DIALÉCTICA DE LO OBJETIVO
Y LO SUBJETIVO
EN EL CONCEPTO “VERDAD”
p
“La negación de la
verdad objetiva. . . es
agnosticismo y subjetivismo”.
p Comenzamos nuestro análisis de la teoría de la verdad desde el principio leninista de la objetividad de la verdad como primario y determinante de la teoría, que constituye, al mismo tiempo, el núcleo interno de la definición del propio concepto de la verdad. Hablamos del principio de la objetividad, por cuanto esta característica tiene un significado decisivo, tanto universal como principista, que determina la propia esencia del concepto de la verdad en general.
p Esto también determina el lugar de la objetividad como principio básico que sustenta todas las demás características de la verdad, que cala en todos los aspectos y facetas, todas las definiciones particulares y concretas de la verdad como concepto complejo general. La profunda idea de Hegel expresada en su tesis la verdad objetiva o la verdad como tal conserva en nuestra teoría todo su significado. Por ello, en el estricto plano gnoseológico la definición opuesta "verdad subjetiva" debe considerarse contradictio in adjecto, pues 104 significa la negación de la verdad como verdad objetiva, es decir, verdad en general.
p En este sentido es de importancia exclusiva la tesis de V. I. Lenin acerca del carácter de todo el proceso del conocimiento científico del mundo. En la obra Cuadernos filosóficos dice que el conocimiento en general se dirige "del sujeto al objeto”, del concepto subjetivo al objeto, a la verdad (a la idea absoluta) [104•1 -2 Por consiguiente, se trata del proceso de superación de las concepciones y opiniones subjetivas, el proceso de búsqueda y alcance de la verdad como verdad objetiva, de superación y negación de las estratificaciones subjetivas del complejo y contradictorio proceso cognoscitivo.
p Al mismo tiempo, como ya hemos indicado al valorar la definición del concepto general de la verdad, el conocimiento aparece en forma de conjunto de formas subjetivas o, según definición de V. I. Lenin, de imágenes subjetivas del mundo objetivo, lo que nada tiene de común en la propia esencia del conocimiento con el subjetivismo como negación subjetivista de su veracidad objetiva. Por ello, el análisis de la verdad objetiva exige lógicamente también el análisis de su vinculación con la subjetividad, la dialéctica de lo subjetivo y lo objetivo en el concepto de la verdad.
p El concepto "objetividad de Jn verdad". Partiendo de lo expuesto y uniendo ambos rasgos esenciales de la objetividad de la verdad señalados en la característica de su estructura, podemos darle la siguiente definición: la objetividad de la verdad es su condición necesaria y característica determinante que significa el reflejo de la esencia y las propiedades y relaciones de los objetos y fenómenos del mundo material en las formas cognoscitivas, así como la independencia del contenido de los conocimientos, confirmados por la práctica, respecto al hombre y a la humanidad.
p El primero de los rasgos señalados aquí expresa el significado general y el carácter del conocimiento como 105 conocimiento del mundo objetivo material, como su reflejo en las mnltifacéticas formas y categorías cognoscitivas. Precisamente en este sentido baldaba Hegel de la coincidencia del concepto con la realidad, de la correspondencia de la objetividad al concepto, de la identificación del concepto a la realidad.
p En su significado básico general este rasgo se enfrenta a las representaciones subjetivistas de la verdad, de las cuales debe liberarse inexorablemente el conocimiento orientado a alcanzar la verdad como el conjunto de conocimientos objetivos acerca del mundo circundante. Aquí puede surgir la apariencia de un circuios vitiosus: la verdad objetiva es el reflejo de la realidad material, de la materia como realidad objetiva. Pero precisamente sólo apariencia: en la primera parte de la proposición se habla de la verdad como categoría gnoseológica y, en la segunda, de la propia existencia, reflejo de la cual son todas las formas de nuestro conocimiento. Tal apariencia surge porque el contenido de las formas cognoscitivas es el contenido de la propia existencia, pero esto no constituye una identidad de la existencia y el conocimiento, que conduce realmente a un círculo lógico. El contenido de la existencia se realiza en las formas del conocimiento en forma reflejada y transformada y no hay sustitución mecánica de la una por la otra.
