(SIGNIFICACIÓN DE LA NUEVA POLÍTICA
Y SUS CONDICIONES)
A MODO DE INTRODUCCIÓN
p El problema del impuesto en especie despierta una especialísima atención y es motivo de muchas discusiones y debates hoy día. Se comprende perfectamente, ya que es en realidad una de las cuestiones fundamentales de la política en las circunstancias actuales.
p Las discusiones tienen un carácter algo caótico. Todos nosotros, por causas harto comprensibles, adolecemos de este pecado. Tanto más útil será el intento de abordar este problema no en su aspecto “palpitante”, sino en el aspecto de los principios generales. Dicho con otras palabras, el intento de fijarnos en el fondo general, fundamental, del cuadro en el que estamos trazando ahora el dibujo de las medidas prácticas concretas de la política actual.
p Para realizar esa tentativa, me permitiré aducir una larga cita de mi folleto La tarea principal de nuestros días. Acerca del infantilismo “izquierdista” y del espíritu pequeñoburgués [603•* . Ese folleto, editado por el Soviet de Petrogrado en 1918, contiene: 1) un artículo periodístico sobre la paz de Brest, publicado el 11 de marzo de 1918; 2) la polémica con el grupo de los comunistas de izquierda de entonces, con fecha del 5 de mayo de 1918. Ahora la polémica huelga y la omito, dejando solamente lo relativo a los razonamientos sobre "el capitalismo de Estado" y sobre los elementos esenciales de nuestra economía actual, que es la de transición del capitalismo al socialismo.
He aquí lo que escribí entonces:
604SOBRE LA ECONOMÍA ACTUAL DE RUSIA
(FRAGMENTO DEL FOLLETO DE 1918)
p ...El capitalismo de Estado sería un paso adelante en comparación con la situación existente hov en nuestra República Soviética. Si dentro de unos seis meses se estableciera en nuestro país el capitalismo de Estado, eso sería un inmenso éxito y la más firme garantía de que, al cabo de un año, el socialismo se afianzaría definitivamente y se haría invencible.
p Me imagino la noble indignación con que algunos rechazarán estas palabras... ¿Cómo? ¿El tránsito al capitalismo de Estado significaría un paso adelante en la República Socialista Soviética? ...¿No es eso una traición al socialismo?
p Por ello es preciso examinar con detalle este punto.
p Primero, se debe examinar cuál es precisamente la transición del capitalismo al socialismo que nos da derecho y pie para denominarnos República Socialista de los Soviets.
p Segundo, hay que descubrir el error de quienes no ven las condiciones económicas pequeñoburguesas y el elemento pequeñoburgués como enemigo principal del socialismo en nuestro país.
p Tercero, hay que comprender bien la importancia del Estado soviético en lo que se diferencia del Estado burgués en el plano económico.
p Examinemos estas tres circunstancias.
p Creo que no ha habido una sola persona que, al ocuparse de la economía de Rusia, haya negado el carácter transitorio de esa economía. Ningún comunista ha negado tampoco, a mi parecer, que la expresión "República Socialista Soviética" significa la decisión del Poder soviético de llevar a cabo la transición al socialismo; mas en modo alguno el reconocimiento de que el nuevo régimen económico es socialista.
p Mas ¿qué significa la palabra transición? ¿No significará, aplicada a la economía, que en el régimen actual existen elementos, partículas, pedacitos de capitalismo y de socialismo? Todos reconocen que sí. Mas no todos, al reconocerlo, se paran a pensar qué elementos de los distintos tipos de economía social existen en Rusia. Y ahí está todo el meollo de la cuestión.
p Enumeremos esos elementos:
p 1) economía campesina patriarcal, es decir, natural en grado considerable;
p 2) pequeña producción mercantil (en ella se incluye la mayoría de los campesinos que venden cereales);
p 3) capitalismo privado;
605p 4) capitalismo de Estado;
p 5) socialismo.
p Rusia es tan grande y tan heterogénea que en ella se entrelazan todos esos tipos diferentes de economía social. Lo original de la situación consiste precisamente en eso.
p Cabe preguntar: ¿qué elementos predominan? Está claro que en un país de pequeños agricultores predomina, y no puede menos de predominar, el elemento pequeñoburgués; la mayoría, la inmensa mayoría de los agricultores son pequeños productores de mercancías. Los especuladores, y el principal objeto de especulación es el trigo, rompen ora aquí ora allá la envoltura del capitalismo de Estado (el monopolio del trigo, el control sobre los patronos y comerciantes, los cooperativistas burgueses).
p La lucha principal se sostiene hoy precisamente en ese terreno. ¿Entre quiénes se sostiene esa lucha, si empleamos términos de categorías económicas, como, por ejemplo, el "capitalismo de Estado"? ¿Entre los peldaños cuarto y quinto en el orden en que acabo de enumerarlos? Es claro que no. No es el capitalismo de Estado el que lucha contra el socialismo, sino la pequeña burguesía más el capitalismo privado los que luchan juntos, de común acuerdo, tanto contra el capitalismo de Estado como contra el socialismo. La pequeña burguesía opone resistencia a cualquier intervención del Estado, contabilidad y control tanto capitalista de Estado como socialista de Estado. Eso es un hecho de la realidad absolutamente incontrovertible, en cuya incomprensión está la raíz de varios errores económicos. El especulador, el merodeador del comercio, el saboteador del monopolio: ése es nuestro principal enemigo “interno”, el enemigo de las medidas económicas del Poder soviético. Si hace ciento veinticinco años podía perdonarse aún a los pequeños burgueses de Francia, los revolucionarios más fervientes y más sinceros, el afán de vencer al especulador mediante la ejecución de unos cuantos “elegidos” y el estruendo de las declaraciones hueras, hoy, en cambio, la pura actitud francesa de ciertos eseristas de izquierda ante esta cuestión no despierta en cada revolucionario consciente otra cosa que repugnancia o asco. Sabemos perfectamente que la base económica de la especulación la constituyen el sector de los pequeños propietarios, amplísimo en Rusia, y el capitalismo privado, que tiene un agente suyo en cada pequeño burgués. Sabemos que los millones de tentáculos de esta hidra pequeñoburguesa apresan aquí o allá a algunos sectores obreros y que la especulación, en lugar del monopolio de Estado, irrumpe por todos los poros de nuestra vida socioeconómica.
606p Quienes no ven eso revelan precisamente con su ceguera que son prisioneros de los prejuicios pequeñoburgueses...
p El pequeño burgués tiene reservas de dinero, unos cuantos miles, acumulados por medios "lícitos”, y sobre todo ilícitos, durante la guerra. Tal es el tipo económico característico como base de la especulación y del capitalismo privado. El dinero es el certificado que les permite recibir riquezas sociales, y los millones de pequeños propietarios guardan bien ese certificado, se lo ocultan al “Estado”, pues no creen en ningún socialismo ni comunismo, "esperan que pase" la tempestad proletaria. Y una de dos: o sometemos a ese pequeño burgués a nuestro control y a nuestra contabilidad (y podemos hacerlo, si organizamos a los campesinos pobres, es decir, a la mayoría de la población o semiproletarios, en tomo a la vanguardia proletaria consciente), o él echará abajo nuestro poder obrero de manera inevitable e indefectible, de la misma manera que acabaron con la revolución los Napoleones y los Cavaignac, que brotan precisamente sobre ese terreno de pequeños propietarios. Así está planteado el problema. Y sólo así...
p El pequeño burgués que esconde sus miles es un enemigo del capitalismo de Estado y aspira a invertir esos miles única y exclusivamente en provecho propio, en contra de los pobres, en contra de toda clase de control del Estado; y el conjunto de estos miles forma una base de muchos miles de millones para la especulación, que malogra nuestra edificación socialista. Supongamos que determinado número de obreros aporta en varios días valores por una suma igual a mil. Supongamos, además, que de esta suma tenemos una pérdida igual a 200, como consecuencia de la pequeña especulación, de las dilapidaciones de todo género y de las maniobras de los pequeños propietarios para transgredir las normas y los decretos soviéticos. Todo obrero consciente dirá: si yo pudiera aportar trescientos de esos mil, a condición de que se implantase un orden y una organización mejores, aportaría con gusto trescientos en lugar de doscientos, ya que, con el Poder soviético, reducir luego este “tributo”, pongamos por caso, hasta cien o cincuenta será una tarea muy fácil dado que se impondrá el orden y la organización, dado que se vencerá por completo el sabotaje de la pequeña propiedad privada contra todo monopolio de Estado.
p Este sencillo ejemplo con cifras—simplificado premeditadamente al máximo para hacer más clara la exposición—explica la correlación, en la situación actual, entre el capitalismo de Estado y el socialismo. Los obreros tienen en sus manos el poder del Estado, tienen la absoluta posibilidad jurídica de “tomar” todo el 607 millar, es decir, de no entregar un solo kopek que no esté destinado a fines socialistas. Esa posibilidad jurídica, que se asienta en el paso efectivo del poder a los obreros, es un elemento de socialismo.
p Pero los elementos de la pequeña propiedad y del capitalismo privado se valen de muchos medios para minar la situación jurídica, para abrir paso a la especulación y frustrar el cumplimiento de los decretos soviéticos. El capitalismo de Estado significaría un gigantesco paso adelante incluso si pagáramos más que ahora (he tomado adrede un ejemplo con cifras para mostrarlo con claridad), pues merece la pena pagar "por aprender”, pues eso es útil para los obreros, pues vencer el desorden, el desbarajuste y el relajamiento tiene más importancia que nada, pues continuar la anarquía de la pequeña propiedad es el peligro mayor y más temible, que nos hundirá sin duda alguna (si no lo vencemos), en tanto que pagar un tributo mayor al capitalismo de Estado, lejos de hundirnos, nos llevará por el camino más seguro hacia el socialismo. La clase obrera, después de aprender a proteger el orden estatal frente a la anarquía de la pequeña propiedad, después de aprender a organizar la producción a gran escala, a escala de todo el país, basándola en el capitalismo de Estado, tendrá entonces a mano—perdón por la expresión—todos los triunfos, y el afianzamiento del socialismo estará asegurado.
p El capitalismo de Estado es incomparablemente superior, desde el punto de vista económico, a nuestra economía actual. Eso primero.
