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Capítulo II
DEFINICIÓN Y ESENCIA DE LA
VERDAD
 

p La propia investigación de la verdad debe ser veraz; la investigación verídica es un cuadro desenvuelto.

p Marx

p Los principios y premisas de la teoría leninista de la verdad que hemos examinado son la base de su consiguiente comprensión como categoría gnoseológica, lo que a su vez, determina su esencia como concepto que requiere una definición bastante rigurosa con la necesaria terminología lógica.

p La historia del pensamiento filosófico evidencia, como señalábamos, que el término “verdad” —«XT¡’$eia — surgió y quedó fijado en los documentos escritos de la filosofía de la antigua Grecia. Recalcamos que se trata precisamente del término que expresa la primera forma en Ja historia del concepto do la verdad, y no de palabras que signifiquen representaciones determinadas acerca de la verdad, recogidas en antologías de la literatura oriental, principalmente de la hindú. La estructura del término es la siguiente: á es una partícula negativa; X-^Ow significa estar oculto, desconocido o, lo que equivale a reserva, ocultación y hermeticidad. Por consiguiente, aquí la verdad es no-ocultación, no-hermeticidad, precisamente 64 lo que so revela ante la visión mental del hombre, por r.uanlo el propio concepto aparece en calidad de resultado del empeño humano hacia el conocimiento del mundo hasta entonces ignorado. A esto puede agregarse que debido a la interpretación del término (ptXooorpía como afición por la sabiduría, el término o&wó; se considera sinónimo de claridad, comprensión y confirmación. Por ello, qxXojocpb tiene también el significado de amor a la verdad.

p Podemos aceptar con cierta razón la hipótesis de que el término sánscrito var subyace bajo el latino verus, el alemán war, el de kimry gwi/r e incluso el irlandés fir, jírinne. Var significa aquello que está completamente en sí, que debe estimarse, respetarse, preferir y elegir. Es evidente que aquí se ensalza la propia noción de la verdad, más exactamente, de lo verdadero; pero el sentido seinántico-concrelo de los términos ventas y Wakrheit (como principales derivados) no es posible deducirlo directamente del radical var.

p En ruso, el término ucmuna tiene genéticamente un sentido ontológico claramente expresado: proviene del verbo 6bitnb con su derivado ecnib, estar en presencia; pero no en el plano de la fusión de lo ontológico y lo gnoscológico, sino en el de la comprensión de lo verdadero como relacionado con realmente existente, con lo que hay en la realidad. Es significativo que también en griego las diferentes formas de «XTj’fhía tienen un sentido análogo: t^ áX-fjdsiav — en verdad, en realidad, de hecho; áXrjftcuu)— ser cierto, corresponder a la realidad.

p El sentido etimológico del término verdad aclara ciertamente su significado primario, que contiene una serio de ideas gnoseológicas concretas: en la verdad se revela lo que está oculto y se desconocía hasta el momento do lograr la verdad; la verdad en ese contexto adquiere un significado elevado y especial, las tesis verdaderas contienen algo que está presente cri la propia realidad. Pero, primero, en el propio término verdad, en cualquier idioma, todo esto aparece en forma implícita y, segundo, el simple significado del término todavía no es una definición científica que exija 65 desentra\ nar el contenido del concepto en sus rasgos esenciales.

p De la misma forma la esencia del concepto verdad en su contenido gnosoológico concreto no puede revelarse adecuadamente en las obras de arte que ofrecen una imagen artística y una representación de la verdad. Al mismo tiempo, en las obras de arte más profundas se da la expresión de una serie de ideas valiosas e interesantes que caracterizan la representación e incluso, hasta cierto grado, el concepto de la verdad.

p En muchas obras de arte se trata la idea de la revelación de la verdad con la fuerza del tiempo, partiendo desde la imagen antigua de la verdad oculta "en la profundidad del pozo”. Tal es el grabado de G. Ammán, artista francés del siglo XVI, titulado "El tiempo que extrae la verdad del oscuro precipicio”; la pintura de N. Poussin: "El tiempo salvando la verdad de los atentados del deseo y las querellas”; la famosa escultura de L. Bernini "La verdad revelada por el tiempo”, donde aparece una mujer de la que van cayendo poco a poco las vestiduras que descubren su bello cuerpo, y otras obras similares. Es muy frecuente la representación simbólica de la verdad en forma de mujer que sostiene en su derecha un espejo y, en su izquierda, una antorcha, lo cual es altamente significativo.

p En la exposición mundial de París, el año 1855, se presentó una escultura de Cavellier, famosa desde entonces —hoy se conserva en el Museo del Palacio de Luxemburgo —, simbolizando la verdad con sus diferentes atributos en forma de mujer. En la dercha tiene de nuevo un espejo, donde cada uno puede ver su propio reflejo verdadero; con la mano izquierda echada hacia atrás se despoja de la ropa mostrando su serena desnudez en toda su hermosura; sobre su alta frente brilla una estrella de oro que ilumina con sus rayos el mundo circundante. En esta obra extraordinaria, que ofrece un profundo contenido conceptual de la verdad, el artista expresó todo un conjunto de ideas.

p Sin embargo, todo esto no es más que una representación, y no el concepto de la verdad en sus definiciones estrictas. Lo último presenta mayores dificultades; 66 en el camino que conduce a la formación del concepto científico de la verdad han surgido no pocos escollos, diferentes tipos de "ídolos”, como diría F. Bacon. Entre estos últimos, los más esenciales son no tanto la complejidad y el carácter contradictorio del proceso cognoscitivo en que nace la verdad, cuanto las influencias negativas que sobre el pensamiento gnoseólogico ejercen distintos tipos de definiciones acientíficas e incorrectas de la verdad, presentes en las doctrinas filosóficas idealistas y metafísicas. Aquí debemos señalar los siguientes aspectos.

p La definición de la verdad partiendo de criterios a priori y absolutos. Esto ocurre en diferentes sistemas del idealismo absoluto en que el concepto de la verdad se identifica con lo Absoluto en el conocimiento, como su principio supremo y resultado final que abarca el conocimiento de todo el mundo, en toda su integridad y totalidad. Es natural que una tal concepción de la verdad vaya de la mano con su interpretación religiosa, con la exaltación de las verdades de la religión, estimándolas supremas, absolutas, universales y “divinas”, situadas por encima de todas las verdades filosóficas, científicas y “humanas”. De aquí el dogmatismo en la proclamación de tales verdades, comenzando por las sagradas escrituras antiguas y terminando por las actuales concepciones religioso-idealistas. Por supuesto, tales declaraciones no son su definición; de hecho, la suplantan sin descubrir la esencia del concepto de la verdad.

