, por su lado, y campesinos que no siembran, por el suyo. Existe por doquier más igualdad, los campesinos se encuentran hoy, en general, en la situación de campesinos medios.
¿Podemos dar satisfacción a estos campesinos medios como tales, con sus peculiaridades económicas, con sus raíces económicas? Si algún comunista ha soñado con que en tres años se pueden transformar la base económica, las raíces económicas de la pequeña hacienda agrícola, es, naturalmente, un visionario. No hay por qué ocultar que entre nosotros existían no pocos soñadores de ésos. Y nada hay de extraordinariamente malo en ello. ¿Cómo se podía haber empezado sin visionarios la revolución socialista en un país como el nuestro? Como es lógico, la práctica ha demostrado el formidable papel que pueden desempeñar los experimentos y las 584 iniciativas de toda índole en orden al cultivo colectivo de la tierra. Pero la práctica ha demostrado también que estos experimentos, como tales, han desempeñado asimismo un papel negativo en los casos en que personas llevadas de las mejores intenciones y deseos han ido al campo a organizar comunas, colectividades, sin saber administrar, porque carecían de experiencia de cultivo colectivo. La experiencia de estas haciendas colectivas no muestra sino un ejemplo de cómo no se debe administrar una hacienda: los campesinos de los contornos se ríen o se enfurecen.
Sabéis muy bien que ha habido muchos ejemplos semejantes. Repito que esto no puede extrañar, pues la labor de rehace) al pequeño agricultor, la labor de trastrocar toda su sicología y todos sus hábitos es obra de varias generaciones. Resolver este problema en relación con el pequeño agricultor, sanear, por decirlo así, toda su sicología, únicamente puede hacerlo la base material, la maquinaria, el empleo a gran escala de tractores y otras máquinas en la agricultura, la electrificación a escala masiva. He aquí lo que podría transformar de raíz y con enorme celeridad al pequeño agricultor. Esto es obra de generaciones enteras, pero yo no digo que hagan falta siglos. Comprenderéis bien que, en todo caso, se requiere, cuando menos, varios decenios para conseguir tractores y máquinas y electrificar un país inmenso. Tal es la situación objetiva.
Debemos esforzarnos por atender las demandas de los campesinos, que no están satisfechos, que están descontentos, y con razón, y no pueden estar contentos. Debemos decirles: "Esta situación no puede prolongarse por más tiempo''. ¿Cómo satisfacer al campesino y qué significa darle satisfacción? ¿Dónde está la respuesta a la cuestión de cómo darle satisfacción? Naturalmente, en las propias reivindicaciones del campesinado. Conocemos estas reivindicaciones, pero debemos comprobarlas, examinar desde el punto de vista de la ciencia económica todo lo que sabemos de las reclamaciones de tipo económico de los agricultores. Ahondando en esta cuestión, nos diremos al punto: en realidad, se puede satisfacer al pequeño agricultor con dos cosas. Primero, se precisa cierta libertad de intercambio de mercancías, libertad para el pequeño propietario privado, y segundo, es necesario facilitar mercancías y productos. ¿Qué sentido puede tener la libertad de intercambio, si no hay mercancías que cambiar, y la libertad de comercio, si no hay con qué comerciar? Esto quedaría en el papel; pero a las clases no se las satisface con papeles, sino con cosas materiales. Es preciso comprender muy bien estas dos condiciones. De la segunda condición---cómo facilitar mercancías, y si sabremos facilitarlas---hablaremos después. Ahora voy a detenerme en la primera, en la libertad de intercambio de mercancías.
585¿Qué es libertad de intercambio? Libertad de intercambio es libertad de comercio, y esta libertad significa un retroceso hacia el capitalismo. La libertad de intercambio y la libertad de comercio significan el intercambio de mercancías entre los pequeños propietarios por separado. Todos los que hemos estudiado aunque sólo sea el abecé del marxismo sabemos que de este intercambio y de esta libertad de comercio se desprende necesariamente la división del productor de mercancías en dueño del capital y dueño de la mano de obra, la división en capitalistas y obreros asalariados, es decir, la reconstitución de la esclavitud capitalista asalariada, que no cae del cielo, sino que surge en todo el mundo precisamente de la economía agrícola mercantil. Esto lo sabemos perfectamente en teoría, y todo el que examine la vida y las condiciones de la economía del pequeño agricultor no puede menos de verlo en Rusia.
Cabe preguntar: ¿acaso puede el Partido Comunista admitir la libertad de comercio y pasar a ella? ¿No hay en esto contradicciones inconciliables? Debe responderse que, desde luego, es un problema extraordinariamente difícil en el sentido de su solución práctica. Preveo de antemano, y lo sé por las conversaciones con los camaradas, que el proyecto previo de sustitución del sistema de contingentación con el impuesto en especie, proyecto que se os ha distribuido, es el que suscita más preguntas, legítimas e inevitables, respecto a que el intercambio se admite sin rebasar los límites de las transacciones económicas locales. Esto se dice al final del apartado 8. ¿Qué significa? ¿Qué límites tiene? ¿Cómo realizarlo? Se equivoca quien piense recibir respuesta a estas preguntas en el presente congreso. La recibiremos en nuestra legislación: nuestra tarea consiste en trazar tan sólo la pauta de principio, en proclamar la consigna. Nuestro partido es un partido de gobierno, y la resolución que adopte el congreso del partido será obligatoria para toda la república; aquí debemos resolver esta cuestión en principio. Debemos resolver esta cuestión en principio y dar cuenta de ello a los campesinos, porque la siembra está al llegar. Y después debemos movilizar a todo nuestro personal, a todos nuestros valores teóricos y toda nuestra experiencia práctica para ver cómo hacer las cosas. ¿Se puede hacer esto, se puede, hablando teóricamente, restaurar hasta cierto punto la libertad de comercio, la libertad del capitalismo para los pequeños agricultores, sin socavar con ello las raíces del poder político del proletariado? ¿Es posible esto? Es posible, porque el quid está en hacer las cosas con medida. Si pudiésemos obtener aunque sólo fuera una pequeña cantidad de mercancías y retenerlas en manos del Estado, en manos del proletariado, dueño del poder político, y 586 ponerlas en circulación, nosotros, como Estado, añadiríamos a nuestro poder político el poder económico. La puesta en circulación de estas mercancías reanimaría la pequeña economía agrícola, que ahora se encuentra en un estado de terrible estancamiento por el efecto nocivo de las duras condiciones de la guerra, la ruina y la imposibilidad de propulsar la pequeña producción en el campo. El pequeño agricultor, mientras siga siéndolo, debe tener un estímulo, un aliciente, un acicate adecuado a su base económica, esto es, a la pequeña economía individual. En este caso no cabe prescindir de la libertad de efectuar transacciones económicas a escala local. Si estas transacciones proporcionan al Estado, a cambio de los productos de la industria, un mínimo de trigo, suficiente para cubrir las necesidades de la ciudad, de las fábricas, de la industria, el intercambio económico se restablecerá de manera que el poder estatal siga en manos del proletariado y se fortalezca. El campesinado exige que se le muestre en la práctica que el obrero, el cual tiene en sus manos los talleres, las fábricas, la industria, puede organizar el intercambio con él. Y, por otra parte, un inmenso país agrícola con pésimas vías de comunicación, con un territorio inabarcable, con diversidad de climas, con distintas condiciones agrícolas, etc., presupone indefectiblemente una cierta libertad de circulación mercantil de la agricultura local y de la industria local a escala local. En este sentido hemos cometido muchas faltas, yendo demasiado lejos: hemos ido demasiado lejos por el camino de la nacionalización del comercio y de la industria, por el camino de cerrar la circulación local de mercancías. ¿Ha sido un error? Sin duda alguna.
A este respecto hemos hecho mucho simplemente equivocado, y sería un gravísimo delito no ver y no comprender que no hemos tenido sentido de la medida, que no hemos sabido tenerlo. Pero, por otra parte, también nos hemos visto ante una necesidad imperiosa: hemos vivido hasta ahora en medio de una guerra feroz, increíblemente dura, en la que no nos quedaba otra disyuntiva que actuar con arreglo a las leyes marciales hasta en el terreno económico. Ha sido un milagro que un país en ruinas haya podido soportar una guerra semejante, y este milagro no ha caído del cielo, sino que ha brotado de los intereses económicos de la clase obrera y del campesinado, que han hecho este milagro con su entusiasmo masivo; este milagro ha sido el que ha posibilitado la resistencia a los terratenientes y a los capitalistas. Mas, al propio tiempo, el hecho indudable, que no debemos ocultar en la agitación y la propaganda, es que hemos ido más lejos de lo que era necesario desde el punto de vista teórico y político. Podemos permitir en grado considerable el libre intercambio local de 587 mercancías, no destruyendo, sino reforzando el poder político del proletariado. Cómo hacerlo, es cosa de la práctica. La misión mía es demostraros que esto es concebible en el terreno teórico. El proletariado que tiene en sus manos el poder estatal, si cuenta con algunos recursos, puede perfectamente ponerlos en circulación y así lograr satisfacer en parte al campesino medio, darle satisfacción con el intercambio económico local.
Ahora, unas palabras sobre el intercambio económico local. Antes debo hablar de las cooperativas. Como es natural, dado el intercambio económico local, necesitamos las cooperativas, que en nuestro país se encuentran en un estado de extraordinario amortiguamiento. Nuestro programa subraya que el mejor mecanismo para la distribución es el de las cooperativas que nos han quedado del capitalismo, y ese mecanismo hay que conservarlo. Así está dicho en el programa. ¿Lo hemos cumplido? Con mucha deficiencia, y en parte no lo hemos cumplido en absoluto, unas veces por error y otras por las necesidades de la guerra. Las cooperativas, al destacar a elementos que administran mejor y están más preparados en el sentido económico, han segregado en política a mencheviques y eseristas. Esta es una ley química, ¡qué le vamos a hacer! (Risas.) Los mencheviques y eseristas son gentes que consciente o inconscientemente restauran el capitalismo y ayudan a los Yudénich. Esto también es una ley. Debemos hacerles la guerra. Y en la guerra, como en la guerra: teníamos que defendernos y nos hemos defendido. Pero ¿podemos continuar sin falta en la actual situación? No. Sería un craso error atarnos con esto las manos. Por eso, en el problema de las cooperativas propongo adoptar una resolución muy breve, que voy a leer:
``En vista de que la resolución del IX Congreso del PC de Rusia sobre la actitud ante las cooperativas estaba basada enteramente en el reconocimiento del principio del sistema de contingentación, que ahora va a ser sustituido con el impuesto en especie, el X Congreso del Partido Comunista de Rusia acuerda:
``Anular la mencionada resolución.
``El congreso encarga al Comité Central que redacte y ponga en práctica por conducto del partido y de los Soviets disposiciones que mejoren y desarrollen la estructura y el funcionamiento de las cooperativas conforme al programa del PCR y habida cuenta de la sustitución del sistema de contingentación con el impuesto en especie.'' I8>)
Diréis que eso es impreciso. Sí, y es menester que hasta cierto punto lo sea. ¿Por qué? Porque, para que sea preciso del todo, debemos saber hasta el fin lo que haremos durante todo el año. ¿Quién lo sabe? Nadie lo sabe ni puede saberlo.
588Pero la resolución del IX Congreso nos ata las manos, al decir: "Subordinar las cooperativas al Comisariado de Abastecimiento''. El Comisariado de Abastecimiento es una magnífica institución, pero subordinar obligatoriamente las cooperativas a él y atarnos las manos en el momento en que estamos revisando la actitud ante los pequeños agricultores es cometer un evidente error político. Al CC que salga elegido del congreso debemos encargarle que prepare y lleve a cabo determinadas medidas y modificaciones, que compruebe los pasos que demos adelante y atrás, en qué medida debemos hacer eso, cómo velar por los intereses políticos, hasta qué punto debemos soltar la mano para que las cosas sean más llevaderas y cómo comprobar los resultados de la experiencia. Teóricamente hablando, en este sentido tenemos por delante toda una serie de fases y medidas transitorias. Tenemos clara una cosa: la resolución del IX Congreso presuponía que nuestro movimiento habría de ir en línea recta. Ha resultado, como se observa constantemente en la historia de todas las revoluciones, que el movimiento ha ido en zigzag. Atarnos las manos con una tal resolución es un error político. Al anularla, decimos que es preciso regirse por el programa, que subraya la importancia del mecanismo cooperativo.
Al anular la resolución, decimos: adaptaos a la sustitución del sistema de contingentación con el impuesto en especie. Pero ¿cuándo lo haremos? No antes de que recojamos la cosecha, es decir, dentro de algunos meses. ¿Lo haremos igual en todos los lugares? De ninguna manera. Querer ajustar a un mismo modelo, medir por el mismo rasero a la Rusia Central, a Ucrania y a Siberia sería la mayor de las necedades. Propongo aprobar esta idea fundamental sobre la libertad de intercambio local de mercancías en forma de acuerdo del congreso. Pienso que después de esto, en los próximos días, aparecerá sin falta una carta del CC que diga, y, naturalmente, lo dirá mejor que yo ahora ( encontraremos a mejores plumas, que lo escribirán mejor): No deis pasos en falso, no os apresuréis, meditad las cosas sin precipitaros, obrad de modo que deis la máxima satisfacción a los campesinos medios sin menoscabar los intereses del proletariado. Probad esto, probad lo otro, estudiad en la práctica, tened presente la experiencia, comunicadnos después vuestras impresiones, decidnos qué os ha salido bien, y nosotros formaremos una comisión especial e incluso varias comisiones que tendrán en cuenta la experiencia adquirida, y creo que incorporaremos especialmente a eso al camarada Preobrazhenski, autor del libro El papel moneda en la época de la dictadura del proletariado. Esta cuestión es muy importante, porque la circulación monetaria es de tal naturaleza que aquilata a las mil 589 maravillas la eficiencia del intercambio de mercancías en el país, y cuando este intercambio no es normal, el dinero se convierte en papeles inútiles. Para marchar luego adelante, respaldados en la experiencia, necesitamos comprobar diez veces las medidas adoptadas.
Se nos preguntará y se deseará saber de dónde sacar las mercancías. Pues la libertad de comercio requiere mercancías, y los campesinos son muy listos y saben burlarse de lo lindo. ¿Podemos ahora obtener mercancías? Ahora podremos, porque nuestra situación económica a escala internacional ha mejorado en medida colosal. Luchamos contra el capital internacional, el cual ha dicho, refiriéndose a nuestra república: "Son unos forajidos, unos cocodrilos" (estas palabras me las ha dicho literalmente una pintora inglesa que se las ha oído decir a un político de lo más influyente ). Y como son unos cocodrilos, lo único que cabe es despreciarlos. Esta ha sido la voz del capital internacional. La voz del enemigo de clase, una voz justa desde su punto de vista. Sin embargo, la justedad de esas conclusiones necesita una comprobación práctica. Si eres una fuerza universal y poderosa, capital mundial, si dices: "Sois unos cocodrilos" y tienes en tus manos todos los artefactos, ¡prueba a acabar con nosotros! Mas cuando probó a hacerlo, resultó que salía perdiendo. Entonces el capital, que se ve obligado a tener en cuenta la vida política y económica real, dice: "Es preciso comerciar''. Esta es nuestra mayor victoria. Ahora os diré que se nos ha hecho dos ofertas de empréstito por valor de unos cien millones de rublos oro. Oro tenemos, pero el oro no se puede vender, porque es algo que no se come. Todos están arruinados, la guerra ha alterado hasta lo increíble en todo el mundo las relaciones de cambio monetario entre los Estados capitalistas. Además, para las relaciones con Europa es preciso tener marina, y nosotros no la tenemos, está en manos enemigas. Con Francia no hemos concluido ningún tratado. Francia estima que somos deudores de ella, y, por lo tanto, cualquier barco ---dice---"es mío''. Ellos tienen marina de guerra, y nosotros no. Esta es la situación que, hasta ahora, sólo nos ha permitido comercializar el oro en una proporción pequeña, insignificante hasta más no poder. Ahora hay dos propuestas de banqueros capitalistas: conceder un empréstito de cien millones. Como es natural, por esta suma percibirán intereses usurarios. Pero hasta ahora, en general, no hablaban de eso, hasta ahora decían: "Te mataré a tiros y me apropiaré de todo gratis''. Ahora, como no pueden acabar con nosotros a tiros, están dispuestos a comerciar. Ahora se puede decir que el tratado comercial con EE.UU. e Inglaterra es un asunto que marcha; lo mismo que la entrega de 590 empresas en régimen de concesión. Ayer recibí otra carta de míster Vanderlip, que se encuentra en nuestro país y que, luego de toda una serie de quejas, nos comunica diversos planes referentes a las concesiones y al empréstito. Se trata de un representante del capital financiero archipráctico, ligado con los Estados occidentales de América del Norte, más hostiles al Japón. De modo que ahora contamos con una posibilidad económica de obtener mercancías. Otra cosa es cómo sabremos hacerlo, pero existe cierta posibilidad.
Repito que este tipo de relaciones económicas, que, por arriba, ofrece el aspecto de pacto con el capitalismo extranjero, por abajo brindará al poder estatal proletario la posibilidad de establecer el libre intercambio de mercancías con el campesinado. Yo sé---y he tenido ya ocasión de decirlo---que esto ha sido motivo de algunas burlas. En Moscú existe todo un sector intelectual burocrático que tiene pretensiones de crear "opinión pública''. Pues bien, ese sector comenzó a mofarse, diciendo: "¡Mirad lo que ha resultado del comunismo! Es como uno que llevara muletas, con toda la cabeza cubierta de vendajes. Del comunismo no ha quedado otra cosa que una figura enigmática.'' Hasta mí han llegado en número más que suficiente bromitas por el estilo, pero estas chanzas ¡o despiden tufillo burocrático o no tienen ningún fundamento! Rusia ha salido de la guerra en tal estado que se parece más bien al de una persona medio muerta a palos: siete años estuvieron apaleándola, ¡y menos mal que puede andar con muletas! ¡Esa es nuestra situación! ¡Creer que podemos salir de ella sin muletas es no comprender nada! Mientras no estalle la revolución en otros países, deberemos ir saliendo del presente estado en unos cuantos decenios, y no hemos de escatimar unas centenas de millones, si no millares de millones de rublos, de nuestras incalculables riquezas, de nuestras abundantes fuentes de materias primas, con tal de recibir la ayuda del gran capitalismo adelantado. Después lo recuperaremos todo con creces. Pero no es posible sostener el poder proletario en un país increíblemente arruinado, con un gigantesco predominio de los campesinos igualmente arruinados, sin ayuda del capital, por la que, lógicamente, cobrará intereses desorbitados. Esto hay que comprenderlo. De ahí que el dilema sea: o relaciones económicas de este tipo o nada. Quien plantee de otro modo la cuestión no entiende ni un comino de economía práctica y sale del paso con tales o cuales cuchufletas. Hay que reconocer el hecho del agotamiento y de la extenuación de las masas. ¿Cómo no iban a repercutir en nuestro país los siete años de guerra, si los cuatro años de conflagración mundial se dejan sentir aún en los países más adelantados!
591En cuanto a nosotros, en nuestro atrasado país, tras siete años de guerra nos encontramos en un verdadero estado de agotamiento de los obreros, que han hecho sacrificios inauditos, y de las masas campesinas. Este agotamiento, este estado se parece mucho a la imposibilidad absoluta de trabajar. Se precisa una tregua económica. Pensábamos emplear en la adquisición de medios de producción el oro atesorado. Lo mejor es fabricar máquinas, pero si las compráramos, montaríamos nuestra industria. Mas para ello es preciso que haya obreros, que haya campesinos que puedan trabajar; pero en la mayoría de los casos no pueden trabajar: están agotados, están extenuados. Hay que apoyarlos, hay que gastar oro en la adquisición de artículos de consumo, pese a lo que antes decíamos en nuestro programa. Nuestro programa anterior era justo en teoría, pero insostenible en la práctica. Daré a conocer una nota del camarada Lezhava que obra en mi poder. Por ella vemos que se han comprado ya varios cientos de miles de puds de diferentes productos alimenticios y están en camino con la mayor urgencia desde Lituania, Finlandia y Letonia. Hoy hemos recibido la noticia de que en Londres se ha firmado un contrato para comprar dieciocho millones y medio de puds de carbón, que acordamos adquirir con el fin de reanimar la industria de Petrogrado y la textil. Si recibimos mercancías para el campesino, ello será, naturalmente, una infracción del programa, una irregularidad, pero hay que dar una tregua, porque el pueblo está tan extenuado que de otro modo no podrá trabajar.
Debo referirme aún al intercambio individual de mercancías. Hablar de libertad de circulación significa hablar de intercambio individual de mercancías, es decir, significa estimular a los kulaks. ¿Qué hacer? No hay que dejar de ver que la sustitución del sistema de contingentación con el impuesto en especie significa que los kulaks se multiplicarán en esas circunstancias más que hasta ahora. Crecerán donde antes no podían hacerlo. Pero no hay que combatirlos con medidas prohibitorias, sino con la fuerza unida del Estado y con medidas estatales dictadas desde arriba. Si se pueden proporcionar al campesinado máquinas, con ello será posible levantarlo, y cuando se le faciliten máquinas o electrificación, decenas o cientos de miles de pequeños kulaks dejarán de serlo. Mientras no se le pueda proporcionar eso, hay que darle una determinada cantidad de mercancías. Si se dispone de mercancías, se podrá sostener el poder; pero cerrar el paso,'evitar, descartar la posibilidad de contar con mercancías equivale a impedir todo intercambio, significa no dar satisfacción a los campesinos medios, y obrando así no cabrá la convivencia con ellos. En Rusia son ahora más los campesinos medios, y no hay por 592 qué temer que el intercambio sea individual. Todos podrán dar algo al Estado a cambio. Unos podrán venderle trigo sobrante; otros entregarán a cambio hortalizas, y otros, trabajo. En lo fundamental, la situación es la siguiente: debemos dar satisfacción en el sentido económico a los campesinos medios y llegar a la libertad de intercambio de mercancías; de otro modo, dado que la revolución internacional se retarda, no será posible---no lo será desde el punto de vista económico---sostener en Rusia el poder del proletariado. Esto hay que comprenderlo con claridad y en modo alguno temer hablar de ello. En el proyecto de resolución sobre la sustitución del sistema de contingentación con el impuesto en especie (el texto se os ha repartido) advertiréis una gran falta de concordancia y veréis que hay contradicciones, razón por la cual hemos escrito al final: "El congreso, aprobando en lo fundamental (expresión muy imprecisa que se presta a muchas interpretaciones) las tesis formuladas por el CC acerca de la sustitución del sistema de contingentación con el impuesto en especie, encarga al CC del partido que las concuerde con la mayor urgencia''. Sabemos que no concordaban, no hemos tenido tiempo para concordarlas, no hemos efectuado esta labor de detalle. El Comité Ejecutivo Central de toda Rusia y el Consejo de Comisarios del Pueblo estudiarán detalladamente las formas de aplicar el impuesto y promulgarán la ley correspondiente. Se ha acordado seguir el siguiente orden: si vosotros aprobáis este proyecto hoy, la disposición pertinente será adoptada en la primera sesión del Comité Ejecutivo Central de toda Rusia, que tampoco habrá de dictar una ley, sino un reglamento modificado; luego, el Consejo de Comisarios del Pueblo y el Consejo de Trabajo y Defensa lo convertirán en ley y---lo que vale más aún--- darán instrucciones prácticas. Importa que en el plano local se comprenda la significación de esta medida y que sea bien acogida.
¿Por qué necesitábamos sustituir el sistema de contingentación con el impuesto en especie? El sistema de contingentación suponía: requisar todos los excedentes e implantar el monopolio obligatorio del Estado. No podíamos proceder de otra manera, atravesábamos un estado de penuria extremada. Teóricamente no es forzoso considerar que el monopolio del Estado sea lo mejor desde el punto de vista del socialismo. En un país campesino que posee industria---y la industria está en funcionamiento---, si existe cierta cantidad de mercancías, es posible aplicar como medida transitoria el sistema del impuesto en especie y del libre intercambio.
Este intercambio de mercancías es para el campesino un estímulo, un aliciente, un acicate. El agricultor puede y debe afanarse por su propio interés, puesto que no le serán incautados 593 todos los excedentes, sino que sólo se exigirá de él un impuesto que, a ser posible, habrá de fijarse con antelación. Lo fundamental es que haya un estímulo, un aliciente, un acicate para el pequeño agricultor en su trabajo. Nos es preciso construir nuestra economía estatal, teniendo en cuenta la economía de los campesinos medios, que no hemos podido transformar en tres años ni podremos hacerlo en diez más.
El Estado tenía determinadas obligaciones en materia de abastecimiento. Por eso, nuestros contingentes fueron aumentados el año pasado. El impuesto en especie debe ser menor. Las cifras no han sido precisadas con exactitud, y no es posible precisarlas. En el folleto de Popov La producción cerealista en la República Soviética y en las repúblicas confederadas se reproducen datos de nuestra Dirección General de Estadística que contienen cifras exactas y muestran por qué causas se ha reducido la producción agrícola.
Si la cosecha es mala, no se podrán reunir sobrantes, porque no los habrá. Tendríamos que quitárselos de la boca a los campesinos. Si hay cosecha, todos tendrán que privarse de un poco de lo suyo, y el Estado se salvará; o bien, si no somos capaces de tomar parte de los productos a quienes no pueden comer hasta la saciedad, el Estado perecerá. Tal es la tarea de nuestra propaganda entre los campesinos. Si la cosecha es regular, los excedentes llegarán a los quinientos millones de puds, lo suficiente para cubrir las necesidades del consumo y para acumular una cierta reserva. El quid está en dar a los campesinos un estímulo, un aliciente desde el punto de vista de la economía. Es preciso decir al pequeño agricultor: "Tú, campesino, produce, y el Estado te cobrará un impuesto mínimo."
Mi turno se acaba, debo terminar. Lo repito: no podemos promulgar ahora una ley. El defecto de nuestra resolución consiste en que no es demasiado legislativa: en el congreso del partido no se redactan leyes. Por eso proponemos adoptar la resolución del CC como base y encargarle que concuerde sus planteamientos. Imprimiremos el texto de esta resolución, y los funcionarios locales se esforzarán por concordar los planteamientos que contiene y por corregirla. Concordar hasta el fin resulta imposible, ello constituye una tarea que no se puede cumplir, ya que la vida es harto variada. Buscar medidas transitorias es un cometido muy arduo. Si no logramos hacerlo con rapidez y sin rodeos, no por eso decaerá nuestro ánimo, ya nos saldremos con la nuestra. Un campesino que sea algo consciente no puede menos de comprender que nosotros, como gobierno, representamos a la clase obrera y a los trabajadores con quienes pueden ponerse de acuerdo los campesinos laboriosos (que son las nueve décimas partes del campesinado), 594 y que toda vuelta atrás significa el retorno al viejo gobierno zarista. Así lo demuestra la experiencia de Cronstadt. Allí no quieren a los guardias blancos ni quieren nuestro poder---pero otro no existe---, y se hallan en tal situación que constituye la mejor agitación a nuestro favor y contra todo gobierno nuevo.
En los momentos actuales tenemos la posibilidad de sellar un acuerdo con los campesinos, y hay que llegar a él en la práctica con inteligencia, perspicacia y flexibilidad. Conocemos el mecanismo del Comisariado de Abastecimiento, sabemos que es uno de los mejores que tenemos. Comparándolo con otros, vemos que es el mejor, y debemos conservarlo, pero tiene que estar subordinado a la política. De nada nos servirá el magnífico mecanismo del Comisariado de Abastecimiento si no sabemos establecer relaciones con los campesinos. En ese caso, este excelente mecanismo no servirá a nuestra clase, sino a Denikin y a Kolchak. Puesto que la política requiere un cambio resuelto, flexibilidad y un viraje inteligente, los líderes deben comprenderlo. Un mecanismo sólido debe ser apto para toda clase de maniobras. Pero si la solidez del mecanismo se convierte en entumecimiento e impide dar los virajes, entonces la lucha resulta inevitable. Por eso es preciso poner todas las fuerzas en lograr indefectiblemente nuestros fines, en conseguir que el mecanismo se supedite por completo a la política. La política es la relación entre las clases: esto decide la suerte de la república. El mecanismo, como medio auxiliar, resultará tanto mejor y más adecuado para las maniobras cuanto más sólido' sea. Y si no está en condiciones de cumplir este cometido, no servirá para nada.
Os invito a tener en cuenta lo fundamental: un estudio que comprenda todos los detalles y las posibles interpretaciones es labor de varios meses. Y ahora necesitamos tener en cuenta lo fundamental, necesitamos que lo que acordemos sea dado a conocer esta misma noche por radio en todos los ámbitos del mundo: que el congreso del partido gobernante sustituye en lo fundamental el sistema de contingentación con el impuesto en especie, dando así toda una serie de estímulos al pequeño agricultor para que amplíe su hacienda, para que aumente las superficies de siembra; que el congreso, al emprender este camino, corrige el sistema de relaciones entre el proletariado y los campesinos y expresa la seguridad de que, siguiendo esta senda, se conseguirán unas relaciones estables entre el proletariado y los campesinos. (Clamorosos aplausos.)
Publicado el 16 de mano de 192¡ en el núm. 57 de ``Pravda'' y en el núm 57 de "Izvestia del CEC de toda Rusia".
595 __NUMERIC_LVL2__ 3 __ALPHA_LVL2__ PROYECTO INICIAL DE RESOLUCIÓN1. El congreso llama la atención de todos los miembros del partido acerca de que la unidad y la cohesión de sus filas, la absoluta confianza entre los miembros del partido y la labor verdaderamente unánime, auténtica encarnación de la voluntad única de la vanguardia del proletariado, son necesarias sobre todo en estos momentos en que, por una serie de circunstancias, aumentan las vacilaciones entre la población pequeñoburguesa del país.
2. Entretanto, antes aún de la discusión sobre los sindicatos, entablada en todas las organizaciones del partido, veníanse manifestando ya en su seno algunos indicios de fraccionalismo, es decir, la formación de grupos con una plataforma especial y con la tendencia a aislarse hasta cierto punto y crear su propia disciplina de grupo. Síntomas de esta naturaleza se vieron, por ejemplo, en una de las conferencias del partido en la ciudad de Moscú (noviembre de 1920) y en Jarkov, tanto por parte del grupo llamado "oposición obrera'', como, parcialmente, también del grupo llamado "centralismo democrático".
Es necesario que todo obrero consciente comprenda con claridad el carácter pernicioso e inadmisible de todo fraccionalismo, el cual, pese a todo el deseo de los representantes de algunos grupos de mantener la unidad del partido, conduce sin falta en la práctica al debilitamiento de la labor aunada y a los intentos acentuados y repetidos de los enemigos del partido gubernamental, que se infiltran en sus filas, de ahondar las disensiones en su seno y utilizarlas para los fines de la contrarrevolución.
596El ejemplo de la sublevación de = Cronstadt~^^192^^, cuando contrarrevolución burguesa y los guardias blancos de todos los países del inundo se han mostrado al punto dispuestos a adoptar incluso las consignas del régimen soviético con tal de derribar la dictadura del proletariado en Rusia, cuando los eseristas y la contrarrevolución burguesa en general han utilizado en Cronstadt las consignas de la insurrección, supuestamente promovida en aras del Poder soviético contra el Gobierno soviético de Rusia, ha evidenciado poco menos que de la manera más palmaria que los enemigos del proletariado aprovechan todas las desviaciones de la pauta comunista estricta y consecuente. Estos hechos demuestran por completo que los guardias blancos procuran y saben disfrazarse de comunistas, hasta de los más izquierdistas, con tal de debilitar y derribar el baluarte de la revolución proletaria en Rusia. Las hojas mencheviques difundidas en Petrogrado la víspera de la sublevación de Cronstadt evidencian igualmente que los mencheviques han aprovechado las discrepancias y ciertos indicios de fraccionalismo existentes en el seno del PC de Rusia para alentar y apoyar de hecho a los sediciosos de Cronstadt, a los eseristas y guardias blancos, haciéndose pasar de palabra por adversarios de las sediciones y por adictos del Poder soviético, si bien, al decir de ellos, con algunas enmiendas de poca monta.
3. En esta cuestión, la propaganda debe consistir, por un lado, en aclarar a fondo el daño y el peligro que supone el fraccionalismo desde el punto de vista de la unidad del partido y del ejercicio de la voluntad única de la vanguardia del proletariado como condición fundamental del éxito de la dictadura del proletariado, y, por otro lado, en explicar la peculiaridad de los nuevos métodos tácticos de los enemigos del Poder soviético. Esos enemigos, convencidos de que con la bandera de los guardias blancos, la contrarrevolución tiene la causa perdida, ponen ahora en tensión todas sus fuerzas para aprovechar las discrepancias existentes dentro del PC de Rusia e impulsar de uno u otro modo la contrarrevolución, entregando el poder a la tendencia política más propensa a aparentar que reconoce el Poder soviético.
La propaganda debe explicar también la experiencia de las anteriores revoluciones, cuando la contrarrevolución apoyaba a los grupos oposicionistas más próximos al partido revolucionario extremo, para hacer vacilar y derribar la dictadura revolucionaria, abriendo con ello el camino para la ulterior victoria completa de la contrarrevolución, de los capitalistas y terratenientes.
4. En la lucha práctica contra el fraccionalismo es preciso que cada una de las organizaciones del partido impida con todo rigor cualquier manifestación de ese carácter. Hay que organi/ar la 597 crítica absolutamente necesaria de los defectos del partido de modo que toda propuesta práctica se exponga con la mayor claridad posible y sea sometida en el acto, sin papeleo alguno, al examen y decisión de los organismos dirigentes locales y del organismo central del partido. Todos los que hagan críticas deben, además, tener en cuenta, en lo que respecta a la forma de su crítica, la situación del partido entre los enemigos que lo rodean, y, en lo que se refiere al contenido de la crítica, deben comprobar en la práctica, con su participación personal en la labor de los Soviets y del partido, si se corrigen los errores del partido o de algunos militantes. Todo análisis de la pauta general del partido o la apreciación de su experiencia práctica, la comprobación del cumplimiento de los acuerdos del mismo, el estudio de los métodos para corregir los errores, etc., en modo alguno deben ser sometidos a la discusión previa de los grupos que se forman con cualquier ``plataforma'', etc., sino que deben ser sometidos exclusivamente a la discusión directa de todos los miembros del partido. A tal efecto, el congreso dispone que se editen con mayor regularidad Diskussionni Listokm y publicaciones especiales, procurando constantemente que la crítica vaya dirigida al quid del problema, sin adquirir jamás formas capaces de favorecer a los enemigos de clase del proletariado.
5. Rechazando por principio la desviación sindicalista y anarquista, a cuyo análisis se dedica una resolución especial, y encomendando al Comité Central que proceda a la liquidación de todo fraccionalismo, el congreso declara al paso que las propuestas positivas referentes a las cuestiones que han merecido una atención especial, por ejemplo, la del grupo de la llamada "oposición obrera" y las relativas a la depuración del partido de elementos no proletarios e inseguros, a la lucha contra la burocracia, al desarrollo de la democracia y la iniciativa de los obreros, etc., deben ser discutidas con la máxima atención y comprobadas en la labor práctica. El partido debe saber que, en lo tócame a estas cuestiones, no aplicamos todas las medidas necesarias, habiendo chocado con una serie de obstáculos diversos; y que el partido, rechazando sin piedad las habladurías y labor fracciona! con apariencia de crítica, probando métodos nuevos, seguirá luchando constantemente y con todos los medios a su alcance contra la burocracia y en pro de ampliar la democracia y la iniciativa y descubrir, denunciar y expulsar a los infiltrados en el partido, etc.
6. Por las razones expuestas, el congreso declara disueltos y prescribe disolver inmediatamente todos los grupos, sin excepción, que se hayan formado con tal o cual plataforma (a saber: 598 ``oposición obrera'', "centralismo democrático'', etc.). El incumplimiento de este acuerdo del congreso acarreará la inmediata e incondicional expulsión del partido.
7. Con el fin de implantar una severa disciplina en el seno del partido y en toda labor de los Soviets, lograr la mayor unidad y acabar con todo fraccionalismo, el congreso concede al Comité Central atribuciones para aplicar, en caso de que se infrinja la disciplina y resurja o se tolere el fraccionalismo, todas las sanciones al alcance del partido, incluida la expulsión de sus filas; en cuanto a los miembros del CC, serán descendidos a la categoría de suplentes y, como medida extrema, expulsados del partido. Para aplicar esta medida extrema a los miembros efectivos y suplentes del CC, así como a los miembros de la Comisión de Control, es condición previa la convocatoria de una reunión plenaria del CC con asistencia de todos los miembros suplentes del mismo y de todos los miembros de la Comisión de Control. Si esta asamblea general de los dirigentes de mayor responsabilidad del partido llegase a reconocer necesario, por mayoría de dos tercios de votos, el paso de algún miembro efectivo a miembro suplente del CC o su expulsión del partido, la medida será aplicada en el acto.
Publicado por primera vez en 1923 en el núm. 22 de la revista "Prozhéktor".
599 __NUMERIC_LVL2__ 4 __ALPHA_LVL2__ PROYECTO INICIAL DE RESOLUCIÓN1. En estos últimos meses se ha revelado claramente en el seno del partido una desviación sindicalista y anarquista, que exige las medidas más enérgicas de lucha ideológica, así como la depuración y el saneamiento del partido.
2. La desviación indicada ha sido en parte originada por el ingreso en el partido de ex mencheviques, así como de obreros y campesinos que aún no han asimilado por completo la concepción comunista del mundo, pero se debe más que a nada a la influencia que ejerce en el proletariado y en el Partido Comunista de Rusia el elemento pequeñoburgués, excepcionalmente poderoso en nuestro país y que de una manera inevitable genera vacilaciones hacia el anarquismo, sobre todo en estos momentos, en que la situación de las masas ha empeorado en gran medida como resultado de la mala cosecha y de las consecuencias extremadamente desastrosas de la guerra y en que la desmovilización del ejército de un millón de hombres licencia a centenares de miles de campesinos y obreros que no pueden encontrar en el acto fuentes y medios adecuados de vida.
3. La manifestación teórica más acabada y la más neta de esta desviación (variante: una de las manifestaciones más acabadas, etc., de esta desviación) son las tesis y otros escritos del grupo de la llamada "oposición obrera''. Bastante significativa es, por ejemplo, la siguiente tesis: "El Congreso de productores de toda Rusia organiza la dirección de la economía nacional; los productores están agrupados en sindicatos industriales, que eligen un órgano central para dirigir toda la economía nacional de la República."
~ 600 Emacs-File-stamp: "/home/ysverdlov/leninist.biz/es/1979/LOE3EP/20061027/699.tx" __EMAIL__ webmaster@leninist.biz __OCR__ ABBYY 6 Professional (2006.11.01) __WHERE_PAGE_NUMBERS__ top __FOOTNOTE_MARKER_STYLE__ [*]+ __ENDNOTE_MARKER_STYLE__ [0-9]+Las ideas que forman la base de esta y de las otras numerosas declaraciones paree idas son radicalmente falsas desde el punto de vista teórico, constituyendo la ruptura completa con el marxismo v el comunismo, así como con la suma de la experiencia práctica de todas las revoluciones semiproletarias v de la actual revolución proletaria.
Kn primer lugar, el concepto de ``productor'' engloba al proletario con el serniprolc-tario y con el pequeño productor de mercancías, apartándose así, radicalmente, del concepto fundamental de la lucha de clases y de la exigencia básica de diferenciar con precisión las clases.
En segundo lugar, orientarse hacia las masas sin partido o coquetear con ellas, como se hace en la tesis citada, es apartarse del marxismo de un modo no menos radical.
El marxismo nos enseña---y esta doctrina no sólo ha sido confirmada formalmente por toda la Internacional Comunista en la decisión de su II Congreso (1920) sobre el papel del partido político del proletariado, sino que lo ha sido también prácticamente por toda la experiencia de nuestra revolución---que sólo el partido político de la clase obrera, es decir, el Partido Comunista, está en condiciones de agrupar, educar y organizar a la vanguardia del proletariado y de todas las masas trabajadoras, la única vanguardia capaz de contrarrestar las inevitables vacilaciones pequeñoburguesas de estas masas, las inevitables tradiciones y recaídas en la estrechez de miras gremial o en los prejuicios sindicales entre el proletariado y dirigir todo el conjunto de las actividades de todo el proletariado, esto es, dirigirlo políticamente y a través de él dirigir a todas las masas trabajadoras. Sin esto la dictadura del proletariado es irrealizable.
La falsa concepción del papel del Partido Comunista en sus relaciones con el proletariado sin partido, y luego en las relaciones del primer y segundo factores con toda la masa de trabajadores, constituye un retroceso teórico radical del comunismo y una desviación hacia el sindicalismo y el anarquismo, desviación que impregna todas las concepciones del grupo de la "oposición obrera".
4. El X Congreso del PC de Rusia declara que considera también absolutamente equivocados todos los intentos del grupo mencionado y cíe otras personas de defender sus puntos de vista erróneos invocando el apartado 5 de la parte económica del programa del PC de Rusia, dedicado al papel de los sindicatos. Este apartado dice que "los sindicatos deben llegar a concentrar efectivamente en sus manos toda la dirección del conjunto de la economía nacional como un todo económico único'', y que los 601 sindicatos "aseguran así el vínculo indisoluble entre la dirección central del Estado, la economía nacional y las grandes masas trabajadoras'', ``incorporando'' a estas masas "a la gestión inmediata de la dirección de la economía".
En este mismo apartado el programa del PC de Rusia considera corno condición preliminar para crear la situación a la que "tienen que llegar" los sindicatos, el proceso de "liberar cada ve/, más a los sindicatos de la estrechez gremial" y abarcar a la mayoría "y gradualmente a la totalidad" de los trabajadores.
Por último, el mismo apartado del programa del PC de Rusia subraya que los sindicatos, "según las leyes de la RSFSR y la práctica establecida, participan ya en todos los órganos locales y centrales de la dirección industrial".
En lugar de tener en cuenta precisamente esta experiencia práctica de la participación en la dirección, en lugar de seguir desarrollando esta experiencia en estricta concordancia con los éxitos alcanzados y con los errores corregidos, los sindicalistas y anarquistas plantean la consigna inmediata de "congresos o de un congreso de productores'', "que eligen" los órganos de dirección de la economía. De este modo se pasa por alto y se elimina en absoluto el papel dirigente, educativo y organizador del partido respecto a los sindicatos proletarios y del proletariado respecto a las masas trabajadoras semipequeñoburguesas y puramente peque-- ñoburguesas, y en lugar de desarrollar y corregir el trabajo práctico de la estructuración de nuevas formas de economía, comenzado ya por el Poder soviético, resulta una destrucción pequeñoburguesa-anarquista de este trabajo, destrucción capaz de conducir únicamente al triunfo de la contrarrevolución burguesa.
5. Además de la inexactitud teórica y de una actitud radicalmente errónea hacia la experiencia práctica adquirida en la edificación económica por el Poder soviético, el congreso del PC de Rusia considera que las concepciones del grupo citado y de los grupos y personas análogas constituyen un tremendo error político v un peligro político inmediato para la existencia misma de la dictadura del proletariado.
En un país como Rusia, el enorme predominio del elemento pcqueñoburgués y la ruina, la depauperación, las epidemias y la mala cosecha, la extrema agudi/.ación de la miseria y de las calamidades del pueblo, como resultado inevitable de la guerra, engendran vacilaciones particularmente acusadas en los ánimos de las masas pequeñoburguesas y semiproletarias. Estas vacilaciones llevan unas veces a estas masas hacia el fortalecimiento de la alianza con el proletariado y otras hacia la restauración burguesa. La experiencia de todas las revoluciones de los siglos XVIII, XIX y XX 602 demuestra con absoluta claridad y de manera convincente que el más mínimo debilitamiento de la unidad, de la fuerza e influencia de la vanguardia revolucionaria del proletariado no puede conducir sino a la restauración del poder y de la propiedad de los capitalistas y de los terratenientes.
Por eso, las concepciones de la "oposición obrera" y de los elementos análogos no sólo son falsas teóricamente, sino que en la práctica constituyen la expresión de las vacilaciones pequeñoburguesas y anarquistas, debilitan en la práctica la línea de firme dirección del Partido Comunista y ayudan a los enemigos de clase de la revolución proletaria.
6. Basándose en esto, el congreso del PC de Rusia rechaza resueltamente las ideas mencionadas, que reflejan una desviación sindicalista y anarquista, y considera necesario:
1) desplegar una lucha ideológica inflexible y sistemática contra estas ideas;
2) reconocer incompatible la propaganda de estas ideas con la condición de miembro del Partido Comunista de Rusia.
El congreso, a la vez que encomienda al CC del partido la severísima ejecución de estas decisiones, indica que en ediciones especiales, recopilaciones, etc., se puede y debe reservar un lugar para el cambio más detallado de opiniones entre los miembros del partido sobre todas las cuestiones indicadas.
Publicada por primera vez en 1923 en el tomo XVIII, parte I. de las ``Obras'' de N. Lenin (V. Uliánov).
[603] __ALPHA_LVL1__ SOBRE EL IMPUESTO EN ESPECIEEl problema del impuesto en especie despierta una especialísima atención y es motivo de muchas discusiones y debates hoy día. Se comprende perfectamente, ya que es en realidad una de las cuestiones fundamentales de la política en las circunstancias actuales.
Las discusiones tienen un carácter algo caótico. Todos nosotros, por causas harto comprensibles, adolecemos de este pecado. Tanto más útil será el intento de abordar este problema no en su aspecto ``palpitante'', sino en el aspecto de los principios generales. Dicho con otras palabras, el intento de fijarnos en el fondo general, fundamental, del cuadro en el que estamos trazando ahora el dibujo de las medidas prácticas concretas de la política actual.
Para realizar esa tentativa, me permitiré aducir una larga cita de mi folleto La tarea principal de nuestros días. Acerca del infantilismo ``izquierdista'' y del espíritu pequeñoburgués^^*^^. Ese folleto, editado por el Soviet de Petrogrado en 1918, contiene: 1) un artículo periodístico sobre la paz de Brest, publicado el 11 de marzo de 1918; 2) la polémica con el grupo de los comunistas de izquierda de entonces, con fecha del 5 de mayo de 1918. Ahora la polémica huelga y la omito, dejando solamente lo relativo a los razonamientos sobre "el capitalismo de Estado" y sobre los elementos esenciales de nuestra economía actual, que es la de transición del capitalismo al socialismo.
He aquí lo que escribí entonces:
_-_-_^^*^^ Véase la presente edición, I. 2, págs. 709--732. (,V. de l/i F.dit.)
604...El capitalismo de Estado sería un paso adelante en comparación con la situación existente hov en nuestra República Soviética. Si dentro de unos seis meses se estableciera en nuestro país el capitalismo de Estado, eso sería un inmenso éxito y la más firme garantía de que, al cabo de un año, el socialismo se afianzaría definitivamente y se haría invencible.
Me imagino la noble indignación con que algunos rechazarán estas palabras... ¿Cómo? ¿El tránsito al capitalismo de Estado significaría un paso adelante en la República Socialista Soviética? ...¿No es eso una traición al socialismo?
Por ello es preciso examinar con detalle este punto.
Primero, se debe examinar cuál es precisamente la transición del capitalismo al socialismo que nos da derecho y pie para denominarnos República Socialista de los Soviets.
Segundo, hay que descubrir el error de quienes no ven las condiciones económicas pequeñoburguesas y el elemento pequeñoburgués como enemigo principal del socialismo en nuestro país.
Tercero, hay que comprender bien la importancia del Estado soviético en lo que se diferencia del Estado burgués en el plano económico.
Examinemos estas tres circunstancias.
Creo que no ha habido una sola persona que, al ocuparse de la economía de Rusia, haya negado el carácter transitorio de esa economía. Ningún comunista ha negado tampoco, a mi parecer, que la expresión "República Socialista Soviética" significa la decisión del Poder soviético de llevar a cabo la transición al socialismo; mas en modo alguno el reconocimiento de que el nuevo régimen económico es socialista.
Mas ¿qué significa la palabra transición? ¿No significará, aplicada a la economía, que en el régimen actual existen elementos, partículas, pedacitos de capitalismo y de socialismo? Todos reconocen que sí. Mas no todos, al reconocerlo, se paran a pensar qué elementos de los distintos tipos de economía social existen en Rusia. Y ahí está todo el meollo de la cuestión.
Enumeremos esos elementos:
1) economía campesina patriarcal, es decir, natural en grado considerable;
2) pequeña producción mercantil (en ella se incluye la mayoría de los campesinos que venden cereales);
3) capitalismo privado;
6054) capitalismo de Estado;
5) socialismo.
Rusia es tan grande y tan heterogénea que en ella se entrelazan todos esos tipos diferentes de economía social. Lo original de la situación consiste precisamente en eso.
Cabe preguntar: ¿qué elementos predominan? Está claro que en un país de pequeños agricultores predomina, y no puede menos de predominar, el elemento pequeñoburgués; la mayoría, la inmensa mayoría de los agricultores son pequeños productores de mercancías. Los especuladores, y el principal objeto de especulación es el trigo, rompen ora aquí ora allá la envoltura del capitalismo de Estado (el monopolio del trigo, el control sobre los patronos y comerciantes, los cooperativistas burgueses).
La lucha principal se sostiene hoy precisamente en ese terreno. ¿Entre quiénes se sostiene esa lucha, si empleamos términos de categorías económicas, como, por ejemplo, el "capitalismo de Estado"? ¿Entre los peldaños cuarto y quinto en el orden en que acabo de enumerarlos? Es claro que no. No es el capitalismo de Estado el que lucha contra el socialismo, sino la pequeña burguesía más el capitalismo privado los que luchan juntos, de común acuerdo, tanto contra el capitalismo de Estado como contra el socialismo. La pequeña burguesía opone resistencia a cualquier intervención del Estado, contabilidad y control tanto capitalista de Estado como socialista de Estado. Eso es un hecho de la realidad absolutamente incontrovertible, en cuya incomprensión está la raíz de varios errores económicos. El especulador, el merodeador del comercio, el saboteador del monopolio: ése es nuestro principal enemigo ``interno'', el enemigo de las medidas económicas del Poder soviético. Si hace ciento veinticinco años podía perdonarse aún a los pequeños burgueses de Francia, los revolucionarios más fervientes y más sinceros, el afán de vencer al especulador mediante la ejecución de unos cuantos ``elegidos'' y el estruendo de las declaraciones hueras, hoy, en cambio, la pura actitud francesa de ciertos eseristas de izquierda ante esta cuestión no despierta en cada revolucionario consciente otra cosa que repugnancia o asco. Sabemos perfectamente que la base económica de la especulación la constituyen el sector de los pequeños propietarios, amplísimo en Rusia, y el capitalismo privado, que tiene un agente suyo en cada pequeño burgués. Sabemos que los millones de tentáculos de esta hidra pequeñoburguesa apresan aquí o allá a algunos sectores obreros y que la especulación, en lugar del monopolio de Estado, irrumpe por todos los poros de nuestra vida socioeconómica.
606Quienes no ven eso revelan precisamente con su ceguera que son prisioneros de los prejuicios pequeñoburgueses...
El pequeño burgués tiene reservas de dinero, unos cuantos miles, acumulados por medios "lícitos'', y sobre todo ilícitos, durante la guerra. Tal es el tipo económico característico como base de la especulación y del capitalismo privado. El dinero es el certificado que les permite recibir riquezas sociales, y los millones de pequeños propietarios guardan bien ese certificado, se lo ocultan al ``Estado'', pues no creen en ningún socialismo ni comunismo, "esperan que pase" la tempestad proletaria. Y una de dos: o sometemos a ese pequeño burgués a nuestro control y a nuestra contabilidad (y podemos hacerlo, si organizamos a los campesinos pobres, es decir, a la mayoría de la población o semiproletarios, en tomo a la vanguardia proletaria consciente), o él echará abajo nuestro poder obrero de manera inevitable e indefectible, de la misma manera que acabaron con la revolución los Napoleones y los Cavaignac, que brotan precisamente sobre ese terreno de pequeños propietarios. Así está planteado el problema. Y sólo así...
El pequeño burgués que esconde sus miles es un enemigo del capitalismo de Estado y aspira a invertir esos miles única y exclusivamente en provecho propio, en contra de los pobres, en contra de toda clase de control del Estado; y el conjunto de estos miles forma una base de muchos miles de millones para la especulación, que malogra nuestra edificación socialista. Supongamos que determinado número de obreros aporta en varios días valores por una suma igual a mil. Supongamos, además, que de esta suma tenemos una pérdida igual a 200, como consecuencia de la pequeña especulación, de las dilapidaciones de todo género y de las maniobras de los pequeños propietarios para transgredir las normas y los decretos soviéticos. Todo obrero consciente dirá: si yo pudiera aportar trescientos de esos mil, a condición de que se implantase un orden y una organización mejores, aportaría con gusto trescientos en lugar de doscientos, ya que, con el Poder soviético, reducir luego este ``tributo'', pongamos por caso, hasta cien o cincuenta será una tarea muy fácil dado que se impondrá el orden y la organización, dado que se vencerá por completo el sabotaje de la pequeña propiedad privada contra todo monopolio de Estado.
Este sencillo ejemplo con cifras---simplificado premeditadamente al máximo para hacer más clara la exposición---explica la correlación, en la situación actual, entre el capitalismo de Estado y el socialismo. Los obreros tienen en sus manos el poder del Estado, tienen la absoluta posibilidad jurídica de ``tomar'' todo el 607 millar, es decir, de no entregar un solo kopek que no esté destinado a fines socialistas. Esa posibilidad jurídica, que se asienta en el paso efectivo del poder a los obreros, es un elemento de socialismo.
Pero los elementos de la pequeña propiedad y del capitalismo privado se valen de muchos medios para minar la situación jurídica, para abrir paso a la especulación y frustrar el cumplimiento de los decretos soviéticos. El capitalismo de Estado significaría un gigantesco paso adelante incluso si pagáramos más que ahora (he tomado adrede un ejemplo con cifras para mostrarlo con claridad), pues merece la pena pagar "por aprender'', pues eso es útil para los obreros, pues vencer el desorden, el desbarajuste y el relajamiento tiene más importancia que nada, pues continuar la anarquía de la pequeña propiedad es el peligro mayor y más temible, que nos hundirá sin duda alguna (si no lo vencemos), en tanto que pagar un tributo mayor al capitalismo de Estado, lejos de hundirnos, nos llevará por el camino más seguro hacia el socialismo. La clase obrera, después de aprender a proteger el orden estatal frente a la anarquía de la pequeña propiedad, después de aprender a organizar la producción a gran escala, a escala de todo el país, basándola en el capitalismo de Estado, tendrá entonces a mano---perdón por la expresión---todos los triunfos, y el afianzamiento del socialismo estará asegurado.
El capitalismo de Estado es incomparablemente superior, desde el punto de vista económico, a nuestra economía actual. Eso primero.
Y segundo, no tiene nada de temible para el Poder soviético, pues el Estado soviético es un Estado en el que está asegurado el poder de los obreros y de los campesinos pobres...
__*_*_*__Para aclarar más aún la cuestión, citaremos primero un ejemplo concretísimo de capitalismo de Estado. Todos lo conocemos: Alemania. Allí tenemos la "última palabra" de la gran técnica capitalista moderna y de la organización armónica, subordinada al imperialismo terrateniente-burgués. Dejemos a un lado las palabras subrayadas, coloquemos en lugar de Estado militar, terrateniente, burgués, imperialista, también un Estado, pero un Estado de otro tipo social, de otro contenido de clase, el Estado soviético, es decir, proletario, y obtendremos toda la suma de condiciones que da como resultado el socialismo.
El socialismo es inconcebible sin la gran técnica capitalista basada en la última palabra de la ciencia moderna, sin una 608 organización estatal armónica que someta a decenas de millones de personas a la más rigurosa observancia de una norma única en la producción y distribución de los productos. Los marxistas hemos hablado siempre de eso, y no merece la pena gastar siquiera dos segundos en conversar con gentes que no han comprendido ni siquiera eso (los anarquistas y una buena mitad de los eseristas de izquierda).
Al mismo tiempo, el socialismo es inconcebible sin la dominación del proletariado en el Estado: eso es también elemental. Y la historia (de la que nadie, excepto los obtusos mencheviques de primera categoría, esperaba que diera sin tropiezos, con calma, simple y llanamente el socialismo "íntegro'') siguió un camino tan original que dio a luz hacia 1918 dos mitades separadas de socialismo, una al lado de la otra, exactamente igual que dos futuros polluelos en el mismo cascarón del imperialismo internacional. Alemania y Rusia encarnaron en 1918 del modo más patente la realización material de las condiciones sociales, productivas y económicas del socialismo, de una parte, y de sus condiciones políticas, de otra.
La revolución proletaria victoriosa en Alemania rompería de golpe, con extraordinaria facilidad, todo cascarón del imperialismo (hecho, por desgracia, del mejor acero, por lo que no pueden romperlo los esfuerzos de cualquier... polluelo), haría realidad de modo seguro la victoria del socialismo mundial, sin dificultades o con dificultades insignificantes, si se toma, naturalmente, la escala de lo "difícil" desde el punto de vista histórico universal y no desde el punto de vista pequeñoburgués y de círculo.
Mientras la revolución tarde aún en ``nacer'' en Alemania, nuestra tarea consiste en aprender de los alemanes el capitalismo de Estado, en implantarlo con todas las fuerzas, en no escatimar métodos dictatoriales para acelerar la implantación del progreso occidental por la bárbara Rusia, sin reparar en medios bárbaros de lucha contra la barbarie. Si entre los anarquistas y eseristas de izquierda hay hombres (he recordado por casualidad los discursos de Karelin y Gue en el CEC) capaces de razonar a lo Karelin de que no es digno de revolucionarios ``aprender'' del imperialismo alemán, habrá que decirles una cosa: una revolución que tomara en serio a semejantes individuos se hundiría sin falta (y se lo tendría bien merecido).
En Rusia predomina hoy precisamente el capitalismo pequeñoburgués, del que un mismo camino lleva tanto al gran capitalismo de Estado como al socialismo, lleva a través de una misma estación intermedia, llamada "contabilidad y control por todo el pueblo de la producción y distribución de los productos''. Quien no 609 comprenda esto incurre en un error económico imperdonable, o bien por ignorar los hechos de la realidad, no viendo lo que existe ni sabiendo mirar a la verdad cara a cara, o bien por limitarse a una contraposición abstracta del ``capitalismo'' y el ``socialismo'', sin calar hondo en las formas y fases concretas de esa transición en nuestro país.
Entre paréntesis sea dicho, se trata del mismo error teórico que desconcertó a los mejores hombres del campo de Novaya Zhizn y Vperiodl(H: los peores y medianos de entre ellos van, por torpes y anodinos, a la zaga de la burguesía, asustados por ella; los mejores no han comprendido que los maestros del socialismo no hablaron en vano de todo un período de transición del capitalismo al socialismo ni recalcaron en vano los "largos dolores del parto" de la nueva sociedad1H5; por cierto, esta nueva sociedad es también una abstracción que sólo puede hacerse realidad mediante intentos concretos, imperfectos y variados de crear uno u otro Estado socialista.
Precisamente porque no se puede seguir avanzando desde la actual situación económica de Rusia sin pasar por lo que es común al capitalismo de Estado y al socialismo (la contabilidad y el control por todo el pueblo), es un completo absurdo teórico asustar a los demás y asustarse a sí mismos con la "evolución hacia el capitalismo de Estado''. Eso significa precisamente desviarse con el pensamiento, "apartándose" del verdadero camino de la " evolución'', no comprender dicho camino; en la práctica, eso equivale a tirar hacia atrás, hacia el capitalismo basado en la pequeña propiedad.
A fin de que el lector se convenza de que no hago sólo hoy, ni mucho menos, una ``alta'' apreciación del capitalismo de Estado, sino que la hice también antes de la toma del poder por los bolcheviques, me permito reproducir la siguiente cita de mi folleto La catástrofe que nos amenaza y cómo combatirla, escrito en septiembre de 1917:
``...Pues bien, prueben ustedes a sustituir ese Estado de junkers y capitalistas, ese Estado de terratenientes y capitalistas, con un Estado democrático revolucionario, es decir, con un Estado que suprima revolucionariamente todos los privilegios, que no tema implantar por vía revolucionaria la democracia más completa. Y entonces verán que el capitalismo monopolista de Estado, en un Estado democrático y revolucionario de verdad, representa inevitablemente, infaliblemente, un paso hacia el socialismo.
``...Porque el socialismo no es otra cosa que el paso siguiente al monopolio capitalista de Estado...
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610``...El capitalismo monopolista de Estado es la preparación material más completa para el socialismo, su antesala, un peldaño de la escalera histórica entre el cual y el peldaño llamado socialismo no hay ningún peldaño intermedio" (págs. 27 y 28)^^*^^.
Obsérvese que eso fue escrito en tiempos de Kerenski, que no se trata aquí de la dictadura del proletariado, no se trata del Estado socialista, sino del Estado "democrático revolucionario''. ¿No está claro, pues, que cuanto más alto nos hayamos elevado de ese peldaño político, cuanto más hayamos plasmado en los Soviets el Estado socialista y la dictadura del proletariado, tanto menos podremos permitirnos temer el "capitalismo de Estado"? ¿No está claro, pues, que en el sentido material, económico, de la producción, no nos encontramos aún en la ``antesala'' del socialismo? ¿Y que no se puede entrar por la puerta del socialismo si no es cruzando esa ``antesala'', que nosotros aún no hemos alcanzado?...
__*_*_*__Es también aleccionadora en extremo la circunstancia siguiente.
Cuando discutimos en el CEC con el camarada Bujarin, éste advirtió, entre otras cosas: en la cuestión de los sueldos elevados a los especialistas, ``nosotros'' "estamos a la derecha de Lenin'', pues no vemos en ello ningún apartamiento de los principios, recordando las palabras de Marx de que, en determinadas condiciones, lo más conveniente para la clase obrera sería "deshacerse por dinero de toda esa = cuadrilla"^^196^^ (precisamente de la cuadrilla de capitalistas, es decir, indemnizar a la burguesía por la tierra, las fábricas y demás medios de producción). Esta observación, de extraordinario interés...
...Profundicemos en el pensamiento de Marx.
Se trata de la Inglaterra de los años 70 del siglo pasado, del período culminante del capitalismo premonopolista, del país donde lo que menos había entonces era militarismo y burocracia, del país en el que existían entonces mayores probabilidades de victoria "pacífica" del socialismo en el sentido de que los obreros ``indemnizasen'' a la burguesía. Y Marx decía: en determinadas condiciones, los obreros no se negarán de ninguna manera a indemnizar a la burguesía. Marx no se ataba las manos---ni se las ataba a los futuros dirigentes de la revolución socialista---en cuanto a las formas, métodos y procedimientos de la revolución, comprendiendo muy bien cuan grande sería el número de _-_-_
^^*^^ Véase la presente edición, t. 2, págs. 241--280. (N. de la Edit.)
611 problemas nuevos que se plantearían, cómo cambiaría toda la situación en el curso de la revolución, con qué frecuencia y en qué medida habría de cambiar esa situación.¿Y cuál es la situación en la Rusia Soviética después de haber tomado el poder el proletariado, después de haber sido aplastados la resistencia militar y el sabotaje de los explotadores? ¿No es evidente que se han creado algunas condiciones del tipo de las que podían haberse creado hace medio siglo en Inglaterra, si dicho país hubiera empezado entonces el paso pacífico al socialismo? El sometimiento de los capitalistas a los obreros podría haberse asegurado entonces por las siguientes circunstancias: (1) predominio absoluto de los obreros, de los proletarios, entre la población debido a la ausencia de campesinado (en los años 70 había en Inglaterra indicios que permitían esperar éxitos de extraordinaria rapidez del socialismo entre los obreros agrícolas); (2) excelente organización del proletariado en uniones sindicales (Inglaterra era entonces el primer país del mundo en este sentido); (3) nivel cultural relativamente alto del proletariado, disciplinado por el desarrollo secular de la libertad política; (4) larga costumbre de los capitalistas de Inglaterra, magníficamente organizados---entonces eran los capitalistas mejor organizados de todos los países del mundo (hoy esa primacía ha pasado a Alemania)---, de resolver los problemas políticos y económicos mediante un compromiso. He ahí las circunstancias que permitían entonces pensar en la posibilidad del sometimiento pacífico de los capitalistas de Inglaterra a sus obreros.
En nuestro país, ese sometimiento está asegurado en el momento actual por ciertas premisas concretas (triunfo en octubre y aplastamiento, desde octubre hasta febrero, de la resistencia militar y del sabotaje de los capitalistas). En nuestro país, en lugar del predominio absoluto de los obreros, de los proletarios, entre la población y de su alto nivel de organización, el factor de la victoria ha sido el apoyo de los campesinos pobres y arruinados con rapidez a los proletarios. Por último, en nuestro país no existen ni un elevado nivel cultural ni la costumbre de concertar compromisos. Si se piensa a fondo en estas condiciones concretas, estará claro que podemos y debemos conseguir ahora la combinación de los métodos de represión implacable contra los capitalistas incultos, que no aceptan ningún "capitalismo de Estado'', que no conciben ningún compromiso y siguen minando las medidas soviéticas por medio de la especulación, el soborno de los pobres, etc., con los métodos de compromiso o de indemnización a los capitalistas cultos, que aceptan el "capitalismo de Estado'', que pueden aplicarlo y que son útiles al proletariado como organizadores inteligentes y
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612 expertos de grandísimas empresas que cubran de verdad el abastecimiento de productos a decenas de millones de personas.Bujarin es un economista marxista magníficamente instruido. Por eso ha recordado que Marx tenía profundísima razón cuando enseñaba a los obreros la importancia que reviste conservar la organización de la gran producción precisamente para facilitar el paso al socialismo y les hacía ver que era admisible por completo la idea de pagar bien a los capitalistas, de indemnizarlos en el caso (a título de excepción: e Inglaterra lo era entonces) de que las circunstancias obligasen a los capitalistas a someterse pacíficamente y a pasar de una manera organizada y culta al socialismo, respaldándose en la indemnización.
Pero Bujarin incurre en un error, pues no ha reflexionado sobre la peculiaridad concreta del momento actual en Rusia, un momento precisamente excepcional, en el que nosotros, el proletariado de Rusia, llevamos la delantera a cualquier Inglaterra y a cualquier Alemania por nuestro régimen político, por la fuerza del poder político de los obreros, y, al mismo tiempo, vamos rezagados del Estado más atrasado de Europa Occidental en lo que se refiere a organización de un respetable capitalismo de Estado, a nivel cultural y grado de preparación de la producción material para ``implantar'' el socialismo. ¿No está claro que de esta situación peculiar se deduce, para el momento actual, precisamente la necesidad de algo parecido a una "indemnización'', que los obreros deben proponer a los capitalistas más cultos, más inteligentes y más capaces, desde el punto de vista de organización, dispuestos a servir al Poder soviético y ayudar honestamente a poner en marcha la producción ``estatal'' grande y grandísima? ¿No está claro que, en una situación tan original, debemos esforzarnos por evitar los errores de dos tipos, cada uno de los cuales es pequeñoburgués a su manera? Por una parte, sería un error irreparable declarar que, como se reconoce la falta de correspondencia entre nuestras ``fuerzas'' económicas y nuestra fuerza política, "por consiguiente" no se debía haber tomado el poder. Así razonan los "hombres enfundados'', quienes olvidan que jamás habrá ``correspondencia'', que no puede haberla en el desarrollo de la naturaleza, como tampoco en el desarrollo de la sociedad; que sólo mediante una serie de intentos---cada uno de los cuales, tomado por separado, será unilateral, adolecerá de cierta falta de correspondencia---se creará el socialismo íntegro con la colaboración revolucionaria de los proletarios de todos los países.
Por otra parte, sería un error evidente dar rienda suelta a los 613 bocazas y vocingleros que se dejan llevar del espíritu revolucionario ``llamativo'', pero que son incapaces de llevar a cabo una labor revolucionaria firme, reflexiva y sopesada que tenga en cuenta asimismo las dificilísimas transiciones.
Por fortuna, la historia del desarrollo de los partidos revolucionarios y de la lucha del bolchevismo contra ellos nos ha dejado en herencia tipos claramente definidos, entre los cuales figuran los eseristas de izquierda y los anarquistas, que son una ilustración bastante gráfica del tipo de los malos revolucionarios. Gritan ahora ---hasta darles accesos de histeria y atragantarse---contra "el espíritu de conciliación" de los "bolcheviques de derecha''. Pero no saben pensar por qué era malo el "espíritu de conciliación" y por qué fue condenado en justicia por la historia y el curso de la revolución.
El espíritu de conciliación de los tiempos de Kerenski entregaba el poder a la burguesía imperialista, y la cuestión del poder es la cuestión cardinal de toda revolución. El espíritu de conciliación de una parte de los bolcheviques en octubrenoviembre de 1917 temía la toma del poder por el proletariado o quería compartir a medias el poder no sólo con los "compañeros de viaje inseguros'', como los eseristas de izquierda, sino también con los enemigos, los adeptos de Chernov, los mencheviques, que nos habrían estorbado inevitablemente en lo fundamental: en la disolución de la Constituyente, en el aplastamiento implacable de los Bogaievski, en la implantación total de las instituciones soviéticas, en cada confiscación.
Ahora ha tomado el poder, lo sostiene y afianza en sus manos un partido, el partido del proletariado, incluso sin los " compañeros de viaje inseguros''. Mentar hoy el espíritu de conciliación, cuando no se habla ni puede hablarse siquiera de compartir el poder, de renunciar a la dictadura de los proletarios contra la burguesía, significa simplemente repetir como un loro palabras aprendidas de memoria, pero no comprendidas. Denominar "espíritu de conciliación" el hecho de que, como podemos y debemos gobernar el país, tratamos de ganarnos, sin escatimar dinero, a los elementos más cultos, instruidos por el capitalismo, de ponerlos a nuestro servicio contra la disgregación sembrada por los pequeños propietarios, significa no saber pensar en absoluto en las tareas económicas de la edificación del socialismo...^^*^^
_-_-_^^*^^ Véase la presente edición, t. 2, págs. 716--727. (N. de la Edil.)
614En los citados razonamientos de 1918 hay varios errores en cuanto a los plazos; han resultado ser más largos de lo que se suponía entonces. No tiene nada de extraño. Pero los elementos fundamentales de nuestra economía siguen siendo los mismos. Los campesinos ``pobres'' (proletarios y semiproletarios) se han convertido, en muchísimos casos, en campesinos medios. Como consecuencia de ello, el ``elemento'' pequeñoburgués, pequeño propietario, se ha reforzado. Al mismo tiempo, la guerra civil de 1918--1920 arruinó mucho más al país, frenó la restauración de sus fuerzas productivas y desangró, sobre todo, precisamente al proletariado. A ello hay que añadir la mala cosecha de 1920, la escasez de forrajes y la mortandad del ganado, que retardaron más aún la restauración del transporte y de la industria, reflejándose esto, por ejemplo, en que tuvimos que transportar la leña, nuestro principal combustible, con los caballos de los campesinos.
Como resultado, la situación política en la primavera de 1921 era tal que se hizo absolutamente necesario tomar rápidamente las medidas más enérgicas y urgentes a fin de mejorar la situación de los campesinos y elevar sus fuerzas productivas.
¿Por qué precisamente de los campesinos y no de los obreros?
Porque, para mejorar la situación de los obreros, hace falta pan y combustible. Hoy, la mayor ``traba''---desde el punto de vista de toda la economía del Estado---se debe precisamente a esta circunstancia. Y aumentar la producción y la recolección de trigo, el aprovisionamiento y el transporte de combustible no se puede de otro modo que mejorando la situación de los campesi: nos, elevando sus fuerzas productivas. Hay que empezar por los campesinos. El que no lo comprenda, el que considere esta preferencia por los campesinos una "abdicación" de la dictadura del proletariado, o algo parecido, sencillamente no cala en la cuestión, se deja llevar por las frases. La dictadura del proletariado significa la dirección de la política por el proletariado. Este, como clase dirigente, dominante, debe saber dirigir la política de modo que cumpla primero la tarea más impostergable, la más palpitante. Hoy, lo más impostergable son las medidas capaces de elevar inmediatamente las fuerzas productivas de la economía campesina. Sólo mediante esto se podrá conseguir mejorar también la situación de los obreros y consolidar la alianza de los obreros 615 con los campesinos, fortalecer la dictadura del proletariado. Todo proletario o representante del proletariado que pretendiera con otro procedimiento que no fuese éste mejorar la situación de los obreros resultaría, en realidad, un cómplice de los guardias blancos y capitalistas. Ya que tomar otro camino distinto significa poner los intereses gremiales de los obreros por encima de los intereses de clase; significa sacrificar, en aras del aprovechamiento de ventajas inmediatas, parciales y momentáneas, los intereses de toda la clase obrera, de su dictadura, de su alianza con los campesinos contra los terratenientes y capitalistas, de su papel de dirigente en la lucha por liberar el trabajo del yugo del capital.
Por lo tanto: primero es necesario tomar medidas urgentes y serias para elevar las fuerzas productivas de los campesinos.
Esto no se puede hacer sin profundos cambios en la política de abastecimiento. Un cambio tal es la sustitución del sistema de contingentación con el impuesto en especie, lo que está relacionado con la libertad de comercio, después del pago del impuesto, por lo menos en las transacciones económicas locales.
¿En qué consiste la esencia de la sustitución del sistema de contingentación con el impuesto en especie?
A este respecto se han extendido mucho ideas erróneas. Las más de las veces el error se debe a que no se compenetran con la esencia de este cambio, porque no se plantean la pregunta: de dónde y adonde lleva este paso. Se imaginan la cuestión como si se tratara del paso del comunismo, en general, al régimen burgués, en general. Contra este error es necesario volver a insistir en lo dicho en mayo de 1918.
El impuesto en especie es una de las formas de transición del peculiar "comunismo de guerra"---obligado por la extrema miseria, la ruina y la guerra---a un adecuado intercambio socialista de productos. Y este último es, a su vez, una de las formas de transición del socialismo, con las particularidades originadas por el predominio de los pequeños campesinos en la población, al comunismo.
El peculiar "comunismo de guerra" consistía en que tomábamos en la práctica a los campesinos todos los excedentes, y a veces incluso lo no excedente, una parte de los víveres indispensables al campesino, para cubrir los gastos del ejército y para mantener a los obreros. Lo tomábamos, las más de las veces, a crédito, entregando papel moneda. De otro modo no podíamos vencer a los terratenientes y capitalistas en un país arruinado, en un país de pequeños campesinos. Y el hecho de que hayamos triunfado (a pesar del apoyo obtenido por nuestros explotadores de parte de las potencias más poderosas del mundo) demuestra no sólo qué 616 maravillas de heroísmo son capaces de realizar los obreros y campesinos en la lucha por su liberación. Este hecho también pone de manifiesto el papel de lacayos de la burguesía que, en realidad, desempeñaron los mencheviques, los eseristas, Kautsky y Cía., cuando nos reprochaban este "comunismo de guerra'', que debe tenerse por un mérito nuestro.
Pero no es menos necesario conocer la verdadera medida de este mérito. El "comunismo de guerra" nos fue impuesto por la guerra y la ruina. No fue ni podía ser una política que respondiera a las tareas económicas del proletariado. Fue una medida provisional. Una política acertada del proletariado, que ejerce su dictadura en un país de pequeños campesinos, es el intercambio del trigo por los artículos industriales necesarios al campesino. Únicamente tal política de abastecimiento responde a las tareas del proletariado; sólo esta política es capaz de consolidar las bases del socialismo y llevarlo a la victoria completa.
El impuesto en especie representa la transición a ella. Estamos aún tan arruinados, tan agobiados por el peso de la guerra (terminada ayer y que mañana mismo, a causa de la avidez y de la furia de los capitalistas, puede estallar de nuevo), que no podemos entregar al campesino artículos industriales a cambio de todo el trigo que necesitamos. Sabiendo esto, implantamos el impuesto en especie, es decir, tomamos a los campesinos a título de impuesto el mínimo indispensable de trigo (para el ejército y para los obreros), y el resto se lo cambiaremos por artículos industriales.
Además, es preciso no olvidarse de lo siguiente: la miseria y la devastación son tales que no podemos restablecer de golpe la gran producción fabril, la producción estatal, la producción socialista. Para ello hace falta acumular grandes reservas de trigo y combustible en los centros de la gran industria, hace falta sustituir las máquinas desgastadas por otras nuevas, etc. Nos hemos convencido por experiencia de que esto no se puede hacer de repente, y sabemos que, después de una guerra imperialista devastadora, incluso los países más ricos y más adelantados sólo podrán resolver semejante problema en el transcurso de cierto número de años, bastante prolongado. Esto quiere decir que es necesario ayudar, en cierta medida, a la restauración de la pequeña industria, que no exige maquinaria, que no requiere tener reservas estatales, ni grandes reservas de materias primas, de combustible y de víveres, la cual puede prestar inmediatamente cierta ayuda a la economía campesina y elevar sus fuerzas productivas.
¿Qué resulta entonces de todo esto?
617Resulta el resurgimiento, basado en cierta libertad de comercio (si bien local sólo), de la pequeña burguesía y del capitalismo. Esto es indudable. Sería ridículo no quererlo ver.
Cabe preguntar: ¿Ks eso necesario? ¿Puede justificarse? ;No es peligroso?
Se hacen muchas preguntas de ese género, y en la mayoría de los casos evidencian sólo !a ingenuidad (expresándome con recato) de quienes las hacen.
Fijaos cómo delitsí cu mayo de 1918 los elementos (partes integrantes) de las diferentes formaciones socioeconómicas que había en nuestra economía. Nadie podrá negar la existencia de los cinco grados (o partes integrantes) de estas cinco formaciones, desde la patriarcal, es decir, semisalvaje, hasta la socialista. Es de una claridad meridiana que en un país de pequeños campesinos prevalezca la "formación" de los pequeños campesinos, es decir, en parte patriarcal, en parte pequeñoburguesa. El desarrollo de la pequeña hacienda es un desarrollo pequeñoburgués, un desarrollo capitalista, ya que existe el intercambio; ésta es una verdad indiscutible, vina verdad elemental de la economía política, confirmada, además, por la experiencia cotidiana y la observación incluso del vulgo.
¿Qué política puede, pues, aplicar el proletariado socialista ante semejante realidad económica? ¿Dar al pequeño campesino todos los artículos que necesite de la producción de la gran industria socialista a cambio del trigo v de las materias primas? Esta sería la política más deseable, la más ``adecuada'', y es precisamente la política que hemos comenzado a aplicar. Pero no podemos darles todos los artículos; estamos aún lejos de ello y tardaremos en poder hacerlo; por lo menos, no podremos hacerlo hasta que hayamos terminado aunque sólo sean los primeros trabajos de electrificación de todo el país. ¿Cómo proceder entonces? O bien intentar prohibir, impedir por completo todo desarrollo del intercambio privado, no estatal, es decir, el comercio, esto es, el capitalismo, inevitable con la existencia de millones de pequeños productores. Esta política sería absurda y suicida para el partido que tratara de ponerla en práctica. Absurda, porque esta política es imposible en el aspecto económico; suicida, porque los partidos que intentan ponerla en práctica sufren un fracaso indefectible. Debemos confesar que algún que otro comunista, con sus "pensamientos, palabras y hechos'', ha pecado, cayendo precisamente en tal política. Procuremos corregir estos errores. Corrijámoslos sin falta, de otro modo nos veremos en un gran aprieto.
O bien (la última política posible y la única prudente) no tratar de prohibir, impedir el desarrollo del capitalismo, sino tratar de 618 meterlo en el cauce del capitalismo de Estado. Esto es posible en el plano económico, ya que el capitalismo de Estado existe---en una u otra forma, en uno u otro grado---dondequiera que hay, en general, elementos de comercio libre y de capitalismo.
¿Es posible la combinación, la unión, la compatibilidad del Estado soviético, de la dictadura del proletariado con el capitalismo de Estado?
Claro que es posible. Esto es precisamente lo que procuré demostrar yo en mayo de 1918 y lo que creo demostré en aquella ocasión. Más aún: demostré también entonces que el capitalismo de Estado es un paso adelante en comparación con el elemento pequeño propietario (pequeño patriarcal y pequeñoburgués). Se cometen muchísimos errores al contraponer el capitalismo de Estado únicamente al socialismo, o compararlo únicamente con él, mientras que en la situación político-económica presente es necesario comparar también el capitalismo de Estado con la producción pequeñoburguesa.
Todo el problema---tanto en teoría como en la práctica--- consiste en encontrar los métodos acertados de cómo se debe llevar precisamente el inevitable (hasta cierto grado y por un plazo determinado) desarrollo del capitalismo al cauce del capitalismo de Estado, en qué condiciones hacerlo y cómo asegurar, en un futuro próximo, la transformación del capitalismo de Estado en socialismo.
Para abordar la solución de este problema es necesario, ante todo, imaginarse con la mayor claridad posible lo que será y puede ser en la práctica el capitalismo de Estado dentro de nuestro sistema soviético, dentro del marco de nuestro Estado de los Soviets.
El caso o el ejemplo más sencillo de cómo el Poder soviético conduce el desarrollo del capitalismo al cauce del capitalismo de Estado, de cómo ``implanta'' el capitalismo de Estado, lo constituye la explotación de empresas en régimen de concesión. Ahora todos estamos de acuerdo en que las concesiones son indispensables, pero no todos reflexionan sobre la significación de estas concesiones. ¿Qué es el arrendamiento de empresas en régimen de concesión en las condiciones del sistema soviético, desde el punto de vista de las formaciones socioeconómicas y la correlación entre ellas? Un acuerdo, una alianza, un pacto del Poder soviético, es decir, del poder estatal proletario con el capitalismo de Estado, contra el elemento pequeño propietario (elemento patriarcal y pequeñoburgués). El concesionario es un capitalista. Dirige las empresas a la manera capitalista con el fin de obtener ganancias; concluye un contrato con el poder proletario a fin de obtener 619 ganancias extra, superganancias, o con el fin de obtener un tipo de materias primas que no podría obtener o que le sería muy difícil conseguir de otro modo. El Poder soviético obtiene ventajas en forma de desarrollo de las fuerzas productivas y de aumento inmediato o en breve plazo de la cantidad de productos. Tenemos, por ejemplo, un centenar de explotaciones, minas o bosques. No podemos explotarlo todo: nos faltan máquinas, víveres, medios de transporte. Por el mismo motivo explotamos mal las restantes empresas. A causa de la mala e insuficiente explotación de las grandes empresas se refuerza el elemento pequeño propietario en todas sus manifestaciones: decaimiento de las explotaciones agrícolas vecinas (y luego también de todas las demás), merma de sus fuerzas productivas, pérdida de la confianza del campo en el Poder soviético, robos y pequeña especulación en masa (la más peligrosa), etc. ``Implantando'' el capitalismo de Estado en forma de concesiones, el Poder soviético refuerza la gran producción contra la pequeña, la producción avanzada contra la atrasada, la producción con máquinas contra la producción manual, aumentando así la cantidad de artículos de la gran industria reunidos en sus manos (por medio de los cánones de concesión) e intensificando las relaciones económicas reguladas por el Estado para contrarrestar las anárquicas relaciones pequeñoburguesas. La política de explotación de empresas en régimen de concesión, aplicada con medida y precaución, nos ayudará, sin duda, a mejorar con rapidez (hasta cierto grado, no muy alto) el estado de la producción, la situación de los obreros y los campesinos; y, claro está, a costa de ciertos sacrificios, de la entrega de decenas y decenas de millones de puds de los productos más valiosos al capitalista. La determinación de la medida y de las condiciones en las que el arrendamiento de empresas en régimen de concesión es conveniente y no ofrece peligro para nosotros depende de la correlación de fuerzas y se decide por la lucha, puesto que también las concesiones son un tipo de lucha, la continuación de la lucha de las clases en otra forma, pero de ninguna manera la lucha de las clases es remplazada por la paz de las clases. Los métodos de lucha que se deben emplear los indicará la práctica.
El capitalismo de Estado en forma de concesiones tal vez sea la forma más sencilla, precisa, clara y definida con exactitud, en comparación con otras formas de capitalismo de Estado dentro del sistema soviético. Tenemos aquí un contrato formal, escrito, con el capitalismo más culto y adelantado, el de Europa Occidental. Conocemos exactamente nuestras ganancias y nuestras pérdidas, nuestros derechos y nuestros deberes, sabemos con exactitud el plazo por el que hacemos la concesión, conocemos las condiciones 620 del rescate anterior al plazo, si es que en el contrato se estipula este derecho. Pagamos cierto ``tributo'' al capitalismo mundial, "indemnizándole" en determinados aspectos, obteniendo al punto en cierta medida la consolidación de la situación del Poder soviético y la mejora de las condiciones para dirigir nuestra economía. Toda la dificultad del problema de las concesiones se reduce a que hay que meditarlo y aquilatarlo todo cuando se concluye un contrato de concesión, y después saber estar al tanto de su cumplimiento. Indudablemente, en ello hay dificultades, y los errores, seguramente, serán inevitables en los primeros tiempos; pero estas dificultades son mínimas si se las compara con los otros problemas de la revolución social, sobre todo con las otras formas de desarrollo, admisión e implantación del capitalismo de Estado.
La tarea más importante de todos los funcionarios del partido y de los Soviets, en relación con la implantación del impuesto en especie, consiste en saber aplicar los principios, las bases de la política de ``concesiones'' (es decir, semejante a la política de ``concesiones'' aplicada al capitalismo de Estado) a las demás formas de capitalismo, a la libertad de comercio, a la circulación local, etc.
Tomemos las cooperativas. Por algo el decreto sobre el impuesto en especie ha originado inmediatamente la revisión del estatuto sobre las cooperativas y ha dado lugar a cierta ampliación de su ``libertad'' y sus derechos. También la cooperativa es un tipo de capitalismo de Estado, pero menos simple, menos definido, más confuso y, por tanto, una forma que en la práctica plantea ante nuestro poder mayores dificultades. Las cooperativas de pequeños productores de mercancías (de ellas se trata aquí---y no de las cooperativas obreras---, como una de las formas predominantes y típicas en un país de pequeños campesinos) engendran inevitablemente relaciones capitalistas, pequeñoburguesas, contribuyen a su desarrollo, sacan a primer plano a los pequeños capitalistas, ofreciéndoles las mayores ventajas. Y no puede ser de otro modo, ya que existe el predominio de los pequeños propietarios, así como la posibilidad y la necesidad del intercambio. Libertad y derechos para las cooperativas, en las condiciones actuales de Rusia, significan libertad y derechos para el capitalismo. No querer ver esta verdad evidente sería una sandez o un crimen.
Pero el capitalismo ``cooperativo'', a diferencia del capitalismo privado, constituye, con el Poder soviético, una variedad de capitalismo de Estado, y, como tal, nos es útil y provechoso ahora, en cierta medida, por supuesto. Como el impuesto en especie significa libertad de venta de los otros excedentes (no recogidos a 621 título ríe impuesto), debemos hacer esfuerzos para que este desarrollo del capitalismo---ya que la libertad de venta, la libertad de comercio es un desarrollo del capitalismo---se lleve al cauce del capitalismo cooperativo. Este se asemeja al capitalismo de Estado en el sentido de que facilita el registro, el control, la inspección y las relaciones contractuales entre el Estado (en este caso el Estado soviético) y el capitalista. La cooperativa, como forma de comercio, es más ventajosa y útil que el comercio privado, no sólo por las causas ya indicadas, sino también porque facilita la unificación, la organización de millones de habitantes y luego de la población entera, siendo esta circunstancia, a su vez, una ventaja inmensa desde el punto de vista del paso consecutivo del capitalismo de Estado al socialismo.
Comparemos la explotación de empresas en régimen de concesión y las cooperativas como formas cíe capitalismo de Estado. Las concesiones se basan en la gran industria mecanizada; las cooperativas, en la pequeña industria, en la industria manual, incluso patriarcal. La concesión atañe a un solo capitalista o a una sola casa, a un consorcio, a un solo cártel o trust en cada contrato de concesión por separado. La cooperativa abarca a muchos miles, incluso a millones de pequeños propietarios. La concesión admite e incluso presupone un contrato preciso y un plazo fijo. La cooperativa no requiere contratos exactos por completo ni plazos fijos del todo. Abolir la ley de las cooperativas es mucho más fácil que anular el contrato sobre una concesión; pero romper un contrato significa romper de golpe y porrazo, sin más ni más, las relaciones contractuales existentes en realidad o la ``convivencia'' económica con el capitalista: mientras que ninguna derogación de la ley sobre las cooperativas, ninguna ley en general no sólo no romperá de golpe la ``convivencia'' real del Poder soviético con los pequeños capitalistas, sino que, en general no será capaz de eliminar las relaciones económicas que existen de hecho. Es fácil ``vigilar'' al concesionario, pero no así a los cooperativistas. El paso de la explotación de empresas en régimen de concesión al socialismo es el paso de una forma de gran producción a otra forma de gran producción. El paso de las cooperativas de pequeños propietarios al socialismo es el paso de la pequeña producción a la gran producción, es decir, una transición más compleja, pero capaz, en cambio, de abarcar, en caso de éxito, a las mayores masas de la población, capaz de extirpar las más profundas y las más vitales raíces de las relaciones viejas, de las relaciones presocialistas, incluso precapitalistas, las más tenaces en resistir a toda "innovación''. La política de concesiones, en caso de éxito, nos proporcionará un pequeño número de grandes 622 empresas modelo---en comparación con las nuestras---, que estarán al nivel del adelantado capitalismo actual; transcurridos varios decenios, estas empresas pasarán íntegramente a nuestras manos. La política cooperativista, en caso de éxito, nos proporcionará el crecimiento de la pequeña economía y facilitará su paso, en un plazo indeterminado, a la gran producción basada en la asociación voluntaria.
Tomemos la tercera forma de capitalismo de Estado. El Estado atrae al capitalista, en calidad de comerciante, pagándole cierta comisión por la venta de la producción del Estado y por el acopio de los productos del pequeño productor. Y la cuarta forma: el Estado entrega en arriendo al capitalista industrial una empresa, una explotación o un bosque o terreno, etc., perteneciente al Estado, teniendo el contrato de arriendo el mayor parecido con el de la concesión. Estos dos últimos tipos de capitalismo de Estado no los tratamos, ni pensamos en ellos, ni los tenemos en cuenta para nada. Mas no porque seamos fuertes e inteligentes, sino porque somos débiles y tontos. Tememos mirar cara a cara a la "ruin verdad" y nos entregamos con harta frecuencia a la "mentira que nos = enaltece"~^^197^^. Siempre caemos en la afirmación de que ``nosotros'' vamos pasando del capitalismo al socialismo, olvidándonos de precisar con exactitud y claridad quiénes somos ``nosotros''. Es necesario tener a la vista la enumeración de todos los elementos integrantes---absolutamente todos, sin excepción--- de los diversos tipos socioeconómicos de nuestra economía que hice en un artículo del 5 de mayo de 1918, para no olvidar este diáfano cuadro. ``Nosotros'', la vanguardia, el destacamento avanzado del proletariado, pasamos directamente al socialismo; pero el destacamento avanzado sólo constituye una pequeña parte de todo el proletariado, que, a su vez, no es más que una pequeña parte de toda la masa de la población. Y para que ``nosotros'' podamos cumplir con buen éxito la tarea de nuestro paso inmediato al socialismo es necesario comprender cuáles son los caminos, los métodos, los recursos, los elementos intermedios que se necesitan para pasar de las relaciones precapitalistas al socialismo. Este es el quid de la cuestión.
Eijaos en el mapa de la RSFS de Rusia. Al norte de Vólogda, al sureste de Rostov del Don y de Sarátov, al sur de Oremburgo y de Omsk y al norte de Tomsk se extienden territorios inmensos, en los que cabrían decenas de grandes Estados cultos. Y en todas estas extensiones reina el régimen patriarcal, la semibarbarie y la verdadera barbarie. ¿Y en los apartados lugares del campo en el resto de Rusia? En todas partes, donde decenas de verstas de caminos vecinales---mejor dicho, decenas de verstas sin camino 623 alguno---separan a las aldeas de las líneas férreas, es decir, de los medios materiales de comunicación con la cultura, con el capitalismo, con la gran industria, con las grandes ciudades. ¿Acaso no predominan también en todos estos lugares el régimen patriarcal, el = ``oblomovismo''~^^198^^, la semibarbarie?
¿Es concebible el paso directo de semejante estado, predominante en Rusia, al socialismo? Sí, es concebible hasta cierto grado, pero sólo con una condición, que ahora conocemos exactamente, gracias a un gran trabajo científico que se ha llevado a cabo. Esta condición es la electrificación. Si construimos decenas de centrales eléctricas distritales (ahora ya sabemos dónde y cómo se pueden y deben construir), si llevamos su energía a todas las aldeas y si conseguimos la suficiente cantidad de motores eléctricos y otras máquinas, no necesitaremos, o casi no necesitaremos, pasar por grados transitorios o intermedios entre el régimen patriarcal y el socialismo. Pero sabemos perfectamente que está ``sola'' condición exige, por lo menos, un decenio únicamente para los trabajos más urgentes, y reducir este plazo, a su vez, sólo es posible en el caso de que triunfe la revolución proletaria en países como Inglaterra, Alemania y Norteamérica.
Mas para los próximos años es necesario saber pensar en los grados intermedios, capaces de facilitar el paso del régimen patriarcal, de la pequeña producción, al socialismo. ``Nosotros'' seguimos viniendo a menudo a parar en el razonamiento: "el capitalismo es un mal, el socialismo es un bien''. Pero este razonamiento es erróneo, ya que olvida el conjunto de los tipos socioeconómicos existentes, entresacando dos de ellos nada más.
El capitalismo es un mal en relación con el socialismo. El capitalismo es un bien en relación con el medievo, en relación con la pequeña producción, en relación con la burocracia vinculada a la dispersión de los pequeños productores. Puesto que aún no tenemos fuerzas para dar el paso directo de la pequeña producción al socialismo, el capitalismo es, por tanto y en cierta medida, inevitable como producto espontáneo de la pequeña producción y del intercambio, por lo que debemos aprovechar el capitalismo (llevándolo especialmente por el cauce del capitalismo de Estado) como grado intermedio entre la pequeña producción y el socialismo, como recurso, camino, procedimiento o método de aumentar las fuerzas productivas.
Tomad el problema de la burocracia y observadlo en su aspecto económico. El 5 de mayo de 1918 no se nos planteaba este problema. Medio año después de la Revolución de Octubre, después de haber destrozado de arriba abajo el viejo armatoste burocrático, aún no sentíamos esta plaga.
624Pasó un año más. En el VIII Congreso del PC de Rusia ---18--23 de mar/o de 1919---se aprobó un nuevo programa del partido en el que hablamos abiertamente, sin miedo a reconocer el mal, y con el deseo de descubrirlo, de desenmascararlo, de ponerlo en la picota, de despertar la conciencia y la voluntad, la energía y la acción para la lucha contra el mal, hablamos ya del "renacimiento parcial de la burocracia en el seno del régimen soviético".
Pasaron dos años más. En la primavera de 1921, después del VIII Congreso de los Soviets (diciembre de 1920), en el que se discutió el problema de la burocracia, y después del X Congreso del PC de Rusia (marzo de 1921), que hizo el resumen cíe las discusiones relacionadas estrechamente con el análisis de la burocracia, vimos ya esta plaga con mayor claridad y precisión, la vimos alzarse más amenazadora ante nosotros. ¿Cuáles son las raíces económicas de la burocracia? Son, principalmente, de dos tipos: por un lado, una burguesía desarrollada necesita la máquina burocrática, precisamente, contra el movimiento revolucionario de los obreros (en parte también contra el de los campesinos); en primer lugar, los cuerpos armados; luego, la judicatura, etc. Nuestro caso es distinto. Nuestros tribunales son tribunales de clase, contra la burguesía. Nuestro ejército es un ejército de clase, contra la burguesía. La burocracia no se halla en el ejército, sino en las instituciones puestas a su servicio. Entre nosotros las raíces económicas de la burocracia son distintas: el fraccionamiento, la dispersión del pequeño productor, su miseria, su incultura, la falta de comunicaciones, el analfabetismo, la falta de intercambio entre la agricultura y la industria, la falta de enlace e interacción entre ellas. Esto es. en gran paite, resultado de la guerra civil. Cuando nosotros estábamos bloqueados, asediados por todas partes, aislados del resto del mundo, de las regiones trigueras del Sur, de Siberia, de la hulla, no podíamos restablecer la industria. No debíamos temer aplicar el "comunismo de guerra'', la medida más extrema: soportaremos una existencia semihambrienta e incluso peor que semihambrienta, pero defenderemos a toda costa, pese a la ruina más inaudita y a la falta de intercambio, el poder de los obreros y campesinos. Y no nos dejamos amedrentar por lo que se asustaron los eseristas y mencheviques (que de hecho seguían a la burguesía mayormente por miedo, por intimidación). Pero lo que era una condición para la victoria en un país bloqueado, en una fortaleza sitiada, mostró su lado negativo precisamente en la primavera de 1921, cuando las últimas tropas cíe los guardias blancos fueron expulsadas definitivamente del territorio de la RSFS de Rusia. ``Encerrar'' todo intercambio en una fortaleza sitiada es cosa que puede y debe hacerse; con un heroísmo 625 extraordinario de las masas esto puede soportarse tres años. Después, la ruina del pequeño productor se agravó más aún, el restablecimiento de la gran industria volvió a retrasarse, se aplazó. La burocracia como herencia de los tiempos de ``asedio'', como superestructura levantada sobre la dispersión y la cohibición del pequeño productor, se manifestó por completo.
