DE LA ECONOM�A POL�TICA
p Conocemos ya las principal^, tesis de Sismondi que son del dominio de la econom�a te�rica. En resumen, vemos que permanece incondioionalmente fiel a s� mismo en todo, que su punto de vista es invariable. Se diferencia de los cl�sicos en todos los puntos porque se�ala las contradicciones del capitalismo. Esto, por una parte. Por otra, sobre ning�n punto puede (ni tampoco quiere) llevar m�s lejos el an�lisis de los cl�sicos, y por eso se limita a realizar una cr�tira sentimental del cau�’tnlismo rl^sde el pnnto de vista peque�oburgu�s. Tal sustituci�n del an�lisis cient�fico por quejas v lamentaciones sentimentales, hace extraordinariamente superficial su concepci�n. Teniendo en cuenta las contradicciones del capitalismo que Sismondi hab�a se�alado, la teor�a moderna las someti� tambi�n al an�lisis cient�fico y lleg�, en todos los puntos, a conclusiones que divergen radicalmente de las de Sismondi, y que, en consecuencia, conducen a encarar el capitalismo desde un punto de vista diametralmente opuesto al suvo.
p En Cr�tica de alguna,” texis de la econom�a pol�tica (Zur Krit�k [191•* , trad. rusa, Mosc�, 1896) se caracteriza de la siguiente manera el lugar que ocupa Sismondi en la historia de la ciencia:
p “Sismondi se ha liberado de la noci�n de Boisguillebert, seg�n la cual el trabajo creador de valor de cambio, ser� falsificado por el dinero, pero, como Boisguillebert denunciaba el dinero, �l denuncia al gran capital industrial" (p�g. 36).
p El autor quiere decir: as� como Boisguillebert consideraba superficialmente el intercambio de mercanc�as como un r�gimen natural, v se rebelaba contra el dinero, en el que ve�a “un elemento extra�o" (ib�d., p�g. 30), as� Sismondi consideraba la peque�a producci�n como un r�gimen natural, y se rebelaba contra el gran capital, en el cual ve�a un elemento extra�o, Boisguillebert no 192 comprend�a el v�nculo indisoluble y natural del dinero con el intercambio de mercanc�as: no comprend�a que estaba oponiendo, consider�ndolas elementos extra�os, dos formas “del trabajo burgu�s" (th�d., 30-31). Sismondi no comprend�a el v�nculo indisoluble y natural del gran capital con la peque�a producci�n independiente; no comprend�a que se trataba de dos formas de la econom�a mercantil. “Al rebelarse contra el trabajo burgu�s b^jo una de sus formas”, Boisguillebert “lo alaba en cambio como utop�a bajo otra" (ib�d.). Al rebelarse contra el gran capital, es decir, contra la econom�a mercantil, en una de sus formas, precisamente, o la m�s desarrollada, Sismondi procede como un utopista y exalta al peque�o productor (en particular al campesino), es decir, a la econom�a mercantil bfn’o otra de sus formas, su forma embrionaria.
p “Si con Ricardo—contin�a el autor de la Cr�tica— la econom�a pol�tica extrae sin contemplaciones su �ltima consecuencia y encuentra as� su conclusi�n, Sismondi completa este resultado formulando las dudas de la misma" (p�g. 36).
p As�, el autor de la Cr�tica reduce la importancia de Sismondi al hecho de que suscit� el problema de las contradicciones del capit^lis^o, y de esta manera plante� la tarea de su posterior an�lisis. El autor citado considera todas las concepciones independientes de Sismondi, quien tambi�n OU�FO responder a e?ta cuesti�n, como no cient�ficas, superficiales, reflejos de su punto de vista peque�ob’irgu�s reaccionario (ver los juicios citarlos, v uno nue reproducimos m�s adelante, con motivo de una “cita” de Efrussi).