p En cierta forma, la contrapartida de la proclamación a priori de las verdades absolutas la tenemos en las definiciones y las nociones empíricas de la verdad. No nos referimos ahora al análisis de las difiniciones de la verdad en las concepciones positivistas modernas, lo que constituye el objeto de apartados especiales de la segunda parte del presente libro. Tenemos en cuenta aquí la estrechez y la debilidad teórica de la identificación empírica de la verdad —que es una categoría gnoseológica con la propia realidad física, con la representación de la verdad como un reflejo elemental, pasivo y empírico-sensorial de "lo que es”, sin ninguna penetración en la esencia de las cosas, lo cual puede lograrse en 67 el proceso de estructuración de las formas conceptuales del conocimiento, de las abstracciones científicas. A semejantes representaciones positivistas se liga el enfoque fenomenológico de la verdad, que también limita su conocimiento (y comprensión) al análisis de las propiedades y rasgos externos, las peculiaridades del fenómeno, y no su naturaleza interna. Su homólogo en el arte es el llamado verismo o veracidad externa, naturalista, en la escuela italiana de arte y literatura, en el naturalismo de Emilio Zola y sus seguidores, etc. La definición científica de la verdad queda aún muy lejos de tales nociones.

p En publicaciones oficiales tales como diccionarios de literatura y de filosofía y en las enciclopedias se ofrecen interpretaciones diversas más próximas a la comprensión racional de la verdad. Aquí debemos señalar respecto a muchas publicaciones extranjeras el entrelazamiento de las ideas de una u otra forma de la concepción de la correspondencia de la verdad y la correspondencia lógico-formal de diferentes tesis. En el Diccionario del Lenguaje Filosófico (francés), por ejemplo, publicado por P. Foulquié, se toma como punto de partida el concepto de, lo verdadero como "lo que es conforme a la realidad”. A continuación se examina la fórmula clásica de acuerdo con la cual se entiende por verdad la adaequatio reí et intellectus.

p Esta fórmula se valora en su doble aspecto: 1) el lógico, en el sentido de la conformidad del pensamiento con su objeto, y 2) el ontológico, en el sentido de las verdades del ser, que deben corresponder a su ideal   [67•1 -  [67•2 . El 68 principio racional materialista do la fórmula que parte de Aristóteles fue desapareciendo paulatinamente: la realidad, con la que debían adecuarse nuestros pensamientos, se consideraba en la lógica escolástica realidad de la razón divina y, en el posterior desarrollo de las tendencias formalistas en la lógica y la gnoseología, comenzaron a entender por realidad también las nociones acerca de ella y las formas lógicas en que se manifiesta y hasta las formulaciones meramente verbales, lo que tiene lugar, por ejemplo, en el análisis lingüístico moderno. Todo esto conduce inevitablemente a la desaparición del criterio real de la veracidad de las ideas y, en general, de las formas cognoscitivas, a la transmisión de todo el problema de la verdad a la esfera lógica autónoma, debido a lo cual el problema real de la verdad se diluye en los esquemas y construcciones lingüístico-forinales.

p Sin embargo, a pesar de todas las complejidades y dificultades, el pensamiento filosófico ha marchado sin vacilar hacia la elaboración del concepto de la verdad que exprese adecuadamente tanto su naturaleza como su esencia. La cima de la comprensión de la verdad en la filosofía premarxista se encuentra, como ya hemos señ alado, en la teoría de Hegel. En ella, el concepto de la verdad adquiere un contenido incomparablemente más profundo e inédito que en todas las anteriores doctrinas. La llamada definición nominal de la verdad toma un sentido nuevo, hondamente dialéctico, y se convierte en la expresión del importante principio de la objetividad de la verdad en su comprensión racional. En base a la idea de la unidad de la dialéctica y la teoría del conocimiento, Hegel formula una comprensión de la verdad que en sus rasgos principales tiene un significado imperecedero. De aquí también una serie de definiciones de la verdad, dadas por Hegel, cada una de las cuales expresa o su comprensión general o uno u otro aspecto de su contenido dialéctico. Estas definiciones —la verdad como proceso, la verdad como verdad objetiva, la verdad concreta, y otras— ya las hemos citado anteriormente y todas ellas son muy importantes para la comprensión de la verdad en el materialismo dialéctico.

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p Empero, debemos señalar una voz más que la teoría de Hegel no brinda una definición verdaderamente científica do la verdad: más aún, tampoco presenta una definición gonerali/adora llamada a expresar su comprensión profunda y multilateral sobre la base do los principios correspondientes. Por olio, la suma do las definiciones hegelianas no puedo darnos una definición científica sintetizada de la verdad, sin hablar ya del mecanicismo do talos intentos. Aquí hay dos puntos importantes: 1) la comprensión incorrecta, idealista, do la práctica como actividad espiritual pura y la imposibilidad do revelar desde tales posiciones el verdadero papel de la práctica on oí conocimiento do la verdad, y 2) el sistema idealista do la filosofía hegcliana, terminado y cerrado también, conduce a la absolutización de la propia filosofía hegoliana, a su transformación en verdad absoluta, a la proclamación del conocimiento absoluto, dondo so funden la teología y la filosofía, la religión y el raciocinio.

p Sólo la comprensión científica de la verdad basada en los principios de la filosofía del materialismo dialé ctico o histórico, recibiendo su más alta expresión en las idean leninistas, lleva con necesidad lógica a su definición verdaderamente científica. Pero, esto, por supuesto, no es un acto automático y es poco probable que se puedan “programar”’ los principios de la filosofía marxisla de forma que mediante dispositivos automáticos o fórmulas lógico-matemáticas pueda deducirse de ellos una definición exacta del concepto do la verdad.

p Una tal definición es el resultado de la actividad viva del sujeto cognoscente, do la actividad de la razón en oí conocimiento, poro no en el sentido del apriorismo kantiano que afirma "el juego libro de las fuerzas espirituales"   [69•3  que conduce a la creación “libre”, es decir, arbitraria, de los conceptos y formulaciones. La definición del concepto os la revelación de su contenido, la expresión de éste mediante sus rasgos esenciales, determinantes; a través de la definición el concepto adquiere 70 carácter conceptual y se manifiesta su significación objetiva verdadera. Todo esto excluye la arbitrariedad y el subjetivismo en la creación y definición del concepto. Sin embargo, esto no es un acto automático pasivo. E] hombre, como sujeto cognoscente, elabora la definición científica del concepto durante un largo proceso cognoscitivo, basándose en determinados principios en la comprensión del fenómeno dado, guiándose por determinadas ideas, y revela y expresa de forma consciente y directa en el concepto los rasgos esenciales y determinantes de su contenido. Aquí aparece la actividad de generalización y abstracción del raciocinio humano que crea conceptos como formas lógicas que reflejan las propiedades y las relaciones de las cosas materiales. En la naturaleza no existen ningunas formas lógicas de por sí, y el hombre no las encuentra sencillamente ya listas igual que los Eidos de Husserl, sino que las crea precisamente como formas lógicas, formas de la razón, del pensamiento.