Hay que saber reconocer el mal sin temor alguno para combatirlo con más tenacidad, para volver y volver a comenzar por el principio; aún tendremos que empezar muchas veces, reiteradas veces, en todas las ramas de nuestra construcción, desde el principio, corrigiendo lo defectuoso, eligiendo diversos caminos para abordar las tareas. Se ha puesto de manifiesto la demora en el restablecimiento de la gran industria, se ha revelado como insoportable el ``encierro'' del intercambio entre la industria y la agricultura, lo que significa que es necesario impulsar lo más factible: el restablecimiento de la pequeña industria. Hay que contribuir a la <.bra desde este lado, apuntalar este lado del edificio, semiderruido por la guerra y el bloqueo. Hay que desarrollar por lodos los medios y a toda costa el intercambio, sin temor al capitalismo, puesto que lo hemos metido en un marco bastante estrecho (por la expropiación de los terratenientes y de la buiguesía en la economía, por el poder de los obreros y campesinos en la política), bastante ``moderado''. Tal es la idea fundamental del impuesto en especie, tal es su significación económica.
Todos los funcionarios del partido y de los Soviets deben encauzar enteramente todos sus esfuerzos y toda su atención a despertar y fomentar la iniciativa en plano local---en las provincias; más aún, en los distritos; y aún más, en los subdistritos y en los pueblos---para organizar la economía precisamente desde el punto de vista de dar un impulso inmediato, aunque sea con "pequeños" recursos, en medida insignificante, a la hacienda campesina, ayudándole con el desarrollo de la pequeña industria de l,i comarca. El plan económico general y único del Estado exige que esto precisamente se convierta en el centro de la atención y preocupación, en el centro de los trabajos "de choque''. La mejora conseguida aquí, a la menor distancia posible del ``fundamento'' m;is amplio v protundo, permitirá pasar con la mayor brevedad al más enérgico y victorioso restablecimiento de la gran industria.
Los trabajadores dedicados al abastecimiento conocían hasta ahoia una M>la directriz fundamental: recoger el 100% del monto de la comingenuición. Ahora la directriz es distinta: recaudar el 100% de! impiu-sto en el plazo más breve y luego un 100% más medí.míe el intercambio con productos de la gran y pequeña 626 industria. Quien recaude el 75% del impuesto y el 75% (del segundo centenar) mediante el intercambio de productos de la gran y pequeña industria realizará una obra más útil de interés público que quien recaude el 100% del impuesto y el 55% (del segundo centenar) mediante el intercambio. La tarea de los encargados del abastecimiento se complica. Por una parte, se trata de una tarea fiscal: recaudar cuanto antes y del modo más racional posible el impuesto; por otra parte, es una tarea de importancia económica general: tratar de dirigir las cooperativas y ayudar a la pequeña industria de manera que aumente y se consolide el intercambio entre la agricultura y la industria, tratar de impulsar la iniciativa a escala local con el mismo fin. Y eso aún lo hacemos muy mal. La demostración es la burocracia. No debemos temer reconocer que en este sentido todavía se puede y se debe aprender mucho de los capitalistas. Comparemos por provincias, distritos, subdistritos y pueblos los resultados de la experiencia práctica: en un sitio, los capitalistas privados y los pequeños capitalistas han logrado tal cosa. Sus ganancias son aproximadamente tales. Este es el tributo, el pago que damos "por la enseñanza''. No da pena pagar por la enseñanza, con tal de que ésta sea provechosa. En cambio, en el pueblo vecino se ha conseguido tal y tal cosa mediante las cooperativas. Las ganancias de las cooperativas son tales y tales. Y en una tercera localidad se ha conseguido, por la vía puramente estatal, puramente comunista, otra cosa distinta (este caso tercero será, en nuestros días, una rara excepción).
La tarea debe consistir en que cada institución económica regional, cada asamblea económica provincial, convocada por los comités ejecutivos, resuelva inmediatamente, como cuestión de primera urgencia, la organización rápida de toda clase de ensayos o sistemas de ``intercambio'' con los productos excedentes que restan después de haber abonado el impuesto en especie. Al cabo de unos meses se deben tener los resultados prácticos para compararlos y estudiarlos. La sal local o traída de otros sitios; el petróleo traído del centro; la industria domiciliaria de la madera; las industrias de oficios que trabajan con materias primas locales, que aportan algunos productos, aunque no muy importantes, pero sí indispensables y útiles para los campesinos; la "hulla verde" (aprovechamiento de las fuerzas hidráulicas locales, de poca importancia, para la electrificación), etc., etc.; hay que ponerlo todo en marcha a fin de avivar el intercambio entre la industria y la agricultura, cueste lo que cueste. Quien obtenga en este terreno los mayores resultados, aunque sea mediante el capitalismo privado, incluso aunque no sea por las cooperativas, sin transformar directamente este capitalismo en capitalismo de Estado, 627 rendirá más provecho a la construcción socialista de toda Rusia que quien ``medite'' en la pureza del comunismo, escriba instrucciones y reglas para el capitalismo de Estado y las cooperativas, pero no impulse de hecho el intercambio.
Eso podrá parecer una paradoja: ¿el capitalismo privado en el papel de auxiliar del socialismo?
Pero no es ninguna paradoja, sino un hecho de carácter económico absolutamente incontrovertible. Como se trata de un país de pequeños campesinos, con un transporte desastroso en particular, de un país que ha salido de la guerra y el bloqueo y cuya dirección política corre a cargo del proletariado, el cual tiene en sus manos el transporte y la gran industria, de estas premisas se deduce de manera absolutamente necesaria la importancia primordial que tiene en estos momentos, primero, el intercambio local, y, segundo, la posibilidad de que el capitalismo privado preste ayuda al socialismo (sin hablar ya del capitalismo de Estado).
Discutamos menos en torno a las palabras. Hasta hoy seguimos pecando en demasía a este respecto. Variemos más la experiencia práctica y estudiémosla mejor. Suele haber circunstancias en las que la organización ejemplar del trabajo local, aunque sea a escala muy reducida, tiene una importancia estatal mucho mayor que numerosas ramas de la administración pública en el centro. Y entre nosotros, justamente en estos momentos, con relación a la economía campesina, en general, y al intercambio de los excedentes de la producción agrícola por artículos industriales, en particular, las circunstancias son éstas precisamente. La organización ejemplar del trabajo, en el sentido indicado, aunque sea en un solo subdistrito, tiene una importancia general para el interés público mucho mayor que la mejora ``ejemplar'' del cuerpo administrativo central de tal o cual Comisariado del Pueblo. Pues, en tres años y medio, nuestro cuerpo administrativo central se ha formado ya hasta el punto de llegar a adquirir cierta rutina nociva en el país; no podemos mejorarlo considerablemente ni con rapidez, no sabemos cómo hacerlo. La ayuda para mejorarlo de un modo más radical, para infundirle fuerzas frescas, para combatir con éxito la burocracia, para superar la rutina nociva debí partir de los lugares, de la base, de la organización ejemplar de un ``conjunto'' pequeño, pero precisamente ``conjunto'', es decir, no de una sola explotación, no de un solo sector de la economía, de una sola empresa, sino de la suma de todas las relaciones económicas, de la suma de todo el intercambio económico, aunque sea en un lugar pequeño.
Los que estamos condenados a permanecer en el trabajo central, seguiremos mejorando el cuerpo administrativo y 628 depurándolo de burocracia, aunque sea a modesta escala, en la medida de lo directamente posible. Pero la ayuda principal en este sentido viene y vendrá de los lugares. En general, en los lugares---por lo que he podido observar---las cosas están mejor que en el centro; y esto es comprensible, ya que el mal de la burocracia, como es natural, se concentra en el centro; en este sentido, Moscú no puede menos de ser la peor ciudad y, en general, el peor ``lugar'' de la república. En los lugares, las desviaciones del término medio se dan en ambos sentidos; las desviaciones en el peor sentido son más raras que en el mejor. Las desviaciones hacia el peor lado son los abusos de los viejos funcionarios, terratenientes, burgueses y demás canalla, que se han arrimado a los comunistas y cometen a veces repugnantes arbitrariedades y vilezas, ultrajando a los campesinos. La depuración ahí debe ser terrorista: procesar y fusilar en el acto sin contemplaciones. Que los Mártov, Chernov y los pequeños burgueses sin partido, semejantes a ellos, se den golpes de pecho y exclamen: "¡Alabado seas, Señor, porque no me parezco a ``ellos'', pues no he aceptado jamás ni acepto el método del terror!" Estos necios "no aceptan el terror'', ya que eligieron para sí el papel de auxiliares lacayunos de los guardias blancos, en lo que se refiere al embaucamiento de los obreros y los campesinos. Los eseristas y los mencheviques "no aceptan el terror'', ya que cumplen su misión de colocar bajo el terrorismo de los guardias blancos a las masas encuadradas bajo la bandera del ``socialismo''. Así lo han demostrado la kerenskiada y la korniloviada en Rusia, la kolchakiada en Siberia, el menchevismo en Georgia; así lo han demostrado los héroes de la II Internacional y de la Internacional "II y media" en Finlandia, Hungría, Austria, Alemania, Italia, Inglaterra, etc. Que los lacayunos del terror de los guardias blancos sigan ufanándose de negar todo terrorismo. Nosotros diremos la dura, pero indudable verdad: en los países que viven una crisis inaudita, una desintegración de las viejas relaciones, una exacerbación de la lucha entre las clases después de la guerra imperialista de 1914--1918---tal es el caso en todos los países del mundo---, no se puede pasar sin el terror, a despecho de los hipócritas y charlatanes. O terror blanco burgués, al estilo norteamericano, inglés (Irlanda), italiano (fascista), alemán, húngaro y otros, o terror rojo, proletario. No hay término medio, ``tercer'' camino no lo hay ni puede haberlo.
Las desviaciones hacia el mejor lado significan: lucha venturosa contra la burocracia, solicitud con las demandas de los obreros y campesinos, gran preocupación por elevar la economía, aumento de la productividad del trabajo y desarrollo del intercambio local entre la agricultura y la industria. Estas desviaciones hacia el mejor 629 lado, aunque son más frecuentes que hacia el lado peor, son, sin embargo, raras. Pero existen. Por doquier transcurre a escala local el proceso de formación de nuevas fuerzas comunistas, jóvenes, frescas, templadas en la guerra civil y en las privaciones. Aún estamos muy lejos, lejísimos, de hacer lo suficiente para promover con regularidad y constancia estas fuerzas de abajo arriba. Es posible y necesario hacerlo de modo más amplio y perseverante. Se puede y debe sacar a algunos dirigentes del trabajo central y colocarlos en el plano local: como dirigentes de distrito y subdistrito, creando allí una organización ejemplar de toda la labor económica en su conjunto, estos dirigentes serán de inmensa utilidad y harán una obra mucho más importante para todo el país que cualquier función central. La organización ejemplar de este trabajo serviría de plantel de dirigentes y ejemplo digno de ser imitado y relativamente fácil de imitar, y nosotros, desde el centro, sabremos contribuir a que esta "imitación" de la obra ejemplar se haga a vasta escala y llegue a ser obligatoria.
Para desarrollar el ``intercambio'' entre la agricultura y la industria con los excedentes restantes del pago del impuesto en especie y con los artículos de la pequeña industria, sobre todo de la domiciliaria, es indispensable, por su misma esencia, una iniciativa local independiente, experta e inteligente; por eso, en las circunstancias actuales, la organización ejemplar del trabajo de un distrito o de un subdistrito adquiere una importancia verdaderamente extraordinaria desde el punto de vista de los intereses generales del Estado. En el terreno militar, por ejemplo, durante la última guerra con Polonia, no temimos saltarnos las jerarquías burocráticas ni ``degradar'', o sea, trasladar a los miembros del Consejo Militar Revolucionario de la república (respetándoles su alto cargo central) a puestos inferiores. ¿Por qué no enviar ahora a algunos miembros del Comité Ejecutivo Central de toda Rusia, o a los miembros de los consejos de dirección de los comisariados, o a otros camaradas que ocupan importantes puestos de responsabilidad, a trabajar incluso en los distritos, incluso en los subdistritos? Creo que no nos hemos ``burocratizado'' en realidad hasta el punto de "tener reparos" de semejante procedimiento. Y saldrán de entre nosotros decenas de dirigentes del centro que aceptarán gustosos ese traslado. La organización de la economía de toda la república ganaría muchísimo con ello, y los subdistritos o distritos ejemplares desempeñarían un papel, no ya grande, sino realmente decisivo, un papel histórico.
Dicho sea de paso, como circunstancia pequeña, pero, sin embargo, circunstancia importante, es necesario destacar el cambio indispensable en la manera de plantearse, en principio, el 630 problema de la lucha contra la especulación. Debemos apoyar, nos conviene desarrollar el comercio ``correcto'' que no elude el control estatal. Pero la especulación no puede distinguirse del comercio ``correcto'', si se la toma como un concepto de la economía política. La libertad de comercio es capitalismo, y el capitalismo es especulación: sería ridículo no quererlo ver.
¿Cómo proceder, entonces? ¿Declarar impune la especulación?
No. Es necesario revisar y reformar todas las leyes sobre la especulación, declarando punible (persiguiendo, de hecho, con triple rigor que antes) todo hurto y toda elusión, directa o indirecta, abierta o encubierta, del control, de la vigilancia y de la contabilidad estatal. Precisamente con semejante modo de plantear el problema (en el Consejo de Comisarios del Pueblo ya se ha comenzado esta labor, es decir, el Consejo de Comisarios del Pueblo ha dado ya orden de comenzar la revisión de las leyes sobre la especulación) conseguiremos que el desarrollo del capitalismo, en cierta medida inevitable e indispensable para nosotros, vaya por el cauce del capitalismo de Estado.
Me resta solamente hablar, aunque sea brevemente, de la situación política, tal como se ha formado y ha cambiado debido a las condiciones económicas descritas más arriba.
Ya queda dicho que los rasgos principales de nuestra economía en 1921 siguen siendo los mismos que en 1918. La primavera de 1921 nos ha traído---principalmente a causa de la mala cosecha y de la mortandad del ganado---una agravación extrema de la situación de los campesinos, que ya de por sí era dificilísima a causa de la guerra y el bloqueo. Resultado de esta agravación han sido las vacilaciones políticas, que constituyen, hablando en general, la ``naturaleza'' misma del pequeño productor. La manifestación más palmaria de estas vacilaciones ha sido la sublevación de Cronstadt.
Lo más característico de los acontecimientos de Cronstadt son precisamente las vacilaciones del elemento pequeñoburgués. Había muy poco de formado, claro y definido por completo. Nebulosas consignas de ``libertad'', "libertad de comercio'', "emancipación'', "Soviets sin bolcheviques" o nuevas elecciones a los Soviets, o liberación de la "dictadura del partido'', etc., etc. Tanto los mencheviques como los eseristas declaran ``suyo'' el movimiento de Cronstadt. Víctor Chernov envía un mensajero a Cronstadt; por la ``Constituyente'' vota en Cronstadt, a propuesta de dicho mensajero, el menchevique Valk, uno de los dirigentes de la sublevación 631 de Cronstadt. Todos los elementos de los guardias blancos se movilizan instantáneamente "a favor de Cronstadt" con rapidez que puede calificarse de radiotelegráfica. Los guardias blancos entre los militares profesionales de Cronstadt, toda una serie de especialistas, no sólo Kozlovski, están haciendo un plan de desembarco de tropas en Oranienbaum, plan que asusta a la masa vacilante de los mencheviques, eseristas y sin partido. Más de medio centenar de periódicos de los guardias blancos que se editan en el extranjero en lengua rusa despliegan una furibunda campaña "a favor de Cronstadt". Los grandes bancos, todas las fuerzas del capital financiero abren suscripciones de ayuda a Cronstadt. El democonstitucionalista Miliukov, inteligente líder de la burguesía y de los terratenientes, explica pacientemente de un modo directo al imbécil de Víctor Chernov (y a los mencheviques Dan y Rozhkov, encarcelados en Petrogrado, por estar comprometidos en los acontecimientos de Cronstadt, de un modo indirecto), que no hay por qué apresurarse con la Constituyente, que se puede y debe manifestarse a favor del Poder soviético, pero sin bolcheviques.
Claro está que no es difícil tener más inteligencia que tontos tan fatuos como Chernov, héroe de la frase pequeñoburguesa, o como Mártov, caballero del reformismo pequeñoburgués que él quiere hacer pasar por marxismo. Y no me refiero, propiamente, a que Miliukov, como figura política, sea más inteligente que ellos, sino a que un líder del partido de la gran burguesía, a causa de su situación de clase, ve con mayor claridad, comprende mejor la esencia de clase del asunto y las relaciones políticas que los líderes de la pequeña burguesía, como los Chernos y Mártov. Ya que la burguesía constituye en realidad una fuerza de clase que domina inevitablemente en el capitalismo, tanto con monarquía como con la república más democrática, gozando también inevitablemente del apoyo de la burguesía mundial. En tanto que la pequeña burguesía, es decir, todos los "héroes" de la II Internacional y de la Internacional "II y media'', no puede ser otra cosa, por la esencia económica del problema, que la demostración de la impotencia de clase: de ahí las vacilaciones, las frases, la ineptitud. En 1789 los pequeños burgueses podían ser todavía grandes revolucionarios; en 1848 eran ridículos y deplorables; en 1917--1921 son ya repugnantes acólitos de la reacción, sus francos lacayos por el verdadero papel que desempeñan, llámense Chernov y Mártov o Kautsky, MacDonald, etc., etc.
Cuando Mártov declara en su revista de Berlín que Cronstadt no sólo propugnaba consignas mencheviques, sino que dio pruebas de que es posible la existencia de un movimiento antibolchevique que no sirva íntegramente a los guardias blancos, a los capitalistas 632 y terratenientes, representa precisamente un modelo de fatuo Narciso pequeñoburgués. ¡Cerremos simplemente los ojos para no ver que todos los verdaderos guardias blancos saludaron a los amotinados de Cronstadt y recolectaron, por intermedio de los bancos, fondos para ayudar a Cronstadt! Miliukov tiene razón si se le compara con los Chernov y Mártov, ya que revela la vertid/lera táctica de la verdadero fuer/a de los guardias Illancos, de la fuerza de los capitalistas y terratenientes: ¡Apoyemos a cualquiera, incluso a los anarquistas, a cualquier Poder soviético, con tal de derrocar a los bolcheviques, ion tal de desplazarlos del poder'. Lo mismo da que se los desplace hacia la derecha como hacia la izquierda, hacia los mencheviques como hacia los anarquistas, con tal de que los bolcheviques se queden fuera del poder; del resto nos encargaremos "nosotros mismos'', los Miliukov, ``nosotros'', los capitalistas y terratenientes, echando a guantadas a los anarquistoides, a los Chernov y Mártov, tal como lo hicimos en Siberia con Chernov y Maiski, en Hungría con los Chernov y Mártov húngaros, como lo hicimos en Alemania con Kautsky y en Viena con los F. Adler y Cía. La verdadera burguesía de acción ha embaucado a centenares de estos Narcisos pequeñoburgueses---mencheviques, eseristas, sin partido---y los ha echado luego a puntapiés en todas las revoluciones decenas de veces y en todos los países del mundo. Esto lo ha demostrado la historia y lo han comprobado los hechos. Los Narcisos seguirán hablando. Los Miliukov y los guardias blancos seguirán obrando.
``Con tal de quitar el poder a los bolcheviques, tanto da ir un poco a la derecha como un poco a la izquierda, lo demás ya vendrá''; en esto Miliukov tiene toda la razón. Esta es una verdad de clase confirmada por toda la historia de las revoluciones de todos los países, por una época de muchos siglos de la historia de la edad moderna, tras el medievo. AI pequeño productor disperso, al campesino, los une en los aspectos económico y político la burguesía (así ha sucedido siempre bajo el capitalismo en todos los países, en todas las revoluciones de la edad moderna y así sucederá siempre bajo el capitalismo), o el proletariado (así ha sucedido, en forma embrionaria, en los momentos culminantes de algunas de las más grandes revoluciones de la historia de la edad moderna durante un período muy breve; así sucedió en Rusia en 1917--1921 en forma más desarrollada). De un ``tercer'' camino, de una "tercera fuerza" sólo pueden charlar y soñar los fatuos Narcisos.
Con inmenso trabajo, en lucha desesperada forjaron los bolcheviques una vanguardia del proletariado capaz de gobernar; crearon y defendieron la dictadura del proletariado; v la 633 correlación cíe fuerzas de clase en Rusia se hizo más clara que la luz del día, después de la comprobación por la experiencia, por la práctica de cuatro años: la vanguardia de acero templado de la única clase revolucionaria, el elemento vacilante de la pequeña burguesía y los Miliukov, los capitalistas y terratenientes emboscados al otro lado de la frontera, que gozan del apoyo de la burguesía mundial. La cuestión es de una claridad meridiana. Toda "sustitución en el poder" la aprovecharán y pueden aprovecharla solamente ellos.
En el antecitado folleto de 1918 se decía abiertamente de esto: "el enemigo principal" es el "elemento pequeñoburgués''. "O sometemos a ese pequeño burgués a nuestro control y a nuestra contabilidad, o él echará abajo nuestro poder obrero de manera inevitable e indefectible, de la misma manera que acabaron con la revolución los Napoleones y los Cavaignac, que brotan precisamente sobre ese terreno de pequeños propietarios. Así está planteado el problema. Y sólo así.'' (Del folleto del 5 de mayo de 1918, véase más arriba~^^*^^.)
Nuestra fuerza consiste en la completa claridad y sobriedad en el cálculo de todos los valores electivos de clase, tanto rusos como internacionales, y después en la energía de hierro, la firmeza, la decisión y la abnegación en la lucha que provienen de ello. Tenernos muchos enemigos, pero están desunidos, o no saben lo que quieren (como todos los pequeños burgueses, todos los Mártov y Chernov, tcxlos los sin partido, todos los anarquistas). Nosotros estamos unidos directamente entre nosotros e indirectamente con los proletarios de todos los países, sabemos lo que queremos, y por lo mismo somos invencibles a escala mundial, aunque esto no excluye, en absoluto, la posibilidad de que sean derrotadas por más o menos tiempo algunas revoluciones proletarias.
El elemento pequeñoburgués por algo se llama elemento, puesto que se trata, realmente, de algo de lo más amorfo, indefinido e inconsciente. Los Narcisos de la pequeña burguesía piensan que el "sufragio universal" acaba con la naturaleza del pequeño productor bajo el capitalismo, mientras eme, en realidad, dicho sufragio ayuda a la burguesía, con el apoyo de la Iglesia, de la prensa, del magisterio, de la policía, de los militares y de la opresión económica ejercida en miles de formas, le ayuda a someter a los pequeños productores dispersos. La ruina, la miseria, la gravedad de la situación originan las vacilaciones: hoy a favor de la burguesía y mañana a favor del proletariado. Únicamente la templada vanguardia del proletariado es capaz de mantenerse y resistir las vacilaciones.
_-_-_^^*^^ Véase la presente edición, t. 2, pág. 71H.(,V. de la Edil.)
634Los acontecimientos de la primavera de 1921 han demostrado una vez más el papel que desempeñan los eseristas y los mencheviques: ayudan al elemento pequeñoburgués vacilante a apartarse de los bolcheviques, a hacer "sustituciones en el poder" a favor de los capitalistas y terratenientes. Los mencheviques y los eseristas han aprendido ahora a disfrazarse de gente "sin partido". Está demostrado por completo. Y ahora, únicamente los tontos pueden no verlo, pueden no comprender que no vamos a permitir que se nos embauque. Las conferencias de los sin partido no son un fetiche. Son valiosas si ofrecen la posibilidad de granjearnos la simpatía de la masa que aún no se encuentra bajo la influencia de ninguna propaganda, de los millones de trabajadores que se mantienen al margen de la política; pero son nocivas si proporcionan una plataforma a los mencheviques y eseristas, disfrazados de gente "sin partido''. Esos elementos favorecen los motines, ayudan a los guardias blancos. El lugar de los mencheviques y eseristas, declarados o disfrazados de gente sin partido, está en la cárcel (o en los periódicos del extranjero, al lado de los guardias blancos; hemos dejado con mucho gusto a Mártov salir al extranjero), pero no en la conferencia de los sin partido. Se pueden y deben encontrar otros métodos para comprobar el estado de ánimo de las masas y granjearnos su simpatía. Que se vayan al extranjero los que quieran jugar al parlamentarismo, a la Constituyente, a las conferencias de los sin partido; que hagan el favor de marcharse con Mártov, de comprobar las bellezas de la ``democracia''; tened la bondad de preguntar a los soldados de Wrangel por estas bellezas. Pero nosotros no tenemos tiempo para jugar a las ``oposiciones'' en las ``conferencias''. Estamos rodeados por la burguesía mundial, que acecha cada instante de vacilación para propiciar la vuelta de los ``suyos'', para restaurar a los terratenientes y a la burguesía. Meteremos en la cárcel a los mencheviques y eseristas, tanto da que sean declarados como que se hayan disfrazado de gente "sin partido".
Vamos a estrechar por todos los medios las relaciones con la masa trabajadora no influida por la política, a excepción de los medios que ofrecen campo libre a los mencheviques y socialistasrevolucionarios, que ofrecen campo libre a las vacilaciones ventajosas para Miliukov. Destacaremos con especial celo para los trabajos de los Soviets, sobre todo para los relacionados con la economía, a centenares y centenares de personas sin partido, de verdaderos representantes de la masa sin filiación política, de simples obreros y campesinos de la base, y no a los que se han ``disfrazado'' de gente sin partido con objeto de repetir de carrerilla lo que contienen los mandatos mencheviques y eseristas, tan ventajosos 635 para Miliukov. Entre nosotros trabajan centenares y miles de personas sin partido, entre las cuales hay decenas que desempeñan cargos de gran importancia y responsabilidad. Es necesario controlar más su trabajo. Es necesario destacar para nuevas pruebas a otros miles y miles de simples trabajadores del común de las gentes, a los que hay que probar periódica y constantemente, elevando a centenares de ellos, comprobados en la práctica, a cargos más altos.
Los comunistas siguen sin comprender bien hasta la fecha sus verdaderas tareas de dirección: no hay que empeñarse en hacerlo ``todo'' uno ``mismo'', echando los bofes y sin poder conseguirlo, emprendiendo veinte asuntos y no acabando ninguno, sino que hay que controlar el trabajo de decenas y centenares de ayudantes, hay que organizar el control de su trabajo desde abajo, es decir, por la verdadera masa; es necesario orientar el trabajo y aprender de los que saben (los especialistas) y tienen experiencia de organizar grandes empresas (los capitalistas). Un comunista inteligente no teme aprender de un militar profesional, aunque las nueve décimas partes de estos militares profesionales sean capaces de traicionarnos en la primera ocasión. Un comunista inteligente no teme aprender de un capitalista (tanto da que se trate de un gran capitalista concesionario como de un comisionista o de un pequeño capitalista, socio de una cooperativa, etc.), aunque el capitalista no es mejor que el militar profesional. En el Ejército Rojo se ha aprendido a capturar a los traidores entre los militares profesionales, destacando a los honrados y a los que trabajan a conciencia, aprovechando así, en general, a miles y decenas de miles de militares profesionales. Estamos aprendiendo a hacer lo mismo (en forma peculiar) con los ingenieros, con los maestros, aunque lo hacemos de un modo mucho peor que en el Ejército Rojo (allí Denikin y Kolchak nos apresuraban de verdad, obligándonos a aprender cuanto antes, con la mayor aplicación e inteligencia). Aprenderemos a hacer lo mismo (también en forma peculiar) con los comisionistas, con los agentes de compras que trabajan para el Estado, con los pequeños capitalistas socios de cooperativas, con los industriales concesionarios, etc.
La masa de obreros y campesinos necesita mejorar sin demora su situación. Designando para el trabajo útil a fuerzas nuevas, entre ellas a gente sin partido, lo conseguiremos. El impuesto en especie y la serie de medidas relacionadas con él nos ayudarán a realizarlo. Cortaremos con ello la raíz económica de las inevitables vacilaciones del pequeño productor. Y las vacilaciones políticas, útiles solamente para Miliukov, las combatiremos sin piedad. Los vacilantes son muchos. Nosotros somos pocos. Los vacilantes están 636 desunidos. Nosotros estamos unidos. Los vacilantes no tienen independencia económica. El proletariado la tiene. Los vacilantes no saben lo que quieren: los ojos se abalanzan, los pies se cansan, y Miliukov prohibe que las manos lo alcancen. Pero nosotros sabemos lo que queremos. Y por eso venceremos.
Resumamos.
El impuesto en especie es la transición del comunismo de guerra a un intercambio socialista de productos adecuado.
La extrema ruina, agravada por la mala cosecha de 1920, hacía que este paso fuese necesario con toda urgencia, en vista de la imposibilidad de restablecer con rapidez la gran industria.
De ahí que se deba mejorar primero la situación de los campesinos. Medios para ello: el impuesto en especie, desenvolvimiento del intercambio entre la agricultura y la industria, desarrollo de la pequeña industria.
El intercambio significa libertad de comercio, es capitalismo. Este nos será útil en la medida en que nos ayude a combatir la dispersión del pequeño productor y, en cierto grado, la burocracia. La medida la dará la práctica, la experiencia. Mientras el proletariado sostenga firmemente el poder en sus manos, mientras mantenga con firmeza en sus manos los medios de transporte y la gran industria, el poder proletario no tiene en ello nada que temer.
La lucha contra la especulación debe ser transformada en lucha contra los robos y contra el modo de eludir la vigilancia, la contabilidad y el control del Estado. Con este control llevaremos el capitalismo, en cierto grado imprescindible e indispensable para nosotros, al cauce del capitalismo de Estado.
Desarrollar en todos los sentidos, por todos los medios y cueste lo que cueste la iniciativa y la autogestión locales en materia de estímulo del intercambio entre la agricultura y la industria. Estudiar la experiencia práctica en este sentido y conseguir la mayor variedad posible de la misma.
Apoyar a la pequeña industria que atiende a la agricultura campesina y le ayuda a alzarse. Ayudarle en cierto grado, incluso con la entrega de materias primas del Estado. Lo más criminal es dejar materias primas sin aprovechar.
No temer que los comunistas ``aprendan'' de los especialistas burgueses, incluso de los comerciantes, de los pequeños capitalistas asociados en cooperativas, de los capitalistas en general. Aprender 637 de ellos en forma distinta, pero en esencia del mismo modo que se aprendía y se llegó a aprender de los militares profesionales. Contrastar los resultados de la "enseñanza" únicamente con la experiencia práctica: hacedlo mejor que lo hacían a vuestro lado los especialistas burgueses; sabed alcanzar de una u otra manera el ascenso de la agricultura, el incremento de la industria, el desarrollo del intercambio entre la agricultura y la industria. No escatiméis el pago "por la enseñanza": no da pena pagar caro por la enseñanza con tal de que ésta sea provechosa.
Ayudar por lodos los medios a la masa de los trabajadores, granjearse su simpatía, destacar de su seno a centenares y miles de trabajadores sin partido para administrar la economía. Y a los "sin partido'', que en la práctica no son sino mencheviques y eseristas disfrazados con el traje de moda, o sea, con el de los sin partido de Cronstadt, hay que tenerlos a buen recaudo en las cárceles o enviarlos a Berlín, donde está Mártov, para que gocen a sus anchas de todas las bellezas de la democracia pura, para que intercambien libremente sus opiniones con Chernov, con Miliukov, con los mencheviques georgianos.
21 de abril de 1921.
Publicada en mayo de 1921, en folíelo uparle, por la Editorial del Estado, en Moscú.
I'. 43, págs. 205--245.
[638] __ALPHA_LVL1__ X CONFERENCIA DE TODA RUSIACamaradas:
Creo que puedo limitarme a las palabras más breves. Como sabéis, hemos reunido urgentemente esta conferencia, proponiéndonos el fin principal de lograr completa claridad entre el centro y cada localidad, entre los funcionarios del partido y todos los de la administración soviética con respecto a la política económica. Creo que la conferencia ha cumplido indiscutiblemente esta tarea. Los camaradas han señalado aquí varias veces que el camarada Osinski ha expresado con plena justedad el estado de ánimo de muchos e incluso, probablemente, de la mayoría de los funcionarios del partido de las localidades al decir que es preciso disipar todas las dudas acerca de que la política estipulada por el X Congreso del partido y reforzada posteriormente con decretos y disposiciones es considerada indiscutiblemente por el partido como una política que se ha de aplicar en serio y durante largo tiempo. Esto es lo que ha expresado la conferencia con toda insistencia y ha completado con toda una serie de puntos. Luego que los camaradas se marchen a sus lugares no quedará ni asomo de posibilidad de que se interprete incorrectamente. Claro es que cuando nosotros estipulamos una política que ha de existir largos años, no olvidamos un momento siquiera que la revolución internacional, el ritmo y las condiciones de su desenvolvimiento pueden cambiarlo todo. Actualmente la situación internacional es tal que se ha establecido cierto equilibrio temporal, inestable, pero, así y todo, equilibrio; un equilibrio de tal tipo que las potencias imperialistas, pese a todo su odio y a su deseo de arrojarse contra la Rusia Soviética, han renunciado a esa idea porque la descomposición del mundo capitalista avanza progresivamente, su unidad disminuye sin cesar, y el empuje de las fuerzas de los pueblos 639 coloniales oprimidos, que suman más de mil millones de habitantes, se acrecienta cada año, cada mes, cada semana incluso. Pero no podemos hacer conjeturas a este respecto. Como más influimos ahora en la revolución mundial es con nuestra política económica. Podemos decir sin incurrir en la menor exageración que todos miran a la República Soviética de Rusia, todos los trabajadores de todos los países del mundo, sin excepción alguna. Esto lo hemos conseguido. Los capitalistas no pueden callar ni ocultar nada; por eso, de lo que más se preocupan es de captar nuestros errores económicos y nuestra debilidad. En este terreno la lucha se lleva ya en escala mundial. Si cumplimos esta tarea ganaremos en escala internacional de seguro y definitivamente. Por eso, las cuestiones de la edificación económica adquieren para nosotros una importancia excepcional. En este frente debemos alcanzar la victoria con una elevación y avance lentos y paulatinos---de prisa no se puede---, pero tenaces. Y me parece que como resultado de la labor de nuestra conferencia hemos alcanzado indiscutiblemente, y en todo caso, este fin. (Aplausos.)
Publicado el 2 de junio de ¡921 en el núm. líi> de ``Pravda''.
T. 43, págs. 340--341.
[640] __ALPHA_LVL1__ III CONGRESOCaracteriza actualmente la situación internacional de la República Socialista Federal iva Soviética de Rusia cierto equilibrio, que, aun siendo en extremo inestable, ha creado, sin embargo, una coyuntura peculiar en la política mundial.
Esla peculiaridad consiste en lo siguiente: por una parte, la burguesía internacional, llena de odio y hostilidad rabiosos contra la Rusia Soviética, está dispuesta a lanzarse en todo momento sobre ella y estrangularla. Por otra parte, todas las tentativas de intervención militar, que le han costado a esa burguesía centenares de millones de francos, han terminado en un completo fracaso, a pesar de que el Poder soviético era entonces mas débil que ahora y los terratenientes y capitalistas rusos tenían ejércitos enteros en el territorio de la RSFSR. En todos los países capitalistas se ha acentuado extraordinariamente la oposición a la guerra contra la Rusia Soviética, oposición que nutre el movimiento revolucionario del proletariado y se extiende a masas muy grandes de la democracia pequeñoburguesa. La divergencia de intereses entre los distintos países imperialistas se recrudece más cada día. El movimiento revolucionario crece con pujanza formidable entre los centenares de millones de hombres que forman los pueblos oprimidos de Oriente. Como consecuencia de todas estas condiciones, el imperialismo internacional, a pesar de ser mucho más fuerte que la Rusia Soviética, rio ha podido estrangularla y se ha visto obligado a reconocerla por algún tiempo o reconocerla a medias, a concertar con ella tratados comerciales.
641Ha resultado un equilibrio extremadamente precario, extremadamente inestable, pero equilibrio al fin y al cabo que hace posible, claro que no por mucho tiempo, la existencia de la república socialista en el cerco capitalista.
Con semejante estado de cosas, la correlación de las fuer/as de las clases a escala internacional es como sigue:
La burguesía internacional, privada de la posibilidad de hacer abiertamente la guerra a la Rusia Soviética, se mantiene a la expectativa, acechando el momento en que las circunstancias le permitan reanudar esta guerra.
El proletariado de los países capitalistas avanzados ha formado ya en todas partes su vanguardia, los partidos comunistas, eme se desarrollan, marchando con firmeza a la conquista de la mayoría del proletariado en cada país, destruyendo la influencia de los viejos burócratas tradeunionistas y de la capa superior de la clase obrera de América y Europa, corrompida por los privilegios imperialistas.
La democracia pequeñoburguesa de los países capitalistas, representada en su sector avanzado por la II Internacional y por la Internacional II y media, constituye en la actualidad el pilarprincipal del capitalismo, porque sigue influyendo en la mayoría o en una parte considerable de los obreros y empleados de la industria y del comercio, que temen perder, en caso de revolución, su relativo bienestar pequeñoburgués, creado por los privilegios del imperialismo. Pero la creciente crisis económica agrava en todas partes la situación de las grandes masas, cosa que, sumada al hecho cada ve/, más evidente de que son inevitables nuevas guerras imperialistas si se mantiene el capitalismo, hace que sea cada vez más inseguro el pilar de que venimos hablando.
Las masas trabajadoras de las colonias y semicolonias, que constituyen la inmensa mayoría de la población del globo, fueron despertadas ya a la vida política desde principios del siglo XX, sobre todo por las revoluciones de Rusia, Turquía, Persia y China. La guerra imperialista de 1914--1918 y el Poder soviético en Rusia hacen definitivamente de estas masas un factor activo de la política mundial y de la destrucción revolucionaria del imperialismo, aunque los filisteos instruidos de Europa y América, incluidos los líderes de la II Internacional y de la Internacional II y media, siguen obstinados en no verlo. Encabe/a estos países la India
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642 Británica, donde la revolución asciende con tanta mayor rapidez cuanto más importancia adquiere en ella, por una parte, el proletariado industrial y ferroviario y cuanto más bestial es, por otra, el terror de los ingleses, que recurren con mayor frecuencia cada día a matanzas en masa (Amritsar)"'"', a penas de azotes en público, etc.La situación política interior de la Rusia Soviética se caracteriza por el hecho de que, por primera vez en la historia universal, vemos que en Rusia sólo existen desde hace algunos años dos clases: el proletariado, educado a lo largo de decenios por una gran industria mecanizada moderna, a pesar de ser muy joven, y los pequeños campesinos, que constituyen la inmensa mayoría de la población.
Los grandes terratenientes y los capitalistas no han desaparecido en Rusia, pero han sido expropiados totalmente y han quedado derrotados por completo en el terreno político como clase, cuyos restos han ido a esconderse entre los funcionarios públicos del Poder soviético. Han conservado su organización de clase en el extranjero como emigración, que asciende probablemente a millón y medio o dos millones de personas y tiene más de cincuenta diarios de todos los partidos burgueses y ``socialistas'' (es decir, pequeñoburgueses), restos del ejército y numerosos vínculos con la burguesía internacional. Esta emigración se afana con todas sus fuerzas y todos los medios por derribar el Poder soviético y restaurar el capitalismo en Rusia.
Dada esta situación interior de Rusia, la tarea principal de su proletariado, como clase dominante, consiste en este momento en determinar y poner en práctica con acierto las medidas necesarias para dirigir a los campesinos, para entablar una firme alianza con ellos, para realizar una larga serie de transiciones graduales que conduzcan a la gran agricultura socializada y mecanizada. Esta tarea ofrece en Rusia dificultades especiales, tanto por el atraso de nuestro país como por la extremada ruina en que se encuentra luego de siete años de guerra imperialista y guerra civil. Pero aun prescindiendo de tal particularidad, esta tarea es de las más 643 difíciles que la construcción socialista planteará a todos los países capitalistas, exceptuando, quizá, sólo a Inglaterra. Sin embargo, tampoco por lo que toca a Inglaterra se debe olvidar que, si bien es en ella muy poco numerosa la clase de los pequeños agricultores arrendatarios, en cambio es elevadísimo el porcentaje de obreros y empleados que viven como pequeños burgueses debido a la esclavitud que de hecho sufren centenares de millones de habitantes en las colonias ``pertenecientes'' a Inglaterra.
Por eso, desde el punto de vista del desarrollo de la revolución proletaria mundial, como proceso único, la importancia de la época por la que atraviesa Rusia reside en que ésta ponga prácticamente a prueba y compruebe la política que el proletariado, dueño del poder estatal, aplica con respecto a la masa pequeñoburguesa.
La base de unas relaciones adecuadas entre el proletariado y los campesinos en la Rusia Soviética ha sido creada por la época de 1917--1921, cuando la invasión de los capitalistas y terratenientes, apoyados por toda la burguesía mundial y por todos los partidos de la democracia pequeñoburguesa (eseristas y mencheviques), formó, templó y selló la alianza militar del proletariado y los campesinos en defensa del Poder soviético. La guerra civil es la forma más enconada de la lucha entre las clases, y cuanto más sañuda es esta lucha, con tanta mayor rapidez arden en su fuego todas las ilusiones y prejuicios pequeñoburgueses, con tanta mayor evidencia enseña la misma práctica, aun a los sectores más atrasados de los campesinos, que sólo la dictadura del proletariado puede salvarlos, que los eseristas y los mencheviques no son de hecho más que lacayos de los terratenientes y capitalistas.
Pero si la alianza militar entre el proletariado y los campesinos fue---y no pudo menos de serlo---la primera forma de una alianza sólida entre ellos, no hubiera podido mantenerse ni siquiera unas semanas sin cierta alianza económica entre las clases mencionadas. Los campesinos obtuvieron del Estado obrero toda la tierra y protección contra los terratenientes y los kulaks; los obreros obtuvieron de los campesinos víveres a crédito hasta que se restableciera la gran industria.
644Desde el punto de vista del socialismo, la alianza entre los pequeños campesinos y el proletariado sólo puede ser del todo adecuada y firme cuando el transporte y la gran industria, completamente restablecidos, permitan al proletariado suministrar a los campesinos, a cambio de víveres, todos los artículos que necesiten para sí y para mejorar su hacienda. La espantosa ruina del país impedía hacerlo en seguida. El sistema de contingentado!! fue la medida más asequible, para un Estado insuficientemente organizado, con el fin de sostenerse en una guerra de inauditas dificultades contra los terratenientes. La mala cosecha y la falta de piensos en 1920 recrudecieron de un modo particular la grave penuria que ya sufrían los campesinos, haciendo absolutamente indispensable el paso inmediato al impuesto en especie.
Un impuesto en especie moderado mejora inmediata y considerablemente la situación de los campesinos, interesándolos al mismo tiempo en ampliar los sembrados y perfeccionar la agricultura.
El impuesto en especie es el paso de la requisa de todos los excedentes de trigo del campesino a un intercambio socialista adecuado de productos entre la industria y la agricultura.
El impuesto en especie, naturalmente, significa que el campesino tiene libertad de disponer de los excedentes que le quedan después de pagar el impuesto. Mientras el Estado no pueda ofrecer al campesino productos de la fábrica socialista a cambio de todos estos excedentes, la libertad de comercio con ellos significa inevitablemente libertad de desarrollo del capitalismo.
Sin embargo, dentro de los límites indicados, esto no representa peligro alguno para el socialismo, mientras el transporte y la gran industria sigan en manos del proletariado. Al contrario, el desarrollo del capitalismo, controlado y regulado por el Estado proletario (es decir, del capitalismo "de Estado" en este sentido de la palabra) es ventajoso y necesario (claro que sólo hasta cierto punto) en un país de pequeños campesinos, extraordinariamente arruinado y atrasado, porque puede acelerar un desarrollo 645 inmediato de la agricultura por los campesinos. Con mayor razón puede afirmarse lo mismo de las concesiones: sin desnacionalizar en absoluto, el Estado obrero da en arriendo determinadas minas, bosques, explotaciones de petróleo, etc., a capitalistas extranjeros, para obtener de ellos equipos industriales y máquinas suplementarias que nos permitan apresurar el restablecimiento de la gran industria soviética.
Al pagar a los concesionarios con una parte de productos de gran valor, el Estado obrero abona sin duda un tributo a la burguesía mundial; sin velarlo en lo más mínimo, debemos comprender claramente que nos conviene pagarlo con tal de apresurar el restablecimiento de nuestra gran industria y conseguir una mejora notable de la situación de los obreros y los campesinos.
La política de abastecimiento de la Rusia Soviética de 1917 a 1921 ha sido indudablemente muy tosca, imperfecta, ha dado lugar a muchos abusos. Se cometió una serie de errores al aplicarla. Pero fue en suma la única posible en aquellas condiciones. Y cumplió su misión histórica: salvó la dictadura del proletariado en un país en ruinas y atrasado. Es un hecho indiscutible que esta política fue perfeccionándose poco a poco. Durante el primer año de nuestro pleno ejercicio del poder (del 1° de agosto de 1918 al 1° de agosto de 1919) recogió el Estado 110 millones de puds de grano; en el segundo, 220; en el tercero, más de 285. Ahora, contando ya con una experiencia práctica, nos proponemos y calculamos recoger 400 millones de puds (el volumen del impuesto en especie es de 240 millones de puds). Únicamente siendo dueño efectivo de unas reservas de víveres suficientes, podrá el Estado obrero mantenerse firmemente sobre sus pies en el terreno económico, asegurar una restauración lenta, pero constante, de la gran industria y crear el debido sistema financiero.
La base material del socialismo no puede ser sino la gran industria mecanizada, capaz de reorganizar también la agricultura. Pero no debemos limitarnos a este principio general. Hay que concretarlo. L'na gran industria, a la altura de la técnica moderna 646 y capaz de reorganizar la agricultura, supone la electrificación de todo el país. Teníamos que hacer el trabajo científico de elaborar el plan de electrificación de la RSFSR, y ya lo hemos hecho. Con la colaboración de más de doscientos de los mejores hombres de ciencia, ingenieros y agrónomos de Rusia, esta obra quedó terminada, se imprimió en un grueso volumen y, en conjunto, fue aprobada por el VIII Congreso de los Soviets de toda Rusia en diciembre de 1920. Ahora está preparada ya la convocatoria de un congreso nacional de electrotécnicos, que se celebrará en agosto de 1921 y examinará con detenimiento esta obra, después de lo cual será aprobada definitivamente por el gobierno. Los trabajos de electrificación están calculados para diez años en su primera fase; requerirán unos trescientos setenta millones de jornadas.
Mientras en 1918 teníamos ocho centrales eléctricas de nueva planta (con 4.757 Kw), en 1919 esta cifra se elevó a treinta y seis (con 1.648 Kw), y a cien en 1920 (con 8.699 Kw).
Por muy modesto que sea este comienzo para nuestro inmenso país, lo esencial es que se ha empezado, que se trabaja, y cada vez mejor. Después de la guerra imperialista, después de que un millón de prisioneros en Alemania se han familiarizado con la técnica moderna, avanzada, después de la dura experiencia de tres años de guerra civil, que ha templado al campesino ruso, éste no es ya el de antes. De mes en mes va viendo con mayor claridad y evidencia que sólo la dirección del proletariado puede arrancar a la masa de pequeños agricultores de la esclavitud del capital y llevarlos al socialismo.
La dictadura del proletariado no significa el cese de la lucha ciclas clases, sino su continuación en una forma nueva y con nuevas armas. Mientras subsistan las clases, mientras la burguesía derribada en un país decuplique sus ataques contra el socialismo en el terreno internacional, seguirá siendo indispensable esa dictadura. La clase de los pequeños agricultores no puede menos de pasar en la época de transición por una serie de vacilaciones. Las dificultades en las circunstancias de transición y la influencia de la burguesía provocan inevitablemente, de cuando en cuando, 647 vacilaciones en el estado de ánimo de esta masa. El proletariado, debilitado y hasta cierto punto desclasado por la ruina de su base vital---la gran industria mecanizada---, debe asumir una misión histórica sumamente difícil, la más grande: mantenerse firme frente a estas vacilaciones y llevar a cabo su obra de emancipar el trabajo del yugo del capital.
La expresión política de las vacilaciones de la pequeña burguesía es la política aplicada por los partidos democráticos pequeñoburgueses, es decir, los partidos de la II Internacional y de la Internacional II y media, como son en Rusia el de los eseristas (``socialistas-revolucionarios'') y el de los mencheviques. Como ahora tienen sus jefaturas y sus periódicos en el extranjero, estos partidos actúan de hecho en bloque con toda la contrarrevolución burguesa y son sus fieles servidores.
Los jefes inteligentes de la gran burguesía rusa, y a su frente Miliukov, jefe del partido de los ``democonstitucionalistas'', han apreciado con toda claridad, exactitud y franqueza este papel de la democracia pequeñoburguesa, es decir, de los eseristas y de los mencheviques. Con motivo de la sublevación de Cronstadt, en la que unieron sus fuerzas mencheviques, eseristas y guardias blancos, propugne') Miliukov la consigua de "los Soviets sin bolcheviques" (N° 64 de Pravda, 1921, citando Posliednie = Nóvosti'^^2^^"' de París). Desarrollando esta idea, escribía: "Honor y sitio" a los eseristas y a los mencheviques, porque sobre ellos recae la misión de ser los primeros en relevar a los bolcheviques en el poder. Miliukov, líder de la gran burguesía, tiene muy en cuenta la experiencia de todas las revoluciones, que han demostrado cómo la democracia pequeñoburguesa es incapa/ de conservar el poder, limitándose siempre a encubrir la dictadura de la burguesía, a ser el escalón que conduce al poder omnímodo de esta última.
La revolución proletaria en Rusia vuelve a confirmar esta experiencia de 1789--1794 y 1848--1849, a confirmar las palabras de F. Kngels, quien, en una carta a Bebel, del 11 de diciembre de 1884,' decía:
``...La democracia pura... en momentos de revolución, adquirirá por breve plazo un valor temporal... como última tabla de salvación de toda la economía burguesa e incluso feudal... De igual modo, en 1848, toda la masa burocrático-feuclal apoyó de mar/o a septiembre a los liberales para mantener sujetas a las masas revolucionarias... En todo caso, durante la crisis y al día siguiente de ésta, nuestro único adversario será toda la masa reaccionaria, agrupada alrededor de la democracia pura, y creo que esto en modo alguno puede' perderse de vista (publicado en ruso en el
648 periódico Kominttnistíchi'fiki 7"n«72(W, \° .HfiO, del 9 de ¡unió de 1921, en el artículo del carnarada V. Adoratski: Lo que dicen Marx y Kngels sobre la democracia. En alemán, en el libro de Federico Engels: Testamento Político, Berlín, 1920, \° 12 de la Biblioteca Internacional de la Juventud, pág. 19).-V. l.enin Moscú, Kremlin, 13 de junio de 1921.
l'ulilinido en 1921. en julleto aparte, por la Sección de I'ren.sn de la Internacional C. omuui\tti. Moscú.
1. U. /wíffs. 3-12.
649 __NUMERIC_LVL2__ 2 __ALPHA_LVL2__ DISCURSO EN DEFENSA DE LA TÁCTICACamaradas: Lamento mucho tener que limitarme a la autodefensa. (Risas.) Digo que lo lamento mucho porque, después de conocer el discurso del camarada Terracini y las enmiendas presentadas por tres delegaciones, siento gran deseo de pasar a la ofensiva, pues contra las opiniones defendidas por Terracini y estas tres delegaciones hacen falta, en realidad, acciones ofensivas. Si el congreso no despliega una enérgica ofensiva contra estos errores, contra estas necedades ``izquierdistas'', todo el movimiento estará condenado a perecer. Tal es mi profunda convicción. Pero nosotros somos marxistas organizados y disciplinados. No podemos conformarnos con discursos contra determinados camaradas. A los rusos, estas frases izquierdistas nos causan ya náuseas. Somos hombres de organización. Al elaborar nuestros planes, debemos actuar organizados y esforzarnos por encontrar una línea certera. Naturalmente, para nadie es un secreto que nuestras tesis son un compromiso. Pero ¿por qué no ha de ser así? Entre los comunistas, que convocan ya el tercer congreso y han establecido principios básicos bien definidos, los compromisos, en determinadas condiciones, son necesarios. Nuestras tesis, propuestas por la delegación rusa, han sido estudiadas y preparadas con la mayor meticulosidad tras largas reflexiones y deliberaciones con las diferentes delegaciones. Su finalidad es trazar la línea fundamental de la Internacional Comunista, y estas tesis son necesarias sobre todo ahora, después de que no sólo hemos condenado en el aspecto formal a los verdaderos centristas, sino que los hemos expulsado del partido. Tales son los hechos. Debo defender estas tesis. Y cuando ahora sale Terracini diciendo que debemos proseguir la 650 lucha contra los centristas, y luego expone cómo proponen desplegar esta lucha, yo digo que si estas enmiendas deben implicar una determinada tendencia, es necesario combatirla sin piedad, porque, de lo contrario, no habrá comunismo ni Internacional Comunista. A mí me extraña que el Partido Comunista Obrero = Alemán'^^201^^ no haya suscrito estas enmiendas. (Risas.) Pues basta ver lo que defiende Terracini y lo que se dice en estas enmiendas. Comienzan así: "En la página primera, columna primera, renglón 19, hay que tachar: "La mayoría..."" ¡La mayoría! ¡Esto es peligrosísimo! (Risas.) Y más adelante. En lugar de las palabras "principios fundamentales'', hay que decir ``objetivos''. Los principios fundamentales y los objetivos son dos tosas distintas: en cuanto a los objetivos, estarán de acuerdo con nosotros hasta los anarquistas, porque también ellos son partidarios de abolir la explotación y las diferencias de las clases.
A lo largo de mi vida he topado y he hablado con pocos anarquistas, pero he visto, así y todo, a bastantes. A veces he conseguido ponerme de acuerdo con ellos en cuanto a los objetivos, pero jamás en cuanto a los principios. Los principios no son el objetivo, ni el programa, ni la táctica, ni la teoría. La táctica y la teoría no son los principios. ¿Qué nos diferencia de los anarquistas en el sentido de los principios? Los principios del comunismo consisten en el establecimiento de la dictadura del proletariado y en el empleo de la coacción por el Estado durante el período de transición. Tales son los principios del comunismo, pero eso no es el objetivo. Y los camaradas que han hecho semejante propuesta han incurrido en un error.
Segundo, allí se dice: "Hay que tachar la palabra "mayoría"''. Leamos todo el texto.
``El III Congreso de la Internacional Comunista emprende la revisión de problemas de táctica en momentos en que en diversos países la situación objetiva ha exacerbado en el sentido revolucionario y en que. se ha organizado toda u serie de partidos comunistas de masas, que, por cierto, en ninguna parte h tomado en sus manos la dirección efectiva de la mayoría de la clase obrera en huha revolucionaria real."
Pues bien, quieren tachar la palabra "mayoría''. Si no podemos ponernos de acuerdo en cosas tan sencillas, no comprendo cómo podemos actuar juntos y conducir al proletariado hacia la victoria. Entonces no es de extrañar que tampoco podamos llegar a un acuerdo en cuanto a los principios. Mostradme un partido que haya conseguido ya la mayoría de la clase obrera. Terracini no ha pensado siquiera en citar un ejemplo. Semejante ejemplo no existe.
651Así pues: en lugar de ``principios'', poner la palabra " objetivos" y tachar la palabra "mayoría''. ¡Muchas gracias! No lo aceptaremos. Ni siquiera el partido alemán---uno de los mejores--- cuenta con la mayoría de la clase obrera. Esto es un hecho. Nosotros, que nos encontramos ante la lucha más dura, no tememos proclamar esta verdad; pero aquí hay tres delegaciones que quieren comenzar por lo que no es verdad, porque si el congreso tachara la palabra "mayoría'', demostraría con ello que quiere lo que no es verdad. Esto es clarísimo.
Sigue después esta enmienda: "En la página 4, columna primera, renglón 10, "hay que tachar" las palabras "Carta abierta"^^205^^, etc.'' He oído hoy un discurso en el que se ha expresado el mismo pensamiento. Pero allí eso era completamente natural. Se trataba del discurso del camarada Hempel, miembro del Partido Comunista Obrero Alemán. Decía: "La "Carta abierta" ha sido un acto de oportunismo''. Con harto pesar mío y para mi mayor vergüenza, había escuchado ya semejante opinión en conversaciones particulares. Pero cuando en el congreso, después de debates tan prolongados, se califica de oportunista la "Carta abierta'', ¡esto es un bochorno y un oprobio! Pues bien, aparece el camarada Terracini, en nombre de tres delegaciones, y pretende tachar las palabras "Carta abierta''. ¿Para qué, entonces, la lucha contra el Partido Comunista Obrero Alemán? La "Carta abierta" es un paso político ejemplar. Así está dicho en nuestras tesis. Y debemos defender sin falta este criterio. Esa carta es ejemplar como primer acto del método práctico de atraer a la mayoría de la clase obrera. Quien no comprenda que en Europa---donde casi todos los proletarios están organizados---debemos conquistar a la mayoría de la clase obrera, está perdido para el movimiento comunista, jamás aprenderá nada si en tres años de gran revolución aún no ha aprendido esto.
Terracini dice que en Rusia hemos vencido a pesar de que el partido era muy pequeño. Está descontento de que, con respecto a Checoslovaquia, se diga lo que se dice en las tesis. Hay aquí 27 enmiendas, y si se me ocurriese criticarlas, tendría que hablar no menos de tres horas, como lo han hecho algunos oradores... Aquí se ha dicho que el Partido Comunista tiene en Checoslovaquia de 300.000 a 400.000 afiliados, que es necesario atraer a la mayoría, crear una fuerza invencible y continuar conquistando nuevas masas obreras. Terracini ya está dispuesto a lanzarse al ataque y dice: Si el partido tiene ya 400.000 obreros, ¿para qué queremos más? ¡Tachar! (Risas.) Teme la palabra ``masas'' y quiere hacerla desaparecer. El camarada Terracini ha comprendido muy poco de la revolución rusa.
652En Rusia éramos un partido pequeño, pero con nosotios estaba, además, la mayoría de los Soviets de diputados obreros y campesinos de todo el país. (Una voz: "¡Es cierto!'') ¿Es qué ocurre eso en vuestro país? Con nosotros estaba casi la mitad del ejército, que contaba entonces, por lo menos, con diez millones de hombres. /Acaso a vosotros os sigue la mayoría del ejército? ¡Indicadme un solo país! Si estas opiniones del camarada Terracini son compartidas por tres delegaciones más, ¡entonces no todo marcha bien dentro de la Internacional! Entonces debemos decir: "¡Alto! ¡Lucha enérgica! De lo contrario, perecerá la Internacional Comunista''. (Animación en la sala.)
Basándome en mi experiencia, debo decir, aunque adopto una postura defensiva (risas), que el objetivo y el principio de mi discurso es la defensa de la resolución y de las tesis propuestas por nuestra delegación. Naturalmente, sería pedantería afirmar que en ellas no se puede cambiar ni una letra. He tenido que leer no pocas resoluciones y sé muy bien que en cada renglón se podrían hacer excelentes enmiendas. Pero esto sería pedantería. Y si ahora, no obstante, afirmo que en el sentido político no se puede cambiar ni una letra, es porque las enmiendas presentan, como veo, un carácter político perfectamente definido, porque conducen a un camino nocivo y peligroso para la Internacional Comunista. Por eso, yo y todos nosotros, y la delegación rusa, debemos insistir en que no se cambie en las tesis ni una letra. No sólo hemos condenado a nuestros elementos derechistas, sino que los hemos expulsado. Pero si la lucha contra los derechistas se convierte en un deporte, como lo hace Terracini, debemos decir: "¡Basta! ¡De lo contrario, el peligro será demasiado grave!"
Terracini ha defendido la teoría de la lucha ofensiva. Las decantadas enmiendas proponen a este respecto una formula que ocupa dos o tres páginas. No hay necesidad de leerlas. Sabemos lo que allí está escrito. Terracini ha dicho con claridad meridiana cuál es el quid de la cuestión. Ha defendido la teoría de la ofensiva, hablando de "tendencias dinámicas" y del "tránsito de la pasividad a la actividad''. En Rusia tenemos ya bastante experiencia política de lucha contra los centristas. Hace ya quince años que luchamos contra nuestros oportunistas y centristas, así como contra los mencheviques, y alcanzamos la victoria no sólo sobre los mencheviques, sino también sobre los semianarquistas.
Si no hubiésemos hecho eso, no habríamos podido mantener el poder en nuestras manos, no ya tres años y medio, sino ni siquiera tres semanas y media, y no habríamos podido convocar aquí congresos comunistas. Las "tendencias dinámicas" y el "tránsito de la pasividad a la actividad" no son sino frases que pusieron en 653 juego contra nosotros los eseristas de izquierda. Ahora éstos se hallan en la cárcel, defendiendo allí los "objetivos del comunismo" y pensando en el "tránsito de la pasividad a la actividad''. (Risas.) No es posible argumentar como se argumenta en las enmiendas propuestas, porque en ellas no hay marxismo, ni experiencia política, ni argumentación. ¿Acaso en nuestras tesis hemos desarrollado la teoría general de la ofensiva revolucionaria? ¿Acaso Rádek o alguno de nosotros ha cometido semejante tontería? Hemos hablado de la teoría de la ofensiva con relación a un país y a un período muy concretos.
De nuestra lucha contra los mencheviques podemos citar casos demostrativos de que ya antes de la primera revolución había quienes dudaban de que el partido revolucionario debiera pasar a la ofensiva. Si un socialdemócrata---entonces todos nos llamábamos así---tenía tales dudas, emprendíamos la lucha contra él y decíamos que era un oportunista, que nada comprendía del marxismo ni de la dialéctica del partido revolucionario. ¿Acaso el partido puede discutir si es admisible o no, en general, la ofensiva revolucionaria? En nuestro país, para encontrar ejemplos así, debemos retornar a quince años atrás. Si aparece un centrista de ésos o un centrista embozado que pone en tela de juicio la teoría de la ofensiva, es preciso expulsarlo en el acto. Este problema no puede ser motivo de discusión. Pero es una vergüenza y un oprobio que ahora, a los tres años de Internacional Comunista, sigamos discutiendo de las "tendencias dinámicas" y del "tránsito de la pasividad a la actividad".
Nosotros no discutimos de esto con el camarada Rádek, que ha redactado con nosotros estas tesis. Tal vez. no haya sido acertado del todo iniciar en Alemania las divagaciones sobre la teoríade la ofensiva revolucionaria, cuando no estaba preparada una verdadera ofensiva. No obstante, el movimiento de marzo es un gran paso adelante, a pesar de los errores de sus = dirigentes^^2^^'"'. Pero esto no quiere decir nada. Cientos de miles de obreros han luchado con heroísmo. Por mucho que haya sido el valor con que el Partido Comunista Obrero Alemán ha luchado contra la burguesía, debemos decir lo mismo que dijo el camarada Rádek en un artículo publicado en la prensa rusa, refiriéndose a Hólz. Si alguien, aunque sea anarquista, lucha heroicamente contra la burguesía, esto, claro está, es una gran cosa; pero si cientos de miles de hombres luchan contra la infame provocación de los socialtraidores y contra la burguesía, esto es un verdadero paso adelante.
Es muy importante tener una actitud crítica con los propios errores. Por ahí comenzamos nosotros. Si alguien, después de una lucha en la que han participado cientos de miles de personas, se 654 pronuncia contra esta lucha y procede como Levi, es preciso expulsarlo. Y esto es lo que se ha hecho. Pero de ahí debemos sacar una enseñan/a: ;Acaso hemos preparado la ofensiva? (Rádek: "No hemos preparado ni la defensa".) Sí, de la ofensiva se hablaba sólo en artículos periodísticos. Esta teoría, aplicada a la acción de marzo de 1921 en Alemania, ha sido errónea---debemos reconocerlo---; pero, en general, la teoría de la ofensiva revolucionaria no es falsa, ni mucho menos.
Vencimos en Rusia, y además con gran facilidad, porque preparamos nuestra revolución durante la guerra imperialista. Esta fue la primera condición. En nuestro país estaban armados diez millones de obreros y campesinos, y nuestra consigna era: pa/. inmediata a toda costa. Vencimos porque las grandes masas campesinas estaban animadas de un espíritu revolucionario contra los grandes terratenientes. Los socialistas-revolucionarios, partidarios de la II Internacional y de la Internacional II y media, eran en noviembre de 1917 un gran partido campesino. Exigían procedimientos revolucionarios; pero, como verdaderos héroes de la II Internacional y de la Internacional II y media, no tuvieron la suficiente valentía para actuar a lo revolucionario. En agosto y septiembre de 1917 decíamos: "Seguimos luchando en teoría contra los eseristas, pero en la práctica estamos dispuestos a adoptar su programa, porque sólo nosotros podemos aplicarlo''. Y como lo dijimos, lo hicimos. A los campesinos, que estaban contra nosotros en noviembre de 1917, después de nuestra victoria, y que enviaron una mayoría de socialistas-revolucionarios a la Asamblea Constituyente, nos los ganamos, si no en unos días---como equivocadamente supuse y predije---, en todo caso en unas semanas. La diferencia no es grande. Indicadme en Europa un país donde podáis atraer a vuestro lado a la mayoría de los campesinos en unas cuantas semanas. ¿Acaso en Italia? (Risas.) Si se dice que vencimos en Rusia, a pesar de que teníamos un partido pequeño, lo único que se demuestra con eso es que no se ha comprendido la revolución rusa y que no se comprende en absoluto cómo hay que preparar la revolución.
Nuestro primer paso fue la creación de un verdadero Partido Comunista para saber con quién hablábamos y en quién podíamos tener plena confianza. La consigna del 1 y del II congresos fue: "¡Abajo los centristas!" Si no rompemos en toda la línea y en todo el mundo con los centristas y semicentristas, que en Rusia llamamos mencheviques, no podemos aprender ni siquiera el abecé del comunismo. Nuestra primera tarea es crear un partido revolucionario de verdad y romper con los mencheviques. Pero esto no es más que el grado preparatorio. Estamos celebrando ya el III Congreso, y el (amarada Terracini sigue insistiendo en que la tarea del grado 655 preparatorio consiste en expulsar, perseguir y desenmascarar a los centristas y semicentristas. ¡Muy agradecido! Ya nos hemos ocupado bastante de eso. En el II Congreso dijimos ya que los centristas son nuestros enemigos. Pero hay que seguir adelante. La segunda fase consistirá en aprender a preparar la revolución después de organizamos en partido. En muchos países ni siquiera hemos aprendido a hacernos con la dirección. Vencimos en Rusia porque tuvimos a nuestro lado no sólo a la mayoría indudable de la clase obrera (en 1917, durante las elecciones, nos apoyó la aplastante mayoría de los obreros, en contra de los mencheviques), sino también porque se pasaron a nuestro lado la mitad del ejército, inmediatamente después de la conquista del poder por nosotros, y las nueve décimas partes de la masa campesina, en unas cuantas semanas; vencimos porque adoptamos y pusimos en práctica no nuestro programa agrario, sino el eserista. Nuestra victoria consistió precisamente en que aplicamos el programa eserista; por eso fue tan fácil esta victoria. ¿Acaso en vuestros países, en Occidente, cabe hacerse semejantes ilusiones? ¡Sería ridículo! ¡Comparad las condiciones económicas concretas, camarada Terracini y todos los que habéis suscrito la propuesta sobre las enmiendas! A pesar de que la mayoría se colocó con tanta rapidez a nuestro lado, fueron muy grandes las dificultades con que tropezamos después de la victoria. Sin embargo, nos abrimos paso porque no olvidábamos ni nuestros objetivos ni nuestros principios, y no consentimos la permanencia en nuestro partido de gentes que silenciaban los principios y hablaban de los objetivos, de las "tendencias dinámicas" y del "tránsito de la pasividad a la actividad''. Tal vez se nos acuse de que preferimos tener a estos señores en la cárcel. Pero de otro modo es imposible la dictadura. Debemos preparar la dictadura, mas esta preparación consiste en la lucha contra semejantes frases y semejantes enmiendas. (Risa s.) En nuestras tesis se habla a cada paso de las masas. Pero, camaradas, es preciso comprender qué son las masas. Camaradas de la izquierda, el Partido Comunista Obrero Alemán abusa demasiado de esta palabra. Pero el camarada Terracini y todos los que han suscrito estas enmiendas tampoco saben lo que se debe entender por la palabra ``masas''.
Llevo hablando demasiado tiempo; por eso, sólo quisiera decir unas palabras sobre el concepto de ``masas''. El concepto de ``masas'' varía según cambie el carácter de la lucha. Al comienzo de la lucha bastaban varios miles de verdaderos obreros revolucionarios para que se pudiese hablar de masas. Si el partido, además de llevar a la lucha a sus militantes, consigue poner en pie a los sin partido, esto es ya el comienzo de la conquisto de las masas. Durante nuestras revoluciones hubo casos en que unos cuantos miles de obreros 656 representaban la masa. En la historia cíe nuestro movimiento, en la historia de nuestra lucha contra los mencheviques, encontraréis muchos ejemplos en que bastaban en una ciudad unos miles de obreros para hacer evidente el carácter masivo del movimiento. Si unos miles de obreros sin partido que llevan habitualmente una vida pancista y arrastran una existencia lamentable, que nunca han oído hablar de política, comienzan a actuar a lo revolucionario, ya tenéis delante a la masa. Si el movimiento se extiende e intensifica, va transformándose paulatinamente en una verdadera revolución. Esto lo vimos en 1905 y en 1917, durante las tres revoluciones, y vosotros también tendréis aún ocasión de convenceros de ello. Cuando la revolución está ya suficientemente preparada, el concepto de ``masas'' es otro: unos cuantos miles de obreros no constituyen ya la masa. Esta palabra comienza a significar otra cosa distinta. El concepto de masas cambia en el sentido de que por él se entiende una mayoría, y además no sólo una simple mayoría de obreros, sino la mayoría de todos los explotados. Para un revolucionario es inadmisible otro modo de concebir esto; cualquier otro sentido de esta palabra sería incomprensible. Es posible que también un pequeño partido, el inglés o el norteamericano, por ejemplo, después de estudiar bien la marcha del desarrollo político y de conocer la vida y los hábitos de las masas sin partido, suscite en un momento favorable un movimiento revolucionario (el camarada Rádek, como un buen ejemplo, ha indicado la huelga de mineros). Si un partido así presenta en semejante momento sus propias consignas y logra que le sigan millones de obreros, tendréis delante un movimiento de masas. Yo no excluyo en absoluto que la revolución pueda ser iniciada también por un partido muy pequeño y llevada hasta la victoria. Pero es preciso conocer los métodos para ganarse a las masas. Para ello es necesario preparar a fondo la revolución. Pero vemos que hay camaradas que afirman: Hace falta renunciar inmediatamente a la exigencia cié conquistar ``grandes'' masas. Es necesario luchar contra estos camaradas. En ningún país lograréis la victoria sin una preparación a fondo. Es suficiente un partido muy pequeño pata conducir a las masas. En determinados momentos no hay necesidad de grandes organizaciones.
Mas para la victoria es preciso contar con la simpatía de las masas. No siempre es necesaria la mayoría absoluta; mas para la victoria, para mantener el poder, es imprescindible no sólo la mayoría de la clase obrera---empleo aquí el término "clase obrera" en el sentido euroccidental, es decir, en el sentido de proletariado industrial---, sino también la mayoría de la población rural explotada y trabajadora. ¿Habéis pensado en esto? ;Vemos en el discurso de Terracini, aunque sólo sea, una insinuación de esta idea? En él sólo 657 se habla de la "tendencia dinámica'', del "tránsito de la pasividad a la actividad''. -;Se dice en él una palabra, al menos, del problema del abastecimiento? Porque los obreros exigen alimentos, aunque pueden soportar muchas privaciones y pasar hambre, como lo hemos visto, hasta cierto grado, en Rusia. Por eso debemos atraer a nuestro lado no sólo a la mayoría de la clase obrera, sino también a la mayoría de la población rural trabajadora y explotada. ¿Habéis preparado esto? En casi ningún país.
Así pues, repito: debo defender sin falta nuestras tesis y considero obligatoria, por mi parte, esta defensa. No sólo hemos condenado a los centristas, sino que los hemos expulsado del partido. Ahora debemos dirigir los dardos contra otra parte, que también consideramos peligrosa. Debemos decir a los camaradas la verdad de la manera más cortés (y en nuestras tesis se ha dicho con amabilidad y cortesía) para que nadie se sienta ofendido: hoy tenemos planteadas cuestiones más importantes que la de acosar a los centristas. Basta de ocuparnos de este problema. Ya estamos algo hartos de él. En lugar de eso, los c amaradas deberían aprender a sostener una verdadera lucha revolucionaria. Los obreros alemanes ya la han emprendido. Cientos de miles de proletarios se han batido con heroísmo en este país. Es necesario expulsar inmediatamente a todo el que se pronuncie contra esta lucha. Pero después de esto no hay que dedicarse a la simple palabrería, sino que es necesario comenzar inmediatamente a aprender, a aprender de los errores cometidos, la mejor manera de organizar la lucha. No debemos ocultar nuestros errores ante el enemigo. Quien tema esto, no es revolucionario. Por el contrario, si declaramos abiertamente a los obreros: "Sí, hemos cometido errores'', esto significará que en adelante no habrán de repetirse tales errores y que sabremos elegir mejor el momento. Y si durante la propia lucha se pasa a nuestro lado la mayoría de los trabajadores---no sólo la mayoría de los obreros, sino la mayoría de todos los explotados y oprimidos---, entonces venceremos de veras. (Prolongados y clamorosos aplausos.)
I 'na in/tmniititíii peritxlnticti se publicó el !> tic ¡tilín tle 1021 en el n úm. 14-4 de "I'nivtln " V en el tn'im. l-tl tle "I^vesliti del (',¥.(.' de lotlti Rit.siti".
l'ubliciulo íntegra el 8 tle julio tle 1021 en el nñni. II del "líolelín del III ``(impreso <le ln 1 tttertitit ioittt! ('tininnisld ".
'!'. Í4, págs. l'.'i-.'i.'i.
[658] __ALPHA_LVL1__ CON MOTIVO DEL CUARTO ANIVERSARIO DE LA REVOLUCIÓN DE OCTUBRESe avecina el cuarto aniversario del 25 de octubre (7 de noviembre).
Cuanto más tiempo nos separa de esta gran jornada, tanto más claro aparece el significado de la revolución proletaria en Rusia y tanto más hondo reflexionamos sobre la experiencia práctica, en conjunto, de nuestro trabajo.
Este significado y esta experiencia podrían exponerse brevemente---en forma, claro es, muy distante de ser completa y exacta---como sigue.
La tarea directa e inmediata de la revolución en Rusia era democrática burguesa: acabar con los restos de todo lo medieval, barrerlos hasta el fin, limpiar a Rusia de esa barbarie, de esa vergüenza, de ese inmenso freno para toda la cultura y todo el progreso en nuestro país.
Y nos enorgullecemos con razón de haber llevado a cabo esa limpieza con mucha más energía, rapidez, audacia, éxito, amplitud y profundidad, desde el punto de vista de la influencia sobre las masas del pueblo, sobre el grueso de la nación, que la Gran Revolución Francesa hace más de ciento veinticinco años.
Tanto los anarquistas como los demócratas pequeñoburgueses (es decir, los mencheviques y los eseristas como representantes rusos de ese tipo social internacional) han dicho y dicen una increíble cantidad de cosas confusas sobre la relación existente entre la revolución democrática burguesa y la revolución socialista (es decir, proletaria). Los cuatro años últimos han confirmado plenamente que comprendemos con acierto el marxismo en este punto, que tenemos en cuenta con tino la experiencia de las revoluciones anteriores. Hemos llevado como nadie la revolución democrática burguesa a su término. Seguimos adelante, hacia la revolución socialista, con plena conciencia, con firmeza y sin cejar, sabiendo que no está separada de la revolución democrática burguesa por ninguna muralla china, sabiendo que sólo la lucha decidirá en qué grado conseguiremos (a fin de cuentas) avan/ar, qué parte de nuestra tarea de inabarcable magnitud cumpliremos, 659 qué parle de nuestras victorias consolidaremos. Vivir para ver. Mas ya se va viendo que hemos dado pasos gigantescos--- gigantescos para un país arruinado, atormentado y atrasado---en la transformación socialista de la sociedad.
Mas acabemos de explicar el contenido democrático burgués de nuestra revolución. Los marxistas deben comprender lo que significa. Para que quede claro aduciremos varios ejemplos elocuentes.
El contenido democrático burgués de la revolución quiere decir depurar de todo lo medieval, de los elementos de servidumbre, de feudalismo, las relaciones sociales (el orden de cosas, las instituciones) de un país.
¿Cuáles eran las principales manifestaciones, supervivencias y vestigios del régimen de la servidumbre en Rusia en 1917? La monarquía, la división en estamentos, las formas de propiedad y usufructo de la tierra, la situación de la mujer, la religión, la opresión de las naciones. Tomemos cualquiera de estos "establos de Augías"---que, dicho sea de paso, todos los Estados avanzados han dejado en gran parte sin limpiar del todo al realizar sus revoluciones democráticas burguesas hace ciento veinticinco, doscientos cincuenta y más años (en 1649 en Inglaterra)---, tomemos cualquiera de estos establos de Augías y veremos que los hemos limpiado por completo. En las escasas diez semanas transcurridas desde el 25 de octubre (7 de noviembre) de 1917 hasta la disolución de la Constituyente (5 de enero de 1918), hicimos en este terreno mil veces más que los demócratas burgueses y liberales (democonstitucionalistas) y los demócratas pequeñoburgueses (mencheviques y eseristas) en los ocho meses que estuvieron en el poder.
¡Estos cobardes, charlatanes, fatuos Narcisos y Hamlets de saínete blandían una espada de cartón y ni siquiera destruyeron la monarquía! Nosotros hemos echado fuera como nadie y como nunca toda la basura monárquica. No hemos dejado piedra sobre piedra ni ladrillo sobre ladrillo en el edificio secular de la división estamental (¡los países más adelantados, como Inglaterra, Francia y Alemania, no se han desembarazado todavía de los vestigios de esa división!). Hemos arrancado definitivamente las raíces más hondas de los estamentos, a saber: los restos del feudalismo y de la servidumbre en la propiedad de la tierra. "Puede discutirse" (en el extranjero hay bastantes literatos, democonstitucionalistas, mencheviques y eseristas para dedicarse a esas discusiones) lo que resultará "al fin y al cabo" de las transformaciones agrarias de la (irán Revolución de Octubre. No somos partidarios de perder ahora el tiempo en esas discusiones, porque las dirimimos todas, y 660 cuantas de ellas se derivan, luchando. Pero lo que no se puede poner en entredicho es que los demócratas pequeñoburgueses estuvieron ocho meses "entendiéndose" con los terratenientes ---los cuales guardaban las tradiciones de la servidumbre---, mientras que nosotros, en unas cuantas semanas, hemos barrido por completo de la faz de la tierra rusa a esos terratenientes y todas sus tradiciones.
Tomemos la religión, o la falta de derechos de la mujer, o la opresión y la desigualdad de derechos de las naciones no rusas. Todos ésos son problemas de la revolución democrática burguesa. Los entes vulgares de la democracia pequeñoburguesa se pasaron ocho meses hablando de ello; ninguno de los países más avanzados del mundo ha resuelto hasta el fin estos problemas en sentido democrático burgués. En nuestro país, la legislación de la Revolución de Octubre los ha resuelto hasta el fin. Hemos luchado y luchamos de verdad contra la religión. Hemos dado a todas las naciones no rusas sus propias repúblicas o regiones autónomas. En Rusia no existe nada tan vil, infame y canallesco corno la falta de derechos o la desigualdad jurídica de la mujer, supervivencia indignante de la servidumbre y de la Edad Media, que la burguesía egoísta y la pequeña burguesía obtusa y asustada retocan en todos los países del globo, sin excepción alguna.
Todo eso es el contenido de la revolución democrática burguesa. Hace ciento cincuenta y doscientos cincuenta años, los dirigentes más avanzados de esta revolución (de estas revoluciones, si hablamos de cada variedad nacional de un solo tipo común) prometieron a los pueblos liberar a la humanidad de los privilegios medievales, de la desigualdad de la mujer, de las ventajas concedidas por el Estado a una u otra religión (o a la "idea de religión'', a la ``religiosidad'' en general), de la desigualdad de las naciones. Lo prometieron y no lo cumplieron. Y no podían cumplirlo, porque lo impedía el ``respeto'' ... a la "sacrosanta propiedad privada''. En nuestra revolución proletaria no ha habido este maldito ``respeto'' a esa, tres veces maldita, Edad Media y a esa "sacrosanta propiedad privada".
Mas, a fin de consolidar para los pueblos de Rusia las conquistas de la revolución democrática burguesa, nosotros debíamos ir más lejos y así lo hicimos. Resolvimos los problemas de la revolución democrática burguesa sobre la marcha, de paso, como "producto accesorio" de nuestra labor principal y verdadera, de nuestra labor revolucionaria proletaria, socialista. Hemos dicho siempre que las reformas son un producto accesorio de la lucha revolucionaria de las clases. Las transformaciones democráticas burguesas---lo hemos dicho y lo hemos demostrado con hechos---
[661]
Primera página del manuscrito de V. I. Lenin Con motivo
del cuarto aniversario de la Revolución de Octubre.
14 de octubre de 1921.
Tamaño reducido
[662] ~ 663 son un producto accesorio de la revolución proletaria, es decir, socialista. Digamos de paso que todos los Kautsky, los Hilferding, los Mártov, los Chernov, los Hillquit, los Longuet, los MacDonald, los Turati y demás "héroes" del marxismo "II y medio" no han sabido comprender esta correlación entre la revolución democrática burguesa y la revolución proletaria socialista. La primera se transforma en la segunda. La segunda resuelve de paso los problemas de la primera. La segunda consolida la obra de la primera. La lucha, y solamente la lucha, determina hasta qué punto la segunda logra rebasar a la primera.El régimen soviético es precisamente una de las confirmaciones o manifestaciones evidentes de esta transformación de una revolución en otra. El régimen soviético es el máximo de democracia para los obreros y los campesinos y, a la vez, significa la ruptura con la democracia burguesa y el surgimiento de un nuevo tipo de democracia, de alcance histórico universal: la democracia proletaria o dictadura del proletariado.
No importa que los perros y los cerdos de la moribunda burguesía y la democracia pequeñoburguesa que la sigue nos cubran de improperios, maldiciones y burlas a montones por los desaciertos y los errores que hemos cometido al construir nuestro régimen soviético. No olvidamos un momento que, en efecto, hemos tenido y tenemos aún muchos desaciertos y errores. ¡Y cómo no íbamos a tenerlos en una obra tan nueva, nueva en toda la historia mundial, como es la de crear un tipo de régimen estatal' sin precedente! Lucharemos sin cesar para corregir nuestros desaciertos y nuestros errores, para mejorar la forma en que aplicamos los principios soviéticos, que dista aún mucho, muchísimo, de ser perfecta. Pero podemos estar y estamos orgullosos de que nos haya caído en suerte la felicidad de iniciar la construcción del Estado soviético, de iniciar así una nueva época de la historia universal, la época de la dominación de una clase nueva, oprimida en todos los países capitalistas, de la clase que avan/a por doquier hacia una vida nueva, hacia la victoria sobre la burguesía, hacia la dictadura del proletariado, hacia la liberación de la humanidad del yugo del capital y de las guerras imperialistas.
La cuestión de las guerras imperialistas, de la política internacional del capital financiero, política que domina hoy en todo el mundo y que engendra inevitablemente nuevas guerras imperialistas, que acentúa ineludiblemente y de modo inaudito la opresión nacional, el pillaje, la expoliación, el estrangulamiento de pequeñas naciones, débiles y atrasadas, por un puñado de potencias ``avanzadas'', es una cuestión que se ha convertido desde 1914 en piedra angular de la política de todos los países. Es una cuestión 664 de vida o muerte para decenas de millones de seres. Se I rala de saber si en la próxima guerra imperialista, que la burguesía está preparando a nuestra vista, que va surgiendo del capitalismo ante nosotros, morirán veinte millones de seres humanos (en lugar de los diez millones que perecieron en la guerra de 1914--1918 y en las "pequeñas" guerras, aún no terminadas, que vinieron a completarla); se trata de saber si en esa futura guerra inevitable (caso de que subsista el capitalismo) quedarán mutilados 60 millones (en lugar de los 30 millones de mutilados de 1914--1918). Nuestra Revolución de Octubre ha iniciado también en este [junto una nueva época en la historia universal. Los lacayos de la burguesía y su coro de eseristas y mencheviques, toda la democracia pequeñoburguesa del mundo entero, que se dice ``socialista'', se burlaban de la consigna de "transformación de la guerra imperialista en guerra civil''. Pero esta consigna ha resultado ser la única verdad: desagradable, brutal, desnuda e implacable, desde luego, mas verdad entre el sinfín de los más sutiles engaños patrioteros y pacifistas. Estos engaños se vienen abajo. Se ha puesto al desnudo el londo de la paz = de^^1^^ Brest. Cada nuevo día muestra con mayor claridad y de modo más despiadado la significación y las consecuencias de una pa/ todavía peor que la de Brest: la de Versalles. Y ante los millones y millones de seres que piensan en las causas de la guerra de ayer y de la que se avecina para mañana se alza con mayor claridad y precisión, de manera más ineludible cada ve/, la terrible verdad de que es imposible salir de la guerra imperialista, del mundo y de la pa/ imperialistas que la engendran inevitablemente, de que es imposible salir de ese infierno de otra manera que no sea la lucha bolchevique, la revolución bolchevique.
No importa que la burguesía y los pacifistas, los generales y los pequeños burgueses, los capitalistas y los filisteos, todos los cristianos creyentes y todos los caballeros de la II Internacional y de la Internacional II y media lancen rabiosas imprecaciones contra esta revolución. Con torrentes de rabia, de calumnias y de mentiras no podrán enturbiar el hecho histórico universal de que, por primera vez después de siglos y milenios, los esclavos han respondido a la guerra entre esclavistas proclamando abiertamente esta consigna: transformemos esa guerra entre esclavistas por el reparto del botín en una guerra de los esclavos de todas las naciones contra los esclavistas de todas las naciones.
Por primera vez después de siglos y milenios, esta consigna ha dejado de ser una espera vaga e impotente para convertirse en un programa político claro y preciso, en una lucha enérgica de millones de oprimidos dirigirla por el proletariado; se ha 665 convertido en la primera victoria del proletariado, en el primer triunfo en la obra de acabar con las guerras, en un triunfo de la alianza de los obreros de todos los países sobre la alian/a de la burguesía de las distintas naciones, de la burguesía que hace unas veces la paz v otras la guerra a costa de los esclavos del capital, a costa de los obreros asalariados, a costa de los campesinos, a costa de los trabajadores.
Esta primera victoria no es aún la victoria definitiva, y nuestra Revolución de Octubre la ha conseguido con dolores y dificultades sin precedentes, con inauditos sufrimientos, con una serie de graves desaciertos y errores nuestros. ¡Hubiera sido demasiado desear que un pueblo atrasado triunfase sin desaciertos y sin errores sobre las guerras imperialistas de los países más poderosos y avanzados del globo! No tememos reconocer nuestros errores y los examinaremos serenamente para aprender a corregirlos. Pero los hechos son elocuentes: por primera vez en siglos y milenios, la promesa de ``responder'' a la guerra entre esclavistas con la revolución de- los esclavos contra todo género de esclavistas .se ha cumplido hasta el fin... y se cumple contra viento y marea.
Nosotros hemos empezado la obra. Poco importa saber cuándo, en qué plazo y en qué nación culminarán los proletarios esta obra. Lo esencial es que se ha roto el hielo, que se ha abierto el camino, que se ha indicado la dirección.
¡Continuad vuestra hipocresía, señores capitalistas de todos los países que "defendéis la patria" japonesa contra la norteamericana, la norteamericana contra la japonesa, la francesa contra la inglesa y así sucesivamente! ¡Continuad "desentendiéndoos" de los medios de lucha contra las guerras imperialistas con nuevos "manifiestos de Basilea" (como el Manifiesto de Basilea de 1912), señores paladines de la II Internacional y de la Internacional II y media y filisteos y pequeños burgueses pacifistas del mundo entero! La primera revolución bolchevique ha arrancado de la guerra imperialista, del mundo y de la paz imperialistas, al primer centenar de millonea de hombres de la Tierra. Las siguientes arrancarán deesas guerras, de ese mundo y de esa paz a toda la humanidad.
Lo último---lo más importante, lo más difícil y lo que menos tenemos hecho---es organizar la economía, colocar los cimientos económicos del edificio nuevo, socialista, que ha de ocupar el lugar del destruido edificio feudal y del semidesti nido edificio capitalista. En esta labor, la más importante y difícil, es = donde^^1^^ hemos tenido más desaciertos y errores. ¡Qué más hubiéramos querido que comen/.ar sin desaciertos ni errores una obra tan nueva para todo el mundo! Pero la hemos empezado. Y la continuamos. Y precisamente ahora, con nuestra "nueva política económica", 666 subsanamos buen número de nuestros errores y aprendemos a proseguir sin ellos la construcción del edificio socialista en un país de pequeños campesinos.
Las dificultades son inabarcables. Estamos acostumbrados a luchar contra dificultades inabarcables. Por algo han dicho nuestros enemigos que somos "como la roca" y que representamos una "política quebrantahuesos''. Pero hemos aprendido también, al menos hasta cierto punto, otro arte imprescindible en la revolución: la flexibilidad, el saber cambiar de táctica con rapidez y decisión, partiendo de los cambios operados en las condiciones objetivas y eligiendo otro camino para nuestros fines si el que seguíamos antes no resulta conveniente o practicable en un período determinado.
Llevados de una ola de entusiasmo, después de despertar en el pueblo un entusiasmo al principio político general y luego militar, contábamos con cumplir directamente, sirviéndonos de ese entusiasmo, tareas económicas de la misma magnitud que las tareas políticas generales y las tareas militares. Contábamos---o quizá sea mejor decir, suponíamos, sin haber contado lo suficiente---que con órdenes directas del Estado proletario podríamos organizar al modo comunista, en un país de pequeños campesinos, la producción y la distribución estatales. La vida nos ha hecho ver nuestro error. Han sido necesarias diversas etapas transitorias---el capitalismo de Estado y el socialismo---para preparar el paso al comunismo con el trabajo de una larga serie de años. Esforzaos por construir al comienzo sólidos puentes que, en un país de pequeños campesinos, lleven al socialismo a través del capitalismo de Estado, no basándoos directamente en el entusiasmo, sino en el interés personal, en la ventaja personal, en la autogestión financiera, valiéndoos del entusiasmo despertado por la gran revolución. De otro modo no os acercaréis al comunismo, no llevaréis a él a decenas y decenas de millones de personas. Eso es lo que nos ha enseñado la vida, lo que nos ha enseñado el desarrollo objetivo de la revolución.
Y nosotros, que en tres o cuatro años hemos aprendido algo en el terreno de los virajes bruscos (cuando hace falta un viraje brusco), nos hemos puesto a estudiar un nuevo viraje, la "nueva política económica'', con empeño, atención e insistencia (aunque no todavía con suficiente empeño, suficiente atención ni suficiente insistencia). El Estado proletario tiene que ser un ``patrono'' prudente, celoso y hábil, un buen comerciante al por mayor; de lo contrario, no podrá elevar en el aspecto económico a un país de pequeños campesinos. Ahora, en las condiciones actuales, con la vecindad de un Occidente capitalista (todavía capitalista), no hay 667 otro modo de pasar al comunismo. El comerciante al por mayor parece un tipo económico tan apartado del comunismo como el cielo de la tierra. Pero esta contradicción es, precisamente, una ciclas que en la vida real conducen de la pequeña hacienda campesina al socialismo, a través del capitalismo de Estado. El interés personal eleva la producción, y nosotros necesitamos, ante todo y a toda costa, que aumente la producción. El comercio al por mayor agrupa desde el punto de vista económico a millones de pequeños campesinos, interesándolos, ligándolos, conduciéndolos a la etapa siguiente: a diversas formas de relación y unión en la producción misma. Hemos iniciado la necesaria transformación de nuestra política económica. En este terreno contamos ya con algunos éxitos, es cierto que poco considerables, parciales, pero indudables. Estamos terminando, en este terreno de la nueva ``ciencia'', el curso preparatorio. Si estudiamos con firmeza y ahínco, si contrastamos con la experiencia práctica cada uno de nuestros pasos, si no tememos rehacer varias veces lo empezado ni corregir nuestros errores, reflexionando detenidamente sobre lo que éstos significan, pasaremos también a los cursos siguientes. Terminaremos la ``carrera'', aunque las circunstancias de la economía y de la política mundiales la hayan hecho mucho más larga y difícil de lo que hubiéramos deseado. Cueste lo que cueste, por duros que sean los tormentos de la época de transición, las calamidades, el hambre, la ruina, no nos desalentaremos y llevaremos nuestra obra hasta el fin victorioso.
14 de octubre de 1921.
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I. 44.
144--152.
[668] __ALPHA_LVL1__ ACERCA DE LA SIGNIFICACIÓNLa mejor manera de conmemorar el aniversario de la (irán Revolución es concentrar la atención en las tareas que ésta no ha resuelto todavía. Semejante conmemoración es oportuna y necesaria en particular cuando existen tareas cardinales aún no resueltas por la revolución, cuando hay que asimilar algo nuevo (desde el punto de vista de lo realizado hasta ahora por la revolución) para resolver esas tareas.
En el momento actual, lo nuevo de nuestra revolución consiste en la necesidad de recurrir al método de acción ``reformista'', gradual, de prudente rodeo en los problemas fundamentales de organización de la economía. Esta ``novedad'' da lugar a una serie de problemas, incomprensiones y dudas de carácter teórico y práctico.
Un problema teórico: ¿cómo explicarse que, después de una serie de acciones de lo más revolucionarias, se pase, sobre el mismo terreno, a acciones extraordinariamente ``reformistas'', pese a la marcha victoriosa general de toda la revolución en su conjunto? ¿No será esto una "entrega de posiciones'', un "reconocimiento de la bancarrota" o algo por el estilo? Como es natural, los enemigos, empezando por los reaccionarios de tipo semifeudal y terminando por los mencheviques y demás caballeros de la Internacional II y media, responden que así es. Pero están en su papel de enemigos al hacer, con cualquier motivo o sin motivo alguno, declaraciones de esta índole. La conmovedora unanimidad que manifiestan en esta cuestión todos los partidos ---desde los feudales hasta los mencheviques---viene a demostrar una vez más que, frente a la revolución proletaria, todos esos partidos constituyen verdaderamente "una sola masa reaccionaria" (como lo pronosticó Engels, dicho sea entre paréntesis, en sus cartas a Bebel en 1875 y 1884).
Pero también entre los amigos hay cierta..."incomprensión".
