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DISCURSO DE RESUMEN DE LA DISCUSIÓN
EN TORNO AL INFORME SOBRE
EL PROGRAMA DEL PARTIDO
19 DE MARZO
 

p (Aplausos.) Camaradas: No he podido repartir con tanto detenimiento esta parte de la cuestión con el camarada Bujarin, aconsejándonos previamente, como hicimos respecto al informe. Tal vez no haya habido siquiera necesidad de ello. Creo que los debates que se han desplegado aquí han mostrado principalmente una cosa; que no hay ninguna contrapropuesta definida y coherente. Se ha hablado mucho de partes sueltas, sin conexión, mas no ha habido ninguna contrapropuesta. Me detendré en las principales objeciones que se han hecho, ante todo, a la parte preliminar. El camarada Bujarin me ha dicho que él está con quienes defienden la idea de que se puede unir en el preámbulo la caracterización del capitalismo y la del imperialismo en un todo coherente, pero que, a falta de eso, tendremos que aceptar el proyecto existente.

p Muchos oradores han manifestado el punto de vista—sobre todo, y con particular energía, el camarada Podbelski—de que, tal como se os ha presentado, el proyecto es erróneo. Las pruebas que el camarada Podbelski ha expuesto son extrañas en sumo grado. Algo así como, por ejemplo, que en el primer apartado, la revolución ha sido denominada revolución de tal fecha. No sé por qué causa, eso ha producido al camarada Podbelski la impresión de que la revolución tiene hasta su número. Puedo decir que en el Consejo de Comisarios del Pueblo manejamos muchos papeles numerados y nos cansamos de eso a menudo, mas ¿para qué traer aquí también esa impresión? En efecto, ¿qué tiene que ver aquí el número? Nosotros fijamos la 183 fecha de la fiesta y la conmemoramos. ¿Cómo se puede negar que el poder se tomó precisamente el 25 de octubre? Si tratáis de modificar eso de algún modo, resultará artificioso. Si denomináis de OctubreNoviembre a la revolución, se dará con ello la posibilidad de decir que la obra no se hizo en un día. Es claro que transcurrió durante un período más prolongado, no a lo largo del mes de octubre, ni del de noviembre, ni de un año siquiera. El camarada Podbelski ha impugnado que en un apartado se habla de la revolución social venidera. Y tomando eso como base, ha pintado el programa casi como un atentado contra la "honra de su majestad" la revolución social. ¡Estamos en plena revolución social y nos hablan de ella en futuro! Semejante argumento carece de consistencia a todas luces, pues en nuestro programa se trata de la revolución social a escala de todo el mundo.

p Se nos dice que abordamos la revolución desde el punto de vista económico. ¿Hace o no hace falta eso? Numerosos camaradas, aquí presentes, que se dejan llevar por la pasión, han llegado a hablar del consejo de economía mundial y del supeditamiento de todos los partidos comunistas nacionales al Comité Central del PC de Rusia. Al camarada Piatakov le ha faltado poco para decirlo. (Piatakov, desde su sitio: "¿Acaso cree usted que estaría mal?”) Si él hace ahora la observación de que no estaría mal, debo responderle que si en el programa hubiera algo por el estilo, no haría falta criticarlo: los autores de semejante propuesta se pondrían ellos mismos fuera de combate. Estos camaradas que se dejan llevar por la pasión no han tenido en cuenta que en el programa debemos partir de lo que existe. Un camarada de esos que criticó muy enérgico el programa, diciendo que era pobre, etc., uno de esos camaradas que se dejan llevar por la pasión, me parece que fue Sunitsa, declaró que no puede estar conforme con que debe haber lo que existe, y propone que debe haber lo que no existe. (Risa s.) Creo que, por la evidencia del error, este planteamiento de la cuestión hace reír con pleno fundamento. Yo no he dicho que deba haber sólo lo que existe. He dicho que debemos partir de lo absolutamente comprobado. Debemos decir y demostrar a los proletarios y campesinos trabajadores que la revolución comunista es inevitable. ¿Ha dicho aquí alguien que no hace falta exponer eso? Si alguien probara a hacer semejante propuesta, le demostrarían que eso no es así. Nadie ha dicho ni dirá nada parecido, pues no suscita duda el hecho de que nuestro partido ha alcanzado el poder con el apoyo no sólo del proletariado comunista, sino de todos los campesinos. ¿Es que nos vamos a limitar a decir a todas estas masas que vienen ahora con nosotros: "La misión del partido es sólo llevar a cabo la edificación socialista. La revolución comunista está hecha, realizad el comunismo"? 184 Semejante punto de vista es inconsistente de raíz, es erróneo en teoría. Nuestro partido se ha engrosado directamente, y aún más, indirectamente, con millones de personas que están aprendiendo ahora qué es lucha de clase y qué es transición del capitalismo al comunismo.

