121
Capítulo V
LO ABSOLUTO Y LO RELATIVO
DE LA VERDAD
 

p "Dos sentimientos se despertaron en mí: el miedo y el deseo. Él miedo ante la cueva tenebrosa y temible y el deseo de ver si había algo maravilloso en su profundidad".
Leonardo de Vinci

p La sucesiva introducción y análisis de nuevas categorías que caracterizan el concepto general de la verdad transcurre sobre la base única de los principios determinantes de la objetividad, el desarrollo y la contradicción. Esto también se refiero íntegramente a las categorías de lo absoluto y lo relativo de la verdad que, aun estando vinculadas dialécticamente entre sí, conserva cada una do ellas sus peculiaridades.

p Cuando determinamos lo absoluto de la verdad partimos de la siguiente definición: lo absoluto de la verdad representa la posibilidad real del conocimiento íntegro, exhaustivo de la esencia y las leyes del mundo circundante, realizada en el proceso infinito y continuo de su conocimiento como materia en eterno desarrollo.

p En cuanto a las categorías de lo absoluto y lo relativo es particularmente clara la conveniencia de sustituir los términos "verdad absoluta" y "verdad relativa" por las correspondientes definiciones predicativas. En efecto, serían sin duda de doble sentido las expresiones: "la 122 teoría de la gravitación, de Newton es una verdad absoluta" o "el marxismo es una verdad relativa”. Si renunciamos a estos términos y aplicamos definiciones predicativas todo será más lógico y no suscitará ninguna duda. Podemos decir de forma plenamente racional que el marxismo, como doctrina objetivamente verdadera se caracteriza al mismo tiempo por la veracidad relativa de sus tesis o, lo que es lo mismo, por la relatividad de la verdad (en su conjunto). En cuanto a la teoría de Newton, como a cualquier teoría científica concreta, jamás podremos decir que se trata de una verdad absoluta, pero el rasgo de lo absoluto de la verdad pertenece indudablemente a tales teorías. Las ideas de los fundadores del marxismo-lcninismo conservan aquí su completo significado, pero sus formas concretas de expresión deben lógicamente desarrollarse.

p Lo mismo que otras características gnoseológicas de la verdad, lo absoluto y lo relativo expresan la naturaleza de la propia existencia, su carácter contradictorio y dialéctico, sujeto al correspondiente análisis en el conocimiento científico, veraz. Esto fue expuesto de forma lacónica y, al mismo tiempo, clara, por V. T. Lenin en la siguiente definición: "Lo absoluto y lo relativo, lo finito y lo infinito son escalones de un mismo mundo"   [122•1 -2. Aquí se expresa la idea de la base ontológica de las categorías de lo absoluto y lo relativo y de su vinculación, entre sí y con las categorías de lo finito y lo infinito, sumamente sustanciales para la comprensión de las regularidades del proceso cognoscitivo.

p Lo absoluto y lo relativo no sólo están vinculados con el concepto de la objetividad, sino que se apoyan totalmente en él. Guando exponía su profundo pensamiento de la unidad de la verdad absoluta y la objetiva en su obra Materialismo y empiriocriticismo, V. I. Lenin habla de su identidad en cierto sentido. Subraya, por ejemplo, que "reconocer la verdad objetiva, es decir, independiente del hombre y de la humanidad, significa admitir de una manera o de otra la verdad absoluta”, y más adelante dice: ”. . .son históricamente 123 condicionales los límites de la aproximación de nuestros conocimientos a la verdad objetiva, absoluta, pero la existencia de esta verdad, así como el hecho de que nos aproximamos a ella no obedece a condiciones"   [123•3 . Así es. Lo absoluto como característica de la verdad es su objetividad; más exactamente, el concepto de lo absoluto tiene sentido racional y real sólo como objetividad de la verdad. Esto determina su unidad y, en este sentido, sólo en este, como hace V. I. Lenin, se puede hablar de su identidad. Al mismo tiempo, debe señalarse que la categoría de absoluto, que se determina íntegramente en su esencia por la objetividad de la verdad, tiene un aspecto gnoseológico determinado, su differentia specifica, exclusivamente propia.

p Lo absoluto de la verdad es una peculiaridad suya inalienable y, como concepto, actúa de componente indispensable y lógico de su significado general, de su estructura. Es natural que lo absoluto de la verdad está indisolublemente ligado al concepto de lo absoluto en la filosofía tomada en general.

p Debe señalarse que el concepto de absoluto fundamenta los sistemas filosóficos tanto del idealismo absoluto norteamericano (J. Royce) como del inglés (F. Bradley) o el alemán (H. Hlokner). Lo absoluto aparece en ellos como el principio superior, la sustancia única que abarca todo lo existente, todas sus formas y manifestaciones, pero no se reduce a ellas ni depende de ellas ni de otros principios ni causas, no conoce ninguna frontera en el tiempo, es eterno y constituye la esencia de todos los fenómenos, de todo el mundo. Lo absoluto, según Bradley, es "la plena realización de nuestro afán de verdad, de belleza, do expansión espiritual, de sentimientos y de actividad"   [123•4 . Un tal Absoluto determina el objetivo, la esencia y el sentido del conocimiento y, con ello, la naturaleza de la verdad.

p La verdad, según las opiniones de los representantes del idealismo absoluto, es el objeto definitivo del conocimiento, la suprema síntesis de los universales que 124 forman el sistema culminado, la totalidad de "ideas realizadas" como ideal definitivo del conocimiento. La elevación, en esto sentido, de la verdad hasta el Absoluto significa para los idealistas absolutos su teologización, y su "filosofía racional" se convierte en teología racionalizada.

