DE LA INTERNACIONAL COMUNISTA^^73^^
2-6 DE MARZO DE 1919
TESIS E INFORME SOBRE
LA DEMOCRACIA BURGUESA
Y LA DICTADURA DEL PROLETARIADO,
PRESENTADOS EL 4 DE MARZO
p 1. El desarrollo del movimiento revolucionario del proletariado en todos los países ha originado forcejeos convulsivos entre la burguesía y sus agentes en las organizaciones obreras para hallar argumentos ideológicos y políticos en defensa de la dominación de los explotadores. Entre esos argumentos se esgrime sobre todo la condena de la dictadura y la defensa de la democracia. La falsedad y la hipocresía de este argumento, repetido de mil maneras en la prensa capitalista y en la Conferencia de la Internacional amarilla de Berna^^74^^, celebrada en febrero de 1919, son evidentes para todos los que no quieren hacer traición a los principios fundamentales del socialismo.
p 2. Ese argumento opera ante todo con los conceptos de "democracia en general" y "dictadura en general”, sin mencionar siquiera la clase de que se trata. Ese planteamiento del problema al margen de las clases o por encima de las clases, hecho presuntamente desde el punto de vista de todo el pueblo, es un escarnio directo de la teoría principal del socialismo, a saber, de la teoría de la lucha entre las clases, teoría que reconocen de palabra y olvidan en la práctica los socialistas que se han pasado al lado de la burguesía. Pues en ningún país capitalista civilizado existe "democracia en general”, sino únicamente democracia burguesa, y de lo que se trata no es de la "dictadura en general”, sino de la dictadura de la clase oprimida, es decir, del proletariado, sobre los opresores y los explotadores, es decir, sobre la burguesía, con el fin de vencer la resistencia que los explotadores oponen en la lucha por su dominación.
p 3. La historia enseña que ninguna clase oprimida llegó ni pudo llegar a dominar sin un período de dictadura, es decir, sin conquistar 146 el poder político y aplastar por la fuerza la resistencia más desesperada y más rabiosa que, sin detenerse ante ningún crimen, siempre han opuesto los explotadores. La burguesía, cuya dominación defienden hoy los socialistas, al impugnar la "dictadura en general" y desgañitarse abogando en pro de la "democracia en general”, conquistó el poder en los países adelantados mediante una serie de insurrecciones y guerras civiles, aplastando por la violencia a los reyes, a los señores feudales, a los esclavistas y sus tentativas de restauración. En sus libros y folletos, en las resoluciones de sus congresos y en sus discursos de agitación, los socialistas de todos los países han explicado miles y millones de veces al pueblo el carácter de clase de esas revoluciones burguesas, de esa dictadura burguesa. Por eso, la defensa encubierta que hoy hacen de la democracia burguesa con sus discursos sobre la "democracia en general" y los alaridos y voces que hoy lanzan contra la dictadura del proletariado, haciendo creer que van dirigidos contra la "dictadura en general”, son una franca traición al socialismo, el paso virtual al lado de la burguesía, la negación del derecho del proletariado a su revolución, a la revolución proletaria, la defensa del reformismo burgués en un período histórico en el que dicho reformismo ha fracasado en todo el mundo y en que la guerra ha creado una situación revolucionaria.
p 4. Al explicar el carácter de clase de la civilización burguesa, de la democracia burguesa, del parlamentarismo burgués, todos los socialistas han expresado la idea formulada con la máxima precisión científica por Marx y Engels cuando dijeron que la república burguesa, aun la más democrática, no es más que una máquina para la opresión de la clase obrera por la burguesía, de la masa de los trabajadores por un puñado de capitalistas^^75^^. No hay ni un solo revolucionario, ni un solo marxista de los que hoy vociferan contra la dictadura y claman a favor de la democracia que no haya jurado y perjurado ante los obreros que reconoce esa máxima fundamental del socialismo; pero ahora, cuando el proletariado revolucionario empieza a agitarse y a ponerse en movimiento para destruir esa máquina de opresión y para conquistar la dictadura proletaria, esos traidores al socialismo presentan las cosas como si la burguesía hubiera ofrendado a los trabajadores la "democracia pura”, como si la burguesía hubiera renunciado a la resistencia y estuviese dispuesta a someterse a la mayoría de los trabajadores, como si en la república democrática no hubiera habido y no hubiese máquina estatal alguna para la opresión del trabajo por el capital.