p Esta concepción de la objetividad de la verdad dirige su filo también contra las opiniones y representaciones empírico-vulgares. A veces se considera que la verdad es "aquello que es”, lo que existe de por sí, como la propia realidad objetiva. Esto ha sido ya examinado por nosotros en relación con el concepto "verdades de la existencia”. Únicamente subrayamos aquí la inconsistencia lógica de ambos aspectos en dicha identificación de lo verdadero y lo existente realmente. De un lado, la identificación de lo gnoseológicn con lo onlológico —"verdad es realidad" significa la disolución de lo primero en lo segundo, la liquidación, de hecho, de foda la esfera de lo ideal como lo material transformado en el cerebro humano, producto del reflejo creador-aclivo. De otro lado, la idenlificación de lo ontnl.ógico y lo gnoseológico - "la realidad es la verdad"- absoluliza oslo último, 106 desmaterializa la existencia, lo que representa, en esencia, una variedad de concepción filosófica espiritualista. Los extremos se tocan —les extremes se toiichent-: en ambos casos se trata de borrar toda clase de diferencias de lo material y lo ideal, la existencia y el pensamiento, el objeto del conocimiento verdadero y la propia verdad.
p La veracidad objetiva, como resultado del reflejo del mundo material en la cabeza del hombre, está implícita en todas las formas y clases del conocimiento científico. En este sentido, la "verdad científica" y la "verdad objetiva" coinciden en su contenido.
p Todas las formas del conocimiento científico, desde las primeras —tanto en el plano histórico como en el lógico— hasta sus expresiones más elevadas en los conceptos y teorías modernas, todas sus tesis realmente verdaderas tienen un contenido objetivo que no constituye otra cosa que el contenido de la realidad material transpuesto en la conciencia del hombre. En todos los casos, según V. 1. Lonin, "son históricamente condicionado" los contornos del cuadro, pero este cuadro representa sin condiciones un modelo obielivamente existente” [106•3 .
p En calidad de forma elemental de conocimiento científico tomemos el teorema de Pitágoras sobre la igualdad de la suma de los cuadrados de los catetos al cuadrado de la hipotenusa: a2+b2=c2. Teóricamente esto es una tesis abstracta expresada también en forma algebraica. Esto último, por supuesto, se refiere al aspecto subjetivo del conocimiento. Pero lo esencial consiste en que esta forma expresa la propiedad objetiva de las relaciones espaciales reales cuyo modelo es el presente teorema geométrico. Únicamente la presencia de una correlación real entre los lados del triángulo rectángulo como una de las variadas configuraciones del espacio real y las propiedades espaciales de los objetos materiales, y su contenido real objetivo, independiente del hombre, permite expresar eso en forma do teorema, que refleja un contenido objetivo, lo que. a su vez, nos autoriza a decir que esta forma de conocimiento es una veracidad objetiva.
107p Tomemos ahora una de las formas superiores del conocimiento teórico, el concepto de infinito matemático y su expresión en números cardinales N0, N, N1, introducidos en las matemáticas por el eminente científico alemán George Cantor. En su significado general, el concepto de infinito matemático es un reflejo extraordinariamente abstracto de lo infinito real del mundo material. La ley absoluta de la naturaleza, la ley de la conservación y transformación de la materia y el movimiento, tiene significado universal. El conocido científico soviético S. Vavílov llamó a esta ley "ley de Lomonósov" y dijo: "Este principio es una ley universal que abarca toda la realidad objetiva con el espacio, el tiempo, la sustancia y demás propiedades y manifestaciones suyas" [107•4 . De dicha ley, mil veces confirmada en la ciencia y la práctica, deriva una serie ininterrumpida e infinita de transformaciones de la materia, la eternidad de su existencia en tiempo y espacio, es decir, lo infinito como su propiedad real e inseparable. El concepto de conjunto infinito tiene prototipos reales, “modelos” en el mundo material: las infinitas clases de estrellas y constelaciones, planetas y sistemas planetarios, do galaxias y formaciones galácticas; infinitas clases de electrones, neutrones, positrones, etc.
p Todos estos conjuntos infinitos reales se expresan con el primer número cardinal N0 , concepto de conjunto de potencia numerable. Pero también el siguiente número cardinal x como concepto del conjunto de potencia de continuum tiene su fundamento objetivo en el mundo material: el espacio y los modelos espaciales del mundo real, el tiempo y su movimiento son continuos, y cualquier segmento de espacio y tiempo tiene todas las propiedades del continuum y, por tanto la potencia NLas potencias de órdenes superiores N1, N2, N3. . . , expresan diferentes relaciones y grados cualitativos de los conjuntos infinitos a un nivel de abstracción más elevado, lo que no excluye la presencia de infinitas clases reales y de cualidades infinitamente inagotables de la materia que forman la base del concepto de infinito 108 matemático. En efecto, las propiedades de lo infinito las hornos "percibido en la naturaleza".
