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Capítulo I
PREMISAS Y PRINCIPIOS
DE LA TEORÍA LENINISTA
DE LA VERDAD
 
* * *
 

p ea Xáysiv

p Heráclito

p . . .El genio de Marx estriba, precisa-
mente, en haber dado solución a los
problemas planteados antes por el pensa-
miento avanzado de la humanidad.

p Lenin

p La teoría leninista de la verdad apareció en la arena de la lucha de las ideas filosóficas, no, por supuesto, wie aus der Pistóle geschossen, como dijera Hegel, no como un destello súbito del genio en una noche oscura y profunda. Fue el resultado histórico y lógico del desarrollo de todo el pensamiento filosófico científico y progresista mundial, del análisis creador y la elaboración crítica de los más cumplidos logros de la cultura espiritual del Globo, la expresión de determinadas tendencias de la época social y, en fin de cuentas, de su esencia hondamente contradictoria. Al ser el desarrollo lógico de la cultura filosófica progresista y científica del mundo, la teoría leninista de la verdad se fundamenta y basa lógicamente en los nuevos principios, en las ideas de la nueva filosofía del materialismo dialéctico e histórico, en las ideas filosóficas generales y gnoseológicas de C. Marx 22 y F. Engels, que revolucionaron el desarrollo del pensamiento filosófico mundial. Estas ideas exigen, ante lodo, examinar las premisas y principios básicos de las correspondientes teorías filosóficas y científicas.

p En este plano, destacamos las sig’iiienles premisas históricas y teóricas de Ja teoría leninista de la verdad que, a su vez, determinan sus principios fundamentales.

p Desde el punto de vista histórico y, en gran medida. lógico, el primer elemento lo tenemos en el nexo genético de la teoría de la verdad del materialismo dialéctico con todo el desarrollo progresivo del pensamiento filosófico mundial, con todas las concepciones y doctrinas racionales acerca de la verdad, creadas durante toda la historia de la filosofía.

p Hasta Marx, en el desarrollo tlel pensamiento filosófico se habían expuesto no pocas ideas profundas y racionales. Ante nosotros aparece una incalculable riqueza de valiosas ideas en la comprensión de la verdad en general, en el análisis de las vías y métodos del verdadero conocimiento, en el análisis de la propia categoría de la verdad, en el examen de sus aspectos más importantes, que encuentran su consiguiente expresión en los diferentes aspectos y definiciones lógicas. No es necesario ofrecer la enumeración sumaria de todos los elementos racionales en la comprensión de la verdad que contienen las diferentes doctrinas gnoseológicas del pasado. Creemos indispensable destacar, en primer lugar, aquellas ideas y postulados, incluso ciertas definiciones, que conservan un significado imperecedero para el desarrollo de la leoría científica de la verdad, creada por el marxismo partiendo de las más altas conquistas del pensamiento filosófico y científico. Los hilos dorados de las ideas racionales, sit venia verbo, (valga la frase), anudados en muchos siglos pretéritos, atraviesan, no sólo la corte/a de los tiempos, sino también las pesadas y plomizas nubes de obscuras y falsas concepciones y opiniones lilosólicas y religiosas, y alcanzan su objetivo y empleo en las teorías y doctrinas verdaderamente científicas.

p Una de las numerosas ideas profundas de Hegel está en sn pensamiento acerca de que la nueva filosofía tiene siempre como premisa el mundo espiritual existente, la 23 herencia obra de las generaciones precedentes en el dominio de la ciencia y la actividad espiritual. Al mismo tiempo que asimila esla herencia la transforma creadoramenl.e y, por ello, "el curso de la historia nos muestra, no el devenir de cosas ajenas a nosotros, sino nuestro devenir, el devenir de nuestra ciencia"   [23•1 . Si esto no fuera así, toda la historia de la filosofía sería un "campo de batalla lodo él sembrado de cadáveres, reino, no sólo de los muertos, de personas corporalmente desaparecidas, sino también de sistemas refutados, espiriüíalmente extinguidos, cada uno de los cuales mató y enterró a otro"   [23•2 . En realidad, Ja historia de las ideas filosóficas no es ningún campo muerto, recorrido y abandonado para siempre por el hombre ni la simple contemplación de cuadros de la linterna mágica, sino el desarrollo contradictorio, profundo y rico, de la razón humana en su incesante empeño por descubrir la esencia y las leyes del mundo infinito que nos circunda. En este sentido, la historia de las ideas filosóficas es el proceso de desarrollo del verdadero conocimiento de los fenómenos del mundo que nos rodea, que transcurre en lucha contra las ideas y los criterios i’alsos y acientíficos; proceso que expresa las tendencias y los intereses de las diferentes fuerzas sociales.

p Pero no podemos coincidir aquí totalmente con Hegel. Es innegable que la historia de la filosofía no es ningún "templo de recuerdos" ni la colección de imágenes del pasado desaparecidas. El contenido de esta historia representa productos del intelecto, y éstos no son nada transitorios. Y si en la historia de la cultura mundial sus valores materiales —el lienzo, el mármol, el papel, así como las representaciones y los recursos— son transitorios y, tarde o temprano, se destruyen y desaparecen, en la historia de la filosofía, por el contrario, reina "el pensamiento, el concepto, la esencia imperecedera del espíritu, donde no penetran ni la polilla ni los ladrones”  [23•3 . De esta idea general correcta, con gran significación racional en la filosofía de Hegel y precisamente en consonancia con 24 su lógica, se deduce que, por lo visto, cada aspecto es necesario para el desarrollo del espíritu, que ningún principio ni sistema de la filosofía están refutados, que cada elemento no es otra cosa que una adquisición de pensamiento, etc. Por consiguiente, pensaba Hegel, todos los sistemas y doctrinas filosóficos son igualmente necesarios, lo mismo el materialismo que el idealismo; las concepciones idealistas religiosas y la doctrina dialéctica, la metafísica, el racionalismo y el agnosticismo. Todos son aspectos históricamente necesarios del movimiento del espíritu, y todos ellos "llenan el pensamiento" en una u otra medida.

p Cierto que en la historia real, hondamente contradictoria, de la sociedad de clases fueron inevitables y ló gicos los más diferentes sistemas y concepciones filosóficos, expresiones de las tendencias y los intereses de las diversas fuerzas sociales en cada uno de los períodos históricos. En este sentido, cada momento en el desarrollo de las ideas filosóficas resultaba inevitable y, con ello, necesario. Sin embargo, esto no es una necesidad histórica del desarrollo progresivo de las ideas científicas, una necesidad del conocimiento real y racional del mundo. La cosmovisión anticientífica, religiosa e idealista, por ejemplo, no es, ni con mucho, una necesidad racional del desarrollo progresivo del conocimiento. Por cierto que el propio Hegel en su Enciclopedia diferencia con claridad los conceptos Wirklichkeit y Notwendigkeit. Por supuesto, no todo lo que existe —decía— expresa la necesidad histórica y se refiere a ella. Lo necesario es lo que se desarrolla conforme a las leyes, el movimiento inmanente hacia un escalón cada vez más alto del espíritu cognoscente, el movimiento del propio espíritu materializado en el mundo. Si partimos de esta comprensión de la necesidad, resulta que todo lo que no corresponda a la misma no debe ocupar un lugar en la escala hegeliana de los momentos necesarios del espíritu en desarrollo progresivo.