Y segundo, no tiene nada de temible para el Poder soviético, pues el Estado soviético es un Estado en el que está asegurado el poder de los obreros y de los campesinos pobres...
p Para aclarar más aún la cuestión, citaremos primero un ejemplo concretísimo de capitalismo de Estado. Todos lo conocemos: Alemania. Allí tenemos la "última palabra" de la gran técnica capitalista moderna y de la organización armónica, subordinada al imperialismo terrateniente-burgués. Dejemos a un lado las palabras subrayadas, coloquemos en lugar de Estado militar, terrateniente, burgués, imperialista, también un Estado, pero un Estado de otro tipo social, de otro contenido de clase, el Estado soviético, es decir, proletario, y obtendremos toda la suma de condiciones que da como resultado el socialismo.
p El socialismo es inconcebible sin la gran técnica capitalista basada en la última palabra de la ciencia moderna, sin una 608 organización estatal armónica que someta a decenas de millones de personas a la más rigurosa observancia de una norma única en la producción y distribución de los productos. Los marxistas hemos hablado siempre de eso, y no merece la pena gastar siquiera dos segundos en conversar con gentes que no han comprendido ni siquiera eso (los anarquistas y una buena mitad de los eseristas de izquierda).
p Al mismo tiempo, el socialismo es inconcebible sin la dominación del proletariado en el Estado: eso es también elemental. Y la historia (de la que nadie, excepto los obtusos mencheviques de primera categoría, esperaba que diera sin tropiezos, con calma, simple y llanamente el socialismo "íntegro”) siguió un camino tan original que dio a luz hacia 1918 dos mitades separadas de socialismo, una al lado de la otra, exactamente igual que dos futuros polluelos en el mismo cascarón del imperialismo internacional. Alemania y Rusia encarnaron en 1918 del modo más patente la realización material de las condiciones sociales, productivas y económicas del socialismo, de una parte, y de sus condiciones políticas, de otra.
p La revolución proletaria victoriosa en Alemania rompería de golpe, con extraordinaria facilidad, todo cascarón del imperialismo (hecho, por desgracia, del mejor acero, por lo que no pueden romperlo los esfuerzos de cualquier... polluelo), haría realidad de modo seguro la victoria del socialismo mundial, sin dificultades o con dificultades insignificantes, si se toma, naturalmente, la escala de lo "difícil" desde el punto de vista histórico universal y no desde el punto de vista pequeñoburgués y de círculo.
p Mientras la revolución tarde aún en “nacer” en Alemania, nuestra tarea consiste en aprender de los alemanes el capitalismo de Estado, en implantarlo con todas las fuerzas, en no escatimar métodos dictatoriales para acelerar la implantación del progreso occidental por la bárbara Rusia, sin reparar en medios bárbaros de lucha contra la barbarie. Si entre los anarquistas y eseristas de izquierda hay hombres (he recordado por casualidad los discursos de Karelin y Gue en el CEC) capaces de razonar a lo Karelin de que no es digno de revolucionarios “aprender” del imperialismo alemán, habrá que decirles una cosa: una revolución que tomara en serio a semejantes individuos se hundiría sin falta (y se lo tendría bien merecido).
p En Rusia predomina hoy precisamente el capitalismo pequeñoburgués, del que un mismo camino lleva tanto al gran capitalismo de Estado como al socialismo, lleva a través de una misma estación intermedia, llamada "contabilidad y control por todo el pueblo de la producción y distribución de los productos”. Quien no 609 comprenda esto incurre en un error económico imperdonable, o bien por ignorar los hechos de la realidad, no viendo lo que existe ni sabiendo mirar a la verdad cara a cara, o bien por limitarse a una contraposición abstracta del “capitalismo” y el “socialismo”, sin calar hondo en las formas y fases concretas de esa transición en nuestro país.
p Entre paréntesis sea dicho, se trata del mismo error teórico que desconcertó a los mejores hombres del campo de Novaya Zhizn y Vperiodl(H: los peores y medianos de entre ellos van, por torpes y anodinos, a la zaga de la burguesía, asustados por ella; los mejores no han comprendido que los maestros del socialismo no hablaron en vano de todo un período de transición del capitalismo al socialismo ni recalcaron en vano los "largos dolores del parto" de la nueva sociedad1H5; por cierto, esta nueva sociedad es también una abstracción que sólo puede hacerse realidad mediante intentos concretos, imperfectos y variados de crear uno u otro Estado socialista.
p Precisamente porque no se puede seguir avanzando desde la actual situación económica de Rusia sin pasar por lo que es común al capitalismo de Estado y al socialismo (la contabilidad y el control por todo el pueblo), es un completo absurdo teórico asustar a los demás y asustarse a sí mismos con la "evolución hacia el capitalismo de Estado”. Eso significa precisamente desviarse con el pensamiento, "apartándose" del verdadero camino de la " evolución”, no comprender dicho camino; en la práctica, eso equivale a tirar hacia atrás, hacia el capitalismo basado en la pequeña propiedad.
p A fin de que el lector se convenza de que no hago sólo hoy, ni mucho menos, una “alta” apreciación del capitalismo de Estado, sino que la hice también antes de la toma del poder por los bolcheviques, me permito reproducir la siguiente cita de mi folleto La catástrofe que nos amenaza y cómo combatirla, escrito en septiembre de 1917:
p “...Pues bien, prueben ustedes a sustituir ese Estado de junkers y capitalistas, ese Estado de terratenientes y capitalistas, con un Estado democrático revolucionario, es decir, con un Estado que suprima revolucionariamente todos los privilegios, que no tema implantar por vía revolucionaria la democracia más completa. Y entonces verán que el capitalismo monopolista de Estado, en un Estado democrático y revolucionario de verdad, representa inevitablemente, infaliblemente, un paso hacia el socialismo.
p “...Porque el socialismo no es otra cosa que el paso siguiente al monopolio capitalista de Estado...
p 20-73
610p “...El capitalismo monopolista de Estado es la preparación material más completa para el socialismo, su antesala, un peldaño de la escalera histórica entre el cual y el peldaño llamado socialismo no hay ningún peldaño intermedio" (págs. 27 y 28) [610•* .
Obsérvese que eso fue escrito en tiempos de Kerenski, que no se trata aquí de la dictadura del proletariado, no se trata del Estado socialista, sino del Estado "democrático revolucionario”. ¿No está claro, pues, que cuanto más alto nos hayamos elevado de ese peldaño político, cuanto más hayamos plasmado en los Soviets el Estado socialista y la dictadura del proletariado, tanto menos podremos permitirnos temer el "capitalismo de Estado"? ¿No está claro, pues, que en el sentido material, económico, de la producción, no nos encontramos aún en la “antesala” del socialismo? ¿Y que no se puede entrar por la puerta del socialismo si no es cruzando esa “antesala”, que nosotros aún no hemos alcanzado?...
p Es también aleccionadora en extremo la circunstancia siguiente.
p Cuando discutimos en el CEC con el camarada Bujarin, éste advirtió, entre otras cosas: en la cuestión de los sueldos elevados a los especialistas, “nosotros” "estamos a la derecha de Lenin”, pues no vemos en ello ningún apartamiento de los principios, recordando las palabras de Marx de que, en determinadas condiciones, lo más conveniente para la clase obrera sería "deshacerse por dinero de toda esa cuadrilla"^^196^^ (precisamente de la cuadrilla de capitalistas, es decir, indemnizar a la burguesía por la tierra, las fábricas y demás medios de producción). Esta observación, de extraordinario interés...
p ...Profundicemos en el pensamiento de Marx.
p Se trata de la Inglaterra de los años 70 del siglo pasado, del período culminante del capitalismo premonopolista, del país donde lo que menos había entonces era militarismo y burocracia, del país en el que existían entonces mayores probabilidades de victoria "pacífica" del socialismo en el sentido de que los obreros “indemnizasen” a la burguesía. Y Marx decía: en determinadas condiciones, los obreros no se negarán de ninguna manera a indemnizar a la burguesía. Marx no se ataba las manos—ni se las ataba a los futuros dirigentes de la revolución socialista—en cuanto a las formas, métodos y procedimientos de la revolución, comprendiendo muy bien cuan grande sería el número de 611 problemas nuevos que se plantearían, cómo cambiaría toda la situación en el curso de la revolución, con qué frecuencia y en qué medida habría de cambiar esa situación.
p ¿Y cuál es la situación en la Rusia Soviética después de haber tomado el poder el proletariado, después de haber sido aplastados la resistencia militar y el sabotaje de los explotadores? ¿No es evidente que se han creado algunas condiciones del tipo de las que podían haberse creado hace medio siglo en Inglaterra, si dicho país hubiera empezado entonces el paso pacífico al socialismo? El sometimiento de los capitalistas a los obreros podría haberse asegurado entonces por las siguientes circunstancias: (1) predominio absoluto de los obreros, de los proletarios, entre la población debido a la ausencia de campesinado (en los años 70 había en Inglaterra indicios que permitían esperar éxitos de extraordinaria rapidez del socialismo entre los obreros agrícolas); (2) excelente organización del proletariado en uniones sindicales (Inglaterra era entonces el primer país del mundo en este sentido); (3) nivel cultural relativamente alto del proletariado, disciplinado por el desarrollo secular de la libertad política; (4) larga costumbre de los capitalistas de Inglaterra, magníficamente organizados—entonces eran los capitalistas mejor organizados de todos los países del mundo (hoy esa primacía ha pasado a Alemania)—, de resolver los problemas políticos y económicos mediante un compromiso. He ahí las circunstancias que permitían entonces pensar en la posibilidad del sometimiento pacífico de los capitalistas de Inglaterra a sus obreros.
p En nuestro país, ese sometimiento está asegurado en el momento actual por ciertas premisas concretas (triunfo en octubre y aplastamiento, desde octubre hasta febrero, de la resistencia militar y del sabotaje de los capitalistas). En nuestro país, en lugar del predominio absoluto de los obreros, de los proletarios, entre la población y de su alto nivel de organización, el factor de la victoria ha sido el apoyo de los campesinos pobres y arruinados con rapidez a los proletarios. Por último, en nuestro país no existen ni un elevado nivel cultural ni la costumbre de concertar compromisos. Si se piensa a fondo en estas condiciones concretas, estará claro que podemos y debemos conseguir ahora la combinación de los métodos de represión implacable contra los capitalistas incultos, que no aceptan ningún "capitalismo de Estado”, que no conciben ningún compromiso y siguen minando las medidas soviéticas por medio de la especulación, el soborno de los pobres, etc., con los métodos de compromiso o de indemnización a los capitalistas cultos, que aceptan el "capitalismo de Estado”, que pueden aplicarlo y que son útiles al proletariado como organizadores inteligentes y
612 expertos de grandísimas empresas que cubran de verdad el abastecimiento de productos a decenas de millones de personas.p Bujarin es un economista marxista magníficamente instruido. Por eso ha recordado que Marx tenía profundísima razón cuando enseñaba a los obreros la importancia que reviste conservar la organización de la gran producción precisamente para facilitar el paso al socialismo y les hacía ver que era admisible por completo la idea de pagar bien a los capitalistas, de indemnizarlos en el caso (a título de excepción: e Inglaterra lo era entonces) de que las circunstancias obligasen a los capitalistas a someterse pacíficamente y a pasar de una manera organizada y culta al socialismo, respaldándose en la indemnización.