p El momento lógicamente culminante en la definición del concepto es la fijación del pensamiento en la palabra; pero esta fijación no agota todo el proceso de la definición cosa que aseguran los idealistas semá nticos. La definición del concepto debe coronar con los términos y las palabras adecuadas que fijan directamente el pensamiento acerca de los objetos correspondientes y sus propiedades. Aquí es muy importante la exigencia de la exactitud de términos en la definición del conceplo. Sin embargo, debe tratarse siempre del significado semántico de los términos que expresan el sentido y significado de los conceptos dados. Este proceso es la manifestación de la actividad de la razón humana, del papel creador del sujeto en el conocimiento, pues no es el mítico Adán quien da nombre a las cosas, sino el hombre real y vivo, que en el proceso de conocimiento del mundo elabora los conceptos y les dota de expresión verbal terminológica.

p Todo esto tiene importancia cardinal para la elaboración de un concepto verdaderamente científico de la verdad y su correspondiente definición en términos claros y exactos. La comprensión auténtica de la verdad 71 debe encontrar necesariamente su expresión en el concepto científico de la verdad.

p Al llegar hasta la misma definición del concepto de la verdad en el materialismo dialéctico, haremos a este respecto algunas observaciones relativas al método de obtención de las definiciones científicas. Si partimos de la esencia del objeto que definimos como unidad de la variedad, este método debe ser al mismo tiempo analítico y sintético. La revelación analítica del contenido que aparece en una serie de universalidades concretas que caracterizan sus diferentes aspectos debe mostrarse lógicamente en forma sintética, generalizada, expresando la unidad de la precisión del contenido, la unidad de las definiciones concretas, y no su enumeración sucesiva. Esta lógica interna o estructura lógica de la definición científica es el resultado del desarrollo histórico del correspondiente concepto, en cuyo proceso se crean diferentes universalidades concretas que suelen tomarse como base de la definición general del concepto —lo que tuvo lugar también en el desarrollo del concepto de la verdad—, aunque obtienen su sentido y verdadero significado únicamente en la definición generalizada, sinté tica.

p Este método definitorio deriva, a su vez, de la naturaleza del concepto y el carácter de su formación. En el curso del desarrollo histórico de los conceptos científicos, en el proceso del ascenso del pensamiento de lo abstracto a lo concreto se crean originariamente y por vía analítica determinadas definiciones abstractas que reflejan como conceptos aislados (o universalidades concretas) diferentes aspectos del objeto en su desarrollo; después se realiza la síntesis de estas definiciones abstractas en una sola, en un concepto cada vez más general y, al mismo tiempo, concreto. Esta riqueza del concepto concreto como categoría gnoseológica es el reflejo de la unidad de la variedad del objeto, y encuentra la necesaria expresión en la definición.

p Todo lo expuesto permite entrar en la formulación del concepto general de la verdad, que nosotros contemplamos como sistematización de las ideas leninistas en la comprensión de la verdad en calidad de 72 importantísima categoría gnoscológica, en cuyo contenido hallan su expresión lodos los principios básicos de la teoría del conocimiento del materialismo dialéctico.

p La verdad en un proceso, un proceso de reflejo, en la conciencia del hombre, de la esencia, inagotable del infinito mundo material y las leyes de su desarrollo, significando al mismo tiempo un proceso de creación del cuadro científico del mundo por el hombre, cuadro que aparece como resultado hislóric.o-concreto del conocimiento en constante desarrollo sobre la base de la prá ctica histórico-social como su criterio objetivo superior.

p Esta definición, un tanto abreviada, la ofrecimos en nuestro artículo La doctrina de V. I. Lenin sobre la verdad y la ciencia moderna, en la compilación conmemorativa del cincuentenario de la obra de V. I. Lcnin Materialismo y empiriocriticismo  [72•4 .

p En esta definición, primero, se expresa la unidad del método analítico y sintético de la definición de los conceptos científicos complejos. En ella so indican los necesarios componentes determinantes del concepto ú nico sintético y general de la verdad como proceso, cuyos diferentes aspectos o facetas entran en interacción formando el movimiento único del conocimiento científico.

p Segundo, de ella forma parle de la manera precisa la definición clásica de la verdad en su sentido racional y profundo, es decir, expresión del principio determinante de la objetividad de la verdad, significando no sólo la conformidad en general, sino también la expresión, en 73 conceptos y categorías verdaderos, de la esencia objetiva do las cosas o do la objetividad en su auténtico significado. Pero, ¡i diferencia de las ¡deas de Hegel, en el materialismo dialéctico se trata do la correspondencia que es reflejo de la esencia objetiva de los objetos del mundo material, la esencia de la propia realidad material, y no del espíritu absoluto como mundo, razón, etc.

p Tercero, la definición dada expresa el carácter dialé ctico del concepto “verdad”, lo que es su naturaleza interna. Esta dialéctica emerge en la propia definición: a) en el concepto general do la verdad como proceso que abarca eo ipso todos los aspectos dialécticos; b) en la definición de la verdad como creación del cuadro científico del mundo, en constante desarrollo, sobre la base de la práctica social del hombre que, a su voz, también se desarrolla, y c) en la comprensión de la verdad como resultado histórico-concreto del conocimiento. Aquí, la verdad aparece como proceso histórico, pero no en forma de proceso amorfo en general, sino de proceso real para lograr los resultados concretos del conocimiento, en su conjunto y en la serie ininterrumpida de resultados ¡Jarcíales concretos y verdaderos.

p Cuarto, la verdad como proceso no es el desarrollo del conocimiento en general, sino precisamente la creación del cuadro científico del mundo. A la verdad le correspondo el contenido objetivo, científico del proceso del conocimiento, su resultado histórico necesario en forma de conceptos, categorías, teorías científicos, etc. Todo lo que no expresa la esencia objetiva de las cosas, sus propiedades y relaciones objetivas no es verdadero, aunque se incluye en el proceso general del conocimiento. El concepto do la actividad cognoscitiva incluye también formas tales como la cognición, enseñanza, diagnóstico y pronóstico. Hay en cada una de ellas, no sólo elementos científicos y verdaderos, sino también otros qno en cierto momento histórico pueden contradecir el significado científico.

p La necesidad del conocimiento de la verdad conduce a la creación y el desarrollo del cuadro científico del mundo que expresa directamente y encarna el desarrollo de la propia verdad, que excluye todo lo equívoco, 74 impreciso y sofístico como cuasiverdadero. Al mismo tiempo, en esta rigurosidad gnoseológica se encierra la enorme fuerza de ¡a verdad, que se manifiesta directamente como fuerza de la ciencia en la práctica social y en toda la vida del hombre.

p Quinto, en la definición dada se dice que la verdad, como proceso, os proceso de la creación del cuadro científico del mundo por el hombre. En esto se expresa profundamente el principio leninista de la actividad de la razón humana en el conocimiento. El cuadro científico del mundo 110 es el resultarlo de la contemplación pasiva de la realidad circundante, como aseguraban los antiguos sabios chinos. SiutRai puede permanecer mil años sentado mirando al cielo, pero la verdad no descenderá hasta él encarnada en un pájaro de fuego. La verdad se conoce en el proceso de la actividad creadora activa del hombre y su razón; este conocimiento suyo es la creación del cuadro científico del mundo como proceso histórico que es la verdad.