p Si comparamos la doctrina de Sismondi con la de los populistas, vemos en casi todos los puntos (salvo la negaci�n de la teor�a de la renta de Ricardo y las pr�dicas malthusianas a los campesinos) una sorprendente identidad, que a veces llega hasta el uso de las mismas expresiones. Los economistas populistas comparten �ntegramente el punto de vista de Sismondi. Nos convenceremos aun m�s de ello, cuando pasemos de la teor�a a las concepciones de Si^mondi sobre las cuestiones pr�cticas.
p Por �ltimo, en cuanto a Efrussi, no dio en ninguna parte una apreciaci�n correcta de Sismondi. Al se�alar que subrav� y conden� las contracciones del capitalismo, Efrussi no comprendi�, en absoluto, que su teor�a se diferencia con claridad de la del materialismo cient�fico, ni que la concepci�n rom�ntica es diametralmente opuesta a la concepci�n cient�fica del capitalismo. La 193 simpat�a del populista por el rom�ntico y su conmovedora unanimidad, han impedido al autor de los art�culos de R�sskoie Bogatstvo caracterizar de modo correcto a ese representante cl�sico del romanticismo en la ciencia econ�mica.
p Acabamos de citar una apreciaci�n sobre Sismondi en que dice que “expresa las dudas que [la econom�a pol�tica cl�sica] tiene de s� misma".
p Pero Sismondi no pensaba limitarse a semejante papel (que le asegura un lugar honroso entre los economistas). Como hemos vifto, trataba de resolver esas dudas, aunque lo hizo con muy poco resultado. Es m�s, acusaba a los cl�sicos y a su ciencia, no por haberse detenido ante el an�lisis de las contradicciones, sino porque hab�an seguido m�todos err�neos. “La vieja ciencia no nos ense�a a comprender, ni a prevenir" las nuevas calamidades (I, XV), dice en el pr�logo a la segunda edici�n de su libro, explicando esto, no porque el an�lisis de esta ciencia sea incompleto e inconsecuente sino porque se hab�a “entregado a las abstracciones" (I, 55: los nuevos disc�pulos de A. Smith en Inglaterra se lanzaron \f,e sont jetes] a las abstracciones, y se olvidaron del “hombre”) y “sigue un camino falso" (II, 448). ¿Pero entonces cu�les son esas acusaciones de Sismondi a los autores cl�sicos que lo autorizan a sacar semejante conclusi�n?
p “Los m�s c�lebres economistas prestaban muy poca atenci�n al consumo y a la salida de las mercanc�as" (II, 124).
p Esta acusaci�n se repiti�, desde los tiempos de Sismondi, innumerables veces. Se consideraba necesario diferenciar "el consumo" de la “producci�n”, como rama especial de la ciencia; se dec�’� que la producci�n obedec�a a leyes naturales, mientras que el consumo es determinado por la distribuci�n, que depende de la voluntad de los hombres, etc., etc. Sabemos que nuestros populistas comparten las mismas ideas, y ponen en primer plano la distribuci�n [193•* .
194p ¿Y qu� sentido tiene, pues, esta acusaci�n? Se basa s�lo en una concepci�n completamente anticient�fica de la econom�a pol�tica, que no tiene por objeto, de manera alguna, como se dice con frecuencia, "la producci�n de valores materiales" (este es el objeto de la tecnolog�a), sino las relaciones sociales entre los hombres en el proceso de la producci�n. S�lo si se concibe "la producci�n" en el primer sentido, es posible disociarla de "la distribuci�n”; en este caso, en el “rubro” dedicado a la producci�n figurar�n categor�as que se refieren al proceso del trabajo en general, en lugar de categor�as de formas hist�ricamente determinadas de la econom�a social: habitualmente, tales trivialidades que no tienen sentido no sirven m�s que para oscurecer despu�s las condiciones hist�ricas y sociales. (Ejemplo: la noci�n de capital). Pero si consideramos l�gicamente la “producci�n” como expresi�n de las relaciones sociales en el proceso de la producci�n, entonces tanto la “distribuci�n” como el “consumo” perder�n toda significaci�n independiente. Aclaradas las relaciones