Restableceremos la gran industria y organizaremos el intercambio directo de sus artículos con los productos de la pequeña agricultura campesina, contribuyendo a la socialización de ésta. 669 Para restablecer la gran industria, tomaremos a los campesinos, en concepto de préstamo, determinada cantidad de víveres y materias primas mediante la contingentación. Tal es el plan (método o sistema) que hemos aplicado durante más de tres años, hasta la primavera de 1921. Era una forma revolucionaria de enfocar el problema, en el sentido de demoler de manera directa y completa la vieja estructura socioeconómica para remplazaría con otra nueva.
Desde la primavera de 1921, en lugar de este enfoque, de este plan, método o sistema de acción, venimos planteando (todavía no "hemos planteado" por completo, sino que sólo "estamos planteando'', y sin tener plena conciencia de ello) una forma completamente distinta, de tipo reformista: no demoler la vieja estructura socioeconómica, el comercio, la pequeña hacienda, la pequeña empresa, el capitalismo, sino reanimar el comercio, la pequeña empresa, el capitalismo, dominándolos con precaución y de modo gradual u obteniendo la posibilidad de someterlos a una regulación estatal sólo en la medida que se vayan reanimando.
Es una forma completamente distinta de enfocar el problema.
Comparada con la forma anterior, revolucionaria, ésta es reformista (la revolución es una transformación que destruye lo viejo en lo más fundamental y radical, pero no lo transforma cautelosa, lenta y gradualmente, procurando demoler lo menos posible).
Cabe preguntar: si después de probar los métodos revolucionarios habéis reconocido su fracaso y pasado a los métodos reformistas, ¿no demuestra eso que declaráis, en general, que la revolución es un error? ¿No demuestra eso que no era preciso, en general, comenzar por la revolución, sino que era necesario empezar por reformas y limitarse a ellas?
Esta es la deducción que hacen los mencheviques y sus semejantes. Mas esta deducción es o bien un sofisma y una simple artimaña de politicastros redomados o bien una puerilidad de incautos. El mayor peligro---y quizá el único---para un auténtico revolucionario consiste en exagerar su radicalismo, en olvidar los límites y las condiciones del empleo adecuado y eficaz de los métodos revolucionarios. Es ahí donde los auténticos revolucionarios se estrellaban con la mayor frecuencia al comenzar a escribir "revolución" con mayúscula, colocar la "revolución" a la altura de algo casi divino, perder la cabeza, perder la capacidad de comprender, sopesar y comprobar con la mayor serenidad y sensatez en qué momento, en qué circunstancias y en qué terreno hay que saber actuar a lo revolucionario y en qué momento, en qué circunstancias y en qué terreno hay que saber pasar a la acción reformista. Los auténticos revolucionarios sucumbirán (no 670 en el sentido físico, sino espiritual de su causa) sólo---pero sin taita---en el caso de que pierdan la serenidad y se figuren que la revolución, "grande, victoriosa y mundial'', puede y debe cumplir obligatoriamente por vía revolucionaria toda clase de tareas en cualquier circunstancia y en todos los terrenos.
Quien se ``imagine'' tal cosa sucumbirá, pues se habrá imaginado una estupidez en la cuestión fundamental; y en época de guerra encarnizada (la revolución es la guerra más encarnizada), el castigo por una estupidez suele consistir en la derrota.
;De qué se deduce que la revolución, "grande, victoriosa y mundial'', puede y debe emplear únicamente métodos revolucionarios? De nada. Eso es absoluta y totalmente falso. La falsedad de eso es evidente de por sí sobre el fondo de tesis puramente teóricas, si no se aparta uno del terreno del marxismo. La falsedad de eso es confirmada también por la experiencia de nuestra revolución. En el aspecto teórico: durante la revolución se hacen tonterías igual que en cualquier otro tiempo, decía = Engels^^20^^', y decía la verdad. Hay que tratar de hacer las menos posibles y corregir cuanto antes las ya hechas, teniendo en cuenta con la mayor sensatez qué tareas y cuándo pueden llevarse a la práctica con métodos revolucionarios y cuáles no. Nuestra propia experiencia: la paz de Brest ha sido un modelo de acción absolutamente no revolucionaria, sino reformista e incluso peor que reformista, puesto que ha sido una acción regresiva, en tanto que las acciones reformistas, por regla general, avanzan lenta, cautelosa y gradualmente, pero no retroceden. La justedad de nuestra táctica al firmar la paz de Brest ha quedado ya tan demostrada y es tan clara y reconocida por todos que no merece la pena seguir hablando de este tema.
Lo único que hemos acabado por completo es la labor democrática burguesa de nuestra revolución. Y tenemos el más legítimo derecho a enorgullecemos de ello. La labor proletaria o socialista de nuestra revolución se resume en tres aspectos principales: 1) Salida revolucionaria de la guerra imperialista mundial; desenmascaramiento y cese de la matanza emprendida por dos grupos mundiales de fieras capitalistas. Esto nosotros lo hemos hecho hasta el fin por nuestro lado; consumarlo por todos los lados podría únicamente la revolución en una serie de países avanzados. 2) Creación del régimen soviético, forma de plasmación de la dictadura del proletariado. Se ha dado un viraje mundial. Se acabó la época del parlamentarismo democrático burgués. Ha comenzado un nuevo capítulo en la historia universal: la época de la dictadura proletaria. Sólo una serie de países perfeccionará y culminará el régimen soviético y todas las formas de dictadura 671 proletaria. A nosotros ríos queda aún mucho, muchísimo por hacer en este terreno. Sería imperdonable no verlo. Más de una vez tendremos que culminar, rehacer y volver a empezar. Cada grado que logremos avanzar, subir, en el desarrollo de las fuerzas productivas y de la cultura, debe ir acompañado del perfeccionamiento y modificación de nuestro sistema soviético, y nosotros nos encontramos a un nivel muy bajo en el aspecto económico y cultural. Hay mucho que rehacer; y ``turbarse'' por ello sería el colmo de la estupidez (o acaso de algo peor que estupidez). 3) Edificación económica de las bases del régimen socialista. En este terreno queda aún por coronar lo principal, lo fundamental. Y ésta es la tarea nuestra más certera, la más certera tanto desde el punto de vista de los principios como de la práctica, tanto desde el punto de vista de la RSFSR hoy como desde el punto de vista internacional.
Ya que lo principal no está consumado en su base, hay que fijar en ello toda la atención. Y en este problema la dificultad estriba en la forma de transición.
``No basta con ser revolucionario y partidario del socialismo o comunista en general---escribía yo en abril de 1918 en Las tareas inmediatas del Poder soviético---. Es necesario saber encontrar en cada momento peculiar el eslabón particular al cual hay que aferrarse con todas las fuerzas para sujetar toda la cadena y preparar sólidamente el paso al eslabón siguiente. El orden de los eslabones, su forma, su engarce, la diferencia entre unos y otros no son tan simples ni tan burdos en la cadena histórica de los acontecimientos como en una cadena corriente forjada por un herrero.''~^^*^^
En los momentos actuales, en el terreno de las actividades de que estamos tratando, ese eslabón es la reanimación del comercio interior, regulado (orientado) con acierto por el Estado. El comercio, he ahí el "eslabón" de la cadena histórica de los acontecimientos, de las formas de transición de nuestra edificación socialista en 1921--1922, "al cual debemos aferramos con todas las fuerzas" nosotros, el poder estatal proletario, el Partido Comunista dirigente. Si ahora "nos aferramos" a este eslabón con suficiente fuerza, podremos estar seguros de ser los dueños de toda la cadena en un futuro próximo. De otro modo no podremos ser dueños de toda la cadena, no podremos crear la base de las relaciones socioeconómicas de tipo socialista.
Esto parece extraño. ¿Comunismo y comercio? Resulta algo muy incoherente, absurdo y distinto. Pero si se reflexiona desde el _-_-_
^^*^^ Véase la présenle edición, i. 2, pág. 7(12. (iV. i/e lo Edil.)
672 punto de insta económico, lo uno no se distingue más de lo otro que el comunismo se diferencia de la pequeña agricultura campesina, patriarcal.A mi parecer, cuando triunfemos a escala mundial, pondremos urinarios públicos de oro en las calles de algunas de las ciudades más importantes del mundo. Este sería el empleo más ``justo'', gráfico e instructivo del oro para las generaciones que no han olvidado que, a causa del oro, fueron sacrificados diez millones de hombres y mutilados treinta millones en la "gran guerra liberadora" de 1914--1918, en la guerra en que se ventilaba el grandioso problema de qué paz era peor, la de Brest o la de Versalles; y que a causa de ese mismo oro hay quien se dispone, seguramente, a aniquilar a veinte millones de hombres y mutilar a sesenta millones en la guerra que quizá estalle por allá por 1925 o por 1928, acaso entre el Japón y Norteamérica, o entre Inglaterra y Norteamérica, o algo por el estilo.
Mas, por ``justo'', útil y humano que parezca ese empleo del oro, diremos, a pesar de todo: para llegar a semejante resultado es preciso trabajar uno o dos decenios con el mismo empeño e iguales éxitos con que hemos trabajado de 1917 a 1921, sólo que en un terreno mucho más vasto. Por el momento, en la RSFSR es preciso economizar el oro, venderlo más caro, adquirir con él mercancías a precios más bajos. Quien con lobos ancla, a aullar aprende; pero en lo que se refiere al exterminio de todos los lobos, como corresponde en una sociedad humana inteligente, nos atendremos al sabio proverbio ruso: "No te envanezcas al partir para la guerra, hazlo a la vuelta"...
El comercio es la única ligazón económica posible entre decenas de millones de pequeños agricultores y la gran industria, si... si no existe al lado de estos agricultores una magnífica gran industria mecanizada con una red de cables eléctricos; una industria que, tanto por su potencia técnica como por su ``superestructura'' orgánica y por los fenómenos concomitantes, provea a los pequeños agricultores de los mejores productos en mayor cantidad, con más rapidez y más barato que antes. A escala mundial esle ``si'' se ha realizado ya, esta condición existe ya, pero un país aislado---y, por añadidura, uno de los países capitalistas más atrasados---que ha intentado realizar, convertir en realidad, organizar prácticamente, de golpe y de modo directo, la nun>a liga/ón entre la industria y la agricultura, no ha podido cumplir "al asalto" esta tarea y se ve precisado a cumplirla mediante una serie de acciones lentas, graduales, de ``asedio'' cauteloso.
El poder estatal proletario puede dominar el comercio, cMicauzarlo, encajarlo en determinado marco. Un ejemplo 673 pequeño, muy pequeño: en la cuenca del Donets ha comenzado una reanimación económica reducida, muy reducida aún, pero indiscutible, en parte gracias al aumento de la productividad del trabajo en las grandes minas del Estado y, en parte también, gracias a la entrega en arriendo de pequeñas minas campesinas. De este modo, el poder estatal proletario recibe una pequeña cantidad complementaria de hulla (miserablemente pequeña desde el punto de vista de los países avanzados, pero, no obstante, digna de tenerse en cuenta dentro de nuestra pobreza) a un coste, digamos, del 100% y la vende a diversas instituciones oficiales al 120%, y a particulares al 140%. (Indicaré, entre paréntesis, que estas cifras son arbitrarias por completo, primero, porque no conozco las cifras exactas y, segundo, porque, si las conociera, no las haría públicas en este momento.) Esto se parece a que empezamos a dominar, si bien dentro de los límites más modestos, el intercambio entre la industria y la agricultura; a dominar el comercio al por mayor; a dominar la tarea de asirse a la pequeña industria atrasada que tenemos, o a la grande, pero debilitada y arruinada; a reanimar el comercio con la base económica existente; a hacer sentir la reanimación económica al campesino medio, al simple campesino (y éste es uno de la masa, un representante de la masa, un vehículo del elemento espontáneo); a aprovechar todo esto para llevar a cabo una labor más regular y tenaz, más amplia y fecunda de restablecimiento de la gran industria.
No nos dejaremos dominar por el "socialismo de sentimiento" o por el estado de ánimo patriarcal, semiseñorial, semivillano de la Rusia de antes, que se caracterizan por un inconsciente desprecio al comercio. Es admisible aprovechar toda clase de formas económicas de transición y hay que saber aprovecharlas, dada la necesidad de ello, para fortalecer la ligazón del campesinado con el proletariado, para reanimar sin tardanza la economía nacional en un país arruinado y extenuado, para impulsar la industria, para facilitar medidas posteriores, más amplias y más profundas, como la electrificación.
Sólo el marxismo ha definido con exactitud y acierto la relación entre las reformas y la revolución, si bien Marx tan sólo pudo ver esta relación bajo un aspecto, a saber: en las condiciones anteriores al primer triunfo más o menos sólido, más o menos duradero del proletariado, aunque sea en un solo país. En tales condiciones, la base de una relación acertada era ésta: las reformas son un producto accesorio de la lucha de clase revolucionaria del proletariado. Para todo el mundo capitalista, esta relación constituye el fundamento de la táctica revolucionaria del proletariado, el abecé, que tergiversan y ofuscan los líderes venales de la II
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674 Internacional y los caballeros semipedantes, semirremilgados de la Internacional II y media. Después del triunfo del proletariado, aunque sea en un solo país, aparece algo nuevo en la relación entre las reformas y la revolución. En principio, el problema sigue planteado del mismo modo, pero en la forma se produce un cambio, que Marx, personalmente, no pudo prever, pero que sólo puede ser comprendido colocándose uno en el terreno de la filosofía y de la política del marxismo. ¿Por qué pudimos aplicar con acierto el repliegue de Brest? Porque habíamos avanzado tanto que teníamos terreno para retroceder. Construimos el Estado soviético, salimos por vía revolucionaria de la guerra imperialista y culminamos la revolución democrática burguesa con tan vertiginosa rapidez---en unas cuantas semanas, desde el 25 de octubre de 1917 hasta la paz de Brest---, que incluso un repliegue tan inmenso (la paz de Brest) dejó en nuestras manos, a pesar de todo, posiciones suficientes por completo para aprovechar la ``tregua'' y avanzar triunfalmente contra Kolchak, Denikin, Yudénich, Pilsudski y Wrangel.Hasta el triunfo del proletariado, las reformas son un producto accesorio de la lucha revolucionaria de clase. Después del triunfo, ellas (aunque a escala internacional sigan siendo el mismo "producto accesorio'') constituyen, además, para el país en que se ha triunfado, una tregua necesaria y legítima en los casos en que es evidente que las fuerzas, después de una tensión extrema, no bastan para llevar a cabo por vía revolucionaria tal o cual transición. El triunfo proporciona tal "reserva de fuerzas" que hay con qué mantenerse, tanto desde el punto de vista material como del moral, aun en el caso de una retirada forzosa. Mantenerse desde el punto de vista material significa conservar la suficiente superioridad de fuerzas para que el enemigo no pueda derrotarnos por completo. Mantenerse desde el punto de vista moral significa no dejarse desmoralizar ni desorganizar, conservar una apreciación serena de la situación, conservar el ánimo y la firmeza de espíritu, replegarse aunque sea muy atrás, pero en la medida debida, replegarse de modo que se pueda detener a tiempo el repliegue y pasar nuevamente a la ofensiva.
Nos hemos replegado hacia el capitalismo de Estado. Pero nos hemos replegado con sentido de la medida. Ahora nos replegamos hacia la regulación estatal del comercio. Pero nos replegaremos con sentido de la medida. Hay ya síntomas de que se vislumbra el final de este repliegue, de que se vislumbra en un futuro no muy lejano la posibilidad de detener este repliegue. Cuanto más conscientes y unidos hagamos este repliegue necesario, cuanto menores sean los prejuicios con que lo llevemos a cabo, tanto antes 675 podremos detenerlo, tanto más firme, rápido y amplio será después nuestro victorioso avance.
5 de noviembre de 1921.
Publicado en el núm. 251 de ``Pravda'', correspondiente al 6 y 7 de noviembre de 1921. Firmado: \. I e n i n.
T. 44, págs. 221--229.
[676] __ALPHA_LVL1__ ACERCA DEL PAPEL Y DE LAS TAREASLa nueva política económica introduce una serie de modificaciones sustanciales en la situación del proletariado y, por consiguiente, en la de los sindicatos. La masa aplastante de los medios de producción en la esfera de la industria y el transporte queda en manos del Estado proletario. Junto a la nacionalización de la tierra, esta circunstancia demuestra que la nueva política económica no varía la esencia del Estado obrero, modificando, sin embargo, esencialmente los métodos y las formas de la construcción socialista, puesto que admite la emulación económica entre el socialismo en construcción y el capitalismo, que aspira a resurgir, a base de dar satisfacción, a través del mercado, a los muchos millones de campesinos.
Los cambios de forma en la construcción socialista están motivados por la circunstancia de que, en toda la política de transición del capitalismo al socialismo, el Partido Comunista y el Poder soviético emplean ahora métodos especiales para esta transición, actúan en una serie de aspectos por métodos diferentes que antes, conquistan una serie de posiciones "mediante un nuevo rodeo'', por decirlo así, realizan un repliegue para pasar nuevamente, más preparados, a la ofensiva contra el capitalismo. Particularmente, son admitidos hoy y se desarrollan el libre comercio y el capitalismo, que deben estar sujetos a una regulación por el Estado, y, por otra parte, las empresas estatales socializadas se reorganizan sobre la base de la llamada autogestión financiera, es decir, del principio comercial, lo que dentro de las condiciones de atraso cultural y de agotamiento del país, inevitablemente hará surgir, en mayor o menor grado, en la conciencia de las masas la contraposición entre la administración de determinadas empresas y los obreros eme trabajan en ellas.
677El Estado proletario, sin variar su esencia, puede admitir la libertad de comercio y el desarrollo del capitalismo sólo hasta ciertos límites y únicamente a condición de una regulación por parte del Estado (vigilancia, control, determinación de formas, orden, etc.) del comercio privado y del capitalismo privado. El éxito de tal regulación depende no sólo del poder estatal, sino más aún, del grado de madurez del proletariado y de las masas trabajadoras en general, de su nivel cultural, etc. Pero aun cuando se efectúe con todo éxito tal regulación, subsiste indiscutiblemente el antagonismo de los intereses de clase entre el trabajo y el capital. Por eso, una de las tareas más importantes de los sindicatos es, desde este momento, la defensa, en todos los aspectos y por todos los medios, de los intereses de clase del proletariado en su lucha contra el capital. Esta tarea debe ser colocada abiertamente en uno de los primeros lugares; el apáralo de los sindicatos debe ser reconstruido en correspondencia con esto, modificado o complementado (deben organizarse comisiones para el arbitraje de conflictos, deben crearse fondos para los casos de huelga, fondos de ayuda mutua, etc.).
La reorganización de las empresas del Estado sobre la base de la llamada autogestión financiera está ligada inevitable e indisolublemente con la nueva política económica y, en un futuro próximo, no cabe duda que este tipo será el predominante, si no el único. Esto significa de hecho, dentro de la situación de libre comercio admitido y en desarrollo, el paso de las empresas del Estado, en un grado considerable, al principio comercial. Esta circunstancia, debida a la apremiante necesidad de elevar la productividad del trabajo, de lograr que cada empresa del Estado trabaje sin pérdidas y sea rentable, y a los inevitables intereses y al exceso de celo de los respectivos departamentos, engendra de manera indefectible cierta contradicción de intereses en las cuestiones referentes a las condiciones de trabajo en las empresas, entre la masa obrera y los directores, los administradores de las empresas estatales o los departamentos a los que pertenecen. Por eso, en lo que respecta a las empresas socializadas, recae 678 incondicionalmente sobre los sindicatos la obligación de defender los intereses de los trabajadores, de contribuir, en la medida posible, a mejorar sus condiciones materiales de existencia, corrigiendo constantemente los errores y las exageraciones en los organismos económicos, por cuanto estos errores y exageraciones se derivan de la deformación burocrática del aparato del Estado.
Mientras existen las clases, la lucha de éstas es inevitable. Durante el período de transición del capitalismo al socialismo es inevitable la existencia de las clases; y el programa del PC de Rusia dice, de una manera absolutamente precisa, que sólo estamos dando los primeros pasos en la transición del capitalismo al socialismo. Por eso, tanto el Partido Comunista como el Poder soviético, lo mismo que los sindicatos, deben reconocer abiertamente la existencia de la lucha económica y su inevitabilidad, en tanto que no se termine, aunque sólo sea en lo fundamental, la electrificación de la industria y de la agricultura, en tanto que con ello no se corten todas las raíces de la pequeña economía y del dominio del mercado.
Por otra parte, es evidente que la meta final de la lucha huelguística dentro del capitalismo es la destrucción del aparato del Estado, el derrocamiento del poder del Estado de determinadas clases. Y en un Estado proletario de tipo transitorio, como es el nuestro, el objetivo final de toda actuación de la clase obrera puede ser solamente el fortalecimiento del Estado proletario y del poder del Estado proletario de clase, mediante la lucha contra las deformaciones burocráticas en este Estado, contra sus defectos y yerros, contra los apetitos de clase de los capitalistas que se esfuerzan por desembarazarse del control de este Estado, etc. Por lo tanto, ni el Partido Comunista, ni el Poder soviético, ni los 679 sindicatos deben olvidar de ningún modo, y no deben ocultarlo a los obreros y a las masas trabajadoras, que el empleo de la lucha huelguística en un Estado con un poder estatal proletario puede explicarse y justificarse exclusivamente por la deformación burocrática del Estado proletario y por toda clase de reminiscencias del pasado capitalista en sus instituciones, de un lado, y la falta de desarrollo político y el atraso cultural de las masas trabajadoras, de otro lado.
Por eso, en orden a los rozamientos y conflictos entre grupos aislados de la clase obrera y empresas u organismos aislados del Estado obrero, la tarea de los sindicatos estriba en contribuir al arreglo más rápido y menos penoso de los conflictos, con el máximo de ventajas para los grupos obreros que estos sindicatos representan, en la medida que dichas ventajas pueden ser aprovechadas sin perjuicio para otros grupos y sin daño para el desarrollo del Estado obrero y su economía, ya que sólo este desarrollo puede crear las bases para el bienestar material y espiritual de la clase obrera. El único método acertado, sano y conveniente de liquidar los rozamientos y conflictos entre grupos aislados de la clase obrera y los organismos del Estado obrero es la participación de los sindicatos como intermediarios, los cuales, representados por sus organismos correspondientes, entran en negociaciones con los respectivos organismos económicos interesados en la cuestión, a base de reivindicaciones y proposiciones exactamente formuladas por ambas partes, o bien apelan a instancias superiores del Estado.
En caso en que las acciones desacertadas de los organismos económicos, el atraso de determinados grupos obreros, la obra provocadora de elementos contrarrevolucionarios o, por último, la falta de previsión de las mismas organizaciones sindicales conduzcan a conflictos declarados en forma de huelgas en las empresas del Estado, etc., la tarea de los sindicatos es contribuir a que los conflictos sean liquidados del modo más rápido, tomando medidas derivadas del carácter de la labor sindical: adopción de medidas para liquidar las verdaderas injusticias y las anormalidades y para satisfacer las demandas justas y realizables de las masas, influencia política sobre estas últimas, etc.
Uno de los criterios más importantes e infalibles de la justedad y del éxito del trabajo de los sindicatos es el tener en cuenta en qué grado de eficacia evitan los conflictos de masas en las empresas del Estado mediante una política previsora, encaminada a la verdadera y completa salvaguardia de los intereses de la masa obrera y a la eliminación oportuna de las causas de los conflictos.
680La actitud formal que adoptan los sindicatos en la inscripción como miembros de los mismos de todos los trabajadores asalariados, sin exclusión, ha introducido cierto grado de deformación burocrática en los sindicatos y el aislamiento de los mismos de las amplias masas de sus afiliados. Por lo tanto, es preciso llevar a efecto con toda decisión la afiliación voluntaria en los sindicatos, tanto en lo que respecta al ingreso individual como al colectivo. De ningún modo se debe exigir a los miembros de los sindicatos que profesen un determinado credo político, en este sentido, lo mismo que con respecto a la religión, los sindicatos no deben ser una organización de partido. En un Estado proletario debe exigirse de los miembros de los sindicatos sólo la comprensión de la disciplina entre camaradas y de la necesidad de que las fuerzas obreras se unan para defender los intereses de los trabajadores y para ayudar al poder de los trabajadores, es decir, al Poder soviético. El Estado proletario debe estimular la unión sindical de los obreros, tanto en el sentido jurídico como en el material. Pero los sindicatos no deben tener ningún derecho sin deber.
El interés principal y más fundamental del proletariado, después de haber sido conquistado por éste el poder estatal, es el aumento de la cantidad de productos y la elevación en gran escala de las fuerzas productivas de la sociedad. Esta tarea, planteada con toda claridad en el programa del PC de Rusia, se ha hecho aún más perentoria ahora en nuestro país debido al estado de ruina de la postguerra, el hambre y el desbarajuste. Por eso, el éxito más rápido y sólido posible en la restauración de la gran industria es una condición sin la cual no se concibe el éxito de toda la causa de emancipar el trabajo del yugo del capital, no se concibe el triunfo del socialismo: pero, a su vez, semejante éxito requiere, indudablemente, dentro de la situación actual de Rusia, la concentración de todo el poder en manos de las administraciones de las fábricas. Estas administraciones, establecidas por regla general sobre el principio de la dirección unipersonal, deben determinar independientemente tanto la cuantía de los salarios como la distribución de los fondos, los racionamientos, la ropa de trabajo y toda otra clase de aprovisionamiento, a base y dentro de los límites de los 681 contratos colectivos firmados con los sindicatos y teniendo el máximo de libertad para maniobrar, comprobando del modo más riguroso los éxitos reales obtenidos en el aumento de la producción sin pérdidas y con ganancias, seleccionando con la mayor escrupulosidad a los más destacados e inteligentes administradores, etc.
Toda intervención directa de los sindicatos en la administración de las empresas, en estas condiciones, debe considerarse, indudablemente, nociva e inadmisible.
Pero sería completamente equivocado interpretar esta indiscutible verdad en el sentido de que se niegue a los sindicatos el derecho a participar en la organización socialista de la industria y en la dirección de la industria estatal. Esta participación es necesaria en formas determinadas con toda precisión, como son las siguientes.
El proletariado es el fundamento de clase del Estado que efectúa la transición del capitalismo al socialismo. En un país en el que predominan en un grado enorme los pequeños campesinos, el proletariado puede cumplir con éxito esta tarea sólo a condición de que la ligazón con la aplastante mayoría de los campesinos se lleve a cabo de un modo extraordinariamente hábil, cauteloso y gradual. Los sindicatos deben ser el colaborador más directo e imprescindible del poder del Estado, cuya dirección en toda su labor política y económica está a cargo de la vanguardia consciente de la clase obrera: el Partido Comunista. Siendo, en general, escuela de comunismo, los sindicatos deben ser en particular escuela de administración de la industria socialista (y luego, gradualmente, de la agricultura) para toda la masa de obreros, y después para todos los trabajadores.
Partiendo de estas tesis de principio, es preciso establecer para un período próximo las siguientes formas fundamentales de participación de los sindicatos en los organismos económicos y públicos del Estado proletario:
1. Los sindicatos participan en la creación de todos los organismos económicos y organismos del Estado ligados con la economía, proponiendo sus candidatos e indicando su antigüedad, experiencia, etc. La decisión de la cuestión corresponde exclusivamente a los organismos económicos, sobre los cuales recae también 682 toda la responsabilidad por la labor de los organismos correspondientes. Juntamente con esto, los organismos económicos han de tener en cuenta la apreciación de todos los candidatos hecha por los respectivos sindicatos.
2. Una de las tareas más importantes de los sindicatos es la de promover y preparar a administradores salidos de las masas obreras y trabajadoras en general. Si hoy contamos con decenas de tales administradores de la industria, suficientemente capacitados, y con centenares de éstos más o menos aptos, en un futuro próximo precisaremos a centenares de los primeros y millares de los segundos. La estadística sistematizada de todos los obreros y campesinos capaces de desempeñar esta función y el control escrupuloso, detallado y práctico del éxito de su aprendizaje en punto a la administración, deben ser realizados por los sindicatos de un modo mucho más minucioso y perseverante que hasta hoy.
3. Es preciso intensificar la participación de los sindicatos en todos los organismos de planificación del Estado proletario, en la elaboración de los planes económicos y de los programas de producción y de gasto de los fondos de aprovisionamiento material de los obreros, en la selección de las empresas cuyo abastecimiento queda a cargo del Estado, de las que se entregan en arriendo o en calidad de concesión, etc. Sin hacerse cargo directo de ninguna clase de funciones de control sobre la producción en las empresas particulares y arrendadas, los sindicatos intervienen en la regulación de la producción capitalista privada exclusivamente a través de su participación en los organismos estatales correspondientes. Además de la participación de los sindicatos en toda la labor cultural y educativa y en la propaganda en la esfera de la producción, tal actividad de los sindicatos debe atraer cada vez más amplia y profundamente a la clase obrera y a las masas trabajadoras a toda la construcción de la economía del Estado, haciéndoles conocer todo el ciclo de la vida económica, todo el ciclo del trabajo industrial, desde la preparación de la materia prima hasta la venta del producto, y dándoles una idea cada vez más concreta del plan estatal único de la economía socialista, así como del interés práctico que representa para los obreros y los campesinos la realización de este plan.
4. La fijación cié tarifas y normas de abastecimiento, etc., representa una de las partes integrantes y necesarias de la labor de los sindicatos en la construcción del socialismo y de su participación en la administración de la industria. En particular, los tribunales disciplinarios deben elevar indeclinablemente la disciplina de trabajo y desarrollar las formas educativas de la lucha por ella y por el aumento de la productividad, sin inmiscuirse de 683 ningún modo en las funciones de los tribunales populares en general ni en las funciones de la administración.
Esta relación de las funciones más fundamentales de los sindicatos en la construcción de la economía socialista debe ser, claro está, minuciosamente detallada por los organismos correspondientes de los sindicatos y del Poder soviético. Lo más esencial para levantar la economía nacional y fortalecer el Poder soviético es---teniendo presente la experiencia de la enorme labor realizada por los sindicatos en la organización de la economía y su administración, así como los errores, que no poco daño ocasionaron, por la intervención directa, sin preparación, incompetente e irresponsable en la administración---, pasar de un modo consciente y decidido a una tesonera labor positiva durante una larga serie de años, dedicada a la instrucción práctica de los obreros y de todos los trabajadores en la administración de la economía de todo el país.
La ligazón con las masas, es decir, con la enorme mayoría de los obreros (y luego con todos los trabajadores) es la condición más importante, la fundamental para lograr éxito en cualquier actividad que desplieguen los sindicatos. Desde abajo hasta lo más alto de la organización de los sindicatos y de su aparato debe ser creado y comprobado en la práctica, basándose en la experiencia de una larga serie de años, todo un sistema de camaradas responsables, entre los cuales deben figurar obligatoriamente no sólo los comunistas, que deben vivir muy dentro de la vida obrera, conocerla en todos sus aspectos, saber determinar infaliblemente en cualquier cuestión y bajo cualquier circunstancia el estado de ánimo de las masas, sus verdaderas aspiraciones, necesidades y pensamientos, saber determinar, sin la menor sombra de falsa idealización, su grado de conciencia y la fuerza de la influencia de estos o los otros prejuicios y reminiscencias del pasado, saber conquistarse una confianza ilimitada de las masas con una actitud de camaradería ante ellas, con una solícita satisfacción de sus necesidades. Uno de los mayores y más terribles peligros para un Partido Comunista numéricamente modesto y que, a título de vanguardia de la clase obrera, dirige a un enorme país que efectúa (por el momento sin gozar todavía del apoyo directo de los países más adelantados) la transición al socialismo, es el peligro cíe quedarse apartado de las masas, el peligro de que la vanguardia 684 avance demasiado lejos sin "estar alineado el frente'', sin conservar una ligazón estrecha con todo el ejército del trabajo, es decir, con la inmensa mayoría de la masa obrera y campesina. Lo mismo que la mejor fábrica con un magnífico motor y con máquinas de primera categoría no podrá funcionar si está averiado el mecanismo de transmisión eme va del motor a las máquinas, igualmente será inevitable la catástrofe de nuestra construcción socialista si no está estructurado de manera acertada o trabaja con fallos el mecanismo de transmisión del Partido Comunista a las masas: los sindicatos. No es suficiente esclarecer, recordar y corroborar esta verdad, es preciso fijarla orgánicamente en toda la estructuración de los sindicatos y en su labor cotidiana.
De todo lo expuesto más arriba se deducen una serie de contradicciones entre las diversas tareas de los sindicatos. Por una parte, su principal método de acción es la persuasión, la educación; por otra parte, como participan en el poder estatal, no pueden negarse a participar en la coacción. Por un lado, su tarea principal es la defensa de los intereses de las masas trabajadoras en el sentido más directo y próximo de la palabra; pero, al mismo tiempo, no pueden renunciar a la presión siendo participantes del poder estatal y constructores de toda la economía nacional en su conjunto. Por una parte, deben trabajar al estilo militar, puesto que la dictadura del proletariado es la guerra de clases más encarnizada, más empeñada y más desesperada, y, por otra parte, precisamente a los sindicatos, menos que a cualquier otro organismo, les son adecuados los métodos específicamente militares de trabajo. Por una parte, deben saber adaptarse a las masas, al nivel en que éstas se encuentran; y, por otra parte, de ningún modo deben alentar los prejuicios y el atraso de las masas, sino que deben elevarlas constantemente a un nivel cada vez más alto, etc., etc. Estas contradicciones no son casuales y no podrán ser liquidadas en el transcurso de varias decenas de años, puesto que, mientras queden vestigios del capitalismo y de la pequeña producción, son inevitables las contradicciones en toda la estructura social entre estos vestigios y los brotes del socialismo.
Las deducciones prácticas que se desprenden son de dos aspectos. Primero: para que la labor de los sindicatos sea eficaz, no basta comprender bien sus tareas, no basta estructurarlos con acierto; es preciso, además, un tacto singular, saber aproximarse a 685 las masas de un modo especial en cada caso concreto, logrando, con el mínimo de rozamientos, elevarlas a un grado más alto en el aspecto cultural, económico y político.
Segunda deducción: las contradicciones citadas engendran inevitablemente conflictos, desacuerdos, rozamientos, etc. Es necesaria una instancia superior, con suficiente autoridad, para resolverlos en el acto. Tal instancia es el Partido Comunista y la unión internacional de los partidos comunistas de todos los países: la Internacional Comunista.
Las tesis fundamentales acerca de esta cuestión se hallan expuestas en el programa del PC de Rusia. Pero quedarán sólo en el papel, si no se fija reiteradamente la atención sobre hechos que demuestran el grado de su realización en la práctica. Durante los últimos tiempos, tales hechos son los siguientes: primero, casos de asesinatos cíe ingenieros, cometidos por obreros de minas socializadas, no sólo de los Urales, sino también de la cuenca del Donets; segundo, el suicidio del ingeniero jefe del servicio de abastecimiento de aguas de Moscú, V. Oldenborguer, debido a las intolerables condiciones de trabajo creadas por la conducta incompetente e inadmisible de los miembros de la célula comunista, así como de los organismos del Poder soviético, lo que obligó al Comité Ejecutivo Central de toda Rusia a encomendar a los tribunales el examen cíe todo este = asunto^^209^^.
La culpabilidad por semejantes hechos recae en un grado incomparablemente mayor sobre el Partido Comunista y el Poder soviético en su conjunto que sobre los sindicatos. Pero no se trata ahora de establecer el grado de culpabilidad política, sino de sacar deducciones políticas concretas. Si todas nuestras instituciones dirigentes, es decir, tanto el Partido Comunista como el Poder soviético y los sindicatos, no consiguen que cuidemos como las niñas de nuestros ojos a cada uno de los especialistas que trabajan a conciencia, con conocimiento y amor hacia su trabajo, aunque sean completamente ajenos al comunismo en el aspecto ideológico, no se podrá hablar de éxitos serios de ningún género en la construcción socialista. Todavía no podremos realizarlo pronto, pero, cueste lo que cueste, debemos conseguir que los especialistas, como capa social particular, que continuará siendo capa particular hasta que se haya logrado alcanzar el grado más alto de desarrollo de la sociedad comunista, vivan mejor bajo el socialismo que bajo el capitalismo, tanto en el aspecto material como en el jurídico, tanto en lo que atañe a la colaboración de camaradería con los 686 obreros y campesinos como en el sentido ideológico, es decir, en el sentido de experimentar satisfacción por su trabajo y por la conciencia de la utilidad social del mismo, independizados de los intereses egoístas de la clase capitalista. Nadie estará de acuerdo en reconocer como satisfactoriamente organizado, siquiera sea en grado mínimo, un departamento que no realice una labor metódica y eficiente, encaminada a satisfacer todas las necesidades de los especialistas, a estimular a los mejores, a defender y salvaguardar sus intereses, etc.
Los sindicatos deben desplegar su actividad en todos estos aspectos (o participar de manera sistemática en el trabajo respectivo de todos los departamentos), no desde el punto de vista de los intereses de cada departamento, sino desde el punto de vista de los intereses del trabajo y de la economía nacional en su conjunto. A los sindicatos incumbe, en relación con los especialistas, la más dura y difícil labor de ejercer influencia cotidiana sobre las más amplias masas de los trabajadores para crear justas relaciones mutuas entre éstos y los especialistas; sólo una labor tal es capaz de dar resultados prácticos de verdadera importancia.
Los sindicatos son solamente efectivos cuando unifican capas muy amplias de obreros sin partido. De aquí que, sobre todo en un país en el que tienen un enorme predominio los campesinos, surja de modo inevitable una relativa estabilidad, precisamente en los sindicatos, de las influencias políticas que forman una superestructura sobre los vestigios del capitalismo y sobre la pequeña producción. Estas son influencias pequeñoburguesas, es decir, por una parte, eseristas y mencheviques (una variedad rusa de los partidos de la II Internacional y de la Internacional II y media) y, por otra parte, anárquicas; sólo en el seno de estas corrientes ha quedado cierto número de personas que defienden el capitalismo, no por motivos egoístas de clase, sino ideológicamente, conservando su creencia de que la ``democracia'', la ``igualdad'', la ``libertad'' en general, predicadas por ellas, tienen un valor al margen de las clases.
Precisamente por el motivo económico-social ya indicado y no por el papel de grupos aislados, y menos aún de individuos aislados, es preciso explicar las reminiscencias (y raras veces el resurgimiento) de semejantes ideas pequeñoburguesas en los sindicatos, reminiscencias que se observan en nuestro país. Tanto el Partido Comunista como las instituciones soviéticas que llevan a 687 cabo una labor cultural y educativa, así como todos los comunistas en el seno de los sindicatos, deben por eso dedicar mucha mayor atención a la lucha ideológica contra las influencias, corrientes y desviaciones pequeñoburguesas que tienen lugar dentro de los sindicatos; tanto más que la nueva política económica no puede dejar de conducir a cierto fortalecimiento del capitalismo. Es imperiosamente necesario un contrapeso a esto en forma del reforzamiento de la lucha contra las influencias pequeñoburguesas sobre la clase obrera.
Escrito del 30 de diciembre
de 1921 al 4 de enero de ¡922.
Publicado el 17 de enero de 1922 en el núm. 12 de ``Pravda''.
El CC del PC(b) de Rusia
4a ed. en ruso, t. 33, págs. 159--170.
[688] __ALPHA_LVL1__ EL SIGNIFICADOEl camarada Trotski ha dicho ya todo lo esencial, y lo ha dicho muy bien, sobre las tareas generales planteadas a la revista Pod Známenem Marxhma¿w en el número 1-2. Quisiera detenerme en algunas cuestiones que determinan más de cerca el contenido y el programa de la labor que se propone realizar la Redacción de esta revista, según se proclama en la declaración publicada en el número 1--2.
En dicha declaración se dice que no todos los que se agruparon en derredor de la revista Pod Známenem Marxizma son comunistas, pero que todos son materialistas consecuentes. Creo que esta alianza de comunistas con los que no lo son es sin duda necesaria y determina con acierto las tareas de la revista. Uno de los más graves y peligrosos errores de los comunistas (como de todos los revolucionarios que hayan coronado con éxito la etapa inicial de una gran revolución) es imaginarse que la revolución pueden llevarla a cabo los revolucionarios solos. Al contrario, para que todo trabajo revolucionario serio tenga éxito es preciso comprender y saber plasmar en la vida el concepto de que los revolucionarios sólo son capaces de desempeñar el papel de vanguardia de la clase vital y avanzada de verdad. La vanguardia cumple sus tareas de vanguardia sólo cuando sabe mantener el contacto con la masa que dirige, cuando sabe conducir realmente adelante a toda la masa. Sin la unión, en los más diversos terrenos, con los que no son comunistas, no puede ni siquiera hablarse de ninguna construcción comunista venturosa.
Otro tanto puede afirmarse de la defensa del materialismo y del marxismo que emprende la revista Pod Známenem Manázma. Las principales orientaciones del pensamiento social avanzado de Rusia tienen, por suerte, una sólida tradición materialista. Sin referirme ya a ]. V. Plejánov, bastará con mencionar a Chernyshevski, del que a menudo quedaban muy por debajo y muy atrás los populistas modernos (los socialistas populares, los eseristas y otros) en su afán de seguir las doctrinas filosóficas reaccionarias en boga, deslumhrados por el oropel de la supuesta "última palabra" de 689 la ciencia europea e incapaces de ver, tras ese oropel, tal o cual variedad de servilismo ante la burguesía, sus prejuicios y su carácter reaccionario burgués.
En todo caso, en Rusia hay todavía---y aún durarán bastante, sin duda---materialistas del campo de los no comunistas, y nuestro deber indiscutible es el de incorporar a todos los partidarios del materialismo consecuente y militante al trabajo común, a la lucha contra la reacción filosófica y los prejuicios filosóficos de la llamada "sociedad instruida''. Dietzgen padre, que no debe ser confundido con Dietzgen hijo---autor tan presuntuoso como fracasado---, al decir que los catedráticos de filosofía en la sociedad moderna son de hecho, en la mayoría de los casos, solamente "lacayos titulados del clericalismo'', expresó con acierto, tino y claridad el concepto fundamental del marxismo acerca de las tendencias filosóficas predominantes en los países burgueses, las cuales son objeto de la atención de sus eruditos y publicistas.
A nuestros intelectuales de Rusia, los cuales se complacen en considerarse avanzados---lo mismo que, dicho sea de paso, sus colegas de todos los demás países---, les disgusta mucho trasladar la cuestión al plano del juicio emitido por Dietzgen. Y les disgusta porque la verdad les duele. Basta con reflexionar un poco en la dependencia estatal, luego en la económica general, y después en la de otros tipos en que de la burguesía dominante pone la vida cotidiana a los intelectuales contemporáneos para comprender la certeza absoluta de la tajante calificación dada por Dietzgen. Basta con recordar la inmensa mayoría de las tendencias filosóficas en boga, que surgen con tanta frecuencia en los países europeos, aunque sea empezando por las relacionadas con el descubrimiento del radio y terminando por las que tratan ahora de aferrarse a Einstein, para darse cuenta de la ligazón existente entre los intereses de clase y la posición de clase de la burguesía, entre el apoyo que ésta presta a todas las formas de las religiones y el contenido ideológico de .las tendencias filosóficas de moda.
Por lo expuesto se ve que una revista deseosa ríe ser órgano de prensa del materialismo militante debe ser, primero, órgano combativo en el sentido de desenmascarar y perseguir constantemente a todos los "lacayos titulados del clericalismo" de nuestros tiempos, tanto da que se presenten como representantes de la ciencia oficial que como francotiradores autodenominados publicistas "demócratas de izquierda o de ideología socialista".
Una revista así debe ser, en segundo lugar, un órgano de prensa del ateísmo militante. Tenemos entidades o, por lo menos, instituciones públicas que se dedican a esa labor. Pero lo hacen con una apatía extremada, de manera insatisfactoria en grado sumo, 690 sintiendo, por lo visto, en su propia carne, el yugo de las condiciones generales de nuestra burocracia genuinamente rusa (si bien soviética). Por lo mismo, es de suma importancia que, para completar, corregir y avivar la labor de las instituciones públicas respectivas, una revista consagrada a convertirse en órgano de prensa del materialismo militante despliegue una propaganda y una lucha ateístas infatigables. Hay que estar al tanto de todas las publicaciones que, sobre el particular, aparezcan en todos los idiomas, traduciéndolas o, por lo menos, resumiendo el contenido de cuanto aparezca de valor al respecto.
Hace ya mucho que Engels aconsejaba a los dirigentes del proletariado moderno que se tradujesen, para difundirlas en masa entre el pueblo, las publicaciones ateístas militantes de fines del siglo = XVIII^^2^^''. Para vergüenza nuestra, seguimos sin hacerlo hasta la fecha (y ésta es una de las muchas demostraciones de que en una época revolucionaria es mucho más fácil conquistar el poder que saber utilizarlo acertadamente). A veces se pretende justificar esta apatía, esta inactividad y esta incapacidad nuestras con toda clase de razonamientos ``altisonantes'': por ejemplo, diciendo que las viejas publicaciones ateístas del siglo XVIII están ya anticuadas, que no son científicas, que son ingenuas, etc. No hay nada peor que estos sofismas presuntamente doctos que encubren la pedantería o la completa incomprensión del marxismo. Claro está que en las obras ateas de los revolucionarios del siglo XVIII encontraremos no pocos elementos no científicos e ingenuos. Pero nadie impide a los editores de estas obras que las abrevien y provean de sucintos epílogos en los que se exponga el progreso alcanzado por la humanidad en la crítica científica de la religión desde fines del siglo XVIII, se enumeren las respectivas obras nuevas, etc. Sería un crasísimo error, uno de los errores más graves que pueda cometer un marxista, pensar que las multitudinarias masas populares (sobre todo, de campesinos y artesanos), condenadas por toda la sociedad contemporánea al oscurantismo, la ignorancia y los prejuicios, puedan salir de esa ignorancia únicamente por la línea recta de la ilustración puramente marxista. Es necesario dar a dichas masas las más variadas publicaciones de propaganda atea, relacionarlas con los hechos de las más variadas esferas de la vida, abordarlas de una u otra manera a fin de interesarlas, de sacudirlas en todos los aspectos y sacarlas del letargo religioso, empleando para ello los procedimientos más distintos, etc.
Las publicaciones vivas y amenas de los viejos ateos del siglo XVIII, escritas con talento y llenas de ataques ingeniosos y abiertos al oscurantismo clerical dominante, resultarán, a cada paso, mil veces más adecuadas para sacar a la gente del letargo 691 religioso que las exposiciones de marxismo aburridas, secas, no ilustradas casi con ningún hecho bien seleccionado, exposiciones que prevalecen en nuestras publicaciones y que (debemos confesarlo) tergiversan a menudo el marxismo. Todas las obras de alguna importancia de Marx y Engels ya están traducidas al ruso. No hay el menor fundamento para temer que el viejo materialismo y el viejo ateísmo queden sin completar con las enmiendas aportadas por Marx y Engels. Lo más importante---lo que olvidan precisamente con mayor frecuencia nuestros comunistas seudomarxistas, en realidad deformadores del marxismo---es saber interesar a las masas, todavía incultas, en la actitud consciente ante los problemas religiosos y la crítica consciente de las religiones.
Por otra parte, fijémonos en los representantes de la moderna crítica científica de las religiones. Estos representantes de la burguesía ilustrada ``completan'' casi siempre sus propias refutaciones de los prejuicios religiosos con tales razonamientos que los descubren al punto como esclavos ideológicos de la burguesía, como "lacayos titulados del clericalismo".
Dos ejemplos. El catedrático R. Y. Vípper editó en 1918 un folleto titulado El origen del cristianismo (Editorial Faros, Moscú). Al exponer los resultados principales de la ciencia moderna, lejos de combatir los prejuicios y el engaño, arma de la Iglesia como organización política, lejos de tratar de estas cuestiones, declara abiertamente pretensión ridicula y de las más reaccionarias el elevarse por encima de ambos ``extremos'': tanto del idealismo como del materialismo. Esto no es más que servilismo ante la burguesía dominante, la cual desembolsa en apoyo de la religión en todo el mundo centenares de millones de rublos de las ganancias que extrae de los trabajadores.
El conocido erudito alemán Arthur Drews refuta en su libro El mito de Cristo las leyendas y prejuicios religiosos, demuestra que en el mundo no ha existido Cristo alguno, y al final del mismo se pronuncia en pro de la religión, pero de una religión algo renovada, refinada, artificiosa, capaz de contrarrestar "el torrente naturalista que aumenta a diario más y más" (página 238 de la cuarta edición alemana de 1910). Este es un reaccionario franco, consciente que ayuda abiertamente a los explotadores a que sustituyan los viejos y putrefactos prejuicios religiosos por otros nuevecitos, más ruines y viles todavía.
Esto no significa que no haya que traducir la obra de Drews. Significa que los comunistas y todos los materialistas consecuentes deben, a la vez que concluyen en cierta medida su alianza con la parte progresista cíe la burguesía, desenmascararla sin reservas cuando se desliza a la reacción. Significa que rehuir la alianza con los representantes de la burguesía del siglo XVIII, es decir, de la época 692 en que la burguesía era revolucionaria, equivaldría a traicionar el marxismo y el materialismo, puesto que la ``alianza'' con los Drews es, de una u otra forma, en mayor o menor grado, obligatoria para nosotros en la lucha contra los oscurantistas religiosos dominantes.
La revista Pod Známenem Marxizma, que se propone ser el órgano de prensa del materialismo militante, debe dedicar mucho espacio a la propaganda atea, a la información sobre las publicaciones respectivas y subsanar las inmensas faltas de nuestra labor estatal en esta esfera. Es de singular importancia utilizar los libros y folletos que contienen numerosos datos concretos y comparaciones demostrativas de la relación existente entre los intereses de clase y las organizaciones de clase de la burguesía moderna, por un lado, y las organizaciones de las instituciones religiosas y de la propaganda religiosa, por el otro.
Son de extraordinaria importancia todos los escritos relativos a los Estados Unidos de América del Norte, donde se revela en grado menor la relación oficial, gubernamental, de Estado, entre la religión y el capital. En cambio, se hace más evidente que la llamada "democracia moderna" (ante la cual se prosternan con tanta insensatez los mencheviques, los eseristas y, en parte, los anarquistas, etc.) no es otra cosa que la libertad de predicar lo que conviene a la burguesía, y a ésta le conviene predicar las ideas más reaccionarias, la religión, el oscurantismo, la defensa de los explotadores, etc.
Quisiera abrigar la esperanza de que una revista que se propone ser órgano de prensa del materialismo militante ofrecerá a nuestros lectores resúmenes de publicaciones ateas con referencias que indiquen para qué grupos de lectores y en qué sentido podrían servir tales o cuales obras y una relación de las aparecidas en nuestro país (deben considerarse aparecidas únicamente las traducidas con decoro, que no son tantas) y de las que aún debemos editar.
__-_-_-__Además de la alianza con los materialistas consecuentes no afiliados al Partido Comunista, no es de menos importancia, sino tal vez de más importancia aún, para la labor que el materialismo militante debe realizar, la alianza con los representantes de las ciencias naturales modernas que tienden al materialismo y no temen defenderlo ni predicarlo contra las vacilaciones filosóficas en boga, predominantes en la llamada "sociedad instruida'', que se inclinan por el idealismo y el escepticismo.
El artículo de A.Timiriázev sobre la teoría de la relatividad de Einstein, publicado en el número 1-2 de Pod Známenem Marxizma, 693 permite abrigar la esperanza de que la revista logre también concluir esta segunda clase de alianza, a la cual es preciso dedicar más atención. Hay que recordar que precisamente del brusco viraje que están dando actualmente las ciencias naturales modernas surgen a cada paso las escuelas y escudillas, las tendencias y subtendencias filosóficas reaccionarias. Por lo tanto, seguir de cerca los problemas que la novísima revolución en la esfera de las ciencias naturales destaca y atraer a esta labor, en la revista filosófica, a los investigadores naturalistas es una tarea sin cuyo cumplimiento el materialismo militante en modo alguno puede ser ni militante ni materialismo. Si Timiriázev se ha visto obligado a señalar en el primer número de la revista que a la teoría de Einstein---quien, según dice Timiriázev, no ha emprendido personalmente ninguna cru/ada activa contra las bases del materialismo---, se ha aferrado ya en todos los países una infinidad de intelectuales burgueses, esto se refiere no sólo a Einstein, sino a toda una serie, quizás a la mayoría, de los grandes transformadores de las ciencias naturales a partir de fines del siglo XIX.
Y para no tratar semejante fenómeno de un modo inconsciente debemos comprender que sin una sólida fundamentación filosófica no hay ciencias naturales, ni materialismo, que puedan soportar la lucha contra el empuje de las ideas burguesas y el restablecimiento de la concepción burguesa del mundo. Para soportar esta lucha y llevarla hasta el fin con pleno éxito, el naturalista debe ser un materialista moderno, un partidario consciente del materialismo representado por Marx, es decir, debe ser un materialista dialéctico. Para alcanzar este fin, los colaboradores de la revista Pod Známenem Marxizma deben organizar el estudio sistematizado fie la dialéctica de Hegel desde el punto de vista materialista, es decir, de la dialéctica que Marx aplicó prácticamente en su Capitaly en sus oirás obras de historia y política con tanto éxito que, en la actualidad, cada día del despertar de las nuevas clases a la vida y a la lucha en el Oriente (el Japón, la India, China)---es decir, de esos centenares de millones de seres que constituyen la mayoría de la población del globo y que eran hasta hoy, con su inactividad y letargo históricos, la causa del estancamiento y de la putrefacción de muchos Estados adelantados de Europa---, cada día del despertar de nuevos pueblos y de nuevas clases a la vida aporta una confirmación mayor aún del marxismo.
Naturalmente, la labor dedicada a tal estudio, a tal interpretación y a tal propaganda de la dialéctica de Hegel es sumamente difícil y, sin duda, los primeros intentos en este sentido conducirán a errores. Pero únicamente quien no hace nada no se equivoca. Basándonos en el modo que tenía Marx de aplicar la dialéctica de Hegel, concebida de una manera materialista, podemos y debemos desarrollar esta 694 dialéctica en todos sus aspectos, publicar en la revista fragmentos de las principales obras de Hegel, interpretarlas de un modo materialista, comentándolas con ejemplos de la aplicación de la dialéctica por Marx y con ejemplos de la dialéctica aplicada al terreno de las relaciones económicas y políticas, ejemplos que la historia contemporánea, sobre todo la guerra imperialista y la revolución actuales, nos ofrecen en cantidad extraordinariamente abundante. El grupo de redactores y colaboradores de la revista Pod Známenem Marxizma, a mi parecer, debe constituir algo así como una "Sociedad de amigos materialistas de la dialéctica hegeliana''. Los naturalistas modernos encontrarán (si saben investigar y si nosotros aprendemos a ayudarles en ello) en la interpretación materialista de la dialéctica de Hegel una serie de respuestas a las cuestiones filosóficas que plantea la revolución en las ciencias naturales y con las cuales van a parar a la reacción los admiradores intelectuales de las modas burguesas.
El materialismo no puede ser materialismo militante si no se plantea ni cumple con regularidad esa tarea. Seguirá siendo, empleando una expresión de Schedrín, no tan combativo = como combatido^^212^^. Sin ello, los grandes naturalistas seguirán siendo, con tanta frecuencia como hasta ahora, impotentes en sus conclusiones y síntesis filosóficas, ya que las ciencias naturales progresan con tanta rapidez, atraviesan un período de tan profundo viraje revolucionario en todos los dominios que no pueden pasarse de ninguna manera sin conclusiones filosóficas.
Para terminar, aduciré un ejemplo que no se refiere al terreno de la filosofía, pero que, en todo caso, se refiere al de las cuestiones sociales, a las que Pod Známenem Marxizma también quiere prestar atención.
Este es uno de los ejemplos de cómo la seudociencia de nuestros días sirve en realidad de vehículo para los conceptos reaccionarios más groseros e ignominiosos.
Hace poco me enviaron el número 1 de la revista Ekonomist (1922), editada por la XI sección de la Sociedad Técnica = Rusa^^213^^. El joven comunista que me la envió (es probable que le faltara tiempo para conocer el contenido de la revista) tuvo la imprudencia de elogiármela mucho. En realidad, esta revista es un órgano de prensa, no sé hasta qué punto consciente, de los feudales modernos que, como es natural, se encubren con el manto de la sabiduría, de la democracia, etc.
Cierto señor P. A. Sorokin publica en dicha revista unos estudios seudosociológicos titulados Acerca de la influencia de la guerra. El artículo científico está lleno de citas científicas de los trabajos "sociológicos" del autor y de sus numerosos maestros y cofrades del extranjero. He aquí una muestra de su sabiduría.
695En la página 83 leemos:
``En la actualidad, por cada 10.000 matrimonios hay en Petrogrado 92.2 divorcios, una cantidad fantástica; además, de cada 100 casos de divorcio, el 51,1% de los matrimonios duraron menos de un año; el 11%, menos de un mes; el 229?, menos de do Estas rcalid meses; el 419?, menos de 3-6 meses, y sólo el 269Í duraron más de 6 meses, cifras testimonian míe el matrimonio legal moderno es una forma que, en id. encubre las relaciones sexuales extramatnmoniales y ofrece a los amantes icer de un modo ``legal'' sus (Ekonomist, n\'um. 1. pág. 83).
No cabe duda de que tanto dicho señor como esa sociedad técnica rusa que edita la revista mencionada e inserta en ella semejantes razonamientos se consideran a sí mismos partidarios de la democracia y tendrán por grandísima ofensa que se les llame con el nombre que en realidad se merecen, es decir, señores feudales, reaccionarios, "lacayos titulados del clericalismo".
El menor conocimiento de la legislación de los países burgueses en cuanto al matrimonio, el divorcio y los hijos bastardos, así como de la situación real a este respecto, mostrará a cualquiera que se interese por esta cuestión que la democracia burguesa moderna, incluso en todas las repúblicas burguesas más democráticas, se manifiesta, precisamente en este sentido, como feudal i on relación a la mujer y a los hijos bastardos.
Esto, claro está, no impide a los mencheviques, a los eseí istas, a una parte de los anarquistas y ¿i todos los partidos respe-divos de Occidente seguir dando voces con motivo de la democracia y de la violación de la misma por los bolcheviques. En realidad, la única revolución consecuentemente democrática respecto a cuestiones como las del matrimonio, el divorcio y la situación de los hijos bastardos es, precisamente, la revolución bolchevique. Y ésta es una cuestión que atañe de un modo muy directo a los intereses de más de la mitad de la población de cualquier país. Sólo la revolución bolchevique, por primera vez, a pesar de la infinidad de revoluciones burguesas que la precedieron y que se llamaban democráticas, ha llevado a cabo una lucha decidida en dicho sentido, tanto contra la reacción y el feudalismo como contra la hipocresía habitual de las clases pudientes y gobernantes.
Si los 92 divorcios, en proporción a 10.000 matrimonios, le parecen una cifra fantástica al señor Sorokin, nos queda por suponer que el autor o bien ha vivido y se ha educado en algún monasterio tan alejado de la vida que es dudoso que alguien crea en la existencia de tal monasterio, o bien dicho autor tergiversa la verdad para complacer a la reacción y a la burguesía. Cualquiera que conozca, por poco que sea, las condiciones sociales de los países burgueses sabrá que el número real de divorcios reales (naturalmente, no sanciona-
696 dos por la Iglesia ni por la ley) es, en todas partes, inconmensurablemente mayor. En este sentido, Rusia sólo se distingue de otros países en que sus leyes no santifican la hipocresía y la carencia de derechos de la mujer y su hijo, sino que declaran abiertamente y en nombre de la autoridad pública una guerra constante a toda hipocresía y toda falta de derechos.La revista marxista tendrá que hacer la guerra también a semejantes ``cultos'' feudales de nuestros tiempos. Es probable que una parte no pequeña de ellos incluso reciba honorarios del Estado y esté al servicio del Estado ilustrando a la juventud, a pesar de que sirven para tales fines en un grado no mayor del que servirían corruptores manifiestos para ejercer de maestros en escuelas de primera enseñanza.
La clase obrera de Rusia supo conquistar el poder, pero no ha aprendido todavía a utilizarlo, puesto que, en caso contrario, hace ya mucho que habría enviado con la mayor cortesía posible a semejantes maestros y miembros de sociedades científicas a los países de la ``democracia'' burguesa. Ese es el lugar más adecuado para semejantes señores feudales.
Pero ya aprenderá, siempre que no le falten los deseos de aprender.
12.III.1922.
Publicado en mano de 1922 en el núm. 3 de la revista "Pod Známenern Marxizma ".
Firmado: N. Lenin.
T. 45, págs. 23--33.
[697] __ALPHA_LVL1__ XI CONGRESO DEL PC(b) DE RUSIA^^214^^(Aplausos.) Camaradas: Permitidme empezar el informe político del CC desde fin de año y no desde el comienzo de éste. La cuestión política de mayor actualidad es la Conferencia de Genova^^215^^. Pero como ya se ha hablado muchísimo de esto en la prensa de nuestro país, y como tuve ocasión de manifestar lo esencial de esta cuestión en mi discurso del 6 de marzo, que ha sido publicado, pediría que me autorizarais a no entrar en detalles sobre este problema, si no tenéis ninguna necesidad especial de que se os expliquen algunos pormenores.
En general, sabéis todo lo referente a la Conferencia de Genova, porque la prensa ha dedicado mucho espacio a esta cuestión, a mi parecer, demasiado, incluso en perjuicio de las necesidades reales, prácticas y apremiantes de nuestra construcción en general y de la organización de la economía en particular. Se comprende que en todos los países burgueses de Europa guste mucho entretener a la gente o llenarle la cabeza con toda clase de frases rimbombantes sobre Genova. Esta vez (y no es la única) los imitamos, y lo hacemos de manera excesiva.
Debo decir que en el CC hemos tomado las más escrupulosas medidas para formar una delegación de nuestros mejores diplomáticos (ahora tenemos un número considerable de diplomáticos soviéticos, no como al comienzo de la existencia de la República Soviética). En el CC hemos adoptado directrices bastante detalladas para nuestros representantes diplomáticos enviados a la Conferencia de Genova. Las hemos estudiado muy detenidamente, hemos deliberado varias veces y vuelto a deliberar sobre ellas. Cae 698 de su peso que aquí se trata de una cuestión, no diría militar, porque esta palabra daría pie a un malentendido, pero sí, en todo caso, de una competición. En el campo burgués existe una corriente de extraordinario vigor, muchísimo más poderosa que las demás, que tiende a frustrar la Conferencia de Genova. Hay corrientes eme tratan de defenderla a toda costa, de lograr que se celebre, y son las que prevalecen ahora. Por último, en el campo de todos los países burgueses existe una corriente que se podría denominar pacifista y en la cual hay que incluir asimismo a toda la II Internacional y a la Internacional II y media. Es el campo de la burguesía que míenla mantener una serie de propuestas pacifistas y ira/ar algo así como una política pacifista. Nosotros, como comunistas, leñemos nuestras opiniones concretas, que huelga por completo exponer aquí, de este pacifismo. Se comprende que vamos a Genova a negociar, y no como comunistas, sino como comerciantes. Nosotros necesitamos negociar, y ellos también. Nosotros queremos negociar con ventaja para nosotros, y ellos con ventaja para sí mismos. La forma en eme se va a desarrollar la lucha dependerá, aunque no sea en gran medida, del arte de nuestros diplomáticos.
Desde luego, cuando vamos a Genova como negociantes, no nos da igual tener que entendérnoslas con representantes del campo burgués que tiendan hacia la solución militar del problema o con representantes del campo burgués que tiendan hacia el pacifismo, aunque éste sea de lo más mediocre y, desde el punto de vista del comunismo, no resista la menor crítica. Sería un mal negociante quien no supiera captar esta diferencia y, ajustando a ello su táctica, lograr objetivos prácticos.
Nosotros vamos a Genova con un objetivo práctico: impulsar el comercio y crear las condiciones para que se desarrolle de la manera más amplia y eficaz. Pero en modo alguno garantizamos el éxito de la Conferencia de Genova. Sería ridículo y absurdo garantizarlo. Debo confesar que, enjuiciando con mayor moderación y prudencia las posibilidades que representa ahora la Conferencia de Genova, creo, sin embargo, que no será exagerado decir que conseguiremos este objetivo nuestro.
A través de Genova---si nuestros interlocutores allí son lo suficiente inteligentes y no demasiado testarudos---, dejando Genova a un lado---si se les ocurre obstinarse---, ¡pero alcanzaremos nuestro objetivo!
Los intereses más impostergables, vitales y prácticos de todas las potencias capitalistas, intereses que se han manifestado de manera acusada en los últimos años, exigen que se desarrolle, normalice y amplíe el comercio con Rusia. Y como este tipo de 699 intereses existe, puede discutirse, puede haber disensiones, podemos ----- separarnos en diferentes combinaciones---v hasta es muy verosímil que hayamos de hacerlo---, pero, aun con todo, esta necesidad económica fundamental acabará abriéndose paso en definitiva. Creo que a este respecto podemos estar tranquilos. No garantizo el plazo, no garantizo el éxito, pero precisamente en esta reunión puede afirmarse con bastante seguridad que han de seguir desarrollándose sin falta las relaciones comerciales regulares entre la República Soviética y todo el mundo capitalista. De las interrupciones que pueda haber en ellas hablaré en mi informe a su debido tiempo, pero creo que en cuanto a la Conferencia de Genova nos podemos limitar a lo dicho.
Por supuesto que los camaradas que deseen conocer la cuestión con mayor detalle y no se den por satisfechos con la lista de miembros de la delegación publicada en los periódicos podrán elegir una comisión o sección y ver todos los documentos, correspondencia y directrices que se tienen en el CC. Los detalles, naturalmente, los hemos esbozado de una manera convencional, porque hasta ahora no se sabe con exactitud quién se sentará a la mesa en esta Conferencia de Genova y cuáles serán las condiciones, o las condiciones previas que se pongan, o las salvedades que se hagan. No tendría el menor objeto analizarlas aquí todas; creo que incluso es prácticamente imposible. Repito: el congreso tiene plena posibilidad de reunir, mediante una sección o una comisión, todos los documentos sobre esta cuestión, tanto los publicados como los que obran en poder del CC.
Me limitaré a lo expuesto porque estoy convencido de que no es en esta cuestión donde tropezamos con nuestras mayores dificultades. No es a esto a lo que todo el partido debe prestar su principal atención. La prensa burguesa europea abulta y exagera con artificio y adrede la importancia de esta conferencia, engañando a las masas trabajadoras (asi lo hacen siempre las nueve décimas partes de toda la prensa burguesa en tocias estas repúblicas y países libres y democráticos). Nos hemos dejado llevar un poco por esta prensa. Como siempre, nuestros periódicos se dejan llevar aún por las viejas costumbres burguesas, se resisten a pasar a la nueva vía socialista, y hemos armado más barullo del que merece el tema. La Conferencia de Genova no ofrece en el fondo grandes dificultades para los comunistas, sobre todo para los que han vivido años tan duros como nosotros desde 1917, para los que han visto combinaciones políticas de tanta trascendencia como nosotros hemos visto desde entonces. No recuerdo que en relación con este asunto se produjeran divergencias o discusión alguna, no ya en el CC, sino tampoco en el seno de nuestro ~ 700 Emacs-File-stamp: "/home/ysverdlov/leninist.biz/es/1979/LOE3EP/20061027/799.tx" __EMAIL__ webmaster@leninist.biz __OCR__ ABBYY 6 Professional (2006.11.01) __WHERE_PAGE_NUMBERS__ top __FOOTNOTE_MARKER_STYLE__ [*]+ __ENDNOTE_MARKER_STYLE__ [0-9]+ partido. Y esto es natural, ya que aquí no hay nada discutible desde el punto de vista de los comunistas, ni aun teniendo en cuenta la diferencia de matices entre ellos. Vamos a Genova, repito, como negociantes, a fin de lograr formas más ventajosas para el desarrollo del comercio, que ya ha comenzado, que está en marcha y que, incluso en el caso de que alguien lograra interrumpirlo por la violencia durante cierto tiempo, pasada esa interrupción se desarrollará indefectiblemente a pesar de todo.
Circunscribiéndome, por lo tanto, a estas breves observaciones sobre la Conferencia de Genova, paso a lo que constituye, a juicio mío, las principales cuestiones políticas del ..año transcurrido y las más importantes del año próximo. Me parece (o, por lo menos, ésta es mi costumbre) que en el informe político del CC se debe hablar no sólo de lo que ha ocurrido en el año del que se rinde cuenta, sino de las enseñanzas políticas que hemos recibido en este año---las fundamentales, las esenciales---, para determinar con acierto nuestra política en el año venidero, para aprender algo de las experiencias de un año.
El problema principal es, claro está, la nueva política económica. Todo el año del que ahora rendimos cuenta ha transcurrido bajo el signo de la nueva política económica. Si en el curso de este año hemos hecho alguna conquista importante, seria e imprescriptible (lo que para mí no es aún tan indudable), ha consistido sólo en aprender algo del principio de esta nueva política económica. Y si al menos hemos aprendido un poco durante este año, ha sido efectivamente muchísimo en el terreno de la nueva política económica. Y la prueba de que realmente hemos aprendido, y en qué grado, la darán probablemente los acontecimientos subsiguientes, acontecimientos de un tipo que dependen muy poco de nuestra voluntad; por ejemplo, la inminente crisis financiera. A mi parecer, lo principal que se debe tener presente, en lo que toca a nuestra nueva política económica, como base para todos los razonamientos y para tomar en consideración la experiencia de un año y adquirir conocimientos prácticos para el año entrante, son los tres puntos siguientes:
Primero, nuestra nueva política económica nos interesa, sobre todo, para comprobar que logramos realmente una conexión con la economía campesina. En la época anterior del desarrollo de nuestra revolución, cuando toda la atención y todas las fuerzas estaban dirigidas o casi absorbidas, principalmente, por la tarea de oponer resistencia a la invasión, no podíamos pensar como es debido en esta conexión, no teníamos tiempo para preocuparnos de ella. Hasta cierto punto se podía y se debía no tenerla en cuenta, cuando existía la tarea absolutamente inaplazable y 701 apremiante de hacer frente al peligro de ser estrangulados en el acto por las gigantescas fuerzas del imperialismo mundial.
El viraje hacia la nueva política económica fue acordado con excepcional unanimidad, incluso mayor que para otros problemas afrontados en nuestro partido (que, debemos reconocerlo, se destaca, en general, por su gran unanimidad), en el congreso anterior. Esta unanimidad demostró que había madurado por completo la necesidad de abordar de una manera nueva la economía socialista. Personas que disentían en muchos problemas, que enjuiciaban la situación desde puntos de vista distintos, convinieron inmediatamente, sin vacilación y sin excepción alguna, en que no teníamos una forma verdadera de abordar la economía socialista, la construcción de sus cimientos, y que existía un procedimiento único para encontrar este modo de abordarla: la nueva política económica. Debido al desarrollo de los acontecimientos militares, debido al desarrollo de los acontecimientos políticos, debido al desarrollo del capitalismo en el antiguo Occidente culto y al desarrollo de las condiciones sociales y políticas en las colonias, tuvimos que ser los primeros en abrir una brecha en el viejo mundo burgués en un momento en que nuestro país era, económicamente, si no el más atrasado, por lo menos uno de los más atrasados. La inmensa mayoría de los campesinos de nuestro país sostienen pequeñas haciendas individuales. Lo que podíamos realizar inmediatamente del programa de la construcción de la sociedad comunista, trazado por nosotros, se llevaba a cabo al margen, hasta cierto punto, de lo que ocurría entre las extensas masas campesinas, a las que impusimos tributos muy agobiadores, justificándolos con que la guerra no admitía ningún titubeo a este respecto. Y esta justificación, si se toma en su conjunto, fue aceptada por los campesinos, a pesar de los errores que no pudimos evitar. La masa campesina, en general, vio y comprendió que estas enormes cargas que se le imponían eran indispensables para defender de los terratenientes el poder obrero y campesino y no ser ahogados por la invasión capitalista, que amenazaba arrebatar todas las conquistas de la revolución. Pero no existía una conexión entre la economía que se construía en las fábricas nacionalizadas, socializadas, y en los sovjoses, de una parte, y la economía campesina, de otra.
Esto lo vimos con claridad en el anterior congreso del partido. Lo vimos con tanta claridad que no hubo en el partido ninguna vacilación sobre la inevitable necesidad de la nueva política económica.
Es divertido observar las apreciaciones que de esta decisión nuestra hace la prensa, extraordinariamente abundante, de toda 702 clase de partidos rusos en el extranjero. La diferencia entre estas apreciaciones es de lo más nimia: ellos, que viven del pasado, siguen insistiendo hasta hoy en que los comunistas de izquierda están contra la nueva política económica incluso en el presente. Estos individuos recordaron en 1921 lo que había ocurrido en 1918, y lo que los mismos comunistas de izquierda han olvidado, y lo vienen repitiendo y repitiendo con machaconería hasta la fecha, llegando a asegurar que estos bolcheviques son, como se sabe, gente pérfida y mentirosa, que oculta a Europa las discrepancias existentes entre ellos en este punto. Cuando uno lee estas cosas, piensa: deja que se engañen. Si es ésta la idea que tienen de lo que ocurre en nuestro país, se puede juzgar por ello del grado de conciencia de esta gente vieja, que pretende ser la más instruida y que ahora se ha marchado al extranjero. Nosotros sabemos que aquí no ha habido ninguna discrepancia, y no la ha habido porque estaba clara para todos la necesidad práctica de abordar de otra manera la construcción de los cimientos de la economía socialista.
En nuestro país no existía conexión entre la economía campesina y la nueva economía que intentábamos crear. ¿Existe ahora? Aún no. Sólo nos vamos acercando a ella. Todo el significado de la nueva política económica, que nuestra prensa sigue buscando a menudo por todas partes menos donde se debe buscar, todo el significado consiste única y exclusivamente en esto: encontrar la forma de conexión para esta nueva economía, que estamos creando a costa de ímprobos esfuerzos, con una economía campesina. Y en esto consiste nuestro mérito; sin esto no seríamos comunistas, revolucionarios.
Hemos comenzado a construir la nueva economía de una manera completamente nueva, sin tomar en consideración nada de lo viejo. Y si no la hubiéramos comenzado a construir, nos habrían aplastado por completo en los primeros meses, en los primeros años. Pero esto no quiere decir que nos obstinemos en que, debido a haberla comenzado con tamaña audacia, la debamos continuar sin falta de esta manera. ¿De dónde se desprende esto? De ninguna parte.
Hemos dicho desde un principio que debemos realizar una obra más que nueva y que si no nos ayudan con rapidez los camaradas obreros de los países más desarrollados en el sentido capitalista, nuestra labor será increíblemente difícil y cometeremos, sin duda, una serie de errores. Lo principal es saber analizar con serenidad los errores cometidos y reconstruirlo todo desde el comienzo. Si es necesario rehacerlo todo desde el comienzo, no dos, sino hasta muchas veces, esto demostrará que abordamos sin 703 prejuicios y con mirada serena nuestra tarea, la más grandiosa de cuantas se hayan emprendido jamás en el mundo.
Ahora lo esencial de la nueva política económica es que asimilemos bien la experiencia del año transcurrido. Es preciso hacerlo, y lo deseamos hacer. Y si queremos lograrlo a toda costa (¡queremos y lo lograremos!), es necesario saber que la tarea de la Nep, la tarea principal y decisiva, la que subordina todo lo demás, consiste en establecer una conexión entre la nueva economía, que hemos comenzado a construir (muy mal, con mucha torpeza, pero que, no obstante, hemos comenzado a construir, basándola en una economía socialista enteramente nueva, de una producción nueva, de una nueva distribución), y la economía campesina, de la que viven millones y millones de campesinos.
Antes no existía esa conexión, y eso es lo que debemos crear en primer término. A esta idea hay que supeditarlo todo. Debemos aclarar aún hasta qué grado ha conseguido la nueva política económica establecer esta conexión y no desmoronar lo que hemos comenzado a construir con torpeza.
Estamos edificando nuestra economía con los campesinos. Debemos rehacerla de continuo y construirla de manera que sea una ligazón entre nuestra labor socialista en la gran industria y en la economía agrícola y la labor en la que está atareado cada campesino y que realiza como puede, saliendo de la miseria como sabe, sin filosofar (porque ¿qué puede filosofar él para salir y salvarse del peligro directo de morir entre las torturas del hambre?).
Hay que mostrar esta conexión para que la veamos con claridad nosotros, para que la vea todo el pueblo y para que toda la masa campesina vea que existe un vínculo entre la vida actual, dura, inauditamente desolada, extremadamente miserable y angustiosa, y el trabajo que se lleva a cabo en aras de remotos ideales socialistas. Hay que proceder de manera que cada simple trabajador, cada trabajador de filas, comprenda que ha obtenido alguna mejora, y la ha obtenido no como unos cuantos campesinos durante la época del poder de los terratenientes y del capitalismo, cuando cada paso hacia la mejora (indudablemente, mejoras las había, y muy grandes) iba acompañado del escarnio, los ultrajes, las burlas a cuenta del mujik, la violencia contra la masa; cosa que ningún campesino ha olvidado en Rusia ni olvidará en decenas de años. Nuestro objetivo es restablecer la conexión, demostrar con hechos a los campesinos que comenzamos por lo que ellos conocen, comprenden y pueden alcanzar hoy pese a toda su miseria, y no por algo distante y fantástico desde su punto de vista; demostrarles que sabemos ayudarles, y que los comunistas les 704 ayudan de hecho en estos momentos difíciles para los pequeños campesinos arruinados, empobrecidos, que sufren el tormento del hambre. O nosotros les demostramos eso o ellos nos enviarán al diablo. Eso no habrá quien lo evite.
Esta es la significación de la nueva política económica, éste es el fundamento de toda nuestra política. He aquí para nosotros la principal lección del año transcurrido---en el que se ha aplicado la nueva política económica---y, por decirlo así, nuestra principal norma política para el año entrante. El campesinado nos concede crédito y, desde luego, después de lo que ha sufrido, no puede menos de concedérnoslo. Los campesinos, en su mayoría, viven con esta resignación: "Bueno, si no sabéis hacer las cosas, esperaremos, puede que aprendáis''. Pero este crédito no puede ser inagotable.
Es preciso saberlo y, una vez obtenido el crédito, hay que apresurarse, a pesar de todo. Hay que saber que se aproxima el momento en que el país campesino no nos seguirá concediendo créditos, en que nos pedirá dinero contante, si se puede usar aquí este término comercial. "Pero, sin embargo, ahora, después de tantos meses y tantos años de prórrogas, vosotros, distinguidos gobernantes, habéis obtenido el método mejor y más seguro para ayudarnos a salir de la pobreza, de la miseria, del hambre, de la ruina. Vosotros sabéis hacer las cosas, lo habéis demostrado.'' He aquí la prueba que irremisiblemente se cierne sobre nosotros, y esta prueba, en última instancia, lo decidirá todo: los destinos de la Nep y los destinos del poder comunista en Rusia.
¿Sabremos dar cima a nuestra obra inmediata o no? ¿Esta Nep servirá para algo o no? Si resulta un retroceso hecho con acierto, entonces, replegados, nos uniremos con la masa campesina y con ella marcharemos adelante con centuplicada lentitud, pero de un modo firme y constante para que ésta vea siempre que, a pesar de todo, vamos avanzando. Entonces nuestra causa será absolutamente invencible, y no nos dominará ninguna fuerza en el mundo. Hasta ahora, en este primer año, no lo hemos logrado. Es preciso decirlo con franqueza. Y yo estoy profundamente convencido (y nuestra nueva política económica permite sacar esta conclusión con toda claridad y firmeza), que si nos percatamos de todo el inmenso peligro que representa la Nep y concentramos todas nuestras fuerzas en los puntos débiles, resolveremos el problema.
Cerrar filas con la masa campesina, con los simples campesinos trabajadores, y comenzar a avanzar incomparable, infinitamente más despacio de lo que nosotros soñábamos, pero, en cambio, de forma que toda la masa avance efectivamente con nosotros. Si obramos así, llegará un momento en que la aceleración de este 705 movimiento alcanzará un ritmo con el que ahora no podemos ni soñar. Esta es, a mi entender, la primera lección política fundamental de la nueva política económica.
La segunda lección, más particular, es la comprobación, por medio de la emulación, de las empresas estatales y capitalistas. En nuestro país se crean ahora sociedades mixtas---hablaré un poco de ellas más adelante---, las cuales, lo mismo que todo nuestro comercio estatal y toda nuestra nueva política económica, son la aplicación por nosotros, los comunistas, de procedimientos comerciales, de procedimientos capitalistas. Asimismo tienen la importancia de que se establece una emulación práctica entre los procedimientos capitalistas y nuestros procedimientos. Comparad en la práctica. Hasta ahora escribíamos un programa y prometíamos. En su tiempo esto era completamente indispensable. Sin programa y sin promesas no se puede propugnar la revolución mundial. Si nos critican por ello los guardias blancos, y entre ellos los mencheviques, esto solamente demuestra que los mencheviques y los socialistas de la II Internacional y de la Internacional II y media no tienen la menor idea de cómo transcurre, en general, el desarrollo de la revolución. No podíamos comenzar de otro modo.
Pero ahora las cosas se hallan de tal manera que debemos comprobar ya en serio nuestro trabajo, y no corno suelen hacerlo las instituciones de control creadas por los mismos comunistas, aunque éstas sean magníficas y estén incluidas en el sistema de las instituciones soviéticas y en el sistema de las instituciones del partido, aunque sean instituciones de control casi ideales; semejante comprobación es una burla desde el punto de vista de la necesidad real de la economía campesina, mas no es, en modo alguno, una burla desde el punto de vista de nuestra edificación. Estamos constituyendo ahora estas instituciones de control, pero no hablo ahora de esa comprobación, sino de la que representa un control desde el punto de vista de la producción masiva.
El capitalista sabía abastecernos. Lo hacía mal, lo hacía saqueando, nos vejaba, nos expoliaba. Esto lo saben los simples obreros y campesinos, que no discuten de comunismo, porque no saben con qué se come.
``Pero los capitalistas, a pesar de todo, sabían abastecer. Y vosotros, ¿sabéis? No, vosotros no sabéis.'' Estas son las voces que se oían el año pasado, en la primavera---no siempre con claridad---, pero que abonaron el terreno para toda la crisis de la primavera del año pasado. "Sois personas excelentes, pero no sabéis hacer la obra que habéis comen/ado, la obra económica.'' He aquí la critica más simple y contundente que el año pasado dirigieron contra el Partirlo Comunista los campesinos y, por el
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706 conducto de ellos, toda una serie de sectores obreros. Por eso precisamente, este punto viejo adquiere tanta importancia en el problema de la Nep.Es necesaria una verdadera comprobación. A nuestro lado actúa el capitalista, actúa saqueando, recoge ganancias, pero sabe hacer las cosas. ¿Y vosotros? Vosotros probáis con procedimientos nuevos: no obtenéis ganancias, los principios son comunistas, los ideales son buenos---bien, os han pintado tan bonitos que parecíais santos dignos de entrar vivos en el paraíso---, pero ¿sabéis hacer las cosas? Hace falta una comprobación, una verdadera comprobación, que no se limite a que la CCC investigue y determine censurar, y el CEC de toda Rusia determine sancionar, no, sino una auténtica comprobación, desde el punto de vista de la producción masiva.
Se ha concedido a los comunistas toda clase de prórrogas, y se les ha dado más crédito que a ningún otro gobierno. Claro es que los comunistas han ayudado al campesino a desembarazarse de los capitalistas y de los terratenientes, esto él lo aprecia, y nos ha concedido prórrogas a crédito, pero todo hasta cierto plazo. Y luego viene ya la comprobación: ¿sabéis administrar no peor que otros? El viejo capitalista sabe, pero vosotros no sabéis.
He aquí la primera enseñanza, la primera parte principal del informe político del CC. Nosotros no sabemos llevar la hacienda pública. Eso se ha demostrado durante este año. Yo desearía tomar como ejemplo varios ``trustestats'' (expresándome con ese excelente idioma, tan alabado por Turguénev)^^*^^ y demostrar de qué manera sabemos llevar la hacienda.
Lamento no haber podido, por una serie de razones, y en grado considerable por mi enfermedad, preparar a fondo esta parte del informe y tener que limitarme a exponer mis convicciones, basadas en la observación de lo que ocurre. En el transcurso de este año hemos demostrado con entera claridad que no sabemos llevar la hacienda pública. Esta es la enseñanza principal. O en el año próximo demostramos lo contrario, o el Poder soviético no podrá existir. Y el peligro mayor es que no todos se dan cuenta de eso. Si todos los comunistas que ocupan puestos de responsabilidad reconocieran claramente: no sabemos,comencemos a estudiar desde el principio y saldremos ganando, sería, a juicio mío, la conclusión principal, fundamental. Pero no lo reconocen y están convencidos de que si alguien piensa así, es gente poco _-_-_
^^*^^ La nota irónica que va entre paréntesis se refiere a la costumbre adquirida de lormar nuevas palabras compuestas con abreviaciones, en este caso, "trusts estatales''. (.Y. de ln Edil)
707 desarrollada que no ha estudiado, según dicen ellos, el comunismo, puede ser que lo estudien y lo lleguen a comprender. Mas no, perdonad, no se trata de que el campesino o el obrero sin partido no haya estudiado el comunismo, sino de que han pasado los tiempos en que bastaba con desarrollar un programa y hacer un llamamiento al pueblo para que cumpliera este gran programa. Y han pasado esos tiempos, ahora hay que demostrar que vosotros, en la difícil situación actual, sabéis ayudar prácticamente a la economía del obrero y del mujik, para que vean que habéis sabido sostener la emulación.Las sociedades mixtas que hemos comenzado a crear, en las que participan capitalistas privados---rusos y extranjeros---y comunistas, constituyen una de las formas en que se puede organizar con acierto la emulación, demostrar que nosotros sabemos establecer la conexión con la economía campesina no peor que los capitalistas, que podemos satisfacer sus necesidades, que podemos ayudar al campesino a avanzar tal y como es ahora, pese a toda su ignorancia, ya que no es posible hacerle cambiar en un plazo corto.
Esa es la emulación que se nos plantea como una tarea absoluta e inaplazable. Ese es precisamente el quid de la nueva política económica y, según mi convicción, todo el fondo de la política del partido. Tenemos todos los problemas y las dificultades puramente políticos que se quieran. Y vosotros sabéis cuáles son: la Conferencia cíe Genova, el peligro cíe intervención... Dificultades inmensas, pero todas ellas insignificantes comparadas con esta dificultad. Allí ya hemos visto cómo se hace eso, allí hemos aprendido mucho, hemos percibido lo que es la diplomacia burguesa. Eso es cosa que nos han venido enseñando quince años los mencheviques, y nosotros hemos aprendido algo de provecho. Eso no es nuevo.
Pero veamos qué debemos hacer en la economía: salir airosos de la emulación con el simple dependiente de comercio, con el simple capitalista o comerciante, que llegará al campesino y no discutirá con él de comunismo---imaginaos: no discutirá de comunismo---, sino que le dirá: si hay necesidad de abastecer, de comerciar bien, de construir, yo construiré caro; pero puede ser que los comunistas construyan más caro aún, e incluso diez veces más caro. Este es el género de propaganda que presenta ahora todo el fondo del problema, he ahí la clave de la economía.
Repito, hemos obtenido del pueblo una prórroga y crédito gracias a nuestra política justa, y esto, expresándolo en la terminología de la Nep, son letras de cambio, pero ni se indica en ellas cuándo vencen ni por su texto se entera uno de cuándo serán 708 protestadas. He ahí en qué consiste el peligro, he ahí la particularidad que diferencia estas letras de cambio políticas de las comerciales corrientes. A eso debemos prestar toda nuestra atención, no tranquilizarnos por el hecho de que en todas partes, en los trusts estatales y en las sociedades mixtas, se encuentren los comunistas mejores y más responsables, pues de nada sirve, porque ellos no saben administrar, y en este sentido son peores que un empleadillo capitalista cualquiera que ha pasado por la escuela de una fábrica grande o de una casa importante. No nos damos cuenta de esto, aquí pervive la altanería comunista, la comaltanería, expresándome en ese gran idioma de moda. El problema consiste en que un comunista que desempeña un cargo de responsabilidad---el mejor, el honrado a carta cabal, el más fiel, el que ha pasado por la cárcel y no ha temido a la muerte--- no sabe comerciar, porque no es un hombre de negocios, poique no ha estudiado ni quiere estudiar eso y no comprende que debe empezar por el abecé. El, comunista, revolucionario que ha hecho la revolución más grande del mundo; él, contemplado si no por cuarenta siglos desde la cumbre de las pirámides, sí por cuarenta países europeos con la esperanza de verse libre del capitalismo, debe aprender de un simple empleado que lleva diez años trabajando en una tienda, que conoce este ramo, y él, comunista que ocupa un puesto de responsabilidad y es un revolucionario abnegado, no solamente lo desconoce, sino que hasta ignora que lo desconoce.
Pues bien, camaradas, si nosotros corrigiéramos, aunque sólo fuera este primer desconocimiento, ya sería un grandísimo triunfo. Debemos salir cíe este congreso con la convicción de que eso no lo sabíamos y de que tenemos que aprender desde el abecé. Pero, a pesar de todo, aún no hemos dejado de ser revolucionarios (aunque muchos dicen, y hasta no sin cierto fundamento, que nos hemos burocratizado) y podemos comprender esta cosa sencilla: que en la obra nueva, extraordinariamente difícil, hay que saber comenzar desde el principio varias veces. Si después de haber comenzado te encuentras en un atolladero, comienza de nuevo, y así diez veces si es necesario, hasta que te salgas con la tuya. No te envanezcas, no presumas de ser comunista, porque puede haber allí cualquier empleado sin partido, quizá algún guardia blanco, y seguramente un guardia blanco que sabe hacer las cosas que necesariamente deben hacerse en el orden económico, en tanto que tú no lo sabes. Si tú, comunista que ocupas un puesto de responsabilidad, con centenares de categorías y títulos, incluso con el de ``caballero'' comunista y soviético, llegas a comprender eso, habrás conseguido tu objetivo, pues eso se puede aprender.
709Aunque muy pequeños, hemos logrado algunos éxitos este año, pero son insignificantes. Lo principal es que no existe la conciencia, la convicción, muy extendida y compartida por todos los comunistas, de que ahora entre nosotros, entre los comunistas rusos que desempeñamos cargos de responsabilidad y somos leales, ese saber es menor que el de cualquier viejo empleado. Repito, hay que comenzar a estudiar desde el principio. Si tomamos conciencia cíe esto triunfaremos en la prueba, y es seria la prueba que nos prepara la crisis financiera que se aproxima, la que nos prepara el mercado ruso e internacional, al que estamos subordinados, al que estamos atados, del que no nos podemos separar. Es una prueba seria, ya que en ella nos pueden batir en los aspectos económico y político.
El problema se plantea así y solamente así, porque ésta es una emulación seria y decisiva. Hemos tenido muchos caminos y salidas para nuestras dificultades políticas y económicas. Podemos jactarnos con orgullo de que hasta ahora hemos sabido utilizar todos estos caminos y salidas en diversas combinaciones, adaptándolos a las diferentes situaciones, pero ahora no tenemos ninguna salida. Permitidme que os lo diga sin ninguna exageración, porque en este sentido, realmente, es la "lucha final'', y no con el capitalismo internacional---con éste habrá todavía muchas "luchas finales"---, no, sino con el capitalismo ruso, con ese capitalismo que brota de la pequeña economía campesina y es ayudado por ésta. Y aquí ha de librarse un combate, en un futuro cercano, cuyo plazo aún no se puede fijar con exactitud. Aquí ha de reñirse la "lucha final'', aquí no puede haber rodeos políticos ni de ninguna otra clase, ya que ésta es la prueba de la emulación con el capital privado. O salimos airosos de esta prueba de la emulación con el capital privado o será un fracaso completo. Para salir bien de esta prueba tenemos el poder político y un montón de diversos recursos económicos y de otro tipo, tenemos todo lo que queráis, menos capacitación. Falta capacitación. Y por eso, si extraemos esta simple lección de la experiencia del año pasado y la convertimos en nuestra directriz para todo el año 1922, superaremos también esta dificultad, a pesar de que es mucho mayor que la dificultad anterior, porque la llevamos dentro de nosotros mismos. Esto no es lo mismo que un enemigo exterior cualquiera. Esta dificultad consiste en que nosotros no queremos reconocer la desagradable verdad que se nos impone ni queremos caer en la desagradable situación en que es necesario caer: comenzar a estudiar desde el principio. Esta es la segunda enseñanza, que, a mi juicio, se deduce de la nueva política económica.
La tercera enseñanza---enseñanza complementaria---está 710 relacionada con el problema del capitalismo de Estado. Es una pena que no asista al congreso el camarada Bujarin, pues quisiera discutir con él un poco, pero será mejor que lo aplace hasta el próximo. En cuanto al capitalismo de Estado, nuestra prensa y, en general, nuestro partido cometen el error de caer en el intelectualismo, en el liberalismo: alambicamos sobre cómo se debe comprender el capitalismo de Estado, y hojeamos libros viejos. Y allí se trata de algo muy distinto: se describe el capitalismo de Estado que existe bajo el capitalismo, pero no hay ni un solo libro en el que se escriba del capitalismo de Estado que existe bajo el comunismo. Ni siquiera a Marx se le ocurrió decir una sola palabra de esto y murió sin dejar ni una cita precisa ni indicaciones irrefutables. Por eso tenemos ahora que salir adelante solos. Y si se da un vistazo general a nuestra prensa para hacer un resumen mental de cómo se trata en ella el problema del capitalismo de Estado, como he intentado hacerlo yo, al prepararme para este informe, se convence uno de que allí no dan en el blanco y de que apuntan en direcciones completamente distintas.
Según todas las publicaciones de economía, el capitalismo de Estado es el existente bajo un régimen capitalista, en el que el poder estatal tiene supeditadas directamente a tales o cuales empresas capitalistas. Pero nuestro Estado es proletario, se apoya en el proletariado, da al proletariado todas las ventajas políticas y se gana mediante el proletariado a los campesinos por abajo (recordaréis que comenzamos esta labor por los comités de campesinos pobres). Por eso el capitalismo de Estado desorienta a tantísimos. Para que eso no ocurra, hay que recordar lo fundamental: que en ninguna teoría ni en ninguna publicación se analiza el capitalismo de Estado en la forma que lo tenemos aquí, por la sencilla razón de que todas las nociones comunes relacionadas con estas palabras se refieren al poder burgués en la sociedad capitalista. Y la nuestra es una sociedad que se ha salido ya de los raíles capitalistas, pero que no ha entrado aún en los nuevos raíles; pero este Estado no lo dirige la burguesía, sino el proletariado. No queremos comprender que cuando decimos ``Estado'', este Estado somos nosotros, es el proletariado, es la vanguardia de la clase obrera. El capitalismo de Estado es el capitalismo que nosotros sabremos limitar, al que sabremos poner límites, este capitalismo de Estado está relacionado con el Estado, y el Estado son los obreros, es la parte más avan/ada de los obreros, es la vanguardia, somos nosotros.
El capitalismo de Estado es el capitalismo que debemos encajar en un marco determinado y que aún no sabemos cómo hacerlo 711 hasta hoy. En eso consiste todo. Y ahora depende de nosotros cómo será este capitalismo de Estado. Tenemos poder político suficiente, absolutamente suficiente; a nuestra disposición tenemos también suficientes medios económicos, pero es insuficiente la capacitación de esa vanguardia de la clase obrera que está puesta directamente a mandar, a determinar, a deslindar los campos, a subordinar y no a ser subordinada. Para ello se necesita sólo capacitación, y no la tenemos.