p Pero lo absoluto puede muy bien considerarse también un concepto racional, bastante esencial para la teoría de la verdad del materialismo dialéctico. En el concepto de lo absoluto pueden distinguirse dos aspectos básicos: 1) lo absoluto es el principio independiente superior, y 2) determina todos los lados y fenómenos de la vida, todos los aspectos del movimiento y desarrollo del mundo. Una cosa y la otra no sólo tienen un significado fundamental y filosófico general, sino que subyace en las ideas y categorías gnoseológicas correspondientes. Aquí, las ideas racionales están expresadas de la manera más consecuente en las concepciones de Hegel, particularmente en su Fenomenología del espíritu que, según expresión de C. Marx, es "verdadero manantial y secreto de la filosofía hegeliana"   [124•5 .

p Según esta concepción, el cénit del movimiento del espíritu es el conocimiento absoluto. El espíritu, en su desarrollo, pasa por todos los momentos complejos de la razón, el espíritu y la religión, llegando en el "sujeto Absoluto" hasta el conocimiento absoluto. Pese a todo lo abstracto del esquema de Hegel, aquí tenemos una serie de puntos racionales. Primero, el conocimiento absoluto se logra durante el "movimiento del conocimiento”, en el desarrollo progresivo de las " conformaciones del espíritu”; segundo, el conocimiento absoluto es, como la verdad absoluta, la "última conformación" que encarna el conocimiento superior en su contenido racional; tercero, el conocimiento absoluto es el contenido completo del objeto expresado en el concepto, y el conocimiento en "el elemento del concepto" es un conocimiento científico donde se resuelve la contradicción entre el conocimiento y la verdad, y donde el conocimiento como absoluto se convierte en verdad. "Esta última 125 conformación dol espíritu —dice Hegel en su Fenomenología—, espíritu que da a su contenido íntegro y verdadero la forma de entidad, con lo cual realiza en esta misma medida su concepto, y que queda, sin embargo, en esta realización sin apartarse de éste, su concepto, es el conocimiento absoluto"  [125•6 . Al mismo tiempo, esta última formación del espíritu es "el conocimiento que se alcanza en el concepto”, es la ciencia como "conocimiento verdadero del espíritu sobre sí mismo"   [125•7 .

p También aquí, por supuesto, el elemento culminante en la lógica del razonamiento de Hegel es contradictorio, pero en esta contradicción predomina la tendencia a la culminación de su sistema. El espíritu, en su movimiento, culmina el desarrollo y retorna a sí.

p Pero desarrolla, además, un pensamiento dialéctico correcto: el conocimiento absoluto es resultado del movimiento y se alcanza en el mismo; el espíritu cognoscente pasa por todas las formas históricas de su manifestación, todo el reino de los espíritus que constituye una "serie consecutiva" donde un espíritu sucede al anterior y cada uno toma el reino del mundo del espíritu precedente  [125•8 . Esta fue la idea que condujo al gran dialéctico a pensar que el conocimiento absoluto es movimiento infinito de los fenómenos del espíritu, al pensamiento, digna cima de su Fenomenología, que él mismo llamará más tarde viaje hacia los descubrimientos.

p Volviendo a la apreciación que el materialismo dialéctico hace de lo absoluto de la verdad subrayamos de nuevo que tiene como fundamento ontológico el infinito mundo material, la realidad en perpetuo movimiento y desarrollo, la materia como realidad objetiva y absoluta, como sustancia material infinita. Esto determina la posibilidad real del planteamiento del problema acerca del conocimiento absoluto llamado a reflejar en sus formas el mundo en desarrollo infinito. De aquí también que el conocimiento absoluto jamás pueda tener fin ni culminación, por cuanto su objeto es infinito, cambia y 126 se desarrolla sin cesar. El conocimiento absoluto es movimiento, proceso ininterrumpido de profundizacióu de la conciencia del hombre en la ilimitada esencia de la materia y en su inagotable multiformidad. En este sentido V. I. Lenin habla de la verdad absoluta como del conocimiento integral y exhaustivo, de la ilimitada posibilidad humana de penetrar en la infinitamente compleja y contradictoria naturaleza del mundo circundante. "El conocimiento es acercamiento eterno e infinito del pensamiento hacia el objeto. El reflejo de la naturaleza en el pensamiento del hombre no debe entenderse muerto y abstracto, sin movimiento ni contradicciones, sino en proceso eterno de movimiento, surgimiento de contradicciones y su solución"   [126•9 . La idea de lo eterno e infinito del conocimiento es precisamente la idea de lo absoluto de la verdad en su sentido profundamente dinámico, es decir, dialéctico, a diferencia de las representaciones abstractas metafísicas del Absoluto como algo culminado y finito.

p Lo absoluto de la verdad está en cierto sentido vinculado con el concepto de la soberanía del conocimiento al que se refirió F. Engels en el Anti-Dühring. Esta soberanía no sólo consiste en que la conciencia del hombre tiene plenos derechos en cuanto a la realidad y autenticidad del reflejo del mundo material en ella, de su capacidad para el conocimiento auténtico del mundo. Soberanía del conocimiento significa también su independencia interna en el sentido de que precisamente en ella se logra el verdadero conocimiento; no se trac de fuera, de la esfera trascendental, de "la razón divina”, etc. El proceso real del conocimiento es la creación del cuadro científico del mundo por la razón humana, es decir, la creación y el desarrollo de la propia verdad como proceso, nunca limitado ni por nadie y que se adentra en el infinito, por cuanto el propio mundo material que tratamos de conocer también es infinito y se desarrolla eternamente.

p En este sentido F. Engels reveló brillantemente la contradicción en el proceso del conocimiento infinito del 127 mundo, cuyo sentido es extraordinariamente sustancial para comprender la dialéctica de lo absoluto y lo relativo de la verdad. Recordemos el razonamiento fundamental de F. Engels. "Otra vez volvemos a encontrarnos con aquella contradicción con que nos tropezamos más arriba entre el carácter —que necesariamente hemos de representarnos como absoluto— del pensamiento humano, y su realidad en una serie de hombres individuales de pensamiento limitado, contradicción que sólo puede resolverse a lo largo de un progreso infinito, en la sucesión —para nosotros, al menos, prácticamente inacabable— de las generaciones humanas. En este sentido, el pensamiento humano es a la par soberano y no soberano, y su capacidad cognoscitiva a la par no limitada y limitada. Soberano e ilimitado en cuanto al don, la vocación, la posibilidad, la meta histórica final; no soberano y limitado, en cuanto a la ejecución concreta y a la realidad de cada caso"   [127•10 .