p Pero Bujarin incurre en un error, pues no ha reflexionado sobre la peculiaridad concreta del momento actual en Rusia, un momento precisamente excepcional, en el que nosotros, el proletariado de Rusia, llevamos la delantera a cualquier Inglaterra y a cualquier Alemania por nuestro régimen político, por la fuerza del poder político de los obreros, y, al mismo tiempo, vamos rezagados del Estado más atrasado de Europa Occidental en lo que se refiere a organización de un respetable capitalismo de Estado, a nivel cultural y grado de preparación de la producción material para “implantar” el socialismo. ¿No está claro que de esta situación peculiar se deduce, para el momento actual, precisamente la necesidad de algo parecido a una "indemnización”, que los obreros deben proponer a los capitalistas más cultos, más inteligentes y más capaces, desde el punto de vista de organización, dispuestos a servir al Poder soviético y ayudar honestamente a poner en marcha la producción “estatal” grande y grandísima? ¿No está claro que, en una situación tan original, debemos esforzarnos por evitar los errores de dos tipos, cada uno de los cuales es pequeñoburgués a su manera? Por una parte, sería un error irreparable declarar que, como se reconoce la falta de correspondencia entre nuestras “fuerzas” económicas y nuestra fuerza política, "por consiguiente" no se debía haber tomado el poder. Así razonan los "hombres enfundados”, quienes olvidan que jamás habrá “correspondencia”, que no puede haberla en el desarrollo de la naturaleza, como tampoco en el desarrollo de la sociedad; que sólo mediante una serie de intentos—cada uno de los cuales, tomado por separado, será unilateral, adolecerá de cierta falta de correspondencia—se creará el socialismo íntegro con la colaboración revolucionaria de los proletarios de todos los países.
p Por otra parte, sería un error evidente dar rienda suelta a los 613 bocazas y vocingleros que se dejan llevar del espíritu revolucionario “llamativo”, pero que son incapaces de llevar a cabo una labor revolucionaria firme, reflexiva y sopesada que tenga en cuenta asimismo las dificilísimas transiciones.
p Por fortuna, la historia del desarrollo de los partidos revolucionarios y de la lucha del bolchevismo contra ellos nos ha dejado en herencia tipos claramente definidos, entre los cuales figuran los eseristas de izquierda y los anarquistas, que son una ilustración bastante gráfica del tipo de los malos revolucionarios. Gritan ahora —hasta darles accesos de histeria y atragantarse—contra "el espíritu de conciliación" de los "bolcheviques de derecha”. Pero no saben pensar por qué era malo el "espíritu de conciliación" y por qué fue condenado en justicia por la historia y el curso de la revolución.
p El espíritu de conciliación de los tiempos de Kerenski entregaba el poder a la burguesía imperialista, y la cuestión del poder es la cuestión cardinal de toda revolución. El espíritu de conciliación de una parte de los bolcheviques en octubrenoviembre de 1917 temía la toma del poder por el proletariado o quería compartir a medias el poder no sólo con los "compañeros de viaje inseguros”, como los eseristas de izquierda, sino también con los enemigos, los adeptos de Chernov, los mencheviques, que nos habrían estorbado inevitablemente en lo fundamental: en la disolución de la Constituyente, en el aplastamiento implacable de los Bogaievski, en la implantación total de las instituciones soviéticas, en cada confiscación.
Ahora ha tomado el poder, lo sostiene y afianza en sus manos un partido, el partido del proletariado, incluso sin los " compañeros de viaje inseguros”. Mentar hoy el espíritu de conciliación, cuando no se habla ni puede hablarse siquiera de compartir el poder, de renunciar a la dictadura de los proletarios contra la burguesía, significa simplemente repetir como un loro palabras aprendidas de memoria, pero no comprendidas. Denominar "espíritu de conciliación" el hecho de que, como podemos y debemos gobernar el país, tratamos de ganarnos, sin escatimar dinero, a los elementos más cultos, instruidos por el capitalismo, de ponerlos a nuestro servicio contra la disgregación sembrada por los pequeños propietarios, significa no saber pensar en absoluto en las tareas económicas de la edificación del socialismo... [613•*
614
SOBRE EL IMPUESTO EN ESPECIE,
LA LIBERTAD DE COMERCIO
Y EL ARRENDAMIENTO
DE EMPRESAS EN RÉGIMEN DE CONCESIÓN
p En los citados razonamientos de 1918 hay varios errores en cuanto a los plazos; han resultado ser más largos de lo que se suponía entonces. No tiene nada de extraño. Pero los elementos fundamentales de nuestra economía siguen siendo los mismos. Los campesinos “pobres” (proletarios y semiproletarios) se han convertido, en muchísimos casos, en campesinos medios. Como consecuencia de ello, el “elemento” pequeñoburgués, pequeño propietario, se ha reforzado. Al mismo tiempo, la guerra civil de 1918-1920 arruinó mucho más al país, frenó la restauración de sus fuerzas productivas y desangró, sobre todo, precisamente al proletariado. A ello hay que añadir la mala cosecha de 1920, la escasez de forrajes y la mortandad del ganado, que retardaron más aún la restauración del transporte y de la industria, reflejándose esto, por ejemplo, en que tuvimos que transportar la leña, nuestro principal combustible, con los caballos de los campesinos.
p Como resultado, la situación política en la primavera de 1921 era tal que se hizo absolutamente necesario tomar rápidamente las medidas más enérgicas y urgentes a fin de mejorar la situación de los campesinos y elevar sus fuerzas productivas.
p ¿Por qué precisamente de los campesinos y no de los obreros?
p Porque, para mejorar la situación de los obreros, hace falta pan y combustible. Hoy, la mayor “traba”—desde el punto de vista de toda la economía del Estado—se debe precisamente a esta circunstancia. Y aumentar la producción y la recolección de trigo, el aprovisionamiento y el transporte de combustible no se puede de otro modo que mejorando la situación de los campesi: nos, elevando sus fuerzas productivas. Hay que empezar por los campesinos. El que no lo comprenda, el que considere esta preferencia por los campesinos una "abdicación" de la dictadura del proletariado, o algo parecido, sencillamente no cala en la cuestión, se deja llevar por las frases. La dictadura del proletariado significa la dirección de la política por el proletariado. Este, como clase dirigente, dominante, debe saber dirigir la política de modo que cumpla primero la tarea más impostergable, la más palpitante. Hoy, lo más impostergable son las medidas capaces de elevar inmediatamente las fuerzas productivas de la economía campesina. Sólo mediante esto se podrá conseguir mejorar también la situación de los obreros y consolidar la alianza de los obreros 615 con los campesinos, fortalecer la dictadura del proletariado. Todo proletario o representante del proletariado que pretendiera con otro procedimiento que no fuese éste mejorar la situación de los obreros resultaría, en realidad, un cómplice de los guardias blancos y capitalistas. Ya que tomar otro camino distinto significa poner los intereses gremiales de los obreros por encima de los intereses de clase; significa sacrificar, en aras del aprovechamiento de ventajas inmediatas, parciales y momentáneas, los intereses de toda la clase obrera, de su dictadura, de su alianza con los campesinos contra los terratenientes y capitalistas, de su papel de dirigente en la lucha por liberar el trabajo del yugo del capital.
p Por lo tanto: primero es necesario tomar medidas urgentes y serias para elevar las fuerzas productivas de los campesinos.
p Esto no se puede hacer sin profundos cambios en la política de abastecimiento. Un cambio tal es la sustitución del sistema de contingentación con el impuesto en especie, lo que está relacionado con la libertad de comercio, después del pago del impuesto, por lo menos en las transacciones económicas locales.
p ¿En qué consiste la esencia de la sustitución del sistema de contingentación con el impuesto en especie?
p A este respecto se han extendido mucho ideas erróneas. Las más de las veces el error se debe a que no se compenetran con la esencia de este cambio, porque no se plantean la pregunta: de dónde y adonde lleva este paso. Se imaginan la cuestión como si se tratara del paso del comunismo, en general, al régimen burgués, en general. Contra este error es necesario volver a insistir en lo dicho en mayo de 1918.
p El impuesto en especie es una de las formas de transición del peculiar "comunismo de guerra"—obligado por la extrema miseria, la ruina y la guerra—a un adecuado intercambio socialista de productos. Y este último es, a su vez, una de las formas de transición del socialismo, con las particularidades originadas por el predominio de los pequeños campesinos en la población, al comunismo.
p El peculiar "comunismo de guerra" consistía en que tomábamos en la práctica a los campesinos todos los excedentes, y a veces incluso lo no excedente, una parte de los víveres indispensables al campesino, para cubrir los gastos del ejército y para mantener a los obreros. Lo tomábamos, las más de las veces, a crédito, entregando papel moneda. De otro modo no podíamos vencer a los terratenientes y capitalistas en un país arruinado, en un país de pequeños campesinos. Y el hecho de que hayamos triunfado (a pesar del apoyo obtenido por nuestros explotadores de parte de las potencias más poderosas del mundo) demuestra no sólo qué 616 maravillas de heroísmo son capaces de realizar los obreros y campesinos en la lucha por su liberación. Este hecho también pone de manifiesto el papel de lacayos de la burguesía que, en realidad, desempeñaron los mencheviques, los eseristas, Kautsky y Cía., cuando nos reprochaban este "comunismo de guerra”, que debe tenerse por un mérito nuestro.
p Pero no es menos necesario conocer la verdadera medida de este mérito. El "comunismo de guerra" nos fue impuesto por la guerra y la ruina. No fue ni podía ser una política que respondiera a las tareas económicas del proletariado. Fue una medida provisional. Una política acertada del proletariado, que ejerce su dictadura en un país de pequeños campesinos, es el intercambio del trigo por los artículos industriales necesarios al campesino. Únicamente tal política de abastecimiento responde a las tareas del proletariado; sólo esta política es capaz de consolidar las bases del socialismo y llevarlo a la victoria completa.
p El impuesto en especie representa la transición a ella. Estamos aún tan arruinados, tan agobiados por el peso de la guerra (terminada ayer y que mañana mismo, a causa de la avidez y de la furia de los capitalistas, puede estallar de nuevo), que no podemos entregar al campesino artículos industriales a cambio de todo el trigo que necesitamos. Sabiendo esto, implantamos el impuesto en especie, es decir, tomamos a los campesinos a título de impuesto el mínimo indispensable de trigo (para el ejército y para los obreros), y el resto se lo cambiaremos por artículos industriales.
p Además, es preciso no olvidarse de lo siguiente: la miseria y la devastación son tales que no podemos restablecer de golpe la gran producción fabril, la producción estatal, la producción socialista. Para ello hace falta acumular grandes reservas de trigo y combustible en los centros de la gran industria, hace falta sustituir las máquinas desgastadas por otras nuevas, etc. Nos hemos convencido por experiencia de que esto no se puede hacer de repente, y sabemos que, después de una guerra imperialista devastadora, incluso los países más ricos y más adelantados sólo podrán resolver semejante problema en el transcurso de cierto número de años, bastante prolongado. Esto quiere decir que es necesario ayudar, en cierta medida, a la restauración de la pequeña industria, que no exige maquinaria, que no requiere tener reservas estatales, ni grandes reservas de materias primas, de combustible y de víveres, la cual puede prestar inmediatamente cierta ayuda a la economía campesina y elevar sus fuerzas productivas.
p ¿Qué resulta entonces de todo esto?