establecidas en la producci�n, queda aclarada con ello la parte del producto que corresponde a cada clase y, por consiguiente, tambi�n "la distribuci�n" y "el consumo”. Y viceversa: cuando quedan sin aclarar las relaciones de producci�n (por ejemplo, cuando no se entiende el proceso de* la producci�n del capital social en su conjunto), todos los razonamientos sobre el consumo y la distribuci�n se trasforman en trivialidades, o en expresi�n de inocentes deseos rom�nticos. Sismondi fue el primero en hacer semejantes comentarios. Rodbertus tambi�n habl� mucho sobre ’la distribuci�n del producto nacional”, y las autoridades “modernas” de Efrussi llegaron inclusive a fundar “escuelas” especiales, uno de cuyos 195 principios era dar preferente atenci�n a la distribuci�n [195•* . Y todos esos te�ricos de “la distribuci�n" y del “consumo” no supieron resolver siquiera el problema b�sico de la diferencia entre ei capital social y la renta social; siguieron debati�ndose en las contradicciones ante las cuales se hab�a detenido A. Smith [195•** . Este problema pudo resolverlo s�lo un economista que nunca hizo de la distribuci�n una cuesti�n aparte, que protestaba en�rgicamente contra los razonamientos “vulgares” acerca de “la distribuci�n" (v�ase las observaciones de Marx al programa de Gotha, citadas por P. Struve en sus Notas cr�ticas, p�g. 129, ep�grafe al cap. IV) [195•*** . M�s aun. La propia soluci�n del problema resid�a en el an�lisis de la reproducci�n del capital social. El autor no hizo una cuesti�n aparte ni de la distribuci�n ni del consumo; como llev� hasta el final el an�lisis de la producci�n, quedaron completamente aclaradas ambas cosas, por s� solas.
p “El an�lisis cient��ico del modo capitalista de producci�n demuestra que [... ] las relaciones de distribuci�n son esencialmente id�nticas a las de producci�n, constituyen el reverso de estas �ltimas, pues tanto unas como otras presentan el mismo car�cter hist�rico transitorio”. “El salario presupone el trabajo asalariado, y la ganancia el capital. Estas formas concretas de distribuci�n presuponen, en consecuencia, determinados caracte- 196 res [Charaktere\ sociales en cuanto a las condiciones de producci�n, y relaciones sociales determinadas de los agentes de producci�n. Las relaciones concretas de distribuci�n son, pues, simplemente la expresi�n hist�rica de determinadas relaciones de producci�n [... ] cada forma de distribuci�n desaparece al desaparecer la forma determinada de producci�n a la que corresponde y de la cual emana".
p “La teor�a que s�lo considera como hist�ricas las relaciones de distribuci�n pero no las de producci�n, es, por una parte, el punto de vista de la cr�tica ya iniciada, pero t�mida a�n [ inconsecuente, befangen], de la econom�a burguesa. Por otra parte, est� basada en la confusi�n e identificaci�n del proceso social de la producci�n con el simple proceso del trabajo, tal como la realizar�a una persona artificialmente aislada, sin la menor ayuda de la sociedad. Como el proceso de trabajo es s�lo un proceso entre el hombre y la naturaleza, sus elementos simples son iguales en todas las formas sociales del desarrollo. Pero cada forma hist�rica concreta de este proceso sigue desarrollando las bases materiales y sus formas sociales.” (lE� capital, t. III, 2, p�gs. 415 419, 420, del original alem�n) [196•* .
p No le ha ido mejor a Sismondi en sus ataques de otro g�nero contra los cl�sicos, ataques que ocupan mayor lugar en sus Nouveaux Pr�ncipes. “Los nuevos disc�pulos de A. Smith en Inglaterra se han lanzado a las abstracciones, y se olvidaron del hombre"... (I, 55). Para Ricardo, “la riqueza es todo y los hombres nada son" (II, 331). “Ellos [los economistas que abogan por el libre comercio] sacrifican a menudo a los hombres y los intereses reales en aras de una teor�a abstracta" (II, 457), etc.