p La creación y el desarrollo del cuadro científico del mundo —lo que constituye al mismo tiempo el propio proceso del conocimiento y el desarrollo histórico de la verdad y, con ello, la creación de la verdad misma como proceso (y no como una moneda ya acuñada) — es el resultado del reflejo del mundo material objetivo en la conciencia del hombre, y, por supuesto, no un procoso de construcción “libre”, arbitraria, de esquemas lógicos, algoritmos malemáticos o sistemas lingüísticos. Aquí, el criterio fundamental os el contenido objetivo do las formas y categorías cognoscitivas como reflejo del contenido real del mundo material, sin lo que no hay ni verdad ni veracidad.

p La comprensión do la verdad como proceso de reflojo y, al mismo tiempo, proceso de creación de un cuadro científico del mundo expresa una dialéctica real de los aspectos subjetivo y objetivo en el conocimiento. Algunos filósofos occidentales no pueden en forma alguna asimilar esla dialéctica. Afirman con terquedad metafísica que los filósofos soviéticos so niegan a optar entre la verdad como reflejo y la verdad como creación. Pero, ¿por qué opción? Todo lo contrario: se trata de la 75 unidad interna de ambos elementos en la comprensión de la verdad. Es el producto de la actividad del hombre-sujeto cognoscente, producto del reflejo activo creador, en la conciencia del sujeto, de la esencia y las regularidades del movimiento del mundo objetivo. El resultado de esta actividad —considerada proceso histórico en desarrollo— es la creación de una serie ininterrumpida de formas verdaderas del conocimiento, de categorías lógicas como productos de la actividad cognoscitiva del sujeto cargados del contenido objetivo do los objetos materiales.

p Sin embargo, esta unidad del contenido y la forma de los conceptos y categorías verdaderos, en cuya diversidad se realiza la verdad, no es su identidad. La conocida tesis do, la lógica hegeliana —el contenido es forma que se traduce en contenido, y la forma es contenido que se traduce en forma— no debo considerarse, en absoluto, identidad schellinguiana do tales categorías. Puedo considerársela expresión de su unidad interna que no excluye sus mutuas diferencias y rasgos específicos como categorías únicas pero diversas. De lo contrario, llegaríamos a la disolución de las formas do pensamiento en categorías de la existencia, a la fusión de la existencia y el pensamiento integrándolos on el espíritu del idealismo schellinguiano.

p Advertimos también que el proceso activo-croacional de la construcción del cuadro científico del mundo, la creación y el desarrollo do los conceptos y las categorías verdaderos no es la amputación automática de los aspectos falsos dejando un “rosto” de verdad que, según algunos suponen, existo a priori y quo tan sólo precisa depurarse de lo falso. El consejo do Rodin —para tallar una estatua basta con quitar del bloque de mármol todo lo sobrante— es inaplicable on nuestro caso. La verdad es el resultado do la actividad creadora positiva del sujeto cognoscente, dol procoso creador activo de reflejo de la realidad objetiva. En este proceso, la "amputación de todo lo excedente" transcurro como algo adicional, secundario y subordinado, por cuanto lo esencial y determinante es el proceso constructivo, creador do la edificación dol verdadero cuadro del inundo.

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p En este proceso creacional se revela el poder de la razón humana. En él se manifiesta toda la colosal fuerza del hombro como homo sapiens. Este proceso es la (lemoslración y la encarnación real del "conocimiento humano vivo, fructífero, verdadero, poderoso, omnipotente, objetivo y absoluto"  [76•5 . Esta idea de V. I. Lenin es una profunda generalización de todo el proceso histórico del verdadero conocimiento del mundo que determina los principios de la teoría del conocimiento del materialismo dialéctico y expresa la honda convicción científica en las ilimitadas posibilidades que tiene el hombre para desarrollar la propia verdad como proceso.

p Por último, el fundamento determinante para la comprensión de la verdad, formulado en la parte final do la definición citada más arriba, es el reconocimiento del papel decisivo de la práctica. Esto so expresa también en la nueva comprensión do la práctica como actividad histórico-social y en la interpretación de su papel de base determinante de todo el proceso del conocimiento, y en su definición como criterio objetivo superior de la verdad. Una tal comprensión de la práctica se ofrece precisamente en la filosofía marxista, y sirve de base para comprender su papel en todo el problema de la verdad en el materialismo dialéctico. Por ello, también la definición de la verdad debe expresar esa concepción.

p Todo esto evidencia que la definición general de la verdad que ofrecemos es un intento de expresar concentradamente las tesis leninistas fundamentales en la comprensión de la verdad, pero, por supuesto como toda definición científica, no puede incluir todas las facetas, aspectos y características que constituyen en su conjunto el rico contenido de la verdad como proceso  [76•6 . Sin 77 embargo, estos aspectos adicionales del concepto de la verdad pueden deducirse como consecuencias lógicas de las tesis que definen su esencia o basarse siempre en estas últimas. Aquí, el término "aspectos adicionales" es sumamente relativo por cuanto, corno características generales de la verdad, pueden adquirir significado muy esencial. Pero tampoco en este caso hay necesidad de incluirlos en la definición general de la verdad con derechos de componentes realmente necesarios.

p La investigación del problema de la verdad en el materialismo dialéctico debe abarcar las cuestiones más importantes que forman todo el contenido —se entiende que en el plano de la comprensión histórico-concreta de su integridad, expresada en la palabra “todo”— del concepto de la verdad como proceso.

p El contenido del concepto “verdad” constituye, como ya se ha dicho, la unidad de la diversidad; sus diferentes aspectos y componentes no sólo están intervinculados, sino que operan como distintos aspectos y facetas de un todo: de la propia verdad como un proceso único, complejo y contradictorio. Esto determina una tesis, a nuestro juicio, muy importante desde el punto de vista de la comprensión de la naturaleza de la verdad, y desde el punto de vista del carácter y la secuencia en el examen de todas las cuestiones de la teoría de la verdad. Concretamente la tesis de la verdad es una. Y no sólo en su comprensión general como proceso único, sino también en cada una de sus manifestaciones histórico-concretas. Aquí es oportuno recordar la tesis de la ló gica tradicional: puede haber todas las afirmaciones falsas que se quieran, pero verdadera, sólo una.

p En este plano aparece desde el principio la contradicción entre la comprensión científica de la verdad y las diferentes nociones religiosas, presentadas artificialmente por conceptos de las "verdades religiosas”. En efecto, el propio concepto de "verdad religiosa" es ya contradictio in adjeclo —que excluye la contradicción entre el objeto y su definición—, más ex; actamente: el concepto que por su definición se excluyo a sí mismo. En principio esto es evidente: el concepto son formas lógicas que reflejan la esencia de los objetos del 78 mundo material y sus relaciones reguladas por leyes y determinadas por esta esencia. En cambio, todas las formas de las nociones religiosas no sólo se presentan en imágenes fantásticas, y no en categorías lógicas, sino que —y eslo es lo importante— tampoco tienen de por sí ningún objeto real en calidad de tal para los respectivos conceptos. Por eso carece de sentido el planteamiento de la cuestión del concepto de "verdades religiosas" y la veracidad de las imágenes y nociones religiosas.

