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5. PREFACIO DE 1891 A LA GUERRA CIVIL , DE MARX
 

p En la Introducción a la tercera edición de La guerra civil en Francia —fechada el 18 de mar/o de 1891 y publicada por vez primera en la revista Neue Zeit—, Engels hace de pasada interesantes observaciones sobre problemas relativos a la actitud ante el Estado y, a la ve/, tra/.a con notable relieve un resumen de las enseñanzas de la Comuna^^121^^’. Este resumen, enriquecido con toda la experiencia del período de veinte años que separaba a su autor de la Comuna y enfilado especialmente contra "la fe supersticiosa en el Estado”, tan difundida en Alemania, puede ser denominado con razón la última palabra del marxismo respecto al problema que estamos examinando.

p En Francia—señala Engels—, los obreros, después de cada revolución, estaban armados; "por eso, el desarme de los obreros era el primer mandamiento de los burgueses que se hallaban al frente del Estado. De aquí que, después de cada revolución ganada por los obreros, se entablara una nueva lucha, que acababa en la derrota de éstos..."

p El balance de la experiencia de las revoluciones burguesas es tan corto como expresivo. El quid de la cuestión—entre otras cosas, en lo que afecta al problema del Estado (¿tiene armas la clase oprimida?)—está enfocado aquí de un modo admirable. Este quid de la cuestión es precisamente lo que eluden más a menudo tanto los profesores influidos por la ideología burguesa como los demócratas pequeñoburgueses. En la revolución rusa de 1917 ha correspondido al “menchevique” y "también marxista" Tsereteli el honor (un honor a lo Cavaignac) de revelar este secreto de las revoluciones burguesas. En su "histórico" discurso del 11 de junio, Tsereteli se fue de la lengua y descubrió la decisión de la burguesía de desarmar a los obreros de Petrogrado, presentando, naturalmente, esta decisión ¡como suya y como necesidad "del Estado" en general!

p El histórico discurso de Tsereteli del 1 1 de junio será, sin duda, para todo historiador de la revolución de 1917 una de las pruebas más patentes de cómo el bloque de eseristas y mencheviques, acaudillado por el señor Tsereteli, se puso al lado de la burguesía contra el proletariado revolucionario.

p Otra de las observaciones hechas de pasada por Engels, relacionada también con el problema del Estado, se refiere a la religión. Es sabido que la socialdemocrac ia alemana, a medida que iba pudriéndose y aumentaba su oportunismo, caía más y más en una torcida interpretación filistea de la célebre fórmula: "Declarar la 350 religión un asunto privado”. En efecto, esta fórmula se interpretaba como si la religión fuese un asunto privado [[también pura el partido del proletariado revolucionario!! Precisamente contra esta traición completa al programa revolucionario del proletariado se levantó Engels, que en 1891 sólo podía observar los gérmenes más débiles de oportunismo en su partido y que, por tanto, se expresaba con la mayor prudencia:

p “Como los miembros de la Comuna eran todos, casi sin excepción, obreros o representantes reconocidos de los obreros, sus acuerdos se distinguían por un carácter marcadamente proletario. Una parte de sus decretos eran reformas que la burguesía republicana no se había atrevido a implantar sólo por vil cobardía y que echaban los cimientos indispensables para la libre acción de la clase obrera, como, por ejemplo, la implantación del principio de que, con respecto al Estado, la religión es un asunto puramente privado; otros iban encaminados a salvaguardar directamente los intereses de la claseobrera y, en parte, abrían profundas brechas en el viejo orden social..."

p Engels subraya a propósito las palabras "con respecto al Estado”, asestando así un golpe certero al oportunismo alemán, el cual declaraba la religión asunto privado con respecto al partido y, de este modo, rebajaba el partido del proletariado revolucionario al nivel del más vulgar filisteísmo “librepensador”, dispuesto a admitir el aconfesionalismo, pero que renuncia a la tarea de partido de luchar contra el opio religioso, que embrutece al pueblo.