Es una situación sin precedentes en la historia: el proletariado, la vanguardia revolucionaria, tiene poder político absolutamente suficiente; y a su lado, existe el capitalismo de Estado. El quid de la cuestión consiste en que nosotros comprendamos que éste es el capitalismo que podemos y debemos admitir, que podemos y debemos encajar en un marco, ya que este capitalismo es necesario para la extensa masa campesina y para el capital privado, el cual debe comerciar de manera que satisfaga las necesidades de los campesinos. Es indispensable organizar las cosas de manera que sea posible el curso corriente cíe la economía capitalista y el intercambio capitalista, ya que el pueblo lo necesita, sin esto no se puede vivir. Para ellos, para este campo, todo lo demás no es absolutamente indispensable, con todo lo demás pueden transigir. Sed capaces vosotros, comunistas, vosotros, obreros, vosotros, parte consciente del proletariado que os habéis encargado de dirigir el Estado, sed capaces de hacer que el Estado que tenéis en vuestras manos haga vuestra voluntad. Pues bien, ha pasado un año, el Estado se encuentra en nuestras manos, pero ¿ha hecho en la nueva política económica durante este año nuestra voluntad? No. Y no lo queremos reconocer: el Estado no ha hecho nuestra voluntad. ¿Qué voluntad ha hecho? El automóvil se desmanda; al parecer, va en él una persona que lo guía, pero el automóvil no marcha hacia donde lo guía el conductor, sino hacia donde lo lleva alguien, algo clandestino, o algo que está fuera de la ley, o que Dios sabe de dónde habrá salido, o tal vez unos especuladores, quizás unos capitalistas privados, o puede que unos y otros; pero el automóvil no va hacia donde debe, y muy a menudo en dirección completamente distinta de la que se imagina el que va sentado al volante. Esto es lo esencial que hay que recordar en el problema del capitalismo cíe Estado. En este terreno esencial hay que estudiar desde el abecé, y solamente entonces, si esto se hace patrimonio, si llega a ser nuestro saber absoluto, podremos garantizar que lo aprenderemos.
Ahora pasaré al problema de la suspensión del repliegue, sobre lo que hube de hablar en el congreso de los metalistas. Desde entonces no he encontrado ninguna objeción, ni en la prensa del 712 partido, ni en las cartas particulares de los camaradas, ni en el Comité Central. El Comité Central aprobó mi plan, consistente en que en el informe que se presentaría en su nombre al presente congreso se subrayase con toda energía esta suspensión del repliegue y se pediría al congreso que diese la directri/ correspondiente, ya en nombre de todo el partido, ya como obligatoria. Hemos retrocedido durante un año. Ahora debemos declarar en nombre del partido: ¡Basta! El objetivo que perseguíamos con nuestro repliegue ha sido alcanzado. Este período toca a su fin o ha finalizado ya. Ahora pasa a primer plano otro objetivo: el de reagrupar las fuerzas. Hemos llegado a un nuevo punto. En su conjunto hemos llevado a cabo el repliegue, a pesar de todo, con relativo orden. Verdad es que desde diferentes lugares se oían no pocas voces que querían convertirlo en un retroceso por pánico. Había quienes alegaban: vosotros, en tal o cual parte, no os habéis replegado bien; esto lo decían, por ejemplo, algunos representantes del grupo que se denominaba "oposición obrera''. (Creo que llevaban este nombre injustamente.) Debido a un celo excesivo, iban hacia una puerta y dieron con otra, y ahora lo han descubierto con toda claridad. Por entonces no veían que sus actividades, lejos de estar encauzadas a corregir nuestro movimiento, tenían, en realidad, un solo significado: sembrar el pánico, impedir que la retirada se hiciera con disciplina.
El repliegue es cosa difícil, sobre todo para los revolucionarios que están acostumbrados a avanzar; sobre todo, cuando están acostumbrados a avanzar con éxitos gigantescos durante varios años y, más aún, si están rodeados de revolucionarios de otros países que sólo sueñan con empezar la ofensiva. Al ver que nos replegábamos, algunos de ellos soltaron el llanto de manera intolerable e infantil, como ocurrió en el último Pleno ampliado del CE de la Internacional Comunista. Movidos por los mejores sentimientos y anhelos comunistas, algunos camaradas lloraban porque los buenos comunistas rusos, ¡imaginaos!, retrocedían. Es posible que ahora me resulte ya difícil compenetrarme con esa sicología euroccidental, aunque he vivido bastantes años emigrado en esos hermosos países democráticos. Pero quizás, desde su punto de vista, eso sea tan difícil de comprender, que hasta se puede romper a llorar. En todo caso, no tenemos tiempo para detenernos en sentimentalismos. Para nosotros estaba claro que, precisamente porque veníamos avanzando con tanto éxito y obteniendo tantos triunfos extraordinarios a lo largo de tantos años (¡y todo esto en un país increíblemente arruinado, falto de premisas materiales!), para consolidar este avance, ya que habíamos conquistado tanto, nos era completamente indispensable retroceder. No podíamos 713 mantener todas las posiciones que habíamos tomado al asalto; pero, por otra parte, sólo gracias a que, en dicho asalto, impulsados por el entusiasmo de los obreros y campesinos, nos hemos apoderado de algo tan inmenso, sólo por esto hemos tenido tanto terreno que nos ha sido posible retroceder mucho, y aun ahora podemos replegarnos mucho sin perder en absoluto lo principal y fundamental. El retroceso, en general, se hizo con bastante orden, aunque algunas voces de pánico, entre las cuales se encontraba la de la "oposición obrera" (¡y en eso consistió su enorme daño!), produjeron entre nosotros defecciones parciales e infracciones de la disciplina y del orden de retirada.Lo peor en la retirada es el pánico. Si todo un ejército (hablo en sentido figurado) se repliega, no puede tener la moral que hay cuando todos avanzan. Entonces podéis encontrar a cada paso una moral baja hasta cierto grado. Hubo entre nosotros incluso poetas que escribieron: Moscú pasa hambre y frío; antes era limpio y bonito; ahora todo es en él comercio y especulación. Abundan las obras poéticas de este tipo.
Y se comprende que eso se deba al retroceso. Y ello entraña un peligro inmenso, pues cuesta un trabajo terrible replegarse después de un gran avance victorioso; entonces cambian por completo las relaciones; cuando se avanza, aunque no sea firme la disciplina, todos avanzan con ímpetu y se precipitan adelante por propio impulso; en cambio, en el repliegue, la disciplina debe ser más consciente y es cien veces más necesaria, porque cuando todo un ejército retrocede, no ve con claridad dónde debe detenerse, ve solamente el retroceso, y bastan en ocasiones varias voces de pánico para que todos pongan pies en polvorosa. En este caso, el peligro es enorme. Cuando se emprende un retroceso como éste en un verdadero ejército, se emplazan ametralladoras, y cuando el retroceso ordenado se convierte en desordenado, se manda abrir fuego. Y bien hecho.
Si hay gente que, aunque sea llevada de los más plausibles motivos, siembra el pánico en momentos en que hacemos un retroceso de inaudita dificultad, y todo depende de que se guarde un orden perfecto, en tales momentos es indispensable castigar con mano dura, saña y sin piedad la menor infracción de la disciplina, y no sólo respecto a algunos asuntos interiores de nuestro partido, sino que también hay que tenerlo en cuenta más aún en lo que respecta a señores como los mencheviques o como todos los señores de la Internacional II y media.
Hace unos días he leído en el número 20 de la Internacional Comunista el artículo del camarada Rákosi sobre el nuevo folleto de Otto Bauer, a quien estudiamos durante un tiempo, pero quien, después de la guerra, lo mismo que Kautsky, se convirtió en 714 un deplorable pequeño burgués. Ahora escribe: "Ellos retroceden hacia el capitalismo; lo veníamos diciendo siempre: la revolución es burguesa."
Tanto los mencheviques como los eseristas, que son los que propagan todo eso, se extrañan cuando decimos que por tales cosas vamos a fusilar. Se asombran y, sin embargo, la cuestión es clara: cuando un ejército retrocede, hace falta cien veces más disciplina que cuando se avanza, porque en este segundo caso todos desean lanzarse adelante. Y si ahora todos se pusieran a correr para atrás, sería la muerte inevitable e inmediata.
Precisamente en estos momentos lo principal es replegarse con orden, fijar con exactitud los límites del retroceso y no dejarse llevar del pánico. Y cuando un menchevique dice: "Vosotros retrocedéis ahora, pero yo siempre fui partidario del retroceso, estoy de acuerdo con vosotros, soy de los vuestros, vamos a retroceder juntos'', nosotros le respondemos a eso: "Por preconizar públicamente el menchevismo, nuestros tribunales revolucionarios deben fusilar, de lo contrario, no serían nuestros tribunales, sino sabe Dios lo que serían".
No son capaces de comprender eso de ningún modo y dicen: "¡Qué maneras dictatoriales tiene esta gente!" Siguen creyendo hasta hoy que perseguimos a los mencheviques porque riñeron con nosotros en Ginebra. Pero si nosotros fuéramos por ese camino, seguramente no nos sostendríamos en el poder ni dos meses. En efecto, esa prédica, pronunciada tanto por Otto Bauer como por los dirigentes de la II Internacional y de la Internacional II y media, los mencheviques y los eseristas, constituye su propia naturaleza: "La revolución ha ido muy lejos. Nosotros hemos dicho siempre lo que tú dices ahora. Permítenos repetirlo una vez más''. Y nosotros respondemos a eso: " Permitidnos por esto llevaros al paredón. O hacéis el favor de absteneros de expresar vuestros puntos de vista, o si queréis manifestar vuestras opiniones políticas en la situación actual, cuando nos encontramos en condiciones mucho más difíciles que bajo una invasión directa de los blancos, entonces, perdonadnos, os trataremos como a los peores y más peligrosos elementos de los guardias blancos''. Esto no lo debemos olvidar.
Cuando hablo de la suspensión del retroceso, no quiero, ni mucho menos, dar a entender con eso que nosotros ya hemos aprendido a comerciar. Por el contrario, me atengo a la opinión opuesta, y no sería bien comprendido y se demostraría que no sé expresar correctamente mis ideas, si lo que digo produjera tal impresión.
715Pero de lo que se trata es de poner fin al nerviosismo, a la agitación que se ha originado aquí con motivo de la Nep, de poner fin al deseo de hacerlo todo de nueva manera, de adaptarse. Ahora tenemos varias sociedades mixtas. Es verdad que no son muchas. Con la participación de los capitalistas extranjeros han sido fundadas nueve sociedades, aprobadas por el Comisariado de Comercio Exterior; la comisión de = Sokólnikov^^2^^"^^1^^ aprobó seis, y el Severolés^^2^^'^^7^^ ha firmado dos. Existen, pues, diecisiete sociedades, aprobadas por diferentes instancias con un capital de muchos millones. (Claro que hasta en las instancias tenemos bastante confusión, con lo que también es posible un descuido.) Pero, de todas maneras, ahora tenemos sociedades con capitalistas rusos y extranjeros. No son muchas. Este comienzo minúsculo, pero práctico, demuestra que han sabido apreciar a los comunistas, los han sabido apreciar desde el punto de vista de su práctica, pero no instituciones tan elevadas como la Comisión Central de Control y el Comité Ejecutivo Central de toda Rusia. Desde luego, la CCC es una institución muy buena, y ahora le concederemos más poderes aún. No obstante, cuando estas instituciones controlan a los comunistas... imaginaos que en el mercado internacional no se reconoce su autoridad. (Risas.) Pero cuando simples capitalistas, rusos o extranjeros, ingresan en una sociedad mixta al lado de los comunistas, nosotros decimos: "Y, a pesar de todo, algo sabemos, a pesar de todo, ya leñemos algo a título de comienzo, por muy malo, por muy mísero que sea''. Claro que no es mucho; tened presente que hace ya un año que hemos proclamado, que hemos (analizado a esla obra toda la energía (y dicen que tenemos mucha), y en un año sólo hay diecisiete sociedades.
Esto demuestra hasta qué punto somos endiabladamente lerdos y desmañados, cuánto oblomovismo llevamos aún dentro de nosotros, y eso es seguro que nos costará aún más trompazos. Pero, a pesar de todo, repito, ya hay un principio, ya se han hecho las exploraciones. Los capitalistas no hubieran venido hacia nosotros si no existieran las condiciones elementales para su actividad. Pero si han venido, aunque sea en una parte ínfima, esto ya demuestra que hay un triunfo parcial. Claro que ellos nos engañarán todavía dentro de estas sociedades, y lo harán de- tal manera que luego se necesitarán varios años para analizar lo ocurrido. Pero no importa. Yo no digo que eso sea un triunfo, es sólo una exploración que demuestra que ya tenemos un campo de acción, que tenemos un trozo de terreno y que ya podemos frenar el retroceso.
La exploración ha dado un insignificante número de tratados con los capitalistas, pero, a pesar de todo, ya están concluidos. De 716 eso hay que aprender a actuar en lo sucesivo. En este sentido ya es hora de dejar los nerviosismos, los gritos, el ajetreo. Llegan nota tras nota, telefonema tras telefonema: "¿No sería posible reorganizarnos también nosotros, puesto que vivimos en la Nep?" Todos se agitan, resulta un lío; las cosas prácticas no las hace nadie, todos razonan cómo adaptarse a la Nep, y no se logra ningún resultado.
Los comerciantes se ríen de los comunistas y, probablemente, repiten: "Antes eran persuasores = generales^^21^^*, ahora son parlanchines generales''. No cabe ni asomo de duda de que los capitalistas se han mofado de nosotros, de que hemos llegado tarde, de que no hemos sabido aprovecharnos, y en este sentido digo que, en nombre del congreso, es necesario aprobar también esta directriz.
El repliegue ha finalizado. Han sido trazados los principales métodos de acción para trabajar con los capitalistas. Hay ejemplos, aunque en cantidad insignificante.
Dejaos de sutilizar, de razonar sobre la Nep, dejad que las poesías las escriban los poetas, que para eso son poetas. Pero vosotros, economistas, dejaos de filosofar sobre la Nep y aumentad el número de estas sociedades, comprobad el número de comunistas que saben organizar la emulación con los capitalistas.
El repliegue ha terminado, ahora se trata de reagrupar las fuerzas. Tal es la directriz que debe aprobar el congreso y que debe poner fin al ajetreo y al alboroto. Tranquilizaos, no os metáis en sutilezas, que eso os restará méritos. Hay que demostrar prácticamente que uno trabaja no peor que los capitalistas. Los capitalistas crean la conexión económica con los campesinos para enriquecerse; nosotros, en cambio, debemos crear la conexión con la economía campesina para reforzar el poder económico de nuestro Estado proletario. Nosotros aventajamos a los capitalistas, porque el poder estatal está en nuestras manos, y toda una serie de medios económicos están en nuestras manos, lo que pasa es que no sabemos utilizarlos; veamos las cosas con más serenidad, alejemos de nuestro lado todo oropel, el solemne ropaje comunista, aprendamos simplemente una cosa sencilla, y entonces venceremos al capitalista privado. Nosotros poseemos el poder estatal, poseemos numerosos medios económicos; si vencemos al capitalismo y creamos la conexión con la economía campesina, seremos una fuerza absolutamente invencible. Entonces no será la construcción del socialismo lo que hace una gota de agua en el océano, gota que se llama el Partido Comunista, sino la obra de todas las masas trabajadoras; entonces pensará el simple campesino: ellos me ayudan; y se vendrá con nosotros, y aunque este paso sea cien 717 veces más lento, será, en cambio, un millón de veces más firme y seguro.
En este sentido es en el que hay que hablar sobre la suspensión del repliegue, y de una u otra manera sería justo convertir esta consigna en resolución del congreso.
En relación con esto quisiera referirme al problema siguiente: ¿qué es la nueva política económica de los bolcheviques: evolución o táctica? Así planteaban el problema los de Smiena Vej2>'\ los cuales, como sabéis, representan una corriente que ha prendido entre los emigrados rusos, una corriente sociopolítica encabezada por los dirigentes democonstitucionalistas más destacados, por algunos ministros del ex gobierno de Kolchak, gentes que llegaron a la convicción de que el Poder soviético construye un Estado ruso, razón por la cual hay que ir tras él. "¿Pero qué Estado construye este Poder soviético? Los comunistas dicen que un Estado comunista, asegurando que se trata de una cuestión de táctica: en el momento difícil, los bolcheviques engatusarán a los capitalistas privados; y luego, dicen, se saldrán con la suya. Los bolcheviques pueden decir todo cuanto les plazca, pero, en realidad, esto no es táctica, sino evolución, una degeneración interna, llegarán a un Estado burgués común, y nosotros debemos apoyarlos. La historia sigue diferentes derroteros'', así razonan los de Smiena Vej.
Algunos de ellos se hacen pasar por comunistas, pero hay personas más francas, entre ellas Ustriálov. Creo que fue ministro en el gobierno de Kolchak. Este no está de acuerdo con sus camaradas y dice: "En cuanto al comunismo, pensad lo que queráis, pero yo repito que no es táctica, sino evolución''. Entiendo que este Ustriálov nos aporta un gran beneficio con esta declaración franca. Tenemos que oír muchas veces al día, sobre todo yo, por el cargo que ocupo, melosas mentiras comunistas, y las náuseas que esto produce son a veces de muerte. Y he aquí que, a cambio de estas mentiras comunistas, aparece el número de Smiena Vej y dice sin ambages: "Vuestras cosas, en general, no marchan como os lo imagináis, sino que, en realidad, rodáis hacia la vulgar charca burguesa, y allí se agitarán los banderines comunistas con toda clase de palabrejas''. Esto es muy provechoso, porque en ello vemos no ya la simple repetición de la cantilena que oímos constantemente en torno nuestro, sino sencillamente la verdad de clase del enemigo de clase. Conviene mucho fijarse en cosas como ésta, que se escriben no porque en el Estado comunista se suela escribir así o porque esté prohibido escribir de otra manera, sino porque es efectivamente la verdad de clase, expresada de un modo burdo y franco por el enemigo de clase. "Estoy de acuerdo con el apoyo al Poder soviético en Rusia---dice 718 Ustriálov, a pesar de haber sido democonstitucionalista, burgués y defensor de la intervención---, y estoy de acuerdo con el apoyo al Poder soviético porque ha adoptado un camino por el cual se desli/a hacia un vulgar poder burgués."
Esto es una cosa muy útil, y que, a mi entender, hay que tener presente: es mucho mejor para nosotros cuando los de Smiena Vej escriben de tal manera, que cuando algunos de ellos se fingen casi comunistas, tanto que desde lejos quizás resulte difícil distinguirlos: puede que crean en Dios, y puede que en la revolución comunista. Hay que decir con franqueza que tales enemigos sinceros son útiles. Hay que decir con franqueza que cosas como las que dice Ustriálov son posibles. La historia conoce conversiones de toda clase; en política no es cosa seria, ni mucho menos, confiar en la convicción, en la lealtad y otras magníficas cualidades morales. Cualidades morales magníficas las posee sólo contado número de personas, pero las que deciden el desenlace histórico son las grandes masas, las cuales, si este pequeño número de personas no se adapta a ellas, a veces no se paran en pelillos.
Ha habido múltiples ejemplos de ello, por lo cual debemos celebrar esta declaración franca de los de Smiena Vej. El enemigo dice la verdad cié clase, señalándonos el peligro que se alza ante nosotros. El enemigo se esfuer/a para que éste se haga inevitable. Los de Smiena Vej expresan el estado de espíritu de miles y decenas de miles de toda clase de burgueses o de empleados soviéticos, que participan en nuestra nueva política económica. Este es el peligro principal y verdadero. Y por esto hay que prestar a este problema la mayor atención: en efecto, ¿quién vencerá a quién? Yo he hablado de la emulación. No nos atacan directamente, no nos agarran por el pescuezo. Aún queda por ver lo que pasará mañana; pero hoy no nos atacan con las armas en la mano y, a pesar de todo, la lucha con la sociedad capitalista se ha vuelto cien veces más encarnizada y peligrosa, porque no siempre vemos con claridad dónele está el enemigo que se nos enfrenta y quién es nuestro amigo.
He hablado de la emulación comunista no desde el punto de vista de la simpatía con el comunismo, sino desde el punto de vista del desarrollo de las formas de la economía, así como de las formas del régimen social. Esto no es una emulación, esto es una lucha desesperada, furiosa, una lucha a muerte entre el capitalismo y el comunismo, que si no es la última, está muy cerca de serlo.
Y aquí se debe plantear la cuestión con claridad: ¿en qué consiste nuestra fuerza y qué nos falta? El poder político es absolutamente suficiente. Apenas si habrá alguien aquí que señale 719 que en tal cuestión práctica, en tal institución concreta, los comunistas, el Partido Comunista, tiene insuficiente poder. Hay gente que no deja de pensar en ello, pero es gente que mira incorregiblemente atrás y no comprende eme se debe mirar adelante. La fuerza económica fundamental se encuentra en nuestras manos. Todas las grandes empresas decisivas, los ferrocarriles, etc., se encuentran en nuestras manos. Los arriendos, por amplio que sea su desarrollo en algunos sitios, desempeñan en suma un papel de lo más insignificante, constituyen, en general, una parte muy pequeña. El Estado proletario de Rusia dispone de fuerzas económicas completamente suficientes para asegurar el tránsito al comunismo. ¿Qué es, pues, lo que falta? Está bien claro qué es lo que falta: falta cultura en el sector de comunistas que están dirigiendo. Si nos fijamos en Moscú---4.700 comunistas ocupan cargos de responsabilidad---y observamos esta mole burocrática, este montón, nos preguntamos: ¿Quién conduce a quién? Pongo muy en duda que se pueda decir que los comunistas conducen a ese montón. A decir verdad, no son ellos los que conducen, sino los conducidos. En el caso presente acontece algo semejante a lo que nos relataban en las clases de Historia cuando éramos niños. Nos enseñaban: ocurre a veces que un pueblo conquista a otro, y el pueblo conquistador es el vencedor, y el que ha sido conquistado es el vencido. Esto es muy sencillo y comprensible para todos. ¿Pero qué sucede con la cultura de esos pueblos? Esto no es tan sencillo. Si el pueblo conquistador es más culto que el pueblo conquistado, impone a éste su cultura; pero si es al contrario, acontece que el vencido impone su cultura al vencedor. ¿No ha pasado algo semejante en la capital de la RSFSR, y no ha resultado aquí que 4.700 comunistas (casi una división completa, y todos de los mejores) se ven dominados por una cultura ajena? Aquí se podría tener, por cierto, la impresión de que los vencidos tienen una cultura e-levada. Nada de eso. Su cultura es mísera, insignificante, pero, sin embargo, superior a la nuestra. Por deplorable y mísera que sea, es mayor que la de nuestros militantes comunistas que ocupan cargos de responsabilidad, porque ellos no poseen la suficiente capacitación para dirigir. Los comunistas, al colocarse a la cabeza de las instituciones---y a menudo los colocan adrede y hábilmente los saboteadores para obtener un rótulo---, los comunistas resultan burlados a menudo. Esta confesión es muy desagradable, o, en todo caso, no es nada agradable, pero creo que debe hacerse, porque en ella reside ahora la clave del problema.' A esto se reduce, a juicio mío, la lección política del año pasado; y bajo este signo transcurrirá la lucha del año 1922.
720¿Serán capaces de comprender los comunistas de la RSFSR y del PC del Rusia que ocupan cargos de responsabilidad que no saben dirigir, que ellos, que se imaginan ser los que conducen, son, en realidad, los conducidos? Ahora bien, si lo saben comprender, entonces aprenderán, como es natural, porque se puede aprender; mas para eso es necesario estudiar, y aquí no estudian. Lanzan a diestro y siniestro órdenes y decretos, y no se consigue en absoluto lo que se quiere.
La emulación y la competición que hemos puesto a la orden del día, al proclamar la Nep, es una emulación seria. Parecerá que se declara en todas las instituciones estatales; pero, en realidad, es una forma más de la lucha entre dos clases enemigas e inconciliables. Es una forma más de lucha de la burguesía contra el proletariado, es una lucha que no ha terminado aún y ni siquiera en las instituciones centrales de Moscú ha sido superada de una manera culta. Ya que generalmente los burgueses conocen las cosas mejor que nuestros mejores comunistas, que tienen todo el poder, todas las posibilidades, y que no saben dar un solo paso con sus derechos y su poder.
Yo quisiera citar un pasaje del libro de Alexandr = Todorski^^220^^. El libro apareció en la ciudad de Vesiegonsk (existe tal cabeza de distrito en la provincia de Tver), y apareció en el primer aniversario de la revolución soviética en Rusia: el 7 de noviembre de 1918, en tiempos ya muy remotos. Este camarada de Vesiegonsk es, por lo visto, miembro del partido. Hace mucho tiempo que he leído este libro y no doy garantía de que no me vaya a equivocar en lo que a él se refiere. Relata de qué modo comenzó a instalar dos fábricas soviéticas, cómo incorporó a dos burgueses, e hizo esto a la manera de entonces: bajo la amenaza de privarles de libertad y confiscar todos sus bienes. Fueron incorporados a la reconstrucción de la fábrica. Sabemos de qué manera se incorporaba a la burguesía en 1918 (risas), así que no vale la pena que me detenga en detalles sobre esto: ahora la incorporamos con otros métodos. Pero he aquí la conclusión a que llegó: "Esto es sólo la mitad de la obra: no basta con vencer a la burguesía, hacerle la vida imposible, hay que obligarla a que trabaje para nosotros".
Estas son unas palabras magníficas. Magníficas palabras que demuestran que incluso en la ciudad de Vesiegonsk, incluso en 1918, había una comprensión justa de las relaciones entre el proletariado victorioso y la burguesía vencida.
Si damos al explotador con la badila en los nudillos, si lo dejamos sin fuerza y le hacemos la vida imposible, eso no será más que la mitad de la obra. Y aquí, en Moscú, cerca del 90 por 100 de 721 los militantes que tienen cargos de responsabilidad se figuran que en esto consiste todo, es decir, en hacerle la vida imposible, en dejarlo sin fuerza, en darle con la badila en los nudillos. Lo que dije de los mencheviques, de los eseristas, de los guardias blancos lleva muy a menudo sólo a dejarlos sin fuerza, a darles en los nudillos (y puede que no sólo en los nudillos, sino en otro sitio más) y asestarles el golpe de gracia. Pero, sin embargo, esto es sólo la mitad de la obra. Incluso en 1918, cuando lo dijo el camarada de Vesiegonsk, esto era la mitad de la obra, y ahora hasta es menos de una cuarta parte de la obra. Debemos obligar y lograr que trabajen con sus manos para nosotros, y no que los comunistas que ocupan cargos de responsabilidad estén a la cabeza, tengan rango, pero sigan la corriente a la burguesía. En eso está todo el quid.
Construir la sociedad comunista sólo con los brazos de los comunistas es una idea pueril, completamente pueril. Los comunistas son una gota de agua en el mar, una gota en el mar del pueblo. Sabrán conducir al pueblo por su camino únicamente si saben determinar con exactitud este camino, no sólo en el sentido del desarrollo de la historia universal. En este sentido hemos determinado nuestro camino con absoluta precisión, y la experiencia de cada país nos trae la confirmación de que lo hemos hecho con acierto, y así lo debemos determinar también en nuestra patria, en nuestro país. Nuestro camino se determina no solamente por esto, sino también por el hecho de que no habrá intervención, de que sabremos darle al campesino mercancías a cambio de trigo. El campesino dirá: "Tú eres una persona magnífica, has defendido nuestra patria; por eso te hemos obedecido, pero si no sabes administrar la hacienda pública, largo de aquí''. Sí, el campesino dirá eso.
Sabremos administrar la hacienda pública si los comunistas saben organizaría con manos ajenas, pero ellos mismos han de aprender de esta burguesía y la dirigirán por el camino que ellos quieran. Mas si el comunista se imagina: "Yo lo sé todo, porque soy un comunista que ocupo un cargo de responsabilidad, he vencido a gente mucho más importante que un empleadillo cualquiera. ¿Acaso era como ésta la que derroté en el frente?'', precisamente esta moral predominante es la que nos mata.
La parte menos importante de la obra es que dejemos sin fuer/a a los explotadores, o que les demos con la badila en los nudillos y los despojemos. Esto es preciso hacerlo. Nuestra Dirección Política del Estado y nuestros tribunales deben hacerlo con menos indolencia de lo que lo vienen haciendo hasta ahora, deben recordar que son tribunales proletarios, rodeados de 722 enemigos de todo el mundo. Esto no es difícil, en lo fundamental ya lo hemos aprendido. En esto debe hacerse cierto hincapié, pero es fácil.
Y la segunda parte del triunfo---construir el comunismo con manos no comunistas, saber realizar en la práctica todo lo que hay que hacer en el terreno económico---es encontrar la conexión con la economía campesina, satisfacer al campesino para que éste diga: "Por muy difícil, por muy penosa y atormentadora que sea el hambre, veo que, si bien este poder no es común y habitual, de él se recibe un beneficio práctico, real''. Hay que procurar que los numerosos elementos que nos superan en muchas veces, con los cuales colaboramos, trabajen de manera que podamos observar su trabajo, comprenderlo, y que hagan con sus manos algo útil para el comunismo. Este es el quid de la situación actual, y si bien esto lo han visto y comprendido algunos comunistas, en las amplias masas de nuestro partido no ven la necesidad de incorporar al trabajo a los que no militan en el partido. ¡Cuántas circulares se han escrito sobre esto, cuánto se ha hablado! ¿Y se ha hecho algo en un año? Nada. De cien comités de nuestro partido, ni cinco siquiera podrán mostrar sus resultados prácticos. He aquí hasta qué punto nos hemos retrasado con respecto a las necesidades que tenemos ahora en primer plano, hasta qué punto vivimos de las tradiciones de los años 1918 y 1919. Aquéllos fueron años grandiosos, años de obra histórica universal de lo más grande. Y si sólo se mira atrás, hacia aquellos años, y no se ve qué tarea está ahora en primer plano, eso representará la ruina indudable y absoluta, y todo el quid de la cuestión está en que no nos percal amos de ello.
Yo quisiera citar ahora dos ejemplos prácticos de lo que resulta de nuestra administración. Ya he dicho que lo más acertado para ello sería tomar algún trust del Estado. Debo disculparme por no poder hacer uso de este método acertado, porque para ello habría que estudiar de manera más concreta los datos, aunque fuese de un solo trust; pero, lamentablemente, no he podido llevar a cabo personalmente este estudio, y por eso tomo dos pequeños ejemplos. Uno es el siguiente: la Cooperativa de Consumo de Moscú ha culpado de burocracia al Comisariado del Pueblo de Comercio Exterior; el otro ejemplo es el de la cuenca del Donets.
El primer ejemplo es poco adecuado, pero no tengo a mano ninguno mejor. Este ejemplo sirve, no obstante, para ilustrar la idea fundamental. Como sabéis por los periódicos, en los últimos meses no he podido tratar los asuntos directamente, no he trabajado en el Consejo de Comisarios del Pueblo ni estado en el CC.. En mis raras y cortas visitas a Moscú me han llamado la 723 atención las atroces y terribles reclamaciones contra el Comisariado del Pueblo de Comercio Exterior. Que el Comisariado del Pueblo de Comercio Exterior es malo, que allí hay papeleo, no lo he dudado nunca ni un solo minuto. Pero cuando estas quejas han cobrado un apasionamiento especial, he intentado orientarme, tomar un caso concreto, llegar aunque sólo fuese una vez hasta el fondo y aclarar qué ocurre allí, por qué no marcha esa máquina.
La Cooperativa de Consumo de Moscú necesitaba comprar conservas. Se presentó para esto un ciudadano francés. No sé si lo 1Ú7.0 en bien de la política internacional, ni si estaban enterados los dirigentes de la Entente, o si ha sido debido a la aprobación de Poincaré y otros enemigos del Poder soviético (creo que nuestros historiadores lo descifrarán después de la Conferencia de Genova), pero el hecho es que la burguesía francesa lia participado no sólo en teoría, sino incluso en la práctica, puesto que un representante de la burguesía francesa se encontraba en Moscú y vendió las conservas. Moscú pasa hambre, y en el verano pasará más hambre aún, no han traído carne y---teniendo en cuenta las conocidas cualidades de nuestro Comisariado del Pueblo del Transporte---es probable que no la traigan.
Venden conservas de carne (si no están podridas por completo, naturalmente, lo que se comprobará en futuras investigaciones) por dinero soviético. ¿Hay algo más sencillo? Pero resulta que si se ra/.ona a la manera soviética, v como debe ser, la cosa no es sencilla ni mucho menos. No me ha sido posible estar directamente al tanto del asunto, pero organicé una investigación y ahora tengo un cuaderno en el que se expone el transcurso de esta lamosa historia. Comen/ó el 1 1 de febrero, cuando, según el informe del camarada Kámenev, se tome') el acuerdo en el Buró Polític.o del CC del PC de Rusia de que era deseable la compra de víveres en el extranjero. ¡Claro! -;Es que los ciudadanos rusos podrían solucionar este problema sin el Buró Político del CC del PC^ de Rusia! Imaginaos: ¿cómo podrían 4.700 militantes que ocupan cargos de responsabilidad (esto sólo según el censo) resolver el problema de la compra de víveres en el extranjero sin el Buró Político del CXI? Desde luego, ésta es una idea sobrenatural. El camarada Kámenev, sin duda, conoce perfectamente nuestra política y la realidad y por ello no confió demasiado en un gran número de militantes que ocupan cargos de responsabilidad y comen/ó agarrando al toro por los cuernos, y si no al toro, por lo menos al Buró Político, e inmediatamente (yo no he oído decir que con este motivo hubiera debales) obtuvo la resolución: "Llamar la atención del Comisariado del Pueblo de Comercio Exterior sobre' lo deseable que es la importación de 724 víveres del extranjero; además, los aranceles...'' etc. Se llamó la atención del Comisariado del Pueblo de Comercio Exterior. Las cosas comenzaron a marchar. Esto fue el 11 de febrero. Recuerdo que hube de estar en Moscú a últimos de febrero, o por entonces, e inmediatamente me encontré con las lamentaciones, con unas lamentaciones desesperadas de los camaradas de Moscú. ¿Qué pasa? No podemos comprar víveres de ninguna manera. ¿Por qué? Por los farragosos trámites y el papeleo del Comisariado del Pueblo de Comercio Exterior. Hacía mucho tiempo que yo no participaba en los asuntos ni sabía entonces que sobre esto había una decisión del Buró Político, y simplemente dije al jefe de servicios: investigue, consiga el documento y muéstremelo. Y terminó este asunto en que, cuando volvió Krasin, Kámenev habló con él, las cosas se arreglaron, y compramos las conservas. Todo está bien cuando bien acaba.
No tengo la menor duda de que Kámenev y Krasin saben ponerse de acuerdo y determinar la pauta política apropiada, exigida por el Buró Político del CC del PC de Rusia. Si la pauta política hubiera de ser trazada por Kámenev y Krasin también en los problemas comerciales, tendríamos la mejor de las repúblicas soviéticas del mundo; pero lo que no debe hacerse es que para cualquier transacción se traiga y se lleve a los miembros del Buró Político, a Kámenev y Krasin---el último ocupado en asuntos diplomáticos en vísperas de la Conferencia de Genova, asuntos que han exigido un trabajo intenso, descomunal---, se traiga y se lleve a estos camaradas para comprar conservas a un ciudadano francés. Así no se puede trabajar. Ésto es simplemente una burla que no tiene nada de nueva, ni de política, ni de económica. Ahora obran en mi poder los resultados de la investigación de este asunto. Hasta tengo dos investigaciones: una hecha por el jefe de servicios del Consejo de Comisarios del Pueblo, Gorbunov, y su ayudante Miróshnikov; la otra es la realizada por la Dirección Política del Estado. Por qué, precisamente, se interesó la Dirección Política del Estado en este asunto, no lo sé ni estoy completamente seguro de que sea justo, pero no me detendré en esto, porque temo que haga falta una nueva investigación. Lo importante es que los datos han sido recogidos y obran ahora en mi poder.
¿Cómo pudo suceder que a fines de febrero, al llegar yo a Moscú, oyera auténticos alaridos de que "no podemos comprar conservas'', cuando el barco se hallaba ya en Libau y allí estaban las conservas, y hasta habían cobrado en dinero soviético por las susodichas auténticas conservas? (Risas.) Si estas conservas no están podridas por completo (e insisto ahora en el ``si'', porque no estoy seguro del todo de que no disponga para entonces que se 725 haga una segunda investigación, de cuyos resultados tendríamos que daros cuenta en otro congreso), bueno, si las conservas no están podridas, se comprarán, y ahora yo pregunto: ¿a qué se debe que sin Kámenev y Krasin no haya podido adelantarse este asunto? De las investigaciones que obran en mi poder deduzco que un comunista que ocupa un cargo de responsabilidad mandó al diablo a otro comunista que ocupa otro cargo de responsabilidad. Por estas mismas investigaciones veo que un comunista que ocupa un cargo de responsabilidad le dijo a otro comunista que ocupa otro cargo de responsabilidad: "En lo sucesivo no hablaré con usted sin notario''. Al leer esta historia, recordé que cuando estuve deportado en Siberia, hace veinticinco años, tuve que actuar de abogado. Actuaba como abogado ilegal, porque yo era un deportado administrativo, y esto se prohibía; pero como no había otro en el pueblo, venían a mí y me exponían ciertos asuntos. Entonces lo más difícil era comprender de qué se trataba. Llegaba una mujer, comenzaba el relato, desde luego, por sus parientes, y era terriblemente difícil llegar a entender de qué se trataba. Le decía: "Tráeme una copia''. Y ella me contaba algo de una vaca blanca. Le volvía a decir: "Tráeme una copia'', y ella se marchó y dijo: "No me quiere oír hablar de la vaca blanca sin una copia''. Y esta copia fue motivo de grandes risas en nuestra colonia. Pero pude conseguir un pequeño progreso: cuando me venían a ver, traían la copia, y ya se podía descifrar de qué se trataba, por qué se (¡nejaban y qué les dolía. Esto ocurría hace veinticinco años en Siberia (en un sitio que distaba muchos centenares de verstas de la primera estación de ferrocarril).
¿Y por qué, después de tres años de revolución, en la capital de la República Soviética han sido necesarias dos investigaciones, la intervención de Kámenev y Krasin y las directrices del Buró Político para comprar conservas? ¿Qué faltaba? ¿Poder político? No. Dinero había, por lo tanto se contaba con poder económico y político. Todas las instituciones están en su sitio. ¿Qué falta? Falta cultura en el 99 por ciento de los trabajadores de la CCM, contra los cuales no tengo nada que objetar y a los que considero excelentes comunistas, así como de los trabajadores del Comisariado del Pueblo de Comercio Exterior, que no han sabido tratar el asunto de una manera culta.
Cuando por primera vez oí algo respecto a esto, dirigí por escrito una propuesta al CC: a mi juicio, a todos los culpables, excepción hecha de los miembros del CEC de toda Rusia, que, como sabéis, son inviolables, a todos los trabajadores de las instituciones de Moscú, menos a los miembros del CEC de toda Rusia, habría que encerrarlos en la peor cárcel de Moscú durante 726 6 horas, y a los del Comisariado del Pueblo de Comercio Exterior, durante 36 horas. Y ahora resulta que no se ha podido dar con el culpable. (Risas.) En realidad, de lo que acabo de referir se deduce con completa evidencia que no se encontrará al culpable. Simplemente, se trata de una falta de capacidad para hacer las cosas prácticas, una falta habitual en la intelectualidad rusa: desorejen, confusión. Primero se comprometen, hacen, luego piensan, y cuando no les resulta nada, corren hacia Kámenev a quejarse, llevan el asunto al Buró Político. Desde luego, al Buró Político hay que llevar todos los problemas estatales difíciles---más adelante aún tendré que hablar de esto---, pero primero se debe pensar y luego hacer. Si uno obra, que se moleste en hacerlo con documentos en la mano. Que envíe primero un telegrama, además hay teléfono en Moscú, que envíe un telefonema a las instituciones correspondientes, que entregue una copia a Tsiurupa y diga que considera la transacción urgente y castigará los trámites morosos. Es necesario pensar en esta cultura elemental, hay que tratar los asuntos, reflexionando previamente; si el asunto no se resuelve en seguida, en dos minutos, mediante una conversación telefónica, que tome uno los documentos, se empape de ellos y diga: "Si empiezas con el papeleo, te meteré en la cárcel''. Pero no hay ni el menor asomo de reflexión, ni la mínima preparación, hay el ajetreo de costumbre, varias comisiones, todos están cansados, agotados, enfermos, y las cosas sólo pueden marchar cuando se logra reunir a Kámenev con Krasin. Este es un asunto típico. Y no sólo se da en la capital, en Moscú, sino que se da también en otras capitales, en las capitales de todas las repúblicas independientes y de las distintas regiones; y en ciudades que no son capitales se hacen continuamente cosas como éstas, y hasta cien veces peores.
En nuestra lucha debe recordarse que los comunistas necesitan reflexionar. Os contarán magníficas cosas sobre la lucha revoluciou.tria, sobre el estado de la lucha revolucionaria en todo el mundo: mas para poder salir de la terrible escasez y miseria hace falta ser reflexivos, cultos, probos, y de esto es de lo que no son capaces. No sería justo que culpásemos a los comunistas que ocupan cargos de responsabilidad de que no tienen escrúpulos. La inmensa mayoría de ellos, el 99% son personas no solamente escrupulosas, sino que han demostrado su lealtad a la revolución en las situaciones más difíciles, tanto antes de la caída del zarismo como después de la revolución, sacrificando literalmente su vida. Cometeríamos un craso error si buscásemos en eso los motivos. Se necesita tratar con cultura los asuntos estatales más sencillos, se ha de comprender que es un asunto estatal, comercial, que si se encuentran obstáculos, se lia de- saber eliminarlos v llevar a los 727 tribunales a los culpables del papeleo y los trámites farragosos. En Moscú tenemos el tribunal proletario, y debe procesar a los culpables de que no se hayan comprado varias decenas de miles de puds de conservas. Yo creo que el tribunal proletario sabrá castigar, pero para castigar es preciso encontrar a los culpables, y yo os garantizo que no se les puede encontrar; que cada uno de vosotros revise este caso: no hay culpables, pero hay ajetreo, hay alboroto, algo absurdo. Nadie sabe tratar los asuntos, no comprende que los asuntos estatales no se deben tratar de esa manera, sino de esta otra. Los guardias blancos y los saboteadores se aprovechan de todo eso. Tuvimos una temporada de rabiosa lucha contra los saboteadores, y la seguimos teniendo; desde luego, es cierto que hay saboteadores y que se los debe combatir. ¿Pero acaso se los puede combatir cuando existe una situación tal como la que yo describo? Esto perjudica más que cualquier sabotaje, el saboteador no desea más que ver a dos comunistas que discuten entre sí sobre cuál es el momento de dirigirse al Buró Político para recibir una directriz de principios sobre la compra de víveres, para colarse entonces por esa rendija. Si un saboteador algo inteligente se coloca al lado de uno u otro comunista, o bien alternativamente al lado de los dos y los apoya a ambos, eso es ya el acabóse. Asunto perdido para siempre. ¿Quién tiene la culpa? Nadie. Porque dos comunistas que ocupan cargos de responsabilidad, dos revolucionarios abnegados, discuten por discutir, discuten del momento de presentar la cuestión al Buró Político para recibir una directriz de principios sobre la compra de víveres.
Así están las cosas, en eso consisten las dificultades. Cualquier empleado que haya cursado la escuela de la gran empresa capitalista sabe hacer tal cosa, y el 99% de los comunistas que ocupan cargos de responsabilidad no saben ni quieren comprender que a ellos les falta esa habilidad, que deben aprender desde el abecé. Si no comprendemos esto, si no nos sentamos a estudiar otra vez desde la clase preparatoria, en modo alguno resolveremos el problema económico, que es ahora la base de toda la política.
Otro ejemplo que yo quisiera citar es el de la cuenca del Donets. Vosotros sabéis que éste es el centro, la verdadera base de toda nuestra economía. No se puede hablar de restauración alguna de la gran industria en Rusia, ni de una verdadera construcción del socialismo---ya que no puede construirse de otra manera más que con una gran industria---, si no restablecemos, si no colocamos la cuenca del Donets a su debida altura. En el CC ya fijamos nuestra atención en esto.
En lo que a esta región se refiere, no se trataba de llevar de manera infundada, ridicula y absurda al Buró Político una 728 pequeña cuestión, sino que existía un asunto verdadero y absolutamente inaplazable.
El CC debe estar al tanto de que en estos verdaderos centros, base y cimiento de toda nuestra economía, se trabaje realmente con eficacia, pues allí, a la cabeza de la DGIH, en la Dirección General de la Industria Hullera había personas que, sin duda alguna, no sólo eran fieles, sino realmente instruidas y tenían inmensa capacidad, y hasta no me equivocaré si digo que eran personas de talento, y por eso para allá se dirigía la atención del Comité Central. Ucrania es una república independiente, eso está muy bien, pero en lo referente al partido, a veces---¿cómo expresarlo con la mayor suavidad?---da rodeos, y nosotros, de una manera u otra, debemos llegar hasta ellos, porque allí hay gente astuta, y no diré que el CC de ellos nos engaña, pero parece que se aleja un poco cíe nosotros. Para ver claro todo este asunto, lo hemos discutido aquí, en el CC nuestro, y advertimos roces y discrepancias. Allí existe una CEPM: Comisión de Explotación de Pequeñas Minas. Claro que entre la CEPM y la DGIH hay fuertes roces. Pero nosotros, en el CC, tenemos, sin embargo, alguna experiencia y decidimos por unanimidad no destituir a los medios directivos, y si se producen roces, que se nos informe a nosotros, incluso con todos los detalles, porque cuando tenemos en la región a personas no solamente fieles, sino también capaces, hay que esforzarse por ayudarles para que terminen de aprender, si suponemos que no lo han hecho. Aquello terminó con que en Ucrania se celebró un congreso del partido; no sé qué salió de allí, hubo de todo. Pregunté a los camaradas ucranios y pedí especialmente al camarada Ordzhonikidze---a quien también se lo encargó el CC---que fuera y viese qué había ocurrido allí. Por lo visto, hubo intrigas y toda clase de embrollos, que la Comisión de Historia del Partido no descifraría ni en diez años, si se ocupara de ello. Pero de hecho resultó que, a pesar de las directrices unánimes del CC, este grupo fue sustituido por otro. ¿Qué ocurrió allí? En lo fundamental, una parte de este grupo, a pesar de todas sus elevadas cualidades, cometió cierto error. Cayeron en la posición de las personas que administran con excesivo celo. Allí tenemos que tratar con obreros. Cuando se dice ``obreros'', se piensa muy a menudo que eso significa el proletariado fabril. En absoluto quiere decir eso. Aquí, desde la época de la guerra, han ido a las fábricas gentes que no tienen nada de proletarios, gentes que iban a ellas para librarse de la guerra, ¿y acaso ahora nuestras condiciones sociales y económicas son como para que a'las fábricas vayan verdaderos proletarios? Eso no es exacto. Está bien según Marx, pero Marx no escribía de Rusia, sino de todo el capitalismo 729 en conjunto, a partir del siglo XV. Durante seiscientos años eso estuvo bien, pero para la Rusia de hoy no lo está. Frecuentemente los que van a la fábrica no son proletarios, sino elementos casuales de toda laya.
La tarea consiste en saber organizar bien el trabajo para no quedar atrasados, para suprimir a su debido tiempo los roces que pueda haber, y no separar la administración de la política. Ya que nuestra política y el modo de administrar se apoyan en el hecho de que toda la vanguardia esté unida a toda la masa proletaria, a toda la masa campesina. Si alguien se olvida de estas ruedecillas, si se ocupa sólo de la administración, la cosa irá mal. El error cometido por los militantes de la cuenca del Donéis es insignificante comparado con otros errores nuestros, pero es un ejemplo típico, cuando el CC exigió por unanimidad: "No habléis más de ese grupo, traednos al CC hasta los conflictos pequeños, porque la cuenca del Donets no es una región cualquiera, sino una región sin la cual la edificación socialista se convertiría en un simple buen deseo''; pero todo nuestro poder político, toda la autoridad del CC han resultado insuficientes.
Por esta vez, desde luego, ha habido un error en el modo de administrar; además, había también un montón de errores de otro tipo.
Aquí tenéis un ejemplo de que no todo estriba en el poder político, sino en saber dirigir, en saber colocar acertadamente a las personas, en saber evitar los pequeños choques de manera que no se interrumpa el trabajo económico del Estado. Eso no lo tenemos, en eso consiste el error.
Creo que cuando hablamos de nuestra revolución y sopesamos sus destinos debemos distinguir estrictamente las tareas de la revolución que ya están cumplidas del todo y han entrado ya como algo completamente imprescriptible en la historia del cambio de rumbo de importancia histórica universal que hemos hecho, al salir del capitalismo. Nuestra revolución tiene en su haber tales hechos. Dejemos gritar a los mencheviques y a Otto Bauer, representante de la Internacional II y media: "La revolución que tienen ellos allí es burguesa'', pero nosotros decimos que nuestra tarea consiste en llevar la revolución burguesa hasta el fin. Como se ha expresado una publicación de los guardias blancos: en nuestras instituciones estatales se vino amontonando estiércol durante cuatrocientos años; nosotros lo hemos sacado en cuatro años, y éste es nuestro mayor mérito. ¿Y qué han hecho los mencheviques y los eseristas? Nada. Ni en nuestro país ni siquiera en la avanzada e ilustrada Alemania pueden sacar el estiércol medieval. Y ellos nos reprochan este grandioso mérito nuestro. El 730 haber llevado hasta el fin la causa de la revolución es nuestro mérito imprescriptible.
Ahora huele a guerra. Unos sindicatos obreros como, por ejemplo, los reformistas, toman resoluciones contra la guerra y amenazan con la huelga contra la guerra. Si no me equivoco, hace poco vi un telegrama en un periódico en el que se decía que, en la Cámara francesa, un excelente comunista había pronunciado un discurso contra la guerra e indicó que los obreros preferirían la insurreción a la guerra. No se debe plantear la cuestión como lo hacíamos en 1912, cuando se imprimió el Manifiesto de Basilea. Solamente la revolución rusa ha mostrado cómo se puede salir de la guerra y qué trabajo cuesta, qué significa salir de una guerra reaccionaria por la vía revolucionaria. En todos los ámbitos del mundo son inevitables las guerras imperialistas reaccionarias. Y la humanidad no puede olvidar ni olvidará que, al solucionar todos los problemas de esta naturaleza, hubo decenas de millones de muertos, y los habrá también ahora. Porque vivimos en el siglo XX, y el único pueblo que ha salido de la guerra reaccionaria por la vía revolucionaria, no en provecho de este o del otro gobierno, sino derrocándolos a todos, ha sido el pueblo ruso, y le ha hecho salir la revolución rusa. Lo conquistado por la revolución rusa es imprescriptible. No se lo puede quitar ninguna fuerza, igual que ninguna fuerza del mundo puede revocar que haya sido creado el Estado soviético. Esto es un triunfo de alcance histórico universal. Durante siglos se han venido formando los Estados según el tipo burgués, y por primera vez ha sido hallada una forma de Estado no burgués. Puede que nuestro mecanismo sea hasta malo, pero dicen que la primera máquina de vapor que se inventó también era mala, e incluso no se sabe si llegó a funcionar. No es eso lo que importa; lo que importa es que el invento se consumó. No importa que la primera máquina de vapor fuera hasta inservible por la forma; en cambio, ahora contamos con la locomotora. No importa que nuestra máquina estatal sea pésima; a fin de cuentas, está hecha, se ha realizado el mayor invento histórico y se ha fundado un Estado de tipo proletario; por lo tanto, dejad que toda Europa, que miles de periódicos burgueses se explayen acerca del desorden y la miseria que padecemos, que digan que el pueblo trabajador no ve más que penurias; no obstante, todos los obreros del mundo entero se sienten atraídos por el Estado soviético. Estas son las grandiosas conquistas que hemos alcanzado y que son imprescriptibles. Mas, para nosotros, representantes del Partido Comunista, esto significa sólo abrir la puerta. Ahora se nos plantea el problema de construir los cimientos de la economía socialista. ¿Se ha hecho esto? No, no se ha hecho. Aún no tenemos una base 731 socialista. Se equivocan de medio a medio los comunistas que se imaginan que la tenemos. Todo el quid está en separar con firmeza, nitidez y serenidad lo que constituye entre nosotros el mérito histórico universal de la revolución rusa de lo que hacemos mal en grado sumo, de lo que aún no hemos hecho y aún habrá que rehacer muchas veces.
Los acontecimientos políticos son siempre muy embrollados y complicados. Se pueden comparar con una cadena. Para sujetar toda la cadena, uno debe agarrar el eslabón fundamental. No se puede elegir con artificio el eslabón del que se quiere uno agarrar. ;En qué consistía todo el quid en 1917? En salir de la guerra, cosa que exigía todo el pueblo y eclipsaba todo lo demás. La Rusia revolucionaria logró salir de la guerra. Se hicieron grandes esfuerzos; pero, en cambio, se tuvo en consideración la necesidad fundamental del pueblo, y esto nos dio el triunfo por muchos años. Y el pueblo experimente'), el campesino vio, cada soldado que regresaba del frente comprendió perfectamente que el Poder soviético encarna el poder más democrático, más entrañable para los trabajadores. Por muchas tonterías y torpezas que hayamos cometido en otros terrenos, como hemos tenido en cuenta esta cuestión principal, todo ha estado bien hecho.
En los años 1919 y 1920, ¿dónde estaba el quid? En la defensa militar. Entonces la Entente, poderosa a escala universal, se abalanzaba sobre nosotros, nos estrangulaba, y la propaganda holgaba: cada campesino sin partido comprendía lo que ocurría. Venía el terrateniente. Los comunistas sabían combatirlo. Por eso la inmensa mayoría de los campesinos estaba con los comunistas, por eso hemos triunfado.
En 1921, el quid estaba en el repliegue ordenado. Por eso se necesitaba una severa disciplina. La "oposición obrera" decía: "Vosotros subestimáis a los obreros, los obreros deben tener mayor iniciativa''. La iniciativa debe consistir en retirarse con orden y observar una rígida disciplina. Quien aportase el menor elemento de pánico o de violación de la disciplina haría fracasar la revolución, porque no hay nada más difícil que retroceder con gentes acostumbradas a conquistar, que están empapadas de concepciones e ideales revolucionarios y que en su fuero interno consideran cualquier repliegue algo abominable. El mayor peligro reside en la alteración del orden, y la mayor tarea consiste en mantener el orden.
Y ahora, ¿dónde está el quid? El quid en sí---y a esto quiero llegar al resumir mi informe---no está en la política, en el sentido de cambio de rumbo; de esto se habla excesivamente en relación con la Nep. Pero se habla en vano. Esta es la charlatanería más 732 perjudicial. En relación con la Nep, se comienza a ajetrear, a reformar instituciones, a fundar otras nuevas. Esta es la charlatanería más perniciosa. Hemos llegado a la conclusión de que el quid de la situación está en los hombres, en la selección de los hombres. Es difícil de asimilar para un revolucionario acostumbrado a combatir pequeneces, a combatir el culturalismo. Pero hemos llegado a una situación que debe ser enjuiciada con serenidad en el sentido político: hemos avanzado tanto que no podemos ni debemos mantener todas las posiciones.
En el sentido internacional es gigantesca la mejora de nuestra situación en estos últimos años. Hemos conquistado el tipo de Estado soviético: esto es un paso adelante de toda la humanidad, y la Internacional Comunista lo confirma cada día por las noticias que nos llegan de todos los países. Y nadie tiene la menor sombra de duda. Pero, en el sentido del trabajo práctico, las cosas están de manera que si los comunistas no pueden prestar una ayuda práctica a la masa campesina, ésta no los apoyará. El centro de la atención no está en legislar, en promulgar los mejores decretos, etc. Hubo un período en que los decretos nos servían de forma de propaganda. Se reían de nosotros, se decía que los bolcheviques no comprendíamos que nuestros decretos no se cumplían; toda la prensa de los guardias blancos estaba llena de burlas al respecto: pero aquel período fue lógico, cuando los bolcheviques tomamos el poder y dijimos al campesino simple, al obrero simple: he aquí cómo nosotros quisiéramos dirigir el Estado; he aquí el decreto: probad. Hemos ofrecido inmediatamente al simple obrero y al simple campesino nuestras ideas políticas en forma de decretos. El resultado ha sido la conquista de esa inmensa confianza que disfrutábamos y seguimos disfrutando entre las masas populares. Esta fue una época, un período indispensable al principio de la revolución, sin él no nos hubiéramos colocado a la cabeza de la ola revolucionaria, sino que iríamos a la zaga. Sin esto no contaríamos con la confianza de todos los obreros y campesinos que querían construir la vida sobre cimientos nuevos. Pero este período pasó ya, y nosotros no lo queremos comprender. Ahora los campesinos y los obreros se reirán cuando se ordene construir, reformar tal o cual institución. Ahora un simple obrero y un simple campesino no se interesarán por esto, y tendrán razón, ya que el centro de gravedad no está ahí. Tú, comunista, no debes ir ahora al pueblo con eso. A pesar de que nosotros, los que estamos en las instituciones estatales, nos hallamos siempre sobrecargados de estas pequeneces, no es de este eslabón de la cadena del que hay que asirse, no está en esto el quid, sino en que las personas no ocupan los debidos puestos, en que un comunista que ocupa un puesto de 733 responsabilidad, que ha hecho admirablemente toda la revolución, está al frente de una empresa comercial-industrial, de la que no entiende nada, e impide que se vea la verdad, porque tras sus espaldas se esconden admirablemente los mercachifles y los granujas. De eso se trata, de que no tenemos un control práctico de lo que se ha cumplido. Esta es una misión prosaica, insignificante, éstas son pequeneces; pero, después de la más grandiosa revolución política, vivimos en condiciones tales que debemos permanecer cierto tiempo en medio del tipo de economía capitalista, y el quid de toda la situación no está en la política, en el sentido estricto de la palabra (lo que se dice en los periódicos es mera fraseología política, y no hay en ello nada socialista), el quid de toda la situación no está en las resoluciones, ni en las instituciones, ni en las reorganizaciones. Como las necesitamos, las haremos; pero no vayáis con ello al pueblo; seleccionad a las personas que os hagan falta, comprobad el cumplimiento práctico, y el pueblo lo apreciará.
A pesar de todo, nosotros somos en medio de la masa del pueblo como una gota en el mar, y sólo podremos gobernar si sabemos expresar con acierto lo que el pueblo piensa. Sin esto, ni el Partido Comunista conducirá al proletariado, ni el proletariado conducirá a las masas, y toda la máquina se desmoronará. Ahora el pueblo y toda la masa de trabajadores ven que lo esencial para ellos consiste sólo en que les ayuden prácticamente en su miseria y en su hambre extremas y que les muestren que se está operando en realidad una mejora necesaria para el campesino y adecuada a sus costumbres. El campesino conoce el mercado y conoce el comercio. No hemos podido implantar la distribución comunista directa. Nos faltaban las fábricas y la maquinaria para ellas. Tenemos, pues, que abastecerlo mediante el comercio, pero no peor que lo hacía el capitalista, pues, en caso contrario, el pueblo no podrá soportar tal administración. En esto está el quid de la situación. Y si no ocurre nada imprevisto, éste deberá ser el quid de todo nuestro trabajo para el año 1922, con tres condiciones.
Primera, que no haya intervención. Hacemos con nuestra diplomacia todo lo posible por evitarla: no obstante, puede estallar cualquier día. Realmente debemos estar alertas y aceptar ciertos sacrificios duros en beneficio del Ejército Rojo, desde luego determinando rigurosamente la magnitud de estos sacrificios. Tenemos enfrente a todo el mundo de la burguesía, que solamente busca la forma de estrangularnos. Nuestros mencheviques y eseristas no son más que agentes de esta burguesía. Esa es su posición política.
734Secunda condición: que la crisis financiera no sea demasiado grave. Es inminente. De ella oiréis hablar cuando tratemos de la política financiera. Si se hace demasiado intensa y dura, tendremos que rehacer otra ve/ mucho y lanzar todas las tuerzas hacia un solo objetivo. Si no es demasiado dura, puede ser hasta provechosa: pasará por la criba a los comunistas que trabajan en los diversos trusts del Estado. Pero no hay que olvidarse de hacer esto. La crisis financiera zarandea las instituciones y las empresas, y las inservibles son las primeras en saltar. Pero habrá que tener presente no echar toda la culpa a los especialistas y decir que los comunistas que desempeñan cargos de responsabilidad son muy buenos, que lucharon en los frentes y siempre trabajaron bien. Así pues, si la crisis financiera no llega a ser dura en demasía, se podrá sacar provecho de ella y depurar, no como depuran la Comisión Central de Control o la Comisión Central de Comproba- ción~^^222^^, sino depurar como es debido a todos los comunistas que ocupan cargos de responsabilidad en las instituciones de la hacienda pública.
Tercera condición: no cometer en este tiempo errores políticos. Es natural que si los cometemos, toda la organización de la economía se verá privada de fuerzas y entonces tendremos que ocuparnos de discutir de enmiendas y orientaciones. Pero si no se incurre en esos errores lamentables, el quid no estará en un futuro próximo en los decretos, ni en la política, en el sentido estricto de esta palabra, ni en las instituciones, ni en su organización---de esto se ocuparán, en cuanto sea necesario, los medios de los comunistas que ocupan puestos de responsabilidad y las instituciones soviéticas---; sino que el quid de todo el trabajo estará en la selección de las personas y en la comprobación del cumplimiento. Si en este sentido aprendemos prácticamente, si reportamos alguna utilidad práctica, venceremos una vez más todas las dificultades.
Para terminar, debo tratar la parte práctica del problema de nuestros Soviets, las instituciones superiores y la actitud del partido ante ellos. Se han entablado en nuestro país relaciones equivocadas entre el partido y las instituciones soviéticas, y en este punto tenemos completa unanimidad. He demostrado con un ejemplo cómo incluso se trae un pequeño asunto práctico al Buró Político. Salir formalmente de esto es muy difícil, porque en nuestro país dirige un solo partido gubernamental, y a un miembro del partido no se le puede prohibir que se queje. Por eso, todo lo del Consejo de Comisarios del Pueblo lo traen al Buró Político. En esto ha habido también una grave falta por mi parte, porque muchas de las relaciones entre el Consejo de Comisarios del Pueblo y el Buró Político las llevaba yo personalmente. Y 735 cuando tuve que retirarme, resultó que dos ruedas dejaron de marchar al mismo tiempo, y Kámenev hubo de realizar una labor triple para mantener estas relaciones. Como no creo que pueda reincorporarme pronto al trabajo, todas las esperanzas están puestas en que ahora hay otros dos suplentes míos: el camarada Tsiurupa, depurado por los alemanes, y el camarada Rykov, total y magníficamente depurado por los alemanes. Viene a resultar que hasta Guillermo, el emperador de Alemania, nos ha servido; no lo esperaba. Tiene un cirujano que ha curado al camarada Rykov, amputándole y dejando en Alemania la peor parte que él tenía, y dejándole y enviándonos a nosotros, totalmente depurada, su mejor parte. Si este método sigue empleándose en lo sucesivo, será algo estupendo.
Bromas aparte, en cuanto a las directrices fundamentales, aquí, en el CC, estamos completamente de acuerdo, y abrigo la esperanza de que el congreso prestará una gran atención a este problema y las aprobará en el sentido de que se debe librar al Buró Político y al CC de las pequeneces y elevar la labor de los que ocupan cargos de responsabilidad. Es necesario que los comisarios del pueblo respondan por su trabajo y no que lleven las cosas primero al Consejo de Comisarios del Pueblo y luego al Buró Político. Formalmente, no podemos anular el derecho de quejarse al CC, porque nuestro partido es el único partido gobernante. Es preciso poner fin a todas las reclamaciones por asuntos sin importancia, pero hay que elevar la autoridad del Consejo de Comisarios del Pueblo, para que allí participen más los comisarios del pueblo, y no los suplentes, es preciso modificar el carácter del trabajo del Consejo de Comisarios del Pueblo en el aspecto en que yo no he logrado hacerlo en el último año: prestar mucha más atención a que se siga más de cerca el control del cumplimiento. Voy a tener otros dos suplentes más: a Rykov y a Tsiurupa. Cuando Rykov trabajó como Apoderado Extraordinario del Consejo de Defensa Obrera y Campesina para el Abastecimiento de la Marina y el Ejército Rojo supo arreglar las cosas, y éstas marcharon. Tsiurupa ha organizado uno de los mejores comisariados del pueblo. Si los dos juntos dedican la máxima atención a enderezar los comisariados del pueblo en el aspecto del cumplimiento y la responsabilidad, habremos avanzado un paso, por pequeño que sea. Tenemos dieciocho comisariados del pueblo, quince de los cítales, por lo menos, no valen para nada; no es posible encontrar en todas partes a buenos comisarios del pueblo; Dios quiera que la gente preste a esto más atención. El camarada Rykov debe ser miembro del Buró del CC y del Presidium del CF.C de toda Rusia, pues entre estas instituciones debe haber una 736 conexión, porque sin esa conexión las ruedas fundamentales giran a veces en vacío.
En relación con esto hay que llamar la atención para que las comisiones del Consejo de Comisarios del Pueblo y del Consejo de Trabajo y Defensa se reduzcan, a fin de que conozcan y resuelvan sus asuntos y no se dispersen en innumerables comisiones. Hace unos días se llevó a cabo la depuración de las comisiones. Se contaron ciento veinte comisiones. ¿Y cuántas resultaron indispensables? Dieciséis. Y eso que no es la primera depuración. En vez de responder por los asuntos de su incumbencia, en vez de que el Consejo de Comisarios del Pueblo tome una decisión y responda por ella, se escuda en las comisiones. En las comisiones hasta el diablo se rompe la crisma, nadie entiende nada en cuanto a la responsabilidad; todo es un lío, y, en fin de cuentas, se adopta una resolución de la que todos son responsables.
En relación con esto se debe señalar que es indispensable ampliar y desarrollar la autonomía y la actividad de las = asambleas económicas^^223^^ regionales. Ahora, la división de Rusia en regiones se ha realizado con bases científicas, teniendo en cuenta las condiciones económicas, de clima, de vida, las condiciones en que se obtiene el combustible, las de la industria local, etc. Tomando por base esta división, se han creado asambleas económicas regionales y distritales. Indudablemente, habrá que hacer enmiendas parciales, pero se debe elevar la autoridad de estas asambleas económicas.
Luego, se debe procurar que el CEC de toda Rusia trabaje con mayor energía y que sus sesiones se celebren con mayor regularidad y sean más prolongadas. En las sesiones se debe deliberar sobre los proyectos de ley, que a veces pasan apresuradamente y sin necesidad imprescindible al Consejo de Comisarios del Pueblo. Más vale aplazar y dejar a los funcionarios locales que reflexionen detenidamente, así como exigir más de los que redactan las leyes, cosa que no se hace.
Si las sesiones del CEC de toda Rusia llegan a ser más prolongadas, se dividirán en secciones y subcomisiones y podrán controlar con más rigor el trabajo, logrando lo que, a juicio mío, constituye todo el quid, la quintaesencia del actual momento político: trasladar el centro de gravedad a la selección de las personas, al control del cumplimiento práctico.
Hay que reconocer, sin temor de confesarlo, que en el 99 por 100 de los casos los comunistas que ocupan cargos de responsabilidad no están en sus sitios, no saben ejercer sus funciones y ahora tienen que aprender. Si lo reconocemos, puesto que tenemos para ello la suficiente posibilidad---y, a juzgar por la situación 737 internacional general, nos llegará el tiempo para poder aprender---, es preciso realizarlo a toda costa. (Clamorosos aplausos.)
Informaciones periodísticas publicadas el 28 de marzo de ¡922 en el núm. 70 de "Izvextia del CEC de toda Rusia" y el 28 y 29 de marzo en los núras. 70 y 71 de ``Pravda''.
T. 45, págs. 69--116.
738 __NUMERIC_LVL1__ 2 __ALPHA_LVL2__ DISCURSO DE CLAUSURA DEL CONGRESOCamaradas:
Hemos llegado al final de las labores de nuestro congreso.
Al comparar éste con el anterior, lo primero que salta a la vista es una mayor cohesión, una mayor unanimidad, una mayor unidad orgánica.
Sólo una pequeña parte del grupo de oposición del anterior congreso se ha colocado al margen del partido.
En la cuestión de los sindicatos y de la nueva política económica no han surgido discrepancias en el seno de nuestro partido o han sido insignificantes.
Lo principal y fundamental, de lo ``nuevo'' que hemos conquistado en este congreso, es el testimonio vivo de la sinrazón de nuestros enemigos, quienes afirmaban y afirman sin cesar que nuestro partido se está haciendo viejo, que pierde la flexibilidad mental y la de todo su organismo.
No. No hemos perdido esa flexibilidad.
Cuando fue necesario---según el estado objetivo de las cosas en Rusia y en todo el mundo---avanzar, atacar al enemigo con abnegada audacia, con rapidez y decisión, así lo hicimos. Y cuando sea menester, sabremos hacerlo una y otra vez.
Hemos elevado así nuestra revolución a una altura jamás vista en el mundo. Ninguna fuerza del orbe, sean cuales fueren el mal, las calamidades y los sufrimientos que pudiera acarrear aún a millones y centenares de millones de hombres, podrá arrebatarnos las conquistas fundamentales de nuestra revolución, ya que hoy no son sólo ``nuestras'', sino que son conquistas de alcance históricouniversal.
Y cuando, en la primavera de 1921, nuestro destacamento avanzado de la revolución se vio amenazado por el peligro de quedar aislado de las masas del pueblo, de las masas campesinas, a 739 las que debía saber conducir con acierto adelante, nosotros decidimos unánime y firmemente replegarnos. Y en el año transcurrido nos hemos replegado, en general, en orden revolucionario.
Las revoluciones proletarias, que maduran en todos los países adelantados del mundo, no lograrán cumplir su misión si no saben combinar la capacidad de luchar abnegadamente y avanzar con la capacidad de replegarse en orden revolucionario. La experiencia de la segunda etapa de nuestra lucha, es decir, la experiencia del repliegue, también servirá probablemente en el futuro a los obreros, por lo menos, de algunos países, como sin duda servirá a los obreros de todos los países nuestra experiencia de la primera etapa de la revolución, la experiencia de nuestra abnegada y audaz ofensiva.
Ahora hemos decidido dar por terminado el repliegue.
Esto significa que todo el problema de nuestra política se plantea de un modo nuevo.
La clave está ahora en que la vanguardia no se acobarde ante la tarea de capacitarse, de reeducarse, de reconocer francamente que su preparación y su capacitación son insuficientes. El quid de la cuestión está en marchar ahora adelante, en masa incomparablemente más vasta y poderosa, y necesariamente unidos con los campesinos, demostrándoles con hechos, en la práctica, con la experiencia, que estamos aprendiendo y aprenderemos a ayudarles, a llevarlos adelante. En la presente situación internacional y en las actuales condiciones de las fuerzas productivas de Rusia, esta tarea sólo puede llevarse a cabo muy despacio, con cautela, con sentido práctico, comprobando mil veces sobre el terreno cada uno de nuestros pasos.
Si en el seno de nuestro partido se alzan voces contra este movimiento archilento y archicauteloso, serán voces aisladas.
El partido en su conjunto ha comprendido---y ahora lo demostrará con hechos---la necesidad de organizar su labor en los actuales momentos precisamente de esta manera y sólo así. ¡Y toda vez que lo hemos comprendido, sabremos alcanzar nuestro objetivo!
Declaro clausurado el XI Congreso del Partido Comunista de Rusia.
Publicado el 4 de abril de 1922 en el núm. 76 de ``Pravda'' y en el núm. 7fi
tic "Izvestia (/el C.EC, Ae toda Rusia".
T. 45. ¡>ííKs. Í.M-/.W
24*
[740] __ALPHA_LVL1__ ACERCA DE LA FORMACIÓN DE LA URSS^^224^^26/IX
Camarada Kámenev: Usted, de seguro, habrá recibido ya de Stalin la resolución de su comisión sobre la entrada de las repúblicas independientes en la RSFSR.
Si no la ha recibido, pídasela al secretario y léala, por favor, inmediatamente. Ayer hablé de esto con Sokólnikov, hoy he hablado con Stalin. Mañana veré a Mdivani (comunista georgiano sospechoso de "propensión a la independencia'').
A juicio mío, la cuestión es archiimportante. Stalin está algo propenso a apresurarse. Es preciso que usted (usted se proponía un tiempo ocuparse de esto y hasta se ocupó algo de ello) lo piense .detenidamente; Zinóviev también.
Stalin ya ha accedido a hacer una concesión. En el § 1 decir, en lugar de ``ingreso'' en la RSFSR---
``Agrupamiento oficial con la RSFSR en una unión de repúblicas soviéticas de Europa y Asia".
Confío que el espíritu de esta concesión se comprende: nos reconocemos con los mismos derechos que la RSS de Ucrania y otras repúblicas y entramos junto con ellas, y en pie de igualdad, en una nueva unión, en una nueva federación, en la "Unión de Repúblicas Soviéticas de Europa y Asia".
El § 2 también requiere entonces cambio. Algo así como creación junto a las sesiones del CEC de la RSFSR---
``El CEC federal de la Unión de Repúblicas Soviéticas de Europa y Asia".
Si el primero se reúne una vez a la semana, y el segundo también una vez a la semana (o incluso una vez cada dos semanas el segundo), eso no será difícil arreglarlo.
Importa que no demos pábulo a los ``independientes'', que no destruyamos su independencia, sino que creemos un piso más, una federación de repúblicas con derechos iguales.
La segunda parte del § 2 podría quedar así: los descontentos apelarán (las decisiones del Consejo de Trabajo y Defensa y del 741 Consejo de Comisarios del Pueblo) al CEC de toda la federación sin detener con ello la ejecución (lo mismo que en la RSFSR).
El § 3 podría quedar, modificándose la redacción, así: "se funden en Comisariados del Pueblo de toda la federación, con sede en Moscú, a fin de que los respectivos Comisariados de la RSFSR tengan en todas las repúblicas, incorporadas a la Unión de Repúblicas de Europa y Asia, sus representantes plenipotenciarios con reducido personal".
La parte segunda del § 3 queda; tal vez se pudiera decir, para recalcar más la igualdad de derechos: "por acuerdo de los CEC de las repúblicas integrantes de la Unión de Repúblicas Soviéticas de Europa y Asia".
Meditar la tercera parte: ¿no sería mejor sustituir " conveniente" por ``obligatorio'''? ¿O poner lo de obligatorio de modo condicional, aunque sólo sea en forma de demanda y admisibilidad de resolver sin demanda únicamente en los casos de "suma importancia"?
¿Quizás ``fundir'' también "por acuerdo de los CEC" en el § 4?
¿Tal vez añadir al § 5: "con la constitución de conferencias y congresos conjuntos (o generales) que tengan carácter puramente consultivo (o solamente consultivo)"?
Introducir los cambios respectivos en las notas 1a y 2a.
Stalin ha accedido a aplazar la presentación de la resolución al Buró Político del CC hasta que yo llegue. Llegaré el lunes, 2/X. Quisiera tener una entrevista con usted y Rykov, durante unas dos horas por la mañana, por ejemplo, de 12 a 2, y, si hace falta, por la tarde, de 5 a 7 o de 6 a 8, por ejemplo.
Este es mi proyecto previo. A base de las conversaciones que sostenga con Mdivani y otros camaradas, haré adiciones y cambios. Le ruego encarecidamente que haga usted también lo mismo y me conteste.
Suyo Lenin
P. S. Que se distribuyan copias a todos los miembros del Buró Político.
Escrita el 2li de septiembre de 1922.
Publicada par primero vez en 1!>59 rn la "Recopilación Leninista XXXVI".
T. 45, páKs.
[742] __ALPHA_LVL1__ IV CONGRESO (
Camaradas: En la lista de oradores figuro como el informante principal, pero comprenderéis que, después de mi larga enfermedad, no estoy en condiciones de pronunciar un informe amplio. No podré hacer más que una introducción a los problemas de más importancia. Mi tema será muy limitado. El tema Cinco años de la revolución rusa y perspectivas de la revolución mundial es demasiado amplio y grandioso para que pueda agotarlo un solo orador y en un solo discurso. Por eso tomo únicamente una pequeña parte del problema: la "nueva política económica''. Tomo deliberadamente sólo esta pequeña parte a fin de familiarizaros con este problema, de suma importancia hoy, al menos para mí, ya que me ocupo de él en la actualidad.
Así pues, hablaré de cómo hemos iniciado la nueva política económica y de los resultados que hemos logrado con ella. Si me limito a este problema, tal vez pueda hacer un balance en líneas generales y dar una idea general de él.
Si he de deciros, para empezar, cómo nos decidimos a adoptar la nueva política económica, tendré que recordar un artículo mío escrito en = 1918^^226^^. En una breve polémica de comienzos de 1918 743 me referí precisamente a la actitud que debíamos adoptar ante el capitalismo de Estado.
Entonces escribí:
``El capitalismo de Estado sería un paso adelante en comparación con la situación existente hoy en nuestra República Soviética. Si dentro de unos seis meses se estableciera en nuestro país el capitalismo de Estado, eso sería un inmenso éxito y la más firme garantía de que, al cabo de un año, el socialismo se afianzaría definitivamente y se haría invencible."^^*^^
Esto lo dije, naturalmente, en una época en que éramos más torpes que hoy, pero no tanto como para no saber analizar semejantes cuestiones.
Así pues, en 1918 yo sostenía la opinión de que el capitalismo de Estado constituía un paso adelante en comparación con la situación económica existente entonces en la República Soviética. Eso parecerá muy raro, y puede que hasta absurdo, pues nuestra república era ya entonces una república socialista; entonces adoptábamos cada día con el mayor apresuramiento---quizá con un apresuramiento excesivo---diversas medidas económicas nuevas, que no podían calificarse más que de medidas socialistas. Y, sin embargo, pensaba que el capitalismo de Estado suponía un paso adeJante comparado con aquella situación económica de la República Soviética y explicaba más adelante esta idea, enumerando simplemente los elementos del régimen económico de Rusia. Estos elementos eran, a mi juicio, los siguientes: "1) economía campesina patriarcal, es decir, natural en grado considerable; 2) pequeña producción mercantil (en ella se incluye la mayoría de los campesinos que venden cereales); 3) capitalismo privado; 4) capitalismo de Estado, y 5) socialismo."^^**^^ Todos estos elementos económicos existían a la sazón en Rusia. Entonces me planteé la tarea de explicar las relaciones que existían entre esos elementos y si no sería oportuno considerar alguno de los elementos no socialistas, a saber, el capitalismo de Estado, superior al socialismo. Repito: a todos les parece muy raro que un elemento no socialista sea apreciado en más y considerado superior al socialismo en una república que se proclama socialista. Pero comprenderéis la cuestión si recordáis que nosotros no considerábamos, ni mucho menos, el régimen económico de Rusia como algo homogéneo y altamente desarrollado, sino que teníamos plena conciencia de que, al lado de la forma socialista, existía en Rusia la agricultura patriarcal, es decir, la forma más primitiva de agricultura. ¿Qué _-_-_
^^*^^ Véase la presente ediiión, t. 2, pág. 71S.(N. de la Edil.)
^^**^^ Jbídem, pág. 717. (N. de la Edil.)
744 papel podía desempeñar el capitalismo de Estado en semejante situación?Luego me preguntaba: ¿cuál de estos elementos es el predominante? Es claro que en un ambiente pequeñoburgués predomina el elemento pequeñoburgués. Comprendía que este elemento era el predominante; era imposible pensar de otro modo. La pregunta que me hice entonces (se trataba de una polémica especial, que no guarda relación con el problema presente) fue ésta: ¿qué actitud adoptarnos ante el capitalismo de Estado? Y me respondía: el capitalismo de Estado, aunque no es una forma socialista, sería para nosotros y para Rusia una forma más ventajosa que la actual. ¿Qué significa esto? Significa que nosotros no sobrestimábamos ni las formas embrionarias, ni los principios de la economía socialista, a pesar de que habíamos hecho ya la revolución social; por el contrario, entonces reconocíamos ya, en cierto modo: sí, habría sido mejor implantar antes el capitalismo de Estado, y después, el socialismo.
Debo subrayar particularmente este aspecto de la cuestión porque considero que sólo partiendo de él es posible, primero, explicar qué representa la actual política económica y, segundo, sacar de ello deducciones prácticas muy importantes también para la Internacional Comunista. No quiero decir que tuviésemos preparado de antemano el plan de repliegue. No había tal cosa. Esas breves líneas de carácter polémico en modo alguno significaban entonces un plan de repliegue. Ni siquiera se mencionaba un punto tan importante como es, por ejemplo, la libertad de comercio, que tiene una significación fundamental para el capitalismo de Estado. Sin embargo, con ello se daba ya la idea general, imprecisa, del repliegue. Estimo que debemos prestar atención a este problema no sólo desde el punto de vista de un país que ha sido y continúa siendo muy atrasado en cuanto a la estructura de su economía, sino también desde el punto de vista de la Internacional Comunista y de los países adelantados de Europa Occidental. Ahora, por ejemplo, estamos redactando el programa. Mi opinión personal es que procederíamos mejor si discutiéramos ahora todos los programas sólo de un modo general, tras la primera lectura, por decirlo así, y los imprimiéramos, sin adoptar ahora, este año, ninguna decisión definitiva. ¿Por qué? Ante todo, porque, naturalmente, no creo que los hayamos estudiado todos bien. Y, además, porque casi no hemos analizado el problema de un posible repliegue y la manera de asegurarlo. Y este problema requiere sin falta que le prestemos atención en un momento en que se producen cambios tan radicales en el mundo entero como son el derrocamiento del capitalismo y la edificación 745 del socialismo, con todas sus enormes dificultades. No debemos saber únicamente cómo actuar en el momento en que pasamos a la ofensiva directa y, además, salimos vencedores. A fin de cuentas, en un período revolucionario eso rio es tan difícil ni tan importante; por lo menos, no es lo más decisivo. Durante la revolución hay siempre momentos en que el enemigo pierde la cabeza, y si lo atacamos en uno de esos momentos, podemos triunfar con facilidad. Pero esto aún no quiere decir nada, puesto que nuestro enemigo, si posee suficiente dominio de sí mismo, puede agrupar con antelación sus fuerzas, etc. Entonces puede provocarnos con facilidad para que lo ataquemos, y después hacernos retroceder por muchos años. Por eso opino que la idea de que debemos prepararnos para un posible repliegue tiene suma importancia, y no sólo desde el punto de vista teórico. También desde el punto de vista práctico todos los partidos que se preparan para emprender en un futuro próximo la ofensiva directa contra el capitalismo deben pensar ya ahora también en cómo asegurarse el repliegue. Yo creo que si tenemos en cuenta esta enseñanza, así como todas las demás que nos brinda la experiencia de nuestra revolución, lejos de causarnos daño alguno, nos será, probablemente, muy útil en muchos casos.
Después de haber subrayado que ya en 1918 considerábamos el capitalismo de Estado como una posible línea de repliegue, paso a analizar los resultados de nuestra nueva política económica. Repito: entonces era una idea muy vaga todavía; pero en 1921, después de haber superado la etapa más importante de la guerra civil, y de haberla superado victoriosamente, nos enfrentamos con una gran crisis política interna---yo supongo que la mayor---de la Rusia Soviética. Esta crisis interna puso al desnudo el descontento no sólo de una parte considerable de los campesinos, sino también de los obreros. Fue la primera vez, y confío en que será la última en la historia de la Rusia Soviética, que grandes masas de campesinos estaban contra nosotros, no de modo consciente, sino instintivo, por su estado de ánimo. ¿A qué se debía esta situación tan original y, claro es, tan desagradable para = nosotros^^0^^ La causa consistía en que habíamos avanzado demasiado en nuestra ofensiva económica, en que no nos habíamos asegurado una base suficiente, en que las masas sentían lo que nosotros aún no supimos entonces formular de manera consciente, pero que muy pronto, unas semanas después, reconocimos: que el paso directo a formas puramente socialistas, a la distribución puramente socialista, era superior a las fuerzas que teníamos y que si no estábamos en condiciones de replegarnos, para limitarnos a tareas más fáciles, nos amenazaría la bancarrota. La crisis comenzó, a mi parecer, en 746 febrero de 1921. Ya en la primavera del mismo año decidimos unánimemente---en esta cuestión no he observado grandes discrepancias entre nosotros---pasar a la nueva política económica. Hoy, después de año y medio, a finales de 1922, estamos ya en condiciones de hacer algunas comparaciones. Y bien, ¿qué ha sucedido? ¿Cómo hemos vivido este año y medio? ¿Qué resultados hemos obtenido? ¿Nos ha proporcionado alguna utilidad este repliegue, y nos ha salvado en realidad, o se trata de un resultado confuso todavía? Esta es la pregunta principal que me hago y supongo que tiene también importancia primordial para todos los partidos comunistas, pues si la respuesta fuera negativa, todos estaríamos condenados a la bancarrota. Considero que todos nosotros podemos dar, con la conciencia tranquila, una respuesta afirmativa a esta pregunta, y precisamente en el sentido de que el año y medio transcurrido demuestra de manera positiva y absoluta que hemos salido airosos de esta prueba.
Trataré de demostrarlo. Para ello debo enumerar brevemente todas las partes integrantes de nuestra economía.
Me detendré, ante todo, en nuestro sistema financiero y en el famoso rublo ruso. Creo que se le puede calificar de famoso aunque sólo sea porque la cantidad de estos rublos supera ahora a mil billones. (Risas.) Esto ya es algo. Es una cifra astronómica. Estoy seguro de que no todos los que se encuentran aquí saben siquiera lo que esta cifra representa. (Hilaridad general.) Pero nosotros---y, además, desde el punto de vista de la ciencia económica---no concedemos demasiada importancia a estas cifras, pues los ceros pueden ser tachados. (Risas.) Ya hemos aprendido algo en este arte, que desde el punto de vista económico tampoco tiene ninguna importancia, y estoy seguro de que en el curso ulterior de los acontecimientos alcanzaremos en él mucha mayor maestría. Lo que tiene verdadera importancia es la estabilización del rublo. Para resolver este problema trabajamos, trabajan nuestras mejores fuerzas, y concedemos a esta tarea una importancia decisiva. Si conseguimos estabilizar el rublo por un plazo largo, y luego para siempre, habremos triunfado. Entonces, todas esas cifras astronómicas---todos esos billones y millares de billones--- no significarán nada. Entonces podremos asentar nuestra economía sobre terreno firme y seguir desarrollándola sobre ese terreno. Creo que puedo citaros hechos bastante importantes y decisivos sobre esta cuestión. En 1921, el período de estabilización del rublo papel duró menos de tres meses. Y en el corriente año de 1922, aunque no ha terminado todavía, el período de estabilización dura ya más de cinco meses. Supongo que ya es suficiente. Claro que no lo será si esperáis de nosotros una prueba 747 científica de que en el futuro resolveremos por completo este problema. Pero, a mi juicio, es imposible, en general, demostrarlo por completo. Los datos citados prueban que desde el año pasado, en que empezamos a aplicar nuestra nueva política económica, hasta hoy, hemos aprendido ya a avanzar. Si hemos aprendido eso, estoy seguro de que sabremos lograr nuevos éxitos en este camino, siempre que no cometamos alguna estupidez extraordinaria. Lo más importante, sin embargo, es el comercio, la circulación de mercancías, imprescindible para nosotros. Y si hemos salido airosos de esta prueba durante dos años, a pesar de que nos encontrábamos en estado de guerra (pues, como sabéis, hace sólo algunas semanas que hemos tomado a Vladivostok) y de que sólo ahora podemos iniciar nuestra actividad económica de un modo regular; si, a despecho de todo eso, hemos logrado que el período de estabilización del rublo papel se eleve de tres meses a cinco, creo tener motivo para atreverme a decir que podemos considerarnos satisfechos de eso. Porque estamos completamente solos. No hemos recibido ni recibimos ningún empréstito. No nos ha ayudado ninguno de esos poderosos Estados capitalistas que organizan de manera tan ``brillante'' su economía capitalista y que hasta hoy no saben adonde van. Con la paz de Versalles han creado tal sistema financiero que ni ellos mismos se entienden. Si esos grandes países capitalistas dirigen su economía de ese modo, opino que nosotros, atrasados e incultos, podemos estar satisfechos de haber alcanzado lo principal: las condiciones para estabilizar el rublo. Esto lo prueba la práctica, y no un análisis teórico cualquiera, y soy del parecer de que la práctica es más importante que todas las discusiones teóricas del mundo. La práctica demuestra que, en este terreno, hemos logrado resultados decisivos: hemos comenzado a hacer avanzar nuestra economía hacia la estabilización del rublo, lo que tiene extraordinaria importancia para el comercio, para la libre circulación de mercancías, para los campesinos y para la inmensa masa de pequeños productores.
Paso ahora a examinar nuestros objetivos sociales. Lo principal, naturalmente, son los campesinos. En 1921, el descontento de una parte inmensa del campesinado era un hecho indudable. Además, sr declaró el hambre. Y esto implicó para los campesinos la prueba más dura. Y es completamente natural que todo el extranjero empezara a chillar: "Ahí tenéis los resultados de la economía socialista''. Es completamente natural, desde luego, que silenciaran que el hambre era, en realidad, una consecuencia monstruosa de la guerra civil. Todos los terratenientes y capitalistas, que se lan/arotí sobre nosotros en 1918, presentaron las cosas como si el 748 hambre fuera una consecuencia de la economía socialista. El hambre ha sido, en efecto, una inmensa y grave calamidad, una calamidad que amenazaba con destruir toda nuestra labor organizadora y revolucionaria.
Y yo pregunto ahora: luego de esta inusitada e inesperada calamidad, ¿cómo están las cosas hoy, después de haber implantado la nueva política económica, después de haber concedido a los campesinos la libertad de comercio? La respuesta, clara y evidente para todos, es la siguiente: en un año, los campesinos han vencido el hambre y, además, han abonado el impuesto en especie en tal cantidad que hemos recibido ya centenares de millones de puds, y casi sin aplicar ninguna medida coactiva. Los levantamientos de campesinos, que antes de 1921 constituían, por decirlo así, un fenómeno general en Rusia, han desaparecido casi por completo. Los campesinos están satisfechos de su actual situación. Lo podemos afirmar con toda tranquilidad. Consideramos que estas pruebas tienen mayor importancia que cualquier prueba estadística. Nadie duda de que los campesinos son en nuestro país el factor decisivo. Y hoy se encuentran en tal situación que no debemos temer ningún movimiento suyo contra nosotros. Lo decimos con pleno conocimiento de causa y sin exagerar. Eso ya está conseguido. Los campesinos pueden sentir descontento por uno u otro aspecto de la labor de nuestro poder, y pueden quejarse de ello. Esto, naturalmente, es posible e inevitable, ya que nuestra administración y nuestra economía estatal son aún demasiado malas para poderlo evitar; pero, en todo caso, está excluido por completo cualquier descontento serio del campesinado en su totalidad contra nosotros. Lo hemos logrado en un solo año. Y opino que ya es mucho.
Paso a hablar ahora de la industria ligera. Precisamente en la industria debemos hacer diferencias entre la industria pesada y la ligera, pues ambas se encuentran en distintas condiciones. Por lo que se refiere a la industria ligera, puedo decir con tranquilidad que se observa en ella un incremento general. No me dejaré llevar por los detalles, por cuanto en mi plan no entra citar datos estadísticos. Pero esta impresión general se basa en hechos y puedo garantizar que en ella no hay nada equivocado ni inexacto. Tenemos un auge general en la industria ligera y, en relación con ello, cierto mejoramiento de la situación de los obreros tanto en Petrogrado como en Moscú. En otras zonas se observa en menor grado, ya que allí predomina la industria pesada; por eso no se debe generalizar. De todos modos, repito, la industria ligera acusa un ascenso indudable, y la mejora de la situación de los obreros de Petrogrado y de Moscú es innegable. En la primavera de 1921, en ambas ciudades reinaba el descontento entre los obreros. Hoy esto no existe en absoluto. Nosotros, que 749 observamos día a día la situación y el estado de ánimo de los obreros, no nos equivocamos en este sentido.
La tercera cuestión se refiere a la industria pesada. Debo aclarar, a este respecto, que la situación es todavía difícil. En 1921--1922 se ha iniciado cierto viraje en esta situación. Podemos confiar, por tanto, en que mejorará en un futuro próximo. Hemos reunido ya, en parte, los medios necesarios para ello. En un país capitalista, para mejorar el estado de la industria pesada haría falta un empréstito de centenares de millones, sin los cuales esa mejora sería imposible. La historia de la economía de los países capitalistas demuestra que, en los países atrasados, sólo los empréstitos de centenares de millones de dólares o de rublos oro a largo plazo podrían ser el medio para elevar la industria pesada. Nosotros no hemos tenido esos empréstitos ni hemos recibido nada hasta ahora. Cuanto se escribe sobre la entrega de empresas en régimen de concesión, etc., no significa casi nada, excepto papel. En los últimos tiempos hemos escrito mucho de eso, sobre todo de la concesión Urquhart. No obstante, nuestra política concesionaria me parece muy buena. Mas, a pesar de ello, no tenemos aún una concesión rentable. Os ruego que no olvidéis esto. Así pues, la situación de la industria pesada es una cuestión verdaderamente gravísima para nuestro atrasado país, ya que no hemos podido contar con empréstitos de los países ricos. Sin embargo, observamos ya una notable mejoría y vemos, además, que nuestra actividad comercial nos ha proporcionado ya algún capital, por ahora, ciertamente, muy modesto, poco más de veinte millones de rublos oro. Pero, sea como fuere, tenemos ya el comienzo: nuestro comercio nos proporciona medios que podemos utilizar para elevar la industria pesada. Lo cierto es que nuestra industria pesada aún se encuentra actualmente en una situación muy difícil. Pero supongo que lo decisivo es la circunstancia de que estamos ya en condiciones de ahorrar algo. Así lo seguiremos haciendo. Aunque a menudo se hace esto a costa de la población, hoy debemos, a pesar de todo, economizar. Ahora nos dedicamos a reducir el presupuesto del Estado, a reducir la administración pública. Más adelante diré unas cuantas palabras sobre nuestra administración pública. En todo caso, debemos reducirla, debemos economizar cuanto sea posible. Economizamos en todo, hasta en las escuelas. Y esto debe ser así, pues sabemos que sin salvar la industria pesada, sin restablecerla, no podremos construir ninguna clase de industria, y sin ésta pereceremos del todo como país independiente. Lo sabemos de sobra.
La salvación de Rusia no está sólo en una buena cosecha en el campo ----esto no basta---; tampoco está sólo en el buen estado de la industria ligera, que abastece a los campesinos de artículos de consumo---esto tampoco basta---; necesitamos, además, una 750 industria pesada. Pero, para ponerla en buenas condiciones, se precisarán varios años de trabajo.
La industria pesada necesita subsidios del Estado. Si no los encontramos, pereceremos como Estado civilizado, sin decir ya que también como Estado socialista. Por tanto, en este sentido hemos dado un paso decisivo. Hemos empezado a acumular los recursos necesarios para poner en pie la industria pesada. Es verdad que la suma que hemos reunido hasta la fecha apenas si pasa de veinte millones de rublos oro; pero, de todos modos, esa suma existe y está destinada exclusivamente a levantar nuestra industria pesada.
Creo que, como había prometido, he expuesto brevemente, a grandes rasgos, los principales elementos de nuestra economía nacional. Considero que de todo ello puede deducirse que la nueva política económica nos ha reportado ya beneficios. Hoy tenemos ya pruebas de que, como Estado, estamos en condiciones de ejercer el comercio, de conservar nuestras firmes posiciones en la agricultura y en la industria y de avanzar. Lo ha demostrado la práctica. Y pienso que, por el momento, esto es bastante para nosotros. Tendremos que aprender muchas cosas todavía y comprendemos que necesitamos aprender. Hace cinco años que estamos en el poder, con la particularidad de que durante estos cinco años hemos vivido en estado de guerra permanente. Por tanto, hemos tenido éxitos.