p Por eso es que en la teoría de la verdad del materialismo dialéctico no se trata de la repetición en sentido sumarial — en calidad de base histórico-filosófica— de todas las doctrinas y concepciones acerca de la verdad, sino sobre la apreciación de los momentos fundamentales, 25 históricamente necesarios en el desarrollo de las doclrinas acerca de la verdad, es decir, de aquellas ideas y tesis que bien expresan un nuevo escalón en la investigación del problema de la verdad, bien revelan uno u otro aspecto del problema. En tal comprensión de la secuencia histórica retornamos a la imagen de los "hilos dorados" en el proceso continuo de profundización y desarrollo de las ideas racionales en las doctrinas de la verdad, que constituyen, precisamente, lo más valioso y notable qu& fue y sigue siendo históricamente necesario para la elaboración profunda y multilateral de la teoría de la verdad del materialismo dialéctico.

p Lógicamente, cada escalón de la línea general del desarrollo de las teorías de la verdad en la historia del pensiamiento filosófico no es, por supuesto, equivalente a los demás. Cada momento histórico en el desarrollo es individual, tiene su propio contenido concreto y es cualitativamente distinto a los otros. Como es natural, el análisis de todos estos momentos históricos en el desarrollo de las doctrinas sobre la verdad exige investigaciones especíales que desbordan el marco del presente trabajo. Por ello debemos destacar, de forma general, sólo los momentos históricos esenciales, determinantes, con significado primordial en calidad de premisas histórico-filosóficas para la teoría de la verdad del materialismo dialéctico.

p El Oriente. Aunque Hegel era muy escéptico valorando la "sabiduría oriental”, nosotros debemos constatar la presencia, en la filosofía de la antigua India —a nuestro juicio, la más característica de todo el Oriente—, de valiosas ideas y representaciones sobre la verdad y el conocimiento verdadero. Allí es donde surgen las primeras concepciones del conocimiento verdadero. Los vedas hablan de tres vías para alcanzarlo: la percepción del mundo sensorial, la autoconciencia con su análisis de las formas lógicas, racionales, y la supercoricicncia, encaminada a la comprensión del mundo de la eternidad, de la “super”-realidad, del mundo divino de Brahma. El sistema nyaya representa el eslabón gnoseológico superior que, en el conocimiento de la verdad, incluye las demostraciones ló gicas y reglas del juicio, el empeño por establecer el criterio del conocimiento verdadero, culminando con la 26 definición de la pram, o verdad, como conocimiento real y corréelo, que significa el enfoque del propio concepto de la verdad. La penetración de las ideas y representaciones religiosas en todas las esferas del pensamiento de la antigua India impidió a sus pensadores elaborar un concepto ló gico de la verdad, no obstante la variedad de sus diferentes ideas, puntos de vista y concepciones del conocimiento verdadero y de las vías para su logro. Sin embargo, y a pesar de Hegel, el "destello del pensamiento" brilló con suficiente claridad en Oriente.

p Grecia. En el brillo de Oriente el espíritu, lo mismo que el individuo, sólo desaparece; únicamente en Occidente fulgura el relámpago del pensamiento, crea su mundo convirtiéndose en principio auténticamente creador: así versa la conocida Lesis de Hegel que es cierta y no lo es. Acabamos de convencernos de que no lo es. Pero si Oriente es la cuna de la civilización mundial, Grecia lo es de la civilización europea. Ocupa un lugar sumamente excepcional en la historia del pensamiento filosófico mundial, en general, y en el desarrollo de las concepciones ginecológicas y, la doctrina de la verdad, en particular.

p No sólo en la filosofía, sino también en la mitología griega aparecen ideas y representaciones acerca del conocimiento racional, sobre la verdad y la previsión: Palas Atenea es la encarnación del juicio, la sabiduría y la verdad; Casandra, prediciendo siempre la verdad, pero trágicamente incomprendida por los hombres. Y si la diosa egipcia Isis declaraba con orgullo que nadie había levantado nunca su manto de la verdad, los mitos griegos, por el contrario, están impregnados de otra tendencia: el logro de la verdad, el conocimiento de la perfección y la belleza del mundo circundante.

p La idea de la verdad cala en todas Jas principales escuelas filosóficas de la antigua Grecia, representada de numerosas formas, mostrando al mismo tiempo una determinada evolución in crescendo que llega hasta la creación de Ja primera forma histórica de concepción de la correspondencia de la verdad, enunciada por el gran Aristó teles.

p Los jónicos sentaron los principios de la investigación de las vías para el conocimiento de la esencia del 27 mundo, el origen de las cosas, la sustancia universal, en una u otra forma; promovieron una serie de tesis en la comprensión de los diferentes fenómenos naturales, que pueden contemplarse como verdades analíticas, independientes. Hegel definió con precisión que los jónicos pensaban, pero no reflexionaban sobre el pensamiento, por eso, en sus concepciones no hay todavía investigación de la verdad con su significado general como categoría, y, sin embargo, abren un camino hacia su comprensión, hacia el conocimiento verdadero.

p Heráclito contempla el conocimiento como conocimiento del Xóy&s que expresa la esencia de las cosas. El verdadero conocimiento es el conocimiento de la esencia única del mundo, y no una simple suma de conocimientos de la pluralidad de la existencia. En el conocimiento de la verdad hay que seguir a lo universal, de aquí la necesidad de introducir el concepto general // el término verdad.

p En el fragmento 112 señala: OO((HT¡ áXr/ha Xáysiv la sabiduría consiste en decir la verdad. Aproximadamente por este tiempo fue cuando Parménides introdujo el término XT(dsia (en la primera parle de su obra Sobre la Naturaleza ).

p Demócrito dio el siguiente paso en la elaboración de la concepción de la verdad en la filosofía de la antigua Grecia. El punto de partida de su doctrina gnoseológica es la distinción entre verdad ;/ opinión general aunque, sin embargo, no tiene carácter absoluto. Esta diferenciación presupone determinada conexión entre lo verdaderamente real y lo aparente, entre el mundo del noúmeno y el del fenómeno, el objetivo y el subjetivo. El camino del conocimiento de la verdad es complejo: está oculta muy lejos, en la profundidad (del mar), en el íondo del pozo. Para alcanzarla hay que emplear diversos métodos y medios. Sus ideas culminan con el planteamiento de la cuestión sobre los tres criterios de la verdad, de acuerdo con los diferentes tipos de conocimiento de la naturaleza: sensaciones, juicio y conceptos.

p La escuela Sócrates-Plalón transmite el análisis del problema de la verdad a la esfera de la lógica, a la esfera de las categorías teóricas. El camino hacia la 28 verdad es el camino de la síntesis teórica. Se trata de la necesidad de reducir el conjunto de conocimientos a un único tipo común. La verdad aparece en su aspecto general, como sabiduría en general; se convierte en el objeto y la materia de investigación, y precisamente la verdad como conocimiento puro que descubre la esencia, y no la variedad de la experiencia, dada por vía sensorial, la verdad unida a la belleza, la bondad y a la justicia se encarna en la compleja imagen de Eros.

p El genio de Aristóteles eleva el problema de la verdad a nivel de su análisis científico. Su sistema de filosofía no tiene parangón en la historia del mundo antiguo. Su teoría de la verdad, es decir, su base lógica, era el producto de todo el desarrollo anterior del pensamiento filosófico mundial, particularmente de las doctrinas gnoseológicas y lógicas, del conocimiento científico del mundo y de la actividad científica del propio Aristóteles: fundador de una serie de disciplinas científicas y, en fin de cuentas, producto de la vida sociopolílica desarrollada y contradictoria de su época.

