[1] Emacs-Time-stamp: "2007-08-15 20:23:32" __EMAIL__ webmaster@leninist.biz __OCR__ ABBYY 6 Professional (2006.10.18) __WHERE_PAGE_NUMBERS__ top __FOOTNOTE_MARKER_STYLE__ [*]+ __ENDNOTE_MARKER_STYLE__ [0-9]+ [BEGIN]

¡Proletarios de todos los países, unios!

__TITLE__ V.I. LENIN
OBRAS ESCOGIDAS
EN TRES TOMOS (TOMO 2) __TEXTFILE_BORN__ 2006-10-18T22:56:24-0700 __TRANSMARKUP__ "Y. Sverdlov" [2]

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INSTITUTO DE MARXISMO-I.EMNISMO DEL CX: DEL PCUS

V.I. LENIN

OBRAS ESCOGIDAS
EN TRES TOMOS

2

__PUBL__ Editorial Progreso __CITY__ Moscú [4]

DE LA EDITORIAL

Todas las obras incluidas en el tomo figuran en orden cronológico. Han sido traducidas de la 5' edición en ruso de las Obras Completas de V. I. Lenin, preparada por el Instituto de MarxismoLeninismo, adjunto al OC del PCUS, indicándose al pie de cada trabajo el tomo y las páginas correspondientes. Al final del tomo se insertan notas aclaratorias y un índice de nombres.

B. H. AEHHH H3EPAHHME nPOH3BE/IF,HHfl B TPF.X TOMAX TOM 2 Ha ucnancKOM HJtme __COPYRIGHT__ © Traducción al español. Editorial Progreso. 1978 10102--074 A--------------249--79 014(01)-79 0101020000~ [5] __ALPHA_LVL1__ PREFACIO

El segundo tomo de las Obras Escogidasde V. I. Lenin contiene sus trabajos correspondientes al período comprendido entre marzo de 1917 y junio de 1918: el período de preparación y realización de la Gran Revolución Socialista de Octubre y los primeros meses de Poder soviético.

Los trabajos incluidos en el tomo son notables documentos del marxismo creador, modelo de elaboración por Lenin de la estrategia y la táctica del Partido Comunista. Estos trabajos pertrecharon al Partido Bolchevique en un período muy trascendental de la historia, en el período de la lucha por el triunfo de la revolución socialista y por la implantación y el afianzamiento de la dictadura del proletariado. En ellos se analizan importantísimas cuestiones relacionadas con la creación de un Estado nuevo, el Estado soviético, con los comienzos de la edificación de la sociedad socialista y con la lucha por sacar a Rusia de la guerra, por la paz y la amistad entre los pueblos.

Después de la victoria de la revolución democrática burguesa de febrero en Rusia se creó una situación compleja en extremo. Surgió la dualidad de poderes: la dictadura de la burguesía, representada por el Gobierno Provisional, y la dictadura democráticorevolucionaria del proletariado y de los campesinos, representada por los Soviets de diputados obreros y soldados. Los mencheviques y eseristas, que predominaban en la mayoría de los Soviets, traicionaron los intereses de los obreros y los campesinos y entregaron el poder al Gobierno Provisional burgués.

El Partido Bolchevique fue el único partido verdaderamente revolucionario, el único que luchó resueltamente por pasar a la revolución socialista, sacar al país de la guerra imperialista, entregar la tierra a los campesinos y adoptar las medidas necesarias que permitieran satisfacer las necesidades esenciales de los trabajadores de la ciudad y del campo.

Al determinar las tareas de la clase obrera y de su partido, Lenin indicaba ya en marzo de 1917 en sus Cartas desde lejos, escritas en la emigración, que era necesario desplegar el trabajo entre las masas, desenmascarar infatigablemente la política del Gobierno Provisional 6 burgués, el cual, por su carácter de clase, no daría ni podía dar al pueblo ni la paz, ni el pan, ni la libertad. Lenin exhortaba a poner al descubierto el papel de los partidos conciliadores que apoyaban a dicho gobierno y llamaba a la clase obrera a preparar sus fuerzas para luchar por la victoria de la revolución proletaria.

El Partido Bolchevique había sido preparado por toda su actividad precedente para cumplir esta tarea de importancia histórico-universal. Estaba pertrechado con la teoría leninista de la revolución socialista, con la doctrina de Lenin sobre la posibilidad del triunfo del socialismo, primero en un solo país capitalista.

En el presente tomo se han incluido las famosas Tesis de Abril, que Lenin presentó el 4 (17) de abril de 1917, al día siguiente de regresar del extranjero. Lenin expuso estas tesis en el informe Las tareas del proletariado en la presente revolución, pronunciado ante los miembros del Comité Central, del Comité de Petersburgo del partido y los delegados bolcheviques a la Conferencia de los Soviets de diputados obreros y soldados de toda Rusia. Las tesis fueron publicadas en Pravda el 7 (20) de abril, y el 10 (23), explicadas y concretadas detalladamente por Lenin en su obra Las tareas del proletariado en nuestra revolución.

Lenin trazó en las Tesis de Abril un plan general de lucha para pasar de la revolución democrática burguesa a la revolución socialista. Determinó en ellas la plataforma política y económica del partido en la nueva etapa de la revolución y caracterizó las fuerzas motrices de ésta. "La peculiaridad del momento actual en Rusia ---escribía Lenin---consiste en el paso de la primera etapa de la revolución, que ha dado el poder a la burguesía por carecer el proletariado del grado necesario de conciencia y de organización, a su segunda etapa, que debe poner el poder en manos del proletariado y de las capas pobres del campesinado" (pág. 34 del presente volumen).

Basándose en la experiencia de la Comuna de París y de las revoluciones rusas de 1905 y 1917, Lenin propuso que la república democrática parlamentaria fuese sustituida por la República de los Soviets. El descubrimiento de los Soviets como forma política de la dictadura del proletariado, hecho por Lenin, es un brillante ejemplo de desarrollo creador de la doctrina marxista. Este descubrimiento ha tenido la mayor importancia para la victoria de la revolución socialista y la edificación del socialismo en nuestro país, así como para la elaboración de las formas políticas de la dictadura de la clase obrera en los países socialistas de Europa y Asia.

Lenin lanzó en sus tesis la consigna del paso de todo el poder estatal a los Soviets. Sin embargo, esta consigna no significaba un llamamiento a derribar en el acto al Gobierno Provisional, que 7 gozaba entonces del apoyo de los Soviets y de la confianza de los obreros. Los bolcheviques tenían la tarea de desenmascarar, mediante una labor explicativa, el papel conciliador de los mencheviques y eseristas, aislarlos de las masas, conquistar la mayoría en los Soviets y, a través de ellos, sustituir al gobierno por vía pacífica. Esto era orientar al partido hacia el desarrollo pacífico de la revolución.

Lenin determinó en las Tesis de Abril las tareas fundamentales del partido en el terreno de las relaciones económicas, señalando como medidas para pasar al socialismo las siguientes: fusión de todos los bancos del país en un banco nacional único, sometido al control de los Soviets; implantación del control obrero sobre la producción y distribución de los productos; confiscación de las tierras de los terratenientes y nacionalización de todas las tierras del país, que deberían ser puestas a disposición de los Soviets de diputados campesinos y braceros.

Planteó también importantísimas tareas en lo tocante a la estructuración del partido. Propuso la convocatoria inmediata de un congreso y la revisión del programa del partido aprobado en 1903, en el II Congreso del POSDR, por cuanto dicho programa había envejecido considerablemente y no correspondía a las nuevas condiciones. Lenin propuso que el Partido Socialdemócrata se denominase en lo sucesivo Partido Comunista, indicando que esta denominación es acertada científicamente y corresponde al objetivo final del partido proletario---la edificación de la sociedad comunista---, y planteó fundar la III Internacional, la Internacional Comunista.

Las tesis de Lenin fundamentaron teóricamente el plan concreto para pasar a la revolución socialista y alentaron a la clase obrera a luchar por la implantación de la dictadura del proletariado.

La VII Conferencia (Conferencia de Abril) de toda Rusia del POSD(b) de Rusia, celebrada en Petrogrado del 24 al 29 de abril (7-12 de mayo) de 1917, tuvo magna importancia para la cohesión de las filas del partido y la movilización de la clase obrera a fin de cumplir las tareas planteadas en las Tesis de Abril. Fue ésta la primera conferencia legal de los bolcheviques y tuvo la significación de un congreso del partido.

En este tomo se publican los informes hechos por Lenin en la conferencia: la apreciación del momento actual, el problema agrario y la revisión del programa del partido; sus discursos, al comenzar la conferencia, en defensa de las resoluciones sobre la guerra y el problema nacional, y los proyectos de resolución escritos por él. En sus informes y discursos desarrolló los principios que había expuesto en las Tesis de Abril.

Lenin desenmascaró la posición capituladora de Kámenev, Rykov 8 y sus escasos adeptos, que negaban la posibilidad del triunfo del socialismo en nuestro país y declaraban, haciendo coro a los mencheviques, que en Rusia no se daban las condiciones objetivas para la revolución socialista, que el socialismo debía llegar de otros países más desarrollados en el aspecto industrial. Lenin señaló que semejantes puntos de vista significaban "romper con el marxismo'', eran "una parodia del marxismo''. Criticó también duramente las opiniones nacionalchoviriistas de Piatakov, que se pronunció en la conferencia contra la política del partido en el problema nacional y negó el derecho de las naciones a la autodeterminación. En la práctica, tal posición significaba renunciar a aprovechar las reservas nacionales de la revolución y condenaba a ésta a la derrota.

La Conferencia de Abril aprobó por unanimidad la línea leninista y pertrechó al partido y la clase obrera con un plan de lucha por la transformación de la revolución democrática burguesa en revolución socialista. Después de la Conferencia de Abril, el partido desplegó una ingente labor para llevar a la práctica las resoluciones adoptadas, para movilizar a las masas con vistas a la revolución y educarlas políticamente. Bajo la dirección de Lenin, el partido emprendió el cumplimiento de una importante y compleja tarea: conquistar la mayoría en el seno de la clase obrera y ganar para la revolución socialista a millones de campesinos trabajadores.

Forma parte de este tomo el Discurso acerca de la actitud ante el Gobierno Provisional pronunciado el 4 (17) de junio de 1917 en el I Congreso de los Soviets de diputados obreros y soldados de toda Rusia. Desenmascarando la esencia contrarrevolucionaria del Gobierno Provisional, Lenin mostró en su discurso que la entrada de los ministros "casi socialistas" en el gobierno el 5 (18) de mayo y la formación del llamado gobierno de coalición no habían cambiado nada: seguía en el poder la misma clase capitalista. Lenin expuso ante los delegados al congreso el programa bolchevique y exhortó a que se entregara todo el poder a los Soviets.

En sus artículos ¿Con qué contaron los demócratas constitucionalistas al retirarse del ministerio?, ¿Dónde está el poder y dónde la contrarrevolución?, Tres crisis, ¿Deben los dirigentes bolcheviques comparecer ante los tribunales? y La situación política, Lenin analiza la situación política creada en el país como consecuencia de los acontecimientos del 3-5 de julio de 1917.

El 4 (17) de julio, el Gobierno Provisional contrarrevolucionario, con el conocimiento y la conformidad del Comité Ejecutivo Central menchevique-eserista de los Soviets, ametralló en Petrogrado una manifestación pacífica de obreros y soldados que transcurría bajo la consigna de "¡Todo el poder a los Soviets!" El día 6 (19) de julio fue asaltada y destruida la imprenta Trud y suspendido el periódico 9 Pravda. Al día siguiente, el Gobierno Provisional ordenó la detención de Lenin y su entrega a los tribunales. El partido escondió a su jefe en la clandestinidad, l.enin se ocultó primero en Petrogrado y, luego, en las afueras de la ciudad, a orillas del lago Razliv. A fines de agosto, el Comité Central organi/.ó el traslado de Lenin a Finlandia.

Después de los acontecimientos de julio, el poder en el país pasó íntegramente a manos del Gobierno Provisional contrarrevolucionario. Los Soviets, dirigidos por los eseristas y los mencheviques, se convirtieron en un apéndice sin vigor ni autoridad del Gobierno Provisional. Terminó el período pacífico de la revolución. El Partido Bolchevique comenzó a preparar a las masas para la insurrección armada.

La nueva situación política exigía que el partido modificara su táctica y sus consignas tácticas. En el artículo A propósito de las consignas, Lenin argumentó la necesidad de retirar temporalmente la consigna de "¡Todo el poder a los Soviets!" Esta consigna había sido justa hasta los acontecimientos de julio, en el período de desarrollo pacífico de la revolución, que era entonces posible y el más deseable. Después de pasar todo el poder a manos de la contrarrevolución, la clase obrera no podía ya adueñarse del poder más que mediante una insurrección armada. La retirada temporal de la consigna de "¡Todo el poder a los Soviets!" no significaba renunciar a la República Soviética como nuevo tipo de Estado. La cuestión era que los Soviets, con la composición que tenían entonces y dirigidos por eseristas y mencheviques---que se habían cubierto de oprobio como cómplices de los verdugos---no podían ser órganos del poder popular. "La consigna de entregar el poder a los Soviets---escribía Lenin---podría ser comprendida como un ``simple'' llamamiento a que se hagan cargo de él precisamente los Soviets que hoy existen; pero decir eso, invitar a eso, significaría ahora engañar al pueblo" (pág. 208 del presente volumen). Lenin indicaba que los Soviets podían y debían resurgir en una nueva etapa de la revolución, pero no serían ya los Soviets dirigidos por eseristas y mencheviques, no serían los órganos de una política de conciliación con la burguesía, sino los órganos de una lucha revolucionaria contra ella.

Para determinar la nueva táctica con motivo de los cambios habidos en la situación, el 26 de julio (8 de agosto) se reunió en Petrogrado el VI Congreso del Partido Bolchevique. Lenin dirigió sus labores desde la clandestinidad a través de varios miembros del Comité Central, que se entrevistaban con él en el lago Razliv. Los artículos de Lenin La situación política, A propósito de las consignas, Las enseñanzas de la revolución y otros sirvieron de base a las resoluciones del congreso. En ellas se señaló que el poder sólo podría pasar a manos del proletariado y de los campesinos pobres mediante la 10 insurrección armada y el derrocamiento de la dictadura de la burguesía. El congreso orientó al partido hacia la lucha por el triunfo de la revolución socialista.

En la más profunda clandestinidad, Lenin prosiguió su inmenso trabajo teórico y de organización. Definió con inspiradas palabras el papel histórico-universal del partido, diciendo que éste es "la inteligencia, el honor y la conciencia de nuestra época''. El prestigio y la influencia del Partido Bolchevique entre la clase obrera y las masas trabajadoras fueron creciendo de día en día. Así lo probó con particular brillantez la derrota de la sublevación de Kornílov, que representaba un gran peligro para la revolución.

Figura en este tomo la obra La catástrofe que nos amenaza y cómo combatirla, escrita el 10--14 (23--27) de septiembre de 1917. Lenin expuso en ella el programa del Partido Bolchevique, científicamente fundamentado, para la transformación económica del país.

Lenin mostró que en el medio año transcurrido después de la revolución, el Gobierno Provisional, los mencheviques y los eseristas no habían hecho nada para luchar contra el desbarajuste económico. Los capitalistas cerraban las empresas y despedían a decenas de miles de obreros. Esperaban que el desbarajuste y el hambre les permitirían acabar más rápidamente con la república y con los Soviets y restaurar la monarquía. El país estaba amenazado de una catástrofe inminente y de ser sojuzgado por el capital extranjero. Lenin propuso las medidas revolucionarias que podían salvar a Rusia del desbarajuste y del hambre y, al mismo tiempo, hacerla avanzar hacia el socialismo. Esas medidas eran: el control obrero de la producción, la nacionalización de los bancos y consorcios, la organización de un control eficaz sobre la distribución de los productos, la confiscación de las tierras de los terratenientes y la nacionalización de todas las tierras del país. Lenin indicaba que estas medidas renovarían económicamente a Rusia y la regenerarían. Simultáneamente planteaba la tarea de acabar sin demora con la expoliadora guerra imperialista. Este programa revolucionario, escribía Lenin, puede cumplirlo únicamente el proletariado, la clase más revolucionaria, más organizada y avanzada de la sociedad moderna.

En la obra La catástrofe que nos amenaza y cómo combatirla, Lenin desarrolló la tesis, argumentada ya antes por él, de que el socialismo podía triunfar primero en un solo país. Indicaba que la guerra imperialista había acelerado extraordinariamente, también en Rusia, la transformación del capitalismo en capitalismo monopolista de Estado, creándose así las premisas materiales para pasar al socialismo. "El curso objetivo del desarrollo---escribía Lenin---es tal que resulta imposible avanzar, partiendo de los monopolios (cuyo número, 11 papel e importancia ha venido a decuplicar la guerra), sin marchar hacia el socialismo" (pág. 274 del presente volumen).

Lenin formuló en su obra una tesis famosa: "La revolución ha hecho que, en unos cuantos meses, Rusia alcance por su régimen político a los países adelantados.

Pero eso no basta. La guerra es implacable y plantea la cuestión con despiadada dure/a: perecer o alcanzar y sobrepasar, también en el aspecto económico, a los países adelantados" (pág. 279 del presente volumen).

Se ha incluido en este tomo la genial obra de Lenin El Estado y la revolución. La doctrina marxista del Estado y las tareas del proletariado en la revolución, escrita, en agosto-septiembre de 1917, en vísperas de la conquista del poder por el proletariado. Lenin indicaba que el papel que desempeña el Estado había adquirido una importancia singular tanto en el aspecto teórico como en el aspecto político práctico. La acertada solución del problema del Estado tenía inmensa importancia en la lucha por el triunfo de la revolución socialista.

Lenin estimaba que su libro tenía como misión principal defender y restablecer la doctrina de Marx acerca del Estado y depurarla de las adulteraciones con que habían tratado de desvirtuarla los oportunistas de la II Internacional a lo largo de decenios. Lenin desarrolló la doctrina de Marx acerca del Estado sobre la base de la nueva experiencia revolucionaria.

En la obra El Estado y la revolución, Lenin estudió circunstanciadamente la cuestión de la dictadura del proletariado. La dictadura del proletariado, indicaba, abarca todo el período histórico de transición del capitalismo al comunismo. Enseñaba que el proletariado debe tomar el poder, destruir la vieja máquina estatal burguesa, crear su Estado nuevo, el Estado proletario, aplastar la resistencia de las clases explotadoras derrocadas y organizar la edificación de una sociedad nueva, la sociedad socialista. Para cumplir esta tarea es imprescindible la dictadura del proletariado, que representa un tipo nuevo, un tipo superior de democracia.

Lenin criticó acerbamente la democracia falsa y amputada de la sociedad capitalista, la democracia sólo para una minoría insignificante, para los ricos. El Estado proletario es un Estado " democrático de manera nueva". La democracia proletaria asegura la participación auténtica de la inmensa mayoría de los trabajadores en la administración del Estado.

El Partido Comunista, subrayaba Lenin, es la fuerza dirigente y orientadora de la implantación y aplicación de la dictadura del proletariado.

Al destacar el papel de los Soviets como nueva forma de poder 12 del Estado, Lenin indicaba también que en el período de transición del capitalismo al comunismo, la obra creadora revolucionaria de las masas puede hacer surgir otras formas estatales de la dictadura del proletariado. "La transición del capitalismo al comunismo no puede por menos de proporcionar una ingente abundancia y diversidad de formas políticas: mas la esencia de todas ellas será, necesariamente, una: la dictadura del proletariado" (pág. 317 del presente volumen). Esta tesis de Lenin se ha visto confirmada plenamente por la experiencia de los países donde la forma política de la dictadura del proletariado es el régimen estatal de la democracia popular.

En el libro El Estado y la revolución, Lenin desarrolló y concretó la doctrina de Marx acerca de las dos fases de desarrollo de la sociedad comunista: la fase primera o inferior, el socialismo, y la fase superior, el comunismo. Lenin indicaba que del capitalismo la humanidad puede pasar únicamente al socialismo, es decir, a la propiedad común de los medios de producción y distribución de acuerdo con el principio "De cada cual, según su capacidad; a cada cual, según su trabajo''. El socialismo debe transformarse paulatinamente en comunismo, en cuya bandera está escrito: "De cada cual, según su capacidad; a cada cual, según sus necesidades".

Lenin subrayaba que el socialismo elevaría a las masas a una vida nueva, que sólo en la época del socialismo empezaría el avance en todas las esferas de la vida social y privada, un avance rápido, verdaderamente masivo, con la participación de la mayoría de la población y, después, de toda ella. Esta previsión científica de Lenin se ha visto brillantemente confirmada en la URSS, donde decenas de millones de hombres y mujeres se han elevado a una vida nueva y hacen milagros de heroísmo en el trabajo, donde el socialismo ha logrado el verdadero florecimiento de la economía, la ciencia y la cultura.

El libro de Lenin El Estado y la revolución representa una magna aportación al tesoro del marxismo. Nuestro partido se guió por las geniales ideas leninistas desarrolladas en esta obra en la lucha por el triunfo de la Revolución Socialista de Octubre, por la construcción del socialismo; por ellas se guía también en nuestros días, en que la Unión Soviética está abriendo por vez primera en la historia el camino hacia el comunismo para toda la humanidad.

Un número considerable de trabajos incluidos en el tomo aborda los problemas de la preparación y realización de la insurrección armada de Octubre por el Partido Bolchevique.

Con el aplastamiento de la sublevación de Kornílov se inició la etapa histórica de bolchevización de los Soviets. A comienzos de 13 septiembre, los bolcheviques habían conquistado la mayoría en los Soviets de Petrogrado y Moscú. Los Soviets locales se colocaban también al lado de los bolcheviques. Las masas populares seguían a los bolcheviques. En una carta enviada al Comité Central y a los comités de Petrogrado y Moscú del POSDR, titulada Los bolcheviques deben tomar el poder, y en la carta al Comité Central El marxismo y la insurrección, escritas entre el 12 y el 14 (25 y 27) de septiembre de 1917, Lenin, basándose en un amplio y profundo análisis de la situación internacional e interior del país, exhortó al partido a organizar la insurrección. Una vez conquistada la mayoría en los Soviets de ambas capitales, escribía Lenin, los bolcheviques pueden y deben tomar el poder del Estado. Advertía que la burguesía rusa preparaba la entrega de Petrogrado a los alemanes y se disponía a traicionar los intereses del país con tal de conservar su poder. Paralelamente, los imperialistas anglo-franceses se confabulaban para firmar una paz separada con Alemania a expensas de Rusia. Sólo tomando el poder podía el Partido Bolchevique frustrar estos criminales designios y salvar al país y a la revolución. "La historia---escribía Lenin---no nos perdonará si no tomamos ahora el poder" (pág. 389 del presente volumen).

En la carta El marxismo y la insurrección y en el artículo Consejos de un ausente, Lenin desarrolló y sintetizó en un sistema armónico los puntos de vista de Marx y Engels acerca de la insurrección considerada como un arte. Indicaba que, en la situación existente en Rusia, se daban todas las condiciones necesarias para el triunfo de la insurrección y exponía el plan aproximado de organización de ésta.

El Comité Central del Partido Bolchevique, después de discutir las cartas de Lenin en su reunión del 15 (28) de septiembre, empezó a preparar la insurrección, advirtiendo de ello a los dirigentes de las organizaciones más importantes del partido. En el artículo La crisis ha madurado, Lenin, al determinar las tareas del momento, escribió: "Está en juego todo el porvenir de la revolución rusa. Se juega a una carta todo el honor del Partido Bolchevique. Está en juego todo el porvenir de la revolución obrera internacional por el socialismo" (pág. 401 del presente volumen).

Lenin preparó al partido y a la clase obrera para la insurrección armada, infundiéndoles profunda fe en la victoria de la revolución socialista. En el artículo ¿Se sostendrán los bolcheviques en el poder? demostró que el Partido Bolchevique, los obreros avanzados tenían las posibilidades de tomar el poder, sostenerse en él y utilizarlo para emancipar por completo a los trabajadores de toda opresión y explotación.

14

El 7 (20) de octubre, por acuerdo del CC, Lenin se trasladó clandestinamente de Víborg a Petrogrado para dirigir personalmente la insurrección.

En el presente tomo figuran los documentos de las históricas reuniones celebradas por el CC el 10 (23) y 16 (29) de octubre de 1917. En la primera de ellas, Lenin presentó un informe sobre el momento actual. Sobre la base de este informe se aprobó una resolución---escrita también por él---, que pasó a ser directriz del partido sobre la preparación inmediata de la insurrección armada. En la reunión ampliada del CC del 16 (29) de octubre, en la que Lenin pronunció otro informe, fue ratificada la resolución acerca de la insurrección. Para dirigirla se eligió un Centro Militar Revolucionario del partido, que pasó a formar parte del Comité Militar Revolucionario.

En ambas reuniones, Zinóviev y Kámenev intervinieron en contra de la resolución del CC sobre la insurrección. Trotski intentó también frustrar la insurrección, proponiendo que se aplazara hasta el II Congreso de los Soviets, lo que, de hecho, significaba condenarla al fracaso. En el tomo se insertan cartas de Lenin a los miembros del Partido Bolchevique y al Comité Central llenas de ira contra la felonía de Zinóviev y Kámenev, quienes publicaron en el periódico semimenchevique Nóvaya Zhizn ``(Vida Nueva'') una declaración en la que expresaban su disconformidad con el acuerdo del CC acerca de la insurrección, descubriendo así al enemigo el acuerdo secreto del partido. Lenin los estigmatizó como esquiroles de la revolución y exigió que fuesen expulsados del partido.

Lenin insistió en que la insurrección empezase antes del II Congreso de los Soviets, a fin de adelantarse a los enemigos, que, advertidos por los traidores, esperaban su comienzo el día de la apertura del congreso. En su carta a los miembros del CC del 24 de octubre (6 de noviembre), Lenin propuso pasar inmediatamente a la acción: "La historia---decía en ella---no perdonará ninguna dilación a los revolucionarios que hoy pueden triunfar (y que triunfarán hoy con toda seguridad) y que mañana correrán el riesgo de perder mucho, de perderlo todo" (pág. 474 del presente volumen).

El 24 de octubre (6 noviembre), a altas horas de la noche, Lenin se trasladó al Smolny para tomar en sus manos la dirección de la insurrección. Su plan de insurrección armada fue llevado a la práctica victoriosamente por los obreros y soldados sublevados. En este tomo figura el histórico llamamiento, escrito por Lenin, ¡A los ciudadanos de Rusia!, por medio del cual el Comité Militar Revolucionario dio a conocer a los pueblos de Rusia en la mañana 15 del 25 de octubre (7 de noviembre) que el Gobierno Provisional había sido depuesto y que todo el poder del Estado pasaba a los Soviets.

El Partido Comunista, dirigido por Lenin, llevó a la clase obrera a la victoria de la revolución socialista. La pertrechó con un programa de lucha científicamente fundamentado, con una táctica y una estrategia acertadas. El Partido Comunista supo llevar a la práctica las ideas de Lenin porque se apoyaba en la actividad revolucionaria de las multitudinarias masas populares. La Gran Revolución Socialista de Octubre inició una nueva era en la historia de la humanidad: la era del triunfo del socialismo y del comunismo.

En este tomo se han incluido los documentos del II Congreso de los Soviets de diputados obreros y soldados de toda Rusia, inaugurado en la noche del 25 de octubre (7 de noviembre): el llamamiento ¡A los obreros, a los soldados, a los campesinos!, escrito por Lenin, sus informes sobre la paz y la tierra y la disposición de formar un Gobierno Obrero y Campesino, el Gobierno soviético. En los informes se exponían y argumentaban los primeros decretos de la Revolución de Octubre. En el Decreto de la Paz se proponía a todos los pueblos y gobiernos de los países beligerantes entablar inmediatamente negociaciones para la firma de una paz general, justa y democrática. El decreto desbrozaba el camino para una salida revolucionaria de la guerra imperialista .y sentaba las bases de la política de paz del Estado soviético. En él se proclamaba la idea de la posibilidad de la coexistencia pacífica de los Estados con sistemas socioeconómicos diferentes. El Partido Comunista y el Estado soviético aplican en su política exterior, de modo firme e invariable, los principios leninistas, luchan por la paz y la seguridad de los pueblos.

El Decreto sobre la Tierra proclamaba la confiscación de todas las tierras de los terratenientes, sin indemnización alguna, y su entrega al pueblo. Se abolía la propiedad privada de la tierra y toda ella pasaba en usufructo gratuito a los trabajadores. Así se hicieron realidad las esperanzas y anhelos seculares de los campesinos.

El congreso aprobó por unanimidad los decretos leninistas de la paz y la tierra, que desempeñaron un inmenso papel en el fortalecimiento de la dictadura del proletariado y en la edificación del socialismo en nuestro país. En el congreso se formó el Gobierno soviético---el Consejo de Comisarios del Pueblo---, eligiéndose a Lenin para presidirlo.

Las obras que figuran en el presente tomo reflejan la gigantesca labor realizada por Lenin para edificar el primer Estado socialista del 16 mundo, el Estado soviético, y afianzar la dictadura del proletariado. Reflejan también su lucha para cohesionar las filas del Partido Comunista.

Varios documentos incluidos en este tomo---Intervenciones en la reunión del CC del POSD(b) de Rusia el 1° (14) de noviembre de 1917, la Resolución del CC del POSD(b) de Rusia sobre la oposición en el seno del CC del 2 (15) de noviembre de 1917, y el Ultimátum de la mayoría del CC del POSD(b) de Rusia a la minoría---están dirigidos contra la línea traidora de Kámenev, Zinóviev, Rykov y sus secuaces, que intentaban minar la dictadura del proletariado y desorganizar las filas del partido. Exigían la formación de un gobierno en el que participasen los partidos contrarrevolucionarios derrocados---los mencheviques y eseristas---, lo que significaba renunciar al Poder soviético, retornar al parlamentarismo burgués y restaurar el capitalismo. A propuesta de Lenin, el Comité Central condenó enérgicamente a los capituladores. En el Llamamiento del CC a todos los miembros del Partido y a todas las clases trabajadoras de Rusia, escrito por Lenin, se decía: "En Rusia no debe haber más gobierno que el Gobierno de los Soviets" (pág. 508 del presente volumen).

El Partido Comunista tenía ante sí tareas de extraordinaria importancia. Había que romper la vieja máquina del Estado burgués y crear un aparato estatal nuevo, soviético. Lenin estudió y dio solución a las cuestiones fundamentales de la edificación política, económica y cultural de la joven República Soviética. En este tomo podrán leer el Proyecto de decreto sobre el control obrero y el Proyecto de decreto sobre la puesta en práctica de la nacionalización de los bancos y las medidas indispensables derivadas de ella, así como los discursos e intervenciones de Lenin en la reunión del Comité Ejecutivo Central de toda Rusia sobre la nacionalización de los bancos y la creación del Consejo Superior de Economía Nacional.

En respuesta a la furiosa resistencia de los terratenientes y capitalistas y al sabotaje de los empleados y altos funcionarios, Lenin exhortaba a las masas trabajadoras a tomar el poder en sus manos, a proteger y fortalecer el Poder soviético. En su llamamiento A la población decía: "Poned todo el poder en manos de vuestros Soviets. Proteged la tierra, el grano, las fábricas, los instrumentos de producción, los víveres y el transporte; cuidad de ellos como de las niñas de los ojos, pues todo eso es desde hoy exclusivamente vuestro, patrimonio del pueblo" (pág. 507 del presente volumen).

El Gobierno soviético disolvió la Asamblea Constituyente, abierta el 5 (18) de enero de 1918 y elegida de acuerdo con las listas confeccionadas antes de la Revolución de Octubre. La Asamblea Constituyente se negó a reconocer el Poder soviético y ratificar los decretos dictados por él, con lo que se opuso a la voluntad de la 17 mayoría del pueblo. En las Tesis acerca de la Asamblea Constituyente, en el artículo Gente del otro mundo y en el Proyecto de decreto disolviendo la Asamblea Constituyente, Lenin denuncia la esencia contrarrevolucionaria de ésta. Indica que sólo los Soviets están en condiciones de aplastar la resistencia de las clases poseedoras y sentar los cimientos de la sociedad socialista.

Lenin explica la política del Poder soviético en cuanto al problema agrario en varias obras que figuran en este tomo: Respuesta a las preguntas de los campesinos, La alianza de los obreros y de los campesinos trabajadores y explotados (Carta a la Redacción de ``Pravda''), proyecto de resolución y discurso de clausura del Congreso Extraordinario de los Soviets de diputados campesinos de toda Rusia. Estos y otros trabajos muestran la inmensa importancia que concedía Lenin al fortalecimiento de la alianza de la clase obrera con las masas trabajadoras del campesinado,, alianza que constituye la base del Poder soviético.

En el tomo figura un documento histórico escrito por Lenin: la Declaración de los derechos del pueblo trabajador y explotado. En ella se declaraba que Rusia era una República de los Soviets de diputados obreros, soldados y campesinos y se ratificaban los decretos de la paz, sobre la tierra y otros. La Declaración aprobaba la política exterior del Gobierno soviético y subrayaba que la República de los Soviets se instituía sobre la base de la unión voluntaria de naciones libres como Federación de Repúblicas Soviéticas Nacionales. Entre las mayores conquistas de la Revolución de Octubre figuran la aplicación del programa nacional del Partido Bolchevique, la supresión de la opresión nacional y la garantía a todos los pueblos de Rusia de iguales derechos en todas las esferas de la vida económica, política y cultural.

La Declaración fue ratificada el 12 (25) de enero de 1918 en el III Congreso de los Soviets de diputados obreros, soldados y campesinos de toda Rusia y sirvió de base a la primera Constitución soviética.

En el informe Sobre la actividad del Consejo de Comisarios del Pueblo, pronunciado en el III Congreso de los Soviets, Lenin hizo el balance de la labor realizada por el Gobierno soviético durante los dos meses y pico transcurridos desde la instauración del Poder de los Soviets. Al analizar las conquistas de la Revolución Socialista de Octubre, Lenin destacaba su grandiosa significación internacional: "Nuestra República Socialista de los Soviets se mantendrá firme, como antorcha del socialismo internacional y ejemplo para todas las masas trabajadoras" (pág. 577 del presente volumen).

La joven República Soviética no podría considerar estable su situación en tanto se encontrara en estado de guerra. Inglaterra, Francia y los EE.UU. rechazaron las conversaciones de paz. El 18 Gobierno soviético decidió emprender negociaciones con Alemania y Austria.

La intensa lucha sostenida por el Partido Comunista, con Lenin al frente, para sacar a la Rusia Soviética de la guerra y concertar la paz se ve reflejada en las siguientes obras: Acerca de la historia de la paz desdichada, Proyecto inicial de radiograma al Gobierno del Imperio Alemán, Posición del CC del POSD (bolchevique) de Rusia en el problema de la paz separada y anexionista, Una lección dura, pero necesaria y Peregrino y monstruoso. Lenin exigía la firma inmediata de la paz con Alemania. Hacía falta una tregua para afianzar el Poder soviético y crear un Ejército Rojo capaz de defender el país frente a los invasores imperialistas.

Los documentos que figuran en este tomo dan una idea de la lucha consecuente e intransigente de Lenin contra Trotski y el grupo antipartido de los "comunistas de izquierda'', encabezado por Bujarin; todos ellos, al unísono con la burguesía, los eseristas y los mencheviques, se pronunciaban contra la firma de la paz, poniendo en peligro la existencia de la república socialista. Trotski, que presidía la delegación soviética en las negociaciones de paz de Brest-Litovsk, infringió las indicaciones concretas del partido y se negó a firmar la paz con Alemania, declarando al mismo tiempo que el País de los Soviets cesaba la guerra contra Alemania y desmovilizaba su ejército. Aprovechándose de esta declaración, el Gobierno alemán emprendió la ofensiva en todo el frente. Sobre el Estado soviético se cernió una amenaza de muerte.

El 21 de febrero de 1918, Lenin, en nombre del Consejo de Comisarios del Pueblo, dirigió al pueblo un llamamiento, titulado ¡La patria socialista está en peligro! El Gobierno soviético llamaba a los obreros y campesinos a defender abnegadamente la república frente a las hordas de la Alemania burguesa e imperialista. Las masas populares se alzaron en defensa de la patria socialista. El joven Ejército Rojo rechazó heroicamente la ofensiva de las tropas alemanas.

Incluso después de haber sido aprobada en la reunión del CC del 23 de febrero de 1918, con motivo del informe de Lenin, la resolución de firmar la paz de Brest, Trotski y los "comunistas de izquierda" continuaron la lucha contra el partido y el Gobierno soviético con el propósito de frustrar el tratado de paz. Lenin desenmascaró a los "comunistas de izquierda'', los cuales exigían la continuación de la guerra y declaraban que, en interés de la revolución internacional, era aceptable incluso la posibilidad de la pérdida del Poder soviético, que se estaba convirtiendo, Según ellos, en un poder puramente formal. Lenin calificó esta declaración de "peregrina y monstruosa''. "¿Quizá los autores---escribía Lenin--- 19 supongan que los intereses de la revolución internacional exigen que ésta sea estimulada, y que el único estímulo podría ser la guerra, y en modo alguno la paz, susceptible de producir en las masas la impresión de una especie de "legitimación" del imperialismo? Semejante "teoría" estaría en completa contradicción con el marxismo, que ha negado siempre la posibilidad de ``estimular'' las revoluciones, las cuales se desarrollan a medida que se exacerban las contradicciones de clase que las engendran" (pág. 592 del presente volumen). Lenin destacaba que la conservación del Poder soviético, el fortalecimiento de la dictadura del proletariado era el mejor apoyo al movimiento emancipador internacional de los trabajadores.

Para resolver definitivamente el problema de la paz se convocó el Vil Congreso del PC (b) de Rusia, el cual se celebró del 6. al 8 de marzo en Petrogrado. En el congreso se entabló una dura lucha contra Trotski y los "comunistas de izquierda" que trataban de romper la unidad del partido y minar la dictadura del proletariado. En el presente tomo se publican el informe y el discurso de resumen de Lenin sobre el problema de la guerra y la paz. Lenin indicaba que había sido necesario concertar una paz durísima y mucho más humillante por culpa de quienes habían frustrado su firma en el momento oportuno. Señaló la tarea de fortalecer la capacidad defensiva del Estado soviético y adoptar las medidas más enérgicas para implantar el orden revolucionario y establecer una disciplina férrea, para organizar y robustecer el Ejército Rojo. El congreso confirmó el acierto de la línea leninista en el problema de la paz y consideró necesario ratificar el tratado de paz firmado por el Gobierno soviético con Alemania. Los "comunistas de izquierda" y Trotski fueron derrotados.

Con motivo del informe de Lenin sobre la revisión del programa del partido y el cambio de nombre de éste, el congreso aprobó una resolución, en la que se decía que el partido se denominaría en lo sucesivo Partido Comunista (bolchevique) de Rusia. Para redactar el nuevo programa del partido se eligió una comisión presidida por Lenin.

El IV Congreso Extraordinario de los Soviets de toda Rusia, reunido en Moscú el 14 de marzo de 1918, ratificó el Tratado de Paz de Brest. En el tomo han sido incluidos el informe de Lenin ante el congreso acerca de la ratificación del tratado de paz y la resolución sobre este problema, escrita por él y aprobada por el congreso.

En las complicadas y difíciles condiciones derivadas de la situación internacional e interior, el Partido Comunista, dirigido por Lenin, supo sacar al país de la guerra, conquistar una tregua que 20 permitió poner orden en la economía del país, crear el Ejército Rojo y conservar y afianzar el Estado soviético.

El lector encontrará en este tomo diversos trabajos de Lenin dedicados al restablecimiento de la economía del país, a su reorganización sobre bases socialistas y a la edificación del socialismo. Entre esos trabajos figuran los titulados ¿Cómo debe organizarse la emulación?, La tarea principal de nuestros días, Las tareas inmediatas del Poder soviético, Acerca del infantilismo ``izquierdista'' y del espíritu pequeñoburgués y los discursos de Lenin en el Congreso de Comisarios del Trabajo y en el I Congreso de los Consejos de Economía Nacional.

Lenin enseñaba que la tarea principal de toda revolución socialista, a diferencia de la revolución burguesa, es el trabajo creador para edificar una sociedad nueva, la sociedad socialista. Este trabajo sólo puede ser realizado con éxito con la participación activa de las amplias masas trabajadoras. Indicaba que los artífices del socialismo son las propias masas populares, que tienden al gran trabajo vivo y creador y emprenden por iniciativa propia la edificación de la sociedad socialista.

Lenin destacaba el viraje radical registrado en la historia de la humanidad, un viraje del abismo de sufrimientos, torturas, hambre y barbarie "al futuro luminoso de la sociedad comunista, al bienestar general y la paz duradera...'' (pág. 645 del presente volumen). Subrayaba que en nuestro país existen los recursos precisos---en las riquezas naturales, en las reservas de fuerzas humanas y en el magnífico impulso que la gran revolución ha dado a la capacidad creadora del pueblo---para hacer una Rusia verdaderamente vigorosa y opulenta.

En la primavera de 1918, Lenin escribió su obra Las tareas inmediatas del Poder soviético, en la que expuso las bases de la política económica de la dictadura del proletariado y señaló las vías y los métodos concretos para la transformación socialista de Rusia.

El paso del capitalismo al socialismo en la Rusia Soviética se efectuó existiendo en la economía del país elementos de cinco tipos de economía. Entonces predominaba en Rusia la pequeña hacienda. El partido tenía ante sí la tarea de vencer al elemento pequeñoburgués, fortalecer el sector socialista, hacerlo predominante y, luego, único y omnímodo. Lenin planteaba en primer plano en el terreno de la edificación económica la tarea de organizar la contabilidad y el control populares más rigurosos de la producción y la distribución. Hacía hincapié en que sólo así podría coronarse con el éxito la lucha contra la burguesía y afianzar el socialismo.

Lenin estimaba que una de las tareas básicas de la revolución socialista consistía en alcanzar una productividad del trabajo 21 superior a la capitalista. Indicaba que para elevar la productividad del trabajo era necesario, ante todo, desarrollar la industria pesada. Consideraba que otra condición importante era elevar el nivel cultural de los trabajadores y la disciplina laboral, crear una disciplina nueva, consciente, de los trabajadores, organizar mejor el trabajo y fomentar el progreso técnico. Exhortaba a librar una lucha implacable contra la relajación pequeñoburguesa, contra los holgazanes, aprovechados y especuladores.

Lenin estudió los problemas de la dirección de la economía del país por el Estado proletario y fundamentó el principio del centralismo democrático, de una organización fuerte y armónica de la dirección de la producción y del mando unipersonal. Veía en la emulación socialista uno de los medios más importantes de educación comunista. Esta cuestión la había planteado y desarrollado ya antes, en diciembre de 1917, en el artículo ¿Cómo debe organizarse la emulación? Señalaba que sólo el socialismo crea la posibilidad de impulsar la emulación entre las masas, con participación de la mayoría de los trabajadores, los cuales pueden revelar en ella sus dotes y talentos, de los que el pueblo es manantial inagotable.

El trabajo de Lenin Las tareas inmediatas del Poder soviético tiene importancia histórica y es una notable obra del marxismo.

Los "comunistas de izquierda" lucharon contra el plan leninista. Su posición conducía, en la práctica, a defender el elemento pequeñoburgués y la relajación anarquista. Lenin criticó duramente a los "comunistas de izquierda" en el artículo Acerca del infantilismo ``izquierdista'' y del espíritu pequeñoburgués, mostrando que eran portavoces de los intereses "del enfurecido pequeñoburgués" (pág. 716 del presente volumen).

Figuran en este tomo las Tesis sobre la situación política actual, escritas en mayo de 1918. Lenin expone en ellas la situación en que se encontraba entonces el país. Se había creado una situación gravísima en extremo en el abastecimiento de víveres. Los kulaks y especuladores saboteaban el monopolio del trigo y ocultaban el grano, con la esperanza de ahogar la revolución por medio del hambre. La lucha por el pan se fundía con la lucha por el socialismo. En su carta a los obreros de Petrogrado, titulada El hambre, Lenin señaló la tarea de organizar una ``cruzada'' masiva de los obreros avanzados al campo para ayudar a los campesinos pobres en la lucha contra los kulaks. Miles y miles de obreros respondieron al llamamiento del partido. Se formaron destacamentos encabezados por comunistas, que fueron enviados a las aldeas, donde cohesionaron a los campesinos pobres y les ayudaron a romper la resistencia de los kulaks y a descubrir los sobrantes de grano que ocultaban.

En junio de 1918 se constituyeron los comités de campesinos 22 pobres. Fueron puntos de apoyo de la dictadura del proletariado en el campo y realizaron una gran labor en la lucha contra los kulaks y en el abastecimiento de trigo a la población de las ciudades y al ejército. La organización de estos comités tuvo gran importancia para el desarrollo de la revolución socialista y el afianzamiento del Poder soviético en el campo.

En un discurso pronunciado en el VII Congreso del PC(b) de Rusia, Lenin dijo: "... al comenzar las transformaciones socialistas, debemos plantearnos claramente el objetivo hacia el cual tienden, en resumidas cuentas, estas transformaciones: el de crear la sociedad comunista...'' (pág. 631 del presente volumen). Inspirado por las ideas inmortales de Lenin, el Partido Comunista de la Unión Soviética orienta las poderosas fuerzas del pueblo soviético hacia el cumplimiento de la ingente tarea de edificar el comunismo en nuestro país.

Las ideas de Lenin alumbran el camino triunfal de la lucha que sostienen por la edificación del socialismo y el comunismo los trabajadores de los países socialistas, dirigidos por los partidos comunistas y obreros. Estas ideas sirven de estrella polar a los pueblos del mundo entero en su lucha por la paz, la democracia y el socialismo.

Instituto de Marxismo-Leninismo del CC del PCUS Editorial del Estado de Literatura Política

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LENIN. 1918

[23] __ALPHA_LVL1__ CARTAS DESDE LEJOS^^1^^

PRIMERA CARTA

LA PRIMERA ETAPA DE LA PRIMERA REVOLUCIÓN

La primera revolución, engendrada por la guerra imperialista mundial, ha estallado. Seguramente, esta primera revolución no será la última.

A juzgar por los escasos datos de que se dispone en Suiza, la primera etapa de esta primera revolución, .concretamente la revolución rusa del 1 de marzo de 1917, ha terminado. Seguramente, esta primera etapa no será la última de nuestra revolución.

¿Cómo ha podido producirse el ``milagro'' de que sólo en 8 días---según ha afirmado el señor Miliukov en su jactancioso telegrama a todos los representantes de Rusia en el extranjero--- se haya desmoronado una monarquía que se había mantenido a lo largo de siglos y que se mantuvo, pese a todo, durante tres años ---1905--1907---de gigantescas batallas de clases en las que participó todo el pueblo?

Ni en la naturaleza ni en la historia se producen milagros, pero todo viraje brusco de la historia, incluida cualquier revolución, ofrece un contenido tan rico, desarrolla combinaciones tan inesperadas y originales de formas de lucha y de correlación de las fuerzas en pugna, que muchas- cosas deben parecer milagrosas a la mentalidad pequeñoburguesa.

Para que la monarquía zarista pudiera desmoronarse en unos días, fue precisa la conjugación de varias condiciones de importancia histórica universal. Indiquemos las principales.

Sin los tres años de formidables batallas de clases, sin la energía revolucionaria desplegada por el proletariado ruso en 1905--1907, hubiera sido imposible una segunda revolución tan rápida, en el sentido de que ha culminado su etapa inicial en unos cuantos días. La primera revolución (1905) removió profundamente el terreno, arrancó de raíz prejuicios seculares, despertó a la vida política y a la lucha política a millones de obreros y a decenas de millones de campesinos, reveló a cada clase y al mundo entero el verdadero carácter de todas las clases (y todos los principales partidos) de la sociedad rusa, la verdadera correlación de sus intereses, sus fuerzas, sus modos de acción, sus objetivos inmediatos y 24 posteriores. La primera revolución y la época de contrarrevolución que le siguió (1907--1914) pusieron al desnudo la verdadera naturaleza de la monarquía zarista, llevaron ésta a su "último extremo'', descubrieron toda su putrefacción, toda la ignominia, todo el cinismo y todo el libertinaje de la banda zarista con el monstruo de Rasputin a la cabeza; descubrieron toda la ferocidad de la familia de los Románov, esos pogromistas que anegaron Rusia en sangre de judíos, de obreros, de revolucionarios, esos terratenientes, "los primeros entre sus iguales'', poseedores de millones de deciatinas de tierra y dispuestos a todas las atrocidades, a todos los crímenes, dispuestos a arruinar y a estrangular a no importa cuantos ciudadanos para resguardar la "propiedad sacrosanta" suya y de su clase.

Sin la revolución de 1905--1907, sin la contrarrevolución de 1907--1914, habría sido imposible una ``autodefinicien'' tan precisa de todas las clases del pueblo ruso y de todos los pueblos que habitan en Rusia, la definición de la actitud de esas clases---de unas hacia otras y de cada una de ellas hacia la monarquía zarista--- que se reveló durante los 8 días de la revolución de febrero-marzo de 1917. Esta revolución de 8 días fue ``representada'', si puede permitirse la metáfora, como si se hubiera procedido con anterioridad a unos diez ensayos principales y secundarios; los ``actores'' se conocían, sabían sus papeles, sus puestos, conocían su situación a lo largo y a lo ancho, en todos los detalles, conocían hasta los menores matices de las tendencias políticas y de las formas de acción.

Pero, para que la primera, la gran revolución de 1905, condenada como "una gran rebelión" por los señores Guchkov, Miliukov y sus acólitos, condujera a los doce años a la ``brillante'' y ``gloriosa'' revolución de 1917, que los Guchkov y los Miliukov declaran ``gloriosa'' porque les ha dado (por el momento) el poder, se precisaba, además, un "director de escena" grande, vigoroso, omnipotente y capaz, por una parte, de acelerar extraordinariamente la marcha de la historia universal, y, por otra, de engendrar crisis mundiales económicas, políticas, nacionales e internacionales de una fuerza inusitada. Aparte de una aceleración extraordinaria de la historia universal, se precisaban virajes particularmente bruscos de ésta para que en uno de ellos pudiera volcar, de golpe, la carreta de la sangrienta y enlodada monarquía de los Románov.

Este "director de escena" omnipotente, este acelerador vigoroso ha sido la guerra imperialista mundial.

Hoy ya no cabe duda de que la guerra es mundial, pues Estados Unidos y China están ya participando a medias en ella, y mañana lo harán totalmente.

25

Hoy ya no cabe duda de que la guerra es imperialista por ambas partes. Sólo los capitalistas y sus secuaces, los socialpatriotas y los socialchovinistas---o, aplicando en lugar de definiciones criticas generales nombres de políticos bien conocidos en Rusia---, sólo los Guchkov y los Lvov, los Miliukov y los Shingariov, de un lado, y, de otro, sólo los Gvózdiev, los Potrésov, los Chjenkeli, los Kerenski y los Chjeídze pueden negar o velar este hecho. Tanto la burguesía alemana como la burguesía anglo-francesa hacen la guerra para saquear otros países, para estrangular a los pequeños pueblos, para establecer su dominación financiera en el mundo, para proceder al reparto y redistribución de las colonias, para salvar, engañando y dividiendo a los obreros de los distintos países, el agonizante régimen capitalista.

La guerra imperialista debía---ello era objetivamente inevitable--- acelerar extraordinariamente y recrudecer de manera inusitada la lucha de clase del proletariado contra la burguesía, debía transformarse en una guerra civil entre las clases enemigas.

Esta transformación ha comenzado con la revolución de febreromarzo de 1917, cuya primera etapa nos ha mostrado, en primer lugar, el golpe conjunto infligido al zarismo por dos fuerzas: toda la Rusia burguesa y terrateniente con todos sus acólitos inconscientes y con todos sus orientadores conscientes, los embajadores y capitalistas anglo-franceses, por una parte, y, por otra, el Soviet de diputados obreros, que ha empezado a ganarse a los diputados soldados y campesinos.

Estos tres campos políticos, estas tres fuerzas políticas fundamentales que son: 1) la monarquía zarista, cabeza de los terratenientes feudales, cabeza de la vieja burocracia del generalato; 2) la Rusia burguesa y terrateniente de los = octubristas^^2^^ y los demócratas = constitucionalistas^^3^^, detrás de los cuales se arrastraba la pequeña burguesía (cuyos representantes más señalados son Kerenski y Chjeídze); 3) el Soviet de diputados obreros, que trata de hacer aliados suyos a todo el proletariado y a todos los sectores pobres de la población; estas tres fuerzas políticas fundamentales se han revelado con plena claridad, incluso en los 8 días de la "primera etapa'', incluso para un observador obligado a contentarse con los escuetos telegramas de los periódicos extranjeros y tan alejado de los sucesos como lo está quien escribe estas líneas.

Pero antes de desarrollar esta idea, debo volver a la parte de mi carta consagrada al factor de mayor importancia: la guerra imperialista mundial.

La guerra ha atado entre sí con cadenas de hierro a las potencias beligerantes, a los grupos beligerantes de capitalistas, a los ``amos'' del régimen capitalista, a los señores de la esclavitud capitalista. Un 26 amasijo sanguinolento: eso es la vida social y política del momento histórico que vivimos.

Los socialistas que desertaron al campo de la burguesía en el comienzo de la guerra, todos esos David y Scheidemann en Alemania, los Plejánov, Potrésov, Gvózdiev y Cía. en Rusia, vociferaron largamente y a grito pelado contra las ``ilusiones'' de los revolucionarios, contra las ``ilusiones'' del Manifiesto = de Basilea^^4^^, contra el "sueño-farsa" de la transformación de la guerra imperialista en guerra civil. Ensalzaron en todos los tonos la fuerza, la vitalidad, la facultad de adaptación reveladas, según ellos, por el capitalismo; ¡ellos, que han ayudado a los capitalistas a ``adaptar'', domesticar, engañar y dividir a la clase obrera de los distintos países!

Pero "quien ría el último, ríe mejor''. La burguesía no consiguió aplazar por largo tiempo la crisis revolucionaria engendrada por la guerra. Esta crisis se agrava con una fuerza irresistible en todos los países, empezando por Alemania, que sufre, según la expresión de un observador que la ha visitado recientemente, "un hambre genialmente organizada'', y terminando con Inglaterra y Francia, donde el hambre se acerca también y donde la organización es mucho menos ``genial''.

Es natural que la crisis revolucionaria estallara antes que en otras partes en la Rusia zarista, donde la desorganización era la más monstruosa y el proletariado el más revolucionario (no debido a sus cualidades singulares, sino a las tradiciones, aún vivas, del "año 1905''). Aceleraron esta crisis las durísimas derrotas sufridas por Rusia y sus aliados. Estas derrotas sacudieron todo el viejo mecanismo gubernamental y todo el viejo orden de cosas, enfurecieron contra él a todas las clases de la población, exasperaron al ejército, exterminaron a muchísimos de los viejos mandos, salidos de una nobleza rutinaria y de una burocracia extraordinariamente podrida, y los remplazaron con elementos jóvenes, nuevos, principalmente burgueses, = raznochintsi^^5^^, pequeñoburgueses. Los lacayos descarados de la burguesía o los hombres simplemente faltos de carácter, que clamaban y vociferaban contra el ``derrotismo'', se ven hoy ante el hecho de la ligazón histórica entre la derrota de la monarquía zarista, la más atrasada y bárbara, y el comienzo del incendio revolucionario.

Pero si las derrotas al empezar la guerra desempeñaron el papel de un factor negativo, que aceleró la explosión, el vínculo entre el capital financiero anglo-francés, el imperialismo anglofrancés y el capital octubrista y democonstitucionalista de Rusia ha sido el factor que ha acelerado esta crisis, mediante la organización directa de un complot contra Nicolás Románov.

27

Por razones bien comprensibles, la prensa anglo-francesa silencia este aspecto, extraordinariamente importante, de la cuestión, mientras que ¡a prensa alemana lo subraya con maliciosa alegría. Nosotros, los marxistas, debemos mirar la verdad cara a cara, serenamente, sin dejarnos desconcertar por la mentira oficial, por la mentira diplomática y dulzarrona de los diplomáticos y de los ministros del primer grupo beligerante de imperialistas, ni por los guiños y las risitas burlonas de sus competidores financieros y militares del otro grupo beligerante. Todo el curso de los sucesos en la revolución de febrero-marzo muestra claramente que las embajadas inglesa y francesa, con sus agentes y sus ``influencias'', que llevaban mucho tiempo haciendo los esfuerzos más desesperados para impedir los acuerdos " separados" y una paz separada entre Nicolás II (esperamos y haremos lo necesario para que sea el último) y Guillermo II, organizaron directamente un complot con los octubristas y los demócratas constitucionalistas, con parte del generalato y de la oficialidad del ejército, sobre todo, de la guarnición de San Petersburgo, para deponer a Nicolás Románov.

No nos hagamos ilusiones. No incurramos en el error de quienes---como algunos miembros del = ``CO''^^6^^ o = ``mencheviques''^^7^^, que vacilan entre la posición de los Gvózdiev y los Potrésov y el internacionalismo, deslizándose con excesiva frecuencia hacia el pacifismo pequeñoburgués---están dispuestos a ensalzar el " acuerdo" entre el partido obrero y los demócratas constitucionalistas, el ``apoyo'' del primero a los últimos, etc. Esa gente, rindiendo tributo a su vieja y manoseada doctrina (que nada tiene de marxista), echa un velo sobre el complot tramado por los imperialistas anglo-franceses con los Guchkov y los Miliukov para destronar a Nicolás Románov, el "primer espadón'', y poner en su sitio a espadones más enérgicos, menos gastados, más capaces.

Si la revolución ha triunfado tan rápidamente y de una manera tan radical---en apariencia y a primera vista---, es únicamente porque, debido a una situación histórica original en extremo, se fundieron, con ``unanimidad'' notable, corrientes absolutamente diferentes, intereses de clase absolutamente heterogéneos, aspiraciones políticas y sociales absolutamente opuestas. A saber: la conjuración de los imperialistas anglo-franceses, que empujaron a Miliukov, Guchkov y Cía. a adueñarse del poder para continuar la guerra imperialista, para continuarla con más encarnizamiento y tenacidad, para asesinar a nuevos millones de obreros y campesinos de Rusia a fin de dar Constantinopla... a los Guchkov, Siria... a los capitalistas franceses, Mesopotamia... a los capitalistas ingleses, etc. Esto de una parte. Y de otra parte, un profundo movimiento 28 proletario y de las masas del pueblo (todos los sectores pobres de la población de la ciudad y del campo), movimiento de carácter revolucionario, por el pan, la paz y la verdadera libertad.

Sería necio hablar de ``apoyo'' por parte del proletariado revolucionario de Rusia al imperialismo democonstitucionalista y octubrista, ``amasado'' con dinero inglés y tan repugnante como el imperialismo zarista. Los obreros revolucionarios han estado demoliendo, han demolido ya en gran parte y seguirán demoliendo la ignominiosa monarquía zarista hasta acabar con ella, sin entusiasmarse ni inmutarse si en ciertos momentos históricos, de breve duración y de coyuntura excepcional, viene a ayudarles la lucha de Buchanan, Guchkov, Miliukov y Cía., con vistas a sustituir a un monarca por otro, ¡y preferiblemente por otro Románov!

Las cosas han ocurrido así, y solamente así. Así, y solamente así, puede considerar las cosas el político que no teme la verdad, que sopesa con lucidez la correlación de las fuerzas sociales en la revolución, que aprecia cada "momento actual'', no sólo en todo lo que tiene de original en el instante dado, sino también desde el punto de vista de resortes más profundos, de una correlación más profunda de los intereses del proletariado y de la burguesía, tanto en Rusia como en todo el mundo.

Los obreros de Petrogrado, lo mismo que los obreros de toda Rusia, han combatido con abnegación contra la monarquía zarista, por la libertad, por la tierra para los campesinos, por la paz, contra la matanza imperialista. El capital imperialista anglo-francés, para continuar e intensificar esta matanza, urdió intrigas palaciegas, tramó un complot con oficiales de la guardia, instigó y alentó a los Guchkov y a los Miliukov, tenía completamente formado un nuevo gobierno, que fue el que tomó el poder en cuanto el proletariado hubo asestado los primeros golpes al = zarismo^^8^^.

Este nuevo gobierno en el que los octubristas y los " renovadores = pacíficos"^^9^^, Lvov y Guchkov, ayer cómplices de Stolypin el Verdugo, ocupan puestos de verdadera importancia, puestos cardinales, puestos decisivos, tienen en sus manos el ejército y la burocracia, este gobierno, en el que Miliukov y otros demócratas constitucionalistas figuran más que nada como adorno, como rótulo, para pronunciar melifluos discursos profesorales, y el ``trudovique'' Kerenski desempeña el papel de flauta para engañar a los obreros y a los campesinos, ese gobierno no es una agrupación accidental de personas.

Son los representantes de una nueva clase llegada al poder político en Rusia, la clase de los terratenientes capitalistas y de la burguesía, que desde hace largo tiempo dirige económicamente nuestro país y que tanto durante la revolución de 1905--1907 como 29 durante la contrarrevolución de 1907--1914 y, finalmente, durante la guerra de 1914 a 1917---en este período con singular celeridad---, se ha organizado políticamente con extraordinaria rapidez, apoderándose de las administraciones locales, de la instrucción pública, de congresos de todo género, de la Duma'', de los comités de la industria de = guerra^^12^^, etc. Esta nueva clase estaba ya "casi del todo" en el poder en 1917; por eso los primeros golpes han sido suficientes para que el zarismo se desmoronase, abandonando el campo a la burguesía. La guerra imperialista, al exigir una increíble tensión de fuerzas, aceleró a tal extremo el proceso de desarrollo de la Rusia atrasada, que, "de golpe"---en realidad aparentemente de golpe---, hemos alcanzado a Italia, a Inglaterra y casi a Francia, hemos obtenido un gobierno ``parlamentario'', de "coalición'', ``nacional'' (es decir, adaptado para continuar la matanza imperialista y para engañar al pueblo).

Al lado de este gobierno---que no es, en el fondo, más que un simple agente de las ``firmas'' de multimillonarios, "Inglaterra y Francia'', desde el punto de vista de la guerra presente---ha aparecido un gobierno obrero, el gobierno principal, no oficial, no desarrollado aún, relativamente débil, que expresa los intereses del proletariado y de todos los elementos pobres de la población de la ciudad y del campo. Este gobierno es el Soviet de diputados obreros de Petrogrado que busca ligazón con los soldados y con los campesinos, así como con los obreros agrícolas; como es natural, con éstos, sobre todo, más que con los campesinos.

Tal es la verdadera situación política que nosotros debemos ante todo esforzarnos por establecer con la máxima precisión y objetividad, a fin de dar a la táctica marxista la única base sólida que ha de tener: los hechos.

La monarquía zarista ha sido derrocada, pero todavía no ha sido rematada.

El gobierno octubrista y democonstitucionalista, gobierno burgués, que quiere llevar la guerra imperialista "hasta el final'', es en realidad agente de la firma financiera "Inglaterra y Francia'', y se ve obligado a prometer al pueblo todas las libertades y todas las dádivas compatibles con el mantenimiento del poder sobre el pueblo y con la continuación de la matanza imperialista.

El Soviet de diputados obreros es una organización obrera, es el embrión del gobierno obrero, representante de los intereses de todas las masas pobres de la población, es decir, de las nueve décimas partes de la población, que busca la paz, el pan y la libertad.

La lucha de estas tres fuerzas determina la situación presente, que es el paso de la primera a la segunda etapa de la revolución.

La contradicción entre la primera fuerza y la segunda no es 30 profunda, es una contradicción temporal, suscitada solamente por la coyuntura del momento, por un brusco viraje de los acontecimientos en la guerra imperialista. En el nuevo gobierno todos son monárquicos, pues el republicanismo verbal de Kerenski no es serio ni digno de un político; es, objetivamente, politiquería. Aún no había el nuevo gobierno asestado el golpe de gracia a la monarquía zarista, cuando ya estaba entrando en tratos con la dinastía de los terratenientes Románov. La burguesía octubrista y demócrata constitucionalista necesita la monarquía como cabeza de la burocracia y del ejército, para salvaguardar los privilegios del capital contra los trabajadores.

Quien pretenda que los obreros deben apoyar al nuevo gobierno en nombre de la lucha contra la reacción del zarismo (y eso es lo que pretenden, por lo visto, los Potrésov, los Gvózdiev, los Chjenkeli y, también, pese a su posición evasiva, los Chjeídze), traiciona a los obreros, traiciona la causa del proletariado, la causa de la paz y de la libertad. Porque, de hecho, precisamente este nuevo gobierno ya está atado de pies y manos por el capital imperialista, por la política imperialista belicista, de rapiña; ya ha iniciado las transacciones (¡sin consultar al pueblo!) con la dinastía; ya se afana por restaurar la monarquía zarista; ya invita a un candidato a reyezuelo, a Mijaíl Románov; ya se preocupa de afianzar su trono, de sustituir la monarquía legítima (legal, basada en viejas leyes) por una monarquía bonapartista, plebiscitaria (basada en un sufragio popular amañado).

¡Para combatir realmente contra la monarquía zarista, para asegurar realmente la libertad, y no sólo de palabra, no en las promesas de los picos de oro de Miliukov y Kerenski, no son los obreros quienes deben apoyar al nuevo gobierno, sino este gobierno quien debe ``apoyar'' a los obreros! Porque la única garantía de la libertad y de la destrucción completa del zarismo es armar al proletariado, consolidar, extender, desarrollar el papel, la importancia y la fuerza del Soviet de diputados obreros.

Todo lo demás son frases y mentiras, ilusiones de politiqueros del campo liberal y radical, maquinaciones fraudulentas.

Ayudad al armamento de los obreros o, al menos, no lo estorbéis, y la libertad será invencible en Rusia, nadie conseguirá restaurar la monarquía, y la república se verá asegurada.

De lo contrario, los Guchkov y los Miliukov restaurarán la monarquía y no harán nada, absolutamente nada, de lo que han prometido en cuanto a las ``libertades''. Todos los politiqueros burgueses en todas las revoluciones burguesas han ``alimentado'' al pueblo y embaucado a los obreros con promesas.

Nuestra revolución es burguesa, y por eso los obreros deben 31 apoyar a la burguesía, dicen los Potrésov, los Gvózdiev y los Chjeídze, como dijera ayer Plejánov.

Nuestra revolución es burguesa, decimos nosotros, los marxistas, y por eso los obreros deben abrir los ojos al pueblo para que vea la mentira de los politiqueros burgueses y enseñarle a no creer en las palabras, a confiar únicamente en sus propias fuerzas, en su propia organización, en su propia unión, en su propio armamento.

El gobierno de octubristas y demócratas constitucionalistas, de los Guchkov y los Miliukov, no puede dar al pueblo---aunque lo quisiera sinceramente (sólo niños de pecho pueden creer en la sinceridad de Guchkov y Lvov)---ni la paz, ni el pan, ni la libertad.

La paz, porque es un gobierno de guerra, un gobierno de continuación de la matanza imperialista, un gobierno de rapiña que desea saquear Armenia, Galitzia, Turquía, conquistar Constantinopla, reconquistar Polonia, Curlandia, el país lituano, etc. Este gobierno está atado de pies y manos por el capital imperialista anglo-francés. El capital ruso no es más que una sucursal de la ``firma'' universal que maneja centenares de miles de millones de rublos y que se llama "Inglaterra y Francia".

El pan, porque este gobierno es burgués. Cuanto más, dará al pueblo, como lo ha hecho Alemania, "un hambre genialmente organizada''. Pero el pueblo no querrá tolerar el hambre. El pueblo llegará a saber, y sin duda bien pronto, que hay pan y que se puede obtener, pero únicamente con medidas desprovistas de todo respeto hacia la santidad del capital y de la propiedad de la tierra.

La libertad, porque este gobierno es un gobierno de terratenientes y capitalistas, que teme al pueblo y ha entrado ya en tratos con la dinastía de los Románov.

En otro artículo trataremos de los objetivos tácticos de nuestra conducta inmediata respecto a este gobierno. Mostraremos en qué consiste la peculiaridad del momento actual, del paso de la primera a la segunda etapa de la revolución, y por qué la consigna, la "tarea del día'', en este momento debe ser: ¡Obreros! Habéis hecho prodigios de heroísmo proletario y popular en la guerra civil contra el zarismo. Tendréis que hacer prodigios de organización del proletariado y de todo el pueblo para preparar vuestro triunfo en la segunda etapa de la revolución.

Limitándonos por el momento a analizar la lucha de clases y la correlación de fuerzas de clase en la etapa actual de la revolución, debemos plantear aún esta cuestión: ¿Quiénes son los aliados del proletariado en la presente revolución?

Estos aliados son dos: en primer lugar, la amplia masa de los semiproletarios y, en parte, de los pequeños campesinos de Rusia, masa que cuenta con decenas de millones de hombres y constituye 32 la inmensa mayoría de la población. Esta masa necesita la paz, el pan, la libertad y la (ierra. Esta masa sufrirá inevitablemente cierta influencia de la burguesía, y sobre todo de la pequeña burguesía, a la que se acerca más por sus condiciones de existencia, vacilando entre la burguesía y el proletariado. Las duras lecciones de la guerra, que serán tanto más duras cuanto más enérgicamente sea hecha la guerra por Guchkov, Lvov, Miliukov y Cía., empujarán a esta masa inevitablemente hacia el proletariado, la obligarán a seguirle. Ahora debemos aprovechar la libertad relativa del nuevo régimen y los Soviets de diputados obreros para esforzarnos en ilustrar y organizar, sobre todo y por encima de todo, a esta masa. Los Soviets de diputados campesinos, los Soviets de obreros agrícolas, son una de las tareas más esenciales. No sólo nos esforzaremos por que los obreros agrícolas formen sus Soviets propios, sino también por que los campesinos pobres e indigentes se organicen separadamente de los campesinos acomodados. En la carta siguiente trataremos de las tareas especiales y de las formas especiales de la organización, cuya necesidad se impone hoy día con gran fuerza.

En segundo lugar, aliado del proletariado ruso es el proletariado de todos los países beligerantes y de todos los países en general. Hoy este aliado se encuentra en gran medida abrumado por la guerra y sus portavoces son con excesiva frecuencia los socialchovinistas, que en Europa se han pasado, como Plejánov, Gvózdiev y Potrésov en Rusia, al campo de la burguesía. Pero cada mes de guerra imperialista ha ido liberando de su influencia al proletariado, y la revolución rusa acelerará infaliblemente este proceso en enormes proporciones.

Con estos dos aliados, el proletariado puede marchar y marchará, aprovechando las particularidades del actual momento de transición, primero a la conquista de la república democrática y de la victoria completa de los campesinos sobre los terratenientes, en lugar de la semimonarquía guchkoviano-miliukoviana, y después al socialismo, pues sólo éste dará a los pueblos, extenuados por la guerra, la paz, el pan y la libertad.

N. Lenin

Escrita el 7 (20) de marzo de 1917.

Se publicó resumida el 21 y el 22 de
marzo de 1917 en los núms. 14 y 15 del
periódico ``Pravda''.

Apareció íntegra por vez primera en
1949 en la cuarta edición de las ``Obras''
de V. I. Lenin, tomo 23.

T. 31, págs. 11--22.

33 __ALPHA_LVL1__ LAS TAREAS DEL PROLETARIADO EN LA PRESENTE REVOLUCIÓN~^^15^^

Habiendo llegado a Petrogrado únicamente el 3 de abril por la noche, es natural que sólo en nombre propio y con las consiguientes reservas, debidas a mi insuficiente preparación, pude pronunciar en la asamblea del 4 de abril un informe acerca de las tareas del proletariado revolucionario.

Lo único que podía hacer para facilitarme la labor---y facilitársela también a los opositores de buena fe---era preparar unas tesis por escrito. Las leí y entregué el texto al camarada Tsereteli. Las leí muy despacio y por dos veces: primero en la reunión de bolcheviques y después en la de bolcheviques y mencheviques.

Publico estas tesis personales mías acompañadas únicamente de brevísimas notas explicativas, que en mi informe fueron desarrolladas con mucha mayor amplitud.

TESIS

1. En nuestra actitud ante la guerra, que por parte de Rusia sigue siendo indiscutiblemente una guerra imperialista, de rapiña, también bajo el nuevo gobierno de Lvov y Cía., en virtud del carácter capitalista de este gobierno, es intolerable la más pequeña concesión al "defensismo revolucionario".

El proletariado consciente sólo puede dar su asentimiento a una guerra revolucionaria, que justifique verdaderamente el defensismo revolucionario, bajo las siguientes condiciones: a) paso del poder a manos del proletariado y de los sectores más pobres del campesinado a él adheridos; b) renuncia de hecho, y no de palabra, a todas las anexiones; c) ruptura completa de hecho con todos los intereses del capital.

Dada la indudable buena fe de grandes sectores de defensistas revolucionarios de filas, que admiten la guerra sólo como una necesidad y no para fines de conquista, y dado su engaño por la burguesía, es preciso aclararles su error de un modo singularmente minucioso, paciente y perseverante, explicarles la ligazón indisoluble del capital con la guerra imperialista y demostrarles que sin derrocar

2-74

34 el capital es imposible poner fin a la guerra con una paz verdaderamente democrática y no con una paz impuesta por la violencia.

Organizar la propaganda más amplia de este punto de vista en el ejército de operaciones.

Con fraternización en el frente.

2. La peculiaridad del momento actual en Rusia consiste en el paso de la primera etapa de la revolución, que ha dado el poder a la burguesía por carecer el proletariado del grado necesario de conciencia y de organización, a su segunda etapa, que debe poner el poder en manos del proletariado y de las capas pobres del campesinado.

Este tránsito se caracteriza, de una parte, por el máximo de legalidad (Rusia es hoy el más libre de todos los países beligerantes); de otra parte, por la ausencia de violencia contra las masas y, finalmente, por la confianza inconsciente de éstas en el gobierno de los capitalistas, los peores enemigos de la paz y del socialismo.

Esta peculiaridad exige de nosotros habilidad para adaptarnos a las condiciones especiales de la labor del partido entre masas inusitadamente amplias del proletariado, que acaban de despertar a la vida política.

3. Ningún apoyo al Gobierno Provisional; explicar la completa falsedad de todas sus promesas, sobre todo de la renuncia a las anexiones. Desenmascarar a este gobierno, que es un gobierno de capitalistas, en vez de propugnar la inadmisible e ilusoria " exigencia" de que deje de ser imperialista.

4. Reconocer que, en la mayor parte de los Soviets de diputados obreros, nuestro partido está en minoría y, por el momento, en una minoría reducida, frente al bloque de toáoslos elementos pequeñoburgueses y oportunistas---sometidos a la influencia de la burguesía y que llevan dicha influencia al seno del proletariado---, desde los socialistas populares = l4 y los socialistas-revolucionarios = hasta el Comité de Organización (Chjeídze, Tsereteli, etc.), Steklov, etc., etc.

Explicar a las masas que los Soviets de diputados obreros son la única forma posible de gobierno revolucionario y que, por ello, mientras este gobierno se someta a la influencia de la burguesía, nuestra misión sólo puede consistir en explicar los errores de su táctica de un modo paciente, sistemático, tenaz y adaptado especialmente a las necesidades prácticas de las masas.

Mientras estemos en minoría, desarrollaremos una labor de crítica y esclarecimiento de los errores, propugnando al mismo tiempo la necesidad de que todo el poder del Estado pase a los Soviets de diputados obreros, a fin de que, sobre la base de la experiencia, las masas corrijan sus errores.

5. No una república parlamentaria---volver a ella desde los 35 Soviets de diputados obreros sería dar un paso atrás---, sino una república de los Soviets de diputados obreros, braceros y campesinos en todo el país, de abajo arriba.

Supresión de la policía, del ejército y de la burocracia^^*^^.

La remuneración de los funcionarios, todos ellos elegibles y amovibles en cualquier momento, no deberá exceder del salario medio de un obrero calificado.

6. En el programa agrario, trasladar el centro de gravedad a los Soviets de diputados braceros.

Confiscación de todas las tierras de los latifundistas.

Nacionalización de todaslas tierras del país, de las que dispondrán los Soviets locales de diputados braceros y campesinos. Creación de Soviets especiales de diputados campesinos pobres. Hacer de cada gran finca (con una extensión de unas 100 a 300 deciatinas, según las condiciones locales y de otro género y a juicio de las instituciones locales) una hacienda modelo bajo el control de diputados braceros y a cuenta de la administración local.

7. Fusión inmediata de todos los bancos del país en un Banco Nacional único, sometido al control de los Soviets de diputados obreros.

8. No "implantación" del socialismo como nuestra tarea inmediata, sino pasar únicamente a la instauración inmediata del control de la producción social y de la distribución de los productos por los Soviets de diputados obreros.

9. Tareas del partido:

a) celebración inmediata de un congreso del partido;

b) modificación del programa del partido, principalmente:

1) sobre el imperialismo y ¡a guerra imperialista,

2) sobre la posición ante el Estado y nuestra reivindicación de un ``Estado-Comuna''^^**^^,

3) reforma del programa mínimo, ya anticuado;

c) cambio de denominación del partido~^^***^^.

10. Renovación de la Internacional.

Iniciativa de constituir una Internacional revolucionaria, una Internacional contra los socialchovinistas \ contra el ``centro''^^****^^.

_-_-_

^^*^^ Es decir, sustitución del ejército permaiK'tite con el armamento general del pueblo.

^^**^^ F,s decir, cíe un F.stado cuyo prototipo dio la Comuna de París.

^^***^^ En lugar de ``socialdcmoeracia'', cuyos líderes oficiales han traicionado al socialismo en el mundo entero, pasándose a la burguesía (lo mismo los "deíensistas" que los vacilantes ``kautskianos''). debemos denominarnos __MISSING__ text. /Y

^^****^^ Kn la soe ialdemocrae ia internacional se llama "centre vacila entre los chovinistas (o "deíensistas'') y los internai Kautsky y Cía. en Alemania, I.ongncl y Cía. en Francia, Chhje\'idze y Cía. en Rusia, Turati v Cía. en Italia, Mac Dónald y Cía. en Inglaterra, etc.

36

Para que el lector comprenda por qué hube cíe resaltar cíe manera especial, como rara excepción, el ``caso'' de opositores de buena fe, le invito a comparar estas tesis con la siguiente objeción del señor Goldenberg: Lenin---dice---"ha enarbolado la bandera de la guerra civil en el seno de la democracia revolucionaria''. (Citado en el periódico = Edinstvo^^16^^, del señor Plejánov, núm. 5.)

Una perla, ¿verdad?

Escribo, leo y machaco: "Dada la indudable buena fe de grandes sectores de defensistas revolucionarios de filas..., dado su engaño por la burguesía, es preciso aclararles su error de un modo singularmente minucioso, paciente y perseverante..."

Y esos señores de la burguesía, que se llaman socialdemócratas, que no pertenecen ni a los grandes sectores ni a los defensistas revolucionarios de filas, tienen la osadía de reproducir sin escrúpulos mis opiniones, interpretándolas así: "ha enarbolado (!) la bandera (!) de la guerra civil" (¡ni en las tesis ni en el informe se habla de ella para nada!) "en el seno (!!) de la democracia revolucionaria..."

¿Qué significa eso? ¿En qué se distingue de una incitación al pogromo?, ¿en qué se diferencia de Rússkaya = Voíía^^17^^?

Escribo, leo y machaco: "Los Soviets de diputados obreros son la única forma posible de gobierno revolucionario y, por ello, nuestra misión sólo puede consistir en explicar los errores de su táctica de un modo paciente, sistemático, tenaz y adaptado especialmente a las necesidades prácticas de las masas..."

Pero cierta clase de opositores exponen mis puntos de vista i ¡como un llamamiento a la "guerra civil en el seno de la democracia revolucionaria"!!

He atacado al Gobierno Provisional por no señalar un plazo, ni próximo ni remoto, para la convocatoria de la Asamblea Constituyente y limitarse a simples promesas. Y he demostrado que sin los Soviets de diputados obreros y soldados no está garantizada la convocatoria de la Asamblea Constituyente ni es posible su éxito.

¡¡¡Y se me imputa que soy contrario a la convocatoria inmediata de la Asamblea Constituyente!!!

Calificaría todo eso de expresiones ``delirantes'' si decenas de años de lucha política no me hubiesen enseñado a considerar una rara excepción la buena fe de los opositores.

En su periódico, el señor Plejánov ha calificado mi discurso de ``delirante''. ¡Muy bien, señor Plejánov! Pero fíjese cuan torpón, inhábil y poco perspicaz es usted en su polémica. Si me pasé dos horas delirando, ¿por qué aguantaron cientos de oyentes ese ``delirio''? ¿Y para qué dedica su periódico toda una columna a reseñar un ``delirio''? Mal liga eso, señor Plejánov, muy mal.

Es mucho más fácil, naturalmente, gritar, insultar y vociferar que 37 intentar exponer, explicar y recordar cómo enjuiciaban Marx y Engels en 1871, 1872 y 1875 las experiencias de la Comuna de París = 1H y qué decían acerca del tipo de Estado que necesita el proletariado.

Por lo visto, el ex marxista señor Plejánov no desea recordar el marxismo.

He citado las palabras de Rosa Luxemburgo, que el 4 de agosto de 1914'"' denominó a la socialdemocracia alemana "cadáver maloliente''. Y los señores Plejánov, Goldenberg y Cía. se sienten ``ofendidos''... ¿en nombre de quién? ¡En nombre de los chovinistas alemanes, calificados de chovinistas!

Los pobres socialchovinistas rusos, socialistas de palabra y chovinistas de hecho, se han armado un lío.

Escrito el 4 y el 5 (17 y 1H) de abril de ¡917.

Publicad» el 7 de abril de 191 7 en el núm. 26 del periódico ``Pravda''.

T. 31. págs. 113--118.

38 __ALPHA_LVL1__ LA DUALIDAD DE PODERES

El problema del poder del Estado es el fundamental en toda revolución. Sin comprenderlo claramente no puede ni pensarse en participar de modo consciente en la revolución y mucho menos en dirigirla.

Una particularidad notable en grado sumo de nuestra revolución consiste en que ha engendrado una dualidad de poderes. Es necesario, ante todo, explicarse este hecho, pues sin ello será imposible seguir adelante. Es menester saber completar y corregir las viejas " fórmulas'', por ejemplo, las del bolchevismo, acertadas en general, como se ha demostrado, pero cuya realización concreta ha resultado ser diferente. Nadie pensaba ni podía pensar antes en la dualidad de poderes.

¿En qué consiste la dualidad de poderes? En que junto al Gobierno Provisional, gobierno de la burguesía, se ha formado otro gobierno, débil aún, embrionario, pero existente sin duda alguna y en vías de desarrollo: los Soviets de diputados obreros y soldados.

¿Cuál es la composición de clase de este otro gobierno? El proletariado y los campesinos (estos últimos con uniforme de soldado). ¿Cuál es el carácter político de este gobierno? Es una dictadura revolucionaria, es decir, un poder que se apoya directamente en la conquista revolucionaria, en la iniciativa directa de las masas populares desde abajo, y no en la ley promulgada por el poder centralizado del Estado. Es un poder completamente diferente del de la república parlamentaria democrático-burguesa del tipo general que impera hasta ahora en los países avanzados de Europa y América. Esta circunstancia se olvida con frecuencia, no se medita sobre ella, a pesar de que en ella reside toda la esencia del problema. Este poder es un poder del mismo tipo que la Comuna de París de 1871. Los rasgos fundamentales de este tipo de poder son: 1) la fuente del poder no está en una ley, previamente discutida y aprobada por el Parlamento, sino en la iniciativa directa de las masas populares desde abajo y en cada lugar, en la ``conquista'' directa del poder, para emplear un término en boga; 2) sustitución de la policía y del ejército, como instituciones apartadas del pueblo y 39 contrapuestas a él, por el armamento directo de todo el pueblo: con este poder guardan el orden público los propios obreros y campesinos armados, el propio pueblo en armas: 3) los funcionarios y la burocracia son sustituidos también por el poder directo del pueblo o, al menos, sometidos a un control especial, se transforman en simples mandatarios, no sólo elegibles, sino amovibles en todo momento, en cuanto el pueblo lo exija; se transforman de casta privilegiada, con una elevada retribución, con una retribución burguesa de sus ``puestecitos'', en obreros de un ``arma'' especial, cuya remuneración no excede el salario corriente de un obrero calificado.

En esto, y sólo en esto, radica la esencia de la Comuna de París como tipo especial de Estado. Y esta esencia es la que han olvidado y desfigurado los señores Plejánov (los chovinistas manifiestos, que han traicionado el marxismo), los señores Kautsky (los ``centristas'', es decir, los que vacilan entre el chovinismo y el marxismo) y, en general, todos los socialdemócratas, socialistas-revolucionarios, etc., cine dominan hoy día.

Salen del paso con frases, se refugian en el silencio, escurren el bulto, se felicitan mutuamente una y mil veces por la revolución y no quieren reflexionar en qué son los Soviets de diputados obreros y soldados. No quieren ver la verdad manifiesta de que en la medida en que esos Soviets existen, en la medida en que son un poder, existe en Rusia un Estado del tipo de la Comuna de París.

Subrayo "en la medida'', pues sólo se trata de un poder en estado embrionario. Este poder, pactando directa y voluntariamente con el Gobierno Provisional burgués y haciendo una serie de concesiones efectivas, ha cedido y cede sus posiciones a la burguesía.

¿Por qué? ¿Quizá porque Chjeídz.e, Tsereteli, Steklov y Cía. cometan un ``error''? ¡Tonterías! Así puede pensar un filisteo, pero no un marxista. La causa está en el insuficiente grado de concienciay en la insuficiente organización de los proletarios y de ¡os campesinos. El ``error'' de los jefes mencionados reside en su posición pequeñoburguesa, en que embotan la conciencia de los obreros en vez cíe abrirles los ojos, en que les inculcan ilusiones pequeñoburguesas en vez de destruirlas, en que refuerzan la influencia de la burguesía sobre las masas en vez de emanciparlas de esa influencia.

Lo dicho debiera bastar para comprender por qué también nuestros camaradas cometen tantos errores al formular " simplemente" esta interrogante: ¿se debe derribar inmediatamente al Gobierno Provisional?

Respondo: 1) se le debe derribar, pues es un gobierno oligárquico, un gobierno burgués, y no de todo el pueblo; un gobierno que no puede dar ni paz, ni pan, ni plena libertad; 2) no se le puede derribar inmediatamente, pues se sostiene gracias a un pacto directo e 40 indirecto, formal y efectivo, con los Soviets de diputados obreros y, sobre todo, con el principal de ellos, el Soviet de Petrogrado; 3) en general, no se le puede ``derribar'' por la vía habitual, pues se asienta en el " apoyo" que presta a la burguesía el segundo gobierno, el Soviet de diputados obreros, y éste es el único gobierno revolucionario posible, que expresa directamente la conciencia y la voluntad de la mayoría de los obreros y campesinos. La humanidad no ha creado hasta hoy, ni nosotros conocemos, un tipo de gobierno superior ni mejor que los Soviets de diputados obreros, braceros, campesinos y soldados.

Para convertirse en poder, los obreros conscientes tienen que ganarse a la mayoría: mientrasno exista violencia contra las masas, no habrá otro camino para llegar al poder. No somos = blanquistas^^20^^, no somos partidarios de la conquista del poder por una minoría. Somos marxistas, partidarios de la lucha proletaria clasista contra la embriaguez pequeñoburguesa, contra el defensismo chovinista, contra las frases hueras, contra la dependencia respecto de la burguesía.

Formemos un partido comunista proletario; los mejores militantes del bolchevismo han creado ya los elementos de ese partido; unámonos estrechamente en la labor proletaria clasista y veremos cómo vienen a nosotros, en masas cada vez mayores, los proletarios y los campesinos pobres. Porque la vida se encargará de destruir cada día las ilusiones pequeñoburguesas de los "socialdemócratas'', de los Chjeídze, de los Tsereteli, de los Steklov, etc., de los " socialistasrevolucionarios'', de los pequeños burgueses todavía más ``puros'', etc., etc.

La burguesía defiende el poder único de la burguesía.

Los obreros conscientes defienden el poder único de los Soviets de diputados obreros, braceros, campesinos y soldados, el poder único que es necesario preparar esclareciendo la conciencia proletaria, emancipando al proletariado de la influencia de la burguesía, y no por medio de aventuras.

La pequeña burguesía---los "socialdemócratas'', los socialistasrevolucionarios, etc., etc.---vacila, entorpeciendo este esclarecimiento, esta emancipación.

Tal es la verdadera correlación de las fuerzas de las clases que determina nuestras tareas.

Publicado el 9 de abril de 1917 en el núm. 28 de ``Pravda''.

T. SI, paga. 145--148.

41 __ALPHA_LVL1__ LAS TAREAS DEL PROLETARIADO EN NUESTRA REVOLUCIÓN

(PROYECTO DE PLATAFORMA DEL PARTIDO PROLETARIO)

Escrita el 1» (23) de abril de 1917. El epílogo fue escrito el 28 de mayo (10 de junio) de 1917.

Publicado en septiembre de 1917 en un folleto, en Petrogrado, por la Editorial "I'ribói".

T. 31, p\'ags. 149--186.

[42] ~ 43

El momento histórico que vive Rusia se caracteriza por los siguientes rasgos fundamentales:

CARÁCTER DE CLASE DE LA REVOLUCIÓN REALIZADA

1. El viejo poder zarista, que sólo representaba a un puñado de terratenientes tendales, dueños de toda la máquina del Estado (ejército, policía, burocracia), ha sido destruido, suprimido, pero no rematado. La monarquía no está formalmente aniquilada. La banda de los Románov continúa urdiendo intrigas monárquicas. Las gigantescas posesiones de los terratenientes feudales no han sido liquidadas.

2. El poder del Estado ha pasado en Rusia a manos de una nueva clase: la clase de la burguesía y de los terratenientes aburguesados. En esa medida, la revolución democrática burguesa en Rusia está terminada.

La burguesía instaurada en el poder ha formado un bloque (una alianza) con elementos manifiestamente monárquicos, que se distinguieron de 1906 a 1914 por el apoyo, celoso en extremo, prestado a Nicolás el Sanguinario y a Stolypin el Verdugo (Guchkov y otros políticos, más derechistas que los demócratas constitucionalistas). El nuevo gobierno burgués de Lvov y Cía. ha intentado e iniciado negociaciones con los Románov para restaurar la monarquía en Rusia. Encubriéndose con una fraseología revolucionaria, este gobierno entrega los puestos dirigentes a los partidarios del antiguo régimen. Se esfuerza por reformar lo menos posible todo el aparato del Estado (ejército, policía, burocracia), poniéndolo en manos de la burguesía. El nuevo gobierno ha empezado ya a impedir por todos los medios la iniciativa revolucionaria de las acciones de masas y la toma del poder por el pueblo desde abajo, única garantía de los verdaderos éxitos de la revolución.

Hasta hoy, este gobierno no ha señalado siquiera el plazo de convocatoria de la Asamblea Constituyente. Deja intacta la 44 propiedad terrateniente del suelo, base material del zarismo feudal. Este gobierno no piensa siquiera en investigar, hacer públicos y controlar los manejos de las organizaciones financieras monopolistas, de los grandes bancos, de los consorcios y carteles capitalistas, etc.

Las carteras más importantes y decisivas del nuevo gobierno (los ministerios del Interior y de la Guerra, es decir, el mando del ejército, de la policía y de la burocracia, de todo el aparato destinado a oprimir a las masas) se hallan en manos de monárquicos notorios y de partidarios reconocidos de la gran propiedad terrateniente. A los demócratas constitucionalistas, republicanos de la última hornada, republicanos bien a pesar suyo, se les han concedido puestos secundarios, que no tienen relación directa ni con el mando del pueblo ni con el aparato de poder del Estado. A. Kerenski, representante de los trudoviques y "también-socialista'', no desempeña más papel que el de adormecer con frases sonoras la vigilancia y la atención del pueblo.

Por todas estas razones, el nuevo gobierno burgués no merece, ni aun en el campo de la política interior, ninguna confianza del proletariado, y es inadmisible que éste le preste el menor apoyo.

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LA POLÍTICA EXTERIOR DEL NUEVO GOBIERNO

3. En el campo de la política exterior, que las circunstancias objetivas colocan hoy en primer plano, el nuevo gobierno es un gobierno de continuación de la guerra imperialista, de una guerra en alianza con las potencias imperialistas, con Inglaterra, Francia, etc., por el reparto del botín capitalista y por la estrangulación de los pueblos pequeños y débiles.

A pesar de los deseos expresados con la mayor claridad a través del Soviet de diputados soldados y obreros en nombre de la mayoría indudable de los pueblos de Rusia, el nuevo gobierno---subordinado a los intereses del capital ruso y a los de su poderoso amo y protector, el capital imperialista anglo-francés, el más rico del mundo---no ha dado ningún paso efectivo para poner fin a esa matanza de pueblos, organizada en interés de los capitalistas. Ni siquiera ha hecho públicos los tratados secretos, manifiestamente rapaces (sobre el reparto de Persia, el saqueo de China, el saqueo de Turquía, el reparto de Austria, la anexión de la Prusia Oriental, la anexión de las colonias alemanas, etc.), que encadenan a Rusia, sin duda alguna, al rapaz capital imperialista anglo-francés. Ha refrendado esos tratados concertados por el zarismo, que en el transcurso de varios siglos ha 45 expoliado y oprimido a más pueblos que los demás déspotas y tiranos; por el zarismo, que no sólo oprimía al pueblo ruso, sino que lo deshonraba y corrompía, convirtiéndolo en verdugo de otros pueblos.

El nuevo gobierno, que ha refrendado esos tratados rapaces y bochornosos, no ha propuesto a todos los pueblos beligerantes un armisticio inmediato, a pesar de haberlo exigido claramente la mayoría de los pueblos de Rusia a través de los Soviets de diputados obreros y soldados. El gobierno se ha limitado a simples declaraciones y frases solemnes, sonoras y pomposas, pero completamente hueras, que en boca de los diplomáticos burgueses han servido y sirven siempre para engañar a las masas ingenuas y crédulas del pueblo esclavizado.

4. Por ello, el nuevo gobierno no sólo no merece la más mínima confianza en su política exterior, sino que seguir exigiéndole que proclame los deseos de paz cíe los pueblos de Rusia, que renuncie a las anexiones, etc., etc., significa, en realidad, engañar al pueblo, hacerle concebir esperanzas irrealizables, retrasar el esclarecimiento de su conciencia; significa contribuir indirectamente a conciliar al pueblo con la continuación de la guerra, cuyo verdadero carácter social no está determinado por las buenas intenciones, sino por el carácter de clase del gobierno que la hace, por los nexos que ligan a la clase representada por ese gobierno con el capital financiero imperialista de Rusia, Inglaterra, Francia, etc., por la política real y efectiva que esa clase sigue.

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LA ORIGINAL DUALIDAD DE PODERES Y SU SIGNIFICACIÓN DE CLASE

5. La peculiaridad esencial de nuestra revolución, la que más imperiosamente requiere una atención reflexiva, es la dualidad de poderes surgida ya en los primeros días que siguieron al triunfo de la revolución.

Esta dualidad de poderes se manifiesta en la existencia de dos gobiernos: el gobierno principal, auténtico y efectivo de la burguesía, el "Gobierno Provisional" de Lvov y Cía., que tiene en sus manos todos los órganos del poder, y un gobierno suplementario, accesorio, de ``control'', encarnado en el Soviet de diputados obreros y soldados de Petrogrado, que no dispone de los órganos de poder del Estado, pero que se apoya directamente en la indudable mayoría absoluta del pueblo, en los obreros y soldados armados.

46

El origen y la significación de clase de esla dualidad de poderes residen en que la revolución rusa de mar/o de 1917, además de barrer toda la monarquía /arista y entregar todo el poder a la burguesía, se acercó de lleno a la dictadura democrática revolucionaria del proletariado y de los campesinos. Precisamente esa dictadura (es decir, un poder que no se basa en la ley, sino en la fuerza directa délas masas armadas de la población), y precisamente de las clases mencionadas, son el Soviet de Petrogrado y los Soviets locales de diputados obreros y soldados.

6. Otra peculiaridad importantísima de la revolución rusa consiste en que el Soviet de diputados soldados y obreros de Petrogrado, el cual goza, según todos los indicios, de la confian/a de la mayoría de los Soviets locales, entrega voluntariamente c\ poder del Estado a la burguesía y a su Gobierno Provisional, le cede voluntariamente la primacía suscribiendo con él el compromiso de apoyarle, y se contenta con el papel de observador, de fiscalizador de la convocatoria de la Asamblea Constituyente (hasta hoy, el Gobierno Provisional no ha señalado siquiera el plazo de su convocatoria).

Esta circunstancia extraordinariamente original, que la historia no había conocido bajo semejante forma, ha entrelazado, formando un todo dos dictaduras: la dictadura de la burguesía (pues el gobierno de Lvov y Cía. es una dictadura, es decir, un poder que no se apoya en la ley ni en la voluntad previamente expresada del pueblo, sino que ha sido tomado por la fuerza y, además, por una clase determinada, la burguesía) y la dictadura del proletariado y de los campesinos (el Soviet de diputados obreros y soldados).

No cabe la menor duda de que ese ``entrelazamiento'' no está en condiciones de sostenerse mucho tiempo. En un Estado no pueden existir dos poderes. Uno de ellos tiene que reducirse a la nada, y toda la burguesía de Rusia labora ya con todas sus fuerzas, por doquier y por todos los medios, para eliminar, debilitar y reducir a la nada los Soviets de diputados obreros y soldados, para crear el poder único cicla burguesía.

La dualidad de poderes no expresa más que un momento transitorio en el curso de la revolución, el momento en que ésta ha rebasado ya los cauces de la revolución democrática burguesa corriente, pero no ha llegado todavía al tipo ``puro'' de dictadura del proletariado y de los campesinos.

La significación de clase (y la explicación de clase) de esta situación transitoria e inestable consiste en lo siguiente: nuestra revolución, como todas las revoluciones, ha requerido de las masas el mayor heroísmo, los más grandes sacrificios en la lucha contra el zarismo, y ha arrastrado al movimiento, de golpe, a un número inmenso ríe pequeños burgueses.

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Una de las principales características científicas y políticoprácticas de toda verdadera revolución consiste en que engrosa de un modo increíblemente rápido, brusco y súbito el número de los "hombres de la calle" que empiezan a tomar parte activa, independiente y efectiva en la vida política, en la organización del Estado.

En Rusia sucede lo mismo. Rusia está hoy en ebullición. Millones y decenas de millones de hombres que se habían pasado diez años aletargados políticamente, en quienes el espantoso yugo del zarismo y los trabajos forzados al servicio de los terratenientes y de los fabricantes habían matado toda sensibilidad política, han despertado y comenzado a incorporarse a la vida política. ¿Y quiénes son esos millones y decenas de millones de hombres? Son, en su mayoría, pequeños propietarios, pequeños burgueses, gentes que ocupan un lugar intermedio entre los capitalistas y los obreros asalariados. Rusia es el país más pequeñoburgués de toda Europa.

Esta gigantesca ola pequeñoburguesa lo ha inundado todo, ha arrollado al proletariado consciente no sólo por la fuerza del número, sino también ideológicamente; es decir, ha arrastrado y contaminado con sus concepciones pequeñoburguesas de la política a grandes sectores de la clase obrera.

En la vida real, la pequeña burguesía depende de la burguesía: su vida es (por el lugar que ocupa en la producción social) la del propietario, no la del proletario, y en su forma de pensar sigue a la burguesía.

Una actitud de confianza inconsciente hacia los capitalistas, los peores enemigos de la paz y del socialismo: eso es lo que caracteriza la política actual de las masas en Rusia, ése es el fenómeno que ha brotado con rapidez revolucionaria en el terreno económico-social del país más pequeñoburgués de Europa. Tal es el cimiento de clase sobre el que descansa el ``acuerdo'' (insisto en que, al decir esto, no me refiero tanto al acuerdo formal como al apoyo efectivo, al acuerdo tácito, a la cesión inconsciente y confiada del poder) entre el Gobierno Provisional y el Soviet de diputados obreros y soldados, acuerdo que ha proporcionado a los Guchkov una buena tajada, el verdadero poder, mientras que al Soviet no le ha dado más que promesas, honores (hasta cierto momento), adulaciones, frases, seguridades y reverencias por parte de los Kerenski.

La debilidad numérica del proletariado en Rusia, su insuficiente grado de conciencia y de organización: he ahí el reverso de la misma medalla.

Todos los partidos populistas, incluyendo a los eseristas, han sido siempre pequeñoburgueses, lo mismo que el partido del Comité de Organización (Chjeídze, Tsereteli, etc.); los revolucionarios sin 48 partido (Stcklov y otros) se han dejado también arrastrar por la ola no se han impuesto a ella, no han tenido tiempo de imponerse.

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PECULIARIDAD DE LA TÁCTICA QUE SE DERIVA DE LO EXPUESTO

7. De la peculiaridad de la situación real, tal como queda expuesta, se desprende obligatoriamente para el marxista---que debe tener en cuenta los hechos objetivos, las masas y las clases, y no los individuos, etc.---la peculiaridad de la táctica del momento presente.

Esta peculiaridad destaca a primer plano la necesidad de "echar vinagre y bilis en el jarabe de las frases democrático-revolucionarias" (para decirlo con la felicísima frase empleada por Teodoróvich, un camarada mío del Comité Central de nuestro partido, en la sesión de ayer del Congreso de empleados y obreros ferroviarios de toda Rusia, que se está celebrando en Petrogrado). Es necesaria, por tanto, una labor de crítica y esclarecimiento de los errores de los partidos pequeñoburgueses---el eserista y el socialdernócrata---, una labor de preparación y cohesión de los elementos del partido prolciario consciente, del Partido Comunista, una labor de liberación del proletariado de la embriaguez pequeñoburguesa ``general''.

Aparentemente, esto "no es más" que una labor de mera propaganda. Pero, en realidad, es la labor revolucionaria más práctica, pues es imposible impulsar una revolución que se ha estancado, que se ahoga entre frases y se dedica a "marcar el paso sin moverse del sitio'', no por obstáculos exteriores, no porque la burguesía emplee contra ella la violencia (por el momento, Guchkov sólo amenaza con emplear la violencia contra la masa de soldados), sino por la inconsciencia confiada de las masas.

Sólo luchando contra esa inconsciencia confiada (lucha que puede y debe librarse únicamente con las armas ideológicas, por la persuasión amistosa, invocando la experiencia de la vida), podremos desembarazarnos del desenfreno de frases revolucionarias imperante e impulsar de verdad tanto la conciencia del proletariado como la conciencia de las masas, la iniciativa local, audaz y resuelta, de las mismas y fomentar la realización, desarrollo y consolidación no autorizacíos de las libertades, de la democracia, del principio de posesión de toda la tierra por la totalidad del pueblo.

8. La experiencia de los gobiernos burgueses y terratenientes del mundo entero ha creado dos métodos para mantener la esclavización 49 del pueblo. El primero es la violencia. Nicolás Románov I (Nicolás el Garrote) y Nicolás II (el Sanguinario) enseñaron al pueblo ruso todo lo posible e imposible en este método de verdugo. Pero hay, además, otro método, que han elaborado mejor que nadie las burguesías inglesa y francesa, ``aleccionadas'' por una serie de grandes revoluciones y movimientos revolucionarios de masas. Es el método del engaño, de la adulación, de las frases, de las promesas sin fin, de las míseras limosnas, de las concesiones en las cosas insignificantes para conservar lo esencial.

La peculiaridad de la situación actual en Rusia estriba en el tránsito vertiginosamente rápido del primer método al segundo, del método de la violencia contra el pueblo al método de las adulacionesy del engaño del pueblo con promesas. Como el gato de la fábula , Miliukov y Guchkov escuchan y hacen lo que les parece. Detentan el poder, protegen las ganancias del capital, hacen la guerra imperialista en interés del capital ruso y anglo-francés y se limitan a contestar con promesas, declamaciones y declaraciones efectistas a los discursos de tales "amos del gato" como Chjeídze, Tsereteli y Steklov, que amenazan, apelan a la conciencia, conjuran, imploran, exigen, proclaman... El gato escucha y sigue haciendo lo que le parece.

Pero cada día que pase, la inconsciencia confiada y la confianza inconsciente irán desapareciendo, sobre todo entre los proletarios y los campesinos pobres, a quienes la vida (su situación económicosocial) enseña a no confiar en los capitalistas.

Los líderes de la pequeña burguesía ``tienen'' que enseñar al pueblo a confiar en la burguesía. Los proletarios tienen que enseñarle a desconfiar de ella.

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EL DEFENSISMO REVOLUCIONARIO Y SU SIGNIFICACIÓN DE CLASE

9. El fenómeno más importante y destacado de la ola pequeñoburguesa que lo ha inundado "casi todo" es el defensismo revolucionario. Es éste, precisamente, el peor enemigo del desarrollo y del triunfo de la revolución rusa.

Quien haya cedido en este punto y no haya sabido sobreponerse, está perdido para la revolución. Pero las masas ceden de otro modo que los líderes y se sobreponen de otro modo, por otro procedimiento, por otro proceso de desarrollo.

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El dcfensismo revolucionario es, de una parte, fruto del engaño de las masas por la burguesía, fruto de la confiada inconsciencia de los campesinos y de un sector de los obreros, y, de otra parte, expresión de los intereses y del punto de vista del pequeño propietario, interesado hasta cierto punto en las anexiones y ganancias bancarias y que conserva ``religiosamente'' las tradiciones del zarismo, el cual corrompía a los rusos convirtiéndolos en verdugos de otros pueblos.

La burguesía engaña al pueblo especulando con el noble orgullo de éste por la revolución y presenta las cosas como si el carácter político-social de la guerra hubiese cambiado, por lo que a Rusia se refiere, a consecuencia de esta etapa de la revolución, de la sustitución de la monarquía de los /ares por la casi república de Guchkov y Miliukov. Y el pueblo lo ha creído---hasta cierto tiempo---, gracias, sobre todo, a los viejos prejuicios que le hacían ver en cualquier pueblo de Rusia que no fuera el ruso una especie de propiedad o feudo de éste. La infame corrupción del pueblo ruso por el zarismo, que lo habituó a ver en los demás pueblos algo inferior, algo que pertenecía "por derecho propio" a Rusia, no podía borrarse de golpe.

Debemos saber explicar a las masas que el carácter político-social de la guerra no se determina por la "buena voluntad" de personas, de grupos ni aun de pueblos enteros, sino por la situación de la clase que hace la guerra; por la política de esta clase, que tiene su continuación en la guerra; por los vínculos del capital, como fuerza económica dominante de la sociedad moderna; por el carácter imperialista del capital internacional; por el vasallaje financiero, bancario y diplomático de Rusia respecto de Inglaterra y Francia, etc. No es fácil exponer hábilmente todo esto, de modo que lo entiendan las masas. Ninguno de nosotros sería capaz de hacerlo de buenas a primeras sin incurrir en errores.

Sin embargo, la orientación, o mejor dicho, el contenido de nuestra propaganda tiene que ser así y sólo así. La más insignificante concesión al defensismo revolucionario es una traición al socialismo, una renuncia total al internacionalismo, por muy bellas que sean las frases y muy "prácticas" las razones con que se justifique.

La consigna de "¡Abajo la guerra!" es, naturalmente, justa, pero no tiene en cuenta la peculiaridad de las tareas del momento, la necesidad de cambiar la actitud ante las grandes masas. Recuerda, a mi parecer, la consigna de "¡Abajo el zar!'', con que los desmañados agitadores de los "buenos tiempos pasados" se lanzaban al campo, sin pararse a pensar, para volver... cargados de golpes. La masa de partidarios del defensismo revolucionario obra de buena fe, no en un sentido personal, sino en un sentido de clase, es decir, pertenece a 51 unas clases (obreros y campesinos pobres) que realmente no tienen nada que ganar con las anexiones ni con la estrangulación de otros pueblos. Es distinta de los burgueses y los señoies ``intelectuales'', quienes saben muy bien que es imposible renunciar a las anexiones sin renunciar a la hegemonía del capital, y que engañan vilmente a las masas con bellas frases y promesas sin cuenta ni tasa.

La masa de partidarios del defensismo ve las cosas de un modo simple, pequeñoburgués: "No quiero anexiones, pero los alemanes ``arremeten'' contra mí y, por tanto, defiendo una causa justa y no unos intereses imperialistas''. A hombres de este tipo hay que explicarles sin cesar que no se trata de sus deseos personales, sino de las relaciones y condiciones políticas, de masas, de clases, del entronque de la guerra con los intereses del capital y con la red internacional de bancos, etc. Ese es el único modo serio de luchar contra el defensismo, el único que nos promete el éxito, lento tal vez, pero seguro y duradero.

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¿COMO SE PUEDE PONER FIN A LA GUERRA?

10. A la guerra no se le puede poner fin por "deseo propio''. No se le puede poner fin por decisión de una sola de las partes. No se le puede poner fin "clavando la bayoneta en la tierra'', según la frase de un soldado defensista.

A la guerra no se le puede poner fin mediante un ``acuerdo'' entre los socialistas de diferentes países, por medio de una "acción" de los proletarios de todos los países, por la ``voluntad'' de los pueblos, etc. Todas las frases de este tipo, que colman los artículos de los periódicos defensistas, semiclefensistas y semiinternacionalistas, así como las innumerables resoluciones, proclamas y manifiestos y las resoluciones del Soviet de diputados soldados y obreros, no son más que bondadosos, inofensivos y vacuos deseos de pequeños burgueses. No hay nada más nocivo que esas frases en torno a la "expresión de la voluntad de paz de los pueblos'', el turno que han de seguir las acciones revolucionarias del proletariado (después del proletariado ruso, le ``toca'' al alemán), etc. Todo eso es acttiar a lo Luis Blanc, son sueños melifluos; es jugar a las "campañas políticas'', es, en realidad, repetir la fábula del gato.

La guerra no ha sido engendrada por la voluntad maligna de los bandidos capitalistas, aunque es indudable que se hace sólo en interés suyo y sólo a ellos enriquece. La guerra es el producto de medio siglo de desarrollo del capital mundial, de sus miles de millones de hilos y 52 vínculos. Es imposible salir de la guerra imperialista, es imposible conseguir una paz democrática, una paz no impuesta por la violencia, sin derribar el poder del capital y sin que el poder del Estado pase a manos de otra clase, del proletariado.

Con la revolución rusa de febrero-marzo de 1917, la guerra imperialista comenzó a transformarse en guerra civil. Esta revolución ha dado el primer paso hacia el cese de la guerra. Pero sólo un segundo paso puede asegurar ese cese, a saber: el paso del poder del Estado a manos del proletariado. Eso será el comienzo de la "ruptura del frente" en todo el mundo, del frente de los intereses del capital; y sólo rompiendo ese frente, puede el proletariado redimir a la humanidad de los horrores de la guerra y asegurarle el bien de una paz duradera.

La revolución rusa, al crear los Soviets de diputados obreros, ha llevado ya al proletariado de Rusia hasta el umbral de esa "ruptura del frente" del capital.

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EL NUEVO TIPO DE ESTADO QUE BROTA EN NUESTRA REVOLUCIÓN

11. Los Soviets de diputados obreros, soldados, campesinos, etc., son incomprendidos no sólo en el sentido de que la mayoría no ve con claridad su significación de clase ni su papel en la revolución rusa; son incomprendidos también en el sentido de que representan una nueva forma, o más exactamente, un nuevo tipo de Estado.

El tipo más perfecto, más avanzado de Estado burgués es la república democrática parlamentaria. El poder pertenece al Parlamento; la máquina del Estado, el aparato y los órganos de gobierno son los usuales: ejército permanente, policía y una burocracia prácticamente inamovible, privilegiada y situada por encima del pueblo.

Pero desde finales del siglo XIX, las épocas revolucionarias hacen surgir un tipo superior de Estado democrático; un Estado que, en ciertos aspectos, deja ya de ser, según la expresión de Engels, un Estado, "no es ya un Estado en el verdadero sentido de la palabra" ' = ¿¿. Nos referimos al Estado del tipo de la Comuna de París, que sustituye el ejército y la policía, separados del pueblo, con el armamento directo e inmediato del pueblo. En esto reside la esencia de la Comuna, calumniada por los escritores burgueses, y a la que, entre otras cosas, atribuían erróneamente la intención de ``implantar'' en el acto el socialismo.

La revolución rusa comenzó a crear, primero en 1905, y luego en 53 1917, un Estado precisamente de ese tipo. La República de los Soviets de diputados obreros, soldados, campesinos, etc., congregados en la Asamblea Constituyente de los representantes del pueblo de toda Rusia, o en el Consejo de los Soviets, etc.: he ahí lo que está encarnando ya en la vida de nuestro país, ahora, en este momento, por iniciativa de un pueblo de millones y millones de hombres, que crea la democracia, sin previa autorización, a su manera, sin esperar a que los señores profesores demócratas constitucionalistas escriban sus proyectos de ley para crear una república parlamentaria burguesa, y sin esperar tampoco a que los pedantes y rutinarios de la ``socialdemocracia'' pequeñoburguesa, como los señores Plejánov o Kautsky, renuncien a sus tergiversaciones de la teoría marxista del Estado.

El marxismo se distingue del anarquismo en que reconoce la necesidad del Estado y del poder estatal durante el período revolucionario, en general, y en la época del tránsito del capitalismo al socialismo, en particular.

El marxismo se distingue del .``socialdemocratismo'' pequeñoburgués y oportunista de los señores Plejánov, Kautsky y Cía. en que el Estado que considera necesario para esos períodos no es un Estado como la república parlamentaria burguesa corriente, sino un Estado del tipo de la Comuna de París.

Las diferencias fundamentales entre este último tipo de Estado y el antiguo estriban en lo siguiente:

De la república parlamentaria burguesa es muy fácil volver a la monarquía (la historia lo demuestra), ya que queda intacta toda la máquina de opresión: el ejército, la policía y la burocracia. La Comuna y los Soviets de diputados obreros, soldados, campesinos, etc., destruyen y eliminan esa máquina.

La república parlamentaria burguesa dificulta y ahoga la vida política independiente de las masas, su participación directa en la edificación democrática de todo el Estado, de abajo arriba. Los Soviets de diputados obreros y soldados hacen lo contrario.

Los Soviets reproducen el tipo de Estado que iba formando la Comuna de París y que Marx calificó de "forma política al fin descubierta para llevar a cabo dentro de ella la emancipación económica del trabajo" = M.

Suele objetarse que el pueblo ruso no está preparado todavía para ``implantar'' la Comuna. Es el mismo argumento que empleaban los defensores del régimen de la servidumbre, cuando decían que los campesinos no estaban preparados aún para la libertad. La Comuna, es decir, los Soviets de diputados obreros y campesinos, no ``implanta'', no se propone ``implantar'' ni debe implantar ninguna transformación que no esté ya perfectamente madura en la realidad 54 económica y en la conciencia de la inmensa mayoría del pueblo. Cuanto mayores son la bancarrota económica y la crisis engendrada por la guerra, más apremiante es la necesidad de una forma política, lo más perfecta posible, que facilite la curación de las horrendas heridas causadas por la guerra a la humanidad. Y cuanto menos experiencia tenga el pueblo ruso en punto a organización, tanto más resueltamente habrá que emprender la labor de organización del pueblo mismo y no exclusivamente cíe los politiqueros burgueses y funcionarios con "puestecitos lucrativos".

Cuanto más rápidamente nos desembaracemos de los viejos prejuicios del seudomarxisrno, del marxismo desnaturalizado por los señores Plejánov, Kautsky y Cía.; cuanto más celosamente ayudemos al pueblo a crear sin demora y por doquier Soviets de diputados obreros y campesinos, a que éstos se hagan cargo de toda la vicia; cuanto más largas den los señores Lvov y Cía. a la convocatoria de la Asamblea Constituyente, más fácil resultará al pueblo pronunciarse a favor de la República de los Soviets de diputados obreros y campesinos (por medio de la Asamblea Constituyente o sin ella, si Lvov tarda mucho en convocarla). En esta nueva labor de organización del pueblo mismo serán inevitables al principio ciertos errores, pero es mejor equivocarse y avanzar que esperar a que los profesores y juristas reunidos por el señor Lvov escriban las leyes acerca de la convocatoria de la Asamblea Constituyente, de la perpetuación de la república parlamentaria burguesa y cíe la estrangulación de los Soviets de diputados obreros y campesinos.

Si nos organizamos y hacemos con habilidad nuestra propaganda, conseguiremos que no sólo los proletarios, sino nueve décimas partes de los campesinos estén contra la restauración de la policía, contra la burocracia inamovible y privilegiada y contra el ejército separado del pueblo. Y precisamente en eso, y sólo en eso, estriba el nuevo tipo de Estado.

12. La sustitución de la policía por la milicia del pueblo es una transformación que ha derivado de todo el proceso revolucionario y que se está realizando actualmente en la mayoría de los lugares de Rusia. Debemos explicar a las masas que, en la mayoría de las revoluciones burguesas de tipo corriente, esta transformación ha sido muy efímera y que la burguesía, incluso la más democrática y republicana, ha restablecido la vieja policía de tipo zarista, separada del pueblo, colocada bajo las órdenes de los elementos burgueses y capaz de oprimir al pueblo por todos los medios.

Sólo hay un medio de impedir la restauración de la policía: crear una milicia popular y fusionarla con el ejército (sustitución del ejército permanente por el armamento de todo el pueblo). A esta milicia deberán pertenecer absolutamente todos los ciudadanos y 55 ciudadanas, desde los quince hasta los sesenta y cinco años, edades que sólo tomamos a título de ejemplo para determinar la participación en ella de los adolescentes y ancianos. Los capitalistas deberán abonar a los obreros asalariados, criados, etc., el jornal de los días en que presten servicio social en la milicia. Sin incorporar a la mujer a la participación independiente tanto en la vida política en general como en el servicio social permanente que deben prestar todos los ciudadanos, es inútil hablar no sólo de socialismo, sino ni siquiera de una democracia completa y estable. Hay, además, funciones de "policía'', como el cuidado de los enfermos y de los niños abandonados, la inspección de la alimentación, etc., que no pueden cumplirse satisfactoriamente sin conceder a la mujer plena igualdad de derechos no sólo en el papel, sino en la realidad.

Impedir el restablecimiento de la policía, incorporar las fuerzas organizadoras de todo el pueblo a la creación de una milicia que abarque a toda la población: tales son las tareas que el proletariado ha de llevar a las masas para proteger, consolidar y desarrollar la revolución.

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EL PROGRAMA AGRARIO Y EL PROGRAMA NACIONAL

13. En los momentos actuales no podemos saber con precisión si se desarrollará en un futuro próximo una poderosa revolución agraria en el campo ruso. No podemos saber hasta dónde llega la división de clase del campesinado---acentuada indudablemente en los últimos tiempos---en braceros, obreros asalariados y campesinos pobres (``semiproletarios''), de un lado, y campesinos ricos y medios (capitalistas y pequeños capitalistas), de otro. Sólo la experiencia puede dar, y dará, respuestas a estos interrogantes.

Pero como partido del proletariado, tenemos la obligación absoluta no sólo de presentar sin demora un programa agrario (un programa de la tierra), sino también de propugnar, en interés de la revolución agraria campesina en Rusia, diversas medidas prácticas de realización inmediata.

Debemos exigir la nacionalización de todas las tierras: es decir, que todas las tierras existentes en el país pasen a ser propiedad del poder central del Estado. Este poder deberá determinar las proporciones, etc., del fondo de tierras destinado a asentamientos, promulgar las leyes necesarias para la protección forestal, mejoramiento del suelo, etc., y prohibir en absoluto toda mediación entre el 56 propietario de la tierra, es decir, el Estado, y su arrendatario, o sea, el agricultor (prohibir todo subarriendo de la tierra). Mas el derecho a disponer de la tierra y a determinar todas las condiciones locales para su posesión y disfrute no debe encontrarse en modo alguno en manos de la burocracia, de los funcionarios, sino plena y exclusivamente en manos de los Soviets de diputados campesinos regionales y locales.

Para mejorar la técnica de la producción de cereales, aumentar las proporciones de ésta, desarrollar las grandes haciendas agrícolas racionales y efectuar el control social de las mismas debemos tender dentro de los comités de campesinos a transformar cada finca terrateniente confiscada en una gran hacienda modelo, bajo el control de los Soviets de diputados braceros.

En contraposición a las frases y la política pequeñoburguesas imperantes entre los eseristas, principalmente en su frivola charlatanería acerca de la norma de ``consumo'' o de ``trabajo'', de la "socialización de la tierra'', etc., el partido del proletariado debe explicar que el sistema de la pequeña hacienda, existiendo la producción mercantil, no está en condiciones de liberar a la humanidad de la miseria de las masas ni de su opresión.

Sin escindir inmediata y obligatoriamente los Soviets de diputados campesinos, el partido del proletariado debe explicar la necesidad de organizar Soviets especiales de diputados braceros y Soviets especiales de diputados campesinos pobres (semiproletarios), o, por lo menos, asambleas especiales permanentes de los diputados de estos sectores de clase, como fracciones o partidos especiales dentro de los Soviets generales de diputados campesinos. De otro modo, todas esas melifluas frases pequeñoburguesas de los populistas acerca de los campesinos en general servirán para encubrir el engaño de las masas desposeídas por parte de los campesinos ricos, que no son otra cosa que una variedad de capitalistas.

Frente a las prédicas liberales burguesas o puramente burocráticas de muchos socialistas-revolucionarios y de diversos Soviets de diputados obreros y soldados, que aconsejan a los campesinos no apoderarse de las tierras de los terratenientes ni empezar las transformaciones agrarias hasta que se reúna la Asamblea Constituyente, el partido del proletariado debe exhortar a los campesinos a efectuar sin tardanza ni previa autorización las transformaciones agrarias y la confiscación inmediata de las tierras de los terratenientes por acuerdo de los diputados campesinos en cada lugar.

Tiene singular importancia, a este respecto, insistir en la necesidad de aumentarla producción de víveres para los soldados que se hallan en el frente y para las ciudades, naciendo ver que es absolutamente intolerable destruir o inferir daños al ganado, deteriorar los aperos, máquinas, edificios, etc.

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14. En el problema nacional, el partido del proletariado debe defender, ante todo, la proclamación y realización inmediata de la plena libertad a separarse de Rusia para todas las naciones y minorías nacionales oprimidas por el zarismo, que han sido incorporadas por la fuerza o retenidas violentamente dentro de las fronteras del Estado, es decir, anexadas.

Todas las manifestaciones, declaraciones y proclamas renunciando a las anexiones, pero que no lleven aparejada la realización efectiva de la libertad de separación, no son más que un engaño burgués del pueblo o ingenuos deseos pequeñoburgueses.

El partido del proletariado aspira a crear un Estado lo más grande posible, ya que eso beneficia a los trabajadores; aspira al acercamiento y la sucesiva fusión de las naciones; mas no quiere alcanzar ese objetivo por la violencia, sino exclusivamente por medio de una unión libre y fraternal de los obreros y las masas trabajadoras de todas las naciones.

Cuanto más democrática sea la República Rusa, cuanto mejor consiga organizarse como una República de los Soviets de diputados obreros y campesinos, tanto más poderosa será la fuerza de atracción voluntaria hacia esta república para las masas trabajadoras de toáoslas naciones.

Plena libertad de separación, la más amplia autonomía local (y nacional), garantías detalladas de los derechos de las minorías nacionales: tal es el programa del proletariado revolucionario.

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NACIONALIZACIÓN DE LOS BANCOS Y DE LOS CONSORCIOS CAPITALISTAS

15. El partido del proletariado no puede proponerse, en modo alguno, ``implantar'' el socialismo en un país de pequeños campesinos mientras la inmensa mayoría de la población no haya tomado conciencia de la necesidad de la revolución socialista.

Pero sólo los sofistas burgueses, que se esconden tras tópicos "casi marxistas'', pueden deducir de este axioma la justificación de una política que diferiría la aplicación inmediata de medidas revolucionarias plenamente maduras desde el punto de vista práctico, realizadas no pocas veces, en el transcurso de la guerra, por toda una serie de Estados burgueses y perentoriamente necesarias para luchar contra la completa desorganización económica que nos amenaza y contra el hambre inminente.

Medidas como la nacionalización de la tierra y de todos los bancos 58 y consorcios de los capitalistas, o, por lo menos, el establecimiento urgente del control de los mismos por los Soviets de diputados obreros, etc., que no significan en modo alguno la "implantación" del socialismo, deben ser defendidas incondicionalmente y aplicadas, dentro de lo posible, por vía revolucionaria. Sin estas medidas, que no son más que pasos hacia el socialismo, y perfectamente realizables desde el punto de vista económico, será imposible curar las heridas causadas por la guerra e impedir la inminente bancarrota; y el partido del proletariado revolucionario jamás vacilará en atentar contra los beneficios inauditos de los capitalistas y banqueros, que se enriquecen precisamente "con la guerra" de un modo particularmente escandaloso.

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LA SITUACIÓN EN EL SENO DE LA INTERNACIONAL SOCIALISTA

16. Los deberes internacionales de la clase obrera de Rusia se sitúan precisamente ahora en primer plano y cobran un especial relieve.

Hoy, todo el mundo, a excepción de los que tienen pereza de hacerlo, jura profesar el internacionalismo; hasta los tlefensistas chovinistas, hasta los señores Plejánov y Potrésov, hasta Kerenski, se llaman internacionalistas. Por eso, urge que el partido proletario, cumpliendo con su deber, oponga con toda claridad, con toda precisión y con toda nitidez al internacionalismo palabrero el internacionalismo efectivo.

Los llamamientos platónicos dirigidos a los obreros de todos los países; las aseveraciones vanas de fidelidad al internacionalismo; las tentativas de establecer, directa o indirectamente, un ``turno'' en las acciones del proletariado revolucionario de los diversos países beligerantes; los forcejeos por llegar a un ``acuerdo'' entre los socialistas de los países beligerantes respecto a la lucha revolucionaria; el ajetreo en torno a la organización de congresos socialistas para desarrollar una campaña en pro de la paz, etc., etc., todo eso por su significación objetiva, por sinceros que sean los autores de esas ideas, de esas tentativas y de esos planes, no es más que vacua palabrería, y, en el mejor de los casos, la expresión de deseos inocentes y piadosos, que sólo sirven para encubrir el engaño de que los chovinistas hacen víctimas a las masas. Los socialchovinistas franceses, los más avezados y más diestros en todos los trucos y mañas del fraude parlamentario, hace mucho ya que han batido el récord en punto a las frases pacifistas e internacionalistas increíblemente pomposas, que van 59 acompañadas de una traición inauditamente descarada al socialismo y a la Internacional, de la participación en los ministerios que hacen la guerra imperialista, de la votación de créditos o de empréstitos (como lo han hecho en Rusia, últimamente, Chjeídze, Skóbeliev, Tsereteli y Steklov), de la resistencia a la lucha revolucionaria dentro de su propio país, etc., etc.

Las gentes bondadosas olvidan con frecuencia la dura y cruel realidad de la guerra imperialista mundial. Y esta realidad no admite frases, se burla de todos los deseos candorosos y melifluos.

Sólo hay un internacionalismo efectivo, que consiste en entregarse por completo al desarrollo del movimiento revolucionario y de la lucha revolucionaria dentro de su propio país, en apoyar (por medio de la propaganda, con la ayuda moral y material) esta lucha, esta línea de conducta, y sólo ésta en todos los países sin excepción.

Todo lo demás es engaño y = manilovismo^^24^^.

El movimiento socialista y obrero internacional ha originado durante más de dos años de guerra, en íorfo.slos países, tres corrientes de opinión; y quien abandone el terreno real del reconocimiento y del análisis de estas tres corrientes y de la lucha consecuente por la tendencia verdaderamente internacionalista, se condenará a sí mismo a la impotencia, a la incapacidad y a las equivocaciones.

Estas corrientes son:

1) Los socialchovinistas, es decir, los socialistas de palabra y chovinistas de hecho, son los que admiten la"defensa de la patria" en la guerra imperialista (y, sobre todo, en la guerra imperialista actual).

Estos elementos son nuestros enemigos de clase. Se han pasado al campo de la burguesía.

En este grupo figura la mayoría de los líderes oficiales de la socialdemocracia oficial de todos los países. Los señores Plejánov y Cía. en Rusia, los Scheidemann en Alemania, Renaudel, Guesde y Sembat en Francia, Bissolati y Cía. en Italia, Hyndman, los = fabianos^^25^^ y los dirigentes = laboristas^^21^^' en Inglaterra, Branting y Cía. en Suecia, Troelstra y su partido en Holanda, Stauning y su partido en Dinamarca, Víctor Berger y otros "defensores de la patria" en los Estados Unidos, etc.

2) La segunda corriente---el llamado ``centro''---está formada por los que oscilan entre los socialchovinistas y los internacionalistas verdaderos.

Todos los ``centristas'' juran y perjuran que ellos son marxistas, internacionalistas, partidarios de la paz, que están dispuestos a ``presionar'' por todos los medios a los gobiernos, dispuestos a ``exigir'' de mil maneras a su propio gobierno que "consulte al pueblo para que éste exprese su voluntad de paz'', propicios a mantener toda suerte de campañas a favor de la paz, de una paz sin 60 anexiones, etc., etc., y propicios también a sellar la paz con los socialchovinistas. El ``centro'' quiere la ``unidad''; el centro es enemigo de la escisión.

El ``centro'' es el reino de las bondadosas frases pequeñoburguesas, del internacionalismo de palabra, del oportunismo pusilánime y de la complacencia servil ante los socialchovinistas de hecho.

El quid de la cuestión reside en que el ``centro'' no está convencido de la necesidad de una revolución contra sus propios gobiernos, no propaga esa necesidad, no sostiene una lucha revolucionaria abnegada, sino que encuentra siempre los más vulgares subterfugios---de una magnífica sonoridad archi" marxista"---para no hacerla.

Los socialchovinistas son nuestros enemigos de clase, son burgueses dentro del movimiento obrero. Representan a una capa, a los grupos y sectores de la clase obrera objetivamente sobornados por la burguesía (mejores salarios, cargos honoríficos, etc.) y que ayudan a la burguesía de su propio país a saquear y estrangular a los pueblos pequeños y débiles y a luchar por el reparto del botín capitalista.

El ``centro'' lo forman los elementos rutinarios, corroídos por la podrida legalidad, corrompidos por la atmósfera de parlamentarismo, etc. Son funcionarios acostumbrados a los puestecitos confortables y al trabajo ``tranquilo''. Considerados histórica y económicamente, no representan ninguna capa social específica, no pueden valorarse más que como un fenómeno de transición del período ya superado, del movimiento obrero de 1871 a 1914---período que ha dado no pocas cosas de valor, sobre todo en el arte imprescindible para el proletariado de la labor lenta, consecuente y sistemática de organización sobre bases cada vez más amplias---a un nuevo período objetivamente necesario desde que estalló la primera guerra imperialista mundial, que abrió la era de la revolución social.

El jefe y representante más destacado del ``centro'' es Carlos Kautsky, primera autoridad de la II Internacional (1889--1914), caso típico de la más completa bancarrota del marxismo y un ejemplo de inaudito apocamiento, de las más miserables vacilaciones y traiciones desde agosto de 1914. La tendencia ``centro'' está representada por Kautsky, Haase, Ledebour, la llamada "Liga Obrera o del Traba- = jo"^^2^^' en el Reichstag; en Francia son Longuet, Pressemane y los llamados = ``minoritarios''~^^28^^ (mencheviques) en general; en Inglaterra, Felipe Snowden, Ramsay MacDonald y muchos otros líderes del Partido Laborista = Independiente^^29^^ y algunos del Partido = Socialista Británico^^30^^; en los Estados Unidos, Morris Hillquit y muchos otros; en Italia, Turati, Treves, Modigliani, etc.; en Suiza, Roberto Grimm y otros; en Austria, Víctor Adler y Cía.; en Rusia, el partido 61 del Comité de Organización, Axelrod, Mártov, Chjeídze, Tsereteli, etc., etc.

Es natural que haya personas que, sin advertirlo ellas mismas, se pasen de la posición del socialchovinismo a la del ``centro'' y viceversa. Todo marxista sabe que las clases se mantienen deslindadas unas de otras, aunque las personas cambien libremente de clase; lo mismo ocurre con las tendencias en la vida política, que no se confunden por que una o varias personas se pasen libremente de un campo a otro, ni a pesar de los esfuerzos y tentativas que se hacen por fundir esas tendencias.

3) La tercera corriente es la que representan los internacionalistas de hecho, cuya expresión más fiel la constituye la "izquierda de Zimmerwald" ''. (En el apéndice insertamos su manifiesto de septiembre de 1915, para que el lector pueda conocer de primera mano el origen de esta tendencia.)

Su principal rasgo distintivo es: la ruptura completa con el socialchovinismo y con el ``centro'', la abnegada lucha revolucionaria contra el gobierno imperialista propio y contra la burguesía imperialista propia. Su principio es: "el enemigo principal está dentro del país propio''. Lucha sin cuartel contra las melifluas frases socialpacifistas (el socialpacifista es socialista de palabra y pacifista burgués de hecho; los pacifistas burgueses sueñan con la paz perpetua sin derrocar el yugo ni el dominio del capital) y contra todos los subterfugios con que se pretende negar la posibilidad, la oportunidad o la conveniencia de la lucha revolucionaria del proletariado y de la revolución proletaria, socialista, en relación con la guerra actual.

Los representantes más destacados de esta tendencia son: en Alemania, el Grupo Espartaco o Grupo de la = Internacional^^32^^ del que forma parte Carlos Liebknecht, el representante más famoso de esta corriente y de la nueva y verdadera Internacional proletaria.

Carlos Liebknecht ha hecho un llamamiento a los obreros y soldados de Alemania, invitándoles a volver las armas contra su propio gobierno. Y lanzó este llamamiento abiertamente, desde la tribuna del Parlamento (Reichstag). Luego, llevando consigo proclamas impresas clandestinamente, se encaminó a la plaza de Potsdam, una de las mayores de Berlín, para participar en una manifestación bajo la consigna de "¡Abajo el gobierno!" Fue detenido y condenado a presidio, donde está actualmente recluido, como cientos o quizá miles de verdaderos socialistas alemanes encarcelados por luchar contra la guerra.

Carlos Liebknecht luchó implacablemente en sus discursos y en sus cartas no sólo contra los Plejánov y los Potrésov de su propio país (los Scheidemann, Legien, David y Cía.), sino también contra los 62 ``centristas'' alemanes, contra los Chjeídze y los Tsereteli de puertas adentro (Kautsky, Haase, Ledebour y Cía.).

Carlos Liehknecht y su amigo Otto Rühle fueron, entre los 110 diputados, los únicos que rompieron la disciplina, echaron por tierra la ``unidad'' con el ``centro'' y con los chovinistas y se enfrentaron a todos. Liebknecht es el único que representa el socialismo, la causa del proletariado, la revolución proletaria. Todo el resto de la socialdemocracia alemana no es más, para decirlo con la frase feliz de Rosa Luxemburgo (afiliada también y dirigente del Grupo Espartaco), que un cadáver maloliente.

Otro grupo de internacionalistas de hecho es el eme se ha formado en Alemania en torno al periódico de Brema Política Obrera™.

En Francia, los elementos más afines a los internacionalistas de hecho son: Loriot y sus amigos (Bourderon y Merrheim se han pasado al socialpacifismo) y el francés Enrique Guilbeaux, que publica en Ginebra la revista Demain; en Inglaterra, el periódico The Trade-Unionist y una parte de los miembros del Partido Socialista Británico y del Partido Laborista Independiente (por ejemplo, Williams Russell, que ha proclamado abiertamente la necesidad de romper con los jefes traidores al socialismo); el maestro de escuela y socialista escocés Maclean, condenado a presidio por el gobierno burgués de Inglaterra, por haber luchado revolucionariamente contra la guerra, como cientos de socialistas ingleses que expían en las cárceles delitos del mismo género. Ellos, sólo ellos, son internacionalistas de hecho; en los Estados Unidos, el Partido Socialista = Obrero^^34^^ y los elementos del oportunista Partido Socialista ' = í5 que publican desde enero de 1917 el periódico The Internationalist; en Holanda, el partido de los = ``tribunistas''~^^36^^, que publican el periódico De Trihune (Pannekoek, Hermann Gorter, Wijnkoop, Enriqueta Roland-Holst, que en Zimmerwald figuraba en el centro, pero que ahora se ha pasado a nuestro campo); en Suecia, el partido de los jóvenes o de los = izquierdistas^^37^^, acaudillado por hombres como Lindhagen, Ture Nerman, Carleson, Stróm y Z. Hóglund, que en Zimmerwald intervino personalmente en la fundación de la " izquierda zimmerwaldiana" y se halla hoy en la cárcel por luchar revolucionariamente contra la guerra; en Dinamarca, Trier y sus amigos, que han abandonado el Partido "Socialdemócrata" Dinamarqués, completamente aburguesado y presidido por el ministro Stauning; en Bulgaria, los "tesniakí" = 3tf; en Italia, los más cercanos son Constantino Lazzari, secretario del partido, y Serrad, redactor de Avanti! = M, su órgano central; en Polonia, Rádek, Hanecki y otros fungentes de la socialdemocracia unificada en la "Dirección Territorial''; Rosa Luxemburgo, Tyszka y otros líderes de la 63 socialdemocracia unificada en la "Dirección Central''; en Sui/a, los i/.quierdistas que, en enero de 1917, redactaron la fundamentación de un "referéndum" para luchar contra los socialchovinistas y contra el ``centro'' de su propio país y que en el Congreso socialista del cantón de Zurich, celebrado en Tóss el 11 de febrero de 1917, presentaron una resolución verdaderamente revolucionaria contra la guerra"'; en Austria, los jóvenes amigos de izquierda de Federico Acller, que tenían, en parte, su centro de acción en el club vienes Carlos Marx, clausurado ahora por el gobierno austríaco, reaccionario hasta la médula, que se ensaña con Federico Adler por su atentado heroico, aunque mal pensado, contra uno de los ministros, etc., etc.

No importan los matices, que se dan también entre los izquierdistas. Lo esencial es la corriente misma. El fondo de la cuestión está en que, en estos tiempos de espantosa guerra imperialista, no es fácil ser intemacionalista de hecho. Estos elementos no abundan, pero so/o ellos representan el porvenir del socialismo, sólo ellos son los jefes de las masas y no sus corruptores.

Era objetivamente forzoso que la guerra imperialista hiciese cambiar de aspecto las diferencias establecidas entre los reformistas y los revolucionarios en el seno de la socialdemocracia y de los socialistas en general. Todo el que se contenta con ``exigir'' de los gobiernos burgueses que concierten la paz o que "manifiesten la voluntad de paz de los pueblos'', etc., se desliza en realidad al campo de las reformas. Porque, objetivamente considerado, el problema de la guerra sólo se plantea de modo revolucionario.

Para acabar con la guerra, para conseguir una paz democrática y no una paz impuesta por la violencia, para liberar a los pueblos del tributo esclavizador que suponen los intereses de miles de millones pagados a los señores capitalistas enriquecidos en la ``guerra'', no hay más salida que la revolución del proletariado.

Se puede y se debe exigir a los gobiernos burgueses las más diversas reformas; lo que no se puede, sin caer en el espejismo, en el reíormismo, es pedir a estas gentes y a estas clases envueltas una y mil veces eri la red del capital imperialista que desgarren esa. red; y si esa red no se desgarra, cuanto pueda predicarse sobre la guerra contra la guerra no serán más que frases vacuas y engañosas.

Los ``kautskianos'', el ``centro'', son revolucionarios de palabra y reformistas de hecho; internacionalistas de palabra, pero, de hecho, auxiliares del socialchovinismo.

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BANCARROTA DE LA INTERNACIONAL ZIMMERWALDIANA.
NECESIDAD DE FUNDAR LA TERCERA INTERNACIONAL

17. La Internacional Zimmerwaldiana adoptó desde el primer momento una actitud vacilante, ``kautskiana'', ``centrista'', lo que obligó a la izquierda de Zimmerwald a separarse inmediatamente, a independizarse y lanzar un manifiesto propio (manifiesto publicado en Suiza en ruso, alemán y francés).

El principal defecto de la Internacional Zimmerwaldiana---causa de su bancarrota (pues está ya en bancarrota, tanto en el terreno ideológico como en el político)---son sus vacilaciones, su indecisión en el problema más importante de todos y el que prácticamente condiciona todos los demás: el problema de la completa ruptura con el socialchovinismo y con la vieja Internacional socialchovinista, acaudillada en La Haya (Holanda) por Vandervelde, Huysmans y algunos más.

En nuestro país se ignora todavía que la mayoría de Zimmerwald está formada precisamente por kautskianos. Y éste es un hecho fundamental, que es necesario tener en cuenta y que ya es generalmente conocido en los países de Europa Occidental. Hasta el chovinista, el ultrachovinista alemán Heilmann, director de la archichovinista Gaceta de Chemnitz y colaborador de la también archichovinista La = Campana^^41^^ de Parvus, hasta ese Heilmann (que es también, naturalmente, "socialdemócrata" y celoso defensor de la ``unidad'' en el seno de la socialdemocracia) hubo de reconocer en la prensa que el centro, o sea, los ``kautskianos'', y la mayoría Zimmerwaldiana son una y la misma cosa.

A fines de 1916 y a principios de 1917 se confirmó definitivamente este hecho. Aunque en el Manifiesto de = Kienthal^^42^^ se condena el socialpacifismo, toda la derecha Zimmerwaldiana, toda la mayoría zimmerwaldiana, se ha deslizado al campo socialpacifista: Kautsky y Cía. en una serie de manifestaciones hechas en enero y febrero de 1917; Bourderon y Merrheim, en Francia, al votar en unanimidad con los socialchovinistas a favor de las resoluciones pacifistas del Partido Socialista (diciembre de 1916) y de la Confederación General del Trabajo (organización nacional de los sindicatos franceses, también en diciembre de 1916); Turad y Cía., en Italia, donde todo el partido adoptó una actitud socialpacifista, y el propio Turati (y no por casualidad, naturalmente) desbarró en su discurso del 17 de diciembre de 1916, pronunciando una retahila de frases nacionalistas que embellecían la guerra imperialista.

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El presidente de las conferencias de Zimmerwald y Kienthal, Roberto Grimm, estableció, en enero de 1917, una alianza con los socialchovinistas de su propio partido (Greulich, Pflüger, Gustavo Müller y otros) contra los internacionalistas efectivos.

En dos reuniones de zimmerwaldianos de distintos países, celebradas en enero y febrero de 1917, esa ambigüedad e hipocresía de la mayoría zimmerwaldiana fue estigmatizada formalmente por los internacionalistas de izquierda de varios países: por Münzenberg, secretario de la Organización Internacional de la Juventud y director del magnífico periódico internacionalista titulado La Internacional de la = Juventud^^4^^*; Zinóviev, representante del Comité Central de nuestro partido; K. Rádek, por el Partido Socialdemócrata Polaco ``( Dirección Territorial''), y Hartstein, socialdemócrata alemán, afiliado al Grupo Espartaco.

Al proletariado ruso le ha sido dado mucho; en parte alguna del mundo ha habido una clase obrera que haya conseguido desplegar una energía revolucionaria comparable a la que despliega la clase obrera de Rusia. Pero a quien mucho se le ha dado, mucho se le exige.

No puede tolerarse por más tiempo la charca zimmerwaldiana. No podemos permitir que por culpa de los ``kautskianos'' de Zimmerwald sigamos aliados a medias con la Internacional chovinista de los Plejánov y los Scheidemann. Hay que romper inmediatamente con esta Internacional, permaneciendo en Zimmerwald sólo con fines de información.

Estamos obligados, nosotros precisamente, y ahora mismo, sin pérdida de tiempo, a fundar una nueva Internacional revolucionaria, proletaria; mejor dicho, debemos reconocer sin temor, abiertamente, que esa Internacional ya ha sido fundada y actúa.

Esa Internacional es la que forman los "internacionalistas de hecho" que he enumerado minuciosamente más arriba. Ellos, y sólo ellos, son los representantes de las masas revolucionarias internacionalistas y no sus corruptores.

Si son pocos esos socialistas, que los obreros rusos se pregunten si había en Rusia muchos revolucionarios conscientes en vísperas de la revolución de febrero-marzo de 1917.

Lo importante no es el número, sino que expresen de un modo justo las ideas y la política del proletariado verdaderamente revolucionario. Lo esencial no es que ``proclamen'' el internacionalismo, sino que sepan ser, incluso en los momentos más difíciles, internacionalistas de hecho.

No nos hagamos ninguna ilusión en cuanto a los acuerdos y los congresos internacionales. Mientras dure la guerra imperialista, pesará sobre las relaciones internacionales el puño férreo de la

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66 dictadura militar imperialista burguesa. Si hasta el ``republicano'' Miliukov, que se ve obligado a tolerar junto al suyo al gobierno del Soviet de diputados obreros, denieguen abril de 1917 el permiso para entrar en Rusia al socialista suizo Fritz Platten, secretario del partido, internacionalista y delegado a las conferencias de Zimmerwald y Kienthal---y se lo deniega, a pesar de estar casado con una rusa, cuya familia venía a visitar, y a pesar de haber tomado parte en Riga en la revolución de 1905, viéndose por ello recluido en una cárcel rusa y habiendo tenido que entregar una fianza al gobierno zarista para conseguir su libertad, fianza que ahora pretendía recuperar---; si hasta el ``republicano'' Miliukov ha podido hacer eso en Rusia en abril de 1917, juzgúese qué valor tendrán las promesas y seguridades, todas esas frases y declaraciones de la burguesía acerca de la paz sin anexiones, etc., etc.

¿Y la detención de Trotski por el gobierno inglés? ¿Y la retención de Mártov en Suiza y las esperanzas de atraerle con engaños a Inglaterra, donde le espera la suerte de Trotski?

No nos hagamos ilusiones. Nada de engañarnos a nosotros mismos.

``Esperar'' congresos y conferencias internacionales sería traicionar al internacionalismo, estando probado, como lo está, que incluso de Estocolmo no dejan salir para Rusia a ningún socialista de cuantos se han mantenido fieles al internacionalismo, ni siquiera sus cartas, a pesar de todas las posibilidades y de toda la ferocidad de la censura militar.

No ``esperar'', sino proceder inmediatamente a fundar la III Internacional: tal es la misión de nuestro partido. Cientos de socialistas, recluidos en cárceles alemanes e inglesas, respirarán con alivio; miles y miles de obreros alemanes que hoy se lanzan a la huelga y organizan manifestaciones con gran horror de Guillermo II, ese canalla y bandolero, se enterarán por las proclamas clandestinas de nuestra decisión, de nuestra confianza fraternal en Carlos Liebknecht y sólo en él, de nuestra resolución de luchar también ahora contra el "defensismo revolucionario''. Y esto reforzará en ellos el espíritu del internacionalismo revolucionario.

A quien mucho se le ha dado, mucho se le exige. No hay en el mundo país en que reine, actualmente, la libertad que reina en Rusia. Aprovechemos esta libertad no para predicar el apoyo a la burguesía o al "defensismo revolucionario" burgués, sino para dar un paso valiente y honrado, proletario, digno de Liebknecht, fundando la III Internacional, una Internacional que se alce resueltamente y de un modo irreconciliable, no sólo contra los traidores, contra los socialchovinistas, sino también contra los personajes vacilantes del ``centro''.

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18. Después de lo que antecede, creo innecesario gastar muchas palabras para demostrar que no puede ni hablarse de una unificación de los socialdemócratas de Rusia.

Antes quedarnos solos, como Liebknecht---y quedarse solos así significa quedarse con el proletariado revolucionario---, que abrigar, aunque sólo sea un minuto, la idea de una unión con el partido del Comité de Organización, con Chjeídze y Tsereteli, los cuales toleran un bloque con Potrésov en la Rabóchaya = Gazeta^^44^^, votan en el Comité Ejecutivo del Soviet de diputados obreros a favor del = empréstito^^45^^ y han rodado al terreno del ``defensismo''.

¡Dejad que los muertos entierren a sus muertos!

Quien quiera ayudara los vacilantes, debe comenzar por dejar de serlo él mismo.

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¿COMO DEBE DENOMINARSE NUESTRO PARTIDO
PARA QUE SU NOMBRE, ADEMAS
DE SER CIENTÍFICAMENTE EXACTO,
CONTRIBUYA POLITICAMENTE A ESCLARECER
LA CONCIENCIA DEL PROLETARIADO?

19. Paso al punto final: al nombre que debe ostentar nuestro partido. Debemos llamarnos Partido Comunista, como se llamaban Marx y Engels.

Debemos repetir que somos marxistas y que nos basamos en el Manifiesto Comunista, desfigurado y traicionado por la socialdemocracia en dos puntos sustanciales: 1. Los obreros no tienen patria: la "defensa de la patria" en la guerra imperialista es una traición al socialismo. 2. La teoría marxista del Estado ha sido desnaturalizada por la II Internacional.

El nombre de ``socialdemocracia'' es científicamente inexacto, como demostró Marx reiteradas veces, entre otras obras, en Crítica del Programa de Gotha en 1875, y como repitió Engels, en un lenguaje más popular, en = 1894^^46^^. La humanidad sólo puede pasar del capitalismo directamente al socialismo, es decir, a la propiedad común de los medios de producción y a la distribución de los productos según el trabajo de cada cual. Nuestro partido va más allá: afirma que el socialismo deberá transformarse inevitablemente y de modo gradual en comunismo, en cuya bandera campea este lema: "De cada cual, según su capacidad; a cada cual, según sus necesidades".

He ahí mi primer argumento.

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Segundo argumento: la segunda parte de la denominación de nuestro partido (socialdemócrata) tampoco es exacta desde el punto de vista científico. La democracia es una de las formas del Estado, y nosotros, los marxistas, somos enemigos de todo Estado.

Los líderes de la II Internacional (1889--1914), los señores Plejánov, Kautsky y consortes han envilecido y desnaturalizado el marxismo.

El marxismo se distingue del anarquismo en que reconoce la necesidad del Estado para el paso al socialismo, pero---y esto lo distingue de Kautsky y Cía.---no de un Estado al modo de la república democrática parlamentaria burguesa corriente, sino de un Estado como la Comuna de París de 1871, como los Soviets de diputados obreros de 1905 y 1917.

Mi tercer argumento es éste: la realidad, la revolución, ha creado ya prácticamente en nuestro país, aunque en forma débil y embrionaria, ese nuevo ``Estado'', que no es un Estado en el sentido estricto de la palabra.

Esto es ya un problema práctico de las masas y no sólo una teoría de los líderes.

El Estado, en el sentido estricto de la palabra, es un poder de mando sobre las masas ejercido por destacamentos de hombres armados separados del pueblo.

Nuestro nuevo Estado naciente es también un Estado, pues necesitamos de destacamentos de hombres armados, necesitamos del orden más severo, necesitamos recurrir a la violencia para reprimir despiadadamente todos los intentos de la contrarrevolución, ya sea zarista o burguesa, a la manera de Guchkov.

Pero nuestro nuevo Estado naciente no es ya un Estado en el sentido estricto de la palabra, pues en muchas regiones de Rusia los destacamentos armados están integrados por la propia masa, por todo el pueblo, y no por alguien entronizado sobre él, aislado de él, dotado de privilegios y prácticamente inamovible.

Hay que mirar hacia adelante y no hacia atrás, no hacia la democracia de tipo burgués habitual, que afianzaba la dominación de la burguesía con ayuda de los viejos, monárquicos, órganos de administración, policía, ejército y burocracia.

Hay que mirar hacia adelante, hacia la nueva democracia naciente, que va dejando ya de ser una democracia, pues democracia significa dominación del pueblo, y el propio pueblo armado no puede dominar sobre sí mismo.

La palabra ``democracia'', aplicada al Partido Comunista, no es sólo científicamente inexacta. Después de marzo de 1917, es una anteojera puesta al pueblo revolucionario que le impide emprender con libertad, intrepidez y sin previa autorización la edificación de lo 69 nuevo: los Soviets de diputados obreros, campesinos, etc., etc., como único poderdentro del ``Estado'', como precursor de la "extinción" de todo Estado.

Mi cuarto argumento consiste en que hay que tener en cuenta la situación objetiva del socialismo en el mundo entero.

Esta situación no es ya la misma que en la época de 1871 a 1914 en la que Marx y Engels se resignaron a admitir conscientemente el término inexacto y oportunista de ``socialdemocracia''. Porque entonces, después de derrotada la Comuna de París, la historia había puesto a la orden del día una labor lenta de organización y educación. No había otra. Los anarquistas no sólo no tenían ninguna razón teóricamente (y siguen sin tenerla), sino tampoco desde el punto de vista económico y político. Apreciaban erróneamente el momento, sin comprender la situación internacional: el obrero inglés corrompido por las ganancias imperialistas, la Comuna de París aplastada, el movimiento nacional-burgués que acababa de triunfar (1871) en Alemania, la Rusia semifeudal sumida en un letargo secular.

Marx y Engels tuvieron en cuenta certeramente el momento, comprendieron la situación internacional y las tareas de la aproximación lenta hacia el comienzo de la revolución social.

Sepamos también nosotros comprender las tareas y peculiaridades de la nueva época. No imitemos a aquellos malhadados marxistas de quienes decía Marx: "He sembrado dragones y he = cosechado pulgas"^^47^^.

La necesidad objetiva del capitalismo, que al crecer se ha convertido en imperialismo, ha engendrado la guerra imperialista. Esta guerra ha llevado a toda la humanidad al borde del abismo, de la ruina de toda la cultura, al embrutecimiento y a la muerte de millones, de un sinnúmero de millones de hombres.

No hay más salida que la revolución del proletariado.

Y en un momento así, en que esta revolución comienza, en que da sus primeros pasos, tímidos, inseguros, inconscientes, demasiado confiados en la burguesía; en un momento así, la mayoría ( y esto es verdad, es un hecho) de los líderes "socialdemócratas'', de los parlamentarios "socialdemócratas'', de los periódicos " socialdemócratas"---y son precisamente órganos de influencia sobre las masas---, traiciona al socialismo, vende al socialismo y deserta al campo de ``su'' burguesía nacional.

Esos líderes han confundido a las masas, las han desorientado y engañado.

¡Y se pretende que nosotros fomentemos ahora ese engaño, que lo facilitemos, aferrándonos a esa vieja y caduca denominación, tan podrida ya como la II Internacional!

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No importa que ``muchos'' obreros interpreten honradamente el nombre de socialdemocracia. Pero es hora ya de aprender a distinguir lo subjetivo de lo objetivo.

Subjetivamente, esos obreros socialdemócratas son guías fidelísimos de las masas proletarias.

Pero la situación objetiva internacional es tal que la vieja denominación de nuestro partido facilita el engaño de las masas, frena el avance, pues a cada paso, en cada periódico, en cada grupo parlamentario, la masa ve a los líderes, es decir, a hombres cuyas palabras tienen más resonancia y cuyos hechos se ven desde más lejos, y observa que todos ellos son "también-socialdemócratas'', que todos ellos abogan "por la unidad" con los traidores al socialismo, con los socialchovinistas, que todos ellos presentan al cobro las viejas letras firmadas por la ``socialdemocracia''...

¿Cuáles son los argumentos en contra? "...Se nos confundirá con los anarcocomunistas..."

¿Y por qué no tememos que se nos confunda con los socialnacionales y socialliberales, con los radicales socialistas, con ese partido burgués, el más avanzado y más hábil en el engaño burgués de las masas en la República Francesa? "... Las masas se han habituado, los obreros "se han encariñado" con su Partido Socialdemócrata..."

Es el único argumento que se invoca; pero es un argumento que rechaza la ciencia marxista, las tareas de mañana en la revolución, la situación objetiva del socialismo mundial, la bancarrota ignominiosa de la II Internacional y el perjuicio que causan a la labor práctica los enjambres de elementos, "también-socialdemócratas'', que rondan en torno al proletariado.

Es un argumento de rutina, de aletargamiento, de inercia. Pero nosotros queremos transformar el mundo. Queremos poner término a la guerra imperialista mundial, en la que se ven envueltos centenares de millones de hombres, en la que están mezclados los intereses de muchos cientos de miles de millones de capital y a la que no se podrá poner fin con una paz verdaderamente democrática sin la más grandiosa revolución proletaria que haya conocido la historia de la humanidad.

Tenemos miedo de nosotros mismos. No nos decidimos a quitarnos la camisa sucia a que estamos ``habituados'' y a la que hemos tomado ``apego''...

Mas ha llegado la hora de quitarse la camisa sucia, ha llegado la hora de ponerse ropa' limpia.

Petrogrado, 10 de abril de 1917.

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EPILOGO

Mi folleto ha envejecido a consecuencia del desbarajuste económico y de la incapacidad de las imprentas de San Petersburgo. Fue escrito el 10 de abril de 1917, hoy estamos ya a 28 de mayo, ¡y aún no ha salido!

Escribí este folleto como proyecto de plataforma para propagar mis puntos de vista antes de la Conferencia de toda Rusia de nuestro partido, el Partido Obrero Socialdemócrata (bolchevique) de = Rusia^^48^^. Copiado a máquina y distribuido en varios ejemplares entre los afiliados al partido antes de la conferencia y durante ella, el folleto ha cumplido, pese a todo, una parte de su cometido. Pero ahora, la conferencia se ha celebrado ya---del 24 al 29 de abril de 1917---, sus resoluciones han sido publicadas hace tiempo (véase el anexo al núm. 13 de Soldátskaya = Pravda^^49^^), y el lector atento notará con facilidad que mi folleto es, en muchos casos, el anteproyecto de estas resoluciones.

Réstame expresar la esperanza de que, a pesar de todo, el folleto reportará algún beneficio en relación con estas resoluciones, con su explicación y después detenerme en dos puntos.

En la página 27 propongo que continuemos en Zimmerwald sólo con fines de información~^^*^^. La conferencia no ha estado de acuerdo conmigo en este punto y he tenido que votar contra la resolución sobre la Internacional. Ya ahora se ve claramente que la conferencia ha cometido un error y que el curso de los acontecimientos lo enmendará rápidamente. Continuando en Zimmerwald, participamos (aunque sea contra nuestra voluntad) en el aplazamiento de la creación de la III Internacional; frenamos indirectamente su constitución, trabados por el peso muerto de la Internacional de Zimmerwald, muerta ya en el aspecto ideológico y político.

La situación de nuestro partido ante todos los partidos obreros del mundo entero es hoy tal que tenemos el deber de fundar inmediatamente la III Internacional. Fuera de nosotros, nadie podrá hacerlo ahora y las dilaciones son perjudiciales. Continuando en Zimmerwald sólo con fines de información, habríamos tenido en el _-_-_

^^*^^ Véase el presente volumen, pág. 65 (N. de la Edit.)

72 acto las manos libres para fundar la nueva Internacional (pudiendo, al mismo tiempo, utilizar Zimmerwald, si las circunstancias lo hicieran posible).

Ahora, en cambio, a causa del error cometido por la conferencia, nos vemos obligados a esperar pasivamente hasta el 5 de julio de 1917, por lo menos (fecha de la convocatoria de la Conferencia de Zimmerwald, ¡eso si no la aplazan de nuevo!, pues ya lo ha sido una vez...).

Pero el acuerdo adoptado unánimemente por el Comité Central de nuestro partido después de la conferencia y publicado en el núm. 55 de Pravda™, correspondiente al 12 de mayo, ha corregido a medias el error, al decidir que nos iremos de la Internacional de Zimmerwald si ésta va a conferenciar con los ministros~^^*^^. Me permito expresar la esperanza de que la otra mitad del error será subsanada en cuanto convoquemos la primera conferencia internacional de "los de izquierda" (la "tercera corriente'', los "internacionalistas de hecho''; véase más arriba, págs. 23--25^^**^^).

El segundo punto en que debo detenerme es la formación del "ministerio de coalición" el 6 de mayo de = 1917~^^51^^. Pareceque el folleto ha envejecido sobre todo en este punto.

En realidad, precisamente en este punto no ha envejecido en absoluto. El folleto lo basa todo en el análisis de clase, que temen como al fuego los mencheviques y los populistas, los cuales han dado seis ministros en rehenes a los diez ministros capitalistas. Precisamente porque mi folleto lo basa todo en el análisis de clase, no ha envejecido, pues la entrada de Tsereteli, Chernov y Cía. en el ministerio sólo ha modificado, en grado insignificante, la forma del acuerdo del Soviet de Petrogrado con el gobierno de los capitalistas, y yo subrayé intencionadamente en la página 8 del folleto que "no me refiero tanto al acuerdo formal como al apoyo efectivo"~^^***^^.

Cada día está más claro que Tsereteli, Chernov y Cía. son meros rehenes de los capitalistas y que el gobierno ``renovado'' no quiere ni puede cumplir absolutamente ninguna de sus pomposas promesas ni en la política exterior ni en la interior. Chernov, Tsereteli y Cía. se han suicidado políticamente, han resultado ser ayudantes de los capitalistas, que en la práctica estrangulan la revolución. Kerenski ha llegado al extremo de emplear la violencia contra las masas (cfr. la página 9 del folleto: "por el momento, Guchkov sólo amenaza con emplearla violencia contra las masas"^^****^^, mientras queKerenski ha _-_-_

^^*^^ Véase V. I. I.enin. Obras Completas, 5a «1. en ruso, t. 32, pág. 66. (N. de la Edit.)

^^**^^ Véase el presente volumen, págs. 61--63 (N. de la F.dil.)

^^***^^ Ibídem, pág. 47 (N. de la Edit.)

^^****^^ Ibídem, pág. 47 (N. de la Edit.)

73 tenido que cumplir estas amenazas...). Chernov, Tsereteli y Cía. se han suicidado políticamente y han dado muerte política a sus partidos, el menchevique y el socialista-revolucionario. El pueblo verá todo eso con mayor claridad cada día.

El ministerio de coalición no es más que un momento de transición en el desarrollo de las fundamentales contradicciones de clase de nuestra revolución, brevemente analizadas en mi folleto. Las cosas no pueden seguir así mucho tiempo. O hacia atrás, hacia la contrarrevolución en toda la línea, o hacia adelante, hacia el paso del poder a manos de otras clases. En tiempos de revolución, en plena guerra imperialista mundial, es imposible permanecer inmóvil.

N. Lenin

San Petersburgo, 28 de mayo de 1917.

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LAS ENSEÑANZAS DE LA CRISIS

Petrogrado y toda Rusia han vivido una seria crisis política, la primera crisis política desde la revolución.

El 18 de abril, el Gobierno Provisional aprobó su nota, tristemente célebre, confirmando los rapaces objetivos anexionistas de la guerra con claridad suficiente para provocar la indignación de las amplias masas, que habían creído honradamente en los deseos (y la capacidad) de los capitalistas de "renunciar a las anexiones''. El 20 y 21 de abril Petrogrado era un hervidero. Las calles estaban llenas de gente; día y noche se formaban por doquier pequeños y grandes grupos y se celebraban mítines de variadas proporciones; no cesaban las manifestaciones y demostraciones de masas. Según parece, la crisis, o al menos su primera etapa, ha terminado ayer, el 21 de abril, por la noche. El Comité Ejecutivo del Soviet de diputados obreros y soldados, y a continuación el propio Soviet, han declarado satisfactorias las ``explicaciones'', las enmiendas a la nota, las ``aclaraciones'' del gobierno (que se reducen a frases que no dicen absolutamente nada, ni cambian nada, ni obligan a nada) y han dado por "terminado el incidente".

El futuro mostrará si las amplias masas del pueblo consideran "terminado el incidente''. Nuestra misión consiste ahora en estudiar atentamente qué fuerzas, qué clases se han revelado en la crisis y sacar de ello enseñanzas para el partido del proletariado. Porque la gran importancia de toda crisis consiste en que pone al descubierto lo oculto, deja a un lado lo convencional, lo superficial y mezquino, barre la escoria política y revela los verdaderos resortes de la lucha de clases que se libra en realidad.

Con su nota del 18 de abril, el gobierno de los capitalistas no hizo más, en rigor, que reiterar sus notas anteriores, en las que recubría la guerra imperialista con salvedades diplomáticas. Las masas de soldados se indignaron, pues creían honradamente en la sinceridad y en el deseo de paz de los capitalistas. Las manifestaciones empezaron como manifestaciones de soldados con una 75 consigna contradictoria, inconsciente e incapaz de conducir a parte alguna: "¡Abajo Miliukov!" (¡como si un cambio de personas o de grupos pudiera cambiar la esencia de la política!).

Esto significa que la gran masa inestable y vacilante, la más próxima al campesinado y pequeñoburguesa en un sentido científico clasista, se apartó de los capitalistas y se puso de lado de los obreros revolucionarios. Esta fluctuación o movimiento de las masas, capaces por su fuerza de decidirlo todo, es precisamente lo que produjo la crisis.

Inmediatamente comenzaron a ponerse en movimiento, a actuar en la calle y a organizarse no los elementos intermedios, sino los extremos, no la masa pequeñoburguesa intermedia, sino la burguesía y el proletariado.

La burguesía ocupa la Avenida Nevski (la avenida ``Miliukov'', como dijo un periódico) y los barrios adyacentes del Petrogrado rico, del Petrogrado de los capitalistas y los funcionarios. Oficiales, estudiantes y "clases medias" se manifiestan a favor del Gobierno Provisional, y entre las consignas se encuentra con frecuencia en las banderas una inscripción: "¡Abajo Lenin!"

El proletariado se lanza a la calle desde sus centros, desde los suburbios obreros, organizado en torno a los llamamientos y las consignas del Comité Central de nuestro partido. El 20 y 21, el Comité Central adopta resoluciones que el aparato de la organización hace llegar inmediatamente a las masas del proletariado. Las manifestaciones obreras inundan los barrios no ricos y menos céntricos de la ciudad; y, después, penetran por partes en la Nevski. Las manifestaciones de los proletarios se distinguen a todas luces de las de la burguesía porque abarcan a mayores masas y están más unidas. En sus banderas se lee entre otras inscripciones: "¡Todo el poder al Soviet de diputados obreros y soldados!"

En la Nevski se producen choques. Las banderas de las manifestaciones ``contrarias'' son desgarradas. Desde distintos lugares se comunica por teléfono al Comité Ejecutivo que ambos bandos han dispaiado y hay muertos y heridos; las noticias, no comprobadas, son contradictorias en extremo.

La burguesía expresa con gritos sobre "el espectro de la guerra civil" su temor a que las verdaderas masas, la verdadera mayoría del pueblo, tomen el poder en sus manos. Los líderes pequeñoburgueses del Soviet, los mencheviques y los populistas, que ni después de la revolución, en general, ni durante los días de la crisis, en particular, han tenido una línea de partido bien definida, se dejan amedrentar. En el Comité Ejecutivo, donde la víspera había votado casi la mitad contra el Gobierno Provisional, se 76 reúnen 34 votos (frente a 19) a favor del retorno a la política de confianza en los capitalistas y de conciliación con ellos.

Se da por ``terminado'' el ``incidente''.

¿Cuál es el fondo de la lucha de clases? Los capitalistas están a favor de la prolongación de la guerra, quieren encubrirlo con frases y promesas; están presos en las redes del capital bancario ruso, anglo-francés y norteamericano. El proletariado, representado por su vanguardia consciente, está a favor de que el poder pase a la clase revolucionaria, a la clase obrera y los semiproletarios; a favor del desarrollo de la revolución obrera mundial, que crece evidentemente también en Alemania, a favor de la terminación de la guerra por medio de esa revolución.

La gran masa, principalmente pequeñoburguesa, que presta crédito aún a los líderes mencheviques y populistas, que está asustada hasta la médula por la burguesía y sigue, con algunas reservas, la línea de ésta, oscila tan pronto a la derecha como a la izquierda.

La guerra es espantosa. Las amplias masas son precisamente las que más lo sienten; es en sus filas donde cunde la conciencia, todavía no clara, ni mucho menos, de que esta guerra es criminal, de que su causa son las rivalidades y discordias de los capitalistas por el reparto de su botín. La situación mundial se embrolla más y más. No hay otra salida que la revolución obrera mundial, que en Rusia ha adelantado actualmente a otros países, pero que también en Alemania hace avances visibles (huelgas, confraternización en el frente). Y las masas vacilan entre la confianza en sus antiguos señores, los capitalistas, y la cólera contra ellos; entre la confianza en la clase nueva, que abre el camino de un porvenir luminoso para todos los trabajadores, en la única clase consecuentemente revolucionaria, el proletariado, y la comprensión confusa de su papel histórico-mundial.

¡No es ésta la primera ni tampoco la última vacilación de la masa pequeñoburguesa y semiproletaria!

¡La enseñanza es clara, camaradas obreros! El tiempo no espera. Tras la primera crisis vendrán otras. ¡Consagrad todas las fuerzas a ilustrar a los rezagados, a estrechar en masa las relaciones fraternales y directas (no sólo en los mítines) con cada regimiento, con cada grupo de las capas trabajadoras que no ven todavía claro! ¡Consagrad todas las fuerzas a vuestra propia cohesión, a organizar a los obreros de abajo arriba, hasta el último distrito, hasta la última fábrica, hasta la última barriada de la capital y sus suburbios! ¡No os dejéis desorientar por los ``conciliadores'' pequeñoburgueses, dispuestos a pactar con los capitalistas, por los defensistas, por los partidarios de la "política 77 de apoyo'', ni por individuos aislados, inclinados a apresurarse y a exclamar, antes de haber logrado una sólida cohesión de la mayoría del pueblo: "¡Abajo el Gobierno Provisional!" La crisis no puede ser superada por la violencia de algunas personas aisladas sobre otras, mediante acciones parciales de pequeños grupos armados, mediante intentonas blanquistas de "conquista del poder'', "detención" del Gobierno Provisional, etc.

La consigna del momento es: explicar con mayor exactitud claridad y amplitud la línea del proletariado, su camino para poner fin a la guerra. ¡Formad por doquier más firme y ampliamente las filas y columnas proletarias! ¡Cerrad filas alrededor de vuestros Soviets y, dentro de ellos, tratad de unir en torno vuestro a la mayoría mediante la persuasión fraternal y la renovación de algunos de sus miembros!

Escrito el 22 de abril (5 de mayo) de 1917.

Publicado el 6 de mayo (23 de abril) de 1917 en el núm. 39 del periódico ``Pravda''.

T. 31, págs. 324--327.

[78] ~ 79 __ALPHA_LVL1__ VII CONFERENCIA (CONFERENCIA DE ABRIL) DE TODA RUSIA DEL POSD(b)R
24--29 DE ABRIL (7--12 DE MAYO) DE 1917 __NUMERIC_LVL2__ 1 __ALPHA_LVL2__ DISCURSO DE APERTURA
DE LA CONFERENCIA 24 DE ABRIL (7 DE MAYO) __NOTE__ In LVL1, date (after the break) is a heading. __NOTE__ LVL2's moved under LVL1; on page 81 in original. __NOTE__ See also: page 145--47 (same thing). [80] ~ 81

Camaradas: Nuestra conferencia se reúne como la primera conferencia del partido proletario en condiciones de avance no sólo de la revolución rusa, sino también de la revolución internacional. Llega la hora en que se justifican por doquier la afirmación de los fundadores del socialismo científico y la previsión unánime de los socialistas reunidos en el Congreso de Basilea de que la guerra mundial conduce inevitablemente a la revolución.

En el siglo XIX, Marx y Engels, observando el movimiento proletario de los distintos países y analizando las posibles perspectivas de la revolución social, afirmaron más de una vez que los papeles de dichos países se repartirían, en general, proporcionalmente, conforme a las peculiaridades históricas nacionales de cada uno de ellos. Esta idea, formulada brevemente, la expresaron así: el obrero francés comenzará la obra y el alemán la llevará a cabo.

Al proletariado ruso le ha correspondido el gran honor de empezar, pero no debe olvidar que su movimiento y su revolución son solamente una parte del movimiento proletario revolucionario mundial, que en Alemania, por ejemplo, aumenta de día en día con fuerza creciente. Sólo desde este ángulo visual podemos determinar nuestras tareas.

Declaro abierta la Conferencia de toda Rusia y ruego que se proceda a elegir la Mesa.

Publicado en forma de reseña el 12 de mayo
(29 de abril) de 1917 en el núm. 43 del periódico " Sotsial-Demokrat".

Publicado íntegramente por vez primera en 1921 en las ``Obras'' de N.Lenin (V. Uliánov), t. XIV, parte 2.

T. 31, pág. 341. 82 __NUMERIC_LVL2__ 2 __ALPHA_LVL2__ INFORME SOBRE EL MOMENTO ACTUAL 24 DE ABRIL (7 DE MAYO)

ACTA TAQUIGRÁFICA

Camaradas: Al abordar el problema del momento actual y enjuiciarlo, tendré que abarcar un tema extraordinariamente extenso, que se divide, a mi parecer, en tres partes: primero, apreciación de la situación política propiamente dicha en nuestro país, en Rusia, actitud ante el gobierno y ante la dualidad de poderes; segundo, actitud ante la guerra, y tercero, situación creada en el movimiento obrero internacional, que le ha colocado directamente, hablando en escala mundial, ante la revolución socialista.

Creo que sólo podré tocar brevemente algunos de estos puntos. Además, he de someter a vuestra consideración un proyecto de resolución sobre todas estas cuestiones, si bien naciendo la salvedad de que la extrema escasez de fuerzas de que disponemos y la crisis política surgida aquí, en Petrogrado, nos han impedido no sólo discutir esta resolución, sino ni siquiera comunicarla a su debido tiempo a las distintas organizaciones locales. Repito, pues, que no se trata más que de proyectos preliminares, que facilitarán el trabajo de la comisión y le permitirán concentrarse en algunas de las cuestiones más sustanciales.

Comienzo por la primera cuestión. Si no estoy equivocado, la Conferencia de Moscú ha aprobado la misma resolución que la Conferencia de Petrogrado. (Voces: "¡Con enmiendas!''). No he visto esas enmiendas y, por tanto, no puedo juzgar. Pero como la resolución de Petrogrado ha sido publicada en Pravda, puedo considerar, si no hay objeciones, que es conocida de todos. Esta resolución es la que someto hoy, como proyecto, a la presente Conferencia de toda Rusia.

83

La mayoría de los partidos del bloque pequeñoburgués que reina en el Soviet de Petrogrado presenta nuestra política, a diferencia de la suya, como una política de pasos precipitados. Nuestra política se distingue por el hecho de que exigimos, ante todo, una exacta definición de clase de lo que está ocurriendo. El pecado capital del bloque pequeñoburgués consiste en que oculta al pueblo, valiéndose de frases hueras, la verdad acerca del carácter de clase del gobierno.

Si los camaradas de Moscú tienen enmiendas que presentar, podrían leerlas ahora.

__NOTE__ stretched. Tag sss ? (Lee la resolución de la Conferencia de la ciudad de Petrogrado sobre la actitud ante el Gobierno Provisional.)

``Considerando:

``1) que el Gobierno Provisional es, por su carácter de clase, un órgano de dominación de los terratenientes y de la burguesía;

``2) que este gobierno y las clases por él representadas se hallan ligados de modo indisoluble, económica y políticamente al imperialismo ruso y anglo-franees;

``3) que inclusive el programa anunciado por él lo cumple de modo incompleto y sólo bajo la presión del proletariado revolucionario y, en parte, de la pequeña burguesía;

``4) que las fuerzas de la contrarrevolución burguesa y terrateniente que se organizan, encubriéndose con la bandera del Gobierno Provisional y, con la evidente tolerancia de éste, han iniciado ya el ataque contra la democracia revolucionaria;

``5) que el Gobierno Provisional difiere la convocatoria de elecciones a la Asamblea Constituyente, pone obstáculos al armamento general del pueblo, impide que toda la tierra pase a manos del pueblo, le impone el método terrateniente de solución del problema agrario, frena la implantación de la jornada de ocho horas, favorece la agitación contrarrevolucionaria (de Guchkov y Cía.) en el ejército, organiza a los altos oficiales contra los soldados, etc. ..."

He leído la primera parte de la resolución, que contiene la característica de clase del Gobierno Provisional. Las divergencias con la resolución de los moscovitas, en cuanto puede juzgarse sólo por el texto, no creo que sean muy sustanciales; pero considero que caracterizar en general al gobierno como contrarrevolucionario sería inexacto. Cuando se habla en general, hay que aclarar a qué revolución nos referimos. Desde el punto de vista de la revolución burguesa, no puede decirse eso, puesto que ha terminado ya. Desde el punto de vista de la revolución 84 proletariocampesina, es prematuro decirlo, pues no podemos estar seguros de que los campesinos vayan sin falta más allá que la burguesía; y, a mi juicio, es infundado expresar nuestra seguridad en el campesinado, sobre todo ahora, cuando ha virado hacia el imperialismo y el defensismo, es decir, hacia el apoyo a la guerra. Y ahora ha entrado en una serie de acuerdos con los demócratas constitucionalistas. Por eso considero incorrecto políticamente este punto de la resolución de los camaradas moscovitas. Queremos que el campesinado vaya más allá que la burguesía, que tome la tierra a los terratenientes, pero hoy no puede decirse nada concreto sobre su conducta futura.

Nosotros rehuimos cuidadosamente las palabras "democracia revolucionaria''. Cuando se trata de una agresión del gobierno, puede hablarse así; pero, en la actualidad, esa frase encubre el mayor de los engaños, ya que es dificilísimo diferenciar las clases confundidas en este caos. Nuestra tarea consiste en liberar a quienes van a la zaga. Para nosotros, los Soviets no son importantes como forma; lo importante son las clases que representan esos Soviets. Por eso es necesaria una larga labor de esclarecimiento de la conciencia proletaria...

(Continúa leyendo la resolución.)

``...6) que, al mismo tiempo, este gobierno se apoya actualmente en la confianza y, hasta cierto punto, en un acuerdo directo con el Soviet de diputados obreros y soldados de Petrogrado, el cual agrupa hoy a la evidente mayoría de los obreros y soldados, es decir, del campesinado;

``7) que cada paso del Gobierno Provisional, tanto en la política exterior como en la interior, abrirá los ojos no sólo a los proletarios de la ciudad y del campo y los semiproletarios, sino también a grandes sectores de la pequeña burguesía, haciéndoles ver el carácter auténtico de este gobierno;

``la conferencia acuerda que:

``1) para que todo el poder del Estado pase a los Soviets de diputados obreros y soldados o a otros órganos que expresen directamente la voluntad del pueblo, es necesaria una prolongada labor de esclarecimiento de la conciencia de clase del proletariado y de cohesión de los proletarios de la ciudad y del campo contra las vacilaciones de la pequeña burguesía, pues sólo esa labor garantizará de verdad el avance victorioso de todo el pueblo revolucionario;

``2) para ello es preciso desplegar una actividad múltiple dentro de los Soviets de diputados obreros y soldados, aumentar 85 su número, consolidar sus fuerzas y aglutinar en su seno a los grupos proletarios internacionalistas de nuestro partido;

``3) es necesario organizar en mayor escala nuestras fuerzas socialdemócratas para que la nueva ola del movimiento revolucionario se desarrolle bajo la bandera de la socialdemocracia revolucionaria".

En esto reside la clave de toda nuestra política. Actualmente, toda la pequeña burguesía vacila y encubre sus vacilaciones con la frase "democracia revolucionaria'', y nosotros debemos oponer a esas vacilaciones la línea proletaria. Los contrarrevolucionarios desean hacer fracasar esa línea provocando acciones prematuras. Nuestras tareas son: aumentar el número de Soviets, consolidar sus fuerzas y aglutinar en su seno los elementos de nuestro partido.

En el punto tercero, los moscovitas añaden el control. Es el control representado por Chjeídze, Steklov, Tsereteli y otros líderes del bloque pequeñoburgués. El control sin el poder no es más que una frase huera. ¿Cómo voy a controlar yo a Inglaterra? Para ello habría que apoderarse de su flota. Comprendo que la masa atrasada de obreros y soldados pueda confiar candorosa e inconscientemente en el control, pero basta reflexionar sobre los elementos fundamentales del control para convencerse de que esta confianza es una desviación de los principios básicos de la lucha de clases. ¿Qué es el control? Si yo escribo un papel o una resolución, ellos escribirán una contrarresolución. Para controlar hay que tener el poder. Si esto es incomprensible para la gran masa del bloque pequeñoburgués, hay que tener la paciencia de explicárselo, pero en ningún caso mentirle. Mas si yo velo esta condición fundamental con el control, no digo la verdad y hago el juego a los capitalistas e imperialistas. "Ten la bondad de controlarme ---dicen ellos---, pero yo tendré los cañones. Hártate de control''. Saben que, hoy por hoy, no puede negarse nada al pueblo. Sin el poder, el control no es más que una frase pequeñoburguesa, que frena la marcha y el desarrollo de la revolución rusa. Por eso me opongo al punto tercero de los camaradas moscovitas.

Por lo que se refiere a este original entrelazamiento de dos poderes, en el cual el Gobierno Provisional---sin tener el poder, ni los cañones, ni los soldados, ni la masa de hombres armados---se apoya en los Soviets, los cuales, fiándose por ahora de promesas, siguen una política de apoyo a esas promesas, diremos que si queréis participar en ese juego, fracasaréis. Nuestra misión es no tomar parte en ese juego. Continuaremos explicando al proletariado toda la inconsistencia de esa política, y la vida real se encargará de demostrar a cada paso nuestra razón. Hoy estamos en minoría, 86 las masas no nos creen aún. Sabremos esperar; ya vendrán a nosotros cuando el gobierno se arranque la careta. Las vacilaciones de! gobierno podrán apartarlas de él y las volcarán hacia nosotros, y entonces, pulsando la correlación de fuerzas, diremos: nuestra hora ha llegado.

Paso al problema de la guerra, en el que coincidíamos, prácticamente, cuando nos declaramos contra el empréstito; las actitudes adoptadas ante el empréstito mostraron palpablemente en el acto cómo se dividen las fuerzas políticas. Como ha = escrito Riech^^52^^, todos vacilan, con la sola excepción de Edinstvo; toda la masa pequeñoburguesa está a favor del empréstito, con reservas. Los capitalistas ponen gesto avinagrado, se echan la resolución al bolsillo con una sonrisa y dicen: "¡Hablad cuanto queráis, pues, pese a todo, seremos nosotros quienes actuaremos!" En el mundo entero se denomina socialchovinistas a todos los que votan actualmente a favor del empréstito.

Pasaré directamente a leer el proyecto de resolución sobre la guerra. Se divide en tres partes: 1) característica de la guerra desde el punto de vista de su significación de clase; 2) defensismo revolucionario de las masas, que no existe en ningún país, y 3) cómo poner fin a la guerra.

Muchos de nosotros, entre ellos yo, hemos tenido ocasión de hablar, sobre todo ante los soldados, y creo que cuando se les explica todo desde el punto de vista de clase, lo que menos claro ven en nuestra posición es cómo queremos poner fin a la guerra y de qué modo creemos posible terminarla. Entre las amplias masas existe un sinnúmero de confusiones, una incomprensión absoluta de nuestra posición; por eso debemos explicarles este punto con el lenguaje más popular.

(Lee el proyecto de resolución sobre la guerra.)

``La guerra actual es, por parte de ambos grupos de potencias beligerantes, una guerra imperialista, es decir, una guerra que hacen los capitalistas por el dominio mundial, por el reparto del botín capitalista, por los mercados ventajosos del capital financiero y bancario, por el estrangulamiento de los pueblos débiles.

``El paso del poder en Rusia de manos de Nicolás II a las del gobierno de Guchkov, Lvov, etc., gobierno de terratenientes y capitalistas, no ha cambiado ni podía cambiar ese carácter de clase ni el significado de la guerra por parte de Rusia.

``El hecho de que el nuevo gobierno prosigue la misma guerra, una guerra igualmente imperialista, una guerra rapaz, de 87 conquista, se ha manifestado con evidencia particular en la siguiente circunstancia: el nuevo gobierno, lejos de publicar los tratados secretos concluidos por el ex zar, Nicolás II, con los gobiernos capitalistas de Inglaterra, Francia, etc., los ha ratificado formalmente. Se ha hecho esto sin consultar la voluntad del pueblo y con la intención manifiesta de engañarlo, pues es del dominio público que esos tratados secretos del ex zar son tratados bandidescos hasta la médula, que prometen a los capitalistas rusos el saqueo de China, de Persia, de Turquía, de Austria, etc.

``Por eso, el partido proletario no puede apoyar en modo alguno ni la guerra en curso, ni al gobierno actual, ni sus empréstitos, sean cuales fueren las pomposas palabras con que se denomine a esos empréstitos, sin romper por completo con el internacionalismo, es decir, con la solidaridad fraternal de los obreros de todos los países en la lucha contra el yugo del capital.

``No merece tampoco ningún crédito la promesa del gobierno actual de renunciar a las anexiones, es decir, a la conquista de otros países, o a la retención por la fuerza en los límites de Rusia de cualquier nacionalidad. Porque, en primer lugar, los capitalistas, unidos por miles de hilos del capital bancario ruso y anglo-francés y que defienden los intereses del capital, no pueden renunciar a las anexiones en esta guerra sin dejar de ser capitalistas, sin renunciar a las ganancias que proporcionan los miles de millones invertidos en empréstitos, en concesiones, en fábricas de guerra, etc. En segundo lugar, el nuevo gobierno, que renunció a las anexiones para embaucar al pueblo, declaró por boca de Miliukov el 9 de abril de 1917 en Moscú, que no renuncia a las anexiones. En tercer lugar, como ha denunciado = Dielo Naroda^^5^^*, periódico en el que colabora el ministro Kerenski, Miliukov no ha cursado siquiera al exterior su declaración sobre la renuncia a las anexiones.

``Al poner en guardia al pueblo contra las vanas promesas de los capitalistas, la conferencia declara, por ello, que es necesario establecer una rigurosa diferencia entre la renuncia a las anexiones de palabra y la renuncia de hecho, es decir, la publicación inmediata de todos los bandidescos tratados secretos, de todos los documentos referentes a la política exterior, y proceder sin demora a la liberación más completa de todas las naciones que la clase capitalista oprime o mantiene encadenadas por la fuerza a Rusia o carentes de plenos derechos, siguiendo la política, oprobiosa para nuestro pueblo, del ex zar Nicolás II".

La segunda mitad de esta parte de la resolución trata de las promesas que hace el gobierno. Para un marxista, esta parte estaría tal vez de más, pero para el pueblo tiene importancia. De 88 ahí que sea necesario agregar por qué no damos crédito a esas promesas, por qué no debemos confiar en el gobierno. Las promesas del gobierno actual de renunciar a la política imperialista no merecen ninguna confianza. Nuestra línea en esta cuestión no debe consistir en indicar que exigimos al gobierno la publicación de los tratados. Eso sería una ilusión. Exigir eso a un gobierno de capitalistas sería igual que exigir que se descubran los fraudes comerciales. Si decimos que es necesario renunciar a las anexiones y contribuciones, debemos señalar, además, cómo ha de hacerse; y si se nos pregunta quién tiene que hacerlo, diremos que se trata, en esencia, de un paso revolucionario y que ese paso sólo puede darlo el proletariado revolucionario. De otro modo no serán más que promesas vacías, buenos deseos, con que los capitalistas llevan de las riendas al pueblo.

(Sigue leyendo el proyecto de resolución.)

``El llamado "defensismo revolucionario'', que hoy se ha apoderado en Rusia de casi todos los partidos populistas ( socialistas populares, trudoviques, socialistas-revolucionarios), del partido oportunista de los socialdemócratas mencheviques (Comité de Organización, Chjeídze, Tsereteli y otros) y de la mayoría de los revolucionarios sin partido, representa, ateniéndonos a su significación de clase, por un lado, los intereses y el punto de vista de la pequeña burguesía, de los pequeños propietarios, de los campesinos acomodados, quienes, al igual que los capitalistas, sacan provecho de la violencia contra los pueblos débiles, y, por otro lado, es resultado del engaño de las masas del pueblo por los capitalistas, que no hacen públicos los tratados secretos y salen del paso con promesas y frases elocuentes.

``Debemos reconocer que masas muy amplias de "defensistas revolucionarios" obran de buena fe, es decir, no desean efectivamente ninguna clase de anexión ni conquista, ni actos de violencia contra los pueblos débiles, quieren verdaderamente una paz democrática, y no una paz impuesta, entre todos los países beligerantes. Es preciso reconocer esto porque la situación de clase de los proletarios y semiproletarios de la ciudad y del campo (es decir, de los hombres que viven total o parcialmente de la venta de su fuerza de trabajo a los capitalistas) hace que dichas clases no estén interesadas en las ganancias de los capitalistas.

``Por ello, reconociendo absolutamente inadmisible cualquier concesión al "defensismo revolucionario'', que equivaldría de hecho a la ruptura completa con el internacionalismo y el socialismo, la conferencia declara al mismo tiempo que mientras 89 los capitalistas rusos y su Gobierno Provisional se limiten a amenazar al pueblo con la violencia (como, por ejemplo, el tristemente célebre decreto de Guchkov conminando con represalias a los soldados que destituyan por propia iniciativa a sus superiores); mientras los capitalistas no pasen al empleo de la violencia contra los Soviets de diputados obreros, soldados, campesinos, braceros, etc., libremente organizados y con atribuciones para elegir y deponer libremente a todas las autoridades, nuestro partido propugnará la renuncia a la violencia en general y combatirá el grave y funesto error de los partidarios del "defensismo revolucionario" exclusivamente con métodos de persuasión camaraderil, explicando la verdad de que la confianza inconsciente de las vastas masas en el gobierno de los capitalistas, los peores enemigos de la paz y del socialismo, es en el momento actual en Rusia el obstáculo principal para la rápida terminación de la guerra".

Es indudable que una parte de la pequeña burguesía está interesada en esta política de los capitalistas; por ello, es imperdonable para el partido proletario cifrar ahora sus esperanzas en la comunidad de intereses con el campesinado. Luchamos por conseguir que los campesinos pasen a nuestro lado, pero ahora están, y hasta cierto punto conscientemente, al lado de los capitalistas.

No cabe la menor duda de que el proletariado y el semiproletariado, como clase, no están interesados en la guerra. Van a remolque de las tradiciones y el engaño. Carecen aún de experiencia política. De ahí nuestra tarea de efectuar una larga labor explicativa. No les hacemos la menor concesión de principio, pero no podemos tratarlos igual que a los socialchovinistas. Estos elementos de la población no han sido jamás socialistas ni tienen la menor idea del socialismo, no hacen más que despertar a la vida política. Pero su conciencia crece y se amplía con una rapidez extraordinaria. Hay que saber llegar hasta ellos con nuestra labor explicativa y ésta es la tarea más difícil, sobre todo para un partido que todavía ayer se encontraba en la clandestinidad.

Habrá quienes piensen que al decir esto renegamos de nosotros mismos, por cuanto antes propugnábamos la transformación de la guerra imperialista en guerra civil y ahora nos pronunciamos contra nuestra propia actitud. Pero en Rusia ha terminado la primera guerra civil y pasamos ahora a la segunda guerra: entre el imperialismo y el pueblo en armas. Y en este período de transición, mientras la fuerza armada se encuentre en manos de los soldados, mientras Miliukov y Guchkov no apelen a la violencia, esta guerra civil se convierte para nosotros en una labor 90 de propaganda clasista pacífica, larga y paciente. Si hablamos de la guerra civil antes de que la gente haya comprendido su necesidad, caeremos inevitablemente en el blanquismo. Somos partidarios de la guerra civil, pero sólo cuando la sostiene una clase consciente. Puede derrocarse a quien el pueblo considera un avasallador. Pero en la actualidad no hay ningún avasallador, pues los cañones y los fusiles los tienen los soldados y no los capitalistas; éstos no se imponen ahora por la violencia, sino por el engaño, y gritar que nos avasallan es un absurdo. Hay que saber situarse en el punto de vista del marxismo, el cual nos dice que esta transformación de la guerra imperialista en guerra civil se basa en condiciones objetivas y no en condiciones subjetivas. Nosotros renunciamos de momento a esta consigna, pero sólo de momento. Las armas están ahora en manos de los soldados y de los obreros y no en manos de los capitalistas. Mientras el gobierno no rompa las hostilidades, predicamos pacíficamente.

Al gobierno le convendría que el primer paso irreflexivo a la acción lo diéramos nosotros: eso le convendría. Está furioso porque nuestro partido ha lanzado la consigna de una manifestación pacífica. No debemos ceder ni un ápice de nuestros principios a la pequeña burguesía hoy a la expectativa. Para un partido proletario no hay error más peligroso que basar su táctica en deseos subjetivos allí donde lo que hace falta es organización. No podemos decir que la mayoría está con nosotros; en este caso es necesario desconfiar, desconfiar y desconfiar. Basar sobre deseos la táctica proletaria significaría matarla.

El tercer punto se refiere al problema de cómo terminar la guerra. La posición de los marxistas al respecto es conocida, pero la dificultad estriba en cómo hacerla llegar a las masas en la forma más clara posible. No somos pacifistas y no podemos renunciar a la guerra revolucionaria. ¿En qué se distingue una guerra revolucionaria de una guerra capitalista? Se distingue, ante todo, por la clase que está interesada en ella y por la política que aplica la clase interesada en esa guerra... Cuando se habla a las masas, hay que darles respuestas concretas. La primera cuestión es, pues, ésta: ¿cómo distinguir una guerra revolucionaria de una guerra capitalista? El hombre del pueblo no comprende en qué consiste la diferencia, no comprende que se trata de la diferencia de clases. No debemos expresarnos sólo teóricamente, sino mostrando de modo práctico que sólo libraremos una guerra verdaderamente revolucionaria cuando el poder esté en manos del proletariado. Me parece que semejante planteamiento de la cuestión da la respuesta más clara a la pregunta de qué guerra es ésta y quién la hace.

91

En Pravda se ha publicado un proyecto de llamamiento a los soldados de todos los países beligerantes^^*^^. Tenemos noticias de que en el frente se confraterniza, pero todavía de modo semiespontáneo. A esta confraternización le falta un pensamiento político claro. Los soldados han sentido instintivamente que había que obrar desde abajo. Su instinto de clase, de gente imbuida de espíritu revolucionario, les ha hecho ver que éste es el verdadero camino. Mas eso no basta para la revolución. Nosotros queremos dar una contestación política clara. Para que la guerra termine, el poder debe pasar a manos de la clase revolucionaria. Yo propondría que, en nombre de la conferencia, se dirigiese un llamamiento a los soldados de todos los países beligerantes y que ese llamamiento fuese publicado en todos los idiomas. Si en lugar de todas las frases en boga sobre conferencias de paz---en las que la mitad de los reunidos son siempre agentes solapados o manifiestos de los gobiernos imperialistas---lanzamos dicho llamamiento, avanzaremos mil veces más de prisa hacia nuestra meta que con todas las conferencias pacifistas. No queremos nada con los Plejánov alemanes. Cuando cruzamos Alemania en tren, esos señores socialchovinistas, los Plejánov alemanes, intentaron subir a nuestro vagón, pero les hicimos saber que ni un solo socialista de esa clase pondría los pies en él, y que si entraban, a pesar de todo, no los dejaríamos salir sin un gran escándalo. En cambio, si hubieran dejado entrar, por ejemplo, a Carlos Liebknecht, habríamos hablado con él. Cuando publiquemos ese llamamiento a los trabajadores de todos los países y demos en él nuestra respuesta a la pregunta de cómo debe terminarse la guerra, y cuando los soldados lean esa respuesta, que da una salida política a la guerra, la confraternización dará un paso gigantesco. Ello es necesario para que ésta deje de ser un pavor instintivo ante la guerra y se convierta en una clara conciencia política de cómo salir de esta guerra.

Paso a la tercera cuestión, esto es, a la apreciación del momento actual desde el punto de vista de la situación del movimiento obrero internacional y del estado en que se encuentra el capitalismo internacional. Desde el punto de vista marxista, sería absurdo examinar la situación de un solo país al hablar del imperialismo, ya que los diferentes países capitalistas están vinculados entre sí del modo más estrecho. Y hoy, en plena guerra, esta vinculación es inconmensurablemente mayor. Toda la humanidad se ha convertido en un amasijo sanguinolento y es _-_-_

^^*^^ Véase V. I. Lenin. O.C.. t. 31, |>ágs. 293--296. (N. de Iti Edil.)

92 imposible salir de él aisladamente. Si bien hay países más desarrollados y menos desarrollados, la guerra actual los ha atado a todos de tal manera que es imposible y disparatado que ningún país pueda salir él solo de la conflagración.

Todos estamos de acuerdo en que el poder deben tenerlo los Soviets de diputados obreros y soldados. Pero ¿qué pueden y deben hacer éstos cuando el poder pase a sus manos, es decir, cuando pase a manos de los proletarios y semiproletarios? Es una situación complicada y difícil. Y al hablar de la toma del poder, surge un peligro que ya en revoluciones anteriores desempeñó un gran papel: el peligro de que la clase revolucionaria se haga cargo del poder y no sepa qué hacer con él. En la historia de las revoluciones existen ejemplos de revoluciones que fracasaron precisamente por eso. Los Soviets de diputados obreros y soldados que envuelven hoy como una red a toda Rusia son actualmente el eje de toda la revolución; sin embargo, me parece que no los hemos comprendido y estudiado suficientemente. Si los Soviets toman el poder, no se tratará ya de un Estado en el sentido usual de la palabra. Hasta hoy no ha existido nunca un Estado de ese tipo que se haya sostenido mucho tiempo, pero todo el movimiento obrero mundial ha tendido hacia él. Será precisamente un Estado del tipo de la Comuna de París. Este poder es una dictadura, es decir, no se apoya en la ley ni en la voluntad formal de la mayoría, sino de modo directo e inmediato en la violencia. La violencia es un instrumento de poder. ¿Cómo emplearán los Soviets este poder? ¿Volverán a los antiguos métodos de gobierno a través de la policía, administrarán el país por medio de los viejos órganos de poder? A mi juicio, no podrán nacerlo y, en todo caso, se alza ante ellos la tarea inmediata de organizar un Estado no burgués. He empleado, hablando entre bolcheviques, la comparación de este Estado con la Comuna de París en el sentido de que esta última destruyó los antiguos órganos administrativos y los sustituyó por órganos completamente nuevos, por órganos directos, inmediatos, de los obreros. Se me acusa de haber utilizado en este momento la palabra que más asusta a los capitalistas, ya que han empezado a comentarla como el deseo de implantar inmediatamente el socialismo. Pero la he empleado únicamente en el sentido de sustitución de los viejos órganos por otros nuevos, proletarios. Marx decía que esto representaba el avance más importante de todo el movimiento proletario mundial. La cuestión de las tareas sociales del proletariado tiene para nosotros una importancia práctica inmensa, por un lado, porque nos vemos atados ahora a los demás países y no podemos salir de ese ovillo: o el proletariado sale en su totalidad o lo estrangularán; por otro 93 lado, porque los Soviets de diputados obreros y soldados son un hecho. No cabe duda para nadie de que cubren toda Rusia, son un poder y no puede haber otro. Y si es así, debemos tener una idea clara de cómo pueden utilizar ese poder. Se dice que este poder es igual que el existente en Francia y en Norteamérica; pero allí no se da nada semejante, no existe un poder directo como éste.

La resolución sobre el momento actual se divide en tres partes. En la primera se caracteriza la situación objetiva creada por la guerra imperialista, la situación en que se ha visto el capitalismo mundial; en la segunda, se exponen las condiciones del movimiento proletario internacional, y en la tercera, las tareas de la clase obrera rusa al hacerse cargo del poder. En la primera parte formulo la conclusión de que el capitalismo se ha desarrollado durante la guerra más aún que antes de ella. Se ha adueñado de ramas enteras de la producción. Ya en 1891, hace 27 años, cuando los alemanes aprobaron su Programa de = Erfurt^^54^^, Engels decía que no podía interpretarse el capitalismo según se venía haciendo, como un régimen carente de todo plan. Esta interpretación es ya anticuada: donde hay trusts no hay carencia de planes. Durante el siglo XX, sobre todo, el desarrollo del capitalismo siguió avanzando a pasos agigantados, y la guerra hizo lo que no se había hecho en 25 años. La estatificación de la industria no sólo ha hecho progresos en Alemania, sino también en Inglaterra. De los monopolios en general se ha pasado a los monopolios de Estado. La situación objetiva ha demostrado que la guerra ha acelerado el desarrollo del capitalismo, la transformación del capitalismo en imperialismo, el paso de monopolio a estatificación. Todo ello ha aproximado la revolución socialista y ha creado las condiciones objetivas para ella. De este modo, el curso de la guerra ha acercado la revolución socialista.

Inglaterra fue antes de la guerra el país de máxima libertad, como señalan en todo momento los políticos del tipo democonstitucionalista. Pero había libertad porque no existía movimiento revolucionario. La guerra lo cambió todo de golpe. Un país en el que no se recordaba desde hacía muchísimos años un solo atentado contra la libertad de la prensa socialista ha implantado de repente una censura puramente zarista y ha llenado sus cárceles de socialistas. Los capitalistas aprendieron allí durante siglos a gobernar al pueblo sin violencias, y si han recurrido ahora a ellas es porque se han dado cuenta de que el movimiento revolucionario crece, de que no pueden obrar de otra manera. Cuando señalábamos que Liebknecht representaba a una masa, a pesar de estar solo y tener enfrente a cien Plejánov alemanes, se nos decía que eso era una utopía, una ilusión. Sin embargo, basta haber 94 asistido a una sola asamblea obrera en el extranjero para convencerse de que la simpatía de las masas por Liebknecht es un hecho indudable. Sus más furiosos enemigos tuvieron que recurrir a ardides ante las masas, y si no se presentaron como adeptos suyos, por lo menos nadie se atrevió a hablar contra él abiertamente. Hoy las cosas han ido aún más lejos. Ahora se trata de huelgas de masas y de confraternización en el frente. Aventurarse a profetizar sobre el particular sería el más grave de los errores, pero es un hecho que la simpatía hacia la Internacional va en aumento y que en el ejército alemán empieza la efervescencia revolucionaria. Y ese hecho demuestra que la revolución madura en Alemania.

Veamos ahora cuáles son las tareas del proletariado revolucionario. El defecto principal y el error principal de todos los razonamientos de los socialistas consisten en que el problema se plantea en términos demasiado generales---transición al socialismo---, cuando lo que corresponde es hablar de los pasos y medidas concretos. Unos han madurado ya, otros no. Vivimos un momento de transición. Es evidente que hemos promovido formas que no se parecen a las de los Estados burgueses: los Soviets de diputados obreros y soldados son una forma de Estado que no existe ni ha existido nunca en ningún país. Son una forma que representa los primeros pasos hacia el socialismo y que es inevitable en los comienzos de la sociedad socialista. Este es un hecho decisivo. La revolución rusa ha creado los Soviets. En ningún país burgués existen ni pueden existir instituciones estatales semejantes, y ninguna revolución socialista puede operar con otro poder que no sea éste. Los Soviets de diputados obreros y soldados deben tomar el poder, pero no para implantar una república burguesa corriente ni para pasar directamente al socialismo. Eso es imposible. ¿Para qué, entonces? Deben tomar el poder para dar los primeros pasos concretos, que pueden y deben darse, hacia esa transición. El miedo es en este sentido el enemigo principal. Debemos explicar a las masas que es menester dar esos pasos inmediatamente, pues, de otro modo, el poder de los Soviets de diputados obreros y soldados carecerá de sentido y no dará nada al pueblo.

Intentaré contestar a la pregunta de cuáles son los pasos concretos que podemos proponer al pueblo, sin caer en contradicción con nuestras convicciones marxistas.

¿Para qué queremos que el poder pase a manos de los Soviets de diputados obreros y soldados?

La primera medida que deberán aplicar los Soviets es la nacionalización de la tierra. Todos los pueblos hablan de ella. Se 95 dice que esta medida es la más utópica de todas y, sin embargo, todos van a parar a ella, precisamente porque la posesión de la tierra en Rusia está tan embrollada que no cabe más salida que quitar todos los lindes y transformar todo el suelo del país en propiedad del Estado. Hay que abolir la propiedad privada de la tierra. Tal es la tarea que tenemos planteada, pues la mayoría del pueblo la requiere. Para eso necesitamos los Soviets. Esta medida no puede llevarse a cabo con la vieja burocracia del Estado.

Segunda medida. No podemos sustentar que el socialismo sea ``implantado'', pues eso sería el mayor de los disparates. Lo que debemos hacer es predicar el socialismo. La mayoría de la población de Rusia está formada por campesinos, por pequeños propietarios, que no pueden ni pensar en el socialismo. Pero, ¿qué pueden decir en contra de que en cada pueblo funcione un banco que les dé la posibilidad de mejorar su hacienda? Contra esto no tendrán nada que objetar. Debemos difundir estas medidas prácticas entre los campesinos y afianzar en ellos la conciencia de que son necesarias.

Otra cosa es, evidentemente, el consorcio de fabricantes de azúcar. Esto ya es' un hecho. En este punto, nuestra proposición debe ser directamente práctica: es preciso que esos consorcios ya maduros se conviertan en propiedad del Estado. Si los Soviets quieren tomar el poder ha de ser sólo para esos fines. Si no es para eso, no tienen por qué tomarlo. La cuestión está planteada así: o los Soviets siguen desarrollándose o morirán sin pena ni gloria, como sucedió durante la Comuna de París. Si lo que se necesita es una república burguesa, pueden hacerla los demócratas constitucionalistas.

Voy a terminar refiriéndome a un discurso que me ha producido la mayor impresión. Un minero pronunció un magnífico discurso en el que, sin emplear un solo término libresco, relató cómo habían hecho ellos la revolución. No se plantearon el problema de si debían tener un presidente. Lo que les interesaba era esto: proteger los cables, cuando tomaron las minas, para que no se paralizase la producción. Se planteó después el problema del pan, que no tenían, y también en este punto llegaron a un acuerdo respecto al modo de conseguirlo. He ahí un verdadero programa revolucionario, un programa no sacado de los libros. He ahí la verdadera conquista del poder local.

La burguesía no ha adquirido en ninguna parte un grado tal de formación como en Petrogrado; los capitalistas tienen aquí el poder en sus manos; pero en las localidades rurales, los campesinos, sin entregarse a planes socialistas, adoptan medidas puramente prácticas. A mi parecer, este programa del movimiento 96 revolucionario es el único que señala certeramente el verdadero camino de la revolución. Somos partidarios de que estas medidas sean abordadas con la mayor prudencia y precaución, pero deben ser llevadas a cabo, sólo en esa dirección debe mirarse adelante, no hay otra salida. De otro modo, los Soviets de diputados obreros y soldados serán disueltos y morirán sin gloria; pero si el poder pasa efectivamente a manos del proletariado revolucionario, será únicamente para avanzar. Y avanzar significa dar pasos concretos, y no asegurar sólo con palabras la salida de la guerra. Esos pasos sólo podrán triunfar por completo con la revolución mundial, si la revolución ahoga la guerra y es respaldada por los obreros de todos los países. Por eso, la toma del poder es la única medida concreta, la única salida.

Publicado íntegramente por vez primera en 1921 en las ``Obras'' de N.Lemn (V. Uliánov), t. XIV, parte 2.

T. 31, págs. 342--358.

97 __NUMERIC_LVL2__ 3 __ALPHA_LVL2__ DISCURSO DE RESUMEN DE LA DISCUSIÓN DEL INFORME SOBRE
EL MOMENTO ACTUAL 24 DE ABRIL (7 DE MAYO)

El camarada Kámenev ha montado hábilmente el caballo de batalla de la línea aventurera. Es necesario detenernos en esto. El camarada Kámenev sostiene, y está persuadido de ello, que nosotros, al desautorizar la consigna de "¡Abajo el Gobierno Provisional!'', hemos dado muestras de vacilación. Estoy de acuerdo con él; ha habido, naturalmente, vacilaciones que nos han desviado de la línea política revolucionaria, y esas vacilaciones es menester evitarlas. Creo que nuestras discrepancias con el camarada Kámenev no son muy grandes, porque al declararse de acuerdo con nosotros, adopta otra posición. ¿En qué consistió nuestra línea aventurera? En el intento de apelar a medidas de violencia. No sabíamos si las masas, en aquel momento angustioso, se inclinaban decididamente a nuestro lado, y el problema hubiera sido otro si ellas hubiesen vacilado fuertemente. Nosotros lanzamos la consigna de manifestaciones pacíficas, mas algunos camaradas del comité de San Petersburgo lanzaron otra, que hemos anulado, pero tarde y, por ello, sin poder evitar que las masas fuesen detrás de dicha consigna. Nosotros decimos que la consigna de "¡Abajo el Gobierno Provisional!" es una consigna aventurera; entendemos que ahora no puede derrocarse al gobierno y por eso lanzamos la consigna de manifestaciones pacíficas. Sólo queríamos pulsar pacíficamente las fuerzas enemigas, sin dar una batalla; en cambio, el comité de San Petersburgo timoneó un poquito más a la izquierda, cosa que, en aquellas circunstancias, constituía, evidentemente, un gravísimo = crimen^^55^^.

4-74

98 El aparato de organización no ha demostrado ser lo bastante fuerte: no todos ponen en práctica nuestras resoluciones. Junto con la consigna acertada de "¡Vivan los Soviets de diputados obreros y soldados!" se lanzó la consigna falsa de "¡Abajo el Gobierno Provisional!" En el momento de la acción no era tolerable que alguien quisiese timonear "un poquito más a la izquierda''. Consideramos eso como el mayor de los crímenes, como un crimen de desorganización. Y no hubiéramos permanecido ni un minuto más en el CC si hubiéramos autorizado conscientemente dicho paso. La culpa de lo ocurrido se debe a las imperfecciones del aparato de organización. Sí, en nuestra organización ha habido defectos. Y el problema de mejorar la organización ha sido planteado ya.

Los mencheviques y Cía. agitan a todos los vientos el concepto de "línea aventurera'', pero, en realidad, ellos sí que han carecido de organización y de línea de ninguna clase. Nosotros tenemos una organización y una línea.

En aquel momento, la burguesía movilizó todas sus fuerzas, el centro se escondió y nosotros organizamos una manifestación pacífica. Sólo nosotros teníamos una línea política. ¿Hubo errores? Sí, hubo. Sólo no comete errores el que no hace nada, y organizarse bien no es cosa fácil.

Pasemos ahora al punto del control.

Marchamos juntos con el camarada Kámenev, excepto en el problema del control. El lo juzga un acto político. Pero, subjetivamente, entiende esta palabra mejor que Chjeídze y otros. Por nuestra parte, no nos embarcaremos en lo del control. Se nos dice: ustedes se han aislado, han echado a volar palabras terribles sobre el comunismo, han atemorizado al burgués hasta hacer que le diera un patatús... ¡Sea!... Pero no es esto lo que nos ha aislado. Lo que nos ha aislado ha sido la cuestión del empréstito; eso y no otra cosa es lo que nos ha llevado al aislamiento. En este punto nos hemos quedado en minoría. Sí, estamos en minoría. Pero, ¿qué importa eso? Ser socialista, en estos tiempos de borrachera chovinista, es estar en minoría, pero estar en mayoría es ser chovinista. Hoy, el campesino, junto a Miliukov, golpea al socialismo con el empréstito. El campesino sigue a Miliukov y a Guchkov. Es un hecho. La dictadura democrática burguesa de los campesinos es una fórmula vieja.

Para empujar a los campesinos a la revolución hay que apartar al proletariado, deslindar el partido proletario, pues el campesinado es chovinista. Querer atraerse hoy al mujik sería entregarse a merced de Miliukov.

Hay que derribar al Gobierno Provisional, mas no ahora ni por 99 la vía acostumbrada. Estamos de acuerdo con el camarada Kámenev. Pero debemos explicar las cosas. Y sobre esta palabra cabalga el camarada Kámenev. No obstante, es lo único que podemos hacer.

El camarada Rykov entiende que el socialismo tiene que venir de otros países de industria más desarrollada. Esto no es cierto. No puede decirse quién comenzará ni quién acabará lo comenzado. Esto no es marxismo, sino una parodia del marxismo.

Marx dijo que Francia comenzaría y el alemán llevaría a cabo la obra. Y el proletariado ruso ha conseguido más que nadie.

Si nosotros hubiéramos dicho: "sin zar, dictadura del proletariado'', ello habría significado saltar por encima de la pequeña burguesía. Pero lo que nosotros decimos es: ayudad a la revolución a través del Soviet de diputados obreros y soldados. No hay que deslizarse al reformismo. No luchamos para ser vencidos, sino para salir vencedores. Y en el peor de los casos contamos con obtener un triunfo parcial. De salir derrotados, conseguiremos, a pesar de todo, un triunfo parcial. Conseguiremos reformas. Y las reformas son un instrumento auxiliar de la lucha de clases.

El camarada Rykov ha dicho también que no hay fase de transición entre el capitalismo y el socialismo. Eso no es verdad. Eso es romper con el marxismo.

La línea trazada por nosotros es justa y en el futuro adoptaremos todas las medidas para conseguir una organización en la que no haya miembros del comité de San Petersburgo que no acaten los mandatos del CC. Crecemos como corresponde a un verdadero partido.

Publicado por vez primera en 1921 en las ``Obras'' de N.Lenin (V. Uliánov), t. XIV, parte 2.

T. 31, páp. 361--363.

100 __EMAIL__ webmaster@leninist.biz __OCR__ ABBYY 6 Professional (2006.10.20) __WHERE_PAGE_NUMBERS__ top __FOOTNOTE_MARKER_STYLE__ [*]+ __ENDNOTE_MARKER_STYLE__ [0-9]+ __NUMERIC_LVL2__ 4 __ALPHA_LVL2__ DISCURSO A FAVOR DE LA RESOLUCIÓN SOBRE LA GUERRA 27 DE ABRIL (10 DE MAYO)

ACTA TAQUIGRÁFICA

Camaradas: El anteproyecto de resolución sobre la guerra fue leído por mí en la Conferencia de la ciudad de Petrogrado. A causa de la crisis que absorbió en Petrogrado la atención y las fuerzas de todos los camaradas, no pudimos corregir ese anteproyecto. Pero entre ayer y hoy, la comisión ha trabajado con éxito y el anteproyecto ha sido corregido, sensiblemente reducido y, a nuestro juicio, mejorado.

Diré algunas palabras sobre la estructura de esta resolución, que se divide en tres partes: la primera traza un análisis de clase de la guerra, completado con una declaración de principios explicando las razones que mueven a nuestro partido a sostener que no se debe prestar el menor crédito a las promesas del gobierno ni apoyar en lo más mínimo al Gobierno Provisional. La segunda parte de la resolución está dedicada al problema del defensismo revolucionario como una corriente extraordinariamente extendida entre las masas y que de momento auna contra nosotros a la inmensa mayoría del pueblo. El problema está en determinar la significación de clase de ese defensismo revolucionario, su esencia, la verdadera correlación de fuerzas, y en puntualizar cómo podemos luchar contra esa corriente. La tercera parte de la resolución trata de cómo terminar la guerra. A este problema práctico, de gran importancia para nuestro partido, era necesario contestar en detalle y creemos haberlo conseguido de modo satisfactorio. En una serie de artículos de Pravda y de periódicos de provincias (que recibimos muy irregularmente, pues 101 el correo no funciona y tenemos que aprovechar las ocasiones para conseguir los periódicos locales para el CC), en los que se publicaron un número considerable de artículos acerca de la guerra, se ha puesto de relieve claramente nuestra actitud contraria a ésta y a la cuestión del empréstito. Me parece que la votación contra el empréstito resolvió la cuestión sobre la actitud negativa frente al defensismo revolucionario. Me es imposible detenerme más en esto.

``La guerra actual es, por parte de ambos grupos de potencias beligerantes, una guerra imperialista, es decir, una guerra que hacen los capitalistas por el reparto de los beneficios que proporciona la dominación mundial, por los mercados del capital financiero (bancario), por el sometimiento de los pueblos débiles, etc.".

La primera y fundamental tesis se refiere al problema del contenido de la guerra, problema de carácter general y político, problema litigioso, que los capitalistas y socialchovinistas eluden cuidadosamente. Por eso nosotros debemos colocar este problema en primer plano y hacer la siguiente adición:

``Cada día de guerra enriquece a la burguesía financiera e industrial y arruina y agota las fuerzas del proletariado y del campesinado de todos los países beligerantes y, también, de los países neutrales. Por lo que se refiere a Rusia, la prolongación de la guerra pone, además, en grandísimo peligro las conquistas de la revolución y su desarrollo ulterior.

``El paso del poder en Rusia al Gobierno Provisional, gobierno de terratenientes y capitalistas, no ha cambiado ni podía cambiar ese carácter ni el significado de la guerra por parte de Rusia".

Esta última frase, leída por mí, tiene una gran importancia para toda nuestra propaganda y agitación. ¿Ha cambiado o puede cambiar el carácter de clase de la guerra? Nuestra contestación se basa en el hecho de que el poder ha pasado a manos de los terratenientes y los capitalistas, a manos del mismo gobierno que ha preparado esta guerra. Veamos ahora un hecho que pone de relieve con la mayor evidencia posible el carácter de la guerra. Una cosa es el carácter de clase que se expresa en toda la política mantenida durante decenios por determinadas clases, y otra cosa, el evidente carácter de clase de la guerra.

``Este hecho se manifiesta con evidencia particular en que el nuevo gobierno, lejos de publicar los tratados secretos concluidos por el zar Nicolás II con los gobiernos capitalistas de Inglaterra, Francia, etc., ha ratificado formalmente, sin consultar al pueblo, estos tratados secretos, que prometen a los capitalistas rusos el saqueo de China, de Persia, de Turquía, de Austria, etc. Con la 102 ocultación de esos tratados se engaña al pueblo ruso acerca del verdadero carácter de la guerra".

Subrayo, pues, una vez más, que nosotros destacamos la más evidente confirmación del carácter de la guerra. Aun cuando no hubiese tratados, no por ello cambiaría en lo más mínimo el carácter de la guerra, pues para llegar a un acuerdo los grupos capitalistas pueden prescindir muy a menudo de los tratados. Pero estos tratados existen, su significación no puede ser más evidente, y nosotros, para unificar la labor de agitación y de propaganda, consideramos necesario subrayarlo de un modo especial, por lo cual hemos acordado tratar por separado ese punto. La atención del pueblo está fija en este hecho y es natural que así sea, tanto más que esos tratados fueron concertados por el destronado zar; es necesario, pues, hacer ver al pueblo que los gobiernos prosiguen la guerra a base de tratados firmados por los viejos gobiernos. Creo que en este punto se ponen de manifiesto con el mayor relieve las contradicciones entre los intereses de los capitalistas y la voluntad del pueblo, y la tarea de los agitadores consiste en descubrir esas contradicciones y hacer recaer sobre ellas la atención del pueblo; esforzarse por esclarecer la conciencia de las masas, apelando a su conciencia de clase. El contenido de esos tratados es tal que no puede existir la menor duda de que prometen a los capitalistas ganancias inmensas mediante el saqueo de otros países, ya que esos tratados siempre se mantienen secretos en todos los países. No hay en el mundo una sola república que desarrolle a la luz del día su política exterior. Mientras exista el régimen capitalista, no se espere que los capitalistas abran sus libros comerciales a todo el que quiera verlos. La propiedad privada sobre los medios de producción incluye también la propiedad privada sobre las acciones y las operaciones financieras. El principal fundamento de la diplomacia actual consiste en operaciones financieras, que se reducen todas al saqueo y estrangulación de los pueblos débiles. Tales son, desde nuestro punto de vista, las tesis fundamentales de las que se deriva toda apreciación acerca de la guerra. De ellas, deducimos:

``Por eso, el partido proletario no puede apoyar ni la guerra en curso, ni al gobierno actual, ni sus empréstitos sin romper por completo con el internacionalismo, es decir, con la solidaridad fraternal de los obreros de todos los países en la lucha contra el yugo del capital".

Tal es nuestra principal y fundamental conclusión, que determina toda nuestra táctica y nos separa de todos los demás partidos, por muy socialistas que se denominen. Con esta tesis, 103 indiscutible para todos nosotros, queda determinada la cuestión de nuestra actitud ante todos los demás partidos políticos.

A continuación se dice que nuestro gobierno ha planteado profusamente la cuestión de las promesas. En torno a esas promesas se hace una interminable campaña de los Soviets, que se han enredado con ellas y ponen a prueba al pueblo. Por eso creemos necesario añadir al análisis puramente objetivo de la situación de clase una apreciación de esas promesas, las cuales, naturalmente, no tienen de por sí el menor valor para un marxista, aunque para las grandes masas significan mucho y para la política todavía más. El Soviet de Petrogrado se ha enredado en esas promesas y les da importancia al prometer apoyarlas. Eso es lo que nos mueve a añadir a este punto la siguiente fórmula:

``No merecen ningún crédito las promesas del gobierno actual de renunciar a las anexiones, es decir, a la conquista de otros países, o a la retención por la fuerza en los límites de Rusia de cualquier nacionalidad".

Y como la palabra "anexión" es una palabra extranjera, la definimos políticamente en términos precisos, como no pueden hacerlo ni el partido de los demócratas constitucionalistas ni los partidos de los demócratas pequeñoburgueses (populistas y mencheviques). Ninguna palabra ha sido usada de un modo tan absurdo y tan sucio como ésta.

``Porque, en primer lugar, los capitalistas, unidos por miles de hilos del capital bancario, no pueden renunciar a las anexiones en esta guerra sin renunciar a las ganancias que proporcionan los miles de millones invertidos en empréstitos, en concesiones, en fábricas de guerra, etc. En segundo lugar, el nuevo gobierno, que renunció a las anexiones para embaucar al pueblo, declaró por boca de Miliukov el 9 de abril de 1917 en Moscú que no renuncia a las anexiones, y la nota del 18 de abril, así como la explicación a la misma del 22 de dicho mes, vino a confirmar el carácter rapaz de su política.

``Al poner en guardia al pueblo contra las vanas promesas de los capitalistas, la conferencia declara, por ello, que es necesario establecer una rigurosa diferencia entre la renuncia a las anexiones de palabra y la renuncia de hecho, es decir, la publicación inmediata y la anulación de todos los bandidescos tratados secretos y la concesión inmediata a todas las naciones del derecho a decidir por votación libre la cuestión de si desean constituirse en Estados independientes o formar parte de un Estado cualquiera".

Hemos creído necesario indicar esto porque el problema de una paz sin anexiones es el problema básico en todos estos debates 104 acerca de las condiciones de paz. Todos los partidos reconocen que la paz será una alternativa y que una paz con anexiones representará una catástrofe inaudita para todos los países. Ante el pueblo, en un país en que impera la libertad política, el problema de la paz no puede plantearse sino como una paz sin anexiones. Es necesario, pues, manifestarse por una paz sin anexiones, y no queda sino mentir, enturbiando el concepto de anexión o eludiendo el punto. Riech, por ejemplo, grita que la devolución de Curlandia^^56^^ equivale precisamente a renunciar a las anexiones. Hablando yo ante el Soviet de diputados obreros y soldados, un soldado me hizo llegar un papel con esta pregunta: "Debemos batirnos para reconquistar Curlandia. ¿Acaso reconquistar Curlandia significa apoyar las anexiones?" Yo tuve que contestarle afirmativamente. Nosotros nos oponemos a que Alemania se adueñe de Curlandia por la fuerza, pero nos oponemos también a que Rusia retenga por la fuerza a ese país. Por ejemplo, nuestro gobierno ha lanzado un manifiesto sobre la independencia de Polonia, atiborrado de frases vacías y sin sentido. En él se dice que Polonia deberá tener una libre alianza militar con Rusia. En estas tres palabras se encierra todo lo que el manifiesto contiene de verdad. La libre alianza militar de la pequeña Polonia con la gigantesca Rusia significa, en realidad, la completa esclavización militar de Polonia. Podrá darle la libertad a Polonia políticamente, pero, con eso y todo, sus fronteras serán trazadas por el imperativo de la alianza militar.

Si nosotros luchásemos por conseguir que los capitalistas rusos se adueñasen de Curlandia y Polonia, en sus fronteras antiguas, reconoceríamos a los capitalistas alemanes el derecho de saquear Curlandia. Planteadas así las cosas, podrían objetar: hemos saqueado a Polonia juntos. Cuando comenzamos a despedazar Polonia a fines del siglo XVIII, Prusia era un Estado pequeño y débil, y Rusia un Estado inmenso, por cuya razón sacó un mayor botín. Ahora nos hemos hecho más fuertes: permitidnos, pues, arrancar una parte mayor. No hay nada que oponer a esta lógica de los capitalistas. En 1863, el Japón, comparado con Rusia, no era nada; en 1905 zurró a Rusia. En los años de 1863 a 1873, Alemania, comparada con Inglaterra, no era nada; hoy es más poderosa que ésta. Y pueden objetar: cuando nos quitaron Curlandia éramos débiles; ahora somos más fuertes que ustedes y queremos reconquistarla. No renunciar a las anexiones equivale a justificar una serie interminable de guerras por la conquista de los pueblos débiles. Renunciar a las anexiones equivale dar a todos los pueblos el derecho a decidir libremente si quieren vivir solos o unirse a otras naciones. Naturalmente que para ello deberán 105 retirarse las tropas. Admitir la más insignificante vacilación en el problema de las anexiones equivale a justificar guerras interminables. Por eso, no podíamos permitir en este punto la menor vacilación. En lo tocante a las anexiones, nuestra respuesta es: libre determinación de los pueblos. ¿Qué debe hacerse para que esta libertad política sea también una libertad económica? Poner el poder en manos del proletariado y sacudir el yugo capitalista.

Paso ahora a la segunda parte de la resolución.

``El llamado "defensismo revolucionario'', que hoy se ha apoderado en Rusia de todos los partidos populistas (socialistas populares, trudoviques, socialistas-revolucionarios), del partido oportunista de los socialdemócratas mencheviques (Comité de Organización, Chjeídze, Tsereteli y otros) y de la mayoría de los revolucionarios sin partido, representa, ateniéndonos a su significación de clase, por un lado, los intereses y el punto de vista de los campesinos acomodados y de un sector de los pequeños propietarios, quienes, al igual que los capitalistas, sacan provecho de la violencia contra los pueblos débiles; por otro lado, el defensismo revolucionario es el resultado del engaño por los capitalistas de una parte de los proletarios y semiproletarios de la ciudad y del campo, quienes, por su situación de clase, no están interesados en las ganancias de los capitalistas ni en la guerra imperialista".

Nuestra misión consiste, pues, en puntualizar de qué capas sociales pudo brotar y brotó el defensismo. Rusia es el país más pequeñoburgués, y las capas superiores de la pequeña burguesía están directamente interesadas en la continuación de esta guerra. El campesino rico, al igual que los capitalistas, saca beneficios de ella. Por otro lado, las masas del proletariado y semiproletariado no tienen interés en las anexiones, puesto que no reciben ningún beneficio del capital bancario. ¿Cómo pudieron entonces esas clases adoptar el punto de vista del defensismo revolucionario? La actitud de estas clases ante el defensismo revolucionario es el resultado de la influencia ideológica de los capitalistas, a lo que en la resolución corresponde la palabra "engaño''. Esas clases no aciertan a distinguir entre los intereses de los capitalistas y los de la nación. De ahí, para nosotros, la conclusión siguiente:

``La conferencia declara absolutamente inadmisible cualquier concesión al defensismo revolucionario, ya que equivaldría de hecho a la ruptura completa con el internacionalismo y el socialismo. En cuanto al estado de ánimo defensista de las grandes masas populares, nuestro partido luchará incansablemente contra él mediante el esclarecimiento, explicando la verdad de que la confianza inconsciente en el gobierno de los capitalistas es, en este 106 momento, uno de los principales obstáculos para la rápida terminación de la guerra".

Aquí, en estas últimas palabras, se expresa la particularidad que distingue claramente a Rusia de todos los demás países capitalistas occidentales y de todas las repúblicas democráticas capitalistas. Pues no puede decirse que la confianza de las masas inconscientes sea en estos países la causa principal de la continuación de la guerra. Allí, las masas se hallan actualmente en las tenazas de hierro de la disciplina militar, tanto más rigurosa cuanto más democrática es la república, ya que en ella el derecho se apoya en la "voluntad del pueblo''. En Rusia no existe, gracias a la revolución, esa disciplina. Las masas eligen libremente sus representantes a los Soviets, fenómeno que no se da hoy en ningún otro país del mundo. Pero esas masas confían ciegamente, por eso se las utiliza de un determinado modo en la lucha. Aquí, fuera de esclarecer, no cabe otra cosa. Esta labor esclarecedora deberá referirse a las tareas y métodos de acción directamente revolucionarios. Cuando las masas son libres, intentar hacer algo en nombre de la minoría, sin explicarlo a las masas, sería un absurdo blanquismo, una simple tentativa aventurera. Sólo conquistando a las masas---si es posible conquistarlas---, sólo así crearemos una base firme para el triunfo de la lucha proletaria de clase.

Paso a la tercera parte de la resolución.

``En lo que concierne a la cuestión principal, es decir, la de cómo terminar lo más pronto posible esta guerra de los capitalistas, mediante una paz verdaderamente democrática, y no impuesta, la conferencia declara y resuelve:

``La negativa de los soldados de una sola de las partes a continuar la guerra, o el simple cese de las hostilidades por una de las partes beligerantes, no puede poner fin a esta contienda".

Esta idea, la de poner fin de ese modo a la guerra, nos es atribuida con frecuencia por gentes que gustan de nacerse fácil la lucha, desfigurando las opiniones del adversario; es el método usual de los capitalistas, quienes nos achacan la idea insensata de poner fin a la guerra por la negativa de una de las partes. No, replican, "la guerra no se terminará clavando la bayoneta en el suelo'', como dijo un soldado, típico partidario del defensismo revolucionario. Pero ésa, digo yo, no es una objeción. Es una idea anarquista pensar que la guerra puede terminarse sin que cambien las clases gobernantes. Es una idea anarquista que no tiene la menor significación ni el menor sentido estatal, o una idea nebulosamente pacifista, extraña a toda relación que media entre la política y la clase opresora. La guerra es un mal, la paz es un 107 bien... Naturalmente, debemos aclarar esta idea ante las masas, hacerla asequible para ellas. En términos generales, todas nuestras resoluciones están escritas para los sectores dirigentes, para los marxistas; no sirven en absoluto como lecturas de masas, pero deben dar a todos los propagandistas y agitadores una especie de directriz general de toda la política. Con este fin, se ha añadido el siguiente párrafo:

``La conferencia protesta una vez más con motivo de la vil calumnia, difundida por los capitalistas contra nuestro partido, de que simpatizamos con una paz por separado con Alemania. Consideramos a los capitalistas alemanes tan bandidos como a los capitalistas rusos, ingleses, franceses y otros, y al emperador Guillermo tan bandido coronado como Nicolás II, los monarcas inglés, italiano, rumano y todos los demás".

Este punto suscitó ciertas discrepancias en el seno de la comisión; había quienes opinaban que este párrafo estaba redactado en términos demasiado populares; había quien entendía que los monarcas de Inglaterra, Italia y Rumania no merecían el honor de ser mencionados. Pero, después de amplias discusiones, llegamos al acuerdo unánime de que en estos momentos, cuando nos interesa rechazar las calumnias dirigidas contra nosotros, las calumnias que Birzhovkn^ trata de difundir de un modo casi siempre grosero, Riech de un modo más sutil y Edinstvo por medio de alusiones directas, acordamos, digo, que ante esta cuestión debíamos proceder a una crítica clara y tajante de dichos conceptos teniendo en cuenta a las grandes masas. Y como se nos dice: ya que consideráis a Guillermo un bandolero, ayudadnos a derribarlo, podemos replicar que también lo son los demás y que también contra ellos hay que luchar por lo que no se debe olvidar a los reyes de Italia y Rumania, ya que semejantes bandoleros existen también entre nuestros aliados. Estos dos párrafos son una refutación de las calumnias que pretenden llevar el asunto al terreno del pogromo y de los mutuos insultos. Por eso, continuando, debemos pasar a la cuestión seria y práctica de cómo terminar esta guerra.

``Nuestro partido va a explicar al pueblo con paciencia, pero también con insistencia, la verdad de que las guerras son sostenidas por los gobiernos, que las guerras están siempre inseparablemente ligadas a la política de clases determinadas, que sólo puede lograrse una paz democrática en esta guerra si todo el poder del Estado pasa, por lo menos en algunos países beligerantes, a manos de la clase de los proletarios y semiproletarios, que es la única verdaderamente capaz de poner fin al yugo del capital".

Para un marxista, estas verdades acerca de que las guerras son 108 sostenidas por los capitalistas y se hallan vinculadas a sus intereses de clase son verdades absolutas. El marxista no necesita pararse a examinar tales afirmaciones. Pero todos los propagandistas y agitadores hábiles deben procurar explicar a las grandes masas esta verdad, sin palabras exóticas, ya que en nuestro país las polémicas degeneran por lo común en broncas inútiles, que no dan nada. Y a eso vamos en cada parte de la resolución. Decimos: para comprender la guerra hay que preguntarse a quién beneficia; para comprender de qué modo se le puede poner fin, hay que preguntarse a qué clases perjudica. La ligazón es clara, y de ella se deriva la siguiente conclusión:

``La clase revolucionaria, después de tomar en sus manos el poder del Estado en Rusia, adoptaría una serie de medidas orientadas a destruir el dominio económico de los capitalistas, a reducirlos a la impotencia política, y propondría inmediata y públicamente a todos los pueblos una paz democrática, sobre la base de la renuncia total a las anexiones, cualesquiera que fueran".

Cuando hablamos en nombre de la clase revolucionaria, el pueblo tiene derecho a preguntar: "Bien, y ustedes, ¿qué harían en su lugar para poner fin a la guerra?" Es una pregunta inevitable. El pueblo nos elige ahora como sus representantes, y hemos de darle una contestación muy precisa. La clase revolucionaria, después de tomar el poder, comenzaría socavando el dominio de los capitalistas y propondría a todos los pueblos condiciones de paz precisas, pues sin anular el dominio económico de los capitalistas no sería más que un papel mojado. Eso sólo puede hacerlo la clase triunfante; sólo ella puede implantar un cambio en la política.

Repito una vez más que, tratándose de las masas atrasadas, esta verdad requiere, para su comprensión, aquellos eslabones intermedios que sirven para iniciar en el problema a gentes no preparadas. Todo el error y toda la mentira de las publicaciones populares acerca de la guerra consiste en eludir esta cuestión, en silenciarla y exponer el asunto como si no existiese tal lucha de clases, como si dos países hubiesen vivido hasta entonces en paz y armonía, hasta que uno de ellos, lanzándose sobre el otro, obligase a éste a defenderse. Modo vulgar de ver las cosas, en el que no hay ni rastro de objetividad; engaño consciente de que los hombres cultos hacen víctima al pueblo. Si sabemos abordar esta cuestión, todo representante del pueblo captará la esencia, pues una cosa son los intereses de las clases dominantes, y otra, los intereses de las clases oprimidas.

¿Qué ocurriría si la clase revolucionaria conquistase el poder?

109

``Estas medidas y esta franca proposición de paz crearían una confianza plena entre los obreros de los países beligerantes..."

Hoy, esta confianza no puede existir, ni conseguiremos crearla a fuerza de manifiestos. Si, corno dijo un pensador, la lengua ha sido dada al hombre para encubrir sus pensamientos, los diplomáticos siempre afirman: "Las conferencias se reúnen para engañar a las masas populares''. Y no sólo piensan así los capitalistas, sino también los socialistas. En particular, esto puede aplicarse a la conferencia convocada por Borgbjerg.

``...y provocarían inevitablemente las insurrecciones del proletariado contra los gobiernos imperialistas que se opusieran a la paz propuesta".

Cuando un gobierno capitalista dice: "Nosotros abogamos por una paz sin anexiones'', nadie lo cree ahora. Las masas populares tienen el instinto de las clases oprimidas, el cual les dice que nada ha cambiado. Sólo cuando cambiase real y verdaderamente la política de un país, aparecería la confianza y surgiría la tentativa de insurrecciones. Decimos ``insurrecciones'' porque aquí se habla de todos los países. "Ha estallado la revolución en un país y ahora debe estallar también en Alemania''. Este modo de enfocar las cosas es falso. Se pretende establecer un orden de sucesión, pero esto no puede ser. Todos hemos vivido la revolución de 1905, todos hemos podido oír o ver cómo esa revolución dio un impulso a las ideas revolucionarias en el mundo entero, confirmando lo que Marx había dicho siempre. No se puede fabricar la revolución ni establecer un turno para ella. La revolución no se hace por encargo, sino que brota. Lo que hoy en Rusia se le dice generalmente al pueblo no es más que charlatanería. Se le dice: "Vosotros, los rusos, ya habéis hecho la revolución, ahora le toca el turno al alemán''. Si las condiciones objetivas cambian, la insurrección será inevitable. Lo que no sabemos es en qué orden, en qué momento, ni con qué resultado. Se nos dice: si la clase revolucionaria de Rusia se adueña del poder, y en los demás países no se produce la insurrección, ¿qué debe hacer el partido revolucionario? ¿Qué hacer entonces? A estas preguntas contesta el último punto de nuestra resolución:

``Pero mientras la clase revolucionaria en Rusia no haya tomado todo el poder del Estado, nuestro partido seguirá apoyando por todos los medios a los partidos y grupos proletarios del extranjero que ya durante la guerra sostienen de hecho la lucha revolucionaria contra sus propios gobiernos imperialistas y contra su propia burguesía".

Eso es todo lo que por el momento podemos prometer y debemos hacer. La revolución se está gestando en todos los países, 110 pero nadie puede decir en qué medida va madurando y cuándo madurará. En todos los países hay hombres que sostienen una lucha revolucionaria contra sus gobiernos. A esos hombres y sólo a ellos debemos apoyar. Eso es lo justo, lo demás es mentira. Y añadimos:

``Y sobre todo, el partido apoyará la confraternización en masa ---que ya ha empezado---entre los soldados de todos los países beligerantes en el frente..."

Con esto se contesta a la objeción de Plejánov. "¿Qué conseguiréis así?---dice Plejánov---. Confraternizaréis, y después, ¿qué? Ello envuelve, indudablemente, la posibilidad de una paz separada en el frente''. Esto es malabarismo, no un argumento serio. Nosotros queremos la confraternización en todos los frentes v nos ocupamos de ello. Cuando estábamos en Suiza, difundimos el texto de una proclama en dos idiomas, en francés y alemán, en la que exhortábamos a lo mismo a que llevamos hoy a los soldados rusos. Y no nos limitamos a predicar la confraternización entre Rusia y Alemania solamente, sino que llamamos a todos a confraternizar. Ahora bien, ¿cómo ha de concebirse esta confraternización?

``...tratando de transformar esta manifestación espontánea de solidaridad de los oprimidos en un movimiento consciente y lo mejor organizado posible para que todo el poder del Estado pase en todos los países beligerantes a manos del proletariado revolucionario".

Hoy, la confraternización se desarrolla de un modo espontáneo, y no hay que hacerse ilusiones al respecto. Es necesario reconocerlo así para no inducir al pueblo al error. Los soldados que confraternizan no tienen una idea política clara. En ellos habla el instinto de hombres oprimidos, cansados y agotados, que van dejando de creer en los capitalistas: "Mientras vosotros seguís hablando de paz---pues venimos oyéndolo desde hace ya dos años y medio---, nosotros mismos empezaremos a ponerla en práctica''. Ese es el instinto certero de clase. Sin ese instinto, la causa de la revolución estaría perdida, pues sabéis que nadie habría emancipado a los obreros si ellos mismos no se hubiesen emancipado. Pero ¿basta con ese instinto? Con el instinto solo no se consigue gran cosa; por ello, es necesario que el instinto se transforme en conciencia.

En la proclama A los soldados de todos los países beligerantes contestamos a esta pregunta: ¿en qué debe transformarse esta confraternización? En el paso del poder político a los Soviets de diputados obreros y soldados^^*^^. Ya se sabe que los obreros _-_-_

^^*^^ Véase V. I. I.enin. O.C., t. 31, páKs. 293--296. (/V. de la F.dit.)

111 alemanes darán a sus Soviets un nombre distinto, pero esto importa poco. Lo fundamental es que nosotros reconocemos justo, sin duda alguna, que la confraternización presenta hoy un carácter espontáneo y que no podemos limitarnos a estimularla, sino que debemos plantearnos como objetivo convertir ese acercamiento espontáneo de los obreros y los campesinos de todos los países vestidos de uniforme en un movimiento consciente cuya meta sea el paso del poder, en todos los países beligerantes, a manos del proletariado revolucionario. Ya se sabe que es ésta una tarea muy difícil, pero también la situación a que se ve arrastrada la humanidad por el poder de los capitalistas es increíblemente difícil y la conduce directamente a la catástrofe. Ello provocará esa explosión de indignación que es una garantía para la revolución proletaria.

Tal es la resolución que sometemos a examen de la conferencia.

Publicado íntegramente por ve^ primera en 1921 en las ``Obras'' de N.Lenin (V. Uliánov), t. XIV, parte 2.

T. 31, págs. 387--400.

112 __NUMERIC_LVL2__ 5 __ALPHA_LVL2__ RESOLUCIÓN SOBRE LA GUERRA __ALPHA_LVL3__ I

La guerra actual es, por parte de ambos grupos de potencias beligerantes, una guerra imperialista, es decir, la hacen los capitalistas por el reparto de los beneficios que proporciona la dominación mundial, por los mercados del capital financiero (bancario), por el sometimiento de los pueblos débiles, etc. Cada día de guerra enriquece a la burguesía financiera e industrial y arruina y agota las fuerzas del proletariado y del campesinado de todos los países beligerantes y, también, de los países neutrales. Por lo que se refiere a Rusia, la prolongación de la guerra pone, además, en grandísimo peligro las conquistas de la revolución y su desarrollo ulterior.

El paso del poder en Rusia al Gobierno Provisional, gobierno de terratenientes y capitalistas, no ha cambiado ni podía cambiar ese carácter y significado de la guerra por parte de Rusia.