Es natural, ya que nos seguían los campesinos. Es difícil dar mayores pruebas de adhesión que las mostradas por tos campesinos. Comprendían que tras los guardias blancos se encuentran los terratenientes, a quienes odian más que a nada en el mundo. Y por eso, los campesinos nos han apoyado con todo entusiasmo, con toda lealtad. No fue difícil conseguir que nos defendieran de los guardias blancos. Los campesinos, que antes odiaban la guerra, apoyaron por todos los medios la guerra contra los guardias blancos, la guerra civil contra los terratenientes. Sin embargo, esto no era todo, porque, en el fondo, se trataba únicamente de si el poder quedaría en manos de los terratenientes o de los campesinos. Para nosotros, esto no era bastante. Los campesinos comprenden que hemos conquistado el poder para los obreros y que nos planteamos el objetivo de crear el régimen socialista con ayuda de ese poder. Por eso, lo más importante para nosotros era preparar en el aspecto económico la economía socialista. No pudimos prepararla directamente y nos vimos obligados a hacerlo de manera indirecta. El capitalismo de Estado, tal como lo hemos implantado en nuestro país, es un capitalismo de Estado peculiar. No corresponde al concepto habitual del capitalismo de Estado. Tenemos en nuestras manos todos los puestos de mando, tenemos en nuestras manos la tierra, que pertenece al Estado. Esto es muy importante, aunque 751 nuestros enemigos presentan la cosa como si no significara nada. No es cierto. El hecho de que la tierra pertenezca al Estado tiene extraordinaria importancia y, además, gran sentido práctico en el aspecto económico. Esto lo hemos logrado, y debo manifestar que toda nuestra actividad ulterior debe desarrollarse sólo dentro de ese marco. Hemos conseguido ya que nuestros campesinos estén satisfechos y que la industria y el comercio se reanimen. He dicho antes que nuestro capitalismo de Estado se diferencia del capitalismo de Estado, comprendido literalmente, en que el Estado proletario tiene en sus manos no sólo la tierra, sino también las ramas más importantes de la industria. Ante todo, hemos entregado en arriendo sólo cierta parte de la industria pequeña y media; todo lo demás queda en nuestras manos. Por lo que se refiere al comercio, quiero destacar aún que tratamos de crear, y estamos creando ya, sociedades mixtas, es decir, sociedades en las que una parte del capital pertenece a capitalistas privados---por cierto, extranjeros---y la otra parte nos pertenece a nosotros. Primero, de esa manera aprendemos a comerciar, cosa que necesitamos, y, segundo, tenemos siempre la posibilidad de cerrar esas sociedades, si así lo creemos necesario. De modo que, por decirlo así, no arriesgamos nada. En cambio, aprendemos del capitalista privado y observamos cómo podemos elevarnos y qué errores cometemos. Me parece que puedo limitarme a cuanto queda dicho.
Quisiera referirme todavía a algunos puntos de poca monta. Es indudable que hemos hecho y haremos aún muchísimas tonterías. Nadie puede juzgarlas mejor ni verlas más claro que yo. (Risas.) ¿Por qué hacemos tonterías? La razón es sencilla: primero, porque somos un país atrasado; segundo, porque la instrucción en nuestro país es mínima; tercero, porque no recibimos ninguna ayuda de fuera. Ni uno solo de los países civilizados nos ayuda. Por el contrario, todos obran en contra nuestra. Y cuarto, por culpa de nuestra administración pública. Hemos heredado la vieja administración pública, y ésta ha sido nuestra desgracia. Es muy frecuente que esta administración trabaje contra nosotros. Ocurrió que en 1917, después de que tomamos el poder, los funcionarios públicos comenzaron a sabotearnos. Entonces nos asustamos mucho y les rogamos: "Por favor, vuelvan a sus puestos''. Todos volvieron, y ésta ha sido nuestra desgracia. Hoy poseemos una inmensidad de funcionarios, pero no disponemos de elementos con suficiente instrucción para poder dirigirlos de verdad. En la práctica sucede con harta frecuencia que aquí, arriba, donde tenemos concentrado el poder estatal, la administración funciona más o menos; pero en los puestos inferiores disponen ellos como quieren, de manera que muy a menudo contrarrestan nuestras medidas. Hombres adictos, en las 752 altas esferas, tenemos no sé exactamente cuántos, pero creo que, en todo caso, sólo varios miles, a lo sumo unas decenas de miles. Pero en los puestos inferiores se cuentan por centenares de miles los antiguos funcionarios que hemos heredado del régimen zarista y de la sociedad burguesa y que trabajan contra nosotros, unas veces de manera consciente, y otras inconsciente. Es indudable que, en este terreno, no se conseguirá nada a corto plazo. Tendremos que trabajar muchos años para perfeccionar la administración, renovarla y atraer nuevas fuerzas. Lo estamos haciendo a ritmo bastante rápido, quizá demasiado rápido. Hemos fundado escuelas soviéticas y facultades obreras; estudian varios centenares de miles de jóvenes; acaso estudien demasiado de prisa; pero, de todas maneras, la labor en este terreno ha comenzado y creo que nos dará sus frutos. Si no nos precipitamos demasiado en esta labor, dentro de algunos años tendremos una masa de jóvenes capaces de cambiar radicalmente nuestra administración.
He dicho que hemos hecho innumerables tonterías, pero debo decir también algo en este aspecto de nuestros adversarios. Si éstos nos reprochan y dicen que el propio Lenin reconoce que los bolcheviques han hecho muchísimas tonterías, yo quiero responder: es cierto, pero, a pesar de todo, nuestras tonterías son de un género completamente distinto que el de las vuestras. Nosotros no hacemos más que empezar a estudiar, pero estudiamos con tanta regularidad que estamos seguros de obtener buenos resultados. Pero si nuestros enemigos, es decir, los capitalistas y los "héroes" de la II Internacional, recalcan las tonterías que hemos hecho, me permitiré citar aquí, a título comparativo, las palabras de un famoso escritor ruso, que, modificándolas un poco, resultarían así: cuando los bolcheviques hacen tonterías, dicen: "Dos por dos, cinco''; pero cuando las hacen sus adversarios, es decir, los capitalistas y los "héroes" de la II Internacional el resultado es: "Dos por dos, una vela de = estearina"^^227^^. Esto no es difícil demostrarlo. Tomad, por ejemplo, el pacto con Kolchak que concertaron Norteamérica, Inglaterra, Francia y el Japón. Yo os pregunto: ¿existen en el mundo potencias más cultas y fuertes? ¿Y qué resultó? Se comprometieron a ayudar a Kolchak sin calcular, sin reflexionar, sin observar. Ha sido un fracaso incluso difícil de comprender, a juicio mío, desde el punto de vista de la razón humana.
Otro ejemplo más reciente y de mayor importancia: la paz de Versalles. Yo os pregunto: ¿qué han hecho, en este caso, las ``grandes'' potencias "cubiertas de gloria"? ¿Cómo podrán encontrar ahora la salida de este caos y de este absurdo? Creo que no exageraré si repito que nuestras tonterías no son nada en comparación con las que hacen juntos los Estados capitalistas, el mundo capitalista y la II 753 Internacional. Por eso supongo que las perspectivas de la revolución mundial---tema que habré de tratar brevemente---son favorables. Y pienso que, si se da determinada condición, se harán más favorables todavía. Desearía decir algunas palabras sobre estas condiciones.
En 1921 aprobamos en el III Congreso una resolución sobre la estructura orgánica de los partidos comunistas y los métodos y el contenido de su labor. La resolución es magnífica, pero es rusa casi hasta la médula; es decir, se basa en las condiciones rusas. Este es su aspecto bueno, pero también su punto flaco. Flaco porque estoy convencido de que casi ningún extranjero podrá leerla; yo la he releído antes de hacer esta afirmación. Primero, es demasiado larga, consta de cincuenta o más puntos. Por regla general, los extranjeros no pueden leer cosas así. Segundo, incluso si la leen, no la comprenderán precisamente porque es demasiado rusa. No porque esté escrita en ruso (ha sido magníficamente traducida a todos los idiomas), sino porque está sobresaturada de espíritu ruso. Y tercero, si, en (aso excepcional, algún extranjero la llega a entender, no la podrá cumplir. Este es su tercer defecto. He conversado con algunos delegados extranjeros y confío en que podré conversar detenidamente con gran número de delegados de distintos países en el curso del congreso, aunque no participe personalmente en él, ya que, por desgracia, no me es posible. Tengo la impresión de que hemos cometido un gran error con esta resolución, es decir, que nosotros mismos hemos levantado una barrera en el camino de nuestro éxito futuro. Corno ya he dicho, la resolución está excelentemente redactada, y yo suscribo todos sus cincuenta o más puntos. Pero no hemos comprendido cómo se debe llevar nuestra experiencia rusa a los extranjeros. Cuanto expone la resolución, ha quedado en letra muerta. Y si no comprendemos esto, no podremos seguir nuestro avance. Considero que lo más importante para todos nosotros, tanto para los rusos romo para los cantaradas extranjeros, es que, después de cinco años de revolución rusa, debemos estudiar. Sólo ahora hemos obtenido la posibilidad de estudiar. Ignoro cuánto durará esta posibilidad. \'o sé durante cuánto tiempo nos concederán las potencias capitalistas la posibilidad de estudiar tranquilamente. Pero debemos aprovechar cada minuto libre de las ocupaciones militares, de la guerra, para estudiar, comenzando, además, por el principio.
El partido en su totalidad y todos los sectores de la población de Rusia lo demuestran con su afán de saber. Esta afición al estudio prueba que nuestra tarea más importante ahora es estudiar y estudiar. Pero también los cantaradas extranjeros deben estudiar, no en el misino sentido en que lo hacemos nosotros: leer, escribir y comprender lo leído, que es lo que todavía precisamos. Se discute si esto coi responde a la cultura proletaria o a la cultura burguesa. Dejo 754 pendiente la cuestión. Pero de lo que no cabe ninguna duda es de que nosotros necesitamos, ante todo, aprender a leer, a escribir y a comprender lo que leemos. Los extranjeros no lo necesitan. Les hace falta ya algo más elevado: esto implica, primero, que comprendan también lo que hemos escrito acerca de la estructura orgánica de los partidos comunistas y que los camaradas extranjeros firmaron sin leerlo y sin comprenderlo. Esta debe ser su primera tarea. Es preciso llevar a la práctica esta resolución. Pero no puede hacerse de la noche a la mañana, eso sería completamente imposible. La resolución es demasiado rusa: refleja la experiencia rusa. Por eso, los extranjeros no la comprenden en absoluto y no pueden conformarse con colocarla en un rincón como un icono y rezar ante ella. Así no se conseguirá nada. Lo que necesitan es asimilar parte de la experiencia rusa. No sé cómo lo harán. Puede que los fascistas de Italia por ejemplo, nos presten un buen servicio, explicando a los italianos que no son todavía bastante cultos y que su país no está garantizado aún contra las centurias negras. Quizá esto sea muy útil. Nosotros, los rusos, debemos buscar también la forma de explicar a los extranjeros las bases de esta resolución, pues, de otro modo, se verán imposibilitados por completo para cumplirla. Estoy convencido de que, en este sentido, debemos decir no sólo a los camaradas rusos, sino también a los extranjeros, que lo más importante del período en que estamos entrando es estudiar. Nosotros estudiamos en sentido general. En cambio, los estudios de ellos deben tener un carácter especial para que lleguen a comprender realmente la organización, la estructura, el método y el contenido de la labor revolucionaria. Si se logra esto, las perspectivas de la revolución mundial, estoy convencido de ello, serán no solamente buenas, sino incluso magníficas. (C lamo r o sos aplausos que dura n largo r a t o. Las exclamaciones de "¡Viva nuestro camarada Lenin!" promueven nuevas ovaciones clamorosas.)
Publicado el 15 de noviembre de 1922 en el núm. 258 de ``Pnivda''.
T. 45, págs. 278--294.
[755] __ALPHA_LVL1__ DISCURSO PRONUNCIADO EN EL PLENO(Clamorosos aplausos. Se canta La Internacional.) Camaradas: Lamento mucho no haber podido venir antes a vuestra reunión y os pido mil perdones. Estoy enterado de que hace unas semanas teníais el propósito de ofrecerme la posibilidad de visitar el Soviet de Moscú. No he podido hacerlo porque, después de mi enfermedad, a partir de diciembre, hablando en el lenguaje de los profesionales, perdí la capacidad de trabajo para un período prolongado, debido a lo cual he tenido que ir aplazando de una semana para otra mi discurso de hoy. He tenido también que cargar adicionalmente sobre el camarada Kámenev una parte muy considerable del trabajo que, en un principio, como recordaréis, había encomendado al camarada Tsiurupa y, después, al camarada Rykov. Y he de decir, recurriendo a la comparación que ya he utilizado, que el camarada Kámenev se vio de pronto uncido a dos carretas. Si bien, continuando la comparación, debo agregar que el caballejo ha resultado capaz y brioso en grado sumo. (Aplausos.) Pero, de todos modos, no está bien tirar de dos carretas a la vez, y espero con impaciencia el momento en que regresen los camaradas Tsiurupa y Rykov para distribuirnos el trabajo con algo más de equidad. Por mi parte, y a causa de la disminución de mi capacidad de trabajo, debo dedicar al examen de los asuntos mucho más tiempo del que quisiera.
En diciembre de 1921, cuando tuve que dejar el trabajo por completo, nos encontrábamos a fines de año. Entonces estábamos pasando a la nueva política económica y parecía que ese paso, no obstante haberlo iniciado a comienzos de 1921, era bastante difícil, yo diría que muy difícil. Hace más de año y medio que venimos aplicando esta transición y parecería llegado el momento de que la mayoría se trasladara a los nuevos puestos y se instalara conforme a las nuevas condiciones, sobre todo conforme a las condiciones de la nueva política económica.
756Donde menos cambios hemos hecho es en política exterior. En este terreno hemos proseguido el rumbo que emprendimos antes; y creo, lo digo con la conciencia tranquila, que lo hemos proseguido con absoluta consecuencia e inmenso éxito. Vosotros, por cierto, no precisáis que se os informe de eso con pormenores: la toma de Vladivostok, la manifestación subsiguiente y la declaración de unión en Estado federal que habéis leído días atrás en los = periódicos^^229^^ han mostrado y demostrado con claridad meridiana que en este terreno no tenemos nada que cambiar. Seguimos un camino trazado con absoluta claridad y precisión y nos hemos asegurado el éxito ante los países del mundo entero, aunque algunos de ellos sigan todavía dispuestos a declarar que no desean sentarse con nosotros a una misma mesa. Sin embargo, las relaciones económicas---y tras ellas las relaciones diplomáticas---se van normalizando, deben normalizarse y se normalizarán sin falta. Todo Estado que se' oponga a normalizarlas corre el riesgo de llegar tarde y de encontrarse en una situación desfavorable, quizás bastante esencial en algo. Esto lo vemos ahora todos, y no sólo por la prensa, por los periódicos. Creo que, durante los viajes al extranjero, los camaradas se convencen también de cuan grandes son los cambios operados. En este sentido no hemos hecho, empleando la vieja comparación, ningún transbordo a otros trenes ni cambiado de caballos.
Pero en lo que se refiere a nuestra política interior, el cambio que hicimos en la primavera de 1921---dictado por razones de fuerza y poder persuasivo extraordinarios, debido a lo cual no hubo entre nosotros la menor discusión ni la menor discrepancia en este punto---, sigue originándonos ciertas dificultades, yo diría que grandes dificultades. Y no porque hayamos dudado de la necesidad del viraje---a este respecto no hubo ninguna duda---ni de si la prueba de esta nueva política económica nuestra ha reportado los éxitos que esperábamos. En esta cuestión, puedo decirlo con toda firmeza, tampoco existe la menor duda ni en las filas de nuestro partido ni entre las multitudes de obreros y campesinos sin partido.
El problema no ofrece dificultades en este sentido. Las dificultades radican en que se nos ha planteado una tarea cuyo cumplimiento requiere a menudo que se apele a nuevas personas, que se adopten medidas extraordinarias y se empleen métodos también extraordinarios. Dudamos aún de la justedad de una cosa o de otra, hay cambios en una o en otra dirección, y debo decir que tanto lo uno como lo otro seguirá existiendo durante un período bastante prolongado. "¡Nueva política económica!" Rara denominación. Esta política ha sido denominada nueva política económica porque da marcha atrás. Ahora nos replegamos, parece que retrocedemos; pero lo hacemos para, después de habernos replegado, tomar impulso y saltar 757 adelante con mayor fuerza. Sólo con esta condición nos hemos replegado para aplicar nuestra nueva política económica. No sabemos aún dónde y cómo debemos reagruparnos, adaptarnos, reorganizarnos, para luego, después del repliegue, comenzar la ofensiva más tenaz. Para hacer todo eso en un orden perfecto es necesario, como dice el refrán, en cosa alguna pensar mucho, muchísimo, y hacer una. Esto es necesario para vencer las increíbles dificultades con que tropezamos en el cumplimiento de todas nuestras tareas, en la solución de todos nuestros problemas. Sabéis perfectamente cuántos sacrificios ha costado conseguir lo que hemos hecho, sabéis cuan larga ha sido la guerra civil y cuántas fuerzas ha requerido. Y bien, la toma de Vladivostok nos ha mostrado (porque Vladivostok, aunque esté lejos, es una ciudad nuestra) ( prolongados aplausos) a todos la simpatía general por nosotros, por nuestras conquistas. Tanto aquí como allí es la RSFSR. Esta simpatía nos ha librado de los enemigos interiores y de los exteriores, que nos atacaban. Me refiero al Japón.
Hemos conquistado una situación diplomática completamente definida, que no es otra cosa que una situación diplomática reconocida por el mundo entero. Todos lo veis. Veis los resultados; mas, ¡cuánto tiempo ha hecho falta para ello! Hemos conseguido ahora que los enemigos reconozcan nuestros derechos tanto en la política económica como en la comercial. Así lo prueba la conclusión de convenios comerciales.
Podemos ver por qué nosotros, que hace año y medio emprendimos la senda de la llamada nueva política económica, avanzamos por ella con dificultades tan increíbles. Vivimos en las condiciones propias de un Estado tan destruido por la guerra, tan fuera de todo cauce más o menos normal, que ha sufrido y soportado tanto, que ahora nos vemos obligados a comenzar todos los cálculos, tomando como referencia un pequeño porcentaje: el porcentaje de anteguerra. Aplicamos esta medida a las condiciones de nuestra vida, a veces con mucha impaciencia y calor, y siempre nos convencemos de que las dificultades son inmensas. La tarea que nos hemos señalado en este terreno resulta tanto mayor por cuanto la comparamos con las condiciones de un Estado burgués corriente. Nos hemos planteado esa tarea porque comprendíamos que no podíamos esperar la ayuda de las potencias más ricas, esa ayuda que suele llegar siempre en condiciones semejantes. Después de la guerra civil nos pusieron en condiciones casi de boicot, o sea, nos dijeron que no nos concederían las relaciones económicas que están acostumbrados a conceder y son normales en el mundo capitalista.
Ha transcurrido más de año y medio desde que emprendimos la senda de la nueva política económica; ha transcurrido mucho más 758 tiempo desde que firmamos nuestro primer convenio internacional; y, sin embargo, todavía se deja sentir ese boicot de toda la burguesía y de todos los gobiernos. No podíamos confiar en nada más cuando pasamos a las nuevas condiciones económicas; y, sin embargo, no albergábamos la menor duda de que debíamos pasar a ellas y lograr el éxito completamente solos. Cuanto más tiempo pasa, tanto más claro queda que toda ayuda que nos pudieran prestar, que nos prestarán los países capitalistas, lejos de suprimir esta condición, lo más probable es que la aumenten, que la agraven más aún en la inmensa mayoría de los casos. "Completamente solos'', nos dijimos. "Completamente solos'', nos dicen casi todos los Estados capitalistas con los que hemos concluido alguna transacción, con los que hemos entrado en tratos, con los que hemos iniciado alguna negociación. Y ahí está la singular dificultad que debemos comprender. Hemos estructurado nuestro régimen estatal con un trabajo de increíbles dificultad y heroísmo durante más de tres años. En las condiciones en que nos hemos encontrado hasta ahora, no hemos tenido tiempo de examinar si rompíamos algo de más, si había demasiadas víctimas, porque las víctimas eran muchas, porque la lucha que iniciamos entonces (de sobra lo sabéis vosotros, y huelga explayarse en ello) era una lucha a vida o muerte contra el viejo régimen social, al que combatimos para conquistar nuestro derecho a la existencia, al desarrollo pacífico. Y lo hemos conquistado. No son palabras nuestras, no son declaraciones de testigos a los que se pueda acusar de parcialidad. Son declaraciones de testigos que se encuentran en el campo enemigo y que, como es natural, muestran parcialidad, mas no por nosotros, sino por el bando opuesto. Esos testigos se encontraban en el campo de Denikin, a la cabeza de la ocupación. Y sabemos que su parcialidad nos costó muy cara, nos costó muchas destrucciones. Por culpa suya hemos sufrido toda clase de pérdidas, hemos perdido valores de todo género y el valor principal, vidas humanas, a escala de increíble magnitud. Ahora, analizando con toda atención nuestras tareas, debemos comprender que la principal consiste hoy en no entregar las viejas conquistas. Y no entregaremos ni una sola de ellas. (Aplausos.) Al mismo tiempo, nos hallamos ante una tarea completamente nueva, y lo viejo puede ser un obstáculo directo. Esa tarea es la más difícil de comprender. Pero hay que comprenderla para aprender a trabajar; para aprender, cuando sea necesario, a echar los bofes, por así decir. Creo, camaradas, que estas palabras y consignas son comprensibles, porque en el año, aproximadamente, que me he visto obligado a permanecer ausente, en la práctica habéis tenido que hablar y pensar de esto en todos los aspectos y en centenares de ocasiones, al abordar el trabajo con vuestras propias manos. Y estoy seguro de que las reflexiones sobre 759 el particular sólo pueden llevaros a una conclusión: hoy se requiere de nosotros más flexibilidad aún de la que hemos tenido hasta ahora en el terreno de la guerra civil.
No debemos renunciar a lo viejo. Toda una serie de concesiones que nos acomodan a las potencias capitalistas permiten plenamente a éstas entablar relaciones con nosotros, les proporcionan beneficios, a veces quizás mayores de los debidos. Pero, al mismo tiempo, concedemos sólo una pequeña parte de los medios de producción, que nuestro Estado mantiene casi por completo en sus manos. En días pasados se discutió en la prensa el problema de la concesión solicitada por el inglés Urquhart, que en la guerra civil ha estado casi todo el tiempo contra nosotros y decía: "Conseguiremos nuestro objetivo en la guerra civil contra Rusia, contra la misma Rusia que se ha atrevido a privarnos de esto y aquello''. Y, después de todo eso, hemos tenido que entablar relaciones con él. No nos hemos negado a ellas, las hemos acogido con gran alegría, pero hemos dicho: "Usted perdone, pero no entregaremos lo que hemos conquistado. Nuestra Rusia es tan grande, y nuestras posibilidades económicas tan numerosas, que nos consideramos con derecho a no rechazar su amable propuesta; pero la discutiremos serenamente, como hombres de negocios''. Es cierto que nuestra primera conversación no ha dado nada, pues, por motivos políticos, no podíamos aceptar su propuesta. Hemos tenido que contestarle con una negativa. Mientras los ingleses no reconocieran la posibilidad de nuestra participación en el problema de los estrechos, de los Dardanelos, debíamos responder con una negativa; pero inmediatamente después de esa negativa debíamos analizar a fondo el problema. Hemos analizado si nos sería beneficioso o no, si nos sería provechoso acceder a esta concesión y, si lo es, en qué circunstancias. Hemos tenido que hablar del precio. Y esto, camaradas, os muestra con claridad hasta qué grado tenemos que abordar ahora los problemas de una manera distinta a como los abordábamos antaño. Antes, el comunista decía: "Entrego mi vida'', y le parecía muy sencillo, aunque no todas las veces era tan sencillo. En cambio, ahora, los comunistas tenemos planteada otra tarea completamente distinta. Ahora debemos calcularlo todo, y cada uno de vosotros debe aprender a economizar. En la situación capitalista, debemos calcular cómo asegurar nuestra existencia, cómo sacar provecho de nuestros enemigos que, como es natural, regatearán, pues jamás han perdido la costumbre de regatear y regatearán a costa nuestra. Tampoco olvidamos esto y en modo alguno nos imaginamos que los representantes del comercio se conviertan en algún sitio en corderos y nos faciliten gratis todas las venturas. Eso no ocurre; y tío lo esperamos. Confiamos en que, acostumbrados a oponer resistencia, saldremos airosos en este terreno también y 760 seremos capaces de comerciar, de obtener ganancias y de salir de las situaciones económicas difíciles. Esta tarea es muy ardua. Y nos aplicamos a cumplirla. Quisiera que nos diéramos perfecta cuenta del profundo abismo que media entre la tarea vieja y la nueva. Por muy hondo que sea ese abismo, en la guerra aprendimos a maniobrar y hemos de comprender que la maniobra que debemos realizar, la maniobra en que nos encontramos, es la más difícil. En cambio, es probable que sea la última. Debemos probar en ella nuestra fuerza y demostrar que no sólo hemos aprendido de memoria nuestras enseñanzas de ayer y repetimos las viejas lecciones. Discúlpennos, señores, hemos comenzado a estudiar de nuevo y estudiaremos de modo que logremos éxitos concretos y visibles para todos. Y en nombre de este estudio nuevo creo que precisamente ahora debemos prometernos con firmeza otra vez unos a otros que nos hemos replegado bajo la denominación de nueva política económica, que nos hemos replegado para no entregar nada nuevo y, al mismo tiempo, para conceder a los capitalistas tales ventajas que obliguen a cualquier país, por muy enemigo nuestro que sea, a aceptar transacciones y relaciones con nosotros. El camarada Krasin, que ha conversado muchas veces con Urquhart ---este dirigente y puntal de toda la intervención armada---, decía que, después de los intentos de Urquhart de imponernos a toda costa y en toda Rusia el viejo régimen, se sentó a la misma mesa que Krasin y comenzó a decir: "¿A qué precio? ¿Cuánto? ¿Por cuántos años?" (Aplausos.) Eso está bastante lejos todavía de la conclusión de una serie de convenios sobre arrendamiento de empresas en régimen de concesión y de que hayamos entablado, por tanto, relaciones contractuales absolutamente precisas y firmes---desde el punto de vista de la sociedad burguesa---; pero ya vemos ahora que nos acercamos a eso, que casi hemos llegado, pero que todavía no hemos llegado. Esto, camaradas, debemos reconocerlo y no caer en la presunción. Estamos aún muy lejos de haber conseguido plenamente lo que nos hará fuertes e independientes y nos dará la tranquila seguridad de que no tememos ningún negocio con los capitalistas; de que, por difícil que sea el negocio, lo concluiremos, calaremos en el quid y saldremos airosos. Por eso, la labor que hemos iniciado en este terreno---tanto política como del partido---debe continuar; por eso es necesario que pasemos de los viejos métodos a métodos completamente nuevos.
Nuestra administración sigue siendo la vieja, y nuestra tarea consiste ahora en transformarla a lo nuevo. No podemos transformarla de golpe, pero necesitamos organizar las cosas de manera que estén bien distribuidos los comunistas con que contamos. Es preciso que estos comunistas manejen las administraciones a que han sido 761 enviados, y no, como ocurre a menudo, que sean esas administraciones las que los manejan a ellos. No hay por qué ocultarlo y debemos hablar de ello con claridad. Esas son las tareas que tenemos planteadas y las dificultades con que tropezamos, precisamente en el momento en que hemos emprendido nuestro camino práctico, en que debíamos aproximarnos al socialismo, y no como a un icono pintado con colores suntuosos. Necesitamos tomar una dirección certera, necesitamos que se compruebe todo, que todas las masas y toda la población comprueben nuestro camino y digan: "Sí, esto es mejor que el viejo régimen''. Esa es la tarea que nos hemos fijado, la tarea que ha emprendido nuestro partido, un pequeño grupo de hombres en comparación con toda la población del país. Este granito de arena se ha planteado el objetivo de transformarlo todo y lo transformará. Hemos demostrado que no se trata de una utopía, sino de una obra a la que los hombres consagran su vida. Todos lo hemos visto, eso ya está hecho. Hay que transformar de modo que la mayoría de las masas trabajadoras, los campesinos y los obreros, digan: "No os alabéis vosotros mismos; ya os alabamos nosotros y decimos que habéis conseguido mejores resultados, después de los cuales ni una sola persona sensata pensará jamás en retornar al pasado''. Pero todavía no hemos alcanzado eso. De ahí que la Nep siga siendo la consigna principal, inmediata, exhaustiva, del día de hoy. No olvidaremos ni una sola de las consignas que aprendimos ayer. Podemos asegurárselo a quienquiera que sea con absoluta tranquilidad, sin el menor asomo de titubeo, y cada paso que damos lo confirma. Pero debemos adaptarnos todavía a la nueva política económica. Hay que saber vencer, reducir a un mínimo determinado todos sus aspectos negativos, que no es preciso enumerar, puesto que los conocéis perfectamente. Hay que hacerlo todo con cálculo. Nuestra legislación nos brinda plenas posibilidades para ello. ¿Sabremos organizar las cosas como es debido? Es un problema que está lejos aún de haber sido resuelto. Lo estamos estudiando. Cada número del periódico de nuestro partido publica decenas de artículos, que versan: en tal fábrica, con tal fabricante existen tales condiciones de arrendamiento; pero donde el director es un camarada nuestro, un comunista, las condiciones son otras. ¿ Proporciona beneficios o no, compensa o no? Hemos pasado a la propia médula de todas las cuestiones cotidianas, y en eso consiste la inmensa conquista. Hoy, el socialismo no es ya un problema de un futuro remoto, ni una visión abstracta o un icono. De los iconos seguimos teniendo la opinión de antes, una opinión muy mala. Hemos hecho penetrar el socialismo en la vida diaria, y de eso es de lo que debemos ocuparnos. Esa es la tarea del momento, ésa es la tarea de nuestra época. Permitidme que acabe expresando mi 762 seguridad en que, por muy difícil que sea esa tarea, por más nueva que sea, en comparación con la que teníamos antes, y por más dificultades que nos origine, la cumpliremos a toda costa entre todos, juntos, y no mañana, sino en el transcurso de varios años, de modo que de la Rusia de la Nep salga la Rusia socialista. (Clamorosos y prolongados aplausos.)
Publicado el 21 de noviembre de 1922 en el núm. 263 de ``Pravda''.
T. 45, págs. 300--309.
[763] __ALPHA_LVL1__ CARTA AL CONGRESO^^230^^T. 45, piígs. 343--362.
[764] ~ [765]Yo aconsejaría con insistencia hacer en este congreso varios cambios en nuestra estructura política.
Quisiera exponer las consideraciones que estimo más importantes.
Lo primero de todo es elevar el número de miembros del CC a varias decenas e incluso a un centenar. Creo que si no hiciéramos esta reforma, nuestro Comité Central se vería amenazado de grandes peligros, en caso de que el curso de los acontecimientos no nos fuera favorable del todo (y no podemos contar con que nos sea).
También pienso proponer al congreso que se dé carácter legislativo, con ciertas condiciones, a las decisiones del Gosplán, aceptando en este aspecto hasta cierto punto y previas ciertas condiciones, lo que propone el camarada Trotski.
Por lo que se refiere al primer punto, es decir, al aumento del número de miembros del CC, creo que es necesario tanto para elevar el prestigio del CC como para realizar un trabajo serio con miras a mejorar nuestro mecanismo, administrativo y evitar que los conflictos de pequeñas partes del CC puedan adquirir una importancia excesiva para todos los destinos del partido.
Opino que nuestro partido está en su derecho, al pedir a la clase obrera un CC de cincuenta a cien miembros, y que ella puede dárselos sin poner en demasiada tensión sus fuerzas.
Esta reforma haría mucho más sólido a nuestro partido y le facilitaría la lucha que sostiene, rodeado de Estados hostiles, lucha que, a mi modo de ver, puede y debe enconarse mucho en los años próximos. Creo que, gracias a esta medida, la estabilidad de nuestro partido sería mil veces mayor.
Lenin
23.XII.22
Taquigrafiado por M. V.
766 Continuación de las anotaciones
taquigráficas.
24 de diciembre del año 22
Por estabilidad del Comité Central, de la que hablaba antes, entiendo las medidas contra la escisión en tanto en cuanto pueden ser adoptadas, en general. Porque, naturalmente, tenía razón el guardia blanco de Rússkaya Mysl (creo que era S. S. Oldenburg) cuando, primero, en el juego de esas gentes contra la Rusia Soviética cifraba sus esperanzas en la escisión de nuestro partido y, segundo, en que ésta se produjera debido a gravísimas discrepancias en el seno del mismo.
Nuestro partido se apoya en dos clases, y por eso es posible su inestabilidad y sería inevitable su caída si estas dos clases no pudieran llegar a un acuerdo. Sería inútil adoptar unas u otras medidas con vistas a esta eventualidad y, en general, divagar en torno a la estabilidad de nuestro CC. En tal caso, no habría medida capaz de evitar la escisión. Pero confío que eso es cosa de un futuro demasiado lejano y un acontecimiento demasiado improbable para hablar de ello.
Me refiero a la estabilidad como garantía contra la escisión en un próximo futuro, y tengo el propósito de exponer aquí varias consideraciones de índole puramente personal.
Yo creo que lo fundamental en el problema de la estabilidad, desde este punto de vista, son tales miembros del CC como Stalin y Trotski. Las relaciones entre ellos, a mi modo de ver, entrañan más de la mitad del peligro de esa escisión que se podría evitar, y a cuyo objeto debe servir, entre otras cosas, según mi criterio, la ampliación del CC hasta cincuenta o cien miembros.
El camarada Stalin, llegado a secretario general, ha concentrado en sus manos un poder inmenso, y no estoy seguro de que siempre sepa utilizarlo con la suficiente prudencia. Por otra parte, el camarada Trotski, según demuestra su lucha contra el CC con motivo del problema del Comisariado del Pueblo de Vías de Comunicación, no se distingue únicamente por dotes relevantes. Personalmente, quizá sea el hombre más capaz del actual CC, pero está demasiado ensoberbecido y se deja llevar demasiado por el aspecto puramente administrativo de los asuntos.
Estas dos cualidades de dos destacados dirigentes del CC actual pueden conducir, sin quererlo, a la escisión, y si nuestro partido no toma medidas para impedirlo, la escisión puede producirse de manera imprevista.
767No seguiré caracterizando a los demás miembros del CC por sus cualidades personales. Recordaré sólo que el episodio de Zinóviev y Kámenev en Octubre no fue, naturalmente, una casualidad, pero de eso se les puede culpar personalmente tan poco como a Trotski de no sentir el bolchevismo.
En cuanto a los jóvenes miembros del CC, diré unas palabras de
Bujarin y Piatakov. Son, a mi juicio, los que más se destacan (entre
los más jóvenes), y, al tratarse de ellos, se debería tener en cuenta lo
siguiente: Bujarin no sólo es un valiosísimo y notable teórico del
partido, sino que, además, se le considera legítimamente el favorito
de todo el partido; pero sus concepciones teóricas pueden calificarse
de enteramente marxistas con muchas dudas, pues hay en él algo
escolástico (jamás ha estudiado y creo que jamás ha comprendido
por completo la dialéctica).
~~~
~~~
25.XII. Viene después Piatakov, hombre sin duda de grandes voluntad y dotes, pero que se deja llevar demasiado por el ejercicio de la administración y el aspecto administrativo de los asuntos para que se pueda confiar en él en un problema político serio.
Naturalmente, una y otra observación son valederas sólo para el presente, suponiendo que estos dos destacados y fieles militantes no encuentren ocasión de completar sus conocimientos y de corregir su formación unilateral.
Lenin
25.XII.22.
Taquigrafiado por M. V.
Stalin es demasiado brusco, y este defecto, plenamente tolerable en nuestro medio y en las relaciones entre nosotros, los comunistas, se hace intolerable en el cargo de secretario general. Por eso propongo a los camaradas que piensen la forma de pasar a Stalin a otro puesto y de nombrar para este cargo a otro nombre que se diferencie del camarada Stalin en todos los demás aspectos sólo por una ventaja, a saber: que sea más tolerante, más leal, más correcto y más atento con los camaradas, menos caprichoso, etc. Esta circunstancia puede parecer una pequenez insignificante. Pero creo que, desde el punto de vista de prevenir la escisión y de lo que he escrito antes de las relaciones entre Stalin y Trotski, no es una pequenez o se trata de una pequenez que puede adquirir importancia decisiva.
Taquigrafiado por I.. í de enero de 1923
Lenin
768 Continuación de las anotaciones
taquigráficas.
26 de diciembre de 1922
La ampliación del CC hasta cincuenta o incluso cien miembros debe perseguir, a mi modo de ver, un fin doble o incluso triple: cuanto mayor sea el número de miembros del CC, tantos más aprenderán a realizar el trabajo de éste y tanto menor será el peligro de una escisión debida a cualquier imprudencia. La incorporación de muchos obreros al CC ayudará a los obreros a mejorar nuestro cuerpo administrativo, que es pésimo. En el fondo, lo hemos heredado del viejo régimen, puesto que ha sido absolutamente imposible rehacerlo en un plazo tan corto, sobre todo con la guerra, con el hambre, etc. Por eso podemos contestar tranquilamente a los "críticos" que nos señalan con sonrisa burlona o con malicia los defectos de nuestra administración que no comprenden nada las condiciones de nuestra revolución. En cinco años es imposible por completo reformar la administración en medida suficiente, sobre todo atendidas las condiciones en que se ha producido nuestra revolución. Bastante hemos hecho con crear en cinco años un nuevo tipo de Estado en el que los obreros van delante de los campesinos contra la burguesía, lo cual, habida cuenta de la hostil situación internacional, es una obra gigantesca. Pero el saber que eso es así en modo alguno debe impedirnos ver que, en el fondo, hemos tomado la vieja administración del zar y de la burguesía y que ahora, al advenir la paz y cubrir en grado mínimo las necesidades relacionadas con el hambre, todo el trabajo debe orientarse a mejorar la administración.
Yo me imagino las cosas de manera que unas decenas de obreros incluidos en el CC pueden, mejor que otros cualesquiera, entregarse a la labor de revisar, mejorar y rehacer nuestra administración. La Inspección Obrera y Campesina, a la que en un principio pertenecía esta función, ha sido incapaz de cumplirla y únicamente puede ser empleada como "apéndice" o auxiliar, en determinadas condiciones, de estos miembros del CC. Los obreros que pasen a formar parte del CC deben ser principalmente, a juicio mío, no de los que han actuado largo tiempo en las organizaciones soviéticas (en esta parte de la carta, cuando digo obreros siempre me refiero también a los campesinos), porque en ellos han arraigado ya ciertas tradiciones y ciertos prejuicios que es deseable precisamente combatir.
Los obreros que se incorporen al CC deben ser, principalmente, personas que se encuentren por debajo del sector de los promovidos 769 en estos cinco años a funcionarios soviéticos y deben hallarse más cerca de los simples obreros y campesinos, que, sin embargo, no entran, ni directa ni indirectamente, en la categoría de los explotadores. Creo que esos obreros, que asistirán a todas las reuniones del CC y del Buró Político y leerán todos los documentos del CC, pueden ser un núcleo de fieles partidarios del régimen soviético capaces, primero, de dar estabilidad al propio CC y, segundo, de aplicarse de verdad a renovar y mejorar la administración.
Lenin
Taquigrafiado por L. F. 26.XII.22
[770] Continuación de las anotaciones
taquigráficas.
27 de diciembre de 1922
Esta idea la sugirió el camarada Trotski, me parece, hace ya tiempo. Yo me manifesté en contra, porque estimaba que, en tal caso, se produciría una falta de concordancia fundamental en el sistema de nuestras instituciones legislativas. Pero un examen atento del problema me lleva a la conclusión de que, en el fondo, aquí hay una idea sana: el Gosplán se halla algo al margen de nuestras instituciones legislativas, a pesar de que, como conjunto de personas competentes, de expertos, de hombres de la ciencia y de la técnica, se encuentra, en el fondo, en las mejores condiciones para emitir juicios acertados.
Sin embargo, hasta ahora partíamos del punto de vista de que el Gosplán debe presentar al Gobierno un material críticamente analizado, y que las instituciones gubernamentales deben ser las encargadas de resolver los asuntos públicos. Yo creo que en la situación actual, cuando los asuntos públicos se han complicado extraordinariamente, cuando a cada paso hay que resolver, así como vienen, los problemas en que se necesita el asesoramiento de los miembros del Gosplán sin separarlos de los problemas en los que no se necesita, e incluso más aún, resolver asuntos en los que unos puntos requieren el asesoramiento del Gosplán, mientras que otros puntos no lo requieren, se debe dar un paso en el sentido de aumentar la competencia del Gosplán.
Este paso lo concibo de tal manera que las decisiones del Gosplán no puedan ser rechazadas según el procedimiento corriente en los organismos soviéticos, sino que para modificarlas se requiera un procedimiento especial; por ejemplo, llevarlas a la reunión del CEC de toda Rusia, preparar el asunto cuya decisión deba ser modificada según instrucciones especiales, redactándose, según reglas especiales, informes por escrito con objeto de sopesar si dicha decisión del 771 Gosplán debe ser anulada; marcar, en fin, plazos especiales para modificar las decisiones del Gosplán, etc.
En este sentido creo que se puede y se debe coincidir con el camarada Trotski, pero no en lo de que la presidencia del Gosplán debe ocuparla una personalidad destacada, uno de nuestros jefes políticos, o el presidente del Consejo Supremo de la Economía Nacional, etc. Me parece que en este asunto el factor personal se entrelaza hoy día demasiado íntimamente con el problema de principio. Greo que los ataques que ahora se escuchan contra el presidente del Gosplán, camarada Krzhizhanovski, y el vicepresidente, camarada Piatakov, y que se lanzan contra los dos, de tal manera que, de una parte, escuchamos acusaciones de extremada blandura, de falta de independencia y de carácter, mientras que, de otra parte, escuchamos acusaciones de tosquedad, de trato cuartelero, de falta de una sólida preparación científica, etc., creo que estos ataques son expresión de los dos aspectos del problema, desorbitándolos hasta el extremo, y que lo que nosotros necesitamos realmente en el Gosplán es una acertada combinación de los dos tipos de carácter, modelo de uno de los cuales puede ser Piatakov y del otro Krzhizhanovski.
Creo que a la cabeza del Gosplán debe haber una persona con preparación científica en el sentido técnico o agronómico, que posea una experiencia larga, de muchas decenas de años, de trabajo práctico, bien en la técnica, bien en la agronomía. Creo que esa persona debe poseer no tanto aptitudes administrativas como amplia experiencia y capacidad para atraerse a la gente.
Lenin
27.XII.22
Taquigrafiado por M. V.
Continuación de la carta
acerca del carácter
legislativo de las decisiones
del Gosplán.
28.XII.22
He advertido que ciertos camaradas nuestros, capaces de influir decisivamente en la orientación de los asuntos públicos, exageran el aspecto administrativo, el cual, naturalmente, es necesario en su lugar y en su tiempo, pero que no hay que confundir con el aspecto científico, con la amplia comprensión de la realidad, con la capacidad de atraerse a la gente, etc.
772En toda institución pública, particularmente en el Gosplán, se necesita la unión de estas dos cualidades, y cuando el camarada Krzhizhanovski me dijo que había incorporado al Gosplán a Piatakov y se había puesto de acuerdo con él acerca del trabajo, yo di mi consentimiento, reservándome, por una parte, ciertas dudas, y confiando a veces, por otra parte, que lograríamos en este caso la combinación de ambos tipos de hombre de Estado. ¿Se ha cumplido esta esperanza? Ahora hay que aguardar y ver algún tiempo más lo que resulta en la práctica, pero en principio yo creo que no puede ponerse en duda que esta unión de caracteres y tipos (de personas, de cualidades) es indudablemente necesaria para el buen funcionamiento de las instituciones públicas. Me parece que en este punto la exageración del "celo administrativo" es tan nociva como toda exageración en general. El dirigente de una institución pública debe poseer en el más alto grado la capacidad de atraerse a la gente y unos conocimientos científicos y técnicos lo bastante sólidos como para controlar su trabajo. Esto es lo fundamental. Sin ello el trabajo no puede ir por buen camino. Por otro lado, es muy importante que sepa administrar y que tenga un digno auxiliar o auxiliares en este terreno. Es dudoso que estas dos cualidades puedan encontrarse unidas en una sola persona, y es dudoso que ello sea necesario.
Lenin
Taquigrafiado por U. F. 28.XII.22
Continuación de las anotaciones
taquigráficas sobre el Gosplán.
29 de dic. del 22
Por lo visto, el Gosplán va convirtiéndose en todos los sentidos en una comisión de expertos. A la cabeza de tal institución no puede por menos de figurar una persona de gran experiencia y de amplios conocimientos científicos en el terreno de la técnica. La capacidad administrativa debe ser en el fondo una cosa secundaria. El Gosplán debe gozar de cierta independencia y autonomía desde el punto de vista del prestigio de esta institución científica, y el motivo de que así sea es uno: la honestidad de su personal y su sincero deseo de hacer que se cumpla nuestro plan de construcción económica y social.
Esta última cualidad, naturalmente, ahora sólo se puede encontrar como excepción, porque la inmensa mayoría de los hombres de ciencia, de los que, como es lógico, se compone el Gosplán, se hallan inevitablemente contagiados de opiniones y prejuicios burgueses. 773 Controlar su labor en este aspecto debe ser tarea de unas cuantas personas, que pueden formar la dirección del Gosplán, que deben ser comunistas y seguir de día en día, en toda la marcha del trabajo, el grado de fidelidad de los hombres de ciencia burgueses y cómo abandonan los prejuicios burgueses, así como su paso gradual al punto de vista del socialismo. Este doble- trabajo, de control científico y de gestión puramente administrativa, debería ser el ideal de los dirigentes del Gosplán en nuestra República.
Lenin
Taquigrafiado por M. V. 29 de diciembre del 22
¿Es racional el dividir en tareas sueltas el trabajo que lleva a cabo el Gosplán?, o, al contrario, ¿no debe tenderse a formar un círculo de especialistas permanentes a quienes controle sistemáticamente la dirección del Gosplán y que puedan resolver todo el conjunto de problemas que son de incumbencia suya? Yo creo que es más racional lo último, y que se debe procurar la disminución del número de tareas sueltas temporales y urgentes.
Lenin
29 de die. del 22 Taquigrafiado por M. V.
[774] Continuación de- las anotaciones
taquigráficas.
29 de dk.de 1922
Al mismo tiempo que se aumenta el número de los miembros del CC, deberemos, a mi modo de ver, dedicarnos también, y yo diría que principalmente, a la tarea de revisar y mejorar nuestro aparato, que no sirve para nada. Para este objeto debemos valemos de los servicios de especialistas muy calificados, y la tarea de proporcionar estos especialistas debe recaer sobre la Inspección Obrera y Campesina.
La tarea de combinar a estos especialistas de la revisión, con conocimientos suficientes, y a estos nuevos miembros del CC debe ser resuelta en la práctica.
Me parece que la IOC (como resultado de su desarrollo y de nuestras perplejidades acerca de su desarrollo) ha dado en resumen lo que ahora observamos: un estado de transición de un Comisariado del Pueblo especial a una función especial de los miembros del CC; de una institución que lo revisa todo por completo a un conjunto de revisores, escasos en número, pero excelentes, que deben estar bien pagados (esto es particularmente necesario en nuestro tiempo, en que las cosas se pagan, y atendiendo a que los revisores se colocan donde mejor les pagan).
Si el número de miembros del CC es debidamente aumentado y un año tras otro se capacitan en la dirección de los asuntos públicos con la ayuda de estos especialistas altamente calificados y de los miembros de la Inspección Obrera y Campesina, prestigiosos en todos los terrenos, yo creo que daremos acertada solución a este problema que durante tanto tiempo no podíamos resolver.
En resumen: hasta 100 miembros del CC y todo lo más de 400 a 500 auxiliares suyos, miembros de la IOC, que revisen según las indicaciones de los primeros.
Lenin
29 de dic. del 22 Taquigrafiado por M. V.
[775] Continuación de las anotaciones
taquigráficas.
30 de diciembre de 1922
Me parece que he incurrido en una grave culpa ante los obreros de Rusia por no haber hablado con las suficientes energía y dureza del decantado problema de la autonomización, denominado oficialmente, creo, problema de la unión de las repúblicas socialistas soviéticas.
Este verano, cuando se planteó el problema, yo estaba enfermo, y luego, en el otoño, confié demasiado en mi restablecimiento y en que los plenos de octubre y = diciembre^^233^^ me brindarían la oportunidad de hablar de este problema. Pero no pude asistir ni al Pleno de octubre (dedicado a este problema) ni al de diciembre, por lo que no he llegado a tratarlo casi en absoluto.
Me ha dado tiempo sólo de conversar con el camarada Dzerzhinski, que ha vuelto del Cáucaso y me ha contado cómo se plantea este problema en Georgia. También me ha dado tiempo de intercambiar unas palabras con el camarada Zinóviev y expresarle mis temores sobre el particular. Por lo que me ha contado el camarada Dzerzhinski, que ha presidido la comisión enviada por el Comité Central para ``investigar'' lo relativo al incidente de Georgia, yo no podía tener más que los mayores temores. Si las cosas tomaron tal cariz que Ordzhonikidze pudo perder los estribos y llegar a emplear la violencia física, como me ha hecho saber el camarada Dzerzhinski, podemos imaginarnos en qué charca hemos caído. Al parecer, todo este jaleo de la "autonomización" era erróneo e intempestivo por completo.
Se dice que era necesario unir la administración. ¿De dónde han partido estos asertos? ¿No será de esa misma administración rusa que, como indicaba ya en uno de los anteriores números de mi diario, hemos tomado del zarismo, habiéndonos limitado a ungirlo ligeramente con el óleo soviético?
Es indudable que se debería demorar la aplicación de esta medida hasta que pudiéramos decir que respondemos de nuestra 776 administración como de algo propio. Pero ahora, poniéndonos la mano en el pecho, debemos decir lo contrario, que denominamos nuestra una administración que, en realidad, aún no tiene nada de común con nosotros y constituye un batiburrillo burgués y zarista que no ha habido posibilidad alguna de transformar en cinco años sin la ayuda de otros países y en unos momentos en que predominaban las ``ocupaciones'' militares y la lucha contra el hambre.
En estas circunstancias es muy natural que la "libertad de abandonar la unión'', con la que nosotros nos justificamos, sea un papel mojado inservible para defender a los no rusos de la. invasión del ruso genuino, del patriotero, miserable en el fondo y dado a la violencia, como es el típico burócrata ruso. No cabe duda de que el insignificante porcentaje de obreros soviéticos y sovietizados se hundiría en este mar de inmundicia chovinista rusa como las moscas.
En defensa de esta medida se dice que han sido segregados los comisariados del pueblo que tienen una relación directa con la sicología de las naciones, con la instrucción pública en las naciones. Pero, a este respecto, se nos ocurre hacer la pregunta de si es posible independizar a estos comisariados y la de si hemos tomado medidas con la suficiente solicitud para proteger de veras a los no rusos contra el esbirro genuinamente ruso. Creo que no las hemos tomado, aunque pudimos y debimos hacerlo.
Me parece que en esto han tenido un efecto fatal la precipitación y las aficiones administrativas de Stalin, así como su enconamiento contra el decantado ``socionacionalismo''. Por lo común, el enconamiento desempeña siempre en política el peor papel.
Temo igualmente que el camarada Dzerzhinski, que ha ido al Cáucaso a investigar el caso de los ``delitos'' de esos " socionacionales'', también se haya distinguido aquí sólo por sus ánimos genuinamente rusos (se sabe que los pueblos alógenos rusificados se pasan siempre de la raya en cuanto a sus ánimos genuinamente rusos), y que la imparcialidad de toda su comisión esté suficientemente caracterizada por el ``guantazo'' de Ordzhonikidze. Creo que ninguna provocación, ni siquiera ofensa alguna, puede justificar este guantazo ruso, y que el camarada Dzerzhinski tiene sin remedio la culpa de haber reaccionado con ligereza ante el bofetón.
Ordzhonikidze era una autoridad para todos los demás ciudadanos del Cáucaso. Ordzhonikidze no tenía derecho a dejarse llevar por la irritación a la que él y Dzerzhinski apelan. Al contrario, Ordzhonikidze estaba obligado a comportarse con un comedimiento que no se puede pedir a ningún ciudadano corriente, con tanto mayor motivo si éste es acusado de un delito "político''. Y la realidad 777 es que los socionacionales eran ciudadanos acusados de un delito político, y todo el ambiente en que se hizo esta acusación sólo así podía calificarlo.
A este respecto cabe hacer ya una importante pregunta de principio: ¿cómo comprender el internacionalismo?^^*^^
Lenin
30.XI1 22 Taquigrafiado por M. V.
Continuación de las anotaciones
taquigráficas.
31 de diciembre de 1922
En mis trabajos sobre el problema nacional he escrito ya que el planteamiento abstracto del problema del nacionalismo en general no sirve para nada. Es necesario distinguir entre el nacionalismo de una nación opresora y el nacionalismo de una nación oprimida, entre el nacionalismo de una nación grande y el nacionalismo de una nación pequeña.
Respecto al segundo nacionalismo, los integrantes de una nación grande tenemos casi siempre la culpa de cometer en el terreno práctico de la historia infinitos actos de violencia; e incluso más aún: cometemos sin darnos cuenta infinitos actos de violencia y ofensas. Me basta con evocar el despectivo trato que se da en las regiones del Volga a los pueblos alógenos, la sola manera burlona de llamar ``polaquetes'' a los polacos, la sorna con que se llama siempre "príncipes" a los tártaros, ``jojol'' al ucranio y "varón kapkásico" al georgiano y a los otros oriundos caucasianos.
Por eso, el internacionalismo de la nación opresora, o de la llamada nación ``grande'' (aunque sólo sea grande por sus violencias, grande como un esbirro), debe consistir no sólo en observar la _-_-_
^^*^^ Más adelante en las anotaciones taquigráficas está tachado el siguiente texto: "Creo que nuestros camaradas no comprendieron suficientemente esta importante cuestión de principios.'' (,V. ilf la Kttit.)
778 igualdad formal de las naciones, sino también esa desigualdad que, por parte de la nación opresora, de la nación grande, compense la desigualdad real que se da en la vida. Quien no haya comprendido esto, no ha comprendido la actitud verdaderamente proletaria ante el problema nacional; sigue sosteniendo, en el fondo, el punto de vista pequeñoburgués, y por ello no puede menos de pasar a cada instante al punto de vista burgués.¿Qué tiene importancia para el proletario? Para el proletario tiene no sólo importancia, sino que es de una necesidad esencial gozar, en la lucha proletaria de clase, de la máxima confianza entre los pueblos alógenos. ¿Qué hace falta para eso? Para eso hace falta algo más que la igualdad formal. Para eso hace falta compensar de una manera u otra, con su trato o con sus concesiones a las otras naciones, la desconfianza, el recelo y los agravios inferidos en el pasado histórico por el gobierno de la nación dominante.
Creo que, para los bolcheviques, para los comunistas, huelga meterse en explicaciones y entrar en detalles. Y creo que en este caso, respecto a la nación georgiana, presenciamos un ejemplo típico de cómo la actitud verdaderamente proletaria exige cautela, delicadeza y transigencia extremas por nuestra parte. El georgiano que desdeña este aspecto del problema, que hace despectivas acusaciones de ``socionacionalismo'' (cuando él mismo es no sólo un ``socionacional'' auténtico y verdadero, sino un burdo esbirro ruso), ese georgiano lastima, en el fondo, los intereses de la solidaridad proletaria de clase, porque nada frena tanto el desarrollo y la consolidación de esta solidaridad como la injusticia en la esfera nacional y nada hace reaccionar con tanta sensibilidad a los nacionales ``ofendidos'' como el sentimiento de igualdad y la vulneración de esa igualdad por parte de sus camaradas proletarios, aunque sea por negligencia, aunque sea por gastar una broma. Por eso, en este caso, es preferible pecar por exceso que por defecto en el sentido de hacer concesiones y ser blandos con las minorías nacionales. Por eso, en este caso, el interés vital de la solidaridad proletaria y, por consiguiente, de la lucha proletaria de clase, requiere que jamás enfoquemos de manera formalista el problema nacional, sino que tomemos siempre en consideración la diferencia obligatoria en la actitud del proletario de la nación oprimida (o pequeña) ante la nación opresora (o grande).
Lenin
Taquigrafiado por M. V. 31.XII.22
779 Continuación de las anotaciones
taquigráficas.
31 de diciembre de 1922
¿Qué medidas prácticas se deben tomar en la situación creada?
Primero, hay que mantener y fortalecer la unión de las repúblicas socialistas; sobre esto no puede caber ninguna duda. Lo necesitamos nosotros, lo mismo que lo necesita el proletariado comunista internacional, para luchar contra la burguesía mundial y defenderse de sus intrigas.
Segando, hay que mantener la unión de las repúblicas socialistas en cuanto al personal diplomático que, dicho sea de paso, es una excepción en el conjunto de nuestra administración pública. No hemos dejado entrar en él ni a una sola persona de alguna influencia procedente de la vieja administración zarista. Todo él, teniendo presentes los cargos de alguna importancia, se compone de comunistas. Por eso, este personal se ha ganado ya (podemos decirlo sin temor) el título de personal comunista probado, depurado en grado incomparable e inconmensurablemente mayor de elementos de la vieja administración zarista, burguesa y pequeñoburguesa que esa otra a la que nos vemos obligados a recurrir en los restantes comisariados del pueblo.
Tercero, hay que imponer un castigo ejemplar al camarada Ordzhonikidze (digo esto con gran pesar, porque somos amigos y trabajé con él en el extranjero, en la emigración), y también terminar de examinar o examinar de nuevo todos los documentos de la comisión de Dzerzhinski para corregir la inmensidad de errores y de juicios apasionados que hay sin duda en ellos. La responsabilidad política por toda esta campaña de verdadero nacionalismo ruso debe hacerse recaer, como es natural, en Stalin y Dzerzhinski.
Cuarto, hay que implantar las normas más severas sobre el uso del idioma nacional en las repúblicas de población alógena que forman parte de nuestra Unión y comprobar su cumplimiento con particular celo. No cabe duda de que, so pretexto de unidad del servicio ferroviario, so pretexto de unidad fiscal, etc., con la administración pública que tenemos ahora, se cometerá una infinidad de abusos de carácter ruso puro. Para combatir esos abusos se necesita una inventiva especial, sin hablar ya de la sinceridad singular de quienes se encarguen de hacerlo. Hará falta un código detallado que sólo podrá estar algo bien en caso de que lo redacten individuos de la nación de que se trate y residentes en su república. A este respecto, en modo alguno debemos rechazar de antemano la posibilidad deque, como resultado de todo este trabajo, no retrocedamos en el siguiente congreso de los Soviets, es decir, de que mantengamos la unión = de^^1^^ repúblicas socialistas soviéticas sólo en los aspectos militar y 780 diplomático, restableciendo en todos los demás aspectos la completa autonomía de los distintos comisariados del pueblo.
Debe tenerse presente que el fraccionamiento de los comisariados del pueblo y la falta de concordancia de su labor con respecto a Moscú y los otros centros pueden contrarrestarse lo suficiente por el prestigio del partido, si éste se emplea con la discreción e imparcialidad precisas; el daño que pueda sufrir nuestro Estado por la falta de administraciones públicas nacionales unificadas con la rusa es incalculable e infinitamente menor que el daño que se nos inferirá no sólo a nosotros, sino a toda la Internacional, a los cientos de millones de habitantes de Asia, la cual debe salir al proscenio de la historia en un próximo futuro, siguiéndonos los pasos. Sería un oportunismo imperdonable que, en vísperas de esta acción del Oriente, en los comienzos de su despertar, menoscabásemos el prestigio que tenemos en él aunque sólo fuese con la menor aspereza e injusticia hecha a nuestras propias naciones alógenas. Una cosa es la necesidad de cohesión contra los imperialistas de Occidente, que defienden el mundo capitalista. En este caso no puede haber dudas, y huelga decir que apruebo sin reservas estas medidas. Y otra cosa es cuando nosotros mismos adoptamos, aunque sea en pequeneces, actitudes imperialistas frente a naciones oprimidas, poniendo así en tela de juicio toda nuestra sinceridad en la adhesión a los principios, toda la defensa que hacemos de la lucha contra el imperialismo. Y el mañana de la historia universal será el día en que despierten definitivamente los pueblos oprimidos por el imperialismo, los cuales han abierto ya los ojos, y en que empiece la larga y dura batalla decisiva por su emancipación.
Lenin
31. XII. 22 Taquigrafiado por M. V.
[781] __ALPHA_LVL1__ PAGINAS DEL DIARIOEl trabajo publicado hace unos días sobre la alfabetización en Rusia, según los datos del censo de 1920 (La alfabetización en Rusia, Moscú, 1922, Dirección General de Estadística, Sección de Estadística de Instrucción Pública), constituye un acontecimiento de gran importancia.
A continuación doy el cuadro estadístico de la alfabetización en Rusia entre 1897 y 1920, incluido en dicho trabajo:
De rada 1 .000
De cada 1 .000
De cada 1.000
hombres: sa--
mujeres: saben
habitantes:
ben leer y
leer y escri--
eer v
escribir
bir
escribir
Años
Años
Años
1 , Rusia Euro-
326 422 136 255 229 3302. Cáucaso Sep-
tentrional ........
241 357 56 215 150 2813. Siberia (Occi-
dental)
170 307 46 134 108 218Total
318 409 131 244 223 319Mientras nosotros charlamos de cultura proletaria y la relación que guarda con la cultura burguesa, los hechos nos brindan cifras atestiguadoras de que incluso respecto a la cultura burguesa deja mucho que desear nuestra situación. Resulta, como era de esperar, que vamos muy retrasados en la alfabetización general, e incluso nuestro progreso es demasiado lento, en comparación con la época zarista (1897). Esto sirve de seria advertencia y reproche a quienes se perdían y se pierden en el empíreo de la "cultura proletaria''. Esto demuestra cuánto trabajo perseverante, de peones, nos queda aún por hacer para alcanzar el nivel de un país civilizado corriente de Europa Occidental. Esto demuestra, además, la inmensidad de trabajo que hemos de realizar para conseguir, en el terreno de nuestras conquistas proletarias, un nivel realmente algo cultural.
782Es necesario que no nos limitemos a este postulado indiscutible, pero demasiado teórico. Es necesario que cuando revisemos en fechas próximas nuestro presupuesto trimestral, lo hagamos también con sentido práctico. Desde luego, debemos reducir, ante todo, los gastos, pero no del Comisariado del Pueblo de Instrucción Pública, sino de los otros departamentos, a fin de que las sumas liberadas puedan invertirse en los menesteres de este comisariado. No hay que escatimar el aumento de la ración de pan a los maestros en un año como el corriente, cuando estamos relativamente bien abastecidos de pan.
Hablando en general, la labor que se lleva a cabo hoy en el terreno de la instrucción pública no puede calificarse de muy limitada. Se hace bastante para poner en movimiento al viejo magisterio, para incorporarlo a cumplir las nuevas tareas, para interesarlo en la nueva manera de plantear las cuestiones pedagógicas, para despertar su interés por problemas como el religioso.
Pero no hacemos lo principal. No nos preocupamos, o nos preocupamos de un modo harto insuficiente, de colocar al maestro nacional a esa altura que, si no se tiene, ni hablar se puede de cultura alguna: ni proletaria, ni siquiera burguesa. Debemos tratar de esa incultura semiasiática, que tenemos hasta hoy y que no lograremos superar sin hacer un esfuerzo serio, pese a que contamos con todas las posibilidades para ello, pues en ninguna parte las masas populares están tan interesadas por la verdadera cultura como en nuestro país; en ninguna parte se plantean los problemas de esta cultura de un modo tan profundo y consecuente como en nuestro país; en ninguna parte, ni en un solo país, está el poder en manos de la clase obrera, cuya gran mayoría comprende perfectamente las deficiencias de su, no diré cultura, sino alfabetización; en ninguna parte está tan dispuesta como en nuestro país a hacer tantos sacrificios, y los hace, para mejorar su situación en este aspecto.
Hacemos todavía muy poco, poquísimo, para reorientar nuestro presupuesto estatal íntegro en el sentido de satisfacer ante todo las necesidades de la primera enseñanza del pueblo. Incluso en el Comisariado del Pueblo de Instrucción Pública podemos encontrar a cada paso plantillas monstruosamente hipertrofiadas en una Editorial cualquiera del Estado, sin tener absolutamente en cuenta que la preocupación principal del Estado debe ser no por que haya ediciones, sino por que haya lectores, por que haya la mayor cantidad de gente que sepa leer, por que cobren mayor amplitud política las ediciones en la futura Rusia. Siguiendo una vieja (y mala) costumbre, dedicamos mucho más tiempo y energías a los problemas técnicos, como el de editar, que al problema político general de alfabetizar al pueblo.
783Si tomamos el Departamento de Escuelas Profesionales, estamos seguros de que también podríamos encontrar en él mucho de superfluo, de hipertrofiado por los intereses departamentales, inadecuado a las necesidades de una amplia instrucción pública. El Departamento de Escuelas Profesionales está muy lejos de poder justificar lo que hace, alegando el legítimo deseo de elevar y dar primero una orientación práctica a la instrucción de nuestra juventud fabril. Si nos fijamos detenidamente en la plantilla del Departamento de Escuelas Profesionales, encontraremos mucho, muchísimo hipertrofiado y ficticio desde este punto de vista y que debe ser suprimido. En un Estado proletario y campesino aún se puede y se debe economizar mucho con objeto de impulsar la alfabetización del pueblo, clausurando toda clase de pasatiempos de tipo semiseñorial, o las instituciones de las cuales podemos prescindir aún, de las que todavía podremos y deberemos prescindir durante largo tiempo, habida cuenta del estado de la alfabetización del pueblo, del que habla la estadística.
El maestro nacional debe ser elevado en nuestro país a una altura en la que jamás ha estado, ni está, ni puede estar en la sociedad burguesa. Esta es una verdad que no necesita demostración. Hacia un estado de cosas así debemos encaminarnos con una labor metódica, constante y pertinaz a fin de elevar al maestro en el aspecto espiritual y prepararlo en todos los demás para su cometido sublime de verdad y, lo principal, tres veces principal, a fin de mejorar su situación económica.
Hay que intensificar periódicamente el trabajo de organización de los maestros nacionales para convertirlos, de puntal del régimen burgués, que son hasta hoy en todos los países capitalistas sin excepción, en puntal del régimen soviético, para apartar mediante ellos al campesinado de la alianza con la burguesía y atraerlo a la alianza con el proletariado.
Señalaré brevemente el papel especial que deben desempeñar en este sentido los viajes periódicos a las aldeas, que, por otra parte, se practican ya entre nosotros y deben intensificarse regularmente. En medidas como estos viajes no duele gastar dinero, que se derrocha a menudo en una administración pública perteneciente casi por completo a una vieja época histórica.
Venía reuniendo datos para mi proyectado discurso---que no llegué a pronunciar---ante el congreso de los Soviets, en diciembre de 1922, sobre el patronazgo dispensado por los obreros de las poblaciones de tipo urbano a los habitantes del campo. Algunos de estos datos me los ha proporcionado el camarada Jodorovski, y hoy someto el tema al estudio de los camaradas, ya que no he tenido 784 tiempo de estudiarlo yo mismo ni hacerlo público en el congreso de los Soviets.
La cuestión política fundamental que aquí se plantea es la actitud de la ciudad ante el campo, cuestión de importancia decisiva para toda nuestra revolución. Mientras el Estado burgués orienta regularmente todos sus esfuerzos a embrutecer a los obreros de las ciudades, amoldando a este fin todas las publicaciones hechas a expensas del Estado, de los partidos zaristas y burgueses, nosotros podemos y debemos emplear nuestro poder en convertir realmente al obrero de la ciudad en el vehículo de las ideas comunistas al medio del proletariado agrícola.
He dicho ``comunistas'' y me apresuro a hacer algunas salvedades por temor de que ello dé origen a alguna confusión o se entienda de una manera demasiado simplista. En modo alguno debe interpretarse esto como si debiéramos llevar inmediatamente al campo las ideas pura y exclusivamente comunistas. Mientras no dispongamos en el campo de una base material para el comunismo, eso resultaría, podemos afirmarlo, perjudicial e incluso funesto para el comunismo.
No hay que empezar por ahí. Hay que comenzar por establecer relaciones entre la ciudad y el campo, sin proponernos, en absoluto, el objetivo premeditado de implantar el comunismo en el campo. Este objetivo no se puede alcanzar hoy, sería extemporáneo. El proponérnoslo ocasionaría daño en lugar de beneficio.
Nuestra obligación y una de las tareas fundamentales de la clase obrera, que se halla en el poder, es entablar relaciones entre los obreros de la ciudad y los trabajadores del campo, concluir una forma de alianza que pueda fraguar con facilidad entre ellos. Para ello hay que fundar una serie de asociaciones (partidistas, sindicales y particulares), integradas por obreros fabriles, con el fin de ayudar regularmente al campo en su desarrollo cultural.
¿Lograremos que todas las células urbanas patrocinen a todas las del campo para que cada célula de obreros patrocinadora de la respectiva célula rural se preocupe regularmente, en cada ocasión y en cada caso, de satisfacer tal o cual demanda cultural de la célula patrocinada? ¿O tal vez se encuentren otras formas de relación? Me limito en este punto a plantear el problema para llamar a ella la atención de los camaradas e indicarles la experiencia que se tiene de Siberia Occidental (de esta experiencia me ha hablado el camarada Jodorovski) y con el fin de plantear en toda su magnitud este gigantesco problema cultural de trascendencia histórica universal.
Para el campo no hacemos casi nada, fuera de lo estipulado en nuestro presupuesto oficial o de nuestras relaciones oficiales. Bien es verdad que las relaciones culturales entre la ciudad y el campo adquieren ineludiblemente por sí solas en nuestro país un carácter 785 distinto. En el capitalismo, la ciudad daba al campo lo que le degradaba en los sentidos político, económico, moral, físico, etc. La ciudad comienza a dar ahora por sí sola al campo lo diametralmente opuesto. Pero todo ello se hace precisamente por sí solo, de manera espontánea, mientras que todo eso puede aumentarse (y luego centuplicarse), poniendo en esta labor conciencia, método y regularidad.
Sólo comenzaremos a avanzar (y entonces lo haremos, sin duda alguna, con rapidez centuplicada) cuando sometamos a estudio esta cuestión y empecemos a fundar toda clase de asociaciones obreras ---evitando por todos los medios que se burocraticen---para plantearla, discutirla y hacerla realidad.
2 de enero de 1923.
Publicado el 4 de enero de 1923 en el
núm. 2 de ``Pravda''.
Firmado: N. l.enin.
T. 45, págs. 363--368.
[786] __ALPHA_LVL1__ SOBRE LAS COOPERATIVASMe parece que en nuestro país no se presta la suficiente atención a las cooperativas. Es poco probable que todos comprendan que ahora, a partir de la Revolución de Octubre e independientemente de la Nep (por el contrario, en este sentido habría que decir: precisamente gracias a la Nep), las cooperativas adquieren en nuestro país una importancia verdaderamente extraordinaria. En los sueños de los viejos cooperativistas hay mucha fantasía. A menudo resultan cómicos por lo fantásticos. Pero ¿en qué consiste esa fantasía? En que la gente no comprende la importancia fundamental, la importancia cardinal de la lucha política de la clase obrera por derrocar la dominación de los explotadores. Hoy es ya un hecho ese derrocamiento en nuestro país, y mucho de lo que parecía fantástico, incluso romántico y hasta trivial en los sueños de los viejos cooperativistas, se convierte ahora en una realidad de lo más natural.
En efecto, dado que en nuestro país el poder del Estado se encuentra en manos de la clase obrera y que a este poder estatal pertenecen todos los medios de producción, sólo nos queda, en realidad, por cumplir la tarea de organizar a la población en cooperativas. Con la máxima organización de los trabajadores en cooperativas, alcanza por sí mismo su objetivo ese socialismo que antes suscitaba legítimas burlas, sonrisas y desdén entre los que estaban convencidos, y con razón, de que era necesaria la lucha de clase, la lucha por el poder político, etc. Ahora bien, no todos los camaradas se dan cuenta de la importancia gigantesca e inabarcable que adquiere ahora para nosotros la organización de cooperativas en Rusia. Con la Nep hicimos una concesión al campesino como comerciante, hicimos una concesión al principio del comercio privado; de ello precisamente dimana (al contrario de lo que algunos creen) la gigantesca importancia de las cooperativas. En el fondo, todo lo que necesitamos es organizar con las suficientes amplitud y profundidad en cooperativas a la población rusa durante la dominación de la Nep, pues ahora hemos encontrado el grado de 787 conjugación de los intereses privados, de los intereses comerciales privados, de su comprobación y control por el Estado, el grado de su subordinación a los intereses generales, lo que antes constituía la piedra de toque para muchísimos socialistas. En efecto, todos los grandes medios de producción en poder del Estado, y el poder del Estado en manos del proletariado; la alianza de este proletariado con millones y millones de campesinos pequeños y muy pequeños; la garantía de la dirección de los campesinos por el proletariado, etc., ¿acaso no es eso todo lo que se necesita para edificar la sociedad socialista completa, partiendo de las cooperativas, y nada más que de las cooperativas, a las que antes tratábamos de mercantilistas y que hoy, durante la Nep, merecen también, en cierto modo, el mismo trato? ¿Acaso no es eso todo lo imprescindible para edificar la sociedad socialista completa? Eso no es todavía la edificación de la sociedad socialista, pero sí todo lo imprescindible y lo suficiente para edificarla.
Pues bien, esta circunstancia es desestimada por muchos de los dedicados al trabajo práctico. Entre nosotros hay menosprecio por las cooperativas, sin comprenderse la excepcional importancia que tienen, primero, desde el punto de vista de los principios (la propiedad de los medios de producción en manos del Estado); segundo, desde el punto de vista del paso a un nuevo orden de cosas por el camino más sencillo, fácil y accesible para el campesinado.
Y eso es, repitámoslo, lo principal. Una cosa es fantasear sobre toda clase de asociaciones obreras para construir el socialismo, y otra aprender a construir en la práctica de manera que cada pequeño campesino pueda colaborar en esa construcción. A ese grado hemos llegado ahora. Y es indudable que, una vez alcanzado, lo aprovechamos muy poco.
Al pasar a la Nep, nos hemos excedido no en el sentido de haber dedicado demasiado lugar al principio de la libertad de industria y comercio, sino en el sentido de que nos hemos olvidado de las cooperativas, las subestimamos y hemos comenzado ya a olvidar su gigantesca importancia en los dos antecitados aspectos de su significación.
Mr propongo ahora conversar con el lector sobre lo que puede y debe hacerse en la práctica, por el momento, partiendo de ese principio ``cooperativista''. ¿Con qué recursos se puede y debe comenzar a desarrollar hoy mismo ese principio ``cooperativista'', de manera que sea evidente para todos y cada uno su significado socialista?
Es necesario organizar en el aspecto político las cooperativas de suerte que no sólo disfruten en todos los casos de ciertas ventajas, sino que estas ventajas sean de índole puramente material (el tipo de 788 interés bancario, etc.). Es necesario conceder a las cooperativas créditos del Estado que superen, aunque sea en poco, a los concedidos a las empresas privadas, hasta alcanzar incluso el nivel de los créditos para la industria pesada, etc.
Todo régimen social surge exclusivamente con el apoyo financiero de una clase determinada. Huelga recordar los centenares y centenares de millones de rublos que costó el nacimiento del capitalismo ``libre''. Ahora debemos comprender, para obrar en consecuencia, que el régimen social al que debemos prestar hoy día un apoyo extraordinario es el cooperativista. Pero hay que apoyarlo en el verdadero sentido de la palabra, es decir, no basta con entender por tal apoyo el prestado a cualquier intercambio cooperativista, sino el prestado a un intercambio de este tipo en el que participen efectivamente verdaderas masas de la población. Conceder una prima al campesino que participe en el intercambio de las cooperativas es, sin duela, una forma certera, pero, al mismo tiempo, hace falta comprobar esa participación, el grado en que se hace a conciencia y de buena fe; ése es el quid de la cuestión. Cuando un cooperativista llega a una aldea y organiza allí una cooperativa de consumo, la población, hablando en rigor, no participa en eso para nada, pero, al propio tiempo, y guiada por su ventaja personal, se apresurará a probar a participar en ella.
Esta cuestión tiene también otro aspecto. Nos queda ya muy poco por hacer, desde el punto de vista del europeo ``civilizado'' (ante todo, del que sabe leer y escribir), para hacer participar, y no de una manera pasiva, sino activa, a toda la población en las operaciones de las cooperativas. Hablando con propiedad, nos queda por hacer "sólo" una cosa: elevar a nuestra población a tal grado de "civilización" que comprenda todas las ventajas de la participación de cada cual en las cooperativas y organice esta participación. Eso "nada más". Ninguna otra sabiduría se necesita ahora para pasar al socialismo. Mas, para hacer realidad ese "nada más'', se precisa toda una revolución, toda una etapa de desarrollo cultural de las masas del pueblo. Por eso nuestra norma debe ser: las menos lucubraciones y los menos artificios posibles. En este sentido, la Nep es ya un progreso, pues se adapta al nivel del campesino más corriente y no le exige nada superior. Mas, para lograr, mediante la Nep, que tome parte en las cooperativas el conjunto de la población, se necesita toda una época histórica que, en el mejor de los casos, podemos recorrer en uno o dos decenios. Pero será una época histórica especial, y sin pasar por esa época histórica, sin lograr que todos sepan leer y escribir, sin un grado suficiente de comprensión, sin acostumbrar en grado suficiente a la población a leer libros y sin una base material para ello, sin ciertas garantías, por ejemplo, contra las malas 789 cosechas, contra el hambre, etc., no podremos alcanzar nuestro objetivo. Todo depende ahora de que sepamos combinar ese ímpetu revolucionario, ese entusiasmo revolucionario que ya hemos demostrado lo suficiente y coronado con éxito completo, de que sepamos combinarlo con las dotes de (aquí estoy casi dispuesto a decirlo) mercader inteligente e instruido, lo que basta en absoluto para ser un buen cooperativista. Por dotes de mercader entiendo el saber ser un mercader culto. Que se lo aprendan bien los rusos o simplemente los campesinos, los cuales creen que, como trafican, ya saben comerciar. Se equivocan de medio a medio. Trafican, pero de eso a saber ser un comerciante culto va un gran trecho. Ahora trafican a lo asiático, mientras que para saber comerciar hay que hacerlo a lo europeo. Y de eso los separa toda una época.
Acabo: hay que conceder una serie de privilegios económicos, financieros y bancarios a las cooperativas; en eso debe consistir el apoyo prestado por nuestro Estado socialista al nuevo principio de organización de la población. Pero, con ello, el problema se plantea sólo a grandes rasgos, ya que sigue sin concretar ni describir con pormenores todo el fondo práctico del problema, es decir, hay que saber encontrar la forma de las ``primas'' (y las condiciones de su entrega) que concedemos por la organización de la población en cooperativas, la forma de las primas que nos permita prestar una ayuda suficiente a las cooperativas y preparar a cooperativistas cultos. Ahora bien, cuando los medios de producción pertenecen a la sociedad, cuando es un hecho el triunfo de clase del proletariado sobre la burguesía, el régimen de los cooperativistas cultos es el socialismo.
4 de enero de 1923.
Siempre que he escrito algo de la nueva política económica he citado mi artículo de 1918 sobre el capitalismo de = Estado^^234^^. Eso hizo dudar en más de una ocasión a algunos camaradas jóvenes. Pero sus dudas giraban sobre todo en torno a cuestiones políticas abstractas.
Creían que no se debía calificar de capitalismo de Estado a un régimen en el que los medios de producción pertenecen a la clase obrera y en el que ésta es dueña del poder estatal. Sin embargo, no se daban cuenta de que yo utilizaba el calificativo de "capitalismo de Estado'', primero, para establecer el nexo histórico de nuestra posición actual con la posición que ocupé yo en mi polémica contra los llamados comunistas de izquierda; entonces yo demostraba ya también que el capitalismo de Estado sería superior a nuestra economía contemporánea; lo que me importaba entonces era dejar 790 sentado el nexo de continuidad entre el habitual capitalismo de Estado y el extraordinario, incluso excesivamente extraordinario capitalismo de Estado al que me referí al iniciar al lector en la nueva política económica. Segundo, para mí fue siempre de gran importancia el objetivo práctico. Y el objetivo práctico de nuestra nueva política económica consistía en arrendar empresas para que las explotasen en régimen de concesión; empresas que, sin duda alguna, harían en nuestras circunstancias un tipo de capitalismo de Estado ya puro. En ese aspecto trataba yo el capitalismo de Estado.
Pero existe otro aspecto más de la cuestión, por el cual podríamos necesitar el capitalismo de Estado o, al menos, trazar un paralelo con él. Se trata de las cooperativas.
Es indudable que las cooperativas en un Estado capitalista son instituciones capitalistas colectivas. Tampoco hay duda de que, en nuestra actual realidad económica, cuando al lado de empresas capitalistas privadas---habiéndose socializado sin falta la tierra y teniéndolas bajo el control obligatorio del poder del Estado, que pertenece a la clase obrera---hay empresas de tipo socialista consecuente (cuando tanto los medios de producción como el suelo en que se halla enclavada la empresa y toda ella en su conjunto pertenecen al Estado), se plantea el problema de un tercer tipo de empresas que antes no eran independientes desde el punto de vista de su importancia de principios, a saber: las empresas cooperativas. En el capitalismo privado, la diferencia existente entre empresas cooperativas y emprestas capitalistas es la misma que hay entre empresas colectivas y empresas privadas. En el capitalismo de Estado, las empresas cooperativas se diferencian de las empresas capitalistas de Estado, primero, en que son empresas privadas y, segundo, en que son empresas colectivas. En nuestro régimen actual, las empresas cooperativas se diferencian de las empresas capitalistas privadas en que son colectivas, pero no se distinguen de las empresas socialistas siempre y cuando se hayan establecido en un terreno del Estado y empleen medios de producción pertenecientes al Estado, es decir, a la clase obrera.
Esta circunstancia es la que no tomamos lo suficiente en cuenta cuando discutimos de las cooperativas. Se relega al olvido que las cooperativas adquieren en nuestro país, gracias a la peculiaridad de nuestro régimen político, una importancia excepcional por completo. Si dejamos a un lado las empresas en régimen de concesión, que, por cierto, no han alcanzado en nuestro país un desarrollo importante, las cooperativas coinciden totalmente a cada paso, en nuestras circunstancias, con el socialismo.
Explicaré mi idea: ¿En qué consiste la fantasía de los planes de los viejos cooperativistas, empezando por Roberto Owen? En que 791 soñaban con la transformación pacífica de la sociedad moderna mediante el socialismo, sin tener en cuenta cuestiones tan fundamentales como la lucha de las clases, la conquista del poder político por la clase obrera y el derrocamiento de la dominación de la clase de los explotadores. Por eso tenemos razón para ver en ese socialismo ``cooperativista'' una pura fantasía, algo romántico y hasta trivial por sus sueños de transformar, mediante el simple agrupamiento de la población en cooperativas, a los enemigos de clase en colaboradores de clase, y a la guerra de las clases en paz entre las clases (la llamada paz civil).
No cabe duda de que, desde el punto de vista de la tarea fundamental de nuestros días, nosotros teníamos razón, ya que sin la lucha de la clase obrera por el poder político del Estado no se puede poner en práctica el socialismo.
Pero fijaos cómo ha cambiado la cosa ahora, una vez que el poder del Estado se halla en manos de la clase obrera, una vez que el poder político de los explotadores ha sido derrocado, y todos los medios de producción (excepto los que el Estado obrero, voluntariamente y con ciertas condiciones, otorga por algún tiempo en régimen de concesión a los explotadores) están en manos de la clase obrera.
Ahora tenemos derecho a afirmar que, para nosotros, el simple desarrollo de las cooperativas es idéntico (salvo la "pequeña" excepción precitada) para nosotros al desarrollo del socialismo, y, a la vez, nos vemos obligados a reconocer el cambio radical que se ha operado en todo nuestro punto de vista sobre el socialismo. Ese cambio radical consiste en que antes poníamos y debíamos poner el centro de gravedad en la lucha política, en la revolución, en la conquista del poder, etc. Ahora el centro de gravedad se desplaza hacia la labor pacífica de organización ``cultural''. Estoy dispuesto a afirmar que el centro de gravedad se trasladaría en nuestro país hacia la obra de la cultura, de no ser por las relaciones internacionales, de no ser porque hemos de pugnar por nuestras posiciones a escala internacional. Pero si dejamos eso a un lado y nos limitamos a nuestras relaciones económicas interiores, el centro de gravedad del trabajo se reduce hoy en realidad a la obra cultural.
Se nos plantean dos tareas principales, que hacen época. Una es la de rehacer nuestra administración pública, que ahora no sirve para nada en absoluto y que tomamos íntegramente de la época anterior; no hemos conseguido rehacerla seriamente en cinco años de lucha, y no podíamos conseguirlo. La otra estriba en nuestra labor cultural entre los campesinos. Y el objetivo económico de esta labor cultural entre los campesinos es precisamente organizarlos en cooperativas. Si pudiéramos organizar en cooperativas a toda la población, pisaríamos ya con ambos pies terreno socialista. Pero esta condición, 792 la de organizar a toda la población en cooperativas, implica tal grado de cultura de los campesinos (precisamente de los campesinos, pues son una masa inmensa), que es imposible sin hacer toda una revolución cultural.
Nuestros adversarios nos han dicho muchas veces que emprendemos una obra descabellada, al implantar el socialismo en un país de insuficiente cultura. Pero se equivocaron al decir que nosotros no comenzamos en el orden que indicaba la teoría (de todo género de pedantes), y la revolución política y social en nuestro país precedió a la revolución cultural, a esa revolución cultural ante la que nos encontramos ahora, pese a todo.
Hoy nos basta con esta revolución cultural para llegar a convertirnos en un país completamente socialista, pero esa revolución cultural presenta increíbles dificultades para nosotros, tanto en el aspecto puramente cultural (pues somos analfabetos) como en el aspecto material (pues para ser cultos es necesario cierto desarrollo de los medios materiales de producción, se precisa cierta base material). 6 de enero de 1923.
Publicado por primera vez el 26 y el 27 de mayo de 1923 en los núms. 115 y 116 de ``Pravda''.
Firmado: N. Lenin.
T. 45, paga. 369--377.
[793] __ALPHA_LVL1__ NUESTRA REVOLUCIÓNEstos días he hojeado las notas de Sujánov sobre la revolución. Salta a la vista, sobre todo, la pedantería de todos nuestros demócratas pequeñoburgueses, así como de todos los "héroes" de la II Internacional. Sin hablar ya de que son cobardes en grado sumo y de que incluso los mejores de ellos se deshacen en excusas cuando se trata de la menor desviación del modelo alemán, omisión hecha de esta cualidad de todos los demócratas pequeñoburgueses, harto manifestada por ellos durante toda la revolución, salta a la vista el servilismo con que imitan el pasado.
Todos ellos se dicen marxistas, pero entienden el marxismo de una manera pedante hasta lo imposible. No han comprendido en absoluto lo decisivo del marxismo, a saber: su dialéctica revolucionaria. No han comprendido en absoluto ni aun las indicaciones directas de Marx de que en los momentos de revolución hay que mostrar la máxima = flexibilidad^^235^^ y ni siquiera se han fijado, por ejemplo, en las indicaciones que hizo Marx en su correspondencia, que, si mal no recuerdo, data del año 1856, en la cual expresaba su esperanza de que la guerra campesina de Alemania, que podía crear una situación revolucionaria, se fundiese con el movimiento = obrero^^236^^. Incluso eluden esta indicación directa y dan vueltas y más vueltas alrededor de ella como el gato alrededor de la leche caliente.
Se muestran en toda su conducta como unos medrosos reformistas que temen apartarse de la burguesía y, más aún, romper con ella, encubriendo al mismo tiempo su cobardía con las más desfachatadas palabrería y jactancia. Pero incluso en el aspecto puramente teórico salta a la vista en tocios ellos su plena incapacidad para comprender las siguientes consideraciones del marxismo: han visto hasta ahora un camino determinado de desarrollo del capitalismo y de la democracia burguesa en Europa Occidental y no les cabe en la cabeza que este camino pueda ser tenido por modelo mutatis mutandis, es decir, sólo introduciendo en él ciertas enmiendas (insignificantes por completo desde el punto de vista del devenir de la historia universal).
794Primero: una revolución relacionada con la primera guerra imperialista mundial. En tal revolución debían manifestarse rasgos nuevos o modificados, debido precisamente a la guerra, porque jamás ha habido en el mundo una guerra como ésta y en situación semejante. Seguimos viendo aun hoy que la burguesía de los países más ricos no puede ``normalizar'' las relaciones burguesas después de esta guerra, mientras que nuestros reformistas, pequeños burgueses que se las dan de revolucionarios, tenían y tienen por límite (insuperable, además) las relaciones burguesas normales, comprendiendo esta ``normalidad'' de una manera harto estereotipada y estrecha.
Segundo: les es completamente ajena toda idea de que, dentro de las leyes objetivas generales a que está sujeto el desarrollo de toda la historia universal, en modo alguno se excluyen, antes al contrario, se presuponen, períodos determinados de desarrollo que constituyen una peculiaridad bien por la forma bien por el orden del mismo. Ni siquiera se les ocurre, por ejemplo, que Rusia, situada en la divisoria entre los países civilix.ados y los que han emprendido definitivamente la primera vez, a causa de esta guerra, el camino de la civilizaron---los países de todo el Oriente, los países no europeos---, que Rusia, digo, podía y debía mostrar, por eso, ciertas peculiaridades que, claro está, no se salen de la pauta general del desarrollo mundial, pero que distinguen su revolución de todas las revoluciones anteriores habidas en los países de Europa Occidental, introducen algunas innovaciones parciales al desplazarse a los países orientales.
Por ejemplo, no puede ser más estereotipada la argumentación que ellos emplean, y que se aprendieron de memoria en la época del desarrollo de la socialdemocracia euroccidental, de que nosotros no hemos madurado para el socialismo, de que en nuestro país no existen, como se expresan diversos señores ``doctos'' de entre ellos, las premisas económicas objetivas para el socialismo. Y a ninguno de ellos se le ocurre preguntarse: un pueblo que afrontó una situación revolucionaria como la formada durante la primera guerra imperialista, ¿no podía, bajo la influencia de su situación desesperada, lanzarse a una lucha que le brindase, por lo menos, alguna probabilidad de conquistar para sí condiciones no corrientes del todo para el progreso sucesivo de la civilización?
``Rusia no ha alcanzado tal nivel de desarrollo de las fuerzas productivas que haga posible el socialismo.'' Todos los "héroes" de la II Internacional, y entre ellos, naturalmente, Sujánov, van y vienen con esta tesis como chico con zapatos nuevos. Repiten de mil maneras esta tesis indiscutible y les parece decisiva para enjuiciar nuestra revolución.
795Pero ¿y si lo peculiar de la situación llevó a Rusia a la guerra imperialista mundial, en la que intervinieron todos los países más o menos importantes de Europa Occidental, y puso su desarrollo al borde de las revoluciones de Oriente, que estaban comenzando y en parte habían comenzado ya, en unas condiciones que nos permitían poner en práctica precisamente esa alianza de la "guerra campesina" con el movimiento obrero, de la que escribió como de una perspectiva probable en 1856 un ``marxista'' como Marx, refiriéndose a Prusia?
¿Y si una situación absolutamente sin salida que, por lo mismo, decuplicaba las fuerzas de los obreros y los campesinos, nos brindaba la posibilidad de pasar de distinta manera que en todos los demás países de Occidente de Europa a la creación de las premisas fundamentales de la civilización? ¿Ha cambiado a causa de eso la pauta general del devenir de la historia universal? ¿Ha cambiado por ello la correlación esencial de las clases fundamentales en cada país que entra, que ha entrado ya en el curso general de la historia universal?
Si para crear el socialismo se exige un determinado nivel cultural (aunque nadie puede decir cuál es este determinado "nivel cultural'', va que es diferente en cada uno de los países de Europa Occidental), ¿por qué, pues, no podemos comenzar primero por la conquista revolucionaria de las premisas para este determinado nivel, y lanzarnos luego, respaldados con el poder obrero y campesino y con el régimen soviético, a alcanzar a otros pueblos?
16 de enero de 1923.
Para crear el socialismo---decís---hace falta civilización. Muy bien. ¿Y por qué no hemos de poder crear primero en nuestro país premisas cíe civilización como la expulsión de los terratenientes y de los capitalistas rusos y comenzar luego ya el avance hacia el socialismo? ¿En qué libros habéis leído que semejantes alteraciones del orden histórico habitual sean inadmisibles o imposibles?
Recuerdo que Napoleón escribió: " On s'engage et puis... on voit'', lo que, traducido libremente, quiere decir: "Primero se entabla el combate serio, y ya se verá lo que pasa''. Pues bien, nosotros entablamos primero, en octubre de 1917, el combate serio y luego vimos ya pormenores del decurso (desde el punto de vista de la historia universal, son, sin duda, pormenores) como la paz de Brest o la nueva política económica, etc. Y hoy no cabe ya duda de que, en lo fundamental, hemos triunfado.
796Nuestros Sujánov, sin hablar ya de los socialdemócratas que están más a la derecha, no se imaginan siquiera que, en general, Jas revoluciones no pueden hacerse de otra manera. Nuestros pequeños burgueses europeos no ven ni en sueños que las revoluciones venideras en los países de Oriente, incomparablemente más poblados, los cuales se distinguen incomparablemente más por la diversidad de condiciones sociales, les ofrecerán, sin duda, más peculiaridades que la revolución rusa.
Ni que decir tiene que un manual escrito según las ideas de Kautsky era algo muy útil en su tiempo. Pero ya va siendo hora de cambiar de pensamiento de que este manual prevé todas las formas de desarrollo de la historia universal. Sería oportuno declarar simples mentecatos a quienes así lo creen.
17 de enero de 1923.
Publicado el 30 de mayo de 1923 en el núm. 117 de ``Pravda''. Firmado: N. Le ni n.
T. 45, págs. 378--382.
[797] __ALPHA_LVL1__ COMO TENEMOS QUE REORGANIZARNo cabe duda de que la Inspección Obrera y Campesina supone para nosotros una dificultad inmensa y de que esta dificultad no ha sido superada hasta ahora. Creo que no tienen razón los camaradas que la quieren superar negando que la Inspección Obrera y Campesina sea útil o necesaria. Pero yo no niego, al paso, que el problema de nuestra administración pública y de su perfeccionamiento sea muy difícil, esté muy lejos de resolverse y revista, al mismo tiempo, una urgencia extraordinaria.
Nuestra administración pública, excluido el Comisariado del Pueblo de Negocios Extranjeros, es en sumo grado una supervivencia de la vieja administración que ha sufrido los mínimos cambios de alguna importancia. Sólo ha sido ligeramente retocada por encima; en los demás aspectos sigue siendo lo más típicamente viejo de nuestra vieja administración pública. Pues bien, para encontrar el medio de renovarla de verdad, hay que echar mano, a mi parecer, de la experiencia de nuestra guerra civil.
¿Cómo procedimos en los momentos de mayor riesgo de la guerra civil?
Concentramos las mejores fuerzas del partido en el Ejército Rojo; movilizamos a nuestros mejores obreros; buscamos nuevas fuerzas donde está la más profunda raíz de nuestra dictadura.
Por esa misma dirección, estoy convencido de ello, debemos buscar la fuente para reorganizar la Inspección Obrera y Campesina. Propongo a nuestro XII Congreso del partido que adopte el siguiente plan de reorganización, basado en una ampliación peculiar de nuestra Comisión Central de Control.
El Pleno del CC de nuestro partido ha puesto ya de manifiesto su tendencia a desarrollarse en una especie de conferencia superior del partido. Se reúne, por término medio, una vez cada dos meses, a lo sumo, y la labor ordinaria realizada en nombre del CC corre a cargo, como es sabido, de nuestro Buró Político, de nuestro Buró de Organización, de nuestro Secretariado, etc. Creo que debemos llegar hasta el fin del camino que así hemos emprendido y transformar definitivamente los plenos del CC en conferencias superiores del 798 partido que se reunirán una vez cada dos meses con la asistencia de la Comisión Central de Control. Esta Comisión Central de Control se unirá, en las condiciones que se expresan a continuación, con la parte fundamental de la Inspección Obrera y Campesina reorganizada.
Propongo al congreso que elija entre los obreros y los campesinos de 75 a 100 nuevos miembros (número, claro, aproximado) para la Comisión Central de Control. Los elegidos deben someterse a la misma comprobación, desde el punto de vista del partido, que los miembros ordinarios del CC, ya que deberán gozar de todos los derechos de éstos.
Por otra parte, la Inspección Obrera y Campesina debe contar en total con 300 ó 400 empleados, comprobados en especial en cuanto a honradez y conocimiento de nuestra administración pública y aprobados también en un examen especial de nociones de organización científica del trabajo en general, y, en concreto, de las funciones administrativas, del trabajo de oficina, etc.