p Ahora puede afirmarse—y, naturalmente, no habrá ninguna exageración en ello—que en ningún sitio, en ningún otro país se interesó tanto la población trabajadora por la transformación del capitalismo en socialismo como hoy en el nuestro. En nuestro país se piensa en eso mucho más que en cualquier otro. ;Es que el partido no debe dar respuesta a esta cuestión? Debemos mostrar científicamente cómo transcurrirá esa revolución comunista. A este respecto las demás propuestas quedan en medias tintas. Nadie ha querido tachar eso por completo. Se ha hablado con ambigüedad: tal vez se pueda reducir, no citar el viejo programa, porque es erróneo. Pero, si fuera erróneo, ¿cómo habríamos podido partir de él durante tantos años en nuestro trabajo? Tal vez tengamos un programa común cuando se constituya la República Soviética mundial, pero hasta entonces aún escribiremos seguramente varios programas. Y escribirlos ahora, cuando existe sólo una República Soviética en el lugar del viejo Imperio ruso, sería prematuro. Ni siquiera Finlandia, que va sin duda hacia la República Soviética, la ha llevado aún a cabo, ni siquiera Finlandia, que se distingue de todos los demás pueblos que habitaban el viejo Imperio ruso por tener mayor cultura. De manera que pretender ahora dar en el programa la expresión de un proceso acabado sería un error grandísimo. Eso parecería lo mismo que si incluyéramos en nuestro programa el consejo de economía mundial. Dicho sea de paso, nosotros mismos aún no nos hemos acostumbrado a este monstruoso vocablo de conecón (consejo de economía), y los extranjeros, según se dice, buscan a veces en las guías para ver si hay tal estación. (Risas.) No podemos decretar a todo el mundo palabras como ésa.

p Para que nuestro programa sea internacional, debe tener en cuenta los aspectos clasistas típicos, desde el punto de vista económico, de todos los países. Es típico de todos los países que el capitalismo aún se desarrolla en muchísimos lugares. Eso es cierto para toda Asia, para todos los países que pasan a la democracia burguesa, es cierto también para toda una serie de sitios de Rusia. El camarada Rykov, que conoce muy bien los hechos en la esfera de la economía, nos ha hablado de la nueva burguesía existente en nuestro país. Eso es verdad. No sólo nace de nuestros empleados soviéticos —puede nacer asimismo de ellos en número insignificante—, sino de los campesinos y los artesanos libres del yugo de los bancos capitalistas y desconectados ahora del transporte ferroviario. Eso es 185 un hecho. ¿De qtié modo queréis darlo de lado? Con eso no hacéis sino alimentar vuestras ilusiones o llevar a la realidad, que es mucho más complicada, un librito poco meditado. Esa realidad nos demuestra que incluso en Rusia vive, actúa y se desarrolla la economía mercantil capitalista, que engendra burguesía lo mismo que en cualquier sociedad capitalista.

p El camarada Rykov ha dicho: "Luchamos contra la burguesía que nace en nuestro país porque la economía campesina aún no ha desaparecido, y esta economía engendra burguesía y capitalismo”. Carecemos de datos exactos de esto, pero no hay duda de que sucede. La República Soviética es la única que existe por ahora en el mundo en los límites del viejo Imperio ruso. Crece y se desarrolla en una serie de países, pero aún no existe en ningún otro. Por eso, pretender en nuestro programa a lo que aún no hemos visto es una fantasía, es querer escapar de una realidad desagradable que nos muestra que los dolores del parto de la república socialista en otros países serán indudablemente mucho mayores que los que hemos sufrido nosotros. A nosotros nos ha sido fácil porque legalizamos el 26 de octubre de 1917 lo que exigían los campesinos en las resoluciones de los eseristas. Eso no sucede en ningún otro país. El camarada suizo y el camarada alemán han dicho que los campesinos se armaron contra los huelguistas en Suiza como nunca, y que en el campo alemán no se nota vientecillo libre alguno en el sentido del surgimiento de Soviets de obreros agrícolas y pequeños campesinos. En Rusia, tras los primeros meses de revolución, los Soviets de diputados campesinos se extendieron a casi todo el país. Nosotros, un país atrasado, los hemos creado. Aquí se plantea un problema gigantesco que los pueblos capitalistas aún no han resuelto. ¿Y qué nación capitalista ejemplar hemos sido nosotros? Hasta 1917 aún teníamos supervivencias del régimen de la servidumbre. Pero ninguna nación de estructura capitalista ha mostrado aún cómo se resuelve esta cuestión en la práctica. Nosotros conquistamos el poder en condiciones excepcionales, cuando la opresión del zarismo obligó a realizar con gran ímpetu una transformación radical y rápida, y, en esas condiciones excepcionales, supimos apoyarnos durante varios meses en el conjunto de todos los campesinos. Este es un hecho histórico. Nos mantuvimos como poder no menos que hasta el verano de 1918, hasta la formación de los comités de campesinos pobres, porque nos apoyamos en el conjunto de todos los campesinos. En ningún país capitalista es posible eso. Este hecho económico fundamental es el que olvidáis cuando habláis de rehacer radicalmente todo el programa. Sin eso, vuestro programa no descansará sobre cimientos científicos.