p De hecho aquí, la contradicción se da en un doble plano: 1) el conocimiento es soberano, indispensable, absoluto y, al mismo tiempo, no soberano, aleatorio y relativo; y 2) el conocimiento es infinito en sus posibilidades, incesante en el proceso de la prolongación infinita de la vida humana, pero, también, es finito, se realiza en los distintos actos cognoscitivos de los hombres, y, además, en esta práctica de las sucesivas generaciones humanas va encontrando su solución. Esta dialéctica de lo absoluto y lo relativo, lo infinito y lo finito en el conocimiento es, al mismo tiempo, la dialéctica de la verdad como proceso de creación y desarrollo incesante del cuadro científico del mundo, tanto en su conjunto como en todos sus momentos esenciales. De esa forma, en el proceso cognoscitivo real se revela el carácter contradictorio de la verdad.

p En consideración a lo contradictorio de la verdad y la definición de lo absoluto de la verdad que hemos citado, nos detendremos brevemente en la cuestión de las llamadas "verdades eternas”. De hecho aquí se trata de 128 ciertos postulados verdaderos quo formula Hegel, por ejemplo "cuando nació el César”, "cuántos pies medía el estadio”, "el cuadrado de la hipotenusa es igual a la suma de los cuadrados de los otros dos lados del triángulo rectángulo"   [128•11  o el conocido ejemplo de Engels: " Napoleón murió el 5 de mayo de 1821"   [128•12 .

p Todo esto son realmente verdades eternas por cuanto tampoco en el futuro serán refutadas. Pero nos parece que no merecen ser calificadas de "verdades absolutas" para no confundirlas con el concepto gnoseológico general de lo absoluto de la verdad (o con la verdad absoluta en su significado general). Hegel tiene razón cuando dice que considerar que lo verdadero está en ese tipo de "resultados sólidos" es una forma dogmática de pensar. "En realidad —concluye Hegel— la naturaleza de esa llamada verdad se distingue de la naturaleza de las verdades filosóficas"   [128•13 . Podemos considerar todas las verdades de semejante tipo momentos aislados en el conocimiento de la verdad como concepto general, y no hay razón para aplicarles una definición gnoseológica general como lo “absoluto”.

p Es profundamente dialéctica la tesis de Hegel de que ”sólo lo absoluto es verdadero y sólo lo verdadero es absoluto"   [128•14 , y, a pesar de cierto “gnoseologismo” de su segunda parte, debe considerarse como un todo inseparable, unida a su comprensión de la verdad como tal, como verdad objetiva. Además, la unidad de lo objetivo y lo absoluto determina íntegramente la esencia de la verdad y, en fin de cuentas, todo su contenido revelado en sus diversas definiciones. Esto se refiere por completo al contenido y el sentido del concepto relatividad de la verdad, que tan importante lugar ocupa en la teoría leninista (y debe subrayarse especialmente también y seguir examinándose en lo sucesivo por su enorme significado, tanto teórico como práctico).

129

p Comencemos por su definición señalando con la mayor plenitud los rasgos necesarios y esenciales. La relatividad de la verdad se basa completamente en el principio de la objetividad y lo absoluto; expresa los elementos jimios del conocimiento humano como proceso interminable y significa el conocimiento de determinados aspectos y relaciones de la realidad; caracteriza la aproximación de los conocimientos, un determinado grado de profundización de nuestra conciencia en la inextinguible esencia de las cosas, un determinado nivel histórico del conocimiento científico logrado en la época dada. El significado de esta definición puede caracterizarse en los puntos fundamentales siguientes.

p Primero. La relatividad de la verdad viene condicionada por la dialéctica del proceso cognoscitivo en su conjunto. El conocimiento de la verdad objetiva (como verdad absoluta) no se logra do inmediato, instantá neamente y con integridad: el resplandeciente Ave Fénix de la Verdad no puedo ser capturada con un solo acto del conocimiento en medio de la "iluminación absoluta”. Del mismo modo tampoco es un proceso simple de obtención de verdades ya listas y eternas, no es un proceso de ucuñamiento de verdades como monedas que pueden embolsarse con facilidad. V. 1. Lenin señala de forma especial que sólo el curso completo del conocimiento conduce a la verdad objetiva, a la "idea absoluta”. Los diferentes factores del conocimiento son precisamente una serie de verdades relativas que crean el movimiento general del conocimiento de la verdad absoluta, la cual representa por su esencia este movimiento, esto proceso que se va alejando hacia lo infinito. El conocimiento —dice V. I. Lonin— "no es un reflejo simple, directo e íntegro, sino el proceso de una serie de abstracciones, formaciones y creaciones de conceptos, leyes, etc.; estos conceptos, leyes, etc. (el pensamiento, la ciencia = "la idea lógica”), abarcan convencionahnente, la regularidad aproximadamente universal de la naturaleza en su eterno movimiento y desarrollo"   [129•15 . El pensamiento humano, por su naturaleza —sigue ampliando V. I. Lenin 130 su idea- puede darnos la verdad absoluta formada por una suma cié verdades relativas. Cada nuevo descubrimienlo científico, nuevo concepto científico o nueva teoría en el complejo proceso cognoscitivo agregan nuevos granos a esta suma de la verdad absoluta como proceso real de dominio del mundo infinito, con toda su inextinguibilidad y contradicción, por el hombre como sujeto cognoscente, con su finita razón. Según V. I. Lenin, el hombre puede irse acercando eternamente al reflejo completo de toda la naturaleza, "creando abstracciones, conceptos, leyes, el cuadro científico del mundo"   [130•16 .