p La comprensión general de la verdad tiene en Aristóteles una profunda base ontológica. La filosofía o "la primera filosofía”, es la doctrina sobre la esencia del ser,, la ciencia teórica acerca de "los principios y las causas”; por eso es el conocimiento de la verdad real, la ciencia sobre la verdad. El conocimiento de la verdad es el conocimiento del mundo objetivo, el movimiento del pensamiento humano en línea ascendente, hacia formas cada vez más complejas y profundas, hacia el sentido y el significado universal. El conocimiento verdadero o científico se caracteriza por su (a) universalidad, (b) necesidad, (c) demostrabilidad lógica.

p El Orgañón de Aristóteles está impregnado del principio de la veracidad objetiva de las formas del pensamiento humano, su correspondencia con las propiedades y las relaciones reales de las cosas. Este principio transmite al canon de los conocimientos de la época antigua extraordinaria fuerza y valor heurístico. Las leyes lógicas del pensamiento, descubiertas por Aristóteles y consideradas por él los principios generales y más fidedignos del conocimiento, estaban llamadas a 29 proporcionar importantes facetas del pensamiento verdadero: certidumbre y no contradicción. Esto último también resuelve en principo el problema del criterio lógico de la verdad.

p En Metafísica se formula la definición de la verdad que corona las ideas de Aristóteles y confiere determinada integridad y perfección a sus concepciones. ”. . .La verdad tiene lugar cuando la afirmación se refiere a lo unido (la existencia), y la negación, a lo disgregado; en caso de la no-vcrdad se da una distribución inversa (contradictoria) a lo dicho   [29•4 ”. Toda esta concepción es, históricamente, la primera forma de la teoría de la correspondencia de la verdad que tiene como base un contenido verdaderamente científico.

p Las concepciones gnoseológicas del tiempo helení stico : el escepticismo, el eclecticismo, las concepciones de los agnósticos se caracterizan por negar la autenticidad de los conocimientos humanos, de su objetividad. Esto condujo "lógicamente" a las representaciones irracionales y místicas sobre la emanación del conocimiento divino. Las ideas y representaciones racionales acerca de la verdad y el conocimiento verdadero no encontraron digno lugar en estas concepciones.

p La Edad Media. Oriente y Occidente. Fue esta una época de influencia predominante de la ideología clerical, presente en todas las esferas de la vida espiritual de los hombres. Pero, como regla, ya entonces comienzan a penetrar y desarrollarse sin cesar, dentro de la propia cosmovisión religiosa, las ideas racionalistas, ante todo, en la esfera de las concepciones filosóficas y gnoseológicas. Los teólogos de la Edad Media no se limitan a la proclamación dogmática de la verdad de sus doctrinas; procuran crear la apariencia de fundamentación de sus dogmas religiosos. Además, pese a todas las diferencias existentes entre la religión cristiana (Occidente) y la musulmana (Oriente) sus principales ideas con relación a la verdad, su interpretación, los objetivos del conocimiento verdadero e incluso los caminos para lograrlo son, si no idénticos, por lo menos muy parecidos. En este sentido, la dogmática del Islam no 30 se diferencia lanío de la dogmática del cristianismo.

p El Corán comienza con ñu capítulo (sura 1) que afirma la presencia de un camino recto y verdadero hacia Ja salvación y d;> Ja inevitable ira del señor contra los que no marchan por él. Las ideas que se desarrollan en el libro sagrado de los musulmanes podrían reducirse a tres postulados esenciales: 1) la afirmación de la fuente divina de la verdad; 2) la proclamación de la verdad divina universal y absoluta y 3) la afirmación del verdadero camino de la vida y la salvación mostrado por Alá. Todos los atributos de la verdad absoluta pertenecen a Alá: abarca con su conocimiento a todo el mundo, "lo sabe todo”, "sabe lo que hay en el cielo y en la tierra”; como encarnación de la verdad absoluta es "la luz de los cielos y de la tierra”, "ciara luz”, "luz sobre la luz”. Por ello, precisamente "el camino de Alá es, en realidad, el verdadero camino"   [30•5 . En torno a estas ideas básicas se desarrolla, de hecho, todo el contenido de El Corán, todas sus numerosas sentencias y afirmaciones.

p La cima de la dogmática cristiana de la Edad Media, decisoria de la esencia de las concepciones teológicas de la verdad es la Summa theologiae, del príncipe de la escolástica Tomás de Aquino. Pero a diferencia de la negación vertical rio las verdades de la razón, aquí se delimitan con precisión de las verdades de la revelación. Aunque cada una tiene su específica propia, ambas se subordinan a un objetivo común y, en fin de cuentas, a una esencia teológica general. Su armonía se concibe como la subordinación de las verdades de la razón a las de la revelación, como la exaltación de los dogmas religiosos, de las verdades incuestionables e infalibles.

p La definición de la verdad formulada en la escolá stica medieval: adaequalio reí et inlellectus (la adecuación de la cosa y la inleligencia) parle formalmente de Aristóteles, pero su esencia se establece teológicamente : la realidad de las cosas físicas no es la verdadera realidad, sino tan sólo un reflejo de la realidad “suprema”, 31 la esencia divina de las cosas. La verdad se alcanza cuando las ideas corresponden a las cosas como encarnación de la "ley divina”, de la "sabiduría suprema”. El criterio de esa adaequatio es la esencia divina del mundo.

p La lógica escolástica que, en sus fundamentos del’ initorios, se desarrolló por los cauces de la dogmática religiosa, detalla (y formaliza) la problemática de la justedad lógica del pensamiento. Primeramente se manifestó en los comentarios a las obras de Aristóteles, Cicerón y Porfirio; después se creó un sistema de reglas, figuras y modus bastante ramificado (comenzando por Boecio, siglo VI), mostrándose como sistema formal de nexos de las categorías lógicas, corno "el arte de las artes" y "la ciencia de las ciencias”. La tendencia predominante hacia la dogmalización y formalización de la verdad alterna con aspectos racionales en la concretización del criterio formal de la justedad.

p La concepción de la dualidad de la verdad, surgida en el medievo, se debe a los grandes pensadores orientales Avicena e Ibn Ruslid. El primero predijo las principales ideas de dicha concepción y continúa cu gran medida la línea clásica, aristotélica de la comprensión de la adaequalio. Además, las ideas filosóficas y grioseológicas de Avicena se relacionan estrechamente con sus búsquedas científicas, lo que halló su expresión en su Danishnamagi o El Libro de la Ciencia. Ibu Rushd, este gran “lieresiarca” árabe, al desarrollar de forma multilateral la concepción de la dualidad de la verdad, iguala prácticamente en derechos la verdad científica y la religiosa, y somete a un análisis crítico la dogmática de El Corán’, declara falsas muchas verdades religiosas partiendo de la filosofía y la ciencia. Eslas ideas fueron de gran resonancia para los pensadores progresistas occidentales Dnns Escolo, Guillermo de Oecam, Juan de Urescia. También existe para ellos una serie de tesis que anlagonizan con los dogmas religiosos y verdaderas necundum ralionem, pero no secundum fi- dem.

p En este período, el nominalismo, adquiere gran importancia en la comprensión de los problemas del 32 conocimiento. Se aproxima a la interpretación de los conceptos y las palabras, nominue, como imágenes de las cosas, lo que puede considerarse corno germen de las representaciones objetivo-verdaderas. La fórmula clásica adaequatio reí et intellectus logró con el nominalismo una significación plenamente racional.

