ACTA TAQUIGRÁFICA
p Camaradas: El anteproyecto de resolución sobre la guerra fue leído por mí en la Conferencia de la ciudad de Petrogrado. A causa de la crisis que absorbió en Petrogrado la atención y las fuerzas de todos los camaradas, no pudimos corregir ese anteproyecto. Pero entre ayer y hoy, la comisión ha trabajado con éxito y el anteproyecto ha sido corregido, sensiblemente reducido y, a nuestro juicio, mejorado.
p Diré algunas palabras sobre la estructura de esta resolución, que se divide en tres partes: la primera traza un análisis de clase de la guerra, completado con una declaración de principios explicando las razones que mueven a nuestro partido a sostener que no se debe prestar el menor crédito a las promesas del gobierno ni apoyar en lo más mínimo al Gobierno Provisional. La segunda parte de la resolución está dedicada al problema del defensismo revolucionario como una corriente extraordinariamente extendida entre las masas y que de momento auna contra nosotros a la inmensa mayoría del pueblo. El problema está en determinar la significación de clase de ese defensismo revolucionario, su esencia, la verdadera correlación de fuerzas, y en puntualizar cómo podemos luchar contra esa corriente. La tercera parte de la resolución trata de cómo terminar la guerra. A este problema práctico, de gran importancia para nuestro partido, era necesario contestar en detalle y creemos haberlo conseguido de modo satisfactorio. En una serie de artículos de Pravda y de periódicos de provincias (que recibimos muy irregularmente, pues 101 el correo no funciona y tenemos que aprovechar las ocasiones para conseguir los periódicos locales para el CC), en los que se publicaron un número considerable de artículos acerca de la guerra, se ha puesto de relieve claramente nuestra actitud contraria a ésta y a la cuestión del empréstito. Me parece que la votación contra el empréstito resolvió la cuestión sobre la actitud negativa frente al defensismo revolucionario. Me es imposible detenerme más en esto.
p “La guerra actual es, por parte de ambos grupos de potencias beligerantes, una guerra imperialista, es decir, una guerra que hacen los capitalistas por el reparto de los beneficios que proporciona la dominación mundial, por los mercados del capital financiero (bancario), por el sometimiento de los pueblos débiles, etc.".
p La primera y fundamental tesis se refiere al problema del contenido de la guerra, problema de carácter general y político, problema litigioso, que los capitalistas y socialchovinistas eluden cuidadosamente. Por eso nosotros debemos colocar este problema en primer plano y hacer la siguiente adición:
p “Cada día de guerra enriquece a la burguesía financiera e industrial y arruina y agota las fuerzas del proletariado y del campesinado de todos los países beligerantes y, también, de los países neutrales. Por lo que se refiere a Rusia, la prolongación de la guerra pone, además, en grandísimo peligro las conquistas de la revolución y su desarrollo ulterior.
p “El paso del poder en Rusia al Gobierno Provisional, gobierno de terratenientes y capitalistas, no ha cambiado ni podía cambiar ese carácter ni el significado de la guerra por parte de Rusia".
p Esta última frase, leída por mí, tiene una gran importancia para toda nuestra propaganda y agitación. ¿Ha cambiado o puede cambiar el carácter de clase de la guerra? Nuestra contestación se basa en el hecho de que el poder ha pasado a manos de los terratenientes y los capitalistas, a manos del mismo gobierno que ha preparado esta guerra. Veamos ahora un hecho que pone de relieve con la mayor evidencia posible el carácter de la guerra. Una cosa es el carácter de clase que se expresa en toda la política mantenida durante decenios por determinadas clases, y otra cosa, el evidente carácter de clase de la guerra.
p “Este hecho se manifiesta con evidencia particular en que el nuevo gobierno, lejos de publicar los tratados secretos concluidos por el zar Nicolás II con los gobiernos capitalistas de Inglaterra, Francia, etc., ha ratificado formalmente, sin consultar al pueblo, estos tratados secretos, que prometen a los capitalistas rusos el saqueo de China, de Persia, de Turquía, de Austria, etc. Con la 102 ocultación de esos tratados se engaña al pueblo ruso acerca del verdadero carácter de la guerra".