p También pierde todo sentido racional la leyenda de "los tres anillos" o las tres religiones, cada una de las cuales pretende ser la verdadera. Ni el cristianismo ni el judaismo ni el islam pueden ser verdaderos (ni portar la verdad) debido a que la "verdad religiosa" como concepto racional es, en general, imposible. Por ello más ló gicas resultaban ser las herejías del siglo XIII al crear su variante de leyenda de "los tres anillos" en forma do "sacrilegio de los tres pseudomaestros”. Podríamos preguntar ¿por qué sólo tres? Por supuesto que para la edad media esto es evidente. Pero en principio, tales pseudomaestros religiosos pueden darse en cantidad infinita: la verdad, como verdad objetiva, no es más que una; todas las demás afirmaciones, incluso cualquier forma religiosa —las históricamente existentes y todas las “nuevas”, imaginarias— son inevitablemente falsas. Por ello, es absurda la búsqueda de cualquier "anillo verdadero”, ninguno es auténtico.

p Nosotros contemplamos la tesis de la unicidad de la verdad no tanto en calidad de elemento crítico proyectado contra todo tipo de afirmaciones falsas, como en calidad de programático para el análisis de toda la diversidad del contenido de la verdad vista como proceso, en el que todos sus importantes aspectos son diferentes facetas del todo único.

p En la filosofía del materialismo dialéctico los clá sicos del marxismo-leninismo realizaron el análisis de los aspectos básicos del proceso del conocimiento verdadero del mundo especialmente desde las posiciones de la teoría del conocimiento. Expresaron estos aspectos con los conceptos de verdades objetiva, absoluta, relativa y 79 concreta. En sus trabajos, no sólo desarrollaron profundas ideas para la comprensión de la verdad en general, sino también toda una serie de características de cada verdad por separado: la absoluta, la objetiva y otras. En la comprensión de estas verdades indican una serie de rasgos determinantes, se muestra su honda interrelación y se ofrecen sus distintas definiciones, expresión de importantes aspectos de su contenido. En todo el análisis posterior del problema de la verdad partiremos íntegramente de dichas ideas y tesis, lo mismo que al formular las definiciones necesarias.

p Los clásicos del marxismo-leninismo presentan los conceptos de verdades objetiva, absoluta, relativa y concreta con el fin de revelar más profundamente el contenido y la concretización de la doctrina general de la verdad en el materialismo dialéctico. Al analizar el contenido del concepto “verdad” muestran su carácter dialéctico, descubren la intervinculación de la verdad absoluta y la relativa en el proceso del conocimiento en constante desarrollo, señalan el papel y la importancia del concepto de la verdad concreta, tanto en el sentido teórico como en el práctico. En estos conceptos se concentran las ideas y los principios básicos de la doctrina de la verdad expuestos en el materialismo dialéctico. Por consiguiente, hoy día siguen siendo fundamento en el desarrollo de la teoría de la verdad, aunque estos conceptos fueran introducidos en esa teoría hace 50-100 años.

p Este hecho evidencia la fuerza y la vitalidad extraordinarias de las ideas y tesis más importantes de la teoría de la verdad formuladas por C. Marx, F. Engels y V. I. Lenin en forma de una serie de definiciones, y rechaza las afirmaciones simplistas y vulgares aludiendo a que los fundadores del marxismo escribían sus obras "a la luz de una lámpara de petróleo”, cuando aún no se conocían la cibernética ni la física nuclear y que por ello —según los críticos—, sus tesis han “envejecido”, se refieren al siglo XIX. Esto, por supuesto, no significa que todas las definiciones hechas hace 50-100 años deben mantenerse en su forma inicial. Y la cuestión no está sólo en el desarrollo y en los cambios de su 80 contenido, su enriquecimiento con nuevos dalos de la prá ctica social y la ciencia. Esto es evidente y del dominio público. Las definiciones y formulaciones más importantes, aun siendo producto de su tiempo, hoy, en las nuevas condiciones del proceso cognoscitivo en desarrollo, deben reflejar inevitablemente el nuevo contenido y las exigencias contemporáneas.

p En las actuales condiciones, el proceso del conocimiento científico es complejo y multifacético. Sus peculiaridades más importantes son el más fructífero desarrollo del conocimiento en el camino de la profunda unidad de sus distintos aspectos, lo que halla su expresión en la creación de nuevas series de disciplinas científicas afines y combinadas. Baste recordar los brillantes éxitos de la biofísica y la bioquímica y también de la biogeoquímica para convencerse de ello. Pero no se trata de ilustraciones sino de la ley general del desarrollo del proceso del conocimiento en las actuales condiciones históricas, cuando se revela en toda su profundidad precisamente su unidad interna. El proceso del conocimiento del mundo es la creación del cuadro científico del mundo, es decir, la verdad como proceso en su expresión racional y científica. Esto significa que el desarrollo del conocimiento científico nos descubre la honda unidad de la verdad como proceso. Por ello, todos sus aspectos más importantes expresados en las definiciones de las verdades objetiva, absoluta, relativa y concreta aparecen no como verdades independientes, sino como componentes determinantes de un todo único: la verdad como proceso único y multifacético.

p Estos componentes son, al mismo tiempo, caracterí sticas lógicas y se muestran en forma de conceptos que desentrañan en su conjunto el contenido del concepto general de la verdad como proceso. Por ello consideramos que, desde el punto de vista lógico, es conveniente, partiendo íntegramente de las ideas de los fundadores del marxismo-1 eninismo en sus definiciones de las distintas verdades independientes y conservando toda su importancia básica, que presentemos y, al mismo tiempo, examinemos sus definiciones predicativas. Con esto, las definiciones predicativas de algunas verdades 81 pueden ser sólo otra forma de expresión de los principios e ideas incluidos inicialmenle en los conceptos de verdades objetiva, absoluta, relativa y concreta.

p Para examinar más plenamente el concepto de la verdad es preciso señalar una serie de definiciones contiguas o derivadas del concepto general de la verdad que, en diferentes formas o sentidos, figuran en las correspondientes concepciones de la verdad y deben, por supuesto, ser valoradas en la teoría de la verdad del materialismo dialéctico. Entre ellos figuran los conceptos veracidad, justedad y autenticidad del significado y el concepto verdades de la existencia.