p Nuevas ideas en la teoría de la verdad: Leonardo de Vinci, Bacon y Descartes. En el seno de la escolá stica medieval no sólo surgieron ideas de comprensión racional de la verdad, sino que comenzaron los métodos experimentales para su investigación (Roger Bacon). Pero sólo la época del Renacimiento inauguró el desarrollo y el vuelo gigantesco de las nuevas ideas que confirmaban su importancia y lugar en la continua lucha contra las concepciones religioso-idealistas y contra la cosinovisión oficial de las fuerzas sociopolíticas dominantes. Los pensadores progresistas de aquella época conceden importancia central al descubrimiento de la verdad de la naturaleza, la vida y el hombre. Giordano Bruno proclama la unicidad de la verdad : la verdad do la ciencia y del intelecto, lo que fue una de las culminaciones en el desarrollo de las nuevas ideas que se adelantaron al pensamiento humano en muchos decenios.

p Leonardo de Vinci fue enemigo irreductible de la escolástica y el clericalismo, la mística y las "ciencia? ocultas”, del "arte fraudulento y nefasto de la alquimia y sus fulleros partidarios”, y lo era en nombre de la verdad, la razón, la ciencia y el humanismo. Le arrastraba hacia la verdad el insaciable deseo de "ver si había algo milagroso allá, en lo profundo”. Y no sólo brindó al mundo grandiosos ejemplos de penetración en las secretas honduras de la naturaleza, sino que además formuló métodos efectivos de alcanzar la verdad. El comienzo del conocimiento es la sensación, la observación de la naturaleza y la experiencia. "La sabiduría es hija de la experiencia”, y la autenticidad de los conocimientos se basa en sus indicativos. El desarrollo de los conocimientos es la experiencia y el intelecto, la unidad del conocimiento empírico y el teórico; la necesidad de buscar las causas para el conocimiento real de los fenómenos. Asignaba un destacado papel a las matemáticas, que 33 aseguran gran fiabilidad de los conocimientos, "el concepto verdadero de las cosas”. "Ninguna investigación humana puede denominarse ciencia verdadera sin antes pasar por la demostración matemática".

p No sólo Bacon y Descartes "derivaron de Leonardo”, cuyas ideas se anticiparon muchos años al desarrollo del conocimiento científico, de las vías para alcanzar la verdad real, libre de todo lastre, de lo escolástico y artificioso. La verdad es oro y "en fin de cuentas no queda oculta"   [33•6 .

p Indicaciones verdaderas para la interpretación de la naturaleza de F. Bacon. Este es el segundo título del famoso Nuevo Organon de Bacon, que proclamó una nueva filosofía y nuevas verdades para una nueva época histórica, aunque no excluye la presencia de ciertas inconsecuencias en su concepción de la verdad (conservación de los elementos de dualidad de la verdad). El descubrimiento de nuevas verdades —que no son de alquimia ni filosofía naturalista y, menos aún, de magia— sólo es posible aplicando nuevos medios y métodos. En este sentido hay dos puntos que tienen importancia decisiva: 1) la inducción científica y la nueva lógica basada en dicha inducción y 2) la "disección" de las cosas y el análisis de los fenómenos complejos que conduce al conocimiento de la esencia y las causas de todos los fenómenos. Todo esto permite alcanzar el conocimiento verdadero, crear el sistema de juicios fidedignos y fundamentados acerca de los fenómenos de la naturaleza o verdades en su elevado y auténtico significado.

p Los principios de Bacon celebraron su triunfo en los grandes resultados de las ciencias naturales de los siglos XVII y XVIII: la mecánica de Galileo, las creaciones de Newton, los trabajos físicos de Hooke, los descubrimientos astronómicos de los Herschel y los logros cientí ficos de Lomonósov. Aquí se evidenció su efectividad en el conocimiento de las propiedades objetivas y las relaciones en el mundo natural, en el conocimiento de la verdad objetiva.

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p La Ratio de Descartes sigue avanzando 011 el aná lisis teórico de la naturaleza de la verdad. La fuer/a do esa ratio (razón) está, no sólo en ella misma, sino laminen, en su vinculación orgánica, en el pensamiento de Descartes, con profundas investigaciones científicas, especialmente en la esfera do las ciencias mecánico-matemáticas. Las búsquedas de la verdad o del verdadero método del conocimiento exige que se despeje radicalmente el camino de todo lo falso y dudoso. La duda en Descartes es un aspecto indispensable para el logro de la verdad científica con la cual se garantiza el dominio sobre la naturaleza. Pero alcanzar la verdad es tan difícil como lograr a Diana o Minerva de un trozo de má rmol sin forma.

p Los caminos del verdadero conocimiento deben basarse en principios firmes que aseguren su autenticidad. Cuatro exigencias esenciales y veintiuna "reglas de dirección del ingenio”, si se observan estricta y consecuentemente, deben desembocar inevitablemente en la verdad al realizar investigaciones científicas. La esencia racionalista de los principios cartesianos lleva a la comprensión de la verdad como conjunto do tesis claras y evidentes para el raciocinio, cuya veracidad no deja lugar a dudas. Esto es lo que determina también el aspecto fundamental de la concepción de la verdad de Descartes: el planteamiento claro y preciso del problema de su criterio. Así es como opera el raciocinio: establece claridad y concreción en todas las tesis científicas, certifica su indubitabilidad y autenticidad, y libera el pensamiento de "sentimientos vacilantes" y " juicios engañosos”. De aquí se deduce, lógicamente, que precisamente las matemáticas se convierten en la más alta expresión de la veracidad, y cualquier investigación científica debe orientarse a los métodos matemáticos.

p La dualidad de las ideas de Descartes se debe a su teoría del "ser perfecto" que nos ba inspirado "la capacidad para distinguir la verdad de la mentira”. Pero esto ya no corresponde a la esfera de las verdades científicas, donde la razón es el juez supremo.

p Las concepciones de los representantes de la ilustración francesa y los materialistas franceses del siglo 35 XVIII tuvieron gran importancia en la lucha por las ideas progresistas en la comprensión de la verdad; desarrollaron en gran medida las ideas de Leonardo de Vinci, Bacon y Descartes. Estas ideas del pensamiento avanzado francés de la época prerrevolucionaria tuvieron su más profunda expresión en las concepciones de Didcrot, cabeza de los enciclopedistas, eminentísimo filósofo materialista francés de aquella época.

p Diderot basaba sus puntos de vista gnoseológicos en premisas materialistas profundamente correctas. Su objeto del conocimiento es el mundo material que nos circunda, cuyas propiedades y leyes las refleja el hombre en su conciencia. En una de sus profundas obras filosóficas Pensamientos sobre la interpretación de la naturaleza, enuncia la siguiente tesis, de significación programática: "Disponemos de tres medios esenciales de investigación: la observación de la naturaleza, la reflexión y el experimento. La observación recoge los hechos, la reflexión los combina y el experimento verifica los resultados de la combinación"   [35•7 . Y aquí Diderot subraya que el reconocimiento de las sensaciones como fuente del conocimiento no es más que la mitad de la verdad; hay que responder a la pregunta de cuál es la fuente de las sensaciones. A ella contesta: es el mundo material objetivo.