p Estas palabras de Leniíi tienen significado decisivo en el sentido de que el proceso ininterrumpido de creación y desarrollo del cuadro científico del mundo es prá cticamente un proceso infinito de conocimiento de la verdad absoluta, pero, además, no como un Ave Fénix infinitamente lejana e inasequible, sino como un proceso real de conocimiento y logro de la felicidad de dominar el pájaro azul en cada momento dado del pensamiento y la existencia del hombre. Pero, éste es un proceso de exclusiva complejidad: un difícil trabajo del "espíritu universal”, un proceso contradictorio del movimiento del conocimiento del fenómeno a la esencia, de la esencia de primer orden a la de segundo orden, a la esencia de n orden, cada una de cuyas etapas se distingue cualitativamente de la anterior sin ser simple adición de un elemento más, del tipo de 1+1+1..., es decir, del tipo de "boba infinidad".

p Además, a pesar de todos los gigantescos éxitos del conocimiento científico, a pesar de todos los logros más elevados del intelecto humano en la conquista de la verdad, sigue siendo justa la tesis expuesta por el magnífico obrero alemán, J. Dietzgen, llegado por sí solo al materialismo dialéctico: "Por supuesto que el cuadro no agota el objeto, que el artista se rezaga del modelo. .. ¿Cómo puede un cuadro “coincidir” con el modelo? Aproximadamente, sí"   [130•17 .

131

p Segundo. Tanto lo relativo como lo absoluto de la verdad tienen sentido y significado sólo en relación con su objetividad. Esta es la tesis fundamental en la comprensión del sentido de la relatividad do la verdad y del correspondiente carácter de sus vínculos con lo absoluto. V. I. Lenin señalaba que de las ideas y las declaraciones de Engels y de Dietzgen se desprende que "para el materialismo dialéctico no hay una línea infranqueable de demarcación entre la verdad relativa y la verdad absoluta"   [131•18 .

p Y en efecto: la profunda interconexión que existe entre lo absoluto y lo relativo de la verdad se revela en el proceso histórico real del conocimiento humano. De una parte, lo absoluto de la verdad como posibilidad del completo conocimiento del mundo se realiza en una serie ininterrumpida de tesis relativamente verdaderas, con un grado cada vez mayor de profundidad y exactitud que reflejan las leyes infinitamente complejas del mundo material en constante desarrollo. Pero, por otro lado, lo relativo de la verdad es, al mismo tiempo, su absoluto: cada paso relativamente verdadero en el conocimiento del mundo significa un paso hacia el conocimiento del contenido completo, absoluto e inagotable de la realidad.

p La relatividad de la verdad no tiene nada de común con el subjetivismo o el ilusionismo, según definición de N. Chernyshevski. En ello fija V. I. Lenin una especial atención: "Kant interpretó el carácter finito, pasajero y relativo, el carácter convencional del conocimiento humano (de sus categorías, causalidad, etc.) como subjetivismo, y no como dialéctica de las ideas (= a la propia naturaleza), separando el conocimiento del objeto"  [131•19 . V. I. Lenin se manifiesta con la misma decisión contra la análoga posición de A. Bogdánov, para quien el reconocimiento de la relatividad de los conocimientos excluye cualquier admisión de la verdad absoluta y objetiva, lo que significa relativismo en el conocimiento, que lleva 132 inevitablemente al escepticismo, al agnosticismo y a la sofistería. En este sentido V. I. Lenin subraya que la dialéctica incluye sin duda el relativismo (es decir, el reconocimiento de la relatividad de nuestros conocimientos), pero no se reduce a éste ni con mucho, es decir, que reconoce la relatividad del conocimiento no en el sentido de la negación de la verdad objetiva, sino en el del condicionamiento histórico de los límites de aproximación de nuestros conocimientos a esta verdad. Desde el punto de vista del "relativismo crudo" puede justificarse cualquier sofistería, puede considerarse " convencional" —ironiza V. I. Lenin—, si Napoleón murió o no el 5 de mayo de 1821...

p Esta clara demarcación de la verdad relativa y la absoluta, admitiendo su intervinculación, va dirigida tanto contra el dogmatismo, impidiendo que la ciencia se transforme en dogma en el peor sentido de esta palabra, como contra cualquier agnosticismo y sofística, que niegan la veracidad objetiva, es decir, auténtica del conocimiento. También puede decirse, por tanto, que la absolutización de la relatividad significa relativismo, por ello la relatividad es relativa, por cuanto contiene su propia negación: lo absoluto. La verdad de lo absoluto y lo relativo se encierra en su unidad dialéctica y contradictoria.

p Tercero. Entre los conceptos de la relatividad de la verdad y su carácter concreto existe un nexo no menos estrecho que entre su carácter relativo y absoluto. La " convencionalidad" de los límites de aproximación de nuestros conocimientos a la verdad objetiva (y la absoluta) no es un convencionalismo, la convencionalidad de la " conformidad" de nuestra conciencia consigo misma, una convencionalidad en el sentido de falta y negación de cualquier rasgo concreto y objetividad en las formas del conocimiento. La verdad se realiza sólo en el conjunto de diferentes aspectos y relaciones de la realidad, que encuentran su expresión y fijación en el conjunto de las definiciones gnoseológicas correspondientes. En este conjunto, cada elemento, cada definición expresa directamente lo concreto de la verdad y, al mismo tiempo, su relatividad, por cuanto la Verdad, con mayúscula, alias — verdad 133 absoluta, se realiza en toda su integridad sólo en el conjunto de sus componentes. Cada uno de ellos es el reflejo —directo o indirecto— do ]o concreto de la calidad de uno u otro aspecto de la realidad, siempre expuesta en la variedad concreta de sus propiedades y relaciones, conocibles en las formas concretas necesarias. Al mismo tiempo, este conocimiento de lo concreto de la calidad de los diversos aspectos y relaciones de la realidad en cada momento dado y con el correspondiente grado de aproximación y exactitud es, precisamente, la expresión de la relatividad de la verdad, a diferencia de su carácter absoluto, lograble en el infinito proceso del conocimiento.