Este hecho se manifiesta con evidencia particular en que el nuevo gobierno, lejos de publicar los tratados secretos concluidos por el zar Nicolás II con los gobiernos capitalistas de Inglaterra, Francia, etc., ha ratificado formalmente, sin consultar al pueblo, esos tratados secretos, que prometen a los capitalistas rusos el saqueo de China, de Persia, de Turquía, de Austria, etc. Con la ocultación de esos tratados se engaña al pueblo ruso acerca del verdadero carácter de la guerra.

Por eso, el partido proletario no puede apoyar ni la guerra en curso, ni al gobierno actual, ni sus empréstitos sin romper por completo con el internacionalismo, es decir, con la solidaridad fraternal de los obreros de todos los países en la lucha contra el yugo del capital.

113

No merecen ningún crédito las promesas del gobierno actual de renunciar a las anexiones, es decir, a la conquista de otros países, o a la retención por la fuerza en los límites de Rusia de cualquier nación. Porque, en primer lugar, los capitalistas, unidos por miles de hilos del capital bancario, no pueden renunciar a las anexiones en esta guerra sin renunciar a las ganancias que proporcionan los miles de millones invertidos en empréstitos, en concesiones, en fábricas de guerra, etc. En segundo lugar, el nuevo gobierno, que renunció a las anexiones para embaucar al pueblo, declaró por boca de Miliukov el 9 de abril de 1917 en Moscú que no renuncia a las anexiones, y la nota del 18 de abril, así como la explicación a la misma del 22 de dicho mes, vino a confirmar el carácter rapaz de su política. Al poner en guardia al pueblo contra las vanas promesas de los capitalistas, la conferencia declara, por ello, que es necesario establecer una rigurosa diferencia entre la renuncia a las anexiones de palabra y la renuncia de hecho, es decir, la publicación inmediata y la anulación de todos los bandidescos tratados secretos y la concesión inmediata a todas las naciones del derecho a decidir por votación libre la cuestión de si desean constituirse en Estados independientes o formar parte de un Estado cualquiera.

__ALPHA_LVL3__ II

El llamado "defensismo revolucionario'', que hoy se ha apoderado en Rusia de todos los partidos populistas (socialistas populares, trudoviques, socialistas-revolucionarios), del partido oportunista de los socialdemócratas mencheviques (Comité de Organización, Chjeídze, Tsereteli y otros) y de la mayoría de los revolucionarios sin partido, representa, ateniéndonos a su significación de clase, por un lado, los intereses y el punto de vista de los campesinos acomodados y de un sector de los pequeños propietarios, quienes, al igual que los capitalistas, sacan provecho de la violencia contra los pueblos débiles; por otro lado, el "defensismo revolucionario" es el resultado del engaño por los capitalistas de una parte de los proletarios y semiproletarios de la ciudad y del campo, quienes, por su situación de clase, no están interesados en las ganancias de los capitalistas ni en la guerra imperialista.

La conferencia declara absolutamente inadmisible cualquier concesión al "defensismo revolucionario'', ya que equivaldría de hecho a la ruptura completa con el internacionalismo y el socialismo. En cuanto al estado de ánimo defensista de las grandes masas populares, nuestro partido luchará incansablemente contra él mediante el esclarecimiento, explicando la verdad de que la 114 confianza inconsciente en el gobierno de los capitalistas es, en este momento, uno de los principales obstáculos para la rápida terminación de la guerra.

__ALPHA_LVL3__ III

En lo que concierne a la cuestión principal, es decir, la de cómo terminar lo más pronto posible esta guerra de los capitalistas, mediante una paz verdaderamente democrática, y no impuesta, la conferencia declara y resuelve:

La negativa de los soldados de una sola de las partes a continuar la guerra, o el simple cese de las hostilidades por una de las partes beligerantes, no puede poner fin a esta contienda.

La conferencia protesta una vez más con motivo de la vil calumnia, difundida por los capitalistas contra nuestro partido, de que simpatizamos con una paz por separado con Alemania. Consideramos a los capitalistas alemanes tan bandidos como a los capitalistas rusos, ingleses, franceses y otros, y al emperador Guillermo tan bandido coronado como Nicolás II, los monarcas inglés, italiano, rumano y todos los demás.

Nuestro partido va a explicar al pueblo con paciencia, pero también con insistencia, la verdad de que las guerras son sostenidas por los gobiernos, que las guerras están siempre inseparablemente ligadas a la política de clases determinadas, que sólo puede lograrse una paz democrática en esta guerra si todo el poder del Estado pasa, por lo menos en algunos países beligerantes, a manos de la clase de los proletarios y semiproletarios, que es la única verdaderamente capaz de poner fin al yugo del capital.

La clase revolucionaria, después de tomar en sus manos el poder del Estado en Rusia, adoptaría una serie de medidas orientadas a destruir el dominio económico de los capitalistas, a reducirlos a la impotencia política, y propondría inmediata y públicamente a todos los pueblos una paz democrática, sobre la base de la renuncia total a las anexiones y contribuciones, cualesquiera que fueran. Estas medidas y esta franca proposición de paz crearían una confianza plena entre los obreros de los países beligerantes y provocarían inevitablemente las insurrecciones del proletariado contra los gobiernos imperialistas que se opusieran a la paz propuesta.

Pero mientras la clase revolucionaria en Rusia no haya tomado todo el poder del Estado, nuestro partido seguirá apoyando por todos los medios a los partidos y grupos proletarios del extranjero que ya durante la guerra sostienen de hecho la lucha revolucionaria contra sus propios gobiernos imperialistas y contra su propia 115 burguesía. Y sobre todo, el partido apoyará la confraternización en' masa---que ya ha empezado---entre los soldados de todos los países beligerantes en el frente, tratando de transformar esta manifestación espontánea de solidaridad de los oprimidos en un movimiento consciente y lo mejor organizado posible para que todo el poder del Estado pase en todos los países beligerantes a manos del proletariado revolucionario.

Publicada el 12 de mayo (29 de abril) de 1917 en el núm. 44 de ``Pravda''.

T. 31, págs. 403--406.

116 __NUMERIC_LVL2__ 6 __ALPHA_LVL2__ RESOLUCIÓN SOBRE LA ACTITUD ANTE EL GOBIERNO PROVISIONAL

La Conferencia de toda Rusia del POSDR declara:

1) El Gobierno Provisional es, por su carácter, un órgano de dominación de los terratenientes y de la burguesía;

2) este gobierno y las clases por él representadas se hallan ligados de modo indisoluble, económica y políticamente, al imperialismo ruso y anglo-francés;

3) inclusive el programa anunciado por él lo cumple de modo incompleto y sólo bajo la presión del proletariado revolucionario y, en parte, de la pequeña burguesía;

4) las fuerzas de la contrarrevolución burguesa y terrateniente que se organizan, encubriéndose con la bandera del Gobierno Provisional y, con la evidente cooperación de éste, han iniciado ya el ataque contra la democracia revolucionaria; por ejemplo: el Gobierno Provisional difiere la convocatoria de elecciones a la Asamblea Constituyente, pone obstáculos al armamento general del pueblo, impide que toda la tierra pase a manos del pueblo, le impone el método terrateniente de solución del problema agrario, frena la implantación de la jornada de ocho horas, favorece la agitación contrarrevolucionaria (de Guchkov y Cía.) en el ejército, organiza a los altos oficiales contra los soldados, etc.;

5) el Gobierno Provisional, que protege las ganancias de los capitalistas y los terratenientes, no es capaz de adoptar medidas revolucionarias en el campo de la economía (abastecimiento, etc.), medidas imprescindibles e impostergables ante la amenaza de una inminente catástrofe económica;

6) al mismo tiempo, este gobierno se apoya actualmente en la confianza y en el acuerdo directo con el Soviet de diputados obreros y soldados de Petrogrado, que es hasta el momento la 117 organización dirigente para la mayoría de los obreros y de los soldados, es decir, del campesinado;

7) cada paso del Gobierno Provisional, tanto en la política exterior como en la interior, abrirá los ojos a los proletarios de la ciudad y del campo y a los semiproletarios y obligará a las distintas capas de la pequeña burguesía a elegir una u otra posición política.

Partiendo de las tesis expuestas, la conferencia resuelve:

1) Es necesaria una prolongada labor de esclarecimiento de la conciencia de clase del proletariado y de cohesión de los proletarios de la ciudad y del campo contra las vacilaciones de la pequeña burguesía, pues sólo esa labor garantizará el feliz paso de todo el poder del Estado a manos de los Soviets de diputados obreros y soldados o de otros órganos que expresen directamente la voluntad de la mayoría del pueblo (los órganos de administración local, la Asamblea Constituyente, etc.).

2) Para ello es preciso desplegar una actividad múltiple dentro de los Soviets de diputados obreros y soldados, aumentar su número, consolidar sus fuerzas y aglutinar en su seno a los grupos proletarios internacionalistas de nuestro partido.

3) Para afianzar y ampliar de inmediato las conquistas de la revolución en cada lugar, es necesario, apoyándose en una firme mayoría de la población local, desarrollar, organizar e intensificar en todos los sentidos las iniciativas de abajo, orientadas a hacer efectivas las libertades, a destituir a las autoridades contrarrevolucionarias y a poner en práctica medidas de carácter económico, tales como el control de la producción y de la distribución, etc.

4) La crisis política del 19--21 de abril, originada por la nota del Gobierno Provisional, demostró que el partido gubernamental de los demócratas constitucionalistas, al organizar de hecho a los elementos contrarrevolucionarios tanto en el ejército como en la calle, pasa a los intentos de fusilamiento de obreros. Como consecuencia de esta situación inestable, derivada de la dualidad de poderes, la repetición de tales tentativas es inevitable, y el partido del proletariado está obligado a decir enérgicamente al pueblo que es necesario organizar y armar al proletariado, lograr su más estrecha unión con el ejército revolucionario, romper con la política de confianza en el Gobierno Provisional, para conjurar el serio e inminente peligro de fusilamientos en masa del proletariado, como los que tuvieron lugar en París en los días de junio de 1848.

Publicada el 10 de mayo (27 de abril) de 1917 en el num. 42 de ``Pravda''.

T. 31, págs. 407--409.

118 __NUMERIC_LVL2__ 7 __ALPHA_LVL2__ RESOLUCIÓN SOBRE LA REVISIÓN DEL PROGRAMA DEL PARTIDO^^58^^

La conferencia considera necesario revisar el programa del partido en el sentido siguiente:

1) apreciación del imperialismo y de la época de las guerras imperialistas en relación con la inminente revolución socialista; lucha contra la desfiguración del marxismo por los llamados ``defensistas'' que han olvidado el lema de Marx: "los obreros no tienen patria" = M;

2) rectificación de las tesis y párrafos sobre el Estado. No exigir una república parlamentaria burguesa, sino una república democrática proletario-campesina (es decir, un tipo de Estado sin policía, sin ejército regular, sin burocracia privilegiada);

3) eliminación o rectificación de las partes anticuadas del programa político;

4) reelaboración de algunos puntos del programa político mínimo, indicando con mayor precisión las reivindicaciones democráticas más consecuentes;

5) reelaboración completa de la parte económica del programa mínimo, anticuada en muchos aspectos, y de los puntos referentes a la instrucción pública;

6) modificación del programa agrario de acuerdo con la resolución adoptada sobre este problema;

7) adición de la exigencia de nacionalizar los consorcios, etc., más preparados para ello;

8) agregar las características de las corrientes fundamentales del socialismo contemporáneo.

La conferencia encomienda al Comité Central que redacte sobre esta base el proyecto de programa del partido en el plazo de

119 dos meses, a fin de someterlo al congreso para su aprobación. La conferencia llama a todas las organizaciones y a todos los miembros del partido a discutir los proyectos de programa, a corregirlos y a elaborar contraproyectos.

Publicado el 16 (3) de mayo de 1917 como anejo al núm. 13 del periódico "Soldátsknya Frauda ".

T. 31, páfrs. 414--415.

120 __NUMERIC_LVL2__ 8 __ALPHA_LVL2__ INFORME SOBRE EL PROBLEMA AGRARIO 28 DE ABRIL (11 DE MAYO)

ACTA TAQUIGRÁFICA

Camaradas: El problema agrario ha sido discutido por nuestro partido tan detalladamente, aún durante la primera revolución, que estamos, creo yo, lo suficientemente preparados para abordar el mismo, cosa que viene a confirmar indirectamente la comisión de la conferencia, formada por camaradas que conocen de cerca este problema y se han interesado por él, al aprobar el proyecto de resolución propuesto sin enmiendas de importancia. Por eso me limitaré a unas breves observaciones. Puesto que el proyecto, distribuido en pruebas de imprenta, está en posesión de todos los miembros, no es necesario leerlo en su totalidad.

El crecimiento del movimiento agrario en toda Rusia es hoy el hecho más evidente e indiscutible para todos. El programa de nuestro partido, adoptado en el Congreso de Estocolmo en 1906 a propuesta de los mencheviques, ha sido refutado ya por el desarrollo de la primera revolución rusa. En ese congreso, los mencheviques hicieron aprobar su concepto de municipalización, cuya esencia se reduce a lo siguiente: las tierras campesinas---tanto las asignadas a las comunidades como las de las familias campesinas---siguen siendo propiedad de los campesinos; los latifundios pasan de manos de sus propietarios a manos de los órganos de administración local. Uno de los argumentos principales de los mencheviques a favor de tal programa era que los campesinos nunca comprenderían el paso de las tierras campesinas a manos de alguien que no sea el propio campesinado. Quien haya estudiado las actas del Congreso de Estocolmo recordará que sobre este argumento insistieron particularmente tanto el informante Máslov como Kostrov. No hay que 121 olvidar---y a menudo se olvida---que esto sucedió antes de la primera Duma, cuando no se disponía de los hechos objetivos que mostraran el carácter del movimiento campesino y su fuerza. Todos sabían que en Rusia ardía el incendio de la revolución agraria, pero nadie sabía cómo sería organizado el movimiento agrario, qué formas tendría ese movimiento de la revolución campesina. Hasta qué punto ese congreso representaba la opinión seria y práctica de los propios campesinos, no era posible comprobarlo, y de ahí que esos argumentos de los mencheviques desempeñaran un papel tan importante. Poco después de nuestro Congreso de Estocolmo recibimos por vez primera una rotunda confirmación de cómo encaraba este problema la masa campesina. Tanto en la I como en la II Duma fue planteado por los propios campesinos el proyecto trudovique conocido como "proyecto de los = 104"^^60^^. Yo estudié especialmente las firmas al pie de este proyecto y me informé al detalle de las opiniones de los diputados y a qué clase social pertenecían, hasta qué punto se les podía llamar campesinos. En el libro que la censura zarista quemó, y que a pesar de todo volveré a editar^^61^^, yo afirmaba categóricamente que la enorme mayoría de estas 104 firmas pertenecía a auténticos campesinos. Este proyecto exigía la nacionalización de la tierra. Los campesinos sostenían que toda la tierra debía pasar a manos del Estado.

La cuestión consiste en explicar cómo en la Duma, dos veces convocada, los representantes de los campesinos de toda Rusia prefirieron la nacionalización a la medida que los mencheviques proponían en ella desde el punto de vista de los intereses campesinos. Los mencheviques proponían que lo,s campesinos se quedaran con sus propias tierras y que sólo la tierra de los latifundistas fuese entregada al pueblo, mientras los campesinos querían traspasar toda la tierra a manos del pueblo. ¿Cómo explicar esto? Los socialistas-revolucionarios sostienen que los campesinos rusos por su espíritu de comunidad simpatizan con la socialización, con el principio del trabajo. En toda esta fraseología no existe el menor sentido común: son meras frases. ¿Pero cómo se explica? Yo pienso que los campesinos han llegado a esta conclusión porque todo el sistema de propiedad agraria rusa, campesina y latifundista, comunal y parcelaria, se halla impregnado hasta la médula de las condiciones del viejo régimen semifeudal, y los campesinos, desde el punto de vista de las condiciones del mercado, debían exigir el paso de la tierra a manos de todo el pueblo. Los campesinos dicen que la enredada situación de la vida agraria anterior puede ser desenredada solamente por la nacionalización. Su punto de vista es burgués: el usufructo igualitario de la tierra lo entienden como despojo a los latifundistas de sus tierras y no como igualación de propietarios 122 aislados. La nacionalización significa la entrega de todas las tierras para una nueva distribución. Es el más grande proyecto burgués. Ni un solo campesino habló de igualitarismo y la socialización, pero todos decían que es imposible esperar más, que es necesario levantar las cercas de toda la tierra, es decir, que es imposible en las condiciones del siglo XX administrar la economía a la manera antigua. Desde entonces la reforma de Stolypin enredó aún más el problema = agrario^^62^^. Esto es lo que quieren decir los campesinos cuando exigen la nacionalización. Quiere decir que todas las tierras en general deben ser entregadas para una nueva distribución. No debe existir ninguna variedad de formas de propiedad de la tierra. Esto no es en modo alguno socialización. Esta exigencia de los campesinos se llama igualitaria porque, como lo indica el breve balance estadístico de la propiedad agraria del año 1905, a 300 familias campesinas y a una latifundista correspondía por igual 2.000 deciatinas de tierra; en este sentido es, naturalmente, igualitaria, pero de ahí no se deduce que esto significa igualar todas las economías pequeñas entre sí. El proyecto de los 104 dice lo contrario.

Esto es, en esencia, lo que debe decirse para fundamentar científicamente que la nacionalización en Rusia, desde el punto de vista democrático burgués, resulta imprescindible. Pero es imprescindible, además, porque es un gigantesco golpe asestado a la propiedad privada sobre los medios de producción. Creer que después de la abolición de la propiedad privada de la tierra en Rusia todo quedará como antes, es simplemente un absurdo.

Más adelante, en el proyecto de resolución se establecen las conclusiones y reivindicaciones prácticas. Entre las enmiendas pequeñas destacaré las siguientes: en el punto 1 se dice: "El partido del proletariado apoya con todas sus fuerzas la confiscación inmediata y completa de todas las tierras de los latifundistas...'' En lugar de ``apoya'', corresponde decir "lucha por...'' Nosotros no nos basamos en que los campesinos posean poca tierra y necesiten más. Esta es una opinión vulgar; nosotros decimos que la propiedad agraria de los latifundistas es la base del yugo que oprime al campesinado y lo sume en el atraso. No se trata de si los campesinos tienen poca tierra o no; ¡abajo el régimen de la servidumbre!: así debe plantearse el problema desde el punto de vista de la lucha de clases revolucionaria, y no de aquellos funcionarios que calculan cuánta tierra poseen y de acuerdo a qué normas debe ser distribuida. Propongo cambiar de lugar los puntos 2 y 3, porque para nosotros es importante la iniciativa revolucionaria, y la ley debe ser su resultado. Si vosotros esperáis a que la ley se escriba y no desplegáis personalmente ninguna energía revolucionaria, no tendréis ley ni tierra.

123

Muy a menudo se hacen objeciones a la nacionalización, diciendo que ella presupone un gigantesco aparato burocrático. Es cierto, pero la propiedad del Estado significa que todo campesino arrienda la tierra al Estado. El subarriendo queda prohibido. Pero, en qué medida arrienda el campesino, qué tierra toma en arriendo, lo resuelve por entero el correspondiente organismo democrático y no el burocrático.

En lugar de ``braceros'' se pone "obreros agrícolas''. Varios camaradas declararon que la palabra ``braceros'' es ofensiva y se opusieron a ella. Debe ser eliminada.

Hablar en este momento de comités proletario-campesinos o de Soviets en la resolución del problema agrario no es lo indicado, porque, como vemos, los campesinos han creado los Soviets de diputados soldados y, de esta manera, ha surgido ya la separación del proletariado y el campesinado.

Como es sabido, los partidos pequeñoburgueses defensistas están por que se espere hasta la Asamblea Constituyente para solucionar el problema agrario. Nosotros nos pronunciamos por el paso inmediato de la tierra a manos de los campesinos con el máximo de organización. Estamos absolutamente en contra de las incautaciones anárquicas. Vosotros proponéis a los campesinos que se pongan de acuerdo con los latifundistas. Nosotros decimos que se debe tomar la tierra ahora mismo y sembrarla, a fin de luchar contra la falta de pan, a fin de librar al país de la bancarrota que se avecina con una rapidez prodigiosa. No se pueden aceptar las recetas de Shingariov y de los demócratas constitucionalistas, que proponen esperar hasta la Asamblea Constituyente, cuya fecha de convocatoria se desconoce, o bien llegar a un acuerdo con los latifundistas acerca del arriendo. Los campesinos toman ya la tierra sin pagar indemnización o pagando la cuarta parte del arriendo.

Un camarada ha traído de su localidad, en la provincia de Penza, una resolución en la que se dice que los campesinos se apoderan de los aperos de labranza de los latifundistas, pero no los distribuyen por fincas, sino que los convierten en propiedad común. Establecen un determinado turno, un orden, para cultivar, sirviéndose de ellos, todas las tierras. Al aplicar estas medidas, se guían por la conveniencia de elevar la producción agrícola. Este hecho tiene un enorme significado de principio, a pesar de los latifundistas y los capitalistas, quienes gritan que esto es la anarquía. Y si vosotros charláis y gritáis también que esto es la anarquía, mientras los campesinos esperan, entonces sí habrá anarquía. Los campesinos demuestran que entienden las condiciones económicas y el control social mejor que los funcionarios, y los aplican cien veces mejor. Semejante medida, que, sin duda, es de fácil realización en una aldea 124 pequeña, empuja inevitablemente hacia medidas más amplias. Si el campesino aprende esto, y ya ha empezado a aprenderlo, no tendrá necesidad de la ciencia de los profesores burgueses; llegará por sí solo a la conclusión de que los instrumentos de labor no deben utilizarse únicamente en las haciendas pequeñas, sino también en el cultivo de toda la tierra. De cómo lo llevará a la práctica, carece de importancia: si reúne las parcelas para ararlas y sembrarlas en común es algo que no sabemos, y no tiene importancia si lo hace de diferentes modos. Lo importante es que ellos no tienen, por suerte, ante sí esa gran cantidad de intelectuales pequeñoburgueses, que se llaman a sí mismos marxistas, socialdemócratas, y que con aire de importancia enseñan al pueblo que no ha llegado aún el momento para la revolución socialista, por lo cual no corresponde que los campesinos tomen ahora la tierra. Por suerte, en las aldeas rusas hay pocos señores de ésos. Si los campesinos se limitaran a apoderarse de la tierra sobre la base de un acuerdo con los latifundistas, sin aplicar su propia experiencia colectivamente, el desastre sería inevitable y entonces los comités campesinos resultarían ser un juguete, una cosa nula. He aquí por qué proponemos agregar al proyecto de resolución el punto 8^^*^^.

Puesto que nosotros sabemos que los propios campesinos han comenzado a aplicar esta iniciativa en sus localidades, nuestra obligación, nuestro deber es decir que nosotros apoyamos y recomendamos esta iniciativa. Sólo en ello está la garantía de que la revolución no se limitará a tomar medidas de carácter formal, de que la lucha contra la crisis no seguirá siendo objeto de debates burocráticos y de elucubraciones de Shingariov, sino que, realmente, los campesinos marcharán hacia adelante por un camino organizado en la lucha contra la falta de pan y por el aumento de la producción.

Publicado por vez primera en 1921 en las ``Obras'' de N.Lenin (V. Uliánov), t.XIV, parte 2.

T. 31, págs. 416--421.

_-_-_

^^*^^ Véase el presepte volumen, pág. 127. (N. de la Edit.)

125 __NUMERIC_LVL2__ 9 __ALPHA_LVL2__ RESOLUCIÓN SOBRE EL PROBLEMA AGRARIO

La existencia de la propiedad agraria terrateniente en Rusia constituye la base material del poder de los grandes terratenientes feudales y una premisa de la posible restauración de la monarquía. Este sistema de propiedad agraria condena inexorablemente a la inmensa mayoría de la población de Rusia, al campesinado, a vivir en la miseria, el vasallaje y la ignorancia, y al país en su conjunto, al atraso en todas las esferas de la vida.

En Rusia, la propiedad campesina de la tierra---tanto las = tierras parcelarias^^63^^ (asignadas a las comunidades o a las familias campesinas) como las de posesión privada (arrendadas o compradas)--- está envuelta de abajo arriba, a lo largo y a lo ancho, por una red de viejos vínculos y relaciones de semiservidumbre, división de los campesinos en categorías heredadas del régimen de la servidumbre, fragmentación de las parcelas, etc., etc. La necesidad de romper todas estas trabas anticuadas y nocivas, de "levantar las cercas'', de restructurar sobre una base nueva todas las relaciones de la propiedad agraria y de la agricultura, en consonancia con las nuevas condiciones de la economía nacional y mundial, constituye la base material de la aspiración del campesinado a la nacionalización de todas las tierras del país.

Cualesquiera que sean las utopías pequeñoburguesas con que los distintos partidos y grupos populistas revistan la lucha de las masas campesinas contra la propiedad agraria feudal latifundista y, en general, contra todas las trabas feudales en la posesión y usufructo de la tierra en Rusia, esta lucha expresa por sí misma la aspiración ---plenamente democrática burguesa, progresista en absoluto y necesaria desde el punto de vista económico---a romper resueltamente todas estas trabas.

126

La nacionalización de la tierra, que es una medida burguesa, significa despejar la lucha de clases y el disfrute de la tierra, en el mayor grado posible y concebible en la sociedad capitalista, de todos los aditamentos no burgueses. Además, la nacionalización de la tierra, como abolición de la propiedad privada sobre ésta, representaría en la práctica un golpe tan demoledor a la propiedad privada sobre todos los medios de producción en general, que el partido del proletariado debe prestar todo su concurso a esa transformación.

Por otro lado, los campesinos ricos de Rusia han creado hace ya tiempo los elementos de una burguesía campesina, que han sido, sin duda, reforzados, multiplicados y consolidados por la reforma agraria de Stolypin. En el polo opuesto del campo se han reforzado y multiplicado en la misma proporción los obreros agrícolas asalariados, los proletarios y la masa de campesinos semiproletarios afines a ellos.

Cuanto mayores sean la decisión y el carácter consecuente con que se quebrante y elimine la propiedad agraria latifundista, cuanto más resuelta y consecuente sea, en general, la transformación agraria democrática burguesa en Rusia, mayores serán la fuerza y la rapidez con que se desarrollará la lucha de clase del proletariado agrícola contra los campesinos ricos (contra la burguesía campesina).

Debido a que la revolución proletaria que comienza a alzarse en Europa no ejercerá una influencia directa y poderosa sobre nuestro país, la suerte y el desenlace de la revolución riísa dependerán de si el proletariado urbano logra atraerse al proletariado agrícola e incorporar a éste la masa de semiproletarios del campo o si esta masa sigue a la burguesía campesina, propensa a aliarse con Guchkov y Miliukov, con los capitalistas y latifundistas y con la contrarrevolución en general.

Basándose en esta situación y correlación de las fuerzas de clase, la conferencia acuerda:

1. El partido del proletariado lucha con todas sus fuerzas por la confiscación inmediata y completa de todas las tierras de los latifundistas de Rusia (así como de las pertenecientes a la Corona, a la Iglesia, al zar, etc., etc.).

2. El partido aboga resueltamente por el paso inmediato de todas las tierras a manos de los campesinos, organizados en los Soviets de diputados campesinos o en otros organismos de administración local, elegidos de un modo plena y realmente democrático e independientes en absoluto de los latifundistas y de los funcionarios.

3. El partido del proletariado exige la nacionalización de todas las tierras existentes en el país, que, poniendo el derecho de propiedad de todas las tierras en manos del Estado, entregue el derecho a disponer de ellas a las instituciones democráticas locales.

127

4. El partido debe luchar enérgicamente tanto contra el Gobierno Provisional---que por boca de Shingariov y con sus actos colectivos impone a los campesinos un "acuerdo voluntario con los latifundistas'', lo que equivale en la práctica a imprimir a la reforma un carácter latifundista, y que amenaza con castigar a los campesinos por sus ``arbitrariedades'', es decir, con pasar a la violencia de la minoría de la población (los latifundistas y capitalistas) contra la mayoría---como contra las vacilaciones pequeñoburguesas de la mayoría de los populistas y socialdemócratas mencheviques, quienes aconsejan a los campesinos no tomar toda la tierra hasta que se reúna la Asamblea Constituyente.

5. El partido aconseja a los campesinos que tomen la tierra de modo organizado, sin permitir en modo alguno el menor deterioro de los bienes y preocupándose de aumentar la producción.

6. Todas las transformaciones agrarias, cualesquiera que sean, sólo podrán ser eficaces y firmes si se democratiza por completo todo el Estado, es decir, por un lado, si se suprime la policía, el ejército regular y la burocracia privilegiada de hecho, y, por otro lado, si se implanta el más amplio régimen de administración local, libre en absoluto de toda fiscalización y tutela desde arriba.

7. Es necesario emprender inmediatamente y por doquier la organización especial e independiente del proletariado agrícola, tanto en Soviets de diputados obreros agrícolas (y en Soviets especiales de diputados campesinos semiproletarios) como en grupos o fracciones proletarios en el seno de los Soviets generales de diputados campesinos, en todos los organismos de administración local y municipal, etc., etc.

8. El partido debe apoyar la iniciativa de los comités campesinos que en diversas comarcas de Rusia entregan el ganado de labor, los aperos de labranza, etc., de los latifundistas a los campesinos organizados en esos comités, a fin de que sean utilizados colectivamente y de un modo reglamentado en el cultivo de toda la tierra.

9. El partido del proletariado debe aconsejar a los proletarios y semiproletarios del campo que traten de conseguir la transformación de cada latifundio en una hacienda modelo bastante grande, administrada por los Soviets de diputados obreros agrícolas con recursos pertenecientes a la sociedad, bajo la dirección de agrónomos y empleando los mejores medios técnicos.

Publicada el 13 de mayo (30 de abril) de 1917 en el núm. 45 de ``Pravda''.

T. 31, págs. 425--428.

128 __NUMERIC_LVL2__ 10 __ALPHA_LVL2__ RESOLUCIÓN SOBRE LOS SOVIETS DE DIPUTADOS OBREROS Y SOLDADOS

Después de discutir los informes y comunicaciones de los camaradas que trabajan en los Soviets de diputados obreros y soldados de las diferentes regiones de Rusia, la conferencia hace constar lo siguiente:

En toda una serie de localidades provinciales, la revolución avanza mediante la organización en Soviets del proletariado y del campesinado por propia iniciativa; la destitución violenta de las viejas autoridades; la creación de una milicia proletaria y campesina; la entrega de todas las tierras a los campesinos; el establecimiento del control obrero en las fábricas; la implantación de la jornada de trabajo de ocho horas; el aumento de los salarios; el mantenimiento del ritmo de la producción; el establecimiento del control obrero sobre la distribución de los víveres, etc.

Este crecimiento en amplitud y profundidad de la revolución en las provincias viene, de un lado, a ser un impulso del movimiento por el paso de todo el poder a los Soviets y por el control de la producción por los propios obreros y campesinos, y, de otro lado, sirve de garantía de preparación de fuerzas en toda Rusia para la segunda etapa de la revolución, la cual pondrá todo el poder del Estado en manos de los Soviets o de otros órganos que expresen directamente la voluntad de la mayoría del pueblo (órganos de administración local, Asamblea Constituyente, etc.).

En las capitales y en algunas grandes ciudades, la tarea de hacer efectivo el paso del poder a los Soviets tropieza con dificultades particularmente grandes y exige una preparación muy prolongada de las fuerzas proletarias. Aquí se concentran las fuerzas más grandes de la burguesía. Aquí, la política de pactos con la burguesía, política que no pocas veces entorpece la iniciativa revolucionaria de 129 las masas y debilita su independencia, cobra proporciones más agudas, lo que es particularmente peligroso, dada la importancia dirigente que estos Soviets tienen para las provincias.

Es, pues, deber del partido proletario, de un lado, apoyar en todos sus aspectos el desarrollo de la revolución en las provincias, y, de otro lado, luchar sistemáticamente, dentro de los Soviets (mediante la propaganda y la renovación de éstos), por el triunfo de la línea proletaria; todos los esfuerzos y toda la atención deben concentrarse en la masa de obreros y soldados, en separar la línea proletaria de la línea pequeñoburguesa, la línea internacionalista de la defensista, la línea revolucionaria de la oportunista, en organizar y armar a los obreros, en preparar sus fuerzas para la etapa siguiente de la revolución.

La conferencia declara, una vez más, que es necesaria una actividad múltiple dentro de los Soviets de diputados obreros y soldados para aumentar su número, consolidar sus fuerzas y aglutinar en su seno a los grupos proletarios internacionalistas de nuestro partido.

Publicada el 15 (2) de mayo de 1917 en el núm. 46 de ``Pravda''.

T. 31, pdgs. 430--431.

130 __NUMERIC_LVL2__ 11 __ALPHA_LVL2__ DISCURSO SOBRE EL PROBLEMA NACIONAL 29 DE ABRIL (12 DE MAYO)

ACTA TAQUIGRÁFICA

Desde el año 1903, en que nuestro partido adoptó su programa, hemos tropezado siempre con la obstinada oposición de los camaradas polacos. Si estudiáis las actas del II Congreso, veréis que ya entonces exponían los mismos argumentos que encontramos ahora. Los socialdemócratas polacos abandonaron aquel congreso por considerar inaceptable que se reconociera a las naciones el derecho a la autodeterminación. Y desde ese momento chocamos, una y otra vez, con la misma cuestión. En 1903 existía ya el imperialismo, pero entre los argumentos invocados ninguno hablaba de él; hoy, como entonces, la posición de la socialdemocracia polaca sigue siendo un extraño y monstruoso error; esa gente quiere que nuestro partido descienda a la posición de los chovinistas.

La política de Polonia es una política plenamente nacional como consecuencia de los largos años de opresión de ese país por Rusia, y todo el pueblo polaco está dominado por una idea: vengarse de los moscovitas. Nadie ha oprimido tanto a los polacos como el pueblo ruso, que, en manos de los zares, sirvió de verdugo de la libertad polaca. Ningún pueblo se ha impregnado tanto de odio a Rusia, ningún pueblo detesta tan terriblemente a Rusia como los polacos, y de ello se desprende un raro fenómeno. Polonia es, a causa de la burguesía polaca, un obstáculo para el movimiento socialista. ¡Que arda el mundo entero con tal de que Polonia sea libre! Plantear así el problema significa, naturalmente, mofarse del internacionalismo. Sin duda, Polonia es actualmente víctima de la violencia; pero que los 131 nacionalistas polacos puedan esperar de Rusia su emancipación, es traicionar a la Internacional. Y los nacionalistas polacos han empapado con sus ideas al pueblo polaco hasta tal punto, que éste así ve las cosas.

El inmenso mérito histórico de los camaradas socialdemócratas polacos consiste en haber lanzado la consigna del internacionalismo, diciendo: lo más importante para nosotros es sellar una alianza fraternal con el proletariado de todos los demás países, y jamás nos lanzaremos a una guerra por la liberación de Polonia. Ese es su mérito, y por ello hemos considerado siempre socialistas únicamente a estos camaradas socialdemócratas polacos. Los otros son patrioteros, son los Plejánov polacos. Pero de esta situación original, en la que unos hombres, para salvar el socialismo, se han visto obligados a luchar contra un nacionalismo furioso y enfermi/o, se deriva un fenómeno extraño: los camaradas vienen a nosotros y nos dicen que debemos renunciar a la libertad de Polonia, a su separación.

¿Por qué nosotros, los rusos, que oprimimos a más naciones que ningún otro pueblo, hemos de renunciar a proclamar el derecho de Polonia, Ucrania y Finlandia a separarse de Rusia? Se nos propone que nos convirtamos en chovinistas porque con ello facilitaremos la posición de los socialdemócratas polacos. No aspiramos a la liberación de Polonia porque el pueblo polaco vive entre dos Estados capaces de luchar. Pero en vez de decir que los obreros polacos deben razonar así: sólo son fieles a la democracia los socialdemócratas que opinan que el pueblo polaco debe ser libre, pues en las filas del Partido Socialista no hay cabida para los chovinistas, los socialdemócratas polacos dicen: estamos en contra de la separación de Polonia precisamente porque creemos ventajosa la alianza con los obreros rusos. Y están en su pleno derecho. Pero hay quienes no quieren comprender que para reforzar el internacionalismo no es necesario repetir las mismas palabras, y que en Rusia debe insistirse en la libertad de separación de las naciones oprimidas, mientras en Polonia debe subrayarse la libertad de unión. La libertad de unión presupone la libertad de separación. Nosotros, los rusos, debemos subrayar la libertad de separación, y en Polonia, la libertad de unión.

Nos encontramos aquí con una serie de sofismas, que conducen a la abjuración total del marxismo. El punto de vista del camarada Piatakov no es más que una repetición del punto de vista de Rosa Luxemburgo...^^*^^ (el ejemplo de Holanda)...* Así razona el camarada Piatakov, y al razonar de ese modo se refuta a sí mismo, pues en teoría niega la libertad de separación, pero le dice al pueblo: quien _-_-_

^^*^^ Hay una laguna en el acta. (N. d? Id Edit.)

132 niega la libertad de separación no es un socialista. Cuanto ha dicho aquí el camarada Piatakov es un embrollo increíble. En Europa Occidental predominan países en los que el problema nacional ha sido resuelto hace ya mucho. Cuando se dice que el problema nacional está resuelto se alude a Europa Occidental. El camarada Piatakov traslada eso a un terreno que no tiene riada que ver con ello, a los países de Europa Oriental, cayendo así en una situación ridicula.

¡Fijaos qué espantoso lío resulta! Tenemos a Finlandia cerca. El camarada Piatakov no nos da sobre ella una contestación concreta; se ha metido en un atolladero. Habréis leído ayer en Rabóchaya Gaieta que en Finlandia crece el movimiento separatista. Los finlandeses vienen y nos dicen que en su país toma incremento el separatismo porque los demócratas constitucionalistas no conceden a Finlandia la plena autonomía. En Finlandia madura la crisis, el descontento con el gobernador general Ródichev es cada vez mayor; pero Rabóchaya Gazeta escribe que los finlandeses deben esperar la Asamblea Constituyente, pues en ella se llegará a un acuerdo entre Finlandia y Rusia. Pero ¿qué significa ``acuerdo''? Los finlandeses deben decir que pueden tener derecho a disponer de sus destinos como crean conveniente, y el ruso que niegue ese derecho será un chovinista. Otra cosa sería si le dijéramos al obrero finlandés: decide según estimes...^^*^^

El camarada Piatakov se limita a rechazar nuestra consigna, diciendo que es lo mismo que no dar consigna para la revolución socialista, pero no ofrece la que corresponde. El método de la revolución socialista bajo la consigna de "¡Abajo las fronteras!" entraña la más completa confusión. No hemos conseguido publicar el artículo en que calificaba yo esta idea de "economismo imperialista"~^^**^^. ¿Qué significa el "método" de la revolución socialista bajo la consigna de "¡Abajo las fronteras!"? Nosotros defendemos la necesidad del Estado, y el Estado presupone fronteras. El Estado puede, naturalmente, incluir un gobierno burgués, mientras que nosotros necesitamos los Soviets. Pero también a los Soviets se les plantea el problema de las fronteras. ¿Qué quiere decir "¡Abajo las fronteras!"? Ahí comienza la anarquía... El "método" de la revolución socialista bajo la consigna de "¡Abajo las fronteras!" es un verdadero galimatías. Cuando madure la revolución socialista, cuando estalle, se extenderá también a otros países, y nosotros la ayudaremos, aunque no sepamos aún cómo. El "método de la revolución socialista" es una frase vacía. Por cuanto existen _-_-_

^^*^^ Hay una laguna en el acta. (N. de la Edil}

^^**^^ Véase V. I.Lenin. O.C., t. 30, págs. 59--67. (N. de la Edil}

133 problemas no resueltos del todo por la revolución burguesa, somos partidarios de que se resuelvan. Ante el movimiento separatista somos indiferentes, neutrales. Si Finlandia, Polonia o Ucrania se separan de Rusia, no hay ningún mal en ello. ¿Qué mal puede haber? Quien lo afirme es un chovinista. Hace falta haber perdido el juicio para continuar la política del zar Nicolás. ¿No se ha separado Noruega de Suecia?... En otros tiempos, Alejandro I y Napoleón cambiaban pueblos entre sí, en otros tiempos los zares utilizaban a Polonia como moneda de cambio. ¿Es que vamos a continuar nosotros esa táctica de los zares? Ello equivaldría a renunciar a la táctica del internacionalismo, sería un chovinismo de la peor especie. ¿Qué hay de malo en que Finlandia se separe? En ambos pueblos, en el proletariado de Suecia y de Noruega, se ha fortalecido la confianza mutua después de la separación. Los terratenientes suecos quisieron lanzarse a una guerra, pero los obreros de Suecia se opusieron, diciendo: no contéis con nosotros para esa guerra.

Los finlandeses no quieren hoy más que la autonomía. Nosotros opinamos que debe darse a Finlandia plena libertad; entonces se reforzará su confianza en la democracia rusa, y precisamente entonces, cuando eso se lleve a la práctica, no se separará. El señor Ródichev va a Finlandia y regatea sobre la autonomía. Los camaradas finlandeses vienen a nosotros y nos dicen: necesitamos la autonomía. Y desde todas las baterías abren fuego contra ellos, diciéndoles: "¡Esperad a que se reúna la Asamblea Constituyente!" Nosotros, en cambio, decimos: "El socialista ruso que niega la libertad de Finlandia es un chovinista".

Nosotros decimos que las fronteras se fijan por voluntad de la población. ¡Rusia, no te lances a combatir por Curlandia! ¡Alemania, retira tus tropas de Curlandia! Así resolvemos nosotros el problema de la separación. El proletariado no puede apelar a la violencia, pues no debe obstaculizar la libertad de los pueblos. La consigna de "¡Abajo las fronteras!" será justa cuando la revolución socialista sea una realidad y no un método; entonces podremos decir: ¡ Camaradas, venid a nosotros!...

Cuestión muy distinta es la de la guerra. En caso de necesidad, no renunciaremos a una guerra revolucionaria. No somos pacifistas... Cuando en Rusia manda Miliukov y envía a Ródichev a Finlandia para que regatee desvergonzadamente con el pueblo finlandés, nosotros decimos: ¡No, pueblo ruso, no te atrevas a avasallar a Finlandia: el pueblo que oprime a otros pueblos no puede ser libre! En la resolución sobre Borgbjerg = M decimos: retirad las tropas y dejad que la nación decida el asunto por su cuenta. Y si el Soviet toma mañana el poder, no se tratará ya de un "método de la revolución socialista" y entonces diremos: ¡Alemania, fuera tus 134 tropas de Polonia! ¡Rusia, fuera tus tropas de Armenia! De otra manera sería un engaño.

El camarada Dzerzhinski nos dice de su Polonia oprimida que allí todos son chovinistas. Pero ;por qué no ha dicho ningún polaco ni una sola palabra acerca de lo que debe hacerse con Finlandia y Ucrania? Tanto hemos discutido ya de todo esto desde 1903 que resulta difícil hablar de ello. ¡Ve donde quieras!... Quien no adopte este punto de vista será un anexionista, un chovinista. Queremos una alian/a fraternal de todos los pueblos. Cuando existan una República Ucrania y una República Rusa, habrá entre ellas más ligazón y más confianza. Y si los ucranios ven que en Rusia se ha proclamado la República de los Soviets, 110 se separarán; pero si nuestra república es una república de Miliukov, se separarán. Cuando el camarada Piatakov, en plena contradicción con sus puntos de vista, dice: nos oponemos a que se retenga a nadie por la violencia dentro de las fronteras, no hace más que reconocer el derecho de las naciones a la autodeterminación. No queremos en modo alguno que el campesino de Jiva viva bajo el vugo del kan de Jiva. Con el desarrollo de nuestra revolución influiremos sobre las masas oprimidas. Sólo así puede plantearse la agitación entre las masas sojuzgadas.

Pero todo socialista ruso que no reconozca la libertad de Finlandia y de Ucrania se deslizará al chovinismo. Y no habrá jamás sofisma ni invocación de "método" que pueda justificarle.

Publicado por vez primera en 1921 en las ``Obras'' de N.I.enin (V. Uliánov), t. XIV, parte 2.

T. 31, págs. 432--437.

135 __NUMERIC_LVL2__ 12 __ALPHA_LVL2__ RESOLUCIÓN SOBRE EL PROBLEMA NACIONAL

La política de opresión nacional, herencia de la autocracia y de la monarquía, es defendida por los latifundistas, los capitalistas y la pequeña burguesía en aras de la conservación de sus privilegios de clase y de la desunión de los obreros de distintas naciones. El imperialismo contemporáneo, al reforzar la tendencia a someter a los pueblos débiles, es un nuevo factor de acentuación del yugo nacional.

La supresión del yugo nacional, en la medida en que es posible en la sociedad capitalista, sólo es realizable bajo un régimen republicano consecuentemente democrático y una gobernación del Estado que garantice la plena igualdad de derechos de todas las naciones y lenguas.

Debe reconocerse a todas las naciones componentes de Rusia el derecho a separarse libremente y a formar Estados independientes. La negación de este derecho y la no adopción de medidas encaminadas a garantizar el ejercicio del mismo, equivalen a apoyar la política de conquistas o anexiones. El reconocimiento por el proletariado del derecho de las naciones a su separación es lo único que garantiza la plena solidaridad de los obreros de distintas naciones y facilita un acercamiento verdaderamente democrático entre ellas.

El conflicto surgido en la actualidad entre Finlandia y el Gobierno Provisional ruso muestra con particular nitidez que negar el derecho a la libre separación lleva de lleno a continuar la política del zarismo.

El derecho de las naciones a la separación libre no debe confundirse con la conveniencia de que se separe una u otra nación en tal o cual momento. Este último problema deberá resolverlo el partido del proletariado de un modo absolutamente independiente

136 en cada caso concreto, desde el punto de vista de los intereses de todo el desarrollo social y de la lucha de clase del proletariado por el socialismo.

El partido exige una amplia autonomía regional, la abolición de la fiscalización desde arriba, la supresión de una lengua oficial obligatoria y la delimitación de las fronteras de las regiones independientes y autónomas, teniendo en cuenta la opinión de la propia población local en cuanto a las condiciones económicas y de vida, la composición nacional de la región, etc.

El partido del proletariado rechaza resueltamente la llamada "autonomía nacional cultural'', que consiste en sustraer de la competencia del Estado los asuntos escolares, etc., para ponerlos en manos de una especie de dietas nacionales. Este plan crea fronteras artificiales entre los obreros que viven en la misma localidad y que incluso trabajan en la misma empresa, según su pertenencia a una u otra "cultura nacional'', es decir, refuerza los lazos entre los obreros y la cultura burguesa de cada nación por separado, mientras que la tarea de la socialdemocracia consiste en fortalecer la cultura internacional del proletariado del mundo entero.

El partido exige que se incluya en la Constitución una ley fundamental que anule toda clase de privilegios a favor de una nación y toda clase de violaciones de los derechos de las minorías nacionales.

Los intereses de la clase obrera exigen la fusión de los obreros de todas las naciones de Rusia en organizaciones proletarias únicas, tanto políticas como sindicales, cooperativistas, culturales, etc. Sólo esta fusión de los obreros de las distintas naciones en organizaciones únicas da al proletariado la posibilidad de librar una lucha victoriosa contra el capital internacional y contra el nacionalismo burgués.

Publicada el 16 (3) de mayo de 1917 como anejo al núm. 13 del periódico "Soldát'ikaya Pravda".

T. 31, págu. 439--440.

137 __NUMERIC_LVL2__ 13 __ALPHA_LVL2__ RESOLUCIÓN SOBRE EL MOMENTO ACTUAL

La guerra mundial, provocada por la lucha de los trusts mundiales y del capital bancario por la dominación en el mercado mundial, ha acarreado ya la destrucción de una masa inmensa de valores materiales, el agotamiento de las fuerzas productivas y una expansión tal de la industria de guerra, que hasta la producción del mínimo imprescindible de artículos de consumo y medios de producción resulta imposible.

De este modo, la guerra actual ha llevado a la humanidad a un callejón sin salida y la ha colocado al borde del abismo.

Las premisas objetivas de la revolución socialista, que indudablemente existían ya antes de la guerra en los países más avanzados y desarrollados, seguían y siguen madurando a consecuencia de ésta, con vertiginosa rapidez. El desplazamiento y la ruina de las haciendas pequeñas y medias se aceleran más y más. La concentración e internacionalización del capital asume proporciones gigantescas. El capitalismo monopolista se convierte en capitalismo monopolista de Estado. Las circunstancias obligan a una serie de países a implantar la regulación social de la producción y de la distribución; algunos de ellos pasan a establecer el trabajo obligatorio para todos.

Dentro de un régimen de propiedad privada sobre los medios de producción, todos esos pasos hacia una mayor monopolización y una mayor estatificación de la producción van acompañados inevitablemente de una intensificación de la explotación de las masas trabajadoras, del reforzamiento de la opresión, de trabas a la lucha contra los explotadores, acentúan la reacción y el despotismo militar 138 y al mismo tiempo conducen inevitablemente a un increíble acrecentamiento de las ganancias de los grandes capitalistas a expensas de todas las demás capas de la población, a esdavi/ar por muchos decenios a las masas trabajadoras, imponiéndoles tributos a pagar a los capitalistas bajo la forma de miles de millones de intereses de los empréstitos. En cambio, una vez abolida la propiedad privada sobre los medios de producción, y con el paso de todo el poder del Estado a manos del proletariado, esas mismas condiciones garantizarán el triunfo de una trasformación social que pondrá fin a la explotación del hombre por el hombre y asegurará el bienestar de todos.

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Por otra parte, la marcha de los acontecimientos ha venido a confirmar, sin lugar a dudas, la previsión de los socialistas del mundo entero, quienes en el Manifiesto de Basilea de 1912 señalaron unánimemente la inevitabilidad de la revolución proletaria, en relación precisamente con la guerra imperialista que entonces se avecinaba y hoy hace estragos.

La revolución rusa no es más que la primera etapa de la primera de las revoluciones proletarias engendradas inevitablemente por la guerra.

En todos los países crecen la indignación de las amplias masas populares contra la clase capitalista y la conciencia del proletariado de que sólo el paso del poder a sus manos y la abolición de la propiedad privada sobre los medios de producción salvarán a la humanidad de la ruina.

En todos los países, y particularmente en los más avanzados, en Inglaterra y Alemania, cientos de socialistas que no se han pasado al lado de ``su'' burguesía nacional han sido arrojados a las cárceles por los gobiernos de los capitalistas que, con estas persecuciones, no hacen más que demostrar su temor a la revolución proletaria que va creciendo en el seno de las masas populares. Su maduración en Alemania se nota en las huelgas de masas, que en las últimas semanas han tomado un incremento considerable como también en la creciente confraternización de los soldados alemanes y rusos en el frente.

La confianza y unión fraternales entre los obreros de los distintos países que hoy se exterminan unos a otros por los intereses de los capitalistas, se van restableciendo poco a poco de ese modo, y esto crea, a su vez, las premisas para las acciones revolucionarias conjuntas de los obreros de distintos países. Sólo esas acciones pueden garantizar el desarrollo sistemático y el éxito más seguro de la revolución socialista mundial.

139 __*_*_*__

El proletariado de Rusia, que actúa en uno de los países más atrasados de Europa, con una inmensa población de pequeños campesinos, no puede proponerse como meta inmediata la realización de transformaciones socialistas.

Pero sería el más funesto de los errores, error que en la práctica equivaldría a pasarse al campo de la burguesía, deducir de ello la necesidad de que la clase obrera apoye a la burguesía, de que limite su tac tica al marco de lo que es aceptable para la pequeña burguesía, o de que el proletariado renuncie a su papel dirigente en la tarea de explicar al pueblo la urgencia de una serie de pasos prácticamente maduros hacia el socialismo.

Tales pasos son, en primer término, la nacionalización de la tierra. Esta medida, que no rebasa directamente los límites del régimen burgués, sería al mismo tiempo un fuerte golpe asestado a la propiedad privada sobre los medios de producción, y por eso acrecentaría la influencia del proletariado socialista sobre los semiproletarios del campo.

Otra de esas medidas es la implantación del control del Estado sobre todos los bancos y la fusión de los mismos en un banco central único, y sobre los institutos de seguros y los consorcios capitalistas más importantes (v. gr., el consorcio de fabricantes de azúcar, el Prodúgol, el = Prodamet^^*^^, etc.), con la transición gradual a un sistema más justo de impuestos progresivos sobre la renta y la riqueza. No cabe duda de que estas medidas ya maduras en el terreno económico son susceptibles técnicamente de una aplicación inmediata, y políticamente pueden contar con el apoyo de la mayoría aplastante de los campesinos, a quienes esas reformas favorecerán en todos los aspectos.

Los Soviets de diputados obreros, soldados, campesinos, etc., que hoy cubren a Rusia con una red cada vez más tupida, podrían, además de las mencionadas medidas, implantar el trabajo obligatorio para todos, pues el carácter de eslas instituciones asegura, por una parte, el paso hacia lodas esas nuevas transformaciones sólo en la medida en que su necesidad práctica sea reconocida, consciente y firmemente, por la inmensa mayoría del pueblo, y, por otra parte, el carácter de estas instituciones garantiza la realización de estas transformaciones, no por la vía policíaco-burocrática, sino por la participación voluntaria de las masas organizadas y armadas del _-_-_

^^*^^ Prodúgol: Sociedad rusa de comercio del (ombustible mineral fie la cuenca del Donéis.

l'roiliniii't: Sociedad para la venta de artículos de las fábricas metalúrgicas. (/V. de In Edil.)

140 proletariado y del campesinado en la regulación de su propia economía.

Todas estas medidas y otras semejantes no sólo pueden y deben ser discutidas y preparadas, para implantarlas en todo el país, una vez que el poder pase íntegro a manos de los proletarios y semiproletarios, sino que pueden y deben ser realizadas por los órganos revolucionarios locales del poder popular cuando haya la posibilidad de hacerlo.

Para llevar a la práctica estas medidas, es necesario observar una extraordinaria prudencia y serenidad; hay que conquistar una solida mayoría popular y llevar a ella la conciencia de que las medidas que se implanten son ya prácticamente factibles, y es ésa precisamente a dirección en que deben concentrarse la atención y los esfuerzos de la vanguardia consciente de las masas obreras, que han de ayudar a las masas campesinas a encontrar salida del actual desastre.

Publicada el 16 (3) de mayo de 1917 como anejo al núm. 13 del periódico "Soldátskaya Pravda".

T. 31,págs. 449--452.

141 __ALPHA_LVL1__ INTRODUCCIÓN A LAS RESOLUCIONES
DE LA VII CONFERENCIA
(CONFERENCIA DE ABRIL)
DE TODA RUSIA DEL POSD(b)R

Camaradas obreros:

La Conferencia de toda Rusia del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia, unido por el Comité Central y denominado comúnmente Partido Bolchevique, ha terminado.

La conferencia ha adoptado acuerdos muy importantes sobre todas las cuestiones fundamentales de la revolución, cuyo texto reproducimos íntegro más abajo.

La revolución está en crisis, como pudo verse en las calles de Petrogrado y de Moscú del 19 al 21 de abril. Lo ha reconocido el Gobierno Provisional. Lo ha reconocido el Comité Ejecutivo del Soviet de diputados obreros y soldados de Petrogrado. Lo confirma una vez más, en el momento en que escribimos estas líneas, la dimisión de Guchkov.

La crisis del poder, la crisis de la revolución, no es casual. El Gobierno Provisional es un gobierno de latifundistas y capitalistas, unidos por el capital ruso y anglo-francés y obligados a continuar la guerra imperialista. Pero los soldados están extenuados por la guerra, ven cada vez más claramente que ésta se hace en interés de los capitalistas, no quieren la guerra. Y, al mismo tiempo, se cierne sobre Rusia, igual que sobre otros países, el amenazador fantasma de una horrible bancarrota, de la falta de pan y de la completa ruina económica.

El Soviet de diputados obreros y soldados de Petrogrado se ha metido asimismo en un atolladero al concluir un acuerdo con el Gobierno Provisional y apoyar a éste, al apoyar el empréstito y, por consiguiente, la guerra. El Soviet responde por el Gobierno Provisional y, al ver la situación sin salida, se ha embrollado también a causa de su acuerdo con el gobierno de los capitalistas.

En este gran momento histórico en que está en juego todo el porvenir de la revolución, en que los capitalistas se debaten entre la desesperación y la idea de ametrallar a los obreros, nuestro partido se dirige al pueblo y en los acuerdos de su conferencia le dice:

Hay que comprender qué ciasen impulsan la revolución. Hay 142 que tener en cuenta serenamente sus diferentes aspiraciones. El capitalista no puede seguir el mismo camino que el obrero. Los pequeños propietarios no pueden confiar plenamente en los capitalistas ni decidirse todos y en el acto a una estrecha alianza fraternal con los obreros. Sólo comprendiendo la diferencia de estas clases podrá encontrarse un camino acertado para la revolución.

Y los acuerdos de nuestra conferencia sobre todas las cuestiones fundamentales de la vida popular establecen una diferenciación precisa entre los intereses de las distintas clases, muestran que es imposible en absoluto salir del atolladero con una política de confianza en el gobierno de los capitalistas o apoyando a ese gobierno.

La situación es inusitadamente difícil. No hay más que una salida: el paso de todo el poder del Estado a los Soviets de diputados obreros, soldados, campesinos, etc., en toda Rusia, de abajo arriba. Sólo si el poder pasa a manos de la clase obrera y ésta es apoyada por la mayoría de los campesinos podrá esperarse un rápido restablecimiento de la confianza de los obreros de otros países, una poderosa revolución europea que rompa el yugo del capital y destruya las férreas tenazas de la criminal matanza de los pueblos. Sólo si el poder pasa a manos de la clase obrera y ésta es apoyada por la mayoría de los campesinos podrá tenerse la firme esperanza de que todas las masas trabajadoras depositarán la más plena confianza en este poder y se alzarán unánimemente, como un solo hombre, para efectuar una abnegada labor de restructuración de toda la vida popular en interés de las masas trabajadoras y no de los capitalistas y latifundistas. Sin esta labor abnegada, sin una gigantesca tensión de las fuerzas de todos y de cada uno, sin la firmeza y la decisión de reorganizar la vida de manera nueva, sin la organización más rígida y la disciplina camaraderil de todos los obreros y de todos los campesinos pobres, sin todo eso no hay salida.

La guerra ha colocado a toda la humanidad al borde del abismo. Los capitalistas se lanzaron a la guerra y son impotentes para salir de ella. Todo el mundo se halla ante la catástrofe.

Camaradas obreros: Se acerca el instante en que los acontecimientos exigirán de vosotros un heroísmo nuevo---un heroísmo de millones y decenas de millones de seres---, mayor aún que en los días gloriosos de la revolución de febrero y de marzo. Preparaos.

Preparaos y tened presente que si junto con los capitalistas pudisteis vencer en unos cuantos días con una simple explosión de la ira popular, para triunfar en la lucha contra los capitalistas hace 143 falta algo más. Para una victoria de ese género, para que los obreros y los campesinos pobres tomen el poder, para que se mantengan en él y lo utilicen con acierto hace falta organización, organización y organización.

Nuestro partido os ayuda como puede, ante todo, haciéndoos comprender la diferente situación de las distintas clases y su distinta fuerza. A ello están consagrados los acuerdos de nuestra conferencia. Sin esta comprensión clara, la organización no significa nada. Sin organización es imposible la acción de millones de seres, es imposible todo éxito.

No creed en las palabras. No os dejéis arrastrar por las promesas. No exageréis vuestras fuerzas. Organizaos en cada fábrica, en cada regimiento y en cada compañía, en cada barriada. Realizad un trabajo perseverante de organización cada día, cada hora; trabajad vosotros mismos, ya que esta labor no puede confiarse a nadie. Conseguid con vuestra labor que las masas vayan depositando su plena confianza en los obreros de vanguardia paulatina, firme e indestructiblemente. Ese es el contenido fundamental de todos los acuerdos de nuestra conferencia. Esa es la enseñanza principal de todo el curso de la revolución. En eso consiste la única garantía del éxito.

Camaradas obreros: Os exhortamos a realizar una labor difícil, seria y tesonera, que una al proletariado consciente, revolucionario, de todos los países. Este camino, y sólo éste, conduce a la salida, a salvar a la humanidad de los horrores de la guerra, del yugo del capital.

Publicado el 16 (3) de mayo de ¡917 como anejo al núm. 13 del periódico "Soldátskaya Pravda".

T. ül, págs. 454--457. [144] ~ 145 __ALPHA_LVL1__ I CONGRESO DE DIPUTADOS CAMPESINOS DE TODA RUSIA^^65^^
4-28 DE MAYO (17 DE MAYO-10 DE JUNIO) DE 1917

__NUMERIC_LVL2__ 1 __ALPHA_LVL2__ PROYECTO DE RESOLUCIÓN SOBRE EL PROBLEMA AGRARIO __NOTE__ In LVL1, date (after the break) is a heading. __NOTE__ LVL2's moved under LVL1; on page 81 in original. __NOTE__ See also: page 79--81 (same thing). [146] ~ 147

1. Todas las tierras de los terratenientes y de particulares, así como las pertenecientes a la Corona, a la Iglesia, etc., deben pasar inmediatamente a manos del pueblo sin ninguna indemnización.

2. A través de sus Soviets de diputados campesinos, el campesinado debe tomar organizadamente y sin pérdida de tiempo toda la tierra existente en cada lugar para explotarla, sin que esto prejuzgue en lo más mínimo el régimen agrario definitivo a establecer por la Asamblea Constituyente o por el Consejo de los Soviets de toda Rusia, si el pueblo transfiere el poder central del Estado a un consejo semejante.

3. Debe ser abolida, en general, la propiedad privada sobre la tierra; es decir, el derecho de propiedad sobre la totalidad de la tierra debe pertenecer únicamente a todo el pueblo, siendo las instituciones democráticas locales las que deben disponer de la tierra.

4. Los campesinos deben rechazar la recomendación de los capitalistas, de los terratenientes y de su Gobierno Provisional de llegar a un ``acuerdo'' con los terratenientes en cada localidad a fin de establecer el régimen inmediato de disposición de la tierra; este régimen debe ser determinado organizadamente por decisión de la mayoría de los campesinos del lugar y no en virtud de un acuerdo entre la mayoría, es decir, los campesinos, y la minoría ---y, además, ínfima---, es decir, los terratenientes.

5. Tanto los terratenientes como los capitalistas, que disponen de la extraordinaria fuerza que les proporciona el dinero y la influencia que ejercen sobre las masas todavía ignorantes a través de la prensa y de numerosos funcionarios, empleados, etc., acostumbrados a la dominación del capital, luchan y lucharán por todos los medios contra el paso sin indemnización de todas las tierras de los terratenientes a manos de los campesinos. Por eso, 148 esta medida no puede ser aplicada hasta el fin ni consolidada sin acabar con la confianza de las masas campesinas en los capitalistas, sin una estrecha alianza entre el campesinado y los obreros de la ciudad, sin que el poder del Estado pase por entero a los Soviets de diputados obreros, soldados, campesinos, etc. Las transformaciones agrarias enunciadas más arriba, que son exigidas por todos los campesinos, sólo podrán ser aseguradas por un poder del Estado que se encuentre en manos de dichos Soviets y que gobierne no a través de la policía, de los funcionarios y de un ejército permanente, aislado del pueblo, sino a través de una milicia popular armada formada por todos los obreros y campesinos.

6. Los obreros asalariados agrícolas y los campesinos pobres, es decir, los que no poseyendo bastante tierra, ganado y aperos de labranza se ganan parcialmente la vida por medio del trabajo asalariado, deben procurar con todas sus fuerzas organizarse de modo independiente en Soviets aparte o en grupos especiales dentro de los Soviets generales de campesinos a fin de defender sus intereses frente a los campesinos ricos, que tienden de manera inevitable a aliarse con los capitalistas y terratenientes.

7. A consecuencia de la guerra, a consecuencia de la falta de mano de obra, de carbón, de hierro, etc., Rusia está amenazada, como todos los países beligerantes y no pocos países neutrales, por la ruina, la catástrofe y el hambre. El país puede salvarse únicamente si los diputados obreros y campesinos pasan a controlar y dirigir toda la producción y la distribución de los productos. Es indispensable, por ello, preparar ya ahora acuerdos entre los Soviets de diputados campesinos y los Soviets de diputados obreros sobre el intercambio de trigo y otros productos agrícolas por aperos de labranza, calzado, ropa, etc., sin mediación de los capitalistas, que deberán ser apartados de la administración de las fábricas. Con el mismo fin debe fomentarse la transferencia del ganado y aperos de los terratenientes a los comités de campesinos para que sean utilizados colectivamente. Es preciso fomentar asimismo la transformación de cada gran finca terrateniente en una hacienda modelo, en la que todas las tierras sean cultivadas en común con los aperos más perfectos, bajo la dirección de agrónomos y de acuerdo con las decisiones de los Soviets de diputados obreros agrícolas.

Escrito antes del 17 (30) de mayo de 1917.

Publicado por ve^ primera en hoja suelta (para los delegados al congreso) en diciembre
de 1917 en el folleto: N. Lenin: "Escritos sobre la cuestión agraria''. Editorial
``Pribói''. San Petersburgo.

T. 32, págs. 165--167.

149 __NUMERIC_LVL2__ 2 __ALPHA_LVL2__ DISCURSO SOBRE EL PROBLEMA AGRARIO 22 DE MAYO (4 DE JUNIO) DE 1917

Camaradas: La resolución que tengo el honor de someter a vuestro criterio en nombre del grupo socialdemócrata del Soviet de campesinos, ha sido impresa y repartida entre los delegados. Si todavía no ha llegado a poder de todos, tomaremos las medidas oportunas para que mañana se impriman nuevos ejemplares y se distribuyan entre quienes lo deseen.

En mi breve informe sólo podré tocar, naturalmente, los puntos fundamentales, los que más interesan a los campesinos y a la clase obrera. A quien desee informarse más detenidamente sobre esta cuestión podría recomendarle la resolución de nuestro partido, el Partido Obrero Socialdemócrata (bolchevique) de Rusia, publicada como suplemento al núm. 13 de Soldátskaya Pravda y comentada repetidas veces en nuestro periódico Pravda^^*^^. Aquí tendré que limitarme a aclarar los puntos más importantes, más discutibles o más expuestos a malentendidos de mi moción y del programa de nuestro partido sobre la cuestión agraria. Uno de los primeros puntos discutibles o sujetos a malentendidos es el problema que ayer o anteayer se planteó también en el Comité Agrario = General^^66^^, en una sesión de la que todos vosotros habréis oído seguramente hablar, o acerca de la cual habréis leído en los periódicos de ayer o anteayer. A esa sesión del Comité Agrario General asistió un representante de nuestro partido, compañero mío del Comité Central, Smilga. El presentó allí una propuesta en la que se pedía que el Comité Agrario General se declarase a favor de la toma inmediata y organizada de las tierras de los terratenientes por los campesinos. Esta propuesta desencadenó _-_-_

^^*^^ Véase el presente volumen, págs. 125--127. (N. de la Edit.)

150 sobre el camarada Smilga una lluvia de objeciones. (Voces: "¡Aquí también!'') Acaban de decirme que aquí también habrá muchos camaradas que intervendrán en contra de esa propuesta, razón de más para detenerme a dilucidar con cierto cuidado este punto de nuestro programa, pues me parece que la mayoría de las objeciones nacen del equívoco o de una interpretación errónea de nuestro punto de vista.

¿Qué dicen todas las resoluciones de nuestro partido, todos los artículos de nuestro órgano, nuestro periódico Pravda? Nosotros sostenemos que toda la tierra, sin excepción, debe pasar a ser propiedad de todo el pueblo. Hemos llegado a esta conclusión después de estudiar, en especial, el movimiento campesino del año 1905 y las declaraciones de los diputados campesinos en la primera y la segunda Duma de Estado, donde varios diputados campesinos de todas las regiones de Rusia pudieron exponer con una libertad relativa, relativa por supuesto, su opinión.

Toda la tierra debe ser propiedad de todo el pueblo. De aquí se desprende que, cuando propugnamos el paso inmediato y gratuito de las tierras de los terratenientes a los campesinos de la respectiva localidad, no abogamos en modo alguno por que las tierras pasen a ser propiedad de estos campesinos; no abogamos, en modo alguno, por el reparto de esas tierras. Entendemos que los campesinos de la localidad en que las tierras radican deben hacerse cargo de éstas para una sola siembra, ateniéndose para ello a la decisión de la mayoría de los delegados campesinos del lugar. No propugnamos, ni mucho menos, que la tierra pase a ser propiedad de los campesinos a quienes ahora se les entrega para una sola siembra. Todas las objeciones de ese género que se hacen constantemente a nuestra propuesta (y que hube de oír y leer de continuo) en la prensa capitalista, nacen de una falsa interpretación de nuestros puntos de vista. Puesto que hemos dicho---y repito que lo hemos sostenido en todas nuestras resoluciones--- que la tierra debe ser propiedad de todo el pueblo y pasar a sus manos gratuitamente, es evidente que el reparto definitivo de esas tierras, la determinación de su régimen definitivo, sólo puede llevarlo a cabo un poder central del Estado, es decir, la Asamblea Constituyente, o el Consejo de los Soviets de toda Rusia, en caso de que las masas obreras y campesinas creen ese poder. En este punto no existen discrepancias.

Las discrepancias empiezan cuando se nos objeta: "Si es así, todo paso inmediato y gratuito de las tierras de los terratenientes a manos de los campesinos significará un acto arbitrario''. Este punto de vista, que aparece expresado con la mayor precisión, con la mayor autoridad y con una gran fuerza por el ministro de 151 Agricultura Shingariov, en su famoso telegrama, es, a nuestro modo de ver, el más erróneo de todos, desventajoso para los campesinos, desventajoso para los agricultores, desventajoso para el abastecimiento de pan al país, y además, injusto. Me permitiré dar lectura a este telegrama, para que se vea contra qué van dirigidas en primer lugar nuestras objeciones.

``Solución independiente problema tierra inadmisible sin intervención ley general del Estado. Arbitrariedad llevará Estado desastre... Solución problema tierra según ley compete Asamblea Constituyente. Actualmente agricultores y propietarios tierra han constituido en cada localidad cámaras de conciliación junto a comités aprovisionamiento subdistritos".

Es el pasaje fundamental de la declaración formulada por el gobierno respecto de este problema. Y cuando conozcáis la resolución adoptada ayer o anteayer acerca de esta cuestión por el Comité Agrario General, así como la resolución adoptada en estos días por una conferencia de los miembros de la Duma de Estado, veréis que ambas resoluciones arrancan de un mismo punto de vista. Ambas acusan a los campesinos, que pretenden llevar a cabo la entrega inmediata y gratuita de la tierra y su distribución por los comités locales de campesinos, de proceder arbitrariamente, y es porque ambas parten de la idea de que sólo un acuerdo voluntario entre los campesinos y los terratenientes, entre los agricultores y los propietarios, responde supuestamente a las necesidades y a los intereses generales del Estado. Y esto es lo que rechazamos; contra esto discutimos.

Analicemos las objeciones que se hacen a nuestra propuesta. Generalmente, estas objeciones consisten en decir que en Rusia la tierra está repartida muy desigualmente, no sólo entre las unidades geográficas pequeñas, como las aldeas y los subdistritos, sino también entre las grandes demarcaciones, como las provincias y las regiones. Pues bien, si la población local, se nos dice, ateniéndose a sus acuerdos de mayoría y sin considerar la voluntad de los terratenientes, se apoderase de la tierra, y, además, gratuitamente, esta desigualdad no sólo subsistiría, sino que jncluso existiría el peligro de que se afianzara. A esto contestamos que tal argumento se apoya en un equívoco. La desigualdad en la distribución de la tierra subsistirá de todos modos hasta que la Asamblea Constituyente o, en general, un poder central del Estado, implante definitivamente un nuevo orden. La desigualdad en la distribución subsistirá mientras no se establezca el nuevo orden, resolviendo el asunto al modo campesino o al modo terrateniente, tal como lo deseamos nosotros (realizando el paso inmediato de la tierra a manos de los campesinos) o como lo 152 desean los terratenientes, dispuestos a entregar en arriendo sus tierras a un alto precio a condición de que el campesino arrendatario y el terrateniente conserven sus derechos. Esta objeción que se nos hace es manifiestamente falsa e injusta. Nosotros sostenemos que es necesario crear, y cuanto antes mejor, un poder estatal central que no sólo se apoye en la voluntad y en las decisiones de la mayoría de los campesinos, sino que exprese directamente el parecer de esa mayoría. No hay discusión al respecto. Rechazamos del modo más enérgico las objeciones que se formulan contra los bolcheviques, los ataques de la prensa capitalista, las afirmaciones de quienes nos acusan de anarquistas, pues consideramos esos ataques como mentiras y calumnias de mala fe.

Anarquistas son quienes niegan la necesidad de un poder del Estado, pero nosotros sostenemos su absoluta necesidad, no sólo hoy en Rusia, sino en cualquier Estado, incluso en el que se halle en un momento de transición directa hacia el socialismo. Un poder de lo más firme es indudablemente necesario. Nosotros sólo queremos que ese poder resida íntegra y exclusivamente en manos de la mayoría de los diputados obreros, campesinos y soldados. En esto nos distinguimos de los demás partidos. Nosotros no negamos, ni mucho menos, la necesidad de un poder estatal firme; sólo decimos que todas las tierras de los terratenientes deben pasar gratuitamente a manos de los campesinos, de acuerdo con la resolución adoptada por la mayoría de cada comité local de campesinos y bajo la condición de que no se infieran daños a los bienes. Así se hace resaltar expresamente en nuestra resolución. Rechazamos, pues, del modo más enérgico, la objeción que se formula a nuestro punto de vista en el sentido de que se trata de una aplicación arbitraria del derecho.

No. A nuestro parecer, lo que constituye una arbitrariedad es que los terratenientes retengan las tierras en su provecho o reciban dinero por ellas; pero cuando la mayoría de los campesinos dice que la tierra de los terratenientes no debe permanecer en las manos de éstos, que en el transcurso de muchos años, en el transcurso de siglos, los campesinos no vieron más que opresión de parte de esos terratenientes, de los propietarios de la tierra, esto no constituye una aplicación arbitraria del derecho sino la restauración del derecho, y para la restauración del derecho no se debe esperar. De realizarse ahora el paso de las tierras a los campesinos, no cabe eliminar la distribución desigual entre las regiones---esto es indiscutible---, pues nadie podrá eliminar esa desigualdad mientras no se haya reunido la Asamblea Constituyente. Si se le pregunta ahora a Shingariov, quien nos objeta e insulta 153 en los documentos oficiales a los partidarios de nuestras opiniones por defender la ``arbitrariedad'', si se le pregunta qué propone contra esa desigualdad en la distribución, no sabrá qué contestar. Nada propone y nada puede proponer.

Dice: "acuerdo voluntario entre campesinos y terratenientes''. ¿Qué significa esto? Daré dos cifras fundamentales, que se refieren a la propiedad agraria en la Rusia europea. Estas cifras demuestran que en uno de los extremos del campo ruso están los terratenientes muy ricos, entre los cuales se cuentan los Románov, los más ricos y peores de todos, y en otro extremo los campesinos pobres. Daré las dos cifras para que se vea qué valor tiene esa prédica de Shingariov, qué valor tiene la prédica de todos los terratenientes y capitalistas. Las dos cifras a que me refiero son las siguientes: si tomamos a los terratenientes más ricos de la Rusia europea, veremos que los más grandes, que son menos de 30.000, poseen unos 70 millones de deciatinas de tierra. Vienen a corresponderles, pues, más de 2.000 deciatinas por cabeza. Es decir, que tomando las capas más altas de los terratenientes rusos ricos, sin distinción de rango social (pues aunque la mayoría de ellos son aristócratas, hay también otras clases de propietarios agrarios), ¡vemos que son 30.000, y reúnen 70 millones de deciatinas! En cambio, si nos fijamos en los campesinos pobres, según el mismo censo de 1905, que da los últimos datos generales reunidos uniformemente en toda Rusia---datos que, en el fondo, no merecen una gran confianza, como no puede merecerla ninguna estadística elaborada bajo el zar, por funcionarios zaristas, pero que son, sin embargo, los datos más aproximados a la verdad y que pueden ser objeto de una comparación---, si nos fijamos en los campesinos pobres, nos encontramos con 10 millones de familias que sólo tienen de 70 a 75 millones de deciatinas. Es decir, que mientras uno posee más de 2.000 deciatinas, a otro le tocan 7'/2 deciatinas por familia! ¡Y se afirma que será una arbitrariedad que los campesinos se nieguen a un acuerdo voluntario! ¿Qué significa, en realidad, ese "acuerdo voluntario"? Significa que los terratenientes quizá cedan sus tierras en arriendo si se las pagan bien, pero no las entregarán a nadie gratuitamente. ¿Es eso justo? No, no es justo. ¿Es eso beneficioso para la población campesina? No, no lo es. De qué modo habrá de estatuirse definitivamente la propiedad agraria, es cosa que ha de decidir el futuro poder central, pero ahora, inmediatamente, es necesario que la tierra de los terratenientes pase sin indemnización a manos de los campesinos, a condición de que éstos se apoderen de ella organizadamente. En una reunión del Comité General Agrario, el ministro Chernov, objetando a mi camarada de partido 154 Smilga, dijo que "apoderarse organizadamente" eran dos términos que se excluían por antitéticos: si era toma de posesión no podía ser organizada, y si era organizada, no era toma de posesión. Creo que es una crítica errónea. Yo entiendo que si los campesinos adoptan una resolución por mayoría en su aldea, en su subdistrito, en su distrito o en su provincia---y en muchas provincias, si no todas, los congresos de campesinos han instaurado un poder local que representa los intereses y la voluntad de la mayoría, un poder que representa la voluntad de la población, es decir, de la mayoría de los agricultores---, por cuanto ese poder fue creado en las mismas localidades, su resolución es la resolución de un poder que reconocerán los campesinos. Es el poder que la población campesina local no puede dejar de respetar, pues no hay duda de que ese poder, libremente elegido, establece que los latifundios deben pasar de inmediato a manos del campesinado. El campesino debe saber que se posesiona de la tierra del terrateniente, y si paga algo por ella que sea a las cajas campesinas, a las cajas de los distritos, y que ese dinero se invertirá en mejorar la economía rural, en pavimentos, caminos, etc. Debe saber que no toma su tierra propia, pero tampoco la del terrateniente, sino la tierra que pertenece a todo el pueblo y acerca de la cual dispondrá en definitiva la Asamblea Constituyente. Por eso, desde el comienzo mismo de la revolución, desde el momento en que se instituyó el primer Comité de la tierra, no debe existir derecho alguno de los terratenientes a la tierra y no debe haber ninguna demanda de dinero sobre esa tierra.

La contradicción fundamental entre nosotros y nuestros adversarios reside en la manera de concebir qué es el orden y qué la ley. Hasta aquí, orden y ley era lo que convenía a los terratenientes y a los funcionarios. Pero nosotros afirmamos que orden y ley es lo que conviene a la mayoría de las masas campesinas. Y mientras no haya un Consejo de los Soviets de toda Rusia, mientras no haya una Asamblea Constituyente, el orden supremo y la suprema ley residen en todos los poderes locales de gobierno: comités de distrito y comités de provincia. ¡Para nosotros, proceder arbitrariamente consiste en que un terrateniente, apoyándose en viejos derechos seculares, exija un "acuerdo voluntario" a trescientas familias de campesinos, cada una de las cuales sólo posee por término medio 7'/a deciatinas! Nosotros decimos: "¡Adóptense resoluciones por mayoría; nosotros queremos que los campesinos obtengan los campos de los terratenientes inmediatamente, sin perder un solo mes, una sola semana, ni siquiera un solo día!"

Nos replican: "Si los campesinos se apoderan ahora de la 155 tierra, ésta pasará posiblemente a manos de los más ricos, de los que tienen ganado, instrumentos de labor, etc., ¿y ello no será peligroso precisamente desde el punto de vista de los campesinos pobres?" ¿amaradas: Debo detenerme a examinar este argumento, porque nuestro partido declara en todas sus resoluciones, en todos sus programas y en todas sus proclamas: "Somos el partido de los asalariados y de los campesinos pobres, cuyos intereses queremos defender; a través de estas clases y sólo a través de ellas podrá salir la humanidad de los horrores en los que la ha precipitado esta guerra de los capitalistas".

Por eso examinamos muy atentamente objeciones como éstas, según las cuales nuestras resoluciones no corresponden a los intereses de los campesinos pobres, e invitamos a que se les preste una atención especial, pues son estas objeciones, precisamente, las que conciernen a la esencia misma del asunto, a la raíz del problema. Todo el problema estriba, sustancialmente, en saber de qué modo se pueden y se deben defender en la revolución que se está desarrollando, en esta transformación estatal de Rusia, los intereses de los obreros asalariados de la ciudad y del campo, los intereses de los campesinos pobres contra los intereses de los terratenientes o de los campesinos ricos, que son también capitalistas. Por supuesto, ahí está el quid de la cuestión, el meollo del problema. Y he aquí que, para refutarnos, se dice que si se aconseja a los campesinos que se apoderen inmediatamente de la tierra, de ella se apoderará en primer término quien posea ganado e instrumentos de labor, mientras que el pobre quedará con las manos vacías. Yo pregunto: ¿acaso un acuerdo voluntario con los terratenientes pondrá remedio a esto?

Sabéis perfectamente que los terratenientes sólo de mala gana dan en arriendo sus tierras a aquellos campesinos que no tienen un céntimo en el bolsillo y, por el contrario, recurren a acuerdos ``voluntarios'' cuando se les promete una buena paga. Hasta la fecha, los terratenientes no se han desprendido nunca de sus tierras gratuitamente; a lo menos, entre nosotros, en Rusia, nadie lo ha advertido.

Si se ha de hablar de acuerdos voluntarios con los terratenientes, ello significa reforzar, extender, consolidar aún más la situación privilegiada, favorable, ventajosa, que disfrutan los campesinos ricos, porque éstos con toda seguridad pueden pagar a los terratenientes, y para todo terrateniente un campesino rico es un hombre solvente. El terrateniente sabe que el campesino rico puede pagar y puede ser demandado; por eso, con tales acuerdos ``voluntarios'', son precisamente los campesinos ricos quienes salen ganando más que los pobres. Por el contrario, si hay una 156 posibilidad de acudir en ayuda del campesino pobre, es implantando una medida tal como la que propongo, o sea: la tierra debe pasar inmediata y gratuitamente a los campesinos.

La propiedad terrateniente ha sido y sigue siendo la más grande de las injusticias. La posesión gratuita de la tierra por los campesinos, siempre y cuando se base en una resolución de la mayoría, no es un acto arbitrario, sino la restauración del derecho. Este es nuestro punto de vista y reputamos como extraordinariamente injusto el argumento de que con ello perderán los campesinos pobres. Llámase acuerdo ``voluntario''---sólo Shingariov puede dar a eso el nombre de acuerdo ``voluntario''---si un terrateniente es dueño de 2.000 deciatinas y 300 campesinos de 7'/a deciatinas por término medio. ¡Llamar acuerdo voluntario a eso es mofarse de los campesinos! Eso no es, para los campesinos, un acuerdo voluntario, sino un acuerdo impuesto por la fuerza, impuesto hasta tanto el Soviet de campesinos de cada subdistrito, de cada distrito, de cada provincia y el Soviet de toda Rusia declaren que la propiedad terrateniente es una gran injusticia, cuya abolición no se puede seguir aplazando ni una sola hora, ni un solo minuto.

La tierra debe pertenecer a todo el pueblo, y es el poder de todo el Estado el llamado a establecer esa propiedad. Pero mientras éste no se reúna, son las autoridades locales, vuelvo a repetir, las llamadas a hacerse cargo de la tierra, procediendo de acuerdo con una mayoría organizada. ¡No es cierto lo que los periódicos gritan de que en Rusia reina el desorden! No es cierto; en el campo reina más orden que antes, pues las resoluciones se toman por mayoría; apenas ha habido violencias contra terratenientes; los casos de injusticias y de violencias cometidas contra terratenientes son muy aislados; su número es insignificante y no excede, en toda Rusia, al de los casos de violencia que también antes se cometieron.

Paso a examinar ahora otro argumento que he escuchado y tratado en nuestro periódico Pravda, en relación con el paso inmediato de la tierra a manos de los campesinos^^*^^.

Se sostiene que aconsejando a los campesinos que se apoderen inmediatamente y sin pago alguno de la tierra de los terratenientes, se sembrará el descontento, la irritación, el recelo y, acaso, hasta la rebelión de los soldados en el frente, quienes dirán tal vez: "Si los campesinos toman la tierra ahora, mientras nosotros debemos permanecer en el frente, nos quedaremos sin tierra''; en _-_-_

^^*^^ Véase V. I. Lenin. O.C., t. 32, págs. 131--134. (N. de la Edil.)

157 ese caso, los soldados abandonarían, quizá, el frente y cundirían el caos y la anarquía. A esto contestamos que esa objeción no toca para nada el problema fundamental: lo mismo da que la tierra se tome mediante pago, por medio de un acuerdo con los terratenientes, o por decisión de la mayoría de los campesinos; mientras dure la guerra, los soldados tendrán que permanecer en el frente y, por supuesto, allí permanecerán sin poder volver a sus pueblos. ¿Por qué los soldados del frente no han de temer que los terratenientes, bajo la apariencia de un acuerdo voluntario, impongan a los campesinos condiciones desfavorables, y sí, en cambio, que los campesinos resuelvan por mayoría contra los terratenientes? ¡Inexplicable! ¿Por qué el soldado en el frente ha de tener más confianza en los terratenientes, en un acuerdo ``voluntario'' pactado con los terratenientes? Me explico que digan eso los partidos de los terratenientes y de los capitalistas, pero no creo que sea ése el punto de vista del soldado ruso que está en el frente. De haber un acuerdo ``voluntario'' con el terrateniente, el soldado no lo llamará orden, ni confiará en él; más bien creerá que sigue reinando el desorden terrateniente de siempre.

El soldado confiará más si se dice: la tierra pasa a ser propiedad del pueblo, los campesinos de la localidad la toman en arriendo, pero no pagan el arriendo a los terratenientes, sino que lo aportan a su propio comité, y para fines de interés colectivo, con destino a ese mismo frente de los soldados, y no al terrateniente. Y si esto se decide por mayoría, el soldado del frente sabrá que ya no puede haber acuerdos ``voluntarios'' con los terratenientes, que los terratenientes son ciudadanos con igualdad de derechos, a quienes nadie quiere agraviar. La tierra es de todo el pueblo, o sea, que también pertenece a los terratenientes, pero no por sus privilegios de nobleza, sino como a simples ciudadanos. Desde el día en que el poder del zar, primer terrateniente y primer opresor de las masas, fue derribado, no debieron seguir rigiendo los privilegios de los terratenientes. Con el triunfo de la libertad hay que considerar derribado para siempre el poder de los terratenientes. Con este punto de vista el soldado en el frente no perderá nada; por el contrario, tendrá mayor confianza en el poder estatal y una tranquila seguridad por su casa, sabiendo que su familia no será agraviada ni sufrirá desamparo.

Nos queda todavía por examinar un argumento que se emplea contra nuestra propuesta. Es el de que si los campesinos se apoderan inmediatamente de las tierras de los terratenientes, esta confiscación inmediata, tan poco preparada, hará tal vez que la siembra y el cultivo de la tierra empeoren. He de decir que el poder de la mayoría, el poder general del Estado, no se ha creado 158 aún, que los campesinos no tienen todavía suficiente confianza en sí mismos ni han perdido aún la confianza en los terratenientes y capitalistas; pero creo que día a día nos acercamos a ello, que día a día los campesinos van perdiendo su confianza en el antiguo poder estatal y comprendiendo que el gobierno, en Rusia, tienen que constituirlo los representantes elegidos por los campesinos, los soldados, los obreros, etc., y nadie más; entiendo que cada día que pasa nos acerca más a ese momento y no porque así lo aconseje ningún partido, pues los millones de hombres no escucharán jamás los consejos de los partidos si esos consejos no coinciden con lo que la experiencia de la propia vida les enseña. Nos vamos acercando con paso veloz al día en que no habrá en Rusia otro poder que el de los representantes campesinos y obreros. Y cuando se me dice que la apropiación inmediata de la tierra hará que ésta se cultive peor, que la siembra será mala, entonces debo decir que los campesinos, aplastados, oprimidos durante siglos por los terratenientes, cultivan la tierra muy mal. En Rusia reina, por supuesto, una crisis espantosa, que se ha declarado en nuestro país como en todos los países beligerantes, y Rusia sólo podrá salvarse mejorando los métodos de cultivo de la tierra, economizando al máximo las energías humanas. ¿Pero acaso hoy, en esta primera siembra, puede modificar algo un acuerdo ``voluntario'' con los terratenientes? ¿Acaso los terratenientes van a vigilar mejor el cultivo de su tierra, o los campesinos van a sembrar peor sabiendo que no es la tierra del amo la que trabajan, sino la tierra que pertenece a todo el pueblo? ¿Es que pasará algo si en vez de pagar al terrateniente lo hacen a sus propias cajas campesinas? Esto es un disparate tal, que me maravilla escucharlo como argumento; esto es completamente inverosímil y, en su totalidad, un ardid de los terratenientes.

Estos han comprendido que ya no se puede seguir gobernando con el palo; lo han comprendido perfectamente, y por ello abrazan ahora una forma de gobierno que, si bien para Rusia es una novedad, en los países occidentales de Europa existe desde hace mucho tiempo. Que no se puede seguir gobernando con el palo lo han demostrado en Rusia dos revoluciones y decenas de revoluciones en los países occidentales. Los terratenientes y capitalistas han aprendido de esas revoluciones, han aprendido que hay que gobernar al pueblo con el engaño, con la adulación; han aprendido que, por muy explotador que se sea, hay que adaptarse, ponerse un lacito rojo en el ojal y decir: "Somos la democracia revolucionaria, os rogamos que tengáis un poco de paciencia, lo haremos todo para vosotros''. El argumento de que los campesinos sembrarán peor la tierra cuando ésta deje de pertenecer a los 159 terratenientes y pase a ser propiedad de todo el pueblo es una burla manifiesta de que se hace objeto a los campesinos, un esfuerzo por conservar el dominio sobre ellos por medio del engaño.

Repito, la propiedad terrateniente no debe existir en absoluto; la posesión aún no es propiedad, es una medida provisional y transitoria que cambia todos los años. El campesino que obtiene en arriendo un pedazo de tierra, no se atreve a considerar esa tierra como suya propia. Esta tierra no le pertenece a él ni tampoco al terrateniente: pertenece al pueblo. Repito que esta medida no puede perjudicar la siembra de los campos en este año, en esta primavera. Pensar así es tan monstruoso e inverosímil, que sólo os digo una cosa: hay que guardarse de los terratenientes, no hay que fiarse de ellos, no hay que dejarse engañar por palabras amables o promesas. Hay que tener presente que la resolución de la mayoría de los campesinos, muy cautos siempre en sus decisiones, es una resolución legítima de interés para todo el Estado. En este aspecto se puede confiar en los campesinos. Aquí tengo delante, por ejemplo, una resolución de los campesinos de Penza, inspirada en una prudencia extraordinaria desde el primer punto hasta el último: los campesinos no intentan implantar ningún género de transformaciones inmediatas para toda Rusia, pero no quieren verse reducidos a una insoportable esclavitud, y tienen razón. La peor de las esclavitudes era y sigue siendo la de los terratenientes, la de los grandes propietarios agrarios y opresores. Por eso no debe pasar una semana más, no debe pasar una hora más para eliminar esa esclavitud, pero toda confiscación habrá de ser organizada, y no en concepto de propiedad, no para su reparto, sino tan sólo para el aprovechamiento en común de la tierra, que pertenece a todo el pueblo.

Pondré fin a este punto de la expropiación, diciendo que las objeciones dirigidas contra nuestra propuesta nacen, por parte de los terratenientes y los capitalistas, del engaño, y cuando son formuladas por los no terratenientes, por los no capitalistas, por gente deseosa de defender los intereses de los trabajadores, nacen de un equívoco, de una confianza exagerada en lo que los capitalistas y los terratenientes dicen, falseando la verdad, acerca de nosotros. Examínense nuestros argumentos y se verá que el postulado de justicia de quienes reclamamos la abolición inmediata de la propiedad terrateniente de la tierra y el paso de esta propiedad al pueblo no es realizable mientras no exista un poder central del Estado; pero aconsejamos insistentemente el paso inmediato de la tierra en posesión a los campesinos de la localidad respectiva, siempre que no se admita la menor violación del orden. He ahí el consejo que nosotros damos en 160 nuestras resoluciones; consejo tal vez superfluo, ya que sin él los campesinos se encargan de ponerlo en práctica.

Pasaré al segundo punto, que merece la mayor atención: al problema de cómo, a juicio nuestro y en interés de las masas trabajadoras, ha de procederse con la tierra, una vez convertida ésta en propiedad del pueblo y abolida sobre ella la propiedad privada. En Rusia, esa hora se acerca. En realidad, el poder del terrateniente, si bien no ha sido abolido, ha quedado socavado. Pues bien, cuando la tierra pertenezca a todos los campesinos, cuando no haya terratenientes, ¿qué deberá hacerse, cómo deberá distribuirse esa tierra? A mi juicio, en este problema debe adoptarse un punto de vista general básico, ya que el derecho de disposición corresponderá dejarlo siempre, evidentemente, a cargo de los campesinos de cada localidad. En un Estado democrático no puede ser de otro modo, y la cosa es tan clara que no hay para qué detenerse más en esto. Pero cuando se oye preguntar cómo proceder para que la tierra la reciban los trabajadores, nosotros decimos: queremos defender los intereses de los asalariados y de los campesinos pobres. Esa es la misión que se propone nuestro partido, el partido de los socialdemócratas rusos, bolcheviques. Nos preguntamos: ¿decir que la tierra pasará a manos del pueblo es lo mismo que decir que pasará a manos de los trabajadores? Y contestamos: no, no es lo mismo. Cuando decimos que la tierra pasará a ser del pueblo, significa que la propiedad terrateniente será abolida; significa que toda la tierra pertenecerá a todo el pueblo; significa que todo el que reciba tierra la recibirá en arriendo de todo el pueblo. Y si ese orden se establece, ello querrá decir que desaparecerán todas las diferencias respecto de la propiedad de la tierra, que toda la tierra es igual, como dicen con frecuencia los campesinos: "Todos los viejos vallados caerán, la tierra se verá libre de linderos; la tierra será libre y libre el trabajo''. ¿Quiere decir esto que la tierra se entregará a todos los trabajadores? No, no quiere decir eso. Trabajo libre en tierra libre quiere decir que habrán desaparecido todas las viejas formas de propiedad agraria; que no habrá más propiedad territorial que la del Estado; cada uno tomará de éste la tierra en arriendo; habrá un poder general del Estado, el poder de todos los obreros y campesinos; de ese poder arrendará el campesino; entre el Estado y el campesino no habrá intermediarios; todos obtendrán tierra por igual; eso es trabajo libre en tierra libre.

¿Quiere decir que la tierra se entregará a todos los trabajadores? No, no quiere decir eso. La tierra no se come. Para poder trabajarla hacen falta instrumentos de labor, ganado, equipos, dinero; sin dinero, sin aperos, no es posible cultivar. Así pues, cuando hayáis implantado un orden tal donde exista trabajo libre en una tierra 161 libre, no habrá ninguna propiedad agraria terrateniente, no habrá categorías sociales en la tierra, sino únicamente la propiedad común del pueblo y libres arrendatarios de la tierra que tomarán del Estado. Cuando hayáis establecido eso, no querrá decir que la tierra habrá pasado a manos de todos los trabajadores, querrá decir que todo agricultor podrá disponer de la tierra con libertad; quien así lo desee podrá tomar libremente la tierra del Estado. Y esto, comparado con la Rusia zarista, terrateniente, será un gran paso adelante. Será un gran paso adelante, pues mientras la Rusia zarista, terrateniente, era un país en que a 30.000 Márkov, Románov y otros terratenientes por el estilo se les entregaron 70 millones de deciatinas de tierra, en la Rusia nueva reinará el trabajo libre en la tierra libre. Hoy, esto ya ha sido realizado en muchas comarcas. Hoy, comparada con la Rusia de los zares y de los terratenientes, Rusia ha dado un gran paso adelante, pero este paso no es la entrega de la tierra a los trabajadores, sino su entrega a quien ya tiene, porque siendo la tierra del Estado, no es suficiente que alguien la tome para cultivarla; la voluntad por sí sola no basta; además, hay que saber, y eso tampoco es suficiente. Todo peón, todo jornalero, saben cultivar la tierra; pero les faltan ganado, instrumentos de labor, capital. Por eso, por más que dispongan, por más que hablen, no se conseguirá sólo con ello instaurar el trabajo libre sobre la tierra libre. Y aunque en cada municipio pusiéramos un cartelón proclamando la libertad de la tierra, no mejoraríamos la situación de los trabajadores, del mismo modo que las cárceles de las repúblicas de Europa Occidental no dejan de ser cárceles porque ostenten la inscripción de "Libertad, Igualdad, Fraternidad''. Si se inscriben en una fábrica, como se hace en Norteamérica, las palabras "Libertad, Igualdad, Fraternidad'', no dejarán de ser esas fábricas un presidio para los obreros y un paraíso para los capitalistas.

Esto significa que se debe ir más allá, para ver cómo obtener no sólo trabajo libre, que representa un paso hacia adelante, pero que aún no llega a la protección de los intereses de los trabajadores; es un paso que los libera de la voracidad de los terratenientes, de su explotación, un paso que los libera de los Márkov, de la policía, etc., pero no implica la defensa de los intereses de los trabajadores, pues sin ganado ni instrumentos de labor, sin capital, el campesino pobre y desposeído no puede trabajar la tierra. He ahí por qué yo abrigo una gran desconfianza contra esos dos procedimientos o normas que se llaman norma de trabajo y norma de consumo. Ya sé que en los partidos populistas siempre se encuentran reflexiones y aclaraciones sobre estas normas. Ya sé que dichos partidos sostienen el punto de vista de que es necesario implantar ambas normas, ambos procedimientos: la norma de trabajo, o sea, la máxima cantidad de tierra que

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162 podría cultivar una familia, y la norma de consumo, o sea, cantidad de tierra por debajo de la cual aparecería el hambre. Digo que tengo una gran desconfianza respecto de estas normas o procedimientos, pues entiendo que ése es un plan burocrático que no traerá provecho, no será viable, por más que ustedes lo planteen aquí. He ahí el fondo de la cuestión. Este plan no aportará ningún alivio sensible a los jornaleros y a los campesinos pobres; este plan, aun cuando lo aceptéis, será letra muerta mientras domine el capitalismo y no nos ayudará a encontrar el camino acertado para el tránsito del capitalismo al socialismo.

Cuando se habla de estos dos criterios, de estas dos normas, se enfocan las cosas como si en el mundo existiesen sólo tierra y ciudadanos, como si no hubiese nada más. De ser así, el plan sería bueno. Pero no sucede así. Existe el poder del capital, el poder del dinero---sin dinero, aun en la tierra más libre y con las ``normas'' que se quiera no puede desarrollarse una economía---, y mientras subsista el dinero subsistirá también el trabajo asalariado. Significa, pues, que los campesinos ricos---y en Rusia los campesinos ricos no bajan de un millón de familias---oprimen y explotan a los asalariados agrícolas y seguirán oprimiéndolos en la tierra ``libre''. Estos campesinos ricos recurren a la mano de obra asalariada por regla general y no como excepción, contratando a obreros por días, por años o por temporadas; es decir, explotan a los campesinos más pobres, a los proletarios. Al mismo tiempo, hay millones y millones de campesinos que carecen de caballos, que no pueden subsistir sin vender su fuerza de trabajo, sin tener que buscarse un salario fuera de su hacienda, etc. Mientras exista el poder del dinero, el poder del capital, por más ``normas'' que se implanten, éstas serán, en el mejor de los casos, ineficaces en la práctica, pues no toman en cuenta el importante factor de la propiedad de los instrumentos de labor, del ganado, del dinero, propiedad que está distribuida desigualmente; no tienen en cuenta que existe el trabajo asalariado sujeto a explotación. Este es un hecho fundamental de la vida presente de Rusia, y no se lo puede pasar por alto, pues de otro modo la vida se encargará de burlarse de las ``normas'' que se implanten, cualesquiera que sean, y de hacer que esas ``normas'' queden sólo en el papel. Por eso, para defender los intereses de los campesinos pobres y desposeídos en esta magna transformación de Rusia que estáis llevando a cabo y que, indudablemente, realizaréis cuando la propiedad privada sobre el suelo haya sido abolida y cuando hayáis dado un paso hacia un porvenir mejor, un porvenir socialista; para que en esa gigantesca transformación, que sólo habéis empezado, que irá lejos y que, puede decirse sin exageración, será sin duda realizada en Rusia, pues no hay fuerza capaz de detenerla; para que 163 sea posible defender los intereses de los obreros y de los campesinos más pobres, no vale el camino del establecimiento de normas, hay que buscar otro.

Mis compañeros de partido, en cuyo nombre tengo el honor de hablar, y yo sólo conocemos dos caminos que conducen a la defensa de los intereses de los' braceros del campo y de los campesinos pobres, los cuales sometemos a juicio del Soviet de campesinos.

El primer camino consiste en la organización de los asalariados agrícolas y de los campesinos pobres. Nosotros deseamos y aconsejamos que en cada comité de campesinos, en cada subdistrito, en cada distrito, en cada provincia, se forme una fracción o grupo especial de obreros agrícolas y campesinos pobres, de esos que necesariamente tienen que preguntarse: cuando mañana la tierra pase a ser propiedad del pueblo---y lo será incuestionablemente, puesto que el pueblo lo quiere así---, ¿qué haremos nosotros?, ¿nosotros, que no tenemos ganado, ni instrumentos de labranza, de dónde vamos a sacarlos? ¿Cómo vamos a arreglarnos para cultivar la tierra? ¿Cómo debemos defender nuestros intereses? ¿Cómo impedir que la tierra, propiedad del pueblo, y que efectivamente será del pueblo, no caiga sólo en manos de quien ya tiene'? Si la tierra va a parar sólo a manos de quienes poseen ganado y aperos de labor en cantidad suficiente, ¿qué habremos salido ganando? ¿Para esto realizamos esta gigantesca revolución? ¿Era eso lo que necesitábamos?

La tierra pertenecerá al ``pueblo'', pero eso es insuficiente para defender los intereses de los asalariados agrícolas. El camino fundamental a seguir no consiste en trazar desde aquí, desde lo alto, o por el comité de campesinos, una ``norma'' para la posesión individual de la tierra. Medidas así no ayudarán mientras se mantenga el dominio del capital, y no echarán por tierra el régimen del capitalismo. Para emanciparse del yugo capitalista, para que la tierra, que es propiedad del pueblo, pase a manos de los trabajadores, hay un solo camino fundamental: la organización de los asalariados agrícolas, que se guiarán por su experiencia, por sus observaciones, por su desconfianza de todo cuanto les digan los explotadores, aunque éstos ostenten un lacito rojo en el ojal y se asignen el nombre de "democracia revolucionaria".

La organización independiente en las localidades, la experiencia propia, es lo único que puede servir de escuela a los campesinos pobres. Y esta experiencia no será fácil; nosotros no podemos prometer el oro y el moro. No, los terratenientes serán derribados, porque así lo quiere el pueblo, pero el capitalismo seguirá en pie. Y derrocar el capitalismo es ya mucho más difícil. Para eso hay que seguir otro camino: el camino de la organización independiente de 164 los asalariados agrícolas y de los campesinos pobres. Eso es lo que nuestro partido destaca en primer plano.

Sólo emprendiendo este camino podemos confiar en que la tierra, de un modo paulatino, trabajoso, pero seguro, pase verdaderamente a manos de los trabajadores.

El segundo paso preconizado por nuestro partido consiste en convertir lo antes posible todas las grandes explotaciones agrícolas ---por ejemplo, todas las grandes propiedades, que llegan en Rusia a 30.000---, en explotaciones modelo, cultivadas en común por los obreros del campo, conjuntamente con agrónomos y empleando para ello el ganado, los aperos de labor, etc., de la propia finca. Sin este régimen de explotación en común, puesto bajo la dirección de los Soviets de obreros agrícolas, no se conseguirá jamás que toda la tierra esté en manos de ios trabajadores. Naturalmente, el cultivo en común no es cosa fácil, y sería una locura imaginar que ese régimen colectivo de cultivo de la tierra podría decretarse e imponerse desde arriba, porque el hábito secular del cultivo individual de la tierra no puede desaparecer en un día, porque para ello hace falta dinero y hace falta adaptarse a las nuevas formas de vida. Si estos consejos, esta opinión respecto al cultivo en común de la tierra, al empleo en común de los aperos, del ganado de labor y a la aplicación más racional de esos aperos conjuntamente con los agrónomos; si estos consejos fueran una invención de algún partido, las cosas andarían mal, porque en la vida de los pueblos los cambios no se producen porque algún partido los aconseje; decenas de millones de personas no marchan a la revolución por consejo de un partido, y un cambio de la naturaleza del que hablamos será una revolución mucho más grande que el derrocamiento del imbécil Nicolás Románov. Repito que decenas de millones de personas no van a la revolución por encargo: van a ella cuando la necesidad, no dejándoles otra salida, los fuerza a hacerlo, cuando el pueblo se ve reducido a una situación insoportable, cuando la ola arrolladura general, el ímpetu decidido de decenas de millones de hombres rompe todos los viejos diques y está verdaderamente en condiciones de crear una vida nueva. Cuando nosotros aconsejamos que se implante esa medida, cuando aconsejamos que se ponga manos a ella con cautela, cuando decimos que esa medida responde a una necesidad, lo deducimos no sólo de nuestro programa, de nuestra teoría socialista, sino que, siendo socialistas, llegamos a esa conclusión por la observación de la vida de los pueblos de Europa Occidental. Sabemos que en ellos ha habido muchas revoluciones, creadoras de repúblicas democráticas; sabemos que en Norteamérica los esclavistas fueron derrotados en 1865, siendo distribuidas entre los campesinos centenares de millones de deciatinas de tierra, gratuita o casi gratuitamente, y, a 165 pesar de ello, reina hoy allí el capitalismo como en ningún otro país y oprime a las masas trabajadoras lo mismo, si no más, que en otros países. Son, pues, la teoría socialista y las observaciones de la vida de otros pueblos las que nos han llevado a la firme convicción de que sin el cultivo en común de la tierra por los obreros del campo, empleando las mejores máquinas y bajo la dirección de agrónomos con preparación científica, no se podrá salir de la esclavitud del capitalismo. Pero si nos limitásemos a apoyarnos en la experiencia de los Estados de Europa Occidental, nuestra causa no saldría bien parada en Rusia, pues la masa del pueblo ruso sólo es capaz de dar un paso firme por el nuevo camino si a ello la obliga la extrema necesidad. Y nosotros decimos: ha llegado la hora en que esa necesidad extrema llama a las puertas de todo el pueblo ruso. Esa necesidad extrema consiste en que no se puede seguir cultivando la tierra a la manera antigua. Si seguimos cultivando la tierra a la antigua, en pequeñas explotaciones, por muy libres ciudadanos que podamos ser sobre el suelo libre, nos amenazará la ruina inevitable, pues el desastre económico se acerca por días y por horas. Todo el mundo habla de él, y se trata de un hecho que no ha sido provocado por la mala voluntad de tal o cual persona, sino por la rapaz guerra mundial, por el capitalismo.

La guerra ha destruido millones de vidas, el mundo entero está cubierto de sangre, la guerra ha arrastrado al mundo entero a la ruina. Esto no es ninguna exageración. Nadie está seguro del día de mañana; todos hablan de ello. Repasad Izvestia del Soviet de Diputados Obreros y = Soldados^^67^^, y veréis que todos dicen: los capitalistas recurren a la huelga italiana y al lockout. Esto significa: no hay trabajo y los capitalistas despiden en masa a los obreros. A eso hemos llegado con esta guerra criminal, y no sólo en Rusia, sino en todos los países.

He ahí por qué nosotros decimos: la explotación individual, aunque sea la del "trabajo libre en tierra libre'', no nos sacará de la crisis espantosa, del desastre general, no es el camino de la salvación. Lo que se impone es el trabajo general obligatorio, una extraordinaria economía de esfuerzo humano; se impone un poder excepcionalmente fuerte y decidido, capaz de llevar a la práctica ese deber general de trabajar; esto no lo pueden hacer los funcionarios, sino únicamente los Soviets de diputados obreros, soldados y campesinos, porque ellos son el pueblo, las masas populares, no un poder burocrático, pues conociendo la vida campesina de arriba abajo, serán capaces de implantar el trabajo obligatorio, la protección del trabajo humano y de evitar el despilfarro de las energías del campesino haciendo que el paso al cultivo en común de la tierra se desarrolle paulatina y prudentemente. Es un problema difícil, pero = no hay más remedio que implantar en las grandes explotaciones 166 modelo el régimen de cultivo en común, pues de otro modo no podrá conjurarse el desastre, no se podrá salir de la situación realmente desesperada en que se halla Rusia, y será el más grande de los eirores pensar que una transformación tan gigantesca en la vida del pueblo podrá llevarse a cabo de un solo golpe. No, esa transformación requiere un gran trabajo, requiere el esfuer/o, la decisión y el impulso de cada campesino, de cada obrero en el lugar en que reside, en la industria que conoce, en la producción donde lleva décadas enteras trabajando. Una misión como ésa no puede cumplirse obedeciendo a una orden, pero no tiene más remedio que cumplirse, pues esta guerra de conquista ha arrastrado a toda la humanidad al borde del abismo. Decenas de millones de vidas humanas han sido inmoladas, y aún será mayor la obra de destrucción de esta guerra espantosa si no ponemos en tensión todas nuestras energías, si todas las organizaciones de los Soviets de diputados obreros y campesinos no proceden de mutuo acuerdo y resueltamente, emprendiendo el camino que conduce al cultivo en común de la tierra, sin capitalistas y sin terratenientes. Es el único camino que pondrá verdaderamente la tierra en manos de los trabajadores. (Aplausos.)

Publicado el 25 de mayo de ¡917 en el
núm. 14 del diario "Izvestia del Soviet de Diputados Campesinos de toda Rusia'', y en diciembre de 1917 en el ¡alíelo N.Lenin: "Escritos sobre la cuestión agraria''. Editorial "Pribói''. San Petersburgo.

T. 32, págs. 168--189.

167 __ALPHA_LVL1__ I CONGRESO DE LOS SOVIETS
DE DIPUTADOS OBREROS Y SOLDADOS DE TODA RUSIA^^68^^
3-24 DE JUNIO (16 DE JUNIO-7 DE JULIO) DE 1917 __NUMERIC_LVL2__ 1 __ALPHA_LVL2__ DISCURSO ACERCA
DE LA ACTITUD HACIA
EL GOBIERNO PROVISIONAL
4 (17) DE JUNIO

Camaradas: Dado el escaso tiempo de que dispongo, sólo podré detenerme---y creo que es lo mejor---en los problemas de principio planteados por el informante del Comité Ejecutivo y por los oradores que le siguieron.

El primero y fundamental problema que se nos planteó fue el de qué es esta asamblea a la que asistimos, qué son estos Soviets reunidos ahora en el Congreso de toda Rusia, y qué es esta democracia revolucionaria, de la cual se habla tanto aquí para ocultar el hecho de que no se la comprende en absoluto y se la rechaza por completo. Pues hablar de democracia revolucionaria en el Congreso de los Soviets de toda Rusia y velar el carácter de esta institución, su composición de clase y su papel en la revolución, no decir una palabra sobre esto y reivindicar no obstante el título de demócratas, es realmente algo extraño. Se nos esboza el programa de una república burguesa parlamentaria, tipo de programa que ha habido en toda Europa Occidental; se nos esboza un programa de reformas reconocidas hoy por todos los gobiernos burgueses, incluso el nuestro, y se nos habla a la vez de democracia revolucionaria. ¿Y ante quién se habla? Ante los Soviets. Pero ¿es que hay un país en Europa, pregunto yo, un país burgués, democrático, republicano, donde exista algo parecido a estos Soviets? Necesariamente tendrán que responder que no, que no lo hay. En ninguna parte existe, ni puede existir, una institución semejante, pues, una de dos: o bien un gobierno burgués con ``planes'' de reforma como los que se nos ha esbozado, que fueron propuestos decenas de veces en todos los 168 países y quedaron en el papel, o bien la institución de que ahora se trata, el ``gobierno'' de nuevo tipo creado por la revolución y del que sólo pueden encontrarse ejemplos en la época de los más grandes ascensos revolucionarios, como en Francia en 1792 y en 1871, o en Rusia en 1905. Los Soviets son una institución que no existe en ninguno de los Estados burgueses parlamentarios de tipo corriente, ni puede coexistir con un gobierno burgués. Son ese tipo nuevo y más democrático de Estado al que nosotros, en las resoluciones de nuestro partido, hemos llamado república democrática proletariocampesina, en que el poder pertenece exclusivamente a los Soviets de diputados obreros y soldados. Es erróneo creer que se trata de un problema teórico; es erróneo imaginar que puede ser eludido; es erróneo alegar que actualmente coexisten, con los Soviets de diputados obreros y soldados, instituciones de tal o cual carácter. Sí, es cierto, coexisten. Pero precisamente eso es lo que engendra un sinfín de errores, de conflictos y rozamientos. Y precisamente por eso el primer ascenso, el primer avance de la revolución rusa ha cedido su puesto al estancamiento y al retroceso que hoy observamos en nuestro gobierno de coalición, en toda su política interior y exterior, en relación con la ofensiva imperialista que se está preparando.

Una de dos: o el gobierno burgués corriente, en cuyo caso son inútiles los Soviets de campesinos, obreros, soldados y otros, y serán disueltos por los generales, por esos generales contrarrevolucionarios que tienen en sus manos las fuerzas armadas y no prestan la menor atención a los bellos discursos del ministro Kerenski, o morirán ignominiosamente. Para esas instituciones no hay otra alternativa. No pueden retroceder ni estancarse. Sólo pueden existir si avanzan. Ese es el tipo de Estado que no inventaron los rusos, sino que promovió la revolución, porque la revolución no puede triunfar de otro modo. Dentro del Consejo de los Soviets de toda Rusia, los rozamientos y la lucha de los partidos por el poder son inevitables. Pero eso será la superación de los posibles errores e ilusiones por la propia experiencia política de las masas (agitación en la sa 1 a) y no por los discursos de los ministros, quienes se refieren a lo que dijeron ayer, a lo que escribirán mañana o a lo que prometerán pasado mañana. Esto, camaradas, es ridículo desde el punto de vista de la institución creada por la revolución rusa y que está hoy ante el dilema: ser o no ser. Los Soviets no pueden seguir existiendo como hasta hoy. ¡Se reúne a personas adultas, obreros y campesinos, para aprobar resoluciones o escuchar informes que no pueden someterse a ninguna verificación documental! Instituciones de esta naturaleza constituyen la transición a una república que instaurará un poder estable sin policía ni ejército regular, no de palabra, sino de hecho, 169 un poder que en Europa Occidental no puede existir todavía, y sin el cual la revolución rusa no puede triunfar, entendiendo esto como el triunfo sobre los terratenientes, como el triunfo sobre los imperialistas.

Sin ese poder no se puede hablar siquiera de que alcancemos tal victoria nosotros mismos. Y cuanto más meditamos sobre el programa que aquí se nos aconseja y sobre los hechos ante los que nos encontramos, con mayor fuerza resalta la contradicción fundamental. ¡Se nos dice, como lo hicieron el informante y otros oradores, que el primer Gobierno Provisional era malo! Pero entonces, cuando los bolcheviques, los desgraciados bolcheviques dijeron: "ningún apoyo a este gobierno, ninguna confianza en él'', ¡cuántas veces fuimos acusados de ``anarquismo''! Hoy todos dicen que el gobierno anterior fue un gobierno malo. Pero ¿en qué se distingue el gobierno de coalición, con sus ministros casi socialistas, del anterior gobierno? ¿No se ha hablado ya bastante de programas y de proyectos? ¿No es suficiente? ¿No es hora de poner manos a la obra? Ha transcurrido un mes desde que el 6 mayo se formó el gobierno de coalición. ¡Veamos los hechos, veamos la ruina existente en Rusia y en otros países arrastrados a la guerra imperialista! ¿Cuál es la causa de la ruina? El carácter rapaz de los capitalistas. Ahí tienen la verdadera anarquía. Y esto se admite en declaraciones que no han sido publicadas precisamente en nuestro periódico ni en ningún periódico bolchevique (¡Dios nos libre!), sino en el ministerial Rabóchaya Gazeta, el cual ha informado que los precios industriales para el suministro de carbón han sido elevados ¡¡por el gobierno ``revolucionario''!! El gobierno de coalición no ha cambiado nada en este aspecto. Se nos pregunta si en Rusia puede implantarse el socialismo y si, en general, pueden realizarse inmediatamente cambios radicales. Todo eso son frases vacías, camaradas. La doctrina de Marx y de Engels, como lo explicaban constantemente, dice: "Nuestra teoría no es un dogma, sino una guía para la acción"^^69^^. En ninguna parte del mundo existe capitalismo puro que se transforme en socialismo puro, ni puede existir durante la guerra. Pero existe algo intermedio, algo nuevo y sin precedentes, porque sucumben cientos de millones de hombres, arrastrados a la criminal guerra entre capitalistas. No se trata de promesas de reformas: eso son simples frases. Se trata de tomar las medidas que nos exige el momento actual.

Si quieren alegar la democracia ``revolucionaria'', deben distinguir este concepto del de la democracia reformista bajo un ministerio capitalista, pues ya es hora de acabar con esas frases sobre la "democracia revolucionaria" y con las felicitaciones mutuas a propósito de la "democracia revolucionaria'', y atenerse a la 170 definición de clase, corno nos han enseñado el marxismo y el socialismo científico en general. Lo que se nos propone es el paso a la democracia reformista bajo un ministerio capitalista. Eso podrá ser magnífico desde el punto de vista de los modelos usuales de Europa Occidental. Pero hay una serie de países que hoy están al borde de la catástrofe, y las medidas prácticas que según el orador que me ha precedido, el ministro de Correos y Telégrafos, son tan complicadas que es difícil llevarlas a cabo sin un estudio especial, no pueden ser más claras. El decía que no existe en Rusia ningún partido político que esté dispuesto a asumir todo el poder. Yo contesto: "¡Sí, existe! Ningún partido puede renunciar a eso, y el nuestro ciertamente no renuncia. Está dispuesto en cualquier instante a asumir todo el poder''. (Aplausos y risas.) Pueden reírse cuanto quieran, pero si el ministro nos compara, en este problema, con un partido de derecha, recibirá una contestación adecuada. Ningún partido puede renunciar a eso. Y en un momento en que todavía reina la libertad, en que las amenazas de arresto y de destierro a Siberia, las amenazas por parte de los contrarrevolucionarios con quienes nuestros ministros casi socialistas comparten el gobierno, no son más que amenazas, en un momento como éste, todo partido dice: confíen en nosotros y les daremos nuestro programa.

Nuestra conferencia del 29 de abril dio ese = programa^^70^^. Desgraciadamente, no se toma en cuenta ni como guía. Es necesario, por lo visto, exponerlo de una manera sencilla. Intentaré ofrecer al ministro de Correos y Telégrafos una exposición sencilla de nuestra resolución y de nuestro programa. Con respecto a la crisis económica, nuestro programa consiste en exigir inmediatamente ---para eso no hace falta ninguna demora---la publicación de todas las ganancias fabulosas, que llegan del 500 al 800 por ciento y que los capitalistas no obtienen como capitalistas en el mercado libre, en un capitalismo ``puro'', sino por medio de los suministros militares. He ahí donde el control obrero es realmente necesario y posible. He ahí una medida que ustedes, si se llaman demócratas ``revolucionarios'', deben llevar a la práctica en nombre del Soviet, una medida que puede llevarse a la práctica de la noche a la mañana. Eso no es socialismo. Es abrirle al pueblo los ojos acerca de la verdadera anarquía y del verdadero juego con el imperialismo, del juego con el patrimonio del pueblo, con los cientos de miles de vidas humanas que mañana se perderán porque continuamos estrangulando a Grecia. Hagan públicas las ganancias de los señores capitalistas, arresten a 50 ó 100 de los más grandes millonarios. Bastará con tenerlos unas cuantas semanas presos---aunque sea en las mismas condiciones de privilegio en que se mantiene a Nicolás Románov--- con la simple finalidad de que revelen los resortes ocultos, los 171 manejos fraudulentos, la inmundicia y la codicia que aún bajo el nuevo gobierno están costando a nuestro país miles y millones todos los días. Esa es la causa fundamental de la anarquía y de la ruina. Por eso decimos que en Rusia todo sigue como antes, que el gobierno de coalición nada ha cambiado y únicamente ha añadido un montón de declaraciones, de frases altisonantes. Por muy sinceros que sean los hombres, por muy sinceramente que aspiren al bienestar de los trabajadores, las cosas no han cambiado, la misma clase sigue en el poder. La política que aplica no es una política democrática.

Se nos habla de la "democratización del poder central y local''. ¿Acaso ignoran que esas palabras son una novedad sólo en Rusia, que en otras partes decenas de ministros casi socialistas han hecho a sus países promesas semejantes? ¿De qué sirven cuando presenciamos el hecho concreto, real, de que mientras la población local elige a sus autoridades, el poder central, en nombre del derecho de designar o confirmar a las autoridades locales, viola los principios más elementales de la democracia? El saqueo del patrimonio del pueblo por los capitalistas continúa. La guerra imperialista continúa. Y no obstante se nos prometen reformas, reformas y más reformas, cuya ejecución es absolutamente imposible en las condiciones actuales, porque la guerra lo aplasta todo, lo determina todo. ¿Por qué no están de acuerdo con quienes dicen que esta guerra no se libra por las ganancias de los capitalistas? ¿Cuál es el criterio? Es, ante todo y sobre todo, qué clase está en el poder, qué clase continúa dominando, qué clase continúa embolsando cientos y miles de millones con sus operaciones bancarias y financieras. Es la misma clase capitalista, y por eso la guerra sigue siendo imperialista. Ni el primer Gobierno Provisional ni el gobierno con los ministros casi socialistas han cambiado nada. Los tratados secretos siguen siendo secretos. Rusia combate por los estrechos, combate por la continuación de la política de Liájov en Persia, etc.

Ya sé que ustedes no quieren eso, que la mayoría de ustedes no lo quieren y que los ministros no lo quieren, porque nadie puede quererlo, porque significa la matanza de cientos de millones de hombres. Pero fijémonos en la ofensiva de la que tanto hablan ahora los Miliukov y los Maklakov. Ellos saben perfectamente qué significa. Saben que está relacionada ton el problema del poder, con el problema de la revolución. Se nos dice que debemos distinguir entre problemas políticos y estratégicos. Es ridículo plantear siquiera esta cuestión. Los demócratas constitucionalistas saben perfectamente que se trata de un problema político.

Decir que la lucha revolucionaria por la paz, que se ha iniciado desde abajo, puede conducir a un tratado de paz por separado, es una calumnia. La primera medida que nosotros tomaríamos si 172 tuviésemos el poder sería arrestar a los más grandes capitalistas y romper todos los hilos de sus intrigas. Sin eso, todas las frases acerca de una paz sin anexiones ni contribuciones carecen en absoluto de sentido. Nuestra segunda medida sería declarar a los pueblos, por encima de los gobiernos, que para nosotros todos los capitalistas son bandidos: tanto Teréschenko, que no es ni un ápice mejor que Miliukov, sólo que aquél es un poco más tonto, como los capitalistas franceses, como los ingleses, como todos los demás.

El propio periódico de ustedes, hvestia, se ha hecho un lío y propone, en vez de una paz sin anexiones ni indemnizaciones, mantener el statu quo. Nuestra idea de la paz "sin anexiones" es diferente. Hasta el Congreso de campesinos se acerca más a la verdad cuando habla de una república ``federativa'', expresando así la idea de que la república rusa no desea oprimir a ninguna nación con procedimientos nuevos ni viejos, de que no desea coexistir sobre la base de la violencia con ninguna nación, ni con Finlandia ni con Ucrania, con las que el ministro de la Guerra se muestra tan agresivo y con las que se plantean conflictos imperdonables e inadmisibles. Nosotros aspiramos a una república de Rusia, única e indivisa, con un poder firme. Pero un poder firme sólo puede asegurarse por el acuerdo voluntario de todo el pueblo interesado. "Democracia revolucionaria" son palabras grandes. Pero se aplican a un gobierno que está complicando con enredos mezquinos el problema de Ucrania y Finlandia, que ni siquiera desean separarse. Se limitan a decir: "¡No aplacen la aplicación de los principios elementales de la democracia hasta que la Asamblea Constituyente se reúna!"

Es imposible concertar un tratado de paz sin anexiones ni contribuciones, mientras ustedes no renuncien a sus propias anexiones. Eso es ridículo, es una farsa. Todos los obreros europeos se ríen de eso y dicen: "Ellos son muy elocuentes; invitan a los pueblos a derrocar a los banqueros, pero colocan a sus propios banqueros en el ministerio''. Arréstenlos, pongan al descubierto sus manipulaciones, den a conocer sus móviles ocultos. Pero no, no lo hacen, a pesar de que tienen organizaciones investidas de poderes a las que es imposible oponerse. Ustedes han pasado por 1905 y 1917. Saben que las revoluciones no se hacen por encargo, que en otros países las revoluciones han seguido siempre el duro y sangriento camino de la insurrección y que en Rusia no existe un solo grupo, una sola clase que pueda oponerse al poder de los Soviets. En Rusia, la revolución, como excepción, puede ser pacífica. Si esa revolución ofreciese hoy o mañana la paz a todos los pueblos, rompiendo con todas las clases capitalistas, Francia y Alemania, sus pueblos la aceptarían en un plazo brevísimo, porque esos países perecen, 173 porque la situación de Alemania es desesperada, porque Alemania no puede salvarse y porque Francia...

(El presidente: "Su tiempo se ha cumplido".)

Termino en medio minuto.... (Rumores, voces: "¡Que siga hablando!" Protestas. Aplausos.)

(El presidente: "Comunico al congreso que la presidencia propone prolongar el tiempo concedido al orador. ¿Alguien se opone? La mayoría está por que continúe".)

Quedamos en que si la democracia revolucionaria en Rusia fuese democracia no de palabra, sino de hecho, impulsaría la revolución y no se entendería con los capitalistas ni hablaría sobre la paz sin anexiones ni contribuciones, sino que suprimiría las anexiones por parte de Rusia y declararía abiertamente que considera toda anexión como un pillaje y un crimen. Entonces podría impedirse la ofensiva imperialista que amenaza con la muerte a miles y millones de hombres para asegurar el reparto de Persia y de los Balcanes. Entonces quedaría expedito el camino hacia la paz, que no es un camino llano---eso no lo decimos---, sino un camino que no excluye la posibilidad de una guerra realmente revolucionaria.

Nosotros no planteamos este problema como lo plantea hoy Bazárov en Navaja = Zhizn^^71^^; decimos solamente que la situación de Rusia, en el período final de la guerra imperialista, es tal que sus tareas son más fáciles de lo que podrían parecer. Además, la posición geográfica de Rusia es tal que cualquier potencia que se arriesgase a usar el capital y sus intereses rapaces para lanzarse contra la clase obrera rusa y el semiproletariado aliado con ella---es decir, los campesinos pobres---, se vería ante una empresa difícil. Alemania está al borde de la derrota y, después de la entrada en la guerra de Estados Unidos que quiere devorar a México y que probablemente mañana comenzará a luchar contra el Japón, la situación de Alemania se ha vuelto desesperada: Alemania será aniquilada. Francia, que por su posición geográfica es la que más padece y se agota en extremo, pasa menos hambre que Alemania, pero ha perdido incomparablemente más vidas que Alemania. Pues bien, si como primer paso se hubiesen restringido las ganancias de los capitalistas rusos y se les hubiese privado de toda posibilidad de embolsar ganancias de centenares de millones; si ustedes hubiesen propuesto a I o das las naciones un tratado de paz contra los capitalistas de todos los países y declarado abiertamente que no entablarán ningún género de negociaciones ni de relaciones con los capitalistas alemanes ni con quienes, directa o indirectamente, les favorecen o tienen algo que ver con ellos, y que se niegan a negociar con los capitalistas franceses e ingleses, habrían seguido una conducta que condenaría a esos capitalistas ante los obreros. No 174 considerarían un triunfo el que se haya otorgado pasaporte a MacDonald'^^2^^, un hombre que jamás ha sostenido una lucha revolucionaria contra el capital y a quien se deja pasar porque nunca ha expresado las ideas, los principios, la práctica ni la experiencia de la lucha revolucionaria contra los capitalistas ingleses, lucha por la que nuestro camarada Maclean y cientos de otros socialistas ingleses están en la cárcel, así como nuestro camarada Liebknecht está recluido en presidio por haber dicho: "¡Soldados alemanes, disparad contra vuestro kaiser!"

¿No sería más acertado mandar a los capitalistas imperialistas a ese presidio que la mayoría de los miembros del Gobierno Provisional nos preparan y prometen diariamente en la III Duma ---dicho sea de paso, no sé si es la III o la IV---, reconstituida expresamente, y acerca del cual el ministro de Justicia elabora ya nuevos proyectos de ley? Maclean y Liebknecht: he ahí los nombres de los socialistas que llevan a la práctica la idea de la lucha revolucionaria contra el imperialismo. Eso es lo que debemos decir a todos los gobiernos si queremos luchar por la paz. Debemos denunciarlos ante sus pueblos. De ese modo ustedes colocarán a todos los gobiernos imperialistas en una situación difícil. Ahora, los que están en una situación difícil son ustedes, al dirigir al pueblo el llamamiento de paz del 14 de = marzo^^73^^, donde se dice: "¡Derrocad a vuestros emperadores, vuestros reyes y vuestros banqueros!'', mientras que nosotros, que poseemos una organización tan extraordinariamente rica en número, experiencia y fuerza material como el Soviet de diputados obreros y soldados, nos aliamos con nuestros banqueros, formamos un gobierno de coalición casi socialista, y redactamos proyectos de reformas como los que se redactan en Europa desde hace muchas décadas. Allí, en Europa se ríen de semejante lucha por la paz. Allí sólo la comprenderán cuando los Soviets tomen el poder y actúen de un modo revolucionario.

Sólo un país en el mundo puede hoy dar los pasos necesarios para poner fin a la guerra imperialista en escala de clase, a despecho de los capitalistas, y sin una revolución sangrienta. Sólo un país puede hacerlo, y ese país es Rusia. Y seguirá siendo el único mientras exista el Soviet de diputados obreros y soldados. El Soviet no podrá existir mucho tiempo junto con un Gobierno Provisional de tipo corriente. Seguirá siendo lo que es sólo mientras no se pase a la ofensiva. La ofensiva será un viraje en toda la política de la revolución rusa, es decir, será una transición de la espera, de la preparación de la paz por medio de un alzamiento revolucionario desde abajo, a la reanudación de la guerra. El camino que se proponía era el paso de la confraternización en un frente a la confraternización en todos los frentes, de la confraternización espontánea, tal como el intercambio 175 con un proletario alemán hambriento de un pedazo de pan por un cortaplumas---lo cual se castiga con el presidio---, a la confraternización consciente.

Cuando nosotros tomemos el poder, pondremos freno a los capitalistas, y la guerra no seguirá siendo ya la misma que hoy se libra, pues el carácter de una guerra depende de qué clase la sostiene y no de lo que se escriba en un papel. En el papel se puede escribir cualquier cosa. Pero mientras la clase capitalista forme la mayoría en el gobierno, la guerra, escriban lo que escriban, por muy elocuentes que sean, por muchos ministros casi socialistas que tengan, seguirá siendo una guerra imperialista. Esto lo saben y lo ven todos. ¡El ejemplo de Albania, el ejemplo de Grecia, de = Persia~^^74^^ lo han puesto de relieve de un modo tan claro y tangible, que me sorprende que todo el mundo ataque nuestra declaración escrita sobre la ofensiva = 7r', sin que nadie diga una palabra sobre los hechos concretos! Es fácil prometer planes, pero las medidas concretas se van postergando y postergando. Es fácil escribir una declaración sobre la paz sin anexiones, pero los acontecimientos de Albania, de Grecia, de Persia son posteriores a la constitución del gobierno de coalición. Después de todo, fue Dielo Naroda, que no es un órgano de nuestro partido, sino un órgano del gobierno, un órgano ministerial, quien dijo que se somete a la democracia rusa a esta humillación y que se estrangula a Grecia. Y este mismísimo Miliukov, de quien ustedes se forman Dios sabe qué idea---a pesar de que no es más que un simple miembro de su partido y que no se diferencia en nada de Teréschenko---, escribía que la diplomacia de la Entente ejercía presión sobre Grecia. La guerra sigue siendo una guerra imperialista, y por mucho que deseen ustedes la paz, por muy sincera que sea su simpatía hacia los trabajadores y por muy sincero que sea su deseo de paz---yo estoy plenamente convencido de que en la mayoría de los casos es sincero---, ustedes no podrán hacer nada, pues sólo se puede poner fin a la guerra impulsando el desarrollo de la revolución. Cuando en Rusia comenzó la revolución, comenzó también la lucha revolucionaria desde abajo por la paz. Si tomaran el poder en sus manos, si el poder pasase a las organizaciones revolucionarias y fuese utilizado para combatir a los capitalistas rusos, los trabajadores de otros países les creerían y ustedes podrían proponer la paz. Entonces nuestra paz quedaría garantizada, al menos, por dos partes, por las dos naciones que se están desangrando y cuya causa es desesperada: Alemania y Francia. Y si las circunstancias nos obligaran entonces a sostener una guerra revolucionaria---cosa que nadie sabe y cuya posibilidad no descartamos---, nosotros diríamos: "No somos pacifistas, no renunciamos a la guerra cuando la clase revolucionaria está el poder, cuando real y verdaderamente ha despojado a los 176 capitalistas de la posibilidad de influir en la marcha de las cosas, de acentuar el desastre económico que les permite embolsarse cientos de millones''. El gobierno revolucionario explicaría a todos los pueblos sin excepción que todas las naciones deben ser libres, que del mismo modo que la nación alemana no debe luchar por la conservación de Alsacia y Lorena, la nación francesa tampoco debe luchar por sus colonias. Pues si Francia lucha por sus colonias, Rusia tiene a Jiva y a Bujará, que son también una especie de colonias. Entonces comenzará el reparto de las colonias. ¿Y cómo podrían repartirse, sobre qué base? De acuerdo con la fuerza. Pero la fuerza ha cambiado. La situación de los capitalistas es tal que su única salida es la guerra. Cuando ustedes tomen el poder revolucionario, se les abrirá un camino revolucionario para asegurar la paz: dirigirán a todas las naciones un llamamiento revolucionario y les explicarán la táctica con su propio ejemplo. De ese modo, se les abrirá el camino para una paz asegurada por medios revolucionarios y tendrán las más grandes probabilidades de evitar la muerte de cientos de miles de hombres. De ese modo, pueden estar seguros de que el pueblo alemán y el francés se declararán a favor de ustedes. Y si los capitalistas ingleses, norteamericanos y japoneses quisieran una guerra contra la clase obrera revolucionaria---cuya fuerza se decuplicará tan pronto como se haya puesto freno y abatido a los capitalistas, y el control haya pasado a manos de la clase obrera---, si los capitalistas norteamericanos, ingleses y japoneses optaran por la guerra, habría noventa y nueve probabilidades contra una de que no serían capaces de librarla. Para asegurar la paz, bastará con que ustedes declaren que no son pacifistas, que están dispuestos a defender su república, su democracia obrera, proletaria, contra los capitalistas alemanes, franceses y otros.

He ahí por qué atribuimos una importancia tan fundamental a nuestra declaración sobre la ofensiva. Ha llegado la hora de un viraje radical en toda la historia de la revolución rusa. La revolución rusa comenzó apoyada por la burguesía imperialista de Inglaterra, que creyó que Rusia era algo así como China o la India. Pero resultó que al lado del gobierno, en que hoy tienen mayoría los terratenientes y los capitalistas, surgieron los Soviets, institución representativa sin paralelo ni precedentes en todo el mundo por su fuerza, institución que ustedes están matando con su participación en un ministerio de coalición de la burguesía. En realidad, la revolución rusa ha conseguido triplicar en todas partes, en todos los países, la simpatía por la lucha revolucionaria desde abajo contra el gobierno capitalista. El problema está planteado en estos términos: avanzar o retroceder. La revolución no admite el estancamiento. Por eso, la ofensiva es un viraje en la revolución rusa, pero no en el sentido 177 estratégico de la ofensiva, sino político y económico. Una ofensiva significa hoy, objetivamente, independientemente de la voluntad o de la conciencia de este o de aquel ministro, la prosecución de la matanza imperialista y de la muerte de cientos de miles, de millones de seres, con el objetivo de estrangular a Persia y a otras naciones débiles. El paso del poder al proletariado revolucionario, apoyado por los campesinos pobres, significa el tránsito a la lucha revolucionaria por la paz bajo las formas más seguras y menos dolorosas que haya conocido nunca la humanidad, el tránsito hacia un estado de cosas en que quedarán asegurados el poder y el triunfo de los obreros revolucionarios en Rusia y en el mundo entero. (Aplausos de una parte de los reunidos.)

Publicado el 28 (15) y 29 (16) de junio de 19}7 en los niims. 82 y 83 de ``Pravda''.

'I'. 32, págs. 263--276.

178 __ALPHA_LVL1__ EL DIECIOCHO DE JUNIO

El 18 de junio pasará, de un modo o de otro, a la historia de la revolución rusa como un día de viraje.

La posición recíproca de las clases, su correlación en la lucha, su fuerza comparada principalmente con la fuerza de los partidos: todo se ha puesto de relieve en la manifestación del domingo = 7fi de manera tan nítida, tan clara, tan impresionante, que, sea cual fuere el curso, sea cual fuere el ritmo de las cosas en el futuro, lo que se ha ganado en conciencia de clase y en claridad de visión es enorme.

La manifestación ha disipado en pocas horas, como una nubécula de polvo, toda esa vacua charlatanería sobre los bolcheviques conspiradores, y ha demostrado con irrefutable claridad que la vanguardia de las masas trabajadoras de Rusia, el proletariado industrial de la capital y sus tropas están, en su aplastante mayoría, por las consignas mantenidas siempre por nuestro partido.

El paso firme de los batallones de obreros y soldados. Aproximadamente medio millón de manifestantes. La unidad de una ofensiva de conjunto. Unidad en las consignas, entre las que se destacaban en imponente mayoría las de "¡Todo el poder a los Soviets!'', "¡Abajo los diez ministros capitalistas!'', "¡Ni paz separada con los alemanes, ni tratados secretos con los capitalistas anglo-franceses!'', etc. A nadie que haya presenciado la manifestación le quedó la menor duda sobre la victoria de estas consignas entre la vanguardia organizada de las masas de obreros y soldados de Rusia.

La manifestación del día 18 de junio se convirtió en una manifestación de las fuerzas y de la política del proletariado revolucionario, que traza el camino a la revolución, que señala cómo salir del atolladero. En ello estriba la enorme importancia histórica de la manifestación del domingo, en ello se distingue por su contenido de las celebradas los días del entierro de las víctimas de la revolución y del Primero de Mayo. Aquello fue un homenaje unánime al primer triunfo de la revolución y a sus héroes, una mirada retrospectiva que el pueblo dirigía sobre la primera etapa hacia la libertad, recorrida tan rápida y tan triunfalmente. El Primero de Mayo fue una fiesta de deseos y esperanzas vinculados a la historia del 179 movimiento obrero internacional, a su ideal de paz y socialismo.

Ninguna de las dos manifestaciones se proponía como objetivo (razar el rumbo del movimiento futuro de la revolución, ni hubieran podido tampoco hacerlo. Ninguna de las dos planteaba a las masas ni en nombre de ellas los problemas concretos, precisos, actuales, de corno y en qué sentido debía proseguir la revolución.

En ese sentido, la jornada del 18 de junio fue la primera manifestación política en el terreno de la acción, una lección dada no en un libro o en un periódico, sino en la calle, no por los dirigentes, sino por las masas, una lección de cómo actúan, quieren actuar y actuarán las diferentes clases para llevar la revolución adelante.

La burguesía se ocultó. Se negó a tomar parte en una manifestación pacífica, organizada a todas luces por la mayoría del pueblo, con absoluta libertad para plantear las consignas de partido y cuyo fin primordial era desplegar las fuerzas frente a la contrarrevolución. Es muy comprensible. La burguesía es, precisamente, la contrarrevolución. Se esconde del pueblo y urde contra él verdaderas conspiraciones contrarrevolucionarias. En la jornada histórica del 18 de junio, los partidos que hoy gobiernan en Rusia, los partidos de los eseristas y mencheviques, se han revelado con claridad como los partidos de la vacilación. Sus consignas expresaban vacilación y fueron seguidas, manifiestamente, a los ojos de todos, por una minoría. Detenerse, dejar por ahora todo tal como está: he ahí lo que ellos aconsejaban al pueblo con sus consignas y vacilaciones. Pero tanto el pueblo como ellos sintieron que eso era imposible.

Basta de vacilaciones, dijo la vanguardia del proletariado, la vanguardia de las masas de obreros y soldados de Rusia. Basta de vacilaciones. La política de confianza en los capitalistas, en su gobierno, en ,sit,s esfuerzos reformadores, en su guerra, en su política de ofensiva, es una política desesperada. No está lejana su bancarrota. Su bancarrota es inevitable. Y esa bancarrota será también la de los partidos gobernantes de los eseristas y mencheviques. El desbarajuste económico se aproxima más y más. Es imposible salvarse de él al margen de las medidas revolucionarias de la clase revolucionaria instaurada en el poder.

¡Que el pueblo rompa con la política de confianza en los capitalistas, que deposite esa confianza en la clase revolucionaria, en el proletariado! ¡En el proletariado y sólo en él está la fuente de la fuerza! ¡En él y sólo en él reside la garantía de que se servirá a los intereses de la mayoría, los intereses de los trabajadores y explotados, aplastados por la guerra y el capital, capaces de vencer al capital y a la guerra!

Una crisis de proporciones inauditas se cierne sobre Rusia y sobre toda la humanidad. Para salir de ella no hay otro camino que confiar 180 en la vanguardia mejor organizada de los trabajadores y explotados, apoyar su política.

No sabemos si el pueblo comprenderá rápidamente esta enseñanza ni cómo la pondrá en práctica. Lo que sí sabemos a ciencia cierta es que, fuera de ella, no hay salida del atolladero, que las posibles vacilaciones o crueldades de la contrarrevolución no servirán de nada.

Fuera de una plena confianza de las masas populares en su dirigente, el proletariado, no hay salida.

Publicado el 3 de julio (20 de jumo) de 1917
en el núm. 86 de, ``Pravda''.

T. 32, págs. 360--362.

181 __ALPHA_LVL1__ ¿CON QUE CONTARON
LOS DEMÓCRATAS CONSTITUCIONALISTAS
AL RETIRARSE DEL MINISTERIO?^^77^^

Esta pregunta surge espontáneamente. Para responder de manera justa a los acontecimientos con una táctica definida, hay que interpretarlos con acierto. ¿Cómo entender, pues, la retirada de los demócratas constitucionalistas?

¿Despecho? ¿Desacuerdo de principios en el problema deUcrania? No, por supuesto. Sería ridículo sospechar en los demócratas constitucionalistas un apego a los principios o en la burguesía la capacidad de actuar por despecho.

No. La retirada de los demócratas constitucionalistas sólo puede interpretarse como el resultado de un cálculo. ¿En qué consiste este cálculo?

En que para gobernar un país que ha realizado una gran revolución y aún no puede tranquilizarse y que, además, la ha realizado durante una guerra imperialista de alcances mundiales, son necesarias la iniciativa y la fuerza, enormemente audaces, históricamente grandiosas, plenas de entusiasmo sin límites, de una clase revolucionaria de verdad. O reprimir a esa clase por la violencia ---tal como predican los demócratas constitucionalistas desde el 6 de mayo---o confiarse a su dirección. O pactar con el capital imperialista, y entonces hay eme lanzarse a una ofensiva, ser un obediente sirviente del capital, someterse a su dominio, abandonar las utopías sobre la abolición de la propiedad de la tierra sin indemnizaciones (véanse los discursos de Lvov contra el programa de Chernov en la versión de Birzhovka); o estar contra el capital imperialista, y entonces hay que proponer sin tardanza las condiciones concretas de paz a todos los pueblos, pues todos los pueblos están agotados por la guerra; hay que atreverse a levantar y saber levantar la bandera de la revolución mundial proletaria contra el capital, no de palabra, sino con hechos; hay que promover la revolución en la misma Rusia del modo más resuelto.

Los demócratas constitucionalistas son hombres de negocios, hombres prácticos, tanto en los asuntos comerciales, en las finanzas, en la defensa del capital, como en la política. Han calculado con exactitud la situación, que es objetivamente revolucionaria. No se 182 oponen a las reformas y aceptan repartir el poder con los reformistas Tsereteli y Chernov. Pero con reformas no se remedia la situación. No existen reformas capaces de remediar la situación de crisis: poner fin a la guerra y salir del desbarajuste económico.

Y los demócratas constitucionalistas, desde el punto de vista de su clase, de la clase de los imperialistas explotadores, han calculado bien: al marcharnos presentamos un ultimátum. Sabemos que los Tsereteli y los Chernov no confían ahora en la clase verdaderamente revolucionaria, no quieren seguir ahora una política verdaderamente revolucionaria. Los asustaremos un poco. Sin los demócratas constitucionalistas significa sin la ayuda del capital anglonorteamericano, poderoso en todo el mundo, significa hacer la revolución también contra él. ¡No lo afrontarán los Tsereteli y los Chernov; no se atreverán! ¡Cederán ante nosotros!

Y si no lo hacen, aunque se inicie una revolución contra el capital, se malogrará y volveremos.

Así han calculado los demócratas constitucionalistas. Repetimos: desde el punto de vista de la clase de los explotadores, es un buen cálculo.

Si los Tsereteli y los Chernov hubiesen adoptado el punto de vista de la clase explotada---y no el de la vacilante pequeña burguesía--- habrían respondido al acertado cálculo de los demócratas constitucionalistas con una adhesión acertada a la política del proletariado revolucionario.

Escrita el 3 (16) de julio de 1917.

Publicado el 28 (15) de julio de 1917 en el núm. 2 de "Prolelárskoe Dielo".

T. 32, págs. 406--407.

183 __ALPHA_LVL1__ ¿DONDE ESTA EL PODER Y DONDE LA CONTRARREVOLUCIÓN?^^78^^

Esta pregunta, por lo general, se contesta muy simplemente: la contrarrevolución no existe en absoluto, o no sabemos dónde está. En cambio, sabemos muy bien que el poder está en manos del Gobierno Provisional, controlado por el Comité Ejecutivo Central (CEC) del Congreso de los Soviets de diputados obreros y soldados de toda Rusia. Tal es la respuesta habitual.

La crisis política de ayer = /!l, como la mayoría de las crisis que arrancan todo lo convencional y destruyen todas las ilusiones, ha dejado como herencia las ruinas de las ilusiones expresadas en esa respuesta, que acabamos de citar, a las cuestiones fundamentales de toda revolución.

Existe un ex miembro de la II Duma de Estado, un tal Aléxinski, a quien los eseristas y los mencheviques, los partidos dominantes en los Soviets de diputados obreros, soldados y campesinos, se han negado a admitir en el Comité Ejecutivo del Soviet de diputados obreros y soldados mientras no se rehabilite, es decir, mientras no rehabilite su honor.

¿Qué significa esto? ¿Por qué el Comité Ejecutivo, pública y formalmente, ha negado su confianza a Aléxinski y le ha exigido que se rehabilite, o sea, lo ha calificado de deshonesto?

Porque Aléxinski se ha hecho tan famoso por sus calumnias que, en París, los periodistas de diversos partidos lo han calificado de difamador. Aléxinski no ha querido rehabilitar su honor ante el Comité Ejecutivo y prefirió ocultarse en el periódico de Plejánov Edinstvo, colaborando en él, al principio bajo iniciales, y después ---envalentonado---abiertamente.

Ayer, 4 de julio, por la tarde, algunos bolcheviques fueron prevenidos por amigos de que Aléxinski había comunicado al Comité de Periodistas de Petrogrado una nueva infamia. La mayoría de los notificados no prestaron ninguna atención al aviso, pues sólo sentían desprecio y repugnancia por Aléxinski y su ``trabajo''. Pero un bolchevique, Dzhugashvili (Stalin), miembro del Comité Ejecutivo Central, que conocía de antiguo, por ser socialdemócrata georgiano, al camarada Chjeídze, le habló a éste en una reunión del CEC de la nueva campaña infame, calumniosa, de Aléxinski.

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Sucedía esto a altas horas de la noche, pero Ohjeídze declaró que el CEC no permanecería indiferente ante la difusión de calumnias por personas que temen a los tribunales y a las investigaciones del CEC. En su nombre, como presidente del CEC y en nombre de Tsereteli, como miembro del Gobierno Provisional, Chjeídze habló inmediatamente por teléfono a todas las redacciones invitándolas a no publicar las calumnias de Aléxinski. Chjeídze le dijo a Stalin que la mayoría de los periódicos expresaron su conformidad con él y que únicamente Edinstvo y Riech "dieron la callada por respuesta" durante algún tiempo (no hemos visto Edinatvo, y Riech no ha reproducido la calumnia). Finalmente, la calumnia apareció sólo en las páginas de un pequeño periódico amarillo totalmente desconocido para la mayoría de las personas cultas, Zhivoie = Slovo^^80^^, núm.~51 (404), cuyo redactor y editor firma con el nombre de A. M. Umanski. Ahora los calumniadores responderán ante los tribunales. En este aspecto, el asunto es simple y no tiene complicaciones.

El absurdo de la calumnia salta a la vista: un tal Ermólenko, alférez del 16" regimiento de tiradores siberianos, había sido ``enviado'' (?) "el 25 de abril a la retaguardia del 6° ejército, para hacer propaganda en favor de una rápida conclusión de la paz por separado con Alemania''. Evidentemente, el sujeto es un prisionero de guerra evadido del cautiverio, sobre el cual el ``documento'' publicado en Zhivoie Slovo agrega: "Ermólenko aceptó la misión debido a la insistencia de los compañeros" (!!).

¡Esto es ya suficiente para juzgar la confianza que merece tal sujeto, lo bastante deshonesto para aceptar semejante "misión"!... El testigo es, sin duda, una persona deshonesta. ¿Y qué ha declarado este testigo?

Lo siguiente: "Los oficiales del Estado Mayor Central alemán, Schiditski y Lübers, le comunicaron que el mismo género de propaganda realizan en Rusia el agente del Estado Mayor Central alemán, presidente de la sección ucraniana de la Liga para la liberación de = Ucrania^^81^^, A. Skóropis-Ioltujovski y Lenin. A Lenin se le encargó emplear todas sus fuerzas en minar la confianza del pueblo ruso en el Gobierno Provisional".

De tal modo, los oficiales alemanes, para inclinar a Ermólenko en favor de su acción deshonesta, le mintieron desvergonzadamente acerca de Lenin, quien, como es sabido por todos y declarado oficialmente por el Partido Bolchevique, ¡¡siempre se opuso-a la paz por separado con Alemania de la manera más resuelta y absoluta!! La mentira de los oficiales germanos es tan evidente, grosera y absurda que ninguna persona que sepa leer podría dudar ni un minuto de que es mentira. Y cualquier persona al corriente de la vida política dudará todavía menos de que la comparación de Lenin con un 185 loltujovski (?) cualquiera y con la Liga para la liberación de Ucrania es un absurdo que salta a la vista, pues tanto Lenin como todos los internacionalistas declararon muchas veces, públicamente, no tener nada que ver con esta sospechosa Liga socialpatriota, precisamente durante la guerra.

La grosera mentira de Ermólenko, sobornado por los alemanes, o de los oficiales alemanes, no hubiera merecido la menor atención, si el ``documento'' no añadiese ciertos "informes recientemente recibidos"---no se sabe quién los recibió, cómo, de dónde, ni cuándo---, según los cuales "el dinero para la agitación se recibe" (¿quién lo recibe?, ¡¡el ``documento'' teme decir directamente que se acusa a Lenin o se sospecha de él!!, ¡el ``documento'' no menciona quién ``recibe'' el dinero!) "por medio de personas de confianza": "los bolcheviques" Fürstenberg (Hanecki) y Kozlovski. Según se dice, hay también pruebas del envío del dinero a través de los bancos, y "la censura militar confirmó un incesante (!) intercambio de telegramas de carácter político y pecuniario entre los agentes germanos y los líderes bolcheviques" (!!).

De nuevo una mentira tan grosera que salta a la vista. Si hubiera en esto tan sólo una palabra de verdad, cómo pudo haber ocurrido entonces: 1) ¿que Hanecki hace muy poco entrara libremente en Rusia y libremente saliera de ella?; 2) ¿que ni Hanecki ni Kozlovski fueran arrestados antes de que los periódicos publicaran las noticias de sus crímenes? ¿Acaso el Estado Mayor Central, si realmente hubiera tenido en sus manos informes que merecieran confianza sobre envíos de dinero, telegramas, etc., permitiría la difusión de tales rumores a través de Aléxinski y la prensa amarilla, sin arrestar a Hanecki y a Kozlovski? ¿No está claro que tenemos ante nosotros un torpe trabajo de difamadores periodísticos de la más baja estofa y nada más que eso?

Agreguemos que ni Hanecki ni Kozlovski son bolcheviques, sino miembros del Partido Socialdemócraia Polaco; que Hanecki pertenece al CC de ese partido; que lo conocemos desde el Congreso de Londres (1903) = H2, del cual se retiraron los delegados polacos, etc. Los bolcheviques no han recibido ningún dinero de Hanecki ni de Kozlovski. Todo esto es la más grosera y total de las mentiras.

¿En qué reside su significado político? En primer lugar: los adversarios políticos de los bolcheviques no pueden prescindir de mentiras y calumnias. Hasta tal punto son viles y bajos estos adversarios.

En segundo lugar: da respuesta al interrogante planteado en el título de este artículo.

El informe sobre los ``documentos'' fue remitido a Kerenski ya el 16 de mayo. Kerenski es miembro del Gobierno Provisional y del 186 Soviet, es decir, de ambos ``poderes''. Desde el 16 de mayo hasta el 5 de julio pasó mucho tiempo. Un gobierno digno de su nombre hubiera podido y debido él mismo abrir una investigación sobre los ``documentos'', interrogar a los testigos, arrestar a los sospechosos. El poder, los dos ``poderes'', el Gobierno Provisional y el CEC, podían y debían haberlo hecho.

¡Sin embargo, ambos poderes permanecieron inactivos! Por su parte, al Estado Mayor Central se le descubren ciertas relaciones con Aléxinski, a quien no se admitió por calumniador en el Comité Ejecutivo del Soviet. ¡El Estado Mayor Central justamente cuando los demócratas constitucionalistas se retiraban---por casualidad, seguramente---, permitió la entrega de sus documentos oficiales a Aléxinski para su publicación!

El poder permanece inactivo. Ni Kerenski, ni el Gobierno Provisional, ni el Comité Ejecutivo del Soviet piensan siquiera en arrestar a Lenin, Hanecki y Kozlovski, si es que son sospechosos. Ayer, 4 de julio, por la noche, Chjeídze y Tsereteli rogaron a los periódicos que no publicaran esa calumnia evidente. Y, al mismo tiempo, más tarde, en la misma noche, Pólovtsev envió a = los junkers^^81^^ y cosacos para que asaltaran Pravda, impidieran su salida, detuvieran a los redactores y se apoderaran de los libros ( aparentemente, para investigar si figuraba en ellos el sospechoso dinero); y, al mismo tiempo, en el sucio periodicucho amarillo de baja estofa, Zhivoie Slovo, se publicó esa vil calumnia para excitar las pasiones, para cubrir de oprobio a los bolcheviques, para crear una atmósfera de pogromo, para dotar de una justificación plausible al acto de Pólovtsev, de los junkers y los cosacos que asaltaron Pravda.

Quien no cierre deliberadamente los ojos ante la verdad, no ha de permanecer en el error. Cuando es necesario actuar, ambos poderes están inactivos: el CEC porque "confía" en los demócratas constitucionalistas y teme enojarlos, y éstos no actúan como poder porque prefieren nacerlo entre bastidores.

La contrarrevolución, que actúa entre bastidores, se nos hace ahora bien visible: son los demócratas constitucionalistas, ciertos círculos del Estado Mayor Central ``(los altos mandos del ejército'', como dice la resolución de nuestro partido) y la prensa suspicaz, semiinspirada por las centurias negras. Ellos no permanecen inactivos, ``trabajan'' unidos; tal es el medio del que surge el ambiente de pogromo, las tentativas de organizar pogromos, los disparos sobre los manifestantes, etc., etc.

Quien no cierre deliberadamente los ojos ante la verdad no ha de seguir por más tiempo en el error.

No hay poder, ni lo habrá, hasta que no se asiente sobre una base sólida, pasando a manos de los Soviets. La contrarrevolución se 187 aprovecha de la ausencia de poder para unir a los demócratas constitucionalistas con ciertos altos mandos del ejército y con la prensa de las centurias negras. Tal es la triste, pero innegable realidad.

¡Obreros y soldados! ¡Debéis dar prueba de serenidad, firmeza y vigilancia!

Escrito el 5 (18) de julio de 1917.

Publicado el 19 (6) de julio de 1917 ni "I.i.stok ``Pravdi''".

T. 3'>, págs. 410--417.

188 __ALPHA_LVL1__ TRES CRISIS

Cuanto mayor sea la furia con que en estos días se lancen calumnias y mentiras contra los bolcheviques, tanto más serenamente debemos nosotros, refutando esas mentiras y esas calumnias, profundizar en la concatenación histórica de los acontecimientos y en la significación política, es drcir, en la significación clasista, de la actual marcha de la revolución.

Para refutar esas mentiras y esas calumnias basta con que nos remitamos una ve?, más a Listok ``Prnvdi'' del 6 de julio y con que fijemos de modo especial la atención de los lectores en el artículo que publicamos más abajo, en el que se prueba documentalmente que el 2 de julio (según confesión del órgano del partido de los socialistas-revolucionarios) los bolcheviques hicieron campaña en contra del movimiento que se proyectaba; que el 3 de julio se desbordó la indignación de las masas y empezó el movimiento, a despecho de nuestros consejos; que el 4 de julio, en una proclama (que reproduce el mismo periódico de los eseristas Dielo Naroda), hicimos un llamamiento a favor de una manifestación pacífica y organizada, y que en la noche de aquel mismo día tomamos la decisión de poner fin a la manifestación. ¡Calumniad, calumniadores! ¡Por mucho que calumniéis, no conseguiréis refvitar estos hechos ni el significado decisivo que tienen en su concatenación! Y con esto pasemos al problema de la conexión histórica de los acontecimientos. Cuando, ya en los primeros días de abril, nos declaramos contrarios a todo lo que significase apoyo al Gobierno Provisional, fuimos atacados por los eseristas y mencheviques. ¿Y qué ha venido a demostrar la realidad?

¿Qué han venido a demostrar las tres crisis políticas, la del 20 y 21 de abril, la del 10 y 18 de junio y la del 3 y 4 de julio?

Han venido a demostrar, en primer lugar, el creciente descontento de las masas con la política burguesa seguida por la mayoría burguesa del Gobierno Provisional.

No deja de ser interesante consignar que en su número del 6 de julio, el órgano del partido gobernante de los eseristas, Dielo Naroda, a pesar de toda su hostilidad hacia los bolcheviques, se ve 189 obligado a confesar que el movimiento del 3 y 4 de julio obedece a causas económicas y políticas profundas. La necia, torpe y vil mentira de que ese movimiento fue provocado artificialmente, deque los bolcheviques hicieron campaña a favor de esa acción, va haciéndose más y más evidente a medida que pasa el tiempo.

La causa general, la fuente general, la raíz profunda general de las tres crisis políticas mencionadas es evidente, sobre todo para quien las enfoque en su concatenación, como manda la ciencia que se enfoque la política. Es absurdo pensar que tres crisis como ésas hayan podido ser provocadas deliberadamente.

En segundo lugar, es muy instructivo tratar de ver qué tienen de común esas tres crisis y cuál es la característica de cada una de ellas.

Las tres tienen de común el descontento irrefrenable de las masas, su indignación contra la burguesía y s u gobierno. Quien olvida o silencia, o empequeñece este punto cardinal, reniega de las verdades elementales expresadas por el socialismo acerca de la lucha de clases.

La lucha de clases en la revolución rusa: he ahí acerca de lo cual deben meditar los que se llaman a sí mismos socialistas y que algo saben de cómo se desarrolló la lucha de clases en las revoluciones europeas.

La característica peculiar de cada una de estas tres crisis es su forma de manifestarse: la primera crisis (20 y 21 de abril) se manifiesta de un modo turbulento y espontáneo, sin la menor organización, que culminó en el tiroteo de las centurias negras = H:> contra los manifestantes y desencadenó contra los bolcheviques una campaña de acusaciones mentirosas y absurdas. A la explosión sigue una crisis política.

En el segundo caso: la organización por los bolcheviques de una manifestación que suspenden después del amenazador ultimátum y de la prohibición categórica del Congreso de los Soviets, y la manifestación en común del 18 de junio que dio una evidente preponderancia a las consignas bolcheviques. Según confesión de los propios eseristas y mencheviques, en la noche del 18 de junio, habría estallado de seguro la crisis política, si la ofensiva desencadenada en el frente no la hubiese contenido.

La tercera crisis se desencadena espontáneamente el 3 de julio, a pesar de los esfuerzos hechos el día 2 por los bolcheviques para contenerla y, después de alcanzar su punto máximo el día 4, conduce en los días 5 y 6 al apogeo de la contrarrevolución. Las vacilaciones de los eseristas y mencheviques se manifiestan en el hecho de que Spiridónova y muchos otros eseristas se expresan a favor de la enlrega del poder a los Soviets, y en el mismo sentido 190 se pronuncian también los mencheviques internacionalistas, que hasta ese momento se habían declarado contrarios a ello.

Finalmente, la última---y acaso la más instructiva---conclusión que se deriva del estudio de los acontecimientos, enfocados en su conexión, consiste en que las tres crisis vienen a revelarnos una forma, nueva en la historia de nuestra revolución, de manifestaciones de un tipo más complejo, de movimiento por oleadas que ascienden velozmente y descienden de un modo súbito, que avivan la revolución y la contrarrevolución y ``barren'', por un período más o menos largo, a los elementos medios.

Por su forma, el movimiento tiene en las tres crisis el carácter de una manifestación. Una manifestación antigubernamental sería, formalmente, la descripción más exacta de los acontecimientos. Pero, y ahí está el quid, no se trata de una manifestación corriente. Trátase de algo que representa bastante más que una manifestación y menos que una revolución. Es un estallido simultáneo de la revolución y de la contrarrevolución, es una oleada violenta y a veces casi súbita, que ``barre'' a los elementos medios y al mismo tiempo coloca en primer plano de manera turbulenta a los elementos proletarios y burgueses.

A este respecto, es muy característico que todos los elementos medios acusen por cada uno de esos movimientos a las dos fuerzas concretas de clase: al proletariado y a la burguesía. No tenemos más que fijarnos en los eseristas y en los mencheviques: desaforados, gritan con toda la fuerza de sus pulmones que los bolcheviques, con sus extremismos, no hacen más que dar alas a la contrarrevolución, al mismo tiempo que confiesan, una y otra vez, que los demócratas constitucionalistas (con quienes forman bloque en el gobierno) son contrarrevolucionarios. "Es necesario--- escribía ayer Dielo Naroda---que tracemos una profunda divisoria entre nosotros y todos los elementos de derecha incluyendo al belicoso Edinstvo (con el que, añadimos nosotros, los eseristas formaron un bloque en las elecciones): tal es nuestra tarea más apremiante''. Compárese esto con Edinstvo de hoy (7 de julio), en que Plejánov se ve obligado a reconocer, en el editorial, el hecho indiscutible de que los Soviets (es decir, los eseristas y los mencheviques) se han tomado "dos semanas para reflexionar'', y de que el paso del poder a los Soviets "equivaldría a un triunfo de los leninistas''. "Si los demócratas constitucionalistas no se atienen a la regla: cuanto peor, tanto mejor...---escribe Plejánov---, ellos mismos tendrán que reconocer que han cometido un grave error" (al salir del gobierno), "allanando de ese modo el camino a los leninistas".

;No es esto elocuente? ¡¡Los elementos medios acusando a los 191 demócratas constitucionulistas de allanar el camino a los bolcheviques, y a los bolcheviques de hacer el juego a los demócratas constitucionalistas!! ¿Tan difícil es comprender que no hay más que cambiar los nombres políticos por las denominaciones de clase para ver proyectarse ante nuestros ojos los sueños de la pequeña burguesía de que desaparezca la lucha de clases entre la burguesía y el proletariado? ¿Las lamentaciones de los pequeños burgueses acerca de la lucha de clases entre la burguesía y el proletariado? ¿Tan difícil es comprender que ningún partido bolchevique del mundo sería capaz de ``provocar'' un "movimiento popular'', y mucho menos tres, si no concurrieran causas económicas y políticas muy profundas que se encargan de poner en acción al proletariado? ;Y que todos los demócratas constitucionalistas y monárquicos juntos serían incapaces de provocar ni un solo movimiento ``derechista'' si no se diesen causas no menos profundas, que vienen a engendrar la posición contrarrevolucionaria de la burguesía como clase?

Al tratarse del movimiento de los días 20 y 21 de abril se nos acusó, a nosotros y a los demócratas constitucionalistas, de obstinación, de extremismo, de exacerbar los ánimos, llegando hasta el colmo de acusar a los bolcheviques (por disparatado que ello parezca) de haber provocado el tiroteo en la Avenida Nevski; y cuando el movimiento toce') a su fin, esos mismos eseristas y mencheviques escribieron en las columnas de su órgano fusionado y oficial, Izvestia, que el "movimiento popular" "había barrido a los imperialistas de Miliukov y otros'', es decir, \\glorilicabun el movimiento!! ¿No es esto elocuente? ¿No revela bien a las claras que la pequeña burguesía no comprende el mecanismo, la esencia, de la lucha de clase del proletariado contra la burguesía?

La situación objetiva es ésta: la inmensa mayoría de la población es, por su modo de vivir y sobre todo por su ideología, pequeñoburguesa. Pero en nuestro país reina, a través principalmente de los bancos y los consorcios, el gran capital. En nuestro país hay un proletariado urbano lo suficientemente desarrollado para adoptar un camino propio, pero eme todavía no es capa/ de atraerse inmediatamente para su causa a la mayoría de los semiproletarios. De este hecho fundamental, clasista, se desprenden la inevitabilidacl cíe crisis como estas tres que estamos analizando y sus formas.

Claro está que en el futuro las formas de las crisis podrán variar, pero su sustancia no variará, aun cuando, por ejemplo, en octubre empiece a funcionar una Asamblea Constituyente eserista. Los eseristas han prometido a los campesinos: 1) la abolición de la Propiedad privada cíe la tierra; 2) la entrega de la tierra a los 192 trabajadores; 3) la confiscación de las tierras de los latifundistas y su entrega a los campesinos sin indemnización. La realización de estas gigantescas transformaciones es absolutamente imposible sin adoptar las medidas revolucionarias más decididas contra la burguesía, medidas que únicamente podrán realizarse mediante la alianza de los campesinos pobres con el proletariado, únicamente decretando la nacionalización de los bancos y los consorcios.

Los confiados campesinos, que han creído y creen, hasta cierto tiempo, que es posible conseguir esas cosas tan hermosas pactando con la burguesía, se sentirán inevitablemente desengañados y... ``descontentos'' (para emplear una expresión suave) de la aguda lucha de clase del proletariado contra la burguesía por la realización efectiva de las promesas eseristas. Así fue y así será.

Escrito el 7 (20) de jitlin de 1917. Publicado el IV tic julio de 1917 en eí núm. 7 de l<i m'í.sM "Rahótnilsa".

T. 32, p«íp. 428--432.

193 __ALPHA_LVL1__ ¿DEBEN LOS DIRIGENTES
BOLCHEVIQUES
COMPARECER
ANTE LOS TRIBUNALES?»

A juzgar por las conversaciones privadas, existen dos opiniones sobre esta cuestión.

Los camaradas que se dejan influenciar por la "atmósfera de los Soviets" se inclinan a menudo por la comparecencia.

Otros, más ligados a las masas obreras, se inclinan, al parecer, por la no comparecencia.

Desde el punto de vista de los principios, la cuestión se reduce más que nada a aquilatar lo que se ha convenido en llamar ilusiones constitucionalistas.

Si se considera que en Rusia existe y es posible un gobierno normal, una justicia normal y que es probable la convocatoria de la Asamblea Constituyente, en ese caso se puede llegar a la conclusión a favor de la comparecencia.

Pero semejante opinión es errónea hasta la médula. Precisamente los últimos acontecimientos, después del 4 de julio, han demostrado del modo más palpable que la convocatoria de la Asamblea Constituyente es improbable (sin una nueva revolución), que no existe ni puede haber (ahora) en Rusia un gobierno normal ni una justicia normal.

Los tribunales son un órgano de poder. Lo olvidan a veces los liberales. Para un marxista, olvidar esto es un pecado.

¿Y dónde está el poder? ¿Quién lo ejerce?

No tenemos gobierno. El gobierno cambia cada día. Es inoperante.

Actúa la dictadura militar. En este caso es ridículo hablar de ``juicio''. No se trata de ``juicio'', sino de un episodio de la guerra civil. Esto es lo que, por desgracia, rio quieren comprender los partidarios de la comparecencia ante los tribunales.

¡¡Perevérzev y Aléxinski son los promotores del ``proceso''!! ¿No es ridículo hablar aquí de juicio? ¿No es ingenuo pensar que cualquier tribunal, en estas condiciones, pueda analizar, establecer, examinar algo?

El poder está en manos de una dictadura militar, y sin una

7-74

194 nueva revolución, este poder puede sólo consolidarse por un cierto tiempo, mientras dure la guerra por lo menos.

``Yo no hice nada ilegal. El tribunal es justo. El tribunal aclarará. El juicio será público. El pueblo comprenderá. Compareceré".

,

Este razonamiento es de una ingenuidad pueril. Lo que el poder necesita no es un proceso judicial, sino la represión de los internacionalistas. Encerrarlos y tenerlos presos: eso es lo que precisan los señores Kerenski y Cía. Así fue (en Inglaterra y Francia) y así será (en Rusia).

¡Que los internacionalistas trabajen ilegalmente en la medida de sus fuerzas, pero que no cometan la tontería de una comparecencia voluntaria!

tarrifo el 8 (21) de julio de 1917.

Publicado por vez primera en 1925 en el núm. I de la revista "Proletánhnya Revolutsia".

T. 32, págs. 433--434.

195 __ALPHA_LVL1__ LA SITUACIÓN POLÍTICA^^87^^
(CUATRO TESIS)

1. La contrarrevolución se ha organizado y consolidado y, de hecho, ha tomado ya el poder.

La organización completa y el afianzamiento de la contrarrevolución residen en la unión, muy bien meditada y ya materializada, de las tres fuerzas contrarrevolucionarias principales: 1) el partido de los democonstitucionalistas, esto es, el verdadero jefe de la burguesía organizada, al abandonar el ministerio, presentó a éste un ultimátum preparando el terreno para que la contrarrevolución pudiera derribarlo; 2) el Estado Mayor Central y los altos mandos del ejército, con la ayuda consciente o semiconsciente de Kerenski ---a quien incluso los eseristas más destacados denominan ahora Cavaignac---, han tomado prácticamente el poder; han pasado a ametrallar a las unidades revolucionarias en el frente; han comenzado a desarmar a las tropas revolucionarias y a los obreros de Petrogrado y de Moscú, a sofocar y reprimir el movimiento en Nizhni Nóvgorod; han empezado a encarcelar bolcheviques y a clausurar sus periódicos no sólo sin decisión judicial, sino incluso sin decreto alguno del gobierno. En realidad, el poder fundamental del Estado en Rusia es hoy una dictadura militar; este hecho aparece disimulado todavía por una serie de instituciones revolucionarias de palabra e impotentes en la práctica; pero es un hecho indudable, y tan radical, que sin haberlo comprendido no se puede comprender nada de la situación política; 3) la prensa monárquica ultrarreaccionaria y la prensa burguesa, que han pasado ya de una furiosa campaña contra los bolcheviques a una campaña igual contra los Soviets, contra el ``incendiario'' Chernov, etc., demostraron con claridad meridiana que la verdadera esencia de la política de la dictadura militar, que hoy domina y es apoyada por los democonstitucionalistas y los monárquicos, consiste en preparar la disolución de los Soviets. Muchos dirigentes eseristas y mencheviques, o sea, de la actual mayoría de los Soviets, lo han reconocido y manifestado ya en los últimos días; pero, como auténticos pequeños burgueses, se desentienden de esa terrible realidad con frases hueras y sonoras.

196

2. Los dirigentes de los Soviets y de los partidos eserista y menchevique, con Tsereteli y Chernov a la cabeza, han traicionado definitivamente la causa de la revolución al ponerla en manos de los contrarrevolucionarios y al convertirse ellos, y convertir a sus partidos y a los Soviets, en hoja de parra de la contrarrevolución.

Así lo demuestra el hecho de que los socialistas-revolucionarios y los mencheviques hayan delatado a los bolcheviques y aprobado tácitamente el asalto a sus periódicos, sin atreverse siquiera a decir al pueblo con franqueza y claridad que lo hacían ellos y por qué lo hacían. Al legalizar el desarme de los obreros y de los regimientos revolucionarios se despojaron a sí mismos de todo poder real; se convirtieron en vanílocuos charlatanes, que ayudaban a la reacción a ``distraer'' la atención del pueblo hasta que aquélla terminara sus últimos preparativos para disolver los Soviets. Sin reconocer esa bancarrota total y definitiva de los partidos socialistarevolucionario y menchevique y cíe la actual mayoría de los Soviets; sin reconocer el carácter ficticio por completo de su ``directorio'' y demás mascaradas, es imposible comprender absolutamente nada de la situación política actual.

3. Todas las esperanzas de un desarrollo pacífico de la revolución rusa se han desvanecido para siempre. La situación objetiva es ésta: o la victoria completa de la dictadura militar o el triunfo de la insurrección armada de los obreros, triunfo que sólo es posible si coincide con un alzamiento decidido de las masas contra el gobierno y contra la burguesía, originado por la ruina económica y la prolongación de la guerra.

La consigna de "¡Todo el poder a los Soviets!" era la consigna de desarrollo pacífico de la revolución, posible en abril, en mayo, en junio y hasta el 5-9 de julio, es decir, antes de que el poder efectivo pasara a manos de la dictadura militar. Ahora, esta consigna no es ya justa, pues no tiene en cuenta ese paso, ya operado, ni la traición total y evidente de los eseristas y mencheviques a la revolución. No son las aventuras ni los motines, no son las resistencias parciales ni los intentos desesperados de oponerse aisladamente a la reacción los que pueden ayudar en este asunto. Sólo puede ayudar la clara conciencia de la situación, la firmeza y la tenacidad de la vanguardia obrera, la preparación de las fuerzas con vistas a una insurrección armada, cuyas condiciones para la victoria son ahora terriblemente difíciles, pero, pese a todo, posibles si coinciden los hechos y las tendencias señaladas en el texto de la tesis. Nada de ilusiones constitucionalistas y republicanas, nada de ilusiones acerca de un camino pacífico, nada de acciones dispersas; no hay que dejarse llevar ahora por la provocación de las centurias negras ni cíe los cosacos; hay que 197 reunir las fuerzas, reorganizarlas y prepararlas con firmeza para una insurrección armada, siempre que la evolución de la crisis permita hacerlo a verdadera escala de masas, de todo el pueblo. El paso de la tierra a los campesinos es imposible ahora sin una insurrección armada, pues la contrarrevolución, al adueñarse del poder, se ha unido por entero con los terratenientes como clase.

El objetivo de la insurrección armada sólo puede ser el paso del poder al proletariado, apoyado por los campesinos pobres, para realizar el programa de nuestro partido.

4. El partido de la clase obrera, sin abandonar la legalidad, pero sin sobrestimarla ni por un instante, deberá combinar la labor legal con la ilegal, como en 1912--1914.

No hay que abandonar ni por una hora el trabajo legal. Pero tampoco debe creerse ni un ápice en las ilusiones constitucionalistas y "pacíficas''. Hay que crear inmediatamente por doquier y para todo organizaciones o células clandestinas que editen hojas, etc. Reorganizarse en seguida, disciplinada y tenazmente, en toda la línea.

Actuar como en 1912--1914, cuando supimos hablar del derrocamiento del zarismo por la revolución y la insurrección armada sin perder nuestra base legal ni en la Duma de Estado, ni en las cajas de seguros, ni en los sindicatos, etc.

Escrito el 10 (23) de julio de 1917.

Publicado el 2 de agosto (20 de julio) de 1917 en el núm. 6 de "Proletñrxknie Dielo".

Firmado: W.

T. 34, ¡Miga. /-/>.

198 __ALPHA_LVL1__ CARTA A LA REDACCIÓN DE NOVAYA ZHIZN

Permitidnos, camaradas, que recurramos a vuestra hospitalidad, debido a la suspensión forzosa del periódico de nuestro partido. Cierta prensa ha iniciado contra nosotros una furiosa campaña, acusándonos de espionaje o de tratos con un gobierno enemigo.

Con qué inaudita... ligereza (esta palabra es inadecuada por demasiado suave) se realiza esa campaña, lo demuestran estos simples hechos: Zhivoie Slovo dijo primero que Lenin era un espía, y luego, pretextando una "rectificación" que no modificaba nada, declaró ¡que no se le acusaba de espionaje! Primero cita las declaraciones de Ermólenko; luego se ve obligado a reconocer que es simplemente torpe y vergonzoso considerar prueba las declaraciones de semejante individuo.

Se mezcla en esta historia el nombre de Parvus, pero se silencia el hecho de que ya en el año 1915 nadie había juzgado a éste con tan implacable dureza como el Sotsial-Demokrat = m de Ginebra, redactado por nosotros, el cual en un artículo titulado En la línea fronteriza estigmatizaba a Parvus como a un ``renegado'' que "lame la bota de Hindenburg'', etc.^^*^^. Toda persona medianamente instruida sabe, o puede informarse fácilmente, que no cabe en absoluto hablar de relaciones políticas o de cualquiera otra índole entre Parvus y nosotros.

Se nos endilga a una tal Sumenson, con la que no sólo nada tuvimos que ver nunca, sino que ni siquiera conocemos. Se implican los asuntos comerciales de Hanecki y Kozlovski, sin aducir un solo hecho que indique con precisión en qué, dónde, cuándo y cómo su negocio sirvió para encubrir las actividades de espionaje. En cuanto a nosotros, no sólo no hemos intervenido nunca directa ni indirectamente en los asuntos comerciales, sino que, en general, jamás hemos recibido un solo kopek de ninguno de los camaradas nombrados, ni personalmente para nosotros ni para el partido.

_-_-_

^^*^^ Véase V. I. Lenin. O.C.,(. 27, págs. 82--83. (N. de la Edil.)

199

Se llega al extremo de acusarnos por la reproducción ---deformada---de los telegramas de Pravda por los periódicos alemanes, "olvidándose" de mencionar que Pravda edita en el extranjero un boletín en alemán y en francés y que la reproducción de los materiales de ese boletín es enteramente = libre^^89^^.

¡¡Y todo esto se hace con la participación e incluso por iniciativa de Aléxinski, a quien el Soviet se ha negado a admitir en su seno, o, dicho de otro modo, reconocido como notorio calumniador!! ¿Es posible que no se comprenda que esta manera de proceder contra nosotros constituye un asesinato jurídico por la espalda? La discusión por el Comité Ejecutivo Central de la cuestión relativa a las condiciones en que sus miembros pueden ser llevados ante los tribunales aporta, sin duda, un elemento = de orden^^9^^''. ¿Querrán los partidos socialista-revolucionario y menchevique participar en esa tentativa de asesinato jurídico?, ¿ entregarnos a la justicia sin que se haya especificado siquiera si se nos acusa de espionaje o de rebelión?, ¿entregarnos a la justicia sin que medie una calificación jurídicamente precisa del delito?, ¿en un proceso manifiestamente tendencioso, que puede impedir la elección a la Asamblea Constituyente de personas designadas, como se sabe, por sus partidos como candidatos? ¿Querrán esos partidos convertir la víspera de la convocatoria de la Asamblea Constituyente en el comienzo de una = dreyfusada^^91^^ sobre suelo ruso?

El futuro próximo dará la respuesta a estas preguntas. Nos parece que es un deber de la prensa libre formularlas abiertamente.

No hablamos de la prensa burguesa. Por supuesto que Miliukov cree tanto en nuestro espionaje o de que hemos recibido dinero alemán como Márkov y Zamyslovski creían en que los judíos beben la sangre de los niños.

Pero Miliukov y Cía. saben lo que hacen.

N. Lenin

Publicada el 11 (24) de julio de 1917 en el núm. 71 de "Nóvala Zhizn".

T. 34 paga. 6-7.

200 __EMAIL__ webmaster@leninist.biz __OCR__ ABBYY 6 Professional (2006.10.20) __WHERE_PAGE_NUMBERS__ top __FOOTNOTE_MARKER_STYLE__ [*]+ __ENDNOTE_MARKER_STYLE__ [0-9]+ __ALPHA_LVL1__ CARTA A LA REDACCIÓN DE PROLETARSKOIE DIELO

Camaradas:

Hemos modificado nuestro propósito de acatar la orden de detención dictada contra nosotros por el Gobierno Provisional. Los motivos son los siguientes:

La carta del ex ministro de Justicia, Perevérzev, publicada el domingo en el periódico Nóvoie = = Vremia^^9^^'^^2^^ ha puesto en claro por completo que el ``asunto'' de ``espionaje'' de Lenin y otros ha sido fraguado con toda premeditación por el partido de la contrarrevolución.

Perevérzev reconoce con toda franqueza que lanzó acusaciones no comprobadas, a fin de concitar la furia (expresión textual) de los soldados contra nuestro partido. ¡Esto lo confiesa el ayer ministro de Justicia, un hombre que todavía ayer se llamaba socialista! Perevérzev se ha ido, pero nadie se atreverá a afirmar que el nuevo ministro de Justicia no vacile en utilizar los métodos de Perevérzev-Aléxinski.

La burguesía contrarrevolucionaria se empeña en crear un nuevo asunto Dreyfus. Cree tanto en nuestro ``espionaje'' como los jefes de la reacción rusa que montaron el asunto Beylis'" creían en que los hebreos bebían sangre de niño. En el momento actual no hay garantía alguna de justicia en Rusia.

El Comité Ejecutivo Central, que se considera el organismo representativo de la democracia rusa, nombró una comisión para investigar el asunto del espionaje; pero, bajo la presión de las fuerzas contrarrevolucionarias, hubo de disolverla. No quiso confirmar ni revocar directamente la orden de nuestra detención. Se lavó las manos, entregándonos prácticamente a la contrarrevolución.

La acusación que se nos hace de "conspiración" e "instigación" ``moral'' a la rebelión tiene ya un carácter bien definido. Ni el Gobierno Provisional ni el Soviet dan ninguna calificación jurídica exacta de nuestro supuesto delito, porque ambos saben muy bien que hablar de "conspiración" en un movimiento como el del 3-5 de julio es completamente absurdo. Los dirigentes mencheviques y escristas tratan simplemente de aplacar a la contrarrevolución, que presiona también sobre ellos, entregándole, por orden suya, a algunos 201 miembros de nuestro partido. En Rusia es imposible hablarse hoy no ya de legalidad alguna, sino ni siquiera de las garantías constitucionales que existen en los países burgueses organizados. Entregarse ahora a las autoridades significaría ponerse en manos de los Miliukov, los Aléxinski y los Perevérzev, en manos de los contrarrevolucionarios enfurecidos, para quienes todas las acusaciones que se nos hacen son un simple episodio de la guerra civil.

Después de lo ocurrido los días 6, 7 y 8 de julio, ningún revolucionario ruso puede seguir abrigando ilusiones constitucionales. Está en marcha el combate decisivo entre la revolución y la contrarrevolución. Nosotros seguiremos luchando, como antes, al lado de la primera.

En la medida de nuestras fuerzas continuaremos ayudando a la lucha revolucionaria del proletariado. La Asamblea Constituyente, si llega a reunirse y no es la burguesía la que la convoca, será la única competente para pronunciarse respecto a la orden de detención dictada contra nosotros por el Gobierno Provisional.

N. Lenin

Publicada el 28 (15) de julio de 1917 en el núm. 2 de "Proletarskoie Dielo".

T. 34, págs. 8-9.

202 __ALPHA_LVL1__ A PROPOSITO DE LAS CONSIGNAS

Ocurre con harta frecuencia que, cuando la historia da un viraje brusco, hasta los partidos avanzados necesitan de un período más o menos largo para habituarse a la nueva situación y repiten consignas que, si bien ayer eran justas, hoy han perdido ya toda razón de ser, han perdido su sentido tan "súbitamente" como "súbito" es el brusco viraje de la historia.

Algo semejante puede ocurrir, a lo que parece, con la consigna del paso de todo el poder a los Soviets. Durante un período ya para siempre fenecido de nuestra revolución, desde el 27 de febrero hasta el 4 de julio, pongamos por caso, esta consigna era acertada. Pero hoy, evidentemente, ha dejado de serlo. Sin comprender esto, tampoco podremos comprender ninguno de los problemas esenciales de la actualidad. Cada consigna debe dimanar siempre del conjunto de peculiaridades de una determinada situación política. Y hoy, después del 4 de julio, la situación política de Rusia es radicalmente distinta de la que imperó desde el 27 de febrero hasta esa fecha.

Entonces, durante aquel período ya fenecido de la revolución, en el Estado predominaba la llamada "dualidad de poderes'', fenómeno que expresaba, material y formalmente, el carácter indefinido y de transición del poder público. No olvidemos que el problema del poder es el problema fundamental de toda revolución.

Durante aquel período, el poder se mantenía en un estado de desequilibrio. Lo compartían, por acuerdo voluntario, el Gobierno Provisional y los Soviets. Estos últimos eran delegaciones de la masa de obreros y soldados armados y libres, es decir, no sometidos a ninguna violencia exterior. Las armas en manos del pueblo y éste libre de toda violencia exterior: tal era el fondo de la cuestión. Esto era lo que abría y garantizaba a toda la revolución un camino pacífico de desarrollo. La consigna de "Todo el poder a los Soviets" significaba el paso inmediato, realizable directamente en esta vía de desarrollo pacífico. Era la consigna de desarrollo pacífico de la revolución, que desde el 27 de febrero hasta el 4 de julio fue posible y, como es 203 natural, el más deseable de todos, pero que hoy es ya absolutamente imposible.

Al parecer, no todos los partidarios de la consigna de "Todo el poder a los Soviets" comprendían en grado suficiente que se trataba de la consigna de desarrollo pacífico ascensional de la revolución. Y al decir pacífico no nos referimos sólo a que nadie, ninguna clase, ninguna fuerza importante, hubiera podido entonces (desde el 27 de febrero hasta el 4 de julio) oponerse al paso del poder a los Soviets e impedirlo. Eso no es todo. El desarrollo pacífico habría podido realizarse entonces también en el sentido de que la lucha de las clases y de los partidos dentro de los Soviets, si éstos hubieran asumido oportunamente todo el poder del Estado, habría transcurrido del modo más pacífico y menos doloroso.

Tampoco se presta aún la debida atención a este último aspecto del problema. Por su composición de clase, los Soviets eran órganos del movimiento de los obreros y los campesinos, una forma preparada de su dictadura. Si hubieran tenido plenitud de poderes, se habría acabado en la práctica con el vicio principal de los sectores pequeñoburgueses, con su pecado capital (su confianza en los capitalistas), criticándolo mediante la experiencia de sus propias medidas. Las clases y los partidos que ocupan el poder podrían haber sido relevados por otros pacíficamente dentro de los Soviets, como únicos órganos de gobierno con plenitud de poderes; y la ligazón de todos los partidos representados en los Soviets con las masas habría permanecido en pie, firme e intacta. No se puede perder de vista ni por un instante que esta ligazón estrechísima---que aumenta libremente en amplitud y profundidad---de los partidos representados en los Soviets con las masas era lo único que podía ayudar a desembarazarse pacíficamente de las ilusiones de conciliación pequeñoburguesa con la burguesía. El paso del poder a los Soviets no habría cambiado de por sí, ni podía hacerlo, la correlación de fuerzas entre las clases; no habría cambiado en nada el carácter pequeñoburgués del campesinado. Pero habría dado oportunamente un gran paso en la labor de separar a los campesinos de la burguesía y de acercarlos a los obreros para, después, unirlos con éstos.

Así habría podido ocurrir si el poder hubiese pasado a su debido tiempo a los Soviets. Y eso habría sido lo más fácil y lo más ventajoso para el pueblo. Habría sido el camino menos doloroso, debido a lo cual había que luchar por él con toda energía. Pero hoy, esa lucha, la lucha por la entrega oportuna del poder a los Soviets, ha terminado. La vía pacífica de desarrollo de la revolución se ha hecho imposible. Ha empezado el camino no pacífico, el más doloroso de todos.

El viraje del 4 de julio consiste precisamente en que, a partir de él, ha cambiado bruscamente la situación objetiva. El equilibrio 204 inestable del poder ha cesado; el poder ha pasado, en el lugar decisivo, a manos de la contrarrevolución. El desarrollo de los partidos sobre la base del conciliacionismo de los partidos pequeñoburgueses eserista y menchevique con los democonstitucionalistas contrarrevolucionarios ha conducido a que esos dos partidos pequeñoburgueses se conviertan, de hecho, en cómplices y partícipes del sanguinario terror contrarrevolucionario. La confianza inconsciente de los pequeños burgueses en los capitalistas ha hecho que los primeros, impulsados por el desarrollo de la lucha de los partidos, apoyen conscientemente a los contrarrevolucionarios. El ciclo de desarrollo de las relaciones entre los partidos ha terminado. El 27 de febrero, todas las clases se hallaron unidas contra la monarquía. A partir del 4 de julio, la burguesía contrarrevolucionaria, del brazo de los monárquicos y de las centurias negras, ha puesto a su laclo a los eseristas y mencheviques pequeñoburgueses, apelando en parte a la intimidación, y ha entregado de hecho el poder a los Cavaignac, a una pandilla militar que fusila en el frente a los insubordinados y persigue en Retrogrado a los bolcheviques.

En estas condiciones, la consigna del paso del poder a los Soviets parecería una quijotada o una burla. Mantener esta consigna equivaldría, objetivamente, a engañar al pueblo, a infundirle la ilusión de que basta, incluso ahora, con que los Soviets se limiten a querer o a acordar tomar el poder para que éste vaya a parar a sus manos; la ilusión de que en el Soviet siguen actuando unos partidos no manchados todavía por su complicidad con los verdugos, y de que lo ocurrido puede borrarse de un plumazo.

Sería el mayor de los errores pensar que el proletariado revolucionario, para ``vengarse'', digámoslo así, de los eseristas y mencheviques por el apoyo que éstos prestan a la campaña de represión contra los bolcheviques, a los fusilamientos en el frente y al desarme de los obreros, pueda ``negarse'' a apoyar a esos partidos frente a la contrarrevolución. Plantear así la cuestión equivaldría, en primer lugar, a aplicar al proletariado las concepciones pequeñoburguesas de la moral (pues, si conviene a la causa, el proletariado apoyará siempre no sólo a la pequeña burguesía vacilante, sino incluso a la gran burguesía); en segundo lugar---y esto es lo más importante---, sería un intento pequeñoburgués de velar la esencia política del problema con argumentos de índole ``moral''.

Y la esencia del problema está en que hoy es ya imposible tomar el poder por vía pacífica. Para llegar a él hay que derrotar, luchando resueltamente, a los verdaderos detentadores del poder en el momento actual: a la pandilla militar, a los Cavaignac, que se apoyan en las tropas reaccionarias trasladadas a Petrogrado, en los democonstitucionalistas y en los monárquicos.

205

La esencia del problema consiste en que estos nuevos detentadores del poder pueden ser vencidos únicamente por las masas revolucionarias del pueblo, para cuyo movimiento es condición indispensable no sólo que sean dirigidas por el proletariado, sino también que vuelvan la espalda a los partidos eserista y menchevique, que han traicionado la causa de la revolución.

Quienes pretenden introducir en la política la moral pequeñoburguesa razonan así: admitamos que los eseristas y los mencheviques cometieron un ``error'' al apoyar a los Cavaignac, los cuales desarman al proletariado y a los regimientos revolucionarios. Sin embargo, hay que darles la posibilidad de que lo ``corrijan'', "no dificultarles" la rectificación; hay que ayudar a la pequeña burguesía a que se incline hacia los obreros. Razonar así sería una ingenuidad pueril o una simple tontería, suponiendo que no representase engañar una vez más a los obreros. Porque la inclinación de las masas pequeñoburguesas hacia los obreros consistiría sólo, y precisamente sólo, en que volverían la espalda a los eseristas y mencheviques. Y si los partidos eserista y menchevique quieren hoy rectificar su ``error'', no tienen más camino que declarar a Tsereteli y Chernov, Dan y Rakítnikov cómplices de los verdugos. Nosotros nos pronunciamos plena e incondicionalmente a favor de semejante "rectificación del error"...

El problema fundamental de la revolución, decíamos, es el problema del poder. A esto debemos añadir: precisamente las revoluciones nos muestran a cada paso cómo se vela la cuestión de saber dónde está el verdadero poder y ponen de relieve la diferencia existente entre el poder formal y el efectivo. En eso precisamente estriba una de las peculiaridades más importantes de todo período revolucionario. En marzo y abril de 1917 no se sabía si el poder efectivo estaba en manos del gobierno o del Soviet.

Pero hoy tiene una importancia singular que los obreros conscientes enfoquen serenamente el problema cardinal de la revolución: en manos de quién se halla el poder del Estado en los momentos actuales. Bastará con pararse a examinar sus manifestaciones materiales, no confundiendo las frases con los hechos, y la contestación será fácil.

El Estado, decía Federico Engels, lo constituyen, ante todo, destacamentos de hombres armados y con ciertos aditamentos materiales, como, por ejemplo, las = cárceles'^^11^^. Hoy lo constituyen los cadetes y los cosacos reaccionarios, traídos expresamente a Petrogrado; los que retienen en la cárcel a Kámenev y a otros; los que han prohibido Pravda; los que han desarmado a los obreros y a una jiarte determinada de los soldados; los que fusilan a una parte no menos determinada de los soldados y a una parte no menos 206 determinada de las tropas en el ejército. Esos verdugos son hoy el poder efectivo. Los Tsereteli y los Chernov son ministros sin poder, ministros fantoches, líderes de partidos que apoyan la política de los verdugos. Esto es un hecho. Y este hecho no cambia porque Tsereteli y Chernov personalmente "no aprueben'', quizá, los actos de los verdugos ni porque sus periódicos nieguen tímidamente toda relación con estos últimos, pues tal mudanza de atavío político no modifica en nada la esencia del problema.

La clausura del órgano de prensa de 150.000 electores de Petrogrado y el asesinato por los cadetes del obrero Vóinov (cometido el 6 de julio) por sacar de la imprenta Listok ``Pravdi'', ¿qué son sino actos de verdugos? ¿No es eso, acaso, obra de los Cavaignac? Se nos dirá que "no son culpables" de ello ni el gobierno ni los Soviets.

Pues tanto peor para el gobierno y para los Soviets, contestaremos nosotros; porque eso demuestra que sólo son un cero a la izquierda, marionetas, carentes de poder efectivo.

El pueblo debe saber, ante todo y sobre todo, la verdad', debe saber en manos de quién se encuentra, en realidad, el poder del Estado. Al pueblo hay que decirle toda la verdad: hay que decirle que el poder está en manos de una pandilla de militares a lo Cavaignac (en manos de Kerenski, de ciertos generales, oficiales, etc.), apoyados por la burguesía como clase, con el partido de los democonstitucionalistas a la cabeza y con todos los monárquicos, que actúan a través de toda la prensa ultrarreaccionaria, a través de Nóvoie Vremia, Zhivoie Slovo, etc., etc.

Hay que derrocar este poder. Sin eso, todo lo que se hable de combatir a la contrarrevolución no será más que frases hueras, no será más que "engañarnos a nosotros mismos y engañar al pueblo".

Este poder es apoyado hoy también por los ministros Tsereteli y Chernov y sus partidos. Hay que aclarar al pueblo su papel de verdugos y hacerle ver la ineluctabilidad de que dichos partidos llegasen a este ``final'' después de sus ``errores'' del 21 de abril, del 5 de mayo, del 9 de junio y del 4 de julio; después de aprobar la política de la ofensiva, una política que en sus nueve décimas partes predeterminó la victoria de los Cavaignac en julio.

Debemos reorganizar toda la agitación entre el pueblo de tal modo que tenga en cuenta precisamente la experiencia concreta de la actual revolución y, en particular, de las jornadas de julio; es decir, que haga ver al pueblo con toda claridad que sus verdaderos enemigos son la pandilla militar, los democonstitucionalistas y las centurias negras, y desenmascare con precisión a los partidos pequeñoburgueses, a los partidos eserista y menchevique, que han desempeñado y desempeñan el papel de cómplices de los verdugos.

207

Debemos reorganizar toda la agitación entre el pueblo de tal modo que explique a los campesinos cuan inútil es confiar en recibir la tierra mientras no se derroque el poder de la pandilla miliur, mientras no se desenmascare a los partidos eserista y menchevique v se les prive de la confianza del pueblo. Este proceso sería muy largo y muy difícil en condiciones ``normales'' de desarrollo capitalista, pero la guerra y la ruina económica lo acelerarán extraordinariamente. Con estos ``aceleradores'', un mes y hasta una semana pueden equivaler a un año entero.

Dos objeciones se formularán, quizá, contra lo que dejamos dicho: primera, que hablar hoy de dar la batalla decisiva significaría estimular las acciones aisladas, que favorecerían precisamente a la contrarrevolución; segunda, que al derrocar a ésta, el poder iría a parar, de todos modos, a manos de los Soviets.

A la primera objeción responderemos: los obreros de Rusia tienen ya la suficiente conciencia para no dejarse llevar de provocaciones en un momento que es, a ciencia cierta, desfavorable para ellos. Es indiscutible que lanzarse hoy a la acción y oponer resistencia significaría ayudar a la contrarrevolución. Es asimismo indiscutible que la batalla decisiva sólo podrá darse cuando la revolución vuelva a prender con impulso ascensional en lo más profundo de las masas. Pero no basta con hablar en general del ascenso de la revolución, de su aflujo, de la ayuda de los obreros de los países occidentales, etc.; hay que sacar una conclusión concreta de nuestro pasado y tomar en consideración precisamente nuestra propia experiencia. Y al hacerlo, veremos que de ahí se deduce la consigna de dar la batalla decisiva a la contrarrevolución, que se ha adueñado del poder.

La segunda objeción se reduce, lo mismo que la primera, a remplazar verdades concretas con consideraciones demasiado generales. A excepción del proletariado revolucionario, no hay nada, ninguna fuerza, capaz de derrocar a la contrarrevolución burguesa. Es precisamente el proletariado revolucionario el eme, aprovechando la experiencia de julio de 1917, debe tomar el poder por su cuenta; sin eso es imposible el triunfo de la revolución. El poder en manos del proletariado, apoyado por los campesinos pobres o los semiproletarios: tal es la única salida, y ya hemos dicho cuáles son las circunstancias que pueden contribuir a acelerarla de manera extraordinaria.

En esta nueva revolución podrán y deberán surgir los Soviets, pero no serán los Soviets actuales, no serán órganos de conciliación con la burguesía, sino órganos de lucha revolucionaria contra ella. Cierto que también entonces propugnaremos la organización de todo el Estado según el tipo de los Soviets. No se trata de los Soviets 208 en general, sino de la lucha frente a la contrarrevolución actual y frente a la traición de los Soviets actuales.

La sustitución de lo concreto por lo abstracto es uno de los pecados capitales, y más peligrosos, que pueden cometerse en una revolución. Los Soviets actuales han fracasado, han sufrido una bancarrota completa, por predominar en ellos los partidos eserista y menchevique. En la actualidad, esos Soviets son como carneros conducidos al matadero y que, puestos bajo la cuchilla de los matarifes, balan lastimeramente. Los Soviets son hoy desvalidos e impotentes frente a la contrarrevolución, que ha triunfado y triunfa. La consigna de entregar el poder a los Soviets podría ser comprendida como un ``simple'' llamamiento a que se hagan cargo de él precisamente los Soviets que hoy existen; pero decir eso, invitar a eso, significaría ahora engañar al pueblo. Y no hay nada más peligroso que el engaño.

En Rusia ha terminado el ciclo de desarrollo de la lucha entre las clases y los partidos comprendido entre el 27 de febrero y el 4 de julio. Comienza un nuevo ciclo, en el que no entran las viejas clases, los viejos partidos y los viejos Soviets, sino los partidos, las clases y los Soviets renovados por el fuego de la lucha, templados, instruidos y reconstituidos por el curso de la lucha. No hay que mirar atrás, sino adelante. No hay que operar con las viejas categorías de clases y partidos, sino con las nuevas, con las posteriores al mes de julio. Hay que partir, en los umbrales de este nuevo ciclo, de la contrarrevolución burguesa triunfante---triunfante porque los eseristas y los mencheviques han pactado con ella---y que sólo puede ser vencida por el proletariado revolucionario. En este nuevo ciclo habrá todavía, como es natural, multitud de etapas diversas hasta llegar al triunfo definitivo de la contrarrevolución, a la derrota definitiva (sin lucha) de los eseristas y mencheviques y al nuevo ascenso de la nueva revolución. Pero de esto sólo podrá hablarse más tarde, cuando se vaya perfilando cada una de esas etapas...

/-.SÍT/ÍO <i inftluidos de julio de IÍÍ17.

Puhlieado en W17 en un fnllelo editüdo [)tn el «imité de ('mn.iltull ilel l'OSD(h) de Ru\in.

'!'. .'?/. págs. 10--17.

209 __ALPHA_LVL1__ LAS ENSEÑANZAS DE LA REVOLUCIÓN

El art\'iculo fue escrito a fines de julio y el epHt>«i>. el 'i (!'>) de .^'¡¡liemlne de 1917.

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[210] ~ 211

Toda revolución significa un brusco viraje en la vida de las grandes masas populares. Si este viraje no ha madurado, es imposible una verdadera revolución. Y de la misma manera que todo viraje en la vida de un individuo le enseña y le hace conocer y sentir muchas cosas, la revolución brinda al pueblo entero, en poco tiempo, las más profundas y preciosas enseñanzas.

Durante la revolución, millones y millones de hombres aprenden en una semana más que en un año de vida rutinaria y monótona. Pues en estos virajes bruscos de la vida de todo un pueblo se ve con especial claridad qué fines persiguen las diferentes clases sociales, de qué fuerzas disponen y con qué medios actúan.

Todo obrero, soldado y campesino consciente debe meditar atentamente en las enseñanzas de la revolución rusa; sobre todo hoy, a fines de julio, cuando se ve ya claramente que la primera fase de nuestra revolución ha terminado en un fracaso.

I

En efecto, veamos cuáles eran las aspiraciones de las masas obreras y campesinas cuando hicieron la revolución. ¿Qué esperaban de la revolución? Esperaban, como se sabe, libertad, paz, pan y tierra.

¿Y qué vemos hoy?

En vez de la libertad, se empieza a restaurar la vieja arbitrariedad. Se implanta la pena de muerte para los soldados en el frente, y los campesinos, que se apoderan por propia iniciativa de las tierras de los latifundistas, son llevados ante los tribunales. Las imprentas de los periódicos obreros son asaltadas, y los periódicos, suspendidos sin juicio previo. Se encarcela a bolcheviques, a menudo sin formular contra ellos acusación alguna o presentando acusaciones a todas luces calumniosas.

Se objetará, acaso, que las persecuciones de bolcheviques no representan ningún atentado contra la libertad, pues se persigue sólo a ciertas personas por determinadas imputaciones. Pero esta objeción es una falacia evidente y a sabiendas. Porque aun 212 suponiendo que unas personas cometan delitos, y que éstos sean probados y reconocidos por los tribunales, ¿cómo se puede, por ello, destruir una imprenta y clausurar periódicos? Otra cosa sería si el gobierno declarase delictivo, por medio de una ley, a todo el Partido Bolchevique, su orientación misma y sus ideas. Pero nadie ignora que el gobierno de la Rusia libre no podía hacer, ni ha hecho, nada semejante.

La demostración principal del carácter calumnioso de las acusaciones lanzadas contra los bolcheviques es que la prensa de los terratenientes y los capitalistas venía cubriendo de furiosos insultos a los bolcheviques por su lucha contra la guerra, contra los terratenientes y los capitalistas, y exigía públicamente que se les encarcelase y persiguiese cuando no se había inventado aún ni una sola acusación contra ningún bolchevique.

El pueblo quiere la paz. Pero el gobierno revolucionario de la Rusia libre ha reanudado la guerra de rapiña, tomando como base los mismos tratados secretos que concertara el ex zar Nicolás II con los capitalistas ingleses y franceses en aras del saqueo de otros pueblos por los capitalistas rusos. Estos tratados secretos siguen sin darse a la publicidad. En vez de proponer a todos los pueblos una paz justa, el gobierno de la Rusia libre ha salido del paso con unos subterfugios.

No hay pan. El hambre se acerca de nuevo. Todo el mundo ve que los capitalistas y los ricos engañan desvergonzadamente al fisco con los suministros al ejército (cada día de guerra le cuesta hoy al pueblo 50 millones de rublos); que, con los altos precios de hoy, los capitalistas se embolsan ganancias fabulosas, sin que se haga absolutamente nada para implantar un verdadero control obrero de la producción y de la distribución. Los capitalistas se vuelven cada vez más insolentes; arrojan a los obreros a la calle, y lo hacen en momentos en que el pueblo pasa calamidades por falta de mercancías.

En toda una serie de congresos, la inmensa mayoría de los campesinos ha declarado con energía y claridad eme considera una injusticia y un robo la propiedad terrateniente. Y el gobierno, que se dice revolucionario y democrático, lleva varios meses embaucando a los campesinos y engañándolos con promesas y dilaciones. Durantevarios meses, los capitalistas impidieron al ministro Chernov dictar leyes que prohibiesen la compraventa de la tierra. Y cuando, por fin, fue promulgada esta ley, los capitalistas desencadenaron contra Chernov una infame campaña de calumnias, que continúa hasta hoy. Y el gobierno llega tan lejos en su descaro al defender a los terratenientes que empieza a enjuiciar a los campesinos que se adueñan de las tierras "por propia iniciativa".

213

Se engaña a los campesinos al tratar de convencerles de que deben esperar hasta la Asamblea Constituyente. Pero los capitalistas continúan aplazando su convocación. Y cuando, por fin, bajo la presión de las demandas bolcheviques, se señala la fecha del 30 de septiembre, los capitalistas gritan a los cuatro vientos que "es imposible" convocar la Asamblea Constituyente en tan breve plazo y exigen un nuevo aplazamiento... Los miembros más influyentes del partido de los capitalistas y los terratenientes, del Partido " Demócrata Constitucionalista" o Partido de la "Libertad del Pueblo'', Pánina, por ejemplo, propugnan sin ambages que la Asamblea Constituyente no debe convocarse hasta el final de la guerra.

¡Esperad hasta la Asamblea Constituyente para resolver el problema de la tierra! ¡Esperad a que termine la guerra para convocar la Asamblea Constituyente! ¡Esperad hasta la victoria definitiva para que acabe la guerra! Eso es lo que resulta. Los capitalistas y los terratenientes, eme son mayoría en el gobierno, se burlan descaradamente de los campesinos.

II

¿Cómo pueden ocurrir esas cosas en un país libre que acaba de derribar el poder zarista?

En un país no libre, el pueblo es gobernado por un zar y un puñado de terratenientes, capitalistas y funcionarios que nadie ha elegido.

En un país libre, el pueblo es gobernado únicamente por quienes él mismo ha elegido para ese fin. En las elecciones, el pueblo se divide en partidos y, de ordinario, cada clase de la población forma su propio partido; por ejemplo, los terratenientes, los capitalistas, los campesinos y los obreros están agrupados en sus diferentes partidos. Por eso, en los países libres, el pueblo es gobernarlo mediante la lucha franca de los partidos y el libre acuerdo entre ellos.

Después de derribado el 27 de febrero de 1917 el poder zarista, Rusia fue gobernada durante unos cuatro meses, como un país libre, es decir, mediante la lucha franca de partidos formados libremente y el libre acuerdo entre ellos. En consecuencia, para comprender el desarrollo de la revolución rusa es necesario, ante todo, estudiar cuáles fueron los partidos principales, los intereses de qué clases defendían y qué relaciones existían entre todos esos partidos.

III

Al ser derribado el régimen zarista, el poder del Estado pase') a manos del primer Gobierno Provisional. Este gobierno estaba compuesto de representantes de la burguesía, es decir, de los 214 capitalistas, a los que se unieron también los terratenientes. El partido de los ``democonstitucionalistas'', el partido principal de los capitalistas, figuraba en primer lugar como partido dirigente y gobernante de la burguesía.

El poder no cayó casualmente en manos de este partido, a pesar de que, como es natural, no habían sido los capitalistas, sino los obreros y los campesinos, los marineros y los soldados quienes habían peleado contra las tropas zaristas, derramando su sangre por la libertad. El poder fue a parar a manos del partido de los capitalistas porque esta clase disponía de la fuerza que representan la riqueza, la organización y el saber. Desde 1905, y sobre todo durante la guerra, la clase de los capitalistas y de los terratenientes, aliados a ellos, ha alcanzado en Rusia los mayores éxitos en lo que respecta a su organización.

El Partido Demócrata Constitucionalista fue siempre, tanto en 1905 como desde 1905 hasta 1917, un partido monárquico. Después de triunfar el pueblo sobre la tiranía zarista, este partido se declaró republicano. La experiencia de la historia enseña que cuando el pueblo derrota a una monarquía, los partidos de los capitalistas acceden siempre a convertirse en republicanos con tal de salvar los privilegios de los capitalistas y su poder omnímodo sobre el pueblo.

De palabra, el partido de los democonstitucionalistas propugna la "libertad del pueblo''; pero, en realidad, defiende a los capitalistas. Por eso, todos los terratenientes, todos los monárquicos, todos los ultrarreaccionarios se pusieron inmediatamente a su lado. Prueba de ello son la prensa y las elecciones. Después de la revolución, todos los periódicos burgueses y toda la prensa ultrarreaccionaria cantan a coro con los democonstitucionalistas. Y todos los partidos monárquicos que no se atreven a actuar abiertamente apoyan en las elecciones, como ocurrió, por ejemplo, en Petrogrado, a los democonstitucionalistas.

Después de adueñarse del poder gubernamental, los democonstitucionalistas orientaron todos sus esfuerzos a proseguir la rapaz guerra anexionista comenzada por el zar Nicolás II, que había concertado expoliadores tratados secretos con los capitalistas ingleses y franceses. En esos tratados se prometía a los capitalistas rusos que, en caso de triunfar, podrían anexionarse Constantinopla, y Galitzia, y Armenia, etc. En cambio, frente al pueblo, el gobierno de los democonstitucionalistas se limitó a subterfugios y vacuas promesas, en las que todas las decisiones sobre los asuntos más importantes y de solución imprescindible para los obreros y los campesinos se aplazaban hasta la Asamblea Constituyente, pero sin fijar la fecha de su convocación.

Aprovechándose de la libertad, el pueblo empezó a organizarse 215 por su cuenta. La organización principal de los obreros y los campesinos, que constituyen la aplastante mayoría de la población de Rusia, eran los Soviets de diputados obreros, soldados y campesinos. Estos Soviets comenzaron a formarse ya durante la revolución de febrero y, a las pocas semanas, en la mayoría de las ciudades importantes de Rusia y en muchos distritos, todos los elementos avanzados y conscientes de la clase obrera y del campesinado se habían unido ya en Soviets.

Los Soviets fueron elegidos con absoluta libertad. Eran auténticas organizaciones de las masas del pueblo, de los obreros y los campesinos. Eran verdaderas organizaciones de la inmensa mayoría del pueblo. Los obreros y los campesinos, vestidos con el uniforme militar, estaban armados.

Por supuesto, los Soviets podían y debían haber asumido todo el poder del Estado. Hasta la convocatoria de la Asamblea Constituyente no debería haber existido en el país más poder que el de los Soviets. Sólo así habría sido nuestra revolución verdaderamente popular, verdaderamente democrática. Sólo así habrían podido las masas trabajadoras---que aspiran realmente a la paz, que no están interesadas lo más mínimo en una guerra anexionista---aplicar con resolución y firmeza una política que hubiera puesto fin a la guerra anexionista y conducido a la paz. Sólo así habrían podido los obreros y los campesinos meter en cintura a los capitalistas, que amasan ganancias fabulosas "con la guerra" y han llevado el país a la ruina y al hambre. Pero sólo una minoría de los diputados que formaban los Soviets estaba al lado del partido de los obreros revolucionarios, de los socialdemócratas bolcheviques, que reclamaban el paso de todo el poder a los Soviets. La mayoría de los diputados a los Soviets apoyaba a los partidos de los socialdemócratas mencheviques y de los eseristas, opuestos a la entrega del poder a los Soviets. En vez de propugnar el derrocamiento del gobierno de la burguesía y su sustitución con un gobierno de los Soviets, estos partidos propugnaban que se apoyase al gobierno de la burguesía y se pactase con él, que se formase con él un gobierno de coalición. En esta política de acuerdos con la burguesía, aplicada por los partidos eserista y menchevique, en los que confiaba la mayoría del pueblo, reside el contenido fundamental de todo el desarrollo de la revolución durante los cinco meses transcurridos desde su comienzo.

IV

Veamos, en primer lugar, cómo se desarrolló esa política de conciliación de los eseristas y mencheviques con la burguesía; 216 después buscaremos la explicación de por qué la mayoría del pueblo depositó en ellos su confianza.

V

La política de conciliación de los mencheviques y eseristas con los capitalistas ha existido, en una forma o en otra, en todos los períodos de la revolución rusa.

En las postrimerías de febrero de 1917, apenas triunfó el pueblo y quedó derrocado el régimen zarista, Kerenski fue incluido como ``socialista'' en el Gobierno Provisional de los capitalistas. En realidad, Kerenski jamás había sido socialista, sino un simple trudovique, que empezó a figurar entre los " socialistasrevolucionarios" sólo a partir de marzo de 1917, cuando eso ya no era peligroso y podía tener sus ventajas. El Gobierno Provisional de los capitalistas se preocupó inmediatamente de uncir a su carreta y domesticar al Soviet, valiéndose de Kerenski como vicepresidente del Soviet de Petrogrado. El Soviet, es decir, los eseristas y mencheviques que predominaban en él, se dejó domesticar: nada más constituirse el Gobierno Provisional de los capitalistas, declaró que estaba dispuesto a ``apoyarle'' "por cuanto" éste cumplía sus promesas.

El Soviet se consideraba un organismo encargado de controlar y fiscalizar los actos del Gobierno Provisional. Los dirigentes del Soviet formaron la llamada "Comisión de Enlace'', o sea, un organismo destinado a mantener contacto con el = gobierno^^95^^. En esta Comisión de Enlace, los líderes eseristas y mencheviques del Soviet sostuvieron conversaciones incesantes con el gobierno de los capitalistas, viniendo a ocupar, en realidad, la posición de ministros sin cartera o ministros oficiosos.

Esta situación se mantuvo todo el mes de marzo y casi todo abril. Los capitalistas actuaban con demoras y subterfugios, procurando ganar tiempo. Durante todo este lapso, el gobierno de los capitalistas no dio un solo paso más o menos serio para desarrollar la revolución. No hizo absolutamente nada ni siquiera para cumplir una misión suya directa e inmediata: convocar la Asamblea Constituyente; no llevó el asunto a los organismos locales ni creó una comisión central encargada de estudiar la cuestión. El gobierno tuvo una sola preocupación: renovar en secreto los rapaces tratados internacionales concertados por el zar con los capitalistas de Inglaterra y Francia, frenar lo más cautelosa e inadvertidamente posible la revolución, prometerlo todo y no cumplir nada. Los eseristas y los mencheviques desempeñaban en la "Comisión de Enlace" el papel de esos tontos a quienes se engaña con frases ampulosas, con promesas, con los "vuelva usted mañana''. Y como el cuervo de la conocida fábula, los 217 eseristas y los mencheviques se rendían a las adulaciones y escuchaban satisfechos las aseveraciones de los capitalistas de que tenían en alta estima a los Soviets y no daban un paso sin contar con ellos.

En realidad, el tiempo fue pasando y el gobierno de los capitalistas no hizo nada en pro de la revolución. Pero en contra de la revolución tuvo tiempo de renovar o, mejor dicho, de confirmar los rapaces tratados secretos, "resucitándolos" por medio de negociaciones complementarias, y no menos secretas, con los diplomáticos del imperialismo anglo-francés. Contra la revolución tuvo tiempo, en dicho período, de echar los cimientos de una organización contrarrevolucionaria (o, al menos, un acercamiento) de los generales y la oficialidad del ejército de operaciones. Contra la revolución tuvo tiempo de comenzar la organización de los industríales, fabricantes y patronos, que, bajo la presión de los obreros, veíanse forzados a hacer concesión tras concesión, pero que, al mismo tiempo, empezaban a sabotear (estropear) la producción y esperaban el momento propicio para paralizarla.

Sin embargo, la organización de los obreros y los campesinos avanzados en Soviets progresaba incontenible. Los mejores elementos de las clases oprimidas percibían que el gobierno, pese a su acuerdo con el Soviet de Petrogrado, pese a la grandilocuencia de Kerenski y pese a la "Comisión de Enlace'', seguía siendo un enemigo del pueblo, un enemigo de la revolución. Las masas comprendían que la causa de la paz, la causa de la libertad, la causa de la revolución, estaba irremediablemente perdida si no se vencía la resistencia de los capitalistas. Y en las masas crecieron la impaciencia y la irritación.

VI

Esta irritación y esta impaciencia estallaron los días 20 y 21 de abril. El movimiento comenzó de manera espontánea, sin que nadie lo preparase. Y con una orientación tan marcadamente antigubernamental que incluso un regimiento salió armado a la calle y se presentó delante del Palacio de María con el propósito de detener a los ministros. Para todo el mundo era evidente que el gobierno no podía sostenerse. Los Soviets hubieran podido (y debido) tomar el poder sin encontrar la menor resistencia por parte de nadie. En vez de hacerlo así, los eseristas y los mencheviques apoyaron al gobierno capitalista, que se venía abajo; se embrollaron más aún en la conciliación con él y dieron nuevos pasos, todavía más funestos, hacia la ruina de la revolución.

La revolución enseña a todas las clases con una rapidez y una 218 profundidad jamás vistas en épocas normales, pacíficas. Y los capitalistas, los mejor organizados y más expertos en materia de lucha de clases y de política, fueron quienes aprendieron con mayor rapidez. Cuando vieron que la posición del gobierno era insostenible, recurrieron a un método que los capitalistas de otros países venían practicando durante decenios, a partir de 1848, para engañar, dividir y debilitar a los obreros. Este método es el de los llamados gobiernos de "coalición'', o sea, los gobiernos mixtos, formados por elementos de la burguesía y tránsfugas del socialismo.

En Inglaterra y Francia, los países en que la libertad y la democracia coexisten desde hace más tiempo con el movimiento obrero revolucionario, los capitalistas han aplicado este método repetidas veces y con gran éxito. Los líderes ``socialistas'', al colaborar en los gabinetes de la burguesía, han sido siempre testaferros, títeres y pantallas de los capitalistas, un instrumento de éstos para engañar a los obreros. Los capitalistas "demócratas y republicanos" de Rusia pusieron en práctica este mismo método. Los eseristas y los mencheviques se dejaron embaucar desde el primer momento, y el 6 de mayo, el gobierno de "coalición'', con participación de Chernov, Tsereteli y Cía., era ya un hecho.

Los tontos de los partidos eserista y menchevique eran todo júbilo y se sumergían jactanciosos en el resplandor de la fama ministerial de sus líderes. Los capitalistas se frotaban las manos de gusto, pues "los líderes de los Soviets" venían a brindarles una ayuda contra el pueblo y les prometían apoyar "las acciones ofensivas en el frente'', es decir, la reanudación de la expoliadora guerra imperialista, que se había interrumpido. Los capitalistas conocían toda la pretenciosa impotencia de estos líderes, sabían que jamás se cumplirían las promesas hechas por la burguesía: respecto al control e incluso a la organización de la producción, respecto a la política de paz, etc., etc.

Y así fue, en efecto. La segunda fase de desarrollo de la revolución (desde el 6 de mayo hasta el 9 o el 18 de junio) vino a confirmar por entero los cálculos de los capitalistas de embaucar fácilmente a los eseristas y mencheviques.

Mientras Peshejónov y Skóbeliev se engañaban a sí mismos y engañaban al pueblo con frases altisonantes, diciendo que se arrebataría a los capitalistas el 100% de sus ganancias, que "su resistencia ha sido vencida'', etc., los capitalistas seguían fortaleciéndose. Durante todo ese tiempo no se hizo, en realidad, nada, absolutamente nada, para frenar a los capitalistas. Los ministros tránsfugas del socialismo resultaron ser simples máquinas parlantes encargadas de desviar la atención de las clases oprimidas, mientras que, en realidad, se dejaban en manos de la burocracia (de los 219 funcionarios públicos) y de la burguesía todos los resortes de gobierno del Estado. El tristemente célebre Palchinski, viceministro de Industria, era el representante típico de esta máquina de gobierno, que obstaculizaba toda medida enfilada contra los capitalistas. Los ministros cotorreaban, y todo seguía como antes.

El ministro Tsereteli fue uno de los que más aprovechó la burguesía para luchar contra la revolución. Fue el encargado de ``apaciguar'' Cronstadt cuando los revolucionarios de aquella plaza llegaron al colmo de la osadía y destituyeron al comisario que había sido nombrado. La burguesía desencadenó en sus periódicos una campaña increíblemente estrepitosa, rabiosa y perversa, llena de mentiras y calumnias contra Cronstadt, acusándole de querer "separarse de Rusia'', y repitió esta y otras necedades en todos los tonos, tratando de asustar a la pequeña burguesía y a los filisteos. Tsereteli, el más típico representante de esos filisteos aterrados y obtusos, fue el que más ``honestamente'' picó en el anzuelo de esta campaña burguesa de hostigación, el que se esforzó con mayor celo por "aplastar y reprimir" a Cronstadt, sin darse cuenta de su papel de lacayo de la burguesía contrarrevolucionaria. Resultó ser el instrumento ejecutor del ``pacto'' concertado con el Cronstadt revolucionario, en virtud del cual el comisario de esta plaza no sería nombrado simple y llanamente por el gobierno, sino elegido por Cronstadt y confirmado por el gobierno. En estas mezquinas componendas y otras semejantes malgastaban su tiempo los ministros que habían desertado del socialismo al campo de la burguesía.

Allá donde ningún ministro burgués podía comparecer ante los obreros revolucionarios o ante los Soviets para defender al gobierno, presentábase (mejor dicho, era enviado por la burguesía) un ministro ``socialista'' Skóbeliev, Tsereteli, Chernov u otro, que cumplía a conciencia su misión burguesa, se desvivía por defender al gobierno y limpiar de culpas a los capitalistas, engañando a pueblo con la repetición de promesas, promesas y más promesas y de consejos que se reducían a lo mismo: esperar, esperar y esperar.

El ministro Chernov centró sus esfuerzos, en particular, en el regateo con sus colegas burgueses: hasta el mismo mes de julio, hasta la nueva "crisis de poder" planteada después del movimiento del 3 y 4 de julio, hasta la salida de los democonstitucionalistas del gobierno, el ministro Chernov vivió consagrado a la misión útil, interesante y profundamente popular de ``persuadir'' a sus colegas burgueses de que accediesen, por lo menos, a prohibir la compraventa de tierras. Esta prohibición les había sido prometida a los campesinos, del modo más solemne, en Petrogrado, en el Congreso (Soviet) de diputados campesinos de toda Rusia. Pero no se pasó de la promesa. Chernov no pudo cumplirla ni en mayo ni en junio; hasta que la ola 220 revolucionaria de la explosión espontánea del 3 y 4 de julio, que coincidió con la salida de los democonstitucionalistas del gobierno, permitió implantar esa medida. Pero, con todo, seguía siendo una medida aislada, incapaz de mejorar seriamente la lucha de los campesinos contra los terratenientes, por la tierra.

Entretanto, el "demócrata revolucionario" Kerenski, afiliado de nuevo cuño al partido de los socialistas-revolucionarios, cumplía en el frente, de manera triunfal y brillante, la misión contrarrevolucionaria e imperialista de reanudar la rapaz guerra imperialista, la misión que no había podido cumplir Guchkov, odiado por el pueblo. Kerenski se embriagaba con su propia elocuencia. Y los imperialistas, jugando con él como con un peón de ajedrez, le envolvían en nubes de incienso, le adulaban, le idolatraban porque servía en cuerpo y alma a los capitalistas, esforzándose por convencer a las "tropas revolucionarias" de que accediesen a reanudar la guerra, que se hace, en cumplimiento de los tratados del zar Nicolás II con los capitalistas de Inglaterra y Francia, para que los capitalistas rusos se adueñen de Constantinopla y Lvov, cíe Erzerum y Trebisonda.

Así transcurrió la segunda fase de la revolución rusa, desde el 6 de mayo hasta el 9 de junio. La burguesía contrarrevolucionaria, parapetada tras los ministros ``socialistas'' y defendida por ellos, se fortaleció y consolide'), preparando la ofensiva contra el enemigo exterior y contra el interior, es decir, contra los obreros revolucionarios.

VII

El partido de los obreros revolucionarios, el Partido Bolchevique, preparaba una manifestación para el 9 de junio en Petrogrado, a fin de exponer de una manera organizada el descontento y la indignación, en crecimiento incontenible, de las masas. Los líderes eseristas y mencheviques, enredados en acuerdos con la burguesía y maniatados por la política imperialista de la ofensiva, se sintieron aterrados al percibir que perdían su influencia entre las masas. Resonó un rugido general contra la manifestación, en el que las voces de los democonstitucionalistas contrarrevolucionarios se unieron esta vez a las de los eseristas y mencheviques. Bajo la dirección de estos partidos, y como fruto de su política de conciliación con los capitalistas, se manifestó con toda precisión y asombrosa claridad el viraje de las masas pequeñoburguesas hacia la alianza con la burguesía contrarrevolucionaria. En esto radican la importancia histórica y el sentido clasista de la crisis del 9 de junio.

Los bolcheviques suspendieron la manifestación, pues no tenían el menor deseo de lanzar en aquellos momentos a los obreros a 221 una lucha desesperada contra los democonstitucionalistas, los eseristas y los mencheviques unidos. Pero estos últimos, queriendo conservar el más mínimo residuo de confianza de las masas, se vieron obligados a convocar una manifestación general para el día 18. El furor sacó de quicio a la burguesía, pues vio en ello, y con razón, un síntoma de que la democracia pequeñoburguesa se inclinaba hacia el proletariado, y decidió paralizar la acción de la democracia con una ofensiva en el frente.

En efecto, el 18 de junio proporcione) una notable e impresionante victoria de las consignas del proletariado revolucionario, de las consignas del bolchevismo, entre las masas de San Petersburgo. Y el 19 de junio, la burguesía y el bonapartista~^^*^^ Kerenski anunciaron con toda solemnidad el comienzo de la ofensiva en el frente precisamente el día 18.

La ofensiva significaba, cíe hecho, la reanudación de la guerra de rapiña en provecho de los capitalistas y contra la voluntad de la inmensa mayoría de los trabajadores. Por eso, la ofensiva llevaba aparejados inevitablemente, por una parte, un gigantesco reforzamiento del chovinismo y el paso del poder militar (y, en consecuencia, también del estatal) a una pandilla militar de bonapartistas, y, por otra parte, el paso a un régimen que implicaba violencias contra las masas, persecución de los internacionalistas, supresión de la libertad de agitación, detenciones y fusilamientos de quienes se oponían a la guerra.

Y si el 6 de mayo unció a los eseristas y mencheviques con una soga a la carroza triunfal de la burguesía, el 19 de junio los enyugó con cadenas como criados de los capitalistas.

VIII

Como es natural, la cólera de las masas creció con mayor rapidez y fuerza al reanudarse la guerra de rapiña. Los días 3 y 4 de julio estalle') la indignación popular. Los bolcheviques intentaron moderar la explosión y, por supuesto, darle la forma más organizada posible.

Los eseristas y los mencheviques, como esclavos de la burguesía encadenados por su dueño y señor, accedieron a todo: a que fuesen trasladadas a Petrogrado tropas reaccionarias, a que se _-_-_

^^*^^ Se denomina bonapartismo (palabra derivida de Bonaparte, apellido de dos emperadores franceses) a un gobierno que pretende aparecer al margen de los partidos, aprovechando la durísima lucha que sostienen entre sí los partidos de los capitalistas y de los obreros. Semejante gobierno, sirviendo de hecho a los capitalistas, es el que más engaña a los obreros con promesas y pequeñas limosnas.

222 restableciese la pena de muerte, a que se desarmase a los obreros y a las tropas revolucionarias, a las detenciones, a las persecuciones y las suspensiones de periódicos sin juicio previo. Y el poder, que la burguesía no podía asumir por entero en el gobierno y que los Soviets se negaron a tomar, cayó en manos de una camarilla militar, de los bonapartistas, respaldados en todo, como es de suponer, por los democonstitucionalistas y los ultrarreaccionarios, los terratenientes y los capitalistas.

Los eseristas y los mencheviques rodaron de escalón en escalón. Puestos ya en la pendiente de su conciliacionismo con la burguesía, rodaron inconteniblemente hasta que cayeron en el fondo del abismo. El 28 de febrero prometieron en el Soviet de Petrogrado un apoyo condicional al gobierno burgués. El 6 de mayo le salvaron de la catástrofe y se dejaron convertir en sus lacayos y defensores al dar su conformidad a la ofensiva. El 9 de junio se unieron a la burguesía contrarrevolucionaria en la desenfrenada campaña de odio, mentiras y calumnias contra el proletariado revolucionario. El 19 de junio aprobaron la reanudación de la guerra expoliadora. El 3 de julio accedieron a que se llamasen tropas reaccionarias: era el comienzo de la entrega definitiva del poder a los bonapartistas. Rodaron de escalón en escalón.

Este vergonzoso final de los partidos eserista y menchevique no tiene nada de casual: es el resultado, confirmado más de una vez por la experiencia de Europa, de la situación económica de los pequeños propietarios, de la pequeña burguesía.

IX

Todo el mundo ha podido observar, naturalmente, cómo se esfuerzan los pequeños propietarios, cómo tratan de "abrirse camino'', de llegar a ser verdaderos propietarios, de escalar la posición del amo ``poderoso'', la posición de la burguesía. Mientras impere el capitalismo, el pequeño propietario no tendrá más que esta salida: o conquistar la posición del capitalista (posibilidad que, en el mejor de los casos, sólo se abre ante uno de cada cien pequeños propietarios) o pasar a la situación del pequeño propietario arruinado, del semiproletario y, después, del proletario. Así ocurre también en política: la democracia pequeñoburguesa, sobre todo personificada por sus dirigentes, se arrastra tras la burguesía. Los líderes de la democracia pequeñoburguesa consuelan a sus masas con promesas y protestas de que es posible llegar a un acuerdo con los grandes capitalistas. En el mejor de los casos, obtienen de éstos, durante muy poco tiempo, concesiones insignificantes, que sólo benefician a la pequeña cúspide de las masas trabajadoras. Pero en 223 todos los problemas decisivos, importantes, la democracia pequeñoburguesa se ha encontrado siempre a la cola de la burguesía, ha sido un impotente apéndice suyo, un instrumento sumiso en manos de los reyes de las finanzas. La experiencia de Inglaterra y cíe Francia lo ha confirmado muchas veces.

La experiencia de la revolución rusa, en la que los acontecimientos se han desarrollado con singular celeridad, sobre todo bajo la influencia de la guerra imperialista y de la profundísima crisis originada por ella; esta experiencia, que comprende desde febrero hasta julio de 1917, ha venido a confirmar con extraordinaria claridad y evidencia la vieja verdad marxista referente a la inconsecuencia de la pequeña burguesía.

La revolución rusa enseña que las masas trabajadoras sólo tienen un camino para salvarse de la férrea tenaza de la guerra, del hambre y de su esc lavización por los terratenientes y capitalistas: romper por completo con los partidos eserista y menchevique, comprender claramente su papel de traidores, renunciar a toda conciliación con la burguesía y ponerse resueltamente al lado de los obreros revolucionarios. Estos últimos, si los apoyan los campesinos pobres, son los únicos que pueden quebrantar la resistencia de los capitalistas, llevar al pueblo a la conquista de la tierra sin indemnización, a la plena libertad, al triunfo sobre el hambre, al triunfo sobre la guerra, a una pa/. justa y duradera.

EPILOGO

Este artículo fue escrito, como se deduce de su texto, a fines de julio.

La historia de la revolución durante el mes de agosto ha confirmado cuanto se dice en él. Además, la sublevación de Kornilov*' a finales de agosto imprimió a la revolución un nuevo viraje y mostró palpablemente a todo el pueblo que los democonstitucionalistas, aliados a los generales contrarrevolucionarios, pretenden disolver los Soviets y restaurar la monarquía. ¿Será este nuevo viraje de la revolución lo suficientemente fuerte para poner fin a la funesta política de conciliación con la burguesía? El futuro inmediato lo dirá...

N. Lenin

6 de septiembre de 1917.

224 __ALPHA_LVL1__ AL COMITÉ CENTRAL DEL POSDR

Es posible (|ue estas líneas lleguen con retr'aso, pues los acontecimientos se desarrollan a veces con una velocidad verdaderamente vertiginosa. Escribo esto el miércoles 30 de agosto; los destinatarios lo leerán no antes del viernes 2 de septiembre, pero con todo y con eso, creo mi deber escribir lo siguiente:

La sublevación de Kornílov representa un viraje de los acontecimientos en extremo inesperado (inesperado por el momento y por la forma) e increíblemente brusco.

Como todo viraje brusco, exige una revisión y un cambio de táctica. Y como con toda revisión, con ésta hay que ser archiprudente para no caer en una falta de principios.

A mi juicio, incurren en una falta de principios quienes (como Volodarski) descienden hasta las posiciones del defensismo o (a modo de otros bolcheviques) hasta el bloque con los eseristas, hasta el (tpoyo al Gobierno Provisional. Esto es archiequivocado, es una falta de principios. Nos haremos defensistas sólo después de que el poder pase al proletariado, después de proponer la pa/., después de romper con los tratados secretos y los vínculos con los bancos, v sólo después. Ni la caída de Riga ni la caída de Petrogrado nos harán defensistas. (Rogaría que se dé a leer esto a Volodarski.) Hasta entonces estaremos por la revolución proletaria, contra la guerra y uo seremos defensistas.

Nosotros no debemos apoyar al gobierno de Kerenski ni siquiera ahora. Es una falta de principios. Preguntarán: ¿es posible que no haya que luchar contra Kornílov? ¡Por cierto que sí! Pero no es lo mismo; hay un límite; y ese límite lo transponen algunos bolcheviques cayendo en una "posición conciliadora'', dejándose arrastrar por la corriente de los acontecimientos.

Vamos a combatir y combatimos a Kornílov, como lo hacen las tropas de Kerenski, pero nosotros no apoyamos a Kerenski, sino que desenmascaramos su debilidad, ésa es la diferencia. Es una diferencia bastante sutil, pero archiesencial y no se la puede olvidar.

;En qué consiste el cambio de nuestra táctica después de la sublevación de Kornílov?

[225] 299-1.jpg [226] ~ 227

En que cambiamos la forma de nuestra lucha contra Kerenski. Sin debilitar un ápice nuestra hostilidad contra él, sin retirar una sola palabra dicha en su contra, sin renunciar al objetivo de derribar a Kerenski, decimos: hay que tomar en cuenta el momento; no vamos a derrocar a Kerenski en seguida; ahora encararemos de otra manera la tarea de luchar contra él, o más precisamente, haciendo ver al pueblo (que lucha contra Kornílov) la debilidad y las vacilaciones de Kerenski. También antes se hacía esto, pero ahora pasa a ser lo fundamental; en esto consiste el cambio.

Luego, el cambio consiste en que ponemos en un primer plano el intensificar la agitación en favor de lo que podríamos llamar "exigencias parciales" a Kerenski: que arreste a Miliukov, que arme a los obreros de Retrogrado, que llame a las tropas de Cronstadt, de Víborg y de Helsingfors a Petrogrado, que disuelva la Duma de Estado, que arreste a Rodzianko, que legalice la entrega de las tierras de los terratenientes a los campesinos, que implante el control obrero sobre el trigo y las fábricas, etc., etc. Y estas exigencias no las debemos presentar sólo a Kerenski, no tantos Kerenski, como a los obreros, soldados y campesinos, ganados por la marcha de la lucha contra Kornílov. Seguir animándolos, alentarlos a que liquiden a los generales y oficiales que se han pronunciado a favor de Kornílov, insistir en que ellos exijan de inmediato la entrega de la tierra a los campesinos, sugerirles a ellos la idea sobre la necesidad de arrestar a Rodzianko y a Miliukov, de disolver la Duma de Estado, clausurar Riech y otros periódicos burgueses e iniciar una investigación judicial. A los eseristas de ``izquierda'' es a quienes más hay que empujar en esta dirección.

Sería incorrecto pensar que nos hemos alejado del objetivo de la conquista del poder por el proletariado. No. Nos hemos acercado extraordinariamente a él, pero no en forma directa, sino de costado. Y hay que hacer agitación en este mismo instante, no tanto directamente contra Kerenski, como indirectamente, pero también contra él, esto es: exigiendo una guerra activa, muy activa, auténticamente revolucionaria contra Kornílov. El solo desarrollo de esta guerra puede conducirnos a nosotros al poder, pero en la propaganda hay que hablar poco de eso (recordando firmemente que mañana mismo los acontecimientos nos pueden colocar en el poder y entonces nosotros no lo dejaremos escapar). Me parece que debería comunicarse esto en una carta (no en la prensa) a las comisiones de agitación y propaganda y, en general, a los miembros del partido. Hay que luchar despiadadamente contra las frases acerca de la defensa del país, del frente único de la democracia revolucionaria, del apoyo al Gobierno Provisional, etc., etc., demostrando precisamente que no son sino frases. Ahora, hay que decirles, 228 es el momento de obrar: vosotros, señores eseristas y mencheviques, hace tiempo que habéis gastado estas frases. Ahora es el momento de obrar. La guerra contra Koriiílov hay que hacerla de manera revolucionaria, atrayendo a las masas, levantándolas, enardeciéndolas (y Kerenski teme a las masas, teme-al pueblo). En la guerra contra los alemanes, ahora precisamente es necesario obrar: de inmediato y de una manera absoluta hay que proponer la paz sobre la base de condiciones precisas. De hacer esto se podrá lograr, ya sea una pronta paz, ya sea transformar la guerra en revolucionaria; de otro modo, todos los mencheviques y eseristas seguirán siendo lacayos del imperialismo.

__-_-_-__

P. S.: Habiendo leído, después de escribir esto, seis números = de Rabochi^^91^^, debo decir que coincidimos plenamente. Saludo de todo corazón los magníficos editoriales, el resumen de la prensa y los artículos firmados por V. M-n y Vol-i. Sobre el discurso de Volodarski leí su carta a la Redacción; esa carta también ``anula'' mis reproches. Nuevamente, mis mejores votos y saludos.

Lenin

Escrito el 30 de agosto (¡2 de septiembre) de 1917.

Publicado por vez primera el 7 de noviembre de 1920 en el núm 250 de "l'ravda".

T. 34. fxíp. 119--121.

229 __ALPHA_LVL1__ ACERCA DE LOS COMPROMISOS

Llámase compromiso en política a hacer concesiones respecto a ciertas demandas, a renunciar a una parte de las reivindicaciones propias en virtud de un acuerdo con otro partido.

La idea habitual del vulgo acerca de los bolcheviques, sostenida por la prensa que los calumnia, consiste en que jamás aceptan compromiso alguno con nadie.

Tal idea nos halaga como partido del proletariado revolucionario, pues demuestra que hasta los enemigos se ven obligados a reconocer nuestra fidelidad a los principios fundamentales del socialismo y de la revolución. Pero, con todo, hay que decir la verdad: esa idea no corresponde a los hechos. Engels estaba en lo cierto cuando en su critica del manifiesto de los blanquistas de la Comuna (en 1873) ridiculi/aba la declai'ación de éstos: "¡Ningún compromiso!"'" Eso es una frase---decía él---, pues, a menudo, los compromisos de un partido que lucha son impuestos inevitablemente por las circunstancias y es absurdo renunciar = de^^1^^ una ve/ para siempre "a cobrarse la deuda por partes" ™. La tarea de un partido auténticamente revolucionario no consiste en declarar imposible la renuncia a cualquier compromiso, sino en saber mantenerse fiel, a través de todos los compromisos---en la medida en que sean inevitables---, a sus principios, a su clase y a su misión revolucionaria, a su obra de preparar la revolución y educar a las masas populares para triunfar en la revolución.

Un ejemplo. Participar en la III y IV Dumas fue un compromiso, una renuncia temporal a las reivindicaciones revolucionarias. Pero fue un compromiso absolutamente for/oso, pues la correlación de fuer/as descartaba para nosotros, por cierto tiempo, la lucha revolucionaria de masas, y su larga preparación hacía necesario saber trabajar incluso desde dentro de semejante ``pocilga''. La historia demostró que tal planteamiento del problema por los bolcheviques, como partido, era justo.