p En los conceptos de alto grado de abstracción, uno de los cuales (y muy típico en este sentido) es el del infinito matemático, no se trata de reflejo directo especular de la realidad, sino de un reflejo complejo e indirecto de esa realidad, y, con frecuencia, directa, para los conceptos abstractos superiores es imposible descubrir on la realidad una correlación directa. Sin embargo, siempre podemos señalar alguna base real objetiva sobre la que surgen y a continuación se desarrollan, conforme a su lógica interna, los conceptos científicos, incluidos los más generales y abstractos.
p El "idealismo matemático" ha especulado siempre con el alto grado de abstracción de los conceptos matemá ticos. Por lo menos desde Kant, que proclamó el principio de la “pureza” y “aprioridad” de las verdades matemáticas, y hasta nuestros días, la filosofía idealista reduce la esencia de los conceptos matemáticos bien al juego arbitrario, libre de las fuerzas espirituales (Cassirer), bien a construcciones formales a priori (axiomatismo y formalismo), bien a formas lógicas inmanentes (logicismo do Russel y Fregó), bien a “acuerdos” convencionales y subjetivos (convencionalismo) o, bien, por último, afirma la existencia de un mundo especial y transcendental de categorías matemáticas, cuyas leyes determinan las propiedades físicas de la materia (Joans, Eddington). En todos los casos no son otra cosa más que formas diferentes de cosmovisión idealista que niega el fundamento objetivo-real del pensamiento abstracto, en general, y de las categorías matemáticas, en particular.
p Semejante negación idealista del contenido objetivo verdadero de los conceptos matemáticos contradice, como hemos visto, su sentido y significado reales. Por ello, los científicos más eminentes y perspicaces, aunque no estén libres de influencias de unas u otras concepciones idealistas en boga, comprenden perfectamente el sentido real do los conceptos y categorías científicos. Veamos el testimonio básico de D. Hilborl, uno de los más grandes matemáticos y lógicos de nuestro siglo. En su conocido informe Argumentación de las matemáticas dice: "Las 109 matemáticas, como cualquiera oirá ciencia, no pueden basarse únicamente en la lógica; por el contrario, nos parece que como condición previa para el empleo de las especulaciones lógicas y puesta on práctica de las operaciones lógicas debe existir ya un algo dado, precisamente determinados objetos concretos extralógicos, con existencia evidente. . . Este es el planteamiento filosófico fundamental que yo considero necesario tanto para las matemáticas como para cualquier pensamiento, comprensión o comunicación científicos" [109•5 .
p En esto "planteamiento filosófico fundamental" de Hilbert se mantiene claramente la idea de la objetividad del contenido de las categorías científicas como reflejo de la propia realidad material en las formas teóricas abstractas. En este sentido, nuestra argumentación en base a los conceptos matemáticos es una argumentación a fortiori: si se establece la veracidad objetiva de formas cognoscitivas de tan elevado grado de abstracción y " alejadas" al máximo de la objetivación material, con más razón esto se refiere a categorías menos abstractas y, por ello, "más próximas" a la realidad. Por este motivo, podemos hablar con pleno derecho de la justeza de estas tesis respecto a los conceptos y a todas las formas cognoscitivas. En este caso prestamos de nuevo atención a que se trata siempre de formas y categorías del conocimiento científico en plena correspondencia con la definición de la verdad autecitada: tanto en las ciencias naturales como en las sociales (disciplinas humanísticas) y las nuevas —la cibernética, la teoría de la información— y también las contiguas (biofísica, biogeoquímica, biología cósmica, etc.). Es innegable que el contenido y el carácter de las categorías de cada disciplina científica tienen su especificidad, sus dif/erenliae specificue, que deben analizarse en investigaciones especiales. Pero ahora destacamos lo común para todas sus formas del conocimiento científico, y, por cuanto se trata del conocimiento científico, sus formas reciben necesariamente un contenido objetivo verdadero.