p Todas estas características de la relatividad de la verdad, cuyo adecuado sentido se revela sólo en relación con su objetividad, con su carácter absoluto y concreto, se desprenden de la naturaleza del proceso cognoscitivo mismo y, en el plano de la "conexión inversa”, se aplican como criterios lógicos a este proceso. Veamos la apreciación, en este aspecto, de la idea del vínculo que existe entre las propiedades geométricas del espacio y su naturaleza física, idea sumamente importante para todo el desarrollo de las ciencias naturales contemporáneas.

p Se trata de una de las ideas más fructíferas de la teoría de la relatividad. Acerca de su significado tenemos el testimonio histórico del propio Einstein. Para él, la geometría es la ciencia de la naturaleza; debe considerársela la rama más antigua de la física.

p Históricamente, el primer paso en el conocimiento do las propiedades métricas del espacio fue la geometría de Euclides, de cuyos principios se desprende la siguiente expresión para el elemento lineal (en coordenadas de Descartes):

p ds2 == dx2 + dy2 + dz2

p Esta fórmula es la primera aproximación en el conocimiento de Ins relaciones geométricas del mundo real; expresa, con cierto grado do exactitud, las relaciones de cuerpos espaciales, abstrayéndose de su diferente naturaleza física. Es una verdad relativa completamente 134 definída, concreta, el paso correspondiente en el conocimiento do la verdad absoluta.

p La siguiente etapa importanlc fue la expresión obtenida en la teoría de la relatividad, teoría que utiliza las correlaciones que le son necesarias de las geometrías no euclidianas. Aquí el elemento lineal se expresa mediante el tensor métrico fundamental:

ds2 == g&uwhatthe;vdxv
donde las funciones gíív , que son componentes del tensor co-variante simétrico, definen tanto las correlaciones métricas en el conünuum espacial-tcmporal como el campo gravitacional   [134•20 . Esto significa un conocimiento más profundo de las propiedades del espacio físico y un grado más alto de penetración en la esencia inagotable de las cosas; pero, al mismo tiempo — desde el punto de vista gnoseológico esto representa un interés especial — , aquí no se suplantan, ni mucho menos, las correlaciones de la geometría euclidiana, conservan su vigencia en un dominio infinitamente pequeño y como primera aproximación, primer resultado histórico-concreto esencial en el conocimiento de las propiedades métricas del espacio real.

p Sin embargo, tampoco osla expresión mediante el tensor métrico fundamental agota toda la riqueza y variedad de las propiedades y relaciones espaciales reales. Como señalara el académico V. A. Fok, esta expresión se refiere al movimiento de un punto material no cargado en el campo de gravitación. Si el punto material estuviera cargado, sufriría inevitablemente la acción del campo electromagnético exterior. En este caso, la métrica del espacio deviene más compleja y su fórmula es:

do2 =-

p dxv

p V-

dxv + du)2,

donde el segundo elemento del miembro derecho de la ecuación expresa la acción del potencial del campo electromagnético exterior.

135

p Aquí es de suma importancia señalar qne el proceso do conocimiento do la esencia del mundo de 2° orden, 3er orden, etc. no transcurre de forma rectilínea, sino por vías complicadas, en zigzag. En este caso, la profundización y precisión de las ecuaciones de la teoría de la relatividad transcurrió, además, por otro camino. Estas ecuaciones parten de la distribución uniforme de las masas en el espacio, lo que es cierta aproximación. V. Fok, al desarrollar las ideas de la teoría de la relatividad, señala que "la distribución de las masas en el espacio tiene carácter instilar”, es decir, irregular; así lo testimonian numerosas investigaciones astronómicas   [135•21 . En relación con ello ofrece la siguiente ecuación para el elemento lineal (para el espacio infinito):

ds2 — (gíív)M dxtl dxv — c2 dxldx\ — Ax\dx\.

p Mas a pesar de la excepcional y profunda importancia do estas ideas, las ecuaciones antes presentadas no expresan toda la infinita variedad de relaciones espaciales reales; no expresan, entre otras cosas, el efecto de los campos mesónico, neutrónico y otros campos fí sicos en las propiedades geométricas del espacio. Por este motivo, dichas ecuaciones no pueden considerarse verdades terminadas absolutas, sino que expresan cierto grado de nuestra penetración en los infinitamente complejos y variados vínculos y relaciones del espacio real; demuestran la unidad de lo relativo y lo absoluto de la verdad, correspondiente a un nivel concreto dado en el desarrollo de los conocimientos.

p A propósito do lo dicho, expongamos la profunda apreciación que el mismo Einstein dio al lugar y papel de la teoría de la relatividad: "La teoría general de la relatividad aún está incompleta en el sentido de que el principio general de la relatividad puede ser aplicado de forma satisfactoria sólo a campos gravitcionalcs, pero no a todo el campo. Hasta ahora desconocemos qué aparato matemático debe aplicarse para definir todo el campo en el espacio y cuáles son las leyes invariantes generales que 136 rigen este campo. Evidentemente podemos estar seguros de una cosa: el principio general de la relatividad será un instrumento indispensable y eficaz en la solución del problema del campo único"  [136•22 . Este gran pensador planteaba el problema dialécticamente: señalaba ]a limitación histórica de su teoría y, simultáneamente, subrayaba de hecho su carácter absoluto, objetividad y eficacia que de aquí dimana.

p Todo eso rechaza resueltamente las afirmaciones relativistas acerca de que en las nuevas teorías existe una renuncia nihilista a todas las ideas y resultados precedentes del conocimiento, y que en ellas sólo está presente "la relatividad pura”. Así lo afirma en nuestros días R. Garaudy, quien proclama que las nuevas hipótesis cambian radicalmente todo nuestro conocimiento y que "así lo hizo Newton al renunciar a las representaciones de Ptolomeo, o Einstein, abandonando el sistema físico de Newton y la geometría de Euclides"  [136•23 . Garaudy confunde aquí la negación de ideas y representaciones falsas (sistema de Ptolomeo) con el avance del conocimiento científico, en el que las nuevas teorías conservan siempre y aplican los resultados objetivamente verdaderos de las precedentes, determinando sus límites y lugar en el movimiento progresivo general del conocimiento. Comparemos en este sentido las citadas palabras de Garaudy sobre Einstein y lo que este científico dice del sistema de Newton. Al caracterizar su nueva teoría do la gravitación y señalar que la misma "se diferencia esencialmente, en sus tesis básicas, de la de Newton”, Einstein finaliza sus razonamientos con el siguiente significativo postulado: "No hay que pensar que la gran obra de Newton puede derribarse, en un sentido algo real de la palabra, por esta o aquella teoría. Sus ideas claras y universales conservarán para siempre su importancia como base sobre la que se ha levantado el edificio do la física moderna"   [136•24 .