p ¡Qu� viejos son estos ataques, y al mismo tiempo qu� nuevos! Me refiero aqu� a los populistas que los han renovado, levantando tanto ruido con motivo del reconocimiento abierto de que el desarrollo capitalista de Rusia es su desarrollo efectivo, real e inevitable. ¿Acaso no repet�an lo mismo en todos los tonos cuando vociferaban sobre la "apolog�a del poder del dinero”, sobre el "esp�ritu social burgu�s”, etc.? [196•** Pues a ellos, en grado mucho 197 mayor que a Sismondi, puede aplic�rseles la objeci�n hecha a la cr�tica sentimental del capitalismo en general: Man shreie nicht zu sehr �ber den Zynismus! Der Zynismus liegt in der Sache, nicht in den Worten, welche dio Sache bezeichnen! (¡No griten tanto sobre el cinismo! ¡El cinismo no reside en las palabras que describen la realidad sino en la realidad misma!).
p “En grado mucho mayor aun”, decimos nosotros. Porque los rom�nticos de Europa occidental no ten�an ante sus ojos el an�lisis cient�fico de las contradicciones del capitalismo; porque ellos fueron los primeros en se�alarlas; porque fulminaban “(con palabras lastimosas”, por lo dem�s) a los hombres que no ve�an esas contradicciones.
p Sismondi se descarga sobre Ricardo porque �ste, con una franqueza despiadada, extrajo todas las conclusiones de los hechos que hab�a observado y estudiado en la sociedad burguesa: se�al� abiertamente tanto la existencia de la producci�n por la producci�n, como la trasformaci�n de la fuerza de trabajo en mercanc�a, considerada como otra mercanc�a cualquiera; y el hecho de que "para la sociedad" s�lo era importante la renta pura, es decir el volumen del beneficio [197•* . Pero Ricardo dec�a la pura verdad: en 198 la realidad, todo sucede precisamente as�. Y si esta verdad le parec�a “baja” a Sismondi, no habr�a debido buscar la causa de esa bajeza en la teor�a de Ricardo, ni atacar, de manera alguna, esas “abstracciones”; sus exclamaciones dirigidas contra Ricardo pertenecen �ntegramente al dominio “del enga�o que nos enaltece".
p ¿Y nuestros rom�nticos actuales? ¿Piensan negar la realidad del “poder del dinero"? ¿Piensan negar que ese poder es omnipotente, no s�lo entre la poblaci�n industrial, sino tambi�n entre la poblaci�n agr�cola, en toda "comunidad campesina”, en toda aldehuela perdida? ¿Piensan negar la inevitabilidad de la vinculaci�n de este hecho con la econom�a mercantil? No, ni intentan ponerlo en duda. Simplemente procuran no hablar de ello. Temen llamar las cosas por su verdadero nombre.
p Y nosotros comprendemos muy bien su temor: el reconocimiento franco de la realidad privar�a de toda base a la cr�tica sentimental (populista) del capitalismo. No es de extra�ar que se lancen al combate con tanto apasionamiento, sin haber tenido tiempo siquiera de limpiar las armas herrumbradas del romanticismo. No es de extra�ar que no elijan los medios y quieran presentar la hostilidad hacia la cr�tica sentimental, como hostilidad contra la cr�tica en general. Pues est�n luchando por su derecho a la existencia.
p Sismondi intent� inclusive erigir su cr�tica sentimental en m�todo especial de ciencia social. Ya vimos que no reprochaba a Ricardo porque su an�lisis objetivo se hubiese detenido ante las contradicciones del capitalismo (este reproche habr�a sido fundado), sino precisamente porque dicho an�lisis era objetivo. Dec�a que Ricardo "se olvida del hombre”. En el prefacio a la segunda edici�n de Nouveaux Principes, encontramos el siguiente p�rrafo:
“Considero necesario protestar contra los m�todos habituales, con frecuencia tan superficiales, con frecuencia tan falsos, con que se juzga una obra que trata de ciencias sociales. El problema que se propone resolver es mucho m�s complicado que los que nacen de las ciencias naturales; y al mismo tiempo, se dirige al coraz�n 199 m�s que a la raz�n" (I, XVI). ¡Cuan familiares son al lector ruso estas ideas sobre la oposici�n existente entre las ciencias naturales y sociales, que se dirigen, estas �ltimas, al “coraz�n”! [199•* Sismondi exterioriza anu� los mismos pensamientos que algunos decenios m�s tarde ser�an nuevamente “redescubiertos” en el extremo oriente de Europa por la "escuela rusa de soci�logos" y que figurar�an como un singular "m�todo subjetivo en sociolog�a"... Apela, desde luego—al ieual que nuestros soci�logos nacionales—"al coraz�n y, al mismo tiempo, a la raz�n” [199•** . Pero ya hemos visto de qu� manera "el coraz�n" del peque�o burgu�s triunfaba, en los problemas m�s importantes, sobre "la raz�n" del economista te�rico.