p Estamos obligados a partir de la tesis marxista, por todos 186 admitida, de que el programa debe erigirse sobre cimientos científicos. Debe explicar a las masas cómo surgió la revolución comunista, por qué es inevitable, cuál es su importancia, su esencia y su fuerza, qué problemas debe resolver. Nuestro programa debe ser un prontuario para la agitación, un prontuario como fueron todos los programas, como fue, por ejemplo, el Programa de Erfurt^^94^^. Cada apartado de este programa contenía centenares de miles de discursos y artículos de agitadores. Cada apartado de nuestro programa es lo que debe saber, aprender y entender todo trabajador. Si no entiende qué es el capitalismo, que los pequeños campesinos y las industrias de oficio engendran inevitable y obligatoriamente ese capitalismo sin cesar; si no comprende eso, aunque se declare cien veces comunista y figure como comunista de lo más radical, ese comunismo no valdrá nada. Nosotros apreciamos el comunismo sólo cuando tiene argumentación económica.

p La revolución socialista modificará muchísimas cosas incluso en algunos países adelantados. El modo de producción capitalista sigue existiendo en todo el mundo, conservando a menudo sus formas menos desarrolladas, a pesar de que el imperialismo ha reunido y concentrado el capital financiero. En ningún país, ni siquiera en el más desarrollado, se puede encontrar el capitalismo exclusivamente en su forma más perfecta. No hay nada parecido ni siquiera en Alemania. Cuando nosotros reuníamos datos relativos a nuestras tareas concretas, el camarada gerente del Buró Central de Estadística me participó que, en Alemania, el campesino alemán había ocultado a los órganos de abastos el 40% de sus excedentes de patata. En un Estado capitalista, en el que el capitalismo se encuentra en pleno desarrollo, siguen existiendo pequeñas haciendas campesinas con pequeña venta libre, con pequeña especulación. Tales hechos no se pueden olvidar. ¿Habrá muchos entre los trescientos mil miembros del partido aquí representados que entiendan bien esta cuestión? Sería ridicula presunción creer que, como nosotros, que hemos tenido la dicha de escribir el proyecto, sabemos todo eso, la masa de comunistas también lo ha comprendido. Sí, las masas necesitan estas primeras letras, las necesitan cien veces más que nosotros, pues no podrán construir el comunismo quienes no hayan aprendido, quienes no hayan llegado a comprender qué es el comunismo y qué la economía mercantil. Tropezamos cada día con estos hechos de pequeña economía mercantil en toda cuestión de política práctica, agraria, de abastecimiento o relativa al Consejo Supremo de Economía Nacional. ¡Y se nos dice que de eso no se debe hablar en el programa! Si obráramos así demostraríamos únicamente que no sabemos resolver esta cuestión, que el éxito de la revolución en nuestro país se explica por unas condiciones excepcionales.

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p A nuestro país vienen camaradas de Alemania para aprender las formas del régimen socialista. Y debemos proceder de manera que demostremos a los camaradas extranjeros nuestro vigor, a fin de que vean que en nuestra revolución no nos apartamos un ápice de la realidad, a fin de ofrecerles datos que serán irrefutables para ellos. Sería ridículo presentar nuestra revolución como un ideal para todos los países, imaginarse que ha hecho toda una serie de geniales descubrimientos e introducido un montón de innovaciones socialistas. No se lo he oído decir a nadie y afirmo que no se lo oiremos decir a nadie. Tenemos experiencia práctica de dar los primeros pasos para destruir el capitalismo en un país en el que existe una relación especial entre el proletariado y los campesinos. Nada más. Si vamos a inflarnos y presumir como la rana, haremos reír a todo el mundo, seremos unos simples jactanciosos.