Ahora, el problema inmediato no es un compromiso for/oso, sino un compromiso voluntario.

Nuestro partido, como cualquier otro partido político, aspira a 230 conquistar la dominación política para sí. Nuestra meta es la dictadura del proletariado revolucionario. Seis meses de revolución han confirmado con extraordinaria claridad, fuerza y elocuencia lo justo e inevitable de tal reivindicación, en interés precisamente de esta revolución, pues el pueblo no podrá obtener de otro modo ni una paz democrática, ni la tierra para los campesinos ni una libertad completa (una república plenamente democrática). Así lo han mostrado y demostrado el curso de los acontecimientos en el medio año de nuestra revolución, la lucha de clases y de los partidos, el desarrollo de las crisis del 20 y 21 de abril, del 9 y 10 y del 18 y 19 de junio, de los días 3, 4 y 5 de julio y del 27 al 31 de agosto.

Ahora se ha producido en la revolución rusa un viraje tan brusco y original que, como partido, podemos proponer un compromiso voluntario, cierto que no a la burguesía---nuestro directo y principal enemigo de clase---, sino a nuestros adversarios más próximos, a los partidos ``dirigentes'' de la democracia pequeñoburguesa: los eseristas y los mencheviques.

Como una mera excepción, únicamente forzados por una situación especial que, al parecer, se mantendrá sólo poquísimo tiempo, podemos proponer un compromiso a esos partidos y, a mi juicio, debemos hacerlo.

Es un compromiso, por nuestra parte, retornar a la reivindicación de antes de julio: todo el poder a los Soviets, formación de un gobierno de eseristas y mencheviques responsable ante los Soviets. Ahora, sólo ahora, y quizás apenas durante unos pocos días o por una o dos semanas, un gobierno de ese tipo podría formarse y afianzarse de un modo completamente pacífico. Podría garantizar, con una probabilidad gigantesca, un movimiento pacífico de avance de toda la revolución en Rusia y ofrecería extraordinarias posibilidades de que dé grandes pasos adelante el movimiento mundial hacia la paz y hacia el triunfo del socialismo.

Sólo en nombre de ese desarrollo pacífico de la revolución ---posibilidad extraordinariamente rara en la historia y extraordinariamente valiosa, excepcionalmente insólita---, sólo en nombre de ella, pueden y deben, a mi parecer, aceptar tales compromisos los bolcheviques, partidarios de la revolución mundial y de los métodos revolucionarios.

El compromiso consistiría en que los bolcheviques, sin pretender participar en el gobierno (cosa imposible para un internacionalista si no se realizan efectivamente las condiciones de la dictadura del proletariado y de los campesinos pobres), renunciaran al paso inmediato del poder al proletariado y a los campesinos pobres y a los métodos revolucionarios de lucha por esa reivindicación. La condición, de por sí evidente y nada nueva para los eseristas y los 231 mencheviques, sería la plena libertad de agitación y la convocatoria de la Asamblea Constituyente, sin nuevas dilaciones e incluso en un plazo más breve.

Los mencheviques y los eseristas, como bloque gubernamental, accederían (en el supuesto de que se llegara al compromiso) a constituir un gobierno, íntegra y exclusivamente responsable ante los Soviets, pasando a manos de éstos todo el poder también en las localidades. En eso consistiría la ``nueva'' condición. Creo que los bolcheviques no pondrían otras condiciones, confiando en que la verdadera y completa libertad de agitación y la inmediata aplicación de nuevos principios democráticos en la composición de los Soviets (nuevas elecciones) y en su funcionamiento garantizarían de por sí el avance pacífico de la revolución y pondrían fin pacíficamente a las luchas entre los partidos dentro de los Soviets.

¿Quizá esto sea ya imposible? Quizá. Pero si existe, aunque sólo sea una posibilidad entre cien, valdría la pena intentarlo.

¿Qué ganarían con este ``compromiso'' ambas partes " contratantes'', o sea, los bolcheviques, por una parte, y el bloque de los eseristas y mencheviques, por otra? Si ninguna de las dos partes gana nada, será necesario reconocer la imposibilidad del compromiso y entonces no habrá por qué hablar de ello. Por difícil que sea ahora (después de julio y agosto, dos meses que equivalen a dos décadas de época "pacífica" y soñolienta) ese compromiso, me parece que existe una pequeña probabilidad de llevarlo a cabo, y esta probabilidad dimana de la decisión de los eseristas y mencheviques de no colaborar en un gobierno del que formen parte los democonstitucionalistas.

Los bolcheviques ganarían al obtener la posibilidad de hacer con entera libertad agitación en pro de sus opiniones y, en condiciones efectiva y enteramente democráticas, conquistar influencia en los Soviets. De palabra, ``todos'' reconocen hoy esa libertad a los bolcheviques. Pero, en la práctica, es imposible bajo un gobierno burgués o con participación de la burguesía, bajo un gobierno que no sea soviético. Con un gobierno de los Soviets, esa libertad sería posible (no decimos: garantizada con seguridad, pero, no obstante, posible). En aras de esa posibilidad, en un momento tan difícil, habría que decidirse a un compromiso con la mayoría actual de los Soviets. Con una verdadera democracia, nosotros nada debemos temer, pues la vicia está a nuestro favor, e incluso la forma en que se desarrollan las corrientes dentro de los partidos eserista y menchevique, hostiles a nosotros, confirma que estamos en lo cierto.

Los mencheviques y los eseristas ganarían al recibir en el acto la plena posibilidad de realizar el programa de su bloque, apoyándose 232 en la mayoría, a ciencia cierta inmensa, del pueblo y asegurándose la utili/.ación "pacífica" de su mayoría en los Soviets.

Es cierto que desde ese bloque---heterogéneo por ser bloque y también porque la democracia pequeñoburguesa es siempre menos homogénea que la burguesía y que el proletariado---se al/.arían, probablemente, dos voces.

Una voz diría: nuestro camino no coincide en modo alguno con el de los bolcheviques, con el del proletariado revolucionario. Este, de todos modos, exigirá más de la cuenta y arrastrará demagógicamente a los campesinos pobres. Exigirá la pa/. y la ruptura con. los aliados. Eso es imposible. Nos sentimos más cerca y mejor con la burguesía, pues no nos hemos separado de ella, sino que nos hemos indispuesto con ella por poco tiempo y sólo a causa del incidente de Kornílov. Nos hemos indispuesto, pero ya nos reconciliaremos. Además, los bolcheviques no nos hacen ninguna "concesión'', pues las tentativas de insurrección por parte suya están, de todos modos, tan condenadas a la derrota como la Comuna de 1871.

Otra voz. diría: la alusión a la Comuna es muy superficial e incluso estúpida. Porque, en primer lugar, los bolcheviques han aprendido algo, a pesar de todo, desde 1871, y ahora no dejarían de apoderarse de los bancos y no vacilarían en marchar sobre Versalles; y en tales condiciones, hasta la Comuna podía haber triunfado. Además, la Comuna no podía ofrecer al pueblo en seguida todo lo que podrán ofrecerle los bolcheviques si obtienen el poder, a saber: la tierra a los campesinos, la propuesta inmediata de paz, el control verdadero de la producción, la paz honesta con los ucranios, los finlandeses, etc. Hablando en términos vulgares, los bolcheviques tienen en sus manos diez, veces más "cartas de triunfo" que la Comuna. En segundo lugar, la Comuna significa de todos modos una penosa guerra civil, una larga dilación del desarrollo cultural pacifico después de ella: facilita las operaciones y las maniobras de todos los Mac-Mahon y Kornílov, y tales operaciones amenazan a toda nuestra sociedad burguesa. ¿Es sensato correr el riesgo de la Comuna?

Pero la Comuna será inevitable en Rusia si no tomamos el poder, si la situación sigue siendo tan difíc il como desde el 6 de mayo hasta el 31 de agosto. Todo obrero y soldado revolucionario pensará sin falta en la Comuna y tendrá fe en ella, intentará sin falta llevarla a cabo, razonando así: el pueblo perece, la guerra, el hambre y la ruina prosiguen su marcha. Sólo en la Comuna está la salvación. Pereceremos, moriremos todos, pero haremos realidad la Comuna. Tales pensamientos son ineludibles entre los obreros, y ahora no se logrará vencer a la Comuna tan fácilmente como en 1871. La Comuna rusa tendrá en todo el mundo aliados c ien veces más fuertes que en 1871... ;Es sensato que corramos el riesgo de la Comuna? 233 Tampoco puedo aceptar que los bolcheviques, en el fondo, no nos concedan nada con su compromiso. Pues en todos los países civilizados, los ministros inteligentes valoran mucho cualquier acuerdo, por pequeño que sea, con el proletariado durante la guerra. Lo aprecian mucho, muchísimo. Y no debe olvidarse que se trata de hombres prácticos, de auténticos ministros. Los bolcheviques se fortalecen con bastante rapidez, a pesar de las represiones, a pesar de la debilidad de su prensa... ;Es sensato que corramos el riesgo de la Comuna?

Tenemos una mayoría asegurada, no está aún tan cercano el despertar de los campesinos pobres, tenemos tiempo suficiente. No creo que la mayoría siga a los extremistas en un país campesino. Y contra una mayoría segura, en una república verdaderamente democrática, la insurrección es imposible. Así hablaría la segunda voz.

Quizá se encuentre una tercera voz, entre algunos partidarios de Mártov o de Spiridónova, que diga: me indigna, ``camaradas'', que ambos, al razonar acerca de la Comuna y de la posibilidad de su existencia, os coloquéis sin vacilar al lado de sus adversarios. El uno en una forma y el otro en otra, pero ambos estáis de parte de quienes aplastaron la Comuna. No haré agitación a favor de la Comuna, no puedo prometer de antemano que combatiré en sus filas, como lo hará todo bolchevique; pero debo decir, no obstante, que si la Comuna surge a pesar de mis esfuerzos, antes ayudaré a sus defensores que a sus adversarios...

La diferenc ia de opiniones en el ``bloque'' es grande e inevitable, pues en la democracia pequeñoburguesa está representado un mundo de matices: desde el burgués cíe cuerpo entero, plenamente ministrable = 10(), hasta el semimendigo, no capaz aún por completo de sustentar la posición del proletario. Y nadie sabe cuál va a ser, en cada momento concreto, el resultado de esa discordancia.

__*_*_*__

Las líneas precedentes fueron escritas el viernes 1 de septiembre y, debido a circunstancias casuales (la historia dirá que, en los tiempos de Kerenski, no todos los bolcheviques gozaban del derecho a elegir libremente su lugar de residencia), no llegaron a la Redacción ese mismo día. Y después de haber leído los periódicos del sábado y los de hoy, domingo, me digo: quizá sea demasiado tarde para proponer un compromiso. Quizá hayan pasado también los pocos días en que era posible todavía un desarrollo pacífico. Sí, todo indica que han pasado ya "''. Kerenski se irá, de uno u otro modo, del partido eserista, se alejará de los eseristas y se afianzará, con ayuda de 234 los burgueses, sin los eseristas y gracias a la macaón de estos... Si, todo indica que han pasado ya los días en que era posible casualmente la vía de desarrollo pacífico. Sólo me resta enviar estas notas a la Redacción, rogándole que las encabece asi: Pensamientos tardíos... A veces, tal vez pueda tener cierto interés conocer algunos pensamientos tardíos.

3 de septiembre de 1917.

Escrita d 1-3 (¡4-16) de septiembre de 1917.

Publicado el 19 (6) de septiembre de 191 7 en el núm. 3 de "Rabochi Puf" con la firma de Lenin.

T. 34, págs. 133--139.

235 __ALPHA_LVL1__ PROYECTO DE RESOLUCIÓN SOBRE LA SITUACIÓN POLÍTICA ACTUAL'~^^2^^

Basándose en la resolución sobre la situación política adoptada por el VI Congreso del POSD (bolchevique) de Rusia = "'^^3^^ y aplicando dicha resolución al momento actual, el Comité Central del POSDR, en su reunión plenaria, comprueba que:

1. En el transcurso de dos meses, desde el 3 de julio hasta el 3 de septiembre, la lucha de clases y el desarrollo de los acontecimientos políticos, a consecuencia de la velocidad inaudita de la revolución, han impulsado tanto el país hacia adelante como no hubieran podido hacerlo en tiempos de paz largos años sin revolución y sin guerra.

2. Se pone cada ve/, más en claro que los acontecimientos del 3 al 5 de julio fueron el punto crítico de toda la revolución. Sin una apreciación exacta de estos acontecimientos no es posible valorar correctamente los objetivos del proletariado ni la velocidad de desarrollo de los acontecimientos revolucionarios, que no depende de nuestra voluntad.

3. Las calumnias que la burguesía hace circular con increíble empeño contra los bolcheviques entre las masas del pueblo, pródigamente, gracias a los millones invertidos en los periódicos y las editoriales capitalistas, se desenmascaran cada día con mayor amplitud y rapide/.. A las masas obreras de la capital y de las grandes ciudades primero, y luego también a los campesinos, se les hace más evidente que las calumnias contra los bolcheviques son una de las armas principales que tienen los capitalistas en su lucha contra los defensores de los intereses de los obreros y de los campesinos pobres, es decir, contra los bolcheviques.

4. El levantamiento de Kornílov, es decir, de los generales y oficiales respaldados por los terratenientes y capitalistas, con el Partido Demócrata Constitucionalista (el Partido de la "Libertad del Pueblo'') a la cabeza, intentó simplemente encubrirse repitiendo las viejas calumnias contra los bolcheviques, y esto ha sido precisamente lo que más ha contribuido a abrir los ojos de manera definitiva a las más amplias masas del pueblo acerca de la verdadera significación y finalidad de aquellas calumnias lanzadas por la burguesía contra el 236 Partido Obrero Bolchevique, partido de los auténticos defensores de los pobres.

5. Si nuestro partido se hubiese negado a apoyar el movimiento de masas del 3-4 de julio, movimiento que estalle') espontáneamente, a pesar de nuestros esfuerzos por contenerlo, habría traicionado de manera directa y total al proletariado, pues las masas se pusieron en movimiento, justa y legítimamente indignadas por la prolongación de la guerra imperialista, es decir, de esa guerra de conquista y rapiña que se realiza en interés de los capitalistas, y por la inacción clel gobierno y de los Soviets frente a la burguesía, que hace que el hambre y el desbarajuste económico se agudicen y acentúen.

6. A pesar de todos los esfuerzos de la burguesía y del gobierno, a pesar de las detenciones de cientos de bolcheviques, de la confiscación de sus papeles y documentos, de los allanamientos efectuados en las redacciones, etc.; a pesar de todo eso, 110 se ha conseguido ni se conseguirá jamás probar la calumnia de que nuestro partido hubiese fijado al movimiento clel 3-4 de julio otra finalidad que no fuera manifestarse "pacífica y organizadamente" bajo la consigna de que sea entregado todo el poder del Estado a los Soviets de diputados obreros, soldados y campesinos.

7. Habría sido un error que los bolcheviques se hubiesen propuesto como objetivo el 3-4 de julio la toma del poder, pues la mayoría, no sólo del pueblo, sino también de los obreros, no había experimentado entonces en la práctica la política contrarrevolucionaria de los generales en el ejército, de los terratenientes en el campo y de los capitalistas en la ciudad; política que se ha revelado ante las masas a partir del 5 de julio y que era el fruto del espíritu de conciliación de los eseristas y mencheviques con la burguesía. Pero no hubo una sola organización de nuestro partido, ni central ni local, que lanzase oralmente ni por escrito la consigna de la toma del poder el 3-4 de julio, ni pusiese siquiera este punto a discusión.

8. El verdadero error cometido por nuestro partido en las jornadas del 3 y 4 de julio, error que hoy han puesto de relieve los acontecimientos, consistió sencillamente en considerar la situación general del país menos revolucionaria de lo que en realidad resultó ser, en creer que todavía era posible una evolución pacífica de las transformaciones políticas cambiando la política de los Soviets, cuando en la práctica los mencheviques y eseristas se habían enredado y atado tanto a la burguesía, con sus pactos, y cuando ésta se había vuelto ya a tal punto contrarrevolucionaria, que no se podía hablar siquiera de desarrollo pacífico alguno. Pero nuestro partido no podía desterrar esta idea falsa---inspirada en la confianza de que los acontecimientos no se desarrollarían con demasiada celeridad--- más que interviniendo en el movimiento popular clel 3-4 de julio con 237 la consigna de ``¡Todo el poder a los Soviets!'' y con el objetivo de imprimir al movimiento un carácter pacífico y organizado.

9. La significación histórica de la sublevación de Kornílov estriba precisamente en que abrió con fuerza extraordinaria los ojos de las masas clel pueblo sobre esta verdad que con frases conciliatorias encubrían v siguen encubriendo los eseristas y mencheviques, a saber: que los terratenientes y burgueses, con el Partido Demócrata Constitucionalista a la cabeza, y con los generales y oficiales a su lado, se han organizado y están dispuestos a cometer y cometen los crímenes más inauditos, que son los de entregar Riga (y tras ella, Petrogrado) a los alemanes, dejarles abierto el frente, entregar los regimientos bolcheviques al fusilamiento, iniciar un motín, hacer marchar las tropas sobre la capital, con la "división salvaje" "" a la cabeza, etc., etc.; todo ello para que la burguesía tome el poder íntegro en sus marros, para afianzar el poder de los terratenientes en el campo y anegar el suelo del país con la sangre de los obreros y campesinos.

La sublevación de Kornílov ha demostrado en Rusia lo que la historia había probado en todos los países: que la burguesía, con tal de defender su poder sobre el pueblo y sus beneficios, no retrocede ante ninguna traición a la patria y ante ningún crimen.

10. Par a los obreros y campesinos de Rusia no hay absolutamente ninguna salida, salvo la de luchar denodadamente y lograrla victoria sobre los terratenientes y la burguesía, sobre el partido de los demócratas constituc ioiialistas y los generales y oficiales que simpatizan con él. Pero solamente la clase obrera de las ciudades podrá conducir' al pueblo, es decir', a todos los trabajadores, a esta lucha y esta victoria, si pasa a sus manos todo el poder del Estado y si la apoyan los campesinos pobres.

11. Los acontecimientos de la revolución rusa, sobre lodo después del (> de mayo, y aún más después del 3 de julio, se desarrollan con una celeridad tan increíble de torbellino y huracán, que el partido no debe proponerse en modo alguno acelerarlos; por el contrario, todos los esfuerzos deberán orientarse a no quedar a la zaga de los acontecimientos y marchar a tiempo con nuestra labor de hacer comprender en la medida de nuestras fuerzas a los obreros y trabajadores los cambios en la situación y en el desarrollo de la lucha de clases. Tal es, en efecto, actualmente, la principal tarea del partido: hacer ver a las rrrasas que la situación es terriblemente crítica, que toda ínter vención puede terminar en uir estallido, razón por la cual un levantamiento prematuro podría acarrear los mayores daños. Pero, al mismo tiempo, esta situación crítica lleva inevitablemente a la clase obrera---y tal vez con una rapidez catastrófica---a <]ue ella, en virtud del giro que han tomado los acontecimientos, 238 independientemente de su voluntad, se vea obligada a dar la batalla decisiva a la burguesía contrarrevolucionaria y conquistar el poder.

12. La sublevación de Kornílov ha evidenciado plenamente que el ejército, todo el ejército, odia al Cuartel General. Así hubieron de reconocerlo hasta los mencheviques y eseristas, que durante meses han demostrado con sus esfuerzos su odio a los bolcheviques y sus simpatías por una política de inteligencia de los obreros y campesinos con los terratenientes y la burguesía. El gobierno de Kerenski, al limitarse a sustituir a Kornílov por Alexéiev, dejando en sus puestos a Klembovski y otros generales de Kornílov, sin hacer nada serio por democratizar el ejército y eliminar los mandos contrarrevolucionarios, lejos de debilitar el odio del ejército contra el Cuartel General, lo que hará es acentuarlo. Los Soviets, que toleran y apoyan esta política débil, vacilante y sin principios de Kerenski; los Soviets, que una vez más han dejado escapar la ocasión de tomar pacíficamente el poder al liquidar la sublevación de Kornílov, estos Soviets se hacen culpables rio sólo por practicar una política de conciliación con la burguesía, sino por una política de conciliación criminal con ella.

El ejército, que odia al Cuartel General y no quiere hacer la guerra, cuyo carácter de rapiña ya ha visto claro, está inevitablemente condenado a nuevas catástrofes.

13. La clase obrera, una vez que conquiste el poder, es la única capaz de aplicar una política de paz efectiva y no de palabra, como la que siguen los mencheviques y eseristas, quienes, en realidad, apoyan a la burguesía y sus tratados secretos. La clase obrera, inmediatamente y cualquiera que sea la situación militar, incluso si los generales de Kornílov, después de entregar Riga, entregasen también Petrogrado, propondrá a todos los pueblos condiciones francas, precisas, claras y justas de paz. La clase obrera puede hacerlo en nombre de todo el pueblo, pues la aplastante mayoría de los obreros y campesinos de Rusia se ha manifestado contraria a la guerra de conquista actual y partidaria de una paz concertada en condiciones justas, sin anexiones (conquistas) ni contribuciones.

Los eseristas y mencheviques, que llevan varios meses hablando de semejante paz, no hacen más que engañarse a sí mismos y engañar al pueblo. Tan pronto como conquiste el poder, la clase obrera, sin perder un solo día, propondrá dicha paz a todos.

A los capitalistas de todos los países les cuesta gran trabajo contener la revolución obrera---que se avecina por doquier---contra la guerra; tanto que si la revolución rusa deja de suspirar impotente y lastimosamente por la paz y pasa a proponerla directamente, publicando y rompiendo los tratados secretos, etc., hay 99 probabilidades sobre cien de que la paz se establezca rápidamente, sin que los capitalistas puedan impedirlo.

239

Y si se da el caso, menos probable, de que los capitalistas---en contra de la voluntad de sus propios pueblos---rechacen las condiciones de paz del gobierno obrero ruso, la revolución en Europa se acercará cien veces más de prisa, y el ejército de nuestros obreros y campesinos no elegirá a jefes y superiores odiados, sino a otros respetados por él, y se convencerá de la justicia de la guerra una vez ofrecida la paz y rotos los tratados secretos, suspendida la alianza con los terratenientes y la burguesía y entregada toda la tierra a los campesinos. Sólo entonces será justa la guerra por parte de Rusia, la única guerra en que los obreros y los campesinos lucharán por su propia voluntad y no por la fuerza. Esta guerra aproximará aún más la inevitable revolución obrera en los países avanzados.

14. La clase obrera, una ve/ que conquiste el poder, será la única capaz de garantizar el paso inmediato y sin indemnización de todas las tierras de los terratenientes a los campesinos. Esto no se puede postergar. La Asamblea Constituyente lo legitimará, pero los campesinos no son culpables de que no se reúna. Los campesinos se convencen cada día más de que por medio de un acuerdo con los terratenientes y los capitalistas es imposible obtener la tierra. La tierra sólo puede conseguirse mediante la alianza fraternal y sin reservas entre los campesinos pobres y los obreros.

La dimisión de Chernov, después de que éste, durante meses, se esforzó por defender los intereses de los campesinos mediante concesiones grandes y pequeñas a los terratenientes del Partido Demócrata Constitucionalista, y habiendo fracasado todas las tentativas, esa dimisión puso de manifiesto, palpablemente, lo estéril de esa política de conciliación. Mientras tanto, en el interior, los campesinos ven y saben, sienten y perciben todo el descaro de los terratenientes después del 5 de julio y se dan cuenta de cuan necesario es meterlos en cintura.

15. La clase obrera, una vez que conquiste el poder, será la única capa/, de poner fin al desbarajuste económico y al hambre inminente. El gobierno viene prometiendo desde el 6 de mayo control y más control; pero 110 ha hecho ni podía hacer nada, pues los capitalistas y terratenientes sabotean todo trabajo en ese sentido. La desocupación crece, el hambre se avecina, la moneda se deprecia y la dimisión de Peshejónov, después de doblar los precios fijos, acentuará la crisis, poniendo de manifiesto una vez más toda la debilidad e impotencia del gobierno. El control obrero de la producción y la distribución es lo único que puede salvar al país. Sólo un gobierno obrero meterá en cintura a los capitalistas, despertará un apoyo heroico de los trabajadores a los esfuerzos de las autoridades, establecerá el orden y un intercambio regular de trigo por productos manufacturados.

16. La confian/a de los campesinos pobres en la clase obrera de 240 las ciudades, quebrantada durante algún tiempo por las calumnias de la burguesía y las esperan/as en la política de < onciliación, se restablece sobre todo después de que las detenciones en las aldeas y toda clase de persecuciones de los trabajadores después del 5 de julio y, por último, la sublevación de Kornílov, abrieron los ojos al pueblo. Uno de los síntomas que revela cómo va perdiendo el pueblo la fe en la política de conciliación con los capitalistas es el crecimiento del descontento, con intensidad particular después del 5 de julio, en los dos partidos principales---eserista y menchevique---, que introdujeron y llevaron hasta el fin esa política de conciliación; el c recimiento de la lucha contra la política de conciliación, el crecimiento de la oposición, que ha alcanzado aproximadamente dos quintas partes (40%) en el último ``Consejo'' del Partido Socialista Revolucionario y en el Congreso del partido de los mencheviques.

17. Toda la marcha de los acontecimientos, todas las condiciones económicas y políticas, todos los sucesos ocurridos dentro del ejército preparan con rapidez, creciente la conquista del poder por la clase obrera, que dará paz, pan y libertad y acelerará el triunfo de la revolución proletaria en los demás países.

Escrito no más tarde del 3 (16) de septiembre de
1917.

Publicado por vn primera en 1925 en la
``Recopilación Leninista'', t. IV.

T. 34. págs. 144--150.

241 __ALPHA_LVL1__ LA CATÁSTROFE QUE NOS AMENAZA Y COMO COMBATIRLA

fíjenlo (os días 10--14 (23--27) de septiembre de 1917.

Publicado en un fállela a finales de octubre de 1917, m Petrofrrado, por la Editorial ``Pnlmi''.

1. ,'i-í, páfrs. 151--199.

¡..\ CA I ASI ROFF. <jlK NOS AMKNA/A..

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Primera página del maiuisc rito de V.I.I.enin /.o catástrofe que nna amenaza y cómo

combatirla. 10--14 (23--27) (le septiembre de 1917.

Tamaño reducido

243

EL HAMBRE SE ACERCA

Una catástrofe inevitable se cierne sobre Rusia. El transporte ferroviario se halla en un estado de increíble desorganización, que crece sin cesar. Los ferrocarriles quedarán parados. Cesará la afluencia de materias primas y de carbón a las fábricas. Cesará el suministro de cereales. Los capitalistas sabotean (dañan, interrumpen, minan, frenan) deliberada y tenazmente la producción, confiando en que una catástrofe inaudita originará la bancarrota de la república y de la democracia, de los Soviets y, en general, de las asociaciones proletarias y campesinas, facilitando así el retorno a la monarquía y la restauración de la omnipotencia de la burguesía y de los terratenientes.

Nos amenazan inexorables una catástrofe de proporciones sin precedente y el hambre. Todos los periódicos han hablado ya de ello infinidad de veces. Los partidos y los Soviets de diputados obreros, soldados y campesinos han votado multitud de resoluciones en las que se reconoce que la catástrofe es inminente, que está ya muy cerca, que es preciso mantener contra ella una lucha desesperada, que el pueblo debe hacer "esfuerzos heroicos" para conjurar el desastre, etc.

Todo el mundo lo dice. Todo el mundo lo reconoce. Todo el mundo lo hace constar.

Pero no se toma ninguna medida.

Llevamos medio año de revolución. La catástrofe está hoy más cerca. Hemos llegado al desempleo en masa. ¡Quién podría pensarlo!: en el país no hay mercancías, el país perece por falta de víveres, por falta de mano de obra, aunque existen cereales y materias primas en cantidad suficiente. ¡Y en un país cjue se encuentra en esas condiciones, en un momento tan crítico, ha aumentado el paro forzoso en masa! ¿Se quiere mejor prueba de que durante este medio año de revolución (que algunos califican de gran revolución, pero que, por ahora, sería más justo denominar revolución podrida), con una república democrática, con gran 244 profusión de asociaciones, organismos e instituciones que se intitulan orgullosamente "democráticos revolucionarios'', no se ha hecho en realidad nada serio, absolutamente nada, contra la catástrofe, contra el hambre? Nos acercamos con celeridad creciente al desastre, pues la guerra no espera, y el desbarajuste que origina en todos los dominios de la vicia del pueblo es cada día más profundo.

Sin embargo, basta con fijarse y reflexionar, por poco que sea, para convencerse de que existen los medios necesarios de combatir la catástrofe y el hambre; de que las medidas a adoptar son perfectamente claras y sencillas, completamente realizables, plenamente asequibles a las fuerzas del pueblo, y que si n o se adoptan es única y exclusivamente porque su implantación lesionaría las fabulosas ganancias de un puñado de terratenientes y capitalistas.

En efecto. Puede asegurarse que no encontrarán ni un solo discurso, ni un solo artículo en los periódicos de cualquier tendencia, ni una sola resolución, sea cual fuere la asamblea o institución en que se haya votado, en los que no se exponga de un modo claro y concreto la medida fundamental y decisiva para combatir la catástrofe y el hambre, para evitarlas. Esa medida es: el control, la fiscalización, la contabilidad, la reglamentación por el Estado, la distribución acertada de la mano de obra en la producción y en el reparto de los productos, el ahorro de fuerzas del pueblo, la supresión de todo gasto superfluo de energías, su economía. Control, fiscalización, contabilidad: eso es lo principal en la lucha contra la catástrofe y contra el hambre. Eso es algo indiscutible y admitido por todos. Pero eso es precisamente loque no se hace por miedo a atentar contra la omnipotencia de los terratenientes y los capitalistas, contra sus ganancias desmedidas, inauditas y escandalosas, obtenidas aprovechándose de la carestía y de los suministros al ejército (y hoy, directa o indirectamente, casi todos ``trabajan'' para la guerra); unas ganancias que todo el mundo conoce, que todo el mundo ve y a propósito de las cuales todo el mundo se lamenta y se escandaliza.

Sin embargo, el Estado no hace absolutamente nada para implantar un control, una contabilidad y una fiscalización más o menos serios.

PASIVIDAD COMPLETA DEL GOBIERNO

Se observa por doquier un sabotaje sistemático e incesante detodo control, fiscalización y contabilidad, de cuantas tentativas emprende el Estado para organizarlos. Y hace falta ser increíblemente ingenuo para no comprender---o profundamente hipócrita para 245 aparentar que no se comprende---de dónde parte ese sabotaje y qué recursos emplea. Porque ese sabotaje de los banqueros y los capitalistas, ese torpedeamiento por ellos de todo control, fiscalización y contabilidad, se adapta a las formas estatales de la república democrática, se adapta a la existencia de las instituciones "democráticas revolucionarias''. Los señores capitalistas han asimilado a la perfección una verdad que reconocen de palabra todos los adeptos del socialismo científico, pero que los mencheviques y los eseristas procuraron olvidar en cuanto sus amigos ocuparon los lucrativos puestos de ministros, viceministros, etc. Esa verdad consiste en que la esencia económica de la explotación capitalista no experimenta el menor cambio por el hecho de que las formas monárquicas de gobierno sean sustituidas con las formas democráticas republicanas, y en que, por consiguiente, ocurre también lo contrario: basta con cambiar la forma de lucha por la intangibilidad y la santidad de las ganancias capitalistas para salvaguardarlas en la república democrática con la misma eficacia que en la monarquía absoluta.

El sabotaje moderno, novísimo, democrático republicano de todo control, de toda contabilidad y de toda fiscalización consiste en que los capitalistas reconocen de palabra ``fervorosamente'' el " principio" del control y su necesidad (como hacen también, por supuesto, todos los mencheviques y todos los eseristas); pero hacen hincapié en que ese control se implante de una manera ``gradual'', regular, de acuerdo con una "reglamentación establecida por el Estado''. En realidad, con esas bellas palabras se quiere ocultar el sabotaje del control, su reducción a la nada, a una ficción; se quiere ocultar una comedia de control, la demora de todas las medidas eficaces y de verdadera importancia práctica, la creación de organismos de control complicados, farragosos, inertes y burocráticos en extremo, que dependen por entero de los capitalistas y no hacen ni pueden hacer absolutamente nada.

Para no hacer afirmaciones gratuitas, nos remitiremos a testimonios de mencheviques y eseristas, es decir, precisamente de quienes tuvieron la mayoría en los Soviets en los primeros seis meses de revolución, participaron en el "gobierno de coalición" y, por ello, son responsables políticamente ante los obreros y los campesinos rusos de la connivencia con los capitalistas y de que éstos hayan frustrado todo control.

El periódico oficial del organismo máximo entre los llamados organismos ``competentes'' (¡no es una broma!) de la democracia ``revolucionaria'', hvestia del CEC (es decir, del Comité Ejecutivo Central del Congreso de los Soviets de diputados obreros, soldados y' campesinos de toda Rusia), publica en su número 164 del 7 de 246 septiembre de 1917 una disposición de una institución especial que se ocupa en los problemas del control, creada por esos mismos mencheviques y eseristas y que se encuentra por entero en sus manos. Esta institución especial es la "Sección de Economía" del Comité Ejecutivo Central. En dicha disposición se reconoce oficialmente, como un hecho, "la pasividad completa de los organismos centrales de reglamentación de la vida económica anejos al gobierno".

¿Cabe testimonio más elocuente que éste, suscrito por los propios mencheviques y eseristas, de la bancarrota de la política menchevique y eserista?

La necesidad de reglamentar la vida económica fue ya reconocida en tiempos del zarismo, habiéndose creado para ello diferentes organismos. Pero, bajo el zarismo, la ruina hacía progresos cada día mayores, llegando a alcanzar proporciones monstruosas. Se reconoció en el acto que era misión del gobierno republicano, del gobierno revolucionario, adoptar medidas serias y enérgicas para acabar con la ruina. Cuando se formó, con la colaboración de mencheviques y eseristas, el gobierno de "coalición" publicó su solemnísima declaración del 6 de mayo, en la que prometió públicamente establecer el control y la reglamentación estatales y contrajo el compromiso de llevarlos a la práctica. Los Tsereteli y los Chernov, y con ellos todos los líderes mencheviques y eseristas, juraron y perjuraron que no sólo ellos respondían de la gestión del gobierno, sino que, además, "los organismos competentes de la democracia revolucionaria'', que se encontraban en sus manos, vigilaban de hecho la labor del gobierno y la controlaban.

Desde el 6 de mayo han transcurrido cuatro meses, cuatro largos meses, durante los cuales Rusia ha sacrificado cientos de miles de soldados en la absurda ``ofensiva'' imperialista, y la ruina y la catástrofe se han acercado con botas de siete leguas, a pesar de que el verano ofrecía posibilidades extraordinarias para hacer muchas cosas, tanto en el transporte por agua como en la agricultura, en las prospecciones geológicas, etc., etc. ¡¡ Y al cabo de estos cuatro meses, los mencheviques y los eseristas se ven obligados a confesar oficialmente la "pasividad completa" de los organismos de control anejos al gobierno!!

¡Y hoy (escribimos estas líneas precisamente en vísperas de la apertura de la Conferencia = Democrática~^^105^^, convocada para el 12 de septiembre), esos mismos mencheviques y eseristas proclaman, con empaque de sesudos estadistas, que aún puede ponerse remedio a la situación, sustituyendo la coalición con los democonstitucionalistas por una coalición con los Kit Kítich = ln6 de la industria y del comercio, con los Riabushinski, los Búblikov, los Teréschenko y Cía.!

247

¿Cómo se explica, puede preguntarse, esta asombrosa ceguera de los mencheviques y los eseristas? ¿Debemos considerarlos "niños políticos'', que por su extremo candor y cortos alcances no saben lo que hacen y se equivocan de buena fe? ¿O será que las abundantes poltronas de ministro, viceministro, gobernador general, comisario, etc., etc., tienen la virtud de originar una ceguera especial, "política"?

LAS MEDIDAS DE CONTROL SON CONOCIDAS DE TODOS Y FÁCILMENTE APLICABLES

Puede surgir la pregunta de si los medios y las medidas de control no son algo extraordinariamente complicado, difícil, jamás experimentado y hasta desconocido. ¿No se deberán las dilaciones a que los estadistas del Partido Demócrata Constitucionalista, de la clase industrial y comercial, así como de los partidos eserista y menchevique, llevan ya medio año esforzándose a más no poder por indagar, estudiar y descubrir las medidas y los medios de control, sin que hayan llegado todavía a una solución del problema, dada su extraordinaria dificultad?

¡Ni mucho menos! Lo que se quiere es "dar gato por liebre" y presentar las cosas de esa forma a los mujiks incultos, analfabetos y oprimidos y a los pequeños burgueses, que creen en todo y no ahondan en nada. La realidad es que incluso el zarismo, incluso el "viejo régimen'', al crear los comités de la industria de guerra conocía la medida fundamental, el medio principal y la vía del control: agrupar a la población por profesiones, por fines y ramas de trabajo, etc. Pero el zarismo temía que la población se agrupase, y por ello recurría a todo para limitar y obstaculizar artificialmente esa vía y ese medio de control, tan universalmente conocidos, tan fáciles y tan aplicables.

Todos los Estados beligerantes, que sufren el peso extraordinario y las calamidades de la guerra, que sufren---en grado mayor o menor---la ruina y el hambre, han trazado, determinado,aplicado y probado hace ya mucho toda una serie de medidas de control, que se reducen casi siempre a agrupar a la población, a crear o fomentar asociaciones de tipos diversos vigiladas por el Estado, en las que participan sus representantes, etc., etc. Estas medidas de control son conocidas de todos, y sobre ellas se ha hablado y escrito mucho. Las leyes relativas al control dictadas por las potencias beligerantes más adelantadas han sido traducidas al ruso o expuestas con todo detalle en la prensa de nuestro país.

Si nuestro Estado (¡nisiera realmente aplicar el control de un modo serio y efectivo; si sus instituciones no se hubiesen condenado 248 ellas mismas a "la pasividad completa" con su servilismo ante los capitalistas, le bastaría con extraer a manos llenas medidas de control, ya conocidas y aplicadas, del copioso depósito existente. El único obstáculo que se alza en ese camino---obstáculo que ocultan al pueblo los democonstitucionalistas, eseristas y mencheviques---era y sigue siendo que el control pondría al descubierto las fabulosas ganancias de los capitalistas y las frustraría.

Para esclarecer mejor esta cuestión importantísima (que equivale, en el fondo, a la cuestión del programa de todo gobierno realmente revolucionario que quiera salvar a Rusia de la guerra y del hambre), enumeraremos y examinaremos por separado las más importantes medidas de control.

Veremos que a un gobierno que se denominase democrático revolucionario no sólo en tono de burla, le habría bastado con decretar (prescribir, ordenar), ya en su primera semana de vida, la implantación de las principales medidas de control; con imponer castigos serios, no irrisorios, a los capitalistas que pretendieran burlar de manera fraudulenta esas medidas, e invitar a la población a vigilar por sí misma a los capitalistas, a comprobar si cumplen o no honradamente las disposiciones acerca del control, y éste habría sido implantado en Rusia hace ya mucho.

He aquí las medidas más importantes:

1. Fusión de todos los bancos en un banco único y control por el Estado de sus operaciones, o nacionalización de los bancos.

2. Nacionalización de los consorcios, es decir, de las asociaciones más importantes, monopolistas, de los capitalistas (consorcios azucarero, petrolero, hullero, metalúrgico, etc.).

3. Abolición del secreto comercial.

4. Sindicación obligatoria (es decir, agrupación obligatoria) de los industriales, los comerciantes y los patronos en general.

5. Agrupación obligatoria de la población en sociedades de consumo o fomento y control de estas organizaciones.

Veamos ahora qué importancia tendría cada una de estas medidas, siempre y cuando se implantase por vía democrática revolucionaria.

LA NACIONALIZACIÓN DE LOS BANCOS

Los bancos son, como se sabe, centros de la vida económica moderna, los principales centros neurálgicos de todo el sistema capitalista de economía nacional. Hablar de "reglamentar la vida económica" y eludir el problema de la nacionalización de los bancos significa hacer gala de una ignorancia supina o engañar a la ``plebe'' 249 con frases pomposas y promesas altisonantes, que de antemano se ha resuelto no cumplir.

Es un absurdo querer controlar y regular el suministro de cereales o, en general, la producción y la distribución de los productos si, al mismo tiempo, no se controlan y regulan las operaciones bancarias. Es algo así como lanzarse a la caza de unos ``kopeks'' problemáticos y cerrar los ojos ante millones de rublos. Los bancos modernos están tan estrecha e indisolublemente entrelazados con el comercio (con el de cereales y con todo el comercio en general) y con la industria que sin "meterles mano" no se puede hacer absolutamente nada serio, nada "democrático revolucionario".

Pero ¿quizá eso de que el Estado "meta mano" a los bancos sea una operación muy difícil y complicada? Habitualmente se pinta así la cosa---la pintan así, claro está, los capitalistas y sus abogados, que se benefician con ello---para asustar a los filisteos.

En realidad, la nacionalización de los bancos, que no priva ni de un solo kopek a ningún ``propietario'', no ofrece absolutamente la menor dificultad de orden técnico o cultural, y si se demora es exclusivamente por la sórdida codicia de un insignificante puñado de ricachones. Si se confunde tan a menudo la nacionalización de los bancos con la confiscación de los bienes privados, la culpa de que se propague esta confusión de conceptos la tiene la prensa burguesa, interesada en engañar a la gente.

La propiedad de los capitales con que operan los bancos y que se concentran en ellos se acredita por medio de certificados impresos o manuscritos, a los que se da el nombre de acciones, obligaciones, letras de cambio, recibos, etc. Con la nacionalización de los bancos, es decir, con la fusión de todos los bancos en un solo Banco del Estado, no se anularía ni modificaría ninguno de esos certificados. Quien poseyese quince rublos en su cartilla de ahorros seguiría poseyendo los mismos quince rublos después de implantada la nacionalización de los bancos, y quien poseyese quince millones, seguiría poseyéndolos, incluso después de adoptada esta medida, en forma de acciones, obligaciones, letras de cambio, resguardos de mercancías, etc.

¿En qué estriba, pues, la importancia de la nacionalización de los bancos?

En que es imposible ejercer un verdadero control de los diferentes bancos y de sus operaciones (aun suponiendo que se suprima el secreto comercial, etc.), pues no se puede vigilar el complicadísimo, enredadísimo y astutísimo tejemaneje a que se recurre al confeccionar los balances, al fundar empresas y sucursales ficticias, al hacer intervenir a hombres de paja, etc., etc. Sólo la fusión de todos los bancos en un banco único, sin que esto implique la menor modificación de las relaciones de propiedad; sin que, repetimos, se le 250 quite un solo kopek a ningún propietario, ofrece la posibilidad de implantar un control efectivo, a condición, claro está, de que se apliquen a la vez todas las demás medidas antes mencionadas. Sólo nacionalizando los bancos podrá conseguirse que el Estado sepa adonde y cómo, de dónde y cuándo se desplazan los millones y los miles de millones. Y sólo este control de los bancos, del centro, eje principal y mecanismo básico de la circulación capitalista, permitiría organizar de hecho, y no de palabra, el control de toda la vida económica, de la producción y la distribución de los productos más importantes, "reglamentar la vida económica'', que, de otro modo, está condenada a seguir siendo inevitablemente un tópico de los ministros para engañar al vulgo. Sólo el control de las operaciones bancarias, a condición de que se concentren en un solo banco perteneciente al Estado, permitirá organizar, previa aplicación de otras medidas fácilmente implantables, la recaudación efectiva del impuesto de utilidades sin que haya ocultaciones de bienes e ingresos, pues el impuesto de utilidades sigue siendo hoy, en gran parte, una ficción.

Bastaría precisamente con decretar la nacionalización de los bancos: sus propios directores y empleados se encargarían de llevarla a la práctica. Para ello no hace falta ningún mecanismo especial ni se requieren preparativos especiales por parte del Estado. Esta medida puede ser implantada precisamente por decreto, "de un solo golpe''. Porque el propio capitalismo, que en su desarrollo ha llegado a idear las letras de cambio, las acciones, las obligaciones, etc., se ha encargado de crear la posibilidad económica de aplicarla. Lo único que falta es unificar la contabilidad; y si el Estado democrático revolucionario ordenara que en cada ciudad se convocasen inmediatamente, por telégrafo, asambleas y, en las provincias y por todo el país, congresos de directores y empleados de Banca para fusionar sin demora todos los bancos en un solo Banco del Estado, esta reforma sería realizada en el transcurso de unas semanas. Por supuesto, serían precisamente los directores y los altos empleados quienes opondrían resistencia, quienes tratarían de engañar al Estado, de dar largas al asunto, etc., pues esos caballeros---y ahí está el quid de la cuestión---perderían puestos muy rentables y la posibilidad de operaciones fraudulentas muy lucrativas. Pero no existe la menor dificultad técnica para la fusión de los bancos. Y si el poder del Estado fuese revolucionario no sólo de palabra (es decir, si no temiese romper con la inercia y la rutina); si fuese democrático no sólo de palabra (es decir, si obrase en interés de la mayoría del pueblo v no de un puñado de ricachos), bastaría con decretar la confiscación de bienes y el encarcelamiento de los directores, consejeros y grandes accionistas como castigo por la menor dilación y por las tentativas de 251 ocultar los saldos de cuentas y otros documentos; bastaría con organizar aparte, por ejemplo, a los empleados pobres, y premiarlos por descubrir fraudes y dilaciones de los ricos, para que la nacionalización de los bancos avanzara lisa y llanamente, con la velocidad de una centella.

La nacionalización de los bancos reportaría ventajas inmensas a todo el pueblo, y especialmente no a los obreros (pues los obreros tienen poco que ver con los bancos), sino a la masa de campesinos e industriales modestos. El ahorro de trabajo que ello representaría sería gigantesco, y suponiendo que el Estado conservase el mismo número de empleados de Banca que hasta aquí, se habría dado un gigantesco paso adelante en el sentido de unlversalizar el uso de los bancos, multiplicar sus sucursales, hacer más asequibles sus operaciones, etc., etc. Serían precisamente los pequeños propietarios, los campesinos, quienes podrían obtener créditos en condiciones muchísimo más fáciles y asequibles. Y el Estado tendría por vez primera la posibilidad: primero, de conocer, sin que nadie pudiera ocultárselas, las operaciones financieras más importantes; luego, de controlarlas; después, de regular la vida económica y, finalmente, de obtener millones y miles de millones para las grandes operaciones del Estado, sin necesidad de abonar a los señores capitalistas " comisiones" fabulosas por sus ``servicios''. Por eso---y sólo por eso---, todos los capitalistas, todos los profesores burgueses, toda la burguesía y todos los Plejánov, Potrésov y Cía. a su servicio, se muestran dispuestos a luchar, babeando de rabia, contra la nacionalización de los bancos; a inventar miles de objeciones a esta medida facilísima y urgentísima, pese a ser una medida que, incluso desde el punto de vista de la ``defensa'' del país (es decir, desde el punto de vista militar), significaría una ventaja gigantesca y reforzaría en grado extraordinario la "potencia militar" del país.

Se nos podrá, quizá, objetar: ¿por qué, entonces, países tan avanzados como Alemania y los Estados Unidos de América practican una excelente "reglamentación de la vida económica" sin pensar siquiera en nacionalizar los bancos?

Porque---respondemos---estos dos Estados, aun siendo el uno monarquía y el otro república, son ambos no sólo capitalistas, sino imperialistas. Y como tales, efectúan por vía burocrática reaccionaria las reformas que necesitan. Pero nosotros hablamos aquí de la vía democrática revolucionaria.

Esta "pequeña diferencia" tiene una importancia muy esencial. Por lo general, "no es costumbre" pararse a meditar en ella. En nuestro país (y principalmente entre los eseristas y los mencheviques), las palabras "democracia revolucionaría" se han convertido casi en una frase convencional, en algo parecido a la expresión de "A 252 Dios gracias'', que emplean también personas no tan ignorantes como para creer en Dios. O la expresión de "respetable ciudadano'', que se usa a veces dirigiéndose incluso a los colaboradores de Dien o de Edinstvo, aunque casi todos comprenden que estos periódicos han sido fundados y son sostenidos por los capitalistas para defender los intereses de los capitalistas y que, por lo tanto, la colaboración en ellos de sedicentes socialistas tiene muy poco de ``respetable''.

Para quien no emplee las palabras "democracia revolucionaria" como una pomposa frase estereotipada, como un tópico convencional, y se pare a pensar en lo que significan, ser demócrata es tener presentes de verdad los intereses de la mayoría del pueblo, y no los de la minoría; ser revolucionario es demoler del modo más resuelto e implacable todo lo nocivo y caduco.

Que nosotros sepamos, ni los gobiernos ni las clases gobernantes de Norteamérica y Alemania aspiran al título de "democracia revolucionaria'', que reivindican para sí (y prostituyen) nuestros eseristas y mencheviques.

En Alemania son cuatro, en total, los grandes bancos privados que tienen una importancia nacional; en los Estados Unidos, sólo dos. A los reyes financieros de estos bancos les es más fácil, más cómodo y más ventajoso asociarse en privado, en secreto, reaccionariamente, y no por procedimientos revolucionarios; burocráticamente, y no por vía democrática; sobornando a los funcionarios públicos (pues eso es norma general, lo mismo en Norteamérica que en Alemania) y manteniendo el carácter privado de los bancos precisamente para poder conservar el secreto de las operaciones, para poder seguir estrujando a ese mismo Estado millones y más millones de ``superganancias'' y asegurar fraudulentas manipulaciones financieras.

Tanto Norteamérica como Alemania "reglamentan la vida económica" de tal modo que se crea un presidio militar para los obreros (y, en parte, también para los campesinos) y un paraíso para los banqueros y capitalistas. Toda su reglamentación consiste en ``apretar'' a los obreros hasta llevarlos al hambre, mientras que a los capitalistas se les garantizan (bajo cuerda, por vía reaccionaria burocrática) ganancias mayores que antes de la guerra.

Ese camino es plenamente posible también para la Rusia republicana imperialista. Es el camino que siguen, en efecto, no sólo los Miliukov y los Shingariov, sino también Kerenski, al unísono con Teréschenko, Nekrásov, Bernatski, Prokopóvich y Cía., los cuales defienden asimismo, de un modo burocrático reaccionario, la " intangibilidad" de los bancos y su derecho sagrado a percibir fabulosas ganancias. Será mejor decir la verdad: en la Rusia republicana reglamentarían de buen grado la vida económica por 253 procedimientos burocráticos reaccionarios, si no fuera porque tropiezan "a menudo" con la dificultad que supone la existencia de los ``Soviets'', esos Soviets que el Kornílov número 1 no logró disolver, pero que tratará de disolver el Kornílov número 2...

Esa será la verdad. Y esta verdad sencilla, aunque amarga, contribuirá más a abrir los ojos al pueblo que las dulzarronas mentiras acerca de ``nuestra'' ``gran'' democracia ``revolucionaria''...

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La nacionalización de los bancos facilitaría extraordinariamente la nacionalización simultánea de los seguros, es decir, la fusión de todas las compañías de seguros en una sola, la centralización de sus actividades y su control por el Estado. Los congresos de empleados de esas compañías se encargarían, también en este caso, de realizar la fusión inmediatamente, y sin ningún género de dificultades, tan pronto como el Estado democrático revolucionario lo decretara y ordenara a los directores de los consejos de administración y a los grandes accionistas efectuar esa fusión sin la menor demora y bajo su estricta responsabilidad personal. Los capitalistas han invertido en los seguros cientos de millones. Todo el trabajo lo hacen los empleados. La fusión de las compañías de seguros contribuiría a rebajar las primas del seguro, reportaría numerosas ventajas y facilidades a todos los asegurados y permitiría ampliar el número de éstos con el mismo gasto de medios y energías. Fuera de la inercia, la rutina y el egoísmo de un puñado de personas que disfrutan de canonjías, no hay absolutamente nada que se oponga a esta reforma, la cual, además, reforzaría la "capacidad defensiva" del país, ahorrando trabajo del pueblo y abriendo, no de palabra, sino de hecho, muchas y muy importantes posibilidades de "reglamentar la vida económica".

LA NACIONALIZACIÓN DE LOS CONSORCIOS

El capitalismo se distingue de los antiguos sistemas económicos precapitalistas en que ha creado la más estrecha conexión e interdependencia de las distintas ramas de la economía nacional. De no ocurrir eso, sería técnicamente imposible---dicho sea de pasada--- el menor avance hacia el socialismo. Con el predominio de los bancos sobre la producción, el capitalismo moderno ha llevado a su punto culminante dicha interdependencia de las distintas ramas de la economía nacional. Los bancos están entrelazados indisolublemente con las ramas más importantes de la industria y del comercio. Eso 254 quiere decir, de una parle, que es imposible nacionalizar sólo los bancos sin adoptar medidas encaminadas a implantar el monopolio estatal de los consorcios comerciales e industriales (del azúcar, del carbón, del hierro, del petróleo, etc.), sin nacionalizarlos. Eso quiere decir, de otra parte, que la reglamentación de la vida económica, si se realiza en serio, exige la nacionalización simultánea de los bancos y de los consorcios.

Tomemos, por ejemplo, el consorcio azucarero. Se creó ya bajo el zarismo y dio origen a una gran agrupación capitalista de fábricas magníficamente montadas; y esta asociación, empapada, como es lógico, del espíritu más reaccionario y burocrático, garantizaba a los capitalistas ganancias escandalosas, mientras que para los obreros y empleados significaba la absoluta privación de derechos y un régimen de humillación, opresión y esclavitud. El Estado controlaba y regulaba ya entonces la producción en interés de los magnates, de los ricos.

En este caso, bastaría con transformar la regulación burocrática reaccionaria en democrática revolucionaria mediante simples decretos que convocasen un congreso de empleados, ingenieros, directores y accionistas, implantasen un sistema único de rendición de cuentas, el control de los sindicatos obreros, etc. Es la cosa más sencilla, ¡¡y, sin embargo, no se hace!! La república democrática sigue respetando, de hecho, la reglamentación burocrática reaccionaria de la industria del azúcar, y todo continúa como antes: despilfarro de trabajo del pueblo, estancamiento y rutina, enriquecimiento de los Bóbrinski y los Teréscheriko. Llamar a la democracia, y no a la burocracia, llamar a los obreros y los empleados, y no a los "reyes del azúcar'', a desplegar su iniciativa propia: eso es lo que podría y debería hacerse en unos cuantos días, de un solo golpe, si los eseristas y los mencheviques no alucinaran al pueblo con sus planes de "coalición" precisamente con esos reyes del azúcar; de una coalición con los ricos, a causa y a consecuencia de la cual es inevitable de todo punto "la pasividad completa" del gobierno en cuanto a la reglamentación de la vida económica^^*^^.

Fijémonos en la industria petrolera. Ha sido ya ``socializada'' en proporciones gigantescas por el desarrollo anterior del capitalismo. Un par de reyes del petróleo maneja millones y cientos de millones, dedicándose a cortar cupones y embolsarse ganancias fabulosas de un ``negocio'' que está ya, de hecho, organizado técnica y socialmente _-_-_

^^*^^ Escritas estas líneas, leo en la prensa que el Gobierno Kerenski implanta el monopolio del azúcar; ¡¡huelga decir que lo implanta de un modo burocrático reaccionario, sin reunir en congresos a los empleados y los obreros, sin publicidad, sin meter en cintura a los capitalistas!!

255 a escala nacional y es dirigido ya por cientos y miles de empleados, ingenieros, etc. La nacionalización de la industria petrolera puede efectuarse inmediatamente y es, además, una medida obligada para un Estado democrático revolucionario, sobre todo si ese Estado atraviesa por una crisis gravísima, en la que urge ahorrar a todo trance trabajo del pueblo y aumentar la producción de combustible. Huelga decir que un control burocrático no serviría de nada ni haría cambiar nada, pues los "reyes del petróleo" vencerían a los Teréschenko y los Kerenski, a los Avxéntiev y los Skóbeliev con la misma facilidad con que vencían a los ministros zaristas. Los vencerían con dilaciones, excusas y promesas y luego con el soborno directo e indirecto de la prensa burguesa (la llamada "opinión pública'', a la que "tienen en cuenta" los Kerenski y los Avxéntiev) y de los funcionarios públicos (a quienes los Kerenski y los Avxéntiev mantienen en sus antiguos puestos en el viejo aparato estatal, hasta ahora intacto).

Para hacer algo serio hay que pasar, y pasar con procedimientos verdaderamente revolucionarios, de la burocracia a la democracia, es decir, declarar la guerra a los reyes del petróleo y a los accionistas, decretar la confiscación de sus bienes y el encarcelamiento de cuantos den largas a la nacionalización de la industria petrolera, oculten los ingresos o los balances, saboteen la producción o no adopten las medidas conducentes a elevarla. Hay que apelar a la iniciativa de los obreros y los empleados, convocarlos sin demora a conferencias y congresos y poner en sus manos una determinada parte de las ganancias, a condición de que asuman el control en todos sus aspectos y velen por el aumento de la producción. Si esos pasos democráticos revolucionarios se hubiesen dado sin dilación, inmediatamente, en abril de 1917, Rusia, uno de los países más ricos del inundo por sus reservas de combustible líquido, habría podido hacer mucho, muchísimo, durante el verano para abastecer por vía acuática al pueblo del combustible necesario.

Ni el gobierno burgués ni el gobierno de coalición eseristameiichevique-democoiistitucionalista han hecho absolutamente nada: se han limitado a jugar burocráticamente a las reformas. No se han atrevido a dar un solo paso democrático revolucionario. Los mismos reyes del petróleo y el mismo estancamiento, el mismo odio de los obreros y empleados a los explotadores, la misma desorganización sobre esa base, el mismo despilfarro de trabajo del pueblo. Todo sigue como en tiempos del zarismo; ¡lo único que ha cambiado es el membrete de los papeles que salen y entran en las oficinas ``republicanas''!

En la industria hullera, no menos ``preparada'' para la nacionalización por su nivel técnico y cultural, y administrada no menos desvergonzadamente por los saqueadores del pueblo, por los 256 reyes del carbón, podemos registrar numerosos y muy evidentes hechos de sabotaje destarado, de franco deterioro y pai ali/.ac ion de la producción por los industriales. Hasta un órgano gubernamental menchevique, Rabóchaya dtizeta, ha tenido que reconocer esos casos. ;Y qué se ha hecho? Ño se ha hecho absolutamente nada; no se ha hecho más que reunir los antiguos comités ``paritarios'', burocráticos y reaccionarios, ¡¡formados en partes iguales por representantes de íos obreros y de los bandidos del consorcio hullero!! ¡No se ha dado ni un solo paso democrático revolucionario, no se ha hecho ni un asomo de tentativa de implantar el único control electivo, el control desde abajo, por conducto del sindicato de empleados, a través de los obreros, aten orí/ando a esos industriales hulleros, que llevan al país a la ruina y parali/an la producción! ¡Cómo se puede hacer eso, cuando ``todos'' somos partidarios de la "coalición'', si no con los democonstitucionalisias, por lo menos con los medios comerciales e industriales! ¡Y la coalición significa precisamente dejar el poder en manos de los capitalistas, mantener su impunidad, permitirles obstruccionar, inculpar de todo a los obreros, agravar la ruina y preparar, de esle modo, una nueva korniloviada!

LA ABOLICIÓN DEL SECRETO COMERCIAL

Sin abolir el secreto comercial, el control de la producción y de la distribución no irá más allá de una promesa vacua, útil únicamente para que los democonstitiicionalistas engañen a los eseristas y a los mencheviques, y éstos, a su ve/, a las clases trabajadoras, o se reali/.ará sólo con medidas y procedimientos burocráticos reaccionarios. Y a pesar de que esto es evidente para toda persona imparcial, a pesar del tesón con que Prnvda^^*^^ ha venido insistiendo en la necesidad de abolir el secreto comercial (campaña eme ha contribuido, por cierto, en grado considerable a que el gobierno Kerenski, sumiso al capital, suspendiese el periódico), ni nuestro gobierno republicano ni "los organismos competentes de la democracia revolucionaria" han reflexionado siquiera en esta exigrncin elemental de todo control verdadero.

Ahí está precisamente la clave de todo control. Este es cabalmente el punto más sensible del capital, que saquea al pueblo y sabotea la producción. Y ésta es justamente la ra/ón de que los eseristas y los mencheviques no se atrevan a tocar este punto.

El argumento habitual de los capitalistas, que la pequeña _-_-_

^^*^^ Véase V. I. Lenin. O.C., I. 32, págs. 203--20'!, 317. 318--320, 390--392, 393--394, 395--397. (,V. de ln l'.ilit.)

257 burguesía repite sin pararse a pensar, consiste en que la economía capitalista no admite en absoluto la abolición del secreto comercial, pues la propiedad privada de los medios de producción y la dependencia de las distintas empresas respecto del mercado imponen la "sacrosanta intangibilidad" de los libros y de las operaciones comerciales, incluyendo, como es natural, las operaciones bancarias.

Quienes repitan, de una forma o de otra, este argumento u otro semejante, se engañarán a sí mismos y engañarán al pueblo, cerrando los ojos ante dos hechos fundamentales, importantísimos y universalmente conocidos de la vida económica actual. Primer hecho: el gran capitalismo, es decir, las peculiaridades económicas de los bancos, consorcios, grandes fábricas, etc. Segundo hecho: la guerra.

Es precisamente el gran capitalismo moderno, que se está transformando por doquier en capitalismo monopolista, el que priva de toda sombra de ra/ón al secreto comercial y lo convierte en una hipocresía, en un instrumento manejado exclusivamente para ocultar las trampas financieras y las ganancias inauditas del gran capital. La gran empresa capitalista es, por su propia naturale/a técnica, una empresa sociali/ada, es decir, que trabaja para millones de personas y que agrupa con sus operaciones, directa e indirectamente, a cientos, miles y decenas de miles de familias. ¡Es algo muy distinto de la empresa del pequeño artesano o de la hacienda del campesino medio que, en general, no llevan libros comerciales de ningún género y a quienes, por tanto, no afecta la abolición del secreto comercial!

En la gran empresa, las operaciones son conocidas, de todos modos, por cientos y cientos de personas. La ley que garanti/a el secreto comercial no tiende en este caso a proteger las necesidades de la producción o del intercambio, sino que sirve a la especulación y al lucro en su forma más brutal, al fraude descarado, que, como se sabe, está extendido de manera singular en las sociedades anónimas y se encubre con gran habilidad en las memorias y en los balances, adere/ados cuidadosamente para engañar al público.

Si en la pequeña producción de mercancías---es decir, entre los pequeños campesinos y los artesanos, donde la producción no está sociali/ada, sino atomi/ada, dispersa---el secreto comercial es inevitable, -en la gran empresa capitalista, por el contrario, proteger ese secreto significa salvaguardar los privilegios y las ganancias de un puñado, literalmente de un puñado, de hombres contra todo el pueblo. Esto lo reconocen ya hasta las leyes, por cuanto prescriben la publicación de las memorias de las sociedades anónimas. Pero este control---implantado ya en todos los países avan/ados y que rige

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258 también en Rusia---es precisamente un control burocrático reaccionario, que no abre los ojos al pueblo, que no le permite conocer toda la verdad acerca de las operaciones de esas sociedades.

Para proceder como demócratas revolucionarios habría que dictar sin demora una ley de carácter distinto, que declarara abolido el secreto comercial, obligara a las grandes empresas y a los ricos a rendir cuentas con todo detalle y concediera a cualquier grupo de ciudadanos lo suficientemente numeroso para considerarlo democrático (digamos de unos 1.000 ó 10.000 electores) el derecho de comprobar todos los documentos de cualquier gran empresa. Esta medida es plena y fácilmente aplicable por simple decreto; sólo ella daría vía libre a la iniciativa popular en el control a través de los sindicatos de empleados, de los sindicatos obreros y de todos los partidos políticos; sólo ella haría que el control fuese serio y democrático.

A esto viene a añadirse la guerra. La inmensa mayoría de las empresas comerciales e industriales no trabajan hoy para "el mercado libre'', sino para el Tesoro, para la guerra. Por eso hube de decir en Pravda que mienten, y mienten tres veces, quienes pretenden refutarnos con el argumento de que es imposible implantar el socialismo, pues no se trata de implantar el socialismo ahora, en el acto, de la noche a la mañana, sino de denunciar la dilapidación de fondos públicos^^*^^.

La economía capitalista "al servicio de la guerra" (es decir, la economía directa o indirectamente relacionada con los suministros de guerra) es la dilapidación de fondos públicos sistemática y legalizada, y los señores democonstitucionalistas, y con ellos los mencheviques y los eseristas, que se oponen a la abolición del secreto comercial, no son más que cómplices y encubridores de la dilapidación del Tesoro.

La guerra cuesta hoy a Rusia cincuenta millones de rublos cada día. La mayor parte de esos cincuenta millones va a parar a manos de los proveedores del ejército. De esos cincuenta millones, cinco millones diarios, por lo menos, y muy probablemente hasta diez millones e incluso más, constituyen "los ingresos no pecaminosos" de los capitalistas y de los funcionarios públicos confabulados con ellos de una manera o de otra. En particular, las grandes compañías y los bancos, que adelantan el dinero para las operaciones de suministros de guerra, se embolsan de este modo ganancias inauditas, se lucran precisamente dilapidando el Tesoro, pues no puede darse otro nombre a este engaño y a esta esquilmación del pueblo "con motivo" de las calamidades de la guerra, "con motivo" de la muerte de cientos de miles y millones de hombres.

_-_-_

^^*^^ Véase V.I.Lenin. O.C., t. 32, págs. 318--320. (N. de la Edil.)

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``Todos'' conocen esas ganancias escandalosas amasadas con los suministros de guerra, ``todos'' tienen noticia de "las cartas de garantía" ocultadas por los bancos, ``todos'' saben quiénes se enriquecen con la carestía, cada vez mayor; en la ``sociedad'' se habla de ello con una sonrisilla ¡iónica, e incluso la prensa burguesa, que por lo general silencia los hechos ``desagradables'' y elude los problemas ``delicados'', contiene no pocas alusiones concretas a esos asuntos. ¡¡Todos lo saben y todos lo callan y lo toleran, todos transigen con el gobierno, que habla grandilocuentemente de ``control'' y de "reglamentación"!!

Los demócratas revolucionarios, si fuesen revolucionarios y demócratas de verdad, dictarían inmediatamente una ley que aboliera el secreto comercial, que obligara a los proveedores y a los negociantes a rendir cuentas y les prohibiera cambiar de actividad sin permiso de las autoridades; una ley que decretase la confiscación de bienes y el fusilamiento^^*^^ para castigar las ocultaciones y los fraudes al pueblo y organizase el control y la fiscalización desde abajo, de un modo democrático, por el propio pueblo, por los sindicatos de empleados, por los sindicatos obreros, por las asociaciones de consumidores, etc.

Nuestros eseristas y mencheviques se merecen plenamente la denominación de demócratas atemorizados, pues en este problema no hacen más que repetir lo que dicen todos los pequeños burgueses atemorizados: que los capitalistas "huirían" si se aplicasen medidas "demasiado severas''; que ``nosotros'' no podríamos salir adelante sin los capitalistas; que, quizá, esas medidas "ofenderían" también a los millonarios anglo-franceses, quienes, como se sabe, nos ``apoyan'', etc., etc. Podría creerse que los bolcheviques proponemos algo nunca visto en la historia de la humanidad, algo jamás ensayado, "utópico''. Pero la realidad es que hace ya más de ciento veinticinco años, en Francia, unos hombres que eran auténticos "demócratas revolucionarios'', unos hombres realmente convencidos del carácterjusto y defensivo de la guerra que hacían, unos hombres que se apoyaban de veras en las inasas populares, sinceramente convencidas de lo mismo que ellos, supieron implantar un control revolucionario sobre los ricos y obtener resultados que admiraron al mundo entero. Y en los ciento veinticinco años transcurridos desde entonces, el _-_-_

^^*^^ En la prensa bolchevique he señalado va que la aphcaí ion de la pena de muerte por los explotadores contra las masas trabajadoras, para defender la explotación, es el único argumento justo que puede invocarse contra la pena capital. (Véase V.I.Lenin. O.c,'., t. 34, págs. 94--97. N. de la Edit.) Un gobierno revolucionario, sea el que sea, difícümcnle podrá prescindir de la pena de muerte contra los explotadores (es decir, contra los terratenientes y los capitalistas).

260 desarrollo del capitalismo, con la creación de bancos, consorcios, ferrocarriles, etc., etc., ha hecho cien veces más fáciles y más simples las medidas de un control verdaderamente democrático de los obreros y los campesinos sobre los explotadores, sobre los terratenientes y los capitalistas.

En el fondo, todo el problema del control se reduce a saber quién fiscaliza a quién, es decir, qué clase es la fiscalizadora y cuál la fiscalizada. Con la participación de "los organismos competentes" deuna pretendida democracia revolucionaria, en nuestro país, en la Rusia republicana, se sigue reconociendo y manteniendo hasta hoy en el papel de fiscalizadores a los terratenientes y los capitalistas. Consecuencias inevitables de ello son el bandidaje de los capitalistas, que provoca la indignación general del pueblo, y la ruina, mantenida artificialmente por los capitalistas. Hay que pasar de manera resuelta y definitiva---sin temor a romper con lo viejo, sin temor a construir con audacia lo nuevo---al control de los obreros y los campesinos sobre los terratenientes y los capitalistas. Pero nuestros eseristas y mencheviques temen eso más que al fuego.

LA AGRUPACIÓN OBLIGATORIA EN CONSORCIOS

La sindicación obligatoria, o sea, la agrupación obligatoria de los industriales, por ejemplo, en consorcios, rige ya prácticamente en Alemania. Tampoco esta medida tiene nada de nuevo. También en esto, por culpa de los eseristas y los mencheviques, observamos un estancamiento completo en la Rusia republicana, a la que esos poco honorables partidos ``entretienen'' con un rigodón, que bailan emparejados con los democonstitucionalistas, o con los Búblikov, o con Teréschenko y Kerenski.

La sindicación obligatoria es, por un lado, una especie de impulso que el Estado imprime al desarrollo capitalista, el cual conduce en todas partes a la organización de la lucha de clases y al aumento del número, la variedad y la importancia de las asociaciones. Por otro lado, este ``asociamiento'' obligatorio es condición previa e inexcusable de todo control más o menos serio y de todo ahorro de trabajo del pueblo.

La ley alemana obliga, por ejemplo, a los fabricantes de curtidos de una determinada localidad o de todo el país a organizarse en un consorcio, de cuyo consejo de administración forma parte, con fines de control, un representante del Estado. Directamente, es decir, de por sí, esta ley no afecta en lo más mínimo a las relaciones de

261 propiedad ni priva de un kopek a un propietario; tampoco prejuzga si la forma, la tendencia y el espíritu del control serán burocráticos reaccionarios o democráticos revolucionarios.

Leyes corno ésa podrían y deberían promulgarse en nuestro país inmediatamente, sin perder ni una semana de tiempo precioso y dejando que las mismas condiciones de la vida social determinasen las formas más concretas y el ritmo de aplicación de la ley, los medios de controlar su aplicación, etc. Para dictar esta ley, el Estado no necesita disponer de un aparato especial, ni recurrir a investigaciones especiales ni a estudios previos de ningún género; sería suficiente que estuviese dispuesto a romper con ciertos intereses privados de los capitalistas, los cuales "no están acostumbrados" a esas intromisiones y no quieren perder las superganancias que les asegura, a la par con la falta de control, la administración a la antigua.

Para dictar semejante ley no hacen falta ningún aparato ni ninguna "estadística" (con la que Chernov pretendía suplantar la iniciativa revolucionaria de los campesinos), pues su aplicación deberá encomendarse a los mismos fabricantes o industríales, a las fuerzas sociales ya existentes, bajo el control de fuerzas sociales (es decir, no gubernamentales, no burocráticas) también existentes, pero que deben pertenecer obligatoriamente al llamado "estado llano'', o sea, a las clases oprimidas y explotadas, que por su heroísmo, su abnegación y su disciplina camaraderil han demostrado siempre, en todo el curso de la historia, ser infinitamente superiores a los explotadores.

Supongamos que tenemos un gobierno verdaderamente democrático revolucionario y que este gobierno decreta: todos los fabricantes e industriales de cada rama de la producción que empleen, digamos, no menos de dos obreros, deberán agruparse sin demora en asociaciones distritales y provinciales. La responsabilidad del estricto cumplimiento de esta ley incumbirá, en primer lugar, a los fabricantes, directores, consejeros y grandes accionistas (pues todos ellos son los verdaderos jefes de la industria moderna, sus verdaderos amos). Se considerará desertores del ejército, imponiéndoseles el castigo correspondiente, a cuantos pretendan eludir el cumplimiento inmediato de esta ley, haciéndoles responder con todos sus bienes, según el principio de la caución solidaria: todos por uno y uno por todos. Se hará responsables asimismo a todos los empleados, obligándoles también a agruparse en un sindicato único, y a todos los obreros y a su respectivo sindicato. La finalidad del ``asociamiento'' es implantar la contabilidad más completa, más rigurosa y más precisa y, sobre todo, centralizar las operaciones de compra de materias primas y de venta de los productos, así como 262 ahorrar recursos y energías del pueblo. Al agrupar en un consorcio las empresas desperdigadas, este ahorro alcanzará proporciones gigantescas, como enseñan las ciencias económicas y demuestra la experiencia de todos los consorcios, cárteles y trusts. Repetimos una vez más que, de por sí, esta sindicación no altera en lo más mínimo las relaciones de propiedad ni priva de un solo kopek a ningún propietario. Hay que hacer hincapié en esta circunstancia, pues la prensa burguesa no cesa de ``asustar'' a los pequeños y medianos propietarios diciéndoles que los socialistas, en general, y los bolcheviques, en particular, quieren ``expropiarlos''; esta afirmación es una mentira a sabiendas, ya que los socialistas, aun en el caso de una revolución socialista completa, no quieren ni pueden expropiar a los pequeños campesinos y no los expropiarán. Nosotros hablamos siempre sólo de las medidas inmediatas y más urgentes, ya aplicadas en Europa Occidental, y que una democracia medianamente consecuente habría aplicado también en Rusia sin demora para conjurar la inminente catástrofe que nos amenaza.

La sindicación de los propietarios más pequeños y modestos tropezaría con serias dificultades técnicas y culturales, dados el extraordinario fraccionamiento y el primitivismo técnico de sus empresas, así como el analfabetismo o la exigua instrucción de los propietarios. Pero precisamente esas empresas podrían ser eximidas del cumplimiento de la ley (como hemos dicho ya en el ejemplo citado más arriba), y su no agrupamiento---sin hablar ya de su agrupamiento tardío---no podría originar obstáculos serios, pues las pequeñas empresas, aunque muy numerosas, desempeñan un papel ínfimo en el volumen global de la producción, en la economía nacional en su conjunto, y, además, dependen casi siempre, en una forma u otra, de las grandes empresas.

Sólo las grandes empresas tienen una importancia decisiva, y aquí existen ya los recursos y las fuerzas técnicas y culturales necesarios para proceder al ``asociamiento''. Lo único que falta para poner en juego esas fuerzas y recursos es la iniciativa de un poder revolucionario, una iniciativa firme, resuelta, severa e implacable con respecto a los explotadores.

Cuanto más pobre es un país en personas con instrucción técnica, y en intelectuales en general, tanto más imperiosa es la necesidad de decretar lo antes posible y con la mayor decisión la sindicación obligatoria, empezando por aplicarla en las empresas muy grandes y grandes. Porque precisamente la sindicación permitirá ahorrar fuerzas intelectuales, aprovecharlas íntegramente y distribuirlas con mayor acierto. Y si hasta los campesinos rusos, en sus apartados rincones, luchando bajo el gobierno zarista contra las mil trabas que éste les ponía, supieron después de 1905 dar un gigantesco paso 263 adelante en la organización de asociaciones de todo género, es evidente que en unos cuantos meses, si no antes, podría efectuarse la sindicación de la industria y del comercio grandes y medianos. La única condición necesaria consistiría en que lo impusiera así un gobierno verdaderamente democrático y revolucionario, apoyado en la asistencia, la participación, el interés y las ventajas de los "sectores inferiores'', de la democracia, de los empleados y de los obreros, un gobierno que invitase a estos sectores a ejercer el control.

LA REGLAMENTACIÓN DEL CONSUMO

La guerra ha obligado a todos los Estados beligerantes y a muchos neutrales a reglamentar el consumo. Las cartillas de racionamiento del pan vinieron al mundo, se convirtieron en un fenómeno habitual y tras ellas aparecieron otras. Rusia no fue una excepción y racione') también el pan.

Pero precisamente este ejemplo nos permite comparar, quizá del modo más claro, los métodos burocráticos reaccionarios de lucha contra la catástrofe---que procuran limitarse a un mínimo de reformas---con los métodos democráticos revolucionarios, que, si quieren ser dignos de este nombre, deben señalarse la tarea inmediata de romper por la violencia con las tradiciones caducas y acelerar todo lo posible el movimiento de avance.

Con las cartillas del pan, el ejemplo más típico de la reglamentación del consumo en los Estados capitalistas modernos, se plantea y cumple (se cumple en el mejor de los casos) una tarea: distribuir las existencias de pan de manera que alcancen para todos. Se establece una tasa máxima para el consumo, no de todos los artículos de consumo ``popular'', ni mucho menos, sino sólo de los más importantes. Y eso es todo. Lo demás no preocupa. Se calculan las existencias de grano y se distribuyen entre la población, se señala una tasa de consumo, se aplica esa tasa, todo ello burocráticamente, y ahí quedan las cosas. Los artículos de lujo no se tocan, pues son, "de todos modos'', tan escasos y tan caros que no están al alcance del ``pueblo''. Por eso, en todos los países beligerantes sin excepción, incluso en Alemania---país que, a mi juicio, puede ser considerado indiscutiblemente modelo de la reglamentación del consumo más meticulosa, más pedante y más rigurosa---, incluso en Alemania, vemos que los ricos burlan a cada paso todas las ``tasas'' del consumo. Y eso lo saben también ``todos'', de eso hablan también ``todos'' con una sonrisa irónica, y en la prensa socialista alemana---y a veces hasta en la prensa burguesa---aparecen constantemente, a pesar de la ferocidad y la rigidez cuartelera de la censura de allí, noticias y 264 sueltos acerca del "menú" de los ricos, del pan blanco de que éstos disponen sin tasa en tal o cual balneario (esos balnearios los frecuentan, haciéndose pasar por enfermos, todos... los que tienen mucho dinero), de cómo los ricos sustituyen los productos de consumo popular con artículos de lujo, refinados y raros.

El Estado capitalista reaccionario, que teme socavar los cimientos del capitalismo, los cimientos de la esclavitud asalariada, los cimientos de la dominación económica de los ricos, teme fomentar la iniciativa de los obreros y de los trabajadores en general, teme ``atizar'' sus exigencias; ese Estado no necesita nada, excepto las cartillas del pan. Un Estado de ese tipo no pierde de vista ni un instante, en ninguno de sus pasos, su meta reaccionaria: consolidar el capitalismo, impedir su quebrantamiento, circunscribir "la reglamentación de la vida económica" en general, y la del consumo en particular, a las medidas estrictamente indispensables para que el pueblo pueda subsistir, guardándose bien de una reglamentación efectiva del consumo mediante el control sobre los ricos, mediante un sistema que en tiempos de guerra imponga mayores cargas a los ricos, que son, en tiempos de paz, los más favorecidos, privilegiados, satisfechos y hartos.

La solución burocrática reaccionaria del problema que la gtierra ha planteado a los pueblos se limita al racionamiento del pan, a la distribución equitativa de los artículos de consumo ``popular'' absolutamente indispensables para la alimentación, sin apartarse ni un ápice del burocratismo y de la reacción, de su objetivo, que consiste en no alentar la iniciativa de los pobres, del proletariado, de la masa del pueblo (del ``demos''), no permitir su control sobre los ricos y dejar el mayor número posible de escapatorias para que los ricos puedan satisfacerse con artículos de lujo. Esas escapatorias se dejan en gran abundancia en todos los países, incluso, repetimos, en Alemania---¡y no digamos en Rusia!---; en todas partes, la "gente sencilla" pasa hambre, mientras que los ricos frecuentan los balnearios, completan las parcas raciones oficiales con " extraordinarios" de todo género y no se dejan controlar.

En Rusia, que acaba de hacer la revolución contra el zarismo en nombre de la libertad y de la igualdad; en Rusia, que se ha convertido de golpe, si nos atenemos a sus instituciones políticas efectivas, en una república democrática, lo que más escandaliza al pueblo, lo que suscita particular descontento, exasperación, cólera e indignación de las masas es la facilidad, que todo el mundo ve, con que los ricos burlan las "cartillas del pan''. Esa facilidad es singularmente grande. "Bajo cuerda" y pagando precios fabulosos, sobre todo cuando se tienen "buenas relaciones" (y sólo las tienen los ricos), se consigue lo que se quiere y en grandes cantidades. El pueblo pasa 265 hambre. La reglamentación del consumo se limita al marco burocrático reaccionario más estrecho. Y el gobierno no manifiesta el menor propósito ni la menor solicitud por establecer una reglamentación basada en principios auténticamente democráticos y revolucionarios.

``Todos'' sufren en las colas, pero... ¡pero los ricos mandan a las colas a sus criados, e incluso toman criados especialmente para este servicio! ¡Ahí tienen la ``democracia''!

Una política democrática revolucionaria no se limitaría, en estos momentos de calamidades insólitas por que atraviesa el país, a racionar el pan para combatir la catástrofe inminente. Añadiría a ello, en primer lugar, la agrupación obligatoria de toda la población en cooperativas de consumo, pues sin esa medida es imposible establecer un control integral del consumo. En segundo lugar, impondría a los ricos el trabajo obligatorio, haciéndoles prestar servicios gratuitos como secretarios de dichas cooperativas o en otro trabajo semejante. En tercer lugar, distribuiría por igual entre la población tocios los artículos de consumo, para repartir de un modo verdaderamente equitativo las cargas de la guerra. En cuarto lugar, organizaría el control de tal manera que las clases pobres fiscalizasen precisamente el consumo de los ricos.

La instauración de una verdadera democracia en este terreno, dando pruebas de un auténtico espíritu revolucionario en la organización del control, encomendándoselo precisamente a las clases más necesitadas del pueblo, sería un grandísimo estímulo para poner en tensión todas las fuerzas intelectuales existentes, para desplegar las energías verdaderamente revolucionarias de todo el pueblo. Porque hoy, los ministros de la Rusia republicana y democrática revolucionaria, lo mismo que sus colegas de los demás países imperialistas, pronuncian frases altisonantes acerca del "trabajo común en bien del pueblo" y de "la tensión de todas las energías'', pero precisamente el pueblo ve, percibe y siente toda la hipocresía de esas frases.

Y ahí tenemos, como resultado, el inmovilismo, el aumento incontenible del desbarajuste y la proximidad de la catástrofe. Porque nuestro gobierno---estando todavía tan vivos en el pueblo las tradiciones, los recuerdos, las huellas, las costumbres y las instituciones de la revolución---no puede someter a los obreros a un régimen de presidio militar al estilo de Kornílov o de Hindenburg, según el modelo general imperialista. Nuestro gobierno no quiere marchar seriamente por la senda democrática revolucionaria, porque está impregnado hasta la médula y atado de pies a cabeza por la dependencia respecto de la burguesía, por la "coalición" con ella, y teme atentar contra sus privilegios efectivos.

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EL GOBIERNO DESTRUYE LA LABOR DE LAS ORGANIZACIONES DEMOCRÁTICAS

Hemos examinado los diversos medios y métodos de lucha contra la catástrofe y contra el hambre. Hemos visto en todas partes el carácter inconciliable de las contradicciones entre la democracia, de una parte, y el gobierno y el bloque de los eseristas y mencheviques que lo apoya, de otra. Para probar que esas contradicciones existen en la realidad y no sólo en nuestros escritos, y que su inconciliabilidad la demuestran en la práctica conflictos de significación nacional, bastará con recordar dos ``resultados'' muy típicos, dos enseñanzas del medio año de historia de nuestra revolución.

Una de estas enseñanzas es la historia del ``reinado'' de Palchinski. Otra, la historia del ``reinado'' y la caída de Peshejónov. En el fondo, todas las medidas que hemos apuntado para combatir la catástrofe y el hambre se reducen a fomentar por todos los medios (llegando incluso a la coerción) el ``asociamiento'' de la población, y en primer término de la democracia, es decir, de la mayoría de los habitantes del país: o sea, ante todo, de las clases oprimidas, de los obreros y los campesinos, principalmente de los campesinos pobres. Y la población misma, de un modo espontáneo, ha empezado ya a seguir ese camino para contrarrestar las inauditas dificultades, cargas y calamidades de la guerra.

El zarismo obstaculizaba por todos los medios el ``asociamiento'' voluntario y libre de la población. Pero una vez derrocada la monarquía zarista, las organizaciones democráticas comenzaron a brotar y a desarrollarse con rapidez en toda Rusia. Emprendieron la lucha contra la catástrofe organizaciones democráticas surgidas espontáneamente, comités de aprovisionamiento de todo género, comités de abastecimiento, conferencias de combustible, etc., etc.

Pues bien, lo más notable de todo este medio año de historia de nuestra revolución, en cuanto al problema que estudiamos, es que un gobierno que se llama republicano y revolucionario, un gobierno apoyado por los mencheviques y los eseristas en nombre de "los organismos competentes de la democracia revolucionaria" \\ha combatido a las organizaciones democráticas y las ha derrotado^.

Palchinski ha adquirido en esta lucha la más triste y vasta celebridad, una celebridad nacional. Ha actuado al socaire del gobierno, sin intervenir públicamente ante el pueblo (del mismo modo que preferían actuar, en general, los democonstitucionalistas, echando por delante a Tsereteli "para el pueblo'', mientras ellos arreglaban a la chita callando todos los asuntos importantes). Palchinski ha frenado y saboteado todas las medidas serias de las 267 organizaciones democráticas constituidas por propia iniciativa, porque ninguna de esas medidas serias podía llevarse a la práctica sin ``detrimento'' de las inconmensurables ganancias y del despotismo de los Kit Kítich, de quienes Palchinski era fiel abogado y servidor. Y tan allá fueron las cosas, que Palchinski---la prensa dio cuenta del hecho---i i llegó a anular sin más ni más los acuerdos de las organizaciones democráticas surgidas por propia iniciativa!!

Toda la historia del ``reinado'' de Palchinski---y "reinó" muchos meses, precisamente cuando eran ``ministros'' Tsereteli, Skóbeliev y Chernov---es un escándalo incesante y abominable, un sabotaje de la voluntad del pueblo, de los acuerdos de la democracia, para complacer a los capitalistas, para satisfacer su inmunda codicia. Por supuesto, los periódicos han podido informar nada más que de una ínfima parte de las "hazañas" de Palchinski; la investigación completa de cómo obstaculizaba la lucha contra el hambre sólo podrá efectuarla un gobierno verdaderamente democrático del proletariado cuando éste conquiste el poder y someta al tribunal del pueblo, sin ocultaciones, los negocios de Palchinski y consortes.

Se nos objetará, quizá, que Palchinski era una excepción y que, al fin y al cabo, lo arrinconaron... Pero de eso se trata precisamente: de que Palchinski no es la excepción, sino la regla. Arrinconado Palchinski, las cosas no han mejorado en lo más mínimo, pues han ocupado su puesto otros Palchinski con otros apellidos, y toda la ``influencia'' de los capitalistas, toda la política de sabotaje de la lucha contra el hambre, practicada para complacera esos capitalistas, sigue como antes. Porque Kerenski y Cía. no son más que una pantalla que encubre la defensa de los intereses de los capitalistas.

La prueba más evidente de ello es que Peshejónov, ministro de Abastecimiento, ha salido del gobierno. Como se sabe, Peshejónov es un populista de los más moderados. Sin embargo, quiso organizar el abastecimiento concienzudamente, en contacto con las organizaciones democráticas y apoyándose en ellas. La experiencia de su labor y su salida del gobierno son tanto más interesantes por cuanto este moderadísimo populista, afiliado al Partido "Socialista Popular" y dispuesto a cualquier arreglo con la burguesía, ¡se ha visto obligado, a pesar de todo, a salir del gobierno! ¡¡Porque para complacer a los capitalistas, a los terratenientes y a los kulaks, el Gobierno Kerenski ha subido los precios fijos de los cereales!!

Veamos cómo describe M.Smit, en el núm. 1 de Svobódnaya Zhizn'"', del 2 de septiembre, .este ``paso'' y su importancia:

``Poros días antes de que el gobierno acordase elevar los precios lijos, en el Comité Nacional fie Abastecimiento se desarrolló la siguiente escena: I'.l representante de las dere< lias, Rolóvich, lena/ defensor de los intereses del comercio privado y enemigo 268 implacable del monopolio fiel trigo y t 'coi ió mu a, declaró a los cuatro viente

El representante del Soviet (U* dipui tenía la menor noticia de ello; que mi< medida no podría aplicarse, v que, en t< ponerse antes de acuerdo con los orgai Consejo de Economía y el Comité Nacií nes se adhirió el representante del Sovi Peio, ¡ay!, la realidad vino a enmen» la ra?.ón al representante de los elemeni democracia. Resultó que aquél estaba m; fraguaba contra los derechos de la dei última recha/aron indignados la propi;

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icios fijos del ti breros v soldad durase en Rnsi ío, el gobierno competentes di AbastecimienU liputados cani]: v cruelmente e; redores y no a 1 imente informa ia, aunque los ilidad de ese ai

leí Kstado en la vida ,e satisfacción, que le ri>*o. ,os le replico (pie él no a la revolución, dicha no podría aplicarla sin la democracia, con el >. A estas maiiifestaciotesinos. ita controversia, dando os representantes de la ido del atentado = que^^1^^ se representantes de = esta cntado^^1^^'.

Es decir, tanto el representante de los obreros como el representante de los campesinos expresan de manera precisa su opinión en nombre de la mayoría abrumadora del pueblo; ¡pero el Gobierno Kerenski hace todo lo contrario, en interés de los capitalistas!

Rolóvich, el representante de los capitalistas, resultó estar magníficamente informado a espaldas de la democracia; de la misma manera que, como hemos visto siempre y vemos también ahora, los periódicos burgueses, Riech y Birzhovka, son los que están mejor informados de lo que ocurre en el Gobierno Kerenski.

¿Qué denota esa excelente información? Está claro: que los capitalistas tienen sus ``hilos'' y que el poder está de hecho en sus manos. Kerenski no es más que un testaferro, que utilizan cuando y como a ellos les place. Los intereses de decenas de millones de obreros y campesinos son sacrificados para asegurar las ganancias de un puñado de ricachones.

¿Y cómo responden nuestros eseristas y mencheviques a estas burlas indignantes de que se hace objeto al pueblo? ¿Tal vez hayan dirigido a los obreros y a los campesinos un llamamiento para decirles que, en vista de todo eso, el sitio de Kerenski y de sus colegas está en la cárcel?

¡Dios nos libre de ello! ¡Los eseristas y los mencheviques, por medio de la "Sección Económica'', que tienen en sus manos, se han limitado a votar la tremebunda resolución a que nos hemos referido! En ella declaran que la subida de los precios del trigo por el Gobierno Kerenski es "una medida funesta, que asesta un golpe extraordinariamente fuerte al régimen de abastos y a toda la vida económica del país'', y que estas medidas funestas ¡¡se han aplicado ``violando'' abiertamente la ley!!

¡A eso conduce la política de conciliación, la política de coqueteos con Kerenski y el deseo de "tratarle con miramientos"!

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El gobierno infringe la ley al adoptar, para complacer a los ricos, a los terratenientes y capitalistas, una medida que echa por tierra todo control, el régimen de abastos y el saneamiento de la Hacienda, quebrantada hasta más no poder. Pero los eseristas y los mencheviques siguen hablando de un acuerdo con los medios comerciales e industriales, siguen reuniéndose con Teréschenko y tratando a Kerenski con miramientos y se limitan a votar una resolución de protesta que se queda en el papel, ¡¡que el gobierno archiva tranquilamente!!

Ahí tenemos, revelada de un modo bien patente, la verdad de que los eseristas y los mencheviques han traicionado al pueblo y a la revolución; la verdad de que los bolcheviques se están convirtiendo hoy en los verdaderos dirigentes de las masas, incluso de las masas eseristas y mencheviques.

Porque es precisamente la conquista del poder por el proletariado, con el Partido Bolchevique a la cabeza, lo único que podría poner fin a los abusos de Kerenski y Cía., y restaurar la obra de las organizaciones democráticas de abastos, aprovisionamiento, etc., saboteada por Kerenski y su gobierno.

Los bolcheviques obran---el ejemplo aducido lo demuestra con toda claridad---como representantes de los intereses de todo el pueblo, luchando por asegurar el abastecimiento y el aprovisionamiento, por satisfacer las necesidades más apremiantes de los obreros y de los campesinos, en contraposición a la política vacilante e irresoluta de los eseristas y de los mencheviques, ¡que es una verdadera traición y ha llevado al país a una vergüenza como la subida de los precios del trigo!

LA BANCARROTA FINANCIERA Y LAS MEDIDAS PARA COMBATIRLA

El problema de la subida de los precios fijos del trigo presenta, además, otro aspecto. Acarrea un nuevo aumento caótico de la emisión de papel moneda, un paso más en el proceso de agravación de la carestía, un incremento de la desorganizac ion de la Hacienda y la aproximación de la bancarrota financiera. Todo el mundo reconoce que la emisión de papel moneda es un empréstito forzoso de la peor especie, que empeora, sobre todo, la situación de los obreros, la parte más pobre de la población, y es el mal principal del caos financiero.

¡Y ésa es precisamente la medida a que recurre el Gobierno Kerenski, apoyado por los eseristas y los mencheviques!

Para combatir en serio la desorganización de la Hacienda y su bancarrota inevitable no hay más camino que romper por vía 270 revolucionaria con los intereses del capital e implantar un control verdaderamente democrático, es decir, "por abajo": el control de los obreros y los campesinos pobres sobre los capitalistas. Es el camino que hemos venido propugnando a lo largo de nuestra exposición.

La emisión ilimitada de papel moneda estimula la especulación, permite a los capitalistas amasar con ella millones y crea dificultades inmensas al tan necesario incremento de la producción, pues la carestía de los materiales, la maquinaria, etc., sigue aumentando y progresando a saltos. ;Cómo poner remedio a la situación cuando se ocultan las fortunas adquiridas por los ricos mediante la especula- __MISSING__ ci\'on?

Puede establecerse un impuesto de utilidades, con tasas progresivas y muy elevadas para los ingresos grandes y grandísimos. Nuestro gobierno, siguiendo las huellas de los demás gobiernos imperialistas, lo ha implantado. Pero, en gran parte, no es más que una ficción, letra muerta: primero, porque la moneda se deprecia con rapidez creciente, y segundo, porque la ocultación de los ingresos aumenta en proporción directa a la especulación, como fuente de los mismos, y a la protección del secreto comercial.

Para que este impuesto sea real y no ficticio es imprescindible un control efectivo y no simplemente en el papel. Mas el control sobre los capitalistas es imposible mientras conserve su carácter burocrático, ya que la burocracia misma está vinculada y entrela/.ada con la burguesía por miles de hilos. Por eso, en los Estados imperialistas de Europa Occidental, sean monarquías o repúblicas, el saneamiento de la Hacienda se logra únicamente implantando un "trabajo obligatorio" que representa para los obreros un presidio militar o una esclavitud militar.

El control burocrático reaccionario es el único medio que conocen los Estados imperialistas, sin exceptuar las repúblicas democráticas de Francia y los Estados Unidos, para hacer recaer las cargas de la guerra sobre el proletariado y las masas trabajadoras.

La contradicción fundamental de la política de nuestro gobierno estriba precisamente en que---para no divorciarse de la burguesía, para no deshacer la "coalición" con ella---se ve forzado a practicar un control burocrático reaccionario, dándole el nombre de " democrático revolucionario'', engañando a cada paso al pueblo, exasperando e irritando a las masas, que acaban cíe derribar el /lirismo.

En cambio, precisamente la aplicación de medidas democráticas y revolucionarias, al agrupar en asociaciones a las (lases oprimidas, a los obreros y a los campesinos, justamente a las masas, permitiría establecer el control más efectivo sobre los ricos y combatir con la mayor eficacia la ocultación de los ingresos.

Se quiere fomentar la circulación de cheques a fin de combatir la 271 emisión excesiva de papel moneda. Para los pobres, esta medida carece de importancia porque, de todos modos, viven al día y su "ciclo económico" se reali/.a en una semana, restituyendo a los capitalistas los contados kopeks que han conseguido ganar. Para los ricos, la circulación de cheques podría tener una importancia extraordinaria, pues permitiría al Estado---principalmente conjugada con medidas como la nacionalización de los bancos y la abolición del secreto comercial---establecer un control real sobre los ingresos de los capitalistas, imponerles tributos efectivos y ``democratizar'' (y, al mismo tiempo, ordenar) de verdad el sistema financiero.

Pero el obstáculo con que se tropie/.a es precisamente el miedo de atentar contra los privilegios de la burguesía y romper la "coalición" con ella. Porque sin medidas auténticamente revolucionarias, sin la más seria coerción, los capitalistas no se someterán a ningún control, no descubrirán sus presupuestos ni pondrán sus reservas de papel moneda "bajo la fiscalización" del Estado democrático.

Nacionalizar los bancos, promulgar una ley que haga obligatoria para todos los ricos la circulación de cheques, suprimir el secreto comercial, castigar con la confiscación de los bienes la ocultación de los ingresos, etc.: tales son las medidas que permitirían a los obreros y los campesinos, agrupados en sus asociaciones, conseguir con extraordinaria facilidad que el control fuese eficaz y universal, establecer el control precisamente sobre los ricos, un control que reintegraría al Tesoro público el papel moneda, por él emitido, tomándolo de quienes lo tienen en su poder, de quienes lo ocultan.

Mas para ello es necesaria la dictadura revolucionaria de la democracia, dirigida por el proletariado revolucionario; es decir, para ello la democracia debe ser revolucionaria de verdad. Ahí está el quid de la cuestión. Pero eso es lo que no quieren nuestros eseristas y mencheviques, que se encubren con la bandera de la "democracia revolucionaria" para engañar al pueblo y, de hecho, apoyan la política burocrática reaccionaria de la burguesía, cuya divisa es siempre la misma: Apres nous le déluge (¡Después de mí, el diluvio!).

Por lo general, no nos chunos cuenta siquiera de hasta qué punto han arraigado en nosotros las costumbres y los prejuicios antidemocráticos relativos a la ``santidad'' de la propiedad burguesa. Se considera justo y are hilegal que un ingeniero o un banquero hagan públicos los ingresos y los gastos de un obrero, los datos referentes a lo que gana y a lo que rinde con su trabajo. A nadie se le ocurre ver en ello un atentado contra la "vida privada" del obrero ni "un acto de espionaje o una delación" del ingeniero. La sociedad burguesa considera que el trabajo y los ingresos de los obreros asalariados son un libro abierto que le pertenece, que cualquier burgués tiene el derecho de consultar en todo momento para denunciar uno u otro 272 ``lujo'', una u otra manifestación de "haraganería" del obrero, etc.

Pero ¿y el control inverso? ¿Qué ocurriría si el Estado democrático invitase a los sindicatos de empleados, del personal de oficinas, de la servidumbre doméstica a controlar los ingresos y los gastos de los capitalistas, a publicar los datos correspondientes, a ayudar al gobierno en su campaña contra la ocultación de los ingresos?

¡Qué salvajes aullidos lanzaría el campo burgués contra el ``espionaje'' y las ``delaciones''! Se considera natural que los "señores" controlen a sus criados y que los capitalistas controlen a los obreros, pues la vida privada de los trabajadores, de los explotados, no se considera intangible, y la burguesía tiene el derecho de pedir cuentas a todo "esclavo asalariado'', de dar a la publicidad en cualquier momento la cuantía de sus ingresos y de sus gastos. ¡Pero que los oprimidos intenten controlar a los opresores, sacar a la luz sus ingresos y sus gastos, denunciar su lujo, aun en tiempo de guerra, cuando ese lujo es la causa directa del hambre y de la muerte de los ejércitos en el frente! ...¡Oh, no! ¡La burguesía no tolerará ni el ``espionaje'' ni la "delación"!

El problema se reduce siempre a lo mismo: el dominio de la burguesía es incompatible con una verdadera democracia auténticamente revolucionaria. En el siglo XX, en un país capitalista, es imposible ser demócrata revolucionario si se teme marchar hacia el socialismo.

¿SE PUEDE AVANZAR TEMIENDO MARCHAR HACIA EL SOCIALISMO?

Cuanto hemos expuesto podría suscitar fácilmente en un lector educado en las ideas oportunistas, hoy en boga, de los eseristas y los mencheviques la siguiente objeción: la mayor parte de las medidas descritas aquí no son, en el fondo, medidas democráticas, ¡son ya medidas socialistas!

Esta objeción corriente, habitual (en una u otra forma) en la prensa burguesa, eserista y menchevique, es una defensa reaccionaria del capitalismo atrasado, una defensa aderezada a lo Struve. Nosotros---dicen---no hemos madurado todavía para el socialismo; sería prematuro ``implantar'' el socialismo, nuestra revolución es burguesa; hay que ser, por ello, lacayos de la burguesía (¡a pesar de que, hace ya ciento veinticinco años, los grandes revolucionarios burgueses de Francia hicieron grande a su revolución por medio del terror contra todos los opresores, contra los terratenientes y los capitalistas!).

273

Los malhadados marxistas al servicio de la burguesía, a los que se han sumado los eseristas y que ven las cosas de ese modo, no comprenden (si se considera las bases teóricas de su opinión) qué es el imperialismo, qué son los monopolios capitalistas, qué es el Estado, qué es la democracia revolucionaria. Porque si se comprende todo eso, habrá que reconocer forzosamente que es imposible avanzar sin marchar hacia el socialismo.

Todo el mundo habla del imperialismo. Pero el imperialismo no es otra cosa que el capitalismo monopolista.

Que el capitalismo se ha transformado en capitalismo monopolista también en Rusia lo evidencian con toda claridad Prodúgol y Prodamet, el consorcio del azúcar, etc. El mismo consorcio azucarero nos demuestra palmariamente la transformación del capitalismo monopolista en capitalismo monopolista de Estado.

¿Y qué es el Estado? Es la organización de la clase dominante; en Alemania, por ejemplo, la organización de los junkers = loti y los capitalistas. Por eso, lo que los Plejánov alemanes (Scheidemann, Lensch, etc.) llaman "socialismo de guerra'', sólo es, en realidad, un capitalismo monopolista de Estado en tiempo de guerra, o, dicho en términos más sencillos y más claros, un presidio militar para los obreros y un régimen de protección militar para las ganancias de los capitalistas.

Pues bien, prueben ustedes a sustituir ese Estado de junkers y capitalistas, ese Estado de terratenientes y capitalistas, con un Estado democrático revolucionario, es decir, con un Estado que suprima revolucionariamente lodos los privilegios, que no tema implantar por vía revolucionaria la democracia más completa. Y entonces verán que el capitalismo monopolista de Estado, en un Estado democrático y revolucionario de verdad, representa inevitablemente, infaliblemente, ¡un paso, varios pasos hacia el socialismo!

En efecto, cuando una empresa capitalista gigantesca se convierte en monopolio, sirve a todo el pueblo. Si se convierte en monopolio de Estado, el Estado (o sea, la organización armada de la población, de los obreros y los campesinos, en primer lugar, si se trata de un régimen de democracia revolucionaria) dirige toda la empresa. ¿En interés de quién?

---O bien en interés de los terratenientes y los capitalistas, en cuyo caso no tendremos un Estado democrático revolucionario, sino un Estado burocrático reaccionario, es decir, una república imperialista,

---o bien en interés de la democracia revolucionaria, en cuyo caso ello será precisamente un paso hacia el socialismo.

Porque el socialismo no es otra cosa que el paso siguiente después del monopolio capitalista de Estado. O dicho en otros términos: el 274 socialismo 110 es otra rosa que el monopolio capitalista de Estado puesto al servirio de todo el pueblo y que, por ello, ha dejado de ser monopolio capitalista.

No hay término medio. El curso objetivo del desarrollo es tal que resulta imposible avanzar, partiendo de los monopolios (cuyo número, papel e importancia ha venido a decuplicar la guerra), sin marchar hacia el socialismo.

O se es demócrata revolucionario de hecho, y en ese caso no hay por qué temer ningún paso hacia el socialismo;

o se temen y condenan los pasos hacia el socialismo, como lo hacen Plejánov, Dan y Chernov, alegando que nuestra revolución es una revolución burguesa, que no se puede ``implantar'' el socialismo, etc., etc., y entonces se rueda fatalmente hasta caer en los brazos de Kerenski, Miliukov y Kornílov, es decir, hasta caer en la represión burocrática reaccionaria de las aspiraciones "democráticas revolucionarias" de las masas obreras y campesinas. No hay término medio.

Y en esto estriba la contradicción fundamental de nuestra revolución.

En la historia en general, y en épocas de guerra en particular, no se puede estar parado. Hay que avanzar o retroceder. En la Rusia del siglo XX, que ha conquistado la república y la democracia por vía revolucionaria, es imposible avanzar sin marchar hacia el socialismo, sin dar pasos hacia él (pasos condicionados y determinados por el nivel técnico y cultural: en la agricultura basada en las pequeñas haciendas campesinas es imposible ``introducir'' la gran explotación mecanizada; en la fabricación de azúcar es imposible suprimirla).

Y tener miedo a avanzar significa retroceder, que es precisamente lo que hacen los señores Kerenski, con gran fruición de los Miliukov y los Plejánov y con la estúpida complicidad de los Tsereteli y los Chernov.

La guerra, al acelerar en grado extraordinario la transformación del capitalismo monopolista en capitalismo monopolista de Estado, ha acercado con ello extraordinariamente a la humanidad al socialismo: tal es la dialéctica de la historia.

La guerra imperialista es la víspera de la revolución socialista. Y no sólo porque la guerra engendra, con sus horrores, la insurrección proletaria---pues no hay insurrección capaz de instaurar el socialismo si no han madurado las condiciones económicas para él---, sino también porque el capitalismo monopolista de Estado es la preparación material más completa para el socialismo, su antesala, un peldaño de la escalera histórica entre el cual y el peldaño llamado socialismo no hay ningún peldaño intermedio.

275 __*_*_*__

Nuestros eseristas y mencheviques enfocan el problema del socialismo de una manera doctrinaria, desde el punto cíe vista de una doctrina aprendida de memoria y mal asimilada. Presentan el socialismo como un porvenir lejano, desconocido y nebuloso.

Pero el socialismo asoma ya por todas las ventanas del capitalismo moderno, el socialismo se perfila de forma inmediata, prácticamente, en toda medida importante que represente un paso adelante a partir del capitalismo moderno.

¿Qué es el trabajo general obligatorio?

Un paso adelante sobre la base del capitalismo monopolista moderno, un paso hacia la regulación de la vida económica en su conjunto de acuerdo con un plan general concreto, un paso hacia un régimen de ahorro de trabajo del pueblo para impedir su absurdo despilfarro por el capitalismo.

En Alemania son los junkers (los latifundistas) y los capitalistas quienes implantan el trabajo general obligatorio; por eso, dicha medida se convierte inevitablemente en un presidio militar para los obreros.

Pero tomemos la misma institución y reflexionemos en la importancia que tendría en un Estado democrático revolucionario. El trabajo general obligatorio, implantado, reglamentado y dirigido por los Soviets de diputados obreros, soldados y campesinos, no sería todavía el socialismo, pero no sería ya el capitalismo. Representaría un paso gigantesco hacia el socialismo, un paso después del cual, si se mantuviese una democracia plena, sería imposible retornar al capitalismo sin recurrir a una violencia inaudita sobre las masas.

LA LUCHA CONTRA LA GUERRA Y LA RUINA

El problema de las medidas que deben adoptarse para combatir la catástrofe que se avecina nos lleva a tratar otro importantísimo problema: el nexo de la política interior con la política exterior o, dicho en otros términos, la relación entre la guerra anexionista, imperialista, y la guerra revolucionaria, proletaria, entre la criminal guerra de rapiña y la democrática guerra justa.

Todas las medidas de lucha contra la catástrofe descritas por nosotros reforzarían extraordinariamente, como ya hemos señalado, la capacidad defensiva o, dicho de otro modo, el poderío militar del país. Esto, por una parte. Pero, por otra parte, esas medidas no pueden llevarse a la práctica sin transformar la guerra anexionista en 276 una guerra justa, sin transformar la guerra sostenida por los capitalistas en interés de los capitalistas en una guerra sostenida por el proletariado en interés de todos los trabajadores y explotados.

En efecto, la nacionalización de los bancos y de los consorcios, unida a la abolición del secreto comercial y a la implantación del control obrero sobre los capitalistas, no sólo representaría un ahorro gigantesco de trabajo del pueblo y la posibilidad de economizar fuerzas y recursos, sino que, además, mejoraría la situación de las masas trabajadoras, es decir, de la mayoría de la población. En la guerra moderna, como nadie ignora, la organización económica tiene una importancia decisiva. En Rusia hay cereales, carbón, petróleo y hierro en cantidad suficiente; en este aspecto, nuestra situación es mejor que la de ningún otro país beligerante de Europa. Y si Rusia combatiera la ruina por los procedimientos indicados, movilizara para esa lucha la iniciativa de las masas, mejorara su situación, nacionalizara los bancos y los consorcios capitalistas, podría aprovechar su revolución y su democracia para llevar al país entero a un nivel incomparablemente más alto de organización económica.

Si los eseristas y los mencheviques, en vez de pactar una "coalición" con la burguesía---que frena todas las medidas de control y sabotea la producción---hubieran puesto en abril el poder en manos de los Soviets; si no hubiesen dedicado sus fuerzas a jugar al "carrusel ministerial" y a calentar como burócratas, junto con los democonstitucionalistas, las poltronas ministeriales, los sillones de viceministros, etc., etc., sino a dirigir a los obreros y campesinos en el ejercicio de su control sobre los capitalistas, en su guerra contra los capitalistas, Rusia sería hoy un país en plena transformación económica, en el que la tierra pertenecería a los campesinos y los bancos estarían nacionalizados; o sea, nuestro país estaría en ese sentido (es decir, en cuanto a estas medidas, que representan otras tantas bases económicas importantísimas de la vida moderna) por encima de todos los demás países capitalistas.

La capacidad defensiva, el poderío militar de un país con los bancos nacionalizados es mayor que la de un país con los bancos en manos de particulares. El poderío militar de un país campesino con la tierra en manos de comités campesinos es superior al de un país de gran propiedad agraria.

Se invocan a cada paso el heroico patriotismo y los prodigios de valentía militar de los franceses en 1792 y 1793. Pero se olvidan las condiciones materiales, las condiciones históricas y económicas, que hicieron posibles dichos milagros. El aniquilamiento auténticamente revolucionario del feudalismo, ya caduco; el paso de todo el país con rapidez, decisión, energía y abnegación, en verdad revolucionarias y democráticas, a un modo de producción más elevado, a la libre 277 posesión de la tierra por los campesinos: tales son las condiciones materiales, económicas, que salvaron a Francia con una rapidez ``prodigiosa'', regenerando y renovando su base económica.

El ejemplo de Francia nos muestra una cosa, y sólo una: para conseguir que Rusia sea capaz de defenderse y lograr que también en ella se hagan ``prodigios'' cíe heroísmo en masa, hay que barrer con implacabilidad ``jacobina'' = l<iy todo lo viejo y renovar, regenerar a Rusia en el aspecto económico. Pero, en el siglo XX, esto no puede hacerse simplemente barriendo el zarismo (Francia no se limitó a eso ciento veinticinco años atrás). Tampoco puede hacerse con la sola abolición por vía revolucionaria de la gran propiedad terrateniente (¡nosotros ni siquiera eso hemos hecho, pues los eseristas y los mencheviques han traicionado a los campesinos!), ni con la sola entrega de la tierra a los campesinos. Porque vivimos en el siglo XX, y dominar la tierra sin dominar los bancos no basta para regenerar y renovar la vida del pueblo.

La renovación de Francia en el aspecto material, de la producción, a fines del siglo XVIII fue unida a su renovación política y espiritual, a la dictadura de la democracia revolucionaria y del proletariado revolucionario (del que la democracia no se había separado aún y que estaba todavía casi fundido con ella), a la guerra sin cuartel declarada a todo lo reaccionario. El pueblo entero, y en particular las masas, es decir, las clases oprimidas, se sintieron dominados por un entusiasmo revolucionario ilimitado; todo el mundo consideraba la guerra, y lo era en realidad, una guerra justa, defensiva. La Francia revolucionaria se defendía de la Europa reaccionaria y monárquica. No fue en 1792 y 1793, sino muchos años más tarde, después de triunfar la reacción en el interior del país, cuando la dictadura contrarrevolucionaria de Napoleón transformó las guerras defensivas sostenidas por Francia en guerras de conquista.

¿y en Rusia? Nosotros seguimos haciendo una guerra imperialista en interés de los capitalistas, en alianza con los imperialistas y en virtud de los tratados secretos concluidos por el zarcon los capitalistas de Inglaterra, etc., prometiendo en ellos a los capitalistas rusos el saqueo de otros países, prometiéndoles Constantinopla, Lvov, Armenia, etc.

La guerra seguirá siendo injusta, reaccionaria y anexionista por parte de Rusia mientras ésta no proponga a los demás países una paz justa y no rompa con el imperialismo. El carácter social de la guerra y su verdadera significación no son determinados (como piensan los eseristas y los mencheviques, cayendo en la vulgaridad de un mujik ignorante) por el lugar en que se encuentran las tropas enemigas. Ese carácter depende de qué política continúa la guerra ``(la guerra es 278 la continuación de la política''), de qué clase la mantiene y con qué fines.

Es imposible llevar a las masas a una guerra de rapiña en virtud cíe tratados secretos y confiar en su entusiasmo. La clase más avanzada de la Rusia revolucionaria, el proletariado, comprende con creciente claridad el carácter criminal de la guerra. La burguesía no ha logrado que las masas cambien de opinión al respecto; antes al contrario: aumenta el convencimiento de que la guerra tiene un carácter criminal. ¡El proletariado de ambas capitales de Rusia se ha hecho internacionalista definitivamente!

¡De qué entusiasmo de las masas por la guerra puede hablarse!

Lo uno está unido de manera indisoluble a lo otro, la política interior a la política exterior. Es imposible hacer que un país tenga capacidad defensiva si no existe un extraordinario heroísmo del pueblo, que realiza con audacia y decisión grandes transformaciones económicas. Y no se puede despertar el heroísmo de las masas sin romper con el imperialismo, sin proponer a todos los pueblos una paz democrática, sin transformar fie ese modo la guerra rapaz y criminal, la guerra de conquista, en una guerra justa, defensiva, revolucionaria.

Sólo rompiendo sin reservas y de manera consecuente con los capitalistas, tanto en la política interior como en la exterior, podremos salvar nuestra revolución y nuestro país, atenazado por las férreas garras del imperialismo.

LA DEMOCRACIA REVOLUCIONARIA Y EL PROLETARIADO REVOLUCIONARIO

Para ser revolucionaria de verdad, la democracia de la Rusia actual debe marchar en estrecha alianza con el proletariado, única clase consecuentemente revolucionaria, y apoyar su lucha.

Tal es la conclusión a que nos lleva el análisis de los medios con que puede combatirse la catástrofe inminente, de proporciones inauditas.

La guerra ha originado una crisis tan inmensa, ha puesto en tensión hasta tal punto las fuerzas materiales y morales del pueblo y ha asestado tales golpes a toda la organización de la sociedad moderna que la humanidad se ve colocada ante un dilema: perecer o poner su destino en manos de la clase más revolucionaria, a fin cíe pasar con la mayor rapidez y decisión a un modo de producción más elevado.

En virtud de diversas causas históricas---el mayor atraso de Rusia, las dificultades especiales que presentaba para ella la guerra, 279 la mayor putrefacción del zarismo y la extraordinaria vivacidad de las tradiciones de 1905---, la revolución ha estallado en Rusia antes que en otros países. La revolución ha hecho que, en unos cuantos meses, Rusia alcance por su régimen político a los países adelantados.

Pero eso no basta. La guerra es implacable y plantea la cuestión con despiadada dureza: perecer o alcanzar y sobrepasar, también en el aspecto económico, a los países adelantados.

Y esto es posible, pues contamos con la experiencia vivida por gran número de países adelantados y con los logros de su técnica y de su cultura. Nos prestan un apoyo moral la creciente protesta contra la guerra en Europa y el clima de revolución obrera mundial en ascenso. Nos estimula y acucia la libertad democrática revolucionaria, extraordinariamente rara en una época de guerra imperialista.

Perecer o avanzar a todo vapor. Así plantea la historia la cuestión.

Y la actitud del proletariado ante el campesinado en un momento así confirma---con la modificación correspondiente---la vieja tesis bolchevique: arrancar al campesinado de la influencia de la burguesía. Esa es la única garantía de salvar la revolución.

Y el campesinado es el representante más numeroso de toda la masa pequeñoburguesa.

Nuestros eseristas y mencheviques han asumido una misión reaccionaria: mantener al campesinado bajo la influencia de la burguesía y llevarlo a una coalición con ella, y no con el proletariado.

La experiencia de la revolución enseña con rapidez a las masas. Y la política reaccionaria de los eseristas y los mencheviques fracasa: han sido derrotados en los Soviets de las dos capitales "''. En ambos partidos democráticos pequeñoburgueses crece la oposición de ``izquierda''. En Petrogrado. la conferencia eserista local dio el 10 de septiembre de 1917 una mayoría de dos tercios a los izquierdistas, que tienden a la alianza con el proletariado y rechazan la alianza (coalición) con la burguesía.

Los eseristas y los mencheviques repiten la contraposición predilecta de la burguesía: burguesía y democracia. Pero, en el fondo, semejante contraposición es tan absurda como lo sería comparar un pud con una arshina^^*^^.

Hay burguesía democrática y democracia burguesa: sólo quienes ignoran por completo la historia y la economía política pueden negar esto.

Los eseristas y los mencheviques han necesitado de esa falsa contraposición para encubrir un hecho indiscutible: entre la _-_-_

^^*^^ Pud: medida de poso rusa equivalente a 16,38 kg.; itrshina: medida de longitud rusa equivalente a 0,71 metros. (N. ríe la Etlil.)

280 burguesía y el proletariado se encuentra la pequeña burguesía. Y ésta, en virtud de su situación económica de clase, vacila de manera inevitable entre la burguesía y el proletariado.

Los eseristas y los mencheviques arrastran a la pequeña burguesía a una alianza con la burguesía. Esa es la esencia de toda su "coalición'', de todo el ministerio de coalición, de toda la política de Kerenski, típico semidemoconstitucionalista. En medio año de revolución, esta política ha sufrido una bancarrota completa.

Los democonstitucionalistas se refocilan: la revolución, según ellos, ha fracasado, no ha acabado ni con la guerra ni con la ruina.

No es verdad. Quienes han fracasado son los democonstitucionalistas y los eseristas con los mencheviques, pues ha sido ese bloque (alianza) el que ha gobernado a Rusia durante medio año, el que en medio año ha aumentado la ruina y embrollado y agravado la situación militar.

Cuanto más completo sea el fracaso de la alianza de la burguesía con los eseristas y los mencheviques, tanto más rápidamente aprenderá el pueblo. Y con tanta mayor facilidad encontrará el camino acertado: la alianza de los campesinos pobres, es decir, de la mayoría del campesinado, con el proletariado.

10--14 de septiembre de 1917.

281 __ALPHA_LVL1__ UN PROBLEMA FUNDAMENTAL DE LA REVOLUCIÓN

El problema fundamental de toda revolución es, indudablemente, el problema del poder. Lo decisivo es qué clase tiene el poder. Por eso, cuando el periódico del principal partido gubernamental de Rusia, Dielo Naroda, se quejaba hace poco (núm. 147) de que las discusiones acerca del poder hacen olvidar el problema de la Asamblea Constituyente y el problema del pan, debería haberse respondido a los eseristas: quejaos de vosotros mismos. Porque son precisamente las vacilaciones y la indecisión de vuestro partido las culpables principales de que siga girando el "carrusel ministerial'', de que se aplace una y otra vez la Asamblea Constituyente y de que los capitalistas hagan fracasar las medidas adoptadas y previstas para el monopolio del trigo y el abastecimiento de pan al país.

No se puede esquivar ni apartar el problema del poder, pues es precisamente el problema fundamental que lo determina todo en el desarrollo de la revolución, en su política exterior e interior. Que nuestra revolución "ha gastado inútilmente" seis meses en vacilaciones respecto a la organización del poder es un hecho indiscutible, originado por la política vacilante de los eseristas y de los mencheviques. Pero, a su vez, la política de estos partidos ha sido determinada, en última instancia, por la posición de clase de la pequeña burguesía, por su inestabilidad económica en la lucha entre el capital y el trabajo.

La cuestión reside ahora en saber si la democracia pequeñoburguesa ha aprendido algo en estos importantísimos seis meses, extraordinariamente ricos de contenido. Si la respuesta es negativa, ello significará que la revolución ha sucumbido y sólo podrá salvarla una insurrección victoriosa del proletariado. Si la respuesta es afirmativa, habrá que empezar por crear sin demora un poder firme y estable. Durante una revolución popular, es decir, que despierta a la vida a las masas, a la mayoría de los obreros y los campesinos, sólo puede ser estable un poder que se apoye a sabiendas y de manera indefectible en la mayoría de la población. Hasta ahora, el poder del Estado sigue, de hecho, en Rusia, en manos de la burguesía, la cual se ve obligada únicamente a hacer concesiones parciales (para empezar a 282 anularlas al día siguiente), repartir promesas (para no cumplirlas), buscar todos los medios posibles de encubrir su dominio (para engañar al pueblo con la apariencia de una "coalición honesta'') y etc., etc. De palabra, un gobierno revolucionario, democrático y popular; en la práctica, un gobierno burgués, contrarrevolucionario, antidemocrático y antipopular: ahí está la contradicción que ha existido hasta hoy y que ha sido el origen de la total inestabilidad y de las vacilaciones del poder, de todo ese "carrusel ministerial" a que se han dedicado con fervor tan lamentable (para el pueblo) los señores eseristas y mencheviques.

O la disolución de los Soviets y su muerte sin pena ni gloria, o todo el poder a los Soviets: esto lo dije ante el Congreso de los Soviets de toda Rusia a principios de junio de 1917^^*^^, y la historia de julio y agosto ha confirmado de manera convincente y exhaustiva la justedad de estas palabras. El poder de los Soviets es el único que puede ser estable y apoyarse a ciencia cierta en la mayoría del pueblo, por más que mientan los lacayos de la burguesía, los Potrésov, los Plejánov y otros, que denominan "ampliación de la base" del poder a su entrega efectiva a una minoría insignificante del pueblo, a la burguesía, a los explotadores.

Sólo el Poder soviético podría ser estable, sólo él no podría ser derrocado ni siquiera en los momentos más tempestuosos de la revolución más violenta; sólo ese poder podría garantizar un desarrollo continuo y amplio de la revolución, una lucha pacífica de los partidos dentro de los Soviets. Mientras no se cree un poder de este tipo, serán inevitables la indecisión, la inestabilidad, las vacilaciones, las interminables "crisis del poder'', la comedia sin desenlace del carrusel ministerial, los estallidos de derecha y de izquierda.

Pero la consigna de "El poder a los Soviets" se entiende muy a menudo, si no casi siempre, de una manera completamente equivocada: en el sentido de "un ministerio formado con los partidos mayoritarios de los Soviets''; y esta opinión, profundamente equivocada, es la que desearíamos examinar con más detalle.

``Un ministerio formado con los partidos mayoritarios de los Soviets" implica un cambio de personas en la composición del gobierno, conservando intangible todo el viejo aparato del poder gubernamental; un aparato totalmente burocrático, completamente antidemocrático, incapaz de efectuar reformas serias, que figuran incluso en los programas de los eseristas y de los mencheviques.

``El poder a los Soviets" significa transformar por completo y de manera radical la vieja máquina del Estado, un aparato burocrático _-_-_

^^*^^ Véase el presente volumen, págs. Iti7-lti8. (N. i\e la Edil.)

283 que frena todo lo democrático; significa suprimir dicho aparato y remplazado por otro nuevo, popular, o sea, auténticamente democrático, el de los Soviets, el de la mayoría organizada y armada del pueblo: obreros, soldados y campesinos; significa ofrecer la iniciativa y la independencia a la mayoría del pueblo no sólo en la elección de los diputados, sino también en la administración del Estado y en la realización de reformas y transformaciones.

Para que esta diferencia sea más clara y patente, recordaremos una valiosa confesión hecha algún tiempo atrás por el periódico Dielo N arada, órgano del partido gubernamental: el eserista. Incluso en los ministerios---decía el diario---conferidos a los ministros socialistas (esto se escribía durante la decantada coalición con los democonstitucionalistas, cuando los mencheviques y los eseristas eran ministros), incluso en ellos quedó intacto el viejo aparato administrativo, que frena toda la labor.

Es comprensible. Toda la historia de los países parlamentarios burgueses---y, en medida considerable, también la de los países constitucionales burgueses---demuestra que un cambio de ministros tiene muy poca importancia, pues la labor administrativa real se encuentra en manos de un ejército gigantesco de funcionarios. Y este ejército está impregnado hasta la médula de espíritu antidemocrático, está ligado por miles y millones de hilos a los terratenientes y la burguesía, dependiendo de ambos en todas las formas imaginables. Este ejército está rodeado de una atmósfera de relaciones burguesas y sólo respira ese aire; se ha congelado, encallecido y anquilosado; carece de fuerzas para escapar de esa atmósfera; sólo puede pensar, sentir y obrar a la antigua. Este ejército está ligado por relaciones de respeto a la jerarquía, por determinados privilegios de los empleos "públicos'', y sus cuadros superiores se hallan subordinados por completo, mediante las acciones y los bancos, al capital financiero y vienen a ser, en cierta medida, sus agentes, los vehículos de sus intereses y de su influencia.

Tratar de efectuar con e.s¿ aparato estatal transformaciones como la supresión de la propiedad terrateniente sin indemnización o el monopolio del trigo, etc., es una mera ilusión, el más grande autoengaño y el mayor engaño al pueblo. Ese aparato puede servir a la burguesía republicana, creando una república a modo de "una monarquía sin monarca'', como la Tercera República en Francia '''; pero un aparato estatal de ese tipo es incapaz en absoluto de llevar a cabo reformas, no que aniquilen, sino que, por lo menos, cercenen o limiten seriamente los derechos del capital, los derechos de la "sacrosanta propiedad privada''. Por eso resulta siempre que, con todos los posibles ministerios "de coalición" en que participan ``socialistas'', estos socialistas vienen a ser en la práctica, aun en el 284 caso de que algunos de ellos demuestren la mayor probidad, un simple adorno o una pantalla del gobierno burgués, un pararrayos de la indignación popular provocada por ese gobierno, un instrumento del gobierno para engañar a las masas. Así ocurrió con Luis Blanc en 1848; así ha ocurrido desde entonces decenas de veces en Inglaterra y Francia al participar los socialistas en el gobierno; así fue con los Chernov y los Tsereteli en 1917; así fue y así será mientras se mantenga el régimen burgués y se conserve intangible el viejo aparato estatal burgués y burocrático.

Los Soviets de diputados obreros, soldados y campesinos son valiosos, sobre todo, porque constituyen un tipo de aparato estatal nuevo, inmensamente más elevado e incomparablemente más democrático. Los eseristas y los mencheviques han hecho todo lo posible y lo imposible para transformar los Soviets (en particular el de Petrogrado y el de toda Rusia, o sea, el Comité Ejecutivo Central) en corrillos de charlatanes, que se dedicaban, con el pretexto del ``control'', a adoptar resoluciones estériles y expresar deseos, a los que el gobierno daba carpetazo con la más cortés y amable sonrisa. Pero bastó la "fresca brisa" de la korniloviada, que anunciaba una buena tormenta, para que el aire viciado del Soviet se purificara por algún tiempo y la iniciativa de las masas revolucionarias empezara a manifestarse como algo grandioso, potente e invencible.

Que aprendan de este ejemplo histórico todos los incrédulos. Que se avergüencen quienes dicen: "No tenemos un aparato que pueda remplazar al viejo, que tiende ineluctablemente a defender a la burguesía''. Porque ese aparato existe. Son los Soviets. No teman la iniciativa ni la independencia de las masas, confíen en sus organizaciones revolucionarias y verán en todos los ámbitos de la vida pública la misma fuerza, grandiosidad e invencibilidad de que dieron pruebas los obreros y los campesinos en su unión y su ímpetu contra la korniloviada.

Falta de fe en las masas, miedo a su iniciativa, temor a que actúen por sí mismas, estremecimiento ante su energía revolucionaria, en vez de un apoyo total y sin reservas: tales han sido los mayores pecados de los jefes eseristas y mencheviques. Ahí está una de las raíces más profundas de su indecisión, de sus vacilaciones, de sus incontables e infinitamente estériles tentativas de verter vino nuevo en los viejos odres de la vieja máquina estatal, burocrática.

Tomemos la historia de la democratización del ejército en la revolución rusa de 1917, la historia del Ministerio Chernov, la historia del ``reinado'' de Palchinski o la historia de la dimisión de Peshejónov y veremos a cada paso la confirmación más palmaria de lo dicho anteriormente. La falta de confianza plena en las organizaciones elegidas por los soldados, la falta de aplicación 285 absoluta del principio de elegibilidad de los superiores por los soldados, hicieron que los Kornílov, los Kaledin y los oficiales contrarrevolucionarios se encontraran a la cabeza del ejército. Esto es un hecho. Y quien no cierre adrede los ojos deberá ver por fuerza que, después de la sublevación de Kornílov, el Gobierno Kerenski deja todo como antes y, de hecho, restaura la korniloviada. El nombramiento de Alexéiev, la ``paz'' con los Klembovski, los Gagarin, los Bagratión y otros kornilovistas, la blandura en el trato al mismo Kornílov y al mismo Kaledin demuestran con la mayor claridad que, en la práctica, Kerenski restaura la korniloviada.

No hay término medio. La experiencia ha demostrado que no lo hay. O todo el poder a los Soviets y la democratización total del ejército, o la korniloviada.

¿Y la historia del Ministerio Chernov? ¿No ha demostrado que todo paso más o menos serio encaminado a satisfacer de veras las necesidades de los campesinos, todo paso que represente una prueba de confianza en ellos, en sus propias organizaciones y acciones de masas ha despertado un entusiasmo extraordinario entre todos los campesinos? Pero Chernov tuvo que ``regatear'' una y otra vez, durante casi cuatro meses con los democonstitucionalistas y los altos funcionarios, quienes por medio de interminables demoras y maquinaciones le obligaron, en fin de cuentas, a dimitir sin haber hecho nada. Los terratenientes y los capitalistas, durante esos cuatro meses y por esos cuatro meses, "ganaron la partida'', salvaron la propiedad latifundista, demoraron la convocación de la Asamblea Constituyente y hasta iniciaron una serie de represiones contra los comités agrarios.

No hay término medio. La experiencia ha demostrado que no lo hay. O todo el poder a los Soviets, tanto en el centro como en las localidades, y toda la tierra a los campesinos sin demora hasta que decida la Asamblea Constituyente, o los terratenientes y los capitalistas frenarán todo, restablecerán el poder latifundista, irritarán a los campesinos y llevarán las cosas a un terrible levantamiento campesino.

Otro tanto ocurre con el sabotaje de los capitalistas (con ayuda de Palchinski) a cualquier control más o menos serio de la producción, con el sabotaje de los comerciantes al monopolio del trigo y al comienzo de la distribución democrática, reglamentada, del pan y de los comestibles por Peshejónov.

En Rusia no se trata hoy. en modo alguno, de idear "nuevas reformas'" ni de ``planear'' transformaciones ``universales''. Nada de eso. Así presentan las cosas, de una manera falsa a todas luces, los capitalistas, los Potrésov, los Plejánov, que claman contra "la implantación del socialismo" y contra "la dictadura del proletariado". En realidad, la situación en Rusia es tal que 286 los indecibles sufrimientos y cargas de la guerra, la inaudita y terrible amena/a de la ruina y del hambre han sugerido por sí mismos la salida, han sugerido por sí mismos---y no sólo han sugerido, sino que han adelantado ya como absolutamente impostergables---las reformas y las transformaciones: el monopolio del trigo, el control de la producción y la distribución, la restricción cíe la emisión de papel moneda, un intercambio justo de cereales y artículos industriales, etc.

Todo el mundo considera inevitables las medidas de ese tipo, tomadas en tal sentido, que han comenzado a ser aplicadas en muchos lugares y en los dominios más diversos. Han empezado ya, pero las frena y las ha frenado en todas partes la resistencia de los terratenientes y de los capitalistas; una resistencia que se materializa a través del Gobierno Kerenski (gobierno, en la práctica, enteramente burgués y bonapartista), del aparato burocrático del viejo Estado y de la presión directa e indirecta del capital financiero ruso y ``aliado''.

I. Prilezháiev lamentaba hace poco en Dielo Naroda (núm. 1-17) la dimisión de Peshejónov y el fracaso de los precios fijos, la quiebra del monopolio del trigo:

``Lo que lia fallado a nuestros gobiernos, cualquiera que haya sido su composición, es audacia y decisión... La democracia revolucionaria no debe esperar: ella misma debe revelar iniciativa e intervenir planiticadaniente en el caos económico... Ks ahí, precisamente, donde se necesita un rumbo firme > un poder decidido".

Lo que es cierto es cierto. Palabras de oro. Sólo que el autor no ha pensado que el problema del rumbo firme, de la audacia y la decisión no es una cuestión personal, sino un problema de la clase capaz de manifestar audacia y decisión. Y la única clase que puede hacer eso es el proletariado. La audacia, la decisión y el rumbo firme del poder no son otra cosa que la dictadura del proletariado y de los campesinos pobres. I. Prilezháiev, sin tener conciencia de ello, suspira por esta dictadura.

•{Qué significaría, en la práctica, esta dictadura? Significaría que sería aplastada la resistencia de los kornilovistas y quedaría restablecida y consumada la democratización completa del ejército. El 99% del ejército sería partidario entusiasta de esta dictadura a los dos días de establecida. Esta dictadura daría la tierra a los campesinos v todo el poder a los comités locales de campesinos. ¿Cómo puede alguien, entonces, si está en su sano juicio, poner en duda que los campesinos apoyarían semejante dictadura? Lo que Peshejónov sólo prometió ``(la resistencia de los capitalistas ha sido aplastada": palabras textuales de Peshejónov en su célebre discurso ante el 287 Congreso de los Soviets), lo llevaría a la práctica esta dictadura, lo haría realidad, sin suprimir lo más mínimo las organizaciones democráticas de abastecimiento, de control, etc., que han empezado ya a formarse, sino, por el contrario, apoyándolas y fomentándolas y eliminando todo lo que dificulte su funcionamiento.

Sólo la dictadura de los proletarios y de los campesinos pobres es capaz de romper la resistencia de los capitalistas, ejercer el poder con una audacia y una decisión en verdad grandiosas y asegurarse un apoyo entusiasta, sin reservas y auténticamente heroico de las masas tanto en el ejército como entre los campesinos.

El poder a los Soviets: eso es lo único que podría hacer gradual, pacífico y tranquilo el desarrollo ulterior, poniéndolo por completo al nivel de la conciencia y la decisión de la mayoría de las masas populares, al nivel de su propia experiencia. El poder a los Soviets significa la entrega total de la gobernación del país y del control de su economía a los obreros y a los campesinos, a quienes nadie se atrevería a oponer resistencia y quienes aprenderían rápidamente con su experiencia, con su propia experiencia, a distribuir acertadamente la tierra, las provisiones y el trigo.

Publicado el 27 (14) de septiembre de 1917 en el núm. 10 de "Rabnchi Put".

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I'. 34, págs. 200--207.

[288] ~ 289 __ALPHA_LVL1__ EL ESTADO Y LA REVOLUCIÓN
LA DOCTRINA MARXISTA DEL ESTADO Y LAS TAREAS DEL PROLETARIADO EN LA REVOLUCIÓN^^112^^ __ALPHA_LVL2__ PREFACIO A LA PRIMERA EDICIÓN

Escrito en agosto v septiembre de ¡917; el i) 5 del capitulo II, antes del 17 de diciembre de 1918.

Publicado en ¡{118, en Retrogrado, en nti libro por la Editorial "Zhizn y Znanie".

'/'. .'i.'f. págs. 1-120.

10--74

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__MISSING__ Primera página del manuscrito de V. 1. I.enin El Agosto septiembre de 1917. Tamaño redundí»

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El problema del Estado adquiere en la actualidad una importancia singular tanto en el aspecto teórico como en el político práctico. La guerra imperialista ha acelerado y enconado extraordinariamente el proceso de transformación del capitalismo monopolista en capitalismo monopolista de Estado. La monstruosa opresión de las masas trabajadoras por el Estado, que se funde más y más estrechamente con las omnipotentes asociaciones de los capitalistas, adquiere proporciones cada día más espantosas. Los países adelantados se convierten---y al decir esto nos referimos a su " retaguardia"---en presidios militares para los obreros.

Los inauditos horrores y calamidades de esta larguísima guerra hacen insoportable la situación de las masas y aumentan su indignación. Progresa a todas luces la revolución proletaria internacional, y su actitud ante el Estado adquiere una importancia práctica.

Los elementos de oportunismo acumulados durante decenios de desarrollo relativamente pacífico crearon la corriente del socialchovinismo imperante en los partidos socialistas oficiales del mundo entero. Esta corriente (Plejánov, Potrésov, Breshkóvskaya, Rubanóvich y, luego, en una forma levemente velada, los señores Tsereteli, Chernov y Cía., en Rusia; Scheidemann, Legien, David y otros, en Alemania; Renaudel, Guesde y Vandervelde, en Francia y en Bélgica; Hyndman y los fabianos, en Inglaterra, etc., etc.), socialismo de palabra y chovinismo de hecho, se distingue por la adaptación vil y lacayuna de "los jefes del socialismo" a los intereses no sólo de ``su'' burguesía nacional, sino precisamente de ``su'' Estado, pues la mayoría de las llamadas grandes potencias hace ya largo tiempo que explotan y esclavizan a muchos pueblos pequeños y débiles. Y la guerra imperialista es precisamente una guerra por el reparto y la redistribución de esta clase efe botín. La lucha por arrancar a las masas trabajadoras de la influencia de la burguesía en general, y de la burguesía imperialista en particular, es imposible sin combatir los prejuicios oportunistas acerca del ``Estado''.

292

Comenzamos por examinar la doctrina de Marx y Engels sobre el Estado, deteniéndonos con minuciosidad singular en los aspectos de esta doctrina olvidados o tergiversados de un modo oportunista. Luego analizaremos especialmente la posición del representante principal de estas tergiversaciones, Carlos Kautsky, el líder más conocido de la II Internacional (1889--1914), que tan dolorosa bancarrota ha sufrido durante la guerra actual. Por último, haremos el balance fundamental de la experiencia de la revolución rusa de 1905 y, sobre todo, de la de 1917. Esta última está terminando, al parecer, en los momentos actuales (comienzos de agosto de 1917) la primera fase de su desarrollo; pero toda esta revoluci\'on, en t\'erminos generales, puede ser comprendida \'unicamente como un eslab\'on de la cadena de revoluciones proletarias socialistas suscitadas por la guerra imperialista. Así pues, la actitud de la revolución socialista del proletariado ante el Estado adquiere no sólo una importancia política práctica, sino la mayor actualidad, pues se trata de explicar a las masas lo que deberán hacer para sacudirse, en un porvenir inmediato, el yugo del capital.

El Autor

Agosto de 1917.

__ALPHA_LVL2__ PREFACIO A LA SEGUNDA EDICIÓN

Esta edición, la segunda, apenas contiene modificaciones. No se ha hecho más que añadir el apartado 3 al capítulo II.

El Autor

Moscú.
17 de diciembre de 1918.

293 __NUMERIC_LVL2__ Capítulo I __ALPHA_LVL2__ LA SOCIEDAD DE CLASES Y EL ESTADO __ALPHA_LVL3__ 1. EL ESTADO,
PRODUCTO DEL CARÁCTER INCONCILIABLE
DE LAS CONTRADICCIONES DE CLASE

Con la doctrina de Marx acaece hoy lo que ha ocurrido repetidas veces en la historia con las doctrinas de los pensadores revolucionarios y de los líderes de las clases oprimidas en su lucha por la emancipación. En vida de los grandes revolucionarios, las clases opresoras les sometían a constantes persecuciones, acogían sus doctrinas con la rabia más salvaje, con el odio más furioso y las campañas más desenfrenadas de mentiras y calumnias. Después de su muerte se intenta convertirlos en iconos inofensivos, canonizarlos, por decirlo así, rodear sus nombres de cierta aureola cíe gloria para ``consolar'' y engañar a las clases oprimidas, castrando el contenido de la doctrina revolucionaria, mellando el filo revolucionario de ésta y envileciéndola. En semejante "corrección" del marxismo se dan hoy la mano la burguesía y los oportunistas dentro del movimiento obrero. Olvidan, relegan a un segundo plano y adulteran el aspecto revolucionario de esta doctrina, su espíritu revolucionario. Hacen pasar a primer plano y ensalzan lo que es o parece ser aceptable para la burguesía. Todos los socialchovinistas son ahora---¡bromas aparte!---``rnarxistas''. Y los científicos burgueses alemanes, que todavía ayer eran especialistas en pulverizar el marxismo, hablan con frecuencia creciente, ¡de un Marx "nacional-alemán" que, según ellos, educó las asociaciones obreras tan magníficamente organizadas para la guerra de rapiña!

Ante tal situación, ante la inaudita difusión de las tergiversaciones del marxismo, nuestra misión consiste, sobre todo, en restablecer la verdadera doctrina de Marx acerca del Estado. Para ello es necesario citar numerosos y largos pasajes de las propias obras de Marx y 294 Engels. Ks claro que las citas largas hacen pesada la exposición y en nada contribuyen a darle un carácter popular. Pero es imposible en absoluto prescindir de ellas. Habrá que citar del modo más completo posible todos los pasajes, o, al menos, todos los pasajes decisivos de las obras de Marx y Engels sobre el problema del Estado, para que el lector pueda formarse por sí mismo una noción del conjunto de ideas de los fundadores del socialismo científico y del desarrollo de estas ideas, así como para demostrar documenlalmente y patentizar con toda claridad la tergiversación de estas ideas por el ``kautskismo'' hoy imperante.

Comencemos por la obra más difundida de F. Engels---El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado---, de la que ya en 1894 se publicó en Stuttgart la sexta edición. Deberemos traducir las citas de los originales alemanes, pues las traducciones rusas, con ser tan numerosas, son en gran parte incompletas o deficientes en extremo.

``El Estado---dice Engels, resumiendo su análisis histórico--- no es de ningún modo un poder impuesto desde fuera a la sociedad; tampoco es "la realidad de la idea moral'', ni "la imagen y la realidad de la razón'', como afirma Hegel. Es más bien un producto de la sociedad cuando llega a un grado de desarrollo determinado; es la confesión de que esa sociedad se ha enredado en una irremediable contradicción consigo misma y está dividida por antagonismos inconciliables, que es impotente para conjurarlos. Pero a fin de que estos antagonismos, estas clases con intereses económicos en pugna no se devoren a sí mismas y no consuman a la sociedad en una lucha estéril, se hace necesario un poder situado aparentemente por encima de la sociedad y llamado a amortiguar el choque, a mantenerlo en los límites del ``orden''. Y ese poder, nacido de la sociedad, pero que se pone por encima de ella y se divorcia de ella más y más, es el Estado" (págs. 177--178 de la sexta edición = alemana)"^^3^^.

En este pasaje se expresa con plena claridad la idea fundamental del marxismo en cuanto al papel histórico y a la significación del Estado. El Estado es producto y manifestación de la inconciliabilidad de las contradicciones de clase. El Estado surge en el sitio, en el momento y en la medida en que las contradicciones de clase no pueden, objetivamente, conciliarse. Y viceversa: la existencia del Estado demuestra que las contradicciones de clase son inconciliables.

En este punto importantísimo y cardinal comienza precisamente la adulteración del marxismo, la cual sigue dos direcciones fundamentales.

295

De una parte, los ideólogos burgueses---y, sobre todo, pequeñoburgueses---, obligados por la presión de hechos históricos indiscutibles a reconocer que el Estado existe únicamente donde hay contradicciones de clase y lucha de clases, ``corrigen'' a Marx de tal manera que el Estado resulta ser un órgano de conciliación de las clases. Según Marx, el Estado no podría surgir ni mantenerse si fuera posible la conciliación de las clases. A juicio de los profesores y publicistas pequeñoburgueses y filisteos---¡que a cada paso invocan benévolos a Marx!---resulta que el Estado es precisamente el que concilia las clases. Según Marx, el Estado es un órgano de dominación de clase, un órgano de opresión de una clase por otra, es la creación del ``orden'' que legaliza y afianza esta opresión, amortiguando los choques entre las clases. En opinión de los políticos pequeñoburgueses, el orden es precisamente la conciliación de las clases y no la opresión de una clase por otra. Para ellos, amortiguar los choques significa conciliar, y no privar a las clases oprimidas de ciertos medios y procedimientos de lucha con el fin de derrocar a los opresores.

Por ejemplo, durante la revolución de 1917, cuando el problema de la significación y del papel del Estado se planteó precisamente en toda su magnitud, en el terreno práctico, como un problema de acción inmediata y, además, de masas, todos los eseristas ( socialistasrevolucionarios) y mencheviques cayeron en el acto y por entero en la teoría pequeñoburguesa de la "conciliación" de las clases "por el Estado''. Innumerables resoluciones y artículos de los políticos de ambos partidos están saturados de esta teoría pequeñoburguesa y filistea de la "conciliación''. La democracia pequeñoburguesa jamás podrá comprender que el Estado es el órgano de dominación de una clase determinada, la cual no puede conciliarse con su antípoda (con la clase opuesta a ella). La actitud ante el Estado es uno de los síntomas más patentes de que nuestros eseristas y mencheviques no son, en modo alguno, socialistas (cosa que nosotros, los bolcheviques, hemos demostrado siempre), sino demócratas pequeñoburgueses con una fraseología casi socialista.

De otra parte, la adulteración ``kautskiana'' del marxismo es bastante más sutil. "Teóricamente'', no se niega ni que el Estado sea el órgano de dominación de una clase ni que las contradicciones de clase sean inconciliables. Pero se pasa por alto o se oculta lo siguiente: si el Estado es un producto de la inconciliabilidad de las contradicciones de clase, si es una fuerza situada por encima de la sociedad y que "se divorcia más y más de la sociedad'', resulta claro que la liberación de la clase oprimida es imposible no sólo sin una revolución violenta, sino también sin destruir la ináquina del poder estatal creada por la clase dominante y en la que toma cuerpo dicho ``divorcio''. Como veremos más adelante, Marx llegó a esta 296 conclusión, teóricamente clara cié por sí, con la mayor precisión, tomando como base un análisis histórico concreto de las tareas de la revolución. Y esta conclusión es precisamente---como expondremos con todo detalle en las páginas siguientes---la que Kautsky... ha ``olvidado'' y falseado.

__ALPHA_LVL3__ 2. LOS DESTACAMENTOS ESPECIALES DE HOMBRES ARMADOS, LAS CÁRCELES, ETC.

``...Frente a la antigua organización gentilicia (de tribu o de clan)---prosigue Engels---, el Estado se caracteriza, en primer lugar, por la agrupación de sus subditos según divisiones territoriales..."

Esta agrupación nos parece ``natural'', pero requirió una larga lucha contra la antigua organización en gens o en tribus.

``...El segundo rasgo característico es la institución de una fuer/a pública, que ya no es el pueblo armado. Esta fuerza pública especial nácese necesaria porque desde la división de la sociedad en clases es ya imposible una organización armada espontánea de la población... Esta fuerza pública existe en todo Estado; y no está formada sólo por hombres armados, sino también por aditamentos materiales, las cárceles y las instituciones coercitivas de todo género, que la sociedad gentilicia (de clan) no conocía..."

Engels desarrolla la noción de esa ``fuerza'', denominada Estado, que brota de la sociedad, pero se sitúa por encima de ella y se divorcia cada vez más de ella. ¿En qué consiste, principalmente, esta fuerza? En destacamentos especiales de hombres armados, que disponen de cárceles, etc.

Tenemos derecho a hablar de destacamentos especiales de hombres armados, pues la fuerza pública, propia de todo Estado, "no es ya" la población armada, su "organización armada espontánea".

Como todos los grandes pensadores revolucionarios, Engels se esfuerza por centrar la atención de los obreros conscientes precisamente en lo que el filisteísmo dominante considera menos digno de atención, más habitual, santificado por prejuicios no ya sólidos, sino, digámoslo así, petrificados. El ejército permanente y la policía son los instrumentos principales de la fuerza del poder estatal. Pero ¿puede, acaso, ser de otro modo?

Desde el punto de vista de la inmensa mayoría de los europeos de fines del siglo XIX, a quienes se dirigía Engels y que no habían vivido ni visto de cerca ninguna gran revolución, esto no podía ser de otro 297 modo. No comprendían en absoluto eso de "la organización armada espontánea de la población''. A la pregunta de por qué había surgido la necesidad de destacamentos especiales fie hombres armados (policía y ejército permanente), situados por encima de la sociedad y divorciados de ella, el filisteo de Europa Occidental y el filisteo ruso se inclinaban a contestar con un par de frases tomadas de Spencer o de Mijaikn ski, aduciendo la acrecida complejidad de la vida social, la diferenciación de funciones, etc.

Estas referencias parecen "científicas" y adormecen magníficamente al filisteo, velando lo principal y fundamental: la división de la sociedad en clases enemigas irreconciliables.

Si no existiera esa división, "la organización armada espontánea de la población" sería posible, aunque se diferenciaría por su complejidad, elevada técnica, etc., de la organización primitiva de la manada de monos que empuñan palos, o de la del hombre primitivo, o de los hombres agrupados en clanes.

Pero esa organización es imposible porque la sociedad civilizada está dividida en clases enemigas y, además, irreconciliablemente enemigas, cuyo armamento "espontáneo" conduciría a la lucha armada entre ellas. Se forma el Estado, se crea una fuerza especial, destacamentos especiales de hombres armados, y cada revolución, al destruir el aparato estatal, nos muestra al desnudo la lucha de clases, nos muestra con toda evidencia cómo se esfuerza la clase dominante por restaurar los destacamentos especiales de hombres armados a su servicio y cómo se esfuerza la clase oprimida por crear una nueva organización de este tipo que sea capaz de servir no a los explotadores, sino a los explotados.

En el pasaje citado, Engels expone en el terreno teórico el mismo problema que cada gran revolución plantea ante nosotros en la práctica, de manera fehaciente y, además, en el plano de la acción de masas: el problema de la relación entre los destacamentos " especiales" de hombres armados y "la organización armada espontánea de la población''. Veremos cómo ilustra de un modo concreto este problema la experiencia de las revoluciones europeas y rusas. Pero volvamos a la exposición de Engels.

Engels señala que, a veces, por ejemplo, en algunos sitios de Norteamérica, esta fuerza pública es débil (se trata de raras excepciones en la sociedad capitalista y de lugares de Norteamérica en que imperaba, en el período preimperialista, el colono libre), pero que, en términos generales, se fortalece:

``... La fuerza pública se fortalece a medida que los antagonismos de clase se exacerban dentro del Estado y a medida que se hacen más grandes y más poblados los Estados colindantes. Y

298 si no, examínese nuestra Europa actual, donde la lucha de clases y la rivalidad en las conquistas han hecho crecer tanto la fuer/a pública que ésta amenaza con devorar a la sociedad entera y aun al Estado mismo..."

Esto fue escrito no más tarde que a comienzos de los años 90 del siglo pasado. El último prólogo de Engels está fechado el 16 de junio de 1891. Por aquel entonces apenas comenzaba en Francia, y más débilmente todavía en Norteamérica y en Alemania, el viraje hacia el imperialismo, tanto en el sentido de la dominación completa de los trusts como en el sentido de la omnipotencia de los grandes bancos, de una grandiosa política colonial, etc. Desde entonces, "la rivalidad en las conquistas" ha dado un gigantesco paso adelante, tanto más que, a comienzos de la segunda década del siglo XX, el planeta quedó definitivamente repartido entre estos "conquistadores rivales'', es decir, entre las grandes potencias rapaces. Desde entonces, los armamentos terrestres y marítimos han aumentado en proporciones fabulosas, y la guerra de rapiña de 1914--1917 por el dominio mundial de Inglaterra o Alemania, por el reparto del botín, ha llevado al borde de una catástrofe completa la "absorción" de todas las fuerzas de la sociedad por un poder estatal rapaz.

Ya en 1891, Engels supo destacar "la rivalidad en las conquistas" como uno de los más importantes rasgos distintivos de la política exterior de las grandes potencias. ¡Y los canallas del socialchovinismo de los años 1914--1917, precisamente cuando esta rivalidad, agravándose más y más, ha engendrado la guerra imperialista, encubren la defensa de los intereses rapaces de ``su'' burguesía con frases sobre "la defensa de la patria'', "la defensa de la república y de la revolución'', etc.!

__ALPHA_LVL3__ 3. EL ESTADO, INSTRUMENTO DE EXPLOTACIÓN DE LA CLASE OPRIMIDA

Para mantener una fuerza pública especial, situada por encima de la sociedad, son necesarios los impuestos y la deuda pública.

``... Dueños de la fuerza pública y del derecho a recaudar impuestos---dice Engels---, los funcionarios, como órganos de la sociedad, aparecen ahora situados por encima de ésta. El respeto que se tributaba libre y voluntariamente a los órganos de la constitución gentilicia (de clan) ya no les basta, incluso si pudieran ganarlo...'' Se dictan leyes especiales sobre la santidad y la inmunidad de los funcionarios. "El más despreciable polizonte" tiene más ``autoridad'' que los 299 representantes del clan; pero incluso el jefe del poder militar de un Estado civilizado podría envidiar a un jefe de clan por "el respeto espontáneo" que le profesaba la sociedad.

Aquí se plantea el problema de la situación privilegiada de los funcionarios como órganos de poder del Estado. Lo fundamental es saber: ¿qué los coloca por encima de la sociedad? Más adelante veremos cómo resolvió prácticamente esta cuestión teórica la Comuna de París en 1871 y cómo la escamoteó reaccionariamente Kautsky en 1912.

``... Como el Estado nació de la necesidad de refrenar los antagonismos de clase, y como, al mismo tiempo, nació en medio del conflicto de esas clases, es, por regla general, el Estado de la clase económicamente dominante, que, con ayuda de él, se convierte también en la clase políticamente dominante, adquiriendo con ello nuevos medios para la represión y la explotación de la clase oprimida...'' No sólo el Estado antiguo y el Estado feudal fueron órganos de explotación de los esclavos y de los siervos. También "el moderno Estado representativo es el instrumento de que se sirve el capital para explotar el trabajo asalariado. Sin embargo, por excepción, hay períodos en que las clases en lucha están tan equilibradas que el poder del Estado, como mediador aparente, adquiere cierta independencia momentánea respecto a una y otra...'' Así ocurrió con la monarquía absoluta de los siglos XVII y XVIII, con el bonapartismo del Primero y del Segundo Imperio en Francia y con Bismarck en Alemania.

Y así ha ocurrido también---agregamos nosotros---con el Gobierno Kerenski en la Rusia republicana, después de pasarse a las persecuciones del proletariado revolucionario, en un momento en que los Soviets, a consecuencia de estar dirigidos por demócratas pequeñoburgueses, son ya impotentes, pero la burguesía no tiene todavía fuerza bastante para disolverlos pura y simplemente.

En la república democrática---prosigue Engels---"la riqueza ejerce su poder indirectamente, pero, por ello mismo, de un modo más seguro'', y lo ejerce, en primer lugar, mediante "la corrupción directa de los funcionarios" ( Norteamérica) y, en segundo lugar, mediante "la alianza entre el gobierno y la Bolsa" (Francia y Norteamérica).

300 __EMAIL__ webmaster@leninist.biz __OCR__ ABBYY 6 Professional (2006.10.21) __WHERE_PAGE_NUMBERS__ top __FOOTNOTE_MARKER_STYLE__ [*]+ __ENDNOTE_MARKER_STYLE__ [0-9]+

En la actualidad, el imperialismo y la dominación de los bancos han ``desarrollado'', con virtiéndolos en un arte extraordinario, estos dos métodos de defender y hacer efectiva la omnipotencia de la riqueza en las repúblicas democráticas, sean cuales fueren. Pongamos un ejemplo. Si en los primeros meses de la república democrática de Rusia, durante lo que podríamos llamar luna de miel de los ``socialistas''---eseristas y mencheviques---con la burguesía en el gobierno de coalición, el señor Palchinski saboteó todas las medidas coercitivas contra los capitalistas y sus latrocinios, contra sus robos al fisco con los suministros de guerra; y si luego, ya fuera del ministerio, el señor Palchinski (sustituido, como es lógico, por otro Palchinski exactamente igual a él) fue ``recompensado'' por los capitalistas con una canonjía de 120.000 rublos de sueldo al año, ¿qué es eso? ¿Un soborno directo o indirecto? ¿Una alianza del gobierno con los consorcios o "únicamente" lazos de amistad? ¿Qué papel desempeñan los Chernov y los Tsereteli, los Avxéntiev y los Skóbeliev? ¿El de aliados ``directos'' o sólo indirectos de los millonarios malversadores de los fondos públicos?

La omnipotencia de la ``riqueza'' es más segura en las repúblicas democráticas también porque no depende de unos u otros defectos del mecanismo político ni de la mala envoltura política del capitalismo. La república democrática es la mejor envoltura política posible del capitalismo; y por eso, el capital, al apoderarse (por conducto de los Palchinski, los Chernov, los Tsereteli y Cía.) de esta envoltura, la mejor de todas, cimenta su poder con tanta seguridad y firmeza, que no lo conmueve ningún cambio de personas, ni de instituciones ni de partidos dentro de la república democrática burguesa.

Hay que advertir, además, que Engels llama también con la mayor precisión al sufragio universal instrumento de dominación de la burguesía. El sufragio universal, dice, basándose evidentemente en la larga experiencia de la socialdemocracia alemana, es

``el índice de la madure/ de la clase obrera. No puede llegar ni llegará nunca a más en el Estado actual".

Los demócratas pequeñoburgueses, como nuestros eseristas y mencheviques, y sus hermanos carnales, todos los socialchovinistas y oportunistas de Europa Occidental, esperan "más'', en efecto, del sufragio universal. Sustentan ellos mismos e inculcan al pueblo la falsa idea de que el sufragio universal es, "en el Estado actuar, un medio capaz de revelar verdaderamente la voluntad de la mayoría de los trabajadores y garantizar su cumplimiento.

Aquí sólo podemos señalar esta falsa idea, apuntar que la 301 afirmación de Engels, completamente clara, precisa y concreta, se adultera a cada paso en la propaganda y en la agitación de los partidos socialistas ``oficiales'' (es decir, oportunistas). Más adelante, en nuestra exposición de las concepciones de Marx y Engels acerca del Estado ``actual'', explicaremos en detalle toda la falsedad de esta idea, rechazada aquí por Engels.

En la más popular de sus obras, Engels hace un resumen general de sus puntos de vista en los siguientes términos:

``Por tanto, el Estado no ha existido eternamente. Ha habido sociedades que se las arreglaron sin él, que no tuvieron la menor noción del Estado ni de su poder. Al llegar a cierta fase del desarrollo económico, que estaba ligada necesariamente a la división de la sociedad en clases, esta división hizo del Estado una necesidad. Ahora nos aproximamos con rapidez, a una fase de desarrollo de la producción en que la existencia de estas clases no sólo deja de ser una necesidad, sino que se convierte en un obstáculo directo para la producción. Las clases desaparecerán de un modo tan inevitable como surgieron en su día. Con la desaparición de las clases desaparecerá inevitablemente el Estado. La sociedad, reorganizando de un modo nuevo la producción sobre la base de una asociación libre de productores iguales, enviará toda la máquina del Estado al lugar que entonces le ha de corresponder: al museo de antigüedades, junto a la rueca y al hacha de bronce".

No es frecuente encontrar esta cita en las publicaciones de propaganda y agitación de la socialdemocracia contemporánea. Pero incluso cuando la encontramos, se trata, casi siempre, de una especie de reverencia ante un icono, o sea, de un homenaje oficial a Engels, sin el menor intento de analizar la amplitud y profundidad de la revolución que supone este "enviar toda la máquina del Estado al museo de antigüedades''. En la mayoría de los casos, ni siquiera se ve que se comprenda a qué llama Engels máquina del Estado.

__ALPHA_LVL3__ 4. LA "EXTINCIÓN" DEL ESTADO Y LA REVOLUCIÓN VIOLENTA

Las palabras de Engels sobre la "extinción" del Estado gozan de tanta celebridad, se citan tan a menudo y muestran con tanto relieve dónde está el quid de la adulteración corriente del marxismo, por medio de la cual se le adapta al oportunismo, que es preciso 302 examinarlas con todo detalle. Reproduciremos entero el pasaje en que figuran estas palabras.

``El proletariado toma en sus manos el poder del Estado y convierte, en primer lugar, los medios de producción en propiedad del Estado. Pero con este mismo acto se destruye a sí mismo como proletariado y destruye toda diferencia y todo antagonismo de clase y, con ello, el Estado como tal. La sociedad, hasta el presente movida entre los antagonismos de clase, ha necesitado del Estado, o sea, de una organización de la correspondiente clase explotadora, para mantener las condiciones exteriores de producción, y, por tanto, particularmente para mantener por la fuerza a la clase explotada en las condiciones de opresión (la esclavitud, la servidumbre y el trabajo asalariado), determinadas por el modo de producción existente. El Estado era el representante oficial de toda la sociedad, su síntesis en un cuerpo social visible; pero lo era sólo como Estado de la clase que en su época representaba a toda la sociedad: en la antigüedad era el Estado de los ciudadanos esclavistas; en la Edad Media, el de la nobleza feudal; en nuestros tiempos es el de la burguesía. Cuando el Estado se convierta, finalmente, en representante efectivo detoda la sociedad, será por sí mismo superfluo. Cuando ya no exista ninguna clase social a la que haya que mantener en la opresión; cuando desaparezcan, junto con la dominación de clase, junto con la lucha por la existencia individual engendrada por la actual anarquía de la producción, los choques y los excesos resultantes de esta lucha; cuando ocurra eso, no habrá ya nada que reprimir ni hará falta, por tanto, esa fuerza especial de represión: el Estado. El primer acto en que el Estado se manifiesta efectivamente como representante de toda la sociedad---la toma de posesión de los medios de producción en nombre de la sociedad---es a la par su último acto independiente como Estado. La intervención de la autoridad del Estado en las relaciones sociales se hará superfina en un campo tras otro de la vida social y se adormecerá por sí misma. El gobierno sobre las personas es sustituido por la administración de las cosas y por la dirección de los procesos de producción. El Estado no es ``abolido'': se extingue. Esto debe servir de punto de partida para juzgar el valor de esa frase sobre el "Estado popular libre'', en lo que toca a su justificación provisional como consigna de agitación y en lo que se refiere a su falta absoluta de fundamento científico. Exactamente, debe servir de punto de partida para 303 juzgar el valor de la exigencia de los llamados anarquistas de que el Estado sea abolido de la noche a la mañana" (Anti-Dühring. La subversión de la ciencia por el señor Eugenio Dühring, págs. 301--303 de la tercera edición alemana) .

Podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que de esta exposición de Engels, riquísima en ideas, lo único que ha pasado a ser verdadero patrimonio del pensamiento socialista, en los partidos socialistas actuales, es la tesis de que, según Marx, el Estado "se extingue'', a diferencia de la doctrina anarquista de la "abolición" del Estado. Truncar así el marxismo significa convertirlo en oportunismo, pues con tal "interpretación" sólo queda en pie una noción confusa de un cambio lento, paulatino, gradual, sin saltos ni tormentas, sin revoluciones. Hablar de la "extinción" del Estado en el sentido habitual, generalizado, de masas, si cabe decirlo así, equivale indudablemente a esfumar, si no a negar, la revolución.

Pero semejante "interpretación" es el más burdo falseamiento del marxismo, un falseamiento que sólo favorece a la burguesía y que se asienta teóricamente en el olvido de importantísimas circunstancias y consideraciones señaladas, por ejemplo, en el ``resumen'' contenido en el pasaje de Engels que hemos reproducido íntegramente.

Primera. Engels dice al comienzo mismo de este pasaje que el proletariado, al tomar el poder estatal, "destruye, con ello, el Estado como tal''. "No es usual" pararse a pensar en lo que significa esto. Lo corriente es desentenderse de ello en absoluto o considerarlo algo así como una "debilidad hegeliana" de Engels. En realidad, estas palabras formulan de modo conciso la experiencia de una de las más grandes revoluciones proletarias, la experiencia de la Comuna de París de 1871, de la cual hablaremos con mayor detalle en su lugar. En realidad, Engels habla aquí de la "destrucción" del Estado de la burguesía por la revolución proletaria, mientras que las palabras relativas a la extinción del Estado se refieren a los restos del Estado proletario después de la revolución socialista. El Estado burgués no "se extingue'', según Engels, sino que "es destruido" por el proletariado en la revolución. El que se extingue, después de esta revolución, es el Estado o semi-Estado proletario.

Segunda. El Estado es una "fuerza especial de represión''. Engels nos ofrece aquí esta magnífica y profundísima definición con la más completa claridad. Y de ella se deduce que esa "fuerza especial de represión" del proletariado por la burguesía, de millones de trabajadores por unos puñados de ricachones, debe sustituirse con una "fuerza especial de represión" de la burguesía por el proletariado (dictadura del proletariado). En esto consiste 304 precisamente "la destrucción del Estado como tal''. En esto consiste precisamente el ``acto'' de la toma de posesión de los medios de producción en nombre de la sociedad. Y es evidente de por sí que semejante sustitución de una "fuerza especial" (la burguesa) con otra "fuerza especial" (la proletaria) no puede ya operarse, en modo alguno, en forma de "extinción".

Tercera. Al hablar de la "extinción" y---con palabra todavía más plástica y gráfica---del ``adormecimiento'' del Estado, Engels se refiere con absoluta claridad y precisión a la época posterior a "la toma de posesión de los medios de producción por el Estado en nombre de toda la sociedad''; es decir, a la época posterior a la revolución socialista. Todos sabemos que la forma política del ``Estado'' en esta época es la democracia más completa. Pero a ninguno de los oportunistas, que tergiversan desvergonzadamente el marxismo, se le ocurre pensar que, por consiguiente, Engels habla aquí del ``adormecimiento'' y la "extinción" de la democracia. A primera vista, esto parece muy extraño. Pero es ``incomprensible'' únicamente para quienes no hayan comprendido que la democracia es también un Estado y que, en consecuencia, la democracia desaparecerá asimismo cuando desaparezca el Estado. El Estado burgués sólo puede ser ``destruido'' por la revolución. El Estado en general, es decir, la más completa democracia, sólo puede " extinguirse".

Cuarta. Después de formular su famosa tesis: "El Estado se extingue'', Engels aclara a renglón seguido, de un modo concreto, que esta tesis va dirigida tanto contra los oportunistas como contra los anarquistas. Y Engels coloca en primer plano la conclusión de su tesis sobre "la extinción clel Estado'', dirigida contra los oportunistas. Puede apostarse que de diez mil personas que hayan leído u oído hablar de la "extinción" del Estado, nueve mil novecientas noventa ignoran en absoluto o no recuerdan que Engels dirigió sus conclusiones derivadas de esta tesis no sólo contra los anarquistas. Y de las diez personas restantes, lo más probable es que nueve no sepan lo que es el "Estado popular libre" y por qué combatir esta consigna significa atacar a los oportunistas. ¡Así se escribe la historia! Así se falsea imperceptiblemente la gran doctrina revolucionaria y se la adapta al filisteísmo reinante. La conclusión contra los anarquistas se ha repetido miles de veces, se ha vulgarizado, se ha inculcado en las cabezas con la mayor simplicidad y ha adquirido la solidez de un prejuicio. ¡Pero la conclusión contra los oportunistas ha sido eslumada y ``olvidada''!

El "Estado popular libre" era una reivindicación programática y una consigna en boga de los socialdemóc ratas alemanes en los años 70. En esta consigna no hay el menor contenido político, fuera de 305 una filistea y enfática descripción del concepto de democracia. Engels estaba dispuesto a ``justificar'' "por cierto tiempo" esta consigna, desde el punto de vista de la agitación, por cuanto con ella se aludía legalmente a la república democrática. Pero esta consigna era oportunista, pues expresaba no sólo el embellecimiento de la democracia burguesa, sino también la incomprensión de la crítica socialista de todo Estado en general. Somos partidarios de la república democrática como la mejor forma de Estado para el proletariado en el capitalismo; pero no tenemos derecho a olvidar que la esclavitud asalariada es el destino del pueblo, incluso en la república burguesa más democrática. Prosigamos. Todo Estado es una "fuer/a especial de represión" de la clase oprimida. Por eso, todo Estado ni es libre ni es popular. Marx y Engels explicaron esto reiteradamente; a sus camaradas de partido en la década del 70.

Quinta. Esta misma obra de Engels, de la que todos recuerdan la idea de la extinción del Estado, contiene un pasaje sobre la importancia de la revolución violenta. Engels convierte en un verdadero panegírico de la revolución violenta la valoración histórica de su papel. Esto "nadie lo recuerda''. En los partidos socialistas contemporáneos no es usual hablar de la importancia de esta idea, ni siquiera pensar en ella: semejantes ideas no desempeñan ningún papel en la propaganda ni en la agitación cotidianas entre las masas. Y, sin embargo, están indisolublemente unidas a la "extinción" del Estado y forman con ella un todo armónico.

He aquí el pasaje de Engels:

``...En cuanto a que la violencia desempeña asimismo en la historia un papel muy distinto" (además del de agente del mal), "un papel revolucionario; para decirlo con las palabras de Marx, el papel de comadrona de toda sociedad antigua que lleva en sus entrañas otra nueva, de instrumento por medio del cual vence el movimiento social y saltan hechas añicos las formas políticas fosilizadas y muertas, el señor Dühring no nos dice ni una palabra. Únicamente reconoce, entre suspiros y gemidos, que acaso para derrocar el régimen de explotación no haya más remedio que acudir a la violencia: desgraciadamente, añade, pues el empleo de la violencia desmoraliza siempre a quien la emplea. ¡Y nos dice esto, a pesar del alto vuelo moral e intelectual que ha sido siempre la consecuencia de toda revolución victoriosa! Y nos lo dice en Alemania, donde un choque violento---que puede ser impuesto al pueblo---tendría, cuando menos, la ventaja de desterrar de la conciencia nacional ese servilismo que se ha apoderado de ella desde la humillación de la Guerra de los Treinta Años. ?Y este 306 modo de pensar sin savia y sin fuerza, propio de un sermoneador, es el que pretende imponerse al partido más revolucionario que conoce la historia?" (pág. 193, tercera edición alemana, final del capítulo IV de la parte II).

¿Cómo es posible unir en una sola doctrina este panegírico de la revolución violenta, ofrecido con insistencia por Engels a los socialdemócratas alemanes desde 1878 hasta 1894, es decir, hasta los últimos días de su vida, con la teoría de la "extinción" del Estado?

De ordinario se unen ambas cosas con ayuda del eclecticismo, desgajando a capricho (o para complacer a los potentados), sin atenerse a los principios o de un modo sofístico, ora uno ora otro razonamiento. Y en el noventa y nueve por ciento de los casos, si no en más, se adelanta a un primer plano precisamente la tesis de la "extinción''. Se sustituye la dialéctica por el eclecticismo: es la actitud más habitual y más general ante el marxismo en las publicaciones socialdemócratas oficiales de nuestros días. Esta sustitución no tiene, ciertamente, nada de nuevo; ha podido observarse incluso en la historia de la filosofía clásica griega. Con la adaptación del marxismo al oportunismo, el eclecticismo, presentado como dialéctica, engaña con la mayor facilidad a las masas, les da una aparente satisfacción, parece tener en cuenta todos los aspectos del proceso, todas las tendencias del desarrollo, todas las influencias contradictorias, etc., cuando en realidad no proporciona ninguna concepción completa y revolucionaria del proceso del desarrollo social.

Hemos dicho ya antes, y lo demostraremos con mayor detalle en nuestra exposición ulterior, que la doctrina de Marx y Engels sobre la ineluctabilidad de la revolución violenta se refiere al Estado burgués. Este no puede ser sustituido por el Estado proletario (por la dictadura del proletariado) mediante la "extinción'', sino sólo, como regla general, mediante la revolución violenta. El panegírico que dedica Engels a esta última y que coincide por completo con reiteradas manifestaciones de Marx (recordemos el final de Miseria de la Filosofía y del Manifiesto Comunista, donde se proclama con franqueza y orgullo la ineluctabilidad de la revolución violenta; recordemos la crítica del Programa de Gotha de 1875, casi treinta años después, en la que Marx fustiga implacablemente el oportunismo de este = Programa"^^5^^), dicho panegírico no tiene nada de ``apasionamiento'', ni de declamación ni de argucia polémica. La necesidad de educar sistemáticamente a las masas en esta idea de la revolución violenta, y precisamente en esta, es la base de toda la doctrina de Marx y Engels. La traición a su doctrina por las corrientes socialchovinista y kautskiana, imperantes hoy, se 307 manifiesta con singular relieve en el olvido por unos y otros de esta propaganda y de esta agitación.

La sustitución del Estado burgués por el Estado proletario es imposible sin una revolución violenta. La supresión del Estado proletario, es decir, la supresión de todo Estado, sólo es posible mediante un proceso de "extinción".

Marx y Engels desarrollaron estas ideas de un modo minucioso y concreto, estudiando cada situación revolucionaria y analizando las enseñanzas proporcionadas por la experiencia de cada revolución. Pasamos a examinar esta parte de su doctrina, que es, sin duda alguna, la más importante.

__NUMERIC_LVL2__ Capítulo II __ALPHA_LVL2__ EL ESTADO Y LA REVOLUCIÓN. LA EXPERIENCIA DE 1848 a 1851 __ALPHA_LVL3__ 1. EN VÍSPERAS DE LA REVOLUCIÓN

Las primeras obras del marxismo maduro, la Miseria de la Filosofía y el Manifiesto Comunista, aparecieron precisamente en vísperas de la revolución de 1848. Esta circunstancia hace que dichas obras contengan hasta cierto punto, además de una exposición de los fundamentos generales del marxismo, un reflejo de la situación revolucionaria concreta de entonces; por eso será, quizá, más conveniente analizar lo que los autores de tales libros dicen acerca del Estado, antes de examinar las conclusiones que sacaron de la experiencia de 1848 a 1851.

``...En el transcurso de su desarrollo---escribe Marx en Miseria de la Filosofía---, la clase obrera sustituirá la antigua sociedad civil por una asociación que excluya las clases y su antagonismo; y no existirá ya un poder político propiamente dicho, pues el poder político es precisamente la expresión oficial del antagonismo de las clases dentro de la sociedad civil" (pág. 182 de la edición alemana de 1885).

Es instructivo confrontar esta exposición general de la idea referente a la desaparición del Estado, después de la supresión de las clases, con la exposición que contiene el Manifiesto Comunista, escrito por Marx y Engels algunos meses después, a saber, en noviembre de 1847:

``...Al esbozar .las fases más generales del desarrollo del proletariado, hemos seguido el curso de la guerra civil más o 308 menos oculta que se desarrolla en el seno de la sociedad existente, hasta el momento en que se transforma en una revolución abierta, y el proletariado, derrocando por la violencia a la burguesía, implanta su dominación...

``...Como ya hemos visto más arriba, el primer paso de la revolución obrera es la transformación" (literalmente: elevación) "del proletariado en clase dominante, la conquista de la democracia.

``El proletariado se valdrá de su dominación política para ir arrancando gradualmente a la burguesía todo el capital, para centralizar todos los instrumentos de producción en manos del Estado, es decir, del proletariado organizado como clase dominante, y para aumentar con la mayor rapidez, posible la suma de las fuerzas productivas" (págs. 31 y 37 de la 7" edición alemana, de 1906)" = fi.

Vemos formulada aquí una de las ideas más notables e importantes del marxismo acerca del Estado: la idea de "la dictadura del proletariado" (como empezaron a denominarla Marx y Engels después de la Comuna de París), y asimismo una definición del Estado, interesante en grado sumo, que se cuenta también entre las "palabras olvidadas" del marxismo: "El Estado, es decir, el proletariado organizado como clase dominante".

Esta definición del Estado nunca ha sido explicada en las publicaciones principales de propaganda y agitación de los partidos socialdemócratas oficiales. Es más, se la ha dado expresamente al olvido, pues es inconciliable por completo con el reformismo y se da de bofetadas con los prejuicios oportunistas corrientes y las ilusiones filisteas respecto al "desarrollo pacífico de la democracia".

El proletariado necesita del Estado, repiten todos los oportunistas, socialchovinistas y kautskianos, asegurando que ésa es la doctrina de Marx. Pero ``olvidan'' añadir que, primero, según Marx, el proletariado sólo necesita de un Estado que se extinga, es decir, organizado de tal modo que comience a extinguirse inmediatamente y no pueda dejar de extinguirse; y, segundo, que los trabajadores necesitan del ``Estado'', "es decir, el proletariado organizado como clase dominante".

El Estado es una organización especial de la fuerza, una organización de la violencia para reprimir a otra clase, cualquiera que sea. ¿A qué clase tiene que reprimir el proletariado? Está claro que únicamente a la clase explotadora, es decir, a la burguesía. Los trabajadores necesitan del Estado sólo para aplastar la resistencia de los explotadores. Y este aplastamiento puede dirigirlo y efectuarlo sólo el proletariado, la única clase consecuentemente revolucionaria, 309 la única clase capaz de unir a todos los trabajadores y explotados en la lucha contra la burguesía, por la completa eliminación de ésta.

Las clases explotadoras necesitan de la dominación política para mantener la explotación, es decir, en provecho egoísta de una insignificante minoría contra la inmensa mayoría del pueblo. Las clases explotadas necesitan de la dominación política para suprimir completamente toda explotación, es decir, en provecho de la inmensa mayoría del pueblo contra una insignificante minoría: los esclavistas modernos, o sea, los terratenientes y capitalistas.

Los demócratas pequeñoburgueses, esos seudosocialistas que han sustituido la lucha de clases con sueños sobre la conciliación de las clases, se han imaginado también la transformación socialista de un modo soñador, no como el derrocamiento de la dominación de la clase explotadora, sino como la sumisión pacífica de la minoría a la mayoría, que habrá adquirido conciencia de su misión. Esta utopía pequeñoburguesa, unida de manera indisoluble al reconocimiento de un Estado situado por encima de las clases, ha conducido en la práctica a traicionar los intereses de las clases trabajadoras, como lo demuestra, por ejemplo, la historia de las revoluciones francesas de 1848 y 1871, como lo demuestra también la experiencia de participación ``socialista'' en ministerios burgueses en Inglaterra, Francia, Italia y otros países a fines del siglo XIX y comienzos del XX.

Marx luchó durante toda su vida contra este socialismo pequeñoburgués, hoy resucitado en Rusia por los partidos eserista y menchevique. Marx desarrolló de manera consecuente la doctrina de la lucha de clases hasta llegar a la doctrina del poder político, del Estado.

La dominación de la burguesía sólo puede ser abolida por el proletariado, como clase especial cuyas condiciones económicas de existencia le preparan para esa abolición y le dan posibilidades y fuerzas para efectuarla. La burguesía fracciona y dispersa a los campesinos y a todos los sectores pequeñoburgueses, pero cohesiona, une y organiza al proletariado. Sólo el proletariado---en virtud del papel económico que desempeña en la gran producción---puede ser el jefe de todas las masas trabajadoras y explotadas, a quienes la burguesía explota, esclaviza y oprime con frecuencia no menos, sino más que a los proletarios, pero que son incapaces de luchar por su cuenta para conquistar su propia liberación.

La teoría de la lucha de clases, aplicada por Marx al problema del Estado y de la revolución socialista, conduce necesariamente a reconocer la dominación política del proletariado, su dictadura, es decir, un poder no compartido con nadie y que se asienta de modo directo en la fuerza armada de las masas. El derrocamiento de la 310 burguesía sólo puede realizarse mediante la transformación del proletariado en clase dominante, capaz de sofocar la resistencia inevitable y desesperada de la burguesía y de organizar para el nuevo régimen económico a todas las masas trabajadoras y explotadas.

El proletariado necesita del poder estatal, organización centralizada de la fuerza, organización de la violencia, tanto para sofocar la resistencia de los explotadores como para dirigir a una gigantesca masa de la población,a los campesinos, a la pequeña burguesía y a los semiproletarios, en la obra de "poner a punto" la economía socialista.

Al educar al partido obrero, el marxismo educa a la vanguardia del proletariado, una vanguardia capaz de tomar el poder y conducir a todo el pueblo al socialismo,de orientar y organizar el nuevo régimen, de ser el maestro, el dirigente y el guía de todos los trabajadores y explotados en la obra de ordenar su propia vida social sin la burguesía y contra la burguesía. Por el contrario, el oportunismo imperante hoy forma en el partido obrero representantes de los obreros mejor retribuidos, que se apartan de las masas y "se colocan" pasaderamente en el capitalismo, vendiendo por un plato de lentejas su derecho de primogenitura, o sea, renunciando al papel de jefes revolucionarios del pueblo contra la burguesía.

``El Estado, es decir, el proletariado organizado como clase dominante": esta teoría de Marx está vinculada de manera indisoluble a toda su doctrina acerca de la misión revolucionaria del proletariado en la historia. El coronamiento de esa misión es la dictadura proletaria, la dominación política del proletariado.

Pero si el proletariado necesita del Estado como organización especial de la violencia contra la burguesía, de ahí se deduce por sí misma una conclusión: ¿es posible crear semejante organización sin destruir previamente, sin demoler la máquina del Estado que ha creado para sí la burguesía? A esta conclusión lleva directamente el Manifiesto Comunista, y Marx habla de ella al hacer resumir la experiencia de la revolución de 1848 a 1851.

__ALPHA_LVL3__ 2. EL BALANCE DE LA REVOLUCIÓN

En su obra El Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte, Marx hace el balance de la revolución de 1848 a 1851 y dedica el siguiente pasaje al problema del Estado, que es el que nos interesa:

``...Pero la revolución es radical. Está pasando todavía por el purgatorio. Cumple su tarea con método. Hasta el 2 de diciembre de 1851" (día del golpe de Estado de Luis Bonaparte) "había terminado la mitad de su labor preparatoria; ahora termina la otra mitad. Lleva primero a la perfección 311 el poder parlamentario para tener la posibilidad de derrocarlo. Ahora, conseguido ya esto, lleva a la perfección el poder ejecutivo, lo reduce a su más pura expresión, lo aisla, se enfrenta con él, como único blanco contra el que debe concentrar todas sus fuerzas de destrucción" (subrayado por nosotros). "Y cuando la revolución haya llevado a cabo esta segunda parte de su labor preliminar, Europa se levantará y gritará jubilosa: ¡bien has hozado, viejo topo!

``Este poder ejecutivo, con su inmensa organización burocrática y militar, con su compleja y artificiosa máquina del Estado, un ejército de funcionarios que suma medio millón de hombres, junto a un ejército de otro medio millón de hombres; este espantoso organismo parasitario que se ciñe como una red al cuerpo de la sociedad francesa y le tapona todos los poros, surgió en la época de la monarquía absoluta, de la decadencia del régimen feudal, que dicho organismo contribuyó a acelerar''. La primera revolución francesa desarrolló la centralización, "pero, al mismo tiempo, amplió el volumen, las atribuciones y el número de servidores del poder del gobierno. Napoleón perfeccionó esta máquina del Estado''. La monarquía legítima y la monarquía de julio "no añadieron nada más que una mayor división del trabajo...

``...Finalmente, la república parlamentaria, en su lucha contra la revolución, viose obligada a fortalecer, junto con las medidas represivas, los medios y la centralización del poder del gobierno. Todas las revoluciones perfeccionaron esta máquina, en vez de destruirla" (subrayado por nosotros). "Los partidos que luchaban alternativamente por la dominación consideraban la toma de posesión de este inmenso edificio del Estado como el botín principal del vencedor" " (El Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte, págs. 98--99, 4 = a ed., Hamburgo, 1907) = in.

En este notable pasaje, el marxismo da un gigantesco paso adelante en comparación con el Manifiesto Comunista. Allí, la cuestión del Estado se planteaba todavía de un modo abstracto en extremo, usando las nociones y expresiones más generales. Aquí se plantea de un modo concreto, y la conclusión a que se llega es exacta y precisa en grado superlativo, prácticamente tangible: todas las revoluciones anteriores perfeccionaron la máquina del Estado, pero lo que hace falta es romperla, destruirla.

Esta conclusión es lo principal, lo fundamental, en la teoría del marxismo acerca del Estado. Y precisamente esto fundamental es lo que han olvidado por completo los partidos socialdemócratas oficiales 312 imperantes y ha tergiversado a todas luces (como veremos más adelante) C. Kautsky, el teórico más destacado de la II Internacional.

En el Manifiesto Comunista se resumen los resultados generales de la historia, que obligan a ver en el Estado un órgano de dominación de clase y llevan a la conclusión inevitable de que el proletariado no puede derrotar a la burguesía si no conquista primero el poder político, si no logra la dominación política, si no transforma el Estado en "el proletariado organizado como clase dominante''; a la conclusión de que este Estado proletario comienza a extinguirse inmediatamente después de triunfar, pues en una sociedad sin contradicciones de clase el Estado es innecesario e imposible. Pero aquí no se plantea cómo deberá realizarse---desde el punto de vista del desarrollo histórico---esta sustitución del Estado burgués con el Estado proletario.

Este problema es precisamente el que plantea y resuelve Marx en 1852. Fiel a su filosofía del materialismo dialéctico, toma como básela experiencia histórica de los grandes años de la revolución: de 1848 a 1851. En este caso, como siempre, la doctrina de Marx es un resumen de la experiencia alumbrado por una profunda concepción filosófica del mundo y por un rico conocimiento de la historia.

El problema del Estado se plantea de una manera concreta: ¿cómo ha surgido históricamente el Estado burgués, la máquina estatal que necesita la burguesía?, ¿cuáles han sido sus cambios y su evolución en el transcurso de las revoluciones burguesas y ante las acciones independientes de las clases oprimidas?, ¿cuáles son las tareas del proletariado en lo que atañe a esta máquina del Estado?

El poder estatal centralizado, propio de la sociedad burguesa, surgió en la época de la caída del absolutismo. Dos son las instituciones más típicas de esta máquina estatal: la burocracia y el ejército permanente. En las obras de Marx y Engels se habla reiteradas veces de los miles de hilos que unen estas instituciones precisamente con la burguesía. La experiencia de cada obrero revela esa unión de un modo extraordinariamente palmario e impresionante. La clase obrera aprende en su propia carne a conocer estos vínculos. Por eso capta con tanta facilidad y asimila tan bien la ciencia del carácter inevitable cíe esos vínculos, ciencia que los demócratas pequeñoburgueses niegan por ignorancia y por frivolidad, o reconocen "en general'', de un modo todavía más frivolo, olvidándose de sacar las conclusiones prácticas correspondientes.

La burocracia y el ejército permanente son un "parásito" adherido al cuerpo de la sociedad burguesa, un parásito engendrado por las contradicciones internas que desgarran a. esta sociedad; pero, precisamente, un parásito que ``tapona'' los poros vitales. El oportunismo kautskiano, que impera hoy en la socialdemocracia 313 oficial, considera patrimonio especial y exclusivo del anarquismo la idea del Estado como un organismo parasitario. Por supuesto, esta adulteración del marxismo es ventajosa sobremanera para los filisteos que han llevado el socialismo a la ignominia inaudita de justificar y embellecer la guerra imperialista, aplicándole el concepto de "defensa de la patria''; pero es, a pesar de todo, una tergiversación indiscutible.

Esta máquina burocrática y militar se desarrolla, perfecciona y afianza a través de las numerosísimas revoluciones burguesas que ha conocido Europa desde ¡a caída del feudalismo. En particular, precisamente la pequeña burguesía es atraída por la gran burguesía y sometida a ella en grado considerable gracias a esta máquina, que proporciona a los sectores superiores de los campesinos, de los pequeños artesanos, de los comerciantes, etc., puestos relativamente cómodos, tranquilos y honorables, los cuales colocan a sus poseedores por encima del pueblo. Observen lo ocurrido en Rusia durante el meclio año transcurrido desde el 27 de febrero de 1917: los cargos burocráticos, que antes se adjudicaban preferentemente a los ultrarreaccionarios, se han convertido en botín de democonstitucionalistas, mencheviques y eseristas. En el fondo, no se pensaba en reformas serias, esforzándose por demorarlas "hasta la Asamblea Constituyente'', y aplazando poco a poco la Asamblea Constituyente ¡hasta el final de la guerra! ¡Pero para repartirse el botín, para ocupar los puestos de ministros, viceministros, gobernadores generales, etc., etc., no se han dado largas ni se ha esperado a ninguna Asamblea Constituyente! En el fondo, el juego de las combinaciones para formar gobierno ha sido únicamente la expresión del reparto y redistribución del "botín'', de arriba abajo, en todo el país, en toda la administración central y local. El balance, un balance objetivo, del medio año comprendido entre el 27 de febrero y el 27 de agosto de 1917 es indiscutible: se han aplazado las reformas, se han repartido los puestos burocráticos y se han corregido, mediante algunos reajustes, los ``errores'' cometidos en el reparto.

Pero cuanto más frecuentes son estos ``reajustes'' del aparato burocrático entre los distintos partidos burgueses y pequeñoburgueses (entre los dernoconstitucionalistas, eseristas y mencheviques, si nos atenemos al ejemplo ruso), tanto más evidente es para las clases oprimidas y para el proletariado que las encabeza su oposición inconciliable a toda la sociedad burguesa. De ahí la necesidad para todos los partidos burgueses, incluyendo a los más democráticos y "democráticos revolucionarios'', de intensificar la represión contra el proletariado revolucionario, de fortalecer el aparato represivo, es decir, la misma máquina del Estado. Este desarrollo de los acontecimientos obliga a la revolución a " concentrar todas las fuerzas de 314 destrucción" contra el poder estatal, la obliga a señalarse el objetivo no de perfeccionar la máquina del Estado, sino de destruirla, de aniquilarla.

No fue el razonamiento lógico, sino el desarrollo efectivo de los acontecimientos, la experiencia viva de los años de 1848 a 1851, lo que condujo a este planteamiento del problema. Una prueba de la rigurosidad con que Marx se atiene a los hechos de la experiencia histórica es que en 1852 no plantea aún el problema concreto de c o n qué sustituir la máquina del Estado que ha de ser destruida. La experiencia no había proporcionado todavía materiales para esta cuestión, que la historia puso a la orden del día más tarde, en 1871. Obrando con la exactitud del investigador naturalista, en 1852 sólo podía registrarse una cosa: que la revolución proletaria se había acercado de lleno a la tarea de "concentrar todas las fuerzas de destrucción" contra el poder estatal, a la tarea de ``romper'' la máquina del Estado.

Puede preguntarse a este respecto: ¿Es justo generalizar la experiencia, las observaciones y las conclusiones de Marx, trasplantándolas más allá de los límites de la historia de Francia durante los tres años comprendidos entre 1848 y 1851? Para analizar esta pregunta, comenzaremos por recordar una observación de Engels y pasaremos luego a los hechos.

``...Francia---escribía Engels en el prólogo a la tercera edición de El Dieciocho Brumario---es el país en el que las luchas históricas de clases se han llevado siempre a su término decisivo más que en ningún otro sitio y donde, por tanto, las formas políticas sucesivas dentro de las que se han movido estas luchas de clases, y en las que han encontrado su expresión los resultados de las mismas, adquieren también los contornos más acusados. Centro del feudalismo en la Edad Media y país modelo de la monarquía unitaria estamental desde el Renacimiento, Francia pulverizó al feudalismo en la gran revolución e instauró la dominación pura de la burguesía en una forma clásica como ningún otro país de Europa. También la lucha del proletariado, cada vez más vigoroso, contra la burguesía dominante reviste aquí una forma violenta, desconocida en otras partes" (pág. 4, ed. de 1907).

La última observación ha quedado anticuada, por cuanto a partir de 1871 se observa una interrupción en la lucha revolucionaria del proletariado francés, si bien esta interrupción,por mucho que dure, no excluye en modo alguno la posibilidad de que, en la futura 315 revolución proletaria, Francia se revele como el país clásico de la lucha de clases hasta su término decisivo.

Pero echemos un vistazo general a la historia de los países adelantados a fines del siglo XIX y comienzos del XX. Veremos que se desarrolla el mismo proceso, aunque de un modo más lento, más variado, y en un campo de acción mucho más extenso: de una parte, la formación del "poder parlamentario" lo mismo en los países republicanos (Francia, Norteamérica, Suiza) que en los monárquicos (Inglaterra, Alemania hasta cierto punto, Italia, los países escandinavos, etc.); de otra parte, la lucha por el poder entre los distintos partidos burgueses y pequeñoburgueses, que se reparten y redistribuyen el "botín" de los puestos burocráticos, dejando intactas las bases del régimen burgués; y, por último, el perfeccionamiento y la vigorización del "poder ejecutivo'', de su máquina burocrática y militar.

Está fuera de toda duda que ésos son los rasgos generales que caracterizan la evolución moderna de los Estados capitalistas en general. En el transcurso de tres años, de 1848 a 1851, Francia mostró en una forma rápida, tajante y concentrada los procesos de desarrollo propios de todo el mundo capitalista.

Y, en particular, el imperialismo, la época del capital bancario, la época de los gigantescos monopolios capitalistas, la época de la transformación del capitalismo monopolista en capitalismo monopolista de Estado, patentiza un fortalecimiento extraordinario de la "máquina estatal'', un desarrollo inaudito de su aparato burocrático y militar, con motivo de haber aumentado las represalias contra el proletariado, tanto en los países monárquicos como en los países republicanos más libres.

Es indudable que, en la actualidad, la historia del mundo conduce en proporciones incomparablemente más amplias que en 1852 a "la concentración de todas las fuerzas" de la revolución proletaria para ``destruir'' la máquina del Estado,

¿Con qué sustituirá el proletariado esta máquina? La Comuna de París nos proporciona, a este respecto, datos instructivos en extremo.

__ALPHA_LVL3__ 3. COMO PLANTEABA MARX LA CUESTIÓN EN 1852^^*^^

En 1907 Mehring publicó en la revista Neue Zeit = ]}8 (XXV, 2, pág. 164)fragmentos de una carta de Marx a Weydemeyer, fechada el 5 de marzo de 1852. Esta carta contiene, entre otros, el siguiente pasaje notable:

``Por lo que a mí se refiere, no me cabe el mérito de haber descubierto la existencia de las clases en la sociedad moderna _-_-_

^^*^^ Añadido a la segunda edición.

316 ni la lucha entre ellas. Mucho antes que yo, algunos historiadores burgueses habían expuesto ya el desarrollo histórico de esta lucha de clases, y algunos economistas burgueses, la anatomía económica de éstas. Lo que yo he aportado de nuevo ha sido demostrar: 1) que la existencia de las clases sólo va unida a determinadas fases históricas de desarrollo de la producción (historische Entwicklungsphasen der Produktion); 2) que la lucha de clases conduce, necesariamente, a la dictadura del proletariado; 3) que esta misma dictadura no es de por sí más que el tránsito hacia la abolición de todas las clases y hacia una sociedad sin clases..."

Marx consiguió expresar en estas palabras, de un modo asombrosamente claro, dos cosas: primero, la diferencia principal y cardinal entre su doctrina y las doctrinas de los pensadores avanzados y más profundos de la burguesía, y segundo, la esencia de su teoría del Estado.

Lo fundamental en la doctrina de Marx es la lucha de clases. Así se dice y se escribe con mucha frecuencia. Pero no es exacto. De esta inexactitud dimana a cada paso una adulteración oportunista del marxismo, su falseamiento en un sentido aceptable para la burguesía. Porque la teoría de la lucha de clases no fue creada por Marx, sino por la burguesía antes de Marx, y es, en términos generales, aceptable para la burguesía. Quien reconoce solamente la lucha de clases no es aún marxista, puede resultar que no ha rebasado todavía el marco del pensamiento burgués y de la política burguesa. Circunscribir el marxismo a la teoría de la lucha de clases significa limitarlo, tergiversarlo, reducirlo a algo aceptable para la burguesía. Únicamente es marxista quien hace extensivo el reconocimiento de la lucha de clases al reconocimiento de la dictadura del proletariado. En ello estriba la más profunda diferencia entre un marxista y un pequeño (o un gran) burgués adocenado. En esta piedra de toque es en la que debe contrastarse la comprensión y el reconocimiento verdaderos del marxismo. Y nada tiene de extraño que cuando la historia de Europa ha colocado prácticamente a la clase obrera ante tal problema, no sólo todos los oportunistas y reformistas, sino también todos los ``kautskianos'' (que vacilan entre el reformismo y el marxismo) hayan resultado ser miserables filisteos y demócratas pequeñoburgueses, que niegan la dictadura del proletariado. El folleto de Kautsky La dictadura del proletariado, publicado en agosto de 1918, es decir, mucho después de haber aparecido la primera edición del presente libro, es un modelo de adulteración filistea del marxismo y de ignominiosa abjuración del mismo de hecho, aunque se le reconozca hipócritamente de palabra 317 (véase mi folleto La revolución proletaria y el renegado Kautsky, Retrogrado y Moscú, 1918).

El oportunismo de nuestros días, personificado por su portavoz principal, el ex marxista C. Kautsky, cae de lleno dentro de la definición de la actitud burguesa hecha por Marx, y que hemos citado, pues este oportunismo circunscribe el reconocimiento de la lucha de clases al terreno de las relaciones burguesas. (¡Y dentro de este terreno, dentro de sus límites, ningún liberal culto se negaría a reconocer "en principio" la lucha de clases!) El oportunismo no hace llegar el reconocimiento de la lucha de clases precisamente a lo más principal: al período de transición del capitalismo al comunismo, al período de derrocamiento de la burguesía y de completa destrucción de ésta. En realidad, es un período ineluctable de lucha de clases, en el cual esta última adquiere un encarnizamiento y unas formas violentas sin precedente. En consecuencia, el Estado de este período debe ser inevitablemente un Estado democrático de manera nueva (para los proletarios y los desposeídos en general) y dictatorial de manera nueva (contra la burguesía).

Además, la esencia de la teoría de Marx acerca del Estado sólo la asimila quien haya comprendido que la dictadura de una clase es necesaria no sólo en general, para toda sociedad dividida en clases, no sólo para el proletariado después de derrocar a la burguesía, sino también para todo el período histórico que separa el capitalismo de la "sociedad sin clases'', del comunismo. Las formas de los Estados burgueses son extraordinariamente diversas, pero su esencia es la misma: todos esos Estados son, de una manera o de otra, pero, en última instancia, necesariamente, una dictadura de la burguesía. Como es natural, la transición del capitalismo al comunismo no puede por menos de proporcionar una ingente abundancia y diversidad de formas políticas; mas la esencia de todas ellas será, necesariamente, una: la dictadura del proletariado.

__NUMERIC_LVL2__ Capítulo III __ALPHA_LVL2__ EL ESTADO Y LA REVOLUCIÓN. LA EXPERIENCIA
DE LA COMUNA DE PARÍS DE 1871.
EL ANÁLISIS DE MARX __ALPHA_LVL3__ 1. ¿EN QUE CONSISTE EL HEROÍSMO DE LA TENTATIVA DE LOS COMUNEROS?

Es sabido que algunos meses antes de la Comuna, en el otoño de 1870, Marx puso en guardia a los obreros de París, demostrando que la tentativa de derribar el gobierno sería un disparate dictado por la 318 desesperación. Pero cuando en marzo de 1871 se impuso a los obreros el combate decisivo y ellos lo aceptaron, cuando la insurrección fue un hecho, Marx aplaudió la revolución proletaria con el mayor entusiasmo, pese a los malos augurios. Marx no se aferró a la condena pedantesca de un movimiento "extemporáneo'', como el tristemente célebre Plejánov, renegado ruso del marxismo, que en noviembre de 1905 escribió alentando a la lucha a los obreros y los campesinos y después de diciembre de 1905 rompió a gritar como un liberal cualquiera: "¡No se debía haber empuñado las armas!"

Marx, sin embargo, no se limitó a entusiasmarse ante el heroísmo de los comuneros, que, según sus palabras, "asaltaban el cielo''. Marx veía en aquel movimiento revolucionario de masas, aunque no llegó a alcanzar sus objetivos, una experiencia histórica de grandiosa importancia, un cierto paso adelante de la revolución proletaria mundial, un paso práctico más importante que cientos de programas y de razonamientos. Analizar esta experiencia, sacar de ella enseñanzas tácticas, revisar a la luz de ella su propia teoría: así concebía Marx su misión.

La única "corrección" que Marx consideró necesario introducir en el Manifiesto Comunista se la sugirió la experiencia revolucionaria de los comuneros de París.

El último prefacio a la nueva edición alemana del Manifiesto Comunista, firmado por sus dos autores, está fechado el 24 de junio de 1872. En este prefacio, los autores, Carlos Marx y Federico Engels, dicen que el programa del Manifiesto Comunista "ha envejecido en algunos de sus puntos".

"...La Comuna ha demostrado, sobre todo---continúan---, que "la clase obrera no puede limitarse simplemente a tomar posesión de la máquina del Estado tal y como está y servirse de ella para sus propios = fines"...""^^9^^

Las palabras puestas entre comillas dentro de esta cita fueron tomadas por sus autores de la obra de Marx La guerra civil en Francia.

Así pues, Marx y Engels atribuían una importancia tan gigantesca a esta enseñanza principal y fundamental de la Comuna de París que la introdujeron, como corrección esencial, en el Manifiesto Comunista.

Es elocuente en extremo que precisamente esta corrección esencial haya sido tergiversada por los oportunistas y que su sentido sea desconocido, quizá, para las nueve décimas partes, si no para el noventa y nueve por ciento, de los lectores del Manifiesto Comunista. De esta tergiversación trataremos en detalle más adelante, en un capítulo especial consagrado a las tergiversaciones. De momento será suficiente señalar que la manera habitual, vulgar, de ``entender'' las notables palabras de Marx citadas por nosotros consiste en suponer 319 que Marx subraya aquí la idea del desarrollo lento, en oposición a la toma del poder y otras cosas por el estilo.

En realidad ocurre precisamente lo contrario. La idea de Marx consiste en que la clase obrera debe destruir, romper "la máquina del Estado tal y como está" y no limitarse simplemente a apoderarse de ella.

El 12 de abril de 1871, es decir, en plena época de la Comuna, Marx escribió a Kugelrnann:

``...Si te fijas en el último capítulo de mi Dieciocho Brumario, verás que expongo como próxima tentativa de la revolución francesa, no hacer pasar de unas manos a otras la máquina burocrática y militar, como venía sucediendo hasta ahora, sino ``romperla'' (subrayado por Marx; en el original: zerbrechen), "y ésta es justamente la condición previa de toda verdadera revolución popular en el continente. En esto consiste precisamente la tentativa de nuestros heroicos camaradas de París" (pág. 709 de la revista Neue Zeit, t. XX, 1, año 1901--1902). (Las cartas de Marx a Kugelmann se han publicado en ruso en dos ediciones, por lo menos; una de ellas, redactada por mí y con un prólogo = mío^^*^^).

Estas palabras---"romper la máquina burocrática y militar del Estado"---contienen, expresada de una manera sucinta, la enseñanza fundamental del marxismo acerca de las tareas del proletariado durante la revolución en lo que respecta al Estado. ¡Y es precisamente esta enseñanza la que no sólo se ha dado al olvido por completo, sino que ha sido adulterada patentemente por la "interpretación" imperante, kautskiana, del marxismo!

En cuanto a la alusión de Marx a El Dieciocho Brumario, hemos citado más arriba en su integridad el pasaje correspondiente.

Interesa destacar, en particular, dos puntos del razonamiento de Marx. En primer lugar, Marx limita su conclusión al continente. Esto era lógico en 1871, cuando Inglaterra seguía siendo aún un modelo de país netamente capitalista, pero sin casta militar y, en grado considerable, sin burocracia. Por eso, Marx excluía a Inglaterra, donde entonces se consideraba posible---y lo era---una revolución, incluso una revolución popular, sin la condición previa de destruir "la máquina del Estado tal y como está".

Hoy, en 1917, en la época de la primera gran guerra imperialista, esta limitación hecha por Marx desaparece. Inglaterra y Norteamérica, los más grandes y últimos representantes---en el mundo entero--- _-_-_

^^*^^ Véase V. I. I.enin. O.C., t. 14, págs. 371--379. (N. de la F.dit.)

320 de la ``libertad'' anglosajona en el sentido de ausencia de militarismo y burocratismo, han caído por completo en el cenagal inmundo y sangriento, común a toda Europa, de las instituciones burocráticas y militares, que todo lo someten y lo aplastan. Hoy, también en Inglaterra y en Norteamérica es "condición previa de toda verdadera revolución popular" destruir, romper "la máquina del Estado tal y como está" (que allí ha alcanzado, de 1914 a 1917, la perfección ``europea'', la perfección común a! imperialismo).

En segundo lugar, merece singular atención la profundísima observación de Marx de que la demolición de la máquina burocrática y militar del Estado es "condición previa de toda verdadera revolución popular". Este concepto de revolución ``popular'' parece extraño en boca de Marx, y los plejanovistas y mencheviques rusos, discípulos de Struve que quieren hacerse pasar por marxistas, podrían tal vez calificar de ``lapsus'' tal expresión de Marx. Han adulterado el marxismo en un espíritu tan miserablemente liberal que para ellos sólo existe la oposición entre revolución burguesa y revolución proletaria, e incluso esta oposición la conciben de un modo escolástico a más no poder.

Si tomamos como ejemplos las revoluciones del siglo XX, tendremos que considerar burguesas, lógicamente, las revoluciones portuguesa y turca. Pero ni una ni otra son revoluciones " populares'', pues la masa del pueblo, su inmensa mayoría, no actúa ni en una ni en otra de manera perceptible y activa, por propia iniciativa, con sus propias reivindicaciones económicas y políticas. En cambio, la revolución burguesa de 1905 a 1907 en Rusia, aunque no registrase éxitos tan ``brillantes'' como los que lograron en ciertos momentos las revoluciones portuguesa y turca, fue, sin duda, una revolución "verdaderamente popular''. Porque la masa del pueblo, su mayoría, los sectores "más bajos" de la sociedad, aplastados por el yugo y la explotación, se levantaron por propia iniciativa, marcaron todo el curso de la revolución con el sello de sus reivindicaciones, de sus intentos de construir a su modo una sociedad nueva en lugar de la sociedad vieja que querían destruir.

En la Europa de 1871, el proletariado no formaba la mayoría del pueblo en ningún país del continente. La revolución podía ser ``popular'', es decir, arrastrar de verdad al movimiento a la mayoría, sólo en el caso de que abarcara tanto al proletariado como a los campesinos. Ambas clases formaban entonces el ``pueblo''. Ambas clases están unidas por el hecho de que "la máquina burocrática y militar del Estado" las oprime, esclaviza y explota. Destruir esta máquina, romperla: en eso radica el verdadero interés del ``pueblo'', de su mayoría, de los obreros y de la mayoría de los campesinos; tal es la "condición previa" para una alianza libre de los campesinos 321 pobres con los proletarios. Y sin esa alian/a, la democracia será precaria, y la transformación socialista, imposible.

Como se sabe, hacia esa alian/a se abría camino la Comuna de París, que no alcan/ó su objetivo por diversas causas de carácter interno y externo.

Por consiguiente, al hablar de "verdadera revolución popular'', Marx, sin olvidar en absoluto las peculiaridades de la pequeña burguesía (de las cuales habló mucho y a menudo), tenía en cruenta con el mayor rigor la correlación efectiva de clases en la mayoría de los Estados continentales de Europa en 187 I. Y, por otra parte, hacía constar que la "destrucción" de la máquina estatal corresponde a los intereses de los obreros y campesinos, los une y les señala la tarea común de suprimir al "parásito" y sustituirlo con algo nuevo.

¿Con qué, concretamente?

__ALPHA_LVL3__ 2. ¿CON QUE SUSTITUIR LA MAQUINA DEL ESTADO UNA VEZ DESTRUIDA?

En 1847, en el Manifiesto (Comunista, Marx daba a esta pregunta una respuesta todavía completamente abstracta, o, para ser más exactos, una respuesta que señalaba las tareas, pero no los medios de cumplirlas. Sustituir la máquina del Estado, una vez destruida, con "la organi/.acrión del proletariado, como criase dominante'', "con la conquista de la democracia": tal era la respuesta del Manifiesto Comunista.

Sin caer en utopías, Marx esperaba que la experiencia del movimiento de masas daría respuesta a la pregunta de qué formas concretas tendría la organización del proletariado como clase dominante y de qué modo esta organización sería crompatible con "la conquista de la democracia" más completa y consecuente.

En La guerra civil en Francia, Marx analiza con la mayor atención la experiencia de la Comuna, por breve que fuera dicha experiencia. Citemos los pasajes más importantes de esta obra:

En el siglo XIX se desarrolló, procedente de la Edad Media, "el poder estatal centralizado, con sus órganos omnipresentes: el ejército permanente, la policía, la burocracia, el clero y la magistratura''. Al desarrollarse el antagonismo de clase entre el capital y el trabajo, "el poder del Estado fue adquiriendo erada vez más el carácter de poder nacional del capital sobre el trabajo, de fuerza pública organizada para la esclavización social, de máquina del despotismo de clase. Después de cada revolución, que marca un paso adelante en la lucha de clases, se acusa con rasgos c acia vez más destacados el carácter puramente represivo del poder del Estado''. Después 322 de la revolución de 1848--1849, el poder del Estado se convierte en una "máquina nacional de guerra del capital contra el trabajo''. El Segundo Imperio lo consolida.

``La antítesis directa del Imperio era la Comuna''. "Era la forma definida" "de una república que no acabase sólo con la forma monárquica de la dominación de clase, sino con la propia dominación de clase..."

;En qué consistió, concretamente, esta forma ``definida'' de la república proletaria, socialista? ¿Qué Estado comen/ó a crear?

``...El primer decreto de la Comuna fue la supresión del ejército permanente para sustituirlo por el pueblo armado..."

Esta reivindicación figura hoy en los programas de todos los partidos que desean llamarse socialistas. Pero el valor de sus programas nos lo prueba, mejor que nada, la conducta de nuestros eseristas y mencheviques, quienes precisamente después de la revolución del 27 de febrero ¡han renunciado, de hecho, a llevara la práctica esta reivindicación!

``...La Comuna estaba formada por los consejeros municipales, elegidos por sufragio universal en los diversos distritos de la ciudad. Eran responsables y revocables en todo momento. La mayoría de sus miembros eran, naturalmente, obreros o representantes reconocidos de la clase obrera...

``...En vez de continuar siendo un instrumento del gobierno central, la policía fue despojada inmediatamente de sus atributos políticos y convertida en instrumento de la Comuna, responsable ante ella y revocable en todo momento... Lo mismo se hizo con los funcionarios de las demás ramas de la administración... Desde los miembros de la Comuna para abajo, todos los que desempeñaban cargos públicos debían desempeñarlos por el salario de un obrero. Los intereses creados y los gastos de representación de los altos dignatarios del Estado desaparecieron con los altos dignatarios mismos... Una vez suprimidos el ejército permanente y la policía, que eran los elementos del poder material del antiguo gobierno, la Comuna tomó medidas inmediatamente para destruir la fuerza espiritual de represión, el poder de los curas... Los funcionarios judiciales perdieron su fingida independencia... En el futuro habían de ser funcionarios electivos, responsables y revocables...'' '"'"

Por tanto, al destruir la máquina del Estado, la Comuna la sustituye aparentemente "sólo" con una democracia más completa: 323 supresión del ejército permanente y elegibilidad y amovilidad plenas de todos los funcionarios. Pero, en realidad, este "sólo" representa una sustitución gigantesca de unas instituciones con otras de tipo distinto por principio. Nos hallamos precisamente ante un caso de "transformación de la cantidad en calidad": la democracia, hecha realidad del modo más completo y consecuente que pueda imaginarse, se convierte de democracia burguesa en democracia proletaria, de un Estado (fuerza especial de represión de una determinada clase) en algo que ya no es un Estado propiamente dicho.

Es necesario aún reprimir a la burguesía y vencer su resistencia. Esto era especialmente necesario para la Comuna, y una de las causas de su derrota radica en que rio lo hizo con suficiente decisión. Pero, en este caso, el órgano represivo es ya la mayoría de la población y no una minoría, como había sido siempre, lo mismo bajo la esclavitud y la servidumbre que bajo la esclavitud asalariada. ¡Y por cuanto la mayoría del pueblo es la que reprime por sí misma a sus opresores, no es ya necesaria una "fuerza especial" de represión! En este sentido, el Estado comienza a extinguirse. En ve/ de las instituciones especiales de una minoría privilegiada (la burocracia privilegiada, los jefes del ejército permanente), esta función puede desempeñarla directamente la propia mayoría. Y cuanto más intervenga todo el pueblo en la ejecución de las funciones propias del poder del Estado, tanto menos necesario será este poder.

Es singularmente notable, a este respecto, una medida de la Comuna subrayada por Marx: la supresión de todos los gastos de representación, de todos los privilegios pecuniarios de los funcionarios, la reduce ion de los sueldos de todos los funcionarios públicos al nivel del "salario de un obrero". Aquí precisamente se expresa con la mayor evidencia el viraje de la democracia burguesa a la democracia proletaria, de la democracia de los opresores a la democracia de las clases oprimidas, del Estado como "fuerza especial" de represión de una clase determinada a la represión de los opresores por la fuerza conjunta de la mayoría del pueblo, de los obreros y los campesinos. ¡Y es justamente en este punto tan evidente---quizá el más importante en lo que respecta al problema del Estado---en el que más se dan al olvido las enseñanzas de Marx! En los comentarios de divulgación ---cuya cantidad es innumerable---no se habla de esto. "Es usual" silenciarlo, como si se tratase de una ``ingenuidad'' pasada de moda; algo así como cuando los cristianos, después de convertirse el cristianismo en religión oficial, "dieron al olvido" las ``ingenuidades'' del cristianismo primitivo y su espíritu democrático revolucionario.

La reducción de los sueldos de los altos funcionarios públicos parece ``simplemente'' la reivindicación de una democracia ingenua, primitiva. Uno de los ``fundadores'' del oportunismo __NOTE__ Page offset about an inch down. 324 contemporáneo, el ex socialdemócrata E. Bernstein, se ha dedicado más de una vez a repetir las triviales hurlas burguesas acerca de la democracia ``primitiva''. Como todos los oportunistas, como los kautskianos actuales, no ha comprendido en absoluto, primero, que el paso del capitalismo al socialismo es imposible sin cierto ``retorno'' a la democracia ``primitiva'' (porque ¿cómo, si no, pasar al desempeño de las funciones del Estado por la mayoría de la población, por toda ella?), y, segundo, que esta "democracia primitiva'', basada en el capitalismo y en la cultura capitalista, no es la democracia primitiva de los tiempos prehistóricos o de la época precapitalista. La cultura capitalista ha creado la gran producción, las fábricas, los ferrocarriles, el correo, el teléfono, etc., y, sobre esta base, la inmensa mayoría de las funciones del antiguo "poder estatal" se han simplificado tanto y pueden reducirse a operaciones tan sencillas de registro, contabilidad y control que son totalmente asequibles a cuantos saben leer y escribir, pueden ejecutarse por el corriente "salario de un obrero'', pueden (y deben) ser despojadas de toda sombra de algo privilegiado y "jerárquico".

La completa elegibilidad y amovilidad de todos los funcionarios en cualquier momento y la reducción de su sueldo al nivel del corriente "salario de un obrero'', estas medidas democráticas, sencillas y "comprensibles por sí mismas'', unen por completo los intereses de los obreros y de la mayoría de los campesinos y, al misino tiempo, sirven de puente que conduce del capitalismo al socialismo. Estas medidas atañen a la reorganización estatal, puramente política, de la sociedad; pero es evidente que adquieren su pleno sentido e importancia sólo en conexión con "la expropiación de los expropiado res'', ya en realización o en preparación, es decir, con la transformación de la propiedad privada capitalista de los medios de producción en propiedad social.

``La Comuna---escribió Marx---convirtió en una realidad el tópico de todas las revoluciones burguesas, "un gobierno barato'', al destruir las dos grandes fuentes de gastos: el ejército permanente y la burocracia del Estado".

Entre los campesinos, lo mismo que en los demás sectores de la pequeña burguesía, sólo una minoría insignificante "se eleva'', "se abre camino" en el sentido burgués, es decir, se convierte en gente acomodada, en burgueses o en funcionarios con una situación estable y privilegiada. La mayoría abrumadora de los campesinos de todos los países capitalistas en que existe una masa campesina (y estos países capitalistas forman la mayoría) se halla oprimida por el gobierno y ansia derrocarlo, ansia un gobierno ``barato''. Eso puede 325 realizarlo únicamente el proletariado y, al realizarlo, da un paso hacia la transformación socialista del Estado.

__ALPHA_LVL3__ 3. LA ABOLICIÓN DEL PARLAMENTARISMO

``La Comuna---escribió Marx---no había de ser un organismo parlamentario, sino una corporación de trabajo, ejecutiva y legislativa al mismo tiempo...

``...En vez de decidir una vez cada tres o seis años qué miembros de la clase dominante han de representar y aplastar (ver- una zertreten) al pueblo en el Parlamento, el sufragio universal habría de servir al pueblo, organizado en comunas, de la misma manera que el sufragio individual sirve a los patronos que buscan obreros, inspectores y administradores para sus negocios".

Esta excelente crítica del parlamentarismo, hecha en 1871, figura también hoy, gracias al predominio del socialchovinismo y del oportunismo, entre las "palabras olvidadas" del marxismo. Los ministros y parlamentarios profesionales, los traidores al proletariado y los socialistas ``mercantilistas'' de nuestros días han cedido por entero a los anarquistas la crítica del parlamentarismo, y sobre esta base asombrosamente sensata han declarado que toda crítica del parlamentarismo es ¡¡``anarquismo''!! No tiene nada de extraño que el proletariado de los países parlamentarios ``adelantados'', asqueado de ``socialistas'' como los Scheidemann, los David, los Legien, los Sembat, los Renaudel, los Henderson, los Vandervelde, los Stauning, los Branting, los Bissolati y Cía., haya simpatizado cada día más con el anarcosindicalismo, pese a que éste es hermano carnal del oportunismo.

Pero la dialéctica revolucionaria jamás fue para Marx esa huera frase de moda, esa bagatela en que la han convertido Plejánov, Kautsky y otros. Marx sabía romper implacablemente con el anarquismo por la incapacidad de este último para aprovechar incluso el ``establo'' del parlamentarismo burgués, sobre todo cuando es evidente que no existe una situación revolucionaria; mas, al mismo tiempo, sabía también hacer una crítica auténticamente revolucionaria, proletaria, del parlamentarismo.

Decidir una vez cada cierto número de años qué miembros de la clase dominante han de oprimir y aplastar al pueblo en el Parlamento: ésa es la verdadera esencia del parlamentarismo burgués, tanto en las monarquías constitucionales parlamentarias como en las repúblicas más democráticas.

Ahora bien, si planteamos la cuestión del Estado, si enfocamos el 326 parlamentarismo---como institución del Estado---desde el punto de vista de las tareas del proletariado en este terreno, ,'cómo salir, entonces, del parlamentarismo?, ¿cómo es posible prescindir de él?

Hay que decirlo una y otra vez: las enseñanzas de Marx basadas en la experiencia de la Comuna están tan olvidadas que para el "socialdemócrata" moderno (léase: para el actual traidor al socialismo) es realmente incomprensible otra crítica del parlamentarismo que no sea la anarquista o la reaccionaria.

La salida del parlamentarismo no está, como es natural, en abolir las instituciones representativas y la elegibilidad, sino en transformar dichas instituciones de jaulas de cotorras en corporaciones "de trabajo''. "La Comuna no había de ser un organismo parlamentario, sino una corporación de trabajo, ejecutiva y legislativa al mismo tiempo".

``No un organismo parlamentario, sino una corporación de trabajo": ¡estas palabras son como pedrada en ojo de boticario si tenemos en cuenta a los parlamentarios modernos y a los "perrillos falderos" parlamentarios de la socialdemocracia! Echen una mirada a cualquier país parlamentario, desde Norteamérica hasta Suiza, desde Francia hasta Inglaterra, Noruega, etc.: la verdadera labor ``estatal'' se hace entre bastidores y la realizan los ministerios, las oficinas, los Estados Mayores. En los parlamentos no se hace más que charlatanear con el fin especial de embaucar al ``vulgo''. Eso es tan cierto que hasta en la república rusa, una república democrática burguesa, antes de que ésta haya podido crear un verdadero Parlamento, han aparecido en seguida todas estas lacras del parlamentarismo. Héroes del filisteísmo podrido como los Skóbeliev y los Tsereteli, los Chernov y los Avxéntiev han conseguido envilecer incluso los Soviets, según el patrón del más abominable parlamentarismo burgués, convirtiéndolos en lugares de charlatanería huera. En los Soviets, los señores ministros ``socialistas'' engañan a los ingenuos campesinos con frases y resoluciones. En el gobierno se baila un rigodón continuo, de una parte, para ``cebar'' por turno, con canonjías bien retribuidas y honrosas, al mayor número posible de eseristas y mencheviques y, de otra, para "distraer la atención" del pueblo. ¡Mientras tanto, en las oficinas y en los Estados Mayores "se efectúa" la labor ``estatal''!

Dielo Naroda, órgano del partido gobernante, de los " socialistasrevolucionarios'', reconocía hace poco en un editorial---con la sinceridad inigualable de la "buena sociedad'', en la que ``todos'' ejercen la prostitución política---que hasta en los ministerios regentados por ``socialistas'' (¡perdonen la expresión!), que incluso en esos ministerios, ¡todo el aparato burocrático sigue siendo, de hecho, el viejo, funciona a la antigua y sabotea con absoluta 327 ``libertad'' las iniciativas revolucionarias! Y aunque no tuviésemos esta confesión, ¿acaso no lo demuestra la historia de la colaboración de los eseristas y los mencheviques en el gobierno? Lo único peculiar en este terreno es que los señores Chernov, Rusánov, Zenzínov y demás redactores de Dielo Naroda, en comunidad ministerial con los democonstitucionalistas, han perdido el pudor hasta tal punto que no se avergüenzan de decir en público sin ruborizarse, como si se tratase de una pequenez, ¡¡que en ``sus'' ministerios todo está igual que antes!! Frases democráticas y revolucionarias para embaucar a los campesinos ingenuos, y papeleo oficinesco burocrático para ``contentar'' a los capitalistas: tal es la esencia de la ``honrada'' coalición.

La Comuna sustituye el parlamentarismo venal y podrido de la sociedad burguesa con instituciones en las que la libertad de opinión y de discusión no degenera en engaño, pues los parlamentarios deben trabajar ellos mismos, deben aplicar ellos mismos sus leyes, deben comprobar ellos mismos los resultados, deben responder personalmente ante sus electores. Las instituciones representativas siguen existiendo, pero el parlamentarismo desaparece como sistema especial, como división del trabajo legislativo y ejecutivo, como situación privilegiada de los diputados. Sin instituciones representativas no podemos concebir la democracia, ni siquiera la democracia proletaria; sin parlamentarismo, podemos y debemos concebirla, si la crítica de la sociedad burguesa no es para nosotros una frase huera, si nuestra aspiración a derrocar el dominio de la burguesía es seria y sincera, y no una frase ``electoral'' para cazar votos de los obreros, como lo es en labios de los mencheviques y eseristas, de los Scheidemann y los Legien, los Sembat y los Vandervelde.

Es instructivo en extremo que, al hablar de las funciones de la burocracia que necesitan la Comuna y la democracia proletaria, Marx tome como punto de comparación a los empleados de los " patronos'', es decir, una empresa capitalista corriente, con "obreros, inspectores y administradores".

En Marx no hay ni rastro de utopismo, pues no inventa ni saca de su fantasía una ``nueva'' sociedad. No, Marx estudia, en calidad de proceso histórico natural, cómo nace la nueva sociedad de la vieja, estudia las formas de transición de la segunda a la primera. Toma la experiencia real del movimiento proletario de masas y se esfuerza por sacar de ella enseñanzas prácticas. ``Aprende'' de la Comuna, de la misma manera que todos los grandes pensadores revolucionarios no temieron aprender de la experiencia de los grandes movimientos de la clase oprimida ni les echaron jamás ``sermones'' pedantescos (por el estilo del "No se debía haber empuñado las armas'', de Plejánov, o del "Una clase debe saber moderarse'', de Tsereteli).

328

No cabe hablar de abolir la burocracia de golpe, en todas partes y hasta el fin. Eso es una utopía. Pero destruir en el acto la vieja máquina burocrática y empezar sin demora a construir otra, nueva, que permita reducir gradualmente a la nada toda burocracia, no es una utopía; es la experiencia de la Comuna, es la tarea directa, inmediata, del proletariado revolucionario.

El capitalismo simplifica las funciones de la administración "del Estado'', permite desterrar el "mando jerárquico" y reducirlo todo a una organización de los proletarios (como clase dominante), que toma a su servicio, en nombre de toda la sociedad, a "obreros, inspectores y administradores".

No somos utopistas. No "soñamos" en cómo podrá prescindirse en el acto de todo gobierno, de toda subordinación; estos sueños anarquistas, basados en la incomprensión de las tareas de la dictadura del proletariado, son ajenos por completo al marxismo y, de hecho, sólo sirven para demorar la revolución socialista hasta el momento en que los hombres sean distintos. No, nosotros queremos la revolución socialista con hombres como los de hoy, con hombres que no puedan prescindir de la subordinación y el control, de los "inspectores y administradores".

Pero a quien hay que subordinarse es a la vanguardia armada de todos los explotados y trabajadores: al proletariado. Se puede y se debe comenzar inmediatamente, de hoy a mañana, a sustituir el "mando jerárquico" específico de los funcionarios públicos con las simples funciones de "inspectores y administradores'', funciones que ya hoy son accesibles por completo al nivel de desarrollo de los habitantes de las ciudades y que pueden ser desempeñadas perfectamente por "el salario de un obrero".

Organicemos la gran producción nosotros mismos, los obreros, partiendo de lo que ha sido creado ya por el capitalismo, basándonos en nuestra propia experiencia de trabajo, estableciendo una disciplina rigurosísima, férrea, apoyada por el poder estatal de los obreros armados; reduzcamos a los funcionarios públicos al papel de simples ejecutores de nuestros encargos, al papel de "inspectores y administradores" responsables, amovibles y modestamente retribuidos (en unión, como es natural, de los técnicos de todos los géneros, tipos y grados): ésa es nuestra tarea proletaria, por ahí se puede y se debe empezar cuando se lleve a cabo la revolución proletaria. Este comienzo, sobre la base de la gran producción, conduce por sí mismo a la "extinción" gradual de toda burocracia, a la creación gradual de un orden---orden sin comillas, orden que no se parecerá en nada a la esclavitud asalariada---, en el que las funciones de inspección y contabilidad, cada vez más simplificadas, las desempeñarán todos por turno, se convertirán luego en una costumbre y, por último, 329 desaparecerán como funciones especiales de un sector especial de la sociedad.

Un ingenioso socialdemócrata alemán de los años 70 del siglo pasado dijo que el correo era un modelo de economía socialista. Muy justo. El correo es hoy una empresa organizada al estilo de un monopolio capitalista de Estado. El imperialismo transforma poco a poco todos los trusts en organizaciones de este tipo. En ellos vemos a la misma burocracia burguesa entronizada sobre los ``simples'' trabajadores, agobiados por el trabajo y hambrientos. Pero el mecanismo de la administración social está ya preparado. Derroquemos a los capitalistas, destruyamos, con la mano férrea de los obreros armados, la resistencia de estos explotadores, rompamos la máquina burocrática del Estado moderno, y tendremos ante nosotros un mecanismo de alta perfección técnica y libre del "parásito'', que pueden plenamente poner en marcha los mismos obreros unidos, contratando a técnicos, inspectores y administradores y retribuyendo el trabajo de todos ellos como el de toáoslos funcionarios "del Estado" en general: con el salario de un obrero. He ahí una tarea concreta, una tarea práctica, realizable ahora mismo con respecto a todos los trusts, que libera a los trabajadores de la explotación y tiene en cuenta la experiencia iniciada ya prácticamente (sobre todo en el terreno de la organización del Estado) por la Comuna.

Organizar toda la economía nacional como lo está el correo, para que los técnicos, los inspectores, los administradores y todos los funcionarios en general perciban sueldos que no sean superiores al "salario de un obrero'', bajo el control y la dirección del proletariado armado: ése es nuestro objetivo inmediato. Ese es el Estado que necesitamos, ésa es la base económica sobre la que debe descansar. Eso es lo que darán la abolición del parlamentarismo y la conservación de las instituciones representativas; éso es lo que librará a las clases trabajadoras de la prostitución de dichas instituciones por la burguesía.

__ALPHA_LVL3__ 4. ORGANIZACIÓN DE LA UNIDAD DE LA NACIÓN

``...En el breve esbozo de organización nacional que la Comuna no tuvo tiempo de desarrollar se dice claramente que la Comuna habría de ser... la forma política que revistiese hasta la aldea más pequeña"... Las comunas elegirían también la "delegación nacional" de París.

``...Las pocas, pero importantes, funciones que aún quedarían para un gobierno central no se suprimirían, como se había dicho, falseando de intento la verdad, sino que serían 330 desempeñadas por agentes de la Comuna y, por tanto, estrictamente responsables...

``...No se trataba de destruir la unidad de la nación, sino, por el contrario, de organizaría mediante un régimen comunal, convirtiéndola en una realidad al destruir el poder del Estado, que pretendía ser la encarnación de aquella unidad, independiente y situado por encima de la nación misma, en cuyo cuerpo no era más que una excrecencia parasitaria. Mientras que los órganos puramente represivos del viejo poder estatal habían de ser amputados, sus funciones legítimas habían de ser arrancadas a una autoridad, que usurpaba una posición preeminente sobre la sociedad misma, para restituirlas a los servidores responsables de esta sociedad".

331 destrucción de la vieja máquina burguesa del Estado, existente en todos los países burgueses.

Al oportunista sólo se le viene a las mientes lo que ve en torno suyo, en medio del filisteísmo mezquino y del estancamiento ``reformista'', a saber: ¡sólo las ``municipalidades''! El oportunista ha perdido la costumbre incluso de pensar en la revolución del proletariado.

Eso es ridículo. Pero lo curioso es que nadie haya discutido con Bernstein acerca de este punto. Bernstein fue refutado por muchos, especialmente por Plejánov en las publicaciones rusas y por Kautsky en las europeas, pero ni el uno ni el otro han hablado de esta tergiversación de Marx por Bernstein.

El oportunista ha perdido hasta tal punto la costumbre de pensar en revolucionario y reflexionar sobre la revolución que atribuye el ``federalismo'' a Marx, confundiéndole con Proudhon, el fundador del anarquismo. Y Kautsky y Plejánov, que pretenden pasar por marxistas ortodoxos y defender la doctrina del marxismo revolucionario, ¡silencian eso! Ahí está una de las raíces de ese extraordinario bastardeamiento de las ideas referentes a la diferencia entre marxismo y anarquismo, bastardeamiento peculiar tanto de los kautskianos como de los oportunistas y del que habremos de hablar aún.

En los citados pasajes de Marx sobre la experiencia de la Comuna no hay ni rastro de federalismo. Marx coincide con Proudhon precisamente en algo que no ve el oportunista Bernstein. Marx discrepa de Proudhon precisamente en lo que Bernstein ve una afinidad.

Marx coincide con Proudhon en que ambos propugnan la "destrucción" de la máquina moderna del Estado. Esta coincidencia del marxismo con el anarquismo (tanto con Proudhon como con Bakunin) no quieren verla ni los oportunistas ni los kautskianos, pues unos y otros han desertado del marxismo en este punto.

Marx discrepa de Proudhon y de Bakunin precisamente en la cuestión del federalismo (no hablemos ya de la dictadura del proletariado). El federalismo dimana por principio de las concepciones pequeñoburguesas del anarquismo. Marx es centralista. Y en los pasajes suyos que hemos citado no se aparta lo más mínimo del centralismo. ¡Sólo hombres poseídos por la "fe supersticiosa" del filisteo en el Estado pueden confundir la destrucción de la máquina estatal burguesa con la destrucción del centralismo!

Y bien, si el proletariado y los campesinos pobres toman el poder del Estado, se organizan con plena libertad en comunas y unen la acción de todas las comunas para dirigir los golpes contra el capital, para aplastar la resistencia de los capitalistas, para entregar la 332 propiedad privada de los ferrocarriles, las fábricas, la tierra, etc., a toda la nación, a toda la sociedad, ¿acaso no será eso centralismo? ¿No será el más consecuente centralismo democrático y, por añadidura, centralismo proletario?

Simplemente, a Bernstein no se le ocurre pensar que sea posible el centralismo voluntario, la unión voluntaria de las comunas en la nación, la fusión voluntaria de las comunas proletarias para demoler la dominación burguesa y la máquina estatal burguesa. Para Bernstein, como para todo filisteo, el centralismo es algo que sólo puede venir de arriba, que sólo puede ser impuesto y mantenido por la burocracia y el militarismo.

Marx subraya adrede, como previendo la posibilidad de que fuesen adulteradas sus ideas, que acusar a la Comuna de querer destruir la unidad de la nación, de querer suprimir el poder central, es una falsedad consciente. Marx usa adrede la expresión "organizar la unidad de la nación" para contraponer el centralismo consciente, democrático, proletario, al centralismo burgués, militar, burocrático.

Pero... no hay peor sordo que el que no quiere oír. Y los oportunistas de la socialdemocracia actual no quieren, en efecto, oír hablar de la destrucción del poder estatal, de la eliminación del parásito.

__ALPHA_LVL3__ 5. LA DESTRUCCIÓN DEL ESTADO PARÁSITO

Hemos citado ya, y debemos completarlas, las palabras de Marx relativas a este punto.

``...Por lo general---escribió Marx---, las creaciones históricas completamente nuevas están llamadas a que se las tome por una reproducción de formas viejas, e incluso caducas, de la vida social, con las cuales pueden presentar cierta semejanza. Así esta nueva Comuna, que viene a destruir (bricht: romper) el poder estatal moderno, se ha confundido con una reproducción de las comunas medievales... una federación de pequeños Estados, como la soñaban Montesquieu y los girondinos ... una forma exagerada de la vieja lucha contra el excesivo centralismo...

``...El régimen de la Comuna habría devuelto al organismo social todas las fuerzas que hasta entonces venía absorbiendo el Estado parásito, que se nutre a expensas de la sociedad y entorpece su libre movimiento. Con este solo hecho habría iniciado la regeneración de Francia...

``...El régimen de la Comuna colocaba a los productores del campo bajo la dirección espiritual de las capitales de sus 333 provincias, ofreciéndoles aquí, en los obreros de la ciudad, los representantes naturales de sus intereses. La sola existencia de la Comuna implicaba, como algo evidente, un régimen de autonomía local, pero ya no como contrapeso a un poder estatal que ahora se hacía superfluo".

``Destrucción del poder estatal'', que era un "parásito''; " amputación'', "destrucción" de él; "un poder estatal que ahora se hacía superfluo": así se expresa Marx al hablar del Estado, valorando y analizando la experiencia de la Comuna.

Todo esto fue escrito hace cerca de medio siglo, y ahora hay que proceder a verdaderas excavaciones para llevar a la conciencia de las grandes masas el marxismo no falseado. Las conclusiones que permitió hacer la observación de la última gran revolución vivida por Marx fueron dadas al olvido precisamente cuando llegó el momento de las siguientes grandes revoluciones del proletariado.

``...La variedad de interpretaciones a que ha sido sometida la Comuna, y la variedad de intereses que han encontrado en ella su expresión, demuestran que era una forma política perfectamente flexible, a diferencia de las formas anteriores de gobierno, que habían sido todas fundamentalmente represivas. He aquí su verdadero secreto: la Comuna era, esencialmente, un gobierno de la clase obrera, fruto de la lucha de la clase productora contra la clase apropiadora, la forma política, al fin descubierta, para llevar a cabo dentro de ella la emancipación económica del trabajo...

``Sin esta última condición, el régimen de la Comuna habría sido una imposibilidad y una impostura..."

Los utopistas se dedicaron a ``descubrir'' las formas políticas con las que debía producirse la transformación socialista de la sociedad. Los anarquistas se desentendieron del problema de las formas políticas en general. Los oportunistas de la socialdemocracia actual han tomado por límite insuperable las formas políticas burguesas del Estado democrático parlamentario y se han roto la frente de tanto prosternarse ante este ``modelo'', declarando anarquismo toda aspiración a romper estas formas. '

Marx dedujo de toda la historia del socialismo y de las luchas políticas que el Estado debería desaparecer y que la forma transitoria de su desaparición (la forma de transición del Estado al no Estado) sería "el proletariado organizado como clase dominante''. Pero Marx no se propuso descubrir las formas políticas de este futuro. Se limitó a hacer una observación exacta de la historia de Francia, a analizarla y 334 llegar a la conclusión a que llevó el año 1851: se avecina la destrucción de la máquina estatal burguesa.

Y cuando estalló el movimiento revolucionario masivo del proletariado, Marx, a pesar del revés sufrido por este movimiento, a pesar de su corta duración y de su patente debilidad, se puso a estudiar qué formas había revelado.

La Comuna es la forma, "al fin descubierta" por la revolución proletaria, en la que puede lograrse la emancipación económica del trabajo.

La Comuna es el primer intento de la revolución proletaria de destruir la máquina estatal burguesa, y la forma política, "al fin descubierta'', que puede y debe sustituir lo destruido.

Más adelante, en el curso de nuestra exposición, veremos que las revoluciones rusas de 1905 y 1917 prosiguen, en otra situación y en condiciones diferentes, la obra de la Comuna y confirman el genial análisis histórico de Marx.

__NUMERIC_LVL2__ Capítulo IV __ALPHA_LVL2__ CONTINUACIÓN. ACLARACIONES COMPLEMENTARIAS DE ENGELS __ALPHA_LVL3__ [introduction.]

Marx dejó sentadas las tesis fundamentales respecto a la significación de la experiencia de la Comuna. Engels volvió repetidas veces a este tema, explicando el análisis y las conclusiones de Marx y esclareciendo, a veces, otros aspectos de la cuestión con tal fuerza y relieve que es necesario detenerse especialmente en estas aclaraciones.

__ALPHA_LVL3__ 1. "EL PROBLEMA DE LA VIVIENDA"

En su obra sobre el problema de la vivienda (1872), Engels tiene ya en cuenta la experiencia de la Comuna y analiza en varias ocasiones las tareas de la revolución respecto al Estado. Es interesante ver cómo se manifiestan al abordar un tema concreto, de una parte, los rasgos semejantes del Estado proletario y el Estado actual---rasgos que permiten hablar de Estado en ambos casos---, y, de otra parte, los rasgos diferenciales o el paso a la destrucción del Estado.

``¿Cómo, pues, resolver el problema de la vivienda? En la sociedad actual se resuelve exactamente lo mismo que otro problema social cualquiera: por la nivelación económica 335 gradual de la oferta y la demanda, solución que reproduce constantemente el problema y que, por tanto, no es tal solución. La forma en que una revolución social resolvería este problema no depende solamente de las circunstancias de tiempo y lugar, sino que, además, se relaciona con cuestiones de mucho mayor alcance, entre las cuales figura, como una de las más esenciales, la supresión del contraste entre la ciudad-y el campo. Como nosotros no nos dedicamos a construir ningún sistema utópico para la organización de la sociedad del futuro, sería más que ocioso detenerse en esto. Lo cierto es, sin embargo, que ya hoy existen en las grandes ciudades edificios suficientes para remediar en seguida, si se les diese un empleo racional, toda verdadera "penuria de vivienda''. Esto sólo puede lograrse, naturalmente, expropiando a los actuales poseedores y alojando en sus casas a los obreros que carecen de vivienda o que viven hacinados en la suya. Y tan pronto como el proletariado conquiste el poder político, esta medida, impuesta por los intereses del bien público, será de tan fácil ejecución como lo son hoy las otras expropiaciones y las requisas de viviendas que lleva a cabo el Estado actual" (pag. 22 de la edición alemana de 1887) = l2'.

Engels no analiza aquí el cambio de forma del poder estatal, sino sólo el contenido de sus actividades. La expropiación y la requisa de viviendas son efectuadas asimismo por orden del Estado actual. Desde el punto de vista formal, también el Estado proletario "ordenará" requisar viviendas y expropiar edificios. Pero es evidente que el antiguo aparato ejecutivo, la burocracia vinculada a la burguesía, sería sencillamente inservible para llevar a la práctica las órdenes del Estado proletario.