p Subrayo, pues, una vez más, que nosotros destacamos la más evidente confirmación del carácter de la guerra. Aun cuando no hubiese tratados, no por ello cambiaría en lo más mínimo el carácter de la guerra, pues para llegar a un acuerdo los grupos capitalistas pueden prescindir muy a menudo de los tratados. Pero estos tratados existen, su significación no puede ser más evidente, y nosotros, para unificar la labor de agitación y de propaganda, consideramos necesario subrayarlo de un modo especial, por lo cual hemos acordado tratar por separado ese punto. La atención del pueblo está fija en este hecho y es natural que así sea, tanto más que esos tratados fueron concertados por el destronado zar; es necesario, pues, hacer ver al pueblo que los gobiernos prosiguen la guerra a base de tratados firmados por los viejos gobiernos. Creo que en este punto se ponen de manifiesto con el mayor relieve las contradicciones entre los intereses de los capitalistas y la voluntad del pueblo, y la tarea de los agitadores consiste en descubrir esas contradicciones y hacer recaer sobre ellas la atención del pueblo; esforzarse por esclarecer la conciencia de las masas, apelando a su conciencia de clase. El contenido de esos tratados es tal que no puede existir la menor duda de que prometen a los capitalistas ganancias inmensas mediante el saqueo de otros países, ya que esos tratados siempre se mantienen secretos en todos los países. No hay en el mundo una sola república que desarrolle a la luz del día su política exterior. Mientras exista el régimen capitalista, no se espere que los capitalistas abran sus libros comerciales a todo el que quiera verlos. La propiedad privada sobre los medios de producción incluye también la propiedad privada sobre las acciones y las operaciones financieras. El principal fundamento de la diplomacia actual consiste en operaciones financieras, que se reducen todas al saqueo y estrangulación de los pueblos débiles. Tales son, desde nuestro punto de vista, las tesis fundamentales de las que se deriva toda apreciación acerca de la guerra. De ellas, deducimos:
p “Por eso, el partido proletario no puede apoyar ni la guerra en curso, ni al gobierno actual, ni sus empréstitos sin romper por completo con el internacionalismo, es decir, con la solidaridad fraternal de los obreros de todos los países en la lucha contra el yugo del capital".
p Tal es nuestra principal y fundamental conclusión, que determina toda nuestra táctica y nos separa de todos los demás partidos, por muy socialistas que se denominen. Con esta tesis, 103 indiscutible para todos nosotros, queda determinada la cuestión de nuestra actitud ante todos los demás partidos políticos.
p A continuación se dice que nuestro gobierno ha planteado profusamente la cuestión de las promesas. En torno a esas promesas se hace una interminable campaña de los Soviets, que se han enredado con ellas y ponen a prueba al pueblo. Por eso creemos necesario añadir al análisis puramente objetivo de la situación de clase una apreciación de esas promesas, las cuales, naturalmente, no tienen de por sí el menor valor para un marxista, aunque para las grandes masas significan mucho y para la política todavía más. El Soviet de Petrogrado se ha enredado en esas promesas y les da importancia al prometer apoyarlas. Eso es lo que nos mueve a añadir a este punto la siguiente fórmula:
p “No merecen ningún crédito las promesas del gobierno actual de renunciar a las anexiones, es decir, a la conquista de otros países, o a la retención por la fuerza en los límites de Rusia de cualquier nacionalidad".
p Y como la palabra "anexión" es una palabra extranjera, la definimos políticamente en términos precisos, como no pueden hacerlo ni el partido de los demócratas constitucionalistas ni los partidos de los demócratas pequeñoburgueses (populistas y mencheviques). Ninguna palabra ha sido usada de un modo tan absurdo y tan sucio como ésta.