p El futuro historiador de la socialdemocracia alemana, al estudiar las raíces de su vergonzosa bancarrota en 1914, encontrará no pocos documentos interesantes sobre esta cuestión, desde las evasivas declaraciones que contienen los artículos del jefe ideológico del partido, Kautsky, en las que se abren de par en par las puertas al oportunismo, hasta la actitud del partido ante el "Los-vonKircheBewegung" (Movimiento en pro de la separación de la Iglesia), en 1913.

p Pero volvamos a cómo resumió Engels, veinte años después de la Comuna, las enseñanzas de ésta para el proletariado combatiente.

p He aquí las enseñan/.as que Engels destacaba en primer término:

p “...Precisamente el poder opresor del antiguo gobierno centrali/ado—el ejército, la policía política y la burocracia—, creado por Napoleón en 1 798 y que desde entonces había sido heredado por todos los nuevos gobiernos como un 351 instrumento deseable, empleándolo contra sus enemigos, precisamente dicho poder debía ser derribado en toda Francia, como había sido derribado ya en París.

p “La Comuna hubo de reconocer desde el primer momento que la clase obrera, al llegar al poder, no puede seguir gobernando con la vieja máquina del Estado; que, para no perder de nuevo su dominación recién conquistada, la claseobrera tiene, de una parte, que suprimir toda la vieja máquina represiva utili/.ada hasta entonces contra ella, y, de otra parte, precaverse contra sus propios diputados y funcionarios, declarándolos a todos, sin excepción, revocables en cualquier momento..."

p Engels subraya una y otra ve/, que no sólo con la monarquía, sino también con la república democrática, el Estado sigue siendo Estado, es decir, conserva su principal rasgo distintivo: convertir a sus funcionarios, "servidores de la sociedad”, órganos de ella, en señores situados por encima de ella.

p “...La Comuna empleó dos remedios infalibles contra esta transformación del Estado y de los órganos del Estado de servidores de la sociedad en señores situados por encima de ella, transformación inevitable en todos los Estados anteriores. En primer lugar, cubrió todos los cargos administrativos, judiciales y de enseñan/a por elección, mediante sufragio universal, concediendo a los electores el derecho de revocar en todo momento a sus elegidos. En segundo lugar, todos los funcionarios, altos y bajos, estaban retribuidos como los demás trabajadores. El sueldo máximo que abonaba la Comuna era de 6.000 francos  [351•* . Con este sistema se al/aba una barrera efica/ ante el arribismo y la ca/a de cargos, sin hablar ya de los mandatos imperativos, que, por añadidura, introdujo la Comuna para los diputados a los cuerpos representativos..."

p Engels llega aquí al interesante límite en que la democracia consecuente, de una parte, se tranforma en socialismo y, de otra, reclama el socialismo. Porque para destruir el Estado es necesario 352 convertir las funciones de la administración pública en operaciones de control y contabilidad tan sencillas que sean accesibles a la inmensa mayoría de la población, primero, y a toda ella, después. Y la supresión completa del arribismo requiere que los cargos "honoríficos" del Estado, incluso los que no proporcionan ingresos, 710 puedan servir de trampolín para saltar a puestos altamente retribuidos en los bancos y en las sociedades anónimas, como ocurre constantemente en todos los países capitalistas más libres.

p Pero Engels no incurre en el error que cometen, por ejemplo, algunos marxistas en lo tocante al derecho de las naciones a la autodeterminación, creyendo que este derecho es imposible en el capitalismo y superfino en el socialismo. Semejante argumento, ingenioso en apariencia, pero falso en realidad, podría repetirse a propósito de cualquier institución democrática, y a propósito también de los sueldos modestos de los funcionarios, pues en el capitalismo es imposible una democracia consecuente hasta el fin, y en el socialismo se extinguirá toda democracia.

p Esto es un sofisma parecido al viejo chiste de si una persona queda calva cuando se le cae un pelo.