p Diderot, como otros materialistas franceses — Robinet, La Mcltrie, Helvetins, Holbach, D’Alembert— concedía importancia excepcional al papel del raciocinio en el conocimiento. So sometieron al juicio del razonamiento no sólo las diferentes doctrinas y opiniones teó ricas; la razón, como dijera Engels, devino la única unidad de medida de todo lo existente. Y así mismo el genio del arto -dijo Luis David, gran pintor francés de la época de la Revolución - debo guiarse por la antorcha de la razón.

p A la par, Diderot - -y esto es de suma importancia para valorar justamente sus concepciones sobre la verdad- - impugnaba resueltamente el racionalismo unilateral y la especulación abslracta y, al mismo tiempo, 36 criticaba los principios del empirismo estrecho. Precisamente "en interés de la verdad —escribía—, el grupo de filósofos especulativos debía de unirse al de los filósofos actuantes...  [36•8 . Y aquí señaló que el descubrimiento de la verdad es un proceso complejo y trabajoso, las leyes de su búsqueda son rigurosas, y el nú mero de nuestros medios, limitado.

p El criterio decisivo de la verdad es la experimentación, y no la filosofía racional y menos aún la especulación. La filosofía racional tiene grandes ventajas sobre el empirismo, sin embargo no es ella el criterio, sino la experimentación. Diderot lo ilustra con el magnífico razonamiento siguiente: "... la filosofía racional sopesa las posibilidades, pronuncia su veredicto y calla; manifiesta autosatisfecha: la luz no puede descomponerse; la filosofía experimental escucha y calla ante la racional durante siglos, pero después presenta de pronto un prisma y declara: la luz se descompone"    [36•9 . El criterio del experimento también conserva su fuerza con respecto a las ciencias matemáticas, que sin él tampoco conducen a nada serio. Aunque aquí, en la esfera de las abstracciones matemáticas, como señalara con precisión Diderot, el criterio de la experimentación se manifiesta no de forma directa sino indirecta: la veracidad de los conceptos matemáticos se determina en base a conclusiones que, a su vez, se fundamentan en el experimento.

p V. I. Lenin tenía un alto concepto de estas palabras de Diderot; señalaba que "no bastan sólo argumentos y silogismos para refutar el idealismo y que no se trata aquí de argumentos teóricos"   [36•10 . De esta manera —decía V. I. Lenin—, Diderot se aproxima de lleno a las concepciones del materialismo moderno.

p En la famosa Enciclopedia francesa, esta criatura de Diderot y D’Alembert, se da la interpretación de la verdad desde las posiciones del racionalismo. En el artí culo La venté se dice, en primer lugar: "si no hubiera pensamiento y conocimiento tampoco habría ninguna 37 verdad"   [37•11 . También la fesis del artículo relativa al carácter fructífero do las verdades científicas, en general, y la verdad de la ley de Newton, en particular, se encuentra on relación directa con la antedicha comprensión de la verdad.

p La Enciclopedia hace especial distinción entre los conceptos verdad “externa” y verdad “interna”. La primera expresa las ideas de la objetividad del conocimiento, por manifestarse como forma determinada de conformidad, conformité, de nuestros conocimientos con las cosas cuya existencia se admite fuera de nuestra conciencia. La verdad interna es la verdad lógica, que asegura la secuencia del pensamiento y se manifiesta como incuestionable y evidente. La expresión más adecuada de la verdad lógica se obtiene en las verdades de las matemáticas, especialmente en las tesis de la geometría. Las verdades de la lógica y las matemáticas (y también de la moral) adquieren aquí el significado de verdades eternas.

p Para las ideas generales de la Enciclopedia, es muy característico el hecho de quo el racionalismo parece incluir también en su esfera las verdades religiosas. En el artículo citado se dice que "no puede haber verdad sin pensamiento, pensamiento sin raciocinio ni raciocinio sin el ser pensante como substancia espiritual"   [37•12 . Aquí, el reconocimiento de la substancia espiritual se realiza a través del pensamiento, del raciocinio, operante en esta esfera corno criterio supremo. Como se sabe, todo el espíritu de la Enciclopedia está impregnado de las ideas del racionalismo en su sentido progresista y en estrecha relación con el conocimiento científico del mundo, lo que era propio de la época prerrevolucionaria de Francia del siglo XVIII, hallando su lógica refracción en las concepciones de los pensadores avanzados acerca de la verdad y el conocimiento.

p La filosofía clásica alemana. Teoría hegeliana de la 38 verdad. Las ideas del racionalismo francés, en sn más amplio significado y vistas por el prisma de las condiciones, conlradiclorias en extremo, del desarrollo histórico de Alemania, tuvieron su expresión en el pensamiento filosófico alemán.

p En las concepciones de Leibniz, a pesar de sn carácter contradictorio, el papel predominante le corresponde al raciocinio teórico. Sn famoso complemento a la fórmula de los sensualistas: nisi ipse inlelleclus habla de la orientación racionalista de sus ideas y concepciones gnoseológieas. Leibniz liase clara distinción entre las verdades de la razón y las verdades del hecho (en la forma moderna: verdades L y verdades F ). A pesar de la determinada importancia que dan a las verdades de los hechos, por su papel en el conocimiento de la inducción, la función decisiva la desempeñan las verdades de la Tazón. Sólo ellas son necesarias y universales; y estos atributos los establece la propia razón, no a priori ni subjetivamente, sino sobre una base objetiva en las relaciones entre los objetos. Lcibniz no se conforma con el criterio cartesiano de la claridad y la precisión e introduce un criterio eslnetamente lógico: el criterio de la no-contradicción, que desempeña un papel decisivo en la construcción y desarrollo de los sistemas científicos deductivos. En fin de cuentas, su malhesis universalis, su ciencia universal integral, como algoritmo lógico-matemático universal, se basa en el criterio lógico do la noconlradicción. Y por ultimo, Leibniz introduce la cuarta ley (fundamento suficiente) a la lógica tradicional, mostrando una nueva faceta en el problema del criterio de la verdad, que tiene tanto significado para toda la concepción científico-racional del genial filósofo, matemático y lógico alemán.

p El criticismo de Kant y su concepción de la verdad halla expresión en sus cánones de la razón pura. Dice, en el espíritu de sn criticismo, que la filosofía de la razón pura no sirve para descubrir la verdad, sino sólo para proteger la razón contra las equivocaciones. Llama problemas supremos de la razón pura los de la libertad, la inmortalidad y de dios. Ello explica su afán por limitar la esfera del conocimiento, dejando así lugar para la fe, 39 así como el retorno a la concepción de la dualidad de la verdad y la afirmación de la infalibilidad de las verdades divinas.

p Otra de las líneas en las concepciones de Kant es ia tendencia a la racionalización de la comprensión de la verdad. En su arquitectónica de la razón pura se desarrollan ideas del conocimiento científico, de la comprensión racional de la naturaleza y de la construcdón del sistema do conocimientos fundado en la función organizadora activa de la razón. Esto explica que destaque las matemáticas y las ciencias naturales como conocimientos de "elevado valor”. En su genial Historia natural universal y teoría del cielo Kant habla de los "nexos regulares" de los fenómenos físicos y, en su consecuencia, la tarca de establecer las verdades científico-naturales. Esto significa que las ideas científico-racionales del Kant precrítico no tienen menos importancia histórica que su filosofía crítica.