p 5. La Comuna de París, honrada de palabra por cuantos se las dan de socialistas, porque saben que las masas obreras simpatizan con ella ardiente y sinceramente, mostró con particular evidencia el convencionalismo histórico y el valor limitado del parlamentarismo 147 burgués y de la democracia burguesa, instituciones progresistas en alto grado en comparación con el medievo, pero que exigen de manera indefectible un cambio radical en la época de la revolución proletaria. Precisamente Marx, que aquilató mejor que nadie la trascendencia histórica de la Comuna, mostró, al analizarla, el carácter explotador de la democracia burguesa y del parlamentarismo burgués, bajo los cuales las clases oprimidas obtienen el derecho a decidir una vez en varios años qué miembros de las clases poseedoras han de "representar y aplastar" (ver- una zertreterí) al pueblo en el Parlamento^^76^^. Justamente ahora, cuando el movimiento soviético, que se extiende a todo el mundo, lleva adelante a la vista de todos la causa de la Comuna, los traidores al socialismo olvidan la experiencia concreta y las enseñanzas concretas de la Comuna de París, repitiendo la vieja cantilena burguesa de la "democracia en general”. La Comuna fue una institución no parlamentaria.
p 6. La importancia de la Comuna consiste, además, en que intentó destruir, demoler hasta los cimientos la máquina del Estado burgués, los cuerpos burocrático, judicial, militar y policíaco, sustituyéndolos con una autogestión de las masas obreras desconocedora de la división entre el poder legislativo y el ejecutivo. Todas las repúblicas democráticas burguesas contemporáneas, incluida la alemana, denominada por los traidores al socialismo, haciendo burla de la verdad, república proletaria, conservan esa máquina estatal. Por tanto, se confirma una y otra vez con toda evidencia que los gritos en defensa de la "democracia en general" son de hecho defensa de la burguesía y de sus privilegios de explotadora.
p 7. La "libertad de reunión" puede ser tomada como modelo de las reivindicaciones de la "democracia pura”. Todo obrero consciente que no haya roto con su clase comprenderá en seguida que sería absurdo prometer la libertad de reunión a los explotadores en un período y en una situación en que ellos se resisten a su derrocamiento y defienden sus privilegios. Ni en la Inglaterra de 1649 ni en la Francia de 1793 dio la burguesía, cuando era revolucionaria, "libertad de reunión" a los monárquicos y a los nobles, que llamaban en su ayuda a tropas extranjeras y "se reunían" para organizar intentonas de restauración. Si la burguesía de hoy, reaccionaria ya desde hace mucho tiempt), exige del proletariado que garantice de antemano la "libertad de reunión" para los explotadores, a despecho de la resistencia que los capitalistas opongan a su expropiación, los obreros no podrán sino reírse del fariseísmo de la burguesía.
p Por otra parte, los obreros saben perfectamente que la "libertad de reunión" es, incluso en la república burguesa más democrática, una frase vacía, ya que los ricos tienen a su disposición todos los mejores locales públicos y privados, así como suficiente tiempo libre 148 para sus reuniones y la protección de éstas por las autoridades burguesas. Los proletarios de la ciudad y el campo, así como los pequeños campesinos, es decir, la mayoría gigantesca de la población, no cuentan ni con lo primero, ni con lo segundo, ni con lo tercero. Mientras las cosas marchen así, la “igualdad”, es decir, la "democracia pura" es un engaño. Para conquistar la verdadera igualdad, para que haya democracia de verdad para los trabajadores es preciso quitar primero a los explotadores todos los locales públicos y sus lujosas mansiones, hay que dar primero asueto a los trabajadores, hace falta que la libertad de sus reuniones esté protegida por obreros armados, y no por señoritos de la nobleza ni hijos de capitalistas con graduación militar al mando de soldados embrutecidos.
p Sólo después de tal cambio se podrá hablar de libertad de reunión e igualdad sin mofarse de los obreros, de los trabajadores, de los pobres. Pero ese cambio sólo puede realizarlo la vanguardia de los trabajadores, el proletariado, que derroca a los explotadores, a la burguesía.
p 8. La "libertad de imprenta" es asimismo una de las principales consignas de la "democracia pura”. Y de nuevo son los obreros quienes saben, y los socialistas de todos los países lo han reconocido millones de veces, que esa libertad será un engaño mientras las mejores imprentas y las mayores reservas de papel se hallen en manos de los capitalistas y mientras exista el poder del capital sobre la prensa, poder que se manifiesta en todo el mundo con tanta mayor claridad, nitidez y cinismo cuanto más desarrollados estén la democracia y el régimen republicano, como ocurre, por ejemplo, en Norteamérica. A fin de conquistar la igualdad efectiva y la verdadera democracia para los trabajadores, para los obreros y los campesinos, hay que quitar primero al capital la posibilidad de contratar a escritores, comprar editoriales y sobornar periódicos, y para ello es necesario derrocar el yugo del capital, derrocar a los explotadores y aplastar su resistencia. Los capitalistas siempre han llamado " libertad" a la libertad de lucro para los ricos, a la libertad de morirse de hambre para los obreros. Los capitalistas llaman libertad de imprenta a la libertad de soborno de la prensa por los ricos, a la libertad de utilizar la riqueza para fabricar y falsear la llamada opinión pública. Los defensores de la "democracia pura" vuelven a manifestarse prácticamente en este caso como defensores del más inmundo y venal sistema de dominio de los ricos sobre los medios de ilustración de las masas, resultan ser burladores del pueblo que lo distraen con frases plausibles, bellas y falsas de cabo a rabo de la histórica tarea concreta de librar a la prensa del yugo del capital. Libertad e igualdad verdaderas serán el orden de cosas que están instaurando 149 los comunistas, y en él será imposible enriquecerse a costa de otros, no habrá posibilidad objetiva de someter directa o indirectamente la prensa al poder del dinero, no habrá obstáculo para que cada trabajador (o grupo de trabajadores, sea cual fuere su número) posea y ejerza el derecho igual de utilizar las imprentas y el papel, que pertenecerán a la sociedad.