p “Porque, en primer lugar, los capitalistas, unidos por miles de hilos del capital bancario, no pueden renunciar a las anexiones en esta guerra sin renunciar a las ganancias que proporcionan los miles de millones invertidos en empréstitos, en concesiones, en fábricas de guerra, etc. En segundo lugar, el nuevo gobierno, que renunció a las anexiones para embaucar al pueblo, declaró por boca de Miliukov el 9 de abril de 1917 en Moscú que no renuncia a las anexiones, y la nota del 18 de abril, así como la explicación a la misma del 22 de dicho mes, vino a confirmar el carácter rapaz de su política.
p “Al poner en guardia al pueblo contra las vanas promesas de los capitalistas, la conferencia declara, por ello, que es necesario establecer una rigurosa diferencia entre la renuncia a las anexiones de palabra y la renuncia de hecho, es decir, la publicación inmediata y la anulación de todos los bandidescos tratados secretos y la concesión inmediata a todas las naciones del derecho a decidir por votación libre la cuestión de si desean constituirse en Estados independientes o formar parte de un Estado cualquiera".
p Hemos creído necesario indicar esto porque el problema de una paz sin anexiones es el problema básico en todos estos debates 104 acerca de las condiciones de paz. Todos los partidos reconocen que la paz será una alternativa y que una paz con anexiones representará una catástrofe inaudita para todos los países. Ante el pueblo, en un país en que impera la libertad política, el problema de la paz no puede plantearse sino como una paz sin anexiones. Es necesario, pues, manifestarse por una paz sin anexiones, y no queda sino mentir, enturbiando el concepto de anexión o eludiendo el punto. Riech, por ejemplo, grita que la devolución de Curlandia^^56^^ equivale precisamente a renunciar a las anexiones. Hablando yo ante el Soviet de diputados obreros y soldados, un soldado me hizo llegar un papel con esta pregunta: "Debemos batirnos para reconquistar Curlandia. ¿Acaso reconquistar Curlandia significa apoyar las anexiones?" Yo tuve que contestarle afirmativamente. Nosotros nos oponemos a que Alemania se adueñe de Curlandia por la fuerza, pero nos oponemos también a que Rusia retenga por la fuerza a ese país. Por ejemplo, nuestro gobierno ha lanzado un manifiesto sobre la independencia de Polonia, atiborrado de frases vacías y sin sentido. En él se dice que Polonia deberá tener una libre alianza militar con Rusia. En estas tres palabras se encierra todo lo que el manifiesto contiene de verdad. La libre alianza militar de la pequeña Polonia con la gigantesca Rusia significa, en realidad, la completa esclavización militar de Polonia. Podrá darle la libertad a Polonia políticamente, pero, con eso y todo, sus fronteras serán trazadas por el imperativo de la alianza militar.
p Si nosotros luchásemos por conseguir que los capitalistas rusos se adueñasen de Curlandia y Polonia, en sus fronteras antiguas, reconoceríamos a los capitalistas alemanes el derecho de saquear Curlandia. Planteadas así las cosas, podrían objetar: hemos saqueado a Polonia juntos. Cuando comenzamos a despedazar Polonia a fines del siglo XVIII, Prusia era un Estado pequeño y débil, y Rusia un Estado inmenso, por cuya razón sacó un mayor botín. Ahora nos hemos hecho más fuertes: permitidnos, pues, arrancar una parte mayor. No hay nada que oponer a esta lógica de los capitalistas. En 1863, el Japón, comparado con Rusia, no era nada; en 1905 zurró a Rusia. En los años de 1863 a 1873, Alemania, comparada con Inglaterra, no era nada; hoy es más poderosa que ésta. Y pueden objetar: cuando nos quitaron Curlandia éramos débiles; ahora somos más fuertes que ustedes y queremos reconquistarla. No renunciar a las anexiones equivale a justificar una serie interminable de guerras por la conquista de los pueblos débiles. Renunciar a las anexiones equivale dar a todos los pueblos el derecho a decidir libremente si quieren vivir solos o unirse a otras naciones. Naturalmente que para ello deberán 105 retirarse las tropas. Admitir la más insignificante vacilación en el problema de las anexiones equivale a justificar guerras interminables. Por eso, no podíamos permitir en este punto la menor vacilación. En lo tocante a las anexiones, nuestra respuesta es: libre determinación de los pueblos. ¿Qué debe hacerse para que esta libertad política sea también una libertad económica? Poner el poder en manos del proletariado y sacudir el yugo capitalista.