110p Otro importante rasgo que caracteriza la objetividad di; la verdad es cxteriormcnte, formalmente distinto del primero, pero en su significado interno está orgá nicamente ligado a él. Precisamente a V. 1. Lenin le corresponde el mérito de haberlo destacado especialmente. Al caracterizar el concepto de verdad objetiva, en Materialismo y empiriocriticismo dice que en nuestros conocimientos hay "un contenido que no dependa del sujeto, que no dependa ni del hombre ni de la humanidad" [110•6 . Esta independencia se debe a que los conocimientos toman significado de objetivamente verdaderos como resultado de su verificación y confirmación en la práctica social de los hombres y, con ello, se independizan de la opinión de los individuos, de grupos enteros de individuos, se independizan de sus apreciaciones respecto a estos conocimientos, etc.
p Desde este punto de vista surge una aparente paradoja: los conocimientos los crean, los elaboran los hombres, y no los animales ni los ángeles, es decir, en este sentido, los conocimientos dependen directamente del hombre (y la humanidad). Esta paradoja es sólo imaginaria; so resuelve por el hecho de que en ambos casos se trata de diferentes aspectos de la relación del hombre hacia el conocimiento. En un caso, los conocimientos dependen íntegramente del hombre, por cuanto son un producto de su actividad creadora; en el otro, do lo que se trata es de un aspecto de tales relaciones: la apreciación que hacen los hombres de los conocimientos ya creados, que existen en forma de conceptos, teorías, hipótesis y otras formas cognoscitivas. Aquí se tienen en cuenta la actitud de los hombres respecto a los conocimientos ya logrados, su significado, apreciación, y los conocimientos que tienen carácter de objetivamente verdaderos (lo que también se determina por el criterio objetivo de la práctica), en este sentido no dependen del hombre. Su contenido es objetivo como reflejo del mundo material objetivo, independiente de la conciencia de los hombres, tanto en su contenido como en su existencia.
111p De osla manera, ambos rasgos que caracterizan la objetividad de Ja verlad resultan inseparablemente ligados entre si.
p La objetividad de la verdad como contenido independiente del sujeto tiene gran significado a la luz del desarrollo de los modernos conocimientos científicos.
p En su obra Marxismo y revisionismo V. I. Lenin recordó el conocido proverbio de que si los axiomas geométricos espolearan el interés de los hombres, éstos, probablemente, los refutarían. Y en efecto: la ley absoluta de la naturaleza como ley de la conservación y la transformación de la materia y el movimiento, tomada en su comunidad y multiformidad de manifestación, refuta todas las afirmaciones de los filósofos idealistas y los teólogos acerca de la creación del mundo, la destrucción de la materia y el perecimiento del Universo. Es por ello lógico que sea objeto de ataques incesantes, durante muchos decenios, por parte de esos filósofos, y, además, los "idealistas físicos" y los teólogos interpretan tendenciosamente los descubrimientos de la ciencia para crear la apariencia de alteración de dicha ley.
p En el período actual, uno de los intentos más típicos de este género fue la especulación con el fenómeno de la desintegración p, en cuyo proceso, como parecía al principio, se infringen las leyes de la conservación de la energía y el momento de la cantidad de movimiento (como importantísimas manifestaciones concretas de la ley absoluta de la naturaleza). Según los enemigos del materialismo, la infracción de la ley de la conservación de la energía está en que los núcleos atómicos del isótopo radioactivo dado, al producirse la desintegración p, pierden igual cantidad de energía, en tanto que la energía de los electrones emitidos en este proceso tiene diferente valor. ¿Dónde se pierde el resto de la energía del núcleo? ¿Será cierto que se "infringe la ley" de la conservación con todas las consecuencias subsiguientes?
p Pero no lardó en aclararse que en la desintegración p no sólo se emite el electrón (o el positrón), sino también la minúscula partícula neutrino, que lleva consigo cierta parte de la energía, la diferencia entre la energía máxima E, que pierde el núcleo y la energía del 112 electrón. En cambio, la distribución de la energía entre el electrón y el nentrino puede variar. Esta fue una nueva y brillante confirmación de la veracidad objetiva de la ley absoluta de la naturaleza, cuyo sentido y contenido no dependen en absoluto de la opinión subjetiva y deseo de los idealistas y clericales.