A juicio mío, esta fusión de la Inspección Obrera y Campesina con la Comisión Central de Control rendirá beneficio a ambas instituciones. Por una parte, la Inspección Obrera y Campesina ganará de ese modo tanto prestigio que alcanzará, por lo menos, la altura de nuestro Comisariado del Pueblo de Negocios Extranjeros. Por otra parte, nuestro CC seguirá definitivamente, con la Comisión Central de Control, por el camino de la transformación de sus plenos en conferencia superior del partido, camino por el que, en realidad, marcha ya y por el que debe marchar hasta el fin para cumplir felizmente su misión en dos sentidos: en lo metódico, conveniente y sistematizado de su organización y su trabajo, y en el de su ligazón con masas grandes de verdad por el conducto de nuestros mejores obreros y campesinos.
Preveo una objeción, que puede partir directa o indirectamente de las esferas que hacen vieja nuestra administración, es decir, de los partidarios de conservarla en forma que se asemeja hasta lo imposible, hasta lo indecoroso, a la de antes de la revolución, forma que aún conserva en el presente (dicho sea de paso, ahora hemos tenido una ocasión, que rara vez se da en la historia, de fijar los plazos indispensables para hacer cambios sociales radicales, y hoy vemos con claridad qué se puede hacer en cinco años y para qué se necesitan plazos mucho más largos).
Esta objeción parece consistir en que, de la transformación propuesta por mí, no resultará más que un caos. Los miembros de la Comisión Central de Control irán vagando por todos los organismos sin saber adonde, a qué ni a quién dirigirse, llevando a todas partes la desorganización, distrayendo a los empleados de su trabajo corriente, etc., etc.
799Creo que el malévolo origen de esta objeción es tan evidente que no hace falta ni siquiera responder. Se sobrentiende que tanto el Presidium de la Comisión Central de Control como el comisario del pueblo de la Inspección Obrera y Campesina y su Consejo (y también, cuando lo requieran las circunstancias, nuestro Secretariado del CC) necesitarán más de un año de tenaz labor para organizar como es debido su Comisariado del Pueblo y su labor conjunta con la Comisión Central de Control. El comisario del pueblo de la Inspección Obrera y Campesina puede seguir, a juicio mío, ejerciendo sus funciones (y debe seguir ejerciéndolas), así como todo el Consejo, manteniendo bajo su dirección la labor de toda la Inspección Obrera y Campesina, incluidos todos los miembros de la Comisión Central de Control, los cuales deberán tenerse por ``enviados'' a su disposición. Según mi plan, los 300 ó 400 empleados restantes de la Inspección Obrera y Campesina desempeñarán, por una parte, meras funciones de secretarios de los otros miembros de la Inspección Obrera y Campesina y de los miembros suplementarios de la Comisión Central de Control, y, por otra parte, deberán poseer alta capacitación, estar probados en especial, ser adictos en particular y recibir sueldos lo bastante elevados que los eximan por completo de la actual situación verdaderamente deplorable (por no decir algo peor aún) de funcionarios de la Inspección Obrera y Campesina.
Estoy seguro de que la reducción del número de empleados hasta el que he indicado mejorará muchísimo tanto la calidad de los funcionarios de la Inspección Obrera y Campesina como la de todo el trabajo, permitiendo, a la vez, al comisario del pueblo y a los miembros del Consejo centrar toda su atención en la organización del trabajo y en la elevación metódica y constante de la calidad del mismo, elevación de absoluta necesidad para el poder obrero y campesino y para nuestro régimen soviético.
Por otro lado, creo también que el comisario del pueblo de la Inspección Obrera y Campesina tendrá que aplicarse, en parte, a fundir y, en parte, a coordinar los institutos superiores de organización del trabajo, de los que hay en la República no menos de 12 (Instituto Central del Trabajo, Instituto de Organización Científica del Trabajo, etc.). La uniformidad excesiva y la tendencia a la fusión que de ello se desprende serán perjudiciales. Aquí se debe hallar, por el contrario, un término medio razonable y conveniente entre la fusión de todas estas instituciones en una sola y una acertada delimitación de las mismas con la condición de que cada una de ellas goce de cierta independencia.
No cabe duda de que, con esta transformación, ganará nuestro propio CC no menos que la Inspección Obrera y Campesina, ganará en el sentido de su ligazón con las masas, así como en el sentido de la ~ 800 Emacs-File-stamp: "/home/ysverdlov/leninist.biz/es/1979/LOE3EP/20061027/888.tx" __EMAIL__ webmaster@leninist.biz __OCR__ ABBYY 6 Professional (2006.11.02) __WHERE_PAGE_NUMBERS__ top __FOOTNOTE_MARKER_STYLE__ [*]+ __ENDNOTE_MARKER_STYLE__ [0-9]+ regularidad y la eficacia de su trabajo. Entonces se podrá (y se deberá) implantar un orden más severo y exigir más responsabilidad en la preparación de las sesiones del Buró Político, a las que deberá asistir un determinado número de miembros de la Comisión Central de Control, siendo designados éstos o bien por un cierto período o según cierto plan de organización.
El comisario del Pueblo de la Inspección Obrera y Campesina distribuirá con el Presidium de la Comisión Central de Control el trabajo entre sus miembros, teniendo presente la obligación de éstos a asistir a las reuniones del Buró Político y comprobar todos los documentos que, de uno u otro modo, deberán ser sometidos a su examen, o bien teniendo presente la obligación de ellos a dedicar su jornada laboral a la preparación teórica y al estudio de la organización científica del trabajo o a participar prácticamente en el control y perfeccionamiento de nuestra administración pública, comenzando por los organismos superiores y terminando por los organismos locales inferiores, etc.
Creo también que, además de la ventaja política que reporta el hecho de que los miembros del CC y de la Comisión Central de Control, debido a esta reforma, estarán mucho mejor enterados y preparados para las reuniones del Buró Político (todos los documentos referentes a las mismas deben llegar a manos de todos los miembros del CC y de la Comisión Central de Control con veinticuatro horas de antelación, a más tardar, salvo los casos que no admitan dilación alguna, casos que requieren un orden especial para ponerlos en conocimiento de los miembros del CC y de la Comisión Central de Control y una forma especial para resolverlos), es preciso incluir también la de que en nuestro CC disminuirá la influencia de circunstancias puramente personales y casuales, aminorándose así el peligro de escisión.
Nuestro CC se constituyó como grupo estrictamente centralizado y de sumo prestigio, pero su labor no se ha colocado en las condiciones que corresponden a su prestigio. A ello debe coadyuvar la reforma que propongo, y los miembros de la Comisión Central de Control que deben asistir, en determinado número, a todas las reuniones del Buró Político, tienen que formar un grupo cohesionado, el cual deberá cuidar de que ninguna autoridad, trátese de quien se trate, tanto del secretario general como de cualquier otro miembro del CC, pueda impedirle interpelar, controlar documentos y, en general, ponerse absolutamente al corriente de todos los asuntos y lograr que sus trámites lleven al curso más normal.
Claro que, en nuestra República Soviética, el régimen social se basa en la colaboración de dos clases, de los obreros y los campesinos, colaboración a la que ahora se admite también, bajo ciertas 801 condiciones, a gente de la Nep, es decir, a la burguesía. Si surgen graves divergencias de clase entre ellas, la escisión será inevitable; pero nuestro régimen social no entraña necesariamente razones que hagan inevitable esta escisión, y la misión principal de nuestro Comité Central y de la Comisión Central de Control, así como de nuestro partido en su conjunto, consiste en estar muy al tanto de las circunstancias que pueden dar motivo a una escisión y prevenirlas, porque, en resumidas cuentas, los destinos de nuestra república dependerán de que las masas campesinas marchen unidas a la clase obrera, conservando la fidelidad a la alianza con ella, o permitan a la gente de la Nep, es decir, a la nueva burguesía, apartarlas de los obreros, escindirlas de ellos. Cuanto más claro veamos estos dos desenlaces posibles, cuanto más claro lo comprendan todos nuestros obreros y campesinos, tanto mayores serán las probabilidades de poder evitar la escisión, que sería funesta para la República Soviética.
23 de enero de 1923.
Publicado el 25 de enero de 1923 en el núm. 16 de ``Pravda''.
Firmtido: N. Lemn.
T. 45, págs. 383--388.
802 __ALPHA_LVL1__ MAS VALE POCO Y BUENOPor lo que se refiere a la mejora de nuestra administración pública, creo que la Inspección Obrera y Campesina no debe afanarse por la cantidad ni apresurarse. Hemos tenido hasta ahora tan poco tiempo para reflexionar y preocuparnos de la calidad de nuestra administración pública que sería natural la preocupación por que esté preparada con especial seriedad y se concentre en la Inspección Obrera y Campesina a individuos de una cualidad realmente moderna, es decir, no desmerecedores de los mejores modelos euroccidentales. Desde luego, ésta es una condición harto modesta para una república socialista. Pero el primer lustro nos ha llenado la cabeza de desconfianza y escepticismo. No podemos menos de sentir esa desconfianza y ese escepticismo por quienes hablan demasiado y con excesiva ligereza, por ejemplo, de la cultura ``proletaria'': para empezar nos bastaría una verdadera cultura burguesa; para empezar podríamos prescindir de los tipos más recalcitrantes de culturas de tipo preburgués, es decir, de culturas burocrática, feudal, etc. En los problemas de cultura lo que más perjudica es tener prisa y querer abarcarlo todo. Muchos de nuestros jóvenes literatos y comunistas deberían aplicarse bien al cuento.
Por donde, en lo que se refiere a la administración pública, debemos sacar ahora de la experiencia anterior la conclusión de que sería mejor ir más despacio.
Nuestra administración pública se encuentra en un estado tan deplorable, por no decir detestable, que primero debemos reflexionar profundamente en la manera de combatir sus deficiencias, recordando que radican en el pasado, el cual, si bien ha sido subvertido, no ha desaparecido por completo, no ha quedado en la fase de cultura perteneciente a tiempos remotos. Planteo aquí el problema de la cultura precisamente porque en estas cosas debe tenerse por logrado únicamente lo que entra en la cultura, en la vida corriente, en las costumbres. Y en nuestro país, puede afirmarse, lo que hay de bueno en la organización social no ha sido meditado a fondo, no ha sido comprendido ni sentido, ha sido tomado al vuelo, no ha sido comprobado, ni ensayado, ni confirmado por la 803 experiencia, ni consolidado, etc. Es natural que tampoco podía ser de otro modo en una época revolucionaria y dada la rapidez tan vertiginosa del desarrollo que nos ha llevado en cinco años del zarismo al régimen soviético.
Es preciso sentar cabeza a tiempo. Hay que impregnarse de salvadora desconfianza de un movimiento de avance atropellado, de toda jactancia, etc. Es necesario preocuparse de comprobar los pasos adelante que pregonamos a cada momento, que damos cada momento y luego procuramos demostrar continuamente que no son de peso, ni serios, ni se comprenden. Lo más nocivo en este caso sería apresurarse. Lo más nocivo sería contar con que sabemos algo, por poco que sea, o pensar que hay entre nosotros un número algo considerable de elementos para organizar una administración realmente nueva y verdaderamente acreedora del nombre de socialista, de soviética, etc.
No, en nuestro país, tal administración e incluso el número de elementos que la forman mueven a risa por lo exiguo, y debemos recordar que, para montarla, no se debe escatimar el tiempo, y eso se llevará muchos, muchísimos años.
íQué elementos poseemos para montar esa administración? Solamente dos: primero, los obreros, animados por la lucha en pro del socialismo. Estos elementos no poseen suficiente instrucción. Querrían proporcionarnos una administración mejor, pero no saben cómo hacerlo. No pueden hacerlo. No han alcanzado hasta hoy el desarrollo ni la cultura indispensables para ello. Y lo que se necesita precisamente es cultura. En este sentido no se puede hacer nada de golpe y porrazo o de sopetón, con viveza o energía, o con cualquier otra de las mejores cualidades humanas. Segundo, se necesitan conocimientos, educación e instrucción, pues los que tenemos son irrisorios en comparación con todos los demás Estados.
Y en este sentido no hay que olvidar que somos aún demasiado propensos a compensar estos conocimientos (o a creernos que podemos compensarlos) con el celo, la precipitación, etc.
Para renovar nuestra administración pública tenemos que fijarnos a toda costa como tarea: primero, aprender; segundo, aprender; tercero, aprender; y después, comprobar que lo aprendido no quede reducido a letra muerta o a una frase de moda (cosa que, no hay por qué ocultarlo, ocurre con demasiada frecuencia en nuestro país), que lo aprendido se haga efectivamente carne de nuestra carne y sangre de nuestra sangre, que llegue a ser plena y verdaderamente un elemento integrante de la vida diaria. En pocas palabras, no debemos presentar las mismas reivindicaciones que la Europa Occidental burguesa, sino las que puede presentar con 804 dignidad y decoro un país que ha asumido la misión de desarrollarse y hacerse socialista.
Las deducciones de lo expuesto son que debemos hacer de la Inspección Obrera y Campesina, instrumento llamado a mejorar nuestra administración, un organismo realmente modelo.
Para que pueda alcanzar la debida altura, es preciso atenerse a la regla: en cosa alguna, pensar mucho y hacer una.
Para ello es preciso que lo mejor que haya de verdad en nuestro régimen social se aplique con los máximos cuidado, reflexión y conocimiento a la fundación del nuevo Comisariado del Pueblo.
Para ello es preciso que los mejores elementos de nuestro régimen social, a saber: los obreros avanzados, en primer lugar, y, en segundo, los elementos realmente instruidos---por los cuales se puede responder de que ni se fiarán de las palabras ni pronunciarán una sola contra su conciencia---no teman confesar ninguna dificultad ni se arredren ante lucha alguna para alcanzar el fin propuesto en serio.
Hace ya cinco años que nos venimos ajetreando para mejorar nuestra administración pública, pero esto es precisamente sólo un ajetreo que en cinco años no ha demostrado más que su ineficacia o incluso su inutilidad y su nocividad. Como todo ajetreo, tenía la apariencia de trabajo; pero, en realidad, entorpecía nuestras instituciones y embrollaba nuestros cerebros.
Es preciso que todo esto cambie al fin.
Hay que tomar por norma: más vale poco en cantidad, pero bueno de calidad. Hay que tomar por norma: más vale esperar dos o incluso tres años a obtener buen personal que apresurarse sin ninguna esperanza de conseguirlo.
Yo sé que será difícil atenerse a esta norma y aplicarla a nuestra realidad. Sé que la norma contraria intentará abrirse camino en nuestro país con mil subterfugios. Sé que habremos de oponer una resistencia gigantesca y mostrar una perseverancia diabólica, que en este sentido el trabajo será, por lo menos durante los primeros años, endemoniadamente ingrato; no obstante, estoy convencido de que sólo obrando así alcanzaremos nuestra meta y que, únicamente después de haberla alcanzado, crearemos una república digna en realidad del nombre de soviética, socialista, etc., etc., etc.
Es posible que muchos lectores encuentren demasiado insignificantes las cifras que cité como ejemplo en mi primer artículo~^^*^^. Estoy seguro de que se podrían aducir muchos cálculos para demostrar que esas cifras son insuficientes. Pero creo que, por encima de esos _-_-_
^^*^^ Véase el presente volumen, págs. 797--801. (N. de la Edil.)
805 cálculos y de cálculos de cualquier índole, debemos poner una cosa: el interés por una calidad verdaderamente modelo.Estimo que, en fin, es precisamente éste el momento en que debemos ocuparnos de nuestra administración pública como es debido, con toda seriedad; el momento en que el rasgo más pernicioso de esta labor tal vez sea el apresuramiento. Por esto prevengo encarecidamente contra la exageración de estas cifras. Por el contrario, soy de la opinión de que, en este caso, hay que ser sobre todo parcos en las cifras. Hablemos con franqueza. El Comisariado del Pueblo de la Inspección Obrera y Campesina no goza hoy ni de sombra de prestigio. Todos saben que no existe una institución peor organizada que nuestra Inspección Obrera y Campesina y que, en las condiciones actuales, no podemos pedir nada a este Comisariado. Hemos de recordarlo bien, si queremos proponernos de verdad el fin de tener dentro de unos años una institución que, primero, debe ser modelo; segundo, debe inspirar a todos absoluta confianza y, tercero, debe demostrar a todos sin excepción que está justificada en realidad la labor de una institución tan encumbrada como es la Comisión Central de Control. A mi entender, hay que desterrar en el acto y con decisión toda clase de normas generales sobre el número de empleados. A los de la Inspección Obrera y Campesina debemos seleccionarlos de un modo muy especial y sólo después de haberlos sometido a pruebas rigurosísimas. En efecto, ¿qué objeto tendría montar un Comisariado del Pueblo en el que el trabajo marche de cualquier manera, sin inspirar de nuevo la menor confian/a, y en el que la palabra tenga un prestigio ínfimo? Creo que, con la reorganización del género que ahora nos proponemos, nuestro objetivo principal es evitarlo.
Los obreros que incorporemos a la Comisión Central de Control en calidad de miembros suyos deben ser irreprochables como comunistas, y creo que debemos esforzarnos aún largo tiempo por enseñarles los métodos y las tareas de su trabajo. Además, como auxiliares en esta labor deberá haber un personal determinado de secretaría que será sometido a una triple prueba antes de recibir el nombramiento para su empleo. Por último, los funcionarios que, a título de excepción, decidamos colocar inmediatamente en la Inspección Obrera v Campesina deben reunir las condiciones siguientes:
~primero, deben estar avalados por varios comunistas;
~segundo, deben pasar un examen de conocimiento de nuestra administración pública;
~tercero, deben pasar un examen de fundamentos teóricos de nuestra administración pública, de las cuestiones esenciales de la ciencia administrativa, de la tramitación de expedientes, etc.;
27--73
806~cuarto, deben trabajar bien compenetrados con los miembros de la Comisión Central de Control y con su Secretariado de manera que podamos responder del buen funcionamiento de torio este mecanismo en su conjunto.
Sé que estos requisitos presuponen condiciones de magnitud desmedida y mucho me temo que las consideren irrealizables o las acojan con una sonrisa desdeñosa la mayoría de los "prácticos" de la Inspección Obrera y Campesina. Pero yo pregunto a cualquiera de los actuales dirigentes de la Inspección Obrera y Campesina o de las personas que están en contacto con ella si me pueden decir con sinceridad qué falta hace, en la práctica, un Comisariado del Pueblo como el de la Inspección Obrera y Campesina. Creo que esta pregunta les ayudará a encontrar el sentido de la medida. O no vale la pena hacer una reorganización más de las tantas que ya hemos tenido, de algo tan desquiciado como la Inspección Obrera y Campesina, o es preciso plantearse de verdad la tarea de crear en un proceso lento, difícil y fuera de lo común, no sin recurrir a numerosas comprobaciones, algo realmente ejemplar, capaz, de infundir respeto a cualquiera, y no sólo porque lo exijan los títulos y los grados.
Si no nos armamos de paciencia ni dedicamos a esta obra unos cuantos años, más vale que no la acometamos en absoluto.
A juicio mío, de las instituciones que tan fecundos hemos sido en crear ya---escuelas superiores del trabajo, etc.---, hay que elegir el mínimo, comprobar si están bien organizadas y permitirles que continúen funcionando sólo si están en realidad a la altura de la ciencia moderna y nos proporcionan todas las conquistas de ésta. Entonces no será utópico esperar que dentro de unos años tengamos una institución capa/, de cumplir con su cometido, a saber: afanarse de manera sistemática y constante, gozando de la confianza de la clase obrera, del Partido Comunista de Rusia y de toda la masa de la población de nuestra república,por mejorar nuestra administración pública.
Las labores preparatorias para ello podrían comenzarse hoy ya. Si el Comisariado del Pueblo de la Inspección Obrera y Campesina estuviera conforme con el plan de esta reorganización, podría comenzar en seguida a dar los pasos previos para trabajar de un modo sistemático hasta llevarlos a completo término, sin apresurarse ni renunciar a rehacer lo que ya se hizo antes.
Toda decisión de medias tintas en ese terreno sería perjudicial en grado superlativo. Las normas de todo tipo de los empleados de la Inspección Obrera y Campesina que partiesen de cualesquiera otras consideraciones estarían, en el fondo, basadas en las antiguas consideraciones burocráticas, en los viejos prejuicios, en todo lo que 807 ha sido ya condenado, en lo que provoca las burlas generales, etc.
En el fondo, el problema se plantea de la manera siguiente:
O demostrar ahora que hemos aprendido de veras algo de la organización del Estado (no es pecado aprender algo en cinco años) o demostrar que no hemos madurado aún para ello; y entonces no vale la pena acometer la obra.
Y creo que, teniendo presente el personal de que disponemos, no será una inmodestia suponer que hemos aprendido va lo suficiente para reconstruir conforme a un sistema un solo Comisariado del Pueblo al menos. Por cierto, este solo Comisariado del Pueblo debe ser el exponente de todo el conjunto de nuestra administración pública.
Abrir inmediatamente un concurso para redactar dos manuales o más sobre organización del trabajo en general y, en particular, del trabajo administrativo. Se puede tomar como base el libro = de Ermanski'^^238^^ que ya tenemos, si bien éste, dicho sea entre paréntesis, se distingue por su simpatía manifiesta al menchevismo y no sirve para componer un manual adecuado al Poder soviético. También se puede tomar como base el libro recién publicado de Kérzhentsev, y, por último, pueden ser útiles asimismo algunos de los textos parciales que tenemos.
Enviar a algunas personas preparadas y concienzudas a Alemania o a Inglaterra a que recojan bibliografía y estudien este problema. Y digo a Inglaterra por si no fuera posible enviar a nadie a los EE.UU. o al Canadá.
Nombrar una comisión encargada de redactar un programa previo para examinar a los pretendientes a empleados de la Inspección Obrera y Campesina, así como a miembros de la Comisión Central de Control.
Estos trabajos y otros parecidos, claro está, no deberán entorpecer la labor del comisario del pueblo y de los miembros del Consejo de la Inspección Obrera y Campesina ni del Presidium de la Comisión Central de Control.
Paralelamente habrá que nombrar una comisión preparatoria para seleccionar a los pretendientes a miembros de la Comisión Central de Control. Confío en que para este cargo podremos encontrar ahora a pretendientes de sobra tanto entre los funcionarios con experiencia de todas las entidades como entre los estudiantes de nuestros establecimientos soviéticos de enseñanza. No creo atinado excluir de antemano a tal o cual categoría. Es probable que se haya de preferir para dicha institución a un personal heterogéneo que reúna numerosas cualidades y dotes diferentes, de manera que se habrá de trabajar con ahínco para componer una lista de pretendientes. Por ejemplo, lo que menos sería de desear es que el 808 nuevo Comisariado del Pueblo se constituyera según un patrón único, digamos, del tipo de las personas de carácter de burócrata, o bien excluyendo a las del tipo de los agitadores, a las que se distingan por su don de gentes o su facultad de penetración en medios no muy habituales para funcionarios de este tipo, etc.
__*_*_*__Creo que expresaré del mejor modo mi pensamiento si comparo mi plan con las instituciones de tipo académico. Los miembros de la Comisión Central de Control deberán examinar sistemáticamente, bajo la dirección de su Presidium, todos los papeles y documentos del Buró Político. A la vez, deberán distribuir como es debido su tiempo entre las diversas ocupaciones de control de los expedientes de nuestras instituciones, empezando por las más pequeñas y parciales y acabando por las superiores del Estado. Por último, figurarán asimismo entre sus tareas el estudio de la teoría, es decir, de la teoría de la organización del trabajo al que se van a dedicar, y el ejercicio de funciones en la práctica bajo la dirección de camaradas con experiencia o de profesores de escuelas superiores de organización del trabajo.
Pero yo creo que en modo alguno deberán limitarse a trabajos académicos de este tipo. Además de realizarlos, habrán de capacitarse para una labor que me atrevería a denominar de preparación para la captura de, no diré granujas, pero sí de algo por el estilo y de invención de estratagemas peculiares para enmascarar sus campañas, sus artimañas, etc.
Semejantes propuestas darían lugar en las instituciones de Europa Occidental a una indignación inaudita, despertarían un sentimiento de escándalo moral, etc., pero confío en que nosotros no nos hemos burocratizado aún lo suficiente para llegar a eso. En Rusia, la Nep no ha tenido aún tiempo de granjearse tanto respeto como para sentirnos agraviados por la idea de que se pretenda pillar a alguien. La fundación de nuestra República Soviética es cosa tan reciente, y se han amontonado tantos trastos de toda índole, que no creo se le ocurra a nadie sentirse ofendido de pensar que se pueda rebuscar en ese montón de trastos, poniendo en juego algunas tretas y haciendo pesquisas orientadas a veces a fuentes bastante alejadas o dando rodeos bastante grandes; y si se le ocurre a alguien, puede estar seguro de que todos nosotros nos reiremos de él de buena gana.
Confiamos en que nuestra nueva Inspección Obrera y Campesina dejará a un lado esa cualidad que los franceses llaman pruderiey que nosotros llamaríamos ridicula gazmoñería o empaque ridículo y eme hace el caldo gordo a toda nuestra burocracia, tanto de los Soviets 809 como del partido. Dicho sea entre paréntesis, en nuestro país hay burocracia no sólo en los organismos de los Soviets, sino también en los del partido.
Antes dije que debemos aprender y aprender en las escuelas de organización superior del trabajo, etc., pero esto en modo alguno significa que yo comprenda ese ``aprendizaje'' de manera algo escolar o que me limite a la idea de enseñar solamente como se hace en las escuelas. Confío en que ni un solo revolucionario de verdad sospechará que, en este caso, renuncio a entender por ``aprendizaje'' alguna treta empleada medio en broma, alguna astucia, artimaña o algo por el estilo. Sé que en un país respetable y serio de Europa Occidental la sola idea que he exteriorizado sería causa de un espanto verdadero, y ningún funcionario decente aceptaría que se discutiese siquiera. Pero espero que no estemos aún lo bastante burocratizados y que la discusión de esta idea no puede mover más que a risa en nuestro país.
En efecto, ¿por qué no juntar lo útil y lo grato? ¿Por qué no emplear una treta en broma o medio en broma para descubrir algo ridículo, algo pernicioso, algo medio ridículo, medio nocivo, etc.?
Creo que nuestra Inspección Obrera y Campesina ganará mucho si examina estas consideraciones y que la lista de los casos que han valido a nuestra Comisión Central de Control o a sus colegas de la Inspección Obrera y Campesina algunas de sus victorias más brillantes se verá bástanle enriquecida con las andanzas de nuestros futuros "inspectores obrecampinos" y miembros de la "Comcencón" por lugares no muy gratos de mentar en los respetables y remilgados manuales.
__*_*_*__¿Cómo se pueden fundir los organismos del partido con los de la administración soviética? ¿No hay en eso algo incompatible?
No planteo este problema en nombre mío, sino en el de los aludidos antes por mí cuando dije que tenemos burócratas no sólo en las instituciones soviéticas, sino en las del partido también.
¿Por qué, pues, no fundir efectivamente las unas con las otras, si ello redunda en beneficio de la obra? ¿Acaso no ha advertido nunca nadie que en un Comisariado del Pueblo, como es el de Negocios Extranjeros, tal fusión es de extraordinaria utilidad y se practica desde su mismo nacimiento? ¿Acaso en el Buró Político no se discuten desde el punto de vista de partido muchos problemas, grandes y pequeños, sobre nuestros ``pasos'', en respuesta a los ``pasos'' de las potencias extranjeras, para contrarrestar, digámoslo así. por no emplear una expresión menos decorosa, sus argucias? 810 ;No es acaso esta flexible unión ríe los organismos soviéticos con los del partido una diente de extraordinaria f'uer/.a en nuestra política? Creo que lo que se ha acreditado, lo que se ha consolidado en nuestra política exterior y se ha hecho ya costumbre de manera que no despierta ninguna duda en esta esfera será, por lo menos, tan conveniente (y vo creo que lo será mucho más) para toda nuestra administración pública. Y la Inspección Obrera y Campesina se dedica precisamente a toda nuestra administración pública, y sus labores deben llegar a todas las instituciones públicas sin excepción, tanto a las locales como a las centrales, tanto a las comerciales como a las puramente burocráticas, tanto a las de enseñanza como a los archivos, teatros, etc., en suma, a todas las instituciones sin excepción alguna.
¿Por qué, pues, para una institución de tanta amplitud, cuyas formas de actuación requieren, además, una flexibilidad extraordinaria, ha de ser inaceptable esa fusión peculiar de la institución de control del partido con la institución de control de los Soviets?
Yo no vería en ello ningún obstáculo. Más aún: creo que esa fusión es la única garantía de un trabajo eficiente. Creo que cualquier duda al respecto parte de los rincones más polvorientos de nuestra administración pública y que nuestra respuesta a ella puede ser sólo una: la burla.
__*_*_*__Otra duda: ¿Conviene unir la labor didáctica con el ejercicio del cargo? Me parece que es no sólo conveniente, sino imprescindible. Hablando en general, nos ha dado tiempo de contagiarnos de toda una serie de prejuicios de los más nocivos \ ridículos de ¡a organización estatal de Europa Occidental, pese a nuestra actitud revolucionaria ante ella; y en parte, nos han contagiado adrede nuestros queridos burócratas, especulando con la malévola intención de sacar ganancia reiterada del río revuelto de tales prejuicios; han sacado de ese río revuelto tanta ganancia de pescadores que sólo quienes entre nosotros estaban completamente ciegos no han visto lo mucho que se ha practicado esa pesca.
En todo el ámbito de las relaciones sociales, económicas y políticas somos unos revolucionarios ``terribles''. Pero en el terreno de la veneración de los superiores y de la observancia de las formas y los ritos de la tramitación de los expedientes, nuestro " revolucionarisrno" es remplazado a menudo por una rutina de lo más rancia. En este dominio se puede ver muchas veces un fenómeno interesantísimo: cómo un gran salto adelante en la vida de la sociedad va asociado a una monstruosa timidez ante los menores cambios.
811Y se comprende, porque los pasos adelante más atrevidos se han dado en un terreno que, desde hace mucho, es patrimonio de la teoría, en un terreno que era cultivado principalmente o casi exclusivamente en teoría. El ruso se desahogaba en casa con especulaciones teóricas de atrevimiento extraordinario contra la abominable realidad burocrática, razón por la cual esas especulaciones teóricas excesivamente audaces adquirían entre nosotros un carácter muy unilateral. En Rusia se daban la mano el atrevimiento teórico en las especulaciones generales y una timidez sorprendente ante las reformas oficinescas más insignificantes. Cualquier revolución agraria de la mayor trascendencia universal era meditada con una audacia sin precedente en otros Estados, pero, a la vez, faltaba imaginación para realizar una reforma oficinesca de décimo orden, faltaba imaginación o paciencia para aplicar a esa reforma los mismos principios generales que daban resultados tan ``brillantes'' en su aplicación a problemas generales.
Y por eso, nuestra actual vida cotidiana reúne en grado sorprendente rasgos de increíble osadía y timidez de pensamiento ante los menores cambios.
Creo que tampoco ha sido de otra manera en ninguna revolución verdaderamente grande, porque las revoluciones grandes de verdad nacen de las contradicciones entre lo viejo, entre la tendencia al cultivo de lo viejo, y la más abstracta aspiración a lo nuevo, que debe ser ya tan nuevo que no contenga ni un grano de lo viejo.
Y cuanto más radical sea la revolución, tanto más se prolongará el período en que se mantenga cierto número de dichas contradicciones.
__*_*_*__El rasgo general de nuestra vida consiste ahora en lo siguiente: hemos destruido la industria capitalista, hemos intentado arrasar las instituciones medievales, la propiedad agraria de los terratenientes, y en ese terreno hemos establecido a los campesinos pequeños y pequeñísimos, que siguen al proletariado por la confianza que tienen en los resultados de su labor revolucionaria. Sin embargo, no nos será fácil sostenernos con esta sola confianza hasta el triunfo de la revolución socialista en los países más desarrollados, porque los campesinos pequeños y pequeñísimos, sobre todo durante la Nep, siguen estando, por necesidad económica, a un nivel bajísimo de productividad del trabajo. Además, la situación internacional ha dado lugar a que Rusia haya sido lanzada atrás, a que, en total, el rendimiento del trabajo del pueblo sea hoy en nuestro país bastante inferior al de antes de la guerra. Las potencias capitalistas 812 euroccidentales, en parte de manera consciente y en parte de un modo espontáneo, han hecho todo lo que estaba a su alcance para lanzarnos atrás, para aprovechar los elementos de guerra civil en Rusia con objeto de arruinar lo más posible al país. Este desenlace precisamente de la guerra imperialista les parecía tener, como es natural, considerables ventajas: si no llegamos a derribar el régimen revolucionario en Rusia, en todo caso entorpeceremos su avance hacia el socialismo; así se discurría, poco más o menos, en esas potencias; y, desde su punto de vista, no se podía discurrir de otra manera. Como resultado, han cumplido a medias su tarea. No han logrado derrocar el nuevo régimen traído por la revolución, pero tampoco le han brindado la posibilidad de dar en el acto un paso adelante que acredite los pronósticos de los socialistas, un paso que permita a éstos desarrollar con rapidez colosal las fuerzas productivas, desarrollar todas las posibilidades que, sumadas, dieran el socialismo, demostrar en la práctica, con toda evidencia, a cada cual, que el socialismo entraña fuerzas gigantescas y que la humanidad ha pasado ahora a una nueva fase de desarrollo que entraña posibilidades brillantes en grado sumo.
El sistema de las relaciones internacionales se ha formado hoy de manera que uno de los Estados dev Europa, Alemania, se encuentra avasallado por los Estados vencedores. Además, y gracias a la victoria, varios Estados, por cierto los más antiguos de Occidente, están en condiciones de poder aprovechar esa misma victoria para hacer a sus clases oprimidas una serie de concesiones que, si bien son de poca monta, demoran el movimiento revolucionario en ellos y crean una apariencia de "paz social".
A la vez, otros países---el Oriente, la India, China, etc.---se han visto definitivamente fuera de sus cauces a causa precisamente de la última guerra imperialista. Su desarrollo marcha definitivamente por la vía general del capitalismo europeo. Ha comenzado en ellos la misma efervescencia que en toda Europa. Y el mundo entero ve ahora claro que se desarrollan en un sentido que no puede menos de conducir a la crisis de todo el capitalismo mundial.
Así pues, hoy nos hallamos ante el siguiente problema: ¿ podremos mantenernos con nuestra pequeña y pequeñísima producción campesina, dada la ruina en que estamos sumidos, hasta que los países capitalistas de Europa Occidental culminen su desarrollo hacia el socialismo? Pero lo hacen de manera distinta de como esperábamos antes. No siguiendo un proceso de "maduración" igual del socialismo en su seno, sino explotando unos Estados a otros, explotando al primer Estado vencido en la guerra imperialista y a todo el Oriente. Por otra parte, el Oriente se ha sumado de manera definitiva al movimiento revolucionario en virtud precisamente de 813 dicha primera guerra imperialista, viéndose incluido definitivamente en el torbellino general del movimiento revolucionario mundial.
¿Qué táctica, pues, impone a nuestro país el estado de cosas expuesto? Es claro que la siguiente: debemos ser prudentes en sumo grado para conservar nuestro poder obrero, para mantener bajo su autoridad y bajo su dirección a nuestros campesinos pequeños y muy pequeños. De nuestra parte está la ventaja de que todo el mundo pasa ahora ya a un movimiento que debe originar la revolución socialista mundial. Pero también tenemos el inconveniente de que los imperialistas han logrado dividir el mundo entero en dos campos, y esta división se complica por el hecho de que Alemania, país de un desarrollo capitalista avanzado y culto de verdad, se ve ahora ante infinitas dificultades para recuperarse. Todas las potencias capitalistas del llamado Occidente le clavan las garras y no le dejan alzar cabeza. Por otra parte, todo el Oriente, con su población de centenares de millones de trabajadores explotados y llevados al último grado de existencia infrahumana, ha sido puesto en condiciones en que sus fuerzas físicas y materiales no tienen ni punto de comparación con las fuerzas físicas, materiales y militares de cualquiera de los Estados, mucho más pequeños, de Europa Occidental.
¿Podemos eludir la futura colisión con estos Estados imperialistas? ¿Podemos confiar en que las contradicciones internas y los conflictos entre los prósperos Estados imperialistas de Occidente y los prósperos Estados imperialistas de Oriente nos den la segunda tregua, igual que nos dieron la primera, cuando la cruzada de la contrarrevolución de Europa Occidental, encaminada a apoyar a la contrarrevolución rusa, fracasó a causa de las contradicciones existentes en el campo de los contrarrevolucionarios de Occidente y Oriente, en el campo de los explotadores orientales y de los explotadores occidentales, en el campo del Japón y de los EE.UU.?
Creo que a esta pregunta se debe responder en el sentido de que la solución depende aquí de muchísimas circunstancias, y sólo se puede prever el desenlace de la lucha en su conjunto, basándose en que el propio capitalismo enseña y educa en fin de cuentas para la lucha a la inmensa mayoría de la población del mundo.
El desenlace de la lucha depende, en última instancia, del hecho de que Rusia, la India, China, etc., constituyen la mayoría gigantesca de la población. Y precisamente esta mayoría de la población es la que se incorpora en los últimos años con inusitada rapidez a la lucha por su liberación, de modo que, en este sentido, no puede haber ni sombra de duda respecto al desenlace final de la lucha a escala mundial. En este sentido, la victoria definitiva del socialismo está plena y absolutamente asegurada.
814Pero lo que nos interesa no es esta inevitabilidad de la victoria definitiva del socialismo. Lo que nos interesa es la táctica que nosotros, Partido Comunista de Rusia, que nosotros, Poder soviético de Rusia, debemos seguir para impedir que los Estados contrarrevolucionarios de Europa Occidental nos aplasten. Para asegurar nuestra existencia hasta la siguiente colisión militar entre el Occidente imperialista contrarrevolucionario y el Oriente revolucionario y nacionalista, entre los Estados más civilizados del mundo y los Estados atrasados al modo oriental, los cuales, sin embargo, constituyen la mayoría, es preciso que esta mayoría tenga tiempo de civilizarse. A nosotros también nos falta civilización para pasar directamente al socialismo, aunque contamos con las premisas políticas necesarias para ello. Debemos atenernos a esa táctica o adoptar, para salvarnos, la política siguiente.
Debemos esforzarnos por organizar un Estado en el que los obreros conserven la dirección sobre los campesinos, no pierdan la confianza de éstos y eliminen de sus relaciones sociales hasta el menor indicio de gastos excesivos, observando el más severo régimen de economías.
Debemos abaratar al máximo nuestra administración pública. Debemos suprimir de ella todos los indicios de gastos excesivos que hemos heredado en tanta abundancia de la Rusia zarista, de su burocracia capitalista.
¿No será eso el reino de la sobriedad campesina?
No. Si conservamos la dirección de la clase obrera sobre los campesinos, podremos, llevando en nuestro Estado un régimen de máximas economías, lograr que todo ahorro, por ínfimo que sea, se conserve para el desarrollo de nuestra gran industria mecanizada, para el desarrollo de la electrificación, de la extracción hidráulica de la turba, para acabar de construir la central hidroeléctrica del Vóljov2Í9, etc.
En esto, y solamente en esto, está nuestra esperanza. Sólo entonces estaremos en condiciones, hablando en sentido figurado, de apearnos de un caballo para montar en otro, es decir, de apearnos del mísero caballo campesino, del caballo del régimen de economías calculado para un país campesino arruinado, para montar en un caballo que el proletariado busca y no puede dejar de buscar para sí: el caballo de la gran industria mecanizada, de la electrificación, de la central hidroeléctrica del Vóljov, etc.
Así ligo yo en mi pensamiento el plan general de nuestra labor, de nuestra política, de nuestra táctica, de nuestra estrategia a las tareas de la Inspección Obrera y Campesina reorganizada. Esa es para mí la justificación de la excepcional solicitud, de la extraordinaria atención que debemos prestar a la Inspección Obrera y Campesina, 815 colocándola a una altura excepcional, proporcionándole atribuciones de Comité Central, etc., etc.
Esta justificación consiste en que sólo depurando al máximo nuestra administración, reduciendo al máximo todo lo que no sea absolutamente indispensable en ella, nos mantendremos con toda seguridad. Y, además, estaremos en condiciones de mantenernos a un nivel que se eleva continuamente y avanza sin interrupción hacia la gran industria mecanizada, y no al nivel de un país de pequeños campesinos, no al nivel de sobriedad generalizada.
Esas son las sublimes tareas con que yo sueño para nuestra Inspección Obrera y Campesina. Por eso planteo para ella la fusión de la cúspide más prestigiosa del partido con un Comisariado del Pueblo de lo más ``corriente''.
2 de marzo de 1923.
Publicado el 4 de marzo de 1923 en el núm. 49 de ``Pravda''. ¡'inundo: ,V. I.enin.
T. 45, págs. 389--406.
816 __ALPHA_LVL1__ NOTAS~^^1^^ La reunión conjunta del Comité Ejecutivo Central de toda Rusia, del Soviet de Moscú, de los comités fabriles y de los sindicatos de Moscú fue convocada el 29 de julio de 1918 con motivo de la grave situación de la República Soviética, que, a consecuencia de la intervención militar extranjera y de las sublevaciones de los guardias blancos, se veía cortada de las principales regiones proveedoras de subsistencias, materias primas y combustibles. La reunión conjunta aprobó unánimemente la resolución, propuesta por la minoría comunista en relación con el informe de Lenin. Reconociendo que la patria socialista estaba en peligro, la resolución exigía que la labor de todas las organizaciones s? supeditase a las condiciones del momento, se realizase amplia agitación entre las masas obreras, se intensificara la vigilancia con respecto a la burguesía, se trasladase a una serie de trabajadores que ocupaban cargos de responsabilidad a la labor militar y de abastecimiento y se luchase enérgicamente por el pan.---23
~^^2^^ Se trata de la sublevación contrarrevolucionaria del cuerpo de ejército checoslovaco, organizada por los imperialistas de la Entente, con la participación activa de los mencheviques y eseristas.
El cuerpo checoslovaco fue formado en Rusia antes aún de la Gran Revolución Socialista de Octubre con prisioneros de guerra checos y eslovacos, soldados del ejército austro-húngaro, para hacer la guerra a Alemania. Después de la instauración del Poder soviético, según acuerdo concertado con el Gobierno soviético, el cuerpo checoslovaco debía partir para Francia por Vladivostok. Pero el mando contrarrevolucionario infringió falazmente el acuerdo con el Gobierno de la RSFSR sobre la entrega de las armas y, engañando a los soldados checoslovacos, alzó una sublevación armada a fines de mayo de 1918 por indicación de la Entente. Actuando en estrecho contacto con los guardias blancos y los kulaks, los checos blancos se apoderaron de Cheliabinsk, Penza, Tomsk, Omsk, Samara y otras ciudades. Al mismo tiempo, una parte considerable de los prisioneros de guerra no se dejó llevar por la propaganda antisoviética y nacionalista de la cúspide reaccionaria del cuerpo: en las lilas del Ejército Rojo combatieron más de 10.000 checos y eslovacos.
En otoño de 1918, el Ejército Rojo liberó la región del Volga. La sublevación del cuerpo checoslovaco quedó aplastada por completo a finales de 1919 al ser derrotado Kolchak.---23
^^3^^ Lenin alude al artículo Los millones franceses, publicado el 28 de junio de 1918 en Prúkopník Svobody ``(El Pionero de la Libertad''), órgano central del grupo comunista checoslovaco, que se editaba en Moscú en los años 1918 y 1919; el artículo fue reimpreso el mismo día en el periódico Prnvdn y, parcialmente, en Izvestia del CEC de toda Rusia.---24
817^^4^^ Al hablar de la traición de los eseristas de Moscú, Lenin tiene en cuenta la sublevación contrarrevolucionaria que organizaron los eseristas de izquierda en Moscú el 6 de julio de 1918 durante las sesiones del V Congreso de los Soviets de toda Rusia. La sublevación fue aplastada en veinticuatro horas.
Eseristas (socialistas-revolucionarios): partido pequeñoburgués, fundado a fines de 1901 y comienzos de 1902 en Rusia como resultado de la unificación de diversos grupos y círculos populistas. Las concepciones de los eseristas eran una mezcla de las ideas del populismo y el revisionismo. Los eseristas no veían las diferencias de clase entre el proletariado y los pequeños propietarios, velaban la disociación y las contradicciones en el seno del campesinado y rechazaban el papel dirigente del proletariado en la revolución.
La táctica del terrorismo individual que los eseristas predicaban como método fundamental de lucha contra la autocracia causaba inmenso daño al movimiento revolucionario y dificultaba la organización de las masas para la lucha revolucionaria.
El programa agrario de los eseristas estipulaba la abolición de la propiedad privada de la tierra y el paso de ésta a disposición de las comunidades campesinas, la aplicación del "principio del trabajo" y el usufructo ``igualitario'' de la tierra, así como el fomento de las cooperativas. En este programa, que los eseristas denominaron "socialización de la tierra'', no había en realidad nada socialista. Al analizar el programa eserista, Lenin mostró que la conservación de la producción mercantil y la hacienda privada en la tierra común no suprime el dominio del capital, no libra a los campesinos trabajadores de la explotación y la ruina; tampoco pueden ser un medio salvador para los pequeños campesinos las cooperativas en las condiciones del capitalismo, pues sirven para el enriquecimiento de la burguesía rural. Al propio tiempo, Lenin señaló que la reivindicación del usufructo igualitario de la tierra, sin ser socialista, tenía un carácter histórico progresivo democrático-revolucionario por cuanto estaba dirigida contra la reaccionaria propiedad terrateniente.
La heterogeneidad de clase del campesinado originó, en fin de cuentas, la inestabilidad político-ideológica y la dispersión, en el aspecto de organización, del partido de los eseristas y las constantes vacilaciones entre la burguesía liberal y el proletariado.
Después de la victoria de la revolución democrática burguesa de febrero de 1917, en el partido eserista cristalizaron tres grupos: el derechista (encabezado por E. Breshko-Breshkóvskaya y Kerenski), el centrista (encabezado por V. Chernov) y el izquierdista (encabezado por M. Spiridónova). Los eseristas y los mencheviques, junto con los demócratas consthucionalistas, fueron el apoyo principal del Gobierno Provisional contrarrevolucionario burgués-terrateniente. y los líderes derechistas y centristas (Kerenski, Avxéntiev, Chernov) formaron parte de él. El ala izquierda de los eseristas, bajo la influencia de la radicalización del campesinado, formó a fines de noviembre de 1917 el partido independiente de los eseristas de izquierda. Tratando de conservar su influencia en las masas campesinas, los eseristas de izquierda reconocieron formalmente el Poder soviético y concertaron un acuerdo con los bolcheviques, pero, conforme se iba desplegando la lucha de clases en el campo, se fueron pronunciando contra él. Durante la intervención militar extranjera y la guerra civil, los eseristas hicieron labor contrarrevolucionaria de zapa, apoyaron activamente a los intervencionistas y a los generales de los guardias blancos, participaron en los complots contrarrevolucionarios y organizaron actos de terrorismo contra dirigentes del Estado soviético y del Partido Comunista. Terminada la guerra civil, los eseristas siguieron su actividad hostil contra el Estado soviético dentro del país y en el campo de los emigrados blancos.---25
^^5^^ Dnshnaktsutiún (dashnakes): partido contrarrevolucionario nacionalista burgués. 818 Surgió a principios de los años 90 del siglo XIX, defendió los intereses de la burguesía armenia; azuzando la discordia nacional y la hostilidad entre los pueblos, hizo una política de aislamiento nacional de Armenia y procuró distraer a las masas del pueblo armenio del movimiento revolucionario de toda Rusia.
De 1918a 1920, los dashnakes encabezaron el gobierno nacionalista burgués contrarrevolucionario de Armenia, y todos sus actos se redujeron a convertir a Armenia en colonia de los imperialistas extranjeros y en punto de apoyo de los intervencionistas anglo-franceses y de los guardias blancos rusos en la lucha contra el Poder soviético.
El gobierno dashnake fue derrocado en noviembre de 1920 como resultado de una sublevación armada de los trabajadores de Armenia, apoyados por el Ejército Rojo; entonces se puso fin también en Transcaucasia a la organización del "Dashnaktsutiún".---25
^^6^^ Musavatistas (partido del ``Musavat''): partido nacionalista de la burguesía y de los terratenientes de Azerbaidzhán, fundado en 1912. Durante la Revolución de Octubre y la guerra civil fue la principal fuerza contrarrevolucionaria en Azerbaidzhán. Apoyados por los intervencionistas turcos, y más tarde por los ingleses, los musavatistas se mantuvieron en el poder en Azerbaidzhán después de derrocar allí el Poder soviético en 1918. El 28 de abril de 1920, gracias a los esfuerzos mancomunados de los obreros y los campesinos de Azerbaidzhán, así como del Ejército Rojo, que acudió en su ayuda, se derrocó al gobierno musavatista.---26
^^7^^ En la reunión del Soviet de Bakú, celebrada el 25 de julio de 1918, se discutió la situación en Bakú con motivo de la ofensiva de las tropas turcas. Los traidores dashnakes, eseristas y mencheviques, tomando como pretexto la defensa de la ciudad, exigieron que se llamara a los imperialistas ingleses. Rigiéndose por las indicaciones categóricas de Lenin y Sverdlov, hechas en nombre del CEC de toda Rusia y del Consejo de Comisarios del Pueblo, acerca de que el Soviet de Bakú aplicara incondicionalmente una política exterior independiente y luchara enérgicamente contra los agentes del imperialismo extranjero, los bolcheviques se manifestaron contra esa decisión; presentaron un proyecto de resolución, en el que insistían en que se adoptaran medidas inmediatas para la defensa de Bakú con las propias fuerzas. Pero esta propuesta de los bolcheviques fue rechazada por la mayoría dashnako-eserista-menchevique del Soviet, que logró se aprobase el traidor acuerdo de llamar a las tropas inglesas. Al quedar en minoría, los miembros bolcheviques del Consejo de Comisarios del Pueblo de Bakú depusieron sus poderes, tras lo cual el poder pasó de hecho al gobierno contrarrevolucionario, que tomó el nombre de "Dictadura del Caspio Central''. El grupo dirigente de la Comuna de Bakú---los 26 comisarios de Bakú---fue detenido y luego salvajemente fusilado por los intervencionistas ingleses y sus mercenarios eseristas y mencheviques.---27
^^8^^ Partido Demócrata Constitucionalista: partido principal de la burguesía monárquicoliberal en Rusia, fundado en octubre de 1905; integrábanlo representantes de la burguesía, terratenientes de los zemstvos e intelectuales burgueses. Fueron destacadas figuras de los demócratas constitucionalistas (democonstitucionalistas): P. Miliukov, S. Múromtsev, V. Maklakov, A.Shingariov, P. Struve, F. Ródichev y otros. Llamándose a sí mismo partido de la "libertad del pueblo'', los demócratas constitucionalistas aspiraban de hecho a un entendimiento con la autocracia a fin de mantener el zarismo en forma de monarquía constitucional. Después de la revolución de febrero de 1917, como resultado de una confabulación con los 819 dirigentes eserisias v mencheviques del Soviet de Petrogrado, ocuparon los puestos de dirección en el Cobierno Provisional burgués y aplicaron una política antipopular y contrarrevolucionaria al gusto de los imperialistas norteamericanoanglo-franceses. Después de la Gran Revolución Socialista de Octubre, los demócratas constitucionalistas procedieron como enemigos inconciliables del Poder soviético, participaron activamente en todas las acciones contrarrevolucionarias y campañas de los intervencionistas. Emigrados tras la derrota de los intervencionistas y los guardias blancos, los demócratas constitucionalistas no cesaron su actividad antisoviética.---30
^^9^^ Se trata de la sublevación de los guardias blancos en Yaroslavl, que empezó el 6 de julio de 1918. La sublevación estuvo organizada por la contrarrevolucionaria Unión para la defensa de la patria y la libertad, cuyo dirigente era el eserista dederecha B. Sávinkov. La sublevación de Yaroslavl, lo mismo que otras sublevaciones contrarrevolucionarias en la Rusia Soviética de entonces, estuvo preparada por los imperialistas de la Entente, apoyados activamente por los mencheviques y los eseristas. La organización de esta sublevación era parte del plan general de la intervención en Rusia. Kue aplastada el 21 cíe julio de 1918 por destacamentos del Ejército Rojo.---30
^^10^^ Se trata del decreto "Sobre la organización y suministro de los campesinos pobres'', sancionado por el CEC de toda Rusia el 11 de junio de 1918. Kue publicado el 12 de junio de 1918 en hvestia del CEC de toda Rusia, núm. 119. Según este decreto, en el campo se organizaban comités de campesinos pobres. Estos comités debían ocuparse de distribuir el trigo, los artículos de primera necesidad y los aperos; de ayudar a los órganos locales de abastos en la confiscación de los excedentes de trigo que poseían los kulaks y los ricachones. El decreto establecía varios privilegios para los campesinos pobres en la distribución del trigo y los aperos.
Los comités de campesinos pobres eran punto de apoyo de la dictadura del proletariado en el campo. Desempeñaron un papel enorme en la lucha contra los kulaks, en la redistribución de las tierras confiscadas y en el abastecimiento de víveres a los centros obreros y al Ejército Rojo. La organización de los comités de campesinos pobres constituyó una nueva etapa en el desarrollo de la revolución socialista en el campo. Los corniles de campesinos pobres contribuyeron al fortalecimiento del Poder soviético en el campo y tuvieron una importancia política enorme en la lucha por ganar al campesino medio para el Poder soviético.
Por disposición del VI Congreso Extraordinario de los Soviets de toda Rusia (noviembre de 1918), los comités de campesinos pobres, que ya habían cumplido su misión, se fusionaron con los Soviets rurales.---31
^^11^^ Lenin alude al tratado de paz entre la Rusia Soviética y el bloque alemán (Alemania, Austria-Hungría, Turquía y Bulgaria), firmado el 3 de marzo de 1918 en Brest-Litovsk. Las condiciones de la paz eran extraordinariamente duras para la Rusia Soviética. Según estas condiciones debían pasar bajo control alemán Polonia, todas las regiones del Báltico y parte de Bielorrusia.Ucrania se separaba de la República Soviética y se transformaba en un Estado dependiente de Alemania. A Turquía pasaban las ciudades de Kars, Batum y Ardagán. En agosto fie 1918, Alemania impuso a la Rusia Soviética un tratado complementario de cuestiones económicas, según el cual el Estado soviético debía pagar una gran contribución: 1.500.000.000 de rublos en oro y billetes de banco y 1.000.000.000 de rublos en mercancías. Después de la revolución de noviembre de 1918 en Alemania, que derrocó el régimen monárquico,el CEC, de toda Rusia anule') el 1 3 de noviembre el expoliador tratado de Brest.---32
820^^12^^ Por decreto del Consejo de Comisarios del Pueblo, fechado el 28 de junio de 1918, se nacionalizó toda la gran industria. El decreto se promulgó el 30 de junio de 1918 en el periódico Izvestia del CEC de toda Rusia, núm. 134.---32
^^13^^ La "Carla a los obreros norteamericanos" se publicó abreviada en diciembre de 1918 en una de las revistas que editaban los socialistas internacionalistas en Nueva York; luego fue publicada en folleto aparte en forma de impresión de esta revista; se ha reimprimido multitud de veces en la prensa periódica norteamericana y europeooccidental.---38
^^14^^ Lenin cita la expresión de N.Chernyshevski de su reseña al libro de H.Carev Cartas político-económicas al presidente de los Estados í. 'nidos de América: "El camino de la historia no es una acera de la Avenida Nevski; cruza los campos, unas veces polvorientos, otras veces llenos de barro, otras veces pasa a través (le ciénagas, v otras \ec.es por monte bravo. Quien tema cubrirse de polvo y ensuciarse las botas, que no se dedique a actividades sociales".---43
^^15^^ El hombre enfundado: protagonista del relato homónimo del escritor ruso A. Chéjov. Tipo del pequeño burgués de cortos alcances, que teme toda novedad e iniciativa.---44
^^16^^ ``Llamamiento a la Razón" ``(Appeal to Reason''): periódico de los socialistas norteamericanos, fundado en el Estado de Kansas (EE.UU.) en 1895; durante la primera conflagración mundial mantuvo una posición intemacionalista.---45
^^17^^ La reunión conjunta del Comité Ejecutivo Central de toda Rusia, del Soviet de Moscú, de los comités fabriles y de los sindicatos del 22 de octubre de 1918 se celebró en la Sala de las Columnas de la Casa de los Sindicatos. Se reunió para examinar la situación internacional y la convocatoria del VI Congreso Extraordinario de los Soviets de toda Rusia. Lenin presentó un informe sobre la situación internacional. La resolución, publicada con motivo del informe de Lenin sobre la situación internacional, se aprobó en esta sesión v luego fue sancionada con modificaciones insignificantes por el VI Congreso de los Soviets.---51
^^18^^ Lenin cita la cana de Pitirhn Sorokin según el periódico Pravda, núm. 251, del 20 de noviembre de 1918, en el que se indita erróneamente que la fuente de la cita es Izvestia Sévero-Dvínskogo Ispolnítelnogo Komileta ``(Izvestia del Comité Ejecutivo del Dvina Septentrional''). En realidad, la carta se publicó en el periódico del Comité Ejecutivo de la provincia del Ovina Septentrional Krestianskie v Rabochif Diinn ``(Pensamientos de los campesinos y los obreros''), núm. 75, del 29 (le octubre de 1<)18.---53
^^19^^ El VI Congreso Extraordinario de toda Rusia de los Soviets de diputados obreros, campesinos, cosacos y soldados rojos se celebró en Moscú del 6 al 9 de noviembre de 1918. Asistieron 1.296 delegados, de ellos 1.260 comunistas. El orden del día era: el aniversario de la Revolución de Octubre, la situación internacional y la edificación del Poder soviético. Lenin pronunció un discurso sobre el aniversario de la Revolución Socialista de Octubre y un informe sobre la situación internacional. El congreso sancionó unánimemente una resolución escrita por Lenin v aprobada el 22 de octubre de 1918 en la reunión conjunta del CEC de loda Rusia, del Soviet de Moscú, de los comités fabriles y de los sindicatos (véase el presente volumen, págs. 5 1-52). Aprobó un mensaje a los gobiernos que hadan la 821 guerra a la Rusia Soviética, proponiéndoles empezar conversaciones para concertar la paz, así como resoluciones acerca de las leyes revolucionarias y la reorganización de los comités de campesinos pobres.---59
^^20^^ Lenin alude a la resolución aprobada por el Congreso Extraordinario de los Accionistas del Banco Popular de Moscú el 16 de noviembre de 1918 contra la nacionalización de este banco. El Banco Popular de Moscú fue nacionalizado el 2 de diciembre del mismo año.---59
^^21^^ ``Sotsial-Demokrat": órgano central del POSDR, periódico ilegal; se publicó desde febrero de 1908 hasta enero de 1917; aparecieron 58 números. El primer número se editó en Rusia y los siguientes en el extranjero, primero en París y más tarde en Ginebra. En Sotsial-Demokrat aparecieron más de 80 artículos y sueltos de Lenin. A partir de diciembre de 1911 lo redactó Lenin. El último número de este periódico vio la luz el 31 de enero de 1917.---63
^^22^^ `` Kommunist": revista editada en Cinebra el año 1915 por la Redacción del periódico Sotsial-Demokrat juntamente con C. Piatakov y E. Bosh. Apareció un número (doble), en el que se publicaron tres artículos de Lenin: La bancarrota de la II Internacional, La voz honrada de un socialista francés y El imperialismo y el socialismo en Italia (véase Obras Completas, 5a1 ed. en ruso, t. 26, págs. 209--265; t. 27, págs. 5-13, 14--23).
Lenin luchó dentro de la Redacción de la revista contra el grupo oportunista de Bujarin y Piatakov, desenmascaró sus concepciones antibolcheviques y sus intentos de utilizar la revista con fines fraccionarios. En vista de la posición antipartido de este grupo, Lenin propuso a la Redacción del periódico Sotsial-Demokral que rompiera las relaciones con él y cesara la edición conjunta de la revista. Desde octubre de 1916, la Redacción del periódico Sotsial-Demokrat empezó a publicar Sbórnik Sotsial-Demokrata ``(Compilación del Socialdemócrata'').---63
^^23^^ Se alude al folleto "El socialismo y la guerra" (véase Obras Completas, 5a ed. en ruso, t. 26, págs. 307--350); fue editado en septiembre de 1915 en ruso y alemán y repartido a los delegados de la Conferencia socialista de Zimmerwald. En francés se publicó en 1916.---63
^^24^^ Manifiesto de Basilea: manifiesto sobre la guerra, adoptado unánimemente por el Congreso Extraordinario de la II Internacional, celebrado en Basilea (Suiza) del 24 al 25 de noviembre de 1912. Señalábanse en él los fines bandidescos de la guerra que preparaban los imperialistas y se exhortaba a los obreros de todos los países a que lucharan enérgicamente contra la guerra. El Manifiesto de Basilea repitió los postulados de la resolución del Congreso de Stuttgart de la II Internacional, celebrado en 1907, propuestos por Lenin y R. Luxemburgo, acerca de que en caso de desencadenamiento de la guerra imperialista, los socialistas debían aprovechar la crisis económica y política, originada por la contienda, para preparar la revolución socialista.
Los líderes de la II Internacional, Kautsky, Vandervelde y otros, que votaron por la aprobación de este manifiesto, al estallar en 1914 la guerra mundial lo dieron al olvido y se colocaron al lado de sus gobiernos imperialistas.---64
^^25^^ Véase C. Marx. Crítica del Programa de Golha (C. Marx y E. Engels. Obras escogidas en dos tomos, ed. en español, t. II, pág. 25, Moscú, 1966).---67
^^26^^ Véase la carta de F. Engels a A. Bebel del 18--28 de marzo de 1875.
Más adelante, en las págs. 95, 668 del presente volumen, Lenin vuelve a citar esta carta de Engels.---70
822^^27^^ Esta idea la expuso F. Engels en su Introducción a la obra de C. Marx La fierra civil en Francia (véase C. Marx y F. Engels. Obras Escogidasen dos tomos, ed. en español, t. I, pág. 468, Moscú, 1966).---72
^^28^^ Lenin cita el articulo de F. Engels De la autoridad (véase C. Marx y F. Engels. Obras Escogidas en dos tomos, ed. en español, t. I, pág. 627).---73
^^29^^ Véase la carta de C.Marx a L. Kugelmann del 12 de abril de 1871 (C.Marx y F. Engels. Obras Escogidas en dos tomos, t. II, pág. 467), C. Marx. La guerra civil en Francia (C. Marx y F. Engels. Obras Escogidasen dos tomos, t. I, págs. 504, 509--510) y la Introducción de F.Engels al trabajo de C.Marx La guerra civil en Francia (Ibídem, pág. 470).---73
^^30^^ Véase C. Marx y F. Engels. Obras Escogidasen dos tomos, ed. en español, t. I, pág. 13.---73
^^31^^ El 4 de agosto de 1914, la minoría socialdemócrata del Reichstag alemán votó a favor de la concesión de créditos de guerra al Gobierno de Guillermo II.---73
~^^32^^ Véase F. Engels. El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado (C. Marx y F. Engels. Obras Escogidasen dos tomos, ed. en español, t. II, pág. 320).---75
^^33^^ C.Marx, y F. Engels. Obras Escogidasen dos lomos, ed. en español, t. II, pág. 34.---75
^^34^^ Véase C. Marx. La guerra civil en Francia (C. Marx y F. Engels. Obras Escogidas en dos tomos, ed. en español, t. I, pág. 472).---75
^^35^^ Véase F. Engels. El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado (C. Marx y F. Engels. Obras Escogidasen dos tomos, ed. en español, t. II, pág. 322).---75
^^36^^ Véase C. Marx y F. Engels. Obras Escogidasen dos tomos, ed. en español, t. I, págs. 507, 509.---76
^^37^^ Whigs y tories": partidos políticos ingleses fundados en los años 70--80 del siglo XVII. El partido de los whigs expresaba los intereses de los medios financieros y la burguesía mercantil, así como de parte de la aristocracia aburguesada. Los whigs organizaron el Partido Liberal. El partido de los lories representaba a los grandes terratenientes y a la cúspide del clero de la Iglesia anglicana, defendía las tradiciones del pasado leuda! y combatía las reivindicaciones liberales y progresistas; posteriormente creó el Partido Conservador. Los partidos de los whigs y los lories se alternaron sucesivamente en el poder.---76
^^38^^ Caso Dreyfus: proceso provocador urdido en 1894 por los círculos reaccionarios monárquicos de la camarilla militar francesa contra el hebreo Dreyfus, oficial del Estado Mayor Central, acusado falsamente de espionaje y alta traición. Dreyfus fue condenado en Consejo de Guerra a cadena perpetua. La campaña pública desplegada en Francia en pro de la revisión de la causa de Dreyfus transcurrió en medio de una encarnizada lucha entre republicanos y monárquicos y condujo en definitiva a la rehabilitación de Dreyfus en el año de 1906.
Lenin llamó al caso Dreyfus "una de las infinitas infamias de la camarilla militar reaccionaria".---77
823^^39^^ Se alude a la sangrienta represión, desencadenada por la burguesía inglesa, de la sublevación irlandesa de 1916 conlra la esclavización de Irlanda por Inglalerra. "En Europa... se ha levanlado Irlanda, a la que han pacificado a fuerza cíe ejecuciones los ingleses, « amantes de la libertad »'', escribió Lenin en 1916 (véase Obras Completas, 5a ed. en ruso, t. 30, pág. 52).
UIster: región septentrional de Irlanda, poblada en su mayor parte por ingleses; la gran burguesía contrarrevolucionaria y los terratenienles de UIster sostuvieron cruenta lucha contra el movimiento de liberación nacional irlandés.---77
^^40^^ Lenin cita el artículo de C.Marx Indiferentismo político.---82
^^41^^ Se c it.i el artículo de F. Engels De la mttoridntl (véase C. Marx y F. Engels. Obras Escogidas en dos lomos, ed. en español, t. I, pág. 627).---82
^^42^^ Lenin cita la carta de F. Engels a A. Bebel del 18--28 de mar/.o de 1875.---82
^^43^^ Véase ``(..Marx y F. Engels. Obras Escogidas en dos tomos, ed. en español, t. I, pág. 38.---90
^^44^^ Lenin alude a la Introducción de F. Engels al trabajo de C. Marx La guerra civil en Francia (véase C. Marx y F. Engels. Obras Escogidas en dos tornos, ed. en español, t. I. págs. 471--472).---90
^^45^^ El folleto de Lenin "Los partidos políticos en Rusia y las tareas del proletariado "(véase Obras Completas, 5a ed. en ruso, t. 31, págs. 191--206) se publicó en inglés en el periódico The New York Evening Post ``( El Correo Vespertino de Nueva York '') el 15 de enero de 1918 y, además, se editó en folleto aparte en Nueva York.
`` The New York Evening Post" : periódico burgués norteamericano, fundado en 1801. Durante varios años fue órgano de la burguesía de tendencia liberal. Más tarde lo compró la compañía J. Pierpont Morgan y pasó a ser órgano de los medios imperialistas más reaccionarios de EE. UU. Actualmente aparece con el título de The New York Post ``(El Correo de Nueva York'').---94
^^46^^ Lenin alude a la resolución Sobre la revisión del Programa del Partido, adoptada por la VII Conferencia de toda Rusia (de Abril) del POSDR, celebrada en Petrogrado del 24 al 29 cíe abril (7-12 de mayo) de 1917 (véase la presente edición, t. 2, pág. 118--119).---94
^^47^^ La Conferencia Democrática de toda Rusia se celebró en Petrogrado del 14 al 22 de septiembre (del 27 de septiembre al 5 de octubre) de 1917. Fue convocada por los mencheviques y los eseristas con el fin de debilitar el creciente ascenso revolucionario. Participaron en ella representantes de los partidos pequeñoburgueses, de los Soviets conciliadores, de los sindicatos, de los zemstvos, de los medios industriales y mercantiles y de las unidades militares. Los bolcheviques tomaron parte con objeto de desenmascarar los propósitos de los mencheviques y los eseristas. La Conferencia Democrática eligió el Anteparlamento (Consejo Provisional de la república), mediante el cual los mencheviques y los eseristas pretendían detener la revolución y encauzar el país por la vía del parlamentarismo burgués.
A propuesta de Lenin, el CC del partido tomó la decisión de que los bolcheviques abandonasen el Anteparlamento; sólo los capituladorcs Káinenev. Rykov y Riazánov, que se pronunciaron comía el rumbo del paitido ,i la revolución socialisla, abogaron por la participación en el Anteparlamento Los 824 bolcheviques denunciaron la actividad traidora del Anteparlamento, preparando ;i las masas para la sublevación armada.---98
^^48^^ El Primer Congreso de toda Rusia de los Soviets de diputados obreros y soldados se celebró en Petrogrado del 3 al 24 de junio (del 16 de junio al 7 de julio) de 1917. Asistieron más de mil delegados. Los bolcheviques, que constituían a la sazón la minoría en los Soviets, tenían 105 delegados. Constituían la mayoría los eseristas y los mencheviques. En el orden del día figuraban las cuestiones: actitud ante el Gobierno Provisional, la guerra, la preparación para la Asamblea Constituyente y otras. Lenin pronunció un discurso sobre la actitud con el CobiernoProvisional el 4(17) de junio (véase la presente edición, t. 2, págs. 167--177) y otro sobre la guerra el 9 (22) de junio de 1917 (véase Obras Completas, 5a ed. en ruso, t. 32, págs. 277--291). Los bolcheviques presentaron resoluciones relativas a todas las cuestiones fundamentales. Denunciaron el carácter imperialista de la guerra, lo funesto del entendimiento con la burguesía y exigieron el paso del poder a manos de los Soviets. En sus resoluciones, el congreso adoptó la posición de apoyar al Gobierno Provisional, aprobó la ofensiva que éste preparaba de las tropas rusas en el frente y se pronunció contra el paso del poder a los Soviets.---98
^^49^^ El Segundo Congreso de toda Rusia de los Soviets de diputados obreros y soldados inauguró sus sesiones el 25 de octubre (7 de noviembre) de 1917a las 10,45 h. de la noche en el Smolny. De los 649 delegados, 390 eran bolcheviques. Estuvieron representados 318 Soviets de provincias. Acudieron con mandatos bolcheviques delegados de 241 Soviets. Los mencheviques, los eseristas de derecha y los del Bund abandonaron el congreso, tras su apertura, habiendo renunciado a reconocer la revolución socialista. El congreso de los Soviets adoptó el llamamiento, escrito por Lenin, ¡A los obreros, a los soldados, a los campesinos! (véase la presente edición, t. 2, págs. 479--480) declarando que todo el poder pasaba a las manos de los Soviets. Lenin pronunció en el congreso los informes sobre la paz y la tierra.
El II Congreso de los Soviets adoptó los decretos leninistas sobre la paz y la tierra y formó el primer Gobierno soviético: el Consejo de Comisarios del Pueblo. Lenin fue elegido presidente del mismo. El congreso eligió el CEC de toda Rusia, compuesto por 101 personas, de las cuales 62 eran bolcheviques y 29 eseristas de izquierda. El congreso se clausuró a las 5,15 h. de la mañana del 27 de octubre (9 de noviembre) de 1917.---98
^^50^^ El Tercer Congreso de toda Rusia de los Soviets di > liputados obreros, soldados y campesinos se inauguró el 10 (23) de enero de 1918. Estuvieron representados 317 Soviets de diputados obreros, soldados y campesinos y 110 comités de ejércitos, cuerpos de ejército y divisiones. Asistieron en total 707 delegados. Tres días después se adhirieron a él los representantes de más de 250 Soviets de diputados campesinos, participantes en el III Congreso de toda Rusia de los Soviets de diputados campesinos, que se inauguró el 13 (26) de enero del mismo año. 441 delegados al congreso eran bolcheviques. Sverdlov presentó el informe del CEC de toda Rusia. Lenin presentó un informe sobre la gestión del Consejo de Comisarios del Pueblo, el discurso de resumen del informe y pronunció un discurso ante la clausura del congreso. A propuesta de la minoría de los bolcheviques, el congreso adoptó una resolución aprobando íntegramente la política del CEC de toda Rusia y del Consejo de Comisarios del Pueblo.
El 12 (25) de enero de 1918, el congreso aprobó la Declaración de los derechos del pueblo trabajador y explotado, escrita por Lenin.
Durante las sesiones del congreso, el número de delegados fue aumentando sin cesar; a la última sesión asistieron 1.587 delegados con voz y voto. El congreso eligió el CEC de toda Rusia, integrado por 306 personas. Cesó sus labores el 18 (31) de enero de 1918.---98
825^^51^^ Petrushka: criado siervo, personaje de la obra de N.Gógol Almas muertas', leía libros silabeando, sin penetrar en su contenido, y le interesaba únicamente el proceso mecánico de la lectura.---100
^^52^^ Judas Golovliov: personaje de la obra de M. Saltykov-Schedrín Los señores Golovliov. El escritor reflejó en la imagen de Judas la disgregación espiritual y física de la clase de los terratenientes partidarios del régimen de la servidumbre, clase condenada a desaparecer, el parasitismo, la rapacidad, la santurronería, la hipocresía infinita y la traición.---103
^^53^^ En la resolución adoptada por el CEC de toda Rusia el 14 de junio de 1918 se indicaba que los mencheviques y los eseristas de derecha, a pesar de la angustiosa situación de la República Soviética, luchaban contra ella con todos los medios, recurriendo hasta a la insurrección armada ; por eso, se decía en la resolución, "es absolutamente intolerable" la presencia en los Soviets de partidos "que aspiran a desacreditar y derrocar el Poder de los Soviets".
La resolución fue aprobada por la inmensa mayoría de los votos. Los mencheviques y los eseristas de derecha fueron expulsados de todos los Soviets locales, y sus órganos de prensa suspendidos.---103
^^54^^ Los Liberdán: irónico sobrenombre dado a los líderes mencheviques Líber y Dan y a sus partidarios después de que en el núm. 141 del periódico bolchevique moscovita Sotsial-Demokrat, del 25 de agosto (7 de septiembre) de 1917, apareció un folletín de D. Bedni titulado Liberdán.---103
^^55^^ Mencheviques ``activistas'': la corriente más derechista'del partido menchevique, que reconocía y aplicaba de hecho los métodos de la lucha armada contra el Poder soviético. Los líderes de esta corriente eran Líber, Potrésov, Kolokólnikov y otros. Los ``activistas'' participaron en acciones contrarrevolucionarias y en el terror blanco, se apoyaban en la ayuda militar y financiera de los intervencionistas.---103
^^56^^ Lenin alude al discurso de A. Bebel, pronunciado el 19 de octubre de 1891 en el Congreso de Magdeburgo de la socialdemocracia alemana.---104
^^57^^ ``Gaceta de Francfort" ``(Frankfurter Zeitung''): periódico burgués alemán, se editó en Francfort del Meno de 1856 a 1943.---105
^^58^^ `` Vorwiirts" (``Adelante''): diario, órgano central del Partido Socialdemócrata de Alemania: apareció en Berlín desde 1891 por disposición del Congreso de Halle como continuación del periódico Berliner Volksblatt ``(Hoja popular de Berlín''), que se publicó desde 1884 con el título de Vorwiirts. Berliner Volksblatt. F. Engels ludió en sus páginas contra toda manifestación cíe oportunismo. Desde la segunda mitad de la década del 90, después de la muerte de I.ngels, la Redacción de Vorwiirts quedó en manos del ala derecha del partido y publicó regularmente artículos de los oportunistas.
Durante la guerra mundial imperialista (1914--1918), Vorwarts mantuvo una posición socialchovinista; después de la Gran Revolución Socialista de Octubre hizo propaganda antisoviética.---105
^^59^^ Lenin alude a la Primera Conferencia Socialista Internacional, celebrada en /immerwald (Suiza) del 5 al 8 de septiembre (nuevo calendario) de 1915. En la conferencia se desplegó una lucha entre los intemacionalistas revolucionarios, encabezados por Lenin, y la mayoría kautskiana. Lenin formó con los intemacionalistas de i/quierda el grupo izquierdista de Zimmerwald, en el que sólo el partido de los bolcheviques mantuvo la única posición justa y consecuentemente internacionalista hasta el fin contra la guerra.
28--73
826La conferencia aprobó un manifiesto, en el que se reconocía que la guerra era imperialista; condenaba la conducta de los ``socialistas'' que habían votado en pro de los créditos de guerra y colaborado en los gobiernos burgueses; exhortaba a los obreros de Europa a desplegar la lucha contra la guerra y por la paz sin anexiones ni contribuciones.
La conferencia adoptó también una moción de simpatía a las víctimas de la guerra y eligió la Comisión Socialista Internacional (ISK).
Sobre la importancia de la Conferencia de Zimmerwald véanse los artículos de Lenin El primer paso y Los marxislas revolucionario!, en la Conferencia Socialista Internacional del 5 al 8 de septiembre de 1915 (véase Obras Completas, 5a ed. en ruso, t. 27, págs. 37--42 y 43--47).---107
~^^60^^ Lenin cita la Introducción de F. Engels al trabajo de C. Marx La guerra civil en Francia (véase C. Marx y F. Engels. Obras Escogidas en dos tomos, ed. en español, t. I, pág. 462).---110
~^^61^^ Véase C. Marx. La guerra civil en Francia (C. Marx y F. Engels. Obras Escogidas en dos tomos, ed. en español, t. I, pág. 507).---110
^^62^^ Espartaquistas: socialdemócratas alemanes de izquierda, miembros de la Liga Espartaco, fundada durante la primera guerra mundial. La encabezaron C. Liebknecht, R. Luxemburgo, F. Mehring, C. Zetkin y otros. Los espartaquistas realizaron propaganda revolucionaria entre las masas contra la guerra imperialista, denunciaron la política anexionista del imperialismo alemán y la traición de los líderes de la socialdemocracia. Pero mantuvieron una posición errónea en algunas cuestiones teóricas y políticas importantísimas: subestimaban el papel dirigente del partido proletario en la lucha de la clase obrera, temían la escisión con los oportunistas, no comprendían la necesidad de la alianza de la clase obrera y los campesinos ni la importancia de los movimientos de liberación nacional, se pronunciaban contra el principio de la autodeterminación de las naciones hasta la separación y formación de Estados independientes. En abril de 1917 entraron en el Partido Socialdemócrata Independiente de Alemania, de carácter centrista, manteniendo dentro de él su independencia orgánica. Después de la revolución de noviembre de 1918 en Alemania, los espartaquistas rompieron con los " independientes'', y en diciembre del mismo año, fundaron el Partido Comunista de Alemania.---115
~^^63^^ Lenin alude al artículo de C. Marx La burguesía y la contrarrevolución (véase C. Marx y F. Engels. Obras Escogidasen dos tomos, ed. en español, t. I, págs. 51--55).---119
~^^64^^ El desgajamiento de dos nuevos partidos del partido eserista de izquierda---el de los "comunistas populistas" y el del "comunismo revolucionario"---se produjo después del asesinato provocador, perpetrado por los eseristas de izquierda, del embajador alemán Mirbach y a raíz del motín de los eseristas de izquierda los días 6 y 7 de julio de 1918. Los "comunistas populistas" condenaron la actividad antisoviética de los eseristas de izquierda y constituyeron su partido en la conferencia celebrada en septiembre de 1918. En noviembre del mismo año, el congreso del partido de los "comunistas populistas" acordó la disolución de éste y su fusión con el PC(b) de Rusia.
El "Partido del comunismo revolucionario" se formó en septiembre de 1918. En los acuerdos del Primer Congreso, celebrado el 25 de septiembre, se decía que el nuevo partido seguía siendo populista por su ideología y programa, pero adoptaba la política de "colaboración real y sincera con los bolcheviques''. Integraban el CC de este partido: A. Alexándrov, M. Dobrojótov, A. Kolegáev y otros. El "Partido del comunismo revolucionario" subsistió como pequeño grupo 827 hasta 1920. El VI Congreso de este partido, celebrado en septiembre de 1920, acordó ingresar en el PC(b) de Rusia. En octubre del mismo año, el CC del PC(b) de Rusia autorizó a sus organizaciones a admitir en su seno a los antiguos miembros del partido de los "comunistas revolucionarios".---120
^^65^^ Véase la carta de C. Marx a L. Kugelmann del 12 de abril de 1871.__123
^^66^^ Lenin se refiere a varios levantamientos contrarrevolucionarios de los kulaks en julio de 1918 organizados por los eseristas y guardias blancos con recursos y siguiendo las indicaciones de los imperialistas anglo-franco-- norteamericanos.---125
^^67^^ Blanquisrno: corriente del movimiento socialista francés, encabezada por el insigne revolucionario y eminente representante del comunismo utópico francés Luis Augusto Blanqui (1805--1881).
Los blanquistas, según escribió Lenin, esperaban que "la humanidad se libraría de la esclavitud asalariada no por medio de la lucha de clase del proletariado, sino por medio de un complot de una pequeña minoría de intelectuales" (Obras Completas, 5a ed. en ruso, t. 13, pág. 76). Al sustituir la actividad de un partido revolucionario con las acciones de un grupo secreto de confabulados, no tenían en cuenta la situación concreta necesaria para la victoria de la sublevación y desdeñaban los vínculos con las masas.---126
^^68^^ Lenin alude al proyecto de ley eserista presentado por el ministro de Agricultura S. Máslov al Gobierno Provisional unos días antes de la Revolución Socialista de Octubre. El proyecto estipulaba la formación . de un fondo especial de arrendamiento, adjunto a los comités rurales, al que se hiciera entrega de las tierras de monasterios y de realengo. La propiedad de los terratenientes se conservaba. Los terratenientes entregaban a este fondo provisional únicamente las tierras que antes arrendaban, con la particularidad de que los campesinos debían pagarles a ellos la renta.
Las detenciones de miembros de comités agrarios durante la revolución democrática burguesa de febrero se llevaron a efecto por el Gobierno Provisional en respuesta a las insurrecciones campesinas y a la ocupación de fincas de los terratenientes por los campesinos.---127
^^69^^ Véase C. Marx. Teorías de la plusvalía (IV tomo de El Capital), parte II.---134
^^70^^ Buró Socialista Internacional (BSI): órgano ejecutivo de la II Internacional; se fundó por acuerdo del Congreso de París del año 1900.---139
^^71^^ Véase la carta de F. Engels a A. Behel del 18--28 de marzo de 1875.---143
^^72^^ Se alude al libro de M. Ostrogorski La Démocratie el les l'artis Politiques; la primera edición apareció en 1903; la segunda, corregida, en 1912.---144
^^73^^ El I Congreso de la Internacional Comunista se celebró del 2 al 6 de marzo de 1919 cu Moscú.
Fue precedido por una inmensa labor preparatoria bajo la dirección de Lenin. Siguiendo las indicaciones de Lenin y con su participación se redactó el mensaje Al Primer Congreso de la Internacional Comunista, en el que se expusieron los principios de la nueva Internacional. En enero de 1919 se celebró en Moscú una conferencia de representantes de varios partidos y grupos comunistas y socialistas. Fu esta conferencia participaron representantes del CC del PC(b) de Rusia encabezados por Leuin. Se acordó dirigirse a 39 organizaciones, exhortándolas a que empezasen a "estudiar la cuestión de la convocatoria del Congreso 828 Comunista Internacional''. Kl mensaje Al Primer Congreso de la Internacional Comunista se publicó el 24 de enero de 1919, apareciendo simultáneamente en Pravda la Carta a los obreros de Europa v América, en la <|ne Lenin desenmascaraba a los socialtraidores y llamaba a los proletarios a que se uniesen para luchar contra el imperialismo (véase Obras Completas, 5a~ed. en ruso, t. 37, págs. 454-4(52). I.a víspera de la apertura del congreso se celebró, bajo la dirección de Lenin, una reunión de representantes de varias delegaciones, en la que se trazó el orden del día previo, informantes y la composición de las comisiones. Se a< ordo inaugurar el congreso como una conferencia y, durante su labor, estudiar si se constituiría la III Internacional.
Asistieron al congreso 52 delegados de partidos comunistas y partidos, grupos y organizaciones socialistas de izquierda de 30 países, 34 de ellos con voz y voto y 18 con voz, pero sin voto. Integraban la delegación del PC(b) de Rusia I.enin, Vorovski, Ohicherin y otros.
Inauguró el congreso Lenin. Tras los informes de las delegaciones se examinó y aprobó la plataforma de la Internacional Comunista. La cuestión fundamental del orden del día del congreso fue la relativa a la democracia burguesa y a la dictadura del proletariado. Lenin presente') su informe sobre esta cuestión el 4 de marzo de 1919. El congreso aprobó unánime las tesis de Lenin, entregándolas al Buró del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista para que se dilundieran por todos los países, y aprobó la resolución adicional a las tesis, propuesta por Lenin (véase Obras Completas, 5a~ed. en ruso, t. 37, pág. 510). Kste mismo día, el congreso acordó constituir la III Internacional, la Internacional Comunista. A propuesta de Lenin se aprobó por unanimidad un acuerdo, según el cual se disolvía la agrupación de Zimmerwald. El I Congreso de la Internacional Comunista adoptó el Manifiesto a los proletarios de todo el mundo y diversas resoluciones y acuerdos. Decidió crear dos organismos dirigentes: el Comité Ejecutivo y un Buró de cinco miembros elegido por él.
La Internacional Comunista existió hasta 1943, cuando el Presidium del ``(omite Ejecutivo de la misma acorde'), con la aprobación de todos los partidos comunistas, disolverla en virtud del cambio operado en la situación y de la imposibilidad de dirigir el movimiento comunista internacional desde un centro El alcance histórico de la Internacional Comunista estriba en que restableció y reforzó los vínculos entre los trabajadores de diversos países, elaboró cuestiones teóricas del movimiento obrero en las nuevas condiciones que se formaron después de la primera guerra mundial, estableció principios comunes ele propaganda y agitación de las ideas del comunismo y defendió la doctrina marxista-leninista contra su envilecimiento y tergiversación por los oportunistas. Con ello se crearon las condiciones para que los ¡('¡venes partidos comunistas se convirtiesen en partidos obreros de masas.---145
^^74^^ Se alude a la Conferencia de los partidos socialchovinistas y centristas que se celebre') en Berna del 3 al 10 de febrero de 1919 y fue una tentativa de restablecer la II Internacional. La conferencia aprobé') una resolución dirigida contra la idea de la dictadura del proletariado, el bolchevismo y la revolución socialista en Rusia. La Internacional de Berna, según definición de Lenin, fue una organización de "agentes del imperialismo internacional, que actuaban dentro Ac\ movimiento obrero y llevaban a su seno la influencia burguesa" (véase Ohras Completas, 5d ed. en ruso, t. 39, pág. 99).---145
^^75^^ Véase la Introducción de E. Engels al trabajo de C. Marx I.a guerra civil en Francia (C. Marx y F. Engels. Obras Escogidas en dos tomos, ed. en español, t. I, pág. 472).---146
^^76^^ Véase C. Marx. La guerra civil en Francia (C. Marx v F. Engels. Obras Escogidas en dos tomos, ed. en español, t. I, pág. 509).---147
829^^77^^ ShopSlewardsCommittees (comités de delegados de fábrica): organizaciones obreras elegibles que existieron en Inglaterra en muchas industrias a partir de la primera guerra mundial. En contraposición a las conciliadoras tradeuniones, que aplicaban una política de paz civil y renuncia a la lucha huelguística, estos comités se dedicaron a la defensa de los intereses y reivindicaciones de las masas obreras, dirigieron las huelgas de los obreros e hicieron propaganda contra la guerra. Los delegados se agrupaban en comités de fábrica, de distrito y locales. En 1916 se constituyó la Organización Nacional de los delegados de taller y comités obreros. Después de la Gran Revolución Socialista de Octubre, en el período de la intervención militar extranjera contra el Poder soviético, los comités de delegados de fábrica intervinieron enérgicamente en apoyo de la Rusia Soviética. Varios dirigentes de los comités de delegados de fábrica (W. Callacher y otros) ingresaron en el Partido Comunista de Inglaterra.---152
^^78^^ ``Die Freiheit" ``(La Libertad''): diario, órgano del Partido Socialdemócrata Independiente de Alemania; apareció en Berlín desde noviembre de 1918 hasta octubre de 1922.---153
^^79^^ Se refiere al Partido Socialdemócrata Independiente de Alemania, partido centrista fundado en abril de 1917.
Se escindió en octubre de 1920 en su Congreso de Halle. Una parte considerable del partido se fusionó en diciembre del mismo año con el Partido Comunista de Alemania. Los elementos derechistas formaron un partido aparte, adoptando la vieja denominación de Partido Socialejemócrata Independiente. En 1922, los ``independientes'' volvieron a ingresar en el Partido Socialdemócrata Alemán.---153
^^80^^ Lenin alude al acuerdo del VII Congreso del PC(b) de Rusia sobre el cambio de la denominación del partido y del programa del mismo (véase Obras Completas, 5"* ed. en ruso, t. 36, págs. 58--59).---155
^^81^^ __MISSING__ First word. Pechátnikov" ``(La Gaceta de los Tipógrafos''): publicación del sindicato de los obreros tipógrafos de Moscú, bajo la influencia de los mencheviques a la sazón; el periódico empezó a publicarse el 8 de diciembre de 191 8 y se clausuró en marzo de 1919 por hacer propaganda antisoviética.---156
^^82^^ ``Die Rote Patine" ``(La Bandera Roja''): diario fundado por C. Liebknecht y R. Luxemburgo como órgano central de la Liga Espartaco; más tarde fue el órgano central del Partido Comunista de Alemania. Apareció desde el 9 de noviembre de 1918 en Berlín; fue objeto de reiteradas represalias y suspensiones por parte del Gobierno Scheidemann-Noske. Suspendido al llegar Hitler al poder en 1933, siguió editándose ilegalmente. En 1935, la edición del periódico fue montada en Praga (Checoslovaquia); desde octubre de 1936 hasta el otoño de 1939, Die Rote Eahne se imprimió en Bruselas.
Lenin alude al artículo de R. Luxemburgo Der Anfang ``(El comienzo''), publicado en el núm. 3 del periódico Die Rote Fahni del 18 de noviembre de 1918.---158
^^83^^ El VIII Congreso del PC(b) de Rusia se reunió en Moscú del 18 al 23 de marzo de 1919. Asistieron 301 delegados con voz y voto, en representación de 313.766 miembros del partido, y 102 delegados con voz, pero sin voto. Lo inauguró Lenin con un breve discurso de apertura. El orden del día del congreso constaba del informe de balance del Comité Central, el Programa del PC(b) de Rusia, la 830 fundación de la Internacional Comunista, la situación y la polílira militares, el trabajo en el campo, cuestiones de organización y otras.
El informe de balance del CC y los informes sobre el programa del partido y el trabajo en el campo los presentó I.enin.
En la resolución sobre el informe de balance del CC del PC(b) de Rusia, el congreso expresó "su completa aprobación de la gestión política del Comité Central".
El congreso aprobó un nuevo programa del partido redactado por Lenin. Al examinar el programa, el congreso rechazó las concepciones antibolcheviques de Bujarin, que propuso excluir del programa la característica del capitalismo premonopolista y de la pequeña producción mercantil. Las opiniones de Bujarin implicaban la negación menchevique-trotskista del papel del campesino medio en la edificación del socialismo. Al propio tiempo, Bujarin velaba el hecho del surgimiento y crecimiento de elementos kulaks que brotaran de la pequeña economía mercantil. El congreso rechazó también las opiniones antibolcheviques de Bujarin y Piatakov sobre el problema nacional, los cuales se pronunciaron contra el punto del derecho de las naciones a la autodeterminación y, por tanto, contra la igualdad de derechos de las naciones. El programa aprobado por el VIII Congreso del PC(b) de Rusia definía las tareas del Partido Comunista para todo el período de transición del capitalismo al socialismo.
Con relación al informe de Lenin sobre el trabajo en el campo, el congreso adoptó una resolución sobre el paso de la política de neutralización de los campesinos medios a la de sólida alianza con ellos, apoyándose en los campesinos pobres para la lucha contra los kulaks, conservando el proletariado en esta alianza el papel dirigente. El acuerdo del congreso sobre la alianza con los campesinos medios tuvo inmensa importancia para unir a todos los trabajadores para la lucha contra los intervencionistas y los guardias blancos, por la edificación del socialismo.
Con respecto a la cuestión militar, el congreso tomó un acuerdo orientado a reforzar el Ejército Rojo regular, mantener en él una disciplina férrea, remarcando especialmente el papel del núcleo proletario en el ejército, el papel de los comisarios y las células de partido en la educación política e instrucción militar en el Ejército Rojo. El congreso señaló la necesidad de utilizar a los viejos militares y aprovechar los mejores adelantos de la ciencia militar burguesa. Decline') enérgicamente las propuestas de la llamada "oposición militar'', que se pronuncie') en el congreso contra la formación del Ejército Rojo regular y abogó en defensa de las supervivencias del espíritu de guerrillas en el ejército. Al mismo tiempo, el congreso condenó los actos antipartido de Trotski en la dirección del Departamento de Guerra y exigió que se mejorase la labor de las instituciones militares centrales.
El congreso tome') un acuerdo sobre la organización del partido y la administración pública soviética y replicó al grupo oportunista de Saprónov y Osinski, que negaba el papel dirigente del partido en la labor de los Soviets.
Dada la inmensa afluencia de nuevos miembros al partido, el congreso dispuso realizar una revisión general de los afiliados y mejorar su composición social.
El congreso eligió un CC integrado por: V. I. Lenin, F. E. Dzerzhinski, M. I. Kalinin, E. D. Stásova y otros. Artiom (F. A. Serguéiev), M. F. Vladímirski, E. M. Yaroslavski y otros fueron elegidos miembros suplentes del CC.---161
^^84^^ La cuestión del programa del partido se examinó en la segunda y tercera sesiones del congreso. Preparó el proyecto del nuevo programa una Comisión encabezada por Lenin y elegida en el Vil Congreso del PC(b) de Rusia. Las parles fundamentales del programa las escribió Lenin. Se han conservado los siguientes 831 documentos, escritos por Lenin, sobre la elaboración del proyecto de programa: Borrador del proyecto de programa del PC de Rusia, Tareas fundamentales de la dictadura del proletariado en Rusia, Adición a la parte política del programa, Punto del programa en materia de las relaciones nacionales, Puntos del programa en materia de instrucción pública, Puntos de la parte económica del programa. Punto agrario del programa y otros (véase Obras Completas, 5a ed. en ruso, t. 38, págs. 81--124). El Proyecto de programa del PC(b) de Rusia, redactado por la Comisión, fue publicado del 25 al 27 de febrero de 1919 en tres números de Pravda.---163
^^85^^ ``' Véase F. Engels. Introducción al folleto de Borkheim "Memoria a los patrioteros de 1806--1807".--- 164
^^86^^ Véase C. Marx. El Capital, t. I, ed. en ruso, Moscú, 1955, pág. 376.---166
~^^87^^ Se alude a la entrega por Lenin, el 18 (31) de diciembre de 1917, de la disposición del Consejo de Comisarios del Pueblo sobre el reconocimiento de la independencia de Finlandia a Svinhufvud, jefe del gobierno burgués de este país. El 22 de diciembre de 1917 (4 de enero de 1918), esta disposición fue sancionada en sesión del CEC de toda Rusia.---168
~^^88^^ Lenin alude a las conversaciones mantenidas en marzo de 1919en Moscú con una delegación de Bashkiria sobre la constitución de ésta como República Soviética Autónoma. El 23 de marzo de 1919, en el periódico Izvestia del CEC de toda Rusia se publicó el Acuerdo del Poder Central Soviético con el gobierno de los bashkires sobre la constitución de la Bashkiria Soviética Autónoma. El acuerdo estipulaba la organización de la República Autónoma Soviética de Bashkiria a base de la Constitución soviética, delimitaba las fronteras de la república y su división administrativa.---169
~^^89^^ El Soviet de diputados obreros de Varsovia se organizó el 11 de noviembre de 1918. Organizáronse también Soviets de diputados obreros en numerosas ciudades y zonas industriales más de Polonia. El Soviet de diputados obreros de Varsovia estableció la jornada de ocho horas en las empresas, empezó la lucha contra los sabotajes de los patronos, acordó entablar relaciones con la Rusia revolucionaria, etc. En el verano de 1919, el gobierno burgués polaco disolvió los Soviets.---171
~^^90^^ El Manifiesto del VIII Congreso del PC(b) de Ruin a las organizaciones del partido incitaba a las organizaciones del partido y de la administración pública soviética a reforzar la vigilancia y movilizar todas las fuerzas para rechazar a la contrarrevolución del exterior y del interior. Se publicó el 20 de marzo de 1919 en el periódico Pravda (véase El PCUS en las resoluciones y acuerdos de los congresos, conferencias y plenos del CC, parte I, 1954, pág. 455, ed. en ruso).---173
~^^91^^ El decreto "Sobre las comunas de consumo" se publicó el 20 de marzo de 1919 en el periódico hvestia del CEC de toda Rusia, núm. 60. Se redactó con la participación directa de Lenin. Coronó la lucha que el Poder soviético sostuvo contra los miembros de las cooperativas burguesas por transformar las cooperativas en instrumento de distribución socialista planificada de los productos.---173
~^^92^^ "Nóvaya Zhizn" ``(Vida Nueva''): diario de tendencia menchevique que se publicó en Petrogrado a partir del mes de abril de 1917. Hasta octubre de 1917 siguió una línea de oposición inestable al gobierno, pronunciándose tan pronto contra el Gobierno Provisional como contra los bolcheviques. Después de la Revolución Socialista de Octubre ocupó una posición hostil al Poder soviético, y el gobierno lo clausuró en julio de 1918.---178
832^^93^^ La Constitución de la RSFSR, aprobada por el V Congreso de los Soviets de toda Rusia en julio de 1918, concedía al proletariado ventajas en las elecciones a los Soviets. Los diputados se elegían al congreso de los Soviets de toda Rusia según las siguientes normas de representación: 1 diputado por cada 25.000 electores de la población urbana y 1 diputado por cada 125.000 de la población rural.