``...Hay quehacer constar que "la apropiación efectiva" de todos los instrumentos de trabajo, de toda la industria, por la población laboriosa es precisamente lo contrario del ``rescate'' proudhoniano. En la segunda solución es el obrero individual el que pasa a ser propietario de la vivienda, del campo, del instrumento de trabajo; en la primera, en cambio, es "la población laboriosa" la que pasa a ser propietaria colectiva de las casas, de las fábricas y de los instrumentos de trabajo, y es poco probable que su disfrute, al menos durante el período de transición, se conceda, sin indemnización de los gastos, a los individuos o a las sociedades cooperativas. Exactamente lo mismo que la abolición de la propiedad territorial no implica la abolición de la renta del suelo, sino su transferencia a la 336 sociedad, aunque sea con ciertas modificaciones. La apropiación efectiva de todos los instrumentos de trabajo por la población laboriosa no excluye, por tanto, en modo alguno, el mantenimiento de la relación de alquiler" (pág. 68).

La cuestión que se aborda en este pasaje---las bases económicas de la extinción del Estado---será examinada en el capítulo siguiente. Engels se expresa con extremada prudencia, diciendo que "es poco probable" que el Estado proletario conceda gratis las viviendas, "al menos durante el período de transición''. La entrega en arriendo de las viviendas, propiedad de todo el pueblo, a las distintas familias supone el cobro del alquiler, un cierto control y una determinada regulación del reparto de los apartamentos. Todo ello requiere una cierta forma de Estado, pero no exige en modo alguno una máquina militar y burocrática especial con funcionarios que disfruten de una situación privilegiada. Y la transición a un estado de cosas que permita asignar gratis las viviendas se halla vinculada a la "extinción" completa del Estado.

Al hablar de cómo los blanquistas, después de la Comuna e impulsados por la experiencia de ésta, adoptaron la posición de principios del marxismo, Engels formula de pasada esta posición en los siguientes términos:

``...Necesidad de la acción política del proletariado y de su dictadura, como paso hacia la supresión de las clases y, con ellas, del Estado...'' (pág. 55).

Algunos aficionados a la crítica literal o ciertos "aniquiladores del marxismo" burgueses encontrarán, quizá, una contradicción entre este reconocimiento de "la supresión del Estado" y la negación de semejante fórmula, por anarquista, en el pasaje del Anti-Dühringque hemos citado antes. No tendría nada de extraño que los oportunistas incluyesen también a Engels entre los ``anarquistas'', pues hoy se extiende cada vez más entre los socialchovinistas la tendencia a acusar de anarquismo a los internacionalistas.

El marxismo ha enseñado siempre que, a la par con la supresión de las clases, se producirá la supresión del Estado. El conocido pasaje del Anti-Dühring acerca de "la extinción del Estado" no acusa a los anarquistas simplemente de propugnar la abolición del Estado, sino de predicar la posibilidad de abolirlo "de la noche a la mañana".

Como la doctrina "socialdemócrata" imperante hoy ha tergiversado por completo la actitud del marxismo ante el anarquismo en lo que respecta a la destrucción del Estado, será muy útil recordar una polémica de Marx y Engels con los anarquistas.

337 __ALPHA_LVL3__ 2. LA POLÉMICA CON LOS ANARQUISTAS

Esta polémica se remonta a 1873. Marx y Engels escribieron para un almanaque socialista italiano unos artículos contra los proudhonianos, ``autonomistas'' o ``antiautoritarios'', artículos que sólo en 1913 vieron la luz, en alemán, en la revista Neiie Zeit = [22.

``...Si la lucha política de la clase obrera---escribió Marx, ridiculizando a los anarquistas y su negación de la política---asume formas violentas, si los obreros sustituyen la dictadura de la burguesía con su dictadura revolucionaria, cometen un terrible delito de leso principio, porque para satisfacer sus míseras necesidades vulgares de cada día, para vencer la resistencia de la burguesía, dan al Estado una forma revolucionaria y transitoria en vez de deponer las armas y abolirlo...'' (Nene Zeit, 1913--1914, año 32, t. 1, pág. 40).

¡He ahí contra qué "abolición" del Estado se manifestaba exclusivamente Marx al refutar a los anarquistas! No en modo alguno contra el hecho de que el Estado desaparezca al desaparecer las clases o sea suprimido al suprimirse éstas, sino contra el hecho de que los obreros renuncien al empleo de las armas, a la violencia organizada, es decir, al Estado, que debe servir "para vencer la resistencia de la burguesía".

Marx subraya adrede---para que no se tergiverse el verdadero sentido de su lucha contra el anarquismo---la "forma revolucionaria y transitoria" del Estado que el proletariado necesita. El proletariado necesita del Estado sólo temporalmente. No discrepamos, ni mucho menos, de los anarquistas en cuanto a la abolición del Estado como objetivo. Lo que sí afirmamos es que, para lograr ese objetivo, es necesario usar temporalmente los instrumentos, los medios y los métodos del poder estatal contra los explotadores, de la misma manera que para destruir las clases es necesaria la dictadura temporal de la clase oprimida. Marx elige contra los anarquistas el planteamiento más tajante y más claro del problema: al derrocar el yugo de los capitalistas, ¿deberán los obreros "deponer las armas" o emplearlas contra los capitalistas para vencer su resistencia? Y el empleo sistemático de las armas por una clase contra otra clase, ¿qué es sino "una forma transitoria" de Estado?

Que cada socialdemócrata se pregunte si es ímcomo ha planteado él la cuestión del Estado en su polémica con los anarquistas, si es así como la ha planteado la inmensa mayoría de los partidos socialistas oficiales de la II Internacional.

Engels expone estas mismas ideas de un modo todavía más 338 detallado y popular, ridiculizando, en primer término, el embrollo ideológico de los proudhonianos, quienes se llamaban " antiautoritarios'', es decir, negaban toda autoridad, toda subordinación, todo poder. Tomad una fábrica, un ferrocarril o un barco en alta mar, dice Engels: ¿no es evidente, acaso, que sin cierta subordinación y, por lo tanto, sin cierta autoridad o poder será imposible el funcionamiento de ninguna de estas complejas empresas técnicas, basadas en el uso de máquinas y en la cooperación de muchas personas con arreglo a un plan?

``...Cuando he puesto parecidos argumentos a los más furiosos antiautoritarios---escribe Engels---, no han sabido responderme más que esto: "¡Ah!, eso es verdad, pero aquí no se trata de que nosotros demos al delegado una autoridad, sino ¡de un encargo\" Estos señores creen cambiar la cosa con cambiarle el nombre..."

Después de demostrar así que autoridad y autonomía son conceptos relativos, que su esfera de actividad cambia con las distintas fases del desarrollo social y que es absurdo aceptarlos como algo absoluto, y añadiendo que el campo de aplicación de las máquinas y de la gran industria se ensancha cada vez más, Engels pasa de las consideraciones generales acerca de la autoridad al problema del Estado.

``...Si los autonomistas---prosigue---se limitasen a decir que la organización social del porvenir restringirá la autoridad hasta el límite estricto en que la hagan inevitable las condiciones de la producción, podríamos entendernos; pero, lejos de esto, permanecen ciegos para todos los hechos que hacen necesaria la cosa y arremeten con furor contra la palabra.

``¿Por qué los antiautoritarios no se limitan a clamar contra la autoridad política, contra el Estado? Todos los socialistas están de acuerdo en que el Estado político, y con él la autoridad política, desaparecerán como consecuencia de la próxima revolución social, es decir, que las funciones públicas perderán su carácter político, trocándose en simples funciones administrativas, llamadas a velar por los verdaderos intereses sociales. Pero los antiautoritarios exigen que el Estado político autoritario sea abolido de un plumazo, aun antes de haber sido destruidas las condiciones sociales que lo hicieron nacer. Exigen que el primer acto de la revolución social sea la abolición de la autoridad. ¿No han visto nunca 339 una revolución estos señores? Una revolución es, indudablemente, la cosa más autoritaria que existe; es el acto mediante el cual una parte de la población impone su voluntad a la otra parte por medio de fusiles, bayonetas y cañones, medios autoritarios si los hay; y el partido victorioso, si no quiere haber luchado en vano, tiene que mantener este dominio por medio del terror que sus armas inspiran a los reaccionarios. ¿La Comuna de París habría durado acaso un solo día, de no haber empleado esta autoridad del pueblo armado frente a los burgueses? ¿No podemos, por el contrario, reprocharle el no haberse servido lo bastante de ella?

``Así pues, una de dos: o los antiautoritarios no saben lo que dicen, y en este caso no hacen más que sembrar la confusión; o lo saben, y en este caso traicionan al movimiento del proletariado. En uno y otro caso, sirven a la reacción" (pág- 39).

En este pasaje se abordan cuestiones que deben ser examinadas en conexión con la correlación entre la política y la economía durante la extinción del Estado (tema al que consagramos el capítulo siguiente). Dos de esas cuestiones son la transformación de las funciones públicas, que dejan de ser políticas para convertirse en simplemente administrativas, y el "Estado político''. Esta última expresión, tan capaz de suscitar equívocos, alude al proceso de extinción del Estado: el Estado moribundo, al llegar a una cierta fase de su extinción, puede calificarse de Estado no político.

En este pasaje de Engels, la parte más notable es, una vez más, su razonamiento contra los anarquistas. Los socialdemócratas que pretenden ser discípulos de Engels han polemizado millones de veces con los anarquistas desde 1873, pero n o exactamente como pueden y deben hacerlo los marxistas. El concepto anarquista de la abolición del Estado es confuso y no revolucionario: así plantea la cuestión Engels. Los anarquistas no quieren ver precisamente la revolución en su nacimiento y desarrollo, en sus tareas específicas respecto a la violencia, la autoridad, el poder y el Estado.

La crítica corriente del anarquismo por los socialdemócratas de nuestros días ha degenerado en la más pura vulgaridad pequeñoburguesa: "¡Nosotros reconocemos el Estado; los anarquistas, no!" Por supuesto, semejante vulgaridad no puede por menos de repugnar a los obreros, por poco reflexivos y revolucionarios que sean. Engels dice otra cosa: recalca que todos los socialistas reconocen la desaparición del Estado como resultado de la revolución socialista. Luego plantea de manera concreta el problema de la revolución, justamente el problema que los socialdemócratas suelen soslayar a 340 causa de su oportunismo, cediendo, por decirlo así, la exclusiva de su ``estudio'' a los anarquistas. Y al plantear este problema, Engels agarra al toro por los cuernos: ;No hubiera debido la Comuna emplear más el poder revolucionario del Estado, es decir, del proletariado armado, organizado como clase dominante?

De ordinario, la socialdemocnu ia oficial imperante eludía el problema de las tareas concretas del proletariado en la revolución, bien con simples burlas de filisteo, bien, en el mejor de los casos, con la frase sofística y evasiva de "¡Ya veremos!" Y así se concedía a los anarquistas el derecho de decir que esta soc ialdemoci'acia incumplía su tarea de dar una educación revolucionaria a los obreros. Engels aprovecha la experiencia de la última revolución proletaria precisamente para estudiar del modo más concreto qué debe hacer el proletariado, y cómo, en lo que atañe a los bancos y al Estado.

__ALPHA_LVL3__ 3. UNA CARTA A BEBEL

Uno de los ra/onamientos más notables, si no el más notable, chías obras de Marx y Engels respecto al Estado lo encontramos en el siguiente pasaje de una carta de Engels a Bebel del 18---28 de mar/.o de 1875. Esta carta (dicho sea entre paréntesis) la publicó por ve/, primera, que nosotros sepamos, Bebel en el segundo tomo de sus memorias (De mi vida), que vio la lu/. en 1911, es decir, 36 años después de haber sido escrita y enviada.

Engels escribió a Bebel criticando el mismo proyecto de Programa de Gotha que criticara Marx en su célebre carta a Bracke. Y, refiriéndose especialmente a la cuestión del Estado, le decía:

``...El Estado popular libre se ha convertido en el Estado libre. Gramaticalmente hablando, se entiende por Estado libre un Estado que es libre respecto de sus ciudadanos, es decir, un Estado con un gobierno despótico. Habría que abandonar toda esa charlatanería acerca del Estado, sobre todo después de la Comuna, que no era ya un Estado en el verdadero sentido de la palabra. Los anarquistas nos han echado en cara más de la cuenta eso del "Estado popular'', a pesar de que ya la obra de Marx contra Proudhon y luego el Manifiesto (Comunista dicen claramente que, con la implantación del régimen social socialista, el Estado se disolverá por sí mismo (sich auflóst) y desaparecerá. Siendo el Estado una institución meramente transitoria, que se utili/.a en la lucha, en la revolución, para someter por la violencia a los adversarios, es un absurdo hablar de Estado popular libre: mientras el proletariado necesite todavía del Estado, no lo 341 necesitará en interés de la libertad, sino para someter a sus adversarios, y tan pronto como pueda hablarse de libertad, el Estado como tal dejará de existir. Por eso nosotros propondríamos emplear siempre, en vez de la palabra Estado, la palabra ``Comunidad'' (Gemeinwesen), una buena y antigua palabra alemana que equivale a la palabra francesa " Communc" " (págs. 321--322 del texto alemán).

Debe tenerse en cuenta que esta carta se refiere al programa del partido criticado por Marx en una carta escrita sólo varias semanas después de aquélla (carta de Marx del 5 de mayo de 1875), y que Engels vivía entonces en Eondres, con Marx. Por eso, al decir ``nosotros'' en las últimas líneas de la carta, Engels, indudablemente en su nombre y en el de Marx, propone al jefe del Partido Obrero Alemán borrar del programa la palabra ``Estado'' y sustituirla con la palabra ``comunidad''.

¡Qué aullidos lanzarían acerca del ``anarquismo'' los cabecillas del ``marxismo'' de hoy, un ``marxismo'' falsificado para comodidad de oportunistas, si se les propusiera semejante enmienda en su programa!

¡Que aullen cuanto quieran! Ea burguesía les elogiará por ello.

Pero nosotros proseguiremos nuestra obra. Cuando revisemos el programa de nuestro partido deberemos tener en cuenta, sin falta, el consejo de Engels y Marx para acercarnos más a la verdad, para restaurar el marxismo, purificándolo de tergiversaciones, para orientar con mayor acierto la lucha de la clase obrera por su liberación. Entre los bolcheviques no habrá, sin duda, quien se oponga al consejo de Engels y Marx. La dificultad estribará, quizá, únicamente en el término. Para expresar el concepto de " comunidad'', en alemán hay dos palabras, de las cuales Engels eligió la que no indica una comunidad por separado, sino un conjunto, un sistema de ellas. En ruso no existe un vocablo semejante, y tal vez nos veremos obligados a emplear el francés ``commune'', aunque esto tenga también sus inconvenientes.

``La Comuna 110 era ya un Estado en el verdadero sentido de la palabra": ésa es la afirmación más importante de Engels desde el punto de vista teórico. Después de lo expuesto más arriba, esta afirmación resulta absolutamente lógica. La Comuna iba dejando de ser un Estado, por cuanto tenía que reprimir no a la mayoría de la población, sino a la minoría (a los explotadores); había roto la máquina del Estado burgués; en vez de una fuerza especial para la represión, entró en escena la población misma. "Lodo esto significa apartarse del Estado en su sentido estricto. Y si la Comuna se hubiera consolidado, habrían ido "extinguiéndose" en ella por sí mismas las 342 huellas del Estado, no habría sido necesario ``suprimir'' sus instituciones: éstas habrían dejado de funcionar a medida que no tuviesen nada que hacer.

``Los anarquistas nos han echado en cara más de la cuenta eso del "Estado popular" ''. Al hablar así, Engels se refiere, ante todo, a Bakunin y a sus ataques contra los soc ialdemócratas alemanes. Engels reconoce que estos ataques son justos en tanto en cnanto el "Estado popular" es un absurdo y un concepto tan divergente del socialismo como el "Estado popular libre''. Engels se esfuer/.a por corregir la lucha de los socialdemócratas alemanes contra los anarquistas, por hacer de ella una justa lucha de principios, por depurarla de los prejuicios oportunistas referentes al ``Estado''. Pero, ¡ay!, la carta de Engels se pase') 36 años metida en un cajón. Y más adelante veremos que, aun después de publicada, Kautsky sigue repitiendo to/.udamente, en esencia, los mismos errores contra los que ponía en guardia Engels.

Bebel contestó a Engels el 21 de septiembre de 1875 con una carta, en la cual decía, entre otras cosas, que estaba "completamente de acuerdo" con sus juicios acerca del proyecto de programa y que había reprochado a Eiebknecht su condescendencia (pág. 334 de la edición alemana de las memorias de Bebel, tomo II). Pero si abrimos el folleto de Bebel titulado Nuestros objetivos encontraremos en él consideraciones absolutamente falsas acerca del Estado:

__NOTE__ very small type

``Kl Estílelo debe convertirse de un Estado basado en la diminución de </«.» en im Estado popular" (Uniere Zifle, ed. alemana de 1H8(>, ]>áf<. 1-1).

¡Así aparece impreso en la novena (¡novena!) edición del folleto de Bebel! No es de extrañar que tan pertinaz repetición de los juicios oportunistas acerca del Estado haya sido asimilada por la socialdemocracia alemana, sobre todo cuando las explicaciones revolucionarias de Engels se mantenían ocultas y todas las circunstancias de la vida la habían ``desacostumbrado'', para mucho tiempo, de la revolución.

__ALPHA_LVL3__ 4. CRITICA DEL PROYECTO DE PROGRAMA DE ERFURT

La crítica del proyecto de Programa de Erfurt' = 2:i, enviada por Engels a Kautsky el 29 de junio de 1891 y publicada sólo diez años después en Neue Zeit, no puede pasarse por alto en un análisis de la doctrina del marxismo acerca del Estado, pues está consagrada de modo principal a criticar precisamente las concepciones oportunistas de la socialdemocracia en cuanto a la organización del Estado.

Señalemos de pasada que Engels hace también una valiosísima indicación acerca de los problemas económicos; una indicación que 343 demuestra con qué atención y perspicacia observaba precisamente los cambios que se iban produciendo en el capitalismo moderno y cómo supo, por ello, prever hasta cierto punto las tareas de nuestra época, de la época imperialista. En la indicación a que nos referirnos, Engels escribe a propósito de las palabras "ausencia de plan" (Planlosigkeit), empleadas en el proyecto de programa para definir el capitalismo:

``...Si pasamos de las sociedades anónimas a los trusts, que someten y monopolizan ramas enteras de la industria, no se trata ya sólo de que se acaba aquí la producción privada, sino también la ausencia de plan" (Neue Zeit, año 20, t. 1, 1901--1902, pág. 8).

Aquí se expone lo más fundamental de la apreciación teórica del capitalismo moderno, es decir, del imperialismo: que el capitalismo se transforma en capitalismo monopolista. Conviene subrayar esto, pues la afirmación reformista burguesa de que el capitalismo monopolista de Estado no es ya capitalismo, que puede llamarse ya "socialismo de Estado'', y otras cosas por el estilo, es el error más difundido. Naturalmente, los trusts no proporcionan, no han proporcionado hasta ahora ni pueden proporcionar una planificación completa. Pero por cuanto son ellos los que trazan los planes, por cuanto son los magnates del capital quienes calculan de antemano el volumen de la producción a escala nacional o incluso internacional, por cuanto son ellos quienes regulan la producción con arreglo a planes, seguimos, a pesar de todo, en el capitalismo. Cierto que en una nueva fase suya, pero, indudablemente, en el capitalismo. La ``proximidad'' de tal capitalismo al socialismo debe constituir, para los verdaderos representantes del proletariado, un argumento a favor de la cercanía, la facilidad, la viabilidad y la urgencia de la revolución socialista; pero, de ninguna manera, un argumento que justifique la tolerancia con quienes niegan esta revolución y con quienes embellecen el capitalismo, como hacen todos los reformistas.

Pero volvamos al problema del Estado. Las indicaciones, especialmente valiosas, que hace aquí Engels son de tres tipos: primero, las que se refieren a la república; segundo, las que afectan a la relación entre el problema nacional y la estructura del Estado; y tercero, las que conciernen a la autonomía administrativa local.

En lo que respecta a la república, Engels hizo de esto el centro de gravedad de su crítica del proyecto de Programa de Erfurt. Si recordamos la importancia que adquirió el Programa de Erfurt para toda la socialdemocracia internacional, convirtiéndose en modelo 344 para la II Internacional entera, podremos decir sin exageración que Engels critica aquí el oportunismo de toda la II Internacional.

``Las reivindicaciones políticas del proyecto---afirma Engels---tienen un gran defecto. No dicen (subrayado por Engels) lo que precisamente debían decir".

Y más adelante se aclara que la Constitución alemana es, en rigor, una copia de la Constitución de 1850, reaccionaria en extremo; que el Reichstag, según la expresión de Guillermo Liebknecht, no es más que "la hoja de parra del absolutismo" y que constituye "un absurdo evidente" querer realizar "la transformación de todos los instrumentos de trabajo en propiedad común'', basándose en una Constitución que legali/.a los pequeños Estados y la federación de los pequeños Estados alemanes.

``Pero sería peligroso tocar ese tema'', añade Engels, quien sabe muy bien que en Alemania no se puede incluir legalmente en el programa la reivindicación de la república. Sin embargo, Engels no se resigna lisa y llanamente con esta evidente consideración, que satisface a ``todos''. Y prosigue: "No obstante, sea como fuere, las cosas deben ponerse en marcha. Hasta qué punto es necesario eso, lo prueba precisamente ahora el oportunismo que comienza a propagarse (einreissende) en una gran parte de la prensa socialdemócrata. Por temor a un restablecimiento de la Ley contra los socialistas, o recordando ciertas opiniones emitidas prematuramente en el período de vigencia de dicha ley, se quiere ahora que el partido reconozca el orden legal vigente en Alemania suficiente para el cumplimiento pacífico de todas sus reivindicaciones..."

Engels destaca a primer plano el hecho fundamental de que los soc ialdemóc ratas alemanes obraban por temor a que se restableciese la Ley de excepción = I-M, y califica esto, sin rodeos, de oportunismo, declarando absurdos por completo los sueños con una vía "pacífica'', precisamente por no existir en Alemania ni república ni libertad. Engels es lo bastante cauto para no atarse las manos. Reconoce que en países con república o con una libertad muy grande "cabe imaginarse" (¡sólo ``imaginarse''!) un desarrollo pacífico hacia el socialismo; pero en Alemania, repite,

``...en Alemania, donde el gobierno es casi omnipotente, donde el Reichstag y todas las demás instituciones 345 representativas carecen de poder efectivo; proclamar en Alemania tales cosas y, además, sin necesidad, significa quitar la hoja de parra al absolutismo y colocarse uno mismo para encubrir la desnudez..."

Y en efecto, los jefes oficiales del Partido Socialdemócrata Alemán, que "archivó" estas indicaciones, resultaron ser, en su inmensa mayoría, encubridores del absolutismo.

``...En fin de cuentas, semejante política solo puede llevar al partido a un camino falso. Se colocan en primer plano problemas políticos generales y abstractos, encubriéndose de este modo los problemas concretos más inmediatos, los que se plantean de por sí a la orden del día al ocurrir los primeros grandes acontecimientos, la primera crisis política. ¿Qué puede resultar de ello sino que el partido se vea impotente en el momento decisivo, que en los problemas decisivos reine en él la confusión, no exista la unidad, por la simple razón de que estos problemas jamás se han discutido?...

``Este olvido de las grandes consideraciones esenciales a cambio de intereses pasajeros del día, este afán de éxitos efímeros y la lucha en torno a ellos sin tener en cuenta las consecuencias ulteriores, este abandono del porvenir del movimiento, que se sacrifica en aras del presente, todo eso puede tener móviles ``honestos''. Pero eso es y sigue siendo oportunismo, y el oportunismo ``honesto'' es, qui/á, más peligroso que todos los demás...

``Está absolutamente fuera de duda que nuestro partido y la clase obrera sólo pueden llegar a la dominación bajo la forma política de la república democrática. Esta última es incluso la forma específica de la dictadura del proletariado, como ha demostrado ya la Gran Revolución Francesa..."

Engels repite aquí, con relieve singular, una idea fundamental que atraviesa como hilo de engarce todas las obras de Marx: que la república democrática es el acceso más próximo a la dictadura del proletariado. Porque esta república, sin suprimir en lo más mínimo la dominación del capital---ni, por consiguiente, la opresión de las masas ni la lucha de clases---, conduce indefectiblemente a un ensanchamiento, un despliegue, una patcntización y una exacerbación tales de esta lucha que, cuando surge la posibilidad de satisfacer los intereses vitales de las masas oprimidas, esta posibilidad se realiza, de manera ineludible y exclusiva, en la dictadura del proletariado, en la dirección de esas masas por el proletariado. Para toda la II 346 Internacional, éstas son también "palabras olvidadas" del marxismo, y este olvido lo revela con extraordinaria nitidez la historia del partido de los mencheviques durante el primer semestre de la revolución rusa de 1917.

Respecto al problema de la república federativa, relacionado con la composición nacional de la población, Engels escribía:

'';Qué debe ocupar el lugar de la Alemania actual?" (con su Constitución monárquica reaccionaria y su sistema, igualmente reaccionario, de división en pequeños Estados, que eterniza las peculiaridades del ``prusianismo'', en vez de disolverlas en una Alemania que forme un todo). "A mi juicio, el proletariado no puede utilizar más que la forma de república única e indivisa. La república federal sigue siendo incluso ahora, considerada en su conjunto, una necesidad en el inmenso territorio de los Estados Unidos, aunque en el Este comienza ya a ser un obstáculo. Sería un progreso en Inglaterra, donde en dos islas viven cuatro naciones y donde, a pesar de haber un Parlamento único, coexisten tres sistemas legislativos distintos. En la pequeña Suiza es ya, desde hace mucho tiempo, un obstáculo tolerable sólo porque Suiza se contenta con ser un miembro puramente pasivo del sistema europeo de Estados. Para Alemania, una organización federal al estilo suizo sería un regreso considerable. Dos puntos distinguen un Estado federal de un Estado unitario, a saber: cada Estado federado, cada cantón, posee su propia legislación civil y penal, su propia organización judicial; además, a la par con la Cámara del Pueblo, existe una Cámara de Representantes de los Estados, en la que cada cantón, grande o pequeño, vota como tal''. En Alemania, el Estado federal es el tránsito hacia un Estado completamente unitario, y la "revolución desde arriba" de 1866 y 1870'"' no debe ser revocada, sino completada con un "movimiento desde abajo".

Engels, lejos de permanecer indiferente ante las formas de Estado, se esfuerza, al contrario, por analizar con escrupulosidad extraordinaria precisamente las formas de transición, a fin de determinar en cada caso, en dependencia de las peculiaridades históricas concretas, qué clase de tránsito---de qué y hacia qué---presupone la forma dada.

Engels, como Marx, defiende desde el punto de vista del proletariado y de la revolución proletaria el centralismo democrático, la república única e indivisa. Considera que la república federal es, o una excepción y un obstáculo para el desarrollo, o la transición 347 de la monarquía a la república centralizada, "un paso adelante" en determinadas circunstancias especiales. Y entre esas circunstancias especiales se destaca el problema nacional.

En Engels, como en Marx, a pesar de su crítica implacable del reacciona! ismo de los pequeños Estados---y del ocultamiento de ese reaccionarismo tras el problema nacional en ciertos casos concretos---, no encontramos ni rastro de la tendencia a eludir este problema, tendencia de que pecan a menudo los marxistas holandeses y polacos al partir de una lucha muy legítima contra el estrecho nacionalismo filisteo de ``sus'' pequeños Estados.

Incluso en Inglaterra, donde las condiciones geográficas, la comunidad de idioma y la historia de muchos siglos parece que debían haber ``terminado'' con el problema nacional en las distintas y pequeñas divisiones territoriales del país; incluso allí, Engels tiene en cuenta el hecho evidente de que el problema nacional no ha sido resuelto aún, razón por la cual reconoce que la república federal representa "un paso adelante''. Por supuesto, en eso no hay ni sombra de renuncia a la (ritiera de los defectos de la república federal, ni a la propaganda y la lucha más enérgicas en pro de una república unitaria, de una república democrática centralizada.

Pero Engels no concibe el centralismo democrático, ni mucho menos, en el sentido burocrático con que emplean este concepto los ideólogos burgueses y pequeñoburgueses, incluyendo entre estos últimos a los anarquistas. Para Engels, el centralismo no excluye en lo más mínimo esa amplia administración autónoma local, que, con la defensa voluntaria de la unidad del Estado por las ``comunas'' y las regiones, elimina en absoluto todo burocratismo y todo ``mando'' desde arriba.

``...Así pues, república unitaria---escribe Engels, desarrollando las ideas programáticas del marxismo acerca del Estado---. Pero no en el sentido de la República Francesa actual, que no es otra cosa que el Imperio sin emperador fundado en 1798. De 1792 a 1798, cada departamento francés, cada comunidad ((¿emeinde) poseían completa autonomía administrativa, según el modelo norteamericano, y eso debemos tener también nosotros. Norteamérica y la primera República Francesa nos han mostrado y probado cómo se debe organizar esa autonomía y cómo se puede prescindir de la burocracia, y ahora lo muestran aún Australia, el Canadá y otras colonias inglesas. Semejante autonomía provincial y comunal es mucho más libre, por ejemplo, que el federalismo suizo, donde el cantón es, por cierto, muy independiente respecto de la Confederación" (es decir, respecto del Estado 348 federal en su conjunto), "pero lo es también respecto del distrito (Bezirk) y de la comunidad. Los gobiernos cantonales nombran a los gobernadores de distrito (Rezirk-statthalter) y los alcaldes, lo que no ocurre en absoluto en los países de habla inglesa y lo que nosotros debemos suprimir con la misma energía que a los consejeros provinciales y gubernamentales (Landralh y Regierungsrat) prusianos" (los comisarios, los jefes de policía, los gobernadores y, en general, todos los funcionarios nombrados desde arriba). En consonancia con esto, Engels propone que el punto del programa relativo a la autonomía sea formulado del modo siguiente: " Administración autónoma completa en la provincia" (provincia o región), "el distrito y la comunidad a través de funcionarios elegidos por sufragio universal. Supresión de todas las autoridades locales y provinciales nombradas por el Estado".

En Pravda, suspendida por el gobierno de Kerenski y de otros ministros ``socialistas'' (núm. 68, del 28 de mayo de 1917), señalé ya que en este punto---y, por supuesto, no sólo en él, ni mucho menos---, nuestros representantes seudosoc ¡alistas de una seudodemocracia scudorrevolucionaria han abjurado escandalosamente dd espíritu democrático^^*^^. Es natural que hombres ligados por una "coalición" a la burguesía imperialista hayan permanecido sordos a estas indicaciones.

Es importante en extremo señalar que Engels, esgrimiendo hechos y basándose en el ejemplo más exacto, refuta el prejuicio ---extraordinariamente extendido, sobre todo entre los demócratas pequeñoburgueses---de que la república federal implica, sin dtida alguna, mayor libertad que la república centralista. Esto es falso. Los hechos citados por Engels con referencia a la República Francesa centralista de 1792 a 1798 y a la República Suiza federa! desmienten semejante prejuicio. La república centralista realmente democrática dio mayor libertad que la república federal. O dicho en otros términos: la mayor libertad local, provincial, etc., conocida en la historia, la ha dado la república centralista y no la república federal.

La propaganda y la agitación de nuestro partido no han prestado ni prestan suficiente atención a este hecho ni, en general, a todo el problema de la república federal y centralista y a la administración autónoma local.

_-_-_

^^*^^ V\'ease V.I. I.cTiiii. ().('.., I. 32, págs. 218--221. (N. de l<i Kilít.)

349 __ALPHA_LVL3__ 5. PREFACIO DE 1891 A LA GUERRA CIVIL , DE MARX

En la Introducción a la tercera edición de La guerra civil en Francia ---fechada el 18 de mar/o de 1891 y publicada por vez primera en la revista Neue Zeit---, Engels hace de pasada interesantes observaciones sobre problemas relativos a la actitud ante el Estado y, a la ve/, tra/.a con notable relieve un resumen de las enseñanzas de la = Comuna^^121^^'. Este resumen, enriquecido con toda la experiencia del período de veinte años que separaba a su autor de la Comuna y enfilado especialmente contra "la fe supersticiosa en el Estado'', tan difundida en Alemania, puede ser denominado con razón la última palabra del marxismo respecto al problema que estamos examinando.

En Francia---señala Engels---, los obreros, después de cada revolución, estaban armados; "por eso, el desarme de los obreros era el primer mandamiento de los burgueses que se hallaban al frente del Estado. De aquí que, después de cada revolución ganada por los obreros, se entablara una nueva lucha, que acababa en la derrota de éstos..."

El balance de la experiencia de las revoluciones burguesas es tan corto como expresivo. El quid de la cuestión---entre otras cosas, en lo que afecta al problema del Estado (¿tiene armas la clase oprimida?)---está enfocado aquí de un modo admirable. Este quid de la cuestión es precisamente lo que eluden más a menudo tanto los profesores influidos por la ideología burguesa como los demócratas pequeñoburgueses. En la revolución rusa de 1917 ha correspondido al ``menchevique'' y "también marxista" Tsereteli el honor (un honor a lo Cavaignac) de revelar este secreto de las revoluciones burguesas. En su "histórico" discurso del 11 de junio, Tsereteli se fue de la lengua y descubrió la decisión de la burguesía de desarmar a los obreros de Petrogrado, presentando, naturalmente, esta decisión ¡como suya y como necesidad "del Estado" en general!

El histórico discurso de Tsereteli del 1 1 de junio será, sin duda, para todo historiador de la revolución de 1917 una de las pruebas más patentes de cómo el bloque de eseristas y mencheviques, acaudillado por el señor Tsereteli, se puso al lado de la burguesía contra el proletariado revolucionario.

Otra de las observaciones hechas de pasada por Engels, relacionada también con el problema del Estado, se refiere a la religión. Es sabido que la socialdemocrac ia alemana, a medida que iba pudriéndose y aumentaba su oportunismo, caía más y más en una torcida interpretación filistea de la célebre fórmula: "Declarar la 350 religión un asunto privado''. En efecto, esta fórmula se interpretaba como si la religión fuese un asunto privado [[también pura el partido del proletariado revolucionario!! Precisamente contra esta traición completa al programa revolucionario del proletariado se levantó Engels, que en 1891 sólo podía observar los gérmenes más débiles de oportunismo en su partido y que, por tanto, se expresaba con la mayor prudencia:

``Como los miembros de la Comuna eran todos, casi sin excepción, obreros o representantes reconocidos de los obreros, sus acuerdos se distinguían por un carácter marcadamente proletario. Una parte de sus decretos eran reformas que la burguesía republicana no se había atrevido a implantar sólo por vil cobardía y que echaban los cimientos indispensables para la libre acción de la clase obrera, como, por ejemplo, la implantación del principio de que, con respecto al Estado, la religión es un asunto puramente privado; otros iban encaminados a salvaguardar directamente los intereses de la claseobrera y, en parte, abrían profundas brechas en el viejo orden social..."

Engels subraya a propósito las palabras "con respecto al Estado'', asestando así un golpe certero al oportunismo alemán, el cual declaraba la religión asunto privado con respecto al partido y, de este modo, rebajaba el partido del proletariado revolucionario al nivel del más vulgar filisteísmo ``librepensador'', dispuesto a admitir el aconfesionalismo, pero que renuncia a la tarea de partido de luchar contra el opio religioso, que embrutece al pueblo.

El futuro historiador de la socialdemocracia alemana, al estudiar las raíces de su vergonzosa bancarrota en 1914, encontrará no pocos documentos interesantes sobre esta cuestión, desde las evasivas declaraciones que contienen los artículos del jefe ideológico del partido, Kautsky, en las que se abren de par en par las puertas al oportunismo, hasta la actitud del partido ante el "Los-vonKircheBewegung" (Movimiento en pro de la separación de la Iglesia), en 1913.

Pero volvamos a cómo resumió Engels, veinte años después de la Comuna, las enseñanzas de ésta para el proletariado combatiente.

He aquí las enseñan/.as que Engels destacaba en primer término:

``...Precisamente el poder opresor del antiguo gobierno centrali/ado---el ejército, la policía política y la burocracia---, creado por Napoleón en 1 798 y que desde entonces había sido heredado por todos los nuevos gobiernos como un 351 instrumento deseable, empleándolo contra sus enemigos, precisamente dicho poder debía ser derribado en toda Francia, como había sido derribado ya en París.

``La Comuna hubo de reconocer desde el primer momento que la clase obrera, al llegar al poder, no puede seguir gobernando con la vieja máquina del Estado; que, para no perder de nuevo su dominación recién conquistada, la claseobrera tiene, de una parte, que suprimir toda la vieja máquina represiva utili/.ada hasta entonces contra ella, y, de otra parte, precaverse contra sus propios diputados y funcionarios, declarándolos a todos, sin excepción, revocables en cualquier momento..."

Engels subraya una y otra ve/, que no sólo con la monarquía, sino también con la república democrática, el Estado sigue siendo Estado, es decir, conserva su principal rasgo distintivo: convertir a sus funcionarios, "servidores de la sociedad'', órganos de ella, en señores situados por encima de ella.

``...La Comuna empleó dos remedios infalibles contra esta transformación del Estado y de los órganos del Estado de servidores de la sociedad en señores situados por encima de ella, transformación inevitable en todos los Estados anteriores. En primer lugar, cubrió todos los cargos administrativos, judiciales y de enseñan/a por elección, mediante sufragio universal, concediendo a los electores el derecho de revocar en todo momento a sus elegidos. En segundo lugar, todos los funcionarios, altos y bajos, estaban retribuidos como los demás trabajadores. El sueldo máximo que abonaba la Comuna era de 6.000 francos^^*^^. Con este sistema se al/aba una barrera efica/ ante el arribismo y la ca/a de cargos, sin hablar ya de los mandatos imperativos, que, por añadidura, introdujo la Comuna para los diputados a los cuerpos representativos..."

Engels llega aquí al interesante límite en que la democracia consecuente, de una parte, se tranforma en socialismo y, de otra, reclama el socialismo. Porque para destruir el Estado es necesario _-_-_

^^*^^ Ksto equivale nominalmcnte a unos '2.400 millos y, según el curso actual, a unos ti.000 rublos. Ks imperdonable por completo la actitud d<- aquellos bolcheviques que proponen, por ejemplo, retribuciones de 9.000 rublos eu los ayuntamientos urbanos, no proponiendo lijar un sueldo máximo de 6.000 rublos (cantidad suficiente) para lado el Estado.

352 convertir las funciones de la administración pública en operaciones de control y contabilidad tan sencillas que sean accesibles a la inmensa mayoría de la población, primero, y a toda ella, después. Y la supresión completa del arribismo requiere que los cargos "honoríficos" del Estado, incluso los que no proporcionan ingresos, 710 puedan servir de trampolín para saltar a puestos altamente retribuidos en los bancos y en las sociedades anónimas, como ocurre constantemente en todos los países capitalistas más libres.

Pero Engels no incurre en el error que cometen, por ejemplo, algunos marxistas en lo tocante al derecho de las naciones a la autodeterminación, creyendo que este derecho es imposible en el capitalismo y superfino en el socialismo. Semejante argumento, ingenioso en apariencia, pero falso en realidad, podría repetirse a propósito de cualquier institución democrática, y a propósito también de los sueldos modestos de los funcionarios, pues en el capitalismo es imposible una democracia consecuente hasta el fin, y en el socialismo se extinguirá toda democracia.

Esto es un sofisma parecido al viejo chiste de si una persona queda calva cuando se le cae un pelo.

El desarrollo de la democracia hasta el fin, la búsqueda de las formas de este desarrollo, su comprobación en la práctica, etc.: todo eso constituye una de las tareas de la lucha por la revolución social. Por separado, ninguna democracia dará como resultante el socialismo; pero, en la práctica, la democracia jamás se tomará "por separado'', sino "en bloque'', influyendo también en la economía, acelerando su transformación y cayendo ella misma bajo la influencia del desarrollo económico, etc. Tal es la dialéctica de la historia viva.

Engels prosigue:

``... En el capítulo tercero de La guerra civil se describe con todo detalle esta labor encaminada a hacer saltar (Sprengung) el viejo poder estatal y a sustituirlo por otro nuevo y realmente democrático. Sin embargo, era necesario detenerse a examinar acutí de manera sucinta algunos de los rasgos de esta sustitución por ser precisamente en Alemania donde la fesupersticiosa en el Estado se ha trasplantado del campo filosófico a la conciencia general de la burguesía e incluso a la de muchos obreros. Según la concepción filosófica, el Estado es "la realización de la idea'', o sea, traducido al lenguaje filosófico, el reino de Dios en la tierra, el campo en que se hacen o deben hacerse realidad la eterna verdad y la eterna justicia. De aquí nace una veneración supersticiosa del Estado y de todo lo que con él se relaciona, veneración supersticiosa que arraiga en las conciencias con tanta mayor facilidad por 353 (llanto la gente se acostumbra, ya desde la infancia, a pensar que los asuntos e intereses comunes a toda la sociedad no pueden gestionarse ni salvaguardarse de un modo diferente a como se ha venido haciendo hasta aquí, es decir, por medio del Estado y de sus funcionarios bien retribuidos. Y se cree haber dado un paso extraordinariamente anda/ con librarse de la fe en la monarquía hereditaria y entusiasmarse con la república democrática. En realidad, el Estado no es más que una máquina para la opresión de una clase por otra, lo mismo en la república democrática que bajo la monarquía; y, en el mejor de los casos, un mal que se transmite como herencia al proletariado triunfante en su lucha por la dominación decíase. El proletariado victorioso, lo mismo que hi/.o la Comuna, no podrá por menos de amputar inmediatamente los lados peores de este mal, entretanto que una generación futura, educada en condiciones sociales nuevas y libres, pueda deshacerse de todo ese trasto viejo del Estado".

Engels ponía en guardia a los alemanes para que, en caso de ser sustituida la monarquía por la repúblje a, no olvidasen los fundamentos del socialismo acerca del Estado en general. Hoy, sus advertencias parecen una lección directa a los señores Tsereteli y Chernov, que en su práctica ``coalicionista'' ¡revelan una fe supersticiosa en el Estado y una veneración supersticiosa por él!

Dos observaciones más. 1) Si Engels dice que en la república democrática el Estado sigue siendo, "lo mismo" que bajo la monarquía, "una máquina para la opresión de una ciase por otra'', esto no significa en modo alguno que la forma de opresión le sea indiferente al proletariado, como "enseñan" algunos anarquistas. Una forma de lucha de ciases y de opresión de clase más amplia, más libre y más abierta facilita en proporciones gigantescas la lucha del proletariado por la supresión de las clases en general.

2) El problema de por qué solamente una nueva generación estará en condiciones de deshacerse por completo de todo el trasto viejo del Estado está relacionado con la superac ion de la democracia, que pasamos a examinar.

__ALPHA_LVL3__ 6. ENGELS Y LA SUPERACIÓN DE LA DEMOCRACIA

Engels tuvo que hablar de esto al referirse a la inexactitud científica de- la denominación de "socialdemócrata".

En el prefacio a la edición de- sus artículos de los años 70 del siglo XIX sobre- diversos lemas, primordialmente de- carácter " 354 internacional" (Internationales aus dem ``Volksstaat''^^*^^), prefacio techado el 3 de enero de 1894, es decir, escrito año y medio antes de morir Engels, éste hacía constar que en todos los artículos se usaba la palabra ``comunista'' y no "socialdemócrata'', pues entonces se llamaban socialdemócratas los proudhonianos en Francia y los lassalleanos en Alemania.

``... Para Marx y para mí---prosigue Engels---era, por tanto, completamente imposible emplear una expresión tan elástica para denominar nuestro punto de vista especial. En la actualidad, las cosas se presentan de otra manera, y esta palabra ``(socialdemócrata'') puede, tal vez, pasar (mag passieren), aunque sigue siendo inexacta (unpassend, inadecuada) para un partido cuyo programa económico no es un simple programa socialista en general, sino un programa claramente comunista, y cuya meta política final es la superación total del Estado, y, por consiguiente, también de la democracia. Pero los nombres de los verdaderos (subrayado por Engels) partidos políticos jamás son adecuados por entero; el partido se desarrolla y el nombre queda".

El dialéctico Engels, en el ocaso de su vida, sigue siendo fiel a la dialéctica. Marx y yo---dice---teníamos un hermoso nombre, un nombre científicamente exacto, para el partido; pero no teníamos un verdadero partido, es decir, un partido proletario de masas. Hoy (a fines del siglo XIX) existe un verdadero partido, pero su nombre es científicamente inexacto. ¡No importa, "puede pasar": lo importante es que el partido se desarrolle, que no desconozca la inexactitud científica de su nombre y que ésta no le impida desarrollarse en la dirección certera!

Quizá haya algún bromista que quiera consolarnos también a nosotros, los bolcheviques, a la manera de Engels: tenemos un verdadero partido, que se desarrolla de un modo excelente; por tanto, también "puede pasar" una palabra tan sin sentido y tan fea como la de ``bolchevique'', que no expresa nada en absoluto, excepto la circunstancia puramente accidental de que en el Congreso de Bruselas-Londres de 1903 tuvimos nosotros la = mayoría^^**^^... Tal vez hoy, cuando las persecuciones de nuestro partido, en julio y agosto, por los republicanos y por la filistea democracia ``revolucionaria'' _-_-_

^^*^^ "lemas internacionales del Estado popular''. (N. de la Edil.)

^^**^^ Mayoría se dice en ruso bolshinstvó. De aquí procede la denominación de bolcheviti>ic. (¡V. de la Edit.)

355 han hecho la palabra ``bolchevique'' tan popular y honrosa, y cuando, además, esas persecuciones han marcado un progreso tan gigantesco, un progreso histórico de nuestro partido en su desarrollo verdadero; tal vez hoy, también yo dudaría en cuanto a mi propuesta de abril de cambiar el nombre de nuestro partido. Quizá propondría a mis camaradas una "transacción": llamarnos Partido Comunista y dejar entre paréntesis la palabra bolchevique...

Pero la cuestión del nombre del partido tiene una importancia incomparablemente menor que la actitud del proletariado revolucionario ante el Estado.

En las consideraciones habituales acerca del Estado se comete a cada paso el error contra el que pone en guardia Engels y que hemos señalado de paso en nuestra exposición precedente, a saber: se olvida constantemente que la destrucción del Estado es también la destrucción de la democracia, que la extinción del Estado implica la extinción de la democracia.

A primera vista, esta afirmación parece extraña e incomprensible en extremo. Tal vez alguien llegue incluso a temer que estemos esperando el advenimiento de una organización social en la que no se observe el principio de la subordinación de la minoría a la mayoría, pues la democracia es, precisamente, el reconocimiento de este principio.

No. Ea democracia no es idéntica a la subordinación de la minoría a la mayoría. Democracia es el Estado que reconoce la subordinación de la minoría a la mayoría, es decir, una organización llamada a ejercer la violencia sistemática de una clase contra otra, de una parte cíe la población contra otra.

Nosotros nos señalamos como objetivo final la destrucción del Estado, es decir, de toda violencia organizada y sistemática, de toda violencia contra el individuo en general. No esperamos el advenimiento de un orden social en el que no se acate el principio del sometimiento de la minoría a la mayoría. Pero, aspirando al socialismo, estamos convencidos de que éste se transformará en comunismo y, en relación con ello, desaparecerá toda necesidad de violencia sobre el individuo en general, toda necesidad de subordinación de unos hombres a otros, de una parte de la población a otra, pues los hombres se acostumbrarán a observar las reglas elementales de la convivencia social sin violencia y sin subordinación.

Precisamente para subrayar este elemento de la costumbre habla Engels de una nueva generación que, "educada en condiciones sociales nuevas y libres, pueda deshacerse de todo ese trasto viejo del Estado'', de todo Estado, incluido el Estado republicano democrático.

356

Para aclarar esto había que anali/.ar el problema de las bases económicas de la extinción del Estado.

__NUMERIC_LVL2__ Capítulo V __ALPHA_LVL2__ LAS BASES ECONÓMICAS DE LA EXTINCIÓN DEL ESTADO __ALPHA_LVL3__ [introduction.]

La explicación más detallada de este problema nos la da Marx en su (Critica del Programa de Gotha (carta a Bracke, del 5 de mayo de 1875, que sólo en 1891 fue publicada en la revista Neue Zeit, IX, 1, y que apareció en ruso en un folleto). La parte polémica de esta magnífica obra, consistente en la crítica del lassalleanismo, ha dejado en la sombra, por decirlo así, su parte positiva: el análisis de la conexión existente entre el desarrollo del comunismo y la extinción del Estado.

__ALPHA_LVL3__ 1. PLANTEAMIENTO DE LA CUESTIÓN POR MARX

Si se compara superficialmente la carta de Marx a Bracke del 5 ele mayo de 1875 ton la de Engels a Bebel del 28 de mar/o de 1875, examinada antes, podrá parecer que Marx es mucho más "partidario del Estado" que Engels y que entre las concepciones de ambos escritores acerca del Estado media una diferencia muy considerable.

Engels aconseja a Bebel abandonar toda la charlatanería acerca del Estado y borrar por completo del programa la palabra Estado, sustituyéndola por la de ``Comunidad''. Engels llega incluso a declarar que la Comuna no era ya un Estado en el verdadero sentido de la palabra. En cambio, Marx habla incluso del "Estado futuro cicla sociedad comunista'', es decir, reconoce, al parecer, la necesidad del Estado incluso en el comunismo.

Pero semejante opinión sería profundamente errónea. Examinándola con mayor detenimiento, vemos que las concepciones de Marx y de Engels sobre el Estado y su extinción coinciden en absoluto, y que la citada expresión de Marx se refiere precisamente al Estado en extinción.

Está claro que no puede hablarse siquiera de determinar el momento de la "extinción" futura, tanto más que se trata a ciencia cierta de un proceso largo. La aparente disparidad entre Marx y Engels se explica por la diferencia de los temas que abordaban y de los objetivos que perseguían. Engels se propuso mostrar a Bebel de un modo palmario y tajante, a grandes rasgos, todo lo absurdo de los prejuicios en boga (compartidos en grado considerable por Lassalle) 357 acerca del Estado. Marx sólo toca de pasada esta cuestión interesándose por otro tema: el desarrollo de la sociedad comunista.

Toda la teoría de Marx es la aplicación de la teoría del desarrollo ---en su forma más consecuente, más completa, más meditada y más rica de contenido---al capitalismo moderno. Es natural, por lauto, que surgiese ante Marx el problema de aplicar esta teoría a la inminente bancarrota del capitalismo v al desarrollo futuro del comunismo futuro.

Ahora bien, ;eii virtud de qué datos se puede plantear la cuestión del desarrollo futuro del comunismo futuro?

En virtud de que el comunismo procede del capitalismo, se desarrolla históricamente del capitalismo, es resultado de la acción de una fuer/a social engendrada por el capitalismo. Marx no intenta, ni por lo más remoto, fabricar utopías, hacer conjeturas vanas acerca de cosas que es imposible conocer. Marx plantea la cuestión del comunismo como el naturalista plantearía, por ejemplo, la del desarrollo de una nueva especie biológica, sabiendo que ha surgido de tal o cual modo y se- modifica en tal o cual dirección concreta.

Marx descarta, ante todo, la confusión que siembra el Programa de Ciotha en el problema de la correlación entre el Estado y la sociedad.

``...La "sociedad actual"---escribe Marx---es la sociedad capitalista, que existe en Iodos los países civili/ados más o menos libre- de aditamentos medievales, más o menos modificada por las particularidades del desarrollo histórico decáela país, más o menos desarrollada. Por el contrario, el "Estado actual" cambia con las fronteras de cada país. En el Imperio prusiano-alemán es otro que en Sui/a; en Inglaterra, otro que en los Estados Unidos. El "Estado actual" es, por tanto, una ficción.

``Sin embargo, los distintos Estados de los distintos países civili/.ados, pese a la abigarrada diversidad de sus formas, tienen de común que todos ellos se asientan sobre las bases cicla moderna sociedad burguesa, aunque ésta se halle en unos sitios más desarrollada que en oíros en el sentido capitalista. Tienen también, por tanto, ciertos caracteres esenciales comunes. En este sentido, puede hablarse del "Estado actual'', por oposición al futuro, en el que su actual raí/., la sociedad burguesa, se habrá extinguido.

``Cabe, entonces, preguntarse: /^qué transformación sufrirá el Estado en la sociedad comunista? O, en otros términos: ;c|ué funciones sociales, análogas a las actuales funciones del Estado, subsistirán entonces? Esta pregunta sólo puede 358 contestarse c ientílic ámente, y por más que acoplemos de mil maneras la palabra ``pueblo'' y la palabra ``Estado'', no nos acercaremos ni un ápice a la solución del problema...'' '''

Al poner así en ridículo toda la charlatanería sobre "el Estado del pueblo'', Marx plantea el problema y parece advertirnos que para resolverlo de una manera científica sólo se puede operar con datos científicos firmemente establecidos.

Lo primero que ha establecido con absoluta precisión toda la teoría del desarrollo y toda la ciencia en general---y cute olvidaron los utopistas y olvidan los oportunistas de hoy, que temen a la revolución socialista---es la circunstancia de que, históricamente, debe haber, sin duda, una fase especial o una etapa especial de transición del capitalismo al comunismo.

__ALPHA_LVL3__ 2. LA TRANSICIÓN DEL CAPITALISMO AL COMUNISMO

``... Entre la sociedad capitalista y la sociedad comunista ---prosigue Marx---inedia el período de la transformación revolucionaria de la primera en la segunda. A este período corresponde también un período político de transición, cuyo Estado no puede ser otro que la dictadura revolucionaria del proletariado... "

Esta conclusión de Marx se basa en el análisis del papel que desempeña el proletariado en la sociedad capitalista actual, en los datos sobre el desarrollo de esta sociedad y en la inconciliabilidad de los intereses antagónicos del proletariado y de la burguesía.

Antes, el problema se planteaba así: para conseguir su liberación, el proletariado debe derrocar a la burguesía, conquistar el poder político e instaurar su dictadura revolucionaria.

Ahora se plantea de un modo algo distinto: la transición de la sociedad capitalista---que se desenvuelve hacia el comunismo---a la sociedad comunista es imposible sin "un período político de transición'', y el Estado de este período no puede ser otro que la dictadura revolucionaria del proletariado.

Ahora bien, ¿cuál es la actitud de esta dictadura ante la democracia?

Hemos visto cine el Manifiesto Comunista coloca sencillamente juntos dos conceptos: "la transformación del proletariado en clase dominante" y "la conquista de la democracia''. Sobre la base de cnanto queda expuesto, puede determinarse con mayor exactitud 359 como se transforma la democracia durante la transición del capitalismo al comunismo.

En la sociedad capitalista, si su desarrollo es el más favorable, podernos ver una democracia más o menos completa en la república democrática. Pero esta democracia está siempre comprimida en el estrecho marco de la explotación capitalista y, por eso, es siempre, en esencia, democracia para la minoría, sólo para las clases poseedoras, sólo para los ricos. La libertad de la sociedad capitalista sigue siendo en todo momento, poco más o menos, lo que era la libertad en las antiguas repúblicas do Grecia: libertad para los esclavistas. A causa de las condiciones de la explotación capitalista, los esclavos asalariados modernos viven tan agobiados por la penuria y la miseria que "no están para democracia'', "no están para política'', y en el curso corriente y pacífico de los acontecimientos, la mayoría de la población es alejada de toda participación en la vida sociopolítica.

Alemania es, tal vez, el país que corrobora con mayor evidencia la exactitud de esta afirmación, precisamente porque la legalidad constitucional se mantuvo allí durante un período asombrosamente largo y estable: casi medio siglo (1871--1914). Y durante ese período, la socialdemocracia supo hacer muchísimo más que en los otros países para "utilizar la legalidad" y organizar en partido político a un porcentaje de obreros más elevado que en ningún otro lugar del mundo.

;A cuánto asciende, pues, este porcentaje---el más alto observado en la sociedad capitalista---de esclavos asalariados conscientes y activos en el terreno político? ¡De 15 millones de obreros asalariados, el Partido Socialdemócrata cuenta con un millón de afiliados! ¡De 15 millones están organizados sindicalmente tres millones!

Democracia para una minoría insignificante, democracia para los ricos: ésa es la democracia de la sociedad capitalista. Si examinamos más de cerca el mecanismo de la democracia capitalista, veremos siempre y en todas partes restricciones y más restricciones: en los detalles "pequeños'', supuestamente pequeños, del derecho al sufragio (lugar de empadronamiento, exclusión de la mujer, etc.), en la técnica de las instituciones representativas, en los obstáculos efectivos al derecho de reunión (¡los edificios públicos no son para los ``miserables''!), en la organización puramente capitalista de la prensa diaria, etc., etc. Estas restricciones, excepciones, exclusiones y trabas impuestas a los pobres parecen insignificantes, sobre todo a quienes jamás han sufrido la penuria ni han estado en contacto con la vida cotidiana de las clases oprimidas (y tal es el caso de las nueve décimas partes, si no del noventa y nueve por ciento, de los publicistas y políticos burgueses); pero, en su conjunto, estas 360 restricciones excluyen, eliminan a los pobres de la política, de la participación activa en la democracia.

Marx capte') magníficamente esta esencia de la democracia capitalista al decir en su análisis de la experiencia de la Comuna: ¡se autoriza a los oprimidos a decidir una ve/ cada varios años qué mandatarios de la clase opresora han de representarlos y aplastarlos en el Parlamento!

Pero, partiendo de esta democracia capitalista---ineluctablemente estrecha, que rechaza bajo cuerda a los pobres y es, por tanto, una democracia profundamente hipócrita y falaz---, el desarrollo progresivo no discurre de un modo sencillo, directo y tranquilo "hacia una democracia cada vez mayor'', como quieren hacer creer los profesores liberales y los oportunistas pequeñoburgueses. No. Ese desarrollo, es decir, el desarrollo hacia el comunismo, pasa por la dictadura del proletariado, y sólo puede ser así, pues no hay otra fuerza ni otro camino para romper la resistencia de los explotadores capitalistas.

Pero la dictadura del proletariado, es decir, la organización de la vanguardia de los oprimidos en clase dominante para reprimir a los opresores, no puede conducir únicamente a la simple ampliación de la democracia. A la par con la ingente ampliación de la democracia (que se convierte por vez primera en democracia para los pobres, en democracia para el pueblo, y no en democracia para los ricos), la dictadura del proletariado implica una serie de restricciones impuestas a la libertad de los opresores, de los explotadores, de los capitalistas. Debemos reprimirlos para liberar a la humanidad de la esclavitud asalariada, hay que vencer por la fuerza su resistencia. Y es evidente que donde hay represión, hay violencia, no hay libertad ni democracia.

Engels lo expresaba magníficamente en la carta a Bebel, al decir, como recordará el lector, que "mientras el proletariado necesite todavía del Estado, no lo necesitará en interés de la libertad, sino para someter a sus adversarios, y tan pronto como pueda hablarse de libertad, el Estado como tal dejará de existir".

Democracia para la mayoría gigantesca del pueblo y represión por la iuerza, o sea, exclusión de la democracia, para los explotadores, para los opresores del pueblo: tal es la modificación eme experimentará la democracia durante la transición del capitalismo al comunismo.

Sólo en la sociedad comunista, cuando se haya roto ya definitivamente la resistencia de los capitalistas, cuando hayan desaparecido los capitalistas, cuando no haya clases (es decir, cuando no existan diferencias entre los miembros de la sociedad por su relación con los medios de producción sociales), sólo entonces 361 ``desaparecerá el Estado y podrá hablarse de libertad". Sólo entonces será posible y se hará realidad una democracia verdaderamente completa, = verdaderamente^^1^^ sin ninguna restricción. Y sólo entonces comenzará a extinga irse \i\ democracia, por la sencilla razón de que los hombres, libres de la esclavitud capitalista, de los innumerables horrores, bestialidades, absurdos y vilezas de la explotación capitalista, se habituarán poco a poco a observar las reglas elementales de convivencia, conocidas a lo largo de los siglos y repetidas desde hace milenios en todos los preceptos; a observarlas sin violencia, sin coerción, sin subordinación, sin esa máquina especial de coerción que se llama Estado.

La expresión "el Estado se extingue" está muy bien elegida, pues señala la gradación y la espontaneidad del proceso. Sólo la fuerza de la costumbre puede ejercer y ejercerá sin duda esa influencia, pues observarnos alrededor nuestro millones de veces con qué facilidad se habitúan los seres humanos a cumplir las reglas de convivencia que necesitan, si no hay explotación, si no hay nada que indigne, provoque protestas y sublevaciones y haga imprescindible la represión.

Por tanto, en la sociedad capitalista tenemos una democracia amputada, mezquina, falsa, una democracia únicamente para los ticos, para la minoría. La dictadura del proletariado, el período de transición al comunismo, aportará por vez primera la democracia para el pueblo, para la mayoría, a la par con la necesaria represión de la minoría, de los explotadores. Sólo el comunismo puede proporcionar una democracia verdaderamente completa; y cuanto más completa sea, con tanta mayor rapidez dejará de ser necesaria y se extinguirá por sí misma.

Dicho en otros términos: en el capitalismo tenemos un Estado en el sentido estricto de la palabra, una máquina especial para la represión de una clase por otra y, además, de la mayoría por la minoría. Es evidente que el éxito de una empresa como la represión sistemática de la mayoría de los explotados por una minoría de explotadores requiere una crueldad extraordinaria, una represión bestial; requiere triares de sangre, a través de los cuales sigue su camino la humanidad err estado de esclavitud, de servidumbre, de trabajo asalariado.

Más adelante, durante la transición del capitalismo al comunismo, la represión es todavía necesaria, pero es ya la represión de una minoría de explotadores por la mayoría de los explotados. Es necesario todavía un aparato especial, una máquina especial para la represión: el ``Estado''. Pero es ya un Estado de transición, no es ya un Estado en el sentido estricto de la palabra, pues la represión de una minoría de explotadores por la mayoría de los esclavos 362 asalariados de ayeres algo tan relativamente fácil, sencillo y natural, que costará muchísima menos sangre que la represión de las sublevaciones de los esclavos, de los siervos y de los obreros asalariados y resultará mucho más barata a la humanidad. Y este Estado es compatible con la extensión de la democracia a una mayoría tan aplastante de la población que empie/a a desaparecer la necesidad de una máquina especial para la represión, ('orno es natural, los explotadores no pueden reprimir al pueblo sin una máquina complicadísima que les permita cumplir esta misión; pero el pueblo puede reprimir a los explotadores con una "máquina" muy sencilla, (asi sin "máquina'', sin aparato especial: con la simple organización de las masas armadas (como los Soviets de diputados obreros y soldados, digamos, adelantándonos un poco).

Por último, sólo el comunismo suprime en absoluto la necesidad del Estado, pues no hay nadie a quien reprimir, ``nadie'' en el sentido de dase, en el sentido de una lucha sistemática contra cierta parte de la población. No somos utopistas y no negamos lo más mínimo que sea posible e inevitable que algunos individuos cometan excesos, como tampoco negamos la necesidad de reprimir tales excesos. Pero, en primer lugar, para ello no hace falta una máquina especial, un aparato especial de represión; eso lo hará el propio pueblo armado, con la misma sencillez y facilidad con que un grupo cualquiera de personas civilizadas, incluso en la sociedad actual, separa a quienes se están peleando o impide que se maltrate a una mujer. Y, en segundo lugar, sabemos que la causa social más profunda de los excesos, consistentes en infringir las reglas de convivencia, es la explotación de las masas, su penuria y su miseria. Al suprimirse esta causa principal, los excesos comenzarán inevitablemente a " extinguirse". No sabemos con qué rapidez y gradación, pero sí sabemos que se extinguirán. Y con ello se extinguirá también el Estado.

Sin dejarse llevar de utopías, Marx determinó en detalle lo que es posible determinar ahora acerca de este porvenir, a saber: la diferencia entre las fases (grados o etapas) inferior y superior de la sociedad comunista.

__ALPHA_LVL3__ 3. LA PRIMERA FASE DE LA SOCIEDAD COMUNISTA

En Crítica del Programa de Gotha, Marx refuta circunstanciadamente la idea lassalleana de que, en el socialismo, el obrero recibirá "el producto íntegro (o ``completo'') del trabajo''. Marx demuestra que de todo el trabajo social de toda la sociedad habrá que descontar un fondo de reserva, otro fondo para ampliar la producción, 363 reponer las máquinas ``gastadas'', etc., y, además de los artículos de consumo, un fondo para los gastos de administración, escuelas, hospitales, asilos de ancianos, etc.

En vez de la frase nebulosa, confusa y general de Lassalle ``(dar al obrero el producto íntegro del trabajo''), Marx ofrece un análisis sereno de cómo se verá obligada a administrar la sociedad socialista. Marx aborda el análisis concreto de las condiciones de vida de esta sociedad, en la que no existirá el capitalismo, y dice:

``De lo que aquí se trata" (en el examen del programa del partido obrero) "no es de una sociedad comunista que se ha desarrollado sobre su propia base, sino de una que acaba de salir precisamente de la sociedad capitalista y que, por tanto, presenta todavía en todos sus aspectos, en el económico, el moral y el intelectual, el sello de la vieja sociedad de cuyas entrañas procede".

Esta sociedad comunista, eme acaba de salir de las entrañas del capitalismo y que presenta en todos sus aspectos el sello de la sociedad antigua, es la que Marx llama ``primera'' fase o fase inferior de la sociedad comunista.

Los medios de producción han dejado ya de ser propiedad privada de distintos individuos para pertenecer a toda la sociedad. Cada miembro de ésta, al efectuar cierta parte del trabajo socialmente necesario, obtiene de la sociedad un certificado acreditativo de haber realizado tal o cual cantidad de trabajo. Por este certificado recibe de los almacenes sociales de artículos de consumo la cantidad correspondiente de productos. Deducida la cantidad de trabajo que pasa al fondo social, cada obrero recibe, pues, de la sociedad tanto como le entrega.

Reina, al parecer, la ``igualdad''.

Pero cuando Lassalle, refiriéndose a este orden social (al que suele darse el nombre de socialismo y que Marx denomina primera fase del comunismo), dice que esto es "una distribución justa'', que es "el derecho igual de cada uno al producto igual del trabajo'', Lassalle se equivoca, y Marx pone en claro su error.

Aquí---dice Marx---nos encontramos, en efecto, ante un "derecho igual'', pero es toda v í a "un derecho burgués'', eme, como todo derecho, presupone la des i gua I dad. Todo derecho significa aplicar un rasero igual a hombres distintos, que de hecho no son idénticos, no son iguales entre sí; y por eso, "el derecho igual" es una infracción de la igualdad y una injusticia. En realidad, cada cual recibe, si ejecuta una parte de trabajo social igual que otro, la misma 364 parte del producto social (después de hedías las deducciones

indicadas).

Sin embargo, los hombres no son iguales: unos son más fuertes y otros más débiles; unos están casados y otros solteros; unos tienen más hijos que otros, etc.

``... Con igual trabajo---confluye Marx---y, por consiguiente, con igual participación en el fondo social de consumo, unos reciben de hecho más que otros, unos son más ricos (¡ue otros, etc. Para evitar todos estos inconvenientes, el derecho no tendría que ser igual, sino desigual..."

Por consiguiente, la primera fase del comunismo no podrá aún proporcionar ni justicia ni igualdad: subsistirán las diferencias de riqueza, que son injustas; pero no podrá existir la explotación del hombre por el hombre, pues será imposible apoderarse, a título de propiedad privada, de los medios de producción, las fábricas, las máquinas, la tierra, etc. Al pulverizar la frase de Lassalle, confusa al estilo pequeñoburgués, acerca de la ``igualdad'' y la ``justicia'' en general, Marx señala el curso del desarrollo de la sociedad comunista, la cual se verá obligada a destruir primero solamente la ``injusticia'' que representa la usurpación de los medios de producción por individuos aislados, pero no estará en condiciones de suprimir de golpe también la otra injusticia, consistente en distribuir los artículos de consumo "según el trabajo" (y no según las necesidades).

Los economistas vulgares, incluidos los profesores burgueses, y entre ellos ``nuestro'' Tugan, reprochan constantemente a los socialistas que olvidan la desigualdad de los hombres y "sueñan" con extirpar esta desigualdad. Semejante reproche sólo demuestra, como vemos, la extrema ignorancia de los señores ideólogos burgueses.

Marx tiene en cuenta con la mayor exactitud no sólo la inevitable desigualdad de los hombres, sino también que la transformación de los medios de producción en propiedad común de toda la sociedad (el ``socialismo'', en el sentido corriente de la palabra) no suprime por sí sola los defectos de la distribución y la desigualdad del "derecho burgués'', que sigue imperando, por cuanto los productos se distribuyen "según el trabajo".

``... Pero estos defectos---prosigue Marx---son inevitables en la primera fase de la sociedad comunista, tal y como brota de la sociedad capitalista después de un largo y doloroso alumbramiento. El derecho no puede ser nunca superior a la estructura económica ni al desarrollo cultural de la sociedad por ella condicionado..."

365

Así pues, en la primera fase de la sociedad comunista (a la que suele darse el nombre de socialismo), "el derecho burgués" no se suprime por completo, sino sólo en parte, sólo en la medida de la transformación económica ya alcan/ada, es decir, sólo en lo que atañe a los medios de producción. "El derecho burgués" los considera propiedad privada de los individuos. El socialismo los convierte en propiedad común. En este sentido---y sólo en este sentido---desaparece "el derecho burgués".

Sin embargo, este derecho persiste en otro de sus aspectos: como regulador de la distribución de los productos y de la distribución del trabajo entre los miembros de la sociedad. "El que no trabaja, no come": este principio socialista es ya una realidad; "a igual cantidad de trabajo, igual cantidad de productos": también este principio socialista es ya una realidad. Pero eso no es todavía el comunismo, no suprime a'ún "el derecho burgués'', que por una cantidad desigual (desigual en la práctica) de trabajo da una cantidad igual de productos a hombres que no son iguales.

Esto es un ``defecto'', dice Marx, pero un defecto inevitable en la primera fase del comunismo. Porque, si no se quiere caer en la utopía, es imposible pensar que, al derrocar el capitalismo, los hombres aprenderán inmediatamente a trabajar para la sociedad sin sujetarse a ninguna norma de derecho; además, la abolición del capitalismo no sienta en el acto las premisas económicas de este cambio.

Aparte del "derecho burgués'', no hay otras normas. Y, por tanto, persiste aún la necesidad del Estado, que, velando por la propiedad común de los medios de producción, vele por la igualdad del trabajo y por la igualdad en la distribución de los productos.

El Estado se extingue por cuanto no hay ya capitalistas, no hay ya clases y, por esa misma razón, no se puede reprimir a ninguna clase.

Pero el Estado no se ha extinguido todavía del todo, pues sigue existiendo la protección del "derecho burgués'', que santifica la desigualdad de hecho. Para que el Estado se extinga por completo hace falta el comunismo completo.

__ALPHA_LVL3__ 4. LA FASE SUPERIOR DE LA SOCIEDAD COMUNISTA

Marx prosigue:

``...En la fase superior de la sociedad comunista, cuando haya desaparecido la subordinación esclavizadora de los individuos a la división del trabajo y, con ella, la oposición entre el trabajo intelectual y el trabajo manual; cuando ei trabajo no sea solamente un medio de vida, sino la primera 366 necesidad vital; cuando, con el desarrollo de los individuos en todos sus aspectos, crezcan también las fuerzas productivas y fluyan con todo su caudal los manantiales de la riqueza colectiva, sólo entonces podrá rebasarse totalmente el estrecho horizonte del derecho burgués, y la sociedad podrá escribir en su bandera: "¡De cada cual, según su capacidad; a cada cual, según sus necesidades!""

Sólo ahora podemos apreciar toda la justedad de las observaciones de Engels al burlarse implacablemente de la absurda asociación de las palabras ``libertad'' y ``Estado''. Mientras existe el Estado, no hay libertad. Cuando haya libertad, no habrá Estado.

La base económica de la extinción completa del Estado significa un desarrollo tan elevado del comunismo que en él desaparece la oposición entre el trabajo intelectual y el manual. En consecuencia, deja de existir una de las fuentes más importantes de la desigualdad social contemporánea, una fuente que en modo alguno puede ser suprimida de golpe por el solo hecho de que los medios de producción pasen a ser propiedad social, por la sola expropiación de los capitalistas.

Esta expropiación dará la posibilidad de desarrollar las fuerzas productivas en proporciones gigantescas. Y al ver cómo retrasa el capitalismo ya hoy, de modo increíble, este desarrollo y cuánto podríamos avanzar sobre la base de la técnica moderna ya lograda, tenemos derecho a decir con la mayor certidumbre que la expropiación de los capitalistas originará inevitablemente un desarrollo gigantesco de las fuerzas productivas de la sociedad humana. Lo que no sabemos ni podemos saber es la rapidez con que avanzará este desarrollo, la rapidez con que llegará a romper con la división del trabajo, a suprimir la oposición entre el trabajo intelectual y el manual, a convertir el trabajo "en la primera necesidad vital".

Por eso tenemos derecho a hablar sólo de la extinción ineluctable del Estado, subrayando el carácter prolongado de este proceso, su dependencia de la rapidez con que se desarrolle la fase superior del comunismo y dejando pendiente por entero la cuestión de los plazos o de las formas concretas de la extinción, pues carecemos de datos para poder resolver estos problemas.

El Estado podrá extinguirse por completo cuando la sociedad aplique la regla: "De cada cual, según su capacidad; a cada cual, según sus necesidades''; es decir, cuando los hombres estén ya tan habituados a observar las normas fundamentales de la convivencia y cuando su trabajo sea tan productivo que trabajen voluntariamente según su capacidad. "El estrecho horizonte del derecho burgués'', que obliga a calcular con la insensibilidad de un = Shylock~^^128^^ para no 367 trabajar ni media hora más que otro ni percibir menos salario que otro, este estrecho horizonte será entonces rebasado. La distribución de los productos no requerirá entonces que la sociedad regule la cantidad de ellos que habrá de recibir cada uno; todo individuo podrá tomarlos libremente "según sus necesidades".

Desde el punto de vista burgués, es fácil declarar "pura utopía" semejante régimen social y burlarse diciendo que los socialistas prometen a todos el derecho a recibir de la sociedad, sin el menor control del trabajo realizado por cada ciudadano, la cantidad que deseen de trufas, automóviles, pianos, etc. Con estas burlas siguen saliendo del paso, incluso hoy, la mayoría de los ``sabios'' burgueses, que demuestran así su ignorancia y su defensa interesada del capitalismo.

Su ignorancia, pues a ningún socialista se le ha ocurrido ``prometer'' la llegada de la fase superior de desarrol o del comunismo; y la previsión de los grandes socialistas de que esta fase ha de advenir presupone una productividad del trabajo qvie no es la actual y hombres que no son los actuales filisteos, capaces---como los seminaristas de Pomialovski = l29---de dilapidar "a tontas y a locas" 'os depósitos de la riqueza social y pedir lo imposible.

Mientras llega la fase ``superior'' del comunismo, los socialistas exigen el más riguroso control por parte de la sociedad 31 por parte del Estado sobre la medida de trabajo y la medida de consumo. Pero este control ha de comenzar por la expropiación de los capitalistas, por el control de los obreros sobre los capitalistas, y no debe efectuarlo un Estado de burócratas, sino el Estado de los obreros armados.

La defensa interesada del capitalismo por los ideólogos burgueses (y por sus lacayos, como los señores Tsereteli, Chernov y Cía.) consiste, precisamente, en suplantar con discusiones y parloteos sobre un remoto porvenir el problema más vital y más urgente de la política de hoy: expropiar a los capitalistas, transformar a todos los ciudadanos en trabajadores y empleados de un gran ``consorcio'' único, a saber, de todo el Estado, y subordinar por completo el trabajo de todo este consorcio a un Estado realmente democrático: al Estado de los Soviets de diputados obreros y soldados.

En el fondo, cuando un sabio profesor, y tras él los filisteos, y tras ellos señores como los Tsereteli y los Chernov, hablan de utopías descabelladas, de promesas demagógicas de los bolcheviques, de la imposibilidad de ``implantar'' el socialismo, se refieren precisamente a la etapa o fase superior del comunismo, que nadie ha prometido ``implantar'' y ni siquiera ha pensado en ello, pues, en general, es imposible ``implantarla''.

Y aquí llegamos a la diferencia científica que existe entre el socialismo y el comunismo, a la cual aludió Engels en el pasaje 368 reproducido antes sobre la inexactitud de la denominación de "socialdemócratas''. Desde el punto de vista político, es posible que la diferencia entre la primera fase, o fase inferior, y la fase superior del comunismo llegue, con el tiempo, a ser inmensa. Pero hoy, en el capitalismo, sería ridículo hablar de esta diferencia, que sólo algunos anarquistas podrían promover, tal ve/, a primer plano (si es que entre ellos quedan todavía hombres que no hayan aprendido nada después de la conversión ``plejanovista'' de los Kropotkin, los (nave, los Cornelissen y demás ``estrellas'' del anarquismo en social chovinistas o en anarquistas de trincheras, como los ha calificado Cine, uno de los pocos anarquistas que no han peí elido el honor y la conciencia).

Pero la diferencia científica entre el socialismo y el comunismo es clara. Marx denominó ``primera'' fase o fase inferior de la sociedad comunista a lo que se llama habitualmente socialismo. Por cuanto los medios de producción se convierten en propiedad común, puede aplicarse también a esta fase la palabra ``comunismo'', mas sin olvidar que esto no es el comunismo completo. La gran importancia de las explicaciones de Marx reside en que también aquí aplica de manera consecuente la dialéctica materialista, la teoría del desarrollo, considerando el comunismo algo que se desarrolla del capitalismo. En vez de definiciones escolásticas y artificiales ``inventadas'' y de disputas estériles acerca de las palabras (qué es el socialismo, qué es el comunismo), Marx hace un análisis de lo que podríamos denominar grados de madurez económica del comunismo.

En su primera fase, en su primer grado, el comunismo no puede todavía madurar por completo en el aspecto económico, no puede aún ser completamente libre de las tradiciones o de las huellas del capitalismo. De ahí un fenómeno tan interesante como la conservación del "estrecho horizonte del derecho burgués"en la primera fase del comunismo. Como es natural, el derecho burgués respecto a la distribución de los artículos de consumo presupone también inevitablemente un Estado burgués, pues el derecho no es nada sin un aparato capaz de obligar a respetar las normas de derecho.

Resulta, pues, que en el comunismo no sólo subsiste durante cierto tiempo el derecho burgués, sino que subsiste incluso el Estado burgués ¡sin burguesía!

Esto podrá parecer una paradoja o un simple juego dialéctico de la inteligencia, de lo cual acusan con frecuencia al marxismo personas que no han hecho el menor esfuerzo para estudiar su contenido, extraordinariamente profundo.

F.n realidad, la vida nos muestra a cada paso los vestigios de lo viejo en lo nuevo, tanto en la naturaleza como en la sociedad. Y Marx no introdujo por capricho en el comunismo un trocho de derecho 369 ``burgués'', sino que tomó lo que es económica y políticamente inevitable en una sociedad que brota de las entrañas del capitalismo.

La democracia tiene magna importancia en la lucha de la clase obrera por su liberación, contra los capitalistas. Pero la democracia no es en modo alguno un límite insuperable, sino sólo una de las etapas en el camino del feudalismo al capitalismo y del capitalismo al comunismo.

La democracia significa igualdad. Se comprende la gran importancia que tienen la lucha del proletariado por la igualdad y la consigna de igualdad, si ésta se interpreta exactamente, en el sentido de supresión de las clases. Ahora bien, la democracia significa sólo una igualdad formal. E inmediatamente después de realizada la igualdad de todos los miembros de la sociedad con respecto a la posesión de los medios de producción, es decir, la igualdad de trabajo y la igualdad de salario, ante el género humano surgir;! de manera inevitable el problema de seguir adelante y pasar de la igualdad formal a la igualdad de hecho, o sea, aplicar la regla: "De cada cual, según su capacidad; a cada cual, según sus necesidades''. No sabemos ni podemos saber a través de qué etapas, por medio de qué medidas prácticas llegará la humanidad a este supremo objetivo. Pero lo importante es aclararse a sí mismo cuan infinitamente falaz es la corriente idea burguesa que presenta al socialismo como algo muerto, rígido e inmutable, cuando, en realidad, sólo con el socialismo comienza un movimiento rápido y auténtico de progreso en todos los ámbitos de la vida social e individual, un movimiento verdaderamente de masas, en el que participa la mayoría de la población, primero, y la población entera, después.

La democracia es una forma de Estado, una de las variedades del Estado. Y, por consiguiente, representa, como lodo Estado, el empleo organizado y sistemático de la violencia contra los individuos. Eso, por una parte. Pero, por otra, la democracia implica el reconocimiento formal de la igualdad entre los ciudadanos, el derecho igual de todos a determinar la estructura del Estado y a gobernarlo. Y esto, a su vez, está vinculado al hedió de que, al alcanzar cierto grado de desarrollo, la democracia, en primer lugar, cohesiona contra el capitalismo a la clase revolucionaria---el proletariado---y le da la posibilidad de destruir, hacer añicos y barrer de la faz de la tierra la máquina del Estado burgués, incluso del Estado burgués republicano, el ejército permanente, la policía y la burocracia, v de sustituirlos con una máquina más democrática, pero todavía estatal, cuya forma son las masas obreras armadas, como paso hacia la participación de todo el pueblo en las milicias.

Aquí "la cantidad se transforma en calidad''; esle grado de democracia rebasa ya el marco de la sociedad burguesa, es el

370 comienzo cíe su restructuración socialista. Si verdaderamente todos toman parte en la dirección del Estado, el capitalismo no podrá ya sostenerse. Y, a su vez, el desarrollo del capitalismo crea las premisas para que realmente ``todos'' puedan participar en la gobernación del Estado. Entre estas premisas figuran la alfabetización completa, conseguida ya por algunos de los países capitalistas más adelantados, "la instrucción y la disciplina" de millones de obreros por el amplio y complejo aparato socializado de Correos, de los ferrocarriles, de las grandes fábricas, del gran comercio, de los bancos, etc., etc.

Con estas premisas económicas, es plenamente posible, después de derrocar a los capitalistas y a los burócratas, pasar en seguida, de la noche a la mañana, a sustituirlos por los obreros armados, por todo el pueblo armado, en el control de la producción y la distribución, en la contabilidad del trabajo y de los productos. (No hay que confundir la cuestión del control y de la contabilidad con la del personal de ingenieros, agrónomos, etc., que poseen instrucción científica: estos señores trabajan hoy subordinados a los capitalistas y trabajarán todavía mejor mañana, subordinados a los obreros armados.)

Contabilidad y control: eso es lo principal que se necesita para "poner a punto" y hacer que funcione bien la primera fase de la sociedad comunista. En ella, todos los ciudadanos se convierten en empleados a sueldo del Estado, el cual no es otra cosa que los obreros armados. Todos los ciudadanos pasan a ser empleados y obreros de un solo ``consorcio'' del Estado, de todo el pueblo. El quid de la cuestión está en que trabajen por igual, observando bien la medida de trabajo, y reciban por igual. El capitalismo ha simplificado en extremo la contabilidad y el control de esto, reduciéndolo a operaciones extraordinariamente simples de inspección y anotación, al alcance de cualquiera que sepa leer y escribir, conozca las cuatro reglas aritméticas y pueda extender los recibos correspondientes^^*^^.

Cuando la mayoría del pueblo comience a llevar por su cuenta y en todas partes esta contabilidad, este control sobre los capitalistas (que entonces se convertirán en empleados) y sobre los señores intelectualillos que conserven sus hábitos capitalistas, este control será realmente universal, general, del pueblo entero, y nadie podrá eludirlo, pues "no tendrá escapatoria".

Toda la sociedad será una sola oficina y una sola fábrica, con trabajo igual y salario igual.

_-_-_

^^*^^ Cuando el Estado queda reducido, en la parte más sustancial de sus funciones, a esta contabilidad y este control, realizados por los mismos obreros, deja de ser un "Estado político''; entonces, "las funciones públicas perderán su carácter político, trocándose en simples funciones administrativas" (compárese con el cap. IV, § 2, acerca de la polémica de F.ngels con los anarquistas).

371

Pero esta disciplina ``fabril'', que el proletariado, después de vencer a los capitalistas y derrocar a los explotadores, hará extensiva a toda la sociedad, no es en modo alguno nuestro ideal ni nuestra meta final, sino solo un escalón necesario para limpiar radicalmente la sociedad de la infamia y la ignominia de la explotación capitalista y para seguir avanzando.

Desde el momento en que todos los miembros de la sociedad, o por lo menos la inmensa mayoría de ellos, aprendan a gobernar por sí mismos el Estado, tomen este asunto en sus propias manos, "pongan a punto" el control sobre la insignificante minoría de capitalistas, sobre los señoritos que quieran conservar sus hábitos capitalistas y sobre los obreros que hayan sido profundamente corrompidos por el capitalismo; desde' ese momento, empezará a desaparecer la necesidad de loda gobernación en general. Cuanto más completa sea la democracia, más cercano estará el momento en que deje de ser necesaria. Cuanto más democrático sea el ``Estado'', compuesto de obreros armados y que "no será ya un Estado en el verdadero sentido de la palabra'', con tanta mayor rapidez comenzará a extinguirse lodo Estado.

Porque catando todos hayan aprendido a dirigir y dirijan en realidad por su cuenta la producción social; cuando hayan aprendido a efectuar la contabilidad y el control de los haraganes, de los señoritos, de los truhanes y demás "depositarios de las tradiciones del capitalismo'', escapar a este regís! i o y a este control, realizado por la totalidad del pueblo, será sin remisión algo tan inaudito y difícil, una excepción tan rara, y suscitará seguramente una sanción tan rápida y severa (pues los obreros armados son gente práctica y no intelec tualillos sentimentales, y seta muy difícil que permitan a nadie jugar con ellos), que la necesidad de observar las reglas fundamentales, nada complicadas, cié toda convivencia humana se convertirá muy pronto en una costumbre.

Y entonces se abrirán de par en par las puertas para pasar de la primera fase de la sociedad comunista a su fase superior y, a la vez, a la extinción completa del Estado.

__NUMERIC_LVL2__ Capítulo VI __ALPHA_LVL2__ EL ENVILECIMIENTO DEL MARXISMO POR LOS OPORTUNISTAS __ALPHA_LVL3__ [introduction.]

El problema de la actitud del Estado ante la revolución social y de ésta respecto a aquél---como, en general, el problema de la revolución---ha preocupado muy poco a los más relevantes teóricos y publicistas de la II Internacional (1889--1914). Peto lo más 372 característico del proceso de desarrollo gradual del oportunismo, que llevó a la bancarrota de la II Internacional en 1914, consiste en que, incluso cuando han llegado de lleno a esta cuestión, se han esforzado por eludirla o no la han advertido.

En términos generales puede decirse que Id adulteración del marxismo y su envilecimiento completo dimanan de esa evasiva en lo que respecta a la actitud de la revolución proletaria ante el Estado, evasiva que favorece al oportunismo y lo nutre.

Para c aracteri/ar, aunque sea brevemente, este proceso lamentable, fijémonos en dos destacadísimos teóricos del marxismo: Plejánov y Kautsky.

__ALPHA_LVL3__ 1. LA POLÉMICA DE PLEJÁNOV CON LOS ANARQUISTAS

Plejánov consagre') a la actitud del anarquismo frente al socialismo un folleto, titulado Anarquismo y socialismo, que se publicó en alemán en 1894.

Plejánov se las ingenió para tratar este tema eludiendo en absoluto lo más actual, lo más candente y lo más esencial desde el punto de vista político en la lucha contra el anarquismo: ¡ precisamente la actitud de la revolución ante el Estado y el problema del Estado en general! En su folleto se distinguen dos partes. Una, histórico-literaria, con valiosos materiales referentes a la historia de las ideas de Stirner, Proudhon, etc. Otra, filistea, con torpes consideraciones en torno al tema de que es imposible distinguir a un anarquista de un bandido.

La combinación de estos temas es curiosa y peculiar en extremo de toda la actuación de Plejánov en vísperas de la revolución y durante el período revolucionario en Rusia. En efecto, en los años de 1905 a 1917, Plejánov se revele') como un semidoctrinario y un semifilisteo que en política marchaba a la y.aga de la burguesía.

Hemos visto que Marx y Engels, al polemi/.ar con los anarquistas, aclaraban muy escrupulosamente sus opiniones respecto a la actitud de la revolución ante el Estado. Al editar en 1891 la obra de Marx (Crítica del Programa de (*otha, Engels escribió: "Nosotros (es decir, Engels y Marx) nos encontrábamos entonces en pleno apogeo de la lucha contra Bakunin y sus anarquistas: desde el Congreso de La Haya de la (Primera) Internacional = M0 apenas habían transcurrido dos años".

Los anarquistas intentaban reivindicar como ``suya'', por decirlo así, precisamente la Comuna de París y hacer creer que confirmaba su doctrina, sin comprender en absoluto las enseñan/as de la 373 Comuna = n' = e' = ar>álisis de estas enseñan/as hecho por Marx. El anarquismo = no = na aportado nada que se parezca, ni siquiera aproximadamente, a la verdad en punto a estas cuestiones políticas concretas: ¿Hay que destruir la vieja máquina del Estado? ¿Y conque sustituirla.'

Pero hablar de "anarquismo y socialismo" eludiendo todo el problema d = e' Estado, no advirtiendo todo el desarrollo del marxismo antes y después = (' = e 'a Comuna, significaba caer de manera inevitable en el oportunismo. Porque lo que más necesita precisamente el oportunismo = es = (l = uc = lu) = sc planteen en modo alguno las dos cuestiones = (l = ue acabamos de señalar. Eso es ya una victoria del oportunismo.

__ALPHA_LVL3__ 2. LA POLÉMICA DE KAUTSKY CON LOS OPORTUNISTAS

I as obras de Kautsky han sido traducidas al ruso en una cantidad incomparablemente mayor que a ningún otro idioma. No en vano bromean alíí = unos socialdemócratas alemanes, afirmando que Kautsky es más leído en Rusia que en Alemania. (Dicho sea entre paréntesis, esta hroma tiene un contenido histórico muchísimo más profundo °" = e '° = (l = ue sospechan sus autores: los obreros rusos, que en 1905 revelaron una apetencia extraordinaria, jamás vista, por las mejores obras de la mejor literatura socialdemócrata del mundo; que recibieron = lltla cantidad, inaudita para otros países, de traducciones V ediciones de estas obras, trasplantaron con ritmo acelerado al joven terreno P = or decirlo así, de nuestro movimiento proletario la formidable experiencia del país vecino, más adelantado.)

Kautsky = cs conocido en nuestro país no sólo por su exposición popular del marxismo, sino, sobre todo, por su polémica con los oportunistas y con Bernstein, que los encabe/aba. Pero apenas se conoce un hecho que no puede silenciarse cuando se señala uno la tarea de in = vcstigar cómo ha caído Kautsky en esa contusión y en esa defensa ¡iic.reíblemente vergonzosas, del soc ialc hovinismo durante la profunfl' = s' = ma crisis de 1914 y 1915. Ese hecho consiste precisamente en = () = ut antes de enfrentarse con los más destacados representantes o!el oportunismo en Francia (Millerand y Jaurés) y en Alemania (Bernstein), Kautsky dio pruebas de grandísimas vacilaciones La revista marxista = Zarirí^^1^^''', que se editó en Stuttgart en 1901 y 1902 y que defendía las concepciones proletarias revolucionarias, viose oblití = il£' = a = a polemizar con Kautsky y calificar de "elástica" la resolución 'I = ue presentó en el Congreso Socialista Internacional de París en 19Ó0 = 1ÍJ, una resolución ambigua, evasiva y conciliadora respecto a 1 = <)S oportunistas. Y en Alemania han sido publicadas cartas 374 de Kautsky que revelan las vacilaciones, no menores, que le asaltaron antes de lan/.arse a la campaña contra Bernstein.

Sin embargo, tiene una significación incomparablemente mayor la circunstancia de que en su misma polémica con los oportunistas, en su planteamiento de la cuestión y en su modo de tratarla advirtamos hoy, cuando estudiamos la historia de la más reciente traición al marxismo cometida por Kautsky, una propensión sistemática al oportunismo precisamente en el problema del Kstado.

Tomemos la primera obra importante de Kautsky contra el oportunismo: su libro Kernstein y el programa socialdernócrata. Kautsky refuta con todo detalle a Bernstein. Pero he aquí un hecho sintomático.

En su obra Premisas del socialismo, célebre a lo Króstrato, Bernstein acusa al marxismo de ``blanquismo'' (acusación que a partir de entonces han repetido miles de veces los oportunistas y los burgueses liberales de Rusia contra los representantes del marxismo revolucionario, los bolcheviques). Bernstein se detiene especialmente en La guerra civil en Francia, de Marx, e intenta---con muy poca fortuna, como hemos comprobado---identificar el punto de vista de Marx sobre las enseñan/as de la Comuna con el punto de vista de Proudhon. Bernstein dedica una atención espec ial a la conclusión de Marx, que éste subrayó en su prefacio de 1872 al Manifiesto Comunista, y que dice: "La clase obrera no puede limitarse simplemente a tomar posesión de la máquina del Estado tal y como está y a servirse de ella para sus propios fines".

A Bernstein le "gustó" tanto esta sentencia que la repitió nada menos que tres veces en su libro, interpretándola en el sentido más tergiversado y oportunista.

Marx quiere decir, como hemos visto, que la clase obrera debe destruir, romper, hacer saltar (Sprengung: explosión, es el término que emplea Engels) toda la máquina del Estado. Pues bien: Bernstein presenta las cosas como si, con estas palabras Marx pusiese en guardia a la clase obrera contra un revolucionarismo excesivo al conquistar el poder.

Es imposible imaginarse un falseamiento más burdo ni más escandaloso del pensamiento de Marx.

Ahora bien, ¿qué hizo Kautsky en su minuciosa refutación de la bernsteiniada?

Rehuyó analizar en toda su profundidad la adulteración del marxismo por el oportunismo en este punto. Adujo el pasaje, citado más arriba, de la Introducción de Engels a La guerra civil, de Marx, diciendo que, según este último, la clase obrera no puede simplemente tomar posesión de la máquina del Estado tal y como está, pero que en general sí puede tomar posesión de ella, y nada más. Kautsky no dice 375 ni una palabra de que Bernstein atribuye a Marx exactamente lo contrario del verdadero pensamiento de éste; tampoco dice que, desde 1852, Marx destacó como tarea de la revolución proletaria ``destruir'' la máquina del Estado.

¡Resulta, pues, que Kautsky escamotee') la diferencia más esencial entre el marxismo y el oportunismo en cuanto a las tareas de la revolución proletaria!

``I..l soliu ion del problema de la dictadura proletai la---es< ribió Kaulskv 'Y<>7ifrrí" Bel nstem---podi'tnos dejársela ton plena 11 anqmlidad al porvenir" (pa^. 172 de la e<lk ion alemana).

Esto no es una polémica contra Bernstein, sino, en el fondo, una concesión a Bernstein, una entrega de posiciones al oportunismo, pues, por ahora, lo que más interesa a los oportunistas es "dejar con plena tranquilidad al porvenir" todos los problemas cardinales relacionados con las tareas de la revolución proletaria.

A lo largo de cuarenta años, desde 1852 hasta 1891, Marx y Engels enseñaron al proletariado que debía destruir la máquina del Estado. Pero Kautsky, en 1899, ante la completa traición de los oportunistas al marxismo en este punto, sustituye la cuestión de si es necesario destruir o no dicha máquina por la cuestión de las formas concretas que ha de revestir la destrucción, y se refugia bajo las alas de la verdad filistea ``indiscutible'' (y estéril) de que ¡¡no podemos conocer de antemano estas formas concretas!!

Entre Marx y Kautsky media un abismo en su actitud ante la tarea del partido proletario de preparar a la clase obrera para la revolución.

Tomemos otra obra posterior, más madura, de Kautsky, consagrada también en gran parte a refutar los errores del oportunismo: su folleto La revolución social. El autor aborda en él, como tema espec ial, el problema de la "revolución proletaria" y del "régimen proletario''. Nos ofrece muchas cosas de gran valor, pero elude precisamente la cuestión del Estado. En el folleto se habla a cada momento de la conquista del poder estatal, y sólo de esto; es decir, se elige una fórmula que representa una concesión a los oportunistas, por cuanto admite la conquista del poder sin destruir la máquina del Estado. Kautsky resucita en 1902 precisamente lo que Marx declaró ``anticuado'', en 1872, en el programa del Manifiesto Comunista.

'

En este folleto se consagra un apartado especial a l.is l-'ormas y armas de la revolución social. Se habla de la huelga política de masas, y de la guerra civil, y de "los medios de fuer/a del gran Estado moderno que son la burocracia y el ejército''; pero no se dice ni 376 palabra de lo que enseñó ya la Comuna a los óbrelos. Evidentemente, Engels no previno en vano, sobre lodo a los socialistas alemanes, contra "la veneración supersticiosa" del Estado.

Kautsky presenta las cosas así: el proletariado triunfante "convertirá en realidad el programa democrático''. Y expone los puntos de éste. Pero no dice ni palabra de lo que el año 1871 aportó de nuevo respecto a la sustitución de la democracia burguesa por la democracia proletaria. Kautsky sale del paso con trivialidades de- tan ``sena'' apariencia como ésta:

``K.s evidente de por sí que con el régimen ac lúa I no lograremos la clonunac ion. La revolución misma pi (-supone una lucha larga v pi oí nudamente cautivadora que cambiará va nuestra présenle estruelura política v social".

Sin duda, esto es algo "evidente de por sí'', tan ``evidente'' como que los caballos comen avena y el Volga desemboca en el mar Caspio. Sólo es de lamentar que con la frase huera y ampulosa acerca de la lucha "profundamente cautivadora" se eluda una cuestión vital para el proletariado revolucionario: en qué se expresa la ``profundidad'' de su revolución respecto al Estado, respecto a la democracia, a diferencia de las revoluciones anteriores, no proletarias.

Al soslayar esta cuestión, Kautsky hace de hecho una concesión, en un punto tan esencial, al oportunismo, al que había declarado de palabra una terrible guerra, subrayando la importancia de "la idea de la revolución" (¿qué valor puede tener esta ``idea'', cuando se teme propagar entre los obreros las enseñan/.as concretas de la revolución?), o diciendo: "el idealismo revolucionario, ante todo'', o declarando que los obreros ingleses apenas son ahora "algo más que pequeños burgueses".

``F.u la soeiedacl socialista---escribe Kautsky---pin

leu coexistir las nías diversas monista, la cooperativa, la

¡dual"... "H;

.'erse sin una

org

no ocurre con los ferr

carriles. Aquí la organización

K ral lea puede tener la te ¡luyen una especie de parí;

rina siguiente:

eligen delegados, que

mentó, llamado a establecer el régimen de trabajo y

i/ar la gestión del aparato burocrático. Otras empresas pueden entregarse a la nistración de los sindicatos obreros; otras, en fin. pueden ser orgam/adas ndo como base el principio del cooperativismo" (págs. 148 y I l. = r> de la traducción rusa editada en Ginebra en 1903).

Estas consideraciones son erróneas y representan un paso atrás con relación a lo que explicaron Marx y Engels en la década del 7() tomando como ejemplo las enseñan/as de la Comuna.

Desde el punto de vista de la necesidad de una supuesta oí ganización "burocrática'', los ferrocarriles no se distinguen 377 absolutamente en nada de todas las empresas de la gran industria mecánica en general, de cualquier fábrica, de un almacén importante o de una vasta empresa agrícola capitalista. En todas las empresas de esta índole, la técnica impone por fuerza la más rigurosa disciplina y la mayor puntualidad en la realización del trabajo asignado a cada uno, a riesgo de paralizar toda la empresa o deteriorar el mecanismo o los productos. En todas estas empresas, los obreros procederán, como es natural, a "elegir delegados, que constituirán una especie de parlamentó".

Pero todo el quid de la cuestión está precisamente en que esta "especie de parlamento" no será un parlamento al estilo de las instituciones parlamentarias burguesas. Todo el quid reside en que esta "especie de parlamento" no se limitará a "establecer el régimen de trabajo y fiscalizar la gestión del aparato burocrático'', como se imagina Kautsky, cuyo pensamiento no rebasa el marco del parlamentarismo burgués. En la sociedad socialista, esta "especie de parlamento" de diputados obreros tendrá la misión, como es natural, de "establecer el régimen de trabajo y fiscalizar la gestión" del ``aparato''; pero este aparato no será "burocrático''. Los obreros, después de conquistar el poder político, destruirán el viejo aparato burocrático, lo demolerán hasta los cimientos, no dejarán de él piedra sobre piedra, lo sustituirán con otro nuevo, formado por los mismos obreros y empleados, contra cuya transformación en burócratas se tomarán sin dilación las medidas analizadas con todo detalle por Marx y Engels: 1) no sólo elegibilidad, sino amovilidad en cualquier momento; 2) sueldo no superior al salario de un obrero; 3) paso inmediato a un sistema en el que todos desempeñen funciones de control y de inspección y todos sean "burócratas" durante algún tiempo, para que, de este modo, nadie pueda convertirse en "burócrata".

Kautsky no ha reflexionado lo más mínimo en las palabras de Marx: "La Comuna no había de ser un organismo parlamentario, sino una corporación de trabajo, ejecutiva y legislativa al mismo tiempo".

Kautsky no comprendió en absoluto la diferencia entre el parlamentarismo burgués, que une la democracia (no para el pueblo) al burocratismo (contra el pueblo), y la democracia proletaria, que adopta en el acto medidas para cortar de raíz el burocratismo y que estará en condiciones de llevar estas medidas hasta el fin, hasta el aniquilamiento completo del burocratismo, hasta la implantación completa de la democracia para el pueblo.

Kautsky revela aquí la misma "veneración supersticiosa" por el Estado, la misma "fe supersticiosa" en el burocratismo.

378

Pasemos a la última v mejor obra de Kautsky contra los oportunistas, a su folleto El cnmino del poder (inédito, al parecer, en ruso, pues se publicó en pleno apogeo de la reacción en nuestro país, en 1909). Este folleto representa un gran paso adelante, por cuanto en él no se habla de un programa revolucionario en general, como en el folleto de 1899 contra Bernstein, ni de las tareas de la revolución social haciendo abstracción del momento en que ésta se produce, como en el folleto La revolución social, de 1902, sino de las condiciones concretas que nos obligan a reconocer que comienza "la era de las revoluciones".

El autor habla concretamente de la agravación de las contradicciones de clase en general y también del imperialismo, que desempeña un importantísimo papel en este sentido. Después del "período revolucionario de 1789 a 1871" en Europa Occidental, en 1905 comienza un período análogo en Oriente. La guerra mundial se acerca con rapidez amenazadora. "El proletariado no puede hablar ya de una revolución prematura''. "Hemos entrado en un período revolucionario''. "Empieza la era revolucionaria".

Estas manifestaciones son absolutamente claras. Este folleto de Kautsky debe servir de criterio para comparar lo que la socialclemocracia alemana prometía ser antes de la guerra imperialista y lo bajo que cayó (incluido el mismo Kautsky) al estallar la guerra. "La situación actual---escribía Kautsky en el folleto que comentamos---encierra el peligro de que a nosotros (es decir, a la socialdemocracia alemana) se nos pueda tomar fácilmente por más moderados de lo que somos en realidad''. ¡En realidad, el Partido Socialdemócrata Alemán resultó ser incomparablemente más moderado y más oportunista de lo que parecía!

Ante estas manifestaciones, tan precisas, de Kautsky a propósito de la era ya iniciada de las revoluciones, es tanto más característico que en un folleto dedicado, según sus propias palabras, a analizar precisamente la cuestión de la "revolución política'', vuelva a eludirse por completo el problema del Estado.

De la suma de estas omisiones del problema, de estos silencios y evasivas ha resultado de modo inevitable ese paso completo al oportunismo del que nos vemos obligados a hablar a continuación.

La socialdemocracia alemana parecía declarar por conducto de Kautsky: Mantengo mis concepciones revolucionarias (1899). Reconozco, en particular, la ineluctabilidad de la revolución social del proletariado (1902). Reconozco que ha comenzado la nueva era de las revoluciones (1909). Pero, a pesar de todo eso, retrocedo en comparación con lo que dijo Marx ya en 1 852, por cuanto se trata de las tareas de la revolución proletaria respecto al Estado (1912).

379

Exactamente así se planteó la cuestión, de un modo tajante, en la polémica de Kautsky con Pannekoek.

__ALPHA_LVL3__ 3. LA POLÉMICA DE KAUTSKY CON PANNEKOEK

Pannekoek se manifestó contra Kautsky como uno de los representantes de la tendencia "radical de izquierda'', que agrupaba en sus filas a Rosa Luxemburgo, Carlos Rádek y otros y que, defendiendo la táctica revolucionaria, estaba unida por la convicción de que Kautsky se pasaba a la posición del ``centro'', el cual, dando de lado los principios, vacilaba entre el marxismo y el oportunismo. Que esta apreciación era acertada vino a demostrarlo por entero la guerra, cuando la corriente del ``centro'' (erróneamente denominada marxista) o del ``kautskismo'' se reveló en toda su repugnante mezquindad.

En el artículo Las acciones de masas y la revolución (Neue Zeit, 1912, XXX, 2), en el que se tocaba el problema del Estado, Pannekoek calificó la posición de Kautsky de "radicalismo pasivo'', de "teoría de la espera inactiva''. "Kautsky no quiere ver el proceso de la revolución" (pág. 616). Al plantear la cuestión en estos términos, Pannekoek abordó el tema que nos interesa aquí: las tareas de la revolución proletaria respecto al Estado.

``La lucha del proletariado---esc ribió---no es simplemente una lucha contra la burguesía por el poder del Kstado. sino una lucha contra el poder del Estado... El contenido de la revolución proletaria es la destrucción y sustitución (literalmente: disolución, Aujlositng) de los m proletariado... I.a lucha cesa úi destrucción completa de la i

dios de fuer/.a del Kstado por los medios de fuer/a del icarnc'nte cuando se produce, como resultado final, la rgani/.ación estatal. I.a organización de la mayoría strnir la organi/ación de la minoría dominante" (pág.

548).

La manera en que formula sus pensamientos Pannekoek adolece de defectos muy grandes. Pero, a pesar de todo, la idea está clara, y es interesante ver f orno'la refuta Kautsky.

``Hasta ahora---escribe---la oposición entre los soc laldemócratas v los anarquistas consistía en que los primeros querían conquistar el poder del Estado, v los segundos, destruirlo. Pannekoek quiere las dos cosas" (pág. 724).

Si la exposición de Pannekoek adolece de vaguedad y no es lo bastante concreta (sin hablar ya de otros defectos de su artículo, no relacionados con el tema que tratamos), Kautsky toma precisamente la esencia de principio del asunto, esbozada por Pannekoek, y en esta cuestión cardinal y de principio abandona por entero la posición del marxismo y se pasa con armas y bagajes al oportunismo. Kautsky 380 define de un modo talso por completo la diferencia existente entre los socialdemócratas y los anarquistas y tergiversa y envilece definitivamente el marxismo.

La diferencia entre los marxistas y los anarquistas consiste en lo siguiente: 1) En que los primeros, cuyo fin es la destrucción completa del Estado, reconocen que este fin sólo puede alcanzarse después de que la revolución socialista haya suprimido las clases como resultado de la instauración del socialismo, el cual conduce a la extinción del Estado. Los segundos, en cambio, quieren destruir por completo el Estado de la noche a la mañana, sin comprender las condiciones en que puede realizarse esta destrucción. 2) En que los primeros reconocen la necesidad de que el proletariado, después de conquistar el poder político, destruya totalmente la vieja máquina del Estado, sustituyéndola con otra nueva, formada por la organización de los obreros armados, según el tipo de la Comuna. Los segundos propugnan la destrucción de la máquina del Estado y tienen una idea absolutamente confusa de con qué ha de sustituir esa máquina el proletariado y de cómo ejercerá éste el poder revolucionario. Los anarquistas rechazan incluso la utilización del poder estatal por el proletariado revolucionario, su dictadura revolucionaria. 3) En que los primeros demandan que el proletariado se prepare para la revolución aprovechando el Estado moderno, mientras que los anarquistas lo rechazan.

En esta controversia es Pannekoek quien representa al marxismo contra Kautsky, pues precisamente Marx nos enseñó que el proletariado no puede limitarse a conquistar el poder del Estado en el sentido de que la vieja máquina estatal pase a nuevas manos, sino que debe destruir, romper dicha máquina y sustituirla con otra nueva.

Kautsky abandona el marxismo y se pasa a los oportunistas, pues en su concepción desaparece por completo precisamente esta destrucción de la máquina del Estado, inaceptable en absoluto para los oportunistas, a quienes deja una escapatoria a fin de que puedan interpretar la ``conquista'' como una simple adquisición de la mayoría.

Para encubrir su adulteración del marxismo, Kautsky procede como un dogmático: nos saca una ``cita'' del propio Marx. En 1850 Marx había esc rito que era necesaria una "resuelta centralización del poder en manos del Estado''. Y Kautsky pregunta triunfal: ¿No querrá Pannekoek destruir el ``centralismo''?

Eso es ya, sencillamente, un juego de manos, parecido a la identificación que hace Bernstein del marxismo y del proudhonismo en sus concepciones acerca del federalismo, que él opone al centralismo.

381

La "( ita" aducida por Kautsky no viene al caso. El centralismo es posible tanto con la vieja máquina estatal como con la nueva. Si los obreros unen voluntariamente sus fuerzas armadas, eso será centralismo, pero un centralismo basado en "la destrucción completa" del aparato centralista del Estado, del ejército permanente, de la policía y de la burocracia. Kautsky se comporta como un fullero al eludir las consideraciones, perfectamente conocidas, de Marx y Engels acerca de la Comuna y desgajar una cita que no guarda ninguna relación con el asunto.

``...;Qui/á quiera l'annekoek abolir las funciones públicas de los tuiu ionarios:* ---pregunta Kaulskv---. Ni en el partido ni en los sindicatos, v no digamos en la administración pública, podemos prescindir de los funcionarios. Nuestro programa no pide que sean suprimidos los funcionarios del Kstado, sino que sean elegidos por el pueblo... De lo que se trata no es fie saber qué estructura tendrá el aparato administrativo del "Kstado del porvenir'', sino de saber si nuestra lucha política

de la ('.nena. "No, ni

I

dará al "Kstado del \

oí Kautsky). -Qué ministerio, con sus funcionarios, podría Hieran los ministerios de Instrucción, de Justicia, de Hacienda y estra lucha política contra el gobierno no suprimirá ninguno de

orvenir" la socialdemocracia triunfante, sino de cómo nuestra

oposición modifica el Kstado actual" (pág. 725).

Esto es una superchería manifiesta. Pannekoek había planteado precisamente el problema de In revolución. Así se dice con toda claridad en el título de su artículo y en los pasajes citados. Al saltar al tema de la "oposición'', Kautsky suplanta precisamente el punto de vista revolucionario por el oportunista. Y resulta lo siguiente: Ahora estamos en la oposición; después de la conquista del poder ya veremos. ¡La revolución desaparece! Que es exactamente lo que deseaban los oportunistas.

No se trata ni de la oposición ni de la lucha política en general, sino precisamente de la revolución. La revolución consiste en eme el proletariado destruye "el aparato administrativo" y todo el aparato del Estado, sustituyéndolo con otro nuevo, constituido por los obreros armados. Kautsky revela una "veneración supersticiosa" por los ``ministerios''; pero ¿por qué estos ministerios no pueden ser remplazados, supongamos, por comisiones de especialistas adjuntas a los Soviets soberanos y omnipotentes de diputados obreros y soldados?

La esencia de la cuestión no radica, ni mucho menos, en si seguirán existiendo los ``ministerios'' o habrá "comisiones de especialistas" u otras instituciones. La esencia de la cuestión radica en saber si se conserva la vieja máquina estatal (enlazada por miles de hilos a la burguesía y empapada hasta la médula de rutina e inercia) o 382 si se la destruye, sustituyéndola con otra nueva. La revolución debe consistir no en que la nueva clase mande y gobierne con ayuda de la vieja máquina del Estado, sino en que destruya esta máquina y mande y gobierne con ayuda de otra nueva: Kautsky escamotea, o no ha comprendido en absoluto, esta idea fundamental del marxismo.

Su pregunta acerca de los funcionarios demuestra palpablemente que no ha comprendido las enseñan/as de la Comuna ni la doctrina de Marx. "Ni en el partido ni en los sindicatos podemos prescindir de los funcionarios..."

No podemos prescindir de los funcionarios en el capitalismo, bajo la dominación de la burguesía. El proletariado está oprimido, las masas trabajadoras están esclavizadas por el capitalismo. En él, la democracia es limitada, coartada, cercenada y adulterada por todo el ambiente de esclavitud asalariada, de penuria y miseria de las masas. Por eso, y sólo por eso, los funcionarios de nuestras organizaciones políticas y sindicales se corrompen (o, para ser más exactos, muestran la tendencia a corromperse) en el ambiente del capitalismo; muestran la tendencia a convertirse en burócratas, es decir, en personas privilegiadas, divorciadas de las masas y situadas por encima de las masas.

En esto consiste la esencia del burocratismo, y mientras los capitalistas no sean expropiados, mientras la burguesía no sea derribada, será inevitable cierta "burocratización" incluso de los funcionarios proletarios.

Kautsky presenta las cosas así: puesto que siguen existiendo funcionarios electivos, en el socialismo seguirá habiendo funcionarios, ¡seguirá habiendo burocracia! Y ahí radica precisamente la falsedad. Justamente en el ejemplo de la Comuna, Marx mostró que, en el socialismo, quienes ocupan cargos oficiales dejan de ser "burócratas'', dejan de ser ``funcionarios''; dejan de serlo a medida que se implanta, además de la elegibilidad, la amovilidad en todo momento; y, además de esto, los sueldos equiparados al salario medio de un obrero; y, además de esto, la sustitución de los organismos parlamentarios por "corporaciones de trabajo'', es decir, "ejecutivas v legislativas al mismo tiempo".

En el fondo, toda la argumentación de Kautsky contra Pannekoek---y, en particular, su estupendo argumento de que tampoco en las organizaciones sindicales y del partido podemos prescindir de los funcionarios---revelan que Kautsky repite los viejos ``argumentos'' de Bernstein contra el marxismo en general. En su libro de renegado Las premisas del socialismo, Bernstein combate las ideas de la democracia ``primitiva'', lo que él llama "democracia doctrinaria": mandatos imperativos, funcionarios sin sueldo, representación 383 central impotente, etc. Como prueba de que esta democracia ``primitiva'' es inconsistente, Bernstein aduce la experiencia de las tradeuniones inglesas, tal y como la interpretan los esposos Webb. Según ellos, en los setenta años de existencia de las tradeuniones, que se han desarrollado "en completa libertad" (página 137 de la edición alemana), dichas organizaciones se han convencido precisamente de la inutilidad de la democracia primitiva y la han sustituido por la democracia corriente: el parlamentarismo combinado con el burocratismo.

En realidad, las tradeuniones no se han desarrollado "en completa libertad'', sino en completa esclavitud capitalista, bajo la cual es lógico que "no pueda prescindirse" de una serie de concesiones a los males imperantes, a la violencia, a la mentira, a la exclusión de los pobres de los asuntos de la ``alta'' administración. En el socialismo resucitarán de manera inevitable muchas cosas de la democracia ``primitiva'', pues la masa de la población se elevará y llegará, por vez primera en la historia de las sociedades civilizadas, a intervenir por cuenta propia no sólo en votaciones y elecciones, sino también en la labor diaria de administración. En el socialismo, todos intervendrán por turno en la dirección y se habituarán rápidamente a que nadie dirija.

Con su genial talento crítico-analítico, Marx vio en las medidas prácticas de la Comuna el viraje que temen y no quieren reconocer los oportunistas por cobardía, por falta de deseo de romper irrevocablemente con la burguesía, y que los anarquistas no quieren ver o por apresuramiento o por incomprensión de las condiciones en que se producen las transformaciones sociales masivas en general. "No cabe ni pensar en destruir la vieja máquina del Estado, pues ¿cómo vamos a arreglárnoslas sin ministerios y sin funcionarios?'', razona el oportunista impregnado de filisleísmo hasta la médula y que, en el fondo, lejos de creer en la revolución, en la capacidad creadora de la revolución, la teme como a la muerte (igual que la temen nuestros mencheviques y eseristas).

``Sólo hay que pensar en destruir la vieja máquina del Estado, no hay por qué ahondar en las enseñanzas concretas de las anteriores revoluciones proletarias ni analizar con qué y cómo sustituir lo destruido'', razonan los anarquistas (los mejores anarquistas, naturalmente, pero no los que van a la zaga de la burguesía tras los señores Kropotkin y Cía.). De ahí resulta que los anarquistas propugnen la táctica de la desesperación y no la táctica de una labor revolucionaria con objetivos concretos que sea implacable y audaz, pero que tenga en cuenta, al mismo tiempo, las condiciones prácticas del movimiento de masas.

Marx nos enseña a evitar ambos errores, nos enseña a ser audaces 384 y abnegados Cn la destrucción de toda la vieja máquina del Estado, pero, a la ve/, a plantear la cuestión de un modo concreto: la Comuna pudo en unas cuantas semanas empezar a construir una nuevo máquina del Estado, una máquina proletaria, de tal y tal modo, aplicando las medidas señaladas para ampliar la democracia y desarraigar el burocratismo. Aprendamos de los comuneros audacia revolucionaria, veamos en sus medidas prácticas un esbozo de las medidas prácticamente urgentes e inmediatamente posibles, y entonces, siguiendo este camino, llegaremos al aniquilamiento completo del burocratismo.

__NOTE__ Indentation is at END of line, not BEGINNING ! La posibilidad de este aniquilamiento está garantizada por el hecho de que el socialismo reducirá la jornada de trabajo, elevará a las masas a una vida nueva, colocará a la mayoría de la población en condiciones que permitirán a todos sin excepción ejercer las "funciones del Estado'', y esto conducirá a la extinción completa de todo Estado en general.

``...I.a tarca de la huelga (le masas---prosiga destruir <>l poder del K

Kautsky---jamás puede consistir en qar a un gobierno a ceder en un til al proletariado por otro dispuesto o jamás ni en modo alguno puede

un gobierno hostil) "conducir a la

ustituir un gobierno no ilgegenkannnende) ... Pe >br

a hacerle (oncesiones ((

destrucción del poder

el Kstado, sino

micamentc a un cierto desplazamiento 'entro del poder del Estado... Y la meta de sido hasta aquí: conquistar el poder del lo v hacer del Parlamento el dueño del

(Verschiebiiiig) en la correlación de Ineivas nuestra lucha política sigue siendo la que h; Kstado ganando la mayoría en el l'arlamei gobierno" (págs. T¿fi, 727, 7.'Í2).

Esto es ya el más puro y más vil oportunismo, es ya renunciar de hecho a la revolución, reconociéndola de palabra. La idea de Kautsky no va más allá de "un gobierno dispuesto a hacer concesiones al proletariado''. Y esto significa un paso atrás hacia el filisteísmo, en comparación con 1847, año en eme el Manifiesto Comunista proclamaba "la organización del proletariado en clase dominante".

Kautsky tendrá que reali/ar la ``unidad'', tan predilecta para él, con los Scheidemann, los Plejánov y los Vandervelde, todos los cuales están de acuerdo en luchar por un gobierno "dispuesto a hacer concesiones al proletariado".

Pero nosotros iremos a la ruptura con estos traidores al socialismo y lucharemos por la destrucción de toda la vieja máquina del Estado para que el propio proletariado armado sei, el gobierno. Son "dos cosas muy distintas".

Kaulsky tendrá que seguir en la grata compañía de los Legien y los David, los Plejánov, los Potrésov, los Tsereteli v los Chernov, que 385 están completamente de acuerdo con luchar por "un desplazamiento en la correlación de fuer/as dentro del poder del Estado" y por "ganar la mayoría en el Parlamento y hacer del Parlamento el dueño del gobierno'', nobilísimo fin en el que todo es aceptable para los oportunistas y todo permanece en el marco de la república parlamentaria burguesa.

Pero nosotros iremos a la ruptura con los oportunistas; y todo el proletariado consciente estará con nosotros en la lucha, no por "un desplazamiento en la correlación de fuer/as'', sino por el derrocamiento de la burguesía, por la destrucción del parlamentarismo burgués, por una república democrática del tipo de la Comuna o por una República de los Soviets de diputados obreros y soldados, por la dictadura revolucionaria del proletariado.

__*_*_*__

Más a la derecha que Kautsky están situadas, en el socialismo internacional, corrientes como la cíe los Cuadernos Mensuales Socialistas* " en Alemania (Legien, David, Kolb y muchos otros, incluyendo a los escandinavos Stauning y Branung); los jauresistas y Vandervelde en Francia y Bélgica; Turati, Treves y otros representantes del ala derecha del partido italiano; los fabianos y los ``independientes'' (el Partido Laborista Independiente, que, en realidad, ha dependido siempre de los liberales) en Inglaterra, etc. Todos estos señores, que desempeñan un papel ingente, muy a menudo predominante, en la actividad parlamentaria y en la labor publicística del partido, niegan francamente la dictadura del proletariado y practican un oportunismo descarado. Para estos señores, la ``dictadura'' del proletariado ¡¡"está en contradicción" con la democracia!! En el fondo, no se distinguen en nada serio de los demócratas pequeñoburgueses.

Tomando en consideración esta circunstancia, tenemos derecho a llegar a la conclusión de que la II Internacional, personificada por la mayoría abrumadora de sus representantes oficiales, ha caído de lleno en el oportunismo. La experiencia de la Comuna ha sido no sólo olvidada, sino tergiversada. Lejos de inculcar en las masas obreras que se acerca el día en que deberán lanzarse a la lucha y destruir la vieja máquina del Estado, sustituyéndola con una nueva y convirtiendo así su dominación política en base de la transformación socialista de la sociedad; lejos de eso, se les ha inculcado todo lo contrario, y se ha presentado de tal modo la "conquista del poder" que han quedado miles de escapatorias al oportunismo.

La tergiversación y el silenciamiento del problema concerniente a

13--74

386 la actitud de la revolución prole!aria ante el Estado no podían por menos de desempeñar un papel gigantesco en el momento en eme los Estados, con su máquina militar refor/ada a consecuencia de la rivalidad imperialista, se convertían en monstruos guerreros que exterminaban a millones de hombres para decidir quién había de dominar el mundo: Inglaterra o Alemania, uno u otro capital financiero^^*^^.

_-_-_

^^*^^ F.n el manuscrito = siguí^^1^^:

LA EXPERIENCIA I)K l.AS RKVOI.UCIONKS RUSAS I)K 1905 Y 1917

El teína si-ñal do en el tí ilo de este capítulo es tan inmensamente grande que aceña de él pin leu v del) n escribirse lomos enteros. Kn el presente folleto ,d

>nadas de

leí Estado''. (Aquí se interrumpe el manuscrito.) (N. de la Edit.)

387 __ALPHA_LVL2__ PALABRAS FINALES A LA PRIMERA EDICIÓN

Escribí este folleto en los meses de agosto y septiembre de 1917. Tenía ya tra/ado el plan del capítulo siguiente, del VII: La experiencia de las revoluciones rusas de 1905 y 1917. Pero, a excepción del título, no tuve tiempo de escribir ni una sola línea de dicho capítulo: vino a ``estorbarme'' la crisis política, la víspera de la Revolución de Octubre de 1917. ``Estorbos'' como éste sólo pueden causar alegría. Pero la segunda parte del folleto (dedicada a La experiencia de las revoluciones rusas de 1905 y 1917) habrá = que^^1^^ aplazarla, quizá, por muí lio tiempo; es más agradable y provechoso vivir "la experiencia de la revolución" que escribir acerca de ella.

El Autor

Retrogrado.
30 de noviembre de 1917.

388 __ALPHA_LVL1__ LOS BOLCHEVIQUES DEBEN TOMAR EL PODER^^134^^

CARTA AL COMITÉ CENTRAL Y A LOS COMITÉS DE PETROGRADO Y MOSCÚ DEL POSD(b) DE RUSIA

Después de haber conquistado la mayoría en los Soviets cíe diputados obreros y soldados de ambas capitales, los bolcheviques pueden y deben tomar en sus manos el poder del Estado.

Pueden, pues la mayoría activa de los elementos revolucionarios del pueblo de ambas capitales es suficiente para llevar tras de sí a las masas, vencer la resistencia del enemigo, derrotarlo, conquistar el poder y sostenerse en él; pueden, pues al proponer en el acto la pa/. democrática, entregar en el acto la tierra a los campesinos y restablecer las instituciones y libertades democráticas, aplastadas y destrozadas por Kerenski, los bolcheviques formarán un gobierno que nadie podrá derrocar.

La mayoría del pueblo nos apoya. Así lo ha demostrado el largo y difícil camino recorrido desde el 6 de mayo hasta el 31 de agosto y hasta el 12 de septiembre = 1!r>: la mayoría en los Soviets deambas capitales es el fruto de la evolución del pueblo hticia nosotros. Lo mismo demuestran las vacilaciones de los eseristas y mencheviques y el fortalecimiento de los internacionalistas entre ellos.

La Conferencia Democrática no representa a la mayoría del pueblo revolucionario, sino únicamente a las cúspides pequeñoburguesas conciliadoras. No debemos dejarnos engañar por las cifras cíe las elecciones, pues el quid de la cuestión no está en ellas: comparad las elecciones a las Dumas urbanas de Retrogrado y Moscú con las de los Soviets. Comparad las elecciones en Moscú y la huelga moscovita del 12 de agosto: ahí tenéis los datos objetivos referentes a la mayoría de los elementos revolucionarios que guían a las masas.

La Conferencia Democrática engaña a los campesinos, no dándoles ni la pa/. ni la tierra.

F.l gobierno bolchevique es el único que satisfará a los campesinos.

__*_*_*__

¿Por qué deben los bocheviques tomar el poder precisamente ahora'?

389

__MISSING__ Porque la inminente entrega de Retrogrado hará cien veces más difíciles nuestras posibilidades.

Y existiendo un ejército encabezado por Kerenski y Cía., no estamos en condiciones de impedir la entrega de Retrogrado.

No se puede ``esperar'' a la Asamblea Constituyente, pues Kerenski y Cía. podrán frustrarla siempre con esa misma entrega de Retrogrado. Sólo nuestro partido, tomando el poder, puede asegurar la convocatoria de la Asamblea Constituyente y, después de tomar el poder, acusará de demora a los demás partidos y demostrará su acusación ''''

La paz por separado entre los imperialistas ingleses y alemanes puede v debe ser impedida únicamente si se actúa con rapidez.

El pueblo está cansado de las vacilaciones de los mencheviques v eseristas. Sólo nuestra victoria en ambas capitales hará que los campesinos nos sigan.

__*_*_*__

No se trata del "día" de la insurrección, de su ``momento'', en el sentido estrecho de la palabra. Eso lo decidirá únicamente la voluntad común de los que tienen contacto con los obreros y los soldados, con las masas.

Se trata de que nuestro partido tiene ahora, de hecho, en la Conferencia Democrática su congreso, y este congreso debe (quiéralo o 110, pero debe) decidir el destino de la revolución.

Se trata de conseguir que esta tarea sea clara para el partido: plantear a la orden del día la insurrección armada en Retrogrado y Moscú (comprendida la región), conquistar el poder, derribar el gobierno. Hay que pensar en cómo hacer agitación en pro de esta tarea, sin expresarse así en la prensa.

Recordad y reflexionad sobre las palabras de Marx respecto a la insurrección: "la insurrección es un = arte"^^1^^''', etc.

__*_*_*__

Es ingenuo esperar la mayoría ``formal'' de los bolcheviques: ninguna revolución espera eso. Tampoco lo esperan Kerenski y Cía., sino que preparan la entrega de Retrogrado. ¡Precisamente las ruines vacilaciones de la "Conferencia Democrática" deben agotar, y agotarán, la paciencia de los obreros de Retrogrado y Moscú! La historia no nos perdonará si no tomamos ahora el poder.

;Que no existe un aparato? Ese aparato existe: los Soviets y las organizaciones democráticas. La situación internacional pre- 390 cisamente ahora, en vísperas de la pa/. por separado de los ingleses con los alemanes, nos es favorable. Precisamente ahora, proponer la pa/ a los pueblos significa triunfar.

Tomando el poder simultáneamente en Moscú y Retrogrado (no importa quién empiece; quizá pueda empezar incluso Moscú), triunfaremos de manera indefectible y segura.

N. Lenin

f.Vrí/n el 12--14 (25--27) ríe septiembre de 1!>1~.

Publicnitn ¡mr vez primera en 1921 en el núm. 2 de In revira "Prolelíírskayd Re-

I'. :¡4.

391 __ALPHA_LVL1__ EL MARXISMO Y LA INSURRECCIÓN

CARTA AL COMITÉ CENTRAL DEL POSD(b) DE RUSIA

Entre las tergiversaciones del marxismo más aviesas y, quizá, más difundidas por los partidos ``socialistas'' dominantes figura la mentira oportunista de que la preparación de la insurrección---y, en general, la concepción de ésta como un arte---es ``blanquismo''.

El jefe del oportunismo, Bernstein, se ganó ya una triste celebridad al acusar al marxismo de blanquismo; y los oportunistas de hoy, en realidad, no renuevan ni ``enriquecen'' en nada las pobres ``ideas'' de Bernstein al hablar a gritos de blanquismo.

¡Acusar a los marxistas de blanquismo porque consideran que la insurrección es un arte! ¿Cabe falseamiento más patente de la verdad, cuando ningún marxista niega que fue el propio Marx quien se pronunció del modo más concreto, claro e irrefutable sobre este problema, diciendo precisamente que la insurrección es un arte, que hay que tratarla como tal, que es necesario conquistar un primer triunfo y avanzar luego de éxito en éxito, sin interrumpir la ofensiva contra el enemigo, aprovechándose de su confusión, etc., etc.?

La insurrección, para poder triunfar, no debe apoyarse en una conjura, en un partido, sino en la clase de vanguardia. Esto, en primer lugar. En segundo lugar, debe apoyarse en el entusiasmo revolucionario del pueblo. Y en tercer lugar, debe apoyarse en el momento crítico de la historia de la creciente revolución en que sea mayor la actividad de la vanguardia del pueblo, en que sean mayores las vacilaciones en las filas de los enemigos y en las filas de los amigos débiles, inconsecuentes e indecisos de la revolución. Estas tres condiciones al plantear el problema de la insurrección son precisamente las que diferencian el marxismo y el blanquismo.

Pero, si se dan estas condiciones, negarse a considerar que la insurrección es un orí? significa traicionar al marxismo y traicionar a la revolución.

Para demostrar por qué precisamente en el momento actual es obligatorio para el partido reconocer que la insurrección ha sido puesta a la orden del día por la marcha objetiva de los acontecimientos y considerarla un arte; para demostrar eso, lo mejor será, quizá, usar el método comparativo y trazar un paralelo entre las jornadas del 3 y 4 de julio y las de septiembre.

392

El 3 y 4 julio se podía, sin faltar a la verdad, plantear el problema del modo siguiente: lo más justo sería tomar el poder, pues, aunque no lo hagamos, los enemigos nos acusarán igualmente de insurgentes y nos tratarán como a tales. Pero de ahí no se podía deducir que fuera conveniente tomar el poder en aquel momento, pues entonces no existían las condiciones objetivas necesarias para el triunfo de la insurrección.

1) No nos seguía aún la clase que constituye la vanguardia de la revolución.

No teníamos aún la mayoría entre los obreros y los soldados de las capitales. Hoy tenemos ya la mayoría en ambos Soviets. Esta mayoría es fruto únicamente de la historia de los meses de julio y agosto, de la experiencia de las ``represalias'' contra los bolcheviques y de las enseñanzas de la korniloviada.

2) Entonces faltaba el entusiasmo revolucionario de todo el pueblo. Hoy, después de la korniloviada, ese entusiasmo existe. Así lo demuestran la situación en las provincias y la toma del poder por los Soviets en muchos lugares.

3) Entonces no existían vacilaciones serias, de alcance político general, entre nuestros enemigos ni entre la pequeña burguesía inconsecuente. Hoy, esas vacilaciones son gigantescas: nuestro enemigo principal, el imperialismo de los aliados y el imperialismo mundial (pues los ``aliados'' se encuentran a la cabeza de este último), empieza a vacilar entre la guerra hasta la victoria final y una paz separada dirigida contra Rusia. Y nuestros demócratas pequeñoburgueses, que han perdido ya a ojos vistas la mayoría en el pueblo, vacilan también en proporciones gigantescas, habiendo renunciado al bloque, es decir, a la coalición con los democonstitucionalistas.

4) Por eso, la insurrección habría sido un error el 3 y el 4 de julio: no habríamos podido mantenernos en el poder ni física ni políticamente. Físicamente, pues, aunque en algunos momentos tuvimos a Petrogrado en nuestras manos, nuestros propios obreros y soldados no estaban dispuestos entonces a pelear y morir por la capital: les faltaba todavía el ``enfurecimiento'' que existe hoy, el odio ardiente tanto a los Kerenski como a los Tsereteli y los Chernov. Nuestros hombres no se habían templado aún con la experiencia de las persecuciones contra los bolcheviques, efectuadas con participación de los eseristas y los mencheviques.

Desde el punto de vista político, el 3 y el 4 de julio no habríamos podido sostenernos en el poder, pues, antes de la korniloviada, el ejército y las provincias podían marchar, y habrían marchado, sobre Petrogrado.

El panorama es hoy completamente distinto.

Nos sigue la mayoría de la clase que constituye la vanguardia de la 393 revolución, la vanguardia del pueblo capaz de llevar tras de sí a las masas.

Nos sigue la mayoría del pueblo, pues la dimisión de Chernov no es, ni mucho menos, el único indicio, pero sí el más claro y más patente, de que los campesinos no recibirán la tierra del bloque de los eseristas (ni de los propios eseristas). Y ahí está la clave del carácter popular de la revolución.

Estamos en la situación ventajosa de un partido que sabe firmemente cuál es su camino, en medio de las más inauditas vacilaciones de todo el imperialismo y de todo el bloque menchevique-eserista.

Nuestro triunfo es seguro, pues el pueblo se encuentra ya al borde de la desesperación y nosotros ofrecemos a todo el pueblo la salida certera, al demostrarle "en los días de la korniloviada" el significado de nuestra dirección, y, después, al proponer una transacción a los del bloque y recibir de ellos una negativa, sin que hayan terminado, ni mucho menos, sus vacilaciones.

Sería el mayor error pensar que la transacción propuesta por nosotros no ha sido rechazada todavía, que la Conferencia Democrática puede aún aceptarla. La transacción era una propuesta de un partido a otros partidos. No podía hacerse de otro modo. Los partidos la rechazaron. La Conferencia Democrática es sólo una conferencia, y nada más. No debe olvidarse que en ella no está representada la mayoría del pueblo revolucionario: los exasperados campesinos pobres. Es una conferencia de la minoría del pueblo: no debe olvidarse esta verdad evidente. Sería el mayor error, el mayor = cretinismo parlamentario^^138^^, que nosotros viéramos en la Conferencia Democrática un Parlamento, pues, aun suponiendo que se hubiese proclamado Parlamento permanente y soberano de la revolución, de todos modos no resolvería nada: la solución está fuera de ella, está en los barrios obreros de Petrogrado y de Moscú.

Existen todas las premisas objetivas para una insurrección victoriosa. Contamos con las excepcionales ventajas de una situación en la que sólo nuestra victoria en la insurrección pondrá fin a las vacilaciones, que han extenuado al pueblo y son la cosa más penosa del mundo; en la que sólo nuestra victoria en la insurrección dará inmediatamente la tierra a los campesinos; en la que sólo nuestra victoria en la insurrección frustrará todas esas maniobras de paz por separado, enfiladas contra la revolución, y las frustrará mediante la propuesta pública de una paz más completa, más justa y más próxima, de una paz en beneficio de la revolución.

Por último, nuestro partido es el único que, triunfante en la insurrección, puede salvar a Petrogrado, pues si nuestra propuesta de paz es rechazada y no se nos concede siquiera un armisticio, nos haremos ``defensistas'', nos pondremos a la cabeza de los partidos que 394 propugnan la continuación de la guerra, nos convertiremos en el partido más 'belicista" y sostendremos una guerra verdaderamente revolucionaria. Despojaremos a los capitalistas de todo el pan y de todas las botas. Sólo les dejaremos cortezas y los calzaremos con baxeas. Enviaremos al frente todo el calzado y todo el pan.

Y así defenderemos Petrogrado.

En Rusia son todavía inmensamente grandes los recursos materiales y inórales con que contaría una guerra auténticamente revolucionaria: hay un 99 por 100 de probabilidades de que los alemanes nos concedan, por lo menos, un armisticio. Y obtener hoy un armisticio significa ya triunfar sobre el mundo entero.

__*_*_*__

Una vez convencidos de que la insurrección de los obreros de Petrogrado y de Moscú es absolutamente necesaria para salvar a la revolución y salvar a Rusia del reparto ``separado'' por los imperialistas de ambas coaliciones, debemos: primero, adaptar nuestra táctica política en la Conferencia Democrática a las condiciones de la creciente insurrección; segundo, demostrar que no aceptamos sólo de palabra la idea de Marx de que es preciso considerar la insurrección como un arte.

En la Conferencia Democrática debemos unir sin demora la minoría bolchevique, sin preocuparnos del número ni temer que los vacilantes sigan en el campo de los vacilantes: a/h'serán más útiles a la causa de la revolución que en el campo de los que luchan por ella con decisión y sin reservas.

Debemos redactar una breve declaración de los bolcheviques, en la que se subraye con la mayor energía la inoportunidad de los discursos largos, y, en general, de los ``discursos''; la necesidad de actuar sin demora para salvar la revolución; la necesidad absoluta de romper por completo con la burguesía, de destituir totalmente al gobierno actual, de romper por entero con los imperialistas anglo-franceses, que están preparando el reparto ``separado'' de Rusia; la necesidad de transferir en el acto todo el poder a la democracia revolucionaria, con el proletariado revolucionario a la cabeza.

Nuestra declaración deberá formular esta conclusión en la forma más breve y tajante y de acuerdo con los proyectos programáticos: paz a los pueblos, tierra a los campesinos, confiscación de las ganancias escandalosas y represión del escandaloso sabotaje de la producción por los capitalistas.

Cuanto más breve y tajante sea la declaración, tanto mejor. En ella deberán destacarse con claridad otros dos puntos importantísimos: el pueblo está extenuado por tantas vacilaciones, el pueblo ha sido martirizado por la indecisión de los eseristas y los mencheviques; 395 nosotros rompemos definitivamente con esos partidos, pues han traicionado a la revolución.

El otro punto es éste: al proponer inmediatamente una paz sin anexiones y romper en el acto con los imperialistas aliados, y con todos los imperialistas, obtendremos o bien el armisticio inmediato, o bien la incorporación de todo el proletariado revolucionario a la defensa; y la democracia revolucionaria, dirigida por él, emprenderá una guerra verdaderamente justa, verdaderamente revolucionaria.

Después de dar lectura a esta declaración, después de proclamar la necesidad de decidir y no de hablar, de actuar y no de escribir resoluciones, deberemos enviara toda nuestra minoría a las fábricas y a los cuarteles: allí está su sitio, allí está el nervio de la vida, allí está la fuente del salvamento de la revolución, allí está el motor de la Conferencia Democrática.

Allí debemos exponer, en discursos fogosos y apasionados, nuestro programa y plantear el problema así: o la aceptación íntegra del programa por la Conferencia, o la insurrección. No hay término medio. No se puede esperar. La revolución se hunde.

Si planteamos así el problema y concentramos toda nuestra minoría en las fábricas y en los cuarteles, podremos elegir con acierto el momento para comenzar la insurrección.

Y para enfocar la insurrección al estilo marxista, es decir, como un arte, deberemos, al mismo tiempo y sin perder un minuto, organizar un Estado Mayor de los destacamentos de insurgentes, distribuir las fuerzas, lanzar los regimientos de confianza contra los puntos más importantes, cercar el Teatro de Alejandro y tomar la Fortaleza de Pedro y Pablo = 1M, detener al Estado Mayor General y al gobierno y enviar contra los cadetes y contra la "división salvaje" tropas dispuestas a morir antes que permitir al enemigo abrirse paso hacia los centros de la ciudad; deberemos movilizar a los obreros armados, llamándoles a una lucha desesperada, a la lucha final; deberemos ocupar inmediatamente las centrales de Telégrafos y de Teléfonos, instalar nuestro Estado Mayor de la insurrección junto a la Central de Teléfonos y poner en contacto telefónico con él todas las fábricas, todos los regimientos, todos los puntos en que se desarrolle la lucha armada, etc.

Todo esto, claro está, aproximadamente, sólo como un ejemplo de que en los momentos actuales es imposible mantenerse fieles al marxismo, a la revolución, sin considerar la insurrección como un arte.

Escrita el 13--14 (26--27) de septiembre de 1917.

Publicada \>or vez primera en Ií>2l en el núm. 2 de la revista "Proletárskaya Revoliutsia ".

,V. I.enin T. 34, págs. 242--247.

396 __ALPHA_LVL1__ LA CRISIS HA MADURADO^^140^^

I

Es indudable que las postrimerías de septiembre nos han aportado un grandioso viraje en la historia de la revolución rusa y, al parecer, de la revolución mundial.

La revolución obrera mundial comenzó con las acciones de hombres aislados, que representaban con abnegada valentía todo lo honesto que había quedado del podrido ``socialismo'' oficial, el cual es, en realidad, socialchovinismo. Liebknecht en Alemania, Adler en Austria y Maclean en Inglaterra son los nombres más conocidos de estos héroes individuales que han asumido el difícil papel de precursores de la revolución mundial.

La segunda etapa en la preparación histórica de esta revolución fue la vasta efervescencia de las masas, plasmada en la escisión de los partidos oficiales, en la edición de publicaciones clandestinas y en las manifestaciones callejeras. A medida que se intensificaba la protesta contra la guerra fue aumentando el número de víctimas de las persecuciones gubernativas. Las cárceles de los países célebres por su legalidad e incluso por su libertad---Alemania, Francia, Italia e Inglaterra---empezaron a llenarse de decenas y centenas de internacionalistas, de enemigos de la guerra, de partidarios de la revolución obrera.

Ha llegado ahora la tercera etapa, que puede ser denominada víspera de la revolución. Las detenciones en masa de los líderes del partido en la libre Italia y, sobre todo, el comienzo de las sublevaciones militares en Alemania son síntomas seguros del gran viraje, síntomas de la víspera de la revolución a escala mundial.

Es indudable que en Alemania hubo también antes motines aislados entre las tropas; pero eran tan insignificantes, tan desperdigados y tan débiles que se conseguía sofocarlos y silenciarlos, radicando en ello el factor principal que permitía cortar el contagio masivo de las acciones sediciosas. Por último, en la marina maduró asimismo un movimiento de este carácter, que ya no pudo ser ni sofocado ni silenciado, pese incluso a todos los rigores del régimen presidiario militar alemán, concebidos con precisión inusitada y observados con increíble pedantería.

397

Las dudas están descartadas. Nos encontramos en el umbral de la revolución proletaria mundial. Y por cuanto nosotros, los bolcheviques rusos, somos los únicos entre los internacionalistas proletarios de todos los países que gozamos de una libertad relativamente inmensa, que contamos con un partido legal y unas dos docenas de periódicos, que tenemos a nuestro lado los Soviets de diputados obreros y soldados de las capitales y la mayoría de las masas populares en un momento revolucionario, puede y debe aplicársenos las conocidas palabras: a quien mucho se le ha dado, mucho se le exige.

II

Es indudable que la revolución se halla en Rusia en un momento de viraje.

En un país campesino, con un gobierno revolucionario, republicano, apoyado por los partidos eserista y menchevique---que predominaban todavía ayer entre la democracia pequeñoburguesa---, crece la insurrección campesina.

Es increíble, pero es un hecho.

Y a nosotros, los bolcheviques, no nos sorprende este hecho. Hemos dicho siempre que el gobierno de la famosa "coalición" con la burguesía es el gobierno de la traición a la democracia y a la revolución, el gobierno de la matanza imperialista, el gobierno de la protección de los capitalistas y terratenientes contra el pueblo.

Merced a los engaños de los eseristas y los mencheviques, en Rusia ha quedado y sigue existiendo en la república, durante la revolución, juntamente con los Soviets, el gobierno de los capitalistas y terratenientes. Tal es la amarga y terrible realidad. ¿Qué tiene, pues, de sorprendente que en Rusia, dadas las inauditas calamidades que acarrean al pueblo la prolongación de la guerra imperialista y sus consecuencias, haya empezado y crezca la insurrección campesina?

¿Qué tiene, pues, cíe sorprendente que los enemigos de los bolcheviques, los jefes del partido eserista oficial---el mismo que ha apoyado en todo momento a la "coalición'', el mismo que hasta los últimos días o las últimas semanas tenía a su lado la mayoría del pueblo, el mismo que continúa censurando y hostigando a los ``nuevos'' eseristas, que se han convencido de la traición que representa a los intereses fiel campesinado la política de la coalición---; qué tiene de sorprendente que esos jefes del partido eserista oficial escriban el 29 de septiembre en el artículo de fondo de su órgano oficial, Dielo Naroda, lo siguiente?:

398

``...Hasta este momento no se ha hec lio c asi nada para a< abal con las i elac iones de ser\ idumbíe que siguen imperando aun en el rampo precisamente en el rentro de Rusia... I .a lev de ordenación de las relaciones adrarías en el (ampo, presentada haee iniK ho al Gobierno Provisional v aprobada incluso por un purgatorio como la C.oníereiH ia [urídic a, se lia atascado irremisiblemente en c jertas ohc mas... ;Acaso no tenemos ra/ón al afirmar que nuestro gobierno repnblic ano está niuv lejos todavía de baberse descmbara/ado de los viejos bábitos de la administración /arista, que los procedimientos slolv pinianos se dejan sentir aún con gran luer/a en los métodos de los ministros = revolucionarios:^^1^^"

¡Así escriben los eseristas oficiales! ¿Qué les parece?: ¡los partidarios de la coalición se ven obligados a reconocer que, después de siete meses de revolución en un país campesino, "no se ha hecho casi nada para acabar con la servidumbre" de los campesinos, con su sojuzgamiento por los terratenientes! Esos eseristas se ven obligados n denominar stolypinianos a su colega Kerenski y a toda su banda de ministros.

;Puede haber un testimonio inás elocuente del campo de nuestros enemigos que confirme no sólo que la coalición está en bancarrota, no sólo que los eseristas oficiales, que soportan a Kerenski, se han convertido en un partido antipopular, anticampesino, contrarrevolucionario, sino también que toda la revolución rusa ha llegado a un momento crucial?

¡Una insurrección campesina en un país campesino contra el gobierno de Kerenski, eserista, de Nikitin y Gvó/diev, mencheviques, y de otros ministros representantes del capital y de los intereses terratenientes! Y esa insurreción es sofocada con medidas militares por un gobierno republicano.

¿Es que se puede, ante tales hechos, ser un partidario honesto del proletariado y negar que la crisis ha madurado, que la revolución experimenta un grandioso viraje, que la victoria del gobierno sobre la insurrección campesina significaría ahora el entierro definitivo de la revolución, el triunfo definitivo de la korniloviada?

III

Se cae de su peso que si en un país agrario, después de siete meses de república democrática, se ha podido llegar a una insurrección campesina, esta insurrección demuestra irrefutablemente la bancarrota nacional de la revolución, su crisis, que ha alcan/ado una fuer/a sin igual, y el acercamiento de las fuer/as contrarrevolucionarias a la última línea.

Eso se cae de su peso. Ante un hecho como la insurrección campesina, todos los demás síntomas políticos, incluso si contradijesen esta maduración de la c nsis nacional, no tendrían absolutamente- ninguna importancia.

399

Pero, por el contrario, todos los síntomas muestran precisamente que la crisis ha madurado a escala de todo el país.

Después del problema agrario, en la vida estatal de toda Rusia tiene una importancia particularmente grande, sobre todo para las masas pequeñoburguesas de la población, el problema nacional. Y vernos que en la Conferencia "Democrática'', amañada por el señor I sereteli y Cía., la curia ``nacional'' ocupa el segundo lugar por su radicalismo, cediendo únicamente a las organizaciones sindicales y figurando por encima de la curia de los Soviets de diputados obreros y soldados en lo que respecta al porcentaje de votos emitidos contra la coalición (40 de 55). El Gobierno Kerenski, el gobierno del aplastamiento de la insurrección campesina, retira de Finlandia las tropas revolucionarias para vigori/ar a la burguesía reaccionaria finlandesa. En Ucrania son más frecuentes cada día los conflictos de los ucranios en general, y de las tropas ucranias en particular, con el gobierno.

Tomemos, en tercer lugar, el ejército, que en tiempo de guerra tiene una importancia excepcional en toda la vida del Estado. Hemos visto que las tropas finlandesas y la flota del Báltico se han separado por completo del gobierno. Vemos la declaración del oficial Dubásov, no bolchevique, quien dice en nombre de todo el frente, y con palabras más revolucionarias que todos los bolcheviques, que los soldados no combatirán más '''. Vemos los informes gubernamentales diciendo que los soldados están ``nerviosos'', que es imposible responder del ``orden'' (es decir, de la participación de estas tropas en el aplastamiento de la insurrección campesina). Vemos, por último, la votación en Moscú, donde catorce mil soldados de diecisiete mil votan a favor de los bolcheviques.

Esta votación en las elecciones a las Dumas distritales de Moscú es, en general, uno de los síntomas más sorprendentes del profundísimo viraje que se opera en el espíritu nacional. Todo el mundo sabe que Moscú es más pequeñoburgués que Petrogrado. Es un hecho indiscutible, confirmado muchas veces, que los vínculos del proletariado moscovita con la aldea, sus simpatías por la vida de los campesinos y su proximidad al estado de ánimo de éstos son incomparablemente mayores.

Pues bien, en Moscú, los votos de los eseristas y mencheviques han descendido, del 70% en junio, al 18%. La pequeña burguesía y el pueblo han vuelto la espalda a la coalición: no puede caber la menor duda de ello. Los democonstituc ionalistas se han fortalecido, pasando del 17% al 30%; pero siguen en minoría, en una minoría irremediable, pese a la evidente incorporación a ellos de los eseristas "de derecha" y de los mencheviques "de derecha''. Por su parte, Russkie = Viédoinosti^^142^^ dice que el número absoluto de sufragios 400 __EMAIL__ webmaster@leninist.biz __OCR__ ABBYY 6 Professional (2006.10.21) __WHERE_PAGE_NUMBERS__ top __FOOTNOTE_MARKER_STYLE__ [*]+ __ENDNOTE_MARKER_STYLE__ [0-9]+ emitidos a favor de los democonstitucionalistas ha disminuido de 67.000i\ 62.000. Los bolcheviques son los únicos que han aumentado su número de votos de 34.000 a 82.000, recibiendo el 47% de los sufragios emitidos. No puede haber ni sombra de duda de que, junto con los eseristas de izquierda, tenemos ahora la mayoría en los Soviets, en el ejército y en el país.

Y entre los indicios de significación no sólo sintomática, sino también muy real debe incluirse asimismo que los ferroviarios y los empleados de Correos---que tienen una gigantesca importancia económica, política y militar---sigan encontrándose en enconado conflicto con el gobierno. Tan es así que hasta los mencheviques defensistas están descontentos de ``su'' ministro Nikitin, y los eseristas oficiales denominan ``stolypinianos'' a Kerenski y Cía. ¿No está claro que semejante ``apoyo'' de los mencheviques y eseristas al gobierno tiene, si es que lo tiene, sólo un significado negativo?

IV

.............................................................................

V

Sí, los jefes del Comité Ejecutivo Central aplican una táctica acertada de defensa de la burguesía y de los terratenientes. Y no cabe la menor duda de que si los bolcheviques cayeran en la trampa de las ilusiones constitucionales, de la ``confianza'' en el Congreso de los Soviets y en la convocatoria de la Asamblea Constituyente, de la ``espera'' del Congreso de los Soviets, etc.; no cabe duda de que esos bolcheviques serían unos traidores miserables a la causa proletaria.

Serían traidores a la causa proletaria, pues con su conducta traicionarían a los obreros revolucionarios alemanes, que han comenzado la sublevación en la marina. En tales condiciones, ``esperar'' al Congreso de los Soviets, etc., es una traición al internacionalismo, una traición a la causa de la revolución socialista mundial.

Porque el internacionalismo no consiste en frases, no consiste en expresiones de solidaridad ni en resoluciones, sino en hechos.

Los bolcheviques serían traidores al campesinado, pues tolerar el aplastamiento de la insurrección campesina por un gobierno que incluso "Dielo Naroda" compara con los stolypinianos, significaría hundir toda la revolución, hundirla para siempre y de manera irrevocable. Se habla a gritos de anarquía y de que crece la indiferencia de las masas: ¡¡y cómo no van a ser indiferentes las masas ante las elecciones, si el campesinado se ha visto obligado a 401 recurrir a la insurrección y la llamada "democracia revolucionaria" tolera pacientemente que esta insurrección sea sofocada por la fuerza de las armas!!

Los bolcheviques serían traidores a la democracia y la libertad, pues tolerar el aplastamiento de la insurrección campesina en un momento como éste significaría permitir que fuesen falsificadas las elecciones a la Asamblea Constituyente exactamente igual---y todavía peor, de modo más burdo---que han sido falsificados la "Conferencia Democrática" y el ``Anteparlamento''.

La crisis ha madurado. Está en juego todo el porvenir de la revolución rusa. Se juega a una carta todo el honor del Partido Bolchevique. Está en juego todo el porvenir de la revolución obrera internacional por el socialismo.

La crisis ha madurado...

29 de septiembre de 1917.

__-_-_-__

Hasta este lugar se puede publicar; la continuación está destinada a ser dist ribu ida entre los miembros del CC, del CP, del CMy de los Soviets.

VI

¿Qué hacer? Hay que aussprechen was ist, "decir lo que existe'', reconocer la verdad de que entre nosotros, en el CC y en las altas esferas del partido, existe una corriente u opinión favorable a esperar al Congreso de los Soviets, opuesta a la toma inmediata del poder, opuesta a la insurrección inmediata. Hay que vencer esta corriente u opinión = H3.

Ue lo contrario, los bolcheviques se cubrirían de oprobio para siempre y quedarían reducidos a la nada como partido.

Porque dejar pasar este momento y ``esperar'' al Congreso de los Soviets es una idiotez completa o una traición completa.

Una traición completa a los obreros alemanes. ¡¡No vamos a esperar a que comience su revolución!! En ese caso, hasta los Liberdán = "^^4^^ estarán a favor de que se la ``apoye''. Pero esa revolución no puede comenzar mientras Kerenski, Kishkín y Cía. estén en el poder.

Una traición completa al campesinado. Teniendo los Soviets de las dos capitales, permitir el aplastamiento de la insurrección campesina significaría perder, y perder merecidamente, toda la confianza de los campesinos, significaría equipararse ante sus ojos a los Liberdán y demás miserables.

``Esperar'' al Congreso de los Soviets es una idiotez completa, 402 pues significaría dejar pasar semanas, y las semanas e incluso los días lo deciden hoy todo. Significaría renunciar cobardemente a la toma del poder, pues el 1-2 de noviembre será imposible (tanto política como técnicamente: se concentrará a los cosacos para el día de la insurrección, ``fijado''^^*^^ tan estúpidamente).

``Esperar'' al Congreso de los Soviets es una idiotez pues el congreso ¡no dará nada, no puede dar nadal

¿Significado ``moral''? ¡¡Es asombroso!! ¡¡Hablar del " significado" de las resoluciones y de las conversaciones con los Liberdán cuando sabemos que los Soviets están a favorde los campesinos y que se aplasta la insurrección campesina!! Con eso condenaríamos a los Soviets al papel de despreciables charlatanes. Venced primero a Kerenski y luego convocad el congreso.

Los bolcheviques tienen asegurada ahora la victoria de la insurrección: 1) podemos^^**^^ (si no ``esperamos'' al Congreso de los Soviets) atacar súbitamente y desde tres puntos, desde Petrogrado, desde Moscú y desde la flota del Báltico; 2) tenemos consignas que nos aseguran el apoyo: ¡Abajo el gobierno que reprime la insurrección campesina contra los terratenientes! 3) tenemos la mayoría en el país; 4) la desorganización de los mencheviques y eseristas es total; 5) tenemos la posibilidad técnica de tornar el poder en Moscú (que podría incluso empezar para derrotar por sorpresa al enemigo); 6) tenemos miles de soldados y obreros armados en Petrogrado, que pueden tomar a la vez el Palacio de Invierno, el Estado Mayor Ceneral, la Central de Teléfonos y todas las imprentas importantes; no nos echarán de allí, y la agitación en el ejército alcanzará tal amplitud que será imposible luchar contra este gobierno de la paz, de la tierra para los campesinos, etc.

Si atacamos simultáneamente, por sorpresa, desde tres puntos, en Petrogrado, en Moscú y en la flota del Báltico, tendremos el noventa y nueve por ciento de probabilidades de triunfar con menos víctimas que las habidas del 3 al 5 de julio, pues las tropas no combatirán contra el gobierno de la paz. Hasta en el caso de que Kerenski tenga ya en Petrogrado una caballería ``fiel'', etc., si atacamos desde dos lados y el ejército simpatiza con nosotros, Kerenski se verá obligado a rendirse. Si no tomamos el poder incluso con las posibilidades que

_-_-_

^^*^^ ``Convocar'' el Congreso de los Soviets para el 20 de octubre a fin de decidir "la toma del poder'', ¿¿se diferencia en algo de ``fijar'' estúpidamente la fecha de la insurrección?? Ahora se puede tomar el poder, pero el 20--29 de octubre no os lo dejarán tomar.

^^**^^ ¿Qué ha hecho el partido para estudiarla dislocación de las tropas, ele., para llevar a (abo la insurrección como un ``arte''?: ¡¡Sólo charlataneria.cn el CKC v etc.!!

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1'niiH'in página del iiúni. 30 del peí iódiío Rnhoihi I*ut, «>i = ix'sponflieiitt^^1^^ al 20 (7) de octubiT de 1*)17, en el que se puhluo e! artú'iiln de \'. I. I.etiin l,n rrí.sí.s h<\ madurado.

¡antaño reducido

__PLATE_END__ existen ahora, todo lo que se hable del poder de los Soviets se convertirá en una mentira.

No tomar ahora el poder, ``esperar'', charlatanear en el CEC, limitarse a "luchar por el órgano" (del Soviet), "luchar por el congreso'', significa hundir la revolución.

Al ver que el CC ha dejado incluso sin respuesta mis instancias- en este sentido desde el comien/o de la Conferencia Democrática, que el Órgano Central tacha de mis artículos las alusiones a errores tan escandalosos de los bolcheviques como la vergon/.osa decisión de participar en el Anteparlamento, de conceder puestos a los mencheviques en el Presidium del Soviet, etc., etc.; al ver todo eso, debo considerar que existe en ello una ``sutil'' insinuación de la falta de deseo del CC hasta de discutir esta cuestión, una sutil insinuación del deseo de taparme la boca y de proponerme que me retire.

Me veo obligado a dimitir de mi cargo en el CC, cosa que hago, y a reservarme la libertad de hacer agitación en las organizaciones de base del partido y en su congreso.

Porque estoy profundamente convencido de que, si ``esperamos'' al Congreso de los Soviets y dejamos ahora pasar el momento, hundiremos la revolución.

29/IX.

N. Lenin

P. S. ¡Toda una serie de hechos lia probado que = ni siquiera las tropas cosacas lucharán contra el gobierno de la paz! ¿Y cuántas¿ son? Dónde están? ¿Y es que todo el ejército no destacará unidades que estén a nuestro favor?

Los capítulos I-1II y V fueron publicados el 20 (7) de octubre de I'U 7 en el núm. .'10 del periódico "Kahochi l'ut''; el capitulo VI vio l/i htz por vez primero ni l(.)2-í.

T. 34. págs. 272--283.

[404] ~ 405 __ALPHA_LVL1__ ¿SE SOSTENDRÁN LOS BOLCHEVIQUES EN EL PODER?^^145^^

¡.sentó a finales de septiembre ] (¡4) de octubre de 1917.

Publicado en o('tuhre de ll.)l 7en el tu'un. \-2de la revisla "I'rosve.scht'tne".

I. 3-4, págs. 1

[406] ~ 407

PROLOGO A LA SEGUNDA EDICIÓN

Como se desprende del texto, el presente folleto fue escrito entre finales de septiembre y el 1° de octubre de 1917.

La Revolución del 25 de Octubre ha hecho pasar la cuestión planteada en este folleto del dominio de la teoría al de la práctica.

A esta pregunta hay que responder ahora con actos, y no con palabras. Los argumentos teóricos contra el poder bolchevique son endebles en grado sumo y han sido rebatidos.

La tarea consiste ahora en demostrar con la práctica de la clase de vanguardia---el proletariado---la vitalidad del Gobierno Obrero y Campesino. Todos los obreros conscientes, todo lo que hay de vivo y honesto en el seno del campesinado, todos los trabajadores y explotados pondrán en tensión todas sus energías para resolveren la práctica este grandioso problema histórico.

¡Manos a la obra, todos manos a la obra; la causa de la revolución socialista mundial debe vencer y vencerá!

Petersburgo, 9 de noviembre de 1917.

N. Lenin

Publicado en IVI8 en un folleto: N. I.enin. "¿Se sostendrán los bolcheviques en el poder?'', de la serie "Kihlioleca del Soldado y del C.fiinpi'sino'', Stiii Petersbnrgo.

408

¿En qué coinciden todas las tendencias, desde Riech hasta Nóvaya Zhizn inclusive, desde los democonstitucionalistas partidarios de Kornílov hasta los semibolcheviques, todos, menos los bolcheviques?

En que los bolcheviques jamás se atreverán a asumir solos todo el poder del Estado, o, si se atreven y llegan a tomarlo, no lograrán sostenerse en él ni siquiera durante un período brevísimo.

Y si alguien objetase que la toma de todo el poder del Estado por los bolcheviques solos es un problema político completamente irreal, que sólo puede cobrar realidad en la presunción más absurda de algún "fanático'', refutaremos esta objeción reproduciendo al pie de la letra las manifestaciones de los partidos y tendencias políticas más responsables e influyentes de distintos ``matices''.

Pero antes diremos dos palabras acerca de la primera de las cuestiones planteadas: ¿se atreverán los bolcheviques a asumir ellos solos todo el poder del Estado? En el Congreso de los Soviets de toda Rusia, en una interrupción que hice durante un discurso ministerial de Tsereteli = Hfi tuve ya ocasión de contestar a esa pregunta con un categórico "sí''. Y no sé que los bolcheviques hayan dicho nunca, ni en la prensa ni de palabra, que no debamos tomar nosotros solos el poder. Sigo sosteniendo el punto de vista de que un partido político en general, y el partido de la clase de vanguardia en particular, no tendría derecho a existir, sería indigno de considerarse un partido y representaría en todos los sentidos un triste cero a la izquierda si renunciase al poder en momentos en que tiene la posibilidad de conquistarlo.

Reproduzcamos ahora las manifestaciones de los democonstitucionalistas, eseristas y semibolcheviques (aunque yo diría mejor bolcheviques en una cuarta parte) respecto al problema que nos ocupa.

El 16 de septiembre leíamos en el artículo de fondo de Riech:

409

``...En la sala del Teatro cíe Alejandro reinaban el desacuerdo y la confusión, y la prensa socialista ofrece el mismo cuadro. Sólo la posición de los bolcheviques se distingue por su carácter concreto y rectilíneo. F,n la Conferencia, éstos representan la posición de la minoría; en los Soviets son una corriente cada ve/, más fuerte. Pero a pesar de todo su ardor oratorio, pese a sus frases jactanciosas, a su ostentosa confianza en sí mismos, los bolcheviques, exceptuando a unos cuantos fanáticos, son valientes sólo de palabra. No intentarían por propia iniciativa asumir "todo el poder''. Desorganizadores y destructores por excelencia, son, en el fondo, cobardes; y en lo profundo de su alma están perfectamente convencidos de su ignorancia interna y de lo efímero de sus triunfos actuales. Comprenden tan bien como todos nosotros que el primer día cíe su triunfo definitivo sería, a la ve?., el primer día de su rapidísimo ocaso. Irresponsables por naturaleza, anarquistas por sus métodos y procedimientos, no se les puede concebir más que como una de las tendencias del pensamiento político, mejor dicho, como una de sus aberraciones. El mejor método para librarse por muchos años del bolchevismo, para extirparlo, sería poner los destinos del país en manos de sus líderes. Y si no fuese por la conciencia de lo inadmisible y funesto de semejantes experimentos, la desesperación podría llevar a emplear ese remedio heroico. Por fortuna, repetimos, estos tristes héroes del día no aspiran, ni mucho menos, a adueñarse realmente de todo e! poder. En ninguna circunstancia son capaces de una labor creadora. Por eso, todo su espíritu concreto y rectilíneo se circunscribe a la esfera de la tribuna política, al campo de la verborrea mitinesca. Prácticamente, su posición no puede ser tenida en cuenta desde ningún punto de vista. Sin embargo, en un solo sentido tiene cierta eficacia real: en que concita contra ella a todos los demás matices del "pensamiento socialista"..."

Así piensan los democonstitucionalistas. Veamos ahora cuál es el punto de vista del partido más grande de Rusia, del partido "dominante y gobernante'', del partido de los " socialistasrevolucionarios''. Este punto de vista ha sido expuesto también en un artículo sin firma, y por tanto editorial, de Dielo Naroda, órgano oficial de dicho partido, en el número del 21 de septiembre:

``...Si la burguesía no accede a colaborar con la democracia, hasta que se reúna la Asamblea Constituyente, sobre la base de la plataforma aprobada por la Conferencia, la coalición deberá .surgir en el seno de la Conferencia. Es un duro sacrificio para los defensores de la coalición, pero con ello deben estar también de acuerdo necesariamente quienes abogan por la idea de una "línea pura" del poder. Pero tememos que no se llegue en este punto a una inteligencia. Y entonces quedará una tercera y última combinación: el poder deberá organizado la mitad de la Conferencia que ha defendido en principio la idea cié un poder homogéneo.

``Digámoslo sin ambages: los bolcheviques se verán obligados a formar gobierno. Fueron ellos quienes infundieron con la mayor energía a la democracia revolucionaria odio a la coalición, prometiéndole todas las bienandanzas después de suprimir el ``ccmciliacionismo'' y atribuyendo a esa política todos los males que aquejaban al país.

``Si se daban cuenta del alcance cíe su agitación, si no engañaban a las masas, están obligados a saldar ahora las letras que libraron a diestro y siniestro.

``El problema está planteado con claridad.

410

``V es inútil que se esfumen por atrini hcrai se detrás de cualquier teoría improvisada para demostrar la imposibilidad de tomar el poder.

``La democracia no aceptará esas teorías.

``Pero, al mismo tiempo, los partidarios de la coalición deben garantizarles todo su apoyo. Tales son las tres combinaciones, los tres caminos que se abren ante nosotros. ¡No hay otros!" (I.a cursiva es del propio Diflo .Víirorfn.)

Así piensan los eseristas. Veamos, por último, cuál es la "posición"---si puede darse ese nombre al intento de nadar entre dos aguas---de los "bolcheviques en una cuarta parte" de Nói'nya Zhizn, según el editorial de este periódico correspondiente al 23 de septiembre:

``...Restaurar la coalición con Konoválov y Kishkín significaría simplemente una nueva capitulación de la democracia y la revocación del acuerdo adoptado por la Conferencia respecto a la formación de un poder responsable tomando como base la plataforma del 14 de agosto...

``...l!n gobierno homogéneo de mencheviques y eseristas no se sentiría obligado a rendir cuentas, tomo no se sintieron obligados a ello los ministros socialistas responsables del gabinete de coalición... Un gobierno de ese tipo no sólo sería incapa/. de agrupar en torno suyo a las "fuer/as vivas" de la revolución, sino que tampoco podría contar con el más mínimo apovo activo de su vanguardia, del proletariado.

``Sin embargo, no sería una solución mejor, sino peor todavía, la constitución de un gabinete homogéneo de otro tipo, de un gobierno "del proletariado y de los campesinos pobres''; en realidad, no sería una solución, sino sencillamente un fracaso. Cierto que nadie lanza semejante consigna, preconizada sólo en alguna que otra observación casual v tímida de Rahncln Pnl, observaciones que son luego ``explicadas'' sistemática mente".

(Escriben con toda ``audacia'' esa indignante mentira publicistas responsables, que han dado al olvido hasta el editorial publicado el 21 de septiembre por Dielo Naroda...)

``Formalmente, los bolcheviques han resucitado ahora la consigna de "Todo el poder a los Soviets'', que retiraron después de las jornadas de julio, cuando los Soviets, por medio de su Comité Ejecutivo Central, emprendieron de una manera concreta la senda de una activa política antibolchevique. Hoy, en cambio, no sólo puede considerarse enderezada la "línea del Soviet'', sino que existe pleno fundamento para suponer que el proyectado Congreso de los Soviets arrojará una mayoría bolchevique. En estas condiciones, la consigna de "Todo el poder a los Soviets'', resucitada por los bolcheviques, es una "línea táctica" encaminada directamente a la dictadura del proletariado y de los "campesinos pobres''. Cierto es que por Soviets se entiende también los Soviets cié diputados campesinos; de esta manera, la consigna bolchevique presupone un poder apoyado en la inmensa mayoría de toda la 411 democracia de Rusia. Pero, en este caso, la consigna de "Todo el poder a los Soviets" pierde su sentido original, toda vez que, dada su composición, viene a identificar casi a los Soviets con el ``Anteparlamento'' formado por la Conferencia...'' (Esta afirmación de Nóvaya Zhizn es la más desvergonzada mentira, equivalente a afirmar que la imitación y falsificación de la democracia son "casi idénticas" a la misma democracia: el tal Anteparlamento es una falsificación, con la que se quiere hacer pasar la voluntad de una minoría del pueblo, en particular la de Kuskova, Berkenheim, los Chaikovski y Cía., por la voluntad de la mayoría. Esto en primer lugar. En segundo lugar, hasta los Soviets campesinos, adulterados por los Avxéntiev y los Chaikovski, han evidenciado en la Conferencia un porcentaje tan elevado de adversarios de la coalición que, junto con los Soviets de diputados obreros y soldados, originarían un fracaso seguro de la coalición. En tercer lugar, "el poder a los Soviets" significa que el poder de los Soviets campesinos se extendería primordialmente al campo, y en éste quedaría asegurada la preponderancia de los campesinos pobres.) "...Si lo uno equivale a lo otro, hay que retirar inmediatamente la consigna bolchevique. Y si la consigna del "poder a los Soviets" no hace más que encubrir la dictadura del proletariado, ese poder representará, en realidad, el fracaso y el naufragio de la revolución.

``¿Hace falta demostrar que el proletariado, aislado no sólo de las demás clases del país, sino también de las verdaderas fuerzas vivas de la democracia, no conseguirá adueñarse técnicamente del aparato del Estado ni podrá ponerlo en marcha en una situación complicada en extremo, ni será políticamente capaz de hacer frente al embate de todas las fuerzas enemigas, que barrerá la dictadura del proletariado y, con ella, toda la revolución?

``El único poder que corresponde hoy a las exigencias del momento es una coalición realmente honrada dentro de la democracia".

__*_*_*__

El lector nos perdonará estos largos extractos, pero eran absolutamente imprescindibles. Era necesario exponer con toda exactitud la posición de los distintos partidos hostiles a los bolcheviques. Era necesario demostrar con precisión el hecho, extraordinariamente importante, de que todos esos partidos han reconocido que la toma plena del poder del Estado por los bolcheviques solos, además de ser un problema completamente real, es incluso un problema actual, candente.

412

Pasemos ahora a analizar los argumentos en que se apoyan ``todos'', desde los democonstitucionalistas hasta los de Nóvaya Zhizn, para llegar al convencimiento de que los bolcheviques no podrán sostenerse en el poder.

Un periódico tan serio como Riech no aduce absolutamente ningún argumento. Se limita a lanzar contra los bolcheviques un torrente de insultos de los más escogidos y furibundos. El pasaje que hemos citado demuestra, entre otras cosas, cuan profundamente erróneo sería pensar que Riech ``provoca'' a los bolcheviques a que tomen el poder, por lo que debe responderse: "¡Cuidado, camaradas, pues si el enemigo lo aconseja, es seguro que no nos conviene!" Si en vez de analizar con sentido práctico todas las razones, lo mismo las de carácter general que las de orden concreto, nos dejamos ``convencer'' de que la burguesía nos ``provoca'' a que tomemos el poder, saldremos burlados por ella. Porque es bien seguro que la burguesía, henchida de odio, dirá siempre que la toma del poder por los bolcheviques originará desgracias sin fin; gritará siempre furiosa que "para deshacerse de los bolcheviques de una vez y "por muchos años'', lo mejor es dejarles tomar el poder y luego aniquilarlos por completo''. Estos clamores, si se quiere, son también una " provocación'', pero a la inversa. Los democonstitucionalistas y los burgueses no nos ``aconsejan'' ni jamás nos "han aconsejado" que tomemos el poder: intentan únicamente amedrentarnos con los supuestos problemas insulubles del poder.

No, no debemos dejarnos amedrentar por los gritos de los burgueses aterrados. Debemos tener siempre presente que jamás nos hemos planteado problemas sociales ``insoluoles'' y que los problemas, completamente susceptibles de solución, de los pasos inmediatos al socialismo, única salida de una situación muy difícil, sólo los resolverá la dictadura del proletariado y de los campesinos pobres. Hoy más que nunca y más que en parte alguna, el proletariado de Rusia tiene asegurada la victoria, una firme victoria, si toma el poder.

Examinemos con un criterio puramente práctico las circunstancias concretas que hacen desfavorable tal o cual factor, pero sin ciejarnos intimidar ni un solo instante por los furiosos bramidos de la burguesía y sin olvidar que la toma de todo el poder por los bolcheviques pasa a ser de verdad un problema candente. Hov es inconmensurablemente más peligroso para nuestro partido olvidar esto que considerar ``prematura'' la toma del poder. En este sentido, ahora no puede haber nada ``prematuro'': todas las probabilidades hablan a favor, y entre un millón, quizá, no habrá más que una o dos que hablen en contra.

En lo que respecta a los ruines insultos de Riech, podemos y debemos repetir:

413

¡No es orí el fluiré tributo fiel aplauso, sino en la voy. tonante del odio y fie la ira donde buscamos nuestro bomenaje!

El hecho de que la burguesía nos odie con tanto furor es uno de los signos más evidentes de que indicamos con acierto al pueblo el camino y los medios para derrocar el dominio de la burguesía.

__*_*_*__

Por rara excepción, Dielo Naroda no se ha dignado esta vez honrarnos con sus insultos, pero tampoco nos ofrece ni sombra de argumentación. Sólo intenta amedrentarnos de manera indirecta, por medio de alusiones, con la perspectiva de que "los bolcheviques se verán obligados a formar gobierno''. Admito por completo que, al tratar de atemorizarnos, los eseristas mismos están sinceramente asustados, muertos de miedo ante el espectro de los liberales asustados. Admito asimismo que los eseristas logren asustar a ciertos bolcheviques en alguno que otro organismo muy elevado y muy podrido, como el Comité Ejecutivo Central y las "Comisiones de Enlace" semejantes a él (es decir, en las comisiones que mantienen contacto con los democonstitucionalistas o, por decirlo en términos más sencillos, que se codean con ellos). Y admito que así sea, pues, en primer lugar, en todos esos Comités Ejecutivos Centrales, en el ``Anteparlamento'', etc., la atmósfera es repulsiva y asfixiante hasta dar nauseas, y respirarla largo tiempo es nocivo para toda persona; en segundo lugar, porque la sinceridad es contagiosa, y un filisteo sinceramente asustado es capaz de convertir en filisteo, por cierto tiempo, hasta a un revolucionario.

Pero por muy ``humanamente'' explicable que sea ese pánico sincero del eserista, a quien ha cabido la desgracia de ser ministro con los democonstitucionalistas o de estar a la disposición de éstos como ministrable, permitir que le asusten a uno no deja, por ello, de ser un error político, un error que puede rayar muy fácilmente en la traición al proletariado. ¡Vengan sus argumentos prácticos, señores! ¡No esperen que nos dejemos intimidar por su propio pánico!

__*_*_*__

Esta vez sólo encontramos argumentos prácticos en Nóvaya Zhizn. Esta vez, dicho periódico asume el papel de abogado de la burguesía, que le sienta mucho mejor que el de defensor de los bolcheviques, manifiestamente ``comprometedor'' para esta dama agradable en todos los aspectos " = x.

Seis son los argumentos del abogado:

1. El proletariado "está aislado de las demás clases del país".

414

2. El proletariado "está aislado de las verdaderas hiervas vivas de la democracia".

3. "No conseguirá adueñarse técnicamente del aparato del Estado".

4. "No podrá poner en marcha" ese aparato.

5. "La situación es complicada en extremo".

6. El proletariado "no será capa/, de hacer trente al embate de todas las fuerzas enemigas, que barrerá la dictadura del proletariado y, con ella, toda la revolución".

El primer argumento de Návaya Zhizn es torpe hasta el ridículo, pues en la sociedad capitalista y semicapitalista no conocemos más que tres clases: la burguesía, la pequeña burguesía (cuyo exponente principal son los campesinos) y el proletariado. ¿Qué sentido tiene, entonces, hablar del aislamiento del proletariado respecto a las demás clases, cuando en realidad se trata de la lucha del proletariado contra la burguesía, de la revolución contra la burguesía?

Nóvayn Zhizn quiso decir, probablemente, que el proletariado está aislado de los campesinos, pues, en efecto, no iba a referirse en este caso a los terratenientes. Pero no podía tampoco decir clara y taxativamente que el proletariado está hoy aislado de los campesinos, porque la flagrante falsedad de semejante afirmación salta a la vista.

Es difícil imaginarse un país capitalista en que el proletariado---y en momentos, adviértase bien, de revolución contra la burguesía--- esté tan poco aislado de la pequeña burguesía como lo está hoy el proletariado de Rusia. Entre los datos objetivos e indiscutibles que lo confirman, tenemos los últimos resultados de la votación a favor y en contra de la coalición con la burguesía en las ``curias'' de la "Duma bulyguiniana" = M!) de Tsereteli, o sea, de la célebre Conferencia "Democrática''. Las curias de los Soviets dieron los resultados siguientes:

Soviets de diputados obreros y soldados ... Soviets de diputados campesinos...............

102

262

185

Como se ve, la mayoría en su conjunto respalda la consigna proletaria, es decir, está en contra de la coalición con la burguesía. Y hemos visto ya que hasta los democonstitucionalistas se ven obligados a reconocer la influencia creciente de los bolcheviques en los Soviets. 415 Téngase en cuenta, además, que se trata de una Conferencia convocada por quienes hasta ayer eran líderes en los Soviets, por los eseristas y los mencheviques, que cuentan con una mayoría segura en las instituciones centrales. Es evidente que estos datos no reflejan en todo su alcance la superioridad efectiva de los bolcheviques dentro de los Soviets.

Los bolcheviques cuentan ya hoy con la mayoría dentro de los Soviets de diputados obreros, soldados y campesinos, con la mayoría del pueblo, con la mayoría de la pequeña burguesía, tanto en lo referente a la coalición con la burguesía como en lo tocante a la entrega inmediata de las tierras señoriales a los comités de campesinos. En su número 19, del 24 de septiembre, Rabochi Pitícita. tomándolos del número 25 de Znamia Trudá''''', órgano de los eseristas, los datos de la Conferencia de los Soviets locales de diputados campesinos, celebrada en Petrogrado el 18 de septiembre. En esta conferencia se pronunciaron a favor de la coalición, sin restricciones, los comités ejecutivos de cuatro Soviets campesinos (los de las provincias de Kostromá, Moscú, Samara y Táurida). A favor de la coalición, pero sin los democonstitucionalistas, se pronunciaron los comités ejecutivos de ira provincias (Vladímir, Riazán y Mar Negro) y de dos ejércitos. En cambio, votaron en contra de la coalición los comités ejecutivos de veintitrés provincias y de cuatro ejércitos.

¡De modo que la mayoría de los campesinos es contraria a la coalición!

Ahí tienen ustedes "el aislamiento del proletariado".

Debemos señalar, de pasada, que a favor de la coalición se pronunciaron tres provincias distantes del centro---Samara, Táurida y Mar Negro---, en las que es relativamente elevado el número de campesinos ricos y de grandes terratenientes que emplean obreros asalariados, y también cuatro provincias industriales (Vladímir, Riazán, Kostromá y Moscú), en las que la burguesía rural es también más fuerte que en la mayoría de las provincias de Rusia. Sería interesante reunir datos más detallados acerca de esta cuestión y averiguar si existen pormenores relativos precisamente a los campesinos pobres en las provincias donde el campesinado es más ``rico''.

Otro dato interesante es que, en los "grupos nacionales'', los adversarios de la coalición cuentan con una mayoría muy considerable: 40 votos contra 15. La política anexionista y brutalmente opresora del borrapartista Kerenski y consortes contra las naciones de Rusia que no gozan de plenos derechos ha dado sus frutos. La gran masa de la población de las naciones oprimidas, es decir, su masa pequeñoburguesa, confía más en el proletariado de Rusia que en la burguesía, pues la historia ha puesto sobre el tapete en nuestro país la lucha por la emancipación de las naciones oprimidas contra 416 las naciones opresoras. La burguesía ha traicionado ruinmente la causa de la libertad de las naciones oprimidas, pero el proletariado permanece fiel a esa causa.

El problema nacional y el problema agrario tienen en la actualidad una importancia cardinal para las masas pequeñoburguesas de la población de Rusia. Esto es indiscutible. Y el proletariado "no está aislado'', ni mucho menos, en ninguno de los dos problemas. Le sigue la mayoría del pueblo. Sólo el proletariado es capaz de aplicar en ambos problemas una política tan resuelta, tan verdaderamente "democrática revolucionaria'', que aseguraría en el acto al poder del Estado proletario el apoyo de la mayoría de la población y desencadenaría entre las masas una verdadera tempestad de entusiasmo revolucionario. Porque, por vez primera, las masas no encontrarían en el gobierno la opresión despiadada de los campesinos por los terratenientes ni de los ucranios por los rusos, como sucedía bajo el zarismo; ni la tendencia---disfrazada con frases altisonantes---a seguir esa misma política bajo la república; ni cicatería, afrentas, intrigas, dilaciones, zancadillas y evasivas (que es todo lo que Kerenski ofrece a los campesinos y a las naciones oprimidas). Al revés: encontrarían una cálida simpatía demostrada con hechos, medidas rápidas y revolucionarias contra los terratenientes, restablecimiento inmediato de la plena libertad de Finlandia, de Ucrania, de Bielorrusia, de los musulmanes, etc.

Los señores eseristas y mencheviques lo saben muy bien, y por eso procuran utilizar a los dirigentes semidemoconstitucionalistas de las cooperativas en auxilio de la política democrática reaccionaria que aplican contra las masas. Por eso jamás se atreverán a consultar a las masas, a celebrar un referéndum o, por lo menos, una simple votación en todos los Soviets y organizaciones locales acerca de determinados puntos de la política práctica, por ejemplo, si todas las tierras de los latifundistas deben o no ser entregadas inmediatamente a los comités campesinos, si deben o no ser satisfechas tales o cuales reivindicaciones de los finlandeses o de los ucranios, etc.

Y en cuanto al problema de la paz, problema cardinal de toda la vida actual... Dicen que el proletariado "está aislado de las demás clases"... En realidad, el proletariado actúa en este caso como representante de toda la nación, de todo lo que hay de vital y honrado en todas las clases, de la inmensa mayoría de la pequeña burguesía. Porque sólo el proletariado, en cuanto conquiste el poder, propondrá una paz justa a todos los pueblos beligerantes, sólo el proletariado adoptará medidas verdaderamente revolucionarias (publicación de los tratados secretos, etc.) para conseguir cuanto antes una paz lo más justa posible.

No. Los señores de Navaja Zhizn, que proclaman a gritos el 417 aislamiento del proletariado, sólo expresan con ello su propio pánico subjetivo, infundido por la burguesía. La situación objetiva en Rusia es tal, sin duda alguna, que hoy precisamente el proletariado no está ``aislado'' de la mayoría de la pequeña burguesía. Precisamente ahora, después de la triste experiencia de la "coalición'', el proletariado cuenta con las simpatías de la mayoría del pueblo. Esta condición, necesaria para que los bolcheviques se sostengan en el poder, existe.

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El segundo argumento consiste en que el proletariado "está aislado de las verdaderas fuerzas vivas de la democracia''. Es imposible comprender qué significa eso. Está, quizá, "en griego'', como dicen los franceses en casos semejantes.

Los escritores de Nóvaya Zhizn son gente ministrable. Harían magníficos ministros en un gobierno democonstitucionalista. Pues lo que se exige de tales ministros es precisamente saber pronunciar frases bellas y pulidas, pero sin ningún sentido, que sirvan para encubrir cualquier infamia y que, por lo tanto, tengan asegurado el aplauso de los imperialistas y de los socialimperialistas. Los de Nóvaya Zhizn tienen asegurado el aplauso de los democonstitucionalistas, de Breshkóvskaya, Plejánov y Cía., como premio a su afirmación de que el proletariado está aislado de las verdaderas fuerzas vivas de la democracia. Porque con eso viene a decirse indirectamente---o, por lo menos, esas palabras se interpretan como si se dijese---que los democonstitucionalistas, Breshkóvskaya, Plejánov, Kerenski y Cía. son "las fuerzas vivas de la democracia".

Pero eso es falso. Son fuerzas muertas. La historia de la coalición lo ha demostrado.

Los de Nóvaya Zhizn, intimidados por la burguesía y por el ambiente intelectual burgués, consideran ``viva'' el ala derecha de los eseristas y mencheviques, representada por Volia = Naroda,^^151^^ Edinstvo, etc., que no se distingue en nada sustancial de los democonstitucionalistas. En cambio, nosotros consideramos vivo sólo lo que está ligado a las masas y no a los kulaks, sólo lo que se ha apartado de la coalición, repelido por sus enseñanzas. "Las fuerzas eficaces y vivas" de la democracia pequeñoburguesa están representadas por el ala izquierda de los eseristas y mencheviques. El fortalecimiento de esta ala izquierda, sobre todo después de la contrarrevolución de julio, es uno de los síntomas objetivos más certeros de que el proletariado no está aislado.

Así lo demuestran, con mayor claridad aún, las fluctuaciones más recientes de los eseristas centristas hacia la izquierda, confirmadas

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418 por la declaración que hizo Chernov el 24 de septiembre de que su grupo no podía apoyar la nueva coalición con Kishkín y Oía. Estas fluctuaciones hacia la izquierda manifestadas entre los eseristas centristas, que hasta ahora habían constituido la aplastante mayoría de los representantes del partido eserista---del partido principal y predominante por el número de votos obtenidos en las ciudades y, sobre todo, en el campo---, demuestran que las afirmaciones de Dielo Ntiroda que hemos citado ames (sobre la necesidad de que la democracia, en ciertas condiciones, "garantice todo su apoyo" a un gobierno puramente bolchevique) son, en todo caso, algo más que simples frases.

Hechos como la negativa de los eseristas centristas a apoyar la nueva coalición con Kishkín, o la preponderancia de los adversarios de la coalición entre los mencheviqíws defensistasen provincias (Zhordania en el Cáucaso, etc.), son una prueba objetiva de que cierta parte de las masas que hasta ahora siguen a los mencheviques y a los eseristas apoyará a un gobierno puramente bolchevique.

El proletariado de Rusia no está aislado hoy precisamente de las fuer/as vivas de la democracia.

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Tercer argumento: el proletariado "no conseguirá adueñarse técnicamente del aparato del Estado''. Es, quizá, el argumento más corriente y más usual. Merece que se le dedique la mayor atención no sólo por esta causa, sino también porque atañe a una de las tareas más importantes y más arduas que habrá de afrontar el proletariado victorioso. Estas tareas serán, sin duela, muy difíciles; pero si nosotros, que nos llamamos socialistas, señalásemos esa dificultad sólo para desentendernos del cumplimiento de semejantes tareas, en la práctica se borraría toda diferencia entre nosotros y los lacayos de la burguesía. La dificultad de las tareas de la revolución proletaria debe incitar a los adeptos del proletariado a estudiar con mayor atención y de un modo más concreto los medios de cumplirlas.

Se entiende por aparato del Estado, ante todo, el ejército permanente, la policía y los funcionarios. Ouando los escritores de Nóvaya Zhizn afirman que el proletariado no conseguirá dominar técnicamente ese aparato, revelan la más crasa ignorancia y la falta de deseo de tener en cuenta la realidad de la vida y las razones expuestas hace ya mucho en las publicaciones bolcheviques.

Todos los colaboradores de Nóvaya Zhizn se consideran, si no marxistas, por lo menos conocedores del marxismo, socialistas cultos. Pues bien, Marx, basándose en la experiencia de la Oomuna de París, enseña que el proletariado no puede simplemente tomar posesión de 419 la máquina riel Estado ya existente y ponerla en marcha para sus propios fines; que el proletariado debe destruir esa máquina y sustituirla con otra nueva (de esto trato con mayor detalle en un folleto, cuyo primer fascículo está ya terminado y pronto verá la luz: El Estado y la revolución. La doctrina marxista del Estado y las tareas del proletariado en la revolución^^*^^). Esta nueva máquina del Estado fue creada por la Comuna de París, y los Soviets de diputados obreros, soldados y campesinos de Rusia son también un "aparato del Estado" del mismo tipo. Este hecho lo he señalado multitud de veces desde el 4 de abril de 1917, de él se habla en los acuerdos de las conferencias bolcheviques y a él se refieren también nuestras publicaciones. Nóvaya Zhizn, como es natural, podía haber declarado su total desacuerdo tanto con Marx como con los bolcheviques; pero eludir por completo este problema un periódico que con tanta frecuencia y tanta altanería denosta a los bolcheviques porque, según él, no adoptan una posición seria ante problemas difíciles, equivale a extenderse a sí mismo un certificado de pobreza espiritual.

El proletariado no puede "adueñarse" del "aparato del Estado" y "ponerlo en marcha''. Pero sí puede destruir todo lo que hay de opresor, de rutinario, de incorregiblemente burgués en el antiguo aparato del Estado, sustituyéndolo con otro nuevo, con su propio aparato. Y este aparato lo constituyen precisamente los Soviets de diputados obreros, soldados y campesinos.

Es obligado calificar de absolutamente monstruoso el hecho de que Nóvaya Zhizn se haya olvidado por completo de este "aparato del Estado''. Al proceder así en sus razonamientos teóricos, los colaboradores de Nóvaya Zhizn proceden en el campo de la teoría política, en el fondo, igual que los democonstitucionalistas en el terreno de la práctica política. Porque, en efecto, si el proletariado y la democracia revolucionaria no necesitan ningún nuevo aparato del Estado, entonces los Soviets pierden toda raison d'étre, todo derecho a la existencia, y siendo así, ¡los democonstitucionalistas partidarios de Kornílov tienen razón cuando pretenden reducir a la nada los Soviets!

Este monstruoso error teórico y esta ceguera política de Nóvaya Zhizn son tanto más horrorosos por cuanto hasta los mencheviques internacionalistas (con quienes Nóvaya Zhizn formó bloque en las últimas elecciones a la Duma municipal de Petrogrado) se aproximan en esta cuestión, en cierto grado, a los bolcheviques. Por ejemplo, en la declaración de la mayoría de los Soviets, leída por el camarada Mártov en la Conferencia Democrática, se dice:

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^^*^^ V\'ease el presente volumen, págs. 289--387. (\. di' la Edil.)

420

``...Los Soviets de diputados obreros, soldados y campesinos, oigani/.ados cu los primeros días de la revolución por el poderoso impulso del verdadero genio creador del pueblo, han formado la nueva arma/.ón del sistema estatal revolucionario, que ha venido a sustituir a la arma/ón caduca del sistema estatal del vie]o régimen..."

Es un modo de expresarse demasiado elegante, es decir, lo ampuloso de la expresión encubre aquí la falta de claridad del pensamiento político. Los Soviets no han sustituido todavía a la vieja "armazón'', y esta vieja "arma/.ón" no es el sistema estatal del viejo régimen, sino el sistema estatal ionio del zarismo comode la república burguesa. Pero, en todo caso, Mártov se sitúa aquí a mucha mayor altura que los de Navaja Zhizn.

Los Soviets son un nuevo aparato del Estado que, en primer lugar, proporciona la fuerza armada de los obreros y de los campesinos, una fuer/a que no está, como la del viejo ejército permanente, apartada del pueblo, sino ligada a él del modo más estrecho; en el sentido militar, esta fuerza es incomparablemente más poderosa que las anteriores; en el sentido revolucionario, no puede ser remplazada por ninguna otra. En segundo lugar, este aparato proporciona una ligazón tan estrecha e indisoluble con las masas, con la mayoría del pueblo; una ligazón tan fácil de controlar y de renovar, que en vano buscaremos nada semejante en el viejo aparato del Estado. En tercer lugar, este aparato es mucho más democrático que los anteriores por cuanto sus componentes son elegibles y revocables a voluntad del pueblo, sin formalidades burocráticas. En cuarto lugar, este aparato asegura una sólida ligazón con las profesiones más diversas, facilitando así, sin burocracia, las reformas más diversas y más profundas. En quinto lugar, constituye una forma de organización de la vanguardia, es decir, de la parte más consciente, más enérgica y más avanzada de las clases oprimidas, de los obreros y los campesinos, por lo que es un aparato que permite a la vanguardia de las clases oprimidas poner en pie, educar, instruir y llevar tras de sí a toda la gigantesca masade estas clases, que hasta hoy permanecía totalmente al margen de la vida política, al margen de la historia. En sexto lugar, brinda la posibilidad de conjugar las ventajas del parlamentarismo con las ventajas de la democracia inmediata y directa, es decir, de unir en los representantes elegidos por el pueblo la función legislativa y la ejecución de las leyes. Comparado con el parlamentarismo burgués, es un avance de trascendencia histórica mundial en el desarrollo de la democracia.

En 1905, nuestros Soviets fueron, por decirlo así, únicamente el germen, ya que existieron sólo unas semanas. Es evidente que, en las condiciones de entonces, no podía ni pensarse en su desarrollo completo. Otro tanto ocurre todavía en la revolución de 1917, pues 421 el plazo de varios meses es corto en extremo y, sobre todo, porque los dirigentes eseristas y mencheviques prostituían los Soviets, convirtiéndolos en jaulas de cotorras, en apéndices de la política conciliadora de los líderes. Bajo la dirección de los Líber, los Dan, los Tsereteli y los Chernov, los Soviets se iban descomponiendo y pudriendo en vida. Los Soviets sólo podrán desarrollarse de verdad, desplegar por entero sus fuerzas potenciales y su capacidad al asumir todo el poder del Estado, pues de otro modo no tienen nada que hacer\ se convierten en simples células embrionarias (estado que no puede durar mucho tiempo) o en juguetes. La "dualidad de poderes" es la parálisis de los Soviets.

Si la iniciativa popular de las clases revolucionarias no hubiera creado los Soviets, la revolución proletaria en Rusia se vería condenada al fracaso. Porque, con el viejo aparato, el proletariado no podría, sin duda alguna, mantenerse en el poder, y el nuevo aparato es imposible crearlo de golpe. La triste historia de la prostitución de los Soviets por Tsereteli y Chernov, la historia de la "coalición'', es al mismo tiempo la historia de la emancipación de los Soviets de las ilusiones pequeñoburguesas, de su paso por el ``purgatorio'' del estudio práctico de toda la vileza y de toda la inmundicia de todas y cada una de las coaliciones burguesas. Confiemos en que ese ``purgatorio'', lejos de debilitar a los Soviets, los haya templado.

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La dificultad principal de la revolución proletaria estriba en realizar a escala nacional la contabilidad y el control más precisos y concienzudos, el control obrero de la producción y distribución de los productos.

Cuando los escritores de Nóvaya Zhizn nos acusaban de caer en el sindicalismo al lanzar la consigna de "control obrero'', nos ofrecían un ejemplo típico de la bobalicona aplicación escolar de ese ``marxismo'' no meditado a fondo, sino aprendido de memoria a la manera de Struve. El sindicalismo rechaza la dictadura revolucionaria del proletariado o la relega, lo mismo que el poder político en general, al último plano. Nosotros, en cambio, la colocamos en primer lugar. Y si, ateniéndonos al espíritu de Nóvaya Zhizn, dijéramos: "¡nada de control obrero, .sino control del Estado!'', lanzaríamos una frase reformista burguesa, una fórmula que en el fondo sería perfectamente democonstitucionalista, pues los militantes del Partido Demócrata Constitucionalista no tienen nada que oponer a la participación de los obreros en el control del ``Estado''. Los democ onstitucionalistas kornilovistas saben muy bien que 422 semejante participación es, para la burguesía, el método mejor de engañar a los obreros, el método mejor de sobornar sutilmente, en el sentido político, a los Gvózdiev, los Nikitin, los Prokopóvich, los Tsereteli y toda esa pandilla.

Cuando nosotros decimos "control obrero'', colocando siempre esta consigna al lado de la de dictadura del proletariado, siempre inmediatamente después de ella, damos a entender con nitidez a qué Estado nos referimos. El Estado es el órgano de dominación de una clase. ;De qué clase? Si se trata de la burguesía, es precisamente un Estado democonstitucionalista-kornilovista-``kerenskiano'', por culpa del cual el pueblo obrero de Rusia padece hace ya más de medio año el mal kornilovista y kerenskiano. Si se trata del proletariado, de un Estado proletario, (es decir, de la dictadura del proletariado), entonces sí puede el control obrero erigirse en un sistema general, universal, omnipresente, minucioso y concienzudo al máximo de contabilidad de la producción y distribución de los productos.

En ello radica la dificultad principal, la tarea esencial de la revolución proletaria, es decir, cíe la revolución socialista. Sin los Soviets, esta tarea sería, al menos para Rusia, insoluble. En los Soviets apunta la labor de organización del proletariado, gracias a la cual se puede cumplir esta tarea de alcance histórico universal.

Llegamos aquí a otro aspecto del problema referente a la máquina del Estado. Además del aparato de "opresión" por excelencia---el ejército permanente, la policía y los funcionarios---, el Estado moderno posee un aparato enlazado muy íntimamente con los bancos y los consorcios, que efectúa, permítasenos decirlo así, una vasta labor de cálculo y registro. Este aparato no puede ni debe ser destruido. Lo que se debe hacer es arrancarlo cíe la dependencia respecto de los capitalistas, cortar, romper, cercenar todos los hilos por medio de los cuales los capitalistas influyen en él, subordinado a los Soviets proletarios y darle un carácter más vasto, más universal y más popular. Y esto se puede hacer apoyándose en las conquistas ya realizadas por el gran capitalismo (de la misma manera que la revolución proletaria, en general, puede alcanzar su objetivo sólo apoyándose en estas conquistas).

El capitalismo ha creado aparatos de contabilidad y control en forma de bancos, consorcios, Correos, cooperativas de consumo y sindicatos de empleados. Sin los grandes bancos, el socialismo sería irrealizable.

Los grandes bancos son el "aparato del Estado" que necesitamos para realizar el socialismo y que tomamos ya formado del capitalismo; nuestra tarea se reduce, en este caso, a extirpar todo lo que deforma a lo capitalista ese magnífico aparato, en hacerlo aún mayor, aún más democrático, aún más universal. La cantidad se transformará en 423 calidad. L'n banco único del Estado, el más grande entre los más grandes, con sucursales en cada subclistrito v en cada fábrica, supone va nueve décimas partes del aparato socialista. Supone una lontabihdad nacional, un control nacional de la producción y distribución de los productos; es, por decirlo así, algo parecido al esqueleto de la sociedad socialista.

Podemos "adueñarnos" y "poner en marcha" de un solo golpe, con un solo decreto, ese "aparato estatal" (que en el capitalismo no es por completo del Estado, pero que en nuestras manos, en el socialismo, será íntegramente del Estado). Podemos hacerlo porque el trabajo efectivo de contabilidad, de control, de registro, de estadística y cíe cálculo corre aquí a cargo de empleados, la mayoría de los cuales son, por sus condiciones de vida, proletarios o semiproletarios.

Con un solo decreto del gobierno proletario se podrá y se deberá convertir a todos esos empleados en funcionarios públicos, de la misma manera que los perros guardianes del capitalismo, al estilo de Briand y otros ministros burgueses, convierten a los ferroviarios huelguistas, por medio de un decreto, en funcionarios del Estado. Nosotros necesitaremos y podremostener semejantes funcionarios del Estado en cantidad mucho mayor, pues el capitalismo ha simplificado las funciones de contabilidad y control, reduciéndolas a asientos relativamente sencillos en los libros, al alcance de cualquier persona que sepa leer y escribir.

La tarea de convertir en funcionarios del Estado a la masa de empleados de Banca, de los consorcios, de comercio, etc., etc., podrá cumplirse por entero, tanto técnicamente (gracias a la labor previa que han realizado para nosotros el capitalismo y el capitalismo financiero) como políticamente, a condición de que eso se haga bajo el control y la fiscalización de los Soviets.

En lo que respecta a los altos funcionarios, eme son muy pocos, pero que tienden hacia los capitalistas, habrá que tratarlos con el mismo ``rigor'' eme a los capitalistas. Unos y otros opondrán resistencia. Habrá eme vencer esa resistencia. Y si el inmortalmente ingenuo Peshejónov afirmaba ya en junio de 1917, balbuceando como un auténtico "niño político'', que "la resistencia de los capitalistas ha sido vencida'', el proletariado hará realidad en serio esa frase pueril, esa jactancia infantil, esa candorosa salida de tono.

Nosotros podremos hacerlo, pues se trata de vencer la resistencia de una minoría insignificante cíe la población, literalmente de un puñado de hombres, que serán controlados de tal modo por las organizaciones de empleados, los sindicatos, las cooperativas de consumo y los Soviets que cada Tit lítich quedará cercado como los franceses en Sedán ''"'. Conocemos por sus nombres a estos I it 424 Títich: basta con repasar las listas de directores, miembros de los consejos de administración, grandes accionistas, etc. No pasarán de unos cuantos centenares o, a lo sumo, de unos cuantos miles en toda Rusia; el Estado proletario, con el aparato de los Soviets, las organizaciones de empleados, etc., puede encomendar el control de cada uno de ellos a (lie/, y basta cien personas, de modo que e,\ control obrero (sobre los capitalistas) quizá consiga no sólo ``vencer'', sino hacer impos i ble toda resistencia.

La ``clave'' de la cuestión no consistirá siquiera en confiscar los bienes de los capitalistas, sino precisamente en establecer un control obrero omnímodo, a escala de todo el país, sobre los capitalistas y sus posibles adeptos. La confiscación por sí sola no basta, pues no contiene ningún elemento de organización y de cálculo de una distribución acertada. Sustituiremos fácilmente la confiscación con la imposición de un gravamen justo (aplicando, aunque sólo sea, la tarifa "de Shingariov''), pero a condición de excluir la posibilidad de eludir el control, de ocultar la verdad, de esquivar la ley. Y esto se conseguirá sólo mediante el control obrero del Estado obrero.

La sindicación obligatoria, es decir, la agrupación obligatoria en consorcios bajo el control del Estado, es una medida preparada ya por el capitalismo; una medida implantada ya en Alemania por el Estado de los junkers y eme en Rusia será completamente realizable para los Soviets, para la dictadura del proletariado. Eso es lo que nos proporcionará un "aparato del Estado" universal, moderno y exento de todo burocratismo^^*^^.

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El cuarto argumento de los abogados de la burguesía es que el proletariado no podrá "poner en marcha" el aparato del Estado. Este argumento no añade nada nuevo al anterior. Efectivamente, no podríamos adueñarnos del viejo aparato ni ponerlo en marcha. El nuevo aparato, los Soviets, ha sido puesto ya en marcha por "el poderoso impulso del verdadero genio creador del pueblo''. Lo único que hace falta es librarlo de las trabas que le impusieron, durante su caudillaje, los líderes eseristas y mencheviques. Este aparato está ya en marcha y sólo es necesario desembarazarlo de los monstruosos aditamentos pequeñoburgueses que le impiden avanzar a todo vapor, siempre adelante.

Dos circunstancias hemos de analizar aquí para completar lo que dejamos expuesto: primera, los nuevos medios de control, creados no _-_-_

^^*^^ Para conocer con más detalle la importancia de la sindical ion obligatoria véase mi folíelo I.a catástrofe (\ue nns amenaza y romo combatirla. (Véase el presente volumen, págs. 175--220.---N. de la Kdit.)

425 por nosotros, sino por el capitalismo en su fase militar-imperialista; segunda, la importancia de ahondar la democracia en la gobernación de un Estado de tipo proletario.

El monopolio del trigo y las cartillas de racionamiento del pan no fueron implantados por nosotros, sino por el Estado capitalista beligerante. Este ha creado ya, en el marco del capitalismo, el trabajo general obligatorio, que es un presidio militar para los obreros. Pero también aquí, como en toda su creación histórica, el proletariado toma sus armas del capitalismo, no las ``inventa'' ni las "crea de la nada".

El monopolio del trigo, el racionamiento del pan y el trabajo general obligatorio son, en manos del Estado proletario, en manos de los Soviets investidos de todo el poder, el medio más eficaz de contabilidad y control. L = Tn medio cine, hecho extensivo a los capitalistas y a los ricos en general, y aplicado por los obreros, representará una fuerza jamás vista en la historia para "poner en marcha" el aparato del Estado, para vencer la resistencia de los capitalistas y someterlos al Estado proletario. Este medio del control y del trabajo obligatorio es más fuerte que las leyes de la Convención ' = ll y su guillotina. La guillotina sólo servía para intimidar, para vencer la resistencia activa. Y o nosotros no nos basta con eso.

No nos basta, pues no sólo necesitamos ``intimidar'' a los capitalistas para cine sientan la omnipotencia del Estado proletario y no se atrevan a pensar en oponerle una resistencia activa. Necesitamos también vencer la resistencia pasiva, indudablemente más peligrosa y más nociva aún. No nos basta con vencer la resistencia, cualquiera que sea. Necesitamos, además, obligar a trabajar dentro de los nuevos límites de la organización estatal. No basta con ``echar'' a los capitalistas: hay que lograr que sirvan al Pastado de un modo nuevo (después de deshacernos de los inservibles, de los ``resistentes'' empedernidos). Esto se refiere a los capitalistas y también a cierto sector elevado de los intelectuales burgueses, de los funcionarios, etc.

Disponemos de los medios necesarios para ello. El propio Estado capitalista beligerante ha puesto en nuestras manos los medios y las armas. Estos medios son: el monopolio del trigo, el racionamiento del pan y el trabajo general obligatorio. "El que no trabaja no come": tal es la regla fundamental, primordial y más importante que los Soviets de diputados obreros pueden implantar e implantarán en cuanto sean poder.

Cada obrero tiene su cartilla de trabajo. No le humilla este documento, aunque hoy es, sin duda, un documento acreditativo de la esclavitud capitalista asalariada, un testimonio de que el trabajador a cuyo nombre está extendido pertenece a tal o cual parásito.

426 Los Soviets implantarán la cartilla de trabajo para los ricos, y luego, poco a poco, para toda la población (en un país agrario, pasará, probablemente, mucho tiempo antes de que este documento sea necesario para la inmensa mayoría de los campesinos). La cartilla de trabajo dejará de ser un signo distintivo de la ``plebe'', dejará de ser un documento de las clases ``inferiores'', un testimonio de la esclavitud asalariada. Se convertirá en una prueba de que en la nueva sociedad no hay ya ``obreros'', pero, en cambio, no hay nadie que no sea trabajador.

Los ricos deberán recibir una cartilla de trabajo del sindicato de obreros o empleados más afín a la esfera de su actividad, y cada semana, o en el plazo que se estipule, el sindicato correspondiente deberá certificar que cumplen escrupulosamente con su trabajo; sin esta condición no podrán recibir la cartilla de racionamiento del pan ni, en general, víveres. Necesitamos---dirá el Estado proletario--- buenos organizadores de bancos y consorcios industriales (los capitalistas tienen en este sentido más experiencia, y con gente experta el trabajo marcha mejor); necesitamos cada día más y más ingenieros, agrónomos, técnicos y especialistas de todo género con una formación científica. A todos estos trabajadores les encomendaremos tareas adecuadas a sus fuerzas y a sus hábitos; es probable que no establezcamos sino en forma gradual la igualdad absoluta de la remuneración, dejando a estos especialistas un sueldo más alto durante el período de transición; pero los someteremos al control obrero en todos los aspectos de su actividad y conseguiremos la aplicación plena e incondicional del principio de que "el que no trabaja no come''. La forma de organización del trabajo no la inventamos, sino que la tomamos ya preparada del capitalismo: bancos, consorcios, las mejores fábricas, estaciones experimentales, academias, etc. No tendremos más que tomar lo mejor de la experiencia de los países avanzados.

Y, desde luego, no pecaremos en lo más mínimo de utopismo ni abandonaremos el terreno de las consideraciones prácticas más sensatas si decimos: toda la clase capitalista opondrá la resistencia más tenaz, pero la organización de toda la población en Soviets vencerá esa resistencia. Por supuesto, los capitalistas que opongan una resistencia singularmente tenaz, los más insubordinados, serán castigados con la confiscación de todos sus bienes y con pena de cárcel; pero, en cambio, la victoria del proletariado multiplicará los casos como el siguiente, del que me he enterado hoy por Izvestia:

``F'.l 26 de septiembre se han presentado en el Consejo ('cutral (le ('omites I-abriles dos ingenieros para declarar que un grupo de colegas snvos ha decidido constituir una Asociación de Ingenieros Socialistas. Considerando que el momento 427 aimal es, en realidad, el comicn/o di- la revolución social, la Asociación se pone a disposición de las masas obreras v desea actuar, en delensa de los intereses de los obreros, de pleno ac uerclo con las organi/ac iones obreras. Los representantes del Conseje) Central de Comités Fabriles han contestado que éste formará con agrado en sn organi/ación una Sec ción de Ingenieros que incluya en sn programa las lesis fundamentales de la I Conferencia de Comités Fabriles sobre el control obrero de la producción. Próximamente se celebrará una reunión conjunta de los delegados del Consejo Central de Comités Fabriles con el grupo cu gañí/ador de la Asociación de Ingenieros Socialistas" (hrestin del C.F.C. 27 de septiembre de 1!I17).

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Se nos dice que el proletariado no podrá poner en marcha el aparato del Estado.

Después de la revolución de 1905 gobernaban en Rusia 130.000 terratenientes; gobernaban sobre 150 millones de personas mediante un sinfín de violencias y escarnios, obligando a la inmensa mayoría a trabajar como forzados y vivir semihambrientos.

Y ahora resulta que no podrán gobernar a Rusia 240.000 miembros del Partido Bolchevique, gobernarla en beneficio de los pobres y contra los ricos. Esas 240.000 personas tienen ya ahora a su favor, por lo menos, un millón de votos de la población adulta. Porque la experiencia de Europa y de Rusia---por ejemplo, las elecciones de agosto a la Duma de Retrogrado---testimonian justamente esa proporción entre los efectivos del partido y los sufragios emitidos a su favor. Tenemos ya un "aparato estatal" de un millón de personas, fieles al Estado socialista por convicción, y no por el deseo de cobrar un dineral el 20 de cada mes.

Es más, tenemos un "recurso maravilloso" para decuplicar en seguida, de golpe, nuestro aparato estatal, un recurso del que jamás ha dispuesto ni puede disponer ningún Estado capitalista. Este recurso maravilloso es la incorporación de los trabajadores, de los pobres, a la labor cotidiana de dirección del Estado.

Para explicar cuan fácil es aplicar ese maravilloso recurso, y cuan infalible es su efecto, tomaremos el ejemplo más sencillo y más claro.

El Estado necesita desahuciar forzosamente de su vivienda a una familia para alojar en ella a otra. Esto lo hace a cada paso el Estado capitalista, y lo hará también nuestro Estado proletario o socialista.

El Estado capitalista desahucia a una familia obrera que, habiendo perdido a quien la mantenía, deja de pagar el alquiler. Se presenta un alguacil, un policía o un guardia, o un pelotón entero. En un barrio obrero, para ejec utar un desahucio, tiene que acudir un destacamento de cosacos. ¿Por qué? Porque el alguacil y el guardia se niegan a ir sin la protección de una nutrida escolta militar. Saben que el espectáculo del desahucio suele provocar en toda la población de los alrededores, en miles y miles de personas llevadas casi a la 428 desesperación, una ira tan furiosa, un odio tan grande contra los capitalistas y contra el Estado capitalista, que el alguacil y todo el pelotón de guardias pueden quedar despedazados en cualquier momento. Hacen falta importantes fuer/as armadas, es preciso trasladar a una gran ciudad varios regimientos, obligatoriamente de alguna /ona alejada, para que a los soldados les sea ajena la vida de los pobres de la ciudad, para que no puedan ``contagiarse'' de socialismo.

El Estado proletario recurre a la coerción para instalar en la vivienda de un rico a una familia necesitada en extremo. Nuestro destacamento de la milicia obrera se compone, supongamos, de quince personas: dos marinos, dos soldados, dos obreros conscientes (bastará que uno de ellos sea miembro de nuestro partido o simpati/ante), un intelectual y ocho trabajadores pobres, y entre c'llos, sin falta, no menos de cinco mujeres, criados, peones, etc. El destacamento se presenta en la casa de la familia rica, la inspecciona y comprueba que tiene cinco habitaciones ocupadas por dos hombres y dos mujeres. "Ciudadanos---les dicen---, estréchense ustedes por este invierno en dos habitaciones y dejen libres otras dos para alojar en ellas a dos familias que viven en el sótano. Por algún tiempo, en tanto no construyamos buenas viviendas para todos con la ayuda de los ingenieros (¿usted es ingeniero, verdad?), tendrán tollosamente que estrecharse un poco. Su teléfono se pondrá a disposición de diez familias, con lo cual se economi/arán unas cien horas de trabajo, caminatas por tiendas, etc. Además, en su familia hay dos semiobreros desocupados---una ciudadana de 55 años y un ciudadano de 14---que pueden realizar un trabajo fácil. Harán cada cha una guardia de tres horas para velar por la distribución justa de víveres entre las die/ familias y llevar el correspondiente registro. El ciudadano estudiante que forma parte de nuestro destacamento redactará ahora en dos copias esta orden oficial, y ustedes tendrán la bondad de firmarnos una declaración, por la que se comprometan a cumplirla exactamente".

Así podría ser expuesta, a mi juicio, en ejemplos concretos la diferencia entre el aparato y la administración del Estado viejos, burgueses, y los nuevos, socialistas.

No somos utopistas. Sabemos que cualquier peón y cualquier cocinera son incapaces de asumir ahora mismo la gobernación del Estado. En eso estamos de acuerdo con los democonstitucionalistas, con Breshkóvskaya y con Tsereteli. Pero nos diferenciamos de estos ciudadanos en que exigimos romper sin demora con el prejuicio de que sólo los ricos o funcionarios procedentes de familias ricas pueden gobernar el Estado, efectuar el trabajo cotidiano clr administración. Nosotros exigimos que el aprendizaje de la 429 administración del Estado corra a cargo de obreros y soldados conscientes y que se emprenda sin demora, es decir, que se empiece inmediatamente a hacer participar en este aprendizaje a todos los trabajadores, a toda la población pobre.

Sabemos que los democonstitucionalistas están también de acuerdo con enseñar al pueblo los principios de la democracia. Las damas democonstitucionalistas están dispuestas a dar conferencias a las criadas sobre la igualdad de derechos de la mujer, inspirándose en las mejores fuentes inglesas y francesas. Y quizá en el próximo concierto-mitin, ante miles cíe espectadores, se organice en el escenario un "ósculo de paz": la señora conferenciante democonstitucionalista besará a Breshkóvskaya, Breshkóvskaya al ex ministro Tsereteli, y el pueblo, agradecido, aprenderá así, en la práctica, lo que son la igualdad, la libertad y la fraternidad republicanas...

Sí, reconocemos que los democonstitucionalistas, Breshkóvskaya y Tsereteli son, a su modo, fieles a la democracia y la propagan entre el pueblo. Pero, ¡qué se le va a hacer!, nosotros tenemos una idea algo diferente de la democracia.

A nuestro modo de ver, para mitigar los inauditos sufrimientos y desgracias originados por la guerra, así como para curar las horribles heridas que ésta ha causado al pueblo, es necesaria una democracia revolucionaria, son necesarias medidas revolucionarias; justamente del tipo de la que hemos puesto como ejemplo en la distribución de viviendas en beneficio de los pobres. Del mismo modo hay que proceder en la ciudad y en el campo con los víveres, con la ropa, con el cal/ado, etc., y en el campo, con la tierra y todo lo demás. Para administrar el Estado en «Asentido, podernos disponer en el actode un aparato estatal de unos diez millones de hombres, si no veinte, jamás visto en ningún Estado capitalista. Sólo nosotros podemos crear ese aparato, porque contamos con la adhesión más completa, sin reservas, de la inmensa mayoría de la población. Sólo nosotros podemos crear ese aparato, porque contamos con obreros conscientes, disciplinados por un largo ``aprendizaje'' capitalista (no en vano hemos cursado la escuela del capitalismo); con obreros que están en condiciones de formar una milicia obrera y de ampliarla paulatinamente (comenzando a ampliarla en seguida) hasta convertirla en milicia de todo el pueblo. Los obreros conscientes deben dirigir, pero pueden incorporar a la labor de administración a verdaderas masas de trabajadores y oprimidos.

Por supuesto, en los primeros pasos de ese nuevo aparato serán inevitables los errores. Pero ¿acaso no cometieron errores los campesinos cuando, al quedar en libertad después de la servidumbre, empezaban a dirigir por sí mismos sus asuntos? ¿Puede haber otro camino para enseñar al pueblo a gobernarse, para evitar los 430 errores, que no sea el cíe la práctica, el de la instauración inmediata de una verdadera autoadministración popular? Hoy por hoy, lo más importante es acabar con el prejuicio intelectual burgués de que sólo pueden gobernar el Estado funcionarios especiales, que, a consecuencia de su posición social, dependen por entero del capital. Lo principal es poner término a un estado de cosas en el que los burgueses, los funcionarios y los ministros ``socialistas'' intentan gobernar como en el pasado, pero no pueden hacerlo, y al cabo de siete meses se encuentran, en un país campesino, ¡¡con una insurrección campesina!! Lo más importante es infundir a los oprimidos y a los trabajadores fe en sus propias fuerzas, demostrarles en la práctica que ellos mismos pueden y deben establecer una distribución equitativa, severísimamente reglamentada y organizada, del pan, de todos los alimentos, de la leche, de la ropa, de la vivienda, etc., en beneficio de los pobres. No hay otro modo de salvar a Rusia de la bancarrota y de la perdición. Y cuando se inicie honrada y resueltamente en todas partes la transferencia de la administración a los proletarios y semiproletarios, las masas revelarán un entusiasmo revolucionario jamás visto en la historia; las energías del pueblo se multiplicarán de tal modo en su lucha contra las calamidades, que muchas cosas que parecen imposibles a nuestras mezquinas y viejas fuerzas burocráticas serán viables para las fuerzas de millones de hombres que empiecen a trabajar para sí y no para el capitalista, el señorito y el burócrata, no a la fuerza.

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Otro problema relacionado con el aparato del Estado es el del centralismo, planteado de un modo muy enérgico, y muy poco feliz, por el camarada Bazárov en el número 138 de Nóvaya Zhizn (27 de septiembre), en un artículo titulado Los bolcheviques y el problema del poder.

El camarada Bazárov razona del modo siguiente: "Los Soviets no son un aparato adaptable a todos los dominios de la vida pública'', pues una experiencia de siete meses ha demostrado---y "decenas y cientos de pruebas documentales existentes en la Sección Económica del Comité Ejecutivo de San Petersburgo" lo confirman---que los Soviets, aunque en muchos lugares han tenido, en efecto, "todo el poder'', "no han podido conseguir los menores resultados satisfactorios en su lucha contra la ruina económica''. Hace falta un aparato "dividido por ramas de producción, rigurosamente centralizado dentro de cada rama y subordinado a un centro único de todo el Estado''. "No se trata---¡presten ustedes atención!---de sustituir el 431 viejo aparato, sino sólo de reformarlo... por más que los bolcheviques se burlen de los hombres con planes..."

Todos estos razonamientos del camarada Bazárov son, en verdad, asombrosamente torpes, ¡parecen una copia de los argumentos de la burguesía, un reflejo de su punto de vista de clase!

En efecto, es sencillamente ridículo (si no es una simple repetición de la interesada mentira de clase de los capitalistas) afirmar que los Soviets hayan tenido "todo el poder" en parte alguna de Rusia. Tener todo el poder significa poseer toda la tierra, todos los bancos y todas las fábricas; quien tenga la menor noción de las enseñanzas de la historia y de los datos científicos concernientes a la relación entre la política y la economía, no podrá ``olvidar'' este "pequeño" detalle.

El método falaz de la burguesía consiste en que, sin entregar el poder a los Soviets, sabotea todas las medidas serias de éstos, se aferra al gobierno, conserva el poder sobre la tierra y sobre los bancos, etc., ¡¡y después imputa a los Soviets la responsabilidad por la ruina económica!! En esto consiste, precisamente, la triste experiencia de la coalición.

Los Soviets jamás han tenido en sus manos todo el poder, y sus medidas sólo han podido ser paliativas, que han aumentado la confusión.

Querer demostrar a los bolcheviques, centralistas por convicción y por el programa y por la táctica de todo su partido, la necesidad del centralismo, es, en verdad, querer demostrar que dos y dos son cuatro. Si los escritores de Nóvaya Zhizn se dedican a esa labor inútil, la única causa de ello es que no han comprendido en absoluto el sentido ni el alcance de nuestras burlas respecto a su punto de vista "de todo el Estado''. Y no lo han comprendido porque reconocen la teoría de la lucha de clases sólo de palabra, y no por convicción. Los de Nóvaya Zhizn repiten unas cuantas frases aprendidas de memoria acerca de la lucha de clases y caen a cada paso en "el punto de vista supraclasista'', ridículo en la teoría y reaccionario en la práctica, denominando a ese servilismo para con la burguesía plan "de todo el Estado".

El Estado, amables señores, es un concepto de clase. El Estado es un órgano o una máquina de violencia de una clase sobre otra. Y mientras sea una máquina utilizada por la burguesía para ejercer la violencia sobre el proletariado, no habrá más que una consigna proletaria: destruir ese Estado. Mas cuando el Estado sea proletario, cuando sea una máquina de violencia del proletariado sobre la burguesía, entonces seremos partidarios, plena e incondicionalmente, de un poder firme y del centralismo.

O dicho con palabras más populares: no nos burlamos de los 432 ``planes'', sino de que Bazárov y Cía. no comprendan que, al negar "el control obrero'', al negar "la dictadura del proletariado'', defienden la dictadura de la burguesía. No hay término medio; el término medio es una ilusión vana de los demócratas pequeñoburgueses.

Ninguno de nuestros órganos dirigentes, ningún bolchevique ha impugnado nunca el centralismo de los Soviets, su unificación. Ninguno de nosotros se opone a la organización de comités de fábrica por ramas de producción y a su centralización. Bazárov ha errado el tiro.

Nosotros nos burlamos, nos hemos burlado y nos burlaremos, no del ``centralismo'' ni de los ``planes'', sino del reformismo. Porque, después de la experiencia de la coalición, vuestro reformismo es profundamente ridículo. Y decir que "no se trata de sustituir el aparato, sino de reformarlo" significa ser reformista, significa convertirse en un demócrata reformista, y no en un demócrata revolucionario. El reformismo no es otra cosa eme concesiones de la clase gobernante, y no su derrocamiento; concesiones con tal de conservar el poder en sus manos.

Eso es precisamente lo que ha probado la coalición durantemedio año.

Y de eso nos burlamos. Sin meditar en la teoría de la lucha de clases, Bazárov se deja cazar por la burguesía, que canta a coro: "Sí, señor, eso es; nosotros precisamente no nos oponemos a las reformas; somos partidarios de que los obreros intervengan en el control cíe todo el Estado; estamos completamente de acuerdo''. Y el bueno de Bazárov hace, objetivamente, el oficio de vocero de los capitalistas.

Es lo que ha sucedido y sucederá siempre con las personas que, en situaciones de enconada lucha de clases, pretenden mantener una posición ``intermedia''. Y precisamente porque los colaboradores de Nóvaya Zhizn son incapaces de comprender la lucha de clases, su política es una vacilación tan ridicula, y eterna, entre la burguesía y el proletariado.

¡Emprendan esos ``planes'', amables ciudadanos! Aquí no se trata ya de política, no se trata ya de lucha de clases; aquí pueden rendir un buen servicio al pueblo. En el periódico de ustedes colaboran muchos economistas. Únanse a los ingenieros y demás elementos dispuestos a trabajar en los problemas de la reglamentación de la producción y de la distribución, consagren el suplemento de su gran ``aparato'' (de su diario) al estudio práctico de los datos exactos relacionados con la producción y la distribución de los productos en Rusia, los bancos y los consorcios, etc., etc., y prestarán un servicio al pueblo; en ese terreno no resultará demasiado funesto su empeño de 433 nadar entre dos aguas. Esa labor de formación de ``planes'' no les valdrá ya las burlas, sino la gratitud de los obreros.

Después de triunfar, el proletariado procederá del siguiente modo: encargará a los economistas, ingenieros, agrónomos, etc., bajo el control de las organizaciones obreras, de confeccionar un ``plan'' y comprobarlo, buscar recursos que permitan ahorrar trabajo mediante la centralización y estudiar los medios y métodos que aseguren el control más sencillo, menos costoso, más cómodo y universal. Estos servicios de los economistas, estadísticos y técnicos serán bien retribuidos, pero... pero no les daremos de comer si no laboran a conciencia y sin reservas en beneficio de los trabajadores.

Somos partidarios del centralismo y del ``plan'', pero de un centralismo y de un plan del Estado proletario; somos partidarios cicla reglamentación proletaria de la producción y de la distribución en beneficio de los pobres, de los trabajadores y explotados, contra los explotadores. Y sólo estamos dispuestos a considerar "cíe todo el Estado" lo que rompa la resistencia de los capitalistas y ponga todo el poder en manos de la mayoría del pueblo, es decir, en manos de los proletarios y semiproletarios, de los obreros y los campesinos pobres.

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El quinto argumento consiste en decir que los bolcheviques no podrán sostenerse en el poder, pues "la situación es complicada en extremo..."

¡Oh, mentes preclaras! Estarían dispuestas, tal vez, a reconciliarse con la revolución, pero sin esa "situación complicada en extremo..."

Tales revoluciones no existen, y los suspiros por una revolución de ese tipo no son más que lamentaciones reaccionarias de intelectuales burgueses. Aun en el caso de que la revolución comience en una situación que, al parecer, no sea muy complicada, ella misma, al desarrollarse, crea siempre situaciones complicadas en extremo. Porque una revolución verdadera, una revolución profunda, ``popular'', según la expresión de Marx ''', es un proceso increíblemente complicado y doloroso de agonía de un régimen social caduco y de alumbramiento de un régimen social nuevo, de un nuevo modo de vida de decenas de millones de personas. La revolución es la lucha de clases y la guerra civil más enconadas, más furiosas, más encarnizadas. En la historia no ha habido ni una sola gran revolución sin guerra civil. Y sólo un hombre enfundado '" puede pensar que es posible una guerra civil sin una "situación complicada en extremo".

Sin situaciones extraordinariamente complicadas jamás habría habido revoluciones. El que no se arriesga no pasa la mar.

En este quinto argumento no hay nada que analizar, pues no 434 contiene razonamientos económicos, ni políticos ni de ningún género. Lo único que contiene son suspiros de hombres entristecidos y asustados por la revolución. Me permitiré referir aquí, como ilustración de esos suspiros, dos pequeños recuerdos personales.

Poco antes de las jornadas de julio conversé con un ingeniero rico. En otros tiempos, este ingeniero bahía sido revolucionario, afiliado al Partido Socialdemócrata e incluso al Partido Bolchevique. Hoy no acierta a contener su temor ni su cólera contra los obreros enfurecidos e indómitos. "¡Si fuesen, por lo menos, como los obreros alemanes!---exclama (pues se trata de un hombre instruido, que ha viajado por el extranjero)---. Comprendo, naturalmente, que, en general, la revolución social es inevitable; pero en nuestro país, con este bajo nivel de nuestros obreros a consecuencia de la guerra..., no es una revolución, ¡es el abismo! "

El estaría dispuesto a aceptar la revolución social si la historia nos llevase a ella de una manera tan pacífica, tan serena, tan suave y cuidadosa como un tren expreso alemán llega al andén de una estación. El mozo de tren, muy digno, va abriendo las portezuelas del coche y exclama: "¡Estación Revolución Social! Alie aussteigenl (¡Todo el mundo debe apearse!)" En esas condiciones, ¿por qué no dejar de ser ingeniero al servicio de los señores Tit Títich para ser ingeniero al servicio de las organizaciones obreras?

Este hombre ha visto huelgas. Sabe qué huracán de pasiones desencadena siempre, hasta en los tiempos más pacíficos, la huelga más corriente. Y comprende, claro está, que ese huracán tiene que ser muchos millones de veces más fuerte cuando la lucha de clases alza a todo el pueblo trabajador de un país gigantesco, cuando la guerra y la explotación llevan casi a la desesperación a millones de hombres, martirizados durante siglos por los terratenientes, saqueados y maltratados durante decenios por los capitalistas y los burócratas del zarismo. Comprende "teóricamente" todo eso, lo reconoce de palabra; pero está simplemente amedrentado por "la situación complicada en extremo".

Después de las jornadas de julio, gracias a la atención particular con que me distinguía el Gobierno Kerenski, hube de pasar a la clandestinidad. Me escondió, como es natural, un obrero. En un apartado suburbio obrero de Petrogrado, en una pequeña vivienda obrera, nos sirven la comida. La dueña de la casa pone el pan en la mesa, y el dueño dice: "¡Mira qué magnífico pan! Es que ``ellos'' no se atreven ahora a darnos pan malo. Ya nos habíamos olvidado de que en Petrogrado podía haber pan bueno".

Me sorprendió aquella apreciación de clase de las jornadas de julio. Mi pensamiento giraba en torno a la significación política de lo sucedido, valoraba su papel en la marcha general de las cosas, 435 analizaba de qué situación había brotado aquel zigzag de la historia y qué nueva situación crearía, cómo debíamos modificar nuestras consignas y nuestra organización de partido para adaptarlo a las nuevas circunstancias. Yo, que no he conocido la miseria, no había pensado en el pan. Para mí, el pan era algo natural, una especie de subproducto del trabajo de escribir. El pensamiento llega a través del análisis político, siguiendo un camino extraordinariamente complicado y tortuoso, a lo que es la base de todo: a la lucha de clases por el pan.

Pero un representante de la clase oprimida, pese a ser uno de los obreros bien pagados e instruidos, pone el dedo en la llaga con esa sencillez y esa rectitud admirables, con esa firme decisión y esa asombrosa claridad de pensamientos de la que nosotros, los intelectuales, estamos tan lejos como el cielo de la tierra. El mundo entero se divide en dos campos: ``nosotros'', los trabajadores, y ``ellos'', los explotadores. Ni rastro de confusión por lo sucedido: es una de tantas batallas de la prolongada lucha del trabajo contra el capital. Donde se maneja el hacha, saltan astillas.

``¡Qué dolorosa es "la situación complicada en extremo" de la revolución! '', piensa y siente el intelectual burgués.

`` ``Les'' hemos apretado y ``ellos'' no se atreven a ser tan insolentes como antes. ¡Apretémosles más y los echaremos definitivamente! '', piensa y siente el obrero.

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Sexto y último argumento: el proletariado "no será capaz de hacer frente al embate de todas las fuerzas enemigas, que barrerá la dictadura del proletariado y, con ella, toda la revolución".

No traten de amedrentarnos, señores, que no lo conseguirán. Hemos visto ya esas fuerzas enemigas y su embate en la korniloviada (de la cual la kerenskiada no se diferencia en nada). Todo el mundo ha visto, y el pueblo no lo olvida, cómo barrieron la korniloviada el proletariado y los campesinos pobres, en qué lamentable y ridicula situación se encontraron los adeptos de la burguesía y los pocos representantes de los sectores locales de pequeños propietarios agrarios singularmente acomodados y singularmente ``enemigos'' de la revolución. Al tratar de convencer a los obreros de que "soporten con paciencia" la kerenskiada (es decir, la korniloviada) y la falsificada Duma tsereteliana-bulyguiniana hasta la Asamblea Constituyente (¡convocada al amparo de las "medidas militares" contra los campesinos amotinados!), Dielo Naroda repite con vehemencia en su número del 30 de septiembre precisamente el sexto argumento de Nóvaya Zhizn y grita hasta enronquecen "El Gobierno Kerenski no se 436 someterá bajo ningún concepto" (al Poder de los Soviets, al poder de los obreros y los campesinos, al que Dielo Naroda, para no ser menos que los pogromistas y los antisemitas, los monárquicos y los democonstitucionalistas, denomina poder "de Trotski y Lenin": ¡¡ahí tienen a qué métodos recurren los eseristas!!).

Pero ni Nóvaya Zhizn ni Dielo Naroda conseguirán amedrentar a los obreros conscientes. "El Gobierno Kerenski---dicen ustedes---no se someterá bajo ningún concepto'', es decir, hablando en términos más sencillos, más sinceros y más claros, repetirá la korniloviada. ¡Y los señores de Dielo Naroda se atreven a afirmar que eso equivaldrá a una "guerra civil" con "perspectivas aterradoras"!

¡No, señores, no conseguirán engañar a los obreros! No será una guerra civil, sino un motín desesperado de un puñado de kornilovistas. ;O es que se empeñan en "no someterse" al pueblo y en provocarle, cueste lo que cueste, a una nueva edición, aumentada, de lo que sucedió en Víborg con los kornilovistas? Si es eso lo que desean los eseristas, si es eso lo que desea Kerenski, miembro del partido eserista, puede llevar al pueblo a extremos de furia. Pero con eso, señores, no lograrán amedrentar a los obreros ni a los soldados. Es un cinismo sin límites: han falsificado la nueva Duina bulyguiniana, asegurándose con manejos sucios la ayuda de cooperadores reaccionarios y de los kulaks rurales, han sumado a ellos capitalistas y terratenientes (los llamados elementos poseedores), ¡y con esa banda de kornilovistas quieren sabotear la voluntad del pueblo, la voluntad de los obreros y los campesinos!

¡Han llevado las cosas a tal extremo que en un país campesino se levanta una oleada de sublevaciones campesinas que lo inunda todo! Imagínense lo que significa eso: ¡en una república democrática con un 80% de población campesina hacer llegar las cosas a una insurrección de campesinos!... El mismo Dielo Naroda, el periódico de Chernov, órgano del partido de los ``socialistas-revolucionarios'', que el 30 de septiembre tiene la desvergüenza de aconsejar ``paciencia'' a los obreros y a los campesinos, en su artículo de fondo del 29 de septiembre se había visto obligado a reconocer:

``Hasta este momento tío se ha hecho casi nuda para acabar ton las relaciones cíe servidumbre que signen imperando aún en el campo, precisamente eti el centro de Rusia".

Y en el mismo editorial del 29 de septiembre, el propio Dielo Naroda dice que "los procedimientos stolypinianos se dejan sentir aún con gran fuer/a" en los métodos de "los ministros revolucionarios''. O, empleando términos más claros y sencillos, el periódico llama stolypinianos a Kerenski, Nikitin, Kishkín y Cía.

Los ``stolypinianos'' Kerenski y Cía., que han obligado a los campesinos a rebelarse, adoptan ahora "medidas militares" contra 437 ellos y consuelan al pueblo con la convocación de la Asamblea Constituyente (aunque Kerenski y Tsereteli han engañado ya una ve/ al pueblo, cuando declararon solemnemente el 8 de julio que la Asamblea Constituyente se reuniría el día señalado: el 17 de septiembre; luego, faltando a su palabra, e incluso obrando en contra del consejo del menchevique Dan, volvieron a aplazarla, y no hasta fines de octubre, como quería el Comité Ejecutivo Central, por entonces menchevique, sino hasta fines de noviembre). Los " stolypinianos" Kerenski y Cía. consuelan al pueblo con la próxima convocación de la Asamblea Constituyente, como si el pueblo pudiese dar crédito a quienes le han mentido ya una vez en un caso semejante, como si el pueblo pudiese considerar capaz de convocar honradamente la Asamblea Constituyente a un gobierno que impone medidas militares en las aldeas más remotas, es decir, que encubre con todo descaro los encarcelamientos arbitrarios de campesinos conscientes y la falsificación de las elecciones.

¡Se lleva a los campesinos al extremo de tener que rebelarse y luego se tiene el cinismo de decirles: "Hay que "soportar con paciencia'', hay que esperar, hay que tener confianza en un gobierno que reprime "con medidas militares" a los campesinos sublevados" !

¡Se deja que las cosas lleguen a la muerte de cientos de miles de soldados rusos en la ofensiva comenzada después del 19 de junio, a la prolongación de la guerra, a la sublevación de los marinos alemanes, que arrojan al agua a sus superiores! ¡Se deja que las cosas lleguen a ese extremo, hablando sin cesar de la paz, pero sin proponer una paz justa a todos los beligerantes! ¡Y aún se tiene la desvergüenza de decir a los obreros y campesinos, a los soldados que se lanzan a la muerte: "Hay que soportar las cosas con paciencia'', tened confianza en el gobierno del ``stolypiniano'' Kerenski, tened confianza un mes más en los generales kornilovistas, que quizá en el transcurso de ese mes envíen de nuevo al matadero a unas cuantas decenas de miles de soldados!... "Hay que soportar las cosas con paciencia".

¿No es eso desvergüenza?

¡No, señores eserislas, correligionarios de Kerenski, no conseguirán engañar a los soldarlos!

I-os obreros y soldados no soportarán el Gobierno Kerenski ni un solo día, ni una sola hora de más, pues saben que un gobierno de los Soviets propondrá inmediatamente a todos los beligerantes una paz justa y que, con ello, aportará al país, muy probablemente, un armisticio inmediato y una paz rápida.

Ni un solo día, ni una sola hora de más tolerarán los soldados de nuestro ejército de campesinos que, contra la voluntad de los Soviets, continúe en el poder el Gobierno Kerenski, un gobierno que sofoca con medidas militares la insurrección de los campesinos.

438

¡No, señores eseristas, correligionarios de Kerenski, no conseguirán seguir engañando a los obreros y a los campesinos!

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El argumento que emplea Navaja Zhizn, presa de un pánico cerval, al decir que el embate de las fuerzas enemigas barrerá la dictadura del proletariado, contiene además un monstruoso error lógico y político, que puede pasar inadvertido únicamente para quienes se dejan asustar hasta casi perder la razón.

``El embate de las fuerzas enemigas---se nos dice---barrerá la dictadura del proletariado''. Bien. Pero todos ustedes, amables conciudadanos, son economistas y personas instruidas. Todos ustedes saben que contraponer la democracia a la burguesía es un absurdo y una prueba de ignorancia, como lo sería comparar un pud y una arshina. Porque hay una burguesía democrática y hay sectores no democráticos (capaces de una Vendée = ln<<) de la pequeña burguesía.

Lo de "fuerzas enemigas" no es más que una frase. En cambio, el concepto de burguesía (tras la que se encuentran también los terratenientes) es ya un concepto de clase.

La burguesía y los terratenientes; el proletariado; la pequeña burguesía, los pequeños propietarios y, en primer término, los campesinos: ésas son las tres ``fuerzas'' fundamentales en que se divide Rusia, como todo país capitalista. Esas son las tres ``fuerzas'' fundamentales que han sido destacadas desde hace mucho tiempo en todo país capitalista (y también en Rusia) no sólo por el análisis económico científico, sino también por la experiencia política de la historia moderna de todos los países, por la experiencia de todas las revoluciones europeas, a partir del siglo XVIII, y por la experiencia de las dos revoluciones rusas de 1905 y 1917.

Y bien, ¿amenazan ustedes a los proletarios con que el embate de la burguesía barrerá su poder? A eso, y sólo a eso, se reduce su amenaza; no tiene otro sentido.

Perfectamente. Si la burguesía, por ejemplo, puede barrer el poder de los obreros y de los campesinos pobres, no queda más camino que el de la "coalición'', es decir, concertar una alianza o un pacto de los pequeños burgueses con la burguesía. ¡¡No se puede concebir otra cosa!!

Pero la coalición se ha probado durante medio año y ha llevado al fracaso; y ustedes mismos, ciudadanos de Nóvaya Zhizn, amables pero que no saben pensar, han renunciado a la coalición.

¿Qué resulta, pues?

Se han hecho tal lío, ciudadanos de Nóvaya Zhizn, se han dejado amedrentar de tal modo, que son incapaces de atar cabos en el 439 razonamiento más sencillo, no saben contar siquiera hasta tres, y no digamos hasta cinco.

O se entrega todo el poder a la burguesía, cosa que ustedes no defienden desde hace mucho y que ni la propia burguesía se atreve siquiera a insinuar, pues sabe que el pueblo se sacudió de un empujón ese poder los días 20 y 21 de abril y hoy lo derribaría con triple energía y decisión. O se entrega el poder a la pequeña burguesía, es decir, se llega a una coalición (alianza, pacto) de ésta con la burguesía. Porque la pequeña burguesía por sí sola, independientemente, ni quiere ni puede tomar el poder, como lo demuestra la experiencia de todas las revoluciones y como lo prueba también la ciencia económica, la cual enseña que en un país capitalista se puede estar al lado del capital o al lado del trabajo, pero es imposible mantenerse en medio. Esta coalición ha probado en Rusia, durante medio año, más de una docena de métodos y ha fracasado.

O bien, finalmente, se entrega todo el poder a los proletarios y a los campesinos pobres, contra la burguesía y para vencer su resistencia. Esto no se ha probado aún, y ustedes, señores de Nóvaya Zhizn, tratan de desaconsejárselo al pueblo, amedrentándolo con vuestro propio miedo a la burguesía.