p Paso ahora a la segunda parte de la resolución.
p “El llamado "defensismo revolucionario”, que hoy se ha apoderado en Rusia de todos los partidos populistas (socialistas populares, trudoviques, socialistas-revolucionarios), del partido oportunista de los socialdemócratas mencheviques (Comité de Organización, Chjeídze, Tsereteli y otros) y de la mayoría de los revolucionarios sin partido, representa, ateniéndonos a su significación de clase, por un lado, los intereses y el punto de vista de los campesinos acomodados y de un sector de los pequeños propietarios, quienes, al igual que los capitalistas, sacan provecho de la violencia contra los pueblos débiles; por otro lado, el defensismo revolucionario es el resultado del engaño por los capitalistas de una parte de los proletarios y semiproletarios de la ciudad y del campo, quienes, por su situación de clase, no están interesados en las ganancias de los capitalistas ni en la guerra imperialista".
p Nuestra misión consiste, pues, en puntualizar de qué capas sociales pudo brotar y brotó el defensismo. Rusia es el país más pequeñoburgués, y las capas superiores de la pequeña burguesía están directamente interesadas en la continuación de esta guerra. El campesino rico, al igual que los capitalistas, saca beneficios de ella. Por otro lado, las masas del proletariado y semiproletariado no tienen interés en las anexiones, puesto que no reciben ningún beneficio del capital bancario. ¿Cómo pudieron entonces esas clases adoptar el punto de vista del defensismo revolucionario? La actitud de estas clases ante el defensismo revolucionario es el resultado de la influencia ideológica de los capitalistas, a lo que en la resolución corresponde la palabra "engaño”. Esas clases no aciertan a distinguir entre los intereses de los capitalistas y los de la nación. De ahí, para nosotros, la conclusión siguiente:
p “La conferencia declara absolutamente inadmisible cualquier concesión al defensismo revolucionario, ya que equivaldría de hecho a la ruptura completa con el internacionalismo y el socialismo. En cuanto al estado de ánimo defensista de las grandes masas populares, nuestro partido luchará incansablemente contra él mediante el esclarecimiento, explicando la verdad de que la confianza inconsciente en el gobierno de los capitalistas es, en este 106 momento, uno de los principales obstáculos para la rápida terminación de la guerra".
p Aquí, en estas últimas palabras, se expresa la particularidad que distingue claramente a Rusia de todos los demás países capitalistas occidentales y de todas las repúblicas democráticas capitalistas. Pues no puede decirse que la confianza de las masas inconscientes sea en estos países la causa principal de la continuación de la guerra. Allí, las masas se hallan actualmente en las tenazas de hierro de la disciplina militar, tanto más rigurosa cuanto más democrática es la república, ya que en ella el derecho se apoya en la "voluntad del pueblo”. En Rusia no existe, gracias a la revolución, esa disciplina. Las masas eligen libremente sus representantes a los Soviets, fenómeno que no se da hoy en ningún otro país del mundo. Pero esas masas confían ciegamente, por eso se las utiliza de un determinado modo en la lucha. Aquí, fuera de esclarecer, no cabe otra cosa. Esta labor esclarecedora deberá referirse a las tareas y métodos de acción directamente revolucionarios. Cuando las masas son libres, intentar hacer algo en nombre de la minoría, sin explicarlo a las masas, sería un absurdo blanquismo, una simple tentativa aventurera. Sólo conquistando a las masas—si es posible conquistarlas—, sólo así crearemos una base firme para el triunfo de la lucha proletaria de clase.
p Paso a la tercera parte de la resolución.
p “En lo que concierne a la cuestión principal, es decir, la de cómo terminar lo más pronto posible esta guerra de los capitalistas, mediante una paz verdaderamente democrática, y no impuesta, la conferencia declara y resuelve:
p “La negativa de los soldados de una sola de las partes a continuar la guerra, o el simple cese de las hostilidades por una de las partes beligerantes, no puede poner fin a esta contienda".