p 9. La historia de los siglos XIX y XX nos mostró ya antes de la guerra qué es de hecho la cacareada "democracia pura" bajo el capitalismo. Los marxistas han dicho siempre que cuanto más desarrollada y más “pura” es la democracia, tanto más descubierta, enconada e implacable se hace la lucha de las clases, con tanta mayor “pureza” oprimen el yugo del capital y la dictadura de la burguesía. El caso Dreyfus en la Francia republicana, las sangrientas represalias de los destacamentos mercenarios, armados por los capitalistas, contra los huelguistas en la libre y democrática república de Norteamérica son hechos que, como miles de otros análogos, exhiben la verdad que la burguesía trata en vano de ocultar, o sea, que en las repúblicas más democráticas imperan en la práctica el terror y la dictadura de la burguesía, que se manifiestan abiertamente toda vez que a los explotadores empieza a parecerles ver tambalearse el poder del capital.
p 10. La guerra imperialista de 1914-1918 ha revelado definitivamente hasta a los obreros atrasados el verdadero carácter de la democracia burguesa, que es, hasta en las repúblicas más libres, una dictadura de la burguesía. En aras del enriquecimiento del grupo alemán o inglés de millonarios y multimillonarios perecieron decenas de millones de hombres, y en las repúblicas más libres se instauró la dictadura militar de la burguesía. Esta dictadura militar sigue en pie en los países de la Entente incluso después de la derrota de Alemania. Precisamente la guerra es lo que más ha abierto los ojos a los trabajadores, ha arrancado las falsas flores a la democracia burguesa y ha mostrado al pueblo cuan hondo ha sido el abismo de la especulación y el lucro durante la guerra y con motivo de la guerra. La burguesía hizo esa guerra en nombre de "la libertad y la igualdad”, y en el mismo nombre de "la libertad y la igualdad" han amasado riquezas inauditas los mercaderes de la guerra. Ningún esfuerzo de la Internacional amarilla de Berna podrá ocultar a las masas el carácter explotador, hoy definitivamente desenmascarado, de la libertad burguesa, de la igualdad burguesa, de la democracia burguesa.
p 11. En Alemania, el país capitalista más desarrollado del continente europeo, los primeros meses de plena libertad republicana, traída por la derrota de la Alemania imperialista, han mostrado a los obreros alemanes y a todo el mundo cuál es la verdadera esencia 150 de clase de la república democrática burguesa. El asesinato de Carlos Liebknecht y Rosa Luxemburgo es un acontecimiento de importancia histórica mundial no sólo porque han perecido trágicamente los dos jefes mejores y brillantísimas personalidades de la Internacional Comunista, Internacional verdaderamente proletaria, sino también porque se ha descubierto hasta el fin la esencia de clase de un Estado adelantado de Europa, de un Estado—puede afirmarse sin temor a exagerar—adelantado a escala mundial. El hecho de que unos detenidos, es decir, gente que el poder del Estado toma bajo su custodia, hayan podido ser asesinados impunemente por militares y capitalistas, siendo el gobierno de los socialpatriotas, tiene por consecuencia que la república democrática en que ha sido posible tal cosa es una dictadura de la burguesía. La gente que expresa su indignación por el asesinato de Carlos Liebknecht y Rosa Luxemburgo, pero no comprende esa verdad, descubre con ello su torpeza o su hipocresía. La “libertad” en una de las repúblicas más libres y adelantadas del mundo, en la república alemana, es la libertad de asesinar impunemente a los jefes del proletariado detenidos. Y no puede ser de otro modo mientras subsista el capitalismo, pues el desarrollo de la democracia no embota, sino que agudiza la lucha de las clases, la cual ha alcanzado, en virtud de todos los resultados e influjos de la guerra y sus consecuencias, el punto de ebullición.
p Hoy se deporta, persigue y encarcela a los bolcheviques en todo el mundo, como ha ocurrido en Suiza, una de las repúblicas burguesas más libres, en Norteamérica, donde se organizan pogromos contra ellos, etc. Desde el punto de vista de la "democracia en general" o de la "democracia pura”, es verdaderamente ridículo que países adelantados, civilizados, democráticos, armados hasta los dientes, teman la presencia en ellos de un puñado de personas de la atrasada, hambrienta y arruinada Rusia, tildada de salvaje, criminal, etc. en las decenas de millones de ejemplares de los periódicos burgueses. Está claro que la situación social que ha podido dar lugar a tan flagrante contradicción es, de hecho, la dictadura de la burguesía.