Notes
[191•*] Comienzo del titulo del libro de C. Marx, Zur Kri&k der poltttechen Oekonomle “(Contribuci�n a la cr�tica de la econom�a pol�tica”), citado por Lenin, quien trascribe un pasaje de la traducci�n al ruso, de Rumi�ntsev, publicada en 1890. (Ed.)
[193•*] Se entiende de por s� que tampoco ac� deja Efrussi de ensalzar a Si^mondi. Leemos en R�sskoie Bogatstvo, n�m. 8, p�g. 56: “En la doctrina de Sismondi algunas medidas especiales propuestas por �l no son tan importantes como el esp�ritu general de que se halla impregnado todo su sistema. A despecho de la escuela cl�sica, destaca, con fuerza especial, los intereses de la distribuci�n y no los de la producci�n”. A pesar de sus reiteradas “ referencias" a los economistas “modernos”, Efrussi no comprendi� en absoluto esa doctrina, y sigue repitiendo los absurdos sentimentales que caracterizan la cr�tica primitiva del capitalismo. Tambi�n aau� nuestro populista quiere salvarse comparando a Sismondi con “muchos destacados renresentontes de la escuela hist�rica”; resulta que “Sismondi ha ido m�s all�" (ib�d). \y Efrussi se da por completamente satisfecho con estol “Ha ido m�s all�" de los prrfpsores alemanes: ¿qu� m�s hace falta? A semejanza de los otros populistas, Efrussi trata de trasladar el centro de gravedad hacia el hecho de que Sismondi critic� al capitalismo. Pero por lo que parece el economista de R�sskoie Bogatstvo no tiene la menor idea de que la cr�tica del capitalismo puede ser de diferente car�cter; que se lo puede criticar tanto desde el punto de vista sentimental como desde el punto de vista cient�fico.
[195•*] Con toda justicia, Ingram compara a Sismondi con los “socialistas de c�tedra" (p�g. 212, Historia de la econom�a pol�tica, Mosc�, 1891), y declara con ingenuidad: “Ya nos hemos adherido [!!] al punto de vista de Sismondi sobre el Estado, como fuerza que debe preocuparse [... ] de extender los bienes de la uni�n social y del progreso moderno, en lo posible, a todas las clases de la sociedad" (215). Ya hemos visto, en el ejemplo del protec. cionismo, cu�l es la profundidad que caracteriza estas “concepciones” de Sismondi.
[195•**] V�ase, por ejemplo, el art�culo La renta, de R. Meyer, en el Handworterbuch der Staatswissenschaften (trad. al ruso en la recopilaci�n Prbm�shlennost [“Industria”. Ed.], que muestra la lamentable confusi�n del razonamiento de los “modernos” profesores alemanes sobre este tenia. Es curioso que R. Meyer, que se apoya directamente en A. Smith y que cita en su bibliograf�a los mismos cap�tulos del tomo II de El capital en que figura una refutaci�n completa de Smith, no lo mencione en el texto.
[195•***] V�ase C. Marx, F. Engels, ob. cit., “Cr�tica del programa de Gotha”, p�gs. 459-460. En las ediciones de 1897 y 1898, por razones de censura, Lenin no alude directamente a Marx, sino a Struve. En la edici�n de 1908 menciona ya la “Cr�tica...” de Marx. Esta enmienda se ha incluido en el texto de la presente edici�n, (Ed.)
