p La guerra actual es, por parte de ambos grupos de potencias beligerantes, una guerra imperialista, es decir, la hacen los capitalistas por el reparto de los beneficios que proporciona la dominación mundial, por los mercados del capital financiero (bancario), por el sometimiento de los pueblos débiles, etc. Cada día de guerra enriquece a la burguesía financiera e industrial y arruina y agota las fuerzas del proletariado y del campesinado de todos los países beligerantes y, también, de los países neutrales. Por lo que se refiere a Rusia, la prolongación de la guerra pone, además, en grandísimo peligro las conquistas de la revolución y su desarrollo ulterior.
p El paso del poder en Rusia al Gobierno Provisional, gobierno de terratenientes y capitalistas, no ha cambiado ni podía cambiar ese carácter y significado de la guerra por parte de Rusia.
p Este hecho se manifiesta con evidencia particular en que el nuevo gobierno, lejos de publicar los tratados secretos concluidos por el zar Nicolás II con los gobiernos capitalistas de Inglaterra, Francia, etc., ha ratificado formalmente, sin consultar al pueblo, esos tratados secretos, que prometen a los capitalistas rusos el saqueo de China, de Persia, de Turquía, de Austria, etc. Con la ocultación de esos tratados se engaña al pueblo ruso acerca del verdadero carácter de la guerra.
p Por eso, el partido proletario no puede apoyar ni la guerra en curso, ni al gobierno actual, ni sus empréstitos sin romper por completo con el internacionalismo, es decir, con la solidaridad fraternal de los obreros de todos los países en la lucha contra el yugo del capital.
113No merecen ningún crédito las promesas del gobierno actual de renunciar a las anexiones, es decir, a la conquista de otros países, o a la retención por la fuerza en los límites de Rusia de cualquier nación. Porque, en primer lugar, los capitalistas, unidos por miles de hilos del capital bancario, no pueden renunciar a las anexiones en esta guerra sin renunciar a las ganancias que proporcionan los miles de millones invertidos en empréstitos, en concesiones, en fábricas de guerra, etc. En segundo lugar, el nuevo gobierno, que renunció a las anexiones para embaucar al pueblo, declaró por boca de Miliukov el 9 de abril de 1917 en Moscú que no renuncia a las anexiones, y la nota del 18 de abril, así como la explicación a la misma del 22 de dicho mes, vino a confirmar el carácter rapaz de su política. Al poner en guardia al pueblo contra las vanas promesas de los capitalistas, la conferencia declara, por ello, que es necesario establecer una rigurosa diferencia entre la renuncia a las anexiones de palabra y la renuncia de hecho, es decir, la publicación inmediata y la anulación de todos los bandidescos tratados secretos y la concesión inmediata a todas las naciones del derecho a decidir por votación libre la cuestión de si desean constituirse en Estados independientes o formar parte de un Estado cualquiera.
Notes