p Esta idea, la de poner fin de ese modo a la guerra, nos es atribuida con frecuencia por gentes que gustan de nacerse fácil la lucha, desfigurando las opiniones del adversario; es el método usual de los capitalistas, quienes nos achacan la idea insensata de poner fin a la guerra por la negativa de una de las partes. No, replican, "la guerra no se terminará clavando la bayoneta en el suelo”, como dijo un soldado, típico partidario del defensismo revolucionario. Pero ésa, digo yo, no es una objeción. Es una idea anarquista pensar que la guerra puede terminarse sin que cambien las clases gobernantes. Es una idea anarquista que no tiene la menor significación ni el menor sentido estatal, o una idea nebulosamente pacifista, extraña a toda relación que media entre la política y la clase opresora. La guerra es un mal, la paz es un 107 bien... Naturalmente, debemos aclarar esta idea ante las masas, hacerla asequible para ellas. En términos generales, todas nuestras resoluciones están escritas para los sectores dirigentes, para los marxistas; no sirven en absoluto como lecturas de masas, pero deben dar a todos los propagandistas y agitadores una especie de directriz general de toda la política. Con este fin, se ha añadido el siguiente párrafo:
p “La conferencia protesta una vez más con motivo de la vil calumnia, difundida por los capitalistas contra nuestro partido, de que simpatizamos con una paz por separado con Alemania. Consideramos a los capitalistas alemanes tan bandidos como a los capitalistas rusos, ingleses, franceses y otros, y al emperador Guillermo tan bandido coronado como Nicolás II, los monarcas inglés, italiano, rumano y todos los demás".
p Este punto suscitó ciertas discrepancias en el seno de la comisión; había quienes opinaban que este párrafo estaba redactado en términos demasiado populares; había quien entendía que los monarcas de Inglaterra, Italia y Rumania no merecían el honor de ser mencionados. Pero, después de amplias discusiones, llegamos al acuerdo unánime de que en estos momentos, cuando nos interesa rechazar las calumnias dirigidas contra nosotros, las calumnias que Birzhovkn^ trata de difundir de un modo casi siempre grosero, Riech de un modo más sutil y Edinstvo por medio de alusiones directas, acordamos, digo, que ante esta cuestión debíamos proceder a una crítica clara y tajante de dichos conceptos teniendo en cuenta a las grandes masas. Y como se nos dice: ya que consideráis a Guillermo un bandolero, ayudadnos a derribarlo, podemos replicar que también lo son los demás y que también contra ellos hay que luchar por lo que no se debe olvidar a los reyes de Italia y Rumania, ya que semejantes bandoleros existen también entre nuestros aliados. Estos dos párrafos son una refutación de las calumnias que pretenden llevar el asunto al terreno del pogromo y de los mutuos insultos. Por eso, continuando, debemos pasar a la cuestión seria y práctica de cómo terminar esta guerra.
p “Nuestro partido va a explicar al pueblo con paciencia, pero también con insistencia, la verdad de que las guerras son sostenidas por los gobiernos, que las guerras están siempre inseparablemente ligadas a la política de clases determinadas, que sólo puede lograrse una paz democrática en esta guerra si todo el poder del Estado pasa, por lo menos en algunos países beligerantes, a manos de la clase de los proletarios y semiproletarios, que es la única verdaderamente capaz de poner fin al yugo del capital".
p Para un marxista, estas verdades acerca de que las guerras son 108 sostenidas por los capitalistas y se hallan vinculadas a sus intereses de clase son verdades absolutas. El marxista no necesita pararse a examinar tales afirmaciones. Pero todos los propagandistas y agitadores hábiles deben procurar explicar a las grandes masas esta verdad, sin palabras exóticas, ya que en nuestro país las polémicas degeneran por lo común en broncas inútiles, que no dan nada. Y a eso vamos en cada parte de la resolución. Decimos: para comprender la guerra hay que preguntarse a quién beneficia; para comprender de qué modo se le puede poner fin, hay que preguntarse a qué clases perjudica. La ligazón es clara, y de ella se deriva la siguiente conclusión:
p “La clase revolucionaria, después de tomar en sus manos el poder del Estado en Rusia, adoptaría una serie de medidas orientadas a destruir el dominio económico de los capitalistas, a reducirlos a la impotencia política, y propondría inmediata y públicamente a todos los pueblos una paz democrática, sobre la base de la renuncia total a las anexiones, cualesquiera que fueran".