p El concepto “veracidad” expresa la característica o la apreciación de las formas del conocimiento humano desde el punto de vista de su sentido y su significado objetivos. Expresa directamente la esencia del concepto de la verdad objetiva y se limita totalmente a este significado. El concepto de veracidad por sí sólo nada dice de lo absoluto, la relatividad, la universalidad o la concreción de la verdad. Valora los conceptos, los juicios, las teorías, etc., desde el punto de vista de la conformidad de su contenido con el contenido de la realidad objetiva que tratamos de conocer. En esta definición de sentido claramente unívoco el concepto de veracidad se contrapone al concepto de falsedad, que objetivamente refleja la negación de tal correspondencia.

p A veces se usa la expresión "grado de veracidad”, lo que evidencia la relación de este concepto con la relatividad de la verdad. Esto es cierto, pero tenemos aquí un nuevo concepto: el grado de veracidad, y no simplemente la veracidad, que expresa el principio de la objetividad de la verdad en su manifestación concreta en juicios, teorías, etc., diferentes.

p El concepto “justedad”. El proceso de conocimiento de la verdad es un proceso mental complejo, donde se entrelazan con diferentes vinculaciones e interrelaciones conceptos, juicios, conclusiones, hipótesis, demostraciones, axiomas, consecuencias y otras formas de pensamiento. Su veracidad directa no siempre puede ser establecida de forma clara; entretanto, todo el proceso en su conjunto exige necesariamente lógica o consecuencia en 82 el pensamiento, sin lo cual el logro de la verdad es intuitivo inconsciente o casualidad caótica. Esta necesidad conduce al planteamiento de una cuestión de importancia excepcional, de la justedad del pensamiento, que con frecuencia se identifica con la cuestión de la veracidad del pensamiento e incluso de la verdad en general.

p En las teorías de la verdad el problema de la justedad fue planteado profundamente en la lógica de Aristóteles, pero también se acercaron a su planteamiento en la filosofía hundú, particularmente en las concepciones lógicas de la escuela nyaya. Señalemos solamente que, para Aristóteles, el sinónimo de justedad es pensar de acuerdo con las leyes del silogismo que no sólo asegura la secuencia y la concordancia de los pensamientos, sino que constituye el criterio de la veracidad del pensamiento. En el Nuevo Organon de Bacon se introduce un nuevo rasgo de criterio de la justedad: la orientación inductiva y la correspondencia con las exigencias de la inducción. Es un momento básicamente importante: hasta entonces se consideraba que la justedad del pensamiento se aseguraba totalmente con la lógica deductiva. Nosotros subrayamos aquí especialmente este aspecto, ampliando de esta manera el significado y el contenido del concepto de la justedad. Por supuesto, en la teoría de Bacon, el principal criterio de la veracidad sigue siendo el experimento; en los métodos de investigación inductiva pone también de manifiesto su papel, pero nosotros destacamos aquí el elemento propiamente lógico: la justedad, como coordinación de los pensamientos, pasa a formar parle de la lógica inductiva y basarse en sus principios y en sus reglas.

p En este plano el concepto “justedad” recibe en la ló gica dialéctica un nuevo significado, lo que no elimina las reglas de la lógica deductiva e inductiva tradicional en el sentido hegeliano de este término. Desde el punto de vista de la comprensión de los principios y las leyes de la lógica dialéctica, que debe observar todo pensamiento correcto, justo, podemos hablar de la elaboración de un Organon dialéctico del pensamiento como sistema científico de ideas, principios, leyes y reglas de la lógica 83 dialéctica. Un tal sistema de reglas y leyes do la lógica dialéctica eleva el pensamiento humano a un escalón superior. Más aún, al ser un sistema en desarrollo, dinámico y abierto, asegura también posibilidades ilimitadas para su desarrollo sucesivo. Pero la idea que determina siempre el propio concepto de justedad del pensamiento queda aquí en vigor: la idea de la concordancia y la correspondencia mutua de todas las formas del pensamiento humano.

p Considerado lo antedicho, se puede señalar que el concepto de justedad expresa la relación mutua entre las diferentes formas de pensamiento, su coordinación y su correspondencia, lo que cobra un sentido real cuando existo una base semántica en las propias formas del pensamiento. Este concepto tiene un carácter estrictamente lógico, pero las formas pensantes no aparecen como formas parciales a priori, sino de un contenido determinado y concreto, lo que permite precisamente establecer entre ellas un severo nexo lógico, que siempre tiene un contenido unívoco por base.

p El concepto “autenticidad”. En la comprensión de la autenticidad pueden señalarse dos tendencias: contemplarla considerando que el sujeto está convencido de la veracidad de unas u otras tesis y considerar esta categoría expresión de un cierto elemento objetivo de la veracidad del juicio. La primera tendencia reduce la autenticidad a una convicción subjetiva o, digamos, a la presencia de datos, de objetos sensoriales o de sus propiedades receptivo-sensoriales concretas. En este sentido Hegel habla de la autenticidad como autenticidad sensorial, la fuerza de cuya verdad consiste en que yo lo veo, lo oigo, etc., directamente. Sin negar aquí el momento de veracidad, Hegel, sin embargo, no da demasiada importancia a la autenticidad sensorial que dispone únicamente de una apariencia de riqueza cognoscitiva, cuando, en realidad, esta fiabilidad se presenta a sí misma por la verdad más abstracta y más pobre.

p En general, podemos extrapolar esta apreciación a todas las formas de convicción subjetiva, sin limitarnos a la autenticidad sensorial. Lo abstracto y la pobreza de la verdad no dejan de ser atributos tanto en la 84 convicción intuitiva, en general, como en la convicción intelectual-intuitiva de la veracidad, en particular. Aquí no se puede despreciar ni privar de sentido al momento psicológico de la convicción en la justedad de unos u otros juicios. Pero en nuestra investigación tratamos siempre de la importancia gnoseológica y el sentido de los conceptos examinados. Por ello, cualquier forma de convicción subjetiva elevada al rango de autenticidad y. con ello, a la pretensión de una determinada veracidad, conduce a la negación del significado de esta última como veracidad objetiva.

p Sin embargo, este hecho no justifica la negación general del significado del concepto “autenticidad”. Si lo tomáramos en su aspecto estrictamente objetivo, es decir, como la expresión de un contenido objetivamente verídico de los conceptos, juicios, etc., esto nos haría identificar la autenticidad con la veracidad. Precisamente en este sentido se interpreta con frecuencia la autenticidad. Desde el punto de vista del contenido esa identificación está absolutamente justificada. Sin embargo, en el concepto de la autenticidad se da un factor distintivo: la veracidad de los juicios se revela aquí en calidad y forma de su enunciación por el sujeto. Es íntegramente objetiva; no es una convicción subjetiva ni resultado de tal convicción, pero es el sujeto el que declara la veracidad de los juicios mediante la autenticidad basándose en la verificación y la demostración con la práctica y la ciencia, lo que excluye cualquier momento de subjetividad como arbitrariedad. La veracidad del juicio "el socialismo ha demostrado su superioridad sobre el capitalismo”, expresa la correspondencia interna de su contenido con la realidad, y se convierte en autenticidad expresada por el sujeto, comprendida y tomada en conciencia por él como autenticidad real.