617p Resulta el resurgimiento, basado en cierta libertad de comercio (si bien local sólo), de la pequeña burguesía y del capitalismo. Esto es indudable. Sería ridículo no quererlo ver.
p Cabe preguntar: ¿Ks eso necesario? ¿Puede justificarse? ;No es peligroso?
p Se hacen muchas preguntas de ese género, y en la mayoría de los casos evidencian sólo !a ingenuidad (expresándome con recato) de quienes las hacen.
p Fijaos cómo delitsí cu mayo de 1918 los elementos (partes integrantes) de las diferentes formaciones socioeconómicas que había en nuestra economía. Nadie podrá negar la existencia de los cinco grados (o partes integrantes) de estas cinco formaciones, desde la patriarcal, es decir, semisalvaje, hasta la socialista. Es de una claridad meridiana que en un país de pequeños campesinos prevalezca la "formación" de los pequeños campesinos, es decir, en parte patriarcal, en parte pequeñoburguesa. El desarrollo de la pequeña hacienda es un desarrollo pequeñoburgués, un desarrollo capitalista, ya que existe el intercambio; ésta es una verdad indiscutible, vina verdad elemental de la economía política, confirmada, además, por la experiencia cotidiana y la observación incluso del vulgo.
p ¿Qué política puede, pues, aplicar el proletariado socialista ante semejante realidad económica? ¿Dar al pequeño campesino todos los artículos que necesite de la producción de la gran industria socialista a cambio del trigo v de las materias primas? Esta sería la política más deseable, la más “adecuada”, y es precisamente la política que hemos comenzado a aplicar. Pero no podemos darles todos los artículos; estamos aún lejos de ello y tardaremos en poder hacerlo; por lo menos, no podremos hacerlo hasta que hayamos terminado aunque sólo sean los primeros trabajos de electrificación de todo el país. ¿Cómo proceder entonces? O bien intentar prohibir, impedir por completo todo desarrollo del intercambio privado, no estatal, es decir, el comercio, esto es, el capitalismo, inevitable con la existencia de millones de pequeños productores. Esta política sería absurda y suicida para el partido que tratara de ponerla en práctica. Absurda, porque esta política es imposible en el aspecto económico; suicida, porque los partidos que intentan ponerla en práctica sufren un fracaso indefectible. Debemos confesar que algún que otro comunista, con sus "pensamientos, palabras y hechos”, ha pecado, cayendo precisamente en tal política. Procuremos corregir estos errores. Corrijámoslos sin falta, de otro modo nos veremos en un gran aprieto.
p O bien (la última política posible y la única prudente) no tratar de prohibir, impedir el desarrollo del capitalismo, sino tratar de 618 meterlo en el cauce del capitalismo de Estado. Esto es posible en el plano económico, ya que el capitalismo de Estado existe—en una u otra forma, en uno u otro grado—dondequiera que hay, en general, elementos de comercio libre y de capitalismo.
p ¿Es posible la combinación, la unión, la compatibilidad del Estado soviético, de la dictadura del proletariado con el capitalismo de Estado?
p Claro que es posible. Esto es precisamente lo que procuré demostrar yo en mayo de 1918 y lo que creo demostré en aquella ocasión. Más aún: demostré también entonces que el capitalismo de Estado es un paso adelante en comparación con el elemento pequeño propietario (pequeño patriarcal y pequeñoburgués). Se cometen muchísimos errores al contraponer el capitalismo de Estado únicamente al socialismo, o compararlo únicamente con él, mientras que en la situación político-económica presente es necesario comparar también el capitalismo de Estado con la producción pequeñoburguesa.
p Todo el problema—tanto en teoría como en la práctica—consiste en encontrar los métodos acertados de cómo se debe llevar precisamente el inevitable (hasta cierto grado y por un plazo determinado) desarrollo del capitalismo al cauce del capitalismo de Estado, en qué condiciones hacerlo y cómo asegurar, en un futuro próximo, la transformación del capitalismo de Estado en socialismo.
p Para abordar la solución de este problema es necesario, ante todo, imaginarse con la mayor claridad posible lo que será y puede ser en la práctica el capitalismo de Estado dentro de nuestro sistema soviético, dentro del marco de nuestro Estado de los Soviets.
p El caso o el ejemplo más sencillo de cómo el Poder soviético conduce el desarrollo del capitalismo al cauce del capitalismo de Estado, de cómo “implanta” el capitalismo de Estado, lo constituye la explotación de empresas en régimen de concesión. Ahora todos estamos de acuerdo en que las concesiones son indispensables, pero no todos reflexionan sobre la significación de estas concesiones. ¿Qué es el arrendamiento de empresas en régimen de concesión en las condiciones del sistema soviético, desde el punto de vista de las formaciones socioeconómicas y la correlación entre ellas? Un acuerdo, una alianza, un pacto del Poder soviético, es decir, del poder estatal proletario con el capitalismo de Estado, contra el elemento pequeño propietario (elemento patriarcal y pequeñoburgués). El concesionario es un capitalista. Dirige las empresas a la manera capitalista con el fin de obtener ganancias; concluye un contrato con el poder proletario a fin de obtener 619 ganancias extra, superganancias, o con el fin de obtener un tipo de materias primas que no podría obtener o que le sería muy difícil conseguir de otro modo. El Poder soviético obtiene ventajas en forma de desarrollo de las fuerzas productivas y de aumento inmediato o en breve plazo de la cantidad de productos. Tenemos, por ejemplo, un centenar de explotaciones, minas o bosques. No podemos explotarlo todo: nos faltan máquinas, víveres, medios de transporte. Por el mismo motivo explotamos mal las restantes empresas. A causa de la mala e insuficiente explotación de las grandes empresas se refuerza el elemento pequeño propietario en todas sus manifestaciones: decaimiento de las explotaciones agrícolas vecinas (y luego también de todas las demás), merma de sus fuerzas productivas, pérdida de la confianza del campo en el Poder soviético, robos y pequeña especulación en masa (la más peligrosa), etc. “Implantando” el capitalismo de Estado en forma de concesiones, el Poder soviético refuerza la gran producción contra la pequeña, la producción avanzada contra la atrasada, la producción con máquinas contra la producción manual, aumentando así la cantidad de artículos de la gran industria reunidos en sus manos (por medio de los cánones de concesión) e intensificando las relaciones económicas reguladas por el Estado para contrarrestar las anárquicas relaciones pequeñoburguesas. La política de explotación de empresas en régimen de concesión, aplicada con medida y precaución, nos ayudará, sin duda, a mejorar con rapidez (hasta cierto grado, no muy alto) el estado de la producción, la situación de los obreros y los campesinos; y, claro está, a costa de ciertos sacrificios, de la entrega de decenas y decenas de millones de puds de los productos más valiosos al capitalista. La determinación de la medida y de las condiciones en las que el arrendamiento de empresas en régimen de concesión es conveniente y no ofrece peligro para nosotros depende de la correlación de fuerzas y se decide por la lucha, puesto que también las concesiones son un tipo de lucha, la continuación de la lucha de las clases en otra forma, pero de ninguna manera la lucha de las clases es remplazada por la paz de las clases. Los métodos de lucha que se deben emplear los indicará la práctica.
p El capitalismo de Estado en forma de concesiones tal vez sea la forma más sencilla, precisa, clara y definida con exactitud, en comparación con otras formas de capitalismo de Estado dentro del sistema soviético. Tenemos aquí un contrato formal, escrito, con el capitalismo más culto y adelantado, el de Europa Occidental. Conocemos exactamente nuestras ganancias y nuestras pérdidas, nuestros derechos y nuestros deberes, sabemos con exactitud el plazo por el que hacemos la concesión, conocemos las condiciones 620 del rescate anterior al plazo, si es que en el contrato se estipula este derecho. Pagamos cierto “tributo” al capitalismo mundial, "indemnizándole" en determinados aspectos, obteniendo al punto en cierta medida la consolidación de la situación del Poder soviético y la mejora de las condiciones para dirigir nuestra economía. Toda la dificultad del problema de las concesiones se reduce a que hay que meditarlo y aquilatarlo todo cuando se concluye un contrato de concesión, y después saber estar al tanto de su cumplimiento. Indudablemente, en ello hay dificultades, y los errores, seguramente, serán inevitables en los primeros tiempos; pero estas dificultades son mínimas si se las compara con los otros problemas de la revolución social, sobre todo con las otras formas de desarrollo, admisión e implantación del capitalismo de Estado.
p La tarea más importante de todos los funcionarios del partido y de los Soviets, en relación con la implantación del impuesto en especie, consiste en saber aplicar los principios, las bases de la política de “concesiones” (es decir, semejante a la política de “concesiones” aplicada al capitalismo de Estado) a las demás formas de capitalismo, a la libertad de comercio, a la circulación local, etc.
p Tomemos las cooperativas. Por algo el decreto sobre el impuesto en especie ha originado inmediatamente la revisión del estatuto sobre las cooperativas y ha dado lugar a cierta ampliación de su “libertad” y sus derechos. También la cooperativa es un tipo de capitalismo de Estado, pero menos simple, menos definido, más confuso y, por tanto, una forma que en la práctica plantea ante nuestro poder mayores dificultades. Las cooperativas de pequeños productores de mercancías (de ellas se trata aquí—y no de las cooperativas obreras—, como una de las formas predominantes y típicas en un país de pequeños campesinos) engendran inevitablemente relaciones capitalistas, pequeñoburguesas, contribuyen a su desarrollo, sacan a primer plano a los pequeños capitalistas, ofreciéndoles las mayores ventajas. Y no puede ser de otro modo, ya que existe el predominio de los pequeños propietarios, así como la posibilidad y la necesidad del intercambio. Libertad y derechos para las cooperativas, en las condiciones actuales de Rusia, significan libertad y derechos para el capitalismo. No querer ver esta verdad evidente sería una sandez o un crimen.