137

p Tal es la diferencia entre los razonamientos de uno de los más eminentes científicos de nuestra época y el relativista filosófico con su nihilismo superficial y anticientífico que no tiene nada de común con las leyes del desarrollo del verdadero conocimiento del mundo.

p Todo esto tiene una importancia gnoseológica general, a saber: la dialéctica de la relatividad y de lo absoluto revela lógicamente su significación metodológica general en el desarrollo no sólo de las ciencias naturales y matemáticas, sino también de todo el complejo de investigaciones sociales, de todas las ciencias humanitarias, con todos sus rasgos específicos y diferencias de las ciencias naturales. Por consiguiente, es lógico que también en el desarrollo del propio marxismo esta dialéctica conserve toda su fuerza y aparezca, quizá, en su forma más relevante y significativa.

p Los numerosos críticos del marxismo han gastado toneladas de tinta y millones de hojas de papel para “demostrar” la tesis revisionista burguesa de "la obsolescencia" del marxismo, afirmando que éste tenía justificación, en el mejor de los casos, en relación con el capitalismo del siglo XIX. En la época actual todo ha cambiado radicalmente; el capitalismo, dicen, no es ahora "el mismo”, el marxismo tiene que ser considerado sólo teoría del "capitalismo pasado”, que no corresponde a la actualidad y que, por ello, ha de archivarse. Es indudable que en más de 100 años transcurridos desde la aparición del primer tomo de El Capital (1867) en el mundo del capitalismo se han producido cambios colosales, y esto no puede olvidarse. Pero la esencia del capitalismo como régimen explotador sigue siendo la misma, explotadora; la ley de la acumulación general capitalista. descubierta por C. Marx, actúa aún con mayor fuerza; un inmenso abismo separa a los Morgan, Rockefeller, Hant y Hetti, de un lado, y los que constituyen la "segunda América" —que cuentan de 40 a 50 millones de personas, según los cálculos de los propios economistas norteamericanos—, cuyo nivel de vida es inferior al fijado oficialmente. La plusvalía sigue dominando en la economía del capitalismo y siendo asimilada por los empresarios, y el beneficio, cuando se reparte también con 138 los obreros accionistas, su parte del león queda en poder do los propietarios de las empresas; los "demás" reciben como término medio el 1,5%.

p La médula gnoseológica del fenómeno consiste en que la teoría económica de C. Marx que descubre la esencia y define las leyes del capitalismo no es una simple "verdad relativa”, sino que, como verdadera teoría científica, se caracteriza ante todo por su objetividad y, en esto sentido, por lo absoluto de su contenido principal y determinante, y en ello está su fuerza y su innegabilidad. Al mismo tiempo, también lo es inherente la veracidad relativa, debido a que 1) ninguna teoría puede proporcionar conocimientos absolutos, exhaustivos acerca de todos los procesos y fenómenos del mundo y 2) el propio mundo y, en este caso, la economía capitalista cambia y se desarrolla; además, en direcciones diversas y contradictorias. Por ello, V. I. Lenin señala especialmente que "setenta eminencias como Marx no bastarían para abarcar la suma de esas modificaciones con todas sus ramificaciones en la economía capitalista mundial"   [138•25 . Pero aquí mismo subraya que el marxismo descubrió las leyes de estos cambios, mostró en lo principal y básico la lógica objetiva de los mismos y de su desarrollo histórico, la cadena objetivamente independiente de los acontecimientos, cadena de desarrollo, independiente de la conciencia social, que ésta abarca por completo.

p Guando mostró en este sentido la inconsistencia del relativismo, V. I. Lenin dijo que teóricamente es impermisible equiparar la ideología científica y la religiosa, lo que es plenamente "lógico" desde el punto de vista del "relativismo crudo”. "Toda ideología es histó ricamente condicional, pero a toda ideología científica (a diferencia, por ejemplo, de la ideología religiosa) corresponde incondicionalmente una verdad objetiva, una naturaleza absoluta"   [138•26 .

p Estas ideas leninistas resuenan en nuestros días con extraordinaria actualidad. Como se sabe, una de las 139 tendencias de la ideología burguesa contemporánea es la negación del carácter científico de las formas y las concepciones ideológicas. Los ideólogos burgueses aprovechan este empeño ante todo contra el marxismo-leninismo como si también fuera una ideología "acientífica”. Tales declaraciones abundaron especialmente en los días del 150 aniversario del nacimiento de C. Marx (1968), en el centenario del natalicio de V. I. Lenin (1970) y en los últimos XIV y XV Congresos Internacionales de Filosofía. Todas estas declaraciones fueron, por supuesto, muy variadas y, por así decirlo, “concretas”, pero todas ellas falsas; su esencia se reduce en todos los casos a la negación de la base científica de la ideología marxisla-lcninisla como de "toda la ideología en general" que expresa —según ellos— no criterios objetivos, sino únicamente categorías valorativas consonantes con los estrechos intereses de los diferentes grupos de hombres.