p En las concepciones de Kant sobre la verdad hay otros dos aspectos que merecen atención. Dentro de sus ideas racionalistas establece una diferenciación estricta entre los conceptos de opinión, fe y conocimiento, precisamente desde el punto de vista de los correspondientes criterios de la veracidad. En cuanto al conocimiento, este criterio tiene carácter de objetividad, lo que asegura la veracidad de los conocimientos. En su lógica trascendental. Kant, al valorar la definición clásica de la verdad, la llama nominal y concede importancia decisiva al criterio teórico como "concordancia del conocimiento con las leyes generales y formales del juicio y la razón”. Mientras subrayaba su papel como "condición negativa de toda verdad”, en el plano positivo señala su función de aseguramiento de la no-contradicción del pensamiento verdadero   [39•13 . Señalemos también su reconocimiento del principio de Leibniz, que denomina principio del fundamento determinante.

p La teoría hegeliana de la verdad aparece como la expresión concentrada de las más importantes ideas racionales de todo el pensamiento filosófico precedente, no 40 sólo aloman, sino también mundial. Tiene importancia exclusiva como escalón superior inmediatamente anterior al marxismo, como importantísimo punto del fundamento histórico-filosófico de la teoría de la verdad del materialismo dialéctico.

p En las doctrinas que precedieron a Hegel se expusieron —como hemos señalado muy en general— no pocas ideas valiosas relacionadas con la comprensión de la verdad. Corresponde subrayar especialmente a este respecto que las ideas de Descartes y Kant estaban histórica y lógicamente muy cerca do las de Hegel. Pero a pesar de la importancia de sus ideas, ni la concepción de Descartes —por su carácter puramente idealista y racionalista—, ni la concepción de Kant —por su tendencia dominante hacia la limitación del verdadero conocimiento, llegando a la negación del conocimiento de la esencia de las cosas— pueden llamarse teoría de la verdad. Conservan su significado sólo como determinadas concepciones de la verdad. En el plano histórico-filosófico consideramos posible emplear por primera vez el término "teoría de la verdad" con relación a las ideas y las tesis de Hegel.

p Sin embargo, la concepción filosófica general de Hegel no permite dar a su teoría de la verdad la categoría de realmente científica. La esencia idealista de su cosmovisión determinó la confusión de los aspectos gnoseológico y ontológico hasta su identificación, sin permitir a Hegel hacer el análisis de la verdad como proceso de reflejo de las leyes objetivas del mundo material, como proceso de creación de un cuadro científico del mundo por el hombre. La tendencia a constituir un sistema filosófico perfecto que coronara con el logro de la verdad absoluta conduce a la contradicción con su comprensión de la verdad como proceso continuo de profundización y enriquecimiento del conocimiento, con su idea de la infinidad de la verdad.

p Empero, la presencia de todo un complejo de ideas y conceptos racionales permite considerar su concepción de la verdad una teoría determinada y concreta en su contenido gnoseológico. Primero, en todo el sistema filosófico de Hegel el problema de la verdad tiene significado 41 excepcionalmente importante. La idea de la verdad está presente en toda su filosofía: desde su secreto y fuente de la Fenomenología del espíritu hasta los escalones cimeros de su sistema. La primera condición de la filosofía es creer en la fuerza del espíritu, mirar a la verdad con valentía. La filosofía es la ciencia objetiva de la verdad, la ciencia de su necesidad  [41•14 ; ésta es una de las excelentes definiciones de Hegel con importancia básica para el problema de la verdad. Por tanto, la comprensión de la verdad es inseparable de la comprensión de la filosofía como ciencia en su objetividad. Esta última es la condición indispensable de la teoría científica en general.

p Segundo, a pesar de su idealismo, Hegol llena las formas cognoscitivas y lógicas del contenido real del mundo circundante, lo que permite penetrar profundamente en su esencia objetiva y contradictoria. Tenemos pleno derecho a considerar que no sólo en la lógica de Hegel —como señalara V. I. Lcnin—, sino también en su teoría de la verdad hay mucho menos idealismo que materialismo. "La verdad es la conformidad del pensamiento con el objeto —escribía Hegel —y para crear esa conformidad, por cuanto no se da de por sí como algo disponible, el pensamiento debe subordinarse al objeto, adaptarse a él"   [41•15 . Como respuesta a la calificación de nominal que Kant diera a la definición clásica de la verdad como adaequalio reí el in/ellectus Hegel subrayaba que, por oí contrario, esa definición de la verdad tiene un valor enorme, inmenso.

p Tercero, en Hegel la concepción de la verdad tiene una base de profundo carácter dialéctico. Por primera vez en la historia del pensamiento filosófico mundial su concepción de la verdad expresa la unidad orgánica de la dialéctica y la teoría del conocimiento. La verdad, como conocimiento de la esencia (la esencia del concepto y de la realidad), se despliega en forma de proceso dialé ctico de desarrollo incesante de las formas cognoscitivas, ascendiendo a escalones cada voz superiores. Precisamente la dialéctica de la razón cognoscente conduce en 42 su contradicción interna al descubrimiento de la esencia del mundo y del concepto, es decir, a la verdad. En tal caso la verdad actúa como concepto dinámico, como proceso, y no como algo captado do una vez para siempre.

p En este sentido, la concepción de Hegel es la antítesis de la concepción de Kant con su negación de la veracidad de la razón en el conocimiento de la dialéctica del mundo y del propio pensamiento. Podríamos afirmar que en este plano las ideas de Hegel son, no tanto la continuación y el desarrollo de las ideas de sus antecesores, como una nueva palabra que le ha permitido desarrollar prccisamenle la teoría de la verdad basada en la comprensión dialéctica del proceso cognoscitivo.

p Cuarto, aunque no nos ha legado ningún tratado especial sobre la verdad (lo que, por lo visto, se explica por el desarrollo inmanente de su sistema filosófico, donde no hay un eslabón lógico especial para la categoría de la verdad), Hegel desarrolla, sin embargo, todo un complejo de ideas en la teoría de la verdad que forman un determinado sistema de necesarios conceptos y definiciones, donde la verdad se muestra en diferentes aspectos y, al mismo tiempo, se analiza el camino compiojo y contradictorio de su conocimiento. Es lógico que en un tal sistema de conceptos y definiciones concretos también el concepto general de la verdad recibe un determinado contenido, lo que siempre constituye la piedra angular de la correspondiente teoría.

p Quinto, la culminación lógica de la concepción de la verdad, de Hegel, consiste en la introducción del crilo rio de la verdad, profundamente racional por su contenido (aunque expresado en forma no racional). V. I. Lenin señaló reiterada y especialmente que Hegol llega a la idea como verdad a través de la actividad práctica y racional del hombro. El paso a la verdad objetiva (como idea absoluta) se realiza a través de la vida, en la práctica. Veamos, a este respecto, una sola definición fundamental de Hegel: "La idea absoluta, como la obtenemos aquí, es la identidad de las ideas teórica y práctica"   [42•16 . El mérito de Hegel es precisamente la 43 superación de la unilaleralidad de los criterios idealistas de la verdad, incluidos los de Descartes y Kant. En la concepción de Ilegel no se trata sólo de elevarse sobre la citada unilaleralidad, sino también de sobreponer la idea práctica a la teórica, lo que permite a la primera operar como criterio de las formas teóricas y criterio de la verdad.

p Por ello, la concepción de la verdad, do Hegel, se eleva, en su eslabón culminante, al nivel de teoría.

p Los clásicos de la filosofía rusa, desde M. Lomonósov hasta N. Chornyshevski, concedían gran importancia al problema del verdadero conocimiento, desarrollaban de forma consecuente las ideas do la objetividad de la verdad y criticaban las diferentes formas de subjetivismo y relativismo.