p 12. Con tal estado de cosas, la dictadura del proletariado es no sólo legítima por completo como medio para derrocar a los explotadores y aplastar su resistencia, sino también absolutamente necesaria para toda la masa trabajadora como única defensa contra la dictadura de la burguesía, que ha llevado a la guerra y está gestando nuevas contiendas.
p Lo principal que no comprenden los socialistas y constituye su miopía teórica, su cautiverio de los prejuicios burgueses y su traición política al proletariado es que, en la sociedad capitalista, cuando la lucha de clases implícita en ella se encona de manera algo seria, no puede haber por medio nada que no sea la dictadura de la burguesía 151 o la dictadura del proletariado. Todo sueño en una tercera solución es un reaccionario gimoteo de pequeño burgués. Así lo evidencian tanto la experiencia de más de cien años de desarrollo de la democracia burguesa y del movimiento obrero en todos los países adelantados como, particularmente, la experiencia del último lustro. Así lo testifica también toda la ciencia de la economía política, todo el contenido del marxismo, que pone en claro la indefectibilidad económica de la dictadura de la burguesía en toda economía mercantil, dictadura que nadie puede sustituir excepto la clase que está siendo desarrollada, multiplicada, agrupada y fortalecida por el propio desarrollo del capitalismo, es decir, la clase de los proletarios.
p 13. Otro error teórico y político de los socialistas consiste en que no comprenden que las formas de la democracia han ido cambiando inevitablemente en el transcurso de los milenios, empezando por sus gérmenes en la antigüedad, a medida que una clase dominante iba siendo sustituida por otra. En las antiguas repúblicas de Grecia, en las ciudades del medievo, en los países capitalistas adelantados la democracia presenta distintas formas y se aplica en grado distinto. Sería una solemne necedad creer que la revolución más profunda de la historia de la humanidad, el paso del poder de manos de la minoría explotadora a manos de la mayoría explotada—paso que se registra por primera vez en el mundo—puede producirse en el viejo marco de la vieja democracia burguesa, parlamentaria, sin los cambios más radicales, sin crear nuevas formas de democracia, nuevas instituciones que materialicen las nuevas condiciones de su aplicación, etc.
p 14. Lo que tiene de común la dictadura del proletariado con la dictadura de las otras clases es que está motivada, como cualquier otra dictadura, por la necesidad de aplastar a viva fuerza la resistencia de la clase que pierde la dominación política. La diferencia radical entre la dictadura del proletariado y la dictadura de las otras clases—la dictadura de los terratenientes en la Edad Media, la dictadura de la burguesía en todos los países capitalistas civilizados—consiste en que la dictadura de los terratenientes y la burguesía ha sido el aplastamiento por la violencia de la resistencia de la inmensa mayoría de la población, concretamente de los trabajadores. La dictadura del proletariado, por el contrario, es el aplastamiento por la violencia de la resistencia que ofrecen los explotadores, es decir, la minoría ínfima de la población, los terratenientes y los capitalistas.
p De ahí dimana, a su vez, que la dictadura del proletariado no sólo debía acarrear inevitablemente un cambio de las formas y las instituciones de la democracia, hablando en general, sino precisamente un cambio que diese una extensión aún no vista en el mundo 152 al goce efectivo de la democracia por los hombres que el capitalismo oprimiera, por las clases trabajadoras.
p En efecto, esa forma de la dictadura del proletariado que ha sido forjada ya en la práctica—el Poder soviético en Rusia, el Rnte-System en Alemania, los Shop Stewards Committees^^77^^ y otras instituciones análogas a los Soviets en otros países—significa y es precisamente para las clases trabajadoras, o sea, para la inmensa mayoría de la población, una posibilidad efectiva, real, de gozar de las libertades y los derechos democráticos, posibilidad que nunca existió, ni siquiera aproximadamente, en las repúblicas burguesas mejores y más democráticas.
p La esencia del Poder soviético consiste en que la base permanente y única de toda la potestad, de toda la máquina del Estado es la organización masiva precisamente de las clases oprimidas antes por el capitalismo, es decir, de los obreros y los semiproletarios (los campesinos que no explotan trabajo ajeno y que recurren constantemente a la venta, aunque sólo sea en parte, de su fuerza de trabajo). Precisamente las masas que, aun siendo iguales en derechos ante la ley, hasta en las repúblicas burguesas más democráticas, se han visto apartadas, en realidad, por medio de mil procedimientos y artimañas, de la participación en la vida política y del goce de los derechos y libertades democráticos, son hoy las que tienen necesariamente una participación constante y, además, decisiva en la dirección democrática del Estado.