No caben más que estas tres posibilidades.

Por lo tanto, si Nóvaya Zhizn teme la dictadura del proletariado y la rechaza, ante la perspectiva de una supuesta derrota del poder proletario por la burguesía, ¡¡¡su actitud equivale a retroceder en secreto al conciliacionismo con los capitalistas!!! Es claro como la luz del día que quien teme la resistencia, quien no cree en la posibilidad de vencer esa resistencia, quien dice al pueblo: "temed la resistencia de los capitalistas, no conseguiréis vencerla'', lo que hace en realidades invitarle, una vez más, a la conciliación con los capitalistas.

Nóvaya Zhizn se ha hecho un lío torpe y mezquinamente, como se han embrollado hoy todos los demócratas pequeñoburgueses, que ven el fracaso de la coalición y no se atreven ya a defenderla abiertamente, pero que, al mismo tiempo, protegidos por la burguesía, temen la omnipotencia de los proletarios y de los campesinos pobres.

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Temer la resistencia de los capitalistas y, al mismo tiempo, llamarse revolucionarios y querer figurar entre los socialistas. ¡Qué ignominia! ¡Qué grande ha tenido que ser la caída ideológica del socialismo internacional, corroído por el oportunismo, para que puedan dejarse oír tales voces!

Nosotros, y con nosotros el pueblo entero, hemos visto ya la fuerza de resistencia de los capitalistas, pues éstos son más 440 conscientes que las otras clases y se han dado cuenta en el acto de la importancia de los Soviets; han puesto en tensión, sin demora y en grado sumo, todas sus fuerzas', han intentado todo lo posible y lo imposible, han perdido los estribos, han echado mano de los recursos más inauditos de la mentira y la calumnia y han recurrido a las conspiraciones militares para destruir los Soviets, para reducirlos a la nada, para prostituirlos (con la ayuda de los mencheviques y los eseristas), para convertirlos en jaulas de cotorras y agotar la paciencia de los obreros y campesinos con meses y meses de charlar en balde y jugar a la revolución.

Lo que no hemos visto todavía es la fuerza de resistencia de los proletarios y de los campesinos pobres, pues esta fuerza se erguirá en toda su talla sólo cuando el proletariado sea dueño del poder, cuando las decenas de millones de hombres hoy oprimidos por la miseria y la esclavitud capitalista vean y sientan por experiencia propia que el poder del Estado pertenece a las clases oprimidas, que ayuda a los pobres en su lucha contra los terratenientes y los capitalistas y véncela resistencia de éstos. Sólo entonces podremos ver cuánta fuerza de resistencia a los capitalistas dormita intacta en el pueblo; sólo entonces saldrá a la luz lo que Engels denomina "socialismo latente''. Sólo entonces se alzará contra cada diez mil enemigos del poder de la clase obrera, francos o emboscados, activos o pasivos, un millón de nuevos luchadores que vivían hasta ahora sumidos en el letargo político, vegetaban atormentados por la miseria y la desesperación, perdida la fe en que también ellos son seres humanos, en que también ellos tienen derecho a la existencia, en que todo el poder de un Estado moderno centralizado puede estar a su servicio y en que los destacamentos de la milicia proletaria les llaman también a ellos, con plena confianza, a intervenir del modo más directo y personal en la labor cotidiana de gobernar el Estado.

Con la benévola colaboración de los señores Plejánov, Breshkóvskaya, Tsereteli, Chernov y Cía., los capitalistas y terratenientes han hecho todo lo posible para envilecer la república democrática, para prostituirla sirviendo a los ricos. Hasta el punto de que el pueblo cae en la apatía y la indiferencia y todo le da igual, pues el hambriento no puede distinguir la república de la monarquía, y el soldado que tirita de frío, descalzo y martirizado, que se ve lanzado a la muerte para defender intereses ajenos, no puede sentir cariño por la república.

Pero cuando el último peón, cualquier parado forzoso, cada cocinera y cada campesino arruinado vean---y no por los periódicos, sino por sus propios ojos---que el poder proletario no se humilla ante la riqueza, sino que ayuda a los pobres; cuando vean que este poder no vacila en adoptar medidas revolucionarias, que despoja a los parásitos de los productos sobrantes para entregárselos a los que 441 tienen hambre, que instala por la fuerza en las viviendas de los ricos a quienes carecen de techo, que obliga a los ricos a pagar la leche, sin darles una gota de ella mientras no tengan cuanta necesiten los niños de todas las familias pobres; cuando vean que la tierra pasa a manos de los trabajadores, que las fábricas y los bancos son puestos bajo el control de los obreros y que se castiga inmediatamente y con severidad a los millonarios que ocultan sus riquezas; cuando la población pobre vea y sienta todo eso, ninguna fuerza de los capitalistas ni de los kulaks, ninguna fuerza del capital financiero mundial, que maneja miles de millones, podrá derrotar a la revolución popular; será ésta la que triunfe en el mundo entero, pues la revolución socialista madura en todos los países.

Nuestra revolución será invencible, si no tiene miedo de sí misma y pone todo el poder en manos del proletariado. Porque detrás de nosotros están las fuerzas incomparablemente mayores, más desarrolladas y mejor organizadas del proletariado mundial, agobiadas de momento por la guerra, pero no aniquiladas, sino, al revés, multiplicadas por ella.

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¡Temer que el poder de los bolcheviques, es decir, el poder del proletariado, que cuenta con el apoyo abnegado de los campesinos pobres, sea ``barrido'' por los señores capitalistas! ¡Qué miopía, qué vergonzoso miedo al pueblo, qué hipocresía! Quienes dan pruebas de ese miedo pertenecen a la "alta sociedad" (alta según el criterio capitalista; en realidad, podrida), que pronuncia la palabra ``justicia'' sin creer en ella, por costumbre, como una frase a la que no se atribuye sentido alguno.

He aquí un ejemplo:

El señor Peshejónov es un conocido semidemoconstitucionalista. Es imposible encontrar un trudovique más moderado, correligionario de las Breshkóvskaya y de los Plejánov. Jamás ha habido ministro más servil para con la burguesía. ¡El mundo no ha visto un partidario más fervoroso de la "coalición'', del acuerdo con los capitalistas!

Pues bien: en el discurso que pronunció en la Conferencia "Democrática" (léase bulyguiniana), este señor se vio obligado, según nos informa el defensista Izvestia, a hacer la siguiente confesión:

``H;v dos programas. I 10 es el programa de las pretensiones de grupo, de las pretensi mes clasistas y Mario ales. I.os bolcheviques son los más francos defensores de este pie grama. Pero lampo > a los oíros sectores de la democracia les es fácil, ni mucho i leños, renunciar a es programa. Porque se trata de pretensiones de las masas trabajad iras, de pretensione de las naciones relegadas y oprimidas. Por eso, no es tan fácil para la democracia romper con los bolcheviques ni rechazar estas reivindicaciones 442 de clase; y no lo es, sobre todo, porque estas reivindicaciones, en el fondo, son justas. Pero este programa, por el que nosotros luchamos hasta la revolución, por el que hicimos la revolución y que, en otras condiciones, todos defenderíamos con unanimidad, encierra, en las presentes circunstancias, un eno me peligro. Este peligro es ahora mayor aún, pues hay que presentar esas reivindicac >nes en un momento en que el Estado no puede satisfacerlas. Lo primero es deferid r el todo---el Estado---, salvarlo del desastre, y para eso no hay más que un camin : no el de satisfacer las reivindicaciones, por justas y grandes que parezcan, sino, al ontrario, el de imponer restricciones y sacrificios imprescindibles en tocios los terrenos" (hveslin del ('F.f' del 17 de septiembre).

El señor Peshejónov no comprende que, mientras los capitalistas estén en el poder, lo que él defiende no es el todo, sino los intereses egoístas del capital imperialista ruso y ``aliado''. El señor Peshejónov no comprende que la guerra dejaría de ser anexionista, imperialista y rapaz sólo después de romper con los capitalistas, con sus tratados secretos, con sus anexiones (es decir, con la conquista de territorios ajenos) y con sus estafas financieras y bancarias. El señor Peshejónov no comprende que sólo después de eso, y siempre que el enemigo rechazase la paz justa que se le propondría en términos formales, la guerra se convertiría en defensiva, en una guerra justa. El señor Peshejónov no comprende que la capacidad defensiva de un país que ha derrocado el yugo del capital, entregado la tierra a los campesinos y puesto los bancos y las fábricas bajo el control de los obreros sería mucho mayor que la de un país capitalista.

Y, lo que es principal, el señor Peshejónov no comprende que, al verse obligado a reconocer la justicia del bolchevismo, al reconocer que las reivindicaciones bolcheviques son las reivindicaciones de "las masas trabajadoras'', es decir, de la mayoría de la población, abandona así todas sus posiciones, las posiciones de toda la democracia pequeñoburguesa.

En eso radica nuestra fuerza. Por eso será invencible nuestro gobierno: porque hasta los enemigos se ven obligados a reconocer que el programa bolchevique es el programa "de las masas trabajadoras" y "de las naciones oprimidas".

El señor Peshejónov es un amigo político de los democonstitucionalistas, de la gente agrupada alrededor de Edinstvoy Dielo Naroda, de las Breshkóvskaya y de los Plejánov; es un representante de los kulaks y de los señores cuyas esposas y hermanas sacarían mañana los ojos con sus sombrillas a los bolcheviques agonizantes, si éstos fuesen derrotados por las tropas de Kornílov o (lo que es exactamente igual) por las tropas de Kerenski.

Y semejante señor se ve obligado a reconocer que las reivindicaciones bolcheviques son ``justas''.

Para él, la ``justicia'' es sólo una frase. Pero para las masas de semiproletarios, para la mayoría de los pequeños burgueses de la 443 ciudad y del campo, arruinados, torturados y martirizados por la guerra, eso no es una frase: es el problema más grave, más candente, más importante, es el problema de la muerte por hambre, de la lucha por un pedazo de pan. Por eso no puede basarse ninguna política en la "coalición'', en la "conciliación" de los intereses de los hambrientos y arruinados con los intereses de los explotadores. Por eso, un gobierno bolchevique tiene asegurado el apoyo de la inmensa mayoría de esas masas.

La justicia es una palabra vacía, dicen los intelectuales y bellacos que se las dan de marxistas por la sublime razón de haber "contemplado la parte trasera" del materialismo económico.

Las ideas se convierten en una fuerza cuando prenden en las masas. Y hoy precisamente los bolcheviques, es decir, los representantes del internacionalismo proletario, revolucionario, encarnan en su política la idea que pone en acción en el mundo entero a inmensas masas trabajadoras.

Por sí sola, la justicia, el sentimiento de las masas indignadas por la explotación, jamás las habría llevado al camino certero del socialismo. Pero cuando se ha formado, gracias al capitalismo, el mecanismo material de los grandes bancos, de los consorcios, de los ferrocarriles, etc.; cuando la riquísima experiencia de los países avanzados ha acumulado reservas de las maravillas de la técnica, cuya aplicación se ve frenada por el capitalismo; cuando los obreros conscientes han forjado un partido de un cuarto de millón de militantes para tomar en sus manos metódicamente ese mecanismo y ponerlo en marcha, con el apoyo de todos los trabajadores y explotados; cuando se dan todas esas condiciones, no habrá en el mundo fuerza capaz de impedir a los bolcheviques, si no se dejan amedrentar y saben adueñarse del poder, sostenerse en él hasta el triunfo de la revolución socialista mundial.

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EPILOGO

Escrito lo que antecede, llega a nuestras manos Nóvaya Zhizn, del 1° de octubre, con un editorial que es una nueva perla de estupidez, tanto más peligrosa por cuanto se oculta tras una bandera de simpatía por los bolcheviques y bajo un sapientísimo manto filisteo: "No os dejéis llevar de provocaciones" (no caigáis en la trampa de los que hablan a gritos de provocaciones para asustar a los bolcheviques y moverlos a no tomar el poder).

He aquí la perla:

``Las enseñanzas de movimientos como los del 3-5 de julio, por una parte, y de la jornadas de la korniloviada, por oirá, han demostrado con plena claridad que un democracia que dispone de los órganos más influyentes entre la población e invencible cuando adopta en la guerra civil una posición defensiva; pero sufre un derrota y pierde todos los elementos intermedios y vacilantes cuando toma en su manos la iniciativa de la ofensiva".

Si los bolcheviques hiciesen, cualquiera que fuese la forma, la más insignificante concesión a la estupidez filistea expresada en ese razonamiento, echarían a pique su partido y la revolución.

Porque el autor del citado razonamiento, puesto a hablar de la guerra civil (tema adecuado para la dama agradable en todos los aspectos), ha desfigurado hasta lo grotesco las enseñanzas de la historia en este punto.

Veamos qué pensaba de estas enseñanzas, de las enseñanzas que nos brinda la historia acerca de este problema, el representante y fundador de la táctica proletaria revolucionaria, Carlos Marx:

``Ahora bien, la insurrección es un arte, lo mismo que la guerra o que cualquier otro arte. Está sometida a ciertas reglas que, si no se observan, dan al traste con el partido que las desdeña. Estas reglas, lógica deducción de la naturaleza de los partidos y de las circunstancias con que uno ha de tratar en cada caso, son tan claras y simples que la breve experiencia de 1848 las ha dado a conocer de sobra a los alemanes. La primera es que jamás se debe jugar a la 445 insurrección, a menos que esté completamente preparada para afrontar las consecuencias del juego. La insurrección es una ecuación con magnitudes muy indeterminadas, cuyo valor puede cambiar cada día; las fuerzas opuestas tienen todas las ventajas de organización, disciplina y autoridad habitual" (Marx se refiere aquí al caso más "difícil" de la insurrección: a la insurrección contra el viejo poder ``firme'', contra un ejército no minado todavía por la influencia revolucionaria y las vacilaciones del gobierno); "si no se les puede oponer fuerzas superiores, uno será derrotado y aniquilado. La segunda es que, una vez comenzada la insurrección, hay que obrar con la mayor decisión y pasar a la ofensiva. La defensiva es la muerte de todo alzamiento armado, que está perdido antes aún de medir las fuerzas con el enemigo. Hay que atacar por sorpresa al enemigo mientras sus fuerzas aún están dispersas y preparar nuevos éxitos, aunque sean pequeños, pero diarios; mantener en alto la moral que el primer éxito proporcione; atraer a los elementos vacilantes que siempre se ponen del lado que ofrece más seguridad; obligar al enemigo a retroceder antes de que pueda reunir fuerzas; en suma, hay que obrar según las palabras de Danton, el maestro más grande de la táctica revolucionaria que se ha conocido: "de l'audace, de l'audace, encoré de l'audacer'" (Revolución y contrarrevolución en Alemania, ecl. alemana de 1907, pág. 118).

Nosotros---podrían decir los "también marxistas" de Nóvaya Zhizn---lo hemos cambiado todo; en vez de la triple audacia, poseemos dos virtudes: "la moderación y la meticulosidad''. Para ``nosotros'' no significa nada la experiencia de la historia universal, la experiencia de la Cran Revolución Francesa. Para ``nosotros'', loque tiene importancia es la experiencia de los dos movimientos de 1917, caricaturizada al contemplarla con las gafas de Molchalin'".

Examinemos esta experiencia, dejando a un lado esas atractivas gafas.

Comparan ustedes las jornadas del 3 al 5 de julio con la "guerra civil'', porque han prestado crédito a Aléxinski, Perevérzev y Cía. Es peculiar de los señores de Nóvaya Zhizn creer a esa gente (sin molestarse lo más mínimo en recoger datos por cuenta propia sobre los sucesos del 3 al 5 de julio, a pesar de tener a su disposición el gigantesco aparato de un gran diario).

Pero supongamos por un momento que las jornadas del 3 al 5 de julio no fueran los gérmenes de una guerra civil, mantenida por los bolcheviques dentro de esos límites, sino una verdadera guerra civil. Supongámoslo.

¿Qué demuestra, en tal caso, esta enseñanza?

Primero, que los bolcheviques no pasaron a la ofensiva, pues es indiscutible que en la noche del 3 al 4 de julio, e incluso el 4 de julio, 446 hubieran podido ganar mucho lanzándose a la ofensiva. Su debilidad fue la defensiva, si cabe hablar de guerra civil (como lo hace Nóvaya Zhizn, y no de la transformación de un estallido espontáneo en una manifestación semejante a la del 20 y 21 de abril, como lo atestiguan los hechos).

Así pues, la "enseñanza" desmiente a los sabios de Nóvaya Zhizn.

En segundo lugar, la causa de eme los bolcheviques no se señalaran siquiera como objetivo la insurrección los días 3 y 4 de julio y de que ni un solo organismo bolchevique llegase a plantear ese problema, queda al margen de nuestra polémica con Nóvaya Zhizn. Porque estamos discutiendo en torno a las enseñanzas cíe la "guerra civil'', es decir, de la insurrección, y no acerca de los casos en que el convencimiento de no contar con la mayoría hace desistir a un partido revolucionario de la idea de la insurrección.

Y como todo el mundo sabe que los bolcheviques conquistaron la mayoría en los Soviets de las capitales y del resto del país (más del 49% de los votos en el de Moscú) sólo mucho despuésde julio de 1917, las "enseñanzas" no son ni mucho menos, ¡ni mucho menos!, las que quiere hacernos ver esa dama agradable en todos los aspectos que se llama Nóvaya Zhizn.

¡No, no, ciudadanos de Nóvaya Zhizn, será mucho mejor que no se ocupen de política!

Si el partido revolucionario no cuenta con la mayoría en los destacamentos de vanguardia de las clases revolucionarias y en el país, no puede ni pensarse en la insurrección. Además, para ella son necesarias: 1) la marcha ascendente de la revolución a escala de todo el país; 2) la total bancarrota moral y política del viejo gobierno, por ejemplo, del gobierno de "coalición''; 3) grandes vacilaciones en el campo de todos los elementos intermedios, es decir, entre los que no están por completo con el gobierno, aunque todavía ayer le prestaran un apoyo incondicional.

¿Por qué Nóvaya Zhizn, que habla de las "enseñanzas" del movimiento del 3 al 5 de julio, no ha notado siquiera esta enseñanza, tan importante? Porque no son políticos, sino intelectuales intimidados por la burguesía, quienes se dedican a tratar problemas políticos.

Prosigamos. En tercer lugar, los hechos demuestran que el desmoronamiento de los eseristas y los mencheviques empezó precisamente después del 3 y 4 de julio, precisamente porque la política de julio vino a desenmascarar a los señores Tsereteli y porque las masas empezaron a ver en los bolcheviques a sus luchadores de vanguardia, v en los ``socialbloquistas'', a unos traidores. Ese desmoronamiento se manifestó con toda claridad ya antes de la korniloviada, en las elecciones celebradas en Petrogrado el 20 de agosto, que dieron el triunfo a los bolcheviques y acarrearon la derrota de los " 447 sodalbloquistas''. (Dielo Narada intentaba hace poco refutar esto, silenciando los resultados electorales de todos los partidos; pero eso significa engañarse a sí mismo y engañar a los lectores. Según datos publicados por Dien el 24 de agosto, y que sólo se referían a la ciudad, el porcentaje de votos obtenidos por los democonstitucionalistas pasó del 22 al 23%, mientras que el número absoluto de sufragios emitidos a su favor descendió en un 40%; el porcentaje de votos obtenidos por los bolcheviques subió del 20 al 33%, mientras que el número absoluto de sufragios emitidos a su favor descendió sólo en un 10%; la proporción de los votos reunidos por todos los "partidos intermedios" descendió del 58 al 44%, y el número absoluto de sus votos experimentó una disminución ¡¡del 60 por 100!!)

Otra prueba del desmoronamiento de los eseristas y los mencheviques desde las jornadas de julio hasta la korniloviada es el aumento del ala ``izquierda'' de ambos partidos, que llega casi al 40%,: es la ``venganza'' por los bolcheviques, a quienes persiguen los señores Kerenski.

El partido proletario salió ganando extraordinariamente con los sucesos del 3 y 4 de julio, pese a la "pérdida" de unos cuantos cientos de afiliados, pues precisamente durante esas difíciles jornadas las masas vieron y comprendieron la fidelidad de nuestro partido y la traición de los eseristas y mencheviques. Así pues, la "enseñanza" dista mucho, muchísimo, de tener la significación que le atribuye Nóvaya Zhizn y consiste en todo lo contrario: no os separéis de las masas en efervescencia para iros con "los Molchalin de la democracia'', y si os lanzáis a la insurrección, tomad la ofensiva mientras las fuerzas del enemigo estén todavía dispersas y atacadle por sorpresa.

¿No es así, señores "también-marxistas" de Nóvaya Zhizn?

¿O es que el ``marxismo'' consiste en no basar su táctica en la apreciación exacta de la situación objetiva, sino en meter en el mismo saco, a tontas y a locas, sin espíritu crítico, "la guerra civil" y "el Congreso de los Soviets con la convocación de la Asamblea Constituyente"?

¡Pero, señores, si eso es sencillamente ridículo, si es burlarse del marxismo y de toda lógica!

Si en el estado objetivo de las cosas no existe base para exacerbar la lucha de clases hasta el grado de "la guerra civil'', ¿por qué hablan de "la guerra civil" en relación con "el Congreso de los Soviets y la Asamblea Constituyente"? (así se titula precisamente el editorial de Nóvaya Zhizn que comentamos). En ese caso, deberían haber dicho y demostrado con toda claridad al lector que, en la situación objetiva, no hay terreno propicio para la guerra civil y que, por lo tanto, la láctica puede y debe basarse en cosas pacíficas, constitucionales, 448 legales y ``simples'' desde el punto de vista jurídico v parlamentario, como el Congreso de los Soviets y la Asamblea Constituyente. Entonces podría opinarse que ese congreso y esa asamblea son realmente capaces de decidir.

Pero si las condiciones objetivas del momento implican, como algo inevitable, o, por lo menos, probable, la guerra civil; si se habla de ella no "al buen tuntún'', sino porque se ve, se siente y se percibe con toda claridad la atmósfera de guerra civil, ¿¿cómo es posible, entonces, colocar en primer plano el Congreso de los Soviets o la Asamblea Constituyente?? ¡Eso es burlarse de las masas hambrientas y martirizadas! ¿Creen ustedes eme los hambrientos van a resignarse a ``esperar'' dos meses más? ¿O que la ruina económica, cuyo aumento describen ustedes mismos a diario, va a ``esperar'' hasta el Congreso de los Soviets o hasta la Asamblea Constituyente? ¿O que la ofensiva alemana, si no damos ningún paso serio hacia la paz (es decir, si no hacemos una propuesta formal de paz justa a todos los beligerantes), va a ``esperar'' al Congreso de los Soviets o a la Asamblea Constituyente? ¿Quizá dispongan de datos que les permitan llegar a la conclusión de que la historia de la revolución rusa, desarrollada turbulentamente y a un ritmo inaudito por su rapidez desde el 28 de febrero hasta el 30 de septiembre, va a discurrir desde el 1° de octubre hasta el 29 de noviembre = 1:>s de un modo architranquilo, pacífico, equilibrado desde el punto de vista legal, sin explosiones o saltos, sin derrotas militares ni crisis económicas? ¿Es que el ejército de operaciones, uno de cuyos oficiales no bolchevique, Dubásov, ha declarado oficialmente, en nombre del frente, que el ejército "no luchará'', va a seguir pasando hambre y frío con toda tranquilidad hasta la fecha "señalada"? ¿Es que la insurrección campesina, por el mero hecho de eme ustedes la califiquen de "anarquía" y de ``pogromo'', de que Kerenski envíe fuerzas ``militares'' contra los campesinos, va a dejar de ser un elemento de guerra civil? ¿O es posible, es concebible, acaso, que el gobierno realice una labor sosegada y justa, no falsificada, para convocar la Asamblea Constituyente en un país campesino en el que ese mismo gobierno reprime la insurrección de los campesinos?

¡No se rían del "desconcierto que reina en el Instituto Smolny" '''', señores! Su desconcierto no es menor. A las preguntas inexorables de la guerra civil, responden ustedes con frases confusas y mezquinas ilusiones constitucionales. Por eso afirmo que si los bolcheviques se dejasen llevar por tal estado de ánimo, echarían a pique su partido y su revolución.

N. Lenin

\° de octubre de 1917.

449 __ALPHA_LVL1__ CARTA AL CC, A LOS COMITÉS DE MOSCÚ
Y PETROGRADO Y A LOS BOLCHEVIQUES
MIEMBROS DE LOS SOVIETS
DE PETROGRADO Y MOSCÚ' °

Queridos camaradas:

Los acontecimientos nos prescriben con tanta claridad nuestra tarea que la demora se convierte absolutamente en un crimen.

El movimiento agrario crece. El gobierno intensifica las salvajes represalias; entre las tropas aumentan las simpatías hacia nosotros (el 99% cíe los votos de los soldados a nuestro favor en Moscú, las tropas finlandesas y la flota contra el gobierno, el testimonio de Dubásov acerca del frente en general).

En Alemania es patente el comienzo de la revolución, sobre todo después del ametrallamiento de los = marinos"'^^1^^. Las elecciones en Moscú---un 47% de bolcheviques---representan una gigantesca victoria. Junto con los eseristas de i/quierda constituimos la evidente mayoría en el país.

Los empleados de ferrocarriles y de Correos se encuentran en conflicto con el = gobierno"'^^2^^. En vez del congreso para el 20 de octubre, los Liberdán hablan ya de celebrarlo entre el 20 y el 30, etc., etc.

En tales condiciones, ``esperar'' es un crimen.

Los bolcheviques no tienen derecho a esperar al Congreso de los Soviets: deben tomar el poder inmediatamente. Con ello salvarán tanto la revolución mundial (pues, de otro modo, existe el peligro de una confabulación de los imperialistas de todos los países, que después de los ametrallamientos en Alemania serán complacientes unos con otros y se unirán contra nosotros) como la revolución rusa (pues, en caso contrario, una ola de verdadera anarquía puede ser más fuerte que nosotros) y la vida de centenares de miles de hombres en la guerra.

La demora es un crimen. Esperar al Congreso de los Soviets es un juego pueril al formalismo, un vergonzoso juego al formalismo, una traición a la revolución.

Si no se puede tomar el poder sin insurrección, hay que ir a la insurrección inmediatamente. Es muy probable que precisamente ahora se pueda tomar el poder sin insurrección: por ejemplo, si el Soviet de Moscú asumiera el poder en el acto y se proclamara gobierno (junto con el Soviet de Petrogrado). En Moscú la victoria está asegurada y

15--74

450 no hay quien pueda oponer resistencia. En Petrogrado es posible esperar. El gobierno no puede hacer nada, no tiene salvación y se rendirá.

Porque el Soviet de Moscú, al tomar el poder, los bancos, las fábricas y Rússkoie Slovo, obtendrá una base y una fuerza gigantescas, haciendo agitación ante toda Rusia y planteando el problema así: mañana propondremos la pnzsi el bonapartista Kerenski se rincie (y si no se rinde, lo derribaremos). La tierra a los campesinos inmediatamente, concesiones a los ferroviarios y empleados de Correos inmediatamente, etc.

No es obligatorio ``empezar'' en Petrogrado. Si Moscú ``empieza'' sin derramamiento de sangre, le apoyarán sin falta: 1) el ejército en el frente con sus simpatías, 2) los campesinos en todas partes, 3) la flota y las tropas finlandesas avanzarán sobre Petrogrado.

Incluso si Kerenski tiene cerca de Petrogrado uno o dos cuerpos de ejército de tropas montadas, se verá obligado a rendirse. El Soviet de Petrogrado puede esperar, haciendo agitación a favor del Gobierno soviético moscovita. Consigna: el poder a los Soviets, tierra a los campesinos, paz a los pueblos, pan a los hambrientos.

La victoria está asegurada, existiendo el noventa por ciento de probabilidades cíe conseguirla sin derramamiento de sangre.

Esperar es un crimen ante la revolución.

Os saluda

N. Lenin

Escrita el 1 (14) de octubre de 191 7. l'ublicada por vez primera en ¡921 en las ``Obras'' de \. Lenin (V. l'Hánov), t. XIV, ¡¡arte 2.

'i. :». piígs. 340--341.

451 __ALPHA_LVL1__ CONSEJOS DE UN AUSENTE

Escribo estas líneas el 8 de octubre, con pocas esperanzas de que las reciban los camaradas de Petrogrado ya el 9. Es posible que lleguen tarde, pues el Congreso de los Soviets de la Región del Norte está convocado para el 10 de = octubre"''^^1^^. Intentaré, sin embargo, acudir con mis Consejos de un ausente para el caso de que la acción probable de los obreros y soldados de Petrogrado y de todos sus ``alrededores'' se realice pronto, aunque no se ha realizado todavía.

Está claro que todo el poder debe pasar a los Soviets. Debe ser también indiscutible para todo bolchevique que un poder proletario revolucionario (o bolchevique, pues hoy es lo mismo) tendría aseguradas las mayores simpatías y el abnegado apoyo de los trabajadores y explotados del mundo entero en general, de los países beligerantes en particular y, sobre todo, entre los campesinos rusos. No merece la pena detenerse en estas verdades, harto conocidas por todos y demostradas hace ya mucho.

En lo que sí hay que detenerse es en algo que seguramente no está claro por completo para todos los camaradas, a saber: que el paso del poder a los Soviets significa hoy, en la práctica, la insurrección armada. Podría creerse que esto es evidente, pero no todos se han parado ni se paran a meditar en ello. Renunciar hoy a la insurrección armada significaría abjurar de la consigna principal del bolchevismo (Todo el poder a los Soviets) y de todo el internacionalismo proletario revolucionario en general.

Pero la insurrección armada es un tipo especial de lucha política, sometido a leyes especiales, que deben ser analizadas con atención. Carlos Marx exprese') esta verdad con mucho relieve al escribir que "/« insurrección" armada "es un arte, lo mismo que la guerra".

Entre las reglas más importantes de este arte, Marx destaca las siguientes:

1. No jugar nunca a la insurrección y, una vez empezada, saber firmemente que hay que llevarla hasta el fin.

2. Hay que concentrar en el lugar y en el momento decisivos fuerzas muy superiores, porque, de lo contrario, el enemigo, mejor preparado y organizado, aniquilará a los insurgentes.

3. Una vez comenzada la insurrección, hay que obrar con la mayor energía y pasar obligatoria e incondicionalmente a la ofensiva. "La defensiva es la muerte de todo alzamiento armado".

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4. Hay que esforzarse por sorprender al enemigo, por aprovechar el momento en que sus tropas estén aún dispersas.

5. Hay que conquistar éxitos cada día (incluso podría decirse que cada hora, si se trata de una sola ciudad) aúneme sean pequeños, manteniendo a toda costa "la superioridad morar.

Marx resume las enseñanzas de todas las revoluciones, en lo que a la insurrección armada se refiere, con unas palabras de "Danton, el maestro más grande de la táctica revolucionaria que se ha conocido: de l'duduce, de l'audace, encoré de l'audace!" = 1M.

Aplicado a Rusia y al mes de octubre de 1917, esto quiere decir: ofensiva simultánea, lo más súbita y rápida posible, sobre Petrogrado; ofensiva que deberá partir indefectiblemente de fuera y de dentro, de los barrios obreros, de Finlandia, de Reval y de Cronstadt; ofensiva de toda la flota y concentración de una superioridad gigantesca de fuerzas sobre nuestra "guardia burguesa" (los cadetes), formada por unos 15.000 ó 20.000 hombres (acaso más), sobre las tropas de nuestra "Vendée" (una parte de los cosacos), etc.

Combinar nuestras tres fuerzas principales---la flota, los obreros y las unidades militares---de tal modo que, por encima detodo, podamos ocupar y mantener, cualquiera que sea el número de bajas que nos cueste: a) la Central de Teléfonos; b) la Central de Telégrafos; c) las estaciones ferroviarias, y d) los puentes, en primer término.

Seleccionar a los elementos más decididos (nuestras "tropas de choque" y la juventud obrera, así como a los mejores marinos) y formar con ellos pequeños destacamentos, destinados a ocupar todos los puntos más importantes y a participaren todas partes, en todas las operaciones de importancia, como, por ejemplo:

Cercar y aislar a Petrogrado, apoderarse de la ciudad mediante un ataque combinado de la escuadra, los obreros y las tropas: he aquí una misión que requiere arte y triple audacia.

Formar con los mejores obreros destacamentos armados de fusiles y bombas de mano para atacar y cercar los ``centros'' del enemigo (escuelas militares, centrales de Telégrafos y Teléfonos, etc.). La consigna de estos destacamentos debe ser: antes perecer todos que dejar pasar al enemigo.

Confiemos en que, si se acuerda la insurrección, los dirigentes aplicarán con éxito los grandes preceptos de Danton y Marx.

El triunfo de la revolución rusa y de la revolución mundial depende de dos o tres días de lucha.

ESI rito el 8 <L>I) de octuhre de 1017.

I. .'¡4. págs. 382--38-í.

Publicado por vez primera el 7 de noviembre de 1021) en el m'im. 250 de ``Pravda''. l-irmadit: I' n ausente.

453 __ALPHA_LVL1__ CARTA A LOS CAMARADAS BOLCHEVIQUES QUE PARTICIPAN EN EL CONGRESO
DE LOS SOVIETS DE LA REGIÓN DEL NORTE

Camaradas: Nuestra revolución vive momentos críticos en extremo. Esta crisis ha coincidido con la gran crisis de crecimiento de la revolución socialista mundial y de la lucha del imperialismo mundial contra ella. Sobre los dirigentes responsables de nuestro partido recae una gigantesca tarea, cuyo incumplimiento amenaza con la bancarrota completa del movimiento proletario internacionalista. El momento es tal que la demora equivale, en verdad, a la muerte.

Echad un vistazo a la situación internacional. El crecimiento de la revolución mundial es indiscutible. La explosión de indignación de los obreros checos ha sido sofocada con increíble ferocidad, indicadora del extremado temor del gobierno. En Italia, las cosas han llegado también a un estallido masivo en Turín = "'^^5^^. Pero lo más importante es la sublevación en la flota alemana. Hay que imaginarse las inmensas dificultades de la revolución en un país como Alemania y, además, en las condiciones actuales. Es indudable que la sublevación en la flota alemana significa una gran crisis de crecimiento de la revolución mundial. Si nuestros chovinistas, que predican la derrota de Alemania, exigen a los obreros alemanes la insurrección inmediata, nosotros, los revolucionarios internacionalistas rusos, sabemos por la experiencia de 1905--1917 que es imposible imaginarse un síntoma más imponente del crecimiento de la revolución que la sublevación entre las tropas.

Pensad en qué situación nos encontramos ahora ante los revolucionarios alemanes, que pueden decirnos: Tenemos un solo Liebknecht que ha llamado abiertamente a la revolución. Su voz ha sido ahogada en el presidio. No tenemos ni un solo periódico que explique públicamente la necesidad de la revolución, no tenemos libertad de reunión. No tenemos ni un solo Soviet de diputados obreros o soldados. Nuestra voz apenas llega a las verdaderas grandes masas. ¡Y hemos hecho un intento de insurrección, contando con un uno por ciento de posibilidades de éxito! Pero vosotros, los internacionalistas revolucionarios rusos, tenéis a vuestras espaldas seis meses de agitación libre, tenéis dos decenas de periódicos y toda una serie de Soviets de diputados obreros y soldados, habéis triunfado en los Soviets de ambas capitales, tenéis a vuestro lado toda la Flota del Báltico y todas las tropas rusas dislocadas en Finlandia. ¡Y, pese a contar con el noventa y nueve por ciento de probabilidades de victoria de vuestra insurrección, no 454 respondéis a nuestro llamamiento a la insurrección, no derrocáis a vuestro imperialista Kerenski!

¡Sí, seremos verdaderos traidores a la Internacional si en un momento como éste, con condiciones tan favorables, respondemos al llamamiento de los revolucionarios alemanes sólo... con resoluciones!

Agregad a eso que todos nosotros conocemos muy bien el rápido crecimiento de la confabulación y del complot de los imperialistas mundiales contra la revolución rusa. Ahogarla cueste lo que cueste, ahogarla con medidas militares y con la paz a expensas de Rusia: a eso se acerca cada día más el imperialismo internacional. He ahí lo que agrava de manera singular la crisis de la revolución socialista mundial, lo que hace particularmente peligrosas---y estoy casi dispuesto a decir: criminales por nuestra parte---las demoras de la insurrección.

Tomad, además, la situacióii interior de Rusia. Ha madurado por completo la bancarrota de los partidos pequeñoburgueses conciliadores, que expresaban la confianza inconsciente de las masas en Kerenski y en los imperialistas en general. La bancarrota es completa. Votación de la curia de los Soviets contra la coalición en la Conferencia Democrática; votación de la mayoría de los Soviets locales de diputados campesinos (a despecho de su Soviet central, en el que se encuentran los Avxéntiev y otros amigos de Kerenski) contra la coalición; elecciones en Moscú, donde la población obrera está más cerca de los campesinos que en ninguna otra parte y donde más del 49 por 100 ha votado a favor de los bolcheviques (y entre los soldados, 14.000 de 17.000): ¿es que todo eso no representa el fracaso completo de la confianza de las masas populares en Kerenski y en los conciliadores con Kerenski y Cía.? ¿Acaso es posible imaginarse que las masas populares puedan decir a los bolcheviques de modo más claro que con esa votación: ¡Conducidnos, os seguiremos!? Y nosotros, después de habernos ganado así a la mayoría de las masas populares, después de haber conquistado los Soviets de ambas capitales, ¿vamos a esperar? ¿Esperar a qué? ¡A que Kerenski y sus generales kornilovistas entreguen Petrogrado a los alemanes, confabulándose así directa o indirectamente, descarada o encubiertamente, tanto con Buchanan romo con Guillermo II para estrangular por completo la revolución rusa!

El hecho de que el pueblo nos haya expresado su confianza con las elecciones de Moscú y con la renovación de los Soviets no es todo. Existen síntomas de que aumentan la apatía y la indiferencia. Y es comprensible. Eso no significa el decaimiento de la revolución, como proclaman a gritos los democonstitucionalistas y sus acólitos, sino el decaimiento de la confianza en las resoluciones y las elecciones. En la revolución, las masas exigen de los partidos dirigentes hechos y no 455 palabras, victorias en la lucha y no pláticas. Se acerca el momento en que puede surgir entre el pueblo la opinión cíe que los bolcheviques tampoco somos mejores que los demás, pues no hemos sabido actuar después de habernos expresado su confianza...

En todo el país toma incremento la insurrección campesina. Está más claro que la luz del día que los democonstitucionalistas y sus lacayos tratan de empequeñecerla por todos los medios, reduciéndola a ``pogromos'' y "anarquía''. Esta mentira es refutada por el hecho de que en los centros de la insurrección se ha empezado a entregar la tierra a los campesinos: ¡los ``pogromos'' y la "anarquía" jamás han conducido a tan excelentes resultados políticos! Una demostración de la inmensa fuerza de la insurrección campesina es que los conciliadores, los eseristas en Dielo Naroda e incluso BreshkoBreshkóvskaya han hablado de la entrega de la tierra a los campesinos para sofocar el movimiento antes de que les rebase definitivamente.

Y nosotros ¿vamos a esperar a ver si consiguen sofocar por partes esta insurrección campesina las unidades cosacas del kornilovista Kerenski (acusado precisamente en los últimos tiempos de korniloviada por los propios eseristas)?

Al parecer, muchos dirigentes de nuestro partido no han observado la importancia especial de la consigna que todos hemos reconocido y repetido continuamente: la consigna de "Todo el poder a los Soviets''. Ha habido períodos, ha habido momentos en medio año de revolución en los que esta consigna no significaba la insurrección. Es posible que esos períodos y momentos hayan cegado a parte de los camaradas, haciéndoles olvidar que ahora, también para nosotros, por lo menos desde mediados de septiembre, esta consigna equivale al llamamiento a la insurrección.

En esta cuestión no puede haber ni sombra de duda. Dielo Naroda lo ha explicado ``popularmente'' hace poco diciendo: "¡Kerenski no se someterá bajo ningún concepto!" ¡No faltaba más!

La consigna de "Todo el poder a los Soviets" no es otra cosa que un llamamiento a la insurrección. Y sobre nosotros recaerá íntegra y absolutamente la culpa si, luego de haber estado llamando a las masas durante meses a la insurrección, a renunciar al conciliacionismo, no conducimos a esas masas a la insurrección, la víspera de la bancarrota de la revolución, después de habernos expresado su confianza.

Los democonstitucionalistas y los conciliadores pretenden asustar con el ejemplo del 3 al 5 de julio, con el incremento de la agitación ultrarreaccionaria, etc. Pero si algún error cometimos del 3 al 5 de julio fue el de no tomar el poder. Considero que ese error no existió, pues entonces no teníamos aún la mayoría, pero ahora eso sería un 456 error fatal e incluso algo peor que un error. El incremento de la agitación ultrarreaccionaria es comprensible como exacerbación del extremismo en una atmósfera de creciente revolución proletaria y campesina. Pero hacer de ello un argumento «mírala insurrección es ridículo, pues la impotencia de los ultrarreaccionarios sobornados por los capitalistas, la impotencia de la centuria negra en la lucha, no exige siquiera demostración. En la lucha es simplemente un cero a la izquierda. En la lucha, Kornílov y Kerenski sólo pueden apoyarse en la "división salvaje" y en los cosacos. Pero la descomposición ha empezado también entre los cosacos y, además, desde el interior de sus regiones cosacas les amenaza la guerra civil campesina.

Escribo estas líneas el domingo, 8 de octubre, y las leeréis no antes del 10 de octubre. Un camarada que ha pasado por aquí me ha comunicado que quienes viajan por la línea de Varsovia dicen: ¡ Kerenski está trasladando los cosacos a Petrogrado! Es muy posible, y la culpa será exclusivamente nuestra si no lo comprobamos con todo detalle y no estudiamos las fuerzas y la dislocación de las tropas kornilovistas del segundo remplazo.

¡Kerenski ha vuelto a traer tropas kornilovistas a los alrededores de Petrogrado para impedir que el poder pase a los Soviets, para impedir que este poder proponga sin demora la paz, para impedir la entrega inmediata de toda la tierra a los campesinos, para rendir Petrogrado a los alemanes ""'' y él mismo huir a Moscú! Tal es la consigna de la insurrección que debemos difundir con la mayor amplitud y que tendrá un éxito inmenso.

Es imposible esperar al Congreso de los Soviets de toda Rusia, que el Comité Ejecutivo Central puede diferir incluso hasta noviembre; es imposible postergar la insurrección, permitiendo a Kerenski que traslade más tropas kornilovistas. En el Congreso de los Soviets están representadas Finlandia, la flota y Reval, que, juntos, pueden emprender el avance inmediato hacia Petrogrado contra los regimientos kornilovistas, el avance de la flota, la artillería, las ametralladoras y dos o tres cuerpos de ejército de soldados que han demostrado---por ejemplo, en Víborg---toda la fuerza de su odio a los generales kornilovistas, con los que ha vuelto a entenderse Kerenski.

Sería el mayor error renunciar a la posibilidad de derrotar inmediatamente a los regimientos kornilovistas del segundo remplazo, basándose en la consideración de que la Flota del Báltico, al zarpar para Petrogrado, abriría con ello el frente a los alemanes. Los calumniadores kornilovistas dirán eso, igual que dirán cualquier mentira en general; mas es indigno de los revolucionarios dejarse intimidar por la mentira y la calumnia. Kerenski entregará Petrogrado a los alemanes, eso está más claro que la luz del día; 457 ninguna protesta en contra podrá disipar nuestro pleno convencimiento de ello, que dimana de toda la marcha de los acontecimientos y de toda la política de Kerenski.

Kerenski y los kornilovistas entregarán Petrogrado a los alemanes. Precisamente para salvar Petrogrado hay que derribar a Kerenski, y los Soviets de ambas capitales deben tomar el poder. Estos Soviets propondrán en el acto la pa/ a todos los pueblos y, cíe este modo, cumplirán con su deber ante los revolucionarios alemanes, darán un paso decisivo hacia la frustración de las criminales conjuras contra la revolución rusa, de la conjuras del imperialismo internacional. Sólo el avance inmediato de la Flota del Báltico, de las tropas finlandesas, de Reval y Cronstadt contra las tropas kornilovistas de las cercanías de Petrogrado puede salvar la revolución rusa y mundial. Y ese avance tiene el noventa y nueve por ciento de probabilidades de obligar en unos cuantos días a rendirse a una parte de las tropas cosacas, derrotar por completo a la otra parte y derrocar a Kerenski, pues los obreros y los soldados de ambas capitales apoyarán ese avance.

La demora equivale a la muerte.

La consigna de "Todo el poder a los Soviets" es la consigna de la insurrección. Quien usa de ella sin comprender eso, sin pensar en eso, que se culpe a sí mismo. Y hay que saber considerar la insurrección como un arte: he insistido en ello durante la Conferencia Democrática y vuelvo a insistir ahora, pues asilo enseña el marxismo, así lo enseña toda la situación actual en Rusia y en el mundo entero. El quid de la cuestión no está en las votaciones, en atraerse a los "eseristas de izquierda'', en lograr la adhesión de los Soviets provinciales en el congreso de los mismos. El quid de la cuestión está en la insurrección, que pueden y deben decidir Petrogrado, Moscú, Helsingfors, Cronstadt, Víborg y Reval. Cerca de Petrogrado y en Petrogrado: ahí es donde puede y debe decidirse y llevarse a cabo esa insurrección con la mayor seriedad, con la mayor preparación, con la mayor rapidez y con la mayor energía posibles.

La flota, Cronstadt, Víborg y Reval pueden y deben avanzar sobre Petrogrado, derrotar a los regimientos kornilovistas, poner en pie ambas capitales, impulsar la agitación de masas en defensa del poder que entregará en el acto la tierra a los campesinos y propondrá inmediatamente la paz, derrocar el gobierno de Kerenski y crear ese poder.

La demora equivale a la muerte.

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'

N. Lenin

8 de octubre de 1917.

Publicada por vez primera el 7 de noviembre de 192!) en el mnit. 255 = di^^1^^ ``Pravda''.

'i. 34, ptíKx.

458 __ALPHA_LVL1__ REUNIÓN DEL COMITÉ CENTRAL DEL POSD(b)
DE RUSIA 10 (23) DE OCTUBRE DE 1917

1

INFORME

ACTA DE LA REUNIÓN

El cam. Lenin hace constar que desde comienzos de septiembre se observa cierta indiferencia por el problema de la insurrección. Entretanto, esto es intolerable si lan/.amos en serio la consigna de conquista del poder por los Soviets. Por eso es preciso hace ya mucho prestar atención al aspecto técnico del problema. Al parecer, se ha perdido ya bastante tiempo.

No obstante, la cuestión está planteada con mucha agudeza y se acerca el momento decisivo.

La situación internacional es tal que debemos tomar la iniciativa.

Lo que se fragua con la entrega hasta Narva y con la entrega de Petrogrado nos obliga más aún a acciones decididas.

La situación política opera también de modo impresionante en este sentido. Del 3 al 5 de julio, las acciones decididas por nuestra parte se habrían estrellado contra el hecho de que no nos seguía la mayoría. Desde entonces, nuestro ascenso avanza a pasos de gigante.

El abstencionismo y la indiferencia de las masas pueden explicarse porque están cansadas de palabras y resoluciones.

Ahora nos sigue la mayoría. Desde el punto de vista político, las cosas han madurado plenamente para la transferencia del poder.

El movimiento agrario marcha también en esa dirección, pues está claro que son necesarias fuerzas heroicas para sofocar ese movimiento. La consigna del paso de toda la tierra se ha convertido en consigna general de los campesinos. Por tanto, la situación política está preparada. Hay que hablar del aspecto técnico. En eso reside toda la cuestión. Entretanto, nos sentimos inclinados, igual que los defensistas, a considerar una especie de pecado político la preparación sistemática de la insurrección.

459

Esperar hasta la Asamblea Constituyente, que, como es claro = no urea^^1^^ C°" n°S°tr°S' CS insensato- Pues significa complicar nuestra

El Congreso regional y la propuesta de = Minsk"^^18^^ deben ser aprovechados para comenzar las acciones decisivas.

Publicado por vez primera en 1922 en el núm. 10 de la revista "I'roletárskaya Revolutna".

T. 34, páp. 391--392.

460

2

RESOLUCIÓN

El CC reconoce que tanto la situación internacional de la revolución rusa (insurrección en la flota alemana como manifestación extrema de la marcha ascendente en toda Europa de la revolución socialista mundial, luego, la amenaza del campo imperialista de estrangular la revolución en Rusia), como la situación militar (decisión indudable de la burguesía rusa y de Kerenski y Cía. de entregar Petrograclo a los alemanes) y la conquista por el partido proletario de la mayoría dentro de los Soviets; unido todo ello a la insurrección campesina y al viraje de la confianza del pueblo hacia nuestro partido (elecciones de Moscú), y, finalmente, la preparación manifiesta de una segunda korniloviada (evacuación de tropas de Petrogrado, concentración de cosacos en las cercanías de la capital, cerco de Minsk por los cosacos, etc.), ponen a la orden del día la insurrección armada.

.

Reconociendo, pues, que la insurrección armada es inevitable y se halla plenamente madura, el CC insta a todas las organizaciones del partido a guiarse por esto y a examinar y resolver desde este punto de vista todos los problemas prácticos (Congreso de los Soviets de la región del Norte, evacuación de tropas de Petrograclo, acciones en Moscú y Minsk, etc.).

Publicado por vez primera en 1922 en el mím. ' '«. p<>K- J93.

¡O ae ¡a revista "Proletársknya Revolutsia".

461

REUNIÓN DEL COMITÉ CENTRAL DEL POSD(b)
DE RUSIA 16 (29) DE OCTUBRE DE 1917 "

1

INFORME

ACTA DE LA REUNIÓN

El cam. Lenin da lectura a la resolución aprobada por el CC en la reunión anterior. Comunica que la resolución fue aprobada con dos votos en contra. Si los camaradas que han votado en contra desean exponer su opinión, pueden abrirse debates; por ahora, argumenta esta resolución.

Si los partidos de los mencheviques y eseristas rompieran con el conciliac ionismo, podría proponérseles un compromiso. Esta propuesta fue hecha, pero estaba claro que dichos partidos rechazarían este compromiso^^*^^. De otra parte, en ese período se había determinado ya claramente que las masas nos seguían. Eso ocurrió antes ya de la korniloviada. Como demostración cita la estadística ciclas elecciones en Petrogrado y Moscú. La korniloviada, por su parte, empujó con mayor decisión aún a las masas hacia nosotros. Correlación de fuerzas en la Conferencia Democrática. La situación es clara: o dictadura kornilovista o dictadura del proletariado y de los sec tores pobres del campesinado. Es imposible guiarse por el estado de ánimo de las masas, pues es voluble y no se puede calcular; debemos guiarnos por el análisis y la apreciación objetivos de la revolución. Las masas han dado su confianza a los bolcheviques y exigen de ellos no palabras, sino hechos, una política resuelta en la lucha contra la guerra y en la lucha contra el desbarajuste económico. Si tomamos como base el análisis político de la revolución, estará completamente claro que incluso las acciones anarquistas lo confirman hoy.

Analiza después la situación en Europa y demuestra que la _-_-_

^^*^^ Véase el présenle volumen, |>á}>s. 229--234. (.V. de l/i Eilil.)

462 revolución es allí aún más difícil que en nuestro país; si en un país como Alemania se ha llegado a la sublevación de la flota, eso demuestra que las cosas han ido allí muy lejos. La situación internacional nos brinda una serie de datos objetivos probatorios deque, si nos lanzamos ahora, tendremos a nuestro lado toda la Europa proletaria; demuestra que la burguesía quiere entregar Petrogrado. Podemos evitarlo únicamente tomando Petrogrado en nuestras manos. De todo ello se deduce claramente que está planteada a la orden del día la insurrección armada de que se habla en la resolución del CC.

Por lo que se refiere a las deducciones prácticas a extraer de la resolución, será más conveniente hacerlas después de escuchar los informes de los representantes de los centros.

Del análisis político de la lucha de clases tanto en Rusia como en Europa se desprende la necesidad de la política más decidida y más activa, que sólo puede ser la insurrección armada.

463

2

INTERVENCIONES

ACTA DE LA REUNIÓN

1

El cam. Lenin polemiza con Miliutin y Shotman y demuestra que no se trata de las fuerzas armadas, que no se trata de la lucha contra las tropas, sino de la lucha de una parte de las tropas contra otra. No ve pesimismo en lo que se ha dicho aquí. Demuestra que las fuerzas que apoyan a la burguesía no son grandes. Los hechos demuestran que tenemos superioridad sobre el enemigo. ¿Por qué no puede empezar el CC? Eso no se desprende de todos los datos. Para rechazar la resolución del CC hay que demostrar que no existe desbarajuste económico, que la situación internacional no conduce a complicaciones. Si los políticos profesionales reclaman todo el poder, comprenden magníficamente lo que quieren. Las condiciones objetivas demuestran que el campesinado debe ser dirigido; seguirá al proletariado.

Se teme que no nos sostengamos en el poder, pero precisamente ahora tenemos posibilidades especiales de sostenernos en el poder.

Expresa el deseo de que los debates transcurran sobre el plano de discutir el fondo de la resolución.

2

Si todas las resoluciones fracasaran así, no se podría desear nada mejor. Zinóviev dice ahora que debe echarse abajo la consigna de "El poder a los Soviets" y presionar sobre el gobierno. Si se dice que la insurrección ha madurado, no hay necesidad de hablar de complots. Si la insurrección es inevitable políticamente, hay que considerarla un arte. Y políticamente ha madurado ya.

464

Precisamente porque hay pan sólo para un día no podemos esperar a la Asamblea Constituyente. Propone confirmar la resolución, prepararse decididamente para la insurrección y autorizar al CC y al Soviet para que decidan cuándo.

3

El cam. Lenin objeta a Zinóviev que no se puede contraponer esta revolución a la revolución de febrero. Propone la siguiente resolución sobre el fondo del problema.

RESOLUCIÓN

La reunión saluda íntegramente y apoya por completo la resolución del CC, exhorta a todas las organizaciones y a todos los obreros y soldados a preparar intensamente y en todos sus aspectos la insurrección armada, a apoyar el organismo central creado para ello por el Comité Central y expresa la plena seguridad de que el CC y el Soviet señalarán oportunamente el momento propicio y los medios convenientes de la acción.

Publicado por vez primera en 1927 en el núm. 10 de la revista " Proletárskaya Revolulsin".

T. 34, págs. 394-:i97.

465 __ALPHA_LVL1__ CARTA A LOS MIEMBROS DEL PARTIDO BOLCHEVIQUE^^170^^

Cantaradas: Aún no he podido recibir los periódicos de Petrogrado del miércoles, 18 de octubre. Cuando me comunicaron por teléfono el texto completo de la declaración publicada por Kámenev y Zinóviev en Nóvaya Zhizn, periódico ajeno al partido, me resistí a creerlo. Pero se ha demostrado que no hay lugar a dudas, y me veo obligado a aprovechar una ocasión para hacer llegar esta carta a los camaradas del partido el jueves por la noche o el viernes por la mañana, pues sería un crimen guardar silencio ante un esquirolaje tan inaudito.

Cuanto más grave es el problema práctico y más responsables y ``prominentes'' los culpables de esquirolaje, tanto más peligroso es éste, con tanta mayor energía hay que expulsar a los esquiroles y tanto más imperdonable sería cualquier vacilación, aunque estuviese inspirada por los antiguos "méritos" de los esquiroles.

¡Es algo increíble! En los medios del partido se sabe que éste viene discutiendo desde septiembre el problema de la insurrección. ¡Nadie ha oído nada de ninguna carta ni de ninguna hoja escrita por alguna de las personas citadas! Y hoy, en vísperas, por así decirlo, del Congreso de los Soviets, dos destacados bolcheviques se alzan contra la mayoría y, está claro, contra el CC. No lo dicen abiertamente, con lo cual el daño inferido a la causa es todavía mayor, pues hablar con insinuaciones es aún más peligroso.

Del texto de la declaración de Kámenev y Zinóviev se deduce del modo más patente que se alzan contra el CC, pues de otro modo su declaración carecería de sentido. Pero no dicen qué acuerdo del CC impugnan.

¿Por qué?

La cosa es clara: porque el CC no ha publicado ese acuerdo.

¿Qué resulta, pues?

En vísperas del día crítico, 20 de octubre, dos "destacados bolcheviques" ¡atacan un acuerdo no publicado de la dirección central del partido, acerca de un problema esencialísimo, candente, y lo hacen en un órgano de prensa que no es del partido; más aún, precisamente en un periódico que, en este problema, marcha del braza de la burguesía contra el partido obrero!

¡Pero si eso es mil veces má.; vil y un millón de veces, más funesto que, por ejemplo, todas las manifestaciones que hizo 466 Plejánov en la prensa ajena al partido durante 1 = (.)()6 y 1907, y que el partido condenó con tanta dure/a! Porque entonces se trataba sólo de unas elecciones, ¡y hoy se trata de la insurrección para conquistar el poder!

Dado el asunto de que se trata, y después de haber adoptado un acuerdo la dirección central, ¿cabe conducta más traidora, esquirolaje mayor que atacar a la vista de los Rodzianko y los Kerenski, en un periódico ajeno al partido, este acuerdo no publicado?

Consideraría un oprobio para mí si, a causa de las estrechas relaciones que me unieron en otro tiempo a estos ex camaradas, vacilase en condenarlos. Declaro públicamente que he dejado de considerarlos camaradas a los dos y lucharé con todas mis fuer/as, tanto en el CC como en el congreso, para conseguir que sean expulsados del partido.

Porque un partido obrero al que la vida coloca cada día más a menudo cara a cara con la insurrección, no podrá resolver este difícil problema si los acuerdos secretos de su dirección central, una vez adoptados, son impugnados en la prensa ajena al partido y si se llevan las vacilaciones y la confusión a las filas de los combatientes.

¡Que los señores Zinóviev y Kámenev funden un partido propio con unas docenas de individuos desconcertados o con candidatos a la Asamblea Constituyente! Los obreros no irán a ese partido, pues la primera consigna de ese partido será:

``Los miembros del CC que en una reunión del CC hayan sido derrotados en el problema del combate decisivo podrán recurrir a la prensa ajena al partido para atacar los acuerdos de éste no publicados".

¡Que formen, si quieren, un partido así! Nuestro Partido Obrero Bolchevique sólo saldrá ganando con ello.

Cuando se publiquen todos los documentos, el esquirolaje de Zinóviev y Kámenev será muchísimo más claro. Por el momento, plantéese a los obreros el siguiente problema:

``Supongamos que la dirección de los sindicatos de toda Rusia, después de un mes de deliberaciones, acuerda, por una mayoría de más del 80%, que es necesario preparar una huelga, pero sin publicar, de momento, ni la fecha ni otras circunstancias. Supongamos que dos miembros, con el falso pretexto de mantener su "voto particular'', no sólo se dirigen por escrito a los grupos locales pidiendo la revisión del acuerdo, después de votado éste, sino que permiten, además, la publicación de sus cartas en la prensa ajena al partido. Supongamos que, por último, llegan incluso a atacar ellos mismos el acuerdo en la prensa ajena al partido, a pesar de no 467 estar todavía publicado, y se dedican a denigrar la huelga ante los capitalistas.

``Se pregunta: ¿Vacilarán los obreros en expulsar de sus filas a tales esquiroles?"

__*_*_*__

En lo que respecta al problema de la insurrección ahora, cuando está tan cerca el 20 de octubre, no puedo juzgar desde lejos hasta qué punto habrá echado a perder las cosas este acto de esquirolaje en la prensa ajena al partido. Es indudable que se ha causado un daño práctico muy grande. Y para repararlo, lo primero es restablecer la unidad del frente bolchevique, expulsando a los esquiroles.

La pobreza de los argumentos ideológicos que se esgrimen contra la insurrección aparecerá con tanta mayor claridad cuanto más a la luz del día los sacamos. Hace unos días envié a Rabochi Putun artículo acerca de esto, y si la Redacción del periódico no cree posible publicarlo, los miembros del partido podrán leerlo, probablemente, en manuscrito'".

Estos argumentos "ideológicos"---con perdón sea dicho--- pueden reducirse a dos. Primero: ``esperar'' a la Asamblea Constituyente. Esperemos, tal vez logremos ir tirando hasta ese momento. A esto se reduce todo el argumento. Quizá podamos ir tirando, a pesar del hambre, de la ruina, del agotamiento de la paciencia de los soldados, de los manejos de Rodzianko para entregar Petrogrado a los alemanes y de los lockouts.

Quizá y tal; a eso se reduce toda la fuerza del argumento.

Segundo: un pesimismo histérico. A la burguesía y a Kerenski todo les marcha a pedir de boca; a nosotros todo nos marcha mal. Los capitalistas lo tienen todo preparado de un modo maravilloso; los obreros lo tienen todo mal preparado. Los ``pesimistas'', en lo que concierne al aspecto militar del asunto, gritan a voz en cuello; en cambio, los ``optimistas'' callan, pues sólo los esquiroles gustan de descubrir ciertas cosas a Rodzianko y Kerenski.

__*_*_*__

Tiempos difíciles. Una tarea difícil. Una grave traición.

¡Y pese a todo, la tarea será cumplida; los obreros cerrarán filas; la insurrección campesina y la impaciencia extrema de los soldados en el frente harán su obra! ¡Unamos más estrechamente aún nuestras filas; el proletariado debe vencer!

N. Lenin

Escrita el 18 (31) de octubre de 1917.

Publicada por vez primera el I de noviembre de 1927 en el núm. 250 de ``Pravda''.

T. 34, págs. 419--422.

468 __ALPHA_LVL1__ CARTA AL COMITÉ CENTRAL DEL POSD(b) DE RUSIA

Queridos camaradas:

Un partido que se aprecie a sí mismo no puede tolerar en sus medios ni el esquirolaje ni a los esquiroles. Eso es evidente. Y cuanto más se medita sobre las manifestaciones de Zinóviev y Kámenev en la prensa ajena al partido, más indiscutible resulta que su conducta es el más completo esquirolaje. El subterfugio de Kámenev en la reunión del Soviet de Petrogrado es algo verdaderamente vil; resulta que está de acuerdo por completo con Trotski. Pero ¿es tan difícil comprender que Trotski no podía, no tenía derecho, no debía decir ante los enemigos más de lo que dijo? ¿Es tan difícil de comprender que el deber del partido, que ha ocultado al enemigo su acuerdo (la necesidad de la insurrección armada, su plena madurez, su preparación en todos los aspectos, etc.), que ese acuerdo obliga, en las declaraciones públicas, a hacer recaer sobre el enemigo no sólo la ``culpa'', sino también la iniciativa? Sólo los niños pueden no comprenderlo. El subterfugio de Kámenev es sencillamente una fullería. Lo mismo debe decirse del subterfugio de Zinóviev. Por lo menos de su carta ``justificativa'' (creo que al Órgano Central), que es lo único que he visto (pues yo, miembro del CC, no he visto hasta ahora el voto particular, el "supuesto voto particular" de que grita la prensa burguesa). De los ``argumentos'' de Zinóviev: Lenin ha enviado sus cartas "antes de que fuera adoptado ningún acuerdo" y no habéis protestado. Así escribe literalmente Zinóviev, subrayando él mismo con cuatro rayas la palabra antes. ¿Es tan difícil comprender que antes de decidir la dirección central el problema de la huelga se puede hacer agitación en pro y en contra; pero que después de decidirse a favor de la huelga (después del acuerdo complementario de ocultarlo al enemigo), después de eso, hacer agitación contra la huelga es esquirolaje? Cualquier obrero lo comprenderá. El problema de la insurrección armada empezó a discutirse en la dirección central en septiembre. Era entonces cuando Zinóviev y Kámenev podían y debían haberse manifestado por escrito para que todos, a la vista de sus argumentos, para que todos apreciasen su completo desconcierto. Ocultar sus opiniones al partido durante 469 todo un mes antes de ser adoptado el acuerdo y difundir su voto particular después de adoptado significa ser un esquirol.

Zinóviev aparenta no comprender esta diferencia, no comprender que después de adoptado el acuerdo de huelga, el acuerdo de la dirección central, sólo los esquiroles pueden hacer agitación ante los organismos inferiores en contra de ese acuerdo. Cualquier obrero lo comprenderá.

Y Zinóviev ha hecho precisamente agitación y torpedeado el acuerdo de la dirección central tanto en la reunión del domingo, en la que él y Kámenev no conquistaron ni un voto, como en su carta de ahora. Porque Zinóviev tiene la desvergüenza de afirmar que "el partido no ha sido preguntado" y que semejantes cuestiones "no las deciden diez personas''. ¡Es algo increíble! Todos los componentes del CC saben que a la reunión decisiva asistieron más de diez, miembros del CC, que asistió la mayoría del Pleno; que el propio Kámenev declaró en ella: "Esta reunión es decisiva''; que, por lo que se refiere a los miembros ausentes del CC, se sabía muy bien que la mayoría de ellos no está de acuerdo con Zinóviev y Kámenev. Y después del acuerdo adoptado por el CC en una reunión que también Kámenev consideraba decisiva, un miembro del CC tiene la insolencia de escribir: "El partido no ha sido preguntado'', "semejantes cuestiones no las deciden diez personas''. Eso es el más completo esquirolaje. Hasta el congreso del partido decide el CC. El CC ha decidido. Kámenev y Zinóviev, que no expresaron su opinión por escrito antes de adoptarse el acuerdo, han comenzado a impugnar el acuerdo del CC después de haber sido tomado.

Eso es el más completo esquirolaje. Después de adoptado un acuerdo es inadmisible cualquier impugnación, por cuanto se trata de la preparación inmediata y secreta de la huelga. Zinóviev tiene ahora la insolencia de atribuirnos a nosotros "haber puesto sobre aviso al enemigo''. ¿Dónde está el límite de la desvergüenza? ¿Quién sino los que se han manifestado en la prensa ajena al partido han echado, en realidad, a perder las cosas, han frustrado la huelga "poniendo sobre aviso al enemigo"?

¡Manifestarse contra un acuerdo ``decisivo'' del partido en un periódico que, en la cuestión dada, marcha del brazo de toda la burguesía!

De tolerar eso, el partido sería imposible, quedaría destrozado.

Denominar "voto particular" lo que sabe e imprime Bazárov en un periódico que no es del partido significa mofarse del partido.

La declaración de Kámenev y Zinóviev en la prensa no perteneciente al partido es especialmente ruin, además, porque su enredosa mentira no puede ser refutada en público por el partido: no conozco los acuerdos sobre el plazo, escribe y publica Kámenev en 470 nombre propio y en el de Zinóviev. (Después de semejante declaración, Zinóviev es responsable por completo de toda la conducta y las manifestaciones de Kámenev.)

¿Cómo puede el CC refutar eso?

No podemos decir la verdad ante los capitalistas, no podemos decir que hemos acordado la huelga y decidido ocultar la elección del momento para ella.

No podemos refutar la enredosa mentira de Zinóviev y Kámenev sin perjudicar más aún a la causa. La vileza infinita, la verdadera felonía de estos dos individuos consiste, precisamente, en que han delatado a los capitalistas el plan de los huelguistas, ya que, por cuanto callamos en la prensa, cualquiera puede adivinar cómo están las cosas.

Kámenev y Zinóviev han delatado a Rodzianko y Kerenski el acuerdo del CC de su partido acerca de la insurrección armada y sobre la necesidad de ocultar al enemigo la preparación de la insurrección armada, la elección del momento para la insurrección armada. Eso es un hecho. Y este hecho no puede ser refutado con ningún subterfugio. Dos miembros del CC, con su mentira enredosa, han delatado a los capitalistas el acuerdo de los obreros. La respuesta a ello puede y debe ser sólo una, un acuerdo inmediato del CC que diga:

``Considerando que la declaración de Zinóviev y Kámenev en la prensa ajena al partido constituye un esquirolaje completo, el CC acuerda expulsar a ambos del partido".

No me resulta fácil escribir estas cosas de dos ex camaradas íntimos, pero consideraría un crimen las vacilaciones en este caso, pues, de otro modo, un partido de revolucionarios que no castigue a esquiroles destacados perecerá.

La cuestión de la insurrección armada, incluso si la han aplazado por mucho tiempo los esquiroles que la han delatado a Rodzianko y Kerenski, no ha sido retirada, no ha sido retirada por el partido. ¿Cómo es posible prepararse para la insurrección armada y prepararla tolerando en nuestros medios a ``destacados'' esquiroles? Cuanto más destacados son, tanto más peligrosos resultan y tanto más indignos son del "perdón''. On n'est trahi que par les siens, dicen los 'franceses. Se es traicionado únicamente por los suyos.

Cuanto "más destacados" son los esquiroles, tanto más obligatorio es castigarlos sin tardanza con la expulsión.

Sólo así es posible sanear el partido obrero, depurarse de una docena de intelectualillos pusilánimes, cohesionar las filas revolucionarias, marchar al encuentro de grandes y grandiosas dificultades, marchar con los obreros revolucionarios.

No podemos publicar la verdad: no podemos decir que después de 471 la reunión decisiva del CC, Zinóviev y Kámenev tuvieron la insolencia de exigir la revisión en la reunión del domingo; que Kámenev gritó desvergonzadamente: "El CC ha fratasado, ya que no ha hecho nada en toda la semana" (yo no podía desmentirle, pues no se puede decir qué se ha hecho exactamente), y que Zinóviev, con aire ingenuo, propuso una resolución que fue rechazada por la reunión: "No empezar antes de reunirse con los bolcheviques que habrán de llegar el 20 al congreso de los Soviets".

¡Es algo increíble! Después de haber resuelto la dirección central el problema de la huelga, se propone a una reunión de base que sea aplazada y transferida (antes del congreso del día 20, pero el congreso ha sido aplazado después... Los Zinóviev creen a los Liberdán); que sea transferida a una colectividad no prevista en los Estatutos del partido, que no tiene autoridad sobre el CC y que no conoce Petrogrado.

Y después de eso, Zinóviev tiene aún la insolencia de escribir: "Es poco probable que se fortalezca así la unidad del partido".

Probad a llamar eso de otra forma que no sea amenaza de escisión.

Yo respondo a semejante amenaza diciendo que iré hasta el fin, que lograré la libertad de palabra ante los obreros y, cueste lo que cueste, estigmatizaré al esquirol Zinóviev como esquirol. A la amenaza de escisión respondo declarando una guerra hasta el fin, por la expulsión de ambos esquiroles del partido.

Después de un mes de debates, la directiva de una organización sindical acuerda que la huelga es inevitable, que ha madurado y que debe ocultarse a los patronos el día de su comienzo. Después de eso, dos de la directiva van a la base a impugnar el acuerdo y fracasan. Entonces, esos dos acuden a la prensa ante los capitalistas y, por medio de una mentira enredosa, delatan el acuerdo de la directiva, frustrando con ello la huelga en el cincuenta por ciento, por lo menos, o demorándola hasta tiempos peores, pues ponen sobre aviso al enemigo.

He ahí un esquirolaje completo. Y he ahí por qué exijo que los dos esquiroles sean expulsados, reservándome el derecho (en vista de su amenaza de escisión) de publicarlo todo cuando sea posible hacerlo.

Escrita el 19 de octubre (1 de noviembre) de 1917.

I'ithlicada por vez primera el I de noviembre de 1927 en el mim. 250 de ``Pravdd''.

T. .'«. páp. 423--427.

472 __ALPHA_LVL1__ CARTA A Y. M. SVERDLOV

Camarada Sverdlov:

Sólo ayer por la tarde he sabido que Zinóviev niega por escrito su participación en la declaración de Kámenev en Nóvaya Zhizn.

¿¿¿Cómo es que no me envía nada???

Todas las cartas sobre Kámenev y Zinóviev las he enviado únicamente a los miembros del CC. Usted lo sabe bien; ¿no es extraño, después de eso, que parezca usted dudar de ello?

Por lo visto, no conseguiré asistir al Pleno, pues están a mi ``caza''. En la cuestión de Zinóviev y Kámenev, si ustedes ( + Stalin, Sokólnikov y Dzerzhinski) exigen un compromiso, presenten en contra mía la propuesta de que el asunto sea transferido a un tribunal del partido (los hechos muestran claramente que también Zinóviev ha saboteado premeditadamente): eso será un aplazamiento.

¿"Ha sido admitida la dimisión de Kámenev"? ¿Del CC? Envíeme el texto de su solicitud.

__b_b_b__

La anulación de la manifestación de los cosacos es una victoria gigantesca. ¡Hurra! ¡Atacar con todas las fuerzas y triunfaremos por completo en unos cuantos días! ¡Mis mejores saludos! Suyo.

Escrita el 22 ó 23 de octubre (4 ó 5 de noviembre) de 1917.

Publicada por vez primera en 1957 en el libro "La insurrección armada de octubre en Petrogrado''. Edición de la Academia de Ciencias de la URSS. Moscú.

T. 34, pág. 434.

473 __ALPHA_LVL1__ CARTA A LOS MIEMBROS DEL CC

Camaradas:

Escribo estas líneas el 24 por la tarde. La situación es crítica en extremo. Está claro como la luz del día que, hoy, todo lo que sea aplazar la insurrección significa verdaderamente la muerte.

Poniendo en ello todas mis fuerzas, quiero convencer a los camaradas de que hoy todo pende de un hilo, de que figuran a la orden del día problemas que no pueden resolverse por medio de conferencias ni de congresos (aunque sean, incluso, congresos de los Soviets), sino únicamente por los pueblos, por las masas, por medio de la lucha de las masas armadas.

El embate burgués de los kornilovistas y la destitución de Verjovski demuestran que no se puede esperar. Es necesario, a todo trance, detener al gobierno esta tarde, esta noche, desarmando previamente a los cadetes (después de vencerlos, si oponen resistencia), etc.

¡¡No se puede esperar!! ¡¡Nos exponemos a perderlo todo!!

¿Qué se conseguirá con la toma inmediata del poder? Proteger al pueblo (no al congreso, sino al pueblo, al ejército y a los campesinos, en primer término) contra el gobierno kornilovista, que ha expulsado de su puesto a Verjovski y ha urdido una segunda conspiración kornilovista.

r Quién ha de hacerse cargo del poder?

Esto no tiene ahora importancia: que lo asuma el Comité Militar Revolucionario = l/l "u otra institución" que declare que sólo entregará el poder a los verdaderos representantes de los intereses del pueblo, de los intereses del ejército (inmediata propuesta de paz), de los intereses de los campesinos (inmediata toma de posesión de la tierra, abolición de la propiedad privada), de los intereses de los hambrientos.

Es necesario que todos los distritos, todos los regimientos y todas las fuerzas sean movilizados inmediatamente y que envíen sin demora delegaciones al Comité Militar Revolucionario, al CC del Partido Bolchevique, exigiendo con insistencia: no dejar en modo alguno el poder en manos de Kerenski y Cía. hasta el 25, en modo 474 alguno. El problema debe resolverse sin falta esta tarde o esta noche.

La historia no perdonará ninguna dilación a los revolucionarios que hoy pueden triunfar (y que triunfarán hoy con toda seguridad) y que mañana correrán el riesgo de perder mucho, de perderlo todo.

Si hoy nos adueñamos del poder, no nos adueñamos de él contra los Soviets, sino para ellos.

La toma del poder es obra de la insurrección; su meta política se verá clara después de que hayamos tomado el poder.

Esperar a la votación incierta del 25 de octubre sería echarlo todo a perder o sería puro formalismo; el pueblo tiene el derecho y el deber de resolver estos problemas no por medio de votaciones, sino por la fuerza; tiene, en momentos críticos de la revolución, el derecho y el deber de señalar el camino a sus representantes, incluso a sus mejores representantes, sin detenerse a esperar por ellos.

Así lo ha demostrado la historia de todas las revoluciones, y los revolucionarios cometerían el mayor de los crímenes si dejasen pasar el momento, sabiendo que de ellos depende la salvación de la revolución, la propuesta de paz, la salvación de Retrogrado, la salida del hambre y la entrega de la tierra a los campesinos.

El gobierno vacila. ¡Hay que acabar con él, cueste lo que cueste!

Demorar la acción equivaldría a la muerte.

Escrita el 24 de octubre (6 de noviembre) de 1917.

Publicada por vez primera en ¡924.

'!''. 34, páfra. 4:í~>-4.'!6.

475 __ALPHA_LVL1__ ¡A LOS CIUDADANOS DE RUSIA!

El Gobierno Provisional ha sido derribado. El poder del Estado ha pasado a manos del Comité Militar Revolucionario, que es un órgano del Soviet de diputados obreros y soldados de Petrogrado y se encuentra al frente del proletariado y de la guarnición petrogradenses.

Los objetivos por los que ha luchado el pueblo---la propuesta inmediata de una paz democrática, la abolición de la propiedad agraria de los terratenientes, el control obrero de la producción y la constitución de un Gobierno soviético---están asegurados.

¡Viva la revolución de los obreros, soldados y campesinos!

El Comité Militar Revolucionario
del Soviet de diputados obreros
V .soldados de Petrofrrado

25 de octubre de 1917, 10 de la mañana.

Publicado el 25 de octubre (7 de noviembre) de ¡9¡7 en el núm. H de "Rabochi V Soldat".

/'. 35. pág. I.

[476] ~ 477 __ALPHA_LVL1__ II CONGRESO DE LOS SOVIETS
DE DIPUTADOS OBREROS Y SOLDADOS
DE TODA RUSIA^^175^^
25--26 de octubre (7-8 de noviembre) de 1917

Publicado: el llamamienlo "¡A los obreros, a los soldados, a los campesinos!'', el 20de octuhre (H de noviembre) de 1917 en el núm. 9 del periódico "Rabochi y Soldat''; los informes sobre la paz y acerca de la tierra y el discurso de resumen de la discusión del informe sobre la fíaz. el 2tf de octubre (10 de noviembre) de 191 7 en el núm. 171 de "I'ravda" y en el núm. 209 de "Izveslia del CEC''; el Decreto de la Paz, el 27 de octubre (O de noviembre) de 1917 en el filón. 170 de ``Pravda'' y eit el núm. 208 de "Izvestia del C'f,(7''; el Decreto sobre la tierra, el 28 de octubre (10 de noviembre) de 1917 en el núm. 171 de "Pravda " y en el núm. 209 de "Izvestia del ('K('''; la resolución sobre la formación del (Gobierna Obrero y (Campesino, el 27 de octubre (9 de noviembre) de 1917 en el núm. 10 de "Kaboclñ y Soldat".

T. 35, púgs. 7-29.

[478] ~ 479

1

¡A LOS OBREROS,
A LOS SOLDADOS,
A LOS CAMPESINOS!

Ha comenzado sus labores el II Congreso de los Soviets de diputados obreros y soldados de toda Rusia. En él está representada la inmensa mayoría de los Soviets. También asisten muchos delegados de los Soviets campesinos. Han expirado los poderes del Comité Ejecutivo Central conciliador = I7<>. Apoyándose en la voluntad de la inmensa mayoría de los obreros, de los soldados y de los campesinos, apoyándose en la insurrección victoriosa de los obreros y de la guarnición de Retrogrado, el congreso toma en sus manos el poder.

Ha sido derribado el Gobierno Provisional. La mayoría de sus miembros están ya detenidos.

El Poder soviético propondrá a todos los pueblos una paz democrática inmediata y un armisticio inmediato en todos los frentes. Asegurará el paso a los comités campesinos, sin indemnización, de la tierra de los latifundistas, de las tierras de la Corona y de los monasterios; defenderá los derechos del soldado, llevando a cabo la completa democratización del ejército; implantará el control obrero de la producción; asegurará la reunión de la Asamblea Constituyente en el momento oportuno; se preocupará de abastecer de pan a las ciudades y de artículos de primera necesidad al campo, y garantizará a todas las naciones que pueblan Rusia el auténtico derecho a la autodeterminación.

El congreso acuerda: todo el poder en las localidades pasa a los Soviets de diputados obreros, soldados y campesinos, llamados a asegurar un orden verdaderamente revolucionario.

El congreso exhorta a la vigilancia y la firmeza a los soldados que 480 se encuentran en las trincheras. El Congreso de los Soviets está convencido de que el ejército revolucionario sabrá defender la revolución frente a todos los ataques del imperialismo, mientras el nuevo gobierno no obtenga la paz democrática que va a proponer directamente a todos los pueblos. El nuevo gobierno adoptará todas las medidas precisas para asegurar al ejército revolucionario cuanto necesita, por medio de una enérgica política de requisas y de tributos a las clases poseedoras; mejorará también la situación de las familias de los soldados.

Los kornilovistas---Kerenski, Kaledin y otros---intentan lanzar tropas contra Petrogrado. Algunos destacamentos que, con engaños, habían sido enviados por Kerenski, se han pasado al pueblo insurreccionado.

¡Soldados: Oponed una resistencia activa al kornilovista Kerenski! ¡Estad alerta!

¡Ferroviarios: Detened todos los trenes enviados por Kerenski sobre Petrogrado!

¡Soldados, obreros, empleados: La suerte de la revolución y de la paz democrática está en vuestras manos!

¡Viva la revolución!

El Congreso de los Soviets de diputados obreros y soldados de toda Rusia

Los delegados de los Soviets campesinos

Escrito el 2.5 de octubre (7 de noviembre) de 1917.

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Primera página del núin. 9 del per lódiio Rabochi y So/dat, 101 lespondienle al 20 de octubre (8 de noviembre) de 1917.

481

2

INFORME SOBRE LA PAZ 26 DE OCTUBRE (8 DE NOVIEMBRE)

El problema de la paz es un problema candente, espinoso, del momento actual. Se ha hablado y escrito mucho de este problema y es seguro que todos vosotros lo habréis discutido no pocas veces. Permitid, pues, que dé lectura a la declaración que deberá publicar el gobierno elegido por vosotros.

DECRETO DE LA PAZ

El Gobierno Obrero y Campesino, creado por la revolución del 24 y 25 de octubre y que se apoya en los Soviets de diputados obreros, soldados y campesinos, propone a todos los pueblos beligerantes y a sus gobiernos entablar negociaciones inmediatas para concluir una paz justa y democrática.

El Gobierno considera que la paz inmediata, sin anexiones (es decir, sin conquistas de territorios ajenos, sin incorporación de pueblos ajenos por la fuerza) ni contribuciones, es la paz justa o democrática que ansia la mayoría abrumadora de los obreros y de las clases trabajadoras de todos los países beligerantes, agotados, atormentados y martirizados por la guerra; la paz que los obreros y los campesinos rusos han reclamado del modo más categórico y tenaz después de ser derrocada la monarquía zarista.

Esta es la paz cuya firma inmediata propone el Gobierno de Rusia a todos los pueblos beligerantes, declarándose dispuesto a dar sin dilación alguna cuantos pasos decisivos sean necesarios, hasta la ratificación definitiva de todas las condiciones de una paz semejante por las asambleas competentes de representantes populares de todos los países y de todas las naciones.

16--74

482

De conformidad con la conciencia jurídica de la democracia en general, y de las clases trabajadoras en particular, el Gobierno entiende por anexión o conquista de territorios ajenos toda incorporación a un Estado grande o poderoso de una nación pequeña o débil, sin el deseo ni el consentimiento de esta última, manifestado de manera explícita, clara y libre, independientemente del momento en que se haya efectuado esa anexión forzosa; independientemente, asimismo, del grado de desarrollo o de atraso de la nación anexionada o mantenida por la fuerza en los límites de un Estado; independientemente, en fin, de si dicha nación se encuentra en Europa o en los lejanos países de ultramar.

Si una nación, cualquiera que sea, es mantenida por la fuerza en los límites de un Estado; si, a pesar del deseo expresado por ella ---independientemente de que lo haga en la prensa, en asambleas populares, en acuerdos de los partidos o en movimientos de rebeldía o insurrecciones contra la opresión nacional---, no se le concede el derecho de decidir en votación libre, sin la menor coacción y con la retirada completa de las tropas de la nación conquistadora o, en general, más poderosa, el problema de sus formas de existencia como Estado, su incorporación constituirá una anexión, es decir, una conquista y un acto de violencia.

El Gobierno considera el mayor crimen contra la humanidad continuar esta guerra por el reparto, entre las naciones fuertes y ricas, de los pueblos débiles conquistados por ellas, y proclama solemnemente su decisión de firmar sin demora unas cláusulas de paz que pongan fin a esta guerra en las condiciones indicadas, justas por igual para todas las naciones sin excepción.

Al mismo tiempo, el Gobierno declara que las condiciones de paz antes indicadas no tienen en modo alguno carácter de ultimátum, es decir, que está dispuesto a examinar cualesquiera otras, insistiendo únicamente en que sean presentadas con la mayor rapidez posible por cualquier país beligerante y estén redactadas con toda claridad, sin ninguna ambigüedad y sin ningún secreto.

El Gobierno pone fin a la diplomacia secreta, manifestando su firme propósito de sostener todas las negociaciones a la luz del día, ante el pueblo entero, y procediendo sin demora a la publicación íntegra de los tratados secretos, ratificados o concertados por el gobierno de los terratenientes y capitalistas desde febrero hasta el 25 de octubre de 1917. Declara anuladas de manera absoluta e inmediata todas las cláusulas de esos tratados secretos, por cuanto en la mayoría de los casos tienden a proporcionar ventajas y privilegios a los terratenientes y capitalistas rusos y a mantener o aumentar las anexiones de los rusos.

Al proponer a los gobiernos y a los pueblos de todos los países 483 entablar inmediatamente negociaciones públicas para concertar la paz, el Gobierno declara, a su vez, que está dispuesto a sostener esas negociaciones por escrito, por telégrafo, mediante conversaciones entre los representantes de los diversos países o en una conferencia de dichos representantes. Con objeto de facilitar estas negociaciones, el Gobierno designa a su representante plenipotenciario ante los países neutrales.

El Gobierno propone a todos los gobiernos y los pueblos de todos los países beligerantes concertar sin dilación un armisticio, considerando deseable, por su parte, que este armisticio dure tres meses, por lo menos; es decir, un plazo durante el cual sean plenamente posibles tanto la terminación de las negociaciones de paz---con participación de representantes de todos los pueblos o naciones, sin excepción, empeñados en la guerra u obligados a intervenir en ella---como la convocatoria en todos los países de asambleas autorizadas de representantes del pueblo para ratificar definitivamente las condiciones de paz.

Al dirigir esta proposición de paz a los gobiernos y a los pueblos de todos los países beligerantes, el Gobierno Provisional Obrero y Campesino de Rusia se dirige también, y sobre todo, a los obreros conscientes de las tres naciones más adelantadas de la humanidad y de los tres Estados más importantes que participan en la guerra actual: Inglaterra, Francia y Alemania. Los obreros de estos países han prestado los mayores servicios a la causa del progreso y del socialismo; han dado los magníficos ejemplos del movimiento carlista en Inglaterra, de las revoluciones de importancia histórica universal realizadas por el proletariado francés y, por último, de la heroica lucha contra la Ley de excepción en Alemania y de la larga, tenaz y disciplinada labor---que sirve de ejemplo a los obreros del mundo entero---encaminada a crear organizaciones proletarias de masas en dicho país. Todos estos ejemplos de heroísmo proletario y de iniciativa histórica nos garantizan que los obreros de los países mencionados comprenderán el deber en que están hoy de librar a la humanidad de los horrores de la guerra y de sus consecuencias; que esos obreros, con su actividad múltiple, resuelta, abnegada y enérgica, nos ayudarán a llevar a feliz término la causa de la paz y, con ella, la causa de la liberación de las masas trabajadoras y explotadas de toda esclavitud y de toda explotación.

__-_-_-__

El Gobierno Obrero y Campesino, creado por la revolución del 24 y 25 de octubre y que se apoya en los Soviets de diputados obreros, soldados y campesinos, debe entablar inmediatamente 484 negociaciones de paz. Nuestro llamamiento debe dirigirse al mismo tiempo a los gobiernos y a los pueblos. No podemos dar de lado a los gobiernos, porque eso alejaría la posibilidad de concertar la paz, y un gobierno popular no puede atreverse a hacerlo. Pero tampoco tenemos derecho a dejar de dirigirnos simultáneamente a los pueblos. Los gobiernos y los pueblos están en desacuerdo en todas partes, y por eso debemos ayudar a los pueblos a intervenir en los problemas de la guerra y la paz. Como es natural, defenderemos por todos los medios nuestro programa íntegro de paz sin anexiones ni contribuciones. No nos apartaremos de este programa, pero debemos privar a nuestros enemigos de la posibilidad de decir que sus condiciones son distintas y que, por consiguiente, es inútil entablar negociaciones con nosotros. Sí, debemos privarles de esa ventaja y no formular nuestras condiciones como un ultimátum. Por eso incluimos el punto en que declaramos estar dispuestos- a examinar todas las condiciones de paz, todas las proposiciones. Examinar no significa aún aceptar. Las someteremos a discusión en la Asamblea Constituyente, que tendrá plenos poderes para decir dónde se puede y dónde no se puede ceder. Combatimos el engaño de los gobiernos, que, de palabra, son todos partidarios de la paz y de la justicia, pero que, de hecho, sostienen guerras de conquista y de rapiña. Ningún gobierno dirá todo lo que piensa. Nosotros, en cambio, estamos en contra de la diplomacia secreta y actuaremos a la luz del día, ante todo el pueblo. No cerramos los ojos hoy, ni los hemos cerrado jamás, ante las dificultades. La guerra no puede terminarse renunciando simplemente a ella; la guerra no puede terminarla una de las partes beligerantes. Proponemos un armisticio de tres meses, pero no rechazaremos un armisticio más corto, para que, al menos durante cierto tiempo, pueda respirar el ejército fatigado; además de esto, es necesario convocar en todos los países civilizados asambleas populares, en las que se discutan las condiciones.

Al proponer un armisticio inmediato, nos dirigimos a los obreros conscientes de los países que tanto han hecho por el desarrollo del movimiento proletario. Nos dirigimos a los obreros de Inglaterra, que han conocido el movimiento carlista; a los obreros de Francia, que han demostrado en múltiples insurrecciones todo el vigor de su conciencia de clase, y a los obreros de Alemania, que han salido airosos de la lucha contra la ley acerca de los socialistas y creado potentes organizaciones.

En el manifiesto del 14 de = marzo^^177^^ proponíamos derribar a los banqueros; pero, lejos de derribar a los nuestros, incluso nos hemos aliado con ellos. Ahora hemos derribado el gobierno de los banqueros.

485

Los gobiernos y la burguesía harán todos los esfuerzos posibles para unirse y ahogar en sangre la revolución obrera y campesina. Pero los tres años de guerra han enseñado bastante a las masas: el movimiento soviético en otros países; la sublevación de la flota alemana, que los junkers del verdugo Guillermo II han aplastado. Hay que recordar, por último, que no vivimos en el centro de África, sino en Europa, donde todo puede saberse pronto.

El movimiento obrero triunfará y abrirá el camino hacia la paz y el socialismo. (Clamorosos aplausos, que duran largo rato.)

486

3

DISCURSO DE RESUMEN
DE LA DISCUSIÓN
DEL INFORME SOBRE LA PAZ
26 DE OCTUBRE (8 DE NOVIEMBRE)

No hablaré del carácter general de la declaración. El gobierno que vuestro Congreso ha de crear podrá introducir también modificaciones en los puntos no sustanciales.

Me opondré resueltamente a que nuestra reivindicación de paz tenga carácter de ultimátum. Eso podría ser funesto para toda nuestra causa. No podemos admitir que la negativa a apartarnos, por poco que sea, de nuestras exigencias dé a los gobiernos imperialistas motivo para decir que no ha sido posible entablar negociaciones de paz con nosotros a causa de nuestra intransigencia.

Enviaremos nuestro llamamiento a todas partes y lo conocerá el mundo entero. Será imposible ocultar las condiciones propuestas por nuestro Gobierno Obrero y Campesino.

No es posible ocultar nuestra revolución obrera y campesina, que ha derribado el gobierno de los banqueros y de los terratenientes.

Si adoptásemos una forma de ultimátum, los gobiernos podrían negarse a responder. Con la redacción que os proponemos deberán contestar. Que todo el mundo sepa lo que piensan sus gobiernos. No queremos secretos. Queremos que cada gobierno esté siempre sometido al control de la opinión pública de su país.

¿Qué diría el campesino de cualquier provincia lejana si, a consecuencia del carácter irrevocable de nuestras propuestas, no se enterase de lo que quieren otros gobiernos? "Camaradas---nos preguntaría---, ¿por qué habéis excluido la posibilidad de otras proposiciones de paz? Las habría discutido, las habría examinado 487 y, después, habría comunicado a mis representantes en la Asamblea Constituyente cómo deben proceder. Estoy dispuesto a combatir revolucionariamente por unas condiciones justas, si los gobiernos no las aceptan; pero puede ocurrir que a determinados países se les presenten tales condiciones que yo esté dispuesto a proponer a sus gobiernos que continúen ellos mismos la lucha. La realización total de nuestras aspiraciones sólo depende del derrocamiento de todo el régimen capitalista''. Eso es lo que podría decirnos el campesino, acusándonos de ser demasiado intransigentes en cuestiones insignificantes, cuando lo esencial para nosotros es poner al desnudo toda la infamia, toda la ignominia de la burguesía y de los verdugos, coronados o sin coronar, puestos a la cabeza de los gobiernos.

No podemos ni debemos dar a los gobiernos la posibilidad de escudarse con nuestra intransigencia y ocultar a los pueblos por qué se les envía al matadero. Eso es sólo una gota de agua, pero no podemos ni debemos renunciar a esta gota de agua, que horada la roca de la política burguesa de conquistas. Unas condiciones de paz con carácter de ultimátum aliviarían la situación de nuestros adversarios. En cambio, nosotros daremos a conocer al pueblo todas las condiciones. Plantearemos a todos los gobiernos nuestras condiciones y que respondan ante sus propios pueblos. Someteremos todas las proposiciones de paz a examen de la Asamblea Constituyente.

Hay otro punto, camaradas, al que debéis prestar suma atención. Los tratados secretos deben ser publicados. Las cláusulas referentes a las anexiones y las contribuciones deben anularse. Las cláusulas son muy variadas, camaradas, pues los gobiernos de saqueadores hacían algo más que ponerse de acuerdo acerca del pillaje; entre sus tratados figuraban también convenios económicos y diversos puntos sobre las relaciones de buena vecindad.

No nos atamos las manos con los tratados. No nos dejaremos atar por los tratados. Rechazamos todas las cláusulas de bandidaje y de violencia; pero aceptaremos con satisfacción, y no podemos rechazar, las cláusulas que establezcan relaciones de buena vecindad y acuerdos económicos. Proponemos un armisticio de tres meses; fijamos un plazo largo, porque los pueblos están cansados, están sedientes de reposo después de más de tres años de guerra sangrienta. Debemos comprender que los pueblos tienen que discutir las condiciones de paz, manifestar su voluntad con participación de los parlamentos, y todo esto requiere tiempo. Exigimos un armisticio largo precisamente para que el ejército que se encuentra en las trincheras salga de la pesadilla del asesinato permanente, pero no rechazamos proposiciones de armisticio de 488 menor duración; las discutiremos y las tendremos que aceptar, aunque se nos proponga un armisticio de un mes o mes y medio. Nuestra proposición de armisticio tampoco debe tener carácter de ultimátum, pues no queremos dar a nuestros enemigos la posibilidad de ocultar toda la verdad a los pueblos, escudándose con nuestra intransigencia. No debe tener carácter de ultimátum, pues el gobierno que no quiere el armisticio es un gobierno criminal. Si nuestra proposición de armisticio no es irrevocable, obligaremos con ello a los gobiernos a adoptar ante los pueblos la posición de unos criminales, y los pueblos no tendrán consideración alguna con tales criminales. Se nos objeta que si no presentamos condiciones irrevocables daremos muestras de impotencia; pero es hora ya de arrojar por la borda la falsedad burguesa al hablar de la fuerza del pueblo. La fuerza se demuestra, en opinión de la burguesía, cuando las masas van ciegamente al matadero, obedeciendo las órdenes de los gobiernos imperialistas. La burguesía considera fuerte a un Estado sólo cuando éste puede, utilizando todo el poder del aparato gubernamental, obligar a las masas a ir adonde lo desean los gobernantes burgueses. Nuestra concepción de la fuerza es muy distinta. A nuestro parecer, el Estado es fuerte gracias a la conciencia de las masas. El Estado es fuerte cuando las masas lo saben todo, pueden juzgar de todo y lo hacen todo conscientemente. No tenemos por qué temer decir la verdad acerca del cansancio, pues ¿qué país no está ya cansado, qué pueblo no lo dice sin rodeos? Tomemos Italia, cuyo cansancio ha originado un largo movimiento revolucionario, que exige el cese de la matanza. ¿No vemos en Alemania manifestaciones obreras de masas con la consigna de poner fin a la guerra? La sublevación de la flota alemana, implacablemente reprimida por el verdugo Guillermo y sus lacayos, ¿no ha sido provocada por el cansancio? Si son posibles tales fenómenos en un país tan disciplinado como Alemania, donde se empieza ya a hablar de cansancio y de acabar la guerra, no tenemos por qué temer hablar también abiertamente de eso, pues se trata de una verdad evidente tanto para nosotros como para todos los países beligerantes e incluso para los no beligerantes.

489

4

INFORME ACERCA DE LA TIERRA 26 DE OCTUBRE (8 DE NOVIEMBRE)

Consideramos que la revolución ha mostrado y demostrado la importancia que tiene plantear con claridad el problema de la tierra. El surgimiento de la insurrección armada, de la segunda revolución, la de Octubre, prueba claramente que la tierra debe ser entregada a los campesinos. El gobierno derribado y los partidos conciliadores de los mencheviques y eseristas cometían un crimen al aplazar, con diversos pretextos, la solución del problema agrario y llevar así al país a la ruina y a la insurrección campesina. Cuanto dicen acerca de los pogromos y de la anarquía en el campo son una falsedad y un cobarde engaño. ¿Cuándo y dónde se ha visto que los pogromos y la anarquía sean suscitados por medidas sensatas? ¿Es que las masas campesinas se habrían agitado si el gobierno hubiera actuado sensatamente y sus medidas hubiesen respondido a las necesidades de los campesinos pobres? Pero todas las medidas gubernamentales, refrendadas por los Soviets de Avxéntiev y Dan, iban dirigidas contra los campesinos y los empujaban a la insurrección.

Después de originar la insurrección, el gobierno empezó a hablar a gritos de los pogromos y la anarquía que él mismo había provocado. Quería reprimirla a sangre y fuego, pero él mismo ha sido barrido por la insurrección armada de los soldados, los marinos y los obreros revolucionarios. El gobierno de la revolución obrera y campesina debe resolver, en primer término, el problema de la tierra, capaz de calmar y dar satisfacción a las grandes masas de campesinos pobres. Voy a leeros los artículos del decreto que debe promulgar vuestro Gobierno de los Soviets. Uno de los artículos de este decreto contiene el mandato a los comités agrarios, redactado sobre la base de los 242 mandatos de los Soviets locales de diputados campesinos.

490

DECRETO SOBRE LA TIERRA

1) Queda abolida en el acto sin ninguna indemnización la gran propiedad agraria.

2) Las fincas de los terratenientes, así como todas las tierras de la Corona, de los monasterios y de la Iglesia, con todo su ganado de labor y aperos de labranza, edificios y todas las dependencias, pasan a disposición de los comités agrarios subdistritales y de los Soviets distritales de diputados campesinos hasta que se reúna la Asamblea Constituyente.

3) Cualquier deterioro de los bienes confiscados, que desde este momento pertenecen a todo el pueblo, será considerado un grave delito, punible por el tribunal revolucionario. Los Soviets distritales de diputados campesinos adoptarán todas las medidas necesarias para asegurar el orden más riguroso en la confiscación de las fincas de los terratenientes, para determinar exactamente los terrenos confiscables y su extensión, para inventariar con detalle todos los bienes confiscados y para proteger con el mayor rigor revolucionario todas las explotaciones agrícolas, edificios, aperos, ganado, reservas de víveres, etc., que pasan al pueblo.

4) Para la realización de las grandes transformaciones agrarias, hasta que la Asamblea Constituyente las determine definitivamente, debe servir de guía en todas partes el mandato campesino que se reproduce a continuación, confeccionado por la Redacción de Izvestia Vserossískogo Sovieta Krestiánskij Deputátov, sobre la base de los 242 mandatos campesinos locales, y publicado en el número 88 de dicho = periódico^^178^^ (Petrogrado, N° 88, 19 de agosto de 1917).

MANDATO CAMPESINO ACERCA DE LA TIERRA

``El problema de la tierra sólo puede ser resuelto en todo su volumen por la Asamblea Constituyente de todo el pueblo.

``La solución más justa del problema de la tierra debe ser la siguiente:

``1) Queda abolido para siempre el derecho de propiedad privada de la tierra; la tierra no puede ser vendida, comprada, arrendada, hipotecada o enajenada en ninguna otra forma.

``Todas las tierras del Estado, de la Corona, del zar, de lo.s monasterios, de la Iglesia, de las posesiones, de = lo.smayorazgos^^1^^''', de propiedad privada, de las comunidades y de los campesinos, etc., son enajenadas sin indemnización, se convierten en patrimonio de todo el pueblo y pasan en usufructo a todos los que las trabajan.

``A los damnificados por esta transformación del régimen de propiedad no se les reconcxe más derecho que el de recibir un socorro de la sociedad durante el tiempo necesario para adaptarse a las nuevas condiciones de existencia.

``2) Todas las riquezas del subsuelo---minerales, petróleo, carbón, sal, etc.---, así como los bosques y las aguas de importancia nacional, serán usufructuadas con carácter exclusivo por el Estado. Todos los pequeños ríos, lagos, bosques, etc., 491 pasan en usufructo a las comunidades, a condición de que sean explotados por los organismos de administración autónoma local.

``3) Las tierras con haciendas de alto nivel agrotécnico: huertos, plantaciones, semilleros, viveros, invernaderos, etc., no serán repartidas, sino convertidas en haciendas modelo, y transferidas en usufructo exclusivo al Estado o a las comunidades, según su extensión e importancia.

``Las tierras lindantes con las casas, en las ciudades y en el campo, con sus jardines y huertas, quedarán en usufructo de sus actuales propietarios. La extensión de estos terrenos y el impuesto a pagar por su usufructo serán establecidos por vía legislativa.

``4) Los criaderos de ganado caballar, las granjas de ganado de raza, avícolas, etc., pertenecientes al Estado y a los particulares, quedan confiscados, convertidos en patrimonio de todo el pueblo y transferidos en usufructo exclusivo al Estado o a las comunidades, según sus proporciones e importancia.

``La cuestión del rescate será examinada por la Asamblea Constituyente.

``5) Todo el ganado de labor y los aperos de labranza de las tierras confiscadas pasan sin indemnización en usufructo exclusivo al Estado o a las comunidades, según sus proporciones e importancia.

``La confiscación de aperos no afecta a los campesinos con poca tierra.

``6) Tienen derecho al usufructo de la tierra todos los ciudadanos del Estado ruso (sin distinción de sexo) que deseen trabajarla ellos mismos, con la ayuda de su familia o asociados con otros, pero sólo durante el tiempo que se encuentren en condiciones de hacerlo. No se permite el trabajo asalariado.

``En caso de que cualquier miembro de la comunidad rural se vea imposibilitado accidentalmente para trabajar durante dos años, la comunidad rural tiene el deber de ayudarle en ese período cultivando colectivamente la tierra hasta que recobre su capacidad de trabajo.

``Los agricultores que, por vejez o invalidez, se vean privados para siempre de la posibilidad de trabajar personalmente la tierra, perderán su derecho al usufructo de ésta, pero recibirán, en cambio, una pensión del Estado.

``7) El usufructo del suelo debe ser igualitario, es decir, la tierra se reparte entre los trabajadores, teniendo en cuenta las condiciones locales, de acuerdo con la norma de trabajo o de consumo.

``Las formas de usufructo de la tierra deben ser enteramente libres: individual, en cortijo, comunal o cooperativa, según lo decidan las distintas aldeas y poblados.

``8) Al ser enajenada, toda la tierra pasa al fondo agrario nacional. El reparto de la tierra entre los trabajadores es dirigido por las administraciones autónomas locales y centrales, desde las comunidades rurales y urbanas, organizadas democráticamente sin diferenciación de categorías, hasta las instituciones regionales centrales.

``El fondo agrario será sometido a repartos periódicos en consonancia con el crecimiento de la población y con la elevación de la productividad y del nivel técnico de la agricultura.

``En caso de modificarse los límites de las parcelas repartidas, permanecerá intacto el núcleo inicia] de la parcela.

``La tierra de los miembros salientes vuelve al fondo agrario. Se reconoce el derecho de prioridad en la percepción cíe dicha tierra a los familiares más cercanos de lo.s miembros salientes y a las personas designadas por ellos.

``El valor de los abonos y de los trabajos de mejoramiento (mejoras radicales) invertidos en la tierra debe ser rembolsado en la proporción en que no hayan sido utilizados antes de ser devuelta la parcela al fondo agrario.

``En los lugares donde el fondo agrario existente no baste para satisfacer las necesidades de toda la población local, el excedente de población deberá ser asentado en otras tierras.

492

``El Estado debe tomar a su cargo la organización del asentamiento, así como los gastos que originen éste y la adquisición de aperos, etc.

``F.l asentamiento se hará en el orden siguiente: primero, los campesinos sin tierra que lo deseen; después, los miembros tarados de la comunidad, los desertores, etc., y, finalmente, por sorteo o acuerdo".

Se declara ley provisional el contenido de este mandato, que expresa la voluntad indudable de la mayoría abrumadora de los campesinos conscientes de toda Rusia. Esta ley será aplicada hasta la reunión de la Asamblea Constituyente sin ningún aplazamiento, en la medida de lo posible, y, en algunas de sus partes, con la necesaria gradación, que deberán determinar los Soviets distritales de diputados campesinos.

5) No se confiscan las tierras de los simples campesinos y cosacos.

__-_-_-__

Se dice aquí que el decreto y el mandato han sido redactados por los socialistas-revolucionarios. Sea así. No importa quién los haya redactado; mas como gobierno democrático no podemos dar de lado la decisión de las masas populares, aun en el caso de que no estemos de acuerdo con ella. En el crisol de la vida, en su aplicación práctica, al hacerla realidad en cada lugar, los propios campesinos verán dónde está la verdad. E incluso si los campesinos siguen marchando tras los socialistas-revolucionarios, incluso si dan a este partido la mayoría en la Asamblea Constituyente, volveremos a decir: Sea así. La vida es el mejor maestro y mostrará quién tiene razón. Que los campesinos resuelvan este problema por un extremo y nosotros por el otro. La vida nos obligará a acercarnos en el torrente común de la iniciativa revolucionaria, en la concepción de nuevas formas del Estado. Debemos marchar al paso con la vida; debemos conceder plena libertad al genio creador de las masas populares. El antiguo gobierno, derribado por la insurrección armada, pretendía resolver el problema agrario con el concurso de la vieja burocracia zarista mantenida en sus puestos. Pero, en lugar de resolver el problema, la burocracia no hizo más que luchar contra los campesinos. Los campesinos han aprendido algo en estos ocho meses de nuestra revolución y quieren resolver por sí mismos todos los problemas relativos a la tierra. Por eso nos pronunciamos contra toda enmienda a este proyecto de ley. No queremos entrar en detalles, porque redactamos un decreto, y no un programa de acción. Rusia es grande y las condiciones locales existentes en ella son diversas. Confiamos en que los propios campesinos sabrán, mejor que

493 nosotros, resolver el problema con acierto, como es debido. Lo esencial no es que lo hagan de acuerdo con nuestro programa o con el de los eseristas. Lo esencial es que el campesinado tenga la firme seguridad de que han dejado de existir los terratenientes, que los campesinos resuelvan ellos mismos todos los problemas y organicen su propia vida. (Clamorosos aplausos.)

494

5

RESOLUCIÓN SOBRE LA FORMACIÓN DEL GOBIERNO OBRERO Y CAMPESINO

El Congreso de los Soviets de diputados obreros, soldados y campesinos de tocia Rusia acuerda:

Formar para la administración del país, hasta la celebración de la Asamblea Constituyente, un Gobierno Provisional Obrero y Campesino, que se denominará Consejo de Comisarios del Pueblo. La dirección de las distintas ramas de la vida del Estado se encomienda a comisiones, cuyos componentes deben asegurar la aplicación del programa proclamado por el congreso, en unión estrecha con las organizaciones de masas de los obreros, obreras, marinos, soldados, campesinos y empleados. El poder gubernamental pertenece al consejo de presidentes de dichas comisiones, es decir, al Consejo de Comisarios del Pueblo.

El control sobre la actividad de los Comisarios del Pueblo y el derecho de revocarlos pertenece al Congreso de los Soviets de diputados obreros, campesinos y soldados de toda Rusia y a su Comité Ejecutivo Central.

En la actualidad, el Consejo de Comisarios del Pueblo está compuesto de las siguientes personas:

Presidente del Consejo, Vladímir Ulianov (Lenin);

Comisario del Pueblo del Interior, A. I. Rykov;

Agricultura, V. P. Miliutin;

Trabajo, A. G. Shliápnikov;

Guerra y Marina, un comité integrado por: V. A. Ovséienko (Antónov), N. V. Krylenko y P. E. Dybenko\

Comercio e Industria, V. P. Noguín;

Instrucción Pública, A. V. Lunacharski;

Hacienda, /. /. Skvortsov (Stepánov)',

Negocios Extranjeros, L.D.Bronstein (Trotski);

495

Justicia, G.l.Oppókov (Lómov);

Abastecimiento, LA. Teodoróvich;

Correos y Telégrafos, N.P.Avüov (Glébov);

Presidente para Asuntos de las Nacionalidades, /. V. Dzhugashvili (Stalin).

Queda vacante provisionalmente el cargo de Comisario del Pueblo de Ferrocarriles.

Escrito el 26 de octubre (8 de noviembre) de 1917.

496

RADIOGRAMA DEL CONSEJO

DE COMISARIOS DEL PUEBLO

30 DE OCTUBRE (12 DE NOVIEMBRE)

DE 1917

A todos. A todos.

El Congreso de los Soviets de toda Rusia ha elegido un nuevo gobierno, el Gobierno de los Soviets. El Gobierno Kerenski ha sido depuesto y detenido. Kerenski ha huido. Todas las instituciones se encuentran en manos del Gobierno soviético. El 29 de octubre se han sublevado los cadetes, puestos en libertad bajo palabra de honor el 25 de octubre. La sublevación ha sido sofocada ese mismo día. Kerenski y Sávinkov, con los cadetes y parle de los cosacos, han llegado por medio de engaños hasta Tsárskoie Seló. El Gobierno soviético ha movilizado fuerzas para reprimir la nueva marcha kornilovista sobre Petrogrado. La flota, con el acorazado República al frente, ha sido llamada a la capital. Los cadetes y los cosacos de Kerenski vacilan. Llegan a nosotros prisioneros del campo de Kerenski, quienes declaran que los cosacos han sido engañados y que, si comprenden de qué se trata, no dispararán. El Gobierno soviético toma todas las medidas necesarias para evitar derramamientos de sangre. Si no se logra evitarlos, si los destacamentos de Kerenski, pese a todo, abren fuego, el Gobierno soviético no vacilará en adoptar medidas implacables para aplastar la nueva campaña kerensko-kornilo vista.

Comunicamos, para conocimiento de todos, que el Congreso de los Soviets, cuyos delegados han partido ya para sus lugares de procedencia, ha aprobado dos importantes decretos: 1) sobre el paso inmediato de todas las tierras de los latifundistas a manos de los comités campesinos y 2) sobre la proposición de una paz democrática.

El Presidente del Gobierno soviético Vladímir Uliánov (Lenin)

Publicado el 30 de octubre (12 de noviembre) de 1917 en el núm. 2 de "Grtzcíw Vrémennogo Rabóchego y Krestiánskttgo PravílelstvtC', y el .'II de octubre de 1917 en el núm. 212 de " Izvestid del ('E(T'.

1. .'{.). pág. 4\.

497

PROYECTO DE DECRETO SOBRE EL CONTROL OBRERO^^180^^

1. Queda establecido el c (nitro I obrero sobre la producción, conservación y compraventa de todos los productos y materias primas en todas las empresas industriales, comerciales, bancarias, agrícolas, etc., que cuenten con cinco obreros y empleados (en conjunto), por lo menos, o cuyo giro anual no sea inferiora 10.000 rublos.

2. Ejercerán el control obrero todos los obreros y empleados de la empresa, ya directamente, si la empresa es tan pequeña que lo hace posible, ya por medio de sus representantes, cuya elección tendrá lugar inmediatamente en asambleas generales, debiendo levantarse actas de la elección y ser comunicados los nombres de los elegidos al gobierno y a los Soviets locales de diputados obreros, soldados y campesinos.

3. Queda absolutamente prohibida la interrupción del trabajo de una empresa o industria de importancia nacional (véase § 7), así como toda modificación de su funcionamiento, sin autorización de los representantes elegidos por los obreros y empleados.

4. Todos los libros de contabilidad y documentos, sin excepción, así como todos los almacenes y depósitos de materiales, herramientas y productos, sin excepción alguna, deben estar abiertos a los representantes elegidos por los obreros y empleados.

5. Las decisiones de los representantes elegidos por los obreros y empleados son obligatorias para los propietarios de las empresas y no pueden ser anuladas nías que por los sindicatos y sus congresos.

6. En todas las empresas de importancia nacional, todos los propietarios y todos los representantes elegidos por los obreros y empleados para ejercer el control obrero responden ante el Estado del riguroso mantenimiento del orden, de la disciplina y de la protección de los bienes. Los culpables de incuria, de ocultación de stocks, balances, etc., serán castigados con la confiscación de todos sus bienes y con penas de reclusión que pueden llegar a cinco años.

7. Se declaran empresas de importancia nacional todas las que trabajan para la defensa o están relacionadas de algún modo con la 498 producción de artículos necesarios para la subsistencia de las masas de la población.

.

8 Los Soviets locales de diputados obreros, las conferencias de comités de fábrica y las de comités de empleados dictaran, en asambleas generales de sus representantes, reglas mas detalladas de control obrero.

Escrito el 26 ó 27 de octubre (H ó 9 de noviembre) de ¡917.

Publicado *or vez primera en 1929 en fas ediciones 2 yde ia.s ``Obras'' de V. I. l.enm, t. XXII.

T. .';/>,

499

INTERVENCIONES EN LA REUNIÓN
DEL CC DEL POSD(b) DE RUSIA
1 (14) DE NOVIEMBRE DE 1917

ACTA DE LA RKUNION

1

El cam. Lenin considera que debe cesar en el acto la política de Kámenev. Ahora no se puede ya sostener negociaciones con = el CESFR'"^^1^^. Hay que enviar tropas a Moscú. Propone una resolución sobre el CESFR. El CESFR no forma parte del Soviet y no se le puede dejar que entre en él; los Soviets son organismos voluntarios, y el CESFR carece de apoyo entre las masas.

2

El cam. Lenin considera que las negociaciones deberían haber servido de cobertura diplomática de las operaciones militares. La única decisión justa debería haber sido acabar con las vacilaciones de los vacilantes y mostrar decisión nosotros mismos. Hay que acudir en ayuda de los moscovitas, y nuestra victoria estará asegurada.

3

El cam. Lenin. El problema planteado es fundamental, y es hora ya de acabar con las vacilaciones. Está claro que el CESFR se ha puesto al lado de los Kaledin y los Kornílov. No se puede vacilar. Tenemos a nuestro lado a la mayoría de los obreros, de los campesinos y del ejército. Nadie ha demostrado aquí que la base esté contra nosotros; o con los agentes de Kaledin o con la base. Debemos apoyarnos en las masas, debemos enviar agitadores al campo. Se propuso al CESFR que trasladase tropas a Moscú, pero se negó; debemos apelar a las masas, y ellas lo derribarán.

Publicada por vez primera en 1922 en el núm. H) de la revista " Prolelárskaya Revolntsia".

. /,«£.

500 __EMAIL__ webmaster@leninist.biz __OCR__ ABBYY 6 Professional (2006.10.24) __WHERE_PAGE_NUMBERS__ top __FOOTNOTE_MARKER_STYLE__ [*]+ __ENDNOTE_MARKER_STYLE__ [0-9]+ __ALPHA_LVL1__ RESOLUCIÓN DEL CC DEL POSD(b) DE RUSIA
SOBRE
LA OPOSICIÓN EN EL SENO DEL CC 2 (15) DE NOVIEMBRE DE 1917

El Comité Central reconoce que la presente reunión tiene una importancia histórica, por lo que es preciso fijar las dos posiciones reveladas aquí.

1) El Comité Central reconoce que la oposición formada en el seno del CC se aparta por completo de todas las posiciones básicas del bolchevismo y de la lucha de clase proletaria en general, repitiendo palabrejas profundamente antimarxistas sobre la imposibilidad de la revolución socialista en Rusia, sobre la necesidad de ceder a los ultimátums y amenazas de dimisión por parte de una minoría evidente de la organi/ación de los Soviets, frustrando así la voluntad y los acuerdos del II Congreso de los Soviets de toda Rusia, saboteando así la incipiente dictadura del proletariado y de los campesinos pobres.

2) El Comité Central hace recaer sobre esa oposición toda la responsabilidad por el freno de la labor revolucionaria y por las vacilaciones, criminales en el momento presente; propone a dicha oposición que traslade su discusión y su escepticismo a la prensa, apartándose de la labor práctica, en la que ella no cree. Porque esta oposición no contiene nada, excepto el temor que le ha inculcado la burguesía y el reflejo del estado de ánimo de la parte cansada (y no revolucionaria) de la población.

3) El Comité Central confirma que es imposible renunciar al gobierno puramente bolchevique sin traicionar la consigna del Poder soviético, por cuanto la mayoría del II Congreso de los Soviets de toda Rusia, sin excluir a nadie del congreso, entregó el poder a dicho gobierno.

4) El Comité Central ratifica que, sin traicionar la consigna del Poder de los Soviets de diputados obreros, soldados y campesinos, es imposible pasar al regateo me/quino con el propósito de incorporar a los Soviets organizaciones que no son de tipo soviético, es decir, organizaciones que no representan uniones voluntarias de la vanguardia revolucionaria de las masas que luchan por derrocar a los terratenientes y capitalistas.

5) El Comité Central ratifica que hacer concesiones ante los ultimátums y amenazas de la minoría de los Soviets significa abjurar 501 por completo no sólo del Poder soviético, sino también de la democracia, pues semejantes concesiones equivalen al temor de la mayoría a aprovechar su mayoría, equivalen al sometimiento a la anarquía y a la repetición de los ultimátums por parte de cualquier minoría.

6) El Comité Central ratifica que, sin excluir a nadie del II Congreso de los Soviets de toda Rusia, está plenamente dispuesto también ahora a hacer volver a quienes han dimitido y a reconocer la coalición con ellos en el marco de los Soviets; que, por consiguiente, son absolutamente falaces las afirmaciones de que los bolcheviques no quieren compartir el poder con nadie.

7) El Comité Central ratifica que el día en que se formó el actual gobierno, varias horas antes de su formación, el CC invitó a asistir a su reunión a tres representantes de los socialistas-revolucionarios de izquierda y les propuso formalmente participar en el gobierno. La negativa de estos eseristas de izquierda, aunque'temporal y condicional, hace recaer plena y totalmente sobre ellos toda la responsabilidad de que no se llegara a un acuerdo.

8) El Comité Central recuerda que el II Congreso de los Soviets de toda Rusia aprobó una moción, presentada por el grupo bolchevique, que expresaba la disposición a completar el Soviet con soldados de las trincheras y campesinos de las localidades, de las aldeas; que, por consiguiente, son falsas en absoluto las afirmaciones de que el gobierno bolchevique se opone a la coalición con los campesinos. Por el contrario, el CC declara que la ley agraria de nuestro gobierno, copiada íntegramente del mandato eserista, ha demostrado de hecho la plena y sincerísima disposición de los bolcheviques de coligarse con la inmensa mayoría de la población de Rusia.

9) El Comité Central ratifica, por último, que, pese a todas las dificultades, el triunfo del socialismo tanto en Rusia como en Europa se asegura únicamente con la continuación invariable de la política del gobierno actual. El Comité Central expresa su plena confianza en la victoria de esta revolución socialista y llama a todos los escépticos y vacilantes a abandonar todas sus vacilaciones y a apoyar de todo corazón y con energía sin límites la labor de este gobierno.

Lenin

Publicada sin los tren puntos primeros el I 7 (4) de noviembre de 1917 en el núm. 180 de

``PíYílífffl".

Publicada íntegramente pin vez primera en 19X2 ni el t. XXX de las ediciones 'f y 3a de las "O6rfl.v" de V. 1. Lenin.

I. 35, págs. 44--46.

502 __ALPHA_LVL1__ ULTIMÁTUM DE LA MAYORÍA DEL CC DEL
POSD(b) DE RUSIA A LA MINORÍA

La mayoría del CC del POSD (bolchevique) de Rusia, que aprueba íntegramente la política seguida hasta el momento actual por el Consejo de Comisarios del Pueblo, considera indispensable dirigir a la minoría del CC la siguiente declaración categórica.

La política de nuestro partido en el momento actual está determinada en la resolución propuesta por el camarada Lenin y aprobada ayer, 2 de noviembre, por el CC^^*^^. Esta resolución define como traición a la causa del proletariado todo intento de imponer a nuestro partido la renuncia al poder, por cuanto el Congreso de los Soviets de toda Rusia, en nombre de millones de obreros, soldados y campesinos, entregó ese poder a los representantes de nuestro partido sobre la base de nuestro programa. Esta línea fundamental de nuestra táctica, derivada de toda nuestra lucha contra los conciliadores y que nos sirvió de guía en la insurrección contra el Gobierno Kerenski, constituye hoy la esencia revolucionaria del bolchevismo y es aprobada de nuevo por el CC, siendo obligatoria de modo absoluto para todos los miembros del partido y, en primer lugar, para la minoría del CC.

Sin embargo, los representantes de la minoría, tanto antes de la reunión del CC celebrada ayer como después de ella, han seguido y siguen una política claramente enfilada contra la línea fundamental de nuestro partido, política que desmoraliza nuestras propias filas, sembrando vacilaciones en un momento en que es necesaria la mayor firmeza e inflexibilidad.

Así, en la sesión de ayer del Comité Ejecutivo Central, el grupo bolchevique, con la participación directa de los miembros del CC pertenecientes a la minoría, votó abiertamente contra el acuerdo del CC (en la cuestión de la representación numérica y personal de nuestro partido en el gobierno). Tan inaudita infracción de la disciplina, cometida por miembros del CC a espaldas del CC después de muchas horas de debates en el CC---debates provocados por esos mismos representantes de la oposición---, hace evidente para _-_-_

^^*^^ Véase el presente volumen, págs. 500--501. (N. de la Etlit.)

503 nosotros que la oposición se propone vencer por cansancio a las instituciones del partido, saboteando la labor de éste en un momento en que su destino y el de la revolución depende del desenlace inmediato de esa labor.

No podemos ni queremos contraer la responsabilidad por ese estado de cosas.

Al dirigir la presente declaración a la minoría del CC, exigimos una respuesta categórica por escrito a la pregunta de si la minoría se compromete a someterse a la disciplina del partido y a aplicar la política formulada en la resolución del camarada Lenin que ha aprobado el CC.

En caso de que la respuesta a esta pregunta sea negativa o vaga, nos dirigiremos inmediatamente al Comité de Petrogrado, al Comité de Moscú, al grupo bolchevique del Comité Ejecutivo Central, a la Conferencia de la ciudad de Petrogrado y al congreso extraordinario del partido, proponiéndoles la siguiente alternativa:

O el partido encarga a la oposición actual de formar un nuevo poder junto con sus aliados, en nombre de los cuales la oposición sabotea ahora nuestro trabajo, en cuyo caso nos consideraremos absolutamente libres con relación a ese nuevo poder, que no puede proporcionar nada más que vacilaciones, impotencia y caos.

O el partido---cosa que no dudamos---aprueba la única línea revolucionaria posible, expresada en la resolución que aprobó ayer el CC, en cuyo caso el partido deberá proponer enérgicamente a los representantes de la oposición que lleven su labor desorganizadora fuera de nuestra organización de partido. No hay ni puede haber otra salida. Es claro que la escisión sería un hecho lamentable en extremo. Pero la escisión honrada y pública es hoy incomparablemente mejor que el sabotaje interno, el torpedeamiento de las propias resoluciones, la desorganización y la postración. En todo caso, no dudamos ni un momento de que el sometimiento de nuestras discrepancias (que son, en lo fundamental, una repetición de nuestras discrepancias con los grupos de Navaja Zhizn y de Mártov) al veredicto de las masas asegurará a nuestra política el apoyo incondicional y abnegado de los obreros, soldados y campesinos revolucionarios y condenará en brevísimo plazo a la oposición vacilante al aislamiento fruto de la impotencia.

Escrito el 3 (16) de noviembre de 1917. Publicado por vez primera en 1922 en el núrn. 7 de la revista " Proletárskaya Revolutiia".

T. 35, págs. 47--49.

504 __ALPHA_LVL1__ RESPUESTA A LAS PREGUNTAS DE LOS CAMPESINOS^^182^^

En respuesta a las numerosas preguntas de los campesinos, se aclara que todo el poder del Estado ha pasado desde ahora íntegramente a los Soviets de diputados obreros, soldados y campesinos. La revolución obrera ha triunfado en Petrogrado y en Moscú y está triunfando en todos los demás lugares de Rusia. El Gobierno Obrero y Campesino asegura la alianza de las masas campesinas, de los campesinos pobres, de la mayoría de los campesinos, con los obreros contra los terratenientes, contra los capitalistas.

Por eso, los Soviets de diputados campesinos, en primer lugar los distritales y después los provinciales, serán desde hoy hasta la Asamblea Constituyente órganos plenipotenciarios del poder del Estado en las localidades. La propiedad terrateniente ha sido abolida por el II Congreso de los Soviets de toda Rusia. El actual Gobierno Provisional Obrero y Campesino ha promulgado ya el Decreto sobre la tierra, en virtud del cual todas las tierras de los terratenientes pasan íntegramente a manos de los Soviets de diputados campesinos.

Los comités agrarios subdistritales deben tomar inmediatamente a su disposición todas las tierras de los latifundistas, efectuando el más riguroso inventario, guardando un perfecto orden y protegiendo del modo más estricto los antiguos bienes de los latifundistas, que desde este momento han pasado a ser patrimonio de todo el pueblo y que, a causa de ello, deben ser protegidos por el propio pueblo.

Todas las disposiciones adoptadas por los comités agrarios subdistritales de acuerdo con los Soviets de diputados campesinos de distrito tienen fuerza de ley y deben ser aplicadas incondicional e inmediatamente.

El Gobierno Obrero y Campesino designado por el II Congreso de los Soviets de toda Rusia se denomina Consejo de Comisarios del Pueblo.

El Consejo de Comisarios del Pueblo exhorta a los campesinos a que tomen por sí mismos todo el poder en las distintas localidades. Los obreros apoyarán a los campesinos plena y totalmente, por todos 505 los medios, organizarán la fabricación de máquinas y aperos y ruegan a los campesinos que les ayuden enviando grano. El Presidente del Consejo de Comisarios del Pueblo

,

V. Uliánov (Lenin)

Petrogrado.
5 de noviembre de 1917.

Publicada el 8 de noviembre de 1917 en el núm. 219 de " Izvestia del CE.C".

T. 35, págs. 68--69.

506 __ALPHA_LVL1__ A LA POBLACIÓN

¡Camaradas obreros, soldados y campesinos, trabajadores todos!

La revolución obrera y campesina ha triunfado definitivamente en Petrogrado, dispersando y deteniendo a los últimos restos del reducido número de cosacos engañados por Kerenski. La revolución ha triunfado también en Moscú. Antes de que llegaran allí los trenes con fuerzas militares que habían salido de Petrogrado, los cadetes y demás kornilovistas firmaron en Moscú las condiciones de paz, el desarme de los cadetes y la disolución del Comité de Salvación = 1H3.

Del frente y de las aldeas llegan cada día, cada hora, noticias de que la mayoría aplastante de los soldados en las trincheras y de los campesinos en los distritos apoya al nuevo gobierno y sus leyes sobre la propuesta de la paz y la entrega inmediata de la tierra a los campesinos. La victoria de la revolución de los obreros y los campesinos está asegurada, pues la mayoría del pueblo se ha levantado ya a favor suyo.

Es bien comprensible que los terratenientes y los capitalistas, los altos funcionarios y empleados, estrechamente ligados a la burguesía; en una palabra, todos los ricos y todos los de su bando, acojan con hostilidad la nueva revolución, se opongan a su victoria, amenacen con interrumpir la actividad de los bancos, saboteen o paralicen el trabajo de distintas instituciones y frenen ese trabajo por todos los medios, directa o indirectamente. Todo obrero consciente comprendía muy bien que tropezaríamos inevitablemente con esa resistencia; toda la prensa del Partido Bolchevique lo había señalado muchas veces. Las clases trabajadoras no se asustarán ni un solo instante por esa resistencia ni vacilarán lo más mínimo ante las amenazas y las huelgas de los partidarios de la burguesía.

Nos apoya la mayoría del pueblo. Nos apoya la mayoría de los trabajadores y oprimidos del mundo entero. Nuestra causa es justa. Nuestra victoria está asegurada.

La resistencia de los capitalistas y los altos empleados será rota. No privaremos a nadie de sus bienes sin una ley especial del Estado relativa a la nacionalización de los bancos y los consorcios. Esta ley se está preparando. Ningún trabajador perderá un solo kopek; al contrario: se le prestará ayuda. El gobierno no quiere aplicar otras medidas que no sean la contabilidad y el control más rigurosos y la 507 percepción, sin ocultaciones, de los impuestos ya establecidos antes.

En nombre de estas justas reivindicaciones, la inmensa mayoría del pueblo ha cerrado filas en torno al Gobierno Provisional Obrero y Campesino.

¡Camaradas trabajadores! Recordad que vosotros mismos gobernáis ahora el país. Nadie os ayudará si vosotros mismos no os unís y no tomáis en vuestras manos todos los asuntos del Estado. Vuestros Soviets son, desde ahora, órganos de poder del Estado, órganos plenipotenciarios y decisivos.

Unios estrechamente alrededor de vuestros Soviets. Fortalecedlos. Poned manos a la obra desde abajo, sin esperar a nadie. Estableced el más riguroso orden revolucionario, reprimid implacablemente las acciones anárquicas de borrachos, gamberros, cadetes contrarrevolucionarios, kornilovistas y sus semejantes.

Implantad el más riguroso control de la producción y de la contabilidad de lo producido. Detened y entregad a los tribunales revolucionarios del pueblo a cuantos se atrevan a dañar la causa popular, tanto si ese daño se manifiesta en el sabotaje (deterioro, paralización, torpedeamiento) de la producción como en el ocultamiento de reservas de grano y otros productos, en la retención de cargamentos de grano, en la desorganización de los ferrocarriles, de Correos, Telégrafos y Teléfonos o en cualquiera otra resistencia a la gran causa de la paz, a la entrega de la tierra a los campesinos, al aseguramiento del control obrero de la producción y la distribución de los productos.

¡Camaradas obreros, soldados y campesinos, trabajadores todos! Poned todo el poder en manos de vuestros Soviets. Proteged la tierra, el grano, las fábricas, los instrumentos de producción, los víveres y el transporte; cuidad de ellos como de las niñas de los ojos, pues todo eso es desde hoy exclusivamente vuestro, patrimonio del pueblo. Con el acuerdo y la aprobación de la mayoría de los campesinos, orientándonos por la experiencia práctica de los campesinos y de los obreros, marcharemos de manera gradual, pero con paso firme y seguro, hacia la victoria del socialismo, victoria que consolidarán los obreros de vanguardia de los países más civilizados, que dará a los pueblos una paz duradera y los liberará de todo yugo y de toda explotación.

5 de noviembre de 1917.
Petrogrado.

El Presidente del Consejo de Comisarios del Pueblo

Publicado e! ¡9 (6) tte noviembre de 1917 en el núm. 4 de ``Pravda'' (edición vespertina).

V. Ulitínov (Lenin)

T. a.>>, págs. 65--67.

508 __ALPHA_LVL1__ LLAMAMIENTO DEL COMITÉ CENTRAL
DEL PARTIDO OBRERO SOCIALDEMOCRATA
(BOLCHEVIQUE) DE RUSIA
INFORMACIÓN PERIODÍSTICA

El cam. Lenm señaló al comienzo que son gratuitas las acusaciones de anarquismo que lanzan los socialistasrevolucionarios de izquierda contra los bolcheviques.

¿En qué se diferencian los socialistas de los anarquistas? En que los anarquistas no reconocen el poder, en tanto que los socialistas, incluidos los bolcheviques, son partidarios del poder en el período de transición entre la situación en que nos encontramos ahora y el socialismo, hacia el que marchamos.

Nosotros, los bolcheviques, somos partidarios de un poder firme, pero de un poder que sea el poder de los obreros y los campesinos.

Todo el poder del Estado es una coerción, mas hasta ahora ocurría que el poder era el poder de la minoría, el poder del terrateniente y el capitalista contra el obrero y el campesino.

Nosotros, en cambio, somos partidarios de un poder que sea el poder firme de la mayoría de los obreros y campesinos contra los capitalistas y terratenientes.

Después de señalar que en la resolución de los eseristas de izquierda sobre la tierra se califica cíe gobierno socialista popular al nuevo gobierno, el cam. Lenin habló con detalle de lo que puede soldar la estrecha ligazón de los bolcheviques y los eseristas de izquierda.

La alianza de los obreros y los campesinos es la base del acuerdo de los eseristas de izquierda con los bolcheviques.

Es una coalición honrada, una alianza honrada; pero esta 516 alianza será una coalición honrada también en la cúspide, entre los eseristas de izquierda y los bolcheviques, si los primeros exponen con mayor precisión su convencimiento de que la revolución que vivimos es una revolución socialista. Esta revolución es socialista. La abolición de la propiedad privada de la tierra, la implantación del control obrero y la nacionalización de los bancos son medidas que llevan al socialismo. No es todavía el socialismo, pero son medidas que nos llevan al socialismo a pasos de gigante. Nosotros no prometemos en el acto el oro y el moro a los campesinos y a los obreros, pero les decimos: la estrecha alianza de los obreros y los campesinos explotados, la firme e inflexible lucha por el Poder de los Soviets nos lleva al socialismo, y todo partido que quiera de verdad ser popular debe decir con claridad y decisión que nuestra revolución es socialista.

Y sólo en el caso de que los eseristas de izquierda proclamen esto de modo claro e inequívoco, nuestra alianza con ellos se fortalecerá y crecerá.

Se nos dice que estamos contra la socialización de la tierra y que, por ello, no podremos llegar a un acuerdo con los eseristas de izquierda.

A eso respondemos: sí, estamos contra la socialización eserista de la tierra, pero eso no nos impedirá formar una alianza honrada con los eseristas de izquierda.

Hoy o mañana, los eseristas de izquierda propondrán su ministro de Agricultura, y si él aplica la ley de socialización, no votaremos en contra. Nos abstendremos.

Al terminar su discurso, el cam. Lenin destacó que únicamente con la alianza de los obreros y los campesinos se podrá conseguir la tierra y la paz.

Se preguntó al cam. Lenin, entre otras cosas, qué harían los bolcheviques en la Asamblea Constituyente si los eseristas de izquierda se encontrasen en minoría y propusiesen la ley de socialización de la tierra: ¿se abstendrían entonces los bolcheviques? Claro que no. Los bolcheviques votarían a favor de esa ley, haciendo la salvedad de que votan en pro para apoyar a los campesinos contra sus enemigos.

Publicado el ¡9 de noviembre de 1917 en el núm. 230 del periódico. "Izvestia del CEC" y el 4 de diciembre (21 de noviembre) de 1917 en el núm. 195 del periódico ``Pravda''.

T. 35, págs. 100--101.

517

LA ALIANZA DE LOS OBREROS
Y DE LOS CAMPESINOS TRABAJADORES Y EXPLOTADOS

CARTA A LA REDACCIÓN DE PRAVDA

Cuando hablé hoy, sábado, 18 de noviembre, en el Congreso Campesino, se me hizo públicamente una pregunta a la que contesté en el acto. Es necesario que esa pregunta y mi respuesta lleguen sin demora a conocimiento de todos los lectores, pues aunque hablaba, desde el punto de vista formal, sólo en nombre propio, lo hacía, en el fondo, en nombre de todo el Partido Bolchevique.

He aquí lo sucedido:

Al referirme a la alianza de los obreros bolcheviques con los eseristas de izquierda, en quienes depositan hoy su confianza muchos campesinos, procuré demostrar en mi discurso que dicha alianza puede ser una "coalición honrada'', una alianza honrada, ya que no existen divergencias radicales de intereses entre los obreros asalariados y los campesinos trabajadores y explotados. El socialismo puede satisfacer plenamente los intereses de unos y otros. Sol o el socialismo puede satisfacer sus intereses. De ahí la posibilidad y la necesidad de una "coalición honrada" entre los proletarios y los campesinos trabajadores y explotados. En cambio, la "coalición" (alianza) entre las clases trabajadoras y explotadas, por un lado, y la burguesía, por otro, no puede ser una "coalición honrada'', debido a la radical disparidad de intereses de estas clases.

Imaginaos, dije, que haya en el gobierno una mayoría bolchevique y una minoría de eseristas de izquierda; admitamos, incluso, que exista un solo eserista de izquierda, el Comisario de Agricultura. ¿Pueden los bolcheviques, en ese caso, llevar a la práctica una coalición honrada?

Pueden hacerlo, porque, siendo intransigentes en la lucha contra los elementos contrarrevolucionarios (incluidos los eseristas de derecha y los defensistas), los bolcheviques estarían obligados a abstenerse durante la votación de cuestiones que atañen a los puntos puramente eseristas del programa agrario aprobado por el II Congreso de los Soviets de toda Rusia. Tal es, por ejemplo, el

518 punto relativo al usufructo igualitario del suelo y a los repartos de tierra entre los pequeños propietarios.

Al abstenerse en la votación de ese punto, los bolcheviques no modifican su programa en lo más mínimo. Porque si triunfa el socialismo (control obrero de las fábricas, después expropiación de éstas, nacionalización de los bancos y creación cíe un Consejo Superior de Economía que dirija toda la economía nacional); si se da esa condición, los obreros tienen el deber de aceptar las medidas de transición propuestas por los pequeños campesinos trabajadores y explotados, siempre eme esas medidas no perjudiquen la causa del socialismo. Y recordé que Kautsky, cuando era todavía marxista (en 1899--1909), reconoció más de una ve?, que las medidas de transición al socialismo no pueden ser las mismas en los países de una agricultura basada en grandes haciendas y en los de haciendas pequeñas.

Nosotros, los bolcheviques, deberíamos abstenernos en el Consejo de Comisarios del Pueblo o en el Comité Ejecutivo Central durante la votación de semejante punto, porque, al aceptar los eseristas cíe izquierda (y los campesinos que les siguen) el control obrero, la nacionalización de los bancos, etc., el usufructo igualitario del suelo no sería otra cosa que una de las medidas de transición al socialismo completo. Resultaría absurdo que el proletariado impusiese tales medidas de transición; en aras de la victoria del socialismo, el proletariado debe hacer concesiones a los pequeños campesinos trabajadores y explotados en la elección de las mismas, pues en nada perjudicarían la causa del socialismo.

Un eserista de izquierda (el camarada Feofiláktov, si no me equivoco) me hizo entonces la siguiente pregunta:

``¿Y qué harán los bolcheviques si, en la Asamblea Constituyente, los campesinos quieren que se apruebe una ley sobre el usufructo igualitario del suelo, la burguesía se pronuncia contra los campesinos y la decisión depende de los bolcheviques?"

Yo le contesté: En ese caso, cuando la causa del socialismo esté asegurada por la implantación del control obrero, por la nacionalización de los bancos, etc., la alianza de los obreros y cíe los campesinos trabajadores y explotados obligaría al partido del proletariado a votar ton los campesinos contra la burguesía. A mi juicio, los bolcheviques tendrían derecho entonces, con motivo de la votación, a presentar una declaración especial, a hacer constar su desacuerdo, etc., pero abstenerse en ese caso sería traicionar a sus aliados de lucha por el .socialismo a causa de una divergencia parcial con ellos. Los bolcheviques jamás traicionarían a los campesinos en semejante situación. El usufructo igualitario del suelo y otras medidas semejantes no perjudicarán jamás al 519 socialismo si el poder se halla en manos de un gobierno obrero y campesino, si se ha implantado el control obrero, se han nacionalizado los bancos y se ha creado una institución económica superior obrera y campesina que dirija (regule) toda la economía nacional, etc.

Esa fue mi respuesta.

N. Lenin

Escrita el 1H de noviembre (I de diciembre) de 1917.

Public/ida el 2 fíe diciembre (19 de jnr^ iemhre) de 1917 en el in'nn. 194 de " I'rnvda".

'!'. .'«, (Ks. 102--104.

520 __ALPHA_LVL1__ REUNIÓN DEL COMITÉ EJECUTIVO CENTRAL
DE TODA RUSIA 1 (14) DE DICIEMBRE DE 1917

1

INTERVENCIÓN ACERCA DE LA CONSTITUCIÓN DEL CONSEJO SUPERIOR DE ECONOMÍA NACIONAL = 18B

INFORMACIÓN PERIODÍSTICA

En defensa del proyecto soviético interviene Lenin, quien indica que el Consejo Superior de Economía Nacional no puede convertirse en un Parlamento, sino que debe ser un órgano de lucha contra los capitalistas y terratenientes en la esfera de la economía, igual que lo es el Consejo de Comisarios del Pueblo en la esfera de la política.

Publicada el 3 (16) de diciembre de 1917 en el núm. ¡92 de "Nóvaya Zhizn".

T. 35, pág. 134.

521

INFORME SOBRE LA SITUACIÓN
ECONÓMICA DE LOS OBREROS
DE PETROGRADO Y LAS TAREAS
DE LA CLASE OBRERA, PRONUNCIADO EN LA REUNIÓN
DE LA SECCIÓN OBRERA
DEL SOVIET DE DIPUTADOS OBREROS
Y SOLDADOS DE PETROGRADO
EL 4 (17) DE DICIEMBRE DE 1917

INFORMACIÓN PERIODÍSTICA

La revolución del 25 de octubre ha mostrado la extraordinaria madurez política del proletariado, que ha probado ser capaz de hacer frente con firmeza a la burguesía. Pero la victoria completa del socialismo requiere un grado colosal de organización, impregnada de la conciencia de que el proletariado debe ser la clase dominante.

El proletariado tiene planteadas las tareas de la transformación socialista del régimen político, pues cualquier decisión intermedia, por fácil que sea aducir argumentos a su favor, es baladí, ya que la situación económica del país ha llegado a tal punto que las decisiones intermedias son inadmisibles. En nuestra lucha gigantesca contra el imperialismo y el capitalismo no queda lugar para las semimedidas.

El problema está planteado en los siguientes,términos: vencer o ser vencidos.

Los obreros deben comprenderlo y lo comprenden; así lo prueba con claridad el hecho de que rechacen las decisiones intermedias, de transacción. Cuanto más honda es la revolución, tanto mayor es el número de trabajadores activos necesarios para culminar la obra de sustituir el capitalismo con el aparato del socialismo. Para ello es insuficiente la fuerza de la pequeña burguesía, incluso no habiendo sabotaje. La tarea sólo puede ser cumplida en las entrañas de las masas populares, con su iniciativa. Por eso, el proletariado no debe pensar ahora en mejorar en este mismo momento su situación, sino pensar en convertirse en clase dominante. No se puede confiar en que el proletariado rural tenga conciencia clara y firme de sus intereses. Eso puede hacerlo únicamente la clase obrera, y cada proletario, tomando conciencia de la gran perspectiva, debe sentirse un dirigente y llevar tras de sí a las masas.

522

El proletariado debe convertirse en la clase dominante en el sentido de dirigir a todos los trabajadores y de dominar políticamente.

Es preciso luchar contra el prejuicio de que sólo la burguesía puede administrar el Estado. El proletariado debe asumir la administración del Estado.

Los capitalistas hacen absolutamente todo lo que pueden para dificultar las tareas de la clase obrera. Y cada oiganización obrera ---sindicatos, comités de fábrica, etc.---deberá librar el combatedecisivo en el plano económico. La burguesía lo estropea y sabotea todo con el propósito de frustrar la revolución obrera. Y la tarea de organizar la producción recae por entero sobre la clase obrera. Rompamos de una vez para siempre con el prejuicio de que los asuntos públicos, la administración de los bancos y de las fábricas son una tarea imposible para los obreros. Sin embargo, todo ello puede resolverse únicamente con una gigantesca labor cotidiana de organización.

Es imprescindible organizar el intercambio de productos, convertir en sistema la contabilidad y el control. Estas tareas incumben a la clase obrera, y los conocimientos para cumplirlas se los ha proporcionado su vida en las fábricas.

Que cada comité de fábrica no sólo se sienta dedicado a los asuntos de su empresa, sino que se considere también una célula organizativa llamada a estructurar la vida de todo el Estado.

Es fácil promulgar un decreto aboliendo la propiedad privada, pero sólo los obreros mismos pueden y deben llevarlo a la práctica. No importa que se cometan errores: serán errores de la clase nueva al crear la vida nueva.

No hay ni puede haber un plan concreto de organización de la vida económica.

Nadie puede proporcionarlo. Eso pueden hacerlo las masas desde abajo, por medio de la experiencia. Como es natural, se darán indicaciones y se trazarán caminos, pero hay que empezar simultáneamente por arriba y por abajo.

Los Soviets deben convertirse en órganos que regulen toda la producción de Rusia; mas para que no se conviertan en un Estado Mayor sin ejército, hay que trabajar en la base...^^*^^

Las masas obreras deben tomar en sus manos la organización del control y de la producción en la amplia escala de todo el Estado. La _-_-_

^^*^^ Han sido omitidas algunas palabras del lexto ruso debido a la falta de claridad de los apuntes. (N. de la Edit.)

523 garantía del triunfo no reside en la organización de individuos, sino en la organización de todas las masas trabajadoras, y si conseguimos eso, si ponemos en orden la vida económica, se barrerá por sí solo todo lo que nos opone resistencia.

Publicado el 20 (7) de diciembre de 1917 en el núm. 208 de "I'ravdn ''. y el 14 de diciembre de 1917en elnúm. 104 de "Soldálskaw I'nwda ".

``/'. :Í5. pñgx. ¡46-1 IX.

524 __ALPHA_LVL1__ TESIS ACERCA DE LA ASAMBLEA CONSTITUYENTE

1. Era completamente justo que la socialdemocracia revolucionaria incluyera en su programa la reivindicación de que se convocase la Asamblea Constituyente, porque, en una república burguesa, este organismo es la forma superior de la democracia y porque, al crear el Anteparlamento, la república imperialista, con Kerenski a la cabeza, preparaba una farsa electoral, abundante en infracciones de la democracia.

2. Al reclamar la convocación de la Asamblea Constituyente, la socialdemocracia revolucionaria subrayó más de una vez, desde los primeros días de la revolución de 1917, que la República de los Soviets es una forma de democracia superior a la república burguesa ordinaria, con su Asamblea Constituyente.

3. Para pasar del régimen burgués al socialista, para instaurar la dictadura del proletariado, la República de los Soviets (de diputados obreros, soldados y campesinos) no es sólo la forma de tipo más elevado de las instituciones democráticas (comparada con la república burguesa ordinaria, coronada por una Asamblea Constituyente), sino la única forma capaz de asegurar la transición menos dolorosa posible al socialismo.

4. En nuestra revolución se convoca la Asamblea Constituyente con arreglo a las listas presentadas a mediados de octubre de 1917, en condiciones que excluyen la posibilidad de que las elecciones a esa Asamblea Constituyente sean una expresión exacta de la voluntad del pueblo, en general, y de las masas trabajadoras, en particular.

5. En primer lugar, el sistema electoral proporcional expresa fielmente la voluntad del pueblo sólo cuando las listas presentadas por los partidos corresponden a la división efectiva del pueblo en grupos políticos que sean realmente los mismos reflejados en las listas. Y es sabido que en nuestro país, el partido que entre mayo y octubre tuvo más partidarios en el pueblo y, sobre todo, entre los campesinos, el partido de los socialistas-revolucionarios, presentó listas únicas a la Asamblea Constituyente a mediados de octubre de 1917, pero se escindió en noviembre de 1917 después de las elecciones a la Asamblea Constituyente y antes de que ésta se hubiese convocado.

525

Por eso, incluso desde el punto de vista formal, la composición de los elegidos a la Asamblea Constituyente no corresponde, ni puede corresponder, a la voluntad de la masa de electores.

6. En segundo lugar, otra circunstancia aún más importante, no formal ni jurídica, sino económica y social; una circunstancia que constituye el origen de clase de la diferencia entre la voluntad del pueblo y, sobre todo, de las clases trabajadoras, por una parte, y la composición de la Asamblea Constituyente, por otra, consiste en que las elecciones a la Asamblea Constituyente se han celebrado cuando la inmensa mayoría del pueblo no podía conocer aún toda la extensión y todo el alcance de la Revolución de Octubre, de la revolución soviética, proletaria y campesina, comenzada el 25 de octubre de 1917, es decir, después de haber sido presentadas las listas de candidatos a la Asamblea Constituyente.

7. La Revolución de Octubre, al conquistar el poder para los Soviets, arrancar el dominio político a la burguesía y entregarlo al proletariado y a los campesinos pobres, atraviesa ante nuestros propios ojos por etapas sucesivas de desarrollo.

8. La revolución comenzó por la victoria del 24 y 25 de octubre en la capital, cuando el II Congreso de los Soviets de diputados obreros y soldados de toda Rusia, congreso de la vanguardia proletaria y de la parte más activa políticamente de los campesinos, dio la mayoría al Partido Bolchevique y lo llevó al poder.

9. Luego, durante los meses de noviembre y diciembre, la revolución ha abarcado a toda la masa del ejército y del campesinado manifestándose, en primer término, en la destitución o renovación de los viejos organismos directivos (comités de ejército, comités campesinos provinciales, Comité Ejecutivo Central del Soviet de diputados campesinos de toda Rusia, etc.), que expresaban una etapa ya superada de la revolución, su etapa conciliacionista, su etapa burguesa y no proletaria, y que, por esta razón, debían desaparecer inevitablemente bajo el empuje de masas populares más profundas y más amplias.

10. Este poderoso movimiento de las masas explotadas, orientado a reconstituir los organismos dirigentes de sus organizaciones, no ha terminado aún hoy, a mediados de diciembre de 1917, y una de sus etapas es el Congreso de Ferroviarios, reunido en la actualidad.

11. Por consiguiente, el agrupamiento de las fuerzas de clase que se hallan en lucha en Rusia en noviembre y diciembre de 1917 difiere por principio, en la práctica, del que pudo encontrar su expresión en las listas de candidatos presentadas por los partidos para las elecciones a la Asamblea Constituyente a mediados de octubre de 1917.

12. Los recientes acontecimientos en Ucrania (en parte también 526 en Finlandia y en Bielorrusia, así como en el Cáucaso) indican, asimismo, que se está realizando un nuevo agrupamiento de las fuerzas de clase en el curso de la lucha entre el nacionalismo burgués de la Rada ucrania = 1K7, de la Dieta finlandesa, etc., por un lado, y el Poder de los Soviets, la revolución proletaria y campesina de cada una de esas repúblicas nacionales, por otro.

13. Por último, la guerra civil, iniciada con la sublevación contrarrevolucionaria de los democonstitucionalistas y de Kaledin contra las autoridades soviéticas, contra el Gobierno Obrero y Campesino, ha agravado definitivamente la lucha de clases y eliminado toda posibilidad de resolver por una vía democrática formal los problemas más cándenles que la historia ha planteado a los pueblos de Rusia y, en primer lugar, a su clase obrera y su campesinado.

14. Sólo la victoria completa de los obreros y los campesinos sobre la insurrección de los burgueses y de los terratenientes (expresada en el movimiento de los democonstitucionalistas y de Kaledin), sólo una implacable represión militar de esa insurrección de esclavistas puede garantizar de verdad el triunfo de la revolución proletaria y campesina. La marcha de los acontecimientos y el desarrollo de la lucha de clases en la revolución han hecho que la consigna de "Todo el poder a la Asamblea Constituyente"---que no tiene en cuenta las conquistas de la revolución obrera y campesina, que no tiene en cuenta el Poder de los Soviets, que rio tiene en cuenta los acuerdos del II Congreso de los Soviets de diputados obreros y soldados de toda Rusia, del II Congreso de diputados campesinos de toda Rusia, etc.---se haya convertido de hecho en consigna de los democonstitucionalistas, los kaledinistas y sus acólitos. Hoy está claro por completo para el pueblo entero que la Asamblea Constituyente quedaría condenada inevitablemente a la muerte política si se divorciase del Poder de los Soviets.

15. El problema de la paz es uno de los más candentes de la vida del pueblo. En Rusia se ha emprendido una lucha verdaderamente revolucionaria por la paz sólo después de triunfar la revolución del 25 de octubre, y este triunfo ha tenido como primer resultado la publicación de los tratados secretos, el armisticio y el comienzo de las negociaciones públicas con objeto de conseguir una paz general sin anexiones ni contribuciones.

Las grandes masas populares obtienen sólo ahora la posibilidad práctica, plena y pública de ver una política de lucha revolucionaria por la paz y de estudiar sus resultados. Durante las elecciones a la Asamblea Constituyente, las masas populares carecieron de esa posibilidad.

Es evidente, pues, que también en este aspecto es inevitable la 527 discordancia entre la composición de la Asamblea Constituyente y la verdadera voluntad del pueblo en lo que respecta a la terminación de la guerra.

16. El conjunto de circunstancias que acabamos de examinar hace que la Asamblea Constituyente, convocada con arreglo a las listas de los partidos que existían antes de la revolución proletaria y campesina, bajo el dominio de la burguesía, entre inevitablemente en conflicto con la voluntad y los intereses de las clases trabajadoras y explotadas, que iniciaron el 25 de octubre la revolución socialista contra la burguesía. Es natural que los intereses de esta revolución tengan primacía sobre los derechos formales de la Asamblea Constituyente, incluso si estos últimos no hubiesen sido minados por el hecho de que en la ley sobre la Asamblea Constituyente no se reconozca el derecho del pueblo a renovar a sus diputados en cualquier momento.

17. Todo intento, directo o indirecto, de enfocar el problema de la Asamblea Constituyente desde un punto de vista jurídico formal, en el marco de la democracia burguesa corriente, sin tener en cuenta la lucha de clases y la guerra civil, significa traicionar la causa del proletariado y adoptar el punto de vista de la burguesía. Es deber incondicional de la socialdemocracia revolucionaria poner en guardia a todo el mundo contra ese error, en que incurren algunos dirigentes, poco numerosos, del bolchevismo, que no han sabido valorar la insurrección de octubre y las tareas de la dictadura del proletariado.

18. La única posibilidad de dar una solución indolora a la crisis creada como resultado de la discordancia existente entre las elecciones a la Asamblea Constituyente, por un lado, y la voluntad del pueblo y los intereses de las masas trabajadoras y explotadas, por otro lado, consiste en que el pueblo aplique con la mayor extensión y rapidez posibles el derecho de proceder a nuevas elecciones de miembros de la Asamblea Constituyente; consiste en que la propia Asamblea Constituyente se adhiera a la ley del Comité Ejecutivo Central relativa a esas nuevas elecciones, declare que reconoce sin reservas el Poder de los Soviets, la revolución soviética y su política en el problema de la paz, de la tierra y del control obrero y se coloque resueltamente al lado de los enemigos de la contrarrevolución democonstitucionalista y kalediniana.

19. Fuera de estas condiciones, la crisis "con motivo de la Asamblea Constituyente sólo podrá resolverse por vía revolucionaria, con las medidas revolucionarias más enérgicas, rápidas, firmes y resueltas del Poder de los Soviets para combatir la contrarrevolución de los democonstitucionalistas y de Kaledin, cualesquiera que sean las consignas y las instituciones (incluso la calidad de miembros de la 528 Asamblea Constituyente) en que se ampare esa contrarrevolución 1 oda tentativa de maniatar al Poder de los Soviets en esta lucha sería un acto de connivencia con la contrarrevolución.

Escrito el U ó 12 (24 ó 25) de diciembre de ¡917.

Publicado el 26 (13) de diciembre de 1917 en el núm. 213 de ``Pravda''.

T. 35, págs. 162--166.

529 __ALPHA_LVL1__ DISCURSO SOBRE LA NACIONALIZACIÓN
DE LOS BANCOS, PRONUNCIADO
EN LA SESIÓN DEL COMITÉ EJECUTIVO

CENTRAL DE TODA RUSIA
EL 14 (27) DE DICIEMBRE DE 1917

ACTA DE LA REUNIÓN

El orador que me ha precedido en el uso de la palabra ha intentado asustarnos, diciendo que vamos hacia el hundimiento seguro y hacia el abismo seguro. Pero esas intimidaciones no son nuevas para nosotros. El mismo periódico que expresa el punto de vista de la fracción a que pertenece el orador---Nóvaya Zhizn--- decía en vísperas de los días de Octubre que de nuestra revolución no resultaría nada, excepto pogromos y motines anarquistas. Por eso, las afirmaciones de que marchamos por un camino falso son el reflejo de la psicología burguesa, con la que no pueden romper ni siquiera gentes no interesadas. (Gritos de los internacionalistas: "¡Demagogia!'') No, esto no es demagogia; en cambio, vuestras constantes divagaciones acerca del hacha, eso sí que es demagogia auténtica.

Todas las medidas que contiene el decreto = w* son exclusivamente la verdadera garantía del control.

Habláis de la complejidad del aparato, de su fragilidad y de lo complicado de la cuestión. Es una verdad elemental, conocida por todos. Si esa verdad se utiliza únicamente para frenar todas las iniciativas socialistas, nosotros decimos que quien emprende ese camino es un demagogo, un demagogo pernicioso.

Queremos comenzar la revisión de las cajas de caudales, pero se nos dice en nombre de los sabios especialistas que en ellas no hay más que documentos y valores. ¿Qué habrá de malo, entonces, en que las controlen los representantes del pueblo?

Si es así, ¿por qué se esconden esos sabios especialistas criticones? Ante todas las decisiones del Soviet nos declaran que están de acuerdo, pero sólo en principio. Es el sistema de los intelectuales burgueses, de todos los conciliadores, que con su constante acuerdo en principio y su desacuerdo en la práctica lo echan a perder todo.

Si sois tan expertos e instruidos en todos los asuntos, ¿por qué

530 no nos ayudáis, por qué en nuestro difícil camino sólo encontramos sabotaje por vuestra parte?

Arrancáis de una acertada teoría científica, pero nosotros consideramos que la teoría es la fundamentación de las acciones emprendidas para estar seguros de ellas, y no para sentir un miedo mortal. Naturalmente, las iniciativas son difíciles, y con frecuencia nos acercamos a cosas frágiles; sin embargo, hemos sabido, sabemos y sabremos salir airosos en esos asuntos.

Si los libros sirvieran únicamente como freno y temor eterno a todo paso nuevo, carecerían de valor.

Nadie, a excepción de los socialistas utopistas, ha afirmado que se pueda vencer sin resistencia, sin dictadura del proletariado y sin dejar caer la mano de hierro sobre el viejo mundo.

Vosotros habéis aceptado también en principio esta dictadura, pero cuando se traduce al ruso esa palabra y se la denomina "mano de hierro'', aplicándola en la práctica, advertís que el asunto es frágil y embrollado.

Os negáis obstinadamente a ver que esa mano de hierro, al destruir, construye. Nuestra ventaja indiscutible consiste en que pasamos del principio a los hechos.

Para llevar a la práctica el control, llamamos a los banqueros y convenimos con ellos unas medidas, que aceptaron, a fin de, conservando el pleno control y la rendición de cuentas, recibir créditos. Pero entre los empleados de banca surgieron hombres que sienten como suyos los intereses del pueblo y nos dijeron: "Les engañan, apresúrense a cortar su actividad criminal, orientada directamente a perjudicarlos''. Y nos apresuramos.

Sabemos que es una medida compleja. Nadie de nosotros, ni siquiera los que tienen conocimientos económicos, se comprometería a llevarla a la práctica. Llamaremos a los especialistas dedicados a esos asuntos, pero sólo cuando tengamos las llaves en la mano. Entonces sabremos incluso encontrar asesores entre los ex millonarios. Quienes deseen trabajar serán recibidos con los brazos abiertos, siempre que no se convierta en letra muerta cualquier iniciativa revolucionaria: no picaremos en ese anzuelo. Las palabras "dictadura del proletariado" las pronunciamos en serio y la llevaremos a la práctica.

Queríamos seguir el camino del acuerdo con los bancos y les dimos créditos para subsidiar las empresas, pero ellos emprendieron un sabotaje de proporciones inauditas y la práctica nos llevó a ejercer el control con otras medidas.

El camarada eserista de izquierda ha dicho que ellos votarán en principio a favor de la inmediata nacionalización de los bancos para, después, determinar las medidas prácticas en el plazo más 531 breve. Mas eso es un error, pues nuestro proyecto contiene únicamente principios. El Consejo Superior de Economía Nacional está esperando va para discutirlos, pero la no aprobación del decreto conducirá en el acto a que los bancos adopten todas las medidas para desorganizar al máximo la economía.

La aprobación del decreto es inaplazable, pues de otro modo nos hundirán la resistencia y el sabotaje. (Aplausos que se transforman en ovación.)

Publicado el 29 (16) de diciembre de 1917 en el núm. 216 de ``Pravda'' v en el núm. 253 de "/zi'c.s/ui del (*EC'.

171--173.

532 __ALPHA_LVL1__ POR EL PAN Y LA PAZ

Dos cuestiones ocupan actualmente el primer lugar entre todas las demás cuestiones políticas: la del pan y la de la paz. La guerra imperialista, la guerra de las casas bancarias más importantes y ricas---``Inglaterra'' y ``Alemania''---por la dominación mundial, por el reparto del botín y por la expoliación de los pueblos pequeños y débiles, esta terrible y criminal guerra ha arruinado a todos los países, ha extenuado a todos los pueblos y ha colocado a la humanidad ante un dilema: sacrificar toda la cultura y perecer o sacudirse por vía revolucionaria el yugo capitalista, acabar con la dominación de la burguesía y conquistar el socialismo y la paz duradera.

Si no triunfa el socialismo, la paz entre los Estados capitalistas significará únicamente una tregua, una pausa, la preparación de una nueva matanza de los pueblos. Paz y pan: tales son las reivindicaciones fundamentales de los obreros y explotados. La guerra ha exacerbado en grado extremo estas reivindicaciones. La guerra ha sumido en el hambre a los países más civilizados, más desarrollados en el aspecto cultural. Mas, de otra parte, la guerra, como un ingente proceso histórico, ha acelerado de modo inaudito el desarrollo social. El capitalismo, que en su desarrollo se ha transformado en imperialismo, es decir, en capitalismo monopolista, se ha convertido bajo el influjo de la guerra en capitalismo monopolista de Estado. Hemos alcanzado ahora este grado de desarrollo de la economía mundial, que es el umbral del socialismo.

Por eso, la revolución socialista desencadenada en Rusia representa únicamente el comienzo de la revolución socialista 533 mundial. Paz y pan. derrocamiento de la burguesía, medios revolucionarios para curar las heridas causadas por la guerra, victoria completa del socialismo, tales son los objetivos de la lucha.

Petrogrado, 14 de diciembre de 1917.

Escrito en nao el 14 (27) de diciembre de
1917.

Firmado: Lenin

Publicado por vez primera en alemán en
mayo de 1918 en el nñm. II del periódico
``Jugend-Internationale''.

Firmado: V. Lenin

Publicado en ruso (traducido del alemán) por
vez primera en 1927 en el t. II de "Notas
del Instituto Lenin".

Facsímile del primer párrafo del manuscrito aparecido en 1919 en la publicación "Det roda Ryssland. ¡917 7/11 1919" ( Estocolmo).

T. 35, págs. 169--170.

534 __ALPHA_LVL1__ PROYECTO DE DECRETO SOBRE
LA PUESTA EN PRACTICA
DE LA NACIONALIZACIÓN
DE LOS BANCOS Y LAS MEDIDAS
INDISPENSABLES DERIVADAS DE ELLA^^189^^

La crítica situación alimenticia y la amenaza de hambre, creada por la especulación y el sabotaje de los capitalistas y funcionarios, así como por la ruina general, hacen imprescindible la adopción de medidas revolucionarias excepcionales para combatir este mal.

A fin de que todos los ciudadanos del Estado, y en primer lugar todas las clases trabajadoras, bajo la dirección de sus Soviets de diputados obreros, soldados y campesinos, puedan emprender esa lucha y la organización de la acertada vida económica del país inmediatamente y en todos sus aspectos, sin detenerse ante nada y actuando por la vía más revolucionaria, se dictan las siguientes reglas:

PROYECTO DE DECRETO SOBRE
LA PUESTA EN PRACTICA
DE LA NACIONALIZACIÓN DE LOS BANCOS
Y LAS MEDIDAS INDISPENSABLES
DERIVADAS DE ELLA

__-_-_-__

1. Todas las empresas de sociedades anónimas son declaradas propiedad del Estado.

2. Los miembros cíe los consejos de administración y los directores de las sociedades anónimas, así como todos los accionistas pertenecientes a las clases acaudaladas (es decir, que posean más de 5.000 rublos de todos los bienes o tengan ingresos superiores a 500 rublos al mes), están obligados a seguir dirigiendo en perfecto orden los asuntos de las empresas, cumpliendo la ley del control obrero, presentando todas las acciones en el Banco del Estado y facilitando informes semanales de su actividad a los Soviets locales de diputados obreros, soldados y campesinos.

3. Quedan anulados los empréstitos del Estado tanto exteriores como interiores.

4. Se garantizan plenamente los intereses de los pequeños tenedores de obligaciones y acciones de todo tipo, es decir, de los pertenecientes a las clases trabajadoras de la población.

535

5. Se implanta el trabajo general obligatorio. Todos los ciudadanos de ambos sexos de 16 a 55 años de edad están obligados a efectuar los trabajos que les señalen los Soviets locales de diputados obreros, soldados y campesinos u otros organismos del Poder soviético.

6. Como primer paso para llevar a la práctica el trabajo general obligatorio, se decreta que los individuos de las clases acaudaladas (véase § 2) están obligados a poseer y rellenar debidamente las cartillas de consumo y de trabajo o de presupuesto y de trabajo, las cuales deben ser presentadas a las organizaciones obreras correspondientes o a los Soviets locales y sus organismos para registrar en ellas cada semana el cumplimiento del trabajo que haya asumido cada uno.

7. Para la acertada contabilidad y distribución de los víveres y de otros productos necesarios, todos los ciudadanos del Estado están obligados a adherirse a una sociedad de consumo. Las oficinas de aprovisionamiento, los comités de abastos y otras organizaciones similares, así como los sindicatos de obreros ferroviarios y del transporte, implantarán el control del cumplimiento de esta ley bajo la dirección de los Soviets de diputados obreros, soldados y campesinos. Los individuos de las clases acaudaladas quedan obligados, en particular, a realizar los trabajos que les encomienden los Soviets para la organización y administración de las sociedades de consumo.

8. Los sindicatos de obreros y empleados ferroviarios están obligados a preparar con urgencia y llevar a la práctica sin demora medidas extraordinarias para organizar mejor el transporte (en particular, el transporte de víveres, combustible y otros artículos de primera necesidad), guiándose, ante todo, por los pedidos y mandamientos de los Soviets de diputados obreros, soldados y campesinos, así como de las instituciones facultadas por ellos, y del Consejo Superior de Economía Nacional.

De la misma manera, se impone a los sindicatos de ferroviarios, en colaboración con los Soviets locales, el deber de combatir con la mayor energía la especulación, sin vacilar en adoptar medidas revolucionarias, y perseguir implacablemente a los especuladores de toda laya.

9. Las organizaciones obreras, los sindicatos de empleados y los Soviets locales están obligados a incorporar sin demora las empresas cerradas y desmovilizadas, así como a los parados forzosos, a trabajos útiles, a la obtención de productos necesarios y a las búsquedas de pedidos, materias primas y combustible. Sin aplazar en ningún caso esta actividad ni el comienzo del intercambio de productos agrícolas por industriales, los sindicatos 536 y los Soviets locales están obligados, hasta que reciban órdenes especiales desde arriba, a ajustarse estrictamente a las indicaciones y prescripciones del Consejo Superior de Economía Nacional.

10. Los individuos de las clases acaudaladas están obligados a guardar todas sus sumas en metálico en el Banco del Estado y en sus sucursales, así como en las cajas de ahorros, recibiendo para satisfacer sus necesidades de consumo no más de 100 ó 125 rublos a la semana (según decidan los Soviets locales), y para las necesidades de la producción y del comercio sólo con el aval escrito de los organismos de control obrero.

A fin de controlar el cumplimiento efectivo del presente decreto, se dictarán reglas para el cambio de la moneda hoy en circulación por otra; los culpables de fraude al Estado y al pueblo serán castigados con la confiscación de todos sus bienes.

11. El mismo castigo, así como el encarcelamiento o el envío al frente y a trabajos forzados, será aplicado a cuantos desobedezcan la presente ley, a los saboteadores, a los funcionarios huelguistas y a los especuladores. Los Soviets locales y las instituciones dependientes de ellos se comprometen a preparar con carácter urgente las medidas más revolucionarias de lucha contra estos verdaderos enemigos del pueblo.

12. En colaboración con los Soviets locales, los sindicatos y demás organizaciones de los trabajadores crearán, con el concurso de las personas más seguras y recomendadas por las organizaciones del partido y otras, grupos volantes de controladores para observar el cumplimiento de esta ley, comprobar la cantidad y calidad del trabajo y entregar a los tribunales revolucionarios a los culpables de infringir o eludir la ley.

__b_b_b__

Los obreros y empleados de las empresas nacionalizadas tienen el deber de poner en tensión todas sus fuerzas y adoptar medidas extraordinarias para mejorar la organización del trabajo, reforzar la disciplina y elevar la productividad. Los organismos de control obrero deben presentar semanalmente al CSEN informes de lo conseguido en este terreno. Los culpables de defectos y negligencias responderán ante el tribunal revolucionario.

Escrito no untes del 14 (27) de, diciembre dr 1917.

Publicado íntegramente por vez primera en noviembre de 1918 en el núm. 11 de ¡a revista "Naródnoie ¡oziaistvo".

Publicado íntegramente por vez primera en 1949 en el t. 26 de la 4" edición de las ``Obras'' de V.l.l.enin.

T. 35, págs. 174--177.

537 __ALPHA_LVL1__ ¿COMO DEBE ORGANIZARSE LA EMULACIÓN?

Los escritores burgueses han emborronado y continúan emborronando montañas de papel para elogiar la competencia, la iniciativa privada y demás admirables encantos y virtudes de los capitalistas y del régimen capitalista. Se acusaba a los socialistas de no querer comprender la significación de esas virtudes ni tener en cuenta "la naturaleza humana''. Pero, en realidad, el capitalismo ha sustituido hace ya mucho la pequeña producción mercantil independiente---en la que la competencia podía, en proporciones más o menos amplias, inculcar el espíritu emprendedor, la energía y la iniciativa audaz---con la producción industrial a escala grande y grandísima, con las sociedades anónimas, los consorcios y demás monopolios. La competencia significa, en este tipo de capitalismo, sofocar con ferocidad inaudita el espíritu emprendedor, la energía, la iniciativa audaz de la masa de la población, de su inmensa mayoría, del 99% de los trabajadores; significa también sustituir la emulación por la pillería financiera, el nepotismo y el servilismo en los peldaños más elevados de la escala social.

Lejos de apagar la emulación, el socialismo crea por vez primera la posibilidad de practicarla a escala verdaderamente amplia, verdaderamente masiva; crea la posibilidad de incorporar de veras a la mayoría de los trabajadores a una actividad que les permita manifestarse en todo su valor, desarrollar sus dotes y revelar los talentos, que en el pueblo forman un manantial inagotable y que el capitalismo pisoteaba, oprimía y ahogaba por miles y millones.

Nuestra tarea hoy, con un gobierno socialista en el poder, consiste en organizar la emulación.

Los lacayos y paniaguados de la burguesía han presentado el socialismo como un cuartel gris, uniforme, monótono y penetrado de espíritu oficinesco. Los criados de la caja de caudales, los lacayos de los explotadores---los señores intelectuales burgueses--- han hecho del socialismo un ``espantajo'' para el pueblo, que se ve condenado precisamente en el capitalismo a una vida de presidio y de cuartel, de trabajo monótono y agotador, a una vida 538 semihambrienta y de profunda miseria. La confiscación de las tierras de los latifundistas, la implantación del control obrero y la nacionalización de los bancos constituyen el primer paso hacia la emancipación de los trabajadores encerrados en ese presidio. Las medidas siguientes serán la nacionalización de las fábricas y empresas, la organización obligatoria de toda la población en sociedades de consumo, que también serán sociedades de venta de productos, y el monopolio del Estado sobre el comercio del trigo y de otros artículos necesarios.

Sólo ahora surge la posibilidad de que el espíritu emprendedor, la emulación y la iniciativa audaz se manifiesten con amplitud y a escala realmente masiva. Cada fábrica en que el capitalista haya sido lanzado a la calle o, cuando menos, metido en cintura por un verdadero control obrero; cada aldea en que se haya expulsado al terrateniente explotador y se le hayan confiscado las tierras, es ahora, y sólo ahora, campo de acción donde el trabajador puede mostrar de lo que es capaz, enderezar un poco el espinazo, erguirse y sentirse hombre. Por vez primera después de siglos de trabajo para los demás, de trabajo forzado para los explotadores, se tiene la posibilidad de trabajar para sí mismo y, además, beneficiándose de todas las conquistas de la cultura y de la técnica más moderna.

Esta sustitución del trabajo esclavizado por el trabajo para sí mismo---el cambio más grande que conoce la historia de la humanidad---no puede realizarse, como es natural, sin rozamientos, sin dificultades, sin conflictos, sin el empleo de la violencia contra los parásitos inveterados y sus lacayos. En cuanto a esto, ningún obrero se hace ilusiones: templados en largos años de trabajos forzados para los explotadores y de infinitas vejaciones y ultrajes por parte de éstos; templados por la negra miseria, los obreros y los campesinos pobres saben que se necesita tiempo para romper la resistencia de los explotadores. Los obreros y los campesinos no se han contagiado en lo más mínimo de las ilusiones sentimentales de los señores intelectualillos, de todo ese fango de los de Nóvaya Zhizn y demás, que han enronquecido ``clamando'' contra los capitalistas, que han ``gesticulado'' y ``tronado'' contra ellos, para luego echarse a llorar y portarse como perros apaleados cuando llega la hora de la arción, de pasar de las amenazas a los hechos, cié realizar en la práctica el derrocamiento de los capitalistas.

La gran sustitución del trabajo esclavizado por el trabajo para sí mismo, organizado en un plan de conjunto, a una escala inmensa, a escala nacional (y, en cierta medida, a escala internacional, mundial), exige también---además de las medidas 539 ``militares'' de represión de la resistencia de los explotadores--- esfuerzos gigantescos de organización y una gran iniciativa organizadora por parte del proletariado y de los campesinos pobres. La tarea de organizar forma un todo indisoluble con la de reprimir implacablemente por vía militar a los esclavistas (capitalistas) de ayer y a su lacayuna jauría: los señores intelectuales burgueses. Nosotros hemos sido siempre los organizadores y los jefes, nosotros hemos mandado siempre---dicen y piensan los esclavistas de ayer y sus demandaderos de entre los intelectuales---; queremos continuar siendo lo que éramos; no obedeceremos a la ``plebe'', a los obreros y los campesinos; no nos someteremos a ellos; haremos de nuestros conocimientos armas para defender los privilegios de la caja de caudales y el dominio del capital sobre el pueblo.

Así hablan, piensan y actúan los burgueses y los intelectuales burgueses. Desde el punto cíe vista egoísta, se comprende su actitud: los gorrones y paniaguados de los terratenientes feudales, los popes, los chupatintas, los funcionarios descritos por Gógol, los ``intelectuales'' que odiaban a Belinski se despidieron también con gran ``dificultad'' del régimen de la servidumbre. Pero la causa de los explotadores y de sus criados intelectuales está condenada al fracaso. La resistencia de estos elementos va siendo quebrantada por los obreros y los campesinos---por desgracia, con una firmeza, una resolución e inexorabilidad todavía insuficientes---, y será quebrantad» definitivamente.

``Ellos'' piensan eme la ``plebe'', los ``simples'' obreros y campesinos pobres, serán incapaces de cumplir la gran tarea de organización que la revolución socialista ha hecho recaer sobre los hombros de los trabajadores, una tarea verdaderamente heroica en el sentido histórico universal de la palabra. "No podrán prescindir de nosotros'', dicen para consolarse los intelectuales habituados a servir a los capitalistas y al Estado capitalista. Pero verán frustrados sus insolentes cálculos: empiezan ya a destacarse hombres instruidos que se ponen al lado del pueblo, al lado de los trabajadores, para ayudarles a vencer la resistencia de los lacayos del capital. En cuanto a los organizadores de talento, que abundan entre la clase obrera y entre los campesinos, comienzan a tener conciencia de su valor, a despertar y a sentirse atraídos por el gran trabajo vivo y creador, a emprender por sí mismos la edificación de la sociedad socialista.

Una de las tareas más importantes, si no la más importante, de la hora presente consiste en desarrollar con la mayor amplitud esa libre iniciativa de los obreros y de todos los trabajadores y explotados en general en su obra creadora de organización. Hay que desvanecer a toda costa el viejo prejuicio absurdo, salvaje, 540 infame y odioso de que sólo las llamadas "clases superiores'', sólo los ricos o los que han cursado la escuela de las clases ricas, pueden administrar el Estado, dirigir la estructura orgánica de la sociedad socialista.

Eso es un prejuicio, mantenido por la rutina podrida y fosilizada, por el hábito servil y, en mayor medida, por la inmunda avidez de los capitalistas, interesados en administrar saqueando y saquear administrando. No, los obreros no olvidarán ni un minuto que necesitan la fuerza del saber. El celo extraordinario que ponen en instruirse, precisamente hoy, atestigua que en este sentido no hay ni puede haber equivocaciones en los medios proletarios. Pero el obrero y el campesino de filas, que saben leer y escribir, que conocen a los hombres y tienen una experiencia práctica, también son capaces de efectuar la labor de organización. Estos hombres forman legión en la ``plebe'', de la que hablan con desdén y altanería los intelectuales burgueses. La clase obrera y el campesinado poseen un manantial inagotable y aún intacto de esos talentos.

Los obreros y los campesinos son todavía "tímidos'', no están acostumbrados aún a la idea de que ahora son ellos la clase dominante y les falta decisión. La revolución no podía inculcar en el acto estas cualidades en millones y millones de hombres obligados por el hambre y la miseria a trabajar bajo el látigo durante toda su vida. Pero la fuerza, la vitalidad y la invencibilidad de la Revolución de Octubre de 1917 radican precisamente en que ésta despierta esas cualidades, derrumba todos los viejos obstáculos, rompe las trabas vetustas y lleva a los trabajadores al camino de la creación por ellos mismos de la nueva vida.

Contabilidad y control: ésa es la tarea económica principal de cada Soviet de diputados obreros, soldados y campesinos, de cada sociedad de consumo, de cada sindicato o comité de abastecimiento, de cada comité de fábrica u organismo de control obrero en general.

Es necesario combatir la vieja costumbre de considerar la medida de trabajo y los medios de producción desde el punto de vista del hombre esclavizado que se pregunta cómo podrá eludir una carga suplementaria, cómo podrá arrancar tajada a la burguesía. Los obreros avanzados y conscientes han comenzado ya esta lucha y dan una réplica enérgica a los que llegaron a las fábricas en número singularmente grande durante la guerra y que ahora querrían tratar la fábrica del pueblo, la fábrica que es ya propiedad del pueblo, como antes, con un solo pensamiento: "sacar el mayor provecho posible y marcharse''. Cuanto hay de consciente, honrado y reflexivo entre los campesinos y entre las 541 masas trabajadoras se alzará en esa lucha al lado de los obreros avanzados.

Desde el momento en que se ha conseguido y asegurado la dominación política del proletariado, la esencia de la transformación socialista radica en la contabilidad y el control de la cantidad de trabajo y de la distribución de productos, si esa contabilidad y ese control se realizan en todas partes con carácter general, universal, por los Soviets de diputados obreros, soldados y campesinos, como poder supremo del Estado, o se establecen de acuerdo con las indicaciones y por mandato de este poder.

La contabilidad y el control, indispensables para pasar al socialismo, sólo pueden ser obra de las masas. La colaboración voluntaria y concienzuda de las masas obreras y campesinas, realizada con entusiasmo revolucionario, en la contabilidad y el control sobre los ricos, los estafadores, los parásitos y los hampones es lo único que puede vencer esas supervivencias de la maldita sociedad capitalista, esas heces de la humanidad, esos miembros de la sociedad irremisiblemente podridos y osificados, esa plaga, esa peste, esa llaga que el capitalismo ha dejado en herencia al socialismo.

¡Obreros y campesinos, trabajadores y explotados! ¡La tierra, los bancos y las fábricas han pasado a ser propiedad de todo el pueblo! ¡Empezad a llevar vosotros mismos la contabilidad y el control de la producción y distribución de los productos; ése es el único camino hacia el triunfo del socialismo, la garantía de su victoria, la garantía de la victoria sobre toda explotación, sobre toda miseria y necesidad! Porque en Rusia bastará trigo, hierro, madera, lana, algodón y lino para todos, a condición de que se distribuyan bien el trabajo y los productos; a condición de que se establezca un control de todo el pueblo, un control eficaz y práctico de esa distribución; a condición de que se venza no sólo en la política, sino también en la vida económica cotidiana, a los enemigos del pueblo: a los ricos y a sus paniaguados y, luego, a los estafadores, parásitos y hampones.

¡Ninguna clemencia para esos enemigos del pueblo, para los enemigos del socialismo, para los enemigos de los trabajadores! ¡Guerra a muerte a los ricos y a sus paniaguados, a los intelectuales burgueses; guerra a los pillos, a los parásitos y a los maleantes! Unos y otros, los primeros y los últimos, son hermanos carnales, son engendros del capitalismo, niños mimados de la sociedad señorial y burguesa; de esa sociedad en la que un puñado de hombres expoliaba al pueblo y se mofaba de él; de esa sociedad en la que la miseria y la necesidad empujaban a miles y miles de seres al camino del hampa, de la corrupción, de la pillería y del 542 olvido de la dignidad humana; de esa sociedad que inculcaba inevitablemente en los trabajadores este deseo: eludir la explotación, aunque fuese con engaños; librarse, deshacerse, aunque sólo fuese por un instante, de un trabajo odioso; procurarse el peda/o de pan de cualquier modo, a cualquier precio, para no pasar hambre ni ver hambrientos a sus familiares.

Los ricos y los maleantes son dos caras de una misma medalla; son las dos categorías principales de parásitos nutridos por el capitalismo; son los enemigos principales del socialismo. Esos enemigos deben ser sometidos a una vigilancia especial de toda la población, deben ser castigados sin piedad en cuanto cometan la menor infracción de las reglas y las leyes de la sociedad socialista. Toda debilidad, toda vacilación, todo sentimentalismo constituirían, en este aspecto, el mayor crimen contra el socialismo.

Para inmunizar a la sociedad socialista contra esos parásitos hay que organizar la contabilidad y el control de la cantidad de trabajo, de la producción y distribución de lo producido; una contabilidad y un control ejercidos por todo el pueblo y respaldados voluntaria y enérgicamente, con entusiasmo revolucionario, por millones y millones de obreros y campesinos. Y para organizar esa contabilidad y ese control, completamente accesibles, enteramente al alcance de todo obrero y de todo campesino honrado, activo y sensato, hay que despertar sus propios organizadores de talento, surgidos de su seno; hay que despertar en ellos---y organizar a escala de todo el país---la emulación en el logro de éxitos en la organización; hay que lograr que los obreros y los campesinos comprendan claramente la diferencia que existe entre el consejo necesario del hombre instruido y el control necesario del ``sencillo'' obrero y campesino sobre la negligencia, tan habitual entre las personas ``instruidas''.

Esa negligencia, esa incuria, ese abandono, esa dejadez, esa precipitación nerviosa, esa tendencia a sustituir la acción con la discusión y el trabajo con las conversaciones, esa inclinación a emprenderlo todo y no terminar nada constituyen uno de los rasgos de "las personas instruidas''. Y este rasgo no dimana en modo alguno de su mala condición, y menos aún de sus malas intenciones, sino de todos los hábitos de su vida, de sus condiciones de trabajo, de su agotamiento, del divorcio anormal que existe entre el trabajo intelectual y el trabajo manual, etc., etc.

Entre los errores, las deficiencias y los pasos en falso de nuestra revolución desempeñan un importante papel los errores, etc., nacidos de esas tristes peculiaridades---inevitables en este momento---de los intelectuales de nuestros medios y de la falta de un 543 control suficiente de los obreros sobre el trabajo de organización de los intelectuales.

Los obreros y los campesinos son todavía "tímidos''; pero deben deshacerse de su timidez y se desharán de ella, sin duda alguna. Es imposible prescindir de los consejos y las orientaciones de las personas instruidas, de los intelectuales, de los especialistas. Todo obrero y todo campesino con un poco de sentido lo comprenden perfectamente, y los intelectuales de nuestros medios no pueden quejarse de falta de atención y de estimación camaraderil por parte de los obreros y de los campesinos. Pero los consejos y las orientaciones son una cosa, y la organización práctica de la contabilidad y del control, otra. Los intelectuales dan con frecuencia admirables consejos y orientaciones; pero resultan ``torpes'' hasta el ridículo, el absurdo y la ignominia; resultan incapaces de aplicar esos consejos y esas orientaciones, de ejercer un control práctico para que las palabras se transformen en hechos.

Y en esto precisamente no se puede prescindir en absoluto de la ayuda y del papel dirigente de los organizadores prácticos salidos del ``pueblo'', de los obreros y campesinos trabajadores. "Todo es obra de los hombres'', dice el proverbio. Y los obreros y los campesinos deben tener muy presente esta verdad. Deben comprender que hoy todo radica en la práctica, que ha llegado justamente un momento histórico en que la teoría se transforma en práctica, se reanima con la práctica, se corrige con la práctica y se comprueba con la práctica. Un momento histórico en el que son justas en extremo las palabras de Marx de que "cada paso de movimiento real vale más que una docena cíe programas" = l!'°; un momento en el que toda acción orientada prácticamente a meter en cintura de verdad a los ricos y a los pillos, a limitar sus posibilidades y a someterlos a una contabilidad y un control rigurosos vale mucho más que una docena de admirables razonamientos acerca del socialismo. Porque "la teoría es gris, amigo mío, pero el árbol de la vida es eternamente verde" L1.

Hay que organizar la emulación entre los obreros y campesinos que actúan como organizadores prácticos. Hay que combatir toda tentativa de crear clisés y de establecer la uniformidad desde arriba, cosas a que son tan aficionados los intelectuales. Los clisés y la uniformidad desde arriba no tienen nada de común con el centralismo democrático y socialista. La unidad en lo fundamental, en lo cardinal y esencial, lejos de verse perjudicada, está asegurada por la diversidad en los detalles, en las particularidades locales, en las formas de abordar la práctica, en los modos de aplicar el control, en los métodos de exterminar y neutralizar a los parásitos (los ricos y 544 los hampones, los haraganes y los intelectuales histéricos, etc., etc.).

La Comuna de París nos ha ofrecido un magnífico ejemplo de iniciativa, de independencia, de libertad de movimiento y de despliegue de energías desde abajo, todo ello combinado con un centralismo voluntario, al que le son ajenos los clisés. Nuestros Soviets siguen el mismo camino. Pero son todavía "tímidos'', no han desplegado aún todas sus fuerzas, no han "calado hondo" todavía en su nueva y gigantesca labor creadora del régimen socialista. Es necesario que los Soviets pongan manos a la obra con más audacia e iniciativa. Es preciso que cada ``comuna''---cada fábrica, cada aldea, cada sociedad de consumo, cada comité de abastecimiento---actúen, emulando entre sí, como organizadores prácticos de la contabilidad y del control del trabajo y de la distribución de los productos. El programa de esa contabilidad y de ese control es sencillo, claro y comprensible para todos: que nadie carezca de pan, que todos usen buen calzado y buena ropa, tengan una vivienda abrigada, trabajen a conciencia y que ni un solo granuja (incluyendo a cuantos esquivan el trabajo) se pasee en libertad, en lugar de estar en la cárcel o cumplir condena a trabajos forzados de los más duros; que ningún rico que contravenga las reglas y leyes del socialismo pueda escapar a la suerte de los pillos, suerte que, en justicia, debe ser la suya. "El que no trabaja, no come": éste es el mandamiento práctico del socialismo. Esto es lo que hay que organizar en la práctica. Estos son los éxitos prácticos que deben llenar de orgullo a nuestras ``comunas'' y a nuestros organizadores obreros, campesinos y ---con mayor motivo---intelectuales (con mayor motivo, pues estos últimos están muy acostumbrados, demasiado acostumbrados a enorgullecerse de sus indicaciones y resoluciones de carácter general).

Las comunas mismas, las pequeñas células en el campo y en las ciudades, deben imaginar y comprobar en la práctica millares de formas y métodos de contabilidad y control efectivos, sobre los ricos, los pillos y los parásitos. La diversidad es en este terreno una garantía de vitalidad, una prenda del éxito en el logro del objetivo común y único: limpiar el suelo de Rusia de todos los insectos nocivos, de pulgas (pillos), chinches (ricos), y etc., etc. En un lugar se encarcelará a una docena de ricos, a una docena de truhanes, a media docena de obreros que rehuyen el trabajo (del mismo modo canallesco con que lo hacen en Petrogrado numerosos tipógrafos, sobre todo en las imprentas del partido). En otro se les obligará a limpiar las letrinas. En un tercero se les dará, al salir de la cárcel, una cartilla de ex recluso para que todo el pueblo los vigile como seres nocivos hasta que se corrijan. En otro se fusilará en el acto 545 a un parásito de cada diez. En otro más se idearán combinaciones de diversos métodos y medios y se recurrirá, por ejemplo, a la libertad condicional de los ricos, intelectuales burgueses, truhanes y maleantes susceptibles de enmienda rápida. Cuanto mayor sea la variedad, tanto mejor y más rica será la experiencia común, tanto más seguro y rápido será el triunfo del socialismo y tanto más fácilmente determinará la práctica---pues sólo ella puede hacerlo---los mejores procedimientos y medios de lucha.

;En qué comuna, en qué barrio de gran ciudad, en qué fábrica y en qué aldea no hay hambrientos, no hay parados, no hay ricos parásitos, no hay canallas de entre los lacayos de la burguesía y saboteadores que se dicen intelectuales? ¿Dónde se ha hecho más para aumentar el rendimiento del trabajo, para construir casas nuevas y buenas destinadas a los pobres, para alojar a los pobres en las casas de los ricos, para dar de una manera regular su botella de leche a todos los niños de las familias pobres? Estas son las cuestiones en que debe basarse la emulación de las comunas, de las comunidades, de las asociaciones y cooperativas de consumo y de producción, de los Soviets de diputados obreros, soldados y campesinos. Esta es la labor en que deben destacarse y elevarse prácticamente a los puestos de dirección de todo el país a los organizadores de talento. Estos elementos abundan en el pueblo, pero se sienten cohibidos. Hay que ayudarlos a desarrollarse. Ellos, y sol o ellos, pueden, con el apoyo de las masas, salvar a Rusia y salvar la causa del socialismo.

Escrito entre el 24 \ 27 de diciembre de 1917 (6-9 de enera de Í91H).

Publicado por vez primera el 20 de enera de ¡929 en el mim. 17 de ``Pravdn''. Firmado: V. Le n in

I', .'i.'», piigs. 195--205.

546

DECLARATION DE LOS DERECHOS
DEL PUEBLO TRABAJADOR
Y EXPLOTADO~^^142^^

La Asamblea Constituyente decreta:

I.

1. Queda proclamada en Rusia la República de los Soviets de diputados obreros, soldados y campesinos. Todo e! poder, tanto en el centro como en las localidades, pertenece a dichos Soviets.

2. La República Soviética de Rusia se instituye sobre la base de la unión libre de naciones libres, como Federación de Repúblicas Soviéticas nacionales.

II.

Habiéndose señalado como misión esencial abolir toda explotación del hombre por el hombre, suprimir por completo la división de la sociedad en clases, sofocar de manera implacable la resistencia de los explotadores, instaurar una organización socialista de la sociedad y hacer triunfar el socialismo en todos los países, la Asamblea Constituyente decreta, además:

1. Queda abolida la propiedad privada de la tierra. Se declara patrimonio de todo el pueblo trabajador toda la tierra, con todos los edificios, ganado de labor, aperos de labranza y demás accesorios agrícolas.

2. Se ratifica la ley soviética acerca del control obrero y del Consejo Superior de Economía Nacional, con objeto de asegurar el poder del pueblo trabajador sobre los explotadores y como primera medida para que las fábricas, talleres, minas, ferrocarriles y demás medios de producción y de transporte pasen por entero a ser propiedad del Estado obrero y campesino.

3. Se ratifica el paso de todos los bancos a propiedad del Estado obrero y campesino, como una de las condiciones de la emancipación de las masas trabajadoras del yugo del capital.

4. Queda establecido el trabajo general obligatorio, con el fin de suprimir los sectores parasitarios de la sociedad.

547

5. Se decreta el armamento de los trabajadores, la formación de un Ejército Rojo socialista de obreros y campesinos y el desarme completo de las clases poseedoras, con objelo de asegurar la plenitud del poder de las masas trabajadoras y eliminar toda posibilidad de restauración del poder de los explotadores.

III

1. Al expresar su inquebrantable decisión de arrancar a la humanidad de las garras del capital financiero y del imperialismo, que han anegado en sangre la tierra en la guerra actual, la más criminal de todas, la Asamblea Constituyente se solidariza por entero con la política aplicada por el Poder de los Soviets, consistente en romper los tratados secretos, organizar la más extensa confraternización con los obreros y campesinos de los ejércitos actualmente en guerra y obtener, cueste lo que cueste, por procedimientos revolucionarios, una paz democrática entre los pueblos, sin anexiones ni contribuciones, sobre la base de la libre autodeterminación de las naciones.

2. Con el mismo fin, la Asamblea Constituyente insiste en la completa ruptura con la bárbara política de la civilización burguesa, que basaba la prosperidad de los explotadores de unas pocas naciones elegidas en la esclavitud de centenares de millones de trabajadores en Asia, en las colonias en general y en los países pequeños.

La Asamblea Constituyente aplaude la política del Consejo de Comisarios del Pueblo, que ha proclamado la completa independencia de Finlandia '":t, ha comenzado a retirar las tropas de Persia '"'y ha anunciado la libertad de autodeterminación de Armenia ''''.

3. La Asamblea Constituyente considera la ley soviética de anulación de los empréstitos concertados por los gobiernos del zar, de los terratenientes y de la burguesía un primer golpe asestado al capital bancario, financiero internacional, y expresa la seguridad de que el Poder de los Soviets seguirá firmemente esta ruta hasta la completa victoria de la insurrección obrera internacional contra el yugo del capital.

IV.

Elegida sobre la base de las listas de las candidaturas de los partidos confeccionadas antes de la Revolución de Octubre, cuando el pueblo no podía aún alzarse en su totalidad contra los explotadores, ni conocía toda la fuerza de la resistencia de éstos en la defensa de sus privilegios de clase ni había abordado en la práctica la creación de la sociedad socialista, la Asamblea Constituyente consideraría profundamente erróneo, incluso desde c-1 punto de vista formal, contraponerse al Poder de los Soviets.

548

En esencia, la Asamblea Constituyente estima que hoy, en el momento de la lucha final del pueblo contra sus explotadores, no puede haber lugar para estos últimos en ninguno de los órganos de poder. El poder debe pertenecer íntegra y exclusivamente a las masas trabajadoras y a sus representantes autorizados: los Soviets de diputados obreros, soldados y campesinos.

Al apoyar el Poder de los Soviets y los decretos del Consejo de Comisarios del Pueblo, la Asamblea Constituyente estima que sus funciones no van más allá de establecer las bases cardinales de la transformación socialista de la sociedad.

Al mismo tiempo, en su propósito de crear una alian/.a efectivamente libre y voluntaria y, por consiguiente, más estrecha y duradera entre las clases trabajadoras de todas las naciones de Rusia, la Asamblea Constituyente limita su misión a estipular las bases fundamentales de la Federación de Repúblicas Soviéticas de Rusia, concediendo a los obreros y campesinos de cada nación la libertad de decidir con toda independencia, en su propio Congreso de los Soviets investido de plenos poderes, si desean, y en qué condiciones, participar en el gobierno federal y en las demás instituciones soviéticas federales.

Escrito no mñs tarde del .'i (16) de enero de

W¡8.

Publicado el 4 (¡7) de enero de 1 9 1 8 en el núm.

2 de "PrrtDí/a" y en el núm. 2 de "¡zvestia del

CKC".

T. 35, págs. í?2l

549 __ALPHA_LVL1__ GENTE DEL OTRO MUNDO

``He perdido en vano el día, amigos míos''. Así dice una antigua sentencia latina, que viene involuntariamente a la memoria cuando se piensa en la pérdida del día 5 de = enero~^^196^^.

Después del trabajo vivo, auténtico, de los Soviets entre los obreros y los campesinos, dedicados a una obra útil, a talar el bosque y arrancar los tocones de la explotación terrateniente y capitalista, hemos tenido que trasladarnos de pronto a un "mundo ajeno'', a unos advenedi/.os del otro mundo, del campo de la burguesía y de sus partidarios, paniaguados, lacayos y defensores voluntarios e involuntarios, conscientes e inconscientes. Del mundo de la lucha de las masas trabajadoras, y de su organización soviética, contra los explotadores, al mundo de las frases melifluas, de las declaraciones relamidas y vacuas, de las promesas basadas, como antes, en la conciliación con los capitalistas.

¡Como si la historia, involuntariamente o por error, hubiera vuelto atrás su reloj y hubiésemos estado por un día no en enero de 1918, sino en mayo o junio de 1917!

¡Es espantoso! Es algo insoportable estar entre hombres vivos y encontrarse de pronto en compañía de cadáveres, respirar el olor a muerto, escuchar a esas mismas momias de la huera fraseología ``social'' a lo Luis Blanc, escuchar a Chernov y Tsereteli.

Tenía razón el camarada Skvortsov, quien en dos o tres frases tajantes, cinceladas con precisión, sencillas, serenas y, al mismo tiempo, despiadadamente bruscas, dijo a los eseristas de derecha: "Todo ha terminado entre nosotros. Haremos hasta el fin la Revolución de Octubre contra la burguesía. Ustedes y nosotros nos encontramos a lados distintos de la barricada".

Y como respuesta, un torrente de frases pulidísimas de Chernov y Tsereteli, que dieron de lado cuidadosamente sólo (¡sólo!) una cuestión: la cuestión del Poder soviético, de la Revolución de Octubre. "Que no haya guerra civil, que no haya sabotaje'', conjura Chernov a la revolución en nombre de los eseristas de derecha. Y los eseristas de derecha, que han estado durmiendo como difuntos en el féretro durante medio año, desde junio de 1917 hasta enero de 550 1918, se levantan y aplauden con frenesí, con tozudez. ¡Es, en efecto, tan fácil y agradable resolver los problemas de la revolución por medio de exorcismos! "Que no haya guerra civil, que no haya sabotaje, que reconozcan todos a la Asamblea Constituyente''. ;En qué se diferencia eso, en el fondo, de otro exorcismo: "Que se reconcilien los obreros y los capitalistas"? Absolutamente en nada. Los Kaledin y los Riabushinski, junto con sus amigos imperialistas de todos los países, no desaparecerán ni modificarán su política porque les conjuren a ello los cantos melodiosos del melifluo Chernov ni los aburridos sermones de Tsereteli, que huelen a librejos no comprendidos, mal meditados y desnaturalizados.

O vencer a los Kaledin y los Riabushinski o entregar la revolución. O la victoria en la guerra civil contra los explotadores o la muerte de la revolución. Así se plantee) el problema en todas las revoluciones: en la inglesa del siglo XVII, en la francesa del siglo XVIII y en la alemana del siglo XIX. ¿Cómo puede concebirse que el problema no esté planteado así en la revolución rusa del siglo XX? ¿Cómo van a convertirse los lobos en corderos?

Tsereteli y Chernov no tienen ni un ápice de reflexión, ni el más mínimo deseo de reconocer el hecho de la lucha de clases, que se ha transformado en guerra civil no por casualidad, no de golpe, no por capricho o mala voluntad de nadie, sino de modo ineluctable, en un largo proceso de desarrollo revolucionario.

Ha sido un día pesado, aburrido y fastidioso en los elegantes locales del Palacio de Táuride, que incluso por su aspecto se diferencia del Smolny aproximadamente igual que el parlamentarismo burgués, elegante, pero muerto, se diferencia del mecanismo soviético, proletario, sencillo, desordenado e imperfecto aún en muchos aspectos, pero vivo y vital. Allá, en el viejo mundo del parlamentarismo burgués, harían esgrima los jefes de las clases hostiles y de los grupos hostiles de la burguesía. Aquí, en el nuevo mundo del Estado socialista, proletario y campesino, las clases oprimidas hacen con tosquedad, sin habilidad...^^*^^

Escrito el 6 (19) de enero de I91H.

Publicado por vez primera el 2¡ de enero de 192fi en el núm. 17 de "Prm'dn".

_-_-_

^^*^^ Aquí se ¡nU'iTumpr i-l manuscrito. (J\T. de la Edil.)

551 __ALPHA_LVL1__ PROYECTO DE DECRETO DISOLVIENDO LA ASAMBLEA CONSTITUYENTE~^^197^^

La revolución en Rusia, desde sus comien/os, ha colocado en el primer plano a los Soviets de diputados obreros, soldados y campesinos como organización de masas de todas las clases trabajadoras y explotadas, única capaz de dirigir la lucha de esas clases por su completa emancipación política y económica.

Durante todo el primer período de la revolución rusa, los Soviets se han multiplicado, han crecido y se han afianzado, desechando, gracias a su propia experiencia, las ilusiones de la política de conciliación con la burguesía, la apariencia engañosa de las formas del parlamentarismo dcmocrático-burgués. llegando prácticamente a la conclusión de que, sin romper con esas formas y con toda política de conciliación, es imposible emancipar a las clases oprimidas. Esta ruptura ha sido la Revolución de Octubre, que ha puesto todo el poder en manos de los Soviets.

La Asamblea Constituyente, elegida con arreglo a listas confeccionadas antes de la Revolución de Octubre, era la expresión cíe la antigua correlación de las fuerzas políticas, cuando ejercían el poder los conciliadores y los demócratas constitucionalistas. Al votar entonces el pueblo por los candidatos del partido eserista, no podía elegir entre los eseristas de derecha, partidarios de la burguesía, y eseristas de izquierda, partidarios del socialismo. De modo que esta Asamblea Constituyente, que debía ser la coronación de la república parlamentaria burguesa, tenía forzosamente que atravesarse en el camino de la Revolución de Octubre y del Poder de los Soviets.

Al dar el poder a los Soviets y, a través de éstos, a las clases trabajadoras y explotadas, la Revolución de Octubre ha provocado la resistencia desesperada de los explotadores y en la represión de esa resistencia se ha revelado del todo como el comienzo de la revolución socialista. Las clases trabajadoras han tenido que convencerse por propia experiencia de que había caducado el viejo parlamentarismo burgués, que es absolutamente incompatible con las tareas de la realización del socialismo, que únicamente instituciones de clase (corno son los Soviets), y no instituciones nacionales generales, pueden vencer la resistencia de las clases poseedoras y echar los 552 cimientos de la sociedad socialista. Toda renuncia, en provecho del parlamentarismo burgués y cíe la Asamblea Constituyente, a la plenitud del Poder de los Soviets, a la República Soviética conquistada por el pueblo, constituiría hoy un retroceso y el hundimiento de toda la Revolución Obrera y Campesina de Octubre.

La Asamblea Constituyente, reunida el 5 de enero, ha dado, por las circunstancias antes expuestas, la mayoría al partido de los eseristas de derecha, al partido de Kerenski, de Avxéntiev y de Chernov. Naturalmente, ese partido se ha negado a discutir la propuesta absolutamente concreta, clara e inequívoca del órgano supremo del Poder soviético, del Comité Ejecutivo Central de los Soviets, de aceptar el programa del Poder soviético, reconocer la Declaración de los derechos del pueblo trabajador y explotado, reconocer la Revolución de Octubre y el Poder de los Soviets. De esta manera, la Asamblea Constituyente ha roto todo lazo entre ella y la República Soviética de Rusia. Era, pues, inevitable el abandono de una Asamblea Constituyente como ésa por las fracciones de los bolcheviques y eseristas de izquierda, que hoy constituyen la mayoría notoriamente aplastante de los Soviets y que gozan de la confianza de los obreros y de la mayoría de los campesinos.

En realidad, los partidos eserista de derecha y menchevique sostienen, fuera del recinto de la Asamblea Constituyente, la más dura lucha contra el Poder de los Soviets, llaman abiertamente desde sus órganos de prensa al derrocamiento de ese poder, calificando de arbitraria e ilegal la represión, por la fuerza de las clases trabajadoras, de la resistencia de los explotadores---represión necesaria para emanciparse de la explotación---, defendiendo a los saboteadores que sirven al capital, llegando hasta lanzar llamamientos descarados al terror, que ya han comenzado a aplicar "grupos de desconocidos''. Es evidente que el resto de la Asamblea Constituyente no podía representar por esta razón más que el papel de pantalla para disimular la lucha de los contrarrevolucionarios por el derrocamiento del Poder de los Soviets.

Por cuyas razones, el Comité Ejecutivo Central acuerda:

Queda disuelta la Asamblea Constituyente.

Escrito el 6 (19) de enera de 1918.

Publicado el 7 (20) de enera de lili8 en el núm. 5 de "Prtn'da" y el núm. 5 de "/zi'í'.síin del CKC".

1'. 35, págs. 235--237.

553 __ALPHA_LVL1__ ACERCA DE LA HISTORIA DE LA PAZ DESDICHADA

Habrá, sin duda, quien pueda decir que no estamos ahora para ocuparnos de la historia. Semejante afirmación sería admisible si no existiera una relación práctica, directa e indisoluble entre el pasado y el presente en un problema concreto. Pero la cuestión de la paz desdichada, de la paz archidura, es tan actual que se hace preciso aclararla. Y por eso publico las tesis sobre esta cuestión que leí el 8 de enero de 1918 en una reunión a la que asistieron cerca de sesenta destacados funcionarios petrogradenses de nuestro partido.

He aquí las tesis:

7/1. 1918.

TESIS SOBRE EL PROBLEMA
DE LA CONCLUSIÓN INMEDIATA
DE UNA PAZ SEPARADA Y = ANEXIONISTA^^198^^

1. La situación de la revolución rusa en el momento actual es tal que casi todos los obreros y la gran mayoría de los campesinos están, indudablemente, al lado del Poder soviético y de la revolución socialista comenzada por éste. Por tanto, el éxito de la revolución socialista en Rusia está asegurado.

2. Al mismo tiempo, la guerra civil, provocada por la resistencia furiosa de las clases poseedoras, que saben perfectamente que han emprendido el combate final y decisivo por la conservación de la propiedad privada de la tierra y de los medios de producción, no ha llegado todavía a su punto álgido. El Poder soviético tiene asegurada la victoria en esta guerra; pero será inevitable que transcurra algún tiempo, serán necesarios obligatoriamente no pocos esfuerzos, será ineludible cierto período de profunda ruina y caos que acompañan a toda guerra, y en particular a una guerra civil, antes de que sea rota la resistencia de la burguesía.

3. Además, esta resistencia en sus formas menos activas y no militares: el sabotaje, el soborno de los des< lasados, el soborno de los 554 agentes de la burguesía cine se infiltran en las filas de los socialistas para echar a perder su obra, etc., etc.; esta resistencia ha resultado ser tan tena/, y capaz de adoptar formas tan variadas eme la lucha contra ella se prolongará inevitablemente durante cierto tiempo, y es poco probable que acabe, en sus formas principales, antes de algunos meses. Pero el triunfo de la revolución socialista es imposible sin vencer con decisión esta resistencia pasiva y encubierta cíe la burguesía y de sus adeptos.

4. Por último, las tareas de la transformación socialista en Rusia, en el terreno de la organización, son tan ingentes y difíciles que su cumplimiento requerirá también bastante tiempo, si tenemos presente la abundancia de "compañeros de viaje" pequeñoburgueses del proletariado socialista y el escaso nivel cultural de éste.

5. Todas estas circunstancias en su conjunto son de tal naturaleza que de ellas dimana con toda evidencia la necesidad de disponer, para el triunfo del socialismo en Rusia, de cierto tiempo---no menos de varios meses---, durante el cual el Gobierno socialista debe tener las manos completamente libres para vencer a la burguesía, primero en su propio país, y para efectuar una amplia y profunda labor de organización entre las masas.

6. La situación de la revolución socialista en Rusia debe servir de base para toda definición de las tareas internacionales de nuestro Poder soviético, pues la situación internacional en el cuarto año de guerra es tal que resulta de todo punto imposible precisar el momento probable del estallido de la revolución y del derrocamiento de cualquiera de los gobiernos imperialistas de Europa (incluso del alemán). No cabe duda de que la revolución socialista en Europa debe estallar y estallará. Todas nuestras esperanzas en la victoria definitivo del socialismo se fundan precisamente en esta seguridad y en esta previsión científica. Nuestra propaganda, en general, y la organización de la confraternización en el frente, en particular, deben ser intensificadas y extendidas. Pero sería un error basar la táctica del Gobierno socialista de Rusia en los intentos de determinar si la revolución socialista en Europa, y particularmente en Alemania, va o no a desencadenarse en los próximos seis meses (o en un corto plazo semejante). Gomo no hay manera de determinarlo, todos los intentos de esta naturaleza se reducirían, objetivamente, a un ciego juego de azar.

7. En el momento presente, es decir, hasta el 7 de enero de 1918, las negociaciones de paz en Brest-Litovsk han demostrado con absoluta claridad que en el gobierno alemán (que es el que lleva la batuta entre los gobiernos de la Cuádruple Alianza) ha vencido, sin duda alguna, la camarilla militar, la cual ha presentado ya, en realidad, un ultimátum a Rusia (de un momento a otro debemos 555 esperar, tenemos que esperar forzosamente, su presentación oficial). Este ultimátum significa: o la continuación de la guerra o una paz anexionista, es decir, la paz a condición de que nosotros devolvamos tocios los territorios que hemos ocupado, los alemanes se queden con todos los territorios ocupados por ellos y nos impongan una contribución (disfrazada como gastos de mantenimiento de los prisioneros), contribución que asciende a unos tres mil millones de rublos pagaderos en varios años.

8. El Gobierno socialista de Rusia se encuentra ante un problema cuya solución no puede ser postergada: o aceptar ahora esta paz anexionista, o emprender en el acto una guerra revolucionaria. En realidad, no hay solución intermedia posible. No puede haber ningún nuevo aplazamiento, porque hemos hecho ya todo lo posible e imposible para prolongar artificialmente las negociaciones.

9. Al analizar los argumentos que se invocan a favor de una guerra revolucionaria inmediata, nos encontramos, ante todo, con el razonamiento de que la paz separada constituiría ahora, objetivamente, un acuerdo con los imperialistas alemanes, "un trato imperialista'', etc., y que, por consiguiente, una paz así significaría romper por completo con los principios fundamentales del internacionalismo proletario.

Pero este argumento es a todas luces falso. Los obreros que pierden una huelga y firman, para reanudar el trabajo, unas condiciones desventajosas para ellos y ventajosas para los capitalistas, no traicionan al socialismo. Sólo traicionan al socialismo quienes aceptan ventajas para una parte de los obreros a cambio de otras ventajas para los capitalistas. Sólo semejantes acuerdos son inadmisibles por principio.

Traicionan al socialismo quienes califican de justa y defensiva la guerra contra el imperialismo alemán y, de hecho, reciben el apoyo de los imperialistas anglo-franceses, ocultando al pueblo los tratados secretos concertados con ellos. Quienes sin ocultar nada al pueblo, sin firmar ningún tratado secreto con los imperialistas, se avienen a firmar condiciones de paz desventajosas para una nación débil y ventajosas para uno de los grupos imperialistas, porque en ese momento no están en condiciones de continuar la guerra, no cometen ni la más mínima traición al socialismo.

10. Otro de los argumentos a favor de la guerra inmediata es que, al concertar la paz, nos convertimos objetivamente en agentes del imperialismo alemán, pues le damos la posibilidad de utilizar las tropas que tienen en nuestro frente, le devolvemos millones de prisioneros, etc. Pero también este argumento es falso a todas luces, pues en este momento, la guerra revolucionaria nos convertiría, objetivamente, en agentes del imperialismo anglo-francés, ya que le 556 proporcionaría fuer/as auxiliares que favorecerían sus fines. Los ingleses ofrecieron descaradamente a nuestro comandante en jefe, Krylenko, cien rublos al mes por cada soldado nuestro, en caso de que continuásemos la guerra. Y aunque no aceptáramos ni un kopek de los anglo-franceses, no dejaríamos por eso de ayudarlos objetivamente, distrayendo una parte de las tropas alemanas.

Desde este punto de vista, tanto en un caso como en otro, no conseguimos librarnos por completo de tal o cual lazo imperialista. Además, es evidente que no podremos librarnos de ellos por completo sin derrocar el imperialismo mundial. La conclusión acertada que se desprende de eso es que, en cuanto triunfa el Gobierno socialista en un país, los problemas deben ser resueltos no desde el punto de vista de la preferencia por uno u otro imperialismo, sino exclusivamente desde el punto de vista de las mejores condiciones para desarrollar y consolidar la revolución socialista ya iniciada.

Dicho en otros términos: el principio que debe servir de base a nuestra táctica no es establecer a cuál de los dos imperialismos nos conviene más ayudar en estos momentos, sino determinar cuál es el medio más eficaz y seguro de garantizar a la revolución socialista la posibilidad de afianzarse o, por lo menos, de sostenerse en un país hasta que otros países se adhieran a él.

11. Se dice que los socialdemócratas alemanes adversarios de la guerra se han hecho ahora ``derrotistas'' y nos piden que no cedamos ante el imperialismo alemán. Pero nosotros hemos admitido el derrotismo sólo contra la propia burguesía imperialista, rechazando siempre como método inadmisible por principio, y, en general, inservible, la victoria sobre un imperialismo extranjero conseguida en alianza formal o efectiva con un imperialismo ``amigo''.

Por consiguiente, dicho argumento no es más que una variedad del anterior. Si los socialdemócratas de izquierda alemanes nos propusieran demorar la firma de la paz separada por un plazo determinado, garantizándonos el desencadenamiento de la revolución en Alemania durante ese plazo, el problema podría plantearse para nosotros de otro modo. Pero la izquierda alemana, lejos de decirnos eso, declara, por el contrario, formalmente: "Sosteneos mientras podáis, pero resolved la cuestión guiándoos por el estado de cosas de la revolución socialista rusa, pues no podemos prometeros nada positivo respecto a la revolución alemana".

12. Se dice que en una serie de declaraciones del partido hemos ``prometido'' abiertamente la guerra revolucionaria y que la conclusión de una paz separada representaría una traición a nuestra palabra.

Eso es falso. Hemos hablado de la necesidad para el Gobierno socialista de " preparar y sostener" la guerra revolucionaria en la época 557 del imperialismo^^*^^. Hemos dicho eso para combatir el pacifismo abstracto, la teoría de la negación absoluta de "la defensa de la patria" en la época del imperialismo y, por último, los instintos puramente egoístas de una parte de los soldados; pero no hemos contraído ningún compromiso de iniciar la guerra revolucionaria sin tener en cuenta en qué grado es posible sostenerla en uno u otro momento.

También ahora debemos, sin duda, preparar la guerra revolucionaria. Estamos cumpliendo esta promesa, como hemos cumplido, en general, todas nuestras promesas factibles de realización inmediata: hemos anulado los tratados secretos, hemos propuesto una paz justa a todos los pueblos, hemos demorado varias veces y por todos los medios las negociaciones de paz para dar tiempo a que los demás pueblos se adhieran a nosotros.

Pero el problema de si es posible sostener una guerra revolucionaria ahora, inmediatamente, debe resolverse tomando en consideración de manera exclusiva las condiciones materiales de su realización y los intereses de la revolución socialista ya iniciada.

13. Al resumir la apreciación de los argumentos a favor de la guerra revolucionaria inmediata, debe llegarse a la conclusión de que tal política correspondería, quizá, a las necesidades del hombre en su aspiración a lo bello, efectista y brillante; pero no tendría en cuenta en absoluto la correlación objetiva de las fuerzas de clase y de los tactores materiales del momento actual de la revolución socialista iniciada.

14. Es indudable que en este momento y en las próximas semanas (y probablemente en los próximos meses), nuestro ejército no está en absoluto en condiciones de rechazar una ofensiva alemana, debido, en primer lugar, al excepcional cansancio y agotamiento de la mayoría de los soldados, dado el inaudito desbarajuste del aprovisionamiento y del relevo de los hombres cansados, etc.; en segundo lugar, a causa de la inutilidad completa de la tracción animal, que originaría la pérdida inevitable de nuestra artillería; y, en tercer lugar, a causa de la imposibilidad completa de defender la costa desde Riga hasta Reval, lo que brinda al enemigo la más segura probabilidad de conquistar la parte restante de Liflandia, apoderarse a continuación de Estlandia '''', envolver una gran parte de nuestras tropas por la retaguardia, y, por último, tomar Petrogrado.

15. Además, no cabe la menor duda de que, en el momento presente, la mayoría campesina de nuestro ejército se pronunciaría con toda seguridad a favor de una paz anexionista y no a favor de una guerra revolucionaria inmediata, pues la reorganización _-_-_

^^*^^ Véase V.I.I.CHÍH. O.C., \. L'7. pág. 50--51. (N. de la Edil.)

558 socialista del ejército y la incorporación a sus filas de los destacamentos de la Guardia Roja, etc., se hallan sólo en sus comienzos.

Con un ejército democratizado por completo sería una aventura hacer la guerra contra la voluntad de la mayoría de los soldados, y para crear un ejército obrero y campesino socialista, realmente potente y fuerte en el aspecto ideológico, son necesarios, por lo menos, meses y meses.

16. Los campesinos pobres de Rusia están en condiciones de apoyar la revolución socialista, dirigida por la clase obrera; pero no están en condiciones de emprender ahora mismo, sin demora, una guerra revolucionaria seria. Constituiría un error fatal despreciar esta correlación objetiva de las fuerzas de clase en lo que respecta a dicha cuestión.

1 7. Por tanto, en lo que concierne a la guerra revolucionaria en el momento actual, la situación es la siguiente:

Si la revolución alemana estallara y triunfase en los próximos tres o cuatro meses, tal vez la táctica de la guerra revolucionaria inmediata no originaría la ruina de nuestra revolución socialista.

Pero si la revolución alemana no se produce en los meses próximos, el curso de los acontecimientos, de continuar la guerra, será inevitablemente tal que gravísimas derrotas obligarán a Rusia a concertar una paz separada aún más desfavorable; y, además, esta paz no la firmaría un Gobierno socialista, sino otro cualquiera (por ejemplo, el bloque de la Rada burguesa con la gente cíe Chernov o algo semejante). Porque el ejército campesino, extremadamente agotado por la guerra, derrocaría al Gobierno obrero socialista después de las primeras derrotas, probablemente no al cabo de varios meses, sino a las pocas semanas.

18. En tales condiciones, sería una táctica inadmisible por completo jugarse a una carta los destinos de la revolución socialista, ya iniciada en Rusia, sólo para ver si estalla la revolución en Alemania en un plazo cercano, brevísimo, calculado en semanas. Semejante táctica sería una aventura. No tenemos derecho a correr ese riesgo.

19. En virtud de sus bases objetivas, tampoco la revolución alemana se verá perjudicada lo más mínimo por el hecho de que nosotros concertemos la paz separada. Es probable que la embriaguez chovinista la debilite durante cierto tiempo, pero la situación de Alemania seguirá siendo difícil en extremo, la guerra contra Inglaterra y América será larga, el imperialismo agresivo ha quedado desenmascarado total y definitivamente por ambas partes. La República Socialista Soviética de Rusia se alzará como un ejemplo vivo ante los pueblos de todos los países; y el efecto de este ejemplo, como propaganda y como acción revolucionaria, será gigantesco. De un lado: régimen burgués y guerra de conquista, al desnudo por 559 completo, entre dos grujios de bandidos. De otro: paz y República Socialista de los Soviets.

20. Al concertar la paz separada nos libramos en el mayor grado posible, en el momento actual, cíe ambos grupos imperialistas contendientes, aprovechándonos de la hostilidad existente entre ellos y de la guerra---que les impide confabularse contra nosotros---, y conseguimos tener las manos libres durante cierto tiempo para proseguir y consolidar la revolución socialista. La reorganización de Rusia sobre la base de la dictadura del proletariado, sobre la base de la nacionalización de los bancos y de la gran industria, con un régimen de intercambio natural de productos entre la ciudad y ¡as cooperativas de consumo rurales, formadas por los pequeños campesinos, es posible desde el punto de vista económico, a condición de que tengamos asegurados unos meses de trabajo pacífico. Y esa reorganización haría que el socialismo fuese invencible tanto en Rusia como en el múñelo entero, creando a la vez una firme base económica para un poderoso Ejército Rojo Obrero y Camjjesino.

21. En el momento actual, una guerra revolucionaria de verdad sería la guerra de la República Socialista contra los jjaíses burgueses con el claro fin, plenamente aprobado por el ejército socialista, de derrocar a la burguesía de otros países. Pero es i nduda ble que en este momento no podemos todavía señalarnos esa meta. Objetivamente, lucharíamos ahora por la liberación de Polonia, Lituania y Curlandia. Pero ningún marxista podría negar, sin romper con los principios del marxismo y del socialismo en general, que los intereses del socialismo están por encima de los intereses del derecho de las naciones a la autodeterminación. Nuestra República Socialista ha hecho y continúa haciendo todo lo posible para llevar a la práctica el derecho de autodeterminación de Finlandia, Ucrania, etc. Pero si la situación concreta es tal que la existencia de la República Socialista se halla en este momento en peligro por haber sido infringido el derecho de autodeterminación de algunas naciones (Polonia, Lituania, Curlandia, etc.), se comprende de por sí que los intereses de la conservación de la República Socialista están por encima.

Por eso, quien dice: "No podemos firmar una paz deshonrosa, indecente, etc., no podemos traicionar a Polonia, etc.'', no advierte que, al firmar una paz condicionada por la liberación de Polonia, no haría otra cosa que reforzar más aún el imperialismo alemán contra Inglaterra, contra Bélgica, Servia y otros países. La paz condicionada por la liberación de Polonia, Lituania y Curlandia sería una paz "patriótica" desde el pinito de vista de Rusia, pero no dejaría de ser en ningún caso una paz con los anexionistas, con los imperialistas alemanes.

560

21 de enero de 1918. A estas tesis debe agregarse lo siguiente: 22. Las huelgas de masas en Austria y Alemania, luego la formación de los Soviets de diputados obreros en Berlín y en Viena y, por último, el comienzo el 18--20 de enero de los choques armados y de las escaramuzas callejeras en Berlín obligan a reconocer como un hecho que en Alemania ha comenzado la revolución.

De este hecho se deduce la posibilidad para nosotros de dar largas a las negociaciones de paz y demorarlas durante un cierto período.

Escrito: las tesis, el 7 (20) de enero de 1918; la tesis 22, el 21 de enero ('í de febrero), \ l<t introducción, en lebrero, antes del día 11 (24).

Publicado (sin la tesis 22) el 24 (11) de febrero de 1918 en el núm. 34 de ``Pravda''. firmado: N. Le ni n

l.ti tesis 22 vio la Ittz por vez primera en 1949 en el tomo 2ti de la 4 ed. de las ``Obras'' de V. I. l.enin.

.s. '243--252.

561 __ALPHA_LVL1__ EPILOGO A LAS TESIS SOBRE EL PROBLEMA
DE LA CONCLUSIÓN INMEDIATA DE UNA PAZ SEPARADA Y ANEXIONISTA

Las tesis reproducidas más arriba fueron leídas por mí en una pequeña reunión privada de funcionarios del partido el 8 de enero de 1918. Su discusión puso de relieve la existencia en el partido cíe tres opiniones sobre este problema: casi la mitad de los asistentes se pronunció en pro de la guerra revolucionaria (este punto de vista es denominado a veces ``moscovita'', pues lo adoptó antes que ninguna organización el Buró regional de Moscú de nuestro = partido^^2^^"''; después, cerca de una cuarta parte en pro de Trotski, quien propuso "declarar terminado el estado de guerra, desmovilizar el ejército y enviarlo a sus casas, pero no firmar la paz" y, por último, cerca de una cuarta parte a mi favor.

El estado de cosas creado en el partido me recuerda extraordinariamente la situación que existía en el verano de 1907, cuando la inmensa mayoría de los bolcheviques era partidaria del boicot de la III Duina y yo defendía la participación en ella, al lado de Dan, y fui objeto de encarnizados ataques por mi oportunismo. Objetivamente, la cuestión está planteada hoy de la misma manera, de un modo completamente análogo: igual que entonces, la mayoría de los funcionarios del partido, arrancando de los mejores impulsos revolucionarios y de las mejores tradiciones del partido, se deja arrastrar por una ``brillante'' consigna, sin captar la nueva situación económico-social v política, sin tener en cuenta el cambio de las condiciones, que requiere una modificación rápida y brusca de la táctica. Y como entonces, me veo obligado a concentrar toda mi disputa en explicar que el marxismo exige que se tengan en cuenta las condiciones objetivas y sus cambios; que es preciso plantear la cuestión de manera concreta, en consonancia con esas condiciones; que el cambio radical consiste ahora en la creación de la República de los Soviets de Rusia; que lo supremo tanto para nosotros como desde el punto de vista socialista internacional es preservar esta república, que ha comenzado ya la revolución socialista; que, en el momento dado, la consigna de guerra revolucionaria por parte de Rusia significaría o bien una frase y un vacuo acto ostensivo, o equivaldría objetivamente a caer en la celada que nos tienden los imperialistas, los cuales 562 quieren arrastrarnos a proseguir la guerra imperialista mientras somos débiles y aniquilar por el procedimiento más barato posible la joven República de los Soviets.

``Yo mantengo la vieja posición de Lenin'', ha exclamado un joven moscovita (la juventud es una de las mayores virtudes que distingue a este grupo de oradores). Y ese mismo orador me reprochó que, según él, repito los viejos argumentos de los defensistas acerca de la improbabilidad de la revolución en Alemania.

La desgracia consiste, precisamente, en que los moscovitas quieren mantener la vieja posición táctica, negándose obstinadamente a ver cómo ha cambiado, cómo se ha creado una nueva posición objetiva.

En su celo por repetir las viejas consignas, los moscovitas no han tenido en cuenta siquiera que nosotros, los bolcheviques, nos hemos hecho ahora todos defensistas. Porque después de derrocar a la burguesía, de romper y denunciar los tratados secretos, de proponer a todos los pueblos una paz verdaderamente...^^*^^

Escrito entre el 8 y el 11 (21

f 24) de enero de

1918.

Publicado por vez primera

en 1929 en la

``Recopilación Leninista'', I.

XI.

T. 35, págs. 253--254.

_-_-_

^^*^^ El manuscrito se interrumpe en este sitio. (¡V. de la Edil.)

[563] __ALPHA_LVL1__ III CONGRESO DE LOS SOVIETS
DE DIPUTADOS OBREROS,
SOLDADOS Y CAMPESINOS
DE TODA RUSIA^^2^^ ]
10--18 (23--31) DE ENERO DE 1918

1

INFORME SOBRE LA ACTIVIDAD
DEL CONSEJO DE COMISARIOS

DEL PUEBLO
11 (24) DE ENERO

Camaradas: En nombre del Consejo de Comisarios del Pueblo debo presentaros un informe sobre su actividad durante los dos rneses y quince días transcurridos desde la formación del Poder soviético y del Gobierno soviético en Rusia.

Dos meses y quince días representan, en total, cinco días más de los que existió el precedente poder de los obreros sobre todo un país o sobre los explotadores y capitalistas: el poder de los obreros parisienses en la época de la Comuna de París de 1871.

Debemos recordar ese poder de los obreros, ante todo, al echar una mirada al pasado y compararlo con el Poder soviético instaurado el 25 de octubre. Y al hacer esta comparación entre la anterior dictadura del proletariado y la actual, podremos ver en el acto qué gigantesco paso ha dado el movimiento obrero internacional y en qué situación incomparablemente más favorable se encuentra el Poder soviético en Rusia, pese a las condiciones complejas sin igual, que implican la situación de guerra y la ruina.

Después de mantenerse dos meses y diez días, los obreros de París, que crearon por vez primera la Comuna, embrión del Poder soviético, perecieron ametrallados por los democonstitucionalistas, mencheviques y eseristas-kaledinistas de derecha franceses. Los obreros franceses hubieron de pagar con víctimas inauditamente numerosas la primera experiencia de gobierno obrero, cuyo sentido y objetivos desconocía la aplastante mayoría de los campesinos de Francia.

564

Nosotros nos encontrarnos en circunstancias muchísimo más favorables porque los soldados, obreros y campesinos rusos han sabido crear un aparato que ha dado a conocer al mundo entero sus formas de lucha: el Gobierno soviético. Eso es, ante todo, lo que cambia la situación de los obreros y campesinos rusos en comparación con el poder del proletariado parisiense. Los proletarios de París carecían de un aparato, no eran comprendidos por el país; nosotros nos hemos apoyado en el acto en el Poder soviético, y por eso jamás hemos dudado de que este poder gozaba de la simpatía y el apoyo más fervoroso y abnegado de la gigantesca mayoría de las masas, debido a lo cual era invencible.

Quienes adoptaban una actitud de escepticismo ante el Poder soviético, y con frecuencia, consciente o inconscientemente, lo traicionaban y se entregaban a la conciliación con los capitalistas y los imperialistas, han hecho ensordecer a todos con sus gritos de que en Rusia no podía mantenerse el poder exclusivo del proletariado. Como si cualquier bolchevique o partidario suyo hubiera olvidado por un solo instante que en Rusia sólo puede ser duradero un poder que sepa cohesionar a la clase obrera, a la mayoría de los campesinos, a todas las clases trabajadoras y explotadas en una fuer/a única, indisolublemente unida, que luche contra los terratenientes y la burguesía.

Jamás hemos dudado de que sólo la alianza de los obreros y los campesinos pobres, de los semiproletarios, de la cual se habla en el Programa de nuestro partido, puede abarcar en Rusia a la mayoría de la población y asegurar un firme apoyo al poder. Y después del 25 de octubre hemos conseguido en el acto, en el transcurso de unas cuantas semanas, vencer todas las dificultades y crear un poder basado en esa firme alianza.

¡Sí, camaradas! Cuando el partido eserista en su vieja forma---en un momento en que los campesinos no habían comprendido aún quiénes eran dentro de él los verdaderos partidarios del socialismo---lanzaba la consigna de usufructo igualitario del suelo, sin desear conocer quién cumpliría esa tarea, en alianza o no con la burguesía, nosotros dijimos que eso era un engaño. Y esa parte, que ha visto ahora que no la sigue el pueblo, que es un cero a la izquierda, pretendía que podría aplicar el usufructo igualitario del suelo en alianza con la burguesía: en eso consistía el engaño principal. Y cuando la revolución rusa mostró la experiencia de la colaboración de las masas trabajadoras con la burguesía en el momento más grandioso de la vida del pueblo; cuando la guerra llevó y lleva al pueblo a la ruina, condenando a millones de seres a perecer de hambre, y sus consecuencias revelaron en la práctica la experiencia del conciliacionismo; cuando los propios Soviets vivieron y sintieron 565 esa experiencia, pasando por la escuela de la conciliación, se hizo evidente la presencia de un gran germen socialista sano y viable en la doctrina de quienes querían unir el campesinado, su parte trabajadora, al gran movimiento socialista de los obreros del mundo entero.

Y en cuanto esta cuestión se planteó en la práctica con nitidez y precisión ante el campesinado, ocurrió lo que nadie dudaba de que debía ocurrir, como lo han demostrado ahora los Soviets y congresos campesinos: cuando ¡legó el momento de realizar de verdad el socialismo, los campesinos pudieron ver con claridad esas dos líneas políticas fundamentales, la alianza con la burguesía o con las masas trabajadoras. Comprendieron entonces que el partido que expresaba los verdaderos anhelos e intereses del campesinado era el partido de los eseristas de izquierda. Y cuando concluimos con este partido nuestra alianza gubernamental, planteamos las cosas desde el primer momento de tal modo que dicha alianza se asentara en los principios más claros y evidentes. Si los campesinos de Rusia quieren llevar a cabo la socialización de la tierra en alianza con los obreros, que efectuarán la nacionalización de los bancos e implantarán el control obrero, serán fieles colaboradores nuestros, serán nuestros más fieles y valiosos aliados. No hay un solo socialista, camaradas, que no reconozca la verdad evidente de que entre el socialismo y el capitalismo se extiende un largo período, más o menos difícil, de transición, de dictadura del proletariado, y que las formas de este período dependerán en mucho de si predomina la pequeña propiedad o la grande, la pequeña cultura o la grande. Es comprensible que el paso al socialismo en Estlandia, ese pequeño país compuesto de grandes haciendas agrícolas y en el que toda la población sabe leer y escribir, no puede parecerse al paso al socialismo en un país predominantemente pequeñoburgués como es Rusia. Eso hay que tenerlo en cuenta.

Todo socialista consciente dice que es imposible imponer el socialismo a los campesinos por la violencia y que debe confiarse únicamente en la fuerza del ejemplo y en la asimilación de la experiencia de la vida por la masa campesina. ¿Cómo considera esa masa más cómodo pasar al socialismo? He ahí la tarea que tiene planteada hoy de manera práctica el campesinado ruso. ¿Cómo puede esa misma masa apoyar al proletariado socialista y empezar el paso al socialismo? Y los campesinos han iniciado ya ese paso y tenemos plena confianza en ellos.

La alianza que hemos concluido con los socialistas-revolucionarios de izquierda se asienta en una firme base y se fortalece no por días, sino por horas. Si en los primeros tiempos podíamos temer en el Consejo de Comisarios del Pueblo que la lucha fracciona! frenara el trabajo, hoy debo decir con certeza, tomando en consideración la 566 experiencia que proporcionan dos meses de trabajo conjunto, que en la mayoría de los asuntos adoptamos acuerdos unánimes.

Sabemos que sólo cuando la experiencia muestra a los campesinos cuál debe ser, por ejemplo, el intercambio entre la ciudad y el campo, ellos mismos establecen su ligazón por abajo, basándose en su propia experiencia. De otra parte, la experiencia de la guerra civil enseña de manera evidente a los representantes de los campesinos que no hay otro camino hacia el socialismo que la dictadura del proletariado y el aniquilamiento implacable de la dominación de los explotadores. (Aplausos.)

Camaradas: Cada vez eme tocamos este tema, en la presente reunión o en el Comité Ejecutivo Central, escucho de cuando en cuando, de la parte derecha de la asamblea, exclamaciones de "¡Dictador!" Sí, "cuando éramos socialistas'', todos reconocían la dictadura del proletariado; incluso hablaban de ella en sus programas, se indignaban ante el difundido prejuicio de que se puede hacer cambiar de criterio a la población, demostrarle que no se debe explotar a las masas trabajadoras, que eso es pecaminoso y vergonzoso, y que entonces se entronizará el paraíso en la tierra. No, ese prejuicio utópico ha sido destrozado hace mucho en la teoría y nuestra tarea consiste en destrozarlo en la práctica.

Es imposible imaginarse que los señores socialistas vayan a servirnos el socialismo en bandeja de plata, ya preparadito. Eso no ocurrirá. Ni un solo problema de la lucha de clases se ha resuelto aún en la historia de otro modo que no sea por la violencia. ¡Cuando la violencia procede de los trabajadores, de las masas explotadas contra los explotadores, entonces sí, entonces somos partidarios de esa violencia! (Clamorosos aplausos.) Y no nos turban lo más mínimo los chillidos de quienes, consciente o inconscientemente, están al lado de la burguesía o se encuentran tan atemorizados por ella, tan oprimidos por su dominación, que al ver ahora esta lucha de clases, de un enconamiento inusitado, se desconciertan, lloran, olvidan todas sus premisas y exigen de nosotros lo imposible: exigen que nosotros, socialistas, alcancemos la victoria completa sin luchar contra los explotadores, sin sofocar su resistencia.

Los señores explotadores comprendieron ya en el verano de 1917 que se trataba de "las batallas finales y decisivas'', que el último baluarte de la burguesía, esta fuente principal y fundamental de opresión de las masas trabajadoras, les sería arrancado de las manos si los Soviets tomaban el poder.

De ahí que la Revolución de Octubre haya iniciado esta lucha sistemática y firme para que los explotadores cesen su resistencia y para que, por difícil que les resulte incluso a los mejores de ellos, se avengan a la idea de que se ha terminado la dominación de las clases 567 explotadoras, de que desde ahora mandará el mujik sencillo y ellos deberán obedecerle: por muy desagradable que les resulte, tendrán que hacerlo.

Esto costará muchas dificultades, sacrificios y errores, es una cosa nueva, sin precedente en la historia, que no puede leerse en los libros. Se sobrentiende que se trata de la transición más grandiosa y difícil que conoce la historia, pero de otro modo habría sido imposible realizar esa gran transición. Y la circunstancia de que en Rusia se haya creado el Poder soviético ha demostrado que la propia masa revolucionaria es la más rica en experiencia revolucionaria ---cuando en ayuda de unas cuantas decenas de hombres del partido acuden millones---, que toma por el cuello, de una manera práctica, a sus explotadores.

De ahí que actualmente haya prevalecido en Rusia la guerra civil. Se lanza contra nosotros la consigna de "¡Que desaparezca la guerra civil!" Tuve ocasión de oírselo a los representantes de la derecha de la llamada Asamblea Constituyente. Que desaparezca la guerra civil... ¿Qué significa eso? ¿La guerra civil contra quién? ¿Contra Kornílov, Kerenski y Riabushinski, que gastan millones en sobornar a desclasados y funcionarios? ¿Contra los saboteadores que, consciente o inconscientemente, lo mismo da, aceptan ese soborno? Es indudable que entre los últimos hay gente atrasada, que acepta eso inconscientemente porque no puede imaginarse que sea posible y necesario destruir hasta los cimientos el anterior régimen burgués y empezar a construir sobre sus ruinas la sociedad socialista, completamente nueva. Es indudable que esa gente existe; pero ¿cambian por ello las circunstancias?

De ahí que los representantes de las clases poseedoras se lo jueguen todo a una carta, de ahí que éstas sean para ellos las batallas finales y decisivas y no se detengan ante ningún crimen con tal de demoler el Poder soviético. ¿Es que toda la historia del socialismo, en particular del socialismo francés, tan rica en afanes revolucionarios, no nos enseña que cuando las propias masas trabajadoras toman en sus manos el poder, las clases dirigentes recurren a crímenes y fusilamientos inauditos en cuanto se trata de proteger sus propias cajas de caudales? Y cuando esa gente nos habla de guerra civil, les contestamos con una sonrisa; y cuando llevan su consigna a los medios de la juventud estudiantil, les decimos: ¡los engañáis!

La lucha de clases no ha llegado por casualidad a su última forma, en la que la clase de los explotados toma en sus manos todos los medios de poder para aniquilar definitivamente a su enemigo de clase, la burguesía, y barrer de la faz de la tierra rusa no sólo a los funcionarios, sino también a los terratenientes, como los han barrido los campesinos rusos en algunas provincias.

568

Se nos dice que el sabotaje que ha encontrado el Consejo de Comisarios del Pueblo entre los funcionarios y terratenientes demuestra la falta de deseo de ir al encuentro del socialismo. ¡Como si no hubiera estado claro que toda esa banda de capitalistas y truhanes, desclasados y saboteadores no es más que una banda, sobornada por la burguesía, eme opone resistencia al poder de los trabajadores! Naturalmente, quienes pensaban que se podía saltar de golpe del capitalismo al socialismo o quienes creían posible convencer a la mayoría de la población de que podría conseguirse eso por medio de la Asamblea Constituyente; quienes creían ese cuento democrático burgués, pueden seguir creyéndolo con toda tranquilidad, pero que no culpen a la vida si ésta lo hace trizas.

Quienes han comprendido lo que es la lucha de clases, lo que significa el sabotaje organizado por los funcionarios, saben que no podemos saltar al socialismo de la noche a la mañana. Quedan aún burgueses, capitalistas, que tienen la esperanza de recuperar su dominación y defienden sus cajas de caudales; quedan aún desclasados, un sector de gente venal, completamente aplastados por el capitalismo y que no saben elevarse hasta las ideas de la lucha proletaria. Quedan aún empleados, funcionarios, que piensan que los intereses de la sociedad consisten en defender el viejo régimen. ¿Cómo es posible imaginarse el triunfo del socialismo de otro modo que no sea la bancarrota total de esos sectores, el hundimiento pleno de la burguesía tanto rusa como europea? ¿No pensaremos que los señores Riabushinski no comprenden sus intereses de clase? Son ellos quienes pagan a los saboteadores para que no trabajen. ¿O es que actúan por separado? ¿No actúan conjuntamente con los capitalistas franceses, ingleses y norteamericanos, comprando valores? Ya veremos, sin embargo, si les ayudan mucho esas compras y no resulta que los montones de valores que compran ahora se conviertan en el más nulo e inservible papel viejo.