[196•*] V�ase C. Marx, ob. cit., t. III, p�gs. 739-740, 742, 743 y 744. (Ed.)
[196•**] Lenin se refiere a los siguientes art�culos pol�micos de los populistas contra los marxistas: “Una apolog�a del poder del dinero como signo de la �poca”, publicado con el seud�nimo de Nikolai-on en R�sskoie Bogatstvo, num. 1-2, de 1895; y “El socialdemocratismo alem�n y el esp�ritu burgu�s ruso”, aparecido en Nedielia, n�ms. 47-49, de 1894. con el seud�nimo de V. V. (Ed.)
[197•*] Efrussi, por ejemplo, repite muy ufano las frases sentimentales de Sismondi acerca de que¡ el aumento de la renta pura del empresario no constituye ganancia alguna para la econom�a nacional, etc., y s�lo le reprocha que lo haya “reconocido” de manera totalmente conciente (p�g. 43, n�m. 8).
T�ngase a bien comparar esto con los resultados del an�lisis cient�fico del capitalismo:
La renta bruta (Roheinkommen) de la sociedad est� formada por el salario + la ganancia + la renta. La renta neta (Reineinkommen) es el sobrevalor.
“Si nos fijamos en la renta de toda la sociedad, vemos que la renta nacional est� formada por el salario, m�s las ganancias, m�s la renta del suelo, es deci�, de la renta bruta. Sin embargo, esto es tambi�n una abstracci�n en el sentido de que toda la sociedad basada en la producci�n capitalista se coloca en el punto de vista capitalista y considera como renta neta s�lo la que se compone de la ganancia y de la renta del suelo" (III, 2, 375-376). [V�ase C. Marx, ob. ctt., t. III, p�g. 711. Ed.]
El autor acepta, pues, completamente la definici�n de Ricardo “de la renta neta" “de la sociedad”, la misma definici�n que hab�a provocado “la famosa objeci�n” de Sismondi (R�sskoie Bogatstvo, n�m. 8, p�g. 44): “¿C�mo? ¿La riqueza es todo y los hombres nada son?" (II, 331). En la sociedad actual, desde luego que s�.
[199•*] “La econom�a pol�tica no es una ciencia de sim�le c�lculo [n’est pa.t une science de calcul], sino una ciencia moral [. ..] Lleva hacia el fin s�lo cuando se ha tomado en consideraci�n los sentimientos, las necesidades y las pasiones de los hombres" (I, 313). Estas frases sentimentales en las que Sismondi ve nuevas concepciones de la ciencia social, lo mismo que los soci�logos nisos de la escuela «ubietivista cuando prof;eren exclamaciones muy parecidas.^ muestran en realidad en qu� estado infantilmente primitivo se hallnba a�n la cr�tica de la burgues�a. ¿Acaso el an�lisis cient�fico de las contradicciones, conservando su car�cter de “c�lculo” rigurosamente objetivo, no proporciona una base firme para comprender los “sentimientos, las necesidades y las pasiones”, no las pasiones de “los hombres" en general—de esta abstracci�n a la que tanto el rom�ntico como el populista llenan de un contenido espec�ficamente peque�oburgu�s—. sino de hombres de clases determinadns? Pero la verdad es oue Sismondi no pudo refutnr te�ricamente •> los economistas, y por ello se limitaba a proferir frases sentimentales. “El ‘diletantismo’ ut�nico se hab�a visto obligado a hacer concesiones te�ricas a t^do defensor, m�s o menos erudito, del orden burgu�s. El utopista, para acallar la conciencia que tiene de su propia impotencia, se consuela, reprochando a sus adversarios de objetividad: admitamos—piensa—que ustpd. seg�n d’Vpn, es m�s culto que yo; en cambio yo soy m�s bueno”, (B�ltov. p�g. 43).
[199•**] i Como si los “problemas” que surgen de las ciencias naturales no se dirigiesen tambi�n al “coraz�n”!