p 15. La igualdad de los ciudadanos, independientemente de su sexo, religión, raza y nacionalidad, que la democracia burguesa ha" prometido siempre y en todas partes, pero que no ha dado en ningún sitio ni ha podido dar, debido a la dominación del capitalismo, la otorga en el acto y por completo el Poder soviético, o sea, la dictadura del proletariado, pues eso puede hacerlo únicamente el poder de los obreros, que no están interesados en la propiedad privada de los medios de producción ni en la lucha por repartirlos una y otra vez.
p 16. La vieja democracia, es decir, la democracia burguesa, y el parlamentarismo estaban organizados de manera que fueran precisamente las masas trabajadoras las que se vieran más apartadas que nadie del gobierno. El Poder soviético, es decir, la dictadura del proletariado, está, por el contrario, organizada de manera que aproxima las masas trabajadoras al gobierno. El mismo fin persigue la unión del poder legislativo y el poder ejecutivo en la organización soviética del Estado y la sustitución de las circunscripciones electorales territoriales por las entidades de producción, como son las fábricas.
p 17. El ejército ha sido un cuerpo de opresión no sólo en las 153 monarquías. Sigue siendo lo mismo en todas las repúblicas burguesas, incluso en las más democráticas. Sólo el Poder soviético, organización estatal permanente de las mismas clases oprimidas antes por el capitalismo, está en condiciones de acabar con la subordinación del ejército al mando burgués y de fundir en realidad al proletariado con el ejército, de llevar efectivamente a cabo el armamento del proletariado y el desarme de la burguesía, sin lo que es imposible la victoria del socialismo.
p 18. La organización soviética del Estado está adaptada al papel dirigente del proletariado, la clase más concentrada e ilustrada por el capitalismo. La experiencia de todas las revoluciones y de todos los movimientos de las clases oprimidas, así como la experiencia del movimiento socialista mundial, nos enseñan que sólo el proletariado es capaz de reunir y llevar en pos de sí a los sectores dispersos y atrasados de la población.trabajadora y explotada.
p 19. Sólo la organización soviética del Estado puede en realidad demoler de golpe y destruir definitivamente la vieja máquina, es decir, la máquina burocrática y judicial burguesa que se ha mantenido y debía inevitablemente mantenerse bajo el capitalismo, incluso en las repúblicas más democráticas, siendo, en efecto, la mayor traba que se podía poner a la democracia para los obreros y los trabajadores. La Comuna de París dio el primer paso de importancia histórica mundial por ese camino; y el Poder soviético, el segundo.
p 20. La destrucción del poder del Estado es un fin que se plantearon todos los socialistas, entre ellos, y a la cabeza de ellos, Marx. La verdadera democracia, es decir, la igualdad y la libertad, es irrealizable si no se alcanza ese fin. Pero a él sólo lleva prácticamente la democracia soviética, o proletaria, pues, al hacer que las organizaciones de masas de los trabajadores participen con carácter permanente e ineludible en la gestión pública, empieza a preparar en seguida la extinción completa de todo Estado.
p 21. La bancarrota absoluta de los socialistas que se han reunido en Berna, su absoluta incomprensión de la nueva democracia, es decir, de la democracia proletaria, se ve sobre todo en lo que sigue. El 10 de febrero de 1919, Branting clausuró en Berna la Conferencia de la Internacional amarilla. El 11 de febrero del mismo año, Die Freiheit^^78^^, periódico que editan en Berlín los adeptos de dicha Internacional, publicó un llamamiento del partido de los " independientes" 7fl al proletariado. En este llamamiento se reconoce el carácter burgués del gobierno Scheidemann, se reprocha a éste el deseo de anular los Soviets, a los que se llama Trager una Schützer der Revolution—portadores y defensores de la revolución—y se propone legalizar los Soviets, concederles derechos estatales y el de 154 suspender las decisiones de la Asamblea nacional, sometiendo los asuntos públicos a votación de todo el pueblo.
p Esa propuesta es la plena bancarrota ideológica de los teóricos que defendían la democracia y no comprendían su carácter burgués. La ridicula tentativa de unir el sistema de los Soviets, es decir, la dictadura del proletariado, con la Asamblea Nacional, o sea, la dictadura de la burguesía, desenmascara por completo la indigencia mental de los socialistas y los socialdemócratas amarillos, su carácter político reaccionario, propio de pequeños burgueses, y sus cobardes concesiones a la fuerza, en crecimiento incontenible, de la nueva democracia, de la democracia proletaria.
p 22. Al condenar el bolchevismo, la mayoría de la Internacional amarilla de Berna, que no se ha atrevido a votar formalmente la correspondiente resolución por miedo a las masas obreras, ha procedido con acierto desde el punto de vista de clase. Precisamente esta mayoría se solidariza por entero con los mencheviques y los socialistas-revolucionarios rusos y con los Scheidemann en Alemania. Cuando los mencheviques y los socialistas-revolucionarios rusos se quejan de que los bolcheviques los persiguen, intentan ocultar que eso ocurre porque participan en la guerra civil al lado de la burguesía, contra el proletariado. De la misma manera, los Scheidemann y su partido han demostrado ya en Alemania que participan lo mismo en la guerra civil al lado de la burguesía, contra los obreros.