p M. Lomonósov, fundador de la ciencia rusa y la filosofía clásica rusa, fue un destacado luchador por la verdad en el conocimiento. Partía totalmente del principio de la objetividad del conocimiento y la objetividad de la verdad, señalando expresamente que las ideas no son oirá cosa que "la representación de las cosas o las acciones e 11 nuestro intelecto"   [43•17 . Para él, el proceso cognoscitivo es también el proceso de indagación de la verdad. En este proceso de búsqueda del conocimiento verdadero, el hombre dispone de medios tales como la experiencia, las percepciones sensoriales y la actividad pensante. La experiencia y la teoría, la contemplación viva y el pensamiento en su concatenación permiten conocer objetivamente la naturaleza y desentrañar sus secretos con mayor profundidad. "El verdadero químico —decía M. Lomonósov— debe ser teórico y práctico"   [43•18 . Precisamente esto es lo que asegura a la química la posibilidad de penetrar en los más internos cubículos de la naturaleza.

p El conocimiento veraz no puede inclinarse ante las autoridades, ante las opiniones y representaciones envejecidas y obsoletas. Debe marchar necesariamente por 44 la línea del progreso. En este avance del conocimiento de la verdad Lomonósov concedía especial importancia a las hipótesi? en la ciencia. "Son permisibles en las materias filosóficas e incluso son el único camino por el que los grandes hombres descubrieron las mayores verdades"   [44•19 .

p De Lomonósov —como de Leonardo, Descartes y Leibniz — podemos decir que empleaba sus principios de la metodología del conocimiento de la verdad, con profundidad y eficacia, en sus investigaciones y descubrimientos científicos, que tuvieron, como se sabe, trascendencia mundial.

p A. Herzen también desarrolló polifacéticamente en sus concepciones gnoseológicas las ideas del conocimiento objetivo y su capacidad para desentrañar los secretos del mundo real. Considera la historia del pensamiento como la prolongación de la historia de la naturaleza; pero ni lo uno ni lo otro —dice— se pueden comprender fuera del desarrollo histórico. Esto significa la promoción de una nueva tesis en las doctrinas gnoseológicas de aquellos tiempos: la idea del condicionamiento social del conocimiento humano.

p Las formas cognoscitivas se colman necesariamente del contenido del mundo objetivo, por cuanto "el desarrollo lógico do la idea pasa por las mismas fases que el desarrollo de la naturaleza y la historia; repite, como la aberración de las estrellas en e] cielo, el movimiento del planeta terrestre"   [44•20 . Por ello, la propia verdad adquiere una elevada dignidad objetiva.

p En su conocido trabajo El diletantismo en la ciencia A. Herzen mantiene la idea, profundamente correcta, de la unidad de la verdad y la ciencia. "La Ciencia — dice— es un organismo vivo con el cual se desarrolla la verdad"   [44•21 . La tarea del verdadero conocimiento consiste precisamente en comprender el objeto en su desarrollo, asumir "las pulsaciones dialécticas universales”. De aquí se deduce también la magnífica idea de Herzen: toda 45 verdad auténtica debe contener contraposiciones dialé cticas, "la sustancia tiende hacia forma externa, y lo infinito, a lo finito; son tan necesarios unos a otros como los dos polos del imán"   [45•22 . Por ello mismo, para el conocimiento de la propia verdad son también necesarios los extremos contrapuestos; el empirismo y la especulación, que comparaba con los hemisferios de Magdeburgo, imposibles de separar.

p Todas estas tesis del pensador ruso tienen tanta mayor importancia por cuanto —a diferencia de Hegel— se basan en una cosmovisión materialista. V. I. Lenin tenía plena razón al decir que Herzen llegó hasta el filo del materialismo dialéctico.

p Es de gran significación teórica la idea de la unidad, la entidad de la verdad, expuesta por Herzen. Decía que la verdad tiene vida, como todo organismo viviente, sólo como entidad; cuando se descompone en partes su alma se esfuma, quedando "abstracciones muertas con tufo cadavérico"   [45•23 . La verdad es una, subrayaba más adelante; diversas filosofías la han visto desde lados diversos, y cada una de estas contemplaciones condiciona el surgimiento de las correspondientes escuelas y sistemas filosóficos.

p Como es natural, el camino del conocimiento de la verdad tiene también un carácter complejo y dialéctico. En dicho camino emergen opiniones y representaciones diversas, subjetivas, fantásticas e imprecisas mediante las cuales el hombre trata de expresar sus pensamientos más recónditos. Pero este tipo de fantasías, imágenes y representaciones —señala A. Herzen— se van esfumando gradualmente y el pensamiento llega al correcto e integral conocimiento del objeto. Y este conocimiento es el logro de la verdad. Véase con qué claridad y expresión figurativa hablaba a este respecto Herzen, refirié ndose al conocimiento y fuerza de la verdad: "... una vez que la verdad comienza a desvestirse y nos muestra su torso de asombrosos encantos, ya no se cubrirá nunca con el manto del falso rubor; ella conoce ya la fuerza, 46 la gloria y la belleza de su desnudez"   [46•24 . El conocimiento del hombre llega inevitable y lógicamenle al descubrimiento de la verdad en I oda su perfección y carador multifacético.

p Tiene importancia especialmente grande el planteamiento, por los clásicos de la filosofía rusa, del problema del criterio de la práctica en el conocimiento verdadero. Aunque reconocían el significado del experimento y las observaciones para el cstablccimienito de la veracidad o la falsedad de las teorías y concepciones científicas, mostraban la importancia de la práctica, en el conocimiento, como actividad social de los hombres. En sus concepciones la práctica aparece como actividad social, como acciones conscientes y activas del hombre social, como práctica de la lucha de clases, según la definición de N. Chernyshevski.

p Esta palabra es nueva en la teoría del conocimiento, es una nueva comprensión de la práctica, como criterio decisivo de la verdad, en comparación con todo el materialismo anterior. Precisamente sólo sobre la base de una tal comprensión de la práctica es posible establecer la veracidad o la falsedad de las diferentes doctrinas y concepciones científicas, lo que, por supuesto, no se puede alcanzar en ningún experimento de ciencias naturales. Con ello se abre el camino a una eficaz verificación de la veracidad de las doctrinas y las teorías sociales que tienen colosal importancia para toda la vida práctica de los hombres.

p Sin embargo, debe señalarse que las limitaciones históricas de la actividad y la lucha no permitieron a los filósofos rusos, a los demócratas revolucionarios, formular la verdadera comprensión científica de la práctica, descubrir todos los aspectos del papel que desempeña en el conocimiento y su significación para la teoría de la verdad. Esto último fue realizado por el marxismo.

p C. Marx y F. Engels enfocaron de forma bá sicamente nueva el análisis del papel y significado de la prá ctica en el proceso del desarrollo del conocimiento cientí fico del mundo como fuente y fuerza motriz del 47 conocímiento, como su principal objetivo y criterio decisivo de la verdad de todas las teorías y conceptos científicos. Basándose en los principios del materialismo histórico formularon una nueva comprensión de la práctica como actividad histórico-social de los hombres, lo cual constituye un replanteamiento de todos los problemas de la verdad, define una nueva comprensión de las vías y las regularidades del desarrollo de la propia verdad. Mostraron la endeblez de la fórmula de contemplación pasiva, propia del viejo materialismo, para el conocimiento, y criticaron la comprensión de la actividad de la razón en la filosofía idealista, quo admite —como hace, por ejemplo, Hegel— un solo tipo de actividad: el trabajo espiritual abstracto. Marx y Engels partieron de la nueva comprensión de la práctica y la actividad dinámica del hombre en el conocimiento y definieron la esencia de todo el proceso cognoscitivo como reflejo activo y creador de la realidad, lo que determina directamente también la respectiva comprensión de la verdad como resultado do la actividad viva del hombro en el conocimiento. Brindaron una comprensión nueva —en comparación con la filosofía clásica alemana— de la unidad de la teoría del conocimiento y la dialéctica, basada en la unidad de todo el proceso cognoscitivo como reflejo creador del mundo, de su profunda dialéctica objetiva interna.