p El desarrollo de la democracia hasta el fin, la búsqueda de las formas de este desarrollo, su comprobación en la práctica, etc.: todo eso constituye una de las tareas de la lucha por la revolución social. Por separado, ninguna democracia dará como resultante el socialismo; pero, en la práctica, la democracia jamás se tomará "por separado”, sino "en bloque”, influyendo también en la economía, acelerando su transformación y cayendo ella misma bajo la influencia del desarrollo económico, etc. Tal es la dialéctica de la historia viva.

p Engels prosigue:

p “... En el capítulo tercero de La guerra civil se describe con todo detalle esta labor encaminada a hacer saltar (Sprengung) el viejo poder estatal y a sustituirlo por otro nuevo y realmente democrático. Sin embargo, era necesario detenerse a examinar acutí de manera sucinta algunos de los rasgos de esta sustitución por ser precisamente en Alemania donde la fesupersticiosa en el Estado se ha trasplantado del campo filosófico a la conciencia general de la burguesía e incluso a la de muchos obreros. Según la concepción filosófica, el Estado es "la realización de la idea”, o sea, traducido al lenguaje filosófico, el reino de Dios en la tierra, el campo en que se hacen o deben hacerse realidad la eterna verdad y la eterna justicia. De aquí nace una veneración supersticiosa del Estado y de todo lo que con él se relaciona, veneración supersticiosa que arraiga en las conciencias con tanta mayor facilidad por 353 (llanto la gente se acostumbra, ya desde la infancia, a pensar que los asuntos e intereses comunes a toda la sociedad no pueden gestionarse ni salvaguardarse de un modo diferente a como se ha venido haciendo hasta aquí, es decir, por medio del Estado y de sus funcionarios bien retribuidos. Y se cree haber dado un paso extraordinariamente anda/ con librarse de la fe en la monarquía hereditaria y entusiasmarse con la república democrática. En realidad, el Estado no es más que una máquina para la opresión de una clase por otra, lo mismo en la república democrática que bajo la monarquía; y, en el mejor de los casos, un mal que se transmite como herencia al proletariado triunfante en su lucha por la dominación decíase. El proletariado victorioso, lo mismo que hi/.o la Comuna, no podrá por menos de amputar inmediatamente los lados peores de este mal, entretanto que una generación futura, educada en condiciones sociales nuevas y libres, pueda deshacerse de todo ese trasto viejo del Estado".

p Engels ponía en guardia a los alemanes para que, en caso de ser sustituida la monarquía por la repúblje a, no olvidasen los fundamentos del socialismo acerca del Estado en general. Hoy, sus advertencias parecen una lección directa a los señores Tsereteli y Chernov, que en su práctica “coalicionista” ¡revelan una fe supersticiosa en el Estado y una veneración supersticiosa por él!

p Dos observaciones más. 1) Si Engels dice que en la república democrática el Estado sigue siendo, "lo mismo" que bajo la monarquía, "una máquina para la opresión de una ciase por otra”, esto no significa en modo alguno que la forma de opresión le sea indiferente al proletariado, como "enseñan" algunos anarquistas. Una forma de lucha de ciases y de opresión de clase más amplia, más libre y más abierta facilita en proporciones gigantescas la lucha del proletariado por la supresión de las clases en general.

2) El problema de por qué solamente una nueva generación estará en condiciones de deshacerse por completo de todo el trasto viejo del Estado está relacionado con la superac ion de la democracia, que pasamos a examinar.

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Notes

[351•*]   Ksto equivale nominalmcnte a unos ’2.400 millos y, según el curso actual, a unos ti.000 rublos. Ks imperdonable por completo la actitud d<- aquellos bolcheviques que proponen, por ejemplo, retribuciones de 9.000 rublos eu los ayuntamientos urbanos, no proponiendo lijar un sueldo máximo de 6.000 rublos (cantidad suficiente) para lado el Estado.