p Cuando hablamos en nombre de la clase revolucionaria, el pueblo tiene derecho a preguntar: "Bien, y ustedes, ¿qué harían en su lugar para poner fin a la guerra?" Es una pregunta inevitable. El pueblo nos elige ahora como sus representantes, y hemos de darle una contestación muy precisa. La clase revolucionaria, después de tomar el poder, comenzaría socavando el dominio de los capitalistas y propondría a todos los pueblos condiciones de paz precisas, pues sin anular el dominio económico de los capitalistas no sería más que un papel mojado. Eso sólo puede hacerlo la clase triunfante; sólo ella puede implantar un cambio en la política.
p Repito una vez más que, tratándose de las masas atrasadas, esta verdad requiere, para su comprensión, aquellos eslabones intermedios que sirven para iniciar en el problema a gentes no preparadas. Todo el error y toda la mentira de las publicaciones populares acerca de la guerra consiste en eludir esta cuestión, en silenciarla y exponer el asunto como si no existiese tal lucha de clases, como si dos países hubiesen vivido hasta entonces en paz y armonía, hasta que uno de ellos, lanzándose sobre el otro, obligase a éste a defenderse. Modo vulgar de ver las cosas, en el que no hay ni rastro de objetividad; engaño consciente de que los hombres cultos hacen víctima al pueblo. Si sabemos abordar esta cuestión, todo representante del pueblo captará la esencia, pues una cosa son los intereses de las clases dominantes, y otra, los intereses de las clases oprimidas.
p ¿Qué ocurriría si la clase revolucionaria conquistase el poder?
109p “Estas medidas y esta franca proposición de paz crearían una confianza plena entre los obreros de los países beligerantes..."
p Hoy, esta confianza no puede existir, ni conseguiremos crearla a fuerza de manifiestos. Si, corno dijo un pensador, la lengua ha sido dada al hombre para encubrir sus pensamientos, los diplomáticos siempre afirman: "Las conferencias se reúnen para engañar a las masas populares”. Y no sólo piensan así los capitalistas, sino también los socialistas. En particular, esto puede aplicarse a la conferencia convocada por Borgbjerg.
p “...y provocarían inevitablemente las insurrecciones del proletariado contra los gobiernos imperialistas que se opusieran a la paz propuesta".
p Cuando un gobierno capitalista dice: "Nosotros abogamos por una paz sin anexiones”, nadie lo cree ahora. Las masas populares tienen el instinto de las clases oprimidas, el cual les dice que nada ha cambiado. Sólo cuando cambiase real y verdaderamente la política de un país, aparecería la confianza y surgiría la tentativa de insurrecciones. Decimos “insurrecciones” porque aquí se habla de todos los países. "Ha estallado la revolución en un país y ahora debe estallar también en Alemania”. Este modo de enfocar las cosas es falso. Se pretende establecer un orden de sucesión, pero esto no puede ser. Todos hemos vivido la revolución de 1905, todos hemos podido oír o ver cómo esa revolución dio un impulso a las ideas revolucionarias en el mundo entero, confirmando lo que Marx había dicho siempre. No se puede fabricar la revolución ni establecer un turno para ella. La revolución no se hace por encargo, sino que brota. Lo que hoy en Rusia se le dice generalmente al pueblo no es más que charlatanería. Se le dice: "Vosotros, los rusos, ya habéis hecho la revolución, ahora le toca el turno al alemán”. Si las condiciones objetivas cambian, la insurrección será inevitable. Lo que no sabemos es en qué orden, en qué momento, ni con qué resultado. Se nos dice: si la clase revolucionaria de Rusia se adueña del poder, y en los demás países no se produce la insurrección, ¿qué debe hacer el partido revolucionario? ¿Qué hacer entonces? A estas preguntas contesta el último punto de nuestra resolución:
p “Pero mientras la clase revolucionaria en Rusia no haya tomado todo el poder del Estado, nuestro partido seguirá apoyando por todos los medios a los partidos y grupos proletarios del extranjero que ya durante la guerra sostienen de hecho la lucha revolucionaria contra sus propios gobiernos imperialistas y contra su propia burguesía".