He ahí por qué, camaradas, respondemos a todos los reproches y acusaciones de terror, dictadura y guerra civil, aunque estamos muy lejos aún de haber llegado al verdadero terror, porque somos más fuertes que ellos---tenemos los Soviets y nos bastará con la nacionalización de los bancos y la confiscación de los bienes para someterlos a la obediencia---; he ahí por qué respondemos a todas las acusaciones de guerra civil, diciendo: Sí, hemos proclamado públicamente lo que no ha podido proclamar ningún gobierno.

El primer gobierno en el mundo que puede hablar sin tapujos de guerra civil es el gobierno de las masas de obreros, campesinos y soldados. Sí, hemos iniciado y hacemos la guerra contra los explotadores. Cuanto más francamente lo digamos, con tanta mayor rapidez terminará esta guerra, con tanta mayor rapidez nos 569 comprenderán todas las masas trabajadoras y explotadas, comprenderán que el Poder soviético está efectuando de verdad la obra entrañable de todos los trabajadores.

No creo, camaradas, que podamos lograr pronto la victoria en esta lucha, pero tenemos una riquísima experiencia: en el transcurso de dos meses hemos conseguido mucho. Hemos vivido el intento de ofensiva de Kerenski contra el Poder soviético y el rotundo fracaso de ese intento; hemos vivido la organización del poder de los Kerenski ucranios; la lucha aún no ha terminado allí, pero para cuantos la observan, para cuantos han escuchado, aunque sólo sea, unos informes veraces de los representantes del Poder soviético, está claro que los elementos burgueses de la Rada ucrania están viviendo sus últimos días. (Aplauso s.) Es imposible dudar lo más mínimo de la victoria del Poder soviético de la República Popular Ucrania sobre la Rada burguesa ucrania.

¿Y la lucha contra Kaledin? En ella, en efecto, todo se basa en la explotación de los trabajadores, en la dictadura burguesa, si es que existe alguna base social contra el Poder soviético. El Congreso Campesino ha demostrado con toda evidencia que la causa de Kaledin carece de porvenir, que las masas trabajadoras están contra él. La experiencia del Poder soviético, la propaganda con hechos, con el ejemplo de las organizaciones soviéticas, se impone; y el apoyo interno de Kaledin en el Don se desploma ahora no tanto desde fuera como desde dentro.

De ahí que, al echar un vistazo al frente de la guerra civil en Rusia, podamos decir con toda seguridad: en este terreno, la victoria del Poder soviético es plena y está asegurada por completo. Y la victoria de este Poder soviético, camaradas, se consigue porque, desde el primer momento, empezó a convertir en realidad los preceptos tradicionales del socialismo, apoyándose en las masas de modo consecuente y decidido, considerando una tarea propia despertar a la vida activa e incorporar a la obra creadora socialista a los sectores más oprimidos y esclavizados de la sociedad. De ahí que el viejo ejército, el ejército del amaestramiento cuartelero y cíe las torturas a los soldados, haya desaparecido para siempre. Ha sido condenado a la demolición y no ha quedado de él piedra sobre piedra. (Aplausos.) La democratización completa del ejército ha sido realizada.

Me permitiré contaros un caso que me ocurrió. Fue en un coche del ferrocarril de Finlandia, en el que tuve ocasión de escuchar una conversación entre varios finlandeses y una anciana. Yo no pude participar en la conversación, pues desconocía el finlandés; pero un finlandés se dirigió a mí y me dijo: "¿Sabe usted qué cosa más original ha dicho esta anciana? Ha dicho: Ahora no hay que temer al 570 hombre del fusil. Cuando estuve en el bosque encontré al hombre del fusil, y en vez de quitarme mi leña, me dio más".

``(uando oí eso me dije: no importa que centenares de periódicos, se llamen como se llamen---socialistas, casi socialistas, etc.---, no importa que centenares de voces extraordinariamente fuertes nos griten: ``dictadores'', ``opresores'' y otras palabras semejantes. Sabemos que entre las masas populares se alza hoy otra voz. Las masas se dicen: ahora no hay que temer al hombre del fusil, pues defiende a los trabajadores y será implacable en el aniquilamiento de la dominación de los explotadores. (Aplausos.) Eso es lo que ha sentido el pueblo y por eso es invencible la agitación que realizan gentes sencillas, sin instrucción, al decir que los guardias rojos dirigen toda su fuerza contra los explotadores. Esta agitación llegará a millones y decenas de millones de seres y hará firmemente lo que la Comuna francesa del siglo XIX empezó a hacer, pero hizo sólo durante un breve período, porque fue reprimida por la burguesía: creará el Ejército Rojo socialista, al que han tendido todos los socialistas, realizará el armamento general del pueblo. Creará nuevos cuadros de la Guardia Roja, que brindarán la posibilidad de educar a las masas trabajadoras para la lucha armada.

Si se decía de Rusia que no podría combatir porque carecería de oficiales, no debemos olvidar lo que decían esos mismos oficiales burgueses al observar a los obreros que luchaban contra Kerenski y Kaledin: "Sí, esos guardias rojos no valen para nada técnicamente; pero si esos hombres aprendieran un poco, tendrían un ejército invencible''. Porque, por vez primera en la historia de la lucha mundial, han entrado en el ejército elementos que no poseen conocimientos oficiales, pero que se sienten impelidos por las ideas de la lucha por conseguir la emancipación de los explotados. Y cuando quede terminada la obra que hemos iniciado, la República Soviética de Rusia será invencible. (Aplausos.)

Camaradas: Este camino que ha recorrido el Poder soviético en cuanto al ejército socialista se refiere, lo ha recorrido también en relación con otro instrumento de las clases dominantes, aún más sutil y más complejo. Me refiero al tribunal burgués, que se presentaba como defensor del orden, pero que era en realidad un instrumento ciego y sutil para reprimir sin piedad a los explotados y defender los intereses de la caja de caudales. El Poder soviético procedió como le habían legado que procediera todas las revoluciones proletarias: lo demolió en el acto. Que griten cuanto quieran, diciendo que en vez de reformar el viejo tribunal lo entregamos en el acto a la demolición. Con ello desbrozamos el camino para el auténtico tribunal popular, y no tanto por la fuerza de la represión como por el ejemplo de las masas y la autoridad de los trabajadores, sin 571 formalismos. El tribunal, que era antes un instrumento de explotación, ha sido transformado por nosotros en un instrumento de educación sobre las firmes bases de la sociedad socialista. No cabe la menor duda de que no podemos recibir de golpe semejante sociedad.

Tales son los pasos principales que ha dado el Poder soviético, siguiendo el camino que trazara toda la experiencia de las más grandiosas revoluciones populares en el mundo entero. No ha habido una sola revolución en la que las masas trabajadoras no empezaran a dar pasos por ese camino para crear el nuevo poder del Estado. Lamentablemente, no hicieron más que empezar, pero no pudieron llevar la obra hasta el fin, no consiguieron crear el nuevo tipo de poder del Estado. Nosotros lo hemos creado: en nuestro país es ya realidad la República Socialista de los Soviets.

No me hago ilusiones en cuanto al hecho de que apenas hemos iniciado el período de transición al socialismo, de que no hemos llegado aún al socialismo. Pero tendréis razón si decís que nuestro Estado es una República Socialista de los Soviets. Tendréis la misma razón que quienes llaman democráticas a muchas repúblicas burguesas de Occidente, aunque todo el mundo sabe que ni una sola de las repúblicas más democráticas es plenamente democrática. Esas repúblicas conceden trochos de democracia, reducen en minucias los derechos de los explotadores, pero las masas trabajadoras están en ellas tan oprimidas como en todas partes. Y, sin embargo, decimos que el régimen burgués representa tanto las viejas monarquías como las repúblicas constitucionales.

En la misma situación nos encontramos nosotros ahora. Estamos lejos incluso de haber terminado el período de transición del capitalismo al socialismo. Jamás nos hemos dejado engañar por la esperanza de que podríamos terminarlo sin la ayuda del proletariado internacional, famas nos hemos equivocado en esta cuestión y sabemos cuan difícil es el camino que lleva del capitalismo al socialismo; pero estamos en el deber de decir que nuestra República de los Soviets es socialista porque hemos emprendido ese camino, y estas palabras no serán vanas.

Hemos iniciado muchas medidas que socavan la dominación de los capitalistas. Sabemos que nuestro poder debía unir la labor de todas las instituciones con un principio único y ese principio lo expresamos con las siguientes palabras: "Queda proclamada en Rusia la República Socialista de los Soviets''. (Aplausos.) Eso será una verdad, que se asienta en lo que deberemos hacer y hemos empezado ya a hacer: será la mejor unificación de toda nuestra actividad, la proclamación de su programa, un llamamiento a los trabajadores v explotados de todos los países, que desconocen en absoluto qué es el socialismo o---lo que es peor---entienden por 572 socialismo la bazofia de reformas burguesas de Chernov y Tsereteli, que hemos probado y experimentado en el transcurso de diez meses de revolución, convenciéndonos de que es una falsificación, pero no el socialismo.

Esa es la causa de que las ``libres'' Inglaterra y Francia hayan recurrido a todos los medios para impedir durante los diez meses de nuestra revolución la entrada de un solo número de los periódicos bolcheviques y eseristas de izquierda. Debieron proceder de esa manera porque veían ante sí en todos los países una masa de obreros y campesinos que captaban instintivamente cuanto hacían los obreros rusos. Porque no había ni una sola reunión en la que no se acogieran con tempestades de aplausos las noticias acerca de la revolución rusa y la consigna del Poder de los Soviets. Las masas trabajadoras y explotadas han entrado ya por doquier en contradicción con las altas esferas de sus partidos. Este viejo socialismo de altas esferas no ha sido enterrado todavía, como Chjeídze y Tsereteli en Rusia, pero ha sido matado ya en todos los países del mundo, está ya muerto.

Y frente a ese viejo régimen burgués se alza ya el nuevo Estado: la República de los Soviets, la república de las clases trabajadoras y explotadas, que derriban los viejos tabiques burgueses. Se han creado nuevas formas de Estado, que han permitido reprimir a los explotadores, sofocar la resistencia de este puñado minúsculo, fuerte por la caja de caudales de que disponía ayer y por la reserva de conocimientos que tenía ayer. Ellos transforman sus conocimientos ---los del profesor, el maestro y el ingeniero---en un instrumento de explotación de los trabajadores, diciendo: Quiero que mis conocimientos sirvan a la burguesía; de otro modo, no trabajaré. Pero su poder se ha visto quebrantado por la revolución obrera y campesina, y frente a ellos surge un Estado en el que las propias masas eligen libremente a sus representantes.

Precisamente ahora podemos decir que tenemos de veras una organización del poder que muestra con claridad el paso a la supresión completa de todo poder, de todo Estado. Eso será posible cuando no quede ni rastro de la explotación, es decir, en la sociedad socialista.

Me referiré ahora brevemente a las medidas que ha comenzado a aplicar el Gobierno soviético socialista de Rusia. La nacionalización de los bancos fue una de las primeras medidas orientadas no sólo a barrer a los latifundistas de la faz de la tierra rusa, sino también a cortar de raíz la dominación de la burguesía y la posibilidad de que el capital oprima a millones y decenas de millones de trabajadores. Los bancos son importantes centros de la economía capitalista contemporánea. En ellos se concentran riquezas inauditas y se distribuyen por todo el inmenso país, en ellos convergen los nervios de toda la vida 573 capitalista. Estos sutiles y complicados órganos han crecido durante siglos, y contra ellos enfiló sus primeros golpes el Poder soviético, que chocó al comienzo con una encarnizada resistencia en el Banco del Estado. Mas esta resistencia no detuvo al Poder soviético. Conseguimos lo fundamental en la organización del Banco del Estado y eso fundamental está hoy en manos de los obreros y los campesinos. Y de estas medidas fundamentales, que será preciso elaborar aún durante mucho tiempo, pasamos a apoderarnos de los bancos privados.

No procedimos como habrían recomendado, sin duda, los conciliadores: primero, esperar a la Asamblea Constituyente; después, quizá, confeccionar un proyecto de ley y presentarlo a la Asamblea Constituyente, informando así de nuestros propósitos a los señores burgueses para que encontraran una escapatoria que les permitiese desembarazarse de cosa tan desagradable; y, tal vez, atraérnoslos para que nos hicieran compañía y crear entonces leyes estatales: eso habría sido un "acto de Estado".

Eso habría sido la anulación del socialismo. Nosotros procedimos sin ceremonias. No temimos los reproches de la gente ``instruida'' o, más exactamente, de los partidarios ignorantes de la burguesía, que trafican con los restos de sus conocimientos, y dijimos: tenemos obreros y campesinos armados, que deben ocupar hoy por la mañana todos los bancos privados. (Aplausos.) Y cuando lo hayan hecho, cuando el poder se encuentre ya en nuestras manos, sólo después de eso discutiremos las medidas a adoptar. Los bancos fueron ocupados por la mañana; y por la tarde, el Comité Ejecutivo Central aprobó una disposición: "Los bancos son declarados propiedad nacional''. Se efectuó así la estatificación, la socialización de la Banca, su transferencia al Poder soviético.

Ninguno de los nuestros se imaginaba que un mecanismo tan ingenioso y delicado como el de la Banca, desarrollado durante siglos de las entrañas del sistema capitalista de economía, pudiera ser demolido o transformado en unos cuantos días. Jamás hemos afirmado eso. Y cuando los sabios o seudosabios movían la cabeza y se dedicaban a hacer profecías, nosotros les decíamos: Pueden ustedes profetizar lo que quieran. Nosotros conocemos un solo camino cíe la revolución proletaria: tomar las posiciones enemigas, aprender en la práctica, en los propios errores, a ejercer el poder. No empequeñecemos lo más mínimo las dificultades de nuestro camino, pero hemos hecho ya lo fundamental. Ha sido minada la fuente de las riquezas capitalistas en lo que se refiere a su distribución. Después de eso ha sido un paso fácil en extremo anular los empréstitos del Estado y derrocar el yugo financiero. El paso a la confiscación de las fábricas después del control obrero ha sido también absolutamente 574 fácil. Cuando se nos acusaba de que al implantar el control obrero fraccionábamos la producción en talleres aislados, rechazábamos ese absurdo. Al implantar el control obrero sabíamos que habría de pasar bastante tiempo antes de que se extendiera a toda Rusia, pero queríamos demostrar que reconocíamos un solo camino: las transformaciones desde abajo para que los propios obreros colocasen los nuevos cimientos de las condiciones económicas. Y eso requiere no poco tiempo.

Del control obrero pasamos a la formación del Consejo Superior de Economía Nacional. Sólo esta medida, junto a la nacionalización de los bancos y de los ferrocarriles, que se efectuará en los días próximos, nos permitirá emprender la creación de la nueva economía socialista. Conocemos muy bien las dificultades de nuestra obra, pero afirmamos que sólo es socialista de verdad quien emprende esa tarea confiando en la experiencia y el instinto de las masas trabajadoras. Cometerán muchos errores, pero lo fundamental está hecho. Saben que, al dirigirse.al Poder soviético, encontrarán sin falta apoyo contra los explotadores. Ni una sola medida que facilite su trabajo deja de ser respaldada plena y totalmente por el Poder soviético. El Poder soviético no lo sabe todo, no puede llegar a tiempo a todo y se ve obligado a cada paso a afrontar tareas difíciles. Se envía con mucha frecuencia al gobierno delegaciones de obreros y campesinos que preguntan cómo deben proceder, por ejemplo, con estas o aquellas tierras. Y yo mismo me he encontrado a menudo en situaciones embarazosas al ver que no tenían un punto de vista muy definido. Y yo les decía: sois el poder, haced todo lo que deseéis hacer, tomad todo lo que os haga falta, os apoyaremos; pero preocupaos de la producción, preocupaos de que la producción sea útil. Pasad a los trabajos útiles, cometeréis errores, pero aprenderéis. Y los obreros han empezado ya a aprender, han empezado ya a luchar contra los saboteadores. Hay quienes han hecho de la instrucción una barrera que impide a los trabajadores avanzar; esa barrera será derribada.

Es indudable que la guerra corrompe a la gente tanto en la retaguardia como en el frente, pagando por encima de toda norma a quienes trabajan para ella, atrayendo a cuantos se ocultan de ella, a los elementos desclasados y semidesclasados, imbuidos de un solo deseo: "sacar tajada" y largarse. Pero debemos expulsar, alejar a esos elementos---lo peor que ha quedado del viejo régimen capitalista y que transfieren todas sus viejas lacras---e incluir en las empresas fabriles a todos los mejores elementos proletarios para crear con ellos las células de la futura Rusia socialista. Esta medida no es fácil, implica muchos conflictos, roces y choques. Y nosotros, el Consejo de Comisarios del Pueblo, y yo personalmente, hemos 575 tenido que enfrentarnos con sus quejas y amenazas, pero sin perder la serenidad, sabiendo que tenemos ahora un juez al que apelar. Ese juez son los Soviets de diputados obreros y soldados. (Aplausos.) El fallo de ese juez es inapelable, confiamos siempre en él.

El capitalismo divide adrede a los obreros para unir con la burguesía a un puñado insignificante de las altas esferas de la clase obrera: los choques con ellas serán inevitables. Sin lucha no llegaremos al socialismo. Pero estamos prestos a la lucha, la hemos iniciado y la llevaremos hasta el fin con ayuda del instrumento que se llama Soviets. Si sometemos al veredicto del tribunal de los Soviets de diputados obreros y soldados los conflictos que surjan, cualquier problema será resuelto con facilidad. Porque por muy fuerte que sea el grupo de obreros privilegiados, cuando se les coloque ante la representación de todos los obreros, ese tribunal, lo repito, será para ellos inapelable. Semejante regulación no hace más que empezar. Los obreros y los campesinos no tienen todavía confianza suficiente en sus propias fuerzas, están demasiado habituados, a consecuencia de la tradición secular, a esperar indicaciones desde arriba. No se han acostumbrado aún por entero a que el proletariado es la clase dominante; entre ellos hay todavía elementos atemorizados y deprimidos, que se imaginan que deben pasar por la abominable escuela de la burguesía. Este prejuicio burgués, el más repulsivo de todos, es el que más se ha mantenido, pero está desapareciendo ya y desaparecerá definitivamente. Y estamos convencidos de que cada paso del Poder soviético destacará en creciente número hombres y mujeres libres por completo del viejo prejuicio burgués de que el obrero y el campesino sencillos no pueden administrar el Estado. ¡Pueden y aprenderán a hacerlo si se ponen a ello! (Aplausos.)

La tarea de organización consistirá precisamente en promover dirigentes y organizadores de entre las masas populares. Esta labor inmensa y gigantesca está planteada hoy a la orden del día. No podría siquiera pensarse en cumplirla si no existiera el Poder soviético, este aparato selector que puede promover a los hombres.

Tenernos una ley del Estado sobre el control; pero tenemos también algo incluso más valioso: los intentos del proletariado de concertar acuerdos con las organizaciones de fabricantes para asegurar a los obreros la dirección de ramas enteras de la industria. Los obreros curtidores han empezado ya a preparar un acuerdo de ese carácter y casi lo han concertado con la Sociedad de Fabricantes del Ramo de la Piel de toda Rusia. Yo concedo una importancia particularmente grande a estos = acuerdos'"^^2^^, pues revelan que entre los obreros crece la conciencia de su propia fuer/a.

Camaradas: En mi informe no me he referido a problemas delicados y difíciles en grado sumo---los problemas de la paz y del 576 abastecimiento---porque figuran como puntos aparte en el orden del día y serán discutidos especialmente.

En mi corto informe me he señalado el objetivo de mostrar qué idea tenemos el Consejo de Comisarios del Pueblo y yo de la historia de lo que hemos vivido en estos dos meses y medio, cómo se ha formado la correlación de las fuerzas de clase en este nuevo período de la revolución rusa, cómo se ha formado el nuevo poder del Estado y qué tareas sociales tiene planteadas.

Rusia ha emprendido la vía certera de la realización del socialismo: la nacionalización de los bancos, la entrega de toda la tierra, íntegramente, a las masas trabajadoras. Conocemos muy bien las dificultades que nos esperan, pero la comparación con las revoluciones anteriores nos convence de que alcanzaremos éxitos gigantescos y de que seguimos un camino que asegura la victoria completa.

Y con nosotros marcharán las masas de los países más avanzados, divididos por la guerra de rapiña, cuyos obreros han cursado una escuela más larga de democratización. Cuando se nos pintan las dificultades de nuestra obra, cuando se nos dice que el triunfo del socialismo sólo es posible a escala mundial, vemos en ello únicamente un intento, condenado al fracaso de modo singular, de la burguesía y de sus partidarios voluntarios e involuntarios de tergiversar la verdad más indiscutible. Naturalmente, la victoria definitiva del socialismo en un solo país es imposible. Nuestro destacamento de obreros y campesinos, que apoya al Poder soviético, es uno de los destacamentos del ejército universal fraccionado hoy por la guerra mundial; pero ese ejército tiende a la unificación, y cada noticia, cada fragmento de los informes sobre nuestra revolución y cada nombre son acogidos por el proletariado con una tempestad de aplausos de simpatía, pues saben que en Rusia se está haciendo su obra común: la obra de la insurrección del proletariado, de la revolución socialista internacional. El ejemplo vivo, el inicio práctico de la obra en un país cualquiera es más eficaz que todas las proclamas y conferencias: eso es lo que enardece a las masas trabajadoras en todos los países.

Si la huelga de octubre de 1905---aquellos primeros pasos de la revolución victoriosa---se desplazó en el acto a Europa Occidental y suscitó entonces, en 1905, un movimiento de los obreros austríacos; si ya entonces vimos en la práctica lo que vale el ejemplo de la revolución, la acción de los obreros en un país, ahora vemos que la revolución socialista madura en todos los países no por días, sino por horas.

Si cometemos errores y equivocaciones, si en nuestro camino se producen roces, no es eso lo que tiene importancia para ellos; lo importante es nuestro ejemplo, eso es lo que les une y les hace decir: marcharemos juntos y venceremos, pese a todo. (Aplausos.) Los grandes fundadores del socialismo, Marx y Engels, que 577 durante varios decenios observaron el desarrollo del movimiento obrero y el avance de la revolución socialista mundial, vieron claro que el paso del capitalismo al socialismo requiriría un alumbramienio largo y doloroso, un largo período de dictadura del proletariado, la demolición de todo lo viejo, la destrucción implacable de todas las formas de capitalismo y la colaboración de los obreros de tocios los países, quienes deberían aunar lodos sus esfuerzos para asegurar la victoria hasta el fin. Dijeron ellos une, a fines del siglo XIX, las cosas irían de tal modo que "el francés comenzará la obra, y el alemán la llevará a = = cabo"^^2^^"^^3^^; el francés debía comenzar, porque durante decenios de revolución había adquirido la abnegada iniciativa de la acción revolucionaria que le hizo ser la vanguardia de la revolución socialista.

Ahora vemos otra combinación de fuerzas del socialismo internacional. Decimos que el movimiento empieza con menos dificultades en los países que no figuran entre los Estados explotadores, los cuales pueden desvalijar con mayor facilidad y pueden sobornar a las capas superiores de sus obreros. Esos partidos seudosocialistas, casi todos ministrables, esos partidos de los Chernov y los Tsereteli de Europa Occidental no hacen nada y carecen de bases firmes. Hemos visto el ejemplo de Italia, hemos observado estos días la lucha heroica de los obreros austríacos contra los buitres imperialistas^^204^^. No importa que los buitres consigan incluso detener el movimiento por algún tiempo: es imposible hacerlo cesar por completo, pues es invencible.

El ejemplo de la República de los Soviets se alzará ante ellos durante mucho tiempo. Nuestra República Socialista de los Soviets se mantendrá firme, como antorcha del socialismo internacional y ejemplo para todas las masas trabajadoras. Allá, pendencias, guerra, derramamiento de sangre, sacrificios de millones de seres, explotación por el capital; aquí, la verdadera política de paz y la República Socialista de los Soviets.

Las cosas resultaron de modo distinto a como lo esperaban Marx y Engels, concediéndonos a las clases trabajadoras y explotadas de Rusia el honroso papel de vanguardia de la revolución socialista internacional, y ahora vemos claro cuan lejos irá el desarrollo de la revolución; ha comenzado la obra el ruso, la llevarán a cabo el alemán, el francés y el inglés, y triunfará el socialismo. (A p 1 a u so s.)

l'iiblirtido los días 12. 13, 1 t y 20 de enera de 1918 en los ntims. tí, 9, lOy í/> de "Iiveslio del CKC": los dina 26 (/.'i). 27 (14) de enero, 2de febrero (20 de enero) de 1918 en los iiúms. 9, ¡O y ¡5 del periódico "1'rnt'dn".

19--74

578 __ALPHA_LVL1__ PROYECTO DE RADIOGRAMA AL GOBIERNO DEL IMPERIO ALEMÁN^^205^^

El Consejo de Comisarios del Pueblo expresa su protesta por el hecho de que el gobierno alemán haya lanzado sus tropas contra la República Soviética de Rusia, que había declarado terminado el estado de guerra y empezado la desmovilización del ejército en todos los frentes. El Gobierno Obrero y Campesino de Rusia no podía esperar semejante paso, tanto más que ninguna de las partes firmantes del armisticio declaró ni directa ni indirectamente, ni el 10 de febrero ni nunca, el cese del armisticio, como se comprometieron a hacer ambas partes por el convenio del 2 (15) de diciembre de 1917.

El Consejo de Comisarios del Pueblo se ve obligado, ante la situación creada, a declarar que está dispuesto a firmar formalmente la paz en las condiciones exigidas en Brest-Litovsk por el gobierno alemán.

Al mismo tiempo, el Consejo de Comisarios del Pueblo expresa su disposición, si el gobierno alemán formula sus condiciones exactas de paz, a contestar en el plazo máximo de 12 horas si considera aceptables dichas condiciones.

Escrito en la noche del 18 al 19 de febrero
de 1918.

Publicado el radiograma el 19 (6) de febrero de
1918, en el núm. 30 de ``Pravda'' (edición
vespertina).

T. 35, pág. 339.

579 __ALPHA_LVL1__ ¡LA PATRIA SOCIALISTA ESTA EN PELIGRO!^^206^^

Para evitar al país, exhausto y destrozado, nuevas pruebas militares, nos hemos visto obligados a hacer un grandioso sacrificio y declarar a los alemanes que estamos dispuestos a firmar las condiciones de paz presentadas por ellos. Nuestros parlamentarios salieron de Rézhitsa para Dvinsk el 20 (7) de febrero, por la tarde; y hasta ahora no hemos recibido respuesta. Es evidente que el gobierno alemán dilata la respuesta. Es claro que el gobierno alemán no quiere la paz. El militarismo alemán, cumpliendo el encargo de los capitalistas de todos los países, quiere estrangular a los obreros y campesinos de Rusia y Ucrania, devolver la tierra a los terratenientes, las fábricas y las empresas a los banqueros, el poder a la monarquía. Los generales alemanes quieren instaurar su ``orden'' en Petrogrado y en Kíev. La República Socialista de los Soviets se encuentra en gravísimo peligro. Hasta que el proletariado alemán se alce en armas y venza, el deber sagrado de los obreros y campesinos de Rusia es defender con abnegación la República de los Soviets contra las hordas de la Alemania burguesa e imperialista. El Consejo de Comisarios del Pueblo decreta: 1) Todas las fuerzas y todos los recursos del país se ponen, por completo, al servicio de la defensa revolucionaria. 2) A todos los Soviets y organizaciones revolucionarias se les impone la obligación de defender cada posición hasta la última gota de sangre. 3) Las organizaciones ferroviarias y los Soviets relacionados con ellas quedan obligados a impedir por todos los medios que el enemigo pueda aprovechar las vías de comunicación, así como a desmontar las vías y volar e incendiar los edificios de las estaciones, en caso de retirada; todo el material rodante---los vagones y locomotoras---debe ser enviado inmediatamente hacia el Este, a la profunda retaguardia del país. 4) Todas las reservas de cereales y, en general, todas las reservas de víveres, así como todos los bienes de valor que corran peligro de caer en manos del enemigo, deben ser destruidos obligatoriamente; los Soviets locales, bajo la responsabilidad personal de sus presidentes, vienen obligados a velar por el cumplimiento de esta disposición. 5) Los obreros y campesinos de Petrogrado, de Kíev y de todas las ciudades, pueblos y aldeas por los que pasa la línea del nuevo frente 580 deben movilizar batallones para abrir trincheras bajo la dirección de especialistas militares. 6) En estos batallones deben ser incluidos todos los miembros de la clase burguesa aptos para el trabajo, tanto hombres como mujeres, bajo la vigilancia de los guardias rojos; los que se resistan deben ser fusilados. 7) Quedan clausuradas todas las publicaciones contrarias a la causa de la defensa revolucionaria y partidarias de la burguesía alemana, así como las que pretenden utilizar la invasión de las hordas imperialistas con el fin de derribar el Poder soviético; los redactores y empleados de estas publicaciones aptos para el trabajo quedan movilizados para abrir trincheras y efectuar otros trabajos de defensa. 8) Los agentes enemigos, los especuladores, los desvalijadores v maleantes, los agitadores contrarrevolucionarios y los espías alemanes serán fusilados en el acto.

¡La patria socialista está en peligro! ¡Viva la patria socialista! ¡Viva la revolución socialista internacional!

El Consejo de Comisarios del Pueblo

21 de febrero de 1918. Petrogrado.

Publicado el 22 (9) de febrero de 1918 en el núm. 32 de ``Pravdn'' y en el núm. 31 de "hvestia del CEC".

T. 35. p«'g.v. 357--358.

581 __ALPHA_LVL1__ POSICIÓN DEL CC DEL POSD(b) DE RUSIA
EN EL PROBLEMA DE LA PAZ SEPARADA
Y ANEXIONISTA^^207^^

Queridos camaradas:

El Buró de Organización del CC considera necesario explicaros los motivos que han movido al CC a aceptar las condiciones de paz propuestas por el gobierno alemán. El Buró de Organización os dirige a vosotros, camaradas, esta explicación a fin de dar a conocer ampliamente a todos los miembros del partido el punto de vista del CC, que representa a todo el partido durante el período comprendido entre los congresos. El Buró de Organización considera necesario señalar que en el CC no hubo unanimidad en cuanto al problema de la firma de las condiciones de paz. Pero puesto que se ha adoptado un acuerdo, debe ser apoyado por todo el partido. En días próximos se celebrará el congreso del partido y solamente en él podrá decidirse hasta qué punto ha expresado correctamente el CC la verdadera posición de todo el partido. Hasta el congreso, todos los miembros del partido, en cumplimiento de su deber de partido, en aras del mantenimiento de la unidad de nuestras filas, aplican el acuerdo de su órgano dirigente central, del CC del partido.

La necesidad absoluta de firmar en el momento presente (24 de febrero de 1918) la paz anexionista, increíblemente dura, con Alemania está dictada, ante todo, por el hecho de que carecemos de ejército, de que no podemos defendernos.

Es del dominio público por qué todos nosotros nos hemos hecho defensistas, partidarios de la defensa de la patria después del 25 de octubre de 1917, después del triunfo de la dictadura del proletariado y de los campesinos pobres.

Desde el punto de vista de la defensa de la patria, es inadmisible dejarse arrastrar a una contienda militar cuando se carece de ejército y el enemigo está armado hasta los dientes, magníficamente preparado.

La República Socialista Soviética no puede hacer la guerra sabiendo a ciencia cierta que una inmensa mayoría de las masas de obreros, campesinos y soldados que eligen a los Soviets está en contra de la guerra. Eso sería una aventura. Otra cosa será si esta guerra termina, aunque sea con una paz archidura, y el imperialismo 582 alemán desea después empezar de nuevo la guerra ofensiva contra Rusia. Entonces, la mayoría de los Soviets estará seguramente a favor de la guerra.

Hacer la guerra ahora significaría objetivamente caer en la provocación de la burguesía rusa. Esta sabe muy bien que Rusia está ahora indefensa y sería derrotada incluso por insignificantes fuerzas alemanas, a las que bastaría cortar las principales líneas férreas para tomar por hambre Petrogrado y Moscú. La burguesía quiere la guerra, pues desea el derrocamiento del Poder soviético y el acuerdo con la burguesía alemana. Así lo confirma con claridad meridiana el triunfo de los burgueses en Dvinsk y Rézhitsa, en Venden y Gapsal, en Minsk y Drissa al entrar los alemanes.

La defensa de la guerra revolucionaria en este momento se convierte ineluctablemente en una frase revolucionaria. Porque sin ejército y sin la más seria preparación económica es imposible para un país campesino arruinado hacer la guerra moderna contra el imperialismo avanzado. La resistencia al imperialismo alemán, que nos aplastaría y apresaríais absolutamente necesaria. Pero sería una frase huera exigir que opongamos resistencia precisamente por medio de la insurrección armada y precisamente ahora, cuando esa resistencia es imposible a todas luces para nosotros y es provechosa a todas luces tanto para la burguesía alemana como para la rusa.

Es también una frase la defensa de la guerra revolucionaria en este instante, invocando como argumento el apoyo del movimiento socialista internacional. Si con nuestra aceptación prematura del combate contra el imperialismo alemán facilitamos a éste la derrota de la República Soviética, no ayudaremos, sino que perjudicaremos al movimiento obrero alemán e internacional y a la causa del socialismo. Lo que hay que hacer es ayudar a los internacionalistas revolucionarios dentro de sus países con una labor sistemática, tenaz y múltiple; pero ir a la aventura de la insurrección armada sabiendo de antemano que es una aventura, es indigno de un marxista.

Si Liebknecht vence en dos o tres semana*; (cosa posible), nos desembarazará, naturalmente, de todas las dificultades. Pero cometeríamos simplemente una estupidez y transformaríamos en un escarnio la gran consigna de la solidaridad de los trabajadores de todos los países si se nos ocurriera responder ante el pueblo de que Liebknecht triunfará sin falta y obligatoriamente en las próximas semanas. Precisamente quienes piensan así convierten en la frase más huera la gran consigna: "Basamos nuestros cálculos en la revolución mundial".

El estado de cosas se parece, objetivamente, al que existía en el verano de 1907. Entonces nos aplastaba y apresaba el monárquico ruso Stolypin, ahora lo hace el imperialista alemán. Entonces, la 583 consigna de insurrección inmediata resultó ser una frase huera, que se apoderó, desgraciadamente, de todo el partido eserista. Ahora, en el momento actual, la consigna de guerra revolucionaria es claramente una frase que seduce a los eseristas de izquierda, quienes repiten los argumentos de los eseristas de derecha. Somos prisioneros del imperialismo alemán, nos espera una lucha larga y difícil para derribar a este promotor del imperialismo mundial; esta lucha es, sin duda alguna, el combate final y decisivo por el socialismo, mas empezarla con la insurrección armada en este momento contra el promotor del imperialismo es una aventura a la que jamás se lanzarán los marxistas.

Preparar en todos los aspectos, de modo firme y sistemático la capacidad defensiva del país, implantar la autodisciplina en todo y en todas partes, aprovechar la dura derrota para elevar la disciplina en todos los dominios de la vida con vistas al ascenso económico del país y al afianzamiento del Poder soviético: en eso consiste la tarea del día, la preparación de la guerra revolucionaria no de palabra, sino con hechos.

Como conclusión, el Buró de Organización estima necesario señalar que, por cuanto la ofensiva del imperialismo alemán no ha cesado todavía, todos los miembros del partido deben organizar la resistencia unánime. Si con la firma de la paz, aunque sea dura en extremo, es imposible ganar tiempo para prepararse con vistas a nuevas batallas, nuestro partido deberá indicar la necesidad de tensar todas las fuerzas para oponer la resistencia más franca.

Si se puede ganar tiempo, lograr una tregua, aunque sea corta, para la labor de organización, tenemos el deber de conseguirlo. Si no logramos un aplazamiento, el partido deberá llamar a las masas a la lucha, a la autodefensa más enérgica. Estamos seguros de que todos los miembros del partido cumplirán con su deber ante el partido, ante la clase obrera de su país, ante el pueblo y el proletariado. Manteniendo el Poder soviético prestamos el apoyo mejor y más fuerte al proletariado de todos los países en su lucha, extraordinariamente dura y difícil, contra su burguesía. Y no hay ni puede haber hoy mayor golpe a la causa del socialismo que el hundimiento del Poder soviético en Rusia.

Os saluda fraternalmente
el Buró de Organización del CC del POSD
(bolchevique) de Rusia

Escrita el 24 de febrera de ¡9IX.

Publicada el 26 (13) de febrero
de 1918 en el rnim. üü de "l'ravda".

7'..'«. iMigs. 389--392.

584 __ALPHA_LVL1__ UNA LECCIÓN DURA, PERO NECESARIA

La semana del 18 al 24 de febrero de 1918 pasará a la historia de la revolución rusa---e internacional---como uno de los más grandiosos virajes históricos.

El 27 de febrero de 1917, el proletariado ruso, junto con una parte del campesinado despertada por la marcha de los acontecimientos militares y con la burguesía, derrocó la monarquía. El 21 de abril de 1917 derribó el poder absoluto de la burguesía imperialista y desplazó el poder a manos de los pequeñoburgueses partidarios de la conciliación con la burguesía. El 3 de julio, el proletariado urbano, lanzado a una manifestación espontánea, hizo que se tambaleara el gobierno de los conciliadores. El 25 de octubre lo derribó e implantó la dictadura de la clase obrera y de los campesinos pobres.

Hubo que defender esta victoria en la guerra civil. Ello requirió cerca de tres meses, empezando por la victoria sobre Kerenski junto a Gátchina y, luego, las victorias sobre la burguesía, los cadetes y parte de los cosacos contrarrevolucionarios en Moscú, Irkutsk, Orenburgo y Kíev, y terminando con la victoria sobre Kaledin, Kornílov y Alexéiev en Rostov del Don.

El incendio de la insurrección proletaria estalló en = Finlandia^^201^^*. El fuego se extendió a Rumania.

Las victorias en el frente interior fueron relativamente fáciles, pues el enemigo carecía de toda superioridad de técnica y de organización; tampoco tenía ninguna base económica ni ningún apoyo entre las masas de la población. La facilidad de las victorias debía hacer perder la cabeza a muchos de los dirigentes. Surgió un estado de ánimo que puede definirse con estas palabras: "los echaremos a gorrazos".

Cerraban los ojos ante la gigantesca descomposición del ejército, que se desmovilizaba con rapidez y abandonaba el frente. Se deleitaban con frases revolucionarias. Trasladaron estas frases a la lucha contra el imperialismo mundial. Tomaron por algo normal que Rusia se viera ``libre'' temporalmente de la presión de éste, cuando, en realidad, esa ``libertad'' tenía como única explicación una tregua en la guerra entre el buitre alemán y el anglo-francés. Tomaron el comienzo de las huelgas de masas en Austria y Alemania 585 por la revolución, que, según ellos, nos había desembarazado ya del serio peligro que representaba el imperialismo germano. En vez de una labor firme, práctica y seria de apoyo a la revolución alemana, que está naciendo por vías singularmente duras y difíciles, apareció un desdeñoso agitar de manos: "¡Qué pueden hacer los imperialistas alemanes! ¡En unión de Liebknecht los derribaremos en el acto!"

La semana del 18 al 24 de febrero de 1918, desde la toma de Dvinsk hasta la toma de Pskov (reconquistado después), la semana de la agresión militar de la Alemania imperialista a la República Socialista Soviética ha sido una lección amarga, ultrajante y dura, pero necesaria, provechosa y bienhechora. ¡Qué infinitamente aleccionadora ha resultado la comparación de los dos grupos de telegramas y llamadas telefónicas que han llegado durante esta semana al centro del gobierno! De un laclo, un desenfreno incontenible de la frase revolucionaria ``resolutiva'', de la frase shteinbergiana, como podría decirse recordando una obra maestra en este estilo: el discurso pronunciado en la reunión del sábado del Comité Ejecutivo Central -m por el eserista "de izquierda" (¡ejem! ... ¡ejem!) Shteinberg. De otro lado, partes dolorosamente vergonzosos informando de la negativa de los regimientos a mantener las posiciones, de la negativa a defender incluso la línea de Narva, del incumplimiento de la orden de destruirlo todo al replegarse, sin hablar ya de la huida, el caos, la incapacidad, la impotencia y la incuria.

¡Una lección amarga, ultrajante y dura, pero necesaria, provechosa y bienhechora!

El obrero consciente y reflexivo hará tres deducciones de esta lección histórica: acerca de nuestra actitud ante la defensa de la patria, la capacidad defensiva del país y la guerra revolucionaria, socialista: respecto a las condiciones de nuestro choque con el imperialismo mundial, y sobre el acertado planteamiento de nuestra actitud hacia el movimiento socialista internacional.

Somos defensistas ahora, desde el 25 de octubre de 1917; somos partidarios de la defensa de la patria desde ese día. Porque hemos demostrado de hecho nuestra ruptura con el imperialismo. Hemos anulado y publicado los sucios y sangrientos tratados-complots imperialistas. Hemos derrocado a nuestra burguesía. Hemos concedido la libertad a los pueblos antes oprimidos por nosotros. Hemos dado al pueblo la tierra y el control obrero. Somos partidarios de la defensa de la República Socialista Soviética de Rusia.

Pero precisamente porque somos partidarios de la defensa de la patria, exigimos una actitud seria en lo que atañe a la capacidad defensiva y la preparación militar del país. Declaramos una guerra implacable a la frase revolucionaria sobre la guerra revolucionaria. 586 Hay que prepararse para ella largamente y en serio, empezando por el desarrollo económico del país, por la organización de los ferrocarriles (pues sin ellos la guerra moderna es una frase huera), por el restablecimiento de la más rigurosa disciplina y autodisciplina en todas partes.

Desde el punto de vista de la defensa de la patria, es un crimen aceptar la contienda militar con un enemigo infinitamente más fuerte y preparado, sabiendo de antemano que no se tiene ejército. Estamos obligados a firmar, desde el punto de vista de la defensa de la patria, la paz más dura, opresora, salvaje y vergonzosa: no para ``capitular'' ante el imperialismo, sino para aprender y prepararnos a combatir contra él de modo serio y práctico.

La semana vivida ha elevado la revolución rusa a un nivel inconmensurablemente más alto del desarrollo histórico universal. En esos días, la historia ha subido de golpe varios peldaños.

Hasta ahora teníamos ante nosotros enemigos miserables, mezquinos y despreciables (desde el punto de vista del imperialismo mundial): el idiota Románov, el jactancioso Kerenski, las bandas de cadetes y burguesitos. Ahora se ha alzado contra nosotros el gigante del imperialismo mundial, civilizado, formidablemente equipado en el aspecto técnico y perfecto en el terreno de organización. Ha)) que luchar contra él. Hay que saber luchar contra él. Un país campesino, llevado a una ruina inusitada por tres años de guerra y que ha empezado la revolución socialista, debe rehuir la contienda militar ---mientras sea posible, aun a costa de durísimos sacrificios--- precisamente para tener la posibilidad de hacer algo serio en el momento en que estalle "la batalla final y decisiva".

Esa batalla sólo estallará cuando se desencadene la revolución socialista en los países imperialistas avanzados. Es indudable que semejante revolución madura y se robustece de mes en mes, de semana en semana. Hay que ayudar a esa fuerza que madura. Hay que saber ayudarla. Y no se la ayudará, sino que se la perjudicará, dejando que sea derrotada la vecina República Socialista Soviética en un momento en que es evidente que carece de ejército.

No hay que convertir en una frase la gran consigna de "Basamos nuestros cálculos en la victoria del socialismo en Europa''. Eso es una verdad si se tiene en cuenta el largo y difícil camino de la victoria del socialismo hasta el fin. Eso es una verdad indiscutible, histórica desde el punto de vista filosófico, si se toma toda "la era de la revolución socialista" en su conjunto. Pero toda verdad abstracta se convierte en una frase si se la aplica a cualquier situación concreta. Es indiscutible que "cada huelga lleva en sí la hidra de la revolución social''. Es absurdo pensar que de cada huelga se puede pasar en el acto a la revolución. Procederemos como unos aventureros, y no como 587 revolucionarios internacionalistas serios, si "basamos nuestros cálculos en la victoria del socialismo en Europa'', en el sentido de que respondemos ante el pueblo de que la revolución europea estallará y vencerá sin falta en las próximas semanas, obligatoriamente antes de que los alemanes puedan llegar a Petrogrado, a Moscú y a Kíe\, antes cíe que tengan tiempo de ``rematar'' nuestro transporte ferroviario.

Si Liebknecht vence a la burguesía en dos o tres semanas (lo que no es imposible), nos desembarazará de todas las dificultades. Eso es indiscutible. Pero si determinamos nuestra táctica de hoy en la lucha contra el imperialismo de hoy basándonos en la esperanza de que Liebknecht debe vencer sin falta precisamente en las próximas semanas, sólo nos mereceremos que se burlen de nosotros. Convertiremos las más grandiosas consignas revolucionarias de nuestro tiempo en una frase revolucionaria.

¡Aprended de las lecciones duras, pero provechosas de la revolución, camaradas obreros! ¡Preparaos en serio, intensamente, con firme/a para la defensa de la patria, para la defensa de la República Socialista Soviética!

Publicado el 25 (12) de febrero de 1918 en la edición vespertina del núrn. 3~) de, ``Pravda''. l-'irmadn: 1.en ¡n

T. 35, págs. 393--397.

588 __ALPHA_LVL1__ PROYECTO DE DISPOSICIÓN
DEL CONSEJO DE COMISARIOS DEL PUEBLO
SOBRE LA EVACUACIÓN DEL GOBIERNO^^510^^

1) Elegir Moscú como lugar de residencia.

2) Cada departamento deberá evacuar únicamente el mínimo de dirigentes del aparato administrativo central, no más de dos o tres decenas de personas (más las familias).

3) Sacar inmediatamente, cueste lo que cueste, el Banco del Estado, el oro y la Expedición de preparación de papeles del Estado.

4) Empezar la retirada de valores de Moscú.

Escrito el 26 de febrero de 1918.

Publicado por vez primera en 1929 en la "Recopilación Leninista'', t. XI.

T. 55. pág. 398.

589 __ALPHA_LVL1__ PEREGRINO Y MONSTRUOSO

En la resolución aprobada el 24 de febrero de 1918, el Buró Regional de = Moscú^^211^^ de nuestro partido ha expresado su desconfianza al Comité Central, negándose a someterse a las decisiones del mismo "que estén relacionadas con la aplicación práctica de las condiciones del tratado de paz con Austria y Alemania'', y en el "texto explicativo" de la resolución declara que "considera casi imposible evitar la escisión del partido en un futuro próximo"^^*^^.

En todo esto no hay nada monstruoso, ni siquiera peregrino. Es del todo natural que los camaradas que discrepan a fondo del CC en la cuestión de la paz separada lo critiquen con dureza y expresen el convencimiento de que es inevitable una escisión. Todo ello es un derecho muy legítimo de los miembros del partido y se comprende perfectamente.

Pero he aquí lo peregrino y monstruoso. La resolución va acompañada de un "texto explicativo'', que reproducimos íntegro:

``El Buró Regional de Moscú considera casi imposible evitar la escisión del partido en un futuro próximo y se propone como tarea servir a la unión de todos los elementos comunistas revolucionarios consecuentes que luchan tanto contra los partidarios de la paz separada como contra todos los elementos oportunistas moderados del partido. En interés de la revolución internacional consideramos conveniente aceptar la posibilidad de la pérdida del Poder soviético, que se está convirtiendo hoy en un poder puramente formal. Seguimos opinando que nuestra tarea fundamental consiste en extender las ideas de la revolución socialista a todos los demás países y aplicar con energía la dictadura de los obreros, reprimir sin piedad la contrarrevolución burguesa en Rusia".

Hemos subrayado aquí las palabras que son... peregrinas y monstruosas.

_-_-_

^^*^^ He aquí el texto completo de la resolución: "Después de examinar la actividad del CC, el Buró Regional de Moscú del POSDR expresa su desconfianza al CC, en vista de su línea política y de su composición, y en la primera ocasión insistirá en que sea renovado. Además, el Buró Regional de Moscú no se considera obligado a someterse incondicionalmente a las decisiones del CC que estén relacionadas con la aplicación práctica de las condiciones del tratado de paz con Austria y Alemania''. 1.a resolución ha sido aprobada por unanimidad.

590

En ellas está la clave del asunto.

Estas palabras reducen al absurdo toda la línea política ríe los autores de la resolución. Estas palabras ponen al desnudo, con insólita claridad, la raíz de su error.

``En interés de la revolución internacional, consideramos conveniente aceptar la posibilidad de la pérdida del Poder soviético...'' Esto es peregrino, pues ni siquiera hay conexión entre las premisas y la deducción. "En interés de la revolución internacional, consideramos conveniente aceptar la derrota militar del Poder soviético": esta tesis sería correcta o falsa, pero no podría ser calificada de peregrina. Esto, primero.

Segundo: el Poder soviético "se está convirtiendo hoy en un poder puramente formal''. Esto no es ya sólo peregrino, sino verdaderamente monstruoso. Está claro que los autores se han metido en el laberinto de una profunda confusión. Habrá que deshacer el embrollo.

En lo que respecta al primer punto, el pensamiento de los autores consiste, por lo visto, en que, en interés de la revolución internacional, es conveniente aceptar la derrota en la guerra, derrota que conduciría a la pérdida del Poder soviético, es decir, a la victoria de la burguesía en Rusia. Al manifestar este pensamiento, los autores reconocen indirectamente la justedad de lo expuesto por mí en las tesis (del 8 de enero de 1918, publicadas en Pravdael 24 de febrero del mismo año)^^*^^, a saber: que la no aceptación de las condiciones de paz propuestas por Alemania conduciría a Rusia a la derrota y a la caída del Poder soviético.

Así pues, la raison finit toujours par avoir raison: ¡la verdad prevalece siempre! Mis adversarios ``extremistas'' de Moscú, que amenazan con la escisión, debían---precisamente porque han invocado sin ambages la escisión---haber expuesto también hasta el fin sus consideraciones concretas, esas consideraciones que prefieren eludir las personas acostumbradas a salir del paso con lugares comunes acerca de la guerra revolucionaria. Lo esencial de mis tesis y de mis argumentos (como verán cuantos deseen leer atentamente mis tesis del 7 de enero de 1918) consiste en que señalo la necesidad de aceptar ahora, en este momento, una paz archidura y, al mismo tiempo, proceder a la preparación seria de la guerra revolucionaria (y precisamente también en interés de esta preparación seria). Toda la esencia de mis argumentos ha sido esquivada o no advertida, no la han querido advertir quienes se limitan a lugares comunes acerca de la guerra revolucionaria. Y ahora debo agradecer de todo corazón precisamente a mis adversarios ``extremistas'' de Moscú que hayan _-_-_

^^*^^ Véase el presento volumen, págs. 553--560. (N. de la Edil.)

591 roto "la conspiración del silencio" a propósito del fondo de mis argumentos. Los moscovitas han sido los primeros en responder a ellos.

¿Y cuál ha sido su respuesta?

El reconocimiento de la razón de mi argumento concreto. Sí, han reconocido los moscovitas, seríamos derrotados si aceptásemos en estos momentos el combate contra los alemanes^^*^^. Sí, esta derrota conduciría, en realidad, a la caída del Poder soviético.

Una vez más: agradezco de todo corazón a mis adversarios ``extremistas'' de Moscú que hayan roto "la conspiración déí silencio" contra el fondo de mis argumentos, es decir, precisamente contra mis indicaciones concretas sobre las condiciones de la guerra, en el caso de que la aceptásemos sin demora, y que hayan reconocido valientemente lo acertado de mis indicaciones concretas.

Ahora bien, ¿en qué consiste la refutación de mis argumentos, cuya justedad se han visto obligados a reconocer, en el fondo, los moscovitas?

En que en interés de la revolución internacional es preciso avenirse a la pérdida del Poder soviético.

¿Por qué exigen eso los intereses de la revolución internacional? Ahí está la clave, ahí está la esencia misma de la argumentación para quienes desearan refutar mis argumentos. Y precisamente en lo que respecta a este punto---el más importante, fundamental y cardinal--- no se dice una sola palabra ni en la resolución ni en el texto explicativo de la misma. Los autores de la resolución han encontrado tiempo y lugar para hablar de lo que es notorio e indiscutible: tanto de "reprimir sin piedad la contrarrevolución burguesa en Rusia" (¿con los medios y los métodos de una política que conduce a la pérdida del Poder soviético?) como de la lucha contra todos los elementos oportunistas moderados del partido; pero de todo lo que es precisamente objeto de discusión, de lo que atañe al fondo mismo de la posición de los adversarios de la paz, de todo eso, ¡ni una palabra!

Peregrino. Extraordinariamente peregrino. ¿No habrán callado este punto los autores de la resolución por haber sentido en él su especial debilidad? Expresar en términos claros por qué (y eso lo exigen los intereses de la revolución internacional) significaría, sin duda, desenmascararse a sí mismos...

_-_-_

^^*^^ Los hechos se encargan de responder a la contraobjeción de que, de todos modos, era imposible eludir la lucha: el 8 de enero fueron leídas mis tesis; el 15 de enero habríamos podido tener la paz. Habríamos podido, con toda seguridad, tener garantizarla una tregua (y para nosotros la más pequeña tregua tenía una importancia gigantesca tanto material como moral, pues los alemanes habrían tenido que declarar una nuei'a guerra) de no haber sido... de no haber sido por la frase revolucionaria.

592

Sea como fuere, tenemos que buscar los argumentos que hayan podido servir de guía a los autores de la resolución.

¿Quizá los autores supongan que los intereses de la revolución internacional prohiben toda paz con los imperialistas? Tal opinión fue expresada por algunos adversarios de la paz en una reunión celebrada en Petrogrado, pero la apoyó sólo una minoría insignificante de quienes se oponían a la paz = = separada^^2^^'^^2^^. Es claro que esta opinión conduce a negar la conveniencia de las conversaciones de Brest-Litovsk y a negar la paz, ``incluso'' con la condición de que sean devueltas Polonia, Letonia y Curlandia. Es evidente la inexactitud de semejantes opiniones (que rechazan, por ejemplo, la mayoría de los adversarios petrogradenses de la paz). Desde el punto de vista de esas opiniones, la República Socialista, rodeada de potencias imperialistas, no podría concluir ningún acuerdo económico, no podría existir, de no marcharse a la Luna.

¿Quizá los autores supongan que los intereses de la revolución internacional exigen que ésta sea estimulada, y que el único estímulo podría ser la guerra, y en modo alguno la paz, susceptible de producir en las masas la impresión de una especie de "legitimación" del imperialismo? Semejante "teoría" estaría en completa contradicción con el marxismo, que ha negado siempre la posibilidad de ``estimular'' las revoluciones, las cuales se desarrollan a medida que se exacerban las contradicciones de clase que las engendran. Semejante teoría equivaldría a la idea de que la insurrección armada es, siempre y en todas las condiciones, la forma obligada de lucha. En realidad, los intereses de la revolución internacional requieren que el Poder soviético, que ha derribado a la burguesía en el país, ayude a esta revolución, pero que elija una forma de ayuda proporcionada a sus fuerzas. Ayudar a la revolución socialista a escala internacional, aceptando la posibilidad de la derrota de esta revolución en el país dado, es un punto de vista que ni siquiera deriva de la teoría del estímulo.

¿Quizá los autores de la resolución supongan que la revolución ha comenzado ya en Alemania, que ha adquirido ya el carácter de guerra civil abierta y a escala de todo el país y que, por eso, debemos dedicar todas nuestras fuerzas a ayudar a los obreros alemanes, debemos sucumbir nosotros mismos ``(pérdida del Poder soviético''), salvando la revolución alemana, que ha comenzado ya su batalla final y sufre duros golpes? Désele este punto de vista, al sucumbir nosotros distraeríamos una parte de las fuerzas de la contrarrevolución alemana y, con ello, salvaríamos la revolución alemana.

Es admisible por completo que, con tales premisas, no sólo sería ``conveniente'' (según expresión de los autores de la resolución), sino 593 absolutamente obligatorio aceptar la posibilidad de una derrota y de la pérdida del Poder soviético. Sin embargo, está claro que esas premisas no existen. La revolución alemana madura, pero es evidente que no ha llegado aún a su estallido en Alemania, que no ha llegado todavía a la guerra civil en Alemania. Es evidente que nosotros no ayudaríamos, sino que obstaculizaríamos el proceso de maduramiento de la revolución alemana si "aceptásemos la posibilidad de la pérdida del Poder soviético''. Con ello ayudaríamos a la reacción alemana, le haríamos el juego, dificultaríamos el movimiento socialista en Alemania, apartaríamos del movimiento socialista a grandes masas de proletarios y semiproletarios de Alemania que no se han incorporado aún al socialismo y que se verían atemorizados por la derrota de la Rusia Soviética, de la misma manera que la derrota de la Comuna en 1871 atemorizó a los obreros ingleses.

Por más vueltas que se den, es imposible descubrir ninguna lógica en los razonamientos del autor de la resolución. No se ven argumentos razonables a favor de la tesis de que "en interés de la revolución internacional consideramos conveniente aceptar la posibilidad de la pérdida del Poder soviético".

``El Poder soviético se está convirtiendo hoy en un poder puramente formal": tal es la conclusión monstruosa a que llegan, como hemos visto, los autores de la resolución moscovita.

Puesto que, según ellos, los imperialistas alemanes nos cobrarán un tributo e impedirán nuestra propaganda y nuestra agitación contra Alemania, el Poder soviético pierde su significación, "se está convirtiendo hoy en un poder puramente formal''. Tal es, probablemente, el hilo de las ``ideas'' de los autores de la resolución. Decimos ``probablemente'', pues los autores no han proporcionado nada claro y preciso en apoyo de la tesis que examinamos.

Un estado de ánimo impregnado hasta lo más hondo de un pesimismo infinito, un sentimiento de desesperación absoluta: tal es el contenido de la "teoría" sobre la supuesta significación formal del Poder soviético y la admisibilidad de una táctica que conduzca a la pérdida posible del Poder soviético. De todos modos, no hay salvación; sucumba, pues, incluso el Poder soviético: tal es el sentimiento que ha dictado la monstruosa resolución. Los sedicentes argumentos "económicos'', con los que se encubren a veces tales pensamientos, se reducen al mismo pesimismo desesperado: ¿Qué clase de República Soviética es ésa, cuando pueden imponérsele tributos como éste, como el otro o como el de más allá? Sólo desesperación: ¡de todos modos, sucumbiremos! Sentimiento comprensible ante la situación archigrave en que se encuentra Rusia. Pero ``comprensible'' no entre los revolucionarios conscientes. Ese sentimiento es peculiar precisamente como la 594 reducción al absurdo de las opiniones sustentadas por los moscovitas. Los franceses de 1793 jamás hubieran dicho que sus conquistas, la república y la democracia se convertían en algo puramente formal, que era preciso avenirse a la pérdida posible de la república. Estaban pictóricos de fe en la victoria, y no de desesperación. Por eso, llamar a la guerra revolucionaria y, al mismo tiempo, aceptar "la posibilidad de la pérdida del Poder soviético" en una resolución oficial, significa desenmascararse por completo.

A principios del siglo XIX, durante las guerras napoleónicas, Prusia y otros países conocieron derrotas, invasiones, humillaciones y opresiones por parte del conquistador incomparable e inconmensurablemente más duras y gravosas que Rusia en 1918. Y, sin embargo, los mejores hombres de Prusia, cuando Napoleón los aplastaba con su bota militar, cien veces más pesada que aquella con la que ahora han podido aplastarnos, no perdían la esperanza, no hablaban de la significación "puramente formal" de sus instituciones políticas nacionales. No se desesperaban, no se dejaban dominar por el sentimiento de que "de todos modos, sucumbiremos''. Firmaban tratados de paz inconmensurablemente más duros, feroces, ignominiosos y leoninos que el de Brest-Litovsk; sabían esperar y soportar con firmeza el yugo del conquistador; volvían a luchar y caían de nuevo bajo la opresión del conquistador; firmaban nuevos tratados de paz, vergonzosos, ignominiosos, otra vez se levantaban, y, al fin y al cabo, se liberaron (no sin aprovecharse de las discordias entre los conquistadores más fuertes, originadas por la competencia).

¿Por qué no puede repetirse semejante hecho en nuestra historia?

¿Por qué debemos caer en la desesperación y escribir resoluciones ---más vergonzosas, a fe mía, que la paz más ignominiosa---en las que se diga que "el Poder soviético se está convirtiendo en un poder puramente formal"?

¿Por qué las duras derrotas militares en la lucha contra los colosos del imperialismo moderno no han de templar, también en Rusia, el carácter del pueblo, reforzar la autodisciplina, acabar con la jactancia y la charlatanería, inculcar la firmeza, llevar a las masas a la táctica justa de los prusianos aplastados por Napoleón: firmad los tratados de paz más vergonzosos cuando no disponéis de un ejército, reunid fuerzas y alzaos luego una y otra vez?

¿Por qué debemos caer en la desesperación después del primer tratado de paz, de una dureza inaudita, cuando otros pueblos han sabido soportar con firmeza calamidades más amargas?

¿A qué corresponde esta táctica de la desesperación? ¿A la firmeza del proletario, el cual comprende que debe someterse si carece de fuerza y que, sin embargo, sabe, a continuación y pese a todo, alzarse una y otra vez, acumulando fuerzas cualesquiera que sean 595 las condiciones? ¿O a la pusilanimidad del pequeño burgués, que, representado en nuestro país por el partido eserista de izquierda, ha batido el récord de la frase sobre la guerra revolucionaria?

¡No, queridos camaradas ``extremistas'' de Moscú! Cada día de prueba apartará de vosotros precisamente a los obreros más conscientes y firmes. El Poder soviético, dirán ellos, no se convierten! se convertirá en un poder puramente formal, ni ahora, cuando el invasor se encuentra en Pskov y nos hace pagar una contribución de 10.000 millones en cereales, mineral y dinero, ni cuando el enemigo se encuentre en Nizhni Nóvgorod y en Rostov del Don y nos haga pagar un tributo de 20.000 millones.

Ninguna conquista extranjera convertirá jamás en "puramente formal" una institución política del pueblo (y el Poder soviético no es sólo una institución política infinitamente superior a todas las habidas en la historia). Por el contrario, la conquista extranjera no hará más que reforzar las simpatías populares por el Poder soviético, si... si éste no se lanza a aventuras.

Rehusar la firma de la paz más indecente cuando se carece de ejército es una aventura de la que el pueblo tiene derecho a culpar al poder que se decida a esa negativa.

La conclusión de una paz incomparablemente más dura y vergonzosa que la de Brest-Litovsk se ha dado ya en la historia (ejemplos indicados más arriba), y no condujo a un debilitamiento del prestigio del poder, no lo convirtió en un poder formal, no hundió ni el poder ni al pueblo, sino que templó al pueblo, le enseñó la ciencia ardua y difícil de preparar un buen ejército, aunque sea en una situación espinosa y desesperada, bajo la bota del invasor.

Rusia camina hacia una nueva y verdadera guerra patria, hacia una guerra por el mantenimiento y la consolidación del Poder soviético. Es posible que la época venidera sea, como lo fue la de las guerras napoleónicas, una época de guerras de liberación (de guerras, precisamente, y no de una guerra), impuestas por los invasores a la Rusia Soviética. Esto es posible.

Y por eso, la bochornosa desesperación es más ignominiosa que cualquier paz dura y archidura dictada por la falta de ejército, más ignominiosa que cualquier paz deshonrosa. Si enfocamos con seriedad el problema de la insurrección y de la guerra, no sucumbiremos ni siquiera con diez tratados de paz archiduros. No sucumbiremos a manos de los invasores, si no permitimos que la desesperación y la fraseología acaben con nosotros.

Publicado el 28 (15) de febrero y 1 de
marzo (16 de febrero) de 191H en los
núms. 37 y 38 de ``Pravda
''.

Firmado: N. Lenin

T. 35. págs. 399--407.

[596] ~ 597 __ALPHA_LVL1__ VII CONGRESO EXTRAORDINARIO DEL PC(b) DE = RUSIA^^213^^
6--8 DE MARZO DE 1918

Publicado íntefrramenle por vez
primera en 1923 en el libro
``Vt¡ Congrao del Partido Comunista
ilr Rustrí. Actas taquigráficas.
6-8 de marzo de 1918".

T. 36, págs. 1-36, 40, 43--59.69.

[598] ~ 599

1

INFORME POLÍTICO DEL COMITÉ CENTRAL 7 DE MARZO

El informe político podría consistir en la enumeración de las medidas adoptadas por el CC; pero lo que requieren los presentes momentos no es un informe de esta naturaleza, sino un bosquejo de nuestra revolución en conjunto; sólo un bosquejo así puede ofrecer la única argumentación marxista de todas nuestras decisiones. Debemos examinar todo el curso precedente del desarrollo de la revolución y esclarecer las causas por las cuales se ha modificado su ulterior desarrollo. En nuestra revolución hay virajes que pueden tener inmensa importancia para la revolución internacional; me refiero precisamente a la Revolución de Octubre.

Los primeros éxitos de la Revolución de Febrero fueron determinados por el hecho de que no sólo la masa campesina, sino también la burguesía seguía al proletariado. De aquí la facilidad de la victoria sobre el zarismo, que no pudimos conseguir en 1905. La creación espontánea de los Soviets de diputados obreros, por iniciativa propia de las masas, durante la Revolución de Febrero repitió la experiencia de 1905 y nos obligó a proclamar el principio del Poder soviético. Las masas aprendían las tareas de la revolución en su propia experiencia de lucha. Los acontecimientos de los días 20 v 21 de abril constituyen una combinación peculiar de una manifestación con algo parecido a una insurrección armada. Fue lo bastante para que cayera el gobierno burgués. Comienza entonces un largo período de política conciliadora, derivada de la propia naturaleza del gobierno pequeñoburgués instalado en el poder. Los acontecimientos de julio no podían traer todavía la dictadura del proletariado, pues las masas no estaban aún preparadas. Por eso, ninguna organi/.ación responsable las invitó a ello. Pero los acontecimientos de julio tuvieron una gran importancia en el sentido

600 __EMAIL__ webmaster@leninist.biz __OCR__ ABBYY 6 Professional (2006.10.24) __WHERE_PAGE_NUMBERS__ top __FOOTNOTE_MARKER_STYLE__ [*]+ __ENDNOTE_MARKER_STYLE__ [0-9]+ de que constituyeron una exploración realizada en el campo enemigo. La korniloviada y los acontecimientos posteriores, que fueron enseñan/as prácticas, hicieron posible la victoria de octubre. El error de quienes querían compartir también el poder'" en octubre consiste en que no supieron establecer un vínculo entre la victoria de octubre y las jornadas de julio, la ofensiva, la korniloviada, etc., etc., acontecimientos todos ellos que llevaron a la mente de la masa de millones de hombres la idea de que el Poder soviético era una cosa inevitable. A continuación, viene nuestra marcha triunfal por toda Rusia, acompañada por el anhelo de paz que invadía a todos. Sabemos que con una renuncia unilateral a la guerra no obtendremos la paz. Esto ya lo habíamos señalado en la Conferencia de Abril~^^*^^. En el período que va de abril a octubre, los soldados se dieron perfecta cuenta de que la política de conciliación no hacía más que prolongar la guerra y provocar intentos salvajes y absurdos de los imperialistas de emprender la ofensiva, de enzarzarse aún más en una guerra que duraría años y años. En este terreno era preciso pasar a toda costa y lo antes posible a una política activa de paz, era preciso poner el poder en manos de los Soviets y barrer por completo la propiedad terrateniente. Esta última era apoyada, como sabéis, no sólo por Kerenski, sino también por Avxéntiev, que llegó incluso a ordenar la detención de los miembros de los comités agrarios. Y fue esta política y la consigna de "¡El poder a los Soviets!'', que nosotros íbamos inculcando a las grandes masas populares, las que nos permitieron en octubre triunfar con tanta facilidad en Petrogrado, las que convirtieron los últimos meses de la revolución rusa en una marcha triunfal ininterrumpida.

La guerra civil se convirtió en un hecho. Lo que nosotros predecíamos al comienzo de la revolución, e incluso al comienzo de la guerra, y hacia lo que gran parte de los medios socialistas manifestaban entonces su desconfianza o incluso su ironía, es decir, la transformación de la guerra imperialista en guerra civil, el 25 de octubre de 1917 se convirtió en un hecho para uno de los países beligerantes mayores y más atrasados. En esta guerra civil, la inmensa mayoría de la población estuvo a nuestro lado, y, en consecuencia, la victoria se nos dio con extraordinaria facilidad.

Adondequiera que fuesen, las tropas que abandonaban el frente eran portadoras del máximo de decisión revolucionaria de acabar con la política conciliadora; y los elementos partidarios de dicha política, la guardia blanca, los retoños de los terratenientes _-_-_

^^*^^ Véiise el presente- volumen, pág. 106. (N. de la Edil.)

601 quedaron privados de todo apoyo entre la población. Con el paso de las grandes masas y de las unidades militares, que avanzaban contra nosotros, al lado de los bolcheviques, la guerra contra dichos elementos se convirtió en una marcha triunfal de la revolución. Esto lo hemos visto en Petrogrado, en el frente de Gátchina, donde vacilaron los cosacos que Kerenski y Krasnov intentaban lanzar contra la capital roja. Esto lo hemos visto más tarde en Moscú, en Orenburgo y en Ucrania. Por toda Rusia se encrespaba la ola de la guerra civil, y en todas partes triunfábamos con extraordinaria facilidad precisamente porque el fruto estaba maduro, porque las masas ya habían pasado por toda la experiencia de la política de pactos con la burguesía. Nuestra consigna de "¡Todo el poder a los Soviets!'', comprobada en la práctica por las masas a lo largo de una gran experiencia histórica, prendió con fuerza en ellas.

Por esta razón constituyeron una marcha triunfal tan rotunda los primeros meses de la revolución rusa que siguieron al 25 de octubre de 1917. Esta marcha triunfal relegaba a segundo plano, hacía olvidar las dificultades con las que la revolución socialista tropezó desde los primeros momentos y con las que no podía menos de tropezar. Una de las diferencias fundamentales entre la revolución burguesa y la revolución socialista consiste en que, para la revolución burguesa, que brota del feudalismo, se van creando gradualmente, en el seno del viejo régimen, nuevas organizaciones económicas que modifican poco a poco todos los aspectos de la sociedad feudal. La revolución burguesa tenía una sola misión: barrer, arrojar, romper todas las ataduras de la sociedad anterior. Al cumplir esta tarea, toda revolución burguesa lleva a cabo cuanto de ella se exige: intensificar el desarrollo del capitalismo.

Muy distinta es la situación en que se halla la revolución socialista. Cuanto más atrasado es el país que, en virtud de los zigzags de la historia, ha tenido que comenzar la revolución socialista, más difícil le resulta pasar de las viejas relaciones capitalistas a las relaciones socialistas. Aquí, a las tareas destructivas se añaden otras nuevas, de inaudita dificultad: las de organización. Si la iniciativa creadora popular de la revolución rusa, que pasó por la gran experiencia de 1905, no hubiera creado ya en febrero de 1917 los Soviets, éstos en modo alguno habrían podido tomar el poder en octubre, pues el éxito sólo dependía de que el movimiento, que abarcaba a millones de personas, contase con formas de organización ya plasmadas. Estas formas ya plasmadas fueron los Soviets, y por ello, nos aguardaban éxitos tan brillantes en el terreno político y una marcha triunfal ininterrumpida como la que hemos realizado, pues la nueva forma de poder político estaba ya dispuesta y sólo nos restaba transformar mediante algunos decretos aquel poder de los Soviets que en los 602 primeros meses de la revolución se hallaba en estado embrionario, en forma legalmente reconocida y afianzada en el Estado ruso: en la República Soviética de Rusia. Esta surgió de golpe y con tanta facilidad porque, en febrero de 1917, las masas crearon los Soviets, antes incluso, de que ningún partido hubiese tenido siquiera tiempo de lanzar esta consigna. Ha sido el mismo genio creador del pueblo el que, después de haber pasado por la amarga experiencia de 1905, aleccionado por ella, diera esta forma de poder proletario. La consecución de la victoria sobre el enemigo interior fue una tarea fácil en sumo grado. Fue de una facilidad extraordinaria crear el poder político, pues las masas nos proporcionaron la armazón, la base de este poder. La República de los Soviets nació de golpe. Pero quedaban todavía dos problemas de una dificultad inmensa cuya solución en modo alguno podía ser aquel camino triunfal por el que avanzó en los primeros meses nuestra revolución. No nos cabía ni podía cabernos la menor duda de que, en lo sucesivo, la revolución socialista iba a tropezar con tareas de una dificultad gigantesca.

Primero, las tareas de organización interna que se plantean a toda revolución socialista. La diferencia entre la revolución socialista y la revolución burguesa está, precisamente, en que, en el segundo caso, existen formas plasmadas de relaciones capitalistas, mientras que el Poder soviético, poder proletario, no se encuentra con relaciones plasmadas, si se prescinde de las formas más desarrolladas del capitalismo, que en el fondo abarcan sólo en pequeña medida a los sectores superiores de la industria y muy escasamente a la agricultura. La organización de la contabilidad, el control sobre las empresas más importantes, la transformación de todo el mecanismo económico del Estado en una sola gran máquina, en un organismo económico que funcione de modo que centenares de millones de personas se rijan por un solo plan: he ahí la inmensa tarea de organización que recayó sobre nuestros hombros. Dadas las condiciones actuales del trabajo, este problema no admitía en absoluto una solución improvisada, como las que solíamos dar a los problemas de la guerra civil. La propia naturaleza del asunto impedía tales soluciones. Si habíamos triunfado con tanta facilidad sobre las fuerzas de Kaledin y creado la República Soviética con una resistencia que no merecía siquiera gran atención fue porque tal curso de los acontecimientos había sido prejuzgado ya por todo el desarrollo objetivo precedente, de manera que sólo faltaba pronunciar la última palabra, cambiar el rótulo y, en lugar de "los Soviets constituyen una organización profesional'', poner "los Soviets constituyen la única forma de poder del Estado''; si esto era así, en el terreno de los problemas de organización las cosas se presentaban de 603 modo muy distinto. Aquí encontramos dificultades inmensas. Aquí, desde el primer momento, fue evidente, para todo el que quisiera examinar con detenimiento los problemas de nuestra revolución, que la descomposición que la guerra había llevado a la sociedad capitalista sólo podía ser vencida con una tenaz autodisciplina durante un período prolongado; sólo con métodos extraordinariamente duros, largos y tenaces podremos superar esta descomposición y vencer a los elementos que contribuyeron a acrecentarla y tenían la revolución por un medio de desembarazarse de las viejas cadenas, procurando sacar de ella la mayor tajada posible. La aparición de estos elementos a gran escala era un fenómeno inevitable en un país de pequeños campesinos y en unos momentos de indecible ruina. Y nos espera una lucha contra estos elementos, lucha cien veces más difícil que no promete posiciones efectistas de ningún género, una lucha que apenas hemos iniciado. Nos hallamos en el primer peldaño de esta lucha. Nos esperan todavía duras pruebas. En este caso, dada la situación objetiva de las cosas, en modo alguno podremos limitarnos a marchar triunfalmente a banderas desplegadas, como lo hicimos contra las tropas de Kaledin. Todo el que intentase trasladar este método de lucha a los problemas de organización que se alzan en el camino de la revolución sufriría un fracaso rotundo como político, como socialista y como dirigente de la revolución socialista.

Y la misma suerte les esperaba a algunos de nuestros jóvenes camaradas que se entusiasmaban de la inicial marcha victoriosa de la revolución en el momento en que ante ésta se alzó la segunda dificultad gigantesca: la cuestión internacional. Si hemos podido acabar de manera tan fácil con las bandas de Kerenski, si hemos instaurado con tanta facilidad nuestro poder, si hemos conseguido sin la menor dificultad los decretos de socialización de la tierra y del control obrero; si hemos logrado de manera tan fácil todo esto se debe exclusivamente a que las condiciones favorables creadas durante breve tiempo nos protegieron del imperialismo internacional. El imperialismo internacional, con todo el poderío de su capital, con su máquina bélica muy bien organizada, que constituye la verdadera fuerza, la verdadera fortaleza del capital internacional, en modo alguno, ni bajo condición alguna, podía acostumbrarse a vivir al lado de la República Soviética tanto por su situación objetiva como por los intereses económicos de la clase capitalista que él encarna; y no podía, en virtud de los vínculos comerciales, de las relaciones financieras internacionales. Aquí el conflicto es inevitable. En ello reside la más grande dificultad de la revolución rusa, su mayor problema histórico: la necesidad de resolver los problemas internacionales, la necesidad de provocar la revolución internacional; la 604 necesidad de realizar el paso de nuestra revolución, como revolución estrechamente nacional, a la revolución mundial. Este problema se nos planteaba con toda su extraordinaria dificultad. Repito, una gran parte de nuestros jóvenes amigos, que se consideran izquierdistas, ha comenzado a olvidar lo más importante, a saber: la razón por la cual, durante las semanas y meses del grandioso triunfo que siguió a Octubre, hemos podido seguir marchando de triunfo en triunfo con tanta facilidad. Y, sin embargo, esto ha sido posible únicamente porque la especial coyuntura internacional que se había formado nos ha protegido temporalmente del imperialismo. Otras cosas le preocupaban más que nosotros. También a nosotros nos pareció que otras cosas debían preocuparnos más que el imperialismo. Y a algunos imperialistas les preocupaban más otras cosas que nosotros únicamente porque toda la inmensa fuerza sociopolítica y militar del actual imperialismo mundial se hallaba en ese momento dividida en dos grupos por una guerra intestina. Enzarzados en esta guerra, las fieras imperialistas han llegado a extremos increíbles, a empeñarse en una lucha a muerte hasta el punto de que ninguno de estos grupos ha podido concentrar fuerzas de alguna importancia contra la revolución rusa. En octubre coincidimos precisamente con este momento: nuestra revolución ha coincidido precisamente---esto es paradójico, pero justo---con el feliz momento en que sobre la gran mayoría de los países imperialistas se habían abatido inauditas calamidades en forma de exterminio de millones de vidas; momento en que la guerra extenuaba a los pueblos con estragos nunca vistos; momento en que, en el cuarto año de guerra, los países beligerantes se encontraban en un callejón sin salida, en una encrucijada; momento en que se planteaba objetivamente la cuestión de si podrían seguir luchando unos pueblos que habían sido llevados a semejante situación. Sólo gracias al hecho de que nuestra revolución ha coincidido con este feliz momento en que ninguno de los dos gigantescos grupos de fieras se hallaba en estado de lanzarse inmediatamente el uno sobre el otro ni podía agruparse contra nosotros; sólo aprovechando, como efectivamente aprovechó nuestra revolución, este momento en las relaciones políticas y económicas internacionales pudo recorrer su brillante camino triunfal en la Rusia europea, pasar a Finlandia y comenzar a conquistar el Cáucaso y Rumania. Sólo así puede explicarse el que entre nosotros, en los círculos avanzados de nuestro partido, aparecieran militantes, intelectuales superhombres a quienes se les subió a la cabeza esta marcha triunfal y los cuales decían: nosotros venceremos al imperialismo internacional; también allí el camino que se ha de recorrer será un camino triunfal; allí no existen verdaderas dificultades. Esto diverge de la situación objetiva de la revolución 605 rusa, que ha aprovechado sólo las dificultades temporales del imperialismo internacional, pues la máquina que debía lanzarse sobre nosotros, lo mismo que un tren se lanza contra una carretilla y la destroza, se detuvo temporalmente, y se detuvo porque habían chocado entre sí dos grupos de fieras. Tanto aquí como allí, el movimiento revolucionario iba en crecimiento; pero en todos los países imperialistas sin excepción este movimiento revolucionario se hallaba todavía, en la mayoría de los casos, en estado incipiente. El ritmo de su desarrollo era distinto por completo del de Rusia. Para todo el que se detuviese a meditar sobre las premisas económicas de la revolución socialista en Europa no podía menos de resultar evidente que en Europa es muchísimo más difícil comenzar la revolución, mientras que en Rusia es inconmensurablemente más fácil comenzarla, pero será más difícil continuarla. Esta situación objetiva ha sido la causa de que tuviéramos que dar un viraje histórico extraordinariamente difícil y brusco. Después de una marcha triunfal tan rotunda como la que hemos hecho en los meses de octubre, noviembre y diciembre en nuestro frente interior, combatiendo a nuestra contrarrevolución, a los enemigos del Poder soviético, hubimos de chocar con el verdadero imperialismo internacional, rebosante de verdadero odio a nosotros. Del período de marcha triunfal tuvimos que pasar a un período en que la situación era de una dureza y una dificultad extraordinarias y de la que, naturalmente, no podíamos salir con simples palabras o consignas brillantes---por muy agradable que esto fuese---, pues en nuestro desorganizado país teníamos unas masas terriblemente cansadas que habían llegado a un estado tal que no había posibilidad alguna de seguir luchando, con unas masas tan extenuadas por tres años de guerra agotadora que, desde el punto de vista militar, se hallaban en un estado de completa inutilidad. Ya antes de la Revolución de Octubre habíamos visto cómo representantes de las masas de soldados, que no pertenecían al Partido Bolchevique, no tenían inconveniente en proclamar la verdad ante toda la burguesía, diciendo que el ejército ruso no continuaría la guerra. Esta situación del ejército fue causa de una crisis gigantesca. El país de pequeñas haciendas campesinas, al que la guerra ha desorganizado y conducido a un estado calamitoso, se halla en una situación de extraordinaria gravedad: no tenemos ejército, pero hemos de seguir viviendo al lado de un feroz bandido armado hasta los dientes, que era y sigue siendo por ahora un bandido y al que, naturalmente, no se puede persuadir con prédicas de paz sin anexiones ni contribuciones. Era como si un manso animal doméstico estuviese al lado de un tigre y tratase de convencerlo de que la paz tiene que ser una paz sin anexiones ni contribuciones. Pero una paz sin anexiones ni 606 contribuciones no podía conseguirse más que atacando al tigre. Ciertos círculos dirigentes de nuestro partido---los intelectuales y algunas organizaciones obreras---intentaron deshacerse de esta perspectiva, sobre todo mediante frases y evasivas: las cosas no deben suceder así. Esta paz constituía una perspectiva demasiado inverosímil para que nosotros, que hasta ahora habíamos ido al combate a banderas desplegadas y que con nuestros gritos habíamos derrotado a todos los enemigos, pudiésemos ceder, pudiésemos aceptar unas condiciones humillantes, ¡jamás! Somos unos revolucionarios demasiado orgullosos, y, ante todo, decimos: "Los alemanes no podrán atacar".

Esa era la primera salvedad con la que se consolaban dichas gentes. La historia nos ha colocado en los momentos presentes en una situación extraordinariamente difícil; al mismo tiempo que realizamos una labor orgánica de inusitada dificultad, tenemos que pasar por toda una serie de torturantes derrotas. Si examinamos la situación a escala histórica mundial, no cabe la menor duda de que, si nuestra revolución se quedase sola, si no existiese un movimiento revolucionario en otros países, no existiría ninguna esperanza de que llegase a alcanzar el triunfo final. Si el Partido Bolchevique se ha hecho cargo de todo, lo ha hecho convencido de que la revolución madura en todos los países y que, a la larga---y no a la corta---, cualesquiera que fuesen las dificultades que hubiéramos de atravesar, cualesquiera que fuesen las derrotas que tuviésemos deparadas, la revolución socialista internacional tiene que venir, pues ya viene, tiene que madurar, pues ya madura y llegará a madurar del todo. Nuestra salvación de todas estas dificultades---repito---está en la revolución europea. Partiendo de esta verdad, completamente abstracta, y orientándonos por ella, tenemos que cuidar de que esta verdad no se convierta con el tiempo en una frase huera, ya que toda verdad abstracta, aplicada sin sometimiento a ningún análisis, se convierte en una frase huera. Si decís que tras cada huelga se oculta la hidra de la revolución y que quien no lo comprende no es socialista, habréis dicho una verdad. En efecto, tras cada huelga se oculta la revolución socialista. Pero si decís que cada huelga constituye un paso directo hacia la revolución socialista, habréis dicho una frase huera. Hemos oído esta eterna cantinela hasta la saciedad, hasta el punto de que los obreros han desechado todas estas frases anarquistas, pues tan indudable es que tras cada huelga se esconde la hidra de la revolución socialista como absurda por completo la afirmación de que de cada huelga se puede pasar a la revolución. Tan indiscutible en absoluto es que todas las dificultades de nuestra revolución sólo podrán ser superadas cuando madure la revolución socialista mundial, que está madurando ahora en todas 607 partes, como absurda por completo la afirmación de que no debe preocuparnos cada dificultad determinada, concreta, del momento, de nuestra revolución diciendo: "Baso mis cálculos en el movimiento socialista internacional y, por tanto, puedo hacer toda clase de tonterías''. "Liebknecht me sacará de apuros, pues él triunfará de todas las maneras''. Organizará las cosas de tal modo y señalará todo de antemano de tal modo que no tendremos más que tomar los modelos ya acabados, de igual manera que tomamos de Europa Occidental la doctrina marxista ya acabada, quizás gracias a lo cual haya triunfado esta doctrina en Rusia en unos cuantos meses, mientras que para su triunfo en Europa Occidental han sido precisas decenas de años. Así pues, este transplante del viejo método de resolver el problema de la lucha mediante una marcha triunfal al nuevo período histórico constituye una aventura que no conduce a nada; este nuevo período histórico, que ya ha llegado, nos coloca ante un bandido internacional, el imperialismo de Alemania, donde la revolución está madurando, pero donde, indudablemente, no ha madurado todavía, y no ante esos baldragas de Kerenski y Kornílov. La afirmación de que el enemigo no se decidiría a atacar la revolución era una aventura de esta naturaleza. Las negociaciones de Brest no representaban todavía e! momento en que debíamos aceptar cualesquiera condiciones de paz. La correlación objetiva de fuerzas correspondía a una situación en la que la obtención de una tregua era poco. Las negociaciones de Brest tenían que demostrar que los alemanes iban a atacar, que la sociedad alemana no estaba lo suficientemente preñada de revolución para que ésta pudiese estallar inmediatamente. Y no podemos achacar a los imperialistas alemanes el que, con su conducta, no hubiesen preparado todavía esta explosión o, como dicen nuestros jóvenes amigos que se consideran izquierdistas, una situación en la que las tropas alemanas no pudiesen atacar. Cuando se les dice que no tenemos ejército, que nos hemos visto obligados a desmovilizarlo---y nos hemos visto obligados, a pesar de que no hemos olvidado ni por un momento que al lado de nuestro manso animal doméstico se encontraba un tigre---no lo quieren comprender. Y si nos vimos obligados a desmovilizar el ejército, en modo alguno habíamos olvidado que no es posible poner fin a la guerra con la orden unilateral de clavar las bayonetas en tierra.

¿Cómo ha podido ocurrir, en general, que ninguna corriente, ninguna tendencia, ninguna organización de nuestro partido se haya manifestado contra esta desmovilización? ¿Nos habremos vuelto completamente locos? Nada de eso. Los militares, que no eran bolcheviques, decían ya antes de Octubre que el ejército no podía luchar, que no había posibilidad de retenerlo en el frente unas 608 cuantas semanas. Después de Octubre, esto fue evidente para todo el que quisiera ver los hechos, la amarga y desagradable verdad, y no esconderse o taparse los ojos, escabulléndose con frases vanidosas. No tenemos ejército. No hay posibilidad de retenerlo en el frente. Lo mejor que podemos hacer es desmovilizarlo cuanto antes. Es la parte enferma de un organismo, es la parte que ha experimentado sufrimientos indecibles, que ha sido atormentada por las privaciones de una guerra en la que había entrado sin preparación técnica y de la que salió en tal estado que era presa del pánico ante cada ofensiva. Ño se puede increpar por esto a unos hombres que han padecido sufrimientos tan inauditos. Los soldados han dicho con toda sinceridad en centenares de resoluciones, incluso en el primer período de la revolución rusa, que "nos hemos ahogado en sangre; no podemos seguir luchando''. Se podía haber aplazado artificialmente la terminación de la guerra; se podía haber recurrido a las trapacerías de Kerenski; se podía aplazar el final por unas cuantas semanas, pero la realidad objetiva se abría paso. El ejército es la parte enferma del organismo estatal ruso que no puede seguir soportando el peso de la guerra. Cuanto antes lo desmovilicemos, tanto menos tardará en reabsorberse entre las partes que no han sido contaminadas del todo, tanto antes estará el país preparado para nuevas y duras pruebas. Esto es lo que nos guiaba cuando tomamos unánimemente, sin la menor protesta, una decisión absurda desde el punto de vista de los acontecimientos exteriores: la de desmovilizar el ejército. Fue una medida acertada. Nosotros decíamos que intentar retener el ejército era una ilusión pueril. Cuanto antes desmovilicemos el ejército, tanto más pronto comenzará el restablecimiento de todo el organismo social en su conjunto. Por esta razón la frase revolucionaria "los alemanes no pueden atacar'', de la que derivaba esta otra: "podemos proclamar el fin de la guerra; ni guerra ni conclusión de la = = paz"~^^2^^'^^6^^, constituían un error tan profundo y una sobrestimación tan amarga de los acontecimientos. Pero ¿y si los alemanes atacan? "No, los alemanes no pueden atacar''. cPero acaso tenéis derecho a jugaros a una carta no la suerte de la revolución internacional, sino el problema concreto de saber si no vais a desempeñar el papel de auxiliares del imperialismo alemán cuando llegue dicho momento? Pero nosotros, que desde octubre de 1917 nos hemos convertido todos en defensistas, en partidarios de la defensa de la patria, sabemos que hemos roto con los imperialistas no de palabra, sino de hecho, pues hemos denunciado los tratados secretos, hemos vencido a la burguesía en nuestro país y propusimos abiertamente una paz honrosa de modo que todos los pueblos pudieran ver prácticamente todas nuestras intenciones. ¿Cómo ha podido ocurrir que unas personas verdaderamente partidarias de la defensa de la República 609 Soviética hayan ido a una aventura que ya ha dado sus frutos? Y esto es un hecho, pues la dura crisis por que atraviesa nuestro partido, con motivo de la formación dentro de él de una oposición de ``izquierda'', es una de las mayores crisis por las que ha pasado la revolución rusa.

Esta crisis será superada. Jamás nuestro partido ni nuestra revolución se estrellarán contra esta crisis, aunque en el caso presente esto ha estado a punto de ocurrir, ha sido muy posible. La garantía de que no nos estrellaremos contra este problema reside en que el viejo método de resolver las discrepancias fracciónales, método basado en una cantidad extraordinaria de publicaciones y discusiones, y que contaba con buen número de escisiones, ha sido sustituido por un nuevo método de aprender aportado por los acontecimientos. Este método consiste en contrastarlo todo con los hechos, los acontecimientos y las enseñanzas de la historia universal. Decís que los alemanes no pueden atacar. Según vuestra táctica, podíamos declarar terminada la guerra; pero la historia os ha aleccionado, refutando esta ilusión. Sí, la revolución alemana va creciendo, pero no como quisiéramos, no crece con la rapidez que sería del agrado de los intelectuales rusos, no crece al ritmo establecido en octubre por nuestra historia, cuando llegábamos a cualquier ciudad, proclamábamos el Poder soviético y, a los pocos días, las nueve décimas partes de los obreros se venian con nosotros. La revolución alemana tiene la desgracia de no avanzar con tanta rapidez. Pero ¿quién debe hacer caso de quién: nosotros de la revolución alemana o la revolución alemana de nosotros? Vosotros quisisteis que la revolución alemana hiciese caso de vosotros, pero la historia os ha dado una lección. Y es una lección, porque constituye una verdad absoluta el hecho de que sin la revolución alemana estamos perdidos. Quizá no sea a Petrogrado ni a Moscú, sino a Vladivostok o aun a lugares más lejanos, a los que tengamos que trasladarnos, y de los que nos separa una distancia mayor que la mediante entre Petrogrado y Moscú. Pero, de todos modos, y con todas las peripecias posibles e imaginables, si la revolución alemana no estalla,estamos perdidos. Sin embargo, esto no nos hace vacilar ni un ápice en nuestra convicción de eme debemos saber soportar las situaciones más difíciles sin fanfarronadas.

La revolución no llegará tan pronto como esperábamos. La historia lo ha demostrado y hay que saber aceptarlo como un hecho, hay que aprender a tener en cuenta fine la revolución socialista mundial en los países avanzados no puede comenzar de manera tan fácil como en Rusia, país de Nicolás y de Rasputin, y donde, para gran parte de la población, era indiferente por completo saber qué clase de pueblos viven en la periferia y qué es lo que allí ocurre. En

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610 un país de esta naturale/a, comenzar la revolución era tan fácil como levantar una pluma.

Pero en un país donde el capitalismo se ha desarrollado y ha dado una cultura democrática y una organización eme alcanzan hasta el último hombre, comenzar la revolución sin la debida preparación es un desatino, un absurdo. En este caso no hacemos más que abordar el penoso período del comienzo de las revoluciones socialistas. Y esto es un hecho. Quizá esta revolución---y esto es plenamente posible---triunfe dentro de pocas semanas, dentro de unos cuantos días. Nosotros no lo sabemos ni lo sabe nadie, y no podemos jugárnoslo a una carta. Es preciso estar preparados para dificultades extraordinarias, para derrotas extraordinariamente duras e inevitables, porque la revolución no ha comenzado todavía en Europa, aunque puede comenzar mañana, y, naturalmente, cuando comience ya no nos atormentarán más nuestras dudas, ya no se planteará la cuestión de la guerra revolucionaria, sino que no habrá más que una marcha triunfal ininterrumpida. Esto ocurrirá, esto tiene que ocurrir sin falta, pero no ha ocurrido aún. Este es un hecho simple que nos ha enseñado la historia, es un hecho con el que la historia nos ha pegado fuerte, y ya es sabido que hombre escarmentado vale por dos. Por eso, después de que la historia nos ha pegado tan fuerte a propósito de esta esperanza nuestra de que los alemanes no podrían atacar y de que nosotros podríamos avanzar, confiando en nuestros ``burras'', considero que esta lección, gracias a nuestras organizaciones soviéticas, llegará muy pronto a la conciencia de las masas de toda la Rusia Soviética. Estas masas se mueven, se preparan, se aprestan para el congreso, votan resoluciones, meditan sobre todo lo que acaba de pasar. Lo que ahora está pasando entre nosotros no son las viejas discusiones de antes de la revolución, que quedaban limitadas a círculos estrechos de partido, sino que todas las decisiones se someten a la discusión de las masas, que reclaman la comprobación de estas decisiones por la experiencia, por la práctica y que nunca se dejan arrastrar por frases fáciles ni desviar del camino trazado por el curso objetivo de los acontecimientos. Naturalmente, podemos desentendernos de las dificultades que se alzan ante nosotros, cuando nos hallamos frente a un intelectual o un bolchevique de izquierda. Estos, naturalmente, pueden desentenderse de cuestiones tales como la de que no tenemos ejército o la de que la revolución no se desencadena en Alemania. Las masas multitudinarias---y la política empieza allí donde hay millones de personas; la política seria empieza allí donde hay 110 miles, sino millones de personas---y los millones de personas saben lo que es el ejército, han visto a los soldados que volvían del frente. Saben---nos referimos a la verdadera masa y no a individuos sueltos---que no podemos luchar, 611 que todo hombre ha sufrido en el frente cnanto se pueda imaginar. La masa ha comprendido la verdad, y esta verdad consiste en que, si no tenemos ejército, y a nuestro lado hay un bandido feroz, no tendremos más remedio que firmar un tratado de paz, por duro y humillante que sea. Esto es inevitable mientras no nazca la revolución, mientras no saneemos nuestro ejército, mientras no hagamos que los soldados vuelvan a sus casas. Mientras no hagamos esto, no devolveremos la salud al enfermo. No someteremos a la fiera alemana con mera audacia, no nos desembarazaremos de ella como nos desembarazamos de Kerenski y de Kornílov. Es ésta una lección que las masas han aprendido sin los subterfugios que querían ofrecerles ciertas personas deseosas de cerrar los ojos a la triste realidad.

Al principio, durante los meses de octubre y noviembre, una marcha triunfal ininterrumpida. De pronto, la revolución rusa es derrotada en pocas semanas por el bandido alemán, la revolución rusa se halla dispuesta a aceptar las condiciones de un tratado leonino. Sí, los virajes de la historia son muy duros; y en nuestra historia estos virajes son siempre duros. Cuando en 1907 firmamos con Stolypin un tratado interior bochornoso en grado excepcional y tuvimos que pasar por el establo de la Duina stolypiniana, aceptando un compromiso al firmar los papeluchos = monárquicos^^2^^"', vivimos, aunque a menor escala, lo mismo que estamos viviendo hoy. Entonces, unos hombres pertenecientes a la mejor vanguardia de la revolución decían (y tampoco dudaban un momento de que les asistía la razón): "Nosotros somos unos revolucionarios orgullosos, creemos en la revolución rusa y jamás entraremos en las instituciones legales de Stolypin''. Sí, entraréis. La vida de las masas, la historia son más fuertes que vuestras afirmaciones. Y si no entráis, la historia os obligará a entrar. Y al primer viraje de la historia, estos elementos, que eran muy izquierdistas, no dejaron, como fracción, más rastro que una humareda. Si entonces supimos seguir siendo revolucionarios, trabajar en condiciones penosas y salir de nuevo de aquella situación, también ahora sabremos salir de ésta, porque no es un capricho nuestro, sino la necesidad objetiva creada en un pais arruinado hasta más no poder, porque, pese a nuestros deseos, la revolución europea se ha atrevido a retrasarse, y el imperialismo alemán, pese a nuestros deseos, se ha atrevido a atacar.

Lo que hace falta aquí es saber replegarse. No escaparemos de la realidad, terriblemente amarga y lamentable, con simples frases. Es preciso decir: ¡Ojalá podamos replegarnos conservando el orden, aunque sea a medias! No podemos replegarnos en orden. ¡Ojalá podamos hacerlo a medias, ganar un poco de tiempo para que la 612 parte enferma de nuestro organismo pueda reabsorberse aunque sea un poco! El organismo en su conjunto está sano y podrá, por tanto, vencer la enfermedad. Pero no se le puede exigir que la venza de golpe y porra/o, pues no es posible detener a un ejército que huye. Cuando una ve/ propuse a uno de nuestros jóvenes amigos que quería ser izquierdista: "camarada, vaya usted al frente y vea lo que allí ocurre en el ejército'', mi propuesta fue tomada como una ofensa: "se nos quiere desterrar para que no realicemos aquí una agitación en pro de los grandes principios de la guerra revolucionaria''. Por cierto, yo no hacía esta propuesta con la intención de desterrar a nuestros enemigos fraccionalistas; mi propósito era que viesen cómo el ejército había iniciado una desbandada inaudita. Y esto lo sabíamos antes, y tampoco antes podíamos cerrar los ojos ante el hecho de que la descomposición en el frente había llegado a hechos insólitos, a la venta de nuestros cañones a los alemanes por una miseria. Esto lo sabíamos tan bien como sabemos que no hay posibilidad de retener al ejército en el frente, y la evasiva de que los alemanes no iban a atacar equivalía a la mayor de las aventuras. Si bien es verdad que el comienzo de la revolución europea se ha retrasado, no lo es menos que nos esperan las derrotas más duras, porque no tenemos ejército, porque carecemos de organización, porque no podemos resolver ahora estos dos problemas. Si no sabéis adaptaros, si no estáis dispuestos a andar a rastras por el fango, no sois revolucionarios, sino unos charlatanes. Y yo no propongo que marchemos así porque me guste, sino porque no nos queda otro camino, porque la historia está lejos de sernos favorable hasta el punto de hacer que la revolución madure simultáneamente en todas partes.

Las cosas ocurren de tal modo que la guerra civil ha comenzado como un conato de choque con el imperialismo, que ha demostrado que éste se ha descompuesto por completo y que en el seno de cada ejército se alzan elementos proletarios. Sí, nosotros veremos la revolución internacional mundial; pero, mientras tanto, esto constituye un magnífico cuento, un hermoso cuento. Comprendo perfectamente que a los niños les gusten mucho los cuentos hermosos. Pero yo pregunto: ;es propio de un revolucionario serio creer en cuentos? En todo cuento hay algo de realidad: si ofrecieseis a los niños un cuento en el que el gallo y el gato no hablasen como las personas, los niños perderían todo interés por dicho cuento. Exactamente igual que si dijerais al pueblo que la guerra civil en Alemania tiene eme llegar, y al mismo tiempo garantizáis que, en lugar del choque con el imperialismo, vendrá una revolución mundial en los = frentes'"'^^1^^'; el pueblo dirá que lo engañáis. Sólo en vuestra imaginación y en vuestros deseos pasáis por las dificultades 613 que ofrece la historia. Está bien si el proletariado alemán se halla en condiciones de alzarse. Pero, ¿lo habéis medido, habéis hallado un instrumento capaz de precisar el día en que va a nacer la revolución alemana? No, no lo sabéis, ni nosotros tampoco. Os lo jugáis todo a una carta. Si la revolución se desencadena, todo se ha salvado. ¡Naturalmente! Pero ¿y si no lo hace como nosotros queremos y se le ocurre no triunfar mañana? ¿Entonces, qué? Entonces las masas os dirán que habéis actuado como unos aventureros, que os lo habéis jugado todo a una carta, esperando un curso feliz de los acontecimientos que no advino, y, por tanto, no servís para la situación que se ha creado en lugar de la revolución mundial, que tiene que llegar sin falta, pero que todavía no ha madurado.

Ha llegado un período de derrotas durísimas infligidas por un imperialismo armado hasta los dientes a un país que ha desmovilizado su ejército, que ha tenido que desmovilizarlo. Lo que yo predecía, ha sucedido plenamente: en lugar de la paz de Brest, hemos obtenido una paz mucho más humillante, por culpa de quienes no quisieron aceptar la primera. Nosotros sabíamos que si concertábamos una paz con el imperialismo, era por culpa del ejército. A quien teníamos enfrente, al firmar la paz, era a Hoffmann y no a Liebknecht. Y con ello ayudamos a la revolución alemana. En cambio, ahora ayudáis al imperialismo alemán, porque habéis entregado nuestras enormes riquezas: nuestros cañones y nuestras municiones. Esto lo debía predecir cualquiera que viese el estado terriblemente angustioso en que se hallaba el ejército. Cualquier persona honrada del frente lo decía: a la menor ofensiva de los alemanes estamos inevitable e inexorablemente perdidos. En pocos días, nos convertimos en presa del enemigo.

Después de esta lección, nosotros, por muy grave que sea esta enfermedad, superaremos nuestra escisión, nuestra crisis, porque en nuestro auxilio vendrá un aliado incomparablemente más fiel: la revolución mundial. Cuando nos hablan de la ratificación de esta paz de = Tilsit^^218^^, de esta paz inaudita, más humillante y más rapaz que la de Brest, yo digo: sí, indudablemente debemos hacerlo, pues vemos los acontecimientos desde el punto de vista de las masas. La tentativa de trasladar, con nuestra fantasía, la táctica del período correspondiente a los meses de octubre y noviembre, de ese período triunfal de la revolución dentro de un solo país, al curso de los acontecimientos de la revolución mundial es una tentativa condenada al fracaso. Cuando se dice que la tregua es una fantasía, cuando el periódico que se hace llamar Kommunist' = 2>g---título derivado, por lo visto, de la Comuna---llena columnas enteras intentando refutar la teoría de la 614 tregua, entonces yo digo: he pasado en mi vida por muchos choques fracciónales por muchas escisiones; de manera que me sobra experiencia sobre el particular, pero he de decir, que para mí es evidente que esta enfermedad no se curará por el viejo procedimiento---el de las escisiones fracciónales del partido---porque la propia vida la curará antes. La vida marcha a grandes pasos. Y en este sentido obra a la perfección. La historia hace avanzar con tanta rapidez a la locomotora de la vida que antes de que la Redacción de Kommunist tenga tiempo de publicar su número correspondiente, la mayoría de los obreros de Retrogrado ya habrá comenzado a desengañarse de sus ideas, porque la vida demuestra que la tregua es un hecho. Ahora firmamos la paz y tenemos una tregua que aprovechamos para defender mejor la patria; porque, si en lugar de esto hubiese guerra, lo que tendríamos sería aquel ejército que huía presa del pánico, al que sería preciso detener, pero al que nuestros camaradas no pueden ni han podido detener porque la guerra es más fuerte que toda clase de prédicas y que miles de razonamientos. Si no han comprendido la situación objetiva, no pueden detener el ejército, no podrán detenerlo. Este ejército enfermo contaminaba a todo el organismo, y el resultado fue una nueva y extraordinaria derrota, un nuevo golpe asestado por el imperialismo alemán a la revolución; y fue un golpe duro, porque nos despojamos con gran ligereza de las ametralladoras ante los golpes del imperialismo. Sin embargo, nosotros aprovechamos esta tregua para convencer al pueblo de la necesidad de agruparse, de luchar; la aprovechamos para decir a los obreros y a los campesinos rusos: "Forjad una disciplina consciente, una disciplina severa, pues, de lo contrario, os hallaréis bajo la bota alemana, igual que os halláis ahora, como inevitablemente os hallaréis mientras el pueblo no aprenda a luchar, a crear un ejército que sea capaz de no huir, de soportar sufrimientos indecibles''. Y esto es inevitable, porque la revolución alemana no ha nacido aún y no podemos garantizar que llegue mañana.

Por esta razón, la teoría de la tregua, negada en redondo por torrentes de artículos de Kommunist, es planteada por la vida misma. Cada cual puede observar que la tregua existe, que todos nos aprovechamos de ella. Nosotros suponíamos que íbamos a perder Retrogrado en unos cuantos días. Esto sucedía en el momento en que las tropas alemanas que se iban acercando se encontraban a unas pocas jornadas de la capital, mientras que, a pesar de su gran entusiasmo, los mejores marinos y los obreros de la fábrica Putílov se encontraban solos, en un momento en el que reinaba un caos indescriptible, una situación de pánico que había llevado a las fuerzas en su huida hasta Gátchina. Era un momento en que recuperábamos 615 lo que no habíamos perdido, un momento en que las cosas ocurrían del siguiente modo: el telegrafista llegaba a una estación, se ponía al aparato y telegrafiaba: "No hay ni un solo alemán. La estación ha sido ocupada por nosotros''. A las pocas horas se me comunicaba por teléfono desde el Comisariado de Vías de Comunicación: "Ha sido ocupada la estación siguiente. Nos acercamos a Yamburgo. No hay ni un solo alemán. El telegrafista ocupa su puesto''. Tales han sido los momentos que hemos vivido. Esta es la verdadera historia de la guerra de los once = días"'^^20^^. Esta historia nos la han descrito los marinos y los obreros de Putílov, a los que tenemos que llevar al congreso de los Soviets para que cuenten allí la verdad. Es una verdad terriblemente amarga y desagradable, es una verdad que duele, pero es cien veces más beneficiosa, pues es una verdad comprendida por el pueblo ruso.

Yo admito que pueda uno dejarse llevar por la revolución internacional en los frentes, porque ésta llegará. Todo ha de llegar a su tiempo. Pero ahora emprended la organización de la autodisciplina, subordinaos por encima de todo para que tengamos un orden ejemplar, para que los obreros se dediquen, aunque sólo sea una hora al día, a aprender el arte militar. Esto es algo más difícil que contar un cuento bonito. Tal es la tarea actual, y, cumpliéndola, ayudaréis a la revolución alemana, a la revolución internacional. No sabemos cuántos días nos han concedido de tregua, pero la tregua la tenemos. Es preciso desmovilizar el ejército cuanto antes porque éste es un órgano enfermo. Y, mientras tanto, ayudaremos a la revolución finlandesa.

Sí, es evidente que violamos el tratado, pero ya lo hemos violado treinta o cuarenta veces. Sólo unos niños pueden dejar de comprender que, en esta época en que se inicia un período lento y penoso de liberación, un período que acaba de crear el Poder soviético y lo ha elevado tanto en su desarrollo, sólo unos niños, repito, pueden no comprender que la lucha que aquí se va a desarrollar tiene que ser una lucha prolongada y prudente. Un tratado de paz vergonzoso provoca insurrecciones, pero cuando los camaradas de Kommunist discurren sobre la guerra, apelan a los sentimientos, olvidándose de que los hombres crispaban los puños de rabia y se les inyectaban los ojos de sangre. ¿Qué dicen? "jamás un revolucionario consciente podrá soportar tal cosa, nunca aceptará semejante vergüenza''. Su periódico lleva el título de Kommunist, pero debiera titularse El Hidalgo, va que ve las cosas como un hidalgo que adopta una postura elegante para morir y dice con la espada en la mano: "La paz es un oprobio, la guerra un honor''. Ellos discurren desde el punió de vista del hidalgo. Yo, desde el punto de vista del campesino.

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Si yo acepto la paz en un momento en que el ejército huye, en quino puede menos de huir para no perder miles de hombres, lo hago evitando males mayores. ;Es acaso vergonzoso el tratado.' Cualquier campesino o cualquier obrero serio justificará mi posición, porque comprende que la paz es un recurso para reunir fuerzas. La historia conoce---ya me he remitido a esto más de una vez---cómo, después de la paz de Tilsit, los alemanes se liberaron de la dominación napoleónica. He calificado intencionadamente la paz con el nombre de paz de Tilsit, aunque nosotros no firmamos lo que en esta paz figuraba: el compromiso de ayudar con nuestras fuerzas al conquistador a conquistar otros pueblos. Y, sin embargo, la historia ha llegado a estos extremos, y también llegaremos nosotros si ciframos nuestras esperanzas sólo en la revolución internacional en los frentes. ¡Tened cuidado de que la historia no os conduzca también a esta forma de esclavitud militar! Y mientras la revolución socialista no haya triunfado en todos los países, existe la posibilidad de la esclavización de la República Soviética. En Tilsit, Napoleón obligó a los alemanes a firmar unas condiciones de paz inauditamente vergonzosas. En aquel entonces las cosas ocurrían de tal modo que la paz hubo de firmarse varias veces. El Hoffmann de entonces ---Napoleón---se dedicaba a pillar a los alemanes en las infracciones de las condiciones de paz. Hoffmann nos pillará en lo mismo. Pero procuraremos que no sea tan pronto.

La última guerra ha dado al pueblo ruso una enseñanza amarga y penosa, pero seria; es la de saber organizarse, disciplinarse, subordinarse, de saber crear una disciplina ejemplar. Aprended de los alemanes a ser disciplinados, pues, en caso contrario, somos pueblo perdido y estaremos eternamente esclavizados.

Este y sólo éste ha sido el curso de la historia. 1.a historia nos enseña que la paz es una tregua para la guerra y que la guerra es un medio de obtener una paz más o menos buena. La correlación de fuerzas en Brest correspondía a las condiciones de una paz impuesia al vencido, pero no era una paz humillante. La correlación de fuerzas en Pskov correspondía a una paz bochornosa, más humillante. En la etapa siguiente, en Petrogrado o en Moscú, nos impondrán una paz cuatro veces más humillante. Nosotros no diremos que el Podersoviético no es más que pura forma, como nos han dicho nuestros jóvenes amigos de Moscú '¿}, nosotros no diremos que en aras de tales o cuales principios revolucionarios podemos sacrificar el contenido. No, nosotros diremos: el pueblo ruso tiene que comprender que su deber consiste en disciplinarse, en organizarse, y entonces podrá soportar toda clase de paces de Tilsit. Toda la historia de las guerras de liberación nos enseña que cuando estas guerras afectaban a las grandes masas, la liberación sobrevenía rápidamente. Nosotros 617 decimos: si tal es el curso de la historia, tendremos que terminar la paz y retornar a la guerra. Y este futuro puede residir en los próximos días. Todos deben estar preparados. A mí no me cabe la menor duda de que los alemanes se están preparando más allá de Narva, si es cierto que no ha sido tomada, como afirman todos los periódicos. Si no es en Narva, es a las puertas de Narva; si no es en Pskov, es a las puertas de Pskov donde los alemanes están concentrando su ejército regular y preparando sus ferrocarriles para dar un nuevo salto y apoderarse de Petrogrado. Esta fiera ya ha demostrado que sabe saltar bien. Y va a saltar una vez más. No cabe la menor duda. Por eso, tenemos que estar preparados; tenemos que saber no lanzar fanfarronadas, sino aprovechar incluso un día de tregua, pues podemos aprovechar hasta un día para evacuar Petrogrado, cuya pérdida significaría terribles penalidades para cientos de miles de nuestros proletarios. Digo una vez más que estoy dispuesto---y lo considero un deber---a firmar un acuerdo veinte veces, cien veces más humillante con tal de obtener aunque sólo sean unos cuantos días para evacuar Petrogrado, ya que con ello alivio los padecimientos de los obreros, que, en caso contrario, pueden caer bajo el yugo de los alemanes. Facilito con ello la evacuación de materiales existentes en Petrogrado, pólvora, etc., que necesitamos, porque soy un defensista, porque soy partidario de que se prepare el ejército, aunque sea en la retaguardia más remota, donde se está reponiendo ahora el ejército desmovilizado, enfermo.

No sabemos cuánto durará la tregua, pero procuraremos aprovechar el momento. Quizá la tregua sea mayor, pero tal vez sólo dure unos cuantos días. Todo puede ocurrir, pero nadie sabe ni puede saber lo que va a ocurrir, porque todas las grandes potencias se ven atadas, constreñidas, se ven obligadas a luchar en varios frentes. La conducta de Hoffmann se ve condicionada, por una parte, por la necesidad de aplastar a la República Soviética; por otra, por el hecho de que tiene la guerra en toda una serie de frentes y, finalmente, porque la revolución en Alemania madura, crece, y Hoffmann lo sabe y no puede, como se afirma, apoderarse inmediatamente de Petrogrado ni de Moscú. Pero, y esto es en un todo posible, puede conseguirlo mañana. Repito, en un momento en que la enfermedad del ejército constituye un hecho irrefutable; cuando, por encima de todo, tenemos que aprovechar cada instante, aunque sólo sea para conseguir un día de tregua, en tal momento decimos: cada revolucionario serio, ligado a las masas, cada revolucionario que sepa lo que es la guerra y lo que son las masas tiene que disciplinar a las masas, tiene que someterlas a cura, tiene que procurar levantarlas a una nueva guerra. Todo revolucionario de este tipo aprobará nuestro proceder y reconocerá acertado 618 cualquier pacto bochornoso, ya que este último se haría en aras de la revolución proletaria y de la renovación de Rusia, en aras de librarla de un órgano enfermo. Como cualquier persona sensata puede comprender, al firmar dicha paz no cejamos en nuestra revolución obrera. Y todo el mundo comprende que, al firmar la paz con los alemanes, nosotros no cejamos en nuestra ayuda militar; lo que enviamos a los finlandeses son armas, y no tropas que resultarían inservibles.

Tal vez tengamos que aceptar la guerra. Tal vez mañana tengamos que entregar también Moscú, pero luego pasaremos a la ofensiva. Y si se produce en la sicología de las masas el cambio radical que está madurando, para el que tal vez se requiera mucho tiempo, pero que tiene que llegar en el momento en qtie las grandes masas digan otra cosa de lo que ahora dicen, en tal caso podremos lanzar nuestro ejército contra el ejército enemigo. Tengo que aceptar la paz, aunque sea la más dura, porque, actualmente, no puedo decirme a mí mismo que ese momento ha llegado. Cuando llegue el momento de la renovación, todos lo experimentarán y verán que el ruso no es tonto. Hoy ve y mañana comprenderá la necesidad que tenemos de abstenernos, la necesidad de seguir esta orientación. En ello reside la tarea principal de nuestro congreso del partido y del Congreso de los Soviets.

Es preciso saber trabajar en la nueva senda. Es mucho más duro, pero en modo alguno carece de perspectivas. Y en modo alguno hará fracasar al Poder soviético, si no somos nosotros mismos los que, con una aventura estúpida, lo hacemos fracasar. Llegará un momento en que el pueblo diga: no permito que se me martirice más. Pero eso sólo ocurrirá en el caso de que no nos lancemos a esa aventura, sino que aprendamos a trabajar en unas condiciones difíciles y con el tratado inauditamente humillante que acabamos de firmar en estos días. Pues de una crisis histórica de esta naturaleza no se sale con una sola guerra ni con un solo tratado de paz. El pueblo alemán se hallaba atado por su organización monárquica cuando en 1807 firmó su paz de Tilsit, después de varias paces humillantes, que se convertían en treguas a las que seguían una nueva humillación y una nueva infracción. La organización soviética de las masas nos aliviará esta labor.

Nuestra consigna puede ser sólo una: aprender de veras el arte militar, poner orden en los ferrocarriles. Dejar la guerra revolucionaria socialista sin ferrocarriles constituye una traición de lo más flañina. Es preciso poner las cosas en orden. Es preciso crear la energía y la fuerza capaces de dar vida a lo mejor de que dispone la revolución.

Ya que os conceden una tregua, aunque sólo sea por una hora, 619 agarraos a ella para poder estar en contacto con la retaguardia profunda, para crear allí nuevos ejércitos. Abandonad las ilusiones por las que la realidad de la vida os ha castigado y aún os castigará más. Ante nosotros se perfila una época de derrotas muy duras, y esa época está en puertas, hay que aprender a tenerla en cuenta, es preciso estar preparados para una labor tenaz en condiciones ilegales, en condiciones de innegable esclavitud bajo los alemanes. No hay necesidad de embellecer esta verdad. Es una auténtica paz de Tilsit. Si sabemos obrar de este modo, entonces, a pesar de las derrotas, poth'emos decir con absoluta seguridad que triunfaremos. (A pl a u sos.)

lireve información periodística publicada el '.I de marzo (24 de febrero) de 1918 en el núm. 45 de "I'r/ird/i ".

T. 36, págs. i-26.

620

2

DISCURSO DE RESUMEN
DE LA DISCUSIÓN DEL INFORME POLÍTICO
DEL COMITÉ CENTRAL
8 DE MARZO

Camaradas: Permitidme que empiece por referirme a unas observaciones relativamente pequeñas, empezando por el final. Al terminar su discurso, el camarada Bujarin ha llegado al extremo de compararnos con Petliura. Si considera que eso es así, ¿cómo puede seguir en el mismo partido que nosotros? ¿No es eso una frase? Naturalmente; si fuese así en realidad, no estaríamos en el mismo partido. El hecho de que estemos juntos demuestra que estamos de acuerdo con Bujarin en las nueve décimas partes. Es cierto que ha añadido unas cuantas frases revolucionarias acerca de que queríamos traicionar a Ucrania. Estoy convencido de que no merece la pena hablar de bagatelas tan evidentes. Me ocuparé del camarada Riazánov y señalaré que, de la misma manera que una excepción registrada cada diez años no hace más que confirmar la regla, también él ha pronunciado sin querer una frase seria. (A pl a u sos.) Ha dicho que Lenin cede terreno para ganar tiempo. Es un razonamiento casi filosófico. Las cosas han ocurrido esta vez de manera que el camarada Riazánov ha pronunciado una frase, por cierto completamente seria, que encierra el quid de la cuestión: yo quiero ceder terreno al vencedor de hecho para ganar tiempo. En eso reside toda la esencia, y sólo en eso. Todo lo demás no son sino palabras: necesidad de la guerra revolucionaria, ampliación del movimiento campesino, etc. Cuando el camarada Bujarin presenta las cosas como si no pudiera haber dos opiniones en lo que se refiere a la posibilidad de la guerra y dice "preguntad a cualquier militar" (he anotado literalmente sus palabras), cuando plantea así la 621 cuestión, diciendo que se pregunte a cualquier militar, yo le respondo: ese cualquier militar es un oficial francés con el que he tenido ocasión de conversar. Ese oficial francés, mirándome, naturalmente, con ojos furiosos---pues he vendido Rusia a los alemanes---, me dijo: "soy realista y partidario de la monarquía también en Francia, partidario de la derrota de Alemania; no piense usted que soy partidario del Poder soviético---¡cómo pensarlo, si es monárquico!---, pero estuve de acuerdo con que firmaran ustedes el Tratado de Brest porque era = indispensable"^^222^^. ¡Ahí tenéis ese "preguntad a cualquier militar"! Cualquier militar debía decir lo que yo dije: había que firmar el Tratado de Brest. Si del discurso de Bujarin se desprende ahora que nuestras discrepancias han disminuido mucho, eso se debe a que sus adeptos han ocultado el punto principal de las discrepancias.

Cuando Bujarin nos fulmina ahora porque hemos desmoralizado a las masas, tiene completa razón, pero se fulmina sólo a sí mismo, y no a nosotros. ¿Quién llevó esa bazofia al CC? Usted, camarada Bujarin. (Risas.) Por mucho que grite usted ``no'', la verdad se impone: estamos en nuestra familia de camaradas, estamos en nuestro propio congreso, no tenemos nada que ocultar y habrá que decir la verdad. Y la verdad consiste en que en el CC existían tres tendencias. Lómov y Bujarin no votaron el 17 de febrero. He pedido que se reproduzca el acta de la votación, que se hagan copias, y cualquier miembro del partido que lo desee puede ir al Secretariado y ver la votación, la histórica votación del 21 de enero, la cual demuestra que eran ellos quienes vacilaban, que nosotros no vacilábamos lo más mínimo y dijimos: "aceptemos la paz en Brest ---otra mejor no habrá---para preparar la guerra revolucionaria''. Ahora hemos ganado ya cinco días para evacuar Petrogrado. Ahora se ha lanzado el llamamiento de Krylenko y = Podvoiski^^225^^ que no figuraban entre los izquierdistas y que Bujarin trató con desprecio, diciendo que "se saca" a Krylenko, como si inventáramos nosotros lo que Krylenko había declarado. Con eso estamos completamente de acuerdo; porque así son las cosas, porque esos militares han demostrado lo que yo decía, en tanto que vosotros alegáis que los alemanes no atacarán. ¿Es que se puede comparar esta situación con la de octubre, cuando no se trataba de la técnica? No, si queréis tener en cuenta los hechos, tened en cuenta que las discrepancias se referían a que no se puede empezar la guerra cuando es desfavorable a todas luces. El camarada Bujarin me ha sorprendido mucho al empezar su discurso de resumen con una atronadora pregunta: "¿Es prosible la guerra en un futuro inmediato?" Respondo sin vacilaciones: es posible, y ahora debemos aceptar la paz. No hay ninguna contradicción en ello.

622

Des])ués de estas breves observaciones, paso a responder detalladamente a los oradores precedentes. Debo hacer una excepción con Rádek. Pero ha habido otra intervención, la del camarada Uritski. ¿Qué ha habido en ella, aparte de = Canosa"^^1^^, "traición'', ``retrocedimos'' y "nos adaptamos"? Pero ¿qué es eso? ¿Es que no ha tomado su crítica del periódico eserista de izquierda? El camarada Búbnov nos ha leído una declaración enviada al CC por algunos de sus miembros que se consideran muy Í7.quierdistas y que han dado un ejemplo cabal de manifestación ante el mundo entero: "La conducta del CC asesta un golpe al proletariado internacional''. ¿Es que eso no es una frase? "¡Demostrar la impotencia ante el mundo entero!" ¿Cómo lo demostramos? ¿Proponiendo la paz? ¿Con la huida del ejército? ¿Es que no hemos demostrado que empezar la guerra contra Alemania ahora, sin aceptar la pa/. de Brest, significaría mostrar al mundo que nuestro ejército está enfermo, que no desea marchar al combate? Es vacía por completo la afirmación de Búbnov cíe que esa vacilación se debe íntegramente a nosotros. Eso ha ocurrido porque nuestro ejército está enfermo. Había que concederle una tregua, fuera cuando fuese. Si hubierais seguido una táctica acertada, tendríamos un mes de tregua; pero como habéis seguido una estrategia desacertada, tenemos solamente cinco días de tregua, e incluso eso está bien. La historia de la guerra muestra que para detener a un ejército que huye despavorido bastan a veces incluso uncís días. Quien no acepta, quien no firma ahora la paz diabólica, es un hombre de frases, pero rio un estratega. Esa es la desgracia. Cuando estos miembros del CC me escriben: " demostración de impotencia" y "traición'', eso no son más que pueriles frases perniciosas y vacías en grado superlativo. Hemos demostrado nuestra impotencia, intentando combatir cuando no se podía hacer demostraciones, cuando la ofensiva contra nosotros era inevitable. Por lo que se refiere a los campesinos de Pskov, los llevaremos al Congreso de los Soviets para que cuenten cómo tratan los alemanes, para que creen una sicología cjue haga empezar a curarse al soldado que huye presa del pánico y le obligue a decir: "Sí, ahora he comprendido que ésta no es la guerra que los bolcheviques habían prometido acabar; es una nueva guerra que los alemanes hacen contra el Poder soviético''. Entonces llegará la curación. Pero vosotros planteáis un problema imposible de resolver. Nadie sabe cuánto durará la tregua.

Debo referirme también a la posición del camarada Trotski. Es preciso distinguir dos aspectos en su actividad: cuando comenzó las negociaciones de Brest, las aprovechó magníficamente para la agitación, y todos estuvimos de acuerdo con el camarada Trotski. Ha citado una parte de la conversación que tuvo conmigo, pero yo 623 añadiré que habíamos convenido que nos mantendríamos hasta el ultimátum de los alemanes y que después del ultimátum cederíamos. Los alemanes nos han engañado: cíe siete días nos han robado '. La táctica de Trotski era acertada en tanto tendía a dar

largas; pero deje') de serlo cuando se declaró que cesaba el estado de guerra y no se firmó la paz. Yo proptise del modo más concreto que se firmase la paz. No podíamos conseguir una paz mejor que la de Brest. Para todos está claro que la tregua habría sido de un mes, que no habríamos salido perdiendo. Por cuanto la historia ha barrido eso, no merece la pena recordarlo; pero es ridículo que Bujarin diga: "la vida demostrará que teníamos razón''. Quien tenía razón era yo, porque había escrito de ello ya en 1915: "Hay eme prepararse para hacer la guerra, es inevitable, está en marcha, llegará"~^^*^^. Pero había que aceptar la paz, y no fanfarronear en vano. Y puesto que la guerra ha de venir, tanto más necesario era aceptar la paz; ahora, por lo menos, facilitamos la evacuación de Petrogrado, la hemos facilitado ya. Esto es un hecho. Cuando el camarada Trotski presenta nuevas exigencias: "prometed que no firmaréis la paz. con Vinnichenko'', yo digo que en modo alguno contraeré ese compromiso "''. Si el congreso contrajera ese compromiso, nadie, ni yo ni ninguno de mis correligionarios, asumiría la responsabilidad por ello. Eso significaría atarse de nuevo con una resolución formal en vez de aplicar una línea de maniobra: al replegarse, atacar a veces cuando sea posible. En la guerra no es posible atarse nunca con consideraciones formales. Es ridículo desconocer la historia militar, desconocer que un tratado es el medio de acumular fuerzas: he aludido ya a la historia prusiana. Hay quienes piensan, por cierto, como niños: firmar un tratado significa venderse a Satanás, ir al infierno. Eso es sencillamente ridículo, pues la historia militar demuestra con claridad meridiana que la firma de un tratado en caso de derrota es el medio de acumular fuerzas. La historia conoce casos en eme las guerras se han sucedido unas a otras; hemos olvidado todo eso, y vemos que la vieja guerra se transforma en...^^**^^ Si os place, ataos para siempre con consideraciones formales y entregad los puestos de responsabilidad a los eseristas de izquierda. Nosotros no nos hacemos responsables de eso. En lo que digo no hay ni sombra de escisión. Estoy convencido de que la vida os hará aprender. El 12 de marzo no está tan lejos y os proporcionará datos = abundantes^^227^^.

El camarada Trotski dice que eso será una traición en todo el sentido de la palabra. Yo afirmo que ese punto de vista es _-_-_

^^*^^ Víase V.I.I.cnin. O.C.. t. ÍÍ7, págs. 50--51. (,V. tle la Edit.)

^^**^^ Kn el ;t< la taqui^iálna tallan algunas palabras. (.Y. di' líi Edil.}

624 absolutamente erróneo^^*^^. Para demostrarlo concretamente, expondré un ejemplo. Dos hombres van por un camino, son atacados por otros diez hombres; uno de los dos primeros se defiende, y el otro huye: eso es una traición. Pero supongamos que se trata de dos ejércitos de cien mil hombres cada uno, y que tienen enfrente cinco ejércitos; un ejército es cercado por doscientos mil hombres; el otro debe acudir en su ayuda, mas sabe que trescientos mil hombres están dislocados en una emboscada: ¿puede prestar ayuda? No, no puede. Eso no es una traición, no es cobardía; el simple aumento del número ha modificado todos los conceptos, y cada militar sabe que en ese caso no se trata de un concepto personal: al proceder así, yo conservo mi ejército, aunque hagan prisionero al otro; renovaré mi ejército, tengo aliados, esperaré, los aliados llegarán. Sólo así se puede razonar; pero cuando las consideraciones militares se mezclan con otras, no resultan más que frases. Así no se puede hacer política.

Hemos hecho todo lo que podía hacerse. Con la firma del tratado hemos conservado a Petrogrado, aunque sólo sea por unos cuantos días. (Que no se les ocurra a los secretarios y taquígrafos escribir esto.) En el tratado se nos ordena sacar nuestras tropas de Finlandia, tropas evidentemente inservibles; pero no se nos prohibe introducir armas en Finlandia. Si Petrogrado hubiera caído días pasados, el pánico se habría apoderado de la ciudad y no habríamos sacado nada de ella; pero en esos cinco días hemos ayudado a nuestros camaradas finlandeses, no diré cuánto, pues ellos mismos lo saben.

La afirmación de que hemos traicionado a Finlandia es una frase de lo más pueril. La hemos ayudado precisamente al replegarnos a tiempo ante los alemanes. Rusia jamás se hundirá porque se pierda Petrogrado; en esto tiene mil veces razón el camarada Bujarin; pero si se maniobra a lo Bujarin, entonces se puede hundir una buena revolución. (Risas.)

No hemos traicionado ni a Finlandia ni a Ucrania. Ningún obrero consciente nos lo reprochará. Ayudamos con lo que podemos. No hemos sacado ni sacaremos de nuestras tropas a un solo hombre bueno. Si decís que Hoffmann nos pilla y apabulla, os contestaré que puede hacerlo, no dudo de ello, pero ni él ni nadie sabe en cuántos días lo hará. Además, vuestros razonamientos de que nos pillará y apabullará se refieren a la correlación de fuerzas políticas, de la que hablaré más adelante.

Después de explicar por qué en modo alguno puedo aceptar la _-_-_

^^*^^ En la anotación del secretario, que comienza por las palabras "...es el medio de acumular iuc-r/as...'' el texto versa: "... es para acumular fuer/.as. 1.a historia ha creado < cntcnai es de convenios de todo género. Entonces entregad los puestos a Trotski y demás...'' (,V. de la Edil.)

625 propuesta de Trotski---así no se puede hacer política---debo decir que Rádek ha dado un ejemplo de hasta qué extremo se han apartado los camaradas en nuestro congreso de la frase que sigue existiendo, de hecho, en labios de Uritski. Por esa alocución en modo alguno puedo acusar a Rádek de palabrería. Ha dicho: "No hay ni sombra de traición ni de oprobio, porque está claro que habéis retrocedido ante una fuerza militar aplastante''. Esta apreciación desbarata por completo la posición de Trotski. Cuando Rádek dijo que "hay que preparar fuerzas, apretando los dientes'', tenía razón, y yo lo suscribo íntegramente: hay que prepararse no engallándose, sino apretando los dientes.

Aprieta los dientes sin engallarte y prepara fuerzas. La guerra revolucionaria llegará, en eso no hay discrepancias entre nosotros; las discrepancias se refieren a la paz de Tilsit, en si debe firmarse o no. Lo peor de todo es el ejército enfermo, sí; y por eso, en el CC debe existir una sola pauta firme, y no discrepancias o una pauta intermedia, que ha apoyado también el camarada Bujarin. No pinto la tregua de color de rosa; nadie sabe cuánto durará, y yo tampoco lo sé. Son ridículos los esfuerzos que se hacen con el propósito de arrancarme cuánto durará la tregua. Conservando las principales líneas de comunicaciones, ayudamos a Ucrania y Finlandia. Aprovechamos la tregua maniobrando, replegándonos.

Al obrero alemán ya no se le puede decir que los rusos son caprichosos, pues ahora está claro que el imperialismo germanonipón avanza, y eso estará claro para todos sin excepción; además del deseo de estrangular a los bolcheviques, el alemán tiene también el de estrangular en Occidente, todo se ha revuelto, y en esta nueva guerra habrá que maniobrar y será necesario saber maniobrar.

Refiriéndome al discurso del camarada Bujarin, debo señalar que cuando le faltan argumentos, lanza algo de Uritski y dice: "El tratado es un ultraje para nosotros''. En ese caso no hacen falta argumentos: si se nos ha ultrajado, deberíamos haber recogido los papeles y echado a correr; pero aunque estemos ``ultrajados'', yo no creo que se hayan hecho tambalear nuestras posiciones. El camarada Bujarin ha intentado analizar la base de clase de nuestras posiciones; mas, en lugar de ello, nos ha contado una anécdota sobre un finado economista moscovita. Cuando en nuestra táctica se ha descubierto vinculación con la especulación, se ha olvidado, resulta ridículo, palabra de honor, que la actitud de la clase en su conjunto---de la clase, y no de los especuladores---nos muestre que la burguesía rusa y todos sus lacayos---los de Dielo Naroda y los de Nóvaya Zhizn---nos arrastran a esa guerra con todas sus fuer/as. Porque no subrayáis este hecho, que tiene carácter de clase. Declarar ahora la guerra a Alemania significaría caer en la provocación de la burguesía rusa. 626 Eso no es nuevo, pues representa el camino más seguro---yo no digo absolutamente seguro, ya que no existe nada absolutamente seguro---de derribarnos ahora. Cuando el camarada Bujann decía que la vida respalda sus asertos, que todo acabaría en que reconoceríamos la guerra revolucionaria, cantaba una victoria tacil, por cuanto la inevitabilidad de la guerra revolucionaria fue pronosticada ya por nosotros en 1915. Nuestras discrepancias consistían en qué haría el alemán, en si atacaría o no; en que debíamos declarar terminado el estado de guerra; en que, en aras de la guerra revolucionaria, debíamos replegarnos físicamente, entregando el país para ganar tiempo. La estrategia y la política prescriben el tratado de paz más abominable que pueda existir. Nuestras discrepancias desaparecerán por completo si admitimos esa táctica.

Breve relación publicada el 19 (6) de marzo de 1918 en el núm. 54 del periódico "Hoja Obrera y Campesina de Nizhni Nóvgorod".

T. 36, págs. 27--34.

627

3

RESOLUCIÓN SOBRE LA GUERRA Y LA PAZ^^228^^

El congreso considera necesario ratificar el durísimo y humillantísimo tratado de paz firmado por el Poder soviético con Alemania en vista de que no tenemos ejército, en vista de que las unidades del frente, desmoralizadas, se hallan en un estado enfermizo extremo, en vista de que es necesario aprovechar cualquier posibilidad de tregua, por pequeña que sea, antes de la ofensiva del imperialismo contra la República Socialista Soviética.

En el período actual de la incipiente era de la revolución socialista son históricamente inevitables las reiteradas ofensivas militares de los Estados imperialistas (tanto desde el Oeste como desde el Este) contra la Rusia Soviética. La ineluctabilidad histórica de esas ofensivas, dada la actual exacerbación extrema de todas las relaciones internas del Estado, entre las clases y en la palestra internacional, puede conducir en cualquier momento, incluso en el más inmediato, en el curso de unos días a nuevas guerras ofensivas imperialistas contra el movimiento socialista en general y contra la República Socialista Soviética de Rusia en particular.

Por ello, el congreso declara que considera como tarea primordial v fundamental de nuestro partido, de toda la vanguardia del proletariado consciente y del Poder soviético adoptar las medidas más enérgicas, implacablemente decididas y draconianas para elevar la autodisciplina y la disciplina de los obreros y campesinos de Rusia, para explicar la ineluctabilidad histórica del acercamiento de Rusia a una guerra liberadora, patriótica, socialista, para crear por doquier organizaciones de masas rigurosamente vinculadas y cimentadas polla férrea unidad de voluntad, organizaciones capaces de actuar cohesionada y abnegadamente tanto en los días corrientes como, en particular, en los momentos críticos de la vida del pueblo, y, finalmente, para instruir en todos los aspectos y de modo sistemático 628 y general a toda la población adulta, sin distinción de sexo, en el arte militar y en las operaciones militares.

El congreso considera que la garantía más firme del afianzamiento de la revolución socialista victoriosa en Rusia consiste únicamente en su transformación en revolución obrera internacional.

El congreso está seguro de que, desde el punto de vista de los intereses de la revolución mundial, el paso dado por el Poder soviético era inevitable y necesario teniendo en cuenta la actual correlación de fuerzas en la palestra mundial.

Convencido de que la revolución obrera madura cada día más en todos los países beligerantes, preparando la derrota inexorable y total del imperialismo, el congreso declara que el proletariado socialista de Rusia apoyará con todas sus fuerzas y por todos los medios a su alcance el fraterno movimiento revolucionario del proletariado de todos los países.

Escrito no más tarde del 8 de marzo de 1918. Publicado por vez primera el 1 de enero de WW en el núm. 1 del periódico "Kommunar".

T. 36, págs.

629

4

ADICIÓN A LA RESOLUCIÓN SOBRE LA GUERRA
Y LA PAZ
8 DE MARZO

Pido la palabra para proponer adiciones a la resolución: El congreso considera necesario no publicar la resolución aprobada e imponer a todos los miembros del partido el deber de mantenerla en = secreto^^229^^. En la prensa se comunicará únicamente ---y no hoy, sino por indicación del CC---que el congreso se ha pronunciado a favor de la ratificación.

Además, el congreso destaca especialmente que se conceden plenos poderes al CC para romper en cualquier momento todos los tratados de paz con los Estados imperialistas y burgueses, así como para declararles la guerra.

630

5

INFORME SOBRE LA REVISIÓN
DEL PROGRAMA^^230^^ Y EL CAMBIO
DE NOMBRE DEL PARTIDO^^231^^
8 DE MARZO

Camaradas: Como sabéis, desde abril de 1917 se ha sostenido en el partido una discusión bastante circunstanciada sobre el problema del cambio de su nombre. Por eso, en el Comité Central se ha conseguido llegar en el acto a un acuerdo que, al parecer, no suscita graneles discusiones y quizá incluso ninguna: el Comité Central os propone que se cambie el nombre de nuestro partido, que lo denominemos Partido Comunista (bolchevique) de Rusia. Todos nosotros consideramos necesaria esta adición, porque la palabra ``bolchevique'' ha adquirido carta de naturaleza tanto en la vida política de Rusia como en toda la prensa extranjera, cine sigue a rasgos generales el desarrollo de los acontecimientos en Rusia. En nuestra prensa se ha explicado también que la denominación de "Partido Socialdemócrata" es incorrecta en el aspecto científico. Al crear los obreros su propio Estado, el viejo concepto de democracia ---de democracia burguesa---ha quedado superado en el proceso de desarrollo de nuestra revolución. Hemos llegado a un tipo de democracia que no ha existido en ningún sitio de Europa Occidental. Tuvo su prototipo únicamente en la Comuna de París, y Engels decía que la Comuna de París no era ya un Estado en el verdadero sentido de la = palabra^^232^^. Dicho con brevedad, en la misma medida en que las propias masas trabajadoras toman en sus manos la administración del Estado y la creación fie la fuerza armada que apoya a ese régimen estatal desaparece el mecanismo especial de administración, desaparece el mecanismo especial de cierta violencia estatal y, por consiguiente, no podemos defender la democracia en su vieja forma.

631

Por otra parte, al comenzar las transformaciones socialistas, debemos plantearnos claramente el objetivo hacia el cual tienden, en resumidas cuentas, estas transformaciones: el de crear la sociedad comunista, que no se limita a expropiar las fábricas, la tierra y los medios de producción, que no se limita a establecer una contabilidad y un control rigurosos de la producción y la distribución de los productos, sino que va más allá para hacer realidad el principio "de cada cual, según su capacidad; a cada cual, según sus necesidades''. De ahí que el nombre de Partido Comunista sea el único acertado desde el punto de vista científico. En el Comité Central fue rechazada en el acto la objeción de que dicho nombre puede dar motivo a que se nos confunda con los anarquistas, ya que éstos nunca se denominan simplemente comunistas y agregan ciertas adiciones. En este sentido existe toda clase de variedades de socialismo; sin embargo, no dan lugar a que se confunda a los socialdernócratas con los socialreformistas, los socialistas nacionales y otros partidos semejantes.

Existe, además, otro argumento importantísimo en pro de que se cambie la denominación del partido. Los viejos partidos socialistas oficiales de todos los países avanzados de Europa no han podido deshacerse aún de la embriaguez de! socialchovinismo y el socialpatriotismo, que ha conducido durante la presente guerra a la bancarrota completa del socialismo europeo oficial, de tal modo que casi todos los partidos socialistas oficiales han sido hasta ahora un verdadero freno, un verdadero obstáculo para el movimiento socialista obrero revolucionario. Y nuestro partido, que en el momento actual goza, sin duda alguna, de grandísimas simpatías entre las masas trabajadoras de todos los países, tiene el deber de declarar del modo más inequívoco y con la mayor decisión, energía y claridad posibles que rompe sus relaciones con ese viejo socialismo oficial. Y el medio más adecuado para lograr ese objetivo es cambiar el nombre del partido.

Mucho más difícil, camaradas, es lo relativo a la parte teórica del programa, a su parte práctica y política. Por lo que se refiere a la parte teórica del mismo, disponemos de ciertos escritos: se han publicado dos recopilaciones, una en Moscú y otra en San Petersburgo, sobre la revisión del programa del partido, y los dos órganos teóricos principales de nuestro = partido^^2^^'', Prosveschenie, de San Petersburgo, y Spartak~*'\ de Moscú, han insertado artículos que argumentan una u otra orientación en las modificaciones de la parte teórica de nuestro programa. En esta cuestión existen ciertos datos. Se han manifestado dos puntos de vista principales que, a juicio mío, no difieren, por lo menos radicalmente, en cuanto a los principios. Un punto de vista, defendido por mí, consiste en que no hay motivos 632 para renunciar a la vieja parte teórica de nuestro programa y que eso sería incluso desacertado. Lo que hace falta es completarla con una definición del imperialismo como etapa superior del desarrollo del capitalismo y, además, con una definición de la era de la revolución socialista, partiendo de que esta era de la revolución socialista ha comenzado. Cualesquiera que sean los destinos de nuestra revolución, de nuestro destacamento del ejército proletario internacional; cualesquiera que sean las peripecias ulteriores de la revolución,está claro, en todo caso, que los países imperialistas que se han enzarzado en esta guerra y llevado a los países más avanzados al hambre, la ruina y el embrutecimiento, se hallan objetivamente en una situación sin salida. Y hoy debemos repetir lo que decía Federico Engels hace treinta años, en 1887, al apreciar la posible perspectiva de una guerra europea. Engels decía que las coronas rodarían a docenas por los suelos en Europa y que no habría quien las recogiera; hablaba de la increíble ruina a que estaban predestinados los países europeos y decía que el resultado final de los horrores de una guerra europea podía ser sólo uno: "o la victoria de la clase obrera---cito sus palabras---, o la creación de condiciones que hagan posible y necesaria esa = victoria"~^^21^^'. En esta cuestión, Engels se expresaba con extraordinaria exactitud y prudencia. A diferencia de quienes adulteran el marxismo, de quienes brindan sus trasnochadas seudocavilaciones acerca de que el socialismo es imposible si se erige sobre la ruina, Engels comprendía magníficamente que toda guerra, incluso en cualquier sociedad avanzada, no sólo provocará la ruina, el embrutecimiento, el sufrimiento y las calamidades para las masas ---las cuales se ahogarán en sangre hasta el extremo de que será imposible responder de que eso conduzca al triunfo del socialismo---y decía que eso será "o la victoria de la clase obrera o la creación de condiciones que hagan posible y necesaria esa victoria''. O sea, en este caso es posible, por consiguiente, una serie de duras etapas de transición, con una inmensa destrucción de la cultura y de los medios de producción, pero cuyo resultado sólo puede ser el ascenso de la vanguardia de las masas trabajadoras, de la clase obrera, y la toma del poder por ésta para crear la sociedad socialista. Porque, por muy grandes que sean las destrucciones de la cultura, será imposible borrarla de la vida histórica; será difícil renovarla, pero ninguna destrucción conducirá jamás a que esta cultura desaparezca por completo. Esta cultura es inextinguible en una u otra de sus partes, en unos u otros de sus restos materiales; las dificultades consistirán únicamente en su renovación. Tal es, pues, uno de los puntos de vista, consistente en que debemos conservar el viejo programa, agregándole una definición del imperialismo y del comienzo de la revolución social.

633

He expresado este punto fie vista en el proyecto de programa publicado por mí^^*^^. El otro proyecto fue publicado por el camarada Sokólnikov en la recopilación moscovita. El otro punto de vista ha sido expuesto en nuestras conversaciones, en particular por el camarada Bujarin, y en la prensa por el camarada V.Smirnov en la recopilación moscovita. Este punto de vista consistía en que era necesario o bien tachar íntegramente la vieja parte teórica del programa o bien excluirla casi por completo y sustituirla con otra nueva, que defina no la historia del desarrollo de la producción mercantil y del capitalismo, como lo hacía nuestro programa, sino la fase moderna de desarrollo superior del capitalismo---el imperialismo---y la transición directa a la era de la revolución social. No me parece que estos dos puntos de vista difieran de modo radical y de principio, pero yo insistiré en el mío. A mi juicio, sería equivocado teóricamente eliminar el viejo programa, que define el desarrollo desde la producción mercantil hasta el capitalismo. En ese programa no hay nada erróneo. Así se desarrollaron las cosas y así se desarrollan, pues la producción mercantil dio vida al capitalismo, y éste ha conducido al imperialismo. Tal es la perspectiva general histórica universal, y no deben olvidarse los fundamentos del socialismo. Cualesquiera que sean las vicisitudes ulteriores de la lucha, por muchos que sean los zigzags parciales que debamos vencer (y serán muchísimos, pues la experiencia nos muestra los gigantescos virajes que da la historia de la revolución, por ahora sólo en nuestro país; pero cuando la revolución se transforme en europea, las cosas serán mucho más complicadas y marcharán con mayor rapidez, el ritmo de desarrollo será más desenfrenado, y los virajes más complejos), para no extraviarnos en esos zigzags y virajes de la historia y conservar la perspectiva general; para ver el hilo de engarce que une todo el desarrollo del capitalismo y todo el camino que conduce al socialismo y que nosotros, como es natural, nos imaginamos recto y debemos imaginárnoslo recto si queremos ver el comienzo, la continuación y el fin---aunque en la realidad de la vida jamás será recto, sino increíblemente tortuoso---; para no extraviarnos en esos virajes ni en los períodos de pasos atrás, de repliegues, de derrotas temporales o cuando la historia o el enemigo nos hagan retroceder; para no extraviarnos, es importante, a juicio mío, y lo único acertado desde el punto de vista teórico, no suprimir nuestro viejo programa fundamental. Porque en Rusia nos encontramos ahora únicamente en la primera etapa de transición del capitalismo al socialismo. La historia no nos ha proporcionado la situación de paz _-_-_

^^*^^ Véase V. I.U-nin. O.C. i. 32, págs. 147--162. (.V. de In Edil.)

634 que nos imaginábamos teóricamente para cierto tiempo, que deseábamos y que habría permitido recorrer con rapidez esas etapas de transición. Vemos en el acto que la guerra civil ha creado muchas dificultades en Rusia y se entrelaza con una serie de guerras. Los marxistas no hemos olvidado nunca que la violencia acompañará inevitablemente a la bancarrota del capitalismo en toda su amplitud y al nacimiento de la sociedad socialista. Y esa violencia abarcará un período histórico universal, toda una era de guerras del carácter más diverso: guerras imperialistas, guerras civiles, entrelazamiento de unas y otras, guerras nacionales, guerras de liberación de las nacionalidades aplastadas por los imperialistas y por distintas combinaciones de las potencias imperialistas integrantes ineluctablemente de unas y otras alianzas en la época de los gigantescos trusts y consorcios capitalistas de Estado y militares. Esa época---una época de gigantescas bancarrotas, de violentas soluciones bélicas en masa y de crisis---ha empezado ya, la vemos con claridad, es sólo el comienzo. Por ello carecemos de fundamento para excluir cuanto se refiere a la definición de la producción mercantil en general, del capitalismo en general. No hemos hecho más que dar los primeros pasos para demoler el capitalismo por completo e iniciar la transición al socialismo. No sabemos ni podemos saber cuántas etapas de transición habrá que atravesar aún antes de llegar al socialismo. Eso depende de cuándo empiece con verdadera amplitud la revolución socialista europea, de la facilidad, rapidez o lentitud con que se desembarace de sus enemigos y salga al camino trillado del desarrollo socialista. Desconocemos eso, pero el programa de un partido marxista debe basarse en hechos establecidos con exactitud absoluta. Sólo en esto reside la fuerza de nuestro programa, que se ha visto confirmado a través de todas las vicisitudes de la revolución. Sólo sobre ese terreno pueden erigir su programa los marxistas. Debemos partir de hechos registrados con exactitud absoluta, y esos hechos consisten en que el desarrollo del intercambio y de la producción mercantil en el mundo entero se ha convertido en el fenómeno histórico predominante, ha conducido al capitalismo, y éste se ha transformado en imperialismo. Este hecho es absolutamente indiscutible y debe consignarse, ante todo, en el programa. También es un hecho evidente para nosotros, y debemos hablar de él con claridad, que el imperialismo inicia la era de la revolución social. Al dejar constancia de este hecho en nuestro programa, alzamos a la vista del mundo entero la antorcha de la revolución social no sólo en el sentido de la agitación verbal, sino como un nuevo programa, que dice a todos los pueblos de Europa Occidental: "Ahí tenéis lo que hemos sacado, junto con vosotros, de la experiencia del desarrollo capitalista. Ahí tenéis lo que era el capitalismo y cómo ha llegado al 635 imperialismo, ahí tenéis la era de la revolución social, que empieza y en la que nos ha correspondido, en el tiempo, el primer papel''. Apareceremos ante todos los países civilizados con este manifiesto, que no será sólo un caluroso llamamiento, sino que estará fundamentado con exactitud absoluta, se deducirá de hechos reconocidos por todos los partidos socialistas.Tanto más clara será la contradicción entre la táctica de esos partidos, que han traicionado ahora al socialismo, y las premisas teóricas compartidas por todos nosotros y que se han convertido en carne de la carne y sangre de la sangre de cada obrero consciente: el desarrollo del capitalismo y su transformación en imperialismo. En vísperas de las guerras imperialistas, en las resoluciones de los congresos efe Chemnitz y de Basilea se hizo una definición del imperialismo con la que está en flagrante contradicción la táctica actual de los socialtraidores = 23<i. Por ello debemos repetir los hechos fundamentales para mostrar con mayor claridad a las masas trabajadoras de Europa Occidental de qué se acusa a sus dirigentes.

He ahí lo fundamental que me hace considerar semejante estructura del programa como la única acertada desde el punto de vista teórico. El carácter histórico de lo que ocurre no sugiere que debamos abandonar como trastos viejos la definición de la producción mercantil y del capitalismo, pues no hemos ido más allá de las primeras etapas de la transición del capitalismo al socialismo, y nuestra transición se ve complicada en Rusia con peculiaridades que no existen en la mayoría de los países civilizados. Por consiguiente, es no sólo probable, sino inevitable que esas etapas de transición sean diferentes en Europa; y de ahí que resulte erróneo en teoría fijar toda la atención en esas etapas específicas nacionales de transición, indispensables para nosotros, pero que en Europa pueden no ser indispensables. Debemos empezar por la base general del desarrollo de la producción mercantil, del paso al capitalismo y de la transformación del capitalismo en imperialismo. Con ello ocuparemos v fortificaremos teóricamente una posición de la que no podrá desalojarnos nadie que no haya traicionado al socialismo. De esto se deduce una conclusión igualmente ineludible: comienza la era de la revolución social.

Hacemos eso sin abandonar el terreno de los hechos registrados de manera incontestable.

A continuación, nuestra tarea consiste en hacer una definición del tipo soviético de Estado. Por lo que se refiere a esta cuestión, he tratado de exponer los puntos de vista teóricos en el libro El Estado y la revolución^^*^^. A mi juicio, la concepción marxista del Estado ha sido _-_-_

^^*^^ Véase el = presenil^^1^^ volumen, páf^s. Ü89--386. (,V. de l/t Edil.)

636 adulterada en grado superlativo por el socialismo oficial dominante en Europa Occidental, como lo ha confirmado con magnífica claridad la experiencia de la revolución soviética y la creación de los Soviets en Rusia. En nuestros Soviets existen todavía gran tosquedad y multitud de cosas inacabadas, eso es indudable y está claro para cuantos examinen con atención su labor; pero lo importante en ellos, lo que tiene un valor histórico, lo que representa un paso adelante en el desarrollo mundial del socialismo es que se ha creado un nuevo tipo de Estado. En la Comuna de París ocurrió eso durante unas cuantas semanas, en una sola ciudad, sin tenerse noción de lo que se hacía. Los creadores de la Comuna no la comprendían, la creaban con la genial intuición de las masas despertadas, y ni una sola fracción de los socialistas franceses tenía noción de lo que hacía. Nosotros nos encontramos en otras condiciones, en las cuales, por apoyarnos en la Comuna de París y en los largos años de desarrollo de la socialdemocracia alemana, podemos ver con claridad lo que hacemos al crear el Poder soviético. A pesar de toda la tosquedad e indisciplina que existen en los Soviets, lo que constituye una reminiscencia del carácter pequeñoburgués de nuestro país, las masas populares han creado un nuevo tipo de Estado. Y ese tipo de Estado no se aplica semanas, sino meses; no se aplica en una ciudad, sino en un país inmenso, en varias naciones. Este tipo de Poder soviético ha mostrado de lo que es capaz, como lo prueba el que se haya extendido a un país tan distinto en todos los aspectos como Finlandia, donde no existen los Soviets, pero el tipo de poder es también nuevo, proletario. Y eso constituye una demostración de lo que es indiscutible desde el punto de vista teórico, de que el Poder soviético es un nuevo tipo de Estado sin burocracia, sin policía, sin ejército permanente, en el que la democracia burguesa es sustituida con una nueva democracia: la democracia que adelanta a primer plano a la vanguardia de las masas trabajadoras, convirtiéndolas en legislador, ejecutor y protector militar, y crea el mecanismo capaz de reeducar a las masas.

En Rusia apenas se ha iniciado esa obra, y se ha iniciado mal. Si comprendemos lo que hay de malo en lo que hemos iniciado, lo subsanaremos, siempre que la historia nos brinde la posibilidad de trabajar para perfeccionar este Poder soviético durante un período más o menos considerable. Por eso, me parece que la definición del nuevo tipo de Estado debe ocupar un lugar destacado en nuestro programa. Lamentablemente, hemos tenido que preparar el programa en momentos en que estamos absorbidos por la labor del gobierno y con una precipitación tan increíble que no hemos podido siquiera reunir a nuestra comisión y redactar un proyecto oficial. Lo que se ha distribuido a los camaradas delegados es únicamente un 637 borrador~^^*^^, como podrán ver con claridad cuantos lo lean. En él se ha dedicado bastante espacio al problema del Poder soviético, y creo que en ello debe manifestarse la importancia internacional de nuestro programa. A mi juicio, sería erróneo en extremo que limitáramos la importancia internacional de nuestra revolución a llamamientos, consignas, manifestaciones, manifiestos, etc. Eso no basta. Debemos mostrar de una manera concreta a los obreros europeos qué obra hemos emprendido, cómo la hemos emprendido y cómo deben comprenderla, pues eso les llevará de una manera concreta a la cuestión de cómo se puede conseguir el socialismo. Los obreros europeos han de ver que los rusos emprenden una buena obra, y si la emprenden mal, nosotros lo haremos mejor. Para esto debemos facilitarles la mayor cantidad posible de datos y decirles qué es lo nuevo que hemos intentado crear. El Poder soviético es un nuevo tipo de Estado; procuremos tra/ar sus tareas, su estructura, procuremos explicar por qué es éste un nuevo tipo de democracia, en el que hay tantas cosas caóticas y absurdas, y cuál es su alma viva: el paso del poder a los trabajadores, la abolición de la explotación, de la máquina de coerción. El Estado es una máquina de coerción. Hay que coercer a los explotadores, pero eso no se puede hacer con la policía; sólo pueden hacerlo las propias masas, y la máquina debe estar vinculada a ellas, debe representarlas como Soviets. Estos se hallan mucho más próximos a las masas, permiten estar más cerca de ellas, brindan mayores posibilidades para educarlas. Sabemos perfectamente que el campesino ruso trata de aprender, pero queremos que aprenda de su propia experiencia, y no de los libros. El Poder soviético es una máquina, una máquina destinada a que las masas empiecen inmediatamente a aprender a administrar el Estado y a organizar la producción a escala de todo el país. Esta tarea ofrece dificultades gigantescas. Pero lo importante en el plano histórico es que emprendemos su cumplimiento, y no sólo desde el punto de vista exclusivamente de nuestro país, sino recabando la ayuda de los obreros europeos. Debemos dar una explicación concreta de nuestro programa precisamente desde este punto de vista general. Por eso consideramos que es la continuación del camino de la Comuna de París. Por eso estamos seguros de que, emprendiendo ese camino, los obreros europeos podrán ayudarnos. Ellos podrán hacer mejor lo que nosotros hacemos, con la particularidad de que el centro de gravedad, desde el punto de vista formal, se trasladará a las condiciones concretas. Mientras que en el pasado tenía importancia singular una reivindicación como la garantía del derecho de reunión, hoy nuestro punto de vista sobre él consiste en que nadie puede _-_-_

^^*^^ Véase V. I.I.enin. O.C. I. 36, págs. 70--76. (,V. de la l'.ilil.)

638 ahora impedir las reuniones, y el Poder soviético sólo debe asegurar locales para celebrarlas. Para la burguesía, lo importante es proclamar principios grandilocuentes: "lodos los ciudadanos tienen derecho a reunirse, mas a reunirse a la intemperie: no les daremos locales''. Nosotros decimos: "Obras son amores y no buenas razones''. Es preciso confiscar los palacios---y no sólo el de Táuride, sino también otros muchos---, mas no decimos nada del derecho de reunión. Y eso hay que hacerlo extensivo a todos los demás puntos del programa democrático. Debemos juzgar nosotros mismos. Los ciudadanos deben participar sin exclusión alguna en la administración de la justicia y en el gobierno del país. Y para nosotros es importante incorporar a la administración pública del Estado a todos los trabajadores sin excepción. Esta tarea ofrece dificultades gigantescas. Pero la minoría, el partido, no puede implantar el socialismo. Podrán implantarlo decenas de millones de seres cuando aprendan a hacerlo ellos mismos. Vemos nuestro mérito en que tratamos de ayudar a las masas a que inicien inmediatamente ellas mismas esta obra, y no a que lo aprendan de los libros, de las conferencias. Esa es la razón por la que, al exponer estas tareas nuestras de una manera concreta y clara, incitamos a todas las masas europeas a discutir la cuestión y a plantearla de una manera práctica. Es posible que hagamos mal lo que es necesario hacer, pero incitamos a las masas a que hagan lo que deben hacer. Si lo que hace nuestra revolución no es casual---y estamos profundamente convencidos de ello---, no es producto de una decisión de nuestro partido, sino producto ineluctable de toda revolución calificada por Marx de popular, es decir, de una revolución creada por las propias masas populares con sus consignas y sus aspiraciones, y no repitiendo el programa de la vieja república burguesa; si planteamos así la cuestión, alcanzaremos lo más esencial. Y llegamos así a la cuestión de si es oportuno anular las diferencias entre los programas máximo y mínimo. Sí y no. Yo no temo esa anulación porque el punto de vista que existía aún durante el verano no debe existir en la actualidad. Yo decía "es pronto'', cuando no habíamos tomado aún el poder; ahora, cuando hemos tomado y probado ese poder, no es pronto^^*^^. En sustitución del viejo programa, debemos escribir ahora un nuevo programa del Poder soviético, sin renunciar lo más mínimo al aprovechamiento del parlamentarismo burgués. Pensar que no se nos puede hacer retroceder es una utopía.

Desde el punto de vista histórico es imposible negar que Rusia ha creado la República de los Soviets. Decimos que, en caso de cualquier retroceso, sin renunciar al aprovechamiento del parlamentarismo _-_-_

^^*^^ Véase V.I.I.c-iiin. ()-('.., \. 34, págs. 372--376. (N. de In Edil.)

639 burgués---si las fuerzas de clase enemigas nos hacen retornar a esa vieja posición---, avanzaremos hacia lo conquistado por la experiencia, hacia el Poder soviético, hacia el tipo soviético de Estado, hacia un Estado del tipo de la Comuna de París. Eso debe expresarse en el programa. En lugar del programa mínimo introduciremos el programa del Poder soviético. La definición del nuevo tipo de Estado debe ocupar un lugar destacado en nuestro programa.

Es claro que no podemos redactar ahora un programa. Debemos elaborar sus postulados fundamentales y entregárselos a la comisión o al Comité Central para que elaboren las tesis fundamentales. E incluso más fácil: esa elaboración puede hacerse tomando como base la resolución sobre la Conferencia de Brest-Litovsk, que ha proporcionado ya las tesis^^*^^. Basándose en la experiencia de la revolución rusa, debe hacerse una definición del Poder soviético y luego deben proponerse transformaciones prácticas. A mi parecer, aquí, en la parte histórica, es preciso indicar que ha empezado la expropiación de la tierra y de la industria. Señalaremos aquí la tarea concreta de organizar el consumo, universalizar los bancos, transformarlos en una red de instituciones de Estado que abarquen todo el país y nos proporcionen la contabilidad social, la contabilidad y el control efectuados por la propia población, como punto de arranque de los pasos ulteriores del socialismo. Pienso que esta parte, la más difícil, debe ser expuesta en forma de reivindicaciones concretas de nuestro Poder soviético; qué queremos hacer ahora mismo, qué reformas nos proponemos efectuar en el terreno de la política bancaria, en la organización de la producción de artículos, en la organización del intercambio, de la contabilidad y del control, en la implantación del trabajo obligatorio, etc. Cuando sea posible, añadiremos qué pasos, pasitos o medios pasos hemos dado ya en este terreno. Debe señalarse con absolutas exactitud y claridad lo que se ha empezado en nuestro país y lo que no se ha terminado. Todos sabemos perfectamente que está sin terminar una parte inmensa de lo que hemos empezado. En el programa debemos hablar, sin exagerar lo más mínimo, con absoluta objetividad y sin apartarnos de los hechos, de lo que hay y de lo que nos proponemos hacer. Mostraremos esta verdad al proletariado europeo y le diremos: "Eso hay que hacer'', a fin cíe que él nos diga: "Los rusos hacen mal esto o aquello, pero nosotros lo haremos mejor''. Y entonces, cuando esa aspiración cautive a las masas, la revolución socialista será invencible. Se está haciendo a la vista de todos una guerra imperialista, expoliadora desde el comienzo hasta el fin. Cuando a la vista de todos, la guerra imperialista se quita los tapujos y se convierte en guerra de _-_-_

^^*^^ Véase <! presento volumen, págs. 627--628. (.V. de In Edil.)

640 todos los imperialistas contra el Poder soviético, contra el socialismo, ello da un nuevo impulso al proletariado de Occidente. Hay que poner eso al desnudo, presentar la guerra como una unión de los imperialistas contra el movimiento socialista. Tales son las consideraciones generales que estimo necesario exponeros, basándome en las cuales hago la propuesta práctica de efectuar ahora un intercambio de los puntos de vista fundamentales sobre esta cuestión y, quizá, elaborar después algunas tesis fundamentales aquí mismo; pero si se considera que eso es ahora difícil, renunciemos a ello y confiemos la cuestión del programa al Comité Central o a una comisión especial, encargándole que redacte el programa del partido---el cual deberá cambiar ahora mismo de nombre---, tomando por base los escritos de que se dispone y las actas taquigráficas o detallados resúmenes de los secretarios del congreso. Me parece que, en la actualidad, podemos hacer eso, y creo que todos estaréis de acuerdo con que, dada la insuficiente preparación de la redacción de nuestro programa en que nos han sorprendido los acontecimientos, ahora no es posible hacer otra cosa. Estoy seguro de que podremos hacerlo en unas cuantas semanas. En todas las corrientes de nuestro partido disponemos de fuerzas teóricas suficientes para redactar un programa en unas cuantas semanas. Contendrá, como es natural, muchas equivocaciones, sin hablar ya de las incorrecciones de redacción y de estilo, porque no disponemos de meses para hacer esa labor con la tranquilidad indispensable en todo trabajo de redacción.

Corregiremos todas esas equivocaciones en el proceso de nuestro trabajo, plenamente seguros de que daremos al Poder soviético la posibilidad de cumplir dicho programa. Si, por lo menos formulamos con exactitud, sin apartarnos de la realidad, que el Poder soviético es un nuevo tipo de Estado, una forma de dictadura del proletariado; que hemos asignado otras tareas a la democracia y que hemos trasladado las tareas del socialismo de la fórmula abstracta general "expropiación de los expropiadores" a fórmulas concretas como la nacionalización de los bancos y de la tierra; si lo hacemos así, tendremos la parte esencial del programa.

El problema agrario deberemos transformarlo en el sentido de que estamos presenciando los primeros pasos demostrativos de que los pequeños campesinos, que desean estar al lado del proletariado y ayudarle en la revolución socialista, a pesar de todos sus prejuicios y de todas sus viejas opiniones, se han impuesto la tarea práctica de pasar al socialismo. No imponemos eso a los demás países, pero es un hecho. El campesinado ha demostrado, no con palabras, sino con hechos, que desea ayudar y ayuda al proletariado, dueño ya del poder, a realizar el socialismo. En vano nos imputan que queremos implantar el socialismo por la violencia. Repartiremos la tierra de 641 modo equitativo desde el punto de vista, primordialmente, de la pequeña hacienda. Al hacerlo, damos preferencia a las comunas y a los grandes arteles de producción. Apoyamos la monopolización del comercio del trigo. Apoyamos---así ha dicho el campesinado---la expropiación cíe los bancos y las fábricas. Estamos dispuestos a ayudar a los obreros en la realización del socialismo. Considero que debe editarse en todos los idiomas la ley fundamental de socialización de la tierra. Esa edición se hará, si no se ha hecho = ya^^237^^. En el programa expondremos de manera concreta esta idea; es preciso expresarla en teoría, sin apartarse lo más mínimo de los hechos comprobados de modo concreto. En Occidente se hará eso de otra manera. Es posible que cometamos errores, pero tenemos la esperanza de que el proletariado de Occidente los subsanará. Rogamos al proletariado europeo que nos ayude en nuestra labor.

Por consiguiente, podemos redactar nuestro programa en unas cuantas semanas, y los errores que cometamos los corregirá la vida, los corregiremos nosotros mismos. Serán tan ligeros como una pluma en comparación con los resultados positivos que alcanzaremos.

Breve relación publicada el 20 (7) de marzo de 1918 en el núm. 55 del periódico "Hoja Obrera y Campesina de Nizhni Nóvgorotl".

T. 36, págs. 43--57.

642

6

RESOLUCIÓN SOBRE EL CAMBIO
DE NOMBRE DEL PARTIDO Y LA MODIFICACIÓN DE SU PROGRAMA

El congreso acuerda denominar en lo sucesivo a nuestro partido (el Partido Obrero Socialdemócrata (bolchevique) de Rusia) Partido Comunista de Rusia, agregando entre paréntesis " bolchevique".

El congreso acuerda modificar el programa de nuestro partido, reelaborando su parte teórica o completándola con una definición del imperialismo y de la era, ya iniciada, de la revolución socialista internacional.

Además, la modificación de la parte política de nuestro programa ha de consistir en una definición lo más exacta y circunstanciada posible del nuevo tipo de Estado, de la República de los Soviets, como una forma de la dictadura del proletariado y como continuación de las conquistas de la revolución obrera internacional que inició la Comuna de París. El programa debe indicar que nuestro partido no renunciará tampoco al aprovechamiento del parlamentarismo burgués si el curso de la lucha nos hace retroceder durante cierto tiempo a esta etapa histórica, rebasada ahora por nuestra revolución. Pero, en todo caso y cualesquiera que sean las circunstancias, el partido luchará por la República Soviética como tipo superior del Estado, por su carácter democrático, y como forma de la dictadura del proletariado, del derrocamiento del yugo de los explotadores y del aplastamiento de su resistencia.

En el mismo espíritu y en el mismo sentido deben ser reelaboradas la parte económica del programa, comprendida la agraria, así como la parte pedagógica y todas las demás. El centro de gravedad debe consistir en una definición exacta de las 643 transformaciones económicas y de otro carácter iniciadas por nuestro Poder soviético, con una exposición concreta de las tareas inmediatas concretas que se plantea el Poder soviético y que se deducen de las medidas prácticas de expropiación de los expropiadores adoptadas ya por nosotros.

El congreso encarga a una comisión especial de confeccionar sobre la base de las indicaciones expuestas, a ser posible sin demora, el programa de nuestro partido y aprobarlo como tal.

Escrita el 8 de mano de I9¡8.

Publicada el 9 de marzo de 1918 en elnúm. 45 del periódico ``Pravda''.

T. 36, págs. 58--59.

644

7

RESOLUCIÓN SOBRE LA NEGATIVA
DE LOS "COMUNISTAS
DE IZQUIERDA" A FORMAR PARTE DEL CC

El congreso considera que, dada la situación existente hoy en nuestro partido, es especialmente indeseable la negativa a formar parte del CC, porque, siendo en general inadmisible por principio para quienes deseen la unidad del partido, semejante negativa representaría ahora una doble amenaza a la unidad del = mismo^^238^^.

El congreso declara que cada cual puede y debe declinar su responsabilidad por los pasos del CC con los que no esté de acuerdo, no abandonando el CC, sino haciendo la correspondiente exposición de sus puntos de vista.

Por eso, el congreso, con la firme esperanza de que los camaradas renunciarán a su negativa después de consultar con las organizaciones de masas, celebra las elecciones sin tener en cuenta dicha negativa.

Escrita el 8 de marzo de 1918.

645 __ALPHA_LVL1__ LA TAREA PRINCIPAL DE NUESTROS DÍAS»^^9^^

¡Eres mísera y opulenta,
Eres vigorosa e impotente.
Madrecita Rusia!^^240^^

La historia de la humanidad está dando en nuestros días uno de los virajes mayores y más difíciles, uno de esos virajes de inmensa significación que podríamos calificar, sin exagerar lo más mínimo, de liberadora universal. Es el viraje de la guerra a la paz; de la guerra entre fieras, que envían al matadero a millones de trabajadores y explotados en aras de un nuevo reparto del botín saqueado por los bandoleros más fuertes, a la guerra de los oprimidos contra los opresores por sacudirse el yugo del capital; un viraje del abismo de sufrimientos, torturas, hambre y barbarie al futuro luminoso de la sociedad comunista, al bienestar general y la paz duradera. No es extraño que en los tramos más cerrados de tan brusco viraje, cuando alrededor se rompe y desmorona lo viejo con ruido y estrépito infernales, y nace lo nuevo entre sufrimientos indescriptibles, haya quien sienta vértigo, quien se desespere, quien busque escapatoria de la realidad, a veces demasiado amarga, y quiera salvarse al amparo de una frase bonita y atractiva.

A Rusia le ha tocado en suerte ver con singular claridad y sufrir con especial intensidad y dolor el más brusco zigzag de la historia, que vuelve la espalda al imperialismo para orientarse hacia la revolución comunista. En unos cuantos días hemos destruido una de las monarquías más viejas, poderosas, bárbaras y feroces. En unos cuantos meses hemos recorrido toda una serie de etapas de conciliación con la burguesía y desvanecimiento de las ilusiones pequeñoburguesas, etapas que han durado decenas de años en otros países. En unas cuantas semanas, después de derrocar a la burguesía, hemos aplastado en guerra civil su resistencia abierta. El bolchevismo ha cruzado en marcha triunfal nuestro inmenso país del uno al otro confín. Hemos llevado a la libertad y a una vida independiente a los sectores más pobres de las masas trabajadoras oprimidas por el zarismo y la burguesía. Hemos instaurado y consolidado la República Soviética, nuevo tipo de Estado, incomparablemente más elevado y democrático que las mejores repúblicas parlamentarias burguesas. Hemos implantado la dictadura del proletariado, apoyada por los campesinos pobres, y hemos iniciado un sistema de transformaciones socialistas de gran alcance. Hemos despertado la fe en sus propias 646 fuerzas y encendido el fuego del entusiasmo en millones de obreros de todos los países. Hemos lanzado en todas partes el llamamiento a la revolución obrera internacional. Hemos desafiado a los bandidos imperialistas de todos los países.

Y en unos cuantos días nos ha echado por tierra una fiera imperialista, que nos atacó, al vernos desarmados. Nos ha obligado a firmar una paz increíblemente dura y humillante, que es un tributo por habernos atrevido a librarnos de la férrea tenaza de la guerra imperialista, aunque sólo sea por un plazo brevísimo. La fiera aplasta, estrangula y despedaza a Rusia con tanta mayor saña cuanto más amenazador se yergue ante ella el fantasma de la revolución obrera en su propio país.

Nos hemos visto obligados a firmar una paz de ``Tilsit''. No tenemos por qué engañarnos nosotros mismos. Hay que tener el valor de mirar cara a cara a la verdad, amarga y desnuda. Hay que medir por completo, hasta el fondo, ese abismo de derrota, desmembramiento, vasallaje y humillación al que nos han empujado hoy. Cuanto más claro lo comprendamos, tanto más firme y templado estará el acero de nuestra voluntad de liberación, de nuestro anhelo de salir del vasallaje y de alzarnos nuevamente a la independencia, nuestra firme decisión de lograr a toda costa que Rusia deje de ser mísera y débil para convertirse en vigorosa y opulenta en el pleno sentido de la palabra.

Puede serlo porque, a pesar de todo, aún nos quedan extensión y riquezas naturales suficientes para proveer a todos y a cada uno de medios de subsistencia, si no en abundancia, por lo menos en cantidad suficiente. Tenemos los recursos precisos---en riquezas naturales, reservas de fuerzas humanas y el magnífico impulso que la gran revolución ha dado a la energía creadora del pueblo---para hacer una Rusia vigorosa y opulenta de verdad.

Y Rusia lo será si desecha todo desaliento y toda fraseología; si, apretando los dientes, reúne todas sus fuerzas; si pone en tensión cada nervio y cada músculo; si comprende que la salvación sólo es posible siguiendo el camino de la revolución socialista internacional que hemos emprendido. Seguir adelante por ese camino sin que las derrotas depriman nuestro ánimo; edificar piedra a piedra los sólidos cimientos de la sociedad socialista; trabajar sin desmayo para crear una disciplina y una autodisciplina, para fortalecer en todo momento y lugar la organización, el orden, la eficiencia, la colaboración armónica de las fuerzas de todo el pueblo, la contabilidad y el control general de la producción y distribución de los productos: tal es la senda que conduce a crear el poderío militar y el poderío socialista.

No es digno de un verdadero socialista engallarse o dejarse llevar 647 de la desesperación por haber sufrido una grave derrota. No es cierto que no tengamos salida y nos veamos forzados a elegir entre una muerte "sin gloria" (desde el punto de vista de un hidalgo), como lo es una paz durísima, y una muerte ``gloriosa'' en lucha sin perspectiva. No es cierto que hayamos hecho traición a nuestros ideales o a nuestros amigos, al firmar una paz de ``Tilsit''. No hemos hecho traición a nada ni a nadie; no hemos canonizado ni encubierto ninguna mentira. No nos hemos negado a ayudar en todo lo que podíamos, con todo lo que estaba a nuestro alcance, a ningún amigo y compañero de fatigas. Un jefe militar que conduce a la profunda retaguardia del país los restos de un ejército que ha sido derrotado o ha huido presa del pánico, un jefe militar que, en caso extremo, protege este repliegue, aceptando la paz más dura y humillante, no traiciona por ello a las unidades a las que está imposibilitado de prestar ayuda y que han quedado cortadas por el enemigo. Ese jefe militar cumple con su deber, al elegir el único procedimiento para salvar lo que aún puede salvarse, al no aceptar aventuras ni ocultar al pueblo la amarga verdad, "al entregar terreno para ganar tiempo'', al aprovechar toda tregua, por mínima que sea, para reagrupar sus fuerzas, para permitir que el ejército, enfermo de descomposición y desmoralización, pueda cobrar aliento o restablecerse.

Hemos firmado una paz de ``Tilsit''. Cuando Napoleón I obligó a Prusia, en 1807, a firmar la paz de Tilsit, el conquistador había destrozado todos los ejércitos de los alemanes, ocupó la capital y todas las ciudades importantes, implantó su policía, obligó a los vencidos a proporcionarle cuerpos auxiliares para emprender nuevas guerras de rapiña, desmembró a Alemania y concluyó alianzas con unos Estados alemanes contra otros Estados alemanes. Y a pesar de todo, incluso después de semejante paz, el pueblo alemán se mantuvo firme, supo reagrupar sus fuerzas, erguirse y conquistar su derecho a la libertad y a la independencia.

Para cuantos quieran y sepan razonar, el ejemplo de la paz de Tilsit (que fue sólo uno de los muchos tratados duros y humillantes impuestos a los alemanes en aquella época) muestra con claridad cuan pueril e ingenua es la idea de que una paz durísima representa en todas las circunstancias un abismo de perdición y de que la guerra es la senda del heroísmo y de la salvación. Las épocas de guerras nos enseñan que la paz ha desempeñado más de una vez en la historia el papel de tregua para acumular fuerzas con vistas a nuevas batallas. La paz de Tilsit fue para Alemania una gran humillación; pero fue también, a la vez, un viraje hacia un grandioso resurgimiento nacional. La situación histórica no permitía entonces a ese resurgimiento otra salida que la del Estado burgués. Por entonces, hace más de cien años, la historia la hacían un puñado de nobles y pequeños 648 grupos de intelectuales burgueses, en tanto que las masas de obreros y campesinos permanecían amodorradas o dormidas. En virtud de eso, la historia sólo podía transcurrir a la sazón con una lentitud espantosa.

Hoy, el capitalismo ha elevado a un nivel muchísimo más alto la cultura en general y la cultura de las masas en particular. Con sus inauditos horrores y sufrimientos, la guerra ha sacudido a las masas, las ha despertado. La guerra ha dado un impulso a la historia, que avanza en nuestros días con la velocidad de una locomotora. La historia la hacen ahora millones y decenas de millones de hombres. El capitalismo ha madurado ahora para el socialismo.

Por tanto, si Rusia marcha hoy---y eso es indiscutible---de una paz de ``Tilsit'' al resurgimiento nacional, a la gran guerra patria, la salida para ese resurgimiento no es la que conduce al Estado burgués, sino la que lleva a la revolución socialista internacional. Somos defensistas desde el 25 de octubre de 1917. Somos partidarios de "la defensa de la patria''; pero la guerra patria hacia la que nos encaminamos es una guerra por la patria socialista, por el socialismo como patria, una guerra por la República Soviética como destacamento del ejército mundial del socialismo.

``¡Odia al alemán, muera el alemán!": tal ha sido y sigue siendo la consigna del patriotismo corriente, es decir, del patriotismo burgués. Pero nosotros diremos: "¡Odia a los bandidos imperialistas, odia al capitalismo, muera el capitalismo!" Y al mismo tiempo: "¡Aprende del alemán! ¡Sé fiel a la alianza fraternal con los obreros alemanes! Se han retrasado en acudir en nuestra ayuda. Pero nosotros ganaremos tiempo, los esperaremos, y ellos vendrán en nuestra ayuda".

Sí, ¡aprende del alemán! La historia hace zigzags y da rodeos. Las cosas han ocurrido de manera que son precisamente los alemanes quienes encarnan hoy, al mismo tiempo que un imperialismo feroz, los principios de la disciplina, de la organización, de la colaboración metódica que se basa en la industria mecanizada más moderna, un control y una contabilidad rigurosísimos.

Y eso es precisamente lo que nos falta. Eso es precisamente lo que tenemos que aprender. Eso es precisamente lo que necesita nuestra gran revolución para poder pasar, a través de una serie de duras pruebas, del comienzo triunfal al final victorioso. Eso es precisamente lo que necesita la República Socialista Soviética de Rusia para dejar de ser mísera e impotente, para convertirse en vigorosa y opulenta por siempre.

11 de marzo de 1918.

l'ublicado el 12 de marzo de 1918 en el núm. 46 de "hvestia del CEC de toda Rusia''. Firmado: N. Lenin

T. 36, págs. 78--82.

649 __ALPHA_LVL1__ IV CONGRESO EXTRAORDINARIO
DE LOS SOVIETS
DE TODA RUSIA^^241^^ 14--16 DE MARZO DE 1918 [650] ~ 651

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PROYECTO DE RESOLUCIÓN SOBRE
EL MENSAJE DE WILSON^^242^^

El congreso expresa al pueblo norteamericano, en primer lugar a las clases trabajadoras y explotadas de Estados Unidos de América, su agradecimiento por el mensaje de simpatía que el presidente Wilson ha hecho llegar al pueblo ruso por el conducto del congreso de los Soviets en días de duras pruebas para la República Socialista Soviética de Rusia.

Convertida en país neutral, la República Soviética de Rusia aprovecha el mensaje del presidente Wilson para expresar a todos los pueblos que sufren y perecen a causa de los horrores de la guerra imperialista su profunda simpatía y su firme convicción de que no está lejano el día feliz en que las masas trabajadoras de todos los países burgueses se sacudan el yugo del capital e instauren la organización socialista de la sociedad, única capaz de asegurar una paz justa y duradera, así como la cultura y el bienestar para todos los trabajadores.

Escrito el 14 de marzo de 1918.

T. 36, pág. 91.

Publicado el 15 de marzo de 1918 en el núm. 48 de "Izvestia del CEC de toda Rusia".

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2

INFORME SOBRE LA RATIFICACIÓN
DEL TRATADO DE PAZ
14 DE MARZO

Camaradas: Hoy debemos resolver un problema que implica un viraje en el desarrollo de la revolución rusa, y no sólo rusa, sino internacional; y para resolver con acierto el problema de la gravosísima paz que han concertado los representantes del Poder soviético en Brest-Litovsk y que el Poder soviético propone aprobar, es decir, ratificar; para resolver con acierto este problema, lo que más necesitamos es comprender el sentido histórico del viraje que debemos dar, comprender en qué ha consistido la peculiaridad principal del desarrollo de la revolución hasta ahora y en qué consiste la causa fundamental de la penosa derrota y de la época de duras pruebas que hemos pasado.

Me parece que la fuente principal de las discrepancias en torno a esta cuestión entre los partidos soviéticos consiste, precisamente, en que algunos se dejan llevar demasiado por un sentimiento de legítima y justa indignación con motivo de la derrota de la República Soviética por el imperialismo; a veces se dejan llevar demasiado de la desesperación, y en lugar de tener en cuenta las condiciones históricas del desarrollo de la revolución tal y como se dieron antes de la presente paz y tal como se nos presentan ahora a nosotros después de la paz, intentan dar una respuesta sobre la táctica de la revolución basándose en los sentimientos espontáneos. Pero la experiencia de todas las historias de las revoluciones nos enseña que cuando se trata de cualquier movimiento de masas o de una lucha entre las clases, sobre todo como la actual, que no se desarrolla únicamente en un solo país, aunque sea inmenso, sino que abarca todas las relaciones internacionales, es preciso basar nuestra táctica, 653 ante todo y sobre todo, en la situación objetiva, analizar cuál ha sido hasta ahora el curso de la revolución y por qué ha cambiado de manera tan amenazadora, brusca y desfavorable para nosotros.

Si examinamos desde este punto de vista el desarrollo de nuestra revolución, veremos con claridad que ha atravesado hasta ahora un período de independencia relativa y aparente en grado considerable, de independencia temporal de las relaciones internacionales. El camino seguido por nuestra revolución desde fines de febrero de 1917 hasta el 11 de febrero del año actual, día en que empezó la ofensiva alemana, ha sido en general un camino de victorias fáciles y rápidas. Si examinamos el desarrollo de esta revolución a escala internacional, desde el punto de vista únicamente de la revolución rusa, veremos que durante ese año hemos vivido tres períodos. Durante el primer período, la clase obrera de Rusia y cuanto de avanzado, consciente y puesto en movimiento había en el campesinado barrieron en unos cuantos días la monarquía con el apoyo no sólo de la pequeña burguesía, sino también de la gran burguesía. Este éxito vertiginoso se explica, por una parte, porque el pueblo ruso extrajo de la experiencia de 1905 una gigantesca reserva de combatividad revolucionaria y, por otra, porque Rusia, país singularmente atrasado, sufrió de modo especial a causa de la guerra y se encontró con rapidez particular imposibilitada por completo para continuar esta guerra bajo el viejo régimen.

El corto período de éxito impetuoso en que se creó la nueva organización---la organización de los Soviets de diputados obreros, soldados y campesinos---, fue seguido para nuestra revolución por los largos meses del período de transición, el período durante el cual el poder de la burguesía, minado en el acto por los Soviets, era sostenido y fortalecido por los partidos conciliadores pequeñoburgueses, los mencheviques y eseristas, que respaldaban ese poder. Era un poder que apoyaba la guerra imperialista y los tratados secretos imperialistas, que alimentaba de promesas a la clase obrera, un poder que no hacía absolutamente nada y mantenía el desbarajuste económico. En ese período largo para nosotros, para la revolución rusa, acumularon fuerzas los Soviets; fue un período largo para la revolución rusa y corto desde el punto de vista de la revolución internacional porque, en la mayoría de los países centrales, el período de superación de las ilusiones pequeñoburguesas, el período de la política conciliadora de los diversos partidos, fracciones y matices no duró meses, sino largos, larguísimos decenios; este período, desde el 20 de abril hasta la reanudación, en junio, de la guerra imperialista por Kerenski, que llevaba en el bolsillo el tratado secreto imperialista, desempeñó un papel decisivo. Durante ese período pasamos por la derrota de julio y la korniloviada, y sólo 654 basándonos en la experiencia de la lucha de las masas, sólo cuando las grandes masas de obreros y campesinos vieron, no por las prédicas, sino por su propia experiencia, toda la esterilidad de la política conciliadora pequeñoburguesa, sólo entonces, después de un largo desarrollo político, después de una larga preparación y de cambios en el estado de ánimo y en los puntos de vista de las agrupaciones de partidos, se creó la base para la Revolución de Octubre. Y llegó el tercer período de la revolución rusa en su primera fase, apartada o temporalmente separada de la revolución mundial.

Este tercer período, el de octubre, fue el período de organización, el más difícil y, al mismo tiempo, el de los triunfos más importantes y rápidos. A partir de octubre, nuestra revolución, que puso el poder en manos del proletariado revolucionario, implantó la dictadura de éste y le aseguró el apoyo de la inmensa mayoría de los proletarios y de los campesinos pobres; a partir de octubre, nuestra revolución avanzó victoriosa, en marcha triunfal. En todos los confines de Rusia comenzó la guerra civil en forma de resistencia de los explotadores, de los terratenientes y la burguesía, apoyados por una parte de la burguesía imperialista.

Empezó la guerra civil. Y en esta guerra civil, las fuerzas de los enemigos del Poder soviético, las fuerzas de los enemigos de las masas trabajadoras y explotadas resultaron ser insignificantes; la guerra civil fue un triunfo continuo del Poder soviético porque sus enemigos, los explotadores, los terratenientes y la burguesía, carecían de todo apoyo político y económico y su ataque fracasó. La lucha contra ellos consistió no tanto en acciones militares como en agitación; sector tras sector, masas tras masas, hasta los cosacos trabajadores fueron desembarazándose de los explotadores que intentaban apartarlos del Poder soviético.

Este período de marcha victoriosa, triunfal, de la dictadura del proletariado y del Poder soviético, en el que este último conquistó de modo absoluto, decidido e irrevocable a gigantescas masas de trabajadores y explotados de Rusia, fue el punto último y superior del desarrollo de la revolución rusa que, durante todo ese tiempo, parecía avanzar independientemente del imperialismo internacional. Esa fue la causa de que el país más atrasado y más preparado para la revolución por la experiencia de 1905 promoviera al poder tan rápida, fácil y metódicamente a una clase tras otra, superando distintas combinaciones políticas, y, por último, llegara a la combinación política que representaba la última palabra tanto de la revolución rusa como de las revoluciones obreras de Europa Occidental. Porque el Poder soviético se afianzó en Rusia y se ganó las simpatías inextinguibles de los trabajadores y explotados 655 debido a que destruyó la vieja máquina de opresión, el viejo poder del Estado; debido a que creó desde la base un tipo de Estado nuevo y superior, como el que fue en germen la Comuna de París, la cual derribó la vieja máquina y puso en su lugar directamente la fuerza armada de las masas, sustituyendo la democracia parlamentaria burguesa con la democracia de las masas trabajadoras, excluyendo a los explotadores y aplastando con regularidad la resistencia de estos últimos.

He ahí lo que hizo la revolución rusa en ese período. He ahí el motivo de que en una pequeña vanguardia de la revolución rusa se creara la impresión de que esta marcha triunfal, este rápido avance de la revolución rusa podía contar con la victoria consecutiva. Y en eso consistía el error, pues el período en que se desarrollaba la revolución rusa, haciendo pasar el poder de una clase a otra y acabando con la conciliación de las clases en los límites sólo de Rusia, ese período pudo existir desde el punto de vista histórico únicamente porque las más gigantescas fieras voraces del imperialismo mundial habían sido detenidas temporalmente en su ofensiva contra el Poder soviético. Una revolución que en unos cuantos días había derrocado la monarquía, que en unos cuantos meses había agotado todos los intentos de conciliación con la burguesía y que en unas cuantas semanas había vencido en la guerra civil toda la resistencia de la burguesía; una revolución así, la revolución de la república socialista, pudo existir entre las potencias imperialistas, rodeada de fieras voraces, al lado de las fieras del imperialismo mundial, únicamente porque la burguesía, empeñada en una lucha intestina a muerte, se encontraba paralizada en su ofensiva contra Rusia.

Y empezó el período que no podemos menos de sentir de modo tan patente y tan penoso; un período de durísimas derrotas, de durísimas pruebas para la revolución rusa; un período en el que, en lugar de una ofensiva franca, directa y rápida contra los enemigos de la revolución, tenemos que sufrir durísimas derrotas y replegarnos ante una fuerza incomparablemente mayor que la nuestra: ante la fuerza del imperialismo y del capital financiero internacionales, ante la fuerza del poderío militar, que toda la burguesía, con su técnica moderna y su organización, ha agrupado contra nosotros con el propósito de saquear, oprimir y ahogar a las naciones pequeñas. Hemos tenido que pensar en equilibrar las fuerzas, nos hemos visto ante una tarea infinitamente difícil, hemos tenido que hacer frente, en la pelea directa, no a un enemigo como Románov y Kerenski, que no pueden ser tomados en serio, sino a las fuerzas de la burguesía internacional con todo su poderío bélico imperialista, hemos tenido que luchar cara a cara con los buitres mundiales. Y es comprensible que, al retrasarse la ayuda del proletariado socialista internacional,

656 hayamos tenido que resistir solos este choque y sufrir una durísima derrota.

Es ésta una época de duras derrotas, una época de repliegues, una época en la que debemos salvar, por lo menos, una pequeña parte de las posiciones, retrocediendo ante el imperialismo, esperando el momento en que cambien las condiciones internacionales en general, en que acudan en nuestra ayuda las fuerzas del proletariado europeo; unas fuerzas que existen, que maduran y que no han podido deshacerse de su enemigo con tanta facilidad como nosotros, pues sería la mayor de las ilusiones y el mayor de los errores olvidar que a la revolución rusa le fue fácil empezar y le es difícil seguir adelante. Era inevitable que ocurriera así porque hubimos de empezar por el régimen político más podrido y atrasado. La revolución europea tiene que empezar por la burguesía, tiene que habérselas con un enemigo increíblemente más serio, en condiciones incomparablemente más difíciles. A la revolución europea le será muchísimo más difícil empezar. Vemos que le es incomparablemente más difícil abrir la primera brecha en el régimen que la aplasta. A la revolución europea le será mucho más fácil pasar a sus etapas segunda y tercera. Y no puede ser de otra manera, dada la correlación de fuerzas que existe actualmente en la palestra internacional entre las clases revolucionarias y las reaccionarias. Ese es el viraje fundamental que pierden de vista en todo momento quienes enfocan la situación actual, la situación extraordinariamente grave de la revolución desde el punto de vista de los sentimientos y de la indignación, y no desde el punto de vista histórico. La experiencia de la historia nos muestra que siempre, en todas las revoluciones---durante el período en que la revolución experimentaba un cambio brusco y pasaba de las rápidas victorias al período de duras derrotas---llegaba una etapa de frases seudorrevolucionarias que causaron siempre el mayor daño al desarrollo de la revolución. Pues bien, camaradas, sólo estaremos en condiciones de apreciar acertadamente nuestra táctica si nos planteamos la tarea de tener en cuenta el viraje que nos ha hecho pasar de las victorias completas, fáciles y rápidas a las duras derrotas. Esta cuestión, infinitamente difícil e infinitamente grave, es resultado del viraje en el desarrollo de la revolución en el momento actual---de las victorias fáciles en el interior a las derrotas extraordinariamente duras en el exterior---y representa un viraje en toda la revolución mundial, un viraje de la época de la labor de agitación y propaganda de la revolución rusa, con una actitud de espera del imperialismo, a las acciones ofensivas del imperialismo contra el Poder soviético. Y ello plantea el problema con especiales gravedad y agudeza ante todo el movimiento internacional de Europa Occidental. Si no olvidamos este momento 657 histórico, deberemos comprender cómo se ha determinado el grupo fundamental de los intereses de Rusia en el problema de la gravosísima paz actual, de la llamada paz indecorosa.

En la polémica con los que negaban la necesidad de aceptar esta paz he oído más de una vez que el punto de vista de la firma de la paz expresa únicamente los intereses de las masas campesinas cansadas, de los soldados desclasados, etc., etc. Y siempre que oía esas alusiones y esas indicaciones me sorprendía de cómo olvidan los camaradas, hombres que rebuscan sus argumentos con excepcional minuciosidad, el enfoque clasista del desarrollo nacional. Como si el partido del proletariado, que ha tomado el poder, no calculara de antemano que sólo la alianza del proletariado y del semiproletariado, es decir, de los campesinos pobres, o sea de la mayoría del campesinado de Rusia; que sólo semejante alianza está en condiciones de dar el poder en Rusia al poder revolucionario de los Soviets---a la mayoría, a la verdadera mayoría del pueblo---; que sin ello es inconcebible todo intento de implantar el poder, sobre todo en los difíciles virajes de la historia. Presentan las cosas como si fuera posible desembarazarse ahora de esta verdad, reconocida por todos nosotros, y salir del paso alegando despectivamente el cansancio de los campesinos y de los soldados desclasados. Por lo que se refiere al cansancio del campesinado y de los soldados desclasados, debemos decir que el país admitirá la resistencia, que los campesinos pobres podrán ofrecer resistencia únicamente en la medida en que sean capaces de orientar sus fuerzas a la lucha.

Cuando tomamos el poder en octubre, estaba claro que el desarrollo de los acontecimientos llevaba a ello indefectiblemente, que el viraje de los Soviets hacia el bolchevismo significaba un viraje en todo el país, que el poder del bolchevismo era inevitable. Cuando, conscientes de ello, nos lanzamos en octubre a la conquista del poder, nos dijimos a nosotros mismos y dijimos a todo el pueblo con absoluta claridad y precisión que se trataba del paso del poder a manos del proletariado y de los campesinos pobres, que el proletariado sabía que los campesinos lo apoyarían; vosotros mismos sabéis en qué lo apoyarían: en su activa lucha por la paz, en su disposición a proseguir el combate contra el gran capital financiero. En eso no nos equivocamos, y nadie que se mantenga, por poco que sea, en los límites de las fuerzas de clase y de las relaciones de clase podrá abstraerse de la verdad indudable de que no podemos pedir a un país de pequeños campesinos, que tanto ha hecho para la revolución europea y mundial, que sostenga la lucha en condiciones tan duras, las más duras, cuando el proletariado de Europa Occidental acude, sin duda, en nuestra ayuda---como lo demuestran los hechos, las huelgas, etc.---, pero esa ayuda, indudablemente, se

658 retrasa. Por eso digo que semejantes alusiones al cansancio de las masas campesinas, etc., son simplemente resultado de la falta de argumentos y de la impotencia completa de quienes recurren a esos argumentos, testimonian la imposibilidad absoluta por su parte de abarcar todas las relaciones de clase en su conjunto, en su escala general: de la revolución del proletariado y de la masa del campesinado. Sólo si apreciamos en cada viraje brusco de la historia la correlación de las clases en su conjunto, de todas las clases, y no tomamos ejemplos aislados y casos aislados, sentiremos que nos apoyamos firmemente en el análisis de los hechos probables. Comprendo muy bien que la burguesía rusa nos empuja a una guerra revolucionaria, nos empuja en un momento en que la guerra es completamente imposible para nosotros. Así lo exigen los intereses de clase de la burguesía.

Cuando gritan "paz indecorosa'', sin decir una palabra de quién ha llevado al ejército a esa situación, comprendo perfectamente que son la burguesía y los de Dielo Naroda, los mencheviques de Tsereteli, los adeptos de Chernov y sus voceros (aplausos), comprendo perfectamente que es la burguesía la que habla a gritos de la guerra revolucionaria. Así lo requieren sus intereses de clase, así lo requieren sus anhelos de que el Poder soviético dé un paso en falso. Eso es comprensible en gentes que, de una parte, llenan las páginas de sus periódicos con escritos contrarrevolucionarios... (Voces: "¡Los habéis clausurado todos!'') Por desgracia, no todos aún, pero los clausuraremos todos. (Aplausos.) Me gustaría ver un proletariado que permitiese a los contrarrevolucionarios, a los partidarios de la burguesía y a los conciliadores con ella seguir aprovechando el monopolio de las riquezas para embaucar al pueblo con su opio burgués. Ese proletariado no ha existido nunca. (Aplausos.)

Comprendo perfectamente que, desde las páginas de semejantes publicaciones, se lancen sin cesar aullidos, chillidos y gritos contra la paz indecorosa; comprendo perfectamente que sean partidarios de esa guerra revolucionaria hombres que, al mismo tiempo, desde los democonstitucionalistas hasta los eseristas de derecha, salen a recibir a los alemanes durante su ofensiva, dicen solemnemente: "¡Aquí están los alemanes!" y dejan que sus oficiales luzcan de nuevo las charreteras en los lugares ocupados por la invasión del imperialismo alemán. Sí, no me sorprende lo más mínimo que esos burgueses, esos conciliadores prediquen la guerra revolucionaria. Quieren que el Poder soviético caiga en una trampa. Esos burgueses y conciliadores han mostrado de lo que son capaces. Los hemos visto y los vemos actuar; sabemos que en Ucrania, los Kerenski ucranios, los Chernov ucranios y los Tsereteli ucranios son los señores Vinnichenko. Estos señores, los Kerenski, los Chernov y los Tsereteli ucranios han 659 ocultado al pueblo la paz que concertaron con los imperialistas alemanes y ahora, con ayuda de las bayonetas alemanas, intentan derribar el Poder soviético en Ucrania. Ahí tenéis lo que han hecho esos burgueses y esos conciliadores y sus secuaces. (Aplausos.) Ahí tenéis lo que han hecho esos burgueses y conciliadores ucranios, cuyo ejemplo podemos ver con nuestros propios ojos; esos burgueses y conciliadores que han ocultado y ocultan al pueblo sus tratados secretos y que se lanzan con las bayonetas alemanas contra el Poder soviético. Ahí tenéis lo que quiere la burguesía rusa, adonde empujan consciente o inconscientemente los voceros de la burguesía: saben que el Poder soviético en modo alguno puede aceptar la guerra imperialista contra un imperialismo poderoso. De ahí que sólo en esta situación internacional, sólo en esta situación general de las clases podamos comprender en toda su profundidad el error de quienes, a semejanza del partido de los eseristas de izquierda, se han dejado arrastrar por una teoría, corriente en todas las historias de las revoluciones en los momentos difíciles, compuesta a partes iguales de desesperación y frases hueras; esa teoría consiste en exhortaros a resolver un serio y dificilísimo problema bajo la presión de los sentimientos, sólo desde el punto de vista de los sentimientos, en vez de mirar serenamente a la realidad y de apreciar desde el punto de vista de las fuerzas de clase las tareas de la revolución respecto a los enemigos interiores y exteriores. La paz es increíblemente dura y vergonzosa. Yo mismo, en mis declaraciones y discursos, la he calificado más de una vez de paz de Tilsit, recordando la paz que el conquistador Napoleón impuso a los pueblos prusiano y alemán después de una serie de durísimas derrotas. Sí, esa paz representa una durísima derrota y humilla al Poder soviético; pero al apelar al sentimiento, al fomentar la indignación e intentar resolver un grandioso problema histórico, basándonos en eso y limitándonos a eso, caemos en la ridicula y lamentable posición en que se encontró ya en una ocasión todo el partido eserista (aplausos), cuando en 1907, en una situación algo semejante en ciertos aspectos, apeló de la misma manera al sentimiento de los revolucionarios; cuando Stolypin, tras la durísima derrota de nuestra revolución en 1906 y 1907, nos impuso las leyes de la III Duma, condiciones vergonzosas y duras en extremo para laborar en una de las más repugnantes instituciones representativas; cuando nuestro partido, después de una pequeña vacilación en su seno (las vacilaciones sobre esta cuestión fueron entonces mayores que ahora), decidió que no teníamos derecho a dejarnos arrastrar por los sentimientos, que, por grandes que fueran nuestra indignación y nuestra irritación contra la vergonzosísima III Duma, debíamos reconocer que no era una casualidad, sino una necesidad histórica de la lucha de las clases en 660 desarrollo, la cual no tenía fuerzas suficientes para seguir adelante y las reuniría incluso en esas vergonzosas condiciones que se nos imponían. Resultó que teníamos razón. Quienes intentaron arrastrar con la frase revolucionaria, con la justicia, por cuanto expresaba un sentimiento tres veces legítimo, recibieron una lección que no olvidará ningún revolucionario capaz de pensar y reflexionar.

Las revoluciones no se desarrollan tan llanamente que puedan asegurarnos un auge rápido y fácil. No ha habido una sola gran revolución, ni siquiera en el marco nacional, que no haya conocido un duro período de derrotas. Ante la seria cuestión de los movimientos de masas, de las revoluciones en desarrollo, no cabe declarar la paz indecorosa y humillante para que el revolucionario no pueda aceptarla; no basta con pronunciar frases de agitación y cubrirnos de reproches con motivo de esta paz: eso es el abecé evidente de la revolución, es una experiencia evidente de todas las revoluciones. Recordemos nuestra experiencia desde 1905---y si somos ricos en algo, si a la clase obrera y a los campesinos pobres de Rusia les ha correspondido el dificilísimo y honrosísimo papel de iniciar la revolución socialista internacional, ello se debe precisamente a que el pueblo ruso consiguió, gracias a una concurrencia especial de circunstancias históricas, hacer dos grandes revoluciones a comienzos del siglo XX---: hay que estudiar la experiencia de esas revoluciones, hay que saber comprender que sólo teniendo en cuenta los cambios en las correlaciones de los vínculos de clase de un Estado con otro se puede afirmar a ciencia cierta que no estamos en condiciones de aceptar hoy el combate. Debemos tenerlo en cuenta y decirnos: cualquiera que sea la tregua, por efímera, breve, dura y humillante que sea la paz, es mejor que la guerra, ya que permite dar un respiro a las masas populares, ya que permite corregir lo que hizo la burguesía, la cual grita ahora en todas partes donde puede hacerlo, sobre todo bajo la protección de los alemanes en las regiones ocupadas. (Aplausos.)

La burguesía grita que son los bolcheviques quienes han descompuesto el ejército, que no hay ejército, y que la culpa de ello la tienen los bolcheviques; pero miremos al pasado, camaradas, miremos, sobre todo, al desarrollo de nuestra revolución. ¿Acaso no sabéis que la huida y la descomposición de nuestro ejército empezaron mucho antes de la revolución, ya en 1916, y que cuantos hayan visto el ejército deben reconocerlo así? ¿Y qué hizo nuestra burguesía para impedirlo? ¿No está claro que la única probabilidad de salvarse de los imperialistas se encontraba entonces en sus manos, que esa probabilidad se presentó en marzo y abril, cuando las organizaciones de los Soviets podían tomar el poder simplemente alzando la mano contra la burguesía? Si los Soviets hubieran tomado 661 entonces el poder, si los intelectuales burgueses y pequeñoburgueses, con los eseristas y los mencheviques, en vez de ayudar a Kerenski a engañar al pueblo, a ocultar los tratados secretos y a llevar el ejército a la ofensiva, hubieran acudido en ayuda del ejército, abasteciéndolo de armamento y de víveres, obligando a la burguesía a ayudar a la patria con el concurso de todos los intelectuales, no a la patria de los mercaderes, no a la patria de los tratados que contribuyen a exterminar al pueblo (aplausos); si los Soviets, obligando a la burguesía a ayudar a la patria de los trabajadores, de los obreros, hubieran prestado su concurso al ejército desnudo, descalzo y hambriento; si hubieran hecho eso, habríamos tenido, quizá, un período de diez meses, suficiente para dar al ejército un respiro y un apoyo unánime, a fin de que, sin dar un paso atrás en el frente, propusiera la paz democrática general, rompiendo los tratados secretos, pero manteniéndose en el frente, sin retroceder un solo paso. En eso residía la oportunidad de paz que concedían y apoyaban los obreros y los campesinos. Era la táctica de defensa de la patria, no de la patria de los Románov, los Kerenski y los Chernov, la patria de los tratados secretos, la patria de la burguesía venal, sino la patria de las masas trabajadoras. Ahí tenéis quiénes han llevado a que el paso de la guerra a la revolución y de la revolución rusa al socialismo internacional vaya acompañado de pruebas tan duras. Ahí tenéis por qué suena como una frase tan huera la propuesta de la guerra revolucionaria cuando sabemos que no tenemos ejército, cuando sabemos que era imposible retener al ejército, y quienes estaban al tanto de las cosas no podían dejar de ver que nuestra orden de desmovilización no era una fantasía, sino un resultado de la necesidad evidente, de la simple imposibilidad de retener al ejército. Era imposible retener al ejército. Y tenía razón aquel militar, no bolchevique, que decía ya antes de la Revolución de Octubre que el ejército no podía combatir y no = combatiría^^243^^. Ahí tenéis a lo que han conducido los meses de tira y afloja con la burguesía y todos los discursos en torno a la necesidad de continuar la guerra; por muy nobles que fueran los sentimientos que hacían hablar así a muchos revolucionarios, o a unos pocos revolucionarios, resultaron frases revolucionarias vacías que ayudaban al imperialismo internacional a seguir saqueando tanto y más de lo que había saqueado después de nuestro error táctico o diplomático: después de la negativa a firmar el Tratado de Brest. Cuando decíamos a quienes estaban en contra de que firmásemos la paz que si la tregua fuera más o menos prolongada comprenderían que los intereses del saneamiento del ejército, los intereses de las masas trabajadoras estaban por encima de todo y que la paz debía ser firmada en aras de eso, nos respondían que no podía haber tregua.

662

Pero nuestra revolución se ha distinguido de todas las revoluciones anteriores precisamente en que ha impulsado el afán de construcción y de creación en las masas, en que las masas trabajadoras de las aldeas más remotas---humilladas, aplastadas y oprimidas por los zares, los terratenientes y la burguesía---se han puesto en pie, y este período de la revolución termina sólo ahora, cuando se realiza la revolución en el campo, que está organizando la vida con bases nuevas. Y en aras de esa tregua, por corta y pequeña que sea, teníamos la obligación de firmar dicho tratado, si colocamos los intereses de las masas trabajadoras por encima de los intereses de los espadones burgueses, que blanden las armas y nos llaman al combate. He ahí lo que enseña la revolución. La revolución enseña que cuando cometemos errores diplomáticos, cuando suponemos que los obreros alemanes acudirán mañana en nuestra ayuda, con la esperanza de que Liebknecht vencerá ahora mismo---y nosotros sabemos que de uno u otro modo Liebknecht vencerá, ello es inevitable en el desarrollo del movimiento obrero (aplauso s)---, eso significa que las consignas revolucionarias del difícil movimiento socialista, si se deja uno arrastrar por ellas, se convierten en una frase huera. Y ni un solo representante de los trabajadores, ni un solo obrero honrado se negará a hacer los mayores sacrificios para ayudar al movimiento socialista de Alemania, porque durante todo este tiempo ha aprendido en el frente a distinguir entre los imperialistas alemanes y los soldados, torturados por la disciplina alemana y simpatizantes nuestros en su mayor parte. Por eso digo que la revolución rusa ha corregido en la práctica nuestro error, lo ha corregido con esta tregua. Según todos los indicios, será muy corta, pero tenemos la probabilidad, por lo menos, de una brevísima tregua para que el ejército, extenuado y hambriento, adquiera conciencia de que se le da la posibilidad de descansar. Está claro para nosotros que ha terminado el período de las viejas guerras imperialistas y que amenazan nuevos horrores del comienzo de nuevas guerras; pero los períodos de esas guerras existieron en muchas épocas históricas, adquiriendo el mayor enconamiento en vísperas de su terminación. Y hace falta que se comprenda eso no sólo en los mítines de Petrogrado y Moscú; hace falta que lo comprendan en las aldeas decenas y decenas de millones de personas; hace falta que la parte más aleccionada de los campesinos, al volver del frente después de haber sufrido todos los horrores de la guerra, ayude a comprenderlo y que la inmensa masa de campesinos y de obreros se convenza de la necesidad del frente revolucionario y diga que hemos procedido con acierto.

Se nos dice, ¡oh, qué vergüenza!, que hemos traicionado a Ucrania y Finlandia. Pero se ha creado una situación en la que 663 estamos cortados de Finlandia, con la que habíamos concertado antes de la revolución un tratado tácito y hemos firmado ahora un tratado formal. Se nos dice que entregamos Ucrania, a la que van a hundir Chernov, Kerenski y Tsereteli; se nos dice: ¡Traidores, habéis traicionado a Ucrania! Yo digo: camaradas, he visto demasiadas cosas en la historia de la revolución para que puedan turbarme las miradas de hostilidad y los gritos de hombres que se dejan dominar por el sentimiento y son incapaces de razonar. Os citaré un sencillo ejemplo. Imaginaos que dos amigos caminan de noche y son atacados súbitamente por diez hombres. Si estos miserables rodean y aislan a uno de ellos, .¡qué le queda al otro? No puede acudir en su ayuda; y si huye, ¿es acaso un traidor? Mas figuraos que no se trata de individuos o de esferas en las que se resuelven cuestiones de sentimiento natural, sino que se encuentran cinco ejércitos de cien mil hombres cada uno y cercan a un ejército de doscientos mil hombres, en ayuda del cual debe acudir otro ejército. Pero si este último ejército sabe que caerá ineludiblemente en una trampa, debe retroceder; no puede dejar de retroceder, incluso en el caso de que para cubrir la retirada sea preciso firmar una paz indecorosa, mala, calificadla como queráis, pero, de todos modos, será necesario firmarla. No se puede tomar en consideración el sentimiento del duelista que desenvaina la espada y dice: Debo morir porque me obligan a firmar una paz humillante. Sin embargo, todos sabemos que, cualquiera que sea la decisión que toméis, carecemos de ejército y ningún gesto nos salvará de la necesidad de retroceder y ganar tiempo para que el ejército pueda tomar aliento. Cuantos miren de cara a la realidad y no se engañen a sí mismos con frases revolucionarias convendrán en eso. Deben saber eso cuantos miren de cara a la realidad sin engañarse a sí mismos con frases y gestos arrogantes.

Si sabemos eso, nuestro deber revolucionario consiste en firmar el tratado duro, archiduro y expoliador, pues con ello conseguiremos una situación mejor para nosotros y para nuestros aliados. ¿Es que hemos salido perdiendo por haber firmado el 3 de marzo el tratado de paz? Cualquiera que desee enfocar las cosas desde el punto de vista de las relaciones de masas, y no desde el punto de vista de un hidalguillo duelista, comprenderá que aceptar la guerra y denominar revolucionaria a esa guerra cuando se carece de ejército o se tiene únicamente un resto enfermo de ejército significaría engañarse a sí mismo, hacer víctima al pueblo del mayor engaño. Tenemos el deber de decir la verdad al pueblo: Sí, la paz es durísima, Ucrania y Finlandia perecen; pero debemos aceptar esa paz, y la aceptará toda la Rusia trabajadora consciente, porque conoce la verdad desnuda, porque sabe lo que es la guerra, sabe que jugárselo todo a una carta, 664 confiando en que la revolución alemana estallará ahora mismo, es engañarse a sí mismo. Con la firma de la paz hemos recibido lo que nuestros amigos finlandeses recibieron de nosotros: una tregua, una ayuda, y no la muerte.

Conozco casos de la historia de los pueblos en los que se firmó una paz muchísimo más expoliadora, en los que la paz entregaba a merced del vencedor a pueblos llenos de vida. Comparemos esta paz nuestra con la paz de Tilsit, que el conquistador victorioso impuso a Prusia y Alemania. Fue una paz tan dura que, como consecuencia de ella, no sólo se ocuparon todas las capitales de los Estados alemanes, no sólo se arrojó a los prusianos hasta Tilsit---lo que equivale a que se nos arrojara a nosotros hasta Omsk o Tomsk---, sino que Napoleón (y ello constituye el mayor horror) obligó a los pueblos derrotados a facilitarle tropas auxiliares para sus guerras. Y cuando, pese a todo, se creó una situación en la que los pueblos alemanes hubieron de soportar el embate del conquistador; cuando la época de las guerras revolucionarias de Francia dio paso a la época de las guerras imperialistas de conquista, se puso de relieve con toda claridad lo que no quieren comprender quienes, seducidos por las frases hueras, presentan la firma de la paz como el hundimiento. Esa sicología es comprensible desde el punto de vista del hidalguillo duelista, pero no desde el punto de vista del obrero y el campesino. Este último ha cursado la dura escuela de la guerra y ha aprendido a contar. Ha habido pruebas más duras, de las que han salido airosos pueblos más atrasados. Ha habido una paz más dura, y concluida por los alemanes, en una época en que no tenían ejército o lo tenían enfermo, como lo está el nuestro. Firmaron una durísima paz con Napoleón. Y esa paz no significó el hundimiento de Alemania; antes al contrario, fue un viraje, un acto de defensa y de ascenso nacionales. También nosotros estamos en vísperas de un viraje semejante y nos encontramos en condiciones análogas. Hay que mirar a la verdad cara a cara y desechar las frases y peroratas hueras. Debemos decir que, si es necesario, se debe firmar la paz. La guerra liberadora, la guerra de clase, la guerra popular ocupará el puesto de la guerra napoleónica. El sistema de guerras napoleónicas cambiará, la paz sustituirá a la guerra, la guerra sustituirá a la paz, y cada nueva paz durísima ha derivado siempre en una preparación más amplia para la guerra. El tratado de paz más duro---el de Tilsit---ha entrado en la historia como el punto de arranque hacia el período en que el pueblo alemán iniciaba el viraje, retrocedía hasta Tilsit, hasta Rusia, pero, en realidad, ganaba tiempo, esperaba que la situación internacional, que permitió en otra época triunfar a Napoleón---tan expoliador como ahora Hohenzollern e Hindenburg---, a que esa situación cambiara, a que saneara la conciencia del pueblo 665 alemán, extenuado por decenios de guerras napoleónicas y derrotas, a que el pueblo alemán resucitara a una nueva vida. He ahí lo que nos enseña la historia, he ahí por qué constituyen un crimen la desesperación y las frases hueras y todos dirán: Sí, se están acabando las viejas guerras imperialistas. El viraje histórico ha comenzado.

Desde octubre, nuestra revolución ha marchado de triunfo en triunfo; mas ahora han empezado tiempos difíciles y para largo; no sabemos por cuánto tiempo, pero sí que será un período largo y difícil de derrotas y repliegues, porque tal es la correlación de fuerzas, porque con ese repliegue daremos al pueblo la posibilidad de descansar. Daremos la posibilidad a cada obrero y cada campesino de asimilar la verdad que le permitirá comprender que se acercan nuevas guerras de los voraces imperialistas contra los pueblos oprimidos, comprender que debemos alzarnos en defensa de la patria, ya que desde octubre somos defensistas. Desde el 25 de octubre hemos proclamado abiertamente que somos partidarios de la defensa de la patria, pues hoy tenemos esa patria, de la que hemos expulsado a los Kerenski y los Chernov, pues hemos roto los tratados secretos y hemos aplastado a la burguesía, por ahora mal, pero aprenderemos a hacerlo mejor.

Existe, camaradas, una diferencia más importante aún entre la situación en que se encuentra el pueblo ruso, que ha sufrido las más duras derrotas por parte de los conquistadores de Alemania, y la situación en que se encontraba el pueblo alemán; existe una grandísima diferencia, de la que es necesario hablar, aunque me he referido a ella brevemente en la parte anterior de mi discurso. Camaradas, cuando el pueblo alemán cayó, hace más de cien años, en el período de las más duras guerras de conquista, en el período en que se vio obligado a retroceder y firmar una paz vergonzosa tras otra, antes de que el pueblo alemán despertara, la situación era la siguiente: el pueblo alemán era solamente débil y atrasado, solamente así. No sólo tenía enfrente la fuerza militar y la potencia del conquistador Napoleón; tenía enfrente un país que era superior a él en el aspecto político y revolucionario, que era superior a Alemania en todos los aspectos, que se había elevado infinitamente más que los otros países y había dicho la última palabra. Ese país estaba muy por encima de un pueblo que vegetaba sometido a los imperialistas y los terratenientes. Un pueblo que era, repito, solamente débil y atrasado, supo aprender de las amargas lecciones y ponerse en pie. Nosotros estamos en mejor situación: no somos solamente un pueblo débil y atrasado, somos el pueblo que ha sabido ---no por méritos especiales o por predestinación histórica, sino en virtud de una concatenación especial de circunstancias históricas--- 666 asumir el honor de enarbolar la bandera de la revolución socialista internacional. (Aplausos.)

Sé muy bien, camaradas, y lo he dicho claramente más de una vez, que esta bandera se encuentra en manos débiles y que los obreros del país más atrasado no podrán sostenerla mientras no acudan en su ayuda los obreros de todos los países avanzados. Las transformaciones socialistas que hemos efectuado son en muchos aspectos imperfectas, débiles e insuficientes; serán una indicación a los obreros avanzados de Europa Occidental, los cuales se dirán: "Los rusos no han empezado como es debido la obra que era preciso empezar''. Pero lo importante es que nuestro pueblo, en comparación con el pueblo alemán, no es un pueblo solamente débil y solamente atrasado, sino que es el pueblo que ha enarbolado la bandera de la revolución. Si la burguesía de cualquier país llena todas las columnas de sus publicaciones con calumnias a los bolcheviques, si en este terreno se funden las voces de la prensa de los imperialistas de Francia, Inglaterra, Alemania, etc., recriminando a los bolcheviques, en cambio no existe un solo país donde se puedan celebrar reuniones obreras en las que los nombres y las consignas de nuestro poder socialista susciten explosiones de indignación. (Una voz: "¡Eso es mentira!'') No, no es mentira, es verdad. Y cualquiera que haya estado durante los últimos meses en Alemania, en Austria, en Suiza y en Norteamérica os dirá que eso no es mentira, sino verdad; que los obreros acogen con extraordinario entusiasmo los nombres y las consignas de los representantes del Poder soviético en Rusia; que, a despecho de todas las mentiras de la burguesía de Alemania, Francia, etc., las masas obreras han comprendido que, por muy débiles que seamos, aquí, en Rusia, se está haciendo realidad su propia causa. Sí, nuestro pueblo tiene que soportar el abrumador peso con que ha cargado; pero un pueblo que ha sabido crear el Poder soviético no puede sucumbir. Y lo repito: ningún socialista consciente, ningún obrero que reflexione sobre la historia de la revolución puede discutir que, pese a todos sus defectos---que conozco demasiado bien y aprecio perfectamente---, el Poder soviético es un tipo superior de Estado, es la continuación directa de la Comuna de París. Ha subido un peldaño más que las otras revoluciones europeas, y por eso no nos encontramos en condiciones tan graves como el pueblo alemán hace cien años. El único recurso que les quedaba entonces a los oprimidos por el régimen de la servidumbre era esperar que cambiara esa correlación de fuerzas entre los expoliadores, aprovechar el conflicto y satisfacer las exigencias del expoliador Napoleón, del expoliador Alejandro I, de los expoliadores de la monarquía inglesa. Sin embargo, el pueblo alemán no sucumbió a consecuencia de la paz de Tilsit. Nosotros, lo 667 repito, estamos en mejores condiciones, pues contamos con un grandísimo aliado en todos los países de Europa Occidental: el proletariado socialista internacional, que está con nosotros, digan lo que digan nuestros enemigos. (Aplausos.) Sí, a este aliado no le es fácil hacer oír su voz, como no nos fue fácil a nosotros hacerlo hasta finales de febrero de 1917. Este aliado vive en la clandestinidad, en las condiciones del presidio militar en que han sido convertidos todos los países imperialistas, pero nos conoce y comprende nuestra causa; le es difícil acudir en nuestra ayuda, y, por ello, las tropas soviéticas necesitan mucho tiempo, mucha paciencia y duras pruebas para esperar que llegue ese momento. Y nosotros aprovecharemos la menor oportunidad para ganar tiempo, pues el tiempo obra a nuestro favor. Nuestra causa se fortalece, las fuerzas de los imperialistas se debilitan y, cualesquiera que sean las pruebas y las derrotas derivadas de la paz de ``Tilsit'', emprendemos la táctica del repliegue. Lo repito una vez más: no cabe la menor duda de que tanto el proletariado consciente como los campesinos conscientes están con nosotros, y no sólo sabremos atacar heroicamente, sino también replegarnos heroicamente; esperaremos a que el proletariado socialista internacional acuda en nuestra ayuda y empezaremos la segunda revolución socialista ya a escala mundial. (Aplausos.)

Publicado el 16 y 17 (3 y 4) de marzo de 1918 en los núms. 47 f 48 de ``Pravda'' ``( SotsialDemokrat'').

T. 36, págs. 92--111.

668

3

RESOLUCIÓN SOBRE LA RATIFICACIÓN DEL TRATADO DE BREST

El congreso ratifica el tratado de paz suscrito por nuestros representantes en Brest-Litovsk el 3 de marzo de 1918.

El congreso considera justo el proceder del Comité Ejecutivo Central y del Consejo de Comisarios del Pueblo, que acordaron concluir esta paz, extraordinariamente penosa, impuesta por la violencia y humillante, en vista de que carecemos de ejército y de que la guerra ha agotado hasta el extremo las fuerzas del pueblo, que, lejos de recibir en su calamidad el apoyo de la burguesía y de la intelectualidad burguesa, ha visto cómo éstas utilizaban esa calamidad para sus egoístas fines de clase.

El congreso considera también absolutamente justo el proceder de la delegación que ha participado en las negociaciones, la cual se negó a entrar en un examen detallado de las condiciones alemanas de paz, puesto que tales condiciones se nos han impuesto por vía de ultimátum manifiesto y de una violencia descarada.

El congreso plantea con la mayor insistencia ante todos los obreros, soldados y campesinos, ante todas las masas trabajadoras y oprimidas la tarea principal e impostergable del momento: elevar la disciplina y autodisciplina de los trabajadores, crear por doquier organizaciones fuertes y bien cohesionadas, que abarquen a ser posible toda la producción y toda la distribución, y emprender una lucha sin cuartel contra el caos, la desorganización y el desbarajuste, históricamente inevitables como legado de una guerra tan penosa, pero que al mismo tiempo son el primer impedimento para la victoria definitiva del socialismo y para la consolidación de las bases de la sociedad socialista.

669

Ahora, después de la Revolución de Octubre, después del derrocamiento del poder político de la burguesía en Rusia, después de que hemos roto v hecho públicos todos los tratados secretos imperialistas, después de que hemos anulado los empréstitos extranjeros, después de que el Gobierno Obrero y Campesino ha propuesto una paz justa a todos los pueblos sin excepción, Rusia, que se ha librado de las zarpas de la guerra imperialista, tiene derecho a declarar que no participa en el saqueo y sometimiento de países ajenos.

Desde ahora, la República Soviética Federativa de Rusia, condenando unánimemente las guerras de rapiña, reconoce su derecho y su obligación cíe defender la patria socialista contra todos los posibles ataques de cualquier potencia imperialista.

Por eso, el congreso reconoce que las masas trabajadoras tienen el deber inexcusable de desplegar todas sus fuerzas para restablecer y elevar la capacidad defensiva de nuestro país, para restablecer su potencia militar sobre la base de una milicia socialista y de la instrucción militar obligatoria de todos los adolescentes y ciudadanos adultos de ambos sexos.

El congreso expresa la seguridad absoluta de que el Poder soviético, que ha cumplido con firmeza todas las obligaciones de la solidaridad internacional de los obreros de todos los países en su lucha contra el yugo del capital y por el socialismo, seguirá haciendo todo lo que esté a nuestro alcance para coadyuvar al movimiento socialista internacional, para asegurar y acelerar la marcha por el camino que conduce a la humanidad a liberarse del yugo del capital y de la esclavitud asalariada, a crear la sociedad socialista y una paz duradera y justa entre los pueblos.

El congreso expresa la convicción más profunda de que la revolución obrera internacional no está lejana y de que la plena victoria del proletariado socialista está asegurada, a pesar de que los imperialistas de todos los países no se detienen ante los medios más feroces para aplastar el movimiento socialista.

K.srrtín el ¡3 ó 14 de marzo de 1918. Publicada el 16 (3) de marzo de 1918 en el núrn. 47 de ``Pravda'' (``Sotsial-nemokrot'').

T. 36, páK!>. 122--123.

[670] ~ 671 __ALPHA_LVL1__ LAS TAREAS INMEDIATAS DEL PODER SOVIÉTICO^^244^^

Escrito entre el /.'i v el 26 de abril de 191H.

T. 36, paga. 165--208.

Publicado el 28 de abril de 1918 en el núm. 83 de ``Pmvdn'' y en el Suplemento del núm. 85 de "hvextiii del C.KC de toda Rusia''. Firmado: N. l.rn in

[672] ~ 673

LA SITUACIÓN INTERNACIONAL
DE LA REPÚBLICA SOVIÉTICA
DE RUSIA Y LAS TAREAS FUNDAMENTALES
DE LA REVOLUCIÓN SOCIALISTA

Gracias a la paz lograda---pese a todos los sacrificios que implica v a lo efímera que es---, la República Soviética de Rusia obtiene durante cierto tiempo la posibilidad de concentrar todas sus fuer/as en el punto más importante y difícil de la revolución socialista, en la tarea de organización.

Esa tarea ha sido planteada con claridad y precisión a todas las masas trabajadoras y oprimidas en el 4° apartado (4' = L parte) de la resolución aprobada el 15 de mar/.o de 1918 por el Congreso Extraordinario de los Soviets celebrado en Moscú, en el mismo apartado (o eu la misma parte) de la resolución en que se habla de la autodisciplina de los trabajadores y de la lucha implacable contra el caos y la desorganización~^^*^^.

Lo efímero de la pa/. lograda por la República Soviética de Rusia no depende, como es natural, de que ésta piense reanudar ahora las hostilidades; excepto los contrarrevolucionarios burgueses y sus acólitos (los mencheviques y otros), ningún político que esté en su sano juicio piensa en ello. Lo efímero de la pa/ depende de que en los países imperialistas, que limitan con el Oeste y el Este de Rusia y que poseen inmensa fuerza militar, puede triunfar de un momento a otro el partido belicista, tentado por la debilidad momentánea de Rusia y estimulado por los capitalistas, que odian el socialismo y se desviven por expoliar.

En tal situación, la única garantía de paz, real y no sobre el papel, nos la ofrecen las disensiones entre las potencias imperialistas, que han alcan/.ado el punto culminante y que se manifiestan, por un lado, en la reanudación de la matanza imperialista entre los pueblos de Occidente y, por otro lado, en la competencia imperialista, exacerbada hasta el extremo, entre el japón y _-_-_

^^*^^ Vóasc t'l = piTscnk^^1^^ voluinrn, pág. 6ti8. (.V. = di^^1^^ ¡ti Kdit.)

22--74

674 Norteamérica por el dominio en el Océano Pacífico y sus costas.

Claro está que la situación internacional de nuestra República Socialista Soviética, con protección tan endeble, es sin duda crítica e insegura en extremo. Se necesita una extraordinaria tensión de todas nuestras fuerzas para aprovechar la tregua lograda en virtud de una concurrencia de circunstancias, con objeto de curar las profundas heridas que la guerra ha inferido a todo el organismo social de Rusia y para elevar el nivel económico del país, sin lo cual no puede ni hablarse de un aumento algo serio de nuestra capacidad defensiva.

Es claro también que únicamente en la medida en que sepamos resolver el problema de organización que tenemos planteado podremos prestar una ayuda seria a la revolución socialista en Occidente, que se ha retrasado en virtud de una serie de causas.

La condición fundamental para resolver con éxito el problema de organización, planteado ante nosotros en primer término, es que los dirigentes políticos del pueblo, es decir, los afiliados al Partido Comunista (bolchevique) de Rusia y, tras ellos, todos los representantes conscientes de las masas trabajadoras, comprencian perfectamente la diferencia radical existente, en el aspecto que estamos analizando, entre las revoluciones burguesas anteriores y la actual revolución socialista.

La misión principal de las masas trabajadoras en las revoluciones burguesas estribaba en llevar a cabo la labor negativa o destructora de aniquilamiento del feudalismo, de la monarquía, del régimen medieval. El trabajo positivo o constructivo de organización de la nueva sociedad lo realizaba la minoría poseedora, la minoría burguesa de la población. Y, a pesar de la resistencia de los obreros y campesinos pobres, la burguesía cumplía esta tarea con relativa facilidad no sólo porque la resistencia de las masas explotadas por el capital era entonces, debido a su dispersión y atraso, débil en extremo, sino también porque la principal fuerza organizadora de la sociedad capitalista, sociedad anárquica, es el mercado nacional e internacional, que se amplía y ahonda de manera espontánea.

En cambio, la misión principal del proletariado y de los campesinos pobres, guiados por él, estriba en toda revolución socialista---por consiguiente, también en la revolución socialista comenzada por nosotros en Rusia el 25 de octubre de 1917---, en el trabajo positivo o constructivo de formación de una red extraordinariamente compleja y sutil de nuevas relaciones de organización que abarquen la producción y distribución metódicas de los productos necesarios para la existencia de decenas de millones de hombres. Una revolución de esta naturale/a sólo [675] 699-1.jpg

Primera página del manuscrito de V.l.l.enin 7'c.si.s acerca At k.s Inrca.s del Poder soviético en el momento actual. Abril de 1918. Tamaño redwido

[676] ~ 677 puede verse coronada por el éxito cuando la mayoría de la población y, ante todo, la mayoría de los trabajadores, demuestre una iniciativa creadora independiente en el plano histórico. La victoria de la revolución socialista quedará asegurada únicamente en el caso de que el proletariado y los campesinos pobres logren el grado suficiente de conciencia, firmeza ideológica, abnegación y tenacidad. Al crear un nuevo tipo de Estado, el Estado soviético, que ofrece a las masas trabajadoras y oprimidas la posibilidad de participar activamente en la construcción independiente de la nueva sociedad, no hemos resuelto más que una pequeña parte de un difícil problema. La dificultad principal reside en el terreno económico: llevar en todas partes una contabilidad y un control rigurosos de la producción y distribución de los productos, aumentar la productividad del trabajo, socializar la producción en la práctica.

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El desarrollo del partido de los bolcheviques, que es en la actualidad el partido gobernante en Rusia, nos muestra de manera palmaria en especial en qué consiste el viraje histórico que estamos dando, viraje que constituye la peculiaridad del momento político actual y que exige una nueva orientación del Poder soviético, es decir, un nuevo planteamiento de las nuevas tareas.

La primera tarea de todo partido del porvenir consiste en convencer a la mayoría del pueblo de lo acertado de su programa y de su táctica. Esta tarea se colocaba en primer plano tanto en el régimen /arista como en el período de conciliación de los Chernov y los Tsereteli con los Kerenski y los Kishkín. Hoy día esta tarea que, como es lógico, está lejos de haberse cumplido hasta el fin (y que jamás puede cumplirse hasta el fin) se ha cumplido en lo fundamental, pues, como lo ha demostrado de manera irrefutable el último Congreso de los Soviets, celebrado en Moscú, la mayoría de los obreros y campesinos de Rusia apoya a todas luces a los bolcheviques.

La segunda tarea de nuestro partido consistía en conquistar el poder político y aplastar la resistencia de los explotadores. Esta tarea también se halla lejos de haber sido cumplida hasta el fin, y no se puede pasar por alto, pues los monárquicos y los democonstitucionalistas, por un lado, y sus acólitos y lacayos, los mencheviques y eseristas de derecha, por otro, persisten en sus tentativas de agruparse para derrocar el Poder soviético. Pero, en lo fundamental, el problema de aplastar la resistencia de los explotadores ha sido resuelto ya en el período que media entre el 678 25 de octubre de 1917 y (aproximadamente) febrero de 1918 o la rendición de Bogaievski.

Ahora, la tercera tarea inmediata que se nos plantea, tarea que caracteriza el momento que atravesamos, es la de oiganizar la labor de gobernar a Rusia. Está claro que esta tarea se planteó y comenzó a cumplirse ya al día siguiente del 25 de octubre de 1917; pero hasta hoy, mientras la resistencia de los explotadores adquiría la forma de guerra civil abierta, la tarea de gobernar el país no podía convertirse en la tarea principal, central.

Ahora se plantea ya así. Nosotros, el partido de los bolcheviques, hemos convencido a Rusia, se la hemos ganado a los ricos para los pobres, a los explotadores para los trabajadores. Ahora debemos gobernarla. Y toda la peculiaridad del momento en que vivimos, toda la dificultad consiste en saber comprender las particularidades de la transición de una tarea principal, como la de convencer al pueblo y aplastar por la fuerza militar la resistencia de los explotadores, a otra tarea principal, la de gobernar.

Por vez primera en la historia universal, un partido socialista ha logrado coronar, en términos generales, la conquista del poder y el aplastamiento de los explotadores y abordar de lleno la tarea de gobernar el país. Es necesario que resultemos dignos cumplidores de esta dificilísima (y muy grata) tarea de la transformación socialista. Es menester tomar en consideración que para poder gobernar con acierto hace falta, además de saber convencer, además de saber triunfar en la guerra civil, saber organizar de un modo práctico. Esta es la tarea más difícil, pues se trata de organizar de un modo nuevo las más profundas bases de la vida de decenas y decenas de millones de hombres, las bases económicas. Y ésta es la tarea más grata de todas, pues únicamente después de cumplirla (en sus aspectos principales y fundamentales) podrá decirse eme Rusia se ha convertido no sólo en república soviética, sino también en república socialista.

LA CONSIGNA GENERAL DEL MOMENTO

La situación objetiva que hemos descrito, debida a una paz extremadamente dura y efímera, a una ruina penosísima, al paro y al hambre que nos han legado la guerra y el dominio de la burguesía (representada por Kerenski y los mencheviques y eseristas de derecha que lo apoyaban): todo esto ha dado ineludiblemente lugar a un cansancio inmenso y ha llegado incluso a agotar las fuerzas de las grandes masas trabajadoras. Estas masas exigen imperiosamente---y no pueden menos de hacerlo---cierto 679 descanso. A la orden del día se nos plantean las laicas de restablecer las fuerzas productivas, arrumadas pni !.: uiu-rr.r y por el gobierno de la burguesía; turar las heridas inlerrdas ]>>! la guerra, por la derrota militar, la especulación v ios muñios de la burguesía de restablecer el derrocado poder de los explotadores; elevar el nivel económico del país; mantener con firme/a un orden elemental. Puede parecer paradójico, pero, en realidad y en virtud de las condiciones objetivas indicadas, es absolutamente indudable que en estos momentos el Poder soviético sólo puede asegurar' el paso de Rusia al socialismo en el caso de que cumpla en la práctica estas tareas, las más elementales, del mantenimiento del orden social, y las cumpla, a pesar de la resistencia de la burguesía, de los mencheviques y eseristas de derecha. Dadas las peculiaridades concretas de la situación actual y la existencia del Poder soviético con sus leyes sobre la socialización de la tierra, el control obrero, etc., el cumplimiento práctico de estas tareas elementalísimas y la superación de las dificultades de organización de los primeros pasos hacia el socialismo constituyen ahora las dos caras de una misma medalla.

Lleva con puntualidad y honradez la cuenta del dinero, administra con economía, no seas perezoso, no robes, observa la mayor disciplina en el trabajo: éstas son precisamente las consignas que, ridiculizadas con razón por el proletariado revolucionario cuando la burguesía encubría con ellas su dominio como clase explotadora, se transforman hoy día, después del derrocamiento de la burguesía, en las consignas principales y propias del momento. Por un lado, la aplicación práctica de estas consignas por la masa de trabajadores constituye la única condición para salvar al país, desangrado casi totalmente por la guerra imperialista y por los rapaces imperialistas (con Kerenski a la cabeza); y, por otro lado, la aplicación práctica de estas consignas por el Poder soviético, con sus métodos, basándose en sus leyes, es necesaria y suficiente para asegurar la victoria definitiva del socialismo. Esto es lo que no pueden comprender quienes rechazan con desdén el planteamiento en primer plano de consignas tan ``gastadas'' y ``triviales''. En un país de pequeños campesinos que apenas hace un año ha derrocado el zarismo y menos de medio año que se ha librado de los Kerenski, han quedado, naturalmente, bastantes elementos de anarquismo espontáneo, acrecentados por el embrutecimiento y la barbarie, eternos acompañantes de toda guerra prolongada y reaccionaria, y se ha propagado a escala bastante grande, el espíritu de desesperación y de irritación abstracta, y si añadimos a esto la política provocadora de los lacayos de la burguesía (mencheviques, eseristas de derecha y otros) se 680 comprenderá claramente cuántos esfuerzos prolongados y tenaces deben realizar los obreros y campesinos mejores y más conscientes para lograr un viraje completo en i-l estado de ánimo de las masas y su paso a un trabajo ordenado, cousec urnte y disciplinado. Este paso dado por la masa pobre (los proletarios y semiproletanos) es el único capaz de coronar la victoria sobre la burguesía y. particularmente, sobre la burguesía campesina, la más obstinada y numerosa.

NUEVA FASE DE LA LUCHA CONTRA LA BURGUESÍA

Hemos vencido a la burguesía, pero todavía no hemos logrado desarraigarla, aún no está aniquilada, ni sicjuiera quebrantada por completo. Por eso se plantea a la orden del día una nueva forma de lucha contra la burguesía, una forma superior: la de pasar de la tarea elemental de la expropiación consecutiva de los capitalistas a una tarea mucho más compleja y difícil, la de crear unas condiciones que imposibiliten la existencia y el resurgimiento de la burguesía. Es evidente que esta tarea es incomparablemente más elevada y que el socialismo puede darse por inexistente si no se cumple.

Si tomamos por punto de referencia las revoluciones del occidente de Europa, nosotros nos encontramos aproximadamente al nivel alcanzado en 1793 y 1871. Podemos estar orgullosos, y con plena razón, de haber alcanzado este nivel y, en cierto sentido, es indudable que hemos avanzado algo más, pues hemos decretado e implantado en toda Rusia un tipo superior de Estado: el Poder soviético. Pero en modo alguno podemos darnos por satisfechos con lo que hemos logrado, pues estamos tan sólo en el comienzo de la transición al socialismo, sin haber aplicado todavía las medidas decisivas en este sentido.

Lo decisivo en este caso es organizar la contabilidad y el control severísimos de la producción y distribución de los productos a cargo de todo el pueblo. Sin embargo, no hemos logrado todavía establecer esa contabilidad ni ese control en las empresas, en las diversas ramas de la economía e industrias que hemos confiscado a la burguesía, sin lo cual no puede ni hablarse de la otra condición, la condición material de la realización del socialismo, tan sustancial como la anterior: el aumento de la productividad del trabajo a escala nacional.

Por eso, no sería posible definir la tarea del momento presente con una simple fórmula: continuar la ofensiva contra el capital. A pesar de que no cabe duda de que no hemos dado el golpe de gracia 681 al capital y de que es incuestionablemente necesario continuar la ofensiva contra este enemigo cíe los trabajadores, este planteamiento de nuestras tareas no sería exacto ni concreto, pues no se tendría en cuenta la peculiaridad del momento presente, cuando en aras del éxito de la ulterior ofensiva hay que ``interrumpir'' la desplegada en estos momentos.

Esto puede explicarse mediante la comparación de nuestra situación en la guerra contra el capital con la situación de un ejército victorioso que se ha apoderado, digamos, de la mitad o de los dos tercios del territorio enemigo y se ve obligado a interrumpir la ofensiva para reagrupar sus fuerzas, aumentar sus efectivos y pertrechos, reparar y reforzar las vías de comunicación, construir nuevos depósitos, reunir nuevas reservas, etc. Precisamente en aras de la conquista del resto del territorio enemigo, o sea, de la victoria completa, la interrupción de la ofensiva del ejército victorioso es, en las condiciones descritas, una necesidad. Quien no haya comprendido que tal es, precisamente, el carácter de la "interrupción" de la ofensiva contra el capital, impuesta por la situación objetiva del momento actual, no ha comprendido una palabra del momento político que vivimos.