p El principio de la veracidad objetiva tiene un profundo fundamento y una expresión multifacética en la teoría del marxismo-leriinismo. Tomemos, en el contexto de nuestros razonamientos, el siguiente aspecto importante. Después de referirse a la máxima de los axiomas geométricos, V. I. Lenin señala: "Nada tiene de extraño, pues, que la doctrina de Marx, que sirve directamente a la educación y a la organización de la clase de vanguardia de la sociedad moderna, que señala las tareas de esta clase y demuestra la sustitución inevitable -en virtud del desarrollo económico— del régimen actual por un nuevo orden de cosas: nada tiene de extraño que esta doctrina haya tenido que conquistar en lucha cada paso dado en la senda de la vida" [112•7 . Y en efecto, en su camino, que ya supera el siglo, el marxismo ha encontrado y encuentra miles do “refutaciones” y “refutadores”, incluyendo a los contemporáneos, incluso los llamados anticomunistas "académicos".
p Pero nos preguntamos si realmente puede hablarse, en general, de forma tcórico-cientíl’ica de una " refutación" del marxismo. Precisamente la doctrina leninista de la verdad es la que permite dar la respuesta correcta a esta cuestión, que, por supuesto, descorazona a todos y cada uno de los “refutadores” del marxismo. Todas las ideas y principios del marxismo, ya probadas reiteradamente y confirmadas por la práctica histórica, poseen veracidad objetiva o, en otras palabras, tienen, por ello, el rango de verdades objetivas. Por consiguiente, no dependen del sujeto, de las diversas opiniones y apreciaciones subjetivas dadas por determinadas personas. Y esto significa que cualquier intento de objetar el marxismo, cualquier impugnación contra él por parte de los " 113 refutadores" viejos y nuevos carecen de objeto y de perspectiva. Por ello decimos con pleno fundamento científico que el marxismo es inobjetable. El que esto les guste o no a nuestros enemigos ideológicos es otra cuestión que ya no corresponde al análisis de los problemas gnoseológicos, entre los cuales el de la verdad es esencialísimo.
p líii la afirmación "el marxismo es inobjetable" no hay ni nada de dogmatismo, como les puede parecer a sus críticos actuales. No hay que confundir el significado objetivamente verdadero de las ideas y principios del marxismo con la necesidad de su desarrollo constante, haciéndose más concreto y rico en función de la prá ctica histórico-social que avanza y el poderoso progreso del conocimiento científico del mundo, de toda la cultura material y espiritual de la humanidad. Por ello, como ya se ha dicho, el marxismo es antidogmático por su esencia como doctrina en constante desenvolvimiento creador. Y si los teóricos de la II Internacional, en el pasado, y ahora los “nuevos” y "novísimos" críticos del marxismo hacen cuanto pueden por dogmatizar el marxismo, vaciarlo de su contenido vivo, creador e innovador, eso ya no es marxismo sino una deformación del mismo, una "caricatura de marxismo" en el mejor de los casos, lo que fustigaba sin piedad V. I. Lenin precisamente desde las posiciones del pensamiento creador y revolucionario rnarxista. Desde el punto de vista gnoseológico general el principio de la veracidad objetiva de las teorías científicas no está en oposición, sino unido al principio de su desarrollo: la innegabilidad de las teorías objetivamente verdaderas no significa, por supuesto, su absolutización ni su dogmatización, sino que, por el contrario, exige su profundización, su concretización, la sustitución de sus tesis anticuadas por otras nuevas que correspondan a la nueva práctica histórica, al progreso general del conocimiento. En la teoría de la verdad esta regularidad del proceso del conocimiento necesita un examen especial de la dialéctica de las categorías del carácter absoluto y relativo de la verdad, cada una de las cuales, tanto por separado como en su conexión, se determina por el principio de la objetividad como principio básico de toda la teoría leninista de la verdad.
114p Subjetividad de la verdad. Dialéctica de lo objetivo y lo subjetivo en el concepto de la verdad. El principio de la objetividad de la verdad, que por su esencia y concepto excluye el subjetivismo del conocimiento y, por lauto, el subjetivismo de La verdad, en su contenido profundo y dialéctico resulta en unidad con la subjetividad de la verdad. El subjetivismo del conocimiento lo determina la primacía del momento subjetivo, que domina, lo que conduce a subestimar o negar el significado decisivo del contenido objetivo de las formas cognoscitivas como formas de reflejo de la realidad material. En este sentido, el concepto "verdad subjetiva" se excluye de hecho a sí mismo, se convierte en un pseudoconcepto, por oposición a la afirmación de Carnap, quien estima los conceptos de la “realidad”, el “objeto”, la “cosa”, el " tiempo" y el “espacio” pertenecientes a la categoría de pseudoconceptos, incluyendo aquí las del conocimiento científico, privadas, en su concepción, de la sintaxis lógica del idioma de contenido objetivo real.