p Es innegable que el marxiismo-lcninismo, como ideología, expresa realmente los intereses de determinados "grupos de gentes”, precisamente los intereses cardinales de la clase obrera y de todas las masas trabajadoras y, a fin de cuentas, de toda la humanidad avanzada. Pero es una expresión científica do dichos intereses, revela vías y perspectivas reales hacia la liberación de las masas, hacia una vida auténticamente digna del hombre en base al análisis profundamente científico y objetivamente verdadero de la naturaleza de las relaciones sociales, el conocimiento de las leyes de la lucha de clases y del proceso revolucionario mundial, del lugar y papel de los diferentes aspectos y factores del desarrollo social. Por ello, volviendo a la definición que V. I. Lenin hiciera de la ideología, podemos decir que precisamente lo que corresponde a la ideología cientí fica del marxisrno-leninismo es la verdad objetiva, la " naturaleza absoluta”, es decir, la propia realidad, su esencia interna, la lógica de su desarrollo histórico que conduce a la humanidad, de forma regular e inevitable, hacia el socialismo y el comunismo.

p Nada semejante podemos decir de ninguna forma de ideología burguesa contemporánea o concepción 140 rcvisionista "de moda" y aún monos de la ideología religiosa, cualquiera que sea el ropaje modernizado que se vista. Ninguna de estas formas ideológicas tiene fundamento científico, ni siquiera se plantea en serio la cuestión de su base científica. Por tanto, todas estas formas de ideología que niegan o eluden la veracidad objetiva de sus fundamentos están de hecho impregnadas de relativismo, lo que conduce inevitablemente, como prevenía V. I. Lenin, al escepticismo, al agnosticismo y a la sofistería. Pero los ideólogos burgueses y revisionistas, por lo visto, están orgánicamente incapacitados para asimilar dicha prevención.

p En cuanto al concepto de la relatividad de la verdad, veamos brevemente la cuestión de lo paradójico de la verdad, puesta a la orden del día especialmente por la ciencia moderna.

p En efecto, cuando durante el período de las revoluciones científicas so rompen violentamente los conceptos y representaciones predominantes en el anterior período de desarrollo de la ciencia, también se produce la sustitución de los viejos conceptos y teorías por otros nuevos, y su combinación en la nueva etapa del conocimiento se transforma en una nueva síntesis. En principio, esta regularidad se manifiesta asimismo en todo el proceso del conocimiento que siempre tiene un carácter contradictorio, aunque no en una forma tan radical como se da durante los momentos de viraje del desarrollo científico y limitándose, generalmente, a determinados aspectos de dicho desarrollo.

p Uno de los puntos más importantes de esto fenómeno gnoseológico de lo paradójico de la verdad es revelado por C. Marx. Dice en El Capital que "las verdades científicas son siempre paradójicas si se las mide por el rasero de la experiencia cotidiana, que sólo percibe la apariencia engañosa de las cosas"   [140•27 . Con su profundo análisis de la naturaleza de las relaciones capitalistas C. Marx demostró brillantemente Ja justedad de esa comprensión de las verdades científicas. Tras la 141 apariencia externa de las relaciones mercantiles descubrió las relaciones entre los hombres y las clases sociales, sus contradicciones y antagonismos; tras las cifras generales del crecimiento de Ja producción y la riqueza social demostró toda la injusticia de la distribución capitalista y la polarización de las fuerzas sociales; tras la forma exterior de los fenómenos de la civilización capitalista reveló su esencia antagónica, su verdadera naturaleza, cuidadosamente oculta por todos los economistas, sociólogos y filósofos burgueses. Las verdades científicas tan prodigadas por el genio de Marx son paradójicas en el sentido de que precisamente en ellas se evidencia la verdadera esencia de todas las contradicciones del capitalismo pese a su ex¡tcrna sensación de “justicia” y " armonía”. Subrayamos una vez más el significado gnoseológico general de dicho principio.

p En su Fenomenología del espíritu, Hegel habla especialmente de la "percepción contradictoria de las cosas”; de que lo verdadero, la cosa se descubre por doble medio: ".. . la cosa se revela para la conciencia cognoscente por un determinado medio, pero, al mismo tiempo, desde ese medio con que aparece ante la conciencia, se refleja sobre sí o: encierra en sí misma cierta verdad contraria"   [141•28 . En esto tenemos la comprensión paradójica de la cosa, en otras palabras, lo paradójico de la verdad, expresando a fin de cuentas su dialéctica interna.

p En esto vemos una determinada regularidad del conocimiento verdadero; además, en su historia real como historia de la ciencia, lo paradójico de la verdad se ha mostrado con frecuencia como proceso que va liberando la conciencia de los dogmas y cánones establecidos, hasta entonces tomados por inquebrantables y absolutos; una liberación que significa el hundimiento de tales dogmas aunque, por supuesto, no niega en el espíritu del relativismo los componentes verdaderos del conocimiento anterior. Señalemos en este plano algunos aspectos importantísimos en el desarrollo del conocimiento.

142

p La revolución producida por Copérnico en la astronomía significó la demolición de inquebrantables dogmas seculares, un cambio cardinal de nociones consagradas en la conciencia de las gentes; además, lo paradójico de las nuevas verdades se manifestó con toda precisión en su contradicción con la apariencia del verdadero movimiento de los cuerpos celestes.

p El siglo XVII se lia caracterizado en la historia del conocimiento por la creación de la ciencia clásica. Hacia fines del siglo XIX se desarrolló el cuadro científico, armónico y consecuente, del mundo físico, cuyos componentes fueron considerados verdades definitivamente establecidas, cánones indiscutibles del pensamiento científico en general. Pero a fines del propio siglo se produjeron famosos descubrimientos y, tras ellos, otras representaciones y concepciones paradójicas; después, teorías de la física realmente revolucionarias. El primer cuarto del presente siglo se distingue por la aparición de la física no clásica.