p Hemos educado al partido del proletariado con un programa marxista, y de la misma manera debemos educar a las decenas de millones de trabajadores que tenemos. Nos hemos reunido como dirigentes ideológicos, y debemos decir a las masas: "Hemos educado al proletariado y hemos partido siempre y ante todo del análisis económico exacto”. No es ésa la misión del manifiesto. El Manifiesto de la III Internacional es un llamamiento, una proclama, un toque de atención a lo que se nos plantea, una apelación a los sentimientos de las masas. Procurad demostrar científicamente que tenéis una base económica y que no hacéis castillos en el aire. Si no podéis demostrarlo, no os pongáis a redactar un programa. Y para demostrarlo, no podemos obrar de otra manera que revisando lo que hemos vivido durante quince años. Si hace quince años dijimos que íbamos a la futura revolución social, y ahora hemos llegado a ella, ¿acaso nos debilita eso? Eso nos fortalece y da vigor. Todo se reduce a que el capitalismo pasa al imperialismo, y el imperialismo lleva al comienzo de la revolución socialista. Esto es aburrido y largo, y ningún país capitalista ha terminado aún ese proceso. Pero señalarlo en el programa es necesario.

p Por eso, las objeciones teóricas que se han hecho están por debajo de toda crítica. No dudo que si ponemos a trabajar durante tres o cuatro horas diarias, en el curso de un mes, de diez a veinte literatos duchos en la exposición de sus ideas, redactarían un programa mejor, más completo. Pero exigir que eso se haga en uno o dos días, como ha dicho el camarada Podbelski, mueve a risa. No hemos trabajado uno o dos días, y ni siquiera dos semanas. Repito; si se pudiera elegir para un mes una comisión de treinta personas y ponerlas a trabajar varias horas al día, sin que, además, les molestaran las llamadas telefónicas, no cabe duda que sacarían un programa cinco veces mejor. Pero aquí nadie ha impugnado la 188 esencia de la cuestión. Un programa que no hable de las bases de la economía mercantil ni del capitalismo no será un programa marxista internacional. Para que sea internacional, no basta aún con que proclame la República Soviética mundial o la supresión de las naciones, como ha declarado el camarada Piatakov: no hacen falta naciones algunas, lo que se necesita es la agrupación de todos los proletarios. Claro está que eso es algo maravilloso, y se llegará a ello, pero en otra fase, muy distinta, del desarrollo comunista. El camarada Piatakov dice con ostensible superioridad: "En 1917 erais atrasados, y ahora habéis avanzado”. Hemos avanzado cuando hemos puesto en el programa lo que ha empezado a corresponder a la realidad. Cuando hemos dicho que las naciones avanzan de la democracia burguesa al poder proletario, hemos expresado lo que existe; y en 1917 eso era lo que se deseaba.

p Cuando entre los espartaquistas y nosotros exista la plena confianza de camaradas que se precisa para el comunismo único, la confianza de camaradas que nace cada día y tal vez se alcance dentro de varios meses, entonces se estampará en el programa. Pero mientras eso no exista, proclamarlo significa tirar de los espartaquistas para llevarlos a lo que ellos aún no ven por propia experiencia. Hemos dicho que el tipo soviético ha adquirido importancia internacional. El camarada Bujarin ha mencionado los comités de delegados de fábrica ingleses. No son lo mismo que los Soviets. Crecen, pero aún están en desarrollo intrauterino. Cuando salgan a la luz, ya veremos. Pero decir que nosotros regalamos los Soviets rusos a los obreros ingleses está por debajo de toda crítica.

p Debo detenerme a continuación en la autodeterminación de las naciones. Nuestra crítica ha concedido a este problema una importancia exagerada. La debilidad de nuestra crítica se ha dejado notar en este caso en que ha concedido especial importancia a este problema, que, en el fondo, desempeña un papel menos que secundario en la estructura del programa, en la suma general de reivindicaciones programáticas.