p La autenticidad interpretada de esta forma y conservando todo su significado de verdad objetiva tiene un determinado sentido en el proceso de la comprensión y el conocimiento del verdadero contenido de las formas del pensamiento humano.

p El concepto “significado”. A tenor con el estudio especial y detallado de las diferentes formas de 85 enunciación y expresión de las ideas y tesis científicas filosóficas en la literatura gnoseológica y lógica contemporánea, el análisis del propio concepto “significado” ha ocupado un destacado lugar como concepto y categoría, tanto en el análisis lógico como en el lingüístico. El sentido de dicho concepto se examina en diferentes aspectos, cada uno do los cuales merece cierta atención y, por supuesto, no debe rechazarse.

p Se trata del sentido gnoseológico, el significado y contenido de las expresiones empleadas en los idiomas naturales y artificiales contemporáneos. En la semántica y en la sintaxis lógicas el significado de las expresiones se contempla como la correspondiente forma de relación entre el signo y el objeto, entre el signo y el pensamiento sobre oí objeto dado o entre los propios signos. En el análisis lingüístico se determina por el empleo mismo del signo en el idioma, es decir, en el plano lingüístico formal. En el operacionalismo el significado de los términos se revela en el sistema de las operaciones de investigación de los objetos sometidos a estudio en la ciencia. En la filosofía y la lógica de Husserl el significado se define en otro plano: se muestra como una propiedad especial, ideal del pensamiento acerca del objeto, independiente de las formas subjetivas de su percepción y expresión; caracteriza la objetividad, estabilidad, universalidad del contenido de los conocimientos humanos. El análisis pragmático moderno, al combatir la comprensión de significado en forma de esencias ideales, introduce en el concepto “significado” el elemento ontológico y reduce el significado de la expresión dada al objeto que se designa con dicha expresión. Cada uno de estos aspectos del examen del significado tiene su senlido, pero sólo en un plano concreto, determinado y parcial. La insolvencia general de tales concepciones reside en la absolutización de estos aspectos, cuyo resultado es una u otra forma de la comprensión idealista del significado.

p Consideramos el significado del significado en el extenso plano filósofo-gnoseológico. Está en unidad con las ideas generales de/ la teoría del reflejo y, por ejljo, con las ideas de la teoría de la verdad en el 86 materialismo dialéctico. Básicamente, el significado lo determina (i contenido de aquellos objetos del mundo circundante de que se trate, es decir, con relación a los cuales (a sus cualidades y relaciones) se ha constituido y se aplica consiguientemente una expresión dada. Para la expresión es indiferente si esto se hace con los medios de los idiomas naturales o artificiales. En una tal comprensión, el significado aparece al mismo tiempo como determinada información, precisamente conceptual, acerca de los objetos y fenómenos de la realidad material y, considerando que esta información tiene una base objetiva, el significado adquiere por tanto el correspondiente sentido verdadero.

p Con esa concepción del significado, éste adquiere sentido gnoscológico real precisamente porque lleva una carga objetivamente verdadera. Esto último determina, al mismo tiempo, el sentido pragmático (práctico) del significado: las expresiones que no implican ninguna información objetivamente verdadera no pueden tener, evidentemente, sentido gnoseológico ni sentido pragmático. Aquí corresponde subrayar una vez más que, en el caso dado se trata del análisis del significado precisamente en el plano filnsofo-gnoseológico, mientras todos sus aspectos psicológicos, éticos y otros análogos se hallan fuera de dicho plano.

p El concepto "verdades de la existencia". Los representantes de la filosofía religiosa, al apreciar los fenómenos de la realidad circundante, especialmente la conducta de los seres en la sociedad, ante todo su actitud hacia la religión y la iglesia, hablan enfáticamente de la "verdadera naturaleza de las cosas”, de la "verdadera moral" y de la "verdadera fe”. Con tal planteamiento, el concepto “verdadero” significa la correspondencia de las cosas y la conducta de los hombres a determinadas ideas, ideales, principios y normas que se toman previamente por verdaderos. En el plano filosófico general, la idea de la correspondencia parece cobrar un sentido inverso, contrario al expresado en la fórmula clásica adaequatlo reí el intellectiis, en su comprensión tradicional.

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p En la historia del pensamiento filosófico el concepto "verdades de la existencia" fue formulado en forma suficientemente precisa por Lcibniz. En Nuevos ensayos introduce el concepto de verdad metafísica, que equivale precisamente a "verdad de la existencia”. Pero anteriormente habla también de la verdad moral, definida por él de la misma forma. En el § 11 del capítulo quinto dedicado al análisis del problema de la verdad en general Leibniz afirma: "Existe también la verdad ética que consiste en hablar de las cosas conforme a la convicción de nuestras almas, y, por último, existe la verdad metafísica, que es la existencia real de las cosas de acuerdo con nuestras ideas acerca de ellas"   [87•7 . Por su claridad y concreción podemos calificar estas fórmulas de clásicas.

p En la comprensión de tales verdades, el punto de vista de Leibniz es el inicial para toda la filosofía clásica alemana. Sin embargo, también en este punto las ideas de Hegel son la cima, aunque sus posiciones de partida sean inaceptables. En pocas palabras, la lógica de sus razonamientos es como sigue: de la tesis más general de la identidad del pensamiento y la existencia se infiere inevitablemente la tesis acerca de la fusión del objeto con el concepto, lo cual se realiza en la idea que constituye la unidad de lo ideal y lo real, lo finito y lo infinito, la identidad y la diferencia, el sujeto y el objeto. De aquí surge la subordinación do la existencia a la idea; si la verdad de la existencia es la esencia, entonces la verdad de la esencia es el concepto. "El objeto, el mundo objetivo y subjetivo, no sólo deben coincidir en general con la idea, sino que son ellos mismos la coincidencia del concepto con la realidad"  [87•8 . Con esto so determina ya directamente el concepto de la verdad de la existencia, que Hegel considera verdad profunda superior. Dice en la Enciclopedia : "La verdad, en cambio, según su más profundo sentido, consiste en que la objetividad es idéntica al concepto. Sobre este sentido de la verdad, el más profundo, es de lo 88 que se trata cuando so habla de un verdadero Estado o una verdadera obra de arte. Estos objetos son verdaderos cuando son lo que deben ser, es decir, cuando su realidad corresponde a su concepto"   [88•9 . Y, por el contrario, la realidad se convierte en algo subjetivo, en fenómeno aleatorio si no corresponde al concepto.

p Las posiciones de Hegel aquí son totalmente definidas. De la íundamentación filosófica general de la primacía de lo ideal sobre lo real pasa a la justificación de todo lo real si corresponde a determinados conceptos sobre el Estado, el arte, etc. A estos razonamientos están lógicamente ligadas las ideas de la filosofía social de Hegel acerca de lo real como racional y lo racional como real, de las cuales, ya se sabe, infería conclusiones sociopolíticas conservadoras. Esto último entra en contradicción con las ideas progresistas de su método dialéctico, que exige la sustitución do todo lo existente.