p Eso es todo lo que por el momento podemos prometer y debemos hacer. La revolución se está gestando en todos los países, 110 pero nadie puede decir en qué medida va madurando y cuándo madurará. En todos los países hay hombres que sostienen una lucha revolucionaria contra sus gobiernos. A esos hombres y sólo a ellos debemos apoyar. Eso es lo justo, lo demás es mentira. Y añadimos:
p “Y sobre todo, el partido apoyará la confraternización en masa —que ya ha empezado—entre los soldados de todos los países beligerantes en el frente..."
p Con esto se contesta a la objeción de Plejánov. "¿Qué conseguiréis así?—dice Plejánov—. Confraternizaréis, y después, ¿qué? Ello envuelve, indudablemente, la posibilidad de una paz separada en el frente”. Esto es malabarismo, no un argumento serio. Nosotros queremos la confraternización en todos los frentes v nos ocupamos de ello. Cuando estábamos en Suiza, difundimos el texto de una proclama en dos idiomas, en francés y alemán, en la que exhortábamos a lo mismo a que llevamos hoy a los soldados rusos. Y no nos limitamos a predicar la confraternización entre Rusia y Alemania solamente, sino que llamamos a todos a confraternizar. Ahora bien, ¿cómo ha de concebirse esta confraternización?
p “...tratando de transformar esta manifestación espontánea de solidaridad de los oprimidos en un movimiento consciente y lo mejor organizado posible para que todo el poder del Estado pase en todos los países beligerantes a manos del proletariado revolucionario".
p Hoy, la confraternización se desarrolla de un modo espontáneo, y no hay que hacerse ilusiones al respecto. Es necesario reconocerlo así para no inducir al pueblo al error. Los soldados que confraternizan no tienen una idea política clara. En ellos habla el instinto de hombres oprimidos, cansados y agotados, que van dejando de creer en los capitalistas: "Mientras vosotros seguís hablando de paz—pues venimos oyéndolo desde hace ya dos años y medio—, nosotros mismos empezaremos a ponerla en práctica”. Ese es el instinto certero de clase. Sin ese instinto, la causa de la revolución estaría perdida, pues sabéis que nadie habría emancipado a los obreros si ellos mismos no se hubiesen emancipado. Pero ¿basta con ese instinto? Con el instinto solo no se consigue gran cosa; por ello, es necesario que el instinto se transforme en conciencia.
p En la proclama A los soldados de todos los países beligerantes contestamos a esta pregunta: ¿en qué debe transformarse esta confraternización? En el paso del poder político a los Soviets de diputados obreros y soldados [110•* . Ya se sabe que los obreros 111 alemanes darán a sus Soviets un nombre distinto, pero esto importa poco. Lo fundamental es que nosotros reconocemos justo, sin duda alguna, que la confraternización presenta hoy un carácter espontáneo y que no podemos limitarnos a estimularla, sino que debemos plantearnos como objetivo convertir ese acercamiento espontáneo de los obreros y los campesinos de todos los países vestidos de uniforme en un movimiento consciente cuya meta sea el paso del poder, en todos los países beligerantes, a manos del proletariado revolucionario. Ya se sabe que es ésta una tarea muy difícil, pero también la situación a que se ve arrastrada la humanidad por el poder de los capitalistas es increíblemente difícil y la conduce directamente a la catástrofe. Ello provocará esa explosión de indignación que es una garantía para la revolución proletaria.
p Tal es la resolución que sometemos a examen de la conferencia.
p Publicado íntegramente por ve^ primera en 1921 en las “Obras” de N.Lenin (V. Uliánov), t. XIV, parte 2.
Notes
[110•*] Véase V. I. I.enin. O.C., t. 31, páKs. 293-296. (/V. de la F.dit.)