El párrafo 23 de la Constitución versaba: "Rigiéndose por los intereses de la clase obrera en su totalidad, la República Socialista Federativa Soviética de Rusia priva a algunas personas y grupos de los derechos que ellos ejercen en perjuicio de la revolución socialista."
Este enunciado conservó su vigor hasta el VIII Congreso de los Soviets de la URSS, que aprobó en 1936 la Constitución de la URSS, según la cual todos los ciudadanos obtenían igual derecho a elegir y ser elegidos a los Soviets.---180
^^94^^ El Programa de Erfurtde la socialdemocracia alemana se aprobó en octubre de 1891 en el Congreso de Erfurt. Se basaba en la doctrina marxista de la inevitabilidad de la extinción del modo de producción capitalista y su sustitución con el socialista; subrayábase en él la necesidad que tenía la clase obrera de sostener una lucha política, señalábase el papel del partido como organizador de esta lucha, etc. Lenin indicó que el principal defecto del Programa de Erfurt, tímida concesión al oportunismo, fue el silenciar la dictadura del proletariado.
En el trabajo de F. Engels A propósito de la crítica del proyecto de programa socialdemócrata de 1891 se ofrece una amplia crítica del proyecto de programa de Erfurt.---186
^^95^^ La ponencia para estudiar la cuestión del trabajo en el campo se organizó en la primera sesión del VIII Congreso del PC(b) de Rusia el 18 de marzo de 1919. Celebró tres reuniones, en las que se escucharon informes sobre la política agraria y el trabajo en el campo y se eligió una comisión para redactar unas resoluciones. La resolución, escrita por Lenin, sobre la actitud ante los campesinos medios y la resolución sobre la propaganda política y la labor cultural e ilustrativa en el campo fueron luego aprobadas por el congreso.---191
^^96^^ Véase F. Engels. El problema campesino en Francia y en Alemania (C. Marx y F. Engels. Obras Escogidas en dos tomos, ed. en español, t. II, págs. 439--441).---197
^^97^^ Con motivo del pasaje citado por Lenin del folleto Instrucciones y reglas sobre la organización del trabajo del partido en la provincia de Nizhni Nóvgorod, los delegados de la organización del partido de Nizhni Nóvgorod (hoy de Gorki) pasaron una instancia al Presidium del VIII Congreso del PC(b) de Rusia en la que se decía que en el folleto se había escapado una errata.
El decreto del CEC de toda Rusia "Sobre el impuesto extraordinario revolucionario, a pagar una vez'', se publicó el 2 de noviembre de 1918 en Izvestia del CEC de toda Rusia, núm. 240. Conforme al artículo 6, la repartición del impuesto se debía realizar de manera que los trabajadores pobres de la ciudad y los campesinos pobres se eximieran del impuesto extraordinario, las capas medias abonasen pequeñas cuotas, y todo el peso recayese en la parte rica de la población urbana y en los campesinos ricos.---199
^^98^^ La mencionada circular "Sobre la alianza de los campesinos y los obreros"se publicó el 18 de agosto de 1918 en Izvestia del CEC de toda Rusia, núm. 178.---208
^^99^^ Lenin se refiere a la resolución del VI Congreso de los Soviets de toda Rusia "Sobre la organización del Poder soviético en el centro, los comités de campesinos pobres y los Soviets en las localidades".---209
833^^100^^ Estas tesis las escribió Lenin el 11 de abril de 1919. El mismo día fueron sancionadas por el Buró de Organización del CC del PC(b) de Rusia. Lenin las incluyó en su informe presentado el 11 de abril de 1919 al Pleno del Consejo Central de los Sindicatos de toda Rusia sobre las tareas de los sindicatos con motivo de la movilización para el Frente del Este. El Pleno las aprobó (véase Obras Completai,5 a ed. en ruso, t. 38, págs. 275--290). Las tesis del CC del PC(b) de Rusia desempeñaron inmenso papel en la movilización de las masas proletarias para la lucha contra Kolchak.---210
^^101^^ El 21 de marzo de 1919 Hungría fue proclamada República Soviética. La revolución socialista en Hungría tuvo un carácter relativamente pacífico; la burguesía húngara, que no estaba en condiciones de aplastar el movimiento revolucionario y vencer las dificultades exteriores, decidió entregar el poder a los socialdemócratas de derecha con el fin de entorpecer el desarrollo de la revolución. Pero el prestigio del Partido Comunista de Hungría entre las masas era tan grande y las exigencias de los militantes de la base del partido socialdemócrata de aliarse con los comunistas eran tan enérgicas a la sazón que los dirigentes socialdemócratas propusieron a los del Partido Comunista, que estaban detenidos, formar gobierno juntos. Los líderes socialdemócratas hubieron de aceptar las condiciones de los comunistas: formar un Gobierno soviético, desarmar a la burguesía, crear un Ejército Rojo y milicias populares, confiscar las tierras de los terratenientes, nacionalizar la industria, concertar una alianza con la Rusia Soviética, etc. Al mismo tiempo se firmó el acuerdo de unificación de los dos partidos, llamándose Partido Socialista de Hungría al nuevo. Al unificar los dos partidos, se incurrió en errores que luego se dejaron sentir: la unificación fue una fusión maquinal, sin expulsar a los elementos reformistas.
En la primera reunión, el Consejo Revolucionario Gubernamental adoptó la resolución de crear el Ejército Rojo. El 26 de marzo, el Gobierno soviético promulgó los decretos de nacionalización de las fábricas, del transporte y los bancos; el 2 de abril se aprobó el decreto del monopolio del comercio exterior. Se aumentó el salario de los obreros en un promedio del 25% y se introdujo la jornada laboral de 8 horas; el 3 de abril se aprobó la Ley de Reforma Agraria, según la cual todos los predios de más de 100 holds (57 ha) se confiscaban y transformaban en grandes haciendas estatales, que, de hecho, quedaban en manos de los mismos administradores. Los campesinos pobres, que confiaban recibir del Poder soviético la tierra, vieron defraudadas sus esperanzas. Eso impidió el establecimiento de una sólida alianza del proletariado y los campesinos y debilitó el Poder soviético en Hungría, que fue derrocado el 1 de agosto de 1919 como resultado de las acciones conjuntas de la intervención imperialista exterior y de la contrarrevolución interior.---213
^^102^^ Véase C. Marx y F. Engels. Obras Escogidas en dos tomos, ed. en español, t. II, págs. 24--25.---214
^^103^^ Centurias negras: bandas monárquicas organizadas por la policía zarista para luchar contra el movimiento revolucionario. Los miembros de las centurias negras asesinaban a los revolucionarios, agredían a los intelectuales progresistas y organizaban pogromos antisemitas.---226
^^104^^ Lenin se refiere al complot para entregar Peligrado, que dirigió una organización contrarrevolucionaria de espionaje y diversionismo, compuesta por demócratas constitucionalistas, mencheviques y eseristas. La encabezaba el denominado "centro nacional'', que actuaba siguiendo las indicaciones de servicios de espionaje extranjeros. El 13 de junio de 1919, los confabuladores 834 levantaron una rebelión contrarrevolucionaria en los fuertes de Krásnaya Gorka y Séraya Lóshad. La rebelión fue sofocada poco después por tropas del Ejército Rojo. La organización contrarrevolucionaria que dirigía el complot fue descubierta y liquidada.---226
^^105^^ La batalla de Sadowa (pueblo de Checoslovaquia, hoy ciudad cíe la región de Hradec Králové) se libró el 3 de julio de 1866. Esta batalla, que terminó con la victoria completa de Prusia y la derrota de Austria, decidió el desenlace de la guerra austro-prusiana.---230
^^106^^ Véase C. Marx. El Capital, t. I, ed. en ruso, pág. 307.---234
^^107^^ Por decreto del 16 de marzo de 1919, el Consejo de Comisarios del Pueblo reorganizó las cooperativas de consumo, adjudicándoles el título de "comunas de consumo''. Pero esta denominación de las cooperativas dio lugar a que en algunos sitios la población campesina no entendiera bien el decreto. Teniéndolo en cuenta, el CEC de toda Rusia resolvió en su disposición del 30 de junio de 1919, tras aprobar el decreto, sustituir la denominación de "comuna de consumo" con la de "sociedad de consumo'', habitual para la población (véase Izvestia del CEC de toda Rusia, núm. 143, del 3 de julio de 1919).---237
^^108^^ La Universidad Comunista Sverdlov se constituye) de unos cursillos de agitadores e instructores organizados en 1918, adjuntos al Comité Ejecutivo Central de toda Rusia, y reorganizados luego en escuela de trabajo de administración pública soviética. Después del acuerdo del VIII Congreso del PC(b) de Rusia sobre la organización de la escuela superior adjunta al CC para preparar cuadros del partido, esta escuela se reorganizó en Escuela Central de trabajo de los Soviets y del partido; en la segunda mitad de 1919, por disposición del Buró de Organización del CC del PC(b) de Rusia, se le cambió el nombre por el de Universidad Comunista Sverdlov.
Fue la primera escuela de enseñanza superior del partido. Lenin manifestó gran interés por la organización de la Universidad y participó en la redacción del primer plan y del primer programa de estudios.
El 11 de julio y el 29 de agosto de 1919, Lenin dio en esta Universidad conferencias acerca del Estado. No se ha conservado el apunte de la última conferencia. El 24 de octubre del mismo año, Lenin habló ante los oyentes de la Universidad Sverdlov que partían para el frente.---257
^^109^^ Véase F. Engels. Anti-Dühring, ed. en ruso, págs. 100--101.---296
^^110^^ El artículo quedó incompleto.---296
^^111^^ El // Congreso de toda Rusia de las organizaciones comunistas de los pueblos de Oriéntese celebró en Moscú del 22 de noviembre al 3 de diciembre de 1919. Asistieron a él 82 delegados en representación de las organizaciones comunistas de Turquestán, Azerbaidzhán, Jivá, Bujará, Kirguizia, Tartaria, Chuvashia, Bashkiria, Caucase), etc. El primer día del congreso, Lenin pronunció un informe sobre el momento actual. La resolución aprobada con motivo de su informe se entregó al Presidium "para concretar y elaborar las tesis principales en que se debe basar el trabajo en Oriente".
El congreso escuche) y discutió el informe sobre la labor del Buró Central ciclas organizaciones comunistas de los pueblos de Oriente, los informes de los delegados y la cuestión oriental. En la resolución referente a la cuestión oriental seriada hincapié en la importancia de Oriente para resolver el problema de la 835 revolución social internacional y se trazaron las tareas de trabajo del partido y de los Soviets en Oriente. El congreso eligió un nuevo Buró Central de las organizaciones comunistas de los pueblos de Oriente.---297
^^112^^ `` Se refiere al Tratado de Paz de Versalles que la Entente impuso a Alemania derrotada en la primera guerra mundial de 1914--1918. Según el tratado de Versalles, firmado el 28 de junio de 1919, Alemania perdió no sólo todas las colonias, sino también gran parte de su territorio fundamental. Además, se le impusieron elevados pagos de reparaciones. Sus fuerzas armadas fueron reducidas al mínimo.---301
^^113^^ La VIH Conferencia de toda Rusia del PC(b) se celebre') en Moscú del 2 al 4 de diciembre de 1919. Asistieron 45 delegados con voz y voto y 73 con voz, pero sin voto. El orden del día fue: 1. Informe del CC (político y de organización); 2. Informe sobre la situación internacional; 3. Cuestiones del orden del día del VII Congreso de los Soviets de toda Rusia; 4. Sobre el Poder soviético en Ucrania; 5. Sobre los Estatutos del partido; 6. Sobre los nuevos miembros del partido.
La conferencia se inauguró con el discurso cíe apertura de Lenin. En la segunda sesión, Lenin pronuncie') el informe político del CC y el discurso de resumen del mismo (véase Obras Completas, 5a ed. en ruso, t. 39, págs. 341--365). Lenin prepare) el pmyecto de la presente resolución que se publica sobre la política internacional. En la tercera y cuarta sesiones, Lenin pronunció un discurso sobre el Poder soviético en Ucrania y el discurso de resumen sobre esta cuestión (op. cit., págs. 370--371). En la conferencia se aprobaron, siguiendo el acuerdo del VIII Congreso del PC(b) de Rusia, unos nuevos Estatutos del partido.
El proyecto de resolución sobre la política internacional fue aprobado por la conferencia con enmiendas insignificantes y, luege>, leído por Lenin el 5 de diciembre en su informe al VII Congreso de los Soviets de toda Rusia (e>p. cit., págs. 413--414) y aprobado unánimemente por éste como propuesta de paz a los países de la Entente. La resolución del congreso se publicó en la prensa el 6 de diciembre ele 1919.
La propuesta ele paz del congrese) fue repartida entre los representantes de le>s países de la Entente el 10 de diciembre de 1919. Los gobiernos de Inglaterra, Francia, EE.UU. e Italia se negaron a examinar dicha propuesta.---308
^^114^^ El / Congreso de las comunas rurales y arteles agrícolas fue conve)cado por el Comisariado del Pueblo de Agricultura y se celebre') del 3 al 10 de diciembre de 1919 en Moscú. Asistieron 140 delegados, de los cuales 93 eran comunistas. Lenin hable') al segundo día de los debates. El congreso aprobó los Estatutos de la Unie'in de Colectividades (comunas y arteles) Agrícolas de Trabajo y Producción de toda Rusia, Estatutos que luego fueron sancionados por el Comisariado del Pueblo de Agricultura. La misie'>n fundamental de esta Unión, según los Estatutos, consistía en agrupar a tóelas las colectividades agrícolas en una unión productora única, en propagar las ideas del cultivo en común de la tierra y ayudar prácticamente a le>s campesinos circundantes, en primer lugar, a las familias de los soldados rojos y campesinos pobres. El congreso dedicó particular atención a la organización de la labor cultural y educativa en las colectividades.---310
^^115^^ El fondo de ¡.000 millones de rublos fue creado pe>r decreto del Consejo de Comisarios del Pueble) del 2 de noviembre de 1918 'Yon el fin de mejorar y fomentar la agricultura y de reestructurarla sobre bases socialistas con la maye>r rapidez''. De este fondo se concedían subsidios y préstamos a las comunas agríe'olas. a las ex)e>pc-rativas ele trabajo y a las se>ciedacles o grupos agrícolas, a 836 condición de que estos últimos pasaran al laboreo colectivo de la tierra. El decreto se publicó en Izvestia del CEC de toda Rusia, núm. 243, del 6 de noviembre de 1918.---310
^^116^^ El "Reglamento de la organización socialista del usufructo de la tierra y de las medidas de transición a la agricultura socialista" fue aprobado por el CEC de toda Rusia en febrero de 1919. Lenin participó directamente en la composición y redacción del reglamento. Este Reglamento estipulaba una serie de medidas prácticas para reorganizar la agricultura sobre principios socialistas, elevar el rendimiento de la agricultura y ampliar la superficie de siembra.---310
^^117^^ Se trata del artículo de S. Seredá La Unión de las comunas y arteles agrícolas, publicado en el periódico Izvestia del CEC de toda Rusia, núm. 271, del 3 de diciembre de 1918.---314
^^118^^ Borotbistas: eseristas de izquierda ucranianos que formaron en mayo de 1918 un partido independiente. Se llamaban borotbistas por el título del periódico Borotbá ``(La Lucha''), órgano central de su partido.---322
^^119^^ Después de la victoria del Ejército Rojo sobre Kolchak y Denikin, la prensa norteamericana, expresando el estado de ánimo de los círculos de negocios, se dirigió dos veces a Lenin pidiéndole una interviú. El 18 de febrero de 1920, Lenin respondió a las preguntas del corresponsal en Berlín de la agencia informativa norteamericana Universal Service, Karl Wigand. Las respuestas de Lenin fueron telegrafiadas a Berlín y, desde allí, retransmitidas a Nueva York el 21 de febrero, apareciendo aquella misma tarde en el diario New York Evening Journal, con el siguiente título: Objetivos de los bolcheviques: la paz y más comercio, dice Lenin. Las respuestas de Lenin fueron reproducidas también por la prensa comunista y socialista alemana.---325
^^120^^ El IX Congreso del PC(b) de Rusia se reunió en Moscú del 29 de marzo al 5 de abril de 1920. Asistieron 554 delegados con voz y voto y 162 delegados con voz, pero sin voto, en representación de 611.978 miembros del partido. El congreso estuvo consagrado principalmente a cuestiones de edificación económica. Se aprobó el siguiente orden del día: 1. Informe del Comité Central; 2. Tareas inmediatas de la edificación económica; 3. Movimiento sindical; 4. Cuestiones de organización; 5. Tareas de la Internacional Comunista; 6. Actitud frente a las cooperativas; 7. Paso al sistema de las milicias; 8. Elecciones al Comité Central. El congreso se inauguró en el Gran Teatro con un discurso de apertura de Lenin. Lenin presentó el informe de la gestión política del Comité Central del partido y pronunció el discurso de resumen del informe, discursos sobre la edificación económica y la creación de cooperativas y el discurso de clausura del congreso.
El IX Congreso definió las tareas económicas inmediatas en las esferas del transporte, abastecimiento, combustible e industria; señaló la necesidad de que los sindicatos participasen activamente en la edificación económica. Se dedicó especial atención a la cuestión del plan económico único; ocupaba el lugar principal en el plan el problema de la electrificación de toda la economía del país. El congreso dio enérgica réplica al grupo antipartido del "centralismo democrático" (T. Saprónov, N. Osinski, V. Smirnov), que se pronunció con Rykov y Tomski contra la dirección unipersonal y la responsabilidad personal de los dirigentes de empresas, lo que llevaba a socavar las bases de la dirección de la industria. En el discurso de resumen del informe del Comité Central y en el discurso sobre la edificación económica, Lenin mostró que los postulados que defendía ese grupo eran una tergiversación del marxismo y no tenían nada de común con el principio 837 del centralismo democrático en la organización de la administración soviética y en la dirección cíe la economía socialista. Lenin remarcó que la cuestión de la dirección unipersonal y la dirección colegiada la habían resuelto el partido y el gobierno ya en 1918, y que el grupo del "centralismo democrático" se apartaba de la política del partido.
El grupo del "centralismo democrático" siguió luchando contra la línea del partido durante los años subsiguientes. En 1927, el XV Congreso del PC(b) cíe la URSS expulsó del partido a este grupo.
En el IX Congreso fueron elegidos miembros del CC del PC(b) de Rusia, V. I. Lenin, A. A. Andréiev, F. E. Dzerzhinski, M. 1. Kalinin y otros.
Terminado el congreso, se rindió tributo de honor a Lenin con motivo de la aproximación del día de su cincuentenario. Pronunciaron discursos Kalinin, Yaroslavski, Kon y otros. Se tomó el acuerdo de editar las Obras Completas de V. I. Lenin.---328
^^121^^ Saciedad de Naciones: organización internacional que existió en el período comprendido entre la primera y la segunda conflagraciones mundiales. Se fundó en 1919 en la Conferencia de la Paz de París de los Estados vencedores en la primera guerra mundial. Los Estatutos de la Sociedad cíe Naciones eran una parte del Tratado de Paz de Versalles. Ingresaron en ella 43 Estados. De 1920 a 1934, su labor presentó un carácter hostil al Estado soviético; la Sociedad de Naciones fue uno de los centros de organización de la intervención armada contra la Rusia Soviética. Mediante el llamado sistema de mandatos y otras medidas, la Sociedad de Naciones aplicó la política de opresión imperialista con respecto a las colonias y los países dependientes. En el mantenimiento de la paz y la seguridad de los pueblos, la Sociedad de Naciones, por lo general, resultó totalmente impotente para adoptar medidas eficaces.
En septiembre de 1934, treinta Estados---miembros de la Sociedad de Naciones---se dirigieron a la Unión Soviética, invitándola a ingresar en ella. La URSS ingresó en la Sociedad de Naciones con el fin de luchar por el mantenimiento de la paz. Sin embargo, las tentativas de la URSS de crear un frente de paz chocaron con la resistencia de los medios reaccionarios de las potencias occidentales. Declarada la segunda guerra mundial, la Sociedad cíe Naciones deje') de existir de hecho. El acuerdo formal de disolverla se tomó en abril de 1946.---331
^^122^^ Longuetistas: minoría del Partido Socialista Francés, formada en 1915. Los longuetistas (partidarios del socialreformista J. Longuet) se atenían a las concepciones centristas y aplicaron una política conciliadora respecto a los socialchovinistas. Durante la primera guerra mundial, los longuetistas ocuparon una posición socialpacifista. Después de la victoria de la Gran Revolución Socialista de Octubre en Rusia, los longuetistas se proclamaron de palabra partidarios de la dictadura del proletariado, pero de hecho se opusieron a ella. Prosiguieron la política de conciliación con los socialchovinistas y apoyaron la expoliadora paz de Versalles. Al quedarse en minoría en el Congreso del Partido Socialista Francés, celebrado en Tours en diciembre de 1920, donde triunfó el ala izquierda, los longuetistas, junto con los reformistas declarados, se separaron del partido y se adhirieron a la llamada Internacional II y media (véase la nota 155) y después de la disgregación de ésta se reincorporaron a la II Internacional.---338
^^123^^ Smolny: edificio del antiguo Instituto Smolny en Petrogrado, residencia del Gobierno soviético hasta su traslado a Moscú en marzo de 1918.---342
~^^124^^ El "Boletín de la Dirección Central de Estadística"apareció de 1919a 1926. Publicaba resúmenes y datos estadísticos relativos a diversas cuestiones de la vida económica
(I
,aís.---343
S.'W
838^^125^^ ``¡zvestia del Comité Central del Partido Comunista (bolchevique) de Rusia": boletín fie información del CC; se fundó por acuerdo del VIII Congreso del PC(b) de Rusia; empezó a publicarse en mayo de 1919 en Moscú.---344
^^126^^ Se trata de la hoja KommunistícheskiSubbótnikr'YA Sábado Comunista'') preparada durante el sábado comunista del 10 de abril de 1920 por las redacciones y colaboradores de los periódicos de Moscú Provda, ¡zvestia del CEC de toda Ruma, Ekonomícheskaya Zhizn ``(La Vida Económica''), Kommunistícheski Trud ``(El Trabajo Comunista'') y la agencia telegráfica ROSTA. La compusieron e imprimieron los tipógrafos de la imprenta del CEC de toda Rusia el domingo, 11 de abril de 1920.---346
^^127^^ El libro "La enfermedad infantil del ``izquierdismo'' en el comunismo" fue escrito por Lenin en abril de 1920; y el anexo, el 12 de mayo del mismo año. Fue publicado el 12 de junio en ruso y, casi al mismo tiempo, en julio, en francés e inglés. Lenin controló personalmente los plazos de composición e impresión del libro, a fin de que apareciera antes de que iniciara sus labores el II Congreso de la Internacional Comunista. El libro fue distribuido entre todos los delegados al II Congreso. De julio a noviembre de 1920 fue reeditado en alemán en Leipzig, en francés en París y en inglés en Londres.
En el manuscrito de La enfermedad infantil del ``izquierdismo'' en el comunismo existe un subtítulo: (Ensayo de charla popular acerca de la estrategia y la táctica marxistas). En todas las ediciones del libro aparecidas en vida de Lenin, este subtítulo fue quitado. En la cuarta edición de las Obras de V. I. Lenin, La enfermedad infantil del ``izquierdismo'' en el comunismo se publica de acuerdo con la primera edición del libro, cuya corrección hizo Lenin.---349
^^128^^ El folleto ``Weltrevolution'' ``(La revolución mundial'') lo escribió Olio Bauer.--- 352
^^129^^ El Partido Laborista Independiente de Inglaterra ``(Independen! Labour Party'') fue fundado en 1893. A su cabeza figuraban James Keir Hardie, R. MacDonald y otros. Aunque decía mantener su independencia política respecto a los partidos burgueses, en realidad, el Partido Laborista Independiente sólo era "" independiente" del socialismo, pero muy dependiente del liberalismo" (Lenin). El PLI dedicaba la atención fundamental a la forma parlamentaria de lucha y a las transacciones parlamentarias con el partido liberal.---358
^^130^^ Fabianos: miembros de la Sociedad Fabiana, organización reformista inglesa, fundada en 1884; debe su nombre al caudillo romano del siglo III a.n.e. Fabio Máximo Cunctátor (el Contemporizador), conocido por su táctica expectante y por el deseo de rehuir los combates decisivos en la guerra contra Aníbal. Miembros de la Sociedad Fabiana eran principalmente representantes de la intelectualidad burguesa: científicos, escritores, políticos (como S. y B. Webb, B. Show, R. MacDonald y otros); negaban la necesidad de la lucha de clase del proletariado y de la revolución socialista, afirmando que el paso del capitalismo al socialismo es posible por medio de pequeñas reformas, transformaciones paulatinas de la sociedad. Hostil al marxismo, la Sociedad Fabiana desempeñó y desempeña el papel de uno de los conductores de la influencia burguesa en la clase obrera, foco de ideas oportunistas y socialchovinistas en el movimiento obrero inglés. Lenin caracterizó la Sociedad Fabiana como "tendencia del oportunismo extremo" (Obras Completas, 5j ed. en ruso, t. 16, pág. 338). En 1900, la Sociedad Fabiana entró en el Partido Laborista. El "socialismo fabiano" es una de las fuentes de la ideología del reformismo contemporáneo.---358
839^^131^^ Se trata de los ``otzovistas'' y ``ultimatistas'' que, tras la derrota de la primera revolución rusa, llamaron al partido a que renunciase a utilizar las formas legales de trabajo y proponían retirar a los diputados socialdemócratas de la III Duma de Estado. Los ``otzovistas'' renunciaban enérgicamente a participar en la Duma, a trabajar en los sindicatos, cooperativas y otras organizaciones de masas legales y semilegales y procuraban encerrarse en el marco de una organización ilegal, lo que hubiera llevado de hecho a romper la conexión del partido con las masas, hubiera convertido al partido en una organización sectaria sin sentido y lo hubiera sometido a los golpes de la reacción. Lenin denominó a los ``otzovistas'' "liquidadores de nuevo tipo'', "mencheviques del revés".
Variedad del ``otzovismo'' fue el ``ultimatismo''. Los ``ultimatistas'' sólo se distinguían de los ``otzovistas'' por la forma. Al no comprender la necesidad de trabajar diariamente con los miembros de la minoría socialdemócrata, educarlos y superar sus errores, los ``ultimatistas'' proponían presentar a la minoría socialdemócrata de la Duma un ultimátum y, en caso de que no lo cumpliesen, retirar a los diputados socialdemócratas de la Duma. El ``ultimatismo'' fue de hecho un ``otzovismo'' encubierto, enmascarado. Lenin llamó a los ``ultimatistas'' "otzovistas vergonzosos".
La conferencia de la Redacción ampliada de Proletari acordó en junio de 1909 que "el bolchevismo, como una corriente determinada en el POSDR, no tiene nada de común con el otzovismo y el ultimatismo" y exhortó a los bolcheviques a que desplegasen la lucha más enérgica contra estas desviaciones del marxismo revolucionario. Bogdánov (Maxímov), el inspirador de los ``otzovistas'', fue expulsado de las filas de los bolcheviques.---363
^^132^^ Lenin llama ``laboristas''a los miembros del Partido Obrero Inglés (Labour Party).
El Partido Laborista de Inglaterra se fundó en 1900 como unión de los sindicatos y de las organizaciones y grupos socialistas con el fin de llevar a representantes obreros al Parlamento ``(Comité de Representación Obrera''). En 1906, el Comité adoptó el nombre de Partido Obrero (Laborista). El Partido Laborista, que en su origen fue un partido obrero por su composición (al que más tarde se adhirieron gran número de elementos pequeñoburgueses), es por su ideología y táctica una organización oportunista. Desde el momento de su constitución, los líderes de este partido siguen una política de colaboración de clases con la burguesía. Durante la primera guerra mundial (1914--1918), los líderes del Partido Laborista adoptaron una posición socialchovinista.---365
~^^133^^ "Diario Obrero Comunista" ``(Kommunistische Arbeiterzeitung''): órgano del grupo pequeñoburgués, anarcosindicalista de los comunistas "de izquierda" que se escindieron en 1919 del Partido Comunista de Alemania (espartaquistas). Se editó de 1919 a 1927. Los comunistas "de izquierda" alemanes no cumplieron el acuerdo del III Congreso de la Internacional Comunista, que les exigía renunciar a la táctica sectaria y unirse con el Partido Comunista de Alemania y fueron expulsados de la Internacional Comunista. La cúspide de los comunistas "de .izquierda" se deslizó a la contrarrevolución.---370
^^134^^ Lenin alude al grupo del "centralismo democrático" (T.Saprónov, N.Osinski, V. Smirnov y otros). Los "centralistas democráticos" negaban el papel dirigente del partido en los Soviets y los sindicatos; rebatían la necesidad de la dirección unipersonal y la responsabilidad personal al frente de las empresas; se pronunciaban contra la línea leninista en las cuestiones de organización; exigían la libertad de fracciones y grupos en el partido. El IX Congreso del PC(b) de Rusia condenó a los "centralistas democráticos" como grupo antipartido.---372
840^^135^^ Después de la revolución de febrero de 1917 hasta el año 1919 inclusive el número de miembros del partido fue cambiando de la siguiente manera: para la Séptima Conferencia (de Abril) de toda Rusia del POSDR(b), en el año 1917, eran 80.000; para el VI Congreso del POSDR(b), en el mes de julio-agosto de 1917, sumaban ya cerca de 240.000; para el VII Congreso del PC(b) de Rusia, en marzo de 1918, ascendían a unos 300.000; para el VIII Congreso del PC(b) de Rusia, en marzo de 1919, el número de miembros era de 313.766.---373
~^^136^^ "La Internacional Comunista": revista, órgano del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista. Apareció de mayo de 1919 a junio de 1943 en ruso, inglés, francés, alemán, español y chino. Cesó de publicarse con motivo de la disposición del Presidium del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista del 15 de mayo de 1943 sobre la disolución de dicha Internacional.---378
~^^137^^ Véase la carta de F. Engels a C. Marx del 7 de octubre de 1858.---378
~^^138^^ "Folkets Dagblad Politiken" ``(Diario Político Popular''): órgano del Partido Socialdemócrata de Izquierda Sueco; se publicó en Estocolmo desde abril de 1916, primero un día sí y otro no y luego todos los días (hasta noviembre de 1917 se denominó Politiken).---379
^^139^^ ``Obreros Industriales del Mundo" ``(Industrial Workers of the World''): organización sindical de los obreros norteamericanos fundada en 1905. Tomaron parte activa en su creación los dirigentes del movimiento obrero norteamericano D. de León, E. Debs y G. Haywood. La organización desempeñó un gran papel en la historia del movimiento sindical norteamericano; durante la primera guerra mundial (1914--1918) encabezó diversas acciones antiguerreras de masas de la clase obrera estadounidense y denunció la política de los líderes reaccionarios de la Federación Americana del Trabajo y de los socialistas de derecha. Algunos dirigentes de los Obreros Industriales del Mundo, entre otros G. Haywood, ingresaron más tarde en el Partido Comunista de EE.UU. Al mismo tiempo, en la actividad de la organización se manifestaron acentuados rasgos anarcosindicalistas: no reconocía la lucha política del proletariado, negaba el papel dirigente del partido, la necesidad de la dictadura del proletariado y era contraria a trabajar entre los obreros de los sindicatos afiliados a la Federación Americana del Trabajo. Más tarde, los Obreros Industriales del Mundo se convirtieron en una organización sectaria, que perdió toda influencia en'el movimiento obrero.---380
~^^140^^ "// Soviet": periódico del Partido Socialista Italiano; apareció de 1918 a 1920 en Ñapóles.---389
^^141^^ Comunismo": revista del Partido Socialista Italiano; se editó de 1919 a 1923 en Milán.---389
^^142^^ ``Der Volksstaat" ``(El Estado del Pueblo''): periódico, órgano central de la socialdemocraria alemana; se publicó en Leipzig de 1869 a 1876 bajo la redacción de G. Liebknecht. Participaron en él C. Marx y F. Engels.---390
^^143^^ Lenin alude al pasaje de la carta de F. Engels a F. Sorge, fechada el 29 de noviembre de 1886, en el que Engels, criticando a los socialdemócratas alemanes emigrados residentes en América, dice que, para ellos, la teoría "es un dogma y no una guía para la acción".---394
^^144^^ Se alude a las conferencias socialistas internacionales de los internacionalistas, que se celebraron en Zimmerwald y Kienthal.---395
841^^145^^ Partido Socialista Británico ``(British Socialist Party'') fue fundado en 1911 en Manchester debido a la fusión del Partido Socialdemócrata con otros grupos socialistas. El Partido Socialista Británico desplegó la agitación en el espíritu de las ideas del marxismo y fue un partido "no oportunista, realmente independiente de los liberales" (V. I. Lenin. Obras Completas, 5a ed. en ruso, t. 23, pág. 344). El escaso número de miembros y su débil ligazón con las masas le imprimían cierto carácter sectario.
Durante la guerra imperialista mundial de 1914 a 1918, en el partido se desplegó una enconada lucha entre la corriente internacionalista (A. Inkpin, T.Rothstein, J.Maclean, W. Gallacher y otros) y la socialchovinista, encabezada por Hyndman. Dentro de la corriente internacionalista había elementos inconsecuentes que mantenían una posición centrista respecto a algunas cuestiones.
En febrero de 1916, un grupo de políticos del Partido Socialista Británico fundó el periódico The Cali, que desempeñó un importante papel en la cohesión de los internacionalistas. La conferencia anual del Partido Socialista Británico, que se celebró en abril de 1916 en Salford, condenó la posición socialchovinista de Hyndman y sus adeptos, y éstos salieron del partido.
El Partido Socialista Británico saludó la Gran Revolución Socialista de Octubre. Los miembros del Partido Socialista Británico desempeñaron gran papel en el movimiento de los trabajadores ingleses en defensa de la Rusia Soviética contra la intervención extranjera. En 1919, la mayoría de las organizaciones locales del partido (98 contra 4) se pronunció por el ingreso en la Internacional Comunista. El Partido Socialista Británico desempeñó, junto con el Grupo Comunista de Unidad, el principal papel en la fundación del Partido Comunista de Gran Bretaña. En el primer Congreso de Unificación, que se celebró en 1920, la inmensa mayoría de las organizaciones del Partido Socialista Británico ingresó en el Partido Comunista.---399
^^146^^ Partido Socialista Obrero ``(Socialist Labour Party''): organización marxista revolucionaria fundada en 1903 en Escocia por un grupo de socialdemócratas de izquierda, escoceses en su mayoría, que se separó de la Federación Socialdemócrata.
Sociedad Socialista del Sur de Gales ``(South Wales Socialist Society''): pequeño grupo de mineros revolucionarios, casi todos de Gales. Esta sociedad nació con el movimiento por la reforma minera, movimiento que se intensificó notablemente en vísperas de la primera guerra mundial.
Federación Socialista Obrera ``(Workers' Socialist Federation''): organización poco numerosa fundada en mayo de 1918 sobre la base de la "Sociedad de defensa de los derechos electorales de la mujer" e integrada principalmente por mujeres.
Al fundarse el Partido Comunista de Gran Bretaña (el Congreso Constituyente se celebró del 31 de julio al 1 de agosto de 1920), que incluyó en su programa los puntos de la participación del mismo en las elecciones parlamentarias y de su ingreso en el Partido Laborista, las organizaciones mencionadas se negaron a ingresar en el Partido Comunista. En enero de 1921, la Sociedad Socialista del Sur de Gales y la Federación Socialista Obrera, que adoptó por entonces el nombre de "Partido Comunista (Sección británica de la III Internacional)'', se unificaron con el Partido Comunista de Gran Bretaña. Los dirigentes del Partido Obrero Socialista renunciaron a la unificación.---399
^^147^^ ``The Manchester Guardian" ``(El Guardián de Manchester''): periódico burgués inglés; apárete desde 1821 en la ciudad de Manchester.---402
842~^^148^^ Lia adeptos de Kapp: participantes en el golpe de Estado monárquico-militar que encabezó Kapp en Alemania. Los conspiradores prepararon el golpe de Estado, denominado "putsch de Kapp'', con la evidente connivencia del gobierno socialdemócrala. El 13 de marzo de 1920 trasladaron a Berlín unidades militares y, no encontrando resistencia por parte del gobierno, lo declararon derrocado \ formaron nuevo gobierno. Los obreros berlineses respondieron al golpe de Estado con la huelga general. El Gobierno Kapp cayó el 17 de marzo bajo la presión de los obreros, volviendo al poder los socialdemócratas de deree ha, que siguieron una política de represión de los obreros.----114
~^^149^^ "Los defensores del Derecho" "soviéticos": colegios de abogados creados en febrero de 1918 adjuntos a los Soviets de diputados obreros, soldados, campesinos y cosacos. En muchos colegios se dejó sentir en gran medida la influencia de los abogados burgueses, que tergiversaban las bases de la jurisprudencia soviética y cometían abusos. En octubre de 1020 estos colegios fueron disueltos.---432
~^^150^^ La Arenga n los soldados rojos que pinten para el ¡'rente de Polonia la pronuncie') Lenin el 5 de mayo de 1920 en la Plaza del Teatro (hoy de Sverdlov), donde se celebró un desfile de las tropas de la guarnición de Moscú. Asistieron también al deslile los comunistas de Pelrogrado que partían para el Frente de Polonia.---13.r)
^^151^^ El Esbozo inicial de las tesis sobre los problemas nacional y colonial se publicó el 1-1 de junio de 1 920 en la revista La Internacional Comunista, níiin. 1 1, y lúe puesto por el II Congreso de la Internacional Comunista como base para la labor de la Comisión sobre los problemas nacional y colonial. Lenin pronunicó en el congreso un discurso en nombre de la ('omisión (véase el presente volumen, págs. 472--177).--- -136
^^152^^ I'anislamismo: ideología político-religiosa que predica la unificación de lodos los pueblos que profesan el islam (la religión musulmana) en un todo. Se difundió ampliamente a fines del siglo XIX entre las clases explotadoras en los países ele Oriente; lo utilizó Turquía para supeditar a los musulmanes de todo el mundo al sultán turco como "califa de todos los fieles".
Mediante el panislamismo, las clases dominantes de los pueblos musulmanes aspiraban a reforzar sus posiciones y asfixiar el movimiento i evolucionarlo de los trabajadores de los pueblos de Oriente.---436
^^153^^ El Esbozo inicial de las tesis sobre la cuestión agraria fue aprobado por el Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista como las "Tesis del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista sobre la cuestión agraria" y publicado en la revista La Internacional Comunista, núm. 12, del 20 de julio de 1920. Las tesis fueron tomadas por el II Congreso de la Internacional Comunista como base y pasadas a la Comisión para elaborar la resolución sobre la cuestión agraria. La Comisión, cuya labor dirigió Lenin. introdujo una serie de enmiendas en el proyecto inicial de las tesis. El congreso las aprobó el 4 de agosto.----143
~^^154^^ El // Congreso de la Internacional Comunista se celebre') del 19 de julio al 7 de agosto de 1920. Se inaugure) en Petrogrado; las sesiones siguientes tuvieron lugar en Moscú. Asistieron al II Congreso más de 200 delegados, en representación de las organizaciones obreras de 37 países. Formaron parte de la delegación del PC(b) de Rusia al II Congreso de la Internacional Comunista: Lenin, Andréiev, Armand, Artiom (Serguéiev), Dzerzhinski, Gópner, Kalium, Kolontái, Krúpskava, I. iinacharski, Manuilski, Olminski. Pokrovski, Yaroslavski y otros, en total M personas. Junto con los representantes de los partidos y organizaciones comunistas (cíe 31 843 países) en las labores del congreso participaron representantes del Partido Socialdemócrata Independiente de Alemania, de los partidos socialistas de Italia y Francia, de los "Obreros Industriales del Mundo" (Australia, Inglaterra, Irlanda), de la Confederación Nacional del Trabajo de España y otras organizaciones.
Lenin dirigió todo el trabajo preparatorio del congreso. En la primera sesión, Lenin presentó un informe sobre la situación internacional y las tareas fundamentales de la Internacional Comunista. Durante las labores del congreso, Lenin sostuvo una lucha despiadada contra el oportunismo y el centrismo y sometió a una crítica acerba las tendencias anarcosindicalistas y el sectarismo "de izquierda" de diversas organizaciones comunistas. El 23 de julio, Lenin pronunció un discurso sobre el papel del Partido Comunista, el 26 de julio presentó el informe de la Comisión sobre los problemas nacional y colonial (véase el presente volumen, págs. 472--477; el 30 de julio pronunció el discurso sobre las condiciones cíe ingreso en la Internacional Comunista; el 2 de agosto, sobre el parlamentarismo, y el 6 de agosto, sobre la filiación al Partido Obrero Británico (véase Obras Completas, 5'' ed. en ruso, t. 41, págs. 236--240, 248--267). Lenin tomó parte en las labores de las comisiones, que se ocupaban de las cuestiones siguientes: situación internacional y tareas fundamentales de la Internacional Comunista, cuestiones nacional y colonial, problema agrario y condiciones de ingreso en la Internacional Comunista. Las tesis de Lenin sobre las tareas fundamentales del II Congreso de la Internacional Comunista, las cuestiones nacional y colonial, el problema agrario y las condiciones para el ingreso en la Internacional Comunista fueron refrendadas como resolución del congreso.
EL II Congreso sentó las bases del programa, de los principios orgánicos, de la estrategia y la táctica de la Internacional Comunista.---454
^^155^^ Internacional ¡I y media (de Viena): "Agrupación Internacional de Partidos Socialistas'', fundada en Viena en febrero de 1921 en la Conferencia de los partidos y grupos centristas, forzados, bajo la presión de las masas, a romper formalmente con la II Internacional en bancarrota. Entraron en ella los partidos y grupos centristas de Austria, Inglaterra, Alemania, Francia, EE.UU. y otros países. Los líderes de la Internacional II y media realizaban de hecho la política de la II Internacional oportunista, enmascarándola con frases revolucionarias. Se manifestaban contra el Poder soviético y la III Internacional Comunista, trataban de frustrar la táctica del frente obrero único. En 1923, en las condiciones del descenso iniciado del movimiento revolucionario, se produjo la fusión de la Internacional II y media con la II Internacional. Este acuerdo se tomó en el Congreso de Unificación de Hamburgo en mayo de 1923.---16)
^^156^^ Se alude al programa de los 14 puntos, publicado por el presidente de los EE.UU. Wilson en enero de 1918 como base para concertar la paz entre los países de la Entente y la coalición austro-alemana.
Los "14 puntos" de Wilson fueron propuestos con el fin de debilitar la influencia que ejercía en las masas populares de los países beligerantes el Decreto de la paz, aprobado a base del informe de Lenin por el II Congreso de los Soviets el 26 de octubre (8 de noviembre) de 1917; este decreto proponía a todos los pueblos y gobiernos de los países beligerantes concertar inmediatamente la paz sin anexiones ni contribuciones.
En los "14 puntos" de Wilson se hablaba de la limitación de los armamentos, de la libertad de navegación, de la creación de la Sociedad de Naciones, etc. La mayoría de los puntos del programa de Wilson no se pusieron en práctica.----461
^^157^^ Socialistas ``gremiales'', "socialismo gremial": corriente anturevolucionaria entre las It.ideuniones inglesas, surgida antes de la primera guerra mundial. Los socialistas
844 ``gremiales'' negaban el carácter de clase del Estado, sembraban entre los obreros ilusiones sobre la posibilidad de librarse de la explotación sin lucha de clases, propugnaban la creación, a base cíe las tradeuniones existentes, convertidas en sindicatos (gremios) de industrias, una organización industrial peculiar y la entrega de la dirección de la industria a sus manos considerando que de esa manera se podía crear la sociedad socialista.Los socialistas ``gremiales'' se activaron, sobre todo, después de la Gran Revolución Socialista de Octubre, procurando contraponer su "teoría" reformista a las ideas de la lucha de clases y de la dictadura del proletariado. En los años 20 del siglo XX, el "socialismo gremial" perdió toda su influencia en la clase obrera de Inglaterra.---470
^^158^^ La Comisión para los problemas nacional y colonial se formó en el II Congreso de la Internacional Comunista de representantes de los partidos comunistas de los siguientes países: Rusia, Bulgaria, Francia, Holanda, Alemania, Hungría, EE.UU., India Británica, Persia, China, Corea, Inglaterra y otros. La Comisión funcionó bajo la dirección de Lenin. Las tesis de Lenin sobre las cuestiones nacional y colonial se debatieron en la cuarta y quinta sesiones del congreso y se aprobaron el 28 de julio.---472
^^159^^ El /// Congreso de la Unión de Juventudes Comunistas de Rusia se celebró en Moscú del 2 al 10 de octubre de 1920, asistiendo a él cerca de 600 delegados. En el orden del día figuraban las siguientes cuestiones: situación militar y económica de la república, la Internacional Juvenil Comunista, el informe de balance del Comité Central, la educación socialista de la juventud, el Programa de la Unión de Juventudes Comunistas de Rusia, los Estatutos de la Unión de Juventudes Comunistas de Rusia y otras. Lenin pronunció un discurso en la primera sesión del congreso en la tarde del 2 de octubre.---478
^^160^^ La organización de la Cultura Proletaria (``Proletkult'') apareció en vísperas de la Revolución Socialista de Octubre. Después de la revolución, Proletkult estuvo al cargo de la Sección de la cultura proletaria del Comisariado del Pueblo de Instrucción como organización autónoma. En un principio, la actividad cultural e ilustrativa de Proletkult tuvo una importancia positiva. Sin embargo, los dirigentes y teóricos de Proletkult (A. Bogdánov, P. Lébediev-Polianski, F. Pletniov y otros) tardaron poco en llevar su labor por mal camino. Propugnaban ideas ajenas al marxismo, afirmando que la clase obrera debía crear de manera artificial una "cultura proletaria" particular sin conexión con la cultura precedente, negaban la necesidad de aprovechar a la vieja intelectualidad, se aislaban de las masas y negaban el papel dirigente del Partido Comunista y el Estado soviético en la edificación cultural.
En la primera mitad de octubre de 1920,en Moscú se celebró el I Congreso de Proletkult de toda Rusia. En el discurso pronunciado ante el congreso, A. Lunacharski, en contra de las indicaciones de Lenin, abogó por la autonomía completa de Proletkult en el sistema del Comisariado del Pueblo de Instrucción. Con este motivo, Lenin escribió el documento que se publica. La resolución del congreso sobre la situación de Proletkult en el sistema del Comisariado del Pueblo de Instrucción fue redactada en el espíritu de las directrices expuestas por Lenin en su proyecto. La resolución se discutió en la reunión del Buró Político del CC del PC(b) de Rusia, celebrada el 9 de octubre de 1920, y aprobada unánimemente por el congreso.---493
^^161^^ El VIH Congreso de los Soviets de toda Rusia se reunió en Moscú del 22 al 29 de diciembre de 1920. Asistieron a él 2.537 delegados, de los cuales 1.728 con voz y voto y 809 con voz, pero sin voto.
845Lenin presentó un informe sobre la gestión del Consejo de Comisarios del Pueblo y pronunció el discurso cíe resumen del informe. El congreso adoptó unánimemente una resolución aprobatoria de la gestión del Gobierno soviético.
El VIII Congreso de los Soviets escuchó el informe de G. Krzhizhanovski, presidente de la Comisión Estatal para la Electrificación de Rusia (GOELRO), sobre el plan de electrificación del país y adoptó una resolución escrita por Lenin (véase el presente volumen, pág. 532). Durante las labores del congreso, Lenin habló varias veces en las reuniones de la minoría del PC(b) de Rusia. En la primera reunión de esta minoría, celebrada el 21 de diciembre, presentó un informe sobre las concesiones (véase Obras Completas, 5a ed. en ruso, t. 42, págs. 91--117). En la reunión del 22 de diciembre, pronunció un discurso sobre la política exterior e interior.
Se sometió a discusión en el congreso el proyecto de ley acerca de las medidas para fortalecer y desarrollar la economía campesina, aprobado por el Consejo de Comisarios del Pueblo el 14 de diciembre de 1920. Las tesis fundamentales del proyecto de ley se discutieron en la reunión de los delegados campesinos, celebrada el 22 de diciembre de 1920 y en la del 24 y el 27 de diciembre de 1920 de la minoría del PC(b) de Rusia en este congreso, en las que participó Lenin. El proyecto de ley fue aprobado unánimemente por el congreso el 28 de diciembre de 1920.
El VIII Congreso de los Soviets sancionó el tratado de unión entre la RSFSR y la RSS de Ucrania.---504
^^162^^ El 10 de agosto de 1920, el gobierno de Francia declaró oficialmente que reconocía a Wi ángel como gobernante del Sur de Rusia.---505
^^163^^ Los "Comités de Acción" fueron fundados por los obreros ingleses en agosto de 1920 en Londres, en la Conferencia unificada de representantes del Congreso de las Tradeuniones, del Comité Ejecutivo y del grupo parlamentario del Partido Obrero con el fin de organizar la lucha de los obreros contra la entrada de Inglaterra en la guerra que se hacía a la Rusia Soviética.---508
^^164^^ El Consejo de Defensa (Consejo de Defensa Obrera y Campesina) se fundó por disposición del Comité Ejecutivo Central de toda Rusia fechada el 30 de noviembre de 1918 para dirigir la defensa de la República Soviética. Esta disposición encomendaba al Consejo de Defensa la tarea de poner en práctica el decreto del Comité Ejecutivo Central de toda Rusia del 2 de septiembre de 1918, por el cual la República Soviética había sido declarada campamento de guerra, y de establecer un régimen militar en el abastecimiento y el transporte, así como en la industria de guerra. Al Consejo de Defensa se le concedió plenitud de poderes para movilizar las fuerzas y recursos del país en interés de la defensa. El Consejo de Defensa dirigía el envío de refuerzos, armamento, vituallas y equipos al frente. Encabezaba el Consejo de Defensa Lenin.
Desaparecidos los frentes fundamentales, el Consejo de Defensa se transformó a primeros de abril de 1920 en Consejo de Trabajo y Defensa. Una vez terminada la guerra civil, por acuerdo del VIII Congreso de los Soviets de toda Rusia del 29 de diciembre de 1920, el Consejo de Trabajo y Defensa existió como una comisión del Consejo de Comisarios del Pueblo hasta fines de 1936.---511
^^165^^ Lenin se refiere a las "Seis tesis sobre las tareas inmediatas del Poder soviético " (véase la presente edición, t. 2, págs. 705--707).---511
846^^166^^ Se trata del proyecto de ley "Sobre las medidos partí reforzar y fomentar la agricultura campesina". Fue publicado eu el núm. 281 del periódico Izvestia del CFC de Inda Riisim-} \-í de diciembre de 1920.---518
^^167^^ El decreto del Consejo de Comisarios del Pueblo Reglamento provisional acerco de la adjudicación de premios en especie se promulgó el 23 de octubre de 1920.---522
^^168^^ Se alude al Consejo Supremo de Economía Nacional (CSF.N).---523
^^169^^ En la primera sesión (del 2 al 7 de febrero de 1920), el CEC de toda Rusia de la VII legislatura dispuso encargar al CSEN elaborar conjuntamente con el Comisariado del Pueblo de Agricultura un proyecto de construcción de una red de centrales eléctricas. El 21 de febrero de 1920, el Presidium del CSEN, de acuerdo con el Comisariado del Pueblo de Agricultura, validó la Comisión Estatal para la Electrificación de Rusia (GOELRO). La Comisión, fundada a iniciativa de Lenin y encabezada por G. Krzhizhanovski, empezó a funcionar el 20 de marzo de 1920; incorporó a la composición del plan a unos 200 representantes de los más eminentes de la ciencia y la técnica. Encauzaba la actividad de la Comisión Lenin. Hacia el comienzo del VIII Congreso de los Soviets, la Comisión bahía compuesto un plan general de electrificación de la RSFSR. Los trabajos de la Comisión fueron publicados en diciembre de 1920 con el título de Plan de electrificación de la RSFSR. Introducción al informe de la ('-omisión Estatal para la Electrificación de Rnsia.---528
^^170^^ ``Sújarevka": mercado que estaba en la Plaza Sújarevskaya (hoy Koljóznaya), en Moscú. La palabra "sújarevka" era sinónimo de especulación y trapicheo. Se cerró por decisión del Presidium del Soviet de Moscú del 13 de diciembre de 1920, en vísperas del VIII Congreso de los Soviets de toda Rusia.---528
^^171^^ A invitación de los campesinos, el 14 de noviembre de 1920 Lenin asistió a la apertura de la central eléctrica en la aldea de Káshino, subdistrito de Yaropolsk, distrito de Volokolamsk. Lenin habló con los campesinos y pronunció un discurso en el mitin.---530
^^172^^ Lenin escribió este folleto con motivo de la discusión entablada en el partido en torno al papel y las tareas de los sindicatos. Terminó de escribirlo el 25 de enero de 1921, y el mismo día se entregó a la imprenta. El 26 de enero, entrada la noche, parte de la tirada del folleto se repartió entre los miembros del Comité Central del partido que se ponían en camino a otros lugares para participar en la discusión acerca de los sindicatos.
El iniciador de la discusión y la lucha contra la línea del partido fue Trotski. Tras él se pronunciaron también otros grupos antipartido: la "oposición obrera'', el grupo (¡el "centralismo democrático" y el grupo ``tope''.
Habiendo desplegado una lucha enérgica contra la oposición, Lenin y los leninistas dirigieron el golpe principal contra los trotskistas, fuerza fundamental de los grupos antipartido. El primer discurso de Lenin con motivo de la discusión I ne el que pronunció Sobre los sindicatos, el momento actual y los errores de Trotski, el 30 de diciembre de 1920 en la reunión conjunta de los delegados al VIII Congreso de los Soviets, miembros del Consejo Central de los Sindicatos de toda Rusia y del Consejo Local de Moscú de los Sindicatos, miembros del PC(b) de Rusia (véase Obras Completas.5'' ed. en ruso, t. 42, págs. 202--226). El 21 de enero de 1921 en Pravda se publicó el artículo de Lenin Crisis en el partido, en el que expuso la esencia y las etapas (undamentales de la discusión, denunció los actos escisionistas fraccionarios de los grupos antipartido (ibídem, págs. 234--244). Tuvo gran importancia en la lúe ha del partido contra la oposición el informe de Lenin Aceren 847 del papel y de las tareas de los sindicatos en la reunión de la minoría comunista del II Congreso de los Mineros de toda Rusia, el 23 de enero de 1921 (ibídem, págs. 245--255).
Los trotskistas y todos los demás oposicionistas sufrieron una derrota en la discusión sindical. Las organizaciones del partido se cohesionaron en torno de Lenin y se adhirieron a la plataforma leninista, expuesta en el "Proyecto de resolución del X Congreso del PC de Rusia acerca del papel y de las tareas de los sindicatos". En este documento se determinaba el papel de los sindicatos corno escuela de dirección, escuela de administración, escuela de comunismo; se señalaba que el método principal de trabajo en los sindicatos es el de la persuasión como método de democracia proletaria dentro de los sindicatos; se planteaba la tarea de cohesionar a toda la clase obrera para edificar el socialismo.
Sobre la discusión en el partido acerca de los sindicatos véanse las resoluciones del X Congreso del PC(b) cíe Rusia (F.l PCUS en las resoluciones y acuerdos de los congresos, conferencias v plenos del CC. ed. en ruso, parte I, 1954, págs. 534--549).---534
^^173^^ `` Petrográdskaya Pravda" ``(La Verdad de Petrogrado''): diario; empezó a publicarse el 2 de abril de 1918. Primero fue órgano del ('omite Central y del Comité de Petrogrado del PC(b) de Rusia. Desde junio del mismo año fue órgano del Comité Central, del Comité Regional del Norte y del Comité de Petrogrado del PC(b) de Rusia, y luego del Comité Provincial y del Comité Local de Petrogrado de este partido. F.n enero de 1924 cambió el título por el de Leningrádskaya Pravda ``(La Verdad de Leningrado'').---534
^^174^^ "Fracción de tope" o "grupo de tope": grupo antipartido (Bujarin, Preobrazhenski, Serebriakov y otros) que surgió durante la discusión acerca de los sindicatos. Se llame) "de tope" porque trate') de conciliar el trotskismo con el leninismo, desempeñar el papel de tope en el choque entre las dos plataformas y, en esencia, defendía y encubría a los trotskistas, ayudándoles en la lucha contra el partido. Poco tiempo después, los bujarinistas se unieron abiertamente con los trotskistas contra Lenin. Este caracterizó la plataforma del "grupo de tope" como una desviación sindicalista que llevaba a renunciar a que el partido dirigiera, y la denominó "el colmo cíe la disgregación ideológica".---535
~^^175^^ Cectrán: Comité Central del Sindicato Unificado de los Trabajadores del Transporte Ferroviario y Fluvial. Se funde') en septiembre de 1920. Los trotskistas. que se introdujeron en la dirección del Cectrán a fines de 1920 y principios de 1921, actuaban en los sinelicatos con métodos descarados de ordeno y mando, indisponían contra el partido a los obreros sin partido, escindían a la clase obrera. F.l Comité Central del partido denunció y conelenó la conducta de los trotskistas. F.l I Congreso ele los Obreros del Transporte de toda Rusia, eme se celebró en mar/o de 1921, expulse') a los trotskistas de la dirección del Cedían.---535
^^176^^ La Sección Política Principal del Comisariado del Pueblo de Vías de Comunicación se fundó en febrero de 1919 como organismo político temporal que funcionaba bajo la dirección inmediata del CC del PC(b) de Rusia; en enero de 1920 se reorganizó en Dirección Política Principal del Comisariado del Pueblo de Vías de Comunicación. Sus funciones consistían en aplicar medidas extraordinarias para evitar la desorganización completa del transporte. Fue disuelta por acuerdo de la reunión plenaria del CC del PC(b) de Rusia del 7 de diciembre de 1920.---537
^^177^^ La V ('onferencia Sindical de toda Rusia se reunie') de'l 2 al 6 de noviembre de 1920 en Moscú.
848En la reunión de los comunistas, delegados a la conferencia, Trotski lanzólas consignas de "apretar las tuercas" y "sacudir los sindicatos''. Planteó la reivindicación de "estatificar los sindicatos" inmediatamente y aplicar en ellos métodos militares de trabajo. Los trotskistas intentaron indisponer contra el partido a los obreros sin partido y dividir a la clase obrera.
La intervención de Trotski obtuvo enérgica réplica por parte de los comunistas delegados a la conferencia. La resolución, aprobada por la reunión de la minoría comunista, se basó en el proyecto de resolución, escrito por Lenin, Tareas de los sindicato!, y métodos para cumplirlas (véase Obras Completas, 5a ed. en ruso, t. 42, págs. 9-10.---5:59
~^^178^^ Se trata de la IX Conferencia de toda Rusia del PC(b) de Rusia, celebrada en Moscú del 22 al 25 de septiembre de 1920. Participaron en ella 241 delegados. El orden del día era: informe de la gestión política del CC, informe de organización del CC, tareas inmediatas de la edificación del partido, informe de la Comisión de Historia del partido, informe sobre el II Congreso de la Internacional Comunista. Se escuchó también un informe de un representante de los comunistas polacos. Lenin dio apertura a la conferencia, pronunció el informe de la gestión política del CC y un discurso en los debates sobre las tareas inmediatas de la edificación del partido. La conferencia aprobó por unanimidad una resolución acerca de las condiciones para concertar la paz con Polonia. En la resolución Acerca de las tareas inmediatas de la edificación del partido, la conferencia elaboró una serie de medidas prácticas para desplegar la democracia interna del partido, reforzar la unidad y disciplina del mismo, luchar contra el burocratismo en la administración pública soviética e intensificar la labor de educación comunista de los jóvenes miembros del partido. La conferencia creyó necesario formar una Comisión de Control, elegida por el congreso del partido, y comisiones del partido adjuntas a los comités provinciales del mismo y elegidas en las conferencias provinciales. Esta conferencia rechazó enérgicamente al grupo antipartido del "centralismo democrático'', que se pronunciaba contra la disciplina del partido y el papel dirigente de éste con relación a los Soviets y los sindicatos.---541
^^179^^ La Dirección Política Principal del Transporte Marítimo y Fluvial del Comisariado del Pueblo de Vías de Comunicación se formó en abril de 1920 como sección de la Glavpolitput (véase la nota 176). Estaba llamada a ejercer el control político del mecanismo técnico y administrativo, dirigir la labor de educación política orientada a restaurar con rapidez el transporte por agua, luchar por elevar la productividad del trabajo e implantar la disciplina laboral. Fue suprimida en diciembre de 1920.---542
~^^180^^ Rabkrín: Inspección Obrera y Campesina.---560
~^^181^^ "Oposición obrera": grupo antipartido, anarcosindicalista, encabezado por Shliápnikov, Medvédiev, Kolontái, Lutovínov y otros. Se constituyó en la segunda mitad de 1920 y luchó contra la línea leninista del partido. Exigía que se transmitiera la dirección de la economía nacional a los sindicatos, al "Congreso de los productores de toda Rusia''. Con ello, la "oposición obrera" negaba la función organizadora y económica del Estado proletario y reducía a la nada el papel dirigente del partido en el sistema de la dictadura del proletariado. El X Congreso del PC(b) de Rusia condenó la "oposición obrera" y reconoció que la propaganda de las ideas del anarcosindicalismo era incompatible con la condición de miembro del Partido Comunista. El grupo dirigente de la "oposición obrera" no acató el acuerdo del congreso sobre la disolución inmediata de todas las fracciones y grupos. Poco antes del XI Congreso del partido dirigió una declaración fraccionaria antipartido, 849 firmada por 22 oposicionistas, a la Internacional Comunista. El Pleno ampliado del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista condenó enérgicamente el proceder de este grupo. El XI Congreso del partido formó una Comisión especial para investigar la "declaración de los 22''. Con motivo del informe de esta Comisión adoptó una resolución, en la que condenó la conducta antipartido de los miembros del grupo de la "oposición obrera'', que pretendía dividir el partido, y advirtió a los dirigentes de dicho grupo que si reanudaban su actividad fraccionaria serían expulsados del partido.---567
^^182^^ El // Congreso de Mineros de toda Rusia se celebró del 25 de enero al 1 de febrero de 1921. Antes de su apertura (del 22 al 24 de enero) se celebraron cuatro reuniones de la minoría comunista. El 23 de enero, Lenin habló en la reunión de esta minoría acerca del papel y las tareas de los sindicatos, y el 24 de enero pronunció el discurso de resumen del informe (véase Obras Completas, 5a ed. en ruso, t. 42, págs. 245--255, 256--261).---568
^^183^^ ``Ekonomícheskaya Zhizn" ``(La Vida Económica''): diario que se publicó desde noviembre de 1918 como órgano del Consejo Supremo de Economía Nacional y de los Comisariados del Pueblo de ramas económicas.---569
^^184^^ La resolución citada se publicó en hvestia del CEC de toda Rusia, núm. 28, el 8 de febrero de 1920.---570
^^185^^ Lenin aduce fragmentos de la resolución sobre la electrificación, aprobada por el VIII Congreso de los Soviets de toda Rusia el 29 de diciembre de 1920. El proyecto de esta resolución lo escribió Lenin (véase el presente volumen pág. 532).---572
^^186^^ Aquí y más adelante, Lenin cita el programa del partido aprobado en marzo de 1919 por el VIII Congreso del PC(b) de Rusia (véase El PCUS en las resoluciones y acuerdos de los congresos, conferencias y plenos del CC, ed. en ruso, 1954, parte I, pág. 423).---575
^^187^^ Tit Títich: comerciante rico y contumaz de la comedia del escritor ruso A. Ostrovski Cargar con culpas ajenas.---576
^^188^^ El X Congreso del PC(b) de Rusia se reunió en Moscú del 8 al 16 de marzo de 1921. Asistieron a él 694 delegados con voz y voto en representación de 732.521 miembros del partido, y 296 con voz, pero sin voto. El congreso escuchó y discutió el informe sobre la gestión política del CC, el informe de la Comisión de Control, el informe relativo a las tareas inmediatas del partido en la cuestión nacional, a la sustitución del sistema de contingentación por el impuesto en especie, a la unidad del partido, a la desviación anarcosindicalista y otras cuestiones.
Lenin pronunció un discurso en la sesión de apertura y dirigió las labores del congreso. Pronunció informes sobre todas las cuestiones fundamentales del orden del día: gestión política del CC del PC(b) de Rusia, sustitución del sistema de contingentación por el impuesto en especie, unidad del partido y desviación anarcosindicalista. Pronunció también discursos sobre los sindicatos, la cuestión de los combustibles y el discurso de clausura. Preparó los proyectos iniciales de resoluciones sobre la creación de cooperativas, el mejoramiento de la situación de los obreros y los campesinos necesitados, la unidad del partido y la desviación sindicalista y anarquista en el partido.
El congreso hizo el balance de la discusión sobre los sindicatos y aprobó por mayoría aplastante de votos la plataforma leninista, así como las resoluciones 850 propuestas por Lenin Sabré la unidad del partido y Sobre la desviación sindicalista v anarquista en nuestro partido (véase el presente volumen, págs. 595--602).
Los acuerdos del congreso acerca de la edificación del partido estipulaban desplegar la democracia interna del mismo, aplicar el principio de dirección colectiva, elevar el nivel político e ideológico de los miembros del partido y reforzar la influencia del partido entre las masas sin partido.
El congreso adoptó el importantísimo acuerdo de sustituir el sistema de contingentación por el impuesto en especie, o sea, de pasar a la nueva política económica, que garantizó una sólida alianza económica y política de la clase obrera y los campesinos y la construcción de los cimientos de la sociedad socialista.
El congreso aprobó por unanimidad una resolución sobre las tareas inmediatas del partido en el problema nacional, elaborada por una Comisión bajo la dirección de Lenin. En esa resolución se planteaba la tarea de ayudar a los pueblos atrasados a elevarse al nivel de los adelantados, a suprimir su desigualdad efectiva. El congreso exhortó a luchar enérgicamente contra el chovinismo de nación dominante y el nacionalismo local.
El X Congreso del partido eligió un nuevo Comité Central con mayoría de leninistas.---577
^^189^^ Véase El PCUS en las resoluciones y acuerdos de los congresos, conferencias y plenos del CC, ed. en ruso, parte I, 1954, pág. 564.---587
^^190^^ Estas palabras se las dijo a Lenin la escultora inglesa Claire Sheridan, la cual visitó la Rusia Soviética en 1920; probablemente son de Winslon Churchill.---589
~^^191^^ Por acuerdo del X Congreso del PC(b) de Rusia, el séptimo punto de la resolución sobre la unidad del partido no se publicó entonces. El acuerdo de darlo a conocer se tomó en la XIII Conferencia del mismo el 17 de enero de 1924 (véase El PCUS en las resoluciones y acuerdos de los congresos, conferencias y plenos del CC, ed. en ruso, parte I, 1954, pág. 785, punto 14).---595
^^192^^ Sublevación de Cronstadt: motín contrarrevolucionario organizado contra el Poder soviético por los guardias blancos, eseristas, mencheviques, anarquistas y agentes de los Estados imperialistas; estalló el 28 de febrero de 1921. En la sublevación de Cronstadt se manifestó la nueva táctica del enemigo de clase, que con la consigna de "Soviets sin comunistas'', calculada para engañar a las masas, intentó ocultar su aspiración a restaurar el capitalismo. Los contrarrevolucionarios querían apartar a los comunistas de la dirección de los Soviets, instaurar la dictadura de la burguesía y el régimen capitalista. A sofocar el levantamiento de Cronstadt fueron enviadas unidades del Ejército Rojo. El X Congreso del partido envió para liquidar la sublevación a 300 delegados. El 18 de marzo, el motín estaba liquidado por completo.---596
^^193^^ Diskussionni Listok" ``(Boletín de Discusión''): publicación no periódica del CC del PC(b) de Rusia; comenzó a editarse por acuerdo de la IX Conferencia del partido, celebrada en septiembre de 1920. Aparecieron dos números: el primero, en enero; y el segundo, en febrero de 1921, en vísperas del X Congreso del partido.---597
^^194^^ ``Vperiod'' (``Adelante''): diario menchevique que se editó en lósanos 1917 y 1918; fue clausurado a fines de abril de 1918 por su actividad contrarrevoluciona-
^^195^^ LeninK. Eng alude a la Crítica del Programa de Gotha, de C. Marx (véase C. Marx y els. Obras Escogidas en dos tomos, ed. en español, t. II, pág. 16).---609
851^^196^^ Lenin cita el trabajo de F. Engels El problema campesino en Erando y en Alemania (véase C. Marx y F. F.ngels. Obras ESI -agidas en dos tomos, ed. en español, t. II, pág. 442).---610
^^197^^ Lenin cita la poesía de A. l'ushkin El héroe.---622
^^198^^ ``Oblomovismo": según el nombre del terrateniente Oblómov, protagonista de la novela homónima de I. Concharov. El nombre de Oblómov se ha hecho sinónimo de rutina, estancamiento, inmovilidad.---623
^^199^^ La X Conferencia de toda Rusia del PC(b) de Rusia se celebró en Moscú del 26 al 28 de mayo de 1921. Fue extraordinaria.
Esta conferencia concedió la atención fundamental a la aplicación de la nueva política económica. Lenin pronunció el discurso de apertura; pronunció el informe sobre el impuesto en especie y el discurso de resumen del mismo; preparó el proyecto de resolución sobre esta cuestión; pronunció también un informe sobre la labor de la minoría comunista en el IV Congreso de los Sindicatos y el discurso de clausura de la conferencia. El proyecto cíe resolución sobre la nueva política económica, redactado por Lenin, fue aprobado por la conferencia.---638
^^200^^ El /// Congreso de la Internacional Comunista se reunió en Moscú del 22 de junio al 12 de julio de 1921. Participaron en sus labores representantes de los partidos comunistas, socialistas de izquierda y socialistas de 48 países y delegados de las organizaciones internacionales de la juventud y las mujeres. Estuvieron también invitados al congreso representantes de grupos próximos a la Internacional Comunista.
El Partido Comunista (bolchevique) de Rusia estuvo representado en el congreso por 72 delegados que encabezaba Lenin.
Lenin fue elegido presidente de honor del congreso. Dirigió todas las labores del mismo; participó en las labores de sus comisiones. Redactó las Tesis del informe sobre la táctica del Partido Comunista de Rusia, presentado al III Congreso de la Internacional Comunista. Los acuerdos del congreso sobre la táctica de los partidos comunistas y sobre organización fueron elaborados con su participación directa. Pronunció los discursos sobre la cuestión italiana y en defensa de la táctica de la Internacional Comunista, así como el informe sobre la táctica del PC(b) de Rusia. F.l 11 de julio pronunció un discurso en la reunión de los miembros de las delegaciones alemana, polaca, checoslovaca, húngara e italiana.
El congreso aprobó las tesis: La situación internacional y nuestras tareas, Sobre la táctica, Organizador! de los partidos comunistas, métodos y contenido de su trabajo y otros acuerdos. El congreso planteó como una de las tareas principales de los partidos comunistas la tarea de conquistar a la mayoría del proletariado, a la mayoría de las masas trabajadoras. Reconoció como el medio fundamental de lucha de los partidos comunistas por las masas la táctica del frente obrero único.
Tras escuchar el informe de Lenin sobre la táctica del PC(b) de Rusia, el congreso aprobó la política de este partido y exhortó al proletariado de todo el mundo a que apoyase al País de los Soviets.---640
^^201^^ Se trata del ametrallamiento, por las tropas inglesas, del mitin de protesta que se celebró el 13 de abril de 1919 en la ciudad india de Amritsar contra la política terrorista del gobierno inglés en la India. Hubo 400 muertos y 1.200 heridos. Matan/as como ésta se produjeron también en otras ciudades de la India.---642
^^202^^ `` Posliednie Nóvosti" ``(La Ultimas Noticias''): diario de los emigrados blancos, órgano del contrarrevolucionario partido burgués de los demócratas constitucio-
852 nalistas; se publicó en París desde abril de 1920 hasta julio de 1940; su redactor fue el líder de los demócratas constitucionalistas P. Miliukov.---647^^203^^ " Kommunistícheski Trud" ``(El Trabajo Comunista''): diario, órgano del Comité de Moscú del PC(b) de Rusia y del Soviet de Moscú de los diputados obreros y campesinos. Empezó a editarse el 18 de marzo de 1920. A partir del 7 de febrero de 1922 apareció con el nombre de Rabóchaya Moskvá ``(Moscú Obrero''); y desde el 1 de marzo de 1939, con el de Moskovski Bolshevik``(lL\ Bolchevique de Moscú''); desde el 19 de febrero de 1950 aparece con el título de Moskóvskaya Pravda ``(La Verdad de Moscú'').---647
~^^204^^ El Partido Comunista Obrero Alemán (PCOA) se formó con el grupo de los comunistas de ``izquierda'', entre los que había muchos elementos anarcosindicalistas, que se escindió en octubre de 1919 del Partido Comunista de Alemania; se constituyó como organización independiente en abril de 1920. El PCOA mantenía posiciones sectarias, se pronunciaba contra el aprovechamiento del Parlamento, renunciaba a trabajar en los sindicatos y negaba el papel dirigente del Partido Comunista en la revolución proletaria. Al III Congreso de la Internacional Comunista asistió una delegación de este partido. El PCOA no cumplió los acuerdos del congreso, que le exigían renunciar a la táctica sectaria y adherirse al Partido Comunista de Alemania, y fue expulsado de la Internacional Comunista. Posteriormente, el PCOA se convirtió en un grupo insignificante, hostil a la clase obrera cíe Alemania.---650
~^^205^^ Se alude a la "Carta abierta del Comité Central del Partido Comunista Unificado de Alemania" a todas las organizaciones socialistas y sindicales, publicada el 8 de enero de 1921 en el periódico Die Rote Fahne``(La Bandera Roja''); en esta carta se exhortaba a luchar juntos por las reivindicaciones más apremiantes de la clase obrera contra la ofensiva, que se intensificaba, de la reacción. Las reuniones de obreros, en las que se examinó la Carta abierta, se pronunciaron enérgicamente en pro del frente único. Los organismos dirigentes de los partidos socialistas y de los sindicatos de Alemania o no quisieron prestar oído el llamamiento del PCUA o lo rechazaron. El Partido Comunista Obrero Alemán ocupó una posición rotundamente negativa con relación a la Carta abierta.
El Partido Comunista Unificado de Alemania (PCUA) se fundó en diciembre de 1920 en el Congreso de Unificación del Partido Comunista de Alemania y una mayoría considerable de los miembros del Partido Socialdemócrata Independiente.
La unificación se llevó a cabo después de haberse dividido el Partido Socialdemócrata Independiente en el Congreso de Halle (octubre de 1920), en el que la mayoría de los independientes rompió con este partido centrista (kautskiano) y se pasó al lado de la III Internacional, la Internacional Comunista.
En el siguiente congreso (celebrado en Jena en agosto de 1921), el partido volvió a tomar su denominación anterior: Partido Comunista de Alemania.---651
~^^206^^ Los errores de los comunistas de ``izquierda'' en Alemania en marzo de 1921 consistieron en que empujaron a la clase obrera a una sublevación prematura. Estos errores dimanaban de la "teoría de la ofensiva'', predominante a la sazón en el partido, teoría que no tenía en cuenta si las amplias masas de los trabajadores apoyaban o no a la vanguardia de la clase obrera y si existían o no premisas objetivas para lanzarse al ataque. La "teoría de la ofensiva" significaba abandonarla paciente labor educativa de las masas y amenazaba con que el partido se apartase de ellas.
853Aprovechándose de los errores del Partido Comunista, la burguesía alemana provocó a los obreros a que se levantaran con las armas en la mano en un momento desfavorable para ellos. En marzo de 1921 se introdujeron, con fines provocativos, unidades policíacas en las zonas de Alemania Central afectadas por las huelgas. Los obreros respondieron declarando la huelga general, que se transformó en sublevación armada sin preparación previa. El llamamiento del CC del Partido Comunista Unificado de Alemania a la huelga general no fue seguido en todo el país. La sublevación, no apoyada por los obreros de otras zonas industriales de Alemania, a pesar de la heroica lucha de los obreros, fue sofocada rápidamente.
Lenin enjuició también la sublevación de marzo de 1921 en Alemania y los errores de los ``izquierdistas'' en la Carta a los comunistas alemanes (véase Obran Completas, 5'' ed. en ruso, t. 44, págs. 88--100; en español puede verse V. I. Lenin. Acerca del movimiento obrero v comunista internacional, págs. 392--405).---653
^^207^^ Véase K. Engel.s. F.l programa de los emigrados blanquistas de la Comuna.---670
^^208^^ Del papel y las tareas de los sindicatos en las condiciones de la nueva política económica se trató en el Pleno del CC del PC(b) de Rusia el 28 de diciembre de 1921. El Pleno acordó crear una Comisión compuesta por V. I. Lenin, A. A. Andréiev e Y. E. Rudzutak, a la que se encomendó examinar las tesis de Andréiev y Rudzutak y preparar el proyecto de resolución. Lenin escribió unas tesis nuevas, que sirvieron de base para la presente resolución del CC del PC(b) de Rusia del 12 de enero de 1922. Acerca del papel y de las tareas de los sindicatos en las condiciones de la nueva política económica. Esto fue un proyecto de resolución sobre los sindicatos para el XI Congreso del partido. Examinadas las tesis por la Comisión del congreso, fueron aprobadas por éste con enmiendas insignificantes.---676
^^209^^ La causa del suicidio del ingeniero V. Oldenborguer fue vista por el Tribunal Supremo adjunto al CEC de toda Rusia del 8 al 14 de marzo de 1922. Los culpables de la persecución de Oldenborguer fueron castigados.---685
^^210^^ ``Pod Známenem Marxizma" ``(Bajo la Bandera del Marxismo''): revista mensual filosófica y económico-social; apareció en Moscú desde enero de 1922 hasta junio de 1944.---688
^^211^^ Véase K. Engels. El programa de los emigrados btanquistas de la Comuna.---690
^^212^^ Lenin tomó esta expresión de la obra de M. Saltykov-Schedrín Historia de una ciudad.---694
^^213^^ ``Ekonomist'' ``(El Economista''): revista de la sección económico-industrial de la Sociedad Técnica Rusa; apareció en Petrogrado en los años 1921 y 1922.
La Sociedad Técnica Rusa fue una sociedad científica que existió desde 1866 en San Petersburgo con sucursales en otras ciudades; tenía el fin de contribuir al fomento de la industria y a la difusión de conocimientos técnicos. Después de la Revolución de Octubre, una gran parte de los miembros de la Sociedad, integrada por empleados de todo género, abogados, comerciantes y ex propietarios, además de ingenieros y peritos, manifestó hostilidad al Poder soviético. Fue clausurada en 1929.---694
^^214^^ El XI Congreso del PC(b) de Rusia se celebró en Moscú del 27 de marzo al 2 de abril de 1922. Fue el último congreso del partido al que asistió Lenin y que estuvo 854 dirigido por él. Hubo 522 delegados con voz y voto y 165 con voz, pero sin voto. Examinó las siguientes cuestiones:
1) Informe político del CC; 2) Informe de la gestión organizadora del CC; 3) Informe de la Comisión de Revisión; 4) Informe de la Comisión Central de Control; 5) Informe de la delegación del PC de Rusia en la Internacional Comunista; 6) Los sindicatos; 7) Acerca del Ejército Rojo; 8) Política de finanzas; 9) Resultados de la depuración del partido y el reforzamiento de sus filas: coinformes sobre la labor entre la juventud y sobre prensa y propaganda; 10) Elecciones del CC y de la Comisión Central de Control.
Lenin inauguró el congreso con un discurso de apertura y pronunció el informe sobre la gestión política del CC del PC(b) de Rusia y el discurso de resumen del mismo, así como el discurso de clausura del congreso.
El congreso hizo el balance del primer año de nueva política económica. A propuesta de Lenin, proclamó que el retroceso en el dominio económico había terminado y planteó la tarea de reagrupar las fuerzas para pasar a la ofensiva contra los elementos capitalistas.
El XI Congreso del partido eligió un Comité Central, en el que entraron: V. I. Lenin, A. A. Andréiev, V. Y.Chubar, F. E. Dzerzhinski, M. V. Frunze, M.I.Kalinin, V. V. Kúibyshev, G. K. Ordzhonikidze, G. I. Petrovski, Y. E. Rudzutak, E. M. Yaroslavski y otros; miembros suplentes del CC fueron elegidos: A. E.Bacláiev, A. S. Búbnov, S. M. Kírov, T. S. Krívov, D.Z. Manuilski, A. I. Mikoián y oíros.---697
^^215^^ Lenin se refiere a la Conferencia de Genova.
La Conferencia de Genova ``(Conferencia Económica Internacional'') se celebró del 10 de abril al 19 de mayo de 1922 en la ciudad de Genova (Italia) con la participación de representantes de la Rusia Soviética, Inglaterra, Francia, Italia, Bélgica, Japón, Alemania y otros países. El representante de los EE.UU. asistió en calidad de ``observador''.
Los Estados imperialistas intentaron aprovechar en la conferencia las dificultades económicas por que pasaba la Rusia Soviética para imponerle unas condiciones leoninas de convenio. Exigieron el pago de todas las deudas del zarismo, incluidas las de anteguerra, la devolución de las empresas nacionalizadas a los propietarios extranjeros, etc.
En la sesión extraordinaria del CEC de toda Rusia del 27 de enero de 1922, Lenin fue nombrado jefe de la delegación soviética. Aunque no pudo partir para Genova, Lenin dirigió de hecho toda la actividad de la delegación soviética, redactó las directrices del CC para ella, dio indicaciones a sus miembros sobre el orden del planteamiento de las cuestiones y el contenido de los memorándums presentados en nombre del Gobierno soviético en el curso de las labores de la conferencia.
La delegación soviética presentó un amplio programa de propuestas encauzadas a reforzar la paz y la colaboración económica de los pueblos, a establecer relaciones comerciales entre la Rusia Soviética y los países capitalistas. El punto más importante de este programa fue la cuestión de la reducción general de los armamentos.
Siguiendo las directrices del Comité Central del partido y las indicaciones de Lenin, la delegación soviética rechazó enérgicamente las desfachatadas exigencias de los imperialistas y repelió los atentados a la soberanía del Estado soviético. Debido a la posición hostil de Francia e Inglaterra con relación a la Rusia Soviética, la conferencia quedó interrumpida. La discusión de la cuestión se pasó a la Conferencia de La Haya, de expertos, que se reunió en junio-julio de 1922. Lo mismo que en la Conferencia de Genova, las negociaciones en la de La Haya no dieron ningún resultado.
855Lenin expuso también las tareas fundamentales en el dominio de la política exterior del Gobierno soviético, con motivo de las conferencias de Genova y La Haya, en el discurso pronunciado en la reunión de la minoría comunista del Congreso de los Metalistas de toda Rusia (véase Obras Completas, 5a ed. en ruso, t. 45, págs. 1-14).---697
^^216^^ Se alude a la comisión fundada por disposición del Consejo de Trabajo y Defensa fechada el 15 de febrero de 1922 para examinar Ins propuestas sobre la formación de sociedades mixtas.---715
^^217^^ Severolés: Dirección Especial de la Industria Forestal de la Zona Septentrional y del Mar Blanco, fundada en 1921.---715
^^218^^ ``Persuasor general": apodo que los soldados dieron a Kerenski en 1917, cuando el Gobierno Provisional burgués lo designó jete supremo.---716
^^219^^ "Las de "Smiena Vej"' grupo que surgió entre los medios intelectuales del campo antisoviético de emigrados Mancos, que debe el nombre a la compilación de artículos Smiena Vej, editada en julio de 1921 en Praga. "Los de Smiena Vej" publicaron también una revista con el mismo título en París desde octubre de 1921 hasta marzo de 1922. Convencidos de la completa imposibilidad de derrocar el Poder soviético mediante la intervención militar extranjera, cuando se introdujo la nueva política económica cifraron sus esperanzas en la degeneración interna del Estadc» soviético.---717
^^220^^ El libro de Alexandr Todorski Un año con el fusil y el arado se editó en 1918 por el Comité Ejecutivo de los Soviets del distrito de Vesiegonsk, provincia de Tver. Sobre este libro véase el artículo de V. I. Lenin Pequeña ilustración para esclarecer grandes cuestiones (Obras Completas, 5a ed. en ruso, t. 87, págs. 407--411).---720
^^221^^ Comisión de Historia del Partido: La ``(omisión para reunir y estudiar datos y documentos de la Historia de la Revolución de Octubre y del Partido Comunista de Rusia se organizó adjunta al Comisariado del Pueblo de Instrucción Pública por disposición del Consejo.de Comisarios del Pueblo del 21 de septiembre de 1920. Por acuerdo del CC del PC(b) de Rusia pasó a depender de dicho CC, como sección del mismo, desde el 1 de diciembre de 1921. En 1928 se unificó con el Instituto de Lenin, adjunto al CC, del PC(b) de la URSS.---728
^^222^^ Comisión Central de Comprobación de los miembros del partido la fundó el CC del PC(b) de Rusia el 25 de junio de 1921 para dirigir la depuración del partido según el acuerdo del X Congreso del PC(b) de Rusia.---734
^^223^^ Asambleas económicas: órganos locales del Consejo de Trabajo y Defensa.---736
~^^224^^ El 10 de agosto de 1922, el Buró Político del CC del PC(b) de Rusia formó una Comisión a fin de preparar, para el Pleno del CC, la cuestión de las relaciones sucesivas entre la RSFSR, la RSS de Ucrania, la RSS de Bielorrusia, la RSS de Azerbaidzhán, la RSS de Georgia y la RSS de Armenia. El proyecto inicial de la resolución Sobre las relaciones mutuas entre la RSFSR y las repúblicas independientes lo compuso y.Stalin. Este proyecto arrancaba de la idea de la "autononiización'', o sea, de la unificación de las repúblicas soviéticas nacionales mediante su ingreso en la RSFSR con derechos de unidades autonómicas. El 23--24 de septiembre, la Comisión adoptó la resolución propuesta por Stalin.
856Los materiales de la labor de la Comisión fueron enviados a Lenin, que había enfermado gravemente en el verano de 1922 y estaba en Gorlu, cerca de Moscú, por lo que no pudo participar en la preparación de la cuestión relativa a la unificación de las repúblicas soviéticas. Al conocer la resolución de la Comisión, Lenin tuvo el 27 de septiembre una charla con Stalin, después de la cual escribió la presente carta a los miembros del Buró Político. En esta carta, Lenin se manifestó enérgicamente en contra de la "autonomización" y propuso una solución distinta por principio: la unificación voluntaria de todas las repúblicas soviéticas, incluida la RSFSR, en un nuevo Estado: la Unión de Repúblicas Soviéticas, en pie de completa igualdad de derechos.
Partiendo de las indicaciones de Lenin, la Comisión redactó un nuevo proyecto de resolución sobre la unificación de las repúblicas soviéticas, que se sometió al examen del Pleno del CC del PC(b) de Rusia el 6 de octubre de 1922. Al aprobar este proyecto como directriz, el Pleno constituyó una Comisión de representantes de la RSFSR y de las repúblicas soviéticas de Ucrania, Bielorrusia, Azerbaidzhán, Georgia y Armenia para elaborar, a base de esa directriz, un proyecto de ley y aplicarlo a través de los congresos de los Soviets.
El acuerdo del Pleno del CC del PC(b) de Rusia fue aprobado por los Comités Centrales de los partidos comunistas de Ucrania, Bielorrusia, Georgia, Azerbaidzhán y Armenia. Múltiples reuniones de trabajadores en todas las repúblicas soviéticas y congresos de los Soviets saludaron cálidamente la idea de la formación de la URSS.
El Primer Congreso de los Soviets de la URSS, que se reunió el 30 de diciembre de 1922, adoptó unánimemente la Declaración y el Tratado sobre la formación de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, basados ambos documentos en la idea leninista de la igualdad de derechos y colaboración fraternal de los pueblos, en la idea del internacionalismo proletario (véase también el presente volumen, págs. 775--780).---740
^^225^^ El IV Congreso de la Internacional Comunista se reunió del 5 de noviembre al 5 de diciembre de 1922. Se inauguró en Petrogrado, y las siguientes sesiones, a partir del 9 de noviembre, se celebraron en Moscú. Participaron en el congreso 408 delegados, de ellos 343 con voz y voto en representación de 58 organizaciones comunistas de distintos países. Además, asistieron representantes del Partido Socialista Italiano, del Partido Obrero Islandés y del Partido RevolucionarioPopular Mongol, así como de la Internacional Juvenil Comunista, de la Internacional Sindical, del Secretariado Internacional de las Mujeres, del Socorro Obrero Internacional y de la organización de los negros de los EE.UU. El 13 de noviembre, el congreso escuchó el informe de Lenin' Cinco años de la revolución rusa y perspectivas de la revolución mundial, que leyó en alemán. El congreso aprobó las tesis elaboradas por el PC(b) de Rusia sobre el frente obrero único, las tesis sobre la táctica de la Internacional Comunista, sobre las tareas de los comunistas en el movimiento sindical, sobre la cuestión oriental y adoptó una resolución sobre la revolución socialista en Rusia, sobre la Internacional juvenil Comunista y otras.---742
^^226^^ Lenin se refiere a su artículo Acerca del infantilismo ``izquierdista'' y del espíritu pequeñoburgués (véase la presente edición, t. 2, págs. 709--732).---742
^^227^^ Lenin tomó esta expresión de la novela de I. S. Turguénev Kudin.---752
^^228^^ Lenin pronunció su discurso en el Pleno del Soviet de Moscú, que se reunió junto con los plenos de todos los Soviets distritales de Moscú en la tarde del 20 de noviembre de 1922. Fue la última vez que habló en público.---755
857^^229^^ Lenin se refiere a la disposición de la Reunión Popular de la República del Extremo Oriente sobre la unificación de esta república con la RSFSR, adoptada el 14 de noviembre de 1922. La disposición se publicó en los periódicos el 15 de noviembre del mismo año.---75b
~^^230^^ La Carta al Congreso, conocida con el nombre de ``testamento'', fue dictada por V. I. Lenin del 23 al 26 de diciembre de 1922, y la Adición a la carta del 24 de diciembre de 1922 fue dictada el 4 de enero de 1923.
Esta carta, igual que las publicadas a continuación: Sobre la concesión de funciones legislativas al Gosplán y Contribución al problema de las naciones o sobre la "autonomización" guardan estrecha relación con los últimos trabajos de V. I. Lenin, de importancia programática: Páginas del diario, Sobre las cooperativas, Nuestra revolución (A propósito de las notas de N. Sujánov), Cómo tenemos que reorganizar la Inspección Obrera y (Campesina (Propuesta al XII Confreso del partido) y Más vale poco y bueno. Estos artículos los dictó de enero a marzo de 1923 y fueron publicados entonces en el periódico Pravda (véase el presente volumen, págs. 781--815).
Lenin estimó necesario que, después de su muerte, esta carta se debía poner en conocimiento del congreso ordinario del partido. Cumpliendo la Voluntad de Lenin, la carta se leyó a cada delegación del XIII Congreso del partido, que se reunió del 23 al 31 de mayo de 1924. El XIII Congreso del partido acordó por unanimidad no publicar la carta, ya que iba dirigida al congreso y no estaba destinada para la prensa. Por acuerdo del XV Congreso del PC(b) de la URSS, celebrado del 2 al 19 de diciembre de 1927, la carta fue parcialmente publicada en el boletín núm. 30 del congreso.
Por acuerdo del CC del PCUS, las antecitadas cartas de Lenin fueron puestas en conocimiento de los delegados al XX Congreso del partido y distribuidas a las organizaciones del partido, y luego publicadas en 1956 en el núm. 9 de la revista Kommunist, editadas en folleto aparte con gran tirada e insertas en el tomo 36 de la 4a edición de las Obras de V. I. Lenin.---764
~^^231^^ Se alude a la conducta capituladora de Zinóviev y Kámenev en las reuniones del C'-C del partido del 10 (23) y 16 (29) de octubre de 1917, (liando se pronunciaron y votaron contra la resolución de Lenin de preparar inmediatamente la insurrección armada. Al obtener enérgica réplica en ambas reuniones del CC, Kámenev y Zinóviev publicaron el 18 de octubre en el periódico menchevique Nóvaya Zhizn ``(Vida Nueva'') una declaración sobre la preparación de la insurrección por los bolcheviques calificándola de aventura. Con ello revelaron a Rodzianko y Kerenski los planes del partido, o sea, el acuerdo del CC de organizar la sublevación en fechas próximas. El mismo día, Lenin condenó este acto en la Carta a los miembros del partido bolchevique, llamándolo acto inaudito de esquirolaje (véase la presente edición, t. 2, págs. 465--467).---767
^^232^^ ``Autonomización": idea de la unificación de las repúblicas soviéticas mediante su ingreso en la RSFSR a base de los principios de la autonomía. El 30 de diciembre de 1922 se reunió el I Congreso de los Soviets de la URSS. Lenin, gravemente enfermo, no pudo asistir. Como concedía una importancia excepcional a la aplicación acertada de la política nacional y a la realización práctica de la Declaración y el Tratado sobre la formación de la URSS, adoptados por el congreso, Lenin dictó la presente carta el 30 y el 31 de diciembre de 1922. Esta carta de Lenin fue leída en la reunión de los dirigentes de las delegaciones del XII Congreso del PC(b) de Rusia, que se celebró en abril de 1923. El congreso aprobó una resolución sobre la cuestión nacional a base de las indicaciones de Lenin.---775.
29--73
858^^233^^ Se trata de los plenos del CC del PC(b) de Rusia, que se reunieron en octubre y diciembre de 1922. En el orden del día figuraban cuestiones de la formación de la URSS.---775
^^234^^ Lenin alude a su artículo Acerca del infantilismo ``izquierdista'' y del espíritu pequeñoburgués (véase la presente edición, t. 2, pág.s. 709--732).---789
^^235^^ Aquí Lenin se refiere, por lo visto, a las palabras de C. Marx de la obra La guerra civil en Francia y de la carta a Kugelmann del 12 de abril de 1871 (véase C. Marx y F. Engels. Obras Escogidas en dos tomos, ed. en español, t. 1, págs. 510--511; t. II, pág. 467).---793
^^236^^ Véase la carta de C. Marx y F. Engels del 16 de abril de 1856.---793
^^237^^ Lenin escribió el artículo Cómo tenemos que reorganizar la Inspección Obrera y Campesina y su continuación Más vale poco y bueno para el XII Congreso del partido.