p ¿Qué elementos racionales debemos señalar aquí respecto al concepto "verdades de la existencia"? Ante todo, por supuesto, debe invertirse básicamente la tesis de partida acerca de la primacía do lo ideal sobre lo realmente existente como existente “conforme” a nuestras ideas o conceptos. Lo realmente existente existe siempre independientemente del concepto, que tengamos acerca de ello. Después, el concepto de la verdad es una categoría gnoseológica, no onlológica. Por ello nos parece que no hay razón alguna para introducir el concepto de "verdad metafísica" como "verdad de la existencia”; esto es de nuevo contradictio in adjecto. De aquí que la expresión "conocer la verdad de las cosas" no sea rigurosamente científica y correcta: se (rata del conocimiento do la esencia de las cosas, lo que significa llegar a la verdad en el conocimiento como reflejo de esta esencia.

p Al mismo tiempo, no puedo excluirse el importantísimo aspecto do la valoración de los fenómenos del mundo circundante, particularmente do los acontecimientos de la vida sociopolítica, desdo el punto de vista, por ejemplo, de determinados principios o ideas de diferentes teorías políticas y filosóficas. Pero aquí surge 89 inmediatamente la pregunta: ¿cuál será la vinculación de tal apreciación con la verdad o la voracidad de estas teorías? Aquí, en el planteamiento general de la cuestión no hay ningún criterio, por cuanto los acontecimientos y las acciones de los hombres pueden valorarse desde las posiciones políticas y filosóficas más diversas. Y, sin embargo, aquí también es posible un criterio real. Nosotros hablamos con pleno derecho de la veracidad del mnrxismo-leninismo como concepción filosófica, de una veracidad no a priori, sino establecida en la prá ctica sociopolítica de los hombres. Por ello, si se parte de las posiciones de la concepción científica del mundo, puede valorarse siempre, por ejemplo, la política de partidos determinados, la práctica de la lucha de clases, etc., pudiendo hablarse aquí de la “veracidad” de la política o de las acciones prácticas desde el punto de vista de su correspondencia a los principios de la concepción del mundo dada.

p Sin embargo, esto no os "la verdad de la existencia" en el estricto sentido do la palabra. No existe ninguna verdad en abstracto y, menos aún, "verdad metafísica”. En este planteamiento racional de la cuestión so trata, ante todo, do la veracidad de las ideas, puntos de vista, opiniones, de la veracidad de la cosmovisión en su conjunto y, partiendo de ello, es como debe hablarse del correspondiente carácter de la práctica humana guiada por las ideas, conceptos y principios dados. La veracidad sigue siendo íntegramente una categoría gnoseológica y no experimenta ninguna transformación en categoría ontológica "verdad de la existencia" tampoco en este caso.

p La negación del sentido racional del concepto " verdad de la existencia" con respecto a los fenómenos do la realidad natural nos parece tic todo punto indiscutible. El juicio "la verdad del eclipse de Luna" o "el verdadero recorrido del electrón" tampoco evidencia otra cosa que la veracidad de nuestros puntos de vista, teorías y ecuaciones, que corresponden a la naturaleza real, objetiva de estos fenómenos. Pero esta dependencia se expresa en los juicios dados en forma inversa, mistificada, creando la ilusión de "verdad del fenómeno".

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La verdad es una; sólo puede hablarse de sus mú ltiples formas de manifestación en todo el proceso complejo del conocimiento. Cierto que no hay nada incorrecto en juicios como "la moderna teoría del núcleo atómico es una verdad”; pero lo es sólo en el caso de que entendamos por el término “verdad” la veracidad objetiva de dicha teoría, lo que jamás será equivalente del concepto gnoseológico general de la verdad. Por ello, todas las variedades de las llamadas "verdades de la existencia”, "verdades del hecho”, "verdades metafí sicas”, etc., pierden su sentido real en calidad de conceptos o representaciones situados fuera de la comprensión de la verdad como categoría estrictamente gnoseológica.

* * *
 

Notes

[67•1]   -2 Véase Dictionnaire de la langue jranfaise. Par P. Foulquié. Paris, 1962. En el Grand Dictionnaire universel de P. Larousse la definición principal es la siguiente: "verdad es algo que está en conformidad con algunas nociones sobre las cosas o con la realidad representada (tomo 15, pág. 908). En la Encyclopedia Britannica la comprensión aristotélica de la correspondencia se interpreta como fe, convicción (belicf ) de que la proposición p es verdadera si aceptamos que existe un hecho que corresponda a dicha proposición (vol. 22, pág. 522). En todas las definiciones similares so observa un evidente divorcio con IP comprensión materialista de la correspondencia, lo que priva a estas formulaciones de su valor objetivo científico.

[67•2]   -1 [odd: page has one footnote called “1-2”.]

[69•3]   E. Cassirer. Formen uncí Formwandlungen des philosophiuchcn Wahrtieitsbegriffs, Hamburg, 1929, S. 19-20.

[72•4]   Gran obra de materialismo militante, Moscú, 1959, págs. 217-218. Llamamos la atención del lector hacia los siguientes trabajos do los filósofos soviéticos que analizan especialmente el concepto de la verdad: S. Tsereteli. Contribución al exliidio de la comprensión leninista de la naturaleza dialéctica de la verdad. "Voprosy Filosofa”, N° 4, 1960; I. Narski, T. Oizcr man. La verdad, en la Enciclopedia Filosófica (t. ti); D. Gorsld, I. Narski, T. Oizerman. Capítulo do la verdad en el libro Problemas actuales de la teoría del conocimiento del materialismo dialéctico, t. II, Moscú, 1970. En la revista Deutsche Zcitschrift für Philo.tophic, a finos de la década del 60 y comienzos del 70, se publicó una serie do artículos examinando el problema do la verdad desdo posiciones marxistas-loninistas, incluyendo también algunas cuestiones en discusión. Véase especialmente Sonderheft, 1968.

[76•5]   V. I. Lenin. Cuadernos filosóficos, O. C., t. 29, pág. 322.

[76•6]   La definición de la verdad formulada por el académico T. Pávlov en el XV Congreso Internacional de Filosofía contiene ¡Títeres y profundo sentido. Considera la verdad un proceso dialéctico que acerca cada día más el pensamiento humano a los objetos reales do la naturaleza y la sociedad a fin de esclarecerlas y, después, modificarlas en interés del hombre. Su otro pensamiento es comprender la verdad como la propia ciencia en su unidad y variedad dialéctica. Proceedings o} the XVth World Congress of Philosophy, Sofía, 1973, I, pp. 99, 103.

[87•7]   G. V. Leibniz. Nueras ensayos sobre el entendimiento humano, págs. 349-350.

[87•8]   Hegel. Obras, t. VI, pág. 216.

[88•9]   Hegel. Obras, t. I, pág. 332.