p Es completamente natural, por ello, que la mayoría de los hombres de la Internacional amarilla de Berna se haya pronunciado en pro de condenar a los bolcheviques. Eso no ha sido una defensa de la "democracia pura”, sino la autodefensa de gentes que saben y perciben que en la guerra civil están al lado de la burguesía, en contra del proletariado.
p Por eso, desde el punto de vista de clase, no puede menos de tenerse por acertada la decisión de la mayoría de la Internacional amarilla. El proletariado debe mirar sin temor cara a cara a la verdad y sacar de ello todas las conclusiones políticas pertinentes.
p Camaradas, quisiera añadir algo más a los dos últimos puntos. Creo que los camaradas que deben informarnos de la Conferencia de Berna nos hablarán de ello con mayor detalle.
p En toda la Conferencia de Berna no se ha dicho ni una sola palabra sobre la importancia del Poder soviético. En Rusia llevamos ya dos años discutiendo esta cuestión. En la conferencia del partido, celebrada en abril de 1917, planteamos ya en teoría y en política la cuestión "¿Qué es el Poder soviético, cuál es su contenido, en qué consiste su importancia histórica?" Llevamos casi dos años 155 discutiendo esta cuestión, y en el congreso de nuestro partido hemos adoptado una resolución sobre ello^^80^^.
p El Freiheit berlinés publicó el 11 de febrero un llamamiento al proletariado alemán, firmado no sólo por los líderes de los socialdemócratas independientes de Alemania, sino también por todos los miembros de su minoría parlamentaria. En agosto de 1918, el mayor teórico de dichos independientes, Kautsky, declaró en su folleto La dictadura del proletariado que era partidario de la democracia y de los organismos soviéticos, pero que los Soviets debían tener únicamente un carácter de gestión económica y en modo alguno debían reconocerse como organizaciones estatales. Kautsky repite lo mismo en los números de Freiheit del 11 de noviembre y del 12 de enero. El 9 de febrero apareció un artículo de Rodolfo Hilferding, también considerado gran autoridad teórica de la II Internacional. Hilferding propone unir el sistema de los Soviets con la Asamblea Nacional por vía jurídica, mediante la legislación del Estado. Eso ocurrió el 9 de febrero. El 11 del mismo mes, dicha propuesta fue aceptada por todo el partido de los independientes y publicada en forma de llamamiento.
p A pesar de que la Asamblea Nacional existe ya, incluso después de que la "democracia pura" es ya un hecho y de que los mayores teóricos de los socialdemócratas independientes han declarado que las organizaciones soviéticas no deben ser organizaciones estatales, a pesar de todo eso ¡vuelven a vacilar! Ello demuestra que, en realidad, esos señores no han comprendido nada del nuevo movimiento ni de las condiciones de su lucha. Demuestra otra cosa, además: que debe haber condiciones, causas que motiven esa vacilación. Después de todos esos acontecimientos, después de casi dos años de revolución triunfante en Rusia, cuando se nos ofrecen resoluciones como las adoptadas en la Conferencia de Berna, en las que no se dice nada de los Soviets ni de su importancia; cuando vemos que en esa conferencia ningún delegado ha dicho siquiera una palabra sobre el particular en sus discursos, podemos afirmar con sobrada razón que, como socialistas y como teóricos, todos esos señores han muerto para nosotros.
p Pero, en la práctica, desde el punto de vista de la política, eso es, camaradas, una demostración de que entre las masas se está produciendo un gran cambio, pues, de otro modo, esos independientes, que estaban en teoría y por principio contra estas organizaciones estatales, no hubieran propuesto de buenas a primeras una necedad como eso de unir “pacíficamente” la Asamblea Nacional con el sistema de los Soviets, es decir, unir la dictadura de la burguesía con la dictadura del proletariado. Somos testigos de que todos ellos están en bancarrota como socialistas y 156 como teóricos y del enorme cambio que se está produciendo en las masas. ¡Las masas atrasadas del proletariado alemán se acercan a nosotros, se han venido con nosotros! Por tanto, la importancia del Partido Socialdemócrata Independiente de Alemania, lo mejor de la Conferencia de Berna, es, desde el punto de vista de la teoría y del socialismo, igual a cero; sin embargo, continúa teniendo cierta importancia, y consiste ésta en que esos elementos vacilantes nos sirven de indicador del estado de ánimo de los sectores atrasados del proletariado. En ello reside, a mi entender, la grandísima importancia histórica de esa conferencia. Nosotros hemos visto algo parecido en nuestra revolución. Nuestros mencheviques recorrieron casi exactamente el mismo camino de desarrollo que los teóricos de los independientes en Alemania. Al principio, cuando tenían la mayoría en los Soviets, se pronunciaban por éstos. Entonces sólo se oían gritos de "¡Vivan los Soviets!”, "¡Por los Soviets!”, "¡Los Soviets son la democracia revolucionaria!" Cuando los bolcheviques conquistamos la mayoría en los Soviets, ellos entonaron otras coplas, diciendo que los Soviets no debían existir paralelamente a la Asamblea Constituyente; y distintos teóricos mencheviques hacían propuestas casi idénticas, como la de unir el sistema de los Soviets con la Asamblea Constituyente e incluirlos en la organización estatal. Esto evidencia una vez más que el curso general de la revolución proletaria es igual en todo el mundo. Primero, la formación espontánea de los Soviets; luego, su propagación y desarrollo; más tarde se plantea prácticamente la cuestión: Soviets, o Asamblea Nacional, o Asamblea Constituyente o parlamentarismo burgués; completo desconcierto entre los jefes y, por último, la revolución proletaria. Pero yo creo que después de casi dos años de revolución no debemos plantear la cuestión así, sino que debemos tomar acuerdos concretos, ya que la propagación del sistema de los Soviets es para nosotros, y sobre todo para la mayoría de los países de Europa Occidental, la más importante de las tareas.