El XII Congreso del PC(b) de Rusia, que se celebró del 17 al 25 de abril de 1923, tuvo en cuenta en sus acuerdos todas las indicaciones de Lenin hechas en sus últimos artículos y cartas. El congreso adoptó una resolución especial Sobre las tareas de la Inspección Obrera y Campesina y la Comisión Central de Control, así como un acuerdo sobre la unión de los órganos de la Comisión Central de Control y el Comisariado del Pueblo de la Inspección Obrera y Campesina (véase El PCUS en las resoluciones y acuerdos de los congresos, conferencias y plenos del CC, 7 a ed. en ruso, parte I, 1954, págs. 719--723, 725--726).---797
^^238^^ Se alude al libro de O. A. Ermanski La organización científica del trabajo y el sistema de Taylor. Véase el artículo de V. I. Lenin Una cucharada de hiél en un barril de miel (Obras Compelas, 5a ed. en ruso, t. 45, págs. 206--207).---807
^^239^^ La central hidroeléctrica del Vóljov, primera gran central eléctrica construida en la Unión Soviética. Las obras empezaron en 1918, pero adquirieron plena intensidad tan sólo en 1921, después de terminar la guerra civil. La central hidroeléctrica del Vóljov empezó a funcionar en 1926.---814
[859] __ALPHA_LVL1__ ÍNDICE DE NOMBRES AAdler. Feérico (1879--1960): uno de los líderes de los socialdemócratas dederecha austríacos y uno de los organizadores de la oportunista Internacional II y media.---288, 352, 358, 365, 632.
Adler, Fntz: véase Adler, Federico.---
Adoratski, Vladímir Víktorovich (1878-- 1945): miembro del POSDR desde 1904. Después de la Revolución Socialista de Octubre ocupó varios cargos de responsabilidad en el partido y en los Soviets. En los últimos años de su vida fue director y, luego, redactor jefe del Instituto de Marx-Engels-Lenin; miembro de número de la Academia de Ciencias de la URSS; autor de varias obras científicas sobre las cuestiones de la historia del . marxismo.---647.
Albert (Eberlein, H«£o)(1887--1944): comunista alemán; fue uno de los dirigentes de la Liga Espartaco y miembro del CC del Partido Comunista de Alemania. Representante del PCA en el I Congreso de la Internacional Comunista y participante de los IV y VII Congresos de la Internacional Comunista.---158.
Alexéiev, Mijtál V<m/¿ía>tíA(1857--1918): general del ejército zarista; después de la revolución de febrero de 1917 fue comandante en jefe, luego consejero militar en el Gobierno Provisional burgués. Al triunfar la Revolución Socialista de __COLUMN2__ Octubre, uno de los principales organizadores de la contrarrevolución. Encabezó el "Ejército Voluntario" de guardias blancos, organizado en el Cáucaso del Norte con ayuda activa del imperialismo anglo-francés para luchar contra el Poder soviético.---25.
Asquilh, Heñberto Enrique (1852--1928): estadista inglés y líder del Partido Liberal.---402, 406.
Austerlitz, Federico (1862--1931): uno de los líderes de derecha del Partido Socialdemócrata Austríaco, redactor de su órgano central ArbeiterZeilung. En los años de la primera guerra mundial (1914--1918) mantuvo una posición chovinista extrema.---358.
Avxéntiev, Nikolái Dmítrievich (1878-- 1943): uno de los líderes de los eseristas de derecha. En julioagosto de 1917 fue ministro del Interior en el Gobierno Provisional burgués. Después de la Revolución Socialista de Octubre, uno de los organizadores de acciones contrarrevolucionarias antisoviéticas; luego emigró.---125, 254.
Axelrod. Pável Borhmmh (1850--1928): socialdemócrata, participó en la fundación del primer grupo marxista en Rusia Emancipación del Trabajo. Uno de los líderes de los mencheviques después del II Congreso del POSDR (1903). En los años de reacción (1907--1910) fue liquidador. Acogió con hostilidad la Revolución Socialista de Octubre; estando en la emigración, 860 propugnó la intervención armada contra la Rusia Soviética.---88, 93, 94, 137, 394.
__COLUMN2__Bismurck, Otón (1815--1898): estadista prusiano. Kn 1871--1890 fue canciller del Imperio Alemán, l'nificó Alemania por medio de la xiolene ia bajo la égida de Prusia.---100.
Blnnc. I.uJs (181 1-1882): socialista pec|ueñoburgués e historiador francés. Durante la revolución de febrero de 1848 en Francia lorme') parte del Gobierno Provisional: con su táctica conciliadora ayudó a la burguesía a apartar a los obreros de la lucha revolucionaria. Elegido a la Asamblea Nacional en febrero de 1871. Blanc fue enemigo de la Comuna cié París.---72.
Bltinqiii. Luis Anpislo (1805--1881): notable revolucionario francés, representante del comunismo utópico, encabezó varias sociedades revolucionarias secretas. Estuvo en la cárcel más de 36 años. Procuraba que el poder fuese obtenido por un puñado de conspiradores revolucionarios, porque no concebía el papel decisivo de la organización de masas para la lucha revolucionaria. Marx, Engels y Lenm tenían en alta estima los méritos revolucionarios de Blanqui; pero, al mismo tiempo, le criticaban duramente por sus errores y la viciosidad cicla táctica conspirativa.---126, 390.
Bogaievski, Mitrofán Petróvich (1881-- 1918): uno de los dirigentes de la contrarrevolución del Don en 1917--1918. A comienzos de 1918 fue detenido por los órganos del Poder soviético y fusilado por la sentencia del tribunal.---613.
Bonliga, Amadeo (n. 1889): uno = de^^1^^ los líderes del ala semianáre|iue a del Partido Socialista Italiano; en los años de la primera guerra mundial (1914--1918), internacionalista.
En 1921 participe') en la fundación del Partido Comunista Italiano y forme') parte de su dirección. Ocupe') posiciones ultraizqierdistas. predice') el sectarismo y la prosternación ante la espontaneidad, negó el papel dirigente del partido y 861 la importancia de su liga/.ón eon las masas.
En 1926, en el III Congreso del PCI, el grupe) de Borcliga lúe reprobado como desviac ion "de izquierda'', de hecho pequeñobmguesa, y las concepciones teóricas de Borcliga (bordiguianismo) fueron derrotadas. En 1930 fue expulsado del PCI.---389, 429, 430.
Bnnting, Carlos Hjalmai (1860--1925): uno cíe los líderes oportunistas de la socialdemocracia sueca y de la 11 Internacional.---153.
Kraitn (lirnnski. A/. C.) (1882--1941): se)c lalelemóe i ata polaco, luego bolchevique. En 1918 ocupó posiciones de los "comunistas de i/ quiercla''. Después = cíe^^1^^ la Revolución Socialista de Octubre se dedicó a la labor diplomática y pública. En 1924, miembro del Consejo del Comisariado del Pueblo de Hacienda de la URSS. Luego se dedice') a la labor pedage'>giea y científica.---459, 460.
Krentano, /,u/o(1844--1931): economista burgués alemán, partidario del llamado socialismo de Estado; trataba cíe alcanzar la igualdad social en el capitalismo mediante reformas y la conc ihac ion de los intereses cíe los óbrelos y los capitalistas. Encubriéndose con fraseología marxista, Brentano y sus adepte>s intentaban supeditar el movimiento obrero a los intereses de la burguesía.---63.
Biijuríii, Nikolái Ivihim'irli (1888--1938): miembro del partido bolchevique desde 1906. Después de la Revolución Socialista de Octubre fue redactor de l'ruvdu y miembro del Buló Político del CC y del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista. Se manileste') reiteradas veces contra la política leninista del partido: en 1918 encabezó el grupo antipartido de los "comunistas de izquierda": durante la discusie'm en el partido acerca de los sindicatos (1920--1921) mantuvo una posición "de tope" al princi-
pio y luego apoyó al grupo de 1 rotski; desde 1928 encabeze') la oposición de derecha en el partido. En 1929 fue destituido de su cargo en el Buró Político del CC. En 1937 lúe expulsado del partido por su actividad contra éste.--- 163, 164, 165, 167, 168, 169, 182, 188, 364, 534, 535, 536, 537, 538, 540, 541, 542, 544, 546, 547, 548, 549, 550, 553, 554, 555, 557, 558, 560, 561, 564, 566, 567, 568, 610, 612, 767.
Biillilt, C,uiUermn(\\. 1891): periodista v diplomático reaccionario norteamericano, uno de los portadores activos de la política antisoviética de los imperialistas de los F.E.UU. En 1919 lúe enviadc) por Wilson y I.loyd George a la Rusia Soviética con una misión especial.---308.
B
Bí'tbtishkin, Iván Vasílieviíh (1873-- 1906): ohreni bolchevique; revolucionario profesional. Kn 1895, miembro activo de la Unión <le lucha por la emancipación de la (lase obrera de San Petersburgo. Más tarde tomó parte activa en la organizac ie'm del periódico marxista /.s/frví; íue su agente y corresponsal. Varias veces fue detenido, encarcelado y desterrado. Participante activo de la revolución de 1905--1907. En enero de 1906 fue fusilado por la expedición punitiva /arista.---380.
Hallad, Carlos (1864--1931): economista burgués. Desde 1905 fue catedrático de la Universidad de Berlín. Autor de varias obras sobre las cuestiones de la economía.---572.
Btiuer, Otón (1882--1938): destacada personalidad de la so< ialdemocracia austríaca y de la II Internacional, uno de los ideólogos del oportunismo, autor de la teoría de la "autonomía nacional-cultural''; en 1918 fue ministro de Negocios Extranjeros de la República AusIríaca; luchó contra el movimiento revolucionario de la dase obrera de Austria.---352, 358, 365, 394, 398, 420, 466, 467, 713, 714, 729.
Bebe/, Augusto (1840--1913): uno de los fundadores v destacadísimas personalidades de la socialdemoc rae ni alemana y de la II Internacional. Combatió activamente el revisionismo y el reformismo en el mo\ iiniento obrero alemán.---95, 100, 104, 1 13, 362, 647, 668.
Bernstein, Eduardo (1850--1932): líder del ala oportunista extrema de la socialdemocracia alemana y de la II Internacional, ideólogo del revisionismo.---66, 74, 106, 362.
('.avaignuc, ¡<iiis Eugenio (1802--1857): general francés, político reaccionario, ministro de Guerra desde mayo de 1848; aplaste') cruelmente la insurreeción de los obreros parisienses en ¡unió de 1848.---606, 633.
(ih'tiu'nteati. = /or^c^^1^^ (1 84 1-1929): político trances. Primer ministro de Francia de 1906 a 1909 y de 1917 a 1920. Uno de los inspiradores y organizadores de la intervencie')n armada contra la Rusia Soviética.---76, 111, 461, 463.
Clynes. Jahn Roberto (1869--1949): uno de los líderes del Partido Laborista de Inglaterra, presidente ele la fc'derac ion de los obreros no calif icados. FOrmó parte del gobierno de Inglaterra en 1924 y en 1929-- 1931.---400, 402.
(.rispien, Arturo (1875--1946): socialelemócrata alemán; uno de los dirigentes del Partido Socialdemex rata Independiente de Alemania. En verano de 1920, en el 11 Congreso de la Internacional Comunista mantuvo negociaciones de la 862 adhcsión de los ``independientes'' a la III International, pero, al volver a Alemania, se negó a adherirse a la Internacional Comunista.---362, 396, 427, 428.
__COLUMN2__ en 1918--1920. Primer ministro de la (irán Bretaña de 1940 a 1945 y de 1951 a 1955.---302, 404, 405, 406, 408, 413. 863 281, 282, 284, 298, 300, 303, 319, 323, 324, 331, 336, 344, 366, 373. 386, 489, 513, 635, 674, 758.Dielzgen, Eugenio (1862--1930): hijo de (.Dietzgen y editor de sus obras. Otorgando un carácter absoluto a los puntos flacos de las concepciones filosóficas de |. Dietzgen, consideró necesario ``completar'' con ellos el marxismo y llegó a negar el materialismo y la dialéctica.---689.
Dietzgen, José (1828--1888): obrero alemán, socialdemócrata y filósofo que llegó por sí mismo a deducir los postulados fundamentales del materialismo dialéctico.---386, 689.
Dreyfus, Alfredo (1859--1935): oficial del Estado Mayor Central de Francia, hebreo; en 1894 fue acusado falsamente de alta traición y condenado a cadena perpetua por el tribunal militar. Como resultado de la lucha de las fuerzas progresistas de Francia que continuaba varios años, Dreyfus fue rehabilitado en 1906.---77, 149, 416.
Drews, Artero (1865--1935): historiador alemán del cristianismo temprano. En sus trabajos refutó la historicidad de la existencia de Jesucristo; pero criticaba los dogmas eclesiásticos desde un punto de vista idealista.---691.
Dugoni, Enrique (1874--1945): socialdemócrata y reformista italiano.--- 429.
Dútov, Alexandrllich(\864-\92l): coronel del ejército zarista, jefe de las tropas cosacas de Oremburgo. F.n 1917--1920, organizador de varias acciones contrarrevolucionarias contra el Poder soviético en los Urales.---100, 138.
Dzerzhinski, Félix Edmúndovich (1877-- 1926): revolucionario profesional, comunista; destacada personalidad del Partido Comunista y el Estado soviético.---775, 776, 777, 779.
__COLUMN2__ EEinstein, Alberto (1879--1955): destacadísimo físico teórico; autor de la teoría de la relatividad.---692, 693.
Emshánov, A. I. (1891--1941): vicecomisario del pueblo de Vías de Comunicación en 1920--1923. En el VIH Congreso de los Soviets hizo el informe sobre el trabajo del transporte.---524.
Engels, Federico (1820--1895).---67, 71, 73, 75, 82, 85, 86, 90, 95, 106, 110, 113, 119, 140, 141, 142, 143, 146, 164, 259, 296, 369, 378, 390, 391, 394, 647, 648, 668, 690, 691.
Erler, Carlos: véase Laufenberg, Enrique.
Ermanski, Osip Arkñdievich (1866-- 1941): socialdemócrata, menchevique. En 1921 abandonó el partido de los mencheviques y se dedicó a la labor científica en Moscú. En 1922 publicó su libro Racionalización científica y el sistema de Taylor.--- 807.
Espartara (m. en 71 a. de n. e.): jefe de una de las mayores insurrecciones de esclavos de la Antigua Roma.--- 427.
Ch
Chernénkov, B. N. (n. 1883): miembro del partido eserista desde 1903; estadístico de profesión. En 1918 fue ministro de Agricultura del directorio contrarrevolucionario de Ufa; en 1919 formó parte del grupo eserista El Pueblo.---239.
Chernov, Víctor Mijáilovich (1876-- 1952): uno de los líderes y teóricos del partido eserista. Después de la revolución de febrero de 1917 fue ministro de Agricultura en el Gobierno Provisional burgués, organizador de crueles represiones contra los campesinos que ocupaban las (ierras de los terratenientes. Después de la Revolución Socialista de Octubre figuró entre los organizadores de motines antisoviéticos. En 1920 emigró, prosiguiendo en el extranjero su actividad antisoviética.---249, 253, 254, 293, 294, 395, 613, 628, 630, 631, 632, 633, 637, 663.
Chernyshevski, Nikolái Gavrílovich (1828--1889): gran demócrata revolucionario ruso, filósofo materialista, escritor y crítico literario, dirigente del movimiento democrático revolucionario en la década del 60 del siglo XIX en Rusia. En 1862 fue detenido y condenado a 7 años de trabajos forzados y a la deportación en Siberia de donde volvió solamente en 1883.---43, 394, 688.
Churchill, Winsíon (1874--1965): destacado político inglés, uno de los líderes del Partido Conservador. A partir de 1908, ocupó reiteradas veces puestos ministeriales. Uno de los principales inspiradores y organizadores de la intervención armada contra la Rusia Soviética
D
Dan, fiador Ivánovich (1871--1947): uno de los líderes del menrhevismo. Después de la Revolución Socialista de Octubre luchó activamente contra el Poder soviético. En 1922 fue expatriado por su actividad contrarrevolucionaria.---613.
Daniel de León: véase De León, Daniel.
Debs, Eugenio (1855--1926): personalidad del movimiento obrero de los EE.UU., encabezó el ala izquierda del Partido Socialista de los EE.UU. En 1905 participó en la fundación de la organización sindical Obreros Industriales del Mundo. Aplaudió el triunfo de la Revolución Socialista de Octubre. En 1918 se le condenó a diez años de cárcel por su lucha contra la guerra imperialista.---45.
De León, Dím¿c/(1852--1914): personalidad del movimiento obrero de fos EE.UU., líder e ideólogo del Partido Socialista Obrero de Norteamérica; combatió el oportunismo y la traición de los líderes sindicales norteamericanos. Fundador y uno de los dirigentes de la organización Obreros
Industriales
del Mundo.---378.
Denikin, Antón Ivánovich (1872--1947): general del ejército zarista; durante la intervención extranjera militar y la guerra civil (1918--1920), testaferro de los imperialistas anglo-íranceses y norteamericanos; comandante en jefe de las fuerzas armadas de guardias blancos en el Sur de Rusia. Emigró después de ser derrotado por las tropas soviéticas en marzo de 1920.---219, 240, 241, 242, 243, 244, 245, 246, 247, 248, 249, 250, 252, 253, 254, 256, 275, 276, 277, 278, 279, 280,
Foch, Fernando (1851--1929): personalidad militar francesa, mariscal de Francia. Durante la primera guerra mundial fue jefe del Estado Mayor Central (desde mayo de 1917), comandante en jefe de las tropas aliadas (desde abril de 1918). Uno de los autores de los planes de la intervención militar antisoviética de 1918--1920.---230.
Gallacher, Guillermo (1881--1965): destacada personalidad del movimiento obrero inglés, uno de los dirigentes del Partido Comunista de Gran Bretaña.---400, 401, 402, 408.
T
864('Htnprm, Samuel (1850--1924): uno de los dirigentes del mo\ miiento sindical en los EK.l'L'., aplicaba la política de conciliación de clase con la burguesía. Desde 1895 hasta su muerte fue presidente permanente de la Federación Americana del Trabajo (FAT).---49, 112, :<77, 380.
Gorbunov. Nikoltii l'etróvich (1892-- 1938): miembro del partido bolchevique desde 1917. Después de la Revolución Socialista de Octubre fue secretario y más tarde administrador del Consejo de Comisarios del Pueblo.---724.
Graber. Ernesto Pablo(n. 1875): socialdemóc rata sui/.o; sol ialc ho\ inista durante la primera guerra mundial (1914--1918).---107.
Grimm, RoiVrto(1881--1958): uno de los líderes oportunistas del Partido Socialdemócrata Suizo y de la II Internacional; tomó parte activa en la organi/.ación de la Internacional II y media.---107.
Gue, Alextmdr Y. (1879--1919): anarquista ruso. Durante la primera guerra mundial (1914--1918) fue intemacionalista y luchó contra los anarquistas partidarios de la guerra defensiva. Después de la Revolución Socialista de Octubre lúe partidario del Poder soviético y miembro del CEC de toda Rusia.--- 608.
(¡uesde. Julio (1845--1922): uno de los fundadores y dirigentes del Partido Socialista de Francia y de la II Internacional. Antes de la primera guerra mundial (1914--1918) encabe/ó el ala i/quierda, revolucionaria, del partido. Al empezar la guerra mundial, entró en el gobierno burgués de Francia.---143, 390, 420.
Guillermo II (Hohen/ollern) (1859-- 1941): emperador alemán y rey de Prusia desde 1888 hasta 1918.--- 111, 735.
Gúsev. Serguéi Ivánovich (1874--1933): destacado bolchevique; participan-
te activo de la Revolución Socialista de Octubre. Desde 1918 se dedicó a la labor política en el Ejército Rojo; desde 1925. jefe de la sección de prensa del CC del PC(b) de Rusia. En 1928--1933. miembro del Presidium del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista; escribió varios trabajos sobre la historia del partido, las cuestiones militares y económicas y sobre los problemas del movimiento obrero internacional.---344. 526.
865 con hostilidad la Revolución Socialista de Octubre v el Estado soviético.---663.Hindrnbnrg. Pablo van (1847--1034): general alemán, monárquico. Comandante en jefe del ejército alemán en 1916--1917. Presídeme = de^^1^^ Alemania desde 1925. En 1933 transmitió el poder a Hit leí.---230.
Hüiflnnd, Carlos (1884--1956): líder del ala i/quierda de la socialdemocracia v fiel movimiento juvenil en Suecia: catedrático, literato, miembro del Riksdag. Intemacionalista durante la primera guerra mundial (1914--1918).---388.
Hiik, Max (1889--1933): personalidad del movimiento obrero alemán, miembro del PCA desde 1919. En 1920 dirigió la lucha armada de los obreros de Vogtland (Alemania Central) contra el jnitseh reaccionario encabe/ado j)or el genera! Ka|)|). En marzo de 1921 intentó formar destacamentos de guerrilleros para luchar contra las tropas gubernamentales. En aquel período exjjresaba tendencias anárquicas y fue expulsado del PCA; en 1922 ingresó de nuevo en estepartido, = desde^^1^^ 1929 re'siehó v trabajó en la URSS.---653.
Horner. K. (Pannekaek, Antonio) (1 873-- 1960): soe ialdc'mex rata de izquierda holandés. De 1918 a 1921 perteneció al Partido Comunista de Holanda y participó en la labor de la Internacional Comunista. Kn 192! sustentó una posición ullraizquierdista, sectaria, abandonó el Partido Comunista y se aparte') de la enérgica actividad política.--- 370, 373, 397.
HytidirHin. Enrique Mfiyers (1842--192 1): uno = de^^1^^ los fundadores del Parí ido Socialista Británico, líder de su ala derecha, oportunista. En 1916 fue e'xpulsado del partido j>or la piojíaganda en j>ro = de^^1^^ la gue'rra imperialista. Hyndman fue hostil a la Revolue ion Socialista = ele^^1^^ Octu-
bre y se pronuncie') por la intervenc ion contra la Rusia Sovie'liea.--- 420.
¡nkp'in, Alberto (1884--1914): personalidad del movimiento obrero inglés. En 1913 lúe- e'legido secretario general del Partido Socialista Británico. Fue uno de los fundadores ek'l Partido Comunista = de^^1^^ (irán Bretaña (1920). Participó activamente en la lucha contra la intervc'ne ié)n antisoviética. De 1920 a 1929 fue secretario general del Partido Comunista = de^^1^^ (irán Brctaña.---403.
H
Hume. Hugo (1863--1919): uno de los líderes de la socialdemoe rae la alemana, centrista. En abril de 1917 junto con C. Kautsky y otros tunóle') el Partido Soe ialdemócrata Independiente de Alemania.---108, 112.
Hegel, ]arge Guillermo Federico (1770-- 1831): destacado filósofo alemán, idealista objetivo, representante de la filosofía clásica alemana. Le pertenece el mérito histórico de haber elaborado en todos sus aspectos la dialéctica idealista, una de las fuentes técnicas del materialismo dialéctico.---556, 693, 694.
Hempel: delegado del Partido Comunista Obrero Alemán al III Congreso de la International Comunista.---65 I.
Henderían, Arturo (1863--1935): político inglés, uno de los líderes de derecha del Partido Laborista, soe ialchovinista. Desde 1915 hasta 1931 forme) parte varias veces del gobierno de Inglaterra.---49, 76, 105, 112, 117, 377, 380, 400, 402. 404. 406, 407, 408, 413, 414, 427.
lli/lerding. Rodolfo (1877--1941): uno de los líderes y teóricos oportunistas de la socialdemocracia alemana y de la II Internacional.---155, 158, 358, 362, 396, 398, 663.
Hillquit. Morris( 1869--1933): fundador y dirigente del Partido Socialista reformista de los F.K.UU. Acogió
J
Jacobi, puní (1805--1877): publicista, político y demóe rata burgués alemán. En 1872 ingresó en el Partido Soe laldc'meKTata = ele^^1^^ Alemania y en 1874 fue elegido diputado al Reichstag por este partido.---230.
¡odorovski, lósif háievich (1885--1940): miembro del POSDR desde 1903. En 1922--1928 encabezó la Dirección General de Instrucción Profesional y fue vie'c'comisario del pueblo de Instrucción Pública ele la RSFSR.---783, 784.
/«H/iíiH.v, León (1879--1954): uno ele los líderes del ala oportunista del movimiento sindical francés e internacional.---377, 380, 431.
K
Knlinin, Mijaíl Ivánovich (1875--1946): destacada personalidad del PC.l'S y del Estado soviético. Miembro del partielo desde 1898. Miembro del Buró Político del CC del PC(b) de la URSS desde 1925. Desde 1919, presidente del CEC de toda Rusia y luego del Presidium de'l Sovic't Supre'ino de la URSS.--- 542.
866Kámenev (Rozenfeld), Lev Borísovich (1883--1936): fue miembro del partido bolchevique desde 1901. En los años de reacción (1907--1910) mantuvo una actitud conciliadora con los liquidadores, otzovistas y trotskistas. Después de la revolución de febrero de 1917 combatió las Tesis de Abril de Lenin y el rumbo del partido hacia la revolución socialista. En octubre de 1917, junto con Zinóviev, reveló la resolución del CC del partido acerca de la insurrección armada. Después de la Revolución Socialista de Octubre combatió repetidas veces la política leninista del partido: en 1925, uno de los organizadores de la "nueva oposición''; en 1926, uno de los líderes del bloque trotskista-zinovievista antipartido. En 1934 fue expulsado del partido por su actividad contra éste.---542, 568, 723, 724, 725, 726, 735, 740, 755, 767.
Kamkov (Knts), B. D. (1885--1938): uno de los líderes del partido de los eseristas de izquierda. Tomó parte activa en la organización del asesinato de Mirbach, embajador alemán en la Rusia Soviética, y en el motín de los eseristas de izquierda en Moscú en julio de 1918. Más tarde se dedicó a la labor de estadística.---36.
Kapp, Wolfgang (1858--1922): general monárquico alemán; en 1920 intentó organizar un golpe militar monárquico en Alemania que fratasó.---412, 414, 427, 428.
Karelin, V. A. (1891--1938): uno de los fundadores del partido de los eseristas de izquierda. En julio de 1918, uno de los organizadores del motín de los eseristas de izquierda.---608.
Kaulsky, Carlos (1854--1938): uno de los líderes y teóricos de la socialdemocracia alemana y de la II Internacional. Marxista, al principio, más tarde renegó del marxismo y fue el ideólogo del centrismo, la variedad más peligrosa y nociva del oportu-
nismo.---61, 63, 64, 65, 66, 67, 68, 69, 70, 71, 72, 73, 74, 75, 76, 77, 78, 80, 81, 82, 83, 84, 85, 86, 87, 88, 89, 90, 91, 92, 93, 94, 95, 96, 97, 98, 99, 100, 101, 102, 103, 104,
867Kolchak, Alextmdr Vaxilievich (1873-- 1920): almirante de la marina zarista, monárquico. En 1918-- 1919, uno de los dirigentes principales de la contrarrevolución de Rusia, testaferro de la Entente. Después de la Revolución Socialista de Octubre, apoyado por los imperialistas de los EE.UU., Inglaterra y Francia, se declaró gobernante supremo de Rusia y encabezó una dictadura militar burguésterrateniente en los Urales, Siberia y el Extremo Oriente. Los ataques del Ejército Rojo y el aumento del movimiento revolucionario de guerrillas pusieron fin a la kolchakiada; Kok hak fue hecho prisionero y fusilado por sentencia del Comité Militar Revolucionario de Irkutsk el 7 de febrero de 1920.--- 194, 210, 212, 219, 220, 222, 240, 242, 243, 244, 246, 248, 249, 25.3, 254, 255, 256, 274, 275, 277, 278, 279, 280, 282, 298, 299, 302, 319, 323, 331, 336, 386, 489, 498, 513, 594, 635, 674, 717, 752.
Kolb, Guillermo (1870--1918): socialdemócrata y revisionista alemán.--- 106.
Kolegáev, A. /.. (1887--1937): eserista de izquierda. En septiembre de 1918 ftie uno de los organizadores del "Partido del comunismo revolucionario''. En noviembre de 1918 ingresó en el PC(b) de Rusia, desde 1921 trabajó en la economía.--- 120.
Kan, Félix Yákovlevich( 1864--1941): destacada personalidad del movimiento obrero polaco e internac ional. Desde 1904, miembro del Partido Socialista Polaco. Después de la revolución de febrero de 1917 llegó a Petrogrado y en mayo de 1918 ingresó en el partido bolchevique. En 1919--1922, secretario del CC del PC(b) de Ucrania. En 1922--1923, secretario del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista. En los últimos años de su vida fue redactor de la revista
Nasha Slraná ``(Nuestro País'').--- 435.
Korgt'tnov, (írigon Níkonovith (1886-- 1918): comisario militar del Consejo de Comisarios del Pueblo de Bakú. En agosto de 1918, junto con otros dirigentes de la Comuna de Bakú, fue detenido por los intervencionistas ingleses con la ayuda de los eseristas y mencheviques y fusilado entre los 26 comisarios de Bakú el 20 de septiembre de 1918.---25.
Kornílov, l.nvr Gueórguiev ich (1870-- 1918): general del ejército zarista, monárquico. Desde marzo de 1917, comandante de la Región militar de Petrogrado. En julioagosto de 1917, comandante en jefe; en agosto de 1917 dirigió el motín contrarrevolucionario. Después de la Revolución Socialista de Octubre encabezó el "Ejército Voluntario" de guardias blancos en el Sur de Rusia. Muerto en las batallas cerca de Ekaterinodar (hoy Krasnodar).---100, 109, 123, 138, 335, 336, 412.
Kozlovski, A.: general /.arista, uno de los participantes más activos de la sublevación contrarrevolucionaria de Cronstadt en marzo de 1921. Al ser aplastada ésta, huyó al extranjero.---631.
Krasin, Leonid Borísovich (1870--1926): destacada personalidad del Partido Comunista y del Estado soviético. Después de la Revolución Socialista de Octubre, uno de los organizadores del abastecimiento del Ejército Rojo, miembro del Presidium del Consejo Superior de Economía Nacional (CSEN) y comisario del pueblo de Vías de Comunicación. Desde 1919 se dedicó a la labor diplomática y simultáneamente fue, desde 1921, comisario del pueblo de Comercio Exterior.---458, 724, 725, 726, 760.
Krasnmi, Piotr Ar¿Ao/n¿«m;/i(1869--1947): general del ejército zarista. En 1917 participó en el intento arma-
105, 106, 113, 114, 120, 121, 128, 129, 135, 136, 142, 143, 234, 288, 358, 362, 428, 631,
107, 108, 115, 116, 122, 123, 130, 131, 137, 138, 144, 155, 292, 293, 394, 396, 632, 663,
109, 110, 112, 117, 118, 119, 124, 125, 127, 132, 133, 134, 139, 140, 141, 158, 196, 229, 294, 352, 353, 398, 420, 427, 713, 796.
Kerenski, Alextmdr Fiódorovich (1881-- 1970): miembro del partido de los eseristas; desde julio de 1917 presidió el Gobierno Provisional burgués, aplicó la política antipopular de continuar la guerra imperialista, de sostener el poder en las manos de la gran burguesía y de los terratenientes y de aplastar la revolución en el país. Después de la Revolución Socialista de Octubre emigró.---33, 44, 99, 108, 109, 123, 125, 138, 159, 280, 322, 336, 366, 372, 395, 404, 418, 465, 466, 468, 610, 613.
Kérzhentwv, Platón Mijáilovich (1881-- 1940): estadista, historiador y publicista soviético. Ministro plenipotenciario soviético en Suiza en 1921--1923 y en Italia en 1925-- 1926. En 1933--1936, presidente del ('.omite de Radio de la URSS, luego presidente del Comité de Artes adjunto al Consejo de Comisarios del Pueblo de la URSS.--- 807.
Keynes, John M«jnnrd(1883--1946): economista inglés, apologista del capitalismo monopolista de Estado.--- 457, 458, 459, 461, 462, 46.3.
Kiseliov, Alexéi Semiónovich (1879-- 1938): miembro del POSDR desde 1898. Después de la Revolución Socialista de Octubre trabajó en los Soviets, en los organismos económicos y en los sindicatos. Participante de la "oposición obrera'', grupo antipartido anarcosindicalista.---568.
868 do de aplastar la revolución en Petrogrado; fue derrotado. Kn 1918 sublevó a los cosacos del Don contra la República Soviética; íue derrotado cerca de Tsaritsin ( Volgogrado) por el Ejército Rojo en otoño de 1918. Emigró en 1919.--- 52, 60, 100, 103, 138.Krestinski, Nikolúi Nikoláievich (1883-- 1938): miembro del partido bolchevique desde 1903. Después de la Revolución Socialista cíe Octubre, comisario del pueblo de Hacienda de la RSESR; en 1919--1921, secretario del CC del PC(b) de Rusia. En el período de la pa/ de Brest lúe "comunista de i/ quierda''. Durante la discusión sindical (1921) firmó la plataforma de Trotski y Bujarin. En 1928 rompió con la oposición. En 1921--1930 fue ministro plenipotenciario soviético en Alemania, desde 1930, primer vicecomisario del pueblo de Negocios Extranjeros. Fue elegido miembro del CEC de la URSS detodas las legislaturas, y miembro del CEC en los VI, Vil, VIH y IX congresos del partido.---564.
Kritsmim, Lev Nntánovuh (1890--1938): economista, ocupó cargos de responsabilidad en el CSEN, el C'l'l) y el Gosplán.---569.
Knipp: dinastía de los industriales que está a la cabeza del consorcio siderúrgico militar en Alemania, uno de los principales arsenales del imperialismo alemán.---76.
Krzhizhanovski, Gleb Maximiliánovich (1872--1959): veterano del Partido Comunista, famoso científico e ingeniero energético soviético. Desde 1929 hasta 1939, vicepresidente de la Academia de Ciencias de la URSS; desde 1930, director del Instituto Energético de la Academia de Ciencias de la URSS; autor de valias obras científicas de la energética.---771, 772.
Kuchuk-Khan (m. 1921): político de Irán, portavoz de los intereses de la burguesía mercantil y de una parte de los terratenientes.---26.
__COLUMN2__Kurái'v. Vnsili Vlntlímirovich (1892-- 1938): miembro del partido bolchevique desde 1914. Desde mar/o de 1920, miembro del Consejo del Comisariado del Pueblo de Agricultura, miembro del Presidium del CSEN, luego oc upó cargos de responsabilidad en el Cosplán.--- 519.
869 cal alemán. Durante la guerra imperialista mundial (1914--1918) mantuvo una posición socialc hen inista.---362, 373, 377, 380.l.enm, Vliidímir Ilich (1870--1924).-93, 136, 165, 216, 435, 478, 504, 542, 547, 548, 549, 564, 565, 566, 610, 741, 742, 752, 754, 765, 767, 769, 771, 772, 773, 774.
\.I.enin: véase l.enm, Vladímir IIIch.---47, 63, 64, 281, 283, 287, 324, 327, 434, 436, 648.
l.evi. l'ablo (1883--1930): socialdemc'x rata de i/quierda alemán, entre') en la Liga Espartaco; en el Congreso Constituyente del Partido Comunista de Alemania (enero de 1919) fue elegido al CC del PCA. Delegado al II Congreso de la Internacional Comunista. En 1921 fue expulsado del PCA por su actividad Irac c ionista antipartido.---458, 461, 654.
Lezhtwa, A. M. (1870--1937): miembro del partido bolchevique desde 1904. Después cíe la Revolución Socialista de Octubre se dedicó a la labor económiea; presidente de la c ooperae ion obrera, vicecomisano del pueblo de Comercio Exterior y vicepresidente del Consejo de Comisarios del Pueblo de la RSFSR.---591.
Liebknechl, Oírte (1871--1919): destacada personalidad del movimiento obrero alemán c internacional. Uno de los fundadores del Partido Comunista de Alemania. En enero de 1919 fue asesinado ferozmente por los contrarrevolucionarios.---115, 116, 150, 333, 382, 388.
l.itlré, Emilio (1801--1881): filósofo positivista francés; filósofo, autor del Dii'tionnaire de Iti langue franjáis?, que es hasta la fecha el principal manual lexicográfico en lengua francesa.---142.
I.itvínov, Maxim Maxímovuh (1876-- 1951): comunista, destacado diplomático soviéticx). Desde 1918, miembro del Consejo del CPNE; desde 1921, vicecomisario del pue-
blo de Negocios Extranjeros, y desde 1930, comisario del pueblo de Negocios Extranjeros. Más tarde ocupe') cargos de responsabilidad en el CPNE.---308.
Longtifl, Juan (1876--1938): uno de los líderes reformistas del Partido Socialista Francés y de la II Internacional. Durante la primera guerra mundial (1914--1918) encabe/ó la minoría centrista-pacifista del PSF.---76, 105, 107, 108, 110, 112, 1 16, 117, 122, 288, 358, 365, 663.
¡.nzovski (Dridzo), Salomón Abrámovich (1878--1952): comunista, destacada personalidad del movimiento sindical. Participante del movimiento revolucionario desde 1903. Secretario general de la Internacional Sindical Roja desde 1922. Más tarde se dedicó a la labor diplomática y científica.---536, 537, 542.
l.ubersac, Juan: teniente francés, monárquico; forme') parte de la misión militar francesa que se encontré') en Rusia en 1917 y 1918. Lenin conversó con él el 27 de febrero de 1918.---42.
L.unaíhanki, Anctoli Vasílievich (1875-- 1933): destacado estadista soviético. Desde 1917 hasta 1929 fue comisario del pueblo de Instrucción. Autor de varias obras sobre el arte y la literatura.---493, 494.
Lüttwitz, Walter (1859--1942): general alemán, reaccionario, uno de los organizadores del putsch militar monárquico en 1920.---427, 428.
Luxemburgo, Rosa (1871--1919): destacada personalidad del movimiento obrero alemán, polaco e internacional, uno de los líderes del ala izquierda de la II Internacional y ele los fundadores del Partido Comunista de Alemania. En enero de 1919 fue asesinada ferozmente por los contrarrevolucionarios.--- 73, 150, 382.
í/y.si.s (l.etaiüeur, Eugenio)', periodista y político francés. Autor de varias obras sobre las cuestiones financieras y políticas.---455.
I.iinsbnry, Jorge (1859--1940): político inglés, miembro del Partido Obrero de Bretaña, diputado a la Cámara de los Comunes.---364, 391.
l.apinski. Panel l.údvigovich (1879-- 1937): comunista polaco, literato y economista. Autor de varios folletos sobre los problemas de la economía mundial que se publicaban en Alemania y en Rusia.--- 460.
Lnrin (ÍAirié, Mijuíl Alexándrovirh) (1882--1932): menchevique desde 1903, liquidador en los años ele reacción (1907--1910). Después cicla revolución de febrero de 1917 encabe/ó el pequeño grupo de los menc heviques Ínter nación al islas; miembro del Comité Ejecutivo del Soviet de Petrogrado. En agosto de 1917 fue admitido en el I'OSD(b) de Rusia. Después de la Revolución Socialista de Octubre ocupe') cargos en los Soviets y en la economía.---569.
Laufenherg, Enrique (Erler, Carlos) (1872--1932): socialdemócrata de izquierda alemán, más tarde comunista; encabe/ó la oposición "de i/quierda" en el Partido Comunista de Alemania.---370, 397.
l.edebour, Jorge (1850--1947): uno de los líderes de la socialdemocracia alemana, diputado al Reichstag, centrista. En 1917 participe') en la fundación del Partido Socialdemócrata Independiente de Alemania.---362, 396.
Legiert. Carlos (\ 861--1920): líder del ala oportunista del movimiento sindi-
870Lloyd George, David(1863--1945): político inglés, líder de los liberales. Primer ministro de Gran Bretaña desde 1916 hasta 1922. Uno de los organizadores principales de la intervención antisoviética y del bloqueo de la Rusia Soviética.--- 402, 403, 404, 405, 406, 407, 408, 413, 414, 458, 461, 463.
__COLUMN2__ elegido diputado de la curia obrera de la provincia de Moscú a la IV Duina de Estado. En 1914, bajo la amenaza del desenmascarámiento, renunció a sus poderes y huyó al extranjero. En 1918 volvió a la Rusia Soviética, fue detenido, entregado a los tribunales y fusilado según la sentencia del Tribunal Supremo del CEC de toda Rusia.---372.Marrhlewski, Julián (1866--1925): personalidad del movimiento obrero polaco, participante activo del movimiento obrero ruso y alemán. Uno de los fundadores de la Internacional Comunista. Autor de varias obras sobre cuestiones de economía, de historia de Polonia y d< las relaciones internacionales.--- 443.
Maring, Enrique (1883--1942): delegado del Partido Comunista de Indonesia al II Congreso de la Internacional Comunista, luego adoptó posiciones trotskistas.---472.
Mártov, L. (Tsederbaum, Yuli Osipovich) (1873--1923): uno de los líderes del menchevismo, tendencia oportunista de la socialdemocracia rusa. En los años de la primera guerra mundial (1914--1918) ocupó la posición centrista. Después de la Revolución Socialista de Octubre, enemigo del Poder soviético. En 1920 emigró.---28, 88, 89, 91, 92, 229, 253, 254, 293, 294, 394, 395, 628, 631, 632, 634, 637.
Marx, Carlos (1818--1883).---65, 66, 67, 68, 69, 70, 71, 72, 73, 74, 75, 76, 81, 82, 86, 87, 90, 95, 102, 106, 113, 114, 115, 119, 134, 139, 140, 141, 142, 146, 147, 153, 166, 192, 195, 196, 197, 214, 233, 234, 362, 369, 378, 394, 420, 481, 610, 612, 647, 674, 691, 693, 694, 710, 728, 793, 795.
Máslov, Piotr ¡'ávlovich (1867--1946): menchevique. Autor de varios trabajos sobre la cuestión agraria, en los que procuró revisar las tesis fundamentales de la economía política marxista. Socialchovinista clu-
871 rante la primera guerra mundial (1914--1918). Después de la Revolución Socialista de Octubre se apartó de la actividad política y se dedicó a la labor pedagógica y científica.---119, 120, 132, 134.Máslov, Semión Leúntievich (n. 1873): eserista de derecha, desde septiembre de 1917 fue ministro ríe Agricultura en el Gobierno Provisional burgués.---124, 125, 127, 132.
Mdivani, Polikarp Gurquénovich (1877-- 1937): miembro del POSDR desde 1903. En las cuestiones de la creación de la Federación de Transcaucasia y de la URSS ocupaba una posición que la organización del partido de Georgia caracterizaba como una desviación hacia el nacionalismo.---740, 741.
Menger, Antonio (1841--1906): jurista austríaco, uno de los representantes del llamado socialismo jurídico que tenía como objetivo crear el sistema de transformación, puramente jurídica, legislativa, del régimen capitalista en socialista.--- 'l20.
Merrheim, A//onso(1881--1925): dirigente sindical francés. Al principio de la primera guerra mundial (1914-- 1918) ocupó la posición internacionalista, luego se deslizó al socialpatriotismo.---377, 431.
Miliukov, Pável Nikoláievich (1859-- 1943): uno de los organizadores y líder del Partido Demócrata Constitucionalista. Después de la revolución de febrero de 1917 fue ministro de Negocios Extranjeros en el primer Gobierno Provisional burgués, aplicando una política imperialista de continuación de la guerra "hasta el fin victorioso''; en agosto de 1917 tomó parte activa en la preparación de la sublevación contrarrevolucionaria de Kornílov. Después de la Revolución Socialista de Octubre emigró.--- 36, 99, 631, 632, 633, 634, 635, 637, 647.
Mitiutin, Vladímir Pávlovich (1884-- 1938): miembro del partido bolchevique desde 1910. Desde 1918 ocupó cargos de responsabilidad en la economía y en los Soviets: vicepresidente del OSEN, director de la Dirección Central de Estadística de la URSS, vicepresidente del Gosplán de la URSS.---550, 569.
Miróshnikov, I. I. (1894--1939): miembro del partido bolchevique desde 1917. participante de la guerra civil. Desde 1921 trabajó en el Consejo de Comisarios del Pueblo.---724.
Modigliani, Vittorio Emmanuele (1872-- 1947): uno de los dirigentes de los socialdemócratas reformistas italianos. Encabezó junto con Turati el grupo de extrema derecha del partido socialista.---429.
Muraviov, Mijaíl Artémievich (1880-- 1918): teniente coronel del ejército zarista. Después de la revolución de febrero de 1917 se adhirió a los eseristas de izquierda. Siendo comandante de las tropas del Ejército Rojo en el Frente Oriental durante la sublevación checoslovaca, traicionó y levantó un motín que fue aplastado inmediatamente.---124, 254.
M
MacDonald, James Ramsay (1866--1937): político inglés, uno de los fundadores y líderes del Partido Laborista. En los años de la primera guerra mundial (1914--1918), centrista, fue primer ministro en varios gobiernos laboristas.---105¡ 107, 117, 122, 288, 400, 402, 465, 467, 631, 663.
Maiski, Iván Mijáilovich (1884--1975): diplomático e historiador soviético, académico. Menchevique hasta 1918 y miembro del PCUS desde 1921. Después de la Revolución Socialista de Octubre se dedicó a la labor diplomática; de 1932 a 1943 fue embajador en Inglaterra; de 1943 a 1946 fue vicecornisario del pueblo de Negocios Extranjeros.--- 249, 632.
Majnó, Néstor ¡vánovich (1884--1934): jefe del movimiento rebelde anarquista de kulaks en Ucrania en 1918--1921. Las bandas de Majnó fueron derrotadas por las tropas soviéticas en 1921. Majnó huyó al extranjero.---498.
Malinovski, Román Vatslávovich (1876-- 1918): provocador, agente del Departamento de la policía secreta de Moscú. En 1906 se adhirió al movimiento obrero con fines egoístas. Desde 1907 informó voluntariamente a la policía secreta zarista y desde 1910 se hizo agente de ésta. Ocupó varios cargos de responsabilidad en el partido bolchevique; en la Conferencia de Praga del POSDR en 1912, fue elegido miembro del CC. Con ayuda de la policía zarista fue
N
N. L.: véase Lenin, Vladímir Ilich.--- 283.
Ñame, Carlos (1874--1926): socialdemócrata suizo; participante de las conferencias de Zimmerwald y Kienthal. Más tarde se apartó del movimiento revolucionario.---107.
Nansen, Fridtjof (1861--1930): conocido oceanógrafo noruego, explorador del Ártico. Después de la Revolución Socialista de Octubre simpatizó profundamente con la Unión Soviética. En 1921--1922 fue uno cíe los organizadores de la ayuda a la población hambrienta de la Rusia Soviética. Laureado con el Premio Nobel de la paz en 1922.--- 308.
872Napoleón (Konaparte, Luis) (1 808--1873): emperador de Francia desde 1852 hasta 1870.---606, 633.
Napoleón I Bonaptirte (1769--1821): emperador francés desde 1804 hasta 1814 y en 1815.---795.
\atanson, Mark Andréievich (1850-- 1919): uno de los líderes del partido eserista, miembro de su CC, luego uno de los organizadores del partido de los eseristas de izquierda.---395.
.Vofcs, Ernesto (1886--1957): socialdemócrata suizo, centrista.---107.
\'oske, Gustavo (1868--1946): socialdemócrata de extrema derecha alemán, uno de los traidores y verdugos de la clase obrera. Organizador del asesinato, en enero de 1919, de Carlos I.iebknecht y Rosa Luxemburgo, jefes del proletariado alemán y fundadores del Partido Comunista de Alemania.---358, 400, 402, 419.
Osinski, N. ((V'olen.iki, Valerián Valeriánovich) (1887--1938): economista y literato, presidente del Consejo Superior de Economía Nacional en 1917 y 1918. "Comunista de iyquierda" durante las negociaciones de la paz de Brest. En 1920-- 1921, participante activo del grupo oportunista del "centralismo democrático'', y en 1923 se adhirió a la oposición trotskista. De 1921 a 1923 fue vkecomisario del pueblo de Agricultura; luego se dedicó a la labor económica y diplomática.---156, 638.
(htrogorski, M. Y. (n. 1854): jurista, especialista en Derecho de Estado. Autor del libro La democracia v los partidos políticos, en el que hizo un análisis crítico detallado de la actividad y la organización de los partidos políticos burgueses de Inglaterra y los EE.UU.---144.
Owen, Rofeer/o(1771--1858): gran socialista utópico inglés.---790.
873 posición antileninista en cuanto a las cuestiones del derecho de las naílones a la autodeterminación y oirás cuestiones importantísimas de la política del partido. Después de la revolución democrática burguesa de febrero de 1917, presidente del Comité de Kíev del POSD(b) de Rusia, combatió e! rumbo del partido hacia la revolución socialista. Después de la Revolución Socialista de Octubre formo parte del Gobierno soviético ele Ucrania y ocupó una serie de otros cargos de responsabilidad. " Comunista de i/quierda" en el período de la paz de Brest. Partidario de la plataforma de Trotski durantela discusión sobre los sindicatos en 1920--1921. En 1927 fue expulsado del partido por el XV Congreso del PC(b) de la URSS como' dirigente activo de la oposición trotskista; en 1928 fue reincorporado al partido. En 1936 fue expulsado de nuevo del partido por su actividad contra éste.---183, 188, 190, 523, 767, 771, 772. Pihudski. ¡osé (1867--1935): político reaccionario polaco. En 1918-- 1922, ``jefe'' (dictador) del Estado burgués-terrateniente polaco, reprimió cruelmente' el movimiento revolucionario. Apoyado por los gobiernos de Inglaterra y Francia, empezó en 1920 la guerra contra la Rusia Soviética que termine') con la derrota del ejército polaco. Kn mayo de 1926 dio un golpe de Estado, implantando un régimen .de dictadura fascista.---674.Plalten, h'ritz (1883--1942): socialista de izquierda suizo, luego comunista. Participó activamente en la organización del Partido Comunista deSuiza y de la Internac ional Comunista.---158.
l'lejánov, ¡urge Valentínovich (1856-- 1918): destacada personalidad del movimiento obrero ruso e internacional, primer propagandista del marxismo en Rusia, fundador del primer grujió marxista ruso __COLUMN2__ Emaneipaeión del I rabajo en 1883. Después del II Congreso del POSDR, Plejánov ocupó la posición de conciliación con el oportunismo y luego se adhirió a los mencheviques. Durante la primera revolución rusa de 1905--1907 tuvo divergencias importantes con los bolcheviques sobre las cuestiones principales de la táctica. En los años de reacción intervino contra la revisión de Mach del marxismo y contra el liquidacionismo; encabezó el grupo de los mencheviques defensores del partido. Durante la primera guerra mundial (1914-- 1918) mantuvo una posición socialchovinista. Después de la revolución democrática burguesa de febrero de 1917, Plejánov volvió a Rusia, apoye') el Gobierno Provisional burgués; acogió con hostilidad la (irán Revolución Socialista de Octubre. Pero no participe') en la lucha contra el Poder soviético.--- 55, 63, 64, 95, 106, 361, 362, 394, 416, 420, 455, 688.
Pndbelski, Vadim Nikoláievich (1887-- 1920): comunista, participante activo de la insurre'ce:ión armada = de^^1^^ Octubre en Moscú durante la revolución de 1905--1907, miembro del Comité Militar Revolucionario de Moscú. Desde mayo de 1918, comisario del pueblo de Correos y Telégrafos de la RSFSR.---182, 183,'187.
Poinairé, Raimundo (1860--1934): político reaccionario francés, uno de los inspiradores de la primera guerra mundial (1914--1918); fue varias veces ministro y primer ministro. Presidente de la República francesa en 1913--1920.---723.
Píxilf, Dni'itt (1885--1952): diplomático norteamericano; desde julio de 1917 fue cónsul en Moscú y desde noviembre de 1918 hasta junio de 1919, encargado de negocios norleamerieano en Rusia.---308.
Pupov, Pável Ilich (1872--1950): jefe cicla Dirección Central de Estadística de 1918 a 1921.---593.
O
Oldenborgiier, Vlndímir Vasílievich (1863--1921): ingeniero mecánico, gran especialista en la conducción de aguas.---685.
Oldenburg, S. S. (m. 1940): fomentador político y colaborador activo de la revista de guardias blancos Rússkaya Mysl, editada en Praga en 1922.---766.
Ordzhonikidie, Grigori Konstantinovich (1886--1937): uno de los destacados dirigentes del Partido Comunista y del Estado soviético. Miembro del partido desde 1903. Desde marzo de 1921, miembro del CC del partido; desde julio de 1926, candidato a miembro del Buró Político del CC del PC(b) de la URSS; desde diciembre de 1930, miembro del Buró Político.---728, 775, 776, 777, 779.
Orlando, Vitlorio Emm/muele (1860-- 1952): estadista italiano; fue varias veces ministro. Primer ministro de 1917 a 1919.---463.
Piinkhunt. Sykna( 1882--1960): socialista inglesa. En 1919--1920 perteneció al grupo de los comunistas "de izquierda" ingleses. En 1920 participó en el II Congreso de la Internacional Comunista.---399, 400, 402, 403, 404, 408.
I'etliura, Simón Vasílievich (1877--1926): uno de los organizadores del movimiento nacionalista burgués en Ucrania en 1917--1920.---435, 498.
Petrovski, Grigori Ivánovich (1878-- 1958): destacada personalidad del Partido Comunista y del Estado soviético. Miembro del PCUS desde 1897. Después de la Revolución Socialista de Octubre ocupó cargos de responsabilidad en el Estado y en el partido.---542.
l'ialakov, Gueorgui l.eonídovich (1890-- 1937): ingresó en el partido bolchevique en 1910. Llevó el trabajo del partido en Ucrania y en el extranjero. En 1915--1917 ocupó la
874Potrésov, Alexandr Nikoláievich (1869-- 1934): uno de los líderes del menchevismo. En los años de reacción (1907--1910), ideólogo del liqnidacionismo.
Socialchovinista durante la primera guerra mundial (1914--1918). Después de la Revolución Socialista de Octubre emigró y fue enemigo del Poder soviético.---103, 394.
Preobrazhenski, Evgueni Alexéievúk (1886--1937): miembro del POSDR desde 1903. Después de la Revolución Socialista de Octubre se dedicó a la labor político-militar. Uno de los dirigentes activos de la oposición trotskista. Fue expulsado del partido por su actividad antipartido.---537, 542, 564, 588.
Pros/mín, Prosha Pm7iro¿<7?(1883--1918): eserista; participó activamente en la sublevación de los eseristas deizquierda en julio de 1918.---124.
expulsó del partido en 1927; fue reincorporado al mismo en 1930, y en 1936 fue expulsado de nuevo por su labor antipartido.---364, 653, 654.
Rákosi, Matías (1892--1971): miembro del Partido Comunista de Hungría desde 1918. De 1920 a 1924 trabajó en el Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista.---713.
Renaudel, fVdro(1871--1935): uno de los líderes oportunistas del Partido Socialista Francés.---50, 76, 105, 112, 116, 365.
Renner, Carlos (1870--1950): político austríaco, líder y teórico de los socialdemócratas de derecha austríacos; uno de los autores de la teoría nacionalista burguesa de "autonomía cultural-nacional".--- 50, 358, 365.
Kichter, Eugenio (1838--1906): uno de los líderes del partido alemán de los ``librepensadores'', que expresaba las ideas de la burguesía liberal; enemigo furibundo del socialismo.---104.
Rodbertus-Jagezov, Juan (.'arlos (1805-- 1875): economista vulgar alemán, gran terrateniente prusiano, uno de los teóricos del "socialismo de Estado''. Rodbertus pensaba que las contradicciones entre el trabajo y el capital podían resolverse con ayuda de varias reíormas realizadas por el Estado prusiano de junkers.---134.
Rodzianko, Mijaíl Vladímiroviih (1859-- 1924): político reaccionario ruso, uno de los líderes del partido ciclos octubristas, gran terrateniente. Presidente de las III y IV Dumas de Estado. En agosto de 1917, uno de los cabecillas de la korniloviada. Después de la Revolución Socialista de Octubre intente') unir todas las fuerzas contrarrevolucionarias para luchar contra el Poder soviético; luego emigre).---372, 373.
Rozhkov, Nikolái Alexándrnvich (1868-- 1927): historiador y publicista. Después de la revolución de febre-
875 ro de 1917, miembro del CC de los mencheviques, viceministro de Correos y Telégrafos en el Gobierno Provisional burgués. Acogió con hostilidad la Revolución Socialista de Octubre y luchó contra el Poder soviético. En 1922 se apartó de la actividad política y se dedicó a la labor científica y pedagógica.--- 631.Roy, Manabendra Nath (1890--1948): político indio. En 1910--1915 participó en el movimiento revolucionario contra los colonizadores ingleses en India. En 1915 emigre'). Más tarde se adhirió a los comunistas. Delegado a los congresos II, III, IV y V de la Internacional Comunista; desde 1922, candidato a miembro y desde 1924, miembro del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista. Luego se aparte) del Partido Comunista. Desde 1940 encabezó el Partido Radical Democrático Popular en India.---473, 475.
Rudzutak, Van Ernéstovich (1887--1938): personalidad del Partido Comunista y del Estado soviético. Después de la Revolución Socialista de Octubre ocupó cargos de responsabilidad en los sindicatos y luego en el Estado y en el partido.---539, 542, 544, 545, 546, 547, 548, 549.
Rykov, Alexéi Ivánovich (1881--1938): ingrese') en el partido en 1899. Después de la Revolución Socialista de Octubre ocupe') varios cargos de responsabilidad. Combatió reiteradamente la política leninista del partido. En 1937 fue expulsado del partido por su actividad contra éste.---184, 185, 526, 542, 735, 741, 755.
Saint-Simon, Claudio Enrique (1760-- 1825): ilustre pensador francés, uno de los representantes más notables del socialismo utópico.--- 143.
Sávinkov, Borh Víktorovich( 1879--1925): uno de los diligentes del partido de los eseristas. Luchó activamente contra el Poder soviético, organizador de una serie de insurrecciones y complots contrarrevolucionarios.---103, 123.
Scheidemann, Felipe (1865--1939): uno de los líderes del ala extrema derecha de la socialdemocracia alemana. Desde febrero hasta junio de 1919 presidió el gobierno burgués alemán y reprimieí cruelmente el movimiento obrero.---50, 76, 105, 107, 112, 116, 153, 154, 158, 168, 170, 395, 396, 398, 400, 401, 404, 414, 419, 427, 428, 466.
Schroder, Carlos (1884--1950): socialdemócrata alemán, en 1919 se adhirie> a los comunistas.---370.
Serebriakov, Leonid Petróvich (1888-- 1937): ingresó en el partido bolchevique en 1905. Después de la Revolución Socialista de Octubre, miembro del Comité del partido de la región de Moscú y del Comité Ejecutivo de Moscú, secretario del CC del PC(b) de Rusia y del CEC de toda Rusia; desde 1921 trabajó en el Comisariado del Pueblo de Vías de Comunicación. Durante la discusión sobre los sindicatos (1920--1921) mantuvo la plataforma de Trotski. Desde 1923, uno de los dirigentes activos de la oposición trotskista, por lo que en 1927 fue expulsado del partido por el XV Congreso del PC(b) de la URSS. En 1930 fue reincorporado al partido y en 1936 fue expulsado de nuevo por su actividad antipartido.---537, 542.
Seredá, Semión Pafnútievich (1871-- 1933): comunista. Después de la Revolución Socialista de Octubre ocupó cargos de responsabilidad en la economía y en los Soviets: en
Quelth, Tomás; (1886--1954): comunista inglés, delegado al II Congreso de la Internacional Comunista en 1920.---476.
Ri'idek, Karl<Berngárdovich (1885--1939): participó desde comienzo de siglo en el movimiento socialdemócrata de Calilzia, Polonia y Alemania: tomó parte en las publicaciones de los socialdemócratas de izquierda alemanes. En los años de la guerra imperialista mundial mantuvo una posición intemacionalista, revelando, sin embargo, inclinaciones hacia el centrismo; adoptó una actitud errónea frente al problema del derecho de las naciones a la autodeterminación. Ingresó en el partido bolchevique en 1917. En el período de la paz de Brest fue "comunista de izquierda''. Desde 1923, dirigente activo de la oposición trotskista, por lo que el XV Congreso del PC(b) de la URSS lo
Sadoul, Jacobo (1881--1956): miembro de la misie')n militar francesa en Moscú de 1917 a 1918. Luego, comunista francés, participe') en el trabajo del I Congreso de la Internacional Comunista.---42.
876 1918--1921, comisario del pueblo de Agricultura de la RSKSR, luego miembro del Presidium del OSEN y del Gosplán, y a partir de 1930, vicepresidente del Gosplán de la RSFSR.---314.Serguéiev, Fiador Andréievich (apodado Artiom) (1883--1921): uno de los destacados dirigentes del Partido Comunista y del Estado soviético. Participante activo de las revoluciones de 1905--1907 y de 1917. Miembro del CC del partido bolchevique desde 1917. En 1920, secretario del Comité de Moscú del PC(b) de Rusia.---542.
Serrati, Giacinto Menotti (1872--1926): notable representante del movimiento socialista italiano. En 1924 ingresó en el Partido Comunista Italiano.---389.
Shaumián, Stepán Gueórguievich (1878-- 1918): conocido estadista soviético. Desde diciembre de 1917, comisario extraordinario para los Asuntos del Cáucaso. Desde abril de 1918, presidente del Consejo de Comisarios del Pueblo de Bakú. Después de la caída de la Comuna de Bakú, en agosto de 1918 fue detenido junto con otros dirigentes por los intervencionistas ingleses con ayuda de los eseristas y mencheviques y fusilado entre los 26 comisarios de Bakú el 20 de septiembre de 1918.---26, 27.
Sher, Vasili Vladímirovich (1884--1940): menchevique. Después de la Revolución Socialista de Octubre se dedicó a la labor económica. El Tribunal Supremo de la URSS lo condenó en 1931 por la actividad hostil contra el Estado soviético.--- 239.
Sheridan, Claire (n. 1885): escultura inglesa; vino a Moscú en septiembre de 1920 y esculpió un busto de Lenin.---589.
Shliápnikov, Alexandr Gavrílovich(\KK5- 1937): ingresó en el partido bolchevique en 1901. Después de la Revolución Socialista de Octubre __COLUMN2__ se dedicó a la labor económica y sindical. En 1920--1922, organi/. ador y líder del grupo antipartido "oposición obrera''. En 1933 fue expulsado del partido.---567, 568.
Shmidl, Vasili Vladímirovich (1886-- 1940): ingresó en el partido bolchevique en 1905. Después de la Revolución Socialista de Octubre ocupó cargos de responsabilidad en los sindicatos, en los Soviets y en la economía; secretario del CCS de la URSS, comisario del pueblo de Trabajo, vicepresidente del Consejo de Comisarios del Pueblo de la URSS. Se adhirió a la oposición de derecha en el PC(b) de la URSS de la cual se apartó al poco tiempo.--- 177.
Shtein (Rubinstein), A. (1881--1948): socialdemócrata ruso, menchevique; vivía permanentemente en Alemania. Participó activamente en la campaña calumniosa de los centristas alemanes contra la Revolución Socialista de Octubre.---88, 94, 137.
Snowden, Felipe (1864--1937): político inglés, uno de los líderes del Partido Obrero Independiente; oportunista.---400, 402, 404, 406, 407, 408, 427.
Sokólnikov, Grigori Yákovlevich (1888-- 1939): ingresó en el POSDR en 1905. Después de la revolución de febrero de 1917 fue miembro del Buró del POSD(b) de Rusia de la región de Moscú, miembro de la Redacción de Pravda. Después de la Revolución Socialista de Octubre, comisario del pueblo de Hacienda, vicepresidente del Gosplán, vicecomisario del pueblo de Negocios Extranjeros. En el XIV Congreso del PC(b) de la URSS (1925) se adhirió a la "oposición nueva'', más tarde entró en el bloque trotskista-zinovievista. En 1936 fue expulsado del partido por su actividad antipartido.--- 715,740.
877Sorokin, Pitinm Alexándrovich (1889-- 1968): sociólogo burgués reaccionario ruso, eserista. De 1918 a 1922 fue asistente de catedrático en la Universidad de Petrogrado. En 1922 fue expatriado; desde 1930 fue catedrático de sociología de la Universidad de Harvard en los EE.UU.---53, 54, 56, 57, 694, 695.
Sosnovski, Lev Semiónovich (1886--1937): miembro del partido bolchevique desde 1904. Después de la Revolución Socialista de Octubre ocupó cargos en los Soviets y en el partido; en 1920--1921, durante la discusión sobre los sindicatos se adhirió a Trotski; en 1936 fue expulsado del partido por su actividad contra éste.---540, 541, 542.
Spiridónova, María Alexándrnvna(l884- 1941): una de los organizadores y dirigentes del partido de los eseristas de izquierda. Después de la Revolución Socialista de Octubre intervino contra la paz de Brest y otras medidas del Poder soviético; en julio de 1918 tomó parte en la sublevación de los eseristas de izquierda en Moscú. Más tarde se apartó de la actividad política.--- 32, 36.
Stalin, José Vissariónovich (1879-- 1953).---542, 740, 766, 767, 776, 779.
Struvr, Piolr Berngárdovich (1870--1944): economista y publicista burgués; en la década del 90, representante más destacado del "marxismo legal'', luego uno de los líderes del Partido Demócrata Constitucionalista. Uno de los cabecillas contrarrevolucionarios y emigrado después de la Revolución Socialista de Octubre.---63, 394.
Sujánov, N. N. (Guímmer) (n. 1882): economista y publicista de tendencia pequeñoburguesa, menchevique. Después de la Revolución Socialista de Octubre trabajó en las instituciones económicas soviéticas. En 1931 fue condenado como __COLUMN2__ dirigente de una organización menchevique clandestina.---793, 794.
.Sumiso, L. B. (n. 1887): comunista, ocupó varios cargos políticos durante la guerra civil; en los años posteriores se dedicó a la labor política y pedagógica.---183.
Sun Yat-sen (1866--1925): eminente demócrata revolucionario y estadista chino.---557.
Sverdlov, Yákov Mijáilovich (1885-- 1919): conocido revolucionario, comunista, destacada personalidad del Partido Comunista y del Estado soviético. Presidente del CEC de toda Rusia desde noviembre de 1917 hasta marzo de 1919.---328.
Sviderski, A. I. (1878--1933): miembro del POSDR desde 1899. Después de la Revolución Socialista de Octubre ocupó varios cargos de responsabilidad en los Soviets; miembro del Consejo del Comisariado del Pueblo de Abastecimiento y miembro del Consejo del Comisariado de Inspección Obrera y Campesina.---521.
Svinhufvud, Peer Evind (1861--1944): político reaccionario finlandés. En 1917--1918, jefe del gobierno burgués, que desencadenó un terror implacable contra la revolución proletaria finlandesa. Desde 1931 hasta febrero de 1937 fue presidente de Finlandia.---168.
Terracini, Umberto(n. 1895): personalidad del movimiento obrero italiano y uno de los fundadores del Partido Comunista Italiano, miembro de su CC y del Comité Ejecutivo desde 1921. De 1926 a 1943 estuvo en las cárceles y en el destierro. Tomó parte activa en la lucha de liberación nacional del pueblo italiano en 1943--1945. En 1947, presidente de la Asamblea Constituyente. Desde 1948 fue senador. Desde 1950, miembro del
878Consejo Mundial de la Paz. Desde 1955, miembro de la dirección del PCI.---650, 651, 652, 654, 655, 656.
Timiriázev, Arkadi Kleméntievich (1880-- 1955): catedrático de física de la Universidad de Moscú.---692, 693.
Thomas, Alberto (1878--1932): uno de los líderes del Partido Socialista Francés, socialchovinista extremo. Durante la primera guerra mundial (1914--1918) formó parte del gobierno burgués de Francia.---468.
Todorski, Alexandr Ivánovich (1894-- 1965): miembro del POSDR desde 1918. De 1918 a 1919, miembro del Comité Ejecutivo del distrito de Vesiegonsk, provincia de Tver; autor del libro Un año con el fusil y el arado.--- 720.
Tomski, Mijaíl Pávlovich (1880--1936): miembro del POSDR desde 1904. Después de la Revolución Socialista de Octubre, ocupó cargos de responsabilidad (miembro del Buró Político del CC, presidente del Presidium del Consejo Central de los Sindicatos, miembro del Presidium del CSEN); combatió reiteradamente la política leninista del partido. En 1928, junto con Bujarin y Rykov, encabezó la desviación oportunista de derecha en el partido.---536, 537, 539, 542, 567.
Treves, Claudio (1868--1933): personalidad del Partido Socialista Italiano, teórico del reformismo italiano.--- 429.
Trotski (Bronstein), Lev Davídovich (1879--1940): enemigo jurado del leninismo, sostuvo una lucha encarnizada contra Lenin en todas las cuestiones de la teoría y la práctica de la revolución socialista. En los años de la primera guerra mundial (1914--1918) mantuvo una posición centrista. Al ingresar en el partido bolchevique, en vísperas de la Revolución Socialista de Octubre, continuó desplegando una activa labor fracciona]. En 1918 se pronunció contra la firma de la paz de __COLUMN2__ Brest. En 1920--1921 se opuso a la política leninista acerca de los sindicatos y el movimiento sindical. En 1923 encabezó la oposición que luchó contra la línea general del partido. El Partido Comunista desenmascaró el trotskismo como desviación pequeñoburguesa en el partido y lo derrotó en el terreno ideológico y de organización. En 1927 Trotski fue expulsado del partido. En 1929 fue desterrado de la URSS y más tarde fue privado de la ciudadanía soviética por su actividad antisoviética.--- 523, 524, 526, 534, 535, 536, 537, 538, 539, 540, 541, 542, 543, 544, 545, 546, 547, 548, 549, 550, 551, 552, 553, 554, 555, 557, 558, 559, 560, 561, 562, 563, 564, 565, 566, 567, 568, 688, 765, 766, 767, 770.
Tsereteli, Irakli Gueórguievich (1882-- 1959): uno de los líderes del menchevismo. Después de la revolución de febrero de 1917 formó parte del Gobierno Provisional burgués como ministro de Correos y Telégrafos. Después de los acontecimientos de julio fue ministro di-1 Interior. Al triunfar la Revolución Socialista de Octubre, encabezó el bloque antisoviético en la Asamblea Constituyente. Fue uno de los dirigentes del gobierno menchevique contrarrevolucionario de Georgia. Después del establecimiento del Poder soviético en Georgia en 1921, emigró.---125.
Tsiurupa, Alexandr Dmítrievich (1870-- 1928): destacada personalidad del Partido Comunista y del Estado soviético. En 1918--1921, comisario del pueblo de Abastecimiento. Desde fines de 1921, vicepresidente del Consejo de Comisarios del Pueblo y del Consejo de Trabajo y Defensa. En los años posteriores, comisario del pueblo de Inspección Obrera y Campesina, presidente del Gosplán de la URSS, comisario del pueblo de Comercio Interior y Exterior. Fue miembro
879 del CC del partido.---726, 735, 755.Turati,Felipe (1857--1932): líder reformista del movimiento obrero italiano, uno de los organizadores del Partido Socialista Italiano (1892) y líder del ala derecha de éste; aplicó una política de colaboración de clase del proletariado con la burguesía.---107, 110, 112, 358, 389, 429, 430, 663.
Turguénev, ¡van Serguéievich (1818-- 1883): gran escritor ruso.---706.
Vanderlip, Washington (n. 1866): representante de los círculos de negocios de los EE.UU.; en 1920--1921 vino a la Rusia Soviética, celebró negociaciones con el Gobierno soviético respecto a las concesiones en Kamchatka; se entrevistó y conversó con Lenin.---590.
Vandervelde, Emilio (1866--1938): uno de los líderes del ala oportunista del Partido Obrero Belga y de la II Internacional. Al principio de la guerra imperialista mundial (1914--1918) formó parte del gobierno burgués de Bélgica. Acogió con extrema hostilidad la Revolución Socialista de Octubre.---139, 140, 141, 142, 143, 144.
Vípper, Róbert Yúrievich (1859--1954): historiador soviético, académico. Los trabajos de Vípper contienen un abundante material concreto, pero su valor baja en virtud de las concepciones erróneas del autor sobre varias cuestiones.---691.
Volski, V. K. (n. 1877): eserista, presidente del contrarrevolucionario Comité de Miembros de la Asamblea Constituyente en Samara (CMAC) que con ayuda de la intervención extranjera conquistó en verano de 1918 el poder en la región del Volga y de los Urales.--- 254.
U
Urquhart, John Leslie (1874--1933): gran industrial y financiero inglés, miembro de la junta directiva de numerosas sociedades rusas. Uno de los organizadores de la lucha de las fuerzas contrarrevolucionarias contra el Poder soviético en 1918-- 1920. En la década del 20 intentó reiteradamente obtener en concesión las empresas que tenía antes en Rusia.---749, 759, 760.
Ustriálov, N. V. (n. 1890): jurista. Después de la Revolución Socialista de Octubre tomó parte activa en la lucha contra el Poder soviético; fue ministro en el Gobierno Kolchak. En 1921, estando en la emigración, fue el ideólogo principal de los elementos de Smiena Ve/.---717, 718.
Vaillant, Eduardo María (1840--1915): destacada personalidad del movimiento socialista francés. En 1899 junto con Cuesde fue fundador del Partido Socialista de Francia. Ocupó una posición oportunista en las cuestiones más importantes; socialchovinista durante la guerra imperialista mundial.---390.
Valk: menchevique, uno de los destacados participantes de la sublevación contrarrevolucionaria de Cronstadt (1921); más tarde, emigró.--- 630.
W
Wallace, John (n. 1868): liberal inglés.--- 403.
Webb (Los esposos), Beatrh( 1858--1943) y S¡¿T¡ry(1859--1947): conocidas personalidades sociales inglesas, reformistas. Autores de varios libros sobre historia y teoría del movimiento obrero inglés. Durante la primera guerra mundial (1914-- 1918) mantuvieron posiciones socialchovinistas. Después de la Revolución Socialista de Octubre simpatizaban mucho con la Unión Soviética.---76.
880Weber, Enrique: véase Bauer, Otón.--- 122.
Weilling, Guillermo (1808--1871): destacada personalidad del movimiento obrero de Alemania en su período inicial, uno de los teóricos del comunismo igualitario utópico; sastre de profesión.---74.
Wendel, Federico (1886--1960): socialdemócrata de izquierda alemán. Después de la revolución de noviembre de 1918 en Alemania se adhirió a la "oposición de izquierda" de Laufenberg-Wolffeim, predicó las concepciones anarcosindicalistas. Más tarde ingresó de nuevo en el partido socialdemócrata.---370.
Wigand, Carlos: corresponsal en Berlín de la agencia informativa norteamericana Universal Service.---325.
Wijnkoop, David (1877--1941): comunista holandés. Uno de los fundadores del periódico De Tribune, órgano del ala izquierda del Partido Socialdemócrata Holandés. Delegado a los I y II Congresos de la Internacional Comunista.---434.
Wilson, Woodrow( 1856--1924): estadista norteamericano, presidente de los EE.UU. de 1913 a 1921. Uno de los organizadores de la intervención armada contra la Rusia Soviética.---45, 56, 170, 189, 308, 461, 463.
Wolffeim, Fritz: comunista "de izquierda" alemán, uno de los líderes de la oposición "de izquierda" que predicaba las concepciones anarcosindicalistas.---370.
Wrangel, Piotr Nikoláievich (1878-- 1928): general del ejército zarista, uno de los dirigentes de la contrarrevolución en el Sur de Rusia durante la guerra civil. En abril de 1920 sustituyó a Denikin en el puesto de comandante en jefe de las contrarrevolucionarias " fuerzas armadas del Sur de Rusia''. Las tropas de Wrangel fueron derrotadas por el Ejército Rojo en otoño de 1920.---505, 506, 634, 674.
Yudénich, Nikolái Nikoláievich (1862-- 1933): general del ejército zarista. Después del establecimiento del Poder soviético, uno de los organizadores de la contrarrevolución. En 1919 intentó dos veces tomar Petrogrado, pero fue derrotado por el Ejército Rojo.---275, 279, 284, 298, 299, 302, 303, 331, 373, 498, 587, 674.
881 548, 553, 555, 557, 559, 561, 564, 740, 767, 775.Zof, Viacheslav Ivánovich (1889--1940): estadista y militar soviético, en 1920 fue miembro del Consejo de la Dirección General del Transporte Eluvial de la RSKSR y luego director de la Dirección Política fie la misma institución.---543.
Zubátov, Serguéi Vasílievifh (1864-- 1917): coronel de gendarmería,
inspirador y organizador del " socialismo policíaco" ``( zubatovismo''). En 1901--1903 intentó fundar en Moscú y en otras ciudades organizaciones obreras policíacas con el fin de apartar a los obreros de la lucha revolucionaria. La actividad de Zubátov no tenía éxito, las organizaciones fundadas por él fueron barridas por el auge del movimiento revolucionario.--- 580.
Zasúlich, Vera Ivánnvna (1849--1919): destacada personalidad del movimiento populista y luego del movimiento socialdemócrata en Rusia. En 1883 participó en la fundación de Emancipación del Trabajo, pri mer grupo marxista en Rusia. Menchevique desde e1 II Congreso del POSDR (1903).---394.
Zax, G. D, (1882--1937): uno de los organizadores del partido de los eseristas de izquierda. Después del motín de los eseristas de izquierda en julio de 1918 abandonó el partido y organizó el partido de los comunistas populistas; en noviembre de 1918 ingresó en el PC(b) de Rusia.---120.
Zinóviev (Radomyslski), Grigori Evséievich (1883--1936): fue miembro del partido bolchevique desde 1901. Intervino varias veces contra Lenin y la política del partido: en el período de la reacción de Stolypin (1907--1910) ocupó una posición conciliadora respecto a los liquidadores, otzovistas y trotskistas; en octubre de 1917, junto con Kámenev, divulgó la resolución del CC del partido acerca de la insurrección armada; en 1925, uno de los organizadores de la "oposición nueva''; en 1926, uno de los líderes del bloque trotskista-zinovievista antipartido. En 1934 fue expulsado del partido por su actividad contra éste.---63, 64, 540, 541, 542, 543, 545, 547,
__ALPHA_LVL0__ The End. [END] 882ÍNDICE
883 1. INFORME SOBRE EL PROGRAMA DEL PARTIDO, PRONUNCIADO EL 19 DE MARZO...............................\ 2. DISCURSO DE RESUMEN DE LA DISCUSIÓN EN TORNO AL INFORME SOBRE EL PROGRAMA DEL PARTIDO. 19de marzo .... 3. INFORME SOBRE EL TRABAJO EN EL CAMPO PRONUNCIADO EL 23 DE MARZO................................................................................... 4. RESOLUCIÓN SOBRE LA ACTITUD ANTE EL CAMPESINADO MEDIO.................................................................................................... TESIS DEL CC DEL PC(b) DE RUSIA EN RELACIÓN CON LA SITUACIÓN EN EL FRENTE ORIENTAL..................................................... UN SALUDO A LOS OBREROS HÚNGAROS ................................................ UNA GRAN INICIATIVA (El heroísmo de los obreros en la retaguardia. Los "sábados comunistas'') ......................................................................... ¡TODOS A LA LUCHA CONTRA DENIKIN! (Carta del Comité Central del PC(b) de Rusia a las organizaciones del partido)................................................. La tarea principal del momento................................................................... Explicar al pueblo la verdad sobre Kolchak y Denikin................................. La labor entre los llamados a filas................................................................. La labor entre los desertores ........................................................................ Ayuda directa al ejército .............................................................................. Reduciré! trabajo no militar ........................................................................ El trabajo en las zonas próximas al frente.................................................... Actitud frente a los militares profesionales.................................................. Combatir a la contrarrevolución en la retaguardia...................................... Toda la población en pie de guerra.............................................................. ``Trabajar al estilo revolucionario" .............................................................. ACERCA DEL ESTADO. Conferencia pronunciada en la Universidad Sverdlovel 11 de juliode 1919........................................................................... CARTA A LOS OBREROS Y CAMPESINOS CON MOTIVO DE LA VICTORIA SOBRE KOLCHAK ....................................................................... EJEMPLO DE LOS OBREROS PETROGRADENSES...................................... LOS RESULTADOS DE LA SEMANA DEL PARTIDO EN MOSCÚ Y NUESTRAS TAREAS ........................................................................................ ECONOMÍA Y POLÍTICA EN LA ÉPOCA DE LA DICTADURA DEL PROLETARIADO.............................................................................................. 1 .......................................... 182 191 210 213 217 240 240 242 243 243 244 246 248 250 252 255 256 257 274 281 284 288 288 289 290 292 294 Prefacio................................................................................................................. 5 DISCURSO PRONUNCIADO EN LA REUNIÓN CONJUNTA DEL COMITÉ EJECUTIVO CENTRAL DE TODA RUSIA, DEL SOVIET DE MOSCÚ, DE LOS COMITÉS FABRILES Y LOS SINDICATOS DE MOSCÚ EL 29 DE JULIO DE 1918...................................................... 23 CARTA A LOS OBREROS NORTEAMERICANOS................................. 38 RESOLUCIÓN APROBADA EN LA REUNIÓN CONJUNTA DEL COMITÉ EJECUTIVO CENTRAL DE TODA RUSIA, DEL SOVIET DE MOSCÚ, DE LOS COMITÉS FABRILES Y DE LOS SINDICATOS EL 22 DE OCTUBRE DE 1918.................................................................... 51 LAS PRECIOSAS CONFESIONES DE PITIRIM SOROKIN ................... 53 LA REVOLUCIÓN PROLETARIA Y EL RENEGADO KAUTSKY........ 61 Prefacio................................................................................................. 63 Cómo ha hecho Kautsky de Marx un liberal adocenado ...................... 65 Democracia burguesa y democracia proletaria..................................... 74 ¿Puede haber igualdad entre el explotado y el explotador? ................. 81 Que no intenten los Soviets convertirse en organizaciones estatales .... 87 La Asamblea Constituyente y la República Soviética ............................ 92 La Constitución soviética....................................................................... 99 ¿Qué es el internacionalismo?............................................................... 107 Servilismo ante la burguesía disfrazado de "análisis económico"..... 118 Anexo I. Tesis acerca de la Asamblea Constituyente .......................... 139 Anexo II. Un nuevo libro de Vandervelde sobre el Estado ................... 139 / CONGRESO DE LA INTERNACIONAL COMUNISTA. 2-6 de marzo de 1919..................................................................................................................... 145 TESIS E INFORME SOBRE LA DEMOCRACIA BURGUESA Y LA DICTADURA DEL PROLETARIADO, PRESENTADOS EL 4 DE MARZO........................................................................................................................ 145 2 ... 3... 4 ... 5 ... VIII CONGRESO DEL PC(b) DE RUSIA. 18--23 de marzo de 1919. 161 SSI ÍNDICE 884 INFORME PRESENTADO AL II CONGRESO DE TODA RUSIA DE I.AS ORGANIZACIONES COMUNISTAS DE LOS PUEBLOS DE ORIENTE. 22 de noviembre de 1919........................................................................................ VIII CONFERENCIA DE TODA RUSIA DEL PC(b)R. 2-4 de diciembre de 1919..................................................................................................................... PROYECTO DE RESOLUCIÓN SOBRE LA POLÍTICA INTERNACIONAL ...................................................................................................... DISCURSO PRONUNCIADO EN EL I CONGRESO DE LAS COMUNAS RURALES Y ARTELES AGRÍCOLAS EL 4 DE DICIEMBRE DE 1919 .......... CARTA A LOS OBREROS Y CAMPESINOS DE UCRANIA A PROPOSITO DE LAS VICTORIAS SOBRE DENIKIN.......................................................... RESPUESTAS A LAS PREGUNTAS DE CARLOS WIGAND, CORRESPONSAL DE LA AGENCIA NORTEAMERICANA UNIVERSAL SERVICEEN BERLÍN .............................................................................................................. IX CONGRESO DEL PC(b) DE RUSIA. 29 de marw-5 de abril de ¡920.............. INFORME DEL COMITÉ CENTRAL. 29 DE MARZO............................. 297 885 ARENGA A LOS SOLDADOS ROJOS QUE PARTEN PARA EL FRENTE DE POLONIA. 5 de mayo cíe 1920. Información periodística........................ ESBOZO INICIAL DE LAS TESIS SOBRE LOS PROBLEMAS NACIONAL Y COLONIAL (Para el II Congreso de la Internacional Comunista).... ESBOZO INICIAL DE LAS TESIS SOBRE LA CUESTIÓN AGRARIA (Para el II Congreso de la Internacional Comunista)....................................... // CONGRESO DE LA INTERNACIONAL COMUNISTA. 19 de julio-7 de agosto de 1920...................................................................................................... 1. INFORME SOBRE LA SITUACIÓN INTERNACIONAL Y LAS TAREAS FUNDAMENTALES DE LA INTERNACIONAL COMUNISTA. 19 de julio................................................................................. 2. INFORME DE LA COMISIÓN PARA LOS PROBLEMAS NACIONAL Y COLONIAL. 26 de julio ........................................................... TAREAS DE LAS ORGANIZACIONES JUVENILES (Discurso pronunciado en el III Congreso de la Unión de Juventudes Comunistas de Rusia el 2 de octubre de 1920).................................................................................................. LA CULTURA PROLETARIA.......................................................................... Proyecto de resolución ................................................................................. DISCURSO PRONUNCIADO EN LA CONFERENCIA DE TODA RUSIA DE LOS ORGANISMOS DE EDUCACIÓN POLÍTICA DE LAS SECCIONES PROVINCIALES Y DISTRITALES DE INSTRUCCIÓN PUBLICA EL 3 DE NOVIEMBRE DE 1920.............................................................................. VIII CONGRESO DE LOS SOVIETS DE TODA R USÍA. 22--29 de diciembre de 1920..................................................................................................................... 1. INFORME DEL COMITÉ EJECUTIVO CENTRAL DE TODA RUSIA Y DEL CONSEJO DE COMISARIOS DEL PUEBLO SOBRE LA POLÍTICA EXTERIOR E INTERIOR. 22 DE DICIEMBRE......... 2. PROYECTO DE RESOLUCIÓN SOBRE EL INFORME DE LA ELECTRIFICACIÓN............................................................................. UNA VEZ MAS ACERCA DE LOS SINDICATOS, EL MOMENTO ACTUAL Y LOS ERRORES DE LOS CAMARADAS TROTSKI Y BUJARIN...................................................................................................................... El peligro de las acciones fracciónales para el partido ................................. La democracia formal y la conveniencia revolucionaria .............................. El peligro político de las escisiones en el movimiento sindical ..................... Acerca de las discrepancias de principios..................................................... Política y economía. Dialéctica y eclecticismo............................................... Dialéctica y eclecticismo. ``Escuela'' y ``aparato''.......................................... Conclusión.................................................................................................... SOBRE EL PLAN ECONÓMICO ÚNICO........................................................ X CONGRESO DEL PC(b) DE RUSIA. X-16 de marzo de 1921............................ 435 436 443 454 454 472 478 493 493 495 504 504 532 308 308 325 328 328 DE LA DESTRUCCIÓN DE UN RÉGIMEN SECULAR A LA CREACIÓN DEOTRO NUEVO............................................................................................. LA ENFERMEDAD INFANTIL DEL ``IZQUIERDISMO'' EN EL COMUNISMO ................................................................................................................ I. ¿En qué sentido puede hablarse de la importancia internacional de la revolución rusa?........................................................................... II. Una condición fundamental del éxito de los bolcheviques.............. III. Etapas principales de la historia del bolchevismo............................ IV. ¿En lucha contra qué enemigos en el seno del movimiento obrero ha podido crecer, fortalecerse y templarse el bolchevismo?............ V. El comunismo "de izquierda" en Alemania Jefes, partido, clase, masa................................................................................................. VI. ¿Deben actuar los revolucionarios en los sindicatos reaccionarios? .................................................................................................. VIL ¿Debe participarse en los parlamentos burgueses? ......................... VIII. ¿Ningún compromiso? .................................................................... IX. El comunismo "de izquierda" en Inglaterra ................................... X. Algunas conclusiones....................................................................... 346 349 351 353 355 360 367 373 381 390 399 409 423 425 426 429 430 434 434 534 535 537 538 543 546 553 562 569 577 Anexo I. La escisión de los comunistas alemanes .................. II. Los comunistas y los independientes en Alemania . III. Turati y compañía en Italia .................................... IV. Conclusiones erróneas de premisas justas.............. V.................................................................................. ``(.arta de Wijnkoop ................................................. 886 ÍNDICE 887 1. DISCURSO DE APERTURA DEL CONGRESO, PRONUNCIADO EL 8 DE MARZO ................................................................................... 2. INFORME SOBRE LA SUSTITUCIÓN DEL SISTEMA DE CONTINGENTACION CON EL IMPUESTO EN ESPECIE, PRESENTADO EL 15 DE MARZO..................................................................... 3. PROYECTO INICIAL DE RESOLUCIÓN DEL X CONGRESO DEL PC DE RUSIA SOBRE LA UNIDAD DEL PARTIDO......................... 4. PROYECTO INICIAL DE RESOLUCIÓN DEL X CONGRESO DEL PC DE RUSIA SOBRE LA DESVIACIÓN SINDICALISTA Y ANARQUISTA EN NUESTRO PARTIDO.......................................... SOBRE EL IMPUESTO EN ESPECIE (Significación de la nueva política y sus condiciones)......................................................................................................... A modo de introducción .............................................................................. Sobre la economía actual de Rusia (Fragmento del folleto de 1918)............ Sobre el impuesto en especie, la libertad de comercio y el arrendamiento de empresas en régimen de concesión ......................................................... Balance político y deducciones políticas....................................................... Conclusión.................................................................................................... X CONFERENCIA DE TODA RUSIA DEL PC(b) DE RUSIA. 26--28 DE MAYO DE 1921.................................................................................................. DISCURSO DE CLAUSURA DE LA CONFERENCIA. 28 de mayo........ /// CONGRESO DE LA INTERNACIONAL COMUNISTA. 22 de junio-12 de julio de ¡921 ......................................................................................................... 1. TESIS DEL INFORME SOBRE LA TÁCTICA DEL PARTIDO COMUNISTA DE RUSIA.................................................................... 1. La situación internacional de la RSFSR............................................ 2. Correlación de las fuerzas de las clases a escala internacional.......... 3. Correlación de las fuerzas de las clases en Rusia .............................. 4. El proletariado y los campesinos de Rusia........................................ 5. La alianza militar entre el proletariado y los campesinos de la PSFSR.................................................................................................... 6. Paso a relaciones económicas adecuadas entre el proletariado y los campesinos ............................................................................................ 7. Por qué y en qué condiciones el Poder soviético admite el capitalismo y el arrendamiento de empresas en régimen de concesión ........................................................................................................ 8. Éxitos de nuestra política de abastecimiento.................................... 9. Base material del socialismo y plan de electrificación de Rusia........ 10. Papel de la "democracia pura'', de la II Internacional, de la Internacional II y media, de los eseristas y de los mencheviques como aliados del capital .................................................................................. 2. DISCURSO EN DEFENSA DE LA TÁCTICA DE LA INTERNACIONAL COMUNISTA. 1 de julio................................................................ 578 581 595 599 603 603 004 614 630 636 638 638 640 640 640 641 642 642 643 644 644 645 645 646 649 CON MOTIVO DEL CUARTO ANIVERSARIO DE LA REVOLUCIÓN DE OCTUBRE.......................................................................................................... ACERCA DE LA SIGNIFICACIÓN DEL ORO AHORA Y DESPUÉS DE LA VICTORIA COMPLETA DEL SOCIALISMO................................................. ACERCA DEL PAPEL Y DE LAS TAREAS DE LOS SINDICATOS EN LAS CONDICIONES DE LA NUEVA POLÍTICA ECONÓMICA. Resolución del CC del PC(b) de Rusia del 12 de enero de 1922 .................................................. 1. La nueva política económica y los sindicatos ........................................... 2. El-capitalismo de Estado en el Estado proletario y los sindicatos ............ 3. Las empresas del Estado reorganizadas sobre la base de la llamada autogestión financiera y los sindicatos..................................................... 4. Diferencia esencial entre la lucha de clase del proletariado en un Estado que reconoce la propiedad privada sobre la tierra, las fábricas, etc., y cuyo poder político se encuentra en manos de la clase capitalista, y la lucha económica del proletariado en un Estado que no reconoce la propiedad privada sobre la tierra y sobre la mayoría de las grandes empresas, en un Estado cuyo poder político se encuentra en manos del proletariado............................................................................................. 5. Retorno a la afiliación voluntaria en los sindicatos.................................. 6. Los sindicatos y la administración de las empresas.................................. 7. El papel y la participación de los sindicatos en los organismos económicos y públicos del Estado proletario........................................... 8. Ligazón con las masas como condición fundamental para toda labor de los sindicatos............................................................................................ 658 668 676 676 677 677 678 680 680 681 683 684 685 686 688 697 697 738 740 742 742 755 765 9. Carácter contradictorio de la situación de los sindicatos bajo la dictadura del proletariado. 10. Los sindicatos y los especialistas............................................................. 11. Los sindicatos y la influencia pequeñoburguesa sobre la clase obrera .................................................................................................... EL SIGNIFICADO DEL MATERIALISMO MILITANTE.............................. XI CONGRESO DEL PC(b) DE RUSIA. 27de marzo-2 de abril de 1922.............. 1. INFORME POLÍTICO DEL COMITÉ CENTRAL DEL PC(b) DE RUSIA. 27 de marzo de 1922................................................................ 2. DISCURSO DE CLAUSURA DEL CONGRESO. 2 de abril................ ACERCA DE LA FORMACIÓN DE LA URSS. Carta a L. Kámenev para los miembros del Buró Político del CC del PC(b) de Rusia....................................... IV CONGRESO DE LA INTERNACIONAL COMUNISTA. 5 de noviembre-5 de diciembre de 1922.............................................................................................. CINCO AÑOS DE LA REVOLUCIÓN RUSA Y PERSPECTIVAS DE LA REVOLUCIÓN MUNDIAL. Informe pronunciado ante el IV Congreso de la Internacional Comunista el 13 de noviembre de 1922........................ DISCURSO PRONUNCIADO EN EL PLENO DEL SOVIET DE MOSCÚ EL 20 DE NOVIEMBRE DE 1922............................................................................ I. CARTA AL CONGRESO........................................................................ 888 II................................................................................................................... 766 Adición a la carta del 24 cíe dicic-mbre de 1922........................................ 767 III................................................................................................................... 768 IV. SOBRE LA CONCESIÓN DE FUNCIONES LEGISLATIVAS AL GOSPLAN ............................................................................................... 770 V................................................................................................................... 771 VI................................................................................................................... 772 VIL (PARA EL APARTADO RELATIVO AL AUMENTO DEL NUMERO DE MIEMBROS DEL CC)....................................................................... 774 CONTRIBUCIÓN AL PROBLEMA DE LAS NACIONES O SOBRE LA ``AUTONOMIZACION'' ................................................................................... 775 CONTRIBUCIÓN AL PROBLEMA DE LAS NACIONES O SOBRE LA ``AUTONOMIZACION'' (continuación)........................................................... 777 PAGINAS DEL DIARIO ................................................................................... 781 SOBRE LAS COOPERATIVAS......................................................................... 786 I................................................................................................................... 786 II................................................................................................................... 789 NUESTRA REVOLUCIÓN (A propósito de las notas de N. Sujánov) .............. 793 [................................................................................................................... 793 II................................................................................................................... 795 COMO TENEMOS QUE REORGANIZAR LA INSPECCIÓN OBRERA Y CAMPESINA (Propuesta al XII Congreso del partido) ..................................... 797 MAS VALE POCO Y BUENO............................................................................ 802 Notas.................................................................................................................... 816 índice de nombres................................................................................................... 859 ILUSTRACIONES V. I.Lenin. Mayode 1920 ................................................................................... 22 Portada del libro La revolución proletaria y el renegado Kautsky con notas de V. I. Lenin. 1918...........................................................................'....................... 62 Primera página del manuscrito de V. I. Lenin Una gran iniciativa. 28 de junio de 1919................................................................................................................ 218 Comienzo de la primera página del manuscrito de V. I. Lenin La enfermedad infantildel "izquierdismo "en el comunismo. Abril-mayo de 1920 .......................... 350 Primera página del manuscrito de V. I. Lenin Con motivo del cuarto aniversario de la Revolución de Octubre. 14 de octubre de 1921 ............................................... 661 __NOTE__ (delete-hook 'local-write-file-hooks 'lb-tx-chk-trailing-dash) (progn (setq lbg-ht-update-section-numbers nil) (lb-ht "es/1979/LOE3EP" t ))