p Pero el capitalismo “cooperativo”, a diferencia del capitalismo privado, constituye, con el Poder soviético, una variedad de capitalismo de Estado, y, como tal, nos es útil y provechoso ahora, en cierta medida, por supuesto. Como el impuesto en especie significa libertad de venta de los otros excedentes (no recogidos a 621 título ríe impuesto), debemos hacer esfuerzos para que este desarrollo del capitalismo—ya que la libertad de venta, la libertad de comercio es un desarrollo del capitalismo—se lleve al cauce del capitalismo cooperativo. Este se asemeja al capitalismo de Estado en el sentido de que facilita el registro, el control, la inspección y las relaciones contractuales entre el Estado (en este caso el Estado soviético) y el capitalista. La cooperativa, como forma de comercio, es más ventajosa y útil que el comercio privado, no sólo por las causas ya indicadas, sino también porque facilita la unificación, la organización de millones de habitantes y luego de la población entera, siendo esta circunstancia, a su vez, una ventaja inmensa desde el punto de vista del paso consecutivo del capitalismo de Estado al socialismo.
p Comparemos la explotación de empresas en régimen de concesión y las cooperativas como formas cíe capitalismo de Estado. Las concesiones se basan en la gran industria mecanizada; las cooperativas, en la pequeña industria, en la industria manual, incluso patriarcal. La concesión atañe a un solo capitalista o a una sola casa, a un consorcio, a un solo cártel o trust en cada contrato de concesión por separado. La cooperativa abarca a muchos miles, incluso a millones de pequeños propietarios. La concesión admite e incluso presupone un contrato preciso y un plazo fijo. La cooperativa no requiere contratos exactos por completo ni plazos fijos del todo. Abolir la ley de las cooperativas es mucho más fácil que anular el contrato sobre una concesión; pero romper un contrato significa romper de golpe y porrazo, sin más ni más, las relaciones contractuales existentes en realidad o la “convivencia” económica con el capitalista: mientras que ninguna derogación de la ley sobre las cooperativas, ninguna ley en general no sólo no romperá de golpe la “convivencia” real del Poder soviético con los pequeños capitalistas, sino que, en general no será capaz de eliminar las relaciones económicas que existen de hecho. Es fácil “vigilar” al concesionario, pero no así a los cooperativistas. El paso de la explotación de empresas en régimen de concesión al socialismo es el paso de una forma de gran producción a otra forma de gran producción. El paso de las cooperativas de pequeños propietarios al socialismo es el paso de la pequeña producción a la gran producción, es decir, una transición más compleja, pero capaz, en cambio, de abarcar, en caso de éxito, a las mayores masas de la población, capaz de extirpar las más profundas y las más vitales raíces de las relaciones viejas, de las relaciones presocialistas, incluso precapitalistas, las más tenaces en resistir a toda "innovación”. La política de concesiones, en caso de éxito, nos proporcionará un pequeño número de grandes 622 empresas modelo—en comparación con las nuestras—, que estarán al nivel del adelantado capitalismo actual; transcurridos varios decenios, estas empresas pasarán íntegramente a nuestras manos. La política cooperativista, en caso de éxito, nos proporcionará el crecimiento de la pequeña economía y facilitará su paso, en un plazo indeterminado, a la gran producción basada en la asociación voluntaria.
p Tomemos la tercera forma de capitalismo de Estado. El Estado atrae al capitalista, en calidad de comerciante, pagándole cierta comisión por la venta de la producción del Estado y por el acopio de los productos del pequeño productor. Y la cuarta forma: el Estado entrega en arriendo al capitalista industrial una empresa, una explotación o un bosque o terreno, etc., perteneciente al Estado, teniendo el contrato de arriendo el mayor parecido con el de la concesión. Estos dos últimos tipos de capitalismo de Estado no los tratamos, ni pensamos en ellos, ni los tenemos en cuenta para nada. Mas no porque seamos fuertes e inteligentes, sino porque somos débiles y tontos. Tememos mirar cara a cara a la "ruin verdad" y nos entregamos con harta frecuencia a la "mentira que nos enaltece" ^^197^^. Siempre caemos en la afirmación de que “nosotros” vamos pasando del capitalismo al socialismo, olvidándonos de precisar con exactitud y claridad quiénes somos “nosotros”. Es necesario tener a la vista la enumeración de todos los elementos integrantes—absolutamente todos, sin excepción—de los diversos tipos socioeconómicos de nuestra economía que hice en un artículo del 5 de mayo de 1918, para no olvidar este diáfano cuadro. “Nosotros”, la vanguardia, el destacamento avanzado del proletariado, pasamos directamente al socialismo; pero el destacamento avanzado sólo constituye una pequeña parte de todo el proletariado, que, a su vez, no es más que una pequeña parte de toda la masa de la población. Y para que “nosotros” podamos cumplir con buen éxito la tarea de nuestro paso inmediato al socialismo es necesario comprender cuáles son los caminos, los métodos, los recursos, los elementos intermedios que se necesitan para pasar de las relaciones precapitalistas al socialismo. Este es el quid de la cuestión.
p Eijaos en el mapa de la RSFS de Rusia. Al norte de Vólogda, al sureste de Rostov del Don y de Sarátov, al sur de Oremburgo y de Omsk y al norte de Tomsk se extienden territorios inmensos, en los que cabrían decenas de grandes Estados cultos. Y en todas estas extensiones reina el régimen patriarcal, la semibarbarie y la verdadera barbarie. ¿Y en los apartados lugares del campo en el resto de Rusia? En todas partes, donde decenas de verstas de caminos vecinales—mejor dicho, decenas de verstas sin camino 623 alguno—separan a las aldeas de las líneas férreas, es decir, de los medios materiales de comunicación con la cultura, con el capitalismo, con la gran industria, con las grandes ciudades. ¿Acaso no predominan también en todos estos lugares el régimen patriarcal, el “oblomovismo” ^^198^^, la semibarbarie?
p ¿Es concebible el paso directo de semejante estado, predominante en Rusia, al socialismo? Sí, es concebible hasta cierto grado, pero sólo con una condición, que ahora conocemos exactamente, gracias a un gran trabajo científico que se ha llevado a cabo. Esta condición es la electrificación. Si construimos decenas de centrales eléctricas distritales (ahora ya sabemos dónde y cómo se pueden y deben construir), si llevamos su energía a todas las aldeas y si conseguimos la suficiente cantidad de motores eléctricos y otras máquinas, no necesitaremos, o casi no necesitaremos, pasar por grados transitorios o intermedios entre el régimen patriarcal y el socialismo. Pero sabemos perfectamente que está “sola” condición exige, por lo menos, un decenio únicamente para los trabajos más urgentes, y reducir este plazo, a su vez, sólo es posible en el caso de que triunfe la revolución proletaria en países como Inglaterra, Alemania y Norteamérica.
p Mas para los próximos años es necesario saber pensar en los grados intermedios, capaces de facilitar el paso del régimen patriarcal, de la pequeña producción, al socialismo. “Nosotros” seguimos viniendo a menudo a parar en el razonamiento: "el capitalismo es un mal, el socialismo es un bien”. Pero este razonamiento es erróneo, ya que olvida el conjunto de los tipos socioeconómicos existentes, entresacando dos de ellos nada más.
p El capitalismo es un mal en relación con el socialismo. El capitalismo es un bien en relación con el medievo, en relación con la pequeña producción, en relación con la burocracia vinculada a la dispersión de los pequeños productores. Puesto que aún no tenemos fuerzas para dar el paso directo de la pequeña producción al socialismo, el capitalismo es, por tanto y en cierta medida, inevitable como producto espontáneo de la pequeña producción y del intercambio, por lo que debemos aprovechar el capitalismo (llevándolo especialmente por el cauce del capitalismo de Estado) como grado intermedio entre la pequeña producción y el socialismo, como recurso, camino, procedimiento o método de aumentar las fuerzas productivas.
p Tomad el problema de la burocracia y observadlo en su aspecto económico. El 5 de mayo de 1918 no se nos planteaba este problema. Medio año después de la Revolución de Octubre, después de haber destrozado de arriba abajo el viejo armatoste burocrático, aún no sentíamos esta plaga.
624p Pasó un año más. En el VIII Congreso del PC de Rusia —18-23 de mar/o de 1919—se aprobó un nuevo programa del partido en el que hablamos abiertamente, sin miedo a reconocer el mal, y con el deseo de descubrirlo, de desenmascararlo, de ponerlo en la picota, de despertar la conciencia y la voluntad, la energía y la acción para la lucha contra el mal, hablamos ya del "renacimiento parcial de la burocracia en el seno del régimen soviético".
p Pasaron dos años más. En la primavera de 1921, después del VIII Congreso de los Soviets (diciembre de 1920), en el que se discutió el problema de la burocracia, y después del X Congreso del PC de Rusia (marzo de 1921), que hizo el resumen cíe las discusiones relacionadas estrechamente con el análisis de la burocracia, vimos ya esta plaga con mayor claridad y precisión, la vimos alzarse más amenazadora ante nosotros. ¿Cuáles son las raíces económicas de la burocracia? Son, principalmente, de dos tipos: por un lado, una burguesía desarrollada necesita la máquina burocrática, precisamente, contra el movimiento revolucionario de los obreros (en parte también contra el de los campesinos); en primer lugar, los cuerpos armados; luego, la judicatura, etc. Nuestro caso es distinto. Nuestros tribunales son tribunales de clase, contra la burguesía. Nuestro ejército es un ejército de clase, contra la burguesía. La burocracia no se halla en el ejército, sino en las instituciones puestas a su servicio. Entre nosotros las raíces económicas de la burocracia son distintas: el fraccionamiento, la dispersión del pequeño productor, su miseria, su incultura, la falta de comunicaciones, el analfabetismo, la falta de intercambio entre la agricultura y la industria, la falta de enlace e interacción entre ellas. Esto es. en gran paite, resultado de la guerra civil. Cuando nosotros estábamos bloqueados, asediados por todas partes, aislados del resto del mundo, de las regiones trigueras del Sur, de Siberia, de la hulla, no podíamos restablecer la industria. No debíamos temer aplicar el "comunismo de guerra”, la medida más extrema: soportaremos una existencia semihambrienta e incluso peor que semihambrienta, pero defenderemos a toda costa, pese a la ruina más inaudita y a la falta de intercambio, el poder de los obreros y campesinos. Y no nos dejamos amedrentar por lo que se asustaron los eseristas y mencheviques (que de hecho seguían a la burguesía mayormente por miedo, por intimidación). Pero lo que era una condición para la victoria en un país bloqueado, en una fortaleza sitiada, mostró su lado negativo precisamente en la primavera de 1921, cuando las últimas tropas cíe los guardias blancos fueron expulsadas definitivamente del territorio de la RSFS de Rusia. “Encerrar” todo intercambio en una fortaleza sitiada es cosa que puede y debe hacerse; con un heroísmo 625 extraordinario de las masas esto puede soportarse tres años. Después, la ruina del pequeño productor se agravó más aún, el restablecimiento de la gran industria volvió a retrasarse, se aplazó. La burocracia como herencia de los tiempos de “asedio”, como superestructura levantada sobre la dispersión y la cohibición del pequeño productor, se manifestó por completo.