Por supuesto, de una "interrupción" de la ofensiva contra el capital puede hablarse sólo entre comillas, es decir, sólo en metáfora. En una guerra corriente puede darse una orden general sobre la interrupción de la ofensiva y se puede, efectivamente, detener el avance. En la guerra contra el capital no es posible detener el avance y no cabe ni hablar de que renunciemos a seguir expropiando al capital. Se trata de cambiar el centro de gravedad de nuestra labor económica y política. Hasta ahora se destacaban en primer plano las medidas encaminadas a la expropiación inmediata de los expropiadores. Hoy colocamos en primer plano la organización de la contabilidad y del control en las haciendas y empresas ya expropiadas a los capitalistas y en todas las demás.

Si quisiéramos hoy continuar expropiando al capital al ritmo anterior, sufriríamos, sin duda, un fracaso, puesto que nuestra labor en el terreno de la organización de la contabilidad y del control proletarios se ha retrasado a todas luces (esto es evidente para toda persona que piense) de la labor directa de "expropiación de los expropiadores''. Si ahora aplicamos todas nuestras fuerzas a organizar la contabilidad y el control, podremos resolver este problema, recuperaremos lo perdido, ganaremos toda nuestra "campaña" contra el capital.

Pero reconocer que hay que recuperar lo perdido ¿no implica, acaso, reconocer algún error cometido? En modo alguno. Hagamos de nuevo una comparación de carácter militar. Si podemos derrotar 682 y hacer retroceder al enemigo, empleando sólo destacamentos de caballería ligera, debemos hacerlo. Ahora bien, si esto puede hacerse con éxito sólo hasta cierto límite, es lógico pensar que, a partir de ese límite, surgirá la necesidad de traer la artillería pesada. Al reconocer que ahora hay que recuperar lo perdido en cuanto a la utilización de la artillería pesada, en modo alguno reconocemos que la carga victoriosa de la caballería ha sido un error.

I.os lacayos de la burguesía nos han reprochado con frecuencia que atacábamos al capital a lo "Guardia Roja''. Reproche absurdo, digno justamente de los lacayos cíe la bolsa de oro. Pues es indudable que, ¡i su debido lieinfio, el ataque a lo "Guardia Roja" contra el capital estuvo dictado por las circunstancias: primero, el capital oponía entonces una resistencia militar, personificada en Kerenski y Krasnov, Sávinkov y («oís (aun hoy Gueguechkori resiste de esta manera), Dútov y Bogaievski. l'na resistencia militar no puede romperse más que por medios militares, y los guardias rojos realizaban la obra histórica más noble v grande de- liberar a los trabajadores y explotados de! yugo de los explotadores.

Segundo, por entonces no hubiésemos podido colocar en primer plano los métodos dr gobierno en lugar del método de represión, aunque solo fuese porque el arte- de gobernar no es innato en los hombres, sino producto de- la experiencia. Entonces no poseíamos esta experiencia, ahora sí. Tercero, entonces no podíamos tener a nuestra disposición a especialistas de las diferentes ramas de la ciencia y de la técnica, pues estos especialistas hit liaban en las tilas de los líogaievski o tenían aún la posibilidad de oponer, mediante el sabotaje, una resistencia pasiva regular y tena/. Ahora, este sabotaje ha sido vencido. El ataque a lo "Guardia Roja" contra el capital ha sido c-ficax v victorioso porque hemos vencido tanto la resistencia militar del capital como la que éste' oponía mediante el sabotaje.

.{Quiere decir esto, acaso, que el ataque a lo "Guardia Roja" contra el capital es apropiado siembre, en Indas las circunstancias, que no poseemos otros medios = de^^1^^ combatirlo? Sena infantil pensar así. Hemos vencido con caballería ligera, pero también disponemos de artillería pesada. Hemos vencido reprimiendo, pero también sabremos vencer gobernando. Hay que saber variar los métodos = de^^1^^ lucha contra el enemigo cuando cambian las circunstancias. No renunciaremos ni por un instante a aplastar a lo "Guardia Roja" a los señóles Sávinkov y Gueguec hkoi i, así como a todos los demás terratenientes v burgueses contrarrevolucionarios. Pero no seremos tan tontos que pongamos en primer plano los métodos a lo "Guardia Roja" cuando, en lo fundamental, ha terminado la época en que eran necesarios los ataques de este tipo (y ha terminado en nuestro triunfo) v cuando llama a la puerta la época cíe- la mili/ación de los espcci.iliM.is 683 burgueses por el poder estatal proletario para remover el terreno de manera que en él no pueda crecer en absoluto ninguna burguesía.

Es una época peculiar o, más bien, una fase peculiar del desarrollo, y, para vencer definitivamente al capital, tenemos que saber adoptar las formas de nuestra lucha a las condiciones peculiares de esta fase.

Sin la dirección de las diversas ramas de la ciencia, de la técnica, de la práctica por parte de los especialistas es imposible la transición al socialismo, ya que el socialismo exige un avance consciente y masivo hacia una productividad del trabajo superior a la del capitalismo y basada en lo alcanzado por éste. El socialismo debe impulsar este avance a su manera, con métodos propios, y para ser más concretos, con métodos soviéticos. Pero, debido a las condiciones de la vida social que ha permitido a los especialistas hacerse especialistas, éstos pertenecen por fuerza y en masa a la burguesía. Si después de tomar el poder, nuestro proletariado resolviera rápidamente el problema de la contabilidad, del control y de la organización a escala que abarque a todo el pueblo (todo esto era irrealizable a causa de la guerra y del atraso de Rusia), entonces, una vez vencido el sabotaje y llevando a cabo una contabilidad y un control generales, subordinaríamos también por completo a los especialistas burgueses. Como vamos muy ``atrasados'' en la contabilidad y el control en general, pese a haber conseguido vencer el sabotaje, no hemos creado todavía las condiciones que puedan poner a nuestra disposición a los especialistas burgueses. El grueso de los saboteadores "acepta el empleo'', pero los mejores organizadores y los más grandes especialistas pueden ser utilizados por el Estado, ya sea a la antigua, a lo burgués (es decir, mediante una elevada remuneración), o a lo nuevo, a lo proletario (es decir, creando las condiciones que permitan ejercer la contabilidad y el control desde abajo, por todo el pueblo, condiciones que, por sí solas, subordinarían y atraerían inevitablemente a los especialistas).

Hemos tenido que recurrir ahora al viejo método burgués y aceptar los ``servicios'' de los especialistas burgueses más reputados a cambio de una remuneración muy elevada. Quienes conocen la situación lo comprenden; pero no todos se detienen a meditar sobre el significado de semejante medida tomada por un Estado proletario. Es evidente que tal medida constituye un compromiso, una desviación de los principios sustentados por la Comuna de París y por todo poder proletario, que exigen la reducción de los sueldos al nivel del salario del obrero medio, que exigen se combata el arribismo con hechos y no con palabras.

Pero esto no es todo. Es evidente que semejante medida no es sólo una interrupción---en cierto terreno y en cierto grado---de la 684 ofensiva contra el capital (ya que el capital no es una simple suma de dinero, sino determinadas relaciones sociales), sino también un paso atrás de nuestro poder estatal socialista, soviético, que desde el primer momento proclamó y comenzó a poner en práctica la política de reducción de los sueldos elevados hasta el nivel del salario del obrero = medio^^24^^'.

Naturalmente, los lacayos de la burguesía, sobre todo los de poca monta, como los mencheviques, los de Nóvaya Zhizny los eseristas de derecha, soltarán la carcajada por haber reconocido nosotros que damos un paso atrás. Pero no debemos hacer caso de esas risitas. Debemos estudiar las peculiaridades del camino, tortuoso en extremo y nuevo, que lleva al socialismo, sin velar nuestros errores ni debilidades, sino procurando coronar a tiempo lo que aún nos queda por hacer. Ocultar a las masas que la incorporación de los especialistas burgueses mediante sueldos muy elevados es apartarse de los principios de la Comuna sería descender al nivel de los politicastros burgueses y engañar a las masas. En cambio, explicar abiertamente cómo y por qué hemos dado este paso atrás, discutir públicamente los medios de que disponemos para recuperar lo perdido significa educar a las masas y, con la experiencia reunida, aprender junto a ellas a construir el socialismo. No es probable que la historia conozca una sola campaña militar victoriosa en la que el vencedor no haya cometido algunos errores, no haya sufrido derrotas parciales, no haya tenido que retroceder temporalmente en algo y en alguna parte. Y la "campaña" contra el capitalismo, comenzada por nosotros, es un millón de veces más difícil que la peor expedición militar; por lo tanto, sería necio y bochornoso dejarse dominar por el abatimiento a causa de una retirada particular y parcial.

Abordemos ahora la cuestión desde el lado práctico. Admitamos que, para dirigir el trabajo del pueblo con objeto de alcanzar el más rápido ascenso económico del país, la República Soviética de Rusia necesita mil especialistas y sabios de primera fila en los diversos dominios de la ciencia, la técnica y la práctica. Admitamos que a cada una de estas "estrellas de primera magnitud" (la mayoría de ellas está tanto más corrompida por las costumbres burguesas cuanto más grato le es vociferar sobre la corrupción de los obreros) hay que pagarle 25.000 rublos al año. Admitamos que esta suma (25 millones de rublos) tiene que ser duplicada (en concepto de pago de primas por el cumplimiento más rápido y mejor de los encargos técnicos y de organización más importantes) o, incluso, cuadruplicada (por haber invitado a varios centenares de especialistas extranjeros, que exigen más). Cabe preguntar: ¿puede considerarse excesivo o imposible para la República Soviética el gasto de cincuenta o cien 685 millones de rublos al año para reorganizar el trabajo del pueblo según la última palabra de la ciencia y de la técnica? Claro que no. La inmensa mayoría fie los obreros y campesinos conscientes aprobará este gasto; aleccionados por la práctica, saben que nuestro atraso nos hace perder miles de millones de rublos y que no hemos alcanzado aún el grado suficiente de organización, contabilidad y control en nuestro trabajo para lograr la participación general y voluntaria de las ``estrellas'' de la intelectualidad burguesa.

Por supuesto, el problema tiene también otro aspecto. Es indiscutible que los sueldos altos influyen también, corrompiendo, tanto en el Poder soviético (con tanto mayor motivo que la rapidez de la revolución no ha podido impedir que se arrime a este poder cierto número de aventureros y granujas, eme, junto con algunos comisarios ineptos o sin escrúpulos, no tienen inconveniente en llegar a ``estrellas'' de... la malversación de fondos públicos) como en la masa obrera. Pero todos los obreros y campesinos pobres honrados y que piensan convendrán con nosotros y reconocerán que no podemos librarnos de golpe y porrazo de la herencia nociva del capitalismo, que no podemos librar a la República Soviética del ``tributo'' de cincuenta o cien millones de rublos (tributo que pagamos por nuestro atraso en la organización de la contabilidad y del control ejercidos desde abajo por todo el pueblo), sino únicamente organizándonos, disciplinándonos más, depurando nuestras filas de cuantos "guardan la herencia del capitalismo" y "siguen las tradiciones del capitalismo'', es decir, de los haraganes, de los parásitos y de los malversadores de fondos públicos (ahora toda la tierra, todas las fábricas, todas las vías férreas constituyen el ``Tesoro'' de la República Soviética). Si los obreros y los campesinos pobres conscientes y avanzados, ayudados por las instituciones soviéticas, logran en un año organizarse, disciplinarse, poner sus fuerzas en tensión y crear una fuerte disciplina del trabajo, podremos librarnos en un año de este ``tributo'' que incluso podrá ser reducido antes... proporcionalmente a los éxitos de nuestra disciplina y de nuestra organización laborales, obreras y campesinas. Cuanto antes aprendamos nosotros mismos, los obreros y campesinos, a tener una disciplina laboral mejor y una técnica del trabajo más elevada, aprovechando para ello a los especialistas burgueses, tanto antes nos libraremos de todo ``tributo'' a estos especialistas.

Nuestro trabajo, dirigido por el proletariado, de organización de la contabilidad y el control de la producción y distribución de los productos por todo el pueblo se halla muy rezagado de nuestra labor directa de expropiación de los expropiadores. Es éste un principio fundamental para comprender las peculiaridades del momento presente y las tareas del Poder soviético que de aquí se derivan. El 686 centro de gravedad en la lucha contra la burguesía se desplaza hacia la organización de esta contabilidad y de este control. Únicamente partiendo de esto podremos determinar con acierto las tareas inmediatas de la política económica y financiera en el terreno de la nacionalización de los bancos, del monopolio del comercio exterior, del control del Estado sobre la circulación fiduciaria, del establecimiento de un impuesto sobre los bienes y los ingresos aceptable desde el punto de vista proletario, de la implantación del trabajo obligatorio.

En todos estos dominios (que son muy esenciales, esencialísimos), nuestra labor de transformación socialista se ha retrasado de un modo extraordinario, y el retraso se debe precisamente a la insuficiente organización de la contabilidad y del control en general. Por supuesto, ésta es una de las tareas más difíciles, que, con el desbarajuste causado por la guerra, sólo admite una solución a la larga; pero no hay que olvidar que es aquí justamente donde la burguesía---sobre todo la pequeña burguesía y la burguesía campesina, particularmente numerosas---nos presenta una batalla muy seria, socavando el control que vamos estableciendo, socavando, por ejemplo, el monopolio del trigo, conquistando posiciones para la especulación y el trapicheo. Estamos aún lejos de haber llevado suficientemente a la práctica lo que ya ha sido decretado, y la tarea principal del momento consiste precisamente en concentrar todos los esfuerzos en la realización práctica, efectiva, de las bases de las transformaciones que se han convertido ya en leyes (pero que no son todavía una realidad).

Para proseguir la nacionalización de los bancos y marchar tesoneros hacia la transformación de los mismos en puntos centrales de la contabilidad social en el régimen socialista, es necesario, ante todo y sobre todo, lograr éxitos reales en el aumento del número de sucursales del Banco Nacional, atraer las imposiciones, facilitar al público las operaciones cuentacorrentistas, acabar con las ``colas'', detener y fusilar a los concusionarios y granujas, etc. Hay que empezar por poner en práctica con eficacia lo más simple, organizar de manera satisfactoria lo existente y, luego ya, preparar lo más complicado.

Afianzar y poner en orden los monopolios del Estado (del trigo, el cuero, etc.) ya implantados y, con ello, preparar la monopolización del comercio exterior por el Estado sin la cual no podremos ``librarnos'' del capital extranjero mediante el pago de ``tributos''. Ahora bien, todas las posibilidades de la construcción socialista dependen de que logremos poner a salvo durante cierto período de transición nuestra independencia económica interior, pagando cierto tributo al capital extranjero.

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En cuanto a la recaudación de impuestos en general, y de los establecidos sobre los bienes e ingresos en particular, también llevamos mucho retraso. La imposición de contribuciones a la burguesía---medida que, en principio, es absolutamente aceptable y que merece la aprobación del proletariado---nos demuestra que, en este terreno, nos hallamos todavía más cerca de los métodos de ganar (Rusia a los ricos para los pobres) que de los métodos de gobernar. Pero, para fortalecernos y pisar más firmes, debemos pasar a estos últimos métodos, debemos sustituir la contribución exigida a la burguesía por un impuesto sobre los bienes e ingresos, aplicado con regularidad y acierto, impuesto que rendirá más al Estado proletario y que requiere de nosotros precisamente una organización mayor de la contabilidad y del control y más orden en su ejercicio.

Nuestro retraso en la implantación del trabajo obligatorio nos demuestra una vez más que es precisamente la labor preparatoria y de organización la que se plantea a la orden del día, labor que, por un lado, debe consolidar definitivamente lo conquistado y, por otro, es necesaria para preparar la operación que "cercará" al capital y le obligará a ``entregarse''. Deberíamos comenzar inmediatamente la implantación del trabajo obligatorio, pero hay que hacerlo de una manera muy gradual y cautelosa, comprobando cada paso en la práctica y, naturalmente, implantándolo en primer término para los ricos. La implantación de la cartilla de trabajo y de la libreta de consumo y entradas y salidas para todo burgués, incluida la burguesía rural, representaría un avance serio hacia el ``cerco'' total del enemigo y hacia la creación de una contabilidad y de un control verdaderamente populares de la producción y de la distribución de los productos.

IMPORTANCIA DE LA LUCHA
POR UNA CONTABILIDAD
Y UN CONTROL POPULARES

El Estado, que ha sido durante siglos un órgano de opresión y expoliación del pueblo, nos ha dejado en herencia un odio y una desconfianza inmensos de las masas por todo lo estatal. Vencerlos es una tarea ardua que sólo está al alcance del Poder soviético, pero que también requiere de éste largo tiempo y gran perseverancia. Sobre el problema de la contabilidad y del control---problema cardinal con que la revolución socialista se enfrenta ya al otro día de haber derrocado a la burguesía---, esta ``herencia'' se deja sentir con mucha agudeza. Pasará inevitablemente cierto tiempo hasta que las masas, que se vieron libres por primera vez después del derrocamiento de los terratenientes y de la burguesía, comprendan---no por los libros, 688 sino por su propia experiencia soviética---y sientan que sin una contabilidad y un control muy amplios y ejercidos por el Estado sobre la producción y la distribución de los productos, el poder de los trabajadores, la libertad de los trabajadores n o puede sostenerse y que el retorno al yugo del capitalismo es ineludible.

Todos los hábitos y todas las tradiciones de la burguesía en general, especialmente de la pequeña burguesía, se oponen también al control estatal y defienden la inviolabilidad de la "sacrosanta propiedad privada'', de la ``sacrosanta'' empresa privada. Hoy vemos con la mayor claridad hasta qué grado es exacta la tesis marxista de que el anarquismo y el anarcosindicalismo son corrientes burguesas; de que están en pugna inconciliable con el socialismo, la dictadura del proletariado, el comunismo. La lucha por inculcar a las masas la idea de la contabilidad y del control ejercidos por el Estado, de la contabilidad y del control soviéticos, la lucha por llevar a la práctica dicha idea, por romper con el maldito pasado que ha acostumbrado a la gente a tener la conquista del pan y del vestido por asunto ``privado'', la compraventa por un negocio que "sólo a mí me incumbe" es una lucha grandiosa, de importancia histórica universal, de la conciencia socialista contra la espontaneidad anárquica burguesa.

Hemos implantado el control obrero como una ley; pero en la práctica cotidiana, y aun en la conciencia de las grandes masas proletarias, no hace más que empezar a penetrar. En nuestra agitación hablamos poco, y nuestros obreros y campesinos avanzados piensan y hablan poco, de que el no llevar la contabilidad ni ejercer el control sobre la producción y la distribución de los productos es la muerte de los gérmenes del socialismo, es malversar los fondos públicos (ya que todos los bienes pertenecen al Tesoro, y el Tesoro es precisamente el Poder soviético, el poder de la mayoría de los trabajadores), y que la negligencia en la contabilidad y en el control significa una complicidad directa con los Kornílov alemanes y rusos, que sólo pueden derrocar el poder de los trabajadores en caso de que no logremos resolver el problema de la contabilidad y del control, y que con la ayuda de toda la burguesía campesina, con ayuda de los democonstitucionalistas, los mencheviques y los eseristas de derecha nos ``acechan'' en espera del momento propicio. Pero en tanto el control obrero no sea un hecho, en tanto los obreros avanzados no hayan organizado y llevado a efecto su cruzada victoriosa e implacable contra los infractores de este control o contra los negligentes en este dominio, no podremos, después de haber dado este primer paso (el del control obrero), dar el segundo hacia el socialismo, es decir, pasar a la regulación de la producción por los obreros.

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El Estado socialista puede surgir únicamente como una red de comunas de producción y consumo que calculen concienzudamente su producción y consumo, economicen el trabajo, aumenten incesantemente la productividad del mismo y consigan con ello reducir la jornada laboral hasta siete, seis y aun menos horas. Aquí no es posible eludir la organización de una contabilidad y un control completos rigurosísimos, ejercidos por todo el pueblo, sobre el trigo y la obtención del trigo (y, a continuación, de los demás productos indispensables). El capitalismo nos ha legado organizaciones de masas capaces de facilitar el tránsito a la contabilidad y al control a vasta escala de la distribución de productos: las cooperativas de consumo. En Rusia están menos desarrolladas que en los países avanzados, pero, no obstante, han abarcado a más de diez millones de asociados. El decreto promulgado hace unos días sobre las cooperativas de consumo'"' tiene una significación extraordinaria y demuestra palpablemente la peculiaridad de la situación y de las tareas de la República Socialista Soviética en el momento presente.

El decreto es un acuerdo concertado con las cooperativas burguesas y con las cooperativas obreras que siguen manteniendo un punto de vista burgués. El acuerdo o compromiso consiste, primero, en que los representantes de estas instituciones no sólo han participado en la discusión del decreto, sino que, de hecho, han gozado durante la discusión del derecho de voto, pues las partes del decreto a las que dichas cooperativas se oponían con denuedo, fueron suprimidas. Segundo, el compromiso consiste, en realidad, en que el Poder soviético renuncia al principio del ingreso gratuito en las cooperativas (único principio consecuentemente proletario), así como a la asociación de toda la población de un lugar dado en una sola cooperativa. Al renunciar a este principio, único principio socialista que responde al objetivo de la supresión de las clases, se ha autorizado a las "cooperativas obreras de clase" (que se llaman "de clase" en este caso únicamente porque se subordinan a los intereses de clase de la burguesía) para seguir subsistiendo. Por último, la propuesta del Poder soviético de excluir totalmente a la burguesía de la dirección de las cooperativas también ha sido muy debilitada, y la prohibición de entrar en las directivas de las cooperativas se ha hecho extensiva sólo a los propietarios de las empresas comerciales e industriales de tipo capitalista privado.

No habría necesidad de tales compromisos si el proletariado hubiese conseguido, a través del Poder soviético, organizar la contabilidad y el control a escala nacional o, aunque sólo fuese, sentar las bases de dicho control. Mediante las secciones de abastecimiento de los Soviets y los organismos similares anejos a los Soviets agruparíamos a la población en una cooperativa única, 690 dirigida por el proletariado y sin la ayuda de las cooperativas burguesas, sin hacer concesiones al principio puramente burgués de que la cooperativa obrera ha de seguir subsistiendo como tal al lado de la cooperativa burguesa en vez de supeditar totalmente la cooperativa burguesa, uniendo las dos y asumiendo toda la dirección, tomando en sus manos el control del consumo de los ricos.

Al concertar semejante acuerdo con las cooperativas burguesas, el Poder soviético ha determinado de un modo concreto sus tareas tácticas y sus métodos peculiares de obrar en la presente fase de desarrollo, a saber: aprovechar y dirigir a los elementos burgueses, haciéndoles algunas concesiones parciales, con lo cual creamos las condiciones para un avance que será más lento de lo que en un comienzo suponíamos, pero que, al mismo tiempo, será más firme, tendrá mejor aseguradas la base y las vías de comunicación y mejor fortificadas las posiciones conquistadas. Por lo demás, los Soviets pueden (y deben) evaluar hoy día sus éxitos en la obra de la edificación del socialismo con un criterio extraordinariamente claro, sencillo y práctico: en qué número exacto de comunidades (comunas, pueblos o barrios, etc.) y en qué grado se aproxima el desarrollo de las cooperativas a abarcar a toda la población.

EL AUMENTO DE LA PRODUCTIVIDAD DEL TRABAJO

En toda revolución socialista, una vez resuelto el problema de la conquista del poder por el proletariado y en la medida en que se va cumpliendo en lo fundamental la tarea de expropiar a los expropiadores y aplastar su resistencia, va colocándose necesariamente en primer plano una tarea cardinal: la de crear un tipo de sociedad superior a la del capitalismo, es decir, la tarea de aumentar la productividad del trabajo y, en relación con esto (y para esto), dar al trabajo una organización superior. Nuestro Poder soviético se encuentra precisamente en una situación en que, gracias a las victorias sobre los explotadores, desde Kerenski hasta Kornílov, ha obtenido la posibilidad de abordar de lleno esta tarea y entregarse a ella por entero. Y aquí es donde se ve en el acto que, si bien es posible apoderarse en pocos días del poder central del Estado, si bien es posible aplastar en pocas semanas la resistencia militar (y el sabotaje) de los explotadores, incluso en los diversos confines de un país grande, no lo es menos que para cumplir con eficacia la tarea de elevar la productividad del trabajo se necesitan, en todo caso (especialmente después de una guerra de las más penosas y devastadoras), varios años. Lo prolongado de esta labor se debe sin duda a circunstancias objetivas.

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El aumento de la productividad del trabajo exige, ante todo, que se asegure la base material de la gran industria: el incremento de la extracción de combustible y de la fabricación de hierro, maquinaria y productos químicos. En este sentido, la República Soviética de Rusia se encuentra en condiciones favorables porque dispone, incluso después de la paz de Brest, de reservas gigantescas de minerales (en los Urales); de combustible en Siberia Occidental (hulla), en el Cáucaso y Sureste (petróleo) y en el Centro (turba); posee también inmensas riquezas forestales, energía hidráulica y materias primas para la industria química (Kara-Bugás), etc. La explotación de estas riquezas naturales con los medios técnicos modernos pondrá los cimientos para un progreso jamás visto de las fuerzas productivas.

Otra de las condiciones del aumento de la productividad del trabajo es elevar el nivel de cultura e instrucción de las grandes masas de la población. Esta elevación marcha ahora con gran celeridad, cosa que no ven los obcecados por la rutina burguesa, incapaces de comprender cuan grandes son el ansia de luz y el espíritu de iniciativa que se extienden hoy entre las capas ``bajas'' del pueblo gracias a la organización soviética. También son condiciones del fomento de la economía el fortalecimiento de la disciplina de los trabajadores, la mejora de la maestría y de la aplicación en el trabajo, el aumento de la intensidad y una organización mejor del mismo.

En este aspecto, de creer a quienes se han dejado intimidar por la burguesía o la sirven, guiados por intereses egoístas, las cosas marchan entre nosotros muy mal e incluso no tienen solución. Estas gentes no comprenden que no ha habido ni puede haber una revolución en la que los partidarios del viejo régimen no griten a voz en cuello sobre el desbarajuste, la anarquía, etc. Es natural que en las masas, que se acaban de sacudir un yugo de increíble salvajismo, haya una profunda y amplia efervescencia y agitación; que el proceso de formación de las nuevas bases de la disciplina laboral sea muy largo y que ni siquiera pudiera comenzarse antes de la victoria completa sobre los terratenientes y la burguesía.

Pero, sin dejarnos llevar en absoluto de la desesperación, a menudo fingida, que propagan los burgueses y los intelectuales burgueses (que han perdido las esperanzas de poder defender sus viejos privilegios), nosotros en modo alguno debemos encubrir un mal evidente. Todo lo contrario, lo iremos poniendo de manifiesto y reforzaremos los métodos soviéticos de lucha contra este mal, ya que el triunfo del socialismo es inconcebible sin el triunfo de la disciplina proletaria consciente sobre la anarquía espontánea pequeñoburguesa, verdadera premisa de que pueda ser restaurado el régimen de Kerenski o de Kornílov.

La vanguardia más consciente del proletariado de Rusia se ha 692 planteado ya la tarea de fortalecer la disciplina en el trabajo. Por ejemplo, el Comité Central del Sindicato de Obreros Metalúrgicos y el Consejo Central de los Sindicatos han comenzado a redactar las medidas y proyectos de decretos = respectivos^^247^^. Esta labor debe ser apoyada e impulsada con todas las fuerzas. Se debe poner a la orden del día la aplicación práctica y el ensayo de la remuneración por unidad de trabajo realizado, el aprovechamiento de lo mucho que hay de científico y progresista en el sistema Taylor, la observancia de las proporciones entre el salario y los resultados generales de la producción de artículos o de la explotación del transporte ferroviario, marítimo, fluvial, etc., etc.

El ruso es un mal trabajador comparado con los de las naciones adelantadas. Y no podía ser de otro modo en el régimen zarista, dada la vitalidad de los restos del régimen de servidumbre. La tarea que el Poder soviético debe plantear con toda amplitud al pueblo es la de aprender a trabajar. La última palabra del capitalismo en este terreno---el sistema Taylor---, al igual que todos los progresos del capitalismo, reúne toda la refinada ferocidad de la explotación burguesa y varias conquistas científicas de sumo valor concernientes al estudio de los movimientos mecánicos durante el trabajo, la supresión de movimientos superfluos y torpes, la adopción de los métodos de trabajo más racionales, la implantación de los sistemas óptimos de contabilidad y control, etc. La República Soviética debe adquirir a toda costa las conquistas más valiosas de la ciencia y de la técnica en este dominio. La posibilidad de realizar el socialismo quedará precisamente determinada por el grado en que logremos combinar el Poder soviético y la forma soviética de administración con los últimos progresos del capitalismo. Hay que organizar en Rusia el estudio y la enseñanza del sistema Taylor, su experimentación y adaptación sistemáticas. Al mismo tiempo, y con el propósito de elevar la productividad del trabajo, hay que tener presentes las peculiaridades del período de transición del capitalismo al socialismo que reclaman, por un lado, el establecimiento de las bases de la organización socialista de la emulación y, por otro, la aplicación de medidas coercitivas para que la consigna de la dictadura del proletariado no quede empañada por una blandenguería del poder proletario en la práctica.

LA ORGANIZACIÓN DE LA EMULACIÓN

Al cúmulo de absurdos que la burguesía difunde gustosa sobre el socialismo pertenece también el de que los socialistas niegan la importancia de la emulación. Pero, en realidad, sólo el socialismo, al suprimir las clases y, en consecuencia, la esclavización de las masas, 693 les abre por vez primera el camino a la emulación a escala amplia de verdad. Y es precisamente el régimen soviético el que, pasando de la democracia formal de la república burguesa a la verdadera participación de las masas trabajadoras en el gobierno, plantea por primera vez a gran escala el problema de la emulación. Es mucho más fácil plantearlo en el terreno político que en el económico; pero, para el éxito del socialismo, este último es precisamente el que importa.

Examinemos el problema de la publicidad como medio de organizar la emulación. La república burguesa la lleva a cabo únicamente de una manera formal, subordinando de hecho la prensa al capital, distrayendo al ``populacho'' con nimiedades políticas picantes, ocultando lo que sucede en los talleres, en las transacciones comerciales, en los suministros, etc., bajo el manto del "secreto comercial" que cubre la "sacrosanta propiedad''. El Poder soviético ha suprimido el secreto comercial y emprendido una nueva senda; pero aún no hemos hecho casi nada para aprovechar la publicidad en beneficio de la emulación económica. Debe procurarse periódicamente que, al mismo tiempo que se reprime sin piedad la prensa burguesa, impregnada totalmente de falsedades y calumnias descaradas, se cree una prensa que no se dedique a distraer y embaucar a las masas con anécdotas picantes y nimiedades políticas, sino que someta al juicio de las masas los problemas económicos cotidianos y les ayude a estudiarlos en serio. Cada fábrica y cada aldea es una comuna de producción y consumo que tiene el derecho y el deber de aplicar a su manera las leyes soviéticas generales ``(a su manera" no en el sentido de infringirlas, sino de la diversidad de formas de su aplicación), resolver a su manera el problema de la contabilidad de la producción y la distribución de los productos. En el capitalismo, esto era un "asunto privado" de cada capitalista, de cada terrateniente o kulak. En el Poder soviético, esto no es un asunto privado, sino público y de la mayor importancia.

Apenas si hemos comenzado aún la inmensa, difícil y, a la vez, grata labor de organizar la emulación entre las comunas, de implantar la rendición de cuentas y la publicidad en la producción del trigo, del vestido, etc., de convertir los balances burocráticos, escuetos y sin vida, en ejemplos vivos, unas veces repulsivos y otras atrayentes. Con el modo capitalista de producción, la importancia de cada ejemplo por separado, digamos, de una cooperativa cualquiera de producción, quedaba sin falta limitada hasta el último grado, y sólo la fantasía pequeñoburguesa podía soñar con ``corregir'' el capitalismo con la influencia de los ejemplos de las instituciones rebosantes de virtudes. Después de pasar el poder político a manos del proletariado, después de la expropiación de los expropiadores, la 694 situación cambia de raíz y---conforme a las reiteradas indicaciones de socialistas destacados---la fuerza del ejemplo adquiere por vez primera la posibilidad de ejercer su influencia a vasta escala. Las comunas modelo deben servir y servirán de ejemplo educador, instructivo y estimulante para las comunas atrasadas. La prensa debe ser un instrumento de la construcción del socialismo que difunde con lujo de pormenores los éxitos de las comunas modelo, analiza las causas de estos éxitos y los métodos de organización de la hacienda de las mismas y pone, por otro lado, en la picota a las comunas que se obstinan en conservar las "tradiciones del capitalismo'', es decir, de la anarquía, la holgazanería, el desorden, la especulación. En la sociedad capitalista, la estadística era de la incumbencia exclusiva de los funcionarios públicos o de profesionales; nosotros debemos llevarla a las masas, popularizarla para que los trabajadores vayan aprendiendo poco a poco a comprender y ver ellos mismos cómo y cuánto hay que trabajar, cómo y cuánto se puede descansar; para que la comparación de los balances económicos de la hacienda de comunas por separado se transforme en objeto de interés y estudio para todos, para que las comunas que se destaquen sean recompensadas en el acto (reduciéndoles la jornada de trabajo durante cierto tiempo, aumentando en ellas la retribución, concediéndoles mayores bienes y valores culturales o estéticos, etc.).

Cuando en el escenario histórico entra una clase nueva como jefe y dirigente de la sociedad, por un lado,siempre hay un período de grandes ``sacudidas'', conmociones, luchas y tempestades, y, por otro lado, tampoco falta un período de titubeos, experimentos, vacilaciones y dudas respecto a la elección de nuevos métodos correspondientes a la nueva situación objetiva. La nobleza feudal agonizante se vengaba de la burguesía que triunfaba y la desplazaba; se vengaba no sólo mediante conspiraciones e intentos de insurrección y restauración, sino también mediante torrentes de burlas a costa de la incapacidad, la torpeza y los errores de esos ``advenedizos'' e ``insolentes'' que se atrevían a empuñar el "sagrado timón" del Estado sin poseer la preparación secular que para ello tienen los príncipes, barones, nobles y aristócratas. Del mismo modo, los Kornílov y los Kerenski, los Gots y los Mártov, toda esa cofradía de héroes de la chalanería y del escepticismo burgueses, se están vengando ahora de la clase obrera de Rusia por su ``atrevido'' intento de tomar el poder.

Se requieren, por supuesto, largos meses y años, y no semanas, para que la nueva clase social, una clase hasta ahora oprimida y aplastada por la miseria y la ignorancia, pueda familiarizarse con la nueva situación, orientarse, organizar su trabajo y destacar a sus organizadores. Se comprende que el partido que dirige al 695 proletariado revolucionario no podía adquirir la experiencia ni los hábitos de las grandes medidas destinadas a organizar a millones y decenas de millones de ciudadanos, que el rehacer los viejos hábitos, que se reducían casi exclusivamente a la agitación, es una obra muy larga. Pero en esto no hay nada imposible, y lo conseguiremos en cuanto tengamos la dará conciencia de que ese cambio es necesario, la firme decisión de realizarlo, la constancia imprescindible en la lucha por este- objetivo grande y difícil. Es inmenso el número de organizadores de talento que existen en el ``pueblo'', es decir, entre los obreros y los campesinos que no explotan trabajo ajeno; el capital los oprimía por millares, los aplanaba y lanzaba por la borda. Nosotros aún no sabemos descubrirlos, animarlos, ponerlos en pie, destacarlos. Pero aprenderemos si nos aplicamos a ello con todo el entusiasmo revolucionario, sin c'l cual no puede haber revoluciones victoriosas. No ha habido ningún movimiento popular profundo y caudaloso en la historia que no llevara esa inmunda espuma de aventureros y granujas, de- lanhu ronc's y vocingleros que se arriman a los innovadores sin experiencia; no ha habido movimiento sin ajetreos absurdos, sin confusión, sin agitación vana, sin que algunos ``jefes'' intenten hacer veinte' cosas a la ve/ v no acabar ninguna. Que ladren v gruñan los gozques = di^^1^^ la sociedad burguesa, desde Belorússov hasta Máriov. a proposito de cada astilla que salte al talar ese bosque glande v vetusto. Para eso son gozques, para ladrarle al elefante proletario. Que' ladren. Nosotros seguiremos nuestro camino, t ruando de poner a prueba y estudiar pacientemente, con el mayor (nielado posible, a los verdaderos organizadores, a los hombres de mente clara v visión práctica, a los hombres que reúnan la fidelidad ,il socialismo con la capacidad de organizar sin alboroto (v a pesar del desorden v del alboroto) el trabajo unido, solidario y común de gran numero de personas en el marco de la organización soviética. Sólo a hombres ;isí, después de probarlos diez veces y pasarlos de los trabajos in.ís sencillos a los más complejos, debemos llevarlos a los puestos de responsabilidad de dirigentes del trabajo dc'l pueblo, de dirigentes administrativos. Todavía no hemos aprendido a hacerlo. Pero aprenderemos.

"BUENA ORGANIZACIÓN" Y DICTADURA

La tarca primordin! del momento que plantea la resolución del ultimo Congreso df los Soviets, celebrado en Moscú, es crear una "buena organi/ai ion" v lorl.ilccer la disciplina^^*^^. Hoy todos ``votan'' v ``suscriben'' gustosos resoluciones de este género; mas, por lo _-_-_

^^*^^ Vé;ise el pievenie volumen. |>.it;v tit>S-(i(i((. (,V. ili' In Hitil.)

696 común, no se paran a pensar que su aplicación requiere el empleo de la coerción, y, precisamente, de una coerción en forma de dictadura. Sin embargo, sería la mayor torpeza y la más absurda utopía suponer que se puede pasar del capitalismo al socialismo sin coerción y sin dictadura. La teoría marxista se ha pronunciado hace mucho, y del modo más rotundo, contra este absurdo democrático pequeñoburgués y anarquista. La Rusia de 1917--1918 confirma con tal evidencia y de un modo tan palpable y convincente la teoría de Marx sobre el particular que sólo tontos de remate o empeñados en volver la espalda a la verdad pueden todavía desorientarse en este terreno. O dictadura de Kornílov (si lo tomamos por el tipo ruso del Cavaignac burgués) o dictadura del proletariado: no puede haberotra. salida para un país que se desarrolla con extraordinaria rapidez, con virajes de excepcional brusquedad y en medio del terrible desbarajuste económico originado por la más penosa de las guerras. Todas las soluciones intermedias serán o un fraude al pueblo, cometido por la burguesía, que no puede decir la verdad, que no puede declarar que necesita a Kornílov; o una manifestación de la estupidez de los demócratas pequeñoburgueses, de los Chernov, Tsereteli y Mártov, con su charlatanería acerca de la unidad de la democracia, de la dictadura de la democracia, del frente democrático general y demás tonterías por el estilo. Hay que considerar perdidos sin remedio a quienes no han aprendido siquiera en el curso de la revolución rusa de 1917--1918 que las soluciones intermedias son imposibles.

Por otra parte, no es difícil convencerse de que, en toda transición del capitalismo al socialismo, la dictadura es imprescindible por dos razones esenciales o en dos aspectos fundamentales. Primero, es imposible vencer y desarraigar el capitalismo sin aplastar sin piedad la resistencia de los explotadores, que no pueden ser privados de golpe de sus riquezas, de las ventajas que les proporcionan su organización y sus conocimientos y que, en consecuencia, se esforzarán inevitablemente, durante un período bastante prolongado, por derrocar el odiado poder de los pobres. Segundo, toda gran revolución, especialmente la revolución socialista, es inconcebible sin guerra interior, es decir, sin guerra civil, aunque no exista una guerra exterior. Y la guerra civil lleva implícita una ruina mayor aún que la ocasionada por la guerra exterior; significa millares y millones de vacilaciones y de deserciones de un campo a otro, un estado de terrible incertidumbre, de desequilibrio y de caos. Como es natural, todos los elementos de descomposición de la sociedad vieja, fatalmente numerosísimos y ligados, sobre todo, a la pequeña burguesía (pues es la primera en quedar arruinada y aniquilada por toda guerra y toda crisis), no pueden menos de ``manifestarse'' en una conmoción tan profunda. Y los elementos de descomposición 697 sólo pueden ``manifestarse'' en un aumento de la delincuencia, de la golfería, del soborno, de la especulación y de toda clase de escándalos. Para acabar con todo eso se requiere tiempo y hace falta mano de hierro.

La historia no conoce ninguna gran revolución en la que el pueblo no haya sentido eso por instinto y no haya mostrado una firmeza salvadora, fusilando a los ladrones en el acto. La desgracia de las revoluciones precedentes consistió en que el entusiasmo revolucionario de las masas que las tenía en tensión y les daba energías para reprimir sin piedad a los elementos corruptores duraba poco. La causa social, es decir, de clase, de esa poca duración del entusiasmo revolucionario de las masas residía en la debilidad del proletariado, único capaz (cuando es bastante numeroso, consciente y disciplinado) de atraer a la mayoría de los trabajadores y explotados (a la mayoría de los pobres, empleando un término más sencillo y popular) y sujetar el poder en sus manos el tiempo suficiente para aplastar por completo a todos los explotadores y a todos los elementos corruptores.

Esta experiencia histórica de todas las revoluciones, esta enseñanza---económica y política---de alcance histórico universal fue resumida por Marx en su fórmula breve, tajante, precisa y brillante: la dictadura del proletariado. Y la marcha triunfal de la organización soviética por todos los pueblos y naciones de Rusia ha demostrado que la revolución rusa ha abordado con acierto esta tarea de alcance histórico universal. Pues el Poder soviético no es otra cosa que la forma de organización de la dictadura del proletariado, de la dictadura de la clase de vanguardia, que eleva a una nueva democracia y a la participación efectiva en el gobierno del Estado a decenas y decenas de millones de trabajadores y explotados, los cuales aprenden de su misma experiencia a considerar que su jefe más seguro es la vanguardia disciplinada y consciente del proletariado.

Pero la palabra dictadura es una gran palabra. Y las grandes palabras no deben vocearse al viento. La dictadura es un poder férreo, de audacia y rapidez revolucionarias, implacable en la represión tanto de los explotadores como de los malhechores. Sin embargo, nuestro poder es demasiado blando y, en infinidad de ocasiones, se parece más a la gelatina que al hierro. No debe olvidarse ni por un instante que el elemento burgués y pequeñoburgués lucha contra el Poder soviético de dos maneras: por un lado, actuando desde fuera con los métodos de los Sávinkov, Gots, Gueguechkori y Kornílov, con conspiraciones y alzamientos, con su inmundo reflejo "ideológico'', con torrentes de mentiras y calumnias difundidas en la prensa de los democonstitucionalistas, de los 698 eseristas de derecha y de los mencheviques; por otro lado, este elemento actúa desde dentro, aprovechando todo factor de descomposición y toda flaqueza, a fin de practicar el soborno y aumentar la indisciplina, el libertinaje y el caos. Cuanto más nos acercamos al total aplastamiento militar de la burguesía, más peligroso se hace para nosotros el elemento de la anarquía pequeñoburguesa. Y contra este elemento no se puede luchar únicamente con la propaganda, la agitación, la organización de la emulación o la selección de organizadores; hay que oponerle también la coerción.

A medida que la tarea fundamental del poder deje de ser la represión militar para convertirse en la labor administrativa, la manifestación típica de la represión y coerción no será el fusilamiento en el acto, sino el tribunal. Después del 25 de octubre de 1917, las masas revolucionarias emprendieron el camino justo en este terreno y demostraron la vitalidad de la revolución, empezando a organizar sus propios tribunales obreros y campesinos, sin esperar que se promulgasen los decretos de disolución del mecanismo judicial burocrático burgués. Pero nuestros tribunales revolucionarios y populares son de una debilidad extraordinaria e increíble. Se nota que aún no se ha borrado del todo la opinión que el pueblo tiene de los tribunales como de algo burocrático y ajeno, opinión heredada de la época en que existía el yugo de los terratenientes y de la burguesía. Todavía no se comprende bastante que el tribunal es un órgano llamado a incorporar precisamente a todos los pobres a la gestión pública del Estado (pues la actividad judicial es una de las funciones administrativas del Estado), que el tribunal es un órgano de poder del proletariado y de los campesinos pobres, que el tribunal es un instrumento para inculcar la disciplina. No se comprende bastante el hecho simple y evidente de que si el hambre y el paro son las mayores plagas de Rusia, estas plagas no podrán ser vencidas con ningún movimiento impulsivo, sino sólo con una organización y una disciplina en todos los órdenes, extensivas a todo y a todos, que permitan aumentar la producción de pan para la gente y de pan para la industria (combustible), transportarlo a tiempo y distribuirlo acertadamente; que, por eso, cuantos infringen la disciplina del trabajo en cualquier fábrica, en cualquier empresa o en cualquier obra son los culpables de los tormentos causados por el hambre y el paro; que es necesario saber descubrir a los culpables, entregarlos a los tribunales y castigarlos sin piedad. El elemento pequeñoburgués, contra el que habremos de luchar ahora con el mayor tesón, se manifiesta precisamente en la insuficiente comprensión de la relación económica y política existente entre el hambre y el paro, por un lado, y el relajamiento de todos y cada uno en el terreno de la organización y la disciplina, por otro; en que sigue muy arraigado el 699 punto de vista del pequeño propietario: sacar la mayor tajada posible y, después, ¡lo que sea sonará!

En el transporte ferroviario---que tal vez sea donde se plasman con mayor evidencia los vínculos económicos del organismo creado por el gran capitalismo---se manifiesta con singular relieve esta lucha entre el elemento relajador pequeñoburgués y el espíritu proletario de organización. El elemento ``administrativo'' proporciona en gran abundancia saboteadores y concusionarios; la mejor parte del elemento proletario lucha por la disciplina; pero en uno y otro hay, como es natural, muchos vacilantes, muchos "débiles'', incapaces de no caer en la "tentación" de especular, dejarse sobornar y sacar provecho personal a costa de deteriorar todo el mecanismo, de cuyo buen funcionamiento depende el triunfo sobre el hambre y el paro.

Es sintomática la lucha entablada en este terreno en torno al último decreto sobre la administración de los ferrocarriles, sobre la concesión de poderes dictatoriales (o ``ilimitados'') a ciertos dirigen- = tes^^248^^. Los representantes conscientes (y en su mayoría, probablemente, inconscientes) del relajamiento pequeñoburgués han querido ver en la concesión de poderes ``ilimitados'' (es decir, dictatoriales) a ciertas personas una abjuración de la norma de dirección colectiva, de la democracia y de los principios del Poder soviético. En algunos lugares, entre los eseristas de izquierda se emprendió una agitación francamente propia de maleantes contra el decreto sobre los poderes dictatoriales, es decir, una agitación en la que se apelaba a los bajos instintos y al afán del pequeño propietario de ``sacar'' la mayor tajada posible. La cuestión planteada tiene, en efecto, inmensa importancia: primero, se trata de una cuestión de principio, de saber si el nombramiento de determinadas personas investidas de poderes dictatoriales ilimitados es, en general, compatible con los principios cardinales del Poder soviético; segundo, de saber qué relación guarda este caso---o este precedente, si se quiere---con las tareas especiales del poder en el momento concreto actual. Ambas cuestiones deben ser examinadas con la mayor atención.

La experiencia irrefutable de la historia muestra que la dictadura de ciertas personas ha sido con mucha frecuencia, en el curso de los movimientos revolucionarios, la expresión de la dictadura de las clases revolucionarias, su portadora y su vehículo. No ofrece duda alguna que la dictadura personal ha sido compatible con la democracia burguesa. Pero los detractores burgueses del Poder soviético, así como sus segundones pequeñoburgueses, recurren siempre al escamoteo y dan pruebas de gran destreza en este punto: por una parte, declaran que el Poder soviético es algo simplemente absurdo, anárquico, salvaje, eludiendo con el mayor cuidado todos nuestros paralelos históricos y las pruebas teóricas de que los Soviets 700 __EMAIL__ webmaster@leninist.biz __OCR__ ABBYY 6 Professional (2006.10.24) __WHERE_PAGE_NUMBERS__ top __FOOTNOTE_MARKER_STYLE__ [*]+ __ENDNOTE_MARKER_STYLE__ [0-9]+ son la forma superior de democracia, más aún, el comienzo de la forma socialista de democracia; por otra parte, exigen de nosotros una democracia superior a la burguesa y dicen: la dictadura personal es absolutamente incompatible con vuestra democracia soviética, bolchevique (o sea, no burguesa, sino socialista).

Los razonamientos no pueden ser peores. Si no somos anarquistas, debemos admitir la necesidad del Estado, es decir, la coerción, para pasar del capitalismo al socialismo. La forma de coerción está determinada por el grado de desarrollo de la clase revolucionaria correspondiente, por circunstancias especiales---como es, por ejemplo, la herencia recibida de una guerra larga y reaccionaria---y por las formas de resistencia de la burguesía y de la pequeña burguesía. Así pues, no existe absolutamente ninguna contradicción de principio entre la democracia soviética (es decir, socialista) y el ejercicio del poder dictatorial por ciertas personas. La dictadura proletaria se diferencia de la dictadura burguesa en que la primera dirige sus golpes contra la minoría explotadora, a favor de la mayoría explotada; además, en que la primera es ejercida---también por el conducto de ciertas personas---no sólo por las masas trabajadoras y explotadas, sino asimismo por organizaciones estructuradas de manera que puedan despertar precisamente a esas masas y elevarlas a hacer la historia (a este género de organizaciones pertenecen los Soviets).

Por lo que se refiere a la segunda cuestión (el significado precisamente del poder dictatorial unipersonal desde el punto de vista de las tareas específicas del momento presente), debemos decir que toda gran industria mecanizada---es decir, precisamente el origen y la base material, de producción, del socialismo---requiere una unidad de voluntad absoluta y rigurosísima que dirija el trabajo común de centenares, miles y decenas de miles de personas. Esta necesidad es evidente desde tres puntos de vista---técnico, económico e histórico---, y cuantos pensaban en el socialismo la han tenido siempre por una condición para llegar a él. Pero, ¿cómo puede asegurarse la más rigurosa unidad de voluntad? Supeditando la voluntad de miles de personas a la de una sola.

Si quienes participan en el trabajo común poseen una conciencia y una disciplina ideales, esta supeditación puede recordar más bien la suavidad con que conduce un director de orquesta. Si no existen esa disciplina y esa conciencia ideales, la supeditación puede adquirir las formas tajantes de la dictadura. Pero, de uno u otro modo, la supeditación incondicional a una voluntad única es absolutamente necesaria para el buen éxito de los procesos del trabajo, organizado al estilo de la gran industria mecanizada. Para los ferrocarriles, ello es el doble y el triple necesario. Y esta transición de una tarea política 701 a otra, que no se le parece en nada por fuera, constituye la peculiaridad del momento que vivimos. La revolución acaba de romper las cadenas más antiguas, más fuertes y pesadas, con las que se sometía a las masas por la fuerza. Eso sucedía ayer. Pero hoy, esa misma revolución, en beneficio precisamente de su desarrollo y robustecimiento, en beneficio del socialismo, exige la supeditación incondicional de las masas a la voluntad única de los dirigentes del proceso de trabajo. Está claro que semejante transición es inconcebible de golpe. Está claro que sólo puede llevarse a cabo a costa de enormes sacudidas y conmociones, con retornos a lo viejo, mediante una tensión colosal de las energías de la vanguardia proletaria que conduce al pueblo hacia lo nuevo. En esto no piensan quienes se dejan arrastrar por el histerismo pequeñoburgués de = NóvayaZhizn o Vperiod^^249^^, Dielo Naroda o Nash ViekK".

Tomemos la sicología del individuo medio, de base, de la masa trabajadora y explotada y comparémosla con las condiciones objetivas, materiales, cíe la vida social del mismo. Hasta la Revolución de Octubre no había visto aún en la práctica que las clases poseedoras, las clases explotadoras le hubiesen sacrificado o cedido realmente algo de importancia para ellas. No había visto aunque esas clases le hubiesen dado la tierra y la libertad, tantas veces prometidas, que le hubiesen dado la paz, que hubiesen renunciado a sus intereses de "nación dominante" y a los tratados secretos imperialistas, que hubiesen sacrificado algo de su capital y de sus ganancias. Lo ha visto únicamente después del 25 de octubre de 1917, cuando él mismo hubo de conquistarlo todo esto por la fuer/a y defenderlo también por la fuerza frente a los Kerenski, los Gots, los Gueguechkori, los Dútov y los Kornílov. Se comprende que, durante cierto tiempo, toda su atención, todos sus pensamientos, todas sus fuerzas espirituales hayan tendido a una sola cosa: a respirar libremente, a erguirse, explayarse y gozar de los bienes inmediatos que le ofrecía la vida y le negaban los explotadores derrocados. Se comprende que haga falta cierto tiempo para que el individuo de las masas vea, se convenza y, además, sienta que no se puede simplemente ``tomar'', echar el guante a algo y llevárselo, que esto aumenta el desbarajuste, el desastre, que trae de vuelta a los Kornílov. El viraje correspondiente en las condiciones de vida (y, por tanto, en la sicología también) de las masas trabajadoras sencillas no hace más que empezar. Y toda nuestra misión, la misión del Partido Comunista (bolchevique), intérprete consciente del afán de emancipación de los explotados, es conocer este viraje, comprender que es necesario, ponerse a la cabeza de las masas cansadas, que buscan con ansiedad una salida, guiarlas por el buen camino, por el camino de la disciplina laboral, enseñarles a compaginar las discusiones públicas acerca de las 702 condiciones de trabajo con el sometimiento incondicional a la voluntad del dirigente soviético, del dictador, durante el trabajo.

Los burgueses, los mencheviques, los de Nóvaya Zhizn, que sólo ven caos, desorden y explosiones de egoísmo de pequeños propietarios, se burlan de las "discusiones públicas" o las denigran, furiosos, con más frecuencia aún. Pero sin las discusiones públicas, la masa de oprimidos jamás podría pasar de la disciplina impuesta por los explotadores a la disciplina consciente y voluntaria. Las discusiones públicas son, precisamente, la verdadera democracia, el enderezamiento, el despertar de los trabajadores a la nueva vida; son los primeros pasos que dan por un terreno que ellos mismos han limpiado de reptiles (explotadores, imperialistas, terratenientes y capitalistas) y que ellos mismos quieren aprender a organizar a su manera, para sí, respaldándose en los principios de su propio poder, del Poder soviético, y no de un poder ajeno, señorial o burgués. Ha sido precisa la victoria conquistada en octubre por los trabajadores sobre los explotadores, ha sido precisa toda una etapa histórica de discusión inicial por los propios trabajadores de las nuevas condiciones de vida y de las nuevas tareas, para poder pasar con firmeza a formas superiores de la disciplina de trabajo, a una asimilación consciente de la idea de que es necesaria la dictadura del proletariado, a un sometimiento incondicional a las órdenes personales de los representantes del Poder soviético en las horas de trabajo.

Esta transición ha comenzado ahora.

Hemos cumplido con éxito la primera tarea de la revolución, hemos visto cómo preparan las masas trabajadoras en su propio seno la condición fundamental para el triunfo de esa revolución: la unificación de los esfuerzos contra los explotadores a fin de lograr su derrocamiento. Etapas como las de octubre de 1905 y febrero y octubre de 1917 tienen una importancia histórica universal.

Hemos cumplido con éxito la segunda tarea de la revolución: despertar y alzar a esos mismos "sectores bajos" de la sociedad que los explotadores habían echado al fondo y que sólo después del 25 de octubre de 1917 obtuvieron la plena libertad de derrocar a esos explotadores y de comenzar a orientarse y a organizar la vida a su manera. Esta segunda gran etapa de la revolución estriba en las discusiones públicas precisamente de las masas trabajadoras más oprimidas, más atrasadas y menos preparadas, el paso de éstas a los bolcheviques, la instauración por ellas de su organización soviética en todas partes.

Empieza la tercera etapa. Hay que afianzar lo conquistado por nosotros mismos, lo que hemos decretado, legalizado, discutido y proyectado; hay que afianzarlo mediante formas estables de una 703 disciplina de trabajo diaria. Es la tarea más difícil, pero también la más grata, pues únicamente su cumplimiento nos permitirá implantar el orden socialista. Hay que aprender a conjugar la democracia de las discusiones públicas de las mysas trabajadoras, que fluye tumultuosa como las aguas primaverales desbordadas, con la disciplina férrea durante el trabajo, con el sometimiento incondicional a la voluntad de una sola persona, del dirigente soviético, en las horas de trabajo.

Todavía no hemos aprendido a hacerlo.

Pero aprenderemos.

La amenaza de restauración de la explotación burguesa, personificada por los Kornílov, los Gots, los Dútov, los Gueguechkori y los Bogaievski, se cernía ayer sobre nosotros. Pero los hemos vencido. Esta restauración, esta misma restauración nos amenaza hoy bajo otra forma, bajo la forma del elemento de relajación y anarquismo pequeñoburgués, del espíritu del pequeño propietario: "Eso no reza conmigo''; bajo la forma de ataques e incursiones cotidianos, pequeños, pero numerosos, de este elemento contra la disciplina proletaria. Debemos vencer este elemento de anarquía pequeñoburguesa, y lo venceremos.

EL DESARROLLO DE LA ORGANIZACIÓN SOVIÉTICA

El carácter socialista de la democracia soviética---es decir, proletaria, en su aplicación concreta presente---consiste, primero, en que los electores son las masas trabajadoras y explotadas, quedando excluida la burguesía; segundo, en que desaparecen todas las formalidades y restricciones burocráticas en las elecciones: las propias masas determinan las normas y el plazo de las elecciones, gozando de plena libertad para revocar a los elegidos; tercero, en que se crea la mejor organización de masas de la vanguardia trabajadora, del proletariado de la gran industria, la cual le permite dirigir a las más vastas masas de explotados, incorporarlas a una vida política independiente y educarlas en el aspecto político, basándose en su propia experiencia; en que, de este modo, se aborda por vez primera la tarea de que aprenda a gobernar y comience a gobernar realmente toda la población.

Tales son los principales rasgos distintivos de la democracia aplicada en Rusia, que constituye un tipo superior de democracia, que significa la ruptura con la deformación burguesa de la misma y el paso a la democracia socialista y a condiciones que permitan el comienzo de la extinción del Estado.

Por supuesto, el elemento de la desorganización pequeñoburguesa (que se dejará sentir inevitablemente, bajo una u otra forma, en toda 704 revolución proletaria, y que en nuestra revolución se manifiesta con fuerza singular en virtud del carácter pequeñoburgués del país, de su atraso y de las consecuencias de la guerra reaccionaria) no puede menos de imprimir también su sello en los Soviets.

Hay que trabajar infatigablemente para desarrollar la organización de los Soviets y el Poder soviético. Existe la tendencia pequeñoburguesa a convertir a los miembros de los Soviets en ``parlamentarios'' o, de otro lado, en burócratas. Hay que luchar contra esto, haciendo participar prácticamente a todos los miembros de los Soviets en el gobierno del país. En muchos lugares, las secciones de los Soviets se están transformando en órganos que se funden paulatinamente con los comisariados. Nuestro objetivo es hacer participar prácticamente a toda la población pobre en el gobierno del país; y todos los pasos que se den para lograr este objetivo ---cuanto más variados, tanto mejor---deben ser registrados, analizados y sistematizados minuciosamente, deben ser contrastados con una experiencia más amplia y refrendados por la ley. Nuestro objetivo es lograr que enría trabajador, después de "cumplir la tarea" de ocho horas de trabajo productivo, desempeñe sin retribución las funciones estatales. El paso a este sistema es particularmente difícil, pero sólo en él está la garantía de que se consolide definitivamente el socialismo. Como es natural, la novedad y la dificultad del cambio motivan la abundancia de pasos que se dan a tientas, por decirlo así; originan multitud de errores y titubeos, sin los cuales no puede haber ningún avance rápido. Toda la originalidad de la situación actual consiste, desde el punto de vista de muchos que desean considerarse socialistas, en que la gente se ha acostumbrado a oponer en forma abstracta el capitalismo al socialismo, intercalando entre uno y otro, con aire grave, la palabra ``salto'' (algunos, recordando fragmentos aislados de cosas leídas en las obras de Engels, agregaban con aire aún más grave: "salto del reino de la necesidad al reino de = la libertad"^^251^^). La mayoría de los llamados socialistas, que del socialismo "han leído en los libros'', pero que jamás han profundizado en serio en este problema, no saben pensar que los maestros del socialismo denominaban ``salto'' al cambio brusco, considerado desde el punto de vista de los virajes de la historia universal, y que los saltos de esta naturaleza abarcan períodos de diez e incluso más años. Es lógico que la famosa ``intelectualidad'' suministre en momentos como éste una infinidad de plañideras: una llora por la Asamblea Constituyente; otra, por la disciplina burguesa; la tercera, por el orden capitalista; la cuarta, por el terrateniente civilizado; la quinta, por el espíritu imperialista de nación dominante, etc., etc.

El verdadero interés de la época de los grandes saltos consiste en que la abundancia de escombros de lo viejo, amontonados a veces 705 con mayor rapidez que despuntan los brotes de lo nuevo (no siempre perceptibles al primer golpe de vista), requiere que se sepa destacar lo más esencial en la línea o en la cadena del desarrollo. Hay momentos históricos en que lo más importante para asegurar el éxito de la revolución consiste en amontonar la mayor cantidad posible de escombros, es decir, hacer saltar el mayor número de instituciones caducas; hay momentos en que, logrado esto en grado suficiente, se plantea a la orden del día la labor ``prosaica'' (``tediosa'' para el revolucionario pequeñoburgués) de descombrar el terreno; hay momentos en que lo más importante es cuidar con solicitud los brotes de lo nuevo, que surgen de entre los escombros en un terreno aún mal descombrado.

No basta con ser revolucionario y partidario del socialismo o comunista en general. Es necesario saber encontrar en cada momento peculiar el eslabón particular al cual hay que aferrarse con todas las fuerzas para sujetar toda la cadena y preparar sólidamente el paso al eslabón siguiente. El orden de los eslabones, su forma, su engarce, la diferencia entre unos y otros no son tan simples ni tan burdos en la cadena histórica de los acontecimientos como en una cadena corriente forjada por un herrero.

La lucha contra la deformación burocrática de la organización soviética está garantizada por la solidez de los vínculos de los Soviets con el ``pueblo''---entendiendo por tal a los trabajadores y explotados---, por la flexibilidad y elasticidad de esos vínculos. Los pobres jamás consideran instituciones ``suyas'' los parlamentos burgueses, ni siquiera en la república capitalista más democrática del mundo. Los Soviets, en cambio, son instituciones ``propias'', y no ajenas, para la masa de obreros y campesinos. A los actuales "socialdemócratas" del matiz de Scheidemann o, lo que es casi igual, de Mártov les repugnan los Soviets y les atrae el respetable Parlamento burgués o la Asamblea Constituyente, del mismo modo que a Turguénev, hace sesenta años, le atraía la moderada constitución monárquica y aristocrática y le repugnaba el espíritu democrático ``plebeyo'' de Dobroliúbov y Chernyshevski.

Es precisamente esta proximidad de los Soviets al ``pueblo'' trabajador la que crea formas especiales de control desde abajo ---derecho de revocación, etc.---, que deben ser desarrolladas ahora con un celo singular. Por ejemplo, los Consejos de Instrucción Pública, como conferencias periódicas de los electores soviéticos con sus delegados para discutir y controlar la labor de las autoridades soviéticas en este terreno, son dignos de la mayor simpatía y apoyo. No hay nada más necio que transformar los Soviets en algo anquilosado que se basta por sí solo. Cuanto mayor sea la decisión con que debamos defender hoy la necesidad de un poder firme e

23--74

706 implacable, de dictadura de ciertas personas para determinados procesos de trabajo, en determinados momentos del ejercicio de funciones puramente ejecutivas, tanto más variadas habrán de ser las formas y los métodos de control desde abajo, a fin de paralizar toda sombra de posible deformación del Poder soviético, a fin de arrancar reiterada y constantemente la mala hierba burocrática.

CONCLUSIÓN

Una situación internacional extraordinariamente dura, difícil y peligrosa; la necesidad de maniobrar y replegarse; un período de espera de nuevas explosiones revolucionarias, que maduran con agobiante lentitud en los países occidentales; dentro del país, un período constructivo lento y de implacable ``acicate'', de lucha prolongada y tenaz de una severa disciplina proletaria contra los elementos amenazadores de la relajación y de la anarquía pequeñoburguesas: tales son, en pocas palabras, los rasgos distintivos de la etapa peculiar de la revolución socialista que estamos atravesando. Tal es el eslabón de la cadena histórica de los acontecimientos al que debemos aferramos ahora con todas nuestras fuerzas para estar a la altura de nuestras tareas hasta el momento de pasar al eslabón siguiente, eslabón que nos atrae por su singular esplendor, por el esplendor de las victorias de la revolución proletaria internacional.

Intentemos comparar con el concepto corriente, habitual, del ``revolucionario'' las consignas que surgen de las condiciones peculiares de la etapa que atravesamos: maniobrar, replegarse, esperar, construir lentamente, espolear implacablemente, disciplinar con severidad, combatir la relajación... ¿Qué hay de extraño en que, al oír esto, algunos ``revolucionarios'' sean presa de una noble indignación y comiencen a ``fulminarnos'', acusándonos de haber olvidado las tradiciones de la Revolución de Octubre, de conciliarnos con los especialistas burgueses, de concertar compromisos con la burguesía, de tener un espíritu pequeñoburgués, de haber caído en el reformismo, etc., etc.?

La desgracia de estos malhadados revolucionarios consiste en que ni siquiera los impulsados por las mejores intenciones del mundo ni los adictos por completo a la causa del socialismo llegan a comprender el estado singular y particularmente ``desagradable'' por el que debe pasar sin falta un país atrasado, devastado por una guerra reaccionaria y maldita y que ha iniciado la revolución socialista mucho antes que los países más adelantados, consiste en que les falta la firmeza imprescindible en los momentos difíciles de una difícil transición. Naturalmente, la oposición ``oficial'' de este género a nuestro partido se la hace el partido de los eseristas de 707 izquierda. Es evidente que existen y existirán siempre excepciones individuales que se apartan cíe los modelos típicos de un grupo o de una clase. Pero los tipos sociales quedan. En un país donde el predominio de los pequeños propietarios sobre la población puramente proletaria es enorme, la diferencia entre el revolucionario proletario y el revolucionario pequeñoburgués tiene que reflejarse de manera ineludible (y en ciertas ocasiones con extraordinario contraste). El revolucionario pequeñoburgués duda y vacila ante cada giro de los acontecimientos; pasa de un revolucionarismo furibundo, en marzo de 1917, a glorificar la "coalición" en mayo, odiar a los bolcheviques (o lamentar su ``aventurerismo'') en julio, a apartarse temeroso de ellos a fines de octubre, a apoyarles en diciembre y, por último, a decir en marzo y abril de 1918, haciendo una mueca despectiva: "No soy de los que cantan loas al trabajo "orgánico'', al practicismo y al avance pasito a paso".

La base social de semejantes tipos es el pequeño propietario exasperado por los horrores de la guerra, por la ruina súbita, por los insoportables sufrimientos del hambre y el desbarajuste económico y que se debate histéricamente, buscando salida y salvación, vacilando entre la confianza y el apoyo al proletariado, por un lado, y los accesos de desesperación, por otro. Hay que comprender claramente y recordarlo muy bien que con tal base social no es posible construir el socialismo. Sólo la clase que sigue su camino sin vacilaciones, que no se desanima ni desespera en los tránsitos más duros, difíciles y peligrosos puede dirigir a las masas trabajadoras y explotadas. No necesitamos accesos de histeria. Lo que necesitamos es el paso acompasado de los batallones de hierro del proletariado.

708 __ALPHA_LVL1__ SEIS TESIS ACERCA
DE LAS TAREAS INMEDIATAS
DEL PODER SOVIÉTICO^^252^^

1. La situación internacional de la República Soviética es difícil y crítica en grado sumo, pues el capital y el imperialismo internacionales, movidos por sus intereses más profundos y cardinales, aspiran no sólo a volver las armas contra Rusia, sino también a llegar a un acuerdo sobre el reparto del territorio de ésta y la estrangulación del Poder soviético.

Únicamente el ensañamiento de la matanza imperialista de pueblos en el oeste de Europa y la competición imperialista del Japón y de Norteamérica en el Extremo Oriente paralizan o frenan esas aspiraciones, y sólo en parte y por cierto tiempo, probablemente corto.

Por ello, la táctica obligatoria de la República Soviética debe consistir, por una parte, en poner todas las fuerzas en máxima tensión para lograr el fomento económico más rápido posible del país, aumentar su capacidad defensiva y crear un poderoso ejército socialista; por otra parte, en aplicar en la política internacional una táctica obligatoria de maniobras, de repliegues y espera hasta el momento en que madure definitivamente la revolución proletaria internacional, que está sazonando hoy con mayor rapidez que antes en toda una serie de países adelantados.

2. En el terreno de la política interior, en la actualidad se plantea a la orden del día, de acuerdo con la resolución aprobada el 15 de marzo de 1918 por el Congreso de los Soviets de toda Rusia, la tarea de organización. Precisamente esta tarea, aplicada a la organización nueva y superior de la producción y de la distribución, basadas en la gran producción (trabajo) mecanizada y socializada constituye el contenido principal---y la condición principal de la victoria completa---de la revolución socialista iniciada en Rusia el 25 de octubre de 1917.

3. Desde el punto de vista puramente político, la clave del momento consiste en que han sido cumplidas, en lo fundamental y a grandes rasgos, la tarea de convencer a la Rusia trabajadora de que el programa de la revolución socialista es justo y la tarea de ganar a Rusia para los trabajadores, arrancándola de manos de los explotadores, planteándose a la orden del día la tarea principal: cómo 709 gobernar a Rusia. Organizar con acierto el gobierno del país y el estricto cumplimiento de las disposiciones del Poder soviético: en eso consiste la tarea esencial de los Soviets, la condición de la victoria completa del tipo soviético de Estado, tipo que no basta con decretar oficialmente, que no basta con instituir e implantar en todos los confines del país, sino que es necesario, además, poner a punto y controlar prácticamente en la labor regular, cotidiana de gobierno. 4. En el terreno del establecimiento de la economía del socialismo, la clave del momento consiste en que nuestra labor de organización de la contabilidad y del control populares y universales de la producción y de la distribución y de implantación de la regulación proletaria de la producción se ha rezagado mucho de la labor de expropiación directa de los expropiadores: los terratenientes y los capitalistas. Este es el hecho fundamental que determina nuestras tareas.

De él se desprende, por una parte, que la lucha contra la burguesía entra en una nueva fase, a saber: que el centro de gravedad se desplaza a la organización de la contabilidad y del control. Sólo así pueden afianzarse todas las conquistas económicas arrancadas al capital y todas las medidas de nacionalización de algunas ramas de la economía nacional aplicadas por nosotros desde octubre; sólo así puede prepararse la feliz culminación de la lucha contra la burguesía, es decir, el afianzamiento total del socialismo. Del hecho fundamental señalado se desprende, por otra parte, por qué el Poder soviético se ha visto obligado en determinados casos a dar un paso atrás o aceptar un compromiso con las tendencias burguesas. Uno de esos pasos atrás y una dejación de los principios de la Comuna de París fue, por ejemplo, la concesión de sueldos elevados a una serie de especialistas burgueses. Un compromiso de ésos fue el acuerdo con las cooperativas burguesas acerca de los pasos y medidas necesarios para incorporar gradualmente a toda la población a las cooperativas. En tanto el poder proletario no implante del todo el control y la contabilidad populares, los compromisos de ese género serán imprescindibles, y nuestra tarea consiste, sin silenciar en modo alguno al pueblo los aspectos negativos de esos compromisos, en poner las fuerzas en tensión para mejorar la contabilidad y el control como único medio y vía de llegar a la supresión total de semejantes compromisos. En el momento actual, tales compromisos son imprescindibles como único medio (dado nuestro atraso en la contabilidad y el control) de asegurar un avance más lento, pero más seguro. La necesidad de esos compromisos desaparecerá cuando se aplique por entero la contabilidad y el control de la producción y la distribución.

5. Se plantean, en particular, a la orden del día las medidas 710 orientadas a elevar la disciplina laboral y la productividad del trabajo. Los pasos emprendidos ya en este sentido, sobre todo por los sindicatos, deben ser apoyados, respaldados e intensificados con todas las fuerzas. Entre ellos figuran, por ejemplo, el establecimiento de la retribución por unidad de trabajo realizado, la aplicación de lo mucho que hay de científico y progresista en el sistema Taylor, la correspondencia de los salarios al balance general del trabajo de la fábrica o a los resultados de la explotación del transporte ferroviario, fluvial y marítimo, etc. Figuran también la organización de la emulación entre las distintas comunas de producción y consumo, la selección de organizadores, etc.

6. La dictadura del proletariado es una necesidad absoluta durante la transición del capitalismo al socialismo, y esta verdad se ha visto confirmada plenamente en la práctica de nuestra revolución. Pero la dictadura presupone un poder revolucionario verdaderamente firme e implacable en la represión tanto de los explotadores como de los malhechores, y nuestro poder es demasiado blando. Estamos muy lejos aún de haber asegurado plenamente el sometimiento incondicional, durante el trabajo, a las disposiciones de una sola persona, de los dirigentes soviéticos, de los dictadores, elegidos o designados por las instituciones soviéticas, dotados de plenos poderes dictatoriales (como lo exige, por ejemplo, el decreto ferroviario). En este terreno se manifiesta la influencia del elemento pequeñoburgués, la influencia de las costumbres, aspiraciones y estados de ánimo inherentes a los pequeños propietarios privados que se hallan en pugna abierta con la disciplina proletaria y el socialismo. Todo lo que hay de consciente en el proletariado debe estar orientado a la lucha contra este elemento pequeñoburgués, que se expresa de modo directo (en el apoyo de la burguesía y sus lacayos, los mencheviques, eseristas de derecha, etc., a toda resistencia al poder proletario) e indirecto (en la vacilación histórica que revelan en las cuestiones políticas principales tanto el partido pequeñoburgués de los eseristas de izquierda como la corriente de los "comunistas de izquierda" en nuestro partido, corriente que se desliza a los procedimientos del revolucionarismo pequeñoburgués e imita a los eseristas de izquierda).

Disciplina férrea y dictadura del proletariado aplicada hasta el fin contra las vacilaciones pequeñoburguesas: tal es la consigna general y concluyeme del momento.

Escrito entre el 29 de abril y el 3 de mayo de 1918.

Publicado el 9 de mayo de 1918 en el núm. 33 del periódico "Bednotá".

T. 36, págs. 277--280.

711 __ALPHA_LVL1__ BORRADOR DEL PLAN DE TRABAJOS TECNOCIENTIFICOS^^253^^

El Consejo Superior de Economía Nacional debe encargar inmediatamente a la Academia de Ciencias, que ha empezado el estudio y la investigación periódicos de las fuerzas productivas naturales^^*^^ de Rusia, que forme varias comisiones de especialistas para trazar con la mayor rapidez posible un plan de reorganización de la industria y del fomento económico de Rusia.

Este plan debe abarcar:

La distribución racional de la industria en Rusia desde el punto de vista de la proximidad de las materias primas y de la posibilidad de pasar con las mínimas pérdidas de la transformación de las materias primas a todas las etapas posteriores de preparación de los productos semifabricados hasta obtener artículos acabados.

La fusión y concentración de la producción, racionales desde el punto de vista de la novísima gran industria y, en particular, de los trusts, en unas cuantas empresas gigantescas.

La posibilidad máxima para la actual República Soviética de Rusia (sin Ucrania ni las regiones ocupadas por los alemanes) de abastecerse por su cuenta de todos los tipos principales de materias primas y de industria.

Una atención singular a la electrificación de la industria y del transporte y a la aplicación de la electricidad en la agricultura. El empleo de combustibles secundarios (turba, carbón de las peores clases) para obtener energía eléctrica con los menores gastos de extracción y transporte.

Fuerzas hidráulicas y motores cólicos en general y de aplicación agrícola.

Escrito entre el 18 y el 25 de abril de 1918.

Publicado por vez primera el 4 de marzo de 1924 en el núm. 52 de ``Pravda''.

T. 36, págs. 228--231.

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^^*^^ N.B. Hay que acelerar con toda energía la edición de estos escritos y enviar una nota sobre ellos al Comisariado de Instrucción Pública, al Sindicato de Artes Gráficas y al Gomisariado del Trabajo.

712 __ALPHA_LVL1__ ACERCA DEL INFANTILISMO
``IZQUIERDISTA'' Y DEL ESPÍRITU PEQUEÑOBURGUES

La publicación de la revista = Kommunist^^254^^ (núm. 1, 20 de abril de 1918) por el pequeño grupo de "comunistas de izquierda" y de las ``tesis'' de este grupo ofrece una excelente confirmación de cuanto he dicho en el folleto acerca de las tareas inmediatas del Poder soviético^^*^^. Sería imposible desear una confirmación más evidente ---en los escritos políticos---de toda la ingenuidad de la defensa del relajamiento pequeñoburgués, defensa que se encubre a veces con lemas ``izquierdistas''. Es útil y necesario examinar los razonamientos de los "comunistas de izquierda" porque son peculiares del momento que vivimos; explican con inusitada precisión, en su aspecto negativo, la ``clave'' de este momento y son aleccionadores, pues se trata de los mejores hombres que no comprenden el momento y que tanto por sus conocimientos como por su fidelidad están muy por encima de los representantes adocenados del mismo error: los eseristas de izquierda.

Como magnitud política---o que pretende desempeñar un papel político---, el grupo de los "comunistas de izquierda" nos ha proporcionado sus "tesis sobre el momento actual''. Es una buena costumbre marxista hacer una exposición coherente y acabada de los fundamentos de las propias opiniones y de la propia táctica. Y esta buena costumbre marxista nos ha ayudado a descubrir el error de nuestros ``izquierdistas'', pues el intento de argumentar---y no de emplear retórica---descubre por sí solo la inconsistencia de los argumentos. Salta a la vista, ante todo, la abundancia de alusiones indirectas y subterfugios a propósito de la vieja cuestión de si fue acertado concertar la paz de Brest. Los ``izquierdistas'' no se han atrevido a plantear de cara esta cuestión y se debaten, haciendo cómicos ademanes, amontonando un argumento sobre otro, echando mano a consideraciones, rebuscando toda clase de objeciones "de _-_-_

^^*^^ Véase el presente volumen, págs. 671--707. (N. de la Edit.)

713 una parte" y "de otra parte''; hablan de todo a tontas y a locas, procurando no ver que se golpean a sí mismos. Los ``izquierdistas'' recuerdan solícitamente las cifras: doce votos contra la paz y veintiocho en pro de la paz en el congreso del partido; pero silencian con toda modestia que, en el grupo bolchevique del Congreso de los Soviets, reunieron menos de una décima parte de los centenares y centenares de votos emitidos. Inventan la "teoría" de que la paz fue aprobada por los "cansados y desclasados" y que contra la paz "estaban los obreros y los campesinos de las regiones del Sur, de más vitalidad económica y mejor abastecidas de pan"... ¿Cómo no reírse de eso? Ni una palabra sobre la votación del Congreso Nacional de los Soviets de Ucrania a favor de la paz, ni una palabra sobre el carácter social y de clase del conglomerado político pequeñoburgués y desclasado típico que se pronunciaba en Rusia contra la paz (el partido de los eseristas de izquierda). Es una manera puramente infantil de ocultar su fracaso con divertidas explicaciones " científicas'', de ocultar hechos cuya simple enumeración mostraría que fueron precisamente la "flor y nata" y los cabecillas desclasados e intelectuales del partido quienes combatieron la paz con lemas tomados de la fraseología revolucionaria pequeñoburguesa y que precisamente las masas de obreros y campesinos explotados hicieron triunfar la paz.

Mas, pese a todo, la verdad sencilla y clara sobre el problema de la paz y la guerra se abre paso entre todas las declaraciones y escapatorias antes mencionadas de los ``izquierdistas''. "La firma de la paz---se ven obligados a reconocer los autores de las tesis---ha debilitado, al menos por ahora, la aspiración de los imperialistas a una confabulación internacional" (los ``izquierdistas'' no exponen eso exactamente, pero no es éste el lugar apropiado para examinar las inexactitudes). "La firma de la paz ha exacerbado ya la pelea entre las potencias imperialistas".

Eso es un hecho. Un hecho que tiene importancia decisiva. Y ésa es la causa de que los enemigos de la firma de la paz fuesen objetivamente un juguete en manos de los imperialistas y cayesen en la trampa tendida por ellos. Porque mientras no estalle la revolución socialista internacional, que abarque a varios países y tenga la fuerza suficiente para vencer al imperialismo internacional; mientras no ocurra eso, el deber ineludible de los socialistas triunfantes en un solo país (y especialmente si es un país atrasado) consiste en no aceptar el combate con los gigantes del imperialismo, en tratar de rehuir el combate, de esperar que la contienda entre los imperialistas debilite a éstos más aún, acerque más aún la revolución en otros países. Nuestros ``izquierdistas'' no comprendieron esta sencilla verdad en enero, febrero y marzo y temen también ahora 714 reconocerla abiertamente, pero esa verdad se abre paso a través de sus balbuceos: "de una parte, es imposible no reconocer; de otra parte, hay que confesar".

``Durante la primavera y el verano próximos---escriben los ``izquierdistas'' en sus tesis---debe empezar el hundimiento del sistema imperialista, que, en caso de triunfar el imperialismo alemán en la fase actual de la guerra, sólo podrá ser aplazado y se expresará entonces en formas aún más agudas".

La fórmula es aquí de una pueril inexactitud mayor aún, pese a toda la apariencia científica. Es propio de niños ``comprender'' la ciencia en el sentido de que ésta puede determinar en qué año ``debe'' "empezar el hundimiento" y si ha de ser en primavera y verano o en otoño e invierno.

Son esfuerzos ridículos por enterarse de lo que no se puede averiguar. Ningún político serio dirá jamás cuándo "debe empezar" uno u otro hundimiento del ``sistema'' (tanto más que el hundimiento del sistema ha empezado ya, y de lo que se trata es del momento de la explosión en distintos países). Pero por la pueril impotencia de la fórmula se abre paso una verdad indiscutible: las explosiones de la revolución en otros países más avanzados están más cerca de nosotros ahora, un mes después de la ``tregua'' iniciada con la firma de la paz, que hace un mes o mes y medio.

¿Qué significa esto?

Significa que tenían perfecta razón y han sido justificados por la historia los partidarios de la paz, quienes se esforzaron por hacer comprender a los aficionados a las posturas efectistas que es necesario saber calcular la correlación de fuerzas y no ayudar a los imperialistas, facilitándoles el combate contra el socialismo cuando éste es débil aún y las probabilidades de éxito en la lucha no le son favorables a ciencia cierta.

Sin embargo, nuestros comunistas "de izquierda"---a quienes también gusta denominarse comunistas ``proletarios'', pues tienen muy poco de proletario y mucho de pequeñoburgués---no saben pensar en la correlación de fuerzas, no saben tomar en consideración la correlación de fuerzas. En eso reside la médula del marxismo y de la táctica marxista, pero ellos pasan de largo ante la "médula" con frases ``orgullosas'' como la siguiente:

''. . .El afianzamiento en las masas de la indolente "sicología de paz" es un factor objetivo del momento político. . ."

¡Menuda joya! Después de tres años de la guerra más agobiante y reaccionaria, el pueblo ha obtenido, gracias al Poder soviético y a su 715 acertada táctica, que no incurre en las frases hueras, una tregua muy pequeña, pequeñísima en extremo, precaria e incompleta en absoluto; pero los intelectualoides ``izquierdistas'', con el empaque de un Narciso enamorado de sí mismo, sentencian con aire grave: "el afianzamiento (!!!) de la indolente (¿¿¿H!) sicología de paz en las masas (???)''. ¿Es que no tenía yo razón cuando dije en el congreso del partido que el periódico o revista de los ``izquierdistas'' no debería denominarse Kommunist, sino El Hidalgo^^*^^?

¿Es que puede un comunista, por poco que comprenda las condiciones de vida y la sicología de las masas trabajadoras y explotadas, descender hasta ese punto de vista del típico intelectual, pequeñoburgués y desclasado, con la sicología del señorito o del hidalgo, que declara ``indolente'' la "sicología de paz" y considera ``diligencia'' el blandir una espada de cartón? Porque eso es, precisamente, lo que hacen nuestros ``izquierdistas'', blandir una espada de cartón, cuando dan de lado un hecho conocido de todos y demostrado una vez más con la guerra en Ucrania: que los pueblos, extenuados por tres años de carnicería, no pueden combatir sin tregua; que la guerra, si no se dispone de fuerzas para organizaría a escala nacional, engendra a cada paso la sicología de la desorganización peculiar del pequeño propietario, y no de la férrea disciplina proletaria. La revista Kommunist nos muestra a cada paso que nuestros ``izquierdistas'' no tienen la menor noción de la férrea disciplina proletaria ni de su preparación, que están impregnados hasta la médula de la sicología del intelectual pequeñoburgués desclasado.

II

Pero ¿no serán las frases de los ``izquierdistas'' sobre la guerra mero arrebato infantil, orientado, además, al pasado y, por ello, sin el menor significado político? Así defienden algunos a nuestros ``izquierdistas''. Mas es erróneo. Si se aspira a la dirección política, hay que saber pensar bien las tareas políticas; la falta de eso convierte a los ``izquierdistas'' en pusilánimes predicadores de la vacilación, que, objetivamente, sólo puede tener un significado: con sus vacilaciones, los ``izquierdistas'' ayudan a los imperialistas a provocar a la República Soviética de Rusia a un combate evidentemente desfavorable para ella, ayudan a los imperialistas a que nos metan en una trampa. Escuchemos lo que dicen:

_-_-_

^^*^^ Véase el presente volumen, pág. 615. (N. de la Edit.)

716

''. . .La revolución obrera en Rusia no puede ``mantenerse'' abandonando el camino revolucionario internacional, eludiendo constantemente el combate y retrocediendo ante la embestida del capital internacional, haciendo concesiones al "capital patrio".

Desde este punto de vista hacen falta: una enérgica política internacional de clase, que conjugue la propaganda revolucionaria internacional con palabras y con hechos, y el fortalecimiento del nexo orgánico con el socialismo internacional (y no con la burguesía internacional). . ."

Más adelante haremos mención especial de las invectivas que se hacen aquí a la esfera de la política interior. Pero fijémonos en esta orgía de la frase huera---acompañada de timidez en la práctica---en el terreno de la política exterior. ¿Qué táctica es obligatoria para cuantos no quieran convertirse en instrumento de la provocación imperialista y caer en la trampa en el momento acíua/? Todo político debe dar una respuesta clara y franca a esta pregunta. La respuesta de nuestro partido es conocida: en el momento actual, replegarse, eludir el combate. Nuestros ``izquierdistas'' no se atreven a decir lo contrario y disparan al aire: ¡¡"una enérgica política internacional de clase"!!

Eso es engañar a las masas. Si quieren combatir ahora, díganlo claramente. Si no quieren retroceder ahora, díganlo claramente. Porque, de otro modo, su papel objetivo será el de instrumento de la provocación imperialista. Y su "sicología" subjetiva es la sicología del pequeño burgués enfurecido que se engalla y vanagloria, pero siente magníficamente que el proletario tiene razón al replegarse y tratar de replegarse organizado; que el proletario tiene razón al considerar que, mientras se carezca de fuerzas, hay que replegarse (ante el imperialismo occidental y oriental) aunque sea hasta los Urales, pues ésa es la única posibilidad de ofrecer ventaja al período de maduración de la revolución en Occidente, revolución que no "deberá" (pese a la charlatanería de los ``izquierdistas'') empezar "en la primavera o en el verano'', pero que cada mes que pasa está más cerca y es más probable.

Los ``izquierdistas'' carecen de una política ``propia'', no se atreven a declarar que ahora es innecesario el repliegue. Dan vueltas y rodeos, jugando con las palabras, y sustituyen el problema de rehuir el combate en el momento actual por el de rehuirlo ``constantemente''. Hacen pompas de jabón: ¡¡"propaganda revolucionaria internacional con hechos"!! ¿Qué significa eso?

Sólo puede significar una de estas dos cosas: o presunción y alarde dignos de un = Nozdriov^^255^^ o guerra ofensiva para derrocar el imperialismo internacional. Semejante absurdo no puede proclamarse abiertamente; por eso los comunistas de ``izquierda'' tienen que encubrirse con frases altisonantes y hueras en extremo para 717 evitar que los ridiculice cualquier proletario consciente, confiando en que el lector distraído no se dé cuenta de lo que significa, en realidad, esa "propaganda revolucionaria internacional con hechos".

Pronunciar frases altisonantes es una propiedad de los intelectuales pequeñoburgueses desclasados. Los proletarios comunistas organizados castigarán seguramente por esas ``maneras'', al menos, con burlas y con la destitución de todo puesto de responsabilidad. Hay que decir a las masas la amarga verdad con sencillez, claridad y franqueza: es posible e incluso probable que el partido belicista se imponga de nuevo en Alemania (en el sentido de pasar en el acto a la ofensiva contra nosotros) y que Alemania, unida al Japón, intente repartirnos y estrangularnos mediante un acuerdo formal o tácito. De no escuchar a los chillones, nuestra táctica debe consistir en esperar, dar largas, rehuir el combate y retroceder. Si arrojamos por la borda a los chillones y "ponemos en tensión" nuestras fuerzas, creando una disciplina verdaderamente férrea, verdaderamente proletaria, verdaderamente comunista, tendremos serias posibilidades de ganar muchos meses. Y entonces, retrocediendo incluso hasta los Urales (en el peor de los casos), facilitamos a nuestro aliado (el proletariado internacional) la posibilidad de acudir en nuestra ayuda, la posibilidad de ``cubrir'' (hablando en lenguaje deportivo) la distancia que media entre el comienzo de las explosiones revolucionarias y la revolución.

Esta táctica, y sólo ella, fortalece de hecho la ligazón de un destacamento del socialismo internacional, aislado temporalmente, con los otros destacamentos; pero, a decir verdad, ustedes, estimados "comunistas de izquierda'', se limitan a "fortalecer la ligazón orgánica" de una frase rimbombante con otra frase altisonante. ¡Mala "ligazón orgánica" es ésa!

Y les explicaré, estimados míos, por qué les ha ocurrido esa desgracia: porque, en vez de reflexionar sobre las consignas de la revolución, ustedes se dedican más a aprendérselas de memoria. Por eso ponen entre comillas las palabras "defensa de la patria socialista'', entre unas comillas que deben significar, probablemente, un asomo de ironía, pero que, de hecho, demuestran el embrollo que reina en sus cabezas. Están ustedes acostumbrados a considerar el ``defensismo'' una cosa abominable y repugnante, se han aprendido eso, lo recuerdan y lo repiten de memoria con tanto celo que algunos de ustedes han llegado a decir la estupidez de que, en la época imperialista, la defensa de la patria es intolerable (en realidad, es intolerable sólo en una guerra imperialista, reaccionaria, hecha por la burguesía). Mas no se les ha ocurrido pensar por qué y cuándo es abominable el ``defensismo''.

Admitir la defensa de la patria significa admitir la legitimidad y la 718 justicia de la guerra. La legitimidad y la justicia ;desde qué punto de vista? Sólo desde el punto de vista del proletariado socialista y de su lucha por la emancipación; nosotros no admitimos ningún otro punto de vista. Si hace la guerra la clase de los explotadores para afianzar su dominación como clase, será una guerra criminal, y el ``defensismo'' será en esa guerra una abominación y una traición al socialismo. Si la guerra la hace el proletariado después de vencer a la burguesía en su país, si la hace en aras del fortalecimiento y desarrollo del socialismo, entonces será una guerra legítima y ``santa''.

Somos defensistas desde el 25 de octubre de 1917. He dicho esto más de una vez con toda precisión, y ustedes no se atreven a discutirlo. Precisamente para "fortalecer la ligazón" con el socialismo internacional es obligatorio defender la patria socialista. Destruye la ligazón con el socialismo internacional el que enfoque a la ligera la defensa de un país en el que ha triunfado ya el proletariado. Cuando éramos representantes de una clase oprimida, no adoptamos una actitud frivola ante la defensa de la patria en la guerra imperialista, sino que negamos por principio esa defensa. Cuando nos hemos convertido en representantes de la clase dominante, que ha empezado a organizar el socialismo, exigimos a todos un comportamiento serio ante la defensa del país. Y tener un comportamiento serio ante la defensa del país significa prepararse a fondo y tener muy en cuenta la correlación de fuerzas. Si las fuerzas son a ciencia cierta pocas, el principal medio de defensa es replegarse al interior del país (quien vea en esto una fórmula traída por los pelos para el caso presente, que lea lo que dice el viejo Clausewitz, uno de los grandes autores militares, acerca de las enseñanzas de la historia sobre el particular). Pero entre los "comunistas de izquierda" no hay el menor indicio de que comprendan la importancia del problema de la correlación de fuerzas.

Cuando éramos enemigos por principio del defensismo, teníamos derecho a ridiculizar a los que querían ``preservar'' a su patria en bien, según ellos, del socialismo. Ahora que hemos obtenido el derecho a ser defensistas proletarios, todo el planteamiento de la cuestión cambia de raíz. Pasa a ser un deber nuestro hacer un recuento rigurosísimo de las fuerzas, sopesar con la mayor precisión si podrá llegar a tiempo nuestro aliado (el proletariado internacional). El capital está interesado en derrotar al enemigo (el proletariado revolucionario) por partes antes de que se unan (de hecho, es decir, iniciando la revolución) los obreros de todos los países. Nosotros estamos interesados en hacer todo lo posible, en aprovechar incluso la más pequeña probabilidad para retrasar el combate decisivo hasta el momento (o "hasta después" del momento) de esa 719 unificación de los destacamentos revolucionarios en un gran ejército internacional.

III

Pasemos a las desventuras de nuestros "comunistas de izquierda" en el terreno de la política interior. Es difícil leer sin esbozar una sonrisa frases como las siguientes en las tesis sobre el momento actual:

''. . .El aprovechamiento metódico de los medios de producción que han quedado es concebible sólo con la socialización más decidida"... "no capitular ante la burguesía y los intelectuales pequeñoburgueses, secuaces suyos, sino rematar a la burguesía y acabar definitivamente con el sabotaje. . ."

¡Simpáticos "comunistas de izquierda"! ¡Cuánta decisión tienen... y qué poca reflexión! ¿Qué significa "la socialización más decidida"?

Se puede ser decidido o indeciso en el problema de la nacionalización, de la confiscación. Pero el quid está en que la mayor "decisión" del mundo es insuficiente para pasar déla nacionalización y la confiscación a la socialización. La desgracia de nuestros ``izquierdistas'' consiste precisamente en que con esa ingenua e infantil combinación de palabras, "la socialización... más decidida'', muestran la mayor incomprensión del quid del problema, del quid del momento ``actual''. La desventura de los ``izquierdistas'' está en que no han visto la propia esencia del "momento actual'', del paso de las confiscaciones (durante cuya realización la cualidad principal del político es la decisión) a la socialización (para cuya realización se requiere otra cualidad del revolucionario).

El quid del momento actual consistía ayer en nacionalizar, confiscar con mayor decisión, en golpear y rematar a la burguesía, en acabar con el sabotaje. Hoy nadie más que los ciegos podrán no ver que hemos nacionalizado, confiscado, golpeado y acabado más de lo que hemos podido contar. Y la socialización se distingue precisamente de la simple confiscación en que se puede confiscar con la sola "decisión'', sin saber contar y distribuir acertadamente; pero es imposible socializar sin saber hacerlo.

Nuestro mérito histórico consiste en que ayer fuimos (y mañana seremos) decididos en las confiscaciones, en rematar a la burguesía, en acabar con el sabotaje. Hablar hoy de eso en unas "tesis sobre el momento actual" significa mirar al pasado y no comprender la transición al futuro.

..."Acabar definitivamente con el sabotaje"... ¡Vaya tarea! ¡Pero si con los saboteadores "hemos acabado" en grado suficiente! Lo que 720 nos falta es otra cosa distinta, completamente distinta: llevar la cuenta de dónde y a qué saboteadores colocar; organizar nuestras fuerzas para que, por ejemplo, un dirigente o controlador bolchevique vigile a un centenar de saboteadores que vienen a ponerse a nuestro servicio. En tal situación, lanzar frases como "la socialización más decidida'', ``rematar'' y "acabar definitivamente" significa no dar pie con bola. Es peculiar del revolucionario pequeñoburgués no advertir que para el socialismo no basta rematar, acabar, etc.; eso es suficiente para el pequeño propietario, enfurecido contra el grande; pero el revolucionario proletario jamás caería en semejante error.

Si las palabras que hemos citado hacen sonreír, el descubrimiento hecho por los "comunistas de izquierda" de que con la "desviación bolchevique de derecha'', la República Soviética se ve amenazada de "evolucionar hacia el capitalismo de Estado'', provoca una franca carcajada homérica. ¡Vaya susto que nos han dado, por cierto! ¡Y con qué celo repiten los "comunistas de izquierda" este tremendo descubrimiento en sus tesis y en sus artículos!...

Pero no se les ha ocurrido pensar que el capitalismo de Estado sería un paso adelante en comparación con la situación existente hoy en nuestra República Soviética. Si dentro de unos seis meses se estableciera en nuestro país el capitalismo de Estado, eso sería un inmenso éxito y la más firme garantía de que, al cabo de un año, el socialismo se afianzaría definitivamente y se haría invencible.

Me imagino la noble indignación con que rechazará estas palabras el "comunista de izquierda" y la "crítica demoledora" que desencadenará ante los obreros contra "la desviación bolchevique de derecha''. ¿Cómo? ¿El tránsito al capitalismo de Estado significaría un paso adelante en la República Socialista Soviética? ...¿No es eso una traición al socialismo?

Precisamente ahí está la raíz del error económico de los "comunistas de izquierda''. Por ello es preciso examinar con detalle este punto.

Primero, los "comunistas de izquierda" no han comprendido cuál es precisamente la transición del capitalismo al socialismo que nos da derecho y pie para denominarnos República Socialista de los Soviets.

Segundo, revelan su espíritu pequeñoburgués precisamente en que no ven el elemento pequeñoburgués como enemigo principal del socialismo en nuestro país.

Tercero, al esgrimir el espantajo del "capitalismo de Estado'', demuestran que no comprenden en qué se diferencia en lo económico el Estado soviético del Estado burgués.

Examinemos estas tres circunstancias.

A juicio mío, no ha habido una sola persona que, al ocuparse de la economía de Rusia, haya negado el carácter transitorio de esa 721 economía. Ningún comunista ha negado tampoco, a mi parecer, que la expresión República Socialista Soviética significa la decisión del Poder soviético de llevar a cabo la transición al socialismo; mas en modo alguno el reconocimiento de que el nuevo régimen económico es socialista.

Mas ¿qué significa la palabra transición? ¿No significará, aplicada a la economía, que en el régimen actual existen elementos, partículas, pedacitos tanto de capitalismo como de socialismo? Todos reconocen que sí. Mas no todos, al reconocer eso, se paran a pensar qué elementos de los distintos tipos de economía social existen en Rusia. Y ahí está todo el meollo de la cuestión.

Enumeremos esos elementos:

1) economía campesina patriarcal, es decir, natural en grado considerable;

2) pequeña producción mercantil (en ella se incluye la mayoría de los campesinos que venden cereales);

3) capitalismo privado;

4) capitalismo de Estado;

5) socialismo.

Rusia es tan grande y tan heterogénea que en ella se entrelazan todos esos tipos diferentes de economía social. Lo original de la situación consiste precisamente en eso.

Cabe preguntar: ¿qué elementos predominan? Está claro que en un país de pequeños agricultores predomina, y no puede menos de predominar, el elemento pequeñoburgués; la mayoría, la inmensa mayoría de los agricultores son pequeños productores de mercancías. Los especuladores, y el principal objeto de especulación es el trigo, rompen ora aquí ora allá la envoltura del capitalismo de Estado (el monopolio del trigo, el control sobre los patronos y comerciantes, los cooperativistas burgueses).

La lucha principal se sostiene hoy precisamente en este terreno. ¿Entre quiénes se sostiene esa lucha, si empleamos términos de categorías económicas, como, por ejemplo, el "capitalismo de Estado"? ¿Entre los peldaños cuarto y quinto en el orden en que acabo de enumerarlos? Es claro que no. No es el capitalismo de Estado el que lucha contra el socialismo, sino la pequeña burguesía más el capitalismo privado los que luchan juntos, de común acuerdo, tanto contra el capitalismo de Estado como contra el socialismo. La pequeña burguesía opone resistencia a cualquier intervención del Estado, contabilidad y control tanto capitalista de Estado como socialista de Estado. Eso es un hecho de la realidad absolutamente incontrovertible, en cuya incomprensión está la raíz del error económico de los "comunistas de izquierda''. El especulador, el merodeador del comercio, el saboteador del monopolio: ése es

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722 nuestro principal enemigo ``interno'', el enemigo de las medidas económicas del Poder soviético. Si hace ciento veinticinco años podía perdonarse aún a los pequeños burgueses de Francia, los revolucionarios más fervientes y más sinceros, el afán de vencer al especulador mediante la ejecución de unos cuantos ``elegidos'' y el estruendo de las declaraciones hueras, hoy, en cambio, la pura palabrería de ciertos eseristas de izquierda ante esta cuestión no despierta en cada revolucionario consciente otra cosa que repugnancia o asco. Sabemos perfectamente que la base económica de la especulación la constituyen el sector de los pequeños propietarios, amplísimo en Rusia, y el capitalismo privado, que tiene un agente suyo en cada pequeño burgués. Sabemos que los millones de tentáculos de esta hidra pequeñoburguesa apresan aquí o allá a algunos sectores obreros y que la especulación, en lugar del monopolio de Estado, irrumpe por todos los poros de nuestra vida socioeconómica.

Quienes no ven eso revelan precisamente con su ceguera que son prisioneros de los prejuicios pequeñoburgueses. Así son nuestros "comunistas de izquierda'', quienes de palabra (y profundísimamente convencidos de ello, como es natural) son enemigos implacables de la pequeña burguesía; pero, de hecho, no hacen más que ayudarle, no hacen más que servirle, no hacen más que expresar su punto de vista, luchando---¡¡en abril de 1918!!---contra... ¡el "capitalismo de Estado"! ¡Eso se llama no dar pie con bola!

El pequeño burgués tiene reservas de dinero, unos cuantos miles, acumulados por medios "lícitos'', y sobre todo ilícitos, durante la guerra. Tal es el tipo económico característico como base de la especulación y del capitalismo privado. El dinero es el certificado que les permite recibir riquezas sociales, y los millones de pequeños propietarios guardan bien ese certificado, se lo ocultan al ``Estado'', pues no creen en ningún socialismo ni comunismo, "esperan a que pase" la tempestad proletaria. Y una de dos: o sometemos a ese pequeño burgués a nuestro control y a nuestra contabilidad (y podemos hacerlo, si organizamos a los campesinos pobres, es decir, a la mayoría de la población o semiproletarios en torno a la vanguardia proletaria consciente), o él echará abajo nuestro poder obrero de manera inevitable e indefectible, de la misma manera que acabaron con la revolución los Napoleones y los Cavaignac, que brotan precisamente sobre ese terreno de los pequeños propietarios. Así está planteado el problema. Los eseristas de izquierda son los únicos que no ven esta verdad, sencilla y clara, tras las frases hueras sobre el campesinado ``trabajador''; pero ¿quién puede tomar en serio a los eseristas de izquierda, hundidos en las frases hueras?

El pequeño burgués que esconde sus miles es un enemigo del capitalismo de Estado y aspira a invertir esos miles única y 723 exclusivamente en provecho propio, en contra de los pobres, en contra de toda clase de control del Estado; y el conjunto de estos miles forma una base de muchos miles de millones para la especulación, que malogra nuestra edificación socialista. Supongamos que determinado número de obreros aporta en varios días valores por una suma igual a mil. Supongamos, aderrfás, que de esta suma tenemos una pérdida igual a 200, como consecuencia de la pequeña especulación, de las dilapidaciones de todo género y de las maniobras de los pequeños propietarios para transgredir las normas y los decretos soviéticos. Todo obrero consciente dirá: si yo pudiera aportar trescientos de esos mil, a condición de que se implantase un orden y una organización mejores, aportaría con gusto trescientos en lugar de doscientos, ya que, con el Poder soviético, reducir luego este ``tributo'', pongamos por caso, hasta cien o cincuenta será una tarea muy fácil, dado que se impondrá el orden y la organización, dado que se vencerá por completo el sabotaje de la pequeña propiedad privada contra todo monopolio de Estado.

Este sencillo ejemplo con cifras---simplificado premeditadamente al máximo para hacer más clara la exposición---explica la correlación, en la situación actual, entre el capitalismo de Estado y el socialismo. Los obreros tienen en sus manos el poder del Estado, tienen la absoluta posibilidad jurídica de ``tomar'' todo el millar, es decir, de no entregar un solo kopek que no esté destinado a fines socialistas. Esta posibilidad jurídica, que se asienta en el paso efectivo del poder a los obreros, es un elemento de socialismo.

Pero los elementos de la pequeña propiedad y del capitalismo privado se valen de muchos medios para minar la situación jurídica, para abrir paso a la especulación y frustrar el cumplimiento de los decretos soviéticos. El capitalismo de Estado significaría un gigantesco paso adelante incluso si pagáramos más que ahora (he tomado adrede un ejemplo con cifras para mostrarlo con claridad), pues merece la pena pagar "por aprender'', pues eso es útil para los obreros, pues vencer el desorden, el desbarajuste y el relajamiento tiene más importancia que nada, pues continuar la anarquía de la pequeña propiedad es el peligro mayor y más temible, que nos hundirá sin duda alguna (si no lo vencemos), en tanto que pagar un tributo mayor al capitalismo de Estado, lejos de hundirnos, nos llevará por el camino más seguro hacia el socialismo. La clase obrera, después de aprender a proteger el orden estatal frente a la anarquía de la pequeña propiedad, después de aprender a organizar la producción a gran escala, a escala de todo el país, basándola en el capitalismo de Estado, tendrá entonces a mano---perdón por la expresión---todos los triunfos, y el afianzamiento del socialismo estará asegurado.

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El capitalismo de Estado es incomparablemente superior, desde el punto de vista económico, a nuestra economía actual. Eso primero.

Y segundo, no tiene nada de temible para el Poder soviético, pues el Estado soviético es un Estado en el que está asegurado el poder de los obreros y de los campesinos pobres. Los "comunistas de izquierda" no han comprendido estas verdades indiscutibles, que, como es natural, jamás podrá comprender el "eserista de izquierda'', incapaz en general de hilvanar en la mente ninguna clase de ideas sobre economía política, pero que todo marxista se verá obligado a reconocer. No merece la pena discutir con el eserista de izquierda: basta señalarlo con el dedo como un "ejemplo repulsivo" de charlatán; pero con el "comunista de izquierda" es preciso discutir, pues en este caso el error lo cometen marxistas, y el análisis de sus errores ayudará a la clase obrera a encontrar el camino certero.

IV

Para aclarar más aún la cuestión, citaremos primero un ejemplo concretísimo de capitalismo de Estado. Todos lo conocemos: Alemania. Allí tenemos la "última palabra" de la gran técnica capitalista moderna y de la organización armónica, subordinada al imperialismo terrateniente-burgués. Dejemos a un lado las palabras subrayadas, coloquemos en lugar de Estado militar, terrateniente, burgués, imperialista, también un Estado, pero un Estado de otro tipo social, de otro contenido de clase, el Estado soviético, es decir, proletario, y obtendremos toda la suma de condiciones que da como

resultado el socialismo.

El socialismo es inconcebible sin la gran técnica capitalista basada en la última palabra de la ciencia moderna, sin una organización estatal armónica que someta a decenas de millones de personas a la más rigurosa observancia de una norma única en la producción y distribución de los productos. Los marxistas hemos hablado siempre de eso, y no merece la pena gastar siquiera dos segundos en conversar con gentes que no han comprendido ni siquiera eso (los anarquistas y una buena mitad de los eseristas de izquierda).

Al mismo tiempo, el socialismo es inconcebible sin la dominación del proletariado en el Estado: eso es también elemental. Y la historia (de la que nadie, excepto los obtusos mencheviques de primera categoría, esperaba que diera sin tropiezos, con calma, simple y llanamente el socialismo "íntegro'') siguió un camino tan original que dio a luz hacia 1918 dos mitades separadas de socialismo, una al lado de la otra, exactamente igual que dos futuros polluelos en el mismo cascarón del imperialismo internacional. Alemania y Rusia encarnaron en 1918 del modo más patente la realización material de 725 las condiciones sociales, productivas y económicas del socialismo, de una parte, y de sus condiciones políticas, de otra.

La revolución proletaria victoriosa en Alemania rompería de golpe, con extraordinaria facilidad, todo cascarón del imperialismo (hecho, por desgracia, del mejor acero, por lo que no pueden romperlo los esfuerzos de cualquier... polluelo), haría realidad de modo seguro la victoria del socialismo mundial, sin dificultades o con dificultades insignificantes, si se toma, naturalmente, la escala de lo "difícil" desde el punto de vista'histórico universal y no desde el punto de vista pequeñoburgués y de círculo.

Mientras la revolución tarde aún en ``nacer'' en Alemania, nuestra tarea consiste en aprender de los alemanes el capitalismo de Estado, en implantarlo con todas las fuerzas, en no escatimar métodos dictatoriales para acelerar su implantación más aún que Pedro I aceleró la implantación del progreso occidental por la bárbara Rusia, sin reparar en medios bárbaros de lucha contra la barbarie. Si entre los anarquistas y eseristas de izquierda hay hombres (he recordado por casualidad los discursos de Karelin y Gue en el CEC) capaces de razonar a lo Narciso de que no es digno de revolucionarios ``aprender'' del imperialismo alemán, habrá que decirles una cosa: una revolución que tomara en serio a semejantes individuos se hundiría sin falta (y se lo tendría bien merecido).

En Rusia predomina hoy precisamente el capitalismo pequeñoburgués, del que un mismo camino lleva tanto al gran capitalismo de Estado como al socialismo, lleva a través de una misma estación intermedia, llamada "contabilidad y control por todo el pueblo de la producción y distribución de los productos''. Quien no comprenda esto incurre en un error económico imperdonable, o bien por ignorar los hechos de la realidad, no viendo lo que existe ni sabiendo mirar a la verdad cara a cara, o bien por limitarse a una contraposición abstracta del ``capitalismo'' y el ``socialismo'', sin calar hondo en las formas y fases concretas de esa transición que está sobreviniendo hoy en nuestro país. Entre paréntesis sea dicho, se trata del mismo error teórico que desconcertó a los mejores hombres del campo de Nóvaya Zhizn y Vperiod: los peores y medianos de entre ellos van, por torpes y anodinos, a la zaga de la burguesía, asustados por ella; los mejores no han comprendido que los maestros del socialismo no hablaron en vano de todo un período de transición del capitalismo al socialismo ni recalcaron en vano los "largos dolores del parto" de la nueva sociedad; por cierto que esta nueva sociedad es también una abstracción que sólo puede nacerse realidad mediante intentos concretos, imperfectos y variados de crear uno u otro Estado socialista.

Precisamente porque no se puede seguir avanzando desde la 726 actual situación económica de Rusia sin pasar por lo que es común al capitalismo de Estado y al socialismo (la contabilidad y el control por todo el pueblo), es un completo absurdo teórico asustar a los demás y asustarse a sí mismos con la "evolución hacia el capitalismo de Estado" (Kommunist, núm. 1, pág. 8, col. 1). Eso significa precisamente desviarse con el pensamiento, "apartándose" del verdadero camino de la "evolución'', no comprender dicho camino; en la práctica, eso equivale a tirar hacia atrás, hacia el capitalismo basado en la pequeña propiedad.

A fin de que el lector se convenza de que no hago sólo hoy, ni mucho menos, una ``alta'' apreciación del capitalismo de Estado, sino que la hice también antes de la toma del poder por los bolcheviques, me permito reproducir la siguiente cita de mi folleto La catástrofe que nos amenaza y cómo combatirla, escrito en septiembre de 1917:

``...Pues bien, prueben ustedes a sustituir ese Estado de junkers y capitalistas, ese Estado de terratenientes y capitalistas, con un Estado democrático revolucionario, es decir, con un Estado que suprima revolucionariamente todos los privilegios, que no tema implantar por vía revolucionaria la democracia más completa. Y entonces verán que el capitalismo monopolista de Estado, en un Estado democrático y revolucionario de verdad, representa inevitablemente, infaliblemente, ¡un paso, varios pasos hacia el socialismo!"

``...Porque el socialismo no es otra cosa que el paso siguiente después del monopolio capitalista de Estado."

``...El capitalismo monopolista de Estado es la preparación material más completa para el socialismo, su antesala, un peldaño de la escalera histórica entre el cual y el peldaño llamado socialismo no hay ningún peldaño intermedio" (págs. 27 y 28)^^*^^.

Obsérvese que eso fue escrito en tiempos de Kerenski, que no se trata aquí de la dictadura del proletariado, no se trata del Estado socialista, sino del Estado "democrático revolucionario''. ¿No está claro, pues, que cuanto más alto nos hayamos elevado de ese peldaño político, cuanto más hayamos plasmado en los Soviets el Estado socialista y la dictadura del proletariado, tanto menos podremos permitirnos temer el "capitalismo de Estado"? ¿No está claro, pues, que en el sentido material, económico, de la producción, no nos encontramos aún en la ``antesala'' del socialismo? ¿Y que no se puede entrar por la puerta del socialismo si no es cruzando esa ``antesala'', que nosotros aún no hemos alcanzado?

Se enfoque la cuestión desde el lado que se quiera, la conclusión será siempre la misma: el razonamiento de los "comunistas de izquierda" acerca de la supuesta amenaza que supone para nosotros _-_-_

^^*^^ Véase el presente volumen, págs. 273, 274. (N. de la Edil.)

727 el "capitalismo de Estado" es un craso error económico y una prueba evidente de que están prisioneros por completo precisamente de la ideología pequeñoburguesa.

V

Es también aleccionadora en extremo la circunstancia siguiente.

Cuando discutimos en el CEC con el camarada Bujarin^^*^^, éste advirtió, entre otras cosas: en la cuestión de los sueldos elevados a los especialistas, ``nosotros'' (por lo visto, nosotros quiere decir los "comunistas de izquierda'') "estamos a la derecha de Lenin'', pues no vemos en ello ningún apartamiento de los principios, recordando las palabras de Marx de que, en determinadas condiciones, lo más conveniente para la clase obrera sería "deshacerse por dinero de toda esa = cuadrilla"~^^266^^ (precisamente de la cuadrilla de capitalistas, es decir, indemnizar a la burguesía por la tierra, las fábricas y demás medios de producción).

Esta observación, de extraordinario interés, pone de relieve, en primer lugar, que Bujarin está muy por encima de los eseristas de izquierda y anarquistas, que no se ha hundido definitivamente, ni mucho menos, en las frases hueras, sino que, por el contrario, trata de profundizar en las dificultades concretas de la transición--- dolorosa y dura transición---del capitalismo al socialismo.

Segundo, esta observación pone al descubierto con mayor evidencia aún el error de Bujarin.

En efecto. Profundicemos en el pensamiento de Marx.

Se trata de la Inglaterra de los años 70 del siglo pasado, del período culminante del capitalismo premonopolista, del país donde lo que menos había entonces era militarismo y burocracia, del país en el que existían entonces mayores probabilidades de victoria " pacífica" del socialismo en el sentido de que los obreros ``indemnizasen'' a la burguesía. Y Marx decía: en determinadas condiciones, los obreros no se negarán de ninguna manera a indemnizar a la burguesía. Marx no se ataba las manos---ni se las ataba a los futuros dirigentes de la revolución socialista---en cuanto a las formas, métodos y procedimientos de la revolución, comprendiendo muy bien cuan grande sería el número de problemas nuevos que se plantearían, cómo cambiaría toda la situación en el curso de la revolución, con qué frecuencia y en qué medida habría de cambiar esa situación.

¿Y cuál es la situación en la Rusia Soviética después de haber tomado el poder el proletariado, después de haber sido aplastados la _-_-_

^^*^^ Véase V. I. Lenin. O.C. t. 36, págs. 272--274. (N. de la Edil.)

728 resistencia militar y el sabotaje de los explotadores? ¿No es evidente que se han creado algunas condiciones del tipo de las que podían haberse creado hace medio siglo en Inglaterra, si dicho país hubiera empezado entonces el paso pacífico al socialismo? El sometimiento de los capitalistas a los obreros podría haberse asegurado entonces por las siguientes circunstancias: (1) predominio absoluto de los obreros, de los proletarios, entre la población debido a la ausencia de campesinado (en los años 70 había en Inglaterra indicios que permitían esperar éxitos de extraordinaria rapidez del socialismo entre los obreros agrícolas); (2) excelente organización del proletariado en uniones sindicales (Inglaterra era entonces el primer país del mundo en este sentido); (3) nivel cultural relativamente alto del proletariado, disciplinado por el desarrollo secular de la libertad política; (4) larga costumbre de los capitalistas de Inglaterra, magníficamente organizados---entonces eran los capitalistas mejor organizados de todos los países del mundo (hoy esa primacía ha pasado a Alemania)---, de resolver los problemas políticos y económicos mediante un compromiso. He ahí las circunstancias que permitían entonces pensar en la posibilidad del sometimiento pacífico de los capitalistas de Inglaterra a sus obreros.

En nuestro país, ese sometimiento está asegurado en el momento actual por ciertas premisas cardinales (triunfo en octubre y aplastamiento, desde octubre hasta febrero, de la resistencia militar y del sabotaje de los capitalistas). En nuestro país, en lugar del predominio absoluto de los obreros, de los proletarios, entre la población y de su alto nivel de organización, el factor de la victoria ha sido el apoyo de los campesinos pobres y arruinados con rapidez a los proletarios. Por último, en nuestro país no existen ni un elevado nivel cultural ni la costumbre de concertar compromisos. Si se piensa a fondo en estas condiciones concretas, estará claro que podemos y debemos conseguir ahora la combinación de los métodos de represión implacable^^*^^ contra los capitalistas incultos, que no aceptan ningún "capitalismo de Estado'', que no conciben ningún compromiso y siguen minando las medidas soviéticas por medio de la especulación, _-_-_

^^*^^ En este sentido hay que mirar también la verdad cara a cara: la inclemencia, indispensable para el éxito del socialismo, sigue siendo poca entre nosotros, y no porque falte decisión. Tenemos bastante decisión. Lo que nos falta es destreza para atrapar con la rapidez necesaria el número necesario de especuladores, merodeadores y capitalistas, de infractores de las medidas soviéticas. ¡Porque esa ``destreza'' se da únicamente organizando la contabilidad y el control! En segundo lugar, no hay bastante firmeza en los tribunales, que, en vez de condenar a los concusionarios al paredón, les imponen penas de medio año de cárcel. Esos dos defectos nuestros tienen la misma raíz social: la influencia del elemento pequeñoburgués, su falta de firmeza.

729 el soborno de los pobres, etc., con los métodos de compromiso o de indemnización a los capitalistas cultos, que aceptan el "capitalismo de Estado'', que pueden aplicarlo y que son útiles al proletariado como organizadores inteligentes y expertos de grandísimas empresas que cubran de verdad el abastecimiento de productos a decenas de millones de personas.

Bujarin es un marxista economista magníficamente instruido. Por eso ha recordado que Marx tenía profundísima razón cuando enseñaba a los obreros la importancia que tiene conservar la organización de la gran producción precisamente para facilitar el paso al socialismo y les hacía ver que era admisible por completo la idea de pagar bien a los capitalistas, de indemnizarlos en el caso (a título de excepción: e Inglaterra lo era entonces) de que las circunstancias obligasen a los capitalistas a someterse pacíficamente y a pasar de una manera organizada y culta al socialismo respaldándose en la indemnización.

Pero Bujarin incurre en un error, pues no ha reflexionado sobre la peculiaridad concreta del momento actual en Rusia, un momento precisamente excepcional, en el que nosotros, el proletariado de Rusia, llevamos la delantera a cualquier Inglaterra y a cualquier Alemania por nuestro régimen político, por la fuerza del poder político de los obreros, y, al mismo tiempo, vamos rezagados del Estado más atrasado de Europa Occidental en lo que se refiere a organización de un respetable capitalismo de Estado, a nivel cultural y grado de preparación de la producción material para ``implantar'' el socialismo. ¿No está claro que de esta situación peculiar se deduce, para el momento actual, precisamente la necesidad de algo parecido a una "indemnización'', que los obreros deben proponer a los capitalistas más cultos, más inteligentes y más capaces, desde el punto de vista de organización, dispuestos a servir al Poder soviético y ayudar honestamente a poner en marcha la producción ``estatal'' grande y grandísima? ¿No está claro que, en una situación tan original, debemos esforzarnos por evitar los errores de dos tipos, cada uno de los cuales es pequeñoburgués a su manera? Por una parte, seria un error irreparable declarar que, como se reconoce la falta de correspondencia entre nuestras ``fuerzas'' económicas y nuestra fuerza política, "por consiguiente'', no se debía haber tomado el poder. Así razonan los "hombres enfundados'', quienes olvidan que jamás habrá ``correspondencia'', que no puede haberla en el desarrollo de la naturaleza, como tampoco en el desarrollo de la sociedad; que sólo mediante una serie de intentos---cada uno de los cuales, tomado por separado, será unilateral, adolecerá de cierta falta de correspondencia---se creará el socialismo íntegro con la colaboración revolucionaria de los proletarios de todos los países.

730

Por otra parte, sería un error evidente dar rienda suelta a los bocazas y vocingleros que se dejan llevar del espíritu revolucionario ``llamativo'', pero que son incapaces de llevar a cabo una labor revolucionaria firme, reflexiva y sopesada que tenga en cuenta asimismo las dificilísimas transiciones.

Por fortuna, la historia del desarrollo de los partidos revolucionarios y de la lucha del bolchevismo contra ellos nos ha dejado en herencia tipos claramente definidos, entre los cuales figuran los eseristas de izquierda y los anarquistas, que son una ilustración bastante gráfica del tipo de los malos revolucionarios. Gritan ahora ---hasta darles accesos de histeria y atragantarse---contra el "espíritu de conciliación" de los "bolcheviques de derecha''. Pero no saben pensar por qué era malo el "espíritu de conciliación" y por qué fue condenado en justicia por la historia y el curso de la revolución.

El espíritu de conciliación de los tiempos de Kerenski entregaba el poder a la burguesía imperialista, y la cuestión del poder es la cuestión cardinal de toda revolución. El espíritu de conciliación dt una parte de los bolcheviques en octubre-noviembre de 1917 temía la toma del poder por el proletariado o quería compartir a medias el poder no sólo con los "compañeros de viaje inseguros'', como los eseristas de izquierda, sino también con los enemigos, los adeptos de Chernov, los mencheviques, que nos habrían estorbado inevitablemente en lo fundamental: en la disolución de la Constituyente, en el aplastamiento implacable de los Bogaievski, en la implantación total de las instituciones soviéticas, en cada confiscación.

Ahora ha tomado el poder, lo sostiene y afianza en sus manos un partido, el partido del proletariado, incluso sin los "compañeros de viaje inseguros''. Mentar hoy el espíritu de conciliación, cuando no se habla ni puede hablarse siquiera de compartir el poder, de renunciar a la dictadura de los proletarios contra la burguesía, significa simplemente repetir como un loro palabras aprendidas de memoria, pero no comprendidas. Denominar "espíritu de conciliación" el hecho de que, como podemos y debemos gobernar el país, tratamos de ganarnos, sin escatimar dinero, a los elementos más cultos, instruidos por el capitalismo, de ponerlos a nuestro servicio contra la disgregación sembrada por los pequeños propietarios, significa no saber pensar en absoluto en las tareas económicas de la edificación del socialismo.

Y por eso---por muy bien que testifique al camarada Bujarin la circunstancia de que "se avergonzara" al punto en el CEC del ``servicio'' que le prestaron los Karelin y los Gue---, pese a ello, sigue constituyendo una seria advertencia a la corriente de los "comunistas de izquierda" la crítica que se hace a sus compañeros de lucha política.

731

He ahí Znamia Trudá, el órgano de los eseristas de izquierda, que en su número del 25 de abril de 1918 declaraba con orgullo: "La posición actual de nuestro partido se solidariza con otra corriente del bolchevismo (con Bujarin, Pokrovski y otros)''. He ahí el menchevique Vperiod, de esa misma fecha, que contenía, entre otras cosas, la ``tesis'' siguiente del conocido menchevique Isuv:

``La política del Poder soviético, ajena desde el primer momento al carácter proletario genuino, emprende en los últimos tiempos y cada día de manera más abierta la senda del acuerdo con la burguesía y adquiere un carácter antiobrero evidetite. Bajo la bandera de la nacionalización de la industria se aplica una política de implantación de los trusts industriales; bajo la bandera del restablecimiento de las fuerzas productivas del país se hacen intentos de acabar con la jornada de ocho horas, de implantar el trabajo a destajo y el sistema Taylor, las listas negras y las cédulas de identidad discriminatorias. Ksta política amenaza con privar al proletariado de sus conquistas fundamentales en el terreno económico y convertirlo en una víctima de la ilimitada explotación por parte de la burguesía".

¿Verdad que es magnífico?

Los amigos de Kerenski, que sostuvieron con él la guerra imperialista en nombre de los tratados secretos, que prometían anexiones a los capitalistas rusos; los colegas de Tsereteli, que el 11 de junio se disponía a desarmar a los obreros, los Liberdán, que encubrían el poder de la burguesía con frases rimbombantes; ellos, ¡ellos! acusan al Poder soviético de concertar un "acuerdo con la burguesía'', de "implantar los trusts" (¡es decir, de implantar precisamente el "capitalismo de Estado"!), de implantar el sistema Taylor.

Sí, hay que entregar a Isuv una medalla en nombre de los bolcheviques, y su tesis debe ser expuesta en cada club obrero y en cada sindicato como modelo de discursos provocadores de la burguesía. Los obreros conocen ahora bien, conocen por experiencia propia en todas partes, a los Liberdán, los Tsereteli y los Isuv, y será archiprovechoso para los obreros reflexionar atentamente por qué semejantes lacayos de la burguesía los provocan para que se resistan al sistema Taylor y a la "implantación de los trusts".

Los obreros conscientes confrontarán reflexivamente la ``tesis'' de Isuv, el amigo de los señores Liberdán y Tsereteli, con la siguiente tesis de los "comunistas de izquierda":

``La implantación de la disciplina de trabajo, con motivo del restablecimiento de la dirección de los capitalistas en la producción, no podrá aumentar de manera substancial el rendimiento del trabajo, pero disminuirá la iniciativa, la diligencia y el grado de organización de clase del proletariado. Amenaza con esclavizar a la clase obrera y despertará el descontento tanto de los sectores atrasados como de la vanguardia del proletariado. Para poner en práctica este sistema, con el odio reinante 732 entre los medios proletarios contra "los saboteadores capitalistas'', el Partido Comunista tendría que apoyarse en la pequeña burguesía contra los obreros y, con ello, hundirse como partido del proletariado" (Kommuntsl, núm. 1, pág. 8, col. 2).

He ahí la prueba más palpable de cómo han caído en la trampa los ``izquierdistas'', de cómo se han dejado llevar por la provocación de los Isuv y otros Judas del capitalismo. He ahí una buena lección que se ha dado a los obreros, quienes saben que precisamente la vanguardia del proletariado está a favor de que se implante la disciplina de trabajo, que es precisamente la pequeña burguesía la que se esfuerza más que nadie por destruir esa disciplina. Palabras del tipo de las que figuran en la tesis de los ``izquierdistas'' que acabamos de citar constituyen el mayor oprobio, una abjuración total del comunismo de hecho, una plena deserción al campo precisamente de la pequeña burguesía.

``Con motivo del restablecimiento de la dirección de los capitalistas": ahí tenéis las palabras con que piensan ``defenderse'' los "comunistas de izquierda''. Es una defensa que no vale para nada, pues, primero, el Poder soviético entrega la "dirección" a los capitalistas, existiendo los comisarios obreros o los comités obreros, que vigilan cada paso del dirigente, aprenden de su experiencia de dirección y tienen la posibilidad no sólo de apelar contra las disposiciones del dirigente, sino de destituirlo por conducto de los organismos del Poder soviético. Segundo, se entrega la "dirección" a los capitalistas para que desempeñen funciones ejecutivas durante el tiempo de trabajo, cuyas condiciones fija precisamente el Poder soviético y son abolidas y revisadas por él. Tercero, el Poder soviético entrega la "dirección" a los capitalistas no como capitalistas, sino como técnicos especialistas u organizadores, a los que asigna una alta remuneración por su trabajo. Y los obreros saben muy bien que los organizadores de las empresas verdaderamente grandes y grandísimas, de los trusts o de otras instituciones pertenecen, en el noventa y nueve por ciento de los casos, a la clase de los capitalistas, lo mismo que los técnicos de primera; pero es precisamente a ellos a quienes debemos admitir nosotros, el partido proletario, como ``dirigentes'' del proceso de trabajo y de la organización de la producción, pues no hay otros más que ellos que tengan práctica y experiencia de eso. Porque los obreros, que han salido ya de la primera infancia, del período en que podían desorientarlos la frase ``izquierdista'' o el relajamiento pequeñoburgués, marchan hacia el socialismo precisamente a través de la dirección capitalista de los trusts, a través de la gran producción mecanizada, a través de las empresas con un giro anual de varios millones, sólo a través de esa producción y de esas empresas. Los obreros no son pequeños burgueses. No temen al gran 733 ``capitalismo de Estado'', sino que lo aprecian como un instrumento suyo, proletario, que su poder, el Poder soviético, utilizará contra la disgregación y la desorganización peculiares de los pequeños propietarios.

Los únicos que no comprenden eso son los intelectuales desclasados---y, por ello, pequeñoburgueses hasta la médula---, cuyo prototipo en el grupo de los "comunistas de izquierda" y en su revista es Osinski, cuando escribe:

''. . .Toda la iniciativa en la organización y dirección de la empresa pertenecerá a los "organizadores de los trusts": porque nosotros no queremos enseñarles, no queremos convertirlos en simples trabajadores, sino aprender de ellos" (Kommunist, núm. 1, pág. 14, col. 2).

Los esfuerzos por ironizar en esta frase están dirigidos contra mis palabras: "aprender el socialismo de los organizadores de los trusts".

A Osinksi eso le parece ridículo. Quiere convertir a los organizadores de los trusts en "simples trabajadores''. Si esto lo hubiera escrito un hombre de la misma edad que aquel de quien decía el poeta: "Sólo quince años, ¿rio = más?"^^257^^, no habría de qué sorprenderse. Pero resulta algo extraño oír esas palabras en boca de un marxista que ha aprendido que el socialismo es imposible sin aprovechar las conquistas de la técnica y de la cultura alcanzadas por el gran capitalismo. En este caso no ha quedado ni rastro de marxismo.

No. Sólo son dignos de llamarse comunistas quienes comprenden que es imposible crear o implantar el socialismo sin aprender de los organizadores de los trusts. Porque el socialismo no es una invención, sino la asimilación y la aplicación por la vanguardia proletaria, después de conquistar el poder, de todo lo creado por los trusts. Nosotros, el partido del proletariado, no podemos sacar de ningún sitio la pericia para organizar la gran producción del tipo de los trusts, como los trusts; no podemos sacarla de ningún sitio como no sea de los mejores especialistas del capitalismo.

No tenemos nada que enseñarles, a no ser que nos planteemos el pueril objetivo de "enseñar" el socialismo a los intelectuales burgueses: no hay que enseñarles, sino expropiarlos (cosa que en Rusia se hace con bastante "decisión''), hay que acabar con su sabotaje, hay que someterlos, como sector o grupo, al Poder soviético. Nosotros, en cambio, si no somos comunistas de edad infantil ni de mentalidad pueril, debemos aprender de ellos, tenemos cosas que aprender, pues el partido del proletariado y la vanguardia del proletariado carecen de experiencia para trabajar independientemente 734 en la organización de grandísimas empresas que sirvan a decenas de millones de habitantes.

Y los mejores obreros de Rusia lo han comprendido. Han empezado a aprender de los capitalistas organizadores, de los ingenieros dirigentes, de los técnicos especialistas. Han empezado con firmeza y precaución por lo más fácil, pasando gradualmente a lo más difícil. Si las cosas van más despacio en la metalurgia y en la construcción de maquinaria, ello se debe a que es un asunto más difícil. Pero los obreros textiles, tabaqueros y curtidores no temen, como los intelectuales pequeñoburgueses desclasados, al " capitalismo de Estado'', no temen "aprender de los organizadores de los trusts''. En las instituciones dirigentes centrales, como la "Dirección General de la Industria del Cuero" o el "Comité Central de la Industria Textil'', estos obreros se sientan a la misma mesa que los capitalistas, aprenden de ellos, organizan los trusts, organizan el "capitalismo de Estado'', que con el Poder soviético es la antesala del socialismo, una condición de la firme victoria del socialismo.

Esta labor de los obreros avanzados de Rusia, al lado de la que despliegan para implantar la disciplina de trabajo, ha empezado y se realiza sin ruido, sin brillantez, sin el estruendo y el griterío que necesitan algunos ``izquierdistas'', con inmensa prudencia y paso a paso, teniendo en cuenta las lecciones de la actividad práctica. Esta dura labor de aprendizaje práctico a crear la gran producción es la garantía de que marchamos por el camino certero; la garantía de que los obreros conscientes de Rusia luchan contra la disgregación y la desorganización peculiares de los pequeños propietarios, contra la indisciplina pequeñoburguesa^^*^^; la garantía del triunfo del comunismo.

VI

Para terminar, dos observaciones.

Cuando el 4 de abril de 1918 discutí con los "comunistas de izquierda" (véase Kommunist, núm. 1, pág. 4, nota) les planteé a bocajarro una cuestión: probad a explicar qué os disgusta en el decreto sobre los ferrocarriles, presentad vuestras enmiendas. Tenéis _-_-_

^^*^^ Es elocuente en extremo que los autores de las tesis no digan ni palabra sobre la significación de la dictadura del proletariado en la esfera económica de la vida. Hablan solamente "de organización'', etc. Pero eso lo admite también el pequeño burgués, que teme precisamente la dictadura de los obreros en las relaciones económicas. El revolucionario proletario jamás habría podido ``olvidar'' en un momento como el actual esta "médula" de la revolución proletaria, enfilada contra las bases económicas del capitalismo.

735 el deber de hacerlo como dirigentes soviéticos del proletariado, pues, de otro modo, vuestras palabras no pasarán de ser frases hueras.

El 20 de abril de 1918 apareció el número 1 de Kommunist, pero en él no se dice ni una palabrade cómo debe modificarse o corregirse, a juicio de los "comunistas de izquierda'', el decreto sobre los ferrocarriles.

Con ese silencio, los "comunistas de izquierda" se han condenado a sí mismos. Se han limitado a lanzar invectivas y hacer alusiones al decreto sobre los ferrocarriles (págs. 8 y 16 del núm. 1), pero no han contestado nada coherente a esta pregunta: "¿Cómo corregir el decreto, si es erróneo?"

Huelgan los comentarios. Los obreros conscientes calificarán de ``isuvista'' o de frase huera semejante "crítica" del decreto sobre los ferrocarriles (que es un modelo de nuestra pauta, de la pauta de firmeza, de la pauta de la dictadura, de la pauta de la disciplina proletaria).

Otra observación. En el núm. 1 de Kommunist se publica una reseña del camarada Bujarin, muy elogiosa, sobre mi folleto El Estado y la revolución. Pero, por muy valiosas que sean para mí las opiniones de hombres como Bujarin, debo decir honradamente que el carácter de la reseña pone al desnudo un hecho triste, y significativo: Bujarin enfoca las tareas de la dictadura del proletariado de cara al pasado y no al futuro. Bujarin ha observado y subrayado todo lo que pueden tener de común en el problema del Estado el revolucionario proletario y el revolucionario pequeñoburgués. Bujarin "no ha visto" precisamente lo que separa al primero del segundo.

Bujarin ha visto y recalcado que el viejo mecanismo del Estado debe ser ``destruido'', ``dinamitado'', que es preciso "acabar de estrangular" a la burguesía, etc. El enfurecido pequeño burgués también puede querer eso. Y eso lo ha hecho ya, en líneas generales, nuestra revolución desde octubre de 1917 hasta febrero de 1918. Pero en mi folleto se habla también de lo que no puede querer el pequeño burgués, ni siquiera el más revolucionario, de lo que quiere el proletario consciente, de lo que no ha hecho aún nuestra revolución. Y Bujarin ha guardado silencio sobre esta tarea, sobre la tarea del día de mañana.

No obstante, tengo motivos de sobra para no guardar silencio sobre el particular, primero, porque debe esperarse de un comunista más atención a las tareas de mañana que a las de ayer; y, segundo, porque mi folleto fue escrito antes de que los bolcheviques tomáramos el poder, cuando no se podía obsequiar a los bolcheviques con una consideración pequeñoburguesa vulgar: "Claro, después de haber conquistado el poder hablan, naturalmente, de disciplina..."

736

``...El socialismo se transformará gradualmente en comunismo... pues los hombres se acostumbrarán a observar las reglas elementales de la convivencia social sin violencia ni subordinación" (El Estado y la revolución, págs. 77--78^^*^^. Por consiguiente, se hablaba de las "reglas elementales" antes de tomar el poder).

``...Y sólo entonces comenzará a extinguirse la democracia...'', por la razón de que "los hombres se habituarán poco a poco a observar las reglas elementales de convivencia, conocidas a lo largo de los siglos y repetidas desde hace milenios en todos los preceptos; a observarlas sin violencia, sin coerción, sin subordinación, sin esa máquina especial de coerción que se llama Estado" (ob. cit., pág. 84^^**^^; de los ``preceptos'' se habló antes de tomar el poder).

``...La fase superior de desarrollo del comunismo" (a cada cual, según sus necesidades; de cada cual, según su capacidad) " presupone una productividad del trabajo que no es la actual y hombres que no son los actuales filisteos, capaces---como los seminaristas de Pomialovski---de dilapidar "a tontas y a locas" la riqueza social y de pedir lo imposible" (ob. cit., pág. 91~^^***^^).

``...Mientras llega la fase ``superior'' del comunismo, los socialistas exigen el más riguroso control por parte de la sociedad y por parte del Estado sobre la medida de trabajo y la medida de consumo..."

(ibídem).

``...Contabilidad y control: eso es lo principal que se necesita para "poner a punto" y hacer que funcione bien la primera fase de la sociedad comunista" (ob. cit., pág. 95~^^****^^). Y ese control debe ser establecido no sólo sobre "la insignificante minoría de capitalistas, sobre los señoritos que quieran conservar sus hábitos capitalistas'', sino también sobre los obreros "profundamente corrompidos por el capitalismo" (ob. cit., pág. 96^^*****^^), y sobre "los haraganes, los señoritos, los truhanes y demás depositarios de las tradiciones del capitalismo" (ibídem).

Es significativo que Bujarin no haya subrayado esto.

5 de mayo de 1918.

Publicado los días 9, 10 y 11 de mayo de 1918 en los ntíros. H8, 89 y 90 de ``Pravda''.

T. 36, págs.

_-_-_

^^*^^ Véase el presente volumen, pág. 355. (N. de la Edil.)

^^**^^ Ibi'ilem, pág. 361. (N. de la Edil.)

^^***^^ Ibídem, pág. 367. (N. de la Edil.)

^^****^^ Ibídem, pág. 370. (N. de la Edil)

^^*****^^ Ibídem, pág. 371. (N. de la Edil.)

737 __ALPHA_LVL1__ TESIS SOBRE LA SITUACIÓN POLÍTICA ACTUAL^^258^^

I

Se ha señalado ya muchas veces en la prensa bolchevique y reconocido en resoluciones oficiales de los órganos del Poder superior soviético que la situación internacional de la República Soviética, rodeada de potencias imperialistas, es inestable en extremo.

En los últimos días, es decir, en la primera década de mayo de 1918, la situación política se ha agravado extraordinariamente en virtud de causas tanto exteriores como interiores.

Primero, se ha intensificado la ofensiva directa de las tropas contrarrevolucionarias (de Semiónov y otros) con ayuda de los japoneses en el Extremo Oriente; a este respecto, una serie de indicios ha mostrado la posibilidad de que toda la coalición imperialista antialemana llegue a un acuerdo, tomando como base la presentación de un ultimátum a Rusia: o peleas contra Alemania o te invadirán los japoneses con nuestra ayuda.

Segundo, después de Brest, en la política alemana se ha impuesto, en general, el partido belicista, que ahora puede imponerse también de un momento a otro en la cuestión de una ofensiva general inmediata contra Rusia, es decir, dar de lado por completo la otra política de los medios imperialistas burgueses de Alemania, que aspiran a nuevas anexiones en Rusia, pero que, hoy por hoy, quieren la paz con ella y no una ofensiva general contra ella.

Tercero, la restauración del monarquismo burgués y terrateniente en Ucrania con el apoyo de los elementos democonstitucionalistas y octubristas de la burguesía de toda Rusia y con la ayuda de las tropas alemanas tenía forzosamente que exacerbar la lucha frente a la contrarrevolución en nuestro país, tenía que dar alas a los planes de nuestra contrarrevolución y elevar sus ánimos.

Cuarto, se ha agravado en extremo el desbarajuste en el abastecimiento, que ha conducido en muchos lugares a una verdadera hambre, debido a que Rostov del Don ha quedado cortado de nosotros y también a los esfuerzos de la pequeña burguesía y de 738 los capitalistas en general por frustrar el monopolio del trigo y la resistencia de insuficientes firmeza, disciplina e inclemencia de la clase dominante, es decir, del proletariado, a esos afanes, esfuerzos e intentos.

II

La política exterior del Poder soviético en modo alguno debe cambiar. Nuestra preparación militar no ha terminado aún, por lo que la consigna general sigue siendo la misma: maniobrar, replegarse y esperar, prosiguiendo esa preparación con todas las fuerzas.

Sin renunciar en general, ni mucho menos, a los acuerdos militares con una coalición imperialista contra la otra en los casos en que esos acuerdos, sin infringir los fundamentos del Poder soviético, puedan fortalecer su situación y paralizar el ataque contra él por parte de cualquier potencia imperialista, en el momento actual no podemos aceptar un acuerdo militar con la coalición anglo-francesa. Porque para esta coalición es de verdadera importancia distraer del Oeste a las tropas de Alemania, es decir, que avancen numerosos cuerpos de ejército japoneses hacia el corazón de la Rusia europea, y esa condición es inaceptable porque significa la bancarrota completa del Poder soviético. Si la coalición anglo-francesa nos presentara un ultimátum de ese género, responderíamos con una negativa, pues el peligro de avance japonés puede ser paralizado con menos dificultades (o puede ser alejado por más tiempo) que el peligro de ocupación de Petrogrado, Moscú y la mayor parte de la Rusia europea por los alemanes.

III

Al fijar las tareas de la política exterior del Poder soviético en estos momentos, hay que observar la mayor prudencia, cautela y firmeza para no ayudar, con un paso irreflexivo o precipitado, a los elementos extremistas de los partidos belicistas del Japón o de Alemania.

Se trata de que en esos dos países, los elementos extremistas del partido belicista están a favor de una ofensiva inmediata y general contra Rusia para ocupar todo su territorio y derrocar el Poder soviético. Y esos elementos extremistas pueden imponerse de un momento a otro.

Mas, por otra parte, es un hecho indudable que la mayoría de la burguesía imperialista de Alemania se opone a esa política y prefiere en el momento actual una paz anexionista con Rusia y no proseguir 739 la guerra, considerando que semejante guerra distraería fuerzas del Oeste, aumentaría la inestabilidad de la situación interior en Alemania, ya de por sí notable, y dificultaría la obtención de materias primas de los lugares sublevados o damnificados por la destrucción de los ferrocarriles, la siembra insuficiente, etc., etc.

El afán japonés de atacar a Rusia se ve frenado, primero, por el peligro de movimiento y de las insurrecciones en China; segundo, por cierto antagonismo de Norteamérica, que teme el fortalecimiento del Japón y confía en conseguir materias primas de Rusia con mayor facilidad en condiciones de paz.

Por supuesto, es muy posible que tanto en el Japón como en Alemania se impongan de un momento a otro los elementos extremistas del partido belicista. Mientras no estalle la revolución en Alemania no podrá haber ninguna garantía contra ello. La burguesía norteamericana puede confabularse con la japonesa; y la japonesa, con la alemana. Por eso, la más intensa preparación militar es un deber absoluto nuestro.

Pero mientras existan algunas probabilidades, por pocas que sean, de conservar la paz o de firmar la paz con Finlandia, Ucrania y Turquía, al precio de nuevas anexiones o nuevas pérdidas, no debemos dar en modo alguno ningún paso que pueda ayudar a los elementos extremistas del partido belicista de las potencias imperialistas.

IV

En el problema de la intensa preparación militar, lo mismo que en el de la lucha contra el hambre, figura en primer plano la tarea de organización.

No puede hablarse de una preparación militar más o menos seria sin vencer las dificultades alimenticias, sin asegurar a la población un abastecimiento acertado de pan, sin implantar el orden más severo en el transporte ferroviario, sin establecer entre las masas de la población trabajadora (y no sólo en sus capas superiores) una disciplina verdaderamente férrea. Es en este terreno precisamente en el que llevamos más retraso.

Justamente esta verdad es la que no comprenden en absoluto los elementos eseristas de izquierda y anarquistas que lanzan gritos a formar comités ``insurreccionales'' y aullidos, llamando "¡a las armas!'', etc. Esos gritos y aullidos son el colmo de la estupidez y de la palabrería de lo más ruin, despreciable y repulsiva, pues resulta ridículo hablar de "insurrección" y "comités insurreccionales" cuando el Poder soviético central pone todas sus fuerzas a convencer a la población de que debe aprender el arte militar y armarse, 740 cuando tenemos muchas más armas de las que somos capaces de contar y distribuir, cuando precisamente el desbarajuste económico y la falta de disciplina nos impiden utilizar las armas existentes y nos obligan a perder un tiempo precioso que necesitamos para prepararnos.

La intensa preparación militar para una guerra seria no requiere arrebatos, gritos ni consignas de combate, sino una labor prolongada, intensa, tenacísima y disciplinada a gran escala. Hay que dar una réplica contundente a los elementos eseristas de izquierda y anarquistas que no desean comprender esto, y no dejar que contagien su histerismo a ciertos elementos de nuestro partido proletario, comunista.

V

Se necesita una lucha implacable contra la burguesía que asoma la oreja en los últimos días como consecuencia de las circunstancias antes indicadas; hay que declarar el estado de sitio, clausurar periódicos, detener a los cabecillas, etc. Estas medidas son tan imprescindibles como la campaña militar contra la burguesía rural, que no entrega los excedentes de cereales y frustra el monopolio del trigo. Sin la disciplina férrea del proletariado es imposible salvarse ni de la contrarrevolución ni del hambre.

Debe tenerse en cuenta, en particular, que la burguesía ha utilizado en los últimos días, con maestría inigualable, con la habilidad de un virtuoso, otra arma contra el Poder soviético: sembrar el pánico. Y algunos de nuestros camaradas, sobre todo de los menos firmes ante las frases revolucionarias de los eseristas de izquierda y anarquistas, se han dejado llevar, presos del pánico o no viendo la divisoria entre la prevención legítima y necesaria contra los peligros que nos amenazan y la siembra del pánico. Es necesario tener bien presentes las peculiaridades fundamentales de toda la actual situación política y económica de Rusia, en virtud de las cuales nada se gana con arrebatos de ninguna clase. Es preciso que asimilemos y hagamos asimilar a todos los obreros la verdad de que sólo una labor firme y paciente para crear y restablecer la férrea disciplina proletaria y aplastar sin piedad a los hampones, los kulaks y desorganizadores puede salvar al Poder soviético en el momento actual, en el momento de una de las transiciones más difíciles y peligrosas, inevitable como consecuencia de que la revolución se retrasa en Occidente.

Escrito el 12 ó 13 de mayo de 1918. Publicado por primera ven. en 1929 en la "Recopilación Leninista'', t. XI.

T. 36, págs. 322--326.

741 __ALPHA_LVL1__ EL HAMBRE

(CARTA A LOS OBREROS DE PETROGRADO)

Camaradas: Hace unos días me visitó un delegado vuestro, miembro del partido y obrero de la fábrica Putílov. Este camarada me describió con lujo de pormenores el cuadro, en extremo penoso, del hambre que se pasa en Petrogrado. Todos sabemos que, en numerosas provincias industriales, el problema del abastecimiento presenta la misma gravedad; el hambre llama con no menos dolor a las puertas de los obreros y de los pobres en general.

Y al mismo tiempo observamos el desenfreno de la especulación con el pan y otros artículos alimenticios. El hambre no se debe a que falte grano en Rusia, sino a que la burguesía y todos los ricos despliegan la lucha final, la lucha decisiva, contra el dominio de los trabajadores, contra el Estado de los obreros, contra el Poder soviético, en el problema más importante y grave: el del trigo. La burguesía y todos los ricos, incluidos los ricachos del campo, los kulaks, hacen fracasar el monopolio del trigo y la distribución de cereales por el Estado, implantada en beneficio y provecho del abastecimiento de toda la población, en primer término de los obreros, de los trabajadores, de los necesitados. La burguesía sabotea los precios de tasa, especula con los cereales, se gana cien o doscientos rublos, e incluso más, en cada pud, destruye el monopolio del trigo e impide la justa distribución, recurriendo a la corrupción y al soborno, al apoyo premeditado de cuanto pueda hundir el poder de los obreros, que pugna por llevar a la práctica el primer principio del socialismo, su principio básico y fundamental: "El que no trabaja, no come".

``El que no trabaja, no come": esto lo comprende cualquier trabajador. Con ello están de acuerdo todos los obreros, todos los campesinos pobres e incluso los campesinos medios, todo el que haya conocido las necesidades, todo el que haya vivido alguna vez de su trabajo. Las nueve décimas partes de la población de Rusia están de acuerdo con esta verdad sencilla, la más sencilla y evidente, que constituye la base del socialismo, el manantial inagotable de su fuerza, ¡a firme garantía de su victoria definitiva.

742

Mas lo esencial consiste, precisamente, en que una cosa es expresar la conformidad con esta verdad, jurar que se la comparte y reconocerla de palabra, y otra saber aplicarla en la práctica. Cuando centenares de miles y millones de seres padecen el suplicio del hambre (en Petrogrado, en las provincias no agrícolas y en Moscú) en un país donde los ricos, los kulaks y los especuladores ocultan millones y millones de puds de cereales, en un país que se denomina República Socialista Soviética, hay motivos para que cada obrero y campesino consciente reflexione del modo más serio y profundo.

``El que no trabaja, no come": ¿cómo llevar esto a la práctica? Es claro como la luz del día que para ello se precisa: primero, el monopolio estatal del trigo, es decir, la prohibición absoluta de todo comercio privado de cereales, la entrega obligatoria al Estado de todos los excedentes de cereales a precios de tasa, la prohibición absoluta a quienquiera que sea de retener y ocultar los excedentes; segundo, un recuento minucioso de todos los excedentes de cereales y su envío, irreprochablemente organizado, de los lugares donde abundan a los puntos donde escasean, acopiándose al mismo tiempo reservas para el consumo y la siembra; tercero, una distribución acertada y equitativa de los cereales entre todos los ciudadanos del país, bajo el control del Estado obrero, del Estado proletario, sin privilegios ni ventajas de ningún género para los ricos.

Basta reflexionar, por poco que sea, en estas condiciones de la victoria sobre el hambre para comprender la profundísima estupidez de los despreciables charlatanes anarquistas, que niegan la necesidad del poder estatal (implacablemente severo con la burguesía, implacablemente riguroso con los desorganizadores del mismo) para pasar del capitalismo al comunismo, para emancipar a los trabajadores de todo yugo y de toda explotación. Precisamente ahora, cuando nuestra revolución ha empezado a acometer de lleno, de manera concreta y práctica (y en esto consiste su inmenso mérito) las tareas de la realización del socialismo, precisamente ahora---y, por cierto, en el problema más importante, el de los cereales---se ve con perfecta claridad la necesidad de un férreo poder revolucionario, de la dictadura del proletariado, de la organización del acopio de productos, de su transporte y su distribución en masa, a escala nacional, teniendo en cuenta las necesidades de decenas y centenares de millones de seres, teniendo en cuenta las condiciones y los resultados de la producción no sólo con uno, sino con muchos años de antelación (pues se dan años de malas cosechas, a veces se necesitan trabajos de mejoramiento del terreno para que aumente la cosecha de cereales, lo que requiere una labor de muchos años, etc.).

Románov y Kerenski dejaron en herencia a la clase obrera un país arruinado hasta el extremo por su guerra de rapiña, criminal y 743 durísima, un país desvalijado totalmente por los imperialistas rusos y extranjeros. Sólo habrá cereales para todos si se registra del modo más riguroso cada pud, si se procede con la más absoluta equidad en la distribución de cada libra de pan. El pan para las máquinas, es decir, el combustible, escasea también mucho: si no ponemos en tensión todas las fuerzas para conseguir una economía inflexiblemente rigurosa en su consumo, una acertada distribución, se paralizarán los ferrocarriles y las fábricas, y el paro forzoso y el hambre harán sucumbir a todo el pueblo. La catástrofe nos amenaza, está materialmente a un paso de nosotros. Tras las inusitadas dificultades de mayo vienen otras más penosas aún en junio, julio y agosto.

El monopolio estatal del trigo existe en nuestro país, en virtud de una ley; pero, de hecho, es violado a cada paso por la burguesía. El ricachón de la aldea, el kulak, ese parásito que durante decenios ha venido saqueando a toda la comarca, prefiere lucrarse con la especulación y con la destilación clandestina de alcohol---¡tan beneficiosas para su bolsillo!---y echar la culpa del hambre al Poder soviético. Exactamente igual proceden los defensores políticos de los kulaks---los democonstitucionalistas, los eseristas de derecha y los mencheviques---que ``trabajan'' descarada y solapadamente contra el monopolio del trigo y contra el Poder soviético. El partido de los vacilantes, es decir, de los eseristas de izquierda, ha demostrado también en este caso su falta de carácter: cede a los gritos y lamentos interesados de la burguesía, clama contra el monopolio del trigo, ``protesta'' contra la dictadura en el abastecimiento, se deja intimidar por la burguesía, teme la lucha contra el kulak y se revuelve histéricamente, aconsejando elevar los precios de tasa, autorizar el comercio privado y otras cosas por el estilo.

Este partido de los vacilantes refleja en política algo parecido a lo que sucede en la vida diaria, cuando el kulak solivianta a los campesinos pobres contra los Soviets, los soborna, vende, por ejemplo, a algún campesino pobre un pud de grano por tres rublos y no por seis para que este campesino pobre corrompido se ``aproveche'' a su vez de la especulación, se ``beneficie'' con la venta especulativa de ese pud de trigo en ciento cincuenta rublos y se convierta en un voceras contra los Soviets, que prohiben el comercio privado de los cereales.

Todo el que sea capaz de pensar, todo el que desee pensar, por poco que sea, verá con claridad en qué dirección se desarrolla la lucha:

O vencen los obreros conscientes, avanzados, agrupando a su alrededor a las masas de campesinos pobres y estableciendo un orden férreo, un poder de implacable severidad, la verdadera 744 dictadura del proletariado, y obligan al kulak a someterse, implantando una distribución acertada de los cereales y del combustible a escala nacional;

o la burguesía, ayudada por los kulaks y con el apoyo indirecto de los vacilantes y los desorientados (anarquistas y eseristas de izquierda), derribará el Poder soviético y entronizará a un Kornílov ruso-alemán o a un Kornílov ruso-japones que traerá al pueblo la jornada de 16 horas, el medio cuarterón de pan a la semana, fusilamientos de obreros en masa y torturas en las mazmorras, como en Finlandia y en Ucrania.

Una cosa u otra.

No hay términos medios.

La situación del país ha llegado al extremo.

Quien reflexione sobre la vida política no podrá menos de ver que los democonstitucionalistas, los eseristas de derecha y los mencheviques tratan de ponerse de acuerdo en si es más ``grato'' un Kornílov ruso-alemán o un Kornílov ruso-japones, si aplastará mejor y con mayor energía la revolución un Kornílov coronado o un Kornílov republicano.

Es ya hora de que se pongan de acuerdo todos los obreros conscientes, avanzados. Es ya hora de que despierten y comprendan que cada minuto de dilación es una amenaza de que perezcan el país y la revolución.

Con medias tintas no se arregla nada. Las lamentaciones no conducirán a nada. Los intentos de conseguir pan o combustible "al por menor'', para "uno mismo'', es decir, para ``su'' fábrica, para ``su'' empresa, no hacen más que aumentar la desorganización, facilitar a los especuladores su obra egoísta, inmunda y tenebrosa.

He ahí por qué, camaradas obreros de Petrogrado, me permito dirigiros esta carta. Petrogrado no es toda Rusia. Los obreros de Petrogrado son una pequeña parte de los de Rusia. Pero son uno de sus destacamentos mejores, más avanzados, más conscientes, más revolucionarios, más firmes; son uno de los destacamentos de la clase obrera y de todos los trabajadores de Rusia que menos se dejan llevar por las frases vacías, por la desesperación pusilánime, que menos se dejan intimidar por la burguesía. Y en los instantes críticos de la vida de los pueblos ha sucedido más de una vez que los destacamentos de vanguardia de las clases avanzadas, aun siendo poco numerosos, supieron llevar en pos de sí a todos, prendieron el fuego del entusiasmo revolucionario en el corazón de las masas y realizaron las más grandiosas hazañas históricas.

Contábamos con cuarenta mil obreros en la fábrica Putílov, me decía el delegado de los obreros de Petrogrado; pero la mayoría eran ``temporeros'', no proletarios, gente insegura, floja. Hoy quedan 745 quince mil; pero son proletarios templados y probados en la lucha.

Y es esta vanguardia de la revolución (en Petrogrado y en todo el país) la que debe lanzar el grito de guerra, alzarse en masa, comprender que la salvación del país está en sus manos, que se exige de ella un heroísmo no menor que el de enero y octubre de 1905, el de febrero y octubre de 1917, que es preciso organizar la gran ``cruzada'' contra los especuladores de cereales, los kulaks, los parásitos, los desorganizadores y los concusionarios, la gran " cruzada" contra los violadores del rígido orden impuesto por el Estado en la obra de acopiar, transportar y distribuir el pan para la población y el pan para las máquinas.

Sólo el entusiasmo masivo de los obreros avanzados puede salvar el país y la revolución. Hacen falta decenas de millares de proletarios avanzados, templados, lo suficiente conscientes para explicar la situación a los millones de campesinos pobres en todos los confines del país y ponerse a la cabeza de esas masas; lo suficiente firmes para apartar y fusilar sin contemplaciones a todo el que se "deje seducir" (como sucede a veces) por la especulación y se convierta de combatiente de la causa del pueblo en saqueador; lo suficiente seguros y fieles a la revolución para soportar de una manera organizada todo el peso de la cruzadaen los distintos confines del país con objeto de poner orden, reforzar los órganos locales del Poder soviético y controlar por doquier cada pud de trigo, cada pud de combustible.

Esto es más difícil que portarse con heroísmo unos cuantos días, sin abandonar el lugar de residencia, sin participar en la cruzada, limitándose a una insurrección relámpago contra el monstruo e idiota de Románov o el tontaina y vanidoso de Kerenski. El heroísmo del trabajo de organización, prolongado y tenaz, a escala nacional es inconmensurablemente más difícil que el de las insurrecciones; pero es, en cambio, inconmensurablemente más elevado. Sin embargo, la fuerza de los partidos obreros y de la clase obrera ha consistido siempre en que miran el peligro cara a cara, audaz, directa y francamente, sin temor a reconocerlo, en que sopesan con serenidad las fuerzas existentes en ``su'' campo y en el campo ``ajeno'', el campo de los explotadores. La revolución avanza, se despliega y amplía. Son mayores también nuestras tareas. Aumentan la extensión y la profundidad de la lucha. El umbral verdadero y principal del socialismo consiste en distribuir con acierto los cereales y el combustible, en aumentar su obtención, en establecer un registro y un control rigurosos por parte de los obreros a escala nacional. Esto no es ya una tarea "general de la revolución'', sino una tarea precisamente comunista, la tarea en que los trabajadores y los pobres deben dar la batalla decisiva al capitalismo.

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Merece la pena entregar todas las fuerzas a esa batalla; cierto que son grandes las dificultades, pero grande es también la causa---por la que luchamos---de poner fin a la opresión y la explotación.

Cuando el pueblo padece hambre, y el paro hace estragos cada vez más terribles, quien oculte un solo pud de grano sobrante, quien prive al Estado de un pud de combustible es un criminal de la peor calaña.

En momentos como los actuales---y para la auténtica sociedad comunista eso es cierto siempre---, cada pud de grano y de combustible son verdaderas cosas sagradas, muy superiores a las que esgrimen los popes para embaucar a los tontos, prometiéndoles el reino de los cielos como recompensa por la esclavitud en la tierra. Y para despojar esta verdadera cosa sagrada de todo vestigio de ``santidad'' clerical hay que apoderarse de ella en la práctica, lograr de hecho su acertada distribución, recoger absolutamente todos los sobrantes de cereales, sin excepción, para reservas del Estado, limpiar todo el país de los sobrantes de cereales escondidos o no recogidos, hay que poner las fuerzas en máxima tensión, con mano firme de obrero, para aumentar la obtención de combustible y lograr la más estricta economía del mismo, el más estricto orden en su transporte y consumo.

Necesitamos una ``cruzada'' en masa de los obreros avanzados a cada lugar donde se producen cereales y combustibles, a cada punto importante de destino y distribución de los mismos, para intensificar la energía en el trabajo, para decuplicarla y ayudar a los órganos locales del Poder soviético en el registro y el control, para acabar a mano armada con la especulación, la concusión y el desorden. Esta tarea no es nueva. Hablando con propiedad, la historia no plantea tareas nuevas; lo único que hace es aumentar las proporciones y la amplitud de las viejas tareas a medida que se amplía la revolución, aumentan sus dificultades y se agiganta la grandeza de sus tareas de trascendencia histórica universal.

Una de las obras más ingentes e imperecederas de la Revolución de Octubre---de la revolución soviética---estriba en que el obrero avanzado, como dirigente de los campesinos pobres, como jefe de las masas trabajadoras del campo, como edificador del Estado del trabajo, "ha ido hacia el pueblo''. Petrogrado ha enviado al campo a millares y millares de sus mejores obreros; lo mismo han hecho otros centros proletarios. Los destacamentos de combatientes contra los Kaledin y los Dútov o los destacamentos de abastecimiento no son una novedad. La tarea consiste únicamente en que la proximidad de la catástrofe y la gravedad de la situación obligan a hacer diez veces más que antes.

El obrero, al convertirse en jefe avanzado de las masas pobres, no 747 se ha vuelto un santo. Conducía al pueblo hacia adelante, pero al mismo tiempo se contaminaba de las enfermedades inherentes a la descomposición pequeñoburguesa. Cuanto menor era el número de destacamentos integrados por los obreros mejor organizados, más conscientes, disciplinados y firmes, con tanta mayor frecuencia se corrompían, tanto más menudeaban los casos en que la sicología del pequeño propietario del pasado triunfaba sobre la conciencia proletaria, comunista, del futuro.

Al iniciar la revolución comunista, la clase obrera no puede despojarse de golpe y porrazo de las debilidades y los vicios que ha dejado en herencia la sociedad de los terratenientes y capitalistas, la sociedad de los explotadores y parásitos, la sociedad basada en el sórdido interés y en el lucro personal de unos pocos a costa de la miseria de los muchos. Pero la clase obrera puede vencer---y, en fin de cuentas, vencerá segura e indefectiblemente---al viejo mundo, sus vicios y debilidades, si contra el enemigo se lanzan nuevos y nuevos destacamentos obreros, cada vez más numerosos y avezados, cada día más templados en las dificultades de la lucha.

Esa, precisamente ésa, es la situación existente hoy en Rusia. Por separado, con acciones desperdigadas, no es posible vencer ni el hambre ni el paro forzoso. Necesitamos una ``cruzada'' en masa de los obreros avanzados a todos los confines del inmenso país. Hacen falta diez veces más destacamentos de hierro del proletariado consciente y de una fidelidad sin reservas al comunismo. Entonces venceremos el hambre y el paro forzoso. Entonces llevaremos la revolución hasta el verdadero umbral del socialismo. Entonces podremos también hacer una guerra defensiva victoriosa contra los rapaces imperialistas.

22 de mayo de 1918.

N.Lenin

Publicado el 24 de mayo de 1918 en 101 de ``Pravda''.

T. 36, págs. 357--364.

748 __ALPHA_LVL1__ DISCURSO PRONUNCIADO EN EL II CONGRESO DE COMISARIOS DEL TRABAJO
DE TODA RUSIA^^259^^ EL 22 DE MAYO DE 1918

Camaradas: Permitidme, ante todo, que salude al Congreso de Comisarios del Trabajo en nombre del Consejo de Comisarios del Pueblo. (Clamorosos aplausos.)

En la sesión de ayer del Consejo de Comisarios del Pueblo, el camarada Shliápnikov comunicó que vuestro congreso se había adherido a la resolución de los sindicatos acerca de la disciplina de trabajo y de las normas de productividad. Estimo, camaradas, que con ese acuerdo habéis dado un paso muy importante, que no sólo atañe al rendimiento del trabajo y a las condiciones de la producción, sino que representa también un paso de extraordinaria importancia desde el punto de vista de la situación actual en general. Vosotros tenéis contacto práctico constante, y no casual, con todas las grandes masas de obreros, y sabéis que nuestra revolución está viviendo uno de los momentos más importantes y críticos de su desarrollo.

Conocéis muy bien que nuestros enemigos, los imperialistas occidentales, nos acechan y puede llegar un momento en que lancen sus hordas contra nosotros. A esos enemigos exteriores se suma ahora un peligroso enemigo interior: la descomposición, el caos y la desorganización, acentuados por la burguesía en general y por la pequeña burguesía en particular, así como por distintos secuaces y lacayos de la burguesía. Sabéis, camaradas, que después de la dolorosísima guerra a que nos llevaron el régimen zarista y los conciliadores, con Kerenski a la cabeza, hemos recibido como herencia directa la descomposición y un desbarajuste extremo. Se acerca ahora el momento más crítico, en el que el hambre y el paro forzoso llaman a la puerta de un número de obreros cada vez mayor, en el que centenares y miles de personas sufren las torturas del hambre, en el que la situación se ha agravado por la falta de pan, aunque podría haberlo, en el que sabemos que su distribución acertada depende del transporte acertado. Falta de combustible después de haber quedado cortados de la región rica en combustible, catástrofe de los ferrocarriles, amenazados, quizá, de quedar paralizados: tal es la situación que crea dificultades a la revolución, tal es la situación que llena de júbilo los corazones de los kornilovistas de todos los pelajes y de todos los colores. Ahora se ponen de acuerdo cada día, quizá cada hora, en cómo aprovechar las dificultades de la República Soviética y del poder proletario para sentar de nuevo en el trono a Kornílov. La disputa entre ellos gira en 749 torno a la nacionalidad a que debe pertenecer ese Kornílov, pero debe ser un Kornílov ventajoso para la burguesía: un Kornílov coronado o republicano. Los obreros saben ya de qué se trata, y después de cuanto ha pasado la revolución rusa a raíz de Kerenski, todo eso no les sorprende. Pero la fuerza de la organización obrera, de la revolución obrera consiste en darse cuenta del estado de cosas con la mayor exactitud, sin cerrar los ojos a la verdad.

Hemos dicho que una guerra de tales proporciones y tan inauditamente atormentadora amenaza con el hundimiento completo de la cultura europea. La única salvación puede consistir en el paso del poder a manos de los obreros para organizar un orden de hierro. Como consecuencia del desarrollo de la revolución en Rusia y de una situación histórica particular, nuestro proletariado de Rusia, después de 1905, se ha encontrado durante cierto tiempo muy por delante de otros ejércitos internacionales del proletariado. Vivimos ahora un período en el que la revolución madura en todos los países de Europa Occidental, en el que se pone en claro que la situación de los ejércitos obreros de Alemania es desesperada. Sabemos que allá, en Occidente, no se alza frente a los trabajadores el régimen podrido de los Románov y de los jactanciosos hueros, sino una burguesía organizada totalmente, que se apoya en todas las conquistas de la cultura y la técnica modernas. Ese es el motivo de que nos resultara tan fácil empezar la revolución y tan difícil continuarla; ése es también el motivo de que en Occidente sea más difícil empezar la revolución, pero debe ser más fácil posteriormente continuarla. Nuestra dificultad depende de que debemos hacerlo todo con los esfuerzos del proletariado de Rusia y mantener la situación en tanto se fortalezca en grado suficiente nuestro aliado: el proletariado internacional de todos los países. Se percibe cada día más que no hay otra salida. Nuestra situación se complica más aún porque, careciendo de refuerzos, debemos hacer frente al desbarajuste de los ferrocarriles, del transporte y del abastecimiento. En este terreno debe plantearse la cuestión con claridad para todos.

Tengo la esperanza de que el Congreso de Comisarios del Trabajo, que tiene un contacto más directo que otros con los obreros, marcará una etapa no sólo en el mejoramiento inmediato de las reglas laborales que debemos sentar como base del socialismo, sino también en el esclarecimiento de la conciencia de los obreros con relación al momento que vivimos. La clase obrera tiene planteada una tarea difícil, pero grata, de cuyo cumplimiento depende el destino del socialismo en Rusia y, quizá, en otros países. De ahí que tenga tanta importancia la resolución sobre la disciplina de trabajo.

Ahora que el poder se ha afianzado en manos de los obreros, todo depende de la disciplina proletaria y de la organización proletaria. Se 750 trata de la disciplina y de la dictadura del proletariado, de un poder férreo. Un poder que encuentra la simpatía más calurosa y el apoyo más decidido de los sectores pobres debe ser de hierro porque se aproximan calamidades inauditas. Las masas obreras viven bajo los efectos del pasado y confían en que saldremos de algún modo de esta situación.

Pero esas ilusiones se desvanecen cada día, y se hace más evidente que la guerra mundial amenaza con el hambre y la extinción a países enteros, si la clase obrera no vence ese desbarajuste con su organización. Al lado del elemento consciente de la clase obrera, que orienta toda su actividad a convertir en base la nueva disciplina de camaradas, vemos la masa de millones que forma el elemento de los pequeños propietarios y de los pequeños burgueses, el cual lo enfoca todo desde el punto de vista de sus intereses egoístas. Sólo se puede luchar contra el hambre y la catástrofe, que avanzan sobre nosotros, estableciendo un orden férreo de los obreros conscientes: sin eso no podremos hacer nada. Como consecuencia de la gigantesca extensión de Rusia, vivimos en tales condiciones que en un confín del país hay mucho pan mientras que en otro no hay nada. No cabe pensar que no habrá guerra defensiva, la cual nos puede ser impuesta. No cabe pensar que se puede alimentar a las ciudades y a los inmensos centros industriales sin un acertado transporte. Hay que registrar cada pud de trigo para que no se pierda ni un solo pud. Pero sabemos que, en realidad, ese registro no se efectúa, sino que queda sólo en el papel. En la vida, los pequeños especuladores no hacen más que corromper a los pobres del campo, inculcándoles que con el comercio privado se puede suprimir la escasez. En tales condiciones no se puede salir de la crisis. En Rusia puede haber suficiente pan para los hombres y pan, es decir, combustible, para la industria únicamente si se reparte rigurosamente entre todos los ciudadanos todo lo que tenemos, de modo que nadie pueda tomar ni una libra de pan de más, de modo que no quede sin consumir ni una libra de combustible. Únicamente así puede salvarse del hambre al país. Esta lección de reparto comunista, llamado a asegurar que todo esté contabilizado, que haya pan para los hombres y combustible para la industria; esta lección no la hemos aprendido en los libros, sino a través de la amarga experiencia.

Es posible que la gran masa obrera no comprenda de golpe que nos encontramos ante la catástrofe. Hace falta una cruzada de los obreros contra la desorganización y contra el ocultamiento de cereales. Hace falta una cruzada para que la disciplina de trabajo, acerca de la cual habéis aprobado una resolución y de la que se ha hablado en las fábricas, se extienda por todo el país, para que las más amplias masas comprendan que no hay otra salida. En la historia de 751 nuestra revolución la fuerza de los obreros conscientes ha consistido siempre en mirar francamente cara a cara a la realidad más amarga y peligrosa, sin hacerse ilusiones, calculando las fuerzas con exactitud. Sólo podemos contar con los obreros conscientes; la masa restante, la burguesía y los pequeños propietarios están contra nosotros, no creen en el nuevo orden, aprovechan cada agravación de las necesidades del pueblo. Puede servirnos de ejemplo lo que vemos en Ucrania y en Finlandia: ferocidades inauditas y mares de sangre, con los que la burguesía y sus secuaces, desde los demócratas constitucionalistas hasta los eseristas, inundan las ciudades, venciéndolas con ayuda de sus aliados. Todo eso muestra lo que espera al proletariado si no cumple su misión histórica. Sabemos cuan pequeños son en Rusia los sectores de obreros avanzados y conscientes. Sabemos también el precio de las necesidades del pueblo, sabemos que llegaremos al extremo de que las grandes masas comprenderán que con semimedidas no se puede salir de la situación y que es imposible pasarse sin una revolución proletaria. Vivimos momentos en los que se arruinan países enteros y millones de seres se ven condenados a perecer y son convertidos en esclavos militares. Esta es la razón de que se haya producido el cambio radical que nos ha impuesto la historia no por mala voluntad de unas personas, sino porque todo el régimen capitalista cruje y se resquebraja en sus cimientos.

Aprovechad, camaradas comisarios del trabajo, cada una de vuestras entrevistas en cualquier fábrica o empresa, vuestras entrevistas con cualquier delegación de obreros; aprovechad la oportunidad de explicarles esta situación para que comprendan que nos espera o bien la muerte, o bien la autodisciplina, la organización y la posibilidad de defenderse. Para que comprendan que nos espera el retorno de los kornilovistas---rusos, japoneses o alemanes---, que traerán medio cuarterón de pan a la semana si los obreros conscientes no organizan la cruzada, con todos los sectores pobres a la cabeza, contra el caos y la desorganización que la pequeña burguesía intensifica por doquier y que nosotros debemos vencer. El quid de la cuestión está en que el obrero consciente se sienta no sólo dueño en su fábrica, sino representante del país, que sienta la responsabilidad que le incumbe. El obrero consciente debe saber que es el representante de la clase. Debe vencer si se coloca al frente del movimiento contra la burguesía y los especuladores. El obrero consciente comprenderá en qué consiste la tarea fundamental del socialista y entonces triunfaremos. Entonces encontraremos fuerzas y podremos luchar. (Clamorosos y prolongados aplausos.)

Publicado el 23 de majo de ¡918 en el núm.

T. 36, págs. 365--370.

102 de "¡zvestia del CEC de toda Rusia" y el 24 de mayo de 1918 en el núm. 101 de ``Pravda''.

752 __ALPHA_LVL1__ DISCURSO PRONUNCIADO EN EL
I CONGRESO NACIONAL DE LOS
CONSEJOS DE ECONOMÍA^^260^^
EL 26 DE MAYO DE 1918

(La aparición del camarada Lenin es acogida con clamorosos aplausos.)

Camaradas: Permitidme, ante todo, que salude al Congreso de los Consejos de Economía Nacional en nombre del Consejo de Comisarios del Pueblo. (Aplausos.)

Camaradas: Sobre el Consejo Superior de Economía Nacional ha recaído ahora una tarea difícil y de las más gratas. Es indudable que cuanto más avancen las conquistas de la Revolución de Octubre, cuanto más profundas sean las transformaciones radicales iniciadas por ella, cuanto más firmes sean los cimientos de las conquistas de la revolución socialista y el afianzamiento del régimen socialista, más se elevará el papel de los consejos de economía nacional. Estos organismos serán las únicas instituciones del Estado que ocuparán un lugar firme, tanto más firme cuanto más nos acerquemos al establecimiento del orden socialista, cuanto menos necesario resulte el mecanismo puramente administrativo, el mecanismo que se ocupa sólo de la administración. Después de que sea aplastada definitivamente la resistencia de los explotadores, después de que los trabajadores aprendan a organizar la producción socialista, este mecanismo de administración en el sentido escueto y estricto de la palabra, esta máquina del viejo Estado deberá morir, en tanto que el mecanismo del tipo del Consejo Superior de Economía Nacional está llamado a crecer, a desarrollarse y fortalecerse, haciéndose totalmente cargo de la actividad principal de la sociedad organizada.

Por eso, camaradas, cuando veo la experiencia de nuestro Consejo Superior de Economía Nacional y de los consejos locales, a cuya actividad está ligado estrecha e indisolublemente, considero que, pese a haber muchas cosas sin terminar, imperfectas y no organizadas, no tenemos el menor motivo para hacer deducciones pesimistas. Porque la tarea que se impone el Consejo Superior de Economía Nacional y todos los consejos regionales y locales es tan gigantesca, tan universal, que no hay absolutamente nada que infunda temor en todo lo que vemos. Con mucha frecuencia---desde nuestro punto de vista, naturalmente, quizá con demasiada 753 frecuencía---no se ha aplicado el proverbio "en cosa alguna pensar mucho y hacer una''. En la organización de la economía al modo socialista, las cosas no resultan tan sencillas, por desgracia, como en ese proverbio. Nuestras tareas se complican con el paso de todo el poder---esta vez no sólo político, y en primer lugar incluso no político, sino económico, es decir, que afecta a las bases más hondas de la vida cotidiana del hombre---a una nueva clase, a una clase que lleva tras de sí, por vez primera en la historia de la humanidad, a la aplastante mayoría de la población, a toda la masa de trabajadores y explotados. Es evidente a todas luces que en este caso, dadas la grandísima importancia y las grandísimas dificultades de las tareas de organización, cuando tenemos que organizar de una manera completamente nueva las bases más profundas de la vida de centenares de millones de seres, resulta imposible arreglar las cosas de modo tan sencillo como con el proverbio "en cosa alguna pensar mucho y hacer una''. Nosotros, en efecto, no podemos pensar con antelación muchas veces y después hacer y fijar lo que ha sido pensado y ajustado definitivamente. Debemos levantar nuestro edificio económico en el curso mismo del trabajo, probando unas u otras instituciones, observando su actividad en la práctica, comprobándolas con la experiencia colectiva general de los trabajadores y, lo principal, con la experiencia de los resultados del trabajo. Debemos hacer eso sin tardanza en el curso mismo del trabajo y, además, en una situación de lucha a muerte y de furiosa resistencia de los explotadores, cuya rabia crece cuanto más nos acercamos al momento de arrancar definitivamente la última muela cariada de la explotación capitalista. Es comprensible que, en tales condiciones, no exista el menor motivo para el pesimismo; aunque, claro está, para los ataques rabiosos de la burguesía y de los señores explotadores, heridos en sus mejores sentimientos, significa un gran motivo el que nosotros tengamos, incluso en un corto plazo, que rehacer varias veces en ciertas ocasiones los tipos, estatutos y organismos de dirección de distintas ramas de la economía nacional. Como es natural, para quienes participan demasiado cerca y de modo demasiado directo en este trabajo, rehaciendo incluso tres veces los estatutos, normas y leyes de administración, por ejemplo, de la Dirección General del Transporte Fluvial y Marítimo, no resulta muy agradable, y las satisfacciones que puede reportarles ese género de trabajo no pueden ser muy grandes. Pero si nos abstraemos un poquito del desagrado inmediato que representa rehacer con excesiva frecuencia los decretos o si examinamos un poquito más a fondo y con mayor perspectiva la gigantesca obra histórica universal que ha emprendido el proletariado ruso---por ahora con sus propias fuerzas insuficientes---, comprenderemos en el acto que son inevitables modificaciones

25--74

754 incluso más repetidas, pruebas en la práctica de distintos sistemas de administración y de distintas normas de organización de la disciplina. Comprenderemos que, en una obra tan gigantesca, jamás podríamos aspirar---y ningún socialista sensato que haya escrito sobre las perspectivas del futuro ha pensado nunca en ello---a poder crear de una vez y concretar de golpe las formas de organización de la nueva sociedad de acuerdo con una indicación dada de antemano.

Lo único que sabíamos, lo único que nos habían indicado con exactitud los mejores conocedores de la sociedad capitalista, los más grandes cerebros que previeron el desarrollo de esa sociedad, es que la transformación debía seguir, de modo históricamente inevitable, cierta gran pauta, que la propiedad privada de los medios de producción estaba condenada por la historia, que saltaría hecha añicos, que los explotadores serían expropiados sin remedio. Todo eso fue consignado con exactitud científica. Y nosotros lo sabíamos cuando enarbolamos la bandera del socialismo, cuando nos proclamamos socialistas, cuando fundamos los partidos socialistas, cuando empezamos a transformar la sociedad. Lo sabíamos cuando tomamos el poder para emprender la reorganización socialista, pero no podíamos conocer ni las formas de la transformación ni la rapidez del desarrollo de la reorganización concreta. Sólo la experiencia colectiva, sólo la experiencia de millones de personas puede dar en este sentido indicaciones decisivas, precisamente porque para nuestra causa, para la causa de la edificación del socialismo no basta la experiencia de centenares y centenares de miles de componentes de las capas superiores, que hicieron hasta ahora la historia tanto en la sociedad terrateniente como en la sociedad capitalista. Nosotros no podemos proceder así precisamente porque confiamos en la experiencia conjunta, en la experiencia de millones de trabajadores.

Por eso sabemos que la labor de organización, que constituye la tarea principal, cardinal y fundamental de los Soviets, lleva implícita obligatoriamente para nosotros multitud de experimentos, multitud de pasos, multitud de modificaciones, multitud de dificultades, sobre todo en lo que respecta a cómo colocar a cada cual en su sitio, pues en este sentido carecemos de experiencia, tenemos que decidir nosotros mismos cada paso. Y cuanto más graves son los errores en ese camino, tanto mayor es la seguridad de que con cada nuevo incremento del número de afiliados a los sindicatos, con cada nuevo millar, con cáela nueva centena de millar de hombres que pasan del campo de los trabajadores, de los explotados---que vivían hasta ahora ateniéndose a las tradiciones, a las costumbres---al campo de los creadores de las instituciones soviéticas, aumenta el número de personas que deben reunir las debidas condiciones y encarrilar acertadamente la obra.

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Tomemos una de las tareas secundarias con que tropieza muy a menudo el Consejo de Economía Nacional, el Consejo Superior de Economía Nacional: la tarea de utilizar a los especialistas burgueses. Todos nosotros sabemos---al menos quienes nos basamos en la ciencia y en el socialismo---que esta tarea sólo puede ser cumplida cuando el capitalismo internacional ha desarrollado, y en la medida que lo ha hecho, las premisas materiales, técnicas del trabajo, efectuado a escala gigantesca y basado en los datos de la ciencia y, por ello, en la preparación de inmensos cuadros de especialistas con instrucción científica. Sabemos que el socialismo es imposible sin eso. Si releemos las obras de los socialistas que durante el último medio siglo observaron el desarrollo del capitalismo y llegaron una y otra vez a la conclusión de que el socialismo es inevitable, veremos que todos ellos, sin excepción, indicaban que sólo el socialismo liberará a la ciencia de sus trabas burguesas, de su sometimiento al capital, de su esclavitud ante los intereses del sucio egoísmo capitalista. Sólo el socialismo permitirá difundir ampliamente y subordinar de verdad la producción y la distribución sociales de los productos según consideraciones científicas al objeto de hacer que la vida de todos los trabajadores sea lo más fácil posible y les dé la posibilidad del bienestar. Sólo el socialismo puede hacer eso. Y sabemos que debe hacerlo, y en la comprensión de esa verdad residen toda la dificultad del marxismo y toda su fuerza.

Debemos realizar esa obra, apoyándonos en los elementos que le son hostiles, pues cuanto más grande se hace el capital, más desarrolla la opresión por parte de la burguesía y el aplastamiento de los obreros. Cuando el poder se encuentra en manos del proletariado y de los campesinos pobres, cuando el poder se plantea el cumplimiento de tareas con el apoyo de esas masas, no tenemos más remedio que llevar a cabo dichas transformaciones socialistas con ayuda de los especialistas burgueses, de unos especialistas que se han educado en la sociedad burguesa, que no han visto otro ambiente, que no pueden imaginarse otro ambiente social. Y por eso, incluso en los casos en que tales hombres son absolutamente sinceros y fieles a su obra, incluso en esos casos están llenos de miles de prejuicios burgueses, están ligados por miles de hilos imperceptibles para ellos a la sociedad burguesa agonizante, en descomposición, y que, por ello, opone furiosa resistencia.

No pueden ocultársenos estas dificultades de la tarea y de su cumplimiento. De todos los socialistas que han escrito de ello, no puedo recordar ni una sola obra socialista conocida por mí o una opinión de socialistas destacados sobre la futura sociedad socialista en las que se indicara la dificultad práctica concreta que habría de surgir ante la clase obrera, después de tomar el poder, al plantearse 756 la tarea de transformar toda la suma de riquísimas reservas de cultura, de conocimientos y de técnica acumuladas por el capitalismo e históricamente necesarias, indispensables para nosotros, de transformar todo eso de instrumento del capitalismo en instrumento del socialismo. Eso es fácil en la fórmula general, en la contraposición abstracta; pero en la lucha contra el capitalismo, que no muere de repente y cuya resistencia se hace tanto más furiosa cuanto más se acerca a la muerte, esta tarea requiere un grandioso trabajo. Si en este terreno se efectúan experimentos, si hacemos correcciones repetidas de errores parciales, ello es inevitable cuando no se consigue de golpe, en una u otra rama de la economía nacional, convertir a los especialistas de servidores del capitalismo en servidores de las masas trabajadoras, en asesores suyos. El hecho de que no logremos eso en el acto no puede suscitar ni un ápice de pesimismo, ya que la tarea que nos señalamos es una tarea de dificultad y significación históricas universales. No cerramos los ojos ante la realidad de que solos, con nuestras propias fuerzas, no podemos hacer íntegramente la revolución socialista en un solo país, incluso si este país fuera muchísimo menos atrasado que Rusia, incluso si viviéramos en condiciones más fáciles que las resultantes de cuatro años de una guerra inaudita, dolorosa, dura y ruinosa. Quien vuelve la espalda a la revolución socialista que se desarrolla en Rusia, señalando la flagrante desproporción de fuerzas, se asemeja al anquilosado hombre enfundado que no ve más allá de sus narices, que olvida que no ha habido ninguna transformación radical histórica de cierta importancia sin una serie de casos de desproporción de fuerzas. Las fuerzas crecen en el proceso de la lucha, al unísono con el auge de la revolución. Cuando el país ha emprendido la senda de las más grandes transformaciones, el mérito de este país y del partido de la clase obrera, que ha triunfado en él, consiste en que hemos emprendido de lleno el cumplimiento práctico de las tareas planteadas antes en abstracto, en teoría. Esa experiencia no se olvidará. Pase lo que pase, por duras que sean las vicisitudes de la revolución rusa y de la revolución socialista internacional, no se podrá prescindir de esa experiencia de los obreros, que están unidos ahora en organizaciones sindicales y locales y ponen prácticamente manos a la obra de organizar la producción a escala de todo el país. Esa experiencia ha entrado en la historia como una conquista del socialismo, y la futura revolución internacional erigirá sobre ella su edificio socialista.

Me permitiré señalar otra tarea, quizá la más difícil, que debe cumplir prácticamente el Consejo Superior de Economía Nacional. Es la tarea de la disciplina laboral. Hablando en propiedad, cuando nos referimos a ella debemos reconocer y destacar con satisfacción 757 que los primeros que han emprendido por propia iniciativa el cumplimiento de esta tarea, de significación histórica universal, han sido precisamente los sindicatos, sus organizaciones más importantes: el Comité Central del Sindicato de Obreros Metalúrgicos, el Consejo de los Sindicatos de toda Rusia, las organizaciones sindicales superiores, que agrupan a millones de trabajadores. Para comprender esta tarea es preciso hacer abstracción de los pequeños reveses parciales, de las increíbles dificultades, que parecen invencibles si se las toma por separado. Hay que remontarse más alto y contemplar la sucesión histórica de los tipos de economía social. Sólo desde este punto de vista resaltará con claridad qué gigantesca tarea hemos asumido y qué gigantesca importancia tiene el hecho de que el representante más avanzado de la sociedad, las masas trabajadoras y explotadas, hayan acometido esta vez, por propia iniciativa, una misión que en la Rusia feudal anterior a = 1861^^261^^ era cumplida íntegramente por un puñado de terratenientes, que la consideraba obra propia. Su obra consistía entonces en crear unas relaciones y una disciplina que abarcaran a todo el Estado.

Sabemos cómo crearon esa disciplina los terratenientes feudales. Esa disciplina significó opresión, ultrajes, trabajos forzados y sufrimientos inauditos para la mayoría del pueblo. Recordad toda esa transición del régimen de la servidumbre a la economía burguesa. Lo que habéis visto, aunque la mayoría de vosotros no ha podido verlo, y lo que conocéis por las viejas generaciones, este paso que siguió de 1861 a la nueva economía burguesa, el paso de la vieja disciplina feudal del látigo, de la disciplina más absurda, del ultraje y la violencia más insolentes y brutales sobre el hombre, a la disciplina burguesa, a la disciplina del hambre, a la llamada contrata libre, que en realidad era la disciplina de la esclavitud capitalista; este paso parecía fácil, desde el punto de vista histórico, porque la humanidad pasaba de un explotador a otro explotador, porque una minoría de saqueadores y explotadores del trabajo del pueblo cedía su puesto a otra minoría también de saqueadores y también de explotadores del trabajo del pueblo, porque los terratenientes cedían su puesto a los capitalistas, una minoría a otra minoría, en tanto que las amplias masas de las clases trabajadoras y explotadas seguían oprimidas. E incluso esa sustitución de una disciplina explotadora por otra costó años, si no decenios de esfuerzos, costó años, si no decenios del período de transición, cuando los viejos terratenientes feudales consideraban con absoluta sinceridad que se hundía todo, que sería imposible mantener la economía sin el régimen de la servidumbre; cuando el nuevo amo, el capitalista, chocaba a cada paso con dificultades prácticas- y abandonaba su hacienda; cuando el signo material, una de las pruebas materiales de la dificultad de esa 758 transición consistía en que Rusia traía máquinas del extranjero para trabajar con ellas, para trabajar con las mejores máquinas, y resultaba que no había ni hombres que supieran manejarlas ni dirigentes. Y en todos los confines de Rusia se observaba que las mejores máquinas estaban tiradas, sin utilizar. He ahí una prueba de hasta qué extremo fue difícil pasar de la vieja disciplina de la servidumbre a la nueva disciplina burguesa, capitalista.

Por tanto, camaradas, si enfocáis las cosas de ese modo, no os dejaréis desorientar por las personas, las clases, la burguesía y los lacayos de la burguesía que se plantean la única misión de sembrar el pánico, extender el desaliento, llevar el total abatimiento a todo el trabajo y presentarlo como condenado al fracaso; que destacan cada caso aislado de indisciplina y descomposición y apuntan con el dedo a la revolución como si hubiera habido en el mundo, como si hubiera habido en la historia una revolución verdaderamente grande sin descomposición, sin pérdida de la disciplina, sin dolorosos pasos experimentales cuando la masa forja una nueva disciplina. No debemos olvidar que hemos llegado por vez primera a un punto preliminar de la historia en el que millones de trabajadores y explotados están forjando de verdad una nueva disciplina, la disciplina laboral, la disciplina de las relaciones de camaradas, la disciplina soviética. No pretendemos ni aspiramos a tener éxitos rápidos en este terreno. Sabemos que esta labor ocupará toda una época histórica. Hemos empezado una época histórica, en la que en un país todavía burgués destruimos la disciplina de la sociedad capitalista, la destruimos y nos enorgullecemos de que todos los obreros conscientes y absolutamente todos los campesinos trabajadores ayuden al máximo a destruirla; una época en la que en las masas crece voluntariamente, por propia iniciativa, la conciencia de que deben sustituir esta disciplina, basada en la explotación y la esclavitud de los trabajadores, no por indicación desde arriba, sino por indicación de su experiencia de la vida, de que deben sustituirla con la nueva disciplina del trabajo unido, con la disciplina de los obreros y los campesinos trabajadores, unidos y organizados, de toda Rusia, de un país con decenas y centenas de millones de habitantes. Esta tarea presenta dificultades gigantescas, pero es una tarea grata, ya que sólo cuando la cumplamos prácticamente hincaremos el último clavo en el ataúd de la sociedad capitalista que estamos enterrando. (Aplausos.)

Publicado íntegramente en 1918 en el libro

T. 36, págs. 377--386.

``Trabajo!, del I Congreso Nacional de los Consejos de Kconomía. Actas taquigráficas''. Moscú.

[759] __ALPHA_LVL1__ NOTAS

Lenin escribió " Cartas desde lejos" en Suiza a fines de marzo y comienzos de abril de 1917, haciendo en ellas un análisis de los acontecimientos revolucionarios en Rusia. Tenía la revolución democrática burguesa de febrero, que derrocó al zarismo, sólo por la primera etapa de la revolución, que debía desarrollarse y transformarse en socialista. Escribió cinco cartas. Primera carta. La primera etapa de la primera revolución apareció en los números 14 y 15 de Pravda los días 21 y 22 de marzo de 1917. Las otras cuatro fueron publicadas en 1924. Lenin no terminó la Carta quinta. Las tareas de la organización proletaria revolucionaria del Estado. El borrador de esta carta vio la luz en el tomo XXXVI de la Recopilación Leninista.---23.

``Octubrislas'' (o "Unión del 17 de Octubre''): partido contrarrevolucionario surgido en Rusia después de publicarse el Manifiesto del 17 de octubre de 1905, en el que el zar, asustado por la revolución, prometía al pueblo "las bases inmutables de las libertades cívicas''. Este partido representaba y defendía los intereses cíe los grandes industriales y cíe los terratenientes que cultivaban sus fincas con métodos capitalistas; lo encabezaban el conocido industrial y casero de Moscú A. Guchkov y el gran latifundista M. Rodzianko. Los octubristas apoyaban íntegramente la política interior y exterior del gobierno zarista.---25.

Demócratas constitucionalistas, democonstitucionalisías: miembros del Partido Demócrata Constitucionalista, partido principal de la burguesía liberal-monárquica cíe Rusia. Fue fundado en octubre de 1905, figurando en él representantes de la burguesía, terratenientes dirigentes de los zemstvos e intelectuales burgueses. Sus dirigentes más destacados fueron: P. Miliukov, S. Múromtsev, V. Maklakov. A. Shingariov, P. Struve, F. Ródichev y otros. Para engañar a las masas trabajadoras, los demócratas constitucionalislas se dieron la falsa denominación de "Partido de la Libertad del Pueblo''; pero, de hecho, no iban más allá de las reivindicaciones de una monarquía constitucional. Durante la primera guerra mundial apoyaron activamente la política exterior anexionista del gobierno zarista. En el período de la revolución democrática burguesa de lebrero trataron de salvar la monarquía. Los demócratas constitucionalistas, que ocupaban una posición dirigente en el Gobierno Provisional burgués, aplicaron una política antipopular, contrarrevolucionaria, provechosa a los imperialistas norteamericanos, ingleses y franceses. Después de la victoria de la Gran Revolución Socialista de Octubre, los demócratas constitucionalistas actuaron como enemigos irreconciliables del Poder soviético, participando en todos los levantamientos armados contrarrevolucionarios y en las campañas de los intervencionistas. Derrotados los intervencionistas y guardias blancos, los demócratas constitucionalistas prosiguieron en la emigración su actividad (ontrarrevokuionaria antisoviétka.---25.

760

El Manifiesto de Basura: manifiesto sobre la guerra aprobado por unanimidad en el Congreso Extraordinario de la II Internacional celebrado en Basilea (Suiza) los días 24 y 25 de noviembre de 1912. El Manifiesto señalaba el carácter anexionista de la guerra que preparaban los imperialistas y llamaba a los obreros de todos los países a luchar resueltamente contra ella. En caso de que estallase una guerra imperialista, el Manifiesto recomendaba a los socialistas que aprovechasen la crisis económica y política suscitada por ella para luchar en pro de la revolución socialista.

Los jefes de la II Internacional Kautsky, Vandervelde y otros votaron en el congreso a favor de este Manifiesto. Pero en 1914, al empezar la guerra imperialista mundial, echaron al olvido el Manifiesto de Basilea y se pusieron al lado de sus gobiernos imperialistas.---26.

' Raznuchintsi: representantes instruidos de la sociedad rusa no procedentes de la nobleza, sino de la pequeña burguesía, el clero, los comerciantes y el campesinado.---26.

=

~^^6^^ Se trata del Comité de Organización del POSDR, centro dirigente de los mencheviques, formado en 1912 en la Conferencia de Agosto de los mencheviques liquidadores y de los demás grupos y corrientes contrarios al partido; actuó hasta las elecciones del CC del partido menchevique en el Congreso de "Unificación" del POSDR (menchevique), celebrado del 19 al 26 de agosto (1-8 de septiembre) de 1917.---27.

Mencheviques: partidarios de la corriente oportunista pequeñobnrguesa en la socialdemocracia rusa, vehículos de la influencia burguesa sobre la clase obrera. Los mencheviques recibieron esta denominación a partir del II Congreso del POSDR, celebrado en agosto de 1903, cuando al final del mismo, al ser elegidos los órganos centrales del partido, quedaron en minoría ``(menchinstvó" en ruso), en tanto que los socialdemócratas revolucionarios, encabezados por Lenin, lograron la mayoría ``(bolchinstvó''). Ese es el origen de las denominaciones ``bolcheviques'' (mayoritarios) y ``mencheviques'' (minoritarios). Durante la revolución de 1905--1907, los mencheviques se pronunciaron contra la hegemonía del proletariado en la revolución, contra la alianza de la clase obrera y de los campesinos, por el acuerdo con la burguesía liberal y por la hegemonía de ésta en la revolución. En los años de reacción (1907--1910) que siguieron a la derrota de la revolución, los mencheviques propugnaron el liquidacionismo, intentando liquidar el partido revolucionario clandestino del proletariado.

Después de la revolución democrática burguesa de febrero de 1917, que inició en Rusia el período de la dualidad de poderes---entrelazamiento de dos dictaduras: la dictadura de la burguesía, personificada por el Gobierno Provisional burgués, y la dictadura del proletariado y del campesinado, personificada por los Soviets---, los mencheviques y los socialistasrevolucionarios (s. r., eseristas) pasaron a formar parte del Gobierno Provisional, apoyaron su política imperialista y lucharon contra la creciente revolución proletaria. Los mencheviques siguieron en los Soviets esa misma política de apoyo al Gobierno Provisional y de apartamiento de las masas del movimiento revolucionario.

Después de la Revolución de Octubre, los mencheviques se convirtieron -en un partido abiertamente contrarrevolucionario, que organizó y participó en complots y levantamientos que tenían como fin derrocar el Poder soviético.--- 27.

Q

Se alude al Gobierno Provisional burgués formado después del derrocamiento del zarismo como resultado de la revolución de febrero de 1917. El Gobierno Provisional fue constituido en virtud de un acuerdo concertado, a espaldas de ~12 761 los bolcheviques, entre el Comité Provisional de la Duma de Estado y los líderes eseristas y mencheviques del Soviet de diputados obreros y soldados de Petrogrado. Existió desde el 2 (15) de marzo hasta el 25 de octubre (7 de noviembre) de 1917. Durante todo ese período, bajo la presión de las reivindicaciones revolucionarias de las masas trabajadoras, la composición del Gobierno Provisional cambió varias veces. Al principio, tenían en él la mayoría absoluta los ministros democonstitucionalistas y octubristas. Las potentes acciones del proletariado los días 20 y 21 de abril (3 y 4 de mayo) de 1917 contra la política imperialista provocaron la crisis del Gobierno Provisional. El 6 (19) de mayo, el jefe del gobierno, príncipe Lvov, anunció que había formado un gabinete de coalición, en el que Miliukov y Guchkov, odiados por el pueblo, fueron sustituidos por "ministros socialistas" de los partidos eserista y menchevique. Después de los sucesos de julio encabezó el gobierno el eserista Kerenski, que formó el segundo gobierno de coalición con participación de los democonstitucionalistas. Nada más fracasar la Conferencia Democrática y el Anteparlamento, Kerenski se confabuló con los democonstitucionalistas y formó el tercer Gobierno Provisional de coalición, que orientó todos sus esfuerzos a aplastar la revolución en ascenso: se confeccionó un plan de aplastamiento del Partido Bolchevique, de entrega de Petrogrado a los alemanes, de desarme de las unidades revolucionarias, etc. Pero este plan fue frustrado por la victoriosa insurrección del 25 de octubre (7 de noviembre) de 1917, como resultado de la cual cayó el Gobierno Provisional.---28.

``Renovadores pacíficos": miembros del "partido de la renovación pacífica'', organización contrarrevolucionaria burgués-terrateniente; se fundó en 1906 mediante la unificación de los octubristas de izquierda y de los democonstitucionalistas de derecha.---28.

`` Trudoviques'', Grupo del Trabajo: grupo de demócratas pequeñoburgueses fundado en abril de 1906 por los diputados campesinos de la I Duma de Estado. La minoría de los trudoviques existió en las cuatro Dumas. Durante la primera guerra mundial (1914--1918), los trudoviques mantuvieron una posición chovinista. Después de la revolución democrática burguesa de febrero, los trudoviques, como portavoces de los kulaks (burguesía rural), se pasaron con los socialistas populares al campo de la contrarrevolución.---28.

Duma de Estado: institución representativa que el gobierno zarista se vio obligado a convocar como consecuencia de los acontecimientos revolucionarios de 1905. Formalmente, la Duma de Estado era un órgano legislativo; pero, en la práctica, carecía de todo poder efectivo. Las elecciones a la Duma de Estado no eran ni directas, ni iguales, ni generales. Los derechos electorales de las clases trabajadoras, así como de las nacionalidades no rusas que poblaban Rusia, hallábanse fuertemente restringidos, y una parte considerable de los obreros y los campesinos carecía de todo derecho electoral. En virtud de la ley electoral del 11 (24) de diciembre de 1905, un voto de un terrateniente equivalía a tres votos de representantes de la burguesía urbana, a 15 votos de campesinos y a 45 de obreros. La I Duma de Estado (abril-julio de 1906) y la II (íebrero-junio de 1907) fueron disueltas por el gobierno zarista. Después del golpe de Estado del 3 de junio de 1907, el gobierno promulgó una nueva ley electoral, que restringía más aún los derechos de los obreros, de los campesinos y de la pequeña burguesía urbana, asegurando el pleno dominio del bloque reaccionario de terratenientes y grandes capitalistas en las Dumas de Estado III (1907--1912) y IV (1912--1917).---29.

Los comités de la industria de guerra fueron organizados en Rusia en 1915 por la gran burguesía imperialista. Con el propósito de someter a los obreros a su 762 influencia y de inculcarles el espíritu clefensista, la burguesía tuvo la idea de crear "grupos obreros" anejos a dichos comités. Le convenía incluir en esos grupos a representantes de los obreros para que hiciesen agitación entre las masas a fin de- elevar la productividad del trabajo en las fábricas de guerra. Los mencheviques participaron activamente en esta empresa pseudopatriólica de la burguesía. Los bolcheviques declararon el boicot a los comités de las industrias de guerra v, apenados por la mavoría cié los obreros, lo llevaron a cabo con éxito.---29.

El artículo " Las tareas del proletariado en la presente revolución'', publicado el 7 de abril de 1917 en el núm. 26 cíe Pravda con la firma de \.l.enin. contiene las famosas Tesis de Abril, de V. I. Lenin. En ellas se trazó el rumbo del partido hacia la transformación de la revolución democrálica burguesa en revolución socialista v se expuso el plan concreto, fundamentado teóricamente, de esta transformación. Después de caracterizar las fuerzas motrices de la revolución proletaria, Lenin, basándose en el estudio de la experiencia de las revoluciones cíe 1905 y 1917, lanzó la idea de la República de los Soviets como forma política de la dictadura del proletariado. En las tesis se exponía la plataforma económica y política del partido en la nueva etapa de desarrollo de la revolución. Lenin leve') las tesis en dos reuniones (en una de bolcheviques y en otra conjunta de delegados bolcheviques y mencheviques a la Conferencia de los Soviets de diputados obreros v soldados de toda Rusia), celebradas el 4 (17) de abril de 1917 en el Palacio de Táurida. El artículo fue reproducido por los periódicos bolcheviques Sotsial-Demokrat (Moscú), Prolet/iri (Jarkov), Krasnoyunlii Rahücki: (Krasnoyarsk), Vptnod (Ufa), Bakiaski Rabochi (Bakú), Kavkazski Rabochi (Tiflís) v otros.---33

Socialistas populares ``(Partido Socialista Popular del Trabajo''): partido pequeñoburgués fundado en 1906 a base del <ila derecha de los eseristas; planteaba reivindicaciones democráticas moderadas que no rebasaban el marco de la monarquía constitucional. Los socialistas populares rechazaban la tesis del programa eserisla sobre la socialización de la lierra, reconociendo la enajenación de la lierra de los lerratenientes sobre la base del rescale. Lenin denominaba a los socialistas populares "oportunistas pequeñoburgueses'', "soeial-democonstitucioiíalislas" y "mencheviques eseristas''. Los líderes de los socialistas populares eran A.lVshejóno%, V. Miakotin, N.Annenski y otros.

Después de la revolución democrálica burguesa de: íebiero, el partido de los socialistas populares apoye') activamente al Gobierno Provisional y se pase') al campo de la contrarrevolución.---34.

So( lalistas-rei'olucwntirios (eserislas); partido pequc-ñoburgués fundado en Rusia a lines de 1901 y comien/os ele 1902 como i estillado ele la unificación dediversos círculos y grupos populistas ``(Unión cíe socialistas-revolucionarios'', "Partido de socialistas-revolucionarios" y otros), riño como órganos oficiales el periódico Revuluisiúnnaya Rossia ``(La Rusia Revolucionaria''), en 1900--1905, v la revista Véstnik Russkoi Revolutsii ``(El Mensajero de la Revolución Rusa''), en 1901--1905. Los eseristas no veían las diferencias de clase entre el proletariado y el pequeño propietario y, velando las contradicciones de clase en el seno del

763

El Partido Bolchevique desenmascare) los intentos de los eseristas de disfrazarse de socialistas, luchó tenazmente contra ellos por la influencia enlre los campesinos y puso al desnudo el daño que causaba al movimiento obrero la táctica eserista del terror individual. Al mismo tiempo, los bolcheviques aceplaron, en delerminadas condiciones, acuerdos temporales con los eseristas en la lucha contra el zarismo. En los años de la primera revolución rusa (1905--1907) se desgajaron del partido eserista el ala derecha, que fundó un partido legal---el "Partido Socialista Popular del Trabajo"---, afín por sus concepciones a los demócratas constitucionalistas, y el ala izquierda, que formó la unión semianarquista de los ``maximalistas''. En el período de la reacción stolypiniana, el partido eserista sufrió un completo desmoronamiento ideológico y orgánico. Durante la primera guerra mundial, la mayoría de los eseristas adoptó las posiciones del socialchovinismo.

Después de triunfar la revolución democrática burguesa de febrero de 1917, los eseristas, unidos con los mencheviques y democonstitucionalistas, fueron el principal punto de apoyo del Gobierno Provisional contrarrevolucionario burgués-terrateniente, del que formaron parte los líderes de dicho partido: Kerenski, Avxéntiev y Chernov. El ala izquierda de los eseristas fundó, a fines de noviembre de 1917, un partido independiente de eseristas de izquierda. Tratando de conservar su influencia entre las masas campesinas, los eseristas de izquierda reconocieron formalmente el Poder soviético y concertaron un acuerdo con los bolcheviques, pero poco después emprendieron la senda de la lucha contra el Poder soviético.

En los años de la intervención militar extranjera y de la guerra civil, los eseristas realizaron una labor subversiva contrarrevolucionaria, apoyaron activamente a los intervencionistas y a los generales blancos, participaron en complots contrarrevolucionarios y organizaron actos terroristas contra los dirigentes del Eslado soviético y del Partido Comunista. Terminada la guerra civil, los eseristas prosiguieron su labor contra el Estado soviético dentro del país y en el campo de los emigrados blancos.---34.

``Edinstvo'' (``Unidad''): diario que se publicó en Retrogrado desde marzo hasta noviembre de 1917; desde diciembre de 1917 hasta enero de 1918 apareció con el lílulo de Nashe Edinstvo ``(Nueslra Unidad''). Desde el 5 (18) de abril (a partir del núm. 5) fue dirigido por Plejánov. El periódico expresaba las opiniones de la extrema derecha de los mencheviques defensistas y apoyaba incondicionalmenlc al Gobierno Provisional burgués, sosteniendo una lucha furiosa conlra el Partido Bolchevique. Después de la Revolución de Octubre adoptó una posición hostil al Poder soviético.---36.

``Rússkaya Valia" ``(La Libertad Rusa''): diario burgués fundado y financiado por los grandes bancos, que inició su publicación en Petrogrado en diciembre de 1916. Después de la revolución de febrero de 1917 apoyó activamente la política interior y exterior del Gobierno Provisional y sostuvo una agitación desaforada contra el Partido Bolchevique. Lenin decía que era uno de los periódicos burgueses más inmundos. El 25 de octubre (7 de noviembre) de 1917 fue clausurado por el Comité Militar Revolucionario del Soviet de Petrogrado.---36.

~18

Véase C.Marx y E. Engels. Obras Escogidas en dos tomos, ed. en español, t. 1, págs. 13--14, 494--508, t. II, págs. 35--36, 492--494, Moscú.---37.

El 4 de agosto de ¡914, la minoría socialdemócrata del Reichstag alemán votó a favor de los créditos de guerra al gobierno de Guillermo II.---37.

campesinado, rechazaban el papel dirigente del proletariade) en la revolució

riel

Las opiniones de los eserislas eran una mezcla eclcctie:a de las ideas cié populismo y del revisionismo; los eserislas pretendían, según la expresión ele Lcniu, tapar "los agujeros del populismo" con "remiendos de la "crítica" oportunista de moda al marxismo" (V. 1. Lenin. Obras Completas, 5a cd. en ruso, t. 11, pág. 285).

764 ~21

ÍJ/anflursttio: corriente del movimiento socialista francés, encabezada por Luis Augusto Blanqui (1805--1881), eminente revolucionario y destacado representante del comunismo utópico francés.

Los blanquistas negaban la lucha de clases y esperaban que "la humanidad se libraría de la esclavitud asalariada no por medio de la lucha de clase del proletariado, sino por medio de un complot de una pequeña minoría de intelectuales" (V.I.Lenin. O.C., t. 13, pág. 76). Suplantaban la actividad del partido revolucionario con los actos de un puñado de conspiradores, no tenían en cuenta la situación concreta necesaria para el triunfo de la insurrección y despreciaban los vínculos con las masas.---40.

En la conocida fábula de Krylov El galo y el cocinero, el cocinero echa una reprimenda edificante al gato que se engulle un pollo. El gato escucha al cocinero sin perder bocado.---49.

Véase C.Marx y F. Engels. Obras Escogidas en dos tomos, ed. en español, t. II, pág. 35, Moscú.---52.

C. Marx. "La guerra civil en Fronda" (Véase O. Marx y F. Engels. Obras Escogidas en dos tomos, ed. en español, t. I, pág. 500, Moscú).---53.

~22 ~23 ~24

Manilovismo: conjunto de rasgos del carácter de Manílov, uno de los personajes de la novela de N.Gógol Los almas muertas. El escritor encarnó en la figura del terrateniente sentimental y "eufórico" Manílov los rasgos típicos del soñador abúlico, del fantaseador huero y del charlatán ocioso.---59.

~25

Fabianos: miembros de la Sociedad Fabiana, organización reformista inglesa fundada en 1884. La sociedad tomó su nombre del caudillo romano Fabio Máximo llamado Cunctátor (s. III, a.n.e), el Contemporizador, por su táctica expectante, en virtud de la cual rehuía los combates decisivos en la guerra contra Aníbal. Los miembros de la Sociedad Fabiana eran primordialmente representantes de los intelectuales burgueses: hombres de ciencia, escritores y políticos (como, por ejemplos, S. y B. Webb, B. Shaw, R. McDonald y otros); negaban la necesidad de la lucha de clase del proletariado y la revolución socialista y afirmaban que el paso del capitalismo al socialismo era posible únicamente por medio de pequeñas reformas y de transformaciones paulatinas de la sociedad. La Sociedad Fabiana, hostil al marxismo, ha sido y es uno de los vehículos de la influencia burguesa sobre la clase obrera, un semillero de ideas oportunistas y socialchovinistas en el movimiento obrero inglés. Lenin definió el fabianismo como "una tendencia de oportunismo extremo" (V.I.Lenin. O.C., t. 16, pág. 338). En 1900, la Sociedad Fabiana ingresó en el Partido Laborista. F.l "socialismo fabiano" es una de las fuentes de la ideología laborista.---59.

Laboristas: miembros del Partido Laborista Inglés (Labour Party).

El Partido Laborista fue fundado en 1900 como una liga de sindicatos y organizaciones y grupos socialistas con objeto de llevar representantes obreros al Parlamento ``(Comité de Representación Obrera''). En 1906, el Comité pasó a denominarse Partido Laborista. Este partido, que fue al comienzo un partido obrero por su composición (más tarde ingresaron en él numerosos elementos pequeñoburgueses) es, por su ideología y por su táctica, una organización oportunista. Desde que surgió, sus líderes siguen una política de colaboración de clase con la burguesía. Durante la primera guerra mundial, los líderes del Partido Laborista adoptaron una posición socialchovinista. Los laboristas formaron varios gobiernos.---59.

``Liga Obrera o del Trabajo" (``Arbeitsgemeinschaft'', "Grupo Socialdemócrata del Trabajo''): organización de los centristas alemanes fundada en marzo de 1916 por los diputados al Reichstag que se habían separado de la minoría

765 socialdemócrata oficial. Este grupo constituyó el núcleo fundamental del Partido Socialdemócrata Independiente de Alemania, partido centrista fundado en 1917, que justificó a los socialchovinistas descarados y defendió la unidad con ellos.---60.

``Minoritarios'' o ``longuetistas'': minoría del Partido Socialista Francés, formada en 1915. Los longuetistas (partidarios del socialreformista J. Longuet) sostenían puntos de vista centristas y aplicaban una política de conciliación con los socialcbovinistas.

Durante la primera guerra mundial, los longuetistas adoptaron una posición socialpacifista. Después del triunfo de la Revolución Socialista de Octubre en Rusia, se declararon de palabra partidarios de la dictadura del proletariado, pero, de hecho, estaban contra ella. Continuaron su política de conciliación con los socialchovinistas y apoyaron la bandidesca paz de Versalles. Al quedar en minoría en el Congreso del Partido Socialista Francés celebrado en Tours en diciembre de 1920, en el que triunfó el ala izquierda, los longuetistas, unidos a los reformistas declarados, se separaron del partido y se adhirieron a la llamada Internacional II y inedia; después de disolverse ésta volvieron a la II Internacional.---60.

El Partido Laborista Independiente de Inglaterra (Independen! Labour Party) fue fundado en 1893. Lo encabezaban (ames Keir Hardie, R. MacDonald y otros. Aunque pretendía ser políticamente independiente de los partidos burgueses, era, de hecho, "independiente sólo del socialismo, pero muy dependiente del liberalismo" (V.I.Lenin. O.C., t. 22, pág. 122). Al empezar la primera guerra mundial, el Partido Laborista Independiente publicó un manifiesto contra ella (el 13 de agosto de 1914). Pero más tarde, en febrero de 1915, en la Conferencia de los socialistas de la Entente celebrada en Londres, los independientes se adhirieron a la resolución socialchovinista aprobada en la misma. A partir de entonces, los líderes de los independientes, encubriéndose con frases pacifistas, mantuvieron una posición socialchovinista. En 1919, después de fundarse la Internacional Comunista, los líderes del Partido Laborista Independiente, presionados por las masas radicalizadas de su partido, acordaron salir de la II Internacional. En 1921, los independientes se adhirieron a la llamada Internacional II y media y después de la disolución de ésta volvieron a la II Internacional. En 1921, el ala izquierda del Partido Laborista Independiente de Inglaterra se separó de él y pasó a engrosar el Partido Comunista de la Gran Bretaña.---60.

El Partido Socialista Británico (British Socialist Party) fue fundado en 1911, en Manchester, mediante la unificación del Partido Socialdemócrata con otros socialistas. El PSB hizo agitación y propaganda en el espíritu de las ideas marxistas. Era un partido "no oportunista, verdaderamente independiente respecto a los liberales" (V.I.Lenin. O.C., t. 23, pág. 344). Sin embargo, el escaso número de militantes y sus débiles vínculos con las masas le daban un carácter algo sectario.

Durante la primera guerra mundial se entabló en el partido una dura lucha entre la corriente internacionalista (A. Inkpin, F. Rotshtein, D.Maclean, W. Gallacher y otros) y la socialchovinista, encabezada por Hyndman. En la corriente internacionalista había elementos inconsecuentes, que ocupaban una posición centrista en diversas cuestiones.

F.n febrero de 1916, un grupo de dirigentes del PSB fundó el periódico The Cali, que contribuyó en gran medida a la cohesión de los internacionalistas. La Conferencia anual del PSB, celebrada en abril de 1916 en Salford, condenó la posición socialchovinista de Hyndman y sus correligionarios y éstos abandonaron el partido.

766

El Partido Socialista Británico aplaudió la Gran Revolución Socialista de Octubre. Sus militantes desempeñaron un importante papel en el movimiento de los trabajadores ingleses en defensa de la Rusia Soviética frente a la intervención extranjera. En 1919, la mayoría de las organizaciones locales del partido (98 contra 4) se pronunció a favor del ingreso en la Internacional Comunista. El Partido Socialista Británico desempeñó el papel principal, junto con el Grupo Comunista de Unidad, en la constitución del Partido Comunista de la Gran Bretaña. En el I Congreso de Unificación, celebrado en 1920, la inmensa mayoría de las organizaciones locales del PSB se fusionó con el Partido Comunista.---60.

La "izquierda de Zimmerwald" (Grupo de zimmerwaldianos de izquierda) fue fundada por l.enin en la 1 Conferencia socialista de internacionalistas, celebrada del 5 al 8 de septiembre de 1915 en Zimmerwald (Suiza). Formaban parte de la izquierda de Zimmerwald los elementos izquierdistas de Rusia, Alemania, Polonia, Suiza y Noruega. Después de la Conferencia de Zimmerwald, V. I.Lenin, los bolcheviques se esforzaron por ampliar y fortalecer los vínculos con los grupos de izquierda de diferentes países. Dirigía la izquierda de Zimmerwald un Buró, presidido por V. I.Lenin. Este Buró editó en alemán su órgano de prensa, Vorbote ``(El precursor''), y organizó la traducción de numerosas obras de Lenin a distintos idiomas y su difusión entre los obreros y soldados. Ua izquierda de Zimmerwald luchó contra la mayoría kautskiana, centristas, tratando de conseguir que los centristas rompieran con los socialchovinistas y lucharan activamente contra la guerra imperialista, así como que se fundara la III Internacional. Lenin sostuvo copiosa correspondencia con los elementos de izquierda en el movimiento socialista internacional y les ayudó a adoptar una justa posición internacionalista. Al ser convocada la Conferencia de Kienthal (1916), en casi todos los países se habían formado grupos de internacionalistas y era más acentuada la escisión con los socialchovinistas. En la Conferencia de Kienthal, la izquierda de Zimmerwald creció en número y su influencia aumentó visiblemente. Pero esta organización era heterogénea, pues junto a internacionalistas consecuentes había en sus filas elementos inconsecuentes. Sólo el Partido Bolchevique ocupó en la izquierda de Zimmerwald una posición justa y consecuente hasta el fin. Las erróneas ideas de Rosa Luxemburgo, difundidas entre los elementos izquierdistas de los países de Europa Occidental (subestimación del papel del partido proletario, temor a la ruptura con los oportunistas, etc.), impidieron la consolidación orgánica de la izquierda de Zimmerwald y fueron un obstáculo para la actividad de V. I. Lenin y de los bolcheviques orientada a crear la III Internacional. Lenin criticó los errores de los elementos izquierdistas, su debilidad orgánica e ideológica. La Gran Revolución Socialista de Octubre aceleró la cohesión de todos los elementos revolucionarios, el surgimiento de partidos comunistas en los países capitalistas y la fundación en 1919, sobre esta base, de la III Internacional, la Internacional Comunista. Los representantes de la izquierda de Zimmerwald, dirigidos por los bolcheviques, formaron el núcleo de la III Internacional.---61.

El "Crupo de la Internacional'', llamado más tarde Grupo Espartaco, fue constituido a comienzos de la primera guerra mundial por los socialdemócratas de izquierda alemanes C. Liebknecht, R. Luxemburgo, F. Mehring, C.Zetkin, ele. Desempeñó un papel muy positivo en la historia del movimiento obrero alemán. En enero de 1916, en la Conferencia nacional de socialdemócratas de izquierda, el grupo aprobó las tesis formuladas y propuestas por R. Luxemburgo sobre las tareas de la socialdemocracia internacional. El Grupo cíe la Internacional realizó propaganda revolucionaria entre las masas contra la guerra imperialista, denunció la política de conquistas del imperialismo alemán 767 y la traición de los líderes de la socialdemocracia. Pero no se desembarazó degraves errores en cuestiones teóricas y políticas de la mayor importancia: desarrolló la teoría semimenchevique del imperialismo, rechazó el principio de la autodeterminación de las naciones tal como lo concibe el marxismo (es decir, llegando hasta la separación y la formación de Estados independientes), negó la posibilidad de las guerras de liberación nacional en la época del imperialismo, subestimó el papel del partido revolucionario. V. I. l.enin criticó los errores del ala izquierda alemana en sus trabajos Sobre el folleto de Junius. El programa militar de la revolución proletaria, y otros (véase V. I. Lenin. O.C.., t. 30, págs. 1-16, y la presente edición, t. I. págs. 788---797). En 1917, el Grupo de \:\ Internacional se adhirió al Partido Socialdemóc rata Independiente de Alemania, centrista, conservando dentro de él su independencia orgánica. Después = di^^1^^ la revolución de noviembre de 1918 en Alemania, el grupo rompió con los ``independientes'' y en diciembre del mismo año fundó el Partido Comunista de Alemania.---61.

``Arbeiterpolitik" ``(Política Obrera''): semanario legal, órgano del grupo de 15reman de socialdemócratas de izquierda alemanes; se publicó desde 1916 hasta 1919.---62.

El Partido Socialista Obrero de Norteamérica fue fundado en 1876 como resultado de la fusión de las secciones norteamericanas de la I Internacional, del Partido Socialdemócrata v de diversos grupos socialistas de los EE.UU. La mayoría de

s

[¡grade

ialista Obrero de Norteamérica.

s

. . .

,

xtensos vínculos con las masas

proletarias. Durante la primera guerra mundial se incline') hacia el internacionalismo.---62.

l.enin se refiere a la minoría revolucionaria del Partido Socialista = de^^1^^ Norteamérica (partido reformista, oportunista), fundado en 1901. Dicha minoría sustentaba posiciones internacionalistas, luchaba contra la guerra imperialista (1914--1918) v, bajo la influencia de la Revolución Socialista de Octubre en Rusia, formó el ala izquierda, que en 1919 se separó del Partido Socialista, fue la iniciadora de la fundación del Partido Comunista de los F.E.L'U. y constituyó su núcleo fundamental.

Durante la primera guerra mundial, la mayoría derechista del Partido Socialista de Norteamérica justificó la guerra imperialista y apoyó la política del imperialismo norteamericano. Después de la escisión, el Partido Socialista de Norteamérica se convirtió en una organización sectaria con escaso número de afiliados. A comienzos de 1957, el Partido Socialista se fusione) con la Federación Socialdemócrata. La nueva organización, que cuenta apenas con 5.000 afiliados, se denomina Partido Socialista-Federación Socialdemócrata.--- 62.

Partido de los "/n/jum.sfa.s": Lenin denomina así al Partido Socialdemócrata de Holanda, fundado en 1909. Al principio, los tribunistas formaban el ala izquierda del Partido Socialdemócrata Obrero Holandés, agrupada en torno al periódico De Tribune ``(La Tribuna''), fundado por ellos en 1907. En ¡909, los tribunistas fueron expulsados del Partido Socialdemócrata Obrero Holandés v se constituyeron en partido independiente. Los tribunistas representaban el ala izquierda del movimiento obrero holandés, pero no eran un partido marxista revolucionario consecuente. En 1918 participaron en la fundación del Partido Comunista de Holanda.

A partir de 1909, el periódico L>e "l'rilmne fue órgano del Partido Socialdemócrata de Holanda, v desde 1918, del Partido Comunista.---62.

768

Lenin llamaba partido de los jóvenes o de los izquierdistas a la corriente izquierdista de la socialdemocratia sueca. Durante la primera guerra mundial, los "jóvenes" adoptaron una posición internacionalista y se adhirieron a la izquierda de Zimmerwald. En mayo de 1917 formaron el Partido Socialdemócrata de Izquierda de Suecia. En el congreso celebrado por este partido en 1919 se acordó adherirse a la Internacional Comunista. En 1921, el ala revolucionaría del partido fundó el Partido Comunista de Suecia, que ingresó en la Internacional Comunista.---62.

`` Tesniakí" ``(Los Estrechos''): Partido Socialdemócrata Obrero Revolucionario de Bulgaria, fundado en 1903 después de la escisión del Partido Socialdemócrata. El fundador y guía de los "tesniakí" fue D. Blagóiev. En 1914--1918, los "tesniakí" lucharon contra la guerra imperialista. En 1919 ingresaron en la Internacional Comunista y adoptaron el nombre de Partido Comunista de Bulgaria.---62.

``Avanti!" ``(¡Adelante!''): diario, órgano central del Partido Socialista Italiano, fundado en diciembre de 1896. Durante la primera guerra mundial mantuvo una posición internacionalista inconsecuente, no rompiendo sus vínculos con los reformistas. En la actualidad sigue publicándose como órgano central del Partido Socialista Italiano.---62.

La resolución a que se alude fue escrita por Lenín y presentada al Congreso cantonal de la organización Socialdemócrata de Zurich en nombre de los socialdemócratas de izquierda suizos (véase V.I.Lenin. O.C., t. 30, pág. 362).---63.

=

~^^41^^ Lenin se refiere al periódico "La Voz del Pueblo" (Volksstimme), órgano del Partido Socialdemócrata Alemán (que se publicó en Chemnitz desde enero de 1891 hasta febrero de 1933).

``La Campana" ``(Die Glocke''): revista quincenal que editaba en Munich y luego en Berlín (1915--1925) el socialchovinista Parvus (Helphand), miembro del Partido Socialdemócrata Alemán.---64.

~42

Se alude al manifiesto ¡A los pueblos condenados a la ruina y la muerte!, aprobado en la II Conferencia Internacional de los ``zimmerwaldianos'', celebrada del 24 al 30 de abril de 1916 en Kienthai (Suiza). El llamamiento exhortaba a los obreros a desplegar la lucha contra la guerra, por la paz sin anexiones, a presionar sobre los diputados socialistas y exigirles que dejaran de apoyar la política bélica de los gobiernos imperialistas. El manifiesto y las resoluciones de la Conferencia de Kienthai representaban un paso adelante, en comparación con las resoluciones de la I Conferencia socialista internacional de Zimmerwald (5-8 de septiembre de 1915), en el desarrollo del movimiento internacional contra la guerra. Sin embargo, ni la mayoría de Zimmerwald ni la de Kienthai apoyaron las consignas leninistas de transformación de la guerra imperialista en guerra civil, de derrota de los propios gobiernos imperialistas en la guerra y de formación de la III Internacional, la Internacional Comunista.---64.

' "La Internacional de la Juventud" (``Jugend-Internationale''): órgano de la Unión Internacional de Organizaciones Socialistas de la Juventud, adherida a la izquierda zimmerwaldiana. Se editó en Zurich desde septiembre de 1915 hasta mayo de 1918.---65.

``Rabóchaya Gazeta" ``(Periódico Obrero''): órgano central del partido de los mencheviques; se publicó diariamente en Petrogrado desde marzo hasta noviembre de 1917.---67.

769

Lenin se refiere a la votación de los mencheviques en la sesión del Comité Ejecutivo del Soviet de Petrogrado el 7 (20) de abril de 1917 en favor del "Empréstito de la libertad'', emitido por el Gobierno Provisional para sufragar los gastos de guerra.

Los bolcheviques emprendieron una lucha decidida contra el "Empréstito de la libertad''. El grupo bolchevique del Soviet de Petrogrado aprobó en su reunión del 10--11 (23--24) de abril de 1917 un proyecto de resolución del Soviet, en el que se indicaba que el Gobierno Provisional continuaba la guerra imperialista y que los tratados secretos con las potencias aliadas, que determinaban los verdaderos fines anexionistas de la guerra, seguían en vigor. En el proyecto de resolución se expresaba la más enérgica protesta contra el "Empréstito de la libertad''. Aprobaron también resoluciones contra el "Empréstito de la libertad" la Conferencia regional de los Urales del POSD(b) de Rusia, el Comité de Moscú del POSD(b) de Rusia y otras organizaciones bolcheviques.

Los partidos pequeñoburgueses de los mencheviques y eseristas, que en un principio adoptaron una actitud vacilante respecto al "Empréstito de la libertad'', acabaron por apoyarlo. El Comité Ejecutivo del Soviet de diputados obreros y soldados de Petrogrado discutió tres veces el problema del empréstito: los días 7 (20), 15 (28) y 22 de abril (5 de mayo) de 1917. En la última sesión se aprobó por mayoría, con los votos de los eseristas y mencheviques (33 en pro y 16 en contra), una resolución en apoyo del empréstito. Ese mismo día, el 22 de abril (5 de mayo), la resolución del Comité Ejecutivo fue ratificada por la reunión plenaria del Soviet.---67.

Véase C.Marx y E. Engels. Obras Escogidas en dos tomos, ed. en español, t. II, págs. 10--30.---67.

Véase la obra de C. Marx y K. Engels. La ideología alemana, en la que se cita esta expresión de Heine.---69.

Se trata de la VII Conferencia (Conferencia de Abril) del POSD(b) de Rusia, que se celebró en Petrogrado del 24 al 29 de abril (7-12 de mayo) en 1917. Asistieron a ella 131 delegados con voz y voto y 18 con voz, pero sin voto, representando a 80.000 miembros del partido. Fue ésta la primera conferencia legal de los bolcheviques celebrada en Rusia y tuvo la importancia de un congreso del partido.

En su orden del día figuraban las siguientes cuestiones: 1) El momento actual (la guerra y el Gobierno Provisional, etc.); 2) La conferencia de paz; 3) Actitud ante los Soviets de diputados obreros y soldados; 4) Revisión del programa del partido; 5) La situación en la Internacional y nuestras tareas; 6) La unificación de las organizaciones socialdemócratas internacionalistas; 7) El problema agrario; 8) El problema nacional; 9) La Asamblea Constituyente; 10) Cuestiones de organización; 11) Informes de las regiones; 12) Elección del Comité Central. Lenin pronunció informes y discursos sobre los principales problemas que figuraban en el orden del día de la conferencia, a los que sirvieron de base las Tesis de Abril. El informe sobre el problema nacional lo pronuncie') J.Stalin. Kámenev y Rykov hablaron en la conferencia contra Lenin. Siguiendo a los mencheviques, declararon que Rusia no estaba madura para la revolución socialista. Lenin denunció la posición capituladora, antipartido, de Kámenev y Rykov, que negaban la posibilidad del triunfo del socialismo en Rusia. Criticó también implacablemente las concepciones de Piatakov, que se pronunció contra la política del partido en el problema nacional y que ya durante la guerra había mantenido, junto con Bujarin, una posición nacionalchovinista. Piatakov y Bujarin estaban en contra del derecho de las 770 naciones a la autodeterminación comprendida la separación. Ese punto de vista significaba, en la práctica, la renuncia del proletariado a aprovechar las reservas nacionales de la revolución y condenaba a ésta a la derrota. Lenin censuró duramente la intervención de Zinóviev, que propugnaba la colaboración de los bolcheviques con los zimmerwaldianos y se oponía a la organización de una nueva Internacional, la Internacional Comunista.

I.a Conferencia de Abril aprobó por unanimidad los proyectos de resolución presentados por I.enin acerca de la guerra, la actitud frente al Gobierno Provisional, el momento actual, la revisión del programa del partido, el problema agrario, los Soviets, el problema nacional y otras cuestiones. En la conferencia se eligió el Comité Central, encabezado por Lenin. Las resoluciones de la conferencia mostraron a la clase obrera y a todos los trabajadores que el camino de la lucha por la victoria de la revolución socialista era el único que podía emanciparles de la explotación, asegurar al país la salida de la guerra y del desbarajuste económico y acabar con la amena/.a de sojuzgamiento de Rusia por los imperialistas extranjeros. La conferencia pertrechó al partido con un plan de lucha para desarrollar la revolución democrática burguesa y transformarla en revolución socialista.---71.

Las resoluciones de la VII Conferencia (Conferencia de Abril) del POSD(b) de Rusia fueron editadas por el Comité Central del partido como apéndice al núm. 13 del periódico Soldátskaya Pravda ``(La Verdad del Soldado''), del 3 (16) de mayo de 1917, con una introducción escrita por Lenin (véase el presente

volumen, págs. 141--143).

``Soldátskaya Pravda": diario bolchevique; empezó a publicarse el 15 (28) de abril de 1917 como órgano de la Organización Militar del Comité de Petrogrado del POSD(b) de Rusia. El 19 de mayo (1 de junio) pasó a ser órgano de la Organización Militar del Comité Central del POSD(b) de Rusia. En las jornadas de julio de 1917, Snldátskaya Pravda fue asaltado y suspendido, al mismo tiempo que Pravda, por el Gobierno Provisional. El periódico reapareció con el mismo título después de la Revolución de Octubre y se publicó hasta marzo de 1918.---71.

``Pravda'' ``(La Verdad''): diario bolchevique legal, que se editaba en Petersburgo; fue fundado por iniciativa de los obreros petersburgueses en abril

de 1912.

Pravda era un periódico obrero de masas y se publicaba con el dinero recaudado por los propios obreros. En torno al periódico se formó un vasto núcleo de corresponsales y escritores obreros. Sólo en un año aparecieron en sus páginas más de 11.000 crónicas enviadas por los obreros. Pravda tenía una tirada media diaria de 40.000 ejemplares, llegando en algunos meses a 60.000. Lenin dirigía Pravda desde el extranjero, colaboraba en casi todos sus números, daba indicaciones a la Redacción y agrupaba en torno al periódico a los mejores escritores del partido.

Pravda sufrió constantes persecuciones policíacas. En el primer año de existencia fue recogido 41 veces y se incoaron 36 procesos a sus redactores, que estuvieron encarcelados en total 47 meses y medio. En dos años y tres meses, Pravda fue suspendido por el gobierno zarista ocho veces, pero reapareció con otros títulos: Rabóchaya Pravda ``(La Verdad Obrera''), Siévernaya Pravda ``(La Verdad del Norte''), Pravda Trudá ``(La Verdad del Trabajo''), Za Pravdu ``(Por la Verdad''), Proletárskaya Pravda ``(La Verdad Proletaria''), Pul Pravdi ``(El Camino de la Verdad''), Kabocln (``Obrero'') y Trudovaya Pravda ``(La Verdad del Trabajador''). El 8 (21) de julio de 1914, en vísperas de la primera guerra mundial, el periódico fue suspendido, y sólo reapareció después de la revolución de febrero de 1917.

771

Desde el 5 (18) de marzo de 1917, Pravda se publicó como órgano central del POSD(b) de Rusia. El 5 (18) de abril, a su regreso del extranjero, Lenin entró a formar parte de la Redacción de Pravda y se hizo cargo de su dirección. El 5 (18) de julio de 1917, la Redacción de Pravda fue asaltada por los cadetes y los cosacos. De julio a octubre del mismo año, perseguido por el Gobierno Provisional, el diario cambió repetidas veces de título y se publicó como Listok "Pravdi ``(La Hoja de "La Verdad"''), Pruletari ``(El Proletario''), Rabochi ``(El Obrero'') y Rabochi Pul ``(La Senda Obrera''). Desde el 27 de octubre (9 de noviembre), el periódico reanudó la publicación con su viejo título de Pravda.---72.

El primer ministerio de coalición fue formado el 5 (18) de mayo de 1917, después de la crisis política de abril, haciéndose pública su composición al día siguiente.

La crisis política de abril fue debida a una nota del demócrata constitucionalista P. Miliukov, ministro de Negocios Extranjeros, enviada por el Gobierno Provisional a las potencias aliadas el 18 de abril (1 de mayo) de 1917. La nota confirmaba que el Gobierno Provisional reconocería todos los tratados del gobierno zarista y que Rusia continuaría la guerra hasta la victoria decisiva. La indignación de los obreros y los soldados con motivo de la nota de Miliukov se expresó en grandes manifestaciones de protesta. Respondiendo al llamamiento del Partido Bolchevique, los obreros de Petrogrado interrumpieron el trabajo el 21 de abril (4 de mayo) y salieron en manifestación a la calle. Más de 100.000 manifestantes desfilaron exigiendo la paz. Se celebraron manifestaciones y mítines de protesta en Moscú, Cronstadt, los Urales y otras ciudades y regiones del país. La manifestación de abril dio comienzo a la crisis ministerial. Bajo la presión de las masas, los ministros P. Miliukov y. A. Guchkov se vieron obligados a dimitir. La crisis gubernamental duró hasta la formación del primer gobierno de coalición, en el que entraron, además de los representantes de la burguesía, los líderes de los partidos conciliadores: A. Kerenski y V.Chernov, en representación de los eseristas; L.Tsereteli, M.Skóbelev y otros, en representación de los mencheviques. El gobierno burgués fue salvado por los eseristas y mencheviques, que desertaron abiertamente al campo de la burguesía.---72.

~52

``Riech" ``(La Palabra''): diario, órgano central del Partido Demócrata Constitucionalista; empezó a publicarse en Petersburgo en febrero de 1906. Después de la revolución de febrero de 1917 apoyó activamente la política interior y exterior del Gobierno Provisional y realizó una agitación desaforada contra el Partido Bolchevique. El 26 de octubre (8 de noviembre) de 1917 fue clausurado por el Comité Militar Revolucionario adjunto al Soviet cíe Petrogrado; se publicó con otros títulos hasta agosto de 1918.---86.

``Dielo Narnda" ``(La Causa riel Pueblo''): diario, órgano del partido eserista. Se publicó en Petrogrado desde marzo de 1917 hasta junio de 1918, cambiando varias veces de título. Reapareció en Sainara, ocupada por los contrarrevolucionarios checos y los guardias blancos y eseristas amotinados, en octubre de 1918 (se publicaron cuatro números), y en Moscú, en marzo de 1919 (se publicaron diez números). El periódico fue clausurado por su actividad contrarrevolucionaria.---87.

~54

£/ Programa de Erfurt del Partido Socialdemócrata de Alemania fue aprobado en el congreso celebrado en octubre de 1891 en Erfurt. Representó un paso adelante en comparación con el Programa cíe Gotha (1875). Se basaba en la doctrina del marxismo acerca del hundimiento inevitable del modo de producción capitalista V de su sustitución por el socialista. Se destacaba en él la necesidad de que la clase obrera desplegase su lucha política, se señalaba el papel del partido como 772 dirigente de esta lucha, etc. Mas el Programa de Erfurt contenía también serias concesiones al oportunismo. Federico Engels hizo una crítica detallada del proyecto de Programa de Erfurt en En torno a la crítica del proyecto de programa socialdemócrata de 1891: era, en el fondo, una crítica del oportunismo de toda la II Internacional, cuyos partidos tenían en el Programa de Erfurt una especie de modelo. Sin embargo, la dirección de la socialdemocracia alemana ocultó a las masas del partido la crítica que había hecho Engels y, al ser redactado el texto definitivo del programa, no fueron tomadas en consideración las importantísimas observaciones hechas por él. Lenin consideraba que el callar la dictadura del proletariado constituía el defecto principal del Programa de Erfurt, una concesión cobarde al oportunismo.---93.

=

~^^55^^ Lenin se refiere a la táctica aventurera de un pequeño grupo de miembros del Comité de Petrogrado del partido (Bogdátiev y otros), que lanzó durante la manifestación de abril de 1917 la consigna de derrocamiento inmediato del Gobierno Provisional, a pesar de la orientación del partido hacia el desarrollo pacífico de la revolución en aquel período. La conducta de este grupo fue condenada por el Comité Central del POSD(b) de Rusia.---97.

5fi Curlandia: antigua denominación de la región del Báltico enclavada al Oeste y Sudoeste del Golfo de Riga.---104.

=

~^^57^^ "Birzhevie Viédomosti'', ``Birzhovka'' ``(Noticiario de la Bolsa''): diario burgués que se publicó en Petersburgo a partir de 1880. La denominación de Birzhovka se hizo genérica para señalar la falta de principios y la venalidad de la prensa burguesa. Fue clausurado a fines de octubre de 1917 por el Comité Militar Revolucionario anejo al Soviet de Petrogrado.---107.

