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III
 

p En lo que concierne a la cuestión principal, es decir, la de cómo terminar lo más pronto posible esta guerra de los capitalistas, mediante una paz verdaderamente democrática, y no impuesta, la conferencia declara y resuelve:

p La negativa de los soldados de una sola de las partes a continuar la guerra, o el simple cese de las hostilidades por una de las partes beligerantes, no puede poner fin a esta contienda.

p La conferencia protesta una vez más con motivo de la vil calumnia, difundida por los capitalistas contra nuestro partido, de que simpatizamos con una paz por separado con Alemania. Consideramos a los capitalistas alemanes tan bandidos como a los capitalistas rusos, ingleses, franceses y otros, y al emperador Guillermo tan bandido coronado como Nicolás II, los monarcas inglés, italiano, rumano y todos los demás.

p Nuestro partido va a explicar al pueblo con paciencia, pero también con insistencia, la verdad de que las guerras son sostenidas por los gobiernos, que las guerras están siempre inseparablemente ligadas a la política de clases determinadas, que sólo puede lograrse una paz democrática en esta guerra si todo el poder del Estado pasa, por lo menos en algunos países beligerantes, a manos de la clase de los proletarios y semiproletarios, que es la única verdaderamente capaz de poner fin al yugo del capital.

p La clase revolucionaria, después de tomar en sus manos el poder del Estado en Rusia, adoptaría una serie de medidas orientadas a destruir el dominio económico de los capitalistas, a reducirlos a la impotencia política, y propondría inmediata y públicamente a todos los pueblos una paz democrática, sobre la base de la renuncia total a las anexiones y contribuciones, cualesquiera que fueran. Estas medidas y esta franca proposición de paz crearían una confianza plena entre los obreros de los países beligerantes y provocarían inevitablemente las insurrecciones del proletariado contra los gobiernos imperialistas que se opusieran a la paz propuesta.

p Pero mientras la clase revolucionaria en Rusia no haya tomado todo el poder del Estado, nuestro partido seguirá apoyando por todos los medios a los partidos y grupos proletarios del extranjero que ya durante la guerra sostienen de hecho la lucha revolucionaria contra sus propios gobiernos imperialistas y contra su propia 115 burguesía. Y sobre todo, el partido apoyará la confraternización en’ masa—que ya ha empezado—entre los soldados de todos los países beligerantes en el frente, tratando de transformar esta manifestación espontánea de solidaridad de los oprimidos en un movimiento consciente y lo mejor organizado posible para que todo el poder del Estado pase en todos los países beligerantes a manos del proletariado revolucionario.

p Publicada el 12 de mayo (29 de abril) de 1917 en el núm. 44 de “Pravda”.

T. 31, págs. 403-406.

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Notes