p Hay que saber reconocer el mal sin temor alguno para combatirlo con más tenacidad, para volver y volver a comenzar por el principio; aún tendremos que empezar muchas veces, reiteradas veces, en todas las ramas de nuestra construcción, desde el principio, corrigiendo lo defectuoso, eligiendo diversos caminos para abordar las tareas. Se ha puesto de manifiesto la demora en el restablecimiento de la gran industria, se ha revelado como insoportable el “encierro” del intercambio entre la industria y la agricultura, lo que significa que es necesario impulsar lo más factible: el restablecimiento de la pequeña industria. Hay que contribuir a la <.bra desde este lado, apuntalar este lado del edificio, semiderruido por la guerra y el bloqueo. Hay que desarrollar por lodos los medios y a toda costa el intercambio, sin temor al capitalismo, puesto que lo hemos metido en un marco bastante estrecho (por la expropiación de los terratenientes y de la buiguesía en la economía, por el poder de los obreros y campesinos en la política), bastante “moderado”. Tal es la idea fundamental del impuesto en especie, tal es su significación económica.
p Todos los funcionarios del partido y de los Soviets deben encauzar enteramente todos sus esfuerzos y toda su atención a despertar y fomentar la iniciativa en plano local—en las provincias; más aún, en los distritos; y aún más, en los subdistritos y en los pueblos—para organizar la economía precisamente desde el punto de vista de dar un impulso inmediato, aunque sea con "pequeños" recursos, en medida insignificante, a la hacienda campesina, ayudándole con el desarrollo de la pequeña industria de l,i comarca. El plan económico general y único del Estado exige que esto precisamente se convierta en el centro de la atención y preocupación, en el centro de los trabajos "de choque”. La mejora conseguida aquí, a la menor distancia posible del “fundamento” m;is amplio v protundo, permitirá pasar con la mayor brevedad al más enérgico y victorioso restablecimiento de la gran industria.
p Los trabajadores dedicados al abastecimiento conocían hasta ahoia una M>la directriz fundamental: recoger el 100% del monto de la comingenuición. Ahora la directriz es distinta: recaudar el 100% de! impiu-sto en el plazo más breve y luego un 100% más medí.míe el intercambio con productos de la gran y pequeña 626 industria. Quien recaude el 75% del impuesto y el 75% (del segundo centenar) mediante el intercambio de productos de la gran y pequeña industria realizará una obra más útil de interés público que quien recaude el 100% del impuesto y el 55% (del segundo centenar) mediante el intercambio. La tarea de los encargados del abastecimiento se complica. Por una parte, se trata de una tarea fiscal: recaudar cuanto antes y del modo más racional posible el impuesto; por otra parte, es una tarea de importancia económica general: tratar de dirigir las cooperativas y ayudar a la pequeña industria de manera que aumente y se consolide el intercambio entre la agricultura y la industria, tratar de impulsar la iniciativa a escala local con el mismo fin. Y eso aún lo hacemos muy mal. La demostración es la burocracia. No debemos temer reconocer que en este sentido todavía se puede y se debe aprender mucho de los capitalistas. Comparemos por provincias, distritos, subdistritos y pueblos los resultados de la experiencia práctica: en un sitio, los capitalistas privados y los pequeños capitalistas han logrado tal cosa. Sus ganancias son aproximadamente tales. Este es el tributo, el pago que damos "por la enseñanza”. No da pena pagar por la enseñanza, con tal de que ésta sea provechosa. En cambio, en el pueblo vecino se ha conseguido tal y tal cosa mediante las cooperativas. Las ganancias de las cooperativas son tales y tales. Y en una tercera localidad se ha conseguido, por la vía puramente estatal, puramente comunista, otra cosa distinta (este caso tercero será, en nuestros días, una rara excepción).
p La tarea debe consistir en que cada institución económica regional, cada asamblea económica provincial, convocada por los comités ejecutivos, resuelva inmediatamente, como cuestión de primera urgencia, la organización rápida de toda clase de ensayos o sistemas de “intercambio” con los productos excedentes que restan después de haber abonado el impuesto en especie. Al cabo de unos meses se deben tener los resultados prácticos para compararlos y estudiarlos. La sal local o traída de otros sitios; el petróleo traído del centro; la industria domiciliaria de la madera; las industrias de oficios que trabajan con materias primas locales, que aportan algunos productos, aunque no muy importantes, pero sí indispensables y útiles para los campesinos; la "hulla verde" (aprovechamiento de las fuerzas hidráulicas locales, de poca importancia, para la electrificación), etc., etc.; hay que ponerlo todo en marcha a fin de avivar el intercambio entre la industria y la agricultura, cueste lo que cueste. Quien obtenga en este terreno los mayores resultados, aunque sea mediante el capitalismo privado, incluso aunque no sea por las cooperativas, sin transformar directamente este capitalismo en capitalismo de Estado, 627 rendirá más provecho a la construcción socialista de toda Rusia que quien “medite” en la pureza del comunismo, escriba instrucciones y reglas para el capitalismo de Estado y las cooperativas, pero no impulse de hecho el intercambio.
p Eso podrá parecer una paradoja: ¿el capitalismo privado en el papel de auxiliar del socialismo?
p Pero no es ninguna paradoja, sino un hecho de carácter económico absolutamente incontrovertible. Como se trata de un país de pequeños campesinos, con un transporte desastroso en particular, de un país que ha salido de la guerra y el bloqueo y cuya dirección política corre a cargo del proletariado, el cual tiene en sus manos el transporte y la gran industria, de estas premisas se deduce de manera absolutamente necesaria la importancia primordial que tiene en estos momentos, primero, el intercambio local, y, segundo, la posibilidad de que el capitalismo privado preste ayuda al socialismo (sin hablar ya del capitalismo de Estado).
p Discutamos menos en torno a las palabras. Hasta hoy seguimos pecando en demasía a este respecto. Variemos más la experiencia práctica y estudiémosla mejor. Suele haber circunstancias en las que la organización ejemplar del trabajo local, aunque sea a escala muy reducida, tiene una importancia estatal mucho mayor que numerosas ramas de la administración pública en el centro. Y entre nosotros, justamente en estos momentos, con relación a la economía campesina, en general, y al intercambio de los excedentes de la producción agrícola por artículos industriales, en particular, las circunstancias son éstas precisamente. La organización ejemplar del trabajo, en el sentido indicado, aunque sea en un solo subdistrito, tiene una importancia general para el interés público mucho mayor que la mejora “ejemplar” del cuerpo administrativo central de tal o cual Comisariado del Pueblo. Pues, en tres años y medio, nuestro cuerpo administrativo central se ha formado ya hasta el punto de llegar a adquirir cierta rutina nociva en el país; no podemos mejorarlo considerablemente ni con rapidez, no sabemos cómo hacerlo. La ayuda para mejorarlo de un modo más radical, para infundirle fuerzas frescas, para combatir con éxito la burocracia, para superar la rutina nociva debí partir de los lugares, de la base, de la organización ejemplar de un “conjunto” pequeño, pero precisamente “conjunto”, es decir, no de una sola explotación, no de un solo sector de la economía, de una sola empresa, sino de la suma de todas las relaciones económicas, de la suma de todo el intercambio económico, aunque sea en un lugar pequeño.
p Los que estamos condenados a permanecer en el trabajo central, seguiremos mejorando el cuerpo administrativo y 628 depurándolo de burocracia, aunque sea a modesta escala, en la medida de lo directamente posible. Pero la ayuda principal en este sentido viene y vendrá de los lugares. En general, en los lugares—por lo que he podido observar—las cosas están mejor que en el centro; y esto es comprensible, ya que el mal de la burocracia, como es natural, se concentra en el centro; en este sentido, Moscú no puede menos de ser la peor ciudad y, en general, el peor “lugar” de la república. En los lugares, las desviaciones del término medio se dan en ambos sentidos; las desviaciones en el peor sentido son más raras que en el mejor. Las desviaciones hacia el peor lado son los abusos de los viejos funcionarios, terratenientes, burgueses y demás canalla, que se han arrimado a los comunistas y cometen a veces repugnantes arbitrariedades y vilezas, ultrajando a los campesinos. La depuración ahí debe ser terrorista: procesar y fusilar en el acto sin contemplaciones. Que los Mártov, Chernov y los pequeños burgueses sin partido, semejantes a ellos, se den golpes de pecho y exclamen: "¡Alabado seas, Señor, porque no me parezco a “ellos”, pues no he aceptado jamás ni acepto el método del terror!" Estos necios "no aceptan el terror”, ya que eligieron para sí el papel de auxiliares lacayunos de los guardias blancos, en lo que se refiere al embaucamiento de los obreros y los campesinos. Los eseristas y los mencheviques "no aceptan el terror”, ya que cumplen su misión de colocar bajo el terrorismo de los guardias blancos a las masas encuadradas bajo la bandera del “socialismo”. Así lo han demostrado la kerenskiada y la korniloviada en Rusia, la kolchakiada en Siberia, el menchevismo en Georgia; así lo han demostrado los héroes de la II Internacional y de la Internacional "II y media" en Finlandia, Hungría, Austria, Alemania, Italia, Inglaterra, etc. Que los lacayunos del terror de los guardias blancos sigan ufanándose de negar todo terrorismo. Nosotros diremos la dura, pero indudable verdad: en los países que viven una crisis inaudita, una desintegración de las viejas relaciones, una exacerbación de la lucha entre las clases después de la guerra imperialista de 1914-1918—tal es el caso en todos los países del mundo—, no se puede pasar sin el terror, a despecho de los hipócritas y charlatanes. O terror blanco burgués, al estilo norteamericano, inglés (Irlanda), italiano (fascista), alemán, húngaro y otros, o terror rojo, proletario. No hay término medio, “tercer” camino no lo hay ni puede haberlo.
p Las desviaciones hacia el mejor lado significan: lucha venturosa contra la burocracia, solicitud con las demandas de los obreros y campesinos, gran preocupación por elevar la economía, aumento de la productividad del trabajo y desarrollo del intercambio local entre la agricultura y la industria. Estas desviaciones hacia el mejor 629 lado, aunque son más frecuentes que hacia el lado peor, son, sin embargo, raras. Pero existen. Por doquier transcurre a escala local el proceso de formación de nuevas fuerzas comunistas, jóvenes, frescas, templadas en la guerra civil y en las privaciones. Aún estamos muy lejos, lejísimos, de hacer lo suficiente para promover con regularidad y constancia estas fuerzas de abajo arriba. Es posible y necesario hacerlo de modo más amplio y perseverante. Se puede y debe sacar a algunos dirigentes del trabajo central y colocarlos en el plano local: como dirigentes de distrito y subdistrito, creando allí una organización ejemplar de toda la labor económica en su conjunto, estos dirigentes serán de inmensa utilidad y harán una obra mucho más importante para todo el país que cualquier función central. La organización ejemplar de este trabajo serviría de plantel de dirigentes y ejemplo digno de ser imitado y relativamente fácil de imitar, y nosotros, desde el centro, sabremos contribuir a que esta "imitación" de la obra ejemplar se haga a vasta escala y llegue a ser obligatoria.