=

~^^58^^ El problema de revisar el Programa del partido aprobado en el II Congreso del POSDR en 1903 fue planteado por Lenin ya en las Tesis de Abril (véase el presente volumen, pág. 35). Lenin escribió para la VII Conferencia ( Conferencia de Abril) del POSD(b) de Rusia un Proyecto de modificaciones a las partes teórica, política y algunas otras del programa, que contenía una serie de enmiendas al Programa del POSDR aprobado en 1903. En la conferencia pronunció un informe sobre la revisión del programa del partido. En la resolución sobre esta cuestión, propuesta por Lenin, la conferencia determinó en qué sentido debía revisarse el programa y encargó al Comité Central que preparase un proyecto de nuevo programa y lo presentase para su aprobación al congreso del partido. Los Documentos sobre la revisión del Programa del partido fueron publicados en junio de 1917 en un folleto, con un prólogo de Lenin, para conocimiento de todos los miembros del partido y discutidos en las organizaciones del mismo (véase V. I. Lenin. O. C., t. 32, págs. 135--162).---118.

=

~^^59^^ C. Marx y F. Engels. Manifiesto del Partido Comunista (pág. 37, ed. en español, Moscú).---118.

=

~^^60^^ "Proyecto de los 104": "Proyecto de los principios fundamentales" de la ley agraria presentado a la I Duma el 23 de mayo (5 de junio) de 1906 y firmado por 104 diputados campesinos. El proyecto contenía las reivindicaciones siguientes: constitución de un fondo nacional con las tierras pertenecientes a la Corona, a la familia imperial, al fisco y a los monasterios, así como las particulares si la extensión de la propiedad excedía de la norma de trabajo establecida; concesión del derecho exclusivo de usufructo de la tierra a los que la trabajasen. Se preveía el pago de una indemnización por las tierras enajenadas a los propietarios privados. La aplicación de la reforma agraria se confiaba a los comités campesinos locales, elegidos por sufragio universal.---

121.

773

h El libro que quemó la censura zarista---la obra de Lenin El programa agrario de la socialdemocracia en la primera revolución rusa de 1905--1907---fue escrito a finales de 1907 (véase V. I. Lenin. O. C., t. 16, págs. 193--413). Fn 1908, esta obra fue incluida en la segunda parte del segundo tomo de la recopilación En 12 años. Pero cuando estaba aún en la imprenta, el libro fue recogido y destruido por la policía. Se conservó un solo ejemplar, al que faltaban varias páginas del final. El libro vio la luz únicamente en 1917 con el siguiente título: V.Ilín (N. Lenin). El programa agrario de la socialdemocracia en la primera revolución rusa de 1905--1907 (Petrogrado, Editorial Zhizn y Znanie).--- 121.

Se trata de la reforma agraria de Stolypin, con la que el zarismo pretendía crearse una firme base en el campo personificada por los kulaks. El 9 (22) de noviembre de 1906, el gobierno zarista dictó un ukase que reglamentaba la separación de los campesinos de las comunidades y la adjudicación a los mismos de las tierras parcelarias en concepto de propiedad personal. En virtud de esta ley stolypiniana (denominación debida al nombre del presidente del Consejo de Ministros, P. Stolypin), el campesino podía separarse de la comunidad, tomar su parcela en posesión personal e incluso venderla. La comunidad rural estaba obligada a proporcionar tierra en un lugar (cortijo, coto) a los campesinos que salieran de ella. La reforma stolypiniana intensificó el proceso de desarrollo del capitalismo en la agricultura y de diferenciación del campesinado y exacerbó la lucha de clases en el campo.

En diversos trabajos de Lenin, en particular en El programa agrario de la socialdemocracia en la primera revolución rusa de 1905--1907, se caracterizan y enjuician las medidas de Stolypin.---122.

fi3 Tierras parcelarias o de ``nadiel'': se trata de las tierras entregadas a los campesinos en usufructo después de la abolición de la servidumbre en Rusia en 1861. Los campesinos no tenían derecho a venderlas; eran de propiedad comunal y se distribuían en usufructo entre los campesinos mediante repartos periódicos.---125.

=

~^^154^^ Se trata de la resolución de la VII Conferencia (Conferencia de Abril) del POSD (b) de Rusia Acerca de la propuesta de Borgbjerg (véase El PCUS en las resoluciones y acuerdos de sus Congresos, Conferencias y de los Plenos del CC, parte I, 1954, págs. 342--344).

El socialdemócrata danés F. Borgbjerg se trasladó a Petrogrado, donde, en nombre del Comité Unificado de los partidos obreros de Dinamarca, Noruega y Suecia, invitó a los partidos socialistas de Rusia a participar en una conferencia en Estocolmo dedicada al problema de la firma de la paz. El Comité Ejecutivo eserista-menchevique y después el Soviet de diputados obreros y soldados de Petrogrado decidieron participar en dicha conferencia y tomar la iniciativa de su convocatoria. La VII Conferencia (Conferencia de Abril) de los bolcheviques, teniendo en cuenta que en la citada conferencia debían reunirse socialchovinistas, se manifestó categóricamente contra la participación en la misma y denunció su carácter imperialista. La Conferencia socialista de Estocolmo no llegó a celebrarse.---133.

bj El I Congreso de diputados campesinos de toda Rusia se celebró en Petrogrado del 4 al 28 de mayo (17 de mayo-10 de junio) de 1917. Asistieron 1.115 delegados de las provincias y de las unidades militares. Los bolcheviques tomaron parte activa en el congreso, desenmascarando la política imperialista del Gobierno Provisional burgués y la actitud conciliadora de los mencheviques y eseristas. El 7 (20) de mayo, Lenin dirigió una carta abierta a los delegados al Congreso (véase V. L. Lenin. O. C., t. 32, págs. 43--47). El 22 de mayo (4 de junio) pronunció en el congreso un discurso acerca de la cuestión agraria y presentó 774 un provecto de resolución sobre el particular. Pero la preponderancia de los eseristas determinó el carácter de todas las resoluciones. El congreso aprobó la política del Gobierno Provisional burgués y la entrada de los ``socialistas'' en dicho gobierno y se manifestó a favor de la continuación de la guerra "hasta la victoria definitiva" y de la ofensiva en el frente. El congreso se opuso a la entrega inmediata de la tierra de los terratenientes a los campesinos y aplazó la solución del problema agrario hasta la Asamblea Constituyente.---145.

hh El Comité Agrario General fue constituido por el Gobierno Provisional burgués en abril de 1917. Se le encomendó la dirección general de la recopilación y elaboración de datos para la reforma agraria; de hecho, tenía por misión fundamental luchar contra el movimiento de los campesinos, que se habían lanzado a la ocupación de las tierras de los terratenientes.

Formaban parte de dicho comité representantes del Ministerio de Agricultura y otros funcionarios nombrados por el gobierno, así como representantes de los comités agrarios provinciales y de los partidos políticos. La inmensa mayoría de sus miembros eran demócratas constitucionalistas y eseristas. Después de la Revolución de Octubre, el Comité Agrario General luchó contra la aplicación del Decreto leninista sobre la tierra y fue disuelto en diciembre de 1917 por acuerdo del Consejo de Comisarios del Pueblo.---149.

`` hvestia Petrográdskogo Sovieta Rabóchij y Soldátskij Depulátov" ``(Noticias del Soviet de Diputados Obreros y Soldados de Petrogrado''): diario que empezó a publicarse el 28 de febrero (13 de marzo) de 1917. Después de constituirse el Comité Ejecutivo Central de los Soviets de diputados obreros y soldados en el I Congreso de los Soviets de toda Rusia, el periódico pasó a ser órgano de dicho Comité; a partir del 1 (14) de agosto de 1917 (desde el núrn. 132) apareció con el título de hvestia Tsentrálnogo Ispolnítelnogo Komiteta y Petrográdskogo Sovieta Rabóchij -y Soldátskij Deputátov ``(Noticias del Comité Ejecutivo Central y del Soviet de diputados obreros y soldados de Petrogrado''); desde el 29 de septiembre (12 de octubre), a partir del número 184, se tituló hvestia Tsentrálnogo Ispolnítelnogo Komiteta Soviétov Rabóchij y Soldátskij Deputátov ``(Noticias del Comité Ejecutivo Central de los Soviets de diputados obreros y soldados''). Durante todo ese tiempo, el periódico estuvo en manos de los mencheviques y eseristas y sostuvo una lucha encarnizada contra el Partido Bolchevique. El 27 de octubre (9 de noviembre) de 1917, después del II Congreso de los Soviets de toda Rusia, hvestia se convirtió en órgano oficial del Poder soviético. En marzo de 1918, con motivo del traslado a Moscú del Comité Ejecutivo Central de toda Rusia y del Consejo de Comisarios del Pueblo, el periódico se trasladó también a Moscú.---165.

El I Congreso de los Soviets de diputados obreros y soldados de toda Rusia se celebró en Petrogrado del 3 al 24 de junio (16 de junio-7 de julio) de 1917. Asistieron a él más de 1.000 delegados. Los bolcheviques, que eran entonces minoría en los Soviets, tenían 105 delegados. La mayoría pertenecía a los eseristas y mencheviques. En el orden del día del congreso figuraban las siguientes cuestiones: actitud ante el Gobierno Provisional, la guerra, los preparativos para la Asamblea Constituyente, etc. El 4 (17) de junio, Lenin pronunció en el congreso un discurso acerca de la actitud ante el Gobierno Provisional, y el 9 (22) de junio, un discurso sobre la guerra (véase V. I. Lenin. O. C., t. 32, págs. 261--291). En todas las cuestiones principales, los bolcheviques presentaron proyectos de resolución propios. Denunciaron el carácter imperialista de la guerra y las funestas consecuencias de la conciliación con la burguesía y exigieron el paso de todo el poder a los Soviets. En sus resoluciones, el congreso apoyó al Gobierno Provisional, aprobó la ofensiva de las tropas rusas 775 en el frente, que estaba preparando dicho gobierno, y se pronunció contra el paso del poder a los Soviets. El congreso eligió un Comité Ejecutivo Central ---que existió hasta el II Congreso de los Soviets---, integrado en su aplastante mayoría por eseristas y mencheviques.---167.

Véase la carta de F. Engels a F.A.Sorge, del 29 de noviembre de 1886.---169.

Lenin alude a las resoluciones de la VII Conferencia (Conferencia de Abril) del POSD(b) de Rusia.---170.

``\'óvaya Zhnn" ``(Vida Nueva''): diario de orientación menchevique, que se publicó en Petrogrado desde abril de 1917. Era órgano del grupo de socialdemócratas llamados ``internacionalistas'', que unía a mencheviques partidarios de Mártov, e intelectuales aislados de tendencia semimenchevique. Hasta octubre de 1917 mantuvo una actitud de oposición inestable al gobierno, pronunciándose unas veces contra el Gobierno Provisional y otras contra los bolcheviques. Después de la Revolución de Octubre, el periódico adoptó una posición hostil al Poder soviético y fue clausurado por el gobierno en julio de 1918.---173.

Lenin se refiere a la concesión de pasaporte por el gobierno inglés al líder del Partido Laborista Independiente de Inglaterra, Ramsay MacDonald. para que pudiera venir a Rusia, invitado por los líderes mencheviques. El viaje de MacDonald no tuvo lugar.---174.

FJ llamamiento del Soviet de diputados obreros v soldados de Petrogrndo "A los pueblos del mundo entero" fue aprobado en la sesión celebrada por el Soviet el 14 (27) de marzo de 1917 y publicado al día siguiente en los periódicos centrales. Los líderes eseristas-mem heviques del Soviet se vieron obligados a aprobarlo bajo la presión de las masas revolucionarias, que exigían el fin de la guerra. El llamamiento exhortaba a los trabajadores de los países beligerantes a realizar acciones en favor de la paz. Sin embargo, no denunciaba el carácter anexionista de la guerra, no señalaba medidas prácticas de lucha por la paz y, en esencia, justificaba la continuación de la guerra imperialista por el Gobierno Provisional burgués.---174.

En mayo-jumo de 1917, Albania fue ocupada por Italia; en Grecia, las tropas francesas e inglesas ocupaion varias ciudades. Durante la primera guerra mundial. Persia fue ocupada por las tropas rusas (parte septentrional y central) v por las inglesas = (parte^^1^^ meridional).---175.

Se alude a la declaración del Buró del grupo bolchevique y del Buró de los socialdemócratas internacionalistas unificados en el I Congreso de los Soviets de toda Rusia exigiendo que se discutiese en primer lugar la cuestión de la ofensiva que estaba preparando el Gobierno Provisional. En la declaración se indicaba que elidía ofensiva estaba dictada por los magnates del imperialismo aliado y que los círculos contrarrevolucionarios de Rusia pensaban concentrar así el poder en manos cíe los grupos militares y diplomáticos v capitalistas y asestar un golpe a la lucha revolucionaria por la paz, así como a las posiciones conquistadas por la democracia rusa. La declaración ponía en guardia a la clase obrera, el ejército y al campesinado contra la amenaza que se cernía sobre el país y exhortaba al congreso a rechazar inmediatamente la presión contrarrevolucionaria.---175.

Se trata de la manifestación celebrada en Petrogrado el 18 de junio (1 de julio) de 1917, organizada por el Partido Bolchevique. La manifestación había sido convocada al principio por el Comité Central del Partido Bolchevique para el 10 (23) de junio, con objeto de expresar ante el I Congreso de los Soviets de 776 toda Rusia la voluntad de los obreros y soldados de Petrogrado, que exigían la entrega de todo el poder a los Soviets, l.os mencheviques y eseristas se pronunciaron contra la manifestación. El 9 (22) de junio consiguieron que el Congreso de los Soviets acordara prohibir la manifestación. El Comité Central del Partido Bolchevique acató el acuerdo del Congreso de los Soviets y suspendió la manifestación, aplazándola hasta el 18 de junio (1 de julio), día señalado para ella por el propio Congreso de los Soviets. Los mencheviques y eseristas pensaban celebrar la manifestación bajo consignas antibolcheviques. En la manifestación del 18 de junio (1 de julio) participaron cerca de 500.000 obreros y soldados de Petrogrado. La aplastante mayoría de los manifestantes desfiló bajo las consignas revolucionarias del Partido Bolchevique. Sólo pequeños grupos llevaban consignas de confianza al Gobierno Provisional, lanzadas por los partidos conciliadores. La manifestación puso de relieve el creciente espíritu revolucionario de las masas y el inmenso crecimiento de la influencia y el prestigio del Partido Bolchevique. Al mismo tiempo, mostró el completo fracaso de los partidos conciliadores pequeñoburgueses y del Gobierno Provisional en la capital.---178.

Los ministros demócratas constitucionalistas Shingariov, Manuilov y Shajovskói salieron del Gobierno Provisional el 2 (15) de julio de 1917. El artículo de Lenin ¿Con qué contaron los demócratas constitucionalistas al retirarse del ministerio? fue publicado por vez primera sin firma el 15 (28) de julio de 1917 en el periódico Proletárskoie Dielo ``(La Causa Proletaria'').

``Proletárskoie Dielo": órgano diario del grupo bolchevique del Soviet de diputados obreros y soldados de Cronstadt; se publicó en 1917 en lugar del periódico bolchevique de Cronstadt Golas Pravdi ``(La Voz de la Verdad''), clausurado por el Gobierno Provisional durante las jornadas de julio.---181.

El artículo de V. I. Lenin "¿Dónde está el poder y dónde la contrarrevolución:'" fue publicado en Listok ``Pravdi'' ``(La Hoja de ``Pravda'' '') que apareció el 6 (19) de julio de 1917 después de que la Redacción de Pravda fue asaltada y destrozada por los cadetes y los cosacos el 5 (18) de julio. En I.istok ``Pravdi'' aparecieron también los artículos de V. I. Lenin Infames calumnias de la prensa de las centurias negras y de Aléxinski, La maledicencia y los hechos, Acercándose a lo esencial, ¿Un nuevo caso Dreyfus? (Véase V. I. Lenin. O. C., t. 32, págs. 418, 419--420, 421, 422).---183.

Lenin se refiere a la manifestación celebrada en Petrogrado el 3-4 (16--17) de julio de 1917, que fue una expresión de la profundísima crisis política en Rusia. El 3 (16) de julio, en el distrito de Víborg surgieron manifestaciones espontáneas contra el Gobierno Provisional. Las inició el 1er Regimiento de Ametralladoras, al que se sumaron otras unidades militares y los obreros de las fábricas. La manifestación amenazaba con transformarse en una acción armada contra el Gobierno Provisional.

En aquel momento, el Partido Bolchevique estaba en contra de la acción armada, pues consideraba que la crisis revolucionaria no había madurado todavía, que el ejército y las provincias no estaban preparados para apoyar la insurrección en la capital. En una reunión del CC, celebrada el 3(16) de julio a las 4 de la tarde conjuntamente con el Comité de Petrogrado y la Organización Militar del POSD(b) de Rusia, se acordó abstenerse de la acción. El mismo acuerdo adoptó también la II Conferencia de los bolcheviques de la ciudad de Petrogrado, que se estaba celebrando entonces. Los delegados a la conferencia fueron a las fábricas y a los distritos para impedir que las masas se lanzaran a la acción. Pero ésta, pese a todo, había comenzado y era ya imposible impedirla.

777

Teniendo en cuenta el estado de ánimo de las masas, el Comité Central, junto con el Comité de Petrogrado y la Organización Militar, acordó a altas horas de la noche del 3 (16) de julio participar en la manifestación a fin de darle un carácter pacífico y organizado. Lenin no se encontraba entonces en Petrogrado. Informado de los acontecimientos, se traslade') a la capital en la mañana del 4 (17) de julio. En la manifestación de ese día---que transcurrió bajo la Consigna principal de los bolcheviques: "¡Todo el poder a los Soviets!"--- participaron más de 500.000 personas.

Con el conocimiento y la aprobación del Comité Ejecutivo Central de los Soviets, de carácter menchevique-eserista, fueron lanzados destacamentos de cadetes y oficiales contra los obreros y soldados, eme se manifestaban pacíficamente. Las tropas abrieron fuego contra los manifestantes. Se retiró del frente unidades militares contrarrevolucionarias para aplastar el movimiento revolucionario.

El CC de los bolcheviques acordó en la noche del 4 (17) de julio el cese de la manifestación. A altas horas de la noche, Lenin llegó a la Redacción de Pravda para ver el número del periódico que se iba a publicar, pero media hora después de haber salido de ella, la Redacción fue asaltada y destrozada por un destacamento de cadetes y cosacos. Los mencheviques y eseristas fueron, de hecho, auxiliares y cómplices de los verdugos contrarrevolucionarios. Luego de aplastar la manifestación se lanzaron, junto con la burguesía, contra el Partido Bolchevique. El Gobierno Provisional clausuró los periódicos bolcheviques Pravda, Soldátskaya Pravda y otros. Empezaron las detenciones en masa, los registros y los asaltos. Las unidades revolucionarias de la guarnición de Petrogrado fueron sacadas de la ciudad y enviadas al frente.

Después de las jornadas de julio, el poder en el país pase') por completo a manos del Gobierno Provisional contrarrevolucionario, y los Soviets se convirtieron en un impotente apéndice suyo. Había terminado la dualidad de poderes. Había terminado el período pacífico de la revolución. Ante los bolcheviques se alzaba la tarea de preparar la insurrección armada para derrocar por la fuerza al Gobierno Provisional e implantar el Poder soviético.---183.

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~^^80^^ "Zhivoie Slovo" ``(La Palabra Viva''): periodicucho de tipo ultrarreaccionario, que empezó a publicarse en Petrogrado en 1916; en 1917 hizo una campaña desaforada contra los bolcheviques. Apareció hasta la Revolución de Octubre.---

184.

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~^^81^^ Liga para la liberación de Ucrania: organización nacionalista burguesa surgida en 1914, al empezar la guerra imperialista mundial. La Liga, que calculaba que la Rusia zarista sería derrocada por Alemania, se señalaba la tarea de separar a Ucrania de Rusia y crear una monarquía ucraniana burgués-terrateniente, bajo el protectorado alemán, lo que habría significado la transformación de Ucrania en una colonia del imperialismo germano.---184,

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~^^82^^ Se alude al II Congreso del POSDR, que se celebró del 17 (30) de julio al 10 (23) de agosto de 1903, primero en Bruselas y después en Londres.---185.

' Junkers: denominación que se daba en la Rusia zarista a los alumnos de las escuelas militares de junkers (cadetes), que preparaban oficiales.---186.

El artículo de Lenin "Tres crisis" se publicó por vez primera en 1917, en el núrn. 7 de la revista Rabótnitsa ``(La Obrera'').

La revista "Rabótnitsa'', órgano del Comité Central del POSD(b) de Rusia, estaba dedicada a las cuestiones del trabajo entre las mujeres. Fue fundada por iniciativa de Lenin. Se publicó legalmente desde febrero hasta junio de 1914 en 778 Petersburgo, después de lo cual dejó de aparecer, reanudando su publicación en mayo de 1917. La revista se editó hasta enero de 1918. De su Redacción formaba parte: A. l'liánova (Elizárova), K. Nikoláeva, K. Samóilova, A. Kolontái. V.Velíchkina (Bonch-Bruévich), I.. Stal y P. Kudeli.---188.

Centurias negras: se llamaba así a las bandas monárquicas organizadas por la policía zarista para luchar contra el movimiento revolucionario. Las centurias negras asesinaban a revolucionarios, organizaban atentados contra intelectuales progresistas y efectuaban pogromos antisemitas.---189.

Después de aplastar la manifestación de julio, el Gobierno Provisional ordenó el 7 (20) de julio la detención de Lenin. Ese mismo día, en el domicilio del obrero S. Alilúev, viejo bolchevique, se celebre') una reunión a la que asistieron V. Lenin, G. Ordzhonikidze, J. Stalin, E.Stásova y otros. Se acorde') que Lenin no debía comparecer ante los tribunales del Gobierno Provisional contrarrevolucionario. Gracias a ese acuerdo se salvó su vida. Como se aclare') más tarde, las autoridades habían ordenado a los cadetes que detuvieran a Lenin y le asesinaran por el camino. El Partido Comunista ocultó a su jefe en la profunda clandestinidad, y Lenin siguió dirigiendo desde allí al partido y al proletariado.---193.

El artículo "La situación política" fue publicado por vez primera el 2 de agosto (20 de julio) de 1917 en el núm. 6 del periódico bolchevique de Cronstadt Proletárskoie Dielo ``(La Causa Proletaria'') con el título El estado de ánimo político. Para impedir que el periódico fuera clausurado por el Gobierno Provisional, la Redacción, al publicar el artículo, sustituye') en él las palabras "insurrección armada" por "lucha decidida''. En la 4a ecl. de las Obras de Lenin en ruso, el artículo se publicó según el manuscrito, restableciéndose su texto original.--- 195.

``Sotsial-Demokrat'' ``(F.l Socialdemócrata''): Órgano Central clandestino del POSDR; se publicó desde febrero de 1908 hasta enero de 1917, apareciendo 58 números. F.l primer número salió en Rusia, y los siguientes en el extranjero, primero en París y más tarde en Ginebra. En virtud de un acuerdo del CC del POSDR, la Redaccic>n del Órgano Central estaba compuesta de bolcheviques, mencheviques y socialdemócratas polacos. De hecho, el director del periódico era Lenin.

En Sotsial-Demokrat aparecieron más de 80 artículos y sueltos de Lenin, quien luche') en el seno de la RedaccieHí por una línea bolchevique consecuente. Parte de la Redacción (Kámenev y Zinóviev) mantuvieron una actitud conciliadora ante los liquidadores y trataron de torpedear la aplicación de la línea leninista. Los mencheviques Mártov y Dan, e]ue eran miembros de la Redacción del Órgano Central, saboteaban el trabajo de ésta y, al mismo tiempo, defendían abiertamente el liquidacionismo en su perieklico fraccionista dolos Sotsial-Demokratu ``(La Voz del Socialdemócrata''). La lucha intransigente de Lenin contra los liquidadores hizo que Mártov y Dan abandonaran la Redacción en junio de 1911. Desde diciembre del mismo año, Sotsinl-Demokrat fue dirigido por Lenin.

A comienzos de la primera guerra mundial, después de un año de interrupción, Lenin consiguió reanudar la publicación del periódico. El 1 de noviembre de 1914 vio la luz el núm. 33 de Sotsial-Demokrat con un manifiesto del CC del POSDR, escrito por Lenin. Los artículos publicados por él en este periódico durante la guerra desempeñaron un papel relevante en la lucha por la aplicación de la estrategia y la táctica del Partido Bolchevique en las cuestiones de la guerra, la paz y la revolución, en el desenmascaramiento de los 779 socialcbovinistas descarados v embozados y en la cohesión de los elementos internacionalistas dentro del movimiento obrero mundial.---198.

El Boletín de ``Pravda'' en alemán se publice') en Estocolmo desde junio hasta noviembre de 1917 con el título de Russische Korrespondenz ``Prawda''. Era editado por la representación del Comité Central del POSD(b) de Rusia en el extranjero. El boletín aparecía también en francés.---199.

El Comité Ejecutivo de los Soviets, integrade) en su mayoría por mencheviques y eseristas, constituye'), a exigencias de la minoría bolchevique una comisión encargada de investigar la abyecta calumnia lanzada contra Lenin por el periódico ultrarreaccionario Zhivoie Slovo ``(La Palabra Viva''). Pero en cuanto el Gobierno Provisional ordene') que se abriera una investigación de las acusaciones lanzadas contra los bolcheviques, la comisión del CEC declinó sus poderes y publicó el 9 (22) de julio en hveslia Petrográdskogo Sovieta Rabóchij y Soldátskij Deputátov ``(Noticias del Soviet de diputados obreros y soldados de Petrogrado'') una declaracie'm, en la que decía que "cesa su actividad y pone a disposición de la comisión gubernamental todos los documentos recopilados por ella''. En la reunión conjunta del CEC de los Soviets de diputados obreros y soldados y del Comité Ejecutivo del Soviet de diputados campesinos celebrada el 13 (26) de julio, los mencheviques y eseristas hicieron aprobar una resolución que declaraba inadmisible la negativa de V. I. Lenin a comparecer ante le>s tribunales y exigía que fuesen apartados de la actividad del CEC de los Soviets quienes hubiesen sido acusados por las autoridades judiciales.

Expresaron su protesta con motivo de las calumnias contra Lenin: las Conferencias de Petrogrado y Moscú del POSD(b) de Rusia, la Conferencia Regional del territorio Sudoeste del POSD(b) de Rusia, las conferencias de Bakú y de Siberia del POSD(b) de Rusia y otras. Las protestas contra dichas calumnias fueron publicadas en todos los periódicos bolcheviques centrales y locales, así como en hojas especiales editadas por el Comité de Petrogrado del POSD(b) de Rusia, el Comité de Moscú y el Buró Regional de Moscú del POSD(b) de Rusia y numerosas organizaciones bolcheviques locales.---199. Lenin se refiere al llamado "asunto Dreyfus". Dreyfus, oficial del Estado Mayor Central francés, de nacionalidad hebrea, fue condenado en 1894 a cadena perpetua por un Consejo de Guerra, acusado falsamente de espionaje y alta traición. La condena de Dreyfus, inspirada por la camarilla militar reaccie)naria fue aprovechada por los medios reaccionarios de Francia para atizar el antisemitismo y lanzarse a la ofensiva contra el régimen republicano y las libertades democráticas. En 1898, los socialistas y los representantes avanzados de la democracia burguesa (entre ellos, E.Zola, J.Jaurés, A. France y otros) emprendieron una campaña exigiendo la revisión de la causa de Dreyfus, que adquirió en el acto un carácter político claramente definido y dividió el país en dos bandos: republicanos y demócratas, de una parte, y el bloque demonárquicos, clericales, antisemitas y nacionalistas, de otra. En 1899, bajo la presión de la opinión pública, Dreyfus fue indultado y puesto en libertad; pero se')lo en 1906, por acuerdo del tribunal de casación, se le declaró inocente, reintegrándosele al ejército.

V. I. Lenin llame') al asunto Dreyfus "una de las infinitas fechorías de la camarilla militar reaccionaria".---199.

' "Novóle Vremia" ``(Tiempos Nuevos''): diario que se publicó en San Petersburgo desde 1868 hasta 1917; perteneció a distintos editores y cambió repetidas veces de orientación política. Liberal moderado al comienzo, se convirtió en 1876 en e'>rgano de los círculos reaccionarios de la nobleza y de la burocracia. En 1905 pase') a ser órgano de los ultrarreaccionarios. Después de la revolución 780 democrática burguesa de febrero de 1917 apoyó íntegramente la política contrarrevolucionaria del Gobierno Provisional burgués y sostuvo una furiosa campaña contra los bolcheviques. Fue clausurado por el Comité Militar Revolucionario del Soviet de Petrogrado el 26 de octubre (8 de noviembre) de 1917. Lenin denominaba a Tiempos Nuevos modelo del periódico venal.---200.

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~^^93^^ El proceso Beylis, de carácter provocador, fue organizado en 1913, en Kíev, por el gobierno zarista contra el judío Beylis, acusado falsamente de haber asesinado con fines rituales al niño cristiano Yuschinski (en realidad, el asesinato había sido organizado por las centurias negras). Al montar esta farsa judicial, el gobierno zarista se proponía atizar el antisemitismo y provocar pogromos contra los judíos para apartar a las masas del movimiento revolucionario, que iba adquiriendo mayor incremento cada día en el país. El proceso conmovió profundamente a la opinión pública. En varias ciudades se celebraron manifestaciones obreras de protesta. Beylis fue absuelto.---200.

Véase F. Engels. El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, ed. en español, pág. 198, Moscú.---205.

La "Comisión de Enlace" fue designada el 8 (21) de marzo de 1917 por el Comité Ejecutivo menchevique-eserista del Soviet de diputados obreros y soldados de Petrogrado para establecer contacto con el Gobierno Provisional, ``influir'' sobre él y ``controlar'' su labor. Prácticamente, la "Comisión de Enlace" ayudaba a realizar la política burguesa del Gobierno Provisional y trataba de impedir que las masas obreras se lanzasen a la lucha revolucionaria activa por el paso de todo el poder a los Soviets. Formaban parte de ella: N.Chjeídze, Y.Steklov, N.Sujánov, V. Filippovski y M. Skóbelev (más tarde fueron incluidos en ella V.Chernov e I.Tsereteli). Según se comunicó el 18 de abril (1 de mayo) de 1917 en el núm. 44 de Izvestia Petrográdskogo Sovieta Rabóchij y Soldátskij Deputátov ``(Noticias del Soviet de diputados obreros y soldados de Petrogrado''), con motivo de haberse ampliado el Buró del Comité Ejecutivo del Soviet de Petrogrado, la "Comisión de Enlace" fue disuelta, transfiriéndose sus funciones al Buró.---216.

La sublevación de Kornílov: complot contrarrevolucionario de la burguesía rusa en agosto de 1917, encabezado por el general zarista Kornílov. Los conspiradores, que se apoyaban en los altos mandos del ejército, se proponían ---con ayuda de las unidades de cadetes y cosacos---apoderarse del Petrogrado revolucionario, destrozar el Partido Bolchevique, disolver los Soviets e implantar en el país una dictadura militar. Respondiendo al llamamiento del CC del Partido Bolchevique, los obreros de Petrogrado y los marinos y soldados revolucionarios sofocaron la sublevación de Kornílov. Presionado por las masas, el Gobierno Provisional se vio obligado a ordenar la detención de Kornílov y sus cómplices y entregarlos a los tribunales, acusados de sublevación. Fracasó el intento de la burguesía y de los terratenientes de aplastar la revolución. La derrota de la korniloviada hizo crecer la influencia del Partido Bolchevique entre las masas. En todo el país se inició un periodo de bolchevización de los Soviets. Los bolcheviques volvieron a lanzar la consigna de "¡Todo el poder a los Soviets!".---223.

``Rabochi'' ``(El Obrero''): Órgano Central del Partido Bolchevique, diario; se publicó desde el 25 de agosto (7 de septiembre) hasta el 2 (15) de septiembre de 1917 en lugar de Pravda, que había sido clausurado por el Gobierno Provisional. Aparecieron doce números.---228.

F. Engels. Literatura de emigración. II. El programa de los emigrados blanquistas de la Comuna.---229.

781

~^^9^^'' Véase la carta de F. Engels a F.Turati, fechada el 26 de enero de 1894.---229. Táctica ``ministerialista'', ``ministerialismo'' (llamado también "socialismo ministerial" o ``millerandismo''): táctica oportunista de participación de los socialistas en los gobiernos reaccionarios burgueses. El término surgió en 1899, cuando el socialista francés Millerand entró a formar parte del gobierno burgués de Waldeck-Rousseau.---233.

Después de aplastada la sublevación de Kornílov, cuando se planteó el problema de la formación del nuevo Gobierno Provisional, los mencheviques y eseristas acordaron no entrar en el gobierno con los demócratas constitucionalistas. La crisis gubernamental se resolvió mediante la formación de un Directorio de cinco personas (Kerenski, Teréschenko, Verjovski, Verderevski y Nikitin). Aunque en el Directorio no figuraban representantes oficiales de los demócratas constitucionalistas, fue constituido como resultado de las negociaciones sostenidas con ellos entre bastidores. En la reunión celebrada por el Comité Ejecutivo Central de toda Rusia el 2 (15) de septiembre de 1917, los mencheviques y eseristas propusieron que se apoyara al Directorio, ayudando así a los terratenientes y capitalistas a sostenerse en el poder.---233. El Proyecto de resolución sobre la situación política actual debía ser presentado, según se proponía Lenin, en la reunión del Pleno del Comité Central del Partido Bolchevique, convocado por acuerdo del CC para el 3 (16) de septiembre de 1917. Ese día se celebró una reunión restringida del CC, en la que no se discutió el proyecto. En las actas del CC del POSD(b) de Rusia correspondientes a aquel período que han sido conservadas y publicadas no se indica que dicho proyecto fuera discutido por el Pleno del Comité Central.--- 235.

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~^^103^^ El VI Congreso del POSD(b) de Rusia se celebró en Petrogrado del 26 de julio al 3 de agosto (8-16 de agosto) de 1917, en la semiclandestinidad. Asistieron a él 157 delegados con voz y voto y 110 sólo con voz, en representación de 240.000 miembros del partido. Lenin dirigió el congreso desde la clandestinidad, manteniendo contacto con Petrogrado a través de los camaradas encargados de ello por el Comité Central, que se entrevistaron con él repetidas veces en Razliv. Las tesis de Lenin sobre la situación política y sus artículos A propósito de las consignas, y otros, sirvieron de base a las resoluciones del congreso. A pesar de encontrarse en Razliv, Lenin participó en la preparación y redacción de los más importantes proyectos de resoluciones del congreso, el cual le eligió por unanimidad su presidente de honor.

En el orden del día del congreso figuraban las siguientes cuestiones: 1) Informe del Buró de Organización; 2 Informe del CC del POSDR; 3) Informes de las organizaciones locales; 4) El momento actual: a) la guerra y la situación internacional, b) la situación política y económica; 5) Revisión del programa; 6) Cuestiones de organización; 7) Las elecciones a la Asamblea Constituyente; 8) La Internacional; 9) La unificación del partido; 10) El movimiento sindical; 11) Elección de cargos; 12) Asuntos varios. En el congreso se debatió el problema de la comparecencia de Lenin ante los tribunales.

El congreso discutió el informe político del Comité Central y el informe sobre la situación política, que presentó J.Stalin por encargo del CC. Las directrices de Lenin sirvieron de base a la resolución del congreso acerca de la situación política. En ella se hacía un examen de la situación política creada en el país después de los acontecimientos de julio y se exponía la línea política del partido en la nueva etapa de la revolución. El congreso reconoció que el desarrollo pacífico de la revolución había terminado, que el poder había pasado de hecho a manos de la burguesía contrarrevolucionaria. Siguiendo las 782 indicaciones de Lenin, el congreso retiró temporalmente la consigna de "¡Todo el poder a los Soviets!'', ya que éstos, dirigidos por los ¡nene heviques y eserislas, se habían convertido en aquella situación en un apéndice del Gobierno Provisional contrarrevolucionario. Pero la retirada temporal de esta consigna no significaba que el partido renunciara a los Soviets en general ionio forma de Estado de la dictadura del proletariado. El congreso lanzó la consigna de luchar por la liquidación completa de la dictadura de la burguesía contrarrevolucionaria y en pro de la conquista del poder por el proletariado, en alianza con los campesinos pobres, mediante la insurrección armada.

El congreso rechazó las propuestas antilcninistas de Preobrazhenski, que negaba la posibilidad del triunfo de la revolución socialista en Rusia y sostenía que sólo cuando estallase la revolución proletaria en Occidente se podría encauzar al país por la senda socialista. El congreso rechazó también la posición de Bujarin, quien se pronunció contra la orientación del partido hacia la revolución socialista, afirmando que los campesinos formaban un bloque con la burguesía y no seguirían a la clase obrera.

En sus resoluciones, el congreso destacó con fuerza especial la tesis de Lenin acerca de la alianza del proletariado y de los campesinos pobres como condición importantísima del triunfo de la revolución socialista. En la resolución acerca de la situación política se decía: "Sólo el proletariado revolucionario, siempre y cuando le apoyen los campesinos pobres, es capaz de cumplir esta tarea, que es la tarea del nuevo ascenso revolucionario" (El ¡'CUS en las resoluciones y acuerdos de sus Congresos, (Conferencias v de los Plenos del CC, parte I, ed. en ruso, 1954, pág. 376).

Uno de los primeros problemas debatidos por el congreso fue si Lenin debía comparecer ante los tribunales. Al tratar de esta cuestión en el discurso de resumen de la discusión acerca de la actividad política del CC'., (.Stalin se pronunció a favor de que Lenin compareciese ante los tribunales, siempre \ cuando se garantizase su seguridad personal y se organizase el juicio democráticamente. Stalin presentó una resolución en este espíritu, y dijo: "En el momento actual sigue sin estar claro en manos de quién se encuentra el poder. No existen garantías de que, al ser detenidos (Lenin y Zinóviev.---A. Ae la Edil), no sean objeto de brutales violencias. Otra cosa sería si el juicio fuese organizado democráticamente y se dieran garantías de que no serán despedazados. Guando hemos preguntado sobre el particular, se nos ha respondido en el Comité Ejecutivo Central: "Ignoramos lo que pueda pasar''. En tanto que la situación no se aclare, en tanto que se libre una lucha sorda entre el poder oficial y el poder efectivo, no tiene ningún sentido que los cantaradas se presenten a las autoridades. Si se encuentra al frente del país un poder que pueda garantizar la seguridad de nuestros cantaradas contra la violencia, que tenga, aunque sólo sea, cierto honor... se presentarán" (Actúa del VI Cangrena del POSD(b) de Runa. Agosto de 1917, ed. en ruso, 1958, págs. 27--28). Semejanteplanteamiento de la cuestión se basaba en una apreciación errónea del estado del poder político en el país y en la posibilidad de un juicio burgués ``honrado''.

G. Ordzhonikidze pronunció un informe acerca de la lompareccneia de Lenin ante los tribunales, remarcando que Lenin no podía ser entregado en modo alguno a las autoridades judiciales.

En contra de la comparecencia de Lenin se pronunciaron en el congreso F. Dzerzhinski, N.Skrípnik y otros. Debemos declarar del modo más claro y categórico---dijo Dzerzhinski---que han procedido bien los cantaradas que han aconsejado a Lenin que no se deje detener. Hay que explicar a los cantaradas que no tenemos confianza ni en el Gobierno Provisional ni en la burguesía, que 783 no entregaremos a Lenin hasta que tío triunfe la justicia, es decir, hasta que no desaparezca este vergonzoso tribunal.

En pro de la comparecencia de Lenin ante los tribunales (a condición de que se garantizase su seguridad personal y se incoase públicamente la causa con participación de representantes del Comité Ejecutivo Central de los Soviets) intervinieron V. Volodarski. LBezrabotny (D. Manuilski) y M.Lashévich, quienes presentaron un proyecto de resolución.

``(orno resultado de la discusión colectiva, el VI Congreso del partido aprobó por unanimidad una resolución, en la que se pronuncie'') contra la comparecencia de Lenin ante los tribunales, exprese') "su ardiente protesta ante la indignante campaña judicial, policíaca y de espionaje contra el jefe del proletariado revolucionario" v envió un mensaje de saludo a Lenin.

El iniorme sobre la labor cíe organización de! CC fue presentado por Y.Sverdlov. Señale') en él que durante los tres meses transcurridos desde la VII Conferencia de toda Rusia (Conferencia de Abril), el partido había triplicado sus militantes (de 80.000 a 240.000) y el número de organizaciones suyas había pasado de 78 a 162, En el congreso fueron escuchados 19 informes de las organizaciones locales. Los informantes destacaron la inmensa labor realizada por las organizaciones bolcheviques y el constante crecimiento de la influencia de los bolcheviques entre las grandes masas trabajadoras.

F.l VI Congreso discutió y aprobó la plataforma económica del Partido Bolchevique, que preveía las siguientes medidas revolucionarias: nacionalización y centralización de los bancos, nacionalizacic'm de la gran industria, confiscae ion de las tierras de los terratenientes y nacionalización de toda la tierra del país, implantación del control obrero sobre la producción y la distribución, organi/acie'm de un intercambio acertado entre la citidad y el campo, etc.

Fueron aprobados los nuevos Estatutos del partido. El primer artículo, en el que se señalaba quiénes podían ser miembros del partido, se complete') con la exigencia de que éstos debían someterse a todos los acuerdos del partido. Se establéete') por vez primera que los nuevos afiliados, al pedir el ingreso, fuesen avalados por dos miembros del partido, debiendo ser ratificada su admisión por la asamblea general de la correspondiente organización de base. En los Estatutos se recalcaba que todas las organizaciones del partido se basarían en el centralismo democrático. Establecíase asimismo que los congresos del partido se celebrarían cada año, y las reuniones plenarias del Comité Central, una vez cada dos meses, como mínimo.

El congreso ratificó los acuerdos de la VII Conferencia de toda Rusia (Conferencia de Abril) del POSD(b) de Rusia acerca de la necesidad de revisar el programa del partido en el sentido indicado por ella. Considere') que para elaborar el nuevo programa era necesario convocar, en un futuro inmediato, un congreso extraordinario y encomendé') al Comité Central y a todas las organizaciones del partido desplegar antes del congreso una amplia discusión acerca de la revisión del programa.

En la resolución acerca de las Uniones de la Juventud, el congreso considere') como tarca urgente del momento contribuir a la constitución de organizaciones socialistas de clase de la juventud obrera y señale') a las organizaciones del partido el deber de dedicar la mayor atención a esta labor. Al discutirse el punto del orden del día El movimiento sindical el congreso criticó la teoría de la neutralidad de los sindicatos; índice') que éstos estaban vitalmente interesados en llevar la revolución hasta el fin victorioso y o,ue podrían cumplir las tareas que tenía planteada la clase obrera de Rusia sólo en el caso de que siguieran siendo una organización combativa de clase que reconociera la dirección política del Partido Bolchevique.

F.l VI Congreso supedite') todos sus acuerdos al objetivo fundamental: 784 preparar al proletariado y a los campesinos pobres para la insurrección armada, para la victoria de la revolución socialista. El manifiesto dirigido en nombre del congreso a todos los trabajadores, a todos los obreros, soldados y campesinos de Rusia les exhortaba a acumular fuerzas y a prepararse bajo la bandera del Partido Bolchevique para el combate decisivo con la burguesía. El congreso eligió el CC del partido, del que formaban parte: V. Lenin, J. Berzin, A. Búbnov, F. Dzerzhinski, A. Kolontái, V. Miliutin, M.Muránov, V. Noguín, F.Serguéiev (Artiom), S. Shaumián, I. Stalin, Y.Sverdlov, M. Uritski y otros--- 235.

``División salvaje": así se denominaba una división formada durante la primera guerra mundial (1914--1918) con voluntarios de los pueblos montañeses del Cáucaso Septentrional. El general Kornílov intentó utilizar a la "división salvaje" como fuerza de choque de las tropas lanzadas contra el Petrogrado revolucionario.---237.

La Conferencia Democrática de toda Rusia, convocada por los mencheviques y eseristas con el propósito de debilitar el creciente ascenso revolucionario, se celebró en Petrogrado del 14 al 22 de septiembre (27 de septiembre-5 de octubre) de 1917. Asistieron a ella representantes de los partidos pequeñoburgueses, de los Soviets dirigidos por conciliadores, de los sindicatos, zemstvos, círculos comerciales e industriales y unidades militares. La Conferencia Democrática eligió el Anteparlamento (Consejo Provisional de la República), con el que los mencheviques y eseristas pensaban detener la revolución y llevar al país al camino del parlamentarismo burgués.

El CC del Partido Bolchevique acordó boicotear el Anteparlamento, venciendo la resistencia de Kámenev y oíros capituladores, que defendían la participación en el mismo. Los bolcheviques desenmascararon la actividad traidora del Anteparlamento, preparando a las mases para la insurrección armada.---246.

Kit Kítich: mote de Tit Títich, rico comerciante de la comedia de A.Ostrovski Mientras los otros están de fiesta. Lenin denomina Kit Kítich a los magnates del capital.---246.

``Svobódnaya Zhizn" ``(Vida Libre''): periódico de orientación menchevique: se publicó en Petrogrado del 2 (15) al 8 (21) de septiembre de 1917 en lugar de Nóvaya Zhhn ``(Vida Nueva'') al ser clausurado este último.---267.

Junkers: propietarios agrarios nobles de Prusia.---273.

Jacobinos: grupo político de la burguesía del período de la revolución burguesa francesa de finales del siglo XVIII; representantes del ala izquierda de la burguesía francesa, que defendieron de modo decidido y consecuente la necesidad de acabar con el absolutismo y el feudalismo.---277.

Se alude al paso de los Soviets a manos de los bolcheviques: el de Petrogrado, el 31 de agosto (13 de septiembre), y el de Moscú, el 5 (18) de septiembre de 1917.---279.

República francesa proclamada en Francia en 1870 y que existió hasta julio de 1940.---283.

Lenin escribió el libro "El Estado y la revolución" en la clandestinidad, en agosto-septiembre de 1917. La idea de que era necesario elaborar teóricamente el problema del Estado fue expresada por él en el segundo semestre de 1916. Por aquel entonces escribió el artículo La Internacional de la Juventud (véase V. I. Lenin. O. C., t. 30, págs. 225--229), en el que criticó la posición antimarxista de Bujarin en el problema del Estado y prometió escribir un detallado artículo 785 sobre la actitud del marxismo ante el F.stado. F.n una carta fechada el 17 de febrero de 1917, Lenin notificó a Alejandra Kolontái que tenía casi preparados los datos al respecto. Lo había escrito con letra menuda y apretada en un cuaderno de tapas azules, al que puso el título El marxismo acerca del Estado. El cuaderno contenía una recopilación de citas de obras de C. Marx y F. Engels, así como pasajes de libros de Kautsky, Pannekoek y Bernstein con observaciones críticas, conclusiones > generalizaciones de Lenin (véase V. I. Lenin. El marxismo acerca del Estado, ed. en ruso, 1958).

Al trasladarse de Suiza a Rusia en abril de 1917, Lenin, temiendo ser detenido en el camino por el Gobierno Provisional, dejó en Sui/a en manos seguras el manuscrito de la obra El marxismo acerca del Estado. Al pasar a la clandestinidad después de las jornadas de julio, Lenin escribió en una nota:

``Entre nous (Entre nosotros.---.V. de la Edil.): si me apiolan, le. ruego que edite mi cuaderno F.l marxismo aceren del Estado (se ha quedado en EstocolmoV Tapas azules, encuadernado. He reunido todas las (¡tas de Marx y Engels, así como de Kautsky contra Pannekoek. Hay una serie de observaciones, notas y fórmulas. Creo que con una semana de trabajo podrá ser editado. Lo considero importante, pues no sólo Plejánov, sino también Kautsky han embrollado^ cosas''. Después de recibir de Estocolmo el cuaderno El marxismo acerca del Estado, Lenin utilizó los datos reunidos en él como base para su obra genial El Estado y la revolución.

Según el plan trazado por su autor. El Estado y la revolución debía constar de siete capítulos, pero Lenin no escribió el séptimo, titulado La experiencia de las revoluciones rusas de 1905 y 1917. Se conserva únicamente un plan detallado de este capítulo. Respecto a la publicación del libro, Lenin escribió al editor una nota diciéndole: "Si tárelo demasiado en terminar el capítulo en cuestión, el VII, o si éste sale más extenso de la cuenta, habrá que sacar a la luz los primeros seis capítulos como primera parte..."

En la primera página del manuscrito, el autor ocultaba su nombre bajo el seudónimo de "F. F. Ivanovski''. al que recurrió Lenin para evitar que el Gobierno Provisional mandase recoger el libro. Pero este se publicó tan sólo en 1918, razón por la cual desapareció la necesidad del seudónimo. La segunda edición con el nuevo apartado Cómo planteaba Marx la cuestión en 1852, añadido por Lenin al capítulo segundo, apareció en 1919.---289.

'" Véase F. Engels. El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, ed. en español, pág. 196, Moscú.

Más adelante, en las págs. 296, 298--301 del volumen, Lenin cita esta misma obra de F. Engels (véase loe. cit., págs. 196--201).---294.

=

~^^114^^ Véase F. Engels. Anti-Dühring, ed. en ruso, págs. 264--265, 1957.

Más adelante, en las págs. 305, 306 del volumen, Lenin cita esta misma obra de F. Engels (véase loe. cit, págs. 172, 173).---303.

=

~^^111^^ Programo de Gotha: Programa del Partido Socialista Obrero de Alemania, aprobado en el Congreso de Gotha en 1875, al unificarse los dos partidos socialistas, existentes hasta entonces: el de los eisenachianos (dirigidos por A. Bebel y G. Liebknect e influenciado ideológicamente por Marx v Engels) v el de los lassalleanos. El programa padecía de eclecticismo y era oportunista, ya que los eisenachianos cedieron en las cuestiones importantes ante los lassalleanos y admitieron las fórmulas de éstos. Marx y Engels sometieron el Programa de Gotha a una crítica demoledora, considerándolo un sensible paso atrás en comparación con el Programa eisenachiano de 1869.---306.

=

~^^110^^ Véase C.Marx y F. Engels. Manifiesto del Partido Comunista, ed. en español, págs. 48, 59, Moscú.---308.

26--74

786

Véase C. Marx. El Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte, ed. en español, págs. 98, 99, Moscú.

Más adelante, en la pág. 314 del volumen, Lenin cita el prefacio de F. Engels a la tercera edición de esta obra (véase loe. cit., págs. 6-7).---= 311.

^^118^^ "Die Nene Zeit" ``(Tiempos Nuevos''): revista teórica del Partido Socialdemócrata Alemán; apareció en Stuttgart desde 1883 hasta 1923. Hasta octubre de 1917 fue dirigida por C. Kautsky; después, por H.Cunow. En Die Neue Zeit vieron la luz por vez primera algunas obras de C. Marx y F. Engels: Crítica del Programa de Golha de C.Marx; En torno a la crítica del proyecto de programa socialdemócrata ie 1891, de F. Engels, y otras. Engels prestó ayuda constante a la Redacción de a revista con sus consejos y la criticó frecuentemente por sus desviaciones del marxismo. Colaboraron en ella destacados dirigentes del movimiento obrero alemán e internacional de fines del siglo XIV y comienzos del siglo XX: A.Bebel, G. Liebknecht, R. Luxemburgo, F. Mehring, C.Zetkin, J.Plejánov, P. Lafargue y otros. A partir de la segunda mitad de la década del 90, después de la muerte de F. Engels, la revista insertó sistemáticamente artículos de los revisionistas, entre ellos la serie de artículos de E. Bernstein Problemas del socialismo, que inició la campaña de los revisionistas contra el marxismo. En los años de la primera guerra mundial, la revista mantuvo una posición centrista, apoyando de hecho a los socialchovinistas.---315.

Véase C. Marx y F. Engels. Manifiesto del Partido Comunista, ed. en español, pág. 6, Moscú.---318.

Véase C.Marx. La guerra civil en Francia (C. Marx y F.Engels. Obras Escogidas en dos tomos, ed.en español, t. I, págs. 494--498, Moscú).

Más adelante, en las págs. 329--333 del volumen, Lenin cita esta misma obra de C.Marx (véase loe., cit., págs. 500, = 497--501).---322. ^^121^^ Véase F. Engels. Contribución al problema de la vivienda, ed. en español, pág. 35,

Moscú.

Más adelante en la pág. 335 del volumen, Lenin cita esta misma obra de F. Engels (véase loe., cit., págs. 109, 89).---335.

Lenin se refiere al artículo de C. Marx El indiferentismo político y al artículo de F. Engels Acerca de la autoridad.

Más adelante, en las págs. 337--339 del volumen, Lenin cita estos mismos trabajos.---337.

~123

Engels criticó los errores del Programa de Erfurt en su obra En torno a la crítica del proyecto de programa socialdemócrata de ¡891.

Más adelante, en las págs. 342--348 del volumen, Lenin cita esta misma obra de F. Engels.---342.

La Ley de excepción contra los socialistas fue promulgada en Alemania en 1878 por el gobierno de Bismarck para luchar contra el movimiento obrero y socialista. En virtud de esta ley fueron prohibidos el Partido Socialdemócrata, las organizaciones obreras de masas y la prensa obrera y fue confiscada la literatura socialista. Durante la vigencia de la Ley de excepción fueron disueltas cerca de 350 organizaciones socialdemócratas, se expulsó de Alemania a unos 900 socialdemócratas y se encarceló a 1.500; fueron clausurados centenares de periódicos, revistas y otras publicaciones. Sin embargo, las persecuciones y represiones no consiguieron aplastar al Partido Socialdemócrata, cuya labor fue reorganizada de acuerdo con las condiciones de existencia ilegal: en el extranjero se editó el periódico El Socialdemócrata, Órgano Central del partido y se celebraron regularmente los congresos del mismo (en 1880, 1883 y 1887). En Alemania, en la clandestinidad, renacieron rápidamente las organizaciones y ~124 787 grupos socialdemócratas, al frente de los cuales se encontraba un CC ilegal. Al mismo tiempo que actuaba en la clandestinidad, e! partido aprovechaba a gran escala las posibilidades legales para fortalecer los vínculos con las masas, creciendo constantemente su influencia: el número de votos obtenidos por los socialdemócratas en las elecciones al Reichstag aumentó en más del triple de 1878 a 1890. C.Marx y F. Engels prestaron una ayuda inmensa a los socialdemócratas alemanes. En 1890, bajo la presión de las masas y del movimiento obrero, cada día más fuerte, la Ley de excepción contra los socialistas fue derogada.---344.

=

~^^125^^ Se alude a la unificación de Alemania, efectuada por las clases dirigentes de Prusia "desde arriba" con ayuda de la política de "sangre y fuego'', por medio de intrigas diplomáticas y de guerras. Como consecuencia de la guerra de Prusia con Austria en 1866 se creó la Confederación de Alemania del Norte, y después de la guerra franco-prusiana de 1870--1871 se formó el Imperio Alemán.---346.

Se trata de la introducción de F. Engels a la obra de C.Marx La guerra civil en Francia (véase C. Marx y F. Engels. Obras Escogidas en dos tomos, ed. en español, t. I, págs. 451--463, Moscú).

Más adelante en las págs. 349--353 del volumen, Lenin cita esta misma obra de F. Engels (véase loe, cit., págs. 453, 457, 461, 462--463).---349.

Véase C.Marx. Crítica del Programa de Gotha, ed. en español, pág. 25. Moscú. Más adelante en las págs. 358, 363--365 del presente volumen, Lenin cita esta misma obra de C.Marx, págs. 25, 15, 17.---358.

Shylock: personaje de la comedia de Shakespeare El Mercader de Venecia, usurero implacable.---367.

Se alude a los alumnos de las escuelas confesionales, a cuya vida está dedicada la obra del escritor ruso N. Pomialovski Diario de un seminarista.---367.

El Congreso de La Haya de la I Internacional se celebró del 2 al 7 de septiembre de 1872, participando en él C.Marx y F. Engels. Asistieron 65 delegados. En el orden del día figuraban, entre otras, las siguientes cuestiones: 1) atribuciones del Consejo General; 2) actividad política del proletariado. Todo el congreso transcurrió en medio de una dura lucha contra los bakuninistas. El congreso acordó ampliar las atribuciones del Consejo General. En cuanto al problema "La actividad política del proletariado'', en la resolución del congreso se decía que el proletariado de cada país debía organizar su propio partido político para asegurar el triunfo de la revolución social y que su gran tarea consistía en la conquista del poder político. En este congreso, Bakunin y Guillaurne fueron expulsados de la Internacional como desorganizadores y fundadores de un partido nuevo, antiproletario.---372.

``Zariá" ``(La Aurora''): revista político-científica marxista, publicada en 1901--1902 en Stuttgart por la Redacción de Iskra. Sólo aparecieron cuatro números (en tres cuadernos): el núm. 1, en abril de 1901 (en realidad, este número apareció el 23 de marzo); el núm. 2-3, en diciembre de 1901, y el núm. 4, en agosto de 1902. Las tareas de la revista fueron determinadas en un proyecto de declaración de Iskra y Zariá, escrito por Lenin en Rusia (véase V. I. Lenin. O.C. t. 4 págs. 322--333). En 1902, durante las discrepancias y conflictos surgidos en el seno de la Redacción de Iskra y de Zariá, Plejánov presentó el proyecto de separar la revista del periódico (con el propósito de quedarse con la dirección de Zariá), pero la propuesta no fue aceptada y la Redacción de los dos órganos siguió siendo siempre común.

788

La revista Zariu criticó el revisionismo internacional y ruso y defendió los fundamentos teóricos del marxismo. En Zariá se publicaron los trabajos de Lenin: Apunto casuales, Los perseguidores del lemstvo y los Anuíales del liberalismo, Los señores "críticos" en la cuestión agraria (los cuatro primeros capítulos de la obra La cuestión agraria y los "críticos de Marx''), Revista interior y El programa agrario de la socialdemocracia rusa, así como las obras de Plejánov: Crítica de nuestros críticos. Parte I. El señor Struve en el papel de crítico de la teoría de Marx del desarrollo social, Kant contra Kant o el testamento espiritual del señor Bernstein \ otros.---373.

=

~^^132^^ Se trata del V Congreso socialista de la U Internacional, celebrado en París del 23 al 27 de sep''emDre de 1900. 1.a delegación rusa estaba formada por 24 miembros (de ellos, 13 socialdemócratas). De las seis credenciales que tenía en el congreso el grupo Emancipación del Trabajo, cuatro fueron recibidas a través de Lenin (tres del grupo Sotsial-Demokrat de los Urales y una de la organización de Ufa). En el congreso, la delegación de los socialdemócratas se dividió en do* partes: la mayoría, encabezada por B. Krichevski, y la minoría, al frente de la tua' figuraba J. Plejánov. Sobre la cuestión fundamental, "La conquista del poder político y las alianzas con los partidos burgueses'', vinculada a la entrada de A. Millerand en el gobierno contrarrevolucionario de Waldeck-Rousseau, la mayoría votó a favor de una elástica resolución presentada por C.Kautsky; la minoría---J. Plejánov, P. Axelrod, V.Sazúlich y D. Koltsov__ votó en pro de la resolución propuesta por J.Guesde, que condenaba el millerandismo.

En el Congreso de París se acordó constituir un Buró Socialista Internacional, (BSI) con representantes de los partidos socialistas de todos los países, fijand° la sede del secretariado en Bruselas. Por acuerdo del congreso, los representantes en el BSI, elegidos por las delegaciones, deberían ser ratificados por 'as organizaciones del partido de cada país; hasta que eso no ocurriera se les consideraría interinos.---373.

IM "Cuadernos Mensuales Socialistas" ``(Sozialistische Monatshefte''): revista, órgano principal de los oportunistas alemanes y uno de los órganos del oportunismo internacional- Se publicó en Berlín desde 1897 hasta 1933. Durante la primera guerra mundial mantuvo una posición socialchovtnista.---385.

=

~^^134^^ Las cartas de Lenin "Los bolcheviques deben tomar el poder" y "El marxismo y la insurrección" fueron discutidas en la reunión celebrada por el Comité Central del Partido Bolchevique el 15 (28) de septiembre de 1917. Kámenev, que se pronunció contra las directrices acerca de la insurrección armada dadas por Lenin en estas cartas históricas, propuso que fueran ocultadas al partido y destruidos todos los ejemplares de las mismas. La proposición de Kámenev fue rechazada. E' Comité Central envió las cartas de Lenin a las organizaciones más importantes del Partido Bolchevique.---388.

''ir> Las fechas < itadas por Lenin se refieren a los siguientes acontecimientos: el 6 (19) de mayo fue hecha pública la composición del primer Gobierno Provisional de coalición; el 31 de agosto (13 de septiembre), el Soviet de diputados obreros y soldados de Petrogrado aprobó una resolución bolchevique que exigía la formación de un gobierno soviético; el 12 (25) de septiembre era la fecha fijada por el CE.C de los Soviets de diputados obreros y soldados y el Comité Ejecutivo del Soviet de diputados campesinos de toda Rusia, ambos de tendencia eserista-menchevique, para la inauguración de la Conferencia Democrática- Dicha conferencia se celebró en Petrogrado del 14 al 22 de septiembre (27 de septiembre-5 de octubre) de 1917.---388.

789

~^^136^^ El Gobierno Provisional anunció la convocatoria de la Asamblea Constituyente en su declaración del 2 (15) de marzo de 1917; se fijó la fecha de las elecciones para el 17 (30) de septiembre del mismo año. Sin embargo, el Gobierno Provisional aplazó la convocatoria de la asamblea, anunciando que las elecciones se demoraban hasta el 12 (25) de noviembre. La Asamblea Constituyente fue abierta por el Gobierno soviético el 5 (18) de enero de 1918 en Petrogrado. En vista de que la Asamblea Constituyente se negó a discutir la Declaración de los derechos del ¡niebla trabajador y explotado y a ratificar los decretos del II Congreso de los Soviets acerca de la paz, la tierra y el paso del poder a los Soviets, fue disuelta el 6 (19) de enero de 1918 por acuerdo del Comité Ejecutivo Central de toda Rusia.---389.

' Véase F. Engels. Revolución y contrarrevolución en Alemania.---389.

Lenin denomina cretinismo parlamentario a la fe de los oportunistas en que el sistema parlamentario de administración del Estado es omnipotente y que la lucha parlamentaria es, en todas las circunstancias, la única y principal forma de lucha política.---393.

Teatro de Alejandro, en Petrogrado, en el que se celebró la Conferencia Democrática.

Fortaleza de Pedro y Pablo: fortaleza en el Neva, frente al Palacio de Invierno, en la que se encarcelaba a los políticos durante el zarismo. Tenía un inmenso arsenal y era un importante punto estratégico de Petrogrado.---395.

Los capítulos I-III y V del artículo "La crisis lia madurado" fueron publicados en el niim. 30 cíe Rabochi Pul ``(La Senda Obrera''), el 20 (7) de octubre de

1917. Se ha conservado el manuscrito únicamente de los capítulos V y VI; el del capítulo IV no ha sido hallado.

``Rabochi Pul": Órgano Central del Partido Bolchevique; diario, se publicó del 3 (16) de septiembre al 26 de oclubre Í8 de noviembre) de 1917 en lugar de I'ravda, suspendido por el Gobierno Provisional. Desde el 27 de octubre (9 de noviembre), Pravda volvió a aparecer con su título.---396.

Lenin se refiere al discurso pronunciado por el oficial Dubásov en la sesión del Soviet de Petrogrado el 22 de septiembre (5 de octubre) de 1917.---399.

``Russkie Viédomosti" ``(Noticiario Ruso''): diario, se publicó en Moscú desde 1863 como portavoz de los intelectuales liberales moderados. En los años 80 y 90 del siglo pasado fueron colaboradores suyos varios escritores del campo democrático (M. Saltykov-Schedrín, G. Uspenski, V.Korolenko y otros); publicó también obras de los populistas liberales. A partir de 1905 fue órgano del ala derecha del Partido Demócrata Constitucionalista, partido burgués. Lenin indicaba que Russkie Viédomosti combinaba originalmente "el democonstitucionalismo de derecha con el tinte populista" (V. I. Lenin. O.C., t. 23, pág. 193). En

1918, Russkie Viédomosti fue clausurado al mismo tiempo que otros periódicos contrarrevolucionarios.---399.

Se trata de la posición de Kámenev, Zinóviev, Trotski y sus adeptos. Kámenev y Zinóviev se pronunciaban contra el pían de Lenin de preparar la insurrección armada, procurando demostrar que la clase obrera de Rusia no era capaz cíe llevar a cabo la revolución socialista. Se deslizaron a la posición de los mencheviques, que defendían la república burguesa. Trotski insistía en que se aplazara la insurrección hasta la convocatoria del 11 Congreso de ios Soviets de toda Rusia, lo que, de hecho, significaba hacerla fracasar, ya que el Gobierno Provisional habría podido concentrar fuerzas para esta fecha y aplastar la insurrección.---401.

790

``Los Liberdán": nombre irónico dado a los líderes mencheviques Líber y Dan y a sus partidarios después de que en el núm. 141 del periódico bolchevique moscovita Sotsial-Demokrat, del 25 de agosto (7 de septiembre, de 1917, apareció un suelto satírico de D. Bedny titulado Liberdán.---401.

Lenin escribió el artículo ¿Se sostendrán los bolcheviques en el poder? en Víborg entre fines de septiembre y el 1 (14) de octubre de 1917. Se publicó por primera vez en octubre de 1917 en el numero 1-2 de la revista Prosveschenie ``(La Ilustración'').

`` Prosveschenie": revista teórica mensual de los bolcheviques que se publicó legalmente en Petersburgo desde diciembre de 1911 hasta junio de 1914. Su tirada llegaba a 5.000 ejemplares.

Esta revista se fundó a iniciativa de Lenin, quien encargó a Máximo Gorki la dirección de la sección literaria. Lenin dirigía la revista, redactaba los artículos y mantenía una correspondencia regular con los miembros del Consejo de Redacción desde París, y luego desde Cracovia y Poronin.

Desde las páginas de la revista, Lenin desenmascaraba a los oportunistas ---liquidadores, otzovistas y trotskistas---y a los nacionalistas burgueses, explicaba la lucha de la clase obrera en las condiciones del nuevo auge revolucionario y propagaba las consignas bolcheviques en la campaña electoral para la IV Duma de Estado; criticaba el revisionismo y el centrismo de los partidos de la II Internacional. La revista Prosveschenie desempeñó un gran papel en la educación marxista internacionalista de los obreros de vanguardia de Rusia. En vísperas de la primera guerra mundial, en junio de 1914, fue clausurada por el gobierno zarista. En el otoño de 1917 se reanudó su publicación, pero no salió más que un número (doble).---405.

El hecho que recuerda Lenin tuvo lugar el 4 (17) de junio de 1917 en la sesión del I Congreso de los Soviets de diputados obreros y soldados de toda Rusia. Durante un discurso del menchevique Tsereteli, ministro del Gobierno Provisional, quien afirmó que en Rusia no existía ningún partido político que aceptara tomar en sus manos todo el poder, Lenin contestó desde su escaño que ese partido existía, refiriéndose al Partido Bolchevique.---408.

Lenin cita versos de N.Nekrásov Dichoso es el poeta sin malicia.---413.

Dama agradable en todos los aspectos: personaje de la obra del escritor ruso N.Gógol Almas muertas.---413.

Duma bulyguiniana: "organismo representativo" consultivo que el gobierno zarista prometió convocar en 1905. El proyecto de ley creando la Duma consultiva de Estado y el reglamento electoral para la Duma fueron elaborados por una comisión que presidía Bulyguin, ministro del Interior, y publicados el 6 (19) de agosto de 1905. Los bolcheviques declararon y llevaron a cabo el boicot activo de la Duma bulyguiniana. El gobierno no consiguió convocar la Duma, que fue barrida por la huelga política general de octubre.---414.

"Znamia Trudá" ``(La Bandera del Trabajo''): diario eserista de izquierda. Empezó a publicarse el 23 de agosto (5 de septiembre) de 1917 como órgano del Comité de Petrogrado del partido eserista. Después del I Congreso eserista de izquierda de toda Rusia pasó a ser su órgano central. Clausurado en julio de 1918 durante la sublevación antisoviética de los eseristas de izquierda.---415.

" Valia Naroda" ``(La Voluntad del Pueblo''): órgano diario del ala derecha del partido eserista. Se editó en Petrogrado en 1917. Fue suspendido en noviembre de 1917, después de lo cual apareció con otros títulos, siendo clausurado definitivamente en febrero de 1918.---417.

791

D Sedán: ciudad de Francia, en cuya zona fue derrotado en toda la línea por las tropas prusianas el ejército francés, al mando de Mac-Mahon, el 1-2 de septiembre de 1870 durante la guerra franco-prusiana. Cayeron prisioneros más de 100.000 hombres, con el emperador Napoleón III a la cabeza.---423.

Convención: Tercera Asamblea Nacional durante la revolución burguesa francesa de fines del siglo XVIII. La Convención fue creada en calidad de máxima institución representativa en Francia como resultado de la insurrección popular del 10 de agosto de 1792, que derrocó la monarquía. Las elecciones a la Convención se celebraron en agosto y septiembre de dicho año. Los diputados elegidos a ella formaron tres grupos: los jacobinos, ala izquierda; los girondinos, ala derecha, y el ``pantano'', integrado por la mayoría vacilante. El 21 de septiembre, bajo la presión de las masas populares, la Convención proclamó la abolición del poder del rey en el país y el día 22 proclamó la república. La Convención existió hasta el 26 de octubre de 1795. Su labor más fecunda tuvo lugar en el período de la dictadura jacobina (31 de mayo-2 de junio de 1793--27 de julio de 1794), durante la cual los girondinos fueron expulsados de la Convención. La Convención acabó definitivamente con el feudalismo, reprimió despiadadamente a todos los elementos contrarrevolucionarios y conciliadores y luchó contra la intervención extranjera. Al mismo tiempo, la Convención afirmó la intangibilidad del derecho de propiedad privada.

Después del golpe de Estado contrarrevolucionario del 9 de termidor (27 de julio de 1794) y una vez adoptada la llamada Constitución del III año, la Convención termidoriana fue disuelta el 26 de octubre de 1795.---425.

=

~^^154^^ Véase la cana de C. Marx a L. Kugelmann del 12.IV. 1871.---433.

El hombre enfundado: personaje del relato homónimo del escritor ruso A.Chéjov. Tipo de pequeño burgués de cortos alcances, que teme toda innovación e iniciativa.---433.

Vendée: provincia de Francia, en la que estalló en la época de la Revolución francesa burguesa (fines del siglo XVIIDuna insurrección contrarrevolucionaria de los atrasados campesinos reaccionarios contra la Convención revolucionaria. La insurrección transcurrió bajo consignas religiosas y fue dirigida por el clero reaccionario y los terratenientes.---438.

Las gafas de Molchalin: se alude a un personaje arribista y adulón de la comedia del escritor ruso A. Griboiédov La desgracia de tener ingenio.---445.

=

~^^58^^ Las fechas citadas por Lenin en el texto significan: 28 de febrero (13 de marzo), día de la revolución democrática burguesa de febrero; 29 de noviembre (12 de diciembre), fecha en que se pensaba reunir la Asamblea Constituyente, que fue convocada por el Gobierno Provisional para el 28 de noviembre (11 de diciembre) de 1917.---448.

En octubre de 1917, en el Instituto Smolny tenían su local el CC del Partido Bolchevique y el Comité Militar Revolucionario adscrito al Soviet de Petrogrado. El Smolny se convirtió en el Estado Mayor de la revolución; en su salón de actos se celebró el 25--27 de octubre (7-9 de noviembre) de 1917 el II Congreso de los Soviets de toda Rusia.---448.

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~^^160^^ La Carta al CC. a los Comités de Moscú y Petrogrado y a los bolcheviques miembros de los Soviets de Petrogrado y de Moscú fue discutida en la reunión celebrada por el Comité de Petrogrado el 5 (18) de octubre de 1917. En Moscú, la carta se discutio en el Comité moscovita del partido y en una reunión de cuadros 792 dirigentes. La caita de Lenin fue apoyada íntegramente por las organizaciones bolcheviques de Retrogrado y Moscú, aceptándose sus tesis como guía para la acción.---449.

Lenin se refiere a las acciones revolucionarias de los marinos de la flota alemana (julio-agosto de 1917), iniciadas bajo la influencia directa de la revolución en Rusia. El 31 de mayo, los marinos del buque Príncipe regente Luitpold declararon una especie de huelga del hambre. La agitación se extendió rápidamente a otras unidades de la flota. Encabezaba el movimiento el marino Reichpietsch, del buque Federico el Grande. A comienzos de agosto, la organización de los marinos tenia ya 4.000 miembros. En los barcos comenzaron las acciones públicas. El 2 de agosto, 400 marinos del Príncipe regente Luitpold desembarcaron para liberar por la fuerza a sus camaradas fogoneros detenidos anteriormente con motivo de la huelga. El 16 de agosto se registró una sublevación en el buque Westfnlia, cuyos fogoneros se negaron a trabajar. Las acciones revolucionarias en la flota alemana fueron aplastadas con crueldad: los dirigentes de la sublevación, Reichpietsch y Kobis, fueron fusilados, y los demás marinos que participaron activamente en el movimiento, condenados a largas penas de trabajos forzados.---449.

Lenin alude a la huelga de obreros y empleados ferroviarios de toda Rusia, que reclamaban aumento de salario al Gobierno Provisional. La huelga comenzó en la noche del 23 al 24 de septiembre (6 al 7 de octubre) de 1917 y terminó en la noche del 26 de septiembre (9 de octubre) de 1917, después de que el Gobierno Provisional satisfizo parcialmente las reivindicaciones de los ferroviarios.---449.

El Congreso Regional de los Soviets de diputados soldados de la Región del Norte, convocado por acuerdo del CC del Partido Bolchevique, se celebró en Petrogrado del 11 al 13 (24--26) de octubre de 1917. En la organización del congreso tomó parte activa el Soviet de Petrogrado, que envió al mismo 30 representantes. El Comité Ejecutivo Central eserista-menchevique declaró que el congreso era una reunión particular y retiró a sus delegados. En el congreso estuvieron representados más de 23 Soviets: Petrogrado, Moscú, Cronstadt, Reval, Helsingfors, etc. Asistieron 94 delegados, de ellos 51 bolcheviques. En el orden del día figuraban las siguientes cuestiones: 1) Informe de las organizaciones locales. 2) El momento actual. 3) La situación político-militar del país. 4) El problema agrario. 5) El Congreso de los Soviets de toda Rusia. 6) La Asamblea Constituyente. 7) Cuestiones de organización. El congreso eligió un Comité Ejecutivo Regional del Norte compuesto de 17 miembros. 11 de los cuales eran bolcheviques. Lenin dirigió al congreso una carta, titulada Carta a los camaradas bolcheviques que participan en el Congreso de los Soviets de la Región del Norte (véase el presente volumen, págs. 453--457). Las resoluciones del congreso exhortaban a las masas a la insurrección armada. El congreso desempeñó un importante papel en los preparativos de la insurrección armada desde el punto de vista de la agitación y la organización.---451. Véase K. Engels. Revolución y contrarrevolución en Alemania.---452.

Lenin se refiere a las grandes acciones antibélicas de los obreros de Turín, en agosto de 1917, que declararon la huelga general. La huelga y las manifestaciones callejeras duraron tres días y fueron aplastadas únicamente después de declararse el estado de guerra en la ciudad.---453.

Con el propósito de impedir por todos los medios la insurrección armada de los obreros y soldados, el Gobierno Provisional de Kerenski y el generalato contrarrevolucionario, de acuerdo con los imperialistas anglo-franceses, se proponían a comienzos de octubre de 1917 entregar Petrogrado a los alemanes 793 para estrangular así la revolución. A este efecto, el Gobierno Provisional acordó en su reunión del 4 (17) de octubre trasladarse a Moscú. La insurrección armada de Octubre frustró los planes de la contrarrevolución.---456. La histórica reunión del CC del partido celebrada el 10 (23) de octubre de 1917 estuvo dedicada a la preparación inmediata de la insurrección armada. Los capituladores Kámenev y Zinóviev se manifestaron y votaron en contra de la resolución propuesta por Lenin. Trotski no votó entonces en contra de la resolución, pero insistió en que ia insurrección armada no empezara antes del

11 Congreso de los Soviets, lo que significaba aplazarla, condenarla al fracaso y advertir de ella al Gobierno Provisional. El CC dio una enérgica réplica a los capituladores. La resolución propuesta por Lenin, que fue aprobada por diez votos contra dos, se convirtió en directriz para todo el Partido Bolchevique. Se creó un Buró Político del CC, con Lenin a la cabeza, encargado de la dirección política de la insurrección.---458.

Lenin se refiere a la comunicación hecha por Y. Sverdlov en la reunión del CC el 10 (23) de octubre de 1917 acerca del tercer punto del orden del día: "Minsk y el Frente del Norte''. Sverdlov informó de la posibilidad técnica de la acción armada en Minsk y de la propuesta llegada de dicha ciudad de prestar ayuda a Petrogrado mediante el envío de un cuerpo de ejército revolucionario.---459.

La reunión ampliada del CC del partido del 16 (29) de octubre de 1917 se celebró en la Duma distrital de Lesnov, cuyo presidente era M.Kalinin. Zinóviev y Kámenev intervinieron en la reunión en contra de la insurrección. Lenin criticó duramente la conducta traidora de los capituladores.

La reunión aprobó la resolución de Lenin por 19 votos contra 2 y 4 abstenciones. En reunión a puerta cerrada, el Comité Central formó un Centro Militar Revolucionario integrado por A. Búbnov, F. Dzerzhinski, Y. Sverdlov, J.Stalin y M. Uritski.---461.

La "Carta a los miembros del Partido Bolchevique'', así como la "Carta al Comité Central del POSD(b) de Rusia" (véase el presente volumen, págs. 465--471) fueron discutidas en la reunión celebrada por el CC del Partido Bolchevique el 20 de octubre (2 de noviembre) de 1917. El CC del partido condenó la conducta de los esquiroles Kámenev y Zinóviev, a quienes se prohibió hacer declaraciones contra los acuerdos del CC ni contra la línea de trabajo trazada. Kámenev fue excluido del CC.---465.

Se trata del artículo de Lenin Carta a los camaradas, publicado los día 1, 2 y 3 de noviembre (19, 20 y 21 de octubre) de 1917 en los núms. 40, 41 y 42 del Rabochi Pul (véase V. I. Lenin. O. C., t. 34, págs. 398--418). En dicho artículo, Lenin puso al desnudo toda la inconsistencia de los ``argumentos'' de los traidores a la revolución Kámenev y Zinóviev, que se pronunciaban contra la insurrección armada.---467.

Después de escribir la carta a los miembros del Comité Central del POSD(b) de Rusia en la tarde del 24 de octubre (6 de noviembre) exigiendo que empezase en el acto la insurrección armada, Lenin se trasladó clandestinamente, ya entrada la noche, al Smolny y tomó en sus manos la dirección general de la insurrección.---473.

El Comité Militar Revolucionario adscrito al Soviet de Peírogrado fue constituido el

12 (25) de octubre de 1917 por indicación del CC del Partido Bolchevique. Actuando bajo la dirección inmediata del CC, el Comité Militar Revolucionario (CMR) dirigió---en estrechísimo contacto con la organización militar bolchevique---la formación de los destacamentos de la Guardia Roja y el armamento de 794 los obreros. Era tarea principal del CMR preparar la insurrección armada de acuerdo con las directrices del CC del Partido Bolchevique. El CMR llevó a cabo una múltiple labor a fin de organizar las fuerzas de combate para el triunfo de la Revolución Socialista de Octubre. El núcleo dirigente del CMR era el Centro Militar Revolucionario del partido, constituido en la reunión ampliada del CC el 16 (29) de octubre de 1917 y cuya actividad dirigía Lenin diariamente. Después de formarse el Gobierno soviético en el II Congreso de los Soviets, el CMR, cumpliendo los mandatos del Consejo de Comisarios del Pueblo, se señaló como tarea fundamental combatir a la contrarrevolución y guardar el orden revolucionario. A medida que se creó y afianzó el aparato de los Soviets, el CMR fue reduciendo gradualmente sus funciones y transfiriéndoselas a los comisariados del pueblo que iban organizándose. El CMR fue disuelto el 5 (18) de diciembre de 1917.---473.

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~^^174^^ "¡A los ciudadanos de Rusia\": llamamiento lanzado el 25 de octubre (7 de noviembre), a las 10 de la mañana, por el Comité Militar Revolucionario adjunto al Soviet de diputados obreros y soldados de Petrogrado. Esa misma mañana, el histórico documento apareció en el periódico Rabochi y Soldat ``(El Obrero y el Soldado'') y fue entregado para su inserción a los demás periódicos.

``Rabochi y Soldat": diario de la tarde, órgano del Soviet de diputados obreros y soldados de Petrogrado; se publicó desde el 17 (30) de octubre hasta febrero de 1918.---475.

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~^^175^^ El ¡I Congreso de los Soviets de diputados obreros y soldados de toda Rusia se inauguró el 25 de octubre (7 de noviembre) de 1917, a las 10 horas y 45 minutos de la noche, en el Smolny. De los 649 delegados, 390 eran bolcheviques. Estuvieron representados 318 Soviets provinciales. Los delegados de 241 Soviets llevaron al congreso mandatos bolcheviques. Los mencheviques, eseristas de derecha y delegados del Bund abandonaron el congreso después de su apertura, negándose a reconocer la revolución socialista. El Congreso de los Soviets aprobó el llamamiento ¡A los obreros, a los soldados, a los campesinos!" escrito por Lenin, en el que se proclamaba el paso de todo el poder a los Soviets (véase el presente volumen, págs. 479, 480). Las cuestiones fundamentales examinadas en el congreso fueron: formación del Gobierno soviético y aprobación de los decretos de la paz y sobre la tierra. Lenin pronunció los informes acerca de ambas cuestiones.

El II Congreso de los Soviets aprobó los decretos de la paz y sobre la tierra y formó el primer Gobierno soviético: el Consejo de Comisarios del Pueblo, eligiendo a Lenin presidente del mismo. Eligió también el Comité Ejecutivo Central de toda Rusia, compuesto de 101 miembros, en el que entraron, entre otros, 62 bolcheviques y 29 eseristas de izquierda. El congreso se clausuró a las 5 horas y 15 minutos de la madrugada del 27 de octubre (9 de noviembre).---477.

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~^^176^^ Se trata del Comité Ejecutivo Central elegido en el I Congreso de los Soviets de toda Rusia (16 de junio-7 de julio de 1917), en el que tenían mayoría aplastante los eseristas y mencheviques.---479

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~^^177^^ El 14 (27) de marzo de 1917, en la sesión del Soviet se aprobó el llamamiento del Soviet de diputados obreros y soldados de Petrogrado A los pueblos del mundo entero..---484.

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~^^178^^ " Izvestia Vserossískogo Sovieta Krestiánskij Deputátov" ``(Noticias del Soviet de diputados campesinos de toda Rusia''): diario, órgano oficial del Soviet de diputados campesinos; se publicó en Petrogrado desde mayo hasta diciembre de 1917; expresaba las opiniones del ala derecha de los eseristas.---490.

795

Tierras de la Corona y de la familia imperial: tierras que pertenecían al zar y sus familiares. Tierras de posesión: tierras cedidas por el Estado a los propietarios de las fábricas para que las entregaran en usufructo a los campesinos que trabajaban en dichas fábricas percibiendo únicamente como retribución de su trabajo las parcelas de tierra. Tierras de los mayorazgos: grandes latifundios que pasaban íntegramente de generación en generación, como herencia, al hijo mayor o al más viejo de la familia.---490.

El Proyecto de decreto sobre el control obrero sirvió de base al proyecto de decreto confeccionado por el Comisariado del Pueblo del Trabajo y publicado, con enmiendas y adiciones, el 16 (3) de noviembre de 1917 en el núm. 178 de Pravda. El proyecto de decreto fue discutido el 14 (27) de noviembre del mismo año en la reunión del Comité Ejecutivo Central de toda Rusia y aprobado con enmiendas insignificantes. El 15 (28) de noviembre se discutió en una reunión del Consejo de Comisarios del Pueblo, publicándose el 16 de noviembre de 1917, con el título de Decreto sobre el control obrero, en el núm. 227 de hvestia del CEC de toda Rusia.--- 497.

CESFR: Comité Ejecutivo del Sindicato Ferroviario de toda Rusia; fue elegido en agosto de 1917 en el I Congreso (constituyente) del sindicato ferroviario de toda Rusia, celebrado en Moscú. De los 41 miembros del CESFR, 14 eran eseristas, 6 mencheviques, 3 socialistas populares y II sin partido. Después de la Revolución Socialista de Octubre, el CESFR se convirtió en un centro de actividad antisoviética. El 29 de octubre (11 de noviembre) de 1917, el CESFR aprobó una resolución en la que consideraba necesaria la formación de un gobierno en el que estuviesen representados todos los partidos ``socialistas''. Las conversaciones sobre esta cuestión entre el CC del Partido Bolchevique y el CESFR comenzaron ese mismo día. Según las indicaciones de Lenin y del CC, las conversaciones debían servir como "cobertura diplomática de las operaciones militares''. Kámenev y Sokólnikov se comportaron como traidores durante dichas conversaciones y aceptaron la exigencia del CESFR de que se formase un gobierno ``socialista'', integrado, además de los bolcheviques, por representantes de los partidos contrarrevolucionarios eserista y menchevique. Noguín, Miliutin y Rykov apoyaron la política de traición de Kámenev y Sokólnikov. El 2 (15) de noviembre, el CC del Partido Bolchevique aprobó una resolución, propuesta por Lenin, en la que se rechazaba el acuerdo con esos partidos contrarrevolucionarios y se declaraba a Kámenev y Zinóviev esquiroles de la revolución. En contra de la resolución votafon: Kámenev, Zinóviev, Rykov, Noguín y Miliutin.---499.

El artículo "Respuesta a las preguntas de los campesinos" fue escrito por Lenin con motivo de las numerosas solicitudes de los emisarios campesinos al Consejo de Comisarios del Pueblo. La Respuesta, recopiada a máquina y firmada personalmente por Lenin, era entregada en propia mano a los emisarios campesinos que llegaban de los distintos lugares.---504.

``Comité de Salvación'', "Comité de Seguridad Pública": organismo unificado de la contrarrevolución, constituido anejo a la Duma urbana de Moscú el 25 de octubre (7 de noviembre) de 1917. El 2 (15) de noviembre de 1917, el "Comité de Seguridad Pública" capituló ante el Comité Militar Revolucionario.---506.

Teniendo en cuenta que los eseristas de izquierda gozaban de influencia entre las masas campesinas, los bolcheviques les propusieron en el II Congreso de los Soviets que formaran parte del Gobierno soviético. Los eseristas de izquierda rechazaron esta propuesta. Sin embargo, bajo la presión de las masas campesinas concluyeron un acuerdo formal con los bolcheviques y sus representantes fueron incluidos en el Consejo de Comisarios del Pueblo en 796 noviembre de 1917. Los eseristas de izquierda aprovecharon con fines antipopulares su participación en el gobierno. Durante el período en que se concertó la paz de Brest, los eseristas se pronunciaron contra la firma de la misma y, en señal de protesta, dimitieron de sus cargos en el Consejo de Comisarios del Pueblo, aunque siguieron participando en los órganos locales de poder. Al exacerbarse la lucha de clases y constituirse los comités de campesinos pobres en el verano de 1918, los eseristas de izquierda, expresando los intereses de los kulaks, organizaron un levantamiento para derribar el Poder soviético. Después de aplastado el levantamiento, el V Congreso de los Soviets de toda Rusia acordó excluir de los Soviets a los eseristas de izquierda.---508.

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~^^185^^ El Congreso Extraordinario de los Soviets de diputados campesinos de toda Rusia se celebró del 10 al 25 de noviembre (23 de noviembre-8 de diciembre) de 1917 en Petrogrado. Asistieron a él los siguientes delegados: 110 eseristas de izquierda, 40 bolcheviques, 15 simpatizantes de los bolcheviques (ucranios), 50 eseristas de derecha y del centro y 40 sin partido. La víspera de la apertura del congreso, el viejo Comité Ejecutivo Central de los Soviet de diputados campesinos, de tendencia eserista de derecha, intentó frustrar su celebración, pero no lo consiguió.

Pese a los deseos del Comité Ejecutivo eserista de derecha de escindir el congreso y a las vacilaciones de los eseristas de izquierda, el Congreso Extraordinario de los Soviets de diputados campesinos de toda Rusia adoptó en el problema del poder la misma posición que el II Congreso de los Soviets de diputados obreros y soldados. Lenin habló en el congreso acerca del problema agrario y de la declaración hecha por el representante del CESFR, pronunciando también el discurso de resumen de la discusión sobre el problema agrario. El congreso aprobó el proyecto de resolución escrito por Lenin.

El Comité Ejecutivo interino elegido en el congreso se fusionó con el Comité Ejecutivo Central de toda Rusia; el 15 (28) de noviembre se celebró la primera reunión conjunta del Comité Ejecutivo Central de toda Rusia, del Congreso Extraordinario de los Soviets de diputados campesinos de toda Rusia y del Soviet de Petrogrado. En ella se aprobó una resolución que ratificaba los decretos de la paz, sobre la tierra y sobre el control obrero. El congreso acordó convocar para el 25 de noviembre (8 de diciembre) de 1917 el II Congreso de diputados campesinos de toda Rusia.---513.

La idea de crear el Consejo Superior de Economía Nacional (CSEN), primer organismo proletario de planificación y dirección de la economía socialista, fue expuesta al día siguiente de la Revolución de Octubre. El 26 ó 27 de octubre (8 ó 9 de noviembre) de 1917 se celebró en el Smolny, bajo la presidencia de Lenin, una reunión que acordó constituir un organismo central encargado de dirigir la economía de todo el Estado soviético. En el proyecto acerca de ese organismo apareció ya entonces la denominación de "Consejo de Economía Nacional''. El 15 (28) de noviembre, el Consejo de Comisarios del Pueblo nombró una comisión encargada de preparar el proyecto de organización del CSEN. Al discutir esta cuestión, el grupo bolchevique del Comité Ejecutivo Central de toda Rusia acordó transformar el CSEN en un órgano de lucha de la dictadura obrera, confiriéndole para ello atribuciones legislativas. Esta cuestión fue discutida definitivamente el 1 (14) de diciembre de 1917 en el Comité Ejecutivo Central de toda Rusia. Los eseristas de izquierda presentaron unas enmiendas, en virtud de las cuales se aumentaba el número de representantes de la sección campesina en el CSEN y se organizaba éste no adjunto al Consejo de Comisarios del Pueblo, como se proponía en el proyecto de los Soviets, sino adjunto al Comité Ejecutivo Central de toda Rusia. Lenin 797 intervino en contra de las enmiendas de los eseristas de izquierda, que fueron rechazadas por mayoría de votos. El decreto fue publicado, en su redacción definitiva, el 5 (18) de diciembre de 1917 con las firmas cíe Lenin y otros.

El decreto estipulaba que se encomendaba al (-SEN la misión de organizar planificadamente la economía nacional y las finanzas del Estado. En el primer período de la revolución, el CSEN tuvo como programa de su actividad práctica el Proyecto de decreto sobre la puesta en práctica de la nacionalización de los bancos v las medidas indispensables derivadas de ella escrito por Lenin (véase el presente volumen, págs. 534--536).

A medida que fue desarrollándose la economía soviética, se modificaron la labor, las funciones y el carácter de la actividad del CSEN, en consonancia con las nuevas tareas de la edificación socialista. Lenin concedía gran importancia al CSEN en la edificación socialista e indicaba que "el aparato del tipo del Consejo Superior de Economía Nacional está llamado a crecer, desarrollarse y fortalecerse, haciéndose cargo de toda la actividad principal de la sociedad organizada" (véase el presente volumen, pág. 752).---520.

Se trata de la Rada Central, organización nacionalista burguesa, constituida en Kíev en abril de 1917 en un congieso de partidos y grupos burgueses y pequeñoburgueses ucranios. La presidía M. Grushevski, tenía por vicepresidente a V. Vinnichenko, y formaban parte de ella Petliura, Efrémov y otros nacionalistas. Después de triunfar la Gran Revolución Socialista de Octubre, la Rada se erigió en órgano supremo de la "República Popular de Ucrania" e inició la lucha abierta contra el Poder soviético. Algunos Estados extranjeros intentaron crear en Ucrania, apoyándose en la Rada, un centro de lucha contra la revolución proletaria. La Rada Central ayudó a los generales contrarrevolucionarios del Don y del Kubán en su lucha contra el Poder soviético y desarmó a los regimientos soviéticos y a la Guardia Roja. En un manifiesto del Consejo de Comisarios del Pueblo al pueblo ucranio, firmado por Lenin el 3 (16) de diciembre de 1917, se denunciaron las acciones antisoviéticas contrarrevolucionarias de la Rada Central (véase V. I. Lenin, O.C.. t. 35, págs. 143--145). En diciembre de 1917 y enero de 1918, en toda Ucrania tuvieron lugar levantamientos armados contra la Rada contrarrevolucionaria, en el curso de los cuales se fue restableciendo el Poder soviético. En enero de 1918, las tropas soviéticas pasaron a la ofensiva en Ucrania y el 26 de enero (8 de febrero) entraron en Kíev, derrocando la dominación de la Rada burguesa.---526.

El Decreto sobre la nacionalización de los bancos fue aprobado por el Comité Ejecutivo Central de toda Rusia al mismo tiempo que el decreto disponiendo la revisión de las cajas de caudales de acero de los bancos, fechado el 14 (27) de diciembre de 1917 y publicado el 15 de diciembre en el núm. 252 de ¡zvestia del CEC de toda Rusia.---529.

El Proyecto de decreto sobre la puesta en práctica de la nacionalización de los bancos v las medidas indispensables derivadas de ella fue sometido por Lenin a la aprobación del CSEN a mediados de diciembre de 1917. Se publicó por vez primera en noviembre de 1918, en el núm. II de la revista Naródnoie Joziaistvo ``(Economía Nacional'').

``Naródnoie Joziaistvo": órgano del Consejo Superior de Economía Nacional: se publicó desde marzo de 1918 hasta diciembre de 1922.---534.

Véase la carta de C.Marx a Bracke del 5 de mayo de 1875.---543. Palabras de Mefistófeles, de la obra Fausto, de Goethe.---543.

La "Declaración de los derechos del pueblo trabajador y explotado" del 3 (16) de enero de 1918 fue presentada por Lenin a una reunión del Comité Ejecutivo 798 Central de toda Rusia, que la aprobó por unanimidad con algunas modificaciones. El 4 (17) de enero de 1918, la Declaración se publicó en el núm. 2 de Pravda. Al día siguiente, la minoría bolchevique la sometió a discusión de la Asamblea Constituyente en nombre del Poder soviético. Pero la Asamblea Constituyente contrarrevolucionaria se negó a discutir la Declaración, después de lo cual la minoría bolchevique abandonó la Asamblea. El 12 (25) de enero de 1918, la Declaración fue ratificada por el III Congreso de los Soviets de toda Rusia, siendo incluida más tarde en la Constitución de la RSFSR.---546.

19:1 El 6 (19) de diciembre de 1917, la Dieta finlandesa aprobó la declaración proclamando Finlandia Estado independiente. El 18 (31) del mismo mes, el jefe del gobierno de Finlandia, Svinhufvud, pidió al Presidente del Consejo de Comisarios del Pueblo, V. I.Lenin, que fuese reconocida la independencia de Finlandia. Ese mismo día, el Gobierno soviético satisfizo la petición del Gobierno finlandés y reconoció antes que nadie la independencia de Finlandia. El Comité Ejecutivo Central de toda Rusia ratificó la disposición del Consejo de Comisarios del Pueblo, aprobando el 22 de diciembre de 1917 (4 de enero de 1918) la Declaración del gobierno revolucionario sobre el reconocimiento de la independencia de Finlandia.---547.

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~^^194^^ El Gobierno soviético propuso al Gobierno persa, en la segunda quincena de diciembre de 1917, confeccionar un plan común de retirada de las tropas rusas de Persia. En marzo de 1918, las tropas rusas fueron retiradas totalmente de Persia.---547.

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~^^195^^ El Decreto "Acerca de la "Armenia Turca"" fue discutido en la reunión del Consejo de Comisarios del Pueblo celebrada el 23 de diciembre de 1917 (5 de enero de 1918) y aprobado por dicho organismo el 29 de diciembre de 1917 (11 de enero de 1918). El decreto se publicó en el núm. 227 de Pravda, correspondiente al 31 de diciembre de 1917 (13 de enero de 1918). Se concedía a la población de la "Armenia Turca'', ocupada por las tropas rusas en el transcurso de la primera guerra mundial, el derecho de libre autodeterminación, llegando incluso a la independencia completa. En febrero de 1918, las tropas turcas se apoderaron nuevamente de la "Armenia Turca'', privando a su población de la posibilidad de ejercer su derecho a la independencia.---547.

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~^^196^^ Se trata del 5 (18) de enero de 1918, día en que fue inaugurada la Asamblea Constituyente. La Asamblea se reunió en el Palacio de Táuride.---549.

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~^^197^^ El Proyecto de decreto disolviendo la Asamblea Constituyente se discutió en una reunión del Consejo de Comisarios del Pueblo celebrada el 6 (19) de enero de 1918. Lenin había escrito para dicha reunión unas Tesis del decreto disolviendo la Asamblea Constituyente, que fueron leídas y aprobadas por puntos; todas ellas quedaron aprobadas sin modificaciones. Las tesis sirvieron de base al proy -lo de decreto disolviendo la Asamblea Constituyente, que Lenin escribió ese mismo día. Este decreto fue aprobado por el Comité Ejecutivo Central de toda Rusia en la noche del 6 al 7 (19 al 20) de enero de 1918 y publicado el 7 de enero en el núm. 5 de fwestia del CEC de toda Rusia.---550.

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~^^9^^ Lenin leyó las Tisis sobre el problema de la conclusión inmediata de una paz separada y anexionista en una reunión de miembros del CC y de delegados bolcheviques al III Congreso de los Soviets el 8 (21) de enero; el Comité Central de! partido las aprobó el 23 de febrero de 1918. Al ser publicadas, Lenin escribió una introducción a las tesis y tituló el documento Acerca de la historia sobre la paz desdichada.

El Partido Comunista y el Gobierno soviético luchan activamente por la paz va desde los primeros días de la Revolución de Octubre. En el Decreto de la 799 Paz, aprobado el 26 de octubre (8 de noviembre) en el II Congreso de los Soviets de toda Rusia, el Gobierno soviético propuso a todos los países beligerantes la iniciación inmediata de negociaciones para concertar una paz justa y democrática sin anexiones ni contribuciones. Pero los imperialistas de los países de la Entente (Inglaterra, Francia, EE.UU. y otros) se negaron a aceptar esta propuesta. Basándose en la necesidad inaplazable de asegurar a Rusia la salida de la guerra, el Gobierno soviético decidió entablar conversaciones acerca de la firma de la paz con Alemania y Austria-Hungría. Las conversaciones comenzaron el 20 de noviembre (3 de diciembre) de 1917 en Brest-Litovsk; el 2 (15) de diciembre se firmó un acuerdo de armisticio. Durante las conversaciones se puso en claro que los imperialistas alemanes tenían e! propósito de imponer al País Soviético una paz expoliadora y humillante. Trataban de sojuzgar Polonia, Lituania y parte de Letonia y de Bielorrusia, ocupadas por sus tropas, y desgajar a Ucrania de la Rusia Soviética, valiéndose para ello de la ayuda de los nacionalistas ucranianos.

La joven República Soviética se hallaba en aquel período en una situación grave en extremo. El desbarajuste económico en el país, el cansancio de las masas populares a causa de la guerra y el derrumbamiento del frente requerían una tregua pacífica. Esa tregua era necesaria, además, para afianzar el Poder soviético, aplastar la resistencia de las clases explotadoras derrocadas dentro del país y crear un ejército nuevo, el Ejército Rojo, capaz de defender al país frente a los invasores imperialistas. La paz era una cuestión de vida o muerte para la República Soviética. Por eso, Lenin insistía en la firma inmediata de la paz, a pesar de sus duras condiciones.

Todos los contrarrevolucionarios, desde los mencheviques y eseristas hasta los guardias blancos, se lanzaron a la lucha contra la firma de la paz. En esta siniestra obra tenían como aliados a Trotski y Bujarin. Este último encabezaba entonces un grupo antipartido que se denominaba a sí mismo grupo de los "comunistas de izquierda''. Enmascarando su política con frases izquierdistas, los "comunistas de izquierda" exigían que continuase la guerra. Trotski, que presidía la delegación soviética en las conversaciones de paz de Brest, infringió las indicaciones del Comité Central del partido, y declaró a los representantes alemanes que la República Soviética se negaba a firmar la paz en las condiciones propuestas por Alemania, comunicando al mismo tiempo que la República Soviética no haría la guerra y seguiría la desmovilización del ejército.

El 28 de enero (10 de febrero) de 1918 se interrumpieron las conversaciones de paz. El 18 de febrero, los alemanes, aprovechando la declaración de Trotski y violando las condiciones del armisticio, se lanzaron a la ofensiva en todo el frente. Sus tropas avanzaron con rapidez hacia el interior del país. La situación de la República Soviética se hizo amenazadora. Lenin exigió de modo categórico que se aceptase inmediatamente las condiciones del ultimátum alemán. Pero el 22 de febrero, la Alemania imperialista presentó a la Rusia Soviética un nuevo ultimátum, cuyas condiciones eran más duras aún que las primeras. Y el Gobierno soviético aceptó esas condiciones.

El 3 de marzo de 1918 se firmó el Tratado de Paz de Brest-Litovsk entre la Rusia Soviética, de una parte, y Alemania, Austria-Hungría, Bulgaria y Turquía, de otra. De acuerdo con la paz de Brest, Letonia, Estonia y Polonia pasaban a Alemania, y Ucrania se convertía en un Estado dependiente de Alemania. Además, la República Soviética debía pagar a Alemania una contribución considerable.

Para resolver definitivamente el problema de la paz con Alemania, el 6 de marzo de 1918 se celebró el VII Congreso del PC(b) de Rusia, que confirmó la justedad de la política leninista en el problema de la paz de Brest y consideró 800 __EMAIL__ webmaster@leninist.biz __OCR__ ABBYY 6 Professional (2006.10.25) __WHERE_PAGE_NUMBERS__ top __FOOTNOTE_MARKER_STYLE__ [*]+ __ENDNOTE_MARKER_STYLE__ [0-9]+ necesario ratificar el I ratado de Paz con Alemania que había firmado el Gobierno soviético.

El 15 cíe marzo de 1918, el IV Congreso Extraordinario de los Soviets de toda Rusia ratificó el Tratado de Paz de Brest-Litovsk.

Después de la revolución de noviembre en Alemania y cíe la derrota de los imperialistas alemanes, las condiciones de paz con Alemania perdieron su vigor. El 13 de noviembre de 1918, el Comité Ejecutivo Central de toda Rusia anuló el tratado de Paz de Brest-Litovsk.---552.

Lijlundta: antiguo nombre de una región en la parte meridional del Báltico. Estlandia: antigua denominación de la paite septentrional de Estonia.---556.

El Rutó regional de Moscú del POSD(b) de Rusia agrupaba en 1917 y a comienzos de 1918 a las organizaciones del pan icio de la región industrial central, que comprendía las provincias de Moscú, Yaroslaxl, 1ver, Kostromá, Vladímir, Vorónezh, Smolensk, Nizhni Nóvgorocl, Tula, Riazán, Tambov, Kaluga y Oriol. En el período en que el partido luchaba por la paz de Brest, la dirección del Buró regional cíe Moscú cayó temporalmente en manos de los "comunistas deizquierda" (Bujarin, Osmski, Lómov, Stúkov, Saprónov, Mántsev, Yákovlieva v otros). El 28 de diciembre de 1917 (10 de enero de 1918), el Buró aprobó una resolución escisionista de desconfianza al Comité Central, en la que se exigía el cese de las negociaciones de paz con Alemania y la continuación de l.i guerra.---560.

El III Confieso de los Soviets de diputados obreros, soldados y campesinos de ¡oda Rusia se inauguró el 10 (23) de enero de 1918. Estuvieron representados en él 317 Soviets de diputados obreros, soldados y campesinos v 110 comités de ejército, cuerpo de ejército y división. En total, asistieron 707 delegados. Tres días después, al congreso se sumaron los representantes de más de 250 Soviets de diputados campesinos, que asistían al 111 Congreso de los Soviets campesinos de toda Rusia inaugurado el 13 (26) de enero. En el congreso bahía 441 delegados bolcheviques. El informe del Comité Ejecutivo Centra! de toda Rusia fue presentado por Y.Sverdlov. Lenin pronuncie') un informe sobre la actividad del Consejo de Comisarios del Pueblo, el discurso de resumen de la discusión acerca del informe y el discurso de clausula. A propuesta del grupo bolchevique, el congreso adopte') una resolución aprobando íntegramente la política del Comité Ejecutivo Central de toda Rusia y del Consejo de Comisarios del Pueblo.

El 12 (25) de enero de 1918, el congreso aprobó la Declaración de los derechos del pueblo trabajador y explotada, escrita por I.enin. E! congreso aprobó la política nacional del Consejo de Comisarios del Pueblo.

Durante la celebración del congreso, el número de delegados fue aumentando constantemente; a la última sesión asistieron 1.587 delegados con \oz y voto. El congreso eligió un Comité Ejecutivo Central de toda Rusia compuesto de 306 miembros y dio por terminadas sus labores el 18 (31) de enero de 1918.---562.

Lenin se refiere a las negociaciones del sindicato de obreros curtidores de tnda Rusia con los patronos, iniciadas en el primer semestre de 1917. El sindicato de curtidores reclamaba que fuese ampliada la representación obrera en el comité principal del ramo de la piel v se reorganizase éste sobre bases democráticas. Como resultado de las negociaciones el comité íue reorganizado, concediéndose en él a los obreros dos tercios de- los votos. A conuen/os de abril de 1918 se envió a todos los Soviets un telegrama, firmado por Lenin. señalando la necesidad de democratiza! los óiganos locales del comité principal del pamo de- la riel \ aplicar inflexiblemente las disposiciones del mismo en los comités distritales dc'l i amo.---.">7 !.

801

Véase la caita de C.Marx a E. Engels del 12 de febrero de 1870.---576.

En enero de 1918, los obreros austríacos declararon huelgas con motivo de las conversaciones de paz de Brest-Litovsk, exigiendo la firma de la paz general y el mejoramiento de los abastos a los obreros.

Durante las huelgas, en Viena, Budapest y otras ciudades surgieron espontáneamente Soviets de diputados obreros, que fueron utilizados por los líderes oportunistas del Partido Socialdemócrata para aplastar el movimiento huelguístico revolucionario.---576.

Al hacerse pública la declaración del Mando militar alemán anunciando el cese del armisticio y la reanudación de la guerra a partir del 18 de febrero de 1918, Lenin propuso en una reunión celebrada por el CC del partido en la tarde del día 17 que se entablasen inmediatamente nuevas negociaciones con Alemania para concertar la paz. La propuesta de Lenin fue rechazada por 6 votos contra 5.

El 18 de febrero, el CC del partido volvió a discutir el problema de la firma de la paz con Alemania. Trotski y Bujarin siguieron defendiendo criminalmente la política provocadora de continuación de la guerra. Sólo en la segunda sesión, celebrada por la tarde, se aprobó la propuesta de Lenin de enviar un radiograma al gobierno alemán expresando la conformidad con firmar la paz en las condiciones propuestas en Brest-Litovsk. Lenin escribió en el acto el proyecto de radiograma, que fue aprobado en la reunión del CC bolchevique y transmitido a Berlín, en nombre del Consejo de Comisarios del Pueblo, en la noche del 18 al 19 de febrero.---577.

El Decreto-llamamiento "¡La patria socialista está en peligro!" fue aprobado por el Consejo de Comisarios del Pueblo el 21 de febrero de 1918 y publicado al día siguiente, con la firma de dicho organismo, en Pravda y en Investía del CEC de toda Rusia, así como en hoja suelta. Lenin escribió el Decreto con motivo de la ruptura de las negociaciones de paz en Brest-Litovsk y de la ofensiva emprendida por los imperialistas alemanes. Las tropas alemanes ocuparon varias ciudades del territorio soviético, amenazando Petrogrado.

El llamamiento del partido y clel Gobierno soviético puso en pie a las masas del pueblo revolucionario para luchar contra los imperialistas alemanes. Los jóvenes destacamentos del Ejército Rojo, formados a toda prisa, rechazaron con heroísmo la embestida de los ocupantes alemanes. Junto a Narva y Pskov se dio una enérgica réplica a los buitres alemanes. La ofensiva alemana contra Petrogrado fue detenida.---578.

El documento " Posición del CC del POSD(b) de Rusia en el problema de la paz separada y anexionista" no fue escrito íntegramente por Lenin. El párrafo primero y los dos finales los escribió Y.Sverdlov.---580.

/,n revolución en P'inlandia comenzó a mediados de enero de 1918 en la zona industrial del sur del país, extendiéndose a varios centros de gran importancia: Helsingfors, Víborg y otros. La revolución fue precedida de la huelga general política, que se declaró el 31 de octubre (13 de noviembre) de 1917. La huelga, encabezada por el Soviet revolucionario obrero central, duró una semana. El 15 (28) de enero de 1918, la Guardia Roja finlandesa ocupe') la capital de Finlandia, Helsiiígiors, donde el 16 (29) de enero se forme') un gobierno revolucionario: el Consejo de Plenipotenciarios (o Comisarios) del Pueblo de Finlandia. El gobierno burgués de Svinhufvud pidió ayuda a la burguesía sueca y alemana. Se hizo fuerte en el norte del país, organizó destacamentos de guardias blancos integrados pe>r campesinos ricos y emprendió a fines de enero la ofensiva contra el sur, apoyado por los alemanes, los suecos y los oficiales blancos rusos. En mayo, después de tres meses de cruenta guerra civil, la revolución obrera en Finlandia 802 fue aplastada con ayuda de un cuerpo expedicionario alemán de 20.000 hombres, que desembarcó en dicho país.---583.

Reunión del sábado del CEC: reunión conjunta de los grupos de bolcheviques y eseristas de izquierda del Comité Ejecutivo Central de toda Rusia, celebrada en la tarde del 23 de febrero de 1918 para discutir la aceptación de las nuevas condiciones de paz alemanas. Lenin se pronunció a favor de la firma de la paz; los trotskistas intervinieron en contra. En esta reunión no se adoptó ningún acuerdo sobre el particular. En la noche del 23 al 24 de febrero se celebró una reunión plenaria del Comité Ejecutivo Central de toda Rusia dedicada a la cuestión de la paz con Alemania. Lenin presentó un informe acerca de las nuevas condiciones de paz alemanas (véase V. I. Lenin. O.C., t. 35, págs. 376--380). Se pronunciaron contra la firma de la paz los representantes mencheviques, eseristas de derecha y de izquierda y anarquistas-comunistas. Fue aprobada por 116 votos contra 85 y 26 abstenciones una resolución presentada por los bolcheviques, en la que se aceptaban las condiciones de paz alemanas. La mayoría de los "comunistas de izquierda" no participó en la votación, abandonando el salón de sesiones. Los líderes de los "comunistas de izquierda" y de los trotskistas votaron provocadoramente en contra de la firma de la paz.

El discurso del eserista de izquierda Shteinberg, al que se refiere Lenin, no fue publicado.---584.

La evacuación del gobierno de Petrogrado a Moscú con motivo de la ofensiva emprendida por los invasores alemanes en febrero de 1918 se discutió el día 26 de dicho mes en una reunión del Consejo de Comisarios del Pueblo. Lenin escribió en ella el proyecto de disposición acerca de la evacuación del gobierno, publicado en este tomo. El acuerdo definitivo de trasladar la capital a Moscú fue adoptado por el IV Congreso Extraordinario de los Soviets de toda Rusia en marzo de 1918.---587.

Se trata de la resolución aprobada por el Buró regional de Moscú del POSD (bolchevique) de Rusia, del que se apoderaron temporalmente los "comunistas de izquierda" en el período en que el partido luchaba por la paz de Brest; en la primavera de 1918, el Buró desempeñaba de hecho el papel de centro fraccionista y antipartido de los "comunistas de izquierda''. La resolución escisionista y antisoviética de que habla Lenin fue presentada en una reunión estrecha del Buró después de haber aceptado el CC del partido las nuevas condiciones de paz propuestas por los alemanes.---588.

Se trata de la votación sobre el problema de la paz con Alemania en la reunión del CC del partido con un grupo de funcionarios del partido celebrada el 21 de enero (3 de febrero) de 1918. Lenin, Serguéiev (Artiom) y otros votaron en pro de firmar la paz; los "comunistas de izquierda" Obolenski (Osinski) y Stúkov votaron contra la posibilidad de toda clase de negociaciones y tratados con los imperialistas. La mayoría de los "comunistas de izquierda" adoptó durante la votación una posición ambigua: al mismo tiempo que admitía la posibilidad de concertar la paz "en general" entre los Estados socialistas y los Estados imperialistas, votó contra la firma inmediata de la paz con Alemania.---591. £/ VII Congreso Extraordinario del PC(b) de Rusia---el primero del Partido Comunista después de la victoria de la Gran Revolución Socialista de Octubre---se celebró del 6 al 8 de marzo de 1918 en el Palacio de Táuride de Petrogrado. Fue convocado para resolver definitivamente la cuestión del Tratado de Paz con Alemania, en torno a la cual había empeñado tenaz lucha en el seno del partido.

Asistieron 47 delegados con voz y voto y 59 con voz pero sin voto en representación de 170.000 militantes de organizaciones tan numerosas como las 803 de Moscú, Petrogrado. los Urales y la región del Volga entre otras. Por entonces el partido contaba con unos 300.000 militantes. Pero gran parte de sus organizaciones no pudo enviar delegados debido a la urgencia con que se convocó el congreso o a que varios territorios del País Soviético estaban temporalmente ocupados por los alemanes.

El congreso aprobó el siguiente orden del día: un informe de balance del Comité Central; la cuestión de guerra o paz; revisión del programa y cambio de nombre del partido, cuestiones de organización; elecciones al CC.

Lenin dirigió todas las labores del congreso. Pronunció el informe político del CC y el informe sobre la revisión del programa y el cambio del nombre del partido; participó también en los debates, haciendo uso de la palabra dieciocho veces.

Después del informe político, Bujarin, líder de los "comunistas de izquierda'', pronunció un coinforme en el que propaló la aventurera exigencia de hacer la guerra a Alemania. En torno a los informes hubo una acalorada discusión, en la que participaron 18 delegados. Bajo la influencia de los convincentes argumentos de Lenin, una parte de los "comunistas de izquierda" revisó sus criterios. Tras de aprobar por unanimidad el informe de balance del CC, el congreso pasó a discutir la resolución de la guerra y la paz. Rechazó las Tesis acerca del momento actual, presentadas por los "comunistas de izquierda" como resolución, y aprobó en votación nominal, por 30 votos contra 12 y 4 abstenciones, la resolución de Lenin sobre la paz de Brest (véase el presente volumen, pág. 634, 635).---

Luego el congreso discutió en torno a la revisión del programa y el cambio de nombre del partido; sobre ello Lenin pronunció un informe basado en el Borrador de un proyecto de programa, que él había escrito y había sido repartido a los delegados al empezar el congreso. Tras de señalar que el nombre del partido debe reflejar los fines planteados, Lenin propuso cambiárselo por el de Partido Comunista (bolchevique) de Rusia y modificar su programa. Tras de votar unánimemente en pro de la resolución de Lenin, el congreso aprobó el nombre del partido propuesto por Lenin. Para dar la redacción definitiva al nuevo programa, eligió una comisión de siete miembros encabezados por Lenin.

El congreso eligió en votación secreta un Comité Central de 15 miembros y 8 suplentes. Los "comunistas de izquierda" Bujarin, Lómov (Oppókov) y Uritski, elegidos al Comité Central, declararon al congreso que se negaban a trabajar en este organismo, negativa que mantuvieron durante varios meses, pese a las reiteradas conminaciones categóricas del CC.

El VII Congreso del partido tuvo gran importancia histórica. Confirmó la justedad de la línea política de Lenin a ganar una tregua, derrotó a los desorganizadores del partido---"comunistas de izquierda" y trotskistas---y enfiló el Partido Comunista y a la clase obrera a cumplir las tareas fundamentales de la edificación del socialismo. Los acuerdos del congreso se discutieron ampliamente en las organizaciones de base del partido y obtuvieron la aprobación general a despecho de que proseguía la labor escisionista de los "comunistas de izquierda".

El IV Congreso Extraordinario de los Soviets de toda Rusia, que se celebró poco después, del 14 al 16 de marzo, ratificó el Tratado de Paz de Bresl.---595.

Se trata de la posición capituladora de Kámenev, Zinóviev, Rykov y otros, que exigían en los primeros días de la Revolución de Octubre de 1917 la formación de un "gobierno socialista homogéneo" con participación de los partidos contrarrevolucionarios: mencheviques y eseristas.---598.

=

~^^15^^ Lenin se refiere a la declaración hecha por Trotski el 28 de enero (10 de febrero) de 1918 durante las negociaciones con el Mando alemán en Brest-Litovsk.---606.

804

Se trata del juramento de fidelidad al zar que debían prestar por escrito los miembros de la III Duma el día de la apertura de ésta: 1 (14) de noviembre de 1907. El diputado que se negaba a hacer este juramento por escrito era excluido de la Duma. Teniendo en cuenta que la negativa a prestar juramento significaría perder la tribuna de la Duma, necesaria para movilizar al proletariado a la lucha revolucionaria, los diputados socialdemócratas firmaron el juramento con lodos los demás diputados.---609.

= ^^1^^ F.l término "la revolución internacional en los frentes" fue utilizado por V.Obolenski (N.Osinski) en sus Tesis acerca del problema de la guerra y la paí, escritas para la reunión del CC del partido celebrada el 21 de enero (3 de febrero) de 1918 y publicadas el 14 de marzo en el núm. 8 del periódico Kommunist, órgano de los "comunistas de izquierda''. Obolenski explicaba este término con las siguientes palabras: "La guerra revolucionaria, como guerra civil en los frentes, no puede tener el carácter de acciones militares regulares efectuadas por ejércitos nacionales que realizan operaciones estratégicas... Las operaciones tienen un carácter de guerra de guerrillas (análoga a la lucha de barricadas) y se mezclan con la agitación clasista".---610.

Paz de Tilsit: tratado de paz firmado por la Francia napoleónica con Rusia y Prusia en julio de 1807 después de terminada la campaña de 1806--1807. Las condiciones de la paz de Tilsit eran duras y humillantes en extremo para Prusia. Además de perder una parte considerable de su territorio ( comprendidas todas las posesiones al oeste del Elba), Prusia se convertía, de hecho en un país ocupado, ya que la retirada de las tropas francesas se hacía depender del pago de una contribución de 100 millones de francos.

Al hablar de la paz de Tilsit, Lenin compara con ella la paz de Brest-Litovsk.---611.

``Kommunist" ``(El Comunista''): diario fraccionista de los "comunistas de izquierda''; apareció en Petrogrado en marzo de 1918 como "órgano del Comité de Petersburgo y del Comité comarcal de Petersburgo del POSDR''. Dejó de publicarse el 20 de marzo de 1918 por acuerdo de la Conferencia de Petrogrado del partido, la cual hizo constar que la política del Comité de Petrogrado, expresada en las páginas del periódico fraccionista Kommunist, era profundamente errónea y no podía ser considerada en modo alguno como la política de la organización de Petrogrado del Partido Comunista. La conferencia declaró que, en lugar de Kommunist, pasaba a ser ógrano de la organización de Petrogrado el periódico Pelrográdskaya Pravda ``(La Verdad de Petrogrado'').---611.

Lenin se refiere, por lo visto, a los días comprendidos entre el comienzo de la ofensiva alemana---18 de febrero---y la llegada de la delegación soviética a Brest-Litovsk (28 de febrero de 1918). La ofensiva de los invasores alemanes duró dos semanas: desde el 18 de febrero hasta el 3 de marzo, día en que se firmó el tratado de paz.---613.

Se alude a la resolución antipartido aprobada el 24 de febrero de 1918 en una reunión restringida del Buró regional de Moscú del POSD(b) de Rusia, del que se habían apoderado temporalmente los "comunistas de izquierda''. Véase el análisis y la crítica de esta resolución en el artículo de Lenin Peregrino y monstruoso (págs. 588--594 del presente volumen).---614.

Lenin se refiere a la conversación sostenida en febrero de 1918 con el conde de Lubersac, representante de la misión militar francesa en Rusia.---619.

y¿s

Se alude al llamamiento del Comisariado del Pueblo de Asuntos Militares acerca de la instrucción militar voluntaria y general con motivo de la 805 desmovilización total del ejército ruso en cumplimiento de las condiciones del tratado de paz con los alemanes. El llamamiento se publicó en el núm. 40 de Izvestia del CEC de toda Rusia el 5 de marzo de 1918.---619.

Canosa: castillo en el norte de Italia. En 1077, el emperador de Alemania Enrique IV, después de ser derrotado en la lucha contra el papa Gregorio VII, se vio obligado a arrepentirse y permanecer durante tres días vestido de penitente ante las puertas del castillo para emanciparse de la excomunión y recuperar el poder imperial. Este hecho dio origen a la frase "ir a Canosa'', que significa arrepentirse, reconocerse culpable, humillarse ante el enemigo.---620.

~225

De acuerdo con el tratado de armisticio firmado el 2 (15) de diciembre de 1917

en Brest-Litovsk por el Gobierno soviético y las potencias de la Cuádruple Alianza (Alemania, Austria-Hungría, Bulgaria y Turquía), cualquiera de las parles contratantes podía reanudar las hostilidades advirtiendo de ello con siete días de antelación. Los imperialistas alemanes, violando el acuerdo, anunciaron la reanudación de las hostilidades por su parte el 16 de febrero, es decir, dos días antes de empezar la ofensiva.---621.

=

~^^226^^ En virtud del tratado de Brest, firmado el 3 de marzo de 1918, el gobierno alemán impuso a la República Soviética la obligación de concluir la paz con la contrarrevolucionaria Rada ucrania, creada en abril de 1917 en Kíev por el bloque de partidos nacionalistas burgueses y pequeñoburgueses ucranios, con V. Vinnichenko al frente. Durante las negociaciones de paz de la República Soviética con los alemanes, la Rada envió una delegación a Brest-Litovsk. Como resultado de la lucha entablada en el territorio de Ucrania entre la Rada y el Gobierno soviético de Ucrania, formado en diciembre de 1917, la Rada fue derrocada. El 27 de enero (9 de febrero), ya proclamado el Poder soviético en Kíev, la Rada, a espaldas de la delegación soviética, concertó un tratado de paz por separado con los alemanes. De acuerdo con él, la Rada entregaba a Alemania trigo, carbón y demás materias primas ucranias, recibiendo a cambio ayuda militar contra el Poder soviético. La Rada restauró su poder en Ucrania con la protección y el apoyo de las bayonetas de los imperialistas alemanes. Ucrania, traicionada por la Rada, se convirtió de hecho en una colonia del imperialismo alemán.

Las conversaciones de paz entre el Gobierno soviético y la Rada, impuestas por el tratado de Brest, no llegaron a celebrarse. El 29 de abril de 1918, la Rada fue derribada por las fuerzas armadas alemanas y sustituida con un gobierno del hetmán Skoropadski, monárquico.

Las conversaciones de paz entre la República Soviética y el gobierno de Skoropadski empezaron el 23 de mayo, firmándose el armisticio el 14 de junio de 1918.---621.

=

~^^227^^ El 12 de mano: fecha en que se pensaba celebrar el IV Congreso Extraordinario de los Soviets de toda Rusia para decidir la ratificación del tratado de paz.---621.

=

~^^228^^ La Resolución sobre la guerra y la />az aprobada en el VII Congreso del partido no debía publicarse en aquel período---por acuerdo del propio congreso---y sólo vio la luz el 1 de enero de 1919 en el diario Kommunar ``(El Comunero''), que editó en Moscú el CC del PC(b) de Rusia desde el 9 de octubre de 1918 hasta el 5 de marzo de 1919.---625.

Zinóviev intervino en el congreso contra la propuesta de Lenin de que no se hiciera pública la resolución sobre la guerra y la paz. Sin embargo, su opinión fue rechazada. El congreso aprobó por mayoría de votos la adición de Lenin.---627.

806

La cuestión de revisar el programa del partido se discutió en la Vil Conferencia (Conferencia de Abril) de loda Rusia (véase el presente volumen, págs. 118--119) y figuró luego en el orden del día del VI Congreso del POSD(b) de Rusia. Después de ratificar el acuerdo de la Conferencia de Abril sobre la necesidad de revisar el programa, el VI Congreso encomendó al CC que organizase una amplia discusión en torno a las cuestiones programáticas. Durante el verano y el otoño de 1917 tuvo lugar en el seno del partido una discusión teórica. El CC del POSD(b) de Rusia, después de examinar varias veces la cuestión del programa, constituyó en la reunión del 5 (18) de octubre de 1917 una comisión especial, presidida por Lenin, a la que se encargó de preparar el programa del partido para el congreso ordinario, que se pensaba celebrar en otoño del mismo año. Finalmente, el CC acordó el 24 de enero (6 de febrero) de 1918 encomendar la confección del proyecto de programa a una nueva comisión presidida por Lenin. Este escribió el Borrador de un proyecto de programa, que completó el Proyecto de modificaciones a las partes teórica, política y algunas otras del programa, de 1917. El Borrador fue entregado a los delegados al VII Congreso del partido como tema de discusión. Sin embargo, el congreso no discutió el programa en detalle y encargó la redacción definitiva del proyecto a una comisión especial, con Lenin al frente, aprobando como tesis fundamentales para la revisión del programa la resolución propuesta por Lenin. El programa del partido fue aprobado en su redacción definitiva sólo en marzo de 1919, en el VIII Congreso del PC(b) de Rusia.---628.

La cuestión del cambio de nombre del partido fue planteada por Lenin ya en 1914, a comienzos de la primera guerra mundial (véase V. I. Lenin. O.C., t. 26, págs. 94--95). Lenin argumentó la necesidad de cambiar la denominación del partido en las Tesis de Abril, en el folleto Las tareas del proletariado en nuestra revolución y en numerosos artículos y discursos de 1917 (véase el presente volumen, págs. 35, 67, 68, 353--355, así como V. I. Lenin. O.C., t. 31, págs. 245 y 249). Esta cuestión no se discutió ni en la Conferencia de Abril de 1917 del POSD(b) de Rusia ni en el VI Congreso del partido (fines de julio y comienzos de agosto del mismo año); sólo en el VII Congreso se acordó, sobre la base del informe de Lenin, cambiar el nombre del partido.---628.

Lenin cita la carta enviada por F.Engels a A. Bebel, con fecha 18--28 de marzo de 1875, acerca del Programa de Gotha.---628.

23^

Se trata de dos recopilaciones con el mismo título: Documentos sobre la revisión del programa del partido. Una de ellas fue publicada en Petrogrado en 1917 por la Editorial Pribói. Redacción y prefacio de N. Lenin (véase V. I. Lenin. O.C., t. 32, págs. 135--162). La otra apareció en Moscú, siendo publicada por la Editorial del Buró regional de la zona industrial de Moscú del POSDR en el mismo año. En su artículo A propósito de la revisión del programa del partido, Lenin criticó los puntos de vista oportunistas que contenía la recopilación de Moscú (Véase V. I. Lenin. O.C., t. 34, págs. 351--381).---629.

807 de saqueos y conquistas" y se exhortaba al partido a "luchar con redoblada energía contra el imperialismo".

Durante la primera guerra mundial, los jefes de la II Internacional traicionaron los acuerdos de los congresos socialistas internacionales, entre ellos las resoluciones aprobadas en Chemnitz.

Véase en el presente volumen la nota núm. 4, dedicada al Congreso Socialista Internacional de Basilea.---633.

237 El Decreto sobre la Tierra se publicó en varias lenguas extranjeras a comienzos de 1918. En febrero de dicho año apareció en inglés en Petrogrado; véase Decree on the land ``(Decreto sobre la Tierra'') en el libro Decrees issued by the revolutionary peoples government, vol. 1, Petrograd, february 1918 ``(Decretos promulgados por el gobierno revolucionario popular'', t. 1, Petrogrado, febrero de 1918), págs. 2-6.---639.

Al elegirse el CC en el VII Congreso del partido, los "comunistas de izquierda'', encabezados por Bujarin, declararon que se negaban a formar parte del CC. El congreso exigió a los "comunistas de izquierda" que cesaran su actividad escisionista, la cual ponía en peligro la unidad del partido. A propuesta de Lenin, el congreso, confiando en que los "comunistas de izquierda" corregirían sus errores, eligió representantes de los mismos para el CC. Sin embargo, los "comunistas de izquierda" se negaron ostensiblemente a actuar en el CC y, pese a los repetidos acuerdos y propuestas categóricas del CC, no participaron en su labor. En su Nota acerca de la conducta de los "comunistas de izquierda" (véase V. I. Lenin. O.C., t. 36, pág. 77), Lenin enjuició la actividad escisionista de los "comunistas de izquierda".---642.

~239

El artículo La tarea principal de nuestros días y la obra de Lenin Acerca del

infantilismo ``izquierdista'' y del espíritu peaueñoburgués (véase el presente volumen, págs. 643--646, 710--734) fueron unidos y reeditados en mayo de 1918 en un folleto, titulado La tarea principal de nuestros días, con el siguiente prefacio de Lenin:

``Se han unido en este folleto dos artículos periodísticos: uno de Izvestia del CEC de toda Rusia, del 12.III.1918, y otro de Pravda, del 9-11.V.1918. Ambos artículos abordan distintos aspectos de un mismo tema, expresado en el título del folleto.

Moscú, 17.V.1918. El Autor".--- 643.

Lenin cita como epígrafe unas palabras del poema de N. Nekrásov Quién vive bien en Rusia.---643.

241 El IV Congreso Extraordinario de los Soviets de loda Rusia se celebró en Moscú del 14 al 16 de marzo de 1918. Fue convocado para decidir si debía ratificarse el Tratado de Paz de Brest-Litovsk. La víspera de la inauguración del congreso, el 13 de marzo, se celebró una reunión de los delegados bolcheviques al IV Congreso, en la que Lenin presentó un informe sobre el tratado de Brest-Litovsk, (véase Recopilación Leninista, XI, ed. en ruso, 1931, págs. 67--70). La votación preliminar en el grupo bolchevique dio los siguientes resultados: 453 votos a favor de la resolución de Lenin en pro de la ratificación del tratado de Brest-Litovsk, 36 votos en contra y 8 abstenciones.

Según datos de las actas taquigráficas, al IV Congreso Extraordinario de los Soviets de toda Rusia asistieron 1.232 delegados con voz y voto, de ellos 795 bolcheviques, 283 eseristas de ``izquierda'', etc. El congreso examinó las siguientes cuestiones: ratificación del tratado de paz, traslado de la capital, elección de cargos. Lenin presentó el informe sobre la ratificación del tratado de paz; B.Kamkov, en nombre de los eseristas de ``izquierda'', hizo un coinforme contra la ratificación. El congreso aprobó en votación nominal la

2S4

``Spartak'' (``Espartaco''): revista semanal del Buró regional de Moscú, del

Comité de Moscú y (desde el núm 2) del Comité Comarcal de Moscú de POSD(b) de Rusia; se publicó en Moscú, con interrupciones, desde el 20 de mayo (2 de junio) hasta el 29 de octubre (11 de noviembre) de 1917.---629.

Lenin cita el Prefacio al folleto de Borkheim "En memoria de los patrioteros de 1806--1807'', escrito por F.Engels el 15 de diciembre de 1887.---630.

El Congreso de Chemnitz de la socialdemocracia alemana, celebrado del 15 al 21 de septiembre de 1912, aprobó la resolución Acerca del imperialismo. En ella se definía la política de los Estados imperialistas como "una desvergonzada política 808 resolución propuesta por Lenin. Votaron a favor de la ratificación del tratado de paz 784 delegados, en contra 261; se abstuvieron 115, entre ellos los "comunistas de izquierda'', quienes leyeron en el congreso una declaración exponiendo las causas de su abstención.

El congreso aprobó la disposición, escrita por Lenin, acerca del traslado de la capital a Moscú y eligió un nuevo Comité Ejecutivo Central, compuesto de 200 miembros.---647.

El proyecto de resolución fue escrito en respuesta al mensaje del presidente de los Estados Unidos de América W.Wilson, con el cual se proponía influir, expresando hipócrita condolencia al pueblo ruso con motivo de la ocupación del litoral Báltico, Bielorrusia y Ucrania por los alemanes, en la resolución del congreso e impedir que la Rusia Soviética ratificara la paz con Alemania.

Leyó el proyecto de resolución Sverdlov, y el congreso lo aprobó.---649.

Se alude al discurso que pronunció el oficial Dubásov el 22 de septiembre (5 de octubre) de 1917 en una reunión del Soviet de Petrogrado. Lenin habla de este discurso en su artículo La crisis ha madurado (véase el presente volumen, págs. 396--404).---659.

La obra de Lenin "Las tareas inmediatas del Poder soviético" se titulaba en el manuscrito Tisú acerca de las tareas del Poder soviético en el momento actual. Antes de empezar a escribir el artículo, Lenin preparó distintas variantes del plan del mismo. Dictó el borrador inicial a un taquígrafo entre el 23 y el 28 de marzo de 1918 (véase V. I. Lenin. O.C., t. 36, págs. 127--164). Luego escribió de nuevo las Tesis, que se discutieron en una reunión del CC del partido celebrada el 26 de abril de 1918. El CC las aprobó y acordó que se publicasen como un artículo en Prarda e hvestia del CEC de toda Rusia y en un folleto. En esa misma reunión, el CC encargó a Lenin que presentase un informe sobre Los tareas inmediatas del Poder soviético en la sesión del Comité Ejecutivo Central de toda Rusia y preparase una breve exposición de las Tesis en forma de resolución (véase el presente volumen, págs. 706--708).

La obra Las tareas inmediatas del Poder soviético tuvo inmensa importancia histórica. Lenin expuso en ella un plan concreto y científicamente argumentado de reorganización del régimen económico del país sobre bases socialistas, así como los principios fundamentales de la política económica del Estado proletario en el período de transición del capitalismo al socialismo.---669. El Consejo de Comisarios del Pueblo dispuso el 18 de noviembre (1 de diciembre) de 1917 que el sueldo máximo mensual de los Comisarios del Pueblo fuese de 500 rublos. Poco después, el Consejo de Comisarios del Pueblo, respondiendo a una petición del Comisariado del Pueblo del Trabajo, consideró admisible una remuneración más elevada para los especialistas de la ciencia \ la técnica altamente calificados.---682.

El Decreto sobre las cooperativas de consumo fue aprobado por el Consejo de Comisarios del Pueblo el 10 de abril de 1918. ratificado en la sesión del Comité Ejecutivo Central de toda Rusia el 11 de abril de 1918 y publicado, con la firma del Presidente del Consejo de Comisarios del Pueblo, Uliánov (Lenin), el 13 de abril (31 de marzo) en el núm. 71 de Pravda y el 16 de abril en el núm. 75 de ¡zvestia del CEC de toda Rusia. Lenin introdujo varias enmiendas en el proyecto de decreto, escribiendo íntegramente los puntos 11, 12 y 13 del mismo.---687.

Se alude al Reglamento sobre la disciplina de trabajo aprobado por el Consejo de los sindicatos de toda Rusia, que se publicó en abril de 1918, en el núm. 2 de la revista \arodnoie Joziaistvo ``(Economía Nacional'').---690.

809

Se alude al decreto del Consejo de Comisarios del Pueblo "Sobre la centralización de la administración, la protección de los ferrocarriles y la elevación de su capacidad de tráfico". El proyecto de decreto fue sometido por vez primera a examen del Consejo de Comisarios del Pueblo el 18 de marzo de 1918, pasando después a una comisión especial para ser re-elaborado. Se propuso a la comisión que, al examinar el proyecto, se guiara por las siguientes indicaciones de Lenin: 1) Mayor centralización. 2) Nombramiento de responsables en cada centro local, a elección de las organizaciones ferroviarias. 3) Cumplimiento obligatorio de sus órdenes. 4) Derechos dictatoriales de los destacamentos de protección militar encargados de asegurar el orden. 5) Medidas para inventariar sin demora el material rodante y su ubicación. 6) Medidas para crear la sección técnica 7) Combustible. El proyecto de decreto volvió a ser discutido en el Consejo de Comisarios del Pueblo el 21 de marzo. Lenin introdujo en él enmiendas y adiciones, escribió el segundo punto y redactó definitivamente tcxlo el decreto. Este fue aprobado por el Consejo de Comisarios del Pueblo el 23 de marzo de 1918 y publicado tres días después con la firma del Presidente del Consejo de Comisarios del Pueblo, V. Uliánov (Lenin).---697.

=

~^^9^^ " Vperiod" (``Adelante''): diario menchevique, órgano de los comités de Moscú y de la Región Central del POSD (menchevique) de Rusia; desde el 2 de abril de 1918, órgano también del CC menchevique. Se publicó en 1917--1918, siendo clausurado a fines de abril por su actividad contrarrevolucionaria.---699.

``Nash Viek" ``(Nuestro siglo''): uno de los títulos del periódico Riech, órgano central del Partido Demócrata Constitucionalista.---699.

' Lenin tiene en cuenta y cita la obra de F. Engels Anti-Dühring (véase F. F.ngcls. Anti-Dühring, ed. en ruso, 1957, pág. 267).---702.

Las "Seis tesis acerca de las tareas inmediatas del Poder soviético" fueron aprobadas por el CC del partido en una reunión que celebró el 3 de mayo de 1918. El 29 de abril de 1918, Lenin pronuncie') un informe sobre Las tareas inmediatas del Poder soviético en la sesión del Comité Ejecutivo Central de toda Rusia. El CEC de toda Rusia aprobó las tesis expuestas por Lenin en el informe y encomendó su redacción definitiva al Presidium del CEC de toda Rusia juntamente con el informante. Lenin resumió en seis tesis las ideas fundamentales que había desarrollado en su artículo Las tareas inmediatas del Poder soviético y en el Informe sobre las tareas inmediatas del Poder soviético. Las tesis fueron publicadas como apéndice al folleto de Lenin Las tareas inmediatas del Poder soviético, editado dos veces en 1918, y en las Actas de las reuniones del CEC de toda Rusia de la cuarta legislatura, en 1920.---706.

Lenin escribió el "Borrador del plan de trabajos tecnocirntíficos" con motivo del mensaje enviado por la Academia de Ciencias al Gobierno soviético a fines de marzo de 1918, en el cual se proponía que se incorporase a los científicos al estudio de las riquezas naturales del país. La propuesta de la Academia fue discutida el 12 de abril de 1918 en la reunión del Consejo de Comisarios del Pueblo, acordándose "ir al encuentro de esta propuesta" y "considerar necesario subsidiar los trabajos correspondientes de la Academia''. En la disposición del Consejo de Comisarios del Pueblo se destacaba la tarea de "resolver sistemáticamente los problemas de la acertada distribución geográfica de la industria en el país y la utilización más racional de su potencial económico".---709.

``Kommunist" ``(El Comunista''): revista semanal, órgano fiaccionista del grupo antipartido de los "comunistas de izquierda''; se publicó en Moscú clc-sclc e! 20 de abril hasta junio de 1918, apareciendo cuatro números.---710.

810

Nozdriou: Personaje de la obra de N.Gógol Las almas muertas, que encarna el tipo del hombre presuntuoso, fresco y embustero.---714.

Véase la obra de F.Engels El problema campesino en Francia y en Alemania (C.Marx y F.Engels. Obras Escogidas en dos tomos, ed. en español, t. II, pág. 466).---725.

Cita de un epigrama de A.Pushkin.---731.

=

~^^258^^ Lenin escribió el proyecto de "Tesis sobre la situación política actuar el 10 de mayo de 1918, siendo aprobadas en su redacción definitiva por el CC el 13 de mayo de 1918. Sobre la base de estas Tesis y por encargo del CC, Lenin pronunció ese mismo día un informe en la Conferencia de Moscú del partido, que aprobó dichas Tesis por mayoría en calidad de resolución.

Lenin desarrolló con la mayor plenitud las Tesis sobre la situación política actual el 14 de mayo, en un informe sobre la política exterior ante la reunión conjunta del CEC de toda Rusia y del Soviet de Moscú. Ese mismo día, las Tesis fueron aprobadas por la Conferencia comarcal de Moscú, y el 15 de mayo, por la Conferencia regional de Moscú del PC(b) de Rusia después de discutir el informe de Lenin acerca del momento (véase V. I. Lenin. O.C., t. 36, págs. 327--345, 346).---735.

£1 íí Congreso de Comisarios del Trabajo de toda Rusia se celebró en Moscú en mayo de 1918. Asistieron a él cerca de 600 delegados, que representaban a los Comisariados del Trabajo regionales, provinciales y distritales, Bolsas de Trabajo, Cajas de Socorro a los enfermos, agrupaciones regionales de Cajas de Seguros, Consejo Central de los sindicatos y otras organizaciones. El congreso discutió un informe del Comisariado del Pueblo del Trabajo, otro sobre la elevación de la productividad del trabajo y la disciplina laboral y otros acerca de la situación de la industria. Lenin pronunció un discurso sobre la elevación de la productividad del trabajo y de la disciplina laboral. El congreso aprobó una resolución sobre esta cuestión en la que señalaba la necesidad de crear organismos locales encargados de regular los salarios y el trabajo; aprobó una ley de protección del trabajo.---746.

El I Congreso Nacional de los Consejos de Economía se celebró del 26 de mayo al 4 de junio de 1918. Asistieron a él 104 delegados con voz y voto y 148 sólo con voz; la inmensa mayoría (el 70%) eran bolcheviques. El congreso fue convocado para resolver el problema, importantísimo en aquellos tiempos, de los métodos de organización de la economía nacional en plena guerra civil. Los representantes de los "comunistas de izquierda'', así como de los mencheviques y eseristas de derecha, intervinieron en el congreso contra el plan leninista de organización de la economía nacional, contra la centralización de la administración. Sin embargo, el congreso apoyó por mayoría de votos las resoluciones bolcheviques. Consideró necesario seguir pasando a la nacionalización general haciéndola extensiva no sólo a las ramas fundamentales de la industria, sino también a las grandes empresas comerciales privadas. El congreso aprobó el reglamento sobre la administración de las empresas nacionalizadas, una disposición acerca del intercambio de mercancías entre la ciudad y el campo y un proyecto de reorganización del Consejo Superior de Economía Nacional. Señaló también medidas de lucha por la disciplina laboral y por elevar la productividad del trabajo.---750.

1861: año en que se abolió la servidumbre en Rusia.---755.

811 __ALPHA_LVL1__ ÍNDICE DE NOMBRES

Abramóvich (Rein), Rafaíl Abramóvich (1880--1963): uno de los líderes del Bund, organización nacionalista pequeñoburguesa hebrea. Después de la Revolución Socialista de Octubre luchó contra el Poder soviético, abogó por un gobierno de coalición, en el que participasen los mencheviques y los eseristas, y se pronunció contra la firma de la paz de Brest. En 1920 emigró a Alemania.---511.

Adler, Federico (1879--1960): uno de los líderes de los socialdemócratas de derecha austríacos. En 1916, en señal de protesta contra la guerra, mató a Stürgck, primer ministro de Austria. Fue uno de los organizadores de la Internacional II y media centrista.---63.

Adler, Víctor (1852--1918): uno de los fundadores de la socialdemocracia austríaca; posteriormente, uno de los líderes reformistas de la II Internacional. Durante la primera guerra mundial (1914--1918), adoptó una actitud centrista, predicó la "paz entre las clases" y combatió las acciones revolucionarias de la clase obrera.---60, 396.

Alejandro I (1777--1825): emperador ruso de 1801 a 1825.---133, 664.

Alexéiev, Mijaíl Vasílievich (1857--1918): general del ejército zarista; después de la revolución de febrero de 1917, comandante en jefe y, luego, consejero militar del Gobierno Provisional burgués. Cuando triunfó la Revolución Socialista de Octubre, fue uno de los organizadores principales de la contrarrevolución.---238, 285, 583.

Aléxinskí, Grigori Alexéievich (n. 1879): socialdemócrata ruso; después de la derrota de la revolución de 1905--1907 fue otzovista y reclamó que los diputados socialdemócratas se retiraran de la Duma de Estado; durante la primera guerra mundial fue socialchovinista; luego se pasó al campo de la contrarrevolución y emigró después de la Revolución Socialista de Octubre.---183--186, 193, 199--201, 445.

Avílov (Glébov) N.P. (1887--1942): miembro del partido de los bolcheviques desde 1904. Después de la Revolución Socialista de Octubre fue Comisario del Pueblo de Correos y Telégrafos en el primer Gobierno soviético.---494.

Avxéntiev, Nikolái Dmítrievich (1878--1943): uno de los líderes del partido de los eseristas. Después de la revolución democrática burguesa de febrero de 1917, presidente del Comité Ejecutivo del Soviet de diputados campesinos de toda Rusia. De julio a agosto de 1917, ministro del Interior del Gobierno Kerenski. Después de la Revolución Socialista de Octubre, uno de los organizadores de las acciones contrarrevolucionarias contra el Poder soviético; luego emigró.---255, 300, 326, 411, 454, 489, 551, 598.

Axelrod, Pável Borísovich (1850--1928): socialdemócrata, participó en la constitución del primer grupo marxista ruso, denominado Emancipación del Trabajo. Después del II Congreso del POSDR (1903) se hizo menchevique. Durante la primera guerra mundial (1914--1918) fue centrista y participó en las conferencias de 812 Zimmerwald v Kienthal, donde se adhirió al ala derecha. Después de la revolución democrática burguesa de febrero de 1917 apoyó al Gobierno Provisional burgués. Fue hostil a la Revolución Socialista de Octubre; en la emigración propagó la intervención armada contra la Rusia Soviética.---61.

tico burgués ruso. En 1918 escribió varios artículos calumniosos contra el Poder soviético.---693. Berger, Viciar (1860--1929): socialista de derecha norteamericano. Uno de los organizadores y dirigentes del Partido Socialista de América. Durante la guerra imperialista mundial tuvo una actitud pacifista y se pronunció contra el reconocimiento de la Rusia Soviética por el gobierno estadounidense.---59.

Berkenheim, Alexandr Moiséievich (1880--1932): eserista. Después de la revolución de febrero de 1917 fue presidente del Comité de Abastos de Moscú. Después de la Revolución Socialista de Octubre, estando en el extranjero como representante de la Unión Central de Cooperativas, desplegó actividades contra el Estado soviético.---411.

Bernatski, Mijaü Vladímirovich (n. 1876): político y economista ruso. Desde septiembre de 1917, ministro de Hacienda del Gobierno Provisional burgués de Kerenski y luego de los gobiernos de guardias blancos de Denikin y Wrangel. Emigró.---252

Bernstein, Eduardo (1850--1932): uno de los líderes del ala oportunista de la socialdemocracia alemana y de la II Internacional, ideólogo del revisionismo. En 1896--1898 publicó en la revista Die Neue Zeit ``(Tiempos Nuevos'') una serie de artículos en los que se pronunció abiertamente contra las tesis fundamentales del marxismo revolucionario, contra la doctrina de la revolución socialista, la dictadura del proletariado y la transición inevitable del capitalismo al socialismo.---324, 330--332, 373--375, 378, 380, 382, 383, 391. Beylis, Mendel (n. 1873): en 1913 el gobierno zarista instruyó un proceso judicial al hebreo Beylis, acusado calumniosamente de 813 haber asesinado a un niño cristiano con supuestos fines rituales. El proceso fue una clara expresión de la política antisemita y chovinista del gobierno zarista, reforzada especialmente en vísperas de la primera guerra mundial, durante el nuevo auge revolucionario en Rusia. En varias ciudades hubo manifestaciones de protesta de los obreros. El tribunal absolvió a Beylis.---200. Bwmarck, Otlo (1815--1898): principe, monárquico y estadista prusiano. Fue canciller del Imperio Alemán de 1871 a 1890. Llevó a cabo la unificación de Alemania por la vía de la violencia, bajo la hegemonía de Prusia.---299. Bissolati, Leónidas (1857--1920): uno de los fundadores del Partido Socialista Italiano. Encabezó su ala derecha. Durante la primera guerra mundial (1914--1918) fue sodalchovinista.---59, 325. Blanc, Luis (1811--1882): socialista pequeñoburgués e historiador francés. Negaba la inconciliabilidad de las contradicciones entre las clases en el capitalismo y fue contrario a la revolución proletaria. Durante la revolución de febrero de 1848 en Francia entró en el Gobierno Provisional. Con su táctica conciliadora ayudó a la burguesía a desviar a los obreros de la lucha revolucionaria.---284, 549.

Blanqui, Luis Augusto (1805--1881): insigne revolucionario francés, destacado representante del comunismo utópico que encabezó varias sociedades secretas revolucionarias. Se pasó más de 36 años en las cárceles. Al pretender conquistar el poder con un grupo reducido de revolucionarios conspiradores, no comprendía el papel decisivo de la organización de las masas para la lucha revolucionaria. Marx, Engels y Lenin éneo miaron los méritos revolucionarios de Blanqui, pero, al mismo tiempo, criticaron acerbamente sus errores y lo equivocado de la táctica de las confabulaciones.---40, 90, 106, 229, 374, 391.

Bóbrinski, Vladímir Alexéievich (n. 1868): monárquico ruso, gran terrateniente y fabricante de azúcar.---254.

Bogaievski, Mitrofán Petróvich (1881--1918): uno de los dirigentes de la contrarrevolución en el Don en 1917 y 1918. Fue detenido a principios de 1918 por las autoridades soviéticas, condenado a muerte por los tribunales y fusilado.---676, 680, 701, 728.

Bergbjerg, Federico (1866--1936): socialdemócrata danés, oportunista; en 1917 vino a Rusia a proponer que se convocara una conferencia de los socialistas de los países beligerantes.---109, 133.

Bourderon, Alberto (n. 1858): socialista francés, uno de los líderes del ala izquierda en el movimiento sindicalista. Participó en la Conferencia de Zimmerwald, en la que ocupó una posición centrista. En 1916 se pronunció por el restablecimiento de la II Internacional. En el Congreso del Partido Socialista Francés, celebrado en diciembre de 1916, votó en pro de una resolución centrista que apoyaba la guerra imperialista. Tras de romper definitivamente con los partidarios de Zimmerwald, se pasó al campo de los enemigos del movimiento obrero revolucionario.---62, 64.

Bracke, Guillermo (1842--1880): socialdemócrata alemán, uno de los fundadores y dirigentes del Partido Obrero Socialdemócrata de Alemania (eisenachianos) en 1869; fue amigo de Marx y Engels.---340, 356.

Branting, Carlos Hjalmar (1860--1925): uno de los líderes oportunistas de la socialdemocracia sueca y de la II Internacional.---59, 325, 385.

Bagratión, Dmitri Petróvifh (n. 1865): general zarista, partidario de Kornflov.---285.

Bakunin, Mijail Alexándrovich (1814--1876): revolucionario y publicista ruso, participante en la revolución de 1848--1849 en Alemania; fue uno de los ideólogos del populismo y el anarquismo. En la I Internacional se pronunció como enemigo declarado del marxismo; fue expulsado de la I Internacional en el Congreso de La Hava, en 1872, por su labor escisionista.---331, 342, 372. Bazárov (Rúdnev). Vladímir Alrxándrovich (1874--1939): filósofo y economista ruso. Durante la reacción (1907--1910) criticó la filosofía marxista desde las posiciones del idealismo subjetivo. En 1917 fue uno de los redactores del periódico Novata Zfcizn, de tendencia menchevique. Se pronunció contra la Revolución Socialista de Octubre,---173, 430--432, 469. Btbel, Augusto (1840--1913): uno de los fundadores y personalidades más insignes de la socialdemocracia alemana y de la II Internacional. Luchó activamente contra el revisionismo y el reformismo en el movimiento obrero alemán.---340, 342, 356, 360. Belinski, V'issnrión Grigóriít'irh (1811--1848): gran demócrata revolucionario, crítico literario, publicista y filósofo materialista ruso.---539. licluní.vioi', Alfxéi .SíanisíÓDOvich (Belevs /«) (1859--1919): publicista y poli 814

Breshkóvskaya (Breshko-Breshkóvskaya, Ekaterina Konstantínovna) (1844--1934): uno de los organizadores y dirigentes del partido de los eseristas; pertenecía a su ala derecha extrema. En 1917 apoyó al Gobierno Provisional burgués. Después de la Revolución de Octubre luchó activamente contra el Poder soviético. En 1919 emigró.---291, 417, 428, 429, 440--442, 455.

Briand, Arístides (1862--1932): estadista y diplomático francés; fue reiteradas veces jefe del gobierno y ministro de Negocios Extranjeros. Desempeñó también otras carteras. En 1910 empleó la fuerza armada contra la huelga general de los ferroviarios.---423. Bronstein: véase Trotski, Lev. Búblikov, Alexandr Alexándrovich (n. 1875): ingeniero, representante de los intereses de los grandes comerciantes e industriales; llevó activamente una política de coalición de la burguesía con los mencheviques y los eseristas. Después de la Revolución Socialista de Octubre emigró.---246, 260.

Búbnov, Andréi Serguéievich (1883--1940): destacado dirigente del Partido Comunista y estadista soviético. Ingresó en el Partido Bolchevique en 1903. Después de la revolución democrática burguesa de febrero de 1917 fue miembro del Buró Regional de Moscú del POSDR(b) y miembro del Comité de Petrogrado y del CC del partido. Participó activamente en la preparación y realización de la Revolución de Octubre; formó parte del Comité Revolucionario Militar de Petrogrado y del Centro Revolucionario Militar constituido por el CC del partido para dirigir la insurrección armada. Desde 1918 desempeñó cargos de responsabilidad en el Partido Bolchevique, en los Soviets y en el Ejército Rojo.---620.

Buchanan, Jorge Guillermo (1854--1924): Diplomático inglés, embajador en Rusia de 1910 a 1918. Después de la Revolución Socialista de Octubre intentó organizar un complot contra el Poder soviético.---28, 454.

Bulyguin, Alexandr Grigórevich (1851--1919): estadista de la Rusia zarista y gran terrateniente. Desde enero de 1905 fue ministro del Interior. Desde febrero de 1905 dirigió, por encargo del zar, la preparación del proyecto de ley sobre la convocación de la Duma de Estado consultiva para debilitar el amplio movimiento revolucinario. Arrollada por la revolución de 1905--1907, la Duma bulyguiniana no llegó a convocarse.---414, 435, 436, 441.

Bujarin, Nikolái Ivánovich (1888--1938): ingresó en el POSDR en 1906. Durante la primera guerra mundial (1914--1918) luchó contra Lenin en las cuestiones del imperialismo, del Estado, del derecho de las naciones a la autodeterminación y otras. En 1917 negó la posibilidad de la victoria de. la revolución socialista en Rusia. Después de la Revolución Socialista de Octubre fue miembro del Buró Político del CC del partido, director de Pravda y miembro del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista. Se pronunció reiteradas veces contra la línea general del partido: en 1918 encabezó el grupo antipartido de los "comunistas de izquierda''; en 1920--1921 apoyó a Trotski en la discusión sobre los sindicatos; en 1928 fue uno de los líderes de la desviación derechista en el partido. En 1929 quedó fuera del Buró Político del CC y del Presidium del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista. En 1937 fue expulsado del partido por su actividad contra éste.---18, 618, 619, 621--624, 631, 725, 727--729, 733, 734,

815

Carleson, Carlos (1865--1929): socialdemócrata de izquierda sueco. Durante la primera guerra mundial (1914--1918) fue internacionalista.---62.

Cavaignac, Luis Eugenio (1802--1857): general y político reaccionario francés. Desde mayo de 1848 fue ministro de la Guerra; aplastó con excepcional crueldad la insurrección de junio de 1848 de los obreros parisinos.---195, 204--206, 349, 694, 720.

Clausewitz, Carlos von (1780--1831): general y conocido teórico militar prusiano. Su obra fundamental es Acerca de la guerra.---716.

Cornelissen, Ckristian: anarquista holandés, uno de los adeptos de Kropotkin. Durante la guerra imperialista mundial fue socialchovinista.---368.

Ch

Chaikovski, Nikolái Vasílievich (1850--1926): populista y, después de la revolución de febrero de 1917, eserista de derecha ruso. En 1918 y 1919 formó parte del gobierno de los guardias blancos en Arjánguelsk, apoyado por los intervencionistas ingleses. Derrotadas la intervención y la contrarrevolución en el Norte de Rusia, emigró.---411.

Chernov, Víctor Mijáilovidí (1876--1952): uno de los líderes y teóricos del partido de los eseristas. Después de la revolución de febrero de 1917 fue ministro de Agricultura del Gobierno Provisional burgués y organizó crueles represiones contra los campesinos que se adueñaban de las tierras de los terratenientes. Después de la Revolución Socialista de Octubre fue uno de los organizadores de sublevaciones antisoviéticas. En 1920 emigró y prosiguió desde el extranjero su labor antisoviética.---72, 73, 181, 182, 195, 196, 205, 206, 212, 218, 219, 239,

246, 260, 267, 274, 284, 285, 291, 300, 326, 327, 353, 367, 384, 392, 393, 418, 421, 436, 440, 549--551, 557, 571, 576, 656, 659, 661, 663, 675, 694, 728.

Chernyshevski, Nikolái Gavrílovich (1828--1889): gran demócrata revolucionario, filósofo materialista, escritor, critico literario y dirigente del movimiento democrático revolucionario en los años 60.---703.

Chjeídie, Nikolái Semiónovich (1864--1926): uno de los líderes de los mencheviques. Durante la primera guerra mundial (1914--1918) fue centrista. Después de la revolución de febrero de 1917 apoyó activamente al Gobierno Provisional burgués. Después de la Revolución Socialista de Octubre fue presidente de la Asamblea Constituyente en Georgia. Emigró luego de proclamarse en Georgia el Poder soviético (1921).---25, 30, 31, 34, 35, 39, 40, 47, 49, 59, 61, 62, 67, 85, 88, 98, 105, 113, 183, 184, 186, 571.

Chjenkeli, Akaki Ivánovich (1874--1959): socialdemócrata georgiano, menchevique. Durante la primera guerra imperialista mundial fue socialchovinista.---25, 30.

D

Dan, Fiador Ivánovich (1871--1947): uno de los líderes del menchevismo. Durante la primera guerra mundial (1914--1918) fue defensista. Después de la revolución de febrero de 1917, miembro del Comité Ejecutivo del Soviet de Petrogrado; apoyó el Gobierno Provisional burgués. Después de la Revolución Socialista de Octubre luchó activamente contra el Poder soviético. En 1922 fue expatriado por su actividad contrarrevolucionaria.---205, 274, 401, 402, 421, 437, 449, 471, 489, 729.

Danton, Jorge Jacobo (1759--1794): insigne revolucionario francés de 816 fines del siglo XVIII, abogado.---445, 452.

David, Eduardo (1863--1930): uno de los líderes derechistas de la socialdemocracia alemana, revisionista; durante la primera guerra mundial de 1914--1918 fue socialchovinista.---26, 61, 291, 325, 384, 385.

Dobroliúbov, Nikolái Alexándrovich (1836--1861): gran demócrata revolucionario, insigne crítico literario y filósofo materialista ruso.---703

Dreyfus, Alfredo (1859--1935): oficial del Estado Mayor General francés, hebreo; acusado falsamente de alta traición, fue condenado en 1894 por el tribunal militar a cadena perpetua. Fue rehabilitado en 1906 tras largos años de lucha de las fuerzas progresistas de Francia por la revisión de su causa.---199, 200.

Dútov, Alexandr Ilich (1864--1921): coronel del Estado Mayor. General del ejército zarista, atamán de las tropas cosacas de Orenburgo. De 1917 a 1920 organizó varias acciones contrarrevolucionarias contra el Poder soviético en los Urales.---680, 699, 701, 744.

Dühring, Eugenio (1833--1921): filósofo y economista alemán. Sus ideas filosóficas eran una mezcolanza ecléctica de idealismo y materialismo vulgar y fueron sometidas a crítica demoledora en la clásica obra de Engels Anti-Dühring.---303, 305.

Dybenko, Pável Efímovich (1889--1938): militar y estadista soviético. Participó activamente en la Revolución Socialista de Octubre. El 8 de noviembre de 1917 formó parte del Consejo de Comisarios del Pueblo como miembro del Comité de Guerra y Marina. Siguió desempeñando cargos de responsabilidad.---494.

Dzenhinski, Félix Edmúndovich (1877--1926): revolucionario profesional.

comunista. Insigne dirigente del Partido Comunista v del Estado soviético.---134, 472. Dzhugashvili (Stalin, fosé Vissariánovich) (1879--1953).---183, 184, 472. 494.

817

Gorter Hermann (1864--1927): socialdemócrata holandés, publicista, uno de los fundadores del periódico De Tribune ``(La Tribuna''). Posteriormente fue comunista. En 1921 salió del Partido Comunista y abandonó la política.---62

Gots, Abram Rafaílovich (1882--1940): uno cíe los líderes del partido de los eseristas. Activo organizador de acciones terroristas y de la lucha armada contra el Poder soviético.---680, 692, 695, 699, 701.

Grave, Juan (1854--1939): socialista pequeñoburgués francés, uno de los teóricos del anarquismo.---368.

Greulich, Hermán (1842--1925): uno de los fundadores del Partido Socialdemócrata Suizo y líder de su ala derecha. Durante la primera guerra mundial (1914--1918) fue soialchovinista y luchó contra la izquierda de Zimmerwald.---65

Grimm, Roberto (1881--1958): uno de los líderes de la socialdemocracia suiza. Durante la guerra imperialista mundial fue centrista y presidió las conferencias de Zimmerwald y Kienthal. Fue presidente de la Comisión Socialista Internacional.---60, 65.

Guchkov, Alexandr Ivánovich (1862--1936): gran capitalista ruso, organizador y líder del partido de los octubristas. Después de la revolución de febrero de 1917 fue ministro de la Guerra y Marina del primer gabinete del Gobierno Provisional. Se pronunciaba por la prosecución de la guerra " hasta el fin victorioso''. En agosto de 1917 contribuyó a organizar la sublevación de Kornílov. Después de la Revolución Socialista de Octubre luchó activamente contra el Poder soviético y emigró.---24, 25, 27, 28, 30--32/43, 47--50, 68, 72, 83, 86, 89, 98, 116, 126, 141, 220.

Gue, Alexandr Y. (m. 1919): anarquista. Durante la primera guerra

mundial (1914--1918) fue internacionalista y luchó contra los anarquistas defensistas. Después de la Revolución Socialista de Octubre fue partidario del Poder soviético y entró en el Comité Ejecutivo Central de toda Rusia.---368, 723.

Gueguechkori, Evgueni Petróvich (n. 1879): menchevique. Desde noviembre de 1917, presidente del gobierno contrarrevolucionario de la Transcaucasia. Luego, ministro de Negocios Extranjeros y vicepresidente del gobierno menchevique de Georgia. Después de proclamarse el Poder soviético en Georgia, en 1921, emigró.----680, 695, 699, 701, 728.

Guesde, Julio (1845--1922): uno de los fundadores y dirigentes del Partido Socialista Francés y de la II Internacional. Antes de la primera guerra mundial (1914--1918) encabezó el ala izquierda, revolucionaria, del partido. Cuando empezó la guerra, aceptó una cartera en el gobierno burgués de Francia.---59, 291.

Guilbeaux, Enrique (1885--1938): socialista y periodista francés. Durante la guerra imperialista editó la revista pacifista Demain y se pronunció en pro de restablecer las relaciones internacionales.---62.

Guillermo II (Hohenwllern) (1859--1941): emperador alemán y rey de Prusia de 1888 a 1918.---27, 66, 107, 114, 454, 485, 488, 662.

Gvózdiev, Kuzmá Antónovich (n. 1883): menchevique. Durante la primera guerra mundial (1914--1918) tuvo una actitud socialchovinista. Fue ministro de uno de los gabinetes de coalición del Gobierno Provisional.---25--27, 30--32, 398, 422.

Engel\ Federico (1820--1895).---13, 37, 52, 67, 69. 81, 169, 205, 229, 292, 293, 296--308, 312, 314, 318, 334--356, 360, 366, 367, 370, 372, 374--377, 381, 440, 575, 576, 628, 630.

F.róstrato: griego que en 356 a. de n.e. incendió el templo de Artemisa, en Efeso, una de las siete maravillas del mundo, con el único fin de inmortalizar su nombre.---330, 374.

Feofildktov, A. E.: eserista de izquierda. Después de la Revolución Socialista de Octubre fue diputado al Congreso Extraordinario de los Soviets de diputados campesinos y miembro del consejo del Comisariado del Pueblo de Agricultura.---518.

Fürstenberg: véase Hanecki, Yákov Stanislávovich.

Gagarin: general del ejército zarista que apoyó activamente la sublevación contrarrevolucionaria de Kornílov en agosto de 1917.---285.

Goldenherg, lósif Petróvich (1873--1922): socialdemócrata ruso, bolchevique. Durante la primera guerra mundial se adhirió a los defensistas partidarios de Plejánov. En 1920 volvió a ingresar en el PC(b) de Rusia.---36, 37.

H

Hílase, Hugo (1863--1919): uno de los líderes de la socialdemocracia alemana, centrista. De 1897 a 1907 y

27--74

818 de 1912 a 1918 fue diputado al Reichstag. En abril de 1917 organizó con Kautsky y otros el Partido Socialdemócrata Independiente de Alemania.---60, 62.

Hanecki, Yákov Stanislánovich (1879--1937): insigne dirigente del movimiento revolucionario polaco y ruso.---62, 185, 186, 198.

Hartstein (Levi, Pablo) (1883--1930): Socialdemócrata de izquierda alemán, miembro de la Liga Espartaco. Durante la primera guerra mundial (1914--1918) tuvo una actitud internacionalista. Desde la fundación del Partido Comunista de Alemania fue comunista. En 1921 fue expulsado del partido por labor fraccionista.---65.

Hegel, Jorge Guillermo Federico (1770--1831): insigne filósofo alemán, idealista objetivo, representante de la filosofía clásica alemana. El mérito histórico de Hegel consiste en haber elaborado en todos los aspectos la dialéctica idealista, que constituyó una de las fuentes teóricas del materialismo dialéctico.---293.

Heilmann, Ernesto (1881--1940): socialdemócrata de derecha alemán. Durante la primera guerra mundial (1914--1918) fue socialchovinista.---64

Henderson, Arturo (1863--1935): político inglés, uno de los dirigentes derechistas del Partido Laborista. Durante la guerra imperialista mundial (1914--1918) fue socialchovinista. De 1915 a 1931 desempeñó varias carteras en los gobiernos de Inglaterra.---325.

Hillquit, Morris (1869--1933): uno de los fundadores del Partido Socialista reformista de los EE.UU. Durante la primera guerra mundial (1914--1918) fue centrista.---60.

Hindenburg, Pablo non (1847--1934): general alemán, monárquico. Jefe supremo del ejército alemán de 1916 a 1917. Presidente de Alemania desde 1925 hasta 1933, año en que entregó los poderes a Hitler.---198, 265, 662.

Hoffmann, Maximiliano (1869--1927): general alemán, jefe del Estado Mayor del Frente Oriental desde septiembre de 1916. Desempeñó un relevante papel durante las negociaciones de la paz de Brest.---611, 614, 615, 622.

Hoglund, Carlos (1884--1956): líder del ala izquierda del movimiento socialdemócrata y juvenil sueco. Durante la primera guerra mundial (1914--1918) fue internacionalista, se adhirió a la izquierda de Zimmerwald y desplegó vasta propaganda antibélica. De 1917 a 1924 fue uno de los dirigentes del Partido Comunista de Suecia. En 1924 fue expulsado de las filas de la Internacional Comunista por oportunista.---62

Hohenzollern: véase Guillermo ¡I. Huysmans, Camilo (1871--1968): político belga, miembro del Buró del Partido Socialista Belga. De 1904 a 1919 fue secretario del Buró Socialista Internacional de la II Internacional. Ocupaba una posición centrista.---64.

Hyndman, Enrique Mayers (1842--1921): uno de los fundadores del Partido Socialista Británico, líder de su ala derecha, oportunista. En 1916 fue expulsado del partido por hacer propaganda a favor de la guerra imperialista. Era hostil a la Revolución Socialista de Octubre y se pronunció por la intervención contra la Rusia Soviética.---59, 291.

819 ta francés e internacional. Fundador y director del periódico L'Humanité. Líder del ala derecha, oportunista, del Partido Socialista Francés. Al propio tiempo, luchó enérgicamente contra el militarismo. En vísperas de la primera guerra mundial (1914--1918) fue asesinado por un mercenario de los militaristas.---373, 385

eseristas de izquierda. Participó activamente en la organización del asesinato de Mirbach, embajador alemán en la Rusia Soviética, y en la asonada de los eseristas de izquierda en julio de 1918 en Moscú. Fue detenido por su labor contrarrevolucionaria. Posteriormente trabajó en la esfera de la estadística.---508.

Karelin, V. A. (1891--1938): uno de los organizadores del partido de los eseristas de izquierda. En julio de 1918 fue uno de los dirigentes de la asonada de los eseristas de izquierda.---508, 723, 728.

Kautsky, Carlos (1854--1938): uno de los líderes y teóricos de la socialdemocracia alemana y de la II Internacional. En un principio fue marxista, luego renegó del marxismo. Ideólogo del centrismo, fue enemigo declarado de la Unión Soviética.---35, 39, 53, 54, 60, 62, 64, 68, 292, 296, 299, 312, 316, 317, 325, 331, 342, 350, 372--385, 518.

Kerenski, Alexandr Fiódorovich (1881--1970): miembro del partido de los eseristas. Encabezó desde julio de 1917 el Gobierno Provisional burgués y aplicó una política antipopular enfilada a continuar la guerra imperialista, mantener el poder en manos de la gran burguesía y de los terratenientes y aplastar la revolución en el país. Después de la Revolución Socialista de Octubre emigró.---25, 28, 30, 44, 47, 58, 72, 87, 168, 185, 186, 194, 195, 206, 216, 217, 220, 221, 224, 227, 228, 233, 238, 252, 254, 255, 260, 267--269, 274, 285, 286, 299, 348, 388, 389, 392, 398--402, 415--417, 434--438, 442, 447, 448, 450, 454--457, 460, 466, 467, 470, 473, 480, 495, 502, 506, 511, 524, 551, 566, 568, 569, 583, 585, 598, 599, 601, 605, 606, 609, 653, 659, 661, 663, 675--677, 680, 688, 689, 692, 699, 724, 728, 729, 740, 743, 746, 747.

K

Kaledin, Alexéi Maxímovich (1861--1918): general zarista, atamán de las tropas cosacas del Don. Después de la Revolución Socialista de Octubre encabezó en el Don una sublevación contrarrevolucionaria contra el Poder soviético.---285, 480, 499, 526, 550, 568, 569, 583, 599--601, 744.

Kámenev, Lev Borísovich (Rozenfeld) (1883--1936): miembro del Partido Bolchevique desde 1901. Durante los años de la reacción (1907--1910) tuvo una actitud conciliadora con los liquidadores, los otzovistas y los trotskistas. Después de la revolución de febrero de 1917 se pronunció contra las Tesis de Abril de Lenin y contra el rumbo del partido hacia la revolución socialista. En octubre de 1917 denunció conjuntamente con Zinóviev el acuerdo del CC del partido sobre la insurrección armada. Después de la Revolución Socialista de Octubre desempeñó varios cargos de responsabilidad. Se pronunció reiteradamente contra la política leninista del partido: en 1925 fue uno de los organizadores de la "nueva oposición''; en 1926, uno de los líderes del bloque antipartido trotskistazinovievista. En 1934 fue expulsado del partido por su labor contra éste.---7, 14, 16, 97--99, 205, 465--472, 499, 509, 510.

Kamkoy, B. D. (Kats) (1885--1938): uno de los líderes del partido de los

27*

Isuv, lósif Andréievich (1878--1920): destacado menchevique, literato.---729, 730.

J

Jaurés, Juan León (1859--1914): insigne dirigente del movimiento socialis-

820

Kishkín, Nikolái Mijáilmñch (1864--1930): uno de los líderes del Partido Demócrata Constitucionalista, médico. Fue ministro del Gobierno Provisional burgués. En vísperas de la Revolución Socialista de Octubre fue nombrado ``dictador'' de Petrogrado. En 1919 fue uno de los participantes activos en la organización contrarrevolucionaria de los guardias blancos de Moscú. Durante los últimos años de su vida trabajó en el Comisariado del Pueblo de Sanidad.---401, 410, 418, 436, 675.

Klembovski, Vladislav Napoleónovich (1860--1921): general, jefe del Frente del Norte desde mayo de 1917 y partidario de Kornílov.---238, 285.

Kolb, Guillermo (1870--1918): socialdemócrata alemán, revisionista.---385.

Konoválov, Alexandr Ivánovich (n. 1875): gran fabricante de tejidos, ministro de Industria y Comercio en el Gobierno Provisional burgués de Kerenski.---410.

Kornüov, Lavr Gueórguievich (1870--1918): monárquico, general del ejército zarista. Desde marzo de 1917 mandó la región militar de Petrogrado. En julio y agosto de 1917 fue comandante en jefe del ejército; dirigió la sublevación contrarrevolucionaria de agosto de 1917. Después de la Revolución Socialista de Octubre encabezó el "Ejército Voluntario" de guardias blancos en el Sur de Rusia.---10, 12, 223--228, 232, 235, 237, 238, 240, 253, 265, 274, 285, 408, 419, 421, 422, 442, 454, 456, 461, 473, 480, 495, 499, 511, 566, 583, 598, 605, 609, 686, 688, 689, 692, 694, 695, 699, 701, 742, 746, 747.

Kostrov: véase Zhordania, Noy. Kozlovski, M. Y. (1876--1927): uno de los dirigentes del movimiento revolucionario polaco y ruso; luego se hizo bolchevique.---185, 186, 198.

Krmnov, Piotr Nikoláievich (1869--1947): general del ejército zarista, participante activo en la sublevación de Kornílov en agosto de 1917. De 1918 a 1919 mandó las tropas cosacas en el Don, Luego emigró.---599, 680. Kropotkin, Piotr Alexéievich (1842--1921): uno de los dirigentes y teóricos más ilustres del anarquismo. Durante la guerra imperialista mundial (1914--1918) fue socialchovinista. Repatriado en 1917, siguió con sus criterios burgueses, pero en 1920 dirigió una carta a los obreros europeos, en la que reconoció el alcance histórico de la revolución socialista y exhortó a los obreros a impedir la intervención militar contra la Rusia Soviética.---368, 383. Krylenko, Nikolái Vasílievich (1885--1938): miembro del Partido Bolchevique desde 1904 y destacado estadista soviético. Participó activamente en el movimiento revolucionario. Fue detenido y deportado varias veces. Tomó parte activa en la Revolución de Octubre. El 8 de noviembre de 1917 entró en el Consejo de Comisarios del Pueblo como miembro del Comité de Guerra y Marina y luego fue designado jefe supremo del ejército. Desde 1918 trabajó en los órganos de la justicia soviética.---494, 555, 619. Kugelmann, Luis (1830--1902): socialdemócrata alemán, médico, participante en la revolución de 1848--1849 en Alemania y miembro de la I Internacional. De 1862 a 1874 mantuvo correspondencia con Marx, residente en Londres, y le informaba de la marcha de las cosas en Alemania.---319. Kuskova, Ekaterina Dmítrievna (1869--1958): publicista y personalidad pública burguesa rusa, destacada representante del ``economismo'' en la socialdemocracia rusa. Pos-

821 teriormente adoptó las posiciones del Partido Demócrata Constitucionalista. Después de la Revolución Socialista de Octubre fue enemiga del Poder soviético. En 1922 fue expatriada. En la emigración fue activa figura de los guardias blancos.---411.

519, 520, 530, 545, 561, 618, 646, 725, 745.

Lemn, N: véase Lenin V. I.

Lensch, Pablo (1873--1926): socialdemócrata alemán. Durante la primera guerra mundial (1914--1918) fue socialchovinista extremo.---273.

l.iájov, Vladímir Platónovich (1869--1919): coronel del ejército zarista, jefe de una brigada de cosacos. La brigada de Liájov estuvo al servicio del sha persa desde 1906 y fue utilizada para aplastar la revolución persa de 1905--1911.---171.

Líber (Goldman, Mijaíl Isaákovich) (1880--1937): uno de los líderes del Bund, organización nacionalista hebrea. Después del II Congreso del POSDR (1903) se hizo menchevique. Durante la primera guerra mundial (1914--1918) fue socialchovinista. Después de la revolución democrática burguesa de febrero de 1917 fue miembro del Comité Ejecutivo del Soviet de diputados obreros y soldados de Petrogrado, apoyó el Gobierno Provisional burgués. Fue hostil a la Revolución Socialista de Octubre. Posteriormente abandonó la política.---401, 402, 421, 449, 471, 729.

Liebknecht, Carlos (1871--1919): insigne dirigente del movimiento obrero alemán e internacional. Uno de los fundadores del Partido Comunista de Alemania. En enero de 1919 fue brutalmente asesinado por los contrarrevolucionarios.---61, 62, 66, 67, 91, 94, 174, 396, 581, 584, 586, 605, 611, 660.

Liebknecht, Guillermo (1826--1900): insigne dirigente del movimiento obrero alemán e internacional, uno de los fundadores y dirigentes del Partido Socialdemócrata Alemán y de la II Internacional.---342, 344.

Lindhagen, Carlos Alberto (1860--1946): socialdemócrata sueco, internacionalista durante la primera guerra

Lassalle, Fernando (1825--1864): socialista pequeñoburgués alemán, fundador de la Unión General de Obreros Alemanes, que desempeñó un papel positivo en el movimiento obrero. Al mismo tiempo, la posición de Lassalle y sus adeptos respecto a importantísimos problemas políticos era oportunista, por lo que Marx y Engels lo criticaron duramente.---356, 363.

Lazzari, Constantino (1857--1927): insigne dirigente del movimiento socialista italiano. En 1882 fue uno de los fundadores del Partido Obrero Italiano y, en 1892, del Partido Socialista Italiano, del que fue secretario general desde 1912 hasta 1919.---62.

Ledebour, Jorge (1850--1947): uno de los líderes de la socialdemocracia alemana, diputado al Reichstag, centrista. En 1917 participó en la fundación del Partido Socialdemócrata Independiente de Alemania.---60, 62.

Legien, Carlos (1861--1920): líder del ala oportunista del movimiento sindical alemán. Su posición durante la guerra imperialista mundial (1914--1918) fue socialchovinista.---61, 291, 325, 327, 384, 385.

Lemn, Vladímir Ilich (1870--1924).---422, 32, 36, 73, 75, 184--186, 198201, 223, 228, 234, 287, 390, 395, 403, 407, 436, 448, 450, 457, 458, 461, 463, 464, 467, 468, 494, 495, 499, 501--503, 505, 507, 515, 516,

822 mundial (1914--1918). En 1917 fue uno de los organizadores del Partido Socialdemócrata de Izquierda Sueco. En 1921 fue expulsado del Partido Comunista por .haberse pronunciado contra los acuerdos del II Congreso de la Internacional Comunista.---62.

Lómov. véase Oppókov (Lómov).

Longuet, Juan (1876--1938): uno de los líderes reformistas del Partido Socialista Francés y de la II Internacional. Durante la primera guerra mundial (1914--1918) encabezó la minoría centrista-pacifista del Partido Socialista Francés.---35, 60.

Loriot, Fernando (1870--1930): socialista francés que adoptó una actitud internacionalista durante la guerra imperialista mundial (1914--1918).---62.

Luís Blanc: véase Blanc, Luis.

Luis Bonaparte (Napoleón III) (1808--1873): emperador de Francia desde 1852 hasta 1870.---310, 311.

Lunacharski, Anatoli Vasílievich (1875--1933): insigne estadista soviético. Desde 1917 hasta 1929 fue Comisario del Pueblo de Instrucción Pública. Escribió varios libros de arte y literatura.---494.

Luxemburgo, Rosa (1871--1919): destacada dirigente del movimiento obrero alemán, polaco e internacional; líder del ala izquierda de la II Internacional. Uno de los fundadores del Partido Comunista de Alemania. Su posición en algunos problemas teóricos y políticos, concretamente en el problema nacional, fue errónea. En enero de 1919 fue brutalmente asesinada por los contrarrevolucionarios.---37, 62, 131, 379.

Lvov, Gueorgui Evguénievich (1861--1925): gran terrateniente ruso, demócrata constitucionalista, diputado a la Duma de Estado. De marzo a julio de 1917 fue Presidente del Consejo de Ministros y ministro del Interior del Gobierno Provisional burgués.---25, 28, 31--33, 43, 45, 54, 86, 181.

823

Mártov, L. (Tsederbaum, Yuli Osipovich) (1873--1923): uno de los líderes del menchevismo, corriente oportunista en la socialdemocracia rusa. Durante la primera guerra mundial (1914--1918) ocupó una posición centrista. Después de la Revolución Socialista de Octubre fue enemigo del Poder soviético. En 1920 emigró.---61, 66, 223, 419, 420, 503, 511, 692--694, 703.

Marx, Carlos (1818--1883).---11--13, 37, 53, 63, 67, 69, 81, 92, 99, 118, 169, 292, 293, 295, 301, 303, 305--310, 312, 314--327, 330--334, 336, 337, 340, 341, 345--349, 354, 356--360, 362--365, 368, 372--378, 380--383, 389, 391, 394, 418, 419, 433, 444, 445, 451, 452, 543, 575, 576, 636, 694, 695, 725, 727.

Máslov, Piotr Pávlovich (1867--1946): Socialdemócrata ruso, menchevique. Autor de varios trabajos sobre la cuestión agraria, en los que intentó revisar algunas tesis básicas de la economía política marxista. Durante la guerra imperialista mundial (1914--1918) fue socialchovinista. Después de la Revolución Socialista de Octubre abandonó la política y se dedicó a la enseñanza y al trabajo científico.---120.

Mehring, Francisco (1846--1919): insigne dirigente del movimiento obrero alemán, uno de los líderes y teóricos del ala izquierda de la socialdemocracia alemana, historiador, publicista y crítico literario. Fue, con Carlos Liebknecht, Rosa Luxemburgo y otros, uno de los fundadores del Partido Comunista de Alemania.---315.

Merrheim, Alfonso (1881--1925): líder sindical francés. Al comienzo de la primera guerra mundial (1914--1918) tuvo una actitud internacionalista. Luego se deslizó al socialchovinismo.---62, 64.

Mijailovski, Nikolái Konstantínovich (1842--1904): sociólogo, publicista, crítico literario y destacado teóri-

co del populismo liberal ruso; luchó encarnizadamente contra los marxistas.---297.

Miliukov, Pável Nikoláievich (1859--1943): uno de los organizadores y líder del Partido Demócrata Constitucionalista. Después de la revolución de febrero de 1917 fue ministro de Negocios Extranjeros del Gobierno Provisional burgués y aplicó la política imperialista de continuar la guerra "hasta el fin victorioso''; en agosto de 1917 participó activamente en la preparación de la sublevación contrarrevolucionaria de Kornílov. Después de la Revolución Socialista de Octubre emigró.---23--32, 49, 50, 66, 75, 87, 89, 98, 103, 113, 126, 133, 134, 171, 172, 175, 191, 199, 201, 227, 252, 274.

Miliutin, Vladímir Pávlovich (1884--1938): Socialdemócrata, literato y economista ruso. Después del II Congreso del POSDR (1903) se adhirió a los mencheviques. Desde 1910 fue miembro del Partido Bolchevique. Después de la Revolución Socialista de Octubre fue nombrado Comisario del Pueblo de Agricultura, pero el 17 de noviembre de 1917 salió del Consejo de Comisarios del Pueblo con Noguín y otros.---228, 463, 494, 509.

Millerand, Alejandro Esteban (1859--1943): político reaccionario francés. En los años 90 del siglo pasado fue socialista. En 1899 traicionó la causa del socialismo y entró en el gobierno reaccionario burgués de su país.---373.

Modigliani, Víctor Manuel (1872--1947): uno de los dirigentes de los socialdemócratas reformistas italianos. Encabezó con Turati el grupo de extrema derecha del Partido Socialista.---60.

Montesquieu, Carlos (1689--1755): historiador y escritor francés, ideólogo de la monarquía constitucional.---332.

M

MacDonald, James Ramsay (1866--1937): político inglés, uno de los fundadores y líderes del Partido Obrero Independiente y del Partido Laborista. Aplicó una política oportunista en extremo, predicó la teoría de la colaboración de las clases y de la integración paulatina del capitalismo en el socialismo. Fue primer ministro de varios gabinetes laboristas.---35, 60, 174.

Maclean, Juan (1879--1923): insigne dirigente del movimiento obrero inglés. Durante la primera guerra mundial (1914--1918) fue internacionalista y llevó una activa propaganda antibélica. Fue uno de los dirigentes del Partido Socialista Británico.---62, 174, 396.

Mac-Mahon, Patricio (1808--1893): militar y político reaccionario francés. En 1871 mandó las tropas que aplastaron con crueldad inaudita la Comuna de París. Fue presidente de Francia desde 1873 hasta 1879.---232.

Maklákov, Vasili Alexéievich (1870--1959): terrateniente. Diputado a las II, III y IV Dumas de Estado y miembro del CC del Partido Demócrata Constitucionalista. Después de la revolución de febrero de 1917 fue embajador del Gobierno Provisional burgués en París y luego quedó emigrado.---171.

Márkov, Nikolái Evguénievich (n. 1876): gran terrateniente reaccionario, dirigente activo de la organización de las centurias negras Unión del Pueblo Ruso y líder del grupo de extrema derecha en las III y IV Dumas de Estado. Después de la revolución de febrero de 1917 emigró.---161, 199.

824

Mülter, Gustavo (1860--1921): sodaldemócrata de derecha suizo, chovinista durante la guerra imperialista mundial.---65

Münzenberg, Guillermo (1889--1940): uno de los fundadores del movimiento comunista de la juventud en Alemania. De 1915 a 1921 fue secretario de la Internacional Juvenil Socialista, y luego de la Internacional Juvenil Comunista.---65

desde 1898. Después de la revolución de febrero de 1917, presidente del Soviet de diputados obreros de Moscú. En el II Congreso de los Soviets de toda Rusia, celebrado el 26 de octubre (8 de noviembre) de 1917, fue elegido Comisario del Pueblo de Industria y Comercio. Como discrepaba del acuerdo del CC del POSDR(b), que no admitía la formación de un gobierno de coalición con mencheviques y eseristas, el 17 de noviembre salió del CC del partido y del Consejo de Comisarios del Pueblo. Posteriormente reconoció sus errores. Desempeñó desde 1918 cargos de responsabilidad en los Soviets y en la administración de la economía.---494, 509.

825 (1884--1938): militar soviético, uno de los participantes activos de la Revolución Socialista de Octubre. El 8 de noviembre de 1917 entró en el Consejo de Comisarios del Pueblo como miembro del Comité de Guerra y Marina. Posteriormente desempeñó cargos militares de responsabilidad.---494.

1914 a 1918 fue un chovinista extremo.---64, 198. Pedro I (1672--1725): zar ruso de 1682 a 1721. De 1721 a 1725, emperador.---723.

Perevénev, Pável Nikoláievich: abogado, ministro de Justicia del Gobierno Provisional burgués. En julio de 1917 publicó unos documentos calumniosos fabricados por el renegado Aléxinski para desprestigiar a Lenin y a los bolcheviques.---193, 200, 201, 445.

Peshejónov, Alexéi Vasílievich (1867--1933): hombre público y publicista burgués. Desde 1906, uno de los dirigentes del partido pequeñoburgués de los "socialistas populares''. Después de la revolución de febrero de 1917, ministro del Gobierno Provisional burgués. Después de la Revolución Socialista de Octubre luchó contra el Poder soviético. En 1922 emigró.---218, 239, 266, 267, 284--286, 423, 441, 442.

Petliura, Simón Vasílievich (1877--1926): uno de los organizadores del movimiento nacionalista burgués en Ucrania de 1917 a 1920.---618.

Pflüger, Pablo Bernardo (n. 1865): socialdemócrata suizo, oportunista. Durante la primera guerra mundial (1914--1918) fue socialchovinista.---65.

Piatakov, Gueorgui Leonídovich (1890--1937): miembro del Partido Bolchevique desde 1910. Desempeñó su trabajo de partido en Ucrania y en el extranjero; colaboró en la revista Kommunist ``(El Comunista''). De 1915 a 1917 mantuvo una posición antileninista en la cuestión del derecho de las naciones a la autodeterminación y otras cuestiones importantísimas de la política del partido. Después de la revolución democrática burguesa de febrero de 1917 fue presidente del Comité de Kíev

N

Palchinski, Piotr lokímovich (1875--1929): ingeniero, organizador del sindicato capitalista "Prodúgol''. En 1917, viceministro de Industria y Comercio del Gobierno Provisional burgués de Kerenski, inspirador de los sabotajes de los fabricantes.---219, 266, 267, 284, 285, 300.

Pánina, S. V.: miembro del CC del Partido Demócrata Constitucionalista; viceministro en el Gobierno Provisional burgués de Kerenski.---213.

Pannekoek, Antonio (1873--1960): socialdemócrata holandés. En 1907 fue uno de los fundadores del periódico De Tribune ``(La Tribuna''), órgano del ala izquierda del Partido Obrero Socialdemócrata Holandés. Durante la guerra imperialista mundial (1914--1918), internacionalista. Participó en la publicación de la revista Vorbote ``(El Precursor''), órgano teórico de la izquierda de Zimmerwald. De 1918 a 1921 fue miembro del Partido Comunista de Holanda y ocupó una posición ultraizquierdista, sectaria. En 1921 se dio de baja en el Partido Comunista y poco después abandonó la política.---62, 379--382.

Párulis (Guelfand, Alexandr Lázarevich) (1869--1924): menchevique, participante en el movimiento socialdemócrata ruso y alemán. Durante la primera guerra mundial de

Napoleón I Bonaparte (1769--1821): emperador francés de 1804 a 1814 y en 1815.---133, 221, 277, 311, 350, 593, 614, 645, 657, 662--664, 720.

Napoleón III: véase Luis Bonaparte.

Nekrásov, Nikolái Vissariónovich (n. 1879): miembro del Partido Demócrata Constitucionalista y ministro de Comunicaciones en el Gobierno Provisional burgués.---252.

Nerman, Ture (n. 1886): socialista de izquierda sueco que se adhirió a la izquierda de Zimmerwald durante la primera guerra mundial (1914--1918); luego fue uno de los fundadores del Partido Comunista de Suecia.---62.

Nicolás I (Románov) (1796--1855): emperador ruso de 1825 a 1855.---49.

Nicolás II (Románov) (1868--1918): último emperador ruso de 1894 a 1917.---26--28, 43, 49, 86, 87, 101, 107, 112, 114, 133, 164, 170, 212, 214, 220, 585, 607, 653, 740.

Nicolás el Sanguinario (véase Nicolás II).

Nikítin.A.M. (n. 1876): menchevique, ministro del Gobierno Provisional burgués de Kerenski.---398, 400, 422, 436.

Noguín, Víctor Pávlovich (1878--1924): dirigente del partido y estadista soviético. Miembro del POSDR

O

Oppókov (Lómov), G.I. (1888--1938): miembro del POSDR desde 1903, bolchevique. Después de la revolución de febrero de 1917, miembro del Comité de Moscú del POSDR(b). Después de la Revolución Socialista de Octubre, Comisario del Pueblo de Justicia. Durante las negociaciones de la paz de Brest, "comunista de izquierda''. De 1918 a 1921, vicepresidente del Consejo Superior de Economía Nacional. Posteriormente, vicepresidente de la Comisión del Plan de la URSS.---494, 619.

Osinski, N. (Obolenski), Valerián Valeriánovich (1887--1938): economista y literato ruso, presidente del Consejo Superior de Economía Nacional en 1917 y 1918. Durante las negociaciones de la paz de Brest, "comunista de izquierda''. En 1920 y 1921, participante activo del grupo oportunista del "centralismo democrático".---731.

Ovséienko

(Antónov,

(Antónov-

Ovséienko, Vladímir Alexándrovich)

826 del POSDR(b) y miembro del Comité Ejecutivo del Soviet de diputados obreros de Kíev; se pronunció contra el rumbo de la política del partido hacia la revolución socialista. Después de la Revolución Socialista de Octubre entró en el Gobierno soviético de Ucrania y desempeñó otros cargos de responsabilidad. Se opuso varias veces a la política leninista del partido: en 1918 encabezó el grupo antipartido de los " comunistas de izquierda" en Ucrania; durante la discusión sobre los sindicatos en el partido (1920--1921) optó por la plataforma de Trotski; y, desde 1923, fue activo dirigente de la oposición trotskista. En el XV Congreso del PC(b) de Rusia, celebrado en 1927, fue expulsado del partido por su labor fraccionista. En 1928 hizo una declaración, reconociendo sus errores, y fue restituido en el partido, pero no cesó en su labor antipartido y, en 1936, fue expulsado nuevamente de sus filas.---8, 131, 132, 134.

Plalten, Frifz (1883--1942): socialista de izquierda suizo, luego comunista. Participante en las conferencias de Zimmerwald y Kienthal; se adhirió a la izquierda de Zimmerwald. Participó activamente en la organización del Partido Comunista de Suiza y de la Internacional Comunista.---66.

Plejánov, Jorge Valentínovich (1856--1918): insigne dirigente del movimiento obrero ruso e internacional, primer propagandista del marxismo en Rusia y fundador del primer grupo marxista en Rusia, denominado Emancipación del Trabajo. Después del II Congreso del POSDR (1903), menchevique. Durante la primera guerra mundial (1914--1918) fue socialchovinista. Adoptó una actitud negativa frente a la Revolución Socialista de Octubre, pero no participó en la lucha contra el Poder soviético.---26, 31, 32, 36, 37, 39, 53, 54, 58, 59, 61, 65, 68, 91, 93, 110, 131, 183, 190, 251, 273, 274, 285, 291, 318, 325, 327, 331, 372, 384, 417, 440--442, 466.

Podvoiski, Nikolái llüh (1880--1948): insigne funcionario del partido y militar. En 1917, miembro del Comité de Petrogrado del POSDR(b) y dirigente de la organización militar adjunta al CC del partido. Durante la preparación de la insurrección armada de Octubre y durante la propia insurrección, presidente del Comité Militar Revolucionario en Petrogrado. Después de la Revolución Socialista de Octubre, miembro del Consejo del Comisariado del Pueblo de Guerra y Comisario del Pueblo de Guerra y Marina de Ucrania. Durante los últimos años de su vida se dedicó a la propaganda y la literatura.---619.

Pokrovski, Mijaíl Nikoláievich (1868--1932): historiador y hombre público, académico. Miembro del POSDR desde 1905. Después de 1918 fue vicecomisario del Pueblo de Instrucción Pública de la Federación Rusa. Durante las negociaciones de la paz de Brest, "comunista de izquierda".---729. Pólovtsev, P. A. (n. 1874): general zarista que mandaba las tropas de la región militar de Petrogrado en el verano de 1917. Durante las jornadas de julio mandó abrir fuego contra la manifestación pacífica en Petrogrado y asaltar la Redacción de Pravda, Órgano Central de los bolcheviques.---186.

Pomialovski, Nikolái Guerásimovich (1834--1863): escritor ruso de la segunda mitad del siglo XIX, autor del libro Diario de un seminarista, en el que pintó con implacable veracidad las espantosas condiciones en que estudiaban los hijos del bajo clero, de los pobres de las ciudades, etc.---367, 734.

827

Potrésov, Alexandr Nikoláievich (1869--1934): uno de los líderes del menchevismo. Durante los años de la reacción (1907--1910), ideólogo del liquidacionismo. Durante la primera guerra mundial (1914--1918), socialchovinista. Después de la Revolución Socialista de Octubre emigró y fue enemigo del Poder soviético.---25--27, 30--32, 58, 61, 67, 251, 285, 291, 384.

Pressemane, Adriano (1879--1929): socialista francés. Durante la primera guerra mundial (1914--1918), centrista.---60.

Prileiháiev, I.: colaborador del periódico eserista Dielo Naroda ``(La Causa del Pueblo'').---286. Prokopóvich, Serguéi Nikoláievich (1871--1955): economista y publicista burgués, destacado representante del ``economismo'' en Rusia. En 1906 fue miembro del CC del Partido Demócrata Constitucionalista. En 1917, ministro de Aprovisionamiento del Gobierno Provisional burgués. Después de la Revolución Socialista de Octubre fue expatriado por su labor contrarrevolucionaria.---252, 422. Proudhon, Pedro José (1809--1865): economista francés, ideólogo de la pequeña burguesía. Uno de los fundadores del anarquismo.---330, 331, 340, 372, 374. Purishkévich, Vladímir Mitrofánovich (1870--1920): gran terrateniente, monárquico, reaccionario. De 1905 a 1907, fundador de centurias negras, organizaciones creadas para aplastar el movimiento revolucionario. Fue uno de los organizadores activos de la contrarrevolución interior durante la intervención militar extranjera contra el País Soviético.---511.

de siglo en el movimiento socialdemócrata de la Galitzia, Polonia y Alemania; colaboró en las publicaciones de los socialdemócratas alemanes de izquierda. Durante la guerra imperialista mundial fue internacionalista, si bien tuvo vacilaciones centristas. Mantuvo una posición errónea en la cuestión del derecho de las naciones a la autodeterminación. Ingresó en el Partido Bolchevique en 1917. Después de la Revolución Socialista de Octubre trabajó en el Comisariado de Negocios Extranjeros y ocupó otros cargos de responsabilidad. Se pronunció varias veces contra la política leninista del partido: en 1918 fue "comunista de izquierda''; desde 1923, dirigente activo de la oposición trotskista. En 1927, el XV Congreso del PC(b) de Rusia lo expulsó de sus filas por su labor fraccionista. En 1929 reconoció sus errores y fue readmitido en el partido, pero no cesó en su labor contra éste y, en 1936, fue expulsado de nuevo.---62, 65, 379, 620, 623.

Rakítnikov.N.I. (n. 1864): miembro del CC del partido de los eseristas, colaborador de varios periódicos de su partido. Después de la revolución democrática burguesa de febrero de 1917 fue viceministro de Agricultura. Después de la Revolución Socialista de Octubre participó en las actividades del Comité contrarrevolucionario de miembros de la Asamblea Constituyente en Samara. En 1919 salió del CC del partido de los eseristas y reconoció el Poder soviético. Posteriormente abandonó la política.---205.

Rasputin, Grigori Efímovich (1872--1916): aventurero que gozaba de gran influencia en la Corte de Nicolás II.---24, 607.

Renaudel, Pedro (1871--1935): uno de los líderes oportunistas del.Parti-

Rádek, Karl Berngárdovich (1885--1939): participó desde comienzos

828 do Socialista Francés.---59, 291, 325.

Riabushinski, Pável Pávlovich (n. 1871): gran fabricante y banquero moscovita, uno de los cabecillas de la contrarrevolución. En agosto de 1917 amenazó con estrangular la revolución "con la mano huesuda del hambre''. Fue uno de los inspiradores y organizadores de la korniloviada. Después de la Revolución Socialista de Octubre prosiguió la actividad contrarrevolucionaria encontrándose en la emigración.---246, 550, 566.

Riazánov (Goldi'inlnjl I>ur¡tl Korísorich (1870--1938):

soi ialclemócrata, menchevique. Durante la primera guerra mundial (1914--1918) fue centrista. En 1917 ingresó en i-l Partido Bolchevique. Después cicla Revolución Socialista de Octubre trabajó en los sindicatos. En

1918 se pronunció contra la firma de la paz de Brest. Fue uno de los organizadores del Instituto de Marx y Engels y su director hasta 1931, año en que fue expulsado del partido por su labor contra éste.---618.

Ródichev, Fiador Ivánovich (1856--1933): gran terrateniente y diputado provincial; uno de los líderes del Partido Demócrata Constitucionalista y miembro de su CC. Fue diputado a las Dumas de Estado de todas las legislaturas. En 1917, después de la revolución de febrero, comisario del Gobierno Provisional burgués para los asuntos de Finlandia. Después de la Revolución Socialista de Octubre emigró.---132, 133.

Rodiianko, Mijaíl Vladímirovich (1859--1924): político reaccionario ruso, uno de los líderes del partido de los octubrislas, gran terrateniente. Fue presidente de las III y IV Dumas de Estado. En agosto de 1917 fue uno de los cabecillas de la korniloviada. Después de la Revolución Socialista de Octubre intentó agrupar todas las fuerzas contrarrevolucionarias para luchar contra el Poder soviético. Luego emigró.---227, 466, 467, 470.

Roland-Holst, Enriqueta (1869--1952): escritora, socialista de izquierda holandesa. Organizó sociedades femeninas y se adhirió al ala izquierda de los socialdemcx ratas holandeses que en 1907 se agruparon en torno al periódico De Tribune ``(La Tribuna''). Al comienzo de la primera guerra mundial ocupó una posición centrista, luego se adhirió a los internacionalistas y participó en la publicación de la revista Vnrhole ``(El Precursor''), órgano teórico de la izquierda de Zhnmerwald. De 1918 a 1927 fue miembro del Partido Comunista de Holanda y participó activamente en las labores de la Internacional Comunista. En 1927 se dio de baja en el Partido Comunista.---62.

Rolóvuh: miembro del ('omite Estatal de Aprovisionamiento en 1917.---267, 268.

Rmnánov, Mijaíl Aíexándrovich (1878--1918): gran príncipe, hermano del zar Nicolás II.---30.

Románov: véase Nicolás ¡I.

Románov (los): dinastía de zares y emperadores rusos que reinaron de 1613 a 1917.---24, 30, 31, 43, 153, 161, 659, 747.

Rubanóvich, Iliá Adólfovich (1860--1920): uno de los líderes del partido de los eseristas. Durante la guerra imperialista mundial (1914--1918) fue socialchovinista.---291.

Rühle, Otto (n. 1874): socialdemócrata de izquierda alemán, diputado al Reichstag que en marzo de 1915 votó con Carlos Liebknechi contra los créditos de guerra.---62,

Rusánov, Niholái Serguéievich (1859--1939): escritor, autor de varios libros y folletos populares, uno de los fundadores del partido de los eseristas. F.n 1917 fue miembro

829 del consejo de redacción del periódico Dielo Naroda ``(La Causa del Pueblo''), Órgano Central de dicho partido. Después de la Revolución Socialista de Octubre emigró.---327.

Rykov, Alexéi Ivánovich (1881--1938): ingresó en el Partido Bolchevique en 1899. Durante el período de la reacción (1907--1910) tuvo una actitud conciliadora con los liquidadores, los trotskistas y los otzovistas. Después de la revolución de febrero de 1917 se manifestó contra el rumbo del partido a la revolución socialista. Después cicla Revolución Socialista de Octubre desempeñó varios cargos de responsabilidad. Se pronunció reiteradas veces contra la política leninista del partido. En noviembre de 1917 fue partidario de formar un gobierno de coalición con los mencheviques y eseristas; en 1928 encabezó con Bujarin la desviación oportunista de derecha en el partido. F.n 1937 fue expulsado de las filas del partido por su labor en contra de éste.---7, 16, 99, 494, 509.

tido Socialista F"ranees. Durante la primera guerra mundial (1914--1918) fue socialchovinista.---59, 325, 327.

Semiónov, Grigori (1890--1946): oficial cosaco, organizador de la contrarrevolución en la Transbaikalia en 1918--1920.---735.

Serrali, Jacinto Menotti (1872--1926): ilustre representante del movimiento socialista italiano. En 1924 ingresó en el Partido Comunista Italiano.---62.

Shingariov, Andréi Ivánovich (1869--1918): miembro del partido de los demócratas constitucionalistas y líder de la minoría parlamentaria de este partido en las III y IV Dumas de Estado. En 1917 tuvo la cartera de Hacienda en el Gobierno Provisional de coalición.---25, 123, 126, 151--153, 156, 252, 424.

Shliápnikov, Alexandr Gavrílovich (1885--1937): miembro del POSDR desde 1901. Después de la Revolución Socialista de Octubre trabajó en los sindicatos y en la administración de la economía. De 1920 a 1922 fue organizador y líder del grupo antipartido de la "oposición obrera''. En 1933 fue expulsado del partido.---494.

Shotman, Alexandr Vasílievich (1880--1939): revolucionario profesional, bolchevique, tornero. Participó activamente en las revoluciones cíe 1905 a 1907, de febrero y Octubre de 1917. Después de la Revolución Socialista de Octubre desempeñó cargos de responsabilidad en la administración de la economía, en los Soviets y en el Partido Comunista.---463.

Shteinberg, haak Zajárovich: abogado, uno de los líderes del partido de los eseristas de izquierda. Después de la Revolución Socialista de Octubre fue Comisario del Pueblo de Justicia. Enemigo furioso de la paz de Brest. Después de la ratificación del tratado se

Sávinkov, /iort'.s Víclorovich (1879--1925): uno de los dirigentes del partido de los eseristas. Luchó activamente contra el Poder soviético y fue organizador de varias sublevaciones y complots contrarrevolucionarios.---494, 680, 695.

Scheidemann, Felipe (1865--1939): uno de los líderes del ala derecha extrema de la socialdemocracia alemana. Desde febrero hasta junio de 1919 fue el jefe del gobierno burgués alemán y reprimió cruelmente el movimiento obrero.---26, 59, 61, 65, 273, 291, 325, 327, 384, 703.

Sembiil, Marcelo (1862--1922): uno délos dirigentes reformistas del Par-

830 salió del Consejo de Comisarios del Pueblo y emigró.---584.

Skóbelev, Matvéi Ivánovich (1885--1939): socialdemócrata ruso, menchevique. Durante la primera guerra mundial (1914--1918), centrista. Ministro de Trabajo en el Gobierno Provisional burgués de Kerenski en 1917.---59, 218, 219, 255, 267, 300, 326.

Skóropis-Ioltujovski, A. F. (n. 1880): nacionalista burgués ucraniano.---184, 185.

Skvortsov (Stepanov) Skvortsov-Stepánov, Iván Ivánovich (1870--1928): destacado dirigente del Partido Comunista, literato, historiador y economista ruso. Participó activamente en la Revolución Socialista de Octubre, y después desplegó una gran labor literaria y periodística.---494.

Smilga, Ivar Tenísovich (1892--1938): ingresó en el Partido Bolchevique en 1907. Después de la Revolución Socialista de Octubre fue plenipotenciario del Consejo de Comisarios del Pueblo en Finlandia, miembro del Consejo Militar Revolucionario de la República y vicepresidente del Consejo Superior de Economía Nacional. Durante la discusión de 1920 a 1921 sobre los sindicatos fue partidario de la plataforma de Trotski. En 1927, el XV Congreso del PC(b) de Rusia lo expulsó de sus filas por participar activamente en la oposición trotskista. En 1930 fue readmitido. Posteriormente fue expulsado de nuevo por su labor antipartido.---149, 154.

Smirnov, V. M. (1887--1937): ingresó en el Partido Bolchevique en 1907. Después de la Revolución Socialista de Octubre fue miembro del Presidium del Consejo Superior de Economía Nacional. Durante las negociaciones de la paz de Brest fue "comunista de izquierda".'De 1920 a 1921 participó activamente en el grupo antipartido del "centralismo democrático''. En 1923 se adhirió a la oposición trotskista. En 1926 fue expulsado del partido por su labor fraccionista.---631.

Smií (Falkner, María Natánovna) (1878--1968): economista especializada en estadística, colaboró en 1917 en el periódico Svobódnaya Zhizn ``(La Vida Libre''), de tendencia semimenchevique. Después de la Revolución Socialista de Octubre fue profesora en varios establecimientos de enseñanza superior y autora de algunos libros de estadística.---267.

Snowden, Felipe (1864--1937): político inglés; uno de los líderes del Partido Obrero Independiente; oportunista.---60.

Sokólnikov, Grigori Yákovlevich (1888--1939): ingresó en el Partido Bolchevique en 1905. Después de la revolución de febrero de 1917 fue miembro del Buró Regional de Moscú del POSDR(b); luego, miembro del consejo de redacción de Pravda. Después de la Revolución Socialista de Octubre, Comisario del Pueblo de Hacienda, vicepresidente de la Comisión del Plan del Estado y vicecomisario de Negocios Extranjeros. En el XIV Congreso del PC(b) de Rusia (1925) se adhirió a la " nueva oposición" y luego formó parte del bloque trotskistazinovievista unificado. En 1936 fue expulsado del partido por su actividad contra él.---472, 631.

Spencer, Heñberto (1820--1903): filósofo, sicólogo y sociólogo inglés, eminente representante del positivismo, uno de los fundadores de la llamada teoría orgánica de la sociedad. Para justificar la desigualdad social, hizo un parangón entre la sociedad humana y el organismo animal y trasladó la doctrina biológica de la lucha por la existencia a la historia de la humanidad.---297.

831

Spiridónova, María Alexándrovna (1884--1941): uno de los organizadores y dirigentes del partido de los eseristas de izquierda. Después de la Revolución Socialista de Octubre se pronunció contra la paz de Brest. En julio de 1918 participó en la sublevación de los eseristas fie izquierda en Moscú. Posteriormente abandonó la política.---189, 233.

Spiro, V. B.: uno de los dirigentes destacados del partido de los eseristas de izquierda. Trabajó en Ucrania, y en 1918 fue comisario extraordinario del Frente Rumano.---508.

Stauning, Thorwald (1873--1942): uno de los líderes reformistas del Partido Socialdemócrata de Dinamarca. Formó parte del gobierno de su país desde el comienzo de la primera guerra mundial (1914--1918). Después de la guerra fue primer ministro de Dinamarca.---59, 62, 325, 385.

Steklov, Yuri Mijáilovich (1873--1941): socialdemócrata ruso; participó en las publicaciones bolcheviques en el extranjero. Después de la revolución de febrero de 1917 fue "defensista revolucionario''. Escribió varios libros de historia del movimiento obrero.---34, 39, 40, 47, 49, 59, 85.

Stirner, Max (Schmidt, Gaspar) (1806--1856): filósofo alemán, uno de los ideólogos del individualismo burgués y del anarquismo. Expuso sus ideas en el libro Yo y mi propiedad. Marx y Engels lo criticaron en varias ocasiones.---372.

Stolypin, Piotr Arkádievich (1862--1911): estadista reaccionario de la Rusia zarista, gran terrateniente. Presidente del Consejo de Ministros y ministro del Interior desde 1906 hasta 1911. Con el nombre de Stolypin está ligado un período de feroz reacción política (1907--1910). Stolypin llevó a cabo una reforma agraria ventajosa para los kulaks que acabó de arruinar a los campesinos pobres.---28, 43, 122, 126, 400, 581, 609.

Strom, Federico (1880--1948): socialista de izquierda sueco, secretario del Partido Socialdemócrata desde 1911 hasta 1916 y luego comunista. Se dio de baja en la Internacional Comunista en 1924 junto con Hóglund.---62.

Struve, Piotr Berngárdovich (1870--1944): economista y publicista burgués, conocido representante del "marxismo legal" en los años 90 y luego uno de los líderes del Partido Demócrata Constitucionalista. Después de la Revolución Socialista de Octubre fue uno de los cabecillas de la contrarrevolución, y luego emigró.---272, 320, 421.

Sumenson: ciudadano sueco residente en Estocolmo. La correspondencia comercial entre Sumenson y Hanecki, interpretada como convencional y cifrada, se utilizó como cuerpo de delito contra Lenin.---198.

Sverdlov, Yákov Mijáilovich (1885--1919): conocido revolucionario, comunista, relevante figura del Partido Comunista y del Estado soviético. Fue presidente del Comité Ejecutivo Central de toda Rusia desde noviembre de 1917 hasta marzo de 1919.---472.

Taylor, Federico Winslow (1856--1915): ingeniero norteamericano, fundador de un sistema de organización del trabajo tendente a aprovechar al máximo el tiempo laboral. En el capitalismo este sistema se utiliza para intensificar la explotación de los trabajadores.---690, 708, 729.

Teodoróvich, Iván Adólfovich (1875--1940): socialdemócrata ruso que empezó su actividad revoluciona-

832 ría en 1895. Después del II Congreso del POSDR(b) fue bolchevique. Participó activamente en la Revolución Socialista de Octubre. Después desempeñó cargos estatales de responsabilidad.---48, 494.

Teréschenko, Mijaíl Ivánovich (1888--1956): capitalista ruso, fabricante de azúcar. En 1917 ministro de Hacienda y de Negocios Extranjeros en el Gobierno Provisional burgués.---172, 175, 246, 252, 254, 255, 260, 269.

Treves, Claudio (1868--1933): dirigente del Partido Socialista Italiano y teórico del reformismo en Italia. Durante la guerra imperialista mundial (1914--1918) fue centrista.---60, 385.

Trier, Gerson (n. 1851): socialdemócrata revolucionario e internacionalista danés.---62.

Troehtra, Pedro (1860--1930): uno de los fundadores y líderes del Partido Obrero Socialdemócrata Holandés. Presidente de la minoría parlamentaria de su partido, oportunista. Durante la primera guerra mundial (1914--1918) fue socialchovinista.---59.

Trotski, Lev Davídovich (Bronshtéin) (1879--1940): enemigo recalcitrante del leninismo. Llevó una lucha sin cuartel contra Lenin en todas las cuestiones de la teoría y la práctica de la revolución socialista. Durante la primera guerra mundial (1914--1918) ocupó una posición centrista. Ingresó en el Partido Bolchevique en vísperas de la Revolución Socialista de Octubre. Después de ésta desempeñó varios cargos de responsabilidad, pero siguió su activa labor fraccionista. En 1918 estuvo en contra de la firma de la paz de Brest. En 1920 y 1921 se pronunció contra la política leninista respecto a los sindicatos y el movimiento sindical. En 1923 encabezó la oposición contra la pau-- ta general del partido. El Partido Comunista desenmascaró el trotskismo como una desviación pequeñoburguesa en sus filas y lo derrotó en los aspectos ideológico y orgánico. En 1927 Trotski fue expulsado del partido y expatriado por su labor antisoviética en 1929. Posteriormente se le privó de la ciudadanía soviética.---14, 18, 19, 66, 436, 468, 494, 620, 621, 623.

Tsereleli, Irakli Gueórguievich (1882--1959): uno de los líderes del menchevismo. Durante la primera guerra mundial (1914--1918) fue centrista. Después de la revolución de febrero de 1917 desempeñó la cartera de Correos y Telégrafos en el Gobierno Provisional burgués y, después de las jornadas de julio, la del Interior. Después de la Revolución Socialista de Octubre encabezó el bloque antisoviético en la Asamblea Constituyente. Fue uno de los dirigentes del gobierno menchevique contrarrevolucionario de Georgia. Cuando allí se proclamó el Poder soviético, Tsereteli emigró.---33, 34, 39, 40, 47, 49, 59, 62, 67, 72, 73, 85, 88, 105, 113, 181, 184, 186, 196, 205, 206, 218, 219, 246, 266, 267, 274, 284, 291, 300, 326, 327, 349, 353, 367, 384, 392, 399, 408, 414, 421, 422, 428, 429, 437, 440, 446, 549, 550, 571, 576, 656, 661, 675, 694, 729.

Tugán-Baranovski, Mijaíl Ivánovich (1865--1919): economista burgués ruso e insigne representante del "marxismo legal" en los años 90. Luego ingresó en el partido de los demócratas constitucionalistas. Después de la Revolución Socialista de Octubre de 1917 participó activamente en la contrarrevolución en Ucrania.---364.

I'urati, Felipe (1857--1932): líder reformista del movimiento obrero italiano. Fue uno de los organizadores del Partido Socialista Italiano (1892) y líder de su ala derecha; 833 llevó una política de colaboración de clase entre el proletariado y la burguesía. Durante la primera guerra mundial (1914--1918) tuvo una actitud centrista.---35, 60, 64, 385.

Turguénev, Iván Serguéievich (1818--1883): gran escritor ruso de opiniones políticas liberales.---703.

Tyszka, Juan (logiches, León) (1867--1919): dirigente del movimiento obrero polaco y alemán. Durante la primera guerra mundial (1914--1918) fue intemacionalista. Uno de los organizadores de la Liga de Espartaco. Participó en la fundación del Partido Comunista de Alemania y fue secretario de su CC. En 1919 fue detenido y asesinado en una cárcel de Berlín.---62.

bierno burgués de Bélgica.---64, 291, 325, 327, 384, 385.

Verjmmki, Alexandr Ivánovich (1886--1941): ministro de la Guerra del último gabinete del Gobierno Provisional burgués. Unos días antes de la Revolución Socialista de Octubre se salió del gobierno por discrepar de la continuación de la guerra. Después de la Revolución sirvió en el Ejército Rojo.---473.

Vinnichenko, Vladímir Kirílovich (1880--1951): escritor ucraniano y nacionalista burgués. Después de la revolución de febrero de 1917 fue uno de los organizadores de la Rada Ucraniana contrarrevolucionaria y en 1918--1919 encabezó con Petliura el gobierno nacionalista de Ucrania, sirviendo los intereses del imperialismo alemán, y luego los del anglofrancés. Posteriormente emigró.---621, 656.

Vladímir LJliánov (Lenin): véase Lenin, Vladímir Ilich.

V.M.n: véase Miliutin, Vladímir.

Vóinov, Iván Avxéntievich (1884--1917): obrero bolchevique, activo corresponsal de la prensa bolchevique. Fue asesinado por los cadetes en Petrogrado el 6 (19) de julio de 1917 cuando estaba repartiendo Listok ``Pravdy'' ``(La Hoja de ``Pravda'''').---206.

Vol-i véase Volodarski, V.

Volodarski, V. (Goldshtein, Moiséi Márkovich) (1891--1918): bolchevique, participante activo en la Gran Revolución Socialista de Octubre. Después del triunfo de ésta fue Comisario del Pueblo de Prensa, Agitación y Propaganda. Lo asesinó por la espalda un eserista en Petrogrado.---224, 228.

U

Uritski, Moiséi Solomónovich (1873--1918): activo participante en la Gran Revolución Socialista de Octubre, miembro del Centro Militar Revolucionario del partido. En la cuestión de la paz de Brest ocupó una posición errónea y se adhirió a los "comunistas de iz quierda''. En el VII Congreso del POSDR(b) (1918) fue elegido miembro suplente del CC. En 1918 fue nombrado presidente de la Comisión Extraordinaria de Petrogrado y combatió enérgicamente a la contrarrevolución. Lo asesinaron los eseristas el 30 de agosto de 1918.---620, 623.

Vandenelde Emilio (1866--1938): líder del Partido Obrero de Bélgica, presidente del Buró Socialista Internacional de la II Internacional. Durante la guerra imperialista mundial de 1914 a 1918 fue socialchovinisla y entró en el go-

W

Web!, (esposos). Beatriz (1858--1943) y Sidney (1859--1947): conocidas 834 personalidades públicas inglesas, reformistas. Escribieron varios libros de historia y teoría del movimiento obrero inglés. Durante la primera guerra mundial (1914--1918) adoptaron una actitud socialchovinista. Después de la Revolución Socialista de Octubre, simpatizaban mucho con la Unión Soviética.---383. Weydemeyer, José (1818--1866): insigne figura del movimiento obrero alemán y norteamericano, miembro de la Liga de los Comunistas. Participó en la revolución de 1848--1849 en Alemania y en la guerra civil en los EE.UU. (1861--1865). Fue amigo y compañero de lucha de Marx y Engels.---315.

Wijnkoop, David (1877--1941): socialdemócrata de izquierda holandés, luego comunista. Fue uno de los fundadores del periódico De Tribune ``(La Tribuna''), órgano del ala izquierda del Partido Obrero Socialdemócrata Holandés.---62. Wüson, Woodrow (1856--1924): estadista norteamericano, presidente de los EE.UU. de 1913 a 1921. Fue uno de los organizadores de la intervención militar contra la Rusia Soviética.---649. Williams, T.Russel(n. 1872): miembro del Partido Sociallista Británico; internacionalista durante la primera guerra mundial (1914--1918).---62.

negras que presentó la demanda judicial contra Beylis.---199. Zenzínov,

Vladímir Mi)áilovich

(n. 1881): uno de los dirigentes del partido de los eseristas, miembro del consejo de redacción de Dielo Naroda ``(La Causa del Pueblo''), Órgano Central de este partido. Después de la Revolución Socialista de Octubre emigró.---327.

Zinóviev, Grigori Evséievüh ( Radomyshki) (1883--1936): ingresó en el Partido Bolchevique en 1901. Se pronunció reiteradas veces contra Lenin y la política del partido; durante la reacción stolypiniana (1907--1910) tuvo una actitud conciliadora con los liquidadores, los otzovistas y los trotskistas. Durante la primera guerra mundial ocupó una posición internacionalista. En octubre de 1917 denunció con Kámenev el acuerdo del CC del partido sobre la insurrección armada. Después de la Revolución Socialista de Octubre desempeñó varios cargos de responsabilidad, pero siguió oponiéndose a la política leninista del partido: en noviembre de 1917 fue partidario de formar un gobierno de coalición con los mencheviques y los eseristas; en 1925 fue uno de los organizadores de la "nueva oposición''; en 1926, uno de los líderes del bloque antipartido trotskista-zinovievista. En 1934 fue expulsado del partido por su labor contra éste.---14, 16, 65, 463--472, 509, 510. Zhordania, Noy Nikoláievich (1870--1953): socialdemócrata, líder de los mencheviques caucasianos. De 1918 a 1921 encabezó el gobierno menchevique contrarrevolucionario de Georgia. En 1921 emigró.---120, 418.

__ALPHA_LVL0__ The End. [END] 835 ÍNDICE Prefacio................................................................................................................. 5 CARTAS DESDE LEJOS. Primera carta. La primera etapa de la primera revolución............................................................................................................ 23 LAS TAREAS DEL PROLETARIADO EN LA PRESENTE REVOLUCIÓN Tesis.................................................................................................. 33 LA DUALIDAD DE PODERES ....................................................................... 38 LAS TAREAS DEL PROLETARIADO EN NUESTRA REVOLUCIÓN .... (Proyecto de plataforma del partido proletario)...................................................... 41 Carácter de clase de la revolución realizada............................................ 43 La política exterior del nuevo gobierno................................................... 44 La original dualidad de poderes y su significación de clase.................. 45 Peculiaridad de la táctica que se deriva de lo expuesto......................... 48 El defensismo revolucionario y su significación de clase........................ 49 ¿Cómo se puede poner fin a la guerra? .................................................. 51 El nuevo tipo de Estado que brota en nuestra revolución..................... 52 El programa agrario y el programa nacional .......................................... 55 Nacionalización de los bancos y de los consorcios capitalistas................ 57 La situación en el seno de la Internacional Socialista............................. 58 Bancarrota de la Internacional Zimmerwaldiana. Necesidad de fundar la Tercera Internacional............................................................................. 64 ¿Cómo debe denominarse nuestro partido para que su nombre, además de ser científicamente exacto, contribuya políticamente a esclarecer la conciencia del proletariado?............................................................ 67 Epílogo......................................................................................................... 71 LAS ENSEÑANZAS DE LA CRISIS.................................................,............. 74 VII CONFERENCIA (CONFERENCIA DE ABRIL) DE TODA RUSIA DEL POSD(b)R. 24--29 de abril (7-12 de mayo) de 1917.................................. 79 1. Discurso de apertura de la conferencia. 24 de abril (7 de Q 1 mayo)............................................................................................................ oi 2. Informe sobre el momento actual. 24 de abril (7 de mayo)........... 82 Zamyslovski, Gueorgui Gueórguievich (n. 1872): político reaccionario ruso, uno de los líderes de las centurias 836 3. Discurso de resumen de la discusión del informe sobre el inomento = actúa^^1^^. 24 de abril (7 de mayo) ..................................................... 4. Discurso a favor de la resolución sobre la guerra. 27 de abril (10 de mayo) ...................................................................................................... 5. Resolución sobre la guerra................................................................. I .......................................................................................................... II .......................................................................................................... III.......................................................................................................... 6. Resolución sobre la actitud ante el Gobierno Provisional ................ 7. Resolución sobre la revisión del programa del partido.................... 8. Informe sobre el problema agrario. 28 de abril (11 de mayo)....... 9. Resolución sobre el problema agrario................................................ 10. Resolución sobre los Soviets de diputados obreros y soldados........ 11. Discurso sobre el problema nacional. 29 de abril (12 de mayo)..... 12. Resolución sobre el problema nacional .............................................. 13. Resolución sobre el momento actual .................................................. INTRODUCCIÓN A LAS RESOLUCIONES DE LA VII CONFERENCIA (CONFERENCIA DE ABRIL) DE TODA RUSIA DEL l>OSD(b)R .... I CONGRESO DE DIPUTADOS CAMPESINOS DE TODA RUSIA. 4-28 de mino (17 de mayo-10 de junio) de 1917......................................................... 1. Proyecto de resolución sobre el problema agrario ............................. 2. Discurso sobre el problema agrario. 22 de mayo (4 de junio) de 1917.............................................................................................................. I CONGRESO DE LOS SOVIETS DE DIPUTADOS OBREROS V SOLDADOS DE TODA RUSIA. 3-24 de junio (16 de junw-7 de julio) de 1917..................................................................................................................... 1. Discurso acería de la actitud hacia el Gobierno Provisional. 4 (17) de junio........................................................................................................ EL DIECIOCHO DE JUNIO ........................................................................... ,;CON QUE CONTARON LOS DEMÓCRATAS CONSTITUCIÓN ALISTAS AL RETIRARSE DEL MINISTERIO?................................................... ¿DONDE ESTA EL PODER Y DONDE LA CONTRARREVOLUCIÓN? ................................................................................................................. TRES CRISIS ..................................................................................................... ,;DEBE\ LOS DIRIGENTES BOLCHEVIQUES COMPARECER ANTE LOS TRIBUNALES? ......................................................................................... LA SITUACIÓN POLÍTICA ......................................................................... CARIA A LA REDACCIÓN DE NOVAYA ZH17.N.................................... CARIA A LA REDACCIÓN DE PKOI.K'I'ARSKOIK DIEl.O.................... A PROPOSITO DE LAS CONSIGNAS .......................................................... 100 112 1 12 113 114 1 16 118 120 125 128 130 135 137 ~141 145 147 149 837 LAS ENSEÑANZAS DE LA REVOLUCIÓN ................................................. I .......................................................................................................... II .......................................................................................................... III .......................................................................................................... IV .......................................................................................................... V .......................................................................................................... VI .......................................................................................................... VII .......................................................................................................... VIII ...............................................................................................''_........' IX .......................................................................................................... Epílogo ......................................................................................................... AL COMITÉ CENTRAL DEL POSDR........................................................... ACERCA DE LOS COMPROMISOS............................................................... PROYECTO DE RESOLUCIÓN SOBRE LA SITUACIÓN POLÍTICA ACTUAL LA CATÁSTROFE QUE NOS AMENAZA Y COMO COMBATIRLA ..................................................................................... El hambre se acerca.................................................................................... Pasividad completa del gobierno................................................................. Las medidas de control son conocidas de todos y fácilmente aplica-- 209 211 213 213 215 216 217 220 221 222 223 224 229 235 241 243 244 247 248 253 256 260 263 266 269 272 275 278 281 289 291 292 293 293 296 298 301 bles . La nacionalización de los bancos ... La nacionalización de los consorcio La abolición del secreto comercial............................................................. La agrupación obligatoria en consorcios................................................... La reglamentan ion del consumo................................................................ El gobierno destruye la labor de las organizaciones democráticas ........ La bancarrota financiera y las medidas para combatirla ........................ ¿Se puede avanzar temiendo marchar hacia el socialismo? .................... La lucha contra la guerra y la ruina........................................................ La democracia revolucionaria y el proletariado revolucionario.............. UN PROBLEMA FUNDAMENTAL DE LA REVOLUCIÓN ...................... EL ESTADO Y LA REVOLUCIÓN. La doctrina marxiste del Estado v las tareas del proletariado en lo revolución................................................................. Prefacio a la primera edición .................................................................... Prefacio a la segunda edición.................................................................... ('alntitlo I. La sociedad de clases v e] Estado ..................................... 1. El Estado, producto del carácter inconciliable de las contradicciones de clase ..................................................................................... 2. Los destacamentos especiales de hombres armados, las cárceles, etc................................................................................................... 3. El Estado, instrumento de- explotación de la clase oprimida..... 4. La ``cxtmcion'' del Estado v la revolución violenta .................... 167 178 181 183 188 193 195 198 200 202 838 Capítulo U. El Estado y la revolución. La experiencia de 1848 a 1851.............................................................................................................. 307 1. En vísperas de la revolución ......................................................... 307 2. El balance de la revolución ........................................................... 310 3. Cómo planteaba Marx la cuestión en 1852................................. 315 Capítulo III. El Estado y la revolución. La experiencia de la Comuna de París de 1871. El análisis de Marx...................................... 317 1. ¿En qué consiste el heroísmo de la tentativa df los comuneros? ....................................................................................................... 317 2. ¿Con qué sustituir la máquina del Estado una vez destruida? ........................................................................................................ 321 3. La abolición del parlamentarismo................................................. 325 4. Organización de la unidad de la nación...................................... 329 5. La destrucción del Estado parásito............................................... 332 Capítulo IV. Continuación. Aclaraciones complementarias de En-- gels................................................................................................................ 334 1. "El problema de la vivienda" ....................................................... 334 2. La polémica con los anarquistas ................................................... 337 3. Una carta a Bebel .......................................................................... 340 4. Crítica del proyecto de Programa de Erfurt............................... 342 5. Prefacio de 1891 a La guerra civil, de Marx............................... 349 6. Engels y la superación de la democracia..................................... 353 Capítulo V. Las bases económicas de la extinción del Estado........... 356 1. Planteamiento de la cuestión por Marx....................................... 356 2. La transición del capitalismo al comunismo ................................ 358 3. La primera fase de la sociedad comunista .................................. 362 4. La fase superior de la sociedad comunista.................................. 365 Capítulo VI. El envilecimiento del marxismo por los oportunistas... 371 1. La polémica de Plejánov con los anarquistas .............................. 372 2. La polémica de Kautsky con los oportunistas ............................. 373 3. La polémica de Kautsky con Pannekoek ..................................... 379 Palabras finales a la primera edición........................................................ 387 LOS BOLCHEVIQUES DEBEN TOMAR EL PODER. Carta al Comité Central y a los Comités de Petrogrado y Moscú del POSD(b) de Rusia............... 388 EL MARXISMO Y LA. INSURRECCIÓN. Carta al Comité Central del POSD(b) de Rusia................................................................................................ 391 LA CRISIS HA MADURADO ......................................................................... 396 839 IV V VI 400 400 401 405 407 444 ;SE SOSTENDRÁN LOS BOLCHEVIQUES EN EL PODER?.................... Prólogo a la segunda edición..................................................................... Epílogo ......................................................................................................... CARTA AL CC, A LOS COMITÉS DE MOSCÚ Y PETROGRADO Y A LOS BOLCHEVIQUES MIEMBROS DE LOS SOVIETS DE PETROGRADO Y MOSCÚ ........................................................................................... CONSEJOS DE UN AUSENTE....................................................................... CARTA A LOS CAMARADAS BOLCHEVIQUES QUE PARTICIPAN EN EL CONGRESO DE LOS SOVIETS DE LA REGIÓN DEL NORTE........................................................................................................................ REUNIÓN DEL COMITÉ CENTRAL DEL POSD(b) DE RUSIA. 10 (23) de octubre de 1917............................................................................................... 1. Informe. Acta de la reunión................................................................... 2. Resolución ............................................................................................... REUNIÓN DEL COMITÉ CENTRAL DEL POSD(b) DE RUSIA. 16 (29) de octubre de 1917............................................................................................... 1. Informe. Acta de la reunión................................................................... 2. Intervenciones. Arta de la reunión......................................................... 1.......................................................................................................... 449 451 453 458 458 460 461 461 463 463 463 464 464 465 468 472 473 475 477 479 481 481 486 489 490 494 Resolución .................................................................................................... CARTA A LOS MIEMBROS DEL PARTIDO BOLCHEVIQUE ................ CARTA AL COMITÉ CENTRAL DEL POSD(b) DE RUSIA ..................... CARTA A Y. M.SVERDLOV ........................................................................... CARTA A LOS MIEMBROS DEL CC ........................................................... ¡A LOS CIUDADANOS DE RUSIA! .............................................................. II CONGRESO DE LOS SOVIETS DE DIPUTADOS OBREROS Y SOLDADOS DE TODA RUSIA. 25--26 de octubre (7-8 de noviembre) de 1917 .... 1. ¡A los obreros, a los soldados, a los campesinos! ............................... 2. Informe sobre la paz. 26 de octubre (8 de noviembre) .................... Decreto de la paz........................................................................................... 3. Discurso de resumen de la discusión del informe sobre la paz. 26 de octubre (8 de noviembre) ..................................................................... 4. Informe acerca de la tierra. 26 de octubre (8 de noviembre).......... Decreto sobre la tierra.................................................................................... 5. Resolución sobre la formación del Gobierno Obrero y Campesino .................................................................................................................. I II III .......................................................................................................... 396 397 398 840 RADIOGRAMA DEL CONSEJO DE COMISARIOS DKI. Pi:F,BI.O. 30 de octubre (12 de noviembre) de 1917....................................................................... PROVECTO DE DECRETO SOBRE F.I. CONTROL OBRERO ................. INTERVENCIONES EN EA REUNIÓN DEE CC DEL POSD(b) DE RUSIA, 1 (14) de noviembre de 1917. Acta de la reunión ................................ RESOLUCIÓN DEL CC DEL POSD(b) DE RUSIA SOBRE LA OPOSICIÓN EN EL SENO DEL CC. 2 (15) de noviembre de 1917......................... ULTIMÁTUM DE LA MAYORÍA DEL CC DEL POSD(h) DE RUSIA A LA MINORÍA .................................................................................................... RESPUESTA A LAS PREGUNTAS DE LOS CAMPESINOS...................... A LA POBLACIÓN........................................................................................... LLAMAMIENTO DEL COMITÉ CENTRAL DEL PAR FIDO OBRERO SOC1ALDEMOCRATA (BOLCHEVIQUE) DE RUSIA. A foífo.v los miembros del partido y n lodos las clases trabajadoras de Rusia.................................... CONGRESO EXTRAORDINARIO DE LOS SOVIETS DE DIPUTADOS CAMPESINOS DE TODA RUSIA. ¡0-25 de noviembre (23 de noviembre-8 de diciembre) de 1917.......................................................................................... 1. Proyecto de resolución........................................................................... 2. Discurso de resumen sobre la cuestión agraria. 18 de noviembre (1 de diciembre). Información periodístico....................................................... LA ALIANZA DE LOS OBREROS Y DE LOS CAMPESINOS TRABAJADORES Y EXPLOTADOS. Carta a la Redacción de "l'ravda"................... REUNIÓN DEL COMITÉ EJECUTIVO CENTRAL DE TODA RUSIA. 1 (14) de diciembre de 1917................................................................................ 1. Intervención acerca de la constitución del Consejo Superior de Economía Nacional. Información periodística.............................................. INFORME SOBRE LA SITUACIÓN ECONÓMICA DE LOS OBREROS DE PETROGRADO Y LAS TAREAS DE LA CLASE OBRERA, PRONUNCIADO EN LA REUNIÓN DE LA SECCIÓN OBRERA DEL SOVIET DE DIPUTADOS OBREROS Y SOLDADOS DE PETROGRADO EL 4 (17) DE DICIEMBRE DE 1917. Información periodística...................... TESIS ACERCA DE LA ASAMBLEA CONSTITUYENTE......................... DISCURSO SOBRE LA NACIONALIZACIÓN DE LOS BANCOS, PRONUNCIADO EN LA SESIÓN DEL COMITÉ EJECUTIVO CENTRAL DE TODA RUSIA EL 14 (27) DE DICIEMBRE DE 1917. Acia de la reunión ................................................................................................................. POR EL PAN Y LA PAZ ................................................................................. PROYECTO DE DECRETO SOBRE LA PUESTA EN PRACTICA DE LA NACIONALIZACIÓN DE LOS BANCOS Y LAS MEDIDAS INDISPENSABLES DERIVADAS DE ELLA............................................................. ,-COMO DEBE ORGANIZARSE LA EMULACIÓN?.................................... 496 497 499 841 DECLARACIÓN DE LOS DERECHOS DEL PUEBLO TRABAJADOR Y EXPLOTADO............................................ 546 549 551 553 553 561 563 562 578 579 581 584 588 589 597 599 620 627 629 630 642 644 645 649 651 GENTE DEL OTRO MUNDO......................................................................... PROYECTO DE DECRETO DISOLVIENDO LA ASAMBLEA CONSTITUYENTE .......................................................................................................... ACERCA DE LA HISTORIA DE LA PAZ DESDICHADA......................... Tesis sobre el problema de la conclusión inmediata de una paz separada y anexionista................................................................................ EPILOGO A LAS TESIS SOBRE EL PROBLEMA DE LA CONCLUSIÓN INMEDIATA DE UNA PAZ SEPARADA Y ANEXIONISTA......... III CONGRESO DE LOS SOVIETS DE DIPUTADOS OBREROS, SOLDADOS Y CAMPESINOS DE TODA RUSIA. ¡0-18 (23--31) de enero de 1918..................................................................................................................... 1. Informe sobre la actividad del Consejo de Comisarios del Pueblo. 11 (24) de enero ......................................................................................... PROYECTO DE RADIOGRAMA AL GOBIERNO DEL IMPERIO ALEMÁN .................................................................................................................... ¡LA PATRIA SOCIALISTA ESTA EN PELIGRO!....................................... 502 504 506 508 513 513 5 15 517 520 520 POSICIÓN DEL CC DEL POSD(b) DE RUSIA EN EL PROBLEMA DE LA PAZ SEPARADA Y ANEXIONISTA .................................................... UNA LECCIÓN DURA, PERO NECESARIA................................................ PROYECTO DE DISPOSICIÓN DEL CONSEJO DE COMISARIOS DEL PUEBLO SOBRE LA EVACUACIÓN DEL GOBIERNO ............................ PEREGRINO Y MONSTRUOSO..................................................................... VII CONGRESO EXTRAORDINARIO DEL PC(b) DE RUSIA. 6-8 de marzo de 1918...................................................................................................... 1. Informe político del Comité Central. 7 de marzo.............................. 2. Discurso de resumen de la discusión del informe político del Comité Central. 8 de marzo...................................................................... 3. Resolución sobre la guerra y la paz..................................................... 4. Adición a la resolución sobre la guerra y la paz. 8 de marzo.......... 5. Informe sobre la revisión del programa y el cambio de nombre del partido. 8 de marzo ............................................................................. 6. Resolución sobre el cambio de nombre del partido y la modificación de su programa .................................................................................. 7. Resolución sobre la negativa de los "comunistas de izquierda" a formar parte del CC................................................................................... LA TAREA PRINCIPAL DE NUESTROS DÍAS.......................................... IV CONGRESO EXTRAORDINARIO DE LOS SOVIETS DE TODA RUSIA. 14--16 de marzo de 1918....................................................................... 1. Proyecto de resolución sobre el mensaje de Wilson........................... 521 524 529 532 534 537 842 2. Informe sobre la ratificación del tratado de paz. 14 de marzo........ 652 3. Resolución sobre la ratificación del Tratado de Brest ....................... 668 LAS TAREAS INMEDIATAS DEL PODER SOVIÉTICO........................... 671 La situación internacional de la República Soviética de Rusia y las tareas fundamentales de la revolución socialista...................................... 673 La consigna general del momento............................................................ 678 Nueva fase de la lucha contra la burguesía............................................. 680 Importancia de la lucha por una contabilidad y un control populares................................................................................................................. 687 El aumento de la productividad del trabajo............................................ 690 La organización de la emulación............................................................... 692 ``Buena organización" y dictadura............................................................ 695 El desarrollo de la organización soviética................................................. 703 Conclusión.................................................................................................... 706 SEIS TESIS ACERCA DE LAS TAREAS INMEDIATAS DEL PODER SOVIÉTICO....................................................................................................... 708 BORRADOR DEL PLAN DE TRABAJOS TECNOCIENTIFICOS ............ 711 ACERCA DEL INFANTILISMO ``IZQUIERDISTA'' Y DEL ESPÍRITU PEQUENOBURGUES........................................................................................ 712 1 .............................................................................................................. 712 II .............................................................................................................. 715 III .............................................................................................................. 719 IV .............................................................................................................. 724 V .............................................................................................................. 727 VI .............................................................................................................. 734 TESIS SOBRE LA SITUACIÓN POLÍTICA ACTUAL............................... 737 I .............................................................................................................. 737 II .............................................................................................................. 738 III .............................................................................................................. 738 IV .............................................................................................................. 739 V .............................................................................................................. 740 EL HAMBRE (Carta a los obreros de Petrogrado).............................................. 741 DISCURSO PRONUNCIADO EN EL II CONGRESO DE COMISARIOS DEL TRABAJO DE TODA RUSIA EL 22 DE MAYO DE 1918................ 748 DISCURSO PRONUNCIADO EN EL I CONGRESO NACIONAL DE LOS CONSEJOS DE ECONOMÍA EL 26 DE MAYO DE 1918.................. 752 NOTAS ............................................................................................................... 759 ÍNDICE DE NOMBRES.................................................................................... 811 843 ILUSTRACIONES V.I.Lenin. 1918 Primera página de la carta de V. I. Lenin al Comité Central del POSDR M de agosto (12 de septiembre) de 1917.......................................... 225 Primera página del manuscrito de V.I.Lenin La catástrofe que nos amenaza y como combatirla. 10--14 (23--27) de septiembre de 1917................................ 242 Primera página del manuscrito de V.I.Lenin El Estado y la revolución Agosto-septiembre de 1917 ............................. De las tareas del Poder soviético en el momento actual. Abril de 1918 290 673

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