p Después de crear los más importantes principios de la nueva filosofía ya en la década de los años 40 del pasado siglo, Marx y Engels continuaron desarrollando sucesivamente, ahondando y perfeccionando, su concepción filosófica del mundo, puliéndola como verdadera doctrina de la lucha contra todos y cada uno de los ideólogos de la burguesía y los pseudosocialistas de toda calaña. Durante muchos decenios desarrollaron profundamente su doctrina filosófica, dedicando atención a unos u otros problemas concretos del materialismo dialéctico e histórico en los diferentes períodos de la lucha. En este sentido desarrollaron también diferentes problemas do la teoría del conocimiento y la verdad, que siempre contemplaron en base y en relación orgánica con los problemas filosóficos generales del marxismo. Esto permitió a Marx y Engels acometer el problema de la 48 verdad desde diversos ángulos, analizar sus diversos aspoclos partiendo de la creciente práctica de la lucha de clases, ante todo su objetividad, su carácter absoluto y relativo, y enriquecer la teoría de la verdad con nuevos resultados de la práctica social y con nuevos datos y conclusiones del conocimiento científico del mundo. Esto expresa la creatividad del marxismo en general, do todas sus ideas, conceptos, concepciones y teorías.

p En el materialismo dialéctico, la teoría do la verdad es una teoría científica en desarrollo, un sistema de ideas y conceptos que se desarrolla, recibiendo nuevo contenido; teoría que se enriquece sin cesar con nuevas tesis y conceptos que expresan con creciente plenitud y profundidad los principios básicos y determinantes de la gnoseología del materialismo dialéctico.

p Como se sabe, estos principios se conservan; lo que se refuta no es el principio, sino la afirmación de que cada principio dado es una definición absoluta y definitiva. Pero la conservación y el significado determinante de los principios de la teoría del conocimiento del materialismo dialéctico no significa la absolutización de su contenido, de sus “definiciones”, de su sentido concreto y formas de manifestación. Por el contrario, estos principios, conservándose como tales, como principios determinantes de partida, se desarrollan sin cesar, toman nuevo contenido, adquieren un nuevo sentido concreto y significado, se enriquecen formando nuevos conceptos y tesis, en el proceso continuo de avance del propio conocimiento en cada nueva época histórica. El desarrollo de la teoría de la verdad del materialismo dialéctico significa, precisamente en este sentido, desarrollo de sus principios e ideas determinantes y, con ello, de todo su contenido concreto y su estructura lógica, el desarrollo de todos sus componentes y formas de expresión hasta llegar a la concretización y la creación de nuevos conceptos y nuevos términos.

p Debemos subrayar que el desarrollo de esta teoría no representa en absoluto un proceso en desarrollo inmanente, una mera filiación de ideas y conceptos, ni el ritmo inmanente hegeliano de conceptos. Tampoco debe concebirse el desarrollo de las doctrinas gnoseológicas, 49 entre ollas y en particular la de la verdad, como un reflejo especular y automático de los nuevos fenómenos sociales, como una versión mecánica al idioma de las categorías gnoseológicas do los factores socioeconómicos. Como so sabe, los ideólogos burgueses procuran presentar la doctrina marxista precisamente en esc plano, vulgarizando y deformando así su esencia.

p El verdadero proceso de desarrollo de la teoría do la verdad del materialismo dialéctico transcurro en dependencia de todo un conjunto de causas y condiciones socioeconómicas, políticas, idcoculturales y científicas. En las condiciones do la sociedad moderna, de la histórica lucha entre el socialismo y el capitalismo, entre la ideología comunista y la burguesa, el desarrollo de toda la filosofía del materialismo dialéctico e histórico so despliega on lucha irreconciliable contra la filosofía y la sociología burguesas. Esto os lo que determina también oí carácter general do] desarrollo de la teoría de la verdad on la filosofía del marxismo-leninismo.

p La tesis, ya citada, de que la teoría de la verdad del materialismo dialéctico so desarrolla dinámica e ininterrumpidamente, se refiero, por supuesto, no sólo al desarrollo de la teoría do la verdad, como fuera creada por Marx y Engcls, sino también al de las ideas leninistas en la teoría do la verdad. Es una ley para todo el proceso del conocimiento científico del mundo, que tiene un carácter profundamente creador, condicionado por el desarrollo incesante, complejo y contradictorio del propio mundo material on su infinita diversidad.

Este desarrollo no os una línea que se eleva suave y rítmicamente. La teoría leninista de la verdad es un salto gigantesco, un veloz despegue en la teoría marxista del conocimiento. Es el gran nudo gordiano en oí proceso del conocimiento científico, que concentra en sí todo lo más elevado de los avances del pensamiento filosófico y científico de la época anterior y que, al mismo tiempo, determina oí sucesivo desarrollo de las ideas gnoseológicas en baso a principios que, conservando todo su significado determinante, siguen profundizándose y enriqueciéndose.

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Notes

[23•1]   Hegel. Obras, Moscú-Leningrado, 1939, t. IX, pág. 1

[23•2]   Ibíd., pág. 23.

[23•3]   Ibíd., pág. 42.

[29•4]   Aristóteles. Metafísica, VI, 4, 1027 a 31; IX, 10, 1051 b I.

[30•5]   El Corán, suras 2, 5, 24 y otras.

[33•6]   Leonardo de Vinci. Obras escogidas sobre ciencias naturales, Moscú, 1955, págs. 407, 408, 11, 14.

[35•7]   D. Diderot. Obras filosóficas escogidas, Moscú, 1941, pág. 98.

[36•8]   Ibíd, pág. 92.

[36•9]   Ibíd., pág. 101.

[36•10]   V. I. Lenin. Materialismo y empiriocriticismo, O. C., t. 18, pág. 28.

[37•11]   Encyclopédie on Dictionnaire raisonné des sciénces, des arts ct des metiera, M. D. LXV (1765), Neuohatel, Tome DixSepliérne, p. 68.

[37•12]   Ibíd., pág. 69.

[39•13]   Véase: I. Kant. Obras, Moscú, 1963, cap. I, pág. 199.

[41•14]   Hegel. Obras, t. IX, púgs. 21 y 19.

[41•15]   Hegel. Obras, t. V, pág. 21.

[42•16]   Hegel. Obras, t. VI, pág. 296.

[43•17]   M. Lomonósov. Obras filosóficas escogidas, Moscú, 1940, pág. 259.

[43•18]   Ibíd, pág. 20.

[44•19]   M. Lomonósov. Obras Completas, t. 3, pág. 231.

[44•20]   A. Herzen. Obras filosóficas escogidas, t. I, Moscú, 1948, pág. 120.

[44•21]   Ibíd., pág. 61.

[45•22]   Ibíd., pág. 23.

[45•23]   Ibíd., pág. 23.

[46•24]   Ibíd., pág. 27.