p Sus verdades, respecto a las de la física clásica, operan como su negación aparente, como verdades paradójicas desde el punto de vista de sus percepciones desde las posiciones de las verdades tradicionales. No sólo se trata de ciertos conceptos y representaciones, sino también de la negación de principios y tesis fundamentales. Nos referimos, como se sabe, a las ideas de Planck sobre la emisión de energía por las mínimas porciones discretas: los cuantos; la idea de Einstein sobre la naturaleza cuántica de la luz; los postulados de la teoría de la relatividad y la nueva comprensión del espacio, el tiempo y el movimiento en comparación con lo absoluto de tales conceptos en la teoría de Newton; la dependencia de la masa del cuerpo respecto a su velocidad y la deducción de la correlación fundamental E==mc2; la relación de Broglie sobre la interdependencia entre la frecuencia de oscilación y la longitud de la onda; la importante tesis de la mecánica cuántica que de aquí se deriva respecto a la unidad de la onda y la partícula; el principio de complementariedad, de Bohr, y el principio de incertitud, de Heisenberg, que constituyen los fundamentos de todo el edificio de la mecánica cuántica como teoría del 143 movimiento de las microparlículas de la materia; la nueva comprensión de la causalidad, que aparece como la negación del determinismo de Laplace; el descubrimiento de la gran variedad del mundo de las partículas elementales de la materia; la penetración en la esfera de las velocidades gigantescas próximas a la de la luz, en los intervalos de tiempo medidos en millonésimas partes de segundo, en los procesos de las transformaciones instantáneas de unas partículas elementales en otras.

p Todo este proceso contradictorio y complejo no es, por supuesto, un acercamiento gradual y asintótico a la verdad absoluta, siempre inalcanzable, sino que constituye un movimiento sujeto a leyes dialécticas que so conecta, en determinadas etapas, en los períodos de los virajes decisivos del desarrollo del pensamiento, del cambio radical de los viejos conceptos y nociones y su sustitución por otros nuevos, frecuentemente verdades contrarias y paradójicas. A fin de cuentas, este carácter paradójico viene determinado por lo paradójico de la propia existencia, por el hecho de que el mundo, en su esencia oculta, es un mundo "no euclidiano”, sino colmado de escandalosas antinomias. Estas van encontrando regularmente su reflejo en el proceso mismo del conocimiento, donde se revela la verdad.

p Al analizar esto proceso, Niels Bohr, uno de los científicos y pensadores más grandes de nuestro siglo, en su famoso artículo titulado Discusiones con Einstein acerca de los problemas epistemológicos en la física atómica, escrito con motivo del 70 aniversario del natalicio del creador de la teoría de la relatividad, culmina el curso de sus razonamientos con la definición de los dos tipos de verdad. "Un tipo de verdad —dice— son las afirmaciones simples y claras, tales que sus contrarias son evidentemente equivocadas. El olro tipo, las llamadas " verdades profundas”, son, por el contrario afirmaciones cuyas antinomias también contienen verdades profundas"   [143•29 . Precisamente en este camino —si se toma 144 estrictamente el aspecto gnoseológico —, se han conseguido importantísimos éxitos de la física atómica eii la revelación de la naturaleza contradictoria de los fenó menos del micromundo.

El asunto no está en "ideas desquiciadas" —al gran sabio se le pueden perdonar estas palabras—, sino en la profunda naturaleza dialéctica de las verdades auté nticas, en la unidad de su carácter objetivo, absoluto, concreto y relativo, que toman expresión en lo paradó jico suyo como uno de los momentos culminantes del proceso contradictorio del conocimiento científico, el conocimiento de la Verdad con toda su multilateralidad y complejidad.

* * *
 

Notes

[122•1]   V. I. Lenin. Cuadernos filosóficos, O. C., t. 29, pág. 95.

[123•3]   V. I. Lenin. Materialismo y empiriocriticismo, O C., t. 18, pág. 134-135.

[123•4]   F. H. Bradley. Collected Essays, vol. II, Oxford, 1935, p. 630.

[124•5]   C. Marx y F. Engels. De las primeras obras, M., 1956, pág. 624.

[125•6]   Hegel. Obras, t. IV, págs. 427-428.

[125•7]   Ibíd., pág. 430.

[125•8]   Ibíd., pág. 434.

[126•9]   V. I. Lenin. Cuadernos filosóficos, O. C., t. 29, pág. 177.

[127•10]   F. Engels. Anti-Dühring. C. Marx y F. Engels. Obras, t. 20, pág. 88.

[128•11]   Véase: Hegel. Obras, t. IV, pág. 21.

[128•12]   F. Engels. Anti-Dühring. C. Marx y F. Engels. Obras, t. 20, pág. 90.

[128•13]   Hegel. Obras, t. IV, pág. 21.

[128•14]   Ibíd., pág. 42.

[129•15]   V. I. Lenin. Cuadernos filosóficos, O. C., t. 29, pág. 164.

[130•16]   Ibíd. (El subrayado es mío. — G. K.)

[130•17]   J. Dietzgon. Streifziige cines Sozlallsten in das Gebiet der Erkenntnistheorie, 1887, S. 197.

[131•18]   V. I. Lenin. Materialismo y empiriocriticismo, O. C., t. 18, pág. 138.

[131•19]   V. I. Lenin. Cuadernos filosóficos, O. C., t. 29, pág. 189.

[134•20]   A. Einstein. Compunción de trabajos científicos, II Moscú 1960, pág. 49.

[135•21]   A. Kotélnikov y V. Fok. Algunas aplicaciones de las ideas de la geometría no euclidiana de Lobachevskí en mecánica y fínica. Moscú—Leningrado, 1950, pág. 75.

[136•22]   A. Einstein. Compilación de trabajos científicos, II, pág. 062.

[136•23]   R. Garaudy. Marxismc, du XX? siecle, París, 1966, pág. 58.

[136•24]   A. Einstein. Compilación da trabajos científicos, II, pág. 718.

[138•25]   V. I. Lenin. Materialismo y empiriocriticismo, O. C., t. 18, pág. 345.

[138•26]   Ibíd., pág. 138.

[140•27]   C. Marx. Salario, precio y ganancia. C. Marx y F. Engels. Obras, t. 16, pág. 131. (El subrayado es mío. — G. K.)

[141•28]   Hegel. Obras, t. IV, pág. 66.

[143•29]   N. Bohr. Discussion with Einstein on cpistemological problcms in atomic physics. In: Albert Einstein: PhilosopherScicntist, New York, 1951, p. 240.