p Para desarrollar el “intercambio” entre la agricultura y la industria con los excedentes restantes del pago del impuesto en especie y con los artículos de la pequeña industria, sobre todo de la domiciliaria, es indispensable, por su misma esencia, una iniciativa local independiente, experta e inteligente; por eso, en las circunstancias actuales, la organización ejemplar del trabajo de un distrito o de un subdistrito adquiere una importancia verdaderamente extraordinaria desde el punto de vista de los intereses generales del Estado. En el terreno militar, por ejemplo, durante la última guerra con Polonia, no temimos saltarnos las jerarquías burocráticas ni “degradar”, o sea, trasladar a los miembros del Consejo Militar Revolucionario de la república (respetándoles su alto cargo central) a puestos inferiores. ¿Por qué no enviar ahora a algunos miembros del Comité Ejecutivo Central de toda Rusia, o a los miembros de los consejos de dirección de los comisariados, o a otros camaradas que ocupan importantes puestos de responsabilidad, a trabajar incluso en los distritos, incluso en los subdistritos? Creo que no nos hemos “burocratizado” en realidad hasta el punto de "tener reparos" de semejante procedimiento. Y saldrán de entre nosotros decenas de dirigentes del centro que aceptarán gustosos ese traslado. La organización de la economía de toda la república ganaría muchísimo con ello, y los subdistritos o distritos ejemplares desempeñarían un papel, no ya grande, sino realmente decisivo, un papel histórico.
p Dicho sea de paso, como circunstancia pequeña, pero, sin embargo, circunstancia importante, es necesario destacar el cambio indispensable en la manera de plantearse, en principio, el 630 problema de la lucha contra la especulación. Debemos apoyar, nos conviene desarrollar el comercio “correcto” que no elude el control estatal. Pero la especulación no puede distinguirse del comercio “correcto”, si se la toma como un concepto de la economía política. La libertad de comercio es capitalismo, y el capitalismo es especulación: sería ridículo no quererlo ver.
p ¿Cómo proceder, entonces? ¿Declarar impune la especulación?
No. Es necesario revisar y reformar todas las leyes sobre la especulación, declarando punible (persiguiendo, de hecho, con triple rigor que antes) todo hurto y toda elusión, directa o indirecta, abierta o encubierta, del control, de la vigilancia y de la contabilidad estatal. Precisamente con semejante modo de plantear el problema (en el Consejo de Comisarios del Pueblo ya se ha comenzado esta labor, es decir, el Consejo de Comisarios del Pueblo ha dado ya orden de comenzar la revisión de las leyes sobre la especulación) conseguiremos que el desarrollo del capitalismo, en cierta medida inevitable e indispensable para nosotros, vaya por el cauce del capitalismo de Estado.
BALANCE POLÍTICO Y DEDUCCIONES POLÍTICAS
p Me resta solamente hablar, aunque sea brevemente, de la situación política, tal como se ha formado y ha cambiado debido a las condiciones económicas descritas más arriba.
p Ya queda dicho que los rasgos principales de nuestra economía en 1921 siguen siendo los mismos que en 1918. La primavera de 1921 nos ha traído—principalmente a causa de la mala cosecha y de la mortandad del ganado—una agravación extrema de la situación de los campesinos, que ya de por sí era dificilísima a causa de la guerra y el bloqueo. Resultado de esta agravación han sido las vacilaciones políticas, que constituyen, hablando en general, la “naturaleza” misma del pequeño productor. La manifestación más palmaria de estas vacilaciones ha sido la sublevación de Cronstadt.
p Lo más característico de los acontecimientos de Cronstadt son precisamente las vacilaciones del elemento pequeñoburgués. Había muy poco de formado, claro y definido por completo. Nebulosas consignas de “libertad”, "libertad de comercio”, "emancipación”, "Soviets sin bolcheviques" o nuevas elecciones a los Soviets, o liberación de la "dictadura del partido”, etc., etc. Tanto los mencheviques como los eseristas declaran “suyo” el movimiento de Cronstadt. Víctor Chernov envía un mensajero a Cronstadt; por la “Constituyente” vota en Cronstadt, a propuesta de dicho mensajero, el menchevique Valk, uno de los dirigentes de la sublevación 631 de Cronstadt. Todos los elementos de los guardias blancos se movilizan instantáneamente "a favor de Cronstadt" con rapidez que puede calificarse de radiotelegráfica. Los guardias blancos entre los militares profesionales de Cronstadt, toda una serie de especialistas, no sólo Kozlovski, están haciendo un plan de desembarco de tropas en Oranienbaum, plan que asusta a la masa vacilante de los mencheviques, eseristas y sin partido. Más de medio centenar de periódicos de los guardias blancos que se editan en el extranjero en lengua rusa despliegan una furibunda campaña "a favor de Cronstadt". Los grandes bancos, todas las fuerzas del capital financiero abren suscripciones de ayuda a Cronstadt. El democonstitucionalista Miliukov, inteligente líder de la burguesía y de los terratenientes, explica pacientemente de un modo directo al imbécil de Víctor Chernov (y a los mencheviques Dan y Rozhkov, encarcelados en Petrogrado, por estar comprometidos en los acontecimientos de Cronstadt, de un modo indirecto), que no hay por qué apresurarse con la Constituyente, que se puede y debe manifestarse a favor del Poder soviético, pero sin bolcheviques.
p Claro está que no es difícil tener más inteligencia que tontos tan fatuos como Chernov, héroe de la frase pequeñoburguesa, o como Mártov, caballero del reformismo pequeñoburgués que él quiere hacer pasar por marxismo. Y no me refiero, propiamente, a que Miliukov, como figura política, sea más inteligente que ellos, sino a que un líder del partido de la gran burguesía, a causa de su situación de clase, ve con mayor claridad, comprende mejor la esencia de clase del asunto y las relaciones políticas que los líderes de la pequeña burguesía, como los Chernos y Mártov. Ya que la burguesía constituye en realidad una fuerza de clase que domina inevitablemente en el capitalismo, tanto con monarquía como con la república más democrática, gozando también inevitablemente del apoyo de la burguesía mundial. En tanto que la pequeña burguesía, es decir, todos los "héroes" de la II Internacional y de la Internacional "II y media”, no puede ser otra cosa, por la esencia económica del problema, que la demostración de la impotencia de clase: de ahí las vacilaciones, las frases, la ineptitud. En 1789 los pequeños burgueses podían ser todavía grandes revolucionarios; en 1848 eran ridículos y deplorables; en 1917-1921 son ya repugnantes acólitos de la reacción, sus francos lacayos por el verdadero papel que desempeñan, llámense Chernov y Mártov o Kautsky, MacDonald, etc., etc.
p Cuando Mártov declara en su revista de Berlín que Cronstadt no sólo propugnaba consignas mencheviques, sino que dio pruebas de que es posible la existencia de un movimiento antibolchevique que no sirva íntegramente a los guardias blancos, a los capitalistas 632 y terratenientes, representa precisamente un modelo de fatuo Narciso pequeñoburgués. ¡Cerremos simplemente los ojos para no ver que todos los verdaderos guardias blancos saludaron a los amotinados de Cronstadt y recolectaron, por intermedio de los bancos, fondos para ayudar a Cronstadt! Miliukov tiene razón si se le compara con los Chernov y Mártov, ya que revela la vertid/lera táctica de la verdadero fuer/a de los guardias Illancos, de la fuerza de los capitalistas y terratenientes: ¡Apoyemos a cualquiera, incluso a los anarquistas, a cualquier Poder soviético, con tal de derrocar a los bolcheviques, ion tal de desplazarlos del poder’. Lo mismo da que se los desplace hacia la derecha como hacia la izquierda, hacia los mencheviques como hacia los anarquistas, con tal de que los bolcheviques se queden fuera del poder; del resto nos encargaremos "nosotros mismos”, los Miliukov, “nosotros”, los capitalistas y terratenientes, echando a guantadas a los anarquistoides, a los Chernov y Mártov, tal como lo hicimos en Siberia con Chernov y Maiski, en Hungría con los Chernov y Mártov húngaros, como lo hicimos en Alemania con Kautsky y en Viena con los F. Adler y Cía. La verdadera burguesía de acción ha embaucado a centenares de estos Narcisos pequeñoburgueses—mencheviques, eseristas, sin partido—y los ha echado luego a puntapiés en todas las revoluciones decenas de veces y en todos los países del mundo. Esto lo ha demostrado la historia y lo han comprobado los hechos. Los Narcisos seguirán hablando. Los Miliukov y los guardias blancos seguirán obrando.
p “Con tal de quitar el poder a los bolcheviques, tanto da ir un poco a la derecha como un poco a la izquierda, lo demás ya vendrá”; en esto Miliukov tiene toda la razón. Esta es una verdad de clase confirmada por toda la historia de las revoluciones de todos los países, por una época de muchos siglos de la historia de la edad moderna, tras el medievo. AI pequeño productor disperso, al campesino, los une en los aspectos económico y político la burguesía (así ha sucedido siempre bajo el capitalismo en todos los países, en todas las revoluciones de la edad moderna y así sucederá siempre bajo el capitalismo), o el proletariado (así ha sucedido, en forma embrionaria, en los momentos culminantes de algunas de las más grandes revoluciones de la historia de la edad moderna durante un período muy breve; así sucedió en Rusia en 1917-1921 en forma más desarrollada). De un “tercer” camino, de una "tercera fuerza" sólo pueden charlar y soñar los fatuos Narcisos.
p Con inmenso trabajo, en lucha desesperada forjaron los bolcheviques una vanguardia del proletariado capaz de gobernar; crearon y defendieron la dictadura del proletariado; v la 633 correlación cíe fuerzas de clase en Rusia se hizo más clara que la luz del día, después de la comprobación por la experiencia, por la práctica de cuatro años: la vanguardia de acero templado de la única clase revolucionaria, el elemento vacilante de la pequeña burguesía y los Miliukov, los capitalistas y terratenientes emboscados al otro lado de la frontera, que gozan del apoyo de la burguesía mundial. La cuestión es de una claridad meridiana. Toda "sustitución en el poder" la aprovecharán y pueden aprovecharla solamente ellos.