p Quisiera citar aquí una sola resolución, la de los mencheviques. Pedí al camarada Obolenski que la tradujera al alemán. Me prometió que lo haría, pero, desgraciadamente, no está aquí. Trataré de reproducirla de memoria, pues no tengo el texto íntegro.
p A un extranjero que no haya oído nada de bolchevismo le será muy difícil hacerse una idea de nuestras cuestiones litigiosas. Todo lo que afirman los bolcheviques lo discuten los mencheviques, y viceversa. Naturalmente, en tiempos de lucha no puede ser de otro modo, por ello es de suma importancia que la última conferencia del partido de los mencheviques, celebrada en diciembre de 1918, aprobara una extensa y detallada resolución, que fue publicada íntegra en el periódico menchevique Gazeta Pechátnikov . En esa 157 resolución, los propios mencheviques exponen" concisamente la historia de la lucha entre las clases y de la guerra civil. La resolución dice que ellos condenan a los grupos de su partido que están aliados a las clases poseedoras en los Urales y en el Sur, en Crimea y Ceorgia, y se enumeran todas estas zonas. Ahora la resolución condena a los grupos del partido menchevique que, aliados a las clases poseedoras, han luchado contra el Poder soviético; el último punto condena también a los que se han pasado a los comunistas. De ahí se desprende que los mencheviques se ven obligados a confesar que en su partido no hay unidad y que están unos al lado de la burguesía y otros al lado del proletariado. La mayor parte de los mencheviques se pasó al lado de la burguesía, y durante la guerra civil combatió contra nosotros. Naturalmente, nosotros perseguimos a los mencheviques, e incluso los fusilamos, cuando participan en la guerra que se nos hace, combaten contra nuestro Ejército Rojo y fusilan a nuestros jefes militares rojos. A la guerra de la burguesía respondimos con la guerra del proletariado: no puede haber otra salida. Así pues, desde el punto de vista político, todo eso no es más que hipocresía menchevique. Desde el punto de vista de la historia no se comprende cómo en la Conferencia de Berna, hombres que oficialmente no han sido declarados dementes, pudieron, por encargo de los mencheviques y los socialistas-revolucionarios, hablar de la lucha de los bolcheviques contra ellos, pero silenciar que ellos luchan al lado de la burguesía contra el proletariado.
p Todos ellos nos atacan encarnizadamente, pues nosotros los perseguimos. Eso es cierto. ¡Pero no dicen ni una sola palabra de la participación que tuvieron en la guerra civil! Creo que debo proporcionar para el acta el texto íntegro de la resolución, y ruego a los camaradas extranjeros que le presten atención, pues es un documento histórico que plantea con acierto el problema y ofrece los mejores elementos de juicio para apreciar la disensión entre las tendencias “socialistas” existentes en Rusia. Entre el proletariado y la burguesía hay gente que tan pronto se inclina a un lado como al otro; así ha sido siempre en todas las revoluciones, y es absolutamente imposible que entre el proletariado y la burguesía, que forman en la sociedad capitalista dos campos hostiles, no existan capas intermedias. La existencia de esos elementos vacilantes es inevitable desde el punto de vista histórico y, por desgracia, esos elementos, que no saben ellos mismos al lado de quién van a luchar mañana, seguirán existiendo mucho tiempo todavía.
p Quiero hacer una propuesta práctica, consistente en que aprobemos una resolución en la que deben señalarse especialmente tres puntos.