p Cuando el camarada Piatakov habló, yo me quedé pasmado, sin saber si exponía razonamientos acerca del programa o se trataba de una disputa de dos burós para problemas de organización. Cuando el camarada Piatakov dijo que los comunistas ucranios actuaban según las directrices del CC del PC(b) de Rusia, no comprendí con qué tono lo decía. ¿Con tono de lástima? No sospecho eso del camarada Piatakov, pero el sentido de su discurso fue así: ¡Qué falta hacen todas esas autodeterminaciones cuando hay un magnífico Comité Central en Moscú! Este es un punto de vista infantil. Ucrania estaba separada de Rusia por condiciones excepcionales, y el movimiento nacional no echó allí hondas raíces. Los alemanes 189 terminaron con él en lo que se manifestó. Este es un hecho excepcional. Hasta con el lenguaje está planteada la cuestión de manera que no se sabe si el ucranio es una lengua de masas o no. Las masas trabajadoras de otras naciones desconfiaban por completo de los rusos, como nación dominante y opresora. Esto es un hecho. El representante finlandés me contó que entre la burguesía de su país, que odiaba a los rusos, se oyen voces que dicen: "Los alemanes han resultado una fiera mayor, la Entente también ha resultado una fiera mayor, preferimos a los bolcheviques”. He aquí la inmensa victoria que hemos obtenido sobre la burguesía finesa en el problema nacional. Esto en absoluto nos impedirá combatirla como enemigo de clase, escogiendo para ello los medios convenientes. La República Soviética, constituida en un país cuyo zarismo oprimía a Finlandia, debe decir que respeta el derecho de las naciones a la independencia. Concertamos un tratado con el Gobierno finlandés rojo de breve existencia y le hicimos ciertas concesiones territoriales, por las que he oído muchas objeciones netamente patrioteras: "Allí hay buenas pesquerías, y las habéis entregado”. Son estas objeciones del tipo de las que dije: escarba a algún que otro comunista y hallarás a un patriotero ruso.

p Creo que este ejemplo relativo a Finlandia, lo mismo que el referente a los bashkires, prueba que en el problema nacional no se puede razonar afirmando que hace falta a toda costa la unidad económica. ¡Pues claro que hace falta! Pero debemos lograrla mediante la propaganda, la agitación, la unión voluntaria. Los bashkires desconfían de los rusos porque éstos tienen más cultura y aprovecharon esa cultura suya para expoliarlos. Por eso, en los apartados lugares de los bashkires, el vocablo “ruso” significa para ellos “opresor”, "truhán”. Esto hay que tenerlo en cuenta y combatirlo. Es un fenómeno muy duradero. No se anula con ningún decreto. Hemos de ser muy prudentes con eso. Se necesita singular prudencia por parte de una nación como la rusa, que ha despertado en todas las otras naciones un odio rabioso contra ella, y sólo ahora hemos aprendido a corregirlo, y aun así mal. Tenemos, por ejemplo, en el Comisariado de Instrucción Pública o cerca de él a comunistas que dicen: la escuela es única, ¡por tanto, no os atreváis a enseñar en otra lengua que no sea la rusa! Soy de la opinión de que semejante comunista es un patriotero ruso. Lo llevamos en la sangre muchos de nosotros y debemos combatirlo.

p Por eso debemos decir a otras naciones que somos internacionalistas hasta el fin y aspiramos a la unión voluntaria de los obreros y campesinos de todas las naciones. Eso en modo alguno excluye las guerras. La guerra es otra cuestión que dimana de la esencia del imperialismo. Si peleamos contra Wilson, y Wilson convierte a una 190 nación pequeña en instrumento suyo, diremos que combatimos contra ese instrumento. Jamás hemos impugnado eso. Jamás hemos dicho que la república socialista pueda existir sin fuerza militar. En determinadas condiciones, la guerra puede ser una necesidad. Y ahora, en el problema de la autodeterminación de las naciones, el meollo está en que diversas naciones marchan por el mismo derrotero histórico, pero haciendo muchísimos zigzags y pisando otros senderos, y en que las naciones más cultas van a ciencia cierta de otra manera que las menos cultas. Finlandia ha ido de otra manera. Alemania va de otra manera. El camarada Piatakov tiene mil veces razón cuando afirma que necesitamos la unidad. Pero hay que luchar por ella con la propaganda, con la influencia del partido, creando sindicatos únicos. Sin embargo, tampoco en esto se puede proceder siguiendo un mismo patrón. Si suprimiéramos este punto o lo redactáramos de otra manera, tacharíamos el problema nacional del programa. Se podría hacer eso si hubiera gente sin peculiaridades nacionales. Pero esa gente no existe, y en modo alguno podemos construir de otra manera la sociedad socialista.

Camaradas, creo que el programa propuesto aquí se debe tomar como base, pasarlo a la comisión, completar ésta con representantes de la oposición, mejor dicho, con los camaradas que han presentado aquí propuestas prácticas, y retirar de ella: 1) las enmiendas enumeradas del proyecto y 2) las objeciones teóricas que no pueden dar pie a acuerdos. Creo que éste será el planteamiento más práctico de la cuestión que nos dará una solución acertada y de lo más rápida. (Aplausos.)

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Notes