p A diferencia del concepto "verdad subjetiva”, el concepto de subjetividad de la verdad tiene, en esto plano. el necesario sentido racional. La subjetividad de la verdad, como ya se ha dicho brevemente, se expresa en que precisamente el hombre, en calidad de sujeto cognoscente, crea y desarrolla el cuadro científico del mundo, elabora los conceptos, las categorías, las teorías científicas e introduce en el proceso del conocimiento ideas y principios culminando lodo con la formulación de definiciones en los correspondientes términos lingüísticos y matemáticos. El hombre en su papel de sujeto eognosceiite forma el propio concepto de la verdad, revela y determina su contenido y lo expresa en forma terminológica. Al analizar la estructura del concepto general de la verdad, el hombre desarrolla un determinado sistema de definiciones gnoseológicas, establece vínculos y relaciones entre ellas como elementos del sistema, crea el modelo lingüístico de la verdad como concepto general.
p La subjetividad de la verdad es la expresión de la actividad creadora del hombre en función de sujeto cognoscente, como creador y portador de los conocimientos. 115 Esto conserva su vigor lo mismo en relación al concepto general de la verdad en su conjunto que en relación a cualquier tesis concreta verdadera.
p La subjetividad de la verdad es, por tanto, un aspecto indispensable del concepto de la verdad. En este plano, resultan básicamente insostenibles los juicios de Husserl y otras ideas semejantes a esa, defendidas por B. Bolzano, F. Brentano, G. Santayana, con todas sus diferencias. La esencia de estas disquisiciones consiste en que el concepto general, incluyendo el de la verdad o lo verdadero como general ideal, como aspecto ideal, Eidos, no sólo se opone al mundo de los objetos unitarios, sino que está dado a priori, existe en sí como principio independiente, fuera de toda actividad del sujeto cognoscente, aislado de la forma subjetiva de las categorías del conocimiento. De esta manera, aquí tenemos ruptura entre La esencia del concepto y su génesis, lo que en relación con el concepto de la verdad conduce a la negación de la actividad creadora cognoscitiva del hombre que elabora y desarrolla, en complejo y largo proceso del conocimiento, el concepto científico de la verdad.
p Las concepciones basadas en la postulación apriorí stica de principios ideales eternos y absolutos hacen caso omiso precisamente de la génesis de éstos, de su surgimiento lógico en el proceso de la actividad cognoscitiva de los hombres; menosprecian el significado real y el sentido guoseológico de la subjetividad del conocimiento, de la subjetividad de la verdad. Hegel mostró que la sustancia espiritual pasiva y muerta de Scholling no está en condiciones de generar el movimiento del espíritu, el proceso de conocimiento como movimiento incesante de la razón por la vía que conduce a abarcar más íntegra y profundamente los fenómenos del mundo circundante. El movimiento del espíritu es la formación y el desarrollo de los conocimientos, la creación de la ciencia y los conceptos científicos, el camino para que el espíritu se posea a sí mismo y, con ello, la realidad, por cuanto la realidad es el espíritu y la razón en su verdad. Hegel expresó estas ideas, profundamente dialécticas en su esencia, en Fenomenología del espíritu mediante la siguiente tesis básica: es indispensable "comprender y expresar lo 116 verdadero no como substancia únicamente, sino, del mismo modo, como sujeto" [116•8 . El espíritu jamás se encuentra en reposo, sino arrastrado por el movimiento continuo hacia adelante, y este movimiento es la formación del conocimiento, es decir, la formación de la verdad, proceso que constituye la formación de los fenómenos del espíritu como fenómenos del conocimiento.