p En el antecitado folleto de 1918 se decía abiertamente de esto: "el enemigo principal" es el "elemento pequeñoburgués”. "O sometemos a ese pequeño burgués a nuestro control y a nuestra contabilidad, o él echará abajo nuestro poder obrero de manera inevitable e indefectible, de la misma manera que acabaron con la revolución los Napoleones y los Cavaignac, que brotan precisamente sobre ese terreno de pequeños propietarios. Así está planteado el problema. Y sólo así.” (Del folleto del 5 de mayo de 1918, véase más arriba [633•* .)
p Nuestra fuerza consiste en la completa claridad y sobriedad en el cálculo de todos los valores electivos de clase, tanto rusos como internacionales, y después en la energía de hierro, la firmeza, la decisión y la abnegación en la lucha que provienen de ello. Tenernos muchos enemigos, pero están desunidos, o no saben lo que quieren (como todos los pequeños burgueses, todos los Mártov y Chernov, tcxlos los sin partido, todos los anarquistas). Nosotros estamos unidos directamente entre nosotros e indirectamente con los proletarios de todos los países, sabemos lo que queremos, y por lo mismo somos invencibles a escala mundial, aunque esto no excluye, en absoluto, la posibilidad de que sean derrotadas por más o menos tiempo algunas revoluciones proletarias.
p El elemento pequeñoburgués por algo se llama elemento, puesto que se trata, realmente, de algo de lo más amorfo, indefinido e inconsciente. Los Narcisos de la pequeña burguesía piensan que el "sufragio universal" acaba con la naturaleza del pequeño productor bajo el capitalismo, mientras eme, en realidad, dicho sufragio ayuda a la burguesía, con el apoyo de la Iglesia, de la prensa, del magisterio, de la policía, de los militares y de la opresión económica ejercida en miles de formas, le ayuda a someter a los pequeños productores dispersos. La ruina, la miseria, la gravedad de la situación originan las vacilaciones: hoy a favor de la burguesía y mañana a favor del proletariado. Únicamente la templada vanguardia del proletariado es capaz de mantenerse y resistir las vacilaciones.
634p Los acontecimientos de la primavera de 1921 han demostrado una vez más el papel que desempeñan los eseristas y los mencheviques: ayudan al elemento pequeñoburgués vacilante a apartarse de los bolcheviques, a hacer "sustituciones en el poder" a favor de los capitalistas y terratenientes. Los mencheviques y los eseristas han aprendido ahora a disfrazarse de gente "sin partido". Está demostrado por completo. Y ahora, únicamente los tontos pueden no verlo, pueden no comprender que no vamos a permitir que se nos embauque. Las conferencias de los sin partido no son un fetiche. Son valiosas si ofrecen la posibilidad de granjearnos la simpatía de la masa que aún no se encuentra bajo la influencia de ninguna propaganda, de los millones de trabajadores que se mantienen al margen de la política; pero son nocivas si proporcionan una plataforma a los mencheviques y eseristas, disfrazados de gente "sin partido”. Esos elementos favorecen los motines, ayudan a los guardias blancos. El lugar de los mencheviques y eseristas, declarados o disfrazados de gente sin partido, está en la cárcel (o en los periódicos del extranjero, al lado de los guardias blancos; hemos dejado con mucho gusto a Mártov salir al extranjero), pero no en la conferencia de los sin partido. Se pueden y deben encontrar otros métodos para comprobar el estado de ánimo de las masas y granjearnos su simpatía. Que se vayan al extranjero los que quieran jugar al parlamentarismo, a la Constituyente, a las conferencias de los sin partido; que hagan el favor de marcharse con Mártov, de comprobar las bellezas de la “democracia”; tened la bondad de preguntar a los soldados de Wrangel por estas bellezas. Pero nosotros no tenemos tiempo para jugar a las “oposiciones” en las “conferencias”. Estamos rodeados por la burguesía mundial, que acecha cada instante de vacilación para propiciar la vuelta de los “suyos”, para restaurar a los terratenientes y a la burguesía. Meteremos en la cárcel a los mencheviques y eseristas, tanto da que sean declarados como que se hayan disfrazado de gente "sin partido".
p Vamos a estrechar por todos los medios las relaciones con la masa trabajadora no influida por la política, a excepción de los medios que ofrecen campo libre a los mencheviques y socialistasrevolucionarios, que ofrecen campo libre a las vacilaciones ventajosas para Miliukov. Destacaremos con especial celo para los trabajos de los Soviets, sobre todo para los relacionados con la economía, a centenares y centenares de personas sin partido, de verdaderos representantes de la masa sin filiación política, de simples obreros y campesinos de la base, y no a los que se han “disfrazado” de gente sin partido con objeto de repetir de carrerilla lo que contienen los mandatos mencheviques y eseristas, tan ventajosos 635 para Miliukov. Entre nosotros trabajan centenares y miles de personas sin partido, entre las cuales hay decenas que desempeñan cargos de gran importancia y responsabilidad. Es necesario controlar más su trabajo. Es necesario destacar para nuevas pruebas a otros miles y miles de simples trabajadores del común de las gentes, a los que hay que probar periódica y constantemente, elevando a centenares de ellos, comprobados en la práctica, a cargos más altos.
p Los comunistas siguen sin comprender bien hasta la fecha sus verdaderas tareas de dirección: no hay que empeñarse en hacerlo “todo” uno “mismo”, echando los bofes y sin poder conseguirlo, emprendiendo veinte asuntos y no acabando ninguno, sino que hay que controlar el trabajo de decenas y centenares de ayudantes, hay que organizar el control de su trabajo desde abajo, es decir, por la verdadera masa; es necesario orientar el trabajo y aprender de los que saben (los especialistas) y tienen experiencia de organizar grandes empresas (los capitalistas). Un comunista inteligente no teme aprender de un militar profesional, aunque las nueve décimas partes de estos militares profesionales sean capaces de traicionarnos en la primera ocasión. Un comunista inteligente no teme aprender de un capitalista (tanto da que se trate de un gran capitalista concesionario como de un comisionista o de un pequeño capitalista, socio de una cooperativa, etc.), aunque el capitalista no es mejor que el militar profesional. En el Ejército Rojo se ha aprendido a capturar a los traidores entre los militares profesionales, destacando a los honrados y a los que trabajan a conciencia, aprovechando así, en general, a miles y decenas de miles de militares profesionales. Estamos aprendiendo a hacer lo mismo (en forma peculiar) con los ingenieros, con los maestros, aunque lo hacemos de un modo mucho peor que en el Ejército Rojo (allí Denikin y Kolchak nos apresuraban de verdad, obligándonos a aprender cuanto antes, con la mayor aplicación e inteligencia). Aprenderemos a hacer lo mismo (también en forma peculiar) con los comisionistas, con los agentes de compras que trabajan para el Estado, con los pequeños capitalistas socios de cooperativas, con los industriales concesionarios, etc.
La masa de obreros y campesinos necesita mejorar sin demora su situación. Designando para el trabajo útil a fuerzas nuevas, entre ellas a gente sin partido, lo conseguiremos. El impuesto en especie y la serie de medidas relacionadas con él nos ayudarán a realizarlo. Cortaremos con ello la raíz económica de las inevitables vacilaciones del pequeño productor. Y las vacilaciones políticas, útiles solamente para Miliukov, las combatiremos sin piedad. Los vacilantes son muchos. Nosotros somos pocos. Los vacilantes están 636 desunidos. Nosotros estamos unidos. Los vacilantes no tienen independencia económica. El proletariado la tiene. Los vacilantes no saben lo que quieren: los ojos se abalanzan, los pies se cansan, y Miliukov prohibe que las manos lo alcancen. Pero nosotros sabemos lo que queremos. Y por eso venceremos.
CONCLUSIÓN
p Resumamos.
p El impuesto en especie es la transición del comunismo de guerra a un intercambio socialista de productos adecuado.
p La extrema ruina, agravada por la mala cosecha de 1920, hacía que este paso fuese necesario con toda urgencia, en vista de la imposibilidad de restablecer con rapidez la gran industria.
p De ahí que se deba mejorar primero la situación de los campesinos. Medios para ello: el impuesto en especie, desenvolvimiento del intercambio entre la agricultura y la industria, desarrollo de la pequeña industria.
p El intercambio significa libertad de comercio, es capitalismo. Este nos será útil en la medida en que nos ayude a combatir la dispersión del pequeño productor y, en cierto grado, la burocracia. La medida la dará la práctica, la experiencia. Mientras el proletariado sostenga firmemente el poder en sus manos, mientras mantenga con firmeza en sus manos los medios de transporte y la gran industria, el poder proletario no tiene en ello nada que temer.
p La lucha contra la especulación debe ser transformada en lucha contra los robos y contra el modo de eludir la vigilancia, la contabilidad y el control del Estado. Con este control llevaremos el capitalismo, en cierto grado imprescindible e indispensable para nosotros, al cauce del capitalismo de Estado.
p Desarrollar en todos los sentidos, por todos los medios y cueste lo que cueste la iniciativa y la autogestión locales en materia de estímulo del intercambio entre la agricultura y la industria. Estudiar la experiencia práctica en este sentido y conseguir la mayor variedad posible de la misma.
p Apoyar a la pequeña industria que atiende a la agricultura campesina y le ayuda a alzarse. Ayudarle en cierto grado, incluso con la entrega de materias primas del Estado. Lo más criminal es dejar materias primas sin aprovechar.
p No temer que los comunistas “aprendan” de los especialistas burgueses, incluso de los comerciantes, de los pequeños capitalistas asociados en cooperativas, de los capitalistas en general. Aprender 637 de ellos en forma distinta, pero en esencia del mismo modo que se aprendía y se llegó a aprender de los militares profesionales. Contrastar los resultados de la "enseñanza" únicamente con la experiencia práctica: hacedlo mejor que lo hacían a vuestro lado los especialistas burgueses; sabed alcanzar de una u otra manera el ascenso de la agricultura, el incremento de la industria, el desarrollo del intercambio entre la agricultura y la industria. No escatiméis el pago "por la enseñanza": no da pena pagar caro por la enseñanza con tal de que ésta sea provechosa.
p Ayudar por lodos los medios a la masa de los trabajadores, granjearse su simpatía, destacar de su seno a centenares y miles de trabajadores sin partido para administrar la economía. Y a los "sin partido”, que en la práctica no son sino mencheviques y eseristas disfrazados con el traje de moda, o sea, con el de los sin partido de Cronstadt, hay que tenerlos a buen recaudo en las cárceles o enviarlos a Berlín, donde está Mártov, para que gocen a sus anchas de todas las bellezas de la democracia pura, para que intercambien libremente sus opiniones con Chernov, con Miliukov, con los mencheviques georgianos.
p 21 de abril de 1921.
p Publicada en mayo de 1921, en folíelo uparle, por la Editorial del Estado, en Moscú.
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