p Primero: Una de las tareas más importantes para los camaradas de 158 los países de Europa Occidental consiste en aclarar a las masas la significación, la importancia y la necesidad del sistema de los Soviets. Se ve que este problema no se comprende lo suficiente. Si bien es verdad que Kautsky e Hilferding han fracasado como teóricos, los últimos artículos publicados en Freiheit demuestran, sin embargo, que reflejan fielmente el estado de ánimo de los sectores atrasados del proletariado alemán. En Rusia pasó lo mismo: en los primeros ocho meses de la revolución rusa, el problema de la organización soviética se discutió muchísimo, y para los obreros no estaba claro en qué consistía el nuevo sistema ni si se podría formar el Estado con los Soviets. Nosotros no avanzamos en nuestra revolución por el camino de la teoría, sino por el de la práctica. El problema de la Asamblea Constituyente, por ejemplo, no lo planteábamos antes en teoría ni decíamos que no reconocíamos esta institución. No decidimos disolverla hasta más tarde, cuando los Soviets se hubieron extendido por todo el país y hubieron conquistado el poder político. Ahora vemos que en Hungría y Suiza se plantea el mismo problema de manera mucho más acuciante. Por una parte, eso está muy bien, pues nos da firme seguridad en que la revolución avanza con más rapidez en los países de Europa Occidental y nos traerá grandes victorias. Por otra parte, ello entraña cierto peligro, y es el de que la lucha se despliegue con tanta impetuosidad que la conciencia de las masas obreras se rezague de ese desarrollo. La importancia del sistema de los Soviets sigue incluso hoy sin estar clara para grandes masas de obreros alemanes avezados en la política, pues han sido educados en el espíritu del parlamentarismo y en los prejuicios burgueses.
p Segundo: Sobre la propagación del sistema de los Soviets. Las noticias de la rapidez con que se propaga la idea de los Soviets en Alemania e incluso en Inglaterra son para nosotros una importantísima prueba de que la revolución proletaria vencerá. Su marcha puede ser detenida únicamente por breve tiempo. Otra cosa es cuando los camaradas Albert y Platten nos comunican que entre los obreros agrícolas y los pequeños campesinos de las aldeas de su país apenas si hay Soviets. He leído en Rote Fahne un artículo contra los Soviets campesinos, pero, con mucho acierto, a favor de los Soviets de obreros agrícolas y campesinos pobres^^82^^. La burguesía y sus lacayos, como Scheidemann y Cía., han lanzado ya la consigna de los Soviets campesinos. Pero nosotros necesitamos sólo Soviets de obreros agrícolas y campesinos pobres. Por desgracia, de los informes de los camaradas Albert, Platten y otros colegimos que, a excepción de Hungría, se hace muy poco para propagar el sistema soviético en el campo. Tal vez resida en ello el peligro, aún real y bastante grande, de que el proletariado alemán no pueda conquistar una victoria 159 segura. La victoria podrá considerarse garantizada únicamente cuando no sólo estén organizados los obreros de la ciudad, sino también los proletarios del campo, y además, organizados no como antes, en sindicatos y cooperativas, sino en Soviets. A nosotros nos fue más fácil conseguir la victoria porque en octubre de 1917 marchábamos con el campesinado, con todo el campesinado. En este sentido, nuestra revolución era entonces burguesa. El primer paso de nuestro gobierno proletario fue reconocer en una ley que promulgó al día siguiente de la revolución, el 26 de octubre de 1917 (según el viejo calendario), las viejas reivindicaciones de todo el campesinado, expresadas ya bajo Kerenski por los Soviets campesinos y las asambleas rurales. En eso consistía nuestra fuerza, por eso nos fue tan fácil conquistar una mayoría aplastante. Para el campo, nuestra revolución continuaba siendo una revolución burguesa. Y sólo más tarde, al cabo de seis meses, nos vimos obligados, en el marco de la organización del Estado, a comenzar en las aldeas la lucha de clase, a instituir en cada aldea comités de campesinos pobres, de semiproletarios, y a luchar sistemáticamente contra la burguesía rural. En Rusia eso fue inevitable, dado su atraso. En Europa Occidental, las cosas se producirán de modo diferente, y por eso debemos hacer hincapié en que es absolutamente necesario propagar el sistema de los Soviets en formas adecuadas, quizás nuevas, también entre la población rural.
p Tercero: Debemos decir que la conquista de una mayoría comunista en los Soviets constituye la tarea fundamental en todos los países donde el Poder soviético aún no ha vencido. Nuestra comisión redactora de las resoluciones discutió ayer este problema. Quizás otros camaradas hablen todavía de ello, pero yo quisiera proponer que estos tres puntos se adopten como resolución especial. Naturalmente, no estamos en condiciones de prescribir el camino que ha de seguir el desarrollo. Es muy probable que la revolución empiece muy pronto en muchos países euroccidentales, pero nosotros, la parte organizada de la clase obrera, el partido, tendemos y debemos tender a lograr la mayoría en los Soviets. Entonces estará garantizada nuestra victoria y no habrá fuerza capaz de emprender nada contra la revolución comunista. De otro modo, la victoria no se conseguirá con tanta facilidad ni será duradera. Así pues, yo quisiera proponer que se aprueben estos tres puntos como resolución especial.
p Publicado el 6 de marzo de 1919 en el núm. 51 ile! periódico “Pravda” y en el núm. 57 del periódico "hvestia del CF.C de toda Rusia".
160Notes
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