p El significado racional de la subjetividad de la verdad se revela únicamente en conexión firme con la objetividad del conocimiento y de la verdad como principio decisivo. Este significado viene implicado ya en la propia definición. La verdad es proceso de creación y desarrollo del cuadro científico del mundo. El hombre, como sujeto cognoscente, elabora los conceptos, las teorías y los principios del conocimiento científico, no a priori, no ins Blaue hinein — "el azul del cielo”, “libremente”, de forma arbitraria, sino en proceso complejo y laborioso de reflejo de las propiedades y las relaciones do la realidad objetiva, cuya existencia con todas sus propiedades y relaciones es independiente del sujeto cognoscente. Este alcanza la verdad únicamente cuando en las formas del conocimiento por él creadas refleja y revela el verdadero contenido de los objetos y fenómenos del mundo objetivo. En este caso, las formas subjetivas se convierten en la expresión del contenido objetivo de la realidad objetiva independiente del sujeto en su existencia. Este nexo dialéctico de la objetividad y la subjetividad está claramente expresado en la definición leninista: la sensación, lo mismo que la noción y el concepto, es "una imagen subjetiva del mundo objetivo, del mundo an und für sich" [116•9 .
p En este sentido nosotros podemos hablar con pleno derecho de la verdad en su conjunto y de todas las tesis verdaderas, de todas las formas de conocimiento cientí fico como del modelo (modelos) de la realidad. Este concepto combina en sí tanto el factor determinante del reflejo en el conocimiento del mundo material como el 117 del proceso activo de la creación de las formas cognoscitivas por el hombre, y todo eso no de forma mecánica, sino en un concepto único y con un término único. En cuanto al concepto de la verdad, nos parece más acertado hablar de modelo científico como unidad dialéctica de la objetividad y la subjetividad. Por supuesto que también cada tesis verdadera puede contemplarse como modelo particular y concreto de la realidad [117•10 .
p La unidad de la objetividad y la subjetividad de la verdad se manifiesta en todo el camino del verdadero conocimiento del mundo; en cada momento dado tiene un carácter histórico-concreto; su contenido cambia y se desarrolla sin cesar, se hace cada vez más profundo y multifacético. Pero como principio, como una de las tesis básicas de la teoría de la verdad, tiene carácter universal y está presente en todo el conocimiento humano, desde Euclides y Arquímedes hasta las supremas conquistas de la moderna Megaciencia. La dialéctica del proceso del conocimiento verdadero deberá ser objeto de un posterior análisis en relación con los conceptos de lo absoluto y la relatividad de la verdad.
p La unidad de la objetividad y la subjetividad halla también su expresión lógica en las formas lingüísticas correspondientes. La actividad de la razón humana en el conocimiento se revela con plena claridad en el proceso de definición de los conceptos y otras formas gnoseoló gicas. La fase culminante de la definición es la elaboración de los términos necesarios que fijan el pensamiento acerca de las propiedades y rasgos de los objetos y sus clases, expresables en los conceptos dados. La denominación de las cosas no es obra del mítico Adán, como insinúa la Biblia, sino del hombre real y vivo que, en el proceso del conocimiento del mundo, elabora los conceptos y les adjudica una expresión terminológica verbal.
118p La expresión verbal y terminológica de ideas determinadas durante el proceso de formación y definición de las formas cognoscitivas nos parece do importancia exclusiva. En este plano, hay que admitir como justas las exigencias de la semántica lingüística respecto a la exactitud del término, la exactitud de la expresión de los vínculos y las relaciones entre los términos, la elaboración de reglas estrictas para el manejo de los términos en el conocimiento. Pero en oposición a las normas del idealismo semántico debe siempre tratarse del significado conceptual de los términos, de que expresen el significado objetivo de los pensamientos acerca de los objetos del mundo circundante, lo que permite establecer también determinadas relaciones de términos sujetos a formalización sobre una base gnoseológico-conccptual, y no mediante reglas apriorísticas.
p Con esta óptica, también el simbolismo adquiere significado racional, sustituyendo los correspondientes té rminos y definiciones de las distintas ciencias. El simbolismo de las matemáticas y de la lógica moderna es excepcionalmente racional, exacto y diferenciado. Los símbolos matemáticos no sólo sustituyen convencionalmente los términos verbales; son expresión concentrada, en forma de máximo laconismo, de la esencia y las diferentes relaciones de los propios conceptos de las matemáticas. Así es como aparece el significado conceptual de los sí mbolos, oculto directamente bajo su forma externa. Tomemos como ilustración la maravillosa proporción establecida por Euler y su expresión en la elegante forma simbólica:
p eiπ== —1.
p En esta rara combinación de símbolos se encierra un profundo sentido conceptual: el número e, base de logaritmos naturales, tiene por exponente el producto de un número imaginario por el número jt, siendo el resultado igual a menos uno. Sólo el valor exacto, es decir, objetivamente verdadero, do todos los números expresados con los símbolos e, i, n, permite establecer esta relación concreta entre ellos, lo que es expresión de la conceptualidad de estos símbolos, de su valor en el conocimiento como formas subjetivas creadas por el hombre en el proceso 119 del reflejo complejo, indirecto de la realidad objetiva por medio de una serie de conceptos de alto grado de abstracción.
p En rigor, la forma de los símbolos y signos no tiene de por sí, en el caso general, un sentido conceptual concreto cognoscitivo. Por ejemplo, la representación con i|) (letra griega) de una importantísima dependencia funcional en el aparato matemático de la mecánica cuántica es, por supuesto, libre y convencional; sin embargo, el propio símbolo como expresión de dicha dependencia tiene un significado objetivo, conceptual, por cuanto el concepto "funcional)" es uno do los conceptos fundamentales de la mecánica cuántica, cuya veracidad objetiva ha sido establecida por la ciencia y la práctica modernas. Pero en la ciencia se dan también otros casos. Tomemos el símbolo de la integral aplicado constantemente en matemáticas. Se expresa con el signo ,f , forma alargada de la letra 2 (S), la primera de la palabra summa, por cuanto el propio concepto de la integral expresa el límite de la suma de las diferenciales dx, cuando la diferencia Xi—x i-i tiende a cero. Eso fue el curso del pensamiento de Lcibniz, promotor de estos símbolos que, en su tiempo, triunfaron sobre el simbolismo de Newton, de forma menos determinada.
p Por supuesto que la imagen jamás puede compararse totalmente con el modelo representado; ni los signos matemáticos ni los símbolos son reflejo especular de las complejísimas relaciones cuantitativas y espaciales y las formas del mundo real estudiadas en las matemáticas modernas en toda su diversidad. Pero básicamente, desde el punto de vista gnoseológico general, cualquier representación simbólica en la ciencia presupone necesariamente la realidad objetiva de aquello que se ha de representar y reflejar en la conciencia mediante el sistema de diferentes formas y categorías cognoscitivas.
La objetividad y la subjetividad de la verdad en su unidad, dentro de la cual la objetividad, como principio, es siempre prioritaria, conservan su significado en todas las formas del conocimiento científico y en todos sus niveles. Esta unidad no sólo no excluye, sino que presupone la especificidad y la autonomía relativa de ambos 120 componentes: la objetividad de la verdad conserva el significado determinante independiente do la diversidad de formas de su manifestación; la subjetividad de la verdad constituye una libertad determinada de su expresión en esta variedad de formas y aparece directamente como actividad creadora del sujeto dirigida siempre al objeto, al conocimiento del inundo real en su movimiento.
Notes
[104•1] -2 Véase V. I. Lenin. Cuadernos filosóficos, O. C., t. 29, pág. 301. Véase también a otro respecto: "El hombro va de la idea subjetiva a la verdad objetiva a través de la "práctica" (y la técnica)" (ibíd., pág. 183).
[106•3] V. I. Lenin. Materialismo y empiriocriticismo, O. C., t. 18, pág. 138. (El subrayado es mío. — G. K.)
[107•4] S. Vavílov. Obras, Moscú, 1956, t. III, pág. 98.
[109•5] D. Hilbert. Fundamenlos de la geometría, Moscú— Leningrado, 1948, págs. 365-366. (El subrayado es mío. — G. K.)
[110•6] V. I. Lenin. Materialismo y empiriocriticismo, O. C., t. 18, pág. 123.
[112•7] V. I. Lenin. Marxismo y revisionismo, O. C., t. 17, pág. 17.
[116•8] Hegel. Obras, t. IV, pág. 9.
[116•9] V. I. Lenin. Materialismo y empiriocriticismo, O. C., t. 18, pág. 120.
[117•10] R. Garaudy, por ejemplo, al examinar el carácter del conocimiento e introducir el concepto de “modelo”, toma el importante término “reflejo” (un ’ reflet”) entro comillas concediendo plena preferencia al término "construcción”, que sustituye con frecuencia por el término “proyecto” (R. Garaudy. Marxlsme da XX siécle. Paris—Geneir, 1966, p. 49). Aquí se trasluce una tendencia bien definida de subestimar el